{"id":10232,"date":"2016-02-05T07:21:41","date_gmt":"2016-02-05T12:21:41","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/confesion-de-fe\/"},"modified":"2016-02-05T07:21:41","modified_gmt":"2016-02-05T12:21:41","slug":"confesion-de-fe","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/confesion-de-fe\/","title":{"rendered":"CONFESION DE FE"},"content":{"rendered":"<p>[201]<\/p>\n<p>    En sentido cristiano es la p\u00fablica manifestaci\u00f3n de la propia fe, con la vida y con la palabra. Cuando la ocasi\u00f3n llega es preciso estar dispuesto a confesar la fe con valor y claridad, incluso hasta llegar al riesgo del dar la vida por esa confesi\u00f3n.<\/p>\n<p>    El cristianismo ha tenido siempre especial veneraci\u00f3n ante el martirio. Y es debido al expl\u00ed\u00adcito mensaje de Jes\u00fas en el Evangelio: \u00abAl que me confesare delante de los hombres yo le reconocer\u00e9 delante de mi Padre; y al que me negare delante de los hombre, yo le negar\u00e9 ante mi Padre.\u00bb (Mt. 10 33 y Lc. 12. 9)<\/p>\n<p>    Por eso, la autenticidad de la fe reclama una confesi\u00f3n ocasional cuando el caso llega, pero sobre todo la p\u00fablica y permanente confesi\u00f3n con la propia vida. El testimonio de la fe es una de las implicaciones del mensaje evang\u00e9lico.<\/p>\n<p>    Un criterio excelente de educaci\u00f3n cristiana es formar al creyente para que no oculte su fe, sino que las manifieste con m\u00e1s o menos decisi\u00f3n, pero siempre sin cobard\u00ed\u00ada. Los respetos humanos, el laicismo pr\u00e1ctico, la timidez son se\u00f1ales de fe d\u00e9bil.<\/p>\n<p>Pedro Chico Gonz\u00e1lez, Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00ed\u00ada Religiosa, Editorial Bru\u00f1o, Lima, Per\u00fa 2006<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00eda Religiosa<\/b><\/p>\n<p>(v. martirio, profesi\u00f3n de fe)<\/p>\n<p>(ESQUERDA BIFET, Juan, Diccionario de la Evangelizaci\u00f3n,  BAC, Madrid, 1998)<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Evangelizaci\u00f3n<\/b><\/p>\n<p>1. Antiguo Testamento<\/p>\n<p>La confesi\u00f3n es una f\u00f3rmula de fe muy condensada que transmite la experiencia de una comunidad que compendia su visi\u00f3n de lo sagrado y delimita las fronteras espirituales de los creyentes. Puede hablarse ya de confesi\u00f3n de fe en las religiones que tienen cierto contenido dogm\u00e1tico o normati  vo. M\u00e1s precisa resulta la confesi\u00f3n de fe en la experiencia israelita.<\/p>\n<p>(1) Introducci\u00f3n. Las religiones. Distinguimos tres tipos de religiones: c\u00f3smicas, m\u00ed\u00adsticas y pro f\u00f3ticas, (a) Las religiones c\u00f3smicas proclaman de un modo solemne la supremac\u00ed\u00ada de un determinado Dios que ha vencido al Caos y empieza a reinar sobre el universo. En esta l\u00ed\u00adnea se mueven las aclamaciones de Marduk* en Babilonia (cf. Emana Elish IV, 5; V, 110) o de Ba&#8217;lu (Baal*) en la religi\u00f3n de los cananeos, tan cercanos a los israelitas: Mlkn aliyn BU (\u00c2\u00a1Nuestro Rey es el poderoso Ba&#8217;lu!; cf. \u00c2\u00a1Reina Yahv\u00e9! o \u00c2\u00a1Nuestro rey es Yahv\u00e9!&#8217;. Sal 93,1; 97,1; 99,1). (b) Las religiones m\u00ed\u00adsticas, que propiamente hablando carecen de revelaci\u00f3n positiva (hist\u00f3rica), no han sentido la exigencia de formular su fe en un credo. As\u00ed\u00ad es generoso el hinduismo: todo lo que exprese una experiencia de apertura hacia el misterio puede considerarse como signo de verdadera fe: algunos hind\u00faes destacan la confesi\u00f3n de la identidad de Atm\u00e1n (vida interior) con lo Brahm\u00e1n (el absoluto divino); otros pueden acentuar su vinculaci\u00f3n a una figura cuasi-personal de Dios considerado como ser supremo (Vishn\u00fa o Shiva). Por su parte, ciertos grupos budistas acent\u00faan la doctrina a las tres joyas: \u00c2\u00a1Mc refugio en Dhamma! (acepto la ley universal, divina, que en la literatura s\u00e1nscrita suele llamarse Darma); \u00c2\u00a1Mc refugio en Budha! (iluminador o maestro que ha revelado la salvaci\u00f3n); \u00c2\u00a1Mc refugio en Sangha! (es decir, en la comunidad de los monjes que asumen y recorren juntos el camino de la salvaci\u00f3n), (c) Religiones prof\u00e9ticas. Estrictamente hablando, s\u00f3lo las religiones abrah\u00e1micas piden a sus fieles una confesi\u00f3n de fe, pues ellas suponen que existe una ortodoxia: una forma recta y normativa de manifestar la propia fe, en \u00e1mbito de iglesia. La confesi\u00f3n central del judaismo es el Shem\u00e1 (Dt 6,4-5) que implica dos art\u00ed\u00adculos: s\u00f3lo Yahv\u00e9 es Dios, e Israel es su pueblo, llamado a amar a Dios. La confesi\u00f3n oficial de los cristianos consta de tres art\u00ed\u00adculos: creo en Dios Padre, creo en Jesucristo y creo en el Esp\u00ed\u00adritu Santo. Los musulmanes unlversalizan y simplifican de alg\u00fan modo la confesi\u00f3n de fe jud\u00ed\u00ada en su Saltada o credo b\u00e1sico: \u00abAtestiguo que no hay dios fuera de Allah y que Mahoma es el profe ta [enviado] de Allah\u00bb; esta confesi\u00f3n consta tambi\u00e9n de dos art\u00ed\u00adculos: el primero es Dios-Allah, el segundo se centra en Mahoma, profeta de Allah.<\/p>\n<p>(2) Confesi\u00f3n de fe y experiencia israelita. (a) Yahv\u00e9 es Rey, se\u00f1or\u00ed\u00ado c\u00f3smico. Israel no hab\u00ed\u00ada conocido una confesi\u00f3n estricta, ni una forma exclusiva de entender la experiencia de Dios y el compromiso creyente del pueblo, sino que manten\u00ed\u00ada tendencias y f\u00f3rmulas distintas, que s\u00f3lo despu\u00e9s se han delimitado (sea en el judaismo rab\u00ed\u00adnico*, sea en el cristianismo*). Por otra parte, las confesiones de fe de Israel expresan m\u00e1s una forma de actuar (ortopraxia) que una forma de pensar (ortodoxia). Quiero presentar las m\u00e1s significativas, empezando por aquella en la que se pone de relieve el se\u00f1or\u00ed\u00ado c\u00f3smico de Yahv\u00e9. El Dios israelita, vinculado al recuerdo de los antepasados y a la experiencia del Horeb-Sina\u00ed\u00ad (cf. Ex 3-4), aparece tambi\u00e9n como Rey del cosmos: as\u00ed\u00ad despliega su se\u00f1or\u00ed\u00ado en la tormenta y as\u00ed\u00ad le vemos cabalgando sobre el carro de nubes, bien firme en su Trono, venerado por los fieles que acogen su manifestaci\u00f3n y aclaman: \u00ab\u00c2\u00a1Gloria! Yahv\u00e9 se asienta como Rey eterno\u00bb (cf. Sal 29,10). En ese contexto se entiende la sentencia introductoria de los salmos reales: Yhav\u00e9 Malak, \u00abYahv\u00e9 reina\u00bb (Sal 93,1; 97,1; 99,1; cf. 47,3.9). Porque ha vencido al caos primigenio, porque ratifica su poder sobre la tierra, en la tormenta y lluvia, y porque act\u00faa como Juez supremo, Yahv\u00e9 es Rey o Se\u00f1or de todo lo que existe. As\u00ed\u00ad le confiesan sus fieles, cercanos en principio a los de Baal* o Marduk, pero con una diferencia: los israelitas aseguran que s\u00f3lo Yahv\u00e9 es el \u00fanico Se\u00f1or y que sus fieles deben venerarle en exclusiva, rechazando a los restantes dioses o se\u00f1ores de la tierra (cf. Sal 16,2-3). Confesi\u00f3n implica por tanto exclusi\u00f3n de otros dioses y separaci\u00f3n de los israelitas.<\/p>\n<p>(3) Yahv\u00e9 Nuestro-Dios, confesi\u00f3n pactual. Del se\u00f1or\u00ed\u00ado c\u00f3smico pasamos a la experiencia de vinculaci\u00f3n personal de Dios con un grupo de creyentes: \u00abYo (Yahv\u00e9) ser\u00e9 vuestro Dios y vosotros ser\u00e9is mi pueblo\u00bb (cf. Dt 26,15-19). En esta misma l\u00ed\u00adnea se sit\u00faa, tras la entrada en Palestina, la gran alternativa que plantea Josu\u00e9 a sus seguidores, que deben elegir entre Yahv\u00e9 o los dioses de la tierra. El pueblo en conjunto respon  de confesando: \u00abYahv\u00e9 es Nuestro-Dios [Elohenu] y as\u00ed\u00ad le serviremos\u00bb (Jos 24,17-18). En tiempo de Elias se repite otra vez la alternativa y de nuevo escoge el pueblo a su propio Dios, en elecci\u00f3n festiva, de grandes consecuencias religiosas y sociales: Yahv\u00e9 liu haElohim (\u00abYahv\u00e9, \u00e9l es Dios\u00bb: 1 Re 19,39). Esta es una confesi\u00f3n de alianza, de tipo doctrinal y social. Iluminado por lo que Yahv\u00e9 ha realizado a favor de sus fieles, el pueblo se compromete a mantenerse fiel y responderle.<\/p>\n<p>(4) Memoria de liberaci\u00f3n, credo hist\u00f3rico. Expande la experiencia anterior y explicita el origen de la relaci\u00f3n de Yahv\u00e9 con los israelitas, narrando su acci\u00f3n en la historia y estableciendo el recuerdo fundador, pues la acci\u00f3n de Dios vincula como pueblo a quienes asumen la memoria de sus intervenciones salvadoras. As\u00ed\u00ad venimos del contexto regio (\u00c2\u00a1Yahv\u00e9 reina!) o simplemente pactual (\u00c2\u00a1Soy Vuestro-Dios, vosotros sois mi-pueblo!) al campo de la historia donde Dios act\u00faa y dice: \u00abYo soy Yahv\u00e9, tu Dios, que te he sacado de Egipto\u00bb (Ex 20,2; Dt 5,6; cf. 1 Re 12,28; Jr 2,6; etc.). Esas palabras de introducci\u00f3n del Dec\u00e1logo constituyen la expresi\u00f3n m\u00e1s clara de la identidad israelita y se expanden en un Credo hist\u00f3rico m\u00e1s detallado: \u00abMi padre era un arameo errante; baj\u00f3 a Egipto y residi\u00f3 all\u00ed\u00ad con unos pocos hombres&#8230; Pero los egipcios nos maltrataron y humillaron&#8230; Gritamos a Yahv\u00e9, Dios de nuestros padres, y Yahv\u00e9 escuch\u00f3 nuestra voz, vio nuestra miseria&#8230; y nos sac\u00f3 de Egipto con mano fuerte y brazo extendido y nos trajo a este lugar&#8230;\u00bb (Dt 26,5-10; cf. Jos 24,2; Sal 136,78).<\/p>\n<p>(5) Mandato de Dios, confesi\u00f3n hist\u00f3rico-legal. \u00abCuando ma\u00f1ana pregunte tu hijo: \u00bfqu\u00e9 son estos mandatos y decretos que os mand\u00f3 Yahv\u00e9&#8230;? responder\u00e1s: Eramos esclavos de Fara\u00f3n en Egipto y Yahv\u00e9 nos sac\u00f3 de Egipto con mano fuerte&#8230; para traernos y darnos la tierra que hab\u00ed\u00ada prometido a nuestros padres. Y nos mand\u00f3 cumplir todos estos mandamientos, respetando a Yahv\u00e9, nuestro Dios\u00bb (Dt 6,20-24). Este credo expande y ratifica los anteriores en una f\u00f3rmula de fe que cada padre debe transmitir a su progenie, fundando as\u00ed\u00ad y garantizando el cumplimiento de las leyes que configuran y vinculan a todos los creyentes; el judaismo es religi\u00f3n de familia y vida pr\u00e1ctica, y as\u00ed\u00ad cada padre es ministro de Dios para sus hijos. Este es, quiz\u00e1, el m\u00e1s completo de los credos de Israel, porque vincula sus tres grandes tradiciones (promesas, \u00e9xodo y alianza), para expandirlas y expresarlas en un compromiso de fidelidad que define la vida de los hombres (que deben cumplir los mandamientos). Es credo hist\u00f3rico, y evoca el sentido de los tres tiempos del pueblo: incluye una promesa de la tierra, vinculada a la memoria de los patriarcas; en el centro pone el \u00e9xodo o liberaci\u00f3n creadora y al fin el pacto, que se expresa en la fidelidad de Israel, que ha de cumplir la Ley de Dios, con sus decretos y mandatos. Este es un credo familiar, pues cada padre ha de ense\u00f1arlo a sus hijos, y social, pues cada familia forma parte del pueblo de los liberados por Dios, comprometidos a cumplir sus mandamientos.<\/p>\n<p>(6) Amar\u00e1s a tu Dios: confesi\u00f3n afectivo-pactual. Ha terminado siendo la m\u00e1s conocida e importante para el judaismo y se titula shem\u00e1*, escucha (por su primera palabra). El pueblo nace y se configura escuchando una palabra de Dios, que le pone en pie y le capacita para responder amando, en gesto abierto al conjunto de la comunidad: \u00abEscucha Israel, Yahv\u00e9 NuestroDios es un Dios \u00fanico. Amar\u00e1s a Yahv\u00e9 tu Dios con todo el coraz\u00f3n, con toda el alma, con todas tus fuerzas&#8230;\u00bb.<\/p>\n<p>Cf. X. Pikaza, Monote\u00ed\u00adsmo y globalizaci\u00f3n, Verbo Divino, Estella 2001.<\/p>\n<p>CONFESI\u00ed\u201cN DE FE<br \/>\n2.Nuevo Testamento<\/p>\n<p>La confesi\u00f3n de fe m\u00e1s espec\u00ed\u00adfica de la Iglesia ha quedado fijada en la tradici\u00f3n (Credo Apost\u00f3lico) o en los concilios (Credo Niceno-Constantinopolitano). Se trata de una confesi\u00f3n muy elaborada, de tipo trimembre (trinitaria), que vincula el misterio de Dios con su revelaci\u00f3n en Cristo y su presencia por medio del Esp\u00ed\u00adritu en la Iglesia. En el Nuevo Testamento no existe una confesi\u00f3n desarrollada de esa forma, pero existen diversos modelos de confesi\u00f3n, que siguen siendo b\u00e1sicos para los cristianos.<\/p>\n<p>(1) Confesi\u00f3n b\u00e1sica. Amar a Dios y al pr\u00f3jimo (amor*). La tradici\u00f3n del Evangelio ha vinculado la experiencia del shem\u00e1* (amar a Dios con todo el coraz\u00f3n: Dt 6,4-8) con la exigencia del amor al pr\u00f3jimo, tal como se expresa en el c\u00f3digo israelita de la santidad (cf. Lv 19,33), pero unlversalizando el sentido de pr\u00f3jimo (cf. Mc 12,28-34), especialmente all\u00ed\u00ad donde Lucas ha introducido en este contexto el comentario de la par\u00e1bola del Buen Samaritano (Lc 10,25-37). De esa forma, los cristianos incluyen el amor a Dios y al pr\u00f3jimo m\u00e1s necesitado en una misma confesi\u00f3n de fe-vida mesi\u00e1nica, que se centra en este doble y \u00fanico credomandamiento: por una parte se dice al israelita mesi\u00e1nico (cristiano) que debe amar a Dios con todo el coraz\u00f3n y toda el alma, descubri\u00e9ndose as\u00ed\u00ad como alguien capaz de ofrecerle su entrega personal y su afecto; por otra parte se le dice que ha de amar al pr\u00f3jimo como se ama a s\u00ed\u00ad mismo; descubriendo as\u00ed\u00ad que \u00e9l mismo es objeto de amor. Esta es la confesi\u00f3n m\u00e1s venerable y valiosa de la Iglesia, en el sentido israelita de entol\u00e9 o mandato b\u00e1sico (cf. Mc 12,28): la revelaci\u00f3n fundante del amor a Dios se ampl\u00ed\u00ada y expresa en la experiencia del amor al pr\u00f3jimo, (a) Este es un credo pr\u00e1ctico: confesar la fe significa traducir el amor de Dios en forma de amor interhumano, sabiendo que el pr\u00f3jimo (todo pr\u00f3jimo y no s\u00f3lo el cercano, israelita) es otro yo digno de amor. Este es un credo que se sit\u00faa en la l\u00ed\u00adnea israelita de la ortopraxia m\u00e1s que en la l\u00ed\u00adnea helenista posterior de la ortodoxia formal de la Iglesia, (b) Este credo es universal y en principio pueden admitirlo jud\u00ed\u00ados y cristianos, como suponen Marcos y Lucas, y otros creyentes (budistas, hind\u00faes) e incluso no creyentes, siempre que \u00abDios\u00bb sea s\u00ed\u00admbolo de aquello que define y sustenta en plenitud a los hombres, sabiendo que ha llegado el tiempo mesi\u00e1nico de la vinculaci\u00f3n de todos los fieles, (c) Es un credo exigente, pues implica descubrir al pr\u00f3jimo y amarle (es \u00abcomo yo\u00bb). Te\u00f3ricamente parece m\u00e1s f\u00e1cil creer en la Trinidad y en otros \u00abdogmas\u00bb cristianos, jud\u00ed\u00ados o musulmanes, pues lo que ellos piden puede aceptarse b\u00e1sicamente, sin cambiar la vida de los fieles. En contra de eso, este mandato de amor al pr\u00f3jimo, unido al del amor de Dios, es m\u00e1s exigente y define toda la vida y acci\u00f3n de los fieles. El escriba de Mc 12,32-34 acepta gustoso este doble mandamiento, que Lc 10,2728 pone en boca del mismo escriba ju d\u00ed\u00ado; pero tanto los escribas jud\u00ed\u00ados como los cristianos han sentido y sienten la dificultad pr\u00e1ctica de confesar de hecho esta fe como lo hace el samaritano de Lc 10,25-37. (d) Este es un credo universal, que supera todo tipo de raz\u00f3n clasista e impositiva, que se expresa en forma de tali\u00f3n o ley y quiere que amemos s\u00f3lo a los dem\u00e1s en cuanto sirven o valen para nuestros intereses. De esa forma ratifica el valor incondicional de los otros (los pr\u00f3jimos), a quienes debemos amar como a nosotros, pero sabiendo que son diferentes. De esa forma emergen en amor, al mismo tiempo, el pr\u00f3jimo, a quien se debe amar, y el propio yo (que aparece como destinatario de amor), (e) Este credo rompe las estructuras de seguridad y separaci\u00f3n social, nacional, econ\u00f3mica o religiosa, pues afirma que cada pr\u00f3jimo es presencia de Dios y fuente de identidad para el creyente (he de amarle como \u00aba m\u00ed\u00ad mismo\u00bb), de modo que puede suscitar problemas a los jud\u00ed\u00ados que defienden una elecci\u00f3n particular de Dios, a los musulmanes que se creen capaces de justificar una guerra santa y a los cristianos que quieren imponer sobre todos su propia supremac\u00ed\u00ada religiosa. Hay que distinguir, por tanto, la interpretaci\u00f3n particular o universal de este mandato: en una l\u00ed\u00adnea restringida, esta confesi\u00f3n identifica amor al pr\u00f3jimo con amor al cercano, como a veces se ha dicho: \u00abAmar\u00e1s a tu pr\u00f3jimo y odiar\u00e1s a tu enemigo\u00bb (cf. Mt 5,43); en una l\u00ed\u00adnea universal, esta confesi\u00f3n expande el amor a Dios en forma de amor hacia todos los hombres, pues el Dios que es Padre celestial \u00abhace brillar el sol sobre malos y buenos&#8230;\u00bb (Mt 5,45 par).<\/p>\n<p>(2) Confesi\u00f3n mesi\u00e1nica. Confesar a Jes\u00fas y servir a los necesitados. La confesi\u00f3n de fe israelita (shem\u00e1*) est\u00e1 vinculada al amor a Dios; la cristiana, en cambio, sin negar la vinculaci\u00f3n con Dios, ha destacado la referencia a Cristo: \u00abA quien me confesare ante los hombres, yo tambi\u00e9n le confesar\u00e9 ante mi Padre que est\u00e1 en los cielos\u00bb (Mt 10,32 par). Esta es una confesi\u00f3n de entrega personal y encuentro con Jes\u00fas, y con aquellos a quienes \u00e9l representa. No afirma una verdad general, sino una relaci\u00f3n entre Jes\u00fas y sus hermanos, tal como ha sido expandida en Mt 25,31-46: \u00abCada vez que lo hicisteis (dar de comer o beber, acoger o vestir,  visitar en caso de enfermedad o c\u00e1rcel) a uno de estos mis hermanos m\u00e1s peque\u00f1os, a m\u00ed\u00ad me lo hicisteis\u00bb. Entendida as\u00ed\u00ad, esta confesi\u00f3n nos sit\u00faa en la ra\u00ed\u00adz del testimonio cristiano, orientado al amor concreto a las personas, que se expresa en unas obras de servicio: dar de comer, acoger, (a) Este es un credo o confesi\u00f3n a-titidar, pues no exige que le atribuyamos a Jes\u00fas predicados especiales (Cristo, Hijo de Dios o Se\u00f1or), sino s\u00f3lo el compromiso de aceptarle, asumiendo su mensaje o formando parte de su movimiento. Esta vinculaci\u00f3n personal, transmitida en diversas variantes y relacionada con el signo del Hijo del Hombre (con el ser hombre: cf. Lc 9,26; 12,8-9; Mc 8,38 par), constituye la base de los credos cristianos posteriores y en ella se implican amor a Dios y al pr\u00f3jimo, los dos mandamientos. (b) Este es un credo secular, inserto en el compromiso concreto y constante de la vida. Es eclesial (crea Iglesia) siendo supraeclesial, desbordando las fronteras de cualquier grupo cerrado: no traza una valla en torno a los puros, cumplidores de la alianza, sino que abre el amor de Dios (shem\u00e1), por medio de Jes\u00fas (Mes\u00ed\u00adas de enfermos y pobres, leprosos y excluidos), hacia los necesitados (como en el caso del buen samaritano: Lc 10,25-37). (c) Este es un credo universal. Centr\u00e1ndose en Jes\u00fas, amigo y abogado de pobres y excluidos, desborda las fronteras de toda instituci\u00f3n, como saben los \u00abjustos\u00bb que preguntan \u00abSe\u00f1or, \u00bfcu\u00e1ndo te vimos hambriento y te dimos de comer, exiliado y te acogimos?\u00bb, para escuchar la respuesta de Jes\u00fas: \u00abCada vez que lo hicisteis a uno de estos mis hermanos m\u00e1s peque\u00f1os a m\u00ed\u00ad me lo hicisteis\u00bb (cf. Mt 25,31-46). Eso significa que la fe en el Dios de Jes\u00fas y el car\u00e1cter mesi\u00e1nico de Jes\u00fas se expresa en un tipo de ortopraxia universal: ser cristiano, hombre mesi\u00e1nico, es amar a los dem\u00e1s (necesitados, enfermos, expulsados&#8230;) de modo concreto y universal. En esta confesi\u00f3n se incluyen todos los que aman en gratuidad, conozcan o ignoren a Jes\u00fas de un modo expreso. Jes\u00fas no ha venido a fundar una religi\u00f3n particular, sino a culminar la vida humana.<\/p>\n<p>(3) Homologu\u00ed\u00adas o confesiones cristol\u00f3gicas (Cristo*, Hijo de Dios*, Se\u00f1or*). Las primeras confesiones cristianas no implicaban ni exig\u00ed\u00adan ning\u00fan t\u00ed\u00adtulo cristol\u00f3gico, sino la vinculaci\u00f3n de amor a Dios y al pr\u00f3jimo (confesi\u00f3n de fe 2) y el servicio universal a los necesitados (confesi\u00f3n de fe 3). Pero muy pronto, a partir de la experiencia pascual, esas confesiones han tomado un sentido cristol\u00f3gico y as\u00ed\u00ad las presentamos de forma concreta como \u00abhomologu\u00ed\u00adas\u00bb (del griego homologuein, confesar). (a) Jes\u00fas es Cristo. La Iglesia en su conjunto ha confesado su fe pascual en Jes\u00fas diciendo que es Cristo. Esa confesi\u00f3n tiene un origen judeocristiano y aparece en la respuesta de Pedro (\u00c2\u00a1T\u00fa eres el Cristo!: Mc 8,29 par), que ha dejado diversas huellas en la tradici\u00f3n sin\u00f3ptica (Lc 9,22; 19,5.28) y en Juan (Jn 4,26; 9,22; 1 Jn 2,22; 5,1). Ella expresa la fe que algunos seguidores jud\u00ed\u00ados tienen en Jes\u00fas, a quien identifican como enviado de Dios y promotor de su acci\u00f3n salvadora: principio y centro de la nueva humanidad mesi\u00e1nica, plenitud personal del tiempo: por eso, los creyentes pueden fiarse de \u00e9l, aceptar su mediaci\u00f3n, seguirle en el camino. Fuera del \u00e1mbito jud\u00ed\u00ado ella perdi\u00f3 importancia y el t\u00ed\u00adtulo (Cristo) se volvi\u00f3 segunda parte del nombre de Jes\u00fas, como muestra el s\u00ed\u00admbolo de fe apost\u00f3lico: \u00aby creo en Jesucristo&#8230;\u00bb (cf. 1 Cor 3,11; 8,6; 2 Cor 13,5; 2 Pe 1,14; etc.). Ella debe ser actualizada, en la l\u00ed\u00adnea de la primera Iglesia, para recuperar la base jud\u00ed\u00ada de la fe, centrada en la confesi\u00f3n mesi\u00e1nica de Jes\u00fas, a quien los cristianos veneran como principio de unidad y comunicaci\u00f3n de amor para todos los hombres, (b) Jes\u00fas es Hijo de Dios. Los sin\u00f3pticos incluyen esta confesi\u00f3n en la escena del bautismo (Mc 1,11 par), transfiguraci\u00f3n (Mc 9,7 par) y tentaci\u00f3n sat\u00e1nica (cf. Mt 4,2.6 par; cf. 27,40). El corpus de Juan la asume con relativa frecuencia (Jn 1,34; 1 Jn 4,15; 5,5), formul\u00e1ndola de un modo personal: \u00abT\u00fa eres el Hijo de Dios\u00bb (cf. Jn 1,49). Est\u00e1 relacionada con la fe mesi\u00e1nica (\u00abEres el Cristo, Hijo de Dios\u00bb: cf. Mt 16,16; Jn 11,27; 20,21; Mc 1,1) y con la entrega, en la que Jes\u00fas (cf. Mc 14,61-62 par) aparece, al mismo tiempo, como Mes\u00ed\u00adas de la humanidad e Hijo pascual (cf. Rom 1,1-3). En principio, la filiaci\u00f3n de Jes\u00fas no se entiende como una cualidad ontol\u00f3gica, propia de su naturaleza divina, sino como expresi\u00f3n de la importancia de su vida, como enviado del Padre, en intimidad de conocimiento y amor (cf. Mt 11,2530). Pero pronto ella ser\u00e1 objeto de un desarrollo dogm\u00e1tico, que el Credo Niceno-Constantinopolitano ha expresado diciendo: \u00abengendrado, no creado, de la misma naturaleza que el Padre, Dios de Dios, luz de luz\u00bb. La Iglesia ratifica as\u00ed\u00ad la identidad divina de Jes\u00fas, fijando sus diferencias respecto al judaismo no cristiano y al islam, (c) Jes\u00fas es el Se\u00f1or. Se ha dicho que esta confesi\u00f3n proviene del contexto helenista, cuando los cristianos de origen no jud\u00ed\u00ado (no mesi\u00e1nicos) entienden a Jes\u00fas como ser celeste que ha triunfado de la muerte y que preside y enriquece por la pascua la existencia de sus fieles. Pero ella aparece al principio de la Iglesia y debe interpretarse tambi\u00e9n en perspectiva judeocristiana: el mismo Dios-Sin-Nombre, que se manifest\u00f3 a Mois\u00e9s como Zarza Ardiente (cf. Ex 3,14), se ha manifestado a los creyentes por Jes\u00fas, de manera que ellos pueden llamarle Se\u00f1or-Kyrios, Dios presente. Este t\u00ed\u00adtulo se ha expresado y transmitido en un contexto de culto: la comunidad congregada, enriquecida por la presencia del resucitado, confiesa su gozo y aclama: \u00abJes\u00fas es Se\u00f1or, para gloria de Dios Padre\u00bb (Flp 2,11; cf. Rom 10,9; 1 Cor 12,3), reconociendo y asumiendo la grandeza de ese Jes\u00fas sobre todos los se\u00f1ores religiosos y pol\u00ed\u00adticos de Israel o de Roma (cf. Jn 1,18). Estas confesiones podr\u00ed\u00adan completarse con otras, en las que se dice, al menos impl\u00ed\u00adcitamente, que Jes\u00fas es Palabra* de Dios, Hijo de Hombre, Mediador o Redentor universal.<\/p>\n<p>(4) Biograf\u00ed\u00ada rnesi\u00e1nica de Jes\u00fas. La confesi\u00f3n de fe cristiana, que se sigue desarrollando desde el shem\u00e1* (amar a Dios y al pr\u00f3jimo) y desde la confesi\u00f3n de Jes\u00fas con sus diversos t\u00ed\u00adtulos (cf. temas anteriores), ha culminado en una especie de narraci\u00f3n rnesi\u00e1nica de la vida de Jes\u00fas, que viene a mostrarse como presencia de Dios para los creyentes. En esa narraci\u00f3n se condensan y personifican las confesiones anteriores y lo hacen de una forma narrativa. Estos son los momentos b\u00e1sicos de esa confesi\u00f3n, organizados a partir de su despliegue expl\u00ed\u00adcito en la Iglesia: resurrecci\u00f3n*, muerte, parns\u00ed\u00ada, nacimiento, preexistencia, (a) Resurrecci\u00f3n. La primera confesi\u00f3n estrictamente cristiana parece aquella donde los creyentes bendicen a Dios porque \u00abha resucitado a Jes\u00fas&#8230;\u00bb (Rom 4,24: 10,9; 1 Cor 6,4; Hch 13,30). M\u00e1s que cristol\u00f3gica, \u00e9sta es una confesi\u00f3n teol\u00f3gica: Dios es aquel que ha resucitado a Jes\u00fas de entre los muertos, avalando su mensaje y el sentido de su vida. Esta confesi\u00f3n ratifica la importancia de la vida de Jes\u00fas, pues ella permanece y culmina en la resurrecci\u00f3n. La pascua no es algo que viene simplemente despu\u00e9s, por sorpresa, de modo que podr\u00ed\u00ada no haber sido, sino que es la verdad de la historia de Jes\u00fas, (b) Muerte de Jes\u00fas. Antes que objeto de fe, la muerte de Jes\u00fas empez\u00f3 siendo dificultad para creer, como supon\u00ed\u00adan los sacerdotes jud\u00ed\u00ados (cf. Mc 15,25-32) y como a\u00f1aden todav\u00ed\u00ada muchos musulmanes (Dios no pudo abandonar a su profeta). La muerte es el esc\u00e1ndalo, el \u00faltimo enemigo (cf. 1 Cor 15,26). Pero Jes\u00fas ha muerto protestando contra los poderes de aquellos que le han matado y los cristianos han descubierto que Dios ha venido a revelarse en su cruz como principio de resurrecci\u00f3n. Lo que en un aspecto fue derrota (Jes\u00fas no trajo el Reino, ni cambi\u00f3 externamente los poderes de sistema), ha sido victoria de amor: Jes\u00fas ha muerto por los pecados de los hombres (para ofrecer su perd\u00f3n precisamente a aquellos que le han matado). Desde aqu\u00ed\u00ad se entiende la revelaci\u00f3n central del Evangelio: \u00abTanto am\u00f3 Dios al mundo, que le dio a su Hijo Unig\u00e9nito, para que todo el que crea en \u00e9l no perezca, sino que tenga vida eterna\u00bb (Jn 3,16; cf. Rom 8,31-32). (c) Exaltaci\u00f3n y pams\u00ed\u00ada: est\u00e1 sentado, ha de venir&#8230; Los cristianos han expandido la experiencia de pascua y han superado el esc\u00e1ndalo de la muerte de Jes\u00fas poniendo de relieve su exaltaci\u00f3n y venida futura. Por eso afirman que Jes\u00fas est\u00e1 sentado a la derecha del Padre (cf. 1 Pe 3,22; Rom 8,34; Ef 1,20), con autoridad de amor sobre la historia (subi\u00f3 a los cielos), y a\u00f1aden que vendr\u00e1 a juzgar a vivos y muertos (Hch 10,42; 1 Pe 4,5; 2 Tim 4,1), culminando y cumpliendo de forma cristol\u00f3gica su anuncio de Reino: \u00abel Tiempo se ha cumplido&#8230;\u00bb. El Reino venidero se identifica con Jes\u00fas, que vincula y acoge en torno a su persona (en su amor pascual) a los expulsados de la historia, cojos-mancos-ciegos, hambrientos y cautivos, como sabe Mt 25,3-46. (d) Principio, nacimiento mesi\u00e1nico. Una vez que ha llegado a la meta (parns\u00ed\u00ada), la pascua se expande hacia  atr\u00e1s, para confesar que Jes\u00fas naci\u00f3 a la vida humana \u00abpor gracia de Dios\u00bb. En esa l\u00ed\u00adnea, el credo apost\u00f3lico afirma que \u00abfue concebido por obra del Esp\u00ed\u00adritu Santo y naci\u00f3 de la Virgen Mar\u00ed\u00ada\u00bb (Lc 1,28-36; Mt 1,18-25; cf. Ignacio: Ef 18; Mgn 11; Tral 9). La Iglesia ha rechazado as\u00ed\u00ad el riesgo doceta, que har\u00ed\u00ada de Jes\u00fas un avatar divino, en la l\u00ed\u00adnea hind\u00fa. En principio, la concepci\u00f3n por el Esp\u00ed\u00adritu se entiende en plano total (alma y cuerpo, totalidad humana), sin entrar en problemas de sexo o biolog\u00ed\u00ada en cuanto tal. Pero gran parte de la Iglesia posterior, influida por un dualismo helenista, ha destacado su aspecto biol\u00f3gico. En el fondo, partiendo de la experiencia de Jes\u00fas, los cristianos pueden afirmar que todos ellos nacen de manera virginal, superando el plano biol\u00f3gico, como muestra el s\u00ed\u00admbolo bell\u00ed\u00adsimo de la Virgen-Madre (cf. Jn 1,12-13). (e) Principio divino: preexistencia. En otra perspectiva, la tradici\u00f3n de Juan (disc\u00ed\u00adpulo amado) ha presentado a Jes\u00fas como ser divino antes del tiempo, Logos, Hijo eterno de Dios encarnado. En esa l\u00ed\u00adnea se sit\u00faa el credo de Nicea-Constantinopla, al oponerse a los arrianos, diciendo: \u00abnacido del Padre antes de todos los siglos; Dios de Dios, Luz de Luz, de la misma naturaleza que el Padre\u00bb. La persona y obra de Jes\u00fas se inscribe en el misterio intradivino: no es alguien que ha empezado sin ser antes, un accidente transitorio de la historia, sino que forma parte de la misma eternidad divina.<\/p>\n<p>(5) Confesi\u00f3n trinitaria. El cristianismo posterior ha extendido la confesi\u00f3n de fe de forma teol\u00f3gica, de tipo trinitario: son creyentes aquellos que por Jes\u00fas han penetrado en el misterio de Dios, vi\u00e9ndole como Padre, Hijo y Esp\u00ed\u00adritu Santo, seg\u00fan dice ya Mt 28,16: \u00abBautiz\u00e1ndoles en el nombre del Padre, del Hijo y del Esp\u00ed\u00adritu Santo\u00bb. En esa l\u00ed\u00adnea, el credo cristiano se extiende y elabora, incluyendo tres partes o afirmaciones: una m\u00e1s teol\u00f3gica (\u00c2\u00a1creo en Dios como Padre, Hijo y Esp\u00ed\u00adritu Santo!), otra m\u00e1s cristol\u00f3gica (cuenta la vida de Jes\u00fas: \u00c2\u00a1naci\u00f3, muri\u00f3, resucit\u00f3!) y otra finalmente m\u00e1s antropol\u00f3gica (incluye el compromiso creyente de comuni\u00f3n universal).<\/p>\n<p>Cf. A. Grillmeier, Jesucristo en la fe de la Iglesia, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1998; J. N. D. Kelly, Primitivos credos cristianos, Secretariado Trinitario, Salamanca 1980; X. PikaZA, Dios como Esp\u00ed\u00adritu y Persona, Sec. Trinitario, Salamanca 1990; Enquiridion Trinitatis, Sec. Trinitario, Salamanca 2005; B. SesBO\u00dcE y J. Wolinski, El Dios de la Salvaci\u00f3n I, Sec. Trinitario, Salamanca 1995.<\/p>\n<p>PIKAZA, Javier, Diccionario de la Biblia. Historia y Palabra, Verbo Divino, Navarra 2007<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de la Biblia Historia y Palabra<\/b><\/p>\n<p>SUMARIO: 1. Significado de la Confesi\u00f3n de Fe. -2. Validez de los Credos. &#8211; 3. La Confesi\u00f3n de Fe como expresi\u00f3n personaL &#8211; 4. Fruto del desarrollo integral de la Fe. &#8211; 5. El Esp\u00ed\u00adritu en la Confesi\u00f3n de Fe.<\/p>\n<p>1. La fe cristiana es la respuesta libre y confiada del ser humano a Dios, que se revela a trav\u00e9s de su Palabra, hecha carne en Jes\u00fas de Nazareth.<\/p>\n<p>Es posible creer, porque Dios se manifiesta al ser humano y porque el Esp\u00ed\u00adritu de Dios ilumina la inteligencia y el coraz\u00f3n, capacitando para ofrecer una respuesta que brota de la libertad y que compromete toda la vida.<\/p>\n<p>Confesar la fe equivale a dar testimonio de ella. El cristiano, que ha descubierto el \u00abtesoro escondido\u00bb, o la \u00abperla preciosa\u00bb, corre, entusiasmado, a comunicar esta Buena Noticia a quienes le rodean. La Confesi\u00f3n de Fe es una consecuencia l\u00f3gica de la profunda alegr\u00ed\u00ada que el creyente ha experimentado al encontrarse con Jesucristo. Pero es, adem\u00e1s, una urgencia de responder a la llamada del Se\u00f1or: \u00abA quien me confiese delante de los hombres, yo tambi\u00e9n lo confesar\u00e9 delante de mi Padre\u00bb (Mt 10,32).<\/p>\n<p>Quienes mejor han confesado su fe han sido los m\u00e1rtires. Ellos han dado el testimonio m\u00e1s convincente: \u00abNadie tiene amor m\u00e1s grande que el que da la vida\u00bb. Pero tambi\u00e9n los santos canonizados, aunque no m\u00e1rtires, son considerados como confesores de la fe, porque su vida ha sido un constante testimonio del Dios en quien han cre\u00ed\u00addo. Ellos constituyen una referencia permanente para los creyentes de todos los tiempos.<\/p>\n<p>Bastar\u00e1 recordar la an\u00e9cdota de la vida de San Ignacio de Loyola, referida por sus bi\u00f3grafos. Se cuenta que, cuando Ignacio de Loyola tuvo que permanecer largo tiempo de convalecencia en su casa natal de Loyola, curando las heridas sufridas en la batalla de Pamplona, el inquieto militar pidi\u00f3 libros de caballer\u00ed\u00adas para entretener su tiempo. Al no disponer de ellos, le dieron a leer el Flos Sanctorum, las vidas de los santos. De esta lectura se sirvi\u00f3 Dios para llegar al coraz\u00f3n de Ignacio. \u00abSi \u00e9stos han sido capaces de hacerlo, \u00bfpor qu\u00e9 yo no?\u00bb, se pregunt\u00f3 Ignacio. De este modo el testimonio de los santos, confesando con su vida la fe en Jesucristo, result\u00f3 definitivo en la conversi\u00f3n de Ignacio de Loyola. Confesar la fe a trav\u00e9s del testimonio de la propia vida es, pues, el modo id\u00f3neo de comunicar a otros la experiencia gozosa del descubrimiento de Dios y de la entrega a El.<\/p>\n<p>Con esta misma expresi\u00f3n de Confesi\u00f3n de Fe podemos tambi\u00e9n significar la proclamaci\u00f3n p\u00fablica del contenido de nuestra fe. Esta proclamaci\u00f3n se suele realizar, cuando se utilizan los S\u00ed\u00admbolos de la fe o Credos. \u00abCon el t\u00e9rmino de s\u00ed\u00admbolos de la fe, confesiones o credos se designa normalmente un resumen preciso, m\u00e1s o menos breve y fijo, de los contenidos esenciales de la fe cristiana\u00bb (S. DEL CURA \u00abNuevo Diccionario de Catequ\u00e9tica\u00bb, Madrid (1999), 522).<\/p>\n<p>2. Estas formulaciones tradicionales de la Confesi\u00f3n de Fe, que son los Credos de la Iglesia Cat\u00f3lica, mantienen su validez, en cuanto que, de forma breve y compendiada, expresan la fe de la Iglesia. La riqueza teol\u00f3gica, que en ellos se encierra, nos resulta obvia y meridianamente clara para el com\u00fan de los creyentes; necesita una amplia explanaci\u00f3n, como han tratado de hacer muchos autores.<\/p>\n<p>Los diferentes Credos de la Iglesia Cat\u00f3lica, por su car\u00e1cter intemporal, en cuanto que valen para todos los tiempos, resultan hoy poco encarnados en nuestra cultura postmoderna. Hoy, por ejemplo, dir\u00ed\u00adamos: Creo en Dios, Padre y Madre, para evitar el lenguaje sexista. Tal vez por esa raz\u00f3n \u00abdicen\u00bb poco a muchos de nuestros cristianos. Ser\u00e1 preciso un esfuerzo ulterior de inculturaci\u00f3n, que haga m\u00e1s comprensibles sus contenidos desde las categor\u00ed\u00adas de la cultura de hoy. Pero este esfuerzo puede correr el peligro de producir un cierto empobrecimiento. El traductor o adaptador traiciona algo al original, afirma el dicho popular. Con todo, a pesar de ello, es necesario este esfuerzo de inculturaci\u00f3n, si queremos que los Credos, recibidos de la tradici\u00f3n, contin\u00faen siendo significativos para el hombre y la mujer de hoy.<\/p>\n<p>3. En \u00e9pocas antiguas la Confesi\u00f3n de Fe tuvo como finalidad FIJAR los contenidos de la fe frente a las numerosas herej\u00ed\u00adas. Con ello se pretend\u00ed\u00ada asegurar la identidad del creyente. En el momento actual, sin quitar importancia al concepto anterior, al confesar la fe queremos expresar nuestra propia identidad personal como creyentes. En la Confesi\u00f3n de Fe tratamos de decirnos y de transmitir a otros c\u00f3mo integramos la dimensi\u00f3n creyente en el desarrollo arm\u00f3nico de nuestra personalidad. Podr\u00ed\u00adamos afirmar que la Confesi\u00f3n de Fe se orienta, en un primer momento, a saber expresar en qui\u00e9n creemos y por qu\u00e9 creemos. Pero hoy esto solo no basta. Ser\u00e1 preciso saber expresar c\u00f3mo creemos, c\u00f3mo hemos sabido articular nuestra dimensi\u00f3n creyente en el Dios de Jesucristo con nuestro proyecto personal de ser hombres y mujeres de nuestro tiempo, plenamente integrados en nuestro mundo y en nuestra sociedad. Hay factores que piden hoy con urgencia poder manifestar \u00e9sta \u00faltima dimensi\u00f3n de la Confesi\u00f3n de Fe, como son: la secularizaci\u00f3n de la cultura y de la vida, la increencia bastante generalizada y la relevancia del humanismo en la cultura moderna. El hombre de hoy no discute tanto las razones argumentativas para creer o no creer, cuanto el sentido pr\u00e1ctico de si vale la pena tener alg\u00fan tipo de fe. \u00bfQu\u00e9 \u00abpinta\u00bb la fe en un proyecto de vida, plenamente humano?<br \/>\nEn el supuesto de haber podido respondernos a esta pregunta, con toda seguridad estaremos diciendo en qui\u00e9n creemos, cu\u00e1l es la imagen que tenemos del Dios de Jesucristo, y tambi\u00e9n por qu\u00e9 creemos, qu\u00e9 plus de sentido nos transmite la fe en Jesucristo.<\/p>\n<p>Es evidente que, en esta Confesi\u00f3n de Fe, el creyente estar\u00e1 volcando una gran parte de su experiencia personal. En este sentido podemos afirmar que la Confesi\u00f3n de Fe, en nuestro mundo de hoy, adquiere un valor m\u00e1s significativo en la medida en que sea capaz de expresar la experiencia vivida en la historia personal de cada uno: c\u00f3mo la fe en Jesucristo y en el Dios de Jesucristo nos impulsa a una realizaci\u00f3n humana m\u00e1s plena personal y socialmente.<\/p>\n<p>Vista esta realidad desde la perspectiva de quienes escuchan la Confesi\u00f3n de Fe, podemos asimismo afirmar que la Confesi\u00f3n de Fe resulta m\u00e1s interpeladora, no por raz\u00f3n de los brillantes argumentos racionales que empleemos, sino por raz\u00f3n de la riqueza de experiencia personal, que en ella volquemos.<\/p>\n<p>Tengamos asimismo en cuenta que la experiencia personal de fe no es algo est\u00e1tico sino din\u00e1mico. El ser humano es experiencia. Y \u00e9sta va cambiando, enriqueci\u00e9ndose, a medida que uno va viviendo. Esta experiencia de fe, que tratamos de volcar en la Confesi\u00f3n de Fe, es una vivencia din\u00e1mica, que evoluciona con el paso de la vida. Por eso no es de extra\u00f1ar que seamos capaces de formular diferentes Confesiones de Fe, en distintas fases de nuestra vida. Estas confesiones de fe no variar\u00e1n en los contenidos doctrinales fundamentales, pero s\u00ed\u00ad podr\u00e1n subrayar acentos diferentes en \u00e9pocas distintas de la vida de cada persona. Esto mismo ocurrir\u00e1, con mayor raz\u00f3n, cuando examinamos la Confesi\u00f3n de Fe de diferentes personas. No solamente la pluralidad de palabras que podemos emplear, sino los diferentes sentidos que demos a una misma palabra, nos llevar\u00e1 a descubrir notables diferencias en la Confesi\u00f3n de Fe de, por ejemplo, los doce monjes de un mismo monasterio; es como una sinfon\u00ed\u00ada de sonidos que confluyen arm\u00f3nicamente en una unidad de fe.<\/p>\n<p>Leer las Confesiones de Fe de San Pablo, de San Juan, de las comunidades cristianas primitivas en las Iglesias del Nuevo Testamento nos llevan a la misma conclusi\u00f3n. Y escuchar a Santa Teresa o a San Juan de la Cruz, en las Confesiones de Fe de sus experiencias m\u00ed\u00adsticas, nos ayudan a percibir la riqueza inagotable de las experiencias personales de fe, que posteriormente se traducen en Confesiones de Fe.<\/p>\n<p>De lo dicho hasta ahora podr\u00ed\u00ada deducirse que cada uno tenemos derecho a \u00abfabricarnos\u00bb una imagen de Dios a la medida de nuestras conveniencias. Este peligro es real. Por esta raz\u00f3n la propia Confesi\u00f3n de Fe precisa del contraste con otras Confesiones de Fe de otros creyentes, teniendo siempre como referencia obligada la Confesi\u00f3n de Fe expresada por el Magisterio autorizado de la Iglesia.<\/p>\n<p>La comunicaci\u00f3n de la propia experiencia de fe es pr\u00e1ctica com\u00fan en la vida de las peque\u00f1as comunidades cristianas. El ejercicio frecuente de esta comunicaci\u00f3n facilita, en gran medida, el poder perfilar la Confesi\u00f3n de Fe personal de cada cristiano. Tanto para ahondar en la propia experiencia de fe como para ser enriquecido por las experiencias ajenas, ser\u00e1 muy conveniente, en toda pastoral evangelizadora, multiplicar los grupos o comunidades peque\u00f1as de cristianos. Frecuentemente estas comunidades van form\u00e1ndose a lo largo de los procesos de catequesis de adultos.<\/p>\n<p>4. La Confesi\u00f3n de Fe es fruto del desarrollo integral de la fe. La fe en Dios, Padre-Madre, en Cristo el Se\u00f1or, en el Esp\u00ed\u00adritu santificador, en la Iglesia, comunidad de salvaci\u00f3n es el sustrato m\u00e1s hondo y globalizador de la vida de un cristiano. Este sustrato b\u00e1sico y fundamental va desarrollando y modelando el ser y el vivir del cristiano. Sus formas de pensar, sus criterios, sus valores, sus sentimientos, sus actitudes y comportamientos van siendo modelados por la nueva luz que le viene de la fe. El dinamismo de la fe experimenta un desarrollo, maduraci\u00f3n y perfeccionamiento, que lleva al cristiano a impregnar de un nuevo sentido la totalidad de su vida. Va naciendo, creciendo y desarroll\u00e1ndose el hombre nuevo por la acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu y a trav\u00e9s de la comunidad. La vigorosa expresi\u00f3n de San Pablo \u00abVivo yo, pero no soy yo, es Cristo quien vive en m\u00ed\u00ad\u00bb (Gal 2,20) apunta a la meta de esta progresiva transformaci\u00f3n.<\/p>\n<p>S\u00f3lo cuando el cristiano ha desarrollado, en cierta medida, una mejor comprensi\u00f3n de los contenidos de su fe, cuando ha ejercitado su afectividad y sentimientos en una relaci\u00f3n personal con Jesucristo, cuando ha iniciado seriamente un estilo de vida m\u00e1s comprometida a favor de la justicia y de la fraternidad, entonces es capaz de elaborar su propia s\u00ed\u00adntesis, esto es: hacer su propia Confesi\u00f3n de Fe. Entonces est\u00e1 confesando en qu\u00e9 Dios cree, cu\u00e1les son los m\u00f3viles que le inducen a creer y c\u00f3mo su fe es un componente fundamental de su propia comprensi\u00f3n como hombre o mujer, como ciudadano y miembro de la sociedad.<\/p>\n<p>No es leg\u00ed\u00adtimo pensar que este camino es privativo de cristianos intelectualmente preparados en conocimientos de teolog\u00ed\u00ada; est\u00e1, por el contrario, abierto a la gente sencilla. Gente sencilla, que \u00abha sido seducida\u00bb por Dios (Jer 20). No se trata, sin m\u00e1s, de hacer un elogio de la \u00abfe del carbonero\u00bb, una fe sin apenas conocimientos, sino de valorar los ejemplos de fe recia, s\u00f3lida, convencida, que nos ofrece tantas veces la gente considerada socialmente sencilla. \u00abTe doy gracias, Padre, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y las has revelado a la gente sencilla\u00bb (Lc 10,21).<\/p>\n<p>El mundo necesita confesores. En alg\u00fan tiempo se repet\u00ed\u00ada con frecuencia que nuestra sociedad necesita menos te\u00f3logos y m\u00e1s testigos. En esta afirmaci\u00f3n resuena el aforismo cl\u00e1sico \u00abobras son amores y no buenas razones\u00bb. En todo tiempo ha sido necesaria la presencia de testigos que, con un estilo de vida fuertemente marcado por la fe, ofrecieran un modelo de contraste con otra forma de vivir, guiada por criterios mundanos. Los santos han ejercido esta influencia en la sociedad de su tiempo y en generaciones siguientes. Pensemos en la influencia multisecular de San Mart\u00ed\u00adn de Tours, San Francisco de As\u00ed\u00ads, San Ignacio de Loyola, Santa Teresa de Jes\u00fas, etc.<\/p>\n<p>Con la llegada de la modernidad, la confrontaci\u00f3n entre los ide\u00f3logos humanistas y los te\u00f3logos cristianos oblig\u00f3 a un esfuerzo de reflexi\u00f3n, que permitiera hacer comprensible la razonabilidad de la fe. Han sido superados, al menos de momento, los conflictos entre ciencia y fe, entre humanismo y te\u00ed\u00adsmo; se ha puesto de manifiesto suficientemente que no es incompatible creer en el hombre y creer en Dios. Sin embargo, en el orden pr\u00e1ctico, se sigue percibiendo la diferencia entre creyentes e increyentes. Unos se entregan, por la fe, al Dios que se nos ha manifestado en Jesucristo y que nos llama a continuar la obra del Reino de justicia y liberaci\u00f3n de los hombres. Otros dejan a un lado esta cuesti\u00f3n, porque afirman que de Dios nada se puede saber, que est\u00e1 m\u00e1s all\u00e1 de nuestra experiencia.<\/p>\n<p>Por esta raz\u00f3n se aprecia, con mayor urgencia, la necesidad de confesar la fe, siendo testigos de ella en la forma de vivir. Un estilo de vida que resulte interpelador, por su car\u00e1cter exc\u00e9ntrico, al servicio de la causa de los pobres, de la defensa de la justicia, de la transformaci\u00f3n de la sociedad. Quien vive o intenta, al menos, vivir de esta manera est\u00e1 confesando su fe; es testigo del Dios Padre de todos; convierte el amor generoso y desinteresado en el primer plano de sus motivaciones. De esta manera puede hacer significativa su Confesi\u00f3n de Fe. Est\u00e1 prestando un servicio impagable a nuestra sociedad. Contribuye eficazmente a la transformaci\u00f3n del mundo. Y vuelve a hacer cre\u00ed\u00adble el coraz\u00f3n de la fe cristiana.<\/p>\n<p>5. El Esp\u00ed\u00adritu Santo y la Confesi\u00f3n de Fe. \u00abNadie puede decir \u00c2\u00a1Jes\u00fas es Se\u00f1or!, si no es impulsado por el Esp\u00ed\u00adritu Santo\u00bb (1 Cor 12,3). \u00abRecibisteis un Esp\u00ed\u00adritu que os hace hijos y que nos permite gritar \u00c2\u00a1Abb\u00e1! \u00c2\u00a1Padre!\u00bb (Rom 8,16). La fe es don de Dios. No es fruto del esfuerzo humano. Es comunicaci\u00f3n gratuita de Dios. Al ser humano le toca acoger, desde la libertad, este don y responder a \u00e9l con la entrega obsequiosa y confiada. En este di\u00e1logo entre Dios y el hombre, el Esp\u00ed\u00adritu es como un alternador, que transforma la corriente continua del amor de Dios en una corriente alterna, al capacitar al ser humano para responder a Dios.<\/p>\n<p>Aun siendo conscientes de la pobreza de la palabra humana para explicar lo inexpresable de Dios, podemos caer en cuenta de que la Confesi\u00f3n de Fe s\u00f3lo es posible gracias a la acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo. El nos permite reconocer a Jes\u00fas como el Se\u00f1or. El nos descubre, en Jes\u00fas, el rostro del Padre. El es, en definitiva, el amor de Dios derramado en nuestros corazones. Creemos, por tanto, en Dios<br \/>\nPadre y en su enviado Jesucristo mediante la acci\u00f3n el Esp\u00ed\u00adritu. La Confesi\u00f3n de Fe abarca la realidad de la Trinidad, es confesi\u00f3n de un Dios trino, que mora en el coraz\u00f3n del creyente: \u00aba quien me ama mi Padre le amar\u00e1 y vendremos a \u00e9l y haremos morada en \u00e9l\u00bb (Jn 14,23).<\/p>\n<p>Quienes son guiados por el Esp\u00ed\u00adritu est\u00e1n en condiciones de confesar su fe, de manera que pueden comunicar, a quienes les escuchan, que vivir al servicio del reino es una opci\u00f3n razonable y, adem\u00e1s, profundamente gozosa. Una opci\u00f3n libre, plenificadora, que ofrece un profundo sentido a su condici\u00f3n de hombre o mujer.<\/p>\n<p>BIBL. &#8211; J. COUANTES, La fe de la Iglesia Cat\u00f3lica, Cat\u00f3lica, Madrid, 1986; J. A. GARC\u00ed\u008dA MONJE, Unificarse como persona creyente, Teolog\u00ed\u00ada y Catequesis 60 (1996); J. GARRIDO, Adulto y cristiano. Crisis de realismo y madurez cristiana, Sal Terrae, Santander; 1989.<\/p>\n<p>Jos\u00e9 Manuel Ant\u00f3n Sastre<\/p>\n<p>Vicente M\u00c2\u00aa Pedrosa &#8211; Jes\u00fas Sastre &#8211; Ra\u00fal Berzosa (Directores), Diccionario de Pastoral y Evangelizaci\u00f3n, Diccionarios \u00abMC\u00bb, Editorial Monte Carmelo, Burgos, 2001<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Pastoral y Evangelizaci\u00f3n<\/b><\/p>\n<p>SUMARIO: I. Confesi\u00f3n y profesi\u00f3n de fe en la catequesis. II. Credos, confesiones o s\u00ed\u00admbolos de fe: 1. Funciones de los credos; 2. Contenido de los credos; 3. Credos principales. III. Los credos y la comunicaci\u00f3n actual de la fe.<\/p>\n<p>I. Confesi\u00f3n y profesi\u00f3n de fe en la catequesis<br \/>\nEl Directorio general para la catequesis (DGC) de 1997 asegura que \u00abla catequesis tiene su origen en la confesi\u00f3n de fe y conduce a la confesi\u00f3n de fe\u00bb1, indicando de esta manera cu\u00e1l es el lugar originario y la meta de la catequesis. Pero la fe no se confiesa s\u00f3lo con palabras, enunciados doctrinales o formulaciones precisas, sino que tiene un sentido m\u00e1s amplio e integral, que desborda el marco estricto de la recitaci\u00f3n del credo. Confesar la fe implica compromisos. Se confiesa con la vida, con los hechos, mediante la praxis, a trav\u00e9s del testimonio. Por ello, los confesores son siempre testigos que, al proponer la fe, se exponen a s\u00ed\u00ad mismos, arriesgando la propia vida si fuera preciso; los m\u00e1rtires constituyeron desde siempre el testimonio confesante por excelencia2.<\/p>\n<p>Toda la acci\u00f3n catequ\u00e9tica se orienta hacia el logro de una confesi\u00f3n de fe viva, expl\u00ed\u00adcita y operante (DGC 56, 66), hacia una adhesi\u00f3n global a Jesucristo desde la sincera conversi\u00f3n del coraz\u00f3n (RMi 20). En este sentido, la confesi\u00f3n de fe es meta de la catequesis (DGC 218). Si bien con frecuencia las expresiones confesi\u00f3n y profesi\u00f3n de fe se usan como intercambiables, a continuaci\u00f3n el tratamiento se restringe a los credos o s\u00ed\u00admbolos3, los cuales, sin embargo, est\u00e1n estrechamente relacionados con el testimonio integral de la fe y desempe\u00f1an un papel importante en la acci\u00f3n catequ\u00e9tica.<\/p>\n<p>II. Credos, confesiones o s\u00ed\u00admbolos de fe<br \/>\nCon el t\u00e9rmino de s\u00ed\u00admbolos de fe, confesiones o credos se designa normalmente un resumen preciso, m\u00e1s o menos breve y fijo, de los contenidos esenciales de la fe cristiana. Credos, por la primera palabra con que normalmente comienzan (credo, credimus, creo, creemos) y profesiones de fe, porque compendian la fe profesada por los cristianos (CCE 187). La proveniencia, el significado y los motivos de su designaci\u00f3n como s\u00ed\u00admbolo no se hallan suficientemente dilucidados. A pesar de su origen griego (symbolon), el t\u00e9rmino aparece por vez primera aplicado a los credos en el occidente latino, en concreto en Cipriano de Cartago, quien asegura que el cism\u00e1tico Novaciano bautiza con el mismo \u00abs\u00ed\u00admbolo que nosotros los cat\u00f3licos&#8230; y no parece diferenciarse de nosotros en el interrogatorio bautismal\u00bb (Ep. 69, 7; Hartel II, 756). Por su parte, Firmiliano de Cesarea, a prop\u00f3sito del bautismo administrado por una mujer desequilibrada, admite que no faltaba ni el \u00absymbolum Trinitatis ni el interrogatorio establecido por la Iglesia\u00bb (Ep. 75, 11; Hartel II, 817s). En Oriente se hablaba normalmente de la fe o de la doctrina, no hall\u00e1ndose el t\u00e9rmino symbolon para designar al credo hasta los as\u00ed\u00ad llamados c\u00e1nones del concilio de Laodicea (Mansi 2, 563s). Siguiendo a Rufino (CCL 20, 2), bastantes autores antiguos y modernos interpretan s\u00ed\u00admbolo en el sentido de signo (indicium) o se\u00f1al, pero como equivalente de collatio (composici\u00f3n conjunta, resultado de diversas aportaciones), explicaci\u00f3n que se funda en la semejanza existente entre los t\u00e9rminos griegos symbolon y symbol (collatio), y en el falso supuesto de la composici\u00f3n del credo por los doce ap\u00f3stoles (cf infra, S\u00ed\u00admbolo apost\u00f3lico). Otros4, al significado de sello acreditativo y distintivo (PL 38, 1058), a\u00f1aden el de pacto, acuerdo, contrase\u00f1a, garant\u00ed\u00ada legal (PL 38, 1072).<\/p>\n<p>Algunos de estos significados son recogidos por el Catecismo de la Iglesia cat\u00f3lica (CCE 188). Por su parte, varios investigadores modernos, apoy\u00e1ndose en testimonios antiguos (CSEL 4, 198), opinan que la asunci\u00f3n del t\u00e9rmino s\u00ed\u00admbolo para designar a los credos cristianos proviene de las religiones mist\u00e9ricas, en las que symbola equival\u00ed\u00ada a las f\u00f3rmulas estereotipadas, conocidas por los iniciados, que serv\u00ed\u00adan de signos identificativos. Kelly, despu\u00e9s de atender a las distintas hip\u00f3tesis, da por seguro que \u00abprimitivamente el symbolum signific\u00f3 las tres preguntas bautismales\u00bb5, lo cual estar\u00ed\u00ada confirmado por el concilio de Aries (314) que en su c. 9 ordena interrogar sobre el s\u00ed\u00admbolo a los que provienen de la herej\u00ed\u00ada para comprobar si responden con la Trinidad, en cuyo caso no han de ser nuevamente bautizados (CCL 148, 10s).<\/p>\n<p>A pesar de su influencia rec\u00ed\u00adproca y de su semejanza con otras f\u00f3rmulas doctrinales, como las reglas de fe (regula fidei, regula veritatis), estas no son intercambiables sin m\u00e1s con el s\u00ed\u00admbolo bautismal, pues la regla de fe es un compendio de la fe cristiana propio de la tradici\u00f3n doctrinal de una iglesia concreta, resumen flexible en su extensi\u00f3n y tenor literal, pero coincidente en el contenido nuclear de la doctrina (CCL 1, 197s; 2, 1160, 1209; Adv. Haer. 1,101); por otra parte, la regla de fe se configur\u00f3 en un ambiente de pol\u00e9mica antign\u00f3stica y antiher\u00e9tica, por lo que en la primera antig\u00fcedad cristiana era valorada como garant\u00ed\u00ada y prueba de ortodoxia doctrinal.<\/p>\n<p>1. FUNCIONES DE LOS CREDOS. Para el Catecismo los credos son resumen y expresi\u00f3n de la fe (CCE 186), formulados en un lenguaje com\u00fan y normativo (CCE 185), que sirven a la unidad entre los creyentes y alimentan la comuni\u00f3n intraeclesial (CCE 197). Por su parte, el Directorio general para la catequesis los valora como pilares de la exposici\u00f3n catequ\u00e9tica (DGC 130), que en su explicitaci\u00f3n est\u00e1n llamados a ser fuente de vida y de luz para el ser humano (DGC 117), y que constituyen un elemento inherente a todo proceso org\u00e1nico de catequesis (DGC 89, 154, 240). Son algunas de sus numerosas funciones. Esta diversidad se halla relacionada con la circunstancia vital (Sitz im Leben) en la que fueron surgiendo6. Algunos, como Cullmann, intentaron poner en relaci\u00f3n el origen de las profesiones de fe con una gran diversidad de situaciones propias de las comunidades cristianas, tales como el bautismo y catecumenado, los exorcismos, las diversas celebraciones lit\u00fargicas, la catequesis, las persecuciones, las controversias con la herej\u00ed\u00ada. Pero, ante la ausencia de testimonios documentales que prueben esta pluralidad de situaciones, como momentos originarios, antes del siglo III, sigue prevaleciendo la tesis tradicional que relaciona originariamente la profesi\u00f3n de fe con el bautismo, su preparaci\u00f3n y su celebraci\u00f3n (la introducci\u00f3n del s\u00ed\u00admbolo en la celebraci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica no parece haber tenido lugar antes del siglo VI).<\/p>\n<p>Kelly sostiene que \u00abla verdadera y original finalidad de los credos, su primaria raison d&#8217;\u00e9tre, fue su papel de afirmaciones solemnes de fe en el contexto de la iniciaci\u00f3n bautismal\u00bb7. A este respecto es usual distinguir entre credos declaratorios y credos en forma de pregunta-respuesta. Los credos declaratorios, o recitaci\u00f3n (p\u00fablica, solemne) en primera persona de f\u00f3rmulas fijas, no pueden datarse antes del siglo IV, al menos no hay ning\u00fan testimonio expl\u00ed\u00adcito a su favor. Explicar este silencio recurriendo a la disciplina del arcano (el s\u00ed\u00admbolo se transmit\u00ed\u00ada oralmente, se aprend\u00ed\u00ada de memoria y solamente era conocido por los iniciados en la fe), no parece convincente, pues nada indica que tal disciplina, de la que hay testimonios en el siglo IV (PG 33, 852ss; PL 14, 335; CCL 20, 2), tuviera tambi\u00e9n vigencia en los siglos anteriores, en los que se citan las reglas de fe, se describe la constituci\u00f3n de la Iglesia y se expone p\u00fablicamente la celebraci\u00f3n lit\u00fargica (Ireneo, Hip\u00f3lito, Justino). De ah\u00ed\u00ad que investigadores recientes8 hagan de este argumento e silentio -de falta de pruebas escritas- motivo suficiente para no hablar de credos declaratorios antes del siglo IV. \u00bfSe dieron, entonces, desde los comienzos las f\u00f3rmulas interrogatorias, acompa\u00f1adas de las respuestas respectivas y relacionadas con la celebraci\u00f3n lit\u00fargica del bautismo? Kelly ha hecho un esfuerzo detallado y encomiable por descubrir sus huellas y sus antecedentes en los siglos anteriores (Tertuliano, Justino, Hip\u00f3lito), incluso en los mismos textos del Nuevo Testamento (He 8,36-38; 16,14s.; lPe 3,21; 1Tim 6,12; Heb 4,14).<\/p>\n<p>Pero tambi\u00e9n en este punto otros autores se muestran menos optimistas en la valoraci\u00f3n de sus resultados, reteniendo como no demostrado irrefutablemente el uso del credo en la liturgia bautismal de los dos primeros siglos y considerando algunas reconstrucciones de f\u00f3rmulas interrogatorias hechas por Kelly (por ejemplo a prop\u00f3sito de Ireneo y Justino) como una combinaci\u00f3n hipot\u00e9tica9.<\/p>\n<p>Puede retenerse, no obstante, como elemento seguro una estrecha relaci\u00f3n entre estructura trinitaria del bautismo (Mt 28,19) y estructura de los s\u00ed\u00admbolos de fe. Estos tienen tambi\u00e9n una funci\u00f3n de alabanza y de adoraci\u00f3n, son doxolog\u00ed\u00ada confesante; hacia ello apuntan las distintas formulaciones, desde las m\u00e1s simples hasta las m\u00e1s complejas, densas, elegantes y elaboradas. As\u00ed\u00ad se explica la recitaci\u00f3n de los s\u00ed\u00admbolos en las celebraciones lit\u00fargicas (lex orandi, lex credendi), en las que el reconocimiento adorante de Dios es presupuesto, acompa\u00f1ante y meta.<\/p>\n<p>El bautismo es uno de los momentos m\u00e1s decisivos en la vida de un cristiano y es normal que en estas circunstancias se haga la confesi\u00f3n de fe. Tambi\u00e9n poseen una funci\u00f3n identificativa y comunitaria. En ellos se pone de manifiesto la propia identidad creyente (el s\u00ed\u00admbolo como se\u00f1al acreditativa y testificativa) y se expresan e intensifican los lazos de pertenencia y las vinculaciones comunitarias; ellos son expresi\u00f3n p\u00fablica de la fe compartida y fortalecimiento m\u00faltiple de la comuni\u00f3n. Por esto el rechazo global o parcial de las confesiones de fe lleva de por s\u00ed\u00ad a la excomuni\u00f3n. As\u00ed\u00ad se explica el car\u00e1cter delimitativo de las mismas, pues sirven para diferenciarse frente a otros grupos religiosos y no religiosos. As\u00ed\u00ad se entiende tambi\u00e9n el car\u00e1cter defensivo10 o pol\u00e9mico, en contra de las interpretaciones equivocadas o heterodoxas, que algunos credos han adquirido a veces en su decurso hist\u00f3rico. Pero ser\u00ed\u00ada incorrecto interpretar esta funci\u00f3n como autoafirmaci\u00f3n excluyente o enclaustramiento complacido en el propio gueto; s\u00f3lo desde la propia identidad creyente es posible el di\u00e1logo riguroso y la apertura para con los otros.<\/p>\n<p>2. CONTENIDO DE LOS CREDOS. El Directorio dedica el c. II de la 2a parte al contenido de la catequesis, teniendo como punto de referencia el Catecismo, en el que el s\u00ed\u00admbolo constituye el primero de los cuatro pilares que sostienen la transmisi\u00f3n de la fe (DGC 122). Esta referencia inspira la articulaci\u00f3n cristol\u00f3gico-trinitaria, que confiere \u00abun profundo car\u00e1cter religioso\u00bb (DGC 123). En repetidas ocasiones se insiste en la importancia de esta articulaci\u00f3n, para vincular bien la confesi\u00f3n de fe cristol\u00f3gica (\u00abJes\u00fas es Se\u00f1or\u00bb) con la confesi\u00f3n trinitaria (\u00abCreo en el Padre, en el Hijo y en el Esp\u00ed\u00adritu Santo\u00bb), estableciendo este cristocentrismo trinitario a la cabeza de los criterios que han de guiar la presentaci\u00f3n del mensaje evang\u00e9lico (DGC 97s.) y la estructura interna de la catequesis en cualquier modalidad de presentaci\u00f3n (DGC 100). Radica aqu\u00ed\u00ad, sin duda, uno de los avances significativos respecto al Directorio general de pastoral catequ\u00e9tica de 1971 (DCG 41). Y un efecto de la adhesi\u00f3n m\u00e1s estricta y amplia a los textos del Nuevo Testamento. Cristo es en rigor lo que los ap\u00f3stoles confiesan y anuncian11, el contenido de su kerigma, el evangelio en persona.<\/p>\n<p>Esta fe cristiana ofrece, ya a finales del siglo I, un perfil bastante preciso y delimitado, no solamente como cuerpo doctrinal transmitido, sino tambi\u00e9n como conjunto de sumarios m\u00e1s o menos convencionales, diversos en estilo, frecuencia, trasfondo vital y estructura. Hay formulaciones que tienen una sola cl\u00e1usula de car\u00e1cter cristol\u00f3gico, otras que ofrecen una estructura bimembre al referirse a Dios Padre y a su Hijo Jesucristo, y otras que ampl\u00ed\u00adan tri\u00e1dicamente su estructura, al incluir tambi\u00e9n al Esp\u00ed\u00adritu Santo.<\/p>\n<p>a) Las f\u00f3rmulas de car\u00e1cter cristol\u00f3gico resaltan lo espec\u00ed\u00adfico de la fe cristiana en continuidad y discontinuidad con su trasfondo jud\u00ed\u00ado, reconociendo a Jes\u00fas de Nazaret como aquel en quien se han cumplido las expectativas mesi\u00e1nicas y se ha hecho realidad la salvaci\u00f3n de Dios. En su configuraci\u00f3n m\u00e1s sencilla, son homolog\u00ed\u00adas, aclamaciones de Jes\u00fas bajo tres designaciones distintas: Se\u00f1or (lCor 12,3; 16,22; Flp 2,11; Rom 10,9), Cristo (He 2,36; Un 2,22), Hijo de Dios (He 8,37; Heb 4,14; Mt 16,16; Jn 1,29). Estas aclamaciones sencillas se amplifican en formulaciones centradas en la muerte y resurrecci\u00f3n de Cristo; m\u00e1s o menos estereotipadas, incluyen referencias a la encarnaci\u00f3n y a la vida terrena de Jes\u00fas y vienen a decir: Cristo es el crucificado, resucitado por Dios, en favor nuestro y para nuestra salvaci\u00f3n (Rom 1,3s.; 4,24s.; 8,11; 10,9; lCor 6,14; 15,3-5.14s.; 2Cor 4,13s.; Col 2,12; lTes 1,10; G\u00e1l 1,1; 4,4). Es lo mismo que dicen algunos himnos cristol\u00f3gicos que podr\u00ed\u00adan considerarse como f\u00f3rmulas de fe ampliadas, estructuradas r\u00ed\u00adtmicamente, usadas en las celebraciones lit\u00fargicas y orientadas a que toda la comunidad termine aclamando a Jes\u00fas como el Se\u00f1or de la creaci\u00f3n entera (1Tim 3,16; F1p 2,6-11).<\/p>\n<p>b) Las f\u00f3rmulas de estructura bimembre se refieren simult\u00e1neamente a Dios Padre y a su Hijo Jesucristo. La fe de Israel en un solo Dios era una fe monote\u00ed\u00adsta que tambi\u00e9n los cristianos compart\u00ed\u00adan. Ahora bien, estos deb\u00ed\u00adan dar cuenta igualmente del acontecimiento Cristo, de modo que su fe en Dios aparecer\u00e1 unida siempre a Jes\u00fas y, por ello, creer\u00e1n en el \u00fanico Dios como aquel que ha resucitado de entre los muertos al Se\u00f1or Jes\u00fas. Ambos, Dios Padre y su Hijo Jesucristo, aparecen simult\u00e1neamente mencionados (1Cor 8,6; 1Tim 2,5s; 6,13s; 2Tim 4,1). Para los cristianos no hay m\u00e1s que un solo Dios, el Padre, de quien todo procede, y un solo Se\u00f1or, Jesucristo, por quien son todas las cosas. No hay m\u00e1s dioses ni se\u00f1ores que merezcan reconocimiento y obediencia, ni que puedan aportar la salvaci\u00f3n. La referencia al \u00fanico Dios era obvia para quien proced\u00ed\u00ada del juda\u00ed\u00adsmo (cf Jos 24; Dt 6,4), aunque quiz\u00e1 no tanto para el perteneciente al \u00e1mbito del mundo gentil o pagano.<\/p>\n<p>Al hablar de Dios como el Padre no solamente se recoge una tradici\u00f3n veterotestamentaria sobre Yav\u00e9 como Padre de Israel, sino tambi\u00e9n el eco de la invocaci\u00f3n de Dios como Abba por parte de Jes\u00fas; se trata del Padre de Jesucristo. Y su Hijo es el \u00fanico Se\u00f1or, que ha tenido tambi\u00e9n su papel en la creaci\u00f3n de todas las cosas, en referencia clara a la mediaci\u00f3n creadora y a la preexistencia de Cristo. Se trata, pues, de una unidad inescindible e irrenunciable entre el reconocimiento confesante de Dios y el de Jesucristo (cf 1Cor 8,6); en esta confesi\u00f3n se expresa la continuidad de la fe cristiana con la del Antiguo Testamento (monote\u00ed\u00adsmo) y, al mismo tiempo, lo distintivo cristiano frente a ella (pertenencia de Jesucristo, el Hijo de Dios, a la realidad divina del Dios \u00fanico).<\/p>\n<p>c) Finalmente, tambi\u00e9n se dan en el Nuevo Testamento f\u00f3rmulas tri\u00e1dicas, donde junto al Padre y al Hijo es mencionado el Esp\u00ed\u00adritu (1Cor 6,11; 12,4s; 2Cor 1,21s; 1Tes 5,18s; G\u00e1l 3,11-14; 2Cor 13,14; Mt 28,19). Pero las expl\u00ed\u00adcitas son muy escasas y no pueden considerarse, sin m\u00e1s, aclamaciones homol\u00f3gicas o confesiones de fe; m\u00e1s bien son f\u00f3rmulas de saludo o bendici\u00f3n lit\u00fargica (2Cor 13,14) o simplemente la f\u00f3rmula bautismal en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Esp\u00ed\u00adritu Santo (Mt 28,19). Su escasez no significa que la fe trinitaria se halle ausente del Nuevo Testamento o que no tenga fundamentaci\u00f3n alguna en sus textos. Si es cierto que las formulaciones de la teolog\u00ed\u00ada trinitaria posterior son, en gran parte, elaboraci\u00f3n de la reflexi\u00f3n creyente, tambi\u00e9n lo es que la revelaci\u00f3n salv\u00ed\u00adfica de Dios Padre en Jesucristo y en el Esp\u00ed\u00adritu tiene una estructura trinitaria. Este contenido cristol\u00f3gico-trinitario es el que reflejan, incluso en su misma estructura, todos los s\u00ed\u00admbolos de fe posteriores, desde los comienzos hasta nuestros d\u00ed\u00adas.<\/p>\n<p>3. CREDOS PRINCIPALES. Aunque nin<br \/>\nguno de los s\u00ed\u00admbolos surgidos en la vida de la Iglesia pueda considerarse superado e in\u00fatil12, el Catecismo otorga especial relieve al llamado s\u00ed\u00admbolo de los ap\u00f3stoles y al s\u00ed\u00admbolo de Nicea-Constantinopla o nicenoconstantinopolitano (CCE 193-196). Por su parte, el Directorio considera el s\u00ed\u00admbolo apost\u00f3lico como s\u00ed\u00adntesis vital del misterio cristiano (DGC 115), recuerda su importancia al afirmar que \u00abla catequesis es transmisi\u00f3n de los documentos de la fe\u00bb (DGC 149), y aboga por la memorizaci\u00f3n de sus principales f\u00f3rmulas (DGC 154).<\/p>\n<p>a) S\u00ed\u00admbolo apost\u00f3lico: En una carta enviada por el s\u00ed\u00adnodo de Mil\u00e1n del 390 al papa Siricio, aparece por vez primera la expresi\u00f3n s\u00ed\u00admbolo de los ap\u00f3stoles (symbolum apostolorum, PL 16, 1174) para designar el sumario de la fe, propio de la tradici\u00f3n romana. Nada extra\u00f1o, pues, que en el extenso y detallado tratamiento cient\u00ed\u00adfico de que ha sido objeto toda la tem\u00e1tica desde finales del siglo pasado13, sea usual distinguir entre el antiguo credo romano (designado normalmente como R) y el llamado s\u00ed\u00admbolo apost\u00f3lico (designado normalmente como T o TR=textus receptus). Del credo romano nos han llegado dos versiones ling\u00fc\u00ed\u00adsticas diversas, una en griego (lengua de la Iglesia romana hasta finales del siglo II o comienzos del III), que ser\u00ed\u00ada la m\u00e1s antigua y originaria, y otra versi\u00f3n en lat\u00ed\u00adn (lengua que se fue imponiendo desde mediados del siglo III), que ser\u00ed\u00ada casi contempor\u00e1nea con el original griego, es decir, de finales del siglo II o comienzos del III. Tanto de una como de otra hay gran cantidad de variaciones, con divergencias estil\u00ed\u00adsticas y terminol\u00f3gicas.<\/p>\n<p>El texto actual del s\u00ed\u00admbolo apost\u00f3lico aparece por vez primera en su configuraci\u00f3n completa en la obra Scarapsus, del autor Pirminio, de origen probablemente espa\u00f1ol, escrito entre el 710 y el 724 (DS 28; cf PL 89, 1034s., 1046). Fue aceptado por Roma entre los siglos IX-XI, goz\u00f3 de alta estima entre los te\u00f3logos medievales, fue integrado en el catecismo de Trento y en el Breviario romano, y en la liturgia actual tiene su lugar propio junto al credo de Nicea-Constantinopla. Tambi\u00e9n es altamente estimado por las iglesias surgidas de la Reforma protestante, las cuales hicieron del mismo una recepci\u00f3n positiva y han recurrido a su peso y autoridad en momentos conflictivos y en situaciones dif\u00ed\u00adciles.<\/p>\n<p>Por lo que se refiere a su composici\u00f3n directa por los mismos ap\u00f3stoles, la tradici\u00f3n piadosa que se admit\u00ed\u00ada como cierta hasta el siglo XV constituye solamente una leyenda bien intencionada. Rufino de Aquileia indica en su comentario (404 ca.) que el s\u00ed\u00admbolo fue obra com\u00fan de los ap\u00f3stoles (CCL 20,134s), pero todav\u00ed\u00ada no distribuye los art\u00ed\u00adculos respectivos entre los doce. El primer ejemplo de esta distribuci\u00f3n individual se halla en la Explanatio symboli (CSEL 73,3-12), que puede atribuirse probablemente a san Ambrosio. M\u00e1s desarrollada aparece la idea en los Sermones De Symbolo, falsamente atribuidos a san Agust\u00ed\u00adn (PL 39, 2189), donde la distribuci\u00f3n respectiva de una frase a cada ap\u00f3stol concreto va unida con la idea de que solamente los doce hab\u00ed\u00adan recibido el Esp\u00ed\u00adritu Santo.<\/p>\n<p>La leyenda alcanz\u00f3 una gran difusi\u00f3n en la Edad media, donde se convirti\u00f3 en motivo de ilustraci\u00f3n para salterios, breviarios, vidrieras, e incluso en tema de composiciones po\u00e9ticas. En el concilio de Florencia (1438) el metropolita Marcos Eugenik\u00f3s asegur\u00f3 no saber nada de este s\u00ed\u00admbolo apost\u00f3lico, del que habr\u00ed\u00ada quedado alg\u00fan testimonio en los Hechos si realmente los ap\u00f3stoles lo hubieran compuesto. M\u00e1s tarde, la leyenda fue sometida a una fuerte cr\u00ed\u00adtica por el humanista Lorenzo Valla y, desde entonces, todos los estudiosos del tema hasta nuestros d\u00ed\u00adas comparten el car\u00e1cter ficticio de su composici\u00f3n por parte de los mismos ap\u00f3stoles. Lo cual no impide sostener que \u00abel convencimiento del siglo II en el sentido de que la regla de fe cre\u00ed\u00adda y ense\u00f1ada en la Iglesia cat\u00f3lica era herencia de los ap\u00f3stoles, encierra mucho de verdad\u00bb14. De esta herencia doctrinal apost\u00f3lica forma parte el n\u00facleo y la estructura trinitaria de la f\u00f3rmula bautismal, lo cual determin\u00f3 la enunciaci\u00f3n sim\u00e9trica de la fe en el Padre, en el Hijo y en el Esp\u00ed\u00adritu Santo, si bien la formulaci\u00f3n teol\u00f3gica sobre la divinidad del Esp\u00ed\u00adritu Santo se introducir\u00e1 en los credos una vez garantizada la divinidad de Jesucristo.<\/p>\n<p>b) S\u00ed\u00admbolo de Nicea-Constantinopla. Representa un estilo de credos v\u00e1lidos para la cristiandad entera, y es el resultado de dos concilios ecum\u00e9nicos, el de Nicea I (325) y el de Constantinopla 1(381). Ambos constituyen un momento clave en la historia del dogma cristiano y en el establecimiento de la fe ortodoxa en el Dios de Jesucristo. La preocupaci\u00f3n fundamental del s\u00ed\u00admbolo de Nicea15 era garantizar inequ\u00ed\u00advocamente la divinidad de Jesucristo frente a las negaciones arrianas (DS 125); pero, por ello mismo, al fijar la fe cristol\u00f3gica, influir\u00e1 decisivamente tambi\u00e9n en la doctrina trinitaria. Nicea quiere dar una explicaci\u00f3n de Jesucristo como unig\u00e9nito de Dios, precisando que el engendramiento del Hijo equivale a su procedencia de la \u00absustancia (ous\u00ed\u00ada) del Padre\u00bb. Con esta precisi\u00f3n se quiere trascender el \u00e1mbito de lo creatural y reconocer al Hijo en su filiaci\u00f3n divina. Algo que Arrio hab\u00ed\u00ada negado decididamente y que Nicea refuerza mediante la introducci\u00f3n de su t\u00e9rmino m\u00e1s caracter\u00ed\u00adstico: \u00abconsustancial con el Padre\u00bb. Con ello Nicea pretende testimoniar la fe, confesar como Hijo de Dios al Jes\u00fas crucificado y resucitado, proclamar que quien encuentra a Jes\u00fas encuentra al mismo Dios Padre. Lo que se hallaba en juego era la comprensi\u00f3n cristiana de Dios. Y esta rompe todos los esquemas que quieran impon\u00e9rsele en nombre de su trascendencia o de su unicidad.<\/p>\n<p>En este sentido, al dar Nicea carta de ciudadan\u00ed\u00ada eclesial a un lenguaje dogm\u00e1tico nutrido de categor\u00ed\u00adas filos\u00f3ficas, no se est\u00e1 produciendo tanto una helenizaci\u00f3n del Dios cristiano cuanto una deshelenizaci\u00f3n de la concepci\u00f3n de Dios. Por un camino ciertamente parad\u00f3jico. La insuficiencia del lenguaje b\u00ed\u00adblico por s\u00ed\u00ad solo para despejar todas las ambig\u00fcedades hace que se recurra a una terminolog\u00ed\u00ada filos\u00f3fica ya existente, problem\u00e1tica, pero utilizada conjuntamente por Arrio y por Nicea. En el primer caso, para hacer de una filosof\u00ed\u00ada religiosa la instancia \u00faltima que dictamine sobre la relaci\u00f3n existente entre Dios y Jes\u00fas (la de un simple intermediario). En el caso de Nicea para reconocer a Jesucristo como Hijo de Dios y como Se\u00f1or, cuestionando la comprensi\u00f3n de Dios vigente en el helenismo.<\/p>\n<p>Con una conceptualidad filos\u00f3fica prestada, Nicea no se mueve en el plano de la especulaci\u00f3n, sino en el de la confesi\u00f3n de fe. Su preocupaci\u00f3n es primordialmente salv\u00ed\u00adfica: si Jesucristo no es verdaderamente el Hijo, si el mismo Dios no se halla en juego en \u00e9l, entonces los hombres no son en verdad hijos de Dios ni han sido realmente salvados por \u00e9l. La de Nicea fue una apuesta arriesgada, con consecuencias hist\u00f3ricas (un tipo de pensamiento que impondr\u00e1 su propia din\u00e1mica y dificultar\u00e1 comprender la radicalidad divina de la encarnaci\u00f3n). Pero Nicea constituye una expresi\u00f3n aut\u00e9ntica de la fe en el Dios del evangelio. El camino que va desde entonces hasta el concilio de Constantinopla (381) iba a suponer un desarrollo decisivo para la pneumatolog\u00ed\u00ada y, con ello, para la configuraci\u00f3n final de la doctrina y de la fe trinitaria. Partiendo de uno de los muchos credos nicenos entonces existentes, el de Constantinopla16 completa la laguna pneumatol\u00f3gica para responder as\u00ed\u00ad a los que negaban la divinidad del Esp\u00ed\u00adritu Santo. Estos eran grupos de cristianos diseminados por distintas regiones del imperio de Oriente (Egipto, Asia Menor), partidarios de un esquema binitario en el que no hab\u00ed\u00ada lugar m\u00e1s que para el Padre ing\u00e9nito y para el Hijo \u00fanico engendrado. Hablaban del Esp\u00ed\u00adritu como una criatura, un \u00e1ngel, un ser intermedio entre Dios y los hombres, de naturaleza ministerial, al que, por tanto, no se le hab\u00ed\u00ada de otorgar el mismo honor y gloria que al Padre y al Hijo.<\/p>\n<p>Esta deficiencia la quieren remediar las cinco afirmaciones sobre el Esp\u00ed\u00adritu Santo, que Constantinopla introduce para precisar la fe pneumatol\u00f3gica de la Iglesia: \u00abcreemos en el Esp\u00ed\u00adritu, el Santo, Se\u00f1or y dador de vida, que procede del Padre, que con el Padre y el Hijo es adorado y glorificado, que habl\u00f3 por los profetas\u00bb (DS 150). El lenguaje empleado es muy distinto del que escogi\u00f3 Nicea para definir la divinidad de Jesucristo. Constantinopla re\u00fane un material tradicional, no especulativo, donde prevalece el car\u00e1cter b\u00ed\u00adblico de las expresiones y el recurso a la praxis de las celebraciones lit\u00fargicas. Esta praxis oracional y lit\u00fargica (adoraci\u00f3n y glorificaci\u00f3n conjunta de Padre, Hijo y Esp\u00ed\u00adritu), de uso comunitario, desempe\u00f1\u00f3 un papel importante en las confrontaciones populares, y se convirti\u00f3 en la prueba m\u00e1s elocuente de la divinidad del Esp\u00ed\u00adritu Santo (lex orandi, lex credendi). El s\u00ed\u00admbolo nicenoconstantinopolitano sigue siendo hoy d\u00ed\u00ada el v\u00ed\u00adnculo dogm\u00e1ticamente m\u00e1s decisivo entre las grandes iglesias cristianas de Oriente y de Occidente y se convierte, al ser profesado por millones de cristianos, en una oportunidad ecum\u00e9nica de primer orden. Es lo que quiere aprovechar la Comisi\u00f3n Fe y Constituci\u00f3n del Consejo ecum\u00e9nico de las Iglesias en la publicaci\u00f3n de un documento que lleva por t\u00ed\u00adtulo: Creemos en Dios Padre, Hijo y Esp\u00ed\u00adritu Santo; y por subt\u00ed\u00adtulo: \u00abUna explicaci\u00f3n ecum\u00e9nica de la fe apost\u00f3lica expresada en el s\u00ed\u00admbolo de Constantinopla\u00bb17.<\/p>\n<p>III. Los credos y la comunicaci\u00f3n actual de la fe<br \/>\nAun a riesgo de desanimar a quienes tanto invierten en la b\u00fasqueda de recursos pedag\u00f3gicos y de remedios metodol\u00f3gicos, no puede olvidarse que la fe personal (fides qua) constituye siempre un don de Dios y, en rigor, nadie puede comunicarla: solamente puede surgir como respuesta libre a una oferta divina. Esto no significa desvalorizaci\u00f3n de dichos esfuerzos, sino colocar en su justo lugar la importancia, no peque\u00f1a, de las mediaciones humanas en el favorecimiento de esa respuesta. No es cuesti\u00f3n menor, sino m\u00e1s bien decisiva, la pregunta por la transmisi\u00f3n o comunicaci\u00f3n de la fe. Y tanto el Catecismo (CCE 186) como el Directorio (DGC 149) valoran los credos como recurso importante para esta tarea. Pero comunicar la fe no implica s\u00f3lo transmitir unos contenidos objetivos (depositum fidei) en los que se condensa la gran Tradici\u00f3n vinculante; implica tambi\u00e9n atender a las circunstancias del oyente actual y a las exigencias de una gram\u00e1tica com\u00fan a quien habla y a quien escucha, para que sea posible el entendimiento y la sinton\u00ed\u00ada rec\u00ed\u00adprocas.<\/p>\n<p>En la comunicaci\u00f3n de la fe hay, por tanto, un momento que mira hacia lo previamente acontecido, hacia una historia fundante, que nos obliga a mantener la memoria. Y hay tambi\u00e9n un momento prospectivo del presente y del futuro, con las exigencias ineludibles de la inculturaci\u00f3n. En el actual Directorio (DGC) recibe un acento m\u00e1s marcado que en el Directorio de 1971 (DCG) el elemento de continuidad y de mantenimiento de la memoria cristiana. El DCG se mostraba sensible a la aspiraci\u00f3n y a la necesidad de nuevas f\u00f3rmulas expresivas de la fe, acordes con la actual condici\u00f3n humana y con las diversas culturas (DCG 8).<\/p>\n<p>En el DGC no se renuncia a este deseo, pero se insiste en la importancia del lenguaje de la Tradici\u00f3n (30) y de la memoria (208), precisamentecomo condici\u00f3n de posibilidad de la inculturaci\u00f3n de la fe, y no s\u00f3lo como v\u00ed\u00ada de remedio al relativismo ambiental18. Las exigencias de inculturaci\u00f3n aparecen subrayadas con fuerza en varios momentos del DGC (108, 146, 208). Es un buen deseo. Su realizaci\u00f3n concreta, sin embargo, contin\u00faa siendo una tarea pendiente. Se trata, pues, de una din\u00e1mica bidireccional hacia el pasado hist\u00f3rico y hacia el presente-futuro, que en el DGC (78, 85, 88, 129, 132) queda muy bien recogida mediante el recurso al binomio de entrega y devoluci\u00f3n del s\u00ed\u00admbolo (traditio-redditio), propio del catecumenado bautismal, adaptado a la nueva situaci\u00f3n19.<\/p>\n<p>En cuanto instrumentos de evangelizaci\u00f3n, los s\u00ed\u00admbolos pueden necesitar adecuaci\u00f3n a las circunstancias hist\u00f3ricas y culturales, ya que probablemente s\u00f3lo reinterpretados, retraducidos o, al menos, convenientemente explicados, puedan volverse hoy d\u00ed\u00ada elocuentes y alcanzar as\u00ed\u00ad su cometido \u00faltimo: remitirnos al Dios vivo y verdadero del que quieren dar testimonio. Hoy nos topamos con realidades nuevas: la indiferencia religiosa, el movimiento ecum\u00e9nico, la conciencia del pluralismo de religiones, la incapacidad para comprender una determinada conceptualidad filos\u00f3fico-teol\u00f3gica, el giro antropol\u00f3gico, las prospectivas de futuro, la praxis confesante en cuestiones \u00e9ticas, sociales y pol\u00ed\u00adticas, la superaci\u00f3n de los confesionalismos estrechos, la propia identidad creyente a trav\u00e9s del tiempo&#8230; Todo un c\u00famulo de circunstancias que han dado origen en los \u00faltimos treinta a\u00f1os a propuestas de confesiones de fe o f\u00f3rmulas abreviadas, con una configuraci\u00f3n muy distinta en su estructura, en sus contenidos, en su lenguaje y en su intencionalidad20. Muchas de ellas tienen una vigencia ef\u00ed\u00admera y localizada; otras quieren, ante todo, responder a las necesidades y preocupaciones del hombre de hoy; otras son una versi\u00f3n modernizada de los s\u00ed\u00admbolos tradicionales; en gran parte pueden considerarse como espejo de las situaciones eclesiales, corrientes teol\u00f3gicas y sensibilidades humanas y culturales propias de los \u00faltimos a\u00f1os. No es posible predecir su viabilidad, su recepci\u00f3n o su futuro, pues los s\u00ed\u00admbolos tradicionales siguen siendo de uso preferente o exclusivo en las celebraciones comunitarias y lit\u00fargicas. Constituyen, en todo caso, un fen\u00f3meno necesitado de valoraci\u00f3n y discernimiento, para comprobar hasta qu\u00e9 punto los respectivos oyentes pueden realmente escuchar el verdadero contenido evang\u00e9lico en su propia lengua (cf He 2,8).<\/p>\n<p>NOTAS: 1. DGC 82; la afirmaci\u00f3n est\u00e1 tomada de MPD 8. &#8211; 2 DGC 83 remite a RMi 45: \u00abLos m\u00e1rtires, es decir, los testigos, son numerosos e indispensables para el camino del evangelio. Tambi\u00e9n en nuestra \u00e9poca hay muchos: obispos, sacerdotes, religiosos y religiosas, as\u00ed\u00ad como laicos; a veces h\u00e9roes desconocidos que dan la vida como testimonio de la fe. Ellos son los anunciadores y los testigos por excelencia\u00bb. &#8211; 3 En parte condenso y en parte ampl\u00ed\u00ado, de acuerdo con la finalidad de la presente obra, mis art\u00ed\u00adculos Concilios y S\u00ed\u00admbolos de fe, publicados en X. PIKAZA-N. SILANES (dirs.), Diccionario teol\u00f3gico. El Dios cristiano, Secretariado Trinitario, Salamanca 1992, 263-291, 1292-1307. &#8211; 4. Cf H. J. CARPENTER, Symbolum asa Tttle of the Creed, JThS 43 (1942) 1-11; H. LIETZMANN, Symbolstudien, WBG, Darmstadt 1966 (colecci\u00f3n de art\u00ed\u00adculos publicados en ZNW entre 1922\/7); A. BREKELMANS, Confesiones de fe en la Iglesia antigua: origen y funci\u00f3n, Concilium 51 (1970) 32-41; Agitaci\u00f3n en torno ala confesi\u00f3n de fe, Concilium 51 (1970) 129-146; J. P. JOSSUA, Signification des confessions de foi, Ist. 17 (1972) 48-56; J. N. D. KELLY, Primitivos credos cristianos, Secretariado Trinitario, Salamanca 1980. &#8211; 5 Cf J. N. D. KELLY, o.c., 77. &#8211; 6 Del tema se han ocupado intensamente los estudiosos de este siglo; cf para informaci\u00f3n m\u00e1s detallada, J. N. D. KELLY, o.c., 47ss. y A. M. RITTER Y OTROS, Glaubensbekenntnis(se) en TRE 12 (1984) 384-446 (amplia bibl.). &#8211; 7. J. N. D. KELLY, a.c., 49. &#8211; 8. Cf A. M. RITTER Y OTROS, a.c., 407. &#8211; 9 Ib, 496s. &#8211; 10 Este car\u00e1cter de la profesi\u00f3n de fe queda acentuado en el reciente motu proprio de Juan Pablo II, Ad tuendam fidem (1998); cf Civilt8 cattolica 3554 (1998) 170-183, Ecclesia 2902 (18.7.1998) 1084-1089. &#8211; 11. Cf W. RODORF, La confession de foi et son \u00abSitz im Leben\u00bb dans l&#8217;Eglise ancienne, NT 9 (1967) 225-238; K. WENGST, Christologische Formeln und Lieder des Urchristentums, G\u00fctersloh 1972; A. W. WAINWRIGHT, La Trinidad en el Nuevo Testamento, Secretariado Trinitario, Salamanca 1980. &#8211; 12 Para su diversidad en estilos y composici\u00f3n, cf A. HAHN, Bibliothek der Symbole und Glaubensregeln der alten Kirche, ed. por G. L. HAHN con un a\u00f1adido de A. HARNACK, Breslau 18973 (repr. Hildesheim 1962); J. CoLLANTES, La fe de la Iglesia cat\u00f3lica, Cat\u00f3lica, Madrid 19863. &#8211; 13 Cf A. HARNACK, Zur Geschichte der Entstehung des Apostolischen Symbolums, ZThK 4 (1894) 130-166; B. CAPELLE, Le symbole romaine au second si\u00e9cle, RevB 39 (1927) 33-45; Les origines du symbole romaine, RThAM 2 (1930) 5-20; P. NAUTIN, Je crois l&#8217;Esprit Saint dans la Sainte Eglise pour la r\u00e9surrection de la chair, Par\u00ed\u00ads 1947. &#8211; 14 J. N. D. KELLY, O.C., 45. &#8211; 15 Cf I. ORTIZ DE URBINA, Nicea y Constantinopla, Vitoria 1969; W. KASPER, El Dios de Jesucristo, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 19903, 209-229. &#8211; 16 Cf A. M. RFITER, Das Konzil von Konstantinopel und sein Symbol, Gotinga 1965; AA.VV., El concilio de Constantinopla I y el Esp\u00ed\u00adritu Santo, Semanas de estudios trinitarios 17, Secretariado Trinitario, Salamanca 1983. &#8211; 17. Cf Di\u00e1logo ecum\u00e9nico 32 (1987) 371-441. La explicaci\u00f3n ecum\u00e9nica es el resultado de tres coloquios previos, celebrados en distintas continentes: uno sobre el art\u00ed\u00adculo \u00abCreo en un solo Se\u00f1or, Jesucristo\u00bb, celebrado en 1984 en Kerala (India), en un contexto donde los cristianos son minor\u00ed\u00ada; otro tenido en Chantilly (Francia), en 1985, sobre el art\u00ed\u00adculo \u00abCreo en el Esp\u00ed\u00adritu Santo\u00bb, en el contexto europeo de tradici\u00f3n cristiana e indiferencia religiosa; un tercero llevado a cabo tambi\u00e9n en 1985 en Kinshasa (Zaire), sobre el art\u00ed\u00adculo \u00abCreemos en un solo Dios\u00bb, en el contexto africano, donde choca la concepci\u00f3n trinitaria del Dios uno. Merecen destacarse positivamente la aceptaci\u00f3n de Nicea-Constantinopla como hilo conductor y contenido expositivo de la explicaci\u00f3n y la relevancia de la comprensi\u00f3n trinitaria de Dios. &#8211; 18 Cf A. FOSSION, Un nouveau Directoire g\u00e9n\u00e9ral pour la cat\u00e9ch\u00e9se, Lumen vitae 53 (1998) 91-102 (96). &#8211; 19 DGC 78: \u00abLa profesi\u00f3n de fe recibida de la Iglesia (traditio), al germinar y crecer a lo largo del proceso catequ\u00e9tico, es devuelta (redditio) enriquecida con los valores de las diferentes culturas\u00bb. En la n. 5 a\u00f1ade, remitiendo a CT 28: \u00abLa bipolaridad de este gesto expresa la doble dimensi\u00f3n de la fe: don recibido (traditio) y respuesta personal e inculturada (redditio)\u00bb. &#8211; 20 Como clausura solemne del \u00aba\u00f1o de la fe\u00bb, y siguiendo la propuesta hecha por el primer s\u00ed\u00adnodo de obispos, que se hab\u00ed\u00ada ocupado de problemas relativos a la fidelidad doctrinal, Pablo VI (1968) pronunci\u00f3 una profesi\u00f3n de fe en nombre de todo el pueblo de Dios (AAS 60, 1968, 433-445; J. COLLANTES, o.c., 863ss). Se conmemoraba el centenario del martirio de los ap\u00f3stoles Pedro y Pablo y se quer\u00ed\u00ada salir al paso de los riesgos que llevaban consigo algunas interpretaciones (nuevas) del cristianismo, surgidas a ra\u00ed\u00adz del Vaticano II. No se trata de una definici\u00f3n dogm\u00e1tica en sentido estricto, sino de una explicaci\u00f3n aut\u00e9ntica del sentido de la fe, propuesta por el mismo papa. Para ello repite sustancialmente la f\u00f3rmula del credo nicenoconstantinopolitano, introduciendo precisiones debidas a las circunstancias de la \u00e9poca y a las exigencias de la verdad divina (cf p. ej. 9, 10, 11, 13), con algunos acentos personales suyos, todo ello orientado al mantenimiento de la fe tradicional, con sus formulaciones acostumbradas. Al respecto, cf J. A. DE ALDAMA, La profesi\u00f3n de fe de Pablo VI, EstEcl 43 (1968) 479-505; G. M. GARRONE, La profession de foi de Paul VI. tntroduction, Par\u00ed\u00ads 1969; C. Pozo, El credo del pueblo de Dios, Cat\u00f3lica, Madrid 19682.<\/p>\n<p>Santiago del Cura Elena<\/p>\n<p>M. Pedrosa, M. Navarro, R. L\u00e1zaro y J. Sastre, Nuevo Diccionario de Catequ\u00e9tica, San Pablo, Madrid, 1999<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario de Catequ\u00e9tica<\/b><\/p>\n<p><p style=\"text-align: justify;\">Una declaraci\u00f3n de creencia religiosa, un reconocimiento p\u00fablico hecho delante de testigos (1 Ti. 6:12, 13). Ocasionalmente se usa la frase para describir los credos de la iglesia a partir del primer siglo de nuestra era, pero m\u00e1s particularmente las declaraciones formales hechas por las iglesias protestantes en el tiempo de la Reforma y despu\u00e9s de ella. Las principales confesiones evang\u00e9licas (luteranas) son la Confesi\u00f3n de Augsburgo, 1530, obra de Melanchton, aprobada por Lutero; los Art\u00edculos de Smalkald, 1573; la F\u00f3rmula de Concordia, 1577; y el Libro de Concordia, 1580. Las confesiones reformadas (calvinistas) son casi treinta, de las que sobresalen: la Confesi\u00f3n Helv\u00e9tica, 1536 y 1566; la Escocesa, 1560; el Catecismo de Heidelberg, 1563; Los C\u00e1nones del S\u00ednodo de Dort, 1618; y la Confesi\u00f3n de Fe de Westminster, 1646, obra de la asamblea de Westminster, un s\u00ednodo designado por el Parlamento en 1642 para revisar los Treinta y Nueve Art\u00edculos de la Iglesia de Inglaterra. Esta confesi\u00f3n ha sido usada por la Iglesia de Escocia desde 1647, y fue aprobada por el Parlamento en 1648.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">M.R.W. Farrer<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftn1\" name=\"_ftnref1\"><\/a><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftnref1\" name=\"_ftn1\"><\/a>Harrison, E. F., Bromiley, G. W., &amp; Henry, C. F. H. (2006). <em>Diccionario de Teologi\u0301a<\/em> (116). Grand Rapids, MI: Libros Desafi\u0301o.<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Teolog\u00eda<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>[201] En sentido cristiano es la p\u00fablica manifestaci\u00f3n de la propia fe, con la vida y con la palabra. Cuando la ocasi\u00f3n llega es preciso estar dispuesto a confesar la fe con valor y claridad, incluso hasta llegar al riesgo del dar la vida por esa confesi\u00f3n. El cristianismo ha tenido siempre especial veneraci\u00f3n ante &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/confesion-de-fe\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abCONFESION DE FE\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-10232","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/10232","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=10232"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/10232\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=10232"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=10232"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=10232"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}