{"id":10306,"date":"2016-02-05T07:23:50","date_gmt":"2016-02-05T12:23:50","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/crisis\/"},"modified":"2016-02-05T07:23:50","modified_gmt":"2016-02-05T12:23:50","slug":"crisis","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/crisis\/","title":{"rendered":"CRISIS"},"content":{"rendered":"<p>[701]<\/p>\n<p>     En Sociolog\u00ed\u00ada y Psicolog\u00ed\u00ada, crisis es la situaci\u00f3n de tr\u00e1nsito, o cambio exterior e interior acompa\u00f1ado de desasosiego. En crisis la persona no se comporta de modo habitual y reacciona en funci\u00f3n de tensiones, bloqueos, frustraciones que bordean lo anormal. Todo tr\u00e1nsito es crisis, pero se reserva el t\u00e9rmino por lo general para aquellos cambios convulsivos que producen desequilibrio en el sentimiento, en el pensamiento o en el comportamiento.<\/p>\n<p>    Las crisis religiosas, en particular, implican alteraci\u00f3n en las actitudes morales o en las creencias, por causas internas (perturbaciones afectivas, morales o ideol\u00f3gicas) o por causas externas (esc\u00e1ndalos, bloqueos, desconciertos, choques agresivos, influencias nefastas).<\/p>\n<p>    Especial importancia tienen para el educador de la fe y para el catequista las crisis religiosas que se producen en las etapas de formaci\u00f3n de la persona (dudas religiosas, complejos de culpabilidad, escr\u00fapulos, etc.). Algunas son cl\u00e1sicas y, dentro de lo que cabe, son normales: abandono de la pr\u00e1ctica religiosa al llegar a determinada edad, shok religioso ante un esc\u00e1ndalo, sorpresa ante la destrucci\u00f3n de un mito, creencia o ideal ingenuo. Y otras son m\u00e1s profundas o personales: por ejemplo, manipulaci\u00f3n ideol\u00f3gica o afectiva por miembro influyente de alguna secta.<\/p>\n<p>   Lo importante de las crisis no es que se produzcan, pues en la religiosidad como en los dem\u00e1s rasgos humanos siempre existe la posibilidad de perturbaci\u00f3n o alteraciones de los ritmos normales. Lo importante es, para cuando el caso llegue, estar preparados con fortaleza moral, con claridad ideol\u00f3gica y con serenidad emotiva.<\/p>\n<p>    Es precisamente la misi\u00f3n del educado, la de orientar a la persona, , amortigua los desajustes, abrir camino en los momentos dif\u00ed\u00adciles. Y las mismas crisis resultan elementos positivos de formaci\u00f3n moral y espiritual. Los no preparados tendr\u00e1n menos posibilidades de rehacerse por los propios medios.<\/p>\n<p>    Ante una crisis, las actitudes del educador deben ser inteligentes: comprensi\u00f3n, an\u00e1lisis de causas, flexibilidad, paciencia, dar tiempo para la reacci\u00f3n, usar procedimientos indirectos cuando la persona se cierra, evitar los consejos est\u00e9riles, claridad de planteamientos y no excluir la plegaria confiada a Dios para que ayude en la soluci\u00f3n del problema.<\/p>\n<p>    El mejor trato en estas situaciones no es ajeno a las t\u00e9cnicas psicol\u00f3gicas m\u00e1s convenientes: counseling, terapias de grupo, etc. Pero, si se trata de crisis religiosas y no s\u00f3lo psicol\u00f3gicas, las terapias espirituales son imprescindibles. (Ver Psicoterapias)<\/p>\n<p>Pedro Chico Gonz\u00e1lez, Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00ed\u00ada Religiosa, Editorial Bru\u00f1o, Lima, Per\u00fa 2006<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00eda Religiosa<\/b><\/p>\n<p>SUMARIO: I. Indicaciones de lenguaje &#8211; II. Iluminaciones de la Biblia: 1. Antolog\u00ed\u00ada del AT; 2. Antolog\u00ed\u00ada del NT &#8211; III. Situaciones de crisis: 1. El hoy est\u00e1 en crisis; 2. Crisis positiva del hombre hist\u00f3rico; 3. Crisis en la vida espiritual: a) Crisis teologal, b) Crisis \u00e9tica, c) Crisis institucional: familia, Iglesia, sacramentos, sacerdocio, vida religiosa, vocaciones &#8211; IV. Orientaciones para superar la crisis: 1. Realismo: 2. Optimismo; 3. Globalidad; 4. Cultura; 5. Ejemplaridad; 6. Comuni\u00f3n; 7. Ascetismo; 8. M\u00ed\u00adstica; 9. Oraci\u00f3n; 10. Espera.<\/p>\n<p>I. Indicaciones de lenguaje<br \/>\nEn el lenguaje corriente, la voz crisis resuena con acentos de angustia y de estremecimiento; evoca una contingencia desfavorable y peligrosa; incita a intervenir, con todos los medios posibles, en la curaci\u00f3n del sector afectado. Es una palabra cargada de pesimismo. El origen etimol\u00f3gico y el significado lexicol\u00f3gico correcto no motivan semejante unilateralidad. En el vocabulario griego, el t\u00e9rmino krisis aparece con variedad de acepciones: crisis es fuerza distintiva, querella, separaci\u00f3n, elecci\u00f3n, opci\u00f3n; es juicio, rechazo, disputa, sentencia, condena; es \u00e9xito, soluci\u00f3n, logro, explicaci\u00f3n, interpretaci\u00f3n. El sustantivo se deriva del verbo krino, igualmente rico en acepciones: distingo, elijo, prefiero, decido o juzgo, interpreto o explico, establezco o resuelvo, hago entrar en fase decisiva, estimo o supongo o valoro&#8230; La atenci\u00f3n a la forma verbal es prioritaria, porque la acci\u00f3n precede a la catalogaci\u00f3n sem\u00e1ntica de la misma, es decir, el verbo precede al sustantivo. En el vocabulario latino, el significado fundamental de crisis se restringe al concepto de \u00abdecisi\u00f3n\u00bb (sesgo decisivo de una enfermedad, por ejemplo). En nuestro entorno ling\u00fc\u00ed\u00adstico, las acepciones m\u00e1s en uso de este t\u00e9rmino se aplican, siguiendo su vena etimol\u00f3gica, a fen\u00f3menos concretos: crisis es cambio repentino, para mejor o para peor, de una situaci\u00f3n patol\u00f3gica (en la terminolog\u00ed\u00ada cl\u00ed\u00adnica es habitual la acepci\u00f3n positiva: crisis como desaparici\u00f3n brusca de manifestaciones morbosas y, por tanto, aparici\u00f3n de bienestar); crisis es turbaci\u00f3n, el momento m\u00e1s agudo de una situaci\u00f3n (por ejemplo, pol\u00ed\u00adtica, social, financiera, psicol\u00f3gica, etc.). La crisis, seg\u00fan estos significados, es el punto decisivo, el umbral determinante, la l\u00ed\u00adnea de cambio de una situaci\u00f3n. La etimolog\u00ed\u00ada y la aplicaci\u00f3n cient\u00ed\u00adfica de los conceptos rescatan la palabra \u00abcrisis\u00bb del empleo tenebroso que la tiene gastada. Pero la ex\u00e9gesis, aun la m\u00e1s cient\u00ed\u00adfica y luminosa, no resuelve la situaci\u00f3n de crisis. De hecho, la crisis es una situaci\u00f3n, un modo de colocarse frente a una realidad. Crisis es una situaci\u00f3n de la persona; pues es la persona, no la realidad externa, la que se sit\u00faa o se encuentra en relaci\u00f3n de crisis con dicha realidad. La crisis es una condici\u00f3n humana. Las ciencias antropol\u00f3gicas -psicolog\u00ed\u00ada y psiquiatr\u00ed\u00ada, sociolog\u00ed\u00ada, algunos ramos de la filosof\u00ed\u00ada, medicina, etc.- poseen una metodolog\u00ed\u00ada propia para analizar la crisis, para individuar su etiolog\u00ed\u00ada, para poder llegar a un diagn\u00f3stico de la misma, para aplicarle una eventual terapia, con objeto de salir de ella de forma positiva.<\/p>\n<p>Como situaci\u00f3n de la persona, la crisis es posible y real tambi\u00e9n a nivel del esp\u00ed\u00adritu. La teolog\u00ed\u00ada espiritual posee una metodolog\u00ed\u00ada propia para que la salida de la crisis tenga un efecto positivo. Pero la persona que est\u00e1 \u00aben crisis\u00bb es una unidad; de ah\u00ed\u00ad que las diferentes metodolog\u00ed\u00adas, para prestar un servicio \u00f3ptimo, deban intercomunicarse e integrarse. Por eso, si separamos el tratamiento centr\u00e1ndolo en una dimensi\u00f3n -la de la espiritualidad en estas p\u00e1ginas-, lo hacemos no para establecer compartimientos estancos, que no tendr\u00ed\u00adan sentido, sino por razones sobre todo culturales y de m\u00e9todo. La teolog\u00ed\u00ada espiritual tiene en cuenta ante todo la persona. Otras metodolog\u00ed\u00adas pueden referirse a \u00absituaciones cr\u00ed\u00adticas\u00bb, interes\u00e1ndose principalmente por las circunstancias, aunque siempre en funci\u00f3n de la persona. En la vida del esp\u00ed\u00adritu no se dan verdaderas \u00absituaciones de crisis\u00bb; cuando como tales consideramos (incorrectamente) a determinados eventos, se verifica un traslado de la crisis desde la interioridad personal a la exterioridad de los fen\u00f3menos. Con rigor no s\u00f3lo verbal, sino tambi\u00e9n conceptual y de contenido, no habr\u00e1 que decir crisis de fe, de esperanza, de caridad, sino crisis en la fe, en la esperanza, en la caridad; y, an\u00e1logamente, no se dir\u00e1 crisis del sacerdocio, de la vida religiosa, de la familia, etc., sino el sacerdote, el religioso, la familia, est\u00e1n en crisis; asimismo, no se dir\u00e1 crisis de la Iglesia, de las instituciones, etc., sino crisis eclesial (o eclesi\u00e1stica, seg\u00fan las fenomenolog\u00ed\u00adas), institucional; finalmente, no se dir\u00e1 crisis de lo sagrado, sino crisis frente a lo sagrado. Este lenguaje (o similar) lleva de inmediato a la ra\u00ed\u00adz del problema, es decir, a la persona. En sustancia, se trata siempre de una crisis de identidad. La crisis nunca es colectiva, ni epid\u00e9mica; las condiciones de una misma situaci\u00f3n pueden implicar a varias personas, a la comunidad, a un grupo, a toda la colectividad; pero la experiencia ense\u00f1a que la reacci\u00f3n es singular y de acuerdo con las peculiaridades caracteriales del individuo. En la crisis de fe, el neur\u00f3tico responder\u00e1 con angustia, mientras que el ap\u00e1tico reaccionar\u00e1 con indiferencia; frente a la crisis eclesial o institucional, el introvertido se har\u00e1, de manera reservada, su autocr\u00ed\u00adtica, mientras que el extrovertido se comportar\u00e1 con versatilidad e inquietud. Y as\u00ed\u00ad sucesivamente. Seg\u00fan este punto de vista, la crisis es siempre superable con la colaboraci\u00f3n de la persona desde su propia interioridad.<\/p>\n<p>II. Iluminaciones de la Biblia<br \/>\nLos textos griegos de la Biblia no presentan nunca el verbo krino ni el sustantivo krisis con el significado actual de \u00abcrisis\u00bb como situaci\u00f3n personal at\u00ed\u00adpica. Y en las concordancias b\u00ed\u00adblicas latinas no aparece voz alguna acu\u00f1ada a partir de tal etimolog\u00ed\u00ada. En la traducci\u00f3n latina, krinein equivale a iudicare, iudicio contendere, aestimare, indicio subiici, decernere, proponere, statuere. Esta adopci\u00f3n de significados num\u00e9ricamente reducidos, as\u00ed\u00ad como la exclusi\u00f3n de otros -sin lugar a dudas inadvertida por parte de los autores b\u00ed\u00adblicos-, puede equivaler para el lector de hoy a una elecci\u00f3n y a una sugerencia.<\/p>\n<p>Sin embargo, el \u00abhombre en crisis\u00bb llena tambi\u00e9n el mundo de la Biblia. Las crisis humanas no se manifiestan con una palabra categ\u00f3rica; se describen m\u00e1s bien con im\u00e1genes y mediante el an\u00e1lisis de los estados de \u00e1nimo. Los autores b\u00ed\u00adblicos narran las crisis desde dentro de la persona, logrando resultados literarios, introspectivos, anag\u00f3gicos y paren\u00e9ticos de alto nivel. Para leer las crisis de los personajes de la Escritura, hay que trasladarse a su situaci\u00f3n existencial, liberarse de los condicionamientos culturales y l\u00e9xicos, sentir la corriente de hermandad y de igualdad, o al menos de analog\u00ed\u00ada, que une a los habitantes del pasado con los vivos del presente.<\/p>\n<p>Seg\u00fan la visi\u00f3n b\u00ed\u00adblica del mundo, el hombre no est\u00e1 condenado a la crisis, ni \u00e9sta constituye para \u00e9l un estado permanente. Sin embargo, la crisis sorprende al hombre desde el alba de su existencia.<\/p>\n<p>1. ANTOLOG\u00ed\u008dA DEL AT &#8211; Las p\u00e1ginas iniciales del libro del G\u00e9nesis describen la primera y m\u00e1s importante de las crisis humanas. La implicaci\u00f3n c\u00f3smica a que dio lugar, seg\u00fan la interpretaci\u00f3n escritur\u00ed\u00adstica, podr\u00ed\u00ada inducir a calificarla como la \u00fanica verdadera crisis. La cuesti\u00f3n de Ad\u00e1n y Eva -la unidad-hombre (G\u00e9n 5,2)- puede leerse haciendo uso de los conceptos agrupados en torno al vocablo crisis. La crisis del cabeza de la estirpe es ontol\u00f3gica: da una valoraci\u00f3n de la propia esencia, as\u00ed\u00ad como de la de las dem\u00e1s realidades circundantes e incluso de Dios, y ello bajo la presi\u00f3n de sugerencias discordantes con el modelo aceptado anteriormente. La causa de tal crisis, cuenta la p\u00e1gina b\u00ed\u00adblica, es escuchar la voz del maligno, el cual empuja al hombre a repensar el sentido de la presencia y de la acci\u00f3n de Dios y el sentido de las propias relaciones con \u00e9l; es tambi\u00e9n una crisis teol\u00f3gica. Es crisis frente a lo sagrado; Dios hab\u00ed\u00ada calificado la creaci\u00f3n de muy buena (G\u00e9n 1,31), y esta valoraci\u00f3n divina atribu\u00ed\u00ada una sacralidad a las esencias y a los fen\u00f3menos, pero el hombre expresa una valoraci\u00f3n y manifiesta una sensibilidad diferentes, que introducen en aquella sacralidad elementos de perturbaci\u00f3n. La creaci\u00f3n de suyo no ha perdido la bondad primera; es el hombre el que la percibe como no sagrada, es decir, fuera de un proyecto salv\u00ed\u00adfico de Dios. Las categor\u00ed\u00adas psicol\u00f3gicas modernas clasifican un tipo de hombre como el originario reconstruido por la Biblia, un ser inseguro, que no hab\u00ed\u00ada interiorizado las seguridades, insatisfecho, vulnerable frente a la crisis de identidad. Ad\u00e1n y Eva son s\u00ed\u00admbolos del hombre que, interpelado por acontecimientos importantes, verifica su situaci\u00f3n global (cultural, existencial, religiosa, psicol\u00f3gica&#8230;) ante la realidad de Dios, del cosmos y de s\u00ed\u00ad mismo, y que se encuentra en una posici\u00f3n distinta de la que precedi\u00f3 a la crisis; un hombre muy cambiado. Sin embargo, la clave interpretativa del hagi\u00f3grafo es teologal: Dios lleva el desarrollo de la crisis hasta una soluci\u00f3n positiva. La tradici\u00f3n b\u00ed\u00adblica y la teolog\u00ed\u00ada de la Iglesia utilizan exclusivamente la misma clave, destacando que Dios ha mostrado su amor al hombre hasta el punto de adoptarlo por hijo (1 Jn 3,1); reconociendo como \u00abnecesaria\u00bb y \u00abfeliz\u00bb la crisis primordial por haberse cerrado con la salvaci\u00f3n mesi\u00e1nica (Exultet de la vigilia pascual); realzando como \u00fanico motivo de la encarnaci\u00f3n el proyecto de la redenci\u00f3n (S. Th. II. q. 9, aa. 1, 2, 3), es decir, la salvaci\u00f3n de aquella crisis. La primera crisis humana es valorable como la m\u00e1s positiva.<\/p>\n<p>Siguiendo el hilo de la cronolog\u00ed\u00ada b\u00ed\u00adblica, otros personajes representativos aparecen en el horizonte de la historia. El primero es Abrah\u00e1n. El acontecimiento que imprime un giro a su existencia -el punto cr\u00ed\u00adtico- se llama vocaci\u00f3n. Dios le invita a abandonar el pa\u00ed\u00ads, la patria, la familia paterna para emigrar a una tierra extra\u00f1a a su experiencia (G\u00e9n 12,1-2). Un episodio de transhumancia se interpreta como acontecimiento crucial de una existencia individual y de todo un grupo \u00e9tnico. El otro acontecimiento crucial de la simbologla abrah\u00e1mica es la provocaci\u00f3n cultual que exige el holocausto del hijo Isaac a la divinidad en el pa\u00ed\u00ads que lo acoge (G\u00e9n 22,1-19). Aparentemente, Abrah\u00e1n es un introvertido, taciturno receptor de \u00f3rdenes: sin hacer objeciones, parte y, sin se\u00f1ales de remordimiento alguno, se encamina a sacrificar a su unig\u00e9nito, holocausto que no se consuma. La crisis de Abrah\u00e1n es institucional: el valor tradicional de instituciones como la patria, los v\u00ed\u00adnculos tribales, la inviolabilidad de los cultos pasan por la criba de la interpretaci\u00f3n aut\u00f3noma del hombre que se libera del condicionamiento impuesto por una sumisi\u00f3n acritica a aquellos valores. En efecto, Abrah\u00e1n abandona su etnia, no sacrifica en ning\u00fan altar al hijo, como se acostumbraba hacer en la tierra de Cana\u00e1n. La soluci\u00f3n de esta crisis centrada en el personaje de Abrah\u00e1n -que no es ciertamente el \u00fanico implicado en ella- es, en el terreno de la historia, la aparici\u00f3n de un nuevo pueblo, con una entidad aut\u00f3noma, y, en el horizonte teologal, la clarificaci\u00f3n de algunos elementos del proyecto de salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p>En el mismo marco hist\u00f3rico y teologal se sit\u00faan los acontecimientos de la vida de Mois\u00e9s. Pero el acontecimiento es el encuentro con Dios. Tras una dorada infancia y una juventud vividas en la corte del fara\u00f3n de Egipto, mientras, como mayoral de su suegro, pasaba d\u00ed\u00adas de fugitivo resignado en la tierra de Madi\u00e1n, h\u00e9telo encontr\u00e1ndose con Dios. Es la epifan\u00ed\u00ada del Horeb (Ex 3,1-4,17). Pero la atenci\u00f3n se centra en el hombre que vive la epifan\u00ed\u00ada. El cual madura un conocimiento in\u00e9dito de Dios, conoce su \u00abnombre\u00bb, o sea, capta su sustancia personal. El nombre divino es Yahv\u00e9, traducido por \u00abyo soy el que soy\u00bb (Ex 3,14), simplificado en \u00abel que es\u00bb. La intuici\u00f3n mosaica advierte la trascendencia de Dios, su poseer el ser de forma absoluta; pero se percata tambi\u00e9n de su participaci\u00f3n en el hacerse de la historia; la revelaci\u00f3n del nombre divino se completa as\u00ed\u00ad: \u00abYo soy el Dios de tu padre; el Dios de Abrah\u00e1n, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob&#8230;; \u00e9ste es mi nombre para siempre: as\u00ed\u00ad me llamar\u00e9is de generaci\u00f3n en generaci\u00f3n\u00bb (Ex 3, 6.15). Este Dios de vivos y no de muertos (Mt 22,32; Mc 12,26-27) se compromete a s\u00ed\u00ad mismo en la historia y compromete a otros: el descubrimiento crucial de Mois\u00e9s es haberse dado cuenta de que en aquella circunstancia el comprometido era \u00e9l. La p\u00e1gina de la teofan\u00ed\u00ada transmite hasta cinco objeciones de Mois\u00e9s (Ex 3,11.13; 4,1.10.13), cinco intentos del hombre de eludir el compromiso. La crisis de Mois\u00e9s alterna fases positivas y fases atormentadas. Exultante es el descubrimiento del nombre divino, un progreso en el conocimiento; molesta es la falta de confianza en si mismo (era el punto fuerte de las objeciones): dos situaciones de crisis -crecimiento en el conocimiento teol\u00f3gico, interpretaci\u00f3n autolesionista del propio limite- que traumatizan al hombre (el s\u00ed\u00admbolo de cubrirse el rostro en la epifan\u00ed\u00ada del Horeb: Ex 3,6), pero no lo destruyen. De hecho, Mois\u00e9s supera robustecido la cuesta de la crisis e imprime un giro de valor determinante a la teolog\u00ed\u00ada b\u00ed\u00adblica y a la historia de Israel.<\/p>\n<p>El \u00e9xodo de Israel de la esclavitud egipcia y el camino por el desierto hacia la libertad, identificada con la tierra de Cana\u00e1n, que es preciso conquistar, son un s\u00ed\u00admbolo expresivo del trazado dial\u00e9ctico de una crisis. Desde la euforia por el \u00e9xito sorprendente de la dura tarea de la emancipaci\u00f3n, que culmina en la fiesta (Ex 15,1-18), hasta los encuentros con vicisitudes ins\u00f3litas, el pueblo y sus personajes eminentes parecen acosados por la necesidad de verificar d\u00ed\u00ada tras d\u00ed\u00ada la consistencia de la fe, el mantenimiento de la fidelidad a la alianza, la sensibilidad religiosa y social; tambi\u00e9n el salmista interpreta esa vuelta al nomadismo ancestral, esa estrategia inusitada, como una tentaci\u00f3n, como una prueba (Sal 95,8-11), una crisis en cadena, al final de la cual llega la estabilizaci\u00f3n como consecuencia del logro de los objetivos.<\/p>\n<p>La historia de Israel prosigue convergiendo siempre en su t\u00ed\u00adpico camino te\u00e1ndrico. A lo largo del camino del hombre, en los doce siglos transcurridos desde la instalaci\u00f3n en Palestina hasta los umbrales del acontecimiento mesi\u00e1nico, los libros de la Sagrada Escritura trazan diversos retratos que se pueden analizar e interpretar como de personas en situaci\u00f3n de crisis. Samuel se presenta como el hombre de la crisis institucional; es el \u00faltimo de los jueces, cierra los cerca de ciento cincuenta a\u00f1os de r\u00e9gimen de las autonom\u00ed\u00adas locales, sustituido por el advenimiento de la monarqu\u00ed\u00ada, reclamada por los representantes de Israel, atormentados por el complejo de inferioridad frente a los pueblos circundantes, gobernados por un rey, que a ellos les faltaba (1 Sam 8,4-22). Sa\u00fal, primer rey de Israel, es el hombre de la crisis din\u00e1stica; por una valoraci\u00f3n estrat\u00e9gica err\u00f3nea, la corona real le ser\u00e1 quitada a su familia (1 Sam 15,10-31: interpretaci\u00f3n teol\u00f3gica). David es el elegido para sustituir a Sa\u00fal. Se trata de un acontecimiento imprevisto para el joven, acontecimiento que sacude su existencia y le lleva de la despreocupaci\u00f3n buc\u00f3lica a las tribulaciones de la convivencia en la corte del adversario y a la responsabilidad pol\u00ed\u00adtica de la sucesi\u00f3n. Dos son los hechos decisivos tras la subida de David al trono. Uno el or\u00e1culo del profeta Nat\u00e1n, que refiere el proyecto de Dios de vincular a la genealog\u00ed\u00ada del rey la descendencia mesi\u00e1nica: acontecimiento al que David corresponde aumentando su fe y confianza en Dios, cosa que demuestra y exterioriza en la oraci\u00f3n (2 Sam 7,1-29). El otro es el pecado de homicidio y de adulterio (2 Sam 11,2-27): crisis frente a los valores morales, a los que \u00e9l, al detentar el poder supremo, cre\u00ed\u00ada no estar sujeto; crisis que asume las tintas de lo \u00abdesagradable a los ojos del Se\u00f1or\u00bb (2 Sam 11,27) y se convierte en una verificaci\u00f3n autocr\u00ed\u00adtica que, bajando al fondo del esp\u00ed\u00adritu y del inconsciente, sondea todos los pliegues de la propia personalidad (con la mediaci\u00f3n critica del profeta Nat\u00e1n), para concluir con un juicio de autoacusaci\u00f3n (Sal 51,1-21) que se resuelve en una conversi\u00f3n continuada de la existencia.<\/p>\n<p>Su sucesor, Salom\u00f3n, exaltado con \u00e9nfasis por sus contempor\u00e1neos (1 Re 5,9-14; 10,23-25) y por los sucesivos hagi\u00f3grafos (Eclo 47,12-20), considerado por la tradici\u00f3n hebrea como el rey m\u00e1s ostentoso (Mt 6,29), traza en el tiempo un gr\u00e1fico decreciente, pasa a trav\u00e9s de una crisis en la fe (igual a los \u00ed\u00addolos con Yahv\u00e9) y en la moralidad (contrae matrimonios ilegales y perniciosos). Salom\u00f3n lleva el reino a su m\u00e1xima degradaci\u00f3n; tras \u00e9l, estalla una crisis constitucional incurable, que acaba haciendo a\u00f1icos la unidad de los dos reinos, Israel y Jud\u00e1.<\/p>\n<p>Graves crisis arrollan a ambas colectividades (invasiones, deportaciones y destierros por parte de ej\u00e9rcitos mesopot\u00e1micos, destrucciones) y a sus gu\u00ed\u00adas, ya se trate de pol\u00ed\u00adticos o de reyes, ya de autoridades religiosas o de profetas (los conflictos interiores de Jerem\u00ed\u00adas, la desconfianza de El\u00ed\u00adas&#8230;). Las desgracias del pueblo, seg\u00fan la interpretaci\u00f3n prof\u00e9tica, son castigo de Dios, una prueba para que el resto purificado reanude el camino de la fidelidad a la alianza. En esta historia dram\u00e1tica, el \u00fanico rigurosamente fiel es Dios, el cual sigue tejiendo su parte de acontecimientos salvifiicos,incluso sirvi\u00e9ndose de personas que intervienen para resolver situaciones de peligro para la colectividad, como Judit y Ester, s\u00ed\u00admbolos de la salvaci\u00f3n imprevisible; como el persa Ciro, enviado por Dios para decretar el retorno del exilio (2 Cr\u00f3n 36,22-23; Esd 1, 1-5). Este retorno inicia otros siglos de contradicciones entre bienestar y precariedad, entre fidelidad y decadencia individuales y colectivas. Tambi\u00e9n los libros sapienciales son ricos en s\u00ed\u00admbolos legibles seg\u00fan los par\u00e1metros de una situaci\u00f3n de crisis, que ellos teorizan (por ejemplo, Job, la posici\u00f3n cultural del Eclesiast\u00e9s, etc.).<\/p>\n<p>La constelaci\u00f3n de crisis individuales que se narran en el AT, expande una luz unitaria: el desenlace positivo y ben\u00e9fico. Desenlace favorable que afecta a la persona protagonista de la crisis y a sus contempor\u00e1neos; desenlace que, en una perspectiva m\u00e1s amplia, se refleja en el futuro y en la colectividad entera. Es la clave teologal del optimismo motivado por la existencia y el descubrimiento de un proyecto de salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p>2. ANTOLOG\u00ed\u008dA DEL NT &#8211; En los libros del NT, el mensaje de las crisis individuales -sin excluir las m\u00e1s dif\u00ed\u00adciles-asume una coloraci\u00f3n m\u00e1s tranquilizadora a\u00fan. Son simb\u00f3licos sobre todo algunos personajes. Mar\u00ed\u00ada de Nazaret responde a la interpelaci\u00f3n de Dios despu\u00e9s de haber verificado, mediante un prolongado an\u00e1lisis introspectivo, la intuici\u00f3n relativa a su futura y singular maternidad, como se desprende del g\u00e9nero literario de la narraci\u00f3n de la anunciaci\u00f3n (Lc 1,26-38). La declaraci\u00f3n de disponibilidad: \u00abHe aqu\u00ed\u00ad la esclava del Se\u00f1or, h\u00e1gase en m\u00ed\u00ad seg\u00fan tu palabra\u00bb (Lc 1,38), resuelve un proceso de clarificaci\u00f3n con la exactitud m\u00e1s absoluta. La palabra de Dios, desde aquel momento, es el sendero ascensional que orienta su existencia y resuelve tambi\u00e9n las situaciones m\u00e1s cr\u00ed\u00adticas. Algunos s\u00ed\u00admbolos del AT reviven en ella, la nueva hija de Si\u00f3n morada del Se\u00f1or (Zac 2,14; 9,9), la sierva de Yahv\u00e9 en la que habita el Esp\u00ed\u00adritu del Se\u00f1or (ls 42,1). La palabra de Dios determina su existencia. Mar\u00ed\u00ada conserva y considera en su coraz\u00f3n las palabras asombrosas pronunciadas por los pastores de Bel\u00e9n sobre su hijo reci\u00e9n nacido (Lc 2,19).<\/p>\n<p>En el templo de Jerusal\u00e9n, Mar\u00ed\u00ada (con Jos\u00e9) se asombra por las palabras de Sime\u00f3n pronunciadas a prop\u00f3sito de Jes\u00fas (Lc 2,28-33; el autor no apunta emoci\u00f3n alguna tras las palabras del anciano a la madre: Lc 2,34-35). Mar\u00ed\u00ada (con Jos\u00e9) se asombra nuevamente por la actitud de Jes\u00fas a sus doce a\u00f1os con los doctores del templo y no comprende la respuesta de su hijo a la angustia con que lo han buscado (Lc 2,48-50 y contexto). Mar\u00ed\u00ada conserva en su coraz\u00f3n todos los acontecimientos en cuyo centro est\u00e1 Cristo (Lc 2,51): para comprender, para progresar en la fe, mira siempre a Cristo. La palabra de Dios gu\u00ed\u00ada las opciones que a ella le conciernen, as\u00ed\u00ad como las consecuencias de las decisiones inspiradas por su esposo Jos\u00e9, las cuales llevan a lo que no estaba previsto (Mt 1,24 y contexto; 2,13-23). La palabra de Dios se interioriza profundamente en ella: as\u00ed\u00ad lo certifica Sime\u00f3n en el templo con el s\u00ed\u00admbolo de la espada (Lc 2,35), con la que se compara la palabra (Heb 4,12; cf Ef 6,17; Ap 1,16): as\u00ed\u00ad lo asegura Jes\u00fas maestro, al declarar bienaventurados, es decir, disc\u00ed\u00adpulos suyos aut\u00e9nticos, a quienes como Mar\u00ed\u00ada escuchan y ponen en pr\u00e1ctica la palabra (Lc 8,20-21; 11,27-28). La coherencia rectil\u00ed\u00adnea de esta conducta de Mar\u00ed\u00ada la lleva, con unos pocos disc\u00ed\u00adpulos fieles, al Calvario, a los pies de la cruz de Jes\u00fas (Jn 19,25-27). La sombra que cubre a Mar\u00ed\u00ada es alegor\u00ed\u00ada eficaz de su af\u00e1n por descubrir la luz; el contexto global del evangelio nos hace ver que su camino no fue un camino sin luz y sin entusiasmo; Mar\u00ed\u00ada avanz\u00f3 en la peregrinaci\u00f3n de la fe (LG 58), progres\u00f3 constantemente en la fe, en la esperanza y en la caridad (Marialis eultus 56). La reflexi\u00f3n teol\u00f3gica y el culto celebran el resultado positivo de su existencia.<\/p>\n<p>Mientras el reino de Dios se acerca con apresuramiento (Mt 3,2; \u00e9nghyken), un hombre justo y en el lugar justo prepara su camino: Juan el Bautista es alguien que pone en crisis. Marcado \u00e9l mismo por una emoci\u00f3n prenatal (Lc 1,41.44), habiendo optado radicalmente por un ascetismo mon\u00e1stico, cosa no ins\u00f3lita pero que a \u00e9l lo llev\u00f3 desde muy joven al desierto (Lc 1,80), donde llevaba una existencia austera y penitente (Mt 3,1.4; Mc 1,4,6; Lc 3,1-2), y tras haber sido anunciado por los profetas como el mensajero de la voz que grita (Mt 3,3; Mc 1,1-3; Lc 3,4) y como profeta del Alt\u00ed\u00adsimo (Lc 1,76), proclama a todos el \u00abacontecimiento\u00bb: la cercan\u00ed\u00ada delreino de Dios. Lcs pide a todos que se pongan en crisis. Insiste en la necesidad de autocriticarse, de verificar las propias convicciones en cuesti\u00f3n de fe y de \u00e9tica, de convertirse (Mt 3,7-12; Mc 1,4; Lc 3,3.7-18). Parece un hombre de ideas claras y de convicciones firmes y coherentes (Jn 1,19-28; Mt 14,3-11; Mc 6,17-28); su fe mesi\u00e1nica se presenta segura; su testimonio, luminoso (Jn 1,7-8; 15,29-34). Es un hombre madurado en la meditaci\u00f3n y en la austeridad de los desiertos. Sin embargo, frente a Cristo se esfuerza en resaltar la propia indignidad, que Jes\u00fas no admite (Mt 3, 13-15) e incluso rechaza, declar\u00e1ndole el m\u00e1s grande entre los nacidos de mujer, el El\u00ed\u00adas que hab\u00ed\u00ada de venir (Mt 11,11-14): es un momento de falta de confianza en s\u00ed\u00ad mismo. Y frente al comportamiento de Jes\u00fas, distinto de como \u00e9l lo hab\u00ed\u00ada supuesto (Mt 3,11-12), se interroga sobre su propia capacidad para valorar los signos mesi\u00e1nicos: una sombra m\u00e1s de desconfianza en s\u00ed\u00ad, pero no en Jes\u00fas, al cual hace llegar su pregunta, demostrando fiarse completamente de cualquier respuesta que \u00e9l le env\u00ed\u00ade (Mt 11,2-6; Lc 7,18-23).<\/p>\n<p>La crisis que el Bautista provoca en la existencia de su p\u00fablico es saludable; es preparaci\u00f3n para acoger al que ha de venir, el cordero de Dios que toma sobre s\u00ed\u00ad el pecado del mundo (Jn 1,29), el Nazareno que prosigue la predicaci\u00f3n, reanud\u00e1ndola con las palabras que Juan hab\u00ed\u00ada interrumpido: \u00abSe ha cumplido el tiempo, y el Reino de Dios es inminente. Arrepent\u00ed\u00ados y creed en el Evangelio\u00bb (Mc 1,15; cf Mt 4,17). El estilo de Jes\u00fas es diverso, pero tiende al mismo objetivo, el de poner en crisis: interpelar al hombre, verificarlo, probarlo.<\/p>\n<p>La prueba implica a Jes\u00fas mismo. Las tentaciones constituyen un signo precioso; son como recorrer de nuevo la historia espiritual del antiguo Israel en el desierto; son como anticipar pedag\u00f3gicamente las crisis de todo futuro disc\u00ed\u00adpulo. Las tentaciones sat\u00e1nicas se sit\u00faan en el cruce de acontecimientos decisivos en la existencia de Cristo, entre el abandono de la vida privada de Nazaret y la fase del profetismo itinerante (Mt 4,1-11; Mc 1,12-13; Lc 4,1-12). La tentaci\u00f3n en la que media su amigo y ap\u00f3stol Pedro, ocurre en otro giro crucial, cuando Jes\u00fas \u00abtom\u00f3 consigo a los doce disc\u00ed\u00adpulos aparte y les dijo: Mirad, subimos a Jerusal\u00e9n\u00bb a la cita con el fin tr\u00e1gico e inesperado (Mt 20,18; Mc 8,31-33). La analog\u00ed\u00ada de las dos tentaciones estriba en la id\u00e9ntica propuesta de apartarse de la ejecuci\u00f3n fiel del proyecto de la redenci\u00f3n. Satan\u00e1s en el desierto le propone otras v\u00ed\u00adas, diversas de las de Dios, para conseguir los mismos objetivos de \u00e9xito y de dominio; Pedro intenta librarle de la \u00ablocura de la cruz\u00bb (1 Cor 1,18). A Satan\u00e1s le replica Jes\u00fas con calma, dialogando sin compromisos, motivando su elecci\u00f3n con la claridad de la palabra de Dios tomada sin equ\u00ed\u00advocos ni tergiversaciones. Frente a Pedro, que protesta (Mt 16,22) y le reconviene (Mc 8,32), el Se\u00f1or reacciona airado y sentencioso: \u00abVolvi\u00e9ndose, le dijo: \u00c2\u00a1Lejos de mi, Satan\u00e1s!, pues eres mi obst\u00e1culo, porque tus sentimientos no son los de Dios, sino los de los hombres\u00bb (Mt 16,23; cf Mc 8,33). Pedro pon\u00ed\u00ada en crisis lo que de m\u00e1s precioso hab\u00ed\u00ada para Jes\u00fas: hacer la voluntad del Padre, motivo central e irrenunciable de su presencia en la historia (Jn 6,38); el contenido de su vocaci\u00f3n, que lo realiza a trav\u00e9s del anonadamiento de la cruz, temido hasta el \u00faltimo momento, pero no esquivado (Mt 26,39. 42.44; Mc 14,35-36.39; Lc 22,42 y contextos), pero tambi\u00e9n a trav\u00e9s de la glorificaci\u00f3n de la resurrecci\u00f3n. \u00abAunque era Hijo, aprendi\u00f3, por lo que padeci\u00f3, la obediencia; y, hecho perfecto, se convirti\u00f3 para todos aquellos que le obedecen en principio de salud eterna\u00bb (Heb 5,8-9).<\/p>\n<p>Pedro mismo cae en el centro de algunas situaciones cr\u00ed\u00adticas. Especialmente fue dolorosa su negaci\u00f3n de Jes\u00fas en el delicado momento del proceso. Jura que no conoce a aquel hombre y niega pertenecer al grupo de sus disc\u00ed\u00adpulos (Mt 26,69-75; Mc 14,66-72; Lc 22,54-62; Jn 18,15-18.25-27). A pesar del aviso anticipado de Jes\u00fas (Mt 26,31-35; Mc 14,27-31; Lc 22,31-34; Jn 13,36-38), Pedro se siente seguro y parece que no quiso prestar o\u00ed\u00addos a la advertencia del maestro; los evangelistas no consignan ninguna reacci\u00f3n a tal advertencia por parte del extrovertido cabeza de grupo. La crisis de fidelidad explota de repente, fulminada por episodios imprevistos. Sin embargo, acechaba oculta entre los pliegues de la presunci\u00f3n: Pedro -invitado con Santiago y Juan a permanecer junto a Cristo en el momento dif\u00ed\u00adcil de la \u00abhora\u00bb- no vigila ni reza para no caer en tentaci\u00f3n, como Jes\u00fas ped\u00ed\u00ada que hicieran y \u00e9l mismo hizo (Mt 26,34.40-41; Mc 14,34.37-38; Lc 22,40). Tambi\u00e9n el l\u00ed\u00adder de los disc\u00ed\u00adpulos huye cuando Jes\u00fas es apresado (Mt 26,56; Mc14,50), aunque no sin antes haber intentado una veleidosa resistencia (Jn 18,10; cf Mt 26,51-54; Mc 14,47; Lc 22,49-51). La crisis evoluciona r\u00e1pidamente -\u00e9l es el hombre de los altibajos r\u00e1pidos, de las crisis violentas y breves-, pues cuando consigue valorar su propia situaci\u00f3n concreta, iluminada por la mirada de Jes\u00fas (Lc 22,61) y verificada conforme a su palabra (Mt 26,75; Mc 14,72; Lc 22,60-66), llora amargamente. Haber cedido a la tentaci\u00f3n no ech\u00f3 a perder el coraz\u00f3n del disc\u00ed\u00adpulo, nuevamente generoso en su amor hacia el Se\u00f1or (Jn 21,15-17).<\/p>\n<p>Tenebrosa es la crisis de Judas. La interpretaci\u00f3n de los cronistas evang\u00e9licos es pesimista. Las anomal\u00ed\u00adas del car\u00e1cter de este hombre de Keriot se muestran retrospectivamente: despu\u00e9s de los hechos, es identificado como ladr\u00f3n (Jn 12,6) y como traidor (He 1,16; Mt 10,4 y 26,14-16.20-25.47-50; Mc 3,19 y 14,10-11.18-21.43-46; Lc 6,11 y 22,3-6.21-23.47-48; Jn 13,21-30 y 18,2). Seg\u00fan la lectura tradicional, el juicio de Jes\u00fas sobre \u00e9l (\u00ab\u00c2\u00a1Ay de aquel por quien el Hijo del hombre es entregado! \u00c2\u00a1M\u00e1s le valiera a ese hombre no haber nacido!&#8217;, Mt 26,24) no deja escapatoria; el desenlace de la crisis es la perdici\u00f3n (Jn 17,12); es una interpretaci\u00f3n difundida ya en la primitiva comunidad de Jerusal\u00e9n (He 1,16-20). La literatura exhibe alg\u00fan intento de rehabilitaci\u00f3n. Judas es protagonista de una crisis total, que descompuso todo valor ideol\u00f3gico y existencial. Por eso su arrepentimiento por haber pecado entregando la sangre inocente no es una autocr\u00ed\u00adtica regeneradora, sino una elecci\u00f3n de muerte, un acto decisivo hacia un desenlace destructor: se quit\u00f3 la vida (Mt 27,3-10; He 1,15-20). Aplicando la metodolog\u00ed\u00ada anal\u00ed\u00adtica de la psicolog\u00ed\u00ada profunda, la actitud de Judas cabr\u00ed\u00ada en alg\u00fan esquema explicativo. En el horizonte del evangelio se presenta como la \u00fanica crisis negativa e inexplicable.<\/p>\n<p>En el \u00e1mbito de la historia pospentecostal, a los disc\u00ed\u00adpulos de Jes\u00fas, veteranos y ne\u00f3fitos, no se les escatiman situaciones de crisis, a pesar de que Jes\u00fas les asegurara que estar\u00ed\u00ada con ellos todos los d\u00ed\u00adas hasta siempre (Mt 28,20), cooperando con ellos y confirmando su palabra con se\u00f1ales (Mc 16,20); a pesar de su fe en la presencia del Esp\u00ed\u00adritu de Cristo (Jn 14,16-17; 16,13); a pesar de vivir en presencia de un Padre amoroso (Jn 14,23). Se trata de las persecuciones (He 4,1-21; 5,17-40; 6,8 &#8211; 8,3; 12,1-19, etc.),<br \/>\nde las incertidumbres a la hora de tomar determinaciones (He 10,1-11.18), de las controversias doctrinales (He 15,1-35)-Entre los personajes destaca Pablo de Tarso. Su crisis en la fe es rectil\u00ed\u00adnea; sigue un camino casi de manual. Decidido en su fe en el hebra\u00ed\u00adsmo, seguro despu\u00e9s en su fe en el cristianismo. Su certeza rab\u00ed\u00adnica se ve sacudida por el encuentro imprevisto con Cristo, en el momento crucial de su existencia. Jes\u00fas lo atrapa e interpela en el curso de una misi\u00f3n persecutoria contra los secuaces de la nueva doctrina (He 9,1-19): es \u00e9ste un encuentro indeleble en su psicolog\u00ed\u00ada (He 22,5-16; 26,9-18; G\u00e1l 1,12-24). Un fulgor lo abate (He 9,3); no se sustrae a la verificaci\u00f3n, porque reza (He 9,11); en seguida anunciando a Jes\u00fas como hijo de Dios, experimenta su propia capacidad de ser o no cre\u00ed\u00adble (He 9,20.22); acepta el riesgo de la conversi\u00f3n (He 9,23-25.29; 26,21, etc.); soporta la desconfianza de los primitivos cristianos (He 9,26); confronta su evangelio con la posici\u00f3n de los ap\u00f3stoles (G\u00e1l 1,18); procede con fidelidad en su opci\u00f3n por el apostolado hasta el final (2 Tim 4,7): no desobedece a la visi\u00f3n (He 26,19). La conversi\u00f3n cambia los contenidos de su fe; no destruye su personalidad, porque Pablo pone a disposici\u00f3n del anuncio salv\u00ed\u00adfico y liberador toda su potencialidad. Tambi\u00e9n su crisis fue un tr\u00e1nsito pascual.<\/p>\n<p>Esta clave de lectura, obviamente, no excluye otras a la hora de interpretar vicisitudes y personajes b\u00ed\u00adblicos, que, por lo dem\u00e1s, siempre son simb\u00f3licos.<\/p>\n<p>III. Situaciones de crisis<br \/>\nLa historia contempor\u00e1nea presenta situaciones de crisis actualizadas, mas sustancialmente son iguales a las del pasado; la vida del esp\u00ed\u00adritu revela analog\u00ed\u00adas mayores y extrae ense\u00f1anzas luminosas de las vicisitudes de la historia de la salvaci\u00f3n y de la experiencia de los hombres y mujeres de la Biblia, \u00abcuyo nombre vive por todos los siglos\u00bb (Eclo 44,14). La ejemplaridad del mensaje b\u00ed\u00adblico, cuando \u00e9ste llega a trav\u00e9s de la interpretaci\u00f3n sapiencial o de una existencia com\u00fan, es debida a la calidad \u00fanica de las Sagradas Escrituras, consistente en ser profec\u00ed\u00ada, la cual \u00abno fue proferida por humana voluntad en los tiempos pasados, sino que, impulsados por el Esp\u00ed\u00adritu Santo, hablaron los hombres de parte de Dios\u00bb (2 Pe 1,21).EL HOY EST\u00ed\u0081 EN CRISIS &#8211; El hombre es el protagonista del movimiento de la historia; se mueve sobre l\u00ed\u00adneas de evoluci\u00f3n y de involuci\u00f3n, pero no se transforma sustancialmente. Esta humanidad se hermana con la del pasado y vive hoy sus propias crisis individualizadas en cada persona y en las colectividades.<\/p>\n<p>Es com\u00fan la convicci\u00f3n de que el tiempo actual representa un giro decisivo por lo que concierne a los contenidos de la civilizaci\u00f3n. Por tanto, nuestro tiempo es tiempo de crisis. Muchos definen el estilo de la convivencia humana contempor\u00e1nea como una sociedad en transformaci\u00f3n. Las ciencias antropol\u00f3gicas y afines est\u00e1n analizando la evoluci\u00f3n de la crisis generalizada, que abarca a nivel planetario las ideolog\u00ed\u00adas, la pol\u00ed\u00adtica, la econom\u00ed\u00ada, la t\u00e9cnica, la ecolog\u00ed\u00ada, la religi\u00f3n, el humanismo en su globalidad. Sin embargo, la crisis no se da fuera, sino dentro del hombre; son sus causas las que a veces son externas, as\u00ed\u00ad como en ocasiones son extr\u00ed\u00adnsecos sus efectos; tambi\u00e9n hoy importa la crisis del hombre, que es siempre crisis de identidad. Siguiendo retrospectivamente las constantes de la crisis del hombre, las valoraciones cristalizan en torno a dos orientaciones: la pesimista, que considera los desenlaces preferentemente delet\u00e9reos o al menos obstaculizadores; la optimista, que lee toda transici\u00f3n, as\u00ed\u00ad como la fatiga correspondiente, como una etapa m\u00e1s en la b\u00fasqueda de realizaciones m\u00e1s v\u00e1lidas. La visi\u00f3n teol\u00f3gica de las vicisitudes de los hombres no puede detenerse en el pesimismo; su metodolog\u00ed\u00ada es el optimismo guiado por el realismo.<\/p>\n<p>2. CRISIS POSITIVA DEL HOMBRE HIST\u00ed\u201cRIco &#8211; La vida espiritual no es una realidad separada de la existencia, sino un aspecto del hombre integral. El camino del hombre sigue una l\u00ed\u00adnea ascensional y evolutiva. En todo desarrollo surge la crisis. Ella estimula, casi como una necesidad existencial, incluso el desarrollo espiritual. El campo de lo espiritual es amplio, y en cualquiera de sus sectores puede producirse una crisis que lo vitaliza. Tampoco aqu\u00ed\u00ad la fatiga significa desgracia o ruina, sino que es m\u00e1s bien itinerario pascual de muerte hacia la vida.<\/p>\n<p>La hagiograf\u00ed\u00ada cristiana es, entre otras cosas, toda una documentaci\u00f3n convincente del desenlace positivo de las crisis del hombre. El m\u00e9todo que se emplea para investigar la historia de lasantidad en la Iglesia es el mismo que usamos para la Biblia. Cada figura es una ejemplaridad y un capitulo.<\/p>\n<p>El egipcio san Antonio (ca. 250-365), fundador del monaquismo, imprime un giro ascensional a su existencia cristiana cuando se siente impresionado por la exhortaci\u00f3n evang\u00e9lica a abandonarlo todo para seguir a Cristo (Mt 19,21); en su situaci\u00f3n interior, quiz\u00e1 inexplicable, del momento, valora una palabra, probablemente no nueva, de un modo diferente, como una interpelaci\u00f3n nominal que lo pone en crisis, a saber, frente a la comprensi\u00f3n de nuevos valores sobre los que edifica la existencia sucesiva. La escucha totalizante de la palabra del Se\u00f1or es el sentido simb\u00f3lico de esta crisis.<\/p>\n<p>San Agust\u00ed\u00adn (354-430) arriba a la paz del esp\u00ed\u00adritu a trav\u00e9s de prolongadas crisis, sobre todo culturales y morales. Su existencia fue una interpelaci\u00f3n sin tregua de la fe, una b\u00fasqueda tenaz de Dios, como lo atestiguan en particular las confesiones, que se abren casi modulando el diapas\u00f3n con el c\u00e9lebre aforisma: \u00abSe\u00f1or, inquieto est\u00e1 nuestro coraz\u00f3n mientras no descanse en ti\u00bb.<\/p>\n<p>San Jer\u00f3nimo (340\/45-420) constituye otro ejemplo de inquietud sobre todo existencial y cultural. Vive los contenidos del cristianismo en exasperadas contradicciones, que arraigan en su car\u00e1cter dificil, nunca definitivamente pacificado. Sin embargo, su existencia fue laboriosa y fecunda, en ocasiones de un ascetismo ejemplar.<\/p>\n<p>San Francisco de As\u00ed\u00ads (1181\/82-1226) imprime un giro decisivo a su cultura y a la vida con la conversi\u00f3n evang\u00e9lica: cotejando su vida con el mensaje de Jes\u00fas, decide seguirlo literalmente \u00absine glossa, sine glossa, sine glossa\u00bb, seg\u00fan prescribe tambi\u00e9n a sus seguidores, a los que hab\u00ed\u00ada dado la misma regla de vida.<\/p>\n<p>En los mismos decenios de reflorecimiento mon\u00e1stico, el grupo florentino de los siete santos fundadores emprende el camino de la conversi\u00f3n evang\u00e9lica, concretado tambi\u00e9n de manera visible en la elecci\u00f3n alternativa entre familia individual y fraternidad mon\u00e1stica, entre bienestar comercial y pobreza radical, entre inserci\u00f3n en la vida ciudadana y retiro erem\u00ed\u00adtico a los bosques de los alrededores, de los que vuelven renovados para estabilizar su opci\u00f3n en la instituci\u00f3n a que dan vida, la orden de los hermanos Siervos de Mar\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>El desenlace de la crisis de san Ignacio de Loyola es una conversi\u00f3n evang\u00e9lica (1491-1556): despu\u00e9s de descubrir a Cristo a trav\u00e9s del evangelio, revisa su propia interpretaci\u00f3n de los valores, abandonando la mundanidad y las frivolidades por los compromisos eclesiales. Sus experiencias m\u00ed\u00adsticas forman la trama de la propuesta que ha tomado el nombre de su libro, los OEjercicios espirituales, empleados hasta la absolutizaci\u00f3n durante cuatro siglos.<\/p>\n<p>Hermanos en una m\u00ed\u00adstica aventura, santa Teresa de Avila (1515-1582) y san Juan de la Cruz (1542-1591), incluso s\u00f3lo con sus obras de teolog\u00ed\u00ada espiritual documentan la validez de un itinerario duro ya por dificultades del ambiente ya por crisis interiores, resueltas con su tender perseverante hacia Cristo. Son expresivos algunos t\u00ed\u00adtulos: Camino de perfecci\u00f3n, Castillo interior, de la reformadora carmelitana; Subida del Monte Carmelo, Noche oscura del alma, C\u00e1ntico espiritual, Llama de amor viva, del hermano carmelita.<\/p>\n<p>En el campo de la m\u00ed\u00adstica surgen otras floraciones, como las santas mujeres Br\u00ed\u00adgida de Suecia (1302\/3-1373), Catalina de Siena (1347-1380), Margarita Mar\u00ed\u00ada Alaco que (1647-1690), Ver\u00f3nica Giuliani (1660-1727), Gema Galgani (1878-1903)&#8230; Tambi\u00e9n es copiosa la literatura biogr\u00e1fica de contempor\u00e1neos que han cortado de forma tajante con su pasado, como \u00abconvertidos\u00bb, o que se han distinguido por haber dado giros radicales de sello cristiano, logrando todos alcanzar la orilla de una existencia reconciliada y fecunda. Aunque no contamos con documentos que den fe de ellas, ah\u00ed\u00ad est\u00e1n tambi\u00e9n las innumerables crisis de hombres sencillos que les convierten en nuestros hermanos y compa\u00f1eros de camino. Pues, incluso a trav\u00e9s de la crisis, la persona se realiza en la santidad.<\/p>\n<p>3. CRISIS EN LA VIDA ESPIRITUAL &#8211; La crisis espiritual puede concentrarse en algunos sectores de analog\u00ed\u00adas.<\/p>\n<p>a) Crisis teologal. El vocablo teologal lleva a Dios como punto de proveniencia de una realidad (\u00abteol\u00f3gico\u00bb, en cambio, indica a Dios como punto de llegada, sobre todo por lo que se refiere al conocimiento). En el \u00e1mbito de la teolog\u00ed\u00ada se inscriben la fe, la esperanza y la caridad, denominadas tradicionalmente virtudes teologales justamente porque son un don de Dios. La fe es un carisma (1 Cor 12,9). La caridad viene de Dios (1 Jn 4,7). La esperanza acompa\u00f1a a la fe y a la caridad como don de Dios (1 Cor 13,13). Dios es fiel y no se arrepiente de sus dones (Rom 11,29; Sant 1,17). Por eso no responden a la verdad las afirmaciones corrientes: \u00abperder la fe\u00bb, \u00abno tener esperanza\u00bb, o la menos frecuente \u00abestar sin caridad\u00bb. El bautismo es signo eficaz, injerto de una vida indeleble. La crisis teologal no es crisis de fe, de esperanza, de caridad, sino crisis en la fe, en la esperanza, en la caridad. Toma cuerpo no como muerte de los dones, ni como atrofia de su indestructible dinamismo, sino como calidad y cantidad individual de fidelidad.<\/p>\n<p>La crisis como duda, como b\u00fasqueda, como pecado no produce la cancelaci\u00f3n de los contenidos de las virtudes teologales. Pues son los mismos contenidos los que nos gu\u00ed\u00adan e indican el camino a recorrer para recuperar plenamente el contacto con ellos. A veces es conveniente pasar a trav\u00e9s de las quebradas de la crisis teologal para sacudir agnosticismos, perezas y apegos. Entonces se descubre que las virtudes son valores que acreditan desde dentro nuestra visi\u00f3n del mundo y las motivaciones de nuestro obrar. Sus contenidos se deshacen de nieblas y vaguedades, percibi\u00e9ndose cada vez m\u00e1s su densidad. La fatiga de la crisis no es esa ligera molestia ocasionada por alg\u00fan interrogante que afecte perif\u00e9ricamente a los contenidos; es el tormento que producen la sensaci\u00f3n de vac\u00ed\u00ado y de oscuridad, y la turbaci\u00f3n ante las vertiginosas lejan\u00ed\u00adas hacia las que se precipitan los pensamientos, as\u00ed\u00ad como la desilusi\u00f3n ante el silencio de Dios. Pero Dios no est\u00e1 ausente; no habla con el lenguaje deseado y sugerido por el hombre, pero s\u00ed\u00ad con signos aut\u00f3nomos que \u00e9ste ha de descifrar.<\/p>\n<p>Una crisis aut\u00e9ntica en la fe no consiste en alejarse de Dios, sino en abismarse en su mundo: adentrarse en una comprensi\u00f3n profunda de su misterio, la cual nunca ser\u00e1 total, pero s\u00ed\u00ad la suficiente para una persona determinada en un momento determinado. Una crisis aut\u00e9ntica en la esperanza es revalorizaci\u00f3n del misterio, de lo invisible y de lo no sensible: sobrepasar las propias adquisiciones y experiencias a la vez que se esperan otras m\u00e1s pr\u00f3ximas siempre a la escatolog\u00ed\u00ada. Una crisis aut\u00e9ntica en la caridad no es un episodio de desamor hacia el pr\u00f3jimo, ni de indiferencia hacia Dios, sino una purificaci\u00f3n m\u00ed\u00adstica: la b\u00fasqueda de una ascensi\u00f3n al nivel de la vida de Dios, que es caritas. La \u00abcrisis m\u00ed\u00adstica\u00bb (cuya expresi\u00f3n verbal se repite a veces) no toca la esfera de lo sentimental, no consiste en fen\u00f3menos depresivos: es un desarrollo serio de la propia relaci\u00f3n con los contenidos teologales, sobre todo de las virtudes.<\/p>\n<p>En el cauce de lo teologal se coloca tambi\u00e9n lo sagrado. Muchos afirman hoy en d\u00ed\u00ada la \u00abcrisis de lo sagrado\u00bb. En realidad, es la crisis del hombre frente a lo sagrado. Los contenidos de lo sagrado permanecen objetivos; lo que cambia es la valoraci\u00f3n que se hace de los mismos. Es preciso distinguir: el abandono o la negaci\u00f3n de lo sagrado es diferente de una crisis frente a lo sagrado; sin embargo, aqu\u00e9llos pueden ser un desenlace de la crisis, mas no ineludible. Posiciones culturales recientes, como la \u00abteolog\u00ed\u00ada de la muerte de Dios\u00bb o la \u00abdesacralizaci\u00f3n\u00bb, han provocado una toma de conciencia e inducido a opciones: he aqu\u00ed\u00ad una causa de las crisis frente a lo sagrado. La absolutizaci\u00f3n de lo sagrado, su relegaci\u00f3n a los recintos de los tab\u00faes, las exageraciones de sus privilegios le han restado credibilidad y vuelto poco \u00fatil en la ciudad terrestre. La crisis estimula a verificar las posiciones individuales y colectivas frente a lo sagrado; induce a desentra\u00f1ar los valores; fuerza a eliminar las sobreestructuras, no raras veces fatigosamente. Algunas posiciones culturales desmitizantes, a las que a veces se trata con escandalizada superficialidad, poseen, no obstante, una dosis de eficacia debido a sus interrogantes y sus propuestas de desplazar el \u00e1ngulo visual de lo sagrado porque \u00abDios no es as\u00ed\u00ad\u00bb. La crisis no le quita los fundamentos a lo sagrado; lleva a elegir, de entre lo transitorio, lo que prevalece y, de entre lo contingente, lo que es absoluto. La crisis frente a lo sagrado afecta m\u00e1s bien a las formas de mediaci\u00f3n y a las manifestaciones expresivas, sobreestructuras ciertamente necesarias, mas susceptibles de relativizaci\u00f3n.<\/p>\n<p>La crisis teologal no es pecaminosa, no es la p\u00e9rdida de los valores, no es el naufragio de la vida espiritual: m\u00e1s bien constituye una ocasi\u00f3n de desarrollo m\u00ed\u00adstico y de crecimiento espiritual.<\/p>\n<p>b) Crisis \u00e9tica. Las motivaciones del comportamiento y los valores morales cambian. Crisis es la b\u00fasqueda fatigosa de sustituciones m\u00e1s v\u00e1lidas y puestas al d\u00ed\u00ada, no la p\u00e9rdida dolorosa y perniciosa de las esencias. Insistentemente se hacen preguntas sobre el sentido del pecado, que se teme perdido. El pecado tiene dos ramificaciones. El pecado-episodio, el cual consiste en un hecho concreto, en un acaecimiento temporal, como los pensamientos, las palabras, las acciones, las omisiones (Ex 20,1-17; Mc 7,20-23; G\u00e1l 5,19-21). El pecado-situaci\u00f3n es un modo de ser, una actitud, el estado general cotidiano: oposici\u00f3n al plan de Dios (Jn 15,22-24; Rom 2,12-16; Heb 3,12-14), mentira y contradicci\u00f3n (G\u00e9n 3,1; Jn 8,44; 18,37-38; Ef 4,14), tiniebla (Jn 1,5-9; 3,18-21; 9,4-5; 12,35-36; Lc 11,35; 1 Jn 1,5; 2,10-11; Ef 5,8-10). La crisis se identifica con la autocr\u00ed\u00adtica y su desenlace lleva a la conversi\u00f3n. El camino de la conversi\u00f3n pasa a trav\u00e9s de la purificaci\u00f3n (descubrir con realismo los propios desequilibrios y rectificarlos), a trav\u00e9s del cambio (modificar incesantemente visi\u00f3n del mundo, mentalidad y comportamientos con relaci\u00f3n a las intenciones y motivaciones de Dios), a trav\u00e9s del retorno (volver a entrar en la \u00f3rbita del plan originario de la salvaci\u00f3n), a trav\u00e9s de la confrontaci\u00f3n con la palabra de Dios, buscada dondequiera que se manifieste. La crisis no es, pues, alienaci\u00f3n, ni despersonalizaci\u00f3n, ni abdicaci\u00f3n, sino proceso de maduraci\u00f3n y de crecimiento hacia la edad adulta seg\u00fan la medida de Cristo (Ef 4,13), redescubrimiento y revalorizaci\u00f3n de lo humano como imagen y semejanza de Dios (G\u00e9n 1,26-31). En esta dimensi\u00f3n positiva de la crisis \u00e9tica, el hombre no est\u00e1 solo, porque junto a \u00e9l obra Dios, fiel y justo, que perdona los pecados y purifica de toda culpa (1 Jn 1,9). El perd\u00f3n de los pecados no es simplemente una absoluci\u00f3n, sino posibilidad -eficaz, si se acepta totalmente- de no pecar, porque en quien es hijo de Dios habita un germen divino (1 Jn 3,9). La crisis determina una renovaci\u00f3n a nivel cultural y una mejora en el \u00e1mbito existencial.<\/p>\n<p>[>Conversi\u00f3n; >Creyente IV, 1; >Pecador\/pecado; >Penitente; >Pecado en la inculturaci\u00f3n actual].<\/p>\n<p>c) Crisis institucional. Instituciones, en el horizonte de la espiritualidad, son las realidades estables fundadas por Dios como espacio para la expansi\u00f3n personal y colectiva de la humanidad. Son, en particular, la familia, la Iglesia, los sacramentos, entre los cuales est\u00e1 el sacerdocio. Instituciones son tambi\u00e9n las realidades establecidas en la Iglesia como deducciones del mensaje evang\u00e9lico; por ejemplo, la.\u00bbvida consagrada, o vida religiosa. La crisis respecto a ellas se refiere no a la idea expresada por Dios, sino al modo de concebirla y de concretizarla, que es quehacer del hombre. En situaciones culturales modificadas, la persona humana se interroga sobre la autenticidad de la propia interpretaci\u00f3n y sobre la validez de las estructuras que hacen visible la sustancia de las instituciones. La crisis que se detiene en la superficie y en lo transitorio no es suficiente, porque de ordinario se limita a reclamar una apresurada demolici\u00f3n de las estructuras. Esta actitud no es crisis aut\u00e9ntica, sino iconoclastia, con la cual la teolog\u00ed\u00ada espiritual -distinta de la apolog\u00e9tica y ajena a metodolog\u00ed\u00adas de contestaci\u00f3n- no entra en di\u00e1logo; s\u00f3lo puede tomar constancia de ella. Desmantelar la familia, abandonar la Iglesia, repudiar los sacramentos, despreciar o dejar el sacerdocio ministerial o la vida religiosa, etc&#8230;, ser\u00ed\u00adan desenlaces anormales para una crisis aut\u00e9ntica; para valorarlos o corregirlos pueden intervenir otras metodolog\u00ed\u00adas. La teolog\u00ed\u00ada espiritual siente que dialogar es de su competencia cuando la crisis es sincera b\u00fasqueda por comprender cuanto tenga una real importancia, y esfuerzo de maduraci\u00f3n a trav\u00e9s del encuentro con los valores.<\/p>\n<p>Frente a la crisis institucional, la espiritualidad desplaza los t\u00e9rminos del problema sobre la persona, e invita, sobre todo a quien est\u00e9 situado dentro de cualquier instituci\u00f3n, a interrogarse con disponibilidad autocr\u00ed\u00adtica, en primer lugar, y con sentido cr\u00ed\u00adtico, luego.<\/p>\n<p>aa) \u00abCrisis de la familia\u00bb, \u00abfamilia en crisis\u00bb: son expresiones inexactas. Algunas estructuras familiares no est\u00e1n ya en condiciones de resistir, pero se trata de contingencias desfavorables derivadas de las ideolog\u00ed\u00adas sobre las cuales se funda la sociedad (por ejemplo, consumismo, carrera del \u00e9xito, predominio del valor econ\u00f3mico, permisividad&#8230;), o bien de la pasividad connivente de las personas de la familia. El valor sustancial de la familia, lo mismo en el \u00e1mbito social que en el de lo espiritual, sigue resistiendo, y no en el inmovilismo, sino en el dinamismo de los contenidos. El cristianismo ha confirmado la validez de la relaci\u00f3n familiar a trav\u00e9s del sacramento. El magisterio ha aclarado el sentido teologal de la familia, defini\u00e9ndola \u00abiglesia dom\u00e9stica\u00bb (LG 11), \u00absantuario dom\u00e9stico de la Iglesia\u00bb (AA 11), no como aposici\u00f3n nominalista, sino como propuesta de valores redescubiertos y como principio de importantes consecuencias incluso existenciales y de comportamiento. La liturgia del matrimonio ha renovado el ritual, dando relieve a ambos esposos en cuanto protagonistas del sacramento, y ofrece pistas asc\u00e9ticas muy valiosas para proseguir el camino conyugal. La pastoral familiar actualizada compromete, a partir del noviazgo, en una toma de conciencia progresiva a las personas que constituyen la familia; \u00e9sta no es s\u00f3lo meta de la evangelizaci\u00f3n, sino contempor\u00e1neamente un punto de partida (AA 11; Evangelizaci\u00f3n y sacramento del matrimonio, documento de los obispos italianos, 1975). Estas y otras etapas son el desenlace de una crisis institucional.<\/p>\n<p>Las personas pueden encontrarse en situaciones de crisis sobre todo frente a la propia familia. Se dan las peque\u00f1as crisis ocasionadas por las tensiones ordinarias de la convivencia. Se dan las grandes crisis que atacan, en el terreno existencial, los valores fundamentales, como el amor, la fidelidad, la creatividad, la sexualidad. Si no se rechazan en bloque, los valores recobran densidad y atractivo. A veces, el estado de crisis se prolonga, por lo que el sufrimiento y la fatiga que implica la b\u00fasqueda de un nuevo equilibrio, se intensifican. Aunque ser\u00ed\u00ada de desear, no siempre se produce una conclusi\u00f3n r\u00e1pida.<\/p>\n<p>bb) \u00abCrisis de la Iglesia\u00bb: es otra expresi\u00f3n inexacta. La Iglesia basa su propia consistencia en Cristo como piedra angular (Ef 2,20); \u00e9l le ha garantizado la invulnerabilidad (Mt 16,18). Esta constituci\u00f3n escapa a los efectos de las variables humanas, las cuales pueden deducir de ah\u00ed\u00ad est\u00ed\u00admulos a la fidelidad, o pueden convertirla en instrumento para fabricar seguridades ficticias y para empresas injustificadas. La \u00abcrisis de la Iglesia\u00bb es la infidelidad de sus miembros, y por este motivo la Iglesia \u00abnecesita siempre purificaci\u00f3n\u00bb (LG 8). Esta renovaci\u00f3n, reconocida como necesaria, se extiende a lo largo de todo el \u00e1mbito de la Iglesia. Renovaci\u00f3n es el desenlace de una crisis de crecimiento. El Vat. II, si bien define a la Iglesia como \u00abmisterio\u00bb (LG c. 1), ha explicado con claridad a los fieles y al mundo su naturaleza y su misi\u00f3n universal (LG 1). Esta claridad es un proceso de crecimiento cultural y eclesial. Ordinariamente la crisis frente a la Iglesia no implica su misterio, si bien el conocimiento profundo del mismo y la confianza en esta alma genuina de la Iglesia podr\u00ed\u00adan ser en\u00e9rgicos inmunizadores; se corresponde m\u00e1s bien con el estupor y el esc\u00e1ndalo ocasionados por episodios hist\u00f3ricos o contempor\u00e1neos sentidos como injustificables u opinables, y que han sido realizados por hombres de iglesia (clero o laicos). Los condicionamientos hist\u00f3ricos o culturales proyectan una luz significativa sobre esta realidad. M\u00e1s frecuentes son, dentro de la Iglesia, las crisis frente al magisterio y sus declaraciones. Crisis que se articulan en diversas manifestaciones: indiferencia, contestaci\u00f3n, perplejidad, reproche por la p\u00e9rdida de credibilidad&#8230; Es una fase que no coincide con la negaci\u00f3n del magisterio como valor, ni con el abandono de la comuni\u00f3n eclesial, seg\u00fan lo atestigua la historia misma de la Iglesia. La espera paciente y desarmada, pero vigilante, aunque no resuelve la crisis interior, la mantiene dentro de unos cauces que posibilitan su evoluci\u00f3n.<\/p>\n<p>cc) \u00abCrisis de los sacramentos\u00bb, \u00abla penitencia est\u00e1 en crisis\u00bb: tampoco estas expresiones son justas. La crisis est\u00e1 en el hombre. La disminuci\u00f3n de las celebraciones y de la frecuencia (sobre todo de la penitencia y de la eucarist\u00ed\u00ada) no equivale a \u00abcrisis de los sacramentos\u00bb. Puede significar distinta valoraci\u00f3n, toma de conciencia respetuosa, redescubrimiento comprometido de valores. La pr\u00e1ctica pastoral actual a\u00fana el sacramento con la evangelizaci\u00f3n, dando prioridad a esta \u00faltima (Evangelizaci\u00f3n y sacramentos, documento del episcopado italiano, 1973). Los sacramentos constituyen un acontecimiento serio de la propia existencia: el acontecimiento de la estipulaci\u00f3n de la alianza entre Dios y la persona humana (bautismo), de su restablecimiento (penitencia) o de la renovaci\u00f3n. Una asistencia amorfa al sacramento lo degrada. Una participaci\u00f3n consciente vitaliza su dinamismo, lo cual redunda en beneficio individual y eclesial. El cristiano es hoy interpelado no tanto en orden a la cantidad sacramental, cuanto a la calidad de su encuentro con el don de Dios. En la Iglesia tenemos a nuestra disposici\u00f3n los instrumentos adecuados para una respuesta conveniente, ante todo la evangelizaci\u00f3n y la reforma lit\u00fargica. Estas pueden agilizar el desenlace de cualquier tipo de crisis frente a los sacramentos. La evangelizaci\u00f3n ofrece la posibilidad de concienciar al individuo, es decir, de clarificarle los contenidos de los valores sacramentales. La reforma lit\u00fargica ha eliminado algunos anacronismos rituales y alg\u00fan formalismo; sobre todo responsabiliza no s\u00f3lo a la comunidad eclesial, sino concretamente a cada orante.<\/p>\n<p>dd) \u00abEl sacerdocio est\u00e1 en crisis\u00bb, \u00abcrisis de la vida religiosa\u00bb, \u00abcrisis de las vocaciones\u00bb: expresiones tan inexactas como las anteriores. La primera frase no es usual; la situaci\u00f3n cr\u00ed\u00adtica se puntualiza con la expresi\u00f3n corriente \u00abcrisis del sacerdote\u00bb, crisis que comprende a la persona. Esta crisis se agranda en los a\u00f1os que rodearon al Vat. II, el cual, se afirma, no pronunci\u00f3 la palabra clara y definitiva sobre la identidad del sacerdote, como lo hizo para el obispo, si bien dijo muchas cosas sobre la actividad sacerdotal. El sacerdote estar\u00ed\u00ada interrog\u00e1ndose todav\u00ed\u00ada, con reducidos instrumentos culturales, sobre su propia identidad. De crisis de identidad pasa tambi\u00e9n a crisis de acci\u00f3n y, de una manera m\u00e1s amplia, de existencia. El sacerdocio como sacramento y como necesidad eclesial no son negados. Las crisis de que principalmente se resiente el sacerdote actual son el celibato y el compromiso socio-pol\u00ed\u00adtico. El celibato est\u00e1 impuesto por ley, con argumentos de conveniencia y de tradici\u00f3n hist\u00f3rica, en la Iglesia latina, y es condici\u00f3n indispensable para recibir el sacramento (PO 16; Sacerdotales coelibatus). El conflicto entre la ley celibataria y el carisma ministerial angustia a muchos sacerdotes. De esta crisis algunos salen abandonando ambas situaciones; otros prosiguen en paz, o en el sufrimiento, o en el compromiso. El compromiso social y pol\u00ed\u00adtico actualmente puede considerarse desenlace de una crisis sentida hace alg\u00fan decenio (es t\u00ed\u00adpica la soluci\u00f3n de los sacerdotes obreros en Francia), o bien conclusi\u00f3n de verificaciones individuales en expansi\u00f3n tambi\u00e9n en nuestro pa\u00ed\u00ads. De ordinario, esta crisis desemboca en preferencias de militancia pol\u00ed\u00adtica en el \u00e1rea de la izquierda y en la elecci\u00f3n de la clase obrera y proletaria. Muchos testimonian la coexistencia de la fe con su compromiso sin contradicciones internas.<\/p>\n<p>ee) En parte, existen analog\u00ed\u00adas frente a la \u00abcrisis de la vida religiosa\u00bb. La afirmaci\u00f3n se rectifica reduciendo nuevamente la crisis al interior de la persona o de la comunidad religiosa. Se verifican detalladamente muchos valores y muchas formas: separaci\u00f3n del mundo, pobreza, dimensi\u00f3n clerical, tipo de servicio eclesial, condiciones de la persona en la estructura, privilegios&#8230; El magisterio ha sintetizado los valores principales y ha dado luz verde a la renovaci\u00f3n (LG 43-47; PC 1, etc.; Evangelica testificado). Cada uno de los miles de grupos ramificados dentro de las varias tipolog\u00ed\u00adas ha intentado dar respuesta a los interrogantes, poniendo al d\u00ed\u00ada sus constituciones e intentando modificar formas y ritmos de acuerdo con exigencias contempor\u00e1neas. En la vida religiosa son m\u00e1s evidentes que en otras partes algunos fen\u00f3menos contrastantes: crisis en la adaptaci\u00f3n frente a lo nuevo, crisis por la lentitud y el fracaso de la renovaci\u00f3n; valoraci\u00f3n autocr\u00ed\u00adtica en relaci\u00f3n con la propia capacidad de impacto con los valores mon\u00e1sticos, redescubiertos en la libertad y en la promoci\u00f3n humana y cultural. Son numerosas las soluciones dr\u00e1sticas, el abandono de la vida religiosa.<\/p>\n<p>ff) Tambi\u00e9n la \u00abcrisis de las vocaciones\u00bb entra en una \u00f3ptica que hay que precisar. De ordinario se entiende una disminuci\u00f3n num\u00e9rica de las peticiones de ingreso en el sacerdocio y en la vida religiosa; esto es s\u00f3lo un s\u00ed\u00adntoma. A nivel institucional, la realidad preocupa. A nivel teologal, el problema no existe. La preocupaci\u00f3n aludida ha encontrado respuesta, por lo dem\u00e1s, en documentos eclesi\u00e1sticos que obligan a repensar y reorganizar la \u00abpastoral vocacional\u00bb (Ratio fundamentales, Congregaci\u00f3n para la educaci\u00f3n cat\u00f3lica, 1970; La preparaci\u00f3n al sacerdocio ministerial. Orientaciones y normas, Conferencia episcopal italiana, 1972). Mas el fen\u00f3meno forma parte de una crisis de mosaico, y por tanto no aislada.<\/p>\n<p>IV. Orientaciones para superar la crisis<br \/>\nLa teolog\u00ed\u00ada espiritual -como otras ocasiones culturales y promocionales-posee numerosas sugerencias propias, aunque no exclusivas, para ayudar a superar la crisis. Es muy cierto que se trata de propuestas, sin duda v\u00e1lidas de suyo, pero que son utilizadas por personas reales, individuadas por una situaci\u00f3n y una vivencia \u00fanicas. Por tanto, son instrumentos que es preciso personalizar. Entre ellos, puede proponerse una especie de dec\u00e1logo como vi\u00e1tico para la peregrinaci\u00f3n durante la crisis.<\/p>\n<p>1. REALISMO &#8211; Situar la crisis en su verdadera dimensi\u00f3n. Los errores de valoraci\u00f3n sobre las causas, el contenido, la evoluci\u00f3n y los auxilios de la crisis extrav\u00ed\u00adan. Hay que conocerse a si mismo y la calidad de la crisis, y luego aceptar ambas realidades, no con miedo, ni con sorpresa, ni con indiferencia, sino con paz y vigilancia activa. \u00abMuchas son las especulaciones de los hijos de los hombres, y las malas imaginaciones los llevaron a extraviarse\u00bb (Eclo 3,26).<\/p>\n<p>2. OPTIMISMO &#8211; Percibir como indefectible el desenlace positivo de la crisis. Soluci\u00f3n de una crisis aut\u00e9ntica es el traslado -fatigoso e inc\u00f3modo- a una situaci\u00f3n diferente de la de partida, que no ser\u00e1 peor, sino tendencialmente mejor. \u00abPero fiel es Dios, quien no permitir\u00e1 se\u00e1is tentados sobre vuestras fuerzas, sino que con la tentaci\u00f3n os dar\u00e1 la salida, para que pod\u00e1is resistirla\u00bb (1 Cor 10,13).<\/p>\n<p>3. GLOBALIDAD &#8211; Considerar la crisis en la situaci\u00f3n existencial total. Como todo objeto, tambi\u00e9n la crisis, si se observa muy de cerca, pierde densidad y ofrece s\u00f3lo detalles, impidiendo la visi\u00f3n del relieve y del ambiente circundante. Esta parcialidad engendra angustia y equ\u00ed\u00advocos, supervaloraci\u00f3n y depreciaci\u00f3n. El encuadramiento en la globalidad permite una comparaci\u00f3n multilateral y la desdramatizaci\u00f3n de la crisis entendida como uno de los episodios de la existencia. \u00abLa sabidur\u00ed\u00ada del var\u00f3n prudente est\u00e1 en conocer bien su camino\u00bb (Prov 14,8).<\/p>\n<p>4. CULTURA &#8211; Conocer el mecanismo de la crisis y los instrumentos auxiliares. La cultura tiende a la promoci\u00f3n humana. Atravesar una crisis con un bagaje cultural es garant\u00ed\u00ada de evoluci\u00f3n rectil\u00ed\u00adnea y controlada. Cultura, adem\u00e1s, no es s\u00f3lo la suma de los conocimientos, sino tambi\u00e9n el resultado de una formaci\u00f3n y la estructura de una mentalidad. La teolog\u00ed\u00ada espiritual ofrece para cultivarse abundante literatura especializada y gen\u00e9rica y sugiere los documentos de otras fuentes. \u00abS\u00f3lo as\u00ed\u00ad fueron rectos los caminos de los terrestres. Los hombres aprendieron lo que te agrada y la sabidur\u00ed\u00ada los salv\u00f3\u00bb (Sab 9,18-19).<\/p>\n<p>5. EJEMPLARIDAD &#8211; Observar la experiencia de las crisis ajenas. Toda existencia es irrepetible y cada experiencia singular. Contemplar un modelo puede entra\u00f1ar el riesgo de idolatr\u00ed\u00ada. Mas es preciosa la experiencia de cuantos han pasado por una crisis; la libre inteligencia sabe descubrir los fragmentos de analog\u00ed\u00ada entre s\u00ed\u00ad y el modelo, y transferirlos provechosamente a la propia situaci\u00f3n. La galer\u00ed\u00ada de los ejemplos de espiritualidad est\u00e1 poblada de figuras de la Biblia, de la tradici\u00f3n y de la actualidad eclesial y puede indicarme muchos de otras religiones. \u00ab(Haceos) imitadores de aquellos que por su fe y paciencia son herederos de las promesas\u00bb (Heb 6,12).<\/p>\n<p>6. COMUNI\u00ed\u201cN &#8211; Comunicar a otros la situaci\u00f3n propia de crisis. El aislamiento empobrece; la exhibici\u00f3n molesta a todos. La comuni\u00f3n es sabia b\u00fasqueda de la persona a la que abrir el coraz\u00f3n y pedir ayuda. Prioritariamente, tal persona es Dios. Hermanos y hermanas participan en la angustia de la crisis mediante la solidaridad laboriosa, la amistad, la \u00abdirecci\u00f3n espiritual\u00bb [Padre espiritual]. La direcci\u00f3n espiritual no consiente ni plagios ni regresiones al infantilismo subalterno; ser\u00e1 preciosa en el marco de la colaboraci\u00f3n y en cuanto mediaci\u00f3n respetuosa. \u00abMejor es vivir dos juntos que uno solo&#8230; Ay del hombre que est\u00e1 solo, pues si cae no tiene quien le levante\u00bb (Ecl 4,9a.10b).<\/p>\n<p>7. ASCETISMO &#8211; Sentir la crisis como momento de austera purificaci\u00f3n. El cristiano ni siquiera en la crisis se vuelve t\u00e9trico. Una existencia austera no limita con lo l\u00fagubre. La ascesis ejercita las potencias individuales para encontrar la unidad personal y reordenar la dispersi\u00f3n. Libera de las exigencias, de las intolerancias, de lo insufrible. Sobre todo le brinda a la crisis la fuerza de soportar. Ascetismo es ecolog\u00ed\u00ada espiritual. \u00abConforme a la santidad del que os llam\u00f3, sed tambi\u00e9n vosotros santos en todo vuestro proceder\u00bb (1 Pe 1,15).<\/p>\n<p>8. M\u00ed\u008dSTICA &#8211; Transformar la crisis en lugar de encuentro con Dios. Comuni\u00f3n con Dios significa sensaci\u00f3n permanente de su presencia. El encuentro m\u00ed\u00adstico con Dios es como una cita con su misterio contemplado en el silencio y en la intimidad del Padre dador de todo bien, de Cristo hermano, del Esp\u00ed\u00adritu Santo luz y fortaleza. La m\u00ed\u00adstica invita a la interioridad, a escrutar a fondo la propia realidad personal, a descubrir tambi\u00e9n en el propio interior la morada de Dios, que no abandona, a meditar sobre el significado salv\u00ed\u00adfico del momento actual y, por tanto, de la crisis en curso. \u00abEntra en tu aposento y, cerrada la puerta, ora en secreto a tu Padre, y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensar\u00e1\u00bb (Mt 6,6).<\/p>\n<p>9. ORACI\u00ed\u201cN &#8211; Llevar al di\u00e1logo de la oraci\u00f3n con Dios la condici\u00f3n de la crisis. Orar significa expresar a Dios, en soledad o en com\u00fan, sentimientos de fe, de alabanza, de gratitud, de intercesi\u00f3n. La crisis no debe interrumpir ese di\u00e1logo; por el contrario, es oportuno intensificar alguna forma, principalmente los sacramentos y la contemplaci\u00f3n de la \u00abPalabra de Dios. Apat\u00ed\u00ada, repugnancia, escepticismo, fatiga a\u00ed\u00adslan de Dios y de la comunidad orante. En tiempo de crisis, ayuda intensificar la oraci\u00f3n de intercesi\u00f3n; pero debe prevalecer el esp\u00ed\u00adritu de oraci\u00f3n. \u00abHablando entre vosotros con salmos, y con himnos, y canciones espirituales, cantando y loando al Se\u00f1or en vuestros corazones, dando siempre gracias por todo a Dios Padre, en el nombre de nuestro Se\u00f1or Jesucristo\u00bb (Ef 5,19).<\/p>\n<p>10. ESPERA &#8211; Contemplar con esperanza cada momento de la crisis. La esperanza purifica la espera de infiltraciones de impaciencia y de inercia. Espera significa aceptaci\u00f3n confiada del ma\u00f1ana. Espera es diferir para el d\u00ed\u00ada siguiente cuanto hoy no encuentra condiciones de oportunidad. Y sobre todo, espera es la actitud del pobre que abre el coraz\u00f3n a la esperanza en la ayuda de los otros. \u00abPermaneced en el amor de Dios, esperando la misericordia de nuestro Se\u00f1or Jesucristo para la vida eterna\u00bb (Jud 21).<\/p>\n<p>L. De C\u00e1ndido<br \/>\nBIBL.-AA. VV., La crisis contempor\u00e1nea, Encuentro, Madrid 1978.-AA. VV., Crisis y cr\u00ed\u00adtica en el cristianismo, Descl\u00e9e, Bilbao 1975.-AA. VV., Crisis vocacional en la Iglesia de hoy, Paulinas, Madrid 1969.-Alvarez Navarrete, P, Crisis de identidad: reflexiones sobre el momento de la Iglesia espa\u00f1ola, Cristiandad, Madrid 1977.-Baricazzi, A, La crisis de la polis: historia, literatura, filosofta, Icaria, Barcelona 1981.-Bellet, M, Crisis del sacerdote. An\u00e1lisis de la situaci\u00f3n, Descl\u00e9e, Bilbao 1969.-Cox, H, La ciudad secular, Pen\u00ed\u00adnsula, Barcelona 1988.-Dani\u00e9lou, J, La crisis de la inteligencia hoy, Paulinas, Madrid 1969. Guitton, J, Cristo desgarrado. Crisis y concilios en la Iglesia, Cristiandad, Madrid 1965.-Maldonado, L, La secularizaci\u00f3n de la liturgia, Marova, Madrid 1970.-Many\u00e1, J. B, La crisis teol\u00f3gica, Madrid 1972.-Mendel. G, La crisis de generaciones, Pen\u00ed\u00adnsula, Barcelona 1972.<\/p>\n<p>S. de Fiores &#8211; T. Goffi &#8211; Augusto Guerra, Nuevo Diccionario de Espiritualidad, Ediciones Paulinas, Madrid 1987<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario de Espiritualidad<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>[701] En Sociolog\u00ed\u00ada y Psicolog\u00ed\u00ada, crisis es la situaci\u00f3n de tr\u00e1nsito, o cambio exterior e interior acompa\u00f1ado de desasosiego. En crisis la persona no se comporta de modo habitual y reacciona en funci\u00f3n de tensiones, bloqueos, frustraciones que bordean lo anormal. Todo tr\u00e1nsito es crisis, pero se reserva el t\u00e9rmino por lo general para aquellos &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/crisis\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abCRISIS\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-10306","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/10306","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=10306"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/10306\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=10306"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=10306"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=10306"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}