{"id":10310,"date":"2016-02-05T07:23:58","date_gmt":"2016-02-05T12:23:58","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/cristocentrismo\/"},"modified":"2016-02-05T07:23:58","modified_gmt":"2016-02-05T12:23:58","slug":"cristocentrismo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/cristocentrismo\/","title":{"rendered":"CRISTOCENTRISMO"},"content":{"rendered":"<p>[112]]<br \/>\n   Sentido general que se da al deseo o a la realidad de poner a Cristo y a su mensaje en el centro de todas las intenciones, planes, ciencias y pensamientos, en diversos terrenos del saber y del actuar: artes, ciencias, escritos, teor\u00ed\u00adas, sistemas de vida, corrientes de pensamiento, etc.<\/p>\n<p>Pedro Chico Gonz\u00e1lez, Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00ed\u00ada Religiosa, Editorial Bru\u00f1o, Lima, Per\u00fa 2006<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00eda Religiosa<\/b><\/p>\n<p>(v. Jesucristo, cristolog\u00ed\u00ada)<\/p>\n<p>(ESQUERDA BIFET, Juan, Diccionario de la Evangelizaci\u00f3n,  BAC, Madrid, 1998)<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Evangelizaci\u00f3n<\/b><\/p>\n<p>F\u00f3rmula que hace referencia al principio metodol\u00f3gico de la centralidad de Cristo en la vida cristiana y en la reflexi\u00f3n teol\u00f3gica. Desde el punto de vista teol\u00f3gico, el punto m\u00e1s destacado es el significado que reviste en la teolog\u00ed\u00ada sistem\u00e1tica y en la interpretaci\u00f3n misma del hacer teolog\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>En la historia de la teolog\u00ed\u00ada el Cur Deus Homo de Anselmo da paso a la reflexi\u00f3n sobre la centralidad de Cristo, precisamente en la argumentaci\u00f3n que relaciona la encarnaci\u00f3n y su inteligibilidad con una perspectiva amartioc\u00e9ntrica: Cristo se ha encarnado porque el hombre ha pecado. La teolog\u00ed\u00ada posterior se encuentra metida en esta l\u00f3gica. Agust\u00ed\u00adn habla de la conveniencia de la encarnaci\u00f3n; santo Tom\u00e1s afirma una distinci\u00f3n entre una reparaci\u00f3n adecuada y una conversi\u00f3n del pecador, Esta \u00faltima no exige la encarnaci\u00f3n, En la segunda Escol\u00e1stica, Molina vio la centralidad del Cristo muerto y resucitado victoriosamente. Junto a esta tendencia se sit\u00faa el \u00bb cristocentrismo objetivo\u00bb (A. Grillmeier). que, a partir de la concepci\u00f3n medieval del Christus totus, ve en Cristo la comprensi\u00f3n de lo real y el objeto espec\u00ed\u00adfico de la teolog\u00ed\u00ada, La teolog\u00ed\u00ada del humanismo encuentra en la idea de Cristo la cifra de lo real en la s\u00ed\u00adntesis de infinito-finito, Una forma de cristocentrismo objetivo puede encontrarse en el \u00e1mbito de la apolog\u00e9tica cl\u00e1sica del siglo pasado, impulsada por la acentuaci\u00f3n filos\u00f3fica de la cristolog\u00ed\u00ada. Particularmente en la demonstratio christiana, la cuesti\u00f3n cristol\u00f3gica giraba en torno a la declaraci\u00f3n por parte de Jes\u00fas de su divinidad y en torno al an\u00e1lisis de los t\u00ed\u00adtulos cristol\u00f3gicos (Mes\u00ed\u00adas, Hijo del hombre, Hijo de Dios).<\/p>\n<p>En la reflexi\u00f3n teol\u00f3gica cat\u00f3lica, T de Chardin presenta un horizonte cr\u00ed\u00adstico dentro del cual se mueve la realidad en su globalidad. Cristo es el punto-omega, el centro din\u00e1mico del movimiento de evoluci\u00f3n que atraviesa la realidad c\u00f3smica y humana en virtud de la resurrecci\u00f3n. En H. U. von Balthasar Cristo es el centro de la teofan\u00ed\u00ada y (ie la teolog\u00ed\u00ada, porque nos introduce en el misterio de Dios, que en el mysterium paschale muestra la l\u00f3gica de un amor que salva. El es el universale concretum que brilla por su singularidad: es forma de Dios y arquetipo de la humanidad. E. Schillebeeckx pone el acontecimiento Jesucristo en el centro de la revelaci\u00f3n de Dios y del hombre: \u00abEs precisamente Jes\u00fas de Nazaret aquel que revela plena y definitivamente qu\u00e9 es lo que corresponde a Dios y qu\u00e9 es lo que debe hacer propiamente el hombre\u00bb. En el campo protestante K. Barth desplaz\u00f3 la perspectiva teol\u00f3gica a la cristol\u00f3gica: Cristo es la Palabra de Dios, la historia particular de Dios con el hombre y del hombre con Dios; sobre este eje la teolog\u00ed\u00ada parte de Dios y va hacia Dios de la \u00fanica manera posible; por eso la dogm\u00e1tica tiene que ser \u00fanicamente \u00bb cristol\u00f3gica \u00ab. Si para O Cullmann Cristo es el centro del tiempo, el kair\u00f3s ante el cual se comprende la historia, en W Pannenberg Jes\u00fas resucitado anticipa en la historia el destino de la misma, ya que la abre al futuro de Dios; Cristo, en su concreci\u00f3n y singularidad, es el centro del proceso de la historia en su esperanza de salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p>En el \u00e1mbito de la teolog\u00ed\u00ada fundamental, el cristocentrismo se sit\u00faa en un doble nivel: por un lado, es un principio imprescindible de lectura de la revelaci\u00f3n en la correlaci\u00f3n entre teocentrismo-antropocentrismo, y en la comprensi\u00f3n de la Iglesia como destinataria del proceso de transmisi\u00f3n de la revelaci\u00f3n; por otro lado, permite a la teolog\u00ed\u00ada fundamental una actitud apolog\u00e9tica correcta: la figura de Cristo en su significatividad y credibilidad es decisiva para la libertad y la decisi\u00f3n del hombre. El es el Signo total que da sentido al signo-Iglesia y &#8211; que descifra los dem\u00e1s signos del proyecto revelador de Dios.<\/p>\n<p>C. Dotolo<\/p>\n<p>Bibl.: G. Moioli, Cristocentrismo, en NDT 1, 213-224; H. KUng, Christozentrik, en LTK, 11, 1 169-1 174; G. Iammarrone (ed,), La cristologia contemporanea, Padua 1992; T Citrini, El principio \u00abcristocentrismo\u00bb y su operatividad en la teolog\u00ed\u00ada fundamental, en R. Latourelle &#8211; G. O&#8217;Collins, Problemas y perspectivas de teolog\u00ed\u00ada fundamental, s\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1982, 246-271<\/p>\n<p>PACOMIO, Luciano [et al.], Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico, Verbo Divino, Navarra, 1995<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico<\/b><\/p>\n<p>SUMARIO: I. Precisiones introductorias &#8211; II. Indicaciones hist\u00f3ricas: 1. Consideraciones criticas sobre la dimensi\u00f3n cristoc\u00e9ntrica esencial de la vida y de la experiencia cristiana: a) El NT, b) La historia de la espiritualidad posterior al NT: 2. Algunos modelos de espiritualidad \u00abcristoc\u00e9ntrica\u00bb: a) Cristocentrismo mon\u00e1stico, b) Cristocentrismo de imitaci\u00f3n: la imitaci\u00f3n de la \u00abvida\u00bb de Cristo, c) Cristocentrismo berulliano: la relectura berulliana del modelo mon\u00e1stico, d) Cristocentrismo de la \u00abcruz\u00bb en los siglos XVI-XIX, e) Cristocentrismo del \u00abCoraz\u00f3n\u00bb: 3. La exigencia cristoc\u00e9ntrica en la espiritualidad contempor\u00e1nea: de la espiritualidad del \u00abcuerpo m\u00ed\u00adstico\u00bb al periodo posconciliar: a) El \u00abcuerpo m\u00ed\u00adstico\u00bb, b) Las directrices del Val. II, e) Un ejemplo posconciliar &#8211; III. Para un balance teol\u00f3gico conclusivo.<\/p>\n<p>1. Precisiones introductorias<br \/>\nEn espiritualidad, cuando hablamos de cristocentrismo nos situamos obviamente en el punto de vista de la experiencia cristiana o de la \u00abvivencia\u00bb; por tanto, no simplemente en el punto de vista de la objetividad cristiana, de la primaria y del lugar central que en ella debe ocupar la figura hist\u00f3rica de-Jesucristo, Hijo de Dios y Salvador. Nuestra exposici\u00f3n pretende m\u00e1s bien captar y mostrar c\u00f3mo, de derecho y de hecho, la referencia radical del creyente cristiano a la realidad de Cristo caracteriza, en general, la fenomenolog\u00ed\u00ada del cristiano y, en particular, las tipolog\u00ed\u00adas diversas, aunque todas sustancialmente homog\u00e9neas y coherentes, de la fenomenolog\u00ed\u00ada cristiana fundamental. Caracterizaci\u00f3n de derecho y de hecho, porque la experiencia cristiana no puede menos de ser \u00abcr\u00ed\u00adstica\u00bb, ni puede menos de ser, a su propio modo, un \u00absaber\u00bb que es un \u00absaber\u00bb a Jes\u00fas.<\/p>\n<p>Con estos supuestos, trazaremos sobre todo una panor\u00e1mica hist\u00f3rica. Nos moveremos en la direcci\u00f3n \u00abcat\u00f3lica\u00bb y permaneceremos en el \u00e1mbito de la espiritualidad occidental. Dada la exigencia de proceder sint\u00e9ticamente, subdividimos la exposici\u00f3n en tres articulaciones principales: la primera, encaminada a destacar, siempre a nivel hist\u00f3rico, la exigencia cristoc\u00e9ntrica o lo imprescindible de la referencia cristica como criterio general de autenticidad de la experiencia cristiana y, por tanto, como criterio fundamental del \u00abdiscernimiento\u00bb cristiano; la segunda, dirigida a ilustrar, en una linea que de manera muy aproximada desea aludir a la clasificaci\u00f3n hist\u00f3rica de las \u00abescuelas\u00bb de espiritualidad, algunas de las tipolog\u00ed\u00adas cristoc\u00e9ntricas m\u00e1s significativas de la espiritualidad occidental; la tercera esbozar\u00e1 r\u00e1pidamente algunas expresiones -m\u00e1s o menos celebradas o v\u00e1lidas- de exigencia cristoc\u00e9ntrica en el mundo cristiano contempor\u00e1neo.<\/p>\n<p>El balance teol\u00f3gico final pretende bosquejar una puntualizaci\u00f3n te\u00f3rica del problema: sobre el cristocentrismo como dato estructural y caracterizante de la experiencia cristiana, y sobre todo la legitimidad de diversas tematizaciones concretas de aquel cristocentrismo estructural, las cuales justifican a primera vista que se hable de ellas como de \u00abespiritualidades cristoc\u00e9ntricas\u00bb, sin que se pueda a\u00fan reivindicar que s\u00f3lo en su direcci\u00f3n se expresa leg\u00ed\u00adtimamente el \u00abcristocentrismo\u00bb constitutivo de la experiencia cristiana.<\/p>\n<p>II. Indicaciones hist\u00f3ricas<br \/>\n1. CONSIDERACIONES CR\u00ed\u008dTICAS SOBRE LA DIMENSI\u00ed\u201cN CRISTOCENTRICA ESENCIAL DE LA VIDA Y DE LA EXPERIENCIA CRISTIANA &#8211; a) El NT. Es evidente que este g\u00e9nero de exposici\u00f3n debe comenzar por el NT mismo, sobre el cual seria de desear un estudio de conjunto orientado a iluminar los diversos \u00abdiscernimientos\u00bb empleados en nombre del criterio cristoc\u00e9ntrico en diversos contextos, no s\u00f3lo te\u00f3ricos sino vividos y, por tanto, en proyectos o estilos de comportamiento que pretenden pasar por cristianos, pero que son rechazados precisamente porque reducen diversamente la exigencia cristoc\u00e9ntrica fundamental. Pi\u00e9nsese, por ejemplo, en la tentaci\u00f3n judeocristiana, tal como aparece en la Carta a los G\u00e1latas o en la Carta a los Hebreos, donde dos teolog\u00ed\u00adas de la cruz de Cristo o, si se prefiere, dos modos diversos de proponer un cristocentrismo de la cruz y, por tanto, un proyecto de existencia cristiana coherente con \u00e9l, justifican el deber cristiano de vivir \u00ablibres\u00bb frente a la \u00abley\u00bb. Pi\u00e9nsese tambi\u00e9n en la exposici\u00f3n articulada, que supone un ambiente complejo y otro tanto articulado, tal como aparece en la 1 Jn, donde en cualquier caso se desprende con suma claridad que el hombre que ha nacido de Dios y que tiene \u00abla unci\u00f3n del santo\u00bb es el que demuestra \u00abconocer\u00bb y \u00absaber\u00bb, con los ap\u00f3stoles y como los ap\u00f3stoles, en la estructuraci\u00f3n global de su existencia y de su experiencia, a Jes\u00fas Verbo de vida, Hijo Unig\u00e9nito en la carne, \u00abpropiciaci\u00f3n\u00bb por los pecados, revelaci\u00f3n, mediante el don de su vida, de la agape misma de Dios.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n la cristolog\u00ed\u00ada sapiencial de Pablo -seg\u00fan se ve, por ejemplo, en 1 Cor 1-2 o en Ef-Col- deber\u00ed\u00ada prestarse a id\u00e9ntico g\u00e9nero de lectura; y lo mismo, creemos, la tem\u00e1tica del reino, del estar con Jes\u00fas, del seguir a Jes\u00fas, en las respectivas teolog\u00ed\u00adas del Mc, Mt y Lc.<\/p>\n<p>b) La historia de la espiritualidad posterior al NT. Renunciando a seguir aqu\u00ed\u00ad con una exposici\u00f3n que consideramos tarea de la teolog\u00ed\u00ada b\u00ed\u00adblica m\u00e1s todav\u00ed\u00ada que resultado de la misma, pasaremos directamente a la historia de la espiritualidad cristiana que sigue al NT. Aqu\u00ed\u00ad los grandes cap\u00ed\u00adtulos o los grandes \u00ablugares\u00bb del discernimiento espiritual, de los cuales emerge el cristocentrismo como criterio y exigencia fundamental de la experiencia y de la existencia cristiana, estimamos que son: la b\u00fasqueda \u00abcontemplativa\u00bb, el proyecto del hombre \u00abespiritual\u00bb y de la edad del \u00abEsp\u00ed\u00adritu\u00bb como superaci\u00f3n del \u00abcristiano\u00bb y de la edad de Cristo, la reducci\u00f3n \u00ab\u00e9tica\u00bb de la imitaci\u00f3n-seguimiento de Cristo. Se trata, m\u00e1s que de otra cosa, de \u00abmodelos\u00bb fundamentales; por tanto, no reducibles de suyo a una sola \u00e9poca de la historia de la espiritualidad, si bien no siempre emergen con los mismos contornos y con la misma nitidez.<\/p>\n<p>aa) La exigencia de un discernimiento \u00abcristoc\u00e9ntrico\u00bb de la b\u00fasqueda contemplativa &#8211; El hecho, en sus l\u00ed\u00adneas generales, es de los m\u00e1s conocidos: a partir del cristianismo helen\u00ed\u00adstico, la historia de la espiritualidad cristiana presenta -hasta las actuales investigaciones \u00abmeditativas\u00bb incluso- una lectura insistente de la experiencia de la alianza en los t\u00e9rminos tan prestigiosos como ambiguos de la \u00abcontemplaci\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p>Hablamos de ambig\u00fcedad, porque si \u00abcontemplaci\u00f3n\u00bb -merced a una fatigosa reinterpretaci\u00f3n en clave cristiana- puede coincidir con el tema b\u00ed\u00adblico del \u00abconocimiento\u00bb de Dios, igualmente puede reducirlo y falsearlo. Y ello bien por peligro general de intelectualismo, bien sobre todo por el posible atractivo o la asunci\u00f3n directa, si no de una metaf\u00ed\u00adsica, al menos de una antropolog\u00ed\u00ada que, a pesar de proclamar al hombre como \u00abimagen\u00bb de Dios y la \u00abdivinizaci\u00f3n\u00bb del hombre, en realidad no es la de la alianza, sino la del esp\u00ed\u00adritu originario, cuyo car\u00e1cter creatural est\u00e1 mal definido, y en relaci\u00f3n al cual -como a lo divino, uno, eterno, absoluto- lo temporal, lo corp\u00f3reo, lo m\u00faltiple se percibe como decadencia, pecaminosidad, l\u00ed\u00admite o representaci\u00f3n a trascender.<\/p>\n<p>La existencia de esta clase de atractivos, a veces incluso a nivel inconsciente, revela su riesgo real desde el punto de vista cristiano siempre que vemos al ideal de \u00abcontemplaci\u00f3n\u00bb orientarse concretamente hacia una trascendencia m\u00e1s o menos radical de lo corp\u00f3reo, de lo temporal, de lo m\u00faltiple, para reencontrarse en \u00abdesnudez\u00bb de esp\u00ed\u00adritu en un acto inmutable, simple y \u00fanico. Es el proyecto de la \u00abfuga\u00bb, de la \u00abintroversi\u00f3n\u00bb contemplativa, cuya tentaci\u00f3n m\u00e1s significativa, desde luego no puramente acad\u00e9mica, se revela sin falta en la incomprensi\u00f3n y en la desvalorizaci\u00f3n de la \u00abeconom\u00ed\u00ada\u00bb salv\u00ed\u00adfica como \u00abhistoria\u00bb y \u00abcarne\u00bb en Cristo. Esto significa, en concreto, proponerse un camino \u00abcristiano\u00bb que ve, m\u00e1s o menos radicalmente, en la \u00abeconom\u00ed\u00ada\u00bb de la encarnaci\u00f3n una \u00abmediaci\u00f3n\u00bb que se ha de superar, por ser obst\u00e1culo a la pureza de la \u00abcontemplaci\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p>A este prop\u00f3sito, sobre todo en los ambientes espirituales occidentales, se ha acudido de modo preferente al evangelio de Juan y a la aparente sucesi\u00f3n que en \u00e9l se establece entre misi\u00f3n de Cristo y misi\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu: \u00abEs bueno que yo me vaya&#8230;\u00bb, como si -seg\u00fan Jn- el \u00abver\u00bb de los disc\u00ed\u00adpulos y de los creyentes no consistiera en penetrar cada vez m\u00e1s adentro -por la gracia del Esp\u00ed\u00adritu- en el misterio de Cristo, y significara, en cambio, la invitaci\u00f3n a considerar, bien al Encarnado, bien la relaci\u00f3n con \u00e9l, como una especie de nivel ontol\u00f3gico-contemplativo que hay que trascender o, si se prefiere, como un momento transitorio en el camino contemplativo del alma.<\/p>\n<p>bb) La exigencia de un discernimiento \u00abcristoc\u00e9ntrico\u00bb en la interpretaci\u00f3n del hombre \u00abespiritual\u00bb y de la era del Esp\u00ed\u00adritu &#8211; Espont\u00e1neamente se leer\u00e1 aqu\u00ed\u00ad la referencia a aquellas orientaciones tan complejas y vivas, operantes en la cristiandad medieval, m\u00e1s o menos remotamente vinculadas o vinculables a las interpretaciones ternarias-trinitarias de la historia. Y no se trata solamente del llamado \u00abjoaqu\u00ed\u00adnismo ; pues, siguiendo con la referencia al ambiente medieval, la exposici\u00f3n deber\u00ed\u00ada abarcar todas las diversas expresiones \u00abespiritualistas\u00bb existentes en \u00e9l. La exposici\u00f3n concierne, en definitiva, a la existencia cristiana o al proyecto de una personalidad \u00abespiritual\u00bb en alguna de las tensiones fundamentales que la caracterizan; es decir, el problema de la libertad del hombre \u00abespiritual\u00bb (tensi\u00f3n ley-Esp\u00ed\u00adritu) y el problema de la ubicaci\u00f3n o dimensi\u00f3n eclesiol\u00f3gica de la experiencia \u00abespiritual\u00bb (tensi\u00f3n jerarqu\u00ed\u00ada-Esp\u00ed\u00adritu).<\/p>\n<p>La ambig\u00fcedad o la inaceptabilidad cristiana de las soluciones que para los dos problemas indicados proponen esos diversos \u00abespiritualismos\u00bb, suponen y muestran que aqu\u00e9llos radican en una confusa percepci\u00f3n de las relaciones Cristo-Esp\u00ed\u00adritu. En resumidas cuentas, no se considera la econom\u00ed\u00ada de Cristo como definitiva: el aut\u00e9ntico \u00abevangelio del reino\u00bb no es el que Cristo predic\u00f3 y que los ap\u00f3stoles (y la Iglesia) anuncian, sino el del Esp\u00ed\u00adritu. De ah\u00ed\u00ad la hip\u00f3tesis de que el estatuto \u00abespiritual\u00bb del cristiano signifique el acceso a aquel nivel de existencia y a aquel momento de la econom\u00ed\u00ada salv\u00ed\u00adfica que precisamente ha superado la referencia al \u00abtiempo\u00bb de la encarnaci\u00f3n o a la \u00abley\u00bb de Cristo. Y de aqu\u00ed\u00ad tambi\u00e9n las soluciones ambiguas sobre la libertad del cristiano y sobre la b\u00fasqueda de una Iglesia \u00abespiritual\u00bb.<\/p>\n<p>Es evidente, sin embargo, para el que tenga un somero conocimiento de la ,historia de la espiritualidad cristiana, que el problema aqu\u00ed\u00ad considerado no se refiere solamente a la cristiandad medieval. Movimientos como el montanismo o el donatismo antiguos o, entre finales del siglo pasado y los primeros decenios del presente, la b\u00fasqueda generalizada de un \u00abespiritualismo\u00bb cristiano orientado tambi\u00e9n expl\u00ed\u00adcitamente a inspirarse en los movimientos \u00abespirituales\u00bb medievales y en el mismo san Francisco le\u00ed\u00addo en esta clave (pi\u00e9nsese en la influencia de la obra de Sabatier, en Tyrrel, von H\u00fcgel, Buonaiuti), responden en el fondo a id\u00e9ntico esquema de lectura de la personalidad \u00abespiritual\u00bb, en el cual la dimensi\u00f3n \u00abcristoc\u00e9ntrica\u00bb est\u00e1 ausente o superada. Esto adquiere un relieve particular en las \u00faltimas tendencias recordadas, a medida que se mueven dentro del espacio, abierto por el iluminismo, de una escisi\u00f3n entre Jes\u00fas (el Jes\u00fas de la historia) y Cristo (el Cristo de la fe).<\/p>\n<p>cc) La exigencia de un discernimiento \u00abcristoc\u00e9ntrico\u00bb en la b\u00fasqueda de la imitaci\u00f3n-seguimiento de Cristo, reducida a t\u00e9rminos puramente \u00e9ticos &#8211; Puede que el razonamiento no parezca, a primera vista, pertinente; pero s\u00f3lo si se estima suficiente, para expresar la fuerza y la riqueza de la dimensi\u00f3n \u00abcristoc\u00e9ntrica\u00bb de la existencia cristiana, el mero hecho de considerar a Jes\u00fas de Nazaret como el \u00abmodelo\u00bb normativo y si se reconoce valor normativo a su palabra, a sus ejemplos y a su vida. Un \u00abcristocentrismo\u00bb de este g\u00e9nero puede encontrarse sin dificultad en el proyecto pelagiano con sus diversas reproducciones (la de Abelardo, por ejemplo, al menos seg\u00fan la interpretaci\u00f3n de san Bernardo; la sociniana; la del protestantismo liberal) hasta los actuales intentos de reducir la \u00abcristolog\u00ed\u00ada\u00bb a \u00abcristianismo\u00bb, es decir, a los \u00abvalores cristianos\u00bb o a la \u00abautenticidad\u00bb del estar-en-el-mundo, autenticidad expresada en Jes\u00fas y en el hombre que intenta ser \u00abcomo Jes\u00fas\u00bb (Gogarten, Van Buren).<\/p>\n<p>Ahora bien, no se traduce el \u00abcomo Cristo\u00bb neotestamentario reduci\u00e9ndolo a una especie de programa moral del cristiano o de su aut\u00e9ntico ser-en-elmundo, aunque sea inspir\u00e1ndose en Jes\u00fas. El \u00abcomo Cristo\u00bb neotestamentario tiene su misma raz\u00f3n de posibilidad en la venida de Jes\u00fas, en su pascua, en el don de su Esp\u00ed\u00adritu. En este sentido, el \u00abcomo Jes\u00fas\u00bb es \u00abgracia\u00bb, y \u00abgracia\u00bb dada a los pecadores; y s\u00f3lo en cuanto \u00abgracia\u00bb se convierte en \u00abley\u00bb o imperativo fundamental, y no se queda en un puro \u00abmandamiento\u00bb superpuesto desde fuera.<\/p>\n<p>El seguimiento-imitaci\u00f3n de Jes\u00fas supone, pues, relaci\u00f3n con este acontecimiento hist\u00f3rico como absolutamente normativo (es el acontecimiento-verdad), con la disponibilidad a dejarse regular por \u00e9l; pero no se deja uno regular si no es reconociendo y aceptando que precisamente de este acontecimiento se deriva toda posibilidad de configuraci\u00f3n del hombre con \u00e9l mediante el don del Esp\u00ed\u00adritu. Es esto lo que confiere verdad y actualidad al \u00abseguimiento\u00bb, a pesar de la distancia real de los tiempos y de las situaciones. As\u00ed\u00ad, la relaci\u00f3n con un acontecimiento hist\u00f3rico, m\u00e1s a\u00fan, con una personalidad hist\u00f3rica, adquiere actualidad en la existencia sin convertirse nunca \u00e9l mismo propiamente en un puro \u00abexistencial\u00bb.<\/p>\n<p>2. ALGUNOS MODELOS DE ESPIRITUALIDAD \u00abCRISTOCENTRICA\u00bb &#8211; a) \u00abCristocentrismo\u00bb mon\u00e1stico. La concepci\u00f3n de la vida cristiana como \u00abimitaci\u00f3n de Cristo\u00bb, sobre todo seg\u00fan se presenta a trav\u00e9s de la literatura del s. xii est\u00e1 muy cargada de sentido. Toda la vida del monje aparece en ella como un caminar con Cristo; m\u00e1s a\u00fan, como una tendencia a asimilarlo, a ser \u00abconformado\u00bb con \u00e9l, a revivirlo, en el supuesto de que \u00abCristo es el sentido y el fundamento de la historia de la salvaci\u00f3n como mediador de la vuelta a los or\u00ed\u00adgenes, a la imagen divina ideal perdida en Ad\u00e1n y restaurada en \u00e9l. Por esto es el `lugar&#8217; del plan redentor, que se manifiesta en \u00e9l ejemplarmente y por \u00e9l se lleva a cumplimiento entre nosotros, en virtud y a trav\u00e9s de una asimilaci\u00f3n que fija e impregna toda la psicolog\u00ed\u00ada\u00bb. No se trata de un Cristo sin historia; la econom\u00ed\u00ada de la encarnaci\u00f3n, o la \u00ababbreviatio\u00bb del Verbo, tiene lugar en la historia o en los \u00abmysteria\u00bb de Cristo. As\u00ed\u00ad pues, asimilaci\u00f3n a Cristo (que es, en definitiva, la verdadera dimensi\u00f3n de la \u00abcontemplaci\u00f3n\u00bb mon\u00e1stica) es asimilaci\u00f3n a sus misterios, mediante una \u00abconformaci\u00f3n\u00bb que el Se\u00f1or mismo hace posible en sus misterios.<\/p>\n<p>Por el realismo con que los monjes entienden esta asimilaci\u00f3n, se siente uno inducido, para expresar su sentido, a usar una categor\u00ed\u00ada como la kierkegaardiana de la \u00abcontemporaneidad\u00bb, evidentemente liberada de toda inflexi\u00f3n de tipo existencialista o actualista. En cualquier caso, parece evidente que la conformaci\u00f3n del monje con Cristo supone la convicci\u00f3n de una actualidad de los misterios de Cristo en cuanto presentes, operantes y participables en un \u00ablugar\u00bb determinado, a saber, en la Escritura y en la acci\u00f3n lit\u00fargica. Por esta v\u00ed\u00ada o por esta \u00abmediaci\u00f3n\u00bb puede verificarse una reactualizaci\u00f3n (desde luego, no material) de esos mismos misterios en la realidad de la vida. Sin esta \u00abactualidad actualizada\u00bb (perm\u00ed\u00adtase la expresi\u00f3n) no existe, pues, para el monje \u00abseguimiento\u00bb de Cristo; m\u00e1s a\u00fan, ella es precisamente el contenido profundo que la teolog\u00ed\u00ada mon\u00e1stica asigna al \u00abseguimiento\u00bb.<\/p>\n<p>Hemos hablado de \u00abreactualizaci\u00f3n\u00bb no \u00abmaterial\u00bb de los misterios de Cristo. El significado mon\u00e1stico de esta expresi\u00f3n lo da el encuadre caracter\u00ed\u00adstico con que los monjes leen la historia del Se\u00f1or, a saber, sobre el fondo del sentido general de la econom\u00ed\u00ada salv\u00ed\u00adfica, entendida como movimiento de \u00abretorno a Dios\u00bb y a los \u00abor\u00ed\u00adgenes\u00bb por medio de Cristo Salvador. Esto no le resta inter\u00e9s a la \u00abdescripci\u00f3n\u00bb evang\u00e9lica de los misterios, particularmente de la infancia y de la pasi\u00f3n, porque m\u00e1s bien se trata de un aspecto vivamente subrayado en la meditaci\u00f3n mon\u00e1stica del siglo a que nos referimos, y es elemento diferenciador respecto a la meditaci\u00f3n lit\u00fargica de los mismos misterios. Pero como la perspectiva m\u00e1s profunda y verdadera de lectura sigue siendo la que hemos recordado, tambi\u00e9n las descripciones m\u00e1s \u00abpart\u00ed\u00adcipes\u00bb del misterio buscan y contemplan su sentido salv(fico y concluyen que la reactualizaci\u00f3n del misterio es, en definitiva, la existencia cristiana del monje hoy.<\/p>\n<p>b) Cristocentrismo de imitaci\u00f3n: la imitaci\u00f3n de la \u00abvida\u00bb de Cristo. Es un segundo y gran modelo de acceso al \u00abseguimiento-contemporaneidad\u00bb. Inmediatamente m\u00e1s simple, accesible y \u00abpopular\u00bb, como a veces se dice, es f\u00e1cil que est\u00e9 ligado al franciscanismo y a la espiritualidad ignaciana; en efecto, ambos se propondr\u00ed\u00adan construir la personalidad cristiana sobre el \u00abmodelo\u00bb de la vida \u00abhist\u00f3rica\u00bb de Cristo seg\u00fan la narraci\u00f3n evang\u00e9lica. \u00abImitar\u00bb se convierte as\u00ed\u00ad inmediatamente en sin\u00f3nimo no de \u00abasimilar una forma\u00bb o de \u00abparticipar de un arquetipo concreto\u00bb, sino de \u00abhacer, obrar o conducirse como Cristo\u00bb; tenemos, pues, en primer lugar el esfuerzo moral del cristiano, que intenta reproducir o uniformar la \u00abvida\u00bb propia (biogr\u00e1fica) con la \u00abvida\u00bb (biogr\u00e1fica) de Cristo.<\/p>\n<p>Cualesquiera que sean las precisiones que en el plano hist\u00f3rico deban hacerse sobre la aparici\u00f3n de esta tendencia espiritual y sobre su capacidad de calificar a la espiritualidad franciscana o ignaciana, nos interesa aqu\u00ed\u00ad reconocer su presencia e incidencia en el mundo cristiano occidental y captar su significado. A este prop\u00f3sito, haremos algunas observaciones muy simples.<\/p>\n<p>El aspecto potencialmente m\u00e1s rico, y acaso particularmente significativo para nosotros hoy, est\u00e1 en la carga de \u00abevangelismo\u00bb [>Hombre evang\u00e9lico] que, en general, conserva y desarrolla semejante orientaci\u00f3n: lo absoluto de Cristo, que es tambi\u00e9n lo absoluto del evangelio como escritura que describe a Cristo; uno y otra forman unidad, y hasta se identifican. La biograf\u00ed\u00ada evang\u00e9lica de Cristo (es decir, los hechos, los gestos, las palabras) es la \u00abley\u00bb o la \u00abregla\u00bb; o sea, la&#8217; norma de comportamiento del disc\u00ed\u00adpulo.<\/p>\n<p>El l\u00ed\u00admite, en cambio, est\u00e1 sobre todo -por lo que se refiere a nuestro problema especifico- en una materializaci\u00f3n o formalizaci\u00f3n potencial de este evangelismo radical; casi una especie de \u00abpositivismo\u00bb evang\u00e9lico, que, en cuanto tal, no expresa sino que traiciona el significado de la historicidad del cristiano. Tambi\u00e9n se \u00ablee\u00bb el evangelio; en el Esp\u00ed\u00adritu, pero se lee. Por lo.dem\u00e1s, toda la Escritura es una lectura en el Esp\u00ed\u00adritu, y ning\u00fan evangelio pretende ser pura biograf\u00ed\u00ada; la normatividad de la Escritura no es la normatividad de una \u00abletra\u00bb; de lo contrario, \u00abmatar\u00ed\u00ada\u00bb.<\/p>\n<p>\u00bfEn qu\u00e9 sentido, entonces, lo que Cristo \u00abhizo\u00bb es lo absoluto del cristiano? O, inversamente: \u00bfEn qu\u00e9 sentido el cristiano verdadero, \u00abperfecto\u00bb, es el que \u00abrepite\u00bb a Jesucristo? \u00bfNo lo es quiz\u00e1 m\u00e1s bien el que lo \u00abrelee\u00bb en el Esp\u00ed\u00adritu? En este sentido, creemos, san Vicente de Pa\u00fal formulaba con suma sencillez, pero con gran claridad, la pregunta fundamental de la vida cristiana entendida como imitaci\u00f3n de la \u00abvida\u00bb de Cristo: \u00ab\u00bfQu\u00e9 har\u00ed\u00ada Cristo en mi lugar?\u00bb. Aqu\u00ed\u00ad se expresa, en efecto, lo que se podr\u00ed\u00ada llamar la ley de la proporcionalidad; la imitaci\u00f3n de Cristo, incluso la m\u00e1s \u00abevang\u00e9lica\u00bb y \u00abradical\u00bb, no puede menos de ser \u00abproporcional\u00bb, so pena de ser una \u00abartificialidad\u00bb imposible de realizar por absolutamente antihist\u00f3rica. Incluso en Francisco de As\u00ed\u00ads, si toda una linea h\u00ed\u00adstoriogr\u00e1fica -quiz\u00e1 agigantando o absolutizando una tendencia real del Poverello, culminada y \u00abverificada\u00bb por la estigmatizaci\u00f3n- ha podido ver en \u00e9l una reviviscencia de Cristo (\u00abalter Christus\u00bb), no por eso dejaba de ser un cristiano de los ss. xii-xiii,con problemas hist\u00f3ricos, culturales y eclesiol\u00f3gicos&#8230; t\u00ed\u00adpicos de la vida cristiana de aquel tiempo. Y As\u00ed\u00ads o Greccio no eran Bel\u00e9n; ni el Alvernia era el Calvario.<\/p>\n<p>Se debe reconsiderar a este prop\u00f3sito la caracter\u00ed\u00adstica experiencia de Carlos de Foucauld, en la cual la imitaci\u00f3n de la abyecci\u00f3n de Cristo y la b\u00fasqueda de Nazaret es progresiva y definitivamente entendida como la caridad que condivide y testimonia hasta el extremo una presencia. Es el descubrimiento m\u00e1s verdadero del \u00abcoraz\u00f3n\u00bb de Cristo y de la \u00abproporcionalidad\u00bb de la imitaci\u00f3n cristiana [>Modelos espirituales II, 1].<\/p>\n<p>c) Cristocentrismo berulliano: la relectura berulliana del modelo mon\u00e1stico. Presentar la espiritualidad del cardenal Pedro de B\u00e9rulle como \u00abmon\u00e1stica\u00bb seria, evidentemente, una afirmaci\u00f3n aventurada, y hasta injustificable. Pero no deja de ser verdad que su meditaci\u00f3n sobre la vida de Cristo puede considerarse una vuelta a la reflexi\u00f3n mon\u00e1stica sobre Cristo como \u00abforma\u00bb del cristiano y, por tanto, sobre la existencia cristiana como \u00abreactualizaci\u00f3n\u00bb de Cristo.<\/p>\n<p>Una explicaci\u00f3n rigurosa de esto, as\u00ed\u00ad como la simple exposici\u00f3n del pensamiento berulliano al respecto, exigir\u00ed\u00adan an\u00e1lisis espec\u00ed\u00adficos. Por eso nos conformaremos con ilustrar c\u00f3mo sinti\u00f3 B\u00e9rulle la exigencia de explicitar el supuesto de la actualidad de los misterios de Cristo. Nuestra configuraci\u00f3n con el Verbo encarnado no es viable sin la configuraci\u00f3n con sus misterios; \u00e9l, a trav\u00e9s de sus misterios, \u00abse imprime en nosotros\u00bb; mas precisamente por esto deben permanecer en \u00e9l. \u00abVemos que Jesucristo invent\u00f3 la manera de establecer parte de su pasi\u00f3n en su estado de gloria conservando sus cicatrices. Pues bien, si \u00e9l pudo conservar algo de su pasi\u00f3n en su propio cuerpo glorioso, \u00bfpor qu\u00e9 no iba a poder conservar algo en su alma?&#8230; Mas lo que conserva de su pasi\u00f3n en el cuerpo y en el alma es vida y gloria; \u00e9l no sufre ni en uno ni en otra. Y justamente lo que queda en \u00e9l de sus misterios es lo que produce en la tierra una `manera de gracia&#8217; que hace que le pertenezcan las almas escogidas para recibirla. En virtud de esta &#8216;manera de gracia&#8217; los misterios de Jesucristo: su infancia, su sufrimiento y los dem\u00e1s, perviven en la tierra hasta el fin de los siglos. San Pablo: &#8216;Adimpleo ea quae desunt passionum Christi in corpore meo&#8217; \u00ab. Luego los misterios de Cristo (que conservan perenne actualidad en \u00e9l) nos \u00abhacen propiedad suya\u00bb; y nosotros nos \u00abapropiamos\u00bb de ellos no tanto -dice B\u00e9rulle- a la manera de un pintor que pretende pintar el sol, cuanto a la manera de un espejo en el que el sol se refleja.<\/p>\n<p>El realismo con que entiende B\u00e9rulle esta permanente reactualizaci\u00f3n de los misterios de Cristo en nosotros, o esta reproducci\u00f3n en nosotros de la \u00abmanera de gracia\u00bb de los misterios, no alcanza s\u00f3lo a la interioridad de la persona. Es la existencia entera, en su estructuraci\u00f3n, la que se ve afectada: \u00abEl designio de Dios es que estos `estados&#8217; sean honrados, apropiados, aplicados a nuestras almas; como \u00e9l distribuye sus dones y sus gracias, as\u00ed\u00ad distribuye sus `estados&#8217; y sus `misterios&#8217; entre los hombres&#8230; As\u00ed\u00ad El se distribuye a s\u00ed\u00ad mismo entre sus hijos, haci\u00e9ndolos part\u00ed\u00adcipes del esp\u00ed\u00adritu y de la gracia de sus misterios; a unos dona su vida, a otros la muerte; a unos la infancia, a otros el poder; a unos la vida oculta, a otros la vida p\u00fablica; a unos la vida interior, a otros la vida exterior; a unos los oprobios, a otros los milagros; a unos sus `humillaciones&#8217;, a otros su autoridad&#8230; En todos estos estados y condiciones diversas, se da \u00e9l a todos, nos da su coraz\u00f3n, su gracia y su esp\u00ed\u00adritu; nos incorpora a s\u00ed\u00ad; se apropia de nosotros y se nos hace propio\u00bb.<\/p>\n<p>De este modo la historia de la Iglesia no es m\u00e1s que la historia de Cristo continuada; casi su \u00abbiograf\u00ed\u00ada\u00bb, que sigue escribi\u00e9ndose en la historia, pero ciertamente no repetida.<\/p>\n<p>d) Cristocentrismo de la \u00abcruz\u00bb en los siglos XVI-XIX [>Cruz V]. Nos referimos a un t\u00ed\u00adpico modo de interpretar la vida o la experiencia espiritual en t\u00e9rminos de \u00abcruz\u00bb; aqu\u00ed\u00ad la \u00abcruz\u00bb es, evidentemente, la cruz del Crucificado (y, por tanto, el misterio de la pasi\u00f3n y muerte hist\u00f3rica de Jes\u00fas); pero es tambi\u00e9n aquella \u00abcrucifixi\u00f3n\u00bb interior que el disc\u00ed\u00adpulo debe aceptar por el hecho mismo de que el camino que se le propone es un camino \u00aben la fe\u00bb.<\/p>\n<p>La fe (las exigencias de la vida de fe), la sabidur\u00ed\u00ada de la fe, la \u00abdesnudez\u00bb de la fe, el \u00abdespojo\u00bb interior (a nivel afectivo, intelectivo, sensitivo, etc.) que la fe pide, tal es la \u00abcruz\u00bb del cristiano, tal es la asociaci\u00f3n radical y sint\u00e9tica con el Crucificado que el cristiano no debe eludir, vivi\u00e9ndola con un abandono y confianza totales. En sustancia, se trata de la \u00absabidur\u00ed\u00ada de la cruz\u00bb propuesta a los \u00abespirituales\u00bb y a los que aspiran a serlo. Una \u00abtheologia crucis\u00bb, podr\u00ed\u00ada decirse, que apela a una antropolog\u00ed\u00ada que contempla al hombre como \u00abcriatura\u00bb y \u00abpecador\u00bb (la \u00abnada\u00bb tematizada con matices diversos por Juan de la Cruz y por Pablo de la Cruz), llamado realmente, por iniciativa misericordiosa del mismo Dios infinitamente grande, justo y santo, a una comuni\u00f3n-participaci\u00f3n con Dios, en Jesucristo, y \u00e9ste crucificado. El camino, seg\u00fan queda dicho, es el oscuro, desnudo, pobre y exigente de la fe.<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad, a grandes rasgos, creemos que el modelo puede sintetizar globalmente toda una l\u00ed\u00adnea de espiritualidad, que va desde san Juan de la Cruz a algunas de las mayores figuras espirituales del s. xlx. No decimos que caracterice a todo este per\u00ed\u00adodo espiritual, ni que lo haga del mismo modo en todos los autores o figuras que lo integran. Pero el fen\u00f3meno es innegable y particularmente elocuente, tanto frente al optimismo human\u00ed\u00adstico (Juan de la Cruz, Francisco de Sales, Pascal), como frente a la aparici\u00f3n del humanismo moderno con su oposici\u00f3n, a menudo arrogante, a la fe (tambi\u00e9n Pascal, Pablo de la Cruz y Rosmini).<\/p>\n<p>Teniendo como puntos principales de referencia a Juan de la Cruz y a Pablo de la Cruz, puede observarse que su fundamental acuerdo en relacionar la \u00abcruz\u00bb del camino de fe con la \u00abcruz\u00bb de Cristo se configura seg\u00fan dos modalidades diversas. En Pablo de la Cruz la lectura del camino de fe cristaliza de hecho en una total disponibilidad a la voluntad de Dios, a su benepl\u00e1cito, a su providencial iniciativa en todas las cosas. En cuanto al v\u00e9rtice de la experiencia espiritual, parece que se ve y propone c\u00f3mo estar \u00absolo\u00bb en la cruz con Dios; por tanto, sin las tonalidades que aparecen en la parte final del C\u00e1ntico Espiritual o en la Llama de amor viva de Juan de la Cruz.<\/p>\n<p>Debido a estas dos caracter\u00ed\u00adsticas, Pablo de la Cruz es representativo de un diverso per\u00ed\u00adodo de la historia de la espiritualidad, a saber, el que, por un lado, recoge la profunda tem\u00e1tica ignaciana de la \u00abindiferencia\u00bb y la salesiana del \u00abamor puro\u00bb (\u00aboperare, patire, lacere\u00bb y \u00abpermanecer en la propia nada de un modo pasivo\u00bb, dice Pablo de la Cruz; \u00abadorar, callar, gozar\u00bb, dice A. Rosmini); y el que, por otro lado, vive la experiencia espiritual como una suerte de \u00abpresencia en la ausencia\u00bb. Bremond la ha descrito, sobre todo al presentar el siglo diecisiete franc\u00e9s; se puede pensar igualmente, en este contexto, en las figuras de Chantal, Chardon, Piny y Surin. Creemos que tambi\u00e9n Pablo de la Cruz, y como exponente destacado, se inscribe en esta trayectoria, aunque no lo tenemos por el \u00fanico, incluido en el cuadro de la espiritualidad italiana. Ateni\u00e9ndonos solamente a dos ejemplos de experiencia m\u00ed\u00adstica de principios del s. XIX, podemos mencionar aqu\u00ed\u00ad sencillamente los nombres de Eustoquio Verzeri y Magdalena de Canossa. La misma Teresa de Lisieux, con su singular itinerario espiritual, nos parece que debe entenderse y ubicarse sobre este mismo trasfondo.<\/p>\n<p>e) Cristocentrismo del \u00abCoraz\u00f3n\u00bb. Nos referimos a la llamada \u00abdevoci\u00f3n al Sagrado Coraz\u00f3n\u00bb, t\u00ed\u00adpica incidencia \u00abespiritual\u00bb que la consideraci\u00f3n del coraz\u00f3n de Cristo asume a partir del s. xvn (Juan Eudes y Margarita Mar\u00ed\u00ada Alacoque), y que, recorriendo entre tensiones y resistencias el s. xviu, se convierte en un hecho que caracteriza la vida cat\u00f3lica en general a lo largo del s. xix y los primeros cincuenta a\u00f1os del xx (Enc. Haurietis Aquas de P\u00ed\u00ado XII, 1958). Si la referencia a Juan Eudes nos mantiene en el clima berulliano del \u00abinterior de Jes\u00fas\u00bb (cargando aqu\u00ed\u00ad el acento preferentemente en el \u00abcoraz\u00f3n espiritual\u00bb y \u00abdivino\u00bb del Salvador), la referencia a Margarita M. Alacoque induce a subrayar el \u00abcoraz\u00f3n f\u00ed\u00adsico\u00bb del Se\u00f1or en cuanto exponente de su amor misericordioso y agraviado. El \u00abcoraz\u00f3n\u00bb que se considera es el de la pasi\u00f3n y la cruz, por un lado, y el de la eucarist\u00ed\u00ada, por otro. Y mientras que del recurso a la misericordia brota la confianza, del recurso al amor ofendido brota la invitaci\u00f3n a la conversi\u00f3n y a la reparaci\u00f3n, que induce a sufrir con el Salvador (aspecto particularmente subrayado y tematizado con acentos apost\u00f3licos frente al laicismo contempor\u00e1neo por la enc\u00ed\u00adclica de P\u00ed\u00ado XI, Miserentissimus Redemptor, 1928).<\/p>\n<p>En este sentido, la devoci\u00f3n al Sagrado Coraz\u00f3n tiende simult\u00e1neamente a presentar la s\u00ed\u00adntesis concreta de la visi\u00f3n cristiana de la realidad (Dios misericordiosamente abierto a los hombres en Cristo Jes\u00fas; el Cristo que muere por nuestros pecados y se nos da en la eucarist\u00ed\u00ada; el hombre que, como pecador, tiene su salvaci\u00f3n en el amor doloroso de Cristo y es invitado a aceptar ese amor y a participar, compartiendo la cruz de Cristo, en la salvaci\u00f3n propia y en la del mundo) y a especificar una experiencia cristiana tambi\u00e9n, sobre todo en la segunda mitad del siglo pasado, en cuanto experiencia de acci\u00f3n, de incidencia social, cultural y pol\u00ed\u00adtica (\u00abreino\u00bb del Sdo. Coraz\u00f3n).<\/p>\n<p>3. LA EXIGENCIA CRISTOCENTRICA EN LA ESPIRITUALIDAD CONTEMPOR\u00ed\u0081NEA: DE LA ESPIRITUALIDAD DEL \u00abCUERPO M\u00ed\u008dSTICO\u00bb AL PER\u00ed\u008dODO POSCONCILIAR &#8211; a) El \u00abcuerpo m\u00ed\u00adstico\u00bb. Al hablar de espiritualidad del \u00abcuerpo m\u00ed\u00adstico\u00bb nos referimos sobre todo al per\u00ed\u00adodo comprendido entre la primera y la segunda guerra mundial, cuyo momento culminante, incluso bajo el perfil de la espiritualidad, puede representarlo la publicaci\u00f3n de la enc\u00ed\u00adclica de P\u00ed\u00ado XII Mystici Corporis (1943). Es una espiritualidad que valora ante todo y en cierto sentido redescubre la vida cristiana no s\u00f3lo gen\u00e9ricamente como \u00abvida de gracia\u00bb, sino como \u00abvida en Cristo\u00bb (a este prop\u00f3sito deben recordarse ante todo los nombres de C. Marmion y -a nivel de divulgaci\u00f3n inteligente y variada- R. Plus). Evidentemente, el redescubrimiento no tiene s\u00f3lo dimensiones individuales; permite captar el sentido profundo de la fraternidad en la Iglesia (miembros de un mismo cuerpo, participes de la vida de la misma Cabeza).<\/p>\n<p>Las dimensiones de Cristo se ampl\u00ed\u00adan enormemente; Cristo se convierte o tiende a ser considerado como una realidad omnicomprensiva u omniinclusiva (l\u00ed\u00adnea blondeliana, pero tambi\u00e9n de P. Charles, P. Teilhard de Chardin, E. Mersch). El riesgo de un \u00abpancristismo\u00bb, que disuelve la individualidad personal y \u00abf\u00ed\u00adsica\u00bb de Jes\u00fas, se a\u00f1ade al riesgo inverso de absorci\u00f3n de la individualidad humana en la individualidad de Jes\u00fas o de superaci\u00f3n de aqu\u00e9lla en el \u00abtodo\u00bb cr\u00ed\u00adsticamente considerado (cf Mystici Corporis, DS 3816-3820).<\/p>\n<p>b) Las directrices del Vat. II. En cuanto al discurso desarrollado por el Vat. II, creemos que las lineas m\u00e1s expresivas de una mentalidad cristoc\u00e9ntrica efectiva y, por tanto, potencialmente orientadoras tambi\u00e9n de una experiencia cristiana en este sentido, son tres. Ante todo, a nivel de concepci\u00f3n de la Iglesia, donde la unidad del ser y de la misi\u00f3n de la Iglesia con Cristo se describe anal\u00ed\u00adticamente por referencia al triple aspecto sacerdotal, prof\u00e9tico y real del ser y de la misi\u00f3n de Cristo, y se practica un m\u00e9todo \u00abcristol\u00f3gico\u00bb de comprensi\u00f3n, bien de la Iglesia, bien de las diversas articulaciones de la Iglesia pueblo de Dios (cf Lumen Gentium). Luego, a nivel de comprensi\u00f3n de la revelaci\u00f3n y de la verdad cristiana, la cual es contemplada esencialmente en el acontecimiento concreto de Cristo, en su existencia, sus gestos y sus palabras (Dei Verbum). Finalmente, est\u00e1 la constituci\u00f3n pastoral Gaudium et spes, donde, si la preocupaci\u00f3n por un humanismo aut\u00e9ntico orienta la redacci\u00f3n conciliar a descubrir lo que la LG -recogiendo una expresi\u00f3n de Eusebio- hab\u00ed\u00ada llamado \u00abpraeparatio evangelica\u00bb, muestra asimismo que la medida aut\u00e9ntica, y por ello normativa, de todo proyecto humano es Cristo. Quiz\u00e1 el discurso no sea aqu\u00ed\u00ad, al menos globalmente, lo bastante articulado; en todo caso, el paso de lo humano a lo cristol\u00f3gico es ciertamente posible y obligado; sin embargo, una teolog\u00ed\u00ada m\u00e1s atenta habr\u00ed\u00ada establecido un mayor rigor y quiz\u00e1 hubiera llevado a subrayar con m\u00e1s vigor la perspectiva paulina de la sabidur\u00ed\u00ada de la cruz. Ello, teniendo tambi\u00e9n en cuenta el alcance formativo y operativo particular del documento.<\/p>\n<p>c) Un ejemplo posconciliar. Si y hasta d\u00f3nde la \u00abespiritualidad\u00bb posconciliar expres\u00f3 o sigue expresando una exigencia \u00abcristoc\u00e9ntrica\u00bb, probablemente es todav\u00ed\u00ada prematuro decirlo. Creemos m\u00e1s sencillo afirmar las exigencias, objetivamente expresadas en tal espiritualidad, de un discernimiento cristoc\u00e9ntrico m\u00faltiple o articulado. Podr\u00ed\u00adamos hablar siguiendo cada una de las tres l\u00ed\u00adneas de discernimiento ya recordadas al principio [supra, II, 1, b]; a saber, bien en orden a la b\u00fasqueda contemplativa, bien en orden a la correcta interpretaci\u00f3n de la existencia \u00abespiritual\u00bb y del tiempo del \u00abEsp\u00ed\u00adritu\u00bb, bien en orden al compromiso \u00e9tico y pr\u00e1ctico del cristiano. No volveremos sobre ello. Baste recordar aqu\u00ed\u00ad como testimonio simb\u00f3lico, y por lo mismo significativo, el modelo que -en la direcci\u00f3n de la acci\u00f3n y del \u00abcompromiso\u00bb- nos ha ofrecido recientemente Madeleine Delbr\u00e9l.<\/p>\n<p>Es la experiencia de una cristiana que, frente al clima ateomarxista, encuentra el \u00abestatuto violento\u00bb de la fe en Cristo. \u00abEstatuto violento\u00bb no significa manique\u00ed\u00adsmo o integrismo de ninguna especie, sino que es incluso un \u00abcristianismo de la calle\u00bb el que se vive y propone. Significa, por el contrario, sentido agud\u00ed\u00adsimo de la originalidad cristiana en cuanto referencia de la existencia a Cristo y, por tanto, en cuanto \u00abanuncio\u00bb con lo que se es, con la propia carne y la propia sangre. \u00abFe\u00bb contra \u00abfe\u00bb; dos situaciones antropol\u00f3gicas: la del cristiano y la del marxista; pero la primera se distingue esencialmente de la segunda porque \u00abel cristiano no es un librepensador\u00bb. Aqu\u00ed\u00ad est\u00e1 lo que llamar\u00ed\u00adamos el \u00abpostulado regulador\u00bb fundamental del creyente cristiano para Madeleine Delbr\u00e9l. Y su presencia es la que hace l\u00facidos y agudos para discernir la sutil dial\u00e9ctica de las \u00abfes\u00bb, que insensiblemente puede arrastrar al creyente cristiano y hacer que termine apareciendo como quien dice palabras cristianas, pero ha perdido el propio \u00abestatuto violento\u00bb. \u00abNosotros no somos librepensadores. En el sector del mundo en que estamos no somos libres para dejar modificar el pensamiento de Cristo por el pensamiento del mundo; y esto no siempre es f\u00e1cil\u00bb. \u00abDesconfiad de una cierta aventura corriente en los militantes. Muchos se sienten fascinados por Cristo; a trav\u00e9s de Cristo han comprendido la injusticia proletaria y han querido compartirla, luchar por ella. Esta lucha, de salida, era un elemento de su amor a Cristo; pero surge una inversi\u00f3n de valores: la lucha se convierte en lo esencial, y Cristo queda a su servicio\u00bb.<\/p>\n<p>La presencia del postulado regulador est\u00e1 ligada a una voluntad fundamental de obediencia y se mantiene a costa de un no-miedo de la originalidad cristiana o, como dir\u00ed\u00ada Madeleine, de lo \u00abins\u00f3lito cristiano\u00bb. Esto caracteriza su \u00abhistoricidad\u00bb: estar presente en la historia como una prolongaci\u00f3n de Cristo y, al mismo tiempo, tener que inventar esta presencia. \u00abCuando tenemos el evangelio en las manos, debemos pensar que all\u00ed\u00ad mora el Verbo que quiere hacerse carne en nosotros, adue\u00f1arse de nosotros, a fin de que, con su coraz\u00f3n injertado en el nuestro, con su esp\u00ed\u00adritu en comunicaci\u00f3n con nuestro esp\u00ed\u00adritu, demos un nuevo comienzo a su vida en otro lugar, en otro tiempo, en otra sociedad. Profundizar as\u00ed\u00ad el evangelio significa renunciar a nuestra vida para recibir un destino que tiene como forma \u00fanica a Cristo\u00bb. \u00abEn la medida en que olvidamos la condici\u00f3n temporal de la fe, olvidamos toda una parte del verdadero trabajo de la fe y, por tanto, de su eficacia: vivir como Jesucristo dijo que vivi\u00e9ramos y hacer lo que Jesucristo dijo que hici\u00e9ramos, que es vivir y hacer nuestro tiempo. Es una vida para la cual no tenemos clis\u00e9s a que traducirla. Es un trabajo para el cual no existe patr\u00f3n prefigurado. La voluntad del Padre es siempre la misma, pero se renueva continuamente\u00bb.<\/p>\n<p>[Para todo el punto II >Historia de la espiritualidad].<\/p>\n<p>III. Para un balance teol\u00f3gico conclusivo<br \/>\nNos limitaremos a las precisiones siguientes:<\/p>\n<p>a) Lo que la historia de la espiritualidad cristiana, a partir del NT, invita a considerar y a aclarar a prop\u00f3sito de \u00abcristocentrismo\u00bb es, a la vez, la fundamentalidad del discurso y la tensi\u00f3n entre la exigencia cristoc\u00e9ntrica global indefectible y la pluralidad de versiones de esta exigencia. Todo ello complicado a\u00fan m\u00e1s, en cierto sentido, por la presencia de \u00abespiritualidades\u00bb que, al menos en una primera aproximaci\u00f3n, no hab\u00ed\u00ada que reconocer como \u00abcristoc\u00e9ntricas\u00bb, pero que, no obstante, conservan su plena legitimidad en la vida de la Iglesia.<\/p>\n<p>b) El problema puede dilucidarse, ante todo, considerando que la dimensi\u00f3n cristoc\u00e9ntrica es estructural a la experiencia cristiana porque es estructural a la misma fe cristiana y a la figura misma del ser creyente-cristiano. Jes\u00fas de Nazaret es \u00abla verdad\u00bb o la unidad y la totalidad de la \u00abrevelaci\u00f3n\u00bb (Heb 1,2-3, por no citar m\u00e1s que un texto); y la referencia radical y decisiva a \u00e9l configura al creyente cristiano. Por lo dem\u00e1s, ya se ha indicado este punto suficientemente; tambi\u00e9n en su necesaria implicaci\u00f3n \u00abpneumatol\u00f3gica\u00bb (el _ hombre \u00abespiritual\u00bb es el que es \u00abcomo Cristo\u00bb o es \u00abmemoria de Cristo\u00bb, en el Esp\u00ed\u00adritu y por la gracia del Esp\u00ed\u00adritu, y jer\u00e1rquico-eclesial [Iglesia]).<\/p>\n<p>c) Se sigue de esto que cualquier proyecto de superaci\u00f3n expl\u00ed\u00adcita o de trascendencia de esta dimensi\u00f3n fundamental equivaldr\u00ed\u00ada por s\u00ed\u00ad mismo expl\u00ed\u00adcitamente (en la mejor de las hip\u00f3tesis) a un proyecto de experiencia religiosa no cristiano, aunque lo realizaran \u00abcristianos\u00bb sociol\u00f3gica y culturalmente tales. Es evidente que la asimilaci\u00f3n real de la dimensi\u00f3n cristol\u00f3gica de que hablamos no equivale simplemente a la confesi\u00f3n ortodoxa de un art\u00ed\u00adculo de fe sobre Jesucristo y sobre lo que \u00e9l representa en el designio de Dios. Por el contrario, implica que esta informaci\u00f3n-confesi\u00f3n pase a un reconocimiento vivido \u00abin actu exercito\u00bb del significado permanente de la referencia a Jes\u00fas para la existencia del cristiano y, por tanto, a la visi\u00f3n concreta de la realidad que efectivamente se expresa en esta existencia y por la cual da ella pruebas de estar determinada. El \u00ablugar\u00bb del cristocentrismo asimilado es, pues, la visi\u00f3n cristiana vivida de la existencia y de la realidad: el rostro cristiano de Dios, el sentido cristiano del hombre, del mundo, de la historia, etc.<\/p>\n<p>d) Esta \u00faltima observaci\u00f3n lleva a precisar las dos condiciones generales de la \u00abcristocentricidad\u00bb de la experiencia cristiana: negativamente, no calificarse como proyecto de superaci\u00f3n de la referencia a Cristo; positivamente, presentarse como un proyecto y una figura aut\u00e9nticamente cristianos, coherentes, por tanto, con la adhesi\u00f3n a Cristo y la asimilaci\u00f3n de su sentido de la existencia y de su visi\u00f3n de la realidad. Luego en esta forma global es donde toda espiritualidad debe mostrarse positivamente \u00abcristoc\u00e9ntrica\u00bb; no por necesidad en sentido m\u00e1s directamente tem\u00e1tico (o sea, haciendo de Jes\u00fas -bajo uno u otro \u00e1ngulo, m\u00e1s o menos profundo y completo- el punto nodal y sint\u00e9tico de asimilaci\u00f3n y de perspectiva de toda la propuesta cristiana). Estar\u00ed\u00adamos en la \u00abvivencia\u00bb correspondiente de lo que representa la afirmaci\u00f3n del \u00abcristocentrismo\u00bb en el plano de la elaboraci\u00f3n te\u00f3rica de la reflexi\u00f3n o de la comprensi\u00f3n de la fe cristiana. En la \u00abformalidad\u00bb cristoc\u00e9ntrica es donde se demuestra que se respeta de hecho la dimensi\u00f3n objetivamente cristoc\u00e9ntrica, ya sea de la reflexi\u00f3n teol\u00f3gica, ya de la experiencia cristiana; no necesariamente por el modo de articularse esta experiencia cristiana o por la forma expl\u00ed\u00adcita de proclamar la prioridad y la \u00abnodalidad\u00bb de su referencia a Jes\u00fas. Por tanto, seg\u00fan este criterio habr\u00e1 que juzgar de la legitimidad (y del valor) de las espiritualidades \u00abno inmediatamente cristoc\u00e9ntricas\u00bb, ya que no es posible referirse inmediatamente a un modelo o a una figura caracterizados por el \u00abcristocentrismo\u00bb. De otra forma, se dar\u00ed\u00ada muestras no tanto de rigor cuanto de un deductivismo o, quiz\u00e1s mejor, de un \u00abgeometrismo\u00bb indudablemente restringido e inaceptable.<\/p>\n<p>G. Moioli<br \/>\nBIBL.-AA. VV., Cristianos en una sociedad violenta: an\u00e1lisis y v\u00ed\u00adas de acci\u00f3n, Sal Terrae, Santander 1980.-AA. VV., \u00bfCristianismo sin Cristo?, Paulinas, Madrid 1970.-Arias Reyero, M, Jes\u00fas el Cristo, Paulinas, Madrid 1982.-Bro, B, Jesucristo o nada, Narcea, Madrid 1981.-Castro, S, Cristolog\u00ed\u00ada de santa Teresa, Espiritualidad, Madrid 1978.-Cullmann, O. Cristo y el tiempo, Estela, Barcelona 1968.-Congar. Y. M.-J, Cristo, Marta y la Iglesia, Estela, Barcelona 1968.-Niebuhr, R, Cristo y la cultura, Pen\u00ed\u00adnsula, Barcelona 1968.-Garastachu, J. M. Cristo, el dolor y&#8230; yo, Mensajero, Bilbao 1965.-Guill\u00e9n Preckler. F. B\u00e9rulle aujourd&#8217;hui, 1575-1975. Pour une spiritualit\u00e9 de 1&#8217;humanit\u00e9 du Christ, Beauchesne, Parts 1978.-Fraile Delgado, L, Cristo y Latinoam\u00e9rica, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1966.-Panikkar, R, El Cristo desconocido del hinduismo, Marova, Madrid 1970.-Ver bibl. de Jesucristo.<\/p>\n<p>S. de Fiores &#8211; T. Goffi &#8211; Augusto Guerra, Nuevo Diccionario de Espiritualidad, Ediciones Paulinas, Madrid 1987<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario de Espiritualidad<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>[112]] Sentido general que se da al deseo o a la realidad de poner a Cristo y a su mensaje en el centro de todas las intenciones, planes, ciencias y pensamientos, en diversos terrenos del saber y del actuar: artes, ciencias, escritos, teor\u00ed\u00adas, sistemas de vida, corrientes de pensamiento, etc. Pedro Chico Gonz\u00e1lez, Diccionario de &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/cristocentrismo\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abCRISTOCENTRISMO\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-10310","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/10310","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=10310"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/10310\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=10310"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=10310"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=10310"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}