{"id":10328,"date":"2016-02-05T07:24:32","date_gmt":"2016-02-05T12:24:32","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/cultura\/"},"modified":"2016-02-05T07:24:32","modified_gmt":"2016-02-05T12:24:32","slug":"cultura","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/cultura\/","title":{"rendered":"CULTURA"},"content":{"rendered":"<p>[870]<\/p>\n<p>      Conjunto de todas las formas de pensar y vivir que un grupo humano logra con el cultivo de la inteligencia: conocimientos, informaciones, juicios, usos, productos art\u00ed\u00adsticos, leyes y relaciones.  Especial referencia merece la idea de \u00abcultura cristiana\u00bb, promovida en Occidente por la fe en Cristo y el Evangelio.<\/p>\n<p>    Esa cultura: h\u00e1bitos, lenguajes, fiestas, tradiciones, expresiones art\u00ed\u00adsticas, literarias, etc. ha sido muy diversa en sus expresiones seg\u00fan las circunstancias.<\/p>\n<p>    El com\u00fan denominador de esas manifestaciones de cultura es la justicia como ideal, la solidaridad como estilo, la fe en la Providencia como soporte de la vida.<\/p>\n<p>    Desde el Oriente mediterr\u00e1neo hasta los mundos nuevos de Am\u00e9rica o los renovados de Africa y Asia, la cultura cristiana ha sido decisiva para la humanidad.<\/p>\n<p>    Tambi\u00e9n se habla de \u00abcultura religiosa\u00bb, en cuanto el hombre bien formado, incluso aunque no sea creyente, se hace capaz de dominar conocimientos s\u00f3lidos sobre las creencias y los comportamientos que tienen su base en el Evangelio.<\/p>\n<p>    La incultura religiosa y cristiana imposibilita el entender el arte, la historia, la literatura, las fiestas, las nomenclaturas dominantes en Occidente.<\/p>\n<p>Pedro Chico Gonz\u00e1lez, Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00ed\u00ada Religiosa, Editorial Bru\u00f1o, Lima, Per\u00fa 2006<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00eda Religiosa<\/b><\/p>\n<p>Concepto de cultura<\/p>\n<p>\tEl concepto \u00abcultura\u00bb (\u00abcultivo\u00bb) puede analizarse seg\u00fan diversos niveles erudici\u00f3n (poseer conocimientos generales, datos de informaci\u00f3n, etc.); educaci\u00f3n (formaci\u00f3n de la persona en cuanto tal, en toda su integridad f\u00ed\u00adsica, intelectual, moral); conjunto de valores de un pueblo (sentido etnol\u00f3gico), con una identidad diferente de otros pueblos.<\/p>\n<p>\tSi se toma en el sentido de \u00abcultivar\u00bb el ser humano en toda su integridad personal y social, la cultura indica los contenidos de una relaci\u00f3n del hombre con el cosmos, la tierra, los dem\u00e1s miembros de la sociedad, la trascendencia. Especialmente la cultura humana est\u00e1 relacionada con el sentido de la vida en su origen, su presente y su futuro. Precisamente por esta actitud relacional y por esta preocupaci\u00f3n sobre su existencia m\u00e1s all\u00e1 del tiempo, el hombre es \u00abreligioso\u00bb, como relacionado con el Trascendente (Dios).<\/p>\n<p>\tRiqueza de contenidos<\/p>\n<p>\tSi tomamos la \u00abcultura\u00bb en este sentido integral y trascendente, encontramos en ella un conjunto de criterios, valores y actitudes de una persona o de un pueblo, en sus circunstancias sociol\u00f3gicas e hist\u00f3ricas. Se concreta en modos de pensar, sentir, querer y obrar, en relaci\u00f3n con el cosmos, con los dem\u00e1s seres humanos y con la trascendencia (y el Absoluto).<\/p>\n<p>\tLos elementos principales de cultura de un pueblo se concretan en unas actitudes b\u00e1sicas referentes a la vida, la familia, la sociedad (trabajo, convivencia&#8230;), la religi\u00f3n. \u00abCon la palabra cultura se indica, en sentido general, todo aquello con lo que el hombre afina y desarrolla sus innumerables cualidades espirituales y corporales; procura someter el mismo orbe terrestre con su conocimiento y trabajo; hace m\u00e1s humana la vida social, tanto en la familia como en toda la sociedad civil, mediante el progreso de las costumbres e instituciones; finalmen\u00c2\u00acte, a trav\u00e9s del tiempo expresa, comunica y conserva en sus obras grandes experiencias espirituales y aspiraciones para que sirvan de provecho a muchos, e incluso a todo el g\u00e9nero humano\u00bb (GS 53).<\/p>\n<p>\tLa diversidad cultural de los pueblos<\/p>\n<p>\tPor ser la humanidad una misma en su origen y en su fin, toda cultura tiene valores comunes con otras culturas y valores peculiares que, de alguno modo, est\u00e1n en armon\u00ed\u00ada con los valores culturales de otros pueblos. Hay, pues, un denominador com\u00fan, una armon\u00ed\u00ada de valores peculiares y unos intercambios hist\u00f3ricos permanentes. Toda cultura se dirige hacia la verdad y el bien trascendentes y, por tanto, a una plenitud futura en Dios. Se puede constatar siempre una unidad fundamental de la familia humana. En la variedad y pluralismo, se intuye una comuni\u00f3n maravillosa que ahinca sus ra\u00ed\u00adces en la conciencia humana acerca de la verdad, del bien y del m\u00e1s all\u00e1.<\/p>\n<p>\tEn realidad, todas las culturas buscan un \u00abproyecto\u00bb sobre el hombre y sobre la sociedad; pero los enfoques depender\u00e1n de sus principios b\u00e1sicos respecto a la verdad y el bien lo inmediato y eficaz o lo trascendente, lo \u00fatil y placentero o lo verdadero y bueno, los bienes materiales o los bienes morales&#8230; Puesto que el ser humano \u00abno puede encontrar su propia plenitud, si no es en la entrega sincera de s\u00ed\u00ad mismo a los dem\u00e1s\u00bb (GS 24), los diferentes enfoques de las culturas tendr\u00e1n validez en la medida en que respeten la dignidad y libertad del hombre, creado para vivir en la verdad del amor, como persona y como miembro de la familia humana.<\/p>\n<p>\tLas culturas, en su aspecto religioso (de trascendencia), son tambi\u00e9n diferenciadas, seg\u00fan experiencias de relaci\u00f3n con Dios, manifestaciones de culto, deberes morales, organizaci\u00f3n de la comunidad, etc. Estos aspectos quedan tambi\u00e9n matizados por la psicolog\u00ed\u00ada, herencias y etapas hist\u00f3ricas, sectores geogr\u00e1ficos, evoluci\u00f3n del pensamiento y de las actitudes, cambios continuos, cruce de culturas con sus tensiones y rupturas&#8230;<\/p>\n<p>\tFe y cultura<\/p>\n<p>\tLas culturas religiosas han evolucionado a partir de la creaci\u00f3n y bajo la providencia divina. La fe cristiana no es una nueva cultura, sino el contenido de un nuevo don de Dios la encarnaci\u00f3n de su Hijo, Jesucristo, que se inserta en todos los pueblos y culturas. Por esto, la fe cristiana puede entrar en las culturas religiosas sin da\u00f1arlas, puesto que \u00abla gracia respeta la naturaleza, la cura de las heridas del pecado, la fortalece y la eleva\u00bb (Santo Tom\u00e1s I q.1,8; II, q.2,2). \u00abCristo y la Iglesia, que da testimonio de El por la predicaci\u00f3n evang\u00e9\u00c2\u00aclica, trascienden toda particularidad de raza y de naci\u00f3n, y por tanto nadie y en ninguna parte puede ser tenido como extra\u00c2\u00ac\u00f1o\u00bb (AG 8).<\/p>\n<p>\tEl encuentro del evangelio con las culturas, que es un proceso de \u00abinculturaci\u00f3n\u00bb, tiene lugar en valores que son comunes a todo el g\u00e9nero humano creado y redimido por Dios la verdad, el bien, la justicia, la libertad, la dignidad del hombre, la familia, la comunidad&#8230; Entonces toda cultura se abre al infinito, es decir, a la \u00abvida nueva\u00bb en Cristo, enviado por el Padre con la fuerza salv\u00ed\u00adfica de su Esp\u00ed\u00adritu de amor. \u00abTodo fue creado por \u00e9l y para \u00e9l, \u00e9l existe con anterioridad a todo, y todo tiene en \u00e9l su consistencia\u00bb (Col 1,16-17).<\/p>\n<p>Referencias Ciencia y fe, civilizaci\u00f3n del amor, conciencia, educaci\u00f3n, filosof\u00ed\u00ada, formaci\u00f3n, formaci\u00f3n intelectual, inculturaci\u00f3n, inserci\u00f3n, persona, postmodernidad, sociedad.<\/p>\n<p>Lectura de documentos GS 44, 53-62; EN 20, 63; RMi 37, 52-54; EV 85; Puebla 385-393; Santo Domingo, parte 2\u00c2\u00aa, cap. 3.<\/p>\n<p>Bibliograf\u00ed\u00ada H. BOURGEOIS, Le culture di fronte a Cristo (Roma, Borla, 1981); (Comisi\u00f3n Teol\u00f3gica Internacional), Fede e inculturazione La Civilt\u00ed\u00a0 Cattolica 140 (1989) 158-177 (ver parte I); H. CARRIER, Evangelio y culturas (Madrid, EDICE, 1988); Idem, Diccionario de la cultura (Estella, Verbo Divino, 1994); Y.M. CONGAR, Christianisme comme foi et comme culture, en Evangelizzazione e culture (Roma, Pont. Univ. Urbaniana, 1976) 83-103; C. FLORISTAN, Para comprender la evangelizaci\u00f3n (Estella, Verbo Divino, 1993); O. GONZALEZ DE CARDEDAL, La gloria del hombre. Reto entre una cultura de la fe y una cultura de la increencia ( BAC, Madrid, 1985); L.J. LUZEBETAK, L&#8217;Eglise et les cultures (Bruxelles, Lumen Vitae, 1968); S. PETSCHEN, Europa, Iglesia y patrimonio cultural ( BAC, Madrid, 1996; J.M. ROVIRA BELLOSO, Fe i cultura al nostre temps (Barcelona, Fac. Teologia de Cataluyna, 1987); B. SECONDIN, Mensaje evang\u00e9lico y culturas (Madrid, Paulinas, 1986).<\/p>\n<p>(ESQUERDA BIFET, Juan, Diccionario de la Evangelizaci\u00f3n,  BAC, Madrid, 1998)<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Evangelizaci\u00f3n<\/b><\/p>\n<p>Los primeros oficios.  (-> antropolog\u00ed\u00ada). Una parte considerable de la ex\u00e9gesis b\u00ed\u00adblica de los \u00faltimos decenios se ha venido moviendo  en un nivel de \u00abantropolog\u00ed\u00ada cultural\u00bb, utilizando para ello un amplio material comparativo, sobre todo desde la perspectiva del estudio de las instituciones y formas de vida del entorno del Mediterr\u00e1neo antiguo, para distinguirlas de las formas de vida del mundo germano o anglosaj\u00f3n del que proven\u00ed\u00adan la mayor parte de los exegetas anteriores. De esa manera, los nuevos exegetas quieren evitar el peligro de confusi\u00f3n cultural, que se ha dado siempre que han querido entender el mundo b\u00ed\u00adblico a partir de sus propias experiencias o visiones de la vida (como si su cultura fuera universal). Desde esta nueva perspectiva, se han podido poner m\u00e1s de relieve los elementos culturales de fondo que aparecen en el relato b\u00ed\u00adblico.<\/p>\n<p>(1) Ca\u00ed\u00adn y Abel. Agricultores y pastores. Conforme al relato de Gn 4, Ca\u00ed\u00adn era agricultor y Abel pastor, de manera que aparecen como representantes de los dos primeros tipos de cultura (trabajo y vida), desde la perspectiva del Mediterr\u00e1neo oriental, (a) La cultura de los pastores (como Abel) sigue estando en el fondo de toda la Biblia, y as\u00ed\u00ad la encontramos en los relatos del nacimiento de Jes\u00fas (Lc 2,15-20) y en varias par\u00e1bolas y relatos simb\u00f3licos de su evangelio (cf. Mt 25,32; Mc 6,34; Jn 10,11-16). (b) Cultura de agricultores y ciudadanos. Pero la Biblia en su conjunto no es libro de pastores sino de agricultores y ciudadanos.<\/p>\n<p>(2) La estirpe de Ca\u00ed\u00adn. Agricultura y ciudad. En su conjunto, la Biblia ha desarrollado m\u00e1s la l\u00ed\u00adnea cultural de Ca\u00ed\u00adn, vinculada con la agricultura y la ciudad: \u00abY conoci\u00f3 Ca\u00ed\u00adn a su mujer, la cual concibi\u00f3 y dio a luz a Henoc; y edific\u00f3 una ciudad, y llam\u00f3 el nombre de la ciudad con el nombre de su hijo, Henoc. Y a Henoc le naci\u00f3 Irad, e Irad engendr\u00f3 a Mehujael, y Mehujael engendr\u00f3 a Metusael, y Metusael engendr\u00f3 a Lamec. Y Lamec tom\u00f3 para s\u00ed\u00ad dos mujeres; el nombre de una fue Ada, y el nombre de la otra, Sila. Y Ada dio a luz a Jabal, el cual fue padre de los que habitan en tiendas y cr\u00ed\u00adan ganados. Y el nombre de su hermano fue Jubal, el cual fue padre de todos los que tocan arpa y flauta. Y Sila tambi\u00e9n dio a luz a Tubal-Ca\u00ed\u00adn, art\u00ed\u00adfice de toda obra de bronce y de hierro; y la hermana de Tubal-Ca\u00ed\u00adn fue Naama. Y dijo Lamec a sus mujeres: Ada y Sila, o\u00ed\u00add mi voz; Mujeres de Lamec, escuchad mi dicho: A un var\u00f3n matar\u00e9 si me hieren y a un joven matar\u00e9 si me golpean. Si siete veces ser\u00e1 vengado Ca\u00ed\u00adn, Lamec en verdad setenta veces siete lo ser\u00e1\u00bb (Gn 4,18-24). Perseguido por la sangre de su asesinato (cf. Gn 4,14), Ca\u00ed\u00adn busca la seguridad y, por eso, con el nombre de su hijo (Henoc), construye la primera ciudad, con lo que implica de instituciones defensivas (ej\u00e9rcito y murallas), econ\u00f3micas, sociales y religiosas, con mercados, sacerdotes y jueces (cf. Gn 4,17). Pues bien, la ciudad, maravilla de cultura, implica un salto cualitativo en la vida de los hombres. Ciertamente, ella evita unos riesgos de violencia (Ca\u00ed\u00adn y los suyos se protegen en sus muros), pero, al mismo tiempo, crea otros (necesita ej\u00e9rcito, polic\u00ed\u00adas&#8230;). De esa forma hemos pasado del para\u00ed\u00adso, que era un huerto extendido hacia toda la tierra (Gn 2-3), a la ciudad, como espacio compacto de vida pol\u00ed\u00adtica. La historia no est\u00e1 ya regulada por pastores y agricultores, sino por los habitantes de la ciudad, por Henoc, h\u00e9roe de leyenda. Se supone que la primera ciudad vive de la agricultura del entorno, de manera que los descendientes de Ca\u00ed\u00adn (que fue agricultor) podr\u00e1n interpretarse como agricultores reunidos en torno a un n\u00facleo urbano (en contra de Abel que era pastor).<\/p>\n<p>(3) Los oficios de los hijos de Ca\u00ed\u00adn. Pues bien, desde esta perspectiva de la ciudad y su hinterland o espacio de influjo ciudadano se interpretan ahora los restantes oficios de los nietos de Ca\u00ed\u00adn, vinculados con grupos que, estrictamente hablando, no pertenecen a la ciudad, pero que est\u00e1n vinculados con ella y son necesarios para su cultura. Estos son los grupos de los \u00abnietos de Ca\u00ed\u00adn\u00bb, hijos de Lamec, estrechamente vinculados por sus nombres (Jabal, Jubal, Tubal). (a) Jabal es el antepasado de los pastores n\u00f3madas, que no son ya simplemente aut\u00f3nomos como Abel, sino que forman un grupo o instituci\u00f3n social: habitan en tiendas, fuera de las instituciones ciudadanas, pero est\u00e1n en relaci\u00f3n con ellas, (b) Jubal es padre de los m\u00fasicos, que forman tambi\u00e9n una especie de tribu separada, especializada en celebrar la vida, en el plano de la fiesta y quiz\u00e1 de la religi\u00f3n, (c) Tubal(-Ca\u00ed\u00adn) es el padre de los forjadores de metales (hierro y  bronce), que sirven tambi\u00e9n para fines pac\u00ed\u00adficos pero que se emplean de un modo especial para la guerra. As\u00ed\u00ad aparece la complejidad de la cultura, que ha brotado del primer asesinato. Hay en esta divisi\u00f3n (ciudad y pastores, m\u00fasicos y metal\u00fargicos&#8230;) algo que es hermoso, como un abanico de vida; pero, al mismo tiempo, todo ese despliegue aparece como peligroso y fat\u00ed\u00addico. Las nuevas formas de vida cultural no nacen como signo de gratuidad, sino que derivan del deseo de violencia, como indica el canto de Lamec* (Gn 4,23-24), el padre de las tres nuevas formas culturales, vinculadas al dominio del hombre sobre las mujeres (y a la lucha de los hombres por mujeres). Esas culturas implican un sometimiento femenino, que se expresa por la poligamia impuesta, pues el matrimonio ya no se concibe como di\u00e1logo entre un var\u00f3n y una mujer, sino como imposici\u00f3n y dominio de un var\u00f3n sobre varias, a las que sujeta y defiende con su ley de venganza. Surge as\u00ed\u00ad el orden patriarcal, entendido como poder del var\u00f3n sobre las mujeres, del padre sobre los hijos. La ley ratifica el tali\u00f3n de venganza de los fuertes; la ciudad (o Estado) sirve para organizar la violencia, igual que el matrimonio. No hay posibles evasiones, ni en l\u00ed\u00adnea contracultural (pastores), ni art\u00ed\u00adstica (m\u00fasicos, literatos&#8230;), ni t\u00e9cnica (herreros&#8230;). Todo lo que el hombre construye es expresi\u00f3n de su violencia, en un mundo donde \u00e9l vive por gracia (porque Ca\u00ed\u00adn fue perdonado).<\/p>\n<p>Cf. V. H. MATTHEWS y D. E. BENJAM\u00ed\u008dN, Paralelos del Antiguo Testamento. Leyes y relatos del Antiguo Oriente B\u00ed\u00adblico, Sal Terrae, Santander 2004; J. B. PRITCHARD (ed.), La Sabidur\u00ed\u00ada del Antiguo Testamento, Garriga, Barcelona 1966, edici\u00f3n reducida de ANET: Ancient Near Eastem Texts Relating to the O\u00ed\u00add Testament, University of Princeton NJ 1950; M. QUESNEL y Ph. GRUSON (eds.), La Biblia y su cidtura I. Antiguo Testamento, Sal Terrae, Santander 2002.<\/p>\n<p>PIKAZA, Javier, Diccionario de la Biblia. Historia y Palabra, Verbo Divino, Navarra 2007<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de la Biblia Historia y Palabra<\/b><\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 es la cultura? Ante todo es un conjunto de tradiciones, de modos de hablar y de pensar, de situaciones ambientales y sociales, en las que vivimos. Aprendiendo y asimilando estas cosas, llegamos a pertenecer consciente y activamente a nuestra sociedad, nos \u00absocializamos\u00bb. Pero, para llegar a esto, la cultura no tiene que pasar por encima de las personas. M\u00e1s bien tiene que estimular su inteligencia y respetar y promover su libertad. La cultura tiene que tender a formar personas capaces de pensar por s\u00ed\u00ad mismas.  Una cultura aut\u00e9ntica no uniforma a las personas dentro de la sociedad sino que ayuda a cada uno a insertarse en ella con sus propios recursos originales, para que seamos capaces de criticar, mejorar y hacer progresar a la cultura y a la misma sociedad.  Esta forma din\u00e1mica y creativa de entender la cultura deber\u00ed\u00ada caracterizar a todas y cada una de las relaciones de la sociedad con las personas concretas. Sin embargo, creo que el lugar m\u00e1s adecuado en el que esto se produce deber\u00ed\u00ada ser precisamente la escuela. En la escuela, el alumno aprende la cultura y se instruye. Mediante los conocimientos, es decir, mediante el aprendizaje razonado y cr\u00ed\u00adtico de los hechos que componen su cultura, al alumno se le ayuda progresivamente a comprender el significado de los acontecimientos y, por tanto, recibe una luz preciosa para cultivar su inteligencia y orientar su libertad, a fin de que  pueda tomar decisiones libres y creativas incluso en situaciones de cambio y de transici\u00f3n cultural.<\/p>\n<p> Carlo Mar\u00ed\u00ada Martini, Diccionario Espiritual, PPC, Madrid, 1997<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Espiritual<\/b><\/p>\n<p>El concilio Vaticano II ha se\u00f1alado un giro real de la Iglesia en lo que se refiere a la cultura. Durante siglos se pudo verificar una clara divisi\u00f3n entre la cultura y la Iglesia, marcada por mutuas incomprensiones y  sospechas.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de la gran s\u00ed\u00adntesis medieval, que hab\u00ed\u00ada visto la presencia de los valores cristianos encarnados plenamente en la vida personal y social, estableci\u00e9ndose una \u00f3smosis equilibrada entre el Evangelio y la cultura, los siglos posteriores no fueron capaces de conservar este patrimonio. La cultura cristianamente inspirada se fue interpretando progresivamente como conservadora, y no como garant\u00ed\u00ada del progreso cient\u00ed\u00adfico, al que se asign\u00f3 el \u00fanico encargo de producir cultura. La separaci\u00f3n entre el Evangelio y la cultura, que Pablo VI defin\u00ed\u00ada como uno de los dramas de nuestra \u00e9poca (Evangelii nuntiandi, 20), tiene que superarse para trazar a la humanidad un camino rico en esperanza por un futuro mejor.<\/p>\n<p>No es simple definir la cultura, porque su definici\u00f3n supone va una inserci\u00f3n dentro de una expresi\u00f3n cultural particular. En el horizonte teol\u00f3gico se piensa en la cultura a la luz de la descripci\u00f3n dada por el concilio Vaticano II en la Constituci\u00f3n Gaudium et spes, es decir: \u00abtodo aquello con que el hombre afina o desarrolla las diversas facultades de su esp\u00ed\u00adritu y de su cuerpo, pretende someter a su dominio, con el conocimiento y el trabajo, incluso el orbe de la tierra; logra hacer m\u00e1s humana, mediante el progreso de costumbres e instituciones, la vida social, tanto en lo familiar como en todo el mecanismo civil; y, finalmente, consigue expresar, comunicar y conservar profundas experiencias y ambiciones espirituales en sus obras a lo largo de los tiempos, que puedan servir al beneficio de los dem\u00e1s, mejor dicho, de todo el g\u00e9nero humano\u00bb (GS 53).<\/p>\n<p>La cultura, en esta acepci\u00f3n, se con vierte en sin\u00f3nimo de civilizaci\u00f3n y consiste en alcanzar formas de vida que sean cada vez m\u00e1s personales. En la descripci\u00f3n del Vaticano II se advierte que el concepto de cultura no puede limitarse s\u00f3lo a la esfera de aumento material de los recursos de la humanidad, sino que comporta prioritariamente un progreso real de formas de existencia marcadas por el bien com\u00fan y por los principios \u00e9ticos fundamentales. Mediante la cultura, todos participan del progreso de la historia y de la sociedad, ya que imprime con su trabajo personal y con la explicitaci\u00f3n de sus dotes espirituales y humanas una orientaci\u00f3n que engendra desarrollo.<\/p>\n<p>La cultura se conjuga con diversos  aspectos de la fe cristiana: en primer lugar, con la fe misma, que es por su naturaleza una praxis de vida, que repercute en la vida de los individuos y de las comunidades, determinando su sentido; y en segundo lugar con la teolog\u00ed\u00ada, ya que permite la relaci\u00f3n con los diversos sistemas filos\u00f3ficos, fruto de la reflexi\u00f3n de la \u00e9poca que han marcado a las diversas ideolog\u00ed\u00adas y con las cuales se han ido relacionando diversamente las sociedades. La fe quiere participar en la din\u00e1mica de la cultura, introduciendo en ella los principios fundamentales que constituven un humanismo verdadero y global; por eso mismo se hablar\u00e1 de inculturaci\u00f3n del Evangelio. Por su parte, la fe recibe de las diversas culturas los actos reales mediante los cuales alcanza un conocimiento cada vez m\u00e1s profundo de la humanidad, de sus exigencias y de sus orientaciones; al mismo tiempo, se le ofrecen las provocaciones y los instrumentos capaces de comunicar plenamente al hombre de todas las \u00e9pocas y de diversas culturas el verdadero sentido del Evangelio.<\/p>\n<p>Puesto que las culturas est\u00e1n fuerte mente marcadas por la t\u00e9cnica y por el progreso cient\u00ed\u00adfico, la fe, por su parte, no deber\u00e1 fallar en el momento de indicar el sentido m\u00e1s amplio del verdadero progreso, que no puede limitarse solamente a las formas inmanentistas. De todas formas, un principio fundamental que el concilio ha confiado a los creyentes de hoy es el de la autonom\u00ed\u00ada de la ciencia y de la cultura, entendiendo por autonom\u00ed\u00ada no el desinter\u00e9s mutuo sino el reconocimiento de la complementariedad y de la diferencia de las metodolog\u00ed\u00adas que cada uno tiene que producir seg\u00fan sus propias competencias. De todas formas, la cultura y la fe, cuando tienden al fin \u00faltimo Y verdadero del hombre, no pueden \u00e9ntrar en conflicto; tienen que reconocerse mutuamente al menos sobre la base de esta aspiraci\u00f3n com\u00fan, que los pone al servicio del aut\u00e9ntico progreso duradero de la humanidad.<\/p>\n<p> R. Fisichella<\/p>\n<p> Bibl.: R. Maurer, Cultura, en CFF 1, 465 476; E. Chiavacci, Cultura, en DTI,&#8217; 11, 230240; R. Benedict, El hombre y la cultura, Madrid 1971; B. Caballero, Bases de la nueva evangelizaci\u00f3n, San Pablo, Madrid 1993; P Poupard, Iglesia y culturas, EDICEP, Valencia 1988; H. Cahier, Diccionario de la cultura, Verbo Divino. Estella 1994.<\/p>\n<p>PACOMIO, Luciano [et al.], Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico, Verbo Divino, Navarra, 1995<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico<\/b><\/p>\n<p>I. Definici\u00f3n<br \/>\nLa palabra c. viene del lat\u00ed\u00adn colere (= cultivar, cuidar, ennoblecer o mejorar), que se emplea exclusivamente en procesos de la naturaleza. En sentido traslaticio, el t\u00e9rmino c. significa una determinada manera de ser del mundo circundante que el hombre ha cambiado y configurado, y a la vez designa la correspondiente conducta activa del hombre que conduce a este cambio y configuraci\u00f3n. En los pa\u00ed\u00adses de lengua alemana se suele distinguir entre c. y civilizaci\u00f3n; y se entiende por civilizaci\u00f3n el campo cultural configurado por la t\u00e9cnica, que est\u00e1 al servicio de las necesidades externas de la vida y de los fines utilitarios. En este sentido, se entiende por civilizaci\u00f3n, encontraste con la c. originariamente creadora, una constituci\u00f3n de la sociedad determinada preferentemente por una actitud racional de cara a un conjunto de fines. Esta concepci\u00f3n no es compartida por los pueblos rom\u00e1nicos o latinos, que ven precisamente en la civilizaci\u00f3n el n\u00facleo de toda c.; seg\u00fan ellos la civilizaci\u00f3n es un conjunto de fen\u00f3menos sociales de forma variable. Este conjunto ostenta car\u00e1cter religioso, moral, est\u00e9tico, t\u00e9cnico o cient\u00ed\u00adfico y es propio de todos los grupos de la sociedad humana. Por eso se habla de las civilizaciones o culturas m\u00e1s distintas, hist\u00f3rica o geogr\u00e1ficamente limitadas; y consiguientemente aqu\u00ed\u00ad el concepto de civilizaci\u00f3n coincide con el de cultura. Aqu\u00e9l pone m\u00e1s de relieve el aspecto subjetivo, \u00e9ste el objetivo. Como la c. no existe bajo la forma de un estado del mundo, de los individuos o de la sociedad humana perfecto en todos los aspectos, sino \u00fanicamente bajo formas relativamente limitadas, s\u00f3lo puede hablarse de una cultura hist\u00f3ricamente dada o que acontece hist\u00f3ricamente.<\/p>\n<p>Esta manera de encontrarse el hombre con el mundo para crear una c, lo distingue del animal, que vive estrechamente ligado a su medio y en virtud de sus instintos permanece prisionero . dentro de un espacio de juego de su mundo firmamente perfilado, cuyos l\u00ed\u00admites no puede nunca rebasar. El hombre, inseguro en sus instintos a diferencia del animal, puede, por estar dotado de raz\u00f3n, traspasar el horizonte de su mundo natural, aun cuando de hecho est\u00e9 tambi\u00e9n ligado a los l\u00ed\u00admites de este mundo y permanezca prisionero de su finitud. Esta posibilidad metaf\u00ed\u00adsica, caracterizada como trascendencia, del pensamiento y de la voluntad humanos, que en principio no tienen l\u00ed\u00admites, culmina en la libertad del hombre, la cual es el resorte secreto de toda creaci\u00f3n cultural. La solicitud por el bienestar corporal, por el alojamiento, por una buena convivencia y una configuraci\u00f3n del ambiente digna de la naturaleza humana, empuja al hombre a salir de la ordenaci\u00f3n meramente finalista de este mundo e imprimirle su aspiraci\u00f3n hacia lo infinito, su inquietud que lo atormenta y hace a la vez feliz, la cual se explica por la insuficiencia de sus experiencias finitas; con lo cual el mundo cultural se convierte en un espejo de toda la vida del hombre. La c. aparece as\u00ed\u00ad como un destello de esta aspiraci\u00f3n superior del hombre en sus obras y en su propia creaci\u00f3n.<\/p>\n<p>II. Aspectos de la cultura<br \/>\nLa c. tiene un aspecto llamado objetivo, en el sentido de una obra lograda que procede de la creaci\u00f3n humana y que los hombres encuentran en medio de la historia como algo objetivamente configurado. Pero, como quiera que la c. en este sentido objetivo s\u00f3lo puede resultar eficazmente viva en relaci\u00f3n con el hombre, el aspecto subjetivo de la c. como tal jam\u00e1s puede aislarse del aspecto objetivo, bien sea en cuanto acto creador, bien en cuanto acto de continuaci\u00f3n y recepci\u00f3n. Ambos aspectos pertenecen a la cultura viva. La formaci\u00f3n como c, subjetiva no es posible sin la presencia hist\u00f3rica de los valores formativos o de los bienes objetivos de la c. Ni la c. objetiva como suma de los valores culturales, ni la c. subjetiva como formaci\u00f3n de individuos o grupos es algo que descanse en s\u00ed\u00ad mismo o que exista para s\u00ed\u00ad mismo. Ambos aspectos de la c. est\u00e1n insertos en la corriente de tradiciones hist\u00f3ricas (-> tradici\u00f3n), cuya vida y muerte dependen del logro o fracaso en esta relaci\u00f3n rec\u00ed\u00adproca entre c. objetiva y subjetiva. Tambi\u00e9n los usos y costumbres son factores de la creaci\u00f3n de la c., y su tendencia ascendente o descendente puede medirse por la altura de una c. determinada, a condici\u00f3n, sin embargo, de que se tenga presente la viveza de la mentada relaci\u00f3n reciproca. Porque es innegable que hay fen\u00f3menos de decadencia moral dentro de c. objetivamente altas, que no son ya, sin embargo, subjetivamente realizadas.<\/p>\n<p>El crecimiento y progreso de la c. humana tiene sus limites en la condici\u00f3n hist\u00f3rica de la vida del hombre. La meta infinita de la aspiraci\u00f3n humana siempre se manifiesta solamente en una situaci\u00f3n hist\u00f3rica, cuyas posibilidades culturales son limitadas en todo momento. Cada generaci\u00f3n se comporta frente al conjunto de la tradici\u00f3n cultural de tal manera que realiza una selecci\u00f3n de lo transmitido. Esta selecci\u00f3n se hace por regla general pol\u00e9micamente. En efecto, una generaci\u00f3n empieza por rechazar lo que la generaci\u00f3n precedente ten\u00ed\u00ada por valioso, pues partiendo de su nueva posici\u00f3n descubre posibilidades que todav\u00ed\u00ada no ha dominado, y s\u00f3lo despliega sus fuerzas para la ulterior evoluci\u00f3n si excluye u olvida lo anterior (&#8211;> revoluci\u00f3n). Por este curso de la evoluci\u00f3n cultural podemos comprender que a lo largo de los siglos se den repeticiones y que el curso de la c. no sea ni mucho menos rectil\u00ed\u00adneamente progresivo (&#8211;> renacimiento, restauraci\u00f3n).<\/p>\n<p>La c. es por su naturaleza un fen\u00f3meno social, aun cuando su actualizaci\u00f3n s\u00f3lo sea posible a trav\u00e9s del individuo, a trav\u00e9s del encuentro espiritual con el otro. Naturalmente este encuentro supone ya un mundo cultural objetivo, que se halla en las m\u00e1s varias tradiciones, p. ej., un lenguaje ya muy desarrollado, en general un medio cultural objetivo, cierto estado de c. humana de car\u00e1cter personal y objetivo. Este proceso hist\u00f3rico de encuentro cultural se pone siempre en movimiento por iniciativa de individuos, que constituyen una minor\u00ed\u00ada selecta y crean un espacio espiritual, dentro del cual se entusiasman una y otra vez otros individuos y dentro del cual los pueblos hallan su patria espiritual. El que una minor\u00ed\u00ada selecta logre actuar su aspiraci\u00f3n, supone que su mundo circundante le deja el espacio que necesita para asegurar la duraci\u00f3n y consistencia de la cultura.<\/p>\n<p>La solidaridad, llena a la vez de tensiones, entre c. y poder hace comprensible que todos los gu\u00ed\u00adas pol\u00ed\u00adticos hayan intentado una y otra vez lograr la unidad cultural de sus pueblos o de los pueblos en general, imponi\u00e9ndola incluso por la fuerza. M\u00e1s o menos todas las guerras fueron llevadas a cabo como cruzadas culturales contra la \u00abbarbarie\u00bb. Pero precisamente el intento de imponer la c. por la mera fuerza aparece como una contradicci\u00f3n interna con la esencia de la c., pues \u00e9sta, a pesar de la disposici\u00f3n y del esfuerzo espirituales que exige, propiamente no puede imponerse. La c. necesita un espacio de libertad espiritual, que el Estado tiene el deber fundamental de conceder y mantener; y s\u00f3lo dentro de ese espacio el eros espiritual es capaz de acci\u00f3n igualmente espiritual. Si se toma la c. como expresi\u00f3n de la vida espiritual de un pueblo, se ve en seguida que en la c. siempre se refleja solamente un estado relativo de este movimiento, y esto tanto bajo el aspecto objetivo &#8211; en el caudal fijo de determinados bienes culturales-, como bajo el aspecto subjetivo, en el grado de vitalidad del respectivo estado de formaci\u00f3n de un pueblo. Sin la correspondencia viva de ambos elementos una c. amenaza con caer o morir, como a la inversa el mantenimiento de la altura de una determinada c. y sobre todo su crecimiento van de la mano con la formaci\u00f3n de un pueblo. El individuo encuentra este proceso bajo la forma de tradiciones, por las que se siente llamado a tomar \u00e9l mismo posici\u00f3n con relaci\u00f3n a los bienes culturales, apropi\u00e1ndoselos personalmente. Seg\u00fan la amplitud y la densidad de esta apropiaci\u00f3n el hombre conocer\u00e1 y podr\u00e1 interpretar la historia de sus antepasados. La historia como conocimiento del propio pasado y la c. est\u00e1n en una relaci\u00f3n rec\u00ed\u00adproca.<\/p>\n<p>La llamada c. objetiva, tal como se expresa en las distintas tradiciones hist\u00f3ricas, suele cristalizar institucionalmente. Es como el lecho fluvial que se ha formado la corriente viva de la c. en una fluencia secular. Pero as\u00ed\u00ad como el lecho s\u00f3lo tiene sentido juntamente con la corriente viva, igualmente la c. institucionalizada s\u00f3lo lo tiene junto con la corriente viva de los sujetos culturales que crean libremente. La c. no es solamente obra de la inteligencia y de la voluntad, sino que lleva tambi\u00e9n originariamente la marca de otros impulsos de naturaleza totalmente distinta, como el &#8211;> juego. El juego no es s\u00f3lo un asunto de la edad infantil, sino que permanece el alma de todo crear consciente, en la ciencia, en la t\u00e9cnica y sobre todo en el arte, en la filosof\u00ed\u00ada y en la religi\u00f3n. Donde s\u00f3lo impera la finalidad como parece acontecer cada vez m\u00e1s en la actual forma de vida racionalizada, all\u00ed\u00ad se le quita a la voluntad literalmente el espacio de juego, y &#8216;tambi\u00e9n, por ese mismo hecho, se sustrae toda posibilidad al elemento creador que es esencial a la cultura.<\/p>\n<p>Con ello queda tambi\u00e9n expresado que la c. s\u00f3lo tiene lugar donde existe todav\u00ed\u00ada el ocio. Aqu\u00ed\u00ad hay que entender por ocio, a diferencia del mero tiempo libre, el acto de aquella libertad interior que debe cultivar y mantener en s\u00ed\u00ad mismo el hombre para que sus aspiraciones no queden subyugadas por los fines inmediatos, y \u00e9l mantenga libre su mirada para lo que est\u00e1 por encima del provecho inmediato y del \u00e9xito pr\u00e1ctico. Este ocio es el fruto del recogimiento del esp\u00ed\u00adritu, es el espacio interior de la libertad, que permanece cerrado e ineficaz siempre que el hombre se deja arrastrar por las cosas inmediatas de la vida sin entrar nunca en s\u00ed\u00ad mismo.<\/p>\n<p>Este esfuerzo por mantener los presupuestos de la c. no puede ser cuesti\u00f3n \u00fanicamente del individuo, hoy tanto menos cuanto que el individuo, mirado exteriormente, est\u00e1 inserto en un \u00abproceso\u00bb de creaci\u00f3n, que tal vez a\u00fan le deja libertad exterior, pero lo incapacita cada vez m\u00e1s para hacer uso creador de esta libertad.<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad como el ocio est\u00e1 en relaci\u00f3n esencial con la c., del mismo modo el &#8211;>culto religioso como forma de expresi\u00f3n de la comunidad est\u00e1 en la cuna de toda evoluci\u00f3n cultural. Ya muy tempranamente se encuentran a este prop\u00f3sito testimonios en la historia de la humanidad. Es de notar en la referencia espiritual entre culto y c. que, aun en las formas de expresi\u00f3n del hombre con fuerza creadora, que ponen de manifiesto su condici\u00f3n de criatura respecto del creador, entran en juego muchas m\u00e1s cosas que meras fuerzas racionales. Aqu\u00ed\u00ad tropezamos con el poder simb\u00f3lico de la creaci\u00f3n y convivencia humanas, que son tan decisivas, m\u00e1s all\u00e1 de lo actual, no s\u00f3lo para el mundo del arte, sino tambi\u00e9n para el mundo de los usos y costumbres. La fuente de estas formas de intuici\u00f3n sensible est\u00e1 en la libertad del hombre, que es imagen de la libertad creadora de Dios.<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad, no puede caber duda de que en la religi\u00f3n, en que el hombre se pone a disposici\u00f3n de Dios, se encuentra uno de los hontanares m\u00e1s esenciales de la cultura. La afirmaci\u00f3n de que la religi\u00f3n y la c. se obstaculizan, se debe a una falsa concepci\u00f3n de ambas. El hombre que en su actitud religiosa deja puesto en su vida sobre todo para Dios, el que consiguientemente se esfuerza por mantener la actitud de libertad, con ello tambi\u00e9n deja puesto para la configuraci\u00f3n espiritual de su mundo y posibilita as\u00ed\u00ad el libre encuentro, no s\u00f3lo de los mundos culturales, sino tambi\u00e9n de los hombres y de los pueblos. La religi\u00f3n, eso s\u00ed\u00ad, desemnascara una determinada representaci\u00f3n de la c., a saber, la idea de que la recta referencia del hombre a la c. radica para \u00e9l en consumir la mayor suma posible de bienes culturales, idea a la que hoy d\u00ed\u00ada f\u00e1cilmente le induce la t\u00e9cnica, pues \u00e9sta ofrece sin dificultad al hombre actual un n\u00famero inmenso de tales bienes. Mas lo decisivo para la vida efectiva de una c. es, no la suma existente de valores culturales objetivos, por muy altos que sean estos valores, sino lo que el hombre hace con ellos para s\u00ed\u00ad mismo y para sus semejantes.<\/p>\n<p>III. Unidad y variedad de las culturas<br \/>\nHoy d\u00ed\u00ada se habla mucho de la necesidad del encuentro de las culturas en inter\u00e9s de la pac\u00ed\u00adfica comunidad de los pueblos. No raras veces, detr\u00e1s de esta intenci\u00f3n de suyo buena, se esconde la ilusi\u00f3n o la secreta ambici\u00f3n de unir o forzar a la humanidad bajo el signo de una c. mundial. Esta aspiraci\u00f3n se basa en la idea err\u00f3nea de que la c. puede hacerse u organizarse, idea que puede despertar en el pol\u00ed\u00adtico la tentaci\u00f3n de clasificar y subordinar a los hombres seg\u00fan un esquema disponible. La unidad y la paz de los pueblos en el sentido de la c. suponen, empero, precisamente la conservaci\u00f3n de la variedad y diversidad de los mundos espirituales. La unidad y la libertad se cumplen cuando cada pueblo se esfuerza por respetar y entender la diversidad del otro. Esta necesidad de respetar la riqueza creadora de lo individual en el esp\u00ed\u00adritu de los pueblos y personas particulares es tambi\u00e9n ley de la propaganda cultural entre grupos particulares. No es l\u00ed\u00adcito confundir el espacio de acci\u00f3n del poder en su lucha contra la incultura con el trabajo cultural propiamente dicho. Tampoco es l\u00ed\u00adcito identificar la simplemente organizaci\u00f3n del trabajo cultural con este mismo. Por muy buena que sea la organizaci\u00f3n permanecer\u00e1 infecunda en relaci\u00f3n con la conservaci\u00f3n y fomento de la c., si no est\u00e1 animada por el respeto a la aut\u00e9ntica libertad personal, que es el hontanar primero de la vida creadora.<\/p>\n<p>En este contexto hay que hablar de la relaci\u00f3n entre c. y t\u00e9cnica, tema en que deben considerarse dos puntos de vista. En cuanto la t\u00e9cnica ofrece al hombre un espacio mayor de libertad y quiere contribuir a la pac\u00ed\u00adfica convivencia entre los hombres, pasa ella misma a ser factor cultural. En este aspecto no se distingue de cualesquiera otras actuaciones humanas, que pueden estar informadas por la cultura. Pero la t\u00e9cnica en el sentido de una organizaci\u00f3n m\u00e1s racional de la comunicaci\u00f3n humana puede tambi\u00e9n ser reclamada para el servicio de la transmisi\u00f3n de la c. En tal caso se forma frecuentemente la ilusi\u00f3n de que con ayuda de una difusi\u00f3n m\u00e1s r\u00e1pida y perfeccionada de los bienes culturales, se le presta a la c. misma el m\u00e1ximo servicio. Se trata de un sofisma tanto m\u00e1s peligroso cuanto que parejo procedimiento puede cabalmente tener efecto destructor de la c. misma. S\u00f3lo cuando se hace a la vez algo en favor de la disposici\u00f3n y apertura originarias de los hombres para los aut\u00e9nticos valores culturales, puede ayudar algo al hombre la transmisi\u00f3n t\u00e9cnica de estos valores. Si no se ha creado este presupuesto, da\u00f1a m\u00e1s que aprovecha inundar sectores enteros del pueblo con valores culturales objetivos. Pero precisamente la creaci\u00f3n del presupuesto correspondiente es la que menos puede lograrse t\u00e9cnicamente. Este misterioso proceso de maduraci\u00f3n humana y de apertura cultural siempre se realiza tan s\u00f3lo en el m\u00e1s \u00ed\u00adntimo espacio del encuentro humano. Si este espacio creador se destruye o se restringe, como acontece una y otra vez en todos los sistemas totalitarios, se ciega la fuente de toda creaci\u00f3n y recepci\u00f3n cultural.<\/p>\n<p>IV. Crisis culturales y sus razones<br \/>\nTales procesos de crisis tienen frecuentemente lugar en la sucesi\u00f3n de pueblos o generaciones que, por raz\u00f3n de cambios y desplazamientos en el mundo de las experiencias \u00ed\u00adntimas, condicionados por trastornos pol\u00ed\u00adticos o sociales, no llegan ya a entenderse; la imagen del mundo y del hombre hasta entonces vigente es puesta en tela de juicio, y la expectaci\u00f3n de lo venidero se vuelve con apasionamiento a las ideas nuevas. Lo mismo acontece despu\u00e9s de luchas violentas entre pueblos de diversas culturas. En este caso, o se logra una s\u00ed\u00adntesis entre lo viejo y lo nuevo, o la c. superior de un pueblo desplaza la del otro y entonces la c. que sale victoriosa no siempre es la del vencedor. Tambi\u00e9n el encuentro entre religi\u00f3n y c. raras veces se realiza sin crisis.<\/p>\n<p>La historia de la c., que versa sobre el curso hist\u00f3rico y las crisis de las distintas c., estudia las leyes del crecimiento y del cambio de las c. en las distintas formas sociales, y considera cada vez m\u00e1s el cambio de las estructuras sociales de los sujetos de la c. El hecho de que la libertad sea la fuente de toda c., significa hist\u00f3ricamente que esta libertad s\u00f3lo se torna concreta en el supuesto de que los hombres gocen de cierta medida de libertad pol\u00ed\u00adtica y econ\u00f3mica. Originariamente s\u00f3lo los ciudadanos libres eran sujetos de la c., mientras los esclavos estaban pr\u00e1cticamente excluidos de ella. La historia hace ver una y otra vez c\u00f3mo los pueblos o las capas populares oprimidos y esclavizados se conquistan por las revoluciones derechos iguales a entrar tambi\u00e9n ellos activamente en la historia de la c.; c\u00f3mo estos pueblos derriban sistemas pol\u00ed\u00adticos o econ\u00f3micos porque est\u00e1n persuadidos de que ellos les cierran el camino de la libertad y, por ende, el de la c. En la era industrial y democr\u00e1tica (-> industrialismo) en que vivimos, se ha hecho ley universalmente reconocida que todos los valores culturales deben hacerse accesibles a todos, y que todos tienen te\u00f3ricamente los mismos derechos pol\u00ed\u00adticos y econ\u00f3micos. Pero este mundo organizado en forma igualitaria no puede conocer ni estimar el distinto grado de prestaci\u00f3n, y menos todav\u00ed\u00ada el orden espiritual de rangos en que deber\u00ed\u00ada reflejarse la diferencia en el grado de libertad interior como fuente primera de toda c. En este hecho inextinguible de la diferencia de prestaci\u00f3n y jerarqu\u00ed\u00ada espiritual se expresa el &#8211;> orden de la libertad, que debe ser mantenido, protegido y favorecido por el orden pol\u00ed\u00adtico y econ\u00f3mico. Este orden interior de la libertad es cabalmente el alma de la cultura. Donde se viola este orden, estallan crisis.<\/p>\n<p>La c. es un todo que no puede situarse como algo objetivo junto a otro o dividirse en sus partes. As\u00ed\u00ad como la presencia del alma o de la vida en un organismo se reconoce por el hecho de que esta complicad\u00ed\u00adsima estructura funciona arm\u00f3nicamente como un todo, as\u00ed\u00ad tambi\u00e9n la ausencia de cualquier funci\u00f3n dentro del complej\u00ed\u00adsimo organismo total de la historia de la humanidad significa siempre un riesgo para la c.<\/p>\n<p>La evoluci\u00f3n de la c. se realiza en la .historia parte org\u00e1nicamente, parte por erupci\u00f3n revolucionaria, seg\u00fan la manera como se produce el encuentro entre los grupos humanos y entre los pueblos particulares. Aqu\u00ed\u00ad pueden distinguirse numerosos estadios, algunos de los cuales se aproximan a las etapas culturales primitivas, y otros a las llamadas culturas superiores. Nunca ha habido un estado puramente natural del hombre. Ya respecto de la primera fabricaci\u00f3n de instrumentos por obra del hombre, se ve que en los estadios iniciales de la humanidad el espacio de juego del impulso creador del hombre va m\u00e1s all\u00e1 de lo puramente utilitario. Todas las teor\u00ed\u00adas culturales que pasan por alto este hecho fundamental, se pierden en especulaciones unilaterales y abandonan el terreno de la realidad. Para la relaci\u00f3n entre Iglesia y c., cf. &#8211;> Iglesia y mundo.<\/p>\n<p>Robert Scherer<\/p>\n<p>K. Rahner (ed.),  Sacramentum Mundi. Enciclopedia Teol\u00cf\u0192gica, Herder, Barcelona 1972<\/p>\n<p><b>Fuente: Sacramentum Mundi Enciclopedia Teol\u00f3gica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>[870] Conjunto de todas las formas de pensar y vivir que un grupo humano logra con el cultivo de la inteligencia: conocimientos, informaciones, juicios, usos, productos art\u00ed\u00adsticos, leyes y relaciones. 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