{"id":10392,"date":"2016-02-05T07:26:31","date_gmt":"2016-02-05T12:26:31","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/dei-verbum\/"},"modified":"2016-02-05T07:26:31","modified_gmt":"2016-02-05T12:26:31","slug":"dei-verbum","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/dei-verbum\/","title":{"rendered":"DEI VERBUM"},"content":{"rendered":"<p>[071]<\/p>\n<p>    Constituci\u00f3n dogm\u00e1tica del Concilio Vaticano sobre la divina revelaci\u00f3n. Del 14 al 21de Noviembre de 10962 se discutieron sus planteamientos en el Concilio. Rechazado el primer texto, fue de nuevo analizado otro documento propuesto entre el  20 y el 22 de Septiembre de 1965, siendo aprobada el  29 de Octubre del mismo y conformado el 18 de Noviembre por 2.344 votos a favor y 6 en contra<\/p>\n<p>Pedro Chico Gonz\u00e1lez, Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00ed\u00ada Religiosa, Editorial Bru\u00f1o, Lima, Per\u00fa 2006<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00eda Religiosa<\/b><\/p>\n<p>(v. Escritura, inspiraci\u00f3n, Magisterio, Palabra de Dios, revelaci\u00f3n, Vaticano II)<\/p>\n<p>(ESQUERDA BIFET, Juan, Diccionario de la Evangelizaci\u00f3n,  BAC, Madrid, 1998)<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Evangelizaci\u00f3n<\/b><\/p>\n<p>SUMARIO<br \/>\nI. Historia:<br \/>\n1. El esquema \u00abDe fontibus revelationis\u00bb;<br \/>\n2. El texto de la \u00abcomisi\u00f3n mixta\u00bb;<br \/>\n3. Elaboraci\u00f3n del nuevo texto (R. Fisichella);<br \/>\nII. Comentario:<br \/>\n1. El Vaticano II y la \u00abDei Verbum\u00bb;<br \/>\n2. Cambio de perspectiva<br \/>\n3. La econom\u00ed\u00ada de la revelaci\u00f3n;<br \/>\n4. La centralidad de Jesucristo revelador;<br \/>\n5. La fe, respuesta a la revelaci\u00f3n (R. Latourelle).<\/p>\n<p>I. Historia<br \/>\nNo es arriesgado afirmar que la constituci\u00f3n dogm\u00e1tica Dei Verbum es el documento m\u00e1s caracter\u00ed\u00adstico del concilio Vaticano II, al menos en el sentido de que abarca todo el lapso de su preparaci\u00f3n y celebraci\u00f3n. Con este documento el concilio ha tratado ampliamente los grandes temas de la fe cristiana, proponiendo de ellos una lectura que representa al mismo tiempo un progreso en la ense\u00f1anza dogm\u00e1tica y una nueva presentaci\u00f3n de la misma a nuestros contempor\u00e1neos.<\/p>\n<p>El presente art\u00ed\u00adculo reconoce la doble deuda que tiene contra\u00ed\u00adda con el primer art\u00ed\u00adfice de la DV, el padre Umberto Betti. En efecto, a \u00e9l se debe la primera publicaci\u00f3n de una serie de documentos y de textos (que sirvieron a la comisi\u00f3n teol\u00f3gica preparatoria y a la comisi\u00f3n doctrinal del concilio) que dan a conocer la g\u00e9nesis y la reconstrucci\u00f3n de las fases fundamentales de la constituci\u00f3n; as\u00ed\u00ad pues, sus art\u00ed\u00adculos y sus textos representan la primera fuente que aqu\u00ed\u00ad seguimos, adem\u00e1s de la consulta de las Acta et documenta y de las Acta Synodalia. Debemos adem\u00e1s expresar nuestra gratitud por el largo, fructuoso y simp\u00e1tico encuentro que hemos mantenido con el mismo Betti, durante el cual sus recuerdos personales y sus indicaciones sobre algunos hechos y personas han constituido otra fuente muy preciosa, para la redacci\u00f3n de este art\u00ed\u00adculo.<\/p>\n<p>La larga odisea de la DV comienza con la consulta preconciliar de 1959 y acaba con su promulgaci\u00f3n el 18,de noviembre de 1965, veinte d\u00ed\u00adas antes de la conclusi\u00f3n del concilio. El tiempo empleado en la elaboraci\u00f3n del documento no fue, ciertamente, vano; su contenido incide tan decisivamente en la fe que, para la Iglesia, todo depende de este acontecimiento central: su fe y su obrar s\u00f3lo tienen sentido en la medida en que reflejan la adhesi\u00f3n plena a la palabra revelada de Dios.<\/p>\n<p>El movimiento que se hab\u00ed\u00ada llegado a crear en torno a la doctrina sobre la divina revelaci\u00f3n puede describirse como la fase que intentaba hacerla pasar de su estado de fermento, que&#8217;era caracter\u00ed\u00adstico del per\u00ed\u00adodo preconciliar, al estado de plena maduraci\u00f3n. El trabajo que hab\u00ed\u00ada que realizar era el de corresponder a la exigencia de una armonizaci\u00f3n entre los contenidos de siempre, irrenunciables para la fe, y los elementos nuevos y los lenguajes m\u00e1s coherentes con la nueva situaci\u00f3n hist\u00f3rica de la Iglesia.<\/p>\n<p>Para la econom\u00ed\u00ada de este art\u00ed\u00adculo bastar\u00e1 indicar las tres fases principales que marcan las etapas determinantes de la composici\u00f3n de la DV.<\/p>\n<p>1. EL ESQUEMA \u00abDE FONTIBUS REVELATIONIS\u00bb. Juan XXIII, tras manifestar el 25 de enero de 1959 su intenci\u00f3n de convocar el concilio, nombra el d\u00ed\u00ada 17 de mayo de aquel a\u00f1o una comisi\u00f3n antepreparatoria, presidida por el cardenal secretario de Estado, Domenico Tardini, con la tarea de \u00abtomar los oportunos contactos con el episcopado cat\u00f3lico de las diversas naciones para obtener de ellos consejos y sugerencias; recoger las propuestas formuladas por los sagrados dicasterios de la curia romana; trazar las l\u00ed\u00adneas generales de los temas que tratar en el concilio, o\u00ed\u00addo adem\u00e1s el parecer de las facultades teol\u00f3gicas y can\u00f3nicas de las universidades cat\u00f3licas\u00bb (Acta et Documenta Concilio Oecumenico Vaticano 11 apparando, series 1, vol. 1, Ciudad del Vaticano 1960, 23). Comienza con ello una consulta de car\u00e1cter universal que nunca se hab\u00ed\u00ada realizado anteriormente.<\/p>\n<p>Entre los temas mayores que se propusieron entonces para la tarea conciliar se reservaba una atenci\u00f3n especial al problema de la \u00abnaturaleza de la revelaci\u00f3n\u00bb, de la \u00abmodalidad de transmisi\u00f3n de la revelaci\u00f3n\u00bb y de la \u00abrelaci\u00f3n entre el magisterio y la palabra de Dios\u00bb: La comisi\u00f3n teol\u00f3gica preparatoria (formada por siete miembros: Tromp, Piolanti, Garofalo, Ciappi, Gagnebet, Burth, Bali\u00e9, m\u00e1s dos consultores, Staffa y Philippe, la presid\u00ed\u00ada el cardenal Ottaviani, siendo nombrado secretario el padre S. Tromp, profesor de apolog\u00e9tica en la Universidad Gregoriana) se apresur\u00f3 a realizar una cierta sistematizaci\u00f3n de un tema tan complejo, haciendo redactar un esbozo de esquema o resumen como primera plataforma de trabajo.<\/p>\n<p>Este texto llevaba el expresivo t\u00ed\u00adtulo de Schema compendiosum Constitutionis de fontibus revelationis. Enviado a los miembros de la comisi\u00f3n teol\u00f3gica, no sufri\u00f3 particulares retoques. Para darle un conveniente desarrollo, el 27 de octubre de 1960 se constituy\u00f3 una subcomisi\u00f3n interna, presidida por monse\u00f1or Garofalo, encargada de elaborar un esquema sobre las fuentes de la revelaci\u00f3n.<\/p>\n<p>El 23 de junio del a\u00f1o siguiente estaba ya preparado el texto del Schema y, tras una revisi\u00f3n a cargo de la comisi\u00f3n teol\u00f3gica, fue enviado al examen y a la aprobaci\u00f3n de la comisi\u00f3n central el 14 de octubre de 1961. Se hicieron numerosas enmiendas al texto propuesto; finalmente, el Schema fue aprobado por la comisi\u00f3n central el 22 de junio de 1962, y todo el Schema Constitutionis dogmaticae de fontibus revelationis fue finalmente aprobado por Juan XXIII el 13 de julio de dicho a\u00f1o, siendo enviado luego a los padres conciliares para su discusi\u00f3n en el aula conciliar.<\/p>\n<p>El 14 de noviembre de 1962 el Schema sobre las fuentes de la revelaci\u00f3n fue afrontado por el concilio. A este prop\u00f3sito hay que observar que los padres estaban entrando ya en el clima de aggiornamento que el Papa hab\u00ed\u00ada querido establecer desde su discurso inaugural del 11 de octubre como el mejor fruto del concilio, y que la discusi\u00f3n del documento sobre la renovaci\u00f3n lit\u00fargica estaba ya produciendo sus primeros resultados. Esto permite comprender por qu\u00e9 era un tanto precario el escenario en que ven\u00ed\u00ada a colocarse nuestro documento.<\/p>\n<p>Hay que a\u00f1adir a ello otro hecho: previamente se les hab\u00ed\u00ada presentado a los padres otros tres esquemas, que constitu\u00ed\u00adan de suyo otros tantos textos en competencia con el documento oficial. El primero hab\u00ed\u00ada sido elaborado por el Secretariado para la unidad de los cristianos, con la aportaci\u00f3n decisiva de Stakemeier y de Feiner; el segundo, preparado con una incre\u00ed\u00adble rapidez, fue redactado por K. Rahner bajo el patrocinio de las conferencias episcopales austriaca, belga, francesa, holandesa y alemana, y ten\u00ed\u00ada por t\u00ed\u00adtulo De revelatione Dei el hominis in Jesu Christo facta; el tercero era un. folio redactado por el padre Congar con el t\u00ed\u00adtulo De Traditione el Scriptura.<\/p>\n<p>Con estos precedentes, era natural que el cardenal Ottaviani, en su presentaci\u00f3n oficial del documento, acudiese a tonos fuertemente pol\u00e9micos en defensa del Schema elaborado por la comisi\u00f3n teol\u00f3gica. De todas formas, la relaci\u00f3n fue le\u00ed\u00adda por monse\u00f1or Garofalo, que procur\u00f3 presentar el documento con la intenci\u00f3n de salvar lo salvable; pero la cuesti\u00f3n que se planteaba era precisamente \u00e9sta: \u00bfqu\u00e9 es lo que puede salvarse todav\u00ed\u00ada? Los padres actuaron con libertad y el ambiente empez\u00f3 a caldearse. Algunos, influidos por los textos competitivos, consideraban el Schema absolutamente inaceptable; otros, para salvar la correcci\u00f3n en las formas, prefer\u00ed\u00adan destacar las lagunas y hablaban de la necesidad de una transformaci\u00f3n radical del mismo.<\/p>\n<p>Las motivaciones que llevaban a repudiar el Schema apuntaban especialmente al primer cap\u00ed\u00adtulo. Se destacaba la impropiedad y el equ\u00ed\u00advoco del lenguaje \u00abdoble fuente\u00bb, que aparec\u00ed\u00ada con una frecuencia casi obsesiva; pero, sobre todo, se demostraba que esta formulaci\u00f3n llevaba a consecuencias doctrinales que ve\u00ed\u00adan la Escritura y la tradici\u00f3n como fuentes independientes la una de la otra. En una palabra, se criticaba la l\u00ed\u00adnea asumida por la comisi\u00f3n, ya que equival\u00ed\u00ada a una opci\u00f3n teol\u00f3gica unilateral sin justificaci\u00f3n alguna.<\/p>\n<p>El ataque masivo al Schema se parec\u00ed\u00ada mucho a una aut\u00e9ntica agresi\u00f3n; las voces cr\u00ed\u00adticas que se levantaron en la bas\u00ed\u00adlica de San Pedro constitu\u00ed\u00adan ya de suyo un rechazo del texto. De todas formas, se lleg\u00f3 a la votaci\u00f3n y se present\u00f3 la petici\u00f3n de voto con una f\u00f3rmula un tanto ins\u00f3lita. Textualmente s\u00e9les preguntaba a los padres \u00absi hay que interrumpir la discusi\u00f3n del esquema de la constituci\u00f3n dogm\u00e1tica sobre las fuentes de la revelaci\u00f3n\u00bb. Por la pregunta no llegaba a comprenderse si la suspensi\u00f3n de la discusi\u00f3n equival\u00ed\u00ada al rechazo del Schema o si solamente se suspend\u00ed\u00ada el debate en el aula, en espera de momentos m\u00e1s oportunos, pero sin rechazar el esquema propuesto.<\/p>\n<p>El resultado de la votaci\u00f3n, comunicado el 20 de noviembre, fue el siguiente: de 2.209 votantes, hubo 1.368 placet, 822 non placet y 19 votos nulos; faltaban 115 votos para la mayor\u00ed\u00ada. Por tanto, no se hab\u00ed\u00ada alcanzado jur\u00ed\u00addicamente el yuorum de los dos tercios, necesario para rechazar el esquema, pero la continuaci\u00f3n del debate se ve\u00ed\u00ada fuertemente comprometida. La minor\u00ed\u00ada no habr\u00ed\u00ada logrado hacer que se aprobara un texto que rechazaba la mayor\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>Fue la prudencia de Juan XXIII la que ahorr\u00f3 al concilio d\u00ed\u00adas m\u00e1s dif\u00ed\u00adciles. Hizo retirar con su autoridad el documento hasta que no quedara radicalmente enmendado.<\/p>\n<p>2. EL TEXTO DE LA \u00abCOMISI\u00ed\u201cN MIXTA\u00bb. La remodelaci\u00f3n radical del Schema se puso en manos, por decisi\u00f3n del Papa, de una comisi\u00f3n especial. Formaban parte de ella los miembros de la comisi\u00f3n doctrinal y los del Secretariado para la unidad de los cristianos, con otros consultores y cardenales de designaci\u00f3n pontificia. Por esta forma de composici\u00f3n, la comisi\u00f3n fue designada precisamente como \u00abmixta\u00bb; fueron nombrados presidentes los cardenales Ottaviani y Bea, y secretarios el padre Tromp y monse\u00f1or Willebrands.<\/p>\n<p>Para proceder m\u00e1s expl\u00ed\u00adcitamente, la comisi\u00f3n se subdividi\u00f3 en cinco subcomisiones, correspondientes a los cinco cap\u00ed\u00adtulos del Schema que hab\u00ed\u00ada que rehacer. La comisi\u00f3n lleg\u00f3 a un primer acuerdo general: 1) ante todo, se modificaba el t\u00ed\u00adtulo en la estructura fundamental del nuevo documento, que se convert\u00ed\u00ada en De divina revelatione; 2) se optaba por la redacci\u00f3n de un \u00abproemio\u00bb con la finalidad de poner en evidencia la doctrina sobre la revelaci\u00f3n; 3) se aceptaba el cambio de t\u00ed\u00adtulo del primer cap\u00ed\u00adtulo, que de ser De duplici fonte revelationis pasaba a ser: De Verbo Dei revelato.<\/p>\n<p>El primer paso adelante que dio la comisi\u00f3n mixta fue el de evitar la cuesti\u00f3n sobre la mayor excedencia objetiva de la tradici\u00f3n respecto a la Escritura; en efecto, sobre este problema la comisi\u00f3n se ve\u00ed\u00ada apoyada en el placet del Papa, que hab\u00ed\u00ada intervenido para aprobar una f\u00f3rmula compuesta por el cardenal Browne y monse\u00f1or Parente. Por tanto, la verdadera discusi\u00f3n se centr\u00f3 en dos puntos: el proemio y el primer cap\u00ed\u00adtulo. En primer lugar, se se\u00f1alaba la prisa en la composici\u00f3n y la falta de coherencia con el resto del documento; en segundo lugar, adem\u00e1s de la espinosa cuesti\u00f3n de la relaci\u00f3n Escrituratradici\u00f3n, se examin\u00f3 m\u00e1s directamente la relaci\u00f3n del dep\u00f3sito revelado con la Iglesia en general y con el magisterio en particular.<\/p>\n<p>La estructura del nuevo Schema, que pas\u00f3 a la comisi\u00f3n de coordinaci\u00f3n, fue aprobada el 27 de marzo de 1963 y enviada a los padres conciliares para que expresasen sus juicios sobre el mismo.<\/p>\n<p>De todas formas, el texto que se presentaba era m\u00e1s bien un punto de partida que de llegada; incluso una sumaria lectura mostraba inmediatamente ciertas malformaciones cong\u00e9nitas, determinadas por los diversos compromisos que se hab\u00ed\u00adan alcanzado durante la redacci\u00f3n. El nuevo texto acababa descontentando a todos y no dejaba de suscitar cierto sufrimiento incluso en los mejor intencionados. Por eso fue un bien que no encontrase sitio en las discusiones del segundo per\u00ed\u00adodo del concilio (29 de septiembre-4 diciembre de 1963) para evitar nuevos sinsabores. Los juicios de los padres conciliares, que fueron numerosos, llevaban a concluir que el Schema propuesto por la comisi\u00f3n mixta habr\u00ed\u00ada de sufrir ulteriores remodelaciones e innovaciones, aun sin separarse de la estructura fundamental que se le hab\u00ed\u00ada dado; pero esto sonaba m\u00e1s como un nuevo rechazo del texto que como una aprobaci\u00f3n del mismo. Se asomaba en el horizonte una soluci\u00f3n radical: la de un arrinconamiento definitivo de la constituci\u00f3n sobre la revelaci\u00f3n. Esta hip\u00f3tesis, que habr\u00ed\u00ada perjudicado gravemente al concilio, movi\u00f3 a algunos padres del episcopado italiano y franc\u00e9s a pedir que, en el caso de que esto se llevara a cabo, al menos sus puntos centrales entrasen en el documento sobre la Iglesia. Pero el peligro pudo conjurarse.<\/p>\n<p>Con esta finalidad, el 7 de marzo de 1964 se constituy\u00f3, dentro de la comisi\u00f3n doctrinal, una subcomisi\u00f3n compuesta de siete padres (Charue, Florit, Barbado, Pelletier, van Dodewaard, Heuschen y Butler) y 19 peritos (Betti, Castellino, Cerfaux, Colombo -que aquel mismo d\u00ed\u00ada fue nombrado obispo-, Congar, Gagnebet, Garofalo, Grillmeier, Kerrigan, Moeller, Prignon, Rahner, Ram\u00ed\u00adrez, Rigaux, Shauf, Semmelroth, Smulders, Turrado; luego se a\u00f1adieron Ratzinger y van den Eynde); la presidencia se le confi\u00f3 a monse\u00f1or Charue, y fue nombrado secretario el padre U. Betti.<\/p>\n<p>3. ELABORACI\u00f3N DEL NUEVO TEXTO. Fueron los peritos los que soportaron, en gran parte, el peso del trabajo de la subcomisi\u00f3n: ten\u00ed\u00adan la dura tarea de concordar las diversas observaciones que les llegaban de los diversos padres y de las diferentes conferencias episcopales para amalgamarlas en un texto que fuera expresi\u00f3n de todo el concilio.<\/p>\n<p>El nuevo documento comprend\u00ed\u00ada un proemio, que ten\u00ed\u00ada la finalidad de dar un tono pastoral a todo el esquema, y seis cap\u00ed\u00adtulos: \u00ab1) De ipsa revelatione; 2) De divinae revelationis transmissione; 3) De sacrae Scripturae divina inspiratione et interpretatione; 4) De Vetere Testamento; 5) De Novo Testamento; 6) De sacra Scriptura in vita Ecclesiae\u00bb. Todo ello parec\u00ed\u00ada corresponder a las expectativas del concilio.<\/p>\n<p>Pablo VI inauguraba el tercer per\u00ed\u00adodo del concilio el 14 de septiembre de 1964; los padres se hab\u00ed\u00adan acostumbrado ya al debate, que, en muchos aspectos, era \u00fanico en su g\u00e9nero.<\/p>\n<p>La discusi\u00f3n de nuestro documento dur\u00f3 una semana entera: desde la 91.11 congregaci\u00f3n a la 95.a (30 de septiembre-6 de octubre). Se desarroll\u00f3 en dos tiempos, en consonancia con las dos partes del Schema: primero, el proemio y los dos primeros cap\u00ed\u00adtulos; luego, los cuatro restantes. El relator de la primera parte fue monse\u00f1or E. Florit, arzobispo de Florencia; pero tambi\u00e9n se le concedi\u00f3 voz a la minor\u00ed\u00ada mediante la relaci\u00f3n de monse\u00f1or Franig, obispo de Spalato; el relator de la segunda parte fue el obispo de Harlem, monse\u00f1or J. van Dodewaard.<\/p>\n<p>El juicio de los padres conciliares fue ampliamente positivo; las observaciones hechas tanto por escrito como en las intervenciones del aula fueron luego atentamente valoradas por los peritos de la subcomisi\u00f3n. De todas formas, el resultado fue el que ve\u00ed\u00ada el texto cuidadosamente reformado, pero no deformado; su alcance general y su forma estructural segu\u00ed\u00adan siendo esencialmente los de antes.<\/p>\n<p>Este texto, denuo emendatus, fue entregado de nuevo a los padres para ser sometido a votaci\u00f3n en el cuarto per\u00ed\u00adodo del concilio. En este momento les era posible a los padres emitir un triple juicio: placet, non placet o placet juxta modum. En virtud de esta \u00faltima expresi\u00f3n se hac\u00ed\u00adan nuevas correcciones a los textos, pero sin alterar el texto base. Si se piensa que el n\u00famero total de los placet juxta modum fue de 1.498 para todo el documento, se puede comprender el trabajo que tuvo que realizar el peque\u00f1o grupo de peritos para acoger las \u00faltimas observaciones de los padres en el documento final.<\/p>\n<p>El esquema cuidadosamente enmendado y prudentemente calibrado pod\u00ed\u00ada afrontar con toda seguridad la \u00faltima prueba en la congregaci\u00f3n general, la 155.x, fijada para el 29 de octubre. Se estaba ya en la \u00faltima etapa, que consist\u00ed\u00ada en la aprobaci\u00f3n de las enmiendas aportadas a las diversas partes del texto. Los padres respondieron con una votaci\u00f3n casi un\u00e1nime de aceptaci\u00f3n del documento; el resultado fue el siguiente: 2.115 votantes, 2.081 placet, 27 non placet, siete nulos. El esquema aprobado entraba en posesi\u00f3n de todos los requisitos para pasar definitivamente al aula conciliar.<\/p>\n<p>Su promulgaci\u00f3n se fij\u00f3 para la sesi\u00f3n p\u00fablica del 18 de noviembre de 1965, la octava del concilio.<\/p>\n<p>La votaci\u00f3n final dio un resultado casi plebiscitario: 2.350 votantes, 2.344 placet, seis non placet.<\/p>\n<p>Con la firma al pie del sucesor de Pedro y de todos los padres presentes, el documento sobre la divina revelaci\u00f3n, que hab\u00ed\u00ada conocido unas vicisitudes tan complejas que obligaron a hacer al menos seis redacciones diversas y que hab\u00ed\u00ada ido pasando por todas las etapas del concilio, se convert\u00ed\u00ada ahora en una constituci\u00f3n dogm\u00e1tica. Los contenidos salientes se expresaban ahora en los mismos t\u00ed\u00adtulos de sus seis cap\u00ed\u00adtulos tras el Proemium: \u00ab1. De ipsa revelatione; 2) De divinae revelationis transmissione; 3) De sacrae Scripturae divina inspiratione et de ejus interpretatione; 4) De Vetere Testamento; 5) De Novo Testamento; 6) De sacra Scriptura in vita Ecclesiae\u00bb.<\/p>\n<p>De este modo, otro documento entraba a formar parte para siempre del patrimonio de la ense\u00f1anza cat\u00f3lica. Sus consecuencias no innovadoras, pero renovadoras para siempre, s\u00f3lo podr\u00e1n verse y calibrarse con el correr de los a\u00f1os. Lo. cierto es que esta constituci\u00f3n entra en aquel n\u00famero de actos del concilio que hicieron decir a Pablo VI, aquel mismo d\u00ed\u00ada 18 de noviembre, que eran el comienzo de muchas cosas nuevas para la vida de la Iglesia.<\/p>\n<p>BIBL.: Acta et documenta Concilio oecumenico Vaticano Ilapparando, Ciudad del Vaticano 1960-1971; Acta synodalia sacrosancti Concil\u00fc oecumenici Vaticani II, Ciudad del Vaticano 1970-1978; Bern U&#8217;., Cronistoria delta costituzione dogmatica Bulla divina rivelazione, en AA. V V., Commento al\u00ed\u00ada costituzione dogmatica Bulla divina rivelazione, Mil\u00e1n 1966, 33-67; In, Storia delta costituzione dogmatica \u00abDei Verbum\u00bb; en AA. V V., Storia delta costituzione dogmatica Bulla divina rivelazione, Tur\u00ed\u00adn 1967, 1368 In!~L~a rivelazione divina nella Chiesa, Roma 1970; IIONZALEZ Ruiz N., Historia de la constituci\u00f3n \u00abDei Verbum\u00bb; en AA.VV., Comentarios a la constituci\u00f3n \u00abDei Verbum\u00bb; Barcelona 1969, 3-35; AA.VV., La revelaci\u00f3n divina I-II, Barcelona 1970.<\/p>\n<p>II. Comentario<br \/>\n1. EL VATICANO II Y LA \u00abDEI VERBUM\u00bb. Tras el per\u00ed\u00adodo de p\u00e1nico, de freno y de estancamiento que representa la crisis modernista, la constituci\u00f3n Dei Verbum del Vaticano II se parece a una brisa de aire puro, que llega de lejos y disipa la oscuridad. El paso a una concepci\u00f3n personalista, hist\u00f3rica y cristoc\u00e9ntrica de la revelaci\u00f3n constituye una especie de revoluci\u00f3n copernicana frente a la concepci\u00f3n extrinsecista, atemporal, nocional que hab\u00ed\u00ada prevalecido has ta mediados del siglo xx.<\/p>\n<p>No es que fuera f\u00e1cil este paso, sino todo lo contrario. En efecto, la Dei Verbum, una de las primeras constituciones presentadas a la discusi\u00f3n de los padres conciliares, fue una de las \u00faltimas en ser votada. Y antes de esta aprobaci\u00f3n conoci\u00f3 muchas resistencias, se enfrent\u00f3 con muchas tempestades y puede decirse que se libr\u00f3 de un naufragio. El texto definitivo, votado por la asamblea el 27 de octubre de 1965 y aprobado casi por unanimidad, representa la quinta redacci\u00f3n oficial. En el plano doctrinal, la Dei Verbum es el documento-fuente de la obra conciliar, la clave hermen\u00e9utica de todos los de m\u00e1s textos. En el plano ecum\u00e9nico, no puede exagerarse su importancia. Nuestra intenci\u00f3n no es, evidentemente, rehacer aqu\u00ed\u00ad la historia de los es quemas que precedieron a la vota ci\u00f3n definitiva, sino tan s\u00f3lo conside rar los puntos que conciernen a la revelaci\u00f3n. An\u00e1lisis tanto m\u00e1s im portante cuanto que es la primera vez que un concilio estudia de forma sistem\u00e1tica esta realidad primera y fundamental del cristianismo en su naturaleza y en sus rasgos espec\u00ed\u00adficos. Omnipresente en la vida cristiana y en el discurso teol\u00f3gico, ha sido; sin R. Fisichella embargo, la \u00faltima en ser estudiada: Lo mismo ocurre en filosof\u00ed\u00ada, con las nociones de existencia, de acci\u00f3n y de conocimiento. Vivimos esas reali dades antes de convertirlas en objeto de una reflexi\u00f3n cr\u00ed\u00adtica.<\/p>\n<p>En nuestra exposici\u00f3n, el primer cap\u00ed\u00adtulo de la DV nos servir\u00e1 de marco general. Pondremos de relieve los puntos m\u00e1s destacados que representan un car\u00e1cter de novedad en relaci\u00f3n con los documentos precedentes.<\/p>\n<p>2. CAMBIO DE PERSPECTIVA. a) A diferencia del Vaticano 1, que habla primero de la revelaci\u00f3n de Dios por la creaci\u00f3n y luego de la revelaci\u00f3n hist\u00f3rica, el Vaticano II invierte la perspectiva y empieza por la revelaci\u00f3n personal del Dios de la salvaci\u00f3n en Jesucristo: es un primer gran plano, es decir, una visi\u00f3n sobre el explicante antes de atender a lo inexplicado. El concilio, despu\u00e9s de afirmar el hecho de la revelaci\u00f3n, declara que se trata esencialmente de una iniciativa de Dios, pura gracia, lo mismo que toda la obra de la salvaci\u00f3n por otra parte: \u00abSe nos ha aparecido la vida eterna, que estaba junto al Padre\u00bb (DV 1). \u00abQuiso Dios revelarse\u00bb (DV 2). \u00abDios se dirige a los hombres y conversa con ellos\u00bb (DV 2). \u00abDios envi\u00f3 a su Hijo, el Verbo eterno\u00bb, para dar a conocer a los hombres \u00ablas profundidades de la vida divina\u00bb (DV 4). La revelaci\u00f3n escapa a toda exigencia y a toda constricci\u00f3n por parte del hombre. Que el Dios invisible y esp\u00ed\u00adritu puro haya decretado de este modo revelarse al hombre en una econom\u00ed\u00ada de carne y de lenguaje se debe a su imprevisible amor. Epifan\u00ed\u00ada de Dios en Jesucristo (DV 4), la revelaci\u00f3n es luz vertical sobre el misterio de Dios y sobre el destino del hombre (DV 2). No es el hombre el que constituye el p\u00e1rametro de Dios y le dicta las formas de su acci\u00f3n, sino la palabra de Dios la que invita a \u00abla obediencia de la fe\u00bb (DV 5): Conven\u00ed\u00ada recordar al hombre contempor\u00e1neo que el cristianismo no es una forma m\u00e1s noble de humanismo, sino un don de Dios. Obra de amor, la revelaci\u00f3n procede \u00abde la bondad y de la sabidur\u00ed\u00ada de Dios\u00bb (DV 2). El Vaticano II recoge aqu\u00ed\u00ad los t\u00e9rminos del Vaticano I, pero poniendo en primer plano la bondad de Dios y luego su sabidur\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>b) Para definir el objeto de la revelaci\u00f3n, el concilio recurre abundantemente a las categor\u00ed\u00adas b\u00ed\u00adblicas, especialmente a las de san Pablo. En vez de hablar, como el Vaticano 1, de \u00abdecretos\u00bb de la voluntad divina, utiliza el t\u00e9rmino paulino de \u00abmisterio\u00bb (sacramentum). Dios \u00abse revela a s\u00ed\u00ad mismo y da a conocer el misterio de su voluntad\u00bb (Ef 1,8; DV 2). En el n\u00famero 6 el concilio sigue diciendo: \u00abPor la revelaci\u00f3n divina, Dios ha querido manifestarse y comunicarse a s\u00ed\u00ad mismo\u00bb. La revelaci\u00f3n es a la vez automanifestaci\u00f3n y autodonaci\u00f3n de Dios en persona. Al revelarse, Dios se da, La intenci\u00f3n evidente del concilio es personalizar la revelaci\u00f3n: antes de dar a conocer algo, a saber su designio de salvaci\u00f3n, es Dios mismo el que se manifiesta. El designio de Dios, en el sentido del misterio de san Pablo, es que \u00ablos hombres, por Cristo, Verbo hecho carne, accedan al Padre en el Esp\u00ed\u00adritu Santo y se hagan participantes de la vida divina\u00bb (DV 2). El designio divino; expresado en t\u00e9rminos de relaci\u00f3n interpersonal, incluye los tres principales misterios del cristianismo: la Trinidad, la encarnaci\u00f3n y la gracia. La revelaci\u00f3n es esencialmente revelaci\u00f3n de personas: la revelaci\u00f3n de la vida de las tres personas divinas, la revelaci\u00f3n del misterio de la persona de Cristo, la revelaci\u00f3n de nuestra vida de hijos adoptivos del Padre. La revelaci\u00f3n aparece as\u00ed\u00ad en su dimensi\u00f3n trinitaria. Esta descripci\u00f3n del objeto de la revelaci\u00f3n en su triple car\u00e1cter, personalista, trinitario, cristoc\u00e9ntrico, confiere al texto una riqueza, una resonancia, que contrastan con la formulaci\u00f3n del Vaticano I, que consigui\u00f3 hablar de la revelaci\u00f3n sin mencionar expl\u00ed\u00adcita y directamente a Cristo, sino s\u00f3lo a trav\u00e9s de una referencia a la ep\u00ed\u00adstola a los Hebreos.<\/p>\n<p>c) Despu\u00e9s de afirmar la existencia y el objeto de la revelaci\u00f3n, el concilio precisa su naturaleza: \u00abEn esta revelaci\u00f3n, Dios invisible (cf Col 1,15; 1Tim 1,17), movido de amor, habla a los hombres como amigos (cf Ex 33,11; Jn 15,14-15) y trata con ellos (cf Bar 3,38) para invitarlos y admitirlos a compartir su propia vida\u00bb (DV 2). Para definir la revelaci\u00f3n, el concilio mantiene, pues, la analog\u00ed\u00ada de la palabra, omnipresente en el AT y en el NT, en la tradici\u00f3n patr\u00ed\u00adstica y medieval y en los documentos del magisterio. La palabra es esa forma superior de intercambio entre seres inteligentes, por la que una persona se dirige a otra con vistas a una comunicaci\u00f3n; los t\u00e9rminos que utiliza (accesum habere, consortes fieri, alloqui, conversar\u00c2\u00a1, invitare, suscipere) van todos en el sentido de un di\u00e1logo en orden a un encuentro: realidades que alcanzan una dimensi\u00f3n insospechada cuando la palabra de Dios, en persona, asume la carne y el lenguaje del hombre en Jesucristo, Verbo de Dios hecho hombre entre los hombres y que trata con ellos. Por la Palabra, la trascendencia se hace proximidad. Estas analog\u00ed\u00adas de la palabra y del encuentro no deben tratarse a la ligera, como simple intento humano entre muchos de traducir lo inefable. A1 contrario, se trata de analog\u00ed\u00adas reveladas, basadas en la encarnaci\u00f3n, asumidas por los textos inspirados y que, por tanto, han de escrutarse dentro mismo de la revelaci\u00f3n que las transmite. La revelaci\u00f3n inaugura entre Dios y los hombres un di\u00e1logo que atraviesa los siglos. Por la palabra es como se inaugura la visi\u00f3n: del escuchar al creer, y luego al ver.<\/p>\n<p>d) Si Dios se revela, es para invitar a los hombres a una comuni\u00f3n de vida con \u00e9l y para \u00abadmitirlos a compartir su propia vida\u00bb (DV 2). Esta es la \u00abfinalidad\u00bb de la revelaci\u00f3n. Obra de amor, la revelaci\u00f3n persigue un proyecto de amor (ex abundantia caritatis&#8230;, tamquam amigos&#8230;, ut ad societatem secum). Si Dios entra en comunicaci\u00f3n con el hombre y lo inicia en el misterio de su vida \u00ed\u00adntima, es con vistas a una participaci\u00f3n y a una comuni\u00f3n en esa vida. El concilio multiplica los vocablos y las sugerencias de la Escritura para hacernos comprender que la revelaci\u00f3n es manifestaci\u00f3n de la agape de Dios.<\/p>\n<p>3. LA ECONOM\u00ed\u008dA DE LA REVELACi\u00f3N. La analog\u00ed\u00ada de la palabraencuentro, que sirve para representar la revelaci\u00f3n, no dice todav\u00ed\u00ada nada de la \u00abdisposici\u00f3n\u00bb concreta adoptada por Dios para entrar en un trato personal con el hombre; en efecto, son numerosas las formas de comunicar entre las personas (gestos, acciones, palabras, im\u00e1genes, s\u00ed\u00admbolos, signos articulados o gr\u00e1ficos, etc\u00e9tera). Por tanto, pertenece a la inteligencia de la revelaci\u00f3n describir su econom\u00ed\u00ada. Dirigi\u00e9ndose al hombre, ser de carne y esp\u00ed\u00adritu, inserto en la duraci\u00f3n del tiempo, Dios trat\u00f3 con \u00e9l por los caminos de la historia y de la encarnaci\u00f3n. Es la primera vez que un documento del magisterio extraordinario describe as\u00ed\u00ad la econom\u00ed\u00ada de la revelaci\u00f3n en su ejercicio concreto y en esa fase activa que la trae a la existencia. Tambi\u00e9n en este punto el Vaticano 11 supera al Vaticano 1, que describe la revelaci\u00f3n como una acci\u00f3n vertical que desemboca en una doctrina, pero sin rozar apenas la historia. El Vaticano 11; al describir la econom\u00ed\u00ada de la revelaci\u00f3n como realiz\u00e1ndose por la acci\u00f3n conjugada de \u00abobras y palabras \u00ed\u00adntimamente unidos entre s\u00ed\u00ad\u00bb, se distancia de dos concepciones unilaterales de la revelaci\u00f3n: la primera, representada por W. Pannenberg (Offenbarung als Geschichte, Gotinga 1961), que reduce la revelaci\u00f3n a la trama opaca de los acontecimientos, sacrificando pr\u00e1cticamente los verba, que los interpretan y declaran su sentido aut\u00e9ntico; la segunda, com\u00fan en la teolog\u00ed\u00ada cat\u00f3lica preconciliar, que ten\u00ed\u00ada una tendencia invencible a confundir la revelaci\u00f3n-palabra con la revelaci\u00f3n por discurso articulado, reduciendo as\u00ed\u00ad la revelaci\u00f3n a una gnosis superior. El concilio, al recurrir al binomio gesta-verba, expresa el car\u00e1cter englobante de la revelaci\u00f3n. Acontecimientos e interpretaci\u00f3n, obras y palabras, forman un todo org\u00e1nico e indisociable: econom\u00ed\u00ada que alcanza su cima en Cristo, Verbo&#8230; hecho carne&#8230;, que habita entre nosotros. Observemos inmediatamente que gesta tiene una resonancia m\u00e1s personalista que facta: encuentra adem\u00e1s su equivalente en el binomio cercano opera el verba: las obras y las palabras emanan siempre de un centro personal (DV 2 y 4). Estos gestos u obras de Dios son, por ejemplo, en el AT, el \u00e9xodo, la alianza, el establecimiento de la realeza, el destierro y la cautividad, la restauraci\u00f3n; en el NT son las acciones de la vida de Jes\u00fas, concretamente su predicaci\u00f3n, sus milagros, sus ejemplos, su pasi\u00f3n. Las palabras son las palabras de Mois\u00e9s y de los profetas que interpretan los gesta de Dios en la historia; son tambi\u00e9n las palabras de Jes\u00fas, que declara el sentido de sus propias acciones; son, finalmente, las palabras de los ap\u00f3stoles, testigos e int\u00e9rpretes de la vida de Cristo.<\/p>\n<p>El concilio explica a continuaci\u00f3n, brevemente, c\u00f3mo las obras y las palabras son interdependientes y est\u00e1n al servicio unas de las otras. \u00abLas obras que Dios realiza en la historia de la salvaci\u00f3n manifiestan y confirman la doctrina y las realidades que las palabras significan\u00bb. As\u00ed\u00ad, la liberaci\u00f3n del yugo egipcio manifiesta la intervenci\u00f3n del Dios poderoso y salvador, pero al mismo tiempo confirma la promesa hecha por Dios a Mois\u00e9s de salvar a su pueblo; la curaci\u00f3n del paral\u00ed\u00adtico manifiesta la fuerza liberadora de Cristo y confirma a la vez la palabra del Hijo del hombre que pretende perdonar los pecados; la resurrecci\u00f3n de Cristo manifiesta su poder soberano sobre la vida y la muerte, pero al mismo tiempo confirma la verdad de su testimonio y la realidad de su misi\u00f3n como hijo del Padre, que ha venido a salvar a los hombres del pecado y de la muerte. A su vez, \u00ablas palabras proclaman y explican su misterio\u00bb (DV 2). Es cierto que los acontecimientos y las acciones tienen ya una rica carga de inteligibilidad: as\u00ed\u00ad, la liberaci\u00f3n de un pueblo, una curaci\u00f3n, son ya \u00absignificantes\u00bb. Pero las obras y los acontecimientos est\u00e1n siempre amenazados de ambig\u00fcedad, de interpretaci\u00f3n parcial o equ\u00ed\u00advoca: las palabras tienen la misi\u00f3n de disipar esta ambig\u00fcedad y de descubrir el sentido aut\u00e9ntico, la profundidad misteriosa querida por Dios. El sentido del acontecimiento madura en la palabra. Sin la palabra de Mois\u00e9s, que interpreta en nombre de Dios la emigraci\u00f3n de Israel como una liberaci\u00f3n con vistas a una alianza, \u00bfse habr\u00ed\u00ada distinguido ese acontecimiento de tantas otras migraciones, todav\u00ed\u00ada m\u00e1s masivas, que tuvieron lugar en el curso de la historia? Sin Mois\u00e9s, el acontecimiento no estar\u00ed\u00ada cargado de esa plenitud de sentido que lo convierte en el fundamento de la religi\u00f3n de Israel. En el NT, si es verdad que los gestos de misericordia de Cristo expresan admirablemente su amor a la humanidad, su muerte es capaz de recibir interpretaciones diversas: es la palabra de Cristo, prolongada en la de los ap\u00f3stoles, la que nos descubre la dimensi\u00f3n inaudita de esa muerte y propone a nuestra fe el acontecimiento mismo y su alcance salv\u00ed\u00adfico. Los acontecimientos est\u00e1n pre\u00f1ados de una inteligibilidad religiosa que las palabras tienen la misi\u00f3n de proclamar e iluminar.<\/p>\n<p>Es evidente que esta uni\u00f3n \u00ed\u00adntima de obras y de palabras es de orden estructural y no cronol\u00f3gico. A veces se da una simultaneidad entre el acontecimiento y la palabra, pero otras veces el acontecimiento precede o sigue a la palabra. Observemos adem\u00e1s que la proporci\u00f3n de obras y de palabras puede ser muy variable. En los libros hist\u00f3ricos predominan los acontecimientos, mientras que en los sapienciales y en el serm\u00f3n de la monta\u00f1a es la palabra la que domina. Al insistir en las obras y las palabras como elementos constitutivos de la revelaci\u00f3n, el concilio subraya su car\u00e1cter hist\u00f3rico y sacramental. Dios interviene en la historia y declara el sentido de su intervenci\u00f3n; act\u00faa y comenta su acci\u00f3n. Esta estructura general de la revelaci\u00f3n, afirmada por el concilio en cuatro ocasiones (DV 2.4..14.17), basta para distinguirla de cualquier otra forma de conocimiento: filos\u00f3fico, m\u00ed\u00adtico, metatemporal o metaespacial.<\/p>\n<p>Por est\u00e1 revelaci\u00f3n resplandece ante nuestros ojos, en Cristo, la verdad profunda sobre Dios y sobre el hombre. En efecto, en Cristo se nos ha revelado qui\u00e9n es Dios, a saber: Padre, que nos ha creado y que nos ama como hijos; Hijo y Palabra, que nos invita a una comuni\u00f3n de vida con la Trinidad; Esp\u00ed\u00adritu, que vivifica y santifica. Tambi\u00e9n en Cristo se nos ha revelado la verdad del hombre, llamado a hacerse hijo adoptivo del Padre en Cristo. Este car\u00e1cter antropol\u00f3gico de la revelaci\u00f3n se expresa todav\u00ed\u00ada con mayor relieve en la constituci\u00f3n Gaudium el spes: \u00abEn realidad, el misterio del hombre no s\u00e9 ilumina m\u00e1s que en el misterio de Cristo\u00bb (GS 22). Es por Cristo, \u00abmediador y plenitud de la revelaci\u00f3n\u00bb, coyio el hombre llega a comprenderse y a superarse. Cristo es el hombre nuevo (GS 22), el hombre perfecto, el \u00fanico capaz de hacer al hombre m\u00e1s humano (GS 41).<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de considerar la revelaci\u00f3n en su estructura interna, el concilio la considera en su desarrollo hist\u00f3rico. La DV distingue una doble manifestaci\u00f3n de Dios: la primera, por la que Dios da a los hombres un \u00abtestimonio permanente\u00bb de su existencia, .est\u00e1 inscrita en el universo creado por \u00e9l (Rom 1,19-20). Esta manifestaci\u00f3n de Dios no recibe en el concilio el nombre de \u00abrevelaci\u00f3n\u00bb, t\u00e9rmino que es ya t\u00e9cnico para designar la revelaci\u00f3n hist\u00f3rica, sino el de \u00abtestimonio\u00bb de Dios sobre s\u00ed\u00ad mismo: sobre su existencia, su poder, su majestad, que se dirige a todos los hombres. Si queremos a toda costa conservar el t\u00e9rmino \u00abrevelaci\u00f3n\u00bb para designar este testimonio de la existencia de Dios, podr\u00ed\u00adamos hablar de revelaci\u00f3n \u00abc\u00f3smica\u00bb, a fin de distinguirla de la revelaci\u00f3n \u00abhist\u00f3rica\u00bb.<\/p>\n<p>Si el concilio no precisa la relaci\u00f3n que existe entre estas dos manifestaciones de Dios, declara; sin embargo,. que el mismo Dios que se manifest\u00f3 a los hombres por su Verbo creador es tambi\u00e9n el que, \u00abqueriendo adem\u00e1s abrir el camino de la salvaci\u00f3n superior, se revel\u00f3 desde el principio a nuestros primeros padres\u00bb: es decir, por una revelaci\u00f3n hist\u00f3rica, puntual (DV 3). Al hablar de la revelaci\u00f3n c\u00f3smica como de un testimonio sobre s\u00ed\u00ad mismo y de la revelaci\u00f3n hist\u00f3rica como de un camino de salvaci\u00f3n sobrenatural, el texto nos autoriza a pensar que, en el \u00e1nimo de los padres conciliares, el testimonio de la existencia de Dios y su reconocimiento por parte de los hombres es tambi\u00e9n un camino de salvaci\u00f3n, aunque parcial, inacabado, en espera de una manifestaci\u00f3n superior de Dios, a saber: de un orden sobrenatural.<\/p>\n<p>La verdad es que la revelaci\u00f3n, en sentido estricto, comienza con la revelaci\u00f3n hist\u00f3rica, cuyas etapas describe sumariamente el concilio. Tras la ca\u00ed\u00adda de nuestros primeros padres, Dios los levant\u00f3 por la esperanza en una salvaci\u00f3n venidera: este esplendor de la salvaci\u00f3n, evocado por el G\u00e9nesis, es el protoevangelio. Con la promesa, que tiene un alcance salv\u00ed\u00adfico universal, la historia de la salvaci\u00f3n emprende su marcha, sin que Dios deje a nadie fuera de esa salvaci\u00f3n \u00abcelestial\u00bb: \u00abdespu\u00e9s cuid\u00f3 continuamente del g\u00e9nero humano, para dar, la vida eterna a todos los que buscan la salvaci\u00f3n con la perseverancia en las buenas obras (cf Rom 2,6-7)\u00bb. Es una alusi\u00f3n al testimonio interior de la conciencia, inscrito por Dios en los corazones, y que es el equivalente de la ley mosaica para los paganos. Esta gracia de salvaci\u00f3n, dada a todos los hombres, se hace con vistas a la llamada m\u00e1s expl\u00ed\u00adcita de la revelaci\u00f3n hist\u00f3rica. El texto dice en efecto: \u00abSuo autem tempore, es decir, en el tiempo escogido por \u00e9l\u00bb, Dios llam\u00f3 a Abrah\u00e1n para constituir un gran pueblo (G\u00e9n 12,2). Despu\u00e9s de la \u00e9poca de los patriarcas, Dios instruy\u00f3 a ese pueblo por medio de Mois\u00e9s y de los profetas (DV 3; LG 9). Se revel\u00f3 a \u00e9l \u00aben palabras y en obras\u00bb (DV 14). Lo educ\u00f3 (erudivit: instruir y formar) para que reconociera a Dios como padre que cuida de sus hijos y como un juez justo, y para que esperase al salvador prometido (DV 3). La revelaci\u00f3n del AT, en lo esencial, es a la vez promesa y pedagog\u00ed\u00ada. Durante siglos, Dios form\u00f3 as\u00ed\u00ad a su pueblo y prepar\u00f3 los caminos al evangelio. Israel conoci\u00f3 a Dios, no en abstracto, sino por la experiencia de los caminos de Dios en su historia.<\/p>\n<p>4. LA CENTRALIDAD DE JESUCRISTO REVELADOR. En el n\u00famero 4 la constituci\u00f3n vuelve sobre la afirmaci\u00f3n de Cristo, \u00abmediador y plenitud de la revelaci\u00f3n\u00bb, pero esta vez dentro de una perspectiva hist\u00f3rica (Heb 1,1). Despu\u00e9s de haber sido fragmentos de un discurso divino, la palabra alcanza su totalidad y su perfecci\u00f3n. Si Cristo es la cima de la revelaci\u00f3n, es por ser el Hijo enviado del Padre, como su Verbo eterno, para habitar entre nosotros y darnos a conocer las profundidades de la vida divina (DV 4). La funci\u00f3n reveladora de Cristo tiene su origen en su calidad de Hijo y palabra de Dios en el seno de la Trinidad. \u00abJesucristo, la Palabra hecha carne, pronuncia las palabras de Dios y acaba la obra de la salvaci\u00f3n que el Padre le encomend\u00f3\u00bb (DV 4). Esta aproximaci\u00f3n entre la Palabra y las palabras que pronuncia por el camino de la carne y del lenguaje subraya de forma impresionante la entrada en la historia y en la humanidad del Hijo de Dios, que utiliza sin reparo la condici\u00f3n humana y sus medios de expresi\u00f3n. La Palabra, que es Esp\u00ed\u00adritu, se hace uno de nosotros, hombre entre-los hombres, enviado a los hombres para captarlos en su nivel: con palabras de hombre que son al mismo tiempo palabra de Dios. Por ser Cristo Hijo del Padre y Palabra eterna, se sigue que la revelaci\u00f3n alcanza en \u00e9l su t\u00e9rmino, su consumaci\u00f3n (complendo) y su perfecci\u00f3n (perficit).<\/p>\n<p>La constituci\u00f3n aplica luego lo que hab\u00ed\u00ada dicho en el n\u00famero 2 sobre la estructura general de la revelaci\u00f3n. Cristo ejerci\u00f3 su funci\u00f3n reveladora \u00abcon su presencia y manifestaci\u00f3n, con sus palabras y obras, signos y milagros, sobre todo con su muerte y gloriosa resurrecci\u00f3n, con el env\u00ed\u00ado del Esp\u00ed\u00adritu de la verdad\u00bb (DV 4). Cristo es la epifan\u00ed\u00ada de Dios. La revelaci\u00f3n por Cristo, Verbo encarnado, pone en obra todos los recursos de la expresi\u00f3n humana, el facere y el docere, para manifestarnos al Hijo de Dios y, en \u00e9l, al Padre. La encarnaci\u00f3n del Hijo, entendida concretamente, es la revelaci\u00f3n. Toda la existencia humana de Cristo (acciones, gestos, actitudes, comportamiento, palabras) es una actuaci\u00f3n perfecta para revelarnos al Hijo y, en \u00e9l, al Padre.<\/p>\n<p>La originalidad de la DV est\u00e1 en presentar a Cristo a la vez como revelador y como signo que permite identificarlo como tal. Los signos de la revelaci\u00f3n no son exteriores a Cristo: son el mismo Cristo, en la irradiaci\u00f3n de su poder; de su santidad, de su sabidur\u00ed\u00ada. En esta irradiaci\u00f3n percibimos su gloria de Hijo; pasamos directamente del reflejo a la fuente. Toda esta irradiaci\u00f3n del ser y del obrar de Cristo constituye un \u00abtestimonio propiamente divino\u00bb. Cristo \u00abcompleta\u00bb la revelaci\u00f3n, la \u00abconduce a su perfecci\u00f3n\u00bb y \u00abla confirma atestiguando que Dios mismo est\u00e1-connosotros (Enmanuel) para arrancarnos de las tinieblas del pecado y de la muerte y resucitarnos para la vida eterna\u00bb (DV 4).<\/p>\n<p>5. LA FE, RESPUESTA A LA REVELACI\u00ed\u201cN. La \u00faltima frase del p\u00e1rrafo se presenta como una conclusi\u00f3n de todo lo que se ha dicho sobre Cristo. Puesto que \u00e9l es la Palabra eterna de Dios, el Hijo \u00fanico del Padre enviado a los hombres para revelarles la vida \u00ed\u00adntima de -Dios, la epifan\u00ed\u00ada del Padre (DV 4), en el que \u00abse consuma toda la revelaci\u00f3n del alt\u00ed\u00adsimo\u00bb (DV 7), se sigue que la econom\u00ed\u00ada tra\u00ed\u00adda por \u00e9l no puede considerarse solamente como transitoria: es \u00abdefinitiva\u00bb y \u00abno pasar\u00e1 jam\u00e1s\u00bb, es decir, nunca ser\u00e1 suplantada por otra m\u00e1s perfecta. \u00abNo hay que esperar otra revelaci\u00f3n p\u00fablica antes de la gloriosa manifestaci\u00f3n de Jesucristo nuestro Se\u00f1or\u00bb (DV 4). Habi\u00e9ndonos dicho Dios su \u00fanica Palabra, \u00bfqu\u00e9 es lo que puede a\u00f1adir? \u00bfQu\u00e9 puede darnos que no sea su Hijo \u00fanico? El NT es ciertamente novum el definitivum. \u00c2\u00a1Jesucristo es la \u00faltima palabra de la revelaci\u00f3n: en \u00e9l todo se ha cumplido y la salvaci\u00f3n es su manifestaci\u00f3n. Esto no excluye evidentemente las \u00abrevelaciones privadas\u00bb, con una finalidad especial, dirigidas a unos destinatarios particulares; y sobre todo no excluye una asimilaci\u00f3n cada vez m\u00e1s profunda y una formulaci\u00f3n cada vez m\u00e1s rica y adecuada del misterio revelado. Este segundo proceso, de un alcance inconmensurable, difiere, sin embargo, del proceso de la revelaci\u00f3n dada y constitutiva. En este sentido, Cristo es a la vez un t\u00e9rmino y un comienzo. \u00c2\u00a1Qu\u00e9 progreso, por ejemplo, realizado en la inteligencia de la revelaci\u00f3n del Vaticano I al Vaticano II!<br \/>\na) Hay que creer a Dios cuando revela: tal es la afirmaci\u00f3n constante de la propia revelaci\u00f3n (Rom 16,26; 1,5; 2Cor 10,5-6; Ef 1;13; 1Cor 15,11; Mc 16,15-16) y de los documentos del magisterio (DS 2778.3008.3542). La revelaci\u00f3n y la fe son dos realidades frente a frente que se responden. Pues bien, la revelaci\u00f3n descrita por el Vaticano II es iniciativa del Dios vivo y manifestaci\u00f3n de su amor personal. Dios viene hacia el hombre, condesciende y le abre los secretos de su vida \u00ed\u00adntima con vistas a una reciprocidad de amor. Por su parte, el hombre, por la fe, se vuelve hacia Dios y se entrega a \u00e9l en la amistad. Expl\u00ed\u00adcitamente, el concilio dice: \u00abEl hombre se entrega entera y libremente a Dios, le ofrece el homenaje total de su entendimiento y de su voluntad, asintiendo libremente a lo que Dios revela\u00bb (DV 5). De este modo evita las dos nociones incompletas de la fe: la concepci\u00f3n de una fe-homenaje, pr\u00e1cticamente sin contenido, y la concepci\u00f3n de una fe-asentimiento a una doctrina, pero despersonalizada. La aut\u00e9ntica fe cristiana es al mismo tiempo don y asentimiento.<\/p>\n<p>b) La respuesta del hombre a la revelaci\u00f3n no es el resultado de una simple actividad humana, sino un don de Dios. No basta que resuene en los o\u00ed\u00addos la ense\u00f1anza del evangelio; se necesita una acci\u00f3n de la gracia preveniente, que mueve a creer (ad credendum) y que concede creer (in credendo). Es preciso que Dios, por su gracia, nos \u00abconnaturalice\u00bb con el misterio al que nos introduce el evangelio; porque, \u00bfc\u00f3mo podr\u00ed\u00adamos nosotros solos abrirnos a ese mundo inaudito del totalmente-otro? Esta acci\u00f3n de la gracia se describe a continuaci\u00f3n en t\u00e9rminos m\u00e1s b\u00ed\u00adblicos: se trata de una ayuda del Esp\u00ed\u00adritu Santo (DS 3009), que tiene como efecto mover el coraz\u00f3n del hombre y convertirlo a Dios, iluminar su inteligencia e inclinar las fuerzas de su deseo (DS 3010. 377). La Escritura subraya en varias ocasiones esta acci\u00f3n de la gracia que abre el esp\u00ed\u00adritu del hombre a la luz de lo alto (Mt 16,17; 11,25; He 16,42; 2Cor 4,6) y atrae al hombre hacia Cristo (Jn 6,44). Esta acci\u00f3n interior es el \u00abtestimonio del Esp\u00ed\u00adritu\u00bb (1Cor 5,6) que act\u00faa por dentro para que el hombre reconozca y confiese la verdad de Cristo. Es tambi\u00e9n al Esp\u00ed\u00adritu y a sus dones a los que hay que atribuir la profundizaci\u00f3n de la revelaci\u00f3n (DV 5). En el movimiento del hombre hacia la fe, es el Esp\u00ed\u00adritu el que abre la inteligencia al mundo nuevo del evangelio; en el interior de la fe, es igualmente el Esp\u00ed\u00adritu el que desarrolla el poder de penetraci\u00f3n de la inteligencia (don de inteligencia) y dispone al fiel para que comprenda por los caminos del amor (don de sabidur\u00ed\u00ada), infundiendo en \u00e9l un acorde efectivo que lo connaturalice con el evangelio.<\/p>\n<p>c) Despu\u00e9s de comenzar con una declaraci\u00f3n de fidelidad al Vaticano 1, el cap\u00ed\u00adtulo primero de la DV termina recogiendo la doctrina y los t\u00e9rminos mismos del Vaticano I. Este procedimiento de inclusi\u00f3n literaria, si no a\u00f1ade casi nada a lo ya dicho, representa m\u00e1s bien un compromiso para dar una satisfacci\u00f3n a los defensores de la perspectiva anterior. Por los n\u00fameros 2 y 4 sab\u00ed\u00adamos que la revelaci\u00f3n es manifestaci\u00f3n y comunicaci\u00f3n, y que su objeto es Dios mismo y su designio de salvaci\u00f3n. Este \u00faltimo p\u00e1rrafo a\u00f1ade, sin embargo, dos precisiones interesantes. En primer lugar, desdobla el revelare del Vaticano I, que se convierte en manifestare et communicare, poniendo as\u00ed\u00ad en la misma l\u00ed\u00adnea al Vaticano I y al II. Adem\u00e1s, subraya con una solemnidad justificada por el contexto del ate\u00ed\u00adsmo contempor\u00e1neo, que Dios puede ser conocido con la luz de la raz\u00f3n humana que reflexiona sobre el mundo, ya que el mundo creado habla invenciblemente de su autor: Por otra parte, si es verdad que los misterios propiamente dichos siguen siendo el objeto privilegiado de la revelaci\u00f3n, el concilio a\u00f1ade que hay que atribuir igualmente a la revelaci\u00f3n el que las verdades religiosas accesibles a la raz\u00f3n puedan ser conocidas f\u00e1cilmente por todos con una firme certeza y sin mezcla de error (DV 6).<\/p>\n<p>Para terminar, podemos intentar una agrupaci\u00f3n de los puntos m\u00e1s interesantes de la DV: 1) El concilio toca ordenadamente todos los aspectos esenciales de la revelaci\u00f3n: su naturaleza, su objeto, su finalidad, su econom\u00ed\u00ada, su progreso, su pedagog\u00ed\u00ada, el papel central de Cristo, cima de la historia de la salvaci\u00f3n y de la revelaci\u00f3n; Dios que se revela y revelado, que atestigua de s\u00ed\u00ad mismo y se identifica personalmente, car\u00e1cter decisivo y definitivo de la revelaci\u00f3n de Cristo, acogida por la fe y su profundizaci\u00f3n bajo la acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu. 2) La exposici\u00f3n es serena, profundamente religiosa, expresada en categor\u00ed\u00adas b\u00ed\u00adblicas (32 referencias a la Escritura, especialmente a san Pablo y a san Juan); realmente, est\u00e1n presentes todos los textos fundamentales. 3) Est\u00e1 omnipresente la perspectiva personalista, trinitaria, cristol\u00f3gica, sin olvidar la dimensi\u00f3n antropol\u00f3gica. 4) Sobre la base de la DV podemos entonces definir la revelaci\u00f3n como automanifestaci\u00f3n y autodonaci\u00f3n de Dios, en una econom\u00ed\u00ada hist\u00f3rica y por medio de ella, que culmina en Jesucristo, autor, objeto, centro, mediador, plenitud y signo de la revelaci\u00f3n, que es \u00e9l en persona. Cristo es la clave de b\u00f3veda de esta prodigiosa catedral, cuyos arcos son los dos testamentos. Por la fe en Cristo y en su evangelio es como entramos en la vida del Padre, del Hijo y del Esp\u00ed\u00adritu. La revelaci\u00f3n, en su aspecto activo y objetivo, es ya un t\u00e9rmino t\u00e9cnico que no conviene utilizar para todo y fuera de prop\u00f3sito.<\/p>\n<p>Recuperando los datos originales de sus fuentes, la constituci\u00f3n DV es un texto de rara densidad. Para llegar a este esplendor fueron necesarias las m\u00faltiples provocaciones del racionalismo. Sin embargo, todo estaba ya contenido en los datos de la Escritura y de la tradici\u00f3n patr\u00ed\u00adstica; la teolog\u00ed\u00ada de la revelaci\u00f3n se hab\u00ed\u00ada ido empobreciendo y secando progresivamente por haberse alejado de sus fuentes.<\/p>\n<p>BIBL.: Sobre la constituci\u00f3n Dei Verbum del Vaticano II hay una abundante bibliograf\u00ed\u00ada en HDG 1, 193-194.<\/p>\n<p>R. Latourelle<\/p>\n<p>LATOURELLE &#8211; FISICHELLA, Diccionario de Teolog\u00ed\u00ada Fundamental, Paulinas, Madrid, 1992<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario de Teolog\u00eda Fundamental<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>[071] Constituci\u00f3n dogm\u00e1tica del Concilio Vaticano sobre la divina revelaci\u00f3n. Del 14 al 21de Noviembre de 10962 se discutieron sus planteamientos en el Concilio. 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