{"id":10416,"date":"2016-02-05T07:27:13","date_gmt":"2016-02-05T12:27:13","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/deposito-de-la-fe\/"},"modified":"2016-02-05T07:27:13","modified_gmt":"2016-02-05T12:27:13","slug":"deposito-de-la-fe","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/deposito-de-la-fe\/","title":{"rendered":"DEPOSITO DE LA FE"},"content":{"rendered":"<p>[265]<br \/>\n   Conjunto de verdades y misterios revelados por Dios o inspirados en la Escritura y que la Iglesia ha recibido. Ese dep\u00f3sito ha sido dado a la Iglesia para que lo conserve, lo transmita y lo clarifique; incluso para que lo desarrolle con el paso de los siglos, es decir en su peregrinaci\u00f3n por el mundo.<\/p>\n<p>    Se discute entre los te\u00f3logos si la Iglesia s\u00f3lo lo ha recibido para conservarlo con tenacidad y para transmitirlo con fidelidad o si tambi\u00e9n tiene la misi\u00f3n de desarrollarlo y de desenvolverlo con creatividad.<\/p>\n<p>    Una respuesta es la negativa total: la Iglesia s\u00f3lo transmite la doctrina recibida. La contraria es la liberal: la Iglesia es due\u00f1a y lo desarrolla, adapta, cambia y reelabora de forma conveniente, como hacen los organismos vivos.<\/p>\n<p>    Y la interpretaci\u00f3n intermedia y moderada es la que sostiene que la Iglesia, en lo esencial, en lo dogm\u00e1tico y sacramental, conserva lo que ha recibido y es fiel en transmitirlo. No inventa nunca nada pues no es due\u00f1a de las verdades sino evangelizadora con ellas. En lo accidental y disciplinar, tiene la misi\u00f3n de revisarlo y renovarlo en conformidad con las exigencias de cada tiempo y cultura, pues es organismo vivo y humano. Por eso en la liturgia o en determinados planteamientos morales o sociales, la Iglesia, no s\u00f3lo el Magisterio sino la Comunidad entera, va desarrollando los dones recibidos y ofreci\u00e9ndolo al mundo con esp\u00ed\u00adritu de servicio y presencia.<\/p>\n<p>Pedro Chico Gonz\u00e1lez, Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00ed\u00ada Religiosa, Editorial Bru\u00f1o, Lima, Per\u00fa 2006<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00eda Religiosa<\/b><\/p>\n<p>(v. Credo, Escritura, fe, tradici\u00f3n, revelaci\u00f3n)<\/p>\n<p>(ESQUERDA BIFET, Juan, Diccionario de la Evangelizaci\u00f3n,  BAC, Madrid, 1998)<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Evangelizaci\u00f3n<\/b><\/p>\n<p>SUMARIO: I. Enseguida llegaron las preguntas. II. El evangelio bajo la figura de un dep\u00f3sito. III. El contenido del dep\u00f3sito de la fe. IV. El sujeto que recibe y conserva el dep\u00f3sito. V. Creciendo como un grano de mostaza.<\/p>\n<p>Al principio, las cosas resultaban sencillas. Transfigurados por la experiencia pascual, los ap\u00f3stoles se limitaban a contar a todos lo que les hab\u00ed\u00ada sucedido a partir de su primer encuentro con Jes\u00fas (cf He 2,1-36; 9,1-22). Lo contaban con su vida y con sus palabras (cf DV 2, 8). Estaban llenos del Esp\u00ed\u00adritu Santo y llegaron a entender por qu\u00e9 Jes\u00fas les hab\u00ed\u00ada dicho que \u00e9l era el camino, la verdad, la luz, la vida&#8230; Iluminados por el don de la fe (cf Ef 3,18; Heb 10,32), se sab\u00ed\u00adan perdonados, amados y acogidos tal como eran. Ahora les resultaban elocuentes las palabras y las promesas de los antiguos profetas (cf He 2,17-28).<\/p>\n<p>Para ellos, evangelizar se resum\u00ed\u00ada en dar testimonio de lo que hab\u00ed\u00adan visto y o\u00ed\u00addo, a fin de que tambi\u00e9n otros hombres y mujeres vivieran experiencias de pascua semejantes a las suyas. Su credo era sencillo: a Jes\u00fas de Nazaret, crucificado, Dios lo resucit\u00f3, constituy\u00e9ndolo Se\u00f1or y Cristo (cf He 2,23-24.36). Y su conciencia de ser Iglesia, asamblea del Se\u00f1or, era muy viva y muy concreta, pues los bautizados \u00aberan constantes en escuchar la ense\u00f1anza de los ap\u00f3stoles, en la uni\u00f3n fraterna, en partir el pan y en las oraciones&#8230; Todos los creyentes viv\u00ed\u00adan unidos y lo ten\u00ed\u00adan todo en com\u00fan\u00bb (He 2,42-44). Parec\u00ed\u00ada sencillo.<\/p>\n<p>I. Enseguida llegaron las preguntas<br \/>\nCuando la comunidad empez\u00f3 a crecer y a dispersarse, comenzaron tambi\u00e9n las preguntas: \u00bfPor qu\u00e9 algunos creyentes no dan signos de haber recibido el Esp\u00ed\u00adritu? \u00bfC\u00f3mo se recibe el Esp\u00ed\u00adritu Santo? (cf He 8,14-17). \u00bfSe debe predicar el evangelio a los paganos? (cf He 10). Cuando los paganos se convierten, \u00bfdeben someterse a la ley? (cf He 15). \u00bfQu\u00e9 va a pasar con los hermanos que han muerto, cuando vuelva el Se\u00f1or? (cf lTes 4,1-17). \u00bfEn qu\u00e9 consiste la resurrecci\u00f3n de Jesucristo? (cf ICor 15)&#8230; Eran preguntas muy existenciales y vivas. Y con las preguntas llegaron tambi\u00e9n las extravagantes respuestas del gnosticismo jud\u00ed\u00ado y de los falsos maestros (cf lTim 1,4-7; 4,1-7; 6,4-5).<\/p>\n<p>Por otra parte, el paso de los a\u00f1os sin que se llegara a vislumbrar la esperada vuelta del Se\u00f1or y el crecimiento r\u00e1pido de las comunidades provoc rpn la p\u00e9rdida del amor primero (cf \u00ed\u0081p 2,4). Podemos ver c\u00f3mo, en alguna \u00e1amblea, la eucarist\u00ed\u00ada se hab\u00ed\u00ada disociado de la caridad (cf ICor 11,17-34); en otras, parece que exist\u00ed\u00adan divisiones y enfrentamientos (cf Flp 2,2); y en diversas partes hab\u00ed\u00adan surgido grupos que, con el pretexto de estar ya salvados, rechazaban la cruz de Cristo (cf Flp 3,18). M\u00e1s tarde se llegar\u00e1 incluso a negar \u00abla venida en la carne\u00bb (cf 1Jn 2,22-23; 4,2) y que el Se\u00f1or nos haya redimido (cf 2Pe 2,1).<\/p>\n<p>La vida de las primeras comunidades no fue f\u00e1cil. Y san Pablo, hombre realista y perspicaz, era muy consciente de todos estos problemas. Por ello, cuando presiente que se acerca el final de su ministerio (cf He 20,24-25), re\u00fane a los presb\u00ed\u00adteros de Efeso para decirles: \u00abCuidad de vosotros y de todo el reba\u00f1o del que el Esp\u00ed\u00adritu Santo os ha constituido como guardianes para apacentar la Iglesia de Dios, que ha adquirido con su propia sangre\u00bb (He 20,28).<\/p>\n<p>Este es el contexto en que se escribieron las cartas pastorales. Si no son escritos de san Pablo, parece indudable que recogen su legado y defienden que la tradici\u00f3n paulina ha de mantenerse intacta frente a cualquier amenaza de falsificaci\u00f3n. Pues la fe subjetiva, la fe entendida como confianza y entrega confiada a Dios, tiene su base en la fe objetiva: en el acontecimiento hist\u00f3rico-salv\u00ed\u00adfico de Jesucristo. Si la intervenci\u00f3n salvadora de Dios en y por Jesucristo no es real en s\u00ed\u00ad, tampoco lo ser\u00e1 para nosotros.<\/p>\n<p>II. El evangelio bajo la figura de un dep\u00f3sito<br \/>\nEl t\u00e9rmino dep\u00f3sito (paratheke), aplicado al legado paulino, aparece tres veces en las cartas a Timoteo: \u00abguarda el dep\u00f3sito\u00bb (1Tim 6,20); \u00abs\u00e9 en qui\u00e9n he puesto mi confianza, y estoy seguro de que \u00e9l puede guardar hasta el \u00faltimo d\u00ed\u00ada [el dep\u00f3sito] que me ha encomendado\u00bb (2Tim 1,12); \u00abguarda este preciado dep\u00f3sito, con la ayuda del Esp\u00ed\u00adritu Santo, que habita en nosotros\u00bb (2Tim 1,14).<\/p>\n<p>El tema de fondo es la necesidad de mantener \u00ed\u00adntegras \u00ablas ense\u00f1anzas de la fe y de la buena doctrina\u00bb frente a los \u00abcuentos de viejas\u00bb (cf 1Tim 4,6-7). Pues en asuntos de esperanza, de fe y de caridad, el disc\u00ed\u00adpulo debe tener por norma \u00abla sana doctrina\u00bb (2Tim 1,13). Es necesario, dice el autor de la carta, que el obispo sea \u00abguardador fiel de la doctrina que se le ense\u00f1\u00f3, para que sea capaz de animar a otros y de refutar a los que contradicen\u00bb (Tit 1,9). Debe custodiar \u00ed\u00adntegra, con toda fidelidad, la sana doctrina para transmit\u00ed\u00adrsela a otros creyentes, de forma que sigan dando fruto de buenas obras. Y para que esta cadena de testigos no se interrumpa, le ordena: \u00abLas cosas que me o\u00ed\u00adste a m\u00ed\u00ad ante muchos testigos, conf\u00ed\u00adalas a hombres leales, capaces de ense\u00f1\u00e1rselas a otros\u00bb (2Tim 2,2).<\/p>\n<p>En este contexto se presenta la tradici\u00f3n paulina como un dep\u00f3sito. Los c\u00f3digos antiguos conoc\u00ed\u00adan la figura jur\u00ed\u00addica de recibir algo en dep\u00f3sito, y establecieron leyes estrictas sobre su custodia fiel y su devoluci\u00f3n. Tambi\u00e9n en la Biblia aparecen tales normas como parte integrante del c\u00f3digo de la alianza (cf Ex 22,1-12; Lev 5,21-26).<\/p>\n<p>Por consiguiente, al presentar el legado de Pablo como un dep\u00f3sito, que se debe custodiar y pasar a otros, el autor emplea un lenguaje conocido. E impl\u00ed\u00adcitamente nos viene a decir tres cosas: 1) que la fe no la inventamos cada uno, sino que se nos ha confiado, 2) y que tiene que entregarla a otros, 3) para que la sigan proclamando con fidelidad hasta que el Se\u00f1or vuelva. Cuando las pastorales se refieren al patrimonio de Pablo, sabemos que se trata de un patrimonio que Pablo mismo ha recibido del Se\u00f1or por mediaci\u00f3n de la comunidad (cf 1Cor 11,23; 15,3). Y vemos c\u00f3mo el ap\u00f3stol, consciente de que tambi\u00e9n \u00e9l es un mero depositario, acude a Jerusal\u00e9n a contrastar con la Iglesia madre el evangelio que predica, no sea que todos sus afanes y trabajos resulten vanos (cf G\u00e1l 2,1-2). Pues el dep\u00f3sito que hay que conservar fielmente es propiedad del Se\u00f1or. Consiste b\u00e1sicamente en \u00abla fe, que de una vez para siempre ha sido transmitida a los creyentes\u00bb (cf Jds 3). Por eso vamos a examinar cu\u00e1l es su contenido: qu\u00e9 abarca o encierra ese dep\u00f3sito.<\/p>\n<p>III. El contenido del dep\u00f3sito de la fe<br \/>\nLas cautelas frente al modernismo fueron impulsando a la teolog\u00ed\u00ada neoescol\u00e1stica a considerar la fe y el dep\u00f3sito de la fe de modo unilateral. La fe consistir\u00ed\u00ada en el \u00abasentimiento intelectual a las verdades reveladas\u00bb, y el dep\u00f3sito de la fe vendr\u00ed\u00ada a ser un conjunto de verdades, contenidas en la Escritura y en la tradici\u00f3n, que hab\u00ed\u00ada que salvaguardar frente a los ataques del mundo moderno.<\/p>\n<p>Esta concepci\u00f3n unilateral no es, sin embargo, la que aparece en las cartas pastorales. Aunque el autor no explica en qu\u00e9 consiste el dep\u00f3sito, por las pautas que deben guiar la conducta de Timoteo y de Tito, deducimos que el dep\u00f3sito abarca: el misterio de Jesucristo, por quien Dios nos ha manifestado su bondad, que nos ha salvado y nos ha renovado por el Esp\u00ed\u00adritu Santo (cf Tit 3,4-7); la certeza de que la Escritura, inspirada por Dios, lleva a la salvaci\u00f3n (cf 2Tim 3,14-17); la estructura ministerial de la comunidad y las condiciones de los candidatos a los diversos ministerios (cf 1Tim 3,1-13; 5,17-22); la vida de oraci\u00f3n de la comunidad (cf 1Tim 2,1-8); el perd\u00f3n de Dios, para \u00abobtener la vida eterna\u00bb (cf ITim 1,16)&#8230; El dep\u00f3sito no es un conjunto de verdades, sino un todo coherente, que abarca el kerigma, las pautas de conducta de los creyentes, la vida de fe de la comunidad, sus estructuras b\u00e1sicas, la vida de oraci\u00f3n, el valor de la Escritura&#8230;<\/p>\n<p>Tal es tambi\u00e9n el sentido que se ha recuperado en la concepci\u00f3n teol\u00f3gica subyacente al Vaticano II. Seg\u00fan la Dei Verbum, Jesucristo \u00abmand\u00f3 a los ap\u00f3stoles predicar a todos los hombres el evangelio como fuente de toda verdad salvadora y de toda norma de conducta\u00bb (DV 7) y los ap\u00f3stoles cumplieron este mandato con su predicaci\u00f3n, sus instituciones. Pues \u00ablo que los ap\u00f3stoles transmitieron comprende todo lo necesario para una vida santa y para una fe creciente del pueblo de Dios; as\u00ed\u00ad la Iglesia, con su ense\u00f1anza, su vida, su culto, conserva y transmite a todas las edades lo que es y lo que cree\u00bb (DV 8).<\/p>\n<p>Se trata, pues, de una comprensi\u00f3n muy rica y compleja de la fe, que debe orientar tambi\u00e9n la catequesis. Una catequesis que no descuide los contenidos, pero que los integre en la visi\u00f3n personalista e integradora de la educaci\u00f3n cristiana.<\/p>\n<p>IV. El sujeto que recibe y conserva el dep\u00f3sito<br \/>\nLa fe de la Iglesia -el evangelio- no est\u00e1 en los libros, sino en el pueblo de Dios. Como dice el Vaticano II, \u00abla Tradici\u00f3n y la Escritura constituyen el dep\u00f3sito sagrado de la palabra de Dios, confiado a la Iglesia. Fiel a dicho dep\u00f3sito, el pueblo cristiano entero, unido a sus pastores, persevera siempre en la doctrina apost\u00f3lica y en la uni\u00f3n, en la eucarist\u00ed\u00ada y la oraci\u00f3n&#8230;, y as\u00ed\u00ad se realiza una maravillosa concordia de pastores y fieles en conservar, practicar y profesar la fe recibida\u00bb (DV 10).<\/p>\n<p>En las cartas pastorales, escritas en circunstancias muy concretas, se presta atenci\u00f3n especial a la jerarqu\u00ed\u00ada y a su cometido en el cuidado y en la defensa del dep\u00f3sito. Pero ya san Ireneo resit\u00faa la cuesti\u00f3n en una perspectiva diferente, cuando escribe a prop\u00f3sito del patrimonio que nos legaron los ap\u00f3stoles: \u00abcomo en un rico almac\u00e9n, dejaron en la Iglesia copios\u00ed\u00adsimamente todo lo que pertenece a la fe, de modo que todo el que lo desee pueda inspirarse en esta fuente y beber el agua de la vida\u00bb (Adv. Haer. III, 4, 1). Es decir, hay que conservar el dep\u00f3sito, pero de forma din\u00e1mica y creativa, puesto que \u00abguardamos y protegemos la fe recibida de la Iglesia; pero ella act\u00faa continuamente, por el Esp\u00ed\u00adritu de Dios, como un valioso dep\u00f3sito en una preciosa vasija, para rejuvenecerse a s\u00ed\u00ad misma y a la vasija que contiene\u00bb (Adv. Haer. III, 24, 1). Y es tarea esta que corresponde a todo el pueblo de Dios.<\/p>\n<p>Tal planteamiento no pretende restar importancia al magisterio jer\u00e1rquico, pues es claro que \u00ablos obispos son los predicadores del evangelio&#8230;, los maestros aut\u00e9nticos, que est\u00e1n dotados de la autoridad de Cristo\u00bb, y por ello les debemos una religiosa obediencia. Y es claro tambi\u00e9n que \u00abesta obediencia religiosa de la voluntad y de la inteligencia hay que prestarla de modo particular al magisterio aut\u00e9ntico del romano Pont\u00ed\u00adfice\u00bb (LG 25). Pero se debe insistir, con igual vigor, en el protagonismo de todo el pueblo de Dios, puesto que el Esp\u00ed\u00adritu Santo \u00abgu\u00ed\u00ada a la Iglesia a la verdad total&#8230;, la unifica en la comuni\u00f3n y el servicio, la construye y dirige con diversos dones jer\u00e1rquicos y carism\u00e1ticos&#8230; Con la fuerza del evangelio, el Esp\u00ed\u00adritu rejuvenece a la Iglesia, la renueva incesantemente y la conduce a la uni\u00f3n perfecta con su esposo\u00bb (LG 4). Y sin el protagonismo de todo el pueblo de Dios, en estrecho contacto con los desaf\u00ed\u00ados de la historia humana, la Iglesia pierde creatividad y envejece.<\/p>\n<p>V. Creciendo como un grano de mostaza<br \/>\nEl dep\u00f3sito de la fe no es un elenco de verdades, de instituciones y de normas que podamos encontrar en el catecismo o en otros libros. Es la fe viva y vivida de la Iglesia en toda su riqueza, que no se agota en ninguna formulaci\u00f3n. Una fe sostenida y guiada por el Esp\u00ed\u00adritu, en continuo di\u00e1logo con la historia y con la cultura. Como ha dicho el Vaticano II, \u00abesta tradici\u00f3n apost\u00f3lica va creciendo en la Iglesia con la ayuda del Esp\u00ed\u00adritu Santo\u00bb (DV 8).<\/p>\n<p>Si, por una parte, el Esp\u00ed\u00adritu Santo que habita en nosotros constituye la ayuda necesaria para guardar el dep\u00f3sito en su integridad (cf 1 Tim 1,14), por otra, el mismo Esp\u00ed\u00adritu que conduce a la Iglesia a la verdad plena (cf Jn 16,13), renov\u00e1ndola y rejuveneci\u00e9ndola sin cesar (cf LG 4), nos ense\u00f1a a sacar de las arcas del Reino lo nuevo y lo a\u00f1ejo (cf Mt 13,52). Y as\u00ed\u00ad podemos ayudar al hombre de hoy a descubrir que el evangelio habla de nosotros y de nuestra vida.<\/p>\n<p>Como dijo Juan XXIII, en el discurso de inauguraci\u00f3n del Vaticano II, se trata de transmitir la doctrina cat\u00f3lica en su integridad, puesto que es verdadera e inmutable, pero exponi\u00e9ndola \u00abseg\u00fan las exigencias de nuestro tiempo\u00bb, pues una cosa es el dep\u00f3sito de la fe \u00aby otra distinta el modo como se enuncian estas verdades\u00bb (Discurso del 11 de octubre de 1962). Es decir, la fidelidad que nos est\u00e1 pidiendo el mundo moderno y la manera eficaz de defender el dep\u00f3sito consiste en presentar el mensaje de tal forma que interpele al oyente de hoy.<\/p>\n<p>Pero, \u00bfpor d\u00f3nde empezar? El Vaticano II nos ha recordado que existe una jerarqu\u00ed\u00ada de verdades (cf UR 11). Y en una situaci\u00f3n tambi\u00e9n de crisis, san Ireneo se\u00f1al\u00f3 el n\u00facleo m\u00e1s profundo y central del evangelio mediante la Regla de fe: confesar con los labios y con el coraz\u00f3n a Dios creador; al Hijo de Dios, que llev\u00f3 a cabo la obra de salvaci\u00f3n en nuestra carne y al Esp\u00ed\u00adritu Santo, enviado a los creyentes como \u00abprenda de incorrupci\u00f3n\u00bb (Adv. Haer. III, 24, 1).<\/p>\n<p>Pienso que el hombre moderno necesita que le hablemos de Dios con la autoridad del testigo y que le ense\u00f1emos a hablar con Dios: con el Padre, con el Hijo y con el Esp\u00ed\u00adritu Santo. Es el n\u00facleo central y vitalizador, que no puede ser descuidado por ning\u00fan creyente y que el Vaticano II, un concilio con pretensi\u00f3n clara de ser pastoral, ha situado al comienzo de la Lumen gentium (cf 2-4). Porque si el cristiano quiere decir algo original y provocador al hombre moderno, tiene que hablarle de Dios con un nuevo lenguaje, compatible con nuestra experiencia cient\u00ed\u00adfica y secular del mundo en que vivimos, como nos record\u00f3 Pablo VI en el discurso de clausura del mismo Concilio (7 de diciembre de 1965).<\/p>\n<p>Pero la novedad del lenguaje no se refiere s\u00f3lo a la presentaci\u00f3n de la doctrina, sino que requiere tambi\u00e9n nuevas formas de vivir y de expresar la caridad, la esperanza activa, la vida de oraci\u00f3n. De forma que las riquezas inagotables del evangelio, in\u00e9ditas muchas de ellas, vayan \u00abpasando a la pr\u00e1ctica y a la vida de la Iglesia que cree y ora\u00bb (DV 8). Y de igual forma que todo el pueblo de Dios es depositario del evangelio -sujeto pasivo del dep\u00f3sito- tambi\u00e9n el pueblo de Dios en su totalidad debe sentirse responsable de que el grano de mostaza se convierta en \u00e1rbol frondoso (cf Mt 13,31-32).<\/p>\n<p>BIBL.: CONGAR Y., La tradici\u00f3n y las tradiciones, Dinor, San Sebasti\u00e1n 1996; GEISELMANN J. R., Depositum fidei, en HOFER J.-RAHNER K., Lexicon f\u00fcr Theologie und Kirche III, 236-238, Friburgo\/Br. 1956-1965; Pozo C., Depositum fidei, en AA. V V., Diccionario teol\u00f3gico enciclop\u00e9dico, Verbo Divino, Estella 1995; WICKS J., Introduzione al metodo teol\u00f3gico, Piemme, Casale Monferrato 1994; Dep\u00f3sito de la fe, en LATOURELLE R.-FISICHELLA R. (dirs.), Diccionario de teolog\u00ed\u00ada fundamental, San Pablo, Madrid 1992, 291-304.<\/p>\n<p>Juan A. Paredes Mu\u00f1oz<\/p>\n<p>M. Pedrosa, M. Navarro, R. L\u00e1zaro y J. Sastre, Nuevo Diccionario de Catequ\u00e9tica, San Pablo, Madrid, 1999<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario de Catequ\u00e9tica<\/b><\/p>\n<p>SUMARIO<br \/>\n1. Introducci\u00f3n;<br \/>\n2. Noci\u00f3n b\u00ed\u00adblica;<br \/>\n3. Percepciones hist\u00f3ricas;<br \/>\n4. La moderna ense\u00f1anza cat\u00f3lica;<br \/>\n5. Perspectivas ecum\u00e9nicas;<br \/>\n6. Otras cuestiones.<\/p>\n<p>1. INTRODUCCI\u00ed\u201cN. Una carta tard\u00ed\u00ada de la era apost\u00f3lica animaba a sus lectores a continuar luchando \u00abpor la fe, que de una vez para siempre ha sido transmitida a los creyentes\u00bb (Jds 3). El \u00abdep\u00f3sito\u00bb es el t\u00e9rmino que engloba esta fe y el estilo de vida legado por los ap\u00f3stoles y sus colaboradores a las Iglesias fundadas por su proclamaci\u00f3n de la buena noticia sobre Jesucristo. Los ap\u00f3stoles dejaron como herencia suya un modelo coherente de fe, ense\u00f1anza y modos de interpretaci\u00f3n b\u00ed\u00adblica, de culto y estructuras comunitarias de servicio y de vida en el mundo seg\u00fan la palabra y ejemplo del Se\u00f1or Jes\u00fas. Ateni\u00e9ndose al patrimonio apost\u00f3lico, expresado de manera especial en los escritos del NT, el pueblo de Dios sustenta su fe en cada \u00e9poca, se esfuerza por vivir en santidad y renueva su percepci\u00f3n de la verdad revelada (cf DV 8). Por su propia virtualidad, el legado apost\u00f3lico viene a revestirse de formas diferentes en sucesivas \u00e9pocas, pues la Iglesia es guiada por el Esp\u00ed\u00adritu para vivir seg\u00fan la norma e inspiraci\u00f3n dada al principio. Pero la fuente y norma de la ense\u00f1anza y vida de la Iglesia sigue siendo el \u00abdep\u00f3sito\u00bb dejado por aqu\u00e9llos a los que Jes\u00fas envi\u00f3 como emisarios suyos para anunciar su revelaci\u00f3n y sus dones divinos.<\/p>\n<p>2. NOCI\u00ed\u201cN B\u00ed\u008dBLICA. En la antig\u00fcedad, los c\u00f3digos legales, tanto de Grecia como de Roma, estipulaban las obligaciones de las personas que reciben objetos o sumas de dinero depositados por otro, por ejemplo, cuando el \u00faltimo iba a emprender un viaje. El depositario estaba sobre todo obligado a la custodia fiel, que exclu\u00ed\u00ada cualquier uso personal del dep\u00f3sito. La restituci\u00f3n in specie al propietario deb\u00ed\u00ada ser hecha a petici\u00f3n. La violaci\u00f3n de estas disposiciones pod\u00ed\u00ada conducir al procesamiento y la ira de los dioses. Los administradores de santuarios religiosos eran considerados guardianes de dep\u00f3sitos, y tal servicio redundaba en beneficio del buen nombre del dios del santuario. Las Doce Tablas romanas establec\u00ed\u00adan que un depositario negligente o de alg\u00fan modo infiel ten\u00ed\u00ada que devolver el doble del valor del dep\u00f3sito original.<\/p>\n<p>Las Escrituras de Israel estipulan leyes sencillas de dep\u00f3sito como parte de los decretos mosaicos de la alianza del Sina\u00ed\u00ad (Ex 22,6-12). Cuando un dep\u00f3sito es deteriorado o perdido, el depositario debe certificar bajo juramento que \u00e9l no ha malversado lo que le fue entregado para su custodia. Un depositario infiel debe llevar a cabo una compensaci\u00f3n doble cuando sea declarado culpable de un abuso de confianza a prop\u00f3sito de un dep\u00f3sito. La ley ritual de Israel establec\u00ed\u00ada el modo en que un depositario infiel, arrepentido, ten\u00ed\u00ada que restituir al impositor y ofrecer un sacrificio expiatorio para conseguir el perd\u00f3n del Se\u00f1or, que es el garante del contrato del dep\u00f3sito (Lev 5,26). El templo mismo recib\u00ed\u00ada los dep\u00f3sitos de los pobres como una obligaci\u00f3n sagrada bajo la protecci\u00f3n del Se\u00f1or del mismo templo (cf 2Mac 3,7-30).<\/p>\n<p>A finales del siglo I d.C., Flavio Josefo se refer\u00ed\u00ada a los dep\u00f3sitos en su informe sobre el c\u00f3digo que Mois\u00e9s dio para regular la vida de los israelitas en la tierra que iban a ocupar. Un depositario est\u00e1 ligado por una solemne obligaci\u00f3n: \u00abEl que recibe un dep\u00f3sito est\u00ed\u00admelo digno de custodia como un objeto sagrado y divino, y nadie se atreva a defraudar a aquel que se lo confi\u00f3, &#8230; ni aun cuando \u00e9l pudiera ganar con ello una indecible cantidad de oro\u00bb (Antig\u00fcedades jud\u00ed\u00adas, IV, 38, n. 285).<\/p>\n<p>Con este trasfondo de la obligaci\u00f3n sagrada del depositario ante Dios de la custodia concienzuda y fiel transmisi\u00f3n, las ep\u00ed\u00adstolas pastorales se refieren a la tradici\u00f3n paulina como un dep\u00f3sito (paratheke) que debe mantenerse intacto y ser preservado de la falsificaci\u00f3n (1Tim 6,20; 2Tim 1,12.14). Adem\u00e1s, el antiguo colaborador de Pablo, Timoteo, ha de confiar \u00e9l mismo lo que ha recibido a personas dignas de confianza, que sean a su vez capaces de transmitir m\u00e1s adelante lo que les fue una vez entregado por el fundador apost\u00f3lico (2Tim 2,2).<\/p>\n<p>La moderna investigaci\u00f3n considera las ep\u00ed\u00adstolas pastorales como expresiones persistentes de la validez normativa de la tradici\u00f3n paulina, escritas por un autor desconocido en los \u00faltimos a\u00f1os del siglo i d.C. Las cartas, al mismo tiempo, reafirman y reinterpretan la herencia de Pablo para Iglesias que afrontan crisis que su fundador-misionero no tuvo que hacer frente \u00e9l mismo. Las pastorales actualizan doctrina, \u00e9tica y, especialmente, los deberes ministeriales de los pastores, con el fin de rechazar la subversiva influencia de falsas doctrinas, mitos y supuesto \u00abconocimiento\u00bb (gnosis), que amenazan con destruir la l\u00ed\u00adnea de continuidad con Pablo, por la cual estas comunidades tienen su identidad como \u00abla casa de Dios, que es la Iglesia de Dios vivo\u00bb (1Tim 3,15).<\/p>\n<p>Las cartas pastorales conciben el \u00abdep\u00f3sito\u00bb como el resultado del polifac\u00e9tico ministerio fundador de Pablo. No catalogan el contenido del dep\u00f3sito de Pablo, sino que insisten m\u00e1s bien en su constante idoneidad y normatividad para la vida de la comunidad, bastante despu\u00e9s de la muerte del ap\u00f3stol. Los pastores de la Iglesia contempor\u00e1nea son depositarios que deben proteger en\u00e9rgicamente el patrimonio del ap\u00f3stol con la propia fidelidad en el anuncio de su evangelio (p.ej., Tit 3,4-7), ofreciendo instrucci\u00f3n s\u00f3lida (passim), ense\u00f1ando las Escrituras inspiradas y eficaces (1Tim 4,3; 2Tim 3,14-17), regulando la oraci\u00f3n de la comunidad (ITim 2,1-6), eligiendo con todo cuidado a otros ministros (1Tim 3,113; 5,15-22; Tit 1,5-9; 2Tim 2,2) y oponi\u00e9ndose a doctrinas subversivas y extra\u00f1as (ITim 3,4; 4,1-3; 6,3-5.2021; Tit 3,9-11; 2Tim 2-14). La actual situaci\u00f3n, con su poder de confusi\u00f3n, requer\u00ed\u00ada la aut\u00e9ntica reformulaci\u00f3n de determinadas doctrinas; por ejemplo, el significado de la ley (lTim 1,81 l), la universalidad de la redenci\u00f3n de Cristo (1,15; 2,3-7) y el valor del matrimonio y de todos los alimentos (4,1-5). Todav\u00ed\u00ada tiene una importancia fundamental el ejemplo de la propia vida de Pablo, tanto como pecador perdonado por la gracia de Dios (ITim 1,12-16) como aquel que sufri\u00f3 por la causa del evangelio (2Tim 1,815; 2,3).<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad, del dep\u00f3sito del NT es la tradici\u00f3n apost\u00f3lica en su forma amplia y compleja, en comunidades para las que es la norma de fe y fuente de vida. La pervivencia en la identidad entregada una vez a estas comunidades depende ahora de la fidelidad al dep\u00f3sito recibido. Lo que Pablo transmiti\u00f3 se ha realizado de hecho en la vida de estas comunidades. Ahora las cartas pastorales insisten sobre la renovada atenci\u00f3n a guardar su dep\u00f3sito intacto y transmitirlo en su integridad. Para esta tarea, el esfuerzo humano no es suficiente; por eso el autor expresa la confianza de Pablo en el divino protector de los dep\u00f3sitos (2Tim 2,12) y en un poder que capacita, otorgado a las comunidades y a sus pastores: \u00abGuarda este preciado dep\u00f3sito con la ayuda del Esp\u00ed\u00adritu Santo, que habita en nosotros\u00bb (1,14; cf 1,6-7).<\/p>\n<p>Otras obras tard\u00ed\u00adas del NT comparten la preocupaci\u00f3n de que las Iglesias permanezcan enraizadas en el vivificante suelo del dep\u00f3sito apost\u00f3lico y lo preserven de la contaminaci\u00f3n. En Hechos, el \u00faltimo discurso de la obra misionera de Pablo encomienda de modo tajante su herencia al colegio de ancianos de la Iglesia de Efeso (20,17-35). Como Pablo&#8217; presiente el fin de su ministerio (20,24), los pastores de Efeso deben cuidar de lo que \u00e9l ha ense\u00f1ado sobre el arrepentimiento y la fe en el Se\u00f1or Jes\u00fas (20,20-21). Por \u00e9l conocen ellos el entero designio de Dios, y a su luz deben \u00abcuidar&#8230; d\u00e9 todo el reba\u00f1o del que el Esp\u00ed\u00adritu Santo os ha constituido como guardianes (episkopoi)\u00bb (20,27-28). La verdadera doctrina de Pablo es puesta en peligro por aquellos que tratan de pervertir la verdad (20,29-30); por eso se imponen una vigilancia y cuidado renovados.<\/p>\n<p>Los evangelios de Lucas y Mateo pueden considerarse como aut\u00e9nticas formulaciones de la herencia apost\u00f3lica en los a\u00f1os ochenta del siglo i, en formas que le dan a esta herencia un perfil definido en esa \u00e9poca de confusi\u00f3n. En una l\u00ed\u00adnea similar, el que es probablemente el \u00faltimo escrito del NT condena a los falsos maestros (2Pe 2), a la vez que alaba a la Escritura interpretada rectamente (1,1921). M\u00e1s directa en su referencia a un dep\u00f3sito es la insistencia de la segunda carta de Pedro sobre el redoblado recuerdo de lo que ha sido transmitido como ense\u00f1anza b\u00e1sica, es decir, \u00ablas palabras que os anunciaron los santos profetas y el mandamiento del Se\u00f1or y salvador transmitido por vuestros ap\u00f3stoles\u00bb (3,2).<\/p>\n<p>3. PERCEPCIONES HIST\u00f3RICAS. El magnum opus de Y. Congar sobre la tradici\u00f3n examina los modos cambiantes de entender el dep\u00f3sito apost\u00f3lico y su modo de presencia en la Iglesia en los \u00faltimos tiempos. Nuestra exposici\u00f3n ser\u00e1 selectiva, citando s\u00f3lo los puntos de vista de tres autores que, hablaron perspicazmente del dep\u00f3sito de la fe en lo que se refiere a su constituci\u00f3n interna y a su relevancia para la Iglesia: l Ireneo de Lyon, Vicente de Lerins y l John Henry Newman.<\/p>\n<p>Al final del siglo II, san Ireneo impugn\u00f3 la legitimidad de una serie de doctrinas gn\u00f3sticas muy extendidas, apelando a la \u00abregla de fe\u00bb recibida de los ap\u00f3stoles de Cristo y accesible ahora en la predicaci\u00f3n y profesi\u00f3n de fe bautismal de las Iglesias de fundaci\u00f3n apost\u00f3lica (cf ! Regla de fe). Los gn\u00f3sticos, por el contrario, propagan sus confusos mitos sobre la ca\u00ed\u00adda c\u00f3smica y el conocimiento redentor en convent\u00ed\u00adculos secretos, mientras que la tradici\u00f3n \u00fanica que viene de los ap\u00f3stoles es preservada como una posesi\u00f3n p\u00fablica en numerosas Iglesias, en las que los ap\u00f3stoles de Cristo hab\u00ed\u00adan nombrado presb\u00ed\u00adteros y obispos muy instruidos para proseguir su ministerio de ense\u00f1anza. En Roma, por ejemplo, en la Iglesia fundada por Pedro y Pablo, se puede aprender la econom\u00ed\u00ada de salvaci\u00f3n en Cristo y compartir \u00abla \u00fanica y la misma fe vivificante que ha sido preservada en la Iglesia desde los ap\u00f3stoles hasta ahora, transmitida en verdad\u00bb (Adversus haereses III, 3,3).<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad, a la vez que la Iglesia comenzaba a delimitar su lista oficial de escritos apost\u00f3licos aut\u00e9nticos (cf l Canon b\u00ed\u00adblico), Ireneo enunciaba un principio correlativo, a saber: un modelo de fe en Dios creador, en el Hijo de Dios, que en nuestra carne llev\u00f3 a cabo la obra de salvaci\u00f3n, y en el Espiritu Santo, enviado a los creyentes como \u00abprenda de incorrupci\u00f3n el poder confirmante de nuestra fe y la escala de ascensi\u00f3n a Dios\u00bb (III, 24,1). Ateni\u00e9ndose a esta fe, en la Iglesia una persona puede leer todas las Escrituras de ambos Testamentos con la firme seguridad de conocer su significado, es decir, el alcance pleno del designio divino del que ellas dan testimonio. Fuera del \u00e1mbito de la regla de fe apost\u00f3lica y eclesial, los textos b\u00ed\u00adblicos no ofrecen alimento s\u00f3lido, porque han sido desmenuzados por los sabios gn\u00f3sticos y sus trozos forzados a servir al extra\u00f1o prop\u00f3sito de demostrar sus mitos.<\/p>\n<p>La \u00abregla de fe\u00bb de Ireneo est\u00e1 presente en las Escrituras, y encuentra recta expresi\u00f3n en la catequesis de las Iglesias y en sus diversos modelos de profesar la fe. Pero la regla no es sin m\u00e1s id\u00e9ntica a cada uno de \u00e9stos ni est\u00e1 formulada de modo exhaustivo por ellos. La regla da origen a expresiones diversas en diferentes lugares, pero \u00abel poder de la tradici\u00f3n (dynamis t\u00e9s paradoseos) es uno y el mismo\u00bb (1, 10,2). No es s\u00f3lo el verdadero significado de la ense\u00f1anza apost\u00f3lica lo que estas Iglesias reciben y transmiten, pues tambi\u00e9n \u00abreconocen el mismo don del Esp\u00ed\u00adritu, se esfuerzan por caminar en los mismos mandamientos, preservan la misma forma de configuraci\u00f3n eclesi\u00e1stica, esperan la misma venida del Se\u00f1or y anhelan la misma salvaci\u00f3n de la persona entera, es decir, cuerpo y alma a la vez\u00bb (V, 20,1; cf IV, 33,8).<\/p>\n<p>Ireneo, pues, pensaba en un dep\u00f3sito apost\u00f3lico completo; pero, a diferencia del autor de las cartas pastorales, \u00e9l no pon\u00ed\u00ada el acento en los deberes de los depositarios episcopales. Subrayaba, en cambio, el gran beneficio derivado para los creyentes de la herencia de los ap\u00f3stoles, que \u00abcomo en un rico almac\u00e9n dejaron en la Iglesia copios\u00ed\u00adsimamente todo lo que pertenece a la fe, de modo que todo el que lo desee pueda inspirarse en esta fuente y beber el agua de la vida\u00bb (III, 4,1). La tradici\u00f3n apost\u00f3lica de la verdad est\u00e1 en la Iglesia, donde los cristianos creen en el pleno designio de Dios. \u00abGuardamos y protegemos la fe recibida de la Iglesia; pero ella act\u00faa continuamente, por el Esp\u00ed\u00adritu de Dios, como un valioso dep\u00f3sito en una preciosa vasija, para rejuvenecerse a s\u00ed\u00ad misma y a la propia vasija que la contiene\u00bb (I1I, 24,1). El dep\u00f3sito apost\u00f3lico, en opini\u00f3n de Ireneo, es una posesi\u00f3n espiritual global y vigorizante, hallada en el \u00e1mbito de la Iglesia, como un modelo de creencia y como un estilo de vida.<\/p>\n<p>Vicente de Lerins, que escribe en el sur de la Galia en el a\u00f1o 430 d.C., es principalmente conocido por formular los criterios cl\u00e1sicos para comprobar si una doctrina pertenece a la verdad revelada: \u00abEn la Iglesia cat\u00f3lica debe ponerse todo cuidado en sostener firmemente lo que ha sido cre\u00ed\u00addo en todas partes, siempre y por todos (quod ubique, quod semper, quod ab omnibus)\u00bb (Commonitorium, 2). Las nuevas doctrinas son excluidas por su falta de conformidad con lo que ha sido transmitido desde el principio como parte de la regla de fe tradicional. Esta regla es el \u00absentido cat\u00f3lico y eclesial de la Escritura\u00bb (ib), que los decretos de los concilios generales dan a conocer. Sin embargo, Vicente no hace referencia al concilio de Nicea y a su norma dogm\u00e1tica para entender los textos b\u00ed\u00adblicos sobre la relaci\u00f3n del Padre y el Hijo. Vicente atribuye gran importancia al desenmascaramiento de opiniones particulares descaminadas, mostrando su divergencia de un conjunto de los puntos de vista de maestros cat\u00f3licos venerados, cuyo consenso demostrar\u00e1 la autenticidad de la verdad que transmiten (Comm., 27-28).<\/p>\n<p>Vicente no excluye el desarrollo progresivo en la Iglesia; pero \u00e9ste tiene lugar dentro del \u00e1mbito estricto de la tradici\u00f3n pasada. No se puede renunciar a ning\u00fan principio del dogma cat\u00f3lico; lo que crece es la comprensi\u00f3n, el conocimiento y la sabidur\u00ed\u00ada e la misma doctrina: \u00abin eodem scilicet dogmate, eodem sensu eademque sententia\u00bb (Comm.,23). Sin embargo, si el dep\u00f3sito se toma como doctrina formulada, uno se pregunta naturalmente c\u00f3mo aplicar esta noci\u00f3n de progreso en el caso de una cuesti\u00f3n nueva que surge en una \u00e9poca y en una cultura enormemente diferentes de la de la era apost\u00f3lica.<\/p>\n<p>No sorprende que Vicente de Lerins se sintiera ungido grandemente por el mandato dado a Timoteo de guardar el dep\u00f3sito apost\u00f3lico. Esta palabra, para Vicente, se aplica en su \u00e9poca tanto a la Iglesia universal como a todos sus dirigentes, y deb\u00ed\u00ada imprimir un marcado car\u00e1cter. Porque el dep\u00f3sito \u00abes lo que te ha sido confiado, no lo que t\u00fa has inventado; lo que has recibido, no lo que t\u00fa has ideado; no un asunto de creatividad, sino de doctrina; no una adquisici\u00f3n privada, sino una tradici\u00f3n p\u00fablica; algo que te han entregado, no producido por ti; un asunto que t\u00fa no creaste, sino que debes guardar; no como el maestro, sino como quien se adhiere; no guiando, sino siguiendo. Guarda este dep\u00f3sito, dice. Preserva el talento de la fe cat\u00f3lica inviolado y totalmente intacto\u00bb (Comm., 22).<\/p>\n<p>Como anglicano, John Henry Newman se opuso a la idea de que la Escritura fuera su propio y suficiente int\u00e9rprete. Contra la fragmentaci\u00f3n doctrinal que surge del principio protestante del criterio privado de interpretaci\u00f3n, Newman apel\u00f3 a la tradici\u00f3n y regla de fe derivadas de los ap\u00f3stoles, por las que la Iglesia comprende, libre de error, el \u00ab\u00fanico sentido directo y definido\u00bb de la ense\u00f1anza b\u00ed\u00adblica revelada.<\/p>\n<p>Escribiendo sobre la tradici\u00f3n apost\u00f3lica en 1836, Newman citaba la primera carta de Timoteo para demostrar que los ap\u00f3stoles entregaron a sus sucesores un dep\u00f3sito doctrinal para una nueva transmisi\u00f3n. Newman cit\u00f3 la explicaci\u00f3n de depositum de Vicente de Lerins (cf m\u00e1s arriba), pero a\u00f1adi\u00f3 una descripci\u00f3n caracter\u00ed\u00adstica, que apunta m\u00e1s all\u00e1 de una primitiva colecci\u00f3n de dogmas. Lo que los ap\u00f3stoles transmitieron no puede ser compendiado en documentos. Era \u00abdemasiado vasto, para levantar acta; demasiado complicado, demasido impl\u00ed\u00adcito, demasiado f\u00e9rtil para ser puesto por escrito, al menos en tiempos de persecuci\u00f3n; fue en su mayor parte transmitido oralmente, y la salvaguarda contra su corrupci\u00f3n fue el n\u00famero y unanimidad de sus testigos\u00bb. El credo catalogaba los principales apartados, pero en las Iglesias la sustancia de la tradici\u00f3n \u00abera m\u00faltiple, variada e independiente en su manifestaci\u00f3n local\u00bb (Essays Critical and Historical,Londres 1871, 1, 126s). Para Newman, la tradici\u00f3n apost\u00f3lica era el resultado de un contacto vivo, y en modo alguno un adoctrinamiento, lo que dio como resultado el profuso cuerpo de verdades que penetran la Iglesia como su verdadera atm\u00f3sfera.<\/p>\n<p>Cuando Newman se hizo cat\u00f3lico romano, la amplitud y fecundidad del dep\u00f3sito apost\u00f3lico ocup\u00f3 un lugar central en sus reflexiones. Sus investigaciones sobre la crisis arriana y de Calcedonia le convencieron de que la verdad revelada estaba llamada a desarrollarse bajo la gu\u00ed\u00ada de una autoridad que ense\u00f1a libre de error. Como explic\u00f3 en An Essay on the Development of Christian Doctrine (1845), el cristianismo es un hecho que queda grabado en la mente que cree de una forma que conduce a una multitud de consecuencias. Es dogm\u00e1tico, devocional, social y pr\u00e1ctico a la vez, y ninguna expresi\u00f3n aislada sirve para definirlo. La Escritura nos introduce en un vasto territorio que no podemos organizar o describir en un simple cat\u00e1logo. En el tiempo de la Iglesia, la exploraci\u00f3n de muchas partes de la revelaci\u00f3n es una tarea de investigaci\u00f3n, contemplaci\u00f3n y la resoluci\u00f3n de la controversia. A veces han de declararse nuevos dogmas; pero, fundamentalmente, \u00e9stos s\u00f3lo manifiestan el conocimiento reci\u00e9n alcanzado por la Iglesia de lo que estaba impl\u00ed\u00adcito en el dep\u00f3sito entregado al principio.<\/p>\n<p>Lo que los ap\u00f3stoles transmitieron ten\u00ed\u00ada su propia unidad y cohesi\u00f3n; y as\u00ed\u00ad, una percepci\u00f3n conduce con el tiempo a otra. Las grandes ideas, se\u00f1ala Newman, no se comprenden todas a la vez, sino que se llega a su perfecta comprensi\u00f3n con el paso del tiempo. Las mentes ilustradas y piadosas ofrecen campo a la palabra de Dios con su fuerza expansiva, ya que genera nuevo conocimiento de s\u00ed\u00ad misma en sus diversas partes y multiformes relaciones con las diferentes esferas de la vida. La propia Escritura est\u00e1 llena de cuestiones que los ap\u00f3stoles no contestaron de forma inmediata. Pues dejaron que muchas decisiones maduraran con el tiempo; por ejemplo, el canon b\u00ed\u00adblico, el bautismo de los ni\u00f1os reci\u00e9n nacidos y el perd\u00f3n de los pecados cometidos despu\u00e9s del bautismo. Las respuestas a estas cuestiones llegaron con los desarrollos graduales y homog\u00e9neos del dep\u00f3sito. Newman consideraba que este dinamismo hacia el crecimiento por la explicitaci\u00f3n del contenido no deber\u00ed\u00ada ser aislado declarando que alg\u00fan punto en el tiempo es el final de una supuesta era cl\u00e1sica. De forma muy semejante a como la Palabra eterna se hizo hombre, as\u00ed\u00ad tambi\u00e9n la palabra reveladora de Dios ha entrado decididamente en la historia.<\/p>\n<p>Las mentes humanas, naturalmente, pueden torcer y deformar la verdad revelada; por ejemplo, afirmando con imprudencia una sola doctrina en detrimento o exclusi\u00f3n de otras verdades de fe. Por eso, Newman estableci\u00f3 sus famosos criterios o pruebas para cribar el trigo de la doctrina de la paja, es decir, para discernir los verdaderos progresos del dep\u00f3sito de las corrupciones. Los verdaderos desarrollos doctrinales preservan el mismo tipo de doctrina que se halla en formulaciones m\u00e1s rudimentarias; se conforman a ciertos principios permanentes profundamente enraizados en la mente que cree; asimilan con \u00e9xito otras realidades valiosas, por ejemplo, sistem\u00e1s filos\u00f3ficos; dicen relaci\u00f3n l\u00f3gica a posturas primitivas, incluso aunque el mismo desarrollo fuera un crecimiento m\u00e1s espont\u00e1neo; completan anticipaciones anteriores y fragmentarias de lo que viene despu\u00e9s; act\u00faan de modo conservador con respecto a desarrollos precedentes, ilustrando y confirmando el cuerpo entero de pensamiento del que surgen; finalmente, los verdaderos desarrollos manifiestan vigor y resistencia constantes, mientras que las corrupciones r\u00e1pidamente desaparecen de la escena.<\/p>\n<p>Las pruebas de Newman eran principalmente un instrumento apolog\u00e9tico para demostrar que las ense\u00f1anzas cat\u00f3licas posteriores mantienen una continuidad din\u00e1mica con la palabra apost\u00f3lica primitiva. Pero tambi\u00e9n suscitan la cuesti\u00f3n correlativa sobre el modo apropiado de descubrir el dep\u00f3sito apost\u00f3lico en medio de la gran variedad de lo que la Iglesia transmite en una \u00e9poca dada. \u00bfC\u00f3mo capta el creyente la tradici\u00f3n entre las tradiciones? G. O&#8217;Collins (cf bibliograf\u00ed\u00ada) ha propuesto una v\u00ed\u00ada que supera las severas restricciones, en la clasificaci\u00f3n del canon de Vicente de Lerins, de antig\u00fcedad, universalidad y consenso, aunque sin pasarse al otro extremo de identificar sencillamente la tradici\u00f3n apost\u00f3lica con las declaraciones de su int\u00e9rprete magisterial vivo. Aqu\u00ed\u00ad al sentido de la fe, a los escritos del NT y al mismo Cristo resucitado se les da su debido lugar, sin negar las dificultades de interpretar rectamente estas realidades de esp\u00ed\u00adritu, palabra y vida.<\/p>\n<p>4. LA MODERNA ENSE\u00ed\u2018ANZA CAT\u00f3LICA. Entre los dos concilios Vaticanos, la Iglesia magisterial manifest\u00f3 un agudo sentido de ser la depositaria designada de la herencia apost\u00f3lica de la verdad revelada. Lo que Cristo y sus ap\u00f3stoles le confiaron para salvaguarda y declaraci\u00f3n infalible es el Verbum Dei scriptum vel traditum, cuyo significado se encuentra sobre todo en las declaraciones dogm\u00e1ticas de la Iglesia. Los desarrollos se pueden dar; pero el camino preferido para describir el progreso doctrinal procede de Vicente de Lerins, no de John Henry Newman (cf Vaticano 1, Dei filius: DS 3011, 3018, 3020).<\/p>\n<p>La crisis modernista despu\u00e9s dio lugar a una poderosa corriente de respuesta oficial que configur\u00f3 la teolog\u00ed\u00ada normal de instrucci\u00f3n cat\u00f3lica en los seminarios hasta 1960. Aqu\u00ed\u00ad el dep\u00f3sito era considerado como la summa de verdades contenidas en la Escritura y en la tradici\u00f3n apost\u00f3lica. Este corpus doctrinal objetivo se cerr\u00f3 con la muerte del \u00faltimo ap\u00f3stol, y de ah\u00ed\u00ad saca la Iglesia su ense\u00f1anza, encargada como est\u00e1 de preservar y explicitar el significado de la herencia apost\u00f3lica. Los factores personales e interiores en las vidas espirituales de los creyentes son s\u00f3lo incidentales para la propia revelaci\u00f3n sobrenatural, como lo es cualquier noci\u00f3n de una evoluci\u00f3n hist\u00f3rica del verdadero significado de las doctrinas (DS 3420-22, 3541).<\/p>\n<p>En la enc\u00ed\u00adclica Humani generis (1950), el papa P\u00ed\u00ado XII acentu\u00f3 el papel normativo del magisterio jer\u00e1rquico en la formulaci\u00f3n del contenido del dep\u00f3sito para la aceptaci\u00f3n por parte de creyentes y te\u00f3logos. Los \u00faltimos deben sumergirse en las fuentes apost\u00f3licas, pero su investigaci\u00f3n y ense\u00f1anza es estrictamente auxiliar: \u00abSu tarea consiste en mostrar c\u00f3mo las ense\u00f1anzas del magisterio vivo se encuentran, bien sea expl\u00ed\u00adcita o impl\u00ed\u00adcitamente, en la Sagrada Escritura y en la tradici\u00f3n divina\u00bb (DS 3886). As\u00ed\u00ad, el dep\u00f3sito es un terreno sobre el que la autoridad de la ense\u00f1anza jer\u00e1rquica tiene determinados derechos exclusivos. \u00abPues junto a estas sagradas fuentes, Dios dio a su Iglesia el magisterio vivo, que est\u00e1 para clarificar y elaborar aquellos asuntos contenidos en el dep\u00f3sito de la fe s\u00f3lo de modo oscuro o impl\u00ed\u00adcitamente. La tarea de interpretar de modo aut\u00e9ntico el dep\u00f3sito fue confiada por nuestro divino redentor, no a los cristianos individuales ni a los te\u00f3logos, sino solamente al magisterio de la Iglesia\u00bb (DS 3886).<\/p>\n<p>Entre 1959-62, la hostilidad al modernismo y una preocupaci\u00f3n a la defensiva sobre el trabajo independiente con las fuentes dominaron la preparaci\u00f3n oficial de materiales para el concilio Vaticano II. Pero las decisivas intervenciones del papa Juan XXIII, especialmente su discurso de apertura Gaudet mater Ecclesia (11 de octubre de 1962), dieron al Vaticano II un esp\u00ed\u00adritu fresco y una orientaci\u00f3n creativa. El papa Juan declar\u00f3 enf\u00e1ticamente la responsabilidad del magisterio de transmitir una doctrina de gran utilidad potencial para la gente en todos los sectores de sus vidas. La Iglesia es la depositaria de un mensaje de enorme potencial para nutrir la fe en Dios y ofrecer gu\u00ed\u00ada e inspiraci\u00f3n para la vida en este mundo. Naturalmente, el concilio ense\u00f1ar\u00e1 en continuidad con el corpus doctrinal elaborado por los concilios anteriores. Pero es indispensable una comunicaci\u00f3n m\u00e1s eficaz, porque la propia ense\u00f1anza tiene un poder beneficioso en su afirmaci\u00f3n de la dignidad m\u00e1s personal y en su contribuci\u00f3n a humanizar la vida en este mundo. Los tiempos exigen un nuevo intento de comunicar el precioso dep\u00f3sito de verdad salvadora, no una preocupaci\u00f3n ansiosa por condenar errores. As\u00ed\u00ad el Vaticano II comenz\u00f3 con una invitaci\u00f3n autorizada a volver a exponer la doctrina fundamental de la Iglesia, el dep\u00f3sito de la fe, de una forma apropiada para elevar las vidas de los creyentes y de toda la gente de buena voluntad.<\/p>\n<p>La constituci\u00f3n dogm\u00e1tica sobre la Iglesia, del Vaticano II, habl\u00f3 del dep\u00f3sito de la fe, primero en conexi\u00f3n con el carisma especial de la infalibilidad, siendo esta \u00faltima esencialmente protectora del dep\u00f3sito contra el error y la desfiguraci\u00f3n mediante expresiones solemnes de la ense\u00f1anza de la Iglesia (LG 25,3). Los maestros oficiales, los obispos y el papa, deben, sin embargo, estudiar atentamente los testimonios prof\u00e9ticos y apost\u00f3licos sobre el dep\u00f3sito entregado de una vez para siempre, porque su ense\u00f1anza no cae del cielo como nueva revelaci\u00f3n, sino que pretende m\u00e1s bien clarificar y actualizar la revelaci\u00f3n definitiva ya dada (LG 25,5).<\/p>\n<p>El decreto sobre ecumenismo afirma que la continua reforma eclesial puede, de vez en cuando, exigir poner al d\u00ed\u00ada la manera en que la doctrina.es enunciada. El dep\u00f3sito de la fe permanece definitivo y perenne, pero su articulaci\u00f3n por la Iglesia puede estar necesitada de adaptaci\u00f3n, basada en una mejor comprensi\u00f3n de las inagotables fuentes primitivas o de las necesidades de una comunicaci\u00f3n m\u00e1s efectiva (UR 6). En 1973 la Congregaci\u00f3n para la doctrina de la fe habl\u00f3 sobre el tema de la reformulaci\u00f3n doctrinal. Esta actualizaci\u00f3n magisterial puede necesitarse, primero, a causa de la trascendente sublimidad de los propios misterios de salvaci\u00f3n, que no se han comunicado de manera plena en ninguna expresi\u00f3n aislada de la verdad. Segundo, porque siendo el lenguaje una realidad hist\u00f3rica, incluso las formulaciones m\u00e1s penetrantes pueden con el paso del tiempo perder en su eficacia comunicativa. Por eso pueden necesitar complementaci\u00f3n o revisi\u00f3n, en orden a resaltar m\u00e1s claramente esa beneficiosa fecundidad del mensaje de Cristo transmitido por sus ap\u00f3stoles (Mysterium ecclesiae, 5; EV 4,1674-76).<\/p>\n<p>La constituci\u00f3n pastoral del Vaticano II sobre la Iglesia en el mundo actual se ocupa en un cap\u00ed\u00adtulo del desarrollo cultural humano (GS 5362). Sin duda determinadas dificultades han impedido una plena influencia creativa de la ense\u00f1anza cristiana y eclesial sobre la cultura moderna. Aqu\u00ed\u00ad la constituci\u00f3n subraya la necesidad para la teolog\u00ed\u00ada de contribuir a superar estos obst\u00e1culos favoreciendo una mejor comunicaci\u00f3n entre la Iglesia y la gente del mundo moderno. Como se\u00f1al\u00f3 el papa Juan, el dep\u00f3sito y las verdades de fe son una cosa en su significado y sustancia, pero la manera en que est\u00e1n formuladas puede evolucionar y hacerse m\u00e1s enriquecedora para los diversos aspectos de la vida humana (GS 62,2).<\/p>\n<p>Las principales afirmaciones del Vaticano II sobre el dep\u00f3sito de la fe tienen lugar en el cap\u00ed\u00adtulo 2 de la constituci\u00f3n dogm\u00e1tica sobre la divina revelaci\u00f3n (DV 7-10). Puesto que estos densos p\u00e1rrafos son tratados en los comentarios sobre la l Dei Verbum, nos limitamos a entresacar s\u00f3lo tres puntos de ense\u00f1anza que hablan de un modo nuevo del dep\u00f3sito apost\u00f3lico y de su modo de presencia en la Iglesia.<\/p>\n<p>Primero, el patrimonio apost\u00f3lico entregado a la Iglesia es m\u00e1s que un corpus doctrinal que se deriva de la revelaci\u00f3n. Jes\u00fas ense\u00f1\u00f3 y sus disc\u00ed\u00adpulos despu\u00e9s llevaron a cabo un ministerio de instrucci\u00f3n en las Iglesias que ellos fundaron. Pero los ap\u00f3stoles fueron personalmente formados tambi\u00e9n, siendo testigos de las obras de Jes\u00fas y compartiendo la vida (conversatio) con \u00e9l. Despu\u00e9s, en las comunidades de aquellos que aceptaron el evangelio, los ap\u00f3stoles transmitieron los dones divinos por lo que dec\u00ed\u00adan, por c\u00f3mo viv\u00ed\u00adan y por las estructuras (ministerios, formas de culto) que instituyeron (DV 7). Su multifac\u00e9tica influencia cre\u00f3 un rasgo distintivo, que conforma tanto la creencia como la conducta: \u00abLo que los ap\u00f3stoles transmitieron comprende todo lo necesario para una vida santa y para una fe creciente del pueblo de Dios\u00bb. Despu\u00e9s de la era apost\u00f3lica, lo que se transmite es una forma global de fe y vida compartidas: \u00abLa Iglesia con su ense\u00f1anza, su vida, su culto, conserva y transmite a todas las edades lo que es y lo que cree\u00bb (DV 8). La tradici\u00f3n, pues, crea un \u00e1mbito de la vida en comuni\u00f3n, con una multiplicidad de concretizaciones ordenadas a la formaci\u00f3n personal en sabidur\u00ed\u00ada y santidad.<\/p>\n<p>Segundo, aunque la revelaci\u00f3n fundante de Dios, que fue otorgada de una vez para siempre, se complet\u00f3 en Jes\u00fas y con sus ap\u00f3stoles (DV 4), est\u00e1 intr\u00ed\u00adnsecamente ordenada al desarrollo y al progreso. Los mismos ap\u00f3stoles fueron gradualmente conducidos por el Esp\u00ed\u00adritu Santo a esa plena comprensi\u00f3n de la salvaci\u00f3n en Cristo expresada en los escritos del NT (DV 7). En la era de la Iglesia, el significado del dep\u00f3sito apost\u00f3lico tambi\u00e9n emerge gradualmente y se va expresando de manera progresiva. Con el paso del tiempo, numerosos factores influyen en el pleno proceso hist\u00f3rico de su desarrollo, no siendo el menor de ellos la continua influencia del Esp\u00ed\u00adritu Santo. \u00abCrece la comprensi\u00f3n de las palabras e instituciones transmitidas cuando los fieles las contemplan y estudian repas\u00e1ndolas en su coraz\u00f3n (cf Lc 2,19. 51), y cuando comprenden internamente los misterios que viven, cuando las proclaman los obispos, sucesores d\u00e9 los ap\u00f3stoles en el carisma de la verdad\u00bb (DV 8).<\/p>\n<p>El Vaticano II, sin embargo, no fue v\u00ed\u00adctima de un optimismo propio del charlatanismo sobre el progreso en la Iglesia, pues el mismo concilio estableci\u00f3 tambi\u00e9n la necesidad de constantes intervenciones para reformar la disciplina y doctrina de la Iglesia (UR 6). Sin embargo, Newman ha hecho, sin duda, una contribuci\u00f3n decisiva, y se han aceptado modos hist\u00f3ricos de pensamiento que tienen que ver con la presencia del dep\u00f3sito apost\u00f3lico en la Iglesia. Discretamente, el est\u00e1tico clasicismo de Vicente de Lerins ha sido desechado.<\/p>\n<p>Tercero, la importancia atribuida a la reflexi\u00f3n sobre la experiencia vivida, junto al sentido de la fe sobrenatural de todo el pueblo de Dios (LG 12), manifiesta un notable cambio con respecto a la ense\u00f1anza de P\u00ed\u00ado XII en la Humani generis. El dep\u00f3sito, declara el concilio, es entregado a la Iglesia entera como base e inspiraci\u00f3n de su vida, a imagen de la comunidad apost\u00f3lica ideal de Hechos 2,42: \u00abLa tradici\u00f3n y la Escritura constituyen el dep\u00f3sito sagrado de la palabra de Dios, confiado ala Iglesia. Fiel a dicho dep\u00f3sito, el pueblo cristiano entero, unido a sus pastores, persevera siempre en la doctrina apost\u00f3lica y en la uni\u00f3n, en la eucarist\u00ed\u00ada y la oraci\u00f3n\u00bb (DV 10,1).<\/p>\n<p>El magisterio jer\u00e1rquico tiene una contribuci\u00f3n clave que realizar, a saber: la de interpretar con autenticidad la palabra entregada, una palabra, sin embargo, a la que el propio magisterio est\u00e1 subordinado, como oyente, protector y expositor oficial. Toda doctrina oficial, propuesta en la Iglesia para ser cre\u00ed\u00adda, deriva de un dep\u00f3sito de fe dado por los ap\u00f3stoles (DV 10,2). Por eso, el magisterio no es un oficio aislado y soberano, ni crea la ense\u00f1anza de la Iglesia ex nih\u00ed\u00adlo. El propio dep\u00f3sito afecta a los creyentes de muy diversas maneras y es accesible a trav\u00e9s de la variedad de sus expresiones. Pero los peligros de imprecisi\u00f3n que surgen de la aut\u00e9ntica abundancia de lo que se ha transmitido pueden, cuando es necesario, obviarse mediante intervenciones magisteriales clarificadoras. As\u00ed\u00ad, el magisterio est\u00e1 al servicio de la contribuci\u00f3n continua del dep\u00f3sito a la fe y la vida, ya que cambia cr\u00ed\u00adticamente las expresiones eclesi\u00e1sticas y teol\u00f3gicas y adapta la ense\u00f1anza de la Iglesia a situaciones nuevas.<\/p>\n<p>Una perspicaz referencia al dep\u00f3sito fue hecha por el papa Pablo VI en su discurso de clausura del Vaticano II (7 de diciembre de 1965). El concilio estaba en ese momento ofreciendo al mundo una imagen renovadora de la Iglesia, y al mismo tiempo una presentaci\u00f3n m\u00e1s clara, definida y ordenada de la herencia recibida de Cristo como un dep\u00f3sito. \u00ab`Dep\u00f3sito&#8217;&#8230; meditado en el curso de los siglos, vivido y expresado, y ahora aclarado en tantas de sus partes, establecido y ordenado en su integridad; dep\u00f3sito vivo por la divina virtud de verdad y gracia que lo constituye, y por eso id\u00f3neo para vivificar a quienquiera que lo acoja piadosamente y que aumente con \u00e9l su propia existencia humana\u00bb (CON. VATICANO II, Constituciones. Decretos. Declaraciones, BAC 252, Madrid 19674, 1067).<\/p>\n<p>En la doctrina cat\u00f3lica moderna, el dep\u00f3sito apost\u00f3lico es complejo, pero vivificante; una realidad de crecimiento natural a trav\u00e9s de nuevas expresiones, un tesoro de familia que ciertamente debe ser guardado en la comunidad, pero -todav\u00ed\u00ada m\u00e1s importante- una fuente abundante que debe hacerse accesible a todos los que tengan necesidad de su luz y gu\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>5. PERSPECTIVAS ECUMENICAS. La doctrina ortodoxa oriental de la revelaci\u00f3n est\u00e1 centrada en la encarnaci\u00f3n del Hijo de Dios, en su gloriosa resurrecci\u00f3n y en la transformaci\u00f3n continua de la vida presente por el Esp\u00ed\u00adritu Santo. La Iglesia es la presencia de la salvaci\u00f3n escatol\u00f3gica ya proyectada en el tiempo y realizada en la celebraci\u00f3n sacramental. El mundo renovado, centrado en Cristo y sus santos, se manifiesta a los ojos de la fe de modo especial en la sinaxis eucar\u00ed\u00adstica. La revelaci\u00f3n y los sacramentos efect\u00faan as\u00ed\u00ad la deificaci\u00f3n del hombre y del mundo en el Esp\u00ed\u00adritu Santo.<\/p>\n<p>La revelaci\u00f3n hist\u00f3rica en Cristo fue confiada como un dep\u00f3sito salvador por los ap\u00f3stoles a la Iglesia, tanto por escrito como en forma de tradici\u00f3n, que expresa el verdadero sentido de las Escrituras. Los primeros concilios expresaron de forma dogm\u00e1tica el misterio central de Cristo, mientras que los padres orientales, hasta M\u00e1ximo el Confesor, expusieron la misma revelaci\u00f3n de modo sint\u00e9tico, y subrayaron la verdad de la divinizaci\u00f3n humana por el Esp\u00ed\u00adritu de Cristo resucitado. Hoy la tradici\u00f3n se actualiza en la Iglesia, y en cierto sentido es la Iglesia, como forma de presencia revelada de Cristo a la fe (Staniloe). La tradici\u00f3n es revelaci\u00f3n salvadora, completa en s\u00ed\u00ad misma; pero abre un espacio en el tiempo para nuestra gradual apropiaci\u00f3n por la fe y para la penetraci\u00f3n teol\u00f3gica en su significado esencial.<\/p>\n<p>El pensamiento cat\u00f3lico occidental comparte la convicci\u00f3n ortodoxa de que la revelaci\u00f3n se transmite a trav\u00e9s de la Escritura le\u00ed\u00adda en la Iglesia a la luz de la tradici\u00f3n. Pero el catolicismo contempla a la Iglesia profundamente inmersa en la historia humana, donde contin\u00faa mirando al futuro, anhelando la plenitud escatol\u00f3gica, todav\u00ed\u00ada-no-realizada, de la verdad divina.<\/p>\n<p>El evangelio apost\u00f3lico de Cristo es para los cat\u00f3licos la \u00fanica fuente de toda verdad salvadora y gu\u00ed\u00ada para la vida (DV 7, reafirmando el concilio de Trento); pero ya en la \u00e9poca apost\u00f3lica el evangelio produjo una riqueza de instrucci\u00f3n y formas diferentes de creencia y de vida en el mundo. Este evangelio y ense\u00f1anza apost\u00f3lica deben ser m\u00e1s adelante expresados y aplicados a las vidas de los creyentes en medio de una gran variedad de culturas. As\u00ed\u00ad, para los cat\u00f3licos, el desarrollo dogm\u00e1tico contin\u00faa ofreciendo nuevas expresiones del dep\u00f3sito original hasta mucho despu\u00e9s de la edad patr\u00ed\u00adstica. Aqu\u00ed\u00ad se abre un espacio para la continua interpretaci\u00f3n del dep\u00f3sito tanto a trav\u00e9s de la experiencia espiritual como a trav\u00e9s de la reflexi\u00f3n erudita y de oportunas intervenciones del magisterio episcopal y papal.<\/p>\n<p>El pensamiento protestante entiende la revelaci\u00f3n desde su centro, principalmente el evangelio de misericordia que proviene de Dios y su don gratuito de salvaci\u00f3n propter Christum. Este evangelio cre\u00f3 la Iglesia, y as\u00ed\u00ad lo sigue haciendo, como la asamblea de aquellos que por la fe permanecen fieles al mensaje evang\u00e9lico. En el \u00e1mbito de las Iglesias m\u00e1s primitivas, el evangelio se formul\u00f3 de una vez para siempre en las escrituras del NT. Despu\u00e9s de la era apost\u00f3lica, el ministerio eclesial de la palabra y el sacramento siguen comunicando el evangelio, sirviendo as\u00ed\u00ad de motivaci\u00f3n para la fe salvadora en Cristo. Se puede decir incluso que la revelaci\u00f3n contin\u00faa en la Iglesia; pero, cuando ocurre, no tiene el valor normativo propio de la Biblia. Los libros b\u00ed\u00adblicos mantienen una autoridad insuperable como regla de verdad y, lo que es m\u00e1s importante, como fuente de la viva vox del evangelio en cada \u00e9poca.<\/p>\n<p>Las Iglesias, efectivamente, contin\u00faan formulando e interpretando el evangelio en credos, doctrinas, catecismos y teolog\u00ed\u00adas. El evangelio puede muy bien resonar de modo genuino en estas formas posapost\u00f3licas, pero son en s\u00ed\u00ad mismas vulnerables, es decir, capaces de error. En realidad, todo discurso y acci\u00f3n eclesiales deben ser cr\u00ed\u00adticamente examinados por su conformidad con la norma b\u00ed\u00adblica original del evangelio y por su verdadera contribuci\u00f3n a alimentar la fe en los dones gratuitos de Dios en Cristo.<\/p>\n<p>Las Escrituras, para los protestantes, son el dep\u00f3sito apost\u00f3lico, y tienen su centro luminoso en el evangelio de la salvaci\u00f3n no merecida. Este les da capacidad de autointerpretaci\u00f3n, que hace superflua cualquier hermen\u00e9utica de tradici\u00f3n o magisterio. En opini\u00f3n del prestigioso Oscar Cullmann, la Iglesia del segundo siglo d.C. reconoci\u00f3 el peligro de perder el evangelio y respondi\u00f3 subordinando su vida entera, es decir, toda la tradici\u00f3n eclesi\u00e1stica, a la clara regla de tradici\u00f3n apost\u00f3lica expresada en los libros del canon del NT. Desde esa \u00e9poca en adelante la fe no osa expresarse con seguridad fuera de este \u00e1mbito estrictamente trazado del dep\u00f3sito apost\u00f3lico.<\/p>\n<p>La doctrina cat\u00f3lica considera tambi\u00e9n el evangelio de Cristo como un mensaje de eficacia salvadora y reconoce que el NT tiene valor \u00fanico como expresi\u00f3n de la predicaci\u00f3n y fe apost\u00f3licas. Pero los cat\u00f3licos est\u00e1n convencidos de que los abundantes dones transmitidos por los ap\u00f3stoles forman una compleja unidad en la que el evangelio no es m\u00e1s que una parte. La herencia apost\u00f3lica cre\u00f3 comunidades, es decir, centros de vida colectiva iluminados por la ense\u00f1anza, inspirados por un ejemplo vivo, estructurados institucionalmente y que realizan el culto seg\u00fan formas transmitidas. El evangelio es central; pero es desde el comienzo prol\u00ed\u00adfico, creando vida compartida y testimonio.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de la edad apost\u00f3lica, el dep\u00f3sito se desarroll\u00f3 a trav\u00e9s de expresiones que manifiestan su significado intr\u00ed\u00adnseco. Guardar el dep\u00f3sito no es mantenerlo inalterado, sino aplicarlo fructuosamente a la fe y a la vida en cada \u00e9poca. La transmisi\u00f3n de la revelaci\u00f3n implica adaptaci\u00f3n a nuevas necesidades y lleva a nuevas percepciones del don original. Para efectuar este desarrollo obran de modo rec\u00ed\u00adproco varios factores: contemplaci\u00f3n y reflexi\u00f3n sobre la experiencia, estudio erudito del testimonio b\u00ed\u00adblico, predicaci\u00f3n y la actividad magisterial de los obispos y del papa. De vez en cuando, las definiciones formulan puntos clave de la revelaci\u00f3n misma para su aceptaci\u00f3n en la fe, como parte de la sustancia del dep\u00f3sito de la fe.<\/p>\n<p>La fe cat\u00f3lica es optimista con respecto al potencial de verdadero crecimiento en la Iglesia. Por eso insiste sobre el contexto comunitario de los encuentros de los creyentes con la herencia apost\u00f3lica. Una gama completa de testigos influyen sobre el cristiano en la comunidad que profesa su fe, celebra el memorial de Cristo y procura servir a toda la humanidad. Seg\u00fan la visi\u00f3n cat\u00f3lica, s\u00f3lo en esta red de interacciones sale a luz el significado integral del dep\u00f3sito apost\u00f3lico original.<\/p>\n<p>En 1990 se puede considerar que el di\u00e1logo ortodoxo-cat\u00f3lico ofrece razones para prever una futura reconciliaci\u00f3n y restauraci\u00f3n de la comuni\u00f3n. Las diferencias sobre la revelaci\u00f3n y el dep\u00f3sito parecen abiertas a una uni\u00f3n final en diversidad reconciliada, basada en un futuro reconocimiento mutuo de la realidad eclesial de cada uno. El di\u00e1logo debe todav\u00ed\u00ada promover una mayor prontitud para ver la esencia cristiana que las dos comunidades revisten de formas diversas, aunque no contradictorias, de predicaci\u00f3n, sacramentos y ministerio.<\/p>\n<p>El ecumenismo protestante-cat\u00f3lico est\u00e1 fragmentado en numerosos di\u00e1logos bilaterales, y la mayor\u00ed\u00ada de \u00e9stos no han abordado todav\u00ed\u00ada el conjunto de temas surgidos de la consideraci\u00f3n del dep\u00f3sito apost\u00f3lico y su desarrollo en la ense\u00f1anza y vida de la Iglesia. Se han producido importantes avances, por ejemplo, en los di\u00e1logos luterano-cat\u00f3licos sobre sacramentos, ministerio y justificaci\u00f3n. Lo que en otro tiempo se consider\u00f3 obst\u00e1culos significativos para la unidad se ha demostrado pr\u00e1cticamente inexistente. Pero es mucho todav\u00ed\u00ada lo que queda por tratar en el \u00e1rea de la eclesiolog\u00ed\u00ada, donde un punto central es la respectiva \u00abdoctrina sobre la doctrina\u00bb de las Iglesias, donde siguen apareciendo serias divergencias. La mayor\u00ed\u00ada de los protestantes est\u00e1n poco dispuestos a ver comprometido el poder salvador del evangelio por una serie de pronunciamientos magisteriales, u ofuscado mediante apelaciones al sensus fidelium. Los cat\u00f3licos, por su parte, sienten que el pleno alcance de las disposiciones apost\u00f3licas puede quedar comprometido por determinados llamamientos reduccionistas al evangelio original. Igualmente reh\u00fasan dejar la interpretaci\u00f3n del significado de la revelaci\u00f3n de Dios \u00fanicamente en manos de exegetas b\u00ed\u00adblicos. El patrimonio apost\u00f3lico completo es un tesoro espiritual demasiado precioso para abandonarlo a la pluralidad indisciplinada de quienes intentan reconstruirlo a partir de los libros b\u00ed\u00adblicos con los instrumentos de la cr\u00ed\u00adtica hist\u00f3rica y literaria. El di\u00e1logo debe continuar.<\/p>\n<p>6. OTRAS CUESTIONES. La luminosa ense\u00f1anza sobre el dep\u00f3sito apost\u00f3lico de grandes figuras como san Ireneo y el cardenal Newman contribuyeron a los nuevos acentos con los que el Vaticano II habl\u00f3 del dep\u00f3sito de la fe. Una reducci\u00f3n de la herencia apost\u00f3lica a una serie de doctrinas que anticipen el dogma posterior ha sido superada por una relaci\u00f3n m\u00e1s amplia de c\u00f3mo contribuyeron los ap\u00f3stoles, y contin\u00faan contribuyendo, a la formaci\u00f3n de los cristianos en comunidad. El patrimonio apost\u00f3lico no es considerado ya como la posesi\u00f3n solamente de la jerarqu\u00ed\u00ada, sino como una presencia portadora de vida que afecta a las vidas de los creyentes para fortalecerlas en la sabidur\u00ed\u00ada de la fe y ayudarlas a caminar en esperanza. Todav\u00ed\u00ada, sin embargo, ciertos temas que se refieren a este dep\u00f3sito de fe y vida necesitan de clarificaci\u00f3n teol\u00f3gica posterior. Nos ocupamos de tres de ellos aqu\u00ed\u00ad.<\/p>\n<p>a) Aunque la Iglesia en su conjunto vive del dep\u00f3sito en su ense\u00f1anza, culto y vida, existe tambi\u00e9n una presencia contempor\u00e1nea de partes del dep\u00f3sito apost\u00f3lico en los libros escritos del NT. Las cartas apost\u00f3licas y evangelios tienen un lugar privilegiado en la vida cristiana, especialmente en la oraci\u00f3n personal y en la liturgia.<\/p>\n<p>Pero las expresiones originales de la fe e instrucci\u00f3n apost\u00f3licas son tambi\u00e9n accesibles para el estudio anal\u00ed\u00adtico de su significado mediante los m\u00e9todos de cr\u00ed\u00adtica hist\u00f3rica y literaria. El uso de estos m\u00e9todos ha sido recomendado de modo autorizado (P\u00ed\u00ado XII, Divino afflante Spiritu; DV 12). Tal an\u00e1lisis erudito puede dar como resultado la recuperaci\u00f3n de la intenci\u00f3n did\u00e1ctica particular de Jes\u00fas o de un autor apost\u00f3lico, por ejemplo, en un comentario erudito sobre un evangelio o una ep\u00ed\u00adstola. Este estudio de la \u00abp\u00e1gina sagrada\u00bb es una manera de recobrar fragmentos del dep\u00f3sito apost\u00f3lico.<\/p>\n<p>Pero \u00bfc\u00f3mo concuerdan la ex\u00e9gesis cr\u00ed\u00adtica con la experiencia de gracia de los creyentes que viven de las riquezas del dep\u00f3sito? \u00bfC\u00f3mo se relaciona la interpretaci\u00f3n hist\u00f3rica y literaria de la ense\u00f1anza de los autores apost\u00f3licos con la tradici\u00f3n doctrinal de la Iglesia resultante de las intervenciones de aquellos que interpretan el dep\u00f3sito en virtud de su oficio pastoral y \u00abel seguro carisma de verdad\u00bb? El Vaticano II era sabedor de esta dualidad de m\u00e9todos interpretativos, y en DV 12 recomend\u00f3 ambos. Pero la ense\u00f1anza del concilio en este punto es m\u00e1s una yuxtaposici\u00f3n que una relaci\u00f3n de c\u00f3mo concuerdan los diferentes m\u00e9todos como una unidad coherente. Parece precisa mayor clarificaci\u00f3n teol\u00f3gica sobre la interrelaci\u00f3n de los diversos caminos en los que percibimos hoy el contenido de la herencia apost\u00f3lica.<\/p>\n<p>b) El dep\u00f3sito de la fe, cualquiera que sea el medio de hacerse presente, es tambi\u00e9n un dep\u00f3sito de inspiraci\u00f3n y gu\u00ed\u00ada, que da vida a la praxis cristiana. La ense\u00f1anza apost\u00f3lica da testimonio, tanto de la autocomunicaci\u00f3n de Dios de modo gratuito como de una gama de formas de responder a su palabra y sus dones. La herencia apost\u00f3lica ha sido, en consecuencia, considerada a menudo como portadora de una ense\u00f1anza moral articulada. En el NT encontramos, sin duda, numerosas expresiones tanto de principios \u00e9ticos como de orientaciones concretas para la vida como seguidores de Jes\u00fas. La Iglesia no ha vacilado en especificar numerosos deberes cristianos en su catequesis y en su ense\u00f1anza oficial.<\/p>\n<p>Surgen, sin embargo, preguntas en primer lugar sobre el car\u00e1cter normativo de orientaciones apost\u00f3licas particulares en su fuerza vinculante para las conciencias cristianas hoy, por ejemplo, la ense\u00f1anza de san Pablo sobre el matrimonio de 1Cor 7. \u00bfContin\u00faa teniendo todo lo contenido en la herencia apost\u00f3lica relevancia de norma para configurar la conducta cristiana en \u00e9pocas posteriores? En segundo lugar, lo que concierne al magisterio eclesial en su papel de guardi\u00e1n y expositor del dep\u00f3sito parece necesitar nueva clarificaci\u00f3n. \u00bfCon qu\u00e9 tipo de competencia formula el magisterio normas morales para los cristianos? \u00bfEst\u00e1n las porciones de la ley natural incluidas en el dep\u00f3sito apost\u00f3lico? \u00bfHasta d\u00f3nde est\u00e1 el magisterio autorizado a ir, tanto al enunciar principios morales, solamente impl\u00ed\u00adcitos en la ense\u00f1anza apost\u00f3lica, como al aplicar tal ense\u00f1anza a casos particulares que surgen de las circunstancias cambiantes de la historia posterior?<\/p>\n<p>c) Finalmente, existe la conexi\u00f3n entre el dep\u00f3sito apost\u00f3lico en su mediaci\u00f3n de comuni\u00f3n con Dios y en su potencial para realzar la vida humana en el mundo. La relevancia social y terrestre del mensaje de Jes\u00fas no debe, por supuesto, eclipsar nunca los dones de la vida divina derramados por el Esp\u00ed\u00adritu Santo. Los ap\u00f3stoles dieron testimonio de lo que ellos hab\u00ed\u00adan visto y o\u00ed\u00addo con Jes\u00fas; precisamente por eso pod\u00ed\u00adan los creyentes formar comunidad con ellos y compartir el gozo de la comuni\u00f3n con Cristo y su Padre (cf Un 1,1-3). Los ap\u00f3stoles y los maestros cristianos que les sucedieron se dedicaron primordialmente a expresar el significado trascendente de este don.<\/p>\n<p>Pero hay una nueva irradiaci\u00f3n de la luz de este mensaje religioso sobre el conjunto de la vida humana -en las familias, en la sociedad pol\u00ed\u00adtica, en las profesiones-. El papa Juan XXIII, en la apertura del Vaticano II, subray\u00f3 los beneficios potenciales del dep\u00f3sito para humanizar y realzar la vida en este mundo. La constituci\u00f3n pastoral del concilio afirm\u00f3 de modo expl\u00ed\u00adcito esta conexi\u00f3n y representa un intento, de amplio alcance, de irradiar la luz de Cristo sobre.una multitud de problemas humanos. El dep\u00f3sito, precisamente en su condici\u00f3n de regalo y camino de divina salvaci\u00f3n, realza tambi\u00e9n la dignidad humana, conlleva obligaciones sociales y da al trabajo humano una nueva profundidad de significado (GS 40,3).<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad, la ense\u00f1anza cristiana, en cada nivel, debe intentar mantener el equilibrio, ya que pretende ofrecer una articulaci\u00f3n global de la verdad que libera y ennoblece, tra\u00ed\u00adda al mundo por Jes\u00fas y formulada por sus ap\u00f3stoles como su preciado dep\u00f3sito entregado a la Iglesia.<\/p>\n<p>BIBL.: BETTI U., La dottrina del concilio Vaticano II sulla trasmissione della rivelazione, Roma 1985; BIEMER G., \u00dcberlieferung und Offenbarung. 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