{"id":10568,"date":"2016-02-05T07:31:47","date_gmt":"2016-02-05T12:31:47","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/escuela-cristiana\/"},"modified":"2016-02-05T07:31:47","modified_gmt":"2016-02-05T12:31:47","slug":"escuela-cristiana","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/escuela-cristiana\/","title":{"rendered":"ESCUELA CRISTIANA"},"content":{"rendered":"<p>[843][955]]<\/p>\n<p>    El valor de la escuela, en la Historia y en la actualidad, es indiscutible en cuanto plataforma de cultura y de formaci\u00f3n humana. Pero lo importante es entender qu\u00e9 late en ella para que haya resultado tan valiosa y tan buscada por todos los que se han dedicado a la proclamaci\u00f3n del Evangelio.<\/p>\n<p>   &#8211; Unas veces la escuela se ha presentado como ocurrencia de un hombre o mujer extraordinarios. A partir de la apertura de sus aulas, se ha desencadenado todo el engranaje posterior: un proyecto, una comunidad, una tarea compartida y mantenida, un servicio social, una plataforma de evangelizaci\u00f3n, un Instituto religioso muchas veces.<\/p>\n<p>   &#8211; Y en ocasiones, la escuela ha sido el resultado final de un camino y la culminaci\u00f3n de una b\u00fasqueda de instrumentos al servicio de los hombres. Se comenz\u00f3 por aportar un granito de arena y se termin\u00f3 por construir un edificio s\u00f3lido.<\/p>\n<p>    En ciertos momentos hist\u00f3ricos, el inter\u00e9s por la instrucci\u00f3n ha crecido portentosamente, como efecto del progreso de la sociedad. En otros per\u00ed\u00adodos de la vida los afanes culturales han quedado m\u00e1s diluidos entre otras necesidades perentorias: paz en tiempo de guerra, salud en tiempo de peste, comida en tiempo de hambre, familia ante los abandonos, etc.<\/p>\n<p>    1. Identidad<br \/>\n    Descubrir lo que es y significa la escuela cristiana es tarea poco menos que imposible, si no comenzamos situ\u00e1ndonos en clave de Providencia. Este tipo de escuela s\u00f3lo puede ser entendida si la definimos como un don de Dios destinado a satisfacer las necesidades espirituales de la sociedad; y si la vemos como un camino abierto a todos los hombres, sobre todo ni\u00f1os y j\u00f3venes, para avanzar hacia la salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p>    Entre los grandes inspiradores de las Escuelas Cristianas, ninguno ha sido tan expl\u00ed\u00adcito como San Juan Bta. De la Salle (1651-1719), patrono de los educadores cristianos e iniciador de los movimientos laicales de educaci\u00f3n:   \u00abEntre los deberes que a los padres incumben, uno de los m\u00e1s graves es educar cristianamente a los hijos y ense\u00f1arles la religi\u00f3n. Pero, la mayor parte de ellos no la conocen debidamente; algunos andan preocupados en sus negocios temporales y del cuidado de la familia; y otros viven en solicitud constante por ganar el indispensable sustento para s\u00ed\u00ad y para sus hijos. Por eso no pueden dedicarse a instruirlos en lo concerniente a sus deberes de cristianos.<\/p>\n<p>    Por tanto, resulta conforme a la Providencia de Dios, y a su desvelo en el cuidado de los hombres, colocar en lugar de los padres y madres a personas debidamente ilustradas y celosas que pongan toda la diligencia y aplicaci\u00f3n posibles en transmitir el conocimiento de Dios y de sus misterios. De otro modo, muchos ni\u00f1os quedar\u00ed\u00adan abandonados en este aspecto\u00bb. (Meditaci\u00f3n 193. 2)<\/p>\n<p>    Estas afirmaciones est\u00e1n por encima de cualquier interpretaci\u00f3n restrictiva que se pueda atribuir al calificativo de \u00abcristianas\u00bb con el que se definen y apellidan las escuelas de la Iglesia.<\/p>\n<p>    Estas escuelas reflejan, en la tarea educadora, un servicio al Reino de Dios. Ellas ofrecen la conveniente instrucci\u00f3n religiosa a quienes las eligen para su hijos o porque, sin mayores, las aceptan con libertad y con inter\u00e9s.<\/p>\n<p>    1.1. Confesionalidad cristiana<br \/>\n    Definirse como cristianas significa confesar un estilo y un mapa de criterios inspirados en el Evangelio. La confesionalidad implica apostar por una actitud religiosa ante la vida.<\/p>\n<p>    En ocasiones, la escuela cristiana fue mirada s\u00f3lo como recurso o medio para un cierto tipo de proselitismo religioso. Se entend\u00ed\u00ada cristiana porque estimulaba plegarias, fomentaba virtudes, facilitaban sacramentos, etc. Se la miraba como un complemento del templo y su acci\u00f3n como una prolongaci\u00f3n de la pastoral sacerdotal en el \u00e1mbito docente.<\/p>\n<p>    Se la ve\u00ed\u00ada, o miraba, como complemento, o suplemento, de otras alternativas, que se volv\u00ed\u00adan con ella m\u00e1s eficaces, necesarias o inmediatas: hospicios, asilos, centros de acogida, catequesis parroquiales, centros juveniles, etc.<\/p>\n<p>    No necesitamos muchos testimonios para descubrir ese aprecio que ha despertado la realidad escolar confesional.<\/p>\n<p>    San Antonio Mar\u00ed\u00ada Claret (1807-1870) dec\u00ed\u00ada a la Reina de Espa\u00f1a: \u00abLa educaci\u00f3n forma al individuo y forma a los pueblos cultos. Las impresiones de la ni\u00f1ez jam\u00e1s se desvanecen. Y de la ni\u00f1ez es el porvenir. \u00bfC\u00f3mo no dar a la educaci\u00f3n toda la importancia que se merece? \u00bfC\u00f3mo no tratar de ganar a la juventud con el lazo de la buena ciencia?\u00bb   (Memorial 24 Mayo 1852)<\/p>\n<p>    Y mentes privilegiadas, como la de genial pedagogo Andr\u00e9s Manj\u00f3n, (1846-1923) insist\u00ed\u00ada: \u00abHacer hombres cabales de cuerpo y alma es la obra m\u00e1s grande que puede tomar sobre s\u00ed\u00ad el hombre. Es obra tan dif\u00ed\u00adcil y compleja que exige las cooperaciones de muchos hombres.<\/p>\n<p>    Es tan sublime y santa que Dios ha querido para realizarla hacer a los maestros sus fieles coadjutores.<\/p>\n<p>    (Hojas paterno-escolares 2.4)<br \/>\n Una escuela es una estructura humana. En cuanto tal, implica lugar, tiempo, plan, programa, metodolog\u00ed\u00ada, instrumentaci\u00f3n, transferencia, control y evaluaci\u00f3n, estimulaci\u00f3n, recuperaci\u00f3n y otros elementos m\u00e1s o menos definidos. Y la escuela confesional es todo eso. Pero ella a\u00f1ade cierto modo de ser, un estilo de pensar, una preferencia en el obrar y una clara proclamaci\u00f3n de la superioridad sobrenatural del ser humano.<\/p>\n<p>    La escuela cristiana se presenta como algo m\u00e1s que una instituci\u00f3n cultural. Es un manantial de vida cristiana, un semillero de esperanza, un sendero de caridad, un reflejo del Evangelio. Era la comparaci\u00f3n que gustaba proponer el enamorado de la educaci\u00f3n y de la escuela en el siglo XVII Charles Demia (1637-1689): \u00abLas escuelas son como semilleros, en donde las plantas tiernas son preparadas cuidadosamente para todos los empleos. Las semillas que los pastores depositan en estos campos acogedores son cultivadas por buenos maestros y producen verdaderos tesoros para el bien p\u00fablico, pues quedan bien dispuestos para la artes, ciencias y virtudes\u00bb. (Avisos 3)<\/p>\n<p>    Y la raz\u00f3n de su importancia la expresaba este celoso promotor de maestros cristianos as\u00ed\u00ad: \u00abLas escuelas p\u00fablicas son como academias de la virtud para los ni\u00f1os pobres, en donde se ense\u00f1a a someter a la raz\u00f3n las pasiones fogosas, se clarifica el entendimiento con las virtudes que se inculcan, la memoria se llena de buenos recuerdos y la voluntad se enardece con los ejemplos de virtud que se ven practicar\u00bb.  (Avisos 4)<\/p>\n<p>    Siglo y medio despu\u00e9s de \u00e9l, Gabriel Taborin (1789-1834), el Fundador de las Escuelas de la Sda. Familia, escrib\u00ed\u00ada en sus Gu\u00ed\u00ada del maestro: \u00abLos maestros han de hacer comprender a los alumnos que la escuela es el lugar que mayor respeto merece por parte del estudiante cristiano y virtuoso, despu\u00e9s de la iglesia. La escuela es, en efecto, para \u00e9l como otro santuario: en ella aprende los primeros elementos de la doctrina cristiana, junto con los otros conocimientos que le ser\u00e1n \u00fatiles; en ella reza ma\u00f1ana y tarde. En ella eleva el coraz\u00f3n a Dios frecuentemente\u00bb. (Nueva Gu\u00ed\u00ada de los Hnos. 725)<\/p>\n<p>    1.2. Rasgos<\/p>\n<p>     Es evidente que, cuando hablamos de Escuela Cristiana, no aplicamos el t\u00e9rmino cristiano a la materialidad de las aulas, de los libros, de los lugares, de los horarios o de los recursos pedag\u00f3gicos.<\/p>\n<p>      Un reglamento, un laboratorio, un cuaderno&#8230;, ni son ni dejan de ser cristianos, aunque los maneje un bautizado. Sin embargo, un sentimiento, una idea, una actitud, s\u00ed\u00ad pueden ser o no ser cristianos.<\/p>\n<p>    Lo ser\u00e1n, si se conforman a los principios del Evangelio. No lo ser\u00e1n, si se alejan de los valores y de las actitudes del mensaje de Jes\u00fas, entendido desde la perspectiva de la Iglesia, que es la continuidad de Cristo en la tierra.<\/p>\n<p>    En el concepto de escuela se encierran notas tan concretas y precisas como las siguientes:<\/p>\n<p>   &#8211; Contenido cultural que transmitir, programa, ideas, ciencia, saber.<\/p>\n<p>   &#8211; Estructura y orden, disciplina, programaci\u00f3n, previsi\u00f3n, eficacia.  &#8211; Lenguajes pedag\u00f3gicos de comunicaci\u00f3n: lecci\u00f3n, explicaci\u00f3n, evaluaci\u00f3n, aclaraci\u00f3n, recuperaci\u00f3n, animaci\u00f3n.<\/p>\n<p>   &#8211; Materiales, instrumentos y recursos, textos, ejercicios.<\/p>\n<p>   &#8211; Lugares y horarios, tiempos y planes, procesos y ejercicios.<\/p>\n<p>   &#8211; Estilos, m\u00e9todos, sistemas, modelos, cauces, programas.<\/p>\n<p>   &#8211; Continuidad, sistematizaci\u00f3n, seguimiento, maduraci\u00f3n.<\/p>\n<p>   &#8211; Personas, relaciones, encuentros horizontales y verticales.<\/p>\n<p>   &#8211; Perspectivas ideol\u00f3gicas y sociales, criterios, ideales.<\/p>\n<p>   &#8211; Relaciones con los padres, pero tambi\u00e9n con las dem\u00e1s personas y comunidades interesadas en el hombre<\/p>\n<p>   &#8211; Previsiones para el futuro y convenientes adaptaciones.<\/p>\n<p>   &#8211; En una palabra, proyectos pedag\u00f3gicos, coherentes y sistem\u00e1ticos, vivos y  personales, progresivos e incluso evaluables a la larga.<\/p>\n<p>     En este abanico de elementos y aspectos no queda recogida la totalidad de lo que encierra el concepto de escuela; pero s\u00ed\u00ad se descubre la complejidad de lo que se esconde en ella. Si tuvi\u00e9ramos que jerarquizar estos rasgos o aspectos por orden de compatibilidad con lo cristiano, comenzar\u00ed\u00adamos por las personas y terminar\u00ed\u00adamos por los instrumentos. Pero en todos los aspectos habr\u00ed\u00ada alg\u00fan tipo de resonancia cristiana. Esto diferencia lo que recoge en el sustantivo de escuela y lo que esconde en el adjetivo cristiana.<\/p>\n<p>    Aguda es la observaci\u00f3n del intuitivo Le\u00f3n Deh\u00f3n (1843-1925): \u00abLas cuestiones de la educaci\u00f3n han apasionado a todas las generaciones. Han ejercido sobre los esp\u00ed\u00adritus irresistible atractivo. No es un solo pensador el que ha expuesto sobre el tema sus puntos de vista. Son todos. Los fil\u00f3sofos buscan en esto la moralizaci\u00f3n, los pol\u00ed\u00adticos la influencia, los legisladores el gobierno&#8230; la Iglesia la evangelizaci\u00f3n\u00bb. (La educaci\u00f3n y la ense\u00f1anza. Dis. 1)<\/p>\n<p>    Para entender mejor lo que es esa confesionalidad cat\u00f3lica, se pueden recordar algunos aspectos descriptivos.<\/p>\n<p>   &#8211; La Escuela cristiana es oportunidad de anuncio evang\u00e9lico a trav\u00e9s de la ciencia, de la convivencia y de la adquisici\u00f3n de habilidades culturales. Ofrece tiempo para la instrucci\u00f3n religiosa. Sugiere respuestas y orienta la vida de las personas con criterios trascendentes. Abre a la ciencia en armon\u00ed\u00ada con la fe.<\/p>\n<p>   &#8211; La escuela cristiana est\u00e1 identificada con la promoci\u00f3n y defensa de valores inspirados en el Evangelio: fe, oraci\u00f3n, sinceridad, justicia, paz, humildad, fidelidad, conversi\u00f3n, amor a los hombres.<\/p>\n<p>   &#8211; Las relaciones entre miembros de la comunidad escolar inspirada en el Evangelio se basan en el amor de hermanos y no en los intereses de clientes. Se pone la raz\u00f3n de ese amor en ser hijos de Dios, Padre com\u00fan, y no preferentemente en el sentido de la autoridad o del dominio, en el valor de la ciencia o de la simple convivencia, en la necesidad del progreso o de la \u00e9tica de la sociedad.<\/p>\n<p>   &#8211; En la escuela cristiana se valora a la persona por su valor trascendente y por su vocaci\u00f3n sobrenatural, no por su capacidad intelectual, por su raza, sexo o categor\u00ed\u00ada social, de modo que se pueda ver en \u00e9l un miembro del Cuerpo M\u00ed\u00adstico de Cristo, un bautizado salvado por Jes\u00fas, un heredero de la vida eterna.<\/p>\n<p>   &#8211; Es ocasi\u00f3n de cultivo de virtudes desde la perspectiva sobrenatural: esperanza, caridad, generosidad, abnegaci\u00f3n, etc. y no s\u00f3lo de valores \u00e9ticos, sociales, est\u00e9ticos y de otro tipo humano, como acontecer\u00ed\u00ada si s\u00f3lo se promovieran riquezas naturales: prudencia, justicia, fortaleza, templanza, solidaridad, tolerancia, comprensi\u00f3n, fidelidad, respeto, pluralismo o convivencia.<\/p>\n<p>   &#8211; Se promociona en la instituci\u00f3n cristiana el sentido de pertenencia eclesial, tanto a nivel de participaci\u00f3n en el Pueblo de Dios, como en la dependencia del Magisterio eclesial, heredero de la autoridad carism\u00e1tica y kerigm\u00e1tica transmitida por Jes\u00fas a los Ap\u00f3stoles, con Pedro a la cabeza, y a sus sucesores.  &#8211;  Se promociona una instrucci\u00f3n religiosa de signo cat\u00f3lico, y no s\u00f3lo informaciones pluralistas, ecum\u00e9nicas o culturales, con el fin de afianzar la pertenencia a la Iglesia de Jes\u00fas descubriendo el gozo de la verdad, la luz de la gracia y la fuerza de la confianza en Dios.<\/p>\n<p>    2. Misi\u00f3n educadora<br \/>\n    Estos y otros rasgos citados aluden en esencia a lo mismo: a resaltar la escuela como comunidad creyente, donde se vive y bebe el mensaje de Cristo.<\/p>\n<p>    Y por lo tanto se resalta en la escuela cristiana la tarea educadora desde una perspectiva evang\u00e9lica y evangelizadora. La escuela es cristiana si se vive y se anuncia en ella la fe y la caridad de Cristo. Y no es cristiana en la medida en que se olvida el Evangelio, por buenas y correctas que sean las ciencias impartidas, las relaciones y las actitudes. En ella se transmite el mensaje del amor a Dios y a Jes\u00fas. Y esa vivencia implica libertad, voluntariedad, compromisos, progresi\u00f3n adaptada a las personas y sobre todo fidelidad a la comunidad creyente, a la Iglesia, en la que la escuela est\u00e1 insertada.<\/p>\n<p>    2.1. Misi\u00f3n en el tiempo<br \/>\n    La escuela cristiana ha ido cambiando con los tiempos, pero ha conservado su identidad fundamental, su confesionalidad. Se ha adaptado a todas las circunstancias y, sin embargo, se ha mantenido fiel y s\u00f3lida en su mensaje.<\/p>\n<p>    Nada ha sido tan flexible como la escuela y nada ha permanecido tan estable como la escuela. La arquitectura y los programas, las relaciones y las metodolog\u00ed\u00adas, los horarios y las legislaciones, la disciplina y los modelos, han ido evolucionando como otras realidades lo han hecho. Pero los objetivos y los valores siempre se han mantenido. En la entra\u00f1a de la realidad escolar siempre ha latido, al igual que los diversos \u00e1rboles del bosque, la savia regeneradora de la vida sobrenatural.<\/p>\n<p>    2.2. Misi\u00f3n de santificaci\u00f3n<br \/>\n    Mientras que para unos la escuela fue como un sacramento, es decir, una mediaci\u00f3n santificadora por s\u00ed\u00ad misma, para otros se entendi\u00f3 s\u00f3lo como recurso o pretexto para una tarea de proselitismo. La diversidad de opiniones y perspectivas es lo m\u00e1s hermoso que acontece entre los hombres; y los que promovieron escuelas cristianas no fueron ajenos al pluralismo de estilos y a las grandezas y a las limitaciones humanas.<\/p>\n<p>    Lo que no podemos negar es el com\u00fan aprecio que se otorga a la escuela como cauce y camino para el servicio de los hombres a partir del compromiso de una vida de exigencia evang\u00e9lica: de conversi\u00f3n, de entrega, de servicio, de generosa dedicaci\u00f3n a los dem\u00e1s desde la perspectiva de las virtudes evang\u00e9licas.<\/p>\n<p>    En todo caso, la escuela cristiana siempre ha sido eco de la misi\u00f3n evangelizadora y magisterial de la misma Iglesia. La misi\u00f3n confiada a los Ap\u00f3stoles: \u00abId y ense\u00f1ar a todas las gentes\u00bb (Mc. 16. 15), est\u00e1 por debajo de toda iniciativa, argumento o apoyo escolar.<\/p>\n<p>    2.3. Origen aut\u00f3nomo<br \/>\n    Es en el siglo XV y XVI cuando por primera vez se empieza a formular y definir el concepto de escuela cristiana. Hasta entonces la confesionalidad era una tonalidad ajena a toda dial\u00e9ctica funcional y la integraci\u00f3n de lo escolar en lo eclesial (parroquia, hospicios, asilos, etc.) resultaba indiscutible y natural.<\/p>\n<p>    2.3.1. Esp\u00ed\u00adritu y estilo.<\/p>\n<p>    Pero comenzaron a surgir con los afanes humanistas definiciones escolares de diverso signo. Se present\u00f3 un tipo de plataforma original de catequesis, como superaci\u00f3n de la mera catequesis parroquial, anexa a los actos lit\u00fargicos y a las devociones piadosas.<\/p>\n<p>    Las parroquias promocionaron un movimiento magn\u00ed\u00adfico en casi todos los pa\u00ed\u00adses y las \u00abescuelas parroquiales\u00bb dejaron de serlo tales para convertirse en \u00abescuelas cristianas\u00bb localizadas en \u00e1mbitos, terrenos, edificios o soportes de la parroquia. Los maestros dejaron de ser sacristanes, los p\u00e1rrocos dejaron el oficio de rectores escolares y, lo que es m\u00e1s importante, los programas culturales dejaron de ser s\u00f3lo se\u00f1uelos para ense\u00f1ar la doctrina cristiana.<\/p>\n<p>   Surgieron escuelas parroquiales como obra de misericordia (ense\u00f1ar al que no sabe), para que los ni\u00f1os, sobre todo pobres, adquirieran cultura humana: leer, escribir, calcular, oficios y labores, juntamente con la conveniente instrucci\u00f3n en la doctrina cristiana, pero sin reducirse a ella como motivo \u00fanico.<\/p>\n<p>    Hasta el siglo XV la corriente de escuelas parroquiales era escasa por la insensibilidad cultural de la poblaci\u00f3n. Pero desde el triunfo de las corrientes humanistas, y la orientaci\u00f3n del concilio de Trento (1545-1563) la escuela popular, sobre todo en las zonas urbanas del sur de Europa, se hicieron frecuentes. En el siglo XVI la extensi\u00f3n result\u00f3 ya generalizada. Los maestros de escuela dejaron de ser cl\u00e9rigos, incluso sacerdotes, que hallan en esta tarea un oficio remunerado, aunque siempre se movieron en la mayor pobreza. Y surgieron los \u00abprofesionales\u00bb de la educaci\u00f3n cristiana.<\/p>\n<p>    Se rigieron por normas p\u00fablicas como las del Concilio de Bourges de 1584, o las Ordenanzas de diversas Di\u00f3cesis y normativas reales, que establec\u00ed\u00adan obligaciones y apoyos a esta docencia<\/p>\n<p>     2.3.2. Promoci\u00f3n en Italia<\/p>\n<p>     La escuela cristiana popular naci\u00f3 en Roma y en los entornos renacentistas de la urbe, que conoc\u00ed\u00ada los esplendores renacentistas y la miseria popular.<\/p>\n<p>    Tal vez sea S. Jos\u00e9 de Calasanz (1556-1648) el que mejor represente el tr\u00e1nsito de la escuela de piedad o de misericordia (nombre de su obra escola-p\u00ed\u00ada) a la conciencia de una necesaria cualificaci\u00f3n.<\/p>\n<p>     Este genio de la educaci\u00f3n popular escrib\u00ed\u00ada: \u00abEn cuanto a las escuelas, por ser nuestro principal ministerio, se debe poner gran diligencia en la parte literaria con el fin de atraer a los alumnos a ellas. Pero nuestro fin principal va a ser ense\u00f1ar el santo temor a Dios.\u00bb (Carta 2876)<\/p>\n<p>    Y esta demanda iba dirigida a los maestros de unas escuelas populares que se entregaban a la formaci\u00f3n cultural de los alumnos al mismo tiempo que se esmeraban en su instrucci\u00f3n religiosa.<\/p>\n<p>    Por los mismos a\u00f1os, S. Ignacio de Loyola (1491-1556) tambi\u00e9n enviaba sus mensajes escolares a su \u00abCompa\u00f1\u00ed\u00ada de Jes\u00fas. \u00abLa educaci\u00f3n religiosa ha de estar basada en la educaci\u00f3n humana arm\u00f3nica, integral y completa. Sin amor y posesi\u00f3n de la doctrina cristiana, la mente y el coraz\u00f3n quedan en el vac\u00ed\u00ado, ya que s\u00f3lo el conocimiento de la verdad revelada hace al hombre libre y abierto hacia lo espiritual. Hay que cuidar mucho la ense\u00f1anza de la doctrina cristiana a los ni\u00f1os los domingos y fiestas y aun en los dem\u00e1s d\u00ed\u00adas. Hay que hacerlo en la propia casa o en alg\u00fan otro sitio pr\u00f3ximo y c\u00f3modo que sea conveniente\u00bb. (Carta 13 Junio 1551)<\/p>\n<p>    2.3.3. Documentos orientadores<br \/>\n    Pero tal vez la mejor \u00abteor\u00ed\u00ada de la escuela cristiana\u00bb naci\u00f3 en los finales del siglo XVI en Francia, cuando las escuelas populares instaladas en las parroquias toman carta de naturaleza en toda Europa. Aparecieron los mejores documentos organizativos y metodol\u00f3gicos que rigieron la acci\u00f3n.<\/p>\n<p>      Se desarroll\u00f3 as\u00ed\u00ad la catequesis escolar aut\u00f3noma y original, pues fue el motivo para crearlas escuelas de caridad. Como ejemplo t\u00ed\u00adpico de la t\u00ed\u00admida etapa de separar la escuela de la dependencia parroquial puede ser en Francia \u00abLa Escuela parroquial\u00bb (L&#8217;\u00e9cole parroissiale ou la mani\u00e8re de bien instruir les enfants dans les petits \u00e9coles). Fue gu\u00ed\u00ada orientadora de las escuelas parroquiales en Francia del siglo XVII. Firmado por \u00abI. de B. indigno sacerdote\u00bb, y publicado en Par\u00ed\u00ads en 1655, fue obra de Santiago de Bethencourt, del Seminario parisiense de S. Nicol\u00e1s de Chardonet. Afirma tener experiencia docente de 18 a\u00f1os trabajando con afici\u00f3n en esas escuelas. En sus 360 p\u00e1ginas se da la preferencia a la instrucci\u00f3n religiosa de los escolares y se la considera como labor primera y evangelizadora a lo largo de los a\u00f1os infantiles.<\/p>\n<p>    Se habla en sus cuatro partes de las cualidades del maestro, de los modos de ense\u00f1ar la religi\u00f3n, de los m\u00e9todos para leer, escribir, aritm\u00e9tica, cortes\u00ed\u00ada, etc.<\/p>\n<p>    No fue el \u00fanico manual, pues otros textos se publicaron en estos a\u00f1os como es del can\u00f3nigo Mart\u00ed\u00adn Sonnet, en 1672, de 452 p\u00e1ginas, con el t\u00ed\u00adtulo de \u00abReglamento de las escuelas de Gram\u00e1tica de la Villa de Par\u00ed\u00ads\u00bb.<\/p>\n<p>     Muy interesantes fueron los \u00abAvisos\u00bb (Remontrances aux Echevin et principaux habitans de la ville de Lyon touchant la n\u00e9cesit\u00e9 pour l&#8217;instruction des enfants pauvres), publicados en Lyon en 1666, por Carlos Demia.<\/p>\n<p>    Y no menos conocida fue ya a comienzos del XVIII la \u00abGu\u00ed\u00ada de las Escuelas Cristianas\u00bb, de S. Juan Bta. De la Salle, escrita en 1696 y mantenida y divulgada manuscrita hasta su primera edici\u00f3n en 1720.<\/p>\n<p>    2.3.4. Esp\u00ed\u00adritu de los maestros<br \/>\n    El esp\u00ed\u00adritu de las escuelas cristianas populares en el siglo XVII en Francia puede resultar el modelo de lo que brillaba en otros lugares. Por eso interesa dejarlo reflejado como modelo. En este tiempo y ambiente son m\u00e1s abundantes que en otro lugares. Basta la lectura de los t\u00ed\u00adtulos para intuir su orientaci\u00f3n:<\/p>\n<p>   &#8211; \u00abEl pedagogo cristiano\u00bb, de Felipe D&#8217;Outremen, en dos tomos, 1629.<\/p>\n<p>   &#8211; \u00abCuesti\u00f3n c\u00e9lebre: si es preciso y conveniente que las mujeres sean cultas\u00bb. Guillermo Coletet. 1646.<\/p>\n<p>   &#8211; \u00abTestamento y consejos de un buen padre a sus hijos\u00bb. Fortin. 1648.<\/p>\n<p>   &#8211; \u00abReglamento para los ni\u00f1os\u00bb. Jaquelin Pascal. 1657.<\/p>\n<p>   &#8211; \u00abInstrucci\u00f3n de la juventud en piedad cristiana\u00bb. Ch. Bobinet. 1665.<\/p>\n<p>   &#8211; \u00abLa educaci\u00f3n cristiana de los ni\u00f1os seg\u00fan las m\u00e1ximas de la Sda. Escritura\u00bb. Alex Varet. 1666.<\/p>\n<p>   &#8211; \u00abAvisos cristianos y morales para la instrucci\u00f3n de los ni\u00f1os\u00bb. Cl. Joly, 1675.<\/p>\n<p>   &#8211; \u00abInstrucci\u00f3n cristiana de las ni\u00f1as\u00bb. Margot. 1682.<\/p>\n<p>   &#8211; \u00abTratado de la elecci\u00f3n y del m\u00e9todo de los estudios\u00bb. Cl. Fleury 1696.<\/p>\n<p>   &#8211; \u00abReglas para la educaci\u00f3n de los ni\u00f1os\u00bb. Coustel. 1687.<\/p>\n<p>   &#8211; \u00abTratado de la educaci\u00f3n de las ni\u00f1as.\u00bb de Fenel\u00f3n. 1687.<\/p>\n<p>   &#8211; \u00abM\u00e1ximas y reflexiones sobre la educaci\u00f3n de la juventud\u00bb. Jean Pie, 1689.<\/p>\n<p>   &#8211; \u00abSobre la educaci\u00f3n de los ni\u00f1os\u00bb del  P. Coste, 1695.<\/p>\n<p>   &#8211; \u00abM\u00e1ximas para educar a j\u00f3venes y formar hombres honrados\u00bb. Marmet. 1706.<\/p>\n<p>    Se advierten diversas caracter\u00ed\u00adsticas en todos estos documentos, que pronto llegar\u00ed\u00adan a extenderse por toda Europa y definir\u00ed\u00adan ese tipo de escuelas.<\/p>\n<p>   &#8211; Necesidad del orden minucioso y seguimiento de los escolares, empleando una disciplina adecuada a la edad.<\/p>\n<p>   &#8211; Preferencia por la lectura en lengua nativa (franc\u00e9s) que en el usual lat\u00ed\u00adn orientado a las ceremonias religiosas, bajo las influencias clericales.<\/p>\n<p>   &#8211; Creciente orientaci\u00f3n hacia una pragm\u00e1tica acomodaci\u00f3n al trabajo, y no hacia modelos literarios preferidos por las burgues\u00ed\u00adas del momento.<\/p>\n<p>   &#8211; Sentido creciente de autonom\u00ed\u00ada de la actividad escolar con respecto a la Iglesia, las catedrales, las parroquias, las instituciones tradicionales religiosas.<\/p>\n<p>   &#8211; Atenci\u00f3n prioritaria a la instrucci\u00f3n religiosa cristiana, para infundir h\u00e1bitos de buen comportamiento.<\/p>\n<p>     2.4. La escuela popular<br \/>\n    Naci\u00f3, pues, una escuela popular cristiana, preferentemente para pobres y para los hijos de los artesanos, que no orientaba a los alumnos a estudios posteriores sino que les dispon\u00ed\u00ada para el trabajo honrado, pero realizado con una plataforma de cultura popular b\u00e1sica: saber leer y escribir, calcular, conocimientos sociales y h\u00e1bitos dignos de comportamiento. Todo ello, evidentemente, apoyado en una s\u00f3lida instrucci\u00f3n en las verdades cristianas.<\/p>\n<p>    El siglo XVI en Italia y el XVII en Francia brillaron las escuelas cristianas en esta direcci\u00f3n y prepararon el cambio de \u00e9poca. As\u00ed\u00ad pudieron asimilar sin traumas el racionalismo cartesiano, el realismo de Comenio, el empirismo de Lokke y el posterior enciclopedismo de Diderot y D&#8217;Alambert, etc.<\/p>\n<p>    El nacimiento de la escuela popular represent\u00f3 un salto cualitativo en la promoci\u00f3n de la cultura y en la apertura de los tiempos modernos, como nunca hab\u00ed\u00ada sucedido en los tiempo anteriores.<\/p>\n<p> El protagonismo de la naciente escuela cristiana fue claro en este tr\u00e1nsito y m\u00e9rito que Historia debe agradecer a las clarividentes e intuitivas figuras que protagonizaron tan gigantesco servicio.<\/p>\n<p>    3. Etapas<br \/>\n    La visi\u00f3n de la escuela y el valor que se le atribuye, tanto desde \u00f3pticas sociol\u00f3gicas como en el plano confesional, reclaman algunas precisiones evolutivas que faciliten la comprensi\u00f3n de su realidad, de su influencia, de la diversidad de rasgos que ha ido presentando a lo largo de los tiempos. No siempre la coyuntura y el beneficio del centro escolar se han apreciado de la misma forma. Las condiciones de vida no han sido las mismas hist\u00f3rica ni geogr\u00e1ficamente.<\/p>\n<p>    La Iglesia, en su proyecto fundamental de servir a los hombres, tambi\u00e9n en el terreno de la educaci\u00f3n escolar, se acomod\u00f3 a cada momento en la promoci\u00f3n de sus escuelas y en sus relaciones con la sociedad humana, a lo que pareci\u00f3 mejor para su misi\u00f3n evangelizadora.<\/p>\n<p>    El papel que se atribuy\u00f3 a la labor escolar en los ambientes populares de las ciudades renacentistas no fue equivalente al que se le concedi\u00f3 en las postrimer\u00ed\u00adas del siglo XX. Del mismo modo, el peso que puede ofrecer la tarea docente en una poblaci\u00f3n en regresi\u00f3n demogr\u00e1fica, al estilo de la europea, no equivale a las atenciones que reclama en los pa\u00ed\u00adses de menor desarrollo econ\u00f3mico y cultural y con gran explosi\u00f3n poblacional, al modo de Africa o Suram\u00e9rica.<\/p>\n<p>    No ha sido s\u00f3lo el terreno de la cultura y educaci\u00f3n el que ha sufrido las transformaciones continuas y a veces convulsivas. Otras realidades sociales, adem\u00e1s de los centros educativos, han sido sujeto pasivo o activo de los cambios: la familia, las corporaciones, la propiedad, la legislaci\u00f3n, los Estados y los gobiernos, las organizaciones eclesiales, etc. No interesa dilucidar ahora lo que ha representado la confesionalidad docente a lo largo de los siglos. Pero s\u00ed\u00ad nos conviene entender lo que hay en los movimientos educativos inspirados por la Iglesia cristiana, la misi\u00f3n que han jugado las personas, lo que hoy reclama la comunidad eclesial hoy y en el porvenir.<\/p>\n<p>    Ordinariamente los hombres no hacen la Historia de forma consciente, sino que s\u00f3lo la averiguan cuando ya los hechos han acontecido. Es normal que, a corto alcance, forjen mucho planes; pero, es frecuente equivocarse en su planteamiento cuando de Historia religiosa se trata. Ellos ponen la atenci\u00f3n en los recursos m\u00e1s que en los ideales. No advierten que muchas veces Dios, que no est\u00e1 sujeto a limitaciones ni se supedita a las tradiciones humanas, promueve otras l\u00ed\u00adneas de acci\u00f3n que no coinciden con las previsiones terrenas.<\/p>\n<p>     Con todo, podemos intentar un seguimiento de ese proceso hist\u00f3rico desde la perspectiva de lo que fue la confesionalidad escolar. En el intento, detectamos tres momentos, y tres diferentes actitudes, a lo largo de los siglos. Son las referencias que van a definir tres modos de entender la escuela cristiana y, en consecuencia, tres estilos de actuar los Fundadores educadores.<\/p>\n<p>  *  Un primer momento, el m\u00e1s largo y primitivo, fue el proceso de siglos, en que la Iglesia hizo labor generosa de SUPLENCIA educativa, al no ser capaces todav\u00ed\u00ada los Estados ni sus gobernantes de entender la cultura como un derecho b\u00e1sico de la persona<br \/>\n  *  El segundo se extiende desde comienzos del siglo XIX, cuando la diversidad de actividades educativas y la multiplicaci\u00f3n de Instituciones religiosas dedicadas  suscitan en educaci\u00f3n cierta actitud de COMPETENCIA. Hace posible ofrecer una escolarizaci\u00f3n de calidad frente a los t\u00ed\u00admidos esbozos escolarizadores de los organismos estatales.<\/p>\n<p>  *  El tercer momento nace en el presente, en la segunda mitad del siglo XX. Los poderes p\u00fablicos regulan minuciosamente los servicios sociales, entre los que sobresale el de la educaci\u00f3n, y la Iglesia reclama, como sociedad, su derecho de PRESENCIA en el campo de la escuela.<\/p>\n<p>     Los cambios portentosos que se han ido produciendo imperceptiblemente a lo largo de este itinerario invitan a un minucioso an\u00e1lisis sobre lo que es variaci\u00f3n desde fuera, es decir en virtud de las circunstancias, y lo que procede del interior de las personas, que tiene m\u00e1s que ver con el mensaje, con el carisma, con el esp\u00ed\u00adritu de la Iglesia y de los promotores de escuelas cristianas.<\/p>\n<p>     3.1. Etapa de suplencia<\/p>\n<p>     Durante quince siglos, la cultura fue patrimonio de minor\u00ed\u00adas privilegiadas. Supon\u00ed\u00ada medios, \u00e1mbitos, estructuras, recursos, experiencias, que muy pocos pod\u00ed\u00adan conseguir. En consecuencia, la escuela no se pod\u00ed\u00ada mirar de otra forma que como curiosa realidad inaccesible para cualquier persona ajena a grupos influyentes o con capacidades econ\u00f3micas elevadas.<\/p>\n<p>    Cronol\u00f3gicamente es un estadio est\u00e1tico, prolongado, homog\u00e9neo, que dura hasta el siglo XVIII. Lo podemos denominar suplente o compensatorio, pues los creyentes, la Iglesia, hacen por caridad lo que los Estados y los hombres de gobierno no son capaces de hacer por justicia.<\/p>\n<p>     La compasi\u00f3n educadora se inicia en los albores del cristianismo. Heredero de la tradici\u00f3n grecorromana, m\u00e1s que de la jud\u00ed\u00ada, el cristiano primitivo pronto descubre lo importante que es el saber humano. Sobre todo, recoge los usos grecolatinos de ense\u00f1ar a los ni\u00f1os y a los j\u00f3venes, junto con las letras y las ciencias, los modos de comportamiento social y las creencias del medio cultural.<\/p>\n<p>     Se caracteriza este largo per\u00ed\u00adodo por la carencia de ideas pedag\u00f3gicas en la sociedad civil (reyes, ciudades, gremios, etc.), salvo las derivadas de la crianza de los hijos en el \u00e1mbito familiar. Se carece de cauces o medios para resolver la indigencia cultural. Es la Iglesia, que es lo mismo que decir los fieles cristianos, quien siente compasi\u00f3n por los ignorantes y decide aportar su labor.<\/p>\n<p>    Hasta el siglo XIX, es decir durante 1.800 a\u00f1os de cultura cristiana, la Iglesia trabaj\u00f3 en la escolarizaci\u00f3n, como lo hizo en los hospicios y en los hospitales, persuadida de que realizaba una buena acci\u00f3n, una \u00abobra de misericordia\u00bb. Ense\u00f1ar al que no sab\u00ed\u00ada, como asist\u00ed\u00ada al mendigo, ayudaba al enfermo o consolaba al triste. Ense\u00f1ar era expresi\u00f3n del amor, nacido al calor de la demanda evang\u00e9lica de servir al pr\u00f3jimo.<\/p>\n<p>   &#8211; Los poderes estatales, generales o locales, no promocionan durante esos largos siglos entidades escolares propias ni apenas regulan esa actividad con ayudas, normas o vigilancias. A nivel de naciones, de regiones y comarcas, de ciudades y pueblos, se cuenta siempre con impuestos masivos para todo: caminos, puentes, templos, palacios, viajes, exploraciones, sobre todo guerras. Sin embargo, no se poseen recursos ni ideas para sostener escuelas y maestros, para atender a los ni\u00f1os o a los adultos. \u00bfPara qu\u00e9 necesitan saber leer y escribir los campesinos, los criados, los soldados?<br \/>\n   &#8211;  Desde que el mundo cristiano reemplaza al mundo romano con sus usos y tradiciones, la cultura se refugia en los centros de Iglesia: en los Monasterios, en los templos, en algunos palacios. Se salva la mayor parte del saber antiguo gracias al valor de sus bibliotecas. Despu\u00e9s se desarrolla en las nacientes ciudades, donde brotan poco a poco \u00abEstudios Generales\u00bb.<\/p>\n<p>     A partir del Renacimiento, las escuelas se vuelven necesarias plataformas de promoci\u00f3n humana y religiosa. Y, cuando son cristianas, que entonces equivale a perteneciente a la \u00f3rbita clerical, lo que a\u00f1aden es la presentaci\u00f3n de los valores espirituales, fusionados con los morales y culturales.<\/p>\n<p>   &#8211; Pero, la mayor parte de las veces se dirigen a categor\u00ed\u00adas sociales privilegiadas y muy influidas por los estamentos clericales o destinados desde la infancia a incrementar claustros, cabildos o grupos similares. Promovidas, controladas y sostenidas por los grupos eclesiales vinculados a los grupos dirigentes, para ellos se orientan y en funci\u00f3n de sus intereses de clase se organizan.<\/p>\n<p>   &#8211; La escuela cristiana de la antig\u00fcedad, nunca definida por su confesionalidad, pues es impensable la existencia de otra alternativa, es promocionada por la Iglesia con actitud de asistencia. Su mentalidad y sus capacidades no pueden dise\u00f1ar otros planteamientos. Como los hombres de Iglesia deben responder de los actos de culto y cuidar los templos, tambi\u00e9n consideran anejo a su categor\u00ed\u00ada de defensores y promotores de la cultura cristiana el deber de la promoci\u00f3n educativa de la poblaci\u00f3n.<\/p>\n<p>   &#8211;  Tampoco a los hombres de Iglesia, hijos de su tiempo y eco de su ambiente, se les pasa por la mente otra raz\u00f3n de actuar que servir por misericordia e instruir por compasi\u00f3n. Del mismo modo que por caridad cristiana dan de comer al hambriento, de beber al sediento, de vestir al desnudo y de alojar al peregrino, la docencia, al menos cuando se dirig\u00ed\u00ada a las gentes del pueblo, se mira como obra nacida de la benevolencia, de la magnanimidad, de la generosidad.<\/p>\n<p>   Nadie considera entonces que ense\u00f1ar a leer, escribir, calcular, y otras tareas b\u00e1sicas culturales, es un derecho de la naturaleza humana, como lo es el rezar o el esperar en el orden espiritual y el respirar, el dormir o el comer para no morir en el plano de la naturaleza. Ante la ignorancia social, y con esas inveteradas costumbres de cultura selectiva, la Iglesia, por sentido de misericordia, promueve y sostienen centros de instrucci\u00f3n, sobre todo para los necesitados.<\/p>\n<p>   Esa labor adquiere una dimensi\u00f3n especial, hasta urgente, desde los siglos XIV y XV, cuando la dispersa poblaci\u00f3n rural, que durante mil a\u00f1os ha llenado las campi\u00f1as trabajando para los se\u00f1ores, comienza a urbanizar sus estilos de vida por el incremento del comercio y la rentabilidad de las tareas artesanales. Entonces muchas gentes se acumulan en ciudades, villas, burgos y aldeas. Surgen nuevas formas de convivencia y brotan nuevas demandas educativas para nutrir con personas preparadas los diversos oficios que la poblaci\u00f3n urbanizada reclama. La instrucci\u00f3n religiosa es urgida por los responsables, sobre todo desde la Revoluci\u00f3n que llamamos protestante. La Contrarreforma cat\u00f3lica descubre en la educaci\u00f3n un apoyo b\u00e1sico contra el error. Por eso, se mira con preferencia la docencia en las escuelas populares y se declara meritorios a los Fundadores que, conscientes de ese valor, hacen lo posible por promover obras educadoras.<\/p>\n<p>   El soporte en que se apoya la formaci\u00f3n de la fe religiosa es, desde el siglo XIV, la parroquia y los p\u00e1rrocos. Se comienza a promover con af\u00e1n las escuelas populares. Las ciudades europeas, sobre todo de los reinos del norte europeo, se sienten violentamente sacudidas por esta inquietud durante m\u00e1s tiempo y con m\u00e1s fuerza de lo que acontece en otros ambientes. Organizan las tareas docentes de manera m\u00e1s intensa. Pero algo similar acontece en las ciudades mediterr\u00e1neas, comenzando por Roma, la cabeza de la cristiandad. En todas partes los grupos de caridad y las personas piadosas prefieren la limosna de educar a los ni\u00f1os necesitados. La practican ahora m\u00e1s que la acci\u00f3n de dar pan y vestido a los mendigos o atender a los enfermos.<\/p>\n<p>   &#8211; El nacimiento de las diversas instituciones educativas, al estilo de la Escuelas P\u00ed\u00adas de S. Jos\u00e9 de Calasanz, en la Roma del Siglo XVI, y de la Escuelas Cristianas de S. Juan Bta. De la Salle, en la Francia del XVII, se convierte en eco y fuerza de la nueva Iglesia, cuya infraestructura social se halla en la parroquia. Y uno de los afanes de sus promotores es obtener la suficiente independencia para organizar las escuelas sin \u00abtributos de sacrist\u00ed\u00ada\u00bb y, desde luego, sin intromisiones clericales.<\/p>\n<p>   &#8211;  Las ayudas para sostener las escuelas proceden de generosos donantes que suministran limosnas en forma de rentas fijas o de d\u00e1divas ocasionales, siempre dependientes de los vaivenes de su fortuna. Llegan los dones a las escuelas por la misma raz\u00f3n y v\u00ed\u00ada que llegan a los asilos, a los hospitales, a los cementerios. Dar limosna para una escuela es como hacerlo a indigentes que necesitan comer, vestir, leer, escribir.<\/p>\n<p>    Puesto que se trata de obras de caridad para hijos de artesanos, de criados y de mendigos, quienes a ellas se dedican son personas compasivas y socialmente no muy significativas. Entre la clericatura y el magisterio se establecen distancias infranqueables, pues las tareas resultan casi incompatibles.<\/p>\n<p>   Personas muy generosas y por motivos religiosos, como el Canciller de la universidad de Par\u00ed\u00ads Juan Gerson (1363-1429), son capaces de entregarse a la educaci\u00f3n de los ni\u00f1os, que son la esperanza de la Iglesia. Cuando alg\u00fan Fundador, al estilo de S. Jos\u00e9 de Calasanz (1556-1648), logra romper las fronteras entre ambas, se le mira como un iluminado y como un h\u00e9roe, pues se considera un servicio de humildad \u00abpropio de santos\u00bb el dedicarse a las tareas docentes.<\/p>\n<p>   &#8211;  Las familias que cuentan con recursos, manifiestan inter\u00e9s en que sus miembros reciban adecuada instrucci\u00f3n individual desde los primeros a\u00f1os. Muchas de ellas tienen a gala el configurar un mecenazgo pedag\u00f3gico. Surgen los pedagogos del Humanismo renacentista, al modo del liberal Erasmo de Rotterdam (1466-1536) o de Luis Vives (1492-1540), que escriben con elegancia y teorizan sobre criterios, programas y objetivos educativos.<br \/>\n  &#8211;  Al margen de los preceptores familiares que, en cierto sentido, recogen la herencia de los antiguos \u00abpedagogos\u00bb griegos y romanos, no tardan desde el siglo XIV en nacer \u00abcolegios\u00bb para clases pudientes que, desde luego, no llegan a las masas populares y menos a las campesinas. Estos centros surgen por el inter\u00e9s de la formaci\u00f3n en los a\u00f1os infantiles y por la necesidad de compartir la cultura cl\u00e1sica predominante.<\/p>\n<p>    De todas formas, siempre hay \u00abcolegios\u00bb para los hijos de familias burguesas, sobre todo a partir del siglo XIV. Jeronimianos, Oratorianos, Jesuitas son tres grupos institucionales que comparten la docencia burguesa. Las tareas de estos centros se dirigen hacia objetivos m\u00e1s culturales que asistenciales. Sus docentes se sostienen con rentas m\u00e1s significativas que caritativas, procedentes de se\u00f1ores que sufragan generosamente la docencia de sus hijos y otros muchos. Cuentan con cierto reconocimiento social<\/p>\n<p>  Son iniciativas minoritarias que siguen la din\u00e1mica de la suplencia. Hasta el siglo XVIII, frecuentemente poseen un sentido proped\u00e9utico para la clericatura o para las diversas tareas relacionadas con ella. Es fatigoso y dif\u00ed\u00adcil durante siglos el desprenderse de los soportes clericales en la promoci\u00f3n cultural. Es laborioso el organizar cualquier actividad docente abierta y diferente del sentido de caridad que presuponen las escuelas parroquiales. Pero pronto las aguas comenzar\u00e1n a discurrir por otros cauces.<\/p>\n<p>Ni que decir tiene que el p\u00fablico escolar femenino no cuenta con muchas oportunidades. En muchos ambientes, queda tenaz, global e injustamente marginado. Pero tambi\u00e9n se va despertando un movimiento interesante de educaci\u00f3n de la mujer. Aparecen tambi\u00e9n Congregaciones religiosas para atender a doncellas de clases desahogadas, al estilo de Sta. Juana de Lestonnac (1556-1640), y movimientos populares como los de Ursula de Benincasa (1550-1616) y de Sta. Luisa de Marillac (1591-1660).<\/p>\n<p>Pedro Chico Gonz\u00e1lez, Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00ed\u00ada Religiosa, Editorial Bru\u00f1o, Lima, Per\u00fa 2006<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00eda Religiosa<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>[843][955]] El valor de la escuela, en la Historia y en la actualidad, es indiscutible en cuanto plataforma de cultura y de formaci\u00f3n humana. 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