{"id":10569,"date":"2016-02-05T07:31:49","date_gmt":"2016-02-05T12:31:49","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/eucaristico-sacrificio\/"},"modified":"2016-02-05T07:31:49","modified_gmt":"2016-02-05T12:31:49","slug":"eucaristico-sacrificio","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/eucaristico-sacrificio\/","title":{"rendered":"EUCARISTICO. SACRIFICIO"},"content":{"rendered":"<p>[420]<\/p>\n<p>     La Eucarist\u00ed\u00ada, por voluntad de Cristo, adopt\u00f3 forma de ofrenda y de recuerdo, es decir de celebraci\u00f3n fraterna en el amor y la esperanza. Lo dijo Jes\u00fas: \u00abNo volver\u00e9 a beber el fruto del a vid hasta que lo tome en el Reino de mi Padre&#8230; Por eso, vosotros, haced esto siempre en memoria m\u00ed\u00ada\u00bb. (Lc. 22.16). .<\/p>\n<p>    Desde entonces los cristianos celebran el recuerdo del Se\u00f1or en forma de sacrificio pascual y saben que cada encuentro fraterno tiene sentido de renovaci\u00f3n de su muerte y resurrecci\u00f3n.<\/p>\n<p>    En la Eucarist\u00ed\u00ada el Se\u00f1or se hace presente misteriosamente en medio de nosotros que celebramos su nombre y proclamamos su presencia. Pero su presencia es activa y transformante.<\/p>\n<p>    La Eucarist\u00ed\u00ada no es un sacramento s\u00f3lo, y como tal un signo sensible que da la gracia. Es tambi\u00e9n un sacrificio, y como ofrenda implica estrechos compromisos espirituales en quien lo ofrece.<\/p>\n<p>   El c\u00f3mo se va desarrollando el encuentro de los reunidos en torno al altar es un gesto de profunda uni\u00f3n con el Se\u00f1or, que lo inici\u00f3 por primera vez al despedirse de sus Ap\u00f3stoles y ellos lo continuaron hasta el final de los siglos. Este encuentro requiere respeto, devoci\u00f3n, fidelidad, paz, mucha alegr\u00ed\u00ada y sobre todo profunda fe.<\/p>\n<p>    No es un rito o una ceremonia meramente de cumplimiento. Si la palabra \u00abmisa\u00bb alud\u00ed\u00ada antiguamente a las \u00faltimas palabras latinas del sacerdote (\u00abIte, misa est\u00bb: Marchad, ha llegado la hora de la despedida), en la actualidad se prefiere el t\u00e9rmino de Eucarist\u00ed\u00ada (eu-jaris, buena gracia), que significa mejor el hecho del encuentro y la \u00abacci\u00f3n de gracias.\u00bb<br \/>\n    Mas lo importante no es el nombre, ni el lugar, ni las circunstancias, ni siquiera el d\u00ed\u00ada o el n\u00famero de congregados. Lo que vale en la Eucarist\u00ed\u00ada es precisamente la presencia del Se\u00f1or en medio de los suyos que le aman.<\/p>\n<p>    1. Esencia del sacrificio<\/p>\n<p>     Definir la esencia sacrificial de la misa es entrar en un sentido m\u00ed\u00adstico, comunitario e hist\u00f3rico de la Eucarist\u00ed\u00ada. Contribuye a comprender y profundizar su naturaleza y su dimensi\u00f3n eclesial.<\/p>\n<p>     Eso exige preguntarnos por la causa, la forma y los efectos de la acci\u00f3n sacrificial de la Eucarist\u00ed\u00ada. Pero no interesa tanto el explorar el misterio, cuanto hallar los cauces para entender los que el mismo Dios ha revelado de \u00e9l.<\/p>\n<p>    1.1. Definici\u00f3n sacrificial<br \/>\n    Todo sacrificio consiste en una ofrenda consagrada a Dios, en la cual se reconoce su supremac\u00ed\u00ada y en la que de alguna forma participan los que ofrecen y aquellos por quienes se ofrece, para obtener los beneficios que se demandan.<\/p>\n<p>    La Eucarist\u00ed\u00ada se celebra y entreteje diversos elementos en un proceso cautivador: el recuerdo entra\u00f1able de Jes\u00fas, la fe en la presencia de Cristo, la ofrenda del s\u00ed\u00admbolo o signo que lo representa, la misteriosa invocaci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo que da vida, la participaci\u00f3n en la v\u00ed\u00adctima consagrada y ofrecida. 1.1.1. Es oferta<br \/>\n    La acci\u00f3n sacrificial se prepara con una oferta de los signos eucar\u00ed\u00adsticos, el pan y el vino. La v\u00ed\u00adctima misteriosa del sacrificio es Cristo que renueva su ofrenda grandiosa del Calvario. Pero el pan y el vino, s\u00ed\u00admbolos de su cuerpo y sangre que se separaron en su muerte cruenta, se convierten en el s\u00ed\u00admbolo del mismo Jes\u00fas sacrificado.<\/p>\n<p>    Por eso no hay que confundir la ofrenda del pan y del vino con cualquier otro rito, gesto o s\u00ed\u00admbolo que se pretenda ofrecer en la Eucarist\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>    Por otra parte el sacrificio culmina en la comuni\u00f3n o participaci\u00f3n de la v\u00ed\u00adctima, de modo que quedar\u00ed\u00ada incompleto si el objeto de la oferta y consagraci\u00f3n no se integra en la comunidad y en los miembros que la constituyen. La comuni\u00f3n no es el sacrificio, pero entra dentro del acto sacrificial. Tanto la del sacerdote oferente como la de los fieles cooferentes, m\u00e1s que participantes, culminan la parte esencial.<\/p>\n<p>    El sacrificio eucar\u00ed\u00adstico es algo vivo y transformante por su propia naturaleza, no un rito funerario que recuerda la muerte de Jes\u00fas. No hay Eucarist\u00ed\u00ada sin resurrecci\u00f3n. Su fin es comunicar la vida y las gracias pedidas en el sacrificio y concedidas por Dios.<\/p>\n<p>    1.1.2. Es comuni\u00f3n<br \/>\n    Si el sacerdote no recibiera la comuni\u00f3n, algo esencial faltar\u00ed\u00ada para la ofrenda y consagraci\u00f3n a Dios de la acci\u00f3n sacrificial. Y si los fieles, o ninguno de ellos, deja de participar, algo tambi\u00e9n radical faltar\u00ed\u00ada en el sacrificio.<\/p>\n<p>    La acci\u00f3n sacrificial se produce en la transformaci\u00f3n que acontece. Los dones de pan y vino se hacen en el cuerpo y sangre de Jesucristo. Ellos se ofrecen como gesto, pero la ofrenda renovada del mismo Cristo, m\u00e1s all\u00e1 del espacio y del tiempo, se convierte en realidad intemporal e inespacial.<\/p>\n<p>    S\u00f3lo desde el misterio, se puede descubrir lo que es la Eucarist\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>    1.1.3 Anamnesis y epiclesis<br \/>\n    La an\u00e1fora o canon que se recita en la Eucarist\u00ed\u00ada recoge la plegaria y el pensamiento te\u00f3logico que subyace en la acci\u00f3n sacrificial.<\/p>\n<p>    Los modelos occidentales han identificado el misterio de la transubstanciaci\u00f3n con la \u00abanamnesis\u00bb, o momento en que el sacerdote recuerda las mismas palabras de Jes\u00fas: \u00abEsto es mi cuerpo&#8230; esta es mi sangre&#8230;\u00bb Es entonces cuando se produce el milagro invisible de la presencia, de modo que antes todo caminaba hacia \u00e9l y luego todo se ordenar\u00e1 a reconocerlo y dar gracias a Dios.<\/p>\n<p>    Pero esta identificaci\u00f3n sacrificial no es del todo segura. En el Oriente se tiende a identificar la cumbre sacrificial con la \u00abepiclesis\u00bb, o invocaci\u00f3n al Esp\u00ed\u00adritu Santo, que realiza el sacerdote despu\u00e9s de las palabras de la anamnesis.<\/p>\n<p>    Ser\u00ed\u00ada en ese momento cuando Dios realiza el milagro de la transformaci\u00f3n y de la presencia eucar\u00ed\u00adstica, acci\u00f3n que ha estado previamente ambientada por la rememoraci\u00f3n del Se\u00f1or que dio el cuerpo y sangre a sus Ap\u00f3stoles.<\/p>\n<p>    Puesto que los dos gestos o referencias constituyen actitudes y tradiciones venerables, tal vez, superando disensiones teol\u00f3gicas, la verdadera opini\u00f3n es la que sintetiza ambos momentos. Si tenemos en cuenta que para Dios ni hay tiempo ni espacio, su presencia misteriosa surge en cada sacrificio en la recordaci\u00f3n y en la invocaci\u00f3n hechas con m\u00e1s o menos sucesi\u00f3n o cohesi\u00f3n.<\/p>\n<p>    1.1.4. Duplicidad de signo<br \/>\n    Como la acci\u00f3n sacrificial es tambi\u00e9n sacramental, es normal en la Iglesia entender que el sacrificio se da s\u00f3lo cuando existe la doble consagraci\u00f3n por separado del pan y del vino, acci\u00f3n que rememora la disgregaci\u00f3n de la sangre y de la carne, del cuerpo y del alma, en la muerte de Jes\u00fas.<\/p>\n<p>     Si hubiera una sola acci\u00f3n, interrumpida por cualquier circunstancia, se dar\u00ed\u00ada realmente una transubstanciaci\u00f3n, pero no una renovaci\u00f3n sacrificial, en la medida en que ambas realidades puede ser objetivamente diferenciadas o separadas f\u00ed\u00adsicamente.<\/p>\n<p>     S. Gregorio Nacianceno dec\u00ed\u00ada: \u00abCuando el ministro pronuncia las palabras, separa con tajo incruento el cuerpo y la sangre del Se\u00f1or, usando de su voz como de una espada.\u00bb (Epist. 17). Y esa impresi\u00f3n, rodeada de misterio y de fe en los presentes, ha sido la universal.<\/p>\n<p>    1.2. Misterio insondable<br \/>\n    Bueno es recordar que el misterio sacrificial es inexplicable a la raz\u00f3n, por ser de orden sobrenatural. No valen las comparaciones con otros tipos de sacrificios, cruentos o incruentos, que se han dado en otros pueblos, religiones o culturas. Ni siquiera es comparable con el sacrificio del templo de los jud\u00ed\u00ados, en donde una v\u00ed\u00adctima animal (toro, cordero o ave) era sacrificada por el sacerdote oferente; separaba la sangre del cuerpo y era ofrecida a Dios.<\/p>\n<p>    En actos plenos de adoraci\u00f3n, llamados holocaustos, la v\u00ed\u00adctima plena era quemada en el altar. En otros sacrificios, eucar\u00ed\u00adsticos, impetratorios o propiciatorios, se quemaban la parte grasa, se ofrec\u00ed\u00ada una porci\u00f3n selecta al oferente y se com\u00ed\u00ada, como signo de participaci\u00f3n, las otras partes no quemadas.<\/p>\n<p>    La Eucarist\u00ed\u00ada es otra cosa totalmente diferente de esta acci\u00f3n, aunque en ocasiones se compara a Jes\u00fas en la cruz con el sacrificio del templo, pues \u00e9ste era reflejo y anuncio de aqu\u00e9l.<\/p>\n<p>    En el sacrificio de la Cruz Jes\u00fas fue al mismo tiempo el oferente y el ofrecido, el sacerdote y la v\u00ed\u00adctima. Por eso, en la renovaci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica hay que resaltar el car\u00e1cter vicario del sacerdote humano, que act\u00faa en nombre de Jes\u00fas, y el car\u00e1cter suced\u00e1neo del pan y del vino, que est\u00e1n en lugar del cuerpo y de la sangre de Jes\u00fas y se hacen cuerpo y sangre precisamente por el hecho original de la transubstanciaci\u00f3n.<\/p>\n<p>    Es precisamente lo misterioso y lo original de la Eucarist\u00ed\u00ada. En ning\u00fan otro sacrificio puede darse esta dimensi\u00f3n m\u00ed\u00adstica y sobrenatural; por eso ninguno es suficiente para explicar anal\u00f3gicamente \u00e9ste sublime misterio que los cristianos celebran como centro exclusivo de su culto comunitario.<\/p>\n<p>    1.3. Rasgos y cualidades<br \/>\n   Es un sacrificio universal. Lo ofrecen los cristianos por ello, pero son conscientes de que los beneficiarios son todos los hombres. As\u00ed\u00ad lo fue la muerte redentora del Se\u00f1or: cat\u00f3lica y universal. Y el sacrificio eucar\u00ed\u00adstico renueva el de la cruz, aunque guarde con \u00e9l determinadas diferencias<br \/>\n    El de la cruz fue ejecutado en el tiempo y aconteci\u00f3 en la tierra del pueblo elegido. El no fue figura de ninguno otro. Por eso decimos que fue absoluto, central, radical.<\/p>\n<p>    Si embargo, la Eucarist\u00ed\u00ada  se repite en cada grupo, lugar y tiempo, como revivificaci\u00f3n, renovaci\u00f3n, actualizaci\u00f3n, siendo un milagro en s\u00ed\u00ad, no porque pueda ser entendido o explicado.<\/p>\n<p>    Seg\u00fan la doctrina de Trento la diferencia es triple. \u00abCristo dej\u00f3 a su Iglesia un sacrificio visible, en el cual se representase aquel sacrificio cruento que hab\u00ed\u00ada de realizar una vez en la cruz, se conservase su memoria hasta el fin de los siglos y se nos aplicase su virtud salvadora para remisi\u00f3n de los pecados que cometemos a diario.\u00bb (Denz. 938)<\/p>\n<p>    Por lo tanto el de la Cruz fue un sacrificio cruento y el de la Misa se realiza de forma incruenta, aunque m\u00ed\u00adsticamente represente (representatio) la misma acci\u00f3n de la Cruz. La Cruz fue un sacrificio directo en el tiempo y en el lugar.<\/p>\n<p>    La misa es m\u00e1s bien una renovaci\u00f3n conmemorativa (conmemoratio) y celebrativa (celebratio) del misterio del Calvario. Adem\u00e1s la cruz supuso la presencia real de Jes\u00fas que, con aquel acto supremo, finalizaba su presencia viva en la tierra. La Misa representa una presencia m\u00ed\u00adstica, y Jes\u00fas contin\u00faa, no termina, su presencia sobre la tierra para hacer presentes sus m\u00e9ritos divino de forma inacabable (applicatio).<\/p>\n<p>    No es inexacto afirmar el car\u00e1cter relativo de la Misa y ensalzar el car\u00e1cter absoluto del Calvario. Pero la identidad entre ambos es total, aunque los entornos simb\u00f3licos sean diferentes. Del mismo modo que en el ni\u00f1o convertido en adulto su persona es la misma y permanece, aunque hayan variado el entorno social y la intimidad psicol\u00f3gica, en la misa hay la misma identidad que en la cruz, aunque el entorno simb\u00f3lico var\u00ed\u00ade notablemente.<\/p>\n<p>    Por eso decimos que el sacrificio de la misa saca todo su valor del sacrificio de la cruz y no viceversa.<\/p>\n<p>    2. Teor\u00ed\u00adas sobre el sacrificio<\/p>\n<p>    No hay ninguna explicaci\u00f3n definitiva y clara sobre lo que en verdad es la Eucarist\u00ed\u00ada. Las diversas opiniones o \u00abteor\u00ed\u00adas\u00bb que se han dado en la Historia de la Teolog\u00ed\u00ada cat\u00f3lica resultan insuficientes para explicar lo inexplicable. Es un terreno en que es mejor reconocer que primero es creer y luego razonar.<\/p>\n<p>    Con todo conviene recordar alguna de ellas, para poder aplicarlas en lo posible a la catequesis y ense\u00f1ar lo que es y c\u00f3mo es la Eucarist\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>    2.1. Teor\u00ed\u00ada de la destrucci\u00f3n<\/p>\n<p>    Identifica la esencia de la acci\u00f3n sacrificial con la destrucci\u00f3n, o inmolaci\u00f3n, de la ofrenda, de la v\u00ed\u00adctima. Aporta una perspectiva antropol\u00f3gica. Supone que el sacrificio est\u00e1 en la conversi\u00f3n del pan y del vino (destrucci\u00f3n) en el cuerpo y en la sangre que se hacen vida.<\/p>\n<p>    La palabra hostia, que la sem\u00e1ntica latina adopt\u00f3 de cultos extra\u00f1os al cristianismo, alud\u00ed\u00ada a la ofrenda cruenta a los dioses de los enemigos (hostes), ejecutando, con su muerte, su destrucci\u00f3n. Al enemigo vencido se le convert\u00ed\u00ada en la v\u00ed\u00adctima de la ofrenda. Se le destru\u00ed\u00ada y se proclamaba ritualmente la victoria como don del dios protector.<\/p>\n<p>    En cierto sentido, se traslada esa concepci\u00f3n sacrificial al sacrificio eucar\u00ed\u00adstico. Se destruye al enemigo que es el mal. Se destruye el pecado, motivo del sacrificio redentor de Cristo. Y se destruye, con su muerte misma, la muerte de todos, consiguiendo la vida.<\/p>\n<p>    En cierto sentido, se identifica el sacrificio de la Eucarist\u00ed\u00ada con la muerte de Jes\u00fas; pero simb\u00f3licamente se ejecuta con la mutaci\u00f3n real o cambio esencial de la hostia, del pan y del vino. As\u00ed\u00ad pensaban Francisco Su\u00e1rez (1548-1617), Roberto Belarmino (1542-1621) o Domingo Soto (1494-1570).<\/p>\n<p>    Una variante de esa teor\u00ed\u00ada destructiva es la inmolaci\u00f3n m\u00ed\u00adstica. Se resalta la doble consagraci\u00f3n del pan y del vino como la separaci\u00f3n del cuerpo y de la sangre. Por la comuni\u00f3n se vuelven a unir en el comulgante y ello produce la idea de la resurrecci\u00f3n. Incluso, antes de la comuni\u00f3n, el sacerdote oferente toma un fragmento de pan y lo mezcla con el vino ya consagrado, preanunciando la vida y la unidad.<\/p>\n<p>    En esa doble acci\u00f3n estar\u00ed\u00ada el rito sacrificial de la separaci\u00f3n del cuerpo y del alma. Tambi\u00e9n es una teor\u00ed\u00ada agradable y hermosa, pero no quiere decir que sea suficiente para entender c\u00f3mo Cristo, glorioso, resucitado, impasible, inmutable, puede seguir siendo el sacerdote oferente de ese maravilloso sacrificio.<\/p>\n<p>    2.2. Teor\u00ed\u00ada de la renovaci\u00f3n<\/p>\n<p>    Tambi\u00e9n es frecuente entre los te\u00f3logos cat\u00f3licos la idea de que no hay m\u00e1s sacrificio que el de Cristo y que cada misa es s\u00f3lo una reviviscencia del sacrificio inicial y radical. Cada Eucarist\u00ed\u00ada es el espejo en el que se contempla la misma figura sacrificial de Cristo y por eso tiene valor infinito.<\/p>\n<p>    No es realidad diferente. Es ante todo y sobre todo la superaci\u00f3n del tiempo y del espacio y la repetici\u00f3n pura y simple de lo hecho por Jes\u00fas. Es la m\u00e1s frecuente explicaci\u00f3n entre muchos te\u00f3logos recientes, los cuales identifican la acci\u00f3n cruenta del Calvario con la acci\u00f3n incruenta de cada altar. La acci\u00f3n sacrificial de Cristo en el Calvario se mantiene viva y por encima de las circunstancias humanas de quien la revive y realiza en la tierra.<\/p>\n<p>    Cada misa es en s\u00ed\u00ad misma la aut\u00e9ntica ofrenda de Cristo; en nosotros es una r\u00e9plica, una renovaci\u00f3n, una revivificaci\u00f3n m\u00ed\u00adstica pero real. Por eso llama al sacrificio misterio, supratemporal y metahist\u00f3rico, perpetuo.<\/p>\n<p>    2.3. Teor\u00ed\u00ada de la oblaci\u00f3n<\/p>\n<p>    Otros te\u00f3logos han resaltado, a la luz de m\u00faltiples textos paulinos, la oblaci\u00f3n, el don de Cristo al Padre, la ofrenda positiva. No gustan de hablar de destrucci\u00f3n y se alejan de la interpretaci\u00f3n antropol\u00f3gica y de resaltar la muerte de Jes\u00fas que subyace en la idea de los sacrificios primitivos de los pueblos. La Eucarist\u00ed\u00ada es una renovaci\u00f3n de la ofrenda de Cristo al Padre, pero desde la perspectiva de un Cristo resucitado y no s\u00f3lo muerto y crucificado.<\/p>\n<p>    No celebramos la muerte, sino la muerte y resurrecci\u00f3n. Es la verdadera imagen de Cristo. La esencia original del sacrificio cristiano es m\u00e1s positiva. Por eso el altar tiene un sentido resurreccional y el sacrificio significativo no est\u00e1 asociado al recuerdo del Jueves Santo, d\u00ed\u00ada de despedida, o del Viernes Santo, d\u00ed\u00ada de muerte, sino \u00abal primer d\u00ed\u00ada de la semana\u00bb, de resurrecci\u00f3n, que los cristianos llamar\u00ed\u00adan \u00abdel Se\u00f1or\u00bb o Domingo.<\/p>\n<p>    Tratan de diferenciar el Sacrificio de Cristo de cualquier idea un\u00ed\u00advoca de sacrificio humano y resaltan la originalidad radical del hecho por Jes\u00fas. M\u00e1s que la propiciaci\u00f3n y la impetraci\u00f3n, el sacrificio eucar\u00ed\u00adstico es latr\u00e9utico.<\/p>\n<p>    Es un intento de resaltar el ofrecimiento amoroso de Jes\u00fas y la aceptaci\u00f3n amorosa del Padre. Se hace del sacrificio una acci\u00f3n de gracias, un himno de alabanza, una ofrenda de todos los creyentes que, unidos con Cristo, se ofrecen a Dios como homenaje, no como expiaci\u00f3n.<\/p>\n<p>   La separaci\u00f3n m\u00ed\u00adstica del cuerpo y de la sangre por medio de la doble consagraci\u00f3n pasa a segundo lugar. Lo importante es la alabanza a Dios, la cual se eleva por ese medio, pero podr\u00ed\u00ada hacerse por otros muchos.<\/p>\n<p>    3. Doctrina de la Iglesia<\/p>\n<p>    Lo que nos interesa no es discernir teor\u00ed\u00adas y explicaciones, sino averiguar lo que la Iglesia, a la luz de la Escritura, ense\u00f1a del sacrificio que ella renueva cada d\u00ed\u00ada en toda la tierra.<\/p>\n<p>     3.1. Verdadero sacrificio<\/p>\n<p>    La santa misa es verdadero, singular y propio sacrificio. Negar esta realidad es alejarse de la verdad cat\u00f3lica.<\/p>\n<p>    Si es sacrificio, es \u00fanico y misterioso; es algo muy diferente de una pr\u00e1ctica de piedad benevolente o esmerada.<\/p>\n<p>    Las graves incriminaciones que los adversarios cat\u00f3licos hicieron a la misa, desde tiempos ya medievales y sobre todo en la Reforma protestante, oblig\u00f3 a una profunda clarificaci\u00f3n doctrinal y a una censura de ritos en el Concilio de Trento. Qued\u00f3 claramente definido su car\u00e1cter sacrificial, su esencial vinculaci\u00f3n al sacrificio de la Cruz y su universalidad redentora indiscutible.<\/p>\n<p>    Se clarific\u00f3 la doctrina y se pretendi\u00f3 en Trento blindar la Eucarist\u00ed\u00ada contra errores. Se consigui\u00f3 en el \u00e1mbito cat\u00f3lico en lo dogm\u00e1tico, pero se paraliz\u00f3 en la creatividad que reclama lo lit\u00fargico. Pasar\u00ed\u00adan cuatro siglos (desde 1563 a 1963) hasta que volviera a entrar una oleada fresca de actualizaci\u00f3n y acercamiento a los cristianos, labor que estaba reservada al Concilio Vaticano II. La misa qued\u00f3 contemplada como misterio insondable, mientras que la \u00abcena \u00abprotestante se present\u00f3 como celebraci\u00f3n festiva. En la primera se encumbr\u00f3 el rito, en la segunda el gesto.<\/p>\n<p>    El Catecismo de la Iglesia cat\u00f3lica recordar\u00ed\u00ada luego la doctrina eucar\u00ed\u00adstica permanente de la Iglesia: \u00abLa Eucarist\u00ed\u00ada es el coraz\u00f3n y la cumbre del a vida de la Iglesia, pues en ella Cristo asocia su Iglesia y todos sus miembros a sus sacrificio de alabanza y acci\u00f3n de gracias ofrecido una vez por todas en la cruz a su Padre.\u00bb (N 1407)<\/p>\n<p>    3.2. Sacramento y sacrificio<\/p>\n<p>    Aunque el sacramento y el sacrificio de la Eucarist\u00ed\u00ada son la misma realidad (signo sensible sacrificial) pues son la misma la misma consagraci\u00f3n y comuni\u00f3n, no obstante, existe entre ellos una distinci\u00f3n no s\u00f3lo de concepto, sino de perspectiva teol\u00f3gica.<\/p>\n<p>    Como sacramento es un signo, pan y vino, que se presenta ante los cristianos como cauce de la gracia divina y parece vincularse m\u00e1s al hecho de la comuni\u00f3n o participaci\u00f3n.<\/p>\n<p>    Como sacrificio es mucho m\u00e1s misterioso y parece vincularse al hecho de la consagraci\u00f3n y al rito de la celebraci\u00f3n.<\/p>\n<p>Eucarist\u00ed\u00ada en el Oeste Americano en el siglo XXI<\/p>\n<p>    Se puede sacar la impresi\u00f3n de que se trata de dos rasgos complementarios, el uno consecuencia del otro, cuando en realidad responde a la misma y \u00fanica realidad, como las dos caras de la misma monedas resultan inseparables.<\/p>\n<p>     La Eucarist\u00ed\u00ada es sacramento, o signo sensible, en cuanto Cristo se da en ella de forma significativa como manjar del alma. Y se da a trav\u00e9s de un elemento natural: pan, vino, comida, bebida, invocaci\u00f3n, rememoraci\u00f3n, evocaci\u00f3n&#8230;<\/p>\n<p>    Pero es un signo celebrativo: ofrenda, consagraci\u00f3n, comuni\u00f3n, en una palabra rito y celebraci\u00f3n. Es sacrificio, adem\u00e1s de sacramento, cosa que no acontece en el matrimonio, el bautismo o el Orden sacerdotal.<\/p>\n<p>    Es sacrificio porque en la misa Cristo se \u00abinmola\u00bb y no s\u00f3lo se da. La inmolaci\u00f3n implica ofrenda, entrega, acci\u00f3n y participaci\u00f3n (ofertorio, consagraci\u00f3n, comuni\u00f3n). Precisamente por ello la Eucarist\u00ed\u00ada no imprime car\u00e1cter. Se puede repetir cuantas veces se desee y aumenta y desarrolla cada vez m\u00e1s la gracia y los dones del alma.<\/p>\n<p>    Es sacrificio y a la vez alimento del alma: fortalece y vivifica: es pan y vino. Se recibe individualmente, pero s\u00f3lo cobra su plena dimensi\u00f3n en la celebraci\u00f3n de la comunidad eclesial: porque adem\u00e1s de alimento, es fiesta, es convite, es regocijo fraterno, es celebraci\u00f3n.<\/p>\n<p>  3.2. Bases b\u00ed\u00adblicas<\/p>\n<p>    Muchos de los aspectos de la Eucarist\u00ed\u00ada pueden parecer m\u00ed\u00adsticos y confusos, incluso se prestan a explicaciones reiterativas, dado lo dif\u00ed\u00adcil que resulta usar los t\u00e9rminos adecuados para recoger con ellos conceptos m\u00faltiples, abstractos y complejos.<\/p>\n<p>    Por eso interesa explorar el mismo lenguaje b\u00ed\u00adblico que ayuda a entender mejor el v\u00ed\u00adnculo misterioso entre el sacramento y el sacrificio.<\/p>\n<p>    3.2.1 Figuras en el A. T.<\/p>\n<p>    En el Antiguo Testamento se multiplican las referencias al sacrificio del que iba a ser el Mes\u00ed\u00adas Salvador. No s\u00f3lo en tiempos prof\u00e9ticos, sino tambi\u00e9n en los patriarcales, parece adivinarse en lontananza la silueta un redentor sacrificial.<\/p>\n<p>   &#8211; El sacrificio de Melquisedec (Gen. 14. 18-20), ofreciendo pan y vino en honor de la victoria de Abraham sobre los salteadores, ha sido siempre entendido como un anuncio eucar\u00ed\u00adstico, desde que el autor de la carta a los Hebreos (Hebr. 5. 6 y 7.1-5) iniciase los comentarios y los escritores posteriores interpretaran esa escena del \u00absacerdote del Dios Alt\u00ed\u00adsimo\u00bb como una aurora sacrificial.<\/p>\n<p>    San Agust\u00ed\u00adn comentaba: \u00abAll\u00ed\u00ad apareci\u00f3 por vez primera el sacrificio que ahora ofrecen los cristianos a Dios en toda la redondez de la tierra\u00bb. (De civ. Dei 22)<\/p>\n<p>    Antes de ese sacrifico, tambi\u00e9n aparecen en las primas p\u00e1ginas de la Biblia el de Abel, el justo, agradable a Dios (Gn. 4. 4) y el de No\u00e9, al salir del Arca (Gn. 8.20), ambos celebraciones de la vida y la salvaci\u00f3n. Abel recibe la muerte por la envidia que engendr\u00f3 su sacrificio. No\u00e9 se abre al mundo con el suyo.<\/p>\n<p>    Similar sentido sacrificial se ofreci\u00f3 siempre al gesto simb\u00f3lico de Abraham, ofreciendo en intenci\u00f3n a su hijo \u00fanico y amado, Isaac (Gn. 22, 1-19). La escena siempre fue entendida por la Historia de la Iglesia como prototipo del gran sacrificio de Cristo. (Hebr. 11.17; Gal. 3.9)<\/p>\n<p>    Algunas profec\u00ed\u00adas, como la de Malaqu\u00ed\u00adas, ser\u00e1n tomadas por el Nuevo Testamento como especial referencia a la ofrenda de Jes\u00fas. El Profeta hab\u00ed\u00ada proclamado: \u00abNo tengo en vosotros complacencia alguna, dice Yaweh de los ej\u00e9rcitos, no me son gratas las ofrendas de vuestras manos, y eso a pesar de que desde el orto del sol hasta el ocaso es grande mi nombre entre las gentes y en todo lugar se ofrece a mi nombre un sacrificio humeante y una oblaci\u00f3n pura.\u00bb (Mal. 1.10) Y Jes\u00fas, en palabras tambi\u00e9n de la Carta a los Hebreos, dir\u00e1 al entrar en el mundo: \u00abAl comienzo del libro est\u00e1 escrito: \u00abSacrificios por el pecadono has querido, oh Dios\u00bb; por eso me has dado un cuerpo. Has rechazado los holocaustos y los sacrificios expiatorios. Y yo he dicho: \u00abHeme aqu\u00ed\u00ad, que vengo a hacer tu voluntad.\u00bb  (Hebr. 10. 5-7)<\/p>\n<p>     Los dem\u00e1s Profetas abundan en expresiones sacrificiales al intuir la venida del Mes\u00ed\u00adas Salvador. El Salmo 21 y el 116 reflejar\u00e1n la ofrenda y la redenci\u00f3n; Isa\u00ed\u00adas anunci\u00f3 la \u00e9poca mesi\u00e1nica con especiales tintes de ofrenda dolorosa  (Is. 55. 1-5 y 65. 17-25). Todos lo profetas tendr\u00e1n sus signos prof\u00e9ticos de esperanza, ofrenda y salvaci\u00f3n: Jerem\u00ed\u00adas, 17.13 y 23. 1-8; Amos, 9. 11-15; Miqueas, 4. 9-14.<\/p>\n<p>    3. 2. 2. Nuevo Testamento<\/p>\n<p>    Es evidente que en el Nuevo Testamento la referencia eucar\u00ed\u00adstica es m\u00e1s viva y clarividente, pues los seguidores de Jes\u00fas vieron en la Cena pascual el mismo hecho de la muerte del Se\u00f1or preanunciada y el signo de su presencia prolongada. Y en la consigna de Jes\u00fas: \u00abHacer esto en memoria m\u00ed\u00ada\u00bb, descubrieron el \u00absacramento\u00bb renovador del \u00absacrificio salvador.<\/p>\n<p>     Es normal que el recuerdo y las alusiones sacrificiales vayan siempre mezcladas con las referencias eucar\u00ed\u00adsticas.<\/p>\n<p>   &#8211; Se record\u00f3 con veneraci\u00f3n la instituci\u00f3n del sacrificio del amor, que los primeros cristianos llamaron \u00abfracci\u00f3n del pan\u00bb, luego se llamar\u00ed\u00ada cena, y tard\u00ed\u00adamente misa.<\/p>\n<p>   &#8211; Los cuatro relatos que nos quedan: Lc. 22. 7-20; Mt. 26. 27-29 y Mc. 14. 12-25, junto con 1 Cor. 23-26, son lo suficientemente expresivos y claros para fundar toda la tradici\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica de la Iglesia.<\/p>\n<p>    La expresiones, cuerpo, sangre, derramar, testamento, repetir, celebrar, se multiplican en torno al eje sacrificial.<\/p>\n<p>    Aquella \u00abAlianza\u00bb hecha en los tiempos antiguos: \u00abEsta es la sangre de la Alianza que hace con vosotros Yaweh\u00bb. (Ex 24. 8), ahora se convierte en una nueva realidad sacrificial. El texto m\u00e1s expresivo es el de Lc. 22.20: \u00abEsta copa es la nueva alianza sellada con mi sangre, que se est\u00e1 derramada por vosotros.\u00bb Si fueron palabras literalmente pronunciadas por Jes\u00fas o si interpretaron los recuerdos mantenidos en la comunidad cristiana en la que el Evangelista, que no conoci\u00f3 personalmente a Jes\u00fas, se inspir\u00f3, poco importa para la descripci\u00f3n teol\u00f3gica del sacrificio eucar\u00ed\u00adstico. Est\u00e1n ah\u00ed\u00ad y constituyen el m\u00e1s contundente testimonio de la realidad sacrificial de la Ultima Cena.<\/p>\n<p>    De las palabras de Jes\u00fas: \u00abHaced esto en memoria m\u00ed\u00ada\u00bb, que son privativas del entorno paulino (Lc. 22.19 y 1. Cor. 11.25; no en Mt. o en Mc.) se deduce que el sacrificio eucar\u00ed\u00adstico pretendi\u00f3 ser una instituci\u00f3n permanente con car\u00e1cter memorial, no s\u00f3lo sacrificial.<\/p>\n<p>    En los escritos del Nuevo Testamento se multiplican las alusiones a la novedad del sacrificio que se ha instaurado \u00abNosotros tenemos un altar del que no tienen facultad de comer los que siguen al servicio de la antigua tienda de la presencia\u00bb.\u00bb (Hebr. 13. 10).<\/p>\n<p>    S. Pablo resalta el car\u00e1cter exclusivo de este sacrificio, precisamente por su novedad: \u00abNo pod\u00e9is participar en la mesa del Se\u00f1or y en la de los demonios, ni beber el c\u00e1liz del se\u00f1or y el de los demonios.\u00bb (1 Cor. 10. 16-21).<\/p>\n<p>    3.3. La tradici\u00f3n eclesial<\/p>\n<p>    Los antiguos escritores cristianos, m\u00e1s cercanos por el tiempo y la cultura, al esp\u00ed\u00adritu sacrificial que brotan de la Nueva Alianza, se hallaban m\u00e1s capacitados para entender lo que de sacrificial podr\u00ed\u00ada haber en las asambleas cristianas, herederas de los encuentros personales con Jes\u00fas. Abundan sus testimonio sobre el sentido del a Eucarist\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>     Ya la Didaj\u00e9 (c. 14) hace una observaci\u00f3n: \u00abReun\u00ed\u00ados el d\u00ed\u00ada del Se\u00f1or y romped el pan; dad gracias despu\u00e9s de haber confesado vuestros pecados, a fin de que vuestro sacrificio sea puro&#8230; Nadie que haya re\u00f1ido con su hermano debe reunirse con vosotros hasta haberse reconciliado con \u00e9l, a fin de que no se manche vuestro sacrificio. De \u00e9l dijo el Se\u00f1or: En todo lugar y en todo tiempo se me ofrecer\u00e1 un sacrificio puro; porque yo soy el gran Rey, dice el Se\u00f1or, y mi nombre es admirable entre las gentes\u00bb.  (Mal. 1. 11 y 14)\u00bb<\/p>\n<p>     Sin duda recoge este testimonio la misma ense\u00f1anza de Jes\u00fas recibida por diversos caminos: \u00abSi trajeres tu ofrenda al altar y recordares que tu hermano tiene algo contra ti, deja la ofrenda sin ofrecer y vete primero a reconciliarte con tu hermano.\u00bb (Mt. 5. 23)<\/p>\n<p>     San Ignacio de Antioqu\u00ed\u00ada (+ 107) indicaba al comienzo del siglo II: \u00abCuidad de no celebrar m\u00e1s que una sola Eucarist\u00ed\u00ada, porque una sola es la carne de nuestro Se\u00f1or Jesucristo y uno solo el c\u00e1liz para la reuni\u00f3n de su sangre; y uno solo es el altar; y, de la misma manera, hay un solo obispo con los presb\u00ed\u00adteros y di\u00e1conos.\u00bb (Ep. Ef. 5. 2)<\/p>\n<p>     San Ireneo (+ hacia el 202) reclama el origen del sacrificio de la Misa: \u00abEl nuevo sacrificio de la Nueva Alianza fue recibido por la Iglesia de los mismos Ap\u00f3stoles y lo ofrece a Dios en todo el mundo.\u00bb (Adv. haer. IV. 17.5)<\/p>\n<p>     San Cipriano (+ 238) lo relaciona con el sacrificio de Melquisedec: \u00abOfreci\u00f3 a Dios Padre un sacrificio, el mismo que hab\u00ed\u00ada ofrecido Melquisedec, esto es, consistente en pan y vino, es decir, que ofreci\u00f3 su cuerpo y su sangre.\u00bb (Ep. 63. 4) y da la raz\u00f3n de ello: \u00abPorque el sacerdote, que imita lo que Cristo realiz\u00f3, hace verdaderamente las veces de Cristo, y entonces ofrece en la Iglesia a Dios Padre un verdadero y perfecto sacrificio si empieza a ofrecer de la misma manera que vio que Cristo lo hab\u00ed\u00ada ofrecido\u00bb. (Ep. 63. 14).<\/p>\n<p>     4. Ministro de la Eucarist\u00ed\u00ada<br \/>\n    Es evidente que el \u00fanico ministro de la Eucarist\u00ed\u00ada es Cristo. Es el sublime oferente de s\u00ed\u00ad mismo al Padre eterno. Como ministro instrumental del milagro de la transubstanciaci\u00f3n y de la ofrenda conmemorativa y renovadora del sacrificio de la cruz, est\u00e1 el sacerdote que ha recibido de Cristo, a trav\u00e9s de la Iglesia, la gracia y el poder del Orden sacerdotal con una dimensi\u00f3n sacrificial, adem\u00e1s de su proyecci\u00f3n pastoral y evangelizadora.<\/p>\n<p>    4.1. Ministro de la consagraci\u00f3n<br \/>\n    Por eso decimos que s\u00f3lo el sacerdote ordenado v\u00e1lidamente posee el poder de consagrar el pan y el vino y convertirlo en el cuerpo y en la sangre de Cristo.<\/p>\n<p>    Los valdenses declaraban que todos los fieles bautizados est\u00e1n capacitados para realizar la acci\u00f3n sacrificial, por el Bautismo recibido por el amor de Dios. Contra ellos sali\u00f3 al paso el Concilio IV de Letr\u00e1n (1215) e hizo la siguiente declaraci\u00f3n: \u00abEste sacramento solamente puede realizarlo el sacerdote ordenado v\u00e1lidamente.\u00bb (Denz. 430)<\/p>\n<p>    El concilio de Trento se declar\u00f3 en contra de la doctrina reformista del sacerdocio universal de los laicos. Defini\u00f3 la instituci\u00f3n por Cristo de \u00abun sacerdocio singular y ordenado, al que est\u00e1 reservado en exclusiva el poder de consagrar, ofrecer y administrar el cuerpo y sangre de Cristo\u00bb. (Denz. 957).<\/p>\n<p>    Se refrendaba con ello a la clara Tradici\u00f3n de la Iglesia, que siempre vio en los \u00abordenados\u00bb por la Autoridad de la Comunidad, en los Obispos, y en sus presb\u00ed\u00adteros y di\u00e1conos por ellos ordenados, los \u00fanicos y verdaderos promotores y administradores de los sagrados misterios de la celebraci\u00f3n.<\/p>\n<p>    Ya en el siglo II lo hab\u00ed\u00ada escrito S. Justino: \u00abEl Presidente de los hermanos, esto es el obispo, es el que consagra la Eucarist\u00ed\u00ada, mientras que los di\u00e1conos distribuyen a los presentes el pan, el vino y el agua, sobre los que se han hecho las acciones de gracias, y los llevan a los ausentes.\u00bb (Apol. 1. 65)<\/p>\n<p>    El Concilio de Nicea rechaz\u00f3 con claridad el que los \u00abdi\u00e1conos\u00bb pudieran ofrecer el misterio eucar\u00ed\u00adstico. (Canon 18)<\/p>\n<p>    4. 2. Ministro de la distribuci\u00f3n<\/p>\n<p>    Durante mucho tiempo, la dignidad de la Eucarist\u00ed\u00ada y su significado de participaci\u00f3n sacrificial, reclamo el reparto de la comuni\u00f3n al mismo ministro oferente. Era pues el sacerdote el \u00fanico distribuidor ordinario de la \u00abcomuni\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p>    Cuando se distribu\u00ed\u00ada bajo ambas especies, el Obispo o el sacerdote eran quien administraban el sagrado cuerpo de Cristo, y el di\u00e1cono la sagrada sangre del Se\u00f1or (S. Cipriano. De Lapsis 25)<\/p>\n<p>    Se mantuvo la costumbre de que el sacerdote fuera el administrador ordinario y se admiti\u00f3 como distribuidor extraordinario al di\u00e1cono, por delegaci\u00f3n del sacerdote, y con cierta autorizaci\u00f3n m\u00e1s o menos expl\u00ed\u00adcita del Obispo, o en ocasiones del p\u00e1rroco, que juzgaban las razones habituales u ocasionales que podr\u00ed\u00adan motivar  tal ministerio.<\/p>\n<p>    Santo Tom\u00e1s en el siglo XIII, en su contexto cultural como es evidente,  argumentaba sobre la conveniencia de la exclusividad sacerdotal en esa distribuci\u00f3n, debido a la conexi\u00f3n entre la comuni\u00f3n y la consagraci\u00f3n (Summa Th. III. 82. 3)<\/p>\n<p>    Pero es evidente que las circunstancias variaron notablemente en los tiempos actuales y la disciplina eclesial se acomod\u00f3 a esos cambios sociales.<\/p>\n<p>    Los signos que en otros tiempos resultaron lenguajes de respeto y consideraci\u00f3n: recibir la especie de pan en la boca, postrarse de rodillas, guardar ayuno absoluto de alimento y de agua desde la media noche anterior y otros fueron admirables.<\/p>\n<p>    Pero esos signos fueron perdiendo el eco eclesial que pudieron poseer en otros tiempos y terminaron reemplazados por usos m\u00e1s adecuados: comuni\u00f3n en la mano, distribuci\u00f3n simult\u00e1nea por rapidez, ayuno eucar\u00ed\u00adstico m\u00ed\u00adnimo, etc.<\/p>\n<p>    Es evidente que la Iglesia se acomodaba a los nuevos tiempos cuando P\u00ed\u00ado XII declar\u00f3 mitigado el ayuno eucar\u00ed\u00adstico en la Constituci\u00f3n Apost\u00f3lica \u00abChristus Dominus\u00bb, de 6 de Enero de 1953, y el Motu proprio \u00abSacram Communionem\u00bb del 16 de Marzo de 1957; o cuando asumi\u00f3 en el Vaticano II formas disciplinares m\u00e1s concordes con los tiempos modernos y con sus reclamos de mayor agilidad en los ritos sacramentales. (Sacr. Conc. 43, 55 y 62 y C.D.C. cc. 919 a 923)<\/p>\n<p>    5. Sujeto de la Eucarist\u00ed\u00ada<\/p>\n<p>   La Eucarist\u00ed\u00ada, por su car\u00e1cter sacrificial y sacramental, reclama una disposici\u00f3n espiritual adecuada en quien participa en ella y en quien la recibe. Todo miembro de la Iglesia, asistente o distante, es participante en el sacrificio de la redenci\u00f3n, pues por todos se ofrece. Tiene derecho, en funci\u00f3n del amor universal de Jes\u00fas, a acercarse a su celebraci\u00f3n y a su participaci\u00f3n.<\/p>\n<p>   Pero es preciso distinguir dos niveles de participaci\u00f3n: la sacrificial general que llega a todos los hombres y la participaci\u00f3n sacramental propiamente dicha.<\/p>\n<p>   5.1. Participaci\u00f3n sacramental.<\/p>\n<p>   El contacto con el sacramento, la recepci\u00f3n del signo sensible del pan y del vino, reclaman el suficiente uso de raz\u00f3n para saber lo que se hace, el por qu\u00e9 se hace y el modo c\u00f3mo se debe hacer. Esto s\u00f3lo se consigue cuando la inteligencia es suficiente y la preparaci\u00f3n adecuada.<\/p>\n<p>   Si en el Oriente existi\u00f3, durante algunos siglos, el uso de dar una part\u00ed\u00adcula eucar\u00ed\u00adstica a los p\u00e1rvulos en el momento del Bautismo, pronto se desterr\u00f3 en varios ambientes, por inapropiado y por la carencia de conciencia suficiente para recibir un sacramento como \u00e9ste.<\/p>\n<p>   En Occidente, desde el Concilio de Letr\u00e1n (1215) se impuso la obligaci\u00f3n de comulgar al menos una vez al a\u00f1o, por Pascua, para los que han llegado al uso de raz\u00f3n. Despu\u00e9s de las convulsiones protestantes, la Iglesia renov\u00f3 en Trento esa disposici\u00f3n (Denz. 891) y reclam\u00f3 una piedad eucar\u00ed\u00adstica suficientemente fundamentada<br \/>\n   Rechaz\u00f3 la recepci\u00f3n meramente material, es decir, la recepci\u00f3n del sacramento sin el estado de gracia.<br \/>\n  Y foment\u00f3 no s\u00f3lo la comuni\u00f3n sacramental con las disposiciones adecuadas, sino tambi\u00e9n los deseos de participaci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica, si esas disposiciones no se han conseguido en forma suficiente: comuni\u00f3n espiritual. (Denz. 893)<br \/>\n   En esta perspectiva tridentina, en los \u00faltimos siglos se resalt\u00f3 la necesidad de acercar a los cristianos a superar la mera recepci\u00f3n material y a rechazar, por supuesto, la comuni\u00f3n no digna.<\/p>\n<p>   La exigencia de la gracia para acercarse a comulgar tiene su fundamento b\u00ed\u00adblico. S. Pablo se lo reclamaba a los Corintios: \u00abExam\u00ed\u00adnese el hombre a s\u00ed\u00ad mismo y entonces coma del pan y beba del c\u00e1liz&#8230; Quien come el pan y bebe el c\u00e1liz del Se\u00f1or indignamente se har\u00e1 culpable del cuerpo y la sangre del Se\u00f1or\u00bb (1 Cor. 11. 28-29). Y el mismo Jes\u00fas lo signific\u00f3 en el gesto del lavatorio de los pies a los disc\u00ed\u00adpulos, seg\u00fan la interpretaci\u00f3n posterior de los Padres y escritores cristianos. (Jn. 13. 4)<br \/>\n   Se reclam\u00f3 desde entonces una triple disposici\u00f3n que ha sido la praxis eclesial durante siglo: la capacidad mental o uso de raz\u00f3n, la disposici\u00f3n moral o limpieza de conciencia, y la dimensi\u00f3n comunitaria o sentido eclesial.<\/p>\n<p>   &#8211; La primera conduce a requerir en los sujetos receptores el uso de raz\u00f3n suficiente junto con una instrucci\u00f3n adecuada para conocer el valor de la acci\u00f3n que van a realizar. Si en los siglos XVII a XVIII en amplias zonas de Occidente se demoraba la presunci\u00f3n de esta conciencia y disposici\u00f3n hasta los trece o catorce a\u00f1os, desde comienzo del siglo XX, con la Enc\u00ed\u00adclica de S. P\u00ed\u00ado X \u2020\u0153Acerbo Nimis\u2020\u009d y en el Decreto \u00abQuam singularis\u00bb, del  8 de Agosto de 1910, sobre la comuni\u00f3n de los ni\u00f1os, se adelant\u00f3 esa edad hacia los ocho o nueve.<\/p>\n<p>   &#8211; La disposici\u00f3n moral y espiritual fue siempre un reclamo en la Iglesia: pero se resalt\u00f3 con prudencia y adaptaci\u00f3n la necesidad de una preparaci\u00f3n piadosa previa a la comuni\u00f3n, as\u00ed\u00ad como una conveniente acci\u00f3n de gracias despu\u00e9s de ella. La piedad eucar\u00ed\u00adstica se desarroll\u00f3 desde el siglo XVI y multiplic\u00f3 las devociones, el culto y los institutos y asociaciones dedicadas a divulgarla y mantenerla.<\/p>\n<p>  Cuando esa piedad lleg\u00f3 a ciertas exageraciones, como las promovidas por los jansenistas, que alejaba a los fieles de la Eucarist\u00ed\u00ada so pretexto de respeto y humildad, la Iglesia tambi\u00e9n sali\u00f3 al paso con las oportunas rectificaciones o condenaciones, como la del 7 de Diciembre de 1690, que rechazaba la sentencia: \u00abDeben ser apartados de la comuni\u00f3n quienes no tiene un amor pur\u00ed\u00adsimo a Dios y se hallan libres de toda impureza humana\u00bb. (Denz. 1313).<\/p>\n<p>   5.2. Participaci\u00f3n sacrificial<\/p>\n<p>   Participar m\u00e1s pasivamente \u00abasistiendo a la santa misa\u00bb, se consider\u00f3 menos \u00abparticipaci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica que la recepci\u00f3n de la comuni\u00f3n\u2020\u009d. Se coment\u00f3 menos entre los antiguos escritores y se resalt\u00f3 menos la necesidad de una buena disposici\u00f3n para hallarse en forma activa en la ofrenda del Santo Sacrificio.<\/p>\n<p>   M\u00e1s no deja de ser tambi\u00e9n importante esa participaci\u00f3n y reclama la mejor disposici\u00f3n espiritual para un acontecimiento tan impresionante y divino.<\/p>\n<p>   El sacerdote, como instrumento personal de esa acci\u00f3n sacrificial, precisa clara actitud de gratitud y de humildad, generosa entrega al sacrificio al que presta su concurso humano y apertura ecum\u00e9nica en sus actitudes espirituales.<\/p>\n<p>   Los fieles que participan en cada acci\u00f3n sacrificial deben sentir la responsabilidad de su presencia activa y de reducir su protagonismo a la contemplaci\u00f3n muda de un rito piadoso. Ellos se hallan en la eucarist\u00ed\u00ada como protagonistas y no como testigos.<\/p>\n<p>   Es evidente que la buena preparaci\u00f3n, la conciencia de lo que se hace, la sensibilidad espiritual, la dimensi\u00f3n ecum\u00e9nica y el sentido de la fraternidad constituyen exigencias imprescindibles de toda piedad eucar\u00ed\u00adstica.<\/p>\n<p>6. Efectos y eficacia del sacrificio<\/p>\n<p>   El sacrificio de la misa no s\u00f3lo es sacrificio de alabanza y acci\u00f3n de gracias, sino tambi\u00e9n de propiciaci\u00f3n e impetraci\u00f3n. Pero sobre todo es sacrificio sublime en el que nada menos que el Hijo de Dios se ofrece al Padre para pedir y obtener la salvaci\u00f3n el mundo.<\/p>\n<p>   Es preciso resaltar estas dimensiones para entender cu\u00e1les son los efectos que produce en los creyentes y en la Iglesia.<\/p>\n<p>   6. 1. Alabanza y acci\u00f3n de gracias<\/p>\n<p>   El sacrificio de la misa tiene valor infinito. La dignidad de Cristo, Hijo de Dios, le convierte en sacrificio singular, supremo y divino. Nada en este mundo puede compararse con \u00e9l.<\/p>\n<p>   Es la alabanza m\u00e1xima que se puede tributar al Creador, la adoraci\u00f3n m\u00e1s perfecta y la acci\u00f3n de gracias m\u00e1s agradable al Padre y al Esp\u00ed\u00adritu. Por eso decimos que es latr\u00e9utico por su propia naturaleza.<\/p>\n<p>   La Iglesia se convierte en instrumento elegido por Cristo para celebrar ese sacrificio. Pero ella no hace otra cosa que unirse a las disposiciones infinitas del Dios hecho hombre.<\/p>\n<p>   Dec\u00ed\u00ada S. Justino m\u00e1rtir: \u00abEl presidente de los Hermanos recibe las ofrendas y eleva alabanzas y honor al Padre del universo por el nombre del Hijo y el Esp\u00ed\u00adritu Santo, y recita una larga acci\u00f3n de gracias, porque hemos sido considerados dignos de estos dones que son suyos.\u00bb (Apol. 1. 65).<\/p>\n<p>  6.2. Sacrificio de propiciaci\u00f3n<\/p>\n<p>  Como sacrificio propiciatorio, la misa es el acto mejor que la Iglesia puede hacer, pues se renueva en \u00e9l el mismo misterio redentor del Se\u00f1or. Ninguna penitencia ni acto reparador puede igualarse a \u00e9ste. Por eso la Eucarist\u00ed\u00ada logra por su infinito valor la remisi\u00f3n de los pecados y las penas debidas por los pecados, aunque es preciso que el pecador asuma el perd\u00f3n con su arrepentimiento y conversi\u00f3n.<\/p>\n<p>   S\u00f3lo la acci\u00f3n de los m\u00e1rtires, que dan sus vidas por Cristo, puede tener alguna similitud con este sacrificio, aunque sea preciso salvar las distancias entre el \u00abM\u00e1rtires\u00bb del Calvario y los \u00abm\u00e1rtires\u00bb de la Historia de la Iglesia.<\/p>\n<p>   7.3. La eficacia del sacrificio.<\/p>\n<p>   Como sacrificio de Cristo, la misa tiene eficacia por s\u00ed\u00ad misma, no por la dignidad del sacerdote que la celebra o por la piedad de la asamblea que acompa\u00f1a al sacerdote. Por eso la Iglesia la considera el acto supremo de su culto. Sabe que Dios se complace en ella, pues es el mismo Jes\u00fas, su Hijo eterno, el que se inmola m\u00ed\u00adsticamente cada vez que se celebra en el altar.<\/p>\n<p>   La costumbre de la Iglesia, desde los primeros tiempos cristianos, de celebrar la Eucarist\u00ed\u00ada en todas las grandes ocasiones de la vida, se apoya en la persuasi\u00f3n de que nada mejor que ella puede ser realizando entre los creyentes. Celebra la Eucarist\u00ed\u00ada en las fiestas y en las exequias, acompa\u00f1a con ella las despedidas y las conmemoraciones, la celebra en los d\u00ed\u00adas de gozo para dar gracias y en los de tristeza y peligro para pedir su auxilio.<\/p>\n<p>   Es el sufragio m\u00e1ximo de los cristianos por sus difuntos y es el anuncio m\u00e1s bello de la nuevas vida que amanecen, se vincula a los matrimonios y a los env\u00ed\u00ados misioneros y apost\u00f3licas.<\/p>\n<p>   El sacrificio de la misa es infalible en su eficacia. Si los frutos no se ven muchas veces, es por falta de fe o de oportunidad en las peticiones. Pero los cristianos saben que el Padre celeste nada puede negar al Hijo y, por lo tanto, todo se consigue en la vida de las personas y de la comunidad de creyentes con la ofrenda de la santa Misa.<\/p>\n<p>7. ESTRUCTURA DE LA MISA<br \/>\n   As\u00ed\u00ad la relataba S. Justino en el siglo II<\/p>\n<p>   \u00abEl d\u00ed\u00ada que se llama d\u00ed\u00ada del sol tiene lugar la reuni\u00f3n en el mismo sitio de todos los que habitan en la ciudad o en el campo.<\/p>\n<p>   Se leen las memorias de los Ap\u00f3stoles y los escritos de los profetas, tanto tiempo como es posible.<\/p>\n<p>   Cuando el lector ha terminado, el que preside toma la palabra para incitar y exhortar a la imitaci\u00f3n de tan bellas cosas.<\/p>\n<p>   Luego nos levantamos todos juntos y oramos por nosotros&#8230; y por todos los dem\u00e1s donde quiera que est\u00e9n, a fin de que seamos hallados justos en nuestra vida y en nuestras acciones y seamos fieles a los mandamientos para alcanzar as\u00ed\u00ad la salvaci\u00f3n eterna.<\/p>\n<p>   Cuando termina esta oraci\u00f3n nos besamos unos a otros.<\/p>\n<p>   Luego se lleva al que preside a los hermanos pan y una copa de agua y de vino mezclados.<\/p>\n<p>   El presidente los toma y eleva la alabanza y gloria al Padre del universo, por el nombre del Hijo y del Esp\u00ed\u00adritu Santo y da gracias largamente porque hayamos sido juzgados de esos dones.<\/p>\n<p>   Cuando terminan las oraciones y las acciones gracias todo el pueblo pronuncia una aclamaci\u00f3n diciendo: Am\u00e9n<br \/>\n   Cuando el que preside ha hecho la acci\u00f3n de gracias y el pueblo le ha respondido, los que entre nosotros se llaman di\u00e1conos distribuyen a todos los que est\u00e1n presentes pan, vino y agua eucaristizados y los llevan a los ausentes.\u00bb                      (Apolog\u00ed\u00ada 1 65-67 Vers. Cat. Igl. Cat. N\u00c2\u00ba 1345)<\/p>\n<p>LOS MOMENTOS DE LA SANTA MISA<\/p>\n<p>PREPARACION<br \/>\nAmbientaci\u00f3n. Oraci\u00f3n e invocaci\u00f3n.<br \/>\nPetici\u00f3n del perd\u00f3n y Absoluci\u00f3n<br \/>\nOraci\u00f3n lit\u00fargica<\/p>\n<p>LITURGIA DE LA PALABRA<br \/>\nLectura primera del A. T. o de las Ep\u00ed\u00adstolas<br \/>\nSalmo o Canto de meditaci\u00f3n<br \/>\nLectura del Evangelio.<br \/>\nHomil\u00ed\u00ada<br \/>\nProclamaci\u00f3n de la fe. Credo<br \/>\nPreparaci\u00f3n del altar.<br \/>\nPetici\u00f3n de oraci\u00f3n a los fieles<br \/>\nPlegaria.<\/p>\n<p>LITURGIA DEL SACRIFICIO<\/p>\n<p>OFRENDA el Pan y del Vino<br \/>\nPlegaria Eucar\u00ed\u00adstica. Canon<br \/>\nSanctus<\/p>\n<p>CONSAGRACION. Anamnesis<br \/>\nRecordaci\u00f3n de vivos y difuntos<br \/>\nInvocaci\u00f3n al Esp\u00ed\u00adritu. Epiclesis<br \/>\nInvocaci\u00f3n a Jes\u00fas<\/p>\n<p>COMUNION. Participaci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica<br \/>\nRezo del padrenuestro<br \/>\nSigno y plegaria de la paz<br \/>\nComuni\u00f3n<br \/>\nAcci\u00f3n de gracias<\/p>\n<p>DESPEDIDA<br \/>\nPlegaria final, Bendici\u00f3n y Despedida<\/p>\n<p>Pedro Chico Gonz\u00e1lez, Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00ed\u00ada Religiosa, Editorial Bru\u00f1o, Lima, Per\u00fa 2006<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00eda Religiosa<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>[420] La Eucarist\u00ed\u00ada, por voluntad de Cristo, adopt\u00f3 forma de ofrenda y de recuerdo, es decir de celebraci\u00f3n fraterna en el amor y la esperanza. 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