{"id":10572,"date":"2016-02-05T07:31:55","date_gmt":"2016-02-05T12:31:55","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/evolucion-religiosa\/"},"modified":"2016-02-05T07:31:55","modified_gmt":"2016-02-05T12:31:55","slug":"evolucion-religiosa","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/evolucion-religiosa\/","title":{"rendered":"EVOLUCION RELIGIOSA"},"content":{"rendered":"<p>[611]<\/p>\n<p>    Para educar la fe del hombre es necesario adaptarse a la situaci\u00f3n personal en la que se halla en cada momento: sus circunstancias, sus experiencias, los criterios adquiridos, sus datos.<\/p>\n<p>    De manera especial es preciso acomodarse al momento evolutivo en que se encuentra, pues el hombre, ni\u00f1o, joven o adulto, est\u00e1 continuamente en cambio. Cada etapa de su vida refleja el fruto de sus vivencias, de las riquezas adquiridas, de las influencias a que est\u00e1 sometido.<\/p>\n<p>    Sin un sano realismo y sin descubrir lo que es el proceso madurativo del hombre: la evoluci\u00f3n de sus sentimientos, de sus criterios, de sus relaciones, los catequistas corren el riesgo de divagar cuando hablan a sus catequizandos.<\/p>\n<p>    Si las creencias, la cultura, la afectividad, los conocimientos, las relaciones no se apoyan en la realidad de las personas, se pierde el tiempo.<\/p>\n<p> 1. Acompa\u00f1ar la fe<br \/>\n    La fe es una gracia de Dios. Pero la fe se da en el hombre. Por lo tanto se acomoda a su situaci\u00f3n.  La fe es educable en su vertiente humana. No lo es en su realidad trascendente de don divino.<\/p>\n<p>    El catequista trabaja con entusiasmo para ense\u00f1ar al catequizando las verdades religiosas. Fomenta sentimientos y actitudes de adhesi\u00f3n a Jes\u00fas. Es educador de la fe.<\/p>\n<p>    La perspectiva humana de su labor se orienta a los sentimientos, a los criterios, a las actitudes, a las relaciones y a las experiencias que est\u00e1n debajo del orden espiritual y trascendente. Estimular, ambientar, promocionar, proyectar estos aspectos es ayudar a la fe a madurar. Pero esa ayuda no se hace directamente sobre la misma fe, que es una gracia que viene de Dios, sino sobre los soportesde la fe, que son esos elementos humanos sobre los que el catequista act\u00faa directamente.<\/p>\n<p>    Se trata de una acci\u00f3n pedag\u00f3gica. Quien es educable es \u00abel hombre\u00bb, al cual podemos hacer creyente. Directamente no es la \u00abfe del hombre\u00bb, que es un regalo de Dios, gracia sobrenatural y realidad divina.<\/p>\n<p>    Con todo, facilitamos la acci\u00f3n divina cuando ense\u00f1amos al hombre, desde los primeros a\u00f1os, la caridad, la humildad, la plegaria, la fidelidad a la conciencia y tantas cosas m\u00e1s.<\/p>\n<p>    El educador se debe preguntar, en cuanto apoyo y est\u00ed\u00admulo de la fe, c\u00f3mo se puede acompa\u00f1ar ese proceso de la maduraci\u00f3n espiritual. Y las respuestas pueden ser m\u00faltiples, siempre basadas en la certeza de que podemos y debemos actuar de alguna manera. Por ejemplo, podemos decir que ayudamos a crecer en la fe, y a madurar en la vida sobrenatural, si ense\u00f1amos a amar a Dios y a practicar las virtudes.<\/p>\n<p>   1.1. Acci\u00f3n del catequista<br \/>\n    El catequista debe desarrollar para ello disposiciones de creyente en sus catequizandos. Puede realizar con ellos labores como las siguientes:<br \/>\n   &#8211; Acompa\u00f1ar la evoluci\u00f3n espiritual del ni\u00f1o y del joven, orientando sus modos de pensar, de sentir, de querer, de relacionarse con los dem\u00e1s, de tomar conciencia de s\u00ed\u00ad mismo, de proyectar sus acciones de manera responsable, siempre en funci\u00f3n de criterios evang\u00e9licos.<\/p>\n<p>   &#8211; Hacer presente en su vida ayudas, testimonios y experiencias, que muevan en la configuraci\u00f3n de la conciencia cristiana. Es decir, se debe tener en cuenta la realidad personal, pero es preciso reflejar en ella los modos de pensar y de actuar de Jes\u00fas y las ense\u00f1anzas de su Iglesia.<\/p>\n<p>   &#8211; Ayudar a orientar su vida hacia valores superiores: Dios, su Revelaci\u00f3n, la plegaria, el amor al sacrificio, el cultivo de la propia vida interior.<\/p>\n<p>    Es importante armonizar adecuadamente todos los aspectos indicados. La ayuda educativa se presenta como exigente y paciente, como constante y compleja, como din\u00e1mica y responsable.<\/p>\n<p>    Y se perfila como tal ayuda en dos frentes:<br \/>\n   &#8211; Por una parte la fe es un don divino, magn\u00ed\u00adfico y grandioso, adem\u00e1s impredecible y gratuito. Sin embargo, es un don al que todos los hombres, y no s\u00f3lo unos pocos privilegiados, pueden llegar.<\/p>\n<p>    El catequista debe sentir la vocaci\u00f3n de la catolicidad. Todos sus catequizandos entran en el plan divino y \u00e9l debe saberlo y actuar en consecuencia. Hay que dar a todos la posibilidad de llegar a poseer ese don, pues eso quiso Jes\u00fas con su entrega y su amor universal. No depende del esfuerzo de los hombres que lo reciben, pero s\u00ed\u00ad tiene que ver mucho con las mediaciones humanas. El catequista es un mediador de la gracia de Dios.<\/p>\n<p>   &#8211; Por otra parte, el hombre es libre y es \u00e9l mismo quien debe protagonizar su propio desarrollo espiritual y religioso. Nadie debe aprovecharse de su ingenuidad o su debilidad para imponerle lo que \u00e9l no quiere recibir.<\/p>\n<p>    Pero hay que facilitar las mejores condiciones para que el hombre elija y se disponga a querer lo mejor. El catequista se sabe responsable de ese querer del catequizando y hace lo posible para respetar su libertad y mover su voluntad.<\/p>\n<p>   &#8211;  Armonizar esos dos aspectos a lo largo de la vida, sobre todo en los a\u00f1os iniciales de la misma, es el principal desaf\u00ed\u00ado del catequista que ama y busca la fe, que aprecia y respeta la libertad, que responde a su misi\u00f3n de anunciar la verdad a todos los hombres y que descubre lo que hay en el coraz\u00f3n de cada hombre para ayudarle a asumir y amar el don de la fe que le llega como regalo de Dios.<\/p>\n<p>    1.2. La religiosidad progresa<br \/>\n    En consecuencia descubre la religiosidad como la plataforma de la fe. Promueve criterios, sentimientos y actitudes que facilitan el camino hacia ella.<\/p>\n<p>    Por eso el catequista tiene que acercarse con cierto inter\u00e9s, afecto, respeto y profundidad a la Psicolog\u00ed\u00ada religiosa, a fin de descubrir sus ense\u00f1anzas, sus sugerencias, sus conclusiones. No es f\u00e1cil hacerlo con objetividad, pues cada uno transporta sus recuerdos, prejuicios y experiencias. Pero debe intentarlo para contar con un instrumento muy valioso en labor apost\u00f3lica y educadora.<\/p>\n<p>    No es f\u00e1cil trazar sin m\u00e1s el itinerario de cada persona, pero de alguna forma vamos a explorar el camino general de la religiosidad, siguiendo estos pasos. As\u00ed\u00ad podremos diferenciar situaciones concretas y acomodar estrategias de acci\u00f3n pedag\u00f3gica. Es precisamente lo que queremos hacer a lo largo de las reflexiones y consignas de estas p\u00e1ginas.<\/p>\n<p>   Toda la vida humana es un camino y el educador de la fe, si tiene bien claro lo que la fe significa y reclama, puede y debe hacerse presente en la vida de los creyentes. La primera fuerza educadora de la fe es la propia conciencia, cuando siente la responsabilidad de lo que supone de don, de riqueza y de posibilidad de crecimiento interior.<\/p>\n<p>    2. Momentos evolutivos<br \/>\n    Acompa\u00f1ar al catequizando en su proceso de maduraci\u00f3n es el primer deber de los catequistas. Pero esto no se consigue con s\u00f3lo buena voluntad.<\/p>\n<p>    Necesitan objetividad para entender y atender las leyes que rigen los cambios del hombre, de manera especial las leyes, etapas, formas que afectan a su dimensi\u00f3n espiritual.<\/p>\n<p>    La forma de presentar las etapas de la maduraci\u00f3n religiosa y espiritual pueden ser muchas.<\/p>\n<p>    En general todos los autores o alternativas que se han presentado en este aspecto coinciden en siete grandes momentos religiosos, en sentido psicol\u00f3gico m\u00e1s que sobrenatural.<\/p>\n<p>    2.1. El \u00abdespertar religioso\u00bb.<\/p>\n<p>    Se da entre los 2 y los 6 a\u00f1os. El ni\u00f1o descubre el mundo y, a trav\u00e9s de los adultos intuye lo que no es el mundo. Lo hace a trav\u00e9s de la fantas\u00ed\u00ada, de la sensorialidad, de la imitaci\u00f3n, de las figuras. Es el vocabulario que nace y se desarrolla el soporte verbal de la realidad espiritual. Es su religiosidad predominantemente afectiva, fantasiosa, ingenua.<\/p>\n<p>    Entonces se le ayuda a descubrir la primera idea de Dios y a desarrollar los primeros sentimientos de amor y adhesi\u00f3n.<\/p>\n<p>    2.2. La \u00abprimera s\u00ed\u00adntesis de fe\u00bb<br \/>\n    Se realiza entre los 6 y los 9 a\u00f1os. Es una religiosidad de f\u00f3rmulas, de aprendizajes, de organizaci\u00f3n mental en torno a n\u00facleos b\u00e1sicos de referencia: Dios, Jes\u00fas, Evangelio, cielo, rezar, Iglesia, deberes, fiestas, etc.<\/p>\n<p>    El ni\u00f1o puede explicar lo que va entendiendo y completar lo que no entiende preguntando a los mayores. Es \u00abreligiosidad incipiente y sensorial\u00bb. El ni\u00f1o perfecciona su lenguaje y sus primeros conceptos. Su religiosidad es entonces ingenua, afectiva y espont\u00e1nea. Tiende a imitar intensamente a los adultos y se identifica con ellos en su actuar.<\/p>\n<p>    2.3. Religiosidad participativa<br \/>\n    Es m\u00e1s activa que participativa\u00bb, la que se da entre los 10 y los 13 a\u00f1os supone que el ni\u00f1o se siente integrado en diversos grupos de pertenencia: escuela, parroquia, compa\u00f1eros, plegarias, aportaciones, estudios&#8230;.<\/p>\n<p>    Su vida es la del grupo en el que vive y su referencia son los dem\u00e1s: los adultos y los compa\u00f1eros. De ellos recibe ideas y razones para obrar, problemas que resolver, interrogantes en los que pensar.<\/p>\n<p>    Es una \u00abreligiosidad social\u00bb, pues el \u00abpeque\u00f1o creyente\u00bb otea el horizonte espiritual, como lo hace en otras dimensiones: pol\u00ed\u00adtica, laboral, l\u00fadica, econ\u00f3mica, cultural.<\/p>\n<p> 2.4. Etapa de los valores<\/p>\n<p>     De los 13 a los 17 a\u00f1os nace una \u00abreligiosidad axiol\u00f3gica y personal\u00bb.<\/p>\n<p>    El  preadolescente construye su primera autonom\u00ed\u00ada espiritual, desde la moral e intelectual. Trata de afianzarse siendo original y diferente a los dem\u00e1s.<\/p>\n<p>    Se mueve a mitad camino entre las actitudes propias y las ajenas. Se enfrenta a los dem\u00e1s, tambi\u00e9n los aspectos religiosos (opiniones, cumplimientos, creencias), pero depende de ellos, lo que termina reconociendo.<\/p>\n<p>    Nace la intimidad. Con ella aparecen r\u00e1fagas de espiritualidad: plegarias, temores, sospechas, necesidades, desconciertos, \u00abpecados\u00bb, arrepentimientos.<\/p>\n<p>    2.5. Religiosidad cr\u00ed\u00adtica.<\/p>\n<p>    Es la juvenil. A veces es m\u00e1s convivencial, din\u00e1mica y comprometedora; y en ocasiones resulta \u00abpol\u00e9mica, dial\u00e9ctica y reactiva\u00bb. Acompa\u00f1a al joven que se independiza y se vincula intensamente a sus respuestas morales y a sus actitudes sociales.<\/p>\n<p>    Se inicia en la adolescencia, en los m\u00e1s precoces, y se consolida en la juventud, en la casi totalidad. La total independencia en todos los dem\u00e1s aspectos de la vida estimula la originalidad, la libertad interior y la responsabilidad, en el terreno espiritual.<\/p>\n<p>    Seg\u00fan haya sido el itinerario interior de los a\u00f1os anteriores, el joven se hace libre y en muchas ocasiones progresivamente comprometido y tambi\u00e9n proselitista. Y ocasiones se margina de todo lo espiritual, lo olvida y trata de ignorarlo, aunque nunca lo consigue del todo.<\/p>\n<p>    2.6. Religiosidad estable.<\/p>\n<p>    Pasada la etapa critica, sobreviene la etapa de \u00abreligiosidad estable\u00bb. Es la del adulto que se desarrolla en un abanico interminable de opciones, desde la actitud antirreligiosa psicop\u00e1tica hasta la entrega religiosa proselitista, pasando por estadios intermedios de neutralidad espiritual, irenismo, escepticismo, agnosticismo, tradicionalismo o moralismo habitual.<\/p>\n<p>    Tambi\u00e9n en la \u00abreligiosidad madura\u00bb, estable y plenamente personal de la adultez, se debe seguir ayudando con frecuentes revisiones y reforzamientos. La educaci\u00f3n de la dimensi\u00f3n religiosa nunca concluye del todo.<\/p>\n<p>    2.7. Reviviscencia religiosa<br \/>\n    Al llegar de la tercera edad, surgen nuevas actitudes. El tiempo libre disponible, los recuerdos agradables o desagradables del propio camino, la experiencia de la vida, las convulsiones afectivas, y otros factores de la personalidad, pueden despertar actitudes dormidas.<\/p>\n<p>    Acontece en todos los aspectos de la personalidad. Tambi\u00e9n sucede en el terreno religioso. La nueva etapa de la vida desencadena reflejos espirituales; unas veces surgen como \u00abreviviscencia o regreso a estadios infantiles y juveniles; en ocasiones con inexplicables signos de novedad.<br \/>\n  3. Otras clasificaciones<br \/>\n    El modo de describir la religiosidad en diversos autores var\u00ed\u00ada seg\u00fan su \u00f3ptica. Una s\u00ed\u00adntesis interesante de J. Milanesi (en Psicolog\u00ed\u00ada de la Religi\u00f3n. Madrid. Don Bosco. 1974 pg. 102 y ss.) es la siguiente:<\/p>\n<p>    3.1. Taxonom\u00ed\u00ada francesa<br \/>\n    Seg\u00fan A. Godin (\u00abLe Dieu de parents et le Dieu des Enfants\u00bb. Par\u00ed\u00ads. Casterman. 1963) 1\u00c2\u00ba. Hasta los 6 a\u00f1os. Religiosidad antropom\u00f3rfica, imaginativa y afectiva. Es sensorial y figurativa. Primeros conceptos parciales y dependientes del adulto, sobre todo de la madre.<\/p>\n<p> 2\u00c2\u00ba. De 6 a 12 a\u00f1os. Religiosidad animista e intuitiva. Predominio de la sensorialidad. Configurada por los seres activos y concretos: Dios, Jes\u00fas, Mar\u00ed\u00ada, los Santos, entendidos figurativamente. Gran dependencia del entorno de los adultos y del contexto escolar.<\/p>\n<p>      3\u00c2\u00ba. De 12 a 14 a\u00f1os. Etapa preadolescente. Ritualismo m\u00e1gico. Vinculaci\u00f3n a las acciones piadosas que se realizan. Importancia del concepto de Dios. Etapa de la piedad personal y de los planteamientos vitales b\u00e1sicos.<\/p>\n<p>      4\u00c2\u00ba. Adolescencia. Religiosidad moralista. Concepto de Dios como Omnisciente y como Justo y Santo. Vinculaci\u00f3n con la propia conducta y primeros planteamientos conflictivos.<\/p>\n<p>    5\u00c2\u00ba. Juventud. Religiosidad proselitista y comunicativa, incluso dominadora. Se desarrolla en relaci\u00f3n a los dem\u00e1s.<\/p>\n<p>     3.2. Taxonom\u00ed\u00ada germana<\/p>\n<p>     Es la de W. Gruehn (Die Fr\u00f6mmigkeit der Gegenwart\u00bb. Kostanz. F. Bahn. 1956) que se condensa de la forma siguiente: 1\u00c2\u00ba. Etapa prerreligiosa, hasta el a\u00f1o y medio. Incapacidad para lo religioso y para lo espiritual.<\/p>\n<p> 2\u00c2\u00ba. Religiosidad materna, 2 a 3 a\u00f1os. Predominio de la curiosidad por las acciones. Tendencia imitativa, sobre todo en lo exterior y ritual.<\/p>\n<p> 3\u00c2\u00ba. Prem\u00e1gica, 3 y 4 a\u00f1os. Momento de la plegaria agradable. Imitaci\u00f3n de los adultos. Adquisici\u00f3n de lenguaje religioso de forma mim\u00e9tica.<\/p>\n<p> 4\u00c2\u00ba. Animista y m\u00e1gica, 4 a 7 a\u00f1os. Influencia imaginativa y fantasiosa. Necesidad de protecci\u00f3n por seres superiores. Dominio de referencias concretas e inmediatas. Absorci\u00f3n del egocentrismo y subjetivismo.<\/p>\n<p> 5\u00c2\u00ba. Moralista y autoritaria, 8 a 13 a\u00f1os. Gran peso de los adultos. Participaci\u00f3n en sus criterios y esquemas religiosos. Se descubren valores a trav\u00e9s del contacto social.<\/p>\n<p> 6\u00c2\u00ba. Adolescente. Momento personal y de ruptura con el entorno. Autonom\u00ed\u00ada en creencias y comportamientos religiosos. Actitudes centradas en las decisiones personales.<\/p>\n<p>     3.3. Taxonom\u00ed\u00ada sajona<\/p>\n<p>      Es la de E. Harms (\u00abThe developement of Religious Experience in Children\u00bb. Am. Journ. of Sociol. 50 (1944) p. 112)<\/p>\n<p>      1\u00c2\u00ba. Estadio prerreligioso, hasta los 3 a\u00f1os. Iniciaci\u00f3n en el lenguaje, sin capacidad de abstracci\u00f3n o generalizaci\u00f3n.<\/p>\n<p>      2\u00c2\u00ba. Estadio fabulatorio. De 3 a 6 a\u00f1os. Predominio de lo fant\u00e1stico y de lo sensorial. Experiencias parciales y sensoriales. Referencia materna, a esta edad obligada.<\/p>\n<p>      3\u00c2\u00ba. Estadio realista. De los 3 a los 12 a\u00f1os. Proceso espont\u00e1neo de acomodaci\u00f3n al ambiente y a las ense\u00f1anzas. Predominio de los s\u00ed\u00admbolos y de las f\u00f3rmulas ambientales. Dominio de los comportamientos imitativos y de las actitudes familiares o escolares.<\/p>\n<p>      4\u00c2\u00ba. Estadio individualizado. Etapa adolescente. Expresividad religiosa y conceptos muy diferenciados, seg\u00fan tipolog\u00ed\u00adas particulares y las experiencias recibidas y asimiladas. Variedad de reacciones adolescentes: pietistas, convencionales, intimistas, ritualistas, etc.<\/p>\n<p>      5\u00c2\u00ba. Procesos posteriores. Dependientes de los tipos diferentes de la personalidad y de m\u00faltiples circunstancias que influyen en cada uno.<\/p>\n<p> 4. Factores determinantes<\/p>\n<p>     No est\u00e1 de m\u00e1s recordar la gran influencia que tiene en la religiosidad el conjunto de factores que pueden incidir en el proceso del desarrollo espiritual. Estos factores pueden ser de dos tipos: internos y externos<\/p>\n<p>     4.1. Factores internos<br \/>\n  * Son los m\u00e1s personales y configuran desde dentro la estructura ps\u00ed\u00adquica en la que se entreteje la personalidad y afectan a la religiosidad profunda y permanentemente.<\/p>\n<p>    Entre otros, se pueden recordar: &#8211; El car\u00e1cter y el temperamento, con sus integrantes de emotividad, dinamicidad, sensibilidad, intereses, introversi\u00f3n, capacidad reactiva&#8230;<\/p>\n<p> &#8211; La inteligencia y las facultades mentales, que hacen posible la formaci\u00f3n de una ideolog\u00ed\u00ada religiosa, la cual se va estableciendo mediante la reflexi\u00f3n o a trav\u00e9s de la imitaci\u00f3n de los adultos. Las escalas de valores que condicionan el pensamiento y el comportamiento son una riqueza que el catequista debe conoce y tratar de mejorar.<\/p>\n<p> &#8211; La sensibilidad moral vinculada a la acci\u00f3n de la conciencia, apreciando su significado en el contexto de toda la personalidad.<\/p>\n<p> &#8211; Las experiencias y vivencias anteriores, almacenadas en el fondo de la personalidad, que dejan su peso a lo largo de la vida, con intensidad o resonancia variable.<\/p>\n<p> &#8211; Otros factores son la diferente energ\u00ed\u00ada volitiva de cada persona, sus cualidades sociales, su expresividad, su sensibilidad \u00e9tica, su docilidad ante el ambiente, sus mismas predisposiciones hereditarias, las aptitudes o intereses profesionales, etc. Todo el entramado de estos factores condiciona el modo de ser espiritual de cada individuo.<\/p>\n<p>    3.2. Factores externos.<\/p>\n<p>    Son los m\u00e1s sociales, los cuales influyen desde el exterior de las personas. Hacen posible el encuentro con los dem\u00e1s en el plano de lo religioso.<\/p>\n<p>    Abren las puertas a las influencias y reclamos del entorno en el que se vive. Podemos citar algunos que influyen en la religiosidad:<\/p>\n<p>   &#8211; El tipo de familia en la que se vive, sobre todo por sus planteamientos morales y religiosos y por la acci\u00f3n educadora que, desde la primera infancia, ejerce en cada uno.<\/p>\n<p>   &#8211; El estilo de educaci\u00f3n, el cual se define en funci\u00f3n de la organizaci\u00f3n en que se apoya, en las relaciones personales que fomenta, en el talante cultural y moral que promociona.<\/p>\n<p>   &#8211; La cultura y los lenguajes ambientales, sobre todo los llamados medios de comunicaci\u00f3n social. Basta pensar lo que influyen en la vida instrumentos o lenguajes como televisi\u00f3n, cine, prensa, radio, las im\u00e1genes luminosas, las insinuaciones de la propaganda pol\u00ed\u00adtica o econ\u00f3mica, los usos y costumbres, las fiestas y conmemoraciones, todo lo que vivimos y respiramos.<\/p>\n<p>   &#8211; Cuenta tambi\u00e9n el contexto de los compa\u00f1eros y amigos que ofrecen y reciben gestos, lenguajes, planes, trabajos compartidos, diversiones predilectas.<\/p>\n<p>   &#8211; Los acontecimientos sociales, pol\u00ed\u00adticos, culturales, art\u00ed\u00adsticos, religiosos, fuerzan el mimetismo en las personas fr\u00e1giles, como son los ni\u00f1os; se puede aludir al nivel econ\u00f3mico y a los medios de desarrollo con que se cuenta, los cuales generan invitaciones a determinado tipo de vida.<br \/>\n  5. Acompa\u00f1amiento catequ\u00ed\u00adstico<br \/>\n    Es decisivo que el Catequista entienda que su tarea primera es animar la fe de forma progresiva y din\u00e1mica. A partir de la comprensi\u00f3n de la persona, y de su inquietud profunda ante la vida y ante los dem\u00e1s, se debe plantear un proceso educativo que facilite la maduraci\u00f3n espiritual paralela al desarrollo humano.<\/p>\n<p>    El catequista busca ante todo el desarrollo de la fe. Y la fe es un don de Dios. Pero la fe precisa apoyarse en los aspectos humanos, y por eso nos interesa  la religiosidad, que es en cierto sentido la dimensi\u00f3n humana de la fe.<\/p>\n<p>    El mensaje cristiano no es un simple conjunto de verdades y creencias, como no es un manojo de cultos o un c\u00f3digo moral de leyes. Es la llamada de Dios a que el hombre responde con sus actitudes y con sus criterios. Por eso interesa descubrir y acompa\u00f1ar el desarrollo de la religiosidad, ya que con ella y a trav\u00e9s de ella creamos la plataforma para que se desarrolle la riqueza de la fe.<\/p>\n<p>    5.1. Compa\u00f1\u00ed\u00ada y testimonio<br \/>\n    El acompa\u00f1amiento religioso del catequizando que avanza y madura no es la tarea del que programa una disciplina acad\u00e9mica y expone sistem\u00e1tica unas explicaciones. M\u00e1s bien la tarea debida discurre por otros caminos m\u00e1s vivenciales.<\/p>\n<p>    El catequista trabaja ante todo como educador de la fe:<br \/>\n   &#8211; hace de gu\u00ed\u00ada en el descubrimiento del Misterio de Dios;<br \/>\n   &#8211; fomenta la adhesi\u00f3n de la persona humana a ese misterio;<br \/>\n   &#8211; prepara los caminos humanos para que el compromiso se desarrolle;<br \/>\n   &#8211; se presenta como testigo y creyente de lo que trata de anunciar;<br \/>\n   &#8211; y se siente como intermediario de Dios ante los catequizandos.<\/p>\n<p>    5.2. Actuaci\u00f3n expl\u00ed\u00adcita<\/p>\n<p>     Para conseguir todo esto, su labor implica diversas actuaciones: &#8211; Acercamiento progresivo a la persona, conocimiento de su sensibilidad espiritual, descubrimiento de sus inquietudes y de sus perturbaciones.<\/p>\n<p>     El catequista logra ese acercamiento haciendo de la presencia y de la compa\u00f1\u00ed\u00ada una ocasi\u00f3n de testimonio evang\u00e9lico que supera la simple proclamaci\u00f3n oral de la vida religiosa.<\/p>\n<p>   &#8211; Respeto a la libertad de la propia conciencia y de la personalidad entera. Toda obra de formaci\u00f3n de la fe debe partir del hecho de la libertad interior. Ello conduce a la autorresponsabilidad espiritual, de forma que la fe deje de ser una mera promoci\u00f3n humana para convertirse en la adhesi\u00f3n viva y plena al mensaje divino.<\/p>\n<p>    Por eso la catequesis no se reduce a la mera instrucci\u00f3n religiosa, sino que es m\u00e1s compleja y profunda.<\/p>\n<p>   &#8211; Habilidad directiva para orientar con acierto y con seguridad en los objetos propuestos. No debe manipular la conciencia del catequizando. Busca  simplemente ofrecer el don de la verdad a quien est\u00e1 preparado para recibirla. As\u00ed\u00ad el catequista trabaja con el deseo de progreso interior.<\/p>\n<p>    La fe, en cuanto es realidad viva y din\u00e1mica, tiende a crecer constantemente. El catequista debe descubrir esta energ\u00ed\u00ada evolutiva y fomentarla. Logra as\u00ed\u00ad que el catequizando sienta la alegr\u00ed\u00ada del crecimiento interior y no llegue al anquilosamiento y al cansancio.<\/p>\n<p>     5.3. Experiencia y mejora<br \/>\n    Tiene que lograr el catequista que sean sus propias experiencias, acumuladas a lo largo de los a\u00f1os, y no sus meras ocurrencias, las que le acerquen a la realidad de los catequizandos.<\/p>\n<p>    Adem\u00e1s de la experiencia, el intercambio de opiniones, observaciones o aciertos con los dem\u00e1s catequistas le constituye una buena fuente de formaci\u00f3n y de informaci\u00f3n.<\/p>\n<p>    Siempre el dato vivo que aportan los otros tiene la riqueza de la vida misma y facilita la reflexi\u00f3n realista y vivencial.<\/p>\n<p>    Y en la medida de lo posible, la lectura ponderada y lenta de alg\u00fan libro de Psicolog\u00ed\u00ada religiosa le puede proporcionar ideas interesantes que despu\u00e9s tratar\u00e1 de llevar a su trabajo. Sobre todo interesan aquellos estudios, por desgracia poco abundantes y precisos, de lo que implica la religiosidad de cada edad, y en particular de la que corresponde a los catequizandos concretos con los que debe trabajar.<\/p>\n<p>     Piense tambi\u00e9n el catequista que s\u00f3lo podr\u00e1 conocer bien a su catequizando si puede situarle adecuadamente en el momento evolutivo en el que se encuentra. Para ello tiene que conocer lo suficiente acerca del desarrollo humano, a fin de que sepa bien lo que su catequizando ha pasado en los tiempos anteriores y lo que va a atravesar en los venideros.<\/p>\n<p>    Detenerse s\u00f3lo en los aspectos del presente no es buen procedimiento trat\u00e1ndose de estos temas de maduraci\u00f3n y de evoluci\u00f3n religiosa<\/p>\n<p>Pedro Chico Gonz\u00e1lez, Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00ed\u00ada Religiosa, Editorial Bru\u00f1o, Lima, Per\u00fa 2006<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00eda Religiosa<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>[611] Para educar la fe del hombre es necesario adaptarse a la situaci\u00f3n personal en la que se halla en cada momento: sus circunstancias, sus experiencias, los criterios adquiridos, sus datos. 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