{"id":10586,"date":"2016-02-05T07:32:20","date_gmt":"2016-02-05T12:32:20","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/ecologia\/"},"modified":"2016-02-05T07:32:20","modified_gmt":"2016-02-05T12:32:20","slug":"ecologia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/ecologia\/","title":{"rendered":"ECOLOGIA"},"content":{"rendered":"<p>[080]<\/p>\n<p>    Ciencia o rama biol\u00f3gica que estudia la adaptaci\u00f3n de los seres vivos a su entorno. Por extensi\u00f3n, tambi\u00e9n se entiende por Ecolog\u00ed\u00ada la t\u00e9cnica o el estudio de la recta administraci\u00f3n de los bienes naturales, de modo que no se deteriore la naturaleza como lugar de vida de los animales y del hombre.<\/p>\n<p>    Inici\u00f3 sus estudios Haeckel en 1869. Pero como actitud de protecci\u00f3n de la naturaleza cobr\u00f3 especial importancia en la segunda mitad del siglo XX, cuando la poblaci\u00f3n se empez\u00f3 a sensibilizar sobre los efectos de la destrucci\u00f3n de especies vivas y de la contaminaci\u00f3n del medio f\u00ed\u00adsico.<\/p>\n<p>    Entonces se inici\u00f3 una dimensi\u00f3n bio\u00e9tica de la ecolog\u00ed\u00ada ante la explotaci\u00f3n salvaje del mundo, ante el destino de los residuos no biodegradables y ante los riesgos de un deterioro grave del planeta. La Ecolog\u00ed\u00ada dej\u00f3 de ser s\u00f3lo parte de la Biolog\u00ed\u00ada y se adentr\u00f3 profundamente en la moral.<\/p>\n<p>    Los problemas morales que la Ecolog\u00ed\u00ada plantea al hombre de hoy han despertado multitud de estudios de tipo te\u00f3rico y una serie de acciones sociales y compartidas que comprometen la conciencia incluso en sus aspectos religiosos y morales. El mundo debe albergar vida de manera limpia y el hombre debe regular su actuaci\u00f3n para no perjudicar a lo dem\u00e1s habitantes del planeta.<\/p>\n<p>Pedro Chico Gonz\u00e1lez, Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00ed\u00ada Religiosa, Editorial Bru\u00f1o, Lima, Per\u00fa 2006<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00eda Religiosa<\/b><\/p>\n<p>La \u00abcreaci\u00f3n\u00bb es un conjunto de dones que hay que conservar, mejorar y compartir. La integridad de la creaci\u00f3n es una tarea confiada al hombre, que debe cuidar de las cosas y de los seres vivientes. Llamamos \u00abecolog\u00ed\u00ada\u00bb (\u00abdiscurso\u00bb sobre la casa o el \u00abambiente\u00bb) a esta tarea de respeto constructivo y comprometido de la creaci\u00f3n, teniendo en cuenta que los dones recibidos son para el bien de todos los pueblos y de todas las generaciones futuras.<\/p>\n<p>\tEl \u00abdominio\u00bb del hombre respecto a la creaci\u00f3n (cfr. Gen 1,28) no es dominio absoluto, sino de custodia y de transformaci\u00f3n, que tiene que respetar la calidad de la vida de todo ser humano presente o futuro. Los experimentos cient\u00ed\u00adficos est\u00e1n ordenados al bien integral del hombre. El desastre ambiental, que se produce por algunas acciones depredatorias, es un mal para toda la humanidad. La solidaridad es global, c\u00f3smica, universal e hist\u00f3rica, tambi\u00e9n en el progreso econ\u00f3mico y en el cuidado del ambiente.<\/p>\n<p>\tLos recursos de la naturaleza (minerales, vegetales y animales) est\u00e1n tambi\u00e9n bajo la norma moral y no s\u00f3lo bajo las leyes biol\u00f3gicas, en cuanto que est\u00e1n al servicio del bien com\u00fan de toda la humanidad presente y futura. Los principios \u00e9ticos de la ecolog\u00ed\u00ada puede concretarse en los siguientes el dominio del hombre no es absoluto, respetar el bien com\u00fan de toda la humanidad (del presente y del futuro), respetar la justicia distributiva entre todos los pueblos, asumir la propia responsabilidad en el uso y en la renovabilidad de unos recursos que son limitados, tender a la construcci\u00f3n de una sociedad m\u00e1s solidaria, buscar la calidad de vida y no s\u00f3lo a una producci\u00f3n inmediata.<\/p>\n<p>\tLas santos (como San Francisco de As\u00ed\u00ads) han sabido apreciar, m\u00e1s que nadie, la creaci\u00f3n y los valores humanos. La fe cristiana ayuda a amar las cosas como epifan\u00ed\u00ada de Dios Amor. Todo viene de Dios y camina hacia \u00e9l. El hombre es el encargado de preparar este encuentro de Dios con la creaci\u00f3n transformada por el hombre, como lugar inicial desde donde toda la familia humana camina hacia \u00abel cielo nuevo y la tierra nueva\u00bb (Apoc 21,1). As\u00ed\u00ad se puede \u00ableer en las cosas visibles el mensaje de Dios invisible que las ha creado\u00bb (CA 37).<\/p>\n<p>\tLos sacramentos, instituidos por Cristo, celebran la creaci\u00f3n, haciendo de ella un instrumento de gracia. En esta celebraci\u00f3n, reconocemos a Cristo como centro del \u00abcosmos\u00bb, porque, en \u00e9l, \u00abel mundo de las criaturas se presenta como \u00abcosmos\u00bb, es decir, como universo ordenado\u00bb (TMA 3). \u00abTodo ha sido creado por \u00e9l y para \u00e9l\u00bb (Col 1,16). La redenci\u00f3n de Cristo ha restaurado el universo, recuperando de nuevo, con creces, los planes de Dios sobre la humanidad y el cosmos. \u00abConviene tener en cuenta la naturaleza de cada ser  y su mutua conexi\u00f3n en un sistema ordena\u00c2\u00acdo, que es precisamente el cosmos\u00bb (SRS 33).<\/p>\n<p>Referencias Ciencia y fe, creaci\u00f3n, derechos humanos, econom\u00ed\u00ada, escatolog\u00ed\u00ada, justicia social, promoci\u00f3n humana (desarrollo, progreso), sacramentos, sacramentales, solidaridad, trabajo.<\/p>\n<p>Lectura de documentos GS 13, 34, 57; SRS 33-34, 47; CA 37; CEC 2415-2418.<\/p>\n<p>Bibliograf\u00ed\u00ada AA.VV., Desaf\u00ed\u00ado ecol\u00f3gico (Salamanca 1985); H. ASSMANN, Ecolog\u00ed\u00ada y teolog\u00ed\u00ada, en Conceptos fundamentales del cristianismo (Madrid, Trotta, 1991) 352-367; F. D&#8217;AGOSTINO, S. SPINSANTI, Ecolog\u00ed\u00ada, en Nuevo Diccionario de Espiritualidad (Madrid, Paulinas, 1991) 496-515; A. DOMINGO, Ecolog\u00ed\u00ada y solidaridad (Santander, Sal Terrae, 1991); A. GALINDO, Moral socioecon\u00f3mica ( BAC, Madrid, 1996) 425-444 (ecolog\u00ed\u00ada); Idem, Ecolog\u00ed\u00ada y creaci\u00f3n. Fe cristiana y defensa del planeta (Salamanca, Univ. Pontificia, 1991); G.B. GUZZETI, E. GENTILI, Cristianesimo ed ecologia (Milano 1989); R. MARGALEF, Ecolog\u00ed\u00ada (Barcelona 1981); F. PARRA, Diccionario de ecolog\u00ed\u00ada (Madrid 1982); J.L. RUIZ DE LA PE\u00ed\u2018A, Teolog\u00ed\u00ada de la creaci\u00f3n (Santander, Sal Terrae, 1986) 175-199.<\/p>\n<p>(ESQUERDA BIFET, Juan, Diccionario de la Evangelizaci\u00f3n,  BAC, Madrid, 1998)<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Evangelizaci\u00f3n<\/b><\/p>\n<p>(-> animales, vegetarianos, vida, creaci\u00f3n, zoolatr\u00ed\u00ada). En los \u00faltimos decenios se ha empezado a elaborar una \u00abecolog\u00ed\u00ada b\u00ed\u00adblica\u00bb (o una cr\u00ed\u00adtica ecol\u00f3gica de la Biblia) que a\u00fan no se ha desarrollado de manera suficiente. El primero de sus s\u00ed\u00admbolos puede ser el parque o para\u00ed\u00adso original, entendido en forma de jard\u00ed\u00adn ecol\u00f3gico de vida en libertad para Ad\u00e1n-Eva, como supone Gn 2-3. Se trata de un parque en el que Dios ha dejado a los hombres en libertad, de manera que \u00e9stos han podido comer del fruto del conocimiento del bien y del mal. En esa l\u00ed\u00adnea, ellos pueden convertir ese para\u00ed\u00adso en \u00abparque biol\u00f3gico-racial\u00bb, donde unos cient\u00ed\u00adficos y pol\u00ed\u00adticos que juegan a ser dioses podr\u00ed\u00adan mejorar la raza humana, como se mejoran o cambian por cruce, selecci\u00f3n y manipulaci\u00f3n gen\u00e9tica (clonaci\u00f3n, mutaciones) las especies animales. Ciertamente, sabemos con la Biblia que somos libres, pero la misma Biblia nos advierte que esa libertad se puede abrir en dos caminos: \u00abpongo ante vosotros la vida y la muerte, la bendici\u00f3n y la maldici\u00f3n&#8230;\u00bb (cf. Dt 30,19). En otro tiempo no comprend\u00ed\u00adamos el alcance de esas palabras. Hoy las comprendemos, por desgracia, algo mejor. Podemos asumir un camino de vida. Pero tambi\u00e9n podemos des truirnos a nosotros mismos, no s\u00f3lo a trav\u00e9s de la lucha interhumana (mat\u00e1ndonos unos a otros), sino tambi\u00e9n a trav\u00e9s de una lucha en contra de la vida. En ese contexto cobra especial actualidad la imagen de las dos arcas.<\/p>\n<p>(1) Hay un Arca de la Alianza (cf. Ex 25,10-22), que es una de las instituciones y s\u00ed\u00admbolos m\u00e1s importantes de la historia de Israel. Se dice que ella conten\u00ed\u00ada las tablas de la ley, con los diez mandamientos o principios reguladores de la convivencia humana. Dentro de ella podr\u00ed\u00adan colocarse tambi\u00e9n los libros de los profetas de Israel y el Serm\u00f3n de la Monta\u00f1a de Jes\u00fas. Algunos cristianos tender\u00ed\u00adan a identificarla con un tipo de sagrario eucar\u00ed\u00adstico, donde se guarda pan para todos los hombres. Ella nos recuerda que en el principio de la vida humana hay un pacto de convivencia universal hecho de mandatos dialogados (mandamientos) y de pan tambi\u00e9n compartido. Desde este s\u00ed\u00admbolo se puede trazar la finalidad m\u00e1s honda de la ecolog\u00ed\u00ada: que todos los hombres y mujeres compartan la belleza del mundo y su comida, con su palabra de amor y su justicia, como hijos de Dios (cf. Mt 4,4). S\u00f3lo si en el fondo de la vida de los hombres y mujeres se sit\u00faa el arca sagrada de la alianza que Israel ha recogido en la primera de sus experiencias (cf. Ex 19,5) y la iglesia de Jes\u00fas ha ratificado en el signo eucar\u00ed\u00adstico del don de la vida y del pan compartido, podr\u00e1 existir vida en el futuro. O pactamos todos, superando la actitud de violencia y dominio que ha venido dominando en el pasado, o terminamos mat\u00e1ndonos todos. La ecolog\u00ed\u00ada b\u00ed\u00adblica es alianza, alianza de Dios con todos los vivientes, como sabe el relato de la creaci\u00f3n (Gn 1), cuando ofrece un lugar y tiempo para todos, en armon\u00ed\u00ada sagrada.<\/p>\n<p>(2) Hay un Arca de No\u00e9 (Gn 6-7), para tiempos de diluvio, como pueden ser los nuestros. Aquellos aventureros que suben a\u00f1o tras a\u00f1o a buscarla al monte Ararat, en el C\u00e1ucaso, pensando que si la encuentran demostrar\u00e1n que \u00abla Biblia ten\u00ed\u00ada raz\u00f3n\u00bb, no han entendido nada, pues no se trata de un arca o barco salvador de anta\u00f1o, sino de nuestro tiempo. Ella es la expresi\u00f3n concreta de la alianza de los hombres entre s\u00ed\u00ad, mientras se re\u00fanen y ayudan sobre un mismo barco, cuando se desata la furia c\u00f3smica, que en gran parte hemos pro  vocado los mismos hombres (como sabe Gn 5 y como desarrolla de forma dram\u00e1tica el libro ap\u00f3crifo de Henoc*). S\u00f3lo podemos salvarnos del diluvio si construimos un arca o espacio de convivencia, no s\u00f3lo para unos \u00abamigos ricos\u00bb (los gestores del sistema capitalista), sino para todos los hombres e incluso para todos los vivientes animales de la tierra (cuadr\u00fapedos, reptiles), como sabe el signo b\u00ed\u00adblico. Esta ha de ser un arca universal y democr\u00e1tica, en la que deben acogerse de un modo especial los que actualmente permanecen excluidos del sistema, no s\u00f3lo Ulises y algunos esforzados, no s\u00f3lo No\u00e9 con su familia, sino todos aquellos a los que actualmente arrojamos por la borda, los asesinados y humillados, que no tienen hogar, ni ciudadan\u00ed\u00ada legal (real) en este mundo, como sabe la carta de Pedro (cf. 1 Pe 3,19-22).<\/p>\n<p>(3) Ecolog\u00ed\u00ada, el \u00ablogos\u00bb de la casa (oikos) de los hombres. La Biblia sabe que antes de que hubi\u00e9ramos nacido hab\u00ed\u00ada ya una casa preparada para nosotros, casa de Dios o naturaleza (la misma tierra y vida es Parque y es Arca de alianza de Dios con los hombres). Pero, al mismo tiempo, somos nosotros los que debemos construir y cuidar el Arca, como No\u00e9 en otro tiempo, para que el diluvio de violencia que nosotros suscitamos no nos destruya (para que no siga ahogando a los excluidos del sistema). Muchas veces se ha pensado que la Biblia ha ratificado el dominio del hombre sobre el mundo, un dominio dictatorial que se fundar\u00ed\u00ada en las palabras de Dios: \u00abCreced y multiplicaos; llenad la tierra y sometedla; ejerced potestad sobre los peces del mar, las aves de los cielos y todas las bestias que se mueven sobre la tierra&#8230; Mirad, os he dado toda planta que da semilla, que est\u00e1 sobre toda la tierra, as\u00ed\u00ad como todo \u00e1rbol en que hay fruto y da semilla. De todo esto podr\u00e9is comer\u00bb (Gn 1,26-29). Pero, si leemos mejor, vemos que ese dominio no implica sometimiento dictatorial, sino se\u00f1or\u00ed\u00ado respetuoso. Los hombres pueden comer todo, pero sin destruir nada. Pueden comer aquello que \u00ables sobra\u00bb a las plantas, pero sin destruir la vida de esas plantas.<\/p>\n<p>(4) Un orden vegetariano. En ese contexto, la Biblia supone que los hombres del principio deb\u00ed\u00adan ser vegetarianos, pues comer la carne de los animales implica matarles y en un pri mer nivel, de para\u00ed\u00adso, no se puede matar ning\u00fan animal. S\u00f3lo m\u00e1s tarde, despu\u00e9s del diluvio, \u00abpor la dureza del coraz\u00f3n humano\u00bb (cf. Mc 10,5), el Dios b\u00ed\u00adblico permiti\u00f3 que los hombres mataran y comieran animales, pero s\u00f3lo su carne, no su sangre, pues la sangre es vida y la vida es de Dios (cf. Gn 9,1-6). Ciertamente, esa ley que proh\u00ed\u00adbe comer sangre puede y quiz\u00e1 debe revisarse, como han hecho los cristianos (a diferencia de los jud\u00ed\u00ados y musulmanes), pues cumplirla de manera legalista es quiz\u00e1 la mejor manera de no cumplirla. Pero ella debe cumplirse en su sentido m\u00e1s profundo: esa ley quiere decir que el hombre no es due\u00f1o de la vida de los animales; que los puede comer, pero con respeto, sin destruir su identidad, sin poner en riesgo la vida de la especie, sin convertirlos nunca en puras cosas. Vegetariano en sentido b\u00ed\u00adblico no es el que come s\u00f3lo vegetales, sino el que vive en sinton\u00ed\u00ada con la naturaleza, el que come sin destruir, dentro de esta inmensa casa que es la vida del mundo, con sus plantas y animales.<\/p>\n<p>(5) Un tema abierto. Con cierta frecuencia se ha dicho que la religi\u00f3n b\u00ed\u00adblica (a partir de Gn 1\u20148) resulta opresora porque ha devaluado al mundo (convirtiendo al hombre en due\u00f1o y opresor de la naturaleza) y ha reprimido a la mujer, destruyendo el poder de la diosa (= el principio femenino de la vida). En contra de eso, he querido mostrar en diversos lugares de este diccionario la sinton\u00ed\u00ada c\u00f3smica y vital del hombre b\u00ed\u00adblico, que tiene una dignidad especial, como imagen de Dios (cf. Gn 1,28), pero no para dominar y destruir la vida de su entorno, sino para ennoblecerla. Sobre esa base debe elaborarse la ecolog\u00ed\u00ada b\u00ed\u00adblica, vinculando el respeto c\u00f3smico (\u00c2\u00a1el no matar!) con la opci\u00f3n preferente hacia los pobres y excluidos de la sociedad. Ecolog\u00ed\u00ada y justicia social deben ir unidas, de manera que todos los hombres y mujeres puedan contemplar y decir, como Dios, mirando hacia el mundo: \u00c2\u00a1todas las cosas son buenas! Esta ser\u00e1 una ecolog\u00ed\u00ada de la solidaridad mesi\u00e1nica, que se expresa en una eucarist\u00ed\u00ada ampliada, es decir, en una experiencia de comuni\u00f3n con el cuerpo c\u00f3smico de Cristo.<\/p>\n<p>Cf. S. McFagge, Modelos de Dios. Teolog\u00ed\u00ada para una era ecol\u00f3gica y nuclear, Sal Terrae, Santander 1987; V. P\u00e9rez Prieto, DO ten  verdor cingi\u00fado. Ecoloxismo e cristianismo, Espiral Maior, A Coru\u00f1a 1997; X. Pikaza, El desaf\u00ed\u00ado ecol\u00f3gico, PPC, Madrid 2004; R. RUETHER, Gaia y Dios. Una teolog\u00ed\u00ada ecofeminista para la recuperaci\u00f3n de la tierra, DEMAC, M\u00e9xico 1993.<\/p>\n<p>PIKAZA, Javier, Diccionario de la Biblia. Historia y Palabra, Verbo Divino, Navarra 2007<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de la Biblia Historia y Palabra<\/b><\/p>\n<p>SUMARIO: 1. Nueva sensibilidad ecol\u00f3gica. &#8211; 2. Redescubrir y vivir una espiritualidad y pastoral en clave ecol\u00f3gica.<\/p>\n<p>1. Nueva sensibilidad ecol\u00f3gica<\/p>\n<p>Como es bien conocido, la palabra Ecolog\u00ed\u00ada proviene del griego oikos y logos (discurso sobre el ambiente, sobre la casa) e indica gen\u00e9ricamente el estudio de las leyes que caracterizan las mutuas relaciones entre los diversos organismos vivientes. De manera especial las condiciones bajo las cuales se desarrolla la vida del hombre.<\/p>\n<p>Juan Pablo II reconoce en la preocupaci\u00f3n ecol\u00f3gica uno de los signos sociales y culturales m\u00e1s positivos y relevantes de la hora presente.<\/p>\n<p>Pero, por qu\u00e9 el problema ecol\u00f3gico ha saltado al primer plano de la actualidad y del inter\u00e9s general, incluso en teolog\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>Comenzamos con unas palabras de L. Gonz\u00e1lez Carvajal:<\/p>\n<p>\u00abHoy ninguna persona consciente puede ignorar que estamos destruyendo los diferentes ecosistemas de la Tierra como consecuencia de los recursos que les robamos y los elementos contaminantes que vertemos sobre ellos. Un famoso Informe del Club de Roma, titulado \u00abLos l\u00ed\u00admites del crecimiento\u00bb, llegaba a la conclusi\u00f3n de que, si no tomamos medidas radicales, tendr\u00e1 lugar a lo largo del pr\u00f3ximo siglo una cat\u00e1strofe planetaria. Se podr\u00e1n discutir los detalles del modelo matem\u00e1tico empleado por el citado estudio, pero creo que la tesis de fondo no admite discusi\u00f3n: pretender, con unos recursos finitos, un crecimiento indefinido y, peor todav\u00ed\u00ada, exponencial, conduce necesariamente al colapso. Este es el quid de los problemas ecol\u00f3gicos\u00bb.<\/p>\n<p>El propio L. Gonz\u00e1lez Carvajal, a la hora de situar las ra\u00ed\u00adces culturales de la crisis ecol\u00f3gica se\u00f1ala, en primer lugar, la sociedad industrial y el liberalismo defendido por ejemplo en la postura de Keynes, quien postul\u00f3 literalmente \u00abla necesidad de seguir saqueando la naturaleza durante cien a\u00f1os m\u00e1s. Despu\u00e9s honraremos a las deliciosas personas que son capaces de disfrutar directamente de las cosas, los lirios del campo que no trabajan ni hilan\u00bb.<\/p>\n<p>Al parecer, ni siquiera Marx, que con tanta energ\u00ed\u00ada se opuso a la explotaci\u00f3n del hombre por el hombre realizada por el sistema capitalista, tuvo suficiente sensibilidad para denunciar la explotaci\u00f3n de la naturaleza por el hombre.<\/p>\n<p>En resumen, que para la naturaleza afectada, la civilizaci\u00f3n industrial es el monstruo m\u00e1s horrible que ha aparecido sobre la tierra hasta hoy; y esto independientemente de que sea gestionada por el capitalismo o por el socialismo.<\/p>\n<p>Con palabras de J. Moltmann, \u00abla llamada crisis del medio ambiente no es s\u00f3lo una crisis del entorno natural del hombre. Es una crisis del hombre mismo. Es una crisis global, irreversible, de la vida en este planeta; una crisis a la que cuadra perfectamente el calificativo de apocal\u00ed\u00adptica. No es una crisis pasajera, sino, seg\u00fan todos los indicios, el comienzo de la lucha por la supervivencia de la creaci\u00f3n en esta tierra\u00bb.<\/p>\n<p>No es de extra\u00f1ar que, L. Gonz\u00e1lez Carvajal, subraye que el desequilibrio ecol\u00f3gico no es una realidad originaria que pudiera afrontarse directamente con medidas ecol\u00f3gicas. Sus ra\u00ed\u00adces son culturales y consisten en el sentido que el hombre de la civilizaci\u00f3n industrial ha dado a su relaci\u00f3n con la naturaleza. Si no ocurre una revoluci\u00f3n en nuestro ethos cultural ser\u00e1 in\u00fatil esperar nada de las soluciones de car\u00e1cter t\u00e9cnico. Sufrimos por carencia metaf\u00ed\u00adsica, y no por d\u00e9ficit t\u00e9cnico. La fe cristiana puede poner su granito de arena en la realizaci\u00f3n de esa revoluci\u00f3n cultural y \u00e9tica capaz de resolver la crisis ecol\u00f3gica.<\/p>\n<p>El tema ecol\u00f3gico fue tratado con profundidad en la Asamblea Ecum\u00e9nica Europea de Basilea (mayo 1989) bajo el t\u00ed\u00adtulo: \u00abJusticia, Paz e integridad de la Creaci\u00f3n\u00bb. Dicho documento sit\u00faa la raiz de la crisis ecol\u00f3gica en el avance de una ciencia y t\u00e9cnica mal entendidas y en el mismo coraz\u00f3n perverso del hombre.<\/p>\n<p>J. L. Ruiz de la Pe\u00f1a se\u00f1ala estos graves problemas ecol\u00f3gicos c omo retos a resolver: la contaminaci\u00f3n ambiental, la superpoblaci\u00f3n, la extenuaci\u00f3n de los recursos, la carrera armamentista y la interacci\u00f3n conjugada de los factores anteriormente descritos.<\/p>\n<p>El mismo J. L. Ruiz de la Pe\u00f1a, ante la b\u00fasqueda de salidas a estos hechos tan graves, se\u00f1ala dos posturas: el pron\u00f3stico pesimista, o un replanteamiento decididamente \u00e9tico. Al mismo tiempo, con gran agudeza, nuestro autor, subraya que existen tres opciones o alternativas \u00e9ticas: el antropocentrismo prometeico (que conduce a la destrucci\u00f3n de la naturaleza y del propio hombre), el cosmocentrismo panvitalista (que diviniza el cosmos y la naturaleza) y, finalmente, el humanismo creacionista cristiano, que sit\u00faa en su justa medida qui\u00e9n es el hombre, qu\u00e9 es la naturaleza y en qu\u00e9 lugar queda el Dios de la creaci\u00f3n. Ni el hombre ni la naturaleza son fines en s\u00ed\u00ad mismos. Mientras hablemos del hombre y la naturaleza en un horizonte divino, est\u00e1n garantizados los m\u00e1s verdaderos y s\u00f3lidos valores ecol\u00f3gicos.<\/p>\n<p>Precisamente \u00e9ste es el nuevo reto: redescubrir las claves de una genuina teolog\u00ed\u00ada y espiritualidad ecol\u00f3gicas. Ambas van unidas y son inseparables. Es \u00e9ste, un aspecto o vertiente de la espiritualidad nuevo. Hoy, las personas, no s\u00f3lo buscan la perfecci\u00f3n individual o social, sino tambi\u00e9n la universal o ecol\u00f3gica. Conscientes que persona-sociedad-cosmos est\u00e1n unidos profundamente en el \u00fanico e id\u00e9ntico destino y futuro.<\/p>\n<p>Brevemente, de la mano de R. Gibellini situemos en qu\u00e9 fase se encuentra el debate teol\u00f3gico (y espiritual) sobre la ecolog\u00ed\u00ada. Como afirmaci\u00f3n global se puede destacar que, mientras en los a\u00f1os 50-60 la teolog\u00ed\u00ada reivindicaba el proceso de formaci\u00f3n del mundo moderno como una consecuencia leg\u00ed\u00adtima de la fe cristiana, en el debate ecol\u00f3gico que comenz\u00f3 durante los a\u00f1os 70, y que todav\u00ed\u00ada est\u00e1 en curso, la teolog\u00ed\u00ada est\u00e1 empe\u00f1ada en liberar al cristianismo de toda responsabilidad en el proces o de formaci\u00f3n del antropocentrismo de la modernidad, es decir, de afrontar la relaciones cristianismo-modernidad, de forma diferenciada.<\/p>\n<p>Como hitos importantes en esta evoluci\u00f3n o cambio de mentalidad Gibellini indica que, en 1953, F. Gogarten reclamaba un \u00e9tica de la responsabilidad mundial. A. Auer, en 1984, abogar\u00e1 por el fin de la concepci\u00f3n antropoc\u00e9ntrica de la creaci\u00f3n, y se va poniendo de relieve, en la discusi\u00f3n teol\u00f3gica, el conflicto entre naturaleza y tecnolog\u00ed\u00ada (ejem. G. Liedke, en 1979; C. Link, en 1991).<\/p>\n<p>En 1991, A. Primavesi, en 1992, R. Ruether, y en 1993, S. McFague, hablar\u00e1n del ecofenimismo o paradigma ecol\u00f3gico desde un perspectiva feminista. Paralelamente, la teolog\u00ed\u00ada de la liberaci\u00f3n, desde los a\u00f1os 90, se hace eco tambi\u00e9n, como no pod\u00ed\u00ada ser menos, de las preocupaciones ecol\u00f3gicas tal y como se recogen por ejemplo en L. Boff en su obra, escrita en 1993, La emergencia de un nuevo paradigma: ecolog\u00ed\u00ada, mundialidad, m\u00ed\u00adstica.<\/p>\n<p>Concluye el interesante art\u00ed\u00adculo de R. Gibellini que \u00abla teolog\u00ed\u00ada y la Iglesia cristiana est\u00e1n llamadas hoy a despertase de lo que podr\u00ed\u00adamos definir como olvido de la creaci\u00f3n en clave ecol\u00f3gica y a desarrollar todo el potencial teol\u00f3gico y eclesial, pero tambi\u00e9n pol\u00ed\u00adtico y cultural, que esta realidad comporta.<\/p>\n<p>Sin duda, hoy en el debate teol\u00f3gico desde la vertiente ecol\u00f3gica, se ha logra-do resaltar la ambig\u00fcedad de la t\u00e9cnica y el progreso y las claves b\u00ed\u00adblicas del tema: aunque la naturaleza no sea divina, tampoco es un puro fen\u00f3meno. La naturaleza creada es la casa del hombre (oik\u00f3s) y su medio para realizarse y vivir individual y colectivamente. La responsabilidad ecol\u00f3gica debe alargarse en clave \u00e9tica o moral para respetar la dignidad aut\u00e9ntica del ser humano, los derechos de la naturaleza y el sentido primigenio de la obra de Dios Creador.<\/p>\n<p>R Costa Morata ha puesto de relieve algunos de los rasgos que definen estos movimientos ecologistas: por un lado, lo sencillo, lo peque\u00f1o, lo descentralizado, lo aut\u00f3nomo y lo solidario. Por otro, lo antijer\u00e1rquico, lo no convencional, lo antiprejudicial y lo radical. Dividi\u00e9ndose a su vez, estos movimientos en al menos estos grupos: los naturalistas-conservacionistas (defensores de la naturaleza pero sin alternativa macropol\u00ed\u00adtica definida); los grupos ecologistas que colaboran con los programas de ciertos partidos y con la Administraci\u00f3n; los grupos ecologistas radicales que critican todos los programas pol\u00ed\u00adticos actuales; y los nuevos verdes o movimientos ecologistas en cuanto tal, con programas pol\u00ed\u00adticos alternativos.<\/p>\n<p>Para finalizar este apartado, y desde lo se\u00f1alado por P. Costa Morata, subrayemos que el tema del ecologismo se inscribe dentro de los denominados \u00abnuevos movimientos sociales\u00bb. Es decir, los que llevan las siglas de \u00abpacifismo, antimilitarismo, verdes, antirracismo, defensa de los derechos humanos, feminismo\u00bb, etc. Estos nuevos movimientos denuncian la cultura y crisis de la modernidad y piden un cambio de pol\u00ed\u00adtica: no s\u00f3lo basada en palabras sino en acciones hasta llegar a hacer realidad \u00abuna humanidad libre y justa sobre una tierra habitable\u00bb. Digamos que estos nuevos movimientos formar\u00ed\u00adan la denominada \u00abnueva izquierda\u00bb que, renunciando a una cosmovisi\u00f3n de la realidad, fija su atenci\u00f3n en campos o fragmentos de esa misma realidad que pretende cambiar. Como todo movimiento social, en palabras de J. M. Mardones, \u00abno est\u00e1n libres de ambig\u00fcedades y a\u00fan de desviaciones\u00bb.<\/p>\n<p>2. Redescubrir y vivir una espiritualidad y pastoral en clave ecol\u00f3gica<br \/>\n\u00abPara los cristianos, la naturaleza creada participa, lo mismo que el hombre, de la dimensi\u00f3n de creaturalidad, y junto con el hombre sufre y goza y espera la revelaci\u00f3n final de los hijos de Dios\u00bb. Estas palabras de E D. Agostino nos sirven de introducci\u00f3n y clave de b\u00f3veda a la hora de se\u00f1alar algunas l\u00ed\u00adneas de fuerza en lo que puede llamarse una espiritualidad cristiana en clave ecol\u00f3gica.<\/p>\n<p>Esta espiritualidad debe tener como punto de partida, al menos, tres criterios irrenunciables:<\/p>\n<p>* la creaci\u00f3n como sacramento y obra de Dios (opus Dei), y la persona humana, en Cristo, como culminaci\u00f3n e imagen de Dios (imago Dei).<\/p>\n<p>* La creaci\u00f3n, distorsionada por el pecado, como vocaci\u00f3n y tarea desde la nueva creaci\u00f3n y el nuevo Ad\u00e1n (imago Christi).<\/p>\n<p>* La recreaci\u00f3n y glorificaci\u00f3n escatol\u00f3gica (gloria Dei).<\/p>\n<p>O, parafraseando a D. Agostino, si es verdad que la creaci\u00f3n es el espejo donde el Dios Vivo se mira y el hombre es el microcosmos, en el que se refleja el macrocosmos, no es menos cierto que todo lo creado no se agota en s\u00ed\u00ad mismo, sino que anhela y clama por su consumaci\u00f3n en Cristo, sentido, paradigma y plenitud de lo creado.<\/p>\n<p>Como forma existencial de plasmarse esta espiritualidad deber\u00e1 volver, al menos a situar en primer plano estas dimensiones:<\/p>\n<p>&#8211; redescubrimiento de la experiencia b\u00ed\u00adblica: memoria de la armon\u00ed\u00ada, bondad y belleza de lo creado, y del hombre como parnet o interlocutor de la divinidad;<br \/>\n&#8211; potenciar un ethos cristiano, que se\u00f1ale siempre como punto de referencia la persona, misterio y obra salvadora del Se\u00f1or Jes\u00fas, el Se\u00f1or de la historia;<br \/>\n&#8211; vivencia conjunta y solidaria de un crecimiento personal y social. Es el momento de pensar en clave de universalidad y de totalidad. La creaci\u00f3n es de todos y la salvaci\u00f3n es para todo hombre y para todo el hombre;<br \/>\n&#8211; necesidad, por lo mismo, de una espiritualidad de la solidaridad, del amor y de la vida, traducida en micro y macro acciones. Se deben cuidar los gestos asc\u00e9ticos y de compromiso, de denuncia y de alternativa. Conscientes que la ra\u00ed\u00adz \u00faltima y profunda del desorden es el pecado y, la mejor ecolog\u00ed\u00ada integral, ser\u00e1 la inserci\u00f3n en el misterio pascual de Cristo. Todos estamos llamados a responder a este reto, si bien los fieles laicos y nuestras comunidades y movimientos laicales, llamados a transformar el mundo \u00abdesde dentro\u00bb, adquieren en este sentido especial relevancia y responsabilidad;<br \/>\n&#8211; espiritualidad en di\u00e1logo con todos los hombres, culturas y religiones. El futuro es responsabilidad compartida. Sigue siendo necesario el di\u00e1logo ecum\u00e9nico, intercultural e interreligioso como base y garant\u00ed\u00ada de un nuevo orden \u00e9tico mundial.<\/p>\n<p>S. De Fiores habla, resumiendo lo anterior, de una espiritualidad que no puede ser evasiva ni dualista, que potencia las dimensiones personales y sociales, y que debe ser, en relaci\u00f3n al universo, creativa y unitaria.<\/p>\n<p>Ampliando horizontes, desde la m\u00e1s genuina espiritualidad cristiana, podemos hablar, tambi\u00e9n con S. Gamarra, de una espiritualidad integradora de la persona, vivida en el Esp\u00ed\u00adritu, comprometida con la vida y la sociedad, gratificante y dialogante, realista y apost\u00f3lica, pascual y trinitaria, de experiencia personal pero al mismo tiempo eclesial.<\/p>\n<p>Todo ello es posible, lo repetimos, desde la inserci\u00f3n en el misterio total de Cristo, el Se\u00f1or. S\u00f3lo desde El, penetraremos en el sentido de la creaci\u00f3n, en el misterio de la historia y en las profundidades de la consumaci\u00f3n escatol\u00f3gica. Mar\u00ed\u00ada, la Virgen, se presenta como paradigma de criatura que ha entrado en el futuro absoluto y participado de su plenitud.<\/p>\n<p>BIBL. &#8211; R. BERZOSA MART\u00ed\u008dNEZ, Como era en el principio. Claves de antropolog\u00ed\u00ada cristiana, San Pablo, Madrid 1996.<\/p>\n<p>Ra\u00fal Berzosa Mart\u00ed\u00adnez<\/p>\n<p>Vicente M\u00c2\u00aa Pedrosa &#8211; Jes\u00fas Sastre &#8211; Ra\u00fal Berzosa (Directores), Diccionario de Pastoral y Evangelizaci\u00f3n, Diccionarios \u00abMC\u00bb, Editorial Monte Carmelo, Burgos, 2001<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Pastoral y Evangelizaci\u00f3n<\/b><\/p>\n<p>Del griego oikos y logos (discurso sobre la casa, sobre el ambiente), indica gen\u00e9ricamente el estudio de las le yes que caracterizan a las mutuas relaciones entre los diversos organismos vivientes. De manera especial, el t\u00e9rmino indica el estudio de las condiciones en que se desarrolla la vida del hombre, tanto en su relaci\u00f3n con los dem\u00e1s hombres como en su relaci\u00f3n con los seres infrahumanos del propio ambiente.<\/p>\n<p>La ecolog\u00ed\u00ada se ha convertido en objeto de atenci\u00f3n por parte de la teolog\u00ed\u00ada al agudizarse, sobre todo en Occidente, el problema ambiental. Los creyentes han advertido: a) la necesidad de interrogarse sobre las propias responsabilidades eventuales en relaci\u00f3n con la aparici\u00f3n y la permanencia de la actitud depredatoria que tom\u00f3 respecto a la naturaleza la civilizaci\u00f3n occidental, sobre todo a partir de la revoluci\u00f3n industrial; b) la urgencia de tomar posiciones ante el problema del medio ambiente. La necesidad de un cambio de actitud ante la naturaleza se justifica para los creyentes no s\u00f3lo a partir de la amenaza que se cierne sobre la humanidad debido al desastre ambiental, sino tambi\u00e9n sobre la base de una correcta interpretaci\u00f3n del dato revelado. La Biblia afirma ciertamente la singularidad del hombre y su se\u00f1orio sobre las dem\u00e1s criaturas: pero no avala una visi\u00f3n del hombre como explotador y due\u00f1o absoluto de la naturaleza; el mandato de \u00abdominar\u00bb la tierra (Gn 1,28) indica la necesidad de alimentarse y de vivir de lo que la tierra produce. El dominio que el hombre est\u00e1 llamado a ejercer, en analog\u00ed\u00ada con el del Creador. tiene que ser \u00abse\u00f1orial\u00bb, de \u00absustentamiento\u00bb respetuoso de las criaturas; \u00abel dominio concedido por el Creador al hombre no es un poder absoluto, ni se puede hablar de libertad de \u00abusar y abusar\u00bb o de disponer de las cosas a su antojo. La limitaci\u00f3n impuesta por el mismo Creador desde el principio, y expresada simb\u00f3licamente con la prohibici\u00f3n de \u00abcomer del fruto del \u00e1rbol\u00bb (cf Gn 2,16ss), muestra con suficiente claridad que, respecto a la naturaleza visible, estamos sometidos a leyes no s\u00f3lo biol\u00f3gicas, sino tambi\u00e9n morales, que no se pueden transgredir impunemente\u00bb (Juan Pablo II).<\/p>\n<p>Hay que se\u00f1alar adem\u00e1s que, seg\u00fan la revelaci\u00f3n b\u00ed\u00adblica, la superioridad del hombre sobre las criaturas infrahumanas nunca podr\u00e1 transformarse en distancia o en desinter\u00e9s por los dem\u00e1s seres vivos: la posici\u00f3n del hombre respecto a lo creado es parecida a la del jardinero, que \u00abcultiva y guarda\u00bb sin \u00abrobar ni saquear\u00bb : es parecida a la del artesano, que \u00abtransfigura\u00bb la materia sin \u00abdesfigurarla\u00bb.<\/p>\n<p>El hombre, adem\u00e1s, seg\u00fan el dato b\u00ed\u00adblico, tiene que vivir en solidaridad con las dem\u00e1s criaturas debido a su misma naturaleza singular: por su doble dimensi\u00f3n, corporal y espiritual, el hombre es \u00abpariente\u00bb de la tierra y del cielo: a pesar de que, en cierto sentido, es independiente de la una y del otro, no puede separarse de la una ni del otro. La suerte del hombre, seg\u00fan la visi\u00f3n de la Biblia, no prescinde de la relaci\u00f3n justa con su \u00abcasa\u00bb, el mundo, lo mismo que no puede prescindir de su relaci\u00f3n justa con el Creador. Esto supone la necesidad de desarrollar una actitud de solidaridad con la naturaleza; el conocimiento debe orientarse a poner de relieve las potencialidades de bien que encierra todo ser creado. La relaci\u00f3n armoniosa y no conflictiva del hombre con la naturaleza permitir\u00e1 al uno y a la otra una realizaci\u00f3n plena, pac\u00ed\u00adfica y constructiva de la propia identidad lo mismo que la relaci\u00f3n armoniosa con Dios es para el hombre la condici\u00f3n indispensable para poder llegar a una realizaci\u00f3n correcta y &#8211; plena de s\u00ed\u00ad mismo.<\/p>\n<p>Pero hay m\u00e1s todav\u00ed\u00ada. La coronaci\u00f3n de la creaci\u00f3n, seg\u00fan la narraci\u00f3n b\u00ed\u00adblica, no es el hombre, sino el s\u00e1bado, el d\u00ed\u00ada en que todas las criaturas se encuentren pac\u00ed\u00adficamente y en el gozo entre ellas mismas y el Creador. La creaci\u00f3n es querida -para la gloria de Dios, es decir, con vistas a un encuentro de paz y de amor entre el Alt\u00ed\u00adsimo y las criaturas; de aqu\u00ed\u00ad se sigue que la divisi\u00f3n, el abuso y la lucha no entran en el proyecto del Creador. esos aspectos negativos est\u00e1n vinculados de alguna manera con la experiencia del pecado, que condujo a todas las criaturas lejos del proyecto inicial de Dios.<\/p>\n<p>Si leemos bien la revelaci\u00f3n b\u00ed\u00adblica, vemos c\u00f3mo estimula una cultura de paz con la naturaleza: de ella proviene una invitaci\u00f3n a fomentar una especie de \u00abpasi\u00f3n por la totalidad\u00bb (G. Altner), que lleva al rechazo de todo divide et impera y de todo presunto derecho de vida y de muerte que tenga el hombre sobre las dem\u00e1s criaturas.<\/p>\n<p>Las \u00abemergencias ecol\u00f3gicas\u00bb que se derivan de una lectura correcta del mensaje b\u00ed\u00adblico se hacen todav\u00ed\u00ada m\u00e1s urgentes cuando se considera que la creaci\u00f3n es una obra trinitaria. Todo proviene gratuitamente del Padre, por medio del Hijo, en el Esp\u00ed\u00adritu Santo, Todo lo que es distinto de Dios (las criaturas) tiene su origen en el amor de Dios, no en el odio ni en la casualidad, De aqu\u00ed\u00ad se sigue que todo est\u00e1 \u00ed\u00adntimamente marcado y estructurado por el amor: todo debe ser considerado, tambi\u00e9n por el hombre, con una actitud de respeto, ya que todas las cosas son buenas y amables de suyo.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s, la realidad que rodea al hombre no es solamente escenario de la aventura humana, sino que comparte la suerte de las criaturas inteligentes, No es una casualidad que el cumplimiento definitivo de la salvaci\u00f3n, que realizar\u00e1 el Dios trinitario, sea indicado por la Escritura como la llegada de \u00abunos cielos nuevos y una tierra nueva\u00bb (2 Pe 3,13; Ap 21,1$ G. M. Salvati<\/p>\n<p>Bibl.: J L. Ruiz de la Pe\u00f1a, La fe en la creaci\u00f3n y la crisis ecol\u00f3gica, en Teolog\u00ed\u00ada de la creaci\u00f3n, Sal Terrae, Santander 1986, 175199; H, Assmann, Ecolog\u00ed\u00ada y teolog\u00ed\u00ada, en CFC, 352-367. S, SpinsaIiti- Ecolog\u00ed\u00ada en NDE, 377-3~2; A. Moroni, Ecolog\u00ed\u00ada, en NDTM, 444-467; J Moltmann, Dios en la creaci\u00f3n, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1987; A. Domingo, Ecolog\u00ed\u00ada y solidaridad, Sal Terrae, Santander 1991; A. Galindo, Ecolog\u00ed\u00ada y creaci\u00f3n, Univ. Pont, Salamanca 1991; J Gafo, Ecolog\u00ed\u00ada, en 10 Palabras clave en bio\u00e9tica. Verbo Divino, Estella 1993.<\/p>\n<p>PACOMIO, Luciano [et al.], Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico, Verbo Divino, Navarra, 1995<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico<\/b><\/p>\n<p>SUMARIO: I. Dimensi\u00f3n filos\u00f3fico-teol\u00f3gica: I. La ecolog\u00ed\u00ada entre pol\u00ed\u00adtica y propaganda: 1. \u00bfLimitaci\u00f3n de la natalidad o desarrollo tecnol\u00f3gico?; 3. La naturaleza como problema: 4. Para una comprensi\u00f3n sapiencial de la naturaleza &#8211; II. Dimensi\u00f3n espiritual: 1. El cristianismo en el banquillo; 2. La revisi\u00f3n de los mitos; 3. Asc\u00e9tica voluntaria.<\/p>\n<p>I. Dimensi\u00f3n filos\u00f3fico-teol\u00f3gica<br \/>\n1. LA ECOLOG\u00ed\u008dA ENTRE POL\u00ed\u008dTICA Y PROPAGANDA &#8211; Desde que el tema de la defensa del medio ambiente se ha puesto de moda, al menos en Occidente, se han multiplicado no s\u00f3lo los trabajos cient\u00ed\u00adficos, sino tambi\u00e9n las encuestas period\u00ed\u00adsticas y fotogr\u00e1ficas, los espect\u00e1culos cinematogr\u00e1ficos y televisivos y las transmisiones radiof\u00f3nicas sobre el mismo. La utilizaci\u00f3n del tema por la publicidad se ha vuelto fren\u00e9tica; se han creado c\u00e1tedras universitarias de ecolog\u00ed\u00ada; incluso se han inventado nuevos h\u00e9roes de tebeo especializados en combatir no ya a los delincuentes de viejo cu\u00f1o, a los ladrones y gangsters, sino a los nuevos enemigos de la humanidad, los contaminadores. Pero no s\u00f3lo han sido los mass media los que se han lanzado sobre la ecolog\u00ed\u00ada; esta nueva ciencia se ha convertido en el campo de batalla preferido por los m\u00e1s aguerridos \u00abcazadores de ideolog\u00ed\u00adas\u00bb, es decir, por los que quieren desenmascarar la intenci\u00f3n (escondida tras la pasi\u00f3n ecol\u00f3gica y, por lo mismo, m\u00e1s p\u00e9rfidamente operante) de los pa\u00ed\u00adses ricos de frenar el desarrollo de los pa\u00ed\u00adses pobres, que no han llegado a\u00fan al umbral del desarrollo econ\u00f3mico y tecnol\u00f3gico, a fin de poder seguir manteni\u00e9ndolos en su condici\u00f3n de meros suministradores de materias primas y de explotarlos. Los tales airean la bandera ecol\u00f3gica en nombre no de toda la humanidad, sino espec\u00ed\u00adficamente contra el modo capitalista de producir, \u00fanico verdadero responsable de los da\u00f1os ocasionados al ambiente por el hombre.<\/p>\n<p>Semejante entrelazamiento de opiniones y de pasiones diversas exige un notable esfuerzo en quien se pone a reflexionar sobre nuestro tema, sin dejarse arrastrar por las opiniones corrientes ni subestimarlas. Es evidente que el tema de la ecolog\u00ed\u00ada no puede abordarse con frialdad; la amenaza de una \u00abcontaminaci\u00f3n total\u00bb del planeta que lo haga de todo punto inhabitable ha reemplazado en los hombres de los \u00faltimos veinte a\u00f1os al miedo que hab\u00ed\u00ada suscitado en la humanidad la amenaza de la bomba y de la guerra at\u00f3micas. Si se tiene en cuenta, adem\u00e1s, que el tema ecol\u00f3gico puede ser utilizado -de maneras diversas, pero, a la postre, igualmente fascinantes- por los \u00abapocal\u00ed\u00adpticos\u00bb y por los \u00aboptimistas\u00bb, por los conservadores y por los progresistas, por los realistas c\u00ed\u00adnicos y por los entusiastas de la tecnolog\u00ed\u00ada, existe la posibilidad de que surja la sospecha leg\u00ed\u00adtima de que la ecolog\u00ed\u00ada sea un tema enmascarado, m\u00e1s \u00fatil como condensador de angustia y de energ\u00ed\u00adas o como elemento eficaz para promocionar programas ideol\u00f3gicos opuestos que por su carga (indudablemente aut\u00e9ntica) de verdad. Es esencial poner en claro este punto; en efecto, si existe, como es innegable, un programa ecol\u00f3gico, evidentemente no se puede abordar, y mucho menos resolver, m\u00e1s que de un modo espec(fico, renunciando ya sea a las campa\u00f1as anticapitalistas gen\u00e9ricas, ya a las no menos gen\u00e9ricas invocaciones de cu\u00f1o rousseauniano a la naturaleza; es necesario, por el contrario, descender en profundidad para captar el logos que est\u00e1 en la ra\u00ed\u00adz de la crisis ambiental, de la que somos espectadores y v\u00ed\u00adctimas, y que indudablemente coincide con el logos que rige toda nuestra vida de hombres de hoy. En esta perspectiva es imposible separar el problema ecol\u00f3gico de lo que constituye el problema antropol\u00f3gico tout-court; la reflexi\u00f3n sobre el ambiente es, en cierto modo, la reflexi\u00f3n sobre lo que ha sido y sobre lo que es el destino del hombre occidental y de su criatura m\u00e1s t\u00ed\u00adpica, la tecnolog\u00ed\u00ada, causa al mismo tiempo de salvaci\u00f3n y de muerte.<\/p>\n<p>2. \u00bfLIMITACI\u00ed\u201cN DE LA NATALIDAD 0 DESARROLLO TECNOL\u00ed\u201cGICO? &#8211; Si se considera inaceptable este enfoque \u00abantropol\u00f3gico\u00bb de la ecolog\u00ed\u00ada y se prefiere, en cambio, otro m\u00e1s eficiente, como m\u00e1s \u00abcient\u00ed\u00adfico\u00bb, hay que enfrentarse seriamente con las dificultades que encuentra, y no puede menos de encontrar, una ecolog\u00ed\u00ada en cuanto disciplina estrictamente t\u00e9cnica. Consideremos, con toda brevedad y a modo de ejemplo, las dos respuestas \u00abt\u00e9cnicas\u00bb que se proponen m\u00e1s corrientemente como posibles soluciones al m\u00e1ximo problema ecol\u00f3gico de nuestro tiempo: el de la superpoblaci\u00f3n planetaria\u00c2\u00b0. Por una parte, se insiste en la necesidad de frenar el crecimiento demogr\u00e1fico a trav\u00e9s de una serie de medidas pedag\u00f3gicas, y hasta coercitivas, de suerte que se mantenga la poblaci\u00f3n de la tierra en los niveles num\u00e9ricos actuales; por otra, se sugiere potenciar el desarrollo tecnol\u00f3gico, a fin de explotar la tierra de manera m\u00e1s amplia y org\u00e1nica para obtener de ella una mayor cantidad de bienes y poder satisfacer as\u00ed\u00ad las crecientes necesidades de la poblaci\u00f3n mundial.<\/p>\n<p>Ahora bien, es evidente que ambas soluciones, aunque aparentemente lejanas una de otra o incluso contrapuestas, se fundan, sin embargo, en una com\u00fan matriz ideol\u00f3gica: la que concibe al hombre esencialmente bajo el signo de la econom\u00ed\u00ada, o sea de la demanda incesante y del disfrute igualmente incesante de los bienes. Pues bien, exactamente por contemplarse como homo oeconomicus le ser\u00e1 imposible al hombre responder a los desequilibrios por \u00e9l introducidos en el planeta con medios que, en definitiva, son simplemente coadyuvantes de aquella hybris que est\u00e1 en la ra\u00ed\u00adz de los desequilibrios. Pi\u00e9nsese, en efecto, que, aun limitando el desarrollo cuantitativo de la poblaci\u00f3n, no por eso se limita autom\u00e1ticamente el acrecentamiento de los deseos. La situaci\u00f3n de las sociedades capitalistas avanzadas debiera ense\u00f1arnos mucho sobre este punto de vista; satisfechas las necesidades primarias, o sea las esenciales para la supervivencia, no por eso el hombre consigue un estado de sereno equilibrio. Todos somos espectadores de la multiplicaci\u00f3n de las necesidades artificiales en las sociedades que han vencido el espectro del hambre, ya sea a causa de la l\u00f3gica expansionista de la producci\u00f3n industrial, ya -en definitiva- por la misma imposibilidad estructural de distinguir lo que es propio del hombre por natural exigencia y lo que est\u00e1 artificialmente inducido en \u00e9l. Sea como sea, est\u00e1 claro en cualquier caso que una poblaci\u00f3n con tasa de crecimiento ya estable a un nivel baj\u00ed\u00adsimo no por eso podr\u00e1 considerarse inmune de responsabilidades ecol\u00f3gicas, al menos mientras sus exigencias no alcancen tambi\u00e9n un crecimiento cero. Por este motivo los pa\u00ed\u00adses occidentales, aunque seriamente comprometidos en la obra de descontaminaci\u00f3n (si bien preferentemente limitada a su \u00e1mbito interno), son responsables -en virtud simplemente de su elevad\u00ed\u00adsima demanda de materias primas- del saqueo de los recursos planetarios, algunos de los cuales -como es sabido- est\u00e1n ya seriamente amenazados de desaparecer por completo. La respuesta puramente demogr\u00e1fica a los problemas ecol\u00f3gicos no puede, pues, menos de ser insuficiente, incluso cuando se la propone con aquella buena fe que los pa\u00ed\u00adses en v\u00ed\u00adas de desarrollo se niegan a admitir cuando tales respuestas provienen de pa\u00ed\u00adses occidentales.<\/p>\n<p>M\u00e1s clara a\u00fan es la insuficiencia de la otra respuesta que suele darse al problema ecol\u00f3gico: la de quienes ponen sus esperanzas en el desarrollo tecnol\u00f3gico. En efecto, si es cierto que a trav\u00e9s del aumento de la producci\u00f3n se puede proveer tanto al crecimiento de la poblaci\u00f3n como al de las exigencias, es, sin embargo, del todo ilusorio pensar que se pueda seguir realizando indiscriminadamente tal aumento; la tecnolog\u00ed\u00ada act\u00faa dentro del ecosistema planetario, y la progresiva artificializaci\u00f3n del ambiente que supone no puede menos de resultar, en \u00faltima instancia, desastrosa para los valiosos equilibrios de la biosfera. El progreso tecnol\u00f3gico, ciertamente v\u00e1lido como respuesta sectorial a problemas sectoriales de desarrollo de poblaciones particulares, es, en cambio, uno de los riesgos supremos con que tropieza la humanidad, si se lo absolutiza como la respuesta a los problemas de la superpoblaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Queda, pues, sentado que es imposible dar una respuesta a los problemas planteados por la ecolog\u00ed\u00ada si no se discute la misma autocomprensi\u00f3n del hombre como hecho que, en \u00faltima instancia, desencadena la agresi\u00f3n al planeta y a sus recursos, que todos lamentamos. La ecolog\u00ed\u00ada, en efecto, no estudia los equilibrios ecol\u00f3gicos en cuanto tales, sino en cuanto funcionales para la vida; y el ambiente que ella quiere proteger no puede ser identificado m\u00e1s que por su ser-para-el-hombre (en caso contrario habr\u00ed\u00ada que dar la raz\u00f3n a quien con un razonamiento parad\u00f3jico concluye que la naturaleza es la primera enemiga de la ecolog\u00ed\u00ada: la naturaleza de los terremotos, de los aluviones, de las erupciones volc\u00e1nicas, de los desiertos, de los ciclones). Rectamente entendida, la ecolog\u00ed\u00ada invierte, pues, la relaci\u00f3n que la ciencia establece usualmente entre el hombre y el ambiente, haciendo derivar a aqu\u00e9l de \u00e9ste; la verdad, como finamente ha observado V\u00ed\u00adctor Mathieu, consiste exactamente en lo contrario; el ambiente comienza a actuar como tal s\u00f3lo cuando el individuo existe ya. \u00abSi no se presupone al individuo, con su actividad originaria, con su principio identificador y asimilador privado todav\u00ed\u00ada de contenidos, se pueden imaginar cuantas cosas se quiera, pero estas cosas jam\u00e1s constituir\u00e1n un ambiente. No son ambiente los unos para los otros los \u00e1tomos de Epicuro\u00bb.<\/p>\n<p>3. LA NATURALEZA COMO PROBLEMA &#8211; Planteado el problema de la ecolog\u00ed\u00ada en esta clave (que podr\u00ed\u00ada llamarse \u00abantropoc\u00e9ntrica\u00bb o, si se prefiere, filos\u00f3fica), se desprende como consecuencia necesaria la oportunidad de preguntarse por qu\u00e9 el drama ecol\u00f3gico no ha surgido antes (o por qu\u00e9 tan s\u00f3lo en nuestros d\u00ed\u00adas se ha tomado conciencia del mismo). \u00bfSe trata de mera casualidad, es una consecuencia coherente del desarrollo de las ciencias exactas o bajo este colosal acontecimiento hist\u00f3rico se oculta un significado a\u00fan m\u00e1s profundo que es necesario poner en claro?<br \/>\nEn una primera consideraci\u00f3n resulta indudable que el desarrollo de las ciencias, y en particular de la medicina, ha ocasionado la explosi\u00f3n demogr\u00e1fica, y que \u00e9sta, a su vez, ha obligado a la ciencia a vincularse con la t\u00e9cnica y la producci\u00f3n con ese nexo de rec\u00ed\u00adproca integraci\u00f3n din\u00e1mica al que se ha llamado, con feliz expresi\u00f3n, energ\u00ed\u00ada tecnol\u00f3gica. Pero tambi\u00e9n es cierto que el desarrollo de la ciencia, que ha puesto en movimiento estos procesos gigantescos, no descansa sobre bases exclusivamente cient\u00ed\u00adficas m\u00e1s que en sentido filos\u00f3fico-ideol\u00f3gico amplio. La matematizaci\u00f3n de la lectura de la naturaleza llevada a cabo por Galileo, sustituyendo \u00abla simplicidad ca\u00f3tica de la existencia por la complicaci\u00f3n ordenada de un mundo\u00bb, coincidi\u00f3, seg\u00fan el an\u00e1lisis de Husserl, \u00abcon un vaciamiento de sentido de la realidad\u00bb, con la superposici\u00f3n de un ficticio universo l\u00f3gico y num\u00e9rico \u00abal mundo real \u00fanico, que es el mundo-circunstante-de-la-vida\u00bb&#8216;. Resultados semejantes a los del empirismo de Galileo se atribuyen al racionalismo cartesiano, tambi\u00e9n \u00e9l netamente propenso a desvalorizar la naturaleza, priv\u00e1ndola de todo sentido propio, y a leerla como materia inerte susceptible tan s\u00f3lo de manipulaci\u00f3n. De esta manera, al comienzo de la edad moderna, la naturaleza ha perdido por completo su car\u00e1cter de cifra del ser; el cient\u00ed\u00adfico se ha convencido (arbitrariamente), gracias al uso del m\u00e9todo cient\u00ed\u00adfico, de que puede agotarla cognoscitivamente; en poco tiempo, la naturaleza se ha convertido en el campo de la operatividad humana, en el \u00e1mbito de ejercicio del esp\u00ed\u00adritu fabril del hombre.<\/p>\n<p>La mentalidad iluminista no hizo otra cosa que desarrollar plenamente estas instancias; y a pesar de que ahora, incluso por parte de quien no puede ser acusado de misone\u00ed\u00adsmo, se alza la voz para criticar las ingenuas pretensiones dial\u00e9cticas de quien ve en la revoluci\u00f3n cient\u00ed\u00adfica y copernicana el nacimiento de una humanidad moderna que lleva en s\u00ed\u00ad todas las posibilidades (y, a la postre, la certeza) de su liberaci\u00f3n; a pesar de que la escuela de Frankfurt ha demostrado exhaustivamente que la racionalidad cientista, supuesto de la cultura contempor\u00e1nea, es funcional y justificativa de la ideolog\u00ed\u00ada del progreso y, por tanto, intr\u00ed\u00adnseca a una opci\u00f3n hist\u00f3rica, mas no capaz de justificarla\u00bb, con todo, la cultura difundida al presente muestra que es impotente al respecto y que no posee, por as\u00ed\u00ad decirlo, la fuerza de dar marcha atr\u00e1s. Las voces, si bien numerosas, que se han alzado estos \u00faltimos a\u00f1os\u00bb -insistiendo en una revalorizaci\u00f3n del papel de la naturaleza para una recta autocomprensi\u00f3n del hombre- han sido en su mayor\u00ed\u00ada incapaces de superar el atolladero que las mantiene a todas dentro de una visi\u00f3n subjetivista y protag\u00f3rica, que se enorgullece de ver en el hombre la medida de todas las cosas\u00bb. Pero si se eleva al hombre a medida del universo, si se reduce su obra a un experimentar absoluto, la naturaleza no podr\u00e1 tener otra consistencia que la de ser mero campo de experimentos; de lo cual se sigue necesariamente que todo l\u00ed\u00admite que el hombre ponga a su acci\u00f3n manipuladora ser\u00e1 un l\u00ed\u00admite de voluntad, no de raz\u00f3n; un l\u00ed\u00admite inducido por el miedo, no por el sentido de respeto a lo real.<\/p>\n<p>Ahora bien, el respeto a la naturaleza, si se piensa en profundidad, le impone al hombre el reconocimiento de los l\u00ed\u00admites no simplemente emp\u00ed\u00adricos, sino estructurales, que le condicionan. Impone una renuncia a todas las im\u00e1genes simplistas del hombre como ser naturalmente inocente y bueno, pronto a establecer con la naturaleza una relaci\u00f3n de amistosa complementariedad. El hombre que descubre sus l\u00ed\u00admites debe comprender que \u00e9stos no son solamente f\u00ed\u00adsicos, sino sobre todo metaf\u00ed\u00adsicos; que abarcan no s\u00f3lo el poder hacer, sino tambi\u00e9n el ser. El hombre que descubre sus l\u00ed\u00admites los descubre sobre todo en la capacidad de hacer el bien. Aqu\u00ed\u00ad se ofrece la consideraci\u00f3n del hombre como demos, es decir, como aquel conjunto inextricable de magnificencia, sublimidad y perversidad cantado por S\u00f3focles\u00bb con tales acentos que parecen preludiar la tradici\u00f3n cristiana del hombre como Christus deformis.<\/p>\n<p>La hermen\u00e9utica m\u00e1s profunda de las relaciones hombre-naturaleza nos la ha brindado Mart\u00ed\u00adn Heidegger. La t\u00e9cnica, bajo cuyo signo se encuentra la era moderna, no es otra cosa, dice \u00e9l, que una provocaci\u00f3n de la naturaleza\u00bb. Provocaci\u00f3n significa que el hombre no se somete a la naturaleza, sino que la cita ante s\u00ed\u00ad, que la desaf\u00ed\u00ada para violentarla y explotarla; significa que el hombre obliga a la naturaleza a dar cuenta de su ser, a desvelarse, a anular su propia originalidad constitutiva, rindi\u00e9ndose a la hybris ontol\u00f3gica del hombre. De este modo, a causa de la ciencia, la naturaleza abandona su antigua funci\u00f3n de \u00absocia\u00bb (aunque, en verdad, no siempre ben\u00e9vola y amiga) del hombre. \u00abLa desaparici\u00f3n de su socio plurisecular deja en el hombre un vac\u00ed\u00ado psicol\u00f3gico, un sentido de privaci\u00f3n, casi de amputaci\u00f3n, que es fuente de desequilibrio. Pero hay m\u00e1s a\u00fan. Negada primero la palabra de los fil\u00f3sofos -que con frecuencia ha parecido inocua, un mero juego intelectual hecho de hermosaspalabras y de met\u00e1foras incapaces de causar da\u00f1o-, la naturaleza ha sido despu\u00e9s explotada, provocada, desintegrada y recompuesta a gusto de los cient\u00ed\u00adficos y de los t\u00e9cnicos. Y hoy -transformada y negada en su propia consistencia- la naturaleza se venga. Y lo hace de la manera m\u00e1s p\u00e9rfidamente sutil: someti\u00e9ndose a la voluntad prometeica del hombre, es decir, muriendo de verdad; no ya en las palabras, sino en los hechos\u00bb.<\/p>\n<p>4. PARA UNA COMPRENSI\u00ed\u201cN SAPIENCIAL DE LA NATURALEZA &#8211; La reflexi\u00f3n que venimos haciendo hasta ahora ha destacado como punto esencial el car\u00e1cter epocal de la crisis ecol\u00f3gica; \u00e9sta obviamente aparece ligada, adem\u00e1s de a lo contingente, tambi\u00e9n y sobre todo a la visi\u00f3n f\u00e1ustica que el hombre contempor\u00e1neo posee de s\u00ed\u00ad mismo; a su indebida absolutizaci\u00f3n del elemento humano sobre el natural, como si uno y otro no estuvieran unidos y ligados por el signo de la creaturalidad. Las mentes m\u00e1s avisadas han indicado hace tiempo que el triunfo de la ciencia y de la t\u00e9cnica est\u00e1 gr\u00e1vido de interrogantes angustiosos (\u00bfqui\u00e9n no recuerda las palabras de Robert Oppenheimer, seg\u00fan el cual con la invenci\u00f3n de la bomba at\u00f3mica la ciencia habr\u00ed\u00ada descubierto el pecado?); mas solamente hoy, frente a los fracasos de cualquier pol\u00ed\u00adtica ecol\u00f3gica que no parta de una aut\u00e9ntica reflexi\u00f3n sobre el hombre, es posible tocar con la mano demostrativamente que el camino del respeto al ambiente no pasa -a no ser secundariamente- por una consideraci\u00f3n meramente t\u00e9cnica del problema, sino m\u00e1s bien a trav\u00e9s de una reconsideraci\u00f3n sapiencial de la naturaleza y de su cometido de partner de la humanidad.<\/p>\n<p>Ahora bien, una consideraci\u00f3n sapiencial de la naturaleza que repudie la fatal violencia fabril de la mentalidad ilumin\u00ed\u00adstico-tecnol\u00f3gica debe evitar caer en una doble tentaci\u00f3n: la de una indebida idolatr\u00ed\u00ada de lo natural, y otra &#8211;de signo opuesto a la primera, pero igualmente inaceptable- de rechazo y de repulsa del orden natural. Estas dos posiciones han tenido relevantes concretizaciones hist\u00f3ricas: la primera, en la cultura griega; la segunda, en la violenta reacci\u00f3n antihel\u00e9nica del gnosticismo. Es necesario detenerse brevemente en ellas, porque, de un modo u otro, parece que siguen obrando secretamente en la mentalidad com\u00fan denuestros d\u00ed\u00adas en formas obviamente renovadas, pero en sustancia no disimiles de sus lejanos arquetipos.<\/p>\n<p>En el mundo griego, hombre y naturaleza son ambos parte de un orden m\u00e1s grande: el cosmos. Cosmos no es solamente un t\u00e9rmino denominativo, sino tambi\u00e9n valorativo; indica un modelo de belleza, racionalidad, perfecci\u00f3n. Para el hombre griego comprender la naturaleza significaba comprender en primer lugar la armon\u00ed\u00ada del Todo y la necesidad de que las partes se sometieran a \u00e9l; rechazar la naturaleza era, pues, punto menos que inconcebible; lo mismo que era inconcebible que lo menos perfecto (las partes) no se sometiese a lo que no s\u00f3lo es m\u00e1s perfecto, sino simpliciter la perfecci\u00f3n 1. El hombre griego se sent\u00ed\u00ada al mismo tiempo espectador y actor de un espect\u00e1culo que requiere una multitud de papeles, todos diversos, pero todos igualmente necesarios; su relaci\u00f3n con la naturaleza no se conceb\u00ed\u00ada sobre la base de una diferencia ontol\u00f3gica, sino sobre la de una afinidad anal\u00f3gica, reductible, en casos determinados, incluso a la identidad.<\/p>\n<p>Que esta doctrina, seg\u00fan se ha puesto muchas veces de manifiesto, es incompatible con el universo mec\u00e1nico y tecnol\u00f3gico creado por la revoluci\u00f3n industrial resulta bastante evidente. Pero mucho m\u00e1s interesa observar que es incompatible con una justa apreciaci\u00f3n del mal en la naturaleza; los griegos no s\u00f3lo no concibieron nunca -obviamente- una naturaleza lapsa, sino que ni siquiera llegaron a imaginar su natural pendant, una voluntad humana y ben\u00e9fica 2. De ah\u00ed\u00ad su respeto a la naturaleza, de car\u00e1cter totalmente extr\u00ed\u00adnseco; privado, si as\u00ed\u00ad puede decirse, de autenticidad; oscilando entre el materialismo de los atomistas y de los epic\u00fareos y el espiritualismo de un S\u00f3crates o de los estoicos; pero, en todo caso, incapaz de concebir que exista entre hombre y naturaleza una relaci\u00f3n dial\u00e9ctica, de tensi\u00f3n rec\u00ed\u00adproca y de rec\u00ed\u00adproca integraci\u00f3n. La pietas c\u00f3smica no pod\u00ed\u00ada, a fin de cuentas, generar otra cosa que un quietismo inerte; es el destino de la grecidad helen\u00ed\u00adstica, en la cual la pasividad del individuo frente al propio destino se aviene con el car\u00e1cter determinista atribuido a toda la realidad c\u00f3smica.<\/p>\n<p>El ataque gn\u00f3stico a la posici\u00f3n cl\u00e1sica desvela con impresionante lucidez el punto d\u00e9bil de la relaci\u00f3n hombre-naturaleza vivida por el mundo griego. Los gn\u00f3sticos no le negaron a la naturaleza el car\u00e1cter t\u00ed\u00adpicamente griego de orden, de cosmos; como tampoco negaron nunca que el hombre se encontrase introducido en un orden que le trascend\u00ed\u00ada; mas lo que para los griegos era signo de armon\u00ed\u00ada, de esplendor, de gloria, se convirti\u00f3 a los ojos de los gn\u00f3sticos en el lugar del oprobio, del terror y de la venganza. \u00abLa ley c\u00f3smica, que hab\u00ed\u00ada sido considerada antes como expresi\u00f3n de una raz\u00f3n, con la cual pod\u00ed\u00ada comunicar la raz\u00f3n del hombre en el acto de conocimiento y que pod\u00ed\u00ada hacer suya regulando su propia conducta, es contemplada ahora s\u00f3lo en su aspecto de coacci\u00f3n que sofoca la libertad del hombre. El logos c\u00f3smico de los estoicos es sustituido por la heimarmene, el hado c\u00f3smico opresor&#8230; Como principio general, la vastedad, la potencia y la perfecci\u00f3n del orden no invitaban ya a la contemplaci\u00f3n y a la imitaci\u00f3n, sino que suscitaban aversi\u00f3n y rebeld\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad pues, el rechazo de la naturaleza (de la que se acepta, con todo, su car\u00e1cter de realidad ordinaria) viene a asumir entre los gn\u00f3sticos el significado de una profunda (aunque desviada) comprensi\u00f3n sapiencial de toda la realidad y del mal que en ella est\u00e1 inscrito\u00bb. Nos encontramos, por as\u00ed\u00ad decirlo, en los ant\u00ed\u00adpodas del mundo griego; all\u00ed\u00ad la conciencia del mal quedaba anulada en una reverente aceptaci\u00f3n del dato natural y de su logos; entre los gn\u00f3sticos, en cambio, era exaltada de tal manera que induc\u00ed\u00ada a concluir que el creador del esp\u00ed\u00adritu no pod\u00ed\u00ada ser el mismo creador de la materia y que, por tanto, el hombre no pod\u00ed\u00ada sino decidirse por el uno o por la otra; una elecci\u00f3n radical, en la cual el amor al Dios bueno no pod\u00ed\u00ada menos de asociarse al odio al Dios creador de la maldad.<\/p>\n<p>No es posible aqu\u00ed\u00ad seguir la evoluci\u00f3n de estas dos mentalidades; baste insistir en el hecho de que, adem\u00e1s de representar \u00e9pocas del pensamiento, se presentan en su realidad profunda como arquetipos, como modelos de existencia que todav\u00ed\u00ada hoy siguen operantes. Por eso la referencia a ellos es esencial para captar la relaci\u00f3n cristiana con la naturaleza en lo que tiene de espec\u00ed\u00adfico. Efectivamente, en la perspectiva creacionista la naturaleza no aparece ni como la divinidad muda y armoniosa de los griegos ni como la realidad incluso demasiado elocuente y maligna de los gn\u00f3sticos; para los cristianos tambi\u00e9n la naturaleza participa junto con el hombre del estado de creaturalidad y junto con el hombre sufre y goza y espera la revelaci\u00f3n de los hijos de Dios: \u00abScimus enim quod omnis creatura (ktisis) ingemiscit et parturit usque adhuc\u00bb. Ciertamente, en la historia plurisecular del pensamiento cristiano no siempre ha sido posible mantener el equilibrio entre la posici\u00f3n cl\u00e1sica y la gn\u00f3stica; incluso no raras veces ha sido la segunda la que m\u00e1s ha influido en fil\u00f3sofos y te\u00f3logos; pero, en general, el conocimiento de que tota natura comparatur Deo (S. Th, 1-II, q. 1, a. 2, c) le ha dado siempre al cristiano, a nivel de sentimiento difuso (cuando no con conciencia expl\u00ed\u00adcita), el sentido de respeto a la naturaleza 3.<\/p>\n<p>Una reflexi\u00f3n adecuada sobre este ponto mostrar\u00e1 que la concepci\u00f3n cristiana posee un car\u00e1cter espec\u00ed\u00adfico frente a tantas reivindicaciones gen\u00e9ricas actuales de lo \u00abnatural\u00bb en funci\u00f3n \u00abantirrepresiva\u00bb. El modo como san Francisco, por ejemplo, vive su relaci\u00f3n con la naturaleza va m\u00e1s all\u00e1 de las dulzarronas imitaciones de los hyppies; \u00e9l ama y alaba a la naturaleza s\u00f3lo en virtud de la alabanza del Creador, s\u00f3lo en cuanto implica significado de Dios. \u00abEs necesario que la naturaleza sea siempre para el esp\u00ed\u00adritu un testimonio y un medio. Y as\u00ed\u00ad seremos injustos con san Francisco acus\u00e1ndole de tender a un naturalismo pante\u00ed\u00adsta. El no naturaliza el esp\u00ed\u00adritu, sino que espiritualiza la naturaleza. Porque el mismo deseo que nos impulsa a ir al encuentro de las cosas particulares debe tambi\u00e9n desprendernos de ellas, pero atraves\u00e1ndolas y yendo m\u00e1s all\u00e1, hasta el absoluto que las sostiene, hasta la fuente de luz que las ilumina\u00bb. De hecho, tambi\u00e9n como naturaleza es alabada la muerte, el acontecimiento que en una perspectiva dionis\u00ed\u00adaca representa el colmo de la represividad, pero que en clave cristiana se convierte en advertencia sapiencial; tanto m\u00e1s que ahora podemos sustituir la perspectiva de la muerte individual -propia de san Francisco- por la de la muerte colectiva, que nuestro tiempo ha hecho presente. \u00abEn el pasado, el hombre hab\u00ed\u00ada visto en la naturaleza la manifestaci\u00f3n de lo divino, y muchas veces la hab\u00ed\u00ada divinizado con &#8216;temor y temblor. Hoy.., la posibilidad del desenlace apocal\u00ed\u00adptico transfiere \u00faltimamente el &#8216;temor y el temblor&#8217; de la naturaleza al hombre mismo, porque se ha convertido en creador, pero, a la vez, precisamente por ser hombre, en destructor&#8230; Violentada y rebajada, alejada y silenciada por el predominio de lo artificial, la naturaleza reafirma en la perspectiva de la actualidad de la muerte su potencia esencial e invencible. Una dimensi\u00f3n fundamental del ser profundo del hombre -su naturaleza falible y mortal- vuelve a emerger por encima de su actividad y voluntad de conquista soberana y traza sus l\u00ed\u00admites irrebasables. Suscitada y mantenida por la esperanza y por la audacia, la evoluci\u00f3n tecnol\u00f3gica, bajo el impulso de la representaci\u00f3n de la muerte, termina, pues, exigiendo el repliegue del hombre, con humildad, a la meditaci\u00f3n de s\u00ed\u00ad y de su propia estructura, para poder renovar esperanzas y audacias realistas, constructivas y no destructivas\u00bb.<\/p>\n<p>\u00bfCu\u00e1les son, en conclusi\u00f3n, las esperanzas del hombre? Las que, si bien se mira, ha indicado siempre la tradici\u00f3n cristiana: la esperanza de poder asumir el mundo mediante el conocimiento; de poder humanizarlo por medio del trabajo, estableciendo su unidad en la del esp\u00ed\u00adritu: todo ello en la profunda convicci\u00f3n de que si el hombre es de verdad el compendio del mundo\u00bb, el microcosmos en el que se refleja el macrocosmos, tambi\u00e9n es cierto que la acci\u00f3n humana se agota con el deseo y la esperanza de un nuevo principio de vida. S\u00f3lo Dios puede continuar la obra del hombre. Y Cristo la contin\u00faa\u00bb.<\/p>\n<p>F. D&#8217;Agostino<br \/>\nII. Dimensi\u00f3n espiritual<br \/>\n1. EL CRISTIANISMO EN EL BANQUILLO &#8211; La ecolog\u00ed\u00ada vinculada a la especie humana es tan singular como esta misma especie. El homo sapiens es la causa y la v\u00ed\u00adctima de las perturbaciones del planeta tierra. Su especie ha tenido demasiado \u00e9xito; con la supertecnolog\u00ed\u00ada, la humanidad ha agredido irresponsablemente a la estructura c\u00f3smica, biol\u00f3gica, qu\u00ed\u00admica y f\u00ed\u00adsica del sistema natural que la ha producido. Ahora la raza humana cae en la cuenta de que se encuentra al borde de la cat\u00e1strofe. Si equivoca la \u00faltima prueba de inteligencia, entregar\u00e1 a las generaciones futuras un planeta ya inhabitable.<\/p>\n<p>La amenaza est\u00e1 encima; por eso las discusiones sobre la ecolog\u00ed\u00ada se realizan bajo el signo de la urgencia. A los ecologistas les gusta recurrir a las im\u00e1genes de la encrucijada fat\u00ed\u00addica&#8217;. Son discusiones en que la pasi\u00f3n le disputa el primado a la raz\u00f3n. No solamente porque lo que est\u00e1 en juego es el futuro mismo de la especie, sino tambi\u00e9n porque en el debate est\u00e1n impl\u00ed\u00adcitos intereses partidistas, supuestos ideol\u00f3gicos diversos y modelos antropol\u00f3gicos inconciliables. La primera parte de esta voz lo ha documentado. La gravedad del momento es tal que, por divergentes que puedan ser las opciones, no puede rechazarse ninguna aportaci\u00f3n. Es hora de movilizaci\u00f3n general. Gobiernos, instituciones internacionales, agrupaciones religiosas est\u00e1n tomando conciencia de la tarea que le espera a cada uno. En estos \u00faltimos a\u00f1os se han sucedido sin parar las intervenciones a todos los niveles de autoridad. No puede sorprender que tambi\u00e9n el cristianismo sea citado a juicio.<\/p>\n<p>Sin embargo, la apelaci\u00f3n al cristianismo no es del todo pacifista. En efecto, algunos atribuyen a la religi\u00f3n judeo-cristiana la responsabilidad moral de la desacralizaci\u00f3n de la naturaleza en el mundo occidental. La teor\u00ed\u00ada tiene una ascendencia cultural digna de todo respeto. Max Weber fue el primero en hablar de la liberaci\u00f3n de la naturaleza de sus acentos sacros por obra de la religi\u00f3n b\u00ed\u00adblica como de un \u00abdesencanto\u00bb. Tal desencanto, entendido no como desilusi\u00f3n, sino como acercamiento a la naturaleza con un intento operativo, habr\u00ed\u00ada creado la condici\u00f3n preliminar absoluta para el desarrollo de la mentalidad cient\u00ed\u00adfica y de la t\u00e9cnica. El desencanto de la naturaleza producido por la fe en la creaci\u00f3n ha sido se\u00f1alado como uno de los elementos esenciales de la secularizaci\u00f3n&#8217;. No faltan te\u00f3logos que, leyendo la Biblia desde este \u00e1ngulo, advierten en el modo como el libro del G\u00e9nesis relata la creaci\u00f3n una especie de \u00abpropaganda atea\u00bb, orientada a demostrar como inconsistente la visi\u00f3n m\u00e1gica que contempla la naturaleza como una fuerza semidivina.<\/p>\n<p>La teor\u00ed\u00ada de que el origen del malestar ecol\u00f3gico est\u00e1 en la actitud frente a la naturaleza promovida por la religi\u00f3n judeo-cristiana se puso de moda durante los a\u00f1os sesenta en la formulaci\u00f3n expuesta por el historiador americano Lyn White. Su conferencia sobre las ra\u00ed\u00adces hist\u00f3ricas de la crisis ecol\u00f3gica&#8217; fue reproducida no s\u00f3lo por las revistas cient\u00ed\u00adficas, sino incluso en los diarios de la cultura hippy. De ah\u00ed\u00ad la gran popularidad de la tesis. Esta, en sustancia, viene a afirmar que la tecnolog\u00ed\u00ada modernaes en gran parte expresi\u00f3n del credo judeo-cristiano, que atribuye al hombre el dominio de la naturaleza. Las ense\u00f1anzas de la Biblia justificar\u00ed\u00adan el que el hombre occidental no haya tenido escr\u00fapulos en usar los recursos de la tierra para sus intereses ego\u00ed\u00adstas, aunque ello haya supuesto violentar la tierra.<\/p>\n<p>Particularmente relevante para la espiritualidad cristiana es la conclusi\u00f3n que sacaba White de su investigaci\u00f3n hist\u00f3rica. Puesto que las ra\u00ed\u00adces de la crisis ambiental son en gran parte de tipo religioso, deduc\u00ed\u00ada que tambi\u00e9n el remedio debe ser sustancialmente religioso. No basta recurrir a la ciencia o a la tecnolog\u00ed\u00ada para reparar los errores ecol\u00f3gicos; hay que bajar al hombre del trono desde el que domina la creaci\u00f3n y abandonar nuestra actitud opresiva frente a la naturaleza. La \u00fanica soluci\u00f3n adecuada puede ser la vuelta a la actitud humilde de los primeros franciscanos. \u00abPropongo que Francisco sea el santo patrono de los ec\u00f3logos\u00bb, terminaba el ensayo de White.<\/p>\n<p>Formulada en t\u00e9rminos tan extremistas, resulta muy dif\u00ed\u00adcil demostrar la teor\u00ed\u00ada de que la religi\u00f3n judeo-cristiana es responsable del desarrollo de la tecnolog\u00ed\u00ada y de la crisis ecol\u00f3gica. Los simpatizantes del cristianismo secular, que aceptan de buen grado el que se endose al cristianismo el cariz asumido por el mundo moderno, distinguen las potencialidades positivas de la fe en la creaci\u00f3n de las aberraciones contingentes. En este sentido afirma Cox: \u00abEs verdad, como algunos escritores modernos han se\u00f1alado, que la actitud humana hacia la naturaleza desencadenada a veces ha mostrado elementos de vindicaci\u00f3n. Al igual que un ni\u00f1o repentinamente liberado del control paternal, adopta un orgullo salvaje al hacer a\u00f1icos la naturaleza y brutalizarla. Esta es quiz\u00e1 una forma de revancha de un antiguo prisionero contra su captor, pero es esencialmente una fase pueril e incuestionablemente pasajera. El hombre secular maduro ni reverencia ni destroza la naturaleza. Su labor es atenderla y hacer uso de ella, asumir la responsabilidad asignada al hombre, Ad\u00e1n\u00bb&#8217;. En t\u00e9rminos teol\u00f3gicos: es verdad que algunos cristianos se remiten a las palabras b\u00ed\u00adblicas: \u00abSometed la tierra\u00bb (G\u00e9n 1,28), creyendo poder fundar en ellas la pretensi\u00f3n de un dominio absoluto de la naturaleza, pero se trata de una exposici\u00f3n mutilada de la doctrina b\u00ed\u00adblica, la cual, junto al someter, habla tambi\u00e9n de \u00abcultivar y guardar\u00bb la tierra (G\u00e9n 2,15). Sin esta dial\u00e9ctica, el mensaje b\u00ed\u00adblico queda falseado.<\/p>\n<p>Trasladada al plano hist\u00f3rico, esta doble actitud se traduce en la dial\u00e9ctica entre \u00abconservaci\u00f3n franciscana\u00bb y \u00aborganizaci\u00f3n benedictina\u00bb, para decirlo con los t\u00e9rminos del bi\u00f3logo Ren\u00e9 Dubus. En una consideraci\u00f3n m\u00e1s equilibrada, atribuir la responsabilidad de la brutalidad frente a la naturaleza a la religi\u00f3n judeo-cristiana aparece como una verdad hist\u00f3rica a medias. En realidad, en todas las \u00e9pocas y en todo el mundo las imprudentes intervenciones humanas en relaci\u00f3n con la naturaleza han tenido consecuencias desastrosas. El proceso se inici\u00f3 mucho antes de que se escribiese la Biblia.<\/p>\n<p>Dubos prueba irrebatiblemente que siempre y en todas partes los hombres han saqueado la naturaleza, perturbando el equilibrio ecol\u00f3gico; a menudo por ignorancia, pero tambi\u00e9n por preocuparse m\u00e1s de las ventajas inmediatas que de los resultados a largo plazo. Adem\u00e1s, no pod\u00ed\u00adan prever que se estaba preparando el desastre ecol\u00f3gico, ni pod\u00ed\u00adan escoger entre una gama de alternativas amplia. Si la acci\u00f3n de los hombres es hoy m\u00e1s destructiva que en el pasado, los motivos hay que buscarlos en el hecho de que ha aumentado su n\u00famero y de que los medios de destrucci\u00f3n de que disponen son mucho m\u00e1s poderosos que antes, y no en la influencia ejercida por la Biblia. De hecho, los pueblos judeo-cristianos fueron quiz\u00e1 los primeros en preocuparse ampliamente de intervenir en forma correcta en el ambiente natural y de elaborar una \u00e9tica de la naturaleza.<\/p>\n<p>Est\u00e1 justificada la referencia simb\u00f3lica a Francisco de As\u00ed\u00ads en orden a mantener una actitud respetuosa y cuidadosa con la naturaleza en su integridad. Tenemos necesidad, hoy m\u00e1s que nunca, de espacios naturales incontaminados, y no s\u00f3lo por razones ecol\u00f3gicas, sino tambi\u00e9n est\u00e9ticas y espirituales. Pero no hay que olvidar a Benito de Nursia. El monaquismo medieval parece que tom\u00f3 como regla el cap\u00ed\u00adtulo segundo del G\u00e9nesis. Con su trabajo, los monjes estructuraban de modo creativo la relaci\u00f3n entre el hombre y la naturaleza. Talaban, desecaban pantanos, encauzaban r\u00ed\u00ados, creaban fuentes de energ\u00ed\u00ada; gracias a su trabajo, la tierra se hizo m\u00e1s habitable para el hombre. La naturaleza era humanizada; el hombre, al transformar la naturaleza, realizaba su propia humanidad. La concepci\u00f3n fatalista del hombre y de la naturaleza como dos mundos antag\u00f3nicos era completamente ajena a esta cultura. El trabajo para los monjes no era s\u00f3lo un medio para vencer la tentaci\u00f3n de la pereza, sino una verdadera y aut\u00e9ntica \u00abliturgia\u00bb. Colaborando con Dios en mejorar la creaci\u00f3n, alababan al Se\u00f1or y serv\u00ed\u00adan a los hermanos. Tambi\u00e9n esta tradici\u00f3n de una gesti\u00f3n creativa de la tierra forma parte del patrimonio espiritual cristiano; las ense\u00f1anzas de san Benito son tan importantes como las de san Francisco para la vida humana en el mundo moderno.<\/p>\n<p>Citando de nuevo a Dubos: \u00abEl apasionado respeto contemplativo de Francisco de As\u00ed\u00ads frente a la naturaleza vive todav\u00ed\u00ada hoy en la conciencia de la afinidad entre el hombre y todas las cosas vivientes y en el movimiento para la conservaci\u00f3n del ambiente natural. Mas el respeto no basta, porque el hombre no ha sido jam\u00e1s un testimonio pasivo. Cambia el ambiente con su misma presencia, y las dos \u00fanicas alternativas posibles de su relaci\u00f3n con la tierra son la destrucci\u00f3n o la construcci\u00f3n. Para ser creador, el hombre debe acercarse a la naturaleza con los sentidos, adem\u00e1s de la sensatez; con el coraz\u00f3n, adem\u00e1s de la experiencia. Debe saber leer el libro de la naturaleza sin tenerse en cuenta a s\u00ed\u00ad y a su esencia, para descubrir all\u00ed\u00ad los esquemas y las armon\u00ed\u00adas comunes.<\/p>\n<p>Las cuestiones que se formulan al cristianismo son serias. Si resiste a la tentaci\u00f3n de responder a la pol\u00e9mica con la apolog\u00e9tica, es posible entablar un di\u00e1logo serio con cuantos est\u00e1n convencidos de que no se sale de la actual crisis ecol\u00f3gica con simples remiendos tecnol\u00f3gicos aplicados a los s\u00ed\u00adntomas m\u00e1s fastidiosos. Es necesaria una movilizaci\u00f3n de todas las fuerzas espirituales de la humanidad.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n eminentes hombres de ciencia dejan o\u00ed\u00adr hoy sus llamadas a la sabidur\u00ed\u00ada, es decir, a ese \u00e1mbito en que durante siglos se han movido los humanistas. \u00ab\u00bfQui\u00e9n sobrevivir\u00e1?\u00bb, se pregunta Jonas Salk, el cient\u00ed\u00adfico americano famoso por sus investigaciones sobre la poliomielitis. Su respuesta es: los m\u00e1s sabios. \u00abPara que mejore la calidad de la vida y para la supervivencia, la humanidad habr\u00e1 de respetar a los sabios y esperar que el individuo se comporte como si lo fuese\u00bb. La sabidur\u00ed\u00ada, entendida como un nuevo tipo de fuerza, es una necesidad suprema para el hombre; es, en definitiva, un nuevo estilo de adaptaci\u00f3n.<\/p>\n<p>La supervivencia de los m\u00e1s sabios no significa s\u00f3lo que sobrevivir\u00e1 el que est\u00e9 dotado de mayor discernimiento, sino tambi\u00e9n que la supervivencia del hombre, con una vida de alta calidad, depende de que prevalezca el respeto a la sabidur\u00ed\u00ada. \u00abDebemos mirar -propone Salk- a aquellos de nosotros que est\u00e1n en contacto m\u00e1s estrecho con la fuente impenetrable de la creatividad en la especie humana para una comprensi\u00f3n de las obras de la naturaleza y una penetraci\u00f3n en su `juego&#8217;, ya que entramos en una \u00e9poca en la que se requieren nuevos valores para llevar a cabo ya sea las opciones de necesidad inmediatas, ya las de implicaciones remotas\u00bb<br \/>\nLa lucha por la supervivencia parece haberse desplazado de la relaci\u00f3n entre el hombre y la naturaleza (supervivencia de los m\u00e1s fuertes en sentido darwiniano) a la interioridad de la misma especie humana. Lo que llamamos humanidad aparece como un c\u00famulo de numerosas \u00abespecies\u00bb, cada una de las cuales mira a la otra con suspicacia y la combate. El conflicto entre las diversas culturas es, en el fondo, un conflicto entre diversos modos de enfocar la relaci\u00f3n entre el hombre y la naturaleza. Es la hora de la lucha abierta de los valores. De que prevalezca la sabidur\u00ed\u00ada, entendida como fuerza en favor de la salud, la vide y la evoluci\u00f3n, depende la supervivencia de la humanidad.<\/p>\n<p>En este concierto polif\u00f3nico de b\u00fasqueda de la sabidur\u00ed\u00ada, el cristianismo puede aportar su contribuci\u00f3n espec\u00ed\u00adfica. No se esperan de \u00e9l soluciones pol\u00ed\u00adticas -las cuales, aunque necesarias, son en s\u00ed\u00ad insuficientes- y ni siquiera el apoyo a una u otra de las ideolog\u00ed\u00adas que se enfrentan en el debate. La tarea espec\u00ed\u00adfica de la comunidad cristiana es \u00e9tica y espiritual. Su aportaci\u00f3n consiste en la revisi\u00f3n de los mitos que refuerzan la relaci\u00f3n patol\u00f3gica de los hombres con la naturaleza, y en la proposici\u00f3n de un estilo global de vida en que se reconozca a la autolimitaci\u00f3n asc\u00e9tica el puesto debido. Esto no significa esquivar los problemas propuestos por la supervivencia del hombre en la tierra, sino intervenir positivamente en la ra\u00ed\u00adz de los males.<\/p>\n<p>2. LA REVISI\u00ed\u201cN DE LOS MITOS &#8211; El t\u00e9rmino \u00ab\u00e9tica\u00bb va unido, en el uso corriente, al comportamiento moral, que tiene su origen en una motivaci\u00f3n de conciencia. Este es su significado moderno. M. Heidegger ha observado que en la ra\u00ed\u00adz griega la palabra ten\u00ed\u00ada, en cambio, una resonancia c\u00f3smica. Ethos dec\u00ed\u00ada relaci\u00f3n al lugar en que el hombre vive, y h\u00e1bita y pasa el tiempo. La \u00e9tica ser\u00ed\u00ada entonces la reflexi\u00f3n, inspirada en la sabidur\u00ed\u00ada, sobre la estancia del hombre y su comportamiento adecuado a ese habitar. No se trata de puras sutilezas filol\u00f3gicas. El recurso a la valencia originaria c\u00f3smica de la \u00e9tica nos obliga a tomar conciencia, por contraste, de que la reflexi\u00f3n moral del hombre occidental moderno ha descuidado completamente la relevancia \u00e9tica de cuanto no se refiere al hombre en primera persona. En torno al hombre encontramos s\u00f3lo otros hombres; despu\u00e9s, el vac\u00ed\u00ado. La tecnolog\u00ed\u00ada parece haber causado una regresi\u00f3n del horizonte \u00e9tico y, en consecuencia, de los sentimientos humanos. Es como si nuestra dimensi\u00f3n \u00f3ptica se limitase a cuanto se halla delante de nuestra mirada, pero s\u00f3lo a la altura del hombre. Muchas cosas se nos escapan, tanto hacia arriba como hacia abajo. En particular, el hombre occidental no siente una obligaci\u00f3n \u00e9tica frente a los animales y las plantas, ni se representa a la naturaleza como una entidad de la que puede surgir una interpelaci\u00f3n. El di\u00e1logo con la naturaleza no forma parte del ethos del hombre secular. Lo deja gustoso a aquellas religiones ahist\u00f3ricas que a\u00fan no se han sustra\u00ed\u00addo a lo fascinosum y tremendum de lo sagrado percibido en los acontecimientos naturales; o a los artistas rom\u00e1nticos, para los cuales la vivencia m\u00e1s embriagadora es el cortejo de la naturaleza; o tambi\u00e9n a los m\u00ed\u00adsticos, con toda la habitual desconfianza (de ello da fe el doloroso caso humano e intelectual de Teilhard de Chardin).<\/p>\n<p>La restricci\u00f3n de la \u00e9tica a las relaciones entre seres humanos no ha llevado a un crecimiento cualitativo de la sensibilidad moral; muy al contrario. La conciencia de la mayor\u00ed\u00ada ha quedado tan anestesiada, que ni siquiera advierten los casos m\u00e1s estridentes de inmoralidad. Pi\u00e9nsese en todo el tr\u00e1gico cap\u00ed\u00adtulo de la relaci\u00f3n del hombre con los animales. A. Schweitzer, en su apasionada denuncia de la inhumanidad de una \u00e9tica que s\u00f3lo se ocupa de los seres humanos\u00bb, sigue siendo una voz que clama en el desierto. Entretanto, contin\u00faan acept\u00e1ndose sin pesta\u00f1ear pr\u00e1cticas absurdas y brutales, como las torturas infligidas a animales so pretexto de investigaci\u00f3n cient\u00ed\u00adfica. Se ha calculado que la pr\u00e1ctica de la vivisecci\u00f3n ocasiona en todo el mundo la muerte entre atroces sufrimientos a un n\u00famero de animales que oscila en torno al medio mill\u00f3n al d\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>El ethos del hombre occidental se ha considerado menos obligado todav\u00ed\u00ada hacia los otros habitantes de su casa, es decir, las plantas y la naturaleza inanimada. Al hombre le ha emborrachado el orgullo de sentirse sujeto, dotado de poderes arbitrarios sobre el objeto-naturaleza (la f\u00f3rmula cartesiana suena literalmente: maitres et possesseurs de la nature). Cuando la t\u00e9cnica ha multiplicado su poder, ha llegado precipitadamente a la bancarrota actual.<\/p>\n<p>La crisis ecol\u00f3gica seguir\u00e1 agrav\u00e1ndose si no forman parte constitutiva de la \u00e9tica valores positivos que integren entre s\u00ed\u00ad a los hombres y a la naturaleza. Prerrequisito esencial para ello es abatir el mito antropoc\u00e9ntrico, que hace al horno faber prisionero de la torre de marfil que se ha construido. Frente a la tierra, el hombre tiene todav\u00ed\u00ada una actitud que, por analog\u00ed\u00ada, podr\u00ed\u00adamos calificar de ptolomaica. Es necesario que se a\u00f1ada a la \u00abrevoluci\u00f3n copernicana\u00bb un nuevo cap\u00ed\u00adtulo: que el hombre deje de concebirse inm\u00f3vil en el centro, con la naturaleza a sus pies. El hombre y la naturaleza deben referirse juntos al sol constituido por la gran aventura de la vida.<\/p>\n<p>La naturaleza puede ser partner del hombre\u00bb. Esta afirmaci\u00f3n ha perdido su evidencia para el hombre tecnol\u00f3gico. M\u00e1s a\u00fan, ni siquiera ve su sentido. En cambio, ocurre lo contrario en muchos pueblos subdesarrollados, que han conservado una relaci\u00f3n bilateral con el cosmos y, en consecuencia, una sabidur\u00ed\u00ada ecol\u00f3gica. \u00bfNo ser\u00e1 acaso el papel hist\u00f3rico de los pueblos subdesarrollados civilizar, desde este punto de vista, a los pueblos desarrollados?<br \/>\nPara que se establezca una nueva relaci\u00f3n con la naturaleza, es necesario revolucionar los m\u00f3dulos expresivos que nos son familiares. Basta pensar en la euforia por la \u00abconquista\u00bb de la luna y en la contribuci\u00f3n de la ret\u00f3rica de ocasi\u00f3n al mito prometeico. El acceso a la nueva \u00e9tica se realiza por la puerta baja de la humildad. Es duro para el hombre, que se ha separado de la naturaleza y se ha contrapuesto a ella, admitir que es uno de los numerosos intentos experimentales de la misma naturaleza; como experimento, es el m\u00e1s reciente y pertenece ciertamente a los planes m\u00e1s arriesgados de la naturaleza. Debe temer que, como ya antes que \u00e9l otras muchas especies, pueda ser expulsado de la evoluci\u00f3n cual intento abortado. El reajuste de la relaci\u00f3n con la naturaleza a nivel \u00e9tico no es s\u00f3lo una medicina amarga que la humanidad debe deglutir si quiere curar de sus males. Al tratar a la naturaleza como partner, el hombre se beneficiar\u00e1 de una comprensi\u00f3n m\u00e1s profunda de la misma naturaleza. Pues s\u00f3lo se puede comprender lo que se toma en serio. El beneficio personal ser\u00e1 aquella particular sabidur\u00ed\u00ada del hombre que vive en simbiosis con la naturaleza, de la cual existe una vaga nostalgia\u00bb<br \/>\nLa sabidur\u00ed\u00ada que se puede aprender de la naturaleza no es s\u00f3lo la instintiva, representada por el hombre que vive en contacto con la naturaleza haciendo uso de sus cinco sentidos no atrofiados. Hoy es sobre todo a trav\u00e9s de la ciencia como el hombre puede aprender la sabidur\u00ed\u00ada de la naturaleza. No s\u00f3lo la tecnolog\u00ed\u00ada es fruto del desarrollo de la ciencia, sino tambi\u00e9n un mejor conocimiento del hombre y del universo que le rodea. El curso de los acontecimientos futuros puede verse influido de manera decisiva por el conocimiento de la \u00absabidur\u00ed\u00ada\u00bb de la naturaleza, que nos ayudar\u00e1 a escoger entre las diversas alternativas. Por la v\u00ed\u00ada sapiencial se est\u00e1n poniendo a punto eminentes hombres de ciencia.<\/p>\n<p>La religi\u00f3n judeo-cristiana armoniza sin violencia con esta nueva \u00e9tica ecol\u00f3gica. Adem\u00e1s de la categor\u00ed\u00ada b\u00ed\u00adblica del hombre guardi\u00e1n de la naturaleza, se puede inspirar en la noci\u00f3n de \u00abalianza\u00bb. En el mundo religioso de la Biblia no s\u00f3lo existe la alianza particular con Abrah\u00e1n y su descendencia en orden a la historia de la salvaci\u00f3n, que conduce a Cristo. Hay tambi\u00e9n una alianza universal de Dios con todos los hombres, que se refleja en la estabilidad y en el orden de lo creado. Su expresi\u00f3n es la alianza con No\u00e9 (cf G\u00e9n 9,8-13). De esta alianza, la imaginaci\u00f3n destaca su signo simb\u00f3lico, el arco iris. Pero, como todas las alianzas b\u00ed\u00adblicas, tambi\u00e9n ella contiene la promesa de otros signos reales. Son las \u00abbendiciones\u00bb. Estas presentan un car\u00e1cter concreto y un alcance c\u00f3smico; consisten en seguridad, felicidad, salud, fertilidad del suelo, armon\u00ed\u00ada con el mundo animal. A la humanidad entera la alianza le promete quevivir en la tierra en el orden universal constituir\u00e1 la bendici\u00f3n del Se\u00f1or. En el anuncio de esta alianza encuentra el cristianismo la base para proponer una nueva relaci\u00f3n con la naturaleza en lugar del antropocentrismo, que conduce a la esquizofrenia.<\/p>\n<p>Un segundo aspecto de la \u00e9tica contempor\u00e1nea necesitado de una urgente revisi\u00f3n de rumbo es el del mito del progreso. La utop\u00ed\u00ada progresista, que desde hace dos siglos embriaga el pensamiento occidental, se identifica cada vez m\u00e1s con metas de orden cuantitativo. De las conquistas en el orden de la libertad civil y de conciencia se ha pasado al dominio cada vez m\u00e1s f\u00e9rreo de la naturaleza; el \u00faltimo paso lo constituye el ideal de la abundancia de bienes, de la multiplicaci\u00f3n de necesidades y de la consiguiente escalation del consumo.<\/p>\n<p>El \u00abevangelio\u00bb de esta religi\u00f3n consumista s\u00f3lo conoce una bienaventuranza: bienaventurado el que posee. Un mensaje t\u00e1cito est\u00e1 en la base de todos los anuncios publicitarios: \u00abS\u00f3lo te falta una cosa para ser feliz; ve, c\u00f3mprala y quedar\u00e1s satisfecho\u00bb.<\/p>\n<p>La promesa de la felicidad, ligada a los productos de la sociedad de consumo, arrastra al hombre a un abismo sin fondo. En efecto, es imposible satisfacer las necesidades propiamente humanas (necesidades espirituales, necesidad de vivir la fiesta, exigencia de gratuidad y de amor) si primero no se han satisfecho las necesidades de base biol\u00f3gica. Ahora bien, en la sociedad del bienestar (conocida ya como la aflluent society) las necesidades primarias est\u00e1n hipertrofiadas, de suerte que no se llega nunca a su plena satisfacci\u00f3n. La mejora de las condiciones de vida s\u00f3lo satisface temporalmente. Al sentirse desequilibrado, el hombre vuelve a las necesidades primarias y pide cada vez m\u00e1s: m\u00e1s bienes de consumo, salarios m\u00e1s altos para comprarlos y, para ello, m\u00e1s trabajo&#8230;<\/p>\n<p>Desde hace algunos a\u00f1os, un movimiento de protesta atraviesa esta sociedad, fundada sobre el mito del progreso entendido como crecimiento cuantitativo. Ya antes de que el Club de Roma denunciase que el crecimiento tiene l\u00ed\u00admites intr\u00ed\u00adnsecos a las posibilidades naturales, miles de j\u00f3venes de todo el mundo se alejaron del tipo de vida establecido por la civilizaci\u00f3n occidental. Nacieron las contraculturas\u00bb. Su denominador com\u00fan: la denuncia de una felicidad basada en el tener, en lugar del ser. Y no s\u00f3lo del ser ma\u00f1ana (como expresi\u00f3n de una confianza en la perfectibilidad de la naturaleza humana y en la posibilidad de recrear el para\u00ed\u00adso en la tierra, identificado com\u00fanmente como ideal de vida \u00abamericano\u00bb), sino del ser hoy, en el \u00abaqu\u00ed\u00ad y ahora\u00bb. Bajo la bandera de la \u00abcalidad de la vida\u00bb, las contraculturas libran valerosas batallas para despedazar el mecanismo frustrador de la civilizaci\u00f3n de consumo y para librarse de los deseos artificialmente suscitados por la persuasi\u00f3n oculta, los cuales no responden a necesidades reales. Se abren senderos nuevos para satisfacer las necesidades m\u00e1s propias del hombre: la necesidad de amar sin hipocres\u00ed\u00ada, la necesidad de ser libre derribando los muros invisibles de la prisi\u00f3n edificada por la dependencia de los bienes de consumo; la necesidad de crear por el placer del acto creador y no por obedecer al mito de la eficiencia; la necesidad de contemplar y de adorar [Sobre las contraculturas Cuerpo I, 1]. En esta b\u00fasqueda multiforme, el cristianismo puede insertarse de dos maneras. Negativamente, desenmascarando el culto del crecimiento cuantitativo como religi\u00f3n subyacente e inconfesada de nuestro tiempo; positivamente, con el fermento del esp\u00ed\u00adritu de las bienaventuranzas. Los hombres afectados por el anuncio de Cristo encuentran una dimensi\u00f3n de crecimiento totalmente diversa de la que nutre el mito del progreso. Al caminar en pos de \u00e9l descubren que aquellas \u00abcosas mayores\u00bb prometidas a Natanael (cf Jn 1,50) est\u00e1n a disposici\u00f3n tambi\u00e9n de cuantos, libr\u00e1ndose de la fascinaci\u00f3n de los \u00abpluses\u00bb materiales, se abren al \u00abplus\u00bb de amor y de creatividad en las relaciones interpersonales. Un crecimiento en este sentido, adem\u00e1s de ser perfectamente \u00abecol\u00f3gico\u00bb, satisface las necesidades m\u00e1s aut\u00e9nticas de la persona humana.<\/p>\n<p>3. ASCETICA VOLUNTARIA &#8211; El hombre que podr\u00e1 habitar en la tierra de ma\u00f1ana ser\u00e1 el que obedezca a una nueva \u00e9tica. Su ethos ser\u00e1 ecol\u00f3gico; dejar\u00e1 de sentirse protagonista \u00fanico del problema de la vida e identificar\u00e1 la realizaci\u00f3n de si mismo con la plena expansi\u00f3n de todas sus capacidades propias, y no con la posesi\u00f3n de una mayor cantidad de bienes. La nueva \u00e9tica inspirar\u00e1 un nuevo estilo de vida, es decir, una nueva espiritualidad. Hay que darse cuenta de que la palabra \u00abespiritualidad\u00bb se presta a una ampliaci\u00f3n rom\u00e1ntica. En el pasado indic\u00f3 las m\u00e1s de las veces el esfuerzo reflexivo y \u00e9tico que los individuos dedicaban a s\u00ed\u00ad mismos en orden a un perfeccionamiento personal. Aqu\u00ed\u00ad, en cambio, entendemos la actitud suscitada por la preocupaci\u00f3n ecol\u00f3gica y por el inter\u00e9s por la calidad de la vida. La novedad viene determinada sobre todo por el hecho de que la espiritualidad no mira solamente a la relaci\u00f3n del hombre consigo mismo, sino que incluye adem\u00e1s la relaci\u00f3n con la naturaleza. En todo caso, entendemos la espiritualidad no en el sentido gen\u00e9rico de sabidur\u00ed\u00ada -en la acepci\u00f3n de Salk, por ejemplo-, sino en el sentido espec\u00ed\u00adfico de un comportamiento inspirado en un mensaje religioso.<\/p>\n<p>Cualquier forma de espiritualidad cristiana es siempre, en su esencia, un seguimiento de Cristo [>Consejos evang\u00e9licos 1, 5]. Es \u00e9ste el elemento com\u00fan que unifica experiencias tan diversas como el monaquismo egipcio, los movimientos pauperistas medievales [>Hombre evang\u00e9lico I], las congregaciones dedicadas a la asistencia o los >institutos seculares. Lo que las diferencian son los diversos contextos hist\u00f3ricos y, sobre todo, la prioridad dada a uno u otro aspecto de la respuesta a la llamada de Dios.<\/p>\n<p>En el contexto hist\u00f3rico contempor\u00e1neo, parece imponerse espont\u00e1neamente una espiritualidad que concede un lugar privilegiado a la autolimitaci\u00f3n. Se trata de unas \u00abpalabras duras\u00bb para los disc\u00ed\u00adpulos de Cristo, no menos que para el \u00abmundo\u00bb. Sobre la asc\u00e9tica y sobre la renuncia pesan hoy graves hipotecas. No puede considerarlas como valores una sociedad industrializada que parece mantenerse en movimiento s\u00f3lo si no se detiene nunca la cinta de transmisi\u00f3n que une producci\u00f3n y consumo. All\u00ed\u00ad donde se identifica el status social con la cantidad de bienes que pueden despilfarrarse y con el standard de vida cada vez m\u00e1s elevado, no se puede comprender que la renuncia no es una perversi\u00f3n masoquista, sino un medio de garantizar la identidad personal y la liberaci\u00f3n interior.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n en el \u00e1mbito cristiano existe una cierta desconfianza respecto al ascetismo. La reforma protestante lo rechaz\u00f3 pol\u00e9micamente, porque individualiz\u00f3 en \u00e9l un intento de autorredenci\u00f3n por medio de las buenas obras que oscurec\u00ed\u00ada el principio evang\u00e9lico de la sola gratia. La Iglesia cat\u00f3lica ha atribuido durante mucho tiempo gran importancia a las \u00e9pocas de ayuno, a la abstinencia de carne el viernes, a la cuaresma y a las diversas formas de penitencia. Importancia a veces francamente exagerada, puesto que serv\u00ed\u00ada m\u00e1s para identificar socialmente a los fieles practicantes que para expresar valores evang\u00e9licos. El hecho es que estas pr\u00e1cticas tradicionales han deca\u00ed\u00addo en el curso de muy pocos a\u00f1os. Y nadie parece echarlas de menos.<\/p>\n<p>Justamente ahora, parad\u00f3jicamente, aparece en nuestra cultura la necesidad de revalorizar la asc\u00e9tica. Y no ya s\u00f3lo como opci\u00f3n individual, sino como decisi\u00f3n libre, que implica a todo el organismo social. Una cuaresma de todos, pues, libre y para todo el a\u00f1o.<\/p>\n<p>Una autolimitaci\u00f3n com\u00fan bajo el signo de la libertad. Este \u00faltimo elemento es de la mayor importancia, porque distingue la asc\u00e9tica propuesta por la espiritualidad cristiana de eventuales soluciones de emergencia, que podr\u00ed\u00adan imponerse para precipitar los acontecimientos. Los t\u00e9cnicos en biolog\u00ed\u00ada y econom\u00ed\u00ada dan ya fechas aproximadas sobre cu\u00e1ndo se podr\u00e1n alcanzar los l\u00ed\u00admites de ruptura de los equilibrios ecol\u00f3gicos. Pero una fecha con m\u00e1s poder evocador que la prevista por los cient\u00ed\u00adficos es el fat\u00ed\u00addico 1984, en el que George Orwell ha localizado el mundo totalitario que su fantas\u00ed\u00ada ha previsto. \u00bfNo podr\u00ed\u00ada imponer la renuncia a todos un \u00abGran Hermano\u00bb al que los hombres, desesperando de las posibilidades ofrecidas por el juego de las libres voluntades, encargar\u00ed\u00adan la gesti\u00f3n social a cambio de la supervivencia? Ser\u00ed\u00ada el fin de la tradici\u00f3n humanista de Occidente; en cuanto al cristianismo, deber\u00ed\u00ada ver en ese poder totalitario la caricatura m\u00e1s blasfema del Dios de la alianza. La menci\u00f3n del mundo orwelliano nos obliga a tomar conciencia de la alternativa que podr\u00ed\u00ada plante\u00e1rsele a la humanidad a corto plazo: o ascesis libre o renuncia forzosa bajo un totalitarismo tecnol\u00f3gico.<\/p>\n<p>Se quiera o no, tenemos que entrar en la era de la limitaci\u00f3n. El carisma del cristianismo en esta hora hist\u00f3rica puede ser el de recordar los valores positivos de la renuncia. Ha habido, es cierto, \u00e9pocas y movimientos para los cuales la ascesis autopunitiva parece que se convirti\u00f3 en fin en s\u00ed\u00ad misma. Esta concepci\u00f3n debe considerarse una aberraci\u00f3n si se la relaciona con el esp\u00ed\u00adritu evang\u00e9lico, que establece la equivalencia de la asc\u00e9tica con el seguimiento de Cristo. El, en efecto, llama a la vida (cf Jn 20,31). Por eso la asc\u00e9tica para el cristiano est\u00e1 orientada a la plena realizaci\u00f3n de la existencia humana. Es un elemento importante, que nos permite denunciar los l\u00ed\u00admites de los programas ecol\u00f3gicos, preocupados s\u00f3lo de evitar los peligros de la contaminaci\u00f3n o de mantener la vida humana en condiciones de tolerabilidad. Renuncia constructiva es s\u00f3lo la que mira al desarrollo de las potencias ambientales y humanas, al establecimiento de otros par\u00e1metros de referencia y jerarqu\u00ed\u00adas de valores.<\/p>\n<p>En concreto, la espiritualidad cristiana favorecer\u00e1 la reapropiaci\u00f3n de la existencia individual y de los espacios aptos para el crecimiento. El camino para tal reapropiaci\u00f3n es el que pasa por la oraci\u00f3n y la contemplaci\u00f3n. Ello supone distanciarse del af\u00e1n cotidiano y de la obsesi\u00f3n del m\u00e1ximo rendimiento, y que se abandone el ritmo convulsivo para sintonizar con la serena respiraci\u00f3n de la naturaleza. Hay que considerar como un signo de los tiempos la necesidad de meditaci\u00f3n que se manifiesta en los pa\u00ed\u00adses donde es mayor el stress de la civilizaci\u00f3n industrial. Tambi\u00e9n se recurre ampliamente a la sabidur\u00ed\u00ada y a las t\u00e9cnicas meditativas que son desde hace siglos patrimonio del Oriente [>Budismo; >Espiritualidad contempor\u00e1nea I; >Yoga\/Zen]. Los cristianos, aunque abiertos a toda integraci\u00f3n, no deber\u00ed\u00adan olvidar inspirarse en las formas de meditaci\u00f3n elaboradas por su rica tradici\u00f3n espiritual [>Cuerpo II, 2; >Meditaci\u00f3n].<\/p>\n<p>Adem\u00e1s del camino que conduce a lo profundo del individuo, la espiritualidad cristiana favorecer\u00e1 tambi\u00e9n la implicaci\u00f3n de todos en las preocupaciones de orden ecol\u00f3gico en proporci\u00f3n a la responsabilidad de cada uno. Detr\u00e1s de las voces de alarma se puede a menudo adivinar el inter\u00e9s de los pa\u00ed\u00adses m\u00e1s ricos, que no quieren perder las posiciones de privilegio, por mantener el statu quo. Los disc\u00ed\u00adpulos de Cristo tienen como horizonte la perspectiva prof\u00e9tica de la \u00abtierra de todos\u00bb. Tambi\u00e9n iniciativas humildes -como organizaci\u00f3n de colectas, ayunos y expresiones de solidaridad con los que sufren en el mundo miseria y explotaci\u00f3n- contribuyen a dar a la espiritualidad cristiana la dimensi\u00f3n del mundo total. La comunidad cristiana local, abierta a los problemas de toda latierra, ejerce as\u00ed\u00ad una tarea pedag\u00f3gica; en ella se forma el ciudadano del mundo.<\/p>\n<p>En conclusi\u00f3n, la terapia de los males ecol\u00f3gicos de la hora hist\u00f3rica presente pasa de modo privilegiado por el sendero del esp\u00ed\u00adritu. Es urgente instaurar una \u00e9tica de los l\u00ed\u00admites, de la medida, de la renuncia a perseguir todas las metas t\u00e9cnicamente posibles. M\u00e1s que las alarmas lanzadas por los ecologistas t\u00e9tricos -las cuales, sin embargo, no hay que subestimar-, contribuir\u00e1 a dar forma a la nueva espiritualidad la aportaci\u00f3n positiva de aquellos cristianos que sepan descubrir el valor creativo, para los individuos y para la sociedad, de la asc\u00e9tica voluntaria.<\/p>\n<p>Los humanistas l\u00facidos rehusan, incluso hoy, plegarse a la resignaci\u00f3n fatalista. As\u00ed\u00ad Dubos: \u00abA pesar de los sufrimientos, el pesimismo y las indignidades ocasionadas por los conflictos raciales, por las rivalidades nacionales, por las carest\u00ed\u00adas y la contaminaci\u00f3n, las campanas de pascua suscitan en m\u00ed\u00ad oleadas de esperanza. La experiencia de un d\u00ed\u00ada de primavera basta para darme la seguridad de que, al fin, la vida triunfar\u00e1 sobre la muerte&#8230; Aunque nuestra forma de civilizaci\u00f3n est\u00e9 gravemente enferma, a trav\u00e9s del clima \u00e1rido y desolado de nuestro tiempo est\u00e1 comenzando a surgir un sentimiento de esperanza y de expectativa\u00bb. La fe en la vida que tienen los humanistas es creativa. No lo es menos aquella fe en el Dios de la alianza, que recobra vigor al contemplar el arco iris.<\/p>\n<p>S. Spinsanti<br \/>\nNotas -(1) Una de las expresiones m\u00e1s t\u00ed\u00adpicas e impresionantes de esta posici\u00f3n se encuentra en Plat\u00f3n, Leyes X, 903 b-d: \u00abEl gobernador del universo ha ordenado todas las cosas en consideraci\u00f3n a la excelencia y a la conservaci\u00f3n del todo, y cada una de las partes, en cuanto es posible, posee acci\u00f3n y pasi\u00f3n apropiadas. Sobre \u00e9stas, hasta la \u00faltima porci\u00f3n de ellas, se han designado para presidirlas ministros, que han realizado su perfecci\u00f3n con exactitud infinitesimal. Y una de estas porciones del universo es la tuya, hombre feliz, que, por peque\u00f1a que sea, contribuye al todo y no parece que t\u00fa sepas que esta y cualquier otra creaci\u00f3n ha sido hecha a causa del todo y para que la vida del todo sea feliz: y que t\u00fa has sido creado para el todo y no el todo para ti. Porque todo m\u00e9dico y todo artista h\u00e1biles hacen todas las cosas para el todo, dirigiendo sus esfuerzos al bien com\u00fan, ejecutando la parte para el todo y no el todo para la parte. Y t\u00fa te enojas porque ignoras el hecho de que lo que te ocurre a ti y al universo es lo mejor para ti por cuanto lo permiten las leyes de la creaci\u00f3n com\u00fan\u00bb.-<\/p>\n<p>-(2) Lo que fue el \u00ablimite\u00bb en el pensamiento griego se expresa con precisi\u00f3n en las palabras que J. Burckhardt pon\u00ed\u00ada en labios del Hermes del Vaticano; \u00abNosotros lo tuvimos todo: fulgor de los dioses celestes, belleza, juventud eterna, alegr\u00ed\u00ada indestructible; pero no \u00e9ramos felices, porque no \u00e9ramos buenos\u00bb (cit. por B. Croce, Perch\u00e9 non possiamo non dirci \u00abcristiani\u00bb, en Discorsi di varia filosofia, 1, Laterza, Bari 1959&#8242;. 211). C\u00f3mo la presencia del mal en la naturaleza era contempla-da por los griegos bajo la forma de la fria crueldad, aunque en si no perversa (et inArcadia ego!), o del enigma, lo se\u00f1ala acertadamente G. Colli, El nacimiento de la filosof\u00ed\u00ada, Tusquets, Barcelona 19802.<\/p>\n<p>-(3) Puede parecer que esta afirmaci\u00f3n es gratuita. En efecto, cada vez con mayor frecuencia la cultura laica insiste hoy en hablar de un antinaturalismo cristiano, si no ya de un odio cristiano a la naturaleza y a sus leyes (en especial las del sexo; recu\u00e9rdese la manera terrible con que en su novela Une vie describe Maupassant c\u00f3mo un sacerdote neur\u00f3tico y reprimido da muerte a una perra que se ha convertido para \u00e9l en s\u00ed\u00admbolo de la lujuria, precisamente mientras pare). En realidad, una visi\u00f3n m\u00e1s equilibrada y un estudio m\u00e1s preciso de las fuentes no pueden menos de invertir este juicio y mostrarlo como lo que es, a saber: un pensamiento preconcebido. Para esto puede resultar preciosa la antolog\u00ed\u00ada L&#8217;\u00e9glise el la piti\u00ed\u00ad envers les animaux, Lecoffre-Burn and Oates, Paris-Londres 1908&#8242; (por la se\u00f1ora de Rambures), en la cual se recogen textos antiguos y modernos que muestran c\u00f3mo siempre ha estado presente en la Iglesia, desde sus or\u00ed\u00adgenes, el amor a los animales, criaturas de Dios, seres ciertamente inferiores al hombre, pero que hay que respetar precisamente en virtud de su inferioridad.<\/p>\n<p>BIBL.-AA. VV., San Francisco de As\u00ed\u00ads, patrono de los ecologistas, en \u00abSelec. de Franciscanismo\u00bb, n. 27 (1980). Varios estudios.-Armstrong, A, Saint Francis: Nature Mystic, Univers. of California Press 1973.-Gil, D. H, Tecnolog\u00ed\u00ada, fe y futuro del hombre, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1972.-Gorz, A, Ecolog\u00ed\u00ada y libertad; t\u00e9cnica, t\u00e9cnicos y lucha de clases, Gustavo Gili, Barcelona 1980.-Ehrlich, P. R, Poblaci\u00f3n, recursos, medio ambiente: aspectos de ecolog\u00ed\u00ada humana, Omega, Barcelona 1975.-Hutchinson, G. E, El teatro ecol\u00f3gico y el drama evolutivo, Blume, Barcelona 1979.-Lamela, A, Cosmo\u00ed\u00adsmo y geo\u00ed\u00adsmo, Editora Nacional, Madrid 1976.-Leclerc, E, El C\u00e1ntico de las Criaturas. Ed. Ar\u00e1nzazu, O\u00f1ate 1977.-Odum, E. P, Ecolog\u00ed\u00ada: el v\u00ed\u00adnculo entre las ciencias naturales y sociales, Continental, M\u00e9xico 1979.-Passmore, J, La responsabilidad del hombre frente a la naturaleza y su ambiente, Alianza Editorial, Madrid 1978.-P\u00e9rez y P\u00e9rez, F, Ecolog\u00ed\u00ada y medio ambiente, Centro de Estudios Sociales del Valle de los Ca\u00ed\u00addos, Madrid 1979.-San Mart\u00ed\u00adn, H, Ecolog\u00ed\u00ada humana y salud. El hombre y su ambiente, Prensa M\u00e9dica Mexicana, M\u00e9xico 1979.<\/p>\n<p>S. de Fiores &#8211; T. Goffi &#8211; Augusto Guerra, Nuevo Diccionario de Espiritualidad, Ediciones Paulinas, Madrid 1987<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario de Espiritualidad<\/b><\/p>\n<p>TEOLOG\u00ed\u008dA SOCIAL<br \/>\nSUMARIO<br \/>\nI. Una lectura de la evoluci\u00f3n hist\u00f3rica de la relaci\u00f3n hombre-medio ambiente:<br \/>\n1. La \u00e9poca del equilibrio natural;<br \/>\n2. Del equilibrio natural al desequilibrio provocado por el hombre:<br \/>\na) El hombre altera la naturaleza: la revoluci\u00f3n neol\u00ed\u00adtica,<br \/>\nb) El hombre controla la naturaleza: la revoluci\u00f3n industrial.<br \/>\nII. La perspectiva: la propuesta de una nueva cultura que vuelva a equilibrar la relaci\u00f3n hombre-medio ambiente:<br \/>\n1. Las ra\u00ed\u00adces hist\u00f3ricas de la crisis ecol\u00f3gica;<br \/>\n2. Fundamentos de una nueva cultura del medio ambiente:<br \/>\na) Del reduccionismo cient\u00ed\u00adfico-metodol\u00f3gico a una cultura sistem\u00e1tica del medio ambiente (los derroteros del reduccionismo; los fundamentos cient\u00ed\u00adficos para su superaci\u00f3n; el medio ambiente natural; la ecosfera; los ecosistemas, su funcionamiento, su evoluci\u00f3n temporal),<br \/>\nb) Del dominio-explotaci\u00f3n a un comportamiento de compromiso personal de participaci\u00f3n y de administraci\u00f3n responsable del medio ambiente (el puesto del hombre en la naturaleza; el medio ambiente humano; la cultura del dominio del hombre sobre la naturaleza y el medio ambiente humano y las ra\u00ed\u00adces de la misma: la hip\u00f3tesis de una triple influencia judeocristiana; comparaci\u00f3n cr\u00ed\u00adtica),<br \/>\nc) Ideas y propuestas para una nueva \u00e9tica del medio ambiente.<br \/>\nIII. Una conclusi\u00f3n: el mensaje de Francisco de As\u00ed\u00ads.<\/p>\n<p>Las dificultades cada vez m\u00e1s graves que vive hoy la relaci\u00f3n entre el hombre y la naturaleza han tenido como vertiente positiva el descubrimiento del medio ambiente como realidad y como problema del que ocuparse, el aumento de la demanda de conocimientos, de tecnolog\u00ed\u00adas y de legislaci\u00f3n para un programa y una gesti\u00f3n del mismo m\u00e1s eficaces y, en los \u00faltimos a\u00f1os, la toma de conciencia de la necesidad de una nueva \u00e9tica del medio ambiente, es decir, de normas m\u00e1s reales para un comportamiento m\u00e1s responsable hacia el medio ambiente mismo.<\/p>\n<p>I. Una lectura de la evoluci\u00f3n hist\u00f3rica de la relaci\u00f3n hombre-medio ambiente<br \/>\nQuien se proponga el objetivo de participar en el desarrollo de esta actitud nueva hacia el medio ambiente deber\u00e1 reflexionar sobre las principales etapas que ha vivido la evoluci\u00f3n hist\u00f3rica de la relaci\u00f3n entre el hombre y su contexto medioambiental.<\/p>\n<p>Con la aparici\u00f3n del hombre sobre la tierra se ha puesto en marcha un proceso de incorporaci\u00f3n de la naturaleza al proyecto humano de gesti\u00f3n de la realidad. Este proceso, todav\u00ed\u00ada parcial en los cazadores-agricultores y en las mismas comunidades agr\u00ed\u00adcolas tradicionales, ha experimentado una fuerte aceleraci\u00f3n en las sociedades industriales de tecnolog\u00ed\u00ada avanzada, propias de los pa\u00ed\u00adses industrializados de Occidente.<\/p>\n<p>El modelo de la transici\u00f3n ecol\u00f3gica interpreta mejor que ning\u00fan otro la historia de la relaci\u00f3n entre el hombre y el medio ambiente, tal como esta historia se ha venido desarrollando en el mundo occidental. Este modelo, a su vez, coincide ampliamente con la evoluci\u00f3n cultural del ser humano. La transici\u00f3n ecol\u00f3gica distingue tres fases en la relaci\u00f3n hombre-medio ambiente, caracterizadas: la primera, por la persistencia del equilibrio entre hombre y naturaleza [! m\u00e1s adelante, i]; la segunda, por el tr\u00e1nsito del equilibrio natural al desequilibrio del sistema medioambiental provocado, primero, por las alteraciones y, despu\u00e9s, por el control de la naturaleza por arte del hombre [l m\u00e1s adelante, 2, a) y b)]; la tercera, por la puesta en marcha de un restablecimiento del equilibrio entre naturaleza y sociedad humana mediante un nuevo proyecto cultural [! m\u00e1s adelante, todo el p\u00e1rrafo II].<\/p>\n<p>1. LA EPOCA DEL EQUILIBRIO NATURAL. Un sustancial equilibrio ecol\u00f3gico natural caracteriz\u00f3 la relaci\u00f3n hombre-naturaleza desarrollada por los primeros hom\u00ed\u00adnidos y los pocos hombres cazadores-agricultores del paleol\u00ed\u00adtico.<\/p>\n<p>El hombre primitivo era miembro totalmente natural, aunque m\u00e1s influyente, del propio sistema medioambiental. La naturaleza quedaba fuera de la historia, y la adaptaci\u00f3n del hombre a su contexto medioambiental externo era casi exclusivamente biol\u00f3gica. Exist\u00ed\u00ada un control sobre el hombre por parte del medio ambiente natural en lo tocante a los recursos existentes, a semejanza de lo que pasaba con las poblaciones animales con las que los hombres primitivos conviv\u00ed\u00adan.<\/p>\n<p>Con las tecnolog\u00ed\u00adas elementales de que dispon\u00ed\u00ada (empleo del fuego y conocimiento de los vegetales alimenticios y de los animales de caza), la especie humana ejerc\u00ed\u00ada un impacto m\u00ed\u00adnimo en el propio medio ambiente. El profundo conocimiento que los cazadores-agricultores pose\u00ed\u00adan de los ciclos estacionales de las especies vegetales, as\u00ed\u00ad como del comportamiento de los animales, les permit\u00ed\u00ada obtener de la tierra con relativa facilidad los recursos necesarios para su supervivencia biol\u00f3gica.<\/p>\n<p>Es importante subrayar que estas poblaciones primitivas, aun en medio de las dificultades en que viv\u00ed\u00adan, desarrollaron una cultura caracterizada por grandes expresiones art\u00ed\u00adsticas. Baste pensar en los ciclos pict\u00f3ricos de las cuevas de Altamira.<\/p>\n<p>2. DEL EQUILIBRIO NATURAL AL DESEQUILIBRIO PROVOCADO POR EL HOMBRE. Dos profundos cambios culturales sucesivos influyeron, aunque en diferente medida, en la ruptura del equilibrio entre el grupo humano y el medio ambiente: la revoluci\u00f3n neol\u00ed\u00adtica, per\u00ed\u00adodo en el que el hombre alter\u00f3 el medio ambiente, aunque sin comprometer sustancialmente sus procesos de funcionamiento; la revoluci\u00f3n industrial, por la que los pa\u00ed\u00adses industrializados han llevado a cabo un control creciente sobre el medio ambiente, provocando situaciones profundamente comprometedoras de la calidad.<\/p>\n<p>a) El hombre altera la naturaleza: la revoluci\u00f3n neol\u00ed\u00adtica. La puesta en marcha del desequilibrio en las relaciones entre humanidad y medio ambiente estuvo veros\u00ed\u00admilmente determinada por la falta de alimentos provocada en el mesol\u00ed\u00adtico por la mitigaci\u00f3n del clima y por las migraciones de las faunas fr\u00ed\u00adas hacia el norte.<\/p>\n<p>La poblaci\u00f3n humana comenz\u00f3 entonces a ver la naturaleza de manera diferente. Es \u00e9ste, en efecto, el per\u00ed\u00adodo de la historia humana en el que el hombre adquiri\u00f3 una primera conciencia b\u00e1sica de la separaci\u00f3n existente entre \u00e9l y la naturaleza misma. Enfrentado a un medio que se le hab\u00ed\u00ada tornado inclemente, el hombre arrebat\u00f3 a la naturaleza el secreto de la producci\u00f3n de alimentos, destruy\u00f3 bosques para obtener tierra cultivable y \u00aboblig\u00f3\u00bb a la naturaleza a procurarle el sustento.<\/p>\n<p>Con la agricultura y la cr\u00ed\u00ada de ganado comenz\u00f3 el neol\u00ed\u00adtico. Las pr\u00e1cticas agr\u00ed\u00adcolas y de la cr\u00ed\u00ada provocaron alteraciones en la estructura de las comunidades vegetales y animales y del paisaje.<\/p>\n<p>La selecci\u00f3n artificial de algunas especies vegetales (p.ej., las gram\u00ed\u00adneas) y animales (particularmente los ungulados de grandes y medias dimensiones) y el uso continuo del fuego como instrumento elegido para aumentar la extensi\u00f3n del suelo disponible para el cultivo provocaron la extinci\u00f3n de especies y de asociaciones vegetales y animales y tuvieron incidencia sobre la diversidad biol\u00f3gica.<\/p>\n<p>Las poblaciones neol\u00ed\u00adticas fueron sustituyendo gradualmente la agricultura itinerante, propia del nomadismo como estado de vida del grupo, por la ubicaci\u00f3n y el uso permanente de tierras. Fue tambi\u00e9n importante, incluso por algunos efectos negativos sobre la fertilidad del suelo, la invenci\u00f3n de la pr\u00e1ctica del riego, que favoreci\u00f3 el desarrollo de las grandes civilizaciones hidr\u00e1ulicas.<\/p>\n<p>La agricultura y la cr\u00ed\u00ada provocaron el aumento de la capacidad sustentadora del medio ambiente y, consiguientemente, se produjo un aumento num\u00e9rico de las poblaciones humanas.<\/p>\n<p>Las poblaciones humanas del neol\u00ed\u00adtico percibieron la \u00abrealidad del medio ambiente\u00bb como una realidad global, con la que establecieron por necesidad una relaci\u00f3n directa, sin otra mediaci\u00f3n tecnol\u00f3gica que la puramente elemental.<\/p>\n<p>La ubicaci\u00f3n, expresi\u00f3n de la conquista material de la naturaleza por parte del hombre, caus\u00f3 una profunda transformaci\u00f3n en la estructura de la sociedad y en el comportamiento de los grupos humanos primitivos. Ejemplo de ello son el desarrollo de los oficios y de la artesan\u00ed\u00ada, la jerarqu\u00ed\u00ada de papeles en las comunidades y el desarrollo de pueblos y ciudades.<\/p>\n<p>Particularmente significativa fue la revoluci\u00f3n urbana: en las ciudades se form\u00f3 la sociedad civil y naci\u00f3 la civilizaci\u00f3n humana. El desarrollo de la metalurgia y la utilizaci\u00f3n de nuevas fuentes de energ\u00ed\u00ada dieron origen a la sucesi\u00f3n de las tres culturas prehist\u00f3ricas del bronce, el cobre y el hierro.<\/p>\n<p>Cada una de estas culturas y cada una de las grandes civilizaciones que siguieron (Egipto, Babilonia, Grecia, Roma, el s. XIII, el renacimiento, etc.) desarroll\u00f3 un sistema propio de posesi\u00f3n y de gobierno de la naturaleza y provoc\u00f3 alteraciones que dieron origen a problemas a menudo de no poca entidad.<\/p>\n<p>Sin embargo, ni la marcha de los ciclos biogeoqu\u00ed\u00admicos ni la estructura de las cadenas y redes alimenticias naturales sufrieron acoso, ni se alteraron de forma irreversible los mecanismos homeost\u00e1ticos que aseguran (o restablecen) el funcionamiento de los sistemas medioambientales. La humanidad viv\u00ed\u00ada en un marco en eI que los ritmos y los procesos de la evoluci\u00f3n del medio ambiente marcaban los tiempos y modos de buena parte de la actividad humana.<\/p>\n<p>Pero este mismo contexto produc\u00ed\u00ada a menudo en la poblaci\u00f3n humana una carga de temor, de incertidumbre y, consiguientemente, de fatalismo ante manifestaciones no controlables del propio ambiente, tales como carest\u00ed\u00adas, epidemias, mortandad infantil, corta duraci\u00f3n de la vida humana.<\/p>\n<p>En este marco, en el que la armon\u00ed\u00ada de la naturaleza se conjugaba con los dramas del ambiente humano, las poblaciones primitivas desarrollaron la pr\u00e1ctica de la propiedad y un fuerte sentido de pertenencia al grupo. Estos comportamientos se hac\u00ed\u00adan patentes en la celebraci\u00f3n colectiva de grandes acontecimientos vitales (matrimonio, muerte) y de la fiesta (verbenas, fiestas civiles y religiosas de la comunidad), as\u00ed\u00ad como en la transmisi\u00f3n de normas y tradiciones.<\/p>\n<p>Esta relaci\u00f3n hombre-naturaleza, caracter\u00ed\u00adstica de la sociedad neol\u00ed\u00adtica, ha continuado sustancialmente viva hasta,los umbrales de la civilizaci\u00f3n industrial, ha caracterizado en Occidente a las sociedades agr\u00ed\u00adcolas tradicionales hasta los a\u00f1os cincuenta de nuestro siglo y sigue caracterizando actualmente a las econom\u00ed\u00adas agr\u00ed\u00adcolas de los pa\u00ed\u00adses en v\u00ed\u00adas de desarrollo.<\/p>\n<p>b) El hombre controla la naturaleza: la revoluci\u00f3n industrial. A partir del siglo xvll, el desarrollo del m\u00e9todo cient\u00ed\u00adfico y de nuevos conocimientos y la difusi\u00f3n de tecnolog\u00ed\u00adas cada vez m\u00e1s poderosas dieron origen a la llamada civilizaci\u00f3n industrial, cuya evoluci\u00f3n hist\u00f3rica ha puesto de manifiesto, sin embargo, distintas luces y sombras.<\/p>\n<p>La industrializaci\u00f3n, en efecto, ha reportado mejoras indudables a numerosos aspectos de la vida humana; por ejemplo, la difusi\u00f3n de la medicina y de la higiene, el aumento de las disponibilidades alimenticias mediante el incremento de la productividad agr\u00ed\u00adcola e industrial, la difusi\u00f3n de la informaci\u00f3n. Los aspectos negativos de este proceso no han estado provocados ciertamente por el desarrollo de la investigaci\u00f3n cient\u00ed\u00adfica o el descubrimiento de nuevas tecnolog\u00ed\u00adas, sino por la falta de una \u00abcultura global ambiental\u00bb (pose\u00ed\u00adda, en cambio, por la civilizaci\u00f3n rural) con la que conseguir una relaci\u00f3n correcta entre industria, econom\u00ed\u00ada y medio ambiente.<\/p>\n<p>En los \u00faltimos cincuenta a\u00f1os han quedado patentes los siguientes hechos: -la acentuaci\u00f3n del profundo dualismo entre el hombre como sujeto activo y la naturaleza como elemento pasivo; -una demanda creciente de recursos naturales como medio de satisfacer necesidades incluso artificialmente provocadas; la reducci\u00f3n de la realidad viva, compleja y delicada de la naturaleza a un bien econ\u00f3mico, encaminado a la obtenci\u00f3n de un crecimiento ilimitado en la sola l\u00ed\u00adnea cuantitativa; -el desarrollo, con tendencia exponencial, de la poblaci\u00f3n humana del planeta visto en su conjunto y la concentraci\u00f3n de la misma en las \u00e1reas urbanas; -un aumento constante de la complejidad del sistema social y la desaparici\u00f3n generalizada de las culturas subalternas; -un desarrollo global de la tecnolog\u00ed\u00ada y el consiguiente y cada vez m\u00e1s fuerte impacto de la misma en el medio ambiente natural y humano; -una disponibilidad de nuevas fuentes de energ\u00ed\u00ada (combustibles f\u00f3siles, energ\u00ed\u00ada hidroel\u00e9ctrica y nuclear) que ha permitido a la sociedad humana superar el estar dependiendo del suelo y satisfacer un sistema de necesidades en r\u00e1pida expansi\u00f3n; -pol\u00ed\u00adticas m\u00e1s atentas al poder\u00ed\u00ado y prestigio y a programas de autoconservaci\u00f3n que a una aut\u00e9ntica y verdadera promoci\u00f3n y difusi\u00f3n de la calidad del ambiente humano.<\/p>\n<p>Estos y otros hechos han ahondado el disenso entre sociedad humana y medio ambiente, disenso que ha llegado a su m\u00e1ximo dramatismo en la reciente d\u00e9cada de los sesenta. En este per\u00ed\u00adodo se puso de manifiesto en la sociedad una cultura radical que desde entonces no ha cesado de calar en todos los movimientos e instituciones.<\/p>\n<p>Sus contrase\u00f1as son el repliegue en el yo como realidad absoluta, el rechazo de todo l\u00ed\u00admite, la experiencia del aqu\u00ed\u00ad y del ahora, el utilitarismo y el inter\u00e9s, la felicidad del logro sin la mediaci\u00f3n del deber, una cultura de muerte puesta de manifiesto por dos manifestaciones s\u00f3lo aparentemente distanciadas: la aprobaci\u00f3n social del aborto y la aparici\u00f3n, por primera vez en la historia de la humanidad, de una enorme masa de residuos, sustra\u00ed\u00addos al reciclaje, almacenados en contenedores o incluso destruidos empleando diversas tecnolog\u00ed\u00adas.<\/p>\n<p>II. La perspectiva: la propuesta de una nueva cultura que vuelva a equilibrar la relaci\u00f3n hombre-medio ambiente<br \/>\n1. LAS RA\u00ed\u008dCES HIST\u00ed\u201cRICAS DE LA CRISIS ECOL\u00ed\u201cGICA. A finales de 1960 empez\u00f3 a ponerse en tela de juicio el modelo mismo de sociedad industrial. Estaba dando comienzo la \u00e9poca del malestar.<\/p>\n<p>La crisis energ\u00e9tica, el aumento de la inflaci\u00f3n y el desempleo, episodios graves y frecuentes de contaminaci\u00f3n y la aparici\u00f3n de la violencia urbana y de dramas cada vez m\u00e1s frecuentes en los pa\u00ed\u00adses en v\u00ed\u00adas de desarrollo han puesto de manifiesto la insuficiencia de la filosof\u00ed\u00ada del crecimiento econ\u00f3mico ilimitado.<\/p>\n<p>La demanda de reflexi\u00f3n acerca de las causas de la crisis de esta orientaci\u00f3n econ\u00f3mica naci\u00f3 en los propios pa\u00ed\u00adses industrialmente avanzados y encontr\u00f3 una primera expresi\u00f3n en los movimientos de 1968, que, entre otras cosas, ped\u00ed\u00adan: 0 que se prestara atenci\u00f3n a los efectos perjudiciales que pod\u00ed\u00adan derivarse de una confianza acr\u00ed\u00adtica en la tecnolog\u00ed\u00ada; 0 y que se favoreciera el desarrollo de una participaci\u00f3n real en todos los niveles de la vida pol\u00ed\u00adtica y social.<\/p>\n<p>Un segundo factor que ha concurrido a poner de manifiesto los l\u00ed\u00admites del modelo del crecimiento econ\u00f3mico ilimitado ha sido el incremento de la presencia en la escena internacional de los pa\u00ed\u00adses en v\u00ed\u00adas de desarrollo y la adecuada atenci\u00f3n prestada a los dramas del hambre, la sed, los desajustes del suelo, el endeudamiento exterior, dramas todos ellos que pesan sobre la poblaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Los movimientos del medio ambiente han constituido otro factor importante de denuncia de las insuficiencias del crecimiento econ\u00f3mico ilimitado. Partiendo del an\u00e1lisis de hechos graves de contaminaci\u00f3n del aire y del agua, de las consecuencias derivadas para la calidad del medio ambiente de la destrucci\u00f3n de las especies animales y vegetales y del agotamiento de recursos no renovables, estos movimientos han desembocado en la denuncia del medio ambiente como realidad violentada y de la degradaci\u00f3n tanto del suelo como del patrimonio cultural de la humanidad.<\/p>\n<p>A esta denuncia de los movimientos del medio ambiente han conferido -aunque con lentitud- credibilidad y apoyo cient\u00ed\u00adfico y tecnol\u00f3gico, por una parte, la investigaci\u00f3n ecol\u00f3gica desarrollada por la comunidad cient\u00ed\u00adfica, y por otra, los programas cualificados de intervenci\u00f3n, llevados a la pr\u00e1ctica por organismos internacionales (OCSE, UNESCO, UNEP, UHO, etc.).<\/p>\n<p>Por influjo de estos est\u00ed\u00admulos, a finales de los a\u00f1os sesenta ha crecido el n\u00famero de personas y de grupos que han planteado la necesidad de una reapropiaci\u00f3n del medio ambiente como realidad de la que debe ocuparse la sociedad. Como no pod\u00ed\u00ada ser de otra manera, la experiencia de la degradaci\u00f3n del medio natural y humano ha jugado un papel primordial en la denuncia de la crisis existente en la relaci\u00f3n entre el hombre y el medio ambiente.<\/p>\n<p>Esta \u00abreflexi\u00f3n a muchas voces\u00bb ha desembocado en la demanda de un desarrollo de sociedad en la que los aspectos del crecimiento cuantitativo vayan orientados a superar una dimensi\u00f3n puramente mercantil y se tengan en cuenta contempor\u00e1neamente los temas de la calidad de la vida y del medio natural (plantas, animales, suelo, aire, agua, procesos, sistemas), de los bienes culturales (poes\u00ed\u00ada, arquitectura, escultura, pintura, tradiciones), as\u00ed\u00ad como el modo de construir y de gestionar la sociedad, lo gratuito, la \u00e9tica, la religi\u00f3n, la pol\u00ed\u00adtica.<\/p>\n<p>En 1967 Lynn White, de la escuela de sociolog\u00ed\u00ada de Chicago, en un art\u00ed\u00adculo que se ha hecho famoso (Las ra\u00ed\u00adces hist\u00f3ricas de nuestra crisis ecol\u00f3gica) y sobre el que volveremos m\u00e1s adelante, acu\u00f1\u00f3 la expresi\u00f3n crisis ecol\u00f3gica para designar el estado de grave dificultad por la que atraviesa la relaci\u00f3n entre sociedad humana y medio ambiente, estado generalizado sobre todo en los pa\u00ed\u00adses industrializados de Occidente, a la vez que individu\u00f3 dos causas de fondo: la primera, de naturaleza cient\u00ed\u00adfico-t\u00e9cnica; la segunda, de naturaleza \u00e9tica.<\/p>\n<p>La expresi\u00f3n \u00abcrisis ecol\u00f3gica\u00bb se emplea ordinariamente en un sentido totalmente negativo. En realidad, el significado etimol\u00f3gico del t\u00e9rmino crisis (derivado del verbo griego crino, que significa \u00abenjuicio\u00bb, \u00abtrato de ver con claridad&#8217; propone una actitud de reflexi\u00f3n, de an\u00e1lisis de causas y de consecuencias, junto con una demanda a la inteligencia y al coraz\u00f3n humanos para que encuentren culturalmente nuevos procesos y formas de equilibrio entre realidad del medio ambiente y presencia humana con la vista puesta en la construcci\u00f3n com\u00fan de un mundo m\u00e1s habitable hoy y el d\u00ed\u00ada de ma\u00f1ana.<\/p>\n<p>A corto plazo habr\u00e1, sin duda, que remediar los efectos de intervenciones err\u00f3neas con controles f\u00e9rreos y con sanciones (pr\u00e1ctica de la depuraci\u00f3n y de la multa). A largo plazo habr\u00e1 que intervenir en las causas de la contaminaci\u00f3n con medidas encaminadas a la prevenci\u00f3n, es decir, a la innovaci\u00f3n de los procesos productivos mediante tecnolog\u00ed\u00adas limpias. A fin, sin embargo, de que el inter\u00e9s por el medio ambiente no quede \u00fanicamente restringido a la emotividad y la denuncia, adem\u00e1s de las anteriores medidas, ser\u00e1 necesario afrontar la crisis ecol\u00f3gica en sus ra\u00ed\u00adces, promoviendo una nueva cultura medioambiental alternativa a la actualmente existente, fundamentada en un modo nuevo de programar y administrar la naturaleza y la ciudad y en un comportamiento m\u00e1s correcto de todos y cada uno.<\/p>\n<p>2. FUNDAMENTOS DE UNA NUEVA CULTURA. DEL MEDIO AMBIENTE. a) Del reduccionismo cient\u00ed\u00adfico-metodol\u00f3gico a una cultura sistem\u00e1tica del medio ambiente. \u00ab\u00bfCu\u00e1l es la estructura que une al cangrejo con la langosta, a la orqu\u00ed\u00addea con la primul\u00e1cea y a los cuatro conmigo y con vosotros?\u00bb (BATESON, 1984).<\/p>\n<p>&#8211; Los derroteros del reduccionismo cient\u00ed\u00adfico-metadol\u00f3gico. La primera causa hist\u00f3rica de la dif\u00ed\u00adcil relaci\u00f3n entre el hombre y el medio ambiente se puede situar en la falta de adecuaci\u00f3n de los m\u00e9todos de an\u00e1lisis y de intervenci\u00f3n para conseguir la relaci\u00f3n. El desarrollo de la investigaci\u00f3n cient\u00ed\u00adfica y la transferencia de los conocimientos y metodolog\u00ed\u00adas adquiridos al desarrollo tecnol\u00f3gico han aportado mucho de positivo a la relaci\u00f3n entre los colectivos humanos y su marco de vida. Sin embargo, la interpretaci\u00f3n dada al m\u00e9todo cient\u00ed\u00adfico por el positivismo del siglo xlx, limitando la ciencia a los solos hechos emp\u00ed\u00adricos, ha impedido ver las acciones rec\u00ed\u00adprocas que, en el orden de la naturaleza, unen a componentes, factores y procesos en el \u00absistema de relaciones\u00bb que es el medio ambiente. Se ha asistido a la multiplicaci\u00f3n de especialidades desconectadas entre s\u00ed\u00ad, cada una de ellas referida a un determinado sector de la investigaci\u00f3n cient\u00ed\u00adfica y vista como algo aut\u00f3nomo. Ha surgido en Occidente una sociedad tendente a la productividad econ\u00f3mica, fragmentada en \u00e1reas de especializaci\u00f3n y con una divisi\u00f3n de trabajo cada vez m\u00e1s r\u00ed\u00adgida. Contempor\u00e1neamente, la tecnolog\u00ed\u00ada ha experimentado un considerable desarrollo y sus aplicaciones han estado dirigidas a este o aquel sector, sin plantearse el problema de las consecuencias que para el medio ambiente natural y humano pudiera tener la acci\u00f3n rec\u00ed\u00adproca entre ellos.<\/p>\n<p>Las consecuencias de todo ello sobre programas y administraci\u00f3n del medio ambiente han sido y son dram\u00e1ticas. Ha tenido lugar una neta separaci\u00f3n entre ciencias naturales y ciencias humanas, entre econom\u00ed\u00ada y ecolog\u00ed\u00ada, entre \u00e9tica, pol\u00ed\u00adtica y econom\u00ed\u00ada, entre individuo y sociedad. Cuando se hace de la metodolog\u00ed\u00ada especializada el m\u00e9todo m\u00e1s id\u00f3neo de an\u00e1lisis y de administraci\u00f3n de un proceso o de un sistema medioambiental, esa metodolog\u00ed\u00ada adquiere una fisonom\u00ed\u00ada cient\u00ed\u00adfica y metodol\u00f3gicamente limitada. De los libros de los fil\u00f3sofos y de los laboratorios de los cient\u00ed\u00adficos esta limitaci\u00f3n se ha transferido despu\u00e9s a la cultura cotidiana de la organizaci\u00f3n del territorio, a los programas escolares, al modo de concebir y de llevar a la pr\u00e1ctica el desarrollo urbano, la estructura de la sociedad y las relaciones econ\u00f3micas.<\/p>\n<p>Por exigencias de una demanda creciente de bienes naturales, del aumento de la poblaci\u00f3n humana y de un fuerte incremento de la tecnolog\u00ed\u00ada, se ha visto superado el potencial de los mecanismos de regulaci\u00f3n natural y de la propia adaptaci\u00f3n cultural humana. Ello ha desencadenado unas consecuencias que, ciertamente, ninguno quer\u00ed\u00ada: desajustes del suelo, desertizaci\u00f3n, contaminaci\u00f3n, ruidos, violencia urbana, degradaci\u00f3n de la calidad del medio ambiente, p\u00e9rdida de identidad y desaparici\u00f3n de las culturas subalternas. Nuestra sociedad s\u00f3lo podr\u00e1 ser plenamente consciente del drama que estos hechos representan cuando comprenda que la naturaleza y la ciudad no nacen de la suma del suelo, agua, aire, plantas, animales y, llegado el caso, bienes culturales, sino del sistema de relaciones que se establezcan en el curso del tiempo entre estos componentes.<\/p>\n<p>&#8211; Los fundamentos cient\u00ed\u00adficos de la superaci\u00f3n del reduccionismo. En la historia de la percepci\u00f3n de la realidad de la naturaleza y del medio humano la sociedad ha pasado fundamentalmente por dos momentos: -por influencia de la revoluci\u00f3n cient\u00ed\u00adfica y, m\u00e1s concretamente, de su orientaci\u00f3n reduccionista, se ha desmantelado el car\u00e1cter org\u00e1nico caracter\u00ed\u00adstico de la percepci\u00f3n precient\u00ed\u00adfica de las sociedades agr\u00ed\u00adcolas tradicionales; -en los \u00faltimos veinte a\u00f1os la investigaci\u00f3n cient\u00ed\u00adfica en ecolog\u00ed\u00ada, la ciencia de los sistemas y el estructuralismo han planteado una visi\u00f3n global de la realidad natural y social basada en una concepci\u00f3n sistem\u00e1tica del medio ambiente que supone la superaci\u00f3n del reduccionismo cient\u00ed\u00adfico y metodol\u00f3gico.<\/p>\n<p>Todo ello ha puesto de manifiesto que el medio en el que vivimos es el resultado final de una evoluci\u00f3n que ha durado millones de a\u00f1os y que ha pasado por las siguientes fases: de un medio primitivo de naturaleza f\u00ed\u00adsica y qu\u00ed\u00admica, en el que la evoluci\u00f3n qu\u00ed\u00admica ha llevado a la formaci\u00f3n de la primera mol\u00e9cula viva con capacidad de duplicarse a s\u00ed\u00ad misma, se ha pasado a la formaci\u00f3n del medio natural por medio de la aparici\u00f3n de la vida y la evoluci\u00f3n biol\u00f3gica; por \u00faltinfo, se ha pasado a la formaci\u00f3n del medio humano, debido a la aparici\u00f3n del ser humano y a la gesti\u00f3n&#8217;cultural del medio ambiente.<\/p>\n<p>El concepto de medio ambiente, entendido como \u00absistema de relaciones entre los componentes, factores y procesos que lo componen\u00bb, representa la adquisici\u00f3n m\u00e1s importante a tener en cuenta en orden a una relaci\u00f3n m\u00e1s equilibrada entre ser humatro, naturaleza y ciudad.<\/p>\n<p>&#8211; El medio ambiente natural. A trav\u00e9s de un largo proceso de evoluci\u00f3n qu\u00ed\u00admica, inorg\u00e1nica y org\u00e1nica, acaecido en la tierra primitiva, en medio de una atm\u00f3sfera falta de ox\u00ed\u00adgeno y en presencia de determinadas fuentes de energ\u00ed\u00ada (radiaciones ultravioletas y descargas el\u00e9ctricas provocadas por perturbaciones atmosf\u00e9ricas), se habr\u00ed\u00adan originado en nuestro planeta mol\u00e9culas complejas (DNA), con capacidad de autoduplicarse y de adaptarse continuamente a los cambios del sistema de factores f\u00ed\u00adsicos y qu\u00ed\u00admicos que les rodeaba y que ellas mismas hab\u00ed\u00adan contribuido a cambiar. Se acababa de poner en marcha la evoluci\u00f3n biol\u00f3gica.<\/p>\n<p>A trav\u00e9s de la relaci\u00f3n dial\u00e9ctica ser vivo-medio ambiente se fueron formando con el tiempo varios niveles de organizaci\u00f3n de la vida (macromol\u00e9culas, c\u00e9lulas, individuos, gentes, comunidades, ecosistemas, biomas, biosfera).<\/p>\n<p>Ning\u00fan sistema vivo (un individuo una comunidad, un lago, una ciudad) es el resultado de la sola suma de los componentes, factores y procesos que constituyen su estructura, sino del conjunto de interacciones entre esos mismos componentes, factores y procesos.<\/p>\n<p>Cada nivel presenta su propio medio, interno y externo. Este concepto es importante. En efecto, cuando se habla de medio ambiente, ordinariamente se entiende un ecosistema: un lago, un prado, un bosque, incluso una ciudad. Es necesario superar esta visi\u00f3n limitada. Cada uno de los niveles de la organizaci\u00f3n de la vida en la tierra tiene su propio medio, interno y externo, tr\u00e1tese de personas o de lagos. No existe una l\u00ed\u00adnea de separaci\u00f3n entre ser vivo y su correspondiente medio externo. Cada una de las realidades vivas presenta, adem\u00e1s, una estructura, un funcionamiento y una evoluci\u00f3n en el tiempo.<\/p>\n<p>Todos los niveles de organizaci\u00f3n \u00bb de la vida se diferencian por la estructura, pero los procesos que caracterizan la din\u00e1mica de un sistema vivo (p.ej., flujo de la energ\u00ed\u00ada y ciclo de las sustancias nutritivas) acontecen de manera sustancialmente similar en todos los seres vivos.<\/p>\n<p>Los primeros seres vivos de metabolismo heterotr\u00f3fico existentes en el planeta adquirieron la energ\u00ed\u00ada y el alimento que necesitaban de mol\u00e9culas org\u00e1nicas de origen abi\u00f3tico.<\/p>\n<p>El proceso fotosint\u00e9tico, con el que la evoluci\u00f3n biol\u00f3gica ha respondido al agotamiento de estas sustancias, produjo un cambio dr\u00e1stico en el medio abi\u00f3tico terrestre, trastornando las condiciones preexistentes. El ox\u00ed\u00adgeno producido en la fotos\u00ed\u00adntesis provoc\u00f3 el paso de una atm\u00f3sfera carente de \u00e9l a una atm\u00f3sfera con \u00e9l. La consecuencia han sido dos situaciones importantes: el fin de la evoluci\u00f3n qu\u00ed\u00admica espont\u00e1nea de las mol\u00e9culas con capacidad para autoduplicarse y, debido a la aparici\u00f3n de la ozonosfera, el abandono por parte de especies vegetales y animales de un medio de agua dulce o marina para entrar en un medio a\u00e9reo o terrestre, con la profunda modificaci\u00f3n consiguiente.<\/p>\n<p>&#8211; La tierra (ecosfera) es hoy un medio diversificado y variado, formado por un determinado n\u00famero de subsistemas: litosfera, hidrosfera, atm\u00f3sfera y biosfera. A trav\u00e9s de la acci\u00f3n de las plantas, de los animales y de los microorganismos, entre litosfera, hidrosfera y atm\u00f3sfera se han creado con el correr del tiempo complicados sistemas de relaciones: la materia y la energ\u00ed\u00ada solar han entrado a formar parte del proceso de la vida (ciclos biogeoqu\u00ed\u00admicos y flujo de la energ\u00ed\u00ada) y se han ido formando procesos de regulaci\u00f3n de los sistemas vivientes para evitar eventuales perturbaciones de su medio interno y externo y devolverlo a la norma.<\/p>\n<p>El lento desarrollo de estos procesos, acorde con las condiciones climatol\u00f3gicas, ha favorecido la formaci\u00f3n de nuevas organizaciones funcionales naturales: los ecosistemas (p.ej., tundra, taiga, floresta tropical pluvial, el desierto, etc.) y la biosfera.<\/p>\n<p>El ecosistema es el nivel en el que es posible estudiar mejor el funcionamiento de los sistemas naturales en el espacio y en el tiempo y en condiciones normales y alteradas. Todo ecosistema (como una c\u00e9lula o una persona) presenta una estructura, un funcionamiento y una historia.<\/p>\n<p>&#8211; Desde el punto de vista de la estructura, los ecosistemas est\u00e1n constituidos por factores fisiogr\u00e1ficos (orograf\u00ed\u00ada, hidrograf\u00ed\u00ada, geomorfolog\u00ed\u00ada, etc.), f\u00ed\u00adsicos (meteorolog\u00ed\u00ada y climatolog\u00ed\u00ada, radiactividad, etc.), qu\u00ed\u00admicos (sustancias qu\u00ed\u00admicas presentes en el agua, en el suelo, en el aire) y por factores biol\u00f3gicos (plantas, animales, microorganismos que viven en el agua). La descripci\u00f3n de estos componentes y factores es tarea de ciencias especializadas (geolog\u00ed\u00ada, meteorolog\u00ed\u00ada, climatolog\u00ed\u00ada, qu\u00ed\u00admica, f\u00ed\u00adsica, zoolog\u00ed\u00ada, bot\u00e1nica, microbiolog\u00ed\u00ada, etc.).<\/p>\n<p>Los ecosistemas difieren entre s\u00ed\u00ad por los componentes y factores que constituyen la estructura. Pero ninguno de estos factores por separado determina la identidad de un ecosistema. Esta identidad es el resultado de un sistema de relaciones vivo, fr\u00e1gil y complejo entre todos estos componentes y factores y los procesos ecol\u00f3gicos derivados.<\/p>\n<p>&#8211; El funcionamiento de los ecosistemas. Pi\u00e9nsese en un lago. Los productores (plantas verdes), los consumidores (animales herb\u00ed\u00advoros y carn\u00ed\u00advoros) y los descomponedores (hongos y bacterias) est\u00e1n vinculados entre s\u00ed\u00ad por relaciones alimenticias, formando las llamadas cadenas alimenticias. Todas las cadenas alimenticias existentes en un lago est\u00e1n relacionadas entre s\u00ed\u00ad y forman la red alimenticia, es decir, la comunidad bi\u00f3tica caracter\u00ed\u00adstica del lago.<\/p>\n<p>Los procesos fundamentales que caracterizan el funcionamiento de un lago se pueden resumir de la siguiente manera. Al penetrar en el agua, la radiaci\u00f3n solar es captada por los productores, es decir, las plantas verdes (algas, macrofitas, etc.). Gracias al proceso de la fotos\u00ed\u00adntesis, la energ\u00ed\u00ada solar se almacena en forma de energ\u00ed\u00ada qu\u00ed\u00admica con posibilidad de vincularse a los az\u00facares producidos por las plantas, y queda a disposici\u00f3n de los animales y de aquellos vegetales (p.ej., los hongos) carentes de clorofila. Una parte de las algas as\u00ed\u00ad producidas la comen, por ejemplo, peque\u00f1os c;ust\u00e1ceos herb\u00ed\u00advoros; otra parte se deposita en el fondo. De los herb\u00ed\u00advoros, una parte se la comen los carn\u00ed\u00advoros (las truchas, p.ej.) y el resto cae al fondo del lago. Las truchas o las pesca el hombre o mueren y caen al fondo. En el fondo del lago, bacterias, hongos y peque\u00f1os animales que se nutren de cad\u00e1veres y de residuos inorg\u00e1nicos realizan el proceso de la biodescomposici\u00f3n, liberando aquellas sustancias qu\u00ed\u00admicas (fosfatos, nitratos, etc.) que entrar\u00e1n de nuevo en el ciclo gracias a las plantas verdes.<\/p>\n<p>b) Del dominio-explotaci\u00f3n a un comportamiento de compromiso personal de participaci\u00f3n y de administraci\u00f3n responsable del medio ambiente.<\/p>\n<p>&#8211; El puesto del hombre en la naturaleza. El hombre forma parte del medio f\u00ed\u00adsico, qu\u00ed\u00admico y biol\u00f3gico que le rodea y, a semejanza de cualquier otra especie viviente, est\u00e1 implicado en los procesos de la circulaci\u00f3n de las sustancias alimenticias y del flujo de la energ\u00ed\u00ada y en el mantenimiento de los equilibrios necesarios para asegurar el funcionamiento de los ecosistemas naturales.<\/p>\n<p>Debido, sin embargo, a una adquisici\u00f3n gradual de conciencia de s\u00ed\u00ad y de los procesos del funcionamiento de la naturaleza, los humanos se han ido gradualmente liberando del determinismo que caracteriza la relaci\u00f3n plantas-animales-medio abi\u00f3tico y han ido desarrollando una confrontaci\u00f3n natural con el propio marco de vida. En este marco se entiende por el t\u00e9rmino \u00abcultura\u00bb el sistema de concepciones, valores, medios, expresiones socio-pol\u00ed\u00adticas, econ\u00f3micas, art\u00ed\u00adsticas y \u00e9ticas por los que una persona que vive en un grupo y el grupo mismo entran en contacto con su medio ambiente.<\/p>\n<p>La historia de la humanidad no es s\u00f3lo la historia de pr\u00ed\u00adncipes, guerras y alianzas, sino tambi\u00e9n del sucederse de culturas, con las que en el correr de los siglos las comunidades humanas han administrado su propio medio ambiente, confiri\u00e9ndole identidad y armon\u00ed\u00ada o comprometiendo, incluso dram\u00e1ticamente, su funcionamiento. La presencia de la cultura en el escenario de la humanidad ha ejercido una influencia creciente en la adaptaci\u00f3n del hombre a su medio ambiente.<\/p>\n<p>&#8211; El medio ambiente humano. Para la poblaci\u00f3n humana el medio social tiene el mismo peso que el medio f\u00ed\u00adsico. La integraci\u00f3n de ambos medios configura el sistema medioambiental humano.<\/p>\n<p>En la cultura de las sociedades industriales actuales, viciadas de reduccionismo, existe un claro dualismo entre naturaleza y ciudad. En realidad, la ecolog\u00ed\u00ada, la ciencia que estudia los procesos del funcionamiento del medio athbiente en el espacio y en el tiempo y en la dimensi\u00f3n normal y alterada, propone hoy una visi\u00f3n m\u00e1s realista del problema. Los procesos de funcionamiento medioambiental se desarrollan de manera muy similar en el medio natural y en el medio humano.<\/p>\n<p>A semejanza de la unidad del fen\u00f3meno vida y no obstante la multiplicidad de las formas vivientes, el medio ambiente en su realidad din\u00e1mica es unitario, difiriendo \u00fanicamente -por el sustrato en el que se desarrollan los procesos ambientales (agua, aire, suelo, diversas formas de plantas, de animales y de microorganismos) y -por el diferente modo de gesti\u00f3n de los procesos y recursos ambientales: determinista por parte de plantas, animales y microorganismos; consciente por parte humana.<\/p>\n<p>Los ecosistemas humanos (una ciudad, un pueblo, etc.), ellos mismos con estructura, funcionamiento e historia propios, nacen y se desarrollan como sistemas de relaciones entre medio natural, realidad biol\u00f3gica de la poblaci\u00f3n humana y las expresiones sociales, econ\u00f3micas, \u00e9ticas, cient\u00ed\u00adficas, pol\u00ed\u00adticas y religiosas en continua evoluci\u00f3n de la cultura humana.<\/p>\n<p>Las sociedades humanas y cada persona en particular han desarrollado la capacidad de manipular el medio y los procesos medioambientales seg\u00fan un proyecto propio. Cada persona, por consiguiente, tiene la responsabilidad de hacer uso de esta conciencia con una finalidad de promoci\u00f3n o de destrucci\u00f3n de la calidad del medio ambiente en el que vive y act\u00faa. Este concepto est\u00e1 en la base de la construcci\u00f3n de una nueva \u00e9tica medioambiental y de la reflexi\u00f3n sobre la presencia humana en el escenario natural.<\/p>\n<p>A este respecto, resulta importante se\u00f1alar el cambio que ha experimentado en la misma legislaci\u00f3n medioambiental el concepto de responsabilidad para con el medio ambiente. Se dec\u00ed\u00ada habitualmente que se est\u00e1 en regla actuando seg\u00fan las prescripciones legales; con las directrices para Seveso (CEE) se viene a decir sustancialmente que ninguna ley estatal puede exonerar a un ciudadano de la propia responsabilidad en la administraci\u00f3n del medio ambiente.<\/p>\n<p>Es cient\u00ed\u00adficamente err\u00f3neo sostener (como se sigue haciendo en algunos \u00e1mbitos) que en la naturaleza todo es equilibrio, armon\u00ed\u00ada y orden, y que todos los dramas que afligen al medio ambiente hay que atribuirlos exclusivamente a las personas. En realidad, en el curso de las eras geol\u00f3gicas, tragedias ingentes trastornaron el asentamiento del planeta llevando a la extinci\u00f3n a una flora y fauna exuberantes.<\/p>\n<p>M\u00e1s a\u00fan: la presencia humana no queda s\u00f3lo vinculada a aspectos que imitan los determinismos de un comportamiento puramente instintivo. \u00abLa calidad del medio natural\u00bb, que Hugo Foscolo expresaba en los Sepulcros con las palabras \u00abesta hermosa familia de hierbas y animales\u00bb, se hace realidad en la naturaleza fundamentalmente a trav\u00e9s del proceso \u00abviolento\u00bbde la depredaci\u00f3n que est\u00e1 en la base de las cadenas alimenticias y a trav\u00e9s de los ciclos biogeoqu\u00ed\u00admicos, del flujo de la energ\u00ed\u00ada y de los procesos homeost\u00e1ticos.<\/p>\n<p>El arte, la poes\u00ed\u00ada y la m\u00fasica, la organizaci\u00f3n social y econ\u00f3mica de las comunidades, la participaci\u00f3n en las alegr\u00ed\u00adas y penas de los dem\u00e1s, la actividad pol\u00ed\u00adtica, la actuaci\u00f3n gratuita, la lucha contra todos los factores (fr\u00ed\u00ado, peste, carest\u00ed\u00ada, etc.) que durante milenios han diezmado la poblaci\u00f3n humana, la atenci\u00f3n a las naciones en v\u00ed\u00adas de desarrollo, todo ello constituyen aspectos de un progreso que, respetando los procesos del funcionamiento de la naturaleza, ha enriquecido con nuevas expresiones el medio humano, hasta el punto de poder afirmarse que el medio humano es, al menos en potencia, m\u00e1s rico que el medio natural, al que abarca.<\/p>\n<p>Pero junto a esta constataci\u00f3n, la experiencia cotidiana presenta episodios incluso dram\u00e1ticos, indicativos del agravamiento del disenso entre sociedad y medio ambiente. El t\u00e9rmino \u00abambig\u00fcedad\u00bb describe mejor que ning\u00fan otro el comportamiento \u00e9tico del hombre para con su medio ambiente. A semejanza del concepto de \u00abcrisis ecol\u00f3gica\u00bb, invita a trabajar en una formaci\u00f3n, una educaci\u00f3n y una informaci\u00f3n medioambientales capaces de promover actitudes \u00e9ticamente correctas hacia el medio ambiente y sus recursos.<\/p>\n<p>&#8211; La cultura del dominio del hombre sobre la naturaleza y el medio ambiente humano: \u00bfcu\u00e1les son sus ra\u00ed\u00adces? La evoluci\u00f3n hist\u00f3rica de la relaci\u00f3n entre el hombre y su medio es la historia de las manifestaciones de esta ambig\u00fcedad. El hombre ha pasado de sentirse parte de la naturaleza a un comportamiento de dominador y explotador de la misma, sin prestar atenci\u00f3n alguna a la realidad y a los l\u00ed\u00admites de la naturaleza y del medio humano mismo.<\/p>\n<p>Las comunidades humanas han hecho una distinci\u00f3n entre plantas y animales, por un lado, y personas, por otro, a la vez que han establecido una relaci\u00f3n de radical distanciamiento del aire, el agua, el suelo, las plantas y los animales, es decir, del medio natural. Este conflicto no se ha limitado a las relaciones entre naturaleza y sociedad, sino que se ha extendido a las relaciones entre persona y persona, entre pa\u00ed\u00adses en v\u00ed\u00adas de desarrollo y pa\u00ed\u00adses industrializados, entre econom\u00ed\u00ada y ecolog\u00ed\u00ada, entre ciencias y t\u00e9cnica, entre valores cuantitativos y cualitativos.<\/p>\n<p>Seg\u00fandalgunos autores, interesados en los \u00faltimos decenios en el conflicto generalizado entre hombre y medio ambiente, la matriz cultural de esta actitud tendr\u00ed\u00ada un origen religioso y se remontar\u00ed\u00ada a la antropolog\u00ed\u00ada judeo-cristiana. Lynn White, por ejemplo, ha se\u00f1alado tres motivos, a su entender presentes en la Biblia: la actitud de dominio que impregna los relatos b\u00ed\u00adblicos de la creaci\u00f3n; la desacralizaci\u00f3n de la naturaleza llevada a cabo por la concepci\u00f3n b\u00ed\u00adblica; el impulso dado por el cristianismo al desarrollo de las ciencias y de la tecnolog\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>&#8211; La actitud de dominio en los relatos b\u00ed\u00adblicos de la creaci\u00f3n. Escribe Lynn White: \u00abLa ciencia y la tecnolog\u00ed\u00ada est\u00e1n tan penetradas por la arrogancia cristiana ortodoxa frente a la naturaleza, que no es posible esperar que provenga de ellas solas la soluci\u00f3n de la actual crisis ecol\u00f3gica. Y puesto que las ra\u00ed\u00adces de la crisis actual son mayoritariamente religiosas, tambi\u00e9n el remedio deber\u00e1 ser esencialmente religioso\u00bb. En s\u00ed\u00adntesis, Lynn White apunta a la religi\u00f3n judeo-cristiana como a la principal fuerza instigadora del comportamiento err\u00f3neo que el hombre de los pa\u00ed\u00adses industrializados tiene hacia la naturaleza. Ello se debe, en opini\u00f3n de White, a que esta religi\u00f3n considera al ser humano superior a cualquier otra cosa creada y cualquier otra cosa ha sido creada para uso y disfrute de los humanos.<\/p>\n<p>En Design with Nature sostiene McHarg (1969) que \u00abel mandato del G\u00e9nesis de someter la tierra y dominarla es el responsable b\u00e1sico de la explotaci\u00f3n y del mal uso que la humanidad hace de los recursos naturales: alienta en efecto, los peores instintos del hombre\u00bb.<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 dice en realidad la Biblia? El AT presenta un primer modelo de relaci\u00f3n hombre-naturaleza en los dos primeros cap\u00ed\u00adtulos del G\u00e9nesis. La descripci\u00f3n de la creaci\u00f3n del ser humano en el relato sacerdotal (G\u00e9n 1:26ss) remite a la representaci\u00f3n egipcia (creaci\u00f3n mediante la palabra), a una cultura, pues, ya evolucionado, eficiente y r\u00ed\u00adgidamente organizada: \u00abY dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza; que domine los peces del mar, las aves del cielo, los animales dom\u00e9sticos y todos los reptiles&#8230; Creced, multiplicaos, llenad la tierra y sometedla; dominad los peces del mar, las aves del cielo y todos los vivientes que reptan sobre la tierra&#8230;\u00bb<br \/>\nEs diversa la representaci\u00f3n de la creaci\u00f3n del ser humano por parte de Dios en el relato yavista (G\u00e9n 2:7ss), el cual, como es sabida, es anterior como redacci\u00f3n al relato sacerdotal. El relato yavista describe al hombre seg\u00fan la representaci\u00f3n del ambiente cultural babil\u00f3nico. El hombre aparece, en Ad\u00e1n, con sus tres dimensiones principales: en relaci\u00f3n con Dios, con la tierra y con sus hermanos. Despu\u00e9s de hablar de la belleza de la creaci\u00f3n, dice el texto: \u00abEl Se\u00f1or Dios tom\u00f3 al hombre y lo coloc\u00f3 en el jard\u00ed\u00adn de Ed\u00e9n, para que lo guardara y lo cultivara\u00bb.<\/p>\n<p>La creaci\u00f3n del hombre es coronaci\u00f3n de la del universo, a prop\u00f3sito del cual el autor de este primer texto (sin duda menos reflexivo y elaborado que el relato sacerdotal) hace notar que Dios, al verlo, lo encontr\u00f3 muy bueno.<\/p>\n<p>El pensamiento b\u00ed\u00adblico, derivado de una lectura cr\u00ed\u00adtica comparada de ambos relatos del G\u00e9nesis, se puede sintetizar de la siguiente manera. El ser humano debe programar y llevar adelante su relaci\u00f3n con plantas, animales y los dem\u00e1s seres humanos, sabedor del poder que posee y de la realidad de la naturaleza. El hombre puede ejercer de dos maneras esta tarea que Dios le ha encomendado, y que en la narraci\u00f3n b\u00ed\u00adblica se le presenta como una mezcla de dominio, de deber de trabajar la tierra, de guardarla y de someterla, siempre en un contexto de colaboraci\u00f3n con el trabajo de Dios: -pueden destruir la naturaleza, deformando el mandato de Dios y aduci\u00e9ndolo como justificaci\u00f3n de sus comportamientos de dominio-explotaci\u00f3n con pol\u00ed\u00adticas de grupos o de individuos, de las que se encuentran ya exponentes claros en las antiguas civilizaciones cl\u00e1sicas. Actuando de esta manera, el hombre hace suya la tendencia instintiva que regula las relaciones entre especies vegetales y animales, y que la conciencia de s\u00ed\u00ad y de los dem\u00e1s induce m\u00e1s bien a superar, a fin de conseguir una mejor calidad de vida; -pero los humanos pueden tambi\u00e9n responder al mandato de Dios gestionando el funcionamiento del medio ambiente y las relaciones con los dem\u00e1s humanos de manera responsable, enriqueciendo el medio con el trabajo de sus manos y con sus proyectos, haciendo uso de los recursos naturales con la conciencia de los l\u00ed\u00admites que esos recursos tienen y sin arrogancia individual o de especie.<\/p>\n<p>La elecci\u00f3n de uno u otro tipo de comportamiento por parte del hombre se deja a merced de su libertad y de sus proyectos cuya ambivalencia, como ya ha quedado dicho, ha marcado durante milenios, a trav\u00e9s de un alternarse de aspectos positivos y negativos, la trama de la relaci\u00f3n entre humanidad y naturaleza, entre humanidad y ciudad.<\/p>\n<p>Una lectura \u00absin glosa\u00bb, como la presentada en la Biblia, de la relaci\u00f3n entre el hombre y la naturaleza pone en evidencia sin lugar a dudas la ambivalencia humana y propone un antropocentrismo impregnado de responsabilidad. La conciencia no coloca al hombre fuera o sobre la naturaleza, sino que lo hace superior por ser responsable de esa naturaleza y de los dem\u00e1s hombres.<\/p>\n<p>\u00bfDe d\u00f3nde, pues, ha desarrollado la humanidad la pr\u00e1ctica del dominio-explotaci\u00f3n de la naturaleza? Una visi\u00f3n cr\u00ed\u00adtica y m\u00e1s documentada de las ra\u00ed\u00adces hist\u00f3ricas de la actitud existencial y de la pr\u00e1ctica de dominio de los individuos y de los grupos humanos sobre el medio ambiente demuestra la existencia de civilizaciones que han tenido un desarrollo fuera del \u00e1mbito de la tradici\u00f3n jadeo-cristiana y en cuyo contexto las poblaciones humanas han ejercido un articulado dominio-explotaci\u00f3n del medio ambiente.<\/p>\n<p>En otros t\u00e9rminos: las ra\u00ed\u00adces del disenso entre hombre y naturaleza son todav\u00ed\u00ada m\u00e1s universales y bastante m\u00e1s antiguas que la religi\u00f3n jadeo-cristiana. Hay que buscar esas ra\u00ed\u00adces en alg\u00fan otro denominador com\u00fan, \u00ed\u00adnsito en la naturaleza humana, que ha estimulado una actitud de separaci\u00f3n y de explotaci\u00f3n de la naturaleza y de la misma sociedad humana independientemente de la geograf\u00ed\u00ada o de la religi\u00f3n.<\/p>\n<p>Caben las siguientes posibilidades: -la actitud de distancia y de separaci\u00f3n respecto a la naturaleza desarrollada entre la poblaci\u00f3n del mesol\u00ed\u00adtico ante la repentina falta de alimentos provocada por la mitigaci\u00f3n del clima y por la fuga hacia el norte de la fauna. La poblaci\u00f3n se habr\u00ed\u00ada \u00abrebelado\u00bb contra la naturaleza, constri\u00f1\u00e9ndola a proveerla de alimentos; con el neol\u00ed\u00adtico nacieron la agricultura y la cr\u00ed\u00ada de ganado; -las pr\u00e1cticas de una err\u00f3nea gesti\u00f3n medioambiental llevadas a cabo por las grandes civilizaciones orientales, que dieron curso a la desertizaci\u00f3n a trav\u00e9s de intervenciones ecol\u00f3gicamente err\u00f3neas; -el racionalismo griego (el hombre medida de todo) y pragmatismo romano, culturas que han ejercido una notable influencia en la humanidad y que nacieron y se desarrollaron fuera de la \u00f3rbita judeocristiana; -una traducci\u00f3n cultural incoherente del mensaje b\u00ed\u00adblico, transmitido a trav\u00e9s de las expresiones de la cultura griega y latina, cuyas orientaciones se han asumido.<\/p>\n<p>En esta \u00f3ptica no se puede negar que el modelo b\u00ed\u00adblico ha experimentado en el contexto occidental interpretaciones diferentes y no siempre coherentes. A diferencia de otros temas (p.ej., el robo, la mentira, el respeto a los semejantes), la explotaci\u00f3n masiva de la naturaleza no s\u00f3lo no ha entrado como prohibici\u00f3n en la esfera de la \u00e9tica, sino que se la ha interpretado como uno de los aspectos que caracterizan la misma identidad humana. Pi\u00e9nsese en la cultura mercantil del siglo xm, en el concepto renacentista del hombre, en la filosof\u00ed\u00ada iluminista del siglo xvm, en la cultura econ\u00f3mica del crecimiento econ\u00f3mico ilimitado sostenida por tecnolog\u00ed\u00adas cada vez m\u00e1s poderosas, que han conducido a una explotaci\u00f3n de los recursos naturales y de los procesos ecol\u00f3gicos sin consideraci\u00f3n alguna de los l\u00ed\u00admites de unos y de otros, reduciendo la naturaleza y cualquier manifestaci\u00f3n de la vida a mercanc\u00ed\u00ada y desarrollando, sin preocuparse por ello, la cultura de muerte dei nihilismo.<\/p>\n<p>En la actualidad los biblistas est\u00e1n ahondando en el sentido del t\u00e9rmino dominio. En todo caso, una de las propuestas, todo lo peque\u00f1a que se quiera, pero significativa, es la de eliminar el t\u00e9rmino mismo \u00abdominio\u00bb de la cultura cotidiana, de las traducciones de la Biblia, de los textos de catequesis, de los medios de masas, y sustituirlo por una expresi\u00f3n que traduzca mejor el pensamiento de la Biblia en toda su extensi\u00f3n, por ejemplo la de custodia responsable.<\/p>\n<p>&#8211; La desacralizaci\u00f3n de la naturaleza llevada a cabo por la concepci\u00f3n b\u00ed\u00adblica. \u00abEl afianzamiento del monote\u00ed\u00adsmo en ei juda\u00ed\u00adsmo ha tenido como consecuencia el rechazo de la naturaleza. El afianzamiento del dominio de Yhwh -el Dios que hab\u00ed\u00ada creado al hombre a su imagen y semejanzaha sido una declaraci\u00f3n de guerra a la naturaleza. El relato b\u00ed\u00adblico es una patente para contaminadores y destructores del medio ambiente. Es como si la Biblia dijese: `Conquistad la naturaleza, someted al enemigo que amenaza a Yhwh\u00bb&#8216; (LYNN WHlTE, 1967).<\/p>\n<p>Es posible que uno de los acontecimientos m\u00e1s importantes en el proceso de desacralizaci\u00f3n de la naturaleza y de la conquista riel dominio sobre ella haya sido el desinter\u00e9s por el animismo, promovido por los fil\u00f3sofos griegos. Con su rechazo de la mitolog\u00ed\u00ada tradicional, que en cada realidad natural ve\u00ed\u00ada una divinidad, ellos hac\u00ed\u00adan hincapi\u00e9 en la capacidad de la mente humana para descubrir la verdad acerca de la naturaleza por medio de la raz\u00f3n. El medio ambiente no era ya para ellos un espacio lleno de dioses, sino un objeto de pensamiento y de an\u00e1lisis racional. `La frase de Prot\u00e1goras `el hombre es la medida de todas las cosas&#8217; indica que la raz\u00f3n de ser de todas las cosas est\u00e1 en la utilidad que ellas tengan para la humanidad\u00bb (Plat\u00f3n). Aparece aqu\u00ed\u00ad por vez primera el concepto moderno de naturaleza como objeto de manipulaci\u00f3n te\u00f3rica (muchos fil\u00f3sofos griegos fueron observadores atentos de la naturaleza) y pr\u00e1ctica.<\/p>\n<p>Lo que para los griegos fue \u00abuna tarea filos\u00f3fica\u00bb, constituy\u00f3 para los romanos el modo de gestionar la realidad, viendo en el medio ambiente una provincia por conquistar. A lo sumo, la filosof\u00ed\u00ada griega sirvi\u00f3 a los romanos como justificaci\u00f3n de su actitud esc\u00e9ptica de dominadores-explotadores y de manipuladores de la realidad natural y humana, actitud que constituye uno de los rasgos de su identidad.<\/p>\n<p>El comportamiento actual de la humanidad con la naturaleza empalma en muchos aspectos, al menos como orientaci\u00f3n, con la pr\u00e1ctica empresarial de los romanos.<\/p>\n<p>A este modo de entender la naturaleza, la Biblia ha aportado el elemento nuevo de la creaci\u00f3n: el mundo no es divino, sino obra de Dios. De un solo golpe la naturaleza queda desacralizada, despojada de sus aspectos arbitrarios y ciertamente terror\u00ed\u00adficos. Pero es err\u00f3nea la interpretaci\u00f3n que de ellos hace Lynn White: \u00abLa desacralizaci\u00f3n de la naturaleza por obra de la religi\u00f3n judeocristiana, eliminando de golpe un motivo de veneraci\u00f3n hacia ella, est\u00e1 en la base del proceso de reducci\u00f3n de la naturaleza a materia utilizable por la tecnolog\u00ed\u00ada humana\u00bb.<\/p>\n<p>La doctrina b\u00ed\u00adblica de la creaci\u00f3n ha contribuido de forma determinante al proceso de desacralizaci\u00f3n de la naturaleza, pero no ha dado justificaciones \u00e9ticas para contaminar y destruir la naturaleza. La naturaleza tiene para el jud\u00ed\u00ado y para el cristiano un valor derivado de su ser de criatura (vio Dios que todo era bueno). Por eso el hombre no tiene el derecho de violentar la realidad de la naturaleza y del medio humano, sino que tiene la obligaci\u00f3n de administrar su contexto natural y los recursos correspondientes (agua, aire, suelo, plantas, animales, etc.) con sentido de responsabilidad, evitando toda forma de rechazo de la vida.<\/p>\n<p>0 El influjo de la religi\u00f3n judeocristiana en el desarrollo de la ciencia y de la tecnolog\u00ed\u00ada. En el marco de lo dicho anteriormente es importante preguntarse en qu\u00e9 medida ha influido la concepci\u00f3n judeo-cristiana de la relaci\u00f3n hombre-naturaleza en el desarrollo de la ciencia y la tecnolog\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>Es necesario advertir que la ciencia ha florecido tambi\u00e9n fuera del cristianismo, en pa\u00ed\u00adses como China, la antigua Grecia o el islam, y que la concepci\u00f3n cristiana de la vida ha seguido en Oriente una orientaci\u00f3n m\u00ed\u00adstica, indiferente a los acontecimientos y a los aspectos de organizaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Dicho esto, es indudable que -dentro de los limites restringidos de las posibilidades que ha tenido a su disposici\u00f3n- la incidencia que en la desacralizaci\u00f3n de la naturaleza ha tenido primero la religi\u00f3n jud\u00ed\u00ada antes de Cristo, y despu\u00e9s el cristianismo ha abierto el camino a un conocimiento racional de la misma.<\/p>\n<p>En esta visi\u00f3n de la realidad es importante releer la evoluci\u00f3n hist\u00f3rica del comportamiento humano ante el medio ambiente. La clave de lectura se encuentra en dos constataciones b\u00e1sicas: O el hombre est\u00e1 llamado a superar por medio de la inteligencia y de la conciencia los determirnsmos del sistema natural y a organizar de forma original su propio medio social; El debido a un mayor y mejor conocimiento de los procesos del funcionamiento medioambiental y a una tecnolog\u00ed\u00ada cada vez m\u00e1s poderosa, el hombre ha ido adquiriendo una mayor cantidad de alimentos, de espacio y de instrumentos culturales para la propia especie. En esta posici\u00f3n el hombre debe considerarse, desde un punto de vista \u00e9tico, administrador responsable del capital de recursos naturales y de bienes culturales de que dispone en el curso de su vida; debe luchar contra las negativas y desastrosas calamidades naturales, pero debe tambi\u00e9n prestar atenci\u00f3n tanto a las leyes que regulan la econom\u00ed\u00ada de la naturaleza como al complejo sistema de relaciones que confieren identidad a su medio humano.<\/p>\n<p>Es indudable que el proceso de desacralizaci\u00f3n de la naturaleza ha incorporado la naturaleza misma a la historia humana y ha puesto en marcha un proceso de clarificaci\u00f3n entre conocimiento cient\u00ed\u00adfico experimental, conocimiento filos\u00f3fico y conocimiento de fe, irreductibles entre s\u00ed\u00ad desde el punto de vista del objeto y del m\u00e9todo, pero relacionados a nivel de la persona viviente. Dec\u00ed\u00ada Benedetto C4stelli a Galileo Galilei: la Biblia no nos dice c\u00f3mo est\u00e1 hecho el cielo, sino c\u00f3mo se va al cielo.<\/p>\n<p>La desacralizaci\u00f3n de la naturaleza ha sacado a la luz su dimensi\u00f3n temporal, su evoluci\u00f3n en el tiempo. Existen ciclos anuales (los agr\u00ed\u00adcolas) y ciclos m\u00e1s amplios (renacimiento de un bosque talado). En resumen, la naturaleza no es en la perspectiva b\u00ed\u00adblica un sistema fijo de ciclos que se repitan mec\u00e1nicamente, sino un sistema en continua evoluci\u00f3n.<\/p>\n<p>c) Ideas y propuestas para una nueva \u00e9tica del medio ambiente. Tambi\u00e9n por influjo de los desastres ambientales, cada vez m\u00e1s graves y frecuentes desde los a\u00f1os sesenta, se ha impuesto con realismo la necesidad de establecer nuevas reglas de comportamiento humano frente al medio ambiente. Han surgido movimientos medioambientales, y las propias administraciones p\u00fablicas, a trav\u00e9s de la legislaci\u00f3n, han contribuido eficazmente a que capas cada vez m\u00e1s numerosas de ciudadanos sientan el medio ambiente como algo propio y a lo que hay que prestar atenci\u00f3n.<\/p>\n<p>Durante los a\u00f1os setenta, y coincidiendo con el debate cient\u00ed\u00adfico, econ\u00f3mico y pol\u00ed\u00adtico sobre el medio ambiente, se ha venido desarrollando el inter\u00e9s de algunos grupos de fil\u00f3sofos por las relaciones entre el hombre y la naturaleza. Estos fil\u00f3sofos se han preguntado no tanto por los conceptos de bien, deber, justo o injusto, cuanto por lo que conviene y se debe o no hacer en problemas relacionados con el desarrollo de ciertas ciencias (medicina, biolog\u00ed\u00ada, ecolog\u00ed\u00ada, etc.), sin olvidar, por supuesto, la necesidad de construir o reconstruir modelos de racionalidad pr\u00e1ctica.<\/p>\n<p>Dos son los elementos que caracterizan a todas las \u00e9ticas del medio ambiente: -el rechazo de concepciones morales tradicionales que sit\u00faan al hombre fuera y sobre la naturaleza (es decir, de un antropocentrismo absoluto); -la ampliaci\u00f3n del \u00e1mbito de la consideraci\u00f3n moral, de manera que abarque no s\u00f3lo a los hombres, sino tambi\u00e9n a las realidades no humanas presentes en un determinado marco medioambiental.<\/p>\n<p>Este supuesto, va deline\u00e1ndose en el interior de la \u00e9tica medioambiental contempor\u00e1nea una doble orientaci\u00f3n: -reconocimiento de un valor moral intr\u00ed\u00adnseco a los objetos naturales y a las leyes reguladoras del funcionamiento del sistema natural (equilibrio, capacidad de sustentaci\u00f3n, homeostasis, mecanismos de regulaci\u00f3n del volumen de los n\u00fameros y de la poblaci\u00f3n, etc.): se trata de una filosof\u00ed\u00ada moral radicalmente anti-antropoc\u00e9ntrica; -reconocimiento de un valor moral derivado a los objetos naturales y a sus leyes, por considerarlos un bien cuya realizaci\u00f3n o puesta en pr\u00e1ctica sirve a los fines o a los intereses de las comunidades humanas: se trata de una propuesta sobre la que hay que trabajar muy seriamente.<\/p>\n<p>Entretanto se han venido desarrollando otras orientaciones de \u00e9tica medioambiental: la orientaci\u00f3n de liberaci\u00f3n de los animales, la escuela de la \u00e9tica de la vida, la escuela de la \u00e9tica de la tierra.<\/p>\n<p>Resumiendo, y en sinton\u00ed\u00ada con lo expuesto anteriormente, parece que una \u00e9tica medioambiental avanzada debe tener en cuenta dos hechos como base de una relaci\u00f3n m\u00e1s correcta entre la sociedad humana y su contexto medioambiental: -los conocimientos elaborados por la investigaci\u00f3n cient\u00ed\u00adfica -en particular por la ecolog\u00ed\u00ada- acerca del funcionamiento de la naturaleza; -la realidad biol\u00f3gica y cultural del hombre, su pertenencia a la naturaleza, su distanciamiento de ella a trav\u00e9s de la conciencia y la responsabilidad en la gesti\u00f3n de s\u00ed\u00ad mismo y del propio medio.<\/p>\n<p>Hacer de estos fundamentos cient\u00ed\u00adficos y metodol\u00f3gicos la base de un comportamiento m\u00e1s correcto del hombre para con el medio ambiente adquiere hoy valor estrat\u00e9gico. De aqu\u00ed\u00ad la necesidad de analizar tambi\u00e9n bajo el aspecto \u00e9tico aquellos temas de la actividad humana en los que la relaci\u00f3n hombre-medio ambiente tiene una incidencia cada vez m\u00e1s determinante: -el progreso: encamin\u00e1ndolo hacia la recuperaci\u00f3n de la calidad de vida; -la tecnolog\u00ed\u00ada: desarrollando el valor que asume en cuanto obra de las manos y de la inteligencia humanas y subrayando que sus l\u00ed\u00admites son fruto no de la tecnolog\u00ed\u00ada en s\u00ed\u00ad, sino de la ambig\u00fcedad del comportamiento humano en el uso de la misma; -la coordinaci\u00f3n entre econom\u00ed\u00ada y medio ambiente: pasando de la concepci\u00f3n err\u00f3nea de un crecimiento econ\u00f3mico ilimitado y basado en lo cuantitativo a un desarrollo en el que cantidad y calidad tengan igual dignidad y donde la disparidad entre pa\u00ed\u00adses industrializados y pa\u00ed\u00adses en v\u00ed\u00adas de desarrollo (hambre, sed, endeudamiento exterior) se aborde desde un conceptopr\u00e1ctica de econom\u00ed\u00ada de austeridad y de reciclaje por parte de los pa\u00ed\u00adses industrializados; -los problemas planteados por la poblaci\u00f3n humana: resolviendo los graves problemas planteados por el crecimiento num\u00e9rico (en una de las partes) y por el control de la natalidad (en la otra parte) a trav\u00e9s de un tratamiento de los mismos en una \u00f3ptica personal, de pareja y de comunidad; -el concepto-pr\u00e1ctica de antropocentrismo: optando por un equilibrio en el que los humanos sean garantes y administradores del medio ambiente y de los correspondientes recursos y en el que se tienda al ejercicio de un dominio-servicio (o poder-servicio) en lugar de un dominio-explotaci\u00f3n, el cual no se corresponde con la aut\u00e9ntica identidad biol\u00f3gica y cultural del ser humano; -una reflexi\u00f3n cr\u00ed\u00adtica acerca de la inclusi\u00f3n de la naturaleza en la esfera de la historia y de la \u00e9tica que sirva de base a la pr\u00e1ctica de la conservaci\u00f3n dentro de un desarrollo de los recursos nat\u00farales (agua, aire, suelo, plantas, animales, parques y \u00e1reas protegidas) y de los bienes culturales, como testimonio que sonde la identidad de las generaciones que nos han precedido; -la defensa del valor de cada una de lis realidades naturales del mundo no viviente y viviente y de la vida humana; -una nueva cultura de la ciudad, el medio que a lo largo de los siglos ha sido y es hoy el centro de la elaboraci\u00f3n cultural: pasando de una huida de la ciudad a una nueva apropiaci\u00f3n de la misma a trav\u00e9s del desarrollo de una \u00e9tica nueva, abarcadora de la naturaleza adem\u00e1s de la ciudad; -la recuperaci\u00f3n de los valores del pasado en la civilizaci\u00f3n actual de tecnolog\u00ed\u00ada avanzada: desarrollando un inter\u00e9s vivo por el futuro como objetivo \u00e9tico de enorme urgencia e importancia; -la promoci\u00f3n del amor y del sentido de lo desinteresado como alternativa a la \u00e9tica del homo homini lupus. En la naturaleza la relaci\u00f3n entre la luz, las plantas, la oveja y el le\u00f3n es la de una competici\u00f3n, caracterizada por una depredaci\u00f3n feroz: en estos procesos, en efecto, se basan el funcionamiento del medio natural y el grado de calidad del mismo. Pero ala inteligencia y al coraz\u00f3n humanos se les pide la superaci\u00f3n de la depredaci\u00f3n y de la competici\u00f3n, del comportamiento de consumo, del ego\u00ed\u00adsmo fr\u00ed\u00ado, de la pol\u00ed\u00adtica de poder\u00ed\u00ado y de soledad propia del domimo-explotaci\u00f3n para abrirse a una relaci\u00f3n in\u00e9dita, basada en el amor y la fraternidad, en la disponibilidad desinteresada, y llegar a un compromiso de participaci\u00f3n en la evoluci\u00f3n del medio ambiente. Una actitud as\u00ed\u00ad no es ciertamente instintiva, y el promoverla afianza la identidad de las personas, de la communitas y de la civitas; -el desarrollo de la capacidad de proyecto en todos los sectores comunitarios de la persona, en la ense\u00f1anza, en los medios de masas, en las artes y en las profesiones, en el urbanismo y en la administraci\u00f3n del territorio. Proyectar para el mundo real, para un mundo que emerge desde un sistema de relaciones vivo, en continua evoluci\u00f3n, entre factores, procesos, subsistemas naturales y culturales que lo configuran; -el desarrollo, en un momento de evidente transici\u00f3n cultural como es el actual, de la capacidad de escuchar las voces, a menudo subterr\u00e1neas y an\u00f3nimas, a menudo descompuestas e incluso irritantes, que se esfuerzan por llevar a la conciencia de la comunidad dramas y esperanzas de la situaci\u00f3n actual del medio natural y del medio humano. Resulta dif\u00ed\u00adcil individuar estas voces; pero resulta todav\u00ed\u00ada m\u00e1s dif\u00ed\u00adcil escucharlas y, con la responsabilidad del adulto, traducir su llamada en programas concretos.<\/p>\n<p>Surge espont\u00e1nea la referencia a los j\u00f3venes. Toda fase de transici\u00f3n de la sociedad ha tenido j\u00f3venes que han advertido de los riesgos y los han denunciado con modos y lenguajes provocativos. La desgracia que una \u00e9poca como la nuestra puede tener es la de que no existan profetas, que no exista disenso, que no exista demanda de participaci\u00f3n ni exista espacio para una denuncia libre y desinteresada de peligros mortales. Pobreza y riesgos de una \u00e9poca en la que se culpabiliza demasiado a la ligera al disenso, al que se le considera in\u00fatil y est\u00e9ril o se le cataloga de rebeli\u00f3n, de apat\u00ed\u00ada, de falta de compromiso, de desesperaci\u00f3n.<\/p>\n<p>III. Una conclusi\u00f3n:<br \/>\n      el mensaje de Francisco de As\u00ed\u00ads<br \/>\n\u00bfPor qu\u00e9 traer a escena a Francisco de As\u00ed\u00ads al finalizar un asunto que ata\u00f1e a la b\u00fasqueda de la formaci\u00f3n de una nueva \u00e9tica medioambiental?<br \/>\nFrancisco de As\u00ed\u00ads ha salido en los \u00faltimos decenios de una hagiograf\u00ed\u00ada marcadamente rom\u00e1ntica y emocional y ha entrado, con la fuerza de un proyectista de raza, en la discusi\u00f3n acerca de la soluci\u00f3n de la dif\u00ed\u00adcil relaci\u00f3n entre hombre, naturaleza y ciudad. En 1982, octavo centenario de su nacimiento, los especialistas se preguntaron por las ra\u00ed\u00adces de la presencia viva de Francisco de As\u00ed\u00ads y de su mensaje. Los motivos resultan evidentes leyendo y cotejando el contexto hist\u00f3rico de su \u00e9poca y de la nuestra.<\/p>\n<p>Francisco de As\u00ed\u00ads vivi\u00f3 en el siglo xIII: \u00e9poca, como la nuestra, marcada por profundos cambios socioculturales y econ\u00f3micos. Con el desarrollo del comercio y la introducci\u00f3n de la moneda el siglo xin desarroll\u00f3 la clase de los comerciantes, al margen de la sociedad agr\u00ed\u00adcola y feudal. La ciudad fue asumiendo paulatinamente el liderazgo sobre el campo y el castillo. Los comerciantes desarrollaron un comportamiento de superioridad frente a la nobleza, asumieron mano de obra y, anticip\u00e1ndose a la \u00e9poca de la gran industria, pusieron en marcha en la ciudad las primeras formas de capitalismo y de sociedad del bienestar. Comercio, mercado de cambios y desarrollo del urbanismo requer\u00ed\u00adan m\u00e1s terreno y materiales para la construcci\u00f3n de la ciudad y de su variada infraestructura, madera para la miner\u00ed\u00ada y la metalurgia. Todo ello llev\u00f3 al desmantelamiento de grandes extensiones de bosque, a hechos, graves algunos, comprometedores de la calidad del medio ambiente y a un comportamiento gradualmente m\u00e1s generalizado de reducci\u00f3n de la naturaleza a materia.<\/p>\n<p>De esta sociedad rebosante de iniciativas, pero que junto a la novedad presentaba g\u00e9rmenes de rapacidad y de crueldad, Francisco de As\u00ed\u00ads no hizo un an\u00e1lisis cient\u00ed\u00adfico o econ\u00f3mico-social o pol\u00ed\u00adtico (aspectos todos ellos, por lo dem\u00e1s, importantes), sino que, sobre la base del ejemplo cargado de proyecci\u00f3n, propuso un modo alternativo de vivir la relaci\u00f3n hombre-naturaleza, hombre-ciudad. Y se le escuch\u00f3. En su atribulada y no larga vida, Francisco fue un infatigable tejedor de relaciones.<\/p>\n<p>En el momento en que, abandonado y enfermo, siente la cercan\u00ed\u00ada de la muerte, expresa esta relaci\u00f3n en el C\u00e1ntico de las criaturas: canto de la fraternidad c\u00f3smica, de la alegr\u00ed\u00ada de vivir juntos, del agradecimiento.<\/p>\n<p>A la pregunta sobre los fundamentos de la nueva \u00e9tica medioambiental es necesario responder partiendo -y no se trata de una actitud deferentede las dos caracter\u00ed\u00adsticas propias de la actitud de Francisco de As\u00ed\u00ads respecto al medio ambiente, que remiten a una meditaci\u00f3n del evangelio \u00absin glosa\u00bb y a la contemplaci\u00f3n de la naturaleza como signo: -Francisco renunci\u00f3 al dinero, al poder-dominio, al consumismo, y eligi\u00f3 el sentido del l\u00ed\u00admite, la austeridad, la pobreza como valor y como \u00abactitud de libertad\u00bb para poder desarrollar un trato familiar con Dios, con las cosas y con las personas, y una participaci\u00f3n plena en la trama de las peripecias de la naturaleza y del medio humano; -Francisco de As\u00ed\u00ads asisti\u00f3, desgarrado, al contraste entre el proyecto original y su adaptaci\u00f3n, y le falt\u00f3 talento organizador. Si lo hubiera tenido, habr\u00ed\u00ada entrado en la historia como el hombre de una cultura (caso de Inocencio III); pero no podr\u00ed\u00ada ofrecer, como hoy lo hace a nosotros, que vivimos en un contexto cultural completamente diferente, motivos y orientaciones que gu\u00ed\u00adan en profundidad nuestro trabajo de b\u00fasqueda de una cultura medioambiental alternativa a la que tenemos.<\/p>\n<p>BIBL.: AA.VV., \u00c2\u00a1Cuidad de mi creaci\u00f3n! Religiosos y ecolog\u00ed\u00ada, en \u00abVida Religiosa\u00bb66 (1989) n. 5; AA.VV., Le ecolog\u00ed\u00ada, la ansiosa espera de la creaci\u00f3n, en \u00abMisi\u00f3n Abierta\u00bb 2 (1990); AA.VV., Ecolog\u00ed\u00ada y teolog\u00ed\u00ada, en \u00abBiblia y Fe\u00bb 16 (1990) n. 47; AA.VV., No hay cielo sin tierra, en \u00abCon\u00bb 236 (1991); AA. V V., Questione energetica e questione morale, Dehoniane, Bolonia 1990; AA. 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Moroni<\/p>\n<p>Compagnoni, F. &#8211; Piana, G.- Privitera S., Nuevo diccionario de teolog\u00ed\u00ada moral, Paulinas, Madrid,1992<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario de Teolog\u00eda Moral<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>[080] Ciencia o rama biol\u00f3gica que estudia la adaptaci\u00f3n de los seres vivos a su entorno. Por extensi\u00f3n, tambi\u00e9n se entiende por Ecolog\u00ed\u00ada la t\u00e9cnica o el estudio de la recta administraci\u00f3n de los bienes naturales, de modo que no se deteriore la naturaleza como lugar de vida de los animales y del hombre. 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