{"id":10750,"date":"2016-02-05T07:37:15","date_gmt":"2016-02-05T12:37:15","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/eucaristico-culto\/"},"modified":"2016-02-05T07:37:15","modified_gmt":"2016-02-05T12:37:15","slug":"eucaristico-culto","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/eucaristico-culto\/","title":{"rendered":"EUCARISTICO. CULTO"},"content":{"rendered":"<p>[426]<\/p>\n<p>    Desde que los Ap\u00f3stoles asistieron a la primera misa, la Ultima Cena del Se\u00f1or, la Eucarist\u00ed\u00ada, la acci\u00f3n de gracias pronunciada por Jes\u00fas sobre el pan y el vino convertidos en cuerpo y sangre por su voluntad, se ha convertido en fuerza insustituible en la vida de la Iglesia.<\/p>\n<p>    Los seguidores de Jes\u00fas han visto siempre en la celebraci\u00f3n de la Eucarist\u00ed\u00ada la renovaci\u00f3n de esa presencia del Maestro. Y con el tiempo hicieron de la conservaci\u00f3n del pan en sus iglesias, para poder alimentar con \u00e9l a los enfermos o presos antes de su muerte, un motivo de plegaria y de veneraci\u00f3n.<\/p>\n<p>    Con este \u00abinvento divino\u00bb Jes\u00fas asegur\u00f3 el cumplimiento de cuantas promesas de permanencia hab\u00ed\u00ada hecho a sus Ap\u00f3stoles a lo largo de su itinerario prof\u00e9tico. El mismo Jes\u00fas les hab\u00ed\u00ada dicho: Me voy, pero volver\u00e9 a vosotros\u00bb (Jn. 14. 27 y 16. 16) Y tambi\u00e9n les hab\u00ed\u00ada prometido con misterio: \u00abMe quedar\u00e9 con vosotros hasta la consumaci\u00f3n de los siglos\u00bb (Jn. 14. 17)<\/p>\n<p>    En esa partida (memorial) y en esa presencia (sacramento) se halla el doble eje del culto eucar\u00ed\u00adstico, culto esencial en el cristianismo y singular en entre todas les religiones de la tierra.<\/p>\n<p>   1.  Palabras de Jes\u00fas<\/p>\n<p>    En uno de sus discursos, recogido por S. Juan, Jes\u00fas dej\u00f3 entrever lo que en el momento de su despedida convertir\u00ed\u00ada en real testamento y regalo.<\/p>\n<p>    Dec\u00ed\u00ada Jes\u00fas: \u00abMi Padre es el que os da el verdadero pan del cielo. El pan que Dios da baja del cielo y otorga la vida al mundo\u00bb. Le dec\u00ed\u00adan los que le escuchaban: \u00abSe\u00f1or, danos siempre de esa pan\u00bb. Y Jes\u00fas les respond\u00ed\u00ada: \u00abYo soy el pan de la vida. El que viene a m\u00ed\u00ad jam\u00e1s tendr\u00e1 hambre y el que cree en m\u00ed\u00ad jam\u00e1s tendr\u00e1 sed&#8230; Yo soy el pan de vida&#8230; Os hablo de un pan bajado del cielo. El que come de este pan vivir\u00e1 para siempre. Y el pan que yo os voy a dar es mi propia carne. Y la doy para que el mundo tenga vida&#8230;\u00bb   Dec\u00ed\u00adan ellos: \u00bfY c\u00f3mo puede \u00e9ste darnos a comer su carne?   Pero Jes\u00fas insist\u00ed\u00ada: \u00abOs aseguro que, si no com\u00e9is la carne del Hijo del hombre y no beb\u00e9is su sangre, no tendr\u00e9is vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna y yo le resucitar\u00e9 en el \u00faltimo d\u00ed\u00ada. Porque el que come mi carne y bebe mi sangre vive en m\u00ed\u00ad y yo en \u00e9l\u00bb. (Jn. 6. 32-56)<\/p>\n<p>    Aunque en la ex\u00e9gesis cat\u00f3lica el texto hay que entenderlo referido a su mensaje, a su palabra, a la entrega de su misma vida a trav\u00e9s de su muerte y resurrecci\u00f3n, palabras como \u00e9stas, y los recuerdos evang\u00e9licos de la \u00faltima Cena, se convirtieron en la base del culto que la Iglesia siempre tribut\u00f3 al Se\u00f1or hecho comida y bebida de los suyos.<\/p>\n<p>    La Eucarist\u00ed\u00ada no se reduce a un simple encuentro fraterno para elevar una plegaria al Se\u00f1or. No es un sacrificio pasajero que se celebra de una forma fugaz, aunque repetida cada d\u00ed\u00ada. Es mucho m\u00e1s misteriosa y sorprendente.<\/p>\n<p>    Es el signo sacramental de una presencia ininterrumpida y activa.<\/p>\n<p>    Es la misma Cena del Se\u00f1or culminada en el Calvario y prolongada en la Historia. Es la ofrenda en la que se unen sus disc\u00ed\u00adpulos con el Maestro para celebrar la pascua que no termina nunca.<\/p>\n<p>    Es la fiesta de todos los que viven con Jes\u00fas, pues todos reciben el mismo pan y el mismo vino que El declara ser su cuerpo y sangre para la vida eterna.<\/p>\n<p>    Es normal que, en base a todas estas razones, el culto eucar\u00ed\u00adstico haya resultado nuclear en la Iglesia y tenga que ser objeto prioritario en una catequesis adecuada y s\u00f3lida en todas las edades.<\/p>\n<p>     2. Fiestas Eucar\u00ed\u00adsticas<\/p>\n<p>    La Eucarist\u00ed\u00ada ha sido siempre una celebraci\u00f3n gozosa de la Pascua del Se\u00f1or. Pascua es salto del mundo a la eternidad, de una Alianza vieja a otra Nueva, de una presencia terrena a una permanencia sobrenatural.<\/p>\n<p>    La Eucarist\u00ed\u00ada es el nudo que enlaza esos extremos. La Iglesia hace de ella el alma de su plegaria, el manantial de su amor, el desaf\u00ed\u00ado de su fe permanente.<\/p>\n<p>    2.1. Celebraci\u00f3n dominical<\/p>\n<p>    La celebra cada d\u00ed\u00ada, pero de modo especial cada \u00abdomingo\u00bb. El domingo fue siempre el d\u00ed\u00ada del culto cristiano. Desde los primeros tiempos cristianos se convirti\u00f3 en el momento oportuno y preferente para la celebraci\u00f3n de la resurrecci\u00f3n del Se\u00f1or. El d\u00ed\u00ada del Se\u00f1or, o dom\u00ed\u00adnicus, estuvo lleno de reminiscencias pascuales y eucar\u00ed\u00adsticas.<\/p>\n<p>    Ya a mediados del siglo I las comunidades cristianas, a medida que fueron pobl\u00e1ndose de creyentes venidos de la gentilidad y no del juda\u00ed\u00adsmo, se olvidaron del s\u00e1bado como d\u00ed\u00ada santo de descanso y oraci\u00f3n y reservaron el domingo como d\u00ed\u00ada de celebraci\u00f3n y plegaria.<\/p>\n<p>    Desde el siglo segundo, se multiplicaron los testimonios escritos sobre la Eucarist\u00ed\u00ada celebrada al amanecer.<\/p>\n<p>    Los siglos siguientes se encargar\u00ed\u00adan de hacer de ese d\u00ed\u00ada una jornada eclesial: participaci\u00f3n en la oraci\u00f3n, de ausencia de trabajo, de asistencia a homil\u00ed\u00adas, de limosnas fraternas y devociones peculiares.<\/p>\n<p>    En su Catecismo 3\u00c2\u00ba de la comunidad Cristiana, los Obispos espa\u00f1oles recuerdan lo que es la Eucarist\u00ed\u00ada y lo que significa el Domingo como d\u00ed\u00ada especialmente dedicado al Se\u00f1or: \u00abDesde los primeros tiempos, los cristianos establecieron como d\u00ed\u00ada festivo semanal, el primero de la semana jud\u00ed\u00ada, es decir nuestro actual Domingo, palabra que significa d\u00ed\u00ada del Se\u00f1or.<\/p>\n<p>    Se reun\u00ed\u00adan especialmente ese d\u00ed\u00ada para cumplir lo que Jes\u00fas les hab\u00ed\u00ada mandado en la Ultima Cena: \u00abHaced esto en recuerdo m\u00ed\u00ado\u00bb.<\/p>\n<p>    A esta celebraci\u00f3n se llamaba \u00abCena del Se\u00f1or\u00bb, pero sobre todo se dec\u00ed\u00ada \u00abFracci\u00f3n del pan\u00bb. La primitiva Comunidad emple\u00f3 la expresi\u00f3n fracci\u00f3n del pan, porque le recordaba el gesto de Jes\u00fas resucitado que, en sus apariiones, se hab\u00ed\u00ada dado a conocer partiendo el pan\u00bb.  (pg. 242)<\/p>\n<p>    Con el tiempo, algunos domingos cobraron resonancia singular en el contexto de las plegarias de la comunidad: domingo de Resurrecci\u00f3n, domingo de Ramos, domingo de Pentecost\u00e9s, domingos de Epifan\u00ed\u00ada o de Cuaresma.<\/p>\n<p>    En todos estos domingos fue la Eucarist\u00ed\u00ada la que se ti\u00f1\u00f3 de tonalidad diferentes y en torno a ella cobraron formas vivas los tiempos lit\u00fargicos del a\u00f1o.<\/p>\n<p>    2.2. Jueves Santo<br \/>\n    Otros d\u00ed\u00adas de especial celebraci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica fueron los dedicados a recuerdos singulares del Se\u00f1or. El Jueves Santo se enmarc\u00f3 pronto en el contexto de la celebraci\u00f3n pascual. El tono de cada jornada de la Semana precedente a la Pascua se llen\u00f3 de sentimientos diferentes en torno al siglo V o VI.<\/p>\n<p>    El Jueves previo a la Pascua se dedic\u00f3 a la Santa Cena, como el Viernes se centr\u00f3 en el recuerdo en la muerte del Se\u00f1or. Desde el siglo III, el alejamiento de la pascua jud\u00ed\u00ada se hab\u00ed\u00ada consumado entre los cristianos: los jud\u00ed\u00ados siguieron teniendo como referencia el s\u00e1bado siguiente al plenilunio que sigue al equinocio de primavera; y los cristianos trasladaron su \u00abPascua\u00bb al amanecer del domingo siguiente, d\u00ed\u00ada en que hab\u00ed\u00ada resucitado el Se\u00f1or.<\/p>\n<p>    Desde entonces, en alma de las celebraciones de los Jueves estaba llena de recuerdos de la Cena: lavatorio de los pies, traici\u00f3n de Judas, discurso de Jes\u00fas, sobre todo la instituci\u00f3n de la Sda. Eucarist\u00ed\u00ada y el prendimiento del Se\u00f1or.<\/p>\n<p>    Fue aquella \u00abv\u00ed\u00adspera del d\u00ed\u00ada solemne de la fiesta de los panes \u00e1cimos\u00bb, dentro de aquel tiempo sagrado en que Jerusal\u00e9n se poblaba de peregrinos del mundo entero, cuando el recuerdo de la Cena de despedida resalt\u00f3 con vive y calor humano y adquiri\u00f3 sabor lit\u00fargico especial. En el transfondo de la celebraci\u00f3n se hallaban los recuerdos de los disc\u00ed\u00adpulos, recogidos en los Evangelios: (Jn. 13.1; Lc. 22.7; Mt. 26. 17; Mc. 14. 12).<\/p>\n<p>    La devoci\u00f3n a la Eucarist\u00ed\u00ada fue creciente hasta el siglo XIII. Pero al culminar la Edad Media, un gran movimiento eucar\u00ed\u00adstico se desarroll\u00f3 en la Iglesia.<\/p>\n<p>    Se extendieron los homenajes y las plegarias a Cristo en el Sacramento. Se veneraron los altares y los monumetos llenos de luces y de flores en al altar que custodiaba la pan consagrado. Se resalt\u00f3 el recuerdo del lavatorio de los pies a los disc\u00ed\u00adpulos.<\/p>\n<p>    La piedad popular ensalz\u00f3 siempre la solemnidad de la jornada. Surgieron versos populares: \u00abTres d\u00ed\u00adas hay en el a\u00f1o que brillan m\u00e1s que el sol, Jueves Santo, Corpus Christi y el d\u00ed\u00ada de la Ascensi\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p>     2.3. Corpus Christi<\/p>\n<p>     La Jornada del Corpus Christi reforz\u00f3 la primitiva del Jueves Santo. Surgi\u00f3 como una reviviscencia fervorosa del recuerdo del Se\u00f1or. En 1208 Sta. Juliana de Monte Cornill\u00f3n, monja cisterciense de Lieja, tuvo una visi\u00f3n en la que contempl\u00f3 la luna llena con un fragmento sin cubrir. El Se\u00f1or la comunic\u00f3 que la luna era la plegaria de Iglesia y el vac\u00ed\u00ado era la devoci\u00f3n a la Eucarist\u00ed\u00ada, que todav\u00ed\u00ada carec\u00ed\u00ada de una fiesta singular.<\/p>\n<p>    En 1246 la fiesta del Cuerpo del Se\u00f1or salt\u00f3 del monasterio a toda la ciudad y lugares cercanos. Y el Papa dominico Urbano VI, en 1264, la extendi\u00f3 a la Iglesia Universal. Encarg\u00f3 a Tom\u00e1s de Aquino la preparaci\u00f3n de los textos lit\u00fargicos, tarea en la que el Doctor ang\u00e9lico lleg\u00f3 a lo sublime en la creatividad literaria y teol\u00f3gica. Sus poemas e himnos, como \u00abPange Lengua\u00bb, \u00abAdoro te devote\u00bb, \u00abLauda Sion\u00bb, \u00abO salutaris Hostia\u00bb, \u00abO sacrum convivium\u00bb, llenaron de piedad durante siglos a todo el orbe cristiano.<\/p>\n<p>    La devoci\u00f3n tuvo auge cada vez m\u00e1s popular. Las procesiones y asociaciones, los santuarios y las im\u00e1genes, las plegarias y las invocaciones, surgieron con profusi\u00f3n. En el siglo XVIII el pueblo sencillo hab\u00ed\u00ada logrado tan excelente formaci\u00f3n teol\u00f3gica, que hasta pod\u00ed\u00ada asistir a los autos sacramentales barrocos, los cuales eran lecciones magistrales de teolog\u00ed\u00ada sobre el Sacramento.<\/p>\n<p>     3. Culto del Sacramento<\/p>\n<p>  La adoraci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica fue siempre pr\u00e1ctica de los cristianos fervorosos. La piedad del siglo XIV, la \u00abdevotio moderna\u00bb, increment\u00f3 el amor a la soledad del templo y del sagrario. Pero tambi\u00e9n promovi\u00f3 otras manifestaciones solidarias en reconocimiento de la presencia del Se\u00f1or en el pan consagrado.<\/p>\n<p>    3. 1. Adoraci\u00f3n ante el sagrario<\/p>\n<p>    Result\u00f3 m\u00e1s continuo y estable durante el a\u00f1o que el de las celebraciones y procesiones. Se mir\u00f3 la conservaci\u00f3n de la especie de pan en el sagrario como un don maravilloso de presencia.<\/p>\n<p>    La costumbre ven\u00ed\u00ada de los primeros cristianos, cuando se guardaba el pan consagrado para poder facilitarlo a los enfermos y moribundos y, en ocasiones, a los presos en las c\u00e1rceles, sobre todo si iban a ser llevados al sacrificio de su vida por la fe profesada.<\/p>\n<p>    La oraci\u00f3n silenciosa ante la reserva del Stmo. Sacramento se cultiv\u00f3 desde el siglo XIII, aunque la mayor extensi\u00f3n se produjo en el siglo XVI, como reacci\u00f3n cat\u00f3lica a la increencia protestante. Entonces fue cuando surgieron grupos dedicados a la adoraci\u00f3n. Se desarroll\u00f3 gran respeto y admiraci\u00f3n por la mesa del altar, en torno a la cual se ofrec\u00ed\u00ada el santo sacrificio. Ella simbolizaba la presencia de Jes\u00fas en medio de la Comunidad y se multiplicaron las expresiones art\u00ed\u00adsticas en multitud de labrados, decorados y ornamentaciones eucar\u00ed\u00adsticas.<\/p>\n<p>     Sobre el altar se situ\u00f3 con veneraci\u00f3n el sagrario o dep\u00f3sito del sacramento. Se cubri\u00f3 con un conopeo o velo de respeto y se alumbr\u00f3 con una l\u00e1mpara permanente como anuncio de su presencia milagrosa. Ante el sagrario se doblaba humildemente la rodilla cuando ante \u00e9l hab\u00ed\u00ada que pasar y se guardaba un silencio admirable de veneraci\u00f3n.<\/p>\n<p>     Se enriquecieron los retablos que se levantaban desde el siglo XII en torno a los sagrarios, hermosos y policromados, y se llenaron de ornamentaciones por lo general cristol\u00f3gicas. Las pinturas del arte rom\u00e1nico y g\u00f3tico, verdaderas catequesis silenciosas para la gente sencilla, se reemplazaron por relieves elegantes que recordaban con sus motivos al que all\u00ed\u00ad se hallaba invisible y presente.<\/p>\n<p>     Una serie larga de santos admirables suscitaron la admiraci\u00f3n e imitaci\u00f3n de los devotos del sagrario, desde S. Tarsicio (s. III), ni\u00f1o m\u00e1rtir por llevar la Eucarist\u00ed\u00ada a los presos, hasta la del franciscano adorador eucar\u00ed\u00adstico, S. Pascual Bail\u00f3n (1540-1592), que ser\u00ed\u00ada desde Le\u00f3n XIII patrono de los Congresos y de las Asociaciones eucar\u00ed\u00adsticas.<\/p>\n<p>     La serie de las grandes almas adoradoras resultar\u00ed\u00ada interminable para ilustrar el culto \u00ed\u00adntimo de la plegaria eucar\u00ed\u00adstica: La de Teresa de Jes\u00fas (1515-1582) con sus carmelitas reformadas, la de Pedro Vigne (1670-1740) con sus adoradoras, la de Sta. Micaela del Stmo. Sacramento (1809-1865) con sus adoratrices, o la del Beato Manuel Gonz\u00e1lez (1877-1940), el catequista de los Sagrarios abandonados, pueden ser los mejores representantes de esta devoci\u00f3n en cada uno de los \u00faltimos siglos.<\/p>\n<p>     3.2. La Exposici\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica<\/p>\n<p>     Tambi\u00e9n se multiplicaron las oraciones eucar\u00ed\u00adsticas e invocaciones que tuvieron como centro la Exposici\u00f3n de la Sda. Forma, en torno a la cual se construy\u00f3 una piedad popular muy personalista. Fue creciendo desde el siglo XVI por el  alejamiento del pueblo de los textos de la Eucarist\u00ed\u00ada, dichos en lat\u00ed\u00adn y con el celebrante de espaldas a la asamblea.<\/p>\n<p>     Las Exposici\u00f3n del Santo Sacramento polariz\u00f3 en gran medida la piedad del pueblo cristiano. Se llegaron a tener dos tipos de exposiciones: la llamada \u00abmayor\u00bb, con la forma descubierta en la custodia o expositorio: y la \u00abmenor\u00bb, que se hac\u00ed\u00ada con s\u00f3lo abrir el sagrario y colocar en el altar el cop\u00f3n conteniendo las especies sagradas.<\/p>\n<p>     Las plegarias recitadas ante el Se\u00f1or sacramentado se diversificaron seg\u00fan los tiempos y los lugares, siendo frecuente la \u00abestaci\u00f3n a Jes\u00fas sacramentado\u00bb, con sus siete padres nuestros, avemar\u00ed\u00adas y glorias, seguidos de la incensaci\u00f3n respetuosa y de las letan\u00ed\u00adas en reparaci\u00f3n de las blasfemias.<\/p>\n<p>     Estos cultos, llamados por algunos \u00abparalelos\u00bb, fueron preferentemente vespertinos el domingo y el jueves, d\u00ed\u00ada dedicado a la devoci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica. Quedar\u00ed\u00adan relegados en los tiempos posteriores al Concilio Vaticano II, por la renovaci\u00f3n que se hizo de la liturgia y la vuelta de la atenci\u00f3n hacia el sacrificio de Cristo celebrado de forma m\u00e1s comunitaria.<\/p>\n<p>    Algunas de las \u00abExposiciones eucar\u00ed\u00adsticas\u00bb revistieron especiales reclamos y motivaciones. Tal es el caso de la \u00abExposici\u00f3n de las cuarenta horas\u00bb, hecha para compensar las irreverencias de los carnavales.<\/p>\n<p>    Y el mismo esp\u00ed\u00adritu reparador tuvieron las \u00abExposiciones nocturnas del Sacramento\u00bb, que animaron en determinadas cofrad\u00ed\u00adas y asociaciones eucar\u00ed\u00adsticas las vigilias de oraci\u00f3n y penitencia hechas tambi\u00e9n con esp\u00ed\u00adritu de desagravio.<\/p>\n<p>    En el siglo XIX este culto culmin\u00f3 con templos o santuarios dedicados a la Exposici\u00f3n perpetua del Sacramento.<\/p>\n<p>    3. 3. Procesiones<\/p>\n<p>    La Sagrada Eucarist\u00ed\u00ada despert\u00f3 tambi\u00e9n devoci\u00f3n singular a las procesiones, que se acostumbraban a tener en determinadas ocasiones en honor del Sacramento del altar. Entre ellas hay que recordar la m\u00e1s popular y extendida, con motivo de la fiesta del Corpus Christi.<\/p>\n<p>    Inolvidables son las carrozas, los copones, las custodias, los expositorios que la orfebrer\u00ed\u00ada religiosa promocion\u00f3 con este motivo.<\/p>\n<p>    Menos solemnes, pero m\u00e1s devotas y repetidas, fueron las procesiones que se organizaban para acompa\u00f1ar la Eucarist\u00ed\u00ada cuando se llevaba como vi\u00e1tico a los enfermos y moribundos, que se convert\u00ed\u00ada en una p\u00fablica manifestaci\u00f3n de fe y de fraternidad.<\/p>\n<p>    En ocasiones fueron emotivas las procesiones hechas como desagravio ante alguna profanaci\u00f3n o como s\u00faplica ante la inminencia de alguna calamidad como la guerra o la peste.<\/p>\n<p>    Las procesiones eucar\u00ed\u00adsticas llegaron a ser verdaderas manifestaciones p\u00fablicas de piedad, de regocijo y de admiraci\u00f3n, cuando las sociedades eran cristianas y las autoridades se sent\u00ed\u00adan orgullosas de ser las primeras en tributar sus homenajes a Cristo sacramentado.<\/p>\n<p>  4. La comuni\u00f3n<\/p>\n<p>    La devoci\u00f3n m\u00e1s lit\u00fargica y central en torno a la Eucarist\u00ed\u00ada se centr\u00f3 siempre en la participaci\u00f3n en el Sacrificio de la Misa, mediante la comuni\u00f3n. Ha sido tradicional llamar a la Eucarist\u00ed\u00ada el sacramento de la Comuni\u00f3n, por ser su primer efecto la uni\u00f3n profunda y espiritual que suscita entre quienes se acercan a ella y el mismo Cristo que se recibe.<\/p>\n<p>  4.1. Comulgar por amor<\/p>\n<p>    La recepci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica reclama una debida preparaci\u00f3n y convenientes formas de respeto. La preparaci\u00f3n lleva sobre todo al arrepentimiento de los  pecados, pues la Eucarist\u00ed\u00ada ha de ser  recibida en estado de gracia de Dios, ya que sin esa amistad no tendr\u00ed\u00ada sentido manifestar el amor que ella representa.<\/p>\n<p>    El culto eucar\u00ed\u00adstico se centr\u00f3 siempre en esa sagrada participaci\u00f3n. Para mejorarla se alent\u00f3 la preparaci\u00f3n interior, cuyo signo fue el tradicional y obligado \u00abayuno eucar\u00ed\u00adstico\u00bb. Pero muchos fieles a\u00f1adieron a esa consigna, que tanto vari\u00f3 con los tiempos, otras formas de respeto: plegarias, obras buenas, limosnas, etc., tanto m\u00e1s selectas, cuanto mas conscientes resultaron.<\/p>\n<p>    La devoci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica fue siempre la primera de las cultivadas por la Iglesia y por los diversos movimientos de piedad que se fueron sucediendo.<\/p>\n<p>    Se resalt\u00f3 que la Eucarist\u00ed\u00ada tiene especial sentido de alegr\u00ed\u00ada y de regocijo y constituye la primera celebraci\u00f3n que la Iglesia gozosamente realiza. Con ella se acuerda de lo que el mismo Jes\u00fas realiz\u00f3 en vida. Renueva los sentimientos de paz, confianza, amor y fidelidad que Jes\u00fas reclama a sus seguidores.<\/p>\n<p>    Pero, al mismo tiempo, supone conciencia de lo que exige tan magno acontecimiento, tanto a nivel de celebraci\u00f3n comunitaria como de beneficio y regalo personal. Por eso ha sido tradicional en la Iglesia el que los primeros comulgantes tuvieran ya uso de raz\u00f3n, instrucci\u00f3n catequ\u00ed\u00adstica suficiente y disposici\u00f3n personal y familiar adecuada.<\/p>\n<p>   4.2. Los momentos singulares   Precisamente por eso se ha tenido siempre cuidado afectuoso de determinados comulgantes<\/p>\n<p> 4.2.1. La Primera Comuni\u00f3n<\/p>\n<p> Reclam\u00f3 especial llamada de atenci\u00f3n a la comunidad cristiana todo el proceso catequ\u00ed\u00adstico que acompa\u00f1\u00f3 siempre la iniciaci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica de los ni\u00f1os. Se entendi\u00f3 como un paso importante en la vida y, desde el siglo XVII, fue cobrando cierta resonancia parroquial y familiar.<\/p>\n<p>    Precisamente por esa resonancia, la primera iniciaci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica de los ni\u00f1os se convirti\u00f3 en est\u00ed\u00admulo para la misma vida religiosa familiar. En muchos ambientes, desde las normas de P\u00ed\u00ado X en 1910, surgi\u00f3 la costumbre de que todos los miembros de la familia acompa\u00f1aran al neocomulgante con su participaci\u00f3n en la mesa del altar.<\/p>\n<p>    Las catequesis parroquiales cuidaron de forma especial la preparaci\u00f3n de estos ni\u00f1os a lo largo de un per\u00ed\u00adodo de tiempo. Con frecuencia fueron apoyadas esas catequesis por los centros escolares, sobre todo cat\u00f3licos y por catequistas especialmente preparados.<\/p>\n<p>    4.2.2. Comuni\u00f3n por vi\u00e1tico<\/p>\n<p>    Tambi\u00e9n se cuid\u00f3 con esmero la distribuci\u00f3n de la Eucarist\u00ed\u00ada en forma de vi\u00e1tico a los enfermos terminales o en peligro de muerte. En determinados ambientes, sobre todo rurales, se realiz\u00f3 mediante una procesi\u00f3n con amplia participaci\u00f3n de amigos y conocidos del que la recib\u00ed\u00ada. Adem\u00e1s de la piedad personal del receptor, la que quedaba reforzada era la piedad de la comunidad parroquial.<\/p>\n<p>    4.2.3. Jornadas y Congresos<\/p>\n<p>    Determinadas costumbres se fueron estableciendo, sobre todo en la primera etapa del siglo XX, a prop\u00f3sito de las medidas nuevas sobre comuni\u00f3n frecuente emanadas de la Santa Sede. Las consignas de P\u00ed\u00ado X generaron un auge de piedad eucar\u00ed\u00adstica. Se pueden citar algunos hechos significativos.<\/p>\n<p>    El incremento de asociaciones eucar\u00ed\u00adsticas y de movimientos en esta direcci\u00f3n fue importante, al estilo de la Cruzada Eucar\u00ed\u00adstica, la Asociaci\u00f3n de Tarsicios, la adoraci\u00f3n nocturna juvenil, las Mar\u00ed\u00adas de los sagrarios, etc. La extensi\u00f3n de algunas pr\u00e1cticas de piedad fue grande, por ejemplo la comuni\u00f3n durante los Nueve Primeros Viernes de mes, seguidos o la celebraci\u00f3n los Jueves Eucar\u00ed\u00adsticos en determinadas \u00e9pocas.<\/p>\n<p>    Especial menci\u00f3n merecen las Jornadas Eucar\u00ed\u00adsticas, los encuentros de oraci\u00f3n y sobre todo los Congresos eucar\u00ed\u00adsticos nacionales e internacionales, como el de Barcelona en 1953, el de Buenos Aires, el de R\u00ed\u00ado de Janeiro y otros que fomentaron esta piedad.<\/p>\n<p>     Se puede decir con verdad que el culto a la Sda. Eucarist\u00ed\u00ada lleg\u00f3 en el siglo XX a su cumbre, como nunca se hab\u00ed\u00ada presentado en los siglos precedentes.<\/p>\n<p>    5. Valores Eucar\u00ed\u00adsticos<\/p>\n<p>    La Eucarist\u00ed\u00ada se ha convertido ciertamente en la Iglesia en motor misteriosamente eficaz de la renovaci\u00f3n cristiana. Las formas distantes y respetuosas heredadas del siglo XIX se volvieron m\u00e1s familiares y afectuosas despu\u00e9s de la reforma lit\u00fargica promovida pro el Concilio Vaticano II.<\/p>\n<p>    Los que nos son cristianos se admiran de que los creyentes sit\u00faen su coraz\u00f3n en la presencia viva y misteriosa del Se\u00f1or Jes\u00fas en un trozo de pan y en una copa de vino. Para los que tienen fe, esa presencia es tan indiscutible, cercana y entra\u00f1able que se sienten desafiados por ella.<\/p>\n<p>    La devoci\u00f3n y el culto a la Eucarist\u00ed\u00ada se convierten as\u00ed\u00ad en el distintivo eclesial cat\u00f3lico por excelencia, por su transparente mensaje de amor a los hombres, que ciertamente es la esencia del cristianismo.<\/p>\n<p>    Los otros valores que promueve la Eucarist\u00ed\u00ada son vivos y transformantes para el creyente: confianza en la Providencia, amor al pr\u00f3jimo sobre todo necesitado, sensibilidad ante la oraci\u00f3n, sentido de pertenec\u00ed\u00ada eclesial, actitud de conversi\u00f3n permanente, ecumenismo, y otros muchos m\u00e1s.<\/p>\n<p>     La piedad eucar\u00ed\u00adstica reclama y apoya esos valores y hace posible la mejora de la sensibilidad religiosa, al mismo tiempo que reclama una progresiva e interminable formaci\u00f3n doctrinal y b\u00ed\u00adblica.<\/p>\n<p>     La Eucarist\u00ed\u00ada en un misterio que reclama fe, pero tambi\u00e9n es un dogma que requiere instrucci\u00f3n y compromiso con los postulados que encierra.<\/p>\n<p>     En el Catecismo de la Iglesia Cat\u00f3lica se dice: \u00abLa Eucarist\u00ed\u00ada es el coraz\u00f3n y la cumbre de la Iglesia, pues en ella Cristo asocia a todos sus miembros a su sacrificio de alabanza y de acci\u00f3n de gracias ofrecido una vez por todas en la cruz a su Padre. Por medio de este sacrificio derrama todas las gracias de salvaci\u00f3n sobre su Cuerpo M\u00ed\u00adstico, que es la Iglesia\u00bb.  (N\u00c2\u00ba 1407)<\/p>\n<p>     Para la comunidad cercana, para la Iglesia de cada lugar, de cada grupo de creyentes, la Eucarist\u00ed\u00ada es el signo del amor fraterno entre los hermanos y es la llamada al amor universal a todos los hombres. En la Eucarist\u00ed\u00ada est\u00e1 la fuente de la comprensi\u00f3n, del perd\u00f3n, del servicio fraterno y de solidaridad evang\u00e9lica.<\/p>\n<p>     Incluso hemos de reconocer que, para los no creyentes, la unidad y la universalidad de la celebraci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica constituye un desaf\u00ed\u00ado y un testimonio cristiano de primer orden. Los que tienen fe repiten lo que ya dec\u00ed\u00ada hace miles de a\u00f1os el autor de uno de los Salmos: \u00abNo hay pueblo que tenga tan cerca de s\u00ed\u00ad sus dioses como nosotros tenemos a nuestro Dios\u00bb. (S. 68, 125 y 143). En este sentido la Eucarist\u00ed\u00ada se convierte en la energ\u00ed\u00ada con cohesiona a los seguidores del Se\u00f1or y la garant\u00ed\u00ada de la permanencia de las misericordias divinas.<\/p>\n<p>     Por eso el Catecismo de la Iglesia Cat\u00f3lica dice tambi\u00e9n: \u00abCristo nos da en la Eucarist\u00ed\u00ada una se\u00f1al de la gloria que tendremos junto a El. La participaci\u00f3n en el santo sacrificio nos identifica con su coraz\u00f3n, sostiene nuestra fuerza a lo largo de la peregrinaci\u00f3n, nos hace desear la Vida Eterna y nos une ya desde ahora a la Iglesia celeste, a la Stma. Virgen y a todos los santos (N\u00c2\u00ba 1419)<\/p>\n<p>     La Iglesia no puede ofrecer a sus seguidores un valor mejor que el gran don de la Eucarist\u00ed\u00ada: es el misterio que admira, es el alimento que reconforta, es el signo que distingue, es la medicina que sana, es la fiesta que alegra la vida de las personas y de toda la comunidad.<\/p>\n<p>     La soledad del sagrario serena, pac\u00ed\u00adfica, alentadora es la fuerza que ayuda a orientar la vida hacia el bien. Con la Eucarist\u00ed\u00ada, con Jes\u00fas realmente presente, se renueva el mensaje del amor al hombre, se encamina la mente hacia el Dios Padre, se descubre el sentido del a peregrinaci\u00f3n terrena, se descubre la garant\u00ed\u00ada de la salvaci\u00f3n eterna.<\/p>\n<p>    6. Catequesis eucar\u00ed\u00adstica<\/p>\n<p>     Educar la fe supone instruir la mente, mover la voluntad, ordenar los sentimientos, encauzar la experiencia, estimular las relaciones. Una buena catequesis de la Eucarist\u00ed\u00ada reclama a todas las edades estas cinco consignas.<\/p>\n<p>    1. La Eucarist\u00ed\u00ada es un misterio de fe. Ello quiere decir que no es comprensible por las fuerzas de la raz\u00f3n humana. Sin embargo, hay que instruir en el misterio, no s\u00f3lo en cuanto a terminolog\u00ed\u00adas correctas, sino en conceptos exactos.<\/p>\n<p>    Jes\u00fas se halla escondido, realmente presente, en las apariencias de pan y de vino. Es preciso creerlo, no porque se comprende el misterio, sino porque es el mismo Jes\u00fas quien lo ha dicho y la Iglesia as\u00ed\u00ad lo ha entendido siempre.<\/p>\n<p>    M\u00e1s que intentar explicar lo inexplicable, hay que entender la Eucarist\u00ed\u00ada como un mensaje de fe, pero es preciso saber lo que se cree y poder dar cuenta de ello. Sin una catequesis doctrinal seria y serena, algo queda difuso y confuso. Hay que ofrecerla a todas las edades y en todas las situaciones.<\/p>\n<p>    2. Jes\u00fas se halla de manera viva en el pan y vino consagrados. Vincularse con fe al misterio requiere una vida virtuosa y honesta. Entre las virtudes, la caridad fraterna es la fundamental.<\/p>\n<p>    Una buena catequesis de la Eucarist\u00ed\u00ada tiene que abarcar una suficiente carga moral y asc\u00e9tica que estimule la vida conforme a las consignas evang\u00e9licas.<\/p>\n<p>    Si se carece de ella, se cae en el ritualismo vac\u00ed\u00ado y la Eucarist\u00ed\u00ada se reduce a un rito dominical sin consecuencias en la propia vida. La Catequesis implica, pues, exigencia moral y de autenticidad de vida cristiana.<\/p>\n<p>    3. La Eucarist\u00ed\u00ada reclama una orientaci\u00f3n de los sentimientos y de las actitudes hacia el bien. No se debe educar la piedad eucar\u00ed\u00adstica por v\u00ed\u00adas exageradamente intimistas ni es admisible olvidarse de ellas. Resonancias como sagrario, oraci\u00f3n, adoraci\u00f3n, silencio, humildad, reparaci\u00f3n, deben ir unidas a otras como celebraci\u00f3n, comunidad, fiesta, anamnesis y epiclesis.<\/p>\n<p>    La buena catequesis de la Eucarist\u00ed\u00ada requiere a todas las edades armon\u00ed\u00ada entre los sentimientos y actitudes personales y la intensa solidaridad comunitaria y eclesial.<\/p>\n<p>    4. Las experiencias eucar\u00ed\u00adsticas son necesarias para que la Eucarist\u00ed\u00ada no se quede en un dogma distante, cargado de t\u00e9rminos y conceptos dif\u00ed\u00adciles de entender.<\/p>\n<p>    La dimensi\u00f3n vivencial es condicionante en la buena educaci\u00f3n de la fe: oraciones compartidas ante el altar, eucarist\u00ed\u00adas vividas con fe, encuentros grupales y celebraciones evang\u00e9licas adecuadas, al mismo tiempo que experiencias fuertes de oraci\u00f3n, caridad, silencio y meditaci\u00f3n, son cauces que ayudan, sobre todo en las etapas preadolescentes y juveniles a situar la Eucarist\u00ed\u00ada en fecunda proyectividad.<\/p>\n<p>    5. La Eucarist\u00ed\u00ada tiene una dimensi\u00f3n eclesial que en ning\u00fan momento debe descuidarse en la buena catequesis. La acci\u00f3n sacrificial es ante todo vida compartida, es com\u00fanuni\u00f3n y es encuentro fraternal<br \/>\n    Al catequizando se le debe situar en el contexto de los dem\u00e1s. No s\u00f3lo se deben superar expresiones como \u00abir a misa\u00bb,\u00bbdecir la misa\u00bb o \u00abcumplimiento dominical o pascual\u00bb, y reemplazarlas por otras m\u00e1s eclesiales como \u00abcelebraci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica\u00bb, \u00abparticipaci\u00f3n\u00bb, \u00abencuentro fraternal\u00bb. Adem\u00e1s se debe resaltar ya desde los primeros momentos de la vida la realidad comunitaria de una celebraci\u00f3n.<\/p>\n<p>    Por aludir s\u00f3lo un ejemplo pedag\u00f3gico, podemos aludir al hecho de la \u00abprimera comuni\u00f3n\u00bb de los ni\u00f1os. Entre mirarla como un hecho social o incluso como una pr\u00e1ctica piadosa individual, y valorarla como la entrada de un creyente que se va haciendo ya mayor en la comunidad de fe de los amigos e Jes\u00fas, hay diferencias de \u00f3ptica eclesial muy significativa.<\/p>\n<p>    No se habr\u00e1 llegado a una buena catequesis eucar\u00ed\u00adstica hasta que el cristiano no llegue a situarse adecuadamente en el acto celebrativo que re\u00fane en torno a la mesa del altar, con su doble dimensi\u00f3n de recuerdo y celebraci\u00f3n, de plegaria y compromiso, de palabra divina de presencia y respuesta humanas de acogida.<\/p>\n<p>    M\u00e1s o menos es lo que lat\u00ed\u00ada en las palabras del Concilio Vaticano II cuando dec\u00ed\u00ada: \u00abLas dos partes de que consta la Misa, a saber: la liturgia de la palabra y la Eucarist\u00ed\u00ada, est\u00e1n tan \u00ed\u00adntimamente unidas que constituyen un solo acto de culto. Por eso este sagrado Concilio exhorta vehementemente a los pastores de almas para que en la catequesis instruyan cuidadosamente a los fieles acerca de la participaci\u00f3n en toda la Misa, sobre todo los domingos y fiestas de  precepto\u00bb  (Sacr. Conc. 56)<\/p>\n<p>Pedro Chico Gonz\u00e1lez, Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00ed\u00ada Religiosa, Editorial Bru\u00f1o, Lima, Per\u00fa 2006<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00eda Religiosa<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>[426] Desde que los Ap\u00f3stoles asistieron a la primera misa, la Ultima Cena del Se\u00f1or, la Eucarist\u00ed\u00ada, la acci\u00f3n de gracias pronunciada por Jes\u00fas sobre el pan y el vino convertidos en cuerpo y sangre por su voluntad, se ha convertido en fuerza insustituible en la vida de la Iglesia. 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