{"id":10766,"date":"2016-02-05T07:37:44","date_gmt":"2016-02-05T12:37:44","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/evaluacion\/"},"modified":"2016-02-05T07:37:44","modified_gmt":"2016-02-05T12:37:44","slug":"evaluacion","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/evaluacion\/","title":{"rendered":"EVALUACION"},"content":{"rendered":"<p>[530]<br \/>\n   En el \u00e1mbito educativo la evaluaci\u00f3n es el juicio, estimaci\u00f3n o valoraci\u00f3n del proceso (evaluaci\u00f3n din\u00e1mica) o de la situaci\u00f3n concreta (evaluaci\u00f3n est\u00e1tica) en que se halla un sujeto con referencia a los contenidos, habilidades o actitudes que configura un \u00e1rea docente.<\/p>\n<p>    Los objetivos que se propone el educador precisan un contraste peri\u00f3dico con los logros que se van consiguiendo. Perfilar un juicio peri\u00f3dico de c\u00f3mo se logran es decisivo para asegurar la consecuci\u00f3n y rectificar o reforzar los procedimientos de forma oportuna. Por eso la evaluaci\u00f3n diagn\u00f3stica y la pron\u00f3stica son importantes en educaci\u00f3n<br \/>\n    En el \u00e1rea de la formaci\u00f3n religiosa, no menos que en las otras \u00e1reas, la evaluaci\u00f3n debe ser tambi\u00e9n un elemento did\u00e1ctico imprescindible y aleccionador. De los resultados que se consiguen cada vez que se realiza o se formula, depender\u00e1 que el educador asegure la eficacia de su trabajo o que se pierda el tiempo. Por eso el concepto de evaluaci\u00f3n se debe aplicar con inteligencia y habilidad a la catequesis para estimar con objetividad las aptitudes, conocimientos y rendimiento de los alumnos.<\/p>\n<p>    En la terminolog\u00ed\u00ada castellana y en la literatura pedag\u00f3gica latina reciente se suele reservar el t\u00e9rmino \u00abevaluaci\u00f3n\u00bb para los aspectos m\u00e1s cuantitativos y num\u00e9ricos de los juicios que se forman sobre los aprendizajes. Y se prefiere el t\u00e9rmino de \u00abvaloraci\u00f3n\u00bb para los m\u00e1s morales o sociales.<\/p>\n<p>    Por eso se puede decir que toda evaluaci\u00f3n debe llevar a la valoraci\u00f3n. Esto equivale a entender la cuantificaci\u00f3n de los conocimientos o de los datos informativos adquiridos como punto de partida. Y ello debe conducir a terrenos m\u00e1s sutiles y personales que la mera memorizaci\u00f3n. Por eso si cuantificar los datos, evaluar, resulta asequible en todas las materias (se mide lo que se recuerda o lo que no se recuerda), las dimensiones m\u00e1s morales y espirituales no son siempre asequibles: gusto est\u00e9tico, actitudes \u00e9ticas, adhesi\u00f3n a las personas o a las doctrinas, disposiciones espirituales, sobre todo niveles de fe.<\/p>\n<p>    Cualquier acto de valoraci\u00f3n supone que el educador que la realiza y formula tiene una norma o patr\u00f3n m\u00e1s o menos claro para poder comparar el nivel de logro y la expectativa que se ten\u00ed\u00ada al respecto cuando se programaba o dispon\u00ed\u00ada la acci\u00f3n did\u00e1ctica. No siempre es f\u00e1cil perfilar los niveles de logro deseados o previstos (objetivos) y tampoco es f\u00e1cil decidir niveles de consecuci\u00f3n.<\/p>\n<p>    Pero no por que sea dif\u00ed\u00adcil de aplicar el procedimiento se debe renunciar a medir de alguna forma el nivel de dominio afectivo y espiritual que se consigue en terrenos intangibles como son los \u00e9ticos, los est\u00e9ticos y los espirituales.<\/p>\n<p>    Por eso, cuando de evaluaci\u00f3n de materias religiosas se trata, hay que luchar contra la ambig\u00fcedad, sabiendo que nunca se va a conseguir una claridad perfecta y total. Pero s\u00ed\u00ad se debe aspirar a dejar en claro si el educando o catequizando posee o va consiguiendo conocimientos suficientes y si sus respuestas afectivas, sociales y conductales responden a lo que se ha pretendido al determinar los objetivos y los contenidos que son convenientes en cada etapa madurativa o en cada proceso acad\u00e9mico o formador.<\/p>\n<p>     Cuando se trata de ofrecer una correcta evaluaci\u00f3n es conveniente distinguir tres elementos: el instrumento, las respuestas y la expresi\u00f3n de resultados o calificaci\u00f3n<\/p>\n<p>   &#8211; Los instrumentos. Pueden ser de muchos tipos, desde una conversaci\u00f3n exploratoria o un interrogatorio oral debidamente preparado, hasta una prueba objetiva de preguntas y respuestas, de forma abierta o con selecci\u00f3n de ofertas presentadas. Es evidente que preparar esos instrumentos supone grandes dosis de experiencia para elegir t\u00e9rminos adecuados, para diferenciar lo que es informaci\u00f3n objetiva y lo que es reacci\u00f3n subjetiva.<\/p>\n<p>  &#8211; El tipo de respuestas. Deben acomodarse al fin propuesto en la tarea educadora y al instrumento que se emplea en la exploraci\u00f3n evaluatoria. No es lo mismo evaluar los conocimientos geogr\u00e1ficos o hist\u00f3ricos relacionados con un hecho o una doctrina religiosa que evaluar la comprensi\u00f3n de un sistema moral, describir un acto sacramental o explicar el sentido de las f\u00f3rmulas o ritos en que se enmarca. Una cosa es repetir una plegaria y otra diferente es sentir y asentir en lo que ella expresa.<\/p>\n<p>  &#8211; La calificaci\u00f3n. Presenta tambi\u00e9n diversos aspectos. Un n\u00famero 10, 5 o 2 en s\u00ed\u00ad no significa m\u00e1s que una cantidad fr\u00ed\u00ada y distante. Y una calificaci\u00f3n verbal puede ser muy expresiva e indica por lo general la situaci\u00f3n en el grupo, que llega desde sobresalir en un grupo (sobresaliente), hacerse notar (notable), estar en situaci\u00f3n buena (bien), moverse en niveles de suficiencia (suficiente) o de aprobaci\u00f3n (aprobado), hasta quedar pendiente de mostrar los conocimientos (suspenso) o denotar insuficiencia (insuficiente) o fuertes deficiencias (muy deficiente). Menos expresivas pueden resultar formula ambiguas como declarar que se \u00abprogresa adecuadamente\u00bb.<\/p>\n<p>     La evaluaci\u00f3n, sobre todo en aspectos y terrenos religiosos, no es una tarea f\u00e1cil ni simple, ya que en la educaci\u00f3n hay muchos resultados si se atiende a la globalidad de la persona del educando: intereses, capacidades mentales, retenci\u00f3n de conocimientos, asimilaci\u00f3n, etc.<\/p>\n<p>     Incluso es noble reconocer que nunca se puede llegar a una evaluaci\u00f3n perfecta por buenas que sean las intenciones y aparentemente rigurosos y bien aplicados parezcan los instrumentos.<\/p>\n<p>     Lo que s\u00ed\u00ad resulta bueno o conveniente es recordar que en temas religiosos, m\u00e1s que en los matem\u00e1ticos o los tecnol\u00f3gicos, la evaluaci\u00f3n reclama determinadas preferencias que la pueden convertir en verdadero apoyo para el proceso educativo. Entre estas observaciones podemos se\u00f1alas las siguientes:<br \/>\n   &#8211; Es provechoso poner en juego la autoevaluaci\u00f3n, la cual reclama que el mismo sujeto vaya formulando juicios e impresiones sobre sus propios esfuerzos y la situaci\u00f3n a la que va llegando.<\/p>\n<p>   &#8211; Que la evaluaci\u00f3n ha de ser m\u00e1s personal que comparativa. Lo importante es saber la situaci\u00f3n objetiva y real de cada sujeto y no su situaci\u00f3n referencial al grupo al que pertenece.<\/p>\n<p>   &#8211; Lo importante en la evaluaci\u00f3n es detectar y reflejar la situaci\u00f3n real del educando y no el grado de satisfacci\u00f3n que su comportamiento o inter\u00e9s produce en el evaluador. Es bueno recordar el riesgo de que la afectividad entre en juego a la hora de valorar.<\/p>\n<p>   &#8211; La informaci\u00f3n a los interesados y a quienes se interesan por ellos (padres, otros profesores) entra en juego en el proceso de informaci\u00f3n. Ello significa que la evaluaci\u00f3n no tiene s\u00f3lo sentido de informaci\u00f3n fr\u00ed\u00ada y desinteresada, sino que debe transformarse en apoyo pedag\u00f3gico para la acci\u00f3n.<\/p>\n<p>   &#8211; Por otra parte, hay que superar la perspectiva meramente negativa en la evaluaci\u00f3n: consignar lo que no se sabe. Y hay que llegar a la positiva: alabar y alentar por lo que ya se ha conseguido.<\/p>\n<p>      La evaluaci\u00f3n es un elemento concomitante a todo el proceso educativo y nunca se termina del todo. Se repite peri\u00f3dicamente para que se pueda tener constancia de los progresos.<\/p>\n<p>      Y adem\u00e1s no afecta s\u00f3lo al sujeto sobre quien se realiza, sino que implica sacar aplicaciones pr\u00e1cticas para todos los que intervienen en el proceso educador. Una buena evaluaci\u00f3n interpela, o debe interpelar, la conciencia del educador tanto como la del alumno; debe desencadenar reacciones convenientes en todos, si los resultados no son satisfactorios y alegr\u00ed\u00adas compartidas si las tareas resultan excelentes.<\/p>\n<p>Pedro Chico Gonz\u00e1lez, Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00ed\u00ada Religiosa, Editorial Bru\u00f1o, Lima, Per\u00fa 2006<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00eda Religiosa<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>[530] En el \u00e1mbito educativo la evaluaci\u00f3n es el juicio, estimaci\u00f3n o valoraci\u00f3n del proceso (evaluaci\u00f3n din\u00e1mica) o de la situaci\u00f3n concreta (evaluaci\u00f3n est\u00e1tica) en que se halla un sujeto con referencia a los contenidos, habilidades o actitudes que configura un \u00e1rea docente. 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