{"id":10793,"date":"2016-02-05T07:38:33","date_gmt":"2016-02-05T12:38:33","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/experiencia\/"},"modified":"2016-02-05T07:38:33","modified_gmt":"2016-02-05T12:38:33","slug":"experiencia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/experiencia\/","title":{"rendered":"EXPERIENCIA"},"content":{"rendered":"<p>[556]<\/p>\n<p>      Es el resultado de la intervenci\u00f3n de los sentidos exteriores o interiores,  en cuanto deja un contenido complejo en la persona, no s\u00f3lo de \u00ed\u00adndole rememorativa (memoria) o afectiva (agrado o desagrado), sino tambi\u00e9n moral, social o espiritual. Las experiencias pueden ser personales y tambi\u00e9n colectivas o compartidas, cuando quedan en comunidad o grupo.<\/p>\n<p>Pedro Chico Gonz\u00e1lez, Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00ed\u00ada Religiosa, Editorial Bru\u00f1o, Lima, Per\u00fa 2006<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00eda Religiosa<\/b><\/p>\n<p>SUMARIO: I. Experiencia y conocimiento de Dios.-II. La complejidad de la experiencia: 1. \u00bfQu\u00e9 se entiende por experiencia?; 2. Niveles de experiencia.-III. La experiencia de Dios: el riesgo de la modernidad.-IV. B\u00fasqueda de Dios y experiencia humana.-V. La experiencia cristiana: sentido trinitario.-VI. Experiencia y acci\u00f3n: el compromiso cristiano.<\/p>\n<p>I. Experiencia y conocimiento de Dios<br \/>\nEn estos \u00faltimos a\u00f1os la experiencia ha sido objeto de atenci\u00f3n por parte de la teolog\u00ed\u00ada. Y aunque el concepto deexperiencia no ha sido delimitado con entera satisfacci\u00f3n, pues alude a algo complejo, su consideraci\u00f3n interesa sobremanera a la teolog\u00ed\u00ada, dado que en \u00e9l est\u00e1 en juego el problema de c\u00f3mo puede entrar Dios en la vida del hombre. La percepci\u00f3n de los sentidos es la puerta imprescindible de todo conocimiento, incluido el conocimiento de Dios: \u00abNihil est in intellectu quod prius non fuerit in sensu\u00bb, reza un conocido axioma escol\u00e1stico. Nuestro conocimiento de Dios est\u00e1 sometido a las mismas condiciones que cualquier otro conocimiento. Pero el hombre conoce por medio de la experiencia sensible. De ah\u00ed\u00ad que Sto. Tom\u00e1s notase que \u00aben las divinas Escrituras lo divino es descrito metaf\u00f3ricamente con realidades sensibles\u00bb. Ya en Jn 16,25 se insin\u00faa que en esta vida s\u00f3lo podemos conocer a Dios por medio de par\u00e1bolas.<\/p>\n<p>Ahora bien, si nuestro conocimiento de Dios se da en la experiencia y desde la experiencia, eso no significa que Dios se limite a la experiencia: Dios siempre es mayor y desborda todo lo que de \u00e9l podemos decir o imaginar (cf. 1 Cor 2,9). Cuando se trata de Dios toda experiencia y todo lenguaje es, por definici\u00f3n, insuficiente, inadecuado y, por tanto, orientativo, tendencial, referencial, intencional: \u00absi vosotros, malos como sois, sab\u00e9is dar cosas buenas a vuestros ni\u00f1os, \u00c2\u00a1cu\u00e1nto m\u00e1s vuestro Padre del cielo!\u00bb (Mt 7,11; Lc 11,13; cf tambi\u00e9n Lc 18,6-7). Con Dios se realiza siempre el \u00abcu\u00e1nto m\u00e1s\u00bb, porque \u00e9l es incluso \u00abmejor que nuestro coraz\u00f3n\u00bb (1 Jn 3,20). De ah\u00ed\u00ad que Sto. Tom\u00e1s afirma que ni siquiera en la vida eterna es posible comprender a Dios: comprehender significa conocer perfectamente, y nada finito puede abarcar al infinito.<\/p>\n<p>La experiencia, pues, es medio y camino. Camino necesario, pero s\u00f3lo camino.<\/p>\n<p>II. La complejidad de la experiencia<br \/>\nLa palabra latina experientia deriva de experior, que a su vez proviene del antiguo periri, nacido de peira\u00f3 (= intentar). Los primitivos perio y perior provienen de comperio (=descubrir) y de peritus (=docto, pr\u00e1ctico). Experimentar es, pues, probar y descubrir las cosas, con lo que se consigue un conocimiento de ellas y la pericia sobre ellas. Experiencia es conciencia de realidad, impresi\u00f3n de realidad, acceso a la realidad, debido a una relaci\u00f3n personal con algo o alguien, puesto que se ha pasado por algo\/alguien, se ha vivido, sentido, hecho&#8230;<\/p>\n<p>En la experiencia aparecen, pues, dos aspectos: las cosas y el sujeto que las prueba. En la experiencia el sujeto queda afectado por la realidad. Aparece as\u00ed\u00ad insinuado el indispensable papel que juega el sujeto en la experiencia. Y aparece tambi\u00e9n el primer problema: las condiciones del sujeto pueden perturbar el proceso de objetivaci\u00f3n. Lo real se nos presenta de distinta forma seg\u00fan sea nuestra relaci\u00f3n con ello. Lo que significa, aplicado a una posible experiencia de Dios, que todo posible encuentro con Dios est\u00e1 siempre condicionado por la atenci\u00f3n y la sensibilidad del hombre. Por esta raz\u00f3n, la Escritura dice que s\u00f3lo los limpios de coraz\u00f3n pueden ver a Dios (Mt 5,8). Ytambi\u00e9n: \u00abme dar\u00e9 a conocer al que nit ama\u00bb (Jn 14,21). M\u00e1s a\u00fan: \u00abel que obra la verdad, viene a la luz\u00bb (je) 3,21). La posici\u00f3n que se toma ante laa cosas, sobre todo ante aquellas q\u00fce comportan un valor, afecta al conocimiento de las mismas.<\/p>\n<p>La experiencia est\u00e1 condicionada por la posici\u00f3n que se toma ante las cosas, y por consiguiente por la concep ci\u00f3n que se tiene de la realidad. Sid duda, son reales los objetos exteriores al hombre, pero tambi\u00e9n los fen\u00f3menos de la propia actividad interior del hombre. Y real es tambi\u00e9n el dinamismo de la realidad: en un objeto es posible estimar virtualidades que los sentidos externos habr\u00ed\u00adan dejado escapar. Y ante \u00e9l es posible plantearse preguntas y establecer conexiones que van \u00abm\u00e1s all\u00e1\u00bb de la inmediatez del objeto. La realidad es compleja, y por eso el acceso a ella puede alcanzar diferentes niveles y hacerse desde perspectivas diversas.<\/p>\n<p>Podemos distinguir cuatro niveles de acceso a lo real o niveles de experiencia: el positivo (o emp\u00ed\u00adrico), el antropol\u00f3gico, el metaf\u00ed\u00adsico y el teologal. El ideal del positivismo es fundarse sobre los hechos, limitarse a los objetos \u00abrealmente alcanzables&#8230;, excluyendo los misterios impenetrables\u00bb. Pero en este limitarse a los objetos radica su peligro: considerar que la superficie inmediata del objeto es lo \u00faltimo y definitivo.<\/p>\n<p>Ahora bien, ya hemos dicho que en la experiencia la realidad adviene a un sujeto. El positivismo se desembaraza de la cuesti\u00f3n del sujeto, limit\u00e1ndose a ser pura metodolog\u00ed\u00ada. Pero en toda experiencia hay una conciencia que la dirige, lo que nos introduce en la dimensi\u00f3n antropol\u00f3gica de la experiencia. Los sentidos perciben confusamente si no plantean una pregunta, o sea, sin la iluminaci\u00f3n intelectual de la experiencia sensible. Tambi\u00e9n en este nivel se encuentra un peligro: el experimento se apoya en que somos nosotros los que fijamos un cuadro a la naturaleza, o los que pedimos a la persona que se manifieste desde un determinado punto de vista, anulando su libertad.<\/p>\n<p>A\u00fan m\u00e1s, en toda experiencia de las cosas y de las personas se puede experimentar un exceso: ellas son m\u00e1s de lo que yo experimento. Esta es la cuesti\u00f3n metaf\u00ed\u00adsica, la del ser que se desvela en los entes: la realidad es autotranscendencia.<\/p>\n<p>Habr\u00ed\u00ada que a\u00f1adir a estos niveles el teologal, la experiencia de Dios, la experiencia del siempre mayor que nuestras experiencias; tal experiencia es posible cuando Dios toma la iniciativa y se da a conocer al hombre en la propia experiencia del hombre. As\u00ed\u00ad planteamos la posibilidad de una experiencia que deja espacio a la libertad del que se quiere dar a conocer, una experiencia que se resista a todas nuestras invenciones y planificaciones; una experiencia que no sea evidente, sino que sea un \u00abesc\u00e1ndalo\u00bb para el pensamiento, el cual se limita a ser testigo de tal revelaci\u00f3n. Esto supone reconocer la limitaci\u00f3n de nuestro pensamiento, de que la realidad nunca se puede aclarar ni acaparar por completo, de forma que \u00abla realidad y la verdad &#8216;se dan&#8217; al conocimiento humano precisamente en la medida en que el hombre experimenta y tiene en cuenta la insuficiencia de su propio pensamiento y lenguaje\u00bb.<\/p>\n<p>III. La experiencia de Dios: el riesgo de la modernidad<br \/>\nCuando se absolutiza uno de los niveles de experiencia, considerando que en \u00e9l se agota toda realidad, uno se cierra el acceso a la realidad y limita su experiencia. Y cuando se da la primac\u00ed\u00ada a cualquiera de ellos, minusvalorando los otros niveles, aparece la ideolog\u00ed\u00ada, que no es otra cosa que una visi\u00f3n del todo a partir de una de sus partes.<\/p>\n<p>La aparici\u00f3n de la racionalidad cient\u00ed\u00adfico-t\u00e9cnica, el prestigio de los m\u00e9todos positivos y la audiencia de las filosof\u00ed\u00adas de la sospecha, ha privilegiado uno de estos niveles de experiencia: el emp\u00ed\u00adrico o positivo. Nietzsche, uno de los pensadores m\u00e1s influyentes en la modernidad, descalificaba el cristianismo en nombre de la experiencia de lo real: \u00abNi la moral ni la religi\u00f3n corresponden en el cristianismo a punto alguno de la realidad\u00bb. El cristianismo se fundamenta en un mundo imaginario y ficticio que \u00abtiene su ra\u00ed\u00adz en el odio a lo natural (ia la realidad!), es la expresi\u00f3n de una profunda aversi\u00f3n a lo real\u00bb. Por eso, el cristianismo \u00abse viene abajo en cuanto la realidad se impone siquiera en un solo punto\u00bb.<\/p>\n<p>La filosof\u00ed\u00ada positivista pretende que m\u00e1s all\u00e1 de lo verificable con m\u00e9todos positivos no hay nada o, en todo caso, no es posible saber lo que hay y, por tanto, carece de sentido toda afirmaci\u00f3n que vaya m\u00e1s all\u00e1 de lo as\u00ed\u00ad verificado. No es posible hablar con sentido de lo trascendente. Ahora bien, identificar lo verificable con lo real no deja de ser una interpretaci\u00f3n, y como tal, en ning\u00fan case) puede absolutizarse. El campo de la experiencia no se limita al de la experiencia sensible. Hay tambi\u00e9n una experiencia inteligible, que nos permite captar no otra realidad distinta de la sensible, sino captar la realidad de otra manera. La verificaci\u00f3n nos ofrece un aspecto de la realidad, pero que no puede exclusivizarse.<\/p>\n<p>La ciencia, la t\u00e9cnica y los pensadores que a partir de Kant se consideran \u00abmodernos\u00bb no son sino impulso y expresi\u00f3n de una mentalidad que hoy impregna los ambientes m\u00e1s populares. El hombre moderno es un hombre que \u00abcree\u00bb en la experiencia y se \u00abf\u00ed\u00ada\u00bb de los hechos, porque los hechos \u00abdan la raz\u00f3n\u00bb a la experiencia: las medicinas curan a los enfermos que, en \u00e9pocas anteriores, no se hab\u00ed\u00adan podido curar con oraciones; los productos qu\u00ed\u00admicos dan fertilidad al campo y el rociarlos con agua bendita parece que ha fracasado; las medidas socio-econ\u00f3micas alivian las situaciones humanas de indigencia; y, en definitiva, los problemas del hombre se solucionan con medidas t\u00e9cnicas y con voluntad pol\u00ed\u00adtica. Entonces, \u00bfpara qu\u00e9 Dios? Y lo que es m\u00e1s: en medio de toda esta experiencia, \u00bfhay alg\u00fan lugar en donde pueda encontrarse a Dios, en donde \u00e9l se revele?<\/p>\n<p>IV. B\u00fasqueda de Dios y experiencia humana<br \/>\nParad\u00f3jicamente los propios creyentes ofrecen, aun sin quererlo, una de las m\u00e1s curiosas pruebas de la influencia de la mentalidad empirista en la conciencia del hombre moderno; por ejemplo, cuando se apela a los milagros como pruebas palpables de la intervenci\u00f3n divina o al orden del mundo como noexplicable sin un Creador. As\u00ed\u00ad, de forma acr\u00ed\u00adtica, se oponen a los hechos \u00abmundanos\u00bb otros hechos \u00abreligiosos\u00bb-La intuici\u00f3n que subyace en esta oposir ci\u00f3n es buena, aunque a veces no sea&#8217; correcta la forma de presentarla. Y la intuici\u00f3n buena es que Dios tiene que ver con la experiencia humana, pero no porque Dios se deduzca directamente de la experiencia, sino porque Dios se expresa en nuestra experiencia y se le entiende en relaci\u00f3n con nuestra experiencia.<\/p>\n<p>Apelar a las pruebas de la existencia de Dios ha sido un recurso permanente de la teodicea. Para nuestro tema basta notar lo siguiente: desde perspectivas diversas parecer\u00ed\u00ada como si a partir de una determinada experiencia se pudiera concluir que Dios existe. Descartes, tras la exposici\u00f3n de su prueba, concluye que \u00abla existencia de Dios queda muy evidentemente demostrada\u00bb, puesto que se ha basado en una experiencia irrefutable. No la experiencia que pueden ofrecer los sentidos, pues \u00e9stos enga\u00f1an, sino la propia experiencia del \u00abyo\u00bb: yo percibo clara y distintamente que dudo y que deseo, o sea, que algo me falta y que no soy totalmente perfecto, y esto no ser\u00ed\u00ada posible si no tuviera la idea de un ser m\u00e1s perfecto que yo, con el cual me comparo y de cuya comparaci\u00f3n resultan los defectos de mi naturaleza. Esta idea no puede ser producida por la nada, pues la nada no puede producir cosa alguna. Y tampoco puede provenir de m\u00ed\u00ad mismo, porque lo que contiene en s\u00ed\u00ad m\u00e1s realidad no puede provenir de lo menos perfecto. Luego hay que concluir que la idea de Dios (que es un efecto en m\u00ed\u00ad) debe tener una causa proporcionada al efecto producido, o sea Dios mismo.<\/p>\n<p>Zubiri, desde un planteamiento m\u00e1s realista, resaltando el misterio de la realidad, pretende que la prueba de la existencia de Dios, es decir, su intelecci\u00f3n demostrativa, tiene un alcance y un valor que depende \u00abs\u00f3lo y exclusivamente de la inteligencia humana\u00bb. Y a\u00f1ade que la prueba que \u00e9l propone es \u00abrigurosamente concluyente\u00bb. M\u00e1s: Zubiri precisa que en su b\u00fasqueda se encuentra \u00abno s\u00f3lo algo real que llamo Dios, sino que eso real es precisamente Dios en tanto que Dios&#8217;.<\/p>\n<p>Hablando de las famosas cinco v\u00ed\u00adas de Tom\u00e1s de Aquino, que cabr\u00ed\u00ada considerar como paradigma de todas las pruebas de la existencia de Dios, escribe acertadamente Schillebeeckx: \u00abDe su argumentaci\u00f3n racional, Tom\u00e1s no sigue &#8216;ergo Deus existit&#8217;, sino &#8216;et hoc omnes dicunt Deum&#8217;; es decir, como creyente que es, identifica el punto final de su an\u00e1lisis filos\u00f3fico -que le hab\u00ed\u00ada llevado desde los fen\u00f3menos de la experiencia emp\u00ed\u00adrica hasta un punto de referencia omnisustentador- con el Dios vivo. Esta identificaci\u00f3n no es un paso filos\u00f3fico, sino un paso en la fe: Tom\u00e1s exhibe el punto en el que el habla cristiana sobre Dios resulta comprensible dentro del contexto de la experiencia humana\u00bb.<\/p>\n<p>Las llamadas pruebas de la existencia de Dios (tanto si apelan a la experiencia de la propia subjetividad, como si parten de una lectura de la realidad, como el planteamiento m\u00e1s moderno de preguntarse por la causa de la actividad moralmente buena o del ansia de justicia que hay en el hombre), no pueden ser consideradas como argumentosprobativos, sino como an\u00e1lisis de la existencia humana que hacen posible e incluso necesaria la cuesti\u00f3n de Dios. Las pruebas ofrecen la necesaria precomprensi\u00f3n humana en d\u00f3nde el habla sobre Dios tiene sentido. Hemos llegado as\u00ed\u00ad a lo esencial: Dios (y su revelaci\u00f3n) no &#8216;se deduce de la experiencia, pero s\u00f3lo puede entenderse dentro de un contexto de experiencia humana y como interpretaci\u00f3n de la experiencia humana.<\/p>\n<p>Dentro de un contexto de experiencia: La revelaci\u00f3n cristiana presupone a la persona humana como condici\u00f3n de su propia posibilidad. El creyente es un hombre que realiza en su experiencia otra experiencia, la experiencia de una llamada a la plenitud. La experiencia humana es condici\u00f3n de comprensi\u00f3n de la revelaci\u00f3n, que es en s\u00ed\u00ad misma otra experiencia, una experiencia nueva. La revelaci\u00f3n de Dios es una experiencia con la experiencia; una experiencia que se realiza y comprende con y desde la experiencia. Si la revelaci\u00f3n y su transmisi\u00f3n prescinde de la experiencia est\u00e1 condenada al fracaso, no s\u00f3lo por inaudible e ininteligible, sino sobre todo por falta de apoyo, de elemento en el que entrar y realizarse. Hay una pregunta que nos debe hacer pensar: para aquel que nunca ha empleado la palabra \u00abDios\u00bb, \u00bfc\u00f3mo inclu\u00ed\u00adrsela con pleno sentido en su lenguaje?<br \/>\nComo interpretaci\u00f3n de la experiencia humana: lo que distingue a creyentes y no creyentes no son los hechos, sino la interpretaci\u00f3n de los hechos. M\u00e1s que nuevos fen\u00f3menos, la experiencia religiosa ofrece una interpretaci\u00f3n nueva de los fen\u00f3menos que hay. De ah\u00ed\u00ad que el creyente sea el primer interesado en una correcta delimitaci\u00f3n de los hechos, para que su lectura de las huellas de lo divino en lo creado no termine siendo una proyecci\u00f3n de sus complejos e insuficiencias.<\/p>\n<p>En suma: la contraposici\u00f3n entre fe y experiencia hace de Dios una realidad tan trascendente, tan \u00abtotalmente distinta\u00bb, que un hombre de carne y hueso concluir\u00e1 que \u00e9l no tiene nada que ver con un Dios tan ajeno a su propia vida. Un Dios as\u00ed\u00ad termina conduciendo al ate\u00ed\u00adsmo. Pero si es posible presentar a Dios en la propia historia del hombre, los cristianos que lo hayan experimentado en Jes\u00fas podr\u00e1n ayudar a los dem\u00e1s a conseguir una nueva posibilidad de experiencia, siempre que, partiendo de su propia comprensi\u00f3n cristiana, se esfuercen por expresar esta experiencia salv\u00ed\u00adfica de Dios dentro de un marco de experiencias que resulte audible, inteligible, significativa y operativa para los hombres de hoy.<\/p>\n<p>V. La experiencia cristiana: sentido trinitario<br \/>\nLa experiencia propiamente cristiana se sit\u00faa en el marco de la experiencia humana y como profundizaci\u00f3n y desbordamiento de la misma. Dios no es como una losa que viene de fuera y se impone por la fuerza. Se manifiesta en nuestra realidad y se impone con suavidad.<\/p>\n<p>En Cristo, el creyente ha visto, por el don del Esp\u00ed\u00adritu, el rostro del Padre. A aquellos que buscan a Dios con un coraz\u00f3n sincero, la Iglesia les ofrece la posibilidad de encontrarlo y experimentarlo en la plenitud de su verdad. Ahora bien, lo que la Iglesia ofrece etl una llamada, una invitaci\u00f3n a realizar una experiencia personal e intransferible, si bien tal experiencia tiene una,&#8217; esencial dimensi\u00f3n comunitaria.<\/p>\n<p>La experiencia cristiana, puesto que tiene que ver con una relaci\u00f3n personal (el encuentro del hombre con el Dios vivo) no resulta visible a cualquiera,, sino s\u00f3lo al que la experimenta o est\u00e1 en camino hacia ella. La experiencia cristiana es la experiencia de un encuentro; m\u00e1s todav\u00ed\u00ada: la experiencia d\u00e9 sentirse habitado por otro. Por eso, en cuanto tal, es intransferible: \u00abcada uno ve la fe en s\u00ed\u00ad mismo; en los dem\u00e1s cree que existe, pero no la ve&#8230; La fe radica: en el alma del creyente y s\u00f3lo es visible al que la posee\u00bb, escrib\u00ed\u00ada San Agust\u00ed\u00adn\u00bb.<\/p>\n<p>Hay cosas que, si bien objetivamente consideradas pueden tener un alto inter\u00e9s para todos, no todos pueden entenderlas, sino s\u00f3lo los \u00abiniciados\u00bb, como el amor, que s\u00f3lo pueden entenderlo a fondo los que alguna vez se han enamorado. Esto se aplica especialmente cuando se trata de describir la acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu que introduce al creyente en la intimidad de Dios. Los pneumatik\u00e1 (1 Cor 12,1), \u00fanicamente pueden ser explicados a los pneumatik\u00f3i, es decir, a aquellos que poseen el Esp\u00ed\u00adritu (1 Cor 2,13), pues el Esp\u00ed\u00adritu sondea las profundidades (1 Cor 2,10). El hombre abandonado exclusivamente a los recursos de su naturaleza \u00abno capta las cosas del Esp\u00ed\u00adritu de Dios; son necedad para \u00e9l. Y no las puede conocer pues s\u00f3lo espiritualmente pueden ser juzgadas\u00bb (1 Cor 2,14).<\/p>\n<p>Esta experiencia cristiana s\u00ed\u00ad puede tener unos apoyos que la tranquilizan yle ofrecen una garant\u00ed\u00ada cuasi objetiva de su autenticidad: ante todo, la experiencia de Jes\u00fas de los primeros cristianos; tambi\u00e9n, la experiencia de todos los que nos han precedido en el signo de la fe a lo largo de los siglos; la propia experiencia actual de los creyentes que constituyen la Iglesia, de todos aquellos que, con talantes y perspectivas distintas a las m\u00ed\u00adas, encuentran en mi experiencia y yo en la suya, una identificaci\u00f3n que nos une en comuni\u00f3n; y finalmente, la propia acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu en el coraz\u00f3n del hombre: \u00abvosotros est\u00e1is ungidos por el Santo y todos vosotros lo sab\u00e9is&#8230; La unci\u00f3n que de El hab\u00e9is recibido permanece en vosotros y no necesit\u00e1is que nadie os ense\u00f1e\u00bb (1 Jn 2,20.27).<\/p>\n<p>Precisamente porque se trata de la experiencia del Transcendente presente en nuestra intimidad, esta experiencia s\u00f3lo es experimentable por momentos y suele tomar la forma de una experiencia de contraste con mi propia debilidad: \u00abadvert\u00ed\u00ad que me hallaba lejos de ti en la regi\u00f3n de la desemejanza\u00bb, exclama San Agust\u00ed\u00adn al explicar \u00abcuando por vez primera te conoc\u00ed\u00ad\u00bb; y tambi\u00e9n: \u00aben modo alguno dudaba ya de que exist\u00ed\u00ada un ser a quien yo deb\u00ed\u00ada adherirme, pero a quien no estaba yo en condiciones de adherirme\u00bb. Puesto que Dios es el transcendente s\u00f3lo puede expresarse por medio de signos, y todo signo pide una interpretaci\u00f3n.<\/p>\n<p>VI. Experiencia y accion: el compromiso cristiano<br \/>\nLa experiencia cristiana se alimenta de su propia experimentaci\u00f3n: \u00absi alguno quiere cumplir la voluntad de Dios, ver\u00e1 (o sea, comprobar\u00e1 por experiencia) si mi doctrina es de Dios\u00bb, dice Jes\u00fas en Jn 7,17. Y tambi\u00e9n: \u00aben esto sabemos que le conocemos: en que guardamos sus mandamientos\u00bb (1 Jn 2,3). El verdadero conocimiento de Dios se identifica con el amor que practica el que ha nacido de Dios (1 Jn 4,7-8). \u00abQuien no ama (=sin complemento, \u00c2\u00a1de forma absoluta!) no ha conocido a Dios, porque Dios es Amor\u00bb (1 Jn 4,8). La \u00abdefinici\u00f3n\u00bb de Dios tiene ante todo una orientaci\u00f3n existencial.<\/p>\n<p>El cristianismo no es una doctrina. Es la experiencia de un nacer de nuevo por obra del Esp\u00ed\u00adritu de Dios en el seguimiento de Cristo. S\u00f3lo el que vive como Jes\u00fas (1 Jn 2,6) termina convencido de haberse encontrado con el Dios vivo, con un convencimiento tan profundo que no puede desmentir ni desmontar ninguna sabidur\u00ed\u00ada de este mundo.<\/p>\n<p>[-> Amor; Antropolog\u00ed\u00ada; Ate\u00ed\u00adsmo; Esp\u00ed\u00adritu Santo; Fe; Iglesia; Jesucristo; Lenguaje; Misterio; Padre; Religi\u00f3n; Teolog\u00ed\u00ada; Tom\u00e1s de Aquino; V\u00ed\u00adas (Demostraci\u00f3n de la existencia de Dios); Zubiri.]<br \/>\nBIBLIOGRAFIA: GELABERT, M., Experiencia humana y comunicaci\u00f3n de la fe, Paulinas, Madrid, 1983; GELABERT, M., Valoraci\u00f3n cristiana de la experiencia, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca, 1990; Jos-Si n, J.P., Experiencia cristiana y comunicaci\u00f3n de la fe, en Concilium, 1973, 239-251; KASPER, W., Posibilidades de la experiencia de Dios hoy: Sal Terrae, 1970, 203-214; MoUROUx, J., L \u00e9xp\u00e9rience chr\u00e9tienne. Introduction d une th\u00e9ologie, Du Cerf, Paris, 1952; MIETH, D., Hacia una definici\u00f3n de la experiencia: Concilium, 1978, 354-371; PIKAzs, X., Experiencia religiosa y cristianismo, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca, 1981; RATZINGER, J., Fey experiencia, en Teor\u00ed\u00ada de los principios teol\u00f3gicos, Herder, Barcelona, 1985, 412-427; SCHERER, R., Realidad, Experiencia, Lenguaje, en Fe cristiana y sociedad moderna, 1, Ediciones S.M., Madrid, 1984, 15-72; SCHILLEBEECKX, E., Cristo y los cristianos. Gracia y liberaci\u00f3n, Cristiandad, Madrid, 1982.<\/p>\n<p>Mart\u00ed\u00adn Gelabert<\/p>\n<p>PIKAZA, Xabier &#8211; SILANES, Nereo,  Diccionario Teol\u00f3gico. El Dios Cristiano,  Ed. Secretariado Trinitario, Salamanca 1992<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Teol\u00f3gico El Dios Cristiano<\/b><\/p>\n<p>Este t\u00e9rmino, que tiene como ra\u00ed\u00adz sem\u00e1ntica el griego peiro (pasar a trav\u00e9s de), indica de manera inmediata la situaci\u00f3n, la prueba, el acto gracias al cual se llega a captar alguna cosa; o bien indica el resultado, el conocimiento o el conjunto de los datos adquiridos gracias a esa prueba. En otras palabras, la experiencia indica por una parte el obrar, el vivir en su realizaci\u00f3n concreta; por otra. las adquisiciones hechas por el hombre gracias al ejercicio de sus facultades. En este sentido, experiencia \u00bb significa un conocer (erkennen) que no se deriva principalmente del pensamiento discursivo, sino ante todo del hecho de sentir inmediatamente una impresi\u00f3n o una vivencia\u00bb (B. Ouelquejeu).<\/p>\n<p>Aquello de lo que se tiene experiencia puede llegar al sujeto bien desde fuera o bien desde dentro de su conciencia. Bajo el aspecto cognoscitivo, la experiencia se presenta como \u00abapertura, por parte del sujeto percipiente, frente a un dato\u00bb (G. Giannini), que puede ser bien intramundano o bien trascendente. En este \u00faltimo caso, se habla de experiencia religiosa; \u00e9sta, como cualquier otra experiencia, da 1ugar a un cierto conocimiento de la realidad con la que se entra personalmente en contacto; estimula y no mortifica ni debilita a la inteligencia. De manera particular, el contenido de la experiencia religiosa es aquella realidad que, a pesar de su trascendencia e inefabilidad, el hombre siente como el fundamento, el centro y el fin de su propia existencia; es el valor o bien supremo que da sentido y orientaci\u00f3n a las decisiones de la persona. Es verdad que lo divino, como realidad que se ofrece a la experiencia del hombre, se esconde en el mismo momento en que se revela; siempre se escapa de la \u00abcaptura\u00bb del hombre. Este, en el temor y en el J asombro, se ve atra\u00ed\u00addo y siente admiraci\u00f3n y gozo al percibir &#8211; algunos rayos de la luz infinita que tiene delante d\u00e9 s\u00ed\u00ad y en s\u00ed\u00ad mismo. La experiencia de lo divino, como cualquier otra forma de experiencia y m\u00e1s que ella, es siempre m\u00e1s rica 4ue cualquier intento de expresarla; se la puede evocar, narrar, expresar por medio de s\u00ed\u00admbolos, pero nunca se la puede reproducir por completo.<\/p>\n<p>En sentido teol\u00f3gico, el t\u00e9rmino experiencia se puede referir tambi\u00e9n a aquel contacto personal con el Dios que se autocomunica (revelaci\u00f3n), que constituye el fundamento de la fe personal. En la Biblia, la experiencia se expresa con los t\u00e9rminos gustar, saborear. En este sentido, la experiencia cristiana tiene que comprenderse, por lo que ata\u00f1e a su origen, como contacto vivo y sabroso por parte de algunos hombres con la realidad singular de Jes\u00fas de Nazaret, que permite abrirse a Dios, conocerlo y participar de la salvaci\u00f3n. Esta experiencia fue comprendida, profundizada, atestiguada y transmitida mediante la vida y la confesi\u00f3n de fe de la comunidad primitiva, con vistas a una perenne reactualizaci\u00f3n de la presencia liberadora de Cristo y de la adhesi\u00f3n a El y a su Dios por parte de cada uno de los hombres.<\/p>\n<p>En tiempos recientes, el Magisterio de la Iglesia rechaz\u00f3 la concepci\u00f3n modemista de la experiencia interior como fundamento de la certeza de fe.<\/p>\n<p>G. M. Salvati<\/p>\n<p>Bibl.: AA. VV , Revelaci\u00f3n y experiencia, en Concilium 133 (1979); C. Vagaggini, Experiencia, en DE, 11, 84-90; K. Lehmann, Experiencia, en SM, III, 72-78; M. Gelabert, Experiencia, en DCDT 525- 532; \u00ed\u008dd., Valoraci\u00f3n cristiana de la experiencia, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1990; J L. Aranguren, La experiencia de la vida, Alianza, Madrid 1969; J B. Lotz, La experiencia trascendental, BAC, Madrid 1982.<\/p>\n<p>PACOMIO, Luciano [et al.], Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico, Verbo Divino, Navarra, 1995<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico<\/b><\/p>\n<p>I. Concepto previo<br \/>\nLa experiencia es uno de los conceptos m\u00e1s enigm\u00e1ticos de la filosof\u00ed\u00ada. Generalmente la e. se presenta como fuente o forma especial de nuestro conocimiento, la cual, a diferencia del pensamiento discursivo, a diferencia de lo meramente pensado, de lo aceptado por autoridad (->dogma) y de lo transmitido hist\u00f3ricamente (-> tradici\u00f3n), brota de la recepci\u00f3n inmediata de lo dado o de una impresi\u00f3n. La presencia que lo experimentado se da a s\u00ed\u00ad mismo constituye una forma peculiar de suprema certeza e irresistible evidencia. Puesto que el esp\u00ed\u00adritu finito del hombre en su origen es potencial y as\u00ed\u00ad necesita del conocimiento visual y receptivo, el conocer y el experimentar humanos son en gran medida id\u00e9nticos. Podemos hablar de las siguientes clases de e. Experiencia transcendental: el hombre recibe su realidad, anteriormente a todas las maneras concretas de comportarse, del horizonte espiritual ilimitado, el cual es entendido, p. ej., indeterminadamente como apertura ilimitada, intuitiva o abstractivamente como \u00abser\u00bb (G. Siewerth), o bien como sentido del mundo y de la verdad que acontece hist\u00f3ricamente. La e. especial a posteriori est\u00e1 ligada esencialmente a la percepci\u00f3n sensitiva o bien a la autopresencia psicol\u00f3gica del alma. E. externa: relativa a los objetos corp\u00f3reos (inmediatamente por los \u00f3rganos naturales de los sentidos; mediatamente a trav\u00e9s de medios auxiliares t\u00e9cnicos); e. interna (representaciones, fantas\u00ed\u00adas, etc., en forma irreflexiva; la conciencia de s\u00ed\u00ad mismo en forma refleja). E. extrasensorial que es el objeto hipot\u00e9tico de la parapsicolog\u00ed\u00ada. Se distinguen espec\u00ed\u00adficamente entre s\u00ed\u00ad los siguientes tipos de e.: la e. est\u00e9tica, la hermen\u00e9utica, la hist\u00f3rica, la m\u00ed\u00adstica, la personal, la religiosa, la (pre)cient\u00ed\u00adfica, etc. E. significa tambi\u00e9n el conocimiento adquirido por el trato inmediato y el sentido de la realidad, a diferencia de un externo \u00absaber de libros\u00bb. Esa e. puede lograrse por un esfuerzo intencionado; un poder orientado a disponer en el futuro por un dominio h\u00e1bil de diversos sectores de la vida; otras veces se trata de una intuici\u00f3n recibida m\u00e1s casualmente (la vivencia de algo que nos sucede). Precisamente aqu\u00ed\u00ad, a pesar de toda posibilidad de disponer, aparece clara la apertura de toda e. a lo imprevisto y nuevo, aunque no totalmente inesperado. La e. obtenida hist\u00f3ricamente, en lo relativo al contenido inmediato que ella atestigua por s\u00ed\u00ad misma, no puede transmitirse o representarse externamente.<\/p>\n<p>II. Desarrollo hist\u00f3rico y sistem\u00e1tico<br \/>\nPara Arist\u00f3teles la e. ciertamente est\u00e1 ligada a la presencia inmediata de lo particular, pero s\u00f3lo una multiplicidad de recuerdos repetidos engendra el conocimiento de una \u00fanica e., que es semejante a la \u00abciencia\u00bb (\u00bfTrc.aTe\u00c2\u00b5n) y al \u00abarte\u00bb (s\u00e9Xvn). Toda e. es la diferenciaci\u00f3n de un indeterminado saber previamente pose\u00ed\u00addo, que en la inducci\u00f3n debe confirmarse como algo verdaderamente universal (la inducci\u00f3n no es, pues, una generalizaci\u00f3n accesoria de hechos coleccionados). Ya el hecho singular est\u00e1 bajo la luz de un conocimiento universal. Ciertamente Arist\u00f3teles no conoce, a diferencia de la edad moderna, una e. contrapuesta al pensamiento, sino que para \u00e9l el pensamiento es la e. perfecta de los objetos determinados por \u00e9l mismo bajo todos los aspectos; pero en cuanto a la e. le pasa inadvertida su propia unidad y ella permanece entregada y ligada totalmente al \u00abarte\u00bb, al obrar y al saber, es s\u00f3lo un momento material (\u00abfuente\u00bb) encaminado a la consecuci\u00f3n de una ciencia fija y m\u00e1s amplia. El m\u00e9todo transcendental de Kant llev\u00f3 a descubrir los constitutivos de la e., los cuales son m\u00e1s amplios que todo lo dado en ella. En el conocimiento emp\u00ed\u00adrico penetran elementos que proceden de nosotros mismos. La experiencia s\u00f3lo es posible en virtud de ciertos principios sint\u00e9ticos a priori. Las categor\u00ed\u00adas ayudan s\u00f3lo a formular los fen\u00f3menos y a leer la experiencia. En cuanto el \u00abm\u00e9todo experimental\u00bb de Kant parte de que \u00abla raz\u00f3n s\u00f3lo conoce lo que ella misma produce, seg\u00fan su propio esbozo\u00bb, en virtud de esta revoluci\u00f3n copernicana del pensamiento tambi\u00e9n se esclarece mejor un rasgo fundamental del moderno experimento cient\u00ed\u00adfico, pues s\u00f3lo en el experimento logrado se confirma si la \u00abnaturaleza\u00bb se somete al pensamiento. El experimento se produce met\u00f3dicamente por la fijaci\u00f3n del horizonte dentro del cual se inicia la observaci\u00f3n y el ente es inducido a manifestarse, no con todos sus aspectos, sino bajo una determinada perspectiva y bajo el \u00fanico aspecto que interesa; a esa operaci\u00f3n sigue la identificaci\u00f3n de este \u00abobjeto\u00bb con la ley o el hecho universal a que pertenece como caso particular. El procedimiento consciente seg\u00fan un m\u00e9todo fijado significa sin duda una desnaturalizaci\u00f3n y descomposici\u00f3n de la cosa originaria y del mundo vital que le pertenece. Por esto mismo la investigaci\u00f3n emp\u00ed\u00adrica no es simplemente una mera reproducci\u00f3n de la \u00abrealidad\u00bb. En primer lugar hay que descubrir met\u00f3dicamente los hechos, ya que \u00e9stos llevan consigo una interpretaci\u00f3n tambi\u00e9n en el estadio precient\u00ed\u00adfico. El resultado de la investigaci\u00f3n, intersubjetivamente controlable, y despojado en lo posible de los factores subjetivos, conduce a una inevitable alienaci\u00f3n de la \u00abcosa\u00bb. Aunque el empirismo moderno incluye un af\u00e1n muy marcado de disciplina intelectual (limitaci\u00f3n, car\u00e1cter transitorio del saber) y de \u00abinducci\u00f3n\u00bb (apertura, desprendimiento de s\u00ed\u00ad mismo, sentido de la realidad), sin embargo, aun reconociendo la necesidad de la \u00abcivilizaci\u00f3n cient\u00ed\u00adfica\u00bb, no puede ignorarse la prioridad del mundo vital.<\/p>\n<p>La experiencia recibe una nueva dimensi\u00f3n en la primera \u00e9poca del -> idealismo alem\u00e1n. La conciencia, que antes viv\u00ed\u00ada en la oposici\u00f3n de sujeto y objeto, se desprende de todo lo objetivo para realizar la exigencia pr\u00e1ctica, radicada en el yo infinito, de la inmediatez de la autocontemplaci\u00f3n. Esta se produce por la libertad, y con ello es &#8211; puesto que lo incondicionado nunca puede hacerse \u00abobjeto\u00bb &#8211; la experiencia m\u00e1s inmediata (\u00abvisi\u00f3n intelectual\u00bb). Como el \u00fanico acto de la conciencia de s\u00ed\u00ad mismo, hall\u00e1ndose necesariamente en una lucha infinita por las actividades opuestas, no puede realizarse en un momento, sino \u00fanicamente a trav\u00e9s del desarrollo de las acciones particulares; de ah\u00ed\u00ad se desprende como consecuencia \u00abuna historia transcendental del yo\u00bb, \u00abuna historia pragm\u00e1tica del esp\u00ed\u00adritu humano\u00bb. La e. s\u00f3lo llega a s\u00ed\u00ad misma a trav\u00e9s de la historia. Hegel abre esta experiencia, excesivamente orientada hacia la reflexi\u00f3n subjetiva, a la confrontaci\u00f3n concreta con la realidad hist\u00f3rica. La vida del esp\u00ed\u00adritu no consiste en encerrarse en s\u00ed\u00ad mismo, sino precisamente en conocerse en lo \u00abotro\u00bb, en hallar lo propio dentro de lo extra\u00f1o, en disolver la dureza de lo positivo y reconciliarlo consigo. Tal trabajo hist\u00f3rico del esp\u00ed\u00adritu se alimenta de la experiencia de que no hay absolutamente nada fuera de lo producido por el esp\u00ed\u00adritu. As\u00ed\u00ad, este car\u00e1cter emp\u00ed\u00adrico de la especulaci\u00f3n ciertamente no es una vana reflexi\u00f3n dial\u00e9ctico-formal de la propia alienaci\u00f3n; mas no responde suficientemente al reproche de una reconciliaci\u00f3n forzada l\u00f3gicamente, pero no llevada a cabo en la realidad. La cr\u00ed\u00adtica postidealista objeta que la experiencia no se deja traducir s\u00f3lo a problemas de conciencia o que no termina en conceptos o en juicios (cf. la \u00abpraxis\u00bb marxista).<\/p>\n<p>La -> fenomenolog\u00ed\u00ada de Husserl y de Heidegger en su primera \u00e9poca, frente a todas las construcciones libres, a los hallazgos casuales y a la aceptaci\u00f3n de conceptos s\u00f3lo aparentemente legitimados, busca un retorno desde la verdad secundaria del juicio a la evidencia de la intuici\u00f3n en la experiencia inmediata. El \u00abconocimiento intuitivo es el entendimiento, que se propone precisamente elevar la raz\u00f3n al estadio del entendimiento\u00bb (Husserl). La e. no es mera descripci\u00f3n de los hechos inmediatos, sino que, en la exclusi\u00f3n de falsas opiniones previas, en la eliminaci\u00f3n de prejuicios que permanecen ocultos y en el retorno cr\u00ed\u00adtico a la concepci\u00f3n del mundo sedimentada en el lenguaje usual, se hace evento el verdadero testimonio de ser sobre s\u00ed\u00ad mismo en su inmediatez real, que evidentemente incluye siempre nuestra relaci\u00f3n a los fen\u00f3menos. As\u00ed\u00ad la fenomenolog\u00ed\u00ada, rechazando el objetivismo, intenta traer expl\u00ed\u00adcitamente a la conciencia el \u00abmundo vital\u00bb (\u00abnatural\u00bb), para alcanzar el terreno originario de la e. La cr\u00ed\u00adtica hecha a Husserl apunta ante todo a que \u00e9l pone la e. transcendental como obra de la subjetividad, ve el momento constitutivo puramente en la posici\u00f3n activa del ser (a pesar de toda su insistencia en los momentos de pasividad), y con ello desconoce la originalidad constitutiva de una experiencia transcendental, la cual est\u00e1 antes de toda divisi\u00f3n en objeto y sujeto. Como apertura siempre hist\u00f3rica del sentido de mundo y de verdad, previamente a toda actividad del conocimiento y a todo empirismo, dicha e. transcendental es a la vez suma potencialidad (receptividad, \u00abpasividad\u00bb) y suma actividad del hombre, pues \u00e9ste debe resistir la inmensa amplitud y profundidad del \u00e1mbito desde el cual pueden salirle al encuentro los entes y puede llamarlo y transformarlo una exigencia de sentido. Para Heidegger la e. es \u00abuna b\u00fasqueda sin anticipaciones, una b\u00fasqueda a la que corresponde un puro hallar\u00bb. Esa e., que no es construida por su sujeto y tampoco es abstra\u00ed\u00adda a partir de los entes, abre el camino hacia una realidad que como tal s\u00f3lo se revela en esta e. misma. La subjetividad no puede entenderse simplemente como contraposici\u00f3n a la objetividad, pues semejante concepto de subjetividad ser\u00ed\u00ada a su vez objetivista.<\/p>\n<p>A la esencia de la e. pertenece tambi\u00e9n su apertura interna a ulteriores experiencias. Una e. progresiva logra un mejor conocimiento de su saber anterior; la nulidad de intentos vanos que descubre la e. y la negatividad de experiencias dolorosas implican una fecundidad peculiar; la perfecci\u00f3n de la e. consiste en la apertura adogm\u00e1tica para nuevas experiencias y no en la certeza, asegurada por todos los lados, del saber absoluto, donde la conciencia y el objeto coinciden absolutamente. La fuerza del pensamiento de Hegel radica en que \u00e9l piensa la -> dial\u00e9ctica especulativa desde la esencia de la e., y el l\u00ed\u00admite de esta filosof\u00ed\u00ada de la reflexi\u00f3n est\u00e1 en la asunci\u00f3n de una posici\u00f3n que, ya en su punto mismo de partida, ha sobrepasado la e. en su historicidad interna: como poder irresistible de una raz\u00f3n imperecedera y de sus principios. Mientras la e. sea entendida solamente como un momento hacia la formaci\u00f3n de un sistema cerrado de conceptos o hacia una pura teor\u00ed\u00ada, quedar\u00e1 suprimida su propia movilidad y apagada su propia productividad y fuerza de transformaci\u00f3n. Puesto que la e., por su misma esencia, desenmascara siempre conceptos vac\u00ed\u00ados y desbarata anteriores esperanzas, abre un espacio cada vez mayor de lo realmente experimentable y, ense\u00f1ando con ello al hombre, lo lleva al reconocimiento de un \u00e1mbito de la existencia que jam\u00e1s puede cerrarse. Por primera vez, en este escuchar seguro aprende propiamente el hombre; \u00e9l procura, p. ej., expresar su e. en palabras nuevas y no desvirtuadas.<\/p>\n<p>Sigue siendo un problema fundamental la relaci\u00f3n de la e. as\u00ed\u00ad entendida con la verdadera ->reflexi\u00f3n. Esta es necesaria, pues penetra con su mirada la g\u00e9nesis y estructura de la e. y con ello mina la seguridad siempre problem\u00e1tica de la praxis de la vida. Y, adem\u00e1s, s\u00f3lo ella puede rechazar las falsas pretensiones de la e., evitando que \u00e9sta sea confundida con un sentimiento arbitrario o con una opini\u00f3n oscura. Ciertamente la reflexi\u00f3n est\u00e1 siempre condenada a ser accesoria, pero con la mirada distanciada que ella dirige hacia atr\u00e1s desarrolla una extraordinaria fuerza cr\u00ed\u00adtica, a la que toda e. debe someterse hasta cierto grado. La preeminencia de la e. se ha puesto de manifiesto. Pero ser\u00ed\u00ada deplorable que se estableciera una oposici\u00f3n irreconciliable entre la reflexi\u00f3n y la e., entre la e. normal y la cient\u00ed\u00adfica. La relaci\u00f3n entre ambos polos requiere urgentemente un esclarecimiento.<\/p>\n<p>III. El concepto de experiencia en la teolog\u00ed\u00ada<br \/>\nLa legitimidad y la dignidad teol\u00f3gicas del concepto de e. en la forma esbozada no dejan lugar a dudas (cf. -> acto religioso, &#8211;> experiencia religiosa). Resaltemos aqu\u00ed\u00ad algunos aspectos claves: 1) la importancia salv\u00ed\u00adfica de una verdad teol\u00f3gica s\u00f3lo se puede mostrar suficientemente preguntando por la receptividad del hombre para ella. La verdad de Dios es tambi\u00e9n la verdad del sentido de nuestra existencia, de modo que en medio del scandalum crucis del mensaje cristiano puede y debe esclarecerse la relaci\u00f3n interna entre el misterio de la -> revelaci\u00f3n y el de nuestra -> existencia humana. 2) La esencia plena de lo religioso y de la fe teol\u00f3gicamente no puede fundarse s\u00f3lo en la e. y en su certeza, pues la realidad de la fe, ofrecida y dada gratuitamente, como acci\u00f3n de Dios en el hombre es m\u00e1s profunda y amplia que la esfera refleja de la e. concreta. La e. por su esencia es limitada. 3) La radicaci\u00f3n de todo enunciado inmediato o cient\u00ed\u00adfico de fe en la e. religiosa y en el \u00e1mbito de lo -> santo, de cara a un mundo que se ha hecho \u00abprofano\u00bb, debe mostrarse siempre con una hermen\u00e9utica propia, para conservar la peculiaridad inconfundible de la fe como tal y para oponerse al abuso de la ideolog\u00ed\u00ada y al de las tendencias cr\u00ed\u00adticas frente a \u00e9sta. El uso teol\u00f3gico del concepto de e. requiere todav\u00ed\u00ada importantes investigaciones. Cf. tambi\u00e9n -> empirismo.<\/p>\n<p>BIBLIOGRAF\u00ed\u008dA: R. Lenoble, Essai sur la notion d&#8217;exp\u00e9rience (P 1943); W. Stegm\u00fcller, Metaphysik, Wissenschaft, Skepsis (W 1954); G. Picht, Die E. der Geschichte (F 1958); G. Siewerth, Das Sein und die Abstraktion (Sa 1958); M. M\u00fcller, Exp\u00e9rience et Histoire (Lv 1959); A. Gehlen, Vom Wesen der E.: Antropologische Forschung (Reinbek 1961); H. U. v. Balthasar, Herrlichkeit I (Ei 1961) 211-290 296 ss; W. Strolz (dir.), Experiment und E. (Fr &#8211; Mn 1963); Th. W. Adorno, Drei Studien zu Hegel (F 1963); M. Heidegger, Hegels Begriff der E.: Holzwege (F 41963. 105-192; K. v. Fritz, Die \u00e1naywyi bel Aristoteles (Mn 1964); O. Muck, A priori, Evidenz und E.: Rahner GW I 85-96; St. Strasser, Phanomenologie und E.wissenschaft vom Menschen (B 1964); Rahner III 103-108 (Sobre la experiencia de la gracia); H. U. Hoche, Nichtempirische Erkenntnis (Meisenheim 1964); J. Wahl, L&#8217;exp\u00e9rience m\u00e9taphysique (P 1965); H. G. Gadamer, Wahrheit und Methode (T 21965); H. Bouillard, Logique de la foi (P 1964), J. Habermas, Zur Logik der Sozialwissenschaften: PhR (1967) fasc. 5; M. M\u00fcller, Traszendentale Erfahrung (en preparaci\u00f3n); J. Echarri, Dualismo de experiencia y teor\u00ed\u00ada de la f\u00ed\u00adsica, Pensam. 9 (1953) 29-45; Id., \u00bfSe da experiencia metaf\u00ed\u00adsica? Pensam. 10 (1954) 83-88; F. de Urbina, Conocer por experiencia, \u00abCiudad de Dios\u00bb 165 (1953) 253-282; E. Gilson, La unidad de la experiencia filos\u00f3fica (1960); J. Mar\u00ed\u00adas, Experiencia de la vida (1960); A. de Waelhens, La philosophic et les exp\u00e9riences (La Haya 1961).<\/p>\n<p>Karl Lehmann<\/p>\n<p>K. Rahner (ed.),  Sacramentum Mundi. Enciclopedia Teol\u00cf\u0192gica, Herder, Barcelona 1972<\/p>\n<p><b>Fuente: Sacramentum Mundi Enciclopedia Teol\u00f3gica<\/b><\/p>\n<p><p style=\"text-align: justify;\">En un sentido amplio, este t\u00e9rmino incluye todos nuestros procesos conscientes. As\u00ed definida, encierra el sentido, de la percepci\u00f3n, sentimientos, memoria, recuerdos, conocimiento, prejuicio, ilusiones, esperanzas, temores, creencias, etc. El denominador com\u00fan para \u00e9stos es el sentimiento de conciencia personal, una conciencia que reside en la vida subjetiva de una persona.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Un desarrollo sistem\u00e1tico del \u00e9nfasis sobre la experiencia es la metodolog\u00eda del empiricismo, que sostiene que todo el conocimiento proviene de la experiencia. Los emp\u00edricos generalmente han limitado la experiencia a la experiencia sensual y afirman que el \u00fanico conocimiento v\u00e1lido es (a) el que se adquiere a trav\u00e9s de los cinco sentidos, o (b) que recurre a los cinco sentidos para verificaci\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El empiricismo ha tenido por d\u00e9cadas la \u00faltima palabra en muchos asuntos. Por lo tanto deb\u00eda esperarse que sus posibilidades exploraran el \u00e1rea de la religi\u00f3n. Los religiosos empiricistas sostienen que todas las ideas religiosas brotan de la experiencia. Ellos mantienen que la creencia en Dios resulta de una \u00abteolog\u00eda de testimonio\u00bb que es distinta de una teolog\u00eda especulativa.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Algunos pensadores han estado dispuestos a ampliar la definici\u00f3n de experiencia como para incluir tales experiencias como los planteamientos m\u00edsticos por s\u00ed mismos; otros han derivado a la experiencia moral como la fuente de todas las ideas. Los religiosos romanticistas pretendieron explicar el origen de la religi\u00f3n en t\u00e9rminos de los tipos especiales de sentimientos experimentados por el hombre: p. ej., el sentimiento de dependencia (Schleiermacher) o el sentimiento de temor ante la presencia de la cualidad \u00abnuminosa\u00bb del universo (Otto).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El cristianismo hist\u00f3rico ha entendido que el t\u00e9rmino \u00abexperiencia cristiana\u00bb significa la recepci\u00f3n consciente del ministerio de la gracia divina en la vida del alma. El estudio de la experiencia cristiana se ha visto con mucha frecuencia envuelto en la investigaci\u00f3n de los fen\u00f3menos de la conversi\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">BIBLIOGRAF\u00cdA<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftn1\" name=\"_ftnref1\">HERE<\/a>, V, pp. 630\u2013635; L.W. Beck, <em>Philosophic Inquiry<\/em>, pp. 55\u201359; Dagobert Runes, <em>Dictionary of Philosophy<\/em>, p. 103; John Wild, <em>Challenge of Existentialism<\/em>, pp. 188, 219.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Harold B. Kuhn<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftn2\" name=\"_ftnref2\"><\/a><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftnref1\" name=\"_ftn1\">HERE <\/a><em>Hastings\u2019 Encyclopaedia of Religion and Ethics<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftnref2\" name=\"_ftn2\"><\/a>Harrison, E. F., Bromiley, G. W., &amp; Henry, C. F. H. (2006). <em>Diccionario de Teologi\u0301a<\/em> (248). Grand Rapids, MI: Libros Desafi\u0301o.<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Teolog\u00eda<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>[556] Es el resultado de la intervenci\u00f3n de los sentidos exteriores o interiores, en cuanto deja un contenido complejo en la persona, no s\u00f3lo de \u00ed\u00adndole rememorativa (memoria) o afectiva (agrado o desagrado), sino tambi\u00e9n moral, social o espiritual. Las experiencias pueden ser personales y tambi\u00e9n colectivas o compartidas, cuando quedan en comunidad o grupo. &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/experiencia\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abEXPERIENCIA\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-10793","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/10793","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=10793"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/10793\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=10793"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=10793"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=10793"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}