{"id":10822,"date":"2016-02-05T07:39:26","date_gmt":"2016-02-05T12:39:26","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/feminismo\/"},"modified":"2016-02-05T07:39:26","modified_gmt":"2016-02-05T12:39:26","slug":"feminismo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/feminismo\/","title":{"rendered":"FEMINISMO"},"content":{"rendered":"<p>[270]<br \/>\n    Estudiar la identidad de la mujer en cuanto persona cristiana y el significado peculiar de su vocaci\u00f3n en la Iglesia es uno de los deberes de los catequistas. Ella reclama adaptaci\u00f3n a su formaci\u00f3n como creyente y precisa suficiente definici\u00f3n como mensajera de la verdad evang\u00e9lica.<\/p>\n<p>    Se debe hacer con tacto, profundidad y limpieza.<\/p>\n<p>    El tacto eliminar\u00e1 tradicionales susceptibilidades y desconfianzas por la discriminaci\u00f3n injusta a la que a veces ha sido sometida. La profundidad conllevar\u00e1 la claridad y la efectividad en su misi\u00f3n en la Iglesia. La limpieza ideol\u00f3gica har\u00e1 transparente su identidad tanto en el orden personal como en el catequ\u00ed\u00adstico; y tambi\u00e9n alentar\u00e1 su labor apost\u00f3lica.<\/p>\n<p>    Adem\u00e1s, en el orden pastoral y en el \u00e1mbito eclesial, se precisan determinadas revisiones que hagan olvidar perjudiciales actitudes reivindicativas, que han hecho con frecuencia de la acci\u00f3n femenina una carrera de obst\u00e1culos, cuando la tarea apost\u00f3lica \u00abno admite distinci\u00f3n entre jud\u00ed\u00ado o gentil, entre circunciso o incircunciso, esclavos o libres, pues es Cristo el mismo para todos.\u00bb (Col. 3.11)<\/p>\n<p>    Conocer, respetar, aceptar y acomodarse a la mujer es un honor, m\u00e1s que un deber, en una correcta visi\u00f3n apost\u00f3lica de la tarea educativa. Armonizar la identidad femenina, la misma que la masculina en cuanto ambos son seres humanos, con los reclamos espec\u00ed\u00adficos de mujer, es tambi\u00e9n una necesidad a veces olvidada.<\/p>\n<p>    En el orden catequ\u00ed\u00adstico, la mujer, como receptora del mensaje cristiano, en poco se diferencia de lo que el var\u00f3n debe reclamar: ideas, actitudes, sentimientos. Pero en cuanto agente pastoral, la mujer posee singulares capacidades que es preciso entender, alentar y aprovechar, si lo que importa es la proclamaci\u00f3n del Reino de Dios y lo que rige es la igualdad eclesial<\/p>\n<p> 1. Identidad de la mujer<br \/>\n    El texto b\u00ed\u00adblico del G\u00e9nesis que relata la creaci\u00f3n de la mujer (Gn. 2. 21-25) no es referencia \u00fanica ni material ni formal del pensamiento de la Iglesia sobre la mujer. Ha sido manantial y fuente de insuficientes interpretaciones hist\u00f3ricas, al haberse redactado y asimilado en el contexto de culturas orientales discriminadoras del sexo femenino, Pero son inv\u00e1lidas para los tiempos actuales.<\/p>\n<p>     Lo que la Iglesia piensa de la mujer requiere otro tipo de planteamientos y comprensi\u00f3n, as\u00ed\u00ad como otro estilo de lenguaje que supere ideas de dependencia respecto del var\u00f3n o actitudes de protecci\u00f3n o de singularidad en el orden \u00e9tico, est\u00e9tico, m\u00ed\u00adstico o eclesial.<\/p>\n<p>    1.1. El texto b\u00ed\u00adblico<br \/>\n    Se aprovecho a veces para justificar la sumisi\u00f3n femenina. Pero debe entenderse como declaraci\u00f3n de igualdad y no de subordinaci\u00f3n. Ad\u00e1n no hall\u00f3 nada semejante a \u00e9l entre los animales de la tierra a los que puso nombre. El Se\u00f1or Dios tom\u00f3 la decisi\u00f3n de hacerle una compa\u00f1\u00ed\u00ada de su misma naturaleza. Por eso no tom\u00f3 barro de la tierra, sino el mismo el mismo cuerpo de Ad\u00e1n por el formado: \u00abY de la costilla que de Ad\u00e1n tomara, form\u00f3 el Se\u00f1or Dios a la mujer\u00bb.<\/p>\n<p>     En la creaci\u00f3n de su compa\u00f1era, Ad\u00e1n reconoci\u00f3 \u00abser hueso de sus hueso y carne de su carne; varona ser\u00e1 llamada, pues del var\u00f3n ha sido tomada.\u00bb (Gn. 2. 23)<\/p>\n<p>    Interpretado a la luz del contexto cultural, la mujer se manifiesta hecha del var\u00f3n, no viceversa, lo que se equipara a dependencia. Pero, iluminado el texto a la luz de toda la palabra de Dios y de la ex\u00e9gesis que siempre la Iglesia ha hecho de los textos escriturarios, la originalidad, la dignidad y la grandeza de la mujer adquieren otra dimensi\u00f3n.<\/p>\n<p>    Por otra parte, el origen divino y el car\u00e1cter de criatura hacen a la mujer un producto divino singular. Se presenta en la categor\u00ed\u00ada de \u00abimagen y semejanza de Dios\u00bb. Por eso es colocada en el mismo Para\u00ed\u00adso que Ad\u00e1n, para que \u00abse multipliquen y llenen la tierra\u00bb.<\/p>\n<p>    Incluso, es interesante consignar c\u00f3mo la prueba a que son sometidos ambos es equivalente, pues se cuenta con su inteligencia y con su libertad. Si bien la serpiente, el m\u00e1s astuto de cuantos animales hizo el Se\u00f1or Dios, fue a la mujer a quien se dirigi\u00f3 para insinuar la rebeli\u00f3n, la acci\u00f3n rebelde corresponde a los dos por igual.<\/p>\n<p>    Ad\u00e1n fue inducido por Eva hacia el pecado, no viceversa, del mismo modo que la mujer fue inducida por la serpiente. Lo que importa en el hecho es el pecado no la ocasi\u00f3n.<\/p>\n<p>    El castigo es diferente, pero para los dos es castigo. A Ad\u00e1n se le impone el trabajo ingrato como pena; a la mujer se le da las incomodidades de la gestaci\u00f3n y el ardor hacia el marido, que la dominar\u00e1, como signo del castigo. El castigo es id\u00e9ntico en esencia para los dos, aunque en la forma se diferencie seg\u00fan la peculiaridad de cada sexo. Se armoniza h\u00e1bilmente la igualdad con las diferencias. Es necesario admitir que el hombre fue creado por Dios como var\u00f3n y como mujer, pero se puede dudar de que la culpa no lo sea, por entender que el var\u00f3n era cabeza de la mujer y no viceversa, como parece desprenderse de San Pablo: \u00abLa mujer procede del var\u00f3n, no el var\u00f3n de la mujer, y por eso le estar\u00e1 sometida\u00bb. (1 Cor. 11. 8)<\/p>\n<p>    1. 2. Otros textos<br \/>\n    Los textos posteriores de la Biblia, al menos en el orden l\u00f3gico, ya que en el cronol\u00f3gico la redacci\u00f3n del G\u00e9nesis es sin duda postbabil\u00f3nica (S. IV a C.), se hacen eco de esta relaci\u00f3n de igualdad diferente o de diferencias desde la igualdad. Aparecen en los libros sapienciales del Antiguo Testamento: \u00abDe \u00e9l form\u00f3 Dios una ayuda que le fuera semejante\u00bb (Eccli 17. 5).<\/p>\n<p>      Con frecuencia se ensalza a la mujer virtuosa en el Antiguo Testamento: Cant. 2. 8-11 y 5. 2-16; Prov. 5. 15-23; Prov. 31. 10-31; Eccli. 26. 13-18 y 36. 20-27.<\/p>\n<p>    Y Jes\u00fas mismo declar\u00f3 que en el cielo todos ser\u00e1n iguales: \u00abni ellos ni ellas se casar\u00e1n, sino que ser\u00e1n iguales como los \u00e1ngeles que ven el rostro de Dios.\u00bb (Mt. 22.28. Mc. 12.18)<\/p>\n<p>     Figuras mod\u00e9licas y significativas de la mujer en la Bilblia han sido:<br \/>\n  *  En el Antiguo Testamento<\/p>\n<p>   &#8211; Eva, madre de los vivientes. Gn. 2.20 a 3.20<\/p>\n<p>   &#8211; Sara, la esposa libre de Abraham: Gen 12. 10-20<\/p>\n<p>   &#8211; Rebeca. La elegida esposa de Isaac: Gnb. 24. 1-30<\/p>\n<p>   &#8211; Raquel. La preferida de Jacob:  Gn. 29. 9-29<\/p>\n<p>   &#8211; Mar\u00ed\u00ada o Miriam, hermana de Mois\u00e9s: Num. 25. 5- 9<\/p>\n<p>   &#8211; D\u00e9bora, la valerosa guerra: Juec. 4. 4-23<\/p>\n<p>   &#8211; Ruth, la fiel: Libro de Ruth<\/p>\n<p>   &#8211; Ana, la dolorida madre de Samuel: 1 Sam. 1.  1-17<\/p>\n<p>   &#8211; Betsab\u00e9, la esposa de David:  2 Sam 11. 1-26<\/p>\n<p>   &#8211; Esther, la salvadora: Libro de Esther<\/p>\n<p>   &#8211; Sara, la liberada. Tob\u00ed\u00adas<\/p>\n<p>   &#8211; Judith, la gloria de Israel. Libro de Judith * En el Nuevo Testamento &#8211; Mar\u00ed\u00ada, la madre virgen del Se\u00f1or: Mt. 1. 18 y Lc 1 y 2 &#8211; Isabel, la madre del Bautista: Lc. 1. 39-45 &#8211; Ana, la viuda del Templo: Luc. 1. 36-38 &#8211; Magdalena, la pecadora: Mt. 26. 6-11 y 28. 1-4 &#8211; Marta, la afanosa: Lc. 10. 38 y Jn 11. 11- 27 &#8211; Salom\u00e9, la seguidora de Jes\u00fas: Mc. 1. 15-40 y 16.1 &#8211; La cananea creyente: Mc. 7. 24-30 &#8211; La samaritana convertida: Jn 4. 1-26 &#8211; La hemorroisa curada: Mt. 9. 22-25 &#8211; La adultera perdonada: Jn 8. 1-9 &#8211; La viuda de Naim: Lc. 11. 17 &#8211; La mujer de Pilatos: Mt. 27- 19  2. La docencia eclesial<br \/>\n    Durante siglos, la visi\u00f3n cristiana de la mujer se ha sentido lastrada por los efectos de una cultura grecolatina, que la consider\u00f3 jur\u00ed\u00addicamente inferior al var\u00f3n y por las resonancias orientales: mesopot\u00e1micas y babil\u00f3nicas, sobre todo, que la vieron como objeto de compraventa por el marido y su familia.<\/p>\n<p>    Como es normal, el pensamiento cristiano ha sido tributario de las diversas formas culturales en que naci\u00f3. No pod\u00ed\u00ada sin m\u00e1s desprenderse de los esquemas y de los lenguajes heredados.<\/p>\n<p>    Pero, la reflexi\u00f3n serena a la luz de la Palabra de Dios, hizo posible situar a la mujer en cuanto tal en un contexto radicalmente diferente. fue su dignidad humana lo que se impuso. Y se fueron revisando los estereotipos sociales que no coincid\u00ed\u00adan con lo que la mujer es ante Dios.<\/p>\n<p>    Superados los resabios arcaicos, se valor\u00f3 a la mujer como la persona libre que es protagonista de la mitad de la vida, de la mitad de la sociedad y de la mitad de la cultura, es decir en exacta equidad con el var\u00f3n.<\/p>\n<p>    Lo importante en la Iglesia es la misi\u00f3n salvadora que Jes\u00fas la asign\u00f3. Lo secundario es el que haga de instrumento en manos de Dios.<\/p>\n<p>   La dedicaci\u00f3n de la mujer a los trabajos y ministerios que le son propios constituir\u00e1 siempre un medio insuperable y eficaz para cumplir semejante misi\u00f3n.<\/p>\n<p>    El Papa Juan Pablo II, en la Enc\u00ed\u00adclica \u00abSobre la dignidad de la mujer\u00bb (Mulieris Dignitatem), escrib\u00ed\u00ada el 15 de Agosto de 1988: \u00abLa Iglesia desea dar gracias a la Stma. Trinidad por el misterio de la mujer y por cada mujer, por lo que constituye la medida eterna de su dignidad femenina, por las maravillas que Dios en la historia de la humanidad ha cumplido en ella y por ella.  \u00bfNo se ha cumplido y en ella y por medio de ella, lo m\u00e1s grande que ha existido en la historia, el acontecimiento de que Dios mismo se ha hecho hombre?<br \/>\n    La Iglesia da gracias por todas las mujeres y por cada una en particular: por todas las madres, hermanas y esposas; por las mujeres consagradas a Dios y por todas las que se dedican a tantos y tantos seres humanos que esperan el amor gratuito de otro ser humano; por las que trabajan en la familia, la cual es el signo fundamental de la comunidad humana; por las que trabajan en las diversas profesiones; por las que est\u00e1n cargadas de grandes responsabilidades sociales.<\/p>\n<p>    Por las mujeres perfectas y por las mujeres d\u00e9biles da gracias. Las da por todas ellas, tal como salieron del coraz\u00f3n de Dios\u00bb. (N. 31)<\/p>\n<p> 3. Misi\u00f3n de la mujer<br \/>\n    El sentido y la vocaci\u00f3n espec\u00ed\u00adfica de la mujer se han ido dilucidando en la Iglesia en los \u00faltimos tiempos con m\u00e1s celeridad y objetividad que en tiempos antiguos. Se ha valorado su identidad, su dignidad y, sobre todo, su misi\u00f3n eclesial.<\/p>\n<p>    En una Iglesia con discriminaciones raciales, sociales, econ\u00f3micas, culturales, etc, como han sido las predominantes otras \u00e9pocas hist\u00f3ricas, es evidente que las sexuales no pueden ser evitadas y condicionan los comportamientos.<\/p>\n<p>    Pero, cuando la Iglesia se declara Comunidad en la igualdad y en la fraternidad, en la responsabilidad y en la misi\u00f3n evangelizadora, como es la t\u00f3nica de la eclesiolog\u00ed\u00ada del Concilio Vaticano II, las diferencias sexuales quedan situadas en su justa medida, es decir como un factor secundario en referencia a la importancia primordial del Reino de Dios, que es lo decisivo.<\/p>\n<p>    La cuesti\u00f3n estar\u00e1, seg\u00fan cada caso y cada comunidad cristiana, en la aplicaci\u00f3n de los criterios rectos y en la delimitaci\u00f3n, m\u00e1s que definici\u00f3n, de las competencias y compromisos.<\/p>\n<p> 3.1. Situaci\u00f3n cultural nueva   Es bueno recordar que el mensaje cristiano no es una abstracci\u00f3n, sino que tiene una dimensi\u00f3n personal, vital, concreta. A veces, m\u00e1s que hablar de la mujer en general, tenemos que aprender a hablar de cada mujer que act\u00faa, que vive una vida cercana, que se realiza como persona creyente.<\/p>\n<p>    El derecho de igualdad ha de llevar a la mujer, superando ya formas sociales arcaicas y rechazables, a sentirse interpelada por el amor fraterno y la verdad evang\u00e9lica en la cultura y en el ambiente en que  desarrolla su vida y su acci\u00f3n:<\/p>\n<p>   &#8211; El trabajo, por ejemplo, debe ser para ella una forma de ser persona y no una plataforma para independizarse, ya que en el amor cristiano no es la independencia, sino la entrega a los dem\u00e1s, lo que satisface. El trabajo por el Reino de Dios reviste en la mujer algo mucho m\u00e1s importante que el reconocimiento social de la comunidad en que lo desempe\u00f1a.<\/p>\n<p>   &#8211;  Lo mismo se puede decir en aspectos de pol\u00ed\u00adtica, de econom\u00ed\u00ada, de arte, de cultura, de ciencia y de t\u00e9cnica. La mujer entra en estos campos para servir y apoyar, no para reivindicar. Hacerlo como revancha es el peligro de los reprimidos. Exigirlo como derecho de las personas es orientar su acci\u00f3n correctamente.<\/p>\n<p> &#8211;  La cultura tiene mucho que ver con las expresiones y representaciones religiosas. En tiempos pasados la mujer estuvo muy marginada, m\u00e1s por motivos profesionales que ideol\u00f3gicos de los \u00e1mbitos culturales. Superada aquella situaci\u00f3n, al menos en los pa\u00ed\u00adses desarrollados, es hora de que se vea la plataforma cultural como una proped\u00e9utica para la promoci\u00f3n de valores religiosos.<\/p>\n<p>   &#8211;  Y algo similar acontece con la sexualidad, en cuyo terreno hay que revisar los roles genitales que tantas veces han condicionado las valoraciones globales de la persona. Ni la funci\u00f3n masculina conduce a tomar el protagonismo reproductor ni la labor femenina se define por la pasiva receptividad de los est\u00ed\u00admulos.<\/p>\n<p>    Como consecuencia, se renovar\u00e1n los planteamientos tradicionales de la maternidad \u00abmatrimonial\u00bb (matrismunium, oficio de madre) y de la paternidad patrimonial (patrismunium) que desde luego no coinciden con las exigencias naturales ni con las demandas culturales modernas.<\/p>\n<p>     3.2. Misi\u00f3n evangelizadora<\/p>\n<p>     Por eso, se impone desde el \u00e1ngulo \u00e9tico y religioso, revisar el estatus de la mujer en la comunidad eclesial, puesto que las variables culturales son nuevas.<\/p>\n<p>     Esa revisi\u00f3n conduce a reclamar otras misiones de la mujer en la comunidad eclesial y en las tareas de la proclamaci\u00f3n del Evangelio.<\/p>\n<p>     Hay mucho terreno adelantado en cuanto a servicios se refiere. Es bueno recordar que num\u00e9ricamente las mujeres comprometidas con el Reino de Dios han sido m\u00e1s que los varones. Y hasta se puede decir que su acci\u00f3n ha resultado m\u00e1s beneficiosa, cercana e imprescindible en los terrenos concretos de la educaci\u00f3n, de la sanidad, de la asistencia que la ejercida por los varones.<\/p>\n<p>     Pero es preciso reconocer que todav\u00ed\u00ada quedan muchas distancias que acortar en cuanto a representaci\u00f3n, autoridad y determinaci\u00f3n de opciones.<\/p>\n<p>     Los derechos espirituales de creyentes son totalmente equivalentes en ambos sexos, sin embargo las funciones ministeriales eclesiales no quedan por igual equiparadas.<\/p>\n<p>     No deja de ser un problema m\u00e1s pastoral y jur\u00ed\u00addico que teol\u00f3gico y evang\u00e9lico si las limitaciones en este terreno son imprescindibles o coyunturas hist\u00f3ricas que el tiempo ver\u00e1 difuminarse. Y es conveniente recordar que la cuesti\u00f3n es mucho m\u00e1s amplia que la simple incidencia del posible sacerdocio femenino, en el que tantos periodistas superficiales pretenden centralizar la atenci\u00f3n.<\/p>\n<p>   4. Situaciones nefastas   Especial reflexi\u00f3n reclaman en los tiempos actuales las situaciones de explotaci\u00f3n femenina que se mantienen. Choca con la justicia y tambi\u00e9n con la sensibilidad del mundo moderno, m\u00e1s exigente con los derechos humanos de lo que pudo acontecer en otro tiempo.<\/p>\n<p>    4.1. Diversas culturas<br \/>\n    En algunas culturas la mujer sigue esclavizada por el trabajo duro en campos menos adecuados a su capacidad f\u00ed\u00adsica o ps\u00ed\u00adquica. Refleja la distancia que con frecuencia se establece entre los principios y los hechos.<\/p>\n<p>    A veces somos insensibles a los trabajos femeninos infravalorados, pues nuestro coraz\u00f3n y nuestra mente est\u00e1n corrompidos por estructuras burguesas y explotadoras. Esas trabajadoras de f\u00e1brica, de oficina o de talleres con salarios inferiores a los varones, esas dom\u00e9sticas malpagadas de hogares de potentados, esas campesinas menos consideradas por culturas poco sensibles al Evangelio, merecen respeto especial.<\/p>\n<p>    Necesitan con frecuencia comprensi\u00f3n y redenci\u00f3n, a pesar de que sus estilos de vida lleguen a ser habituales.<\/p>\n<p>   &#8211; La mujer dolorida e indefensa, con frecuencia enga\u00f1ada y abandonada, la viuda o la hu\u00e9rfana, la que ha tenido que trabajar desde la infancia y no ha tenido oportunidades de cultura ni promoci\u00f3n, por prejuicios sociales o carencias familiares, merece tal vez mucha m\u00e1s comprensi\u00f3n que quien malgasta recursos por falta de inter\u00e9s o de fortaleza.<\/p>\n<p>   &#8211; La mujer explotada que aparece tambi\u00e9n en nuestro entorno, v\u00ed\u00adctima de represiones solapadas o manifiestas, est\u00e1 pidiendo manos redentoras. Quien no es capaz de sentir angustia ante una pobre prostituta, quien no aprecia el vac\u00ed\u00ado atroz que hay en la drogadicta, quien es insensible ante la que ha sido repudiada o traicionada y debe, sin medios, dedicarse a criar y educar a los hijos, carece de valores humanos.<\/p>\n<p>   &#8211; Incluso la mujer mutilada por determinadas culturas, como la que es malvendida en amagos de matrimonio que no son m\u00e1s que transaciones comerciales interesadas, incluso la que es sometida a mutilaciones, como la clitoristom\u00ed\u00ada, por tradiciones aberrantes de determinados ambientes primitivos, es el reflejo de los muchos que queda todav\u00ed\u00ada por hacer en el mundo actual.<\/p>\n<p>    4.2. Mujeres en desarrollo<br \/>\n    Especial referencia y atenci\u00f3n merece la mujer en el Tercer mundo o en aquellos ambientes en situaci\u00f3n de emergencia b\u00e9lica, econ\u00f3mica o racial. La solidaridad del mundo se vuelca contra las que son esterilizadas por su fecundidad y contra su voluntad, contra las que son socialmente reprimidas por su condici\u00f3n, las que son enga\u00f1adas por su pobreza o por su religi\u00f3n.<\/p>\n<p>    Algunas regiones del Tercer Mundo siguen tributarias de econom\u00ed\u00adas de subsistencia y aprovechan el trabajo femenino, en el campo y en los mercados, como algo esencial para la subsistencia.<\/p>\n<p>    Especial sensibilidad cristiana reclaman estas situaciones, que muchas veces llegan a ser emergentes por las carencias vitales o discriminaciones que afectan a millones de seres humanos.<\/p>\n<p>    A medida que los pa\u00ed\u00adses se desarrollan el sentido de la igualdad se impone como criterio social, pol\u00ed\u00adtico y econ\u00f3mico de actuaci\u00f3n. Algunos hechos sociales incrementan los frenos en ese progreso: masas humanas desplazadas hacia las ciudades en busca de mejores condiciones de vida, ambientes en los que la promiscuidad multiplica los hijos naturales sin que los varones tengan por h\u00e1bito reconocer su paternidad cuando se produce, las mismas leyes que con frecuencia discriminan derechos por raz\u00f3n del sexo.<\/p>\n<p>    El analfabetismo es tal vez el peor enemigo de la feminidad, por cuanto dificulta la exigencia de respeto, discrimina el trato equivalente, genera actitudes de inferioridad que resultan insuperables en la mujer que lo padece. 5. Feminismo cristiano<br \/>\n    El feminismo es el movimiento en favor de la igualdad de derechos y de oportunidades entre hombres y mujeres. Hist\u00f3ricamente comenz\u00f3 con la Revoluci\u00f3n francesa de 1879 en Europa y con la proclamaci\u00f3n de los Derechos del Hombre en 1792. En Am\u00e9rica se considera su nacimiento en la publicaci\u00f3n de la obra \u00abUna reivindicaci\u00f3n de los derechos de la mujer\u00bb (1792), de Mary  Wollstonecraft.<\/p>\n<p>    La aparici\u00f3n del proletariado y la incorporaci\u00f3n de la mujer como mano de obra barata suscitaron diversas reacciones en terrenos pol\u00ed\u00adticos, jur\u00ed\u00addicos y econ\u00f3micos. Al extenderse el derecho de voto a la mujer, la demagogia arrastr\u00f3 a muchas organizaciones a contar con los colectivos femeninos y alent\u00f3 la organizaci\u00f3n de grupos, acciones y programas singularmente femeninos.<\/p>\n<p>     El movimiento feminista moderno ha seguido diversos caminos, desde el demag\u00f3gico de pol\u00ed\u00adticos hasta el ideol\u00f3gico de pensadoras originales como el reflejado en el libro \u00abEl segundo sexo\u00bb (1949) de Simone de Beauvoir.<\/p>\n<p>    En el terreno religioso, y en los \u00e1mbitos cristianos, los movimientos feministas han tenido tambi\u00e9n su especial resonancia, sobre todo en ambientes no cat\u00f3licos. La segunda parte del siglo XX se ha mostrado especialmente sensible y activa ante el feminismo en los campos eclesiales.<\/p>\n<p>    Se ha ido desde las reivindicaciones eclesiales justas, como una recta ex\u00e9gesis de textos b\u00ed\u00adblicos claramente formulados en culturas pret\u00e9ritas discriminadoras, hasta ideales lit\u00fargicos, \u00e9ticos o doctrinales de dudosa oportunidad hist\u00f3rica (sacerdocio femenino, revoluci\u00f3n sexual femenina, democratizaci\u00f3n eclesial, jerarqu\u00ed\u00ada femenina proporcional).<\/p>\n<p>    En ocasiones se ha incurrido en terrenos de la mitolog\u00ed\u00ada terminol\u00f3gica (maternidad biol\u00f3gica compartida) o incluso en la estupidez (versiones asexuales del texto b\u00ed\u00adblico o de las plegarias lit\u00fargicas) cuando no en aberraciones dogm\u00e1ticas (equiparaci\u00f3n encarnacional de Mar\u00ed\u00ada con Jes\u00fas, sexualidad femenina del Esp\u00ed\u00adritu Santo)<\/p>\n<p>    El feminismo sociol\u00f3gico niega la inevitabilidad de la superioridad del var\u00f3n sobre la mujer tanto en el \u00e1mbito profesional como en el personal. Rechaza la dominaci\u00f3n masculina sin m\u00e1s.<\/p>\n<p>    El feminismo m\u00e1s inteligente y menos period\u00ed\u00adstico se sit\u00faa en el campo de la justicia social y reclama el final de cualquier discriminaci\u00f3n que no responda a las leyes de la naturaleza. Lo hace por las mismas razones que se opone a las discriminaciones raciales, a las econ\u00f3micas o a las profesionales.<\/p>\n<p>    Gracias al feminismo conveniente, la sociedad toma cada vez m\u00e1s conciencia de determinadas situaciones de injusticia y se sensibiliza ante los programas de mayor respeto y equidad en las costumbres, en las leyes, en los trabajos y en las funciones sociales.<\/p>\n<p>    Sobre todo su mejor logro ha sido en el terreno de lo educativo, haciendo a las nuevas generaciones m\u00e1s propensas a la equiparaci\u00f3n de los sesos, al no hallarse supeditadas por ecos pret\u00e9ritos o estereotipos menos naturales.<\/p>\n<p>Pedro Chico Gonz\u00e1lez, Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00ed\u00ada Religiosa, Editorial Bru\u00f1o, Lima, Per\u00fa 2006<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00eda Religiosa<\/b><\/p>\n<p>Se ha escrito, con acierto, que los nuevos movimientos sociales de hoy tienen tres troncos o matrices: la lucha contra el militarismo, la destrucci\u00f3n ecol\u00f3gica y el patriarcalismo. Precisamente en esta tercera matriz se centra el feminismo.<\/p>\n<p>El feminismo ha tenido tres grandes olas o momentos en nuestro siglo en su reivindicaci\u00f3n de igualdad de trato y emancipaci\u00f3n social del var\u00f3n: la primera, nada m\u00e1s concluir la segunda guerra mundial. Recordamos la importancia de Simone de Beauvoir y su obra El segundo sexo (1949). Una segunda ola o movimiento reivindicativo lo aporta Betty Friedan y su obra La m\u00ed\u00adstica femenina (1964). Y una tercera ola es la actual.<\/p>\n<p>En pastoral y en teolog\u00ed\u00ada ha entrado con gran fuerza. Sobre todo en los pa\u00ed\u00adses de habla angl\u00f3fona. Abarca una nueva forma de hacer teolog\u00ed\u00ada en tres campos al menos: Biblia, historia y tradici\u00f3n cristianas y praxis.<\/p>\n<p>En cuanto al aspecto b\u00ed\u00adblico, destacan te\u00f3logas como E. Cady Stanton, quien aboga \u00abporque las mujeres lean la Biblia por s\u00ed\u00ad mismas\u00bb. De hecho realiz\u00f3 una traducci\u00f3n titulada: \u00abLa Biblia de las mujeres\u00bb. Se reivindica una nueva ex\u00e9gesis y hermen\u00e9utica en la que la mujer es protagonista. Con palabras de E. Sch\u00fcssler Fiorenza, \u00abla teolog\u00ed\u00ada y la interpretaci\u00f3n b\u00ed\u00adblica feminista ponen de manifiesto que el Evangelio cristiano no puede ser proclamado si no se recuerda el discipulado de las mujeres y todo lo que ellas hicieron\u00bb.<\/p>\n<p>En cuanto a la tradici\u00f3n cristiana, se pone de relieve que figuras como Pablo de Tarso, S. Agust\u00ed\u00adn, Sto. Tom\u00e1s o el propio Lutero, por diversos motivos teol\u00f3gicos e hist\u00f3rico-culturales, contribuyeron a la subordinaci\u00f3n, sujeci\u00f3n e incluso menosprecio y subordinaci\u00f3n de las mujeres con relaci\u00f3n a los hombres.<\/p>\n<p>En relaci\u00f3n al tercer campo, el pr\u00e1xico, se subraya que es necesario revisar las ideas, lenguajes, atributos e im\u00e1genes de Dios en campos tan concretos como la liturgia, eclesiolog\u00ed\u00ada y \u00e9tica. Hay que reflexionar, en clave feminista, sobre la bio\u00e9tica, las relaciones y puesto de la mujer en la comunidad cristiana, la espiritualidad, el propio quehacer teol\u00f3gico, o la praxis ecumenista.<\/p>\n<p>Todo lo dicho hasta aqu\u00ed\u00ad nos habla de un m\u00e9todo teol\u00f3gico y pastoral que tiene mucho en com\u00fan con el m\u00e9todo pr\u00e1xico, cr\u00ed\u00adtico y liberador. La teolog\u00ed\u00ada feminista viene a ser una especie de contestaci\u00f3n a una teolog\u00ed\u00ada que se cre\u00ed\u00ada \u00abuniversal\u00bb y \u00abandroc\u00e9ntrica\u00bb. Las feministas est\u00e1n convecidas de que su forma de hacer teolog\u00ed\u00ada y pastoral, lejos de ser una amenaza para la Iglesia, es un movimiento para su renovaci\u00f3n y un signo claro de por d\u00f3nde discurrir\u00e1 la cultura en el tercer milenio.<\/p>\n<p>BIBL. &#8211; A. LOADES, Teolog\u00ed\u00ada feminista, Descl\u00e9e de Brouwer, Bilbao 1997; J. M. MARDONES, 10 palabras clave sobre movimientos sociales, Verbo Divno, Estella 1996.<\/p>\n<p>Ra\u00fal Berzosa Mart\u00ed\u00adnez<\/p>\n<p>Vicente M\u00c2\u00aa Pedrosa &#8211; Jes\u00fas Sastre &#8211; Ra\u00fal Berzosa (Directores), Diccionario de Pastoral y Evangelizaci\u00f3n, Diccionarios \u00abMC\u00bb, Editorial Monte Carmelo, Burgos, 2001<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Pastoral y Evangelizaci\u00f3n<\/b><\/p>\n<p>Se entiende por feminismo un movimiento cultural y pol\u00ed\u00adtico, amplio, articulado y complejo, que pone en el centro de su reflexi\u00f3n y de su acci\u00f3n los problemas relativos a la condici\u00f3n de la mujer. Nace a comienzos del siglo XIX con la aparici\u00f3n de una conciencia colectiva. Los ideales de igualdad, fraternidad y libertad proclamados por la Revoluci\u00f3n francesa y los problemas surgidos en relaci\u00f3n con la revoluci\u00f3n industrial han movido a las mujeres a reflexionar sobre su propia situaci\u00f3n existencial y social.<\/p>\n<p>La necesidad de la mujer de sustraerse a un estado secular de dependencia ha animado a los movimientos feministas hasta los recientes a\u00f1os 60 y ha conocido la concreci\u00f3n, a nivel social y pol\u00ed\u00adtico, de los derechos fundamentales de la mujer: derecho al estudio, al voto pol\u00ed\u00adtico, a la igualdad laboral retributiva, a los mismos derechos dentro de la familia, A partir de los a\u00f1os 60 nace un segundo feminismo, que no deriva va su inspiraci\u00f3n y su fuerza del concepto de emancipaci\u00f3n, en cierto modo adquirido al menos te\u00f3ricamente, sino del de liberaci\u00f3n, entendido tanto como proceso interior dirigido a convertir a la mujer en sujeto aut\u00f3nomo, bien como cambio de las normas institucionales y de los modelos culturales tradicionales para la edificaci\u00f3n de una sociedad hecha a medida de la persona humana (hombre mujer), y no va solamente del hombre.<\/p>\n<p>El significado m\u00e1s profundo del feminismo es la formaci\u00f3n en la mujer de una conciencia \u00e9tica, como conciencia de la propia subjetividad aut\u00f3nom\u00ed\u00ada y como capacidad de escoger y de obrar, Esta autocomprensi\u00f3n ha obligado tanto al pensamiento laico como a la reflexi\u00f3n cristiana a preguntarse por una cultura que justificaca la inferioridad fisiol\u00f3gica, moral y jur\u00ed\u00addica de la mujer y, por tanto, su cualidad de subalterna del hombre. Los resultados m\u00e1s evidentes de los nuevos planteamientos son: la recuperaci\u00f3n. por parte de la mujer, de la conciencia y del respeto a su propio cuerpo; la maternidad no sufrida pasivamente, sino vivida como opci\u00f3n de amor y sobre todo como experiencia positiva; la superaci\u00f3n de una concepci\u00f3n del trabajo dom\u00e9stico como exclusivo de la mujer.<\/p>\n<p>Las implicaciones del feminismo en el terreno cultural y social no pod\u00ed\u00adan menos de repercut~r tambi\u00e9n profundamente en la cristiandad, Especialmente en el \u00e1mbito cat\u00f3lico, el hecho de haber se\u00f1alado en la cuesti\u00f3n femenina uno de los signos de los tiempos de nuestro mundo contempor\u00e1neo (Juan XXIII) ha abierto los espacios para un replanteamiento del tema de la naturaleza y de la funci\u00f3n de la mujer en el plan de la salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Heredera de esta nueva atenci\u00f3n a las realidades femeninas es la carta apost\u00f3lica Mulieris dignitatem, de Juan Pablo II (1988), fuente de notables sugerencias para nuevas investigaciones y reflexiones. Pero sobre todo la conciencia que la mujer est\u00e1 adquiriendo de su propia funci\u00f3n eclesial, como disc\u00ed\u00adpula de Cristo lo mismo que los dem\u00e1s bautizados, con las responsabilidades prof\u00e9ticas, sacerdotales y reales que de all\u00ed\u00ad se derivan, ha movido a una atenta relectura de la tradici\u00f3n b\u00ed\u00adblica y teol\u00f3gica para superar sus l\u00ed\u00admitaciones y proponer sus anticipaciones prof\u00e9ticas.<\/p>\n<p>El paso de la situaci\u00f3n subalterna a la autonom\u00ed\u00ada, al ser sujeto responsable, no es para la mujer una operaci\u00f3n f\u00e1cil y que se d\u00e9 por descontado. Falta la costumbre hist\u00f3rica y la educaci\u00f3n moral, que lleven a la &#8211; Independencia del esp\u00ed\u00adritu adulto. Por eso, la b\u00fasqueda de la identidad, personal e hist\u00f3rica, es un presupuesto indispensable para el feminismo que quiera reconocer a la mujer una especificidad de vivencia y una conciencia de su propio destino.<\/p>\n<p>Los caminos emprendidos para ello son diversos y pueden indicarse de este modo: a) f\u00e9minismo como memoria: tener memoria significa para las mujeres reconocerse en una historia com\u00fan y dar una nueva densidad a su propia existencia; b) feminismo como pensamiento de la diferencia: se subraya con vigor la diferente identidad sexual de la mujer y su valor intr\u00ed\u00adnseco; c) feminismo como pensamiento de la convergencia : m\u00e1s all\u00e1 de la diferencia se necesita que haya, en un plan de paridad, acogida, escucha mutua, alianza, planificaci\u00f3n en com\u00fan para edificar una cultura andr\u00f3gina.<\/p>\n<p> G. Cappelli<\/p>\n<p>Bibl.: A, Riva, Feminismo, en NDE, 554567: A, E, Carr, Feminismo, en DTF 479483: M, p, Aquino, Feminismo, en CF2, 509524: J M, Aubert, La mujer, antifeminismo y cristianismo, Herder, Barcelona 1976: A, Moreno. El movimiento feminista en Espa\u00f1a, Anagrama, Barcelona 1977.<\/p>\n<p>PACOMIO, Luciano [et al.], Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico, Verbo Divino, Navarra, 1995<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico<\/b><\/p>\n<p>SUMARIO: I. Aspectos hist\u00f3ricos: 1. La demanda de paridad en los derechos civiles y pol\u00ed\u00adticos; 2. El feminismo de tipo radical-socialista en el s. XIX: a) En Inglaterra, b) En Estados Unidos, c) En Francia, d) En Italia, e) En Espa\u00f1a; 3. Contra la explotaci\u00f3n de la mujer. Demanda de paridad de instrucci\u00f3n; 4. El sufragio universal; 5. Consecuencias de las dos guerras mundiales del s. XX; 6. El feminismo contempor\u00e1neo y sus ra\u00ed\u00adces: a) Contra el \u00abmachismo\u00bb, b) Contra la realidad-mujer \u00abtradicional\u00bb, c) Las ra\u00ed\u00adces; 7. El significado humano de la protesta femenina; 8. Crisis actual del feminismo &#8211; II. Valoraci\u00f3n final a la luz del evangelio.<\/p>\n<p>I. Aspectos hist\u00f3ricos<br \/>\nEl movimiento feminista no es en modo alguno una manifestaci\u00f3n peculiar de nuestro tiempo ni de tiempos recientes, sino que tiene sus ra\u00ed\u00adces profundas en la sociedad del s. xvIII, sobre todo hacia finales del mismo en Francia.<\/p>\n<p>1. LA DEMANDA DE PARIDAD EN LOS DERECHOS CIVILES Y POLITICOS &#8211; El movimiento iluminista hab\u00ed\u00ada estimulado a la sociedad femenina francesa a considerar la injusticia del trato que se daba a la mujer con respecto al hombre, ya en el \u00e1mbito de la legislaci\u00f3n, ya en el de las costumbres. Una escritora, Olympe de Gouges, autora de una novela titulada Le prince philosophe, editada en 1789 e inspirada en esta tem\u00e1tica, fund\u00f3 dos clubes femeninos, en los cuales se debat\u00ed\u00adan los argumentos relativos a la situaci\u00f3n de las mujeres en la sociedad de su tiempo. La fundaci\u00f3n de clubes femeninos no era una novedad a finales del s. xvIII, sobre todo en Francia; eran famos\u00ed\u00adsimos algunos \u00absalones\u00bb, en los cuales las mujeres de la aristocracia o de la alta burgues\u00ed\u00ada intelectual recib\u00ed\u00adan a amigas y amigos para hablar de diversos argumentos, sobre todo de literatura y filosof\u00ed\u00ada; algunas de ellas eran grandes escritoras, como Madame de S\u00e9vign\u00e9; otras tuvieron una cierta influencia pol\u00ed\u00adtica; baste recordar, por ejemplo, a Josefina Beauharnais (la primera mujer de Napole\u00f3n); pero se trataba de c\u00ed\u00adrculos \u00abde moda\u00bb, en los cuales la situaci\u00f3n de la mujer era particularmente prestigiosa, mas donde, pese a agitarse opiniones y cr\u00ed\u00adticas sobre los acontecimientos culturales del tiempo o sobre la conducta pol\u00ed\u00adtica de los hombres m\u00e1s representativos, no obstante, se consideraba la posici\u00f3n de la mujer perfectamente \u00abintegrada en el sistema\u00bb, como dir\u00ed\u00adamos hoy, part\u00ed\u00adcipe de las convicciones de la sociedad de su tiempo y satisfecha con su propio prestigio o su fascinaci\u00f3n personal, independientemente de la consideraci\u00f3n de una posible \u00abparidad\u00bb de derechos civiles y pol\u00ed\u00adticos, como pretend\u00ed\u00adan las participantes del club de Olympe de Gouges.<\/p>\n<p>Estas debat\u00ed\u00adan cr\u00ed\u00adticamente los argumentos relativos a la posici\u00f3n de la mujer en la sociedad de su tiempo, aplicando con l\u00f3gica inflexible a fa \u00abmitad femenina del g\u00e9nero humano\u00bb los principios iluministas y revolucionarios. Tras largas discusiones, se lleg\u00f3 a la etaboraci\u00f3n de un documento, considerado como el primer documento \u00abfeminista\u00bb franc\u00e9s, presentado, bajo el t\u00ed\u00adtulo de Declaraci\u00f3n de los derechos de la mujer (\u00abD\u00e9claration des droits de la femme\u00bb), en 1791 a la Constituyente, que lo discuti\u00f3 con el apoyo de algunos de los m\u00e1s destacados intelectuales que participaban en la asamblea, de la que saldr\u00ed\u00ada despu\u00e9s el nuevo ordenamiento de la Francia .revolucionaria. Olympe de Gouges al principio recibi\u00f3 tambi\u00e9n apoyo del movimiento pol\u00ed\u00adtico que sigui\u00f3 a la Constituyente; pero cuando el rey Luis XVI fue guillotinado en 1793, Robespierre no le perdon\u00f3 el haber expresado juicios negativos sobre el particular; probablemente fue \u00e9ste el pretexto para desencadenar una ofensiva de tipo reaccionario contra el naciente movimiento feminista, que, sin embargo, segu\u00ed\u00ada perfectamente los principios inspiradores de la Revoluci\u00f3n francesa; Olympe de Gouges fue guillotinada el mismo a\u00f1o. La fecha del 4 de noviembre de 1793 marca la primera etapa de la represi\u00f3n por parte de gobernantes que se defin\u00ed\u00adan como \u00abdemocr\u00e1ticos\u00bb (el feminismo, durante la revoluci\u00f3n, no fue combatido por gobernantes no revolucionarios, probablemente porque los problemas de este grupo pol\u00ed\u00adtico eran enormemente m\u00e1s dram\u00e1ticos). El episodio es interesante para el historiador que sigue con atenci\u00f3n el desarrollo de movimientos \u00abinnovadores\u00bb en general, y en particular de \u00e9ste, ya que indica cu\u00e1n dif\u00ed\u00adcil es el camino de la \u00abdemocracia\u00bb cuando, para ser coherente, implica tambi\u00e9n que se tenga en cuenta el cambio de las tradicionales relaciones entre hombre y mujer, poniendo as\u00ed\u00ad en peligro (seg\u00fan una interpretaci\u00f3n sin duda errada) lo que com\u00fanmente se entiende por prestigio del hombre.<\/p>\n<p>Contempor\u00e1neo al movimiento franc\u00e9s y a pesar de su dram\u00e1tico fracaso, el feminismo ingl\u00e9s hab\u00ed\u00ada llegado asimismo a una Reivindicaci\u00f3n de los derechos de la mujer, publicada por Mary Wollstonecraft en 1792 (\u00abVindication of the rights of Women\u00bb), que fue posteriormente considerado en todos los pa\u00ed\u00adses de lengua inglesa como la \u00abbiblia\u00bb del movimiento feminista. Tambi\u00e9n en Alemania, en 1792, hab\u00ed\u00ada aparecido un escrito de Theodor Gottlieb von Hippel con el t\u00ed\u00adtulo de El mejoramiento civil de las mujeres (\u00ab\u00dcber die b\u00fcrgerlische Verbesserung der Weiber\u00bb), cuyo inter\u00e9s deriva de dos motivos de cierto valor: ante todo, se trata de un escritor hombre, que, en segundo lugar, era un personaje importante en el campo administrativo, puesto que Hippel hab\u00ed\u00ada sido director de la polic\u00ed\u00ada y sucesivamente burgomaestre, sacando de su experiencia directa las reflexiones sobre la necesidad de modificar el \u00abstatus\u00bb civil y jur\u00ed\u00addico de la mujer en Alemania.<\/p>\n<p>No debe, por otra parte, olvidarse que en la formulaci\u00f3n de la Constituci\u00f3n de los Estados Unidos de Am\u00e9rica las mujeres hab\u00ed\u00adan intentado hacerse presentes para que no se elaborara ley alguna sin su intervenci\u00f3n. Abigail Adams, esposa de uno de los \u00abpadres\u00bb de la Constituci\u00f3n americana, escrib\u00ed\u00ada en 1776 a su marido: \u00abNosotras las mujeres no nos consideramos obligadas a seguir ninguna ley que haya sido votada sin nosotras o sin haber o\u00ed\u00addo nuestro parecer\u00bb. Era un per\u00ed\u00adodo en que la construcci\u00f3n del Estado americano hab\u00ed\u00ada contado, en la pr\u00e1ctica, con una imponente aportaci\u00f3n concreta de las mujeres, compa\u00f1eras de conquistas y de trabajo; pero no se las consideraba de igual manera cuando de la colaboraci\u00f3n pr\u00e1ctica hab\u00ed\u00ada que pasar al reconocimiento de una situaci\u00f3n de derecho que permitiese a la mujer ser civil y jur\u00ed\u00addicamente igual al hombre.<\/p>\n<p>2. EL FEMINISMO DE TIPO RADICAL-SOCIALISTA DEL S. XIX &#8211; La Revoluci\u00f3n francesa y la sacudida que ella produjo en Europa, la larga tensi\u00f3n pol\u00ed\u00adtica y b\u00e9lica del per\u00ed\u00adodo napole\u00f3nico marcan un per\u00ed\u00adodo de intervalo en la cuesti\u00f3n de los derechos de la mujer; ni siquiera el c\u00f3digo napole\u00f3nico, con sus grandes innovaciones, que hacen de \u00e9l incluso en nuestros d\u00ed\u00adas el gozne del derecho de todo Estado, daba pie para poder pensar en cambiar las relaciones de dominio-sumisi\u00f3n que han caracterizado durante muchos siglos la relaci\u00f3n hombre-mujer.<\/p>\n<p>Cuando Europa pudo gozar de mayor tranquilidad, en torno a los a\u00f1os cuarenta del s. xx, la cuesti\u00f3n femenina comenz\u00f3 de nuevo a agitar las mentes m\u00e1s ilustres y a replantearse como motivo de realizaci\u00f3n de aquella \u00abjusticia\u00bb que el iluminismo primero y la Revoluci\u00f3n francesa despu\u00e9s hab\u00ed\u00adan estimado indispensables para el mejoramiento de la humanidad.<\/p>\n<p>a) En Inglaterra. En 1825 publicaba William Thompson la Apelaci\u00f3n de la mitad del g\u00e9nero humano, las mujeres, contra la pretensi\u00f3n de la otra mitad,los hombres, de mantenerlas en su esclavitud pol\u00ed\u00adtica, civil y dom\u00e9stica, en respuesta a un anterior Ensayo sobre el gobierno, de James Mili (1820), en el cual se propon\u00ed\u00ada una vasta ampliaci\u00f3n del sufragio electoral, pero que exclu\u00ed\u00ada a las mujeres de toda forma de participaci\u00f3n pol\u00ed\u00adtica y, sobre todo, del voto. Thompson entra en ese movimiento del pensamiento definido como \u00abphilosophic radicals\u00bb, que hab\u00ed\u00ada aplicado los principios de la metodolog\u00ed\u00ada utilitarista a la interpretaci\u00f3n de los fen\u00f3menos sociales, sin excluir la cuesti\u00f3n femenina. En efecto, el feminismo en aquel per\u00ed\u00adodo estaba recobrando cierto inter\u00e9s en Gran Breta\u00f1a, despu\u00e9s de un per\u00ed\u00adodo de olvido real del escrito de Mary Wollstonecraft (1792) y despu\u00e9s de que en la evoluci\u00f3n social determinada por los acontecimientos y en la afirmaci\u00f3n de la \u00abmidle class\u00bb y de su estilo de vida se verificara una verdadera regresi\u00f3n en la posici\u00f3n de relativa \u00abparidad\u00bb e independencia de que en los siglos precedentes hab\u00ed\u00ada gozado la mujer como auxiliar del hombre en actividades laborales, artesanales y comerciales, aunque ejercidas a escala reducida. El desarrollo preindustrial, ya entonces orientado a que predominase la burgues\u00ed\u00ada en todos los campos, hab\u00ed\u00ada empezado a suscitar el tema de la \u00abseparaci\u00f3n de los roles\u00bb masculino y femenino, sentando las bases del profundo malestar relacional entre ambos sexos, caracter\u00ed\u00adstico del s. xix y que se agudizar\u00ed\u00ada en el xx, hasta alcanzar las actuales expresiones radicales y extremistas. El rol masculino se supervaloraba, a la vez que el femenino era reducido al descr\u00e9dito; en las clases m\u00e1s elevadas, por otra parte, la mujer era considerada, seg\u00fan la definici\u00f3n dada en 1899 por T. Veblen, el \u00abprimer producto de desecho del nuevo sistema econ\u00f3mico\u00bb y \u00abel mero s\u00ed\u00admbolo del poder consumista masculino\u00bb. Es, pues, comprensible que el movimiento feminista recobrara vigor y reaccionara contra la progresiva reducci\u00f3n de la mujer a la marginaci\u00f3n, h\u00e1bilmente enmascarada de respeto y de idealizaci\u00f3n en las clases sociales m\u00e1s elevadas y realmente desprovista de todo poder no s\u00f3lo en el \u00e1mbito civil, sino tambi\u00e9n en el familiar.<\/p>\n<p>Thompson denunci\u00f3 la instrumentalizaci\u00f3n de la esclavitud pol\u00ed\u00adtica, social y dom\u00e9stica de la mujer dentro del sistema capitalista, iniciando un tipo de an\u00e1lisis sociol\u00f3gico, que en sus primeros tiempos top\u00f3 con dificultades y frecuentes desdenes, pero que m\u00e1s tarde fue aceptado, porque pon\u00ed\u00ada de manifiesto el origen de algunas deformaciones de las relaciones entre diversos grupos sociales y las consecuencias negativas que de ello se derivaban. Como inspiradora y colaboradora tuvo a Ana Wheeler, que, originaria de una rica y poderosa familia irlandesa, rechazando su condici\u00f3n social en favor de una mayor independencia y libertad de acci\u00f3n, trabaj\u00f3 incansablemente por la difusi\u00f3n del feminismo. Con ella se inici\u00f3 un giro importante del feminismo, primero ingl\u00e9s y luego europeo, puesto que se patentizaba que la \u00abparidad de los derechos\u00bb no dar\u00ed\u00ada a la mujer felicidad si no se presentaba un programa que superara el l\u00ed\u00admite iluminista de la afirmaci\u00f3n sobre la te\u00f3rica identidad valorativa de los dos sexos y no se comprend\u00ed\u00ada el significado de la \u00abcooperaci\u00f3n\u00bb social, liberando a la mujer de su \u00abest\u00fapida y servil sumisi\u00f3n al hombre\u00bb, con la cual secundaba todas las tendencias egoisticas del var\u00f3n y se hacia ignorante, ap\u00e1tica e indiferente frente al bien social, preocupada \u00fanicamente por el bienestar personal. Para combatir esta situaci\u00f3n, Ana Wheeler insist\u00ed\u00ada en la necesidad de dar a la mujer instrucci\u00f3n, ya que \u00absaber es poder\u00bb, y, al impedirse que la mujer tuviera acceso a los estudios, el hombre conservaba intacto su poder sobre ella y sobre la sociedad. A estas afirmaciones de Ana Wheeler, Thompson a\u00f1ad\u00ed\u00ada una aserci\u00f3n que hoy es del m\u00e1ximo inter\u00e9s en las famosas discusiones sobre las relaciones entre \u00abnaturaleza y cultura\u00bb: la tendencia al dominio no es en absoluto una ley inmutable de la naturaleza humana; es un fen\u00f3meno que se verifica hist\u00f3ricamente; en consecuencia, se puede modificar. De aqu\u00ed\u00ad su llamamiento a las mujeres a rebelarse contra un estado de cosas del que tambi\u00e9n ellas eran en gran parte responsables, al menos por aceptarlo pasivamente.<\/p>\n<p>Conviene subrayar que la Apelaci\u00f3n de Thompson fue pr\u00e1cticamente ignorada, no s\u00f3lo por la prensa ortodoxa, sino tambi\u00e9n por la radical; fue discutida tan s\u00f3lo en algunos c\u00ed\u00adrculos, y despu\u00e9s de la primera edici\u00f3n, de 1825, cay\u00f3 pr\u00e1cticamente en el olvido. Tuvieron que pasar nada menos que ciento cuarenta y cinco a\u00f1os (estamos en 1970) para que se la considerase digna de ser tenida en cuenta y fuera publicada en reimpresi\u00f3n anast\u00e1tica a cargo de los movimientos feministas americanos.<\/p>\n<p>b) En Estados Unidos. El principio de \u00abcooperaci\u00f3n\u00bb, sostenido por Wheeler y por Thompson, se insertaba en el \u00e1mbito del naciente movimiento cooperativista americano, dado a conocer en Inglaterra por R. Owen, y en el cual se hab\u00ed\u00ada distinguido la feminista americana Frances Wright. En estos movimientos es dificil hacer (como a menudo se intenta hoy) una distinci\u00f3n entre socialismo y feminismo, lo mismo que entre iluminismo y feminismo (de un siglo antes); se trata de movimientos que denunciaron una serie de desigualdades y de injusticias \u00absociales\u00bb y \u00abpol\u00ed\u00adticas\u00bb, entre las que se inclu\u00ed\u00ada tambi\u00e9n la condici\u00f3n de la mujer, y no s\u00f3lo de la mujer, porque las clases sociales m\u00e1s pobres, en el s. xlx. y los grupos sociales m\u00e1s indefensos (como los ni\u00f1os, los ancianos y los enfermos). en el s. xix. hubieron de sufrir las duras consecuencias de algunas teor\u00ed\u00adas y, sobre todo, de la organizaci\u00f3n del primer capitalismo industrial, que no tuvo en cuenta las necesidades \u00abhumanas\u00bb del trabajo, y cuyo \u00fanico m\u00f3vil fue el principio del lucro. Al que vive en la segunda mitad del s. xx le es dificil imaginar las condiciones de vida de estos grupos sociales, a los que no se puede denominar en sentido estricto \u00abmarginados\u00bb, pero s\u00ed\u00ad definir como oprimidos, explotados y vejados incluso en las m\u00e1s elementales exigencias de supervivencia.<\/p>\n<p>c) En Francia. Durante el mismo per\u00ed\u00adodo hist\u00f3rico, en Francia, el movimiento feminista surge como expresi\u00f3n de la profunda decepci\u00f3n que produjo en las mujeres el fallido reconocimiento de sus derechos, solemnemente afirmados por los fil\u00f3sofos iluministas prerrevolucionarios, pero olvidados, de hecho, en la legislaci\u00f3n de la Constituyente y, sobre todo, en el c\u00f3digo napole\u00f3nico. El nombre de `feminismo\u00bb en sentido espec\u00ed\u00adfico aparece aqu\u00ed\u00ad por primera vez en la historia de los movimientos femeninos, para designar un grupo particular de personas que persigue determinados fines; parece que est\u00e1 ligado a la figura de George Sand, escritora de novelas en que defiende la libertad del amor, la protesta contra la autoridad marital y contra la esclavitud de la mujer en el matrimonio. Pero G. Sand fue una intelectual peque\u00f1oburguesa extravagante y exhibicionista, adem\u00e1s de nerviosa e incapaz de salir de sus problemas personales; de ah\u00ed\u00ad su feminismo m\u00e1s bien abstracto, falto de sensibilidad social y esencialmente literario, aparte de limitado a la esfera de las experiencias sexuales anticonformistas (pi\u00e9nsese en su relaci\u00f3n con Chopin), con una visi\u00f3n muy limitada de lo que es de hecho la aspiraci\u00f3n de la mujer del s. xx a un reconocimiento de su dignidad humana independientemente de las cuestiones sexuales.<\/p>\n<p>d) En Italia. Una \u00abrevolucionaria\u00bb italiana, considerada como la m\u00e1s importante animadora del movimiento femenino italiano del s. Anna Marea Mozzoni, estima que la actitud de G. Sand, y en general de las \u00abliteratas\u00bb, es de hecho m\u00e1s nociva que \u00fatil a la causa de las mujeres, pues se trata siempre de personas que se hallan en situaci\u00f3n de privilegio y que, pudiendo &#8216;prescindir de las reformas por razones personales, tienden a considerar \u00abvoluntaria\u00bb la condici\u00f3n de las otras y no se preocupan de combatir el privilegio, en el que han basado su prestigio personal.<\/p>\n<p>Hablar de A. M. Mozzoni significa hablar de la Italia del posrisorgimento, de la Italia que, \u00abtras hacer a Italia, debe ahora hacer a los italianos\u00bb. Esta figura de mujer, casi ignorada por nuestra cultura contempor\u00e1nea, tuvo notable importancia a la hora de incentivar las instancias sociales y pol\u00ed\u00adticas de la segunda mitad del s. xix. Como la mayor parte de las feministas de la \u00e9poca, era originaria de familia noble, por lo cual tuvo la posibilidad de acceder a los diversos ambientes, aportando la contribuci\u00f3n de sus observaciones concretas sobre la condici\u00f3n de la mujer (de todas las clases sociales), traduciendo textos extranjeros y colaborando en revistas como \u00abLa Donna\u00bb, dando conferencias en diversos c\u00ed\u00adrculos y organizando escuelas para la instrucci\u00f3n profesional y general femenina. El suyo fue un feminismo de tipo \u00abradical\u00bb, mazziniano en algunos aspectos, original en otros. Unas veces en colaboraci\u00f3n, otras en contraste con otras personalidades relevantes de las actividades femeninas, dej\u00f3 una impronta que s\u00f3lo las circunstancias hist\u00f3ricas y un particular embotamiento pol\u00ed\u00adtico del gobierno italiano de fines de siglo lograron borrar; actualmente se la recuerda no s\u00f3lo en el campo feminista, sino tambi\u00e9n en la documentaci\u00f3n hist\u00f3rica relativa a la \u00e9poca del posrisorgimento. Las demandas de la Mozzoni eran las mismas que las de los otros grupos feministas extranjeros.<\/p>\n<p>e) En Espa\u00f1a. En Espa\u00f1a no parece que pueda hablarse durante el s. xix de un feminismo de corte radical-socialista como t\u00f3nica general. Es cierto que hubo mujeres socialistas que destacaron incluso como sindicalistas de primera fila. Pero las reivindicaciones feministas vinieron por otro camino. Quiz\u00e1 los primeros en promover las iniciales reivindicaciones femeninas fueron los hombres. Sobre todo el P. Feijoo. En su Teatro cr\u00ed\u00adtico universal (1726) y en Cartas eruditas (1742) logr\u00f3 contestar, a base de sentido com\u00fan y erudici\u00f3n, muchos de los absurdos argumentos esgrimidos contra la mujer.<\/p>\n<p>Pero, quiz\u00e1, el feminismo espa\u00f1ol del s. xix tiene lugar sobre todo desde la cultura. El s. xix presencia una importante floraci\u00f3n literaria femenina. Mujeres como Concepci\u00f3n Arenal, Gertrudis G\u00f3mez de Avellaneda, Cecilia B\u00fchl de Faber (Fern\u00e1n Caballero) y Emilia Pardo Baz\u00e1n, por citar s\u00f3lo las m\u00e1s conocidas, lograron abrirse paso en un mundo que les negaba la igualdad en campos laborales, culturales y sociales (por supuesto, tambi\u00e9n en el pol\u00ed\u00adtico. Pero esta dificultad era demasiado fuerte). Estas escritoras fueron primero v\u00ed\u00adctimas, despu\u00e9s, y por ello mismo, conocedoras de la opresi\u00f3n y, por \u00faltimo, expositoras, denunciantes y luchadoras hasta encaramarse en lugares antes ocupados s\u00f3lo por los hombres. Concepci\u00f3n Arenal ser\u00e1 visitadora de prisiones de mujeres e inspectora de casas de correcci\u00f3n de mujeres. Emilia Pardo Baz\u00e1n, si bien no lleg\u00f3 a la Real Academia por su condici\u00f3n de mujer, lograrla su c\u00e1tedra en 1916, a la que acud\u00ed\u00ada a pesar del boicot a que la sometieron.<\/p>\n<p>3. CONTRA LA EXPLOTACI\u00ed\u201cN DE LA MUJER. DEMANDA DE PARIDAD DE INSTRUCCI\u00ed\u201cN &#8211; La atenci\u00f3n de estos grupos se fija en las condiciones denigrantes, en la explotaci\u00f3n de la mujer y de los ni\u00f1os en la industria y en el significado de una \u00abtoma de conciencia\u00bb por parte de la mujer as\u00ed\u00ad oprimida. En Inglaterra, John Stuart Mill, hijo de James Mill, public\u00f3 en 1869 una obra que lleva por titulo La esclavitud de las mujeres (\u00abThe subjection of Women\u00bb), en la cual el examen de las condiciones sociales y la teorizaci\u00f3n de las causas de malestar est\u00e1n siempre integrados por la referencia al movimiento feminista, que ya se estaba desarrollando desde hac\u00ed\u00ada m\u00e1s de un decenio, en la perspectiva de una acci\u00f3n pol\u00ed\u00adtico-pr\u00e1ctica. Se debe a J. S. Mill la difusi\u00f3n del conocimiento del movimiento feminista ingl\u00e9s, que tanto influjo tuvo, lo mismo en Am\u00e9rica del Norte que en Am\u00e9rica del Sur y en Europa: adem\u00e1s, se difundieron las propuestas sobre la paridad pr\u00e1ctica y no s\u00f3lo te\u00f3rica entre ambos sexos en el campo pol\u00ed\u00adtico, jur\u00ed\u00addico y retributivo del trabajo, con libre acceso a todas las carreras profesionales; propuestas que fueron llevadas primero por el mismo Mill al Parlamento ingl\u00e9s y luego por otros grupos pol\u00ed\u00adticos -acicateados por el feminismo- de otros Estados a sus relativos gobiernos.<\/p>\n<p>Sin embargo, ni siquiera en los pa\u00ed\u00adses n\u00f3rdicos (Inglaterra, Alemania, Rusia, Suecia, Noruega) el feminismo, tendente a afirmar la igualdad de derechos entre los dos sexos, con la consiguiente paridad jur\u00ed\u00addica y pol\u00ed\u00adtica, tuvo m\u00e1s \u00e9xito que en Italia o Espa\u00f1a. Esta paridad, aunque te\u00f3ricamente aceptada y sostenida, en realidad rara vez se lleva a la pr\u00e1ctica, puesto que la relaci\u00f3n entre hombre y mujer implica motivaciones emotivas que una legislaci\u00f3n, incluso muy evolucionada, no puede hacer que prevalezcan sobre ciertos pesados residuos de antiguas \u00abcostumbres\u00bb o tradiciones que no nacen de motivos racionales, sino que hunden sus ra\u00ed\u00adces en fen\u00f3menos psicol\u00f3gicos completamente irracionales. En consecuencia, durante cerca de medio siglo el problema de la sumisi\u00f3n de la mujer al hombre (y la consiguiente disparidad de trato frente a la ley) permaneci\u00f3 arrinconado y s\u00f3lo se discuti\u00f3 en c\u00ed\u00adrculos restringidos de mujeres, preferentemente intelectuales, hacia las cuales, tanto el hombre come esa vasta porci\u00f3n de mujeres que, carente de sentido critico, aceptaba sin m\u00e1s la situaci\u00f3n, o que por particulares circunstancias se hallaba en situaci\u00f3n privilegiada, manifestaron con frecuencia sentimientos de desprecio, iron\u00ed\u00ada! hirientes y una fuerte y organizada de Tensa en los diferentes ambientes socia les y pol\u00ed\u00adticos. No en vano han afirmad( varios observadores y cr\u00ed\u00adticos que, poi lo general, las m\u00e1s tenaces enemigas di las mujeres son las mismas mujeres esto depende probablemente de la ten dencia conservadora de la mujer en general, por estar habituada, desde hace miles de a\u00f1os, a no creerse capaz de de fenderse o de imponer sus propias opiniones y, sobre todo, por haber sido mantenida hasta comienzos del s. x en una condici\u00f3n de ignorancia y de analfabetismo que la hac\u00ed\u00ada incapaz de operaciones mentales de tipo cultural y critico, as\u00ed\u00ad como de observaciones libres de prejuicios sobre la realidad socio-pol\u00ed\u00adtica.<\/p>\n<p>El movimiento feminista de la segunda mitad del s. xix tuvo como finalidad la \u00abparidad de educaci\u00f3n\u00bb; con esto se ped\u00ed\u00ada que la instrucci\u00f3n fuera impartida de igual manera tanto al hombre como a la mujer, sabiendo perfectamente cu\u00e1nta importancia tiene en la gesti\u00f3n del poder la diferencia de informaci\u00f3n y de cultura; t\u00e9ngase presente que era considerado \u00abnormal\u00bb el analfabetismo femenino y que incluso en las clases sociales m\u00e1s elevadas se opinaba que a la mujer no le hac\u00ed\u00ada ninguna falta una instrucci\u00f3n que fuera m\u00e1s all\u00e1 de la escuela elemental; es m\u00e1s, parec\u00ed\u00ada que la ignorancia y el desinter\u00e9s por todo lo que es cultura, bajo el aspecto de lo social y pol\u00ed\u00adtico, constitu\u00ed\u00ada una gran virtud y pon\u00ed\u00ada de relieve aquella \u00abfeminidad\u00bb que tanto gustaba al hombre. Se delineaba esa exaltaci\u00f3n de la femineidad entendida como \u00abdulzura\u00bb, \u00abfragilidad\u00bb, \u00absumisi\u00f3n\u00bb e \u00abingenuidad\u00bb, que todav\u00ed\u00ada persiste en muchos ambientes, determinando la supervaloraci\u00f3n de las virtudes \u00abcaseras\u00bb, mal entendidas y peor interpretadas como virtudes en el \u00e1mbito de la gesti\u00f3n de la casa y de la familia, totalmente subordinada a la voluntad del hombre.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n la valoraci\u00f3n \u00abmoral\u00bb del comportamiento femenino se resent\u00ed\u00ada profundamente de ello -y sigue resinti\u00e9ndose-, porque se confundi\u00f3 la libertad en el pensar y obrar con la libertad licenciosa en el campo sexual. Todo esto hizo tambi\u00e9n extremamente dif\u00ed\u00adcil la actualizaci\u00f3n de las leyes que, en determinado momento hist\u00f3rico, obligaron finalmente a todos los ciudadanos, comprendidas las mujeres, a instruirse; incluso hoy muchas familias se niegan a hacer que sus hijas frecuenten la escuela media obligatoria.<\/p>\n<p>-Otro motivo grave de resistencia en los estratos populares depend\u00ed\u00ada del baj\u00ed\u00adsimo nivel de renta familiar y, sobre todo, de la extendidisima miseria que pesaba sobre cada uno de los miembros de las familias numerosas, exigiendo que se enrolaran muy pronto en el trabajo. La discriminaci\u00f3n entre nivel de instrucci\u00f3n masculina y femenina es a\u00fan evidente despu\u00e9s de sesenta-setenta a\u00f1os de instrucci\u00f3n obligatoria x para todos los ciudadanos. Los datos estadisticos que muestran esta situaci\u00f3n (puestos de relieve sobre todo con ocasi\u00f3n del \u00aba\u00f1o internacional de la mujer\u00bb en 1975) indican con cu\u00e1nta agudeza advirtieron la realidad las primeras feministas y con qu\u00e9 obstinaci\u00f3n resisti\u00f3 la tradici\u00f3n a sus exigencias.<\/p>\n<p>4. EL SUFRAGIO UNIVERSAL &#8211; Cerrado el per\u00ed\u00adodo del risorgimento y abierto el de las reivindicaciones obreras en el campo de la industria bajo el impulso de los movimientos pol\u00ed\u00adticos de izquierda, el feminismo volvi\u00f3 a cobrar fuerza, proponi\u00e9ndose, empero, una finalidad diversa de la de la instrucci\u00f3n (meta alcanzada al menos a nivel legislativo): la del sufragio universal, que comprendiera tambi\u00e9n a las mujeres. Emmeline Goulden Pankhurst, miembro del Comit\u00e9 de Manchester para el voto a las mujeres, fund\u00f3 en 1903 la WSPU (Uni\u00f3n Social y Pol\u00ed\u00adtica de las Mujeres), que ten\u00ed\u00ada como objetivo la conquista del sufragio. Organizadas de diversos modos en los diferentes pa\u00ed\u00adses, las \u00absufragistas\u00bb se batieron con energ\u00ed\u00ada y a veces con violencia, usando incluso como medio de protesta la huelga de hambre para minar la resistencia del mundo masculino. Las sufragistas fueron a veces ingenuas y rid\u00ed\u00adculas en su comportamiento; pero la causa por la que se bat\u00ed\u00adan era la consecuci\u00f3n de un hecho de justicia efectiva y de superaci\u00f3n de unas discriminaciones que podr\u00ed\u00adamos definir de tipo \u00abracista\u00bb si se miran a la luz de la objetividad hist\u00f3rica. El t\u00e9rmino \u00abemancipaci\u00f3n\u00bb, usado por las asociaciones feministas, en su significado jur\u00ed\u00addico indicaba la consecuci\u00f3n, por parte de la mujer, de la capacidad de realizar algunos actos que anteriormente desempe\u00f1aban por ella su progenitor, su tutor o su marido, manteni\u00e9ndola en la condici\u00f3n de \u00abmenor\u00bb; se trataba, pues, de responsabilizar a la mujer, liber\u00e1ndola de la sujeci\u00f3n al padre o a la patria potestad ejercida por otros sobre ella. Pero aunque, seg\u00fan la ley, la mujer al cumplir los veinti\u00fan a\u00f1os se convert\u00ed\u00ada en mayor de edad (con la salvedad de seguir siempre sometida a la autoridad marital), el hecho de impedirle el derecho de votar segu\u00ed\u00ada manteni\u00e9ndola en una situaci\u00f3n de sujeci\u00f3n, al estar siempre formuladas las leyes por parlamentarios masculinos, los cuales, a su vez, eran elegidos por ciudadanos del sexo masculino. M\u00e1s de la mitad de la poblaci\u00f3n activa y mayor de edad no ten\u00ed\u00ada posibilidad de expresar su voluntad pol\u00ed\u00adtica ni de hacer sentir el peso de determinadas problem\u00e1ticas, que, por otra parte, influ\u00ed\u00adan -y a veces onerosamente- en la vida social.<\/p>\n<p>El movimiento de las sufragistas fue muy activo en Inglaterra, alcanzando momentos dram\u00e1ticos: la Pankhurst fue varias veces encarcelada, pero en 1918 tuvo la satisfacci\u00f3n de conseguir la meta que se hab\u00ed\u00ada propuesto; en Alemania ejerci\u00f3 gran influjo sobre la opini\u00f3n p\u00fablica Rosa Luxemburg, que sac\u00f3 adelante la petici\u00f3n de paridad en el voto, en la instrucci\u00f3n y en el trabajo. En los Estados Unidos de Am\u00e9rica surgieron dos grandes asociaciones que, veinte a\u00f1os despu\u00e9s, se agruparon en la Nacional American Women Suffrage, que obtuvo considerables \u00e9xitos.<\/p>\n<p>En Italia la lucha por el voto para las mujeres fue muy larga. En la historia del derecho al voto hubo etapas diversas: hasta 1912 ten\u00ed\u00adan derecho al voto s\u00f3lo los ciudadanos que pagaban impuestos superiores a una cifra que entonces correspond\u00ed\u00ada a rentas de alto nivel. Esto daba lugar a que muchas leyes no tuviesen en cuenta los problemas de la mayor parte de los ciudadanos poco pudientes o pobres. En 1912 se otorg\u00f3 el voto a todos los ciudadanos varones. Las mujeres tuvieron que esperar hasta 1945, cuando la necesidad de reconstruir la vida pol\u00ed\u00adtica italiana y de decidir qu\u00e9 ordenamiento darle (republicano o mon\u00e1rquico) indujo a considerar como extremadamente importante para las partes en juego la aportaci\u00f3n del sufragio femenino. En efecto, en el refer\u00e9ndum de 1946 hubo una alt\u00ed\u00adsima participaci\u00f3n de mujeres, que por primera vez experimentaban la emoci\u00f3n y la responsabilidad de sus opciones pol\u00ed\u00adticas.<\/p>\n<p>La historia de la concesi\u00f3n del voto a la mujer en Espa\u00f1a tiene tanta historia como casi en cualquier parte. Al menos para las mujeres cabeza de familia, esa historia existe desde 1877. Pero argumentos entonces especiosos no dejaron que prosperara la propuesta. Algunos opinaban que con el voto femenino entrar\u00ed\u00ada en la familia la discordia al poder enfrentarse dos personas con aspiraci\u00f3n o ideas pol\u00ed\u00adticas distintas. Otros opinaban que la mujer votar\u00ed\u00ada sin m\u00e1s lo que mandase el marido, y as\u00ed\u00ad \u00e9ste gozar\u00ed\u00ada del privilegio de votar dos veces. La concesi\u00f3n, o mejor, el reconocimiento del derecho de voto vino con la Constituci\u00f3n de 1931. Hubo, no obstante, sus dificultades, que no estaban siempre defendidas por la derecha. Muchos tem\u00ed\u00adan, y entre ellos mujeres feministas, que el tradicionalismo y la religiosidad imperante en la mujer pudiera dar una victoria arrolladora a la derecha. Se pon\u00ed\u00ada entonces un dilema dificil: el deseo de lograr el reconocimiento de este derecho pol\u00ed\u00adtico chocaba con el miedo a que dicho reconocimiento llevase al Parlamento a personas que retrasar\u00ed\u00adan indefinidamente otros muchos derechos que la izquierda y el liberalismo llevaban tiempo reclamando y que hab\u00ed\u00adan dado pruebas m\u00e1s esperanzadoras de que cumplir\u00ed\u00adan. Lo cierto es que en la Constituci\u00f3n de 1931 se reconoc\u00ed\u00ada ese derecho de la mujer al voto pol\u00ed\u00adtico.<\/p>\n<p>5. CONSECUENCIAS DE LAS DOS GUERRAS MUNDIALES DEL S. XX &#8211; Mientras tanto, la historia pon\u00ed\u00ada a la sociedad europea primero, y a la mundial despu\u00e9s, frente a grav\u00ed\u00adsimos problemas; la primera guerra mundial privaba de la mano de obra masculina a todos los sectores del trabajo, y en particular a los de la industria; la paridad de hecho que el hombre le negaba a la mujer ven\u00ed\u00ada a realizarse a causa de la necesidad de hacer frente a la demanda de productos indispensables para la supervivencia de la poblaci\u00f3n en guerra. La mujer entraba as\u00ed\u00ad por la fuerza de las cosas en todos los campos del trabajo y se ganaba el respeto de todos por su capacidad productiva. Pese a la marginaci\u00f3n de la vida pol\u00ed\u00adtica y a la persistente y escasa consideraci\u00f3n por los resultados de su trabajo, que se traduc\u00ed\u00ada en retribuciones siempre inferiores a las del hombre, de hecho le fue posible abandonar aquella imagen ficticia de mujer \u00abdulce y suave\u00bb, guardiana de las tradiciones dom\u00e9sticas, para afirmarse como \u00abactividad\u00bb capaz de insertarse en cualquier trabajo con inteligencia y eficiencia.<\/p>\n<p>El feminismo asumi\u00f3 entonces el cometido de valorizar estos hechos, demostrando que la mujer pod\u00ed\u00ada \u00abde hecho\u00bb, y por consiguiente tambi\u00e9n \u00abde derecho\u00bb, entrar en la vida productiva social en cualquier campo, con tal que se le diera la posibilidad de obtener una preparaci\u00f3n profesional adecuada. Las conquistas logradas en la primera y en la segunda posguerra son much\u00ed\u00adsimas: al principio, las mujeres fueron aceptadas como obreras y empleadas, pero con salarios inferiores al del hombre, si bien en condiciones de paridad de trabajo y de rendimiento; luego, tuvieron acceso a determinadas profesiones, pero tambi\u00e9n aqu\u00ed\u00ad con restricciones y reservas, como, por ejemplo, en ciertos campos de la ense\u00f1anza, de la medicina o de la magistratura. No es cuesti\u00f3n de recordar las carreras \u00abdirectivas\u00bb a las que todav\u00ed\u00ada hoy s\u00f3lo pocas y animosas mujeres logran tener acceso, aun teniendo sobre sus espaldas una carrera digna y activa. Pese a que en la segunda guerra mundial la mujer volvi\u00f3 masivamente a la producci\u00f3n en todos los campos y demostr\u00f3 en la Resistencia (en toda Europa) sus dotes de organizaci\u00f3n, .de tenacidad, de dedicaci\u00f3n y de inteligencia, aun hoy la \u00abcostumbre\u00bb, m\u00e1s que la ley, mantiene a la mujer en ocupaciones de segundo orden, siempre supeditada al hombre, y conserva un sentimiento de \u00abdefensa\u00bb contra aquellas mujeres que llegan a conseguir con su trabajo posiciones profesionales de cierto prestigio; la misma vida pol\u00ed\u00adtica ha visto declinar lentamente el n\u00famero de las participantes y de las elegidas para los diversos parlamentos en los \u00faltimos decenios, despu\u00e9s de un primer florecimiento participativo. Se observa, en general, un fen\u00f3meno regresivo, cuya interpretaci\u00f3n no puede referirse s\u00f3lo a la reciente crisis econ\u00f3mica mundial y a sus relativas consecuencias.<\/p>\n<p>Parece, m\u00e1s bien, que hay en la historia de la mujer un continuo alternarse de afirmaciones y de regresiones, muchas de ellas imputables a fen\u00f3menos de \u00abresistencia\u00bb del mundo masculino, que, probablemente a nivel inconsciente, teme la adquisici\u00f3n de la paridad por parte de la mujer y que ello se resuelva en una competencia que le perjudique. Indudablemente hay fen\u00f3menos de escasa evoluci\u00f3n por parte del hombre, anclado todav\u00ed\u00ada en la opini\u00f3n, completamente gratuita, pero consolidada por la historia, de su superioridad y de su derecho a detentar el poder en todas las parcelas de la vida social y sobre todo en la familia.<\/p>\n<p>6. EL FEMINISMO CONTEMPOR\u00ed\u0081NEO Y SUS RAICES &#8211; Estos fen\u00f3menos \u00abregresivos\u00bb han vuelto a desencadenar la protesta femenina y feminista en los \u00faltimos diez a\u00f1os m\u00e1s o menos. El feminismo m\u00e1s reciente conecta con la contestaci\u00f3n juvenil de 1968 y de los a\u00f1os inmediatamente precedentes. Mientras se puede sint\u00e9ticamente afirmar que el primer feminismo, el del s. xvm y comienzos del xIx. se desarrolla en torno a la tem\u00e1tica general de la paridad de los sexos; mientras el segundo, que se desarrolla desde la segunda mitad del s. xix a la primera del s. xx. lucha por el derecho al voto y por la entrada paritaria en todas las profesiones, el tercer feminismo, que se ha manifestado en los \u00faltimos quince a\u00f1os aproximadamente, propone tem\u00e1ticas que se podr\u00ed\u00adan definir como \u00abdemoledoras\u00bb, poniendo al desnudo una profunda insatisfacci\u00f3n \u00abpersonal\u00bb de la mujer. Se pone en discusi\u00f3n la relaci\u00f3n hombre-mujer en su esencia profunda, en la dimensi\u00f3n y en la \u00abcualidad\u00bb que la caracterizan en el \u00e1mbito familiar y social. La mujer ha alcanzado pr\u00e1cticamente, al menos a nivel legislativo, muchos \u00e9xitos y reconocimientos; pero se siente \u00abesclava\u00bb del hombre como macho. Su protesta va contra el dominio masculino a nivel estrictamente personal y encara sin contemplaciones el problema de la familia y de las relaciones intrafamiliares; prosiguiendo en su protesta, reivindica m\u00e1s tarde el derecho a una sexualidad \u00ablibre\u00bb; pero no en el sentido del libertinaje tradicionalmente entendido, sino en el sentido de una autonom\u00ed\u00ada de opciones en las relaciones de amor, en la \u00abgesti\u00f3n del cuerpo\u00bb, hasta la exaltaci\u00f3n de la libertad de abortar, de usar indiscriminadamente la anticoncepci\u00f3n, de difundirla en todos los estratos sociales y, como alternativa a la relaci\u00f3n amorosa heterosexual, de ser autorizada a vivir en la relaci\u00f3n homosexual las experiencias emotivas y afectivas que faltan en la relaci\u00f3n con el macho. Todas estas propuestas se han traducido en demanda de leyes de \u00abliberalizaci\u00f3n\u00bb en el \u00e1mbito de la homosexualidad, de la anticoncepci\u00f3n y, sobre todo, del aborto.<\/p>\n<p>Este \u00faltimo feminismo m\u00e1s avanzado, compartido tambi\u00e9n por grupos m\u00e1s moderados, es de dif\u00ed\u00adcil evaluaci\u00f3n, porque implica el rechazo de valores \u00abmorales\u00bb, al menos en el sentido com\u00fanmente entendido del t\u00e9rmino, que no aparec\u00ed\u00adan contestados en los anteriores movimientos. Por eso conviene examinarlo con ojo cr\u00ed\u00adtico, desapasionado, y atendiendo a su significado de protesta, para captar los aspectos positivos que se esconden bajo su dura corteza de tema contestatario y violento, y para distinguirlo de la transitoriedad caracter\u00ed\u00adstica de las situaciones de crisis y de rebeli\u00f3n.<\/p>\n<p>La literatura feminista es hoy muy abundante y rica en matices de todo tipo; va desde el simple ciclostilado, que resume las conclusiones de un grupo aislado, hasta la aut\u00e9ntica literatura de base cient\u00ed\u00adfica y reflexivamente critica.<\/p>\n<p>a) Contra el \u00abmachismo\u00bb. El aspecto m\u00e1s evidente de la protesta es la lucha contra la \u00abprepotencia\u00bb del macho, contra el \u00abmachismo\u00bb, caracter\u00ed\u00adstico de la cultura occidental. Las aportaciones de la psicolog\u00ed\u00ada, y principalmente del psicoan\u00e1lisis, mediante los cuales se ha llegado a comprender los motivos por los que, desde hace varios siglos, el hombre occidental viene manteniendo a la mujer en una condici\u00f3n de inferioridad, objetivamente demostrable (bastar\u00ed\u00ada para ello el simple examen de las legislaciones de los distintos Estados, en algunos de los cuales a\u00fan no se ha concedido el derecho de voto a las mujeres), se han utilizado para organizar una reacci\u00f3n que provoca serias preocupaciones en quien desea sinceramente comprender el fen\u00f3meno con el objeto de contribuir a clarificar y superar la crisis que actualmente atenaza a la sociedad.<\/p>\n<p>El contenido de la protesta se puede resumir as\u00ed\u00ad: ataque a la estructura social, considerada como expresi\u00f3n y codificaci\u00f3n del predominio del macho sobre la hembra; ataque a la educaci\u00f3n \u00abrepresiva\u00bb llevada a cabo hasta ahora, que no se ha limitado s\u00f3lo a la esfera sexual, sino que ha invadido tambi\u00e9n la esfera de la iniciativa personal, impidiendo a la mujer asumir responsabilidades sociales y profesionales, y que, incluso en el \u00e1mbito de la familia (actividad de ama de casa), ha confiado toda responsabilidad al ejercicio de la \u00abpatria potestad\u00bb, reservada al hombre. Adem\u00e1s, el ataque feminista va dirigido contra la codificaci\u00f3n de los \u00abroles masculinos\u00bb y de los \u00abroles femeninos\u00bb, fijada seg\u00fan criterios que responden a estructuras sociales superadas y que impiden un entendimiento constructivo entre ambas mitades del g\u00e9nero humano. Se ha subrayado asimismo que tales roles van desapareciendo de hecho en las nuevas generaciones, pero a\u00fan pesan en la teorizaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Por fin, se aprecia la reivindicaci\u00f3n de una libertad \u00absexual\u00bb, que nada tiene que ver con la libertad de tener un partner masculino con el que mantener relaciones sexuales de tipo adulto, en una realizaci\u00f3n de pareja que podr\u00ed\u00ada sin duda ir contra determinadas costumbres y comportamientos tradicionalmente considerados \u00abmorales\u00bb, pero que podr\u00ed\u00ada tambi\u00e9n ser considerada \u00abnatural\u00bb en una definici\u00f3n m\u00e1s amplia de libertad que tenga en cuenta la situaci\u00f3n presente de pluralismo cultural.<\/p>\n<p>Mas no es \u00e9sta la l\u00ed\u00adnea que se impone, aun cuando entra en las propuestas m\u00e1s comunes, porque lo que algunos sectores m\u00e1s \u00abradicales\u00bb del feminismo propugnan es la libertad de usar del propio cuerpo, independientemente de la relaci\u00f3n con el hombre o independientemente de la consideraci\u00f3n de que el instinto sexual tiene manifestaciones que llevan de por s\u00ed\u00ad a la procreaci\u00f3n y, por consiguiente, a una responsabilizaci\u00f3n en lo tocante a la probabilidad de una nueva vida como expresi\u00f3n de la relaci\u00f3n de pareja.<\/p>\n<p>b) Contra la realidad-mujer \u00abtradicional\u00bb. A mi entender, aqu\u00ed\u00ad no se trata de reivindicar -y con todo derecho- la libertad de la mujer de tener o no tener relaciones sexuales, en el sentido de que ella no est\u00e1 obligada a condescender a los deseos del hombre cada vez que \u00e9l lo desea; tampoco se trata de la libertad -sacrosanta, por otra parte-de tener o no tener hijos en el \u00e1mbito de la pareja, legal o no legalmente unida; se trata, en cambio, de una rebeli\u00f3n radical, profunda, irracional, aunque no por ello deja de ser v\u00e1lida, contra la realidad-mujer, tal como ha sido tradicionalmente entendida hasta ahora y transmitida a trav\u00e9s de la educaci\u00f3n familiar y social.<\/p>\n<p>Este feminismo reciente se rebela contra el hecho de que, bajo las sutiles y zafias informaciones que la cultura actual transmite a la mujer como mensaje relativo a su conducta y a sus valores, persiste una \u00abconcepci\u00f3n biol\u00f3gica\u00bb que condiciona toda demanda de la sociedad y toda atribuci\u00f3n de \u00abroles\u00bb. La reacci\u00f3n contra la maternidad no es, de hecho, un efecto de falta de capacidades afectivas (si acaso es una demanda de mayor capacidad de relaci\u00f3n humana), sino un rechazo del condicionamiento tradicional en virtud del cual se sostiene que la mujer, en definitiva, vale algo s\u00f3lo si es madre. No es posible exponer aqu\u00ed\u00ad los influjos de las consideraciones socio-econ\u00f3micas que han determinado hist\u00f3ricamente la interpretaci\u00f3n de la maternidad. El feminismo se remite a menudo a los an\u00e1lisis de la familia hechos por Engels, por Marx y por otros soci\u00f3logos m\u00e1s recientes.<\/p>\n<p>e) Las ra\u00ed\u00adces. Esto no significa que el feminismo sea un movimiento de derivaci\u00f3n marxista; al contrario, por muchas razones tiende a diferenciarse de \u00e9l, criticando en los movimientos socialistas y comunistas o de izquierda ciertodesinter\u00e9s por las problem\u00e1ticas relativas a lo \u00abespecifico femenino\u00bb.<\/p>\n<p>El feminismo actual parece tener ra\u00ed\u00adces en un profundo malestar de la mujer frente a s\u00ed\u00ad misma; malestar que indudablemente tiene su fundamento en la persistente afirmaci\u00f3n de la superioridad del hombre, si bien los estudios embriol\u00f3gicos, anatomofisiol\u00f3gicos, psicol\u00f3gicos, etc., demuestran que se trata simplemente de dos seres \u00abdiversos\u00bb, de dos manifestaciones biol\u00f3gicas de una misma especie de mam\u00ed\u00adferos \u00absuperiores\u00bb, como son los hombres, el \u00abhomo sapiens\u00bb de los antrop\u00f3logos y de los etn\u00f3logos. Pero sobre esta diversidad se ha montado una interpretaci\u00f3n de diferencias de \u00abvalor\u00bb que, hoy por hoy, a\u00fan han de superarse en favor de una mayor objetividad. Lo que se pide es un cambio sustancial de los contenidos culturales de la sociedad y de la consiguiente organizaci\u00f3n social. A\u00f1\u00e1dase adem\u00e1s que, efectivamente, hoy el peso de la familia grava completamente sobre la mujer, que, por si fuera poco, atiende al trabajo extradom\u00e9stico, y que la responsabilizaci\u00f3n del hombre como marido y padre es a\u00fan una utopia en la mayor parte del mundo.<\/p>\n<p>El feminismo de Espa\u00f1a en los \u00faltimos cincuenta a\u00f1os ha sido tan peculiar como la historia misma de Espa\u00f1a. Durante casi los cuarenta a\u00f1os de r\u00e9gimen franquista la batalla feminista no ha tenido m\u00e1s remedio que utilizar caminos de sombra. La falta de libertades p\u00fablicas exig\u00ed\u00ada que antes de preocuparse por los derechos de la mujer \u00e9sta trabajase junto al hombre por los derechos de la persona. Y en este sentido la mujer s\u00ed\u00ad ha luchado. Sin duda, se avanz\u00f3 tambi\u00e9n en ciertos derechos culturales de la mujer y se busc\u00f3 el camino posible en los pol\u00ed\u00adticos, sobre todo en los \u00faltimos a\u00f1os. En este sentido podemos decir que se encuentran dos posibilidades de lucha: desde unas reivindicaciones sociales y profesionales que no tienen m\u00e1s remedio que negar u ocultar el innegable car\u00e1cter pol\u00ed\u00adtico que encierran -y que, por lo tanto, est\u00e1 ah\u00ed\u00ad, aunque camuflado- y desde la preparaci\u00f3n de personas y programas que en el pr\u00f3ximo futuro deber\u00ed\u00adan ocupar un puesto importante en la lucha democr\u00e1tica a favor de los derechos de la mujer. En este sentido, las asociaciones de vecinos, v. gr., trabajaron conscientes de lo que finalmente pretend\u00ed\u00adan y situaban a la mujer codo con codo con el hombre en la pol\u00ed\u00adtica.<\/p>\n<p>Las reivindicaciones de todo tipo se destaparon con la llegada de la democracia. Comenzaron a surgir profusamente asociaciones, conocidas como asociaciones feministas de&#8230; (seguidas del lugar de radicaci\u00f3n), y m\u00e1s a\u00fan como asociaciones democr\u00e1ticas de mujeres de&#8230; (seguidas tambi\u00e9n del lugar de radicaci\u00f3n). Otro tipo de asociaciones que comenzaron a pulular era el de colectivos concretos: de mujeres universitarias, de amas de casa, de madres solteras, de mujeres divorciadas, etc. Cada uno de estos colectivos ten\u00ed\u00ada sus propios problemas, como puede verse por la misma denominaci\u00f3n. Todos ellos iban a luchar por conseguir que se atendiesen sus reivindicaciones.<\/p>\n<p>Espa\u00f1a cuenta hoy con una Constituci\u00f3n que proclama la igualdad ante la ley. \u00absin que pueda prevalecer discriminaci\u00f3n alguna por raz\u00f3n de nacimiento, raza, sexo, religi\u00f3n&#8230;\u00bb (art. 14), y se trabaja en el desarrollo de las leyes pertinentes que revisen el C\u00f3digo Civil en todo aquello que pueda oponerse a la Constituci\u00f3n.<\/p>\n<p>Las reivindicaciones de la mujer no cesan. Se ha luchado, y se lucha fuertemente, por la emancipaci\u00f3n, el divorcio y el aborto. Este \u00faltimo punto, presentado por muchas feministas como derecho a utilizar su propio cuerpo libremente [>Cuerpo I, 2], es el que prev\u00e9 mayores fricciones con la sociedad. Existe, sin embargo, la promesa del partido que respalda al gobierno actual de liberalizar o despenalizar el aborto en casos determinados. Y muchos piensan que una vez abierta esta puerta se seguir\u00e1n abriendo otras. Sociol\u00f3gicamente hablando, lo normal es que la despenalizaci\u00f3n del aborto llegue muy pronto a Espa\u00f1a.<\/p>\n<p>Y no ser\u00ed\u00ada justo olvidar que en la lucha feminista existe un punto de mira universal: la mujer lucha no s\u00f3lo por las reivindicaciones de aquellas mujeres con quienes directa y estrechamente convive, sino tambi\u00e9n por la mujer sin m\u00e1s, se encuentre donde se encuentre. En este sentido, las reuniones internacionales y los foros de opini\u00f3n tambi\u00e9n internacional tienen que o\u00ed\u00adr la denuncia de las barbaridades que sufren las mujeres, por ejemplo, en el mundo \u00e1rabe, el m\u00e1s atrasado, sin duda.<\/p>\n<p>7. EL SIGNIFICADO HUMANO DE LA PROTESTA FEMENINA &#8211; Tras las apariencias violentas y protestatarias, a veces absurdas, que el feminismo presenta a la observaci\u00f3n del estudioso, es posible descubrir un significado \u00abhumano\u00bb de inestimable valor: el feminismo constituye una formidable toma de conciencia de la mujer, uno de esos virajes hist\u00f3ricos que determinan profundos cambios dentro de una civilizaci\u00f3n. Por algo esta toma de conciencia ha tenido y tiene una vida dif\u00ed\u00adcil, procede a saltos, pasa por per\u00ed\u00adodos de virulencia y per\u00ed\u00adodos de silencio, en los cuales se elaboran nuevas tem\u00e1ticas y se proponen nuevas conquistas.<\/p>\n<p>La crisis actual es la crisis de la enorme diversidad que media entre la ley y la costumbre; en cuanto a la ley, una vez formulada, lo suyo es que se aplique; ahora bien, si la conquista de la formulaci\u00f3n de una ley es siempre obra de una fatigosa elaboraci\u00f3n por parte de \u00abespecialistas\u00bb dotados de cultura y de comprensi\u00f3n de los fen\u00f3menos humanos, la conquista de la modificaci\u00f3n de cualquier costumbre es, en cambio, obra de la difusi\u00f3n lent\u00ed\u00adsima, persistente y capilar de ideolog\u00ed\u00adas y comportamientos innovadores, contra los cuales se alza como obst\u00e1culo la natural tendencia a la conservaci\u00f3n de tradiciones acr\u00ed\u00adticamente aceptadas, independientemente de la consideraci\u00f3n de los da\u00f1os que producen cuando se aplican a generaciones que tienen necesidad de comportamientos e ideolog\u00ed\u00adas muy diversos.<\/p>\n<p>La protesta juvenil de 1968 evidenci\u00f3 la necesidad de un cambio sustancial de las relaciones entre generaciones; pero sobre todo patentiz\u00f3 la necesidad de comunicaci\u00f3n entre los hombres para una colaboraci\u00f3n en favor del progreso espiritual de la humanidad; bajo el influjo de este movimiento imponente y con frecuencia dram\u00e1tico, el feminismo ha recibido un nuevo impulso y ha renacido por doquier. Desde 1970 en adelante se han formado grupos, m\u00e1s o menos organizados, que han recibido nombres diversos. En general, el feminismo rechaza la organizaci\u00f3n de tipo \u00abasociativo\u00bb y prefiere mantener la de \u00abmovimiento\u00bb informal, pero constituido por grupos esparcidos ac\u00e1 y all\u00e1, dotados de una cierta autonom\u00ed\u00ada y que mantienen v\u00ed\u00adnculos de tipo informal entre s\u00ed\u00ad.<\/p>\n<p>Hoy se intenta construir un movimiento de \u00abcomunidades\u00bb en las que la mujer exprese y experimente la solidaridad entre mujeres (cosa muy rara) Y. sobre todo, que est\u00e9 en situaci\u00f3n de intervenir donde la mujer se vea amenazada, infravalorada o explotada. Elloexplica el fen\u00f3meno observado de la intervenci\u00f3n de las feministas en los tribunales en ocasiones de violencia hecha a alguna mujer (sobre todo violencia sexual), o de violencia en el \u00e1mbito del trabajo (negarse a contratarla s\u00f3lo por el hecho de ser mujer, cosa contraria a la legislaci\u00f3n vigente), o de otras situaciones en las cuales se explicita en cierto modo el intento de hacer prevalecer los intereses masculinos sobre los femeninos en forma injusta y a menudo ilegal.<\/p>\n<p>Este aspecto del feminismo posterior a la contestaci\u00f3n del 68 ha atra\u00ed\u00addo sobre todo a las m\u00e1s j\u00f3venes, a las adolescentes, que ven en el movimiento una ayuda para superar la crisis de la adolescencia, caracterizada por la exigencia de alcanzar una \u00ablibertad verdadera\u00bb, con la cual contrasta la debilidad propia de su edad y la persistencia de esquemas de comportamiento familiar y ambiental limitativos de toda forma de iniciativa, incluso buena.<\/p>\n<p>En el feminismo encuentran algo \u00abya hecho\u00bb, una ayuda que les parece adecuada para la soluci\u00f3n de sus problemas; y no comprenden que una de las caracter\u00ed\u00adsticas primordiales del feminismo sea, en cambio, su \u00abhacerse continuamente\u00bb, su dinamismo, su fundamental no-organizaci\u00f3n, porque debe responder sucesivamente a situaciones hist\u00f3ricas en movimiento.<\/p>\n<p>8. CRISIS ACTUAL DEL FEMINISMO &#8211; Por estas razones el feminismo est\u00e1 en crisis, pues se est\u00e1 convirtiendo en un fen\u00f3meno no propiamente \u00abde masas\u00bb, sino en un fen\u00f3meno \u00abde moda\u00bb, que es peor. Las feministas \u00abhist\u00f3ricas\u00bb, \u00abradicales\u00bb en el sentido hist\u00f3rico de la palabra, no aprueban este feminismo acr\u00ed\u00adtico y est\u00e1n preocupadas por el hecho de que el movimiento pierde fuerza y se convierte en algo que se puede manipular de muchos modos, habida cuenta de la fragilidad ps\u00ed\u00adquica de las adolescentes.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s, la crisis econ\u00f3mica actual, en la cual el problema del trabajo femenino adquiere un car\u00e1cter dram\u00e1tico (la desocupaci\u00f3n femenina es superior a la masculina), ha dificultado el desarrollo de la tem\u00e1tica de la \u00abliberaci\u00f3n\u00bb de la mujer, al desplazar el inter\u00e9s hacia la inmediatez de los resultados, m\u00e1s bien que hacia su calidad. Un ejemplo t\u00ed\u00adpico es la dram\u00e1tica insistencia de las m\u00e1s j\u00f3venes en la \u00abliberaci\u00f3n sexual\u00bb, entendida como licitud de relaciones sexuales inmediatas, epis\u00f3dicas, no siempre inspiradas en un efectivo v\u00ed\u00adnculo amoroso entre j\u00f3venes; parece incluso que, para ciertos grupos que se definen como feministas, el n\u00facleo de las discusiones y las metas de las reivindicaciones sean estas din\u00e1micas adolescentes, que no se desarrollan en una direcci\u00f3n constructiva por su incapacidad de trazar un programa de relaciones sexuales integrado en el crecimiento de la persona.<\/p>\n<p>Uno de los problemas m\u00e1s importantes del feminismo actual es el de la \u00abmilitancia pol\u00ed\u00adtica\u00bb, es decir, el de la transformaci\u00f3n del movimiento en una plataforma con representaci\u00f3n y fuerza a nivel pol\u00ed\u00adtico; el significado del eslogan \u00ablo personal es pol\u00ed\u00adtico\u00bb es muy intenso, porque sobreentiende el esfuerzo de trasladar a la actividad organizada el resultado del trabajo de \u00abtoma de conciencia\u00bb de la mujer particular y del grupo. Por otra parte, algunas feministas tambi\u00e9n abogan con fuerza por la \u00abdoble militancia\u00bb, esto es, por el apoyo del movimiento feminista a partidos ya organizados y representados en el Parlamento; de hecho, la mayor parte de los partidos organizados toma hoy en consideraci\u00f3n la actitud y los objetivos del feminismo. El feminismo \u00abhist\u00f3rico\u00bb, en general, los rechaza; no obstante, persiste la pregunta de c\u00f3mo se podr\u00ed\u00adan hacer llegar al Parlamento determinadas demandas que el movimiento expresa.<\/p>\n<p>Es dificil prever cu\u00e1l ser\u00e1 la evoluci\u00f3n de la actual crisis del feminismo, porque la crisis econ\u00f3mica que hoy se abate sobre todo el mundo productivo y, por ende, sobre toda la organizaci\u00f3n actual del trabajo, repercute tambi\u00e9n en las relaciones entre mujer y trabajo, mujer y sociedad, mujer y familia, mujer y hombre. El movimiento est\u00e1 atravesando una crisis de crecimiento nada f\u00e1cil, sobre todo porque lleva al desmembramiento de los grupos y a la disoluci\u00f3n en lo superficial de las fuertes motivaciones que iniciaron la \u00abtoma de conciencia\u00bb, as\u00ed\u00ad como a la insatisfacci\u00f3n por la deficiente comprensi\u00f3n e interpretaci\u00f3n de la problem\u00e1tica real de la mujer actual y a la inutilizaci\u00f3n de las tentativas impulsadas por fuertes grupos conservadores o surgidas de la coactiva manipulaci\u00f3n de los partidos organizados, los cuales en sus secciones femeninas parecen haber captado y hecho propias las tem\u00e1ticas feministas (salvo algunas, como las instancias abortistas, por ejemplo).<\/p>\n<p>II. Valoraci\u00f3n final a la luz del evangelio<br \/>\nCabe ahora preguntarse cu\u00e1les pueden ser los juicios valorativos de este fen\u00f3meno tan antiguo y complejo, siempre en transformaci\u00f3n, en la \u00f3ptica de una consideraci\u00f3n de tipo cristiano, sobre todo porque el movimiento ha implicado tambi\u00e9n a la religi\u00f3n, a la organizaci\u00f3n de la Iglesia y a la moral inspirada en los principios cristianos, as\u00ed\u00ad como a la participaci\u00f3n de la mujer en la actividad expl\u00ed\u00adcita de la comunidad eclesial. Existe tambi\u00e9n feminismo cristiano, el cual, adem\u00e1s de acoger no pocas de las tem\u00e1ticas del feminismo hist\u00f3rico, reivindica para la mujer \u00abcargos\u00bb y \u00abministerios\u00bb eclesiales que tradicionalmente han sido desempe\u00f1ados s\u00f3lo por hombres, con lo que ha puesto a la jerarqu\u00ed\u00ada eclesi\u00e1stica ante interrogantes de no f\u00e1cil soluci\u00f3n. La respuesta de la Iglesia oficial es, por el momento, negativa; los hechos, no obstante, impulsan con fuerza hacia la realizaci\u00f3n pr\u00e1ctica y la asunci\u00f3n estable de tales \u00abcargos\u00bb por parte de la mujer. Si se logra no dejarse arrastrar emotivamente, es posible interpretar todo el movimiento feminista, desde sus or\u00ed\u00adgenes hasta hoy y en el futuro, como un movimiento de \u00abliberaci\u00f3n\u00bb en el sentido evang\u00e9lico de la palabra, y es posible hacerlo entrar de pleno derecho en esa teolog\u00ed\u00ada de la liberaci\u00f3n capaz de dar respuestas constructivas a las instancias de liberaci\u00f3n presentes en el mundo contempor\u00e1neo.<\/p>\n<p>Si queremos tomar como punto de partida una frase del evangelio, podemos elegir las palabras de Jes\u00fas que dicen: \u00abLa verdad os har\u00e1 libres\u00bb (Jn 8,32). La humanidad procede fatigosamente en la b\u00fasqueda de la verdad, y sobre todo de esa verdad que puede traducirse en una transformaci\u00f3n del hombre, en el paso de la condici\u00f3n infantil egoc\u00e9ntrica, posesiva y dominadora (com\u00fan a ambos sexos), a la condici\u00f3n m\u00e1s adulta de la \u00abreciprocidad\u00bb y, por fin, a la de la \u00abcaridad\u00bb. La conciencia de los errores en que estamos inmersos es condici\u00f3n indispensable para el cambio. La evangelizaci\u00f3n es un proceso en el que los elementos cognoscitivos son de m\u00e1xima importancia, porque del conocimiento de las metas propuestas por Dios al hombre se pueden deducir las normas de comportamiento que regulan la convivencia humana.<\/p>\n<p>Y en la convivencia humana son dos las cosas m\u00e1s dif\u00ed\u00adciles de realizan el sentimiento de \u00abparidad\u00bb de valor (cualesquiera sean los condicionantes de la biolog\u00ed\u00ada, la cultura o la historia) y el respeto de la \u00ablibertad\u00bb, que es consecuencia de la afirmaci\u00f3n de la paridad de valor.<\/p>\n<p>El examen atento de las condiciones \u00abreales\u00bb en que vive la mayor parte de las mujeres hoy es una de las instancias que la sociedad contempor\u00e1nea exige para que funcionen m\u00e1s ordenadamente las relaciones familiares, sociales y pol\u00ed\u00adticas. Todo mensaje religioso, y en particular la revelaci\u00f3n cristiana, deber\u00ed\u00ada ser el instrumento fundamental para estimular la b\u00fasqueda de una forma de \u00abjusticia\u00bb (entendida a la luz del evangelio) en virtud de la cual se d\u00e9 mucha menos importancia a los modestos problemas contingentes y formales de la vida cotidiana y se privilegie, en cambio, la relaci\u00f3n de comprensi\u00f3n y de respeto. La misma insistencia sobre las tem\u00e1ticas sexuales deber\u00ed\u00ada ceder el puesto a la consideraci\u00f3n de la \u00abpersona\u00bb \u00ed\u00adntegra; bajo la protesta \u00absexista\u00bb femenina es evidente la desesperada exigencia de la mujer de ser considerada \u00abpersona\u00bb y no \u00abobjeto\u00bb. La \u00abliberaci\u00f3n de la mujer\u00bb se podr\u00e1 lograr s\u00f3lo cuando ella adquiera la convicci\u00f3n profunda de su propia libertad y autonom\u00ed\u00ada, condiciones indispensables para todo esquema que rebase los intereses moment\u00e1neos y se oriente a la realizaci\u00f3n de \u00abvalores\u00bb espirituales y religiosos. Si no se busca esta verdad, dificilmente la lecci\u00f3n de la historia podr\u00e1 ser una piedra miliaria para el progreso humano y, sobre todo, para el progreso de la fe.<\/p>\n<p>Cristo vino para salvar a los \u00abpobres\u00bb y a los \u00abmarginados\u00bb: \u00abLevantando los ojos hacia sus disc\u00ed\u00adpulos, dijo: Bienaventurados los pobres, porque vuestro es el reino de Dios (Le 6,20)\u00bb. Pero se ha observado justamente que se trata de los pobres y marginados que desean salir de su condici\u00f3n para ser mejores y que, precisamente por ser tales, est\u00e1n abiertos a una posible escucha de la palabra de Dios. Si es verdad que el movimiento feminista a menudo se sirve de frases hechas y de esl\u00f3ganes carentes de significado, es igualmente verdad que la tenacidad y la capacidad de sacrificio que muchas mujeres han demostrado en la b\u00fasqueda de soluciones v\u00e1lidas al malestar femenino en la sociedad actual, es \u00ed\u00adndice claro de que se trata de \u00abpobres\u00bb que buscan el reino de la justicia y est\u00e1n abiertos a la evangelizaci\u00f3n, siempre que esta evangelizaci\u00f3n encuentre las modalidades adecuadas para hacerse comprender y no sea impositiva o represiva. La mujer est\u00e1 buscando hoy la \u00abverdad\u00bb de su condici\u00f3n y la \u00abverdad\u00bb de su futuro. Est\u00e1, pues, abierta a la comunicaci\u00f3n de una perspectiva evang\u00e9lica, espiritual, liberadora, a condici\u00f3n de que no se la vuelvan a proponer f\u00f3rmulas y esquemas que repitan los errores del pasado. Corresponde, por tanto, a la teolog\u00ed\u00ada, a la catequesis y a la predicaci\u00f3n presentar el sentido profundo del evangelio, que considera a todos iguales y que no autoriza ninguna prevaricaci\u00f3n, adecu\u00e1ndose a las modalidades con que viene formulada la demanda y orientando hacia la comprensi\u00f3n del amor verdadero, que trasciende la persona en favor de la comunidad, sin anularla por ello u oprimirla.<\/p>\n<p>A. Riva<br \/>\nBIBL.-AA. VV.. Mujeres del siglo XX, en \u00abRev. de Espiritualidad\u00bb, n. 148 (1978).-AA. VV., Una m\u00ed\u00adstica para vivir: Cristo y la mujer trabajadora, Valencia 1978.-Capelle, C, L&#8217;\u00e9galit\u00e9 des seres selon saint Paul, Par\u00ed\u00ads 1974.-Colomina de Rivera, M, La celestina mec\u00e1nica. Estudio sobre la mitolog\u00ed\u00ada de lo femenino, la mujer y su manipulaci\u00f3n a trav\u00e9s de la industria cultural, Monte Avila, Caracas 1976.-Evans, R. J, Las feministas: los movimientos de emancipaci\u00f3n de la mujer en Europa, Am\u00e9rica y Australia, 1840-1920, Siglo XXI. Madrid 1980.-Friedan, B, La m\u00ed\u00adstica de la feminidad, J\u00facar, Madrid 1974.-Ganghofter, O, La femme dans l&#8217;Eglise (Bibliograf\u00ed\u00ada), Univers. des Sciences. Estrasburgo 1975.-Gonz\u00e1lez, A. El feminismo en Espa\u00f1a hoy: bibliograf\u00ed\u00ada completa y documentos, Zero, Bilbao 1979.-Gonz\u00e1lez, A. Los or\u00ed\u00adgenes del feminismo en Espa\u00f1a, Zero, Madrid 1980.-Heinen, J, De la II\u00bb a la IIP Internacional: la cuesti\u00f3n de la mujer, Fontamara, Barcelona 1978.-Lili Alvarez, Feminismo y espiritualidad, Taurus, Madrid 1964.-Mitchell, J, La condici\u00f3n de la mujer, Anagrama. Barcelona 1977.-Moreno, A, Mujeres en lucha: el movimiento feminista de Espa\u00f1a, Anagrama, Barcelona 1977.-Pisan, A. de, Historias del movimiento de liberaci\u00f3n de la mujer, Debate, Madrid 1977.- Sau, V, Un diccionario ideol\u00f3gico feminista, Icaria, Barcelona 1981.-Stern, K. El carisma de la feminidad, Paulinas, Madrid 1977.<\/p>\n<p>S. de Fiores &#8211; T. Goffi &#8211; Augusto Guerra, Nuevo Diccionario de Espiritualidad, Ediciones Paulinas, Madrid 1987<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario de Espiritualidad<\/b><\/p>\n<p>TEOLOG\u00ed\u008dA MORAL<br \/>\nSUMARIO<br \/>\nI. Origen y significado del t\u00e9rmino.<br \/>\nII. El despertar de una conciencia \u00e9tica femenina:<br \/>\n1. En el pensamiento laico;<br \/>\n2. En la reflexi\u00f3n cristiana:<br \/>\n    a) Relectura b\u00ed\u00adblica,<br \/>\n    b) Relectura hist\u00f3rica<br \/>\n    c) Relectura teol\u00f3gica.<br \/>\nIII. La mujer en la tradici\u00f3n evang\u00e9lica:<br \/>\n1. Jes\u00fas y las mujeres:<br \/>\n    a) La mujer en la perspectiva del reino,<br \/>\n    b) Superaci\u00f3n de la ley,<br \/>\n    c) Superaci\u00f3n del templo,<br \/>\n    d) Superaci\u00f3n de la imagen patriarcal de Dios;<br \/>\n2. Las mujeres y Jes\u00fas:<br \/>\n    a) Disc\u00ed\u00adpula,<br \/>\n    b) Profetisa<br \/>\n    c) Ap\u00f3stol;<br \/>\n3. La comunidad primitiva.<br \/>\nIV. La mujer en la reflexi\u00f3n teol\u00f3gica tradicional:<br \/>\n1. Inferioridad fisiol\u00f3gica;<br \/>\n2. Inferioridad moral;<br \/>\n3. Inferioridad jur\u00ed\u00addica.<br \/>\nV. La mujer como sujeto inquieto en la tradici\u00f3n cristiana.<br \/>\nVI. El feminismo en el horizonte \u00e9tico: del asentimiento a la elecci\u00f3n:<br \/>\n1. Feminismo como memoria;<br \/>\n2. Feminismo como pensamiento de la diferencia;<br \/>\n3. Feminismo como pensamiento de la convergencia.<\/p>\n<p>I. Origen y significado del t\u00e9rmino<br \/>\nSe entiende por feminismo un movimiento cultural y pol\u00ed\u00adtico de amplias dimensiones, articulado y complejo, que hace de los problemas relativos a la condici\u00f3n femenina el centro de la reflexi\u00f3n y de la acci\u00f3n.<\/p>\n<p>Muestras aisladas de una conciencia clara de la marginaci\u00f3n de la mujer pueden detectarse con cierta frecuencia y duraci\u00f3n a lo largo de la historia. Con todo, el as\u00ed\u00ad llamado feminismo nace a comienzos del siglo xlX con el despertar de una toma de conciencia colectiva. En efecto, tanto los ideales de igualdad, fraternidad y libertad propugnados por la revoluci\u00f3n francesa, como la incipiente industrializaci\u00f3n con los correspondientes y preocupantes problemas de un mundo del trabajo radicalmente transformado y que favorec\u00ed\u00adan la formaci\u00f3n de la conciencia obrera, unos y otra hab\u00ed\u00adan sentado las bases ideales y materiales para que las mujeres, afectadas de lleno por las dos revoluciones, comenzaran a reflexionar sobre su propia situaci\u00f3n existencial y social. Este primer feminismo, que se fue constituyendo lentamente hacia finales del siglo pasado y que albergaba cierta variedad de posturas por la pertenencia de las mujeres al \u00e1rea liberal, socialista o cat\u00f3lica, se nutr\u00ed\u00ada del an\u00e1lisis y lograba su fuerza reivindicatoria en los principios de igualdad y de emancipaci\u00f3n. La conciencia de la misma dignidad, de naturaleza y de persona, de la mujer (igualdad) y la consiguiente necesidad de sustraerse a un estado de dependencia multisecular al hombre (emancipaci\u00f3n) fueron los fermentos que alentaron a los movimientos feministas hasta los recientes a\u00f1os sesenta y que, tras duras luchas, se han visto concretados a nivel social y pol\u00ed\u00adtico en los derechos fundamentales de la persona humana, hasta hace un siglo impensables para la mujer: del derecho al estudio, al voto pol\u00ed\u00adtico, de la igualdad retributiva a la igualdad de derechos en la familia.<\/p>\n<p>Estas conquistas, sin embargo, representan s\u00f3lo la primera etapa de un proceso en curso de alcance todav\u00ed\u00ada imprevisible, al menos parcialmente. Un segundo feminismo, en efecto, ha tomado las riendas en los a\u00f1os sesenta, con nuevas exigencias. Este feminismo no se inspira ya ni tiene su fuerza motriz en el concepto de emancipaci\u00f3n, que se supone adquirido, al menos parcialmente, sino en el de liberaci\u00f3n, entendido o como proceso interior tendente a hacer de la mujer un sujeto aut\u00f3nomo, con la mira puesta en el descubrimiento de una identidad espec\u00ed\u00adfica, o como cambio de las disposiciones institucionales y de los modelos culturales, en orden a la construcci\u00f3n de una sociedad a la medida de la persona humana (var\u00f3n-hembra) y no s\u00f3lo del var\u00f3n exclusivamente.<\/p>\n<p>II. El despertar de una conciencia \u00e9tica femenina<br \/>\nEn cuanto fen\u00f3meno global, el feminismo ha supuesto sobre todo la formaci\u00f3n en la mujer de una conciencia \u00e9tica como reconocimiento de la propia subjetividad aut\u00f3noma y como capacidad de elegir y de actuar. La conciencia de s\u00ed\u00ad, por tanto, no s\u00f3lo hace relaci\u00f3n al problema del sentido de la propia existencia, sino que constituye tambi\u00e9n el fundamento del proyectarse uno mismo, del determinar la propia vida m\u00e1s all\u00e1 de esquemas preestablecidos y prejuzgados. Una nueva relaci\u00f3n personal se establece en el uno mismo, entre el uno mismo y el mundo, entre el uno mismo y lo trascendente, no ya siguiendo normas externas e inflexibles a las que adherirse obedientemente, sino a la luz de una conciencia aut\u00f3noma formada en la escucha de la raz\u00f3n y, en el caso del creyente, tambi\u00e9n de la palabra. Se trata, pues, de cambios profundos, acaecidos no s\u00f3lo en el interior del mundo femenino, sino tambi\u00e9n en su relaci\u00f3n con la sociedad y con la Iglesia.<\/p>\n<p>1. EN EL PENSAMIENTO LAICO. Esta autocomprensi\u00f3n ha llevado en primer lugar al cuestionamiento de una cultura que presentaba como naturaleza femenina (d\u00e9bil, pasiva, emocional) lo que no era sino una construcci\u00f3n ideol\u00f3gica de la visi\u00f3n androc\u00e9ntrica (hombre-macho = fuerte, racional, par\u00e1metro y centro del universo); pero ha llevado tambi\u00e9n al intento de reconstrucci\u00f3n de una identidad esencial, haciendo pasar por la criba de la cr\u00ed\u00adtica el concepto mismo de naturaleza. M\u00e1s all\u00e1 de la compleja problem\u00e1tica y de las hip\u00f3tesis que constituyen el objeto continuo de la reflexi\u00f3n antropol\u00f3gica, hist\u00f3rica y filos\u00f3fica, resulta interesante la recuperaci\u00f3n, por parte de la mujer, de la conciencia y del respeto del propio cuerpo [! Corporeidad]. Conocerlo es ante todo acogerlo y vivirlo en la serena aceptaci\u00f3n de sus manifestaciones fisiol\u00f3gicas, valorando cada una de las etapas del proceso vital femenino en la plenitud de significado de sus momentos, lejos, por tanto, de los tab\u00faes ancestrales que hac\u00ed\u00adan del cuerpo algo impuro (menstruaciones), d\u00e9bil (embarazos) e in\u00fatil (climateno). La mujer quiere sustituir la aceptaci\u00f3n, a menudo inconsciente por la elecci\u00f3n y la responsabilidad de c\u00f3mo regular los procesos biol\u00f3gicos, de manera que el cuerpo deje de constituir un lugar de opresi\u00f3n. La maternidad, en concreto, quiere dejar de ser un destino padecido pasivamente y ser, en cambio, una elecci\u00f3n de amor y, sobre todo, una experiencia positiva de vida vivida en una nueva dimensi\u00f3n afectiva solidaria, que comprometa de forma siempre creciente al compa\u00f1ero y a la sociedad. Esta \u00faltima, en efecto, a trav\u00e9s de estructuras adecuadas (hospitales organizados en torno a las necesidades de la mujer y del ni\u00f1o, consultorios, guarder\u00ed\u00adas, centros socio-sanitarios, horarios de trabajo flexibles para el padre y la madre&#8230;), deber\u00ed\u00ada asumir la maternidad como un valor suyo, favoreciendo lo m\u00e1s posible la humanizaci\u00f3n del acontecimiento. El feminismo laico pide, pues, una nueva y total definici\u00f3n de valores y estructuras entre p\u00fablico y privado. Tambien hay que ver bajo esta luz la superaci\u00f3n de una concepci\u00f3n del papel dom\u00e9stico como algo natural y exclusivo de la mujer. Y si el trabado del ama de casa debe considerarse productivo y socialmente \u00fatil no se puede, por otra parte, descuidar la importancia del trabajo realizado fuera de casa, al desarrollar el valor de la autonom\u00ed\u00ada y dar satisfacci\u00f3n a necesidades tan fundamentales como son la seguridad y la identidad social. Pero incluso el mundo del trabajo sigue a\u00fan organizado por varones y destinado a ellos. El feminismo exige, por consiguiente, una transformaci\u00f3n del vivir asociado, con el fin de crear juntos, mujeres y hombres, un modo nuevo de vivir la afectividad, de trabajar, de participar, de estar en una sociedad de dimensiones humanas reales (femeninas y masculinas).<\/p>\n<p>2. EN LA REFLEXI\u00ed\u201cN CRISTIANA. Los cambios introducidos por el feminismo en el campo cultural y social no pod\u00ed\u00adan menos de repercutir profundamente tambi\u00e9n en la cristiandad. El hecho de que Juan XXIII individuara en la cuesti\u00f3n femenina uno de los signos de los tiempos de nuestro mundo contempor\u00e1neo ha significado abrir espaciosa una reflexi\u00f3n acerca de la naturaleza y la funci\u00f3n de la mujer en el plano de la salvaci\u00f3n. Heredera de esta atenci\u00f3n nueva por parte del magisterio eclesi\u00e1stico a las realidades femeninas es la carta apost\u00f3lica Mulieris dignitatem, de Juan Pablo II (15 de agosto de 1988), una meditaci\u00f3n llena de sensibilidad y fuente de importantes sugerencias para ulteriores estudios y reflexiones.<\/p>\n<p>En efecto, la conciencia que la mujer est\u00e1 adquiriendo de su propio papel eclesial en raz\u00f3n de que es, en paridad con los otros bautizados, disc\u00ed\u00adpula de Cristo, con las responsabilidades prof\u00e9ticas, sacerdotales y regias que de ello se derivan, est\u00e1 demandando una revisi\u00f3n atenta de nuestro patrimonio tradicional, presupuesto necesario para superar fronteras y proponer anticipaciones prof\u00e9ticas.<\/p>\n<p>a) Relectura b\u00ed\u00adblica. Analizando los textos b\u00ed\u00adblicos se cae en la cuenta de que \u00e9stos reflejan la visi\u00f3n patriarcal de la cultura hebrea. De acuerdo con las leyes de la encarnaci\u00f3n, la revelaci\u00f3n ten\u00ed\u00ada que expresarse necesariamente en el lenguaje androc\u00e9ntrico, limitando la imagen de la persona humana en su doble especificaci\u00f3n masculina y femenina. El conocimiento, por tanto, de las condiciones reales de la mujer en el \u00e1mbito b\u00ed\u00adblico y de la justificaci\u00f3n ideol\u00f3gica de su condici\u00f3n subalterna constituyen un primer paso indispensable para saber discernir entre los valores de fondo (la palabra de Dios llamando a la fe, la esperanza y el amor) y las mediaciones culturales-contingentes (mujer sometida y excluida).<\/p>\n<p>En la historia de la salvaci\u00f3n, sin embargo, tambi\u00e9n se constata la presencia de la mujer en el desempe\u00f1o de papeles importantes, que es preciso redescubrir y valorizar como tales: las \u00abmatriarcas\u00bb (Sara, Rebeca), las profetisas (Cuida, Mar\u00ed\u00ada), las l\u00ed\u00adderes (D\u00e9bora, Judit) son algunas de las figuras mejor consideradas en su protagonismo religioso. Por lo que respecta al NT, tambi\u00e9n \u00e9l ha sido escrito por varones y con \u00f3ptica masculina. Y, sin embargo, el acontecimiento Cristo ofrece una imagen revolucionaria de la mujer, de la que los hagi\u00f3grafos no han podido prescindir.<\/p>\n<p>b) Relectura hist\u00f3rica. La sensibilidad actual, con la mirada puesta en detectar y valorar la presencia de la mujer en nuestra tradici\u00f3n, ha planteado no pocos problemas. A la vida femenina, en efecto, siempre se la ha tenido por poco relevante y significativa, hasta el punto de que rescatarla del olvido o poner de manifiesto su valor requiere una relectura de la historia no siempre de f\u00e1cil realizaci\u00f3n. Sin embargo, el conocimiento del propio pasado resulta indispensable, ya que constituye el presupuesto del proceso de liberaci\u00f3n que hay que llevar a cabo para poder crear una nueva conciencia de la dignidad humana de la mujer.<\/p>\n<p>En concreto, la relectura hist\u00f3rica deber\u00ed\u00ada evidenciar tres aspectos:<br \/>\n&#8211; Primero: El conocimiento de la opresi\u00f3n sexual. La finalidad del mismo ser\u00ed\u00ada la de detectar los motivos ideol\u00f3gicos (culturales, teol\u00f3gicos, morales) que han legitimado la inferioridad femenina y han influido en la pr\u00e1ctica a la subordinaci\u00f3n de la mujer. Un mayor conocimiento, por ejemplo, de los tratados de moral o del papel a menudo coercitivo desempe\u00f1ado por el confesor en la vida femenina constituye una base para reconocer una tradici\u00f3n opresiva de la que liberarse.<\/p>\n<p>&#8211; Segundo: Las presencias significativas de las mujeres, protagonistas de acontecimientos. La identidad hist\u00f3rica, en efecto, no puede basarse negativamente en las injusticias sufridas, sino que debe encontrar fuerza significante en el testimonio de mujeres que, apelando al evangelio y a la raz\u00f3n, se han erigido, incluso con su oposici\u00f3n y su transgresi\u00f3n, en conciencia cr\u00ed\u00adtica y en sujetos \u00e9ticos. En este sentido la tradici\u00f3n no es tan uniforme como se quiere hacer ver.<\/p>\n<p>&#8211; Tercero: La \u00ed\u00adntima correlaci\u00f3n entre experiencias masculinas y femeninas. La reciprocidad de experiencias es un factor importante a la hora de reconstruir la identidad psicol\u00f3gica. La vida entre las mujeres y los hombres no se ha caracterizado exclusivamente por una relaci\u00f3n de opresi\u00f3n o de dominio, sino que ha significado un vivir en com\u00fan, compartiendo responsabilidades, sufrimientos, esperanzas, culpas y anhelos de redenci\u00f3n.<\/p>\n<p>c) Relectura teol\u00f3gica. Tambi\u00e9n la teolog\u00ed\u00ada ha reflejado la visi\u00f3n antropol\u00f3gica dualista y androc\u00e9ntrica al presentar de Dios una imagen patriarcal y garante de una sociedad discriminadora y jer\u00e1rquicamente estructurada. Si se quiere que lo femenino no vuelva a ser negado o valorado como algo trivial, sino reconocido como algo positivo, resulta fundamental llegar a una nueva formulaci\u00f3n del lenguaje teol\u00f3gico, de forma que en \u00e9l se incluyan ambos g\u00e9neros. Es necesario, pues, liberar a la teolog\u00ed\u00ada (discurso sobre lo divino) y a la antropolog\u00ed\u00ada teol\u00f3gica (discurso sobre lo humano creado \u00aba imagen de Dios\u00bb) partiendo tambi\u00e9n de una experiencia humana diversa: hoy las mujeres entran por derecho en la dimensi\u00f3n especulativa del intellectus fidei. Pero la revisi\u00f3n no debe alcanzar s\u00f3lo al lenguaje, sino a todos los \u00e1mbitos de lo teol\u00f3gico: de la eclesiolog\u00ed\u00ada, para superar la estructura masculino-piramidal y valorar de otra manera los carismas femeninos dentro de la comunidad eclesial, a la \u00e9tica, para reexaminar cr\u00ed\u00adticamente los lugares tradicionales de la opresi\u00f3n moral de la mujer, ejercida a menudo a trav\u00e9s de la direcci\u00f3n espiritual y de la confesi\u00f3n (relaciones sexuales, maternidad, invitaci\u00f3n a la sumisi\u00f3n y a la resignaci\u00f3n&#8230;).<\/p>\n<p>III. La mujer en la tradici\u00f3n evang\u00e9lica<br \/>\nEn tiempos de Jes\u00fas la mujer estaba particularmente discriminada, sometida totalmente a la autoridad del marido y marginada en el \u00e1mbito religioso: le estaba prohibido el acceso al templo (se le reservaba un atrio adyacente o pod\u00ed\u00ada estar con los paganos en un atrio m\u00e1s exterior), se le pon\u00ed\u00adan trabas para el estudio de la ley, su presencia era indiferente a efectos de validez de la celebraci\u00f3n del culto en la sinagoga (bastaban diez varones), estaba dispensada de recitar el Shema, la plegaria cotidiana, fundamental para la fe del jud\u00ed\u00ado.<\/p>\n<p>En este clima cultural viven Jes\u00fas y sus disc\u00ed\u00adpulos. El NT est\u00e1, pues, escrito en un contexto patriarcal; los mismos evangelistas seleccionan materiales y referencias tradicionales a partir de una indiscutible precomprensi\u00f3n antropol\u00f3gica, aunque mitigada por la inversi\u00f3n de valores llevada a cabo por el acontecimiento Cristo.<\/p>\n<p>1. JES\u00daS Y LAS MUJERES. Tal como lo presentan los evangelios, Jes\u00fas nunca adopt\u00f3 respecto a las mujeres actitudes hostiles o de discriminaci\u00f3n: se encuentra con ellas, las interpela, las escucha, les ense\u00f1a, les reprocha. Ni una sola palabra acerca de la jerarqu\u00ed\u00ada de los sexos, y menos a\u00fan sobre lo espec\u00ed\u00adfico femenino. Sin animosidad ni paternalismo, expone a las mujeres el mismo evangelio y es con ellas tan exigente como con los hombres.<\/p>\n<p>a) La mujer en la perspectiva del reino. Aun siendo extremadamente significativo para nosotros el comportamiento de Jes\u00fas, sin embargo sus palabras y su actiud no pueden quedar circunscritas a los horizontes estrechos de acontecimientos hist\u00f3ricamente contingentes. En este sentido debe quedar claro que la mujer, a pesar de no ser destinataria de un mensaje de salvaci\u00f3n espec\u00ed\u00adfico ni de prescripciones morales exclusivas, tambi\u00e9n ella est\u00e1 incluida en la perspectiva del reino, en la dimensi\u00f3n \u00e9tica y no legalista, en la provocaci\u00f3n que subvierte las categor\u00ed\u00adas establecidas, en la superaci\u00f3n de los convencionalismos sociales y de las instituciones humanas, en la negaci\u00f3n de las estructurasen que se sustenta lo sagrado. En el \u00e1mbito de esta \u00e9tica escatol\u00f3gica (proclamaci\u00f3n de la cercan\u00ed\u00ada del reino de Dios) es donde la mujer adquiere valoraci\u00f3n y libertad. El Magn\u00ed\u00adficat, cantado por una mujer, Mar\u00ed\u00ada, expresa admirablemente la vocaci\u00f3n de los pobres, la preferencia de Dios por los que no cuentan en la \u00f3ptica del mundo. En esta perspectiva, los milagros realizados a instancias o en favor de mujeres, de Can\u00e1 (Jn 2); a la resurrecci\u00f3n de la hija de Jairo (Lev 8:40ss), de L\u00e1zaro (Jn 11); a la curaci\u00f3n de la hija de la cananea (Mat 15:21-28 ),responden a las expectativas de liberaci\u00f3n y de reintegraci\u00f3n humana de la mujer, signos de la venida del reino.<\/p>\n<p>La presencia femenina se hace patente sobre todo en la superaci\u00f3n de las tres estructuras en las que se sustenta la cultura jud\u00ed\u00ada: ley, templo y concepto de Dios.<\/p>\n<p>b) Superaci\u00f3n de la ley. La hemorroisa que toca a Jes\u00fas (Mat 9:2022), la mujer encorvada curada en s\u00e1bado (Le 13, lOss), la pecadora elogiada (Lev 7:36ss), la ad\u00faltera defendida (Jua 8:1-11) son la subversi\u00f3n de una ley que con la inviolabilidad del s\u00e1bado la ideolog\u00ed\u00ada de lo impuro y la juridicidad inicua e hip\u00f3crita del matrimonio ten\u00ed\u00ada encarcelada a la mujer en un sistema agobiante de vetos y prohibiciones.<\/p>\n<p>c) Superaci\u00f3n del templo. En contraposici\u00f3n al extra\u00f1amiento, discriminaci\u00f3n y exclusi\u00f3n que la mujer jud\u00ed\u00ada sufr\u00ed\u00ada en lo referente al culto, jer\u00e1rquica y formalmente organizado, Jes\u00fas presenta una relaci\u00f3n nueva con Dios: la participaci\u00f3n igualitaria de todos en un culto interior en Esp\u00ed\u00adritu y verdad. Con la irrupci\u00f3n del reino, el templo ha agotado sus funciones. Resulta emblem\u00e1tico el que esta verdad venga dicha a una mujer, la samaritana, con quien Jes\u00fas rompe toda barrera de sexo, raza, nacionalidad o religi\u00f3n (los jud\u00ed\u00ados ten\u00ed\u00adan a los samaritanos por espurios, extranjeros e impuros) (Jn 4).<\/p>\n<p>d) Superaci\u00f3n de la imagen patriarcal de Dios. El Dios del que habla Jes\u00fas es un \u00abPadre-materno\u00bb que engloba las caracter\u00ed\u00adsticas de lo masculino y de lo femenino (receptivo, protector, tierno, misericordioso). En la par\u00e1bola de la dracma perdida (Lev 15:8s) es una mujer la que representa a Dios y sus desvelos en buscar lo perdido, la que manifiesta un rostro de ternura. As\u00ed\u00ad mismo, Jes\u00fas se sirve del mundo femenino de todos los d\u00ed\u00adas para ilustrar las caracter\u00ed\u00adsticas del reino (ve\u00e1se, p.ej., Lev 13:20-21).<\/p>\n<p>2. LAS MUJERES Y JES\u00daS. Una lectura del evangelio por parte de la mujer y atenta a la subjetividad femenina debe situarse tambi\u00e9n en otra \u00f3ptica: las mujeres no son exclusivamente objeto de la atenci\u00f3n de Dios, sino tambi\u00e9n protagonistas en primera persona del mensaje de la salvaci\u00f3n. \u00bfQui\u00e9nes son? \u00bfCu\u00e1l es su vivencia del acontecimiento Jes\u00fas? \u00bfPor qu\u00e9 acuden a \u00e9l? \u00bfQu\u00e9 han dejado? Dalas las pocas referencias disponibles, no resulta ciertamente f\u00e1cil responder satisfactoriamente a estos interrogantes. Se trata, por lo general, de mujeres cuyas posibilidades de elecci\u00f3n no son en absoluto f\u00e1ciles; mujeres en cierto modo libres habida cuenta de sus demandas insistentes e importunas, de sus dudas, de sus hondos anhelos de conocer, de comprender, de comunicar.<\/p>\n<p>a) Disc\u00ed\u00adpula. A diferencia de los rabinos de la \u00e9poca, Jes\u00fas no s\u00f3lo no rechaza la presencia de las mujeres, sino que las acoge en el n\u00famero de sus disc\u00ed\u00adpulos. Mar\u00ed\u00ada de Magdala, Juana, Susana, Salom\u00e9, Mar\u00ed\u00ada madre de Santiago y otras (Lev 8:1-3) siguen al maestro y le son fieles incluso despu\u00e9s de muerto, testigos de la crucifixi\u00f3n -mientras los ap\u00f3stoles huyen- y de la resurrecci\u00f3n. Entre estas disc\u00ed\u00adpulas itinerantes sobresale con fuerza la figura de Mar\u00ed\u00ada, hermana de L\u00e1zaro, tipo del verdadero disc\u00ed\u00adpulo que, por encima de convencionalismos, sabe escoger la parte mejor (Lev 10:38-41).<\/p>\n<p>b) Profetisa. La funci\u00f3n activa de las mujeres puede comprobarse tambi\u00e9n en el papel anticipador en relaci\u00f3n con la fe y los misterios de Cristo. Encontramos as\u00ed\u00ad a Isabel, que saluda en Mar\u00ed\u00ada a la madre del salvador; a Mar\u00ed\u00ada, que, asumiendo activamente la venida del hijo, proclama eh el Magn\u00ed\u00adficat el triunfo de Dios en los pobres; a la profetisa Ana, de las primeras personas en reconocer al mes\u00ed\u00adas; a la mujer que unge con aceite perfumado los pies de Jes\u00fas en anticipaci\u00f3n prof\u00e9tica de su muerte (Jua 12:1-11).<\/p>\n<p>c) Ap\u00f3stol. Si en tiempos de Jes\u00fas a las mujeres no se les reconoc\u00ed\u00ada la capacidad de atestiguar en un juicio, es a ellas a quienes Cristo se aparece primero en la resurrecci\u00f3n, envi\u00e1ndolas a dar a conocer el misterio a los dem\u00e1s disc\u00ed\u00adpulos. Magdalena, a quien los Padres denominan apostola apost\u00f3lorum, cumple plenamente los requisitos necesarios para hacerse merecedora de esa denominaci\u00f3n: el seguimiento de Cristo, el ser testigo ocular de la resurrecci\u00f3n (Heb 1:21) y la misi\u00f3n evangelizadora (ICor 9,lss).<\/p>\n<p>3. LA COMUNIDAD PRIMITIVA. Los aspectos comunitarios de esta presencia femenina representan una ruptura dentro del mundo jud\u00ed\u00ado y marcan el tr\u00e1nsito de una comunidad jer\u00e1rquica de poder a una comunidad fraternal del servicio rec\u00ed\u00adproco; de una asamblea lit\u00fargica cerrada, con la comida de separaci\u00f3n, a una ecelesia abierta a las mujeres, con la cena de confraternidad; de una comunidad de circuncisos (s\u00f3lo varones) a una fraternidad de bautizados (pertenencia por encima de las determinaciones sexuales). Esta es la raz\u00f3n de por qu\u00e9 las m\u00fajeres no son figuras marginales en las comunidades primitivas, sino que desempe\u00f1an un papel de importancia primordial por su testimonio de fe activa. M\u00e1rtires, profetisas, misioneras, diaconisas carism\u00e1ticas, estas mujeres hacen de las Iglesias -que viven en la espera de la inminente venida de Cristo- realidades vivas, articuladas, con diversificaci\u00f3n de papeles en su interior. S\u00f3lo progresivamente se fueron estructurando los ministerios seg\u00fan el modelo de las instituciones patriarcales existentes, sobre la base de formas tradicionales de autoridad y en consonancia con las estructuras de la \u00e9poca. Con la consolidaci\u00f3n del movimiento cristiano las Mujeres van a ver limitadas sus funciones, y para poder desempe\u00f1ar papeles preeminentes van a tener que buscar espacio en movimientos carism\u00e1ticos, her\u00e9ticos o, en cualquier caso, al margen de la \u00abgran Iglesia\u00bb, la cual ir\u00e1 adoptando cada vez m\u00e1s las formas de la cultura dominante.<\/p>\n<p>IV. La mujer en la reflexi\u00f3n teol\u00f3gica tradicional<br \/>\nLa reflexi\u00f3n teol\u00f3gica tradicional adolece de la visi\u00f3n antropol\u00f3gica dualista y androc\u00e9ntrica de todo el mundo antiguo, para el que el var\u00f3n es el prototipo del sexo y punto de referencia obligada en cualquier reflexi\u00f3n acerca del ser humano y de sus prerrogativas. Aunque el pensamiento cristiano haya defendido siempre vigorosamente la igualdad de las personas ante Dios, sin embargo ha admitido tambi\u00e9n la desigualdad de la naturaleza; mientras que al var\u00f3n lo considera imagen (directa) de Dios, la mujer lo ser\u00ed\u00ada s\u00f3lo indirectamente, puesto que primariamente es imagen del var\u00f3n (1Co 11:2-13). De esta manera se han asumido y hecho propias las tres inferioridades (fisiol\u00f3gica, moral, jur\u00ed\u00addica) que la mujer viv\u00ed\u00ada, reforz\u00e1ndose su peso con el apoyo teol\u00f3gico.<\/p>\n<p>1. INFERIORIDAD FISIOL\u00ed\u201cGICA. La definici\u00f3n aristot\u00e9lica de mujer como \u00abvar\u00f3n fallido\u00bb, recogida autoritativamente por santo Tom\u00e1s (S. Th., I q. 99, a. 2), es la que mejor expresa la concepci\u00f3n que nos ha transmitido la tradici\u00f3n sobre el cuerpo femenino. Al considerar al organismo masculino como normativo y ejemplar, al femenino se le ha tenido por defectuoso e incompleto. A la mujer s\u00e9 la considera, por naturaleza, secundaria (extra\u00ed\u00adda del var\u00f3n), subordinada (creada en funci\u00f3n del var\u00f3n con vistas a la procreaci\u00f3n), pasiva (recibe y alimenta el semen sin que juegue papel alguno activo-creativo), \u00abimb\u00e9cil\u00bb (el cuerpo femenino ejerce influencias sobre las facultades de la inteligencia [falta de vigor racional] y de la voluntad [falta de fuerza de decisi\u00f3n]; es d\u00e9bil), impura (la menstruaci\u00f3n es vista como enfermedad y hasta como una consecuencia del pecado original).<\/p>\n<p>Debido a la imperfecci\u00f3n de su sexo, a la mujer no se la considera capaz y digna de recibir la sagrada ordenaci\u00f3n o de desempe\u00f1ar papeles que se suponen m\u00e1s adecuados al sexo por antonomasia, es decir, al masculino.<\/p>\n<p>2. INFERIORIDAD MORAL. Como consecuencia de la debilidad fisiol\u00f3gica femenina (debilidad de la voluntad y de la raz\u00f3n), la mujer no es considerada sujete \u00e9tico, sino lugar exclusivamente de consentimiento, incapaz de elegir. Eva y Mar\u00ed\u00ada representan en la tradici\u00f3n cristiana los modelos antit\u00e9ticos que proponen a la mujer, por una-parte, la desconfianza en el- uso de la propia raz\u00f3n y, por otra, el abandono silencioso a la voluntad ajena (Dios, confesor, padre, marido&#8230;). Eva, causa del mal en la historia por ser rebelde, y la anti-Ev\u00e1, Mar\u00ed\u00ada -presentada tradicionalmente como s\u00ed\u00admbolo de la escucha obediente-, excluyen en 1a mujer el ejercicio d\u00e9 la dud\u00f3, el preguntarse en libertad por el sentido de la propia existencia y de la propia actuaci\u00f3n. La m\u00ed\u00adstica de la obediencia tiene en la educaci\u00f3n femenina su manifestaci\u00f3n m\u00e1s alarmante.<\/p>\n<p>3. INFERIORIDAD JUR\u00ed\u008dDICA. \u00abLa imagen de Dios se encuentra en el var\u00f3n, creado corno \u00fanico, origen de todos los dem\u00e1s seres humanos, que ha recibido de Dios la potestad de gobernar como sustituto suyo, como imagen que es del Dios \u00fanico. Esta es la raz\u00f3n por la que la mujer no ha sido creada a imagen de Dios\u00bb (Decreto de Graciano, q. 5, c. 33).Este fundamento de principio jur\u00ed\u00addico, seg\u00fan el cual s\u00f3lo al var\u00f3n compete la autoridad, ha constituido durante siglos hasta nuestros d\u00ed\u00adas, la base para justificar la subordinaci\u00f3n femenina en el \u00e1mbito familiar, civil y religioso. La debilidad de naturaleza, el ser imagen refleja de Dios y el estar privada incluso de la palabra en la Iglesia (debido a una lectura forzada de la frase paulina: \u00ablas mujeres guarden silencio en la asamblea\u00bb, 1Co 14:3435) han constituido los pilares de la exclusi\u00f3n femenina de todo ejercicio de autoridad, hasta el punto de que en el concilio de Trento (sesi\u00f3n XXV, c. 9) se establece que incluso las superioras de casas religiosas deben estar necesariamente subordinadas a un miembro masculino de la jerarqu\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>V. La mujer como sujeto inquieto en la tradici\u00f3n cristiana<br \/>\nLa tradici\u00f3n no es un pasado un\u00ed\u00advoco y uniforme. El camino de la Iglesia en el mundo no puede quedar circunscrito a experiencias de unos cuantos siglos o a planteamientos ideol\u00f3gicos de determinados per\u00ed\u00adodos hist\u00f3ricos. Junto a estructuras innegables de poder, no se puede pasar por alto la fuerza de la -palabra proclamada, que ha impulsado tambi\u00e9n a la mujer a asumir en primera persona la responsabilidad de la propia vocaci\u00f3n bautismal. Recorriendo la historia a la luz del protagonismo femenino se percibe una continuidad, un hilo tenue pero persistente de exigencia de fe activa, de participaci\u00f3n consciente, de aceptaci\u00f3n de responsabilidades. Pocos han sido los espacios concedidos o conquistados; sin embargo, la presencia femenina en la vida eclesial se ha caracterizado no s\u00f3lo por la obediencia servil, sino tambi\u00e9n por ansias e inquietudes, no siempre f\u00e1cilmente reducibles al silencio. El grito de santa Teresa de \u00ed\u0081vila, censurado enseguida por el confesor-inquisidor (\u00ab\u00c2\u00a1Oh rey m\u00ed\u00ado!, tendr\u00e1 que llegar el d\u00ed\u00ada en que todos se conozcan por lo que valen&#8230; Vislumbro tiempos en los que no habr\u00e1 ya motivos para infravalorar esp\u00ed\u00adritus fuertes y virtuosos por el s\u00f3lo hecho de pertenecer a una mujer\u00bb, Camino de perfecci\u00f3n IV, 1), expresa emblem\u00e1ticamente la necesidad frustrada del reconocimiento de los m\u00e9ritos propios por encima de la determinaci\u00f3n sexual. Pero si Teresa manifiesta de manera singular la conciencia de este malestar, muchas otras creyentes en el pasado, aun sin alcanzar siempre el mismo grado de conciencia, han expresado, sin embargo, exigencias de participaci\u00f3n, de corresponsabilidad y, en todo caso, de presencia significativa, en contraste con los continuos intentos por circunscribir a la mujer a \u00e1mbitos institucionalmente irrelevantes. La b\u00fasqueda de una identidad religiosa propia y de la puesta en pr\u00e1ctica de la frase paulina \u00abya no hay m\u00e1s var\u00f3n y hembra\u00bb en Cristo (G\u00e1l 3:28) ha significado para algunas reclamar el derecho-deber propio al estudio y a la palabra autorizada. Desde las cristianas de las comunidades primitivas a las \u00abmadres divinas\u00bb, desde las mujeres de los movimientos a las \u00absantas vivas\u00bb, nos hallamos en presencia de la toma de conciencia de que el conocimiento de la Biblia y la proclamaci\u00f3n del evangelio constituyen elementos inalienables del papel prof\u00e9tico de todo creyente, obligaci\u00f3n del cual es manifestar al mundo, incluso a trav\u00e9s de la predicaci\u00f3n, la fe en el acontecimiento salvador.<\/p>\n<p>Las abadesas medievales, que durante siglos desempe\u00f1aron de hecho y de derecho con poderes pastorales papeles de gobierno, de gu\u00ed\u00ada espiritual y de jurisdicci\u00f3n, son un ulterior testimonio de una tradici\u00f3n eclesial; una riqueza del pasado que posteriormente se perdi\u00f3 y en la que la funci\u00f3n de gobierno y pastoral de la mujer formaba parte de la experiencia de vida de la Iglesia.<\/p>\n<p>Las brujas que rechazan las mediaciones masculinas con lo trascendente a fin de recuperar el protagonismo religioso; las herejes de todos los siglos reivindicando el ejercicio del ministerio ordenado; las m\u00ed\u00adsticas que captan en el misterio divino la dimensi\u00f3n femenina a fin de superar en \u00e9l las determinaciones sexuales; las santas, como Br\u00ed\u00adgida, Catalina o Teresa, que testimonian de manera no convencional que son mujeres de fe, todas ellas son los signos de una presencia femenina activa, de un ansia no resuelta de vivir la propia vocaci\u00f3n cristiana en autonom\u00ed\u00ada personal y en responsabilidad comunitaria.<\/p>\n<p>VI. El feminismo en el horizonte \u00e9tico: del asentimiento a la elecci\u00f3n<br \/>\nLa autoconciencia femenina ha introducido, no sin esfuerzos, a la mujer en la dimensi\u00f3n \u00e9tica que posibilita a la persona humana expresarse como sujeto responsable. El paso del asentimiento ala elecci\u00f3n, que, superando la obediencia a la voluntad ajena y a normas de comportamiento predeterminadas, lleva a deliberar sobre la propia vida con autonom\u00ed\u00ada de juicio, no es para la mujer una operaci\u00f3n f\u00e1cil ni que se d\u00e9 por descontada. Faltan el h\u00e1bito hist\u00f3rico y la educaci\u00f3n moral que lleven a la independencia propia del esp\u00ed\u00adritu adulto, de forma que el no delegar en otros las propias responsabilidades agudiza la fatiga del discernimiento que toda b\u00fasqueda del bien comporta y la sensaci\u00f3n de soledad que experimenta siempre la persona \u00e9tica cuando se encuentra frente a la necesidad de elegir.<\/p>\n<p>Ser, sin embargo, aut\u00f3nomo presupone una conciencia clara de s\u00ed\u00ad y de la propia relaci\u00f3n con el otro (ser humano) y, para los creyentes, con el trascendente. La b\u00fasqueda de identidad, personal e hist\u00f3rica, resulta un presupuesto indispensable para el feminismo y su voluntad de devolver a la mujer especificidad de vida y conciencia del propio destino.<\/p>\n<p>Son diversos los caminos emprendidos para alcanzar un reconocimiento (identidad) y una realizaci\u00f3n (autonom\u00ed\u00ada) distintos, no s\u00f3lo en relaci\u00f3n a s\u00ed\u00ad mismas, sino tambi\u00e9n al var\u00f3n. Destacan tres aspectos diferentes.<\/p>\n<p>1. FEMINISMO COMO MEMORIA. Tener memoria significa para las mujeres reconocerse en una historia com\u00fan y dar una nueva consistencia a la existencia propia. Encontrar en el pasado a cuantos nos han precedido, sacar a la luz sus vidas, a menudo ocultas o negadas, es rechazar el olvido en el que se ha mantenido a la existencia femenina y contar de nuevo la historia para ofrecer a la mujer las ra\u00ed\u00adces del propio ser, de la propia experiencia humana, manteniendo vivos los hechos, las ideas, las opresiones, as\u00ed\u00ad como las liberaciones y las esperanzas. Memoria no s\u00f3lo como relato de un hallazgo, sino tambi\u00e9n como base para abrirse al futuro, para vivir fuera del cuadro de los estereotipos e idear recorridos alternativos. La historia, en efecto, lejos de ser lugar de perennidad, es espejo de contradicciones y de rupturas.<\/p>\n<p>2. FEMINISMO COMO PENSAMIENTO DE LA DIFERENCIA. Un \u00e1mbito del feminismo resalta con fuerza la diversa identidad sexual de la mujer y el valor intr\u00ed\u00adnseco de esa identidad. La diversidad, en efecto, debe dejar de ser vivida como lugar de insignificancia y de marginaci\u00f3n para vivirse como algo espec\u00ed\u00adfico y fecundo. En pol\u00e9mica con el pensamiento cat\u00f3lico, que en lo espec\u00ed\u00adfico femenino m\u00e1s que una base de autonom\u00ed\u00ada, ha visto una justificaci\u00f3n de subordinaci\u00f3n al var\u00f3n, el pensamiento de la diferencia extrae precisamente su fuerza del saberse diversa del otro (el var\u00f3n); acepta y valora la propia parcelaci\u00f3n, rehusando tanto la pretendida universalidad del punto de vista masculino como la a\u00f1oranza de la totalidad, de la reuni\u00f3n, de la armon\u00ed\u00ada. La escisi\u00f3n, la fragmentaci\u00f3n, la parcelaci\u00f3n son, por consiguiente, las condiciones hist\u00f3ricas actuales de las que debe partir la mujer para pensar sobre s\u00ed\u00ad misma, definirse a s\u00ed\u00ad misma y proyectarse; no m\u00e1s objeto reflejo pose\u00ed\u00addo y usado por el var\u00f3n, sino sujeto pensado, contrapuesto y, si no es incomunicable, al menos separado de alguna manera.<\/p>\n<p>3. FEMINISMO COMO PENSAMIENTO DE LA CONVERGENCIA. Aun destacando los aspectos positivos del pensamiento de la diferencia sobre todo por la importancia que da a la valoraci\u00f3n de la propia peculiaridad, es necesario que la cultura masculina tome conciencia de sus l\u00ed\u00admites y de su parcialidad, sin que esto signifique querer eliminarla o considerarla totalmente ajena y casi sin posibilidad de comunicaci\u00f3n con la experiencia femenina. La antropolog\u00ed\u00ada ha dejado muy claro que la diferencia sexual no hay que plantearla en t\u00e9rminos de dicotom\u00ed\u00ada absoluta. No existen el var\u00f3n y la mujer como entidades espec\u00ed\u00adficas; en ambos coexisten, aunque en proporciones diferentes, elementos tanto femeninos como masculinos. La persona humana es \u00fanica e irrepetible, fruto del entrecruzamiento de coordenadas espacio-temporales de orden biol\u00f3gico, de psicolog\u00ed\u00ada y de influencias ambientales. La diversidad, cuya configuraci\u00f3n tiene m\u00e1s bases hist\u00f3ricas que biol\u00f3gicas, debe dejar de entenderse exclusivamente como lugar de conflictos; el disenso, la contradicci\u00f3n y la pluralidad deben quedar englobados en una \u00e9tica de la relaci\u00f3n entendida como di\u00e1logo. La soledad, fundamento de la libertad y de la autonom\u00ed\u00ada de elecci\u00f3n, no significa negaci\u00f3n del otro, sino posibilidad de definir conjuntamente y en un plano de igualdad, haciendo uso de par\u00e1metros nuevos, multiplicidad de itinerarios dentro de la variedad de \u00e1mbitos de la existencia. En estas condiciones la diversidad puede llegar a ser un elemento importante de fecundidad, que no humilla al otro con el rechazo o la posesi\u00f3n, sino que lo respeta desde el asombro y la maravilla suscitados por su alteridad inefable. Una diversidad que no es separaci\u00f3n de personas incomunicables, sino que, por estar basada en la igualdad, posibilita la alianza, la escucha rec\u00ed\u00adproca, la alegr\u00ed\u00ada de abrirse, el proyecto com\u00fan, bases todas ellas indispensables para poder construir una cultura andr\u00f3gina.<\/p>\n<p>En esta l\u00ed\u00adnea, una correcta Mescripci\u00f3n\u00bb del misterio trinitario puede ser de gran ayuda para superar una cultura androc\u00e9ntrlca y la imagen de Dios Padre, monarca absoluto. La Trinidad, en efecto, es un modelo de di\u00e1logo, un lugar emblem\u00e1tico de relaciones dial\u00e9cticas de diferenciaci\u00f3n y de comuni\u00f3n, donde nuestro modo anal\u00f3gico de hablar de Dios puede encontrar un mayor campo de expresi\u00f3n a trav\u00e9s de im\u00e1genes femeninas y masculinas.<\/p>\n<p>Es precisamente la reflexi\u00f3n trinitaria, y en particular la reflexi\u00f3n sobre el Esp\u00ed\u00adritu Santo, tensi\u00f3n de libertad y de amor, la que puede aportarnos sugerencias importantes en el asunto mujer, ayudando a profundizar en los aspectos diacr\u00f3nicos y sincr\u00f3nicos de la fe. Esta, en efecto, no puede quedar circunscrita a una \u00fanica dimensi\u00f3n espacio-temporal. No exclusivamente al pasado, al dep\u00f3sito que hay que custodiar, inserto, por lo dem\u00e1s, en l\u00ed\u00admites culturales, como la cuesti\u00f3n femenina ha puesto significativamente de manifiesto. En este sentido, al propio Jes\u00fas no se le sigue porque sea un legislador o moralista pedante, sino, a la luz de la resurrecci\u00f3n salv\u00ed\u00adfica siempre activa por sus provocaciones \u00e9ticas que obligan a todos yen cualquier \u00e9poca a la discusi\u00f3n cr\u00ed\u00adtica. Ni siquiera puede quedar circunscrita la fe al solo presente, al que, sin embargo, interpela inevitablemente. La escucha de los signos de los tiempos, de las demandas y las esperanzas del mundo en el que vivimos es deber imprescindible de una fe encarnada, pero que hay que completar con la tendencia hacia el reino que ciertamente llegar\u00e1, con su novedad y con su culminaci\u00f3n humana y c\u00f3smica todav\u00ed\u00ada hoy no llevada a cabo. Seguimos en camino hacia una transformaci\u00f3n de la vida en com\u00fan, a fin de que mujeres y varones forjen juntos un modo nuevo de ser, de vivir los sentimientos, de trabajar; de dar testimonio.<\/p>\n<p>No se puede, en fin, pasar por alto la dimensi\u00f3n mundial, obligada en cualquier reflexi\u00f3n \u00e9tica que se haga hoy. La del presente art\u00ed\u00adculo se mueve en un \u00e1mbito espacial concreto, el cristiano occidental, en el que la dignidad de la mujer est\u00e1 viviendo un momento hist\u00f3rico afortunado. Pero no es posible ignorar la condici\u00f3n de opresi\u00f3n extrema y de marginaci\u00f3n en que viven hoy gran parte de las mueres en el mundo. El conocimiento de esta situaci\u00f3n debe ayudar a incrementar nuestra responsabilidad en un compromiso que ampl\u00ed\u00ade su incidencia en las dimensiones personales, sociales, pol\u00ed\u00adticas y culturales, con la mirada puesta en un crecimiento com\u00fan de la humanidad.<\/p>\n<p>[l Corporeidad; l Derechos del hombre; l Familia; l Matrimonio; l Sexualidad].<\/p>\n<p>BIBL. Ampl\u00ed\u00adsima. Se\u00f1alamos \u00fanicamente algunas de las obras m\u00e1s significativas en las que se pueden encontrar ulteriores referencias bibliogr\u00e1ficas: AA. V V., La mujer, realidad y promesa, PS, Madrid 1989; AA.VV., Mujer y cristianismo, en \u00abIglesia Viva\u00bb 126 (1986); AA.VV., La mujer en la Iglesia, en \u00abCon\u00bb 111 (1976); AA.VV., \u00bfMujeres en una Iglesia de hombres?, en \u00abCon\u00bb 134 (1980); AA.VV., \u00bfUn Dios Padre?, en \u00abCon\u00bb 163 (1981); AA.VV. Mar\u00ed\u00ada en las Iglesias, en \u00abCon\u00bb 188 (1981); AA.VV., La mujer ausente en la teolog\u00ed\u00ada y en la Iglesia, en \u00abCon\u00bb 202 (1985); AA.VV., El rostro femenino de la teolog\u00ed\u00ada, DEI, San Jos\u00e9 de Costa Rica 1986, 2548; AA. V V., La ricerca delle donne, Rosemberg &#038; Sellier, Tur\u00ed\u00adn 1986 AA.VV., La donna nella Chiesa e nel mondo, Dehoniane, N\u00e1poles 1988; AA.VV., Donne al\u00ed\u00ada riscoperta della Bibbia, Queriniana, Brescia 1988; ALCAL\u00ed\u0081 M., La mujer y los ministerios en la Iglesia, S\u00ed\u00adgueme Salamanca 1982; AuBERT J.M., La mujer, Herder, Barcelona 1976; BOFILL R., Las mujeres en la Iglesia, mayor\u00ed\u00ada silenciada, en \u00abMisi\u00f3n Abierta\u00bb 5-6 (1987) 72-95; CORTINA A., Lo masculino y lo femenino en la \u00e9tica, en \u00abMoralia\u00bb 11 (1989)191203; DE BEAUVOIR S., El segundo sexo, en Obras completas, Aguilar, Madrid 1977; DALI M., La Chiesa e il s\u00e9condo sesso, Rizzoli, Mil\u00e1n 1982; DuMAS M., Las mujeres en la Biblia, Paulinas, Madrid 1987; FRIEDAN B., M\u00ed\u00adstica de la feminidad, J\u00facar, Madrid 1974 ID, La seconda fase, Comunit\u00e1, Mil\u00e1n 1976; LAURENTIN R., Jes\u00fas y las mujeres: una revoluci\u00f3n ignorada, en \u00abCon\u00bb 154 (1980) 93-103; MARTAS J., La mujer en el siglo XX, Alianza, Madrid 1980 MUNT M., Un reto feminista: transformar la teolog\u00ed\u00ada moral, en \u00abCon\u00bb 202 (1985) 399-407; PIKAZA X., La mujer en las grandes religiones, Descl\u00e9e Bilbao 1991; PINTOS M., La mujer en la Iglesia, Paulinas, Madrid 1990; QurRE F., Le donne nel Vangelo, Rusconi, Mil\u00e1n 1983; Ruano M., La mujer como creaci\u00f3n, en \u00abMoralia\u00bb 3 (1981) 3-27; SAN JOSE, B., Democracia e igualdad de derechos laborales, Ministerio de Cultura, Madrid 1986; SELADOC, La mujer, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1990 SCH\u00dcSLER FIORENZA E., En memoria de ella. Una reconstrucci\u00f3n teol\u00f3gico feminista de los or\u00ed\u00adgenes del cristianismo, Descl\u00e9e, Bilbao 1989; ID, Servir en la mesa. Refexi\u00f3n feminista sobre la \u00abdfakonia&#8217;; en \u00abCon\u00bb 218 (1988) 111-122; VALC\u00ed\u0081RCEL A., Sexo y filosofia. Sobre \u00abmujer\u00bby `poder&#8217;; Anthropos, Barcelona 1991; VAN LUMEN M.T, y GIBELLINI R., Donne e teologia (A. Valerio, ed.), Queriniana, Brescia 1988; VIDAL M., Mujer y \u00e9tica, en \u00abReligi\u00f3n y Cultura\u00bb 26 (1980) 933-964.<\/p>\n<p>A. Valerio<\/p>\n<p>Compagnoni, F. &#8211; Piana, G.- Privitera S., Nuevo diccionario de teolog\u00ed\u00ada moral, Paulinas, Madrid,1992<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario de Teolog\u00eda Moral<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>[270] Estudiar la identidad de la mujer en cuanto persona cristiana y el significado peculiar de su vocaci\u00f3n en la Iglesia es uno de los deberes de los catequistas. 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