{"id":10940,"date":"2016-02-05T07:43:07","date_gmt":"2016-02-05T12:43:07","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/formacion-de-catequistas\/"},"modified":"2016-02-05T07:43:07","modified_gmt":"2016-02-05T12:43:07","slug":"formacion-de-catequistas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/formacion-de-catequistas\/","title":{"rendered":"FORMACION DE CATEQUISTAS"},"content":{"rendered":"<p>[500]<\/p>\n<p>      La formaci\u00f3n del catequista depende en parte de lo que se pida de \u00e9l en la comunidad cristiana, de lo que su conciencia profesional le reclame y de los que objetivamente sea conveniente para la fe de los catequizandos. Pero es tan importante una buena formaci\u00f3n que de ella depende siempre la adecuada actuaci\u00f3n y el resultado de su tarea eclesial y decisiva para la evangelizaci\u00f3n del mundo, tarea confiada por Jes\u00fas a sus seguidores (Mc. 1.6.16.)<\/p>\n<p>     1. Perfil del Catequista<br \/>\n    Todo catequista ha de ser un disc\u00ed\u00adpulo incondicional de Jes\u00fas: conocer su persona y su mensaje, amar a su Iglesia, dar testimonio de su Esp\u00ed\u00adritu Santo, transmitir con fidelidad su mensaje. Es el criterio central rector de la formaci\u00f3n para su misi\u00f3n en el doble sentido de testimonialidad y de ortodoxia. Sin testimonio vital y sin rectitud de doctrina no hay catequesis aut\u00e9ntica.<\/p>\n<p>    La tercera dimensi\u00f3n se centra en su tarea pedag\u00f3gica, es decir en la dimensi\u00f3n educadora, que le reclamar\u00e1 formarse en los lenguajes y en las metodolog\u00ed\u00adas convenientes para ofrecer ese testimonio y esa doctrina de forma que sean asequibles a los destinatarios.<\/p>\n<p>    El Catequista debe educarse a fondo en el misterio: conocerlo, amarlo, vivirlo, pues debe transmitir \u00ablo que ha visto, o\u00ed\u00addo, vivido\u00bb por la fe como los primeros disc\u00ed\u00adpulos lo vivieron por el encuentro, y todo ello para el servicio a Cristo. No basta aprender una doctrina y ense\u00f1arla a otros sin m\u00e1s. El mensaje cristiano es algo m\u00e1s que una doctrina, un sistema, una teolog\u00ed\u00ada o un programa.<\/p>\n<p>    Por eso no basta formarse como hombre culto y capaz de hacer bondadosamente aceptable un contenido religioso. Es preciso ser testigo, mensajero de Reino, por una parte, para que la cultura sea viva, alegre, evang\u00e9lica y evangelizadora.<\/p>\n<p>    Adem\u00e1s el catequista no es, o no debe ser, un aficionado que realiza una buena obra ocasionalmente. Es miembro, o deber serlo, de una familia, de una comunidad y su pertenencia es permanente. Por eso debe formarse para actuar en equipo, de catequistas y de cristianos. Tiene que prepararse para coordinarse con otros, para colaborar y, si el caso lo requiere, para dirigir a los dem\u00e1s, para ser l\u00ed\u00adder comprometido, con lo cual podr\u00e1s prestar un servicio sin l\u00ed\u00admites.<\/p>\n<p>    Los objetivos de su trabajo se centrar\u00e1n en educar la fe de los ni\u00f1os, de los adolescentes o de los adultos. Por lo tanto debe \u00e9l mismo conseguir claridad de ideas y criterios, honestidad de vida, fe viva y caridad sincera que le susciten elevadas dosis de sacrificio para hacer el bien en profundidad.<\/p>\n<p>    Y como la tarea educadora siempre reclama perfecci\u00f3n de partida y continuo perfeccionamiento en los procesos, el perfil del catequista se completa con cierta inquietud personal por hacer las cosas cada vez mejor. La formaci\u00f3n permanente debe entrar en sus esquemas mentales como una llamada a la responsabilidad y como una necesidad en la labor. Con ello se har\u00e1 capaz de superar la vulgaridad profesional y la rutina en bien de unos cristianos que se ponen en su camino para saberse y sentirse ayudados en su fe y en la vivencia de las virtudes cristianas.<\/p>\n<p>    El catequista debe ser consciente que nunca llegar\u00e1 del todo a la perfecci\u00f3n. Pero su misi\u00f3n le reclama intentarlo. 2. Criterios directivos<br \/>\n    Cada catequizando ha de recibir un trato diferente, porque la persona es distinta y el misterio de Dios en cada uno reclama respuestas personales.<\/p>\n<p>    El catequista s\u00f3lo podr\u00e1 entender y lograr ese trato diferencial, en lo espiritual y en lo psicol\u00f3gico, si es capaz de prepararse con la reflexi\u00f3n sobre las propias experiencias acumuladas y con el contraste con los dem\u00e1s catequistas.<\/p>\n<p>    El di\u00e1logo, la prudencia, la abnegaci\u00f3n, la constancia, la sensibilidad y el tacto pedag\u00f3gico no se aprenden en los libros, sino en el contacto con las personas.<\/p>\n<p>    Adem\u00e1s el campo en el que se mueve su acci\u00f3n de catequista no es el profano de las ciencias positivas, ni siquiera religiosas, ni es el social de las relaciones grupales. El se mueve en las fronteras del misterio: el de la Palabra de Dios, el del hombre libre, el de la comunidad de fe, el de la esperanza escatol\u00f3gica. El entra en juego como mediador y debe aprender a mediar, no a absorber o a imponer. La formaci\u00f3n en la palabra de Dios y el constante incremento de sus conocimientos en los contenidos b\u00ed\u00adblicos, lit\u00fargicos, doctrinales, morales o sociales, le resulta de necesidad.<\/p>\n<p>    Por eso su fuente mejor de formaci\u00f3n profesional se halla en la Sagrada Escritura y lo que ella implica para la vida del creyente.<\/p>\n<p>    Como nadie da lo que no tiene, y la vida de oraci\u00f3n y los actos de caridad son vida para el cristiano, el catequista que no ora y no ama se sentir\u00e1 vac\u00ed\u00ado.<\/p>\n<p>    Dif\u00ed\u00adcilmente podr\u00e1 dar actitudes de fe y de celo si el mismo no las tiene. No podr\u00e1 sembrar la alegr\u00ed\u00ada cristiana si el vive triste o es pesimista. Nunca dar\u00e1 esperanza si \u00e9l se olvida de la Providencia. El formarse mediante la pr\u00e1ctica en esos valores supremos del cristiano son condiciones de acci\u00f3n catequ\u00ed\u00adstica eficaz y contagiosa para los catequizandos.<\/p>\n<p>    Estos valores reclaman un complemento. El catequista act\u00faa en nombre de la Iglesia. Pero no es el \u00faltimo responsable de la acci\u00f3n educadora que lleva entre manos. Por una parte se debe preparar para ser mensajero, no due\u00f1o del mensaje. Y necesita humildad y obediencia al Magisterio, a quien Jes\u00fas ha confiado la animaci\u00f3n de la comunidad cristiana.<\/p>\n<p>    Primero debe respetar al Magisterio primacial del Papa, sucesor de Pedro, que Jes\u00fas quiso colocar a la cabeza.  Sin docilidad al Magisterio no hay catequesis aut\u00e9ntica. Y despu\u00e9s  debe venerar el Magisterio de los Obispos, sucesores de los Ap\u00f3stoles, y de forma muy concreta  el del propio pastor diocesano y de sus delegados parroquiales o de otro tipo comunitario. Si no se forma en la dependencia y se declara aut\u00f3nomo, aunque no sea rebelde, su catequesis falla.<\/p>\n<p>    Adem\u00e1s son los padres los \u00faltimos responsable de la educaci\u00f3n de los hijos, tambi\u00e9n en el orden de la fe y de la instrucci\u00f3n religiosa. El catequista tiene que trabajar en relaci\u00f3n con ellos, y siembre debe sentirse su \u00abcomplemento\u00bb familiar y, por desgracia con frecuencia, su \u00absuplemento\u00bb, si en la familia no se hace lo suficiente.<\/p>\n<p>     Prepararse para conocer y colaborar con la autoridad espiritual de la Iglesia y con la autoridad natural de la familia es un deber y un desaf\u00ed\u00ado. Sin desanimarse debe buscar en ellos una singular formaci\u00f3n y preparaci\u00f3n.<\/p>\n<p>    El trato inteligente e ilustrado con los dem\u00e1s miembros de la comunidad cristiana (grupos, personas, movimientos, apoyos) es decisivo en la acci\u00f3n pastoral. Y ese trato no se improvisa: se asume, se experimenta, se profundiza, se mejora. Es la pastoral de conjunto o de solidaridad evangelizadora.<\/p>\n<p>    Las actividades y ense\u00f1anzas que el catequista realiza deben tener siempre de alguna forma la doble referencia, no s\u00f3lo para informar, sino para compartir en una adecuada pastoral de conjunto o de solidaridad complementaria.<\/p>\n<p>    Con esos  criterios se puede aspirar a realizar el hermoso camino del acompa\u00f1amiento catequ\u00ed\u00adstico, a fin de no educar a los catequizandos con estilos de proselitismo sino de evangelizaci\u00f3n. Eso supone que el catequista debe formarse para ser hombre de fe profunda, con identidad eclesial clara y sensibilidad espiritual.<\/p>\n<p>     Si lo logra, ser\u00e1 testigo m\u00e1s que docente, educador de la fe m\u00e1s que maestro de cultura religiosa, modelo de vida m\u00e1s que soci\u00f3logo de conductas buenas.<\/p>\n<p>     3. Procedimientos<br \/>\n    Estos criterios conllevan una dimensi\u00f3n pr\u00e1ctica, es decir la necesidad de buscar y encauzar experiencias, relaciones, reflexiones, actuaciones concretas para que la formaci\u00f3n del catequista sea s\u00f3lida, adecuada y oportuna.<\/p>\n<p>    Mediante la acci\u00f3n paciente, el catequista busca planes en parte programados y en cierto sentido ocasionales e improvisados cuando una oportunidad se presenta. El catequista debe aprender lo que debe ense\u00f1ar y debe vivir lo que debe reclamar como vida de fe.<\/p>\n<p>    Es peligrosa la improvisaci\u00f3n y con frecuencia resulta insuficiente el autodidactismo. Pero tambi\u00e9n es insuficiente la excesiva formalizaci\u00f3n de los planes formativos.<\/p>\n<p>    Basta pensar en los campos en los que el catequista debe educar a sus catequizandos para que entienda en qu\u00e9 terrenos debe estar alerta para formarse \u00e9l mismo.<\/p>\n<p>   &#8211; Debe ense\u00f1ar a conocer, amar y entender el mensaje de Jes\u00fas y de su comunidad en la Iglesia. El catequista tiene que estar continuamente recogiendo datos, informes, hechos y experiencias cristol\u00f3gicas y eclesioc\u00e9ntricas.<\/p>\n<p>   &#8211; Ha de ense\u00f1ar, entre otras cosas, a rezar y descubrir la acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo en la comunidad de Jes\u00fas. El tiene que hacer esfuerzos para discernir con acierto entre criterios diversos no igualmente v\u00e1lidos para un cat\u00f3lico. Tiene que explorar, tener encuentros, compartir dudas y buscar soluciones vitales y autentificadas.<\/p>\n<p>   &#8211; Ha de ayudar a los catequizandos a practicar la caridad con los hermanos: servir, ayudar, perdonar, proteger, amar, desterrar la violencia, el erotismo, el ego\u00ed\u00adsmo. El catequista necesita una buena formaci\u00f3n moral, que le permita superar las opiniones \u00e9ticas y las pr\u00e1cticas tradicionales. Y debe recordar que estas cosas s\u00f3lo se ense\u00f1an con el ejemplo y se aprenden s\u00f3lo con la frecuente realizaci\u00f3n de cada d\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>   &#8211; Adem\u00e1s de esto, el catequista debe aprender Sociolog\u00ed\u00ada religiosa e Historia eclesi\u00e1stica, conocimiento de las Religiones del mundo y lenguajes art\u00ed\u00adsticos del pasado. Debe sentirse interesado por la Tecnolog\u00ed\u00ada aplicada a la comunicaci\u00f3n e incluso debe tener curiosidad por la Prospectiva y las previsiones del porvenir en diversos terrenos sociales, culturales y tambi\u00e9n eclesiales.<\/p>\n<p>     Es decir, tiene que saber tanto y tan bien que nunca va a terminar de recorrer suficientemente todos los caminos que reclaman su inter\u00e9s educador.<\/p>\n<p>     La pastoral de la eficacia es imprescindible, dado el mundo activo y exigente que vivimos, en donde la fe s\u00f3lo de palabras se pierde en las exigencias ante los hechos reales. Pero tambi\u00e9n se requiere la pastoral de la globalizaci\u00f3n, de la universalizaci\u00f3n, en el sentido de que el hombre moderno deja de ser el miembro de la cofrad\u00ed\u00ada de la propia aldea y se convierte en lo que es germen del cristianismo: el catolicismo de quien es enviado a toda la tierra.<\/p>\n<p>     Existe el riesgo del pragmatismo exagerado y de la ambig\u00fcedad que nace de una universalidad inalcanzable. Existe el peligro de cierto cansancio o desconcierto por necesitar saber tanto para ense\u00f1ar en ocasiones tan poco. Pero el catequista debe formarse tambi\u00e9n para superar los riesgos o, al menos, no dejarse oprimir por ellos.<\/p>\n<p>     Detr\u00e1s o debajo de las actuaciones tienen que latir los criterios sanos y \u00e9stos s\u00f3lo se consiguen con la reflexi\u00f3n serena, con el frecuente y leal intercambio con personas sensatas y con las experiencias positivas frecuentemente realizadas, incluso con el aprendizaje en los propios errores o insuficiencias.<\/p>\n<p>     Por otra parte, no existen normas unificadoras que sean universalmente v\u00e1lidas para crear sistemas de formaci\u00f3n m\u00e1gicamente v\u00e1lidos. En cada ambiente y seg\u00fan el tipo de catequistas con quienes se cuenta, las formas precisas de actuaci\u00f3n pueden variar significativamente y las necesidades formativas pueden ser dispares. Si en alg\u00fan terreno hay que respetar la individualidad de las personas, es en la fe y en la educaci\u00f3n de la fe.<\/p>\n<p> 4. Proceso de formaci\u00f3n<\/p>\n<p>      La formaci\u00f3n del catequista debe ser ambiciosa y amplia, debe ser sistem\u00e1tica y debe ser aut\u00f3noma.<\/p>\n<p>    4.1. Ambiciosa y amplia<\/p>\n<p>     Significa que, seg\u00fan sus posibilidades intelectuales y morales, tiene que abrirse a todo lo que le forma como persona culta y capaz de vivir en el mundo presente.<\/p>\n<p>     Quedan lejos los tiempos en los que bastaba saber el catecismo para poder ense\u00f1arlo a los ni\u00f1os receptivos. Y cuando era suficiente ante las dudas responder que \u00abesto no me lo pregunt\u00e9is a m\u00ed\u00ad, sino que doctores tiene la santa Madre Iglesia que os sabr\u00e1n responder.\u00bb (Catecismo Astete, final 1\u00c2\u00aa parte) La cultura moderna va por otros caminos.<\/p>\n<p>     4.2. Sistem\u00e1tica:<\/p>\n<p>     La formaci\u00f3n del catequista exige cierta continuidad, planificaci\u00f3n y coherencia, como acontece en todas las dem\u00e1s esferas del saber. El orden y el m\u00e9todo progresivo asegura el aprovechamiento o, al menos, los mejoran. Ello no obsta para que grandes dosis de conocimientos lleguen a la inteligencia por los cauces m\u00e1s improvisados de la vida y de la sociedad. Pero si no hay una suficiente organizaci\u00f3n y sedimentaci\u00f3n de los conocimientos te\u00f3ricos y pr\u00e1cticos, la formaci\u00f3n siempre se resiente de la desproporci\u00f3n, d la inconsistencia y de la fluctuaci\u00f3n.<\/p>\n<p>     Esa sistematizaci\u00f3n puede regirse por multiplicidad de criterios y estilos, siendo imposible llegar a universal consenso sobre los mejores. Pero ciertos ejes b\u00e1sicos son f\u00e1ciles de consensuar. Uno de ellos puede ser:  1. Area personal: Identidad, vocaci\u00f3n misi\u00f3n, perfil, catequizando.<\/p>\n<p> 2. Area doctrinal: Biblia, Liturgia, Dogma, Moral, Culto, Piedad popular, Eclesiolog\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>  3. \u00ed\u0081rea psicol\u00f3gica: catequizando, religiosidad, tipolog\u00ed\u00adas, est\u00ed\u00admulos, evoluci\u00f3n, trastornos o desajustes  4. Area sociol\u00f3gica: Entornos, influencias, Familia, escuela, grupos, entidades colectivas, obst\u00e1culos.<\/p>\n<p>  5. Area pedag\u00f3gica. Sistemas, lenguajes, metodolog\u00ed\u00adas, est\u00ed\u00admulos, procedimientos y planificaci\u00f3n.<\/p>\n<p>      Cada uno de estos campos o itinerarios ofrece dos o tres etapas bien definidas: de iniciaci\u00f3n o b\u00e1sica, de actuaci\u00f3n o adaptaci\u00f3n; de especializaci\u00f3n superior.<\/p>\n<p>      Lo importante en los procesos formativos es el inter\u00e9s, el protagonismo del catequista mismo, la capacitaci\u00f3n de los animadores, ciertos sistemas de control que superen los esquemas o sistemas de \u00abbuena voluntad\u00bb y cierta garant\u00ed\u00ada de continuidad de conocimientos que el catequista necesita en funci\u00f3n del \u00abser, del saber y del saber hacer\u00bb, dimensiones de la formaci\u00f3n de los catequistas a que alude el Directorio General para la Catequesis (1997).<\/p>\n<p>      Es bueno recordar que, por buenos que sean los planes y las directrices para la formaci\u00f3n de los catequistas, no siempre se pueden conseguir elevadas metas con multitud de personas. Con los catequistas, al igual con los padres, hay que evitar el perfeccionismo. Si para ser padres se exigieran excesivas condiciones sanitarias, pedag\u00f3gicas, econ\u00f3micas y sociales, la especie humana se extinguir\u00ed\u00ada. Si para ser catequistas se requieren programas amplios y certificados acad\u00e9micos, las catequesis mueren.<\/p>\n<p>      Ni a Ad\u00e1n ni a Eva se le exigi\u00f3 certificado de no consanguinidad ni a los pescadores que fueron primeros disc\u00ed\u00adpulos y mensajeros de Jes\u00fas se le exigi\u00f3 un certificado de ense\u00f1anza primaria. Esto deben recordarlo quienes, responsables de parroquias, centros educativos o movimientos cristianos, tienen elevada conciencia de su responsabilidad y obstaculizan con sus rectas exigencias una acci\u00f3n eficaz. Los programas son necesarios, pero la tolerancia, la flexibilidad y la comprensi\u00f3n son actitudes aun m\u00e1s imprescindibles.<\/p>\n<p>      Las propuestas de los planes de formaci\u00f3n de catequistas, para ser realizables y eficaces, requieren la acogida afectiva de los mismos catequistas que desean formarse. Los medios y las normas han de acomodarse a las circunstancias que condicionan tanto a los formadores de catequistas como a los catequistas que piensan en los formandos de todas las edades y ambientes.<\/p>\n<p>    La catequesis es tarea y espacio, es misi\u00f3n y compromiso, de toda la Iglesia para descubrir a Dios Padre de la Vida y a Jes\u00fas, su enviado y Se\u00f1or de la Historia. A trav\u00e9s de un itinerario que nunca termina se logra un fin multiforme de:<\/p>\n<p>   &#8211; conocer a Dios, amarle y obedecerle;<\/p>\n<p>   &#8211; descubrir su Palabra, su misterio;<\/p>\n<p>   &#8211; saberse Hijo de Dios, elegido por El;<\/p>\n<p>   &#8211; integrarse a la Iglesia de Jes\u00fas;<\/p>\n<p>   &#8211; comprometer a dar lo recibido.<\/p>\n<p>     El catequista es el primero que se forma para esta labor admirable. Es el primer beneficiado de la formaci\u00f3n que se proporciona a s\u00ed\u00ad mismo, estimulado por la acci\u00f3n que necesita realizar con los dem\u00e1s. La formaci\u00f3n conseguida le autoriza ante la Iglesia para una tarea propia de los elegidos de Dios. Pero es el mismo Jes\u00fas quien elige.<\/p>\n<p> 5.  Modelo Jes\u00fas<br \/>\n    Con frecuencia entendemos la idea deformaci\u00f3n como adquisici\u00f3n de conocimiento y de habilidades profesionales.<\/p>\n<p>    Buenos es recordar que en las tareas pastorales y espirituales es m\u00e1s importante el esp\u00ed\u00adritu que las metodolog\u00ed\u00adas. Al menos as\u00ed\u00ad hemos de entender el misterio que lat\u00ed\u00ada en multitud de santos al estilo de San Francisco de As\u00ed\u00ads, de Sta. Teresita del Ni\u00f1o Jes\u00fas o del Cura de Ars, Juan Mar\u00ed\u00ada Vianney.<\/p>\n<p>    Decir que el catequista debe encontrar en la figura de Jes\u00fas y en las formas del Evangelio un buen modelo y excelente programa de formaci\u00f3n profesional puede parecer una ingenuidad, pero as\u00ed\u00ad es:<\/p>\n<p>     En la huella del Buen Pastor con quien Jes\u00fas se identifica se puede hallar el modelo para la acci\u00f3n.<\/p>\n<p>    El Buen Pastor (Jn. 10. 1-42) se\u00f1ala las tres actitudes que el catequista debe aprender ante todo y que s\u00f3lo poco a poco logra dominar: &#8211; Conoce a sus ovejas. El catequista tiene que conocer a los catequizandos con todos sus rasgos y caracter\u00ed\u00adsticas humanas y divinas. S\u00f3lo quien conoce comparte. El catequista comparte con ellos su vida, sus alegr\u00ed\u00adas y sus limitaciones: las personales y las familiares.<\/p>\n<p> &#8211; Protege, vigila, defiende. Incluso da la vida por ellas. El catequista hace todo esto cuando dedica su tiempo por entero a sus catequizandos y se forma en h\u00e1bitos que capacitan para el servicio.<\/p>\n<p> &#8211; Ense\u00f1a, camina delante de sus ovejas. El catequista da testimonio de vida ante sus catequizandos y se siente realizado cuando ellos aprenden, mejoran y se hacen h\u00e1biles y m\u00e1s cultos en las verdades de Dios.<\/p>\n<p>Pedro Chico Gonz\u00e1lez, Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00ed\u00ada Religiosa, Editorial Bru\u00f1o, Lima, Per\u00fa 2006<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00eda Religiosa<\/b><\/p>\n<p>SUMARIO: I. Necesidad de la formaci\u00f3n. II. Caracter\u00ed\u00adsticas de esta formaci\u00f3n: 1. Finalidad bien definida; 2. Enriquecedora para el catequista; 3. Impregnada de esp\u00ed\u00adritu misionero; 4. Abierta al ecumenismo, la tolerancia y el pluralismo; 5. En el contexto de la pastoral general; 6. Pedagog\u00ed\u00ada coherente con la catequesis. III. Dimensiones de la formaci\u00f3n: 1. Cuidar y alimentar el \u00abser\u00bb; 2. Formar en el \u00absaber\u00bb; 3. Capacitar para \u00absaber hacer\u00bb. IV. Cauces para la formaci\u00f3n de los catequistas: 1. La comunidad cristiana y el grupo de catequistas; 2. Los cursos breves o cursillos; 3. Escuelas de catequistas y centros superiores.<\/p>\n<p>I. Necesidad de la formaci\u00f3n<br \/>\nEn la perspectiva de la nueva evangelizaci\u00f3n conviene tener muy presente que \u00absi la catequesis es una de las tareas primordiales de la Iglesia\u00bb (CT 1), los catequistas necesitan una buena formaci\u00f3n no s\u00f3lo para ellos mismos y en funci\u00f3n de los catequizandos, sino tambi\u00e9n para toda la Iglesia, porque la aut\u00e9ntica evangelizaci\u00f3n depende, en buena medida, de la calidad de la catequesis; y no es posible una buena catequesis sin catequistas bien preparados.<\/p>\n<p>Aplicado todo esto a la catequesis de iniciaci\u00f3n cristiana, los obispos espa\u00f1oles exigen al catequista, entre otras cosas, que est\u00e9 \u00abdotado de una fe profunda, de una clara identidad cristiana y eclesial y de una honda sensibilidad social. Ha de destacar por su madurez humana, cristiana y apost\u00f3lica, as\u00ed\u00ad como por su formaci\u00f3n y capacitaci\u00f3n catequ\u00e9tica, como corresponde al cometido que ha de desempe\u00f1ar&#8230;\u00bb (IC 44).<\/p>\n<p>Por eso la preparaci\u00f3n de los catequistas es una tarea fundamental dentro de la Iglesia y, como afirma el Directorio general para la catequesis, \u00abla pastoral catequ\u00e9tica diocesana debe dar absoluta prioridad a la formaci\u00f3n de los catequistas laicos. Junto a ello, y como elemento realmente decisivo, se deber\u00e1 cuidar al m\u00e1ximo la formaci\u00f3n catequ\u00e9tica de los presb\u00ed\u00adteros&#8230; y se recomienda encarecidamente a los obispos que esta formaci\u00f3n sea exquisitamente cuidada\u00bb (DGC 234).<\/p>\n<p>II. Caracter\u00ed\u00adsticas de esta formaci\u00f3n<br \/>\nEn los umbrales del siglo XXI y en una situaci\u00f3n de secularizaci\u00f3n y de increencia, al abordar la formaci\u00f3n de los catequistas, es conveniente que nos fijemos en algunas caracter\u00ed\u00adsticas b\u00e1sicas de esta formaci\u00f3n:<br \/>\n1. FINALIDAD BIEN DEFINIDA. La primera caracter\u00ed\u00adstica consiste en tener bien clara su finalidad: tratar \u00abde capacitar a los catequistas para transmitir el evangelio a los que desean seguir a Jesucristo&#8230; para que puedan animar eficazmente un itinerario catequ\u00e9tico en el que, mediante las necesarias etapas: anuncie a Jesucristo; d\u00e9 a conocer su vida, enmarc\u00e1ndola en el conjunto de la historia de la salvaci\u00f3n; explique su misterio de Hijo de Dios, hecho hombre por nosotros, y ayude, finalmente, al catec\u00fameno o al catequizando a identificarse con Jesucristo en los sacramentos de iniciaci\u00f3n\u00bb (DGC 235). En la formaci\u00f3n hay que preparar tambi\u00e9n a los catequistas para contribuir a fortalecer la Iglesia, revisada y renovada en el Vaticano II, como pueblo de Dios, con una fuerte dimensi\u00f3n comunitaria, social y ecum\u00e9nica, en la que el Esp\u00ed\u00adritu hace posible la actualizaci\u00f3n y santidad de sus miembros. Una Iglesia abierta, dispuesta al di\u00e1logo, misionera, discreta y humilde, que se visibiliza en comunidades concretas, que ayuda a vivir y a sentir la gran comunidad eclesial y que practica el principio de inculturaci\u00f3n en la comunicaci\u00f3n de la fe.<\/p>\n<p>2. ENRIQUECEDORA PARA EL CATEQUISTA. Esta formaci\u00f3n va dirigida a personas concretas, que han de ser tenidas en cuenta en su totalidad y no s\u00f3lo en funci\u00f3n de la misi\u00f3n que realizan. Por ello, como primer paso, habr\u00e1 que considerar ciertos aspectos referentes al catequista como persona creyente:<br \/>\na) Tender a la transformaci\u00f3n de la persona. La persona del catequista no tiene que ser contemplada como sujeto de informaci\u00f3n, sino de transformaci\u00f3n. \u00abLa formaci\u00f3n le ha de ayudar a madurar, ante todo, como persona, como creyente y como ap\u00f3stol\u00bb (DGC 238). Entre los medios adecuados para esta transformaci\u00f3n, destaca la importancia de la narraci\u00f3n de la historia personal en la formaci\u00f3n de los catequistas, que supone valorar la experiencia personal de cada uno y considerar que su autobiograf\u00ed\u00ada forma parte integrante del programa1.<\/p>\n<p>Esta primera relectura de la trayectoria de su vida humana y cristiana ayuda a los catequistas a abrirse al cambio y a desprenderse de lo accesorio, manteniendo lo esencial de la fe; y al mismo tiempo contribuye a poder evaluar mejor, al final del proceso formativo, la transformaci\u00f3n personal experimentada, as\u00ed\u00ad como los nuevos descubrimientos realizados y los avances pedag\u00f3gico-metodol\u00f3gicos en su praxis catequ\u00e9tica.<\/p>\n<p>La estructura hist\u00f3rico-narrativa, que es propia de la Revelaci\u00f3n, ofrece, por tanto, a los catequistas la posibilidad de descubrir el sentido cristiano de su propia historia, al contemplarla inscrita en la historia de la relaci\u00f3n de Dios con los hombres e interpelada por ella.<\/p>\n<p>b) Procurar que los catequistas sean protagonistas de su propia formaci\u00f3n. El catequista no debe situarse en su proceso formativo con una actitud pasiva, como la del recipiente que recibe y acumula saberes, t\u00e9cnicas y experiencias, sino como el protagonista y responsable de su maduraci\u00f3n personal humana y cristiana. \u00abEl fin y la meta ideal es procurar que los catequistas se conviertan en protagonistas de su propio aprendizaje, situando la formaci\u00f3n bajo el signo de la creatividad y no de una mera asimilaci\u00f3n de pautas externas\u00bb (DGC 245).<\/p>\n<p>Este protagonismo implica una participaci\u00f3n activa que le ayude a crecer como persona Capaz de convivir, dialogar, tomar iniciativas y colaborar; a acoger la propuesta de Dios realizada en Jes\u00fas, como sentido y fundamento \u00faltimo de su propia existencia, y a sentirse integrado en la comunidad eclesial2.<\/p>\n<p>c) Cultivar su espiritualidad. Para que el catequista no se limite a una transmisi\u00f3n mec\u00e1nica de la Palabra, hay que ayudarle a crecer en la acogida del evangelio y en la propia vocaci\u00f3n. Por eso, \u00abla verdadera formaci\u00f3n alimenta, ante todo, la espiritualidad del propio catequista, de modo que su acci\u00f3n brote, en verdad, del testimonio de su vida\u00bb (DGC 239).<br \/>\nLa espiritualidad es la forma que tiene un creyente de vivir su relaci\u00f3n con Dios. Por tanto, hay que capacitar al catequista para vivir en relaci\u00f3n con la palabra de Dios que culmina en Cristo, en el encuentro con \u00e9l, y que le lleva a la relaci\u00f3n con Dios, al que llama Abb\u00e1 (Padre); en relaci\u00f3n con la Iglesia en la que descubre y alimenta su vocaci\u00f3n y en la que vive la experiencia de comunidad; y en relaci\u00f3n con los hombres, sus hermanos.<\/p>\n<p>El cultivo de la espiritualidad, conduce a la madurez en la fe, que capacita al catequista para dar testimonio de la buena nueva. No olvidemos que \u00abel hombre contempor\u00e1neo escucha m\u00e1s a gusto a los que dan testimonio que a los que ense\u00f1an, o si escuchan a los que ense\u00f1an es porque dan testimonio\u00bb (EN 41).<\/p>\n<p>d) Ayudarle a vivir encarnado en la realidad. Lo mismo que Dios asume la historicidad de los hombres a los que se acerca, el catequista estar\u00e1 atento a las situaciones hist\u00f3ricas y personales de los grupos y de las personas. Debe hacerse eco de todo lo que ocurre en su ambiente social.<br \/>\nEsto requiere un entrenamiento, una capacitaci\u00f3n para mirar la vida, para leer la historia y para acoger el dolor y el gozo, la paz y la lucha, las inquietudes y las esperanzas de los hombres y mujeres, vi\u00e9ndolos como hermanos y no como extra\u00f1os.<\/p>\n<p>e) Tener en cuenta su condici\u00f3n eclesial. Porque la mayor\u00ed\u00ada de los catequistas son seglares y su ministerio va dirigido a personas que tambi\u00e9n lo son, \u00abse tendr\u00e1 en cuenta que su formaci\u00f3n recibe una caracter\u00ed\u00adstica especial por su misma \u00ed\u00adndole secular, propia del laicado, y por el car\u00e1cter propio de su espiritualidad\u00bb (DGC 237). \u00abDotar a la formaci\u00f3n de los catequistas seglares de una clara inspiraci\u00f3n laical es garantizar la presencia del evangelio en medio del mundo\u00bb (CF 97).<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n en la formaci\u00f3n de presb\u00ed\u00adteros y religiosos habr\u00e1 que tener presente lo espec\u00ed\u00adfico de su carisma.<\/p>\n<p>3. IMPREGNADA DE ESP\u00ed\u008dRITU MISIONERO. La Iglesia, en los \u00faltimos a\u00f1os, ha expresado en muchos de sus documentos la necesidad de la evangelizaci\u00f3n misionera, como nuevo estilo de acci\u00f3n pastoral, e invita a acentuar en todas las acciones y manifestaciones de las comunidades cristianas: el testimonio de los seguidores de Jes\u00fas, el anuncio expl\u00ed\u00adcito del evangelio, la conversi\u00f3n o adhesi\u00f3n del coraz\u00f3n a Dios, y la incorporaci\u00f3n afectiva y efectiva a la Iglesia.<\/p>\n<p>La catequesis, que ha de estar atenta a la situaci\u00f3n de las personas, se encuentra, con frecuencia, con bautizados que han perdido el sentido vivo de la fe o incluso no se reconocen ya como miembros de la Iglesia, y no obstante solicitan los sacramentos de la Iglesia. Con estas personas no es posible todav\u00ed\u00ada realizar una catequesis de talante catecumenal, es necesario plantearse una acci\u00f3n educativa de fuerte acento misionero, lenta, progresiva y realista.<\/p>\n<p>Esta situaci\u00f3n demanda unos catequistas preparados para atender adecuadamente a estas personas. Han de saber que acompa\u00f1ar en la fe es respetar a la persona y sus ritmos de descubrimiento, ofrecer el testimonio de la fe que hemos recibido como don, expresar y comunicar con sencillez el mensaje de salvaci\u00f3n, orar por ella y alentarla en el camino de la conversi\u00f3n.<\/p>\n<p>4. ABIERTA AL ECUMENISMO, LA TOLERANCIA Y EL PLURALISMO. LOS cristianos viven hoy en contextos multiculturales y multirreligiosos; por ello la catequesis ha de ayudar a profundizar y robustecer la identidad de los bautizados en una confrontaci\u00f3n necesaria entre el evangelio de Jesucristo y el mensaje de las otras religiones; ha de capacitar a los fieles para discernir y descubrir las semillas del evangelio que hay en las distintas religiones y culturas y ha de promover en todos los creyentes un vivo sentido misionero (cf DGC 200).<\/p>\n<p>Preparar para el di\u00e1logo intercultural e interconfesional supone aceptar las propias limitaciones y los propios valores como partes de un todo, y no como absolutos.<\/p>\n<p>Un an\u00e1lisis de los valores que cada religi\u00f3n y cada cultura aporta en la construcci\u00f3n de la historia, ayudar\u00e1 a saber situarse ante cada uno de ellos, a enriquecerse mutuamente en un di\u00e1logo y un intercambio fecundo y a saber respetar las expresiones, estilos, planteamientos, etc., de cada grupo, de cada pueblo, de cada naci\u00f3n. As\u00ed\u00ad se podr\u00e1 inculturar el evangelio en cada una de las realidades diversas en que los catequistas realizan su misi\u00f3n.<\/p>\n<p>5. EN EL CONTEXTO DE LA PASTORAL GENERAL. La formaci\u00f3n de los catequistas debe estar situada, l\u00f3gicamente, en el contexto de la pastoral general y de la concepci\u00f3n actual de la catequesis. La catequesis forma parte de la pastoral de la Iglesia y capacita a las personas para ejercer esta pastoral, a trav\u00e9s de unos procesos coherentes y bien definidos. La formaci\u00f3n habr\u00e1 de cuidar, en consecuencia, los siguientes aspectos:<br \/>\nb) Estar\u00e1 entroncada en la pastoral diocesana. Esta formaci\u00f3n ha de tener en cuenta la pastoral de conjunto de la di\u00f3cesis, sus prioridades, su complementariedad con otras acciones y sus \u00abnecesidades evangelizadoras de este momento hist\u00f3rico, con sus valores, sus desaf\u00ed\u00ados y sus sombras\u00bb (DGC 237).<br \/>\nUna formaci\u00f3n realista y planificada debe cuidar que no exista en la di\u00f3cesis una dispersi\u00f3n excesiva de planes formativos, aunque s\u00ed\u00ad diversidad de cauces, seg\u00fan los niveles de implicaci\u00f3n de los catequistas y sus responsabilidades. Ha de cuidar tambi\u00e9n su relaci\u00f3n con las otras acciones pastorales de la Iglesia.<\/p>\n<p>c) Tendr\u00e1 un claro acento misionero. Muchos catequistas van a realizar su misi\u00f3n en un campo m\u00e1s de misi\u00f3n que de catequizaci\u00f3n, como hemos indicado anteriormente. Por ello es necesario cuidar, en la formaci\u00f3n, la capacitaci\u00f3n para una catequesis con claro acento misionero, que tiene estas prioridades: 1) una formaci\u00f3n b\u00ed\u00adblico-teol\u00f3gica que atienda y acent\u00fae los contenidos b\u00e1sicos y fundamentales del mensaje cristiano, el kerigma; 2) una formaci\u00f3n antropol\u00f3gica que, desde el conocimiento de la realidad socio-religiosa y de los destinatarios de la catequesis, profundice en la urgencia de la misi\u00f3n evangelizadora de la Iglesia; 3) y una formaci\u00f3n catequ\u00e9tico-pedag\u00f3gica que cultive la capacidad de di\u00e1logo con los destinatarios, escuchando sus preguntas y captando sus b\u00fasquedas.<\/p>\n<p>d) Ser\u00e1 una formaci\u00f3n integral y sistem\u00e1tica. No es bueno limitarse a un aspecto concreto de la formaci\u00f3n a nivel te\u00f3rico o pr\u00e1ctico. En necesario tener en cuenta y saber estructurar adecuadamente todas las dimensiones que conforman el acto catequ\u00e9tico: experiencia, palabra de Dios y expresi\u00f3n de la fe, as\u00ed\u00ad como los distintos aspectos que configuran la vida cristiana: el conocimiento de la fe, la celebraci\u00f3n de la misma, el seguimiento de Jesucristo y la vida comunitaria.<br \/>\nAl programar la formaci\u00f3n, aunque esta se imparta en cursos breves, se ha de procurar que, al fin de la misma, el catequista haya hecho todo el recorrido.<\/p>\n<p>d) Contemplar\u00e1 todas las etapas y situaciones de la catequesis. Sigue siendo b\u00e1sica la figura del catequista de ni\u00f1os y adolescentes, pero hay que cuidar m\u00e1s particularmente la del catequista de j\u00f3venes y adultos y la de aquellas personas que viven situaciones especiales. Una formaci\u00f3n que quiera promover la nueva evangelizaci\u00f3n y, en ella, la catequesis que hoy nos propone la Iglesia, requiere cuidar, por una parte, los aspectos propios de contextos misioneros y, por otra parte, las caracter\u00ed\u00adsticas de la formaci\u00f3n de personas para la catequesis de los j\u00f3venes y adultos y para la atenci\u00f3n catequ\u00e9tica a las personas que viven situaciones especiales por minusval\u00ed\u00ada, ancianidad, etnia, etc. \u00abCada Iglesia particular, al analizar su situaci\u00f3n cultural y religiosa, descubrir\u00e1 sus propias necesidades y perfilar\u00e1 con realismo los tipos de catequistas que necesita. Es una tarea fundamental a la hora de orientar y organizar la formaci\u00f3n de los catequistas\u00bb (DGC 232).<\/p>\n<p>6. PEDAGOG\u00ed\u008dA COHERENTE CON LA CATEQUESIS. La pedagog\u00ed\u00ada que se emplee en la formaci\u00f3n de los catequistas debe ser coherente con la pedagog\u00ed\u00ada propia del proceso catequ\u00e9tico, ya que \u00abel catequista, de alguna manera, se capacita a trav\u00e9s tanto de los contenidos que recibe como de la manera con que se le transmiten\u00bb (CF 121). Hay que favorecer los aspectos propios de la pedagog\u00ed\u00ada original de la fe, de forma que los catequistas: 1) experimenten la gratuidad de la propia fe y de su llamada a este ministerio; 2) desarrollen sus valores personales en consonancia con los valores evang\u00e9licos; 3) interioricen el misterio cristiano en el hoy de su situaci\u00f3n y de su historia, y 4) se acerquen a la realidad de Dios y de la salvaci\u00f3n, por medio del lenguaje simb\u00f3lico.<\/p>\n<p>Es importante tambi\u00e9n que la formaci\u00f3n transcurra en un clima propicio a esta pedagog\u00ed\u00ada, es decir, en un clima sencillo de libertad, de di\u00e1logo y de comuni\u00f3n, porque \u00abun centro o escuela de catequistas, en el que el clima resulte demasiado academicista&#8230;, carente de una pedagog\u00ed\u00ada global, no es el m\u00e1s adecuado para la formaci\u00f3n de los mismos\u00bb (CF 122). \u00abHay que esforzarse por crear entre los catequistas un ambiente acogedor y sencillo que facilite la participaci\u00f3n y lleve a una experiencia de comuni\u00f3n y di\u00e1logo\u00bb (CF 123).<\/p>\n<p>III. Dimensiones de la formaci\u00f3n<br \/>\nHay que preparar al catequista para que sea maestro, educador y testigo, y para que sepa situar su acci\u00f3n catequ\u00e9tica dentro de la amplia tarea com\u00fan de la evangelizaci\u00f3n (cf CF 105). En la formaci\u00f3n, por tanto, hemos de atender al ser, al saber y al saber hacer del catequista.<\/p>\n<p>1. CUIDAR Y ALIMENTAR EL \u00abSER\u00bb. Una formaci\u00f3n que ayude al crecimiento del catequista en el ser, en su dimensi\u00f3n humana y cristiana, pretende dotar a estos agentes de pastoral \u00abde una hondura religiosa, de fina conciencia, sensibilidad social y audaz esp\u00ed\u00adritu eclesial y apost\u00f3lico\u00bb (CAd 31).<\/p>\n<p>La espiritualidad a la que alud\u00ed\u00adamos en el anterior apartado tiene que ser alimentada y cuidada en el proceso formativo de la persona del catequista mediante: encuentros de oraci\u00f3n en la propia comunidad cristiana o con otros grupos; lectura asidua de la palabra de Dios en el aqu\u00ed\u00ad y el ahora de la sociedad, de la Iglesia y de cada persona; momentos fuertes de oraci\u00f3n en convivencias, retiros espirituales y tiempos lit\u00fargicos, en las asambleas, encuentros diocesanos, experiencias de encuentro con los hermanos m\u00e1s pobres, etc.<\/p>\n<p>El acompa\u00f1amiento personal de los catequistas es un excelente medio en la formaci\u00f3n y cultivo de su espiritualidad. Ofrecer esta posibilidad, en libertad, en el proceso formativo no es algo secundario; es importante, y en cierto modo necesario, para quienes est\u00e1n en b\u00fasqueda y deseosos de vivir y ayudar a vivir el evangelio de Jes\u00fas, el Se\u00f1or. Las caracter\u00ed\u00adsticas que debe reunir un buen acompa\u00f1ante las encontramos ampliamente explicitadas en otra voz de este Diccionario.<\/p>\n<p>Por \u00faltimo, ayuda tambi\u00e9n a esta formaci\u00f3n en el ser: la autocatequesis, la comunicaci\u00f3n en el grupo de la propia experiencia de fe; la lectura personal de obras de espiritualidad, y la mirada creyente a la vida, que ayude a descubrir el paso de Dios por los hombres y mujeres de nuestro tiempo, y especialmente su presencia en los m\u00e1s pobres.<\/p>\n<p>2. FORMAR EN EL \u00abSABER\u00bb. \u00abEsta dimensi\u00f3n, penetrada de la doble fidelidad al mensaje y a la persona humana, requiere que el catequista conozca bien el mensaje que transmite y, al mismo tiempo, al destinatario que lo recibe y el contexto social en que vive\u00bb (DGC 238).<\/p>\n<p>El catequista debe haber alcanzado la s\u00ed\u00adntesis del mensaje cristiano y distinguir los aspectos b\u00e1sicos, fundamentales y comunes de la fe de la Iglesia y las convicciones que articulan su vida creyente. Esta formaci\u00f3n implica:<br \/>\na) Un conocimiento del hombre y de la realidad en que vive, por medio de las ciencias humanas, especialmente la psicolog\u00ed\u00ada, la sociolog\u00ed\u00ada y las ciencias de la educaci\u00f3n y de la comunicaci\u00f3n.<br \/>\nb) Una visi\u00f3n general del proceso evangelizador y un conocimiento del \u00abconcepto de catequesis que hoy propugna la Iglesia\u00bb (DGC 237).<br \/>\nc) Un conocimiento de la Biblia que le capacite para leer, interpretar e integrar en la vida las experiencias fundamentales de la persona creyente. Y, junto a ello, una visi\u00f3n clara de las verdades cristianas fundamentales, para poder dar raz\u00f3n de su esperanza. Esta capacitaci\u00f3n en el saber requiere \u00abuna formaci\u00f3n teol\u00f3gica muy cercana a la experiencia humana, capaz de relacionar los diferentes aspectos del mensaje cristiano con la vida concreta de los hombres y mujeres, ya sea para inspirarla, ya para juzgarla, a la luz del evangelio\u00bb (DGC 241).<br \/>\nd) Una visi\u00f3n integral de la moral evang\u00e9lica y de lo que conlleva el seguimiento de Jes\u00fas y la opci\u00f3n por el Reino. Y una clara conciencia cr\u00ed\u00adtica de la realidad social y pol\u00ed\u00adtica, econ\u00f3mica, cultural e ideol\u00f3gica, para aprender a leer en esa realidad los signos de Dios y comprometerse con ella, como cristiano.<br \/>\ne) Una preparaci\u00f3n adecuada -experimentada- para la oraci\u00f3n y la celebraci\u00f3n cristiana, como \u00e1mbitos privilegiados de encuentro con el Se\u00f1or.<\/p>\n<p>3. CAPACITAR PARA \u00abSABER HACER\u00bb. Para que la formaci\u00f3n sea completa, es necesario que \u00abel catequista se prepare para facilitar el crecimiento de una experiencia de fe de la que \u00e9l no es due\u00f1o\u00bb (DGC 244).<\/p>\n<p>a) El catequista ha de capacitarse para activar los procesos de aprendizaje, para conducir a un grupo y para poder programar la acci\u00f3n que va a realizar. Debe poseer un conocimiento y una praxis de la pedagog\u00ed\u00ada propia del acto catequ\u00e9tico y de su metodolog\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>b) Ha de iniciarse tambi\u00e9n en los distintos lenguajes de comunicaci\u00f3n de la fe y en los lenguajes con que se expresa el hombre de hoy: el de la propia experiencia, el narrativo, el simb\u00f3lico, el audiovisual, el corporal, etc. Esta iniciaci\u00f3n ha de hacerse de tal manera que se fomente la libertad y la creatividad del catequista3.<\/p>\n<p>IV. Cauces para la formaci\u00f3n de los catequistas<br \/>\nLa formaci\u00f3n de los catequistas se realiza en diversos \u00e1mbitos, que detallamos brevemente:<br \/>\n1. LA COMUNIDAD CRISTIANA Y EL GRUPO DE CATEQUISTAS. En la propia comunidad es \u00abdonde el catequista experimenta su vocaci\u00f3n y donde alimenta su sentido apost\u00f3lico\u00bb (DGC 246). En ella se cultiva su espiritualidad y se procura su maduraci\u00f3n en la fe, a trav\u00e9s de los cauces normales con que la comunidad educa: fundamentalmente en los procesos catecumenales de j\u00f3venes y adultos, y tambi\u00e9n en las celebraciones, los encuentros, el ejercicio de la corresponsabilidad, etc.; todo ello en un clima de fraternidad y libertad. En el \u00e1mbito de la comunidad surge el grupo de catequistas. Es un espacio comunitario donde se comparte la experiencia creyente, se expresa la fe y se ayuda al catequista, de una forma cercana y creativa, a desempe\u00f1ar mejor su tarea. Para ello, el grupo necesita de una persona capaz de animar, de dar vida, de favorecer la comunicaci\u00f3n y de ayudar a cumplir los objetivos propios del grupo: fundamentar el ser del catequista; ayudarle a asumir la misi\u00f3n de la Iglesia, a situarse correctamente en el lugar que al catequista le corresponde dentro del proceso evangelizador, y capacitarle para ser competente en su trabajo4.<\/p>\n<p>2. Los CURSOS BREVES O CURSILLOS. Aunque se programen para tiempos breves -de 3 a 5 d\u00ed\u00adas- o en unos d\u00ed\u00adas del verano (cursos de verano), aportan a los catequistas, bien una formaci\u00f3n b\u00e1sica inicial, bien otros aspectos espec\u00ed\u00adficos reclamados por el \u00e1mbito de misi\u00f3n en que desempe\u00f1an su tarea. Estos cursos, por tanto, pueden ser de g\u00e9nero muy diverso: bien cursillos de iniciaci\u00f3n b\u00e1sica, monogr\u00e1ficos de actualizaci\u00f3n, o complementarios de alg\u00fan tema o actividad que se est\u00e9 reflexionando o realizando; o bien cursos de especializaci\u00f3n en un nivel o situaci\u00f3n catequ\u00e9tica determinada: adultos o j\u00f3venes, emigrantes o discapacitados, etc. Son actividades -de formaci\u00f3n b\u00e1sica en unos casos o espec\u00ed\u00adfica en otros- que, junto al trabajo personal del catequista y a su reflexi\u00f3n y comunicaci\u00f3n en el grupo, son muy convenientes.<\/p>\n<p>3. ESCUELAS DE CATEQUISTAS Y CENTROS SUPERIORES. Se hace cada vez m\u00e1s necesario ofrecer a los catequistas -laicos, religiosos y sacerdotes-la posibilidad de prepararse en escuelas, donde la formaci\u00f3n es m\u00e1s sistem\u00e1tica y estructurada. Dada la variedad de los catequistas y la diversidad de las tareas que, como tales, se les encomiendan, no todas las escuelas son del mismo nivel. Nos referimos brevemente a tres niveles:<br \/>\na) Escuelas de nivel b\u00e1sico. Son aquellas donde los catequistas, superando el nivel de su grupo y de los cursillos iniciatorios, reciben la primera formaci\u00f3n de modo sistem\u00e1tico. \u00abSus destinatarios son los catequistas de base que dan muestras de una dedicaci\u00f3n m\u00e1s estable a la catequesis y sobresalen por su inquietud y por sus cualidades\u00bb (CF 140). En ellas, el catequista se forma en lo esencial de todas las dimensiones antes consignadas, y vive la comuni\u00f3n eclesial, al integrarse con catequistas de otras comunidades (cf DGC 249).<\/p>\n<p>b) Escuelas de nivel medio. Las necesidades de la acci\u00f3n catequ\u00e9tica piden la formaci\u00f3n de cuadros intermedios al servicio de la catequesis y de los planes de catequizaci\u00f3n de las comunidades: responsables parroquiales o arciprestales, animadores de los grupos de catequistas, catequistas con una dedicaci\u00f3n m\u00e1s estable a la catequesis, etc. Para proporcionar una preparaci\u00f3n adecuada a estas personas existen las llamadas Escuelas de nivel medio, con un planteamiento m\u00e1s completo y exigente que las escuelas b\u00e1sicas. \u00abPuede ser tambi\u00e9n oportuno&#8230; que la orientaci\u00f3n de estas escuelas est\u00e9 dirigida, m\u00e1s ampliamente, a los responsables de las diversas acciones pastorales, convirti\u00e9ndose en Centros de formaci\u00f3n de agentes de pastoral\u00bb (DGC 250). En este caso suelen articularse las materias formativas en torno a un tronco com\u00fan para todos los agentes de pastoral, y otro espec\u00ed\u00adfico, diversificado, seg\u00fan las distintas \u00e1reas de la pastoral.<br \/>\nc) Centros superiores. Imparten una formaci\u00f3n de car\u00e1cter universitario para sacerdotes, religiosos y laicos que se dedican a la ense\u00f1anza e investigaci\u00f3n catequ\u00e9tica, o que ocupan cargos de responsabilidad en la catequesis, en los \u00e1mbitos diocesano o nacional. \u00abEs muy conveniente en el campo diocesano o interdiocesano tomar conciencia de la necesidad de formar personas en este nivel superior, como se procura hacer para otras actividades eclesiales o para la ense\u00f1anza de otras disciplinas\u00bb (DGC 252).<\/p>\n<p>NOTAS: 1. En algunos pa\u00ed\u00adses europeos y en algunas di\u00f3cesis espa\u00f1olas, concretamente en Madrid, se han realizado ensayos muy positivos en encuentros, escuelas de catequistas, etc. Mar\u00ed\u00ada Navarro recoge en la revista Sinite 116 (1997) 135-139, una experiencia titulada La historia personal en la formaci\u00f3n de catequistas. &#8211; 2. Cf R. GRZONA, La catequesis en Am\u00e9rica latina, Teolog\u00ed\u00ada y catequesis 45-48 (1993) 316. &#8211; 3. Para completar todo lo referente a los aspectos pedag\u00f3gicos remitimos a la voz Pedagog\u00ed\u00ada de Dios. Pedagog\u00ed\u00ada catequ\u00e9tica, y para los aspectos metodol\u00f3gicos a Metodolog\u00ed\u00ada catequ\u00e9tica. &#8211; 4. Cf DELEGACI\u00ed\u201cN DIOCESANA DE CATEQUESIS DE MADRID, El grupo de catequistas y su animador, Cuadernos para la formaci\u00f3n de los catequistas 4, Madrid 1993.<\/p>\n<p>BIBL.: AA.VV., Colecci\u00f3n Catequistas en formaci\u00f3n -14 carpetas-, CCS, Madrid 1983-1987; AA.VV., Colecci\u00f3n Formaci\u00f3n de catequistas -17 carpetas- (dos por publicar), SM, Madrid 1987-1995; AA.VV., El catequista y su formaci\u00f3n, Teolog\u00ed\u00ada y catequesis 3 (n\u00famero monogr\u00e1fico, 1982); AA.VV., El libro del congreso. Congreso de catequistas 2, Actualidad catequ\u00e9tica 127-128 (n\u00famero monogr\u00e1fico sobre la formaci\u00f3n de los catequistas, 1986); AA.VV., Las exigencias de formaci\u00f3n de catequistas en relaci\u00f3n con las nuevas necesidades y con la situaci\u00f3n real de nuestros catequistas, Actualidad catequ\u00e9tica 166-167 (1995) 109-121; ALBERICH E., Catequesis y praxis eclesial, CCS, Madrid 1984; BISSOLI C., Formar catequistas en los a\u00f1os 80, CCS, Madrid 1984; COMISI\u00ed\u201cN EPISCOPAL DE ENSE\u00ed\u2018ANZA Y CATEQUESIS, El catequista y su formaci\u00f3n. Orientaciones pastorales, Edice, Madrid 1985; INSTITUTO INTERNACIONAL DE TEOLOG\u00ed\u008dA A DISTANCIA, Curso de formaci\u00f3n catequ\u00e9tica, Instituto internacional de teolog\u00ed\u00ada a distancia, Madrid 1985-1991; NAVARRO GONZ\u00ed\u0081LEZ M., Formaci\u00f3n de catequistas. \u00ed\u0081rea catequ\u00e9tica, CEVE, Madrid 1986.<\/p>\n<p>Mar\u00ed\u00ada Navarro Gonz\u00e1lez<\/p>\n<p>M. Pedrosa, M. Navarro, R. L\u00e1zaro y J. Sastre, Nuevo Diccionario de Catequ\u00e9tica, San Pablo, Madrid, 1999<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario de Catequ\u00e9tica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>[500] La formaci\u00f3n del catequista depende en parte de lo que se pida de \u00e9l en la comunidad cristiana, de lo que su conciencia profesional le reclame y de los que objetivamente sea conveniente para la fe de los catequizandos. 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