{"id":11299,"date":"2016-02-05T07:54:00","date_gmt":"2016-02-05T12:54:00","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/hombre-nuevo\/"},"modified":"2016-02-05T07:54:00","modified_gmt":"2016-02-05T12:54:00","slug":"hombre-nuevo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/hombre-nuevo\/","title":{"rendered":"HOMBRE NUEVO"},"content":{"rendered":"<p>[270]<\/p>\n<p>    Met\u00e1fora que emplea hasta diez veces San Pablo para definir al cristiano santificado por la gracia y limpiado del pecado por la Sangre redentora del Se\u00f1or Jes\u00fas.<\/p>\n<p>    Los rasgos que propone S. Pablo, en contraposici\u00f3n con el hombre viejo, son los que definen al cristiano y se convierten en ideal de toda educaci\u00f3n cristiana. El hombre nuevo es interior, y no exterior (Rom. 7.22). Es espiritual y no carnal (1 Cor. 2.14). Es fuerte por el Esp\u00ed\u00adritu y no d\u00e9bil por la soberbia (Ef. 3.16). Est\u00e1 revestido de Dios, y no del pecado (Ef. 4.24). Es celestial y no terreno Col 3.9).<\/p>\n<p>Pedro Chico Gonz\u00e1lez, Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00ed\u00ada Religiosa, Editorial Bru\u00f1o, Lima, Per\u00fa 2006<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00eda Religiosa<\/b><\/p>\n<p>SUMARIO: I. El hombre, imagen y semejanza de Dios. II. Concepci\u00f3n b\u00ed\u00adblica del ser humano. III. El hombre carnal y espiritual. IV. Aqu\u00ed\u00ad ten\u00e9is al Hombre (Jn 19,5). V. El \u00absomos\u00bb todos. VI. El camino del hombre nuevo.<\/p>\n<p>Cuando hablamos del hombre nuevo lo hacemos en referencia a un hombre viejo. Este binomio, que alude claramente a una realidad interior del ser humano -pues es obvio que nada tiene que ver con la edad f\u00ed\u00adsica de los individuos (Jn 3,3-8)- nace de la experiencia del pecado y de la gracia forjada, especialmente, en el lenguaje del Nuevo Testamento. Detr\u00e1s de estas expresiones se encuentra, como marco de referencia donde \u00fanicamente puede ser comprendida, la concepci\u00f3n b\u00ed\u00adblica del ser humano, es decir, las formas, los modos como se ve\u00ed\u00adan a s\u00ed\u00ad mismos los hombres y mujeres cuya experiencia religiosa qued\u00f3 plasmada en los escritos de la Biblia. Para acercarnos a ella veremos, en primer lugar, el punto de arranque de su reflexi\u00f3n: la peculiar vinculaci\u00f3n del ser humano (la criatura) con Dios (el creador).<\/p>\n<p>I. El hombre, imagen y semejanza de Dios<br \/>\nEl hombre, que no el var\u00f3n, el ser humano, la persona, adam, que no Adam, fue hecho, seg\u00fan el libro b\u00ed\u00adblico del G\u00e9nesis, a imagen y semejanza de Dios. Comenzamos haciendo esta puntualizaci\u00f3n porque, aunque parezca tan solo un juego de palabras, tiene importantes repercusiones en la comprensi\u00f3n religiosa de la humanidad, y tambi\u00e9n de la divinidad.<\/p>\n<p>\u00ab\u00bfQu\u00e9 es el hombre para que te acuerdes de \u00e9l, el ser humano para que de \u00e9l te preocupes?\u00bb, se pregunta el autor del salmo 8. Los creyentes de todas las religiones descubrimos a Dios como el ser supremo, el absoluto, el creador del universo, y al hombre como una de sus criaturas, la m\u00e1s importante si cabe, pero una criatura al fin y al cabo, que nace, crece en medio de m\u00faltiples penalidades y, finalmente, muere. No obstante, y a pesar de la peque\u00f1ez en la que se desenvuelve la existencia humana, Dios se fija en el hombre, en ese ser desvalido cuyos d\u00ed\u00adas son \u00abcomo la hierba, como la flor del campo as\u00ed\u00ad florece; la azota el viento y deja de existir\u00bb (Sal 103,15-16).<\/p>\n<p>Las personas religiosas, al menos las que integran su espiritualidad en la gran tradici\u00f3n b\u00ed\u00adblica, se descubren queridas y amadas gratuitamente por su creador, a quien reconocen como Padre, y as\u00ed\u00ad se dirigen a \u00e9l. Y lo llaman de este modo porque sienten que de \u00e9l proceden, que su existencia depende absolutamente de \u00e9l y a \u00e9l se asemejan. Los creyentes se sienten hijos de Dios. Esta es la creencia m\u00e1s b\u00e1sica e importante de entre las que van a ir arraigando en la fe israelita y posteriormente en la cristiana. Pero esto no es un logro, una conquista humana; el hombre no se hace semejante a Dios, aunque esto es lo que pretende en m\u00faltiples ocasiones. Sus manos, que parecen alcanzarlo todo, no pueden llegar hasta los cielos de Dios. Tendidas hacia el \u00e1rbol de la vida, s\u00f3lo pudieron arrancar un fruto que result\u00f3 amargo. La humanidad recrecida esperaba que se abrieran sus ojos y ser as\u00ed\u00ad, como Dios, \u00abconocedores del bien y del mal\u00bb (G\u00e9n 3,5); pero s\u00f3lo alcanz\u00f3 a ver que su destino, como el de todas las criaturas, como el de todo lo que no es Dios, es la muerte; y que si se aleja de su creador, no tendr\u00e1 ya un lugar en el para\u00ed\u00adso.<\/p>\n<p>II. Concepci\u00f3n b\u00ed\u00adblica del ser humano<br \/>\nComenz\u00e1bamos diciendo que adam y no Adam fue hecho a imagen y semejanza de Dios. Y lo dec\u00ed\u00adamos as\u00ed\u00ad utilizando el lenguaje que la Biblia nos ofrece al respecto. Adam (con may\u00fascula) es el nombre propio que en G\u00e9n 2 recibe el primer ser humano, var\u00f3n en este caso, aquel que, despu\u00e9s de haber visto a todos los dem\u00e1s seres vivos, descubre \u00fanicamente en Eva a un semejante, y la reconoce como \u00abhueso de mis huesos y carne de mi carne\u00bb (G\u00e9n 23); adam (con min\u00fascula) es, en cambio, el nombre com\u00fan con el que se denomina en hebreo al conjunto de todos los seres humanos, la humanidad entera a la que Dios cre\u00f3 haciendo a unos varones y a otros mujeres, y a la que bendijo y entreg\u00f3 el dominio sobre toda la obra de sus manos con estas palabras: \u00abSed fecundos y multiplicaos, poblad la tierra y sometedla; dominad sobre los peces del mar, las aves del cielo y cuantos animales se mueven sobre la tierra\u00bb (G\u00e9n 1,28).<\/p>\n<p>La primera conclusi\u00f3n que se desprende de esta revelaci\u00f3n b\u00ed\u00adblica, es que la humanidad es una e igual ante la mirada de Dios, porque toda ella fue creada a imagen y semejanza suya. Y la segunda, es que por encima de ella s\u00f3lo se encuentra su Creador; el resto de las criaturas le deben estar sometidas. Y por criaturas no debemos entender solamente los animales y las plantas, sino tambi\u00e9n todo tipo de seres, materiales (bienes, negocios&#8230;) y no materiales (ideolog\u00ed\u00adas, proyectos&#8230;). Nada puede estar por encima del ser humano (del var\u00f3n y de la mujer en absoluta paridad), porque \u00e9l y s\u00f3lo \u00e9l es imagen y semejanza del Creador.<\/p>\n<p>Esto es lo que, como punto de partida, nos revela la palabra de Dios sobre los seres humanos. Pero, para poder comprender bien el alcance de esta revelaci\u00f3n b\u00ed\u00adblica en su conjunto, hay que realizar un ejercicio no siempre f\u00e1cil, pero necesario; un ejercicio que, por otra parte, es comprensible, pues lo hacemos constantemente nosotros cuando queremos distinguir en medio de las voces que nos llegan de nuestro mundo, de nuestra cultura, de nuestras formas de vivir y de comprender las cosas, la voz de Dios que nos ilumina desde la fe. Se trata de discernir, en nuestro caso, entre la revelaci\u00f3n b\u00ed\u00adblica y la cultura de la Biblia, en sus diferentes \u00e9pocas y lugares.<\/p>\n<p>Algo de luz encontramos, en este sentido, si comparamos la comprensi\u00f3n b\u00ed\u00adblica del ser humano con la que ten\u00ed\u00adan las religiones vecinas del Israel de aquella \u00e9poca. En rasgos generales, observamos que, seg\u00fan sus creencias, los dioses de aquellas civilizaciones (Mesopotamia, Egipto y Cana\u00e1n principalmente) hab\u00ed\u00adan creado a los hombres interesadamente, esperando sacar provecho de ellos. Los seres humanos estaban en el mundo para trabajar y contribuir con su esfuerzo al bienestar de los dioses. En la mayor\u00ed\u00ada de los casos, estos dioses se comportaban con sus criaturas de un modo arbitrario, dependiendo de c\u00f3mo estas les agasajasen con sus bienes y ofrendas.<\/p>\n<p>Si comparamos estas creencias con las de Israel, nos damos cuenta de que la experiencia de Dios de los israelitas se alejaba notablemente de la de estos pueblos. Para la Biblia -y a esto le dar\u00ed\u00adamos el calificativo de verdadera revelaci\u00f3n- el ser humano no fue creado por Dios porque lo necesitase, pues Dios es omnipotente, sino por pura gratuidad y generosidad; no lo someti\u00f3 a un trabajo esforzado para vivir \u00e9l confortablemente, ni se comporta con \u00e9l conforme a los dones que, como criatura, pueda ofrecerle. Precisamente lo que reclama el Dios de Israel es la atenci\u00f3n de unos hombres sobre otros, de los poderosos respecto de los desvalidos (cf Is 1,10-17; Miq 6,6-8); pues \u00e9l nada necesita para s\u00ed\u00ad, y si lo necesitase, por \u00e9l mismo lo obtendr\u00ed\u00ada. \u00bfQu\u00e9 puede dar la criatura al Creador?<br \/>\nPero junto a esto, encontramos que Israel, al igual que las culturas de su entorno, cre\u00ed\u00ada que Dios hab\u00ed\u00ada hecho al hombre del barro de la tierra, y que por castigo divino deb\u00ed\u00ada morir; y que la mujer deb\u00ed\u00ada estar sometida al var\u00f3n, y que tras la muerte no le esperaba sino una existencia muy disminuida en la lejan\u00ed\u00ada del Dios de la vida. Estas creencias y otras muchas m\u00e1s est\u00e1n sirviendo de soporte a la verdadera revelaci\u00f3n divina; pero a la luz de la fe, podemos estimarlas como secundarias y prescindibles, pues no formar\u00ed\u00adan parte realmente de la revelaci\u00f3n de Dios, sino de la cultura en la que esta se manifiesta, la cultura hebrea, la cultura general de todo el Pr\u00f3ximo Oriente.<\/p>\n<p>En este contexto tendr\u00ed\u00adamos que situar el conjunto de la comprensi\u00f3n antropol\u00f3gica del Antiguo Testamento, y posteriormente tambi\u00e9n la del Nuevo; como tendr\u00ed\u00adamos que hacer, igualmente, con las diferentes antropolog\u00ed\u00adas cristianas que se han dado a lo largo de la historia, muchas de ellas hoy totalmente desfasadas. Nosotros hemos nacido en una cultura que, heredera del mundo griego, concibe al hombre como un conjunto dual de dos principios, uno negativo y caduco: el cuerpo, y otro positivo e inmortal: el alma. Pero si nos acercamos a los textos b\u00ed\u00adblicos veremos que esto no funciona as\u00ed\u00ad en ellos. En la antropolog\u00ed\u00ada b\u00ed\u00adblica el ser humano no es una dualidad sino una unidad integrada por diversos elementos; de modo que, cuando esta unidad se rompe, el sujeto desaparece.<\/p>\n<p>Los elementos que constituyen la unidad humana son principalmente cuatro: la carne (basar), el aliento vital (nephes), la fuerza divina (ruaj) y la raz\u00f3n, cuya sede principal est\u00e1 en el coraz\u00f3n (leb).<\/p>\n<p>a) Basar se refiere, en general, al soporte material del ser humano, lo que se ve de \u00e9l, su cuerpo; tambi\u00e9n, en un sentido global, la persona en su conjunto. Representa la condici\u00f3n humana en su debilidad y caducidad. Debilidad que hace que la persona quede expuesta al pecado, a la infidelidad, a la desobediencia a su Creador. Esta condici\u00f3n carnal comporta no s\u00f3lo la limitaci\u00f3n f\u00ed\u00adsica sino tambi\u00e9n, y sobre todo, la moral. Dejarse llevar por la carne es abandonarse a los propios impulsos desoyendo la voz de Dios. La carne en s\u00ed\u00ad no es mala, sino simplemente d\u00e9bil, y si no se deja guiar por el Esp\u00ed\u00adritu de Dios, conducir\u00e1 al hombre a la ruina.<br \/>\nb) Nephes es el aliento de vida. Representa a la persona en su condici\u00f3n de ser vivo. El hombre, como el resto de los animales, es un ser vivo porque tiene nephes, aliento, esp\u00ed\u00adritu. \u00abEl Se\u00f1or Dios form\u00f3 al hombre del polvo de la tierra, le insufl\u00f3 en sus narices un h\u00e1lito de vida, y as\u00ed\u00ad el hombre lleg\u00f3 a ser un ser viviente\u00bb (G\u00e9n 2,7). Por eso, cuando alguien muere exhala su \u00faltimo suspiro, y su aliento de vida se escapa, dejando su cuerpo inerte. Es frecuente que en las Biblias se traduzca este t\u00e9rmino por alma, aunque hoy procura evitarse, pues resulta confuso; lo mejor es hacerlo simplemente por vida. La vida que reside en el cuerpo llega un momento en que se va, cuando el hombre deja de respirar y, como cualquier animal, muere.<br \/>\nc) Ruaj es el viento, la fuerza que en manos de Dios es capaz de cambiar las cosas. La creaci\u00f3n surgi\u00f3 mientras \u00abla ruaj de Dios aleteaba sobre las aguas\u00bb (G\u00e9n 1,2); los profetas de Israel levantaron su voz impulsados por la ruaj divina. Es el principio poderoso que, procediendo del mismo Dios, anima con fuerza la existencia humana. Este principio resulta totalmente opuesto a basan As\u00ed\u00ad pues, la persona que se deja guiar por esta ruaj, por el esp\u00ed\u00adritu, ser\u00e1 obediente a la voluntad de Dios, fiel a sus mandatos; y no ser\u00e1 ya un ser carnal (guiado por la carne), sino espiritual (conducido por el esp\u00ed\u00adritu).<\/p>\n<p>d) Leb es el coraz\u00f3n, la sede de los pensamientos. El leb humano convierte a la persona en ser racional. En el coraz\u00f3n se fraguan los pensamientos y los sentimientos, en \u00e9l se toman las decisiones. El hombre espiritual debe abrir su coraz\u00f3n al consejo divino, pues Dios ilumina a sus fieles a tomar las decisiones m\u00e1s id\u00f3neas y les ayuda con su fuerza (ruaj) para llevarlas a cabo.<\/p>\n<p>Estos cuatro elementos integran y configuran al ser humano como una \u00fanica realidad. As\u00ed\u00ad pues, el hombre no tiene un cuerpo, sino que es cuerpo, carne; no tiene vida, sino que es un ser vivo; y as\u00ed\u00ad sucesivamente.<\/p>\n<p>En el contexto cultural del Nuevo Testamento, esta visi\u00f3n unitaria persiste, pero al adoptarse en los escritos sagrados la lengua griega, cambia ahora la terminolog\u00ed\u00ada. As\u00ed\u00ad se hablar\u00e1 de sarx (carne), soma (cuerpo), pneuma (esp\u00ed\u00adritu), nous (mente), etc.<\/p>\n<p>III. El hombre carnal y espiritual<br \/>\nEl ser humano, que es siempre una unidad, est\u00e1, sin embargo, sometido a una doble tensi\u00f3n: una que lo acerca confiadamente hacia su Creador y otra que lo separa de \u00e9l recelosamente. A los ojos de la fe, la segunda fuerza es considerada como negativa y, puesto que el hombre sucumbe a ella por debilidad, se la relacion\u00f3 en los tiempos b\u00ed\u00adblicos con la dimensi\u00f3n carnal del ser humano. La primera, en cambio, es positiva, y se produce cuando la fuerza de Dios (ruaj) logra vencer la debilidad que impone la carne, triunfando entonces la dimensi\u00f3n espiritual.<\/p>\n<p>Con esta tensi\u00f3n, llegamos a la experiencia de la primitiva Iglesia, que proclama que los creyentes reciben en el bautismo la fuerza del Esp\u00ed\u00adritu Santo para renacer a una vida nueva. Y esta vida nueva est\u00e1 caracterizada por la muerte, no f\u00ed\u00adsica aunque s\u00ed\u00ad real, del hombre carnal, el hombre viejo que habita en cada uno de nosotros, y el nacimiento, igualmente real, de un hombre nuevo en Cristo.<\/p>\n<p>El hombre viejo estaba guiado por las fuerzas de la carne, cuyas obras son, seg\u00fan san Pablo: \u00ablujuria, impureza, desenfreno, idolatr\u00ed\u00ada, supersticiones, enemistades, disputas, celos, iras, litigios, divisiones, partidismos, envidias, homicidios, borracheras, comilonas y cosas semejantes\u00bb (G\u00e1l 5,19-21). El hombre nuevo, en cambio, se deja guiar por el Esp\u00ed\u00adritu, y sus obras son: \u00abamor, alegr\u00ed\u00ada, paz, generosidad, benignidad, bondad, fe, mansedumbre y dominio de s\u00ed\u00ad mismo\u00bb (G\u00e1l 5,22-23). Al hombre viejo hay que someterlo a la ley; sin embargo, al hombre espiritual no, porque el Esp\u00ed\u00adritu supera a la ley, va m\u00e1s all\u00e1 en sus exigencias. Y este hombre nuevo es fruto de la gracia, del don del Esp\u00ed\u00adritu, cuyo modelo y referencia es y ser\u00e1 \u00fanicamente Jesucristo, el Hijo de Dios, el nuevo Ad\u00e1n, la verdadera imagen y semejanza del Padre. En \u00e9l, seg\u00fan la revelaci\u00f3n neotestamentaria, todos seremos criaturas nuevas.<\/p>\n<p>IV. Aqu\u00ed\u00ad ten\u00e9is al Hombre (Jn 19,5)<br \/>\nHombre nuevo es una categor\u00ed\u00ada referida a Cristo y que, por l\u00f3gica de gracia, se aplica igualmente a sus seguidores. Una categor\u00ed\u00ada central y ambiciosa: con ella se identifica tanto a Jes\u00fas como al cristiano. Por eso resulta important\u00ed\u00adsima en la catequesis, como punto de partida -gracia con que se nos agracia- y como punto de llegada de nuestro compromiso vocacional cristiano. Gracia que, en nuestro caso, tiene una dimensi\u00f3n esencial de purificaci\u00f3n, de liberaci\u00f3n de tantas esclavitudes que gravan al hombre viejo, en el extremo dial\u00e9ctico y de lucha contra el hombre nuevo, y que nos ayudar\u00e1, por contraste, a entender mejor su significado.<\/p>\n<p>Jes\u00fas es el Hombre nuevo, la revelaci\u00f3n espl\u00e9ndida, definitiva, \u00faltima, que culmina el proceso de revelaci\u00f3n-donaci\u00f3n de Dios, y que inaugura una \u00abnueva creaci\u00f3n\u00bb (G\u00e1l 6,15; 2Cor 5,17), avanzada prof\u00e9ticamente por Isa\u00ed\u00adas (41,20; 45,8), \u00abalianza nueva\u00bb proclamada por Jerem\u00ed\u00adas (31,31-34), que comporta \u00abun coraz\u00f3n nuevo\u00bb, como dice Ezequiel (36,26). Jes\u00fas, nuevo Ad\u00e1n, imagen del Dios invisible, Cabeza de la nueva humanidad, \u00abesp\u00ed\u00adritu que da vida\u00bb (ICor 15,45), por oposici\u00f3n al hombre viejo, heredado del primer Ad\u00e1n, que \u00abha sido crucificado con \u00e9l [con Cristo]\u00bb, destruyendo su dominio, y haciendo que sobreabunde la gracia (Rom 5,20). En \u00e9l aparece y se establece en la historia de la humanidad el dominio de la vida, \u00abel hombre que Dios hab\u00ed\u00ada querido desde toda la eternidad\u00bb (L. Boff). Jes\u00fas inicia \u00abel camino nuevo\u00bb (Heb 10,19-20), establece la \u00abnueva alianza\u00bb (Lc 22,20; 1Cor 11,25), escrita en los corazones (2Cor 3,3), que implica \u00abvino nuevo y nuevos odres\u00bb (Mt 9,16-17), y que conduce a la \u00abnueva Jerusal\u00e9n\u00bb (Ap 3,12; 21,2), \u00abmorada de Dios con los hombres\u00bb (21,3), en la que se cantar\u00e1 \u00abun c\u00e1ntico nuevo\u00bb (5,9; 14,3), y en donde verdaderamente se realizar\u00e1 el mundo nuevo anunciado: \u00abAhora hago nuevas todas las cosas\u00bb (Ap 21,5).<\/p>\n<p>Jes\u00fas, Hombre nuevo, el que, en palabras de san Juan de la Cruz, \u00abnunca tom\u00f3 por s\u00ed\u00ad\u00bb (Camino, 35, 3), el que \u00abno hizo caso de s\u00ed\u00ad\u00bb (Subida III, 23, 2); o de santa Teresa: \u00abel Crucificado\u00bb: \u00abesclavo de Dios&#8230; y de todo el mundo\u00bb (Moradas VII, 4, 8); Hombre de comuni\u00f3n y de reconciliaci\u00f3n entre Dios y la humanidad (cf 2Cor 5,18-19; Col 1,20-22), abierto totalmente a su Padre y a sus hermanos los hombres, en quien se nos ha manifestado en todo su esplendor el amor inefable de Dios como entrega de s\u00ed\u00ad mismo hasta morir \u00abpara que tuvi\u00e9ramos vida abundante\u00bb. \u00abSi el ser-para es la ontolog\u00ed\u00ada misma de Jes\u00fas&#8230;, y no la nueva descripci\u00f3n de una bondad \u00e9tica o psicol\u00f3gica, entonces se comprende que su ser humano es un ser para los dem\u00e1s\u00bb (J. I. Gonz\u00e1lez Faus). As\u00ed\u00ad elimina Jes\u00fas toda divisi\u00f3n, derriba los muros de separaci\u00f3n (Ef 2,14), crea un hombre nuevo, universal. El Padre \u00abrecapitul\u00f3 por Cristo todas las cosas\u00bb (Ef 1,10). La recapitulaci\u00f3n consiste en crear un Hombre nuevo, introducirlo todo en el \u00e1mbito de esa Humanidad nueva y dar el Hombre nuevo a la Iglesia.<\/p>\n<p>V. El \u00absomos\u00bb todos<br \/>\nJes\u00fas es la definici\u00f3n cumplida del hombre. Nos recuerda la Gaudium et spes, del Vaticano II, que nuestro misterio s\u00f3lo se esclarece en Jes\u00fas (GS 22), que \u00e9l es luz y fuerza para responder a nuestra vocaci\u00f3n (GS 10), revelador del mandamiento nuevo del amor como fuerza transformadora del mundo (GS 38). Jes\u00fas nos ha introducido en el estado definitivo de hijos, libres, en el Reino de la luz. En \u00e9l somos \u00abhombre nuevo\u00bb, \u00abcriatura nueva\u00bb (G\u00e1l 6,15; 2Cor 5,17), \u00abun solo hombre nuevo\u00bb (Ef 2,15); en y por Cristo \u00abpas\u00f3 lo viejo\u00bb y \u00abtodo es nuevo\u00bb (2Cor 5,17). \u00abSomos \u00e1zimos&#8230; de pureza y verdad\u00bb (1Cor 5,7-8).<\/p>\n<p>Somos hijos en el Hijo, y no menos que el Hijo, aunque por diferente t\u00ed\u00adtulo: por esencia \u00e9l, nosotros por gracia. Pero en \u00e9l y en nosotros Dios pone \u00abel mismo amor\u00bb, \u00ablos mismos bienes\u00bb, como escribe con fuerza Juan de la Cruz (C\u00e1ntico 39, 5-6).<\/p>\n<p>Esta m\u00ed\u00adnima referencia al ser nuevo, libre, de hijo, gracia y don, se justifica ahora solamente para argumentar que siendo, podemos obrar, activar ese ser nuevo, asumirlo consciente y responsablemente, con libertad, hasta el despliegue de todas sus potencialidades. Hablando Juan de la Cruz de la m\u00e1xima realizaci\u00f3n posible de esta condici\u00f3n nueva, que \u00e9l llama, ateni\u00e9ndose a la tradici\u00f3n b\u00ed\u00adblica y eclesial, matrimonio espiritual, distingue muy bien \u00abel que se hizo en la cruz\u00bb, \u00abque se hizo de una vez\u00bb, \u00abal paso de Dios\u00bb, del que se hace \u00abpor v\u00ed\u00ada de perfecci\u00f3n\u00bb, que no se hace sino \u00abpoco a poco\u00bb, \u00abal paso del alma\u00bb (C\u00e1ntico 23, 6).<\/p>\n<p>Del enunciado de lo que somos arranca el imperativo vocacional de ir siendo \u00abal paso del alma\u00bb lo que somos: \u00abCristo nos ha liberado para que seamos hombres libres; permaneced firmes\u00bb (G\u00e1l 5,1); \u00abobrad como hombres libres\u00bb (1Pe 2,16); porque \u00absomos \u00e1zimos\u00bb, \u00abcelebremos la fiesta, no con levadura vieja, con levadura de malicia y de maldad, sino con panes sin levadura, panes de sinceridad y de verdad\u00bb (1Cor 5,8); puesto que, por el bautismo, \u00abos hab\u00e9is revestido de Cristo\u00bb (G\u00e1l 3,27), \u00abrevest\u00ed\u00ados de Jesucristo y no os preocup\u00e9is de la carne\u00bb (Rom 13,14; Ef 2,24). Hombres nuevos en el Hombre nuevo. Hombres nuevos por gracia, hombres nuevos que asumen din\u00e1micamente la gracia de serlo, de acuerdo con su condici\u00f3n de criaturas libres. Simone Weil capt\u00f3 y expres\u00f3 bien la din\u00e1mica de la revelaci\u00f3n cristiana, de la antropolog\u00ed\u00ada en general: \u00abLa grandeza del hombre est\u00e1 siempre en el hecho de recrear su vida. Recrear lo que le ha sido dado. Fraguar aquello mismo que padece\u00bb.<\/p>\n<p>VI. El camino del hombre nuevo<br \/>\nSomos y se nos apremia a ser hombres nuevos, a fraguar el nuevo ser que se nos da, creados en Cristo y llamados a recrearnos. En la situaci\u00f3n hist\u00f3rica que vivimos, el camino del hombre nuevo es necesariamente un camino de purificaci\u00f3n, de liberaci\u00f3n de todo lo que grava su propio ser y se opone a que sea. A la vez que, por la muerte y resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas, nacimos hombre nuevo, tambi\u00e9n el hombre viejo \u00abfue crucificado con \u00e9l\u00bb (Rom 6,6), muri\u00f3. Y, sin embargo, el ap\u00f3stol nos exhorta a despojarnos de nuestra \u00abvida pasada, del hombre viejo, corrompido por las concupiscencias enga\u00f1osas\u00bb (Ef 4,22). A despojarnos \u00abdel hombre viejo con sus obras\u00bb (Col 3,9).<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 significa el ap\u00f3stol con la expresi\u00f3n \u00abhombre viejo\u00bb, \u00abhombre carnal\u00bb, \u00abque vive seg\u00fan lo humano\u00bb (lCor 3,3), o lleva una existencia seg\u00fan la carne? (Rom 7,5). Pues lo opuesto al hombre nuevo, al que vive seg\u00fan el Esp\u00ed\u00adritu, que es lo que caracteriza la nueva humanidad nacida de la obra salv\u00ed\u00adfica de Jes\u00fas. Por tanto, hombre viejo, hombre carnal, significa gen\u00e9ricamente el que vive seg\u00fan el orden de la naturaleza, tambi\u00e9n seg\u00fan los criterios religiosos vigentes antes de la venida de Jes\u00fas. As\u00ed\u00ad Pablo puede confesar que, una vez conocido Cristo, todo lo anterior lo \u00abtiene por basura\u00bb y \u00abp\u00e9rdida\u00bb (Flp 3,7-8). Hombre viejo es una forma de ser y comportarse, de relacionarse con todo, Dios y las criaturas, no seg\u00fan la verdad ni en libertad, sino posesivamente.<\/p>\n<p>Juan de la Cruz evoca con relativa frecuencia esta caracterizaci\u00f3n dual del hombre, entendi\u00e9ndola en extensi\u00f3n y profundidad as\u00ed\u00ad: \u00abhombre viejo, que es la habilidad del ser natural\u00bb, que, por el cambio operado por la purificaci\u00f3n, se viste \u00abde nueva habilidad sobrenatural seg\u00fan todas sus potencias\u00bb (Subida I, 5, 7). \u00abTodas las fuerzas y afectos del alma, por medio de esta noche y purgaci\u00f3n del hombre viejo, todas se renuevan en temples y deleites divinos\u00bb (Noche II, 4, 2). Afirma reiteradamente que tenemos que purificarnos o liberarnos \u00abde todo lo que no es Dios\u00bb, porque lo que no es Dios en nosotros atenta contra nuestra condici\u00f3n personal, nos degrada. Tambi\u00e9n de las im\u00e1genes que hemos fabricado de Dios, los \u00ed\u00addolos que se convierten en nuestros carceleros: un Dios recreador y liberador de la persona, y no un Dios que act\u00faa, por miedo o celos, contra la persona que \u00e9l cre\u00f3 libre y que, por su Hijo, nos restableci\u00f3 en la libertad asombrosa de hijos: \u00abPara ser libres nos libert\u00f3 Cristo\u00bb: \u00abllamados a la libertad\u00bb, que es servirnos \u00abpor amor los unos a los otros\u00bb (G\u00e1l 5,1.13). Llamada que nos capacita para ser sus \u00abhijos adoptivos\u00bb (Rom 8,15).<\/p>\n<p>Desde esta perspectiva cristiana podemos dar la vuelta a la afirmaci\u00f3n de Sartre -\u00absi Dios existe, el hombre no puede ser libre\u00bb-, diciendo que s\u00f3lo porque Dios existe podemos vivir en libertad.<\/p>\n<p>El Vaticano II afirm\u00f3: \u00abLa verdadera libertad es signo eminente de la imagen divina en el hombre\u00bb (GS 17). \u00abEl reconocimiento de Dios no se opone en modo alguno a la dignidad humana, ya que esta dignidad tiene en el mismo Dios su fundamento y perfecci\u00f3n. Es Dios creador quien constituye al hombre inteligente y libre en la sociedad\u00bb (GS 21). Libertad que, por estar herida, cautiva, necesita ser liberada.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n se\u00f1al\u00f3 el Concilio: \u00abEl hombre logra esta dignidad cuando, liberado totalmente de la cautividad de las pasiones, tiende a su fin con la libre elecci\u00f3n del bien y procura medios adecuados para ello, con eficacia y esfuerzo crecientes\u00bb. A\u00f1adiendo inmediatamente: \u00abLa libertad humana, herida por el pecado, para dar la m\u00e1xima eficacia a esta ordenaci\u00f3n a Dios, ha de apoyarse necesariamente en la gracia de Dios\u00bb (GS 17). La libertad, de este modo, pasa a ser un elemento configurador del hombre nuevo, tanto en su constituci\u00f3n de gracia como en el resultado del proceso en el que debe implicarse con eficacia y esfuerzo crecientes.<\/p>\n<p>Dios libera al hombre por las virtudes teologales \u00abdel moverse por la propia preocupaci\u00f3n moral sobre s\u00ed\u00ad mismo, movi\u00e9ndole por esa esperanza a la que abre la fe, y ese Amor por el que se encuentra llamado a la fe\u00bb (J. I. Gonz\u00e1lez Faus). Son las virtudes teologales, seg\u00fan la doctrina sanjuanista, las que \u00abtienen por oficio apartar al alma de todo lo que es menos que Dios\u00bb y, \u00abconsiguientemente, de juntarla con Dios\u00bb (Noche II, 21, 11). En el fondo se trata de liberarse de todo lo que nos impide amar, de cuanto no nos permite entrar en Dios o estar con \u00e9l, ser lo que por vocaci\u00f3n somos y que san Juan de la Cruz cant\u00f3 en un verso de plenitud existencial: \u00abque ya s\u00f3lo en amar es mi ejercicio\u00bb. Existencia amorizada, en la que \u00abno desechando nada del hombre ni excluyendo cosa suya de este amor, dice: Amar\u00e1s a tu Dios con todo tu coraz\u00f3n&#8230;\u00bb (Noche II, 11, 4). Existencia mudada \u00aben una nueva manera de vida\u00bb, \u00abaniquilada [el alma] de todo lo viejo\u00bb y renovada \u00aben nuevo hombre\u00bb (C\u00e1ntico 26, 17).<\/p>\n<p>A nadie se le oculta que el camino y la llegada a esta existencia amorizada requiere una implicaci\u00f3n, presencia agente del Se\u00f1or de la historia, que s\u00f3lo por \u00e9l es salv\u00ed\u00adfica, personal y comunitariamente considerada. La persona no puede hacer ese camino, ni acariciar esa meta; \u00abno atina por s\u00ed\u00ad sola -como dice el doctor m\u00ed\u00adstico- a vaciarse de todos los apetitos para venir a Dios\u00bb (Subida I, 1, 5). Enuncia un principio entre la pregunta del lector y la respuesta del autor, al hilo de lo que viene diciendo de la purificaci\u00f3n total y radical que se requiere para la divina uni\u00f3n: \u00abDir\u00e1s que&#8230; despedir lo natural con habilidad natural, que no puede ser&#8230;\u00bb. Responde: \u00aby por hablar la verdad, con natural habilidad s\u00f3lo es imposible\u00bb (Subida III, 2, 13). Necesariamente Dios se implica y act\u00faa m\u00e1s todav\u00ed\u00ada que en la creaci\u00f3n primera, y por el mismo movente: su amor comunicativo.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n aqu\u00ed\u00ad la palabra de Juan de la Cruz, en su enunciaci\u00f3n conclusiva o de principio, nos evita entrar en un discurso en s\u00ed\u00ad mismo, y en sus derivaciones, apasionante. Escribe: \u00abPor lo dicho se ver\u00e1 cu\u00e1nto m\u00e1s hace Dios en limpiar y purgar una alma de estas contrariedades que en criarla de la nada. Porque estas contrariedades de afectos y apetitos contrarios, m\u00e1s opuestas y resistentes son a Dios que la nada, porque esta no resiste\u00bb (Subida 1, 6, 4).<\/p>\n<p>Aun en el caso de que la persona se empe\u00f1e bien y con generosidad, dir\u00e1 el santo, \u00abno puede ella activamente de manera que est\u00e9 dispuesta en la menor parte para la divina uni\u00f3n de perfecci\u00f3n de amor, si Dios no toma la mano y la purga en aquel fuego oscuro para ella\u00bb (Noche I, 3, 7). \u00abLos h\u00e1bitos imperfectos\u00bb est\u00e1n \u00abmuy arraigados en la sustancia del alma\u00bb, o esta \u00abest\u00e1 ennaturalizada en estas pasiones e imperfecciones\u00bb del \u00abhombre viejo\u00bb (Noche II, 6, 5), como para que la asc\u00e9tica de la persona pueda llegar a ellos y desarraigarlos. S\u00f3lo la acci\u00f3n recreadora y renovadora de Dios puede \u00ablimpiarla y curarla con esta fuerte lej\u00ed\u00ada\u00bb (Noche JI, 13, 11) de su gracia, como s\u00f3lo el fuego puede curar al le\u00f1o verde de sus humores y \u00abhacerle llorar el agua que en s\u00ed\u00ad tiene\u00bb, antes de \u00abtransformarle en s\u00ed\u00ad y ponerle tan hermoso como el mismo madero\u00bb (Noche II, 10, 1). En t\u00e9rminos directos, expl\u00ed\u00adcitos, se trata de purificar a la persona de \u00abtodo lo que no es Dios\u00bb, para que pueda participar de \u00ablas propiedades de Dios\u00bb (C\u00e1ntico 24, 4) hasta el punto de que \u00abparece Dios\u00bb (C\u00e1ntico 22, 5), tambi\u00e9n en la novedad esplendente, constitutiva de Dios: \u00ab\u00ed\u00adnsulas extra\u00f1as\u00bb, Dios \u00abs\u00f3lo para s\u00ed\u00ad no es extra\u00f1o ni tampoco para s\u00ed\u00ad es nuevo\u00bb (C\u00e1ntico 14, 8).<\/p>\n<p>Hombre nuevo, hijo y hermano, hombre reconciliado y reconciliador, hombre comunitario y solidario, creador de una \u00abnueva humanidad\u00bb (GS 30), agente de \u00abun nuevo humanismo, en el que el hombre queda definido principalmente por la responsabilidad hacia sus hermanos y ante la historia\u00bb (GS 55).<\/p>\n<p>Hombre de libertad y canto, como experiment\u00f3 y confes\u00f3 san Juan de la Cruz, en la c\u00faspide del proceso de hominizaci\u00f3n: \u00abAs\u00ed\u00ad en esta actual comunicaci\u00f3n y transformaci\u00f3n de amor&#8230;, siente nueva primavera en libertad y anchura y alegr\u00ed\u00ada de esp\u00ed\u00adritu\u00bb (C\u00e1ntico 39, 8). \u00abEn este estado de vida tan perfecta, siempre el alma anda interior y exteriormente como de fiesta y trae con frecuencia en el paladar de su esp\u00ed\u00adritu un j\u00fabilo de Dios grande, como un cantar nuevo, siempre nuevo&#8230;, anda com\u00fanmente cantando a Dios en su esp\u00ed\u00adritu\u00bb (Llama 2, 36).<\/p>\n<p>Novedad escondida, tamizada por la corporalidad, por la no del todo opaca condici\u00f3n terrestre, pues estas personas \u00abtraen en s\u00ed\u00ad un no s\u00e9 qu\u00e9 de grandeza y dignidad, que causa detenimiento o respeto a los dem\u00e1s, por el efecto sobrenatural que se difunde en el sujeto de la pr\u00f3xima y familiar comunicaci\u00f3n con Dios\u00bb (C\u00e1ntico 17, 7). Presencia real que nos hace sentir el misterio y gozar de sus efluvios, tierra de promesa para todos.<\/p>\n<p>BIBL.: ALFARO J., Cristolog\u00ed\u00ada y antropolog\u00ed\u00ada, Cristiandad, Madrid 1973; BERLIN I., Cuatro ensayos sobre la libertad, Alianza, Madrid 1988; BOFE L., La realizaci\u00f3n de una utop\u00ed\u00ada: Jes\u00fas el hombre nuevo, Misi\u00f3n abierta (6.11.1977) 42-48; Jes\u00fas, hombre libre, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1974; CAMPANINI G., Libertad cristiana, en DE FLORES S.-GOFFI T. (dirs.), Nuevo diccionario de espiritualidad, San Pablo, Madrid 1991\u00c2\u00b0; GIRARDI G., Educar cristianamente para un hombre nuevo, Misi\u00f3n abierta (6.11.1977) 29-34; GOFFI T.-SECONDIN B. (eds.), Problemas y perspectivas de espiritualidad, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1986, especialmente Ruiz F., Hacerse personalmente adultos en Cristo, 295-321 y VILLAR E., Hombre viejo-hombre nuevo en la dial\u00e9ctica del plan divino, 35-41; GONZ\u00ed\u0081LEZ FAUS J. 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Pablo, en contraposici\u00f3n con el hombre viejo, son los que definen al cristiano y se convierten en ideal de toda educaci\u00f3n cristiana. &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/hombre-nuevo\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abHOMBRE NUEVO\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-11299","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/11299","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=11299"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/11299\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=11299"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=11299"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=11299"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}