{"id":11306,"date":"2016-02-05T07:54:14","date_gmt":"2016-02-05T12:54:14","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/hominizacion\/"},"modified":"2016-02-05T07:54:14","modified_gmt":"2016-02-05T12:54:14","slug":"hominizacion","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/hominizacion\/","title":{"rendered":"HOMINIZACION"},"content":{"rendered":"<p>[270]<\/p>\n<p>     Proceso de convertirse los seres vivos en hombres mediante una evoluci\u00f3n que dur\u00f3 varios millones de a\u00f1os y a\u00fan sigue.<\/p>\n<p>Pedro Chico Gonz\u00e1lez, Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00ed\u00ada Religiosa, Editorial Bru\u00f1o, Lima, Per\u00fa 2006<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00eda Religiosa<\/b><\/p>\n<p>En biolog\u00ed\u00ada este t\u00e9rmino indica el proceso a trav\u00e9s del cual se fue formando el hombre a partir de la etapa de los \u00abprimates\u00bb. es el paso de la etapa pre-humana (prehom\u00ed\u00adnidos) a la propiamente humana. Esta \u00faltima se caracteriza por la posici\u00f3n erecta, por el volumen del cr\u00e1neo y de la masa cerebral y por la capacidad de hablar, de decidir, de transformar el ambiente.<\/p>\n<p>En una perspectiva evolucionista este proceso, aunque no puede describirse en t\u00e9rminos precisos, resulta evidente: su resultado, el ser humano, se diferencia sin duda cualitativamente de sus \u00bb parientes pr\u00f3ximos \u00bb (los primates), pero conserva siempre muchos elementos en com\u00fan con ellos, que sirven para atestiguar permanentemente &#8216;una relaci\u00f3n de derivaci\u00f3n del hombre a partir de los primates.<\/p>\n<p>Esta perspectiva no parece conciliarse f\u00e1cilmente con la fe en Dios creador, bien sea en relaci\u00f3n con el testimonio b\u00ed\u00adblico, bien en relaci\u00f3n con la ense\u00f1anza del Magisterio eclesial. La Biblia se refiere en sus relatos de creaci\u00f3n a una intervenci\u00f3n especial de Dios en el nacimiento del hombre; \u00e9ste es plasmado de la tierra (Gn 2,7), o bien inmediatamente despu\u00e9s de los animales (Gn 1,25-27); de todas formas, aparece con claridad la acci\u00f3n personal y expresa del Creador para dar origen a la identidad singular de la criatura humana. Todo lo m\u00e1s se debe admitir que la Biblia \u00abpermite pensar en una combinaci\u00f3n entre la acci\u00f3n creadora de Dios y los procesos naturales\u00bb (A. Ganoczy).<\/p>\n<p>El Magisterio, en el pasado. afirm\u00f3 en varias ocasiones que se da una creaci\u00f3n directa del alma individual por parte de Dios (DS 360ss; 1007. 2135). En tiempos recientes, p\u00ed\u00ado XII, en la enc\u00ed\u00adclica Humani generis (l 950) , afirm\u00f3 que, aunque no est\u00e1 prohibido explicar \u00abel origen del cuerpo humano de una materia ya viva y existente \u00bb (DS 3896) utilizando la hip\u00f3tesis del evolucionismo, hay . que mantener por fe que el alma ha sido creada directamente por Dios. Afirmaciones semejantes aparecen tambi\u00e9n en las ense\u00f1anzas de Juan Pablo II.<\/p>\n<p>La teolog\u00ed\u00ada contempor\u00e1nea tiende a superar la clara divisi\u00f3n entre la hominizaci\u00f3n filogen\u00e9tica (relativa al origen de la especie humana) y la hominizaci\u00f3n ontogen\u00e9tica (relatiz,la al origen del alma individual), insistiendo en la unidad del ser humano y en su peculiaridad respecto a los dem\u00e1s seres creados; estos dos aspectos del hombre se consideran por un lado como el resultado de un proceso regulado por leyes naturales aut\u00f3nomas establecidas por Dios mismo, y por otro lado como efecto de una especial presencia y . acci\u00f3n de Dios, que no s\u00f3lo sostiene el proceso evolutivo desde dentro, sino que es el autor del \u00absalto cualitativo del ser animado prehumano al hombre \u00bb (A. Ganoczy). Todo lo que el hombre es y cuanto tiene como ser singular entre los otros seres, como criatura llamada a la comuni\u00f3n con Dios, destinada gratuitamente a la visi\u00f3n de Dios, es puro don \u00abque viene de arriba, de Dios\u00bb y no s\u00f3lo fruto de \u00abla tierra&#8217; o de \u00abla carne y la sangre\u00bb.<br \/>\nG. M Salvati<\/p>\n<p>Bibl.: K. Rahner &#8211; P Overhage, El problema de la hominizaci\u00f3n, Cristiandad, Madrid 1973; \u00ed\u00add., Hominizaci\u00f3n, en SM, III, 534546; A. Haas, Origen de la vida del hombre, Ed. Cat\u00f3lica, Madrid 1963; H, Haag, S, Haas, A, Hurzeler, Evoluci\u00f3n y Biblia, Herder Barcelona 1965; J L, Ruiz de la Pe\u00f1a, Imagen de Dios, Sal Terrae, Santander 1988, 249-280.<\/p>\n<p>PACOMIO, Luciano [et al.], Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico, Verbo Divino, Navarra, 1995<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico<\/b><\/p>\n<p>I. Ciencias naturales<br \/>\nCon la palabra h. designan los bi\u00f3logos el proceso filogen\u00e9tico por el que el hombre surgi\u00f3 mediante una continua transformaci\u00f3n de un supuesto grupo de primates en la era terciaria. Ese proceso se da por una parte en el aspecto som\u00e1tico: actitud erecta, extremidades anteriores libres, gran capacidad craneal, masa encef\u00e1lica altamente evolucionada y reducido esqueleto facial. Por otra parte ese proceso se da tambi\u00e9n en la dimensi\u00f3n ps\u00ed\u00adquica, es decir, en el comportamiento revelador de la impronta del esp\u00ed\u00adritu: pensamiento, lenguaje, libertad para decidirse, instituciones sociales, cultura. El estudio de la h. no versa \u00fanicamente sobre la derivaci\u00f3n del tipo morfol\u00f3gico humano a partir de determinados primates anteriores en el tiempo, deducida a base de la comparaci\u00f3n entre estructuras som\u00e1ticas y modos de comportamiento ps\u00ed\u00adquico semejantes, sino tambi\u00e9n sobre los factores naturales que ejercieron un influjo causal. El problema de la h. surgi\u00f3 con toda su gravedad cuando adquiri\u00f3 consistencia la idea de una -> evoluci\u00f3n de los organismos, particularmente desde Darwin. Desde entonces se ha puesto el m\u00e1s vivo empe\u00f1o en investigar con todos los medios cient\u00ed\u00adficos el punto de partida y el principio hist\u00f3rico-biol\u00f3gico del hombre.<\/p>\n<p>Como quiera que el hombre presenta indudablemente una estructura externa de mam\u00ed\u00adfero emparentada con la de los primates superiores, y en particular con los monos antropoides, durante mucho tiempo se redujo la cuesti\u00f3n del origen del hombre al aspecto zool\u00f3gico (morfol\u00f3gico-anat\u00f3mico), consider\u00e1ndolo sencillamente como una de tantas especies zool\u00f3gicas. Sin embargo, la h. no se reduce a la g\u00e9nesis de una especie m\u00e1s compleja de mam\u00ed\u00adferos. Aun despu\u00e9s de investigar el origen de este parentesco, universalmente admitido, y de hallar ciertas formas morfol\u00f3gicamente intermedias de primates, atestiguadas por f\u00f3siles, especialmente de los australopitecos del temprano per\u00ed\u00adodo glacial; subsiste todav\u00ed\u00ada el problema crucial, es decir, el de la g\u00e9nesis de un tipo de vida completamente nuevo, con lenguaje y comportamiento espiritual, el cual, por su historicidad y por el dominio totalmente nuevo de la existencia mediante una cultura, descuella considerablemente por encima de todo lo animal. Entre tanto, incluso en la biolog\u00ed\u00ada se ha hecho viva la conciencia de todo lo que hay de prodigioso y singular en lo humano. Se reconoci\u00f3 pronto la magnitud y dificultad de la misi\u00f3n que se plantea a una teor\u00ed\u00ada causal de h., en la que se incluye actualmente la investigaci\u00f3n cient\u00ed\u00adfica entre el hombre y el animal, como, en general, la b\u00fasqueda y el descubrimiento de semejanzas y coincidencias en lo morfol\u00f3gico y sobre todo en el comportamiento, no significa todav\u00ed\u00ada una biologizaci\u00f3n del tipo humano, sino un simple intento de captar un mundo de estructuras org\u00e1nicas y de modos de comportamiento com\u00fan al hombre y al animal. Por ese procedimiento no s\u00f3lo se pone de manifiesto qu\u00e9 caracter\u00ed\u00adsticas som\u00e1ticas y ps\u00ed\u00adquicas del hombre (sobre todo en las amplias bases instintivas de su vida ps\u00ed\u00adquica) se pueden comparar con las del animal o incluso derivar de ellas, sino tambi\u00e9n cu\u00e1les se resisten a esa derivaci\u00f3n. Lo espiritual del comportamiento queda, por decirlo as\u00ed\u00ad, limitado por la comprobaci\u00f3n de todos los influjos provenientes de los elementos f\u00ed\u00adsicos y animales. De ese modo se precisa qu\u00e9 energ\u00ed\u00ada evolutiva y qu\u00e9 dinamismo causal poseen los organismos como causas segundas, para no hacer intervenir demasiado pronto o innecesariamente en la explicaci\u00f3n causal a factores no naturales o incluso a la misma causa primera.<\/p>\n<p>Durante decenios se ha llevado a cabo y elaborado intelectualmente con el m\u00e1ximo esfuerzo y perseverancia una cantidad incalculable de laboriosas investigaciones biol\u00f3gicas en los diferentes sectores (paleontolog\u00ed\u00ada, paleoantropolog\u00ed\u00ada, primatolog\u00ed\u00ada, anatom\u00ed\u00ada, morfolog\u00ed\u00ada, fisiolog\u00ed\u00ada, gen\u00e9tica y estudio del comportamiento), para buscar un acceso al hecho oscuro de la h., situado a enorme distancia en el tiempo y en un crep\u00fasculo apenas penetrable. Entre los resultados y conocimientos m\u00e1s importantes logrados hasta ahora se pueden resaltar los siguientes.<\/p>\n<p>1. Comienzan a esfumarse las l\u00ed\u00adneas morfol\u00f3gicas divisorias entre el hombre y ciertos primates atestiguados por los f\u00f3siles conocidos. Desde el descubrimiento de los australopit\u00e9cidos de \u00ed\u0081frica meridional y oriental (Australopithecus, Paranthropus, Zinjanthropus), seres de actitud erecta, con extremidades anteriores libres, con dentadura hom\u00ed\u00adnida, pero con peque\u00f1o cerebro y prominente esqueleto facial, y una vez descubierto el Homo habilis de la sima de Oldovay, se va perdiendo la esperanza de hallar en la esfera de lo puramente morfol\u00f3gico un criterio decisivo para la distinci\u00f3n entre animal y hombre. La multiplicaci\u00f3n de hallazgos f\u00f3siles hace tambi\u00e9n improbable que la capacidad craneal o el volumen encef\u00e1lico permitan trazar un amplio Rubicon c\u00e9r\u00e9brale. El cerebro del Homo erectus de Java mide 775-815 cm3; el del Homo habilis 680-700 cm3 y el de los Australopit\u00e9cidos: 480-530 cm3. Seg\u00fan parece, lo espiritual no se traduce en la morfol\u00f3gico de tal modo que en cada caso las ciencias naturales puedan demostrar emp\u00ed\u00adricamente que una determinada estructura es humana.<\/p>\n<p>2. En los modos de comportamiento de los animales, en particular de los primates, se descubren muchos rasgos que se hallan tambi\u00e9n en el hombre y dependen de la constituci\u00f3n general de los mam\u00ed\u00adferos, con determinadas posibilidades ps\u00ed\u00adquicas. As\u00ed\u00ad p. ej., se puede establecer un tipo com\u00fan de forma de vida, por raz\u00f3n de su com\u00fan estructura neurofisiol\u00f3gica, aunque en las diversas clases de vertebrados se ha modificado adoptando modalidades diferentes. Estas \u00abviejas propiedades y actividades hist\u00f3ricas\u00bb son numerosas y variadas: la \u00abinteligencia pr\u00e1ctica\u00bb de los animales, es decir, la percepci\u00f3n de relaciones en el plano sensitivo; la percepci\u00f3n de la forma (Gestalt) con \u00ababstracci\u00f3n sensorial\u00bb o preconceptual; la \u00abcomunicaci\u00f3n inarticulada de experiencias\u00bb; la \u00abrepresentaci\u00f3n central del espacio\u00bb acompa\u00f1ada de actividad gr\u00e1fica en el \u00ab\u00e1mbito de las representaciones\u00bb, que no es efecto de la simple motoricidad; an\u00e1lisis objetivante del medio ambiente; capacidad de aprender, de formaci\u00f3n y utilizaci\u00f3n de experiencias; diferencias sociales fundadas en el sexo; comportamiento propio de los que viven en un mismo distrito; vida en familia; sentido del ritmo; facultad de componer y transponer; comunicaci\u00f3n mediante s\u00ed\u00admbolos cuantitativos, etc. Estas y otras disposiciones ps\u00ed\u00adquicas fundamentales, presupuestos de un comportamiento espiritual, junto con la debilitaci\u00f3n de las l\u00ed\u00adneas morfol\u00f3gicas divisorias entre hombre y animal, refuerzan la idea de una procedencia evolutiva del cuerpo humano a partir de un grupo de primates anteriores en el tiempo. Con esta inserci\u00f3n del hombre mismo en la naturaleza org\u00e1nica y en la historia de los organismos se hace m\u00e1s comprensible, no s\u00f3lo lo que hay de com\u00fan entre el animal y el hombre, sino tambi\u00e9n la aparici\u00f3n del hombre en un determinado per\u00ed\u00adodo geol\u00f3gico (per\u00ed\u00adodo glacial o pleistoceno), y con la corporeidad concreta de mam\u00ed\u00adfero. Los primates superiores del tiempo anterior aparecen adem\u00e1s, en la forma y en el comportamiento, como \u00abgrados preparatorios orientados hacia la h.\u00bb (K\u00e4lin), o como \u00abseres que corporal y ps\u00ed\u00adquicamente esbozan o imitaban de antemano al hombre\u00bb (Conrad Martius). As\u00ed\u00ad el mundo de los vivientes se concibe como una unidad envolvente en la que dominan los mismos principios fundamentales.<\/p>\n<p>3. Discontinuidad cualitativa. En el variado campo del comportamiento han fracasado todas las tentativas de derivar por evoluci\u00f3n continua de la inteligencia animal, o de la acci\u00f3n del animal guiada por cierto conocimiento, el pensar abstracto y conceptual, y la comprensi\u00f3n y el juicio reflejos, tal como los practica el hombre. Tampoco se ha logrado derivar la acci\u00f3n de un aut\u00e9ntico contar conceptual a partir de un contar sin palabras. Ni se prueba el paso de la capacidad animal de aprender al aprender consciente y a la reproducci\u00f3n intencionada de lo aprendido. Siempre se ha tropezado con una discontinuidad cualitativa, incluso en la tentativa de reconstruir la transici\u00f3n de un ser sin cultura al hombre con cultura y con orden social. Ninguno de los modos de comportamiento cultural del hombre se da con su complejidad total en la naturaleza, ni en su estructura puede derivarse totalmente de la esfera social del animal.<\/p>\n<p>En los diversos grados sucesivos desde la exteriorizaci\u00f3n animal de sonidos hasta el lenguaje humano, se descubre siempre la discontinuidad existente entre la comunicaci\u00f3n inconsciente, y espont\u00e1nea y la comunicaci\u00f3n consciente y refleja, o entre est\u00ed\u00admulos sensibles y complejos sonoros fijados hereditariamente y la consciente finalidad de darse a entender, con creaci\u00f3n de palabras y libre uso de las mismas. En este punto se da, usando la f\u00f3rmula de algunos cient\u00ed\u00adficos, un \u00absalto tremendo\u00bb o un \u00abenorme paso en la evoluci\u00f3n\u00bb. Aqu\u00ed\u00ad introduce Pavlov su segundo \u00absistema de se\u00f1ales\u00bb, el de las \u00abse\u00f1ales de las se\u00f1ales\u00bb, o sea, un \u00abnuevo elemento\u00bb que constituye \u00abun nuevo principio en la actividad de los grandes hemisferios cerebrales\u00bb. Con relaci\u00f3n al origen del comportamiento espiritual algunos bi\u00f3logos hablan de un \u00abmomento de cambio repentino\u00bb con la subsiguiente \u00abconsolidaci\u00f3n de la vida ps\u00ed\u00adquica\u00bb, de un \u00abcambio de estado\u00bb, es decir, de la aparici\u00f3n de \u00abpropiedades completamente nuevas durante la evoluci\u00f3n de la vida\u00bb o de un \u00abpunto cr\u00ed\u00adtico en la evoluci\u00f3n org\u00e1nica\u00bb. Estas formulaciones ponen claramente de relieve la discontinuidad entre el comportamiento animal y el humano; parece que el segundo tiene que derivar del primero y, sin embargo, no puede derivarse totalmente de \u00e9l.<\/p>\n<p>4. Ignoramos plenamente cual fue la forma que sirvi\u00f3 de punto de partida y el momento temporal (en el territorio) de su aparici\u00f3n. A esto se a\u00f1ade la extraordinaria penuria de material f\u00f3sil sobre los primates del terciario. Por eso no se puede establecer una segura serie filogen\u00e9tica de formas f\u00f3siles sucesivas, que remont\u00e1ndose a trav\u00e9s del terciario hasta el hombre del per\u00ed\u00adodo glacial, descubriera el camino seguido por la h., su direcci\u00f3n y ritmo evolutivo, y las etapas morfol\u00f3gicas recorridas. Cierto que se va corroborando la idea de una filog\u00e9nesis humana, aut\u00f3noma y especial, frente a la de los monos antropoides. Pero de todo el terciario s\u00f3lo se conoce un \u00fanico primate, el Oreopithecus (paso del mioceno al plioceno), con ciertos caracteres t\u00ed\u00adpicamente hom\u00ed\u00adnidos, aunque no se puede insertar directamente en la l\u00ed\u00adnea gen\u00e9tica que conduce hasta el hombre. Todas las dem\u00e1s formas son de tipo p\u00f3ngido (antropoides simios), frecuentemente con algunos caracteres primitivos (protocatarrinos). Por eso la investigaci\u00f3n no va m\u00e1s all\u00e1 de los hom\u00ed\u00adnidos y de los australopitecos del per\u00ed\u00adodo glacial. Pero estos \u00faltimos, debido a su tard\u00ed\u00ada aparici\u00f3n y a ciertas particularidades morfol\u00f3gicas, no pueden ser antepasados directos del hombre, sino que a lo sumo pueden considerarse como modelos cercanos a tales antepasados. M\u00e1s indicado para conocer esa evoluci\u00f3n parece el Homo habilis (capacidad craneal: 680-700 cms3), que vivi\u00f3 en la \u00e9poca de los australopitecos, en el temprano per\u00ed\u00adodo glacial. De \u00e9l se han hallado desde 1963 abundantes restos f\u00f3siles en la sima de Oldovay (\u00ed\u0081frica oriental). Este antropoide, que constru\u00ed\u00ada instrumentos con cantos rodados, nos lleva al parecer hasta las inmediaciones de la fase decisiva de la h. o incluso nos introduce en ella. Todav\u00ed\u00ada no se han podido analizar con seguridad los factores causales que dieron lugar a la transformaci\u00f3n de un cuerpo de primate en la forma hom\u00ed\u00adnida. Y la raz\u00f3n est\u00e1 en que todav\u00ed\u00ada no es segura la extendida \u00abteor\u00ed\u00ada gen\u00e9tica de la populaci\u00f3n\u00bb, sobre todo en su aplicaci\u00f3n (extrapolaci\u00f3n) a las grandes mutaciones filogen\u00e9ticas en el transcurso de la historia de los organismos (-> evoluci\u00f3n). Hay una multitud de hip\u00f3tesis, algunas contradictorias, sobre las etapas y el proceso de la posici\u00f3n erecta, de la plena formaci\u00f3n del cr\u00e1neo y de la ampliaci\u00f3n del enc\u00e9falo, y sobre las causas de estas transformaciones. Lo cual es una prueba de que el proceso evolutivo, con sus fen\u00f3menos principales de la transformaci\u00f3n radical y de la integraci\u00f3n arm\u00f3nica, todav\u00ed\u00ada no ha sido analizado con cierta aproximaci\u00f3n ni siquiera en campos limitados o en ciertos complejos de caracter\u00ed\u00adsticas. Lo mismo puede decirse y en mayor grado de la \u00abfilog\u00e9nesis ps\u00ed\u00adquica\u00bb, ya que los modos de comportamiento no dejan huellas en los f\u00f3siles y s\u00f3lo pueden estudiarse en organismos que viven actualmente. Aqu\u00ed\u00ad se abre por tanto un vasto campo a la especulaci\u00f3n sobre el origen del comportamiento, sus variaciones y sus causas. Esa especulaci\u00f3n, por cierto, se ha utilizado abundantemente, como lo demuestran las numerosas hip\u00f3tesis sobre el origen del lenguaje, de los conceptos, del pensar abstracto, de la sociabilidad humana, de la fabricaci\u00f3n de instrumentos y de la cultura. Pero todas esas hip\u00f3tesis son incapaces de superar en forma convincente y satisfactoria la discontinuidad en el comportamiento a la que antes hemos aludido.<\/p>\n<p>La evoluci\u00f3n de los organismos hasta la forma som\u00e1tica del hombre y, consiguientemente, un enracinement corporel de l&#8217;Homme dans la nature (D&#8217;Armagnac), es sin duda alguna una idea grandiosa y digna del Dios creador. Su realizaci\u00f3n, o el hecho de la h., que la biolog\u00ed\u00ada defiende como una conclusi\u00f3n segura en virtud de numerosos indicios, en s\u00ed\u00ad es independiente de que la investigaci\u00f3n de las ciencias naturales, a pesar de los nuevos, importantes y orientadores hallazgos y conocimientos, todav\u00ed\u00ada no puedan dar una explicaci\u00f3n causal v\u00e1lida y segura, ni una idea clara del proceso de este fen\u00f3meno evolutivo. Esta meta perseguida con todos los medios de la investigaci\u00f3n nunca podr\u00e1 alcanzarla plenamente la biolog\u00ed\u00ada. Y esto es as\u00ed\u00ad porque, desde el punto de vista filos\u00f3fico y teol\u00f3gico, no parece posible llegar a una explicaci\u00f3n exhaustiva de la h. (y, por consiguiente, del origen de un ser espec\u00ed\u00adficamente nuevo incluso en sentido metaf\u00ed\u00adsico, como lo es el hombre) solamente con los m\u00e9todos cient\u00ed\u00adficos empleados por la biolog\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>BIBLIOGRAF\u00ed\u008dA: A. Portmann, Biologie und Geist (Z 1956); J. Piveteau, Primates, Pal\u00e9ontologie humaine (Trait\u00e9 de Pal\u00e9ontologie VII) (P 1957); F. J. J. Buytendijk, Mensch und Tier (H 1958); G. Siegmund, Tier und Mensch (F 1958); A. Haas (dir.), Das stammesgeschichtliche Werden der Organismen und des Menschen (Fr 1959); G. Heberer (dir.), Die Evolution der Organismen (St 21959); P. Overhage, Um das Erscheinungsbild der ersten Menschen (Fr 1959); P. Overhage-K. Rahner, Das Problem der H. (Fr 21963) (bibl.); P. Overhage, \u00abZinjanthropus\u00bb und \u00abHomo habilis\u00bb, Tiere oder Menschen?: StdZ 174 (1964) 273-285; idem, \u00abHomo habilis\u00bb: ThPh 41 (1966) 321-353; idem, Experiment Menschheit (F 1967).<\/p>\n<p>Paul Overhage<br \/>\nII. Aspecto teol\u00f3gico<br \/>\n1. Observaciones previas<br \/>\na) La filosof\u00ed\u00ada, en cuanto reflexi\u00f3n transcendental sobre la esencia del hombre (-> antropolog\u00ed\u00ada), por una parte nunca podr\u00e1 hacer ninguna afirmaci\u00f3n sobre la manera exacta como tuvo origen el primer hombre. Y eso porque no tiene nada que objetar contra la posibilidad de una conexi\u00f3n causal intramundana entre dos entes que, debido a un \u00absalto cualitativo\u00bb, difieren entre s\u00ed\u00ad esencialmente. El concepto de una autotranscendencia bajo la din\u00e1mica de la conservaci\u00f3n y la cooperaci\u00f3n divinas, que sostienen desde dentro el devenir activo de la criatura, parece dif\u00ed\u00adcil, pero no contradictorio, y aparentemente est\u00e1 exigido por los hechos. Por otra parte, la antropolog\u00ed\u00ada metaf\u00ed\u00adsica establece con seguridad una radical diferencia de naturaleza entre el hombre y el animal. Por eso, aunque el hombre proceda de su mundo circundante y esta procedencia deba concebirse como un acto de autosuperaci\u00f3n activa, sin embargo, la din\u00e1mica de la \u00abcooperaci\u00f3n\u00bb divina requerida para ello tiene absolutamente el car\u00e1cter de una nueva creaci\u00f3n inmediata por parte de Dios (-> evoluci\u00f3n).<\/p>\n<p>b) En teolog\u00ed\u00ada se suele distinguir entre -> \u00abalma\u00bb espiritual y -> \u00abcuerpo\u00bb, explicando el origen de aqu\u00e9lla por -> \u00abcreaci\u00f3n\u00bb y el de \u00e9ste por evoluci\u00f3n. Pero en este punto no hay que olvidar c\u00f3mo por alma y materia s\u00f3lo pueden entenderse dos principios substanciales de un ente \u00fanico, y no dos entes completos que vengan a juntarse posteriormente, sin olvidar tampoco que el alma y la materia forman una estricta unidad substancial. Si se tiene esto presente, entonces la \u00abcreaci\u00f3n del alma\u00bb s\u00f3lo puede significar que el hombre entero en tanto es creado por Dios inmediatamente, en cuanto \u00e9l como persona espiritual dotada de cuerpo se distingue esencialmente del animal y por tanto, no es sencillamente producto de la mera \u00abbiosfera\u00bb a un simple nivel biol\u00f3gico. Entonces la evoluci\u00f3n del cuerpo s\u00f3lo puede significar que el hombre entero de alg\u00fan modo procede de su mundo circundante. Hablando de un hombre son concebibles ambas cosas a la vez, porque el concepto de g\u00e9nesis y de procedencia no excluye un \u00absalto cualitativo\u00bb, sino que (las m\u00e1s de las veces) lo incluye. Este salto es posible por hallarse la criatura situada dentro de la din\u00e1mica divina, que sostiene desde dentro su ser en medio de su propio devenir activo.<\/p>\n<p>2. Doctrina de la Iglesia<br \/>\na) Por lo que se refiere al hombre en cuanto esp\u00ed\u00adritu personal, ser\u00ed\u00ada her\u00e9tico seg\u00fan la doctrina de la Iglesia explicarlo como producto resultante de la realidad infrahumana en virtud de las propias leyes naturales de \u00e9sta. En efecto, seg\u00fan la definici\u00f3n del Vaticano i (Dz 1802) hay una diferencia esencial entre materia y esp\u00ed\u00adritu, y el hombre, por lo menos \u00aben cuanto al alma\u00bb, es creado directa e inmediatamente por Dios (Dz 170 533 738 1185 1910 2327). Seg\u00fan P\u00ed\u00ado XII, la fe nos manda creer que las almas son creadas por Dios inmediatamente.<\/p>\n<p>b) Sin embargo, el magisterio eclesi\u00e1stico no reprueba (al menos por el momento) la tesis sostenida por las ciencias naturales, seg\u00fan la cual el hombre se halla, en cuanto al cuerpo, en conexi\u00f3n hist\u00f3rica con el reino animal. Es m\u00e1s, el magisterio permite la libre discusi\u00f3n sobre el problema (P\u00ed\u00ado xii [1941] en una alocuci\u00f3n [Dz 2285] y en la -> Humani Generis [Dz 23271), aunque esa libertad no se extiende a la cuesti\u00f3n del -> monogenismo (Dz 2327).<\/p>\n<p>c) Sobre la posibilidad de conciliar estos dos enunciados no existen ulteriores declaraciones del magisterio oficial. Habr\u00e1 que guardarse de dar esta cuesti\u00f3n por definitivamente resuelta con la mera afirmaci\u00f3n de que la primera declaraci\u00f3n se refiere al alma, y la segunda al cuerpo. El alma espiritual, procedente de un inmediato acto creador de Dios, implica tambi\u00e9n necesariamente una modificaci\u00f3n de la corporeidad, aun cuando este acto creador tenga lugar en una naturaleza viva. En este sentido puede y debe mantenerse que la Escritura habla de una peculiares creatio hominis, como dice el decreto de la Comisi\u00f3n de 1909 (Dz 2123).<\/p>\n<p>3. La doctrina de la Escritura<br \/>\nLa revelaci\u00f3n divina en la Escritura contempla siempre y en todas partes al hombre como un ser espiritual y corp\u00f3reo que forma una unidad y que en su corporeidad es interlocutor espiritual y moral de Dios, a diferencia de todo lo dem\u00e1s que existe en el campo experimental de la tierra. En esta realidad singular a diferencia de todo lo dem\u00e1s el hombre es presentado como procedente de una especial iniciativa creadora de Dios, la cual tiende inmediatamente al hombre y produce una imagen y semejanza de Dios que anteriormente no exist\u00ed\u00ada. No se puede negar que este contenido se halla afirmado en G\u00e9n 1-2. Y si la tradici\u00f3n ha deducido siempre esa doctrina del relato de la creaci\u00f3n del hombre, en este punto se nos impone como obligatoria (cf. Dz 2123). Por otra parte se ha de decir que el relato del G\u00e9nesis no pretende ser un \u00abreportaje\u00bb de un testigo ocular sobre la manera concreta como sucedieron las cosas. Dicho de otro modo, se trata de un relato (sin duda de una \u00abetiolog\u00ed\u00ada\u00bb hist\u00f3rica; cf. interpretaci\u00f3n del -a G\u00e9nesis) que expresa lo que propiamente quiere decir en forma popular y con im\u00e1genes pl\u00e1sticas. El tomar en consideraci\u00f3n este -> g\u00e9nero literario no s\u00f3lo es l\u00ed\u00adcito, sino tambi\u00e9n obligatorio, pues la Iglesia no solamente tolera esta opini\u00f3n, sino que ella misma la ense\u00f1a (Dz 2302 2329). Pero, una vez admitido esto fundamentalmente, se habr\u00e1 de afirmar que la Escritura en G\u00e9n 1-3, fuera de lo ya dicho, no contiene a prop\u00f3sito de nuestra cuesti\u00f3n ninguna otra cosa de la que se pueda sostener con seguridad que pertenece al contenido ense\u00f1ado y no a la forma de exposici\u00f3n. La creaci\u00f3n del hombre del polvo de la tierra puede y debe entenderse como una manera de expresar el hecho del acto creador. Teniendo en cuenta este g\u00e9nero literario, tampoco de la creaci\u00f3n de Eva de la \u00abcostilla de Ad\u00e1n\u00bb se puede deducir prueba alguna contra el transformismo. No se puede demostrar, ni siquiera apoy\u00e1ndose en Dz 2123, que en esta imagen se quiera expresar algo m\u00e1s que una normativa ideal del primer ser humano con respecto al segundo y la unidad de ambos. En este sentido se pronunciaba ya Cayetano. Hoy son de esta opini\u00f3n H. Les\u00e9tre, W. Schmidt, J. Chaine, H. Junker, J. de Fraine, etc. Si la f ormatio primae mulieris ex primo homine, defendida en Dz 2123 como hist\u00f3rica, es interpretada debidamente atendiendo a Dz 2302, deber\u00e1 decirse que lo ense\u00f1ado por el magisterio eclesi\u00e1stico es que en la narraci\u00f3n genes\u00ed\u00adaca se afirma un hecho hist\u00f3rico, sin que por eso se excluya de ella todo elemento figurativo. Pero entonces lo que el magisterio eclesi\u00e1stico dice sobre nuestra cuesti\u00f3n ha de delimitarse a partir de la Escritura,<br \/>\n4. La tradici\u00f3n<br \/>\na) Desde luego hay que reconocer que antes del siglo xix la interpretaci\u00f3n general del relato del G\u00e9nesis (prescindiendo de insignificantes detalles para dar una explicaci\u00f3n m\u00e1s matizada) entend\u00ed\u00ada que Dios hab\u00ed\u00ada creado el cuerpo del hombre partiendo de una materia inanimada. Con todo, la tradici\u00f3n cristiana sab\u00ed\u00ada desde los principios que en los relatos de los primeros or\u00ed\u00adgenes del mundo, todav\u00ed\u00ada m\u00e1s que en otros relatos de la Escritura, hab\u00ed\u00ada que contar con formas de expresi\u00f3n metaf\u00f3ricas. No se planteaba entonces la cuesti\u00f3n actual. Es cierto que la revelaci\u00f3n y la tradici\u00f3n objetivamente pueden dar respuesta a una cuesti\u00f3n que s\u00f3lo m\u00e1s tarde se plantear\u00e1 de modo expl\u00ed\u00adcito. Sin embargo, en nuestro caso habr\u00e1 que decir que la tradici\u00f3n no contiene una reprobaci\u00f3n expl\u00ed\u00adcita o formalmente impl\u00ed\u00adcita de una conexi\u00f3n del hombre, en cuanto al cuerpo, con el reino animal. En efecto, lo que la tradici\u00f3n quer\u00ed\u00ada transmitir como verdad absoluta de fe, a saber, la posici\u00f3n especial y la creaci\u00f3n especial del hombre, sigue siendo verdadero actualmente bajo el presupuesto de un transformismo moderado; pero no puede demostrarse que ese car\u00e1cter de verdad absoluta se refiera tambi\u00e9n a la manera como la tradici\u00f3n anterior se representaba al acto de la creaci\u00f3n del hombre. Aunque, por otro lado, tampoco puede decirse que la tradici\u00f3n distinguiera entre contenido y forma de expresi\u00f3n. Pero esa ausencia de una distinci\u00f3n no equivale necesariamente a la negaci\u00f3n impl\u00ed\u00adcita de una posibilidad de distinguir. En realidad, bajo los anteriores presupuestos hist\u00f3ricos no se pod\u00ed\u00ada plantear la cuesti\u00f3n de esa posibilidad de distinguir.<\/p>\n<p>b) La primera vez que la Iglesia oficial se pronunci\u00f3 expl\u00ed\u00adcitamente fue en el concilio particular de Colonia del a\u00f1o 1860 (ColLac v 292). Entonces se rechaz\u00f3 tambi\u00e9n la teor\u00ed\u00ada moderada de la descendencia. En 1871 el cat\u00f3lico St. G. Mivart sostuvo un transformismo moderado (\u00abMivartismo\u00bb). En 1895 el dominico M.D. Leroy debi\u00f3 retractar (CivCat xvii 5 [1899] 48s) su opini\u00f3n de un transformismo moderado (expresada en L&#8217;\u00e9volution restreinte aux esp\u00e9ces organiques); en 1899 P. Zahm debi\u00f3 por la misma raz\u00f3n y por orden del Santo Oficio retirar del mercado su libro Dogma and Evolution (ibid. 34-39). Posteriores opiniones que defend\u00ed\u00adan un transformismo moderado, como las de P. Teilhard de Chardin, F. R\u00fcschkamp. P: M. P\u00e9rier, E.C. Messenger y otros no tuvieron ya dificultades. Sin embargo, todav\u00ed\u00ada hasta \u00e9poca muy reciente la gran mayor\u00ed\u00ada de los te\u00f3logos han rechazado tal transformismo moderado como opuesto a la Escritura y poco conforme con la teolog\u00ed\u00ada. En -el siglo xix ese transformismo fue considerado her\u00e9tico por algunos, como G. Perrone, C. Mazella, B. Jungmann, J. Katschthaler. Desde que P\u00ed\u00ado xii permiti\u00f3 la libre discusi\u00f3n, ha aumentado considerablemente el n\u00famero de cat\u00f3licos que sostienen positivamente cierto transformismo (C. Colombo, P. Leonardi, J. Marcozzi, P. Denis, J. Caries, B. Mel\u00e9ndez, J. K\u00e4lin, F. Elliot, etc.). Sin embargo, todav\u00ed\u00ada hay te\u00f3logos que rechazan el transformismo incluso en su forma m\u00e1s circunspecta, porque creen que no est\u00e1 demostrado cient\u00ed\u00adficamente y porque les parece que todav\u00ed\u00ada existen razones teol\u00f3gicas en contra, aun cuando ordinariamente no se atreven ya a darle una censura propiamente teol\u00f3gica (as\u00ed\u00ad p. ej., E. Ruffini, J. Rabenek, I.F. Sag\u00fc\u00e9s, Ch. Boyer, M. Daffara, C. Baisi, etc.). A\u00fan falta una reflexi\u00f3n teol\u00f3gica m\u00e1s exacta sobre esta evoluci\u00f3n doctrinal. En todo caso, esa evoluci\u00f3n muestra que la Iglesia es tambi\u00e9n una Iglesia discente y que se debe proceder con cautela al invocar el consensus de los te\u00f3logos.<\/p>\n<p>5. Consideraci\u00f3n sistem\u00e1tica<br \/>\nSi presuponemos que la teor\u00ed\u00ada de la h. por ->evoluci\u00f3n es verdadera (de suyo el juicio positivo sobre este punto no es asunto de la teolog\u00ed\u00ada), se puede decir lo siguiente:<br \/>\na) Dios sustenta a la criatura como ente en devenir desde su n\u00facleo m\u00e1s \u00ed\u00adntimo, tambi\u00e9n en su hacerse, en la tendencia al propio desarrollo y a la propia superaci\u00f3n. En el fondo, devenir significa autosuperaci\u00f3n activa, en la que Dios (como fundamento y meta asint\u00f3tica) no s\u00f3lo mueve a la criatura desde fuera, sino que tambi\u00e9n le da la acci\u00f3n de moverse a s\u00ed\u00ad misma. Cualquier otra concepci\u00f3n del devenir en definitiva cae en un ocasionalismo o en un devenir sin causa. Lo que nosotros llamamos materia (principalmente como materia ya viva y ps\u00ed\u00adquica), en cuanto por la creaci\u00f3n procede de Dios, el esp\u00ed\u00adritu personal absoluto, y en cuanto posible coprincipio substancial intr\u00ed\u00adnseco de un esp\u00ed\u00adritu personal creado (hombre), tiene una afinidad interna con la -> conciencia, la posesi\u00f3n de s\u00ed\u00ad mismo y el ->esp\u00ed\u00adritu.<\/p>\n<p>b) El mundo entero (incluso en su materialidad) tiene como \u00fanico fin su salvaci\u00f3n, glorificaci\u00f3n y consumaci\u00f3n en el -> reino de Dios y, por tanto, ese mundo, tambi\u00e9n en cuanto forma un todo, est\u00e1 movido por Dios hacia un fin que es la consumaci\u00f3n del esp\u00ed\u00adritu creado, el cual integra en s\u00ed\u00ad mismo la materia, elev\u00e1ndola a su perfecci\u00f3n definitiva.<\/p>\n<p>c) As\u00ed\u00ad, pues, el ser en devenir del mundo material puede perfectamente concebirse como orientado desde dentro por Dios a superarse a s\u00ed\u00ad mismo hacia el hombre, en el cual el mundo vuelve sobre s\u00ed\u00ad mismo y llega a poseer interioridad, libertad, historia y una \u00faltima perfecci\u00f3n personal. La h. designa aquel proceso en la naturaleza por el que el mundo se halla a s\u00ed\u00ad mismo en el hombre y es confrontado espiritualmente con su origen y su fin.<\/p>\n<p>d) Cuando se trata del hombre (filogen\u00e9tica u ontogen\u00e9ticamente), la posibilidad dada por Dios a la causa intramundana de superarse a s\u00ed\u00ad misma hacia el hombre significa lo mismo que se designa en teolog\u00ed\u00ada con la expresi\u00f3n immediata creatio (Dz 2327). Pues la posibilidad de autosuperaci\u00f3n dada por la causalidad transcendente de Dios, debe caracterizarse en funci\u00f3n de su t\u00e9rmino. Si en virtud de esa causalidad surge algo substancialmente nuevo que in se subsistit (es decir, que sin mengua de su funci\u00f3n como principio de una forma espaciotemporal, supera constantemente esa funci\u00f3n, precisamente en cuanto esp\u00ed\u00adritu), entonces la acci\u00f3n divina que hace posible eso es una \u00abcreaci\u00f3n\u00bb y, por cierto, \u00abinmediata\u00bb. En efecto, Dios constituye algo que implica una nueva subsistencia. C\u00f3mo aqu\u00ed\u00ad puede aplicarse el concepto de creatio immediata, lo muestra el ejemplo de la procreaci\u00f3n humana (de la ontogenia del hombre). A este respecto el lenguaje del mogisterio oficial emplea dicho concepto con relaci\u00f3n al devenir del hombre entero (aunque la materia existe ya anteriormente), sin querer con ello negar que los padres sean tambi\u00e9n causa del hombre. Por tanto, el hecho de que Dios haga posible una causalidad intramundana no excluye el concepto de creaci\u00f3n inmediata, supuesto que surja algo substancialmente nuevo con subsistencia propia, y que la causalidad divina (como es obvio) tenga inmediatamente por t\u00e9rmino eso nuevo. Esto aparece todav\u00ed\u00ada m\u00e1s claro en el caso de la filogenia, dado que la causa intramundana es adem\u00e1s espec\u00ed\u00adficamente inferior al hombre.<\/p>\n<p>BIBLIOGRAF\u00ed\u008dA: A. 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Enciclopedia Teol\u00cf\u0192gica, Herder, Barcelona 1972<\/p>\n<p><b>Fuente: Sacramentum Mundi Enciclopedia Teol\u00f3gica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>[270] Proceso de convertirse los seres vivos en hombres mediante una evoluci\u00f3n que dur\u00f3 varios millones de a\u00f1os y a\u00fan sigue. Pedro Chico Gonz\u00e1lez, Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00ed\u00ada Religiosa, Editorial Bru\u00f1o, Lima, Per\u00fa 2006 Fuente: Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00eda Religiosa En biolog\u00ed\u00ada este t\u00e9rmino indica el proceso a trav\u00e9s del cual se fue &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/hominizacion\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abHOMINIZACION\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-11306","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/11306","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=11306"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/11306\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=11306"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=11306"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=11306"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}