{"id":11360,"date":"2016-02-05T07:55:53","date_gmt":"2016-02-05T12:55:53","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/infancia-elemental\/"},"modified":"2016-02-05T07:55:53","modified_gmt":"2016-02-05T12:55:53","slug":"infancia-elemental","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/infancia-elemental\/","title":{"rendered":"INFANCIA ELEMENTAL"},"content":{"rendered":"<p>[623]<br \/>\n    El despertar religioso de los ni\u00f1os acontece entre los 2 y 3 a\u00f1os. El nacimiento de la religiosidad implica referencia materna prioritaria. Luego sus impresiones y sentimientos se van desarrollando a los 4 y 5, con creciente vocabulario, por imitaci\u00f3n y dependencia del hogar, por las primeras experiencias ante la vida. A los 6 a\u00f1os el ni\u00f1o ha gestado una primera religiosidad.<\/p>\n<p>    La primera educaci\u00f3n religiosa est\u00e1 asociada a la ayuda que se debe prestar al ni\u00f1o peque\u00f1o entre los 2 y 3 a\u00f1os y se centra en sus primeras impresiones sobre la figura de Dios. Se deben crear entonces las condiciones afectivas y mentales para que surja de manera muy positiva la primera idea sobre ese ser protector, invisible y familiar, que ayuda y ama a los hombres y que ama y protege al ni\u00f1o tambi\u00e9n.<\/p>\n<p>    1. Rasgos psicol\u00f3gicos<br \/>\n    Denominamos primera infancia, o infancia elemental, a la que abarca desde el nacimiento hasta los seis a\u00f1os aproximadamente. El ni\u00f1o atraviesa por una primera conmoci\u00f3n de identidad hacia los tres a\u00f1os y se sit\u00faa en el mundo y ante los adultos con cierta actitud de \u00abnegativismo\u00bb y de afianzamiento personal. Hasta ese momento el ni\u00f1o observa, imita, pregunta sin inter\u00e9s por respuestas rigurosas, acepta lo que ve y oye, se sit\u00faa en el centro del mundo espont\u00e1neamente.<\/p>\n<p>    Para apreciar sus aptitudes religiosas, es preciso definir los rasgos b\u00e1sicos de esa naciente personalidad.<\/p>\n<p>     1.1. Situaci\u00f3n a los 2 y 3 a\u00f1os<br \/>\n    Son a\u00f1os importantes para una buena tarea de formaci\u00f3n espiritual.  El ni\u00f1o toma conciencia de su yo hacia el a\u00f1o y medio; se sabe y se siente ser concreto: con un nombre, con una figura que puede mirar y descubrir en el espejo sin confundirse con ella, con referencia a los adultos de los que depende: madre, padre, hermanos.<\/p>\n<p>     Manifiesta tambi\u00e9n intenso egocentrismo, reflejado en la tendencia posesiva, en el deseo de ser centro de atenci\u00f3n ajena, en la necesidad de experimentar sensorialmente la realidad: tocar, ver, saborear. Y experimenta satisfacci\u00f3n en que los adultos reconozcan sus capacidades y habilidades: andar, pintar, coger objetos, levantar pesos, etc.<\/p>\n<p>    En torno a los 3 a\u00f1os, el ni\u00f1o se embarca en un r\u00e1pido proceso de afianzamiento personal, asociado a un lenguaje cada vez m\u00e1s rico y comunicativo. Dice \u00abquiero o no quiero\u00bb. Calcula sus posibilidades con m\u00e1s o menos acierto. Descubre lo que hay detr\u00e1s de sus deseos. Le gusta que los mayores se fijen en el y expliquen la cosas.<\/p>\n<p>    Se siente afectivamente dependiente de la madre, sobre todo, y manifiesta fuerte admiraci\u00f3n por el padre, al valorarle como m\u00e1s fuerte. Rivaliza con sus hermanos, o compa\u00f1eros, si son iguales o peque\u00f1os; pretende imitarlos.<\/p>\n<p>    Es ingenuo y cr\u00e9dulo ante lo que se le dice. Su inteligencia no formula relaciones r\u00e1pidas. Su dependencia afectiva del entorno es total. No act\u00faa por l\u00f3gica, sino por cierta curiosidad sensorial, la cual le lleva a buscar experiencias y sensaciones nuevas. Las que resultan negativas le van sirviendo para evitar su repetici\u00f3n; las gratificantes le inclinan a su repetici\u00f3n.<\/p>\n<p>   Mira y pretende tocar los objetos, sobre todo m\u00f3viles y sonoros, pues los ojos y las manos son sus primeras fuentes de informaci\u00f3n.<\/p>\n<p>    Su egocentrismo le lleva a establecer actitudes defensivas ante los dem\u00e1s. Si son desconocidos, van acompa\u00f1adas de temor, reserva y desconcierto. Si son ya familiares, desaparece r\u00e1pidamente el miedo y la desconfianza.<\/p>\n<p>    Se inicia la etapa de fabulaci\u00f3n y de animismo, a medida que las experiencias sensoriales proporcionan material a la fantas\u00ed\u00ada. El ni\u00f1o da vida a los objetos, a las figuras, a los animales. Se incrementar\u00e1 la fantas\u00ed\u00ada din\u00e1mica en los a\u00f1os siguientes. No posee \u00abcriterios reductores\u00bb para distinguir lo real de lo imaginado; por eso todo lo considera como verdadero. Mira las cosas en un mismo plano, sin hacer diferencias, jerarqu\u00ed\u00adas o seriaciones.<\/p>\n<p>    Esta fabulaci\u00f3n y animismo, que nacen y se prolongan en la etapa siguiente, genera un natural fetichismo en el ni\u00f1o peque\u00f1o. Todos los objetos cuentan para \u00e9l con propiedades vitales Es normal que, con frecuencia, se le sorprenda hablando con las cosas.<\/p>\n<p>    Emplea y asume un lenguaje sensorial, concreto y din\u00e1mico, en base a la experiencia cercana. Su vocabulario crece r\u00e1pidamente, tanto en el aspecto comprensivo como en el expresivo. Entiende m\u00e1s y busca hablar ante los dem\u00e1s, sobre todo si se siente acogido, escuchado y estimulado.  El ni\u00f1o flota a esta edad en medio de las cosas, sin afanes cr\u00ed\u00adticos y con general satisfacci\u00f3n por todo lo que recibe. No hay que tener prisa en estimular sus facultades perceptivas o su mente.<\/p>\n<p>    No es f\u00e1cil explorar la personalidad infantil. Al margen del inter\u00e9s cient\u00ed\u00adfico por lograrlo, lo que interesa ahora no es lo te\u00f3rico de su psicolog\u00ed\u00ada, sino el m\u00e1s inmediato y concreto deseo de ayudar a la persona a madurar.<\/p>\n<p>    El educador debe preferir lo pr\u00e1ctico a lo t\u00e9cnico, lo cordial a lo cient\u00ed\u00adfico, la verdadera formaci\u00f3n del esp\u00ed\u00adritu infantil al placer de comprender c\u00f3mo acontecen los hechos interiores. Debe poner al servicio del ni\u00f1o su tiempo y sus actitudes de acogida para saber escucharle, para dejarle explicar sus cosas, para ofrecerle cauces para que sus experiencias sean enriquecedoras.<\/p>\n<p>   1.2. Lo peculiar de los 4-6<br \/>\n    En la segunda etapa de esta infancia elemental, surge la conciencia de s\u00ed\u00ad mismo. Hacia los 4 y 5 a\u00f1os, despu\u00e9s de la crisis de autoafianzamiento de los 3, se consolida la personalidad. Hacia los 3 a\u00f1os, el ni\u00f1o siente gusto por situarse en el mundo y ante los adultos con una primera convulsi\u00f3n de \u00abnegativismo\u00bb y de afianzamiento personal. Pasado ese momento convulsivo del negativismo, se inicia un camino m\u00e1s arm\u00f3nico que dura dos o tres a\u00f1os.<\/p>\n<p>   Los rasgos t\u00ed\u00adpicos de los 4 y 5 a\u00f1os se pueden condensar en los siguientes:<\/p>\n<p>    Sabe dar cuenta de lo que oye, pero su explicaci\u00f3n es ingenua, cr\u00e9dula, m\u00ed\u00adtica, sensorial, lenta, interesada, con frecuencia repetitiva.<\/p>\n<p>    Su dependencia afectiva de los adultos sigue viva. Los hechos son parcialmente interpretados, aunque sean cercanos, personales, aut\u00f3nomos. Reacciona ante ellos con agrado expresivo o con desagrado agresivo. Sus reacciones son con frecuencia imprevisibles y sus actitudes muy subjetivas. Es una etapa propensa a los caprichos.<\/p>\n<p>    Surgen en torrente, al abrigo de nuevas experiencias de vida, deseos, aficiones, preferencias, las cuales tienen fuerte carga de mimetismo y de influencia ambiental.<\/p>\n<p>    Sigue prendido de lenguaje sensorial, concreto y din\u00e1mico; pero se hace m\u00e1s capaz de generalizar y de establecer asociaciones entre personas, objetos y hechos. Crece significativamente el lenguaje de comprensi\u00f3n y el de expresi\u00f3n, sobre todo en los ni\u00f1os escolarizados, pues el \u00e1mbito acad\u00e9mico acelera los procesos exigentes y sistem\u00e1ticos de observaci\u00f3n y de expresividad.<\/p>\n<p>    La imaginaci\u00f3n de esta edad es incoherente y ca\u00f3tica en general, pero comienza a organizarse ya en ciertos campos. Es capaz de relatar un cuento aprendido y los m\u00e1s inteligentes pueden inventar otras narraciones.<\/p>\n<p>   Se incrementa la fabulaci\u00f3n o predominio fantasioso, pero ya con alguna capacidad de diferenciar la realidad, sobre todo al llegar a los cinco y seis a\u00f1os. Gusta de los hechos, aunque sean inveros\u00ed\u00admiles, pues no tiene experiencia suficiente para contrastar el relato con la realidad. Sus recuerdos son muy subjetivos y parciales. En ellos pesa m\u00e1s lo agradable que lo desagradable. Y, desde luego, prefiere lo movido a lo simplemente contemplado, sobre todo si entran en juego otros ni\u00f1os como \u00e9l.<\/p>\n<p>   Gusta lo narrativo, sobre todo relatos que satisfacen su fantas\u00ed\u00ada. Luego busca el exponerlo ante los mayores. La tendencia a lo narrativo (hechos) m\u00e1s que a lo descriptivo (rasgos y cualidades), ser\u00e1 una buena ayuda para la formaci\u00f3n del lenguaje, pues servir\u00e1 para encauzar la atenci\u00f3n, la fantas\u00ed\u00ada y tambi\u00e9n la sensorialidad. Y resulta interesante la facilidad de comprensi\u00f3n de situaciones y la riqueza del vocabulario experiencial que se desarrolla.<\/p>\n<p>    Se descubren, y hasta se manejan, los primeros conceptos \u00e9ticos, haciendo alarde a veces de su capacidad para diferenciar el bien y del mal. En su aparici\u00f3n cuenta la influencia de los \u00abbuenos ambientes\u00bb, que ayudan a diferenciar lo l\u00ed\u00adcito de lo il\u00ed\u00adcito en funci\u00f3n de normas u h\u00e1bitos convenientes. El ni\u00f1o aprende comportamientos \u00e9ticos: a no disimular, a no ser agresivo, a ser compasivo, solidario y generoso, pero sin superar su egocentrismo.<\/p>\n<p>    Diferencia la verdad y la mentira, sin darle todav\u00ed\u00ada el car\u00e1cter \u00e9tico condicionante que poseer\u00e1 en la pr\u00f3xima etapa. Distingue lo propio de lo ajeno. Aprende a dominar sus tendencias posesivas, cuando lo que apetece no le pertenece.<\/p>\n<p>    La credulidad es predominante y condicionante, pues hace al ni\u00f1o recept\u00e1culo de cualquier mensaje social o cultural. Con todo, ya no conf\u00ed\u00ada siempre ingenuamente en el adulto, cuya fortaleza o saber admira. El ni\u00f1o alcanza a diferenciar el enga\u00f1o, la broma, la iron\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>    Conserva fuerte referencia a los adultos en todas sus cosas, lenguajes y deseos de acci\u00f3n; pero comienza a mirar e imitar a los otros ni\u00f1os con los que convive. Son los hechos de los m\u00e1s audaces, de los m\u00e1s movidos o de los m\u00e1s inteligentes y desenvueltos, los que arrastran a los pasivos o t\u00ed\u00admidos.<\/p>\n<p>    Naturalmente el ni\u00f1o de esta edad es comparativo, envidioso y con frecuencia celoso. Es consecuencia de su absorbente egocentrismo. Se deja impresionar por lo que pueden o hacen los otros y siente deseo de ser \u00abm\u00e1s fuerte\u00bb. El antropomorfismo es todav\u00ed\u00ada consecuencia de su incapacidad de elevarse a conceptos abstractos. La mayor parte de los conceptos religiosos quedan antropomorfizados, desde los relacionados con la figura o la acci\u00f3n de Dios, hasta la concepci\u00f3n de la Iglesia o de los Santos.<\/p>\n<p>    En este proceso interior de humanizaci\u00f3n de los datos, cuenta en gran manera el ambiente y las personas que intervienen en su gestaci\u00f3n, las cuales pueden estimularlo con planteamientos e insinuaciones que lo favorecen, o pueden tambi\u00e9n limitarlo con otros medios m\u00e1s din\u00e1micos, sociales o personales.<\/p>\n<p>    El afectivismo es tambi\u00e9n de suma importancia en esta edad. Era excluyente hacia los tres a\u00f1os. Por eso est\u00e1 siempre preso de amplia escala de atractivos y rechazos, en funci\u00f3n de intereses y llamadas de atenci\u00f3n provenientes del entorno. Es propenso a los temores, sobre todo al sentirse incapaz por s\u00ed\u00ad mismo de tomar iniciativas.<\/p>\n<p>    El ni\u00f1o precisa ahora saberse y sentirse protegido por los adultos. Extiende esa necesidad de protecci\u00f3n a las figuras religiosas que se le van presentando. Teme la soledad y se desconcierta cuando no se halla con los adultos con quienes se ha familiarizado. Los otros ni\u00f1os de su nivel no constituyen para \u00e9l suficiente compa\u00f1\u00ed\u00ada satisfactoria. La presencia del adulto satisface m\u00e1s sus necesidades b\u00e1sicas de seguridad, de comunicaci\u00f3n y de protecci\u00f3n.<\/p>\n<p>    Si este soporte fracasa, o no es suficientemente acogedor, se provocan reacciones de timidez, desconcierto, inseguridad e introversi\u00f3n, incluso con funestas consecuencias posteriores.<\/p>\n<p>    La necesidad vital de confianza, la satisfacci\u00f3n inmediata de las tendencias afectivas, la existencia de un entorno de cordialidad y acogida, su protagonismo en el marco moral y f\u00ed\u00adsico del propio hogar, etc. son fuerzas b\u00e1sicas en la configuraci\u00f3n de la personalidad.<\/p>\n<p>    Al final de la etapa, a los 6 a\u00f1os, el ni\u00f1o ha desarrollado, casi imperceptiblemente, un abanico admirable de cualidades, destrezas y recursos personales. Con ellos va a comenzar un camino de elevado significado estabilizador.<\/p>\n<p>   1.3. Aplicaciones catequ\u00ed\u00adsticas<br \/>\n    Para la formaci\u00f3n moral y religiosa del ni\u00f1o peque\u00f1o hay que contar con determinados mecanismos fundamentales de la personalidad infantil.<\/p>\n<p>    1.3.1. Necesidad de protecci\u00f3n<br \/>\n    Debe ser preferida la catequesis que se basa a esta edad en el egocentrismo, en el afectivismo y en el sentimiento de inferioridad que el ni\u00f1o posee. Son tres elementos decisivos.<\/p>\n<p>    La dependencia del ni\u00f1o implica determinadas estrategias educativas:<\/p>\n<p>   &#8211; Orientar la catequesis a presentar la figura amable de un Padre bueno.<\/p>\n<p>   &#8211; Ense\u00f1ar que ese Padre nos cuida y protege con cari\u00f1o a cada uno.<\/p>\n<p>   &#8211; Descubrir al ni\u00f1o que est\u00e1 cerca de nosotros, aunque no le vemos.<\/p>\n<p>   &#8211; Manifestar la importancia que el ni\u00f1o tiene ante el Dios amoroso.<\/p>\n<p>   &#8211; Y desenvolver la idea de Dios en los otros emblemas religiosos: Jes\u00fas, Mar\u00ed\u00ada, los Santos, los \u00e1ngeles que ayudan.<\/p>\n<p>     Hay que precaverse de las \u00abpiadosas mentiras\u00bb negativas, que son las que luego habr\u00e1 que desmitificar y superar. Es mejor apoyar esta catequesis en los relatos b\u00ed\u00adblicos, del Antiguo y del Nuevo Testamento, en donde se resalta la presencia de Dios. Conviene evitar tambi\u00e9n, al intentar satisfacer el sentido de protecci\u00f3n infantil, contra excesos m\u00ed\u00adsticos, fant\u00e1sticos o folcl\u00f3ricos de las presentaciones religiosas.<\/p>\n<p>    El ni\u00f1o es particularmente sensible a las malas impresiones (palabras duras, gestos irreligiosos, burlas o sarcasmos). El ambiente familiar tiene que proteger a la mente naciente de experiencias contraproducentes o desintegradoras, de las que a veces es testigo.<\/p>\n<p>    Esta protecci\u00f3n abarca a cualquier acci\u00f3n contra personas o instrumentos nocivos: figuras, decoraciones, reportajes televisivos, actitudes de personas adultas<br \/>\n   1.3.2. Tendencia imitativa<\/p>\n<p>      La religiosidad del ni\u00f1o es reflejo de la actitud de los adultos de la familia en la que se vive. Hay ambientes familiares \u00e1tonos en cuesti\u00f3n religiosa. Los ni\u00f1os de esos ambientes resultan neutralizados espiritualmente, aun cuando manifiesten sensibilidad m\u00ed\u00adtica o est\u00e9tica ante los hechos o las figuras religiosas.<\/p>\n<p>   &#8211; Hay que saber que siempre los gestos y los hechos quedan en el ni\u00f1o.<\/p>\n<p>   &#8211; El desconcierto ante un hecho antirreligioso puede parecer inadvertido por el ni\u00f1o, pero quedan latentes sus efectos y m\u00e1s tarde reviven de alguna manera.<\/p>\n<p>   &#8211; No es prudente ni discreto infravalorar o ridiculizar las formas expresivas del ni\u00f1o peque\u00f1o con criterios o actitudes de adulto, pues f\u00e1cilmente se generan reacciones adversas que luego no son f\u00e1ciles de borrar o contrarrestar.<\/p>\n<p>    En la catequesis hay que procurar encauzar el natural mimetismo infantil y acompa\u00f1ar el crecimiento del ni\u00f1o, sin atrofiar o dinamitar todo lo que se haya construido en los a\u00f1os anteriores. El que sea insuficiente para los mayores no quiere decir que resulte inconveniente para los peque\u00f1os.<\/p>\n<p>    1.3.3  Preferencia figurativa<br \/>\n    En la catequesis de los ni\u00f1os de 3, 4 y 5 a\u00f1os hay que ser muy moderados en la presentaci\u00f3n de doctrinas, ideas, de los temas y de los ejercicios que sirven de orientaci\u00f3n en el trabajo.<\/p>\n<p>   El ni\u00f1o es concreto y sensorial. Se fija ante todo y sobre todo en las personas y en los hechos.<\/p>\n<p>   &#8211; En el fondo de esta catequesis tienen que situarse los hechos. Por eso las narraciones b\u00ed\u00adblicas deben constituir siempre el eje de la educaci\u00f3n de la fe.<\/p>\n<p>   &#8211; Los hechos de Jes\u00fas en el Evangelio son los modelos preferibles. Las figuras de la Biblia resultan insustituibles.<\/p>\n<p>   &#8211; La apertura a la Iglesia en la mente infantil exige ante todo el conocimiento y recuerdo de sus cristianos protagonistas: ap\u00f3stoles, m\u00e1rtires, santos.<\/p>\n<p>    2. Contexto educativo<br \/>\n    La educaci\u00f3n religiosa del ni\u00f1o peque\u00f1o est\u00e1 particularmente dependiente de determinados \u00e1mbitos y contextos:<\/p>\n<p>    2.1. Ambito familiar<br \/>\n    Los padres forman religiosamente al ni\u00f1o peque\u00f1o por el mismo hecho de ser ellos creyentes y por sus manifestaciones espont\u00e1neas de piedad y fe.<\/p>\n<p>    Hay una actuaci\u00f3n subconsciente e imperceptible en la que se debe creer. La experiencia ense\u00f1a que es la actitud global y el esp\u00ed\u00adritu que se respira en la familia lo que configura a la larga el sentido \u00e9tico y religioso de los hijos desde los primeros a\u00f1os. Esa disposici\u00f3n es la verdadera catequesis familiar, incluso mucho m\u00e1s que las simples pr\u00e1cticas y cumplimientos que con frecuencia se mitifican m\u00e1s de la cuenta.<\/p>\n<p>    Las influencias familiares se basan en el testimonio vivo de los padres, de forma particular de la madre, que para el ni\u00f1o de esta edad se convierte en elemento de referencia primario. En la afectividad del ni\u00f1o quedan hondamente grabadas las actitudes radicales y los valores esenciales.<\/p>\n<p>     Los sentimientos de admiraci\u00f3n, de respeto, sobre todo de amor a Dios y a todas las figuras que se presentan como espirituales, configuradas m\u00ed\u00adticamente por la fantas\u00ed\u00ada infantil, tienen importancia decisiva. Pero no tienen sentido sin la referencia al \u00e1mbito materno y paterno.<\/p>\n<p>   Los mismos juicios de preferencia y las diferencias morales que hace el ni\u00f1o entre el bien y el mal poseen m\u00e1s significado imitativo que aut\u00f3nomo. Importa vincular estas reacciones con la admiraci\u00f3n por el padre y la madre.<\/p>\n<p>     Hay necesidades naturales que pueden asociarse imperceptiblemente con las verdades religiosas: por ejemplo, la necesidad de protecci\u00f3n que el ni\u00f1o siente, el deseo de crecimiento y de fortaleza, la generosidad, etc.<\/p>\n<p>     La actitud religiosa de los padres, la cual no se ha de reducir a simple bondad natural, se transfunde a los hijos por contacto existencial. Huelgan los programas expl\u00ed\u00adcitos para educar en este terreno. Simplemente se transmite el mensaje de la vida. La catequesis familiar ha de orientarse a la vivencia m\u00e1s que a la ciencia, a la experiencia m\u00e1s que a la doctrina, al contacto dialogal m\u00e1s que a la instrucci\u00f3n. Es preciso abrir las puertas a una prudente informaci\u00f3n, pero es m\u00e1s valiosa la fuerza educadora de la vivencia de cada d\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>    No hemos de infravalorar, ciertamente, el alcance que tienen los programas sistem\u00e1ticos y progresivos de formaci\u00f3n religiosa. Pero es bueno no magnificar lo que s\u00f3lo debe ser ayuda subsidiaria.<\/p>\n<p>    Los catequistas har\u00e1n bien en resaltar esa realidad ante los padres y les animar\u00e1n a vivir la fe religiosa con naturalidad y con nobleza. Ser\u00e1 el mejor medio de convertirse en educadores religiosos de los hijos. En vano se buscar\u00e1n otros cauces, si el sustento radical del hogar se pierde en formalidades.<\/p>\n<p>     2.2. Ambito escolar<\/p>\n<p>     En su justa proporci\u00f3n, tambi\u00e9n la labor educadora del Centro escolar resulta decisiva en los a\u00f1os infantiles. De forma particular la escuela infantil, la instituci\u00f3n organizada y formal en la cual se realiza el primer itinerario escolar, adquieren gran importancia en la educaci\u00f3n religiosa del ni\u00f1o.<\/p>\n<p>     En este espacio educativo, el peque\u00f1o de 4 y 5 a\u00f1os se vincula y relaciona con otros ni\u00f1os de su nivel. Adquiere experiencias nuevas y m\u00e1s abiertas que las del hogar. Descubre nueva forma de comportarse y se acomoda a ese segundo hogar en el que pasa muchas horas al d\u00ed\u00ada y muchos d\u00ed\u00adas al a\u00f1o. En este \u00e1mbito, que hoy est\u00e1 iluminado por una pedagog\u00ed\u00ada muy adecuada y cada vez m\u00e1s t\u00e9cnica, se satisfacen tambi\u00e9n las demandas afectivas y morales<br \/>\n  .<\/p>\n<p>     En lo religioso, all\u00ed\u00ad aprenden los ni\u00f1os palabras, frases, oraciones, sentimientos, gestos, comportamientos, actitudes que, de una manera u otra, est\u00e1n impregnados de significado trascendente.<\/p>\n<p>     El centro escolar no anula ni suplanta el contexto familiar, que es el que ofrece la educaci\u00f3n m\u00e1s natural. Pero s\u00ed\u00ad aumenta el mensaje educativo, en cuanto puede aportar riquezas m\u00e1s adaptadas a las necesidades espirituales.<\/p>\n<p>     Pueden ser m\u00faltiples y adecuadas: im\u00e1genes determinadas, h\u00e1bitos solidarios, prohibiciones y ordenaciones concretas, que no tendr\u00ed\u00adan sentido en el hogar, o al menos no poseen el mismo alcance disciplinar que el adquirido en el centro escolar.<\/p>\n<p>    La familia y la entidad escolar que la complementa han de interrelacionarse lo m\u00e1s posible, tambi\u00e9n en lo referente a esta dimensi\u00f3n religiosa.<\/p>\n<p>      2.3. Otros \u00e1mbitos<\/p>\n<p>     Merece ocasionalmente atenci\u00f3n en la medida en que existan. El \u00e1mbito parroquial debe figurar entre los m\u00e1s decisivos, tanto directamente si es capaz de organizar \u00abalgo\u00bb adecuado a este tipo de ni\u00f1o, como indirectamente si sabe ofertar planas, servicios y apoyos dirigidos a los adultos que tienen a su cargo a los ni\u00f1os de estas edades: padres y madres o maestros de estos niveles.<\/p>\n<p>     Los educadores de la fe de ni\u00f1os peque\u00f1os, los catequistas de estas edades, deben tomarse muy en serio su labor. Poseen m\u00e1s importancia de lo que a veces se le atribuye. Esa primera infancia puede parecer fr\u00e1gil, pero es condicionante para los procesos posteriores de la vida.<\/p>\n<p>    Deben recordar siempre diversos principios operativos:<\/p>\n<p>   &#8211;  Es momento en que importan menos las ideas y los conocimientos que los sentimientos positivos y las actitudes de acogida. En la parroquia se puede ofrecer a los ni\u00f1os nuevas experiencias y formas de encuentro.<\/p>\n<p>   &#8211;  Es un tiempo de avances psicol\u00f3gicos r\u00e1pidos, en donde el ni\u00f1o se convierte en aficionado observador de las conductas de los adultos. Se les puede facilitar una plataforma nueva de observaci\u00f3n.<\/p>\n<p>   &#8211;  Es la \u00e9poca en la que el ni\u00f1o se sit\u00faa en el mundo, de manos de sus allegados familiares, madre, padre, miembros del hogar. En la parroquia, a donde puede acudir ocasionalmente, el ni\u00f1o comienza a observar \u00abotro mundo\u00bb menos formal que la escuela, menos protector que la familia.<\/p>\n<p>   &#8211; Naturalmente las estructuras parroquiales o de otros tipos que acogen a ni\u00f1os para colaborar en su formaci\u00f3n y en su instrucci\u00f3n religiosa deben contar con personas y educadores especialmente preparados para tarea tan singular.<\/p>\n<p>     3. Cauces de la religiosidad<\/p>\n<p>     Surgida la idea de Dios, y teniendo en cuenta la prioridad del contexto familiar, podemos explorar el nacimiento de la religiosidad infantil.<\/p>\n<p>     De momento la panor\u00e1mica religiosa es ambigua, inconcreta, sensorial, difusa; y la tarea del educador, de la madre y del padre, del maestro o maestra, de los catequistas, debe estar centrada en acompa\u00f1ar su desarrollo con paciencia y serenidad. Para ello habr\u00e1 que orientar sus primeros intereses y afectos hacia ese Ser protector. El ni\u00f1o llegar\u00e1 a descubrirle como amigo, a admirarle como fuerte, a quererle como bondadoso y acogedor, aunque no puede verlo ni explicarlo.<\/p>\n<p>     Formar el sentido de Dios es, pues, ayudar a descubrir de alguna la presencia cercana del ser divino, un poco a la manera como el ni\u00f1o descubre la acci\u00f3n imperceptible y continua de su madre, de su padre, de sus hermanos o de los dem\u00e1s miembros del hogar.<\/p>\n<p>    El ni\u00f1o respira el afecto materno, no razona sobre \u00e9l. Lo siente y lo descubre, sin que precise muchas explicaciones.<\/p>\n<p>    3.1. Descubrimiento de Dios<\/p>\n<p>     La figura de Dios se va descubriendo de esa forma: como la de Padre, amigo, protector, siempre con modelos antropom\u00f3rficos, sensoriales, visualizados. No puede ser de otra manera a esta edad.<\/p>\n<p>     Hay con todo una diferencia radical en la mente del ni\u00f1o: la acci\u00f3n de los padres se palpa desde el amanecer hasta el anochecer. Sin embargo, la alusi\u00f3n a Dios surge de forma ocasional y el ni\u00f1o no la contrasta con experiencias sensibles. S\u00f3lo se le hace presente y flota en su mente, como algo que debe ser as\u00ed\u00ad, porque lo dicen los mayores.<\/p>\n<p>     M\u00e1s tarde, cuando el sentido de Dios haya despertado, la tarea estar\u00e1 en hacer descubrir la cercan\u00ed\u00ada de Dios como de Alguien Superior, grande, real, poderoso, incomprensible. De momento, s\u00f3lo se dir\u00e1 al ni\u00f1o que Dios es bueno, que nos ama a todos y, sobre todo, que le ama a \u00e9l en particular. Eso le agradar\u00e1, pues es eminentemente egoc\u00e9ntrico y sensorial. El ni\u00f1o aprender\u00e1 a repetir esas f\u00f3rmulas y planteamientos. Es el primer paso de su religiosidad.<\/p>\n<p>     Por eso el despertar religioso es f\u00e1cil de definir desde el adulto; pero resulta especialmente confuso y complejo en la mente infantil de los dos a los seis a\u00f1os, totalmente mediatizada por lo sensorial.<\/p>\n<p>     No es, con todo, imposible que el ni\u00f1o entienda de alguna forma que hay Alguien que le quiere, aunque no lo vea. De momento es suficiente, aunque sea tan elemental.<\/p>\n<p>     Al llegar a los dos a\u00f1os, va siendo capaz de percibir y discernir las realidades. Observa, asocia, intuye, capta, explica las cosas a su manera, de forma fragmentaria y antropom\u00f3rfica.<\/p>\n<p>     Adquiere r\u00e1pidamente una buena capacidad denominativa, pues se halla en proceso de configurar su primer vocabulario b\u00e1sico. Lo hace siempre por influencia del entorno y de los adultos que le van estimulando con interrogantes y con pacientes ense\u00f1anzas.<\/p>\n<p>    3.2. Vocabulario religioso<br \/>\n    En el vocabulario que se va adquiriendo, los significados s\u00f3lo globalmente se asocian a los objetos, a las personas, a las acciones, a las cualidades, a los t\u00e9rminos adverbiales con los que va cuantificando y modificando sus conceptos sobre la realidad. Los conceptos, y por lo tanto los t\u00e9rminos que a ellos se asocian, poseen siempre tonalidad afectiva y sensorial.<\/p>\n<p>    Se hallan vinculados cada vez con m\u00e1s claridad, precisi\u00f3n y nitidez a las experiencias visuales y operativas que se van recibiendo y acumulando en su memoria. Esa adquisici\u00f3n se acelera al llegar a los cuatro a\u00f1os, pues es el momento en que el ni\u00f1o se hace capaz ya de explicar muchas de las cosas de su vida y de los deseos de su coraz\u00f3n.<\/p>\n<p>    Entre los conceptos que los ni\u00f1os van conquistando, en funci\u00f3n de las incidencias e influencias que provienen de los adultos, est\u00e1n las nociones religiosas. A ellos ir\u00e1n poco a poco asociando actitudes afectivas que nacen primero en forma incoherente y luego con mapas conceptuales cada vez m\u00e1s claros y  desarrollados.<\/p>\n<p>    En estos a\u00f1os de incipiente lenguaje, el ni\u00f1o ser\u00e1 incapaz de aventurar explicaciones o justificaciones que resulten satisfactorias. Pero, de cuando en cuando, repetir\u00e1 las expresiones que recibe de los adultos. De manera ingenua, cr\u00e9dula, elemental y tambi\u00e9n intermitente, los ni\u00f1os de estas edades ir\u00e1n fraguando un modo suficiente de sentir y de pensar, del cual har\u00e1n gala cuando sean demandados para ello por los adultos.<\/p>\n<p>    Educar el sentido de Dios en el ni\u00f1o en este momento es hacer que sus facultades: su inteligencia, su memoria, su afectividad, se hagan capaces de aceptar la figura que se ha formado en su mente. Esa figura del Ser Bueno, Fuerte, Grande, Protector, que han ido descubriendo en su intercambio con los adultos, ser\u00e1 la base y eje en el cual se ir\u00e1n desarrollando los otros conceptos m\u00e1s operativos: ir al cielo, hacer el bien, rezar, compartir, ayudar, perdonar, etc.<br \/>\n   Porque el ni\u00f1o s\u00f3lo se relaciona con Dios de manos de los mayores, de la madre, del padre, de otros seres queridos del hogar. Al descubrir su existencia, se despiertan en su personalidad sentimientos de cari\u00f1o hacia El. Adquiere modos de expresi\u00f3n adecuados a su capacidad mental y verbal. Establece asociaciones con otras dimensiones ambientales, siempre dependientes de las insinuaciones que va recibiendo del entorno.<br \/>\n   A simple vista se puede pensar que este descubrimiento es relativo; que es simple met\u00e1fora verbal que empleamos los mayores para expresar el acontecer de la mente infantil. Y podemos correr el riesgo de entender los sentimientos del ni\u00f1o s\u00f3lo desde la perspectiva conceptual y verbal de los adultos.<br \/>\n   Pero no se trata s\u00f3lo de establecer met\u00e1foras, sino de analizar las primeras concepciones e intuiciones infantiles. Estas son m\u00e1s aut\u00e9nticas de lo que a simple vista puede parecer. Reflejan la naciente habilidad mental para asociar hechos a figuras, palabras a hechos, necesidades a palabras, intenciones a comportamientos, expresiones a situaciones. La mente del ni\u00f1o realiza a esta edad una labor maravillosa<br \/>\n   En lo religioso acontece algo similar. Las impresiones, asociaciones y denominaciones ciertamente se hallan a la misma altura que otros aspectos del ni\u00f1o: mitos, figuras, personajes, impresiones, valores, preferencias, t\u00e9rminos, etc. Su existencia est\u00e1 llena de esa lluvia maravillosa que viene de la vida de cada d\u00ed\u00ada. Es cierto tambi\u00e9n que no bastar\u00e1 lo improvisado y ocasiones. Y que ser\u00e1 m\u00e1s provechosa si, desde el exterior, se promociona de manera m\u00e1s o menos intencionada y consciente.<\/p>\n<p>   3.3. Singularidad religiosa de los 4-6 a\u00f1os<\/p>\n<p>   En esta etapa el ni\u00f1o puede conseguir un incipiente \u00absentido de Dios\u00bb. Y eso significa que puede intuir globalmente su presencia protectora, su acci\u00f3n posible en la propia vida. Con ello se prepara para valorar m\u00e1s tarde su presencia en medio de los hombres.<br \/>\n   Elabora ideas y sentimientos en este terreno muy lentamente, siempre por el cauce que le van trazando los adultos, y las fundamenta ya en algo que transciende lo simplemente sensorial.<br \/>\n   El ni\u00f1o descubre a Dios, en cierto sentido, de manera similar a como aprende a conocer a sus padres, a sus hermanos, a los miembros del hogar, cuando \u00e9stos no est\u00e1n presentes. No los ven, pero circulan en su mente sus im\u00e1genes y sabe cosas de ellos.<br \/>\n  As\u00ed\u00ad hace con \u00abla figura\u00bb fraguada de Dios. Sabe que existe y que puede actuar. Se lo imagina, siempre de forma antropom\u00f3rfica, y esa imagen es el eje de una religiosidad expansiva, confiada, alegre y positiva, en la cual predomina la referencia a los adultos.<\/p>\n<p>    La religiosidad del ni\u00f1o de los 4-6 a\u00f1os comienza a ser aut\u00e9ntica, aunque elemental y primaria. Tiene m\u00e1s de credulidad que de espiritualidad. Su inmadurez l\u00f3gica y su predominio afectivo no hacen posible otra cosa. No es ya tan sensorial como dos a\u00f1os antes, pues sabe observar, asociar, reflexionar y formular explicaciones, elaborar relaciones de cierta riqueza y consistencia. Sus conclusiones siguen siendo elementales, pero ya son adecuadas a las diversas situaciones.<br \/>\n   El ni\u00f1o encuentra en los gestos que se multiplican en su entorno y redundan en su satisfacci\u00f3n una oportunidad de afianzarse. Con ellos logra darse cuenta de su valor y crece en su autoestima, buscando las oportunidades de situarse ante la consideraci\u00f3n de los dem\u00e1s.<br \/>\n   Le agrada dar muestras de su saber, sobre todo si se siente gratificado con la alabanza o el inter\u00e9s de los mayores. Al nacer en su mente valores y al surgir en su afectividad actitudes ya netamente religiosos, comienza para \u00e9l nueva manera de entender la vida.<br \/>\n   Conviene cuidar el lenguaje religioso con que se le habla o ense\u00f1a a hablar y la referencia a las figuras o hechos relacionados con lo espiritual. Pesa mucho la influencia ambiental, pues el ni\u00f1o capta, hilvana y retiene datos que pueden ser ya suprasensoriales.<br \/>\n   No hay que excitar excesivamente su credulidad con f\u00e1bulas y mitos exagerados por el n\u00famero o la inverosimilitud; pero hay que recordar que el ni\u00f1o necesita figuras sensoriales, acciones visibles, lugares, recursos, con los cuales poder poblar su mente activa.<br \/>\n   Puede dar cuenta de explicaciones o\u00ed\u00addas, diferencia personajes, explica f\u00f3rmulas o comenta actitudes de otros. Expresa lo que ve y se revela como buen observador. Sigue siendo intuitivo y muy dependiente de las insinuaciones y recomendaciones de los adultos.<br \/>\n   Hay que promocionar sus capacidades expresivas y dejar que se desenvuelvan sus actitudes de manera espont\u00e1nea y natural. No importa que revistan rasgos fantasiosos, siempre que no sean aberrantes o an\u00f3malos. Cierta sobriedad y serenidad en los mismos, as\u00ed\u00ad como su tonalidad afectuosa,  positiva y hasta ben\u00e9vola para el que los fabrica, ser\u00e1 preferible a otros planteamientos m\u00e1s complicados. Vidas de Santos, referencias sencillas a Jes\u00fas, hechos portentosos que denotan el poder divino, piadosas exageraciones no inveros\u00ed\u00admiles, son lenguajes asumibles por la mente infantil, que est\u00e1n a mitad camino entre lo m\u00ed\u00adtico y lo misterioso. En ocasiones, hasta puede resultar el cauce para el desarrollo religioso posterior.<\/p>\n<p>   La actitud de los adultos sigue siendo condicionante de sus sentimientos y de sus criterios. Por eso se debe fundamentar la religiosidad infantil en lo que dicen las figuras singulares que en su mente se van cargando de sentido religioso: de Jes\u00fas, de Dios, de los Santos, del Papa, de los sacerdotes, etc. Hacer una religiosidad despersonalizada y desmitificada, con el pretexto de ser objetivamente m\u00e1s s\u00f3lida, no es conveniente ahora.<br \/>\n   Sigue el predominio sensorial en sus planteamientos religiosos, pero ya es capaz de discernir situaciones, rasgos y posibilidades. Sus ojos y sus manos son todav\u00ed\u00ada fuente privilegiada de informaci\u00f3n y de experiencias, pero ya logra m\u00e1s consistencia y m\u00e1s coordinaci\u00f3n en lo que mira, hace y experimenta. Ser\u00e1 importante para su equilibrio que, en la religiosidad del ni\u00f1o de este nivel, no se den cabida a elementos negativos (demonios, castigos, pecados), ya que en este momento se miran las cosas por el lado bueno siempre y lo negativo ni es entendido ni asimilado<\/p>\n<p>    3.4. Signos del despertar religioso<\/p>\n<p>   Podemos considerar los 4 y 5 a\u00f1os como el momento oportuno para despertar la primera consciencia religiosa, aun cuando ciertos t\u00e9rminos, figuras o conceptos, hayan podido incluso brotar a los 3. El ni\u00f1o puede ya hacer atribuciones religiosas, es decir, referencias a personajes concretos, sobre todo si ha sido habituado a ello: \u00abVoy a  pedir a Dios&#8230;\u00bb, \u00abla Stma. Virgen quiere de nosotros&#8230;\u00bb, \u00abJes\u00fas desea que compartamos&#8230;\u00bb, etc.<\/p>\n<p>    El educador debe estar muy atento a esos signos del desarrollo religioso, primero para apoyarlos con inter\u00e9s y afecto, pero tambi\u00e9n para respetarlos en sus manifestaciones ingenuas. Debe abrirse a la diversidad de formas y de frecuencia con que pueden surgir. Unas veces brotan con autonom\u00ed\u00ada afectiva. En ocasiones son s\u00f3lo modos de imitar a los adultos. Estar atento implica crear condiciones para que surjan cauces y formas de expresi\u00f3n religiosa, es crear h\u00e1bitos, es facilitar impulsos, es aprovechar oportunidades.<br \/>\n   Entre los signos del despertar religioso se pueden citar:<br \/>\n     &#8211; La imitaci\u00f3n y repetici\u00f3n de palabras y posturas observadas en los adultos: plegarias, gestos, deseos, expresiones, posturas&#8230; Ordinariamente ser\u00e1 el ambiente hogare\u00f1o el marco ordinario de referencia: alusiones, comportamientos, lenguajes, actitudes de los padres&#8230;<\/p>\n<p>     &#8211; Tambi\u00e9n es buen signo el interesarse por cuestiones, ideas, sentimientos, observaciones espirituales. Son tales las que hacen referencia a Dios y a sus cosas: cuadros decorativos, figuras piadosas, f\u00f3rmulas de oraci\u00f3n, etc. Este inter\u00e9s va acompa\u00f1ado de preguntas interesadas: \u00abqu\u00e9 es eso\u00bb, \u00aba qui\u00e9n rezas\u00bb, \u00abqu\u00e9 pides\u00bb, etc.<\/p>\n<p>     El ni\u00f1o recibe informaciones por los ojos, por los o\u00ed\u00addos, por los comportamientos. En su mente influyen con el mismo peso que en otros terrenos: social, art\u00ed\u00adstico, cultural, pol\u00ed\u00adtico, \u00e9tico. Con el tiempo se integran en un mapa conceptual o afectivo propio y peculiar de lo que se considera religioso.<\/p>\n<p>    El signo de la imitaci\u00f3n de las obras buenas que presencia es tambi\u00e9n interesante. As\u00ed\u00ad se inicia en el bien, sobretodo al recibir la aprobaci\u00f3n y alabanza de los mayores. Tanto en el momento en que ellos realizan sus gestos o pr\u00e1cticas religiosas, como posteriormente, cuando el ni\u00f1o rememora din\u00e1micamente lo que ha visto hacer, reproduce los comportamientos religiosos ajenos, del mismo modo que reproduce otros deportivos o sociales.<br \/>\n   Se presta, con todo, a que se aprovechen sus intereses inducidos para proyectar en su mente algunas explicaciones sencillas sobre significados espirituales, los cuales no entienden de momento, pero que con frecuencia quedan latentes en su conciencia.<\/p>\n<p>    Debe ser muy apreciado el inter\u00e9s del ni\u00f1o que termina en pregunta iluminadora. La curiosidad del ni\u00f1o, por regla general proveniente de los sentidos y motivada por alg\u00fan aspecto parcial de la vida, provoca su sorpresa. Frecuentemente esta sorpresa se convierte en pregunta a los mayores: padres, abuelos, familiares, hermanos.<\/p>\n<p>    No suele ser sorpresa intelectual, pero si conduce a la admiraci\u00f3n, que en el ni\u00f1o es una fuerza estimulante. Ante la inc\u00f3gnita no vislumbra s\u00f3lo la soluci\u00f3n; pero se interesa por ella. Poco a poco va construyendo sus propias explicaciones de la vida, sobre todo a partir de las que va recibiendo. A esta edad predominan las respuestas que recibe. M\u00e1s tarde ser\u00e1n importantes las respuestas que \u00e9l mismo fabricar\u00e1.<\/p>\n<p>    La pregunta de este ni\u00f1o queda satisfecha sin ninguna exigencia cr\u00ed\u00adtica ni selectiva, pues su alcance es egoc\u00e9ntrico y no cosmoc\u00e9ntrico. Pero constituye un buen apoyo para la tarea catequ\u00ed\u00adstica. A veces la pregunta brota s\u00f3lo como eco de lo o\u00ed\u00addo a otros, sin ninguna intenci\u00f3n religiosa expl\u00ed\u00adcita.<\/p>\n<p>    Es frecuente una asociaci\u00f3n de figuras \u00abreligiosas\u00bb con los sentimientos naturales de afecto. El ni\u00f1o de 4 a 6 a\u00f1os ama a Jesucristo por la fuerza atractiva con la que se lo han presentado los adultos: cari\u00f1oso, bueno, protector&#8230;<\/p>\n<p>    O siente unos primeros deseos de ser agradable a Dios, cuando se le ense\u00f1a que est\u00e1 cerca de \u00e9l, aunque no se ve.<\/p>\n<p>    Por lo dem\u00e1s, el ni\u00f1o muestra afecto a personajes o acciones religiosas, por cuanto se le han ido sembrando desde el mundo de los adultos. Naturalmente nada de ello brota por generaci\u00f3n espont\u00e1nea, si \u00e9l queda abandonado a sus propios recursos mentales o afectivos. No ser\u00ed\u00ada correcto presuponer en \u00e9l ninguna capacidad religiosa innata.<\/p>\n<p>    Por eso son peligrosos, y desde luego irreales, los planteamientos m\u00ed\u00adsticos o ingenuos, que se alejan de todo realismo psicol\u00f3gico.<\/p>\n<p>    A veces el ni\u00f1o se detiene en explicar e interpretar sus propios hechos o comportamientos: un dibujo, un gesto, una plegaria, un actividad&#8230; Goza en esa explicaci\u00f3n. Se siente due\u00f1o de nuevas capacidades expresivas. Y tambi\u00e9n desea con frecuencia ser protagonista en lo que relaciona con algo religioso: Dios, el cielo, los Santos.<\/p>\n<p>    Al margen de que a esta edad todo ello posee tonalidad afectiva y es reacci\u00f3n mim\u00e9tica, se pueden ver estas actitudes como eco expresivo de primeras creencias religiosas. Fomentar esto es estimular la religiosidad, si bien conviene no fomentar la superstici\u00f3n, la cual puede promoverse sin casi advertirlo.<\/p>\n<p>    Es oportuno recordar que esos signos religiosos reflejan todos los s\u00ed\u00adntomas de la provisionalidad y de la fugacidad. Adem\u00e1s, son muy subjetivos, sobre todo si son fragmentariamente interpretados.<\/p>\n<p>    No es correcto atribuirlos m\u00e1s significado ni alcance del que verdaderamente poseen ante la propia conciencia del ni\u00f1o y ante los dem\u00e1s. S\u00f3lo la repetici\u00f3n los va dando consistencia. Si se saben aprovechar estas tendencias, irreflexivamente mim\u00e9ticas, para infundir una gota de religiosidad en su mente o en su afectividad, se le va disponiendo para los valores espirituales.<\/p>\n<p>     4. Pedagog\u00ed\u00ada religiosa<br \/>\n    El ni\u00f1o no tiene en esta etapa ninguna capacidad propiamente espiritual, trascendente, suprasensorial.  Para muchos estudiosos de este per\u00ed\u00adodo, resulta prematuro y anacr\u00f3nico hablar de religiosidad, ya que supondr\u00ed\u00ada superar lo sensible. Por otra parte, ni tiene ideas propias ni posee sentimientos firmes que le condicionan.<\/p>\n<p>    Tampoco adopta actitudes independientes de los adultos. No puede generalizar ni abstraer. Se halla dominado por los sentidos. De aceptar un dise\u00f1o de este tipo huelgan los planteamientos religiosos y lo mejor es diferirlos.<\/p>\n<p>    4.1. Inicios sensoriales<\/p>\n<p>    Sin embargo, es preciso hablar de un primer nacimiento espiritual desde la sensorialidad. A partir de su credulidad en figuras, acciones y lugares, no resulta exagerado indicar que el ni\u00f1o, al menos si se mueve en un entorno familiar con valores y conductas religiosas, s\u00ed\u00ad puede ir configurando las primeras impresiones, m\u00e1s intuitivas que conceptuales, en torno a Dios, a Jes\u00fas, a la Virgen Mar\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>    S\u00f3lo en este sentido podemos hablar de religiosidad inicial. El ni\u00f1o es capaz de observar, repetir, imitar, asociar, aspectos sincr\u00e9ticamente religiosos. El sincretismo es lo m\u00e1s significativo de este momento.<\/p>\n<p>    En sus visiones globales y sensoriales no hemos de excluir lo religioso, como no negamos incipientes capacidades l\u00f3gicas, \u00e9ticas, est\u00e9ticas. El ni\u00f1o no posee desarrolladas estas posibilidades, pero se inicia en ellas.<\/p>\n<p>    Por eso podemos dar consignas, pautas, l\u00ed\u00adneas pedag\u00f3gicas:<\/p>\n<p>     Se debe cuidar el lenguaje religioso y la referencia a las figuras o hechos de este sentido. El ni\u00f1o capta, hilvana y retiene datos que le permitir\u00e1n una posterior construcci\u00f3n de sus expresiones religiosas, en el contexto de otras creencias e impresiones.<\/p>\n<p>    Admite con facilidad gestos religiosos, sobre todo si provienen de los adultos. Con ellos quedan asociados y en su autoridad afectiva se apoyan. Con todo, es totalmente incapaz de explicar causalidades y condicionamientos, pues su capacidad reflexiva es muy elemental. Por eso reacciona desconcertado con frecuencia ante los acontecimientos inesperados que observa en el entorno y no sabe explicar.<\/p>\n<p>     Sensorializa todos los datos de car\u00e1cter espiritual y los vive con una dimensi\u00f3n presente, de modo que todo se desdibuja en su mente y en su afectividad cuando pasa el tiempo. Bien podemos hablar de una religiosidad fugaz, incoherente, fragmentaria e incluso intermitente. Para el ni\u00f1o no hay futuro ni apenas pasado. Todo es un continuo presente.<\/p>\n<p>    Tambi\u00e9n hemos de tener en cuenta que todos los ni\u00f1os no reaccionan de forma igual ante los est\u00ed\u00admulos que reciben del entorno, por lo cual pueden unos parecer m\u00e1s sensibles y otros m\u00e1s indiferentes ante el mismo tipo de hechos o datos ambientales. El respeto a los modos de ser y expresarse de cada ni\u00f1o debe ser norma primordial del educador.<\/p>\n<p>     Es conveniente aprovechar su capacidad observativa y su tendencia imitativa, a fin de ponerle delante elementos, aspectos o gestos que, cuando sea mayor, no necesite corregir o rectificar, sino que se adapten a su desarrollo: plegarias, posturas, gestos, sentimientos, figuras, etc.<\/p>\n<p>    En la medida en que se acomoden a su din\u00e1mica psicol\u00f3gica servir\u00e1n de plataforma para actuaciones posteriores. Por eso es bueno, dentro de la variedad de estos ni\u00f1os peque\u00f1os, el acercar el valor religioso a su entorno (ilustraciones, cuadros, gestos, acciones, etc.), para que el ni\u00f1o se vaya impregnando con ellos de forma natural y espont\u00e1nea.<\/p>\n<p>     4.2. Fabulaci\u00f3n religiosa<br \/>\n    La fuerza psicol\u00f3gica que m\u00e1s puede ser aprovechada en este per\u00ed\u00adodo es la de su fantas\u00ed\u00ada incipiente. El ni\u00f1o peque\u00f1o recibe los primeros rudimentos de la fe religiosa a trav\u00e9s de su sensorialidad y de su fantas\u00ed\u00ada. Si no se aprovechan estos recursos, si este aspecto es infravalorado por demasiado elemental, el nacimiento de sus impresiones religiosas se retrasa de forma inconveniente.<\/p>\n<p>    El ni\u00f1o se puede figurar muy parcialmente o con inexactitud el modo de ser y de actuar de los personajes religiosos que va descubriendo. Puede mezclarlos con otras figuras o iniciarse en una din\u00e1mica m\u00e1s m\u00e1gica que verdaderamente religiosa. Pero no importa que sea as\u00ed\u00ad; es una forma de comenzar a crecer. En la medida de lo posible, no debe ser desenfocada su fantas\u00ed\u00ada con mitos inveros\u00ed\u00admiles, sobre todo negativos o represores. No se debe asociar lo religioso con amenazas, enga\u00f1os o fingimientos exagerados, como a veces pueden sugerir los mayores.<\/p>\n<p>    Lo mejor es dejar que esa fantas\u00ed\u00ada crezca y act\u00fae de forma natural, sin pretender compensar con l\u00f3gicas explicaciones lo que el ni\u00f1o no es todav\u00ed\u00ada capaz de asimilar. No es malo, por lo tanto, que se entregue a esos animismos o fabulaciones con figuras, actividades o situaciones que rocen lo religioso. M\u00e1s tarde ir\u00e1 creciendo su capacidad anal\u00ed\u00adtica y se har\u00e1 m\u00e1s h\u00e1bil para reaccionar con m\u00e1s realismo. De momento, le bastar\u00e1n sus visiones ingenuas y parciales para desarrollar este sector importante de su personalidad.<\/p>\n<p>     A veces se ha querido disminuir la importancia constructiva que tiene la fabulaci\u00f3n infantil y en ocasiones se ha exagerado su significado. Con criterio realista, hay que reconocer su valor y apreciar el est\u00ed\u00admulo expresivo y operativo que representa para el ni\u00f1o.<\/p>\n<p>     Esta observaci\u00f3n ayuda a entender lo que precisa, sin que sea bueno sacarlo de su contexto de ingenuidad infantil o sin que convenga magnificar excesivamente sus fabulaciones.<\/p>\n<p>     En lo relativo a los aspectos religiosos, esta tendencia fabulatoria puede constituir buen recurso para ayudarle a crecer en sus sentimientos y en sus ideas de dimensi\u00f3n religiosa. Al poblar de figuras y acciones religiosas su fantas\u00ed\u00ada generosa ponemos su mente en actitud constructiva de cara al porvenir.<\/p>\n<p>  5. Metodolog\u00ed\u00ada vivencial<\/p>\n<p>   Es la que se debe seguir en este momento, ya que el pensamiento del ni\u00f1o es sincr\u00e9tico y su mente unifica los conceptos desde una perspectiva preferentemente sensorial, afectiva y fantasiosa. No interesa formular excesivas distinciones, sino vincular las ense\u00f1anzas a los hechos y datos visibles.<\/p>\n<p>    Los a\u00f1os que abarca la Educaci\u00f3n Infantil son b\u00e1sicos en la estructuraci\u00f3n de la personalidad y para el acceso lento hacia una mayor consistencia y tambi\u00e9n autonom\u00ed\u00ada espiritual y personal en el modo de pensar y de sentir.<\/p>\n<p>    El ni\u00f1o globaliza por que asume entremezcladamente lo que se le da. Vive lo que recibe, no lo razona ni lo discierne. Lo asume sincr\u00e9ticamente sin poder hacer otra cosa. En este momento de formaci\u00f3n se ayuda al ni\u00f1o, de una forma inicial y embrionaria, especialmente a trav\u00e9s de las experiencias de algunos valores humanos, de la presentaci\u00f3n de algunas figuras agradables y acogedoras, sobre todo de la aprobaci\u00f3n que los adultos hacen del comportamiento y manifestaciones del ni\u00f1o.<\/p>\n<p>   5.1. Actitudes imitativas<\/p>\n<p>   La catequesis de esta etapa debe mantenerse ahora al margen de los esquemas doctrinales y centrarse en los hechos simples de las figuras religiosas familiares: Dios, Jes\u00fas, Mar\u00ed\u00ada, alg\u00fan Santo. Tambi\u00e9n debe abarcar algunas acciones o actitudes \u00abbuenas\u00bb: rezar, dar, compartir, decir la verdad.<\/p>\n<p>    Los gestos, las figuras, los colores, los s\u00ed\u00admbolos, las acciones, son lenguaje sensorial que ahora va asociando el ni\u00f1o a las actitudes b\u00e1sicas relacionadas con lo espiritual.<\/p>\n<p>    Por eso, acciones tan ingenuas como el beso, el saludo, la postura, la ofrenda, etc, son entendidas por el ni\u00f1o, y agradablemente imitadas. El ni\u00f1o puede iniciarse en esa gestuaci\u00f3n y en la intencionalidad que se asocia en el entorno.<\/p>\n<p>    Importan menos los nombres y t\u00e9rminos, aunque es bueno incluir en la adquisici\u00f3n del vocabulario infantil una secci\u00f3n tambi\u00e9n dedicada a lo religioso. De no existir queda una laguna en sus planteamiento vitales.<\/p>\n<p>     No se trata de fomentar la exhibici\u00f3n de las habilidades del ni\u00f1o, sino de adquirir preparaci\u00f3n para m\u00e1s tarde, cuando su cultura se vaya desarrollando en los dem\u00e1s sectores del saber.<\/p>\n<p>     Es momento en que importan menos las ideas y los conocimientos planificados que las aclaraciones, respuestas o acciones ocasionales y oportunas. El ni\u00f1o aprende de la mano de sus padres multitud de cosas en la vida. No va a ser el sector religioso diferente.<\/p>\n<p>     Es un per\u00ed\u00adodo de desarrollo r\u00e1pido, lo cual puede tentar la paciencia y desconcertar la habilidad observativa del educador. Habr\u00e1 que recordar que el crecimiento es se\u00f1al de vida y que deber del educador es respetar ritmos y asumir diferencias, no igualar los procesos.<\/p>\n<p>     El ni\u00f1o se hace fino observador de las conductas de los adultos, a los que admira e imita cr\u00e9dula e irreflexivamente. A los adultos les corresponde alentar esa capacidad observativa desarrollando sentimientos y actitudes de confianza.<\/p>\n<p>   5.2. Preferencia por la acci\u00f3n<\/p>\n<p>   La metodolog\u00ed\u00ada activa, sensorial y repetitiva, debe ser la preferente en estos momentos, pues el ni\u00f1o carece de capacidad retentiva y sus palabras, datos, sentimientos y experiencias se borran pronto de su memoria.<\/p>\n<p>    De todas formas tambi\u00e9n habr\u00e1 que aconsejar paciencia para desarrollar hechos, actitudes y sentimientos que, aunque de momento no sean apreciados ni comprendidos por el ni\u00f1o, sirvan de plataforma para las etapas posteriores.<\/p>\n<p>    El educador, a trav\u00e9s de su manera de amarle, de ayudarle a crecer, de respetarle, le revelar\u00e1 los gestos del Padre Celestial y los valores religiosos, no con l\u00f3gica, sino con afecto y con sentido de cercan\u00ed\u00ada. Y lo har\u00e1 con sentido de gran responsabilidad, a pesar de que la edad del ni\u00f1o sea tan elemental. Lo importante no es que el ni\u00f1o demuestre sus conocimientos y habilidades, sino que realmente vaya madurando en su camino hacia el descubrimiento de Dios.<\/p>\n<p>    Y si el educador, el catequista en nuestro caso, desea que el mensaje religioso sea acogido, procurar\u00e1 que responda a la capacidad receptiva del ni\u00f1o. La formaci\u00f3n religiosa del ni\u00f1o se da, como la social, la verbal, la afectiva, la moral, de una forma natural y sencilla. Es m\u00e1s de contacto que de intenci\u00f3n, m\u00e1s vital que programada.<\/p>\n<p>    El ni\u00f1o desarrolla su salud y la fortaleza de su cuerpo creciendo y no siendo sometido a programas exigentes de alimentaci\u00f3n o de prevenci\u00f3n. Algo as\u00ed\u00ad puede considerarse ideal en lo religioso, en su dimensi\u00f3n afectiva y convivencial.<\/p>\n<p>    Se hace inicialmente religioso viviendo en \u00e1mbitos creyentes, como se hace corporalmente limpio respirando modos de vivir elegantes.<\/p>\n<p>    No estar\u00e1 de m\u00e1s recordar que muchas veces el ambiente que rodea al ni\u00f1o no es religioso, ni es ciertamente cristiano. Hay que tenerlo en cuenta y hacer lo posible por compensar la frialdad \u00e9tica, est\u00e9tica y espiritual en que a veces el ni\u00f1o se desenvuelve. Pero no resulta bueno distorsionar el ambiente familiar con intencionalidades al margen de las preferencias y estilos hogare\u00f1os.<\/p>\n<p>    Los padres tienen la prioridad en todo lo relacionado con la educaci\u00f3n de sus hijos. Deben ser respetados tambi\u00e9n en el terreno religioso y deben ser invitados a que asuman su protagonismo y su responsabilidad educativa.<\/p>\n<p>   5.3. Valor del testimonio<\/p>\n<p>   La religiosidad s\u00f3lo se configura gradualmente con el contacto y el testimonio de los adultos de su entorno. De esta manera se les ayuda a crear actitudes b\u00e1sicas en donde no hay distancia entre dimensiones humanas y dimensiones religiosas.<\/p>\n<p>    Estas actitudes permiten, posteriormente, una iniciaci\u00f3n sistem\u00e1tica, m\u00e1s cognoscitiva del mensaje cristiano. En esta etapa cabe ya una primera aproximaci\u00f3n a la figura de Jes\u00fas, que llama Padre a Dios, y un primer contacto con la Palabra de Dios, en forma de Historia Sagrada, es decir, de relatos interesantes centrados en personajes agradables.<\/p>\n<p>    Esos relatos no son diferentes materialmente a las dem\u00e1s narraciones: cuentos, historias, referencias, que el ni\u00f1o escucha con frecuencia. Pero conllevan una intenci\u00f3n religiosa: detr\u00e1s de ellos se mueve un Dios revelador.<\/p>\n<p>    Educar el sentido de Dios en el ni\u00f1o es hacer que todas sus facultades vayan orientadas hacia El: que descubra su existencia, que despierte sentimientos de amor hacia su figura, que adquiera modos de expresi\u00f3n, verbales y no verbales, en referencia a su cercan\u00ed\u00ada invisible, pero real. Esto s\u00f3lo se puede conseguir en este momento integrando en la mente sincretista del ni\u00f1o todos los conceptos b\u00e1sicos, naturales y tambi\u00e9n los sobrenaturales.<\/p>\n<p>    A simple vista nos podr\u00e1 parecer un tanto dif\u00ed\u00adcil el trazar las pautas b\u00e1sicas de la educaci\u00f3n prematura de ese sentido de Dios.<\/p>\n<p>    Pero la experiencia nos dice que, lo que resulta dif\u00ed\u00adcil, abstracto o complejo perfilar sobre un papel, llega a hacerse c\u00e1lido, cercano y asequible cuando se est\u00e1 en medio de los ni\u00f1os.<\/p>\n<p>    En este sentido, y desde una perspectiva de experiencia, ser\u00e1 bueno que se\u00f1alemos algunas consignas metodol\u00f3gicas peculiares de esta edad y en funci\u00f3n de los rasgos de la psicolog\u00ed\u00ada religiosa.<\/p>\n<p>   5.4. Fuerzas afectivas<\/p>\n<p>   Se debe resaltar la importancia que, entre los 4 y los 6 a\u00f1os, tiene la tonalidad afectiva que se da a las f\u00f3rmulas que se aprenden y los modos egoc\u00e9ntricos de los gestos que se manifiestan.<br \/>\n  El ni\u00f1o aprende expresiones y datos de los mayores: son ellos, pues, los que tienen que ofrecerles la explicaci\u00f3n de los mismos con toda su vida, es decir siendo consecuentes con lo que expresan. El ni\u00f1o repite con agrado lo que los mayores consideran como valioso.<\/p>\n<p>    Poco a poco penetra en su mente la referencia a Dios y as\u00ed\u00ad se forja su primera explicaci\u00f3n de lo que llamamos misterio divino, explicitado en conceptos religiosos fundamentales: Dios est\u00e1 en el cielo, El nos conoce, nos ama, Jes\u00fas es amigo, etc.<\/p>\n<p>  6. Catequesis importante<\/p>\n<p>   La catequesis de estos ni\u00f1os en el contexto escolar, como en el familiar o en otros ambientes donde eventualmente puedan acudir para relacionarse con catequistas y con otros ni\u00f1os, no debe ser otra cosa que \u00abla sencilla revelaci\u00f3n del Padre celeste, bueno y amoroso, al cual debemos amar, pues El nos ama a nosotros y nos protege\u00bb (Juan Pablo II Catechesi Tradendae 36).<\/p>\n<p>    6.1. Raz\u00f3n de la importancia<\/p>\n<p>    Habr\u00e1 que ayudar con esmero a ese descubrimiento con los lenguajes adecuados al ni\u00f1o de los 4 \u00f3 5 a\u00f1os. Pero no ser\u00e1 dif\u00ed\u00adcil conseguir, si se sabe proceder adecuadamente.<\/p>\n<p>    Para ello hay que captar el valor de su sensorialidad, de su inmediatez, de su simplicidad. Al ni\u00f1o se le habla como es capaz entender, no como el catequista es capaz de hablar.<\/p>\n<p>    Las caracter\u00ed\u00adsticas de la educaci\u00f3n religiosa de esta etapa deben estar en concordancia con una religiosidad preferentemente afectiva, en la que hay que formar las actitudes b\u00e1sicas y los sentimientos iniciales y no detenerse en inoportunas exigencias de instrucci\u00f3n doctrinal o de informaci\u00f3n cultural.<\/p>\n<p>     Es inseparable de la acci\u00f3n adaptada al nivel infantil. A esta edad, el pensamiento est\u00e1 unido a la acci\u00f3n. El ni\u00f1o piensa por el gesto.<\/p>\n<p>    Comprende en y por la acciones de los personajes que se le presentan. Imita esos hechos y descubre con facilidad lo que hay en ellas.<\/p>\n<p>    Se intentar\u00e1 siempre crear un clima de naturalidad, afectividad y confianza, en donde el ni\u00f1o tenga que expresarse m\u00e1s que escuchar, donde pueda actuar dibujando, movi\u00e9ndose, realizando gestos, m\u00e1s que acoger los que otros le sugieren o repetir f\u00f3rmulas o palabras fr\u00ed\u00adas, ajenas, dif\u00ed\u00adcilmente comprensibles para su mente.<\/p>\n<p>    Si halla esta facilidad a su alrededor, se sentir\u00e1 feliz, se expresar\u00e1 con alegr\u00ed\u00ada y se dispondr\u00e1 a crecer en ideas y en sentimientos de todo tipo. Al catequista corresponde el conseguir que tambi\u00e9n se desarrolle paralelamente en los valores, los conceptos y las experiencias relacionadas con lo religiosos.<br \/>\n  Juan Pablo II escrib\u00ed\u00ada: \u00abUn momento destacado de la catequesis es aquel en el que un ni\u00f1o peque\u00f1o recibe de sus padres y del ambiente familiar los primeros rudimentos de la catequesis, que acaso no ser\u00e1n sino una sencilla revelaci\u00f3n del Padre celeste y bueno, al cual aprende a dirigir su coraz\u00f3n las brev\u00ed\u00adsimas oraciones que el ni\u00f1o lograr\u00e1 balbucir y ser\u00e1n tal vez el principio de un di\u00e1logo cari\u00f1oso con ese Dios oculto, cuya palabra comenzar\u00e1n a escuchar despu\u00e9s. Ante los padres cristianos nunca insistiremos lo suficiente en la importancia de esa iniciaci\u00f3n precoz, mediante la cual son integradas las facultades del ni\u00f1o en una relaci\u00f3n vital con Dios\u00bb. (Catechesi Tradendae 36)<\/p>\n<p>   6.2. Catequesis de especialistas<\/p>\n<p>   La actividad religiosa en este momento de la vida debe responder a la psicolog\u00ed\u00ada general y particular del ni\u00f1o. Pero hace falta ser muy entendido en esa psicolog\u00ed\u00ada para apreciar su importancia.<\/p>\n<p>    No es correcto afirmar que no tiene necesidad de expresiones religiosas y de experiencias sencillas en este terreno. Y hay que evitar pensar que todav\u00ed\u00ada no puede interpretar sus contenidos. El ni\u00f1o est\u00e1 en fase de iniciaci\u00f3n y no debe ser privado de sus ventajas.<\/p>\n<p>    La primera educaci\u00f3n religiosa debe hacer referencia al vocabulario religioso sencillo y elemental. Depender\u00e1 de lo que en el hogar se quiera y pueda aportar en este terreno. Si es o no decisivo para los estadios posteriores que nazcan ahora estas primeras actitudes, es cuesti\u00f3n m\u00e1s compleja y decisiva.<\/p>\n<p>    Baste recordar el consenso general, en clave freudiana o en clave reflexol\u00f3gica, de que lo aprendido en los primeros a\u00f1os engendra predisposiciones que durar\u00e1n toda la vida.<\/p>\n<p>    En este momento hay que tender a una formaci\u00f3n asistem\u00e1tica y globalizante, ocasional, sencilla. El ritmo y la intensidad lo marcan las formas de vida del hogar y los reclamos naturales del ni\u00f1o. No se necesitan planes o procesos especialmente predispuestos.<\/p>\n<p>    La labor en este nivel infantil debe resultar m\u00e1s espor\u00e1dica que sistem\u00e1tica, m\u00e1s afectiva que intelectual, m\u00e1s vivencial que programada.<\/p>\n<p>    De lo que no cabe duda es de que resulta preferible la acci\u00f3n hogare\u00f1a m\u00e1s que cualquier otra tarea artificialmente preparada en el Centro de educaci\u00f3n, el cual con frecuencia tiene el ni\u00f1o que frecuentar.<\/p>\n<p>    Con todo, el educador que act\u00fae en ese Centro puede aportar tambi\u00e9n sus esfuerzos bien dise\u00f1ados, los reforzamientos que sean pertinentes, las sugerencias, experiencias y apoyos que m\u00e1s convenga. Debe hacerlo con consciencia de su car\u00e1cter secundario y complementario a lo que se da en el hogar.<\/p>\n<p>    Un rasgo que no debe ser olvidado por el educador es que el ni\u00f1o se expresa por sus afectos y cuenta con una necesidad b\u00e1sica de acogida afectiva. Adem\u00e1s debe recordar que sus lenguajes \u00fanicos son los sensoriales.<\/p>\n<p>    Pretender otras actitudes o criterios no deja de ser excesivo para un momento en que lo mejor que puede acontecer al ni\u00f1o es que nazca su religiosidad de forma natural, como nace su lenguaje, su motricidad o sus experiencias vitales. Las caracter\u00ed\u00adsticas de la educaci\u00f3n religiosa de esta etapa deben estar en concordancia con los buenos sentimientos, no de los conocimientos, cuya fuente son tambi\u00e9n los adultos.<\/p>\n<p>    Lo importante es promover esas formas iniciales, que m\u00e1s tarde generar\u00e1n las actitudes b\u00e1sicas m\u00e1s definidas y los sentimientos de arranque de la religiosidad infantil.<\/p>\n<p>    Y, como en tantos otros aspectos de la educaci\u00f3n del ni\u00f1o peque\u00f1o, ser\u00e1 bueno recordar que es importante no tener prisa en que surjan modos de hablar o de comportarse deseados por los adultos. Es preferible siempre respetar los ritmos naturales en el nivel madurativo de cada ni\u00f1o en particular.<\/p>\n<p>     Lo que no se debe consentir, en la medida de lo posible, es que en sus fantas\u00ed\u00adas el ni\u00f1o, de forma aut\u00f3ctona o por influencias ajenas, se desarrollen sentimientos negativos, miedos, amenazas, exageraciones o prevenciones contra personas, acciones o situaciones que tengan que ver con aspectos religiosos. No es que de momento generen bloqueos; pero pueden suscitar dificultades posteriores.<\/p>\n<p>    6.3. F\u00f3rmulas como apoyo<\/p>\n<p>   El objetivo de la educaci\u00f3n religiosa en esta edad es despertar, preparar, encauzar hacia los valores religiosos, por medio de los sentimientos. Pero no se debe pretender ning\u00fan plan sistem\u00e1tico de formaci\u00f3n.<\/p>\n<p>    Es preferible hablar de formaci\u00f3n abierta, espont\u00e1nea natural. Es etapa en la que se va desarrollando un excelente vocabulario b\u00e1sico o nuclear, que no es otra cosa que la respuesta y expresi\u00f3n externa del nacimiento de la primera conceptuaci\u00f3n.<\/p>\n<p>    Por eso, las f\u00f3rmulas que los ni\u00f1os ya pueden repetir, los hechos que van siendo capaces de narrar, las figuras que comienzan a describir con inter\u00e9s y habilidad, deben estar en el centro de la atenci\u00f3n de los catequistas. Con todo, tienen que ser conscientes de que lo importante no son las f\u00f3rmulas, sino el sentido que se imprime en ellas; no son los hechos, sino su significado, As\u00ed\u00ad se logra perfilar poco a poco el mapa de rasgos que va asociando a esas f\u00f3rmulas que aprende a repetir.<\/p>\n<p>    Lo que el ni\u00f1o ve en los modos de expresarse de los adultos va a depender mucho de c\u00f3mo se le presentan los datos y las ense\u00f1anzas. Sin hacer de las expresiones, f\u00f3rmulas y gestos nada que tenga valor absoluto, se pueden y deben hacer centro de inter\u00e9s y de comentario para la instrucci\u00f3n de los ni\u00f1os.<\/p>\n<p>    Con ello se les ofrece algo concreto y cercano, que se repite en el entorno, que hace referencia obligada y que puede ser objeto de explicaci\u00f3n cada vez mayor.<\/p>\n<p>    El Catequista, con todo, como los padres, debe evitar el reducir a ellas sus comentarios en este momento del despertar religioso. Son soportes, instrumentos, recursos. Son lenguajes, no mensajes. En este sentido deben ser moderadamente usadas y, a trav\u00e9s de ellas, se podr\u00e1 perfilar el mapa sencillo de las primeras ideas, de los sentimientos sencillos del ni\u00f1o peque\u00f1o.<\/p>\n<p>    Tampoco importa demasiado en esta edad exigir y forzar que el ni\u00f1o repita los datos, las expresiones, los gestos, s\u00f3lo por el hecho de que sean usuales en el ambiente de los adultos. Lo importante es sembrar semillas, en espera de que alg\u00fan d\u00ed\u00ada produzcan adecuados frutos, sin pretender m\u00e1s de lo que el ni\u00f1o puede dar o asimilar.<\/p>\n<p>    Con todo, es bueno que el educador recuerde que la fe necesita apoyarse en lo humano en todos los momentos de la vida. Y tambi\u00e9n lo necesita en este per\u00ed\u00adodo, el cual puede pasar desapercibido para todo el que no sepa lo que hay en el coraz\u00f3n y en la mente del ni\u00f1o.<\/p>\n<p>    No se trata de explicar, sino de vivir y de dar la interpretaci\u00f3n sobria a lo que estamos viviendo. El ni\u00f1o capta lo que \u00e9l ha vivido. Estamos en el terreno de la acci\u00f3n y de la experiencia.<\/p>\n<p>    La educaci\u00f3n cristiana del ni\u00f1o peque\u00f1o forma parte de un proceso continuado de maduraci\u00f3n personal y comunitaria de la fe, que se inicia en el despertar religioso, en esta primera etapa infantil, y se contin\u00faa durante toda la vida.<\/p>\n<p>    En esta etapa no hay que tener prisa. Pero no hay que dejar pasar los primeros momentos que tanta fuerza configurativa tienen en la formaci\u00f3n de la personalidad infantil.<\/p>\n<p>    Los Obispos Espa\u00f1oles dec\u00ed\u00adan en un documento: \u00abEl despertar religioso es la primera expeiencia religiosa, anterior a la catequesis, que debe darse fundamentalmente en el ambiente familiar, donde el ni\u00f1o debe o\u00ed\u00adr hablar de Dios, aprender a rezar, ver una participaci\u00f3n familiar en las celebraciones&#8230; Esta experiencia es b\u00e1sica y fundamental y no debe darse por supuesta.\u00bb (Catequesis de la Comunidad cristiana 23)<\/p>\n<p>   6.4. Catequesis de madres y padres<\/p>\n<p>   La religiosidad de las madres y de los padres es la base de la religiosidad de los ni\u00f1os peque\u00f1os. Lo es, en este momento, de manera exclusiva; ellos son los que infunden en el ni\u00f1o las primeras impresiones y actitudes. Lo ser\u00e1 en los dos a\u00f1os siguientes de manera total, pues el ni\u00f1o depender\u00e1 en todo de ellos.<\/p>\n<p>    En consecuencia, resulta importante organizar una labor formativa de las madres y de los padres, para, indirectamente, acercarse a la personalidad infantil para infundir en su mente y en su coraz\u00f3n las semillas de una religiosidad adecuada.<\/p>\n<p>    Se debe partir de la responsabilidad educadora de los padres, la cual ser\u00e1 m\u00e1s o menos posible seg\u00fan sus personales actitudes religiosas.<\/p>\n<p>    Se les ense\u00f1ar\u00e1 a los padres a comportarse con los hijos, no s\u00f3lo aludiendo a la importancia de su testimonio vivo de fe y de conciencia cristiana, sino fomentando una catequesis familiar expl\u00ed\u00adcita, en la medida de lo posible.<\/p>\n<p>    Tradicionalmente han sido las madres las que m\u00e1s han tomado las riendas de la educaci\u00f3n de los ni\u00f1os peque\u00f1os. Se debe dar a los dos miembros del matrimonio la conciencia clara de que responsabilidad compartida, tambi\u00e9n en los \u00e1mbitos religiosos, es un don m\u00e1s que un trabajo. Son ambos padres los que responden por igual de la religiosidad del ni\u00f1o peque\u00f1o.<\/p>\n<p>    La catequesis familiar reviste caracteres originales: es asistem\u00e1tica; tiende a ser m\u00e1s moral que doctrinal; reclama el refuerzo de plegarias y de aut\u00e9ntica vida cristiana, con atenci\u00f3n preferente a las virtudes.<\/p>\n<p>    En el hogar inciden con frecuencia las labores formadoras de otros miembros: hermanos, abuelos, t\u00ed\u00ados, etc. Hay que saber poner en juego todo el potencial educador que esas fuerzas vivas representan.<\/p>\n<p>    No basta una catequesis familiar negativa, es decir que evite errores, desviaciones o bloqueos. Se precisa abrir cauces positivos de compromiso y de aut\u00e9ntica instrucci\u00f3n, animaci\u00f3n y educaci\u00f3n global.<\/p>\n<p>    S\u00f3lo si los padres tienen una educaci\u00f3n religiosa adecuada y si se ponen en disposici\u00f3n de comprender a los hijos desde los primeros a\u00f1os, podr\u00e1n cumplir con su cometido educador.<\/p>\n<p>    Ellos son los primeros catequistas y en esta tarea deben ayudarles los buenos catequistas especializados en estas edades. Ser\u00e1 conversando con los padres, facilitando alg\u00fan material visual adecuado, aconsejando en las dificultades, fomentando la atenci\u00f3n a todos los aspectos de la educaci\u00f3n, etc., como se podr\u00e1 asegurar la buena catequesis del despertar religioso.<\/p>\n<p>Pedro Chico Gonz\u00e1lez, Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00ed\u00ada Religiosa, Editorial Bru\u00f1o, Lima, Per\u00fa 2006<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00eda Religiosa<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>[623] El despertar religioso de los ni\u00f1os acontece entre los 2 y 3 a\u00f1os. El nacimiento de la religiosidad implica referencia materna prioritaria. Luego sus impresiones y sentimientos se van desarrollando a los 4 y 5, con creciente vocabulario, por imitaci\u00f3n y dependencia del hogar, por las primeras experiencias ante la vida. A los 6 &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/infancia-elemental\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abINFANCIA ELEMENTAL\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-11360","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/11360","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=11360"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/11360\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=11360"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=11360"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=11360"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}