{"id":11361,"date":"2016-02-05T07:55:54","date_gmt":"2016-02-05T12:55:54","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/infancia-media\/"},"modified":"2016-02-05T07:55:54","modified_gmt":"2016-02-05T12:55:54","slug":"infancia-media","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/infancia-media\/","title":{"rendered":"INFANCIA MEDIA"},"content":{"rendered":"<p>[624]<br \/>\n    Es etapa de arm\u00f3nica convivencia y nuevas relaciones. Importa el entorno escolar y la familia. Pero el ni\u00f1o comienza a abrirse a las experiencias de la vida, a veces en contra de esas plataformas educadoras.<\/p>\n<p>    Entre los 7 y 10 a\u00f1os la religiosidad es ostensible. Pero domina todav\u00ed\u00ada la credulidad, aunque se inicia la espiritualidad y el sentido de la trascendencia.<\/p>\n<p>    La actitud interna es fr\u00e1gil, insegura, superficial, con mucho de ilusorio y de mimetismo. Pero no por ello es menos valiosa para la configuraci\u00f3n de la personalidad y de los valores superiores.<\/p>\n<p>    En la infancia media el sujeto vive pendiente de s\u00ed\u00ad mismo, pues hay fuerte dosis de egocentrismo, pero se va abriendo aceleradamente hacia el exterior. Al comienzo de la etapa est\u00e1 todav\u00ed\u00ada muy pendiente de los adultos. Al llegar a los 8 a\u00f1os se hace intensamente social: aumenta el agrado por los compa\u00f1eros, por las acciones compartidas. A los 10, la madurez es admirable.<\/p>\n<p>    La entrega al ambiente le hace al ni\u00f1o  solidario e imitativo en todo. Por eso vamos a definir este per\u00ed\u00adodo como el de \u00abla imitaci\u00f3n consciente\u00bb, la etapa \u00abparticipativa y social\u00bb, el tiempos de la religiosidad activa, ya que el ni\u00f1o no reproduce los gestos ajenos de forma autom\u00e1tica, como en etapas anteriores, sino de forma selectiva. Ya sabe lo que hace y muchas veces tiene intenciones claras.<\/p>\n<p>1. Rasgos psicol\u00f3gicos<\/p>\n<p>    Se caracteriza \u00abla infancia media\u00bb por ser pac\u00ed\u00adfica, arm\u00f3nica y din\u00e1mica, aunque su energ\u00ed\u00ada es m\u00e1s impulsiva que reflexiva. Se abre a la vida de forma natural y busca con inter\u00e9s las experiencias variadas. Muestra curiosidad por las cosas y aprovecha las oportunidades.<\/p>\n<p>    De la mano de los adultos, consigue muchas nuevas sensaciones; pero tambi\u00e9n explora por su propia cuenta las que \u00e9l mismo busca. Se siente dichoso en medio de las cosas y de las personas. Experimenta placer en la vida escolar y con facilidad se entrega a las relaciones y a los trabajos acad\u00e9micos.<\/p>\n<p>    Es positivo y optimista en sus apreciaciones sociales. Aunque tiende todav\u00ed\u00ada a las comparaciones con los dem\u00e1s compa\u00f1eros, es de f\u00e1cil conformar. Por eso se adapta con facilidad a las situaciones.  Mira el lado positivo de los hechos, sin ser exigente en las demandas, a no ser que se halle muy enviciado con ofertas o con est\u00ed\u00admulos artificiales.<\/p>\n<p>    Ha superado ya la etapa fabulatoria anterior. Comienza a elaborar criterios reductores, en funci\u00f3n de sus experiencias acumuladas. Ellas le permiten diferenciar la realidad de sus sue\u00f1os. Formula juicios de valor con cierta objetividad y rapidez, aun cuando vacila en sus argumentaciones, sobre todo ante un adversario adulto con el cual no puede todav\u00ed\u00ada competir.<\/p>\n<p>    Le agrada vivir con los dem\u00e1s de manera participativa. Sabe sacar consecuencias de los hechos y de las situaciones que observa en el entorno. Su sociabilidad, sin ser fuerte y resistente, es abierta y diversificada. Es efecto de la progresiva superaci\u00f3n del egocentrismo absorbente de la etapa anterior.<\/p>\n<p>    Es muy capaz de organizar y retener los datos recogidos. No se equivoca con facilidad y tampoco se le enga\u00f1a f\u00e1cilmente. Tiene recursos para reflexionar por su cuenta y posee lenguaje expresivo rico para transmitir sus impresiones, conocimientos y necesidades.<\/p>\n<p>    Su afectividad sigue siendo intensa, pero no se polariza ya en exclusiva en el hogar familiar. Otras instancias le van reclamando afectos y preferencias. Se mantiene atento a ellas. Y comparte sus simpat\u00ed\u00adas con multitud de objetos y situaciones. Por otra parte, sus sentimientos son muy variables. F\u00e1cilmente cambia de preferencias ante las insinuaciones expl\u00ed\u00adcitas o t\u00e1citas de los adultos.<\/p>\n<p>    Es d\u00f3cil y cordial sin esfuerzo, irradiando una bondad que ya no se reduce a la ingenuidad anterior. Sabe diferenciar situaciones y seleccionar los medios para conseguir determinados fines. Cavila sobre los mejores caminos para llevar adelante sus pretensiones. Saca conclusiones con facilidad, aunque todav\u00ed\u00ada no logra eficacia total, por lo que muchas veces se desenga\u00f1a y renuncia a las empresas que inicia.<\/p>\n<p>    Se manifiesta generoso con los dem\u00e1s y es compasivo, ben\u00e9volo y transparente en sus intenciones. Al mismo tiempo, se siente dominado por los buenos sentimientos, a los cuales invita, con frecuencia los mayores. Se desvive por dar gusto a los adultos y se complace con las aprobaciones que recibe.<\/p>\n<p>    Cuenta mucho en su personalidad la influencia del contexto escolar. Por regla general se siente integrado y c\u00f3modo con los profesores y compa\u00f1eros. En el \u00e1mbito acad\u00e9mico no se muestra exigente ni retra\u00ed\u00addo, sobre todo si los procedimientos educativos son flexibles.<\/p>\n<p>    Se desarrolla en \u00e9l cierta sensibilidad \u00e9tica y es capaz de cultivar valores est\u00e9ticos, sociales y espirituales que superan su subjetividad. Aqu\u00ed\u00ad se apoya su sensibilidad religiosa, la cual tiene m\u00e1s de credulidad que de creencia.<\/p>\n<p>    Posee conciencia clara sobre lo que debe regular su conducta. Es capaz de elaborar escalas morales. Sus valoraciones tienden a contrastarse con las de los adultos, buscando con frecuencia recibir garant\u00ed\u00ada y aprobaci\u00f3n de ellos.<\/p>\n<p>    Se intensifican muchas de las habilidades motrices, operativas e instrumentales, que le producen agrado y seguridad y le hacen sentirse importante. Por eso le gusta ya alardear de sus conocimientos y, mediante ellos, trata de dominar t\u00e9cnicas, datos y recursos que le permitan mostrarse h\u00e1bil ante los dem\u00e1s. Empieza a ser competitivo y le gusta ser de los primeros en las diversas situaciones o acciones que se realizan en grupo. Con todo, sus actitudes no llegan a la rivalidad, si bien no est\u00e1n con frecuencia lejanas a la envidia y al deseo de ser m\u00e1s que sus compa\u00f1eros.<\/p>\n<p>    Ya logra desprenderse de muchos reclamos sensoriales, pues su inteligencia va organiz\u00e1ndose de forma l\u00f3gica y coherente. No es aut\u00f3noma, pues todav\u00ed\u00ada no posee grandes recursos deductivos o argumentales. Pero maneja con cierta soltura el an\u00e1lisis de aspectos y de situaciones, la intuici\u00f3n y la capacidad asociativa.<\/p>\n<p>    La personalidad del ni\u00f1o se manifiesta organizada y s\u00f3lida, siendo m\u00e1s capaz de obrar en consecuencia con normas estables. Entiende lo que es cumplir con su deber y hace las cosas con cierta constancia y fidelidad. Influye en esta actitud la red de h\u00e1bitos y formas de comportamiento que ya posee, sobre todo en el contexto escolar.<\/p>\n<p> 2. La religiosidad infantil<\/p>\n<p>   Comienza a ser m\u00e1s consciente y m\u00e1s s\u00f3lida, sobre todo si sigue procesos educativos formales en la parroquia y en la escuela y las influencias familiares son positivas.<\/p>\n<p>    2.1. Religiosidad imitativa<br \/>\n    La religiosidad de esta infancia se halla todav\u00ed\u00ada muy dominada por el ambiente y por los adultos, de manera especial por las actitudes y los comportamientos del padre y de la madre. Tiene m\u00e1s de lenguaje que de mensaje.<\/p>\n<p>    Es todav\u00ed\u00ada fr\u00e1gil y superficial. Predominan en ella m\u00e1s sentimientos inmediatos que fuerzas intelectuales. Se organiza m\u00e1s en funci\u00f3n de actitudes que de criterios.<\/p>\n<p>    Se vincula sobre todo con las personas con las que convive y se asocia m\u00e1s a las palabras y a las acciones de los mayores que a normas aut\u00f3nomas o a convicciones propias.<\/p>\n<p>    El ni\u00f1o imita y reproduce sentimientos y expresiones. No sabe justificar sus creencias sin referirse a los padres y educadores. Predomina lo afectivo y lo imaginativo, pero siempre en referencia a otros. Por eso la religiosidad no es independiente, sino simple traslado de lo aprendido en el hogar o en la escuela.<\/p>\n<p>    Sin embargo, ya se halla bastante capacitado para juzgar las ideas y sentimientos que se le ofrecen en el contexto escolar o en las catequesis parroquiales que eventualmente frecuenta.<\/p>\n<p>    Por este motivo es una religiosidad tambi\u00e9n fugaz y externa, poniendo la atenci\u00f3n primera en el cumplimiento de deberes y no en datos aprendidos. No echa en falta los actos religiosos, si la educaci\u00f3n en este terreno no es propicia; pero tampoco rechaza las insinuaciones que provengan de los educadores o del ambiente para los actos de piedad.<\/p>\n<p>    Sus creencias son tributarias del medio en el que vive. Por ello es decisiva la buena formaci\u00f3n, tanto en familia como en los \u00e1mbitos escolares o parroquiales.<\/p>\n<p>    Por eso tambi\u00e9n la dimensi\u00f3n religiosa se sit\u00faa en la intersecci\u00f3n de la persona con el entorno, siendo su comportamiento religioso imitativo y poco independiente. Su religiosidad est\u00e1 muy sometida a lo sensorial. Se apoya en un pensamiento figurativo y simb\u00f3lico, sin posibilidad de interpretaciones abstractas.<\/p>\n<p>    Con todo, es el momento en que se consolidan determinados conceptos generales, los cuales el catequista debe aprovechar.<\/p>\n<p>    2.2.  Religiosidad participativa<br \/>\n    Es tambi\u00e9n un momento \u00f3ptimo para el descubrimiento de la comunidad eclesial. Nace fuerte el sentido de la colaboraci\u00f3n y de la integraci\u00f3n. La convivencia se caracteriza por ser serena y arm\u00f3nica. Se abre a la vida de una manera tranquila, variada, con curiosidad incansable, buscando las nuevas experiencias que le ofrece la realidad exterior. Se encuentra dichoso en medio de las cosas y de las personas.<\/p>\n<p>    Valora los aspectos positivos en todo y busca la manera de relacionarse con intensidad y transparencia con los compa\u00f1eros que se ponen a su alcance. No es selectivo ni exigente en los planteamientos, aunque le influyen bastante las demandas de los adultos, pues sigue pendiente de ellos y tiende a imitar normalmente sus lenguajes y sus acciones<br \/>\n    Se siente interpelado por la realidad de manera continua. Sabe superar los meros reclamos inmediatos, pues cuenta ya con buena capacidad reflexiva. Tiene almacenadas muchas experiencias y, con frecuencia hace uso de ellas.<\/p>\n<p>    Sus facultades se desenvuelven con ritmo arm\u00f3nico. Su mente se siente due\u00f1a de sus juicios, sobre todo por la gran cantidad de observaciones, relaciones y contrastes que va realizando.<\/p>\n<p>    Sabe explicar a los dem\u00e1s con bastante precisi\u00f3n sus propias disposiciones, pues cuenta con vocabulario rico y concreto; tambi\u00e9n es capaz de analizarse a s\u00ed\u00ad mismo, sobre todo por su propensi\u00f3n a compararse con los dem\u00e1s.<\/p>\n<p>    Se hace cada vez m\u00e1s reflexivo y act\u00faa con pragmatismo; por eso siempre est\u00e1 en situaci\u00f3n de sacar provecho de lo que le rodean. Es realista, por lo que asume sus limitaciones y las ajenas, no empe\u00f1\u00e1ndose en lo inasequible.<\/p>\n<p>    Lo m\u00e1s t\u00ed\u00adpico de esta edad es la vida abierta al exterior que lleva, dada la riqueza de experiencia que ha ido almacenando en los a\u00f1os anteriores. Siente el atractivo de un mundo que le reserva multiplicidad de sorpresas todav\u00ed\u00ada, pero en las que se descubre como protagonista y no como simple testigo pasivo. Se familiariza con las cosas y con los lugares. Deja de ser subjetivo y se vuelve hacia la naturaleza y la sociedad.<\/p>\n<p>    El encuentro con los dem\u00e1s es el principal motor de su actividad. Es la edad de la pandilla. Los ni\u00f1os tienden a ser m\u00e1s abiertos y m\u00faltiples en sus relaciones. La ni\u00f1as inician una actitud m\u00e1s selectiva y minoritaria. La sociabilidad es cualidad radical de la naturaleza humana y en el ni\u00f1o se manifiesta arrolladora ahora. Por eso sus aficiones e intereses saltan ya el marco familiar y se abren a otros componentes de la comunidad que frecuenta: amigos, compa\u00f1eros de juego o de trabajo escolar, etc.<\/p>\n<p>     Ese af\u00e1n de apertura conduce a buscar con af\u00e1n nuevas formas convivenciales: experiencias, encuentros, empresas, trabajos. Sabe situarse ante ellas con optimismo. Valora ya las propias competencias y calcula con acierto riesgos, triunfos y fracasos. Son precisamente las experiencias que va acumulando la mejor fuente de su enriquecimiento social y moral.<\/p>\n<p>    Los compa\u00f1eros de juego y de convivencia escolar tienen un valor singular en su vida. Con ellos aprende a enjuiciar y a reflexionar en lenguajes asequibles, precisamente por ser similares a los propios. Predominan en las relaciones el dinamismo y el naturalismo: se prefiere la acci\u00f3n a la reflexi\u00f3n, se supervalora la naturaleza m\u00e1s que la cultura, se vive de la imitaci\u00f3n m\u00e1s que de la autonom\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>     En los planos religiosos y morales es el grupo quien marca la pauta, sin posibilidad de resistir a sus influencias y a sus habituales comportamientos. La excusa en el comportamiento ajeno es su principal defensa cuando se le interpela.<\/p>\n<p>    En general sus preferencias son intuitivas y vivenciales, dejando poco espacio a la abstracci\u00f3n y a las valoraciones \u00e9ticas. Los ejemplos le arrastran a la imitaci\u00f3n, sobre todo si proceden de  los adultos y de los sistemas de educaci\u00f3n que se promocionan. El ni\u00f1o los asimila parcialmente.<\/p>\n<p>    Le ayuda en su salida de s\u00ed\u00ad su inter\u00e9s por los objetos y el af\u00e1n coleccionista. Su curiosidad se centra en todos lo que resulta sensorialmente interesante ante sus ojos. Su gusto por la acci\u00f3n, recopilaci\u00f3n y comunicaci\u00f3n puede ser buen est\u00ed\u00admulo para la labor escolar.<\/p>\n<p>    El aislamiento resulta molesto en esta edad, tan poco dada a la timidez o a la inhibici\u00f3n. Interesa no limitar excesivamente las conexiones con otros ni\u00f1os, si se quiere un desarrollo sano de la personalidad. Incluso, cuando en la familia se carece de hermanos que contribuyan a esta expansi\u00f3n social, ha de ser norma educativa provocar encuentros compensatorios. Si el ni\u00f1o vive en este momento encerrado en s\u00ed\u00ad, se retrasa su madurez, pues se prolongan artificialmente situaciones egoc\u00e9ntricas.<\/p>\n<p>   Conviene tambi\u00e9n recordar que el ritmo de la evoluci\u00f3n de cada individuo var\u00ed\u00ada con las circunstancias exteriores, pero tambi\u00e9n con los rasgos del propio temperamento. Se debe respetar la originalidad de cada persona, pero es obligado compensar aquellos aspectos que dificulten las relaciones agradables.<\/p>\n<p>    De todas formas, hay que aprovechar la flexibilidad de los ni\u00f1os y su capacidad de adaptaci\u00f3n. Es preciso abrirles m\u00faltiples cauces de formaci\u00f3n, pues se corre el riesgo de polarizar el trabajo en la familia y en la escuela y olvidar otras experiencias o contactos provechosos.<\/p>\n<p>    No est\u00e1 re\u00f1ida esa apertura con la exigencia del orden, de la disciplina y de la previsi\u00f3n, siempre que la sea moderada y se huya del rigorismo \u00e9tico o acad\u00e9mico. Las diferencias personales pueden verse intensificadas por las circunstancias de la convivencia y por los estilos empleados en su educaci\u00f3n familiar y escolar.<\/p>\n<p>  2.3.  Religiosidad convivencial<br \/>\n    Lo m\u00e1s significativo ahora es su creciente sociabilidad, pues se abre \u00e1vidamente hacia los objetos y hacia las actividades, hacia los compa\u00f1eros con los que comparte las tareas y hacia las nuevas experiencias que se le presentan.<\/p>\n<p>    Es etapa de docilidad y de cordial disponibilidad con los adultos. Es generoso con todos y, al mismo tiempo, se siente dominado por los buenos sentimientos y m\u00faltiples iniciativas.<\/p>\n<p>   Cuenta con recursos para vivir por s\u00ed\u00ad mismo. Calcula el tiempo, sabe de distancias y espacios, averigua con facilidad datos que le interesan, maneja instrumentos con cierta intuici\u00f3n y con naturalidad, se interesa por varias cosas a la vez.<\/p>\n<p>   Su memoria ha madurado: puede retener multiplicidad de datos. Adem\u00e1s, el ni\u00f1o de esta edad es arm\u00f3nico, activo y agradable en su comportamiento. Se siente desafiado por las muchas posibilidades que se le presentan, actuando con seguridad en s\u00ed\u00ad mismo y con espont\u00e1nea confianza en los dem\u00e1s.<\/p>\n<p>    El ni\u00f1o recibe del ambiente, sobre todo familiar, las influencias ideol\u00f3gicas que configuran su religiosidad. Combina credulidad con ingenuidad, simplicidad valorativa con inmediatez de intereses, afectividad con espiritualidad. Sus gestos religiosos no poseen valor aut\u00f3nomo total. Pero van siendo cada vez m\u00e1s personales y decisivos. Dependen del contexto social en el que se desarrollan: el de la familia, el de la escuela, el de otros grupos posibles.<\/p>\n<p>    Cuando los adultos en medio de los que vive se muestran neutros o fr\u00ed\u00ados en el terreno religioso, se siente con frecuencia desconcertado, sobre todo si han antagonismo de influencias (escolares, parroquiales, familiares).<\/p>\n<p>     Por eso conviene apoyar la formaci\u00f3n religiosa en cierta armon\u00ed\u00ada y concordancia, asumiendo la realidad ambiental de cada persona.<\/p>\n<p>    Es de importancia prioritaria el testimonio familiar y la normativa que se establece desde niveles superiores, cuya influencia se acepta con espontaneidad y ausencia de cr\u00ed\u00adtica. Al ni\u00f1o le agrada reproducir los juicios recibidos en casa.<\/p>\n<p>    De manera espont\u00e1nea y sencilla imita las virtudes de los adultos, dando car\u00e1cter normativo definitivo a lo realizado por los que poseen sobre \u00e9l ascendiente natural.<\/p>\n<p>    Las mismas cr\u00ed\u00adticas verbales, que pueden afectarle por las acciones desordenadas o por los errores, producen poco efecto, si no van reforzadas por la autoridad de las persona adultas a las que admirada.<\/p>\n<p>   Poco a poco surgen sentimientos eclesiales y comunitarios, que superan la simple religiosidad individual. El ni\u00f1o descubre con facilidad su pertenencia a la Iglesia, los compromisos colectivos y solidarios de plegaria, de caridad o de benevolencia. Le gusta colaborar en la marcha del grupo a que pertenece.<\/p>\n<p>   Los ni\u00f1os de esta edad se hallan profundamente vinculados con los modelos concretos de comportamiento y comienzan a trazarse los mapas ideales de vida cristiana.<\/p>\n<p>    Por eso admiran a los personajes mod\u00e9licos y no se dejan subyugar por los que no se comportan adecuadamente.<\/p>\n<p>    Atenci\u00f3n especial hay que prestar al fomento de las buenas obras que trascienden hacia los dem\u00e1s: ayudas, limosnas, apoyos. Los sentimientos, que en el ni\u00f1o se generan con facilidad, de compasi\u00f3n y abnegaci\u00f3n son plataforma ideal para la promoci\u00f3n de riquezas evang\u00e9licas. En lo posible hay que tender a hacerlos conscientes.<\/p>\n<p>    Los valores que se les ofrece deben ser objeto de adecuada selecci\u00f3n personal, en la medida de lo posible. No todos ellos: oraci\u00f3n, penitencia, hero\u00ed\u00adsmo, desprendimiento, etc., pueden ser asumidos por una personalidad inmadura como la suya. Pero es el momento de su iniciaci\u00f3n y hay que ofrecer escalas graduadas de esas riquezas.<\/p>\n<p> 3. Dos momentos religiosos<br \/>\n    El proceso madurativo infantil experimenta cierta aceleraci\u00f3n en estos a\u00f1os. Implica ello que el ni\u00f1o crece en ideas y en sentimientos de forma frecuentemente sorpresiva. Su mente se enriquece y su afectividad se consolida.<\/p>\n<p>    Es admirable la facilidad con que acoge las ense\u00f1anzas y es aprovechable la autonom\u00ed\u00ada con que se expresa.<\/p>\n<p>    Se pueden distinguir dos momentos diferentes, que inciden fuertemente en el desarrollo de su religiosidad.<\/p>\n<p>    3.1. A los 7 y 8 a\u00f1os.<\/p>\n<p>    Sus rasgos denotan la apertura a cierta capacidad espiritual, pero vinculada al ambiente familiar. Elabora unas primeras ideas generales y perfila con coherencia juicios en \u00e1reas trascendentes (existe Dios, Jes\u00fas hace milagros, el bien exige esfuerzo, despu\u00e9s de la muerte vamos al cielo, etc.).<\/p>\n<p>   Se interesa por lo religioso con curiosidad creciente, din\u00e1mica y concreta. Pero, sin darse cuenta, refleja en sus explicaciones los modos de pensar y de hablar de los mayores. Y busca en ellos explicaciones a sus interrogantes de todo tipo, entre los que bullen tambi\u00e9n los morales y religiosos.<\/p>\n<p>    Sus explicaciones son elementales e incompletas; pero ya son aut\u00e9nticamente religiosas, pues hacen referencia a lo espiritual. Sigue poni\u00e9ndose en el centro de la escena y busca llamar la atenci\u00f3n.<\/p>\n<p>    3.1.1. Preferencia activa<br \/>\n    Le gusta la acci\u00f3n y el protagonismo, pues es din\u00e1mico, vivencial y m\u00e1s bien superficial.<\/p>\n<p>    Por eso, aunque con m\u00faltiples variaciones seg\u00fan el temperamento que comienza a manifestarse diferente en cada ni\u00f1o, sus impresiones religiosas son fugaces, sin que se le pueda pedir permanencia, consistencia y l\u00f3gica.<\/p>\n<p>    Su religiosidad est\u00e1 muy vinculada a la acci\u00f3n: h\u00e1bitos, gestos, posturas, rezos, imitaci\u00f3n de lo que hacen los adultos, lenguajes repetitivos&#8230;<\/p>\n<p>    Es el momento de la iniciaci\u00f3n en la oraci\u00f3n, del nacimiento de la moral, de la primera captaci\u00f3n de los misterios religiosos, del descubrimiento de seres trascendentes (alma, \u00e1ngeles, eucarist\u00ed\u00ada) y de valores \u00e9ticos (virtud, pecado).<\/p>\n<p>    Llamamos a este primer momento de \u00abiniciaci\u00f3n religiosa\u00bb. Es tiempo de cierta autonom\u00ed\u00ada en lo que puede, quiere y realiza por su cuenta. Pero todav\u00ed\u00ada vive de la observaci\u00f3n e imitaci\u00f3n de lo que el adulto hace, dice, siente y piensa.<\/p>\n<p>    El ni\u00f1o descubre el hecho religioso a trav\u00e9s del adulto. Imita sus lenguajes, sus acciones, reproduce sus sentimientos, se hace eco de sus actitudes. Pero cada vez es m\u00e1s consciente de lo que est\u00e1 m\u00e1s all\u00e1 de los sentidos y descubre poco a poco su propio modo de explicar las cosas.<\/p>\n<p>    3.1.2. Compa\u00f1\u00ed\u00ada del catequista<br \/>\n    La perspectiva mental del ni\u00f1o de este nivel ha de ser motivo para que el educador y el catequista se muestren comprensivos con sus procesos interiores que van dejando de ser antropom\u00f3rficos.<\/p>\n<p>    El ni\u00f1o humaniza y sensibiliza cualquier valor religioso. Pero se va mostrando cada vez m\u00e1s capaz de acceder a los conceptos abstractos y generales, aunque progresa en esto lentamente.<\/p>\n<p>    Las realidades espirituales: Dios, alma, virtud, justicia, plegaria, etc. deben recibir adecuada y paciente atenci\u00f3n. Los ni\u00f1os las poseen terminol\u00f3gicamente y las est\u00e1n construyendo conceptualmente. De que lo haga bien o mal depender\u00e1 en gran medida su religiosidad posterior.<\/p>\n<p>    Los apoyos a su mente est\u00e1n en estrecha dependencia de dibujos, figuras, grabados, descripciones escuchadas, historias y narraciones, met\u00e1foras y par\u00e1bolas, experiencias, etc.<\/p>\n<p>    Consigna catequ\u00ed\u00adstica para este momento es facilitar al ni\u00f1o relaciones con modelos religiosos vivos y cuidar con esmero el ambiente sano y positivo. Esto se consigue en el ambiente familiar mediante los buenos ejemplos y en los otros entornos en que el ni\u00f1o se mueve, con el descubrimiento y el contacto de personas buenas que se hacen cercanas. Ambas influencias resultan decisivas a esta edad.<\/p>\n<p>    3.2. A los 9 y 10 a\u00f1os.<\/p>\n<p>    Al acercarse a los 9 a\u00f1os, el ni\u00f1o se hace m\u00e1s capaz de organizar y conservar experiencias, referencias y compromisos m\u00e1s personales.<\/p>\n<p>    Surgen entonces relaciones m\u00e1s amplias. Se incrementa el gusto por las nuevas situaciones. Se hacen menos fugaces sus impresiones. Aumentan las capacidades abstractas, aunque todav\u00ed\u00ada son incipientes. En consecuencia, su religiosidad se presenta como m\u00e1s s\u00f3lida y organizada.<\/p>\n<p>    El ni\u00f1o ha adquirido buena memoria y mucha capacidad reflexiva. Cuenta con iniciativas y alternativas suficientes para elegir con cierta autonom\u00ed\u00ada. Se manifiesta capaz de repetir y de explicar las doctrinas que va aprendido y para justificar los comportamientos que va adoptando.<\/p>\n<p>    Es ben\u00e9volo y d\u00f3cil. Ello le hace aceptar con naturalidad las indicaciones de los adultos. Sigue creyendo en ellos con normalidad, pero no con tanta credulidad como en momentos anteriores. Sabe que puede equivocarse o que le pueden enga\u00f1ar.<\/p>\n<p>   Tambi\u00e9n da tonalidad expresiva a sus creencias. Le agrada considerar a Dios como amigo o cercano, pero vivo y real. Comienza a tener una primera impresi\u00f3n (no idea) de su invisibilidad. Siente gusto por los temas religiosos, pero predomina la curiosidad m\u00e1s que la piedad. Es sencillo en las exposiciones y asume con generosidad doctrinas y normas.<\/p>\n<p>    Toma con frecuencia la iniciativa en sus observaciones o planteamientos religiosos, sobre todo tratando de dar sentido a hechos, experiencias o situaciones por las que atraviesa.<\/p>\n<p>    Incluso cuenta con creciente sensibilidad moral. Hacia los 7 a\u00f1os (edad de comienzo del \u00abuso de raz\u00f3n\u00bb) ya sab\u00ed\u00ada diferenciar lo bueno de lo malo, al margen de lo que hagan los adultos. Ahora se hace capaz de justificar su juicios \u00e9ticos. De la conciencia moral de predominio psicol\u00f3gico salta, con ritmo variable, a la conciencia \u00e9tica. Hacia los 8 a\u00f1os hasta puede sentir remordimiento por el mal que hace y variar su conducta ante demandas morales interiores. A los 9 y 10 ya lo hace sin insinuaciones ajenas, si se halla bien formado.<\/p>\n<p>   Asimila con facilidad los mensajes que se le proporcionan en la escuela o en la catequesis. Por eso es momento apto para una buena docencia religiosa sistem\u00e1tica.<\/p>\n<p>    Entiende, aunque sea todav\u00ed\u00ada de modo muy impreciso y sensorial, todo lo que se le expone en el terreno religioso. Y retiene lo que aprende y reflexiona hasta poder explicarlo posteriormente.<\/p>\n<p>    El hecho de que la religiosidad comience a ser m\u00e1s amplia en estos momentos debe ser mirado como una gran oportunidad que es preciso aprovechar. Se le tiene que ense\u00f1ar a estimar sus propias creencias y opciones morales. Y se le debe poner a \u00e9l mismo como protagonista de sus aprendizajes y de sus comportamientos religiosos.<\/p>\n<p>    Tambi\u00e9n se le debe orientar a que sus ideas y sentimientos se desarrollen de modo arm\u00f3nico y proporcionado, sin polarizaciones o exageraciones.  3.3. Entre l\u00f3gica y \u00e9tica<br \/>\n    Lo com\u00fan de los dos momentos es el progresivo incremento de su capacidad comprensiva y de su habilidad expresiva.<\/p>\n<p>    El proceso de la formaci\u00f3n religiosa infantil se refleja en este momento en la gran riqueza de lenguaje que el ni\u00f1o va consiguiendo. Tiene facilidad para comunicar sus sentimientos y sus primeras ideas sobre las cosas. Al mismo tiempo, goza de buena capacidad comprensiva, tanto por la riqueza de vocabulario ya adquirido como por la abundancia de experiencias almacenadas.<\/p>\n<p>    Lo comprensivo se nutre del c\u00famulo de datos y experiencias que paulatinamente va recibiendo, hasta el punto de que las ense\u00f1anzas pueden ser repetidas por \u00e9l con facilidad y pueden ser explicadas suficientemente. Su capacidad se manifiesta en mensajes elementales y que implican para la mente infantil una sorpresa como punto de partida y una alegr\u00ed\u00ada en cuanto adquisici\u00f3n definitiva.<\/p>\n<p>    El explicar sus ideas, deseos o proyectos se le presenta como tarea interesante y hasta desafiante. Por eso expresa agrado cuando tiene oportunidad de hablar de las cosas que ya entiende.<\/p>\n<p>    Facilitar esta apertura es muy positiva en su formaci\u00f3n religiosa, pues el ni\u00f1o madura m\u00e1s por lo que se le deja decir que por lo que se le obliga a escuchar.<\/p>\n<p>    Precisamente, en la medida en que avanza en su expresividad y en su capacidad comprensiva, se va desenvolviendo su religiosidad, al menos de cara al exterior. Y la formaci\u00f3n catequ\u00ed\u00adstica de este per\u00ed\u00adodo habr\u00e1 de fundarse en la necesidad de ampliar la comprensi\u00f3n y abrirse a la expresi\u00f3n.<\/p>\n<p>    Se incrementa en el ni\u00f1o la sensibilidad \u00e9tica. Es capaz de identificar con naturalidad los valores est\u00e9ticos, sociales y espirituales, los cuales pueden ya dominar los mismos intereses sensoriales inmediatos. Aqu\u00ed\u00ad se fundamenta su sensibilidad religiosa, pues es h\u00e1bil para elaborar planes bien pensados.<\/p>\n<p>    Tiende a veces a contrastarlos con los manifestados por los adultos, a fin de recibir garant\u00ed\u00ada y aprobaci\u00f3n.<\/p>\n<p>    Su afectividad es abierta y pluriforme. Se encari\u00f1a a la vez con muchos objetos, personas y situaciones, sin hacer excesivas distinciones comparativas.<\/p>\n<p>    Se siente gratificado por cuantas empresas inicia y se contenta con los resultados inmediatos. Es optimista al valorar los logros y tiende a minimizar los obst\u00e1culos y las dificultades. Es f\u00e1cil de interesar y comprometer en las empresas y se halla c\u00f3modo en casi todas las situaciones o ambientes.<\/p>\n<p>    Es decisiva la formaci\u00f3n a partir de la experiencia tanto familiar como escolar. Las catequesis parroquiales son elemento educativo de primer orden.<\/p>\n<p> 4. Dinamismos pedag\u00f3gicos<br \/>\n    Siempre es conveniente preguntarse por las fuerzas m\u00e1s influyentes en cada una de las etapas. En estos a\u00f1os de la infancia media existen dinamismos que deben ser valorados por el catequista.<\/p>\n<p>    4.1. Gusto por el protagonismo<br \/>\n    Aumenta r\u00e1pidamente en estos ni\u00f1os la atenci\u00f3n a las actividades que conducen a la comunicaci\u00f3n con los otros ni\u00f1os. Pero de una u otra forma, a esta edad se desea cierto protagonismo que posibilite el sentirse importante<br \/>\n    Los ni\u00f1os saben ya prever las circunstancias, aun cuando prefieren vivir intensamente la realidad de cada momento.<\/p>\n<p>    El ni\u00f1o de esta edad prefiere ser ya art\u00ed\u00adfice de sus proyectos; pero no tiene inconveniente en alistarse con decisi\u00f3n en los ajenos. Sigue mirando intensamente lo que hacen lo dem\u00e1s y es colaborador espont\u00e1neo; pero tambi\u00e9n le agrada competir y rivalizar. Es comparativo, sin llegar a envidias excesivas. Se complace en sus propios aciertos; pero tambi\u00e9n se goza con los obtenidos por los compa\u00f1eros.<\/p>\n<p>    Le agrada ser elegido para dirigir a los dem\u00e1s en diversas actividades y es exigente con los compa\u00f1eros para obtener buenos resultados en las empresas, sean escolares, familiares, l\u00fadicas o de otro tipo. Siente la necesidad permanente del movimiento y repudia la pasividad de la escucha, los trabajos que son largos, las actividades que reclaman m\u00faltiples exigencias o las tareas que no terminan en resultados inmediatos.<\/p>\n<p>   El ni\u00f1o busca siempre el triunfo y cuenta ingenuamente con \u00e9l. Pero algunos fracasos, siempre que sean moderados y no lleven a situaciones l\u00ed\u00admite, facilitan una buena educaci\u00f3n. En el mismo desarrollo moral y espiritual, la excesiva protecci\u00f3n es inconveniente.<\/p>\n<p>     4.2. Actividad natural<br \/>\n    Lo que m\u00e1s le satisface es sentirse due\u00f1o de sus acciones y demostrarse a s\u00ed\u00ad mismo que es capaz de hacer muchas cosas y hacerlas con competencia<br \/>\n    Crecen r\u00e1pidamente sus iniciativas, de manera especial si se mueve con confianza en el ambiente. Desarrolla diversas aficiones que le diferencian de otros ni\u00f1os: gustos coleccionistas, inter\u00e9s por la lectura, preferencias por determinadas diversiones, etc.<\/p>\n<p>    Cada vez m\u00e1s estos ni\u00f1os buscan lenguajes originales y personales para expresar sus propios deseos y sus decisiones. Lo hacen al margen de lo que quieran o gusten los adultos. Es preciso regular con delicadeza la proporci\u00f3n entre lo aut\u00f3nomo y lo impuesto, entre lo personal y lo compartido. Si se excede lo primero, se pueden engendrar actitudes prematuras de independencia y hasta de capricho, las cuales no contribuyen a la buena formaci\u00f3n afectiva y moral. Si es demasiada la disciplina y las exigencias de participaci\u00f3n, se puede impedir el desarrollo de la personalidad.<\/p>\n<p>    No hace ordinariamente discriminaci\u00f3n de personas, a no ser que est\u00e9 muy mediatizado por los adultos o por un ambiente clasista. Para \u00e9l no hay distancias raciales ni econ\u00f3micas, ni hace distingos por raz\u00f3n del nivel cultural o por las creencias. Tambi\u00e9n mantiene buenas relaciones con el otro sexo, aunque la ni\u00f1a comienza a ser ya m\u00e1s selectiva y prefiere distanciarse con respecto al var\u00f3n, el cual se mantiene con indiferencia, a veces ir\u00f3nica, para con esas exigencias femeninas.<\/p>\n<p>    Organiza con facilidad sus tiempos disponibles, incluso sin ayuda de los adultos. Por eso casi nunca conoce el aburrimiento, aunque muchas veces se le quedan cortos su medios para sus proyectos. Sin embargo, no se preocupa por los fracasos, pues tiene poca sensibilidad ante el rid\u00ed\u00adculo, sobre todo ante los compa\u00f1eros entre los que se mueve.<\/p>\n<p>    De hecho, cuenta con abundantes recursos para multiplicar sus actividades agradables y posee cierto amor propio para luchar por salir adelante en las dificultades.<\/p>\n<p>    4.3. Valoraci\u00f3n de la escuela La escuela, y las relaciones sociales que en ella se desencadenan, satisfacen plenamente sus necesidades de comuniaci\u00f3n y de convivencia. Se siente dichoso en el medio acad\u00e9mico y capta m\u00e1s los aspectos positivos que los negativos. Apenas si es capaz de criticar y, desde luego, nunca lo hace con amargura o resentimiento.<\/p>\n<p>    Improvisa mucho en sus tareas acad\u00e9micas y se desordena con facilidad, si no tiene a los mayores a su lado para recordarle sus deberes y ayudarle a programar su trabajo.<\/p>\n<p>    En esos casos puede aparentar pereza, la cual muchas veces es s\u00f3lo indecisi\u00f3n. Lo peligroso es que acumule desorden y repercuta en sus h\u00e1bitos normales de vida. Es conveniente que las previsiones e imposiciones de los adultos no sustituyan su maduraci\u00f3n.<\/p>\n<p>    Est\u00e1 propenso a dejarse llevar por algunas antipat\u00ed\u00adas en relaci\u00f3n a materias escolares concretas, aunque esas actitudes negativas tienen mucho de incidental, fragmentario y pasajero. Proceden de bloqueos ordinariamente provisionales y m\u00e1s originados por las personas que por el contenido de los estudios. Con todo, los fracasos repetidos llegan a engendrar situaciones dif\u00ed\u00adciles.<\/p>\n<p>      Le gustan las novedades en la vida escolar y siente pronto cansancio ante los contenidos, los m\u00e9todos o las situaciones muy repetitivas. Suele mirar con especial preferencia las ciencias naturales, sobre todo si se apoyan en metodolog\u00ed\u00adas manipulativas y experienciales. Se le deben abrir muchos cauces en sus trabajos escolares, ya que es la plataforma donde se promocionan habilidades que le servir\u00e1n mucho en el futuro. Sus mejores terrenos de experiencia son los sociales y las relaciones de confianza que establece en estos a\u00f1os.<\/p>\n<p>    Respeta a los profesores y se siente afectivamente vinculado a ellos. Es d\u00f3cil y la disciplina no le fatiga, incluso cuando vive exigencias y normas de comportamiento m\u00e1s fuertes de lo que debiera ser oportuno.<\/p>\n<p>    Si las exigencias familiares son adecuadas, centra gran parte de sus energ\u00ed\u00adas en las tareas escolares, ante las cuales muchas veces se siente impotente, si no se halla bien preparado y asistido. Ellas son a veces la \u00fanica fuente de sus disgustos.<\/p>\n<p>     Esa situaci\u00f3n de absorci\u00f3n escolar origina que gran parte de otros aspectos vitales queden con frecuencia \u00abescolarizados\u00bb: conciencia del deber, ejercicios religiosos, interpretaci\u00f3n del mundo, etc. Esa \u00abescolarizaci\u00f3n\u00bb suele disminuir notablemente en tiempos vacacionales, cuando la afectividad y la atenci\u00f3n del ni\u00f1o se centran m\u00e1s en el hogar y en las circunstancias del entorno familiar.<br \/>\n    Su vida de juego y de evasi\u00f3n reclama en este momento muchas facilidades sociales: compa\u00f1eros comprensivos, instrumentos que permiten la relaci\u00f3n a los dem\u00e1s, tiempos oportunos, variedad y renovaci\u00f3n de formas de ocio. Es un terreno en el que los padres deben aportar apoyos y comprensi\u00f3n.<\/p>\n<p>     El desarrollo de los h\u00e1bitos de trabajo, de observaci\u00f3n, de an\u00e1lisis, de sistematizaci\u00f3n, en los \u00e1mbitos escolares contribuye a que los ni\u00f1os se ordenen en los otros ambientes.<\/p>\n<p>     Por eso es decisivo en este momento el organizar la vida escolar, no tanto en funci\u00f3n de contenidos de aprendizaje, sino con perspectivas a crear actitudes positivas ante la vida, relaciones abiertas con las personas y destrezas b\u00e1sicas en el trabajo.<\/p>\n<p>    4.4. Memoria y fantas\u00ed\u00ada<\/p>\n<p>    En esta etapa evolutiva, y sobre todo en el \u00e1mbito escolar, se debe valorar la memoria y tambi\u00e9n apreciar el aprendizaje de f\u00f3rmulas y de expresiones religiosas, sin excesiva afici\u00f3n por lo inmediato o concreto. Es momento en que el ni\u00f1o acoge y retiene datos con facilidad. Ellos le van a servir para m\u00e1s adelante.<\/p>\n<p>     Conviene tambi\u00e9n abrir serena y lentamente caminos que hagan posible la reflexi\u00f3n cada vez m\u00e1s apoyada en la propia experiencia. Y es el ambiente escolar el que m\u00e1s puede aportar cauces, medios, relaciones y objetivos de gran validez en este terreno.<\/p>\n<p>     Se ha de hacer hincapi\u00e9 en la apertura hacia los otros. Aunque muchos ni\u00f1os son todav\u00ed\u00ada muy egoc\u00e9ntricos, est\u00e1n en r\u00e1pido proceso de proyecci\u00f3n exterior.<\/p>\n<p>     Esa apertura se acelera si se emplean metodolog\u00ed\u00adas que fomentan la colaboraci\u00f3n en el juego, en el trabajo, en la convivencia. Se fomenta por el desarrollo de actitudes de servicio, con h\u00e1bitos de renuncia y de entrega, con el cultivo de virtudes sociales a las que en este momento el ni\u00f1o est\u00e1 predispuesto.<\/p>\n<p>   4.5. Orientaci\u00f3n religiosa<\/p>\n<p>   La mejor educaci\u00f3n religiosa en la infancia es la que se dise\u00f1a de la forma m\u00e1s espont\u00e1nea y natural. A esta edad el es f\u00e1cil realizar los diversos programas y planteamientos espirituales.<\/p>\n<p>    Hechos o experiencias como limosnas, actos de compasi\u00f3n, trabajo por los otros, servicios diversos, etc., han de posibilitarse, dando a estos gestos sociales interpretaci\u00f3n religiosa mediante la oportuna referencia a Dios.<\/p>\n<p>    El ni\u00f1o de esta edad se polariza en la oraci\u00f3n de petici\u00f3n, la cual hay que apreciar. Sin sacralizar excesivamente la vida, ser\u00e1 excelente pr\u00e1ctica educativa ense\u00f1arle tambi\u00e9n a recitar otro tipo de plegarias: acciones de gracias, peticiones de perd\u00f3n, actos de resignaci\u00f3n, alabanzas a Dios.<\/p>\n<p>    Singular importancia las pr\u00e1ctica sacramentales, o signos sensibles que preparan para la vida cristiana madura.<\/p>\n<p>    El ni\u00f1o inicia su vida sacramental con el Bautismo, pero de forma inconsciente. Propiamente toma conciencia de ella con la Eucarist\u00ed\u00ada y la Penitencia. De forma natural y gradual, estos ni\u00f1os deben participar en las ceremonias de la comunidad, como recurso para una integraci\u00f3n m\u00e1s real y personal, la cual llegar\u00e1 al iniciar su propia vida sacramental.<\/p>\n<p>    Importa menos ahora la buena orientaci\u00f3n de los programas de formaci\u00f3n religiosa escolar que la estimulaci\u00f3n de actitudes b\u00e1sicas. Hay que insistir en el valor de la iniciaci\u00f3n lit\u00fargica y b\u00ed\u00adblica. Conviene reclamar a quienes atienden a estos ni\u00f1os la apertura a la dimensi\u00f3n social naciente tambi\u00e9n en las expresiones religiosas.<\/p>\n<p>     Ya desde ahora hay que evitar reducir la religi\u00f3n a moralidad, defecto que es frecuente en el marco familiar y escolar. El factor religioso no est\u00e1 reducido a la bondad o malicia de las acciones, aun cuando ese aspecto sea importante y decisivo. Hay que abrir la atenci\u00f3n educativa a todo tipo de sentimientos y de actitudes, para que hagan posible el descubrimiento del mundo sobrenatural.<\/p>\n<p>     El riesgo que tiene la formaci\u00f3n religiosa en el \u00e1mbito escolar es precisamente la p\u00e9rdida de la dimensi\u00f3n espiritual y trascendente, por la acci\u00f3n, la sensorialidad y el aprendizaje de formulaciones concretas. La verdadera catequesis no ha de quedarse en mera informaci\u00f3n e instrucci\u00f3n. Interesa que en el \u00e1mbito escolar se potencien al m\u00e1ximo tiempos, experiencias y din\u00e1micas, por las que el ni\u00f1o supere los h\u00e1bitos acad\u00e9micos de aprendizaje de conocimientos.<\/p>\n<p>    En este sentido, resulta a esta edad imprescindible la catequesis parroquial, en donde el ni\u00f1o transciende los umbrales escolares. En la catequesis escolar se adquiere la cultura b\u00e1sica, con relaciones personales de alguna manera mediatizadas por el profesor.<\/p>\n<p>    En la catequesis parroquial, adem\u00e1s, al margen de esquemas de aprendizaje y de disciplina de comportamiento, se hacen planteamientos m\u00e1s vivenciales y distintos.<br \/>\n  El mejor sistema de formaci\u00f3n religiosa, ya desde este momento, es la seriedad, la continuidad, la cordialidad, sobre todo si se tiene por texto la misma Palabra del Se\u00f1or, si se asocia con la din\u00e1mica dominical de la plegaria comunitaria, si se vive la naciente fe de forma m\u00e1s celebrativa que intelectual.<\/p>\n<p>    4.5. Eco de la familia<\/p>\n<p>Entre los factores que todo educador debe considerar como prioritarios en sus atenci\u00f3n se ha de resaltar el familiar que se vive en el hogar.<\/p>\n<p>    Pero, en este momento evolutivo, la influencia de los otros ambientes educativos inmediatos resulta de suma importancia. El secreto de la buena educaci\u00f3n de los 8-10 a\u00f1os est\u00e1 en saber graduar las influencias y buscar la justa proporci\u00f3n en las experiencias.<\/p>\n<p>    Los padres representan la fuente primordial de los sentimientos morales y espirituales. Pero las ideas, los criterios, las informaciones religiosas comienzan a fluir a la mente del ni\u00f1o tambi\u00e9n desde la escuela y desde las catequesis parroquiales.<\/p>\n<p>    Quienes trabajan en estos \u00e1mbitos deben ser muy conscientes de su papel y de su responsabilidad educativa, al mismo tiempo que deben prepararse para desarrollarla con actitudes de subsidiariedad. Habr\u00e1n de tener tambi\u00e9n presentes los frecuentes vac\u00ed\u00ados familiares que habr\u00e1n de compensar ellos.<\/p>\n<p>  5. La educaci\u00f3n moral<\/p>\n<p>   Entre los aspectos catequ\u00ed\u00adsticos que deben ser valorados adecuadamente en el momento de la infancia media y superior habr\u00e1 que destacar la necesidad de orientaci\u00f3n moral. Son muchas las influencias contradictorias que llegan a la mente del ni\u00f1o, para que pueda discernir con acierto y autonom\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>    Conviene ofrecerle, con sencillez y sin in\u00fatiles problematizaciones, las debidas distinciones entre el bien y el mal, entre lo mejor y lo menos conveniente. Su aceptaci\u00f3n de los criterios adultos es espont\u00e1nea. Por ello se debe multiplicar las referencias a los padres.<\/p>\n<p>    Pero tambi\u00e9n es cierto que es preferible ense\u00f1arle a pensar por su cuenta y para ello resulta buen procedimiento el contraste entre los pareceres de los diversos ambientes en los que el ni\u00f1o comparte su existencia con otros ni\u00f1os.<\/p>\n<p>    Por otra parte hay que saber ofrecer los juicios morales por v\u00ed\u00ada de testimonio m\u00e1s que por l\u00f3gica persuasiva, dada su tendencia preferente a lo concreto y vital y su tendencia a valorar m\u00e1s lo que ve que lo que recibe por reflexi\u00f3n ajena.<\/p>\n<p>    Se han de cuidar los h\u00e1bitos de bien obrar, que en estos momentos son f\u00e1ciles de iniciar y reforzar. Lo que llamamos en t\u00e9rminos usuales virtudes cristianas constituye una plataforma de desarrollo moral y de maduraci\u00f3n espiritual. Se dar\u00e1 especial importancia a cualidades como la sinceridad, la solidaridad, la naturalidad en las plegarias, la capacidad de sacrificio, la aceptaci\u00f3n de limitaciones y renuncias, la humildad, la obediencia y la caridad, la honradez y el sentido del deber de cada d\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>    Si el ni\u00f1o se desarrolla en un clima moral, social y familiar sano, con ejemplos e influencias positivas intencionadamente promovidas por los adultos, se consigue una buena configuraci\u00f3n \u00e9tica de la personalidad.<\/p>\n<p>    A esta edad se viven los valores morales y las virtudes m\u00e1s en grupo que de forma individual. El ni\u00f1o atraviesa ahora un per\u00ed\u00adodo especial de sensibilidad social y de agrado convivencial tambi\u00e9n en lo moral. Se presta a una formaci\u00f3n moral abierta, compartida, din\u00e1mica y tambi\u00e9n personal. A simple vista parece f\u00e1cil, pero es conveniente asegurar la profundidad y la autenticidad. No basta para ello buena voluntad.<\/p>\n<p>      6. Educaci\u00f3n de la fe<\/p>\n<p>   No es posible todav\u00ed\u00ada una catequesis de plenitud y habr\u00e1 que resaltar aspectos que m\u00e1s adelante van a ser decisivos en la expresi\u00f3n de la fe. Por eso hay que evitar las f\u00f3rmulas o las comunicaciones ingenuas que luego deban ser objeto de correcciones o rectificaciones.<\/p>\n<p>    6.1. Celebraciones de fe<\/p>\n<p>    Este per\u00ed\u00adodo que se atraviesa ahora debe ser ocasi\u00f3n de resaltar el valor del grupo que vive la misma fe y la conveniencia de participar como persona en ese grupo. De aqu\u00ed\u00ad nace la importancia de la vivencia sacramental, no s\u00f3lo en cuanto acto piadoso de la comunidad creyente, sino como forma de relaci\u00f3n espiritual con Dios. Cualquier ocasi\u00f3n de celebraci\u00f3n religiosa, como son las conmemoraciones lit\u00fargicas, sacramentales o sociales, ser\u00e1 ocasi\u00f3n para resaltar esta dimensi\u00f3n.<\/p>\n<p>    Habr\u00e1 que adaptar la celebraci\u00f3n religiosa a los niveles particulares de desarrollo. Pero no es acertado infravalorar las posibilidades participativas.<\/p>\n<p>    Para los actos y celebraciones religiosas hay que disponer adecuadamente la mente y la sensibilidad del ni\u00f1o. As\u00ed\u00ad se superan los ritos con verdaderas celebraciones; y las pr\u00e1cticas religiosas adquieren el car\u00e1cter sagrado que por naturaleza poseen.<\/p>\n<p>   6.2. Iniciaci\u00f3n sacramental<\/p>\n<p>   La primera comuni\u00f3n o la primera confesi\u00f3n se prestan a una buena catequesis de integraci\u00f3n eclesial. Por desgracia se relegan muchas veces a la categor\u00ed\u00ada de espect\u00e1culo social.<\/p>\n<p>    Esto perjudica a un catequizando que posee la afectividad y la inteligencia suficientes para conseguir esta visi\u00f3n y este valor.<\/p>\n<p>    Con todo, es preciso recordar que la formaci\u00f3n religiosa no se debe reducir a la simple educaci\u00f3n de la conciencia o de la plegaria. El ni\u00f1o tiene que aprender ya a vivir una religiosidad de opciones y no de simples imitaciones o cumplimientos.<\/p>\n<p>    Es la acogida al misterio lo que define la religiosidad aut\u00e9ntica y no la postura cultual o moral. Por eso, ya que cuenta con capacidad para ello, debe ser invitado a descubrir la raz\u00f3n \u00faltima de las actividades y actitudes religiosas, tanto de las que \u00e9l vive, como de las que observa en los dem\u00e1s.<\/p>\n<p>    Hay que animarle a superar el mero cumplimiento y los actos externos de piedad o religiosidad, resaltando las dimensiones propiamente espirituales: la conciencia de la cercan\u00ed\u00ada divina, la espont\u00e1nea manifestaci\u00f3n de la fe a trav\u00e9s de plegarias adecuadas, la proyecci\u00f3n personal en obras de caridad hechas con sacrificio, la benevolencia con los pr\u00f3jimos, etc.<\/p>\n<p>    Debe cuidarse tambi\u00e9n en este momento la presentaci\u00f3n de la Iglesia y de la comunidad creyente, a fin de que se superen desde el primer despertar de la fe las meras categor\u00ed\u00adas sociol\u00f3gicas o tradicionales de pertenencia.<\/p>\n<p>   6.3. Signos de fe<\/p>\n<p>   El ni\u00f1o est\u00e1 b\u00e1sicamente bien formado cuando es capaz de expresar la motivaci\u00f3n \u00faltima de sus acciones religiosas:<br \/>\n     &#8211; de las plegarias voluntarias que surgen de las situaciones en que vive;<br \/>\n     &#8211; de los sacrificios que puede elevar a Dios con elecci\u00f3n personal;<br \/>\n    &#8211; de las aportaciones generosas en campa\u00f1as o empresas colectivas;<br \/>\n     &#8211; de los gestos de solidaridad con los necesitados, aunque sean desconocidos;<br \/>\n     &#8211; de la realizaci\u00f3n de actos de culto, sobre todo sacramentales;<br \/>\n     &#8211; de los sentimientos de afecto por la figura de Cristo y de Mar\u00ed\u00ada, su Madre;<\/p>\n<p>   6.4. Estrategias en catequesis<\/p>\n<p>   En funci\u00f3n de estas caracter\u00ed\u00adsticas de la infancia subjetiva que representa la etapa de 7 a 10 a\u00f1os, la educaci\u00f3n religiosa se presenta como desafiante, muy interesante, imprescindible.<\/p>\n<p>   6.4.1. Adaptaci\u00f3n personal<\/p>\n<p>  Es decisivo el an\u00e1lisis de la realidad de cada sujeto, la cual puede originar situaciones importantes para la educaci\u00f3n:<br \/>\n     &#8211; la del ni\u00f1o t\u00ed\u00admido, en el que domina el temor y la inhibici\u00f3n;<br \/>\n     &#8211; la del ni\u00f1o agresivo, en quien cuenta como preferente la acci\u00f3n;<br \/>\n     &#8211; la del ni\u00f1o de mente obnubilada, en quien no se fragua ideas definitivas;<br \/>\n     &#8211; la del ni\u00f1o muy afectivo, que todo lo matiza con sentimientos de protecci\u00f3n;<br \/>\n     &#8211; la del ni\u00f1o indiferente o distante que se resiste a interesarse por la materia.<\/p>\n<p>      &#8211; la del ni\u00f1o emprendedor, que todo lo transforma en acciones inmediatas;<br \/>\n     &#8211; La del ni\u00f1o sumiso y dependiente que s\u00f3lo mira a los adultos.<\/p>\n<p>    A esta edad, conviene dar preferencia a lo vivencial sobre lo sistem\u00e1tico. Importa m\u00e1s el terreno de las actitudes radicales que las manifestaciones que brotan en sus planteamientos, en sus figuras, en sus comparaciones.<\/p>\n<p>    La catequesis tiene que basarse en la presentaci\u00f3n serena y arm\u00f3nica del misterio cristiano, de la doctrina, de las normas morales, de las figuras religiosas, de los actos de culto. Conviene que todos los que intervienen en la tarea sean conscientes de la importancia que tiene el que todos los que forman al ni\u00f1o se acomoden a procedimientos positivos.<\/p>\n<p>   6.4.2. Metodolog\u00ed\u00adas preferentes<\/p>\n<p>   Los rasgos psicol\u00f3gicos de esta edad reclaman en la catequesis una fiel y esmerada adaptaci\u00f3n a sus necesidades din\u00e1micas y al deseo de proyecci\u00f3n que el ni\u00f1o experimenta. Se ha de preferir una pedagog\u00ed\u00ada activa y metodolog\u00ed\u00ada que cuenten con el af\u00e1n participativo que posee el ni\u00f1o de esa edad.<\/p>\n<p>    Con frecuencia se olvida esta consigna, tal vez por la tradicional preocupaci\u00f3n de asegurar los contenidos doctrinales en la catequesis.<\/p>\n<p>    El catequista debe ordenar su actividad, persuadido de que no es lo que se aprende y almacena de momento lo m\u00e1s vale, sino lo que se convierte en vida y se orienta a mejorar la persona. Por eso ha de evitar que su tarea formativa no se reduzca a mera instrucci\u00f3n, sobre todo en este momento evolutivo que tanto reclama la experiencia y orientaci\u00f3n activa.<\/p>\n<p>    Sin embargo, no todo es acci\u00f3n. En la educaci\u00f3n de la fe naciente hay que otorgar la m\u00e1xima importancia a la consciencia y a la reflexi\u00f3n. Es la forma pr\u00e1ctica de superar el activismo y la superficialidad.<\/p>\n<p>    El mismo ni\u00f1o, para ser protagonista eficaz, debe entender el motivo de lo que hace. Las planificaciones han de estar abiertas a la autoorganizaci\u00f3n y a la evaluaci\u00f3n personal, ya que el ni\u00f1o de esta edad es capaz de razonar con serenidad.<\/p>\n<p>    En la revisi\u00f3n peri\u00f3dica de las motivaciones hay que armonizar el pragmatismo de los resultados inmediatos con la sensibilidad abierta que ahora nace.<\/p>\n<p>    Pero conviene realizar las actividades de formaci\u00f3n espiritual con sentido selectivo y con habilidad pedag\u00f3gica.<\/p>\n<p>    Son de gran valor las actividades realizadas en grupo y el trabajo compartido con los mismos adultos. El ni\u00f1o no se siente alentado ni comprometido con trabajos cuya raz\u00f3n de ser se le escapa. Hay que sacar partido de su necesidad de colaboraci\u00f3n. En lo religioso esto es de la mayor importancia. Hasta que no se llega a cierto nivel de autonom\u00ed\u00ada, la fe se mantiene con los dem\u00e1s.<br \/>\n  Es el momento de potenciar los sistemas de valores sociales, espirituales, intelectuales, que han de constituir la axiolog\u00ed\u00ada personal. Estos valores se hallan matizados por cierta tonalidad \u00e9tica. Pero conviene recordar que estos sistemas son s\u00f3lo provisionales. No revisten car\u00e1cter definitivo ni es posible someterlos a enjuiciamientos propios de los adultos.<\/p>\n<p>    Se deben fomentar tambi\u00e9n en esta etapa las actitudes religiosas radicales o fundamentales: la justicia, la renuncia, la plegaria, la honradez, la caridad, el perd\u00f3n, etc. Conviene apoyar los juicios de conciencia, que despiertan ahora, con la promoci\u00f3n de valores evang\u00e9licos, siempre vinculados a la persona atractiva de Jes\u00fas.<\/p>\n<p>    6.4.3. Las figuras religiosas<\/p>\n<p>   El momento de los 8 a 10 a\u00f1os se presta m\u00e1s a la consideraci\u00f3n y presentaci\u00f3n de figuras y de personajes concretos que a planteamientos doctrinales sistem\u00e1ticos o a la promoci\u00f3n de sentimientos y de actitudes generales.<\/p>\n<p>    El ni\u00f1o tiende a \u00abpersonalizar\u00bb los ideales y los valores y hay que saber acomodarse a su tendencia a la concreci\u00f3n, a la sensorialidad y al realismo al que, por naturaleza, tiende.<\/p>\n<p>    Es prioritario ofrecer a la consideraci\u00f3n e imitaci\u00f3n infantil el ejemplo vivo y din\u00e1mico de los grandes personajes b\u00ed\u00adblicos, tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento. Ellos constituyen la permanente referencia religiosa de todos los tiempos y situaciones.<\/p>\n<p>    Aprendidos en la infancia, se podr\u00e1n mantener a trav\u00e9s de los diversos avatares de la vida. La presentaci\u00f3n de esos personajes concretos y vivos, portadores con su figura de valores espirituales profundos y estables, se acomoda magn\u00ed\u00adficamente a los deseos y necesidades de los ni\u00f1os de esta edad.<\/p>\n<p>    Ser\u00e1 importante que el ni\u00f1o conozca datos sobre ellas, que pueda interpretar su significado y sus intencionalidades, que descubra su gran riqueza espiritual y que prenda en ellas muchas de sus ideas y de sus sentimientos.<\/p>\n<p>    Quedarse en esta edad con abstracciones y generalizaciones equivale a construir sobre arena la estructura religiosa infantil. Por hacerlo as\u00ed\u00ad, es frecuente ver luego evaporarse la mayor parte de los esfuerzos realizados.<\/p>\n<p>    Los buenos catequistas saben concretar sus mensajes y sus comunicaciones a los ni\u00f1os de esta edad. No hablan de penitencia, de valent\u00ed\u00ada o de humildad. Prefieren presentar el sentido de austeridad y sacrificio de Juan el Bautista, el valor y la generosidad de Pedro o de Juan en el momento de la pasi\u00f3n de Jes\u00fas, la humildad de Mar\u00ed\u00ada Sant\u00ed\u00adsima, al recibir el anuncio de su maternidad divina, etc.<\/p>\n<p>    De momento, el ni\u00f1o asume m\u00e1s el personaje que encarna el valor religioso que el mismo valor convertido en mensaje. Pero es suficiente de momento. M\u00e1s tarde se transformar\u00e1 en modo de pensar, para llevarlo espont\u00e1neamente a la propia vida.<\/p>\n<p>    Por lo dem\u00e1s, los personajes objeto de atenci\u00f3n primordial no deben ser m\u00e1s de los que la mente y la memoria del ni\u00f1o puedan retener y asimilar. Y, adem\u00e1s, los personajes no deben ser presentados aisladamente, sino en el contexto de las historias salv\u00ed\u00adficas en que est\u00e1n enmarcadas en la Sagrada Escritura. As\u00ed\u00ad se prepara la visi\u00f3n m\u00e1s global de toda la Historia de la Salvaci\u00f3n, centro y alma de una buena educaci\u00f3n religiosa cristiana.<\/p>\n<p>    Ni que decir tiene que la figura de Jes\u00fas debe ser la referencia b\u00e1sica de la catequesis en esta edad. Ella es la fuerza religiosa por excelencia en la mente de los cristianos y lo debe ser en la afectividad de esa edad. El ni\u00f1o, que necesita figuras sensibles, que se halla por encima de los grandes planteamientos te\u00f3ricos y que tiende a concretar sus ideas en personajes y en acciones, debe ser orientado a cultivar su conocimiento y su amor a Cristo.<\/p>\n<p>    Para conseguirlo, habremos de partir del sentido de h\u00e9roe, mito y modelo que Jes\u00fas representa para el cristiano sencillo. Pero paulatinamente deberemos descubrir las exigencias \u00e9ticas y espirituales del mensaje de Jes\u00fas y las grandezas del misterio divino que en El se encierra.<\/p>\n<p>7. Sentido de Iglesia<\/p>\n<p>   Como extensi\u00f3n y desarrollo de la figura de Jes\u00fas, es bueno que se insista en este momento en la presentaci\u00f3n de las figuras vivas de la Iglesia. No son momentos de ofertas teol\u00f3gicas, sino de sugerencias antropoc\u00e9ntricas. Los planteamientos eclesiales despiertan inter\u00e9s por las personas concretas.<\/p>\n<p>   Sin mitificar las figuras religiosas de nuestras sociedad cristiana (Santos, misioneros, Papa, Obispos, sacerdotes, catequistas, etc.), s\u00ed\u00ad es bueno que el ni\u00f1o aprenda prontamente a sentirse miembro de un grupo m\u00e1s numeroso y especialmente vinculado con Cristo. Sin esa referencia, apenas podremos acercarle al verdadero misterio de la Iglesia, pues tender\u00e1 a mirarla como una sociedad al estilo de las terrenas.<\/p>\n<p>    Es condici\u00f3n de buena formaci\u00f3n religiosa el presentar la pertenencia a la Iglesia como condici\u00f3n de vida cristiana. Jes\u00fas ha querido una comunidad creyente y resulta decisivo el que, ya desde los primeros momentos de la vida, se formulen ante el ni\u00f1o perspectivas comunitarias, adaptadas y progresivas evidentemente, pero s\u00f3lidas y firmes de cara al porvenir.<\/p>\n<p>    En esta sensibilizaci\u00f3n ante el valor de la Iglesia se apoyar\u00e1 el sentido de aprender a valorar los sacramentos (Bautismo, Matrimonio, Orden sacerdotal&#8230;), las pr\u00e1cticas piadosas (fiestas, tiempos lit\u00fargicos, tradiciones&#8230;), el significado de los elementos visibles del culto (templos, altares, arte sagrado&#8230;), pr\u00e1ctica de las virtudes b\u00e1sicas (justicia, amor al pr\u00f3jimo, sentido de oraci\u00f3n&#8230;), y cuantos apoyos humanos sirvan de soporte para la conservaci\u00f3n de los valores espirituales y cristianos.<\/p>\n<p>   8. Iniciaci\u00f3n en la oraci\u00f3n<\/p>\n<p>   Los 7 y 8 a\u00f1os son momento privilegiado para la iniciaci\u00f3n en la vida de oraci\u00f3n, alma de toda vida cristiana. El ni\u00f1o puede y debe descubrir la plegaria tanto personal como comunitaria.<\/p>\n<p>    Su mente es capaz de establecer relaciones con Dios y de alguna forma puede elaborar modelos personales de comunicaci\u00f3n. La oraci\u00f3n del ni\u00f1o est\u00e1 muy vinculada a las f\u00f3rmulas, sobre todo tradicionales y repetitivas que aprende en el ambiente. A ellas asocia sus creencias y con frecuencia sus aprendizajes.<\/p>\n<p>    Pero ya es capaz de descubrir la posibilidad de \u00abhablar\u00bb con Dios, con Jes\u00fas, con Mar\u00ed\u00ada, con los Angeles y Santos. Es momento de ense\u00f1arle a rezar de verdad, a comunicarse con esos seres espirituales, invisibles, en los que se le ense\u00f1a a creer.<\/p>\n<p>    Nunca se insistir\u00e1 lo suficiente en que el ni\u00f1o tiene que ver rezar a sus padres y seres queridos. Tiene que acompa\u00f1ar a los padres en sus acciones de piedad y devoci\u00f3n, como cauce privilegiado para iniciarse en ellas y para valorarlas adecuadamente y de forma suficiente.<\/p>\n<p>    Sin el testimonio vivo de los adultos, dif\u00ed\u00adcilmente se pueda hablar adecuadamente de \u00abformar en la oraci\u00f3n\u00bb a los ni\u00f1os de esta edad.  Es bueno que el ni\u00f1o sea capaz de recitar, explicar y emplear con alguna frecuencia las f\u00f3rmulas m\u00e1s tradicionales de la piedad cristiana (Padrenuestro, Avemar\u00ed\u00ada, Salve&#8230; etc.). Pero es conveniente que no se quede en las f\u00f3rmulas aprendidas de memoria, sino que aprenda a decir \u00abotras plegarias\u00bb al levantarse, al acostarse, en determinados momentos de su vida cotidiana.<\/p>\n<p>    El ni\u00f1o posee a esta edad capacidad para descubrir la oraci\u00f3n compartida. Por lo tanto puede ser iniciado en la plegaria com\u00fan, que no debe ser larga ni complicada:<br \/>\n    &#8211;   Bueno es que se asocie a gestos o acciones en los que toma parte: ofrendas, posturas&#8230;<\/p>\n<p>     &#8211;  No se debe limitar a los lugares sagrados, sino que puede surgir en otros: en la clase, al comienzo del d\u00ed\u00ada, al dar gracias por la comida en casa&#8230;<\/p>\n<p>     &#8211;  Es muy importante que la oraci\u00f3n se viva en el clima familiar: ejemplo de los padres, h\u00e1bitos adecuados, ocasiones solemnes, celebraci\u00f3n del domingo&#8230;<\/p>\n<p>     &#8211;  Capacidad de formular alabanzas, agradecimientos y signos de amor a Dios. No conviene quedarse s\u00f3lo en peticiones concretas, sensibles, interesadas.<\/p>\n<p>     &#8211;   El uso de s\u00ed\u00admbolos religiosos tradicionales: figuras, im\u00e1genes, es positivo.<\/p>\n<p>     &#8211;  La iniciaci\u00f3n en la meditaci\u00f3n y oraci\u00f3n interior en el ni\u00f1o, aunque parece utop\u00ed\u00ada, es posible: pensar en Dios, reflexionar sobre el significado de lo que Jes\u00fas ha dicho, explicar las par\u00e1bolas o comparaciones y par\u00e1bolas del Evangelio&#8230;<\/p>\n<p>     Se puede aspirar, con la debida moderaci\u00f3n y adaptaci\u00f3n, a que el ni\u00f1o dirija su esp\u00ed\u00adritu hacia Dios, a trav\u00e9s de lenguajes adecuados, acogiendo incluso recursos adaptados: figuras, audiovisuales, dibujos, objetos simb\u00f3licos hechos por sus manos, etc&#8230;<\/p>\n<p>     Lo importante es fomentar h\u00e1bitos, no s\u00f3lo realizar actos espor\u00e1dicos, relacionados con la oraci\u00f3n. Se les debe acostumbrar a algunos comportamientos repetitivos, a rezar al levantar o acostarse, a dar singular valor a la plegaria del \u00abdomingo\u00bb, etc. Con ni\u00f1os de esa edad hay que ser moderado en las pr\u00e1cticas de piedad.<\/p>\n<p>     Se debe evitar todo planteamiento pietista, m\u00e1gico, ritual, incluso atisbos supersticiosos o fetichistas, a lo que f\u00e1cilmente se puede llegar por la credulidad t\u00ed\u00adpica de este momento. No dejar\u00ed\u00adan de ser una deformaci\u00f3n prematura de sus valores espirituales.<\/p>\n<p>   9. Catequesis parroquial<\/p>\n<p>   Es bueno recordar que a esta edad corresponde el momento m\u00e1s interesante de las catequesis parroquiales. Al margen de juicios de valor parcial sobre prioridades o responsabilidades, el hecho es que se da en estas edades la iniciaci\u00f3n en la vida lit\u00fargica y eucar\u00ed\u00adstica de forma incipiente. M\u00e1s tarde vendr\u00e1 la consolidaci\u00f3n de las ideas y de las actitudes.<\/p>\n<p>   9.1. Centros de referencia<\/p>\n<p>   Es ahora cuando suele situarse la Primera Comuni\u00f3n y la iniciaci\u00f3n penitencial del ni\u00f1o. La Primera Comuni\u00f3n debe pasar de ser un rito familiar o social a convertirse en una verdadera iniciaci\u00f3n religiosa de signo comunitario. Se cuenta en este momento con la oportunidad de que \u00abtodos\u00bb los ni\u00f1os se sienten impulsados a la asistencia a la catequesis parroquial.<\/p>\n<p>    Son a\u00f1os en que no hay \u00abrazones\u00bb especiales para no acudir a esta oportunidad de educaci\u00f3n religiosa y por lo tanto hay que aprovechar al m\u00e1ximo la buena disposici\u00f3n del ni\u00f1o y de su entorno familiar.<\/p>\n<p>    Es f\u00e1cil en estos momentos, no s\u00f3lo atender a los ni\u00f1os religiosamente, sino tambi\u00e9n comprometer de alguna forma a los mismos padres. Por eso se precisa una buena revisi\u00f3n y profundizaci\u00f3n de esa catequesis parroquial.<\/p>\n<p>    Por eso es usual incrementar las ofertas parroquiales, en las que la vinculaci\u00f3n con los padres envuelve tambi\u00e9n a los hijos, de modo que \u00e9stos vean su vida religiosa como algo compartido y no como mero cumplimiento convencional.<\/p>\n<p>    Pero es bueno procurar que sean los mismos ni\u00f1os los protagonistas de las acciones. Y deben serlo tanto de su misma catequesis, como de las acciones de evangelizaci\u00f3n y animaci\u00f3n cristiana con relaci\u00f3n a sus mismos padres y familiares.<\/p>\n<p>   9.2. Formaci\u00f3n s\u00f3lida<\/p>\n<p>   Se evitar\u00e1n tanto los pragmatismos como los integrismos en este terreno de lo religioso, de modo que no se deteriore la armon\u00ed\u00ada y la serenidad en las actitudes y en la elaboraci\u00f3n de los criterios religiosos. Del mismo modo se temer\u00e1 el actuar s\u00f3lo con sentido tradicionalista o rutinario.<\/p>\n<p>    La tem\u00e1tica preferente en estas edades debe ser m\u00e1s bien b\u00ed\u00adblica, poniendo en el centro de la formaci\u00f3n religiosa la figura de Jes\u00fas: sus hechos, sus palabras, sus deseos, sus actitudes, entendidas siempre en el contexto de la Iglesia concreta en la que vivimos.<\/p>\n<p>    La vida sacramental, de participaci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica y de peri\u00f3dica renovaci\u00f3n penitencial, debe ser el eje. Ella asegura la formaci\u00f3n en la oraci\u00f3n, en la moral e incluso ser\u00e1 el soporte de las otras pr\u00e1cticas religiosas que se van inculcando.<\/p>\n<p>    El ideal es que haya confluencia de formas, estilos y hasta contenidos, entre los diversos \u00e1mbitos educativos que intervienen en la marcha formativa: padres, maestros catequistas, animadores de grupos y otros. No siempre esto es f\u00e1cil; pero la armon\u00ed\u00ada y la concordia es preferible a la disparidad e incluso al antagonismo.<\/p>\n<p>    Es conveniente recordar que la animaci\u00f3n de toda catequesis parroquial debe tener verdadero sentido comunitario para que la formaci\u00f3n de los ni\u00f1os resulte \u00f3ptima o, al menos, suficiente. Es la comunidad, y no s\u00f3lo algunos miembros de ella, quien debe responder de esa buena orientaci\u00f3n del trabajo formativo de los catequizandos. En la medida en que una comunidad, una parroquia, una familia,  se toma en serio esta tarea, los resultados resultan magn\u00ed\u00adficos.<\/p>\n<p>    La misma actividad religiosa que se puede y debe hacer en el marco colegial, como son las clases de religi\u00f3n o las atenciones pastorales que se brindan en este y en los dem\u00e1s \u00e1mbitos en los que el ni\u00f1o vive, no pueden olvidar la referencia parroquial. Del mismo modo, la acci\u00f3n parroquial no debe marginarse de la situaci\u00f3n religiosa real de la familia, de la escuela y del ambiente, en la medida de lo posible.<\/p>\n<p>   9.3. Armon\u00ed\u00ada con la Escuela<\/p>\n<p>   La compenetraci\u00f3n entre escuela, familia, parroquia, etc., asegura esa coordinaci\u00f3n y la colaboraci\u00f3n entre todos. El equilibrio no se establece a priori, sin esfuerzo, con simples convenios o acuerdos, sino que debe situarse en el terreno de los criterios y de las actividades. La armon\u00ed\u00ada ha de conseguir un determinado clima de sencillez y de naturalidad que facilita recibir la formaci\u00f3n casi imperceptiblemente.<\/p>\n<p>    Son de gran importancia a este respecto los procesos formativos de la familia, en cuya responsabilidad religiosa habr\u00e1 de fundarse cualquier operaci\u00f3n que se perfile extrafamiliarmente. El ni\u00f1o tiene derecho a que predomine el tono familiar en los proyectos educativos.<\/p>\n<p>    Importa que el clima que crea la convivencia con los otros ni\u00f1os, tanto en la escuela como en las catequesis parroquiales, resulte positivo y acogedor. Es el elemento catalizador de las reacciones espirituales que se van perfilando en la conciencia infantil.<\/p>\n<p>      Atenci\u00f3n especial debe prestarse a las situaciones perniciosas que se pueden presentar en cualquier mente infantil. Tales son los malos ejemplos, deformaciones ambientales nocivas, choques fuertes entre principios recibidos y comportamientos observados, etc.<\/p>\n<p>    El ni\u00f1o no est\u00e1 todav\u00ed\u00ada preparado para adoptar actitudes cr\u00ed\u00adticas ante ello y se siente desconcertado seriamente, sobre todo cuando esas perturbaciones proceden de personas de su entorno.<\/p>\n<p>Pedro Chico Gonz\u00e1lez, Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00ed\u00ada Religiosa, Editorial Bru\u00f1o, Lima, Per\u00fa 2006<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00eda Religiosa<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>[624] Es etapa de arm\u00f3nica convivencia y nuevas relaciones. Importa el entorno escolar y la familia. Pero el ni\u00f1o comienza a abrirse a las experiencias de la vida, a veces en contra de esas plataformas educadoras. Entre los 7 y 10 a\u00f1os la religiosidad es ostensible. Pero domina todav\u00ed\u00ada la credulidad, aunque se inicia la &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/infancia-media\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abINFANCIA MEDIA\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-11361","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/11361","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=11361"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/11361\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=11361"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=11361"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=11361"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}