{"id":11385,"date":"2016-02-05T07:56:42","date_gmt":"2016-02-05T12:56:42","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/ignacio-de-antioquia\/"},"modified":"2016-02-05T07:56:42","modified_gmt":"2016-02-05T12:56:42","slug":"ignacio-de-antioquia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/ignacio-de-antioquia\/","title":{"rendered":"IGNACIO DE ANTIOQUIA"},"content":{"rendered":"<p>[922](35-107)<\/p>\n<p>     Obispo y m\u00e1rtir de la primitiva Iglesia, fue uno de las figuras m\u00e1s significativas de finales del siglo I y su recuerdo el m\u00e1s aleccionador de comienzos del II.<\/p>\n<p>    Se sabe poco de esta figura, a pesar de la veneraci\u00f3n temprana que despert\u00f3 su martirio en toda la Iglesia, sobe todo por el texto de las hermosas cartas que dej\u00f3 escritas mientras caminaba desde Antioqu\u00ed\u00ada, donde fue apresado, hasta Roma, para morir en el circo como espect\u00e1culo. La persecuci\u00f3n tuvo lugar en tiempo de Trajano, que lleg\u00f3 hasta Antioqu\u00ed\u00ada para continuar sus victoriosas campa\u00f1as contra los Partos.<\/p>\n<p>     La historia, tal vez leyenda, le hace llamarse a s\u00ed\u00ad mismo \u00abTheophoros\u00bb, o partador de Dios. Y a\u00f1ade que \u00e9l mismo se present\u00f3 ante el Emperador para defender a sus cristianos, entablando el di\u00e1logo que reproducir\u00e1n sus bi\u00f3grafos m\u00e1s antiguos, copiando las Actas de los M\u00e1rtires:<br \/>\n   &#8211; \u00ab\u00bfQui\u00e9n eres t\u00fa, demonio m\u00ed\u00adsero, que tanto empe\u00f1o pones en transgredir mis \u00f3rdenes y persuades a otros a transgredirlas, para que perezcan?\u00bb<br \/>\n   &#8211; \u00abNadie &#8211; dijo Ignacio &#8211; puede llamar demonio m\u00ed\u00adsero al portador de Dios, pues los demonios huyen de los siervos de Dios. Mas, si por ser yo aborrecible a los demonios, me llamas malvado, estoy conforme contigo, pues teniendo conmigo a Cristo, rey celeste,  deshago todas las asechanzas de los demonios.\u00bb<br \/>\n   &#8211; \u00ab\u00bfQui\u00e9n es el Theophoros o portador de Dios?\u00bb, dijo el Emperador.<\/p>\n<p>   &#8211; \u00abEl que tiene a Cristo en su pecho\u00bb, contest\u00f3 Ignacio.<\/p>\n<p>     Fue condenado a morir ante las fieras en el circo romano y fue enviado con otros prisioneros a Roma. En las paradas del camino, algunos cristianos sal\u00ed\u00adan a consolarle y auxiliarle. Les daba cartas para los hermanos de Roma y para los de sus comunidades. Se conservan siete, cinco de ellas escritas para Efeso, Magnesia, Tralles, Filadelfia y Esmirna, en Asia Menor. Las otras dos estaban dirigidas a Policarpo, obispo de Esmirna, y a la comunidad de Roma.<\/p>\n<p>     Llegado a la capital, cuando el turno le toc\u00f3, fue arrojado en el Coliseo a los leones y despedazado ante los gritos  de los espectadores.<\/p>\n<p>     En sus cartas, se pueden leer con minuciosidad algunas de las ideas escritas por Ignacio en el siglo II. As\u00ed\u00ad se ve que fue el primer escritor cristiano que habl\u00f3 de la concepci\u00f3n virginal de Mar\u00ed\u00ada y que utiliz\u00f3 el t\u00e9rmino \u00abcat\u00f3lica\u00bb, hablando de la Iglesia entendida como la comunidad de los hermanos.<\/p>\n<p>    Una de las frases m\u00e1s hermosas que se citar\u00e1 siempre como recuerdo de su martirio es: \u00abQuiero ser trigo en los dientes de las fieras para convertirme en pan de Jesucristo. No me lo impid\u00e1is si es que me am\u00e1is[&#8230;] Mi amor est\u00e1 crucificado y ya no queda en m\u00ed\u00ad el fuego de los deseos terrenos. Lo que deseo es el pan de Dios, que es la carne de Jesucristo, y la bebida de su sangre, que es la caridad incorruptible. No quiero ya vivir m\u00e1s la vida terrena\u00bb. Era el a\u00f1o 107.<\/p>\n<p>Pedro Chico Gonz\u00e1lez, Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00ed\u00ada Religiosa, Editorial Bru\u00f1o, Lima, Per\u00fa 2006<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00eda Religiosa<\/b><\/p>\n<p>DicEc<br \/>\n\u00c2\u00a0<br \/>\nLas Cartas  de Ignacio son un testimonio important\u00ed\u00adsimo del desarrollo de las instituciones y de la vida de la Iglesia durante la \u00e9poca inmediatamente posapost\u00f3lica. Son adem\u00e1s documentos espirituales de calidad. Pero no dejan de ser motivo de controversias y problemas. Se encuentran en tres recensiones: una larga, que incluye trece cartas y muchas interpolaciones; un texto mediano, consistente en las siete cartas conocidas por Eusebio, y un texto m\u00e1s corto. La investigaci\u00f3n sobre Ignacio es un campo muy vasto, en el que pueden encontrarse muchos puntos de vista divergentes. Dos estudios recientes han tratado de probar que las cartas son una falsificaci\u00f3n de mediados del siglo II, y que el corpus  genuinamente ignaciano s\u00f3lo consta de cuatro cartas. Pero la mayor\u00ed\u00ada de los investigadores siguen manteniendo la autenticidad de la recensi\u00f3n media, establecida por J. B. Lightfoot en el siglo pasado, y consideran el texto m\u00e1s largo como una obra del siglo IV, y el texto sirio m\u00e1s corto como una abreviaci\u00f3n del texto medio realizada hacia el a\u00f1o 500, aunque no han faltado tambi\u00e9n los intentos de mostrar que la recensi\u00f3n larga es la m\u00e1s aut\u00e9ntica.<\/p>\n<p>Suele decirse que Ignacio fue el tercer obispo de Antioqu\u00ed\u00ada, despu\u00e9s de Pedro y Evodio. En su carta a >Policarpo afirma que la paz ha llegado a Antioqu\u00ed\u00ada, afirmaci\u00f3n dif\u00ed\u00adcil de comprender con los datos de que se dispone: quiz\u00e1 se trataba de una Iglesia en la que se hab\u00ed\u00adan superado las divisiones; quiz\u00e1 hab\u00ed\u00ada acabado all\u00ed\u00ad la persecuci\u00f3n. Ignacio ha sido enviado a Roma para ser martirizado. Por el camino visita varias comunidades cristianas de Asia Menor, y escribe antes o despu\u00e9s del encuentro a dichas comunidades o a sus jefes; escribe tambi\u00e9n a la Iglesia romana. Seis de estas cartas se consideran por lo general aut\u00e9nticas, as\u00ed\u00ad como la carta destinada a >Policarpo, obispo de Esmirna. Sufri\u00f3 el martirio en Roma bajo el reinado del emperador Trajano (98-117), quiz\u00e1 hacia el 107.<\/p>\n<p>Ignacio se muestra muy preocupado por dos errores: las tendencias judaizantes, de las que se ocupa especialmente en las cartas a los magnesios y a los filadelfios, y el docetismo, del que se ocupa ampliamente en las cartas a los trallianos y a los esmirniotas. Se opone a las pr\u00e1cticas y doctrinas jud\u00ed\u00adas: \u00abAbsurda cosa es llevar a Jesucristo en la boca y vivir judaicamente\u00bb\u00bb. Los docetas (del griego dokein  = aparecer) negaban que el Hijo se hubiera hecho realmente hombre; manten\u00ed\u00adan que s\u00f3lo aparentemente ten\u00ed\u00ada un cuerpo humano. Contra ellos Ignacio insiste en la plena realidad de la encarnaci\u00f3n: \u00abJesucristo, que desciende del linaje de David y es hijo de Mar\u00ed\u00ada; que naci\u00f3 verdaderamente y comi\u00f3 y bebi\u00f3; fue verdaderamente perseguido bajo Poncio Pilato, fue verdaderamente crucificado y muri\u00f3 a la vista de los moradores del cielo, de la tierra y del infierno. El cual, adem\u00e1s, resucit\u00f3 verdaderamente de entre los muertos, resucit\u00e1ndole su propio Padre\u00bb.<\/p>\n<p>En el \u00e1mbito de la eclesiolog\u00ed\u00ada hay tres temas ignacianos primordiales: la unidad, la eucarist\u00ed\u00ada y el obispo con sus presb\u00ed\u00adteros y di\u00e1conos. La unidad se menciona expl\u00ed\u00adcitamente diecis\u00e9is veces en las cartas. Sin embargo, a la Iglesia romana no la exhorta a la unidad, lo que indica por lo menos cierta deferencia hacia sus or\u00ed\u00adgenes apost\u00f3licos. A sus lectores de las otras Iglesias los exhorta diciendo: \u00abAmad la uni\u00f3n; huid de las escisiones\u00bb, \u00abrenunciad a las facciones\u00bb, \u00abhuid de toda escisi\u00f3n y toda doctrina perversa\u00bb, \u00ababsteneos de toda hierba ajena, que es la herej\u00ed\u00ada\u00bb. La unidad es especialmente importante en el culto: \u00abReunidos en com\u00fan, haya una sola oraci\u00f3n, una sola esperanza en la caridad, en la alegr\u00ed\u00ada sin tacha, que es Jesucristo, mejor que el cual nada existe. Corred todos a una como a un solo templo de Dios, como a un solo altar, a un solo Jesucristo, que procede de un solo Padre, para uno solo es y a uno solo ha vuelto\u00bb.<\/p>\n<p>El segundo tema es la eucarist\u00ed\u00ada, que es central en la eclesiolog\u00ed\u00ada de Ignacio; y adem\u00e1s, a \u00faltima hora, est\u00e1 relacionado con su inter\u00e9s por la unidad y su teor\u00ed\u00ada de la organizaci\u00f3n de la Iglesia en torno al obispo. As\u00ed\u00ad: \u00abPoned, pues, todo ah\u00ed\u00adnco en usar de una sola eucarist\u00ed\u00ada; porque una sola es la carne de nuestro Se\u00f1or Jesucristo y un solo c\u00e1liz para unirnos con su sangre; un solo altar, as\u00ed\u00ad como no hay m\u00e1s que un solo obispo, juntamente con el colegio de ancianos y con los di\u00e1conos, consiervos m\u00ed\u00ados\u00bb\u00bb. Y tambi\u00e9n: \u00abS\u00f3lo aquella eucarist\u00ed\u00ada ha de tenerse por v\u00e1lida que se celebre por el obispo o por quien de \u00e9l tenga autorizaci\u00f3n\u00bb. En la teolog\u00ed\u00ada eucar\u00ed\u00adstica de Ignacio hay cinco ideas marcadamente cat\u00f3licas: usa t\u00e9rminos sacrificiales; el t\u00e9rmino \u00abeucarist\u00ed\u00ada\u00bb se aplica a los elementos; se insiste en el poder de la eucarist\u00ed\u00ada; s\u00f3lo es v\u00e1lida la eucarist\u00ed\u00ada del obispo o de un delegado debidamente autorizado; la celebraci\u00f3n de car\u00e1cter colectivo es una celebraci\u00f3n lit\u00fargica.<\/p>\n<p>El tercer tema capital de su eclesiolog\u00ed\u00ada es el del obispo con sus presb\u00ed\u00adteros y di\u00e1conos, [ya que Ignacio es el primer testimonio de un ministerio en estos tres grados diferenciado del pueblo fiel]. Aunque es com\u00fan hablar del \u00abepiscopado mon\u00e1rquico\u00bb refiri\u00e9ndose a Ignacio, el calificativo es demasiado ambiguo: ciertamente hay s\u00f3lo un obispo en las Iglesias a las que escribe sobre el obispo, pero este no gobierna como un monarca absoluto, sino en comuni\u00f3n con sus presb\u00ed\u00adteros. El obispo tiene primariamente funciones lit\u00fargicas: la eucarist\u00ed\u00ada sobre todo; el >agap\u00e9 y  el bautismo requieren su presencia; la celebraci\u00f3n del matrimonio requiere su consentimiento. El obispo es el que preside, pero Jesucristo es \u00abnuestro \u00fanico maestro\u00bb. Dado que ha recibido el poder de Dios, \u00abdebemos mirar al obispo como al mismo Se\u00f1or\u00bb. El obispo refleja la voluntad de Jesucristo; hay por tanto que amarlo, respetarlo y obedecerlo.<\/p>\n<p>Hay una extra\u00f1a referencia al silencio de los obispos: \u00abCuanto m\u00e1s reservado parece un obispo, m\u00e1s respetado debe ser\u00bb, observaci\u00f3n de la que pueden hacerse diversas interpretaciones. He aqu\u00ed\u00ad algunas. Una raz\u00f3n sencilla puede ser el apoyo a un obispo silencioso, o que no es elocuente en el trato con la herej\u00ed\u00ada; no debe pensarse mal de \u00e9l a causa de su disposici\u00f3n. Pero puede darse una explicaci\u00f3n m\u00e1s profunda. Ignacio se refiere en varias ocasiones al silencio divino: \u00abLa Palabra (de Dios) procede del silencio\u00bb; el silencio de Cristo. Puede pensarse que el obispo refleja de manera particularmente poderosa el silencio divino.<\/p>\n<p>Los presb\u00ed\u00adteros rodean al obispo y forman como un consejo: \u00ab(&#8230;) presidiendo el obispo, que ocupa el lugar de Dios, y los ancianos, que representan el colegio de los ap\u00f3stoles, y teniendo los di\u00e1conos, para m\u00ed\u00ad dulc\u00ed\u00adsimos, encomendado el ministerio de Jesucristo\u00bb. Reserva para los di\u00e1conos un lugar especial en su coraz\u00f3n y habla de ellos con cari\u00f1o. Dice de los obispos, presb\u00ed\u00adteros y di\u00e1conos que \u00absu nombramiento (&#8230;) es aprobado por Jesucristo\u00bb, pero, a diferencia de >Clemente Romano, no hace ninguna menci\u00f3n en ninguna parte del tema de la sucesi\u00f3n (>Sucesi\u00f3n apost\u00f3lica).<\/p>\n<p>Hay en Ignacio una profunda teolog\u00ed\u00ada del martirio (>M\u00e1rtir), teolog\u00ed\u00ada que ha sido malinterpretada por algunos que consideran morboso su deseo de morir. Pero no han reparado en el tema del amor, de la uni\u00f3n con Cristo, de su imitaci\u00f3n, que impregna todas las cartas. A trav\u00e9s del martirio, Ignacio espera convertirse en \u00abun aut\u00e9ntico disc\u00ed\u00adpulo\u00bb: \u00abMi esp\u00ed\u00adritu es ahora todo humilde devoci\u00f3n a la cruz\u00bb. La intenci\u00f3n general de la carta a la Iglesia de Roma es manifestar su deseo de que se abstengan de hacer nada que pueda privarlo del martirio: \u00abPermitidme que sea libaci\u00f3n ofrecida a Dios\u00bb. Encontramos en \u00e9l un anhelo ext\u00e1tico: hay en \u00e9l \u00abs\u00f3lo un murmullo de agua viva que susurra dentro de m\u00ed\u00ad: \u00abVe al Padre\u00bb\u00bb; \u00abpor m\u00e1s que ans\u00ed\u00ado el martirio, no estoy enteramente seguro de ser digno de \u00e9l\u00bb; \u00abs\u00f3lo en nombre de Jesucristo, y por compartir sus sufrimientos, puedo afrontar todo esto\u00bb.<\/p>\n<p>Gran parte de los estudios realizados en torno a Ignacio se centran en su visi\u00f3n de la Iglesia de Roma. La carta dirigida a esta Iglesia es de car\u00e1cter muy diferente a las otras: el encabezamiento a la Iglesia \u00abque preside en el distrito de los romanos (prokath\u00e9tai en top\u00f3 ch\u00f3riou R\u00f3mai\u00f3n)\u00bb  es m\u00e1s espl\u00e9ndido: se dice tambi\u00e9n que est\u00e1 \u00abpuesta a la cabeza en la caridad\u00bb, o que \u00abpreside en el amor\u00bb (prokath\u00e9men\u00e9 t\u00e9s agap\u00e9s):  [expresi\u00f3n que ha dado origen a dos interpretaciones fundamentales: a) la Iglesia de Roma est\u00e1 por encima de las otras Iglesias por su caridad (cf J. B. Lightfoot); b) la Iglesia de Roma preside la asamblea del amor que es la Iglesia (cf T. Camelot). Esta referencia de Ignacio, sea al ejercicio de la caridad o sea al amor como Iglesia, conlleva] que se ha purificado de todo lo ajeno; y por esto no pretende dar consejos pr\u00e1cticos a esta Iglesia. Aunque es claro que le reconoce cierta preeminencia a esta Iglesia, no est\u00e1 tan claro a qu\u00e9 se debe: probablemente a su origen petrino y paulino. A lo sumo se trata de un testimonio indirecto de la emergencia del >primado romano, el cual a\u00fan tardar\u00e1 varios siglos en desarrollarse plenamente.<\/p>\n<p>En las cartas de Ignacio encontramos datos importantes sobre la Iglesia de comienzos del siglo II, pero hay tambi\u00e9n cuestiones que el texto de estas cartas no puede responder.<\/p>\n<p>Christopher O\u00c2\u00b4Donell &#8211; Salvador Pi\u00e9-Ninot, Diccionario de Eclesiolog\u00ed\u00ada, San Pablo, Madrid 1987<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Eclesiolog\u00eda<\/b><\/p>\n<p>-> Iglesia, ministerios). Ignacio, obispo de Siria, viaja a Roma, condenado a morir por ser cristiano, y escribe en el camino una serie de cartas que definen su visi\u00f3n de lo que es y de lo que (a su juicio) debe ser la Iglesia. Estas cartas ofrecen la mejor visi\u00f3n de una tendencia eclesial de tipo m\u00ed\u00adstico y organizativo, que se est\u00e1 extendiendo entre las comunidades de Siria y de Asia, a finales del tiempo del Nuevo Testamento, en la primera mitad del siglo II d.C. Ellas nos permiten entender mejor, por coherencia y contraste, algunas visiones de la Iglesia que aparecen en otros escritos del Nuevo Testamento, sobre todo en la l\u00ed\u00adnea de la herencia paulina (pastorales; patriarcalismo*). Estos son los elementos m\u00e1s significativos de su visi\u00f3n cristiana.<\/p>\n<p>(1) Misticismo y jerarqu\u00ed\u00ada. En s\u00ed\u00ad mismo, el misticismo no es sin m\u00e1s cristiano y as\u00ed\u00ad puede encontrarse en otras religiones; lo cristiano es la contemplaci\u00f3n de Jes\u00fas resucitado, el di\u00e1logo personal de amor con Dios y los hermanos, desde el Cristo. Tampoco la jerarqu\u00ed\u00ada (poder sacral) es una realidad cristiana; m\u00e1s a\u00fan, ella parece propia de las religiones de Oriente (que han divinizado a sus reyes) y del mundo religioso griego, tal como ha venido a culminar en el platonismo. En contra de eso, el Evangelio ha destacado el amor de Dios y la fraternidad de los creyentes, no el orden sagrado de unos sobre otros. Pero ambos elementos (misticismo y jerarqu\u00ed\u00ada) pueden unirse al servicio de la Iglesia, como ha hecho Ignacio, iniciando un proceso de concentraci\u00f3n m\u00ed\u00adstico-mon\u00e1rquica del cristianismo.<\/p>\n<p>(2)  Organizaci\u00f3n eclesial. Ignacio es m\u00ed\u00adstico de Cristo (enamorado de la muerte entendida como signo de amor a Jes\u00fas) y jerarca eclesial (busca la unidad de cada iglesia, bajo la presidencia de un obispo, con un colegio de presb\u00ed\u00adteros y un grupo de di\u00e1conos o servidores). Ha recogido tendencias diversas de la teolog\u00ed\u00ada y vida cristiana (de Pablo, de Juan y de Mateo y quiz\u00e1 tambi\u00e9n de Lucas) y piensa que el mensaje de Jes\u00fas corre el riesgo de destruirse, a causa de las tendencias disolventes (gnostizantes) que han empezado a surgir en las comunidades. Por eso quiere fortalecer la unidad de la Iglesia, tanto en el plano social (vinculaci\u00f3n de los cristianos entre s\u00ed\u00ad), como m\u00ed\u00adstico (uni\u00f3n con Jes\u00fas). La ra\u00ed\u00adz de su preocupaci\u00f3n por el surgimiento de una jerarqu\u00ed\u00ada cristiana no es el mensaje (como en pastorales, donde el presb\u00ed\u00adtero\/obispo era servidor de la Palabra), ni el orden y obediencia legal (como en la Primera de Clemente*), sino la vinculaci\u00f3n con Dios (Cristo), a trav\u00e9s de la armon\u00ed\u00ada eclesial; por eso, promueve el surgimiento de una jerarqu\u00ed\u00ada entendida como principio sagrado de vinculaci\u00f3n cristiana.<\/p>\n<p>(3)  Textos b\u00e1sicos. Ignacio ha expuesto su preocupaci\u00f3n en unos textos que se han vuelto centrales para la comprensi\u00f3n de la Iglesia posterior. \u00abUna es la carne de nuestro Se\u00f1or Jesucristo y uno el c\u00e1liz para unimos con su sangre, uno el altar, como uno el obispo, con los presb\u00ed\u00adteros y di\u00e1conos, consiervos m\u00ed\u00ados&#8230;\u00bb (Flp 3,2^1,1). \u00abSeguid todos al obispo, como Jesucristo al Padre, y al presbiterio como a los ap\u00f3stoles; reverenciad a los di\u00e1conos, como al mandato de Dios. Nadie haga algo referente a la Iglesia sin el obispo. S\u00f3lo es fiable la eucarist\u00ed\u00ada con el obispo o su delegado. Donde est\u00e1 el obispo est\u00e9 la muchedumbre, donde est\u00e1 Jesucristo est\u00e9 la iglesia universal. Sin el obispo no se puede bautizar&#8230;\u00bb (Esm 8,1; cf. Ef 5,1; Magn 3,1; 7,1; 13,2; Tral 3,2). Estos textos, escritos hacia el 120-130 d.C. por alguien que se presenta como obispo de Siria, constituyen la mayor defensa de la unidad episcopal de la Iglesia en el siglo II. Todo nos permite suponer que la instituci\u00f3n del episcopado mon\u00e1rquico resulta en ese tiempo algo nuevo, que ha surgido en el entorno de Siria y de Asia, pero que no ha logrado extenderse a todas las comunidades. Significativamente, Ignacio no la puede citar en la carta a Roma, pues es ta iglesia sigue dirigida por un colegio de presb\u00ed\u00adteros-obispos (como supone la Primera de Clemente* y Hermas, Pastor). Ya las pastorales parec\u00ed\u00adan evocar un tipo de episcopado mon\u00e1rquico, que resultaba l\u00f3gico dentro del proceso de institucionalizaci\u00f3n de las comunidades. Pero s\u00f3lo Ignacio ha destacado ese dato, atribuyendo gran poder espiritual y social a la figura del obispo, que se eleva sobre el presbiterio y viene a presentarse como signo de Dios en la comunidad. La aportaci\u00f3n mayor de Ignacio no es la unidad de la Iglesia en torno al obispo, sino la justificaci\u00f3n m\u00ed\u00adstica (jer\u00e1rquica) de su funci\u00f3n.<\/p>\n<p>(4) Mediaci\u00f3n episcopal. Varios textos b\u00e1sicos del Nuevo Testamento (Mt, Ef, Jn) hab\u00ed\u00adan destacado la unidad eclesial sin apelar a la mediaci\u00f3n del obispo y\/o de la jerarqu\u00ed\u00ada. Ignacio, en cambio, vincula la unidad de la Iglesia con el obispo. La instituci\u00f3n del episcopado mon\u00e1rquico resulta l\u00f3gica, pues a medida que la Iglesia se ampl\u00ed\u00ada van siendo m\u00e1s dif\u00ed\u00adciles de coordinar las funciones de presb\u00ed\u00adteros y di\u00e1conos. Pues bien, para establecer la autoridad del obispo (sobre presb\u00ed\u00adteros y di\u00e1conos) Ignacio no apela a Jes\u00fas ni a los ap\u00f3stoles o a la tradici\u00f3n. Carece de argumentos de historia y evangelio; por eso ofrece razonamientos m\u00ed\u00adsticos (trinitarios), que var\u00ed\u00adan de unas cartas a otras; es posible que Ignacio no tenga todav\u00ed\u00ada una visi\u00f3n precisa de la funci\u00f3n del episcopado y por eso puede apelar a distintos s\u00ed\u00admbolos divinos, el m\u00e1s importante de los cuales reza as\u00ed\u00ad: como Dios es uno y Padre, as\u00ed\u00ad el obispo es uno y padre de la comunidad.<\/p>\n<p>Cf. J. J. AY\u00ed\u0081N, Introducci\u00f3n, en Ignacio de Antioqu\u00ed\u00ada. Cartas, Ciudad Nueva, Madrid 1991, 31-101; J. P. MART\u00ed\u008dN, El Esp\u00ed\u00adritu Santo en los or\u00ed\u00adgenes del Cristianismo. Estudio sobre I Clemente, Ignacio, II Clemente y Jastino m\u00e1rtir, PAS, Roma 1971; X. Pikaza, Sistema, libertad, iglesia. Las instituciones del Nuevo Testamento, Trotta, Madrid 2001; J. RIUS-CAMPS, The Four Autlientic Letters of Ignatius, the Mar\u00ed\u00adyr, AnOr, Roma 1979; W. R. SCHOEDEL, Ignatius of Antioch, HCHCB, Fortress, Filadelfia 1985.<\/p>\n<p>PIKAZA, Javier, Diccionario de la Biblia. Historia y Palabra, Verbo Divino, Navarra 2007<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de la Biblia Historia y Palabra<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>[922](35-107) Obispo y m\u00e1rtir de la primitiva Iglesia, fue uno de las figuras m\u00e1s significativas de finales del siglo I y su recuerdo el m\u00e1s aleccionador de comienzos del II. Se sabe poco de esta figura, a pesar de la veneraci\u00f3n temprana que despert\u00f3 su martirio en toda la Iglesia, sobe todo por el texto &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/ignacio-de-antioquia\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abIGNACIO DE ANTIOQUIA\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-11385","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/11385","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=11385"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/11385\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=11385"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=11385"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=11385"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}