{"id":11449,"date":"2016-02-05T07:58:41","date_gmt":"2016-02-05T12:58:41","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/inculturacion\/"},"modified":"2016-02-05T07:58:41","modified_gmt":"2016-02-05T12:58:41","slug":"inculturacion","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/inculturacion\/","title":{"rendered":"INCULTURACION"},"content":{"rendered":"<p>[204]<\/p>\n<p>     Actitud o proceso de adaptaci\u00f3n a la cultura en la que se vive o a la que se llega de nuevo para trabajar apost\u00f3licamente en su contexto. Es una necesidad de los receptores, por lo tanto un derecho ser atendidos y entendidos en sus propia cultura; y es un deber para los agentes pastorales y por lo tanto una condici\u00f3n de evangelizaci\u00f3n, que va asociada a la eficacia apost\u00f3lica.<\/p>\n<p>    Cuantos trabajan pastoral o educativamente en ambientes en los que no nacieron y a los que llegan para servir y no para imponer debe hacer suyo el lema eclesial de la inculturaci\u00f3n: \u00abhacerse a todos (jud\u00ed\u00ados, griegos, circuncisos, incircuncisos), para ganarlos a todos para Cristo Jes\u00fas\u00bb. (1 Cor. 9. 19-22).<\/p>\n<p>    La Iglesia ha sido modelo de inculturaci\u00f3n desde los primeros tiempos. Y su actitud ha sido la fuerza cautivadora para tantos pueblos como se hicieron cristianos por la abnegaci\u00f3n de los misioneros.<\/p>\n<p>    Anunciar el mensaje de la salvaci\u00f3n supone adaptarse en vestidos, lengua, costumbres, formas de vida, tradiciones, comida, fiestas y diversiones al lugar en el que se act\u00faa.  (Ver Incardinaci\u00f3n)<\/p>\n<p>Pedro Chico Gonz\u00e1lez, Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00ed\u00ada Religiosa, Editorial Bru\u00f1o, Lima, Per\u00fa 2006<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00eda Religiosa<\/b><\/p>\n<p>DicEc<br \/>\n\u00c2\u00a0<br \/>\nEl neologismo \u00abinculturaci\u00f3n\u00bb apareci\u00f3 en la teolog\u00ed\u00ada cat\u00f3lica a mediados de la d\u00e9cada de 1970, especialmente en los escritos del general de los jesuitas, el P. Arrupe. Se introdujo por primera vez en un documento romano en el mensaje del V s\u00ed\u00adnodo de los obispos (1977). Pero ya dos a\u00f1os antes tenemos lo que se ha llamado \u00abla carta magna de la inculturaci\u00f3n\u00bb, la exhortaci\u00f3n sobre la evangelizaci\u00f3n Evangelii nuntiandi  (1976) de Pablo VI (ver nn 20 y 63). El t\u00e9rmino \u00abinculturaci\u00f3n\u00bb ha sido usado frecuentemente por Juan Pablo II.<\/p>\n<p>Como neologismo que es, su significado y utilizaci\u00f3n no han sido fijados todav\u00ed\u00ada por el uso repetido, y se han sugerido tambi\u00e9n otros t\u00e9rminos, como por ejemplo \u00abinterculturalidad\u00bb, t\u00e9rmino propuesto por el cardenal J. Ratzinger en una alocuci\u00f3n importante: Cristo, la fe y el desaf\u00ed\u00ado de las culturas.  Ha de distinguirse del t\u00e9rmino sociol\u00f3gico \u00abenculturaci\u00f3n\u00bb, al parecer acu\u00f1ado por M. J. Herkovits, que significa lo mismo que \u00absocializaci\u00f3n\u00bb, a saber, el proceso a trav\u00e9s del cual un individuo entra a formar parte de una cultura; en tal caso se trata de un proceso de aprendizaje de la persona. Ha de distinguirse tambi\u00e9n de \u00abadaptaci\u00f3n\u00bb, que se refiere bien al esfuerzo misionero por adecuar la personalidad a la cultura, a la manera de Pablo, que se hizo todo para todos (cf ICor 9,21-22), bien al intento de hacer inteligible el mensaje universal e inmutable a personas de otra cultura. La adaptaci\u00f3n es en gran medida algo externo, mientras que la inculturaci\u00f3n es algo principalmente interno.<\/p>\n<p>La Comisi\u00f3n Teol\u00f3gica Internacional (CTI) observ\u00f3 en 1984 que la inculturaci\u00f3n era reflejo de la encarnaci\u00f3n: \u00abDe la misma manera que el Verbo de Dios ha asumido en su propia persona una humanidad concreta y ha vivido todas las particularidades de la condici\u00f3n humana en un lugar, en un tiempo y en el seno de un pueblo, la Iglesia, a ejemplo de Cristo y por el don de su Esp\u00ed\u00adritu, debe encarnarse en cada lugar, en cada tiempo y en cada pueblo (cf He 2,5-11)\u00bb. La inculturaci\u00f3n es una nueva expresi\u00f3n de la revelaci\u00f3n, del misterio de Cristo, que brota de su asimilaci\u00f3n por la Iglesia local.<\/p>\n<p>En el debate sobre la inculturaci\u00f3n que tuvo lugar a finales de la d\u00e9cada de los 70 y en la d\u00e9cada de los 80, pueden detectarse dos interpretaciones del texto del Vaticano II sobre la misi\u00f3n (Ad gentes [AG],  22), una minimalista \u2014frecuente en el magisterio\u2014 y otra maximalista, con un amplio espectro entre ambas. Los minimalistas tienden a interpretar este texto de AG en t\u00e9rminos de evangelizaci\u00f3n de la cultura. Otras interpretaciones hablan m\u00e1s de inculturaci\u00f3n del evangelio. La visi\u00f3n de la CTI es una vez m\u00e1s iluminadora: \u00abEn la evangelizaci\u00f3n de las culturas y la inculturaci\u00f3n del evangelio se produce un maravilloso intercambio: por una parte, el evangelio revela a cada cultura y libera en ella la verdad \u00faltima de los valores de que es portadora; por otra, cada cultura expresa el evangelio de manera original y manifiesta nuevos aspectos de \u00e9l. La inculturaci\u00f3n es as\u00ed\u00ad un elemento de la recapitulaci\u00f3n de todas las cosas en Cristo (Ef 1,10) y de la catolicidad de la Iglesia (LG 16-17)\u00bb.<\/p>\n<p>En la pr\u00e1ctica, la cuesti\u00f3n de la inculturaci\u00f3n se plantea en tres \u00e1mbitos principales. Primero, en la teolog\u00ed\u00ada, en la que la \u00fanica fe busca nuevas expresiones. Segundo, en la catequesis, que busca presentar la fe en una cultura espec\u00ed\u00adfica y reflejar dicha cultura en el misterio de Cristo. Tercero, en la liturgia, que da expresi\u00f3n al culto cristiano en los actos concretos de culto de cada pueblo.<\/p>\n<p>La CTI volvi\u00f3 al tema de la inculturaci\u00f3n en 1987, d\u00e1ndole una fundamentaci\u00f3n m\u00e1s profunda: el magisterio; naturaleza, cultura y gracia; la inculturaci\u00f3n en la historia de la salvaci\u00f3n; problemas actuales de la inculturaci\u00f3n: piedad popular, religiones no cristianas, Iglesias j\u00f3venes, modernidad.<\/p>\n<p>La inculturaci\u00f3n se topa con el problema de la transformaci\u00f3n de las culturas y de la posible intrusi\u00f3n de culturas ajenas en las Iglesias locales. No s\u00f3lo en pa\u00ed\u00adses como Estados Unidos, Inglaterra o Australia encontramos fen\u00f3menos multiculturales; tambi\u00e9n en muchos pa\u00ed\u00adses de Africa, Am\u00e9rica Latina y Asia se experimentan vivamente la diversidad cultural y los desaf\u00ed\u00ados a la inculturaci\u00f3n. El te\u00f3logo camerun\u00e9s J. M. Ela ve la inculturaci\u00f3n como liberaci\u00f3n: los misioneros no pueden llevar a cabo la inculturaci\u00f3n; s\u00f3lo pueden iniciar el proceso. Pero los africanos no pueden tampoco llevar a cabo la inculturaci\u00f3n mientras se mantengan en situaci\u00f3n de servidumbre cultural y socioecon\u00f3mica respecto de los no africanos. Existe el peligro de que Africa opte por una inculturaci\u00f3n o indigenismo mediocre, una preocupaci\u00f3n por lo que no es importante, por lo superficial y no controvertido. El otro peligro es que la Iglesia sea rechazada como extra\u00f1a por los pa\u00ed\u00adses j\u00f3venes, al querer estos proteger y promover su identidad cultural.<\/p>\n<p>La urgencia y el car\u00e1cter perenne del compromiso de la inculturaci\u00f3n pueden intuirse en estas tres citas tomadas de obras escritas mucho antes de que se creara la palabra \u00abinculturaci\u00f3n\u00bb. Y. Congar recoge dos de ellas, una sin el nombre del autor: \u00abUn escritor de misionolog\u00ed\u00ada ha dicho que el comentario definitivo a los evangelios no podr\u00e1 escribirse hasta que China, Jap\u00f3n e India se hayan hecho cristianos\u00bb; otra de Journet: \u00abLa expansi\u00f3n de la Iglesia hace que esta se revele ante s\u00ed\u00ad misma\u00bb\u00bb. La tercera es de B. Kloppenburg: \u00abMientras la Iglesia no se haga brasile\u00f1a, Brasil no pertenecer\u00e1 a la Iglesia\u00bb. Lo que est\u00e1 en juego en la inculturaci\u00f3n es la misma catolicidad (>cat\u00f3lico) de la Iglesia. Estando tanto en juego, a la Iglesia toda precauci\u00f3n le parece poca.<\/p>\n<p>Christopher O\u00c2\u00b4Donell &#8211; Salvador Pi\u00e9-Ninot, Diccionario de Eclesiolog\u00ed\u00ada, San Pablo, Madrid 1987<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Eclesiolog\u00eda<\/b><\/p>\n<p>Significado y alcance de la inculturaci\u00f3n<\/p>\n<p>\tEl tema de la relaci\u00f3n entre el evangelio y la cultura se encuentra ya de modo expl\u00ed\u00adcito en el discurso de Pablo en el are\u00f3pago de Atenas. Ese discurso es un ejemplo de c\u00f3mo predicar el mensaje evang\u00e9lico en otra cultura (Hech 17,19-34), \u00abhaci\u00e9ndose todo para todos\u00bb (1Cor 9,19). En el siglo XVII (a\u00f1o 1659), la Congregaci\u00f3n de Propaganda Fide dio una Instrucci\u00f3n en vistas a evangelizar respetando las culturas. A trav\u00e9s de la historia, el tema ha recibido diversos calificativos adaptaci\u00f3n, indigenizaci\u00f3n, contextualizaci\u00f3n, \u00abencarnaci\u00f3n\u00bb, aculturaci\u00f3n, transculturaci\u00f3n, inculturaci\u00f3n&#8230;<\/p>\n<p>\tLos valores culturales de un pueblo se expresan b\u00e1sicamente en actitudes relacionales respecto al cosmos, a los seres humanos y a la trascendencia (Dios, el m\u00e1s all\u00e1, etc.). Pero estas expresiones tienen tambi\u00e9n lugar en el campo de las ideas, idioma, arte, costumbres, actitudes hist\u00f3ricas, etc. La misi\u00f3n de la Iglesia tendr\u00e1 en cuenta el contexto hist\u00f3rico y cultural en que se anuncia la misma fe y los mismos contenidos evang\u00e9licos. \u00abEsta adaptaci\u00f3n de la predicaci\u00f3n de la palabra revelada debe mantenerse como ley de toda la evangelizaci\u00f3n\u00bb (GS 44).<\/p>\n<p>\tLa acci\u00f3n evangelizadora es especialmente anuncio de los contenidos evang\u00e9licos y, por tanto, de los contenidos de la fe. Ahora bien, esos contenidos se expresan con t\u00e9rminos culturales, seg\u00fan el contexto ambiental en que se evangeliza (fe y teolog\u00ed\u00ada contextuada). Las expresiones culturales aut\u00e9nticas, especialmente cuando est\u00e1n garantizadas por el magisterio, contin\u00faan siendo v\u00e1lidas en cualquier cultura, debido tambi\u00e9n a la unidad fundamental de toda la humanidad. Pero todas las expresiones pueden siempre mejorarse e incluso completarse con otras formulaciones o cuadros mentales seg\u00fan las diversas \u00e9pocas y culturas.<\/p>\n<p>\tHay que distinguir el encuentro entre culturas, del encuentro entre el evangelio y las culturas. El encuentro entre la Palabra de Dios y las culturas y situaciones humanas es un don extraordinario del mismo Dios, quien ha dado inicio a la creaci\u00f3n y al historia. La revelaci\u00f3n (del Antiguo y del Nuevo Testamento) se ha manifestado con elementos culturales de uno o de varios pueblos. Se puede, pues, distinguir entre el contenido de la revelaci\u00f3n y sus expresiones culturales. Este ropaje cultural no destruye a otras culturas cuando se les anuncia la revelaci\u00f3n, puesto que la evangelizaci\u00f3n no es implantaci\u00f3n de una cultura, sino el anuncio de la Palabra de Dios, que es siempre para toda la humanidad.<\/p>\n<p>\tEl proceso de inserci\u00f3n del evangelio en las culturas<\/p>\n<p>\tEl t\u00e9rmino \u00abinculturaci\u00f3n\u00bb indica el proceso de insertar el mensaje evang\u00e9lico en un determinado ambiente socio-cultural, respetando siempre todos los valores que sean conciliables con el evangelio. \u00abLa inculturaci\u00f3n es la encarnaci\u00f3n del evangelio en las culturas aut\u00f3ctonas y, al mismo tiempo, la introducci\u00f3n de \u00e9stas en la vida de la Iglesia\u00bb (SA 21). El proceso de inculturaci\u00f3n llega a todos los sectores de la cultura criterios, escala de valores, h\u00e1bitos, \u00e9tica, vida social, lenguaje, arte&#8230;<\/p>\n<p>\tA la luz de la Encarnaci\u00f3n del Verbo, la Iglesia se hace \u00abcomuni\u00f3n\u00bb, solidaria con todos los pueblos y culturas, es decir, con \u00abla entera familia humana en el conjunto universal de las realidades entre las que \u00e9sta vive\u00bb (GS 2). La Iglesia vive de la convicci\u00f3n de que \u00abel Esp\u00ed\u00adritu se halla en el origen de los nobles ideales y de las iniciativas de bien de la humanidad en camino&#8230; Cristo resucitado obra ya por la virtud de su Esp\u00ed\u00adritu en el coraz\u00f3n del hombre\u00bb (RMi 28).<\/p>\n<p>\tEl proceso de inculturaci\u00f3n abarca diversos niveles la doctrina sobre el sentido de la vida y creencias sobre la trascendencia y el Absoluto, las costumbres y modos \u00e9ticos de actuar, las normas de vida y las expresiones cultuales y art\u00ed\u00adsticas&#8230; Ello reclamar\u00e1 de parte de la comunidad eclesial una apertura a nuevos puntos de vista que ayuden a profundizar el evangelio. La inculturaci\u00f3n incidir\u00e1 en las expresiones de la doctrina teol\u00f3gica y moral, en la vida y disciplina de la comunidad en sus diversos estados, en las expresiones lit\u00fargicas, en las actitudes espirituales, en la metodolog\u00ed\u00ada pastoral.<\/p>\n<p>\tToda cultura es el itinerario de un pueblo hacia los planes salv\u00ed\u00adficos de Dios Amor en Cristo. Se necesita descubrir en las culturas los hitos preparatorios de la nueva creaci\u00f3n en Cristo (cfr. Gal 6,14-16; 2Cor 5,17-18), de la recapitulaci\u00f3n de todas las cosas en Cristo (cfr. Ef 1,10), de la plenitud de perfecci\u00f3n en Cristo (Heb 5,9; 10,14; 11,40; Col 1,18). La inserci\u00f3n del evangelio en las culturas es un proceso de toma de conciencia respecto al camino hist\u00f3rico de cada pueblo hacia la \u00ablibertad\u00bb en Cristo (cfr. Gal 4,31), que es libertad en el amor (cfr. 2Cor 3,17).<\/p>\n<p>\tLa fidelidad al evangelio ser\u00e1 la mejor disposici\u00f3n para adoptar una actitud de respeto y fidelidad a los valores culturales que Dios ha sembrado en toda la humanidad. \u00abEl evangelio penetra vitalmente en las culturas, se encarna en ellas, superando sus elementos culturales y elevando sus valores al misterio de la salvaci\u00f3n que proviene de Cristo\u00bb (PDV 55). El misterio del hombre comienza a desvelarse por el humanismo cristiano, que invita a hacer de la vida una donaci\u00f3n a imagen de Dios Amor (cfr. GS 22-24). El misterio del hombre se encuentra siempre m\u00e1s all\u00e1 de toda cultura, y s\u00f3lo se desvela en Cristo.<\/p>\n<p>\tUn proceso evangelizador<\/p>\n<p>\tEste proceso, de elevar y perfeccionar purificando (cfr. LG 13,17; GS 2,58), se podr\u00ed\u00ada, pues, concretar en las siguientes etapas anuncio y testimonio del evangelio sin \u00abcondicionarlo\u00bb a la propia cultura; aceptaci\u00f3n respetuosa de los valores culturales en el contexto de la historia de salvaci\u00f3n, purificaci\u00f3n de los obst\u00e1culos a la luz del evangelio, elevaci\u00f3n de los valores culturales hasta su perfecci\u00f3n de poder expresar convenientemente el mensaje evang\u00e9lico, uso relativo de los valores culturales sin absolutizarlos. Cuando la cultura de un pueblo puede expresar los contenidos del evangelio, sin cambiarlos, entonces se convierte en un factor de unidad universal.<\/p>\n<p>\tLa inculturaci\u00f3n es un proceso permanente. Las culturas evolucionan y se entrecruzan. El mensaje evang\u00e9lico es \u00abPalabra viva\u00bb, que se profundiza continuamente con las nuevas luces del Esp\u00ed\u00adritu Santo (cfr. Jn 16,13; Lc 24,45). En la piedad o religiosidad popular (especialmente de dimensi\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica y mariana) se manifiesta la inserci\u00f3n de los valores evang\u00e9licos en las ra\u00ed\u00adces de un pueblo y de su cultura. Sin esta inculturaci\u00f3n, la acci\u00f3n evangelizadora quedar\u00ed\u00ada en la superficie (cfr. EN 20).<\/p>\n<p>Referencias Arte, cultura, di\u00e1logo, di\u00e1logo interreligioso, Encarnaci\u00f3n, religiones.<\/p>\n<p>Lectura de documentos LG 13,17; GS 44; AG 3,10-11,22; EN 20,53,63; RH 12; SA (todo el documento); RMi 52-54; CA 24,50,51; PDV 55; CEC 1204-1206; VC 79-80; EA 62.<\/p>\n<p>Bibliograf\u00ed\u00ada AA.VV., Fede e culture e il problema dell&#8217;inculturazione con esemplificazioni moderne, en Portare Cristo all&#8217;uomo (Roma, Pont.Univ. Urbaniana 1985) I; A. ALTAREJOS, Inculturaci\u00f3n, reflexi\u00f3n misionol\u00f3gica y doctrina conciliar, en La Missiolog\u00ed\u00ada hoy (Madrid, OMP, 1987) 334-357; (Congregaci\u00f3n para el Culto Divino, Instrucci\u00f3n) La liturgia romana y la inculturaci\u00f3n (25 enero 1994); M. DHAVAMONY, Christian Theology of inculturation (Roma, Pont. Univ. Gregoriana, 1997); (Documento de la Comisi\u00f3n Teol\u00f3gica Internacional) Fede e inculturazione La Civilt\u00ed\u00a0 Cattolica 140 (1989) 158-177; F.E. GEORGE, Inculturation and Ecclesial Communion (Rome 1990); B. MONDIN, Principi generali sull&#8217;inculturazione della Chiesa e dell&#8217;Evangelo Euntes Docete 46 (1993) 227-256; J. PIROTTE, Evang\u00e9lisation et cultures, pour un renouveau de la missiologie historique Rev. Th\u00e9ol. Louvain 17 (1986) 419-443; J. PLANELLS, Notas sobre inculturaci\u00f3n Misiones Extranjeras, n.104 (1988) 81-184; P. POUPARD, Th\u00e9ologie de l&#8217;\u00e9vang\u00e9lisation des cultures Esprit et Vie 96 (1986) 353-362; A.A. ROEST CROLLIUS, Missione e inculturazione. Incarnare l&#8217;Evangelo nelle culture dei popoli, en Cristo, Chiesa, Missione (Roma, Urbaniana University Press 1992) 293-305; J. SARAIVA, Missione e cultura (Roma, Pont. Univ. Urbaniana, 1986).<\/p>\n<p>(ESQUERDA BIFET, Juan, Diccionario de la Evangelizaci\u00f3n,  BAC, Madrid, 1998)<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Evangelizaci\u00f3n<\/b><\/p>\n<p>(ver EVANGELIZACI\u00ed\u201cN DE LAS CULTURAS)<\/p>\n<p>PACOMIO, Luciano [et al.], Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico, Verbo Divino, Navarra, 1995<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico<\/b><\/p>\n<p>SUMARIO:<br \/>\nI. Problem\u00e1tica:<br \/>\n1. Sem\u00e1ntica del t\u00e9rmino;<br \/>\n2. Fundamentaci\u00f3n b\u00ed\u00adblico-teol\u00f3gica;<br \/>\n3. La nueva conciencia de la necesidad de inculturaci\u00f3n;<br \/>\n4. Elementos indispensables para una evangelizaci\u00f3n inculturada;<br \/>\n5. Datos elementales de un modelo de inculturaci\u00f3n<br \/>\n                                                      (M. C. Azevedo).<br \/>\nII. Inculturaci\u00f3n del evangelio:<br \/>\n1. Las lecciones de la historia;<br \/>\n2. Nuevos aspectos de la inculturaci\u00f3n;<br \/>\n3. Criterios de la inculturaci\u00f3n;<br \/>\n4. Extensi\u00f3n de la inculturaci\u00f3n<br \/>\n                                             (H. Carrier).<\/p>\n<p>I. Problem\u00e1tica<br \/>\n1. SEM\u00ed\u0081NTICA DEL TERMINO. Desde el concilio Vaticano II, y sobre todo desde el s\u00ed\u00adnodo sobre la evangelizaci\u00f3n en 1974 y la subsiguiente publicaci\u00f3n por Pablo VI de la Evangelii nuntiandi (8 de diciembre de 1975), se va ahondando en la reflexi\u00f3n teol\u00f3gica y en la pr\u00e1ctica eclesial la sensibilidad a la relaci\u00f3n fe-cultura(s). Esta relaci\u00f3n es la que se significa con el t\u00e9rmino inculturaci\u00f3n. No se trata de un modismo teol\u00f3gico, misionol\u00f3gico o pastoral, sino de una cualificaci\u00f3n indispensable de la I revelaci\u00f3n, de la l evangelizaci\u00f3n y de la reflexi\u00f3n teol\u00f3gica. La revelaci\u00f3n se hace efectivamente en el contexto de un pueblo y en el marco evolutivo de su formaci\u00f3n sociocultural (Heb 1,1-2). La evangelizaci\u00f3n debe tomar en cuenta igualmente la realidad socio-cultural tan diversificada de sus destinatarios. La reflexi\u00f3n teol\u00f3gica siempre se ha desarrollado dentro y a partir de un universo socio-cultural identificable y que es significativo para la comprensi\u00f3n, interpretaci\u00f3n y valoraci\u00f3n de lo que se produce teol\u00f3gicamente.<\/p>\n<p>Inculturaci\u00f3n es un t\u00e9rmino teol\u00f3gico con una connotaci\u00f3n antropol\u00f3gico-cultural. Se distingue de las nociones puramente antropol\u00f3gicas de aculturaci\u00f3n (proceso de transformaciones de una persona o grupo humano derivadas de su contacto con una cultura que no es la suya), de enculturaci\u00f3n (concepto an\u00e1logo al de socializaci\u00f3n = proceso de iniciaci\u00f3n de una persona o grupo a su propia cultura o sociedad) y de transculturaci\u00f3n (t\u00e9rmino que denota o la presencia de determinados elementos culturales a trav\u00e9s de diversas culturas o la transferencia etnoc\u00e9ntrica y unidireccional de elementos culturales de una cultura dominante a otra cultura, generalmente subordinada). Se distingue tambi\u00e9n de la adaptaci\u00f3n, tomada como el ajuste fenomenol\u00f3gico tanto del evangelizador (modos de ser y de obrar) como del mensaje (traducci\u00f3n y expresi\u00f3n) a la cultura destinataria.<\/p>\n<p>Por inculturaci\u00f3n se designa el proceso activo a partir del interior mismo de la cultura que recibe la revelaci\u00f3n a trav\u00e9s de la evangelizaci\u00f3n y que la comprende y traduce seg\u00fan su propio modo de ser, de actuar y de comunicarse. Con el proceso de evangelizaci\u00f3n inculturada se echa la semilla evang\u00e9lica en el suelo de la cultura. El germen de la fe se va desarrollando entonces en los t\u00e9rminos y seg\u00fan la \u00ed\u00adndole peculiar de la cultura que la recibe. Porque la inculturaci\u00f3n es un proceso de evangelizaci\u00f3n mediante el cual la vida y el mensaje cristianos son asimilados por una cultura de manera que no solamente se expresen a trav\u00e9s de los elementos propios de esa cultura, sino que lleguen a constituirse tambi\u00e9n en principio de inspiraci\u00f3n y al mismo tiempo en norma y fuerza de unificaci\u00f3n que transforma recrea y relanza esa cultura (Arrupe).<\/p>\n<p>Por tanto, la inculturaci\u00f3n implica y connota siempre una relaci\u00f3n entre la fe y la(s) cultura(s), realidades que abarcan la totalidad de la vida y de la persona humanas, en el plano individual y comunitario. Por ! fe cristiana se entiende aqu\u00ed\u00ad, no ya el asentimiento racional a un cuerpo de ideas o de doctrinas, ni tampoco la organizaci\u00f3n religiosa, sociol\u00f3gicamente identificable, de un conjunto de creencias o de un sistema simb\u00f3lico de rituales y disciplinas. Tomamos aqu\u00ed\u00ad la fe cristiana como la plena respuesta existencial de aceptaci\u00f3n dada por una persona o por un grupo humano al don vivo de Dios en Jesucristo. Por cultura entendemos aqu\u00ed\u00ad no solamente el grupo humano en s\u00ed\u00ad mismo (dato etnol\u00f3gico) o lo fenomenol\u00f3gico que puede describirse respecto a \u00e9l (dato etnogr\u00e1fico); ni solamente el conjunto de la acci\u00f3n humana sobre la naturaleza o el acervo de creaciones del esp\u00ed\u00adritu humano y sus expresiones de todo tipo (arte, ciencia y t\u00e9cnicas). Tomamos aqu\u00ed\u00ad la cultura como el conjunto de sentidos y significaciones, de valores y modelos, subyacentes o incorporados a la acci\u00f3n y comunicaci\u00f3n de un grupo humano o sociedad concreta y considerados por ellos como expresiones propias y distintas de su realidad humana.<\/p>\n<p>La inculturaci\u00f3n, por consiguiente, no es un acto, sino un proceso, es decir, supone y abarca la historia y el tiempo. Es un proceso activo, que exige mutua acogida y di\u00e1logo, conciencia cr\u00ed\u00adtica y discernimiento, fidelidad y conversi\u00f3n, transformaci\u00f3n y crecimiento, renovaci\u00f3n e innovaci\u00f3n. La inculturaci\u00f3n supone interacci\u00f3n entre fe viva y cultura viva. No se trata, por tanto, de arqueolog\u00ed\u00ada cultural. El proceso de evangelizaci\u00f3n inculturada no lleva a absolutizar en abstracto una cultura ideal o a restaurar una cultura hist\u00f3rica presuntamente v\u00e1lida, pero s\u00f3lo en la realidad de su pasado.<\/p>\n<p>La inculturaci\u00f3n supone una interacci\u00f3n de la fe con la(s) culturas) tal como \u00e9sta(s) existe(n) en vivo, en su proceso din\u00e1mico, que integra la tradici\u00f3n y el cambio, la fidelidad a los or\u00ed\u00adgenes y las nuevas creaciones. La inculturaci\u00f3n tampoco se reduce a una arqueolog\u00ed\u00ada teol\u00f3gica. El mensaje b\u00ed\u00adblico-evang\u00e9lico, fiel a s\u00ed\u00ad mismo y al Dios que se revela en y por Jesucristo, es anunciado a unas personas y a unos grupos concretos. Las expresiones, los \u00e9nfasis, las formulaciones, las mediaciones de comprensi\u00f3n, se miden por los ritmos humanos. Tienen que adecuarse a los contenidos espec\u00ed\u00adficos de la vida en que se realiza la evangelizaci\u00f3n. Como nos muestra la pedagog\u00ed\u00ada de Yhwh en el AT, la de Jes\u00fas y Pablo en el NT y la de la Iglesia bajo la acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu a lo largo de la historia, el proceso de evangelizaci\u00f3n articula las dos dimensiones de educaci\u00f3n y de comunicaci\u00f3n. La una y la otra presuponen e implican una atenci\u00f3n al interlocutor, a su mundo propio, a su contexto hist\u00f3rico, a su nivel de aprehensi\u00f3n y de capacidad de asimilaci\u00f3n. As\u00ed\u00ad pues, metodol\u00f3gicamente no puede haber un modo \u00fanico y uniforme de evangelizar. El evangelizador y el evangelizado son los dos sujetos del proceso y tienen que mostrarse atentos a sus respectivos marcos hist\u00f3rico-culturales y a la acci\u00f3n peculiar del Esp\u00ed\u00adritu Santo.<\/p>\n<p>La inculturaci\u00f3n, finalmente, no es un proceso que fomente la evangelizaci\u00f3n de la cultura en detrimento o sustituci\u00f3n de la evangelizaci\u00f3n de la sociedad. La cultura y la sociedad son conceptos y realidades distintas. Pero toda cultura tiene expresiones sociales; toda sociedad se basa sobre presupuestos culturales que escoge y defiende, transmite y complementa. Puede darse una mayor o menor coincidencia entre el humus cultural de un grupo humano y el marco concreto de sus mediaciones e instituciones sociales. . Puede darse tambi\u00e9n una ruptura y discrepancia entre las dos realidades, ya que en la evangelizaci\u00f3n inculturada se implica la relaci\u00f3n fe-cultura-sociedad. Por tanto, la evangelizaci\u00f3n inculturada no se da solamente en la transferencia o modificaci\u00f3n de lenguajes y de m\u00e9todos, de ritos y de s\u00ed\u00admbolos, de organizaci\u00f3n y de normas, de los modos externos de obrar y de expresarse. Tiene que ir m\u00e1s lejos y llegar a las ra\u00ed\u00adces de la cultura (EN 19), esto es, sus sentidos y criterios, su visi\u00f3n del mundo, la inspiraci\u00f3n t\u00e1cita o patente, pero realmente decisiva, de la praxis socio-cultural de este grupo humano y que se traduce en la elaboraci\u00f3n din\u00e1mica y en las transformaciones hist\u00f3ricas de su ethos sociocultural. La evangelizaci\u00f3n inculturada toca as\u00ed\u00ad el nivel m\u00e1s profundo de la realidad humana, en el plano individual y en el social. Se hace por tanto al nivel de la persona y a partir de ella, teniendo en cuenta las redes tan complejas de relaciones entre las personas y de \u00e9stas con Dios (EN 20), en una din\u00e1mica de conversi\u00f3n individual y comunitaria. Se hace tambi\u00e9n con todo el alcance de las expresiones \u00e9ticas de la fe, que traen consigo la existencia de transformaci\u00f3n y de perfeccionamiento de las estructuras de la sociedad.<\/p>\n<p>2. FUNDAMENTACI\u00ed\u201cN BIBLICO-TEOL\u00f3GICA. El hecho en s\u00ed\u00ad de la inculturaci\u00f3n es tan antiguo como la misma historia de la salvaci\u00f3n. La relaci\u00f3n de Dios con la humanidad, y particularmente con el pueblo de Israel, es un testimonio de esa revelaci\u00f3n que Dios hace de s\u00ed\u00ad mismo como un don gratuito, pero teniendo en cuenta unos contextos socioculturales bien definidos. La inculturaci\u00f3n presupone la universalidad del plan salv\u00ed\u00adfico de Dios y la capacidad potencial de respuesta a Dios por parte de todos los seres humanos a partir de la diversidad socio-cultural en que viven. En este sentido, resulta ejemplar la realidad hist\u00f3rica del pueblo de Israel. Hay una multiplicidad de culturas que entran en la elaboraci\u00f3n socio-cultural de este pueblo y se traducen en la realidad n\u00f3mada o sedentaria de sus tribus. Dios se sirve de esta pluralidad cultural (Mesopotamia, Egipto, Cana\u00e1n, Persia, juda\u00ed\u00adsmo posex\u00ed\u00adlico, helenismo, juda\u00ed\u00adsmo tard\u00ed\u00ado, cultura grecorromana) para trasmitir a la humanidad las diversas facetas de su misterio. Dios utiliza incluso de forma sucesiva, y no simult\u00e1nea, esas culturas, sin que la sucesi\u00f3n suponga una repulsa, una negaci\u00f3n o una sustituci\u00f3n de la etapa anterior. Se da un proceso continuo y discontinuo, interactivo e integrativo, entre los diversos elementos culturales, proceso que har\u00e1 de Israel una referencia hist\u00f3rico-cultural importante e inconfundible para el proceso de inculturaci\u00f3n (DV 15-16).<\/p>\n<p>Esta manifestaci\u00f3n de Dios se hace a partir de la realidad misma de la vida del pueblo y de la evoluci\u00f3n en la comprensi\u00f3n que ese pueblo se va haciendo de s\u00ed\u00ad mismo y de su Dios. Este se comunica al pueblo por personas, situaciones, acontecimientos, expresiones contingentes y relativas (DV 13). Por un lado, no se puede absolutizar una cultura, ni siquiera a Israel, como forma \u00fanica y fija de expresar la revelaci\u00f3n de Dios, aunque Israel siga siendo una referencia indispensable y decisiva, precisamente porque en este pueblo se dio la inculturaci\u00f3n del mismo Dios en Jesucristo. Por otro lado, tampoco se puede excluir ninguna cultura de su condici\u00f3n potencial de ser de alg\u00fan modo portadora de la revelaci\u00f3n, como tampoco se puede conceder a una cultura el privilegio de ser la mediaci\u00f3n preferencial de la revelaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Esta afirmaci\u00f3n se basa en la fe y se apoya en la realidad efectiva de la historia de la salvaci\u00f3n. Por consiguiente, va m\u00e1s all\u00e1 de la equidad en relaci\u00f3n con las culturas, postulado de la antropolog\u00ed\u00ada cultural.<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad pues, la inculturaci\u00f3n es un problema de orden teol\u00f3gico, aunque servido por la constataci\u00f3n y an\u00e1lisis antropol\u00f3gico de la multiplicidad de las culturas, como expresi\u00f3n diversa de la profunda unidad del hombre. El Verbo, que es Dios y no deja nunca de serlo, se hace plenamente hombre en Jesucristo (Jn 1,1-14; Flp 2,8). De esta manera traduce y realiza, por medio de la encarnaci\u00f3n, la forma primordial y m\u00e1s radical de la inculturaci\u00f3n. La encarnaci\u00f3n se lleva a cabo en un espacio y en un tiempo culturales definidos, se\u00f1al\u00e1ndonos as\u00ed\u00ad la importancia teol\u00f3gica del pueblo de Israel y la inspiraci\u00f3n fundamental de todo proceso de inculturaci\u00f3n. Por medio de la encarnaci\u00f3n, la naturaleza divina asume la naturaleza humana: Dios se hace hombre; relaci\u00f3n de naturaleza con naturaleza. Gracias a la inculturaci\u00f3n la naturaleza divina se traduce para este hombre, en este pueblo, en esta cultura, en este grupo human\u00f3 en los que se sit\u00faa, en este tiempo y en este espacio, este individuo humano que es Jes\u00fas. Gracias a la encarnaci\u00f3n, el Verbo hecho hombre en Jes\u00fas es un hombre como todos los dem\u00e1s seres humanos. Gracias a la inculturaci\u00f3n, el Verbo se hace hombre como son algunos seres humanos, en la realidad diversificada de su cultura y sociedad: los jud\u00ed\u00ados del tiempo de Jes\u00fas. Hist\u00f3ricamente, en Jesucristo, el Verbo se hizo igualmente y al mismo tiempo hombre-como-todo-ser-humano (nivel de naturaleza) y hombrepero-no-como-todo-ser-humano (nivel de la cultura), por ser jud\u00ed\u00ado.<\/p>\n<p>La inculturaci\u00f3n que hoy se hace por el proceso de evangelizaci\u00f3n es como una r\u00e9plica de aquella inculturaci\u00f3n que se realiz\u00f3 existencialmente en Jes\u00fas. Fundamentada teol\u00f3gica y cristol\u00f3gicamente en el misterio de la encarnaci\u00f3n, la inculturaci\u00f3n se proyecta en la evangelizaci\u00f3n como expresi\u00f3n de la misi\u00f3n. A su vez, Jes\u00fas, fuertemente arraigado en su propia cultura, mantiene sin embargo ante ella una libertad cr\u00ed\u00adtica: asume y confirma en ella lo que es evang\u00e9licamente v\u00e1lido, pero corrige o reorienta, en una din\u00e1mica de conversi\u00f3n y de transformaci\u00f3n, lo que hay en ella de desviado o perverso, actuando as\u00ed\u00ad el plan salv\u00ed\u00adfico de Dios. Este discernimiento sobre la cultura, la del evangelizador y la del evangelizando, es indispensable en la inculturaci\u00f3n e inherente a ella. En efecto, como realidad humana, toda cultura es solamente una entre muchas y participa de los l\u00ed\u00admites que marcan al ser humano en el plano ontol\u00f3gico y psicol\u00f3gico, moral y teol\u00f3gico. Ninguna cultura puede ser absolutizada como veh\u00ed\u00adculo adecuado y \u00fanico de revelaci\u00f3n. En toda cultura queda un espacio y debe haber una exigencia de conversi\u00f3n, de transformaci\u00f3n y de crecimiento. El proceso de implantaci\u00f3n de la Iglesia en sus or\u00ed\u00adgenes y a lo largo de los primeros siglos de su historia revela igualmente una apertura a las culturas y una continua adecuaci\u00f3n a ellas. Sem\u00ed\u00adtica en su origen, la Iglesia implantar\u00e1 comunidades en la di\u00e1spora y lo har\u00e1 dentro de un amplio proceso de mediaci\u00f3n cultural: primero, a trav\u00e9s de la fijaci\u00f3n por escrito, en los evangelios, de los contenidos de la nueva alianza, en una expresi\u00f3n narrativa griega; segundo en la fijaci\u00f3n doctrinal y conciliar del misterio cristiano, en su expresi\u00f3n racional y cultural griega. En la simbiosis grecorromana del imperio, los santos padres y el monaquismo oriental y occidental fundamentaron, en t\u00e9rminos de cultura latina y helenista, la teolog\u00ed\u00ada, la espiritualidad y la acci\u00f3n pastoral de pr\u00e1cticamente todo el primer milenio de nuestra era cristiana. As\u00ed\u00ad se concret\u00f3 el intenso y tal vez el \u00fanico proceso pleno de inculturaci\u00f3n de la fe cristiana, en la medida en que esta fe se asimil\u00f3 y se reexpres\u00f3 de hecho a partir de los elementos y del genio propio de la cultura que fue evangelizada. La lenta incorporaci\u00f3n cristiana de los pueblos n\u00f3rdicos (b\u00e1rbaros) y eslavos, aunque atenta a sus culturas y receptiva ante ellas en muchos aspectos, se har\u00e1 ya en gran parte condicionada por ese molde cristiano de extracci\u00f3n cultural grecorromana. En los primeros siglos del segundo milenio, la Iglesia ejerci\u00f3 un papel decisivo en la constituci\u00f3n de la gran s\u00ed\u00adntesis pluricultural del Occidente europeo, que tiene en el cristianismo medieval su catalizador y se convertir\u00ed\u00ada luego en la cultura cristiano-cat\u00f3lica. Ser\u00e1 ella la referencia de la evangelizaci\u00f3n de pr\u00e1cticamente las tres cuartas partes del segundo milenio. Ser\u00e1 considerada como la expresi\u00f3n preferencial, y no pocas veces legitimada como la \u00fanica portadora v\u00e1lida de la revelaci\u00f3n. La reacci\u00f3n contra la reforma protestante y el movimiento misionero a partir de la contrarreforma, que coincide con el descubrimiento, la colonizaci\u00f3n y la evangelizaci\u00f3n de nuevos continentes, ser\u00e1n al mismo tiempo un esfuerzo por construir la unidad cristiana universal sobre la uniformidad cultural del Occidente y sobre la difusi\u00f3n del mensaje evang\u00e9lico en los t\u00e9rminos exclusivos de esta \u00fanica cultura, a costa del eclipse, la represi\u00f3n o la supresi\u00f3n de la dimensi\u00f3n cultural de otros pueblos.<\/p>\n<p>Podemos decir, por consiguiente, que del hecho teol\u00f3gico-cristol\u00f3gico de la inculturaci\u00f3n b\u00ed\u00adblica pasamos al hecho cristol\u00f3gico-eclesiol\u00f3gico de la inculturaci\u00f3n en los primeros siglos de la era cristiana. En la vertiente final del primer milenio, y en gran parte del segundo, surge y se impone en Occidente, y a partir de \u00e9l en varias partes del mundo, el hecho hist\u00f3ricopol\u00ed\u00adtico de la hegemon\u00ed\u00ada culturalcristiana-europea. La cristalizaci\u00f3n y difusi\u00f3n de este modelo cultural como veh\u00ed\u00adculo privilegiado y hasta \u00fanico de la evangelizaci\u00f3n lleva a la disminuci\u00f3n y a la desaparici\u00f3n de la inculturaci\u00f3n. Se refuerza el predominio de una aculturaci\u00f3n y transculturaci\u00f3n hegem\u00f3nica de la influencia occidental, con la consiguiente disociaci\u00f3n entre fe y cultura, entre fe cristiana-con su ropaje cultural occidental y la multiplicidad de las culturas que entran en la conciencia de la historia mundial. Para los pueblos no europeos, el abrazar la fe significar\u00e1 cada vez m\u00e1s arrinconar la propia cultura y asimilar el cuadro cultural occidental dentro del cual se propone esa fe. Pablo VI dir\u00e1 que la disociaci\u00f3n entre&#8217;la fe y la(s) culturas) es el drama de nuestro tiempo, como lo fue el. de otras \u00e9pocas.<\/p>\n<p>3. LA NUEVA CONCIENCIA DE LA NECESIDAD:DE INCULTURACI\u00f3N. Hay sobre todo tres factores que van a influir en el resurgimiento de la conciencia eclesial sobre la necesidad de la inculturaci\u00f3n: la experiencia diversificada de una Iglesia efectivamente mundial, la valoraci\u00f3n de las Iglesias locales y sus consecuencias, la rehabilitaci\u00f3n o reaparici\u00f3n de culturas largo tiempo reprimidas u oprimidas con la constituci\u00f3n de los Estados nacionales o con el proceso de descolonizaci\u00f3n.<\/p>\n<p>a) Conciencia de una Iglesia mundial. A diferencia de los concilios de Trento y del Vaticano I, el concilio Vaticano lI tuvo la presencia significativa de obispos de todo el mundo. Este es un mundo que, despu\u00e9s de la segunda guerra mundial, se ha hecho consciente tanto de su unidad planetaria como de su profunda diversidad. Aunque la teolog\u00ed\u00ada del Vaticano II se haya formulado preponderantemente en t\u00e9rminos europeos, las decisiones del concilio y su gradual cumplimiento han reflejado mucho la presencia amplia y m\u00faltiple de la Iglesia. Esto se ir\u00ed\u00ada haciendo cada vez m\u00e1s claro a partir de los s\u00ed\u00adnodos mundiales de los obispos, entre los que cabe destacar en este aspecto los s\u00ed\u00adnodos sobre la justicia (1971), sobre la evangelizaci\u00f3n (1974) y sobre la catequesis (1977). Los tres revelaron esa dimensi\u00f3n geogr\u00e1fica y culturalmente mundial que caracteriza a la Iglesia en esta segunda mitad del siglo XX.<\/p>\n<p>En este contexto, ya antes del concilio Vaticano II, y sobre todo en \u00e9l y a partir de \u00e9l, se han consolidado dos posiciones teol\u00f3gicas fundamentales, que han tenido una inmensa importancia sobre el reciente caminar hist\u00f3rico de la Iglesia, y por tanto de la fe cristiana en el mundo. La primera posici\u00f3n, centrada en la Lumen gentium, irradia sobre algunos otros documentos conciliares. Piensa en una Iglesia-en-relaci\u00f3n, dispuesta al di\u00e1logo, abierta a la diversidad de la b\u00fasqueda de Dios por los .seres humanos y a la m\u00faltiple concreci\u00f3n de este esfuerzo (Ad gentes). Es una Iglesia sensible, por consiguiente, a la dimensi\u00f3n ecum\u00e9nica entre las tradiciones y denominaciones cristianas (Orientalium Ecclesiarum y Unitatis redintegratio), a la relaci\u00f3n con las religiones no cristianas (Nostra aetate), lo cual conduce tanto a un nuevo planteamiento de su perspectiva misionera (Ad gentes) como de la misma \u00ed\u00adndole y calidad de su presencia en el mundo (Dignitatis humanae, Apostolicam actuositatem y Gravissimum educationis) y de su intercomunicaci\u00f3n con \u00e9l (Inter mirifica).<\/p>\n<p>La segunda posici\u00f3n, centrada en la Gaudium et spes, explicita y refuerza sobre todo la relaci\u00f3n entre la Iglesia y el mundo. Lo hace especialmente a trav\u00e9s de una clave anal\u00ed\u00adtica y hermen\u00e9utica que es la cultura (GS 53-63). Esta cultura se toma en una perspectiva que, adem\u00e1s del enfoque filos\u00f3fico-humanista dominante en el siglo xix y tambi\u00e9n en gran parte de la reflexi\u00f3n teol\u00f3gica, integra y subraya la contribuci\u00f3n actual de las ciencias sociales. Por ah\u00ed\u00ad precisamente se arroja un rayo de luz sobre la multiplicidad y diversidad de las culturas. Se da una revalorizaci\u00f3n de la importancia de la relaci\u00f3n entre la fe y la cultura o las culturas. Usada en singular, la cultura se ve no s\u00f3lo como creaci\u00f3n del esp\u00ed\u00adritu humano sobre la naturaleza, sino tambi\u00e9n como creaci\u00f3n del esp\u00ed\u00adritu humano. Se presta una atenci\u00f3n fundamental a la relaci\u00f3n entre la fe y la cultura moderna, dentro de una visi\u00f3n optimista, que contrasta con la larga ruptura entre la Iglesia y el mundo y la divergente evoluci\u00f3n de ambos en los \u00faltimos cinco siglos. Usada en plural, la palabra culturas pone principalmente de relieve la diversidad tanto de etnias y de formaciones sociales como de sentidos, de valores y de visiones del mundo simult\u00e1neamente presentes en un mundo complejo y plural. Adem\u00e1s, la conciencia de ser una Iglesia efectivamente mundial en la experiencia vivida de una realidad pluricultural encamina a la Iglesia hacia una nueva sensibilidad ante la necesidad de la inculturaci\u00f3n.<\/p>\n<p>b) Valoraci\u00f3n de las Iglesias locales. Este segundo factor se deriva igualmente de una posici\u00f3n teol\u00f3gica primordial de la Lumen gentium: la importancia de la colegialidad episcopal, y por tanto de la identidad y autonom\u00ed\u00ada relativa de las Iglesias locales (Christus Dominus, Presbyterorum ordinis). Una de las principales consecuencias de este proceso ha sido una proximidad mayor entre los pastores y los fieles, con una percepci\u00f3n m\u00e1s aguda de sus situaciones y problemas, necesidades y aspiraciones; una actitud eclesial muy presente en los comienzos cristianos y a lo largo de una gran parte del primer milenio. Las consecuencias principales de este enfoque eclesiol\u00f3gico del Vaticano II han sido: la lectura contextualizada del mismo concilio, como lo demuestran por ejemplo las asambleas episcopales de Medell\u00ed\u00adn (1968) y de Puebla (1979) ante la realidad latino-americana, pero con amplia repercusi\u00f3n sobre toda la Iglesia; la realizaci\u00f3n de los s\u00ed\u00adnodos mundiales, al destacar la variedad de preocupaciones pastorales ante las diversidades hist\u00f3ricas y socio-culturales de las regiones; la creciente individuaci\u00f3n de las conferencias episcopales nacionales, regionales o continentales con el tratamiento espec\u00ed\u00adfico de problemas afines (como, por ejemplo, la diversa consideraci\u00f3n de la cuesti\u00f3n nuclear por el episcopado norteamericano, alem\u00e1n y franc\u00e9s respecto a las situaciones y responsabilidades de sus pa\u00ed\u00adses); la multiplicaci\u00f3n de elaboraciones teol\u00f3gicas diversificadas en consonancia con la sensibilidad a las variadas realidades de Am\u00e9rica Latina, de \u00ed\u0081frica, de las diversas \u00e1reas de Asia, como India y Filipinas, por ejemplo; el enfoque teol\u00f3gico y pastoral de realidades transculturales, como las culturas del joven, de la mujer, del negro y otras, engendrando lecturas espec\u00ed\u00adficas de la Biblia y de la tradici\u00f3n en funci\u00f3n de las exigencias propias de las diversas realidades vividas; a todo ello habr\u00ed\u00ada que a\u00f1adir la experiencia cultural directa de Pablo VI, pero sobre todo de Juan Pablo II, a trav\u00e9s de sus viajes pastorales. Sabido es hasta qu\u00e9 punto la preparaci\u00f3n de estos viajes y su realizaci\u00f3n han contribuido -mucho m\u00e1s de lo que podr\u00ed\u00ada hacer el funcionamiento burocr\u00e1tico y postal del Estado de la Ciudad del Vaticano o de la Santa Sede- al conocimiento, el an\u00e1lisis y la interpretaci\u00f3n de la enorme variedad de realidades cultural-eclesiales que constituyen la cotidianidad de los fieles cristianos en las distintas partes del mundo. Es de destacar la repercusi\u00f3n posterior, real o potencial, de estos viajes en la interacci\u00f3n entre el papa y los episcopados respectivos. Este c\u00famulo de datos y el desarrollo de nuevas percepciones eclesiales en relaci\u00f3n con la valoraci\u00f3n de la colegialidad y de las Iglesias locales ha hecho imperativa la perspectiva de la inculturaci\u00f3n y est\u00e1 todav\u00ed\u00ada lejos de valorizar todo su alcance al servicio del pueblo de Dios.<\/p>\n<p>c) La rehabilitaci\u00f3n o reaparici\u00f3n de las culturas. Es \u00e9ste un factor de suyo extr\u00ed\u00adnseco a la vida de la Iglesia, pero que ha tenido una gran influencia sobre ella.<\/p>\n<p>En primer lugar, los estudios de antropolog\u00ed\u00ada cultural y social durante los \u00faltimos cien a\u00f1os han dado al mundo un conocimiento m\u00e1s concreto de la diversidad de las etnias y de sus presupuestos hist\u00f3ricos y culturales. Ya antes del concilio Vaticano II la asimilaci\u00f3n de estos nuevos datos por parte de la Iglesia fue reorientando su sensibilidad misionera. La reformulaci\u00f3n del vocabulario misionol\u00f3gico, a trav\u00e9s de la evoluci\u00f3n sem\u00e1ntica, por medio de palabras como trasplante, adaptaci\u00f3n, acomodaci\u00f3n, encarnaci\u00f3n, inserci\u00f3n, indigenizaci\u00f3n, contextualizaci\u00f3n, inculturaci\u00f3n, revela toda nueva comprensi\u00f3n de la relaci\u00f3n evangelizador-evangelizando en funci\u00f3n de una perspectiva eclesiol\u00f3gica derivada del nuevo enfoque antropol\u00f3gico de revalorizaci\u00f3n de las identidades culturales.<\/p>\n<p>En segundo lugar, el ocaso de los imperios y del proceso de colonizaci\u00f3n pol\u00ed\u00adtica en varios continentes llev\u00f3 a la independencia de naciones j\u00f3venes, especialmente en \u00ed\u0081frica, en Asia y en Ocean\u00ed\u00ada. Aunque no siempre se respetaron las fronteras culturales en el trazado de las unidades pol\u00ed\u00adticas, este proceso represent\u00f3 una reasunci\u00f3n de las identidades culturales reprimidas por la colonizaci\u00f3n. Este hecho, casi sin excepci\u00f3n, repercuti\u00f3 en las relaciones entre la Iglesia y estas nuevas situaciones de sus fieles, teniendo como consecuencias principales la implantaci\u00f3n de un clero y un episcopado aut\u00f3ctono, el desarrollo de laicados militantes y toda una revisi\u00f3n de los procesos educativos, pastorales y promocionales de la Iglesia en esos pa\u00ed\u00adses.<\/p>\n<p>En tercer lugar, la toma de conciencia de minor\u00ed\u00adas culturales reprimidas con ocasi\u00f3n de la formaci\u00f3n de los Estados nacionales en el mundo occidental suscit\u00f3 la participaci\u00f3n de la Iglesia y su nueva sensibilidad ante unas realidades incubadas durante siglos, como ha sido el caso de los vascos, catalanes y gallegos en Espa\u00f1a, de Quebec en el Canad\u00e1, las situaciones an\u00e1logas en Europa central y, m\u00e1s recientemente, de los hispanos en los Estados Unidos.<\/p>\n<p>En cuarto lugar, la misma viabilidad de la relaci\u00f3n intercultural, bien a trav\u00e9s de la comunicaci\u00f3n y de la informaci\u00f3n, bien con el desarrollo acelerado de la industria tur\u00ed\u00adstica, al mismo tiempo que unific\u00f3 o aproxim\u00f3 el mundo por un lado, revel\u00f3 por otro lado la irreductible diversidad cultural de las poblaciones de este mundo. La misma difusi\u00f3n hegem\u00f3nica de la cultura moderna occidental, que en una determinada altura hab\u00ed\u00ada suscitado la hip\u00f3tesis del paso r\u00e1pido a una cultura universal homog\u00e9nea, va revelando precisamente lo contrario, esto es, una creciente disposici\u00f3n de salvaguardia de la diversidad y de las autonom\u00ed\u00adas culturales y subculturales espec\u00ed\u00adficas. El fen\u00f3meno reciente de desoccidentalizaci\u00f3n progresiva del Extremo Oriente, junto con su desarrollo y su creciente participaci\u00f3n en las econom\u00ed\u00adas occidentales, es un dato significativo de esta transformaci\u00f3n. Este dato se vio precedido por el ocaso de los imperios colonizadores y la consiguiente independencia de varios pa\u00ed\u00adses o creaci\u00f3n de varias naciones, principalmente en \u00ed\u0081frica, en Asia y en Ocean\u00ed\u00ada. En \u00ed\u0081frica, este movimiento estuvo marcado por una recuperaci\u00f3n cultural. La paciente preservaci\u00f3n de una rica tradici\u00f3n oral est\u00e1 contribuyendo a la revalorizaci\u00f3n del patrimonio y de la identidad culturales. Ya en Asia, la densidad de varias tradiciones escritas, ligadas \u00ed\u00adntimamente a religiones milenarias, permiti\u00f3 la conservaci\u00f3n de perfiles culturales bien definidos, que prevalecieron por lo dem\u00e1s como grandes mayor\u00ed\u00adas de la poblaci\u00f3n frente a minor\u00ed\u00adas cristianas.<\/p>\n<p>Esta diversificaci\u00f3n de situaciones plantea a la inculturaci\u00f3n problemas espec\u00ed\u00adficos, de orden antropol\u00f3gico y teol\u00f3gico, en cada una de esas \u00e1reas culturales, como nos lo est\u00e1 mostrando la experiencia, la investigaci\u00f3n y la bibliograf\u00ed\u00ada cada vez m\u00e1s abundante sobre el tema. Finalmente, hay que resaltar la creaci\u00f3n y el establecimiento de forums internacionales pluriculturales, como la ONU y sus asociaciones subsidiarias, la UNESCO, la FAO, la UNICEF, etc., al lado de instancias particulares, como las organizaciones internacionales y pluriculturales de todo tipo, los congresos y convenciones internacionales de naturaleza tem\u00e1tica o corporativa. Todo esto revela la experiencia y la conciencia de la diversidad cultural y de la imposibilidad real de unidades hegem\u00f3nicas construidas sobre la uniformidad o a partir de una. inconsciencia o infravaloraci\u00f3n de la diversidad socio-culturalhist\u00f3rica tan patente en el mundo de nuestros d\u00ed\u00adas: Esta reaparici\u00f3n y revalorizaci\u00f3n de las culturas es otro camino de acceso de la Iglesia a la conciencia de la urgencia de la inculturaci\u00f3n y a la reelaboraci\u00f3n constructiva de una relaci\u00f3n entre la fe y la cultura.<\/p>\n<p>4. ELEMENTOS INDISPENSABLES PARA UNA EVANGELIZACI\u00f3N INCULTURADA. La definici\u00f3n de cultura propuesta anteriormente como el conjunto de sentidos y significaciones, de valores y de modelos subyacentes y\/ o incorporados a la acci\u00f3n y a la comunicaci\u00f3n de un determinado grupo humano, tiene un buen fundamento antropol\u00f3gico y resulta teol\u00f3gicamente operativa. En efecto, se puede aplicar tanto a las macro-culturas (culturas nacionales o \u00e9tnicas) como a las micro-culturas (peque\u00f1os grupos, guetos urbanos, etc.) y finalmente a todo tipo de subcultura (organizaciones e instituciones, conjuntos transculturales individuados, como la cultura de los j\u00f3venes, de los pobres, de las mujeres, de los campesinos, etc.). En este \u00faltimo sentido, una universidad, una orden religiosa, un partido pol\u00ed\u00adtico o una organizaci\u00f3n sindical es y tiene en cierto modo una cultura, es decir, se distingue por un conjunto de sentidos y significaciones, de valores y modelos, una percepci\u00f3n y visi\u00f3n del mundo, a trav\u00e9s de la cual se afirma precisamente su identidad, en s\u00ed\u00ad misma y en relaci\u00f3n con otros grupos humanos. As\u00ed\u00ad pues, la inculturaci\u00f3n, como proceso de evangelizaci\u00f3n que articula la fe y la cultura, no se limita \u00fanicamente a la evangelizaci\u00f3n de grupos y de comunidades a los que no ha sido anunciado todav\u00ed\u00ada el evangelio (los \u00abterritorios de misi\u00f3n\u00bb o las \u00abmisiones extranjeras\u00bb, seg\u00fan el vocabulario preconciliar). La inculturaci\u00f3n tiene que cualificar a todo el proceso de evangelizaci\u00f3n, sea el que sea, bien en relaci\u00f3n con los grupos humanos de tradici\u00f3n \u00f3 de origen cristiano en su formaci\u00f3n cultural (como la mayor parte de los pa\u00ed\u00adses occidentales, marcados actualmente por la cultura moderno-contempor\u00e1nea), bien en relaci\u00f3n con grupos sin un pasado cristiano anterior o decisivo en su formaci\u00f3n cultural (como la mayor parte de las regiones de Asia, de \u00ed\u0081frica y de Ocean\u00ed\u00ada), bien, finalmente, en relaci\u00f3n con las subculturas dentro de cada uno de esos grupos (como organizaciones, instituciones, regiones espec\u00ed\u00adficas; grupos transculturales). La raz\u00f3n de esta afirmaci\u00f3n est\u00e1 precisamente en el hecho de que, por medio de la inculturaci\u00f3n, se relacionan la fe y la cultura viva, marcadas ambas por el dinamismo de transformaci\u00f3n y crecimiento. As\u00ed\u00ad pues, un verdadero proceso de evangelizaci\u00f3n estar\u00e1 siempre atento a una triple dimensi\u00f3n.<\/p>\n<p>1.a No existe un n\u00facleo evang\u00e9lico en abstracto que pueda ser aislado y transmitido de una cultura a otra. Lo que existe de hecho es el mensaje evang\u00e9lico inculturado ya concretamente en alguna cultura, en nuestro caso la cultura que evangeliza, proponiendo el mensaje a otra cultura, la que est\u00e1 siendo evangelizada. En este sentido, proponer o transmitir el mensaje (evangelizar), as\u00ed\u00ad como recibirlo y asumirlo (ser evangelizado) es una interacci\u00f3n entre culturas. La fe que lleva a la proposici\u00f3n del mensaje y la fe que resulta de la acogida de ese mensaje es la misma fe (esto es, la plena respuesta existencial de aceptaci\u00f3n dada por una persona o grupo humano al don vivo de Dios en Jesucristo), pero ser\u00e1 una fe culturalmente cualificada, y por tanto diferenciada en su percepci\u00f3n y en su expresi\u00f3n.<\/p>\n<p>2.a En esta relaci\u00f3n entre culturas que es el proceso de evangelizaci\u00f3n, tanto el evangelizador como el evangelizando son sujetos activos. Por tanto, la evangelizaci\u00f3n no es simplemente una transmisi\u00f3n o traducci\u00f3n unilateral del mensaje evang\u00e9lico, en los t\u00e9rminos de la cultura que evangeliza. No es mera adaptaci\u00f3n extr\u00ed\u00adnseca o superficial, en el plano meramente fenomenol\u00f3gico de la expresi\u00f3n. No es tampoco la recepci\u00f3n pasiva de este mensaje, tal como lo transmite el evangelizador. La evangelizaci\u00f3n es el proceso de interacci\u00f3n dialogal entre las dos culturas, la del evangelizador y la del evangelizando, di\u00e1logo que se hace en funci\u00f3n del mensaje. Por consiguiente, la evangelizaci\u00f3n inculturada es un proceso cr\u00ed\u00adtico de discernimiento en relaci\u00f3n tanto con la cultura del evangelizador como con la cultura del evangelizando. No se le pide al evangelizador que renuncie a su propia cultura, pero s\u00ed\u00ad que sea consciente de la identidad que la caracteriza en el modo propio de percibir y de vivir el mensaje evang\u00e9lico y no imponga este modo como veh\u00ed\u00adculo obligatorio del mensaje. Se le pide adem\u00e1s que ayude al evangelizando a comprender, asimilar y expresar activamente el mensaje a partir de la identidad de su cultura, evangeliz\u00e1ndolo en los t\u00e9rminos y seg\u00fan el genio de esa cultura.<\/p>\n<p>3.a Como la evangelizaci\u00f3n inculturada es un proceso de relaci\u00f3n entre culturas en funci\u00f3n del mensaje evang\u00e9lico, es importante tener en cuenta que, en la realidad concreta de la historia, la relaci\u00f3n entre culturas no es en general sim\u00e9trica o igualitaria, sino asim\u00e9trica. Las culturas no se relacionan como iguales, sino como culturas dominantes y culturas subordinadas. Esto es as\u00ed\u00ad en el plano pol\u00ed\u00adtico y en el econ\u00f3mico, en el social y en el militar, y tambi\u00e9n lo fue ciertamente en el plano eclesial, como lo comprueba la evangelizaci\u00f3n sobre todo en los cinco \u00faltimos siglos. Toda forma de relaci\u00f3n entre culturas -relaci\u00f3n de aculturaci\u00f3n, transculturaci\u00f3n o inculturaci\u00f3ntiene que estar abierta a la sospecha de una posibilidad real de dominaci\u00f3n de una sobre otra. Estas relaciones interculturales, por consiguiente, no ser\u00e1n por s\u00ed\u00ad mismas relaciones naturalmente tranquilas y f\u00e1ciles. Ser\u00e1n, al contrario, relaciones marcadas por la tensi\u00f3n, el conflicto y la perplejidad. De ah\u00ed\u00ad la necesidad de discernimiento, que busca la purificaci\u00f3n y la liberaci\u00f3n de los elementos de imposici\u00f3n y de presi\u00f3n, de poder y de violencia. El proceso de evangelizaci\u00f3n inculturada, como expresi\u00f3n de relaci\u00f3n entre culturas con vistas a la fe, es un proceso dial\u00e9ctico de liberaci\u00f3n de ambas culturas, la del evangelizador y la del evangelizando, a fin de que quede espacio libre para la acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu sobre los sujetos de la evangelizaci\u00f3n al proponer el mensaje y al suscitar su acogida por la fe. Efectivamente, la fe, resultado final de la evangelizaci\u00f3n, no es una conquista del esfuerzo humano ni el producto de un m\u00e9todo, sino el don gratuito de Dios que se manifiesta y comunica. As\u00ed\u00ad pues, el verdadero proceso de evangelizaci\u00f3n inculturada es tambi\u00e9n un proceso libertador de la cultura. A su vez, s\u00f3lo ser\u00e1 aut\u00e9ntico el proceso de evangelizaci\u00f3n liberadora y transformadora de la sociedad, si es tambi\u00e9n un proceso inculturado. Por consiguiente, no hay contradicci\u00f3n, sino complementariedad integrada entre las tem\u00e1ticas teol\u00f3gicas de la inculturaci\u00f3n y de la liberaci\u00f3n. Cada una de ellas exige a la otra.<\/p>\n<p>5. DATOS ELEMENTALES DE UN MODELO DE INCULTURACI\u00ed\u201cN. El evangelio no puede ser identificado con las culturas, pero tampoco es independiente de ellas, bien porque fue revelado en el contexto de una cultura (Israel), bien porque a lo largo de la historia ha sido vivido en contextos culturales concretos (tradici\u00f3n), bien, finalmente, porque las personas a las que se proclama est\u00e1n insertas en culturas espec\u00ed\u00adficas. El evangelio, sin embargo, no se confunde con ninguna cultura particular, sino que est\u00e1 destinado a todas las culturas, puede ser acogido por todas y animarlas a todas. No surge como un producto espont\u00e1neo de una cultura, sino que es transmitido siempre a partir de un di\u00e1logo apost\u00f3lico que est\u00e1 inevitablemente asociado aun di\u00e1logo entre culturas concretas. Son numerosos los modelos de evangelizaci\u00f3n que se proponen en los estudios misionol\u00f3gico-teol\u00f3gicos. En la perspectiva de una evangelizaci\u00f3n inculturada parecen imprescindibles los siguientes datos. Las cuatro etapas siguientes son anal\u00ed\u00adticamente distintas, aunque pueden desarrollarse de un modo integrado y hasta simult\u00e1neo:<br \/>\nPrimera etapa. Identificaci\u00f3n antropol\u00f3gica de la cultura.<\/p>\n<p>Es fundamental el conocimiento de los rasgos principales de la identidad de la cultura que hay que evangelizar, de las mediaciones, canales y veh\u00ed\u00adculos que la expresan y en los que est\u00e1n incorporados los sentidos, valores y criterios que caracterizan a la visi\u00f3n del mundo, a la acci\u00f3n y comunicaci\u00f3n de esa cultura. Los miembros de la cultura son la fuente principal de este conocimiento; pero pueden completarse con otras fuentes y documentos, sobre todo en relaci\u00f3n con lo que ellos viven de forma espont\u00e1nea e inconscientemente. Este conocimiento antropol\u00f3gico precede al conocimiento teol\u00f3gico de la cultura: \u00bfC\u00f3mo actu\u00f3 Dios y c\u00f3mo est\u00e1 presente en la vida y en la historia de esa cultura antes de la llegada y de la iniciativa del evangelizador? \u00bfD\u00f3nde se encuentran los vestigios de Dios, las se\u00f1ales latentes o manifiestas de su amor en la historia de ese pueblo o de ese grupo humano? Los criterios para esta lectura teol\u00f3gica son el hombre y Jesucristo. Las dudas eventuales sobre la validez de los criterios relativos al hombre -perplejidades culturales en contextos pluralistas- tendr\u00e1n su posible soluci\u00f3n en la referencia al hombreJesucristo. Lo que responde en una cultura a esos criterios puede conservarse perfectamente, tal como se expresa en su c\u00f3digo cultural: \u00bfC\u00f3mo se puede proceder a partir de all\u00ed\u00ad y caminar con los miembros de esa cultura? \u00bfC\u00f3mo respetar su identidad y su ritmo, con vistas a la acogida gradual y creciente por parte de ellos del mensaje evang\u00e9lico?<\/p>\n<p>Segunda etapa.-Como ya hemos dicho, los l\u00ed\u00admites son inherentes a toda realidad humana, personal o cultural. Siempre hay desviaciones reales en relaci\u00f3n con la teleolog\u00ed\u00ada fundamental del bien del ser humano hacia el que, en principio, deber\u00ed\u00ada orientarse la cultura. Estas perversiones o inflexiones de la cultura son en ella la marca existencial del pecado, de la fragilidad, de la incoherencia. El proceso de inculturaci\u00f3n, lo mismo que identific\u00f3 anteriormente los acordes profundos entre la cultura y el evangelio, debe tambi\u00e9n se\u00f1alar y discernir cr\u00ed\u00adticamente las incompatibilidades entre ambos. Puede haber incompatibilidades absolutas de orden moral, estructural o funcional, como, por ejemplo, la violencia, la injusticia, la opresi\u00f3n, la discriminaci\u00f3n, legitimadas y hasta no pocas veces institucionalizadas por la cultura. Puede haber pr\u00e1cticas culturales incompatibles con la dignidad humana o con la ense\u00f1anza de Jesucristo. Hay tambi\u00e9n incompatibilidades relativas entre el evangelio y ciertas modalidades concretas de tal o cual cultura. Son aspectos en los que no se necesita una conversi\u00f3n o una ruptura, como suced\u00ed\u00ada en el caso anterior. Pero se requiere una reorientaci\u00f3n o una mejor explicitaci\u00f3n de medios que ayuden a la cultura a redescubrir o retomar su propia teleolog\u00ed\u00ada (p.ej., la posici\u00f3n de Jes\u00fas respecto al s\u00e1bado). El mensaje evang\u00e9lico puede tambi\u00e9n abrir a la cultura una perspectiva de crecimiento en la direcci\u00f3n de su orientaci\u00f3n original (p.ej., las contraposiciones de Jes\u00fas en el serm\u00f3n de la monta\u00f1a entre las exigencias de la antigua y de la nueva ley).<\/p>\n<p>Estas dos primeras etapas en un modelo b\u00e1sico de evangelizaci\u00f3n inculturada se ocupan de la cultura tal como es, en su realidad humana, concreta y presente. Buscan en ella las sinton\u00ed\u00adas existentes o las correcciones y perfeccionarriientos necesarios o posibles en relaci\u00f3n con la acogida y asimilaci\u00f3n interactiva del evangelio, dentro de la fidelidad tanto a \u00e9l como a la identidad cultural. Se establece entonces la relaci\u00f3n dialogal y dial\u00e9ctica entre la fe y la cultura a la que nos refer\u00ed\u00adamos. La homologaci\u00f3n (primera etapa) o la reorientaci\u00f3n de la cultura (segunda etapa), a la lu\u00ed\u00ad dei hombre y de Jesucristo, es ya una forma impl\u00ed\u00adcita de proclamaci\u00f3n; q\u00fae permanece sin embargo en el horizonte inmanente de la propia cultura.<\/p>\n<p>Tercera etapa. Se da entonces en esta etapa e1 anuncio expl\u00ed\u00adcito., a los sujetos de la cultura de aquello qu\u00e9 es para ellos el don, la novedad en relaci\u00f3n con la cultura. Este don trasciende el alcance inmanente propio de la cultura, aquello que ella puede alcanzar por s\u00ed\u00ad misma, en el despliegue m\u00e1s amplio de su potencial humano. Este don es hecho por Dios a todas las culturas en y por Jesucristo. Es un don que no debe violentar ni desfigurar las culturas. A1 contrario, tiene que llevarlas tanto a la realizaci\u00f3n \u00f3ptima de su alcance inmanente, en la plena culminaci\u00f3n de su virtualidad humana, individual y social, como a la trascendencia de ese plano, en la apertura plena de esa cultura a Dios. En esta tercera etapa tiene lugar la proclamaci\u00f3n expl\u00ed\u00adcita del evangelio y el anuncio de su proyecto e identidad a la luz de la totalidad del misterio de Jesucristo.<\/p>\n<p>Cuarta etapa. Este anuncio se hace a partir de una comunidad que ha acogido el evangelio y que procura vivirlo y compartir con los dem\u00e1s el don que representa. Esta comunidad de fe es la Iglesia. Ella es la portadora de la buena nueva, ese don que se manifest\u00f3 a la cultura en la tercera etapa. Pero la Iglesia es tambi\u00e9n ella misma parte de ese don, parte de lo que .es anunciado. De hecho, la acogida y la vivencia de la fe cristiana se hace siempre en comunidad. En este sentido, la progresiva evangelizaci\u00f3n de una comunidad humana concreta, que es esa cultura, la llevar\u00e1 tambi\u00e9n a formar parte, en cuanto grupo cultural espec\u00ed\u00adfico, de la comunidad evang\u00e9lica de los que creen y comparten la fe en la esperanza y en el amor.<\/p>\n<p>El proceso evangelizador que se desarrolla seg\u00fan este modelo elemental supone naturalmente el testimonio (martyrion) coherente y fiable de los que ya viven el mensaje y lo transmiten a la cultura. Implica igualmente la interacci\u00f3n dialogal con los miembros de la cultura (koinon\u00ed\u00ada). Comprende la potenciaci\u00f3n del servicio para el crecimiento humano y cristiano de los miembros de la cultura (diakonfa). Conduce al anuncio propiamente dicho del mensaje evang\u00e9lico, como don gratuito de Dios en y por Jesucristo (myst\u00e9rion), que ha de vivirse:en la comunidad defe eclesial (ekkl\u00e9sfa).<\/p>\n<p>El resultado de este proceso en e\u00ed\u00ad tiempo es la creciente inculturaci\u00f3n de la fe. Es la creaci\u00f3n nueva de una comunidad a un tiempo culturaleclesial, dentro de una fidelidad integrada a las aspiraciones fundamentales de la cultura y de la fe, del hombre y de Jesucristo. Este resultado se caracterizar\u00e1 por sus mediaciones y expresiones de acci\u00f3n y comunicaci\u00f3n. Estas tendr\u00e1n una identidad peculiar, en cuanto que son tributarias de unas ra\u00ed\u00adces culturales espec\u00ed\u00adficas.<\/p>\n<p>Pero se encontrar\u00e1n tambi\u00e9n en una unidad profunda, ya que todas esas comunidades cultural-eclesiales se inspiran en la misma fe, que se convierte en fuente y en alimento de su comunicaci\u00f3n y relaci\u00f3n intercultural. Se realiza de este modo la unidad de la fe y de la Iglesia. Esta unidad se basa no en la uniformidad de un \u00fanico paradigma cultural, eventual me, diador preferencial o exclusivo de la fe, indebidamente impuesto de hecho a las diversas culturas, sino que es m\u00e1s bien una unidad que se construye sobre la diversidad consciente de las culturas, impregnadas sin embargo del mismo evangelio y reconfiguradas por \u00e9l a la luz de la novedad gratuita del don.<\/p>\n<p>BIBL.: AZEVEDO M., Inculturation and the Challenges of Modernity (Working Papers on Living Faith and Cultures 1, Pont. Univ. Gregoriana e Pont. Ist. Biblico Editrice), Roma 1982; ID, Comunidades Eclesiais de Base e Inculturae\u00f1o da F\u00e9, Loyola, S. Paulo 1986 c. V, 255377; ID, Comunidades Eclesiales de Base. 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La inculturaci\u00f3n se relaciona con la aculturaci\u00f3n, un t\u00e9rmino que utilizan los antrop\u00f3logos desde finales del siglo xix para designar los cambios culturales que se producen cuando dos grupos humanos comienzan a vivir en contacto directo. El encuentro entre las culturas provoca generalmente m\u00faltiples transformaciones, por ejemplo en la lengua, las costumbres, las creencias, los comportamientos. Los cat\u00f3licos empezaron muy pronto a emplear el concepto de aculturaci\u00f3n para estudiar las relaciones entre el cristianismo y las culturas. Hoy se prefiere el t\u00e9rmino fnculturaci\u00f3n, que ha pasado a ser m\u00e1s corriente. Tiene la ventaja de marcar bien que el encuentro del evangelio con una cultura no se reduce solamente a una relaci\u00f3n entre dos culturas (aculturaci\u00f3n). Se trata espec\u00ed\u00adficamente de la interacci\u00f3n del mensaje de Cristo y de una cultura determinada. La palabra inculturaci\u00f3n est\u00e1 en uso entre los cat\u00f3licos desde los a\u00f1os 1930, pero s\u00f3lo a partir de los a\u00f1os 1970 la utilizan los textos oficiales de la Iglesia. En 1988, la Comisi\u00f3n Teol\u00f3gica Internacional public\u00f3 el documento La fe y la inculturaci\u00f3n, preparado en colaboraci\u00f3n con el Consejo Pontificio de la Cultura, donde se lee la siguiente definici\u00f3n (n. 11): \u00abEl proceso de inculturaci\u00f3n puede definirse como el esfuerzo de la Iglesia para hacer penetrar el mensaje de Cristo en un ambiente socio-cultural determinado, llam\u00e1ndolo a crecer seg\u00fan todos sus propios valores, una vez que \u00e9stos son conciliables con el evangelio. El t\u00e9rmino inculturaci\u00f3n incluye la idea de crecimiento, de enriquecimiento mutuo de las personas y de los grupos, debido al encuentro del evangelio con un ambiente social. La inculturaci\u00f3n es la encarnaci\u00f3n del evangelio en las culturas aut\u00f3ctonas y, al mismo tiempo, la introducci\u00f3n de esas culturas en la vida de la Iglesia\u00bb (enc\u00ed\u00adclica Slavorum apostoli, 2 de junio de 1985, n. 21).<\/p>\n<p>Pueden subrayarse a la vez los aspectos innovadores y tradicionales de la inculturaci\u00f3n. M\u00e1s adelante indicaremos las razones que hacen considerar la inculturaci\u00f3n como un aspecto renovado de la evangelizaci\u00f3n; pero hay que se\u00f1alar igualmente que la reflexi\u00f3n actual sobre el tema goza de una larga y rica experiencia en la Iglesia.<\/p>\n<p>1. LAS LECCIONES DE LA HISTORIA. Estrictamente hablando, el proceso de inculturaci\u00f3n, es decir, la compenetraci\u00f3n de la Iglesia y de las culturas es tan antigua como el propio cristianismo. El evangelio se revel\u00f3 desde el principio como un poderoso fermento de transformaci\u00f3n de las culturas. Los primeros evangelizadores aprendieron a conocer las lenguas, las costumbres, las tradiciones de las poblaciones a las que se anunciaba el mensaje de Cristo. Los primeros pensadores cristianos tuvieron que arrostrar el problema suscitado por el encuentro del evangelio con las culturas de su tiempo. Encontramos ya, en el siglo II, en la Carta a Diogneto observaciones muy pertinentes sobre el estilo de vida de los cristianos, \u00abciudadanos del cielo\u00bb, pero al mismo tiempo identificados en las costumbres de su pa\u00ed\u00ads: \u00abLos cristianos no se distinguen de los dem\u00e1s hombres ni por el pa\u00ed\u00ads, ni por la lengua, ni por las costumbres. Porque no habitan en ciudades propias ni emplean ning\u00fan dialecto extraordinario; su modo de vivir no tiene nada de singular&#8230; Pasan su vida en la tierra, pero son ciudadanos del cielo. Obedecen a las leyes establecidas y su g\u00e9nero de vida es m\u00e1s perfecto que las leyes\u00bb (Patres apostolici, Ed. Funk, 1901, 396-400).<\/p>\n<p>En el momento de la expansi\u00f3n colonial y del impulso de las misiones, la Iglesia dict\u00f3 ante litteram verdaderas reglas de inculturaci\u00f3n. Por ejemplo, la Congregaci\u00f3n de Propaganda Fide public\u00f3 en 1659 esta norma: \u00abNo pong\u00e1is ning\u00fan celo ni present\u00e9is ning\u00fan argumento para convencer a esos pueblos de que cambien sus ritos, sus costumbres y sus formas de vivir, a no ser que vayan claramente en contra d\u00e9 la religi\u00f3n y de la moral. \u00bfQu\u00e9 m\u00e1s absurdo que transportar entre los chinos a Francia, Espa\u00f1a, Italia o alg\u00fan otro pa\u00ed\u00ads de Europa? No introduzc\u00e1is en ellos a nuestros pa\u00ed\u00adses, sino la fe, esa fe que no rechaza ni lesiona los ritos ni las costumbres de ning\u00fan pueblo, con tal que no sean detestables, sino que, al contrario, quiere que se los guarde y proteja\u00bb (UNION MISSIONAIRE DU CLERGE, Le Si\u00e9ge apostolique et les Missions, Par\u00ed\u00ads 1959).<\/p>\n<p>El per\u00ed\u00adodo moderno conoci\u00f3 un desarrollo misional considerable, marcado por una preparaci\u00f3n cada vez m\u00e1s atenta de los sacerdotes, religiosos y religiosas enviados a Africa, a Asia, a las Am\u00e9ricas. En el siglo xix se crearon muchos nuevos institutos que llevaron el evangelio a vastas regiones en donde no hab\u00ed\u00ada penetrado todav\u00ed\u00ada la Iglesia ni se hab\u00ed\u00ada implantado. Estos institutos se especializaron progresivamente en la manera de definir la tarea misional y los m\u00e9todos de adaptaci\u00f3n a los diversos pueblos.<\/p>\n<p>Tras la primera guerra mundial y hasta el concilio Vaticano 11 se publicaron varios documentos pontificios sobre las misiones, especialmente Maximum illud (1919), Rerum Ecclesiae (1926), Evangelii praecones (1951). En ellos se daban normas claras para promover una mejor adaptaci\u00f3n del evangelio al car\u00e1cter y a las tradiciones de cada, pueblo. Ante todo, hay que dominar la lengua del pa\u00ed\u00ads. Se le da una importancia muy especial a la constituci\u00f3n de un c\u00ed\u00adero ind\u00ed\u00adgena. El sacerdote aut\u00f3ctono debe ser formado para que comprenda las costumbres, la forma de vivir y el alma de su pueblo. Debe ser acogido y respetado por la elite local y, alg\u00fan d\u00ed\u00ada, poder acceder a las responsabilidades de gobierno de las nuevas Iglesias. Los religiosos y religiosas deber\u00e1n acoger y formar tambi\u00e9n a los candidatos ind\u00ed\u00adgenas. Todos los evangelizadores deber\u00ed\u00adan gozar de la ayuda que ofrecen las ciencias modernas para conocer y servir mejora las poblaciones: la ling\u00fc\u00ed\u00adstica, la etnograf\u00ed\u00ada, la historia, la geograf\u00ed\u00ada, la medicina.<\/p>\n<p>Estas normas contienen preciosas orientaciones para la inculturaci\u00f3n y manifiestan una madurez de la teolog\u00ed\u00ada misional. La primera norma es respetar el car\u00e1cter y el genio de los pueblos que se evangelizan, cultivando sus mejores dones, purific\u00e1ndolos y elev\u00e1ndolos por la fe cristiana. P\u00ed\u00ado XII, en su primera enc\u00ed\u00adclica Summi pontificatus (1939) incita a toda la Iglesia \u00aba comprender m\u00e1s profundamente la civilizaci\u00f3n y las instituciones de los diversos pueblos y a cultivar sus cualidades y sus dones mejores&#8230; Todo lo que, en las costumbres de los pueblos, no est\u00e9 ligado indisolublemente a supersticiones y errores debe ser examinado con benevolencia y, a ser posible, ser conservado intacto\u00bb. Algunas de estas orientaciones, como veremos, ser\u00ed\u00adan recogidas por el Vaticano II, sobre todo en el decreto Ad gentes.<\/p>\n<p>2. NUEVOS ASPECTOS DE LA INCULTURACI\u00f3N. Varios acontecimientos, que marcaron al mundo y a la Iglesia despu\u00e9s de la segunda guerra mundial, iban a dar a la inculturaci\u00f3n una nueva urgencia. Con el movimiento de descolonizaci\u00f3n y liberaci\u00f3n, las j\u00f3venes Iglesias se ve\u00ed\u00adan llamadas a redefinirse respecto a las naciones que les hab\u00ed\u00adan llevado el evangelio. Los pastores, los te\u00f3logos de las Iglesias de \u00ed\u0081frica y de Asia, y muchos occidentales con ellos, procedieron a una revisi\u00f3n de los m\u00e9todos de evangelizaci\u00f3n practicados por los misioneros. Es verdad que se hab\u00ed\u00ada implantado la iglesia, \u00bfpero se hab\u00ed\u00adan convertido en profundidad las culturas aut\u00f3ctonas? Con frecuencia no se hab\u00ed\u00ada visto afectado un paganismo latente. Por otra parte, las potencialidades religiosas de muchas costumbres o rasgos culturales no hab\u00ed\u00adan sido comprendidas ni asumidas por los misioneros. Se dirig\u00ed\u00adan otras cr\u00ed\u00adticas a los evangelizadores europeos, a veces con exceso; con frecuencia ellos hab\u00ed\u00adan trasplantado su lengua, sus instituciones, su forma de pensar de un pa\u00ed\u00ads a otro. \u00bfNo hab\u00ed\u00ada que despojar entonces al cristianismo de su revestimiento occidental, para inculturar la fe en las culturas locales y para proceder a una africanizaci\u00f3n, indianizaci\u00f3n o indigenizaci\u00f3n de las Iglesias aut\u00f3ctonas? El debate afectaba a todos los aspectos de la vida eclesial: el lenguaje, la teolog\u00ed\u00ada, la moral, la liturgia y la aceptaci\u00f3n eventual por la Iglesia de ciertos elementos de las religiones tradicionales (l Religi\u00f3n, IV), como los textos sagrados y las formas de orar.<\/p>\n<p>La amplitud y la gravedad de las cuestiones discutidas subrayaron la necesidad urgente de estudiar m\u00e1s profundamente las condiciones, los criterios y los m\u00e9todos de la inculturaci\u00f3n. Result\u00f3 claro que hab\u00ed\u00ada que proceder a un reexamen de toda la cuesti\u00f3n a la luz de los principios teol\u00f3gicos y de un mejor conocimien= to antropol\u00f3gico.<\/p>\n<p>3. CRITERIOS DE LA INCULTURACI\u00f3N. Los criterios que hay que seguir se basan en la naturaleza de la inculturaci\u00f3n concebida como una aproximaci\u00f3n met\u00f3dica para evangelizar las culturas. Tal es el presupuesto fundamental que tiene que inspirar cualquier esfuerzo de inculturaci\u00f3n: la finalidad que se busca es la 1 evangelizaci\u00f3n de la cultura (cf Evangelizaci\u00f3n de la cultura). La inculturaci\u00f3n del evangelio y la evangelizaci\u00f3n de la cultura son dos aspectos complementarios de la \u00fanica misi\u00f3n evangelizadora. Por este t\u00ed\u00adtulo, la inculturaci\u00f3n se guiar\u00e1 por las normas que regulan las relaciones entre la fe y las culturas. Se necesita un doble respeto a las realidades teol\u00f3gicas y a las antropol\u00f3gicas que entran en juego en el proceso de inculturaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Ante todo est\u00e1 el hecho gratuito de la encarnaci\u00f3n de Jesucristo y su repercusi\u00f3n en las culturas hist\u00f3ricas. La irradiaci\u00f3n del evangelio invita en adelante a todas las culturas a un nuevo destino. Hay que subrayar el significado cultural de la encarnaci\u00f3n. Jes\u00fas se insert\u00f3 en una cultura concreta. \u00abEl mismo Cristo, por su encarnaci\u00f3n, se vincul\u00f3 a las condiciones sociales y culturales determinadas de los hombres con los que vivi\u00f3\u00bb (AG 10). Por otra parte, la encarnaci\u00f3n afecta a todos los hombres y a todas las realidades del hombre. Por tanto, Cristo alcanza a todos los hombres en la complementariedad de sus culturas. En cierto sentido, la encarnaci\u00f3n del Hijo de Dios fue tambi\u00e9n una encarnaci\u00f3n cultural. La encarnaci\u00f3n de Cristo exige de suyo la inculturaci\u00f3n de la fe en todos los ambientes humanos.<\/p>\n<p>El segundo principio que gobernar\u00e1 la inculturaci\u00f3n es el discernimiento antropol\u00f3gico de las culturas que hay que evangelizar. Lo exige la complejidad que reviste la evangelizaci\u00f3n en los ambientes sometidos a r\u00e1pidas mutaciones, muchas veces en crisis de identidad cultural y religiosa. Hoy es indispensable un esfuerzo met\u00f3dico de investigaci\u00f3n y de reflexi\u00f3n. Hay que aprender a analizar las culturas para discernir en ellas los obst\u00e1culos, pero tambi\u00e9n las potencialidades respecto a la recepci\u00f3n del evangelio. La inculturaci\u00f3n favorecer\u00e1 la conservaci\u00f3n y el crecimiento de todo lo que hay de sano en las costumbres, las tradiciones, las artes y el pensamiento de los pueblos. La vida de la Iglesia, la misma liturgia, se enriquecer\u00e1n con el patrimonio cultural de las naciones que se evangelizan. La Iglesia no impone ninguna uniformidad r\u00ed\u00adgida, como afirma el Vaticano II: \u00abAl contrario, cultiva las cualidades y los dones de los diversos pueblos y los desarrolla. Todo lo que en sus costumbres no es indisolublemente solidario de supersticiones y errores, lo aprecia con benevolencia y, si puede, asegura su perfecta conservaci\u00f3n. M\u00e1s a\u00fan, lo admite a veces en la misma liturgia, con tal que se armonice con los principios de un verdadero y aut\u00e9ntico esp\u00ed\u00adritu lit\u00fargico\u00bb (SC 37).<\/p>\n<p>Los discernimientos requeridos no se improvisan; exigen un esfuerzo concertado y suponen que las Iglesias particulares sometan a \u00abun nuevo examen\u00bb los datos de la fe y los elementos culturales de cada regi\u00f3n para discernir lo que puede o no ser integrado en la vida cristiana. Sin emplear la palabra inculturaci\u00f3n, el decreto sobre las misiones del Vaticano II explica claramente las reglas que han de dirigir su pr\u00e1ctica (AG 22).<\/p>\n<p>La autenticidad de la inculturaci\u00f3n se basa, en definitiva, en el respeto a las condiciones teol\u00f3gicas y etnol\u00f3gicas a la vez de la tarea misionera. Se necesita la plena comprensi\u00f3n de las realidades de la fe y de las realidades culturales implicadas en la evangelizaci\u00f3n. Este discernimiento, de naturaleza socio-teol\u00f3gica, es indispensable para reconciliar los elementos que entran en tensi\u00f3n din\u00e1mica en el proceso de inculturaci\u00f3n. La inculturaci\u00f3n debe salvaguardar, en primer lugar, la distinci\u00f3n entre la fe y la cultura y, en segundo lugar, la necesidad de la unidad y del pluralismo en la Iglesia. Estas exigencias son fundamentales en la pr\u00e1ctica de la inculturaci\u00f3n.<\/p>\n<p>a) Distinguir fe y cultura. Por una parte, la fe debe ser reconocida como radicalmente distinta de toda cultura. La fe en Cristo no es el producto de ninguna cultura; no se identifica con ninguna de ellas; es absolutamente distinta, ya que viene de Dios. Para las culturas la fe es siempre \u00abesc\u00e1ndalo\u00bb y \u00ablocura\u00bb, para emplear las palabras de san Pablo (1Cor 1,22-23). Pero esta distinci\u00f3n entre fe y cultura no es disociaci\u00f3n. La fe est\u00e1 destinada a impregnar toda cultura humana, a fin de salvarlas y elevarlas seg\u00fan el ideal del evangelio. M\u00e1s a\u00fan, la fe no se vive de verdad m\u00e1s que cuando se hace cultura, es decir, cuando transforma las mentalidades y los comportamientos. Hay una dial\u00e9ctica que respetar entre la trascendencia de la palabra revelada y su destino a fecundar todas las culturas. Rechazar una de estas dos exigencias es exponer la inculturaci\u00f3n bien al sincretismo, que confunde la fe con las tradiciones humanas, bien a una acomodaci\u00f3n ficticia y superficial del evangelio a unas culturas determinadas.<\/p>\n<p>b) Salvaguardar la unidad y el pluralismo. Por otra parte, la inculturaci\u00f3n procurar\u00e1 salvaguardar a la vez la unidad de la Iglesia y el pluralismo de sus modos de expresi\u00f3n. La evangelizaci\u00f3n sirve para construir la Iglesia en su unidad y en su identidad esenciales. Es verdad que el mensaje anunciado se tradujo otras veces en unas categor\u00ed\u00adas de pensamiento sacadas de culturas particulares, pero esas interdependencias culturales no invalidan el valor permanente de las conceptualizaciones elementales de la fe y de las estructuras org\u00e1nicas de la Iglesia. El evangelizador transmite una ense\u00f1anza enriquecida por varias generaciones de creyentes, de pensadores, de santos, cuya aportaci\u00f3n forma parte integrante del patrimonio cristiano. Esta identidad esencial y fundadora es la que la evangelizaci\u00f3n est\u00e1 llamada a transmitir a las culturas humanas en t\u00e9rminos accesibles a todas ellas.<\/p>\n<p>Pero la unidad no debe confundirse con la uniformidad. La inculturaci\u00f3n, por consiguiente, tendr\u00e1 que reconciliar la unidad y la diversidad en la Iglesia. La larga experiencia de las Iglesias orientales ofrece, en este sentido, un modelo que Pablo VI presenta como ejemplar: \u00abPrecisamente en las Iglesias orientales es donde se encuentra anticipada y perfectamente demostrada la validez del esquema pluralista, de forma que las investigaciones modernas, que tienden a verificar las relaciones entre el anuncio del evangelio y las civilizaciones humanas, entr\u00e9 la fe y la cultura, encuentran ya significativamente anticipadas en la historia de esas venerables Iglesias unas elaboraciones conceptuales y unas formas concretas ordenadas a este binomio de la unidad y la diversidad&#8217;: El Papa indica, por tanto, que la iglesia \u00abacoge este pluralismo como articulaci\u00f3n de la misma unidad\u00bb (Discurso al Colegio griego de Roma, 1 de mayo de 1977).<\/p>\n<p>El principio director de todo esfuerzo de inculturaci\u00f3n de la teolog\u00ed\u00ada, de la predicaci\u00f3n y de la disciplina sigue siendo el crecimiento de la \u00abcommunio Ecclesiae\u00bb, la comuni\u00f3n de la Iglesia universal. Esta unidad, sin embargo, no es la de un sistema uniforme e indiferenciado, sino m\u00e1s bien la de un cuerpo que crece org\u00e1nicamente. La Iglesia universal es una comuni\u00f3n de Iglesias particulares. Es tambi\u00e9n, por extensi\u00f3n, una comunidad de naciones, de lenguas, de tradiciones, de culturas. Cada \u00e9poca o cada civilizaci\u00f3n aporta sus propios dones y su patrimonio a la vida de la Iglesia. Gracias a la inculturaci\u00f3n, las culturas acogen los tesoros del evangelio y ofrecen a toda la Iglesia, en compensaci\u00f3n, las riquezas de sus mejores tradiciones y el fruto de su sabidur\u00ed\u00ada. Este complejo y delicado intercambio es el que tiene que promover la inculturaci\u00f3n para el crecimiento mutuo de la Iglesia y de cada una de las culturas.<\/p>\n<p>4. EXTENSI\u00ed\u201cN DE LA INCULTURACI\u00f3N. Un desarrollo m\u00e1s reciente de la reflexi\u00f3n ha llevado a extender la pr\u00e1ctica de la inculturaci\u00f3n no s\u00f3lo a los territorios tradicionales de las misiones, sino tambi\u00e9n a las sociedades modernas, cuyas culturas se han descristianizado y han quedado marcadas por la secularizaci\u00f3n creciente. La cultura moderna constituye un obst\u00e1culo para la evangelizaci\u00f3n y exige un esfuerzo met\u00f3dico de inculturaci\u00f3n. Es \u00e9ste el reto de la segunda evangelizaci\u00f3n en unos ambientes en que la fe, dormida, reprimida o rechazada, hace dif\u00ed\u00adcil el anuncio del evangelio en toda su novedad. El documento La fe y la inculturaci\u00f3n de la Comisi\u00f3n Teol\u00f3gica Internacional (1988) consagra su primera parte a la cultura de la modernidad. Leemos all\u00ed\u00ad: \u00abLa inculturaci\u00f3n del evangelio en las sociedades modernas exigir\u00e1 un esfuerzo met\u00f3dico de investigaci\u00f3n y de acci\u00f3n concertadas. Este esfuerzo supondr\u00e1 en los responsables de la evangelizaci\u00f3n: 1) una actitud de acogida y de discernimiento cr\u00ed\u00adtico; 2) la capacidad de percibir los afanes espirituales y las aspiraciones humanas de las nuevas culturas; 3) la aptitud para el an\u00e1lisis cultural con vistas a un encuentro efectivo con el mundo moderno\u00bb.<\/p>\n<p>La inculturaci\u00f3n adquiere entonces unas nuevas dimensiones: no concierne solamente a las personas, a los pa\u00ed\u00adses, a las instituciones que esperan el evangelio. Inculturar el evangelio significa tambi\u00e9n alcanzar los fen\u00f3menos psico-sociales, las mentalidades, los modos de pensar, los estilos de vida, para hacer penetrar en ellos la fuerza salv\u00ed\u00adfica del mensaje cristiano. En resumen, puede decirse que hay que superar una concepci\u00f3n geogr\u00e1fica de la evangelizaci\u00f3n y llegar a una concepci\u00f3n m\u00e1s cultural. Estas perspectivas no se excluyen en lo m\u00e1s m\u00ed\u00adnimo, sino que marcan el sentido de un desarrollo necesario de la misi\u00f3n evangelizadora.<\/p>\n<p>Es verdad que todav\u00ed\u00ada quedan regiones geogr\u00e1ficas por cristianizar, pero el mayor problema es ahora evangelizar las mismas culturas. Hay que hacer penetrar la luz del evangelio en las mentalidades y en los ambientes de vida marcados por la indiferencia y el agnosticismo. Estas corrientes de esp\u00ed\u00adritu tienden a difundirse por todas partes por donde penetra la modernidad.&#8217;Con-discernimiento y con confianza, la Iglesia intenta anunciar a Cristo a las culturas de hoy: y esto exigir\u00e1 un largo y valeroso proceso de inculturaci\u00f3n, como afirma Juan Pablo 11: \u00abLa Iglesia tiene que hacerse toda para todos, mirando con simpat\u00ed\u00ada las culturas de hoy. Todav\u00ed\u00ada hay ambientes y mentalidades, as\u00ed\u00ad como pa\u00ed\u00adses y regiones enteras por evangelizar, lo cual supone un largo y valeroso proceso de inculturaci\u00f3n para que el evangelio penetre en el alma de las culturas vivas, respondiendo a sus m\u00e1s elevados anhelos y haci\u00e9ndolas crecer en la dimensi\u00f3n misma de la fe, de la esperanza y de la caridad cristianas\u00bb: El t\u00e9rmino l misi\u00f3n, a\u00f1ade Juan Pablo II, \u00abse aplica en adelante a las viejas civilizaciones marcadas por el cristianismo, pero que se ven ahora amenazadas de indiferencia, de agnosticismo y hasta de irreligi\u00f3n. Adem\u00e1s, aparecen nuevos sectores de cultura, con objetivos, m\u00e9todos y lenguajes diversos. Por consiguiente, se impone el di\u00e1logo intercultural a los cristianos en todos los pa\u00ed\u00adses (Discurso al Consejo Pontificio de la Cultura, 18 de enero de 1983).<\/p>\n<p>BIBL.: ARRUPE P., Catequesis e inculturaci\u00f3n (intervenci\u00f3n en \u00e9l s\u00ed\u00adnodo de 1977), en \u00abActualidad catequ\u00e9tica\u00bb 18 (1978) 7G-81; CARRIER H., Evangile et cultures de L\u00e9on Xlll \u00e1 Jean-Paul II, Ciudad del Vaticano-Par\u00ed\u00ads 1987 (con trad. espa\u00f1ola); COMMISSION THEOLOGIQUE NTERNATIONALE La Foi et 17nculturation, en \u00abDoc: Cath. ,1980\u00bb (19 marzo 1989) (cf \u00abLa Civilt\u00e1 Cattolica\u00bb 3326, [21 enero 19891); \u00abConcilium\u00bb, Etnicidad y, teolog\u00ed\u00ada, n. 121 (1977); Encuentro de culturas y expresi\u00f3n religiosa, n. 122 (1977); Verdadera y falsa universalidad del cristianismo, n. 155 (1980); LUZRETAK L.-J., The Church and ~u1tUres: New Perspectives in Missiological Anthropology, Maryknoll, N.Y. 1988; NIEBUHR R., Cristo y la cultura, Barcelona, 1968; SEGONDIN B., Mensaje evang\u00e9lico y culturas, Paulinas, Madrid 1982; TORRES QUEIRUGA A., Inculturaci\u00f3n de la fe, en C. FLORISTAN y J.J. TAMAYO (eds.), Conceptosfundamentales de Pastoral, Madrid 1983, 471-480.<\/p>\n<p>H. Carrier<\/p>\n<p>LATOURELLE &#8211; FISICHELLA, Diccionario de Teolog\u00ed\u00ada Fundamental, Paulinas, Madrid, 1992<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario de Teolog\u00eda Fundamental<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>[204] Actitud o proceso de adaptaci\u00f3n a la cultura en la que se vive o a la que se llega de nuevo para trabajar apost\u00f3licamente en su contexto. 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