{"id":11599,"date":"2016-02-05T08:03:12","date_gmt":"2016-02-05T13:03:12","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/jesus-historico\/"},"modified":"2016-02-05T08:03:12","modified_gmt":"2016-02-05T13:03:12","slug":"jesus-historico","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/jesus-historico\/","title":{"rendered":"JESUS HISTORICO"},"content":{"rendered":"<p>[240]   Una curiosidad leg\u00ed\u00adtima en el buen catequista es determinar los datos objetivos sobre la figura hist\u00f3rica de Jes\u00fas. Siempre los hechos terrenos del Se\u00f1or han sido fuente de inspiraci\u00f3n catequ\u00ed\u00adstica y por eso es bueno mirarlos, usarlos y documentarse al respecto.<\/p>\n<p>    Con ni\u00f1os peque\u00f1os se presenta su itinerario en la tierra tal como estamos habituados a describirlo desde la perspectiva del Evangelio. Y no es oportuno formular otros tipo de planteamientos: cr\u00ed\u00adticos, arqueol\u00f3gicos, simb\u00f3licos, etc.<\/p>\n<p>    Pero con catequizandos mayores, a medida que la ciencia hist\u00f3rica va configurando sus modos de pensar, puede aparece la duda de si Jes\u00fas es hist\u00f3rico tal como lo fue C\u00e9sar Augusto o S\u00e9neca.<\/p>\n<p>    Interesa en la catequesis de estos catequizandos que estudian Historia, Arqueolog\u00ed\u00ada o sociolog\u00ed\u00ada, reflexionar sobre Jes\u00fas en cuanto figura real y concreta.  \u00bfEs lo que decimos de El de forma ordinaria o lo miramos como figura religiosa envuelta en nubes de leyenda, al igual que acontece con Buda, siete siglos antes, o con Mahoma, seis siglos despu\u00e9s?<\/p>\n<p>     Esta duda abarca a la mayor parte de los fundadores de religiones orientales: Confucio, Lao-tze, Mencio, Zoroastro, Manes, incluso abarca a las figuras b\u00ed\u00adblicas de Abrah\u00e1n, Jos\u00e9, Mois\u00e9s, Josu\u00e9, Salom\u00f3n, El\u00ed\u00adas, Isa\u00ed\u00adas, etc.<\/p>\n<p>    1. El Jes\u00fas Hist\u00f3rico.<\/p>\n<p>    Es frecuente entre los te\u00f3logos dejarse llevar por la inquietud arqueol\u00f3gica y cient\u00ed\u00adfica de separa lo que en Jes\u00fas hay de hecho religioso, al cual se debe acceder fundamentalmente por la fe, y lo que hay de personaje hist\u00f3rico, al que se debe acceder en la medida de lo posible por la historia rigurosa y por la cr\u00ed\u00adtica documental exhaustiva.<\/p>\n<p>    Gustan los historiadores y los te\u00f3logos, sobre todo si se hallan excesivamente influidos por la teolog\u00ed\u00ada cr\u00ed\u00adtica radical de ascendencia protestante del siglo XIX (Bruno Bauer, Albert Kalthoff, Harnak, etc.) diferenciar entre el Cristo de la fe y el Jes\u00fas de la Historia.<\/p>\n<p>    De insistir en esta distinci\u00f3n, se corre el riesgo de confusi\u00f3n en los catequizandos no excesivamente preparados. Si miramos a Jes\u00fas s\u00f3lo como figura de la Historia no llegamos al verdadero Cristo de la fe. Jes\u00fas fue un hombre real. Pero los creyentes vemos a Dios en ese hombre concreto que surgi\u00f3 en un pa\u00ed\u00ads y en un tiempo determinado.<\/p>\n<p>     Esto no es incompatible con el perfil terreno de un hombre que apareci\u00f3 en Nazareth, que predic\u00f3 un mensaje vinculado al juda\u00ed\u00adsmo en Palestina, que muri\u00f3 crucificado en Jerusal\u00e9n.<\/p>\n<p>     El creyente debe resaltar su perfil verdaderamente divino, trascendente, misterioso. Es el evang\u00e9lico y el centro de la catequesis. Pero no puede ignorar la dimensi\u00f3n humana de Cristo.<\/p>\n<p>     S\u00f3lo desde ella se llega a la realidad total de su persona divina, encarnada en la naturaleza humana, y de su mensaje, inexplicable si no es desde la proclamaci\u00f3n en medio de un pueblo, emblema de toda la humanidad, y en un momento concreto de la Historia, reflejo de todos los tiempos humanos.<\/p>\n<p>    2. Verdadera figura hist\u00f3rica<\/p>\n<p>     A esta sinton\u00ed\u00ada humano-divina hay que responder en la catequesis. Hay que partir de la afirmaci\u00f3n categ\u00f3rica de la existencia concreta y terrena de Jes\u00fas. Es un personaje real como otros de la Historia.<\/p>\n<p>     Sobre ella hay m\u00e1s o menos datos, no muchos, demostrables con las m\u00e1s rigurosas exigencias de la cronolog\u00ed\u00ada y geograf\u00ed\u00ada; pero son suficientes para pensar que no se trata de una suposici\u00f3n o idealizaci\u00f3n posterior de los cristianos receptores de su mensaje.<\/p>\n<p>     Jes\u00fas fue un hombre que se present\u00f3 como maestro o predicador ambulante, independiente del Templo de Jerusal\u00e9n, al que acud\u00ed\u00ada como buen israelita. Llam\u00f3 la atenci\u00f3n de la gente con sus hechos milagrosos y con sus dichos valientes, prof\u00e9ticos y coherentes.<\/p>\n<p>    Al margen de los que recogieron los testigos directos o indirectos, que luego escribieron los Evangelios o redactaron cartas sobre su doctrina, hay sospechas de que existieron otros muchos que no han llegado a nosotros con nitidez, pero que laten en escritos no inspirados o en tradiciones de los primeros tiempos.<\/p>\n<p>    Los que han llegado son suficientes para pensar en su existencia real, con m\u00e1s garant\u00ed\u00adas t\u00e9cnicas que las referencias de otros personajes antiguos.<\/p>\n<p>    Incluso, podemos afirmar con contundencia que de pocos personajes antiguos quedan tantos testimonios tan inmediatos en el tiempo y en el lugar al protagonista del que hablan como acontece de Jes\u00fas. S\u00f3lo algunos emperadores o reyes, documentados por cortesanos y cronistas, han tenido semejante n\u00famero de referencias sobre su itinerario humano o sus haza\u00f1as.<\/p>\n<p>    La existencia hist\u00f3rica de Jes\u00fas se halla recogida con claridad por los autores cristianos desde el siglo I.<\/p>\n<p>   Adem\u00e1s de los evangelistas y de los Ap\u00f3stoles que escribieron cartas o de comunidades que redactaron c\u00e1nones eucar\u00ed\u00adsticos o plegarias alusivas a su figura divina y humana, otros escritores hablaron de El.<\/p>\n<p>    3. Testimonios diversos<\/p>\n<p>    Hay algunos testimonios rigurosamente claros entre algunos escritores \u00abpaganos\u00bb, es decir no cristianos ni jud\u00ed\u00ados. Ciertamente no son muchos, pues fuera del rinc\u00f3n de Palestina, apenas si los cristianos fueron conocidos en los primeros decenios que siguieron a la muerte del Maestro. Incluso entre los jud\u00ed\u00ados de Jerusal\u00e9n no fueron mirados sino como un grupo religioso m\u00e1s de los que pulularon por todas las provincias y regiones del pueblo.<\/p>\n<p>    Evidentemente el \u00abprofeta de Nazareth\u00bb, una vez crucificado, pas\u00f3 de momento desapercibido y fueron pocos los que hablaron de El, fuera de las comunidades de sus seguidores, que le permanecieron fieles y fueron aumentando irresistiblemente en n\u00famero y en lugares diferentes.<\/p>\n<p>    Entre los escritores paganos que aluden a Jes\u00fas, citamos los siguientes:<\/p>\n<p>    3.1. T\u00e1cito (55-125)<\/p>\n<p>    Refiere en sus \u00abAnales\u00bb, alrededor del a\u00f1o 116, la cruel persecuci\u00f3n que sufrieron en Roma los cristianos bajo el emperador Ner\u00f3n. Con este motivo habla del fundador de la secta cristiana: \u00abEl creador de este nombre, Cristo, hab\u00ed\u00ada sido ejecutado por el Procurador Poncio Pilato durante el reinado del emperador Tiberio\u00bb (Annales XV. 44).<\/p>\n<p>    3.2. Suetonio (69-140).<\/p>\n<p>    Fue literato y secretario de la casa imperial de Roma en sus mejores a\u00f1os. Hacia el 120, en su \u00abVida de Claudio\u00bb alude a que el Emperador \u00abexpuls\u00f3 de Roma a los jud\u00ed\u00ados por promover incesantes alborotos a instigaci\u00f3n un tal Crestos\u00bb (25. 4).<\/p>\n<p>    En el fondo de esta informaci\u00f3n hay un n\u00facleo hist\u00f3rico: el hecho de que en la comunidad jud\u00ed\u00ada de Roma se hab\u00ed\u00adan levantado violentas discusiones en torno a Cristo y en relaci\u00f3n a su figura.<\/p>\n<p>    3.3. Plinio, llamado el Joven (61-113).<\/p>\n<p>    Fue proc\u00f3nsul de Bitinia y escribi\u00f3, hacia el 111, una carta al emperador Trajano consultando lo que deb\u00ed\u00ada hacer respecto a los cristianos.<\/p>\n<p>    Indicaba que los cristianos se re\u00fanen un d\u00ed\u00ada determinado antes de romper el alba y entonan un himno a Cristo como si fuera un dios\u00bb.<\/p>\n<p>    3.4. Mara Bar Serapi\u00f3n<br \/>\n    Era sirio, de la escuela de los estoicos. Habla de Jes\u00fas en una carta que escribe a su hijo Serapi\u00f3n, con probabilidad hacia el a\u00f1o 70: \u00ab\u00bfQu\u00e9 sacaron los jud\u00ed\u00ados de la ejecuci\u00f3n de su sabio rey, si desde entonces perdieron su reino?&#8230; Los jud\u00ed\u00ados fueron muertos o expulsados de su pa\u00ed\u00ads, y viven dispersos por todas partes&#8230; El rey sabio no ha muerto, gracias a las nuevas leyes que dio\u00bb<\/p>\n<p> 4. Entre los escritores jud\u00ed\u00ados.<\/p>\n<p>    Tampoco son muchos, pero s\u00ed\u00ad los suficientes para advertir que en \u00e1mbitos israelitas se conoci\u00f3 a Jes\u00fas.<\/p>\n<p>    4.1. Flavio Josefo.<\/p>\n<p>    Es el m\u00e1s citado, por ser el m\u00e1s expl\u00ed\u00adcito. Refiere en sus \u00abAntig\u00fcedades jud\u00ed\u00adas\u00bb, (libro que se termin\u00f3 en Roma hacia el 93-94) que el Sumo Sacerdote An\u00e1s \u00abacus\u00f3 de transgredir la ley al hermano de Jes\u00fas (que es llamado Cristo), por nombre Santiago, y tambi\u00e9n a algunos otros, haci\u00e9ndoles lapidar\u00bb (Ant. 20. 9. 1).<\/p>\n<p>    M\u00e1s expl\u00ed\u00adcito es otro pasaje, que probablemente fue a\u00f1adido o modificado en transcripciones posteriores del libro, pero que refleja una alusi\u00f3n directa al mismo Jes\u00fas. Dice en su escrito (y en este texto se indica entre[ ] lo que es probable a\u00f1adidura):<\/p>\n<p>    \u00abPor aquel mismo tiempo apareci\u00f3 Jes\u00fas, hombre sabio,[si es l\u00ed\u00adcito llamarle hombre]; pues hizo cosas maravillosas, fue el maestro de los hombres que anhelan la verdad, atrayendo hacia s\u00ed\u00ad a muchos jud\u00ed\u00ados y a muchos gentiles.[El era el Cristo] y como Pilato le hiciera crucificar por acusaciones de las primeras figuras de nuestro pueblo, no por eso dejaron de amarle los que le hab\u00ed\u00adan amado antes;[pues El se les apareci\u00f3 resucitado al tercer d\u00ed\u00ada, despu\u00e9s que los divinos profetas hab\u00ed\u00adan predicho de El estas cosas y otros prodigios sobre su persona]. Hasta hoy dura la estirpe de los cristianos, que tomaron de El su nombre\u00bb.<\/p>\n<p>     (Ant.XVIII 3. 3).<\/p>\n<p>    4.2. Otros autores.<\/p>\n<p>    Adem\u00e1s de Flavio Josefo, en los escritos jud\u00ed\u00ados del siglo II, que en el siglo IV se recogieron en el Talmud palestinense, se ofrece menciones sobre Jes\u00fas.<\/p>\n<p>    Son incidentales y se hallan tamizadas por la aversi\u00f3n a su significado, pero reflejan su existencia hist\u00f3rica.<\/p>\n<p>    El juda\u00ed\u00adsmo desfigur\u00f3 la imagen real de Cristo, sobre todo cuando los cristianos fueron aumentando en n\u00famero. Dijeron de \u00e9l que era hijo de adulterio, que era un impostor, que dio origen a la secta de los cristianos. Pero nadie puso en duda el car\u00e1cter hist\u00f3rico de su existencia terrena, en el contexto previo a la destrucci\u00f3n del pueblo en Palestina. La animadversi\u00f3n contra los cristianos se halla documentada desde el siglo I.<\/p>\n<p>    Por lo dem\u00e1s, la carencia de m\u00e1s documentos jud\u00ed\u00ados o paganos que no provengan de entornos cristianos tiene f\u00e1cil explicaci\u00f3n; hasta entrado el siglo II, los cristianos no comenzaron a figurar como grupos social significativo.<\/p>\n<p>    Precisamente a partir de este siglo es cuando comienzan los ataques sistem\u00e1ticos contra su creciente influencia. Es entonces cuando la figura humana de Cristo se convierte en objeto de pol\u00e9mica: la denigran los adversarios, la ensalzan sus seguidores, la observan con curiosidad los indiferentes.<\/p>\n<p>     5. Testimonios cristianos<br \/>\n    Se acercan a un centenar los textos cristianos que pueden remontarse al siglo I, II y III. Se hallan en documentos escritos por personas que creen en Jes\u00fas. La casi totalidad son documentos copiados o transcritos de documentos anteriores, pero ni m\u00e1s ni menos aut\u00e9nticos que los que aluden a otros personajes hist\u00f3ricos.<\/p>\n<p>    Evidentemente hablan del Se\u00f1or Jes\u00fas como centro de creencias religiosas y de adhesiones, es decir como hombre en el que se ha encarnado la divinidad y es portador de un mensaje de salvaci\u00f3n. Le presentan como objeto de veneraci\u00f3n y culto. Los m\u00e1s importantes son los textos que se abren camino en las comunidades cristianas como \u00abEvangelios o como Nuevo Testamento\u00bb.<\/p>\n<p>    Pero tambi\u00e9n existen testimonios escritos que poco a poco quedaron marginados y no fueron aceptados por los cristianos como \u00abinspirados por Dios\u00bb. Son los escritos que hoy llamamos ap\u00f3crifos. Sin embargo, est\u00e1n redactados por personas que admiran y veneran a Jes\u00fas a su manera. Tambi\u00e9n ellos son testimonios de alguien llamado Jes\u00fas y venerado como Dios.<\/p>\n<p>    Los Evangelios y las Ep\u00ed\u00adstolas can\u00f3nicos son textos rigurosamente hist\u00f3ricos del siglo I. En ellos se recogen discursos, relatos, dichos, milagros, acontecimientos, hechos que deben ser tenidos como reales.<\/p>\n<p>    Unos y otros, los inspirados y los simples escritos, han llegado a nosotros por medio de copias y recopias, m\u00e1s o menos alteradas por las transcripciones posteriores (interpolaciones, glosas, omisiones, etc.).<\/p>\n<p>    Su historicidad particular no interesa ahora, pero s\u00ed\u00ad el sentido global de su testimonialidad respecto al personaje hist\u00f3rico que fue Jes\u00fas.<\/p>\n<p>    En la catequesis hay que saber resaltar esta dimensi\u00f3n humana, geogr\u00e1fica e hist\u00f3rica, aunque lo esencial como objeto de fe no son los argumentos de la \u00abterrenidad\u00bb de Cristo, sino su realidad divina.<\/p>\n<p>  6. Testimonios no literarios.<\/p>\n<p>    Por los dem\u00e1s, poseemos tambi\u00e9n el amplio abanico de los lenguajes art\u00ed\u00adsticos, que es otro modo de testificar hechos y signos de la Historia. El arte religioso, sobre todo del siglo II y III (pues casi nada queda del I), en el cual hallamos la referencia a la figura de Jes\u00fas como raz\u00f3n de ser de la vida de los cristianos, debe ser explotado en la medida en que resulte conveniente para argumentar sobre Jes\u00fas.<\/p>\n<p>    Queda lo suficiente para que pueda ser tenido como tal en cualquier estudio sobre el hombre Jes\u00fas. Con todo, habr\u00e1 que analizar las peculiaridades de esa historicidad art\u00ed\u00adstica, alterada por la dimensi\u00f3n religiosa: dogm\u00e1tica, moral, m\u00ed\u00adstica y cultual, que hay detr\u00e1s de sus peculiares formas expresivas.<\/p>\n<p>    En cierto sentido, estos documentos se completan por determinadas tradiciones y costumbres de los primeros cristianos: fiestas, plegarias, enterramientos, decoraciones, etc. Ellas son tambi\u00e9n ecos primitivos de Jes\u00fas, centro de la plegaria y de las creencias.<\/p>\n<p>    Si los textos transcritos en la Didaj\u00e9, por ejemplo, que puede ser considerada de finales del I y resulta el documento extraevang\u00e9lico m\u00e1s primitivo, hablan con tanta nitidez de Jes\u00fas, es porque ya entonces nadie duda de qui\u00e9n es y de qu\u00e9 representa entre los cristianos.<\/p>\n<p>    Estos textos se complementan con los redactados posteriormente para las celebraciones lit\u00fargicas (plegarias, c\u00e1nones, invocaciones, catequesis, homil\u00ed\u00adas, apolog\u00ed\u00adas). Sin duda transportan un eco anterior que insin\u00faa la realidad de Jes\u00fas desde los mismo momentos en que comienza a difundirse el cristianismo por el Mediterr\u00e1neo y, con toda seguridad, por el mundo mesopot\u00e1mico.<\/p>\n<p>    Aunque estos testimonios son indirectos, pueden ser entendidos como mensajes de la figura hist\u00f3rica del Se\u00f1or Jes\u00fas. No s\u00f3lo reflejan la invocaci\u00f3n de una figura m\u00ed\u00adtica y espiritualizada por las creencias de sus seguidores.<br \/>\n  7. Catequesis y figura de Jes\u00fas<br \/>\n    El catequista debe recordar que el centro de la formaci\u00f3n del cristiano es la fe y no la inteligencia. La realidad hist\u00f3rica de Jes\u00fas se vincula con la cultura y con las dimensiones humanas y terrenas del cristianismo.<\/p>\n<p>    La catequesis es otra cosa. Es la educaci\u00f3n de la fe en ese Se\u00f1or, que se presenta como enviado divino, como Hijo de Dios. Sin embargo, la figura de Jes\u00fas es lo suficientemente importante y significativa para que por s\u00ed\u00ad misma merezca una atenci\u00f3n singular.<\/p>\n<p>    Es bueno en catequesis resaltar esa dimensi\u00f3n. Por eso es imprescindible en la formaci\u00f3n cristiana el conocimiento de todo lo que define la historicidad del Se\u00f1or.<\/p>\n<p>     Las variables hist\u00f3ricas en las que se ensarta la figura de Jes\u00fas son diversas. Algunas pueden ser:<\/p>\n<p>   &#8211; Los lugares en donde discurre su existencia: regiones, provincias, caminos, pueblos, ciudades, etc.<\/p>\n<p>   &#8211; Los momentos en los que Jes\u00fas vive: tiempos romanos, hechos jud\u00ed\u00ados, etc.<\/p>\n<p>   &#8211; Las figuras que se relacionan con su existencia: Herodes, Pilatos, An\u00e1s, Caif\u00e1s, C\u00e9sar Augusto, Tiberio&#8230; etc.<\/p>\n<p>   &#8211; Los acontecimientos que suceden: guerras, conquistas, consorcios comerciales, campa\u00f1as, etc.<\/p>\n<p>   &#8211; Usos y costumbres: fiestas, celebraciones, conmemoraciones, monumentos, tributos, productos comerciales, diversiones, etc.<\/p>\n<p>   &#8211; Incluso creencias contempor\u00e1neas: dioses, templos, plegarias, sacrificios, ofrendas.<\/p>\n<p>    Todo ello interesa para situar la figura de Cristo en el tiempo y en el espacio. El catequista no va hacia ello por curiosidad, por erudici\u00f3n o por sospecha, sino por conveniencia pedag\u00f3gica. Con el dominio de los datos humanos se puede ir mejor hacia lo divino. Si ese dominio, puede surgir la duda o el desconcierto.<\/p>\n<p>   (Ver Cristo)<\/p>\n<p>Pedro Chico Gonz\u00e1lez, Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00ed\u00ada Religiosa, Editorial Bru\u00f1o, Lima, Per\u00fa 2006<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00eda Religiosa<\/b><\/p>\n<p>Expresi\u00f3n t\u00e9cnica con la que se establece una distinci\u00f3n importante dentro de la cristolog\u00ed\u00ada. En efecto, con el adjetivo \u00abhist\u00f3rico\u00bb se intenta destacar que los datos alcanzados son la conclusi\u00f3n de un procedimiento realizado con una metodolog\u00ed\u00ada cient\u00ed\u00adfica y, por tanto, conducen a conclusiones cient\u00ed\u00adficas ciertas.<\/p>\n<p>El Jes\u00fas hist\u00f3rico no debe identificarse con Jes\u00fas de Nazaret ni con Cristo; en efecto, con el t\u00e9rmino \u00abJes\u00fas de Nazaret\u00bb nos referimos al Jes\u00fas real, el que existi\u00f3 hist\u00f3ricamente en una regi\u00f3n geogr\u00e1fica determinada y &#8211; que est\u00e1 en el origen del cristianismo. Con el t\u00e9rmino \u00abCristo\u00bb subrayamos m\u00e1s bien el elemento de predicaci\u00f3n de la Iglesia primitiva que, a la luz de la resurrecci\u00f3n, proclama y profesa su fe en el Se\u00f1or como cumplimiento de las promesas antiguas.<\/p>\n<p>La historia de la investigaci\u00f3n sobre el Jes\u00fas hist\u00f3rico puede circunscribirse en tres grandes etapas: la primera se coloca entre los siglos XVIII y XIX y agrupa los estudios realizados por H. S. Reimarus, D. F Strauss, M, Kahler W. Wrede y A. Schweitzer; la segunda se refiere de manera especial a la figura de R. Bultmann y a su teor\u00ed\u00ada de la Formgeschichte y puede situarse entre los comienzos del siglo xx hasta el 1953, a\u00f1o en que E. Kasemann con su conferencia para los \u00abViejos de Marburgo\u00bb toma distancias de su maestro Bultmann; la tercera fase parte de 1953 y llega hasta nuestros d\u00ed\u00adas, insistiendo sobre todo en la continuidad hist\u00f3rica y teol\u00f3gica entre Jes\u00fas de Nazaret y el Cristo de la fe, con la introducci\u00f3n de una criteriolog\u00ed\u00ada que permite establecer la historicidad interna de los textos.<\/p>\n<p>Una conclusi\u00f3n importante a la que conducen los diversos estudios sobre el Jes\u00fas hist\u00f3rico es que no se puede reconstruir una biograf\u00ed\u00ada de Jes\u00fas por el hecho de que los evangelios, que constituyen esencialmente la \u00fanica fuente ciertamente atendible, debido a su car\u00e1cter de documentos de fe, no se interesan por la reconstrucci\u00f3n de una biograf\u00ed\u00ada de Jes\u00fas de Nazaret.<br \/>\nR. Fisichella<\/p>\n<p>Bibl.: R. Fisichella, La revelaci\u00f3n: evento y credibilidad, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1989, X. L\u00e9on-Dufour Los evangelios y la historia de Jes\u00fas, Estela, Barcelona 19~6: R. Latourelle, A Jes\u00fas el Cristo por los evangelios, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1982: H, Braun, Jes\u00fas, el hombre de Nazaret y su tiempo, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1973.<\/p>\n<p>PACOMIO, Luciano [et al.], Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico, Verbo Divino, Navarra, 1995<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>[240] Una curiosidad leg\u00ed\u00adtima en el buen catequista es determinar los datos objetivos sobre la figura hist\u00f3rica de Jes\u00fas. Siempre los hechos terrenos del Se\u00f1or han sido fuente de inspiraci\u00f3n catequ\u00ed\u00adstica y por eso es bueno mirarlos, usarlos y documentarse al respecto. Con ni\u00f1os peque\u00f1os se presenta su itinerario en la tierra tal como estamos &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/jesus-historico\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abJESUS HISTORICO\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-11599","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/11599","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=11599"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/11599\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=11599"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=11599"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=11599"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}