{"id":11605,"date":"2016-02-05T08:03:24","date_gmt":"2016-02-05T13:03:24","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/juicio-particular\/"},"modified":"2016-02-05T08:03:24","modified_gmt":"2016-02-05T13:03:24","slug":"juicio-particular","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/juicio-particular\/","title":{"rendered":"JUICIO PARTICULAR"},"content":{"rendered":"<p>[294]<\/p>\n<p>    La tradici\u00f3n cristiana ha ense\u00f1ado siempre que los hombres reciben \u00abuna sentencia\u00bb en el momento del morir, pues termina su camino en la vida y comienza entonces su eternidad.<\/p>\n<p>    Su misma conciencia, en la presencia del Se\u00f1or Jes\u00fas, ser\u00e1 la que les arguya del bien o del mal que han hecho en la tierra. Y el Se\u00f1or Jes\u00fas, juez permanente de todos, sancionar\u00e1 su destino en esa hora suprema en que termina la vida y comienza la eternidad.<\/p>\n<p>    Y por eso se piensa antropom\u00f3rficamente que, a continuaci\u00f3n de la muerte tiene lugar el \u00abjuicio particular\u00bb, es decir el \u00abfallo divino\u00bb que decide la suerte eterna del que ha fallecido, el cual en ese instante ve lo que ha sido su vida y se hace consciente de su situaci\u00f3n ya extratemporal y extraespacial.<\/p>\n<p>    1. Sentido de ese juicio<br \/>\n    Es evidente que toda forma de hablar que reproduzca dise\u00f1os y modelos operativos propios de este mundo, carece de sentido real en cuanto el tiempo y el espacio. Los lenguajes y las relaciones, los usos y las opciones, propios de esta vida pierden su sentido.<\/p>\n<p>    Por eso s\u00f3lo anal\u00f3gicamente podemos hablar de un juicio en el \u00abmismo lugar\u00bb del fallecimiento, de una \u00absentencia\u00bb en el mismo \u00abmomento\u00bb del morir, de una respuesta del difunto al estilo de la que tendr\u00ed\u00ada en la tierra.<\/p>\n<p>    La idea del juicio particular no ha sido definida nunca como doctrina expl\u00ed\u00adcitamente dogm\u00e1tica por la Iglesia cat\u00f3lica. Es m\u00e1s bien una consecuencia del dogma de que las almas de los difuntos reciben premio o castigo seg\u00fan los m\u00e9ritos o dem\u00e9ritos conseguidos en la tierra.<\/p>\n<p>    La ense\u00f1anza ordinaria de la Iglesia es la \u00abinmediatez\u00bb, la \u00abperfecci\u00f3n\u00bb, la irreversibilidad\u00bb del premio del cielo, del castigo del infierno o de la catarsis del purgatorio.<\/p>\n<p>    Los concilios ecum\u00e9nicos de Lyon y Florencia declararon que las almas de los justos que se hallan libres de toda pena y culpa son recibidas en seguida en el cielo; y que las almas de aquellos que han muerto en pecado mortal, o simplemente en pecado original,  \u00abno van al cielo\u00bb. (Denz. 464 y 693).<\/p>\n<p>    Pero no entraron a discutir cuestiones de forma, tiempo o modelo de la sentencia, lo cual corresponde m\u00e1s a la raz\u00f3n y al sentido com\u00fan que a ninguna comunicaci\u00f3n divina. En este terreno, como otros similares, los te\u00f3logos y los pastores de almas tienen libertad de hablar.<\/p>\n<p>    Benedicto XII declar\u00f3, en la Constituci\u00f3n dogm\u00e1tica \u00abBenedictus Deus\u00bb del 29 de Enero de 1336, que las almas de los justos entran en el cielo inmediatamente despu\u00e9s de la muerte (o despu\u00e9s de su purificaci\u00f3n, si tienen algo pendiente). Sus ense\u00f1anzas insisten en que, antes de la resurrecci\u00f3n del cuerpo y del juicio universal, el cristiano recibe su sanci\u00f3n definitiva. Si es salvadora, es premiado con la visi\u00f3n inmediata de Dios. Si es condenatoria, el alma en pecado mortal va al infierno al morir. (Denz. 530.)<\/p>\n<p>    Algunos autores medievales, como el Papa Juan XXII, pensaron que hasta el juicio universal, es decir al final de los tiempos, no se llegaba a la visi\u00f3n total de Dios, sino que era un tiempo o estado de espera con el gozo de la compa\u00f1\u00ed\u00ada de la humanidad de Cristo. Y tambi\u00e9n algunos escritores de los primeros tiempos, como Pap\u00ed\u00adas, San Justino, San Ireneo, Tertuliano, hablaron de un reino de mil a\u00f1os antes de los \u00faltimos tiempos del Juicio final, apoy\u00e1ndose en textos b\u00ed\u00adblicos como Apoc. 20. 1 y en algunas alusiones de los profetas alusivas al reino del Mes\u00ed\u00adas. (Dan. 2.21; 3.54; 5.26 y 7.22)<\/p>\n<p>    Pero estas opiniones carecen de sentido y de base en la tradici\u00f3n de la Iglesia y en la misma naturaleza extratemporal y extraf\u00ed\u00adsica de los hechos posteriores a la muerte. La bienaventuranza final comienza al trascender la temporalidad de esta vida, ya que para Dios no hay tiempo<br \/>\n    2. Ense\u00f1anza de la Escritura<br \/>\n    Lo que importa para entender la realidad del Juicio particular es explorar la Escritura sobre esta doctrina. Ciertamente se encuentra ligeramente insinuada en diversos textos, pero de forma m\u00e1s indirecta que expl\u00ed\u00adcita, a diferencia de lo que acontece en relaci\u00f3n al Juicio Universal y al final de los tiempos.<\/p>\n<p>    Es precisamente la causa de que hayan proliferado diversas opiniones antropom\u00f3rficas a lo largo de la Historia.<\/p>\n<p>    Con todo, hay datos para asociar la idea de ese juicio con la supremac\u00ed\u00ada divina sobre las criaturas, explicitada de alguna forma de manera inmediata a la muerte.<\/p>\n<p>    En el Antiguo Testamento se insin\u00faa la idea del a justicia divina pronta y eficaz. \u00abEl justo, aunque muera prematuramente, recibir\u00e1 entonces con gozo el reposo.\u00bb (Sab. 4.7); y \u00abLos justos alcanzan pronto la corona de la gloria.\u00bb (Sab. 5.16). Se insiste en el premio en el momento del morir: \u00abEl que teme al Se\u00f1or tendr\u00e1 un buen final y el d\u00ed\u00ada de su muerte ser\u00e1 bendecido.\u00bb (Eccli 1. 13).<\/p>\n<p>     En el Nuevo Testamento se alude a diversos hechos o referencias a la decisi\u00f3n inmediata a la muerte. En la par\u00e1bola de L\u00e1zaro y del rico Epul\u00f3n, ambos son juzgados y enviados al premio o al castigo al morir. (Lc. 16. 22)<\/p>\n<p>    Jes\u00fas dice al ladr\u00f3n arrepentido que a la vera de la cruz agoniza: \u00abHoy mismo estar\u00e1s conmigo en el para\u00ed\u00adso.\u00bb (Lc. 23. 43). De Judas dice S. Pedro en su primer discurso que se fue \u00abal lugar que le correspond\u00ed\u00ada\u00bb. (Hech. 1. 25).<\/p>\n<p>    San Pablo espera que, al morir, se llega a la bienaventuranza en uni\u00f3n con Cristo: \u00abDeseo morir para estar con Cristo\u00bb (Fil. 1. 23); y habla de c\u00f3mo, \u00aben el Se\u00f1or es donde est\u00e1 su verdadera morada\u00bb. (2 Cor. 5, 8). En otras ocasiones alude al hecho de que, al morir, cesa el estado de fe y comienza el de la contemplaci\u00f3n. (2 Cor. 5. 7; 1 Cor. 13. 12).<\/p>\n<p>   3. Ense\u00f1anza eclesial<br \/>\n    La ense\u00f1anza de la Iglesia, apoyada en esas insinuaciones b\u00ed\u00adblicas, se fue precisando con el paso del tiempo. Al principio no fueron muy claras las ideas de los escritores y de los Padres sobre la suerte de los difuntos al morir.<\/p>\n<p>    No obstante, siempre fue expl\u00ed\u00adcita la ense\u00f1anza de que cada uno habr\u00ed\u00ada de recibir el premio o el castigo, seg\u00fan las acciones buenas o malas hechas en la vida. Algunos de los m\u00e1s antiguos escritores, como S. Justino, San Ireneo y Hilario o S. Ambrosio, hablaron de un cierto estado de espera entre la muerte y la resurrecci\u00f3n, una forma de adormecimiento o par\u00e1lisis indeterminada. Se debi\u00f3 m\u00e1s que a la negaci\u00f3n de la inmediatez de la recompensa o del castigo, al mayor resalte del Juicio Universal, en donde Cristo hab\u00ed\u00ada de mostrarse en todo su esplendor y triunfo.<\/p>\n<p>    Tertuliano afirm\u00f3 que los m\u00e1rtires no deber\u00ed\u00adan de esperar esa exaltaci\u00f3n final, sino que sus m\u00e9ritos de sangre les hac\u00ed\u00adan acreedores a la entrada inmediata en el Reino de los cielos o \u00abpara\u00ed\u00adso.\u00bb (De anima 55; De carnis resurr. 43). San Cipriano ense\u00f1\u00f3 que todos los justos entran en el Reino de los cielos y se sit\u00faan junto a Cristo para gozar con El. (De mortalitate 26)<\/p>\n<p>    San Agust\u00ed\u00adn expres\u00f3 dudas sobre si las almas de los justos, antes de la resurrecci\u00f3n, disfrutar\u00ed\u00adan, lo mismo que los \u00e1ngeles, de la plena bienaventuranza que consiste en la contemplaci\u00f3n de Dios o habr\u00ed\u00adan de esperar algo, afirmando el car\u00e1cter misterioso de esta cuesti\u00f3n. (Retr. 1 14. 2).<\/p>\n<p>   Pr\u00e1cticamente fue la teolog\u00ed\u00ada escol\u00e1stica la que \u00abrazon\u00f3\u00bb sobre la existencia del juicio y consolid\u00f3 las opiniones. Sin embargo, esta \u00abcuesti\u00f3n menor\u00bb en Teolog\u00ed\u00ada no mereci\u00f3 demasiadas ense\u00f1anzas oficiales en la Iglesia y la diversidad de opiniones, tanto en Oriente como en Occidente, se mantienen hasta nuestros d\u00ed\u00adas.<\/p>\n<p>    Todav\u00ed\u00ada hoy muchos te\u00f3logos de la Iglesia ortodoxa oriental siguen estancados en la ambig\u00fcedad de la doctrina, por lo que respecta a la suerte de los difuntos, y defienden la existencia de cierto estado intermedio entre la muerte y la resurrecci\u00f3n, estado desigual para justos y pecadores, pero que no es el definitivo y eterno.<\/p>\n<p>    Sin embargo tambi\u00e9n hubo Padres antiguos, y escritores posteriores, m\u00e1s expl\u00ed\u00adcitos en la defensa de un tipo de juicio inmediato y de una recompensa o castigo definitivo al terminar la vida terrena. As\u00ed\u00ad se expresaron San Juan Cris\u00f3stomo (In Mat. Hom. 14. 4), San Jer\u00f3nimo (In Joel 2. 11), el mismo San Agust\u00ed\u00adn en otros escritos. (De anima et eius origine II 4. 8)<\/p>\n<p>    Desde la edad moderna, este punto qued\u00f3 zanjado en favor del juicio particular, como pre\u00e1mbulo y precedente del Universal. Y se desarroll\u00f3 la idea filos\u00f3fica de la intemporalidad de la vida eterna, por lo que la cuesti\u00f3n se escapaba propiamente del campo teol\u00f3gico.<\/p>\n<p>    El Catecismo Romano (18. 3) ense\u00f1\u00f3 expresamente la verdad del juicio particular. Y la mayor parte de los catecismos posteriores lo mantuvieron.<\/p>\n<p>    4. Catequesis sobre el Juicio<br \/>\n    Aunque sea \u00abcuesti\u00f3n\u00bb menor en Teolog\u00ed\u00ada, es un tema que se presta a serias reflexiones para chicos y grandes en referencia a la responsabilidad moral ante las propias acciones.<\/p>\n<p>    Conviene ense\u00f1ar con claridad que Dios, Providente y presente siempre, conoce todas las obras buenas y malas que se hacen. Es la propia conciencia la que, ante Dios, se dar\u00e1 cuenta de lo obrado y se sentir\u00e1 acogida o rechazada por Dios, debido a sus obras.<\/p>\n<p>    En este tema conviene superar la fantas\u00ed\u00ada, la afectividad y los mitos f\u00e1ciles que pueden provenir de leyendas, supersticiones y creencias esp\u00fareas. Es la raz\u00f3n serena la que debe marcar la pauta en lo que se refiere a la acci\u00f3n serena de Dios en referencia al premio y al castigo por los hechos.<\/p>\n<p>   Tres consignas catequ\u00ed\u00adsticas podr\u00ed\u00adan servir de pauta.<\/p>\n<p> &#8211; Superar las categor\u00ed\u00adas espaciotemporales, cuando el muchacho llega a cierta madurez y advertir lo que significa la ausencia de lugar y tiempos fuera de la vida y de la tierra.<\/p>\n<p>     El ni\u00f1o peque\u00f1o no puede acceder a esta visi\u00f3n metaf\u00ed\u00adsica, pero a partir de los 12 \u00f3 13 a\u00f1os se puede llegar a una visi\u00f3n m\u00e1s sutil de las realidades extraterrenas. El tema del juicio particular hay que identificarlo con las otras realidades escatol\u00f3gicas: el juicio universal, el cielo, el infierno.<\/p>\n<p> &#8211; Es importante resaltar la dimensi\u00f3n cristoc\u00e9ntrica de esta ense\u00f1anza. Pero en esa visi\u00f3n referida a Jes\u00fas, Juez universal, hay que enmarcar la dimensi\u00f3n antropol\u00f3gica. Es la propia conciencia la que registrar, evoca y juzga las propias acciones e intenciones.<\/p>\n<p> &#8211; Es conveniente usar esa conciencia como llamada a la responsabilidad, incluso en el secreto de la intimidad. Sirve de apoyo la certeza de que el juicio no ser\u00e1 una lista de acusaciones y de sanciones realizada por el juzgador, sino una toma de claridad de lo que hab\u00ed\u00ada permanecido muchas veces en la oscuridad y en el olvido.<\/p>\n<p>   &#8211; Es interesante no separar las realidades escatol\u00f3gicas unas de otras. El juicio particular no se entiende fuera de las otras verdades. Por eso hay que acudir con frecuencia a las referencias evang\u00e9licas y sacar las consecuencias para la propia vida.<\/p>\n<p>Pedro Chico Gonz\u00e1lez, Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00ed\u00ada Religiosa, Editorial Bru\u00f1o, Lima, Per\u00fa 2006<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00eda Religiosa<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>[294] La tradici\u00f3n cristiana ha ense\u00f1ado siempre que los hombres reciben \u00abuna sentencia\u00bb en el momento del morir, pues termina su camino en la vida y comienza entonces su eternidad. 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