{"id":11689,"date":"2016-02-05T08:05:57","date_gmt":"2016-02-05T13:05:57","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/jovenes\/"},"modified":"2016-02-05T08:05:57","modified_gmt":"2016-02-05T13:05:57","slug":"jovenes","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/jovenes\/","title":{"rendered":"JOVENES"},"content":{"rendered":"<p>[640]<\/p>\n<p>    Personas que han superado la infancia y se mueven en la primera etapa de la vida. La cronolog\u00ed\u00ada var\u00ed\u00ada seg\u00fan autores y organismos promotores de estad\u00ed\u00adsticas. De 15 a 30 a\u00f1os son los umbrales m\u00e1s frecuentes.<\/p>\n<p>    (Ver Juventud)<\/p>\n<p>Pedro Chico Gonz\u00e1lez, Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00ed\u00ada Religiosa, Editorial Bru\u00f1o, Lima, Per\u00fa 2006<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00eda Religiosa<\/b><\/p>\n<p>(v. Juventud)<\/p>\n<p>(ESQUERDA BIFET, Juan, Diccionario de la Evangelizaci\u00f3n,  BAC, Madrid, 1998)<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Evangelizaci\u00f3n<\/b><\/p>\n<p>SUMARIO: I. Aspectos psico-culturales: Premisa; 1. La contestaci\u00f3n como intento de \u00abrevoluci\u00f3n cultural\u00bb; 2. Del \u00abfamiliarismo\u00bb \u00abpersonalismo\u00bb; 3. Car\u00e1cter de transici\u00f3n del sistema \u00e9tico-cultural; 4. La innovaci\u00f3n cultural y sus condicionamientos sociales y de personalidad; 5. Hacia una tipolog\u00ed\u00ada de las actitudes psico-culturales; 6. Funci\u00f3n del grupo en la evoluci\u00f3n cultural; 7. La experiencia religiosa en el proceso de nueva inculturaci\u00f3n: a) Fe en Dios, b) Pr\u00e1ctica cultual, c) Mediaci\u00f3n eclesial: 8. Variedad de \u00abespiritualidades\u00bb juveniles &#8211; II. Experiencias espirituales. Premisa; 1, La experiencia de la racionalizaci\u00f3n: 2. La experiencia del pluralismo: 3. La experiencia de la secularizaci\u00f3n: a) La experiencia del disidente, b) La experiencia del comprometido. Conclusi\u00f3n.<\/p>\n<p>I. Aspectos psico-culturales<br \/>\nPREMISA &#8211; Ante todo, hay que precisar los t\u00e9rminos esenciales del tema que vamos a exponer. Entendemos aqu\u00ed\u00ad por \u00abjuventud\u00bb no tanto una edad definida en t\u00e9rminos b\u00ed\u00ado-psicol\u00f3gicos, intermedia entre la infancia y la madurez adulta, cuanto una condici\u00f3n de vida determinada por sus relaciones con el sistema social. La referencia a la consistencia social del mundo juvenil nos lleva a suponer, por un lado, una precocidad de la maduraci\u00f3n individual y, por otro, una prolongaci\u00f3n de la juventud incluso hasta despu\u00e9s de los veinticinco-treinta a\u00f1os, lo que permitir\u00ed\u00ada definir la juventud \u00aben t\u00e9rminos de diferencia entre las posibilidades adquiridas y la utilizaci\u00f3n institucional de las mismas\u00bb (F. Alberoni).<\/p>\n<p>El concepto de \u00abespiritualidad\u00bb a que hemos de referirnos no tiene una connotaci\u00f3n tan espec\u00ed\u00adfica como la predominante en la tradici\u00f3n teol\u00f3gica. Con \u00e9l deseamos se\u00f1alar todo lo que en el comportamiento juvenil se relaciona con la \u00abvida del esp\u00ed\u00adritu\u00bb en sentido amplio, con una especial referencia a la adquisici\u00f3n, elaboraci\u00f3n y \u00abrealizaci\u00f3n\u00bb de un sistema de valores, de modelos o normas de acci\u00f3n, de actitudes frente al Absoluto y a las \u00abrealidades espirituales\u00bb (institucionalizadas o no), de sentimientos y disposiciones respecto a Dios, al hombre y a la sociedad, en cuanto que orientan el compromiso moral de la persona en su esfuerzo de autorrealizaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Esto equivale a decir, en la terminolog\u00ed\u00ada de las ciencias sociales, que ser\u00e1n sobre todo los aspectos psico-culturales de la personalidad juvenil los que reciban una atenci\u00f3n especial, Pudi\u00e9ndose considerar la \u00abvida espiritualcomo la traducci\u00f3n en el comportamiento de unas orientaciones de valor deducidas de los grupos de pertenencia y de referencia.<\/p>\n<p>La adopci\u00f3n de esta perspectiva psico-cultural no implica la negaci\u00f3n de la aportaci\u00f3n m\u00e1s propiamente sociol\u00f3gica, que tiende a se\u00f1alar los condicionamientos \u00abestructurales\u00bb (econ\u00f3micos, pol\u00ed\u00adticos, etc.) de la \u00absupraestructura\u00bb cultural y de comportamiento. Suponemos ya conocidos los antecedentes hist\u00f3ricos y los procesos de modernizaci\u00f3n estructural (industrializaci\u00f3n y fen\u00f3menos relacionados con ella) de donde se derivan los problemas de la condici\u00f3n juvenil.<\/p>\n<p>1. LA CONTESTACI\u00ed\u201cN COMO INTENTO DE \u00abREVOLUCI\u00ed\u201cN CULTURAL\u00bb &#8211; Se ha hablado atinadamente de una \u00abexplosi\u00f3n del fen\u00f3meno juvenil\u00bb en los \u00faltimos a\u00f1os. El cambio en la condici\u00f3n de los j\u00f3venes se pone de manifiesto en el estallido contestatario de 1968. La poblaci\u00f3n juvenil, especialmente los estudiantes, \u00abprogresivamente excluida del circuito productivo y aislada en una cadena de aprendizaje ineficiente\u00bb (R. Scarpati), toma conciencia de su marginaci\u00f3n e intenta reaccionar con una acci\u00f3n colectiva de naturaleza pol\u00ed\u00adtica.<\/p>\n<p>Pero la acci\u00f3n pol\u00ed\u00adtica de los j\u00f3venes, aunque tiende a ensanchar la base social de la participaci\u00f3n hasta los procesos de decisi\u00f3n (\u00abdemocracia participada\u00bb) y, por consiguiente, a reestructurar el sistema pol\u00ed\u00adtico y econ\u00f3mico, asume un car\u00e1cter eminentemente cultural y, por tanto, \u00absupraestructural\u00bb, anticipando la refundamentaci\u00f3n de las estructuras a trav\u00e9s de la reelaboraci\u00f3n del cuadro de valores.<\/p>\n<p>Se trata, pues, sobre todo de un intento de \u00abrevoluci\u00f3n cultural\u00bb, con la problematizaci\u00f3n del mismo sistema de los fines de la persona y de la vida social y no s\u00f3lo de las modalidades de realizaci\u00f3n hist\u00f3rica de estos fines.<\/p>\n<p>Ya en 1962 el Manifiesto del movimiento juvenil americano \u00abStudents for a democratic society\u00bb fijaba como tema central el de los valores sociales alternativos: \u00abAl sugerir metas y valores sociales, somos conscientes de que entramos en una esfera m\u00e1s bien infravalorada&#8230; Nuestros valores sociales implican ciertas concepciones de los seres humanos, ciertas relaciones humanas, ciertos sistemas sociales. Consideramos a los hombres infinitamente preciosos y en posesi\u00f3n de capacidades todav\u00ed\u00ada latentes de razonamiento, de libertad y de amor\u00bb.<\/p>\n<p>Esta orientaci\u00f3n personalista, de exaltaci\u00f3n de las potencialidades creativas y participativas del hombre, une ideol\u00f3gicamente a todos los movimientos de protesta de las universidades europeas: se pone el acento \u00abbien en la autonom\u00ed\u00ada de cada persona, en la calidad particular de sus fines y necesidades ps\u00ed\u00adquicas, culturales e intelectuales, bien en el derecho del individuo a participar en el gobierno de las instituciones, que controlan de forma tan estrecha la vida presente y las perspectivas futuras\u00bb (A. H. Burns). El ideal es la liberaci\u00f3n de la persona \u00abcomo hecho de conciencia y de participaci\u00f3n\u00bb (personalismo solidario-comunitario). Se habla en este sentido de \u00abvalores postburgueses\u00bb (R. Inglehart), de \u00abvalores dif\u00ed\u00adciles\u00bb, de autorrealizaci\u00f3n en una expansi\u00f3n de socialidad \u00abaut\u00e9ntica\u00bb (C. Tullio-Altan).<\/p>\n<p>2. DEL \u00abFAMILIARISMO\u00bb AL \u00abPERSONALISMO\u00bb &#8211; En nuestro contexto, calificar de \u00abpostburguesas\u00bb las nuevas tendencias culturales de los j\u00f3venes no significa sostener que nuestra cultura dominante, de la que tienden a diferenciarse los j\u00f3venes, sea la de la sociedad industrial-capitalista (definida cl\u00e1sicamente como de tipo \u00abadquisitivo\u00bb, competitivo, individualista&#8230;). De numerosas encuestas (P. G. Grasso, C. Tullio-Altan, E. C. Banfield) se puede deducir que la cultura familiarista-rural, m\u00e1s arcaica, sigue siendo todav\u00ed\u00ada la matriz cultural de base para gran parte del mundo juvenil, aunque \u00abcontaminada\u00bb m\u00e1s o menos profundamente con influencias de la cultura industrial.<\/p>\n<p>La nueva \u00abcultura juvenil\u00bb tiende a contraponerse a estas dos matrices culturales; la afirmaci\u00f3n de los valores \u00abpostburgueses\u00bb del personalismo solidario representa la negaci\u00f3n tanto del particularismo y autoritarismo familiarista como del individualismo capitalista (y del burocratismo de los sistemas colectivistas).<\/p>\n<p>La persistencia de la cultura familiarista, sobre todo a nivel popular, se ha puesto de manifiesto en los estudios sobre j\u00f3venes emigrados, provenientes del contexto de la llamada \u00abcivilizaci\u00f3n campesina\u00bb e introducidos en contextos urbano-industriales; en los esfuerzos de la nueva inculturaci\u00f3n se revelan los m\u00e9ritos y los defectos de sus orientaciones familiaristas, cuya viscosidad depende de la acci\u00f3n de mecanismos inconscientes de defensa, de \u00ed\u00adndole esencialmente emotivo-afectiva. Esa viscosidad de la matriz cultural familiarista ha sido confirmada por los estudios de numerosos muestreos estudiantiles (P. G. Grasso, G. Milanesi), que han descubierto fuertes residuos de particularismo etnoc\u00e9ntrico, de autoritarismo, de polarizaci\u00f3n alienante en el grupo interno familiar, de \u00abanestesia moral\u00bb ante el compromiso social, que caracterizaban de manera homog\u00e9nea a los miembros de la sociedad familiarista del pasado.<\/p>\n<p>Las nuevas orientaciones personalistas de los j\u00f3venes expresan el intento de superar las apor\u00ed\u00adas familiaristas (aunque sin rechazar los valores \u00abaut\u00e9nticos\u00bb de la vida familiar). En definitiva, es la misma concepci\u00f3n del hombre y de su instalaci\u00f3n en la vida social lo que actualmente se critica. \u00abLa mayor diferencia (respecto al particularismo familiarista) consiste en el hecho de que se valora al individuo en virtud de sus cualidades personales y no por el puesto que ocupa en la familia; o sea, se le juzga con criterios universalistas\u00bb (S. E. Eisenstadt). Pr\u00e1cticamente es la persona en cuanto tal (y no como parte de un colectivo, aunque sea el familiar o el religioso) la que se convierte en centro de motivaci\u00f3n de la relaci\u00f3n social. La expansi\u00f3n total de las potencialidades de la persona pasa a ser lo primero de la acci\u00f3n moral-social.<\/p>\n<p>3. CAR\u00ed\u0081CTER DE TRANSICI\u00ed\u201cN DEL SISTEMA ETICO-CULTURAL &#8211; Si tambi\u00e9n en los j\u00f3venes de los a\u00f1os 70 son evidentes los or\u00ed\u00adgenes familiaristas de su cultura de base, con igual claridad se advierte un movimiento de transici\u00f3n en su sistema de valores y de actitudes culturales. Algunas investigaciones espec\u00ed\u00adficas (P. G. Grasso, G. Milanesi, G. Musio) han puesto de relieve la realidad de esta transici\u00f3n en el plano del sistema \u00e9tico-cultural o de la estructura de la personalidad moral entre los j\u00f3venes estudiantes de comienzos de los a\u00f1os 50, 60 y 70. La continuidad en el tiempo de los an\u00e1lisis ha permitido verificar la hip\u00f3tesis de un profundo cambio en las actitudes \u00e9tico-culturales de los j\u00f3venes en los \u00faltimos veinticinco a\u00f1os.<\/p>\n<p>A comienzos de los a\u00f1os 50, el sistema de valores \u00e9ticos de los j\u00f3venes estudiados aparec\u00ed\u00ada todav\u00ed\u00ada centrado en valores de tipo familiarista-sacral (esto es, relacionados unitariamente con el \u00e1rea \u00absacralizada\u00bb de la moralidad-sexual-familiar, religiosa y del respeto a la vida), mientras que el sistema de valores morales de otros grupos correspondientes de j\u00f3venes americanos (sistem\u00e1ticamente comparado con el de nuestros j\u00f3venes) parec\u00ed\u00ada centrarse en valores \u00abseculares\u00bb y de lealtad en las relaciones interpersonales y sociales.<\/p>\n<p>La familia se presentaba como la instituci\u00f3n-clave del sistema psicol\u00f3gico-moral de nuestros j\u00f3venes, mientras que la realidad \u00absocietaria\u00bb (en el sentido de T\u00fcnnies: el estado, las asociaciones no \u00abprimarias\u00bb y la misma Iglesia) parec\u00ed\u00ada estar ausente como motivaci\u00f3n en el campo psicol\u00f3gico-moral de los j\u00f3venes; \u00e9stos se sent\u00ed\u00adan moralmente comprometidos s\u00f3lo en el \u00e1rea de lo \u00abfamiliar\u00bb y en las otras \u00e1reas \u00absacralizadas\u00bb relacionadas con ella. Frente al resto de la realidad social, la anestesia moral resultaba casi total. No es dif\u00ed\u00adcil explicar esta falta sintom\u00e1tica de sensibilidad moral de la casi totalidad de los j\u00f3venes frente a los deberes societarios (especialmente respecto al estado) en relaci\u00f3n con un condicionamiento hist\u00f3rico-cultural; se trataba de una reacci\u00f3n defensiva contra toda autoridad no familiarista, considerada desde siempre como explotadora y, por tanto, sin legitimaci\u00f3n alguna en sus pretensiones de obligar \u00aben conciencia\u00bb (de ah\u00ed\u00ad las expresiones populares: \u00abgobierno ladr\u00f3n\u00bb, \u00abrobar al estado no es pecado\u00bb).<\/p>\n<p>Sin embargo, ya a comienzos de los a\u00f1os 60 la relativa homogeneidad del sistema de valores juveniles se ve\u00ed\u00ada \u00abcomprometida\u00bb por un movimiento de transformaci\u00f3n. Probablemente bajo el impulso de factores objetivos, relacionados con las transformaciones estructurales de la sociedad en un sentido urbano-industrial y tambi\u00e9n bajo la presi\u00f3n de fuerzas ideol\u00f3gicas y sociales interesadas por la \u00abmodernizaci\u00f3n cultural\u00bb, se iba perfilando un estado de conflictividad en el sistema de los valores morales m\u00e1s t\u00ed\u00adpicos de nuestra cultura. Las \u00e1reas de la moralidad que se presentaban m\u00e1s tocadas por las \u00abcrisis de transici\u00f3n\u00bb (al menos a nivel de juicio moral) eran las siguientes:<\/p>\n<p>* el \u00e1rea de la moralidad religiosa (o de los deberes religiosos),<br \/>\n* el \u00e1rea de la moralidad sexual y familiar,<br \/>\n* el \u00e1rea del respeto a la vida.<\/p>\n<p>* el \u00e1rea de la moral social y \u00absocietaria\u00bb.<\/p>\n<p>El movimiento de cambio \u00e9tico-cultural se anunciaba como un progresivo surgir de la moral \u00absocietaria\u00bb, en correspondencia con un lento descenso de la moralidad \u00absacralizada\u00bb.<\/p>\n<p>El estado conflictivo y de transici\u00f3n del cuadro juvenil de valores se comprueba todav\u00ed\u00ada con mayor claridad a finales de los a\u00f1os 60 y, m\u00e1s a\u00fan, a comienzos de los a\u00f1os 70. Se perfila claramente la tendencia a una inversi\u00f3n de posiciones morales, s\u00ed\u00adntoma de una transformaci\u00f3n en marcha de todo el sistema socio-cultural. Suponiendo que \u00e9ste fuera de tipo familiarista-sacral y \u00abasocietario\u00bb (centrado en el individuo, absorbido en el colectivo familiar), tender\u00ed\u00ada ahora a prevalecer entre los j\u00f3venes una nueva s\u00ed\u00adntesis \u00e9tico-cultural, centrada en los valores de la persona y del grupo societario, con \u00abdecadencia\u00bb o, mejor dicho, con un profundo replanteamiento de los valores morales de lo sagrado y de lo sexual-familiar institucionalizados. Al movimiento centr\u00ed\u00adfugo de los valores de la moralidad \u00absacralizada\u00bb corresponde un movimiento centr\u00ed\u00adpeto de los valores de la moralidad \u00absocietaria\u00bb, con tendencia a la superaci\u00f3n del exclusivismo de las \u00ablealtades primarias\u00bb (hacia las instituciones familiaristas y sacralizadas) y apertura a los valores \u00abpol\u00ed\u00adticos\u00bb, de solidaridades cada vez m\u00e1s amplias, tendencialmente universalistas.<\/p>\n<p>Cabe preguntarse si la difusi\u00f3n de la adhesi\u00f3n entre los j\u00f3venes a un ethos tan definido puede considerarse como signo adecuado de la aparici\u00f3n de una nueva cultura juvenil, con rasgos -no marginales- distintos de los de la cultura dominante (\u00abtradicional\u00bb o, incluso, ya supuestamente \u00abrenovada\u00bb). En otras palabras, \u00bfla cultura juvenil es un fen\u00f3meno original de vanguardia o un fen\u00f3meno consecuente a la cultura \u00abprogresista\u00bb (de los grupos adultos socio-culturalmente m\u00e1s \u00abavanzados\u00bb)? La respuesta no resulta f\u00e1cil en la situaci\u00f3n actual de los conocimientos sobre la realidad juvenil.<\/p>\n<p>Lo cierto es que la reorganizaci\u00f3n sobre nuevas bases de la estructura cultural de origen en coherencia con la instancia personalista es un proceso largo, dificil y doloroso. Lleva consigo desgarrones mentales y afectivos de profundo eco emotivo (el aumento de los suicidios juveniles podr\u00ed\u00ada tambi\u00e9n relacionarse con las dificultades de esta transici\u00f3n cultural, que puede comprometer las bases de la misma seguridad existencial). Supone, adem\u00e1s, el riesgo de prescindir de valores del pasado que siguen funcionando o de asumir de modo demasiado conformista nuevos valores no garantizados en su \u00abautenticidad\u00bb.<\/p>\n<p>De las investigaciones citadas parece que se puede concluir que, para la masa juvenil, el personalismo solidario sigue siendo una aspiraci\u00f3n \u00abde superficie\u00bb, en el sentido de que, aunque sinceramente se aprecian en abstracto los valores que supone, muchos j\u00f3venes no est\u00e1n a\u00fan en condiciones de fermentar con esos valores su \u00abpersonalidad de base\u00bb y su conducta. De ah\u00ed\u00ad que siga siendo bastante difusa todav\u00ed\u00ada la situaci\u00f3n de coexistencia psicol\u00f3gica y moral, por superposici\u00f3n sin integraci\u00f3n, de un sistema de valores-normas objetivamente personalstas y universalistas con un sistema psico-cultural de base orientado todav\u00ed\u00ada en sentido familiarista y particularista.<\/p>\n<p>4. LA INNOVACI\u00ed\u201cN CULTURAL Y SUS CONDICIONAMIENTOS SOCIALES Y DE PERSONALIDAD &#8211; Una reciente encuesta sobre la \u00abcondici\u00f3n juvenil de la transici\u00f3n cultural\u00bb (P. G. Grasso y G. Secchiaroli), partiendo de la hip\u00f3tesis de que la actual crisis cultural de los j\u00f3venes se define como un lento proceso de transici\u00f3n de una cultura familiarista-\u00abcomunitaria\u00bb (que insiste en la absorci\u00f3n del individuo en los grupos primarios) hacia una cultura personalista-\u00absocietaria\u00bb (que realza la autonom\u00ed\u00ada de la persona y la asunci\u00f3n de responsabilidades propiamente sociales), intenta una operaci\u00f3n de s\u00ed\u00adntesis entre las relaciones de la actitud cultural innovadora con toda una serie de variables personales y sociales.<\/p>\n<p>El \u00ed\u00adndice de innovaci\u00f3n con que se define el estado de progreso cultural de los j\u00f3venes entrevistados se construye partiendo de sus tomas de posici\u00f3n frente a las m\u00e1s importantes \u00e1reas culturales (familia, relaciones j\u00f3venes-adultos, relaciones sociales y pol\u00ed\u00adticas, moral y religi\u00f3n). Comparando sistem\u00e1ticamente (incluso por medio de correlaciones estad\u00ed\u00adsticas) la situaci\u00f3n personal y social del grupo de innovaci\u00f3n alta con la del grupo de innovaci\u00f3n inferior, aparecen algunas diferencias significativas:<\/p>\n<p>a) El sistema de valores de los innovadores m\u00e1s decididos est\u00e1 centrado en los valores sociales y de autorrealizaci\u00f3n, con una especial valoraci\u00f3n de la espontaneidad de los instintos (lo cual, a nivel cl\u00ed\u00adnico, podr\u00ed\u00ada tambi\u00e9n calificarse como se\u00f1al de \u00abinmadurez\u00bb, no patol\u00f3gica, en el equilibrio de los impulsos, especialmente de los impulsos agresivos y sexuales). El sistema de valores de los menos innovadores o \u00abtradicionalistas\u00bb se presenta centrado, por el contrario, en valores de control de los instintos, de expansi\u00f3n moral y afectiva \u00abnormal\u00bb (seg\u00fan los c\u00e1nones de la moralidad \u00abprivatista\u00bb tradicional, que valoran sobre todo como motivos las relaciones primarias).<\/p>\n<p>b) Los j\u00f3venes de innovaci\u00f3n m\u00e1s alta se muestran menos severos (o sea, menos r\u00ed\u00adgidos y m\u00e1s \u00abserenos\u00bb) en su juicio moral. Su actitud moral es globalmente m\u00e1s \u00abflexible\u00bb, menos ansiosamente reactiva y culpabilizadora. Los innovadores m\u00e1s decididos se muestran clara y coherentemente en transici\u00f3n hacia una nueva s\u00ed\u00adntesis en la relaci\u00f3n dial\u00e9ctica entre moralidad \u00absocietaria\u00bb y moralidad \u00absacralizada\u00bb, con tendencia a una \u00abinversi\u00f3n\u00bb m\u00e1s decidida de la jerarqu\u00ed\u00ada tradicional de los valores y de las instituciones correspondientes.<\/p>\n<p>c) Los innovadores m\u00e1s decididos son mucho menos numerosos entre los que \u00abcreen\u00bb en Dios y mucho m\u00e1s abundantes entre los \u00abdudosos\u00bb. Esta crisis de la creencia religiosa va acompa\u00f1ada ordinariamente del abandono de la pr\u00e1ctica cultual y de la conciencia de una incompatibilidad entre innovaci\u00f3n cultural y religi\u00f3n. El cuadro de valores que caracteriza a los innovadores m\u00e1s decididos (que supone la valoraci\u00f3n de un modelo de autorrealizaci\u00f3n basado en cierta \u00abliberaci\u00f3n de la espontaneidad de los instintos\u00bb y en la apertura a un encuentro social m\u00e1s \u00abaut\u00e9ntico\u00bb) puede quiz\u00e1 inducir a esos j\u00f3venes a considerarse ya fuera de la ortodoxia religiosa, porque suelen partir de una concepci\u00f3n \u00abtradicional\u00bb (no \u00abconciliar\u00bb) de esa ortodoxia y de experiencias frustradas de la religi\u00f3n-de-iglesia. Por tanto, cabe pensar que tambi\u00e9n entre las filas de la contestaci\u00f3n cat\u00f3lica contempor\u00e1nea prevalecen las personalidades m\u00e1s innovadoras culturalmente (en sentido global).<\/p>\n<p>d) Las diferencias entre ambos grupos culturales (innovadores o \u00abprogresistas\u00bb, tradicionalistas o \u00abconservadores\u00bb) debidas a la clase social de origen (medida por referencia al nivel profesional y de instrucci\u00f3n de los padres)resultaban todav\u00ed\u00ada a comienzos de los a\u00f1os 70 sistem\u00e1ticas y muy significativas. Las diferencias se presentaban especialmente acentuadas en los extremos de la escala de los niveles sociales, siendo los pertenecientes a la clase superior claramente m\u00e1s innovadores y los pertenecientes a la clase inferior (m\u00e1s \u00abpopular\u00bb) claramente menos numerosos entre los innovadores decididos. Puede suponerse que estas diferencias culturales estaban relacionadas con la distinta situaci\u00f3n socio-econ\u00f3mica de los dos grupos de clase, en el sentido de que a esa situaci\u00f3n corresponden diversas condiciones de desarrollo de la personalidad, directa o indirectamente influyentes en la asunci\u00f3n de un determinado sistema de actitudes. As\u00ed\u00ad, la inferioridad socio-econ\u00f3mica tender\u00ed\u00ada a traducirse en inferioridad \u00abmental\u00bb y, consiguientemente, cultural (entendida aqu\u00ed\u00ad como resistencia a la innovaci\u00f3n). De hecho, los j\u00f3venes procedentes de las clases inferiores se manifestaban, en general, menos \u00abmaduros\u00bb (globalmente) que sus compa\u00f1eros socialmente m\u00e1s privilegiados. En estos \u00faltimos aparec\u00ed\u00ada, por ejemplo, m\u00e1s avanzado el proceso mental de diferenciaci\u00f3n y de integraci\u00f3n de los elementos de la realidad social interiorizados, con una capacidad mayor para percibir (con referencia a situaciones o principios m\u00e1s generales) el dato de experiencia y para aceptar m\u00e1s cr\u00ed\u00adticamente las influencias ambientales. Esta diferencia de madurez global se refleja a nivel psicocultural no s\u00f3lo en el sentido de que la pertenencia de los j\u00f3venes a las clases superiores se relaciona con mayor frecuencia con la disposici\u00f3n a la innovaci\u00f3n, sino tambi\u00e9n en el sentido de que en ellos la innovaci\u00f3n tiende a realizarse de forma m\u00e1s amplia y coherente. Entre los j\u00f3venes de las clases subalternas es m\u00e1s f\u00e1cil encontrar fen\u00f3menos de superposici\u00f3n de elementos culturales sin integraci\u00f3n: se presentan actitudes francamente innovadoras \u00abyuxtapuestas\u00bb a otras actitudes todav\u00ed\u00ada en l\u00ed\u00adnea con los modelos arcaicos (especialmente de tipo familiar) de su personalidad de base.<\/p>\n<p>Investigaciones m\u00e1s recientes parecen demostrar que esta diferenciaci\u00f3n tan importante de clase social en el nivel cultural se va reduciendo con rapidez; especialmente los que proceden de las clases inferiores tender\u00ed\u00adan a homogeneizarse con los originarios de las clases superiores en lo que respecta a lainnovaci\u00f3n, mientras que los que proceden de las clases medias opondr\u00ed\u00adan la mayor resistencia al cambio cultural (en el sentido mencionado).<\/p>\n<p>Sin embargo, se puede suponer que siguen existiendo residuos de diferenciaci\u00f3n entre los diversos grupos juveniles de diversa clase social de origen respecto a las opciones de preferencia por los diversos valores (y tambi\u00e9n, por tanto, respecto a la disponibilidad frente a est\u00ed\u00admulos formativos en sentido moral o \u00abasc\u00e9tico\u00bb); los j\u00f3venes de clase superior tienden a orientarse con preferencia hacia valores de \u00e9xito no tanto econ\u00f3mico como cultural y profesional (con una acentuada valoraci\u00f3n del \u00abvalor psicol\u00f3gico\u00bb), mientras que los procedentes de las clases inferiores se orientan m\u00e1s hacia el \u00abvalor material\u00bb, econ\u00f3mico y er\u00f3tico. Se trata sobre todo de condicionamientos hist\u00f3rico-ambientales, que han provocado en el tiempo la sedimentaci\u00f3n de estas orientaciones en los dos grupos de clase: el uno, liberado del af\u00e1n de los \u00abbienes de la tierra\u00bb por estar ya en segura posesi\u00f3n de ellos, puede abrirse al deseo de los bienes \u00abinmateriales\u00bb de la \u00abcultura\u00bb y de la autorrealizaci\u00f3n en niveles superiores; el otro, atenazado todav\u00ed\u00ada por el recuerdo ancestral de la miseria, del hambre, del cansancio y de la falta de seguridad, tiende a asegurarse ante todo los bienes materiales fundamentales, aunque vislumbra la apetibilidad de los bienes \u00abculturales\u00bb y de los valores de socialidad (a los que quiz\u00e1 es incluso m\u00e1s sinceramente sensible).<\/p>\n<p>5. HACIA UNA TIPOLOG\u00ed\u008dA DE LAS ACTITUDES PSICO-CULTURALES &#8211; Aunque se registra una tendencia a la homogeneizaci\u00f3n cultural de los j\u00f3venes (en el sentido de la \u00abhomologaci\u00f3n\u00bb de Pasolini), no se puede concluir ciertamente que la masa juvenil se encuentre ya hoy orientada un\u00e1nimemente hacia las actitudes innovadoras mencionadas y que, por consiguiente, la acci\u00f3n formativa no tenga que hacer otra cosa que reforzar o -todo lo m\u00e1s- \u00abequilibrar\u00bb los rasgos de personalidad t\u00ed\u00adpicos del innovador, ya seguramente adquiridos por la mayor\u00ed\u00ada. En realidad, las actitudes culturales de los j\u00f3venes, y sobre todo sus comportamientos concretos, son a\u00fan bastante diferenciados, y es posible y hasta necesario catalogarlos en tipos diversos.<\/p>\n<p>Los especialistas han propuesto varios esquemas tipol\u00f3gicos de la juventud, que pueden conceptualmente compararse entre s\u00ed\u00ad. C. Tullio-Altan habla de integrados, neur\u00f3ticos e innovadores; P. Goodman, de hombres de la organizaci\u00f3n (o integrados), pobres (les gustar\u00ed\u00ada integrarse, pero no lo consiguen) e independientes (no quieren integrarse ni \u00abcorrer la suerte de las ratas\u00bb); R. Merton, de ab\u00falicos, ritualistas y rebeldes.<\/p>\n<p>P. G. Grasso, refiri\u00e9ndose a la influencia combinada de diversos rasgos psicol\u00f3gicos y psico-culturales, propone el siguiente esquema tipol\u00f3gico:<\/p>\n<p>FUERTE TENDENCIA A LA INNOVACI\u00ed\u201cN<br \/>\nActividad<\/p>\n<p>Pasividad<br \/>\nDEBIL TENDENCIA A LA INNOVACI\u00ed\u201cN<\/p>\n<p>Tipo \u00abno adaptativo-creativo\u00bb:<\/p>\n<p>Orientaci\u00f3n \u00e9tico-cultural: solidaridad personalista (centralidad de lo social sin alienaci\u00f3n de la persona).<\/p>\n<p>Rasgos psicol\u00f3gicos: independencia, actividad, creatividad, radicalismo, universalismo, fuerza del yo. Comportamiento: protesta revolucionaria, participaci\u00f3n en la acci\u00f3n colectiva de transformaci\u00f3n radical del sistema, comportamiento \u00abhuman\u00ed\u00adstico\u00bb (no autoritario).<\/p>\n<p>Tipo \u00abno adaptativo-no creativo\u00bb<br \/>\nOrientaci\u00f3n \u00e9tico-cultural: individualismo personalista (centralidad del individuo sin repulsa de la socialidad).<\/p>\n<p>Rasgos psicol\u00f3gicos: independencia, pasividad, espontaneidad, excentricidad, autosuficiencia, fuerza del id.<\/p>\n<p>Comportamiento: protesta pasiva contra el sistema, pacifismo, no competitividad, evasi\u00f3n intelectualista o psicod\u00e9lica (comportamiento \u00abbeat\u00bb, \u00abhippy\u00bb).<\/p>\n<p>Tipo \u00abadaptativo-creativo\u00bb.<\/p>\n<p>Orientaci\u00f3n \u00e9tico-cultural: individualismo egoc\u00e9ntrico (centralidad del individuo con repulsa de la socialidad).<\/p>\n<p>Rasgos psicol\u00f3gicos: actividad, oportunismo, particularismo, autoritarismo, fuerza del id y del yo.<\/p>\n<p>Comportamiento: activismo reformista (por la eficiencia del sistema), car\u00e1cter emprendedor en funci\u00f3n de la autoafirmaci\u00f3n, comportamiento autoritario y competitivo.<\/p>\n<p>Tipo \u00abadaptativo-no creativo<br \/>\nOrientaci\u00f3n \u00e9tico-cultural: gregarismo familiarista o burocr\u00e1tico (centralidad de lo colectivo con alienaci\u00f3n de la persona).<\/p>\n<p>Rasgos psicol\u00f3gicos: pasividad, rigidez mental, dependencia, conformismo, esp\u00ed\u00adritu estereotipado, autoritarismo, dogmatismo, fuerza del super-yo.<\/p>\n<p>Comportamiento: ritualismo, repetitividad, sumisi\u00f3n acr\u00ed\u00adtica a las normas (en inter\u00e9s del sistema), \u00abhuida de la libertad\u00bb (en el sentido de Fromm).<\/p>\n<p>Las dificultades de esta esquematizaci\u00f3n tipol\u00f3gica, como de las dem\u00e1s que mencion\u00e1bamos, se derivan del hecho de que tiende a una descripci\u00f3n globalizante del individuo, utilizando conjuntamente criterios de diferenciaci\u00f3n psicol\u00f3gica, cultural y pol\u00ed\u00adtica. Adem\u00e1s, es evidente que se trata de \u00abtipos ideales\u00bb, en el sentido weberiano, que s\u00f3lo \u00abaproximativamente\u00bb pueden encontrarse en la realidad.<\/p>\n<p>Sin embargo, del conjunto de investigaciones sobre la juventud actual parece que puede concluirse que los cuatro tipos se\u00f1alados son a prop\u00f3sito para recoger las orientaciones prevalecientesde la personalidad cultural de la mayor\u00ed\u00ada de los j\u00f3venes. Es dif\u00ed\u00adcil cuantificar ese juicio (ya que faltan estudios que permitan dar una consistencia estad\u00ed\u00adstica a cada tipo), pero parece posible afirmar que la mayor\u00ed\u00ada de los j\u00f3venes est\u00e1 en transici\u00f3n de un tipo esencialmente \u00abadaptativo-no creativo\u00bb (que predominaba en el pasado en la masa juvenil de origen popular y peque\u00f1o-burgu\u00e9s) hacia los otros tres tipos. El que un individuo, e incluso una porci\u00f3n determinada del mundo juvenil, evolucione hacia una de las dos formas culturales de individualismo representadas por los tipos \u00abadaptativo-creativo\u00bb y \u00abno adaptativo-no creativo\u00bb, o bien hacia la forma de solidaridad representada por el tipo \u00abno adaptativo-creativo\u00bb, depende de una multiplicidad de factores personales y ambientales.<\/p>\n<p>Con frecuencia, la aparici\u00f3n de las formas individualistas parece ser consecuencia de un proceso de \u00abagotamiento por desilusi\u00f3n\u00bb en la experiencia (muchas veces superficial) de la forma solidaria-personalista. En ese caso, el repliegue hacia la forma egoc\u00e9ntrica-activa o hacia la no-egoc\u00e9ntrica-pasiva depende, m\u00e1s que de las caracter\u00ed\u00adsticas de personalidad, de condicionamientos ambientales (incluido el \u00abmal ejemplo\u00bb del mundo adulto). A esos condicionamientos ambientales-sociales corresponde la mayor responsabilidad en todos los procesos de cambio cultural y de comportamiento (aunque no puede excluirse la influencia de factores constitucionales v de personalidad, en especial en sujetos mentalmente inmaduros).<\/p>\n<p>Parece evidente. entonces, que los procesos de racionalizaci\u00f3n y de industrializaci\u00f3n capitalista no s\u00f3lo han transformado radicalmente la estructura socio-econ\u00f3mica, que hac\u00ed\u00ada funcional para el sistema el gregarismo familiarista de tipo \u00abadaptativo-no creativo\u00bb, sino que han favorecido tambi\u00e9n la difusi\u00f3n del tipo \u00abadaptativo-creativo\u00bb, aparentemente m\u00e1s funcional para las nuevas condiciones estructurales. Pero semejante evoluci\u00f3n estructural de la sociedad, con sus manifestaciones de excesiva burocratizaci\u00f3n y de exasperada competitividad, junto con sus expresiones de alienaci\u00f3n y de injusticia inhumana, ha provocado sobre todo en la \u00abclase\u00bb juvenil una reacci\u00f3n en dos direcciones: la activista-solidaria, de tipo \u00abno adaptativo-creativo\u00bb (comprometido solidariamente en la transformaci\u00f3n de la sociedad, con esp\u00ed\u00adritu universalista, porla defensa y la expansi\u00f3n de cada persona), y la pasiva-individualista, de tipo \u00abno adaptativo-no creativo\u00bb (que se evade de la sociedad inaceptable y a la que se juzga intransformable, y que tiende a vivir intensamente -solo y, m\u00e1s de ordinario, comunitariamentefuera de toda contienda ideol\u00f3gica, en espontaneidad instintiva y en libertad total).<\/p>\n<p>Parece l\u00f3gico que, incluso desde un punto de vista psicol\u00f3gico (con referencia a un ideal de madurez ps\u00ed\u00adquica, y no s\u00f3lo moral y \u00abespiritual\u00bb), la acci\u00f3n educativa, igual que la pol\u00ed\u00adtica y la formalmente religiosa, deber\u00ed\u00adan tender a establecer las condiciones para que hoy prevalezca el tipo \u00abno adaptativocreativo\u00bb, orientado al compromiso por crear una nueva sociedad que permita la realizaci\u00f3n en si mismo y en los dem\u00e1s de los valores de la persona.<\/p>\n<p>6. FUNCI\u00ed\u201cN DEL GRUPO EN LA EVOLU-c:L\u00ed\u201cN CULTURAL, &#8211; Entre las condiciones ambientales-sociales que facilitan la apertura a la innovaci\u00f3n (en sentido personalista-solidario), parece especialmente eficaz una experiencia rica y variada de contacto social.<\/p>\n<p>El lugar privilegiado de esta experiencia es actualmente para los estudiantes el ambiente escolar, y para los j\u00f3venes obreros el ambiente laboral. En la interacci\u00f3n escolar y laboral es donde hay que realizar la primera experiencia verdadera de lo social, con el descubrimiento de la problem\u00e1tica conflictiva (en las relaciones con la autoridad escolar o patronal y con los grupos de compa\u00f1eros pol\u00ed\u00adticamente contrarios) y la aparici\u00f3n de una nueva solidaridad.<\/p>\n<p>Por eso, sobre todo la instituci\u00f3n escolar, que la sociolog\u00ed\u00ada de la educaci\u00f3n ve\u00ed\u00ada en todas partes como fuerza de conservaci\u00f3n, se revela actualmente, por un movimiento transformativo inducido \u00abdesde abajo\u00bb, como una \u00abescuela de innovaci\u00f3n\u00bb. Se trata, incluso en el \u00e1mbito escolar, de experiencias de lo social hechas en grupo y que adquieren mayor eficacia gracias a los mecanismos del \u00abcomportamiento colectivo\u00bb, aun cuando muchas veces (en l\u00ed\u00adnea con la psicolog\u00ed\u00ada de la adolescencia) la influencia del grupo se produce a trav\u00e9s de la influencia personal de un compa\u00f1ero fuertemente dotado y apasionadamente comprometido.<\/p>\n<p>Una reflexi\u00f3n semejante a la expuesta sobre la escuela podr\u00ed\u00ada hacerse sobre la Iglesia como instituci\u00f3n educativa. En elambiente de la Iglesia o al margen suyo, casi sin darse cuenta los responsables de la formaci\u00f3n religiosa y frecuentemente en pol\u00e9mica contra ellos, se ha llevado a cabo una \u00abresocializaci\u00f3n de la mentalidad\u00bb de los j\u00f3venes de inspici\u00f3n religiosa, pero estrechamente unida al movimiento de ideas dominante entre los j\u00f3venes \u00abcomprometidos\u00bb en las instituciones sociales \u00abprofanas\u00bb. La contestaci\u00f3n cat\u00f3lica, en su elemento juvenil, y el movimiento de \u00abComuni\u00f3n y liberaci\u00f3n\u00bb son dos manifestaciones -bien diferenciadas en sus objetivos y en sus m\u00e9todos- del proceso de \u00abmodernizaci\u00f3n cultural\u00bb del mundo juvenil suscitado en el \u00e1mbito de las instituciones (aunque raras veces por iniciativa de estas \u00faltimas).<\/p>\n<p>Sin embargo, sobre todo en el ambiente escolar, parece que tiene lugar s\u00f3lo un primer proceso de ruptura del conformismo cultural a trav\u00e9s del debate de las ideas y la eventual acci\u00f3n de protesta. La nueva inculturaci\u00f3n en sentido personalista-solidario, a nivel de las relaciones sociales, comienza realmente con la toma de contacto, muchas veces traumatizante, de los j\u00f3venes con la realidad social extraescolar; por ejemplo, con el \u00abtrabajo pol\u00ed\u00adtico entre la gente\u00bb, con \u00abel servicio social en los suburbios\u00bb, con \u00abel servicio voluntario a los minusv\u00e1lidos o drogadictos\u00bb, con \u00abla participaci\u00f3n en las luchas obreras\u00bb&#8230; Si no se da este paso a lo social concreto, la experiencia de la contestaci\u00f3n escolar sigue siendo fr\u00e1gil y caprichosa, sin residuos profundos en la personalidad. Gran parte de los \u00abdesilusionados de la contestaci\u00f3n\u00bb (que las encuestas demuestran ser muchos) son probablemente \u00abinnovadores fracasados\u00bb, que agotaron su carga de motivaciones en su largo \u00abhablar de revoluci\u00f3n\u00bb, en sus sentadas de asambleas, pero sin salir nunca al encuentro de las duras realidades de la injusticia y del dolor, y sin participar en una acci\u00f3n \u00abpol\u00ed\u00adtica\u00bb concreta.<\/p>\n<p>Hay otros muchos indicios que confirman esta misma influencia del grupo o asociaci\u00f3n entre los j\u00f3venes de hoy. La participaci\u00f3n en asociaciones (sobre todo, pero no s\u00f3lo, espont\u00e1neas) est\u00e1 claramente relacionada con las orientaciones culturales m\u00e1s innovadoras, en el sentido, por ejemplo, de que esos participantes y asociaciones estar\u00ed\u00adan disponibles para una relaci\u00f3n m\u00e1s \u00abaut\u00e9ntica\u00bb (no egoc\u00e9ntrica ni instrumentalizante) y menos conflictiva con \u00abel otro\u00bb. Correlaci\u00f3n no significa, naturalmente, relaci\u00f3n causal directa; es posible que, en principio, se muestren m\u00e1s sensibles a ese encuentro asociativo otras personalidades orientadas ya en sentido solidario o por lo menos m\u00e1s abiertas socialmente, y que, por tanto, la integraci\u00f3n en el grupo act\u00fae s\u00f3lo para reforzar tendencias o rasgos ya estabilizados por influjo de otros factores. Pero es probable que la experiencia solidaria de la vida asociativa (sobre todo si tiene objetivos culturales, pol\u00ed\u00adticos o sociales, adem\u00e1s de \u00abexpresivos\u00bb) concurra a ofrecer a los j\u00f3venes \u00abparticipantes\u00bb el modelo nuevo de solidaridad que necesitan y al que se refieren \u00absiempre que las frustraciones les imponen la idea de una reestructuraci\u00f3n cultural\u00bb (F. Alberoni).<\/p>\n<p>La participaci\u00f3n asociativa se muestra especialmente importante para la reestructuraci\u00f3n del cuadro juvenil de valores en sentido innovador. La experiencia asociativa, sobre todo la que se hace en algunas asociaciones, ayuda a la formaci\u00f3n de un cuadro de valores del que no s\u00f3lo se han excluido ciertos valores predominantes en el sistema de valoraci\u00f3n de los adultos (se niegan a reducir el \u00abideal de vida\u00bb al poder, a la posesi\u00f3n, al placer), sino que tienden a conjugarse m\u00e1s arm\u00f3nicamente las exigencias de satisfacci\u00f3n psicol\u00f3gica (incluida la \u00abnormal\u00bb satisfacci\u00f3n de los instintos) con las exigencias de la m\u00e1s aut\u00e9nticaxsocialidad. La participaci\u00f3n asociativa parece tener el efecto caracter\u00ed\u00adstico de liberar de las escorias de un vulgar individualismo y particularismo, para abrir a los \u00abvalores dif\u00ed\u00adciles\u00bb de la autorrealizaci\u00f3n personal y de la solidaridad colectiva.<\/p>\n<p>7. LA EXPERIENCIA RELIGIOSA EN EL PROCESO DE NUEVA INCULTURACI\u00ed\u201cN &#8211; La interpretaci\u00f3n en clave psico-cultural de la condici\u00f3n juvenil no s\u00f3lo no excluye, sino que exige la referencia a la dimensi\u00f3n religiosa del comportamiento de los j\u00f3venes. La raigambre cristiano-cat\u00f3lica de los valores de nuestra cultura tradicional obliga a pensar que en la transformaci\u00f3n cultural que est\u00e1n viviendo los j\u00f3venes se hallan tambi\u00e9n implicados los elementos \u00abreligiosos\u00bb (en sentido amplio) de su personalidad de base y que, por consiguiente, el proceso de reinculturaci\u00f3n lleva tambi\u00e9n consigo necesariamente una reestructuraci\u00f3n de su sistema de valores, actitudes y comportamientos religiosos. Un proyecto de\u00bbformaci\u00f3n espiritual\u00bb adecuado a la situaci\u00f3n real de los j\u00f3venes deber\u00ed\u00ada tener muy en cuenta esta profunda implicaci\u00f3n de lo religioso en lo cultural.<\/p>\n<p>Las encuestas sobre la religiosidad de la juventud presentan datos de inter\u00e9s en este sentido&#8217;. Vamos a sintetizar esa religiosidad constatando algunos puntos que, al menos en todo el Occidente cristiano, tienen especial relevancia y pueden considerarse como un test de la misma:<\/p>\n<p>a) Fe en Dios. Las encuestas espa\u00f1olas anteriores a 1970 no se pon\u00ed\u00adan el problema del ate\u00ed\u00adsmo en la juventud, aunque respuestas indirectas manifestasen ya su existencia. La encuesta realizada en 1974 revelaba ya que un porcentaje del 6,5 por 100 se autoconfesaba no creyente, superando la media nacional (5 por 100). Los dudosos, en esta misma cuesti\u00f3n esencial, ascend\u00ed\u00adan al 12 por 100, superando tambi\u00e9n en bastante la media nacional (8,2 por 100).<\/p>\n<p>Significativa es tambi\u00e9n a este respecto la imagen concreta de Dios que predomina en los j\u00f3venes creyentes. Influyen en esa imagen el ambiente, la edad, el status econ\u00f3mico y el nivel de estudios. Ser\u00ed\u00ada esclarecedor poder estudiar todas estas variantes, convertidas en fuerzas de incidencia. Resultar\u00ed\u00ada, no obstante, un estudio especial. Nos tenemos que contentar con aducir la conclusi\u00f3n a que llegan los t\u00e9cnicos en sociolog\u00ed\u00ada: \u00abSolamente una tercera parte de los j\u00f3venes rurales asumen una mentalidad espec\u00ed\u00adficamente cristiana. Los actores juveniles menos cristianizados parecen coincidir con los socialmente no privilegiados. Aunque la mentalidad cosmovital incide en todos los sectores juveniles, aparece m\u00e1s vinculada a los socialmente privilegiados, que tambi\u00e9n lo son religiosamente -aunque quiz\u00e1 no cristianamente- por la atenci\u00f3n que se les suele prestar, al menos desde la perspectiva docente. En consecuencia. seg\u00fan este indicador de la mentalidad religiosa, la proporci\u00f3n de j\u00f3venes vivencialmente cat\u00f3licos parece ser bastante inferior a la mitad del grupo joven. Apoyamos la hip\u00f3tesis precedente en el hecho de que solamente una tercera parte de la juventud rural, juventud tradicionalmente m\u00e1s cat\u00f3lica que la de otros sectores, mantiene una mentalidad espec\u00ed\u00adficamente cristiana\u00bbP.nes en este punto son coincidentes entre los autores. Apoyados en suficientes datos de encuestas, se deduce una baja importante en la asistencia a la celebraci\u00f3n de la eucarist\u00ed\u00ada y a la comuni\u00f3n, aspectos importantes objetivamente en el cristianismo, y m\u00e1s a\u00fan, quiz\u00e1, en la conciencia normal de los cristianos. \u00abSeg\u00fan los datos aportados por la III Encuesta Nacional a la Juventud, el 23,2 por 100 no asiste nunca a las asambleas dominicales eucar\u00ed\u00adsticas; el 51,6 asiste ocasionalmente o con poca fijeza, y el 25,2 por 100 habitualmente. Estos resultados son obtenidos de encuestas por entrevistas, en las que normalmente se dan autocalificaciones que mejoran subjetivamente la conducta participativa, en este caso a una acci\u00f3n cultural\u00bb&#8216;. De ah\u00ed\u00ad la conclusi\u00f3n: \u00abLa disminuci\u00f3n notoria de la proporci\u00f3n de j\u00f3venes varones practicantes y fervientes, con el consiguiente aumento de los indiferentes, fundamenta seriamente el planteamiento de una hip\u00f3tesis: la juventud espa\u00f1ola actual se est\u00e1 alejando cada vez m\u00e1s de la pr\u00e1ctica religiosa. La afirmaci\u00f3n puede hacerse extensiva tambi\u00e9n a la juventud femenina por el inicial despegue verificado en estos \u00faltimos a\u00f1os hacia la homogeneizaci\u00f3n de valores y pautas en muchas de las otras \u00e1reas que hemos tenido ocasi\u00f3n de estudiar\u00bb.<\/p>\n<p>La frecuencia sacramental, centrada en la eucarist\u00ed\u00ada, puede ser m\u00e1s reveladora a\u00fan: \u00abEl cambio de las pautas que se verifica en lo relativo a la asistencia a misa parece presentarse todav\u00ed\u00ada m\u00e1s acelerado cuando de la frecuencia de la comuni\u00f3n se trata. Asumiendo como practicantes aquellos que, por lo menos. una vez al a\u00f1o comulgan, el descenso de esto de j\u00f3venes en el per\u00ed\u00adodo 1960-1970 ha sido notorio. Mientras que en 1960 el 79 por 100 de los varones y el 96 por 100 de las mujeres eran practicantes, en 1968 tan s\u00f3lo se contaban el 57 por 100 de los varones y el 86 por 100 de las mujeres\u00bb.<\/p>\n<p>c) Mediaci\u00f3n eclesial. Es quiz\u00e1 el aspecto en que m\u00e1s ha cambiado la juventud. Indiferencia y antijerarquismo parecen ser dos constantes de nuestros j\u00f3venes, con todo lo que ellas representan y encierran. Son dos actitudes que Progresivamente se han ido manifestando en la juventud occidental de forma a veces alarmante. La Conferencia Episcopal Francesa ha tomado conciencia de ello en un documento particularmente l\u00facido \u00c2\u00b0, y que todos los episcopados deber\u00ed\u00adan asumir como material de estudio y reflexi\u00f3n.<\/p>\n<p>En todas las naciones se va reflejando esa situaci\u00f3n. En Espa\u00f1a lo constataba el informe Foessa. Dec\u00ed\u00ada: \u00abSi la proporci\u00f3n de los espa9oles que obra &#8216;siempre o casi siempre como manda la Iglesia&#8217; es inferior a la mitad (44 por 100), el porcentaje correlativo a los j\u00f3venes es notablemente m\u00e1s bajo (37 por 100). Por otra parte, la proporci\u00f3n de j\u00f3venes que mantienen actitudes categorizables como indiferentes gira alrededor del 25 por 100. No incluimos en esta categor\u00ed\u00ada a aquellos j\u00f3venes `que alguna vez piensan en lo que manda la Iglesia, pero la mayor\u00ed\u00ada de las veces no y se quedan tranquilos&#8217; (32 por 100). que desde nuestro punto de vista pueden situarse en los umbrales de la indiferencia religiosa.<\/p>\n<p>Estos datos parecen brindar un panorama muy diferente al de los a\u00f1os 60: actualmente s\u00f3lo puede ser considerada como adherida a la Iglesia una porci\u00f3n ligeramente superior a una tercera parte de los j\u00f3venes y. sin embargo, una cuarta parte se autoconsidera claramente indiferente, y casi otra tercera parte se sit\u00faa muy pr\u00f3xima a la indiferencia. En consecuencia, la actitud preponderantemente vigente entre los j\u00f3venes hacia la Iglesia parece ser la indiferencia\u00bb&#8216;.<\/p>\n<p>En cuanto al antijerarquismo, el informe recoge este juicio de S\u00e1nchez Ter\u00e1n, positivamente valorado en m\u00faltiples estudios sobre el tema: \u00abSe puede hablar, y creo que esto, por desgracia, presenta caracteres graves, de un creciente antijerarquismo en la juventud espa\u00f1ola entendido como una oposici\u00f3n no ya tanto a las personas concretas, sino al conjunto de las estructuras del gobierno de la Iglesia, que algunas veces se personifican en los obispos\u00bb.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n en Espa\u00f1a, como en otros lugares, hay una declarada preferencia, y cada vez m\u00e1s acentuada, por enrolarse los j\u00f3venes en los grupos informales con preferencia a los grupos institucionales\u00c2\u00b0. Es \u00e9sta una de las actuales v\u00ed\u00adas de escape, que manifiesta, por una parte, la desconfianza en las instituciones (antijerarquismo del que hemos hablado), pero, por otra, habla claramente de la necesidad de un grupismo o comunitarismo que puede redespertar y acompa\u00f1ar la religiosidad de los j\u00f3venes.<\/p>\n<p>Al terminar esta breve descripci\u00f3n de algunos aspectos de la religiosidad de nuestra juventud, hemos querido insistir en ciertas constantes que a\u00fan hoy d\u00ed\u00ada son significativas. Fiemos querido tambi\u00e9n apuntar a ese nuevo camino que se ha abierto en los \u00faltimos a\u00f1os: los grupos. La conclusi\u00f3n puede ser que hay una religiosidad que pr\u00e1cticamente ha muerto, la religiosidad tradicional, tanto en los elementos de referencia como en la concepci\u00f3n de los mismos.<\/p>\n<p>Los nuevos grupos han tomado direcciones fuertemente diferenciadas entre s\u00ed\u00ad, mirando a posturas con frecuencia extremistas, muy propias de la juventud. Entre los j\u00f3venes que apuntan a vivir una religiosidad fuertemente comprometida y los j\u00f3venes que buscan una nueva huida de la sociedad ampar\u00e1ndose en movimientos de tipo orientalista, apenas hay intermedio. Ser\u00ed\u00ada muy dif\u00ed\u00adcil deducir con datos suficientes cu\u00e1l de esos dos extremos est\u00e1 acaparando m\u00e1s la atenci\u00f3n religiosa de la juventud. Todav\u00ed\u00ada no disponemos de esos datos. Lo cierto es que la religiosidad renace en formas nuevas y que otros son los ambientes y culturas -despertadas en la pol\u00ed\u00adtica, la teolog\u00ed\u00ada y el trasiego viajero de maestros orientales y turistas- en los que la juventud se juega su porvenir inmediato en el campo de la religiosidad. Tanto un extremo como el otro son muy diferentes del ambiente tradicional. Ser\u00ed\u00ada dif\u00ed\u00adcil decir qu\u00e9 es peor, aunque tampoco puede aventurarse que no sea arriesgado.<\/p>\n<p>8. VARIEDAD DE \u00abESPIRITUALIDADES\u00bb JUVENILES &#8211; En el fluir de la lenta \u00abcorriente cultural\u00bb (la \u00abrevoluci\u00f3n silenciosa\u00bb de R. Inglehart) parecen participar casi todos los j\u00f3venes, aunque muchas veces sin una clara conciencia de la direcci\u00f3n del flujo de la transici\u00f3n: \u00abToda la juventud se encuentra en estado de emigraci\u00f3n; incluso los que no se van cambian de pa\u00ed\u00ads cultural y, por tanto, de personalidad\u00bb (P. G. Grasso). Sin embargo, las soluciones de comportamiento de este cambio cultural no son homog\u00e9neas. La fenomenolog\u00ed\u00ada de las conductas juveniles se muestra muy variada y hasta contradictoria en muchas ocasiones.<\/p>\n<p>Al proponer el esquema de tipolog\u00ed\u00ada juvenil se ha formulado la hip\u00f3tesis de una multiplicidad de modelos de comportamiento relacionados con una pluralidad de tipos psicol\u00f3gicos y de posiciones culturales. El an\u00e1lisis, aunque meramente emp\u00ed\u00adrico, de las diversas expresiones actuales de vida de los j\u00f3venes pone de relieve una variedad de respuestas de comportamiento a las condiciones objetivas y subjetivas en que est\u00e1n implicados. La utop\u00ed\u00ada humanista y solidaria que ha inspirado la gran aventura de la contestaci\u00f3n juvenil, no pod\u00ed\u00ada menos de provocar resistencias en el sistema socio-cultural dominante y sentimientos de culpabilidad en los mismos j\u00f3venes que \u00abosaron\u00bb romper la conformidad cultural y suscitar la crisis de las relaciones de lealtad con las instituciones psicol\u00f3gicamente centrales (la familia, la escuela, el estado, la Iglesia).<\/p>\n<p>De aqu\u00ed\u00ad el llamado \u00abreflujo de la contestaci\u00f3n\u00bb (o la renuncia juvenil a la acci\u00f3n indicadora o contestataria), que puede explicarse como resistencia del sistema (por tanto, en clave pol\u00ed\u00adtica), pero tambi\u00e9n como un \u00abdrama psico-cultural\u00bb; gran parte de los j\u00f3venes habr\u00ed\u00ada \u00abcedido\u00bb por incapacidad para soportar la situaci\u00f3n psicol\u00f3gica de inseguridad y de aislamiento consiguiente a la ruptura de la solidaridad de base, y el sentimiento de culpa consiguiente a la re-pulsa de la tradici\u00f3n cultural (repulsa vivida como \u00abtraici\u00f3n al padre\u00bb y \u00ababandono de la protecci\u00f3n afectiva de la madre\u00bb). Ante la negativa opuesta por la sociedad adulta a favorecer coherentemente la institucionalizaci\u00f3n de los nuevos valores, a falta de s\u00f3lidos apoyos de asociaciones aut\u00f3nomas, sin vinculaciones ideol\u00f3gicas y organizativas seguras con otros grupos de \u00abmarginales\u00bb y \u00abexcluidos\u00bb, muchos de los j\u00f3venes contestatarios (quiz\u00e1 la mayor parte de la poblaci\u00f3n estudiantil) se han sentido \u00abperdidos\u00bb y han preferido volver a la \u00abcasa del padre\u00bb y a la seguridad del \u00abseno materno\u00bb. Esto no significa necesariamente un retorno a las ideas del pasado, una renuncia pura y simple a la utop\u00ed\u00ada, sino m\u00e1s bien una ca\u00ed\u00adda del impulso a la acci\u00f3n coherente para \u00abrealizar la utop\u00ed\u00ada\u00bb, una situaci\u00f3n de armisticio con las instituciones del statu quo. Las consecuencias de esta situaci\u00f3n en el comportamiento son diversas: mientras que ciertos grupos juveniles que no han cedido al \u00abchantaje pol\u00ed\u00adtico-cultural\u00bb siguen en la lucha (incluso armada) por la afirmaci\u00f3n de los nuevos valores (en organizaciones aut\u00f3nomas o dentro de los partidos de masa), gran parte de los j\u00f3venes, despu\u00e9s de aislarse, se han \u00abacomodado\u00bb a las exigencias del sistema (que se han hecho a\u00fan m\u00e1s r\u00ed\u00adgidas por las dificultades coyunturales del subsistema econ\u00f3mico). De aqu\u00ed\u00ad el clima general de estancamiento social y de neoconformismo, de aprovechamiento a ultranza de las oportunidades ofrecidas por la \u00abcivilizaci\u00f3n del consumo\u00bb, de regresi\u00f3n a conductas predatorias&#8230;<\/p>\n<p>Signo de esta degeneraci\u00f3n social creciente son sobre todo los comportamientos desviados (la droga, la criminalidad, la violencia en las relaciones interpersonales, la falsa permisividad sexual&#8230;) con algunos intentos, m\u00e1s o menos programados, de legitimidad de las \u00abdesviaciones\u00bb en t\u00e9rminos subculturales.<\/p>\n<p>Los mecanismos defensivos empleados, incluso a nivel juvenil, para evitar las consecuencias de las frustraciones de la vida, a falta de un cuadro de valores religiosos y sin la ayuda de los medios sacramentales, son muchas veces de naturaleza reactiva y compensadora: provocan m\u00e1s bien respuestas de evasi\u00f3n o socialmente improductivas, cuando no destructivas. Por ejemplo, la difusi\u00f3n impresionante de la droga entre los j\u00f3venes estudiantes es frecuentemente s\u00ed\u00adntoma de un \u00abvac\u00ed\u00ado de valores y de intereses\u00bb que denuncia graves carencias educativas; pero puede ser tambi\u00e9n una b\u00fasqueda de experiencias no usuales, de conocimientos sensoriales e intelectuales m\u00e1s refinados y hasta sed de exaltaciones \u00abm\u00ed\u00adsticas\u00bb (en sujetos muy dotados mentalmente y privados de experiencias religiosas normales plenamente satisfactorias).<\/p>\n<p>La tendencia al misticismo parece ser un rasgo dominante de muchos j\u00f3venes (sobre todo de origen socio-cultural superior). El pulular de movimientos juveniles misticoides, de orientaci\u00f3n irracionalista y esot\u00e9rica, es una prueba m\u00e1s de esta orientaci\u00f3n \u00abespiritual\u00bb. Baste citar, por ejemplo, el \u00abJesus movement\u00bb, que se difundi\u00f3 sobre todo en el mundo anglosaj\u00f3n a comienzos de los a\u00f1os 70 y que comprende grupos muy dispares, pero orientados todos ellos a huir de las tentaciones del sexo y de la droga mediante la polarizaci\u00f3n afectiva en la figura \u00abcomprometida\u00bb de Cristo (a diferencia de otros grupos que se inspiran en el mundo m\u00e1s \u00abpasivo\u00bb de las religiones orientales). Dejando aparte el hecho de que esta \u00abJesus revolution\u00bb se instrumentaliz\u00f3 muy pronto en provecho de fines comerciales (recu\u00e9rdese la explotaci\u00f3n del espect\u00e1culo Jesus Christ Superstar), se puede reconocer que el fen\u00f3meno de los \u00abJesus people\u00bb -como antes el de los beatniks y el de los hippies- es signo de una necesidad, socialmente reforzada, de experiencia religiosa, y en particular m\u00ed\u00adstica, que parece haberse difundido tambi\u00e9n en el mundo juvenil cat\u00f3lico, como lo demuestra el eco que ha encontrado en \u00e9l el movimiento pentecostal [>Carism\u00e1ticos].<\/p>\n<p>La difusi\u00f3n en los pa\u00ed\u00adses industrializados de estos y de otros fen\u00f3menos pararreligiosos (como el ocultismo, la magia blanca, la religi\u00f3n astral, el espiritismo&#8230;) plantea una serie de problemas en relaci\u00f3n con las condiciones suscitadas por el progreso tecnol\u00f3gico y con la situaci\u00f3n de las religiones-de-iglesia; se puede pensar entonces que la racionalizaci\u00f3n exasperada de las sociedades urbano-industriales y la burocratizaci\u00f3n de las organizaciones religiosas son factores que facilitan por lo menos la explosi\u00f3n -en el sentido de la \u00absuper-compensaci\u00f3n\u00bb de Adler- del irracionalismo religioso y pararreligioso.<\/p>\n<p>Los j\u00f3venes, actualmente mejor equipados a nivel intelectual, deber\u00ed\u00adan saber reaccionar contra la fascinaci\u00f3n de la exaltaci\u00f3n misticoide. Pero tendr\u00e1n que encontrar en las iglesias no s\u00f3lo una ayuda m\u00e1s inteligente para consolidar racionalmente sus convicciones de fe, sino tambi\u00e9n el calor de un encuentro comunitario (que se haga juvenilmente festivo mediante la aportaci\u00f3n de medios expresivos atrayentes, como la m\u00fasica y el debate democr\u00e1tico), en donde encuentre su satisfacci\u00f3n la necesidad \u00abinnata\u00bb de experiencia religiosa y al mismo tiempo social.<\/p>\n<p>P. G. Grasso<br \/>\nII. Experiencias espirituales<br \/>\nPREMISA &#8211; Los j\u00f3venes de hoy viven la experiencia madurativa de un mundo en cambio. Insertos en la llamada socio-cultura de la racionalizaci\u00f3n, del pluralismo y de la secularizaci\u00f3n, padecen y estimulan a la vez la din\u00e1mica del cambio individual, social y cultural, a trav\u00e9s de la cual intentan vislumbrar los horizontes del \u00abmundo nuevo\u00bb y del \u00abhombre nuevo\u00bb que ans\u00ed\u00adan. Por esto luchan y sufren, trabajan y esperan, estudian y rezan. Por esto buscan, sirven y crecen. Pero \u00bfcu\u00e1les son las luces y las sombras de su b\u00fasqueda, los surcos fecundos de su servicio, las condiciones concretas de su crecimiento?<br \/>\nLos j\u00f3venes son hijos de nuestro tiempo y reflejan con agudeza y fidelidad sus virtudes y sus defectos, sus anhelos y sus desilusiones, sus esperanzas y sus angustias, sus certezas y sus perplejidades, aun cuando bajo ciertos aspectos representan la denuncia contestataria de sus l\u00ed\u00admites. Se han dado cuenta -sobre todo en los \u00faltimos diez a\u00f1os- de que el nuestro es un tiempo de paradojas: amor\/violencia, participaci\u00f3n\/marginaci\u00f3n, verdad\/confusi\u00f3n, gozo\/dolor, liberaci\u00f3n\/masificaci\u00f3n; un tiempo en el que el riesgo ha sustituido al hero\u00ed\u00adsmo, el \u00e9xito ha sido computado como victoria, el inter\u00e9s econ\u00f3mico ha ocupado el puesto de la grandeza moral, el hedonismo ha reemplazado al amor, las opiniones de moda se han arrogado la funci\u00f3n de la verdad. Por eso desean tener experiencias de ello de una forma consciente, o sea, conocer y juzgar para actuar luego: leer nuestro tiempo, valorar situaciones, personas, acontecimientos, relaciones, instituciones, y obrar, hacer, cambiar; por eso se muestran especialmente sensibles para captar las causas m\u00e1s macrosc\u00f3picas del cambio, para se\u00f1alar sus problem\u00e1ticas y para descubrir sus consecuencias. En particular, parecen intentar la experiencia de las alienaciones y posibilidades de algunos fen\u00f3menos contempor\u00e1neos: la racionalizaci\u00f3n, el pluralismo, la secularizaci\u00f3n.<\/p>\n<p>1. LA EXPERIENCIA DE LA RACIONALIZACI\u00ed\u201cN &#8211; A medida que la sociedad se ha ido desarrollando en el aspecto tecnol\u00f3gico y burocr\u00e1tico, esto es, con el progreso de la racionalizaci\u00f3n\u00bb, se han ido extendiendo como una mancha de aceite algunos fen\u00f3menos que han repercutido particularmente en las j\u00f3venes generaciones: el eficientismo, la desresponsabilizaci\u00f3n, el consumismo. Y los j\u00f3venes han experimentado frecuentemente sus consecuencias absorbiendo lentamente el esp\u00ed\u00adritu de la l\u00f3gica del tener, de la din\u00e1mica del arribismo, de la marginaci\u00f3n estructural, de la confusi\u00f3n de los valores. De ah\u00ed\u00ad han derivado desequilibrios, tensiones, soledad, frustraciones, tal como hab\u00ed\u00ada previsto ya, por otra parte, la sociedad racionalizada, que intentaba ofrecer falsos remedios, permitiendo y favoreciendo -primero ocultamente, pero luego de forma cada vez m\u00e1s manifiesta- el uso de medios liberadores y gratificantes como la droga, la evasi\u00f3n, la violencia y el misticismo. El consenso sobre la eficacia de estos medios, sostenido por la adhesi\u00f3n conformista a esos comportamientos y por la adquisici\u00f3n y participaci\u00f3n en esas actitudes, se ha convertido muchas veces en el terreno com\u00fan donde los j\u00f3venes se encuentran, se abren a los dem\u00e1s, se reconocen mutuamente y se apoyan.<\/p>\n<p>A pesar de ello, ciertos n\u00facleos de j\u00f3venes han sabido romper los duros v\u00ed\u00adnculos de este conformismo para valorar algunos puntos positivos de la sociedad racionalizada, luchando contra los pseudovalores que \u00e9sta defiende y promueve, y comprometi\u00e9ndose en concreto a construir una sociedad alternativa centrada en el hombre y al servicio de \u00e9l. Son ya un hecho ciertos grupos, asociaciones, movimientos -pol\u00ed\u00adticos, sociales, religiosos, recreativos- desarrollados en estos \u00faltimos a\u00f1os, creados por y para los j\u00f3venes a fin de realizar algunas de sus exigencias m\u00e1s urgentes: seguridad y corresponsabilidad contra el eficientismo; participaci\u00f3n socio-pol\u00ed\u00adtica y solidaridad contra la desresponsabilizaci\u00f3n; verificaci\u00f3n y afirmaci\u00f3n de los valores perennes contra el consumismo. Estas exigencias, si por un lado han nacido en un clima de cr\u00ed\u00adtica y de repulsa de la sociedad racionalizada y son un \u00ed\u00adndice de las carencias de la socializaci\u00f3n familiar, escolar o eclesial, por otro lado son m\u00e1s bien un signo de madurez de los j\u00f3venes de hoy, ya que expresan una orientaci\u00f3n y una tensi\u00f3n hacia valores m\u00e1s altos del hombre y hacia unas actitudes de las cuales y para las cuales vivir12. Por eso hay que acogerlas y valorarlas en funci\u00f3n de un crecimiento integral y arm\u00f3nico de los j\u00f3venes; se trata de valores, unos valores con los que los j\u00f3venes juzgan y critican el mundo de los adultos\u00bb.<\/p>\n<p>En este contexto, resulta de suma importancia \u00ab(preparar al joven) para un recto uso de la racionalidad sustancial en contraposici\u00f3n y como correctivo del abuso tan generalizado de la racionalidad puramente instrumentar\u00bb; esta preparaci\u00f3n lleva consigo la toma de conciencia de los numerosos condicionamientos socio-culturales a los que est\u00e1 sujeto el joven, que tienden a quebrantar su libertad, y un proceso intencional de \u00abeducaci\u00f3n para la cr\u00ed\u00adtica\u00bb&#8230; orientada y anclada concretamente en una experiencia cotidiana de los hechos vividos, juzgados y valorados\u00bb 1\u00c2\u00b0, y esto no s\u00f3lo en un macronivel (la Iglesia, el partido, la f\u00e1brica), sino tambi\u00e9n en un micronivel (la familia, la escuela). Efectivamente, s\u00f3lo en la experiencia concreta y cotidiana palpa el joven su capacidad y sus posibilidades efectivas, asume gradual y conscientemente su responsabilidad, aprende a compartir y a ser corresponsable, experimenta la fuerza de las dificultades, confronta y criba sus ideas mediante la reflexi\u00f3n y el di\u00e1logo. Mas para que esto suceda, es urgente \u00abun repensamiento de los contenidos de la educaci\u00f3n intelectual, social, pol\u00ed\u00adtica y sindical, sobre la necesidad de capacitar para moverse en una sociedad que adquiere cada vez m\u00e1s las caracter\u00ed\u00adsticas de una m\u00e1quina constrictiva y represiva, capaz de suprimir radicalmente la tendencia a usar de la raz\u00f3n con vistas a las opciones fundamentales de la vida&#8217;.<\/p>\n<p>2. LA EXPERIENCIA DEL PLURALISMO &#8211; La sociedad pluralista actual, esto es, la sociedad que protege el pluralismo como un valor que genera un r\u00e9gimen de competitividad cultural, plantea a los j\u00f3venes problemas y posibilidades nada indiferentes&#8217;. Los j\u00f3venes exigen independencia frente a tradiciones, normas, instituciones y autoridades de todo tipo, a fin de realizar la experiencia de la permisividad y de la anom\u00ed\u00ada. Aceptan acr\u00ed\u00adticamente esa permisividad, justific\u00e1ndose con la afirmaci\u00f3n de que la inhibici\u00f3n social y cultural modifica estructuralmente al hombre, haciendo que act\u00fae, sienta y piense en contra de su inter\u00e9s natural. En nombre de la autonom\u00ed\u00ada anulan entonces todos los v\u00ed\u00adnculos y todos los frenos; la pornograf\u00ed\u00ada, la droga, el sexo se convierten en medios socialmente aceptados -al menos en sectores bastante amplios de j\u00f3venes- para encontrarse y comunicarse entre s\u00ed\u00ad. En efecto, una vez admitido el principio de la libertad absoluta, ya no es posible trazar los l\u00ed\u00admites entre lo l\u00ed\u00adcito y lo il\u00ed\u00adcito, lo bueno y lo malo, el valor y el antivalor. \u00abSi se nos ofrecen todos los placeres del mundo, dicen los j\u00f3venes, \u00bfpor qu\u00e9 no ir gust\u00e1ndolos uno tras otro?: \u00bfpor qu\u00e9 no probar esos comportamientos distintos, cuyo lujoso prestigio pregonan los medios de comunicaci\u00f3n?; \u00bfpor qu\u00e9 no probar la droga, si nos trae una nueva experiencia?\u00bb.<\/p>\n<p>No se buscan ya las normas en correspondencia con los valores absolutos, y ni unas ni otros se atienen a la realidad total y a las necesidades concretas de los j\u00f3venes. De ah\u00ed\u00ad se sigue un estado de anom\u00ed\u00ada que, al no estar a\u00fan la personalidad juvenil organizada establemente en torno a un sistema de valores, de metas y de expectativas, crea en los j\u00f3venes una insatisfacci\u00f3n y una inseguridad contra las que reaccionan, bien margin\u00e1ndose de la sociedad (hippies), bien rebel\u00e1ndose violentamente contra ella (grupos subversivos).<\/p>\n<p>Todo esto no les quita a los j\u00f3venes la posibilidad de observar en ese terreno pluralista tan ca\u00f3tico ciertas semillas fecundas que podr\u00ed\u00adan hacer germinar la sociedad nueva para el hombre nuevo. Descubren, por ejemplo, la necesidad urgente de volver a lo esencial, de adue\u00f1arse de s\u00ed\u00ad mismos, de encontrar un sentido profundo a la existencia, de abrirse a una esperanza que trascienda las necesidades inmediatas y la vulgaridad de lo cotidiano, de exigir la preeminencia de los valores sobre las estructuras. Llegan incluso a vislumbrar que es precisamente la sociedad pluralista -frente a la sociedad ideol\u00f3gicamente homog\u00e9nea- la que ofrece mayores garant\u00ed\u00adas a la libertad de conciencia, provoca un amplio florecimiento de ideas, ofrece est\u00ed\u00adr, ,los al pensamiento y a la investigaci\u00f3n, abre el camino a la colaboraci\u00f3n, favorece la solidaridad, la concordia, el respeto mutuo. La misma experiencia religiosa se ve en parte estimulada por el pluralismo, por el impulso que \u00e9ste ofrece a la libertad de conciencia, haciendo m\u00e1s coherente y responsable la adhesi\u00f3n a la religi\u00f3n. El joven, una vez que ha escogido vivir su fe, se da cuenta de que necesita una mayor interiorizaci\u00f3n de los valores religiosos y una fuerte y profunda convicci\u00f3n personal para dar al mensaje evang\u00e9lico el puesto central que le corresponde.<\/p>\n<p>De aqu\u00ed\u00ad surge la necesidad de educar a los j\u00f3venes en el culto a la verdad y en la claridad de ideas, para prepararlos a discernir, a recuperar categor\u00ed\u00adas de juicio fundamentadas y cr\u00ed\u00adticamente cribadas, para hacer frente a la relativizaci\u00f3n creciente1e y purificar las vivencias juveniles de toda efervescencia m\u00ed\u00adtica no constructiva. S\u00f3lo as\u00ed\u00ad la generaci\u00f3n joven se convertir\u00e1 realmente en fermento que impulse a la sociedad a darse un orden m\u00e1s unitario y estimular\u00e1 a la humanidad a buscar los caracteres universales que hagan posible el camino hacia la unidad y la fraternidad, de manera que, ante todo, el hombre se vea libre de lo que le impide ser feliz. S\u00f3lo as\u00ed\u00ad se crear\u00e1 la urgencia de realizarse en la aut\u00e9ntica libertad, entendida como capacidad de autodeterminaci\u00f3n derivada de la raz\u00f3n, que nos hace jueces y responsables de nuestras propias acciones y nos lleva a vivir en la conciencia y en el dominio de nosotros mismos y en el respeto a los valores objetivos.<\/p>\n<p>3. LA EXPERIENCIA DE LA SECULARIZACI\u00ed\u201cN &#8211; Teniendo en cuenta todo lo que se dijo en la primera parte de este art\u00ed\u00adculo sobre la vida espiritual juvenil -entendida como la traducci\u00f3n al comportamiento de ciertas orientaciones de valor sacadas de ciertos grupos de pertenencia y de referencia- y ante algunas experiencias juveniles en la sociedad pluralista y racionalizada de hoy, entramos ahora en la parte viva del problema de la secularizaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Las incidencias de la sociedad secularizada en los j\u00f3venes tienen que analizarse a partir de una interpretaci\u00f3n del hecho de la secularizaci\u00f3n lo m\u00e1s correcta y realista que sea posible. Esa interpretaci\u00f3n subraya el hecho de que la religi\u00f3n cat\u00f3lica va perdiendo importancia a nivel social e individual, que ciertos sectores de la sociedad y de la cultura se apartan de la Iglesia, que existe cierta crisis de las conciencias, etc\u00e9tera; pero destaca igualmente que el catolicismo, al no ser totalmente dependiente de la sociedad, no est\u00e1 obligado a seguir la secularizaci\u00f3n unidireccional e irreversible que sigue la sociedad. El catolicismo tiene en s\u00ed\u00ad mismo una vitalidad que le viene del mensaje que intenta ofrecer al mundo y que condiciona en gran parte su modo de ser en la sociedad. Es el mensaje, la autocomprensi\u00f3n de este mensaje, lo que confiere al catolicismo una vitalidad, una continuidad y una creatividad (de la que son signos evidentes el Vat. II y el decenio postconciliar) en cierto sentido independientes de la socio-cultura en que est\u00e1 inscrito, aun cuando esa vitalidad no lo libre de crisis internas y externas20. En esta situaci\u00f3n de \u00abvitalidad-secularizaci\u00f3n\u00bb los j\u00f3venes se encuentran ante el doble problema de la adhesi\u00f3n\/repulsa de las verdades y valores que propone la fe cristiana y de la adhesi\u00f3n\/repulsa de la Iglesia que anuncia y garantiza esas verdades. Los dos problemas son importantes, aunque a niveles distintos (tanto cualitativa como cuantitativamente): el primero es signo de la situaci\u00f3n de transici\u00f3n de los valores que preocupa a los j\u00f3venes de hoy (secularizaci\u00f3n de la conciencia)21; el segundo es expresi\u00f3n de la crisis de pertenencia, de la contestaci\u00f3ninstitucional, de la tendencia a elegir y construir religiones \u00abprivadas\u00bb o \u00abinvisibles\u00bb (secularizaci\u00f3n socio-cultural)\u00bb.<\/p>\n<p>La secularizaci\u00f3n socio-cultural afecta profundamente, de una u otra manera, a todos los j\u00f3venes; la secularizaci\u00f3n de la conciencia, por el contrario, repercute m\u00e1s -al menos por ahora- en ciertos grupos restringidos y se expresa -seg\u00fan el modo de percibir la secularizaci\u00f3n de la religi\u00f3n en si misma o en relaci\u00f3n con su inserci\u00f3n social- en las dos categor\u00ed\u00adas extremas del \u00abdisenso\u00bb o del \u00abcompromiso\u00bb. La presi\u00f3n cada vez m\u00e1s urgente de estas dos categor\u00ed\u00adas sobre la masa de los j\u00f3venes nos obliga a se\u00f1alar algunas implicaciones que dan la clave interpretativa de las experiencias religiosas del joven disidente y comprometido y las dos lineas tendenciales hacia las que se han ido orientando los j\u00f3venes de los a\u00f1os 70.<\/p>\n<p>a) La experiencia del disidente. Las experiencias del \u00abdisenso\u00bb, propias de los grupos juveniles que aceptan las teor\u00ed\u00adas de la inutilidad o de la muerte de la religi\u00f3n sin m\u00e1s, presentan una multiplicidad de expresiones que van desde la oposici\u00f3n indiscriminada y abierta a la Iglesia hasta la corrosi\u00f3n subterr\u00e1nea de los valores religiosos. Las experiencias m\u00e1s corrientes del \u00abdisenso\u00bb son las de los j\u00f3venes que, en su intento de valorizar algunas propuestas de la sociedad racionalizada y pluralista o de llevar a cabo un compromiso con las ideolog\u00ed\u00adas ateas de que est\u00e1 informada la cultura contempor\u00e1nea, llegan a considerar los valores socio-econ\u00f3micos como el par\u00e1metro de la moralidad y. consiguientemente, confunden la moral con la eficacia, el bien con la utilidad y el \u00e9xito, sosteniendo incluso a veces que es la praxis social la que define lo que es verdadero y falso. De esta manera apoyan, de una forma acr\u00ed\u00adtica, el establecimiento de una moral atea, materialista, de origen marxiano y marcusiano, que intenta sustituir a la moral te\u00ed\u00adsta, que, seg\u00fan ellos, aliena al hombre. Siguiendo por este camino, aceptan las teor\u00ed\u00adas que reducen la \u00abtrascendencia\u00bb a lo humano, a la sociedad futura por construir y atacan violentamente toda instalaci\u00f3n conformista y tranquilizante en unas estructuras socio-culturales que frenan el compromiso concreto de construcci\u00f3n de la historia, esto es, usando la terminolog\u00ed\u00ada de E. Bloch, rechazan la falta de compromiso por la utop\u00ed\u00ada concreta. Esta experiencia es propia de los j\u00f3venesque, al abrirse a la realidad y al descubrir los graves problemas que afligen al mundo, consideran la construcci\u00f3n de un futuro mejor, de un mundo m\u00e1s humano, como el ideal capaz de comprometer toda su existencia.<\/p>\n<p>Otros j\u00f3venes, por el contrario, se convierten en paladines de un \u00abcristianismo horizontal\u00bb, reduciendo la religi\u00f3n al compromiso en las realidades terrenas, al servicio de los dem\u00e1s. El mandamiento de la &#8212;.-caridad con el pr\u00f3jimo adquiere de este modo la primac\u00ed\u00ada exclusiva, pero s\u00f3lo para la b\u00fasqueda de una solidaridad cuyo fundamento es puramente social, sin una perspectiva de fe. Como muy bien se\u00f1ala A. Gehlen a prop\u00f3sito de la situaci\u00f3n actual de la Iglesia, el compromiso social sustituye a los grandes temas tradicionales de la salvaci\u00f3n: la cruz, la redenci\u00f3n, la gracia24. Tambi\u00e9n esta toma de posici\u00f3n radical es signo de un modo t\u00ed\u00adpicamente juvenil de situarse ante los valores, esto es, la absolutizaci\u00f3n y la mitificaci\u00f3n. que acompa\u00f1an casi inevitablemente a la nueva situaci\u00f3n de los j\u00f3venes dentro de la sociedad actual.<\/p>\n<p>Otra tendencia que aparece en las filas del \u00abdisenso\u00bb es el compromiso por la realizaci\u00f3n individual. Este compromiso, si por un lado revela una gran preocupaci\u00f3n de promoci\u00f3n humana, por otro va acompa\u00f1ado de la repulsa total e indiscriminada de la ley moral objetiva, vista como limitaci\u00f3n de la libertad de decidir y de actuar. En esta situaci\u00f3n el joven tiende a identificar la religi\u00f3n con la b\u00fasqueda de la identidad personal\u00bb o -como dice E. Bloch- con la interiorizaci\u00f3n total de la trascendencia para tender continuamente hacia el \u00abno-sertodav\u00ed\u00ada\u00bb, llegando a experimentar como culpa la negativa a alcanzar la propia identidad, el no enfrentamiento con los riesgos que lleva consigo la realizaci\u00f3n personal, la rendici\u00f3n ante el individualismo y la rutina. Por eso reacciona en\u00e9rgicamente contra cualquier forma de alienaci\u00f3n que atente contra la identidad personal en el \u00e1mbito del trabajo, del consumo, de la escuela, del tiempo libre, de la informaci\u00f3n&#8230;, aunque se olvida la alienaci\u00f3n que sufre al rechazar a Dios y su acci\u00f3n salvadora. La b\u00fasqueda de realizaci\u00f3n personal, centrada casi exclusivamente en la autonom\u00ed\u00ada de pensamiento y de acci\u00f3n, impide de hecho a los j\u00f3venes aceptar el mensaje evang\u00e9lico como mensaje de salvaci\u00f3n. Entre otras cosas porque la salvaci\u00f3n que ellos buscan no es tanto una salvaci\u00f3n totalcuanto m\u00e1s bien una liberaci\u00f3n de los males de este mundo: el hambre, las enfermedades, las guerras, la injusticia, las condiciones de subdesarrollo, las discriminaciones raciales.<\/p>\n<p>b) La experiencia del comprometido. La experiencia del joven comprometido, rara todav\u00ed\u00ada en la sociedad actual por ser inc\u00f3moda, inteligente e inquietante, es propia de los j\u00f3venes que han advertido y experimentado, y quiz\u00e1 sufrido, el impacto de la socio-cultura en la religi\u00f3n cat\u00f3lica, pero que han sabido tambi\u00e9n intuir la vitalidad que le es propia y que se ha ido expresando -a partir sobre todo del Vat. II- en propuestas concretas en favor del hombre y de la sociedad. La experiencia de este impacto les ha hecho caer personalmente en la cuenta de que el mensaje cristiano es hoy m\u00e1s que nunca un mensaje escandaloso, que la masa rechaza o ignora por estar implicada en m\u00faltiples intereses secundarios e inmediatos, y pagan en su persona la opci\u00f3n de ser cristianos. Esta opci\u00f3n lleva consigo el compromiso cotidiano de anunciar el valor de cada uno de los hombres y su llamada a una salvaci\u00f3n ultraterrena, de denunciar con firmeza todos los condicionamientos que humillan la dignidad de la persona, de denunciar con realismo todo lo que impide al hombre vivir una experiencia humana, de contribuir personalmente a la superaci\u00f3n de los males que sufre la humanidad. Es una opci\u00f3n que no los aliena de la realidad, sino que los inserta en ella de una manera distinta de como lo hace el disenso, brind\u00e1ndoles la experiencia de la construcci\u00f3n de un mundo mejor, pero como colaboradores del Dios creador; de la solidaridad con los dem\u00e1s, pero como miembros vivos y responsables del pueblo peregrino de Dios; de la inserci\u00f3n en la historia, pero como historia de salvaci\u00f3n que, aunque tenga su pleno cumplimiento en la vida eterna, comienza ya en este mundo. Es una opci\u00f3n que, aunque no los inmuniza contra las numerosas complicaciones de la sociedad moderna, lejos de colocarlos en una actitud de rechazo del catolicismo, los capacita para dar el paso desde un cristianismo consuetudinario y pasivo a un cristianismo consciente y activo, desde un cristianismo t\u00ed\u00admido e inepto a un cristianismo decidido y militante, desde un cristianismo individual y separado a un cristianismo comunitario y asociado, desde un cristianismo indiferente e insensible a un cristianismo comprometido. Los capacita para reafirmar en su conciencia y para traducir en la vida la opci\u00f3n de Cristo, \u00fanica respuesta a todos los problemas del hombre y de la historia.<\/p>\n<p>Para vivir esta opci\u00f3n, le exigen a la Iglesia, con raz\u00f3n, que sea m\u00e1s abierta a los pobres, m\u00e1s responsabilizada en su destino, m\u00e1s fraternal, m\u00e1s sencilla, m\u00e1s democr\u00e1tica, m\u00e1s comprometida con el hombre, m\u00e1s sensible a lo nuevo, m\u00e1s animosa y optimista2&#8242;. Le piden a la Iglesia que les presente con coraje un tipo de experiencia por el que valga la pena arriesgar la vida, darlo todo. Entonces es cuando adquiere todo su relieve la afirmaci\u00f3n de que la religi\u00f3n \u00abresiste como factor de educaci\u00f3n de los j\u00f3venes de hoy s\u00f3lo cuando se palpa su esencial no extra\u00f1eza; mejor dicho, su adecuaci\u00f3n a las experiencias culturales, pol\u00ed\u00adticas, profesionales, familiares, sexuales y \u00e9ticas de los j\u00f3venes; en otras palabras, cuando puede percibirse como elemento esencial del proceso de liberaci\u00f3n y de promoci\u00f3n de la personalidad del individuo y de la sociedad\u00bb\u00bb.<\/p>\n<p>CONCLUSI\u00ed\u201cN &#8211; La panor\u00e1mica expuesta hasta aqu\u00ed\u00ad me mueve a formular una pregunta: \u00bfExiste alg\u00fan punto en com\u00fan entre comprometidos y disidentes, entre los dos extremos de una experiencia tan diversa? A mi juicio, lo que separa y acerca m\u00e1s a los dos polos de la desviaci\u00f3n juvenil es la llamada experiencia pol\u00ed\u00adtica, que disidentes y comprometidos dicen vivir. Esta experiencia se basa en un descubrimiento de la pol\u00ed\u00adtica, entendida como medio de inserci\u00f3n en la sociedad y como fuente de una nueva identidad juvenil; en la toma de conciencia de s\u00ed\u00ad mismo; en el deseo de una participaci\u00f3n m\u00e1s directa y responsable en la vida social; en la necesidad de reconfirmar algunos valores. En efecto, disidentes y comprometidos se disputan de forma latente o manifiesta el terreno sobre el cual construir la sociedad nueva, en el que comprometer su propia existencia para la realizaci\u00f3n de un proyecto humano y social que responda a las exigencias de igualdad, de libertad y de justicia. Y como este compromiso parte de la toma de conciencia de los problemas concretos de la sociedad y mira a la intervenci\u00f3n activa y decisoria en las opciones que \u00abcuentan\u00bb, la pol\u00ed\u00adtica se convierte en ambos casos en una respuesta privilegiada a la exigencia de renovaci\u00f3n social, en una soluci\u00f3n oportuna de los problemas que surgen, en una manera de forjar la propia identidad, viniendo as\u00ed\u00ad a equipararse con la religi\u00f3n, considerada por los soci\u00f3logos hasta ayer como el factor integrante por excelencia a nivel personal y social.<\/p>\n<p>En esta confrontaci\u00f3n entre religi\u00f3n y pol\u00ed\u00adtica se presenta tambi\u00e9n una doble toma de posici\u00f3n: los disidentes optan por un proyecto pol\u00ed\u00adtico rechazando la propuesta religiosa; los comprometidos descubren la autenticidad religiosa como base para un di\u00e1logo entre religi\u00f3n y pol\u00ed\u00adtica. La actuaci\u00f3n concreta de esta doble polaridad se\u00f1ala una clara inclinaci\u00f3n en favor del valor pol\u00ed\u00adtico, en el sentido de que tiende a convertirse en el valor central, en la instancia m\u00e1xima de la escala de valores, en el factor capaz de determinar una reorganizaci\u00f3n de la personalidad hasta convertirse en la base de un proceso propio y verdadero de resocializaci\u00f3n, en el filtro a trav\u00e9s del cual valorar la totalidad de la experiencia. Y todo esto con el riesgo que lleva consigo una valoraci\u00f3n unilateral de la pol\u00ed\u00adtica: dejar a los j\u00f3venes en un horizontalismo cerrado, ensanchando cada vez m\u00e1s el \u00e1rea de la disensi\u00f3n y haci\u00e9ndolos cada vez m\u00e1s incapaces de captar aquellas aperturas e innovaciones que trascienden la pura realidad de los acontecimientos.<\/p>\n<p>Una vez comprendido este peligro, pero descubierta al mismo tiempo la fecundidad del compromiso pol\u00ed\u00adtico y su no oposici\u00f3n al valor religioso (aunque una cosa sea el compromiso pol\u00ed\u00adtico y otra el modo con que puede vivirse de hecho, llegando incluso a oponerse al valor religioso), nace la exigencia de descubrir en esta experiencia aquellos valores que son condici\u00f3n para transformar la b\u00fasqueda y el servicio juvenil en un crecimiento individual y social. Estos valores son: el ansia radical de libertad frente a los condicionamientos del contexto socio-cultural; el aprecio de la autenticidad contra los convencionalismos; el sentido profundo de la dignidad de la persona humana contra la manipulaci\u00f3n y la esclavitud; la tendencia a la socialidad universal contra el individualismo; la b\u00fasqueda de un lugar concreto donde poder trabajar con un compromiso responsable contra el conformismo, el quietismo y los compromisos. Insistiendo en estos valores, el educador tiene que conducir a los j\u00f3venes a la adquisici\u00f3n y a la interiorizaci\u00f3n de los valores cristianos, de actitudes, modelos de pensamiento, comportamientos y funciones que poco a poco habr\u00e1n de convertirse en la fuente de su orientaci\u00f3n cognoscitiva y operativa. La jerarqu\u00ed\u00ada cristiana de los valores tiene que volver a adquirir el significado fundamental en las opciones juveniles; tiene que ser el filtro a trav\u00e9s del cual valorar toda la vida, el objetivo y el fundamento de toda b\u00fasqueda y de todo servicio. Mas para que se inicie y se lleve a cabo este proceso, hay que educar con la verdad y en la verdad, o sea, motivar a fondo a los j\u00f3venes para que disciernan la verdad (anuncio) y encarnen en la vida diaria las exigencias de la verdad que se propone (testimonio). Y todo esto ha de realizarse en la situaci\u00f3n concreta, o sea, la comunidad eclesial, la comunidad parroquial, el grupo de compromiso, entendidos como lugares de formaci\u00f3n de la conciencia a trav\u00e9s de la presencia y de la propuesta cr\u00ed\u00adtica de los valores; lugares en los que el joven se autoconstruye en la vivencia cotidiana a trav\u00e9s de una asimilaci\u00f3n al mismo tiempo vital y refleja (no una sin la otra) de los valores cristianos encarnados en las formas de participaci\u00f3n, de colegialidad, de libertad, de tolerancia, de corresponsabilidad y de di\u00e1logo promovidas por el Vat. II, en las que el joven puede realizar la experiencia madurativa de los valores perennes y de dimensiones nuevas cada vez m\u00e1s amplias del mandamiento de la caridad; lugares en que los adultos, con su animaci\u00f3n y su ejemplo expl\u00ed\u00adcitos, con la franca discusi\u00f3n y aceptaci\u00f3n de la aportaci\u00f3n de pensamiento y de acci\u00f3n de los j\u00f3venes, les ayuden a madurar y a asumir responsabilidades y empe\u00f1os, superando el riesgo siempre inminente de la mitificaci\u00f3n y de la absolutizaci\u00f3n; lugares en donde se lleve a cabo esa inversi\u00f3n de valores anunciada por Cristo y vivida por muchos cristianos de todos los rincones del mundo durante los \u00faltimos dos mil a\u00f1os: dichosos los que son pobres ante Dios&#8230;, dichosos los que no son violentos&#8230;, dichosos los que son de coraz\u00f3n limpio&#8230;, dichosos los que difunden la paz&#8230;<\/p>\n<p>E. Rosanna<br \/>\nBIBL.-AA. VV., Problemas de la juventud en el mundo actual, Centro de Estudios del Valle de los Caldos, Madrid 1971.-AA. VV., La formaci\u00f3n religiosa en los colegios de la Iglesia, ISPA, Madrid 1969.-AA. VV., Juventud y acci\u00f3n pastoral, Artegraf, Madrid 1965.-AA. VV., Los j\u00f3venes ante la fe, CC. Marianas, Madrid 1967.-AA. VV., Los j\u00f3venes y el sentido cristiano de la vida, Madrid 1975.-AA. VV., J\u00f3venes de esta Am\u00e9rica, La Habana 1978.-Castellvi, P, Psicolog\u00ed\u00ada del adolescente y del joven, Barcelona 1980.-D\u00ed\u00adaz, L. A, Los j\u00f3venes somos as\u00ed\u00ad, PPC, Madrid 1969.-ENS, Informe confidencial sobre la psicolog\u00ed\u00ada y el comportamiento espiritual de las j\u00f3venes en los colegios de religiosas, \u00abEl Diario de Avila\u00bb, Avila 1967.-Fullat Genis, O, La juventud actual: nuestro futuro, Nova Terra, Barcelona 1969.-G\u00f3mez P\u00e9rez, R, J\u00f3venes rebeldes (temores y esperanzas), Prensa Espa\u00f1ola, Madrid 1976.-Grachion, A, \u00bfCrisis de la juventud o la juventud en crisis? Acerca de la experiencia y las consecuencias de las manjestaciones juveniles y estudiantiles en Occidente, en los arios 60 y 70, Progreso, Mosc\u00fa 1980.-Izquierdo Moreno, C, Protesta y rebeld\u00ed\u00ada de la juventud actual, Mensajero, Bilbao 1979.-Laurie, P, La rebeli\u00f3n de la juventud, Fontanella, Barcelona 1969.-Ormezano, J, Juventud compartida, Guadarrama, Madrid 1972.-Riquier, M, La nueva moral de los j\u00f3venes de hoy, Sagitario, Barcelona 1975.-Vejar Cacave, C, Juventud y mundo nuevo. Colaboraci\u00f3n de generaciones, Jus, M\u00e9xico 1976.<\/p>\n<p>S. de Fiores &#8211; T. Goffi &#8211; Augusto Guerra, Nuevo Diccionario de Espiritualidad, Ediciones Paulinas, Madrid 1987<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario de Espiritualidad<\/b><\/p>\n<p>SUMARIO: I. An\u00e1lisis socio-cultural de la religiosidad juvenil &#8211; II. \u00bfQu\u00e9 liturgia ofrecer a los j\u00f3venes? Una pregunta planteada en t\u00e9rminos nuevos: 1. Principios generales tomados del Vat. II; 2. Primeras tentativas para una respuesta pastoral &#8211; III. Un di\u00e1logo dif\u00ed\u00adcil: t\u00e9rminos para un contraste: 1. Creatividad; 2. Fiesta; 3. Compromiso en la vida &#8211; IV. Hip\u00f3tesis para una educaci\u00f3n lit\u00fargica: l\u00ed\u00adneas metodol\u00f3gicas y pastorales: 1. Papel de la comunidad eclesial como sujeto y lugar de una liturgia \u00abjoven\u00bb 2. Manifestaci\u00f3n de la iglesia como \u00abasamblea\u00bb y recuperaci\u00f3n de todos sus valores lit\u00fargicos; 3. La presidencia lit\u00fargica.<\/p>\n<p>I. An\u00e1lisis socio-cultural de la religiosidad juvenil<br \/>\nEn los a\u00f1os siguientes al Vat. II, es decir, de 1965 en adelante, la iglesia cat\u00f3lica ha realizado la mayor -> reforma lit\u00fargica de su historia. Al observar esta obra de renovaci\u00f3n, encaminada tambi\u00e9n a la recuperaci\u00f3n de ciertos valores esenciales, es preciso evidenciar algunos que son sumamente importantes, como: a) el puesto central de Cristo y el primado del -> misterio pascual en todas las modalidades de oraci\u00f3n y de celebraciones lit\u00fargicas: -> domingo; -> a\u00f1o lit\u00fargico; -> sacramentos; -> liturgia de las Horas, como santificaci\u00f3n del tiempo y de la vida de cada d\u00ed\u00ada; b) la estructura dialogal de la nueva liturgia, que revela el car\u00e1cter t\u00ed\u00adpico de la oraci\u00f3n cristiana basada en la palabra de Dios. El Se\u00f1or abre el di\u00e1logo dirigi\u00e9ndonos su palabra; nosotros respondemos a su invitaci\u00f3n con la escucha, la alabanza, la acci\u00f3n de gracias, el ofrecimiento. Al mismo tiempo que se proced\u00ed\u00ada a esta obra de reforma lit\u00fargica, los creyentes se han visto invadidos por una profunda crisis acerca del significado de la oraci\u00f3n. Las se\u00f1ales m\u00e1s significativas de esta crisis han aflorado en la asamblea del Consejo ecum\u00e9nico de las iglesias, tenida en Uppsala en 1968, con los interrogantes sobre el problema de la -> oraci\u00f3n y del -> culto en nuestro tiempo. \u00bfPor qu\u00e9 orar? \u00bfPara qu\u00e9 sirve el culto? \u00bfQu\u00e9 importancia tiene la oraci\u00f3n? \u00bfNo pertenecen quiz\u00e1 la oraci\u00f3n y el culto a la infancia del hombre?<br \/>\nEntre este proceso de renovaci\u00f3n lit\u00fargica impulsado por el Vat. II y la crisis del significado del culto que se ha manifestado en estas \u00faltimas d\u00e9cadas, se coloca singularmente el problema juvenil y el nuevo acercamiento de los j\u00f3venes a la liturgia y a la oraci\u00f3n. En los j\u00f3venes encontramos la expresi\u00f3n m\u00e1s llamativa de los problemas m\u00e1s cruciales vividos por una \u00e9poca: ellos son los portadores de las nuevas demandas y de la necesidad de redescubrir desde el comienzo los motivos profundos que est\u00e1n en la base de la experiencia cristiana; adem\u00e1s, en estos \u00faltimos veinte a\u00f1os, con sus comportamientos, han puesto al descubierto las graves contradicciones de nuestra \u00e9poca, haci\u00e9ndolas estallar de forma tan improvisa como inesperada. El mismo an\u00e1lisis de la crisis religiosa de los j\u00f3venes (dada por descontada y no siempre adecuadamente analizada) presenta elementos de novedad y de contradictoriedad: es un fen\u00f3meno tan complejo y mudable, que se quedan en gran parte anticuadas muchas categor\u00ed\u00adas sociol\u00f3gicas que se usaron y se siguen usando para comprenderla.<\/p>\n<p>De la crisis religiosa de los j\u00f3venes parecen aflorar s\u00ed\u00adntomas de un cierto cambio de rumbo, en cuanto que manifiesta una rica fenomenolog\u00ed\u00ada de comportamientos individuales y colectivos que de varias maneras se remiten a un significado religioso.<\/p>\n<p>M\u00e1s all\u00e1 de un an\u00e1lisis que es m\u00e1s bien dif\u00ed\u00adcil- de la fenomenolog\u00ed\u00ada que expresa la demanda religiosa de los j\u00f3venes, es necesario tomar nota de algunos datos que son indicadores para la elaboraci\u00f3n de un proyecto educativo-pastoral en el que pueda encontrar positiva y constructivamente espacio tambi\u00e9n el tema j\u00f3venes y liturgia. Con otras palabras: la experiencia juvenil, le\u00ed\u00adda con una mirada de conjunto, deja entrever los signos de los tiempos o algunas semillas de vida que caracterizan la sensibilidad de las nuevas generaciones que van creciendo en nuestro tiempo.<\/p>\n<p>He aqu\u00ed\u00ad sint\u00e9ticamente un cuadro de valores o sensibilidades en que se mueve el proyecto de los j\u00f3venes para el futuro: a) el redescubrimiento del individuo como persona, el valor de las potencialidades de cada hombre y el respeto a las mismas, as\u00ed\u00ad como la importancia dada a la riqueza de las experiencias de los individuos; b) la comprensi\u00f3n de la pol\u00ed\u00adtica, no como fruto de una ideolog\u00ed\u00ada, sino como respuesta a las necesidades concretas del hombre; c) la consiguiente prosecuci\u00f3n de los grandes valores de la justicia y de la libertad, no de un modo abstracto, sino como traducibles en las necesidades reales del territorio y capaces de anclar en una historia viva de una comunidad; d) la concepci\u00f3n del trabajo como expresi\u00f3n del desarrollo del hombre, y no s\u00f3lo como medio de sustento; e) la responsabilidad y el compromiso personal como valores constantes, con cuyo cultivo se realizan los individuos al participar en la construcci\u00f3n de la historia y del futuro de la humanidad; f) la aceptaci\u00f3n, por parte de los j\u00f3venes, de las instituciones creativas, es decir, que no sean fin a s\u00ed\u00ad mismas ni tampoco fixistas y repetitivas, aunque procuren garantizar la continuidad; por tanto, estructuras e instituciones sociales y eclesiales que sepan liberar y no burocraticen la vida del hombre.<\/p>\n<p>Junto a estas semillas de vida, la condici\u00f3n juvenil presenta en su insistente demanda religiosa otros signos, que es preciso analizar: a) el desarrollo de una creciente \u00e1rea de religiosidad extraeclesial y de comportamientos no-religiosos altamente ritualizados; b) la tentativa de enlazar directamente la experiencia religiosa con la militancia pol\u00ed\u00adtica, cultural y social o, m\u00e1s generalmente, con los procesos hist\u00f3ricos; c) el renovado inter\u00e9s por la dimensi\u00f3n eclesial y la superaci\u00f3n de una apriorista disensi\u00f3n est\u00e9ril y fraccionadora; d) el abandono de una concepci\u00f3n cultural del compromiso religioso por una m\u00e1s precisa definici\u00f3n teor\u00e9tica del mismo en t\u00e9rminos de fe.<\/p>\n<p>Son, \u00e9stos, datos de un desarrollo todav\u00ed\u00ada por producirse, pero ya cargado de implicaciones para el presente. Se nota en ellos una nueva sensibilidad por la tem\u00e1tica religiosa: requieren, por tanto, una nueva reflexi\u00f3n general sobre las l\u00ed\u00adneas pastorales para una educaci\u00f3n de los j\u00f3venes en la fe y en la vida cristiana; en consecuencia, interpelan tambi\u00e9n sobre la educaci\u00f3n en la liturgia y sobre el significado que adquiere a los ojos de las nuevas generaciones.<\/p>\n<p>II. \u00bfQu\u00e9 liturgia ofrecer a los j\u00f3venes? Una pregunta planteada en t\u00e9rminos nuevos<br \/>\n1. PRINCIPIOS GENERALES TOMADOS DEL VAT. II. La pregunta acerca de si es pensable una liturgia adecuada para los j\u00f3venes forma parte de una interrogante m\u00e1s vasta, que no encontr\u00f3 eco particular en el Vat. II, cuya concepci\u00f3n de reforma lit\u00fargica planteaba la problem\u00e1tica de esta \u00faltima todav\u00ed\u00ada sobre la lengua latina (SC 36, 1.2). Junto al problema del texto, el posconcilio ha suscitado progresivamente el de la inteligibilidad de los textos y el de las f\u00f3rmulas lit\u00fargicas en lengua hablada; ha aflorado la exigencia de crear nuevos signos expresivos y de participaci\u00f3n en la vida lit\u00fargica de la comunidad que respondan mejor al dato cultural y est\u00e9n m\u00e1s cerca de los signos con que se expresa la vida cotidiana.<\/p>\n<p>Pero no obstante el escas\u00ed\u00adsimo relieve que nuestro tema tuvo en el concilio, gracias a la sensibilidad pastoral que caracteriz\u00f3 a la redacci\u00f3n de los documentos, podemos encontrar en estos \u00faltimos algunos g\u00e9rmenes positivos de soluci\u00f3n. El primer principio orientador es el de la participaci\u00f3n. La atenci\u00f3n pastoral no debe mostrarse sol\u00ed\u00adcita solamente por una perfecta observancia de las normas relativas a una celebraci\u00f3n v\u00e1lida y l\u00ed\u00adcita, sino que de modo particular debe preocuparse de que los fieles participen en ella conscientemente, de modo activo y fructuoso (SC 11). Esta participaci\u00f3n debe ser proporcionada a la edad, a la condici\u00f3n, al g\u00e9nero de vida y de cultura religiosa de los fieles (SC 19). Un segundo principio es el de la adaptabilidad de la liturgia. Palabra y rito est\u00e1n \u00ed\u00adntimamente relacionados en la liturgia; pero hay que adaptarlos a la capacidad de comprensi\u00f3n de los fieles, que, generalmente, no deben tener necesidad de excesivas explicaciones a lo largo del desarrollo de la celebraci\u00f3n (SC 34). Esto significa, para la reforma lit\u00fargica, bien la simplificaci\u00f3n de los ritos, de modo que resulten m\u00e1s esenciales, m\u00e1s claros; bien una reescritura de los textos lit\u00fargicos que tenga en cuenta las costumbres y la \u00ed\u00adndole de los diversos pueblos (SC 37 y 38); bien la concreta referencia a la comunidad reunida, de forma que, habida cuenta de la naturaleza y de las dem\u00e1s caracter\u00ed\u00adsticas de cada -> asamblea, se ordene toda la celebraci\u00f3n de modo que conduzca a los fieles a una participaci\u00f3n consciente, activa y plena, externa e interna, ardiente de fe, esperanza y caridad (OGMR, c. I, n. 3) \u00c2\u00b0 [-> Adaptaci\u00f3n].<\/p>\n<p>2. PRIMERAS TENTATIVAS PARA UNA RESPUESTA PASTORAL. No podemos ignorar que, por desgracia, en la pastoral juvenil el cap\u00ed\u00adtulo de la educaci\u00f3n lit\u00fargica nunca ha sido suficientemente desarrollado. Todo lo m\u00e1s se ha dejado a alguna afortunada improvisaci\u00f3n. No se encuentra una seria reflexi\u00f3n teol\u00f3gico-pedag\u00f3gica encaminada a elaborar un proyecto coherente de educaci\u00f3n lit\u00fargica de los j\u00f3venes. Hoy el silencio parece haber envuelto este tema pastoral. Hay una difusa impresi\u00f3n de cansancio y una necesidad de refugiarse en esquemas aprobados y de discreta aplicabilidad.<\/p>\n<p>A partir de los a\u00f1os del concilio hubo una primera orientaci\u00f3n tendente a presentar la liturgia al hombre de hoy, y en particular a los j\u00f3venes, que podemos describir del modo siguiente. Gracias a la renovaci\u00f3n de la teolog\u00ed\u00ada b\u00ed\u00adblica y patr\u00ed\u00adstica se redescubri\u00f3 la liturgia como lugar privilegiado de la actualizaci\u00f3n de la historia de la salvaci\u00f3n, como misterio de la presencia de Cristo y anticipaci\u00f3n de la plenitud salv\u00ed\u00adfica del reino. La liturgia es presencia objetiva del misterio, participable por nosotros como don, como experiencia de salvaci\u00f3n. Nac\u00ed\u00ada de aqu\u00ed\u00ad el redescubrimiento pedag\u00f3gico de la categor\u00ed\u00ada de iniciaci\u00f3n como educaci\u00f3n del hombre para hacerlo entrar conscientemente en el misterio de la salvaci\u00f3n. Era un primer significado de iniciaci\u00f3n, que encontrar\u00e1 ulteriores desarrollos en el redescubrimiento de la tarea eclesial de educaci\u00f3n en la fe y en la vida cristiana.<\/p>\n<p>En los a\u00f1os sucesivos, marcados por una visi\u00f3n m\u00e1s subjetiva sobre el hombre, todo lo real fue visto a partir de su significado funcional en favor del crecimiento de la persona, es decir, como instrumento de autorrealizaci\u00f3n. En esta perspectiva la liturgia no era ya don -objeto de acogida- del misterio, no era ya espacio en que se experimenta el encuentro con Dios. As\u00ed\u00ad la visi\u00f3n antropoc\u00e9ntrica conduce a presentar la liturgia a los j\u00f3venes como una inmersi\u00f3n en la vida del hombre a la b\u00fasqueda de un sentido \u00faltimo. La liturgia como celebraci\u00f3n de lo cotidiano pasa a ser experiencia de grupo, fiesta y alegr\u00ed\u00ada del estar juntos. Aqu\u00ed\u00ad hay que recordar que el delicado equilibrio entre objetivo y subjetivo en la liturgia debe salvaguardarse siempre&#8217;.<\/p>\n<p>En estos a\u00f1os han sido significativas las problem\u00e1ticas pastorales suscitadas por las misas de j\u00f3venes, en las que quiz\u00e1 cobraba la liturgia un sesgo unilateral en el sentido que acabamos de indicar, provocando intervenciones y directrices pastoralespor parte de algunos episcopados nacionales o regionales<br \/>\nM\u00e1s tarde la crisis lit\u00fargica de los j\u00f3venes fue interpretada m\u00e1s profundamente desde el trasfondo de la crisis religiosa del hombre de nuestro tiempo, seg\u00fan revelan ciertos momentos de la experiencia lit\u00fargica del creyente, como la celebraci\u00f3n del sacramento de la penitencia o la celebraci\u00f3n del sacramento del matrimonio.<\/p>\n<p>III. Un di\u00e1logo dif\u00ed\u00adcil: t\u00e9rminos para un contraste<br \/>\n\u00bfQu\u00e9 liturgia buscan los j\u00f3venes? Es particularmente dif\u00ed\u00adcil dar una respuesta; quiz\u00e1 es imposible: la sensibilidad juvenil, al expresar un rechazo hacia una determinada realidad, no llega a una formulaci\u00f3n de algo preciso como alternativa, limit\u00e1ndose a subrayar una exigencia de algo diverso. S\u00f3lo la globalidad de la acci\u00f3n de toda una comunidad ser\u00e1 capaz de descodificar el mensaje que llega de las nuevas generaciones, a modo de un continente desconocido. No obstante, se pueden rese\u00f1ar algunas se\u00f1ales que no hay que absolutizar, sino m\u00e1s bien someter a un contraste serio y cr\u00ed\u00adtico con la tradici\u00f3n viva de la iglesia. De un di\u00e1logo desapasionado podr\u00e1n nacer perspectivas fecundas de renovaci\u00f3n para toda la comunidad e itinerarios positivos para la educaci\u00f3n lit\u00fargica de los j\u00f3venes.<\/p>\n<p>El dato m\u00e1s positivo para este contraste est\u00e1 en la actual superaci\u00f3n de un rechazo est\u00e9ril de las formas institucionales de una comunidad. Los j\u00f3venes viven ahora una actitud m\u00e1s constructiva en relaci\u00f3n con las estructuras sociales y eclesiales; por consiguiente, son capaces de acoger cuanto forma parte de una historia ya vivida, cuya riqueza de experiencia no debe perderse. Pero en estas instituciones buscan realidades a medida del hombre: instituciones creativas con vistas al crecimiento del hombre, no de la propia autoconservaci\u00f3n; personas creativas, capaces de afrontar con prontitud las necesidades que afloran, y que se hacen juzgar por lo que saben crear, no por sus principios abstractos; los j\u00f3venes quieren vivir acontecimientos nuevos, pre\u00f1ados de novedad para la vida y para el futuro, aunque tales acontecimientos hayan pasado ya y deba hacerse memoria de ellos, pero para sacar proyectos de cara al futuro.<\/p>\n<p>En esta relaci\u00f3n de los j\u00f3venes con la comunidad es donde se deben interpretar las sensibilidades que han aflorado [-> supra, I] y dar raz\u00f3n de las l\u00ed\u00adneas constructivas presentes en la vida de la iglesia y en la liturgia [-> supra, II].<\/p>\n<p>1. CREATIVIDAD. Es quiz\u00e1 la nota m\u00e1s significativa, la cual, si bien es propia de la juventud de todo tiempo, hoy es sentida con exasperaci\u00f3n quiz\u00e1 porque las experiencias de masificaci\u00f3n y de repetitividad mec\u00e1nica en una sociedad tecnificada han reducido los espacios reales de manifestaci\u00f3n de la originalidad positiva y constructiva del esp\u00ed\u00adritu humano. Tambi\u00e9n la liturgia es rechazada como componente de un ritual pensado y decidido por otros, en el que s\u00f3lo hay sitio para la repetici\u00f3n mec\u00e1nica de gestos y f\u00f3rmulas impuestos por un pasado al que ya no se siente uno ligado. Acompa\u00f1a a esto la exigencia de libertad como ideal supremo; no s\u00f3lo como libertad para, como proyecto positivo que construir, sino como libertad de, como rechazo instintivo de la ley o del precepto. La iglesia, en muchas de sus manifestaciones, forma parte de este mundo rechazado porque se la ve como el baluarte de lo legal, sea moral, can\u00f3nico o ritual.<\/p>\n<p>No ser\u00e1 ciertamente el valor de la -> creatividad el que interponga un foso imposible de salvar entre los j\u00f3venes y la liturgia de la iglesia. \u00c2\u00a1Al contrario! La liturgia tiene detr\u00e1s de s\u00ed\u00ad toda una historia de creatividad en el Esp\u00ed\u00adritu, historia que ha producido expresiones siempre nuevas de alabanza y de acci\u00f3n de gracias por las maravillosas obras salv\u00ed\u00adficas del Se\u00f1or y que ha asimilado nuevas sensibilidades presentes en las culturas de los diferentes pueblos. La liturgia de la iglesia no teme dejar espacios a la creatividad que se traduzca en sabias propuestas maduradas en la fe; desconf\u00ed\u00ada m\u00e1s bien de la improvisaci\u00f3n total, que a menudo es fruto de superficialidad y de personalismos. La iglesia no teme el principio de la libertad lit\u00fargica, exigencia de una fundada diversidad cultural de los pueblos; lo que teme es una liturgia libre, fruto del gusto del momento o de las decisiones particularistas de un grupo. La iglesia vive su liturgia y la presenta a los j\u00f3venes como la m\u00e1s pura celebraci\u00f3n de la fe; pero no fe individualista o de un grupo, sino de la iglesia, en la que siempre est\u00e1 presente el Resucitado. Frente a un posible riesgo de anarqu\u00ed\u00ada destructiva, la iglesia profesa su fidelidad al misterio.<\/p>\n<p>2. FIESTA. El inter\u00e9s por la -> fiesta, que en los adultos parece coincidir con un revival de celebraciones populares bajo diferentes formas, no es s\u00f3lo un s\u00ed\u00adntoma de la vitalidad redescubierta de algunos valores humanos y religiosos indispensables para la existencia, sino que es tambi\u00e9n la expresi\u00f3n de un s\u00ed\u00ad dicho a la vida, de un juicio positivo sobre nuestra existencia y sobre el mundo. La fiesta se reviste de la nota de la alegr\u00ed\u00ada, y quiz\u00e1 tambi\u00e9n de las notas de la exuberancia, del exceso, de la espontaneidad, que rescatan del convencionalismo social para introducir en el mundo la esperanza de una vida vivida en plenitud, en libertad. En formas originales, la exigencia de la fiesta caracteriza la sensibilidad juvenil tambi\u00e9n en relaci\u00f3n con la liturgia. La fiesta se sirve del movimiento, del canto, de la fantas\u00ed\u00ada, de la imaginaci\u00f3n y de la poes\u00ed\u00ada para expresar cosas nuevas con la plena participaci\u00f3n del cuerpo. As\u00ed\u00ad pues, la fiesta, como signo de libertad y de encuentro, contiene la exigencia de expresar visiblemente, corporalmente, lo que uno lleva dentro y de vencer las frustraciones que derivan de la represi\u00f3n de los sentimientos y de lo que hay en lo \u00ed\u00adntimo del hombre.<\/p>\n<p>\u00bfEs capaz la liturgia, con sus viejos rituales, de crear un clima de fiesta en el que se rompa la rutina diaria? \u00bfSon capaces los ritos transmitidos de expresar las situaciones nuevas vividas en nuestro hoy? La acentuaci\u00f3n del clima festivo no va contra la liturgia, antes bien constituye una recuperaci\u00f3n del sentido aut\u00e9ntico de la celebraci\u00f3n de las fiestas lit\u00fargicas. Estas \u00faltimas tal vez no parecen verdaderas&#8217; porque est\u00e1n sobrecargadas de hieratismo, de ritos complejos y de cantos cuidados hasta la perfecci\u00f3n, pero extra\u00f1os a la sensibilidad de la gente. La fiesta cristiana se alimenta en las fuentes de la fiesta b\u00ed\u00adblica; memoria viva de los acontecimientos maravillosos de Dios realizados para la liberaci\u00f3n del hombre. Pero \u00bfqu\u00e9 fiesta cristiana prolonga la fiesta b\u00ed\u00adblica? La que es alegr\u00ed\u00ada en el presente, y no fuga evanescente de la realidad; la que es encuentro de comuni\u00f3n abierto a la universalidad de la experiencia humana, no la que es fiebre ansiosa o autoclausura de peque\u00f1os grupos que se nutren de emociones intimistas y evaden las demandas concretas. Fiesta cristiana es tambi\u00e9n reflexi\u00f3n y celebraci\u00f3n de los m\u00e1s fundamentales valores de la existencia diaria para encontrar sus aspectos positivos y rescatarlos de la banalidad de la rutina; es estar juntos en aceptaci\u00f3n rec\u00ed\u00adproca, en apertura entre individuos y grupos; es poner signos que prof\u00e9ticamente rompan la monoton\u00ed\u00ada e indiquen el sentido profundo de la vida. La iglesia repropone la fiesta -la solemnidad lit\u00fargica- como compromiso de vida, no como fuga. La fiesta lit\u00fargica se expresa con signos que son dados, se reciben como don del Resucitado y, por tanto, renuevan la eficacia salv\u00ed\u00adfica del misterio del amor de Dios por el hombre. No puede la iglesia suprimir ciertos signos -instrumentos de la presencia del Resucitado-; aunque algunas incrustaciones celebrativas, a veces m\u00e1s bien vinculadas al dato cultural, hay que distinguirlas y purificarlas como es debido.<\/p>\n<p>3. COMPROMISO EN LA VIDA. Una de las demandas m\u00e1s fuertes expresadas por las comunidades juveniles es la de hacer entrar la vida en la liturgia (especialmente en la misa), para que esta \u00faltima pueda convertirse en fuente y testimonio de servicio al hombre [1 Compromiso]. La neutralidad, el espiritualismo, tras el que acaso se esconde una alianza con el poder pol\u00ed\u00adtico o econ\u00f3mico, son denuncias hechas contra la instituci\u00f3n, en favor del redescubrimiento de una dimensi\u00f3n prof\u00e9tica que se ponga en defensa del pobre, del oprimido, del marginado. La liturgia, seg\u00fan algunas expresiones juveniles radicales, debe hacerse pol\u00ed\u00adtica si quiere ser significativa para la vida, si quiere ejercer una influencia y tener un eco en los problemas sociales y pol\u00ed\u00adticos de la comunidad. La suma de todas estas demandas plantea concretamente el problema de d\u00f3nde, con qui\u00e9n y de qu\u00e9 modo realizarlas. De ah\u00ed\u00ad deriva como consecuencia un hecho, de signo a veces pesimista: el de refugiarse en peque\u00f1as asambleas donde la identidad de puntos de vista y de sentimientos parece ofrecer mayores garant\u00ed\u00adas; por parte de algunos grupos juveniles nace el rechazo de las grandes asambleas porque casi necesariamente son masificantes.<\/p>\n<p>La iglesia es bien consciente de que uno de los peligros m\u00e1s graves que llevan a la falsificaci\u00f3n del culto es la separaci\u00f3n entre liturgia y vida (GS 43). Reconoce la validez de una integraci\u00f3n entre liturgia y problemas humanos para sacar de ah\u00ed\u00ad la luz y la fuerza que brota del misterio de Cristo. Pero pretende defender la liturgia de cualquier riesgo de supeditarse a los intereses de ideolog\u00ed\u00adas, de partidos, de clases: la liturgia es la celebraci\u00f3n del misterio de Cristo muerto y resucitado para la salvaci\u00f3n de todos los hombres. Por consiguiente, respetando y valorizando itinerarios particulares de educaci\u00f3n en la fe, realizables en comunidades peque\u00f1as y bien caracterizadas, la iglesia siente la liturgia como celebraci\u00f3n de toda la iglesia: no como experiencia de gueto, sino como comuni\u00f3n en una comunidad abierta a todos. La liturgia en los 1 grupos particulares es una realidad que debe ser atentamente valorada en el plano pastoral; pero es negativa si se convierte en refugio de grupos intimistas o separatismo de grupos elitistas que, contagiados por un antropocentrismo exasperado, transforman la celebraci\u00f3n del misterio de Cristo en celebraci\u00f3n de la vida simplemente.<\/p>\n<p>Entre estos extremos, que determinan una alternativa entre la liturgia oficial y la liturgia propuesta por las sensibilidades juveniles, \u00bfes posible un punto de encuentro? Nos parece que, m\u00e1s all\u00e1 de endurecimientos preconcebidos, es posible y fructuoso un punto de encuentro para ambas realidades, en la perspectiva unitaria de un camino que recorren juntas como comunidad cristiana.<\/p>\n<p>IV. Hip\u00f3tesis para una educaci\u00f3n lit\u00fargica: l\u00ed\u00adneas metodol\u00f3gicas y pastorales<br \/>\n\u00bfEs posible hoy una nueva fase de renovaci\u00f3n de la liturgia y una educaci\u00f3n de los j\u00f3venes en la liturgia? En base a las experiencias de estos a\u00f1os han madurado elementos nuevos, que han modificado profundamente an\u00e1lisis y valoraciones sobre la juventud y sobre su mundo de valores. Pero hay que tratar de elaborar de modo m\u00e1s sistem\u00e1tico la riqueza de las intuiciones y las exigencias educativas realizadas a diversos niveles: grupos, comunidades, movimientos. Es necesario hacer una primera s\u00ed\u00adntesis de las directrices pastorales contenidas en los documentos de la iglesia, a fin de llegar a una propuesta org\u00e1nica de pedagog\u00ed\u00ada lit\u00fargica para los j\u00f3venes. Para una hip\u00f3tesis de tal pedagog\u00ed\u00ada se pueden recordar algunas l\u00ed\u00adneas de car\u00e1cter metodol\u00f3gico y otras indicaciones pastorales.<\/p>\n<p>1. PAPEL DE LA COMUNIDAD ECLESIAL COMO SUJETO ,Y LUGAR DE UNA LITURGIA \u00abJOVEN\u00bb. Esta es la primera l\u00ed\u00adnea metodol\u00f3gica para una educaci\u00f3n de los j\u00f3venes en la liturgia: responsabilizar a toda la comunidad eclesial en la pastoral juvenil. Obrar de otro modo significa volver marginales a los j\u00f3venes; encerrarlos en espacios exclusivos, como si se establecieran reservas eclesiales en las que ellos viven, pero desde las que no entran en comunicaci\u00f3n con toda la comunidad. Sujeto y lugar \u00faltimo de la evangelizaci\u00f3n y de la educaci\u00f3n en la vida cristiana lo es toda la comunidad eclesial. Todo el pueblo cristiano est\u00e1 llamado, en cuanto pueblo, a celebrar en la vida y en la historia el misterio de Cristo, obviamente respetando y promoviendo el papel de cada uno. Ahora bien, este protagonismo de la comunidad debe ser v\u00e1lido tambi\u00e9n en relaci\u00f3n con la liturgia. Pero una comunidad debe renovar su vida lit\u00fargica y responder a la necesidad de educar a los j\u00f3venes en la liturgia sin llevar a cabo adaptaciones superficiales o crear formas con marchamo juvenil (las cuales generalmente son m\u00e1s improvisadas que interiormente sentidas). Una comunidad protagonista de educaci\u00f3n de los j\u00f3venes en la liturgia se plantear\u00e1 algunos problemas de particular valor pedag\u00f3gico.<\/p>\n<p>a) La -> catequesis. La ausencia de participaci\u00f3n en la liturgia, la actitud pasiva, es fruto de cierto tipo de catequesis: abstracta, conceptualista, repetitiva. Para vivir plenamente la celebraci\u00f3n lit\u00fargica se precisa una catequesis id\u00f3nea que prepare y acompa\u00f1e la celebraci\u00f3n. La catequesis lit\u00fargica y la valorizaci\u00f3n de la celebraci\u00f3n como catequesis en acto son una primera opci\u00f3n de una comunidad que educa en la liturgia. No se puede sentir la participaci\u00f3n en la eucarist\u00ed\u00ada si no se conoce su valor profundo; y este valor se adquiere en un proceso educativo unitario, que lleva a conocer, celebrar y vivir el misterio eucar\u00ed\u00adstico.<br \/>\nb) Los -> signos. Si el hombre secularizado ha perdido la clave para cierta comunicaci\u00f3n simb\u00f3lica, \u00e9sta vuelve a aflorar en la sensibilidad juvenil como un lenguaje de lo profundo, como palabra comunicativa que busca nuevas expresiones. El hombre necesita s\u00ed\u00admbolos para expresar su interioridad, para entrar en comunicaci\u00f3n con Dios y con los dem\u00e1s. Los s\u00ed\u00admbolos, los signos, son connaturales al hombre. Adem\u00e1s, el simbolismo es lenguaje de la fe, que encuentra en \u00e9l un modo expresivo que evita la ca\u00ed\u00adda tanto en la ideolog\u00ed\u00ada como en el intelectualismo, como tambi\u00e9n la reducci\u00f3n a experiencia de pura interioridad. Sin embargo, la comunidad cristiana debe encontrar la forma de introducir a los fieles en un sistema de significatividad que sea comprensible para el tiempo presente. Algunos signos son fundamentales y fundan la continuidad de la tradici\u00f3n de la fe: son los signos hist\u00f3rico-salv\u00ed\u00adficos; otros son fruto de una cultura viva, que busca las formas m\u00e1s expresivas para poner en relaci\u00f3n a las personas y vincularlas a la comunidad: son signos vitales y experienciales. La comunidad introduce en los signos y hace que se vuelvan de nuevo comunicantes cuando los vive y los celebra de verdad, cuando sabe captar el \u00ed\u00adntimo significado que deriva del contacto de la fe con la historia de la salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p>2. MANIFESTACI\u00ed\u201cN DE LA IGLESIA COMO -> \u00abASAMBLEA\u00bb Y RECUPERACI\u00ed\u201cN DE TODOS SUS VALORES LIT\u00daRGICOS. Una adecuada educaci\u00f3n lit\u00fargica nace de una iglesia que vive su manifestaci\u00f3n visible como asamblea y potencia todas sus dimensiones espec\u00ed\u00adficas. No puede haber liturgia sin asamblea, que es la reuni\u00f3n visible de los que creen en Cristo y han sido bautizados en su nombre. En efecto, la asamblea constituye el primer signo de la presencia operante del Se\u00f1or resucitado como aquel que re\u00fane y santifica a su pueblo. La asamblea es una realidad del orden de la salvaci\u00f3n: es signo sacramental de la salvaci\u00f3n. La reuni\u00f3n de los disc\u00ed\u00adpulos de Cristo para la celebraci\u00f3n de la alianza no es simplemente una condici\u00f3n material del culto lit\u00fargico: ella misma es ya manifestaci\u00f3n visible y realizaci\u00f3n hist\u00f3rica de la reuni\u00f3n de los salvados en Cristo. La asamblea es signo misterioso, hecho no de cosas o de acciones y palabras en cuanto tales, sino ante todo de personas humanas, que tienen entre s\u00ed\u00ad distintos tipos de relaciones y est\u00e1n en contacto tambi\u00e9n con otras personas que no forman parte de la asamblea. Ella es ya de por s\u00ed\u00ad acci\u00f3n y situaci\u00f3n lit\u00fargica, es realidad sacramental por raz\u00f3n de la presencia operante del Se\u00f1or. Esta manifestaci\u00f3n de la iglesia como asamblea requiere, sin embargo, la revalorizaci\u00f3n y la potenciaci\u00f3n de todas las dimensiones que la convierten en signo verdadero, comunicativo, capaz de crear comuni\u00f3n. Estas son las m\u00e1s significativas:<br \/>\na) La \u00ed\u00adndole comunitaria. La asamblea es un pueblo reunido en la oraci\u00f3n para recibir la salvaci\u00f3n no individual, sino comunitariamente. El redescubrimiento de la \u00ed\u00adndole comunitaria de la fe como dimensi\u00f3n que no s\u00f3lo precede a la misma celebraci\u00f3n o la prepara, sino que marca el camino com\u00fan de crecimiento de la comunidad, es indispensable para vivir en los horizontes de la universalidad de la iglesia.<br \/>\nb) La \u00ed\u00adndole ministerial. La asamblea no es una masa amorfa, siempre indiferenciada: es comunidad compaginada de personas que tienen dones y carismas diversos y viven una variedad de -> ministerios jer\u00e1rquicamente ordenados entre s\u00ed\u00ad. Esta \u00ed\u00adndole ministerial, vivida en la -> celebraci\u00f3n, forma la asamblea y manifiesta a la iglesia como cuerpo bien compaginado y vivo, con corresponsabilidades compartidas.<br \/>\nc) La encarnaci\u00f3n. La asamblea es una realidad encarnada en el mundo. Por lo mismo, la relaci\u00f3n entre liturgia y vida debe ser viva. Cuando la liturgia se al\u00ed\u00ada con la vida, la vida es verdaderamente viva en Cristo, y Cristo la transfigura y diviniza. Los -> sacramentos son entonces signos de una fe viva y de una vida vivida con fe. Si se da esta unidad profunda, de la liturgia brota una fuente de luz y de fuerza que mantiene a los creyentes lejos deconfusiones o reduccionismos sociol\u00f3gicos.<br \/>\nd) La diversificaci\u00f3n. Dios habla por medio de signos, respetando la gradualidad pedag\u00f3gica. La asamblea ve niveles diversos de participaci\u00f3n, adecuados a la edad_y al camino de fe de cada uno. Este es un aspecto pastoral que requiere, bajo la gu\u00ed\u00ada de los pastores, una seria profundizaci\u00f3n con vistas a una adaptaci\u00f3n concreta a las personas y a las diversas situaciones espirituales.<br \/>\ne) La \u00ed\u00adndole misionera. Cada gesto lit\u00fargico es anuncio de evangelio y env\u00ed\u00ado para un testimonio en el mundo. En efecto, no hay dos iglesias: la de la celebraci\u00f3n lit\u00fargica y la de la misi\u00f3n; una para crear unidad en torno a Cristo, la otra para dispersarse por el mundo anunciando el evangelio. Hay una sola iglesia, llamada a participar en la vida y en la misi\u00f3n del Se\u00f1or, en su muerte y resurrecci\u00f3n, en su lucha y en su victoria sobre el mal en el mundo. Cristo nos comunica su vida, la vida nueva, para hacer de nosotros, misteriosa pero realmente, un pueblo de testigos y colaboradores en la construcci\u00f3n del reino. Pues bien, esta \u00ed\u00adndole misionera debe echar sus ra\u00ed\u00adces en la misma asamblea lit\u00fargica.<\/p>\n<p>3. LA PRESIDENCIA LIT\u00daRGICA. De notable importancia es tambi\u00e9n el estilo del sacerdote presidente. Su equilibrio, su sinton\u00ed\u00ada con los valores del mundo juvenil, su capacidad de comunicaci\u00f3n excluir\u00e1n, por un lado, la fr\u00ed\u00ada actitud de funcionario de los ritos y, por otro, el paternalismo con aires juveniles; sin abdicar de su ministerio de presidencia [-> Formaci\u00f3n lit\u00fargica de los futuros presb\u00ed\u00adteros, IV ], se hace signo visible de Cristo. Capaz de educar en el trabajo en equipo, de suscitar una corresponsabilidad animosa, de apreciar lo positivo de las intuiciones juveniles, el que tiene el carisma de presidir en la iglesia debe poseer una cualidad fundamental, el discernimiento, que sabe distinguir lo que es fundamental e inmutable de lo que es accidental, hist\u00f3rico y variable. De tal discernimiento nace en el interior de la comunidad un pluralismo respetuoso y comprensivo.<\/p>\n<p>El tema j\u00f3venes y liturgia es un cap\u00ed\u00adtulo vivo: hay que afrontarlo con una renovada pasi\u00f3n pastoral, que sepa proceder en abierta comuni\u00f3n con toda la iglesia, pero con animosa disponibilidad para todo lo que de bueno, bello, honesto y v\u00e1lido proviene de las nuevas generaciones. Debemos ser conscientes, como iglesia, de que tenemos que permanecer continuamente inmersos en una vida en tensi\u00f3n: \u00e9sta es signo de un camino, de un crecimiento en que las respuestas verdaderas pueden tambi\u00e9n aflorar s\u00f3lo despu\u00e9s de lar-gas b\u00fasquedas, en que a veces un canto imperecedero brota s\u00f3lo despu\u00e9s de muchas sonatas pasajeras.<\/p>\n<p>[\/ Formaci\u00f3n lit\u00fargica (en particular IV, 3-4); -> Grupos particulares; -A Compromiso]<br \/>\nW. Ruspi<\/p>\n<p>BIBLIOGRAF\u00ed\u008dA:  Aldaz\u00e1bal J., Plegaria eucar\u00ed\u00adstica para j\u00f3venes, en \u00abPhase\u00bb 75 (1973) 247-284; Eucarist\u00ed\u00ada con j\u00f3venes. Pistas para la catequesis y la pastoral, Centro N. Salesiano de Pastoral Juvenil, Madrid 1974; Eucarist\u00ed\u00ada con j\u00f3venes, \u00abDossiers del CPL\u00bb 6, Barcelona 1979; La liturgia debe aprender de los j\u00f3venes, en \u00abConcilium\u00bb 182 (1983) 283-294; Alessio L., Liturgia joven, Instituto N. de Pastoral, Caracas 1975; Ayala V., Eucarist\u00ed\u00ada para j\u00f3venes, Perpetuo Socorro, Madrid 1976; Borobio D., \u00bfPosreforma lit\u00fargica en los j\u00f3venes frente a reforma lit\u00fargica de la Iglesia?, en \u00abPhase\u00bb 97 (1977) 33-51; Catal\u00e1n J.-J., \u00bfPor qu\u00e9 se alejan? 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La cronolog\u00ed\u00ada var\u00ed\u00ada seg\u00fan autores y organismos promotores de estad\u00ed\u00adsticas. De 15 a 30 a\u00f1os son los umbrales m\u00e1s frecuentes. (Ver Juventud) Pedro Chico Gonz\u00e1lez, Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00ed\u00ada Religiosa, Editorial Bru\u00f1o, Lima, Per\u00fa 2006 Fuente: Diccionario &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/jovenes\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abJOVENES\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-11689","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/11689","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=11689"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/11689\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=11689"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=11689"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=11689"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}