{"id":11813,"date":"2016-02-05T08:09:51","date_gmt":"2016-02-05T13:09:51","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/lectura-espiritual\/"},"modified":"2016-02-05T08:09:51","modified_gmt":"2016-02-05T13:09:51","slug":"lectura-espiritual","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/lectura-espiritual\/","title":{"rendered":"LECTURA ESPIRITUAL"},"content":{"rendered":"<p>[552]<br \/>\n  Pr\u00e1ctica asc\u00e9tica y catequ\u00ed\u00adstica, consistente en leer libros piadosos que animan a la pr\u00e1ctica del bien: vidas de santos, comentarios b\u00ed\u00adblicos, temas morales, etc.<\/p>\n<p>    En la tradici\u00f3n cristiana, la lectura espiritual se consider\u00f3 desde los Padres y monjes antiguos una fuente de formaci\u00f3n cristiana y base para llegar a una vida de oraci\u00f3n suficiente. No era patrimonio de los religiosos y predicadores, sino de todos los cristianos que sab\u00ed\u00adan leer que, por cierto, en los tiempos antiguos no eran muchos.<\/p>\n<p>    De hecho constituye un instrumento valioso, sobre todo cuando se trata con j\u00f3venes y adultos cultos, que son capaces de reflexi\u00f3n y asimilaci\u00f3n personal.<\/p>\n<p>Pedro Chico Gonz\u00e1lez, Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00ed\u00ada Religiosa, Editorial Bru\u00f1o, Lima, Per\u00fa 2006<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00eda Religiosa<\/b><\/p>\n<p>(v. Lectio divina, Palabra de Dios)<\/p>\n<p>(ESQUERDA BIFET, Juan, Diccionario de la Evangelizaci\u00f3n,  BAC, Madrid, 1998)<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Evangelizaci\u00f3n<\/b><\/p>\n<p>El t\u00e9rmino \u00bb lectura espiritual \u00bb puede ser sin\u00f3nimo de lectio divina y significar entonces la lectura de la Escritura en orden a la oraci\u00f3n y a la edificaci\u00f3n, tal como se propone generalmente en el programa de una vida espiritual comprometida para los sacerdotes, los religiosos y los laicos, Puede indicar bien sea el conjunto de la lectio divina, bien la dedicaci\u00f3n al primero de los pelda\u00f1os de la escala propuesta por el cartujo Guido 11. Sin embargo, a partir de la Edad Media y m\u00e1s concretamente a partir de la devotio moderna y de la espiritualidad postridentina, este t\u00e9rmino, acu\u00f1ado expl\u00ed\u00adcitamente en la escuela jesu\u00ed\u00adtica, indica la lectura de las obras espirituales en general, desde la Escritura hasta los Padres y los autores de segura espiritualidad. La calificaci\u00f3n de \u00bb espiritual \u00bb puede indicar diversas funciones y actitudes. Se trata de una lectura hecha en el Esp\u00ed\u00adritu, como actividad espiritual y en provecho del alma, o bien de una lectura que tiene como materia libros espirituales de autores espirituales bien conocidos. J. \u00ed\u0081lvarez de Paz, (siglo XVI), la define en estos t\u00e9rminos: \u00abSe la llama lectura espiritual cuando por medio de ella leemos los libros m\u00ed\u00adsticos y los tratados espirituales, en los que no s\u00f3lo buscamos el conocimiento de las cosas espirituales, sino que de manera especial intentamos alcanzar su gusto y su afecto\u00bb. En esta t\u00ed\u00adpica descripci\u00f3n se encuentra, bien sea la actitud de buscar el gusto y el afecto, o bien la materia espec\u00ed\u00adfica de la lectura, que son los libros m\u00ed\u00adsticos y los tratados espirituales. El jesuita italiano Julio Negroni (siglo XVIl) fue el primero que escribi\u00f3 un tratado expreso sobre la importancia de este ejercicio, especialmente para los religiosos.<\/p>\n<p>A partir de la \u00e9poca moderna, se propone la lectura espiritual en las Reglas de los Institutos y se aconseja en la direcci\u00f3n espiritual como uno de los recursos cl\u00e1sicos para mantener y enriquecer la vida espiritual, \u00bb va que el alimento espiritual de la lectura es tan necesario para el alma como el alimento material para el cuerpo\u00bb (santa Teresa de Jes\u00fas).<\/p>\n<p>A menudo se sugieren en los tratados de vida espiritual los libros que hay que evitar y se proponen algunas obras cl\u00e1sicas que han alimentado a muchas generaciones. Entre los libros espirituales que se han ido proponiendo para la lectura destacan, adem\u00e1s de la sagrada Escritura, algunos escritos de los Padres de la Iglesia m\u00e1s divulgados, como las Confesiones de san Agust\u00ed\u00adn, las vidas de los m\u00e1rtires y los santos recogidas en el Flos sanctorum o en la Legenda aurea de Santiago de Varazze, la Imitaci\u00f3n de Cristo de Tom\u00e1s de Kempis, algunas vidas de Cristo que obtuvieron particular difusi\u00f3n, como la Vida de Cristo de Ludolfo de Sajonia, y posteriormente los autores cl\u00e1sicos que se impusieron en los siglos siguientes como maestros de la espiritualidad cristiana.<\/p>\n<p>Actualmente la lectura espiritual se aconseja con una mayor apertura de horizontes. En primer-lugar, se piensa en la lectura personal de la Escritura, sirvi\u00e9ndose de buenos comentarios exeg\u00e9ticos y espirituales, siguiendo el ritmo de la lectura b\u00ed\u00adblica que la Iglesia realiza en la liturgia. Hoy son m\u00e1s accesibles las obras de los Padres de la Iglesia y los autores de la gran tradici\u00f3n espiritual oriental, cuyas obras est\u00e1n recogidas en la Filocalia. Es de gran provecho la lectura de los cl\u00e1sicos de la espiritualidad cristiana de la Edad Media y de la \u00e9poca moderna, que han adoctrinado con sus obras a muchas generaciones de cristianos. Hoy est\u00e1n tambi\u00e9n de moda algunos autores contempor\u00e1neos que unen a la profundidad b\u00ed\u00adblica y teol\u00f3gica el sentido espiritual, la modernidad del discurso y del lenguaje. Es de gran importancia la lectura de las biograf\u00ed\u00adas de los santos, accesibles actualmente en obras de probidad cient\u00ed\u00adfica y valor literario. Son aconsejables las autobiograf\u00ed\u00adas de algunos santos y santas, los textos y las obras de los m\u00ed\u00adsticos, por la capacidad particular que tienen de atestiguar con su experiencia la vida cristiana.<\/p>\n<p>Los autores espirituales ofrecen algunos consejos para una lectura espiritual fructuosa. A menudo, la elecci\u00f3n apropiada de un libro depende del director espiritual, que puede recomendar la lectura m\u00e1s adecuada al estado de \u00e1nimo y a la necesidad de la persona. Pero no se trata s\u00f3lo de la elecci\u00f3n del libro. La lectura espiritual requiere asiduidad y empe\u00f1o; como ejercicio espiritual, exige devoci\u00f3n y recogimiento. Hay que evitar la dispersi\u00f3n y la curiosidad, que son un impedimento para el provecho espiritual. A menudo se trata de hacer una lectura meditada que lleve a la oraci\u00f3n, siempre que la persona se sienta movida por lo que lee para entablar un coloquio con Dios.<\/p>\n<p>La Iglesia ofrece tambi\u00e9n una variada selecci\u00f3n de trozos de la gran tradici\u00f3n de Oriente y Occidente en la selecci\u00f3n de los autores y de los textos que se ha hecho en el oficio de las lecturas. En esta propuesta se pone de relieve el v\u00ed\u00adnculo que tiene que existir entre la lectura de la Escritura y la lectura de los Padres y autores espirituales.<\/p>\n<p>En efecto, de la lectura espiritual vale lo que afirma la Iglesia: \u00abMediante el trato asiduo con los documentos que presenta la Tradici\u00f3n universal de la Iglesia, los lectores son llevados a una meditaci\u00f3n m\u00e1s plena de la sagrada Escritura y a un amor m\u00e1s suave y vivo de la misma. Porque los escritos de los santos Padres son testigos preclaros de aquella meditaci\u00f3n de la Palabra de Dios prolongada a lo largo de los siglos, mediante la cual la Esposa del Verbo encarnado, es decir, la Iglesia, \u00bb que tiene consigo el pensamiento y el esp\u00ed\u00adritu de su Dios y Esposo\u00bb (san Bernardo), se afana por conseguir una inteligencia cada vez m\u00e1s profunda de las sagradas Escrituras&#8230; Adem\u00e1s, les hace accesibles las inestimables riquezas espirituales que constituyen el egregio patrimonio de la Iglesia y &#8211; que a la vez son el fundamento de la vida espiritual y el alimento ub\u00e9rrimo de la piedad\u00bb (Elementos de la liturgia de las Horas, nn. 164-165).<br \/>\nJ Castellano<\/p>\n<p>Bibl.: E. Ancilli, Lectura espiritual, en DE, 11. 471-472; J Sudbreck, Lectura espiritual, , AA. VV , Lectura espiritual en SM, 1V 214-217. Lectura cristiana y vida espiritual, en Revista de espiritualidad 31 (1972). n\u00famero monogr\u00e1fico sobre el tema<\/p>\n<p>PACOMIO, Luciano [et al.], Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico, Verbo Divino, Navarra, 1995<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico<\/b><\/p>\n<p>El acontecimiento de la pasi\u00f3n constituye el punto central y fontal de la tradici\u00f3n evang\u00e9lica, tanto en relaci\u00f3n con la experiencia personal de Jes\u00fas como con la de los cristianos. No se trata, evidentemente, de canonizar el dolorismo como ideal de vida, sino del hecho de que la pasi\u00f3n, como parte integrante del misterio pascual de Cristo (muerte y resurrecci\u00f3n) es la suprema revelaci\u00f3n y comunicaci\u00f3n del amor salv\u00ed\u00adfico de bios (Rom 5,8; G\u00e1l 2,20; Jn 3,16; 5,12-13; 1 Jn 4,9-10; Ap 1,5-6). En esta perspectiva el evangelio de Marcos, como prototipo del g\u00e9nero literario evang\u00e9lico, fue definido justamente como \u00abun relato de la pasi\u00f3n, dotado de una detallada introducci\u00f3n \u00bb (M. Kahler). Efectivamente, el relato de la pasi\u00f3n en los evangelios, a pesar de que parece prevalecer el inter\u00e9s por los datos hist\u00f3ricos que recoge, esconde profundas y eminentes intenciones teol\u00f3gicas. En- los l\u00ed\u00admites obligados de este art\u00ed\u00adculo nos detendremos en la presentaci\u00f3n de estas intenciones, dejando al margen los problemas de cr\u00ed\u00adtica hist\u00f3rica y literaria, que pueden f\u00e1cilmente encontrarse expuestos en otros lugares.<\/p>\n<p>1. La pasi\u00f3n, suprema realizaci\u00f3n de Cristo, Hijo del Padre y salvador de los hombres.- La pasi\u00f3n no s\u00f3lo se narra, sino que fue anunciada de antemano varias veces por Jes\u00fas (Mc 8,31-33; 9,30-32; 10,32-34 y par.). Este hecho subraya que se trata del acontecimiento salv\u00ed\u00adfico central de la historia de la salvaci\u00f3n, en cuanto que representa el momento culminante de la vida y de la obra mesi\u00e1nica de Cristo, dato expresado por Juan con los motivos teol\u00f3gicos del momento de la muerte en la cruz como momento de su \u00abexaltaci\u00f3n\u00bb (Jn 3,14-15; S,ZS; 12,32-34) y del cumplimiento de su \u00abhora\u00bb espec\u00ed\u00adfica, es decir, la hora en que \u00e9l se realiza plenamente a s\u00ed\u00ad mismo como \u00abHijo\u00bb del Padre y redentor de los hombres (Jn 7 30; S,20; 12,23.27, 13,1; 17 1).<\/p>\n<p>a) Amor obediente incondicionado al Padre. Este dato aparece desde el principio del ciclo de la pasi\u00f3n, y marca de forma decidida la orientaci\u00f3n de todo su desarrollo sucesivo. Juan lo enuncia al final de la cena: \u00bb Es preciso que el mundo sepa que yo amo al Padre y hago lo que el Padre me ha mandado. Levantaos, \u00c2\u00a1v\u00e1monos de aqu\u00ed\u00ad! \u00bb (Jn 14,31). Los sin\u00f3pticos aluden a esta actitud interior de Jes\u00fas sobre todo con la oraci\u00f3n de la agon\u00ed\u00ada de Getseman\u00ed\u00ad: \u00bb \u00c2\u00a1Abba, Padre! Todo es posible para ti; \u00c2\u00a1aparta de m\u00ed\u00ad este c\u00e1liz! Pero que no se haga lo que yo quiero, sino lo que quieres t\u00fa\u00bb (Mc 14,36 y par.). La pasi\u00f3n resume en este aspecto lo que fue caracter\u00ed\u00adstico de toda la existencia anterior de Jes\u00fas y lo lleva a su cima m\u00e1s alta (Jn 4,34; 5,30; 6,38; 17,4), por lo que la tradici\u00f3n cristiana primitiva leer\u00e1 sint\u00e9ticamente el significado de aquellas horas supremas de Jes\u00fas como la expresi\u00f3n principal de su obediencia al Padre (Rom 5,19; Flp 2,8; Heb 5,8; 10,5-10).<\/p>\n<p>b) Amor solidario con y por los hombres. El horizonte de la voluntad del Padre para con el Hijo abarca tambi\u00e9n el destino de la humanidad: Jes\u00fas tuvo siempre conciencia de este hecho: \u00abYo no rechazar\u00e9 nunca al que venga a m\u00ed\u00ad. Porque yo he bajado del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me ha enviado. Y su voluntad es que yo no pierda a ninguno de los que \u00e9l me ha dado\u00bb (Jn 6,37-39). Por eso la pasi\u00f3n es tambi\u00e9n el momento de su supremo amor solidario con y por los hombres. San Pablo lo subraya recordando el momento en que Cristo, con el gesto de la instituci\u00f3n de la eucarist\u00ed\u00ada, anticipa prof\u00e9ticamente en el cen\u00e1culo aquel ofrecimiento completo de s\u00ed\u00ad mismo a los hombres, que habr\u00ed\u00ada de realiza al d\u00ed\u00ada siguiente en el plano efectivo en el Calvario: \u00abJes\u00fas, el Se\u00f1or la noche en que iba a ser entregado, tom\u00f3 pan y, despu\u00e9s de dar gracias, lo parti\u00f3 y dijo: \u00abEsto es mi cuerpo entregado por vosotros\u00bb\u00bb (1 Cor 1 1,23-14). Cristo, fiel hasta el fondo al proyecto del Padre sobre \u00e9l, se entrega completamente a los hombres precisamente en el momento en que \u00e9stos, en la persona de Judas y de los dirigentes del pueblo escogido, lo rechazan definitivamente, Este mismo dato es el que resalta el gesto del lavatorio de los pies a los d\u00ed\u00adsc\u00ed\u00adpulos al comienzo de la \u00faltima cena (Jn 13,1-17): este gesto tiene la finalidad de indicar que todo lo que Cristo vive en las horas sucesivas constituye el acto decisivo por su parte de servir a los hombres, sus hermanos. Los evangelios hab\u00ed\u00adan recordado ya anteriormente que aqu\u00ed\u00ad es donde se resume todo el objetivo de su vida: \u00abEl Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su propia vida en rescate de &#8211; la muchedumbre\u00bb (Mc 10,45. Mt 20,2S). La funci\u00f3n primordial de este servicio consisti\u00f3 precisamente en revelar a los hombres el amor del Padre (Jn 1,1 S) y ellos percibieron este misterio contemplando precisamente a Cristo crucificado : \u00bb En esto hemos reconocido el amor, en que \u00e9l dio su vida por nosotros\u00bb (1 Jn 3,16), En el Crucificado vieron la plena manifestaci\u00f3n del amor del Hijo unig\u00e9nito: \u00abDios nos ha manifestado el amor que nos tiene enviando al mundo a su Hijo \u00fanico, para que vivamos por \u00e9l, El amor no consiste en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que \u00e9l nos am\u00f3 a nosotros, y envi\u00f3 a su Hijo para librarnos de nuestros pecados \u00bb (1 Jn 4,9-10). Por eso se ve la pasi\u00f3n como la expresi\u00f3n suprema del amor de Cristo a \u00ablos suyos\u00bb: \u00abEra la v\u00ed\u00adspera de la fiesta de la Pascua. Jes\u00fas sab\u00ed\u00ada que le hab\u00ed\u00ada llegado la hora de dejar este mundo para ir al Padre, Y \u00e9l, que hab\u00ed\u00ada amado a los suyos, que estaban en el mundo, llev\u00f3 su amor hasta el fin \u00bb (Jn 13,1).<\/p>\n<p>2. La experiencia de la pasi\u00f3n como dato espec\u00ed\u00adfico del seguimiento de Cristo&#8217;- La reciente ex\u00e9gesis ha subrayado en varias ocasiones la dimensi\u00f3n y la funci\u00f3n catequ\u00e9tica de los relatos de la pasi\u00f3n. En este sentido constituyen, cada uno desde diferentes \u00e1ngulos, diversos intentos de la Iglesia primitiva por acercarse al misterio de la persona de Cristo. En efecto, es en la pasi\u00f3n donde Cristo hizo la revelaci\u00f3n m\u00e1s plena de s\u00ed\u00ad mismo. Pero \u00e9sta no fue una revelaci\u00f3n est\u00e1tica, conceptual, puramente anagr\u00e1fica de Cristo, sino que se desarroll\u00f3 en un plano intensamente din\u00e1mico, y a que revel\u00f3 a Jes\u00fas a trav\u00e9s de la trama palpitante de c\u00f3mo vivi\u00f3 su existencia como proyecto del Padre. Por tanto, su pasi\u00f3n fue le\u00ed\u00adda y propuesta a los creyentes para que tuvieran un criterio seguro y cualificado con que saber orientar su vida en sentido \u00abcristiano\u00bb, es decir, viviendo su llamada a la fe como \u00abseguimiento de Cristo\u00bb.<\/p>\n<p>Este seguimiento se condensa esencialmente en compartir hasta el fondo no s\u00f3lo el proyecto de vida vivido por Jes\u00fas, sino tambi\u00e9n su destino. A este prop\u00f3sito es elocuente la condici\u00f3n esencial para el \u00bb seguimiento \u00ab&#8230; \u00bb Si alguien quiere venir detr\u00e1s de mi, que se niegue a s\u00ed\u00ad mismo, tome su cruz y me siga\u00bb (Mc S,34), en donde \u00abtomar la propia cruz\u00bb evoca el momento en que el condenado a muerte cargaba sobre sus espaldas el patibulum para dirigirse al lugar de la ejecuci\u00f3n. Por eso, seguir a Jes\u00fas significa estar dispuestos a morir, como \u00e9l, si lo exige la fidelidad a la voluntad del Padre (Mc 14,36 y par.). Lucas precisa que esta disponibilidad debe ser la de \u00bb cada d\u00ed\u00ada\u00bb, sugiriendo que tiene que impregnar toda la vida del creyente. Esta conciencia se expresa claramente en la tradici\u00f3n sin\u00f3ptica por el modo con que se dispone en ella el material catequ\u00e9tico sobre el seguimiento. Sigue siempre a los tres anuncios de la pasi\u00f3n por parte de Jes\u00fas (Mc 8,31-33.34-38 y par.; 9,3032.33-37 y par.; 10,32-34.35-45 y par.).<\/p>\n<p>La intenci\u00f3n es palpable: se quiere dar a comprender de este modo que los verdaderos rasgos del seguimiento, con todo lo que \u00e9ste implica, s\u00f3lo pueden comprenderse a la luz del destino de Jes\u00fas, luz que es la \u00fanica que nos presenta en toda su plenitud el verdadero rostro del maestro al que se desea seguir.<\/p>\n<p>San Pablo ahonda en estas reflexiones con el principio de la imitaci\u00f3n de Cristo, que lejos de identificarse con la reproducci\u00f3n de determinadas formas exteriores de comportamiento, supone m\u00e1s bien la asunci\u00f3n real de los sentimientos m\u00e1s espec\u00ed\u00adficos de Jes\u00fas, de las orientaciones de fondo de su \u00e1nimo. As\u00ed\u00ad, al inculcar la caridad fraterna, apela al hecho primordial de la encarnaci\u00f3n con todo lo que \u00e9sta supuso: el anonadamiento de Cristo que lo llev\u00f3 a hacerse hombre y a vivir completamente para el Padre y para los hombres hasta la obediencia de la cruz (Flp 2,1-4.5-11; Ef 5,1-2). Vuelve a proponerse este mismo principio para el amor que perdona (Ef 4,32). Por lo dem\u00e1s, se trata de la l\u00ed\u00adnea directiva propuesta por el mismo Jes\u00fas: no s\u00f3lo exige que \u00abnos amemos mutuamente\u00bb, sino que amemos \u00abcomo yo os he amado\u00bb, especificando que \u00e9l dio su vida por nosotros, sus amigos (Jn 15,1213). S\u00f3lo as\u00ed\u00ad es como no se reniega del Maestro, sigui\u00e9ndolo s\u00f3lo \u00abde lejos\u00bb, como hizo Pedro en la pasi\u00f3n (Mc 14,54 y par.); y  al contrario, as\u00ed\u00ad es c\u00f3mo uno \u00abmora en \u00e9l\u00bb, sin equ\u00ed\u00advocos (Jn 1,39), y c\u00f3mo lleva la cruz \u00abdetr\u00e1s de Jes\u00fas\u00bb,- de la misma manera que Sim\u00f3n de Cirene (Lc 23,26; cf 9,23; 14,27. G\u00e1l 2,20).<br \/>\nA. Dalbesio<\/p>\n<p>Bibl.: x, L\u00e9on-Dufour Jes\u00fas y Pablo ante la muerte, Cristiandad, Madrid \u00ed\u00ad982; M. Gourgues, Jes\u00fas ante su pasi\u00f3n y su muerte, Verbo Divino, Estella 1987. H. Schurmann, \u00bfC\u00f3mo entendi\u00f3 y vivi\u00f3 Jesus su muerte?, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1982; H, Cousin, Los textos evang\u00e9licos de la pasi\u00f3n, Verbo Divino. Estella 1981.<\/p>\n<p>PACOMIO, Luciano [et al.], Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico, Verbo Divino, Navarra, 1995<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico<\/b><\/p>\n<p>1. Noci\u00f3n<br \/>\na) La fe b\u00ed\u00adblica va unida de la manera m\u00e1s \u00ed\u00adntima a la palabra escrita. Las experiencias divinas de la \u00abprimera\u00bb generaci\u00f3n, de los primeros padres y los profetas, etc., se consignan por escrito, se desenvuelven meditativamente por el trato constante con la palabra escrita y son el n\u00facleo de cristalizaci\u00f3n de toda la piedad ulterior. Papel semejante asume el NT (como tambi\u00e9n el AT por \u00e9l transmitido) para la segunda y tercera generaci\u00f3n de la cristiandad. El Se\u00f1or es predicado en formulaciones kerygm\u00e1ticas, lit\u00fargicas y dogm\u00e1ticas a quienes se encuentran con \u00e9l por una mediaci\u00f3n categorial (pero inmediatamente por la gracia personal pneum\u00e1tica); lo cual se hace de la manera m\u00e1s densa y con valor de norma por medio de la sagrada ->Escritura. As\u00ed\u00ad, el leer y o\u00ed\u00adr la palabra aut\u00e9ntica, inspirada, pertenece a los actos fundamentales del cristianismo.<\/p>\n<p>b) Cuanto m\u00e1s nos remontamos en la historia, con tanta mayor claridad se nos manifiesta la identidad de la \u00ablectura de la ->Escritura\u00bb con la reflexi\u00f3n teol\u00f3gica y la realizaci\u00f3n viva de la fe (->espiritualidad III, ->liturgia. Ahora bien, como el testimonio &#8211; sustentado por el Esp\u00ed\u00adritu &#8211; de la palabra de la Escritura es s\u00f3lo un medio para la Palabra encarnada en un lenguaje humano cada vez m\u00e1s amplio, el encuentro con la Escritura se desarrolla en medio de una gran riqueza de formas: o\u00ed\u00adr lit\u00fargico y lectura meditativa; b\u00fasqueda existencial de lo que pide la palabra de Dios y exposici\u00f3n magistral; par\u00e1frasis de la predicaci\u00f3n y lucha por el texto aut\u00e9ntico; meditaci\u00f3n detenida sobre la figura de Cristo y defensa apolog\u00e9tica de su realidad. En este \u00e1mbito hay que situar la l.e. propiamente dicha.<\/p>\n<p>c)La ruptura de esta unidad puede perseguirse hist\u00f3ricamente con exactitud, y consiste en un aislamiento &#8211; que naturalmente nunca es absoluto &#8211; de la espiritualidad respecto de la Escritura. La disociaci\u00f3n comienza con el florecimiento de una literatura piadosa de tratados (siglos v-vr en oriente y xrr-xnr en occidente) o la duplicaci\u00f3n de la lectio en divina y scholastica (->ex\u00e9gesis espiritual), y acaba con pr\u00e1cticas y manifestaciones donde la Escritura ya no pertenece a la materia de la l.e. (cf. p. ej., O. ZIMMERMANN, Lehrbuch der Aszetik).<\/p>\n<p>2. Reflexi\u00f3n teol\u00f3gica<br \/>\na) No puede ponerse en duda que la lectura de la Escritura debe ser el prototipo normativo de la l.e. Desde este punto de vista, toda l.e. genuina puede entenderse como lectura \u00aban\u00f3nima\u00bb de la Escritura.<\/p>\n<p>b) El centro de la l.e. de la Escritura es Cristo. En la referencia de la letra de la Escritura (incluso de la teolog\u00ed\u00ada de Pablo, de los sin\u00f3pticos, etc.) al Verbo encarnado est\u00e1 el sentido de la palabra b\u00ed\u00adblica. El no tomar en serio este \u00abtestificar al Se\u00f1or\u00bb (cf. Mc 1, 1) es la raz\u00f3n de la esterilidad espiritual de muchas obras exeg\u00e9ticas.<\/p>\n<p>c) El resto de la amplia literatura espiritual est\u00e1 fundada en el cristocentrismo de la Escritura. El \u00abm\u00e1s\u00bb apetecido del Se\u00f1or atestiguado, que desde luego s\u00f3lo puede alcanzarse en el testimonio de la Escritura, impulsa a la fecundidad de una producci\u00f3n literaria que va m\u00e1s all\u00e1 de la palabra b\u00ed\u00adblica, aunque \u00e9sta sirva de norma. Esa producci\u00f3n puede calificarse muy diversamente. Son centrales en ella los testimonios del cristianismo vivido (culto a los ->santos, historia de los ->santos).<\/p>\n<p>d) Desde el punto de vista de la variedad de la l.e. (->espiritualidad IV), debiera aparecer claro el papel de la tradici\u00f3n, de la comunidad, etc. Hemos de aludir tambi\u00e9n a la lecci\u00f3n lit\u00fargica (o\u00ed\u00adda). Lo ideal ser\u00ed\u00ada la uni\u00f3n de acto comunitario y meditaci\u00f3n privada, de kerygma y oraci\u00f3n, de alabanza a Dios y penitencia, de o\u00ed\u00adr y leer.<\/p>\n<p>e) El o\u00ed\u00adr y el leer, como modos (fundamentalmente) id\u00e9nticos de encuentro, pero fen\u00f3menol\u00f3gicamente distintos entre s\u00ed\u00ad, pueden manifestar el fundamento de esta unidad: el o\u00ed\u00adr (obediencia) abre a la exigencia de Dios; el leer (meditaci\u00f3n) deja libre el propio mundo para el dato previo del mensaje cristiano.<\/p>\n<p>3. Indicaciones pr\u00e1cticas<br \/>\nLa pr\u00e1ctica de la l.e. ha de juzgarse por la \u00absacramentalidad\u00bb de la palabra de la Escritura, que se contin\u00faa de modo an\u00e1logo en la producci\u00f3n literaria posterior.<\/p>\n<p>a) La l.e. es t\u00e9rmino medio entre formaci\u00f3n y oraci\u00f3n. S\u00f3lo una din\u00e1mica que tiende a la oraci\u00f3n la hace l.e. \u00fanicamente hace verdadera l.e. aquel cuyo nivel de formaci\u00f3n religiosa no est\u00e1 por debajo de su formaci\u00f3n general en el aspecto humano y espiritual.<\/p>\n<p>b) Con ello aparecen claramente tanto el deber como la libertad de la l.e. Desde nuestro amplio punto de partida teol\u00f3gico, y s\u00f3lo dentro de esa amplitud de enfoque, dif\u00ed\u00adcilmente puede dudarse de que la l.e. es un deber. Pero es importante que tal obligaci\u00f3n se cumpla con libertad interna frente a la oferta masiva de lecturas espirituales. Como criterio de selecci\u00f3n podr\u00ed\u00ada valer la alegr\u00ed\u00ada espiritual o la afecci\u00f3n interna por lo le\u00ed\u00addo.<\/p>\n<p>c) Las dificultades provienen mayormente de la esterilidad espiritual de no pocas obras b\u00ed\u00adblicas, y tambi\u00e9n del deficiente nivel de formaci\u00f3n del lector. Sin embargo, en tales dificultades puede tambi\u00e9n mostrarse el car\u00e1cter de cruz de la vida cristiana.<\/p>\n<p>En una buena l.e. ha de realizarse el proceso de actualizaci\u00f3n del evangelio, del kerygma. No debe, pues, sacrificarse la amplia oferta de l.e. a un biblicismo unilateral. Precisamente en la literatura espiritual ha de acreditarse la fecundidad (fundada en la inspiraci\u00f3n) de la palabra b\u00ed\u00adblica, que logra su actualidad en virtud de dicha literatura.<\/p>\n<p>BIBLIOGRAF\u00ed\u008dA: 1. PARA UNA ORIENTACI\u00ed\u201cN HIST\u00ed\u201cRICA existen monograf\u00ed\u00adas sobre autores (por ejemplo H. Crouzel, Orig\u00f3ne et la \u00abConnaissance mystique\u00bb [Brujas 1960]), sobre temas lit\u00fargicos (por ejemplo MD) o sobre el desarrollo de la espiritualidad (por ejemplo J. Leclercq- F. Vandenbroucke &#8211; L. Bouyer, La spiritualit\u00e9 au moyen \u00e1ge [P 1961]). &#8211; 2. BIBLIOORAP\u00ed\u00adA ESPECIALIZADA: D. Gorce, La Lectio Divina. I. J\u00e9r\u00ed\u201cme et la lecture sacr\u00e9e dans le milieu asc\u00e9tique romain (P 1925); M. van Assche, \u00abDivinae vacare lectioni\u00bb: SE 1 (1948) 13-34; F. Vandenbroucke, Sur la lecture chr\u00e9tienne du Psautier au V\u00c2\u00b0 si\u00e9cle: SE 5 (1953) 5-26; Los monjes y los estudios (Poblet 1963) (vol. colectivo); J. Leclercq, Wissenschaft und Gottverlangen. Zur Mllnchstheologie des Mittelalters (D 1963); J. Sudbrack, Die geistliche Theologie des Johannes von Kastl (Mr 1966 s) Reg., espec. I 99-119 329-344 (bibl.); H. de Lubac, Ex\u00e9g\u00e9se m\u00e9di\u00e9vale, 4 vols. (P 1959-64); B. Smalley, English Friars and Antiquity in the Early Fourteenth Century (O 1960); F. Vandenbroucke, La Lectio Divina du XI\u00c2\u00b0 au XIV\u00c2\u00b0 si\u00e9cle: Stud. Mon. 8 (1966) 267 ss; M.D. Chenu, Lecture de la bible et philosophie (M\u00e9langes Gilson) (Toronto &#8211; P 1959) 161-171; J. Leclercq, Lactare priante: La liturgie et les paradoxes chr\u00e9tiens (P 1963) 243-269; P. de Leturia, Lecturas asc\u00e9ticas y lecturas m\u00ed\u00adsticas entre los Jesuitas del siglo XVI: Archivio Italiano per la Storia della piet\u00e1 II (1953). Para el desarrollo m\u00e1s reciente cons\u00faltense los manuales correspondientes. &#8211; 3. SOBRE LA TEOLOGIA Y SOBRE LA PR\u00ed\u0081CTICA (para una primera orientaci\u00f3n): H. U. v. Balthasar, Palabra, Escritura, Tradici\u00f3n: Verbum Caro, Ensayos teol\u00f3gicos 1 (Guad Ma 1964); idem, Herrlichkeit. Eine theologische \u00ed\u0081sthetik I (Ei 1961) passim, ver 511-535; Rahner III 357-394, IV 453-466, VI 101-134, VII 517-527; P: Y. Emery, Die Meditation in der Heiligen Schrift: Die Gnade des Gebets (G\u00fc 1964) 41-94; idem, L&#8217;Ecriture m\u00e9dit\u00e9e. Quatre degr\u00e9s: lecture, m\u00e9ditation, pri\u00e9re, contemplation: LumVitae 20 (1965) 619-631; A. Mattoso, A \u00ablectio divina\u00bb nos autores mon\u00e1sticos da alta edad media: Studia Monastica 9 (Ba 1967) 167-187; Ph. Dessauer, Die christliche Meditation (Mn 1968).<\/p>\n<p>Josef Sudbrack<\/p>\n<p>K. Rahner (ed.),  Sacramentum Mundi. Enciclopedia Teol\u00cf\u0192gica, Herder, Barcelona 1972<\/p>\n<p><b>Fuente: Sacramentum Mundi Enciclopedia Teol\u00f3gica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>[552] Pr\u00e1ctica asc\u00e9tica y catequ\u00ed\u00adstica, consistente en leer libros piadosos que animan a la pr\u00e1ctica del bien: vidas de santos, comentarios b\u00ed\u00adblicos, temas morales, etc. En la tradici\u00f3n cristiana, la lectura espiritual se consider\u00f3 desde los Padres y monjes antiguos una fuente de formaci\u00f3n cristiana y base para llegar a una vida de oraci\u00f3n suficiente. &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/lectura-espiritual\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abLECTURA ESPIRITUAL\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-11813","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/11813","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=11813"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/11813\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=11813"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=11813"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=11813"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}