{"id":11978,"date":"2016-02-05T08:14:57","date_gmt":"2016-02-05T13:14:57","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/masculinidad\/"},"modified":"2016-02-05T08:14:57","modified_gmt":"2016-02-05T13:14:57","slug":"masculinidad","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/masculinidad\/","title":{"rendered":"MASCULINIDAD"},"content":{"rendered":"<p>[361]<\/p>\n<p>    La naturaleza ha dotado al hombre de la riqueza sexual, la cual se halla en la cumbre de los procesos de desarrollo de los seres vivos y constituye una originalidad exuberante. La sexualidad no se reduce a la capacidad reproductora, sino que es rasgo que afecta a la totalidad de la personalidad del hombre en doble dimensi\u00f3n.<\/p>\n<p>    Por una parte, desencadena las diferencias entre el var\u00f3n y la mujer, dotando a cada uno de singulares cualidades y de propiedades intransferibles. Adem\u00e1s hace del ser humano, var\u00f3n y mujer, una fuente generosa de creatividad y de nuevas realidades cotidianas.<\/p>\n<p>    1. Dimensi\u00f3n creacional<br \/>\n    No es correcto apoyar en una lectura material de la Biblia la fortaleza o la prioridad de los masculino sobre lo femenino: aludir a soledad inicial, al mito creador de una mujer como complemento y a la ascendencia del var\u00f3n sobre la compa\u00f1era formada de la costilla original del var\u00f3n (Gn. 2. 8). Ni la mujer fue creada para el var\u00f3n ni el var\u00f3n fue creado para la mujer. (Gn. 1. 26-29)<\/p>\n<p>    El mito babil\u00f3nico de la creaci\u00f3n es compatible con otras dimensiones m\u00e1s antropol\u00f3gicas, como es la igualdad de naturalezas, la complementariedad de sexos, la libertad de ambos protoparentes, la presencia divina en sus vidas, el comienzo de su existencia en la tierra y su superioridad sobre las dem\u00e1s criaturas. Sobre todo cabr\u00ed\u00ada resaltad la clave de su identidad de haber sido hecho a \u00abimagen y semejanza de la divinidad\u00bb (Gen. 1.26)<\/p>\n<p>    El sentido del \u00abhombrevar\u00f3n\u00bb, al despertar del sue\u00f1o y exclamar al ver a la \u00abmujer\u00bb: \u00abEsto s\u00ed\u00ad que es un hueso de mis huesos y carne de mi carne\u00bb (Gn. 2. 23), no puede ser otro que un reconocimiento  de igualdad, de dignidad y de afici\u00f3n plenificadora.<\/p>\n<p>    2. Base sexual<br \/>\n    La sexualidad se constituye as\u00ed\u00ad en una fuente imprescindible de energ\u00ed\u00ada interior individual y colectiva. El ser humano se hace m\u00e1s aut\u00e9ntico por ella y se reduce a niveles de desajuste y perturbaci\u00f3n sin las fuerzas que proporciona. Se hace eco de la naturaleza, quien la ha ido organizando a trav\u00e9s de la evoluci\u00f3n de las plantas, de los animales, sobre todo de los superiores m\u00e1s cercanos al hombre.<\/p>\n<p>    La sexualidad no es s\u00f3lo la genitalidad. Las diferencias anat\u00f3micas del var\u00f3n y de la mujer y las tendencias sensoriales que en ambos naturalmente existen, nos conduce f\u00e1cilmente a la confusi\u00f3n de niveles. La riqueza fisiol\u00f3gica es grande en el ser humano, incluso superior a la de los m\u00e1s desarrollados de los mam\u00ed\u00adferos. Pero el instinto genital o reproductor, con ser magn\u00ed\u00adfico y humano, no agota toda la exuberancia de la cualidad sexual del hombre. La sexualidad humana tiene que ser situada en su nivel elevado espec\u00ed\u00adfico, pues perder\u00ed\u00ada su dignidad y su originalidad, si fuera confundida con impulsos meramente biol\u00f3gicos. La sexualidad no queda reducida s\u00f3lo a la dimensi\u00f3n psicol\u00f3gica del atractivo afectivo y a la complementaci\u00f3n social que la originalidad de cada sexo reclaman.<\/p>\n<p>    Por eso cuando se habla de masculinidad se debe superar honestamente toda referencia a la corporalidad, pues reducir la masculinidad a la genitalidad, es un empobrecimiento de la dignidad humana.<\/p>\n<p>    El verdadero rasgo original de la masculinidad se halla en los niveles espirituales a los que el ser humano puede llegar, tanto por su inteligencia y por su voluntad, como por su capacidad de obrar con libertad. Sin esta comprensi\u00f3n, no es posible valorar adecuadamente lo que significa ser hombre o ser mujer.<\/p>\n<p>    3. Musculinidad como igualdad<br \/>\n    La sexualidad es feminidad en la mujer, con lo que ella implica de ternura, de abnegaci\u00f3n y de fortaleza. Y, sobre todo, con la propensi\u00f3n hermosa que conduce a la maternidad, forma excelsa e insuperable de la realizaci\u00f3n natural de la mujer. Y la sexualidad es masculinidad en el var\u00f3n, proyectado por su propia din\u00e1mica interior al predominio, a la acci\u00f3n, a la responsabilidad del compromiso, que le impulsa a la paternidad como expresi\u00f3n de la propia madurez.<\/p>\n<p>    Desde otro punto de vista, la sexualidad conduce a la complementaci\u00f3n entre los sexos. Desde el orden fisiol\u00f3gico y corporal hasta el afectivo, an\u00ed\u00admico y espiritual, el atractivo mutuo entre hombre y mujer, m\u00e1s que cualquier otro impulso humano, abre las puertas a la b\u00fasqueda y al encuentro. A trav\u00e9s de un itinerario personal y variado, cada persona camina, en alas del deseo y a impulsos de la sorpresa, hacia quien espera que ha de convertir en pareja resonante de la propia plenitud y felicidad.<\/p>\n<p>    S\u00f3lo desde esta perspectiva se puede entender que la masculinidad no puede entenderse como fortaleza y la feminidad como debilidad.<\/p>\n<p>   En una buena educaci\u00f3n hay que superar los estereotipos recibidos de culturas machistas y llegar a promover esa dimensi\u00f3n de equilibrio que es la \u00fanica compatible con la dignidad humana.<br \/>\n  DECALOGO DEL PADRE Braulio P\u00e9rez (Fuente: Edufam)<br \/>\n 1\u00c2\u00ba.- Amar\u00e1s a tu hijo con todo tu coraz\u00f3n, alma y fuerzas,  pero sabiamente con tu cerebro. 2\u00c2\u00ba.- Ver\u00e1s en tu hijo una persona, y no un objeto de tu pertenencia. 3\u00c2\u00ba.- No le exigir\u00e1s amor y respeto, sino que tratar\u00e1s de gan\u00e1rtelo. 4\u00c2\u00ba.- Cada vez que sus actos te hagan perder la paciencia, traer\u00e1s a la memoria los tuyos, cuando ten\u00ed\u00adas su edad. 5\u00c2\u00ba.- Recuerda que tu ejemplo ser\u00e1 m\u00e1s elocuente que el mejor de los sermones. 6\u00c2\u00ba.- Piensa que tu hijo ve en t\u00ed\u00ad un ser superior; no lo desilusiones. 7\u00c2\u00ba.- Ser\u00e1s en el camino de su vida una se\u00f1al que le impedir\u00e1 tomar rumbos equivocados. 8\u00c2\u00ba.- Le ense\u00f1ar\u00e1s a admirar la belleza, a practicar el bien y a amar la verdad. 9\u00c2\u00ba.- Brindar\u00e1s atenci\u00f3n a sus problemas cuando \u00e9l considere  que puedes ayudar a solucionarlos. 10\u00c2\u00ba.- Le ense\u00f1ar\u00e1s con tu palabra y con tu ejemplo a amar a Dios sobre todas las cosas<br \/>\n   4. Masculinidad complementaria<br \/>\n    El hecho m\u00e1s radical de la naturaleza humana est\u00e1 en la doble forma en que se presenta: la de mujer y la de var\u00f3n. No basta explicar esta doble realidad por los procesos evolutivos que, a lo largo de la evoluci\u00f3n del planeta Tierra, han experimentado los seres vivos sobre la tierra, desde que, hace aproximadamente 570 millones de a\u00f1os, apareciera la vida, o desde que, hace dos millones de a\u00f1os, los mam\u00ed\u00adferos superiores que ten\u00ed\u00adan ya formas humanoides comenzaran a transformarse en seres inteligentes.<\/p>\n<p>    Para entender la identidad femenina y masculina hay que acudir a la realidad de la conciencia diferenciada. Ninguno de los machos o las hembras de cualquier especie animal son conscientes de su identidad y de su originalidad. El hombre, por el contrario, se siente masculino o femenino, se enorgullece de su feminidad o de su virilidad, posee conciencia de su sexualidad y profundiza cada vez m\u00e1s su autenticidad personal, admirando y cultivando sus atractivos y sus tendencias hacia el otro sexo.<\/p>\n<p>    Y esto lo hace a lo largo de su desarrollo humano, desde los primeros estadios de su evoluci\u00f3n psicol\u00f3gica, hasta llegar a la madurez de su personalidad.<\/p>\n<p>    Las diferencias biol\u00f3gicas y som\u00e1ticas proceden de las mismas c\u00e9lulas reproductoras de los padres: el \u00f3vulo y el espermatozoide. En el par 23 de los cromosomas existen los genes causantes de la sexualizaci\u00f3n del futuro hombre.<\/p>\n<p>     + La mujer cuenta con una riqueza corporal excelente. No son s\u00f3lo sus \u00f3rganos sexuales primarios o secundarios los que definen su peculiaridad femenina. Lo es tambi\u00e9n todo su ser en el orden psicol\u00f3gico: su conciencia de ser mujer, sus cualidades peculiares, sus rasgos espirituales.<\/p>\n<p>    La feminidad propende, por sus condicionamientos fisiol\u00f3gicos como por influencias sociales, a determinadas actitudes y comportamientos, que configuran su originalidad y su riqueza:<\/p>\n<p>   &#8211; Es m\u00e1s intuitiva, expresiva y anal\u00ed\u00adtica.<\/p>\n<p>   &#8211; Siente cierto deseo natural de captar el detalle y de establecer comparaciones, en que con facilidad se polariza la atenci\u00f3n en el propio yo.<\/p>\n<p>   &#8211; La delicadeza en las formas, la reserva personal y la valoraci\u00f3n intensa de la propia intimidad hacen a la mujer m\u00e1s reservada, discreta, y reflexiva.<\/p>\n<p>   &#8211; Su habilidad para desenvolverse en el medio humano se asocia a su propensi\u00f3n a la ternura y a la comprensi\u00f3n en el trato con los d\u00e9biles.<\/p>\n<p>   &#8211; Gusta la expresi\u00f3n indirecta y h\u00e1bil en la relaci\u00f3n social, frecuentando formas verbales corteses e insinuantes, sugerencias y propuestas razonadas y argumentos adaptados a cada situaci\u00f3n.<\/p>\n<p>   &#8211; Es afectiva y cuidadosa de las formas<\/p>\n<p>   &#8211; Sus heridas y sus rencores son m\u00e1s duraderos, aunque su intensidad depende de sus valores \u00e9ticos.<\/p>\n<p>   &#8211; Egoc\u00e9ntrica como tendencia com\u00fan y ordenada como h\u00e1bito recibido del entorno, desarrolla bien la previsi\u00f3n, la adaptaci\u00f3n y la comunicaci\u00f3n.<\/p>\n<p>     + El var\u00f3n tiende a comportamientos y actitudes m\u00e1s conformes con su misma realidad corporal, llegando incluso a la arrogancia, a la violencia o al despecho, como signo de afirmaci\u00f3n y de independencia, vinculado con su propia identidad sexual. No son sus caracteres sexuales primarios o secundarios lo que define toda su virilidad. La identidad masculina se apoya en toda su energ\u00ed\u00ada, que es la que configura su originalidad psicol\u00f3gica<\/p>\n<p>   &#8211; Aparece m\u00e1s dominador, l\u00f3gico y cr\u00ed\u00adtico, con pretensiones frecuentes de poseer la verdad. Sus visiones son m\u00e1s globales y menosprecia el pormenor como signo de peque\u00f1ez mental.<\/p>\n<p>   &#8211; Infravalora las formas, identificando delicadeza con feminidad, cosa que trata de superar o evitar.<\/p>\n<p>   &#8211; Sus habilidades para desenvolverse en el medio donde act\u00faa son siempre menos sueltas que en la mujer, pero resultan m\u00e1s constantes e impositivas.<\/p>\n<p>   &#8211; Se erige con gusto en protagonista ante otros varones, sobre todo cuando act\u00faa en presencia de la mujer que le resulta atractiva.<\/p>\n<p>   &#8211; Es directo y concreto en sus modos de comunicaci\u00f3n, expresando con soltura su conformidad o disconformidad ante las diversas situaciones.<\/p>\n<p>   &#8211; Se debe ello a su pensamiento m\u00e1s abstracto sobre las cosas as\u00ed\u00ad como a la soltura de relaciones sociales y pluralidad de las mismas. Es abierto en sus planteamientos efectivos, volviendo la mirada con facilidad al exterior o al pr\u00f3jimo.<br \/>\n  5. Masculinidad y paternidad<br \/>\n    La paternidad es el resultado de la masculinidad fecunda. Y supone una transformaci\u00f3n en el orden afectivo, moral, intelectual y social. Inicia una nueva forma de vivir la masculinidad de manera intensiva y extensiva.<\/p>\n<p>    Sobre todo, cuando se cultivan los sentimientos que se desprenden de las propias responsabilidades, el hombre cambia.  El m\u00e1s egoc\u00e9ntrico se vuelve altruista, el m\u00e1s r\u00ed\u00adgido descubre la ternura, el m\u00e1s impaciente aprende a cultivar la paz en medio de los llantos y de las impertinencias de la infancia. As\u00ed\u00ad es la naturaleza.<\/p>\n<p>    No es s\u00f3lo la ternura de los primeros a\u00f1os infantiles lo que hace al padre m\u00e1s hombre y a la madre m\u00e1s mujer. Es todo el largo camino que lleva a convertir al propio hijo o hija en un pleno ser humano, adulto y a su vez fecundo, el que desarrolla la conciencia matrimonial y lo que significa realmente la vida sexual.<\/p>\n<p>    La afectividad humana vivida en el hogar y en la relaci\u00f3n familiar sana, no es de naturaleza distinta a la sexualidad del hombre, sino su desarrollo y su prolongaci\u00f3n.<\/p>\n<p>    Hay que entender esa riqueza como modo natural de vida, ya que sin ella la personalidad de los nuevos hijos queda malformada, como en el caso de tensiones conyugales o de otras perturbaciones indeseables.<\/p>\n<p>    Y tambi\u00e9n es conveniente desconfiar de interpretaciones excesivamente tendenciosas, como cuando se generalizan los desajustes o polarizaciones. El complejo de Edipo (especial afinidad afectiva entre la madre y el hijo y viceversa) o el de Electra (afinidad padre hija) no siempre son realidades en un clima familiar sano, abierto, arm\u00f3nico y constructivo.<\/p>\n<p>    Para entender la paternidad (al igual que la maternidad) como lenguaje de plenitud, no se pude perder la perspectiva de la familia; y, con ella del don natural de la fortaleza para suplir la debilidad d la inmadurez.<\/p>\n<p>     El hombre, y no el  animal, es capaz de trascender sus impulsos y sus tendencias som\u00e1ticas, ya que posee facultades superiores, En la paternidad hay algo m\u00e1s que el instinto de protecci\u00f3n de la prole. Esta el encuentro con otro ser humano dependiente de uno en el esp\u00ed\u00adritu como lo ha estado en el cuerpo a trav\u00e9s de la fecundaci\u00f3n y gestaci\u00f3n.<\/p>\n<p>    6. Los mitos y las desviaciones<br \/>\n    En los terrenos educativos no se debe ignorar la frecuente perturbaci\u00f3n que puede existir en los esquemas naturales de la identidad masculina, complementadores de la femenina.<\/p>\n<p>   &#8211; En la Historia han surgido a veces reclamos de paternidades grupales en c\u00e9lulas de vida compartida. Esparta en Occidente y los monasterios hinduistas en Oriente, privaban a los ni\u00f1os de los padres para formarles a su estilo.<\/p>\n<p>    Los espartanos los convert\u00ed\u00adan en monstruos militares y los monjes hinduistas en m\u00ed\u00adsticos desencarnados. Tal haza\u00f1a se teoriz\u00f3 de nuevo en las utop\u00ed\u00adas humanistas, en los grupos rousonianos y en las comunas del socialismo dial\u00e9ctico. Todos aquellos ni\u00f1os sin padre resultaron hombres privados de equilibrio afectivo por ruptura de las leyes naturales.<\/p>\n<p>   &#8211; De igual manera quien tuvieron la desgracia de quedar sin padre por diversos motivos y poblaron los abundantes hospicios y asilos de tiempos antiguos carecieron de los valores del hogar y dieron testimonio en propia carne de lo que la ausencia paterna y materna representa en la vida.<\/p>\n<p>    .<br \/>\n &#8211; Cuando los movimientos homosexuales, que constituyen hoy un claro atentado a la dignidad del hombre con sus pretensiones, reclaman tambi\u00e9n el derecho de adopci\u00f3n de ni\u00f1os, se olvidan de uno de los m\u00e1s sagrados y naturales principios de la estructura humana<br \/>\n   7. Educaci\u00f3n para la masculinidad<br \/>\n    Interesa resaltar, sin caer en mitos, que la educaci\u00f3n masculina y femenina se apoya m\u00e1s en las experiencias sanas y en los testimonios de los adultos que en los postulados te\u00f3ricos sobre la diferenciaci\u00f3n sexual.<\/p>\n<p>    La armon\u00ed\u00ada entre lo que sugiere la corporalidad y la psicolog\u00ed\u00ada diferencial de los hombres y lo que proporciona la cultura en la que se vive debe ser uno de los criterios primarios para lograr la correcta educaci\u00f3n de la personalidad entera.<\/p>\n<p>    La educaci\u00f3n en clave masculina, es decir de la virilidad, no implica contraste ni discriminaci\u00f3n de la feminidad. Y educar femeninamente a la mujer no supone discriminaci\u00f3n de la masculinidad. El principio de la complementaci\u00f3n debe suponer tambi\u00e9n el de la identificaci\u00f3n sexual desde los primeros a\u00f1os.<\/p>\n<p>    Adem\u00e1s conviene recordar que la educaci\u00f3n de ambos sexos no es s\u00f3lo exigencia de la naturaleza. Tambi\u00e9n lo es de la voluntad creacional de Dios.<\/p>\n<p>    El creyente, sobre todo cristiano, tiene que acudir a la Palabra divina bien interpretada para entender lo que es voluntad divina en la dualidad de sexos y lo que significan hoy, en una cultura igualitaria, las expresiones discriminadoras de la cultura mesopot\u00e1mica en la que nacen la Biblia: los documentos que configuran el Antiguo Testamento o las formas grecorromanas de las que se nutre el Nuevo.<\/p>\n<p>    Educar en clave cristiana no es interpretar literalmente lo que dice San Pablo a los Corintios (7. 1-16), sino entender textos como este a la luz de la evoluci\u00f3n cristiana y desde la \u00f3ptica de la igualdad ante Dios de todos los creyentes. \u00abAnte \u00e9l no hay esclavo o libre, griego o jud\u00ed\u00ado, var\u00f3n o mujer, porque todos son la misma cosa en Cristo.\u00bb<\/p>\n<p>Pedro Chico Gonz\u00e1lez, Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00ed\u00ada Religiosa, Editorial Bru\u00f1o, Lima, Per\u00fa 2006<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00eda Religiosa<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>[361] La naturaleza ha dotado al hombre de la riqueza sexual, la cual se halla en la cumbre de los procesos de desarrollo de los seres vivos y constituye una originalidad exuberante. 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