{"id":11982,"date":"2016-02-05T08:15:05","date_gmt":"2016-02-05T13:15:05","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/ministerios\/"},"modified":"2016-02-05T08:15:05","modified_gmt":"2016-02-05T13:15:05","slug":"ministerios","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/ministerios\/","title":{"rendered":"MINISTERIOS"},"content":{"rendered":"<p>[263]<\/p>\n<p>     Desde una perspectiva cristiana, el hombre tiene que situarse en un mundo pluriforme, al cual ha venido a salvar el mismo Hijo de Dios. Jes\u00fas instituy\u00f3 la Iglesia para que testifique su venida redentora y lleve su mensaje de salvaci\u00f3n a todos los hombres.<\/p>\n<p>    Y la Iglesia cumple su misi\u00f3n anunciando a Jes\u00fas encarnado, el cual pas\u00f3 la mayor parte de su vida cronol\u00f3gica como sencillo trabajador en Galilea. El, que era la fuente de toda verdad y de todo amor, se hizo servidor (ministro) de los hombres y declar\u00f3 sin rodeos: \u00abEl Hijo del hombre ha venido a servir y no a ser servido\u00bb (Mt. 20.28 y Filip. 2.7)<\/p>\n<p>    Su invitaci\u00f3n a sus disc\u00ed\u00adpulos fue clara en este sentido: \u00abEl que quiera ser el mayor entre vosotros ha de ser vuestro servidor (ministro).\u00bb (Mt. 20.26 y 23.11)<\/p>\n<p>    1. Teolog\u00ed\u00ada ministerial<br \/>\n    Con este principio evang\u00e9lico es normal que en la Iglesia se haya entendido y extendido una interesante corriente teol\u00f3gica en torno a los servicios de los creyentes a todos los hombres. Esa inquietud por el servicio de caridad a los hermanos se presenta como esencial en el cristianismo. Para el creyente el trabajo se convierte en algo m\u00e1s que en modo de subsistencia; pasa a ser un lenguaje de convivencia. Sabe ver \u00e9l el medio de actuar en favor de los dem\u00e1s. Y se siente desafiado, cuando entiende que Dios le pide cada vez m\u00e1s en beneficio del pr\u00f3jimo. Se siente servidor del hombre cuanto m\u00e1s se define servidor de Dios.<\/p>\n<p>    La labor del cristiano tiene la doble dimensi\u00f3n profana y eclesial. El se pregunta por lo que tiene que hacer en la vida y en el mundo y por lo que puede y debe hacer al servicio de los hombres.<\/p>\n<p>    Es importante educar al ni\u00f1o y al joven para que cumplan con sus deberes naturales de laboriosidad y de solidaridad. Pero es m\u00e1s necesario educarles como cristianos para que asuman su responsabilidad eclesial y descubran su vocaci\u00f3n de miembros del Cuerpo M\u00ed\u00adstico en el que cada uno tiene su misi\u00f3n.<\/p>\n<p>    Entendida la Iglesia como comunidad de comunidades, situada en el mundo de forma activa, consciente de su misi\u00f3n de servir a los hombres y de anunciar el Evangelio, siempre ha proclamado que el trabo humano es un servicio querido por Dios y que las tareas eclesiales son un deber de todo creyente.<\/p>\n<p>    La Teolog\u00ed\u00ada de los ministerios parte de la realidad humana y radical del trabajo como necesidad y como deber. Sobre la realidad natural (antropol\u00f3gica) elabora los planteamientos espirituales (teol\u00f3gicos), proclamando que es preciso repartir y compartir las misiones eclesiales para bien de la comunidad de los creyentes en Cristo. Jes\u00fas quiso que en la Iglesia haya diversidad de servicios y haya complementariedad de funciones. El programa se halla en las cartas de S. Pablo (1. Cor. cap 12).<\/p>\n<p>    Y por eso se ha desarrollado la \u00abTeolog\u00ed\u00ada de los ministerios\u00bb. Y se ha presentado como forma de desclerificar la comunidad cristiana. Se ha resaltado la importancia del \u00abministerio\u00bb de cada bautizado y no s\u00f3lo la \u00abdel ministerio ordenado\u00bb por el sacramento del sacerdocio.<\/p>\n<p>    Cada persona, en el cumplimiento de sus deberes y en la variedad de las actividades, es ministro responsable y colaborador en la caridad y en la Evangelizaci\u00f3n. Ello hace posible la vida cristiana en un mundo que progresa y en una Iglesia que se encarna en \u00e9l.<\/p>\n<p>    2. Trabajo como fuente.<\/p>\n<p>    En la Iglesia siempre se ha considerado el trabajo como el primer deber del hombre. Y se ha pedido a los cristianos que miren cualquier profesi\u00f3n en clave de servicio eclesial. Se debe superar el riesgo de separar lo que es creencia religiosa y lo que es trabajo cotidiano.<\/p>\n<p>    Uno de los primeros reclamos que aparece en en la Escritura es la misi\u00f3n de trabajar que Dios confi\u00f3 a los hombres. \u00abEl Se\u00f1or Dios plant\u00f3 un jard\u00ed\u00adn en el Ed\u00e9n y coloc\u00f3 al hombre en \u00e9l para que lo guardase y lo cultivase\u00bb. (Gen 1. 27-29 y 2. 15). El sentido punitivo del trabajo vendr\u00ed\u00ada despu\u00e9s, por motivo del pecado: \u00abComer\u00e1s el pan con el sudor de tu frente.\u00bb (Gn. 3.17)<\/p>\n<p>    Para los creyentes no puede darse esa divisi\u00f3n radical: actividad creadora y castigo. Ellos ejercen su profesi\u00f3n en el mundo, o deben ejercerla, pensando de alguna manera que todos los hombres son hermanos.<\/p>\n<p>    S. Pablo condenaba la ociosidad como fuente de desorden. Dec\u00ed\u00ada a los Tesalonicenses: \u00abCada uno tenga su propio trabajo y viva de \u00e9l\u00bb (1 Tes. 2.9 y 4.11) y les reclamaba: \u00abEl que no trabaja que no coma.\u00bb (2 Tes. 3.10)<\/p>\n<p>    Adem\u00e1s, los cristianos saben que en la Iglesia se necesitan muchos servicios y dedicaciones, especialmente relacionados con el Reino de Dios. Deben ser realizados por los que se sienten miembros del Cuerpo M\u00ed\u00adstico.<\/p>\n<p>    San Pablo expresaba esta dimensi\u00f3n eclesial del trabajo con el programa que ser\u00ed\u00ada b\u00e1sico en el cristianismo:<\/p>\n<p>    \u00abCada uno debe examinar su propia conducta, pero la suya, no la del vecino, para que se sienta lleno de satisfacci\u00f3n. Nadie debe retirar el hombro a la hora de llevar la propia carga&#8230;<\/p>\n<p>    Pero no nos debemos cansar de hacer el bien a los dem\u00e1s; a su tiempo recogeremos magn\u00ed\u00adfica cosecha. Aprovechemos cualquier oportunidad para hacer el bien a todos, sobre todo a aquellos que son nuestros hermanos en la fe\u00bb. (Gal. 6. 7-10)<\/p>\n<p>    2.1. Creaci\u00f3n y trabajo<br \/>\n    El hombre, puesto por Dios en el mundo, se siente criatura y, por lo tanto, dependiente de la voluntad divina. Agradece al Se\u00f1or el haberle dado la capacidad de actuar para realizarse como persona activa y libre y para relacionarse con los dem\u00e1s seres humanos con esfuerzos, servicios y obras.<\/p>\n<p>    El hecho de que el hombre sea tambi\u00e9n creador de las realidades y de los progresos del mundo le engrandece y ennoblece. Por torpe que sea su acci\u00f3n y por excelente que resulte la de un animal irracional, sabe que lo humano supera en dignidad y profundidad a todo lo que proceda de los dem\u00e1s seres. S\u00f3lo la opci\u00f3n humana puede ser libre y solo la conciencia humana puede ser responsable y acercarse o alejarse de Dios.<\/p>\n<p>    Cuando el cristiano descubre el sentido de Iglesia, entiende que su trabajo tiene valor de servicio y de colaboraci\u00f3n con los dem\u00e1s hijos de Dios. Entonces sus perspectivas se elevan y le es posible mirar con ojos de fe las oportunida des y las opciones que asume. En lenguaje cristiano, el labrador que cultiva la tierra, el constructor que eleva edificios o el m\u00e9dico que cura enfermos, antes que un trabajo rentable para s\u00ed\u00ad, realizan acciones dichosas para los dem\u00e1s.  Las bases de una visi\u00f3n cristiana del trabajo humano pueden situarse en esa voluntad de Dios, que ha querido que el hombre, que es criatura, colabore con El en este mundo como asociado a la obra de la continua creaci\u00f3n.<\/p>\n<p>   2.2. Antropolog\u00ed\u00ada y sociolog\u00ed\u00ada   En consecuencia, el hombre se define, visto en s\u00ed\u00ad mismo (antropolog\u00ed\u00ada), como un ser creativo, activo y necesariamente laboral. Ha nacido para trabajar y trabaja para vivir.  Es ley de la naturaleza obtener resultados provechosos que le permitan sobrevivir y convivir: cada uno como persona y cada uno como solidario con cuantas personas se vinculan con \u00e9l.<\/p>\n<p>    Pero adem\u00e1s el hombre es radicalmente social (sociolog\u00ed\u00ada); el hacer algo provechoso, el tener una profesi\u00f3n o un oficio, el ser solidario, es decisivo para la armon\u00ed\u00ada en la convivencia y para la orientaci\u00f3n de la existencia.<\/p>\n<p>    El hombre sirve a los dem\u00e1s con los frutos de sus trabajo y ejerce en la sociedad humana un ministerio general, pero imprescindible. Es la fuente y fundamento de la paz, del progreso, de la armon\u00ed\u00ada y de la supervivencia social.<\/p>\n<p>    En la humanidad, tal como Dios la ha dise\u00f1ado, el trabajo es el ministerio radical, universal, que m\u00e1s define la identidad de cuantos la componen.<\/p>\n<p>    2.3. Honradez y profesionalidad<br \/>\n    Con lo dicho, es f\u00e1cil entender que el hombre debe trabajar para s\u00ed\u00ad y para los dem\u00e1s. Llamamos honradez y honestidad a la actitud de realizar el trabajo obligado con dignidad y el no obligado con generosidad.<\/p>\n<p>    Es honradez el elegir, preparar y ejercer un trabajo profesional digno, honesto y beneficioso para todos. Y los es el realizarlo con perfecci\u00f3n y con proyecci\u00f3n. La honradez hace al hombre coherente con sus responsabilidades morales y profesionales. Es equivalente a dignidad moral, a sensibilidad ante la propia conciencia, a satisfacci\u00f3n ante s\u00ed\u00ad mismo y a generosidad y grandeza de \u00e1nimo ante los dem\u00e1s.<\/p>\n<p>    El t\u00e9rmino es sin\u00f3nimo de rectitud, de probidad, de integridad \u00e9tica: &#8211; La rectitud alude a los criterios de comportamiento, que se ajustan al deber y a la conveniencia en cada situaci\u00f3n.<\/p>\n<p> &#8211; La probidad se refiere al servicio adecuado a los dem\u00e1s, el cual se define como digno por su concordancia con la justicia y la solidaridad.<\/p>\n<p> &#8211; La integridad recoge la fortaleza de \u00e1nimo ante el deber, la cual impulsa a no vacilar en lo que se debe hacer en cada momento.<\/p>\n<p>    La \u00abhonradez\u00bb se presenta as\u00ed\u00ad como valor y como virtud. Ella hace posible sentir el honor ante s\u00ed\u00ad y ante los dem\u00e1s (honra), en funci\u00f3n de las normas sociales y de las exigencias naturales.<\/p>\n<p>  &#8211;  Es valor, pues refleja una riqueza moral, incomparablemente mejor que su contraria, a la cual, a falta de ant\u00f3nimo castellano, la llamamos \u00abfalta de honradez\u00bb y fuente de \u00abdeshonra\u00bb ante los otros. Es honrado el que es justo y act\u00faa con respeto, proporci\u00f3n y adaptaci\u00f3n.<\/p>\n<p>  &#8211;  Es virtud por proceder de la repetici\u00f3n de muchos actos buenos y, por lo tanto, de muchos esfuerzos solidarios. Ello supone fortaleza, vencimiento, energ\u00ed\u00ada moral y conciencia \u00e9tica, amor al pr\u00f3jimo por quien se trabaja.<\/p>\n<p>   &#8211; Tal virtud y tal valor s\u00f3lo se desarrollan con el cultivo de h\u00e1bitos de bien obrar. Por eso cultivar el sentido de solidaridad y el esp\u00ed\u00adritu de servicio a los hombres es condici\u00f3n de crecimiento espiritual. Ayuda la sensibilidad innata ante el deber. Pero no es suficiente las propensiones naturales buenas, sino que es preciso el esfuerzo propio, las experiencias ajenas de apoyo y la reflexi\u00f3n frecuente sobre las exigencias del deber y sobre las necesidades de los dem\u00e1s.<\/p>\n<p>    Cuando el hombre realiza cualquier acci\u00f3n beneficiosa para s\u00ed\u00ad y para los dem\u00e1s, pone en juego su honradez si lo hace con consciencia y en conciencia. Por eso es tan importante educar desde los primero a\u00f1os para caminar en esta direcci\u00f3n.<\/p>\n<p>    2.4. Elecci\u00f3n profesional<br \/>\n    La elecci\u00f3n o aceptaci\u00f3n de un trabajo fijo preferido (profesi\u00f3n), para el que se cuenta con cualidades y por el que siente atractivos, entra de alguna forma en el campo de la conciencia como deber y en el terreno de la convivencia como posibilidad de servicios excelentes.<\/p>\n<p>    El hombre debe, pues, elegir con acierto y ejercer con satisfacci\u00f3n su profesi\u00f3n. La naturaleza reclama a cada hombre, en la medida de lo posible, trabajar en lo que puede ser m\u00e1s \u00fatil para s\u00ed\u00ad mismo y para los dem\u00e1s, pero en conformidad con sus posibilidades mentales, afectivas, morales y sociales.<\/p>\n<p>    Pero el cristiano deber ver en tal elecci\u00f3n, preparaci\u00f3n y ejercicio una oportunidad de colaborar con Dios y tambi\u00e9n una forma de servir a los hombres.<\/p>\n<p>    Si s\u00f3lo mira el aspecto social y personal de una profesi\u00f3n, y de la \u00abvocaci\u00f3n\u00bb que lleva a ella, se queda en un terreno de naturaleza. Si piensa que, detr\u00e1s de esa elecci\u00f3n y ejercicio, late la voluntad de Dios, entonces se mueve en el terreno del Evangelio.<\/p>\n<p>    Los cristianos est\u00e1n llamados a hacer todas las cosas por Dios y a dar sentido trascendente a sus compromisos laborales. Tales perspectivas son muy superiores a la simple motivaci\u00f3n humana:<br \/>\n   &#8211; La vocaci\u00f3n en general es una llamada de Dios, que se precisa por la simpat\u00ed\u00ada y las aptitudes de que El mismo adorn\u00f3 a cada hombre.<\/p>\n<p>   &#8211; La profesi\u00f3n es la acci\u00f3n preferente en un terreno laboral, para el que uno se prepara, en conformidad con una vocaci\u00f3n que se siente interiormente.<\/p>\n<p>   &#8211; Hay que ense\u00f1ar a todos los hombres, sobre todo a los ni\u00f1os y j\u00f3venes, que pensar en el futuro profesional no es s\u00f3lo hacer balance de ventajas, de riesgos y de beneficios. Es dise\u00f1ar ideales de vida humana con \u00f3pticas evang\u00e9licas.<\/p>\n<p>    2.5. Ideales de vida<br \/>\n    El cristiano tiene que situar sus proyectos de vida y de acci\u00f3n en el contexto de sus compromisos bautismales, para con Dios y para con los hombres. En virtud de la pertenencia al Cuerpo M\u00ed\u00adstico, la vida del cristiano no le puede interesar a \u00e9l s\u00f3lo, sino que tambi\u00e9n tiene que ver con el resto de la Iglesia.<\/p>\n<p>    No hay que apreciar los esfuerzos vocacionales y profesionales desde una plataforma de meros intereses materiales. Ser\u00ed\u00adan ideales meramente humanos: mercantiles, ego\u00ed\u00adstas, pobres. Se precisa conformarlos con el modelo de Jes\u00fas, que tambi\u00e9n desarroll\u00f3 vida de trabajador durante la mayor parte de su existencia terrena.<\/p>\n<p>    Hay muchas formas de equivocarse y elegir y desarrollar caminos profesionales al margen del plan de Dios.<\/p>\n<p> &#8211; Los pragmatistas y ego\u00ed\u00adstas se s\u00f3lo se centran en intereses, ganancias, p\u00e9rdidas, ventajas, utilidades.<\/p>\n<p> &#8211; Los ut\u00f3picos e idealistas se evaden con ensue\u00f1os y se embarcan en aventuras superficiales y poco conformes con la prudencia cristiana.<\/p>\n<p> &#8211; Los perezosos y amorfos rehuyen el esfuerzo de elegir y de prepararse y s\u00f3lo aspiran a una existencia l\u00e1nguida, c\u00f3moda y egoc\u00e9ntrica.<\/p>\n<p> &#8211; Los orgullosos y vanidosos pretenden ante todo sobresalir ante los dem\u00e1s, sin apenas sentido del servicio.<\/p>\n<p>    A estos y a otros muchos, resulta imposible descubrir el valor creativo y espiritual de la acci\u00f3n humana.  El cristiano va por otros caminos. Se acomoda a lo que Dios espera de \u00e9l y  construye ideales teniendo en cuenta los designios de la Providencia, pensando en el Reino de Dios de forma prioritaria y buscando el bien de los hombres.<\/p>\n<p>    3. Ministerios eclesiales<br \/>\n    Con la perspectiva general expuesta, resulta f\u00e1cil entender que, tambi\u00e9n en la Iglesia, Dios quiere que cada uno aporte sus capacidades, disponibilidades y afectos en la direcci\u00f3n que mejor responda a los reclamos humanos.<\/p>\n<p>    El Catecismo de la Iglesia Cat\u00f3lica dice a los cristianos: \u00abTodos los fieles, tambi\u00e9n los laicos, est\u00e1n encargados por Dios del Apostolado en virtud del Bautismo que han recibido y de la Confirmaci\u00f3n que les ha fortalecido.<\/p>\n<p>    Por eso tienen la obligaci\u00f3n y gozan del derecho, individualmente y agrupados en asociaciones, de trabajar para que el mensaje divino de la salvaci\u00f3n sea conocido y recibido por todos los hombres y en toda la tierra.<\/p>\n<p>    Esta obligaci\u00f3n es tanto m\u00e1s apremiante, cuanto que por su medio pueden los dem\u00e1s hombres o\u00ed\u00adr el Evangelio y conocer a Cristo. (N\u00c2\u00ba 900)<\/p>\n<p>    3.1. Variedad de ministerios.<\/p>\n<p>    La Iglesia siempre ha invitado a sus miembros a servir a los hombres en sus trabajos humanos; pero tambi\u00e9n les ha reclamado para que a\u00f1ada, con desinter\u00e9s y generosidad, los diversos esfuerzos que pueden realizar por los dem\u00e1s por caridad y sin buscar rentabilidad.<\/p>\n<p>    Y son muchos los cristianos que responden entregando toda o parte de su vida a una labor apost\u00f3lica y solidaria con los dem\u00e1s. Como las necesidades humanas son muchas, es normal que las tareas eclesiales se hayan multiplicado enormemente. Y, por eso, los servicios eclesiales, orientados a la extensi\u00f3n del Reino de Dios y a la vivencia interior del Cuerpo M\u00ed\u00adstico de Cristo, pueden agruparse seg\u00fan las diversas maneras de ejercer la caridad: beneficencia y asistencia, predicaci\u00f3n y evangelizaci\u00f3n, animaci\u00f3n de la fe mediante la plegaria y la vida sacramental, etc.<\/p>\n<p>   3.2. Ministerios de la Caridad.<\/p>\n<p>   Se pueden denominar as\u00ed\u00ad a todas aquellas tareas que benefician a los hombres en sus necesidades materiales, morales y espirituales, cuando no se hallan satisfechas en los m\u00ed\u00adnimos imprescindibles para le existencia humana digna.<\/p>\n<p>   &#8211; Atenci\u00f3n de enfermos y moribundos.<\/p>\n<p>   &#8211; La limosna a los necesitados.<\/p>\n<p>   &#8211; El cuidado de exp\u00f3sitos, hu\u00e9rfanos, ancianos y marginados.<\/p>\n<p>   &#8211; El servicio de los indigentes, transe\u00fantes y emigrantes, refugiados.<\/p>\n<p>   &#8211; La ayuda a los desempleados, marginados y encarcelados.<\/p>\n<p>   &#8211; El consuelo de tristes, fracasados y angustiados, etc.<\/p>\n<p>    Lo com\u00fan a todos los ministerios de caridad es acoger, como Cristo acog\u00ed\u00ada, a cuantos se hallan abandonados a su suerte y no encuentran entra\u00f1as de misericordia en los dem\u00e1s hombres, sobre todo en los fuertes.<\/p>\n<p>    Son ministerios tiernamente reflejados en las palabras de Jes\u00fas: \u00abVenid a mi todos los que est\u00e1is afligidos y yo os aliviar\u00e9\u00bb (Mt. 11.28). Los primeros disc\u00ed\u00adpulos las entendieron perfectamente, como vemos en el relato de sus primerasacciones: \u00abVend\u00ed\u00adan sus posesiones y haciendas y las distribu\u00ed\u00adan entre todos seg\u00fan sus necesidad.\u00bb (Hech. 2.44).<\/p>\n<p>    Los que siguieron las ense\u00f1anzas de Jes\u00fas como Maestro se prolongaron a lo largo de los siglos.<\/p>\n<p>    Su actitud generosa prolong\u00f3 en la Historia la misericordia del mismo Padre del cielo. Y fue su ejemplo el principal atractivo de los seguidores de Jes\u00fas.<\/p>\n<p>    3.3. Ministerios de la Palabra.<\/p>\n<p>   Se presentaron siempre paralelos a los servicios de la caridad. Son los que sit\u00faan la proclamaci\u00f3n del mensaje revelado por Dios en el centro de las inquietudes apost\u00f3licas.<\/p>\n<p>    El mandato misional del mismo Jes\u00fas (Mt. 28. 20), es el inspirador de ministerios como los siguientes:<br \/>\n   &#8211; Evangelizaci\u00f3n o primer anuncio misional a paganos e increyentes.<\/p>\n<p>   &#8211; Predicaci\u00f3n o proclamaci\u00f3n de la verdad a todos los hombres.<\/p>\n<p>   &#8211; Homil\u00ed\u00ada o celebraci\u00f3n lit\u00fargica de la Palabra recibido de Dios y ofrecida a los hermanos para hacerla vida.<\/p>\n<p>   &#8211; Educaci\u00f3n cristiana, con la instrucci\u00f3n profana y la formaci\u00f3n religiosa.<\/p>\n<p>   &#8211; Catequesis, sobre todo de ni\u00f1os y j\u00f3venes, como proceso de iniciaci\u00f3n en la fe y en la vida cristiana, sobre todo con referencia a los sacramentos.<\/p>\n<p>   &#8211; Estudio y cultivo de la Teolog\u00ed\u00ada iluminadora de la fe y de las ciencias religiosas y ense\u00f1anza de sus principios a los que pueden sentirse inquietos por ellos.<\/p>\n<p>   &#8211; La buena prensa y los medios audiovisuales puestos al servicio de la fe, pues tanto pueden influir para bien o para mal.<\/p>\n<p>    Estos ministerios se hallan especialmente vinculados al mandato que Jes\u00fas dio a sus seguidores de ir por todo el mundo anunciando el Reino de Dios. Reflejan su misma acci\u00f3n prof\u00e9tica y expresan el deseo de todos los que le siguen de que su mensaje de salvaci\u00f3n llegue a todos los hombres.<\/p>\n<p>    3.4. Ministerios de la plegaria.<\/p>\n<p>    Son los promotores de la Liturgia y de la celebraci\u00f3n de los sacramentos y de los recuerdos del Se\u00f1or. Tienen en com\u00fan la promoci\u00f3n de la vida de oraci\u00f3n y de fe; y se desenvuelven con la promoci\u00f3n de encuentros fraternos, de convivencias espirituales, de movimientos y asociaciones que buscan promover mejor vida evang\u00e9lica.<\/p>\n<p>    Son ministerios de oraci\u00f3n y plegaria, de encuentro y celebraci\u00f3n, entre otros:<br \/>\n   &#8211; La vida contemplativa como testimonio de Dios ante los hombres del mundo y como recuerdo de lo trascendente.<\/p>\n<p>   &#8211; La promoci\u00f3n de la liturgia y de las celebraciones religiosas cristianas.<\/p>\n<p>   &#8211; La animaci\u00f3n sacramental en el pueblo cristiano, sobre todo en referencia a los sacramentos que requieren una especial preparaci\u00f3n.<\/p>\n<p>   &#8211; El culto eucar\u00ed\u00adstico: adoraci\u00f3n, participaci\u00f3n, comuni\u00f3n, por ser la Eucarist\u00ed\u00ada el sacramento de la presencia de Dios mismo entre los hombres.<\/p>\n<p>   &#8211; Tambi\u00e9n la animaci\u00f3n de movimientos penitenciales y grupos reparadores.<\/p>\n<p>   &#8211; Las diversas obras de piedad y devoci\u00f3n: cofrad\u00ed\u00adas, santuarios, peregrinaciones, etc.<\/p>\n<p>   &#8211; Entre estos ministerios sobresale el de los padres cristianos, cuando educan a sus hijos en la virtud y les ense\u00f1an a dirigirse a Dios para dar sentido a sus vidas desde los primeros a\u00f1os.<\/p>\n<p>4. Vocaci\u00f3n eclesial y ministerios<\/p>\n<p>    La solidaridad eclesial, incluso en una perspectiva humana, reclama una atenci\u00f3n y un recuerdo a la existencia de proyectos divinos sobre cada uno de los seguidores de su Hijo.<\/p>\n<p>    Dios ha llamado y sigue llamando a los hombres, en general y en particular: en general les llama a una labor en la vida, a la cual llamamos profesi\u00f3n o trabajo y para ella les da cualidades humanas adecuadas: en particular les pide a los miembros de la Iglesia que colaboren en la proclamaci\u00f3n del mensaje de salvaci\u00f3n y hagan el bien a todos.<\/p>\n<p>    Tiene mucha importancia al educar al hombre para que sepa situarse en esta doble dimensi\u00f3n: la general en la vida y la particular en la comunidad creyente.<\/p>\n<p>    El cristiano busca su lugar y el mejor camino para situarse en \u00e9l. Piensa y consulta, observa y compara, siente y vive las propias experiencias y las ajenas. Y sobre todo ora para acertar en el camino que Dios quiere para el.<\/p>\n<p>    La disposici\u00f3n positiva para aportar algo concreto a la Comunidad cristiana a la que se pertenece deber\u00e1 conducirlo a los ministerios apost\u00f3licos para los que est\u00e1 dotado: catequesis, oraci\u00f3n, animaci\u00f3n de grupos, servicios de caridad con los pobres o personas que sufren.<\/p>\n<p>    Precisamente esa aportaci\u00f3n espec\u00ed\u00adfica es la que refleja el nivel y la calidad de la pertenencia a la Iglesia y la profundidad de la fe y de la caridad.<\/p>\n<p>    Las formas de encontrar ese mejor camino para la labor son diversas:<br \/>\n   &#8211; Unas veces se logra a trav\u00e9s de la comunidad que llamamos Parroquia , en donde se hallan cauces y terrenos de aportaci\u00f3n.<\/p>\n<p>   &#8211; En ocasiones se reciben y escuchan las invitaciones en los grupos, movimientos o servicios menos localizados en un lugar preciso: institutos religiosos, movimientos misioneros o ecum\u00e9nicos, etc.<\/p>\n<p>   &#8211; Puede ser que en la conciencia de algunos brote la inspiraci\u00f3n interior e independiente que impulse la acci\u00f3n.<\/p>\n<p>   &#8211; Y es frecuente que la voluntad divina se manifieste por medio de las circunstancias especiales: amigos, compa\u00f1eros, desgracias, oportunidades.<\/p>\n<p>   El camino es secundario. El fin, que es servir a Dios por medio de los hombres, es lo que debe mirarse con preferencia para cumplir la voluntad divina. Lo normal es que un paso conduzca al siguiente sin apenas advertir que es Dios el que habla por medio de las contingencias m\u00e1s sencillas de la vida cotidiana.<\/p>\n<p>    5. Ministerios selectos<\/p>\n<p>    En esta l\u00ed\u00adnea eclesial, es bueno recordar que en la Iglesia se han dado algunos modos, caminos o estados, que a lo largo de los siglos han centrado el sentido ministerial de forma privilegiadas: Institutos y congregaciones religiosas, movimientos y servicios apost\u00f3licos, grupos y formas de piedad y oraci\u00f3n.<\/p>\n<p>    5.1. El estado religioso<\/p>\n<p>    Desde los primeros tiempos de la Iglesia muchos cristianos se sintieron llamados a vivir el mensaje de Jes\u00fas en forma m\u00e1s exigente y perfecta. Surgieron los institutos, congregaciones, ordenes religiosas: eremitas y cenobitas, monjes, can\u00f3nigos regulares, frailes mendicantes, sociedades, religiosos laicales, institutos seculares.<\/p>\n<p>    5.1.1. Desarrollo<\/p>\n<p>    Es interesante comprobar que los ministerios de especial consagraci\u00f3n en la Iglesia se han ido desenvolviendo de manera gradual y siempre adaptada a los diversos tiempos y lugares.<\/p>\n<p>    En los tiempos apost\u00f3licos, ya hubo miembros de la comunidad que se dedicaba a servir a los m\u00e1s necesitados de la comunidad (por ejemplo, los di\u00e1conos en Hech. 2. 48; 4. 36; 5. 1-10; 6. 1-7).<\/p>\n<p>   Desde el siglo II se conocen cristianos que se retiraban de la vida ordinaria de las ciudades y aldeas para orar y hacer penitencia en la soledad. Prestaban muchos servicios, sobre todo espirituales, a la Iglesia. Luego surgen los cenobitas, agrupados en comunidades o cenobios, con cierta proyecci\u00f3n y servicio a los habitantes del entorno.<\/p>\n<p>    Cuando m\u00e1s tarde se someten a \u00abReglas\u00bb o normas de vida m\u00e1s uniforme, (S. Basilio en Oriente, s. IV; S. Agust\u00ed\u00adn en Africa, s. V y San Benito en Italia, s. VI) surgen los Monasterios para rezar y trabajar (\u00abora et labora)<\/p>\n<p>    En el siglo X se inician ciertos movimientos de can\u00f3nigos regulares en algunas iglesias o catedrales.<\/p>\n<p>    Y en el XII y XIII se multiplican las Ordenes militares para defender la cristiandad y los frailes (hermanos) mendicantes para predicar y ense\u00f1ar, redimir, consolar.<\/p>\n<p>    El siglo XIII representa la floraci\u00f3n de esas \u00ab\u00f3rdenes o grupos ministeriales\u00bb: franciscanos, dominicos, mercedarios, al mismo tiempos que surgen los contemplativos: cartujos y los hospitalarios.<\/p>\n<p>    La Iglesia conoce en las nacientes ciudades grupos con mayor movilidad para la predicaci\u00f3n y los servicios de caridad. Los monasterios se complementan con los conventos y los monjes se armonizan  con los \u00abhermanos\u00bb o frailes. Surgen grupos que atienden hospitales, peregrinos, cautivos, santuarios<br \/>\n    A partir de la Edad Moderna los grupos se diversifican: cl\u00e9rigos regulares, grupos misioneros, monasterios femeninos abiertos a la docencia, los grupos hospitalarios. Se atienden los m\u00e1s diversos ministerios: enfermos y dementes (S. Juan de Dios), ense\u00f1anza (Sta. Angela de M\u00e9rici), enfermos y ense\u00f1anza (S. Cayetano de Thiene), escuelas de piedad (S. Jos\u00e9 de Calasanz)), la mayor gloria de Dios (Compa\u00f1\u00ed\u00ada de Jes\u00fas).<\/p>\n<p>    Y con el paso del tiempo, se van divulgando otras formas de vida m\u00e1s abierta para aumentar las formas de servicio: Institutos sacerdotales y laicales, sociedad de vida com\u00fan, y luego grupos, cofrad\u00ed\u00adas, movimientos seculares, para atender mejor a todos los servicios que surgen en la Iglesia.<\/p>\n<p>    5.1.2  Vocaci\u00f3n y votos<br \/>\n    Lo com\u00fan de todos estos grupos masculinos y femeninos es la vocaci\u00f3n y los compromisos.<\/p>\n<p>   &#8211; La vocaci\u00f3n es la llamada que sienten los que entran en ellos, en la \u00abvida religiosa\u00bb, para determinado servicio: enfermos, ense\u00f1anza, misiones&#8230; La vocaci\u00f3n se requiere para el ministerio espec\u00ed\u00adfico de cada \u00abinstituto\u00bb. Consiste en la inspiraci\u00f3n interior para llevar el g\u00e9nero de vida propio de cada Congregaci\u00f3n. Supone cualidades humanas y espirituales, al mismo tiempo que voluntad libre para seguir el camino de servicio eclesial que se abre ante sus ojos.<\/p>\n<p>   &#8211; Los compromisos son los votos religiosos, solemnes o simples, perpetuos o temporales, con los la voluntad se adhiere firmemente a la llamada de Dios para llevar vida de pobreza generosa, de castidad perfecta y de obediencia total. Son los que se consideran los tres consejos m\u00e1s significativos del Evangelio.<\/p>\n<p>    Estos \u00abconsejos evang\u00e9licos\u00bb se expresan por la vida entregada a la oraci\u00f3n y al apostolado, seg\u00fan cada familia religiosa.<\/p>\n<p>    Unas viven m\u00e1s la dedicaci\u00f3n a la oraci\u00f3n y por eso se llaman de \u00abvida contemplativa\u00bb; y otras viven m\u00e1s la \u00abvida activa\u00bb para servir a los hombres en diversas necesidades.<\/p>\n<p>    5.1.3. Testimonio y servicio<\/p>\n<p>    Lo t\u00ed\u00adpico de estos ministerios religiosos es la organizaci\u00f3n que implican los \u00abinstitutos religiosos\u00bb y la dependencia de cada miembro de planes y proyectos colectivos que hacen posible un ministerio m\u00e1s eficaz, m\u00e1s organizado y m\u00e1s eclesial.<\/p>\n<p>   Por eso la Iglesia es deudora a todos estos grupos que nacieron para servirla, al mismo tiempos que ellos son deudores a la Iglesia de su fidelidad y de su servcicio.<\/p>\n<p>    5.2. Servicios apost\u00f3licos<\/p>\n<p>    No debemos olvidar los otros ministerios que tantos cristianos han ido desempe\u00f1ando, sin pertenecer a Institutos religiosos. Han sido decisivos en la Iglesia. Los solemos denominar \u00abministerios apost\u00f3licos por imitar la tarea de los primeros Ap\u00f3stoles de cuantos proyectos, acciones o servicios fueron realizados por cristianos no vinculados a los Institutos y ordenes religiosas.<\/p>\n<p>   Los primeros, y m\u00e1s significativos, son los ministerios \u00abordenados o sacerdotales, alma del servicio en la Iglesia.<\/p>\n<p>    En los \u00faltimos siglos, los grupos y formas de vida religiosa se han ido multiplicando portentosamente en la Iglesia.<\/p>\n<p>    La misi\u00f3n de todos ellos ha sido siempre el servicio a la Iglesia o comunidad de los cristianos. Se puede decir que no hay necesidad humana o espiritual que no haya hallado alguna respuesta, a trav\u00e9s de algunas instituciones religiosas, que se preocuparon de trabajar en ellas. Esclavos, enfermos, peregrinos, ancianos, hu\u00e9rfanos, emigrantes, paganos, moribundos, leprosos, marginados, etc. encontraron siempre alguien que se dedicaba de forma muy espec\u00ed\u00adfica a su atenci\u00f3n preferente.<\/p>\n<p>    Entre los miles de Congregaciones o Institutos surgidos en la Historia los hubo de todos los ministerios posibles:<br \/>\n   &#8211; Unas fueron y son sanitarias y su atenci\u00f3n en los enfermos, sobre todo con miras a preparar a los cristianos para la buena muerte y para acoger el sufrimiento con sentido evang\u00e9lico.<\/p>\n<p>   &#8211; Otras fueron y son docentes y educativas, al dedicarse con preferencia a obras de catequesis, de promoci\u00f3n cultural, de asistencia a ni\u00f1os y j\u00f3venes.<\/p>\n<p>   &#8211; Siguen siempre vivas las asistenciales, que trataron siempre de atender a las diversas pobrezas que se dan en el mundo: mendigos, abandonados, marginados, hu\u00e9rfanos, obreros explotados, delincuentes de diverso tipo, etc.<\/p>\n<p>   &#8211; Y tambi\u00e9n se multiplicaron las misioneras, cuya labor primordial fue extender el Evangelio en los ambientes en donde nunca se recibi\u00f3 el primer anuncio.<\/p>\n<p>   &#8211; Siguen en pleno vigor las contemplativas, las penitenciales, las adoradoras, etc. que forman grupos cuyo vivo testimonio de fe son recuerdo perpetuo para todos los creyentes.<\/p>\n<p>    La creatividad de la Iglesia, originando nuevas formas de vida apost\u00f3lica all\u00ed\u00ad donde van apareciendo nuevas necesidades, ser\u00e1 siempre inmensa: prensa y medios audiovisuales, drogadicci\u00f3n y marginaci\u00f3n juvenil, etc.  La Iglesia, como Jes\u00fas, est\u00e1 en el mundo para servir y sus ministros y ministerios son inagotables.<\/p>\n<p>     5.3. Ministerio catequ\u00ed\u00adstico<\/p>\n<p>     Entre los ministerios de la palabra merece ser resaltado el catequ\u00ed\u00adstico, en el cual la Iglesia siempre se ha desenvuelto con inter\u00e9s, adaptaci\u00f3n y acierto.<\/p>\n<p>     Ese ministerio reclama dotes especiales de cultura y disponibilidad, de adaptaci\u00f3n y de sensibilidad evang\u00e9lica.<\/p>\n<p>    Se puede decir que el ministerio de la catequesis es amplio, urgente y exigente en cuanto a formas de acci\u00f3n y en cuanto a personas dispuestas.<\/p>\n<p>     Lo importante es verlo como lo que es: un ministerio que supone el estadio siguiente al de la evangelizaci\u00f3n y que prepara la celebraci\u00f3n.<\/p>\n<p>     La catequesis supone que se ha recibido el anuncio evang\u00e9lico y que se ha aceptado. Entonces la persona creyente experimenta el deseo de clarificar, profundizar, personalizar el mensaje recibido. El ministerio catequ\u00ed\u00adstico est\u00e1 para ayudar en ese proceso de maduraci\u00f3n en la fe.<\/p>\n<p>    Pero, al mismo tiempo, se precisa celebrar y convertir en vida el mensaje recibido, clarificado y profundizado. Hay que llegar al estadio de la celebraci\u00f3n. El ministerio catequ\u00ed\u00adstico no se contenta s\u00f3lo con informar e instruir. Tiene que llegar a disponer a los catequizando a celebrar con gozo los dones recibidos.<\/p>\n<p>    Es evidente que los \u00abministros de la catequesis\u00bb, para dar ambas dimensiones, tienen ellos mismos que haberlas recibido y asimilado.<\/p>\n<p>     Con todo no hay que ser demasiado exigentes con los catequistas en cuanto a su preparaci\u00f3n y perfeccionamiento. Es preferible la prudencia y cierta moderaci\u00f3n tolerante, comprensiva, alentadora para no desanimar.<\/p>\n<p>     Los campos, formas y \u00e1mbitos de la catequesis, en cuanto proceso de formaci\u00f3n educativa, son interminables y casi inabarcables: ni\u00f1os, j\u00f3venes, adultos, enfermos, deficientes, padres, intelectuales, los que se preparan a un sacramento por primera vez, los que quieren actualizar su cultura y su de fe religiosa, los que se mueven en la escuela, en la parroquia, en los grupos m\u00e1s diversos de signo cristiano.<\/p>\n<p>    A veces por exigir catequistas perfectos no hay catequistas en un parroquia, en una comunidad escolar o en un movimiento cristiano. El catequista, en cuanto ministro, sirve a la palabra de Dios y camina al mismo tiempo que sus catequizando. Tiene que cultivar la humildad para asumir sus propias limitaciones culturales, morales y espirituales y caminar al frente de sus catequizandos para dar ejemplo. No tiene que ser arrogante, pues nunca ser\u00e1 perfecta.  Es un ministerio que pide solicitud, bondad, trabajo constante, prudencia, preparaci\u00f3n, cultivo progresivo de habiliades y, ante todo y sobre todo, amor al Mensaje y al Se\u00f1or de quien \u00e9l lleva el Mensaje.<\/p>\n<p>6. Catequesis y ministerios<\/p>\n<p>   En la educaci\u00f3n religiosa es imprescindible que se presente la funci\u00f3n ministerial de la Iglesia como prolongaci\u00f3n del ministerio salvador de Cristo.<\/p>\n<p>   Adem\u00e1s, en la Iglesia, resulta decisivo el que todo creyente se sienta comprometido con la misi\u00f3n de servir que la Iglesia tiene.<\/p>\n<p>   No hay buena catequesis si este campo o dimensi\u00f3n educativa no se trata adecuadamente. Sin \u00e9l, el cristiano se siente miembro pasivo que \u00abpertenece\u00bb a una estructura o sociedad religiosa, no un protagonista de una fe vida y comprometedora.<\/p>\n<p>  Por eso es tan importante cultivar y desarrollar temas como los siguientes:<\/p>\n<p>   &#8211; La realidad del Cuerpo M\u00ed\u00adstico de Cristo y la importancia de que cada miembro cumpla su funci\u00f3n.<br \/>\n   &#8211; La complementariedad entre los creyentes y la posibilidad de transferir las propias riquezas espirituales a los dem\u00e1s.<\/p>\n<p>El dogma de la comuni\u00f3n de los santos es importante en este sentido.<\/p>\n<p>   &#8211; La existencia de la propia vocaci\u00f3n personal y original: la general como hombre que se debe valorar; y la particular como cristiano concreto, que vive en un grupo y debe amar a los dem\u00e1s sirviendo como Jes\u00fas mostr\u00f3 su amor tomando la forma de siervo.<\/p>\n<p>   &#8211; La acogida valiente, al menos como posibilidad, de posibilidades de seguir vocaciones de especial entrega: sacerdotales, religiosas, misioneras, catequ\u00ed\u00adsticas, apost\u00f3licas, etc. El seguimiento es otra cosa.<\/p>\n<p>   Un cristiano cerrado a esas llamadas especiales del Se\u00f1or carece de algo esencial en el Evangelio.<\/p>\n<p>   &#8211; Y si no se responde personalmente, la comprensi\u00f3n, apoyo y en su caso promoci\u00f3n de vocaciones al sacerdocio, a las misiones, a la vida religiosa y a los dem\u00e1s servicios de Iglesia.<\/p>\n<p>   &#8211; Los conocimientos suficientes de los diversos ministerios en la Iglesia: de los apoyados en el sacramento del Orden: sacerdotes, di\u00e1conos, obispos, con sus diversas jerarqu\u00ed\u00adas: Papas, Arzobispos, patriarcas, cardenales, nuncios, de los  que implican las instituciones de servicio eclesial: monjes, frailes, religiosos, institutos seculares, etc.; y tambi\u00e9n de todos aquellos que dan vida la Iglesia: servicios de caridad, animaci\u00f3n sacramental, promoci\u00f3n de oraciones.<\/p>\n<p>   Si no se tienen criterios eclesiales claros, los servicios y ministerios se presentan como vac\u00ed\u00ados y despersonalizados. Si se ha recibido una buena educaci\u00f3n del a fe, se descubren como personales, c\u00e1lidos y comprometedores.<\/p>\n<p>Pedro Chico Gonz\u00e1lez, Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00ed\u00ada Religiosa, Editorial Bru\u00f1o, Lima, Per\u00fa 2006<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00eda Religiosa<\/b><\/p>\n<p>Los servicios que prolongan en el tiempo el servicio de Jes\u00fas<\/p>\n<p>\tEn las comunidades eclesiales, los creyentes est\u00e1n llamados, seg\u00fan su propia vocaci\u00f3n y carisma, a desempe\u00f1ar los diversos servicios o ministerios. Vocaciones, carismas y ministerios constituyen los signos de la presencia activa de Cristo en la Iglesia y en el mundo. En la Iglesia comuni\u00f3n, todo es \u00abdiaconal\u00bb o ministerial, a ejemplo de Cristo que \u00abvino para servir\u00bb (Mc 10,45; cfr. Fil 2,7).<\/p>\n<p>\tLos servicios o ministerios eclesiales son prolongaci\u00f3n de la acci\u00f3n salv\u00ed\u00adfica y evangelizadora de Jes\u00fas. Son siempre \u00absignos\u00bb, establecidos o inspirados por el Se\u00f1or, que prolongan su palabra, su acci\u00f3n salv\u00ed\u00adfica y pastoral, y que anuncian, celebran y comunican su misterio pascual. Son servicios o ministerios prof\u00e9ticos, lit\u00fargicos y de caridad (o \u00abdiaconales\u00bb). Tambi\u00e9n pueden ser servicios de organizaci\u00f3n, direcci\u00f3n y animaci\u00f3n.<\/p>\n<p>\tMinisterios \u00abapost\u00f3licos\u00bb (ordenados) y laicales<\/p>\n<p>\tSe puede distinguir entre \u00abministerios apost\u00f3licos\u00bb o jer\u00e1rquicos y ministerios no ordenados o laicales. Se llaman \u00abministerios apost\u00f3licos\u00bb aquellos que enra\u00ed\u00adzan en el sacramento del Orden, en el grado de obispo, presb\u00ed\u00adtero o di\u00e1cono. Son ministerios instituidos por el Se\u00f1or o concretizados por los Ap\u00f3stoles. Otros ministerios o servicios han sido instituidos por la Iglesia y pueden desempe\u00f1arse sin necesidad de la ordenaci\u00f3n sacramental. Estos ministerios se llaman \u00abinstituidos\u00bb o \u00ablaicales\u00bb, en cuanto que no son necesariamente una preparaci\u00f3n al sacerdocio ministerial y, por tanto, pueden ser ejercidos por varones y mujeres.<\/p>\n<p>\tLos ministerios instituidos por la Iglesia son principalmente el lectorado y el acolitado, que se refieren respectivamente al servicio de la palabra de Dios (no la predicaci\u00f3n propiamente dicha) y de la Eucarist\u00ed\u00ada (no la presidencia en nombre de Jes\u00fas). Estos ministerios se celebran y conf\u00ed\u00adan en un acto lit\u00fargico. Pero, a veces, se concede el permiso de hacer estos servicios prof\u00e9ticos y eucar\u00ed\u00adsticos sin que se haya confiado el ministerio de modo permanente.<\/p>\n<p>\tCabe la posibilidad de instituir otros ministerios laicales, en la misi\u00f3n local y universal, seg\u00fan los tres niveles profetismo, liturgia, caridad. Los laicos puedes ser catequistas, \u00abanimadores de oraci\u00f3n, del canto y de la liturgia; responsables de comunidades eclesiales de base y de grupos b\u00ed\u00adblicos; encargados de las obras caritativas; administradores de los bienes de la Iglesia; dirigentes de los diversos grupos y asociaciones apost\u00f3licas, profesores de religi\u00f3n en las escuelas. Todos los fieles laicos deben dedicar a la Iglesia parte de su tiempo, viviendo con coherencia la propia fe\u00bb (RMi 74; cfr. EN 73).<\/p>\n<p>\tEn el proceso evangelizador<\/p>\n<p>\tCualquier ministerio en la comunidad es un acto evangelizador, que manifiesta la caracter\u00ed\u00adstica de todo creyente en su vocaci\u00f3n a la santidad y al apostolado. Por estos ministerios se llega a todos los sectores de la comunidad, en una acci\u00f3n evangelizadora hacia dentro y hacia fuera escuela, catequesis, celebraciones, grupos apost\u00f3licos, enfermos, pobres, juventud, familia, trabajo, emigrantes, marginados&#8230;<\/p>\n<p>\tLos ministerios est\u00e1n relacionados con las vocaciones, puesto que son ejercidos no como una t\u00e9cnica, sino por personas vocacionadas (llamadas). Tambi\u00e9n suponen un don o gracia del Esp\u00ed\u00adritu Santo para ejercerlos. Por esto no se puede contraponer ministerio a carisma. \u00abUno solo es el Esp\u00ed\u00adritu, que distribuye sus variados dones para el bien de la Iglesia seg\u00fan su riqueza y la diversidad de ministerios (cfr. 1Cor 12,1-11)\u00bb (LG 7). La comunidad eclesial crece arm\u00f3nicamente como prof\u00e9tica, lit\u00fargica y diaconal o de servicios de caridad.<\/p>\n<p>\tLa existencia y funcionamiento de los ministerios, ejercidos por personas vocacionadas y competentes, es se\u00f1al de madurez en el proceso de implantaci\u00f3n (edificaci\u00f3n) y de crecimiento de la Iglesia. La Iglesia particular manifiesta su madurez por medio de personas vocacionadas de la misma comunidad, que sirven de modo permanente los signos y ministerios queridos por el Se\u00f1or o establecidos por la Iglesia. \u00abLa obra de la plantaci\u00f3n de la Iglesia en un determinado grupo de hombres consigue su objetivo determinado cuando la congrega\u00c2\u00acci\u00f3n de los fieles, arraigada ya en la vida social y conformada de alguna manera a la cultura del ambiente, disfruta de cierta estabilidad y firmeza; es decir, est\u00e1 provista de cierto n\u00famero, aunque insuficiente, de sacerdotes nativos, de religiosos y segla-res, se ve dotada de los ministerios e instituciones necesarias para vivir, y dilatar la vida del Pueblo de Dios bajo la gu\u00ed\u00ada del Obispo propio\u00bb (AG 19).<\/p>\n<p>Referencias Diaconado, humildad (servir), laicado, liturgia, obispos, orden (sacramento), predicaci\u00f3n, presb\u00ed\u00adteros, profetismo, sacerdocio ministerial, sacramentales, vocaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Lectura de documentos EN 72-73; RMi 74; CEC 874-879, 1143.<\/p>\n<p>Bibliograf\u00ed\u00ada AA.VV., Los ministerios en la Iglesia (Salamanca, S\u00ed\u00adgueme, 1985); R. BLAZQUEZ, La teolog\u00ed\u00ada de una praxis ministerial alternativa Salmanticensis 31 (1984) 113-135; D. BOROBIO, Ministerios laicales (Madrid, Soc. Educ. Atenas, 1986); J. DELORME, El ministerio y los ministerios seg\u00fan el Nuevo Testamento (Madrid, Cristiandad, 1975); J. ESPEJA, Los ministerios en el pueblo de Dios Ciencia Tomista 114 (1987) 568-594; E. LODI, Ministerio\/Ministerios, en Nuevo Diccionario de Liturgia (Madrid, Paulinas, 1987) 1273-1293; L. LIGIER, Ministerios laicales de suplencia, en Vaticano II. Balance y perspectivas (Salamanca, S\u00ed\u00adgueme, 1989) 559-569; PABLO VI, Ministeria quaedam (15 agosto 1972); A. SALVATIERRA, Los nuevos ministerios Lumen 40 (1991) 45-75; O. SANTAGADA, Naturaleza teol\u00f3gica de los nuevos ministerios Teolog\u00ed\u00ada 21 (1984) 117-140.<\/p>\n<p>(ESQUERDA BIFET, Juan, Diccionario de la Evangelizaci\u00f3n,  BAC, Madrid, 1998)<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Evangelizaci\u00f3n<\/b><\/p>\n<p>(-> carismas, Iglesia, amor, Ignacio de Antioqu\u00ed\u00ada). No hay en el Nuevo Testamento ninguna tabla de ministerios sacerdotales ordenados, como los que ha elaborado la Iglesia posterior, a partir de finales del siglo II d.C., distinguiendo obispos, presb\u00ed\u00adteros y di\u00e1conos. En sentido estricto, todos los cristianos son \u00abministros\u00bb, es decir, di\u00e1conos o servidores de los dem\u00e1s, no por imposici\u00f3n, sino por gracia (cf. Mc 10,43). La iglesia de Jes\u00fas no comienza organizando un tipo de ministerios o jerarqu\u00ed\u00adas, como las que podr\u00ed\u00adan existir en el judaismo del templo, sino abriendo unos caminos de servicio mutuo,  que se ir\u00e1n explicitando en las comunidades, conforme al impulso del mismo \u00abesp\u00ed\u00adritu\u00bb de Jes\u00fas, seg\u00fan las necesidades de los tiempos. El primero que ha desarrollado el tema ha sido Pablo.<\/p>\n<p>(1) Pablo. (1) Ministerios de la palabra: ap\u00f3stoles, profetas y maestros. Los cristianos de Corinto hab\u00ed\u00adan disputado sobre los dones o carismas* m\u00e1s altos en la Iglesia. Pablo les responde: \u00abSois el Cuerpo del Cristo, y cada uno un miembro de ese cuerpo&#8230; A unos los ha designado Dios en la Iglesia: primero ap\u00f3stoles, segundo profetas, tercero maestros: luego, poderes; despu\u00e9s, don de curaciones, acogidas, direcciones, don de lenguas. \u00bfAcaso son todos ap\u00f3stoles?, \u00bftodos profetas?, \u00bftodos maestros?, \u00bftodos poderes?, \u00bftodos tienen carisma de sanaci\u00f3n?, \u00bfhablan todos lenguas o interpretan? Buscad pues los carismas superiores\u00bb (1 Cor 12,27-30). Estos ministerios se pueden dividir en dos grupos. Los primeros en la Iglesia son los ap\u00f3stoles*, avalados por Jes\u00fas para fundar comunidades. L\u00f3gicamente, no son los Doce de Lucas-Hechos, sino los enviados (eso significa ap\u00f3stol) mesi\u00e1nicos, que han \u00abvisto\u00bb a Jes\u00fas resucitado, recibiendo su autoridad (cf. 1 Cor 9,1; 15,7). Ciertamente, pueden ser delegados o enviados de una Iglesia, pero su autoridad b\u00e1sica proviene de la experiencia de Jes\u00fas, no de la Ley. S\u00f3lo as\u00ed\u00ad pueden ser y son creadores de iglesias, portadores de una llamada que les desborda y que desborda a las mismas comunidades. Desde aqu\u00ed\u00ad se entiende la defensa apasionada que Pablo realiza de su apostolado, no s\u00f3lo en Gal, sino tambi\u00e9n en Flp 3 y en el conjunto de su correspondencia con la Iglesia de Corinto. Frente a los falsos obreros que ponen el Evangelio al servicio de sus intereses (ley, grupo nacional, dinero), Pablo defiende su autoridad pascual para fundar iglesias, desde la palabra de gratuidad (justificaci\u00f3n del pecador), que constituye el centro de su Evangelio. Tras los ap\u00f3stoles vienen los profetas* y maestros (= doctores, sabios). Da la impresi\u00f3n de que los profetas pueden vincularse a los ap\u00f3stoles (como itinerantes), pero tambi\u00e9n a los maestros, como gu\u00ed\u00adas sedentarios de las comunidades que se van estableciendo. Profetas y maestros se encuentran unidos, como sedentarios, dentro de una Iglesia donde ellos ofrecen testimonio de Jes\u00fas (profetas) o ense\u00f1an el camino de evangelio (maestros). Ciertamente, se distinguen: los profetas son m\u00e1s carism\u00e1ticos y testimoniales; los maestros est\u00e1n m\u00e1s vinculados a la ense\u00f1anza&#8230; Pero de hecho se unen de tal modo que parece dif\u00ed\u00adcil separarlos: son portadores de la palabra de Jes\u00fas dentro de una Iglesia ya formada o creada a partir de los ap\u00f3stoles. Estos ministerios de la palabra definen a la Iglesia como grupo que se re\u00fane y va formando en torno a la comunicaci\u00f3n rnesi\u00e1nica. No hay otra autoridad: Pablo no puede apelar a una ley previa, ni a valores nacionales o imperiales; tampoco le importa la administraci\u00f3n racional, ni la eficacia econ\u00f3mica, sino la palabra que brota de la contemplaci\u00f3n pascual de Jes\u00fas (apostolado), del testimonio de vida (profec\u00ed\u00ada) o del proceso de maduraci\u00f3n rnesi\u00e1nica (ense\u00f1anza). As\u00ed\u00ad entendida, la Palabra no se puede convertir en ley (sistema superior), sino que est\u00e1 vinculada al testimonio personal y al mutuo encuentro. Parece lo m\u00e1s d\u00e9bil y, sin embargo, es lo m\u00e1s fuerte: ella enriquece y vincula a los humanos. Esa es la verdad del Evangelio.<\/p>\n<p>(2) Pablo. (2) Ministerios del servicio (1 Cor 12,27-30). Pablo ya no los numera (no dice el 4\u00c2\u00b0, el 5\u00c2\u00b0&#8230;), quiz\u00e1 porque el orden resulta menos claro. Sin embargo, ellos eran (y son) importantes. Podemos dividirlos en tres grupos. Los primeros (poderes y sanaciones) son de tipo m\u00e1s personal y carism\u00e1tico; son propios de aquellos que pueden animar y curar a los dem\u00e1s, capacit\u00e1ndoles para vivir en libertad, como hac\u00ed\u00ada Jes\u00fas con sus milagros y exorcismos. Los segundos (acogidas, direcciones) son de tipo m\u00e1s organizativo; parecen m\u00e1s humildes, pues no exigen dones milagrosos que derivan del testimonio personal de los ministros, sino madurez y capacidad de direcci\u00f3n: los dos t\u00e9rminos (antil\u00e9pseis, kybemeseis) significan en el fondo lo mismo y aluden a quienes acogen y encauzan (= pilotan) a los otros en la Iglesia, pues ella es casa de acogida y barco que debe ser bien dirigido. Los terceros (don de lenguas, glosolalia) son los que m\u00e1s preocupan a Pablo, pues pueden convertirse en objeto de envidia y disputa; Lucas situ\u00f3 este don, interpretado como presencia del Esp\u00ed\u00adritu Santo, al comienzo de la Iglesia, en Pentecost\u00e9s (Hch 2);  Pablo lo admite y valora, no s\u00f3lo por fidelidad al pasado, sino por experiencia propia, pues se siente y sabe m\u00e1s carism\u00e1tico que nadie (1 Cor 14,18); pero le preocupa el hecho de que el don de lenguas se hipertrofie, convirtiendo la Iglesia en un grupo de entusiastas sin m\u00e1s meta ni riqueza que el despliegue de sus capacidades ext\u00e1ticas.<\/p>\n<p>(3) Cartas pastorales. (1) Nueva tradici\u00f3n eclesial. Pablo no tuvo que organizar de un modo fijo los ministerios, pues toda la Iglesia era una instituci\u00f3n de servicio mutuo. La tradici\u00f3n posterior, fijada en las cartas pastorales (patriarcalismo*), ha tenido que fijar los ministerios eclesiales, centrados en presb\u00ed\u00adteros* y obispos, convirtiendo as\u00ed\u00ad la Iglesia en un cuerpo instituido, con personas liberadas para dirigirlo. Es evidente que esas personas deben tener una preparaci\u00f3n especial y unas condiciones adecuadas. En esa l\u00ed\u00adnea, la tradici\u00f3n sin\u00f3ptica exig\u00ed\u00ada una ruptura familiar para seguir a Jes\u00fas (cf. Lc 9,59-60; 12,51-53; 14,25-27; Mc 10,29 par). Pues bien, en contra de eso, las cartas pastorales suponen que una buena familia y matrimonio constituyen el contexto necesario para ser ministros de la Iglesia. En contra de una tendencia asc\u00e9tica (celibato posterior), 1 Tim sostiene que s\u00f3lo puede ser \u00abobispo\u00bb (y presb\u00ed\u00adtero o di\u00e1cono) un buen padre de familia: var\u00f3n probado, capaz de educar y dirigir su casa. L\u00f3gicamente, ahora se aplican los c\u00f3digos* dom\u00e9sticos (patriarcales) evocados en las cartas de la cautividad. \u00abQuien aspira al episcopado desea una hermosa tarea. Pues el obispo debe ser irreprochable, marido de una mujer, sobrio, prudente, decoroso, hospitalario, capaz de ense\u00f1ar, no bebedor ni pendenciero, sino amable, no contencioso, no avaricioso. Buen gobernante de su casa, con hijos sumisos en toda dignidad, pues si no sabe presidir su propia casa, \u00bfc\u00f3mo cuidar\u00e1 la Iglesia de Dios? No sea ne\u00f3fito: no se envanezca y caiga en condena del diablo. Tenga buena reputaci\u00f3n entre los de fuera, para que no caiga en descr\u00e9dito y lazo del diablo\u00bb (1 Tim 3,1-7; cf. 1 Tim 3,8-13; Tit 1,59). El ministerio se ha vuelto apetecible, pues confiere honor a quien lo obtiene. Estamos lejos de la tradici\u00f3n mesi\u00e1nico-prof\u00e9tica de Mt 8,18-22 par: \u00ablas aves tienen nidos, las zorras madrigueras, pero el Hijo del Humano no tiene donde reclinar la cabeza\u00bb; \u00abdejad que los muertos entierren a sus muertos\u00bb. El obispo se vuelve personaje honorable, padre ejemplar de una familia extensa, bien jerarquizada. Es normal que surjan candidatos.<\/p>\n<p>(4) Cartas pastorales. (2) Las condiciones para ser ministro de la Iglesia. El ministerio implica una \u00abtarea hermosa\u00bb, para la que se escogen buenos candidatos. \u00bfQui\u00e9n los elige?, \u00bfhay un rito especial de investidura? Es probable que intervenga un profeta o carism\u00e1tico, escogiendo \u00aben Esp\u00ed\u00adritu\u00bb al m\u00e1s adecuado (cf. Hch 13,1). Tiene que haber asentimiento de la comunidad. El rito es una imposici\u00f3n de manos del presbiterio, que tiene autoridad colegiada y la delega en el obispo (1 Tim 1,18; 4,\u00ed\u008d4). Todo se realiza en contexto de plegaria. Poco m\u00e1s podemos a\u00f1adir, aunque el mismo autor de la carta dice a Timoteo \u00abno te apresures a imponer las manos\u00bb (1 Tim 5,22), suponiendo que tiene (o confiri\u00e9ndole) autoridad para establecer la jerarqu\u00ed\u00ada (cf. Tit 1,5). (a) Buen patriarca. La tradici\u00f3n sin\u00f3ptica exig\u00ed\u00ada ruptura familiar para seguir a Jes\u00fas. Ahora al contrario: una buena familia y matrimonio constituyen el mejor seminario de formaci\u00f3n episcopal. En contra de una tendencia asc\u00e9tica (celibato posterior), 1 Tim supone que s\u00f3lo puede ser obispo (y presb\u00ed\u00adtero o di\u00e1cono) un buen padre de familia: var\u00f3n probado, capaz de educar y dirigir su casa. De esa forma el evangelio se ajusta a la l\u00f3gica social del entorno. La Iglesia ha querido dialogar con la cultura del ambiente y una forma de hacerlo es asumir su esquema patriarcal, de forma que los cristianos aparezcan como instituci\u00f3n honorable. Con esto se niega la libertad e igualdad evang\u00e9lica de las mujeres, (b) Capaz de ense\u00f1ar. El obispo ha de ser hombre de palabra. Eso supone que debe tener conocimientos, no ya por experiencia pascual (\u00c2\u00a1ha visto al Se\u00f1or!: cf. 1 Cor 15,3ss), sino por un aprendizaje establecido dentro de la Iglesia. No se manda expresamente que sepa saber leer o que conozca de manera directa la Escritura, pero el contexto lo supone, como muestra 2 Tim 3,15-16: frente a las novedades de \u00ablos \u00faltimos d\u00ed\u00adas\u00bb, el trabajador del evangelio ha de estar afianzado en la Escritura, para ense\u00f1ar la verdad, (c) Hospitalario, hombre de paz. La Iglesia es una casa que acoge a los que llaman y, de  un modo especial, a los cristianos del entorno. Por eso, el obispo ha de ser hospitalario: m\u00e1s que el mensaje hacia fuera (misi\u00f3n paulina) importa aqu\u00ed\u00ad el testimonio de vida y acogida personal. La comunidad es casa abierta, lugar de paz; en esa l\u00ed\u00adnea se sit\u00faa el resto de las cualidades del obispo (no bebedor ni pendenciero, sino amable; no contencioso, ni avaricioso). El buen presb\u00ed\u00adtero merece \u00abdoble paga\u00bb (1 Tit 5,17-18); por eso es bueno que no sea avaricioso. Faltan en esta descripci\u00f3n cualidades m\u00e1s tarde exigidas por la Iglesia: no se dice que el obispo sea un digno presidente de la eucarist\u00ed\u00ada (\u00e9sa no parece una funci\u00f3n episcopal); tampoco se le atribuye la disciplina penitencial (que quiz\u00e1 pertenece al conjunto de la comunidad). El obispo de 1 Tim es un servidor comunitario. Por eso ha de ser hombre de palabra.<\/p>\n<p>Cf. A. D. CLARKE, Secular and Christian Leadership in Corinth, Brill, Leiden 1993; J. DeLORME (ed.), El ministerio y los ministerios segi&#8217;m el Nuevo Testamento, Cristiandad, Madrid 1975; X. PIKAZA, Sistema, libertad, iglesia. Las instituciones del Nuevo Testamento, Trotta, Madrid 2001; H. von CAMPENHAUSEN, Ecclesiastical Autliority and Spiritual Power, Hendrickson, Peabody MA 1997.<\/p>\n<p>PIKAZA, Javier, Diccionario de la Biblia. Historia y Palabra, Verbo Divino, Navarra 2007<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de la Biblia Historia y Palabra<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>[263] Desde una perspectiva cristiana, el hombre tiene que situarse en un mundo pluriforme, al cual ha venido a salvar el mismo Hijo de Dios. Jes\u00fas instituy\u00f3 la Iglesia para que testifique su venida redentora y lleve su mensaje de salvaci\u00f3n a todos los hombres. 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