{"id":11985,"date":"2016-02-05T08:15:10","date_gmt":"2016-02-05T13:15:10","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/monacato\/"},"modified":"2016-02-05T08:15:10","modified_gmt":"2016-02-05T13:15:10","slug":"monacato","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/monacato\/","title":{"rendered":"MONACATO"},"content":{"rendered":"<p>[266]<\/p>\n<p>    Tambi\u00e9n llamado monaquismo, es el modo de vida practicado por personas que han abandonado el mundo por razones religiosas y dedican sus vidas a conseguir la perfecci\u00f3n espiritual, tanto en solitario como integrados en una comunidad.<\/p>\n<p>    1. Monaquismo no cristiano<br \/>\n    En casi todas las religiones se han dado sistemas de vida eremita o cenobita y han existido \u00abReglas\u00bb, consignas o normas para la convivencia entre los que entraban en los monasterios.<\/p>\n<p>    1.1. Eremitas jud\u00ed\u00ados<br \/>\n    Entre los jud\u00ed\u00ados las comunidades de los esenios son la mejor muestra del monacato primitivo. Ten\u00ed\u00adan muchas de las caracter\u00ed\u00adsticas de las Ordenes de todas las religiones: oraci\u00f3n, votos, bienes en com\u00fan, vida de trabajo, dependencia de la autoridad del grupo, disciplina.<\/p>\n<p>    Su nacimiento sin duda se da en el final del siglo II ante de Cristo, cuando los reyes sucesores de los macabeos, los asmoneos, reyes y sumos sacerdotes a la vez, se hacen due\u00f1os del culto del Templo y muchos celosos de la Ley (fariseos) consideran el culto impurificado y se retiran a los desiertos en espera de tiempos mejores.<\/p>\n<p>    1.2. Los monjes hinduistas<br \/>\n    Entre los hind\u00faes, las leyes de Manu afirmaban que, despu\u00e9s de formar una familia, los miembros de las tres castas superiores pueden retirarse para practicar vida ermita\u00f1a y buscar la verdad en la contemplaci\u00f3n. Tales \u00abreclusos\u00bb podr\u00ed\u00adan haber existido en la India desde antes del XVI a. C. Los eremitas hind\u00faes tend\u00ed\u00adan a reunirse en comunidades independientes, o \u00abashrams\u00bb; pero \u00e9stas no estaban por lo general reguladas por una regla mon\u00e1stica. En el siglo IX d. C. el fil\u00f3sofo Sankara fund\u00f3 monasterios que todav\u00ed\u00ada hoy perduran. El m\u00e1s propenso al monaquismo entre las religiones de la India fue el jainismo, cuyos monjes son conocidos como \u00abyatis\u00bb. Estaban obligados a mostrar reverencia por la vida animal; muchos hac\u00ed\u00adan peri\u00f3dicas huelgas rituales de hambre hasta morir y otros iban semidesnudos. La ley jainista obligaba a honrar a los yatis.<\/p>\n<p>    1.3. Monaquismo budista   Desde sus comienzos, el budismo ha sido una religi\u00f3n mon\u00e1stica por excelencia. Multitud de monasterios han sido el soporte del mensaje de Buda.<\/p>\n<p>    Su jerarqu\u00ed\u00ada mon\u00e1stica, el \u00absangha\u00bb, forma el \u00fanico cuerpo clerical budista; pertenecer al sangha es considerado como el objetivo \u00faltimo de un budista piadoso, la base para alcanzar el \u00abnirvana\u00bb. La fe se organiza alrededor de los monasterios y se propaga a trav\u00e9s de ellos. Extensos escritos, sobre todo el Vinaya Pitaka, parte del Tripitaka, regulan el vestido, el alimento, el comportamiento de los monjes, incluyendo las reglas de la no violencia y el celibato. La proporci\u00f3n de las monjas budistas es relativamente baja.<\/p>\n<p>    En las formas derivadas del budismo, como es el lama\u00ed\u00adsmo, la propensi\u00f3n monacal se incrementa al m\u00e1ximo.<\/p>\n<p>     1.4. Monaquismo tao\u00ed\u00adsta<\/p>\n<p>     El tao\u00ed\u00adsmo chino desarroll\u00f3 una tradici\u00f3n mon\u00e1stica fuerte, que comprend\u00ed\u00ada tanto a monjes como a monjas. Ese monaquismo se considera como una influencia del budismo m\u00e1s que una evoluci\u00f3n aut\u00f3noma.<\/p>\n<p>     Al igual que el monaquismo isl\u00e1mico, el celibato no es siempre una exigencia forzosa en todos los grupos, a diferencia de lo que sucede en el monaquismo cristiano. Lo t\u00ed\u00adpico del tao\u00ed\u00adsmo es que el monje eremita se presente como solitario en oraci\u00f3n, por lo com\u00fan retirado a las monta\u00f1as.<\/p>\n<p>    1.5. Solitarios egipcios.<\/p>\n<p>    Antes de la llegada del cristianismo, tambi\u00e9n existieron algunos grupos en otros entornos religiosos. Tal fue el caso de los \u00abterapios\u00bb o \u00abterapeutas\u00bb, orden de eremitas paganos animistas, que poblaban algunas regiones de Egipto y viv\u00ed\u00adan en la soledad del trabajo y seg\u00fan reglas que aceptaban y que les proteg\u00ed\u00adan con la ayuda del grupo de pertenencia.<\/p>\n<p>     1.6. Monaquismo isl\u00e1mico<br \/>\n    Aunque en sus principios, parece organizado sin referencia a una imitaci\u00f3n del monaquismo, el Islam desarroll\u00f3 comunidades de devotos que viv\u00ed\u00adan en centros mon\u00e1sticos. Los m\u00ed\u00adsticos isl\u00e1micos aparecieron en el primer siglo del Islam, en el siglo VII d. C., y a principios del siglo IX se hac\u00ed\u00ada ya referencia a ellos como \u00absuf\u00ed\u00ades\u00bb (hombres de lana), por su vestimenta de lana, o sufu, que sol\u00ed\u00adan llevar. Por eso, esta tendencia del misticismo isl\u00e1mico se denomino sufismo.<\/p>\n<p>     Los \u00absuf\u00ed\u00ades\u00bb derviches en particular se establec\u00ed\u00adan a menudo en comunidades llamadas \u00abtekkes\u00bb o \u00abkhanagahs\u00bb. Sus ritos inclu\u00ed\u00adan la meditaci\u00f3n y la penitencia, aunque el celibato no era el requerimiento doctrinal r\u00ed\u00adgido en que se convirti\u00f3 m\u00e1s tarde, posiblemente por influencia del cristianismo medieval. Las formas han variado seg\u00fan las tendencias internas.<\/p>\n<p>      Los sunnitas propenden m\u00e1s a la conservaci\u00f3n de grupos monacales de referencia y por lo tanto est\u00e1n m\u00e1s inclinados por tradici\u00f3n a las teocracias y clericocracias. Los chiitas, siempre m\u00e1s liberales, contaron con menos monjes y m\u00e1s pol\u00ed\u00adticos, incluso civiles. Por eso fueron m\u00e1s laicistas en la configuraci\u00f3n de las naciones en que predominaron.<\/p>\n<p>   2. Los monjes cristianos El monacato cristiano es consustancial al cristianismo. No se debe al estilo de vida que Jes\u00fas adopt\u00f3: maestro ambulante con una comunidad de elegidos, enviados a predicar a las gentes (Mt. 10. 5-15).<\/p>\n<p> Pero s\u00ed\u00ad est\u00e1 motivado por la naturaleza del cristianismo, que presenta la perfecci\u00f3n como ideal del creyente: \u00abSed perfecto como vuestro Padre celestial es perfecto\u00bb (Mt. 5.48). No tiene mucho que ver con la parcial ex\u00e9gesis de la frase dicha a Mar\u00ed\u00ada, dedicada a escuchar su palabra: \u00abHa elegido la mejor parte\u00bb, en contraposici\u00f3n a los afanes de Marta: \u00abMucho te afanas&#8230; una sola cosa es necesaria\u00bb (Lc. 10. 40-43)<\/p>\n<p>     2.1. Eremitas cristianos<\/p>\n<p>     Las regiones des\u00e9rticas del norte de Egipto se convirtieron pronto en lugar de retiro para quienes hu\u00ed\u00adan de las persecuciones, las romanas, las jud\u00ed\u00adas, las habituales contra las minor\u00ed\u00adas en las ciudades helen\u00ed\u00adsticas del Oriente.<\/p>\n<p>     En otras regiones del Imperio romano comenzaron tambi\u00e9n pronto, no en exclusiva pero s\u00ed\u00ad con preferencia, a agruparse personas que buscaban vivir en soledad (en virginidad, pobreza, oraci\u00f3n) y admiraban a los que eran capaces de hacer esa \u00abentrega m\u00ed\u00adstica\u00bb a Dios. Siria y Palestina, Asia y Capadocia, Anatolia y Persia tuvieron gentes en los desiertos desde el siglo II. Africa del Norte los conoci\u00f3 desde el III. Hispania, Galia, Italia los tuvo abundantes en el IV.<\/p>\n<p>    Las persecuciones romanas, desde Ner\u00f3n en el a\u00f1o 66 hasta la \u00faltima de Juliano el Ap\u00f3stata en los a\u00f1os 361 a 366, fueron un est\u00ed\u00admulo para ello. Pero hubo otros motores que explican este fen\u00f3meno. Muchos cristianos, perseguidos o amenazados, se refugiaron en zonas apartadas y formaron grupos de eremitas. La mayor parte vivi\u00f3 como anacoretas (solitarios) o eremitas (habitantes de los desiertos). La necesidad de apoyo y protecci\u00f3n impulso el que terminaran agrupados en \u00abcenobios\u00bb o grupos de vida com\u00fan.<\/p>\n<p>    Pronto se mezcl\u00f3 la reclusi\u00f3n personal del individuo en busca de la soledad y el com\u00fan ejercicio de la oraci\u00f3n y de la liturgia. En el contexto social y espiritual del momento eran hechos ordinarios.<\/p>\n<p>    Los primitivos eremitas viv\u00ed\u00adan alejados; luego se concentraron en lugares pr\u00f3ximos, en celdas separadas llamadas lauras, pero con acceso al oratorio cercano en el que rezaban con m\u00e1s o menos frecuencia. Los eremos se fueron convirtiendo en conobios (en griego \u00abkoinosbios\u00bb, vida com\u00fan). Y se impuso pronto la autoridad de un solo superior, un abad (abbas) o archimandrita.<\/p>\n<p>    En algunos lugares aparecieron formas originales como los estilistas, que pasaban la mayor parte del tiempo subidos a columnas simbolizando su separaci\u00f3n del mundo y atrayendo a gente para o\u00ed\u00adr y admirar sus ense\u00f1anzas. El m\u00e1s famoso y predicador de ellos fue Sim\u00f3n Estilita. Y nacieron tambi\u00e9n los enclaustrados, que se encerraban en habit\u00e1culos o cuevas y recib\u00ed\u00adan alimentos desde fuera.<\/p>\n<p>    Eran formas penitenciales que serv\u00ed\u00adan para llamar la atenci\u00f3n de las gentes que acud\u00ed\u00adan con limosnas, que aprend\u00ed\u00adan oraciones y en parte imitaban sus virtudes<br \/>\n    San Antonio (256-301) es considerado como el fundador de la forma de vida cenob\u00ed\u00adtica por haber dado normas de vida a los imitadores que quisieron vivir cerca de \u00e9l. Se estableci\u00f3 en Alejandr\u00ed\u00ada, y la fama de su santidad, al igual que su serenidad y su sabidur\u00ed\u00ada, atrajo a sus disc\u00ed\u00adpulos. Muchos de ellos le acompa\u00f1aron cuando se retir\u00f3 al desierto.<\/p>\n<p>    Uno de sus disc\u00ed\u00adpulos, san Pacomio (290-346), fund\u00f3 un gran monasterio en una isla en el r\u00ed\u00ado Nilo. Pacomio instituy\u00f3 para sus s\u00fabditos una regla mon\u00e1stica, que fue la primera regulaci\u00f3n conocida de este tipo.<\/p>\n<p>    Otros nombres de monjes din\u00e1micos y famosos quedaron en la historia mon\u00e1stica: Pablo de Tebas, Malco, Hilari\u00f3n, S. Macario de Egipto, Ammoes, Schenute, S. Epifanio, San Eutimio, San Sabas. El com\u00fan denominador de todos ellos fue la pr\u00e1ctica de las virtudes evang\u00e9licas en r\u00e9gimen de huida del mundo (fuga mundi) y la vida com\u00fan regida por normas reguladoras.<\/p>\n<p>    2.2. Los monjes<br \/>\n    La forma cenob\u00ed\u00adtica de monaquismo fue introducida en Occidente en Roma y en el norte de Italia por San Atanasio. En el norte de \u00ed\u0081frica fue San Agust\u00ed\u00adn de Hipona su mejor promotor. En la Galia se debi\u00f3 a San Mart\u00ed\u00adn de Tours. La regeneraci\u00f3n religiosa efectuada por san Benito de Nursia en el siglo VI contaba ya con precedentes seculares. Pero aport\u00f3 al monaquismo occidental su forma permanente y fue tan org\u00e1nica y consistente que se convirti\u00f3 en una fuerza arrolladora y duradera.<\/p>\n<p>    Con los seguidores de Benito de Nursia surgieron las grandes construcciones mon\u00e1sticas: templo, claustro, celdas habitables, servicios diversos para la vida de un gran grupo; cocina, refectorio, enfermer\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>    As\u00ed\u00ad surgieron las abad\u00ed\u00adas, comunidades aut\u00f3nomas de monjes gobernados por un abad (abbas, padre) o de monjas dirigidas por una abadesa. En su interior se daba especial importancia a la iglesia. En el exterior eran decisivas las tierras para el trabajo. La vida se desarrollaba en el lugar de vivienda, en el lugar de oraci\u00f3n y en el lugar de trabajo, como era la biblioteca o la sala de copistas de documentos. Para los viajeros o peregrinos hab\u00ed\u00ada una acogedora hospeder\u00ed\u00ada para practicar la hospitalidad.<\/p>\n<p>    Los edificios se organizaban en torno a un patio, al que sol\u00ed\u00ada rodear un claustro o arcada cubierta, cuya amplitud, estilo y servicios, sol\u00ed\u00adan ser variables. Pero nunca falt\u00f3 en \u00e9l la sala capitular para las reuniones de los monjes.<\/p>\n<p>    La abad\u00ed\u00ada de Monte Casino, fundada por San Benito en el 529, se convirti\u00f3 en modelo de referencia para toda Europa. De una u otra forma inspir\u00f3 tambi\u00e9n a los grupos originales que fueron surgiendo con el tiempo, como reforma de la misma estructura benedictina (cluniacenses, cistercienses, trapenses), como movimientos aut\u00f3nomos al estilo de los cartujos (San Bruno) y camaldulenses (S. Romualdo); o tambi\u00e9n como desarrollo interno de la misma Orden benedictina (Fulda, monasterios de S. Fructuoso, de San V\u00ed\u00adctor de Par\u00ed\u00ads y mil m\u00e1s que se divulgaron por Europa).<\/p>\n<p>    2.3. Fraternidades medievales<br \/>\n    Hacia el siglo XII una nueva oleada de vida religiosa invadi\u00f3 la Iglesia, al amparo de la sociedad urbana que entonces se despertaba. Surgieron fraternidades de diverso tipo. Significativos fueron los \u00abcan\u00f3nigos regulares\u00bb y las \u00abfraternidades mendicantes\u00bb. Pero tambi\u00e9n brotaron las \u00abOrdenes militares\u00bb, \u00abgrupos hospitalarios\u00bb y \u00abbeaterios femeninos\u00bb.<\/p>\n<p>    Las Ordenes militares, al estilo del Temple, ten\u00ed\u00adan una misi\u00f3n defensiva contra la fuerza arrolladora del Islam. Eran monjes a caballo, pero no lejos de la Regla de S. Benito. Los can\u00f3nigos regulares tampoco fueron monjes, aunque construyeron monasterios irradiantes de servicios religiosos, como es el caso de los Premonstratenses de S. Norberto.<\/p>\n<p>    Las m\u00e1s numerosas y extendidas fueron las fraternidades. Unas ser\u00ed\u00adan orientadas a la redenci\u00f3n de cautivos, como los Mercedarios de S. Pedro Nolasco o los Trinitarios de S. Juan de Mata y San F\u00e9lix de Valois. Otras se entregaron a la evangelizaci\u00f3n convirtiendo herejes, como los Hermanos Predicadores de Sto. Domingo de Guzm\u00e1n (dominicos); o predicando a las gentes, como los Hermanos Menores de San Francisco de As\u00ed\u00ads (franciscanos). Incluso las hubo asistenciales y hospitalarias para enfermos, peregrinos y ancianos.<\/p>\n<p>    Las Ordenes nuevas eran \u00abfraternidades\u00bb y no monasterios. Se multiplicaron por la facilidad para instalarse en los sitios m\u00e1s sencillos y las menores necesidades vitales y materiales que reclamaba su existencia en un lugar. Fueron muchas: unas con pretensi\u00f3n de antig\u00fcedad milenaria en sus tradiciones, como los carmelitas, o centenaria como los agustinos. Otras de nueva plata como los servitas, los jer\u00f3nimos, los antonianos pronto desaparecidos.<\/p>\n<p>    Los frailes o hermanos, (de frater, &#8216;hermano&#8217;) ya no eran monjes, pero viv\u00ed\u00adan de la espiritualidad del monacato. Viv\u00ed\u00adan en conventos (\u00abconventus\u00bb, lugar sencillo y recogido) pero sal\u00ed\u00adan de ellos con facilidad y variedad de objetivos. Ped\u00ed\u00adan limosnas para vivir o recib\u00ed\u00adan dones (mendicantes), ense\u00f1aban en las c\u00e1tedras de las universidades, predicaban en templos y castillos o palacios, realizaban trabajos o servicios en lugares ajenos a la propia casa religiosa. No ten\u00ed\u00adan bienes comunes ni personales, pero constru\u00ed\u00adan iglesias, cementerios, asilos, hospitales con lo que recababan.<\/p>\n<p>    Lo m\u00e1s significativo es que no pertenec\u00ed\u00adan a una casa o monasterio con dependencia de un abad, sino que pod\u00ed\u00adan ser trasladados sin m\u00e1s y en dependencia de un Superior, de un Prior, de un Guardi\u00e1n y ten\u00ed\u00adan superiores provinciales y generales.<\/p>\n<p>    Junto a los nuevos grupos siguieron multiplic\u00e1ndose los verdaderos monjes, los negros como los cluniacenses y los blancos como los cistercienses o los m\u00e1s tard\u00ed\u00adamente renovados trapenses.<\/p>\n<p>    Con ellos tomaron vigor las formas femeninas de cada Orden o movimiento conventual, debati\u00e9ndose entre la dependencia espiritual de los Fundadores y la independencia organizativa, con autonom\u00ed\u00ada o con federaci\u00f3n, que pronto comenz\u00f3 a ser uso establecido. Num\u00e9ricamente comenzaron a ser m\u00e1s las monjas que los monjes. En su af\u00e1n de fundaciones femeninas se distinguieron los franciscanos, cuyo elenco de grupos femeninos fundados bajo el esp\u00ed\u00adritu de San Francisco se acerca al millar.<\/p>\n<p>    Conviene recordar del mismo modo, que en el Oriente siguieron actuando los monjes derivados de los antiguos Fundadores, como es el caso de los basilianos que cubrieron todos los territorios, islamizados desde el siglo VIII, pero en donde qued\u00f3 latente la savia del monacato antiguo.<\/p>\n<p>    Incluso en Oriente surgieron nuevas formas monacales, piezas clave para mantener el cristianismo en medio de las nacientes culturas isl\u00e1micas y bajo el aliento del decadente Impero bizantino, que resisti\u00f3 con vida hasta la toma de Constantinopla por los turcos el a\u00f1o 1453. Desde entonces los movimientos monacales se dispersaron por las distintas regiones, o naciones, que m\u00e1s o menos sobrevivieron entre el imperio ruso, los reinos eslavos de Europa o los estados islamizados orientales.<\/p>\n<p>    Las rivalidades entre los diversos \u00e1mbitos religiosos o patriarcados y las iglesias de la Ortodoxia determinaron tambi\u00e9n la marcha de los monjes orientales. Algunas figuras fueron significativas, como las bizantinas de San Teodoro Studita, de comienzos del siglo IX, San Sime\u00f3n el Te\u00f3logo, de mediados del X, de Gregorio Palamas ya en el siglo XIV. El gran monasterio del Monte Athos fue durante siglos el emblema del monaquismo oriental, tanto del que se adhiri\u00f3 a la Iglesia cat\u00f3lica (uniatas), como del que se mantuvo en actitud de plena independencia, que fue m\u00e1s numeroso.<\/p>\n<p>    Por otra parte mantuvieron la fuerza del monacato hasta nuestros d\u00ed\u00adas los diversos movimientos y grupos surgidos en Siria, en la zona copta de Egipto, en la antigua Caldea (Irak), en Bulgaria desde la conversi\u00f3n del pr\u00ed\u00adncipe Boris en el siglo X, en la zona eslava desde las correr\u00ed\u00adas evangelizadoras de San Cirilo y San Metodio (desde el a\u00f1o 863) en Europa, en Polonia (dividida durante el siglo XVIII entre Rusia y Austria) y tambi\u00e9n por medio de los grupos monacales emigrados a Am\u00e9rica o Europa.<\/p>\n<p>    3. Monacato moderno<br \/>\n    La fuerza espiritual y mod\u00e9lica del monacato se mantuvo incluso, cuando las nuevas oleadas de vida religiosa fueron invadiendo las playas de la Iglesia y ofrecieron nuevos servicios diaconales y evangelizadores a los cristianos.<\/p>\n<p>    Los religiosos siguieron diversificado sus servicios, pero tambi\u00e9n sus estructuras, alimentando la vida religiosa nueva con las m\u00e1s puras esencias espirituales aprendidas de los monjes antiguos y modernos.<\/p>\n<p>   &#8211; En los tiempos humanistas del siglo XIV y XV se multiplicaron las sociedades de vida com\u00fan, laicales como los \u00abHermanos de la vida com\u00fan\u00bb, de Gerardo Groot (jeronimianos); o sacerdotales, como los \u00abCl\u00e9rigos regulares\u00bb (oratorianos, jesuitas, escolapios, teatinos, barnabitas y somascos, etc.)<br \/>\n   &#8211; Se divulgaron los \u00abHospitalarios de S. Juan de Dios\u00bb y los \u00abMinistros de los enfermos\u00bb de San Camilo, entre los diversos grupos asistenciales.<\/p>\n<p>   &#8211; Cuando la hora de la contrarreforma lleg\u00f3 despu\u00e9s de Trento (1545-1556), los diversos movimientos reformadores y reformados (carmelitas, agustinos, franciscanos) se nutrieron del esp\u00ed\u00adritu contemplativo y activo de los monjes antiguos.<\/p>\n<p>   &#8211; Se multiplicaron los Beaterios y las ramas femeninas conventuales: franciscanas, dominicas, carmelitas, agustinas&#8230;<\/p>\n<p>   &#8211; Los grupos de predicadores populares se hicieron cada vez m\u00e1s numerosos: pasionistas, redentoristas, pa\u00fales, sulpicianos, las Hijas de la Caridad.<\/p>\n<p>   &#8211; Empezaron a multiplicarse las Sociedades de Misiones Extranjeras y m\u00e1s tarde se incrementaron los movimientos misioneros como los Padres Blancos.<\/p>\n<p>   &#8211; Surgieron los grupos plenamente laicales, sobre todo docentes, como los Hermanos de las Escuelas Cristianas o los montfortianos; y, un siglo despu\u00e9s, los maristas, los marianistas, los Hermanos de la Sda. Familia.<\/p>\n<p>   &#8211; En el siglo XIX los Institutos abiertos a toda obra buena llenaron la Iglesia de familias diferentes: claretianos, rogacionistas, del Verbo Divino, corazonistas, salesianos, josefinos.<\/p>\n<p>   &#8211; Y en este siglo los grupos femeninos surgieron con tal abundancia que pas\u00f3 de un millar las congregaciones nuevas que brillaron en la Iglesia para asistencia, sanidad, educaci\u00f3n, adoraci\u00f3n, las parroquias.<\/p>\n<p>   &#8211; En el siglo XX siguieron naciendo Institutos, pero ya se multiplicaron los plenamente seculares, las asociaciones piadosas y, al final, multitud de Organizaciones No gubernamentales (ONGs) de signo confesional y orientaci\u00f3n m\u00faltiple.<\/p>\n<p>    En todos estos movimientos, incluso en los \u00faltimos seculares, qued\u00f3 siempre un eco imperceptible y admirable del monacato primitivo: piedad, orden, regla, norma, fidelidad, sencillez, entrega, servicio. Los miembros de los diversos grupos y movimientos ya no fueron monjes surgidos para cristianizar con la oraci\u00f3n y el trabajo a poblaciones rurales. Pero siguieron alimentando su esp\u00ed\u00adritu con el silencio de los claustros rom\u00e1nicos, con la luz de los g\u00f3ticos, con los himnos gregorianos, con la brega humilde de cada d\u00ed\u00ada como testimonio dado a los creyentes del entorno y a los necesitados del mundo.<\/p>\n<p>    3. Monacato y catequesis<br \/>\n    Es importante caer en la cuenta de que el monacato ha sido una realidad eclesial con peso muy especial para la proclamaci\u00f3n del Evangelio. Y es conveniente educar a los cristianos en el agradecimiento hacia esa Instituci\u00f3n tan importante en la marcha del cristianismo.<\/p>\n<p>    Por eso es tarea hermosa el seguir cultivando una vocaci\u00f3n milenaria que nunca deber\u00e1 extinguirse.<\/p>\n<p>    Una catequesis cat\u00f3lica no puede olvidar una triple deber del cristiano con los monjes de todos los tiempos y de todos los lugares del universo.<\/p>\n<p>     3.1.  Informaci\u00f3n y acogida<br \/>\n    La informaci\u00f3n supone resaltar lo que fueron los monjes en la Historia y ense\u00f1ar al cristiano a valorar los dones que aportaron. Entre ellos conviene destacar algunos aspectos pedag\u00f3gicos:<br \/>\n   &#8211; El arte magn\u00ed\u00adfico de los monasterios, con sus insinuaciones espirituales y riquezas morales<br \/>\n   &#8211; El peso de la liturgia, que fue al principio promovida y encauzada en los centros que se dedicaban sobre todo a orar por la salvaci\u00f3n de los hombres, pero que se convirtieron en lugar de referencias hasta nuestros d\u00ed\u00adas.<\/p>\n<p>   &#8211; La m\u00fasica gregoriana, entre otros muchos dones, fue parte de esa liturgia admirable de los monjes.<\/p>\n<p>   &#8211; la cultura y su promoci\u00f3n, con el copiado de libros antiguos y la conservaci\u00f3n de obras sabias, que se habr\u00ed\u00adan perdido para siempre si no hubiera sido por el trabajo silencioso de copistas monacales.<\/p>\n<p>   &#8211; Los valores morales y sociales de la vida monacal: sumisi\u00f3n y estabilidad, silencio y esperanza, paz y reflexi\u00f3n cristiana ante la fugacidad de la vida. Son valores que siguen vigentes entre los monjes y que todos los cristianos que no lo son tienen que aprender a respetar, admirar y, en lo posible, a imitar.<\/p>\n<p>    3.2. Invitaci\u00f3n vocacional<br \/>\n    Descubierto el estilo de vida de los monjes y sus valores, la diversidad de sus carismas y modalidades, se impone la promoci\u00f3n de vocaciones para el testimonio del claustro, para la oraci\u00f3n por el mundo, para el testimonio permanente.<\/p>\n<p>    Todo educador debe sensibilizar a todos los creyentes en la importancia de conservar los dones recibidos del pasado, que siguen siendo operativos y promotores de vida cristiana.<\/p>\n<p>Pedro Chico Gonz\u00e1lez, Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00ed\u00ada Religiosa, Editorial Bru\u00f1o, Lima, Per\u00fa 2006<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00eda Religiosa<\/b><\/p>\n<p>El seguimiento radical de Cristo se ha vivido, desde los primeros siglos, seg\u00fan diversas formas de \u00abvida consagrada\u00bb. Entre ellas, sobresale la que hoy se llama tambi\u00e9n \u00abvida contemplativa\u00bb. El \u00abmonacato\u00bb es una de las formas m\u00e1s primitivas, que ha ido perdurando, con ciertas variantes, a trav\u00e9s de toda la historia de la Iglesia. El \u00abmonje\u00bb es el que vive en cierta \u00absoledad\u00bb o que imita a Cristo de modo \u00ab\u00fanico\u00bb, como buscando asemejarse totalmente a \u00e9l.<\/p>\n<p>\tLas primeras formas de vida \u00abmonacal\u00bb eran propiamente \u00aberem\u00ed\u00adticas\u00bb (\u00abanacoretas\u00bb), en el desierto o en cierta soledad y aislamiento. Sus primeras expresiones fueron en Egipto, Palestina, Siria y Asia Menor. Hab\u00ed\u00ada agrupaciones de hombres y de mujeres. Se pas\u00f3 paulatinamente a una vida m\u00e1s \u00abcenob\u00ed\u00adtica\u00bb o de \u00abvida com\u00fan\u00bb, gracias a San Pacomio (292-347) y a San Antonio Abad (muerto en el a\u00f1o 355).<\/p>\n<p>\tCon San Basilio de Cesarea (330-379) se llega a una vida m\u00e1s organizada en un monasterio, que influ\u00ed\u00ada en su contexto geogr\u00e1fico y eclesial por medio de escuelas, servicios de caridad y organizaci\u00f3n del trabajo. En Occidente, el monacato se difundi\u00f3 gracias a San Jer\u00f3nimo (347-419), San Honorato de Arl\u00e9s (que fund\u00f3 el monasterio de Lerins y muri\u00f3 en 430), Juan Casiano (360-435) y, de modo especial, San Benito (480-547), cuya regla influy\u00f3 en todo el monacato occidental. Algunos obispos organizaron para sus cl\u00e9rigos una vida comunitaria (en el contexto de la \u00abvida apost\u00f3lica\u00bb) que, a veces, se ha llamado monacal San Mart\u00ed\u00adn de Tours (370-371), San Eusebio de Vercelli (muerto en 370), San Agust\u00ed\u00adn (354-430), etc.<\/p>\n<p>\tEl monaquismo decide vivir la vida cristiana con todas las exigencias del bautismo, queriendo imitar a Cristo radicalmente, al estilo de la comunidad cristiana primitiva en Jerusal\u00e9n. Tiene sentido \u00abmartirial\u00bb (testimonio y ofrecimiento total) por medio de una vida asc\u00e9tica, que es lucha contra las pasiones y el esp\u00ed\u00adritu del mal, intentando recuperar la inocencia bautismal y orientar toda la vida hacia el m\u00e1s all\u00e1.<\/p>\n<p>\tSu influencia en la sociedad y en la vida eclesial ha sido determinante, en Oriente y Occidente. Gracias a ellos principalmente, se conservaron las ra\u00ed\u00adces culturales de algunos pueblos y se orientaron a la luz del evangelio. La acci\u00f3n evangelizadora ser\u00ed\u00ada incomprensible sin su actuaci\u00f3n, especialmente durante el primer milenio e inicio del segundo San Patricio (siglo V, en Irlanda), San Columbano (siglo VI, en Francia e Italia), San Bonifacio (siglo VII-VIII, en Alemania), los santos hermanos Cirilo y Metodio (siglo IX, en los pueblos eslavos), San Anselmo (1033-1109, especialmente en Francia e Inglaterra), San Bernardo (1090-1153, en gran parte de Europa)&#8230;<\/p>\n<p>\tLa acci\u00f3n de los monasterios, durante la historia y en la actualidad, es de sumo influyo en la cultura y en la vida eclesial, especialmente en el campo lit\u00fargico, cultural, laboral y espiritual. Por la transformaci\u00f3n del trabajo en vida contemplativa, as\u00ed\u00ad como por la hospitalidad, por las obras de caridad y por la disponibilidad para el consejo espiritual, siguen siendo los monasterios una piedra clave de la evangelizaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Referencias Contemplaci\u00f3n, desierto, liturgia, seguimiento evang\u00e9lico, silencio, vida consagrada, vida contemplativa.<\/p>\n<p>Lectura de documentos PC 9; VC 6,8-9.<\/p>\n<p>Bibliograf\u00ed\u00ada G.M. COLOMBAS, El monacato primitivo ( BAC, Madrid, 1974-1975); I. M\u00c2\u00aa GOMEZ, J. BARRADO, Monacato, en Diccionario teol\u00f3gico de la Vida Consagrada (Madrid, Pub. Claretianas, 1989) 1123-154; A. MASOLIVER, Historia del monacato cristiano (Madrid, Encuentro, 1993); M. PACAUT, Les ordres monastiques et religieux (Paris, 1970); G. TURBESSI, Monacato, en Diccionario de Espiritualidad (Barcelona, Herder, 1983) II, 637-644.<\/p>\n<p>(ESQUERDA BIFET, Juan, Diccionario de la Evangelizaci\u00f3n,  BAC, Madrid, 1998)<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Evangelizaci\u00f3n<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>[266] Tambi\u00e9n llamado monaquismo, es el modo de vida practicado por personas que han abandonado el mundo por razones religiosas y dedican sus vidas a conseguir la perfecci\u00f3n espiritual, tanto en solitario como integrados en una comunidad. 1. Monaquismo no cristiano En casi todas las religiones se han dado sistemas de vida eremita o cenobita &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/monacato\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abMONACATO\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-11985","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/11985","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=11985"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/11985\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=11985"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=11985"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=11985"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}