{"id":11987,"date":"2016-02-05T08:15:14","date_gmt":"2016-02-05T13:15:14","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/moral-historia\/"},"modified":"2016-02-05T08:15:14","modified_gmt":"2016-02-05T13:15:14","slug":"moral-historia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/moral-historia\/","title":{"rendered":"MORAL. HISTORIA"},"content":{"rendered":"<p>[300]<\/p>\n<p>   La historia de la moral cristiana es un camino lleno de inquietudes, de interrogantes y de progresos o de regresos, cuando se miran los criterios y cuando se analizan las decisiones magisteriales. Tan interesante es la historia evolutiva de la moral como lo es la trayectoria de los dogmas o las actuaciones cultuales y lit\u00fargicas.<\/p>\n<p>    Sugerir el itinerario de la moral es una forma de entender lo que hoy pensamos los cristianos de la conciencia, de la ley y de la Palabra de Dios en cuanto son fuerzas que iluminan el caminar de los hombres.<\/p>\n<p>   1. Los primeros siglos   Directamente influidos por los mensajes evang\u00e9licos, vivos por la palabra de las personas y escritos por sus testimonios y cartas recogidas en la Escritura del Nuevo Testamento, todo se bas\u00f3 en la fe (kerigma), en el amor (agap\u00e9) y en el misterio de Jes\u00fas, Dios hecho hombre.<\/p>\n<p>    1.1. La moral del Evangelio<br \/>\n    Estaba regida por las ense\u00f1anzas directas del mismo Jes\u00fas, con sus palabras y con sus obras. Es moral que llega hasta hoy con pleno vigor. Y es moral que, para cuando se consign\u00f3 en los 27 documentos del Nuevo Testamento, ten\u00ed\u00ada ya muchas d\u00e9cadas de aplicaci\u00f3n vital en las primeras comunidades cristianas.<\/p>\n<p>    En el centro de esa moral es el kerigma, el mensaje, la buena noticia, de que se sienten portadores los disc\u00ed\u00adpulos inmediatos de Jes\u00fas. Todo en ella se centraba en el Reino de Dios, que es la expresi\u00f3n que indica la victoria del bien sobre el mal.<\/p>\n<p>    Se puede perfilar un plan de vida magnifico con los textos del Nuevo Testamento. Y ese plan se teje con hilos de fe, de amor al pr\u00f3jimo, de oraci\u00f3n al Padre, de fidelidad al Esp\u00ed\u00adritu. Sin m\u00e1s formulaciones que las palabras de Jes\u00fas y sin m\u00e1s modelos que los hechos de Jes\u00fas, la vida del cristiano quedaba proyectada hacia el Padre.<\/p>\n<p>    La antimoral cristiana venia dada por el racionalismo de los saduceos (los escribas, los doctores) y sobre todo la hipocres\u00ed\u00ada de los fariseos. El Evangelio de Juan, el m\u00e1s m\u00ed\u00adstico y orientador, insiste en el \u00absentir y vivir\u00bb al estilo de Jes\u00fas. Los Sin\u00f3pticos llevan la atenci\u00f3n hacia el \u00abobrar bien\u00bb y, desde luego, mejor que los fariseos y los escribas.<\/p>\n<p>    Las ense\u00f1anzas de San Pablo perfilan ya tantas consignas de vida, tantas l\u00ed\u00adneas de moral cristiana, que por eso las comunidades destinatarias las tomaban como texto de lectura y como \u00abNueva Alianza\u00bb, al igual que los libros de los Profetas y los de la Ley lo hab\u00ed\u00adan sido anteriormente y lo segu\u00ed\u00adan siendo en las comunidades jud\u00ed\u00adas.<\/p>\n<p> 1.2. Padres apost\u00f3licos<br \/>\n    Al ir desapareciendo los disc\u00ed\u00adpulos inmediatos a Jes\u00fas, los Ap\u00f3stoles, los escritores, predicadores y presb\u00ed\u00adteros de las comunidades tomaron el testigo de la moral cristiana. Se habla de \u00abPadres apost\u00f3licos\u00bb al referirse a los escritores que tuvieron vinculaci\u00f3n y proximidad cronol\u00f3gica y vivencial con los Ap\u00f3stoles.<\/p>\n<p>    Ellos estaban cercanos a la Escritura de forma especial. Ense\u00f1aban a vivir y a obrar como lo hizo Jes\u00fas. Quedaban en su conciencia las palabras recogidas en los testimonios evang\u00e9licos, pero en otros muchos dichos (logia) y consignas de Jes\u00fas que lat\u00ed\u00adan todav\u00ed\u00ada en las comunidades cristianas primitivas.<\/p>\n<p>    Quedan documentos y testimonios (escritos y los mismos Evangelios llamados Ap\u00f3crifos) que recog\u00ed\u00adan dichos y hechos de Jes\u00fas y de sus primeros disc\u00ed\u00adpulos. Todos ellos rezuman, al final de siglo I y comienzos del II, formas de vida, principios morales, iluminados por afanes escatol\u00f3gicos, por la esperanza en una inmediata vuelta de Jes\u00fas (Parus\u00ed\u00ada).<\/p>\n<p>    Algunos escritos orientadores de la vida de los fieles son \u00abCarta a los Corintios\u00bb, de Clemente de Roma, las \u00abCartas\u00bb de Ignacio de Antioqu\u00ed\u00ada, \u00abCarta a los Filipenses\u00bb, de Policarpo, la \u00abHomil\u00ed\u00ada pseudoclementina\u00bb, \u00abla Didaj\u00e9\u00bb, \u00abla Carta del PseudoBernab\u00e9\u00bb, \u00abel Pastor\u00bb de Hermas, \u00ablas Odas de Salom\u00f3n\u00bb, un Evangelio (ap\u00f3crifo) de Tom\u00e1s.<\/p>\n<p>    Los puntos comunes de estos documentos se centran en la confianza en Jes\u00fas, en la esperanza de su venida, en la exhortaci\u00f3n a la caridad fraterna.<\/p>\n<p>    Hay resabios cercanos de la tradici\u00f3n vital y cultural del juda\u00ed\u00adsmo. La moral que se proclama, eco de los programas propuestos sobre todo por San Pablo en sus cartas, resalta el rechazo del legalismo formalista de los fariseos, tan vivamente reflejado ya en los Evangelio y atribuido con persistencia al mismo Jes\u00fas. Se habla de obrar por el Esp\u00ed\u00adritu que ofrerce libertad en el amor y no temor ante la Ley. Se advierte con claridad que los creyentes tienen conciencia de que ha nacido una \u00abNueva Alianza\u00bb y que el \u00abViejo Testamento\u00bb ha quedado superado. La ley de Jes\u00fas ha desplazado la Ley de Mois\u00e9s.<\/p>\n<p>    Los padres apost\u00f3licos impulsan una moral de la vida, no una moral de la norma. No hay m\u00e1s pecado que la falta del amor y la entrega a una vida sensorial (de org\u00ed\u00adas) como hacen lo paganos. Pero no vasta ya vivir como los jud\u00ed\u00ados, en el culto a Templo (ya destruido) que ha quedado sustituido por \u00abel \u00fanico sacrificio de Cristo\u00bb.<\/p>\n<p>    1.3. Los alejandrinos.<\/p>\n<p>    En el siglo III surge un intento, que ser\u00e1 seguido de otros muchos, de ordenar y sistematizar la reflexi\u00f3n. Corresponde al n\u00facleo intelectual de Alejandr\u00ed\u00ada, ciudad heredera de intensa vida intelectual helen\u00ed\u00adstica, centro de muchos sabios paganos, pero tambi\u00e9n cristianos, desde el siglo II antes de Cristo.<\/p>\n<p>    Los cristianos y escritores que aparecen en este lugar ofrecen una moral interesante. La sabidur\u00ed\u00ada humana tiene que ser aprovechada por los cristianos, que deben ser cultos y sabios. La cultura es un deber del cristiano. Los m\u00e1s sabios deben ilustrar la conciencia de los m\u00e1s sencillos.<\/p>\n<p>    As\u00ed\u00ad piensan Clemente de Alejandr\u00ed\u00ada (+ 215) y Or\u00ed\u00adgenes (+ 254), las dos grandes lumbreras, aunque no \u00fanicas, de Alejandr\u00ed\u00ada. La fe y la moral se apoyan en la Escritura interpretada con la experiencia, la tradici\u00f3n y la inteligencia. Por no es s\u00f3lo este el \u00fanico fundamento. La filosof\u00ed\u00ada, incluso, pagana, si es honrada y racional, ayuda a ilustrar y orientar la conducta. Se necesita una \u00abmoral sabia\u00bb, no s\u00f3lo cr\u00e9dula, Las corrientes filos\u00f3ficas del imperio llegan a la gran urbe, la mayor despu\u00e9s de Roma, de modo especial el estilo estoico y el neoplat\u00f3nico, incluso r\u00e1fagas del gnosticismo m\u00e1s propio de las comunidades griegas.<\/p>\n<p>    Para los alejandrinos la moral se centra en la imitaci\u00f3n de Cristo, que es el pedagogo, el maestro, el modelo de los hombres, el que hace posible agradar a Dios. Adem\u00e1s hay que asumir las circunstancias de la vida cotidiana y los deberes para con la comunidad a la que se pertenece, la Iglesia.<\/p>\n<p>     El libro de \u00abEl Pedagogo\u00bb refleja el pensamiento moral de Clemente de Alejandr\u00ed\u00ada. Presenta principios generales de vida moral: oraci\u00f3n, sumisi\u00f3n a la Providencia, acciones buenas para lograr que Dios nos escuche y nos responda con su protecci\u00f3n y amor paternal.<\/p>\n<p>    En el II y en el IIl de los libros se dan normas de vida sencilla: beber, comer, vida conyugal, obediencia a los presb\u00ed\u00adteros, limosna. Alientan a los compromisos con la ciudad y recuerdan el deber de aceptar las leyes de la ciudad. es un plan de vida cercano, comprometedor y procedente de Dios.<\/p>\n<p>    Or\u00ed\u00adgenes, la m\u00e1s grande de las figuras del grupo, es un verdadero fil\u00f3sofo moralista, adem\u00e1s de ser un escritor cristiano erudito. Llega incluso al rigorismo moral en las exigencias de la vida cristiana. Llegar\u00e1 a tener problemas con sus interpretaciones del deber y del obrar. Por influencia plat\u00f3nica, se orienta a interpretaciones aleg\u00f3ricas y se apoya demasiado en los gestos y en los s\u00ed\u00admbolos, lo que le acerca a las supersticiones.<\/p>\n<p>    En su libro de  \u00abPrimeros principios\u00bb, trata del hombre y de su libertad frente a las tentaciones de este mundo: Presenta la vida moral con tintes de lucha ante el peligro del mal, incluso con el pesimismo de creer que son pocos los que pueden obrar el bien.<\/p>\n<p>    En su \u00abTratado Sobre la oraci\u00f3n\u00bb reclama la ayuda divina. En su obra \u00abLa Exhortaci\u00f3n al martirio\u00bb, reclama la fortaleza y la fidelidad a la fe en Jes\u00fas como condici\u00f3n de comportamiento del cristiano, incluso aunque haya que morir por El.<\/p>\n<p>    En cierto aspectos, la moral de Or\u00ed\u00adgenes se vuelve m\u00ed\u00adstica: hombre imagen de Dios, Dios luz del interior, cuerpo c\u00e1rcel del alma, cielo esperanza del desterrado.<\/p>\n<p>    1.4. Los africanos.<\/p>\n<p>    En el Norte de Africa, misterios de la Historia, brillaron comunidades cristianas fecundas y admirables que un d\u00ed\u00ada habr\u00ed\u00ada de desaparecer. La de Cartago fue singular para el pensamiento moral de los cristianos de Occidente.<\/p>\n<p>    Ya en el siglo III, antes de Nicea, la cristiandad africana influ\u00ed\u00ada en otras muchas regiones. Desde el a\u00f1o 180, en que se multiplicaron las m\u00e1rtires en su seno hasta el a\u00f1o 313, la Iglesia de Africa se curti\u00f3 con la sangre de sus m\u00e1rtires.<\/p>\n<p>    El tono africano de esos siglos fue intensamente moral. Tertuliano (+ hacia el 220) fue incansable promotor de interrogantes morales: castidad, segundas nupcias, espect\u00e1culos, participaci\u00f3n en cargos p\u00fablicos, las acciones militares. Sin embargo su postura pasar\u00ed\u00ada a la posteridad te\u00f1ida de integrismo, aunque en su tiempo fue valorado como ejemplo de rectitud. Su rigorismo moral le suscit\u00f3 reacciones y adversarios en su misma comunidad y no triunf\u00f3.<\/p>\n<p>    Algunas herej\u00ed\u00adas morales surgieron ese ambiente: el montanismo, por ejemplo, que era movimiento apocal\u00ed\u00adptico que propon\u00ed\u00ada exigencias morales extremas.<\/p>\n<p>    San Cipriano (+ 258), obispo de Cartago y m\u00e1rtir, fue m\u00e1s moderado, pues su coraz\u00f3n de pastor le hac\u00ed\u00ada estar m\u00e1s ceca del Evangelio. En sus \u00abCartas\u00bb trat\u00f3 de temas de vida cristiana: oraci\u00f3n, los deberes, la vida que deben llevar las v\u00ed\u00adrgenes, la paciencia y la dulzura, las buenas obras, la envidia, los celos.<\/p>\n<p>     Otros escritores, como Arnobio o Lactancio fueron verdaderos moralistas preocupados por el bien y el mal. Lactancio en sus \u00abInstituciones divinas\u00bb (entre  304 y 313), hablaba claramente de las bases racionales de la moral cristiana y defin\u00ed\u00ada la virtud, el bien supremo, la sabidur\u00ed\u00ada, la justicia y en t\u00e9rminos claros. Su fuente de inspiraci\u00f3n fue Cicer\u00f3n, pero a\u00f1adi\u00f3 a su reflexi\u00f3n la fuerza original del Evangelio.<\/p>\n<p>    1.5. El siglo IV<br \/>\n    La moral cristiana como sistema organizado se form\u00f3 sobre todo en el siglo IV con los grandes maestros de doctrina y de vida cristiana. El cristianismo gan\u00f3 espacio vital y la vida social comenz\u00f3 a configurarse en las ciudades en funci\u00f3n de la mayor\u00ed\u00ada cristiana. El monaquismo, ampliado en los tiempos de las persecuciones, se fue imponiendo como modelo de vida cristiana.<\/p>\n<p>    Adem\u00e1s aparecieron grandes pensadores en los n\u00facleos de mayor influencia cultural del Imperio Romano, tanto en Occidente como en Oriente. Su influencia llegaba incluso a las comunidades cristianas de otros ambientes como en los cristianos existentes en Persia, Armenia, C\u00e1ucaso, Arabia, Etiop\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>    La infraestructura intelectual de los escritores cristianos fue helen\u00ed\u00adstica: principios generales griegos y sensibilidad jur\u00ed\u00addica romana. Sus lenguajes morales y doctrinales comenzaron pronto a usar terminolog\u00ed\u00adas estoicas, neoplat\u00f3nicas, en ocasiones gn\u00f3sticas.<\/p>\n<p>    La difusi\u00f3n del catecumenado como sistema y proceso preparatorio para el bautismo contribuy\u00f3 a que la formaci\u00f3n moral, y no s\u00f3lo la doctrinal, se convirtiera en puerta de ingreso y est\u00ed\u00admulo para vivir conforme a la conciencia y a la comunidad de pertenencia. Las comunidades exig\u00ed\u00adan para bautizarse haber llevado una vida cristiana durante un tiempo y ordenar la conducta conforme al Evangelio.<\/p>\n<p>    Los documentos con fuerte carga moral se multiplicaron en ese siglo: las \u00abCatequesis bautismales\u00bb de Cirilo de Jerusal\u00e9n, las \u00abHomil\u00ed\u00adas\u00bb de Teodoro de Mopsuestia, los diversos escritos de San Ambrosio, de San Agust\u00ed\u00adn, de San Juan Cris\u00f3stomo y de otros Padres.<\/p>\n<p>    La conversi\u00f3n a la fe supon\u00ed\u00ada tambi\u00e9n la rectitud de vida y la limpieza de criterios morales. Se empez\u00f3 pronto a asociar la pureza de doctrina con la pureza de vida, sobre todo por la lucha contra las herej\u00ed\u00adas que fueron brotando en diversos lugares. La mayor parte de esas herej\u00ed\u00adas implicaba una forma de vida, una moral; la reacci\u00f3n tambi\u00e9n reclam\u00f3 sinceridad en la conducta y en las virtudes.<\/p>\n<p>     En el a\u00f1o 325 se declar\u00f3 el domingo d\u00ed\u00ada festivo para todos y se favoreci\u00f3 la legislaci\u00f3n del matrimonio y de la familia con palabras ya cristianas: prohibici\u00f3n del concubinato para el casado, castigo serio del adulterio y del rapto, prohibici\u00f3n en la pr\u00e1ctica del divorcio, rechazo del infanticidio y condena de la exposici\u00f3n de los reci\u00e9n nacidos. Incluso comenz\u00f3 la oposici\u00f3n de lo m\u00e1s querido para un romano, los juegos y pugilatos de gladiadores, abolidos el 438.<\/p>\n<p>    La Iglesia cultiv\u00f3 en los pueblos convertidos ideas de paz y no de guerra, la compasi\u00f3n con los vencidos y no el exterminio, la clemencia, la prohibici\u00f3n de la tortura, la suavidad con los esclavos y el trato humano de los prisioneros.<\/p>\n<p>    1.6. Los Capadocios.<\/p>\n<p>    Entre los Padres de la Iglesia que manifestaron m\u00e1s claros criterios de vida y de moral est\u00e1n los llamados \u00abcapadocios\u00bb, por la regi\u00f3n asi\u00e1tica de donde proced\u00ed\u00adan. Tuvieron una gran influencia en el Oriente cristiano y su figura todav\u00ed\u00ada brilla en la Iglesia: San Basilio Magno, San Gregorio de Nisa y San Gregorio de Nazianzo.<\/p>\n<p>    1.6.1. San Basilio Magno (+ 379)<\/p>\n<p>    Fue obispo de Cesarea, hombre de gran capacidad intelectual y profunda cultura griega. Se mostr\u00f3 siempre atento a los aspectos pr\u00e1cticos, es decir morales, del mensaje evang\u00e9lico, aunque no menos atento estuvo a las inquietudes especulativas de sus contempor\u00e1neos. En las dos \u00abReglas\u00bb que escribi\u00f3 para los monasterios que fund\u00f3 y anim\u00f3 en su etapa de monje, insisti\u00f3 en los aspectos morales de la vida cotidiana: trabajo, solidaridad, respeto a la autoridad, virtudes de justicia y de piedad. Escrib\u00ed\u00ada para monjes, pero trazaba consignas de vida para todos los creyentes.<\/p>\n<p>    En su hermoso, profundo y breve tratado \u00abExhortaci\u00f3n a los j\u00f3venes sobre la lectura de escritos paganos\u00bb, resolvi\u00f3 la cuesti\u00f3n de si era l\u00ed\u00adcito estudiar autores no cristianos, que algunos pon\u00ed\u00adan en duda con rigorismo moral. Declar\u00f3 el valor de la sabidur\u00ed\u00ada venga de donde venga. Intent\u00f3 armonizar el ideal moral del helenismo y la doctrina evang\u00e9lica de la virtud e invit\u00f3 a los j\u00f3venes a no hacer diferencias por la fuente siempre que el agua sea pura. En sus sabrosos \u00abComentarios a la Escritura\u00bb, propuso las leyes de la vida cristiana, insistiendo en la humildad, en la penitencia y la lucha contra los vicios (ira, avaricia y embriaguez, venganza). Tuvo especial sensibilidad para los aspectos de justicia y la desigual distribuci\u00f3n de las riquezas.<\/p>\n<p>    En ocasiones su reflexi\u00f3n se volvi\u00f3 cercana al misticismo y fundament\u00f3 su pensamiento moral en el concepto del hombre como imagen de Dios. Por consiguiente, vivir moralmente significaba para \u00e9l estar en camino y reproducir las perfecciones del Creador. Trat\u00f3 temas hermosos, por ejemplo la virginidad, la oraci\u00f3n y el martirio. Tambi\u00e9n insisti\u00f3 ante todo en el amor a los pobres y en la limosna, condenando la usura como una verdadera calamidad social.<\/p>\n<p>   1.6.2. Los dos Gregorios<br \/>\n    Sus ideas se hicieron tambi\u00e9n presentes en San Gregorio de Nazianzo (+ 390) que fue tambi\u00e9n patriarca de Constantinopla. El \u00abNacianceno\u00bb habl\u00f3 de la moral en la misma clave evang\u00e9lica en obras hermosas, como la \u00abFilokalia\u00bb y en las \u00abHomil\u00ed\u00adas\u00bb, aunque su lenguaje fue m\u00e1s did\u00e1ctico y est\u00e9tico que moralizante.<\/p>\n<p>    Algo parecido se reflej\u00f3 en S. Gregorio de Nisa (+ 394), que en sus obras \u00abDel alma y de la resurrecci\u00f3n\u00bb o en su \u00abDiscurso contra Eunomio\u00bb se centr\u00f3 m\u00e1s en la defensa de las verdades impugnadas por los arrianos que en los aspectos morales de la vida del cristiano.<\/p>\n<p>    1.7. La moral de Antioqu\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>    En Antioqu\u00ed\u00ada el mayor representante de aquella comunidad fue San Juan Cris\u00f3stomo (+ 407), patriarca luego de Constantinopla. El apasionado orador del Oriente (el crisostomos, el boca de oro), centr\u00f3 su vibrante predicaci\u00f3n en el seguimiento de Jes\u00fas con vida recta. Sus \u00abHomil\u00ed\u00adas\u00bb, llenas de sabrosos comentarios b\u00ed\u00adblicos, eran programas de vida cristiana. Resaltaban el sentido espiritual de la vida humana, haci\u00e9ndose eco de las actitudes estoicas y plat\u00f3nicas en un contexto cristiano.<\/p>\n<p>    La moral del Cris\u00f3stomo era vital. Trataba de lograr con sus palabras la conversi\u00f3n de los oyentes: fustigaba los vicios, aconsejaba las virtudes, reclamaba la compasi\u00f3n y la limosna, propon\u00ed\u00ada modelos, sembraba criterios, enardec\u00ed\u00ada los corazones. Su centro de atenci\u00f3n estaba el amor a Dios en el que se debe fundar el amor al pr\u00f3jimo. Condenaba la vanagloria, la presunci\u00f3n, la lujuria, las fiestas paganas. Animaba a evitar las ocasiones de pecado, como eran los espect\u00e1culos del circo y del teatro, a los que llamaba \u00abasambleas de Satan\u00e1s\u00bb.<\/p>\n<p>    Trat\u00f3 con habilidad de la moral de diversos estados, sobre todo de los  sacerdotes, en su hermoso libro \u00abSobre el sacerdocio\u00bb, uno de los m\u00e1s bellos tratados del tiempo patr\u00ed\u00adstico. Pero no se olvid\u00f3 de los dem\u00e1s.<\/p>\n<p>   Dio normas a las doncellas en su delicado libro \u00abSobre la virginidad\u00bb. Ofreci\u00f3 consignas a los casados y para la vida matrimonial. Traz\u00f3 el perfil del buen monje. Y hasta dej\u00f3 a los soldados ideas clara de como deb\u00ed\u00adan portarse en la guerra y en la paz. Sus consignas sobre la educaci\u00f3n de los hijos (en un libro con este t\u00ed\u00adtulo) son reflejos de un singular sentido com\u00fan.<\/p>\n<p>    1.8. Moralistas de Occidente.<\/p>\n<p>    En Occidente los grandes moralistas fueron San Ambrosio y San Agust\u00ed\u00adn. Su misi\u00f3n fue hacer s\u00ed\u00adntesis entre Oriente con su sentido m\u00ed\u00adstico y jer\u00e1rquico y Occidente con su preferencia pr\u00e1ctica.<\/p>\n<p>     1.8.1. San Ambrosio (+397)<\/p>\n<p>     Fue obispo de Mil\u00e1n. Mostr\u00f3 un claro estilo romano en sus planteamientos morales. El mismo hab\u00ed\u00ada sido funcionario oficial y sab\u00ed\u00ada de leyes y de obediencia. Ello significaba vivir con sentido pr\u00e1ctico, respetar a la ley y el orden, defender la justicia y la legalidad, defensa de la igualdad y la libertad.<\/p>\n<p>    Se inspir\u00f3 en Fil\u00f3n y en Or\u00ed\u00adgenes. Y fue su tard\u00ed\u00ado estudio de la Biblia lo que le dio la tonalidad original de romano que asimila el mensaje evang\u00e9lico. Escribi\u00f3 \u00abSobre la virginidad\u00bb y aprovecho el texto para clarificar la moralidad del matrimonio. Escribi\u00f3 \u00abDe los deberes de los eclesi\u00e1sticos\u00bb y en sus tres libros traz\u00f3 el profesiograma de consagrado a Dios por la comunidad, en cuyo tratado sigui\u00f3 de cerca las ideas de Cicer\u00f3n. En esta obra hizo una verdadera suma de la moral sacerdotal.<\/p>\n<p>     1.8.2. San Agust\u00ed\u00adn (+ 431)<\/p>\n<p>     Fue Obispo de Hipona y genio de portentosa creatividad. Trat\u00f3 de todo lo tratable en clave cristiana. Sus actitudes morales iluminar\u00ed\u00adan a los cristianos a lo largo de quince siglos, siendo admirables por su intuici\u00f3n, por su argumentaci\u00f3n y por la variedad tem\u00e1tica. La moral agustiniana es cristoc\u00e9ntrica por convicci\u00f3n. Su idea central es imitar a Cristo Dios y hombre: en lo divino siguiendo el esp\u00ed\u00adritu de vida, en lo terreno ordenando la vida seg\u00fan el esp\u00ed\u00adritu.<\/p>\n<p>     El cristiano tiene el deber de \u00abimitar a Cristo\u00bb, inalcanzable por la divinidad, pero cercano por su humanidad. La fuerza moral nace en el interior (teor\u00ed\u00ada de la iluminaci\u00f3n). Dios ha grabado en el coraz\u00f3n la caridad, pero hay que hacerla brillar por la claridad. La ley de Cristo es el amor, iluminado por la fe y fortalecido por la esperanza. La caridad es alma de la moral.<\/p>\n<p>    Las virtudes morales de los griegos: prudencia, justicia, fortaleza, templanza, s\u00f3lo llegan a ser virtudes por la caridad.<\/p>\n<p>     Contra los pelagianos se lanz\u00f3 con pasi\u00f3n, no s\u00f3lo porque negaban la acci\u00f3n de la gracia, sino por que sembraban el pesimismo y romp\u00ed\u00adan el amor en la Iglesia. En los 15 tratados que escribi\u00f3 contra esa herej\u00ed\u00ada, justific\u00f3 las acciones buenas para conseguir la salvaci\u00f3n. Los pelagianos mataban la moral al negar la libertad al hombre y dudar de la gracia de Dios. San Agust\u00ed\u00adn record\u00f3 que el hombre tiene pecado original, pero ha sido redimido. Tiene ordenar su vida natural para recuperar su riqueza sobrenatural. Es el principio del a moral.<\/p>\n<p>    2. Moral medieval<br \/>\n    La moral patr\u00ed\u00adstica, desarrollo florido y magn\u00ed\u00adfico de la moral evang\u00e9lica, se sinti\u00f3 convulsionada, no cambiada, cuando los pueblos b\u00e1rbaros cambiaron la faz de Europa y el Oriente cristiano se configur\u00f3 de forma diferente al Occidente. El Occidente se fragment\u00f3 en Reinos nuevos. El Oriente se parapet\u00f3 tras los muros de la tradici\u00f3n, simbolizados en la inexpugnable Constantinopla, murallas que fueron abatidas por el arrollador impulso mahometano s\u00f3lo el 29 de Mayo de 1453, en que los turcos tomaron la ciudad al asalto y la cambiaron el nombre por el de Bizancio.<\/p>\n<p>    2.1. Los siglos V y VI<br \/>\n    En Europa los pueblos b\u00e1rbaros trajeron una nueva moral en todos los terrenos: guerras, torneos, t\u00ed\u00adtulos nobiliarios, clases sociales enfrentadas, se\u00f1ores y s\u00fabditos, doble legislaci\u00f3n (romana y goda). El sentido del Derecho romano cay\u00f3 en parte, pero era tan fuerte que en otra parte sobrevivi\u00f3 y se fortaleci\u00f3.<\/p>\n<p>    Los grandes moralistas de los primeros siglos b\u00e1rbaros fueron figuras como Boecio, (+ 525), Casiodoro (+ 575) e Isidoro de Sevilla (+ 636). Sirvieron de tr\u00e1nsito de la Patr\u00ed\u00adstica a la etapa feudal de los se\u00f1or\u00ed\u00ados: se\u00f1or\u00ed\u00ados de castillos y palacios; y se\u00f1or\u00ed\u00ados monacales, donde los abades guiaban a los monjes.<\/p>\n<p>    San Le\u00f3n Magno (+ 661) en sus \u00abSermones\u00bb marc\u00f3 pautas de vida cristiana, haci\u00e9ndose eco del Evangelio, pero con nuevas pistas expositivas (consignas breves, sobrios escritos, intenciones lit\u00fargicas). San Cesareo de Arl\u00e9s (+ 542) present\u00f3 con decisi\u00f3n un plan de perfecci\u00f3n a los cristianos en la \u00abRegla de las v\u00ed\u00adrgenes\u00bb y en la \u00abRegla de los monjes,\u00bb haciendo ambos estados modelos de familias cristianas que se acerca a ideales de perfecci\u00f3n.<\/p>\n<p>    San Gregorio Magno (+ 604), en el \u00abLibro de la Regla Pastoral\u00bb, se interes\u00f3 por cuestiones de convivencia y de justicia. Y en otro escrito, \u00abMoralia in Job\u00bb, aprovech\u00f3 la historia del paciente Patriarca para dar normas de vida mediante el aguante y la fidelidad.<\/p>\n<p>    En Oriente hubo tambi\u00e9n buenos directores de vida cristiana. San M\u00e1ximo el Confesor (+ 662) y San Juan Damasceno (+ 749) consignaron en sus obras magn\u00ed\u00adficas directrices y exigencias de entrega a los deberes y al respeto al pr\u00f3jimo.<\/p>\n<p>    2.2. La moral monacal<br \/>\n    La moral medieval estuvo te\u00f1ida irremediablemente de esp\u00ed\u00adritu monacal. Tal vez no pod\u00ed\u00ada ser de otra forma pues los condes, duques, marqueses, pr\u00ed\u00adncipes, llevaban en la sangre demasiado ardor guerrero para ser compatibles sus estilos caballerescos con la mansedumbre y la caridad pedidas en el Evangelio.<\/p>\n<p>    La figura de S. Benito (+ 547), con su \u00abRegla\u00bb y su lema \u00abOra et labora\u00bb, fue decisiva en los planteamientos morales de la sociedad feudal de Occidente y en la no menos se\u00f1orial del Oriente. Los monasterios se extendieron por toda Europa y dieron la tonalidad cristiana a los j\u00f3venes pueblos surgidos de las invasiones y aposentados en las ciudades conquistadas.<\/p>\n<p>    2.2.1. Moral penitencial (VII AL XI)<\/p>\n<p>    Es interesante contrastar en estos siglos de la Alta Edad Media c\u00f3mo la vida de los monasterios sirvi\u00f3 de referencia moral a los que trabajan en los campos o en las artesan\u00ed\u00adas de las villas (villanos) y de los burgos (burgueses).<\/p>\n<p>    En los monasterios se ense\u00f1aba desde la liturgia, la oraci\u00f3n, el orden, el respeto a la ley, la fidelidad al matrimonio. Incluso, en lo posible, se daba la cultura que se promov\u00ed\u00ada en los talleres de los monjes copistas y en las bibliotecas de libros bellamente adornados.<\/p>\n<p>    Algunos escritores como Beda el Venerable (+ 735) o Alcuino de York (+ 804), Rabano Mauro (+ 865), Pascasio Radberto  (+860), pueden servir de referencia en ese af\u00e1n de ordenar la vida de los pueblos cristianizados: de los sajones el uno, de la brillante corte de Carlomagno, Alcuino, del extenso mundo de los germanos los dem\u00e1s.<\/p>\n<p>    Los pueblos b\u00e1rbaros necesitaron mucho tiempo para moralizar sus costumbres. Pero lo lograron con los modelos vivos a los que acomodaban su conducta. Aprendieron ritos y fiestas lit\u00fargicas, romer\u00ed\u00adas y celebraciones, respeto al pr\u00f3jimo y resignaci\u00f3n a vivir del trabajo, virtudes todas monacales y generales.<\/p>\n<p>    Es interesante recordar el papel de los monjes irlandeses, que se difundieron por el continente y, en vez de penitencia y plegarias colectivas, promovieron penitencias individuales, secretas y ejemplatizantes, seg\u00fan tarifas que fueron elaborando. Extendieron la penitencia privada: confesi\u00f3n en secreto, tarifas penitenciales prefijadas, indulgencias ocasionales a cambio de limosnas y obras de piedad.<\/p>\n<p>     Los \u00ablibros penitenciales\u00bb aparecieron en el siglo VII y se convirtieron en gu\u00ed\u00adas de moral. Las penitencias m\u00e1s frecuentes fueron las limosnas para lo que ten\u00ed\u00adan bienes y los ayunos para los dem\u00e1s. Incluso las tarifas penitenciales dependieron de cada situaci\u00f3n o estado: cl\u00e9rigos, monjes, laicos, varones, mujeres, soldados, comerciantes, labriegos. etc. Hoy se estudian con lupa esos libros penitenciales y se diferencian diversas corrientes o estilos: bretones, irlandeses, anglosajones y continentales. El \u00faltimo texto penitencial conocido parece ser el \u00abCorrector sive Medicus\u00bb, libro XIX del Decretum de Burchard (+ 1010), obispo de Worms.<\/p>\n<p>    Especial referencia moral conviene insinuar para las zonas cristianas que hicieron de muros de contenci\u00f3n del arrollador avance mahometano en Occidente y en Oriente. En Occidente fue la Pen\u00ed\u00adnsula Ib\u00e9rica el campo de batalla de una guerra de ocho siglo (711 a 1492)<\/p>\n<p>    Desde los reinos de Europa se apoy\u00f3 la lucha en Oriente con las diversas cruzadas (casi diez) que establecieron reinos y principados cristianos en Siria y Palestina, aunque a la larga fueron exterminados por el mahometismo.<\/p>\n<p>    La moral del cruzado, vinculada a Ordenes religiosas militares orientada a lucha cruel contra el infiel, hizo de la moral algo tambi\u00e9n militarizado. Los pecados se perdonaban por luchar contra el sarraceno que ocupaba los Santos lugares que ya no se pod\u00ed\u00adan visitar o buscando la sustituci\u00f3n del camino de Santiago o la visita de las Iglesias penitenciales romanas<\/p>\n<p>    2.2.2. Moral pol\u00e9mica: Siglo XII.<\/p>\n<p>    La moral cobr\u00f3 una nueva dimensi\u00f3n cuando se renov\u00f3 la vida social europea a lo largo del siglo XII y del XIII. Las ciudades (villas y burgos) aumentaron con el comercio. Al igual que en las mezquitas \u00e1rabes hab\u00ed\u00ada centros de cultura (las madrazas), las catedrales cristianas organizaron \u00abEstudios generales\u00bb para promover las ciencias, la Teolog\u00ed\u00ada y la Filosof\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>    Esas escuelas catedralicias, hechas universidades, fomentaron la diversidad de criterios, la variedad de est\u00ed\u00admulos, sobre todo con la aparici\u00f3n de los \u00abfrailes\u00bb en tiempos posteriores.<\/p>\n<p>    Esa fraternidad ten\u00ed\u00ada lugar en los \u00abconventos\u00bb y los frailes se declaraban mendicantes por subsistir de limosnas o del trabajo, sobre todo del docente realizado en las escuelas catedralicias y en las universidades.<\/p>\n<p>    La fuente de la moral sigui\u00f3 siendo la Biblia. Pero los textos de la Escritura se interpretaron ya desde opciones filos\u00f3ficas diferentes. Las acciones lit\u00fargicas de los monasterios y las tarifas aplicadas a los penitentes que acud\u00ed\u00adan a ellos comenzaron a olvidarse. Fueron reemplazadas por la predicaci\u00f3n de los frailes ambulantes (franciscanos, dominicos, agustinos, carmelitas). Los criterios se hicieron menos monacales y m\u00e1s eclesiales. Los monjes insist\u00ed\u00adan en la fuga mundi como ideal de vida moral. Los frailes van a predicar el amor Jes\u00fas, el perd\u00f3n del pr\u00f3jimo, la fidelidad al credo, la penitencia, el valor de la paz. Es lo que hicieron Francisco de As\u00ed\u00ads y Domingo de Guzm\u00e1n y los miles de seguidores que se llamaron \u00abHermanos\u00bb.<\/p>\n<p>    As\u00ed\u00ad pues en el siglo XII los modelos de vida moral se diversifican. La moral mon\u00e1stica qued\u00f3 todav\u00ed\u00ada reflejada en autores como Lanfranco (+ 1089), fundador de la escuela de Bec, en Normand\u00ed\u00ada. Y tambi\u00e9n en su disc\u00ed\u00adpulo San Anselmo (+ 1109), luego Obispo de Canterbury. En su libro \u00abDe Veritate\u00bb reflexion\u00f3 sobre el deber de seguir la luz de la conciencia. En otro de sus escritos, \u00abDe libero arbitrio\u00bb, record\u00f3 la indiscutible realidad de la libertad humana.<\/p>\n<p>    Sigui\u00f3 teniendo valor la influencia de algunos monasterios brillantes, como el de Cluny, reformador del esp\u00ed\u00adritu benedictino, cuyos monjes se extendieron por toda Europa. Pero Cluny, m\u00e1s que escuela de moral, lo fue de vida cristiana.<\/p>\n<p>    Entre los mejores moralistas cluniacenses hay que citar a Pedro el Venerable (+ 1156) y a Bernardo de Cluny (+ 1150). En los \u00e1mbitos alemanes el monje m\u00e1s significativo fue Ruperto de Deutz, que se preocup\u00f3 por iluminar una moral cristoc\u00e9ntrica con el Evangelio.<\/p>\n<p>    Cuando poco despu\u00e9s lleg\u00f3 la reforma del C\u00ed\u00adster, la moral se uni\u00f3 a la m\u00ed\u00adstica, la acci\u00f3n de la vida cristiana se junto con la contemplaci\u00f3n de la vida mon\u00e1stica, y de nuevo por toda Europa se difundieron los ideales de los \u00abmonjes blancos\u00bb .<\/p>\n<p>    San Bernardo (1153), cuya moral brotaba de su fe, predicaba la vida de caridad. El daba importancia a la oraci\u00f3n, a la humildad, a la imitaci\u00f3n de Cristo, a la huida del pecado, a la frecuente purificaci\u00f3n por la penitencia.<\/p>\n<p>    La otra figura moral m\u00e1s significativa de \u00e1mbito monacal fue la de Guillermo de Saint Thierry (+ 1148), m\u00ed\u00adstico entusiasmado con la Trinidad, y promotor de una moral trinitaria.<\/p>\n<p>    Algunos cistercienses de la mitad del siglo XIII, como Tom\u00e1s de Perseigne, Isaac de la Estrella, Edmundo de Froidmont, volvieron a buscar inspiraci\u00f3n en fil\u00f3sofos moralistas antiguos, Plat\u00f3n, S\u00e9neca, Cicer\u00f3n.<\/p>\n<p>     2.2.3. Moral de c\u00e1tedra<\/p>\n<p>     La moral \u00abmon\u00e1stica\u00bb a finales del XII se diversific\u00f3 con la moral \u00abconventual\u00bb. Los Hermanos Predicadores de Sto. Domingo (dominicos) y los Hermanos Menores de S. Francisco (franciscanos) intensificaron las pol\u00e9micas en las Escuelas catedralicias y universidades y se enfrentaron en variedad de opiniones.<\/p>\n<p>    En las Universidades se pusieron de moda las disputas de c\u00e1tedra (quaestiones disputatas) y las que se abr\u00ed\u00adan al p\u00fablico en ostentaciones espectaculares (quodlibetales), como complemento a las lecciones y explicaciones sistem\u00e1ticas y ordinarias.<\/p>\n<p>    Era la hora de las artes liberales y se reclamaba \u00ablibertad para pensar, para discutir y para discrepar\u00bb. Se disputaba de todos los temas posibles, de la naturaleza, de la sociedad, de las leyes, de las guerras. Los h\u00e1biles disputadores compon\u00ed\u00adan florilegios, en los cuales se reflexionaba por escrito para que otros leyeran y respondieran, siguiendo esquemas cl\u00e1sicos: cuatro virtudes cardinales, sentido de las plegarias, los mandamientos de la ley, las bienaventuranzas.<\/p>\n<p>    El m\u00e1s c\u00e9lebre de estos escritos, el \u00abFlorilegium gallicanum\u00bb, es un resumen interesante de cuestiones morales siguiendo observaciones y preguntas del romano Horacio: pobreza, embriaguez, relaciones conyugales, etc. seguida de las respuestas dadas por el autor.<\/p>\n<p>    La escuela de Chartres fue famosa por sus pensadores que daban respuestas adem\u00e1s de ofrecer preguntas. As\u00ed\u00ad se ve\u00ed\u00ada en Bernardo de Chartres que ense\u00f1aba a recoger y a agrupar los p\u00e1rrafos morales de los autores estudiados. El libro de \u00abMoralium dogma philosophorum\u00bb, atribuido a Guillermo de Conches (+ 1145), es una adaptaci\u00f3n del libro \u00abDe officiis\u00bb de Cicer\u00f3n.<\/p>\n<p>    Juan de Salisbury (+ 1180), obispo de Chartres, ense\u00f1aba una moral basada en la idea del bien y de la virtud. Y reflexionaba sobre los deberes del individuo en cuatro temas: el bien propio; el desprecio del mundo; el respeto del pr\u00f3jimo; la religi\u00f3n.<\/p>\n<p>   &#8211; Abelardo (+ 1142) fue la figura del moralista que iba sembrando inquietudes con sus agudas observaciones y sus incisivas preguntas. Incluso cuando tuvo un hijo con su disc\u00ed\u00adpula Elo\u00ed\u00adsa, cargando \u00abtodas\u00bb las consecuencias, las cuestiones morales se hicieron m\u00e1s vivas.<\/p>\n<p>    Ejerci\u00f3 una influencia grande en textos como \u00abSobre la Etica o el libro de con\u00f3cete a ti mismo\u00bb, al afirmar que vivir conforme a la Escritura est\u00e1 bien, pero que hay que consultar tambi\u00e9n a la raz\u00f3n como fuente de la verdad en general y de los problemas morales en especial. Es lo que no entend\u00ed\u00ada S. Bernardo, su ardiente adversario, que le acusaba de hereje y corruptor.<\/p>\n<p>    Su pol\u00e9mica resultaba arrolladora y su s libros dial\u00e9cticos, \u00abDel s\u00ed\u00ad y del no\u00bb por ejemplo, iniciaron un nuevo m\u00e9todo para tratar las cuestiones morales. Abelardo fue maestro en el arte dial\u00e9ctico y catequ\u00ed\u00adstico. Dividi\u00f3 sus Sumas en partes: Fides, Caritas y Sacramentum. Estableci\u00f3 el esquema b\u00e1sico de los siglos venideros: lo que se debe creer, lo que se debe practicar y lo que se debe vivir y orar (Dogma, Moral y Culto).<\/p>\n<p>Giordano Bruno<\/p>\n<p>  2.2.4. Sentencias y Sumas<\/p>\n<p>   Las Summas teol\u00f3gicas y las colecciones de Sentencias se constituyeron a finales del XII como Gu\u00ed\u00adas de reflexi\u00f3n sistem\u00e1tica en Filosof\u00ed\u00ada y en Teolog\u00ed\u00ada. Eran estructuras mentales organizadas conforme a un plan cautivador.<\/p>\n<p>    Hubo muchas. Las sentencias en cuatro libros del te\u00f3logo Pedro Lombardo (+ 1159) de Par\u00ed\u00ads, fueron las m\u00e1s conocidas. En ellas la Moral se present\u00f3 como un conjunto de cuestiones que es preciso aclarar mediante la discusi\u00f3n. En el libro II se encuentran temas como \u00ablos actos libres, el pecado, el deber, la conciencia. En el III se plantean cuestiones m\u00e1s hondas: Si Cristo tuvo virtudes teologales, si la caridad es amor al hombre, si amar es mejor que cumplir los mandamientos. En el IV se habla de sacramentos: penitencia y pecado, matrimonio y deberes conyugales, obediencia a la Iglesia.<\/p>\n<p>    Al final del siglo XIII el terreno est\u00e1 ya preparado para que surjan los primeros tratados sistem\u00e1ticos de moral, como es el caso del escrito \u00abDe las virtudes, de los vicios y de los Dones del Esp\u00ed\u00adritu Santo\u00bb, escrito en 1161 por Alano de Lille (+ 1202). En este texto se usa por primera ver la expresi\u00f3n \u00abtheologia moralis\u00bb.<\/p>\n<p>   2.3. Siglo escol\u00e1stico<\/p>\n<p>   El siglo XIII es el tiempo de la \u00abMoral te\u00f3rica\u00bb. La Teolog\u00ed\u00ada alcanza rango de disciplina universitaria. En las c\u00e1tedras de los grandes maestros aprenden cada vez m\u00e1s disc\u00ed\u00adpulos que ser\u00e1n obispos, jurisconsultos y maestros o doctores consumados. Las universidades adquieren prestigio social y autonom\u00ed\u00ada: Par\u00ed\u00ads, Salamanca, Oxford, Cambridge, Lyon, Bolonia, Palermo, Aix de la Provenza&#8230;<\/p>\n<p>    Las Ordenes mendicantes, franciscanos y dominicos sobre todo, llenaban las c\u00e1tedras de Teolog\u00ed\u00ada y Filosof\u00ed\u00ada con sus figuras m\u00e1s selectas, que ser\u00e1n los mejores maestros de la historia cristiana.<\/p>\n<p>    El racionalismo y naturalismo de Arist\u00f3teles, tra\u00ed\u00addo a Occidente por los maestros isl\u00e1micos (en \u00e1rabe) como Avicena y Averroes, y convertidos los textos en cristianos (latinos), se enfrentar\u00e1 al intuicionismo y al dualismo de Plat\u00f3n y sobre todo de San Agust\u00ed\u00adn asumido como com\u00fan denominador de los franciscanos.<\/p>\n<p>    La rivalidad intelectual entre dominicos y franciscanos, entre agustinos y otras instituciones canonicales, ser\u00e1 el motor del nuevo saber cient\u00ed\u00adfico y teol\u00f3gico. Y tambi\u00e9n los temas morales se presentaban te\u00f1idos del sabor estimulante de la pol\u00e9mica. Algunas figuras son clave como la de Roberto Grossatesta (+ 1253) que traduce la \u00abEtica a Nic\u00f3maco\u00bb y la comentaba en lenguaje cristiano.<\/p>\n<p>   2.3.1. La escuela dominica.<\/p>\n<p>   Cobr\u00f3 importancia decisiva y estimul\u00f3 a las dem\u00e1s durante todo el siglo XIII. Se aferr\u00f3 como originalidad y como mejor base del racionalismo que la inspiraba, a la terminolog\u00ed\u00ada de Arist\u00f3teles, la cual pronto entr\u00f3 con contraste con la plat\u00f3nica divulgada por la autoridad indiscutible de San Agust\u00ed\u00adn.<\/p>\n<p>   2.3.1.1. San Alberto Magno (+ 1280)<\/p>\n<p>   Fue el primero en cambiar de direcci\u00f3n moral, al ser naturalista entusiasmado por las leyes del universo y llegar a Obispo de Colonia, lo que le proteg\u00ed\u00ada de acusaciones de herej\u00ed\u00ada. Abri\u00f3 la puerta al pensamiento aristot\u00e9lico en el \u00e1mbito universitario.<\/p>\n<p>   2.3.1.2. Sto. Tom\u00e1s (+ 1274)<\/p>\n<p>   Fue el verdadero maestro de moral sistem\u00e1tica y aristot\u00e9lica, como lo fue de las dem\u00e1s \u00e1reas de la Teolog\u00ed\u00ada. Jug\u00f3 desde la perspectiva del genio con dos hilos de oro en la preparaci\u00f3n de sus tejidos teol\u00f3gicos. El hilo de la raz\u00f3n al servicio de la fe, como se advierte en su \u00abSuma contra Gentiles\u00bb; y el hilo de la fe que ilumina la raz\u00f3n, en la inacabada \u00abSuma Teol\u00f3gica\u00bb.<\/p>\n<p>    Lo completa con sus \u00abComentarios de la Escritura\u00bb, en los \u00abComentarios filos\u00f3ficos y teol\u00f3gicos\u00bb en torno a las Sentencias de Pedro Lombardo, a las Cuestiones disputadas o Quodlibetales, en otros peque\u00f1os documentos que han quedado olvidados en la Historia ante el fulgor deslumbrante de las dos Summas y la amplitud de los tratado en ellas.<\/p>\n<p>    Pero el \u00abDoctor ang\u00e9lico\u00bb tiene otros tratados interesantes para la moral como por ejemplo: \u00abDe mal\u00bb. Su moral es teol\u00f3gica pero aut\u00f3noma y sistem\u00e1tica. Es antropol\u00f3gica, pero trascendente. Es personal, pero tambi\u00e9n eclesial. Es filos\u00f3fica, pero hondamente evang\u00e9lica.<\/p>\n<p>    Cualquier tema, por arduo que sea, tiene cabida expl\u00ed\u00adcita o impl\u00ed\u00adcita en esta mente privilegiada: actos, virtudes, intenciones, pecados, conciencia, la ley, la gracia, la libertad.<\/p>\n<p>    El eje expositivo de la moral tomista se halla en el insuperable tratado de las virtudes teologales (fe, esperanza y caridad) y cardinales (prudencia, fortaleza, templanza y justicia). Nunca se ha logrado un tratado tan admirable como el logrado por este hombre singular que no tuvo en la vida otro pecado que no haber terminado la Summa, aunque la culpa no fue suya sino del mismo Cristo que le quiso recompensar antes de terminarla, seg\u00fan la piadosa leyenda de una de las apariciones al santo dominico.<\/p>\n<p>   2.3.2. La escuela franciscana.<\/p>\n<p>   Los franciscanos fueron agustinianos y plat\u00f3nicos por oposici\u00f3n a los dominicos, m\u00e1s que por persuasi\u00f3n cient\u00ed\u00adfica.<\/p>\n<p>   2.3.2.1. Alejandro de Hales (+ 1245)<\/p>\n<p>  Fue el moralista m\u00e1s prestigioso, docente en la universidad de Par\u00ed\u00ads, que entr\u00e9 en la Fraternidad franciscana en 1236. En la \u00abSuma teol\u00f3gica\u00bb que hizo con diversas colaboraciones, trat\u00f3 con maestr\u00ed\u00ada y originalidad los temas m\u00e1s vitales de la moral franciscana: el valor y actualidad de S. Agust\u00ed\u00adn como gu\u00ed\u00ada y el predominio de la voluntad libre sobre el mero razonar l\u00f3gico.<\/p>\n<p>   2.3.2.2. San Buenaventura (+ 1274)<\/p>\n<p>   Erudito y sorprendentemente capaz, Juan de Fidanza, el Doctor ser\u00e1fico, rechaz\u00f3 el aristotelismo como sistema, pero fue tributario de sus beneficios. Su fuerza estaba en la intuici\u00f3n m\u00ed\u00adstica y en el gozo asc\u00e9tico de la uni\u00f3n a Dios.<\/p>\n<p>    Su obra \u00abItinerario de la mente hacia Dios\u00bb es la m\u00e1s expresiva. En el \u00abComentario de las sentencias de Pedro Lombardo\u00bb o en el \u00abBreviloquium\u00bb presenta a Cristo, Verbo de Dios, como modelo de la vida cristiana y como \u00faltima explicaci\u00f3n de todas las ciencias, incluida la relativa a la conducta humana, que es la moral cristiana.<\/p>\n<p>    Para el santo organizador de los seguidores de San Francisco (es su segundo fundador), toda criatura viene de Dios y de Cristo y vuelve a Dios siguiendo los ejemplos de Cristo.<br \/>\n   La caridad es el alma de la moral. La voluntad de Dios, manifestada en la ley natural y lleva a plenitud en la evang\u00e9lica, es la cumbre de toda moral. Naturaleza y gracia no son opuestas. Son dos caras de la misma moneda y son ambas imprescindibles para vivir conforme al querer divino.<\/p>\n<p>   2.3.2.3. Duns Scoto (+ 1305)<\/p>\n<p>   El otro excelso moralista franciscano fue Juan Duns Scoto, que complement\u00f3 la reflexi\u00f3n, o m\u00e1s bien exposici\u00f3n, de Buenaventura. Transform\u00f3 en sistema coherente las intuiciones del \u00abejemplarismo cristol\u00f3gico\u00bb y del \u00abvoluntarismo\u00bb de sus predecesores. Lo har\u00e1 de forma original y creativa. Oxford y Par\u00ed\u00ads fueron sus plataformas de actuaci\u00f3n. All\u00ed\u00ad trat\u00f3 temas sutiles: el amor infinito de Dios como punto de partida, la vida de uni\u00f3n con Dios como camino, la esperanza en que llegar\u00e1 la uni\u00f3n eterna como ideal.<\/p>\n<p>    Escoto resalt\u00f3 la libertad humana como base de la moral, como don de Dios. Toda moral es ejercicio de libertad. El pecado es un acto libre con objeto equivocado. La virtud es una elecci\u00f3n libre que lleva al hombre a su fin.<\/p>\n<p>     Es interesante Scoto en el plano catequ\u00ed\u00adstico, pues distingue la moral de las dos tablas de la ley: la m\u00e1s divina que es la primera con los tres primeros preceptos del dec\u00e1logo; y la segunda, con las normas del obrar humano. Distingu\u00ed\u00ada pues los preceptos de voluntad de Dios absoluta (Dios no puede no querer que se cumplan esos preceptos). Y pon\u00ed\u00ada en segundo lugar los preceptos de potencia ordenada (los preceptos humanos) que podr\u00ed\u00adan haber sido de otra forma.<\/p>\n<p>    De esta manera Duns Scoto tomaba partido ante la condena que en 1277 el Obispo de Par\u00ed\u00ads, Esteban Tampier, hab\u00ed\u00ada fulminado contra la interpretaci\u00f3n averro\u00ed\u00adsta de Arist\u00f3teles, la cual hab\u00ed\u00ada cogido de lleno a las ense\u00f1anzas de Sto. Tom\u00e1s, aunque luego habr\u00ed\u00ada que echar marcha atr\u00e1s pues los dominicos nunca defendieron lo que el impulsivo Obispo hab\u00ed\u00ada condenado.<\/p>\n<p>   2.4. Moral pr\u00e1ctica.<\/p>\n<p>   El resultado de tantas discusiones y teor\u00ed\u00adas morales fue estimular la conciencia de la libertad en los hombres y el temor a obrar el mal y caer en pecado. Se empieza a sentir la necesidad de discernir en lo intelectual, pues hay muchas opiniones, y de examinar la conciencia personal de cuando en cuando, arrepentirse del mal y volver a la vida de gracia, si \u00e9sta se ha perdido. Las inquietudes morales comienzan a calar en el pueblo fiel y no s\u00f3lo en los catedr\u00e1ticos.<\/p>\n<p>    El concilio IV de Letr\u00e1n, de 1215, convocado por Inocencio III, impuso a todos los cristianos con uso de raz\u00f3n la obligaci\u00f3n de la confesar al menos una ves al a\u00f1o las culpas graves ante el propio p\u00e1rroco. Los franciscanos y dominicos se encargaron de extender la pr\u00e1ctica de confesar con frecuencia para obtener el perd\u00f3n y hallaron en el confesonario en el siglo XIV y XV lo que en el XIII ten\u00ed\u00ada en las c\u00e1tedras universitarias.<\/p>\n<p>    Entre dominicos y franciscanos circularon m\u00faltiples \u00abSumas para los confesores\u00bb, cuyo modelo fue la \u00abSumma de casibus paenitentiae\u00bb, del dominico catal\u00e1n san Raimundo de Pe\u00f1afort (+ 1275). Las Sumas escritas por dominicos sol\u00ed\u00adan seguir el orden de las virtudes; las de franciscanos prefer\u00ed\u00adan el orden del Dec\u00e1logo y los minuciosos ex\u00e1menes morales.<\/p>\n<p>    En el siglo XIII circularon tambi\u00e9n Manuales de confesiones, que ofrec\u00ed\u00adan al confesor y al  penitente  diversas consignas para la administraci\u00f3n del sacramento de la penitencia.<\/p>\n<p>3. El personalismo humanista<\/p>\n<p>    En el siglo XIV se desarrolla un fuerte movimiento espiritual que trata de cultivar la intimidad y los valores de la persona individualmente considerada. La Teolog\u00ed\u00ada moral desde el siglo XIV al XVIII se convierte en un plan de hacer que el cristiano sea cada vez mejor. La tendencia a la perfecci\u00f3n se propone como ideal. La pr\u00e1ctica de la virtud se mira como camino.<\/p>\n<p>    De las actitudes subjetivas, personalistas, humanistas, nacer\u00e1n luego dos grandes explosiones: la reforma protestante en busca de un cristianismo m\u00e1s b\u00ed\u00adblico y menos jer\u00e1rquico; la contrarreforma cat\u00f3lica de Trento en busca de un catolicismo m\u00e1s eclesial y jer\u00e1rquico y menos liberal y subjetivo. Los unos se regir\u00e1n en todo, tambi\u00e9n en moral, por el principio del libre examen; los otros se apoyaran en el Magisterio para evitar el error doctrinal, pero en busca tambi\u00e9n de la seguridad moral. Los cristianos evang\u00e9licos protestar\u00e1n ante Carlos V en la Dieta de Spira (1529) y se llamar\u00e1n \u00abprotestantes\u00bb. Y a los fieles a Roma se llamar\u00e1n a s\u00ed\u00ad mismos cat\u00f3licos contra el calificativo de \u00abpapistas\u00bb con el que les denominaban sus adversarios\u00bb.<\/p>\n<p>   3.1.  Ockhamismo<\/p>\n<p>   Esa actitud contar\u00e1 con un precedente influyente en el franciscanos rebelde Guillermo de Ockham (+ 1350) que es el emblema o eslab\u00f3n del tr\u00e1nsito a lo nuevos tiempos morales: subjetivo, iluminado, rebelde, cr\u00ed\u00adtico, perseguido.<\/p>\n<p>    La vida agitada del catedr\u00e1tico Ockham se convirti\u00f3 en pol\u00e9mica, una vez que se refugi\u00f3 en la corte de Luis I de Baviera (defende mihi gladio et ego defendo tibi c\u00e1lamo). Entre 1317 y 1320 compuso en Oxford su \u00abComentario a las Sentencias\u00bb. Defendi\u00f3 la libertad, la conciencia, la igualdad de todos ante Dios. Neg\u00f3 al Papa el derecho a gobernar como un se\u00f1or terreno.<\/p>\n<p>    Su influencia en el mundo occidental fue inmensa. Su doctrina moral, sincera en la primera etapa de su vida, se politiz\u00f3 cuando se puso al servicio del Emperador. Se atrevi\u00f3 a sacar conclusiones pr\u00e1cticas de los principios que estableci\u00f3 con cierto resentimiento. Y se desliz\u00f3 r\u00e1pidamnte hacia el subjetivismo y hacia el nominalismo \u00e9tico: lo que Dios quiere es bueno y lo que no quiere es malo.<\/p>\n<p>    Evidentemente con ello negaba la objetividad del bien y del mal, Pero acciones como la guerra, la venganza, la dependencia familiar, la monogamia, la esclavitud, etc. se reduc\u00ed\u00adan a relativas.<\/p>\n<p>    El punto de vista moral de Ockham tuvo mucha difusi\u00f3n desde la primera mitad del siglo XIV hasta comienzos del XVI en Inglaterra, en Alemania y en Francia. Figuras como Pedro de Ailly (+ 1420) y Juan Gerson (+ 1429) estuvieron muy influidas por \u00e9l. A finales del siglo XV Gabriel Biel (+ 1495) trat\u00f3 de presentar una forma del ockhamismo adaptada a la ortodoxia cat\u00f3lica.<\/p>\n<p>    De las idea de Ockam a la teor\u00ed\u00ada del libre examen, a la creencia de que la autoridad religiosa viciosa no puede mandar a los fieles, de que el poder civil puede dar leyes religiosas, de que la moral es subjetiva y cambiante, de que se pueden someter los criterios morales a la voluntad de las autoridades civiles, es decir del protestantismo como sistema moral, no hab\u00ed\u00ada m\u00e1s que un paso.<\/p>\n<p>    3.2. Sumas para  confesores<\/p>\n<p>    Con todo, la moral de la gente sencilla se mantuvo distante de las c\u00e1tedras y de los problemas te\u00f3ricos de los escritores. Siguieron en los siglos XIII y XIV las sumas penitenciales. Pero no formaban la conciencia. S\u00f3lo clasificaban las faltas y las consiguientes limosnas y penitencias. Surgieron nuevas \u00abSumas para confesores\u00bb: unas m\u00e1s amplias y otras m\u00e1s resumidas, unas m\u00e1s pr\u00e1cticas y centradas en los actos y en el n\u00famero de veces que se repiten y algunas, pocas, m\u00e1s orientadas a los criterios.<\/p>\n<p>     Modelos de estos escritos fue la extensa \u00abSumma Astesana\u00bb, de Astesano de Asti. Otras fueron la \u00abSumma Pisanella, de casibus conscientiae\u00bb, en 1436, de Bartolom\u00e9 de Pisa, con un \u00abSupplementum\u00bb a\u00f1adido por Nicol\u00e1s de Osimo.<\/p>\n<p>    A fines del siglo XV incluso aparecieron Sumas alfab\u00e9ticas, en forma de diccionarios de teolog\u00ed\u00ada moral: la Battistiniana, de Battista de Salis (1480); la Summa Ang\u00e9lica, de Angelo de Chivasso; la Synestrina de 1516, de Silvestre de Pieras, la Summula de Gaetano, en 1525, la \u00abArmilla Aurea\u00bb de Bartolomeo Fumi (1550). Estas Sumas se hicieron cada vez menos pr\u00e1cticas. Se dedicaron a discutir casos (casu\u00ed\u00adstica) m\u00e1s que a fundamentar principios. Por eso fueron desapareciendo.<\/p>\n<p>    M\u00e1s duraci\u00f3n tuvieron los \u00abmanuales de confesi\u00f3n para uso de los confesores y de los penitentes\u00bb, que eran sobre todo instrumentos pastorales para exhortar a la reflexi\u00f3n (examen de conciencia) y suscitar la conversi\u00f3n (plegarias de arrepentimiento y exhortaciones de prop\u00f3sito de la enmienda).<\/p>\n<p>    Algunos de estos manuales era largas listas de culpas posibles. Ejemplo del g\u00e9nero fue la \u00abSumma theologica\u00bb, del dominico San Antonino de Florencia (+1459), hecha en base a p\u00e1ginas enteras tomadas de Sto Tom\u00e1s y de otros autores. La mejor parte de esta Summa refleja las tradiciones y usos de la vida de Florencia durante el Quatrocento.<\/p>\n<p>   3.3. Renacimiento del tomismo.<\/p>\n<p>   A comienzos del siglo XVI surgieron te\u00f3logos y fil\u00f3sofos que ayudaron a llevar el pensamiento moral por el camino del derecho y en busca de la responsabilidad y del compromiso participativo de los cristianos. Era momento que en triunfaba el humanismo, o visi\u00f3n del mundo centrada en el hombre m\u00e1s que en el Creador. El humanismo simpatizaba con las fuentes antiguas: autores griegos y latinos, Biblia, los Padres primitivos.<\/p>\n<p>    Al mismo tiempo se sent\u00ed\u00adan los problemas que hab\u00ed\u00adan surgido del nacimiento del nuevo mundo americano y de los grandes viajes por Oriente.<\/p>\n<p>    Aparece una moral basada en la libertad, en la verdad, en los derechos de los pueblos, en la justicia de las leyes, en el valor de la vida. Se resalta por parte de muchos autores la caridad y la libertad responsable. Las obras de Erasmo, como \u00abPlan de vida del soldado cristiano\u00bb o la mordaz cr\u00ed\u00adtica de \u00abEl elogio de la locura\u00bb reclaman un revisi\u00f3n de actos de piedad y de penitencias sin sentido. Los dem\u00e1s humanistas como el cardenal Nicol\u00e1s de Cusa (+1464), Luis Vives (+ 1540), Tom\u00e1s Campanella (+ 1639) reclaman una vida moral m\u00e1s conforme con la cultura, con la libertad y con la igualdad entre los hombres. Y se alejan de los otros humanistas no cristianos como Maquiavlelo (+ 1527) o Miguel de Montaigne (+ 1592), que reducen la moral a pol\u00ed\u00adtica.<\/p>\n<p>    El descubrimiento de Am\u00e9rica y su colonizaci\u00f3n: dominio de indio, explotaci\u00f3n, acumulaci\u00f3n de riquezas, afanes expansivos, convulsionan en muchos lugares del viejo mundo las conciencias. La preguntas \u00e9ticas se plantean hirientes: \u00bfTienen alma los indios? \u00bfSon ciudadanos normales? \u00bfEs tolerable convertirlos por la violencia?<br \/>\n   El renacimiento tomista, o vuelta a los gran postulados \u00e9ticos de Sto. Tomas, se da en autores como el dominico Conrado Koellin (+ 1536) de Colonia, con sus \u00abCommentario a la Suma\u00bb y en el tambi\u00e9n dominico de Italia Tom\u00e1s de Vio, llamado Cayetano (+ 1534), que escribe el primer Commentario completo de la Suma teol\u00f3gica.<\/p>\n<p>    Es en Espa\u00f1a donde m\u00e1s brilla el neotomismo en la escuela dominica de Salamanca, de donde nacen las soluciones que bien se pueden denominar la \u00abaurora del Derecho de gentes\u00bb. Figuras de la moral m\u00e1s afamadas se pueden citar. Francisco de Vitoria, dominico (+ 1546), estudia en sus  \u00abRelectiones\u00bb el valor del poder civil y eclesi\u00e1stico, los derechos del hombre cristiano o no, los problemas coloniales, las relaciones de la Iglesia y del Estado.<\/p>\n<p>    Domingo Soto, tambi\u00e9n dominico, (+ 1560) expone los problemas de la moral en \u00abDe natura et gratia\u00bb y ahonda cuestiones relacionadas con la justicia y la econom\u00ed\u00ada en el \u00abDe iustitia et iure\u00bb.<\/p>\n<p>    Melchor Cano, dominico (+ 1560) presentaba en \u00abDe locis theologicis\u00bb normas para estudiar las cuestiones morales desde la Escritura y la tradici\u00f3n.<\/p>\n<p>    Bartolom\u00e9 de Medina (+ 1580) inici\u00f3 tal vez prematuramente la pol\u00e9mica sobre el \u00abprobabilismo\u00bb como criterio moral y de momento lo rechaz\u00f3.<\/p>\n<p>    Domingo B\u00e1\u00f1ez, dominico, (+ 1604) centr\u00f3 su visi\u00f3n de la moral en el estudio de los grandes principios, dejando el an\u00e1lisis de los casos a los te\u00f3logos de otras \u00f3rdenes.<\/p>\n<p>    Tambi\u00e9n entre los jesuitas hubo brillantes moralistas que tomaron el guante de las cuestiones dif\u00ed\u00adciles y, con brillo no menor al de los dominicos, alentaron una visi\u00f3n neotomista de la moral.<\/p>\n<p>    Gabriel Vel\u00e1zquez, jesuita, (+ 1604) reclamaba la atenci\u00f3n en la concordancia de la ley moral con la raz\u00f3n humana. Francisco Su\u00e1rez (+ 1617) brillaba en su estudio de los mandamientos como necesario complemento de la naturaleza.<\/p>\n<p>     Luis de Molina (+ 1600) proclamaba la libertad humana como base de toda moral, con su obra \u00abDe iustitia et iure\u00bb.<\/p>\n<p>     Lessius (+ 1625), en la obra \u00abDe iustitia\u00bb, recog\u00ed\u00ada el problema moral de la econom\u00ed\u00ada competitiva y juzgaba duramente a los conquistadores que se apoderaban de la riqueza ajena.<\/p>\n<p>    El matrimonio fue estudiado moralmente por el P. Tom\u00e1s S\u00e1nchez (+ 1610), que compuso su obra \u00abDe sancto matrimonii sacramento. Al mismo tiempos el P. Enrique Enr\u00ed\u00adquez (+ 1608) difundi\u00f3 su tratado \u00abDe ordine\u00bb.<\/p>\n<p>   3.4. La hora de Trento<\/p>\n<p>   El Concilio de Trento (1545-1567) public\u00f3 en 1551 un Decreto doctrinal y algunos c\u00e1nones sobre el sacramento de la Penitencia. Condenaba la doctrina protestante sobre el pecado. Reforzaba la tradici\u00f3n de la recepci\u00f3n sacramental con confesi\u00f3n y absoluci\u00f3n individuales. Declaraba con toda claridad que \u00abpor derecho divino es necesario confesar singularmente todos los pecados mortales&#8230;, incluso los ocultos y que van contra los dos \u00faltimos mandamientos del Dec\u00e1logo, con las circunstancias que cambian la especie\u00bb. (Denz. 1707).<\/p>\n<p>    Al reclamar en otro Decreto de 1563 la fundaci\u00f3n de seminarios y la conveniente formaci\u00f3n de los sacerdotes para administrar rectamente los sacramentos, se exig\u00ed\u00ada preparaci\u00f3n moral s\u00f3lida en los futuros confesores, la cual deb\u00ed\u00ada ser pr\u00e1ctica, eclesial y completa.<\/p>\n<p>    Al aplicar la decisi\u00f3n, se preguntaban los responsables por los materiales que deber\u00ed\u00adan ser empleados. Las Sumas para confesores, especialmente las sumas alfab\u00e9ticas, presentaban inconvenientes, sobre todo de car\u00e1cter pedag\u00f3gico. Se sent\u00ed\u00ada la necesidad de un plan org\u00e1nico de teolog\u00ed\u00ada moral, pero tambi\u00e9n de libro de texto para el estudio en los cuales quedaran claros los principios y no s\u00f3lo los ejemplos.<\/p>\n<p>    En la segunda mitad del siglo XVI se imprimieron diversos ensayos para orientar a los confesores en las consignas tridentinas. Merece la pena citar por su empe\u00f1o a diversos autores, como el agustino Mart\u00ed\u00adn de Azpilcueta y los jesuitas Juan Polanco y Francisco Toledo.<\/p>\n<p>    En 1600 el jesuita Juan Azor (+ 1603) public\u00f3 el primer volumen de \u00abInstitutionum moralium\u00bb, libro en el que se trataba de \u00abtodas las cuestiones para la recta administraci\u00f3n de la penitencia\u00bb. Se daba en el texto importancia al cumplimiento de la ley; se dejaba en segundo lugar las intenciones y las circunstancias agravantes o atenuantes de los actos morales.<\/p>\n<p>    Los problemas sobre la vida, sobre la sexualidad, sobre la justicia, se trataban en este siglo como normas universales Determinadas discusiones entre jesuitas y dominicos complicaban la situaci\u00f3n. La pol\u00e9mica del probabilismo sobre el probaliorismo ganaba la palma en las disputas. Eran temas eruditos que se escapaban a los simples fieles, pero que consum\u00ed\u00adan muchas p\u00e1ginas de los libros.<\/p>\n<p>  4. Racionalismo e Ilustraci\u00f3n<\/p>\n<p>   Las discusiones postridentinas produjeron cierto cansancio moral. Cuando lleg\u00f3 el siglo XVII, hasta los mismos moralistas entend\u00ed\u00adan que se estaba navegando entre dos aguas. El agua cient\u00ed\u00adfica que se quedaba en la especulaci\u00f3n y el agua de los simples fieles que practicaban la virtud o viv\u00ed\u00adan en pecado, que era la pr\u00e1ctica de comerciantes llamados usureros, de los marineros llamados aventureros, de los c\u00f3nyuges infieles o de los cl\u00e9rigos tachados de avarientos.<\/p>\n<p>    Por eso en el siglo XVII surgieron nuevos interrogantes morales: entre actitudes morales rigoristas alentadas por el absolutismo de los monarcas europeos, por los anatemas que resonaba desde Trento, por las actitudes galicanas y jansenistas, y las tentaciones del liberalismo moral llamado laxismo o del subjetivismo \u00e9tico que se denominaba protestantismo<br \/>\n   Por su fuera poco, Descartes (+ 1650) con escritos como \u00abTratado de las pasiones del alma\u00bb o \u00abTratado del hombre\u00bb,  dej\u00f3 tras de s\u00ed\u00ad una estela racionalista desconcertante y g\u00e9rmenes morales peligrosos: la separaci\u00f3n entre filosof\u00ed\u00ada cient\u00ed\u00adfica y creencias religiosas.<\/p>\n<p>    Con Descartes se abrieron cauce otras posturas \u00e9ticas: el empirismo de Locke (+ 1704), el determinismo de Leibniz (+1716), el racionalismo de Malebranche (+ 1715), el pesimismo de Tomas Hobbes (+ 1679). Entre el laxismo moral y el rigorismo se desarroll\u00f3 una nueva oleada de inquietudes morales.<\/p>\n<p>4.1. El laxismo moral<\/p>\n<p>   Fue un intento, o una necesidad, de humanizar la moral y superar las fr\u00ed\u00adas normas jer\u00e1rquicas, dando m\u00e1s valor a la conciencia que a la l\u00f3gica, a los motivos que a las leyes.<\/p>\n<p>    Las causas de la actitud moral laxa estaban en el cansancio que produjo el m\u00e9todo casu\u00ed\u00adstico y las pol\u00e9micas especulativas de muchos te\u00f3logos y escritores. La mayor aceptaci\u00f3n de las posturas probabilistas favoreci\u00f3 las actitudes flexibles. Incluso la moral cat\u00f3lica parec\u00ed\u00ada ser m\u00e1s tolerante con las acciones de las clases privilegiadas (en cuesti\u00f3n de duelos, de abortos, enriquecimiento o en licencias sexuales) y se hac\u00ed\u00ada m\u00e1s exigentes con el pueblo llano (cumplimientos religiosos, ayunos obligatorios, bailes populares) que se regulaban siempre de forma supeditada a la autoridad.<\/p>\n<p>    Entre los autores laxistas en moral se pueden citar algunos: Antonio Diana (+ 1663), Juan Caramuel (+ 1682), Esteban Bauny (+1649), Antonio Escobar y Mendoza (+1669), Tom\u00e1s Tamburini (+1675), Mateo de Moya (+ 1684).<\/p>\n<p>    4.2. Los rigorismos<\/p>\n<p>    Fueron muchos y revistieron determinados nombres de autores o escritores socialmente resonantes y agrupados en corrientes de apoyo mutuo.<\/p>\n<p>   4.2.1. Rigorismo jansenista<\/p>\n<p>   El jansenismo fue una reacci\u00f3n moral contra el laxismo. En Francia y en los Pa\u00ed\u00adses Bajos surgi\u00f3 de manera intensa en torno al libro \u00abAugustinus\u00bb de Cornelio Jansenio. (+ 1638), en el que consign\u00f3 los fundamentos de esa actitud moral: visi\u00f3n pesimista de la naturaleza humana ca\u00ed\u00adda, predestinaci\u00f3n, necesidad absoluta de la gracia a la cual no se puede resistir, rechazo de la raz\u00f3n en teolog\u00ed\u00ada y de la casu\u00ed\u00adstica en moral, retorno a la tradici\u00f3n patr\u00ed\u00adstica (sobre todo agustiniana) en la interpretaci\u00f3n de la Biblia.<\/p>\n<p>    Juan Duvergier de Hauranne, abate de Saint Cyran (+1643), director espiritual de Port Royal, predic\u00f3 sobre la necesidad de una nueva disciplina en relaci\u00f3n con la Penitencia y la Eucarist\u00ed\u00ada. Pidi\u00f3 la vuelta a los modelos de los primeros cristianos. Y Antonio Arnauld (+ 1694), en un libro sobre la Comuni\u00f3n frecuente de 1643, restring\u00ed\u00ada tanto la Eucarist\u00ed\u00ada y pon\u00ed\u00ada tales exigencias de perfecci\u00f3n que nadie en la pr\u00e1ctica pod\u00ed\u00ada acercarse a comulgar. La misma absoluci\u00f3n penitencial era tan exigente que los pecadores quedaban sin esperanzas de perd\u00f3n.<\/p>\n<p>    Ese grupo integrista extrem\u00f3 las cr\u00ed\u00adticas contra los jesuitas, a los que acusaban de haber ca\u00ed\u00addo en la tolerancia m\u00e1s escandalosa. La bula \u00abCum occasione\u00bb de 1653 que conden\u00f3 el jansenismo, Fue rechazada por figuras como Blas Pascal (+ 1662), que atac\u00f3 burdamente a los jesuitas en sus \u00abCartas provinciales\u00bb.<\/p>\n<p>    Aunque la moral jansenista fue poco a poco rechazada, su visi\u00f3n del hombre, pesimista y negativa, quedo latente muchos tiempo en los movimientos integristas franceses, pr\u00e1cticamente hasta dar sus \u00faltimos coletazos en el siglo XX<\/p>\n<p>   4.2.2. El otro rigorismo<\/p>\n<p>   Algunas interpretaciones de las condenas del Magisterio sobre los males el laxismo y del rigorismo exigieron nuevos avisos. En 1665-1666 Alejandro VI conden\u00f3 45 proposiciones laxistas (Denz 2021 a 2065) y en 1679 Inocencio XI conden\u00f3 otras 65 (Denz 2101-2167).<\/p>\n<p>    Algunas instituciones religiosas revisaron sus posturas. En 1657 la Orden de Predicadores se separ\u00f3 del probabilismo y acept\u00f3 el probabiliorismo. Esta posici\u00f3n ser\u00ed\u00ada brillantemente defendida por la escuela dominicana de Tolosa: J. B. Gonet (+ 1681) y V. Contenson (+ 1674).<\/p>\n<p>    Entre los te\u00f3logos jesuitas se increment\u00f3 la divisi\u00f3n de opiniones. Pero en general no se avinieron a rechazar todo lo que las decisiones del Magisterio repudiaban; o se contentaron con interpretar h\u00e1bilmente, al estilo jesuita, lo que significaban tales decisiones.<\/p>\n<p>    El jesuita Tirso Gonz\u00e1lez (+ 1705), al que el Inocencio IX har\u00ed\u00ada elegir Prep\u00f3sito General de la Compa\u00f1\u00ed\u00ada para alentar el probabiliorismo, tuvo que hacer esfuerzos de equilibrio para no inclinar a toda la Orden una direcci\u00f3n sesgada.<\/p>\n<p>    Algunos intentos de buscar \u00abt\u00e9rminos medios\u00bb en las pol\u00e9micas no dieron mucho resultado. Por ejemplo, el manual publicado en 1702 por Francisco Genet, escrito en franc\u00e9s y traducido al lat\u00ed\u00adn como \u00abTheologia moralis seu resolutio casuum conscientiae juxta Sacrae Scripturae, Canonum et Sanctorum Patrum mentem\u00bb, se extendi\u00f3 en Italia y en Alemania, no tuvo mucho vigor y pronto fue olvidado. Se opon\u00ed\u00ada al probabilismo, pero sin excesiva rigidez. Era rigorista en casi todo, pero hablaba de la conciencia y de las circunstancia no recomendando juicios categ\u00f3ricos en temas morales.<\/p>\n<p>    Similar camino tomaron en la segunda mitad del siglo XVIII el dominico Domenico Concina (+ 1756), que se caracteriz\u00f3 por su antiprobabilismo en su obra \u00abStoria del probabilismo\u00bb de 1748. En su \u00abTheologia christiana dogmaticomoralis\u00bb, en 10 vol\u00famenes con dos de documentos (Apparatus), publicada entre 1749 y 1751, propon\u00ed\u00ada un m\u00e9todo basado en la Escritura y los Padres y eso hacia sus tesis m\u00e1s moderadas.<br \/>\n  Las agresivas influencias y acusaciones de los Enciclopedistas franceses como fueron Rouseau (+ 1778), Voltaire (+ 1778), Montesquieu (+ 1755) a los planteamientos morales cristianos, s\u00f3lo consiguieron una mayor definici\u00f3n de la conciencia en la moral de la Iglesia y el que todos cayeran en la cuenta de que una cosa es el impulso natural del \u00abEmilio\u00bb o la agresividad de las \u00abCartas filos\u00f3ficas\u00bb volterianas y otra cosa las exigencias de un conciencia serena y basada en el Evangelio.<\/p>\n<p>   4.3.  San Alfonso de Ligorio.<\/p>\n<p>   al tiempos que los Enciclopedistas hablaban de una ilustraci\u00f3n, otras mentes m\u00e1s privilegiadas que las suyas, reflexionaban \u00e9ticamente.<\/p>\n<p>    El gran te\u00f3logo moralista italiano de este tiempo moderado, y cada vez m\u00e1s apreciado por el Magisterio, fue san Alfonso de Ligorio (+ 1787), que compuso su \u00abTheologia moralis\u00bb a partir de la \u00abMedulla theologiae moralis\u00bb del jesuita Herman Busenbaum (+ 1749) y sobre todo de su experiencia pastoral.<\/p>\n<p>    La segunda edici\u00f3n, en dos vol\u00famenes, llegar\u00ed\u00ada a las 1.475 p\u00e1ginas. El mismo Alfonso de Ligorio hizo varios res\u00famenes de su gran obra, entre los que se populariz\u00f3 mucho el \u00abHomo Apostolicus\u00bb.<\/p>\n<p>    Fue obra erudita, amplia, a mitad camino entre principios y soluciones, entre la reflexi\u00f3n y la experiencia, es decir, te\u00f3rica y pr\u00e1ctica a la vez. Su orientaci\u00f3n era, como es normal, muy magisterial, aunque valiente y clarividente, humana y evang\u00e9lica. No se puede decir en sentido estricto que fuera rigorista, pues abr\u00ed\u00ada el camino f\u00e1cil al circunstancialismo \u00e9tico. Era fruto de su larga experiencia de misionero ambulante y de confesor experimentad\u00ed\u00adsimo. Su sistema intermedio fue llamado despu\u00e9s \u00abequiprobabilismo\u00bb, aunque el t\u00e9rmino era una componenda.<\/p>\n<p>    San Alfonso resalt\u00f3 la conciencia, el criterio evang\u00e9lico, el af\u00e1n de la verdad sobre el inter\u00e9s por la pol\u00e9mica, el peso del Magisterio, los derechos de la libertad humana, el indiscutible significado de las circunstancias. El equilibrio de sus juicios pr\u00e1cticos ser\u00ed\u00ada la fuerza m\u00e1s influyente de sus directrices. Desconocido en su tiempo, s\u00f3lo ya entrado el siglo XIX su figura cobr\u00f3 especial peso en la Iglesia. Y, misterios de la gracia, un moralista de juicios tan sinceros y sensatos, terminar\u00ed\u00ada su vida a sus noventa a\u00f1os lleno de escr\u00fapulos y de sufrimientos morales.<\/p>\n<p>    La corriente moral de San Alfonso de Ligorio fue de alguna forma consagrada por la Iglesia con su beatificaci\u00f3n en 1816 y su canonizaci\u00f3n en 1839. La misma oficina Romana, llamada Sda. Penitenciar\u00ed\u00ada, respondi\u00f3 oficialmente una pregunta del cardenal Rohan Chabot del 5 de julio de 1831 acreditando que \u2020\u0153los confesores pueden seguir con seguridad las opiniones este moralista\u00bb (Denz 2725-2727). Esta respuesta fue reforzada por su proclamaci\u00f3n como doctor de la Iglesia por Le\u00f3n XIII en 1871.<\/p>\n<p>   5. La moral de los tiempos nuevos<\/p>\n<p>   El torrente convulsivo de ideolog\u00ed\u00adas y problemas sociales y filos\u00f3ficos del siglo XIX tuvo su incidencia tambi\u00e9n en las corrientes morales del siglo XX. Los cambios ideol\u00f3gicos del XIX fueron enormes, tal vez los m\u00e1s distorsionantes de la Historia de Occidente. Para la moral represent\u00f3 una nueva \u00e9poca en temas, sobre todo sociales, en criterios, sobre todo antropol\u00f3gicos, y en relaciones, sobre todo jer\u00e1rquicas.<\/p>\n<p>    Basta esta triple referencia para sospechar que la moral entr\u00f3 en una nueva fase de su historia. En ella entrar\u00ed\u00adan en juego las inquietudes de una sociedad en pleno desarrollo industrial.<\/p>\n<p>   5.1. Tr\u00e1nsito del XIX<\/p>\n<p>   La teolog\u00ed\u00ada moral experiment\u00f3 diversas afluencias ideol\u00f3gicas que la hicieron revisarse por necesidad. Si por una parte una oleada pol\u00ed\u00adtica de restauraci\u00f3n y se tienden a las alianzas, santas o no, y a los absolutismos, en los ideol\u00f3gico basta relacionar con la moral figuras como Engels, Fichte, Marx, Darwin, Comte,  Feuerbach, Shopenhauer, Kierkegaad y para terminar Nietzsche, para entender que se gesta una nueva sociedad.<\/p>\n<p>    Todos estos nombres hablan de ruptura y agresividad. Pero no hablan de soluciones pac\u00ed\u00adficas, sino de golpes revolucionarios como lo que se extendieron por Europa en 1830, en 1848 y en 1870.<\/p>\n<p>5.1.1.  Manuales de Teolog\u00ed\u00ada moral<\/p>\n<p>   Esa inquietud ideol\u00f3gica y social se condensa, o se intenta condensar, por parte de muchos moralistas en manuales directivos que sirvan para ordenar conductas y para clarificar criterios.<\/p>\n<p>    Los manuales de teolog\u00ed\u00ada moral se orientaron sobre todo a preparar sacerdotes en los seminarios para ser confesores. No fueron manuales para laicos cultos que dieran sentido a sus elecciones morales. El Dec\u00e1logo mosaico fue en ellos el eje vertebrador de las visiones morales a pesar de que el mundo obrero, el capitalismo salvaje y los \u00e1mbitos intelectuales fueran por otros caminos.<\/p>\n<p>    Uno de los manuales m\u00e1s difundidos fue el de A. Ballerini (+ 1881), completado por Palmieri. Otros m\u00e1s fieles al pensamiento alfonsiano fueron los de Wouters, Konings, Marc Gestermann, Aertnijs y Damen. Hubo manuales m\u00e1s liberales, como fueron algunos de jesuitas probabilistas: Gury, Lemkkuhl, G\u00e9nicot, Noldin Vermeesch, etc. Otros fueron m\u00e1s originales, como los del belga Thomas Bouquillon (+ 1907), que en sus \u00abInstitutiones Theologiae moralis fundamentalis\u00bb intent\u00f3 superar los meros planteamientos morales con una base dogm\u00e1tica y b\u00ed\u00adblica.<\/p>\n<p>    Ya al final del siglo, la Enc\u00ed\u00adclica \u00abRerum Novarum\u00bb (1891) gener\u00f3 una enorme inquietud social y la moral se ti\u00f1\u00f3 de reclamos morales en favor de la justicia, de la dignidad proletaria y de la exigencia del respeto al orden.<\/p>\n<p>   5.1.2. Escuela de Tubinga.<\/p>\n<p>   En los ambientes cat\u00f3licos de Alemania la \u00e9tica de la conciencia aut\u00f3noma, el racionalismo latente en el \u00abimperativo categ\u00f3rico\u00bb de la \u00abMetaf\u00ed\u00adsica de la costumbres\u00bb, de Kant (+ 1804), y los recuerdos latentes de la dial\u00e9ctica hegeliana, marcaron determinadas resonancias teol\u00f3gicas y morales.<\/p>\n<p>    Se sigui\u00f3 en algunos ambientes con excesiva fidelidad y se intent\u00f3 armonizar con el cristianismo m\u00e1s conservador. Pero evidentemente esto no pod\u00ed\u00ada lograrse del todo y pronto se encarg\u00f3 la Dial\u00e9ctica de Fichte (+ 1804), de Hegel (1831), de Schelling (+1854), de crear una nueva \u00e9tica para los descontentos.<\/p>\n<p>    En la primera mitad del siglo XIX se desarroll\u00f3 una verdadera investigaci\u00f3n en los terrenos morales en Alemania. El autor m\u00e1s importante fue J.M. Sailer (+ 1832). En su \u00abManual de moral cristiana\u00bb se intent\u00f3 ofrecer una exposici\u00f3n general de las normas que separan al cristiano del que no lo es. Su m\u00e9rito fue el dinamismo que imprim\u00ed\u00ada a la moral y el valor que daba a los compromisos basados en la caridad.<\/p>\n<p>    La escuela de Tubinga, conjunto de pensadores relacionados con la Universidad existente en esta localidad, fue el fermento eficaz de inquietudes morales<br \/>\n   Los m\u00e1ximos impulsores de Tubinga, en b\u00fasqueda de la caridad, la vida de compromiso, la relaci\u00f3n de la moral con el dogma y la liturgia, fueron J.A. M\u00f3hler (+ 1838) y tambi\u00e9n  J.B. Hirscher (+ 1865), que hablaron con insistencia del Reino de Dios. Sin embargo, Hirscher no dio reglas concretas que permitiesen traducir en la pr\u00e1ctica la s\u00ed\u00adntesis que ambos promotores hicieron.<\/p>\n<p>    Algunos moralistas significativos de Tubinga, como Jocham M\u00e1gnus (+1893), todo lo centro en el Cuerpo M\u00ed\u00adstico; Mart\u00ed\u00adn Deutinger se fue hac\u00ed\u00ada el personalismo; Karl Weber (+ 1888) prefiri\u00f3 la mirada cristoc\u00e9ntrica; Fr. X. Linsenman (+ 1898) continu\u00f3 los trabajos de Sailer y Hirscher, resaltando los estilos paulinos en favor del a libertad.<\/p>\n<p>    En Italia brillaron por un tiempo los juicios morales de Antonio Rosmini (+ 1855), que prefiri\u00f3 caminos intuicionistas y no super\u00f3 su pensamiento fide\u00ed\u00adsta, m\u00e1s afectivo y no l\u00f3gico.<\/p>\n<p>   5.1.3. La renovaci\u00f3n tomista.<\/p>\n<p>   En la segunda parte del siglo XIX se produjo tambi\u00e9n en Alemania un repunte del tomismo. El movimiento fue favorecido por la condena que recay\u00f3 sobre G\u00fcnther (Denz. 1828-1831) que se atribuy\u00f3 a la inconsistencia filos\u00f3fica.<\/p>\n<p>    Ello hizo reaccionar a algunos moralistas, como a F. Probst  (+1899), que regres\u00f3 al concepto medieval de virtud. Tambi\u00e9n produjo una nueva reacci\u00f3n contra la simple casu\u00ed\u00adstica en moral, como se vio en F. Friedhoff  (+ 1878) y  en J. Schwane (+ 1892).<\/p>\n<p>    En el fondo estas reacciones significaban el poder latente de la moral realista y pr\u00e1ctica que ven\u00ed\u00ada desde Santo Tom\u00e1s que se hab\u00ed\u00ada activado con Ligorio.<\/p>\n<p> 5.2  El siglo XX<\/p>\n<p>   El siglo XX hered\u00f3 los problemas morales del XIX y durante su ajetreada trayectoria social y espiritual se complicaron las opciones morales por las grandes revoluciones que fueron aconteciendo a lo largo de sus d\u00e9cadas: explosi\u00f3n demogr\u00e1fica, revoluci\u00f3n de la mujer, revoluci\u00f3n sexual, convulsi\u00f3n de la secularizaci\u00f3n, apertura ecum\u00e9nica, revoluci\u00f3n tecnol\u00f3gica en los \u00faltimos tiempos con sus efectos sorprendentes en la comunicaci\u00f3n y en la globalizaci\u00f3n macroecon\u00f3mica.<\/p>\n<p>    Todo esto hizo tambalear multitud de conciencias oscilando desde el pragmatismo m\u00e1s atroz hasta el desconcierto m\u00e1s depresivo.<\/p>\n<p>   5.2.1. A mitad de siglo<\/p>\n<p>   A mitad del siglo, en el per\u00ed\u00adodo intermedio de las dos guerras mundiales, se produjo una florecimiento portentoso en el \u00e1mbito protestante, sobre todo de Alemania. Las ideas geniales de los grandes moralistas del protestantismo impresionaron el mundo cat\u00f3lico (Bonhoeffer (+ 1945), P. Tillich (+ 1965), R. Bultmann (+ 1965), Karl Barth (+ 1968) fueron las m\u00e1s conocidas. Estas figuras tuvieron tambi\u00e9n sus equivalentes en brillantes te\u00f3logos con resonancias morales en el \u00e1mbito cat\u00f3lico: P. Teilhard de Chardin (+ 1955), K. Rhaner (+ 1984), Hans Kung (n. en 1929) que dieron una fuerte dimensi\u00f3n eclesiol\u00f3gica a sus opciones morales.<\/p>\n<p>    Dos manuales de Moral llamaron la atenci\u00f3n en la primera parte del siglo; el de Joseph Mausbach (+ 1931), \u00abLa moral cat\u00f3lica y sus adversarios\u00bb; y el de Otto Schilling, el \u00abManual de Teolog\u00ed\u00ada Moral\u00bb. La caridad y el compromiso laten en ambos manuales.<\/p>\n<p>    Al mismo tiempo se cotizaron otros manuales de inspiraci\u00f3n alfonsina, aunque pronto vino a irrumpir en el campo \u00e9tico cat\u00f3lico los efectos del C\u00f3digo de Derecho can\u00f3nico publicado en 1917.<br \/>\n  Y junto con el Derecho Can\u00f3nico, de nuevo refluy\u00f3 la veta oculta del tomismo en algunos de los buenos conocedores de Santo Tom\u00e1s y de su l\u00ed\u00adneas, como E. Gilson, O. Lottin, Ph. Delhaye.<\/p>\n<p>5.2.2. Interdisciplinariedad moral<\/p>\n<p>  En la median\u00ed\u00ada del siglo la teolog\u00ed\u00ada moral fue recibiendo fuertes influencias de las otros campos religiosos como la Liturgia o la Historia eclesial.<br \/>\n  El movimiento lit\u00fargico y el movimiento b\u00ed\u00adblico exigieron clarificaciones ideol\u00f3gicas que pusieron en dificultad a los moraListas con vocaci\u00f3n de obediencia ciega al Magisterio.<br \/>\n  Y m\u00e1s agresivos en el terreno moral fueron los efectos del movimiento ecum\u00e9nico, del af\u00e1n social en favor del tercer mundo, de la misma teolog\u00ed\u00ada kerigm\u00e1tica que demandaba a la moral algo m\u00e1s que normas y cauces para acceder al esp\u00ed\u00adritu con libertad suficiente.<\/p>\n<p>    Todo ello contribuy\u00f3 al gran deseo de romper la teolog\u00ed\u00ada moral de confesionario y de estructura clerical y hacer una moral evang\u00e9lica desde la vida y para la vida.<\/p>\n<p>    El concepto de pecado deber\u00ed\u00ada ser puesto en su sitio, para poder entenderse con otras creencias y con diversidad de visiones personales. El Evangelio es buena nueva y la moral cristiana tiene que ser positiva y no solo coercitiva. Lo importante es amar y no s\u00f3lo evitar el pecado.<\/p>\n<p>   5.2.3. El pluralismo moral<\/p>\n<p>   En estas condiciones no pod\u00ed\u00ada evitarse que las l\u00ed\u00adneas morales empezaran a ser muy diferentes, seg\u00fan la tonalidad preferente desde que se formulaban los principios. Por eso en la d\u00e9cada precedente al Concilio Vaticano II las opciones morales eran francamente dispersivas.<\/p>\n<p>    El ex\u00e9geta Fritz Tillmann prepar\u00f3 un manual de \u00abTeolog\u00ed\u00ada moral\u00bb para ayudar a imitar a Cristo, no para ayudar a escaparse del infierno. Y otros autores centraron sus planteamientos morales en una visi\u00f3n eclesial de Cuerpo M\u00ed\u00adstico de Cristo, no de sociedad internacional religiosa, como E. Mersch en 1933 con su \u00abLa moral del Cuerpo M\u00ed\u00adstico\u00bb, o J. Stelzenberger, con su \u00abLa venida del reino de Dios\u00bb.<\/p>\n<p>    Algo parecido ocurri\u00f3 con los estudios de G. Gilleman, que se centr\u00f3 en la caridad, en su \u00abEl primado de la Caridad en la Teolog\u00ed\u00ada moral\u00bb de 1952. Por su parte G. Thils, en \u00abLa teolog\u00ed\u00ada de las realidades terrestres\u2020\u009d, de 1949, se fij\u00f3 en los compromisos con el mundo y la sociedad en cambio acelerado.<\/p>\n<p>    El Magisterio de la Iglesia, con P\u00ed\u00ado XII y Juan XXIII, conden\u00f3 varias veces el existencialismo ateo (Denz. 3918) desde el punto de vista moral (existencialismo \u00e9tico), por apoyarse en la idea de que las leyes naturales nada tienen que ver con la acci\u00f3n creadora de Dios, sino que son producto del azar y de las circunstancias.<\/p>\n<p>    Los existencialistas A. de Waehlens y G. Marcel orientaron su reflexi\u00f3n existencialista a justificar \u00e9ticamente la vida. S\u00f3lo en parte dieron un tono original a una especie de moral cristiana existencialista, que pronto pas\u00f3 de moda.<\/p>\n<p>    Otro movimiento que surgi\u00f3 fue el denominado \u00abmoral de situaci\u00f3n\u00bb, que se orient\u00f3 a un relativismo peligroso en los problemas morales, aunque prest\u00f3 especial atenci\u00f3n a las situaciones humanas.<\/p>\n<p>    El Magisterio no simpatiz\u00f3 nunca con ese antropocentrismo y puso con frecuencia reparos a relativizar normas, objetivos y conceptos, tanto en su ense\u00f1anza ordinaria como en definiciones m\u00e1s solemnes.<\/p>\n<p>    En ocasiones ese celo del Magisterio, m\u00e1s procedente de elementos curiales que de las grandes visiones doctrinales de los mismos Pont\u00ed\u00adfices, mostr\u00f3 desconfianza en las \u00abmorales flexibles, abiertas y no dogm\u00e1ticas\u00bb. Tal fue el caso de Bernard H\u00e4ring, en su libro muy difundido \u00abLa ley de Cristo\u2020\u009d editado en 1954, pero objeto de cierta desconfianza oficial de diversos jerarcas de la Iglesia. Sin embargo este tratado de moral positiva, por su car\u00e1cter ecl\u00e9ctico y por sus bases b\u00ed\u00adblicas y antropol\u00f3gicas es una de las realidades significativas de la segunda parte del siglo XX en la moral cristiana.<\/p>\n<p>    Esta actitud se intensific\u00f3 ya avanzado el siglo y despu\u00e9s del Concilio Vaticao II con figuras latinomericanas cercanas a la teolog\u00ed\u00ada de la liberaci\u00f3n, incluso jer\u00e1rquicas (Pedro Casald\u00e1liga, Helder C\u00e1mara) y simples te\u00f3logos como Leonardo Boff.<\/p>\n<p>Bernard H\u00e4ring<\/p>\n<p>   5.3. La moral del Vaticano II<\/p>\n<p>   Estrictamente hablando el Concilio Vaticano II no tiene una definici\u00f3n moral concreta, como no la tuvo dogm\u00e1tica. La voluntad de Juan XXIII, el Pont\u00ed\u00adfice convocante, fue la de un Concilio pastoral.<\/p>\n<p>    Sin embargo, la riqueza de sus documentos gener\u00f3 una connotaci\u00f3n moral en multitud de ocasiones. Resalt\u00f3 la primac\u00ed\u00ada de la caridad y el sentido de los valores humanos de la conciencia, de la libertad y de la inteligencia del hombre. Si se pudiera formular una s\u00ed\u00adntesis de las consignas morales del Concilio, habr\u00ed\u00ada que centrarse en la idea del servicio al mundo, que es la raz\u00f3n de ser de la Iglesia. Y adem\u00e1s ser\u00ed\u00ada imprescindible recordar que la moral es ante todo imitaci\u00f3n de Cristo, a la luz de la Tradici\u00f3n y en comuni\u00f3n con el Magisterio. Romper con estas variables ser\u00ed\u00ada salirse de la moral cristiana.<\/p>\n<p>    Si hubiera que buscar algunas referencias m\u00e1s expl\u00ed\u00adcitas, se podr\u00ed\u00ada acudir a la constituci\u00f3n doctrinal Lumen Gentium (39-42) y a Constituci\u00f3n pastoral Gaudium et Spes (primera parte) para advertir el deseo de que se supere cualquier \u00e9tica individualista y el cristiano viva de cara a la comunidad cristiana.<\/p>\n<p>   5.4. La moral postconciliar<\/p>\n<p>   La evoluci\u00f3n de la teolog\u00ed\u00ada moral en el \u00faltimo cuarto de siglo, cuando ya los reclamos conciliares se fueron  haciendo historia, ha sido muy diversa y en ocasiones desconcertante.<\/p>\n<p>    Se puede decir que el pluralismo es la forma que domina en la moral del comienzo del siglo XXI y la exigencia de libertad de conciencia, de superaci\u00f3n de teor\u00ed\u00adas, de regreso al Evangelio, de serenidad ante los nuevos interrogantes de la tecnolog\u00ed\u00ada, de la bio\u00e9tica, de la tolerancia como talante de la vida moderna, laten en el entorno humano actual.<\/p>\n<p>    Las cuestiones se complican al nacer el Nuevo milenio. No basta que el Papa publique una Enc\u00ed\u00adclica de signo moral, como la \u00abVaritatis Spledor\u00bb de 1993, para que se sigan sus consignas, como no bast\u00f3 que un d\u00ed\u00ada Pablo VI publicara la \u00abHumanae Vitae\u00bb en 1968 para que los c\u00f3nyuges cristianos supieran a qu\u00e9 atenerse en el control de la natalidad. La vida moderna es tan compleja que los hombres, incluso los mejores creyentes, viven distorsionados entre la norma y el est\u00ed\u00admulo, entre la ley y la conciencia, entre el deber y la certeza del obrar bien.<\/p>\n<p>    La moral se enfrenta siempre a nuevos desaf\u00ed\u00ados. En los a\u00f1os venideros seguir\u00e1 descubriendo con sorpresa nuevos interrogantes. Y se har\u00e1n conscientes los moralistas de que son dif\u00ed\u00adciles los juicios categ\u00f3ricos Cuando de problemas humanos se trata.<\/p>\n<p>    Dif\u00ed\u00adcilmente hoy los interrogantes sobre eutanasia, bio\u00e9tica, manipulaciones gen\u00e9ticas, inseminaci\u00f3n artificial y t\u00e9cnicas de reproducci\u00f3n asistida, ecolog\u00ed\u00ada, respeto a la intimidad por manejo de datos, derecho a la propiedad libre, defensa ante el terrorismo, pacifismo y guerra, derechos familiares, reparto equitativo de la riqueza mundial, se pueden relegar a las c\u00e1tedras de Etica o se pueden resolver con decisiones de Curia.<\/p>\n<p>    La moral de los tiempos nuevos puede y debe regresar continuamente al Evangelio. Pero debe contar con un hombre mejor informado que en otros tiempos, ha de abrirse a la trascendencia pero debe recordar que la religi\u00f3n no es un solucionario de ciencia, de antropolog\u00ed\u00ada o de econom\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>    Debe defender los valores eternos del hombre, como la familia, la conciencia, la libertad, el derecho al trabajo, la necesidad de la cultura, etc. Pero debe dejar un gran sector de cuestiones a la libre decisi\u00f3n de las conciencias sin pretender hacer leyes universalmente v\u00e1lidas en los aspectos perif\u00e9ricos. La vida es un valor central y la persona es una referencia; pero los modos de vivir cada persona la propia vida contar\u00e1 siempre con mil caminos y dif\u00ed\u00adcilmente se le dir\u00e1 a cada hombre cu\u00e1l es el mejor para \u00e9l.<\/p>\n<p>    Esto parece liberalismo, relativismo, subjetivismo. Pero otro lo llamar\u00e1n pluramismo, diversidad y respeto.<\/p>\n<p>Pedro Chico Gonz\u00e1lez, Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00ed\u00ada Religiosa, Editorial Bru\u00f1o, Lima, Per\u00fa 2006<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00eda Religiosa<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>[300] La historia de la moral cristiana es un camino lleno de inquietudes, de interrogantes y de progresos o de regresos, cuando se miran los criterios y cuando se analizan las decisiones magisteriales. Tan interesante es la historia evolutiva de la moral como lo es la trayectoria de los dogmas o las actuaciones cultuales y &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/moral-historia\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abMORAL. 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