{"id":12066,"date":"2016-02-05T08:17:40","date_gmt":"2016-02-05T13:17:40","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/marialis-cultus\/"},"modified":"2016-02-05T08:17:40","modified_gmt":"2016-02-05T13:17:40","slug":"marialis-cultus","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/marialis-cultus\/","title":{"rendered":"MARIALIS CULTUS"},"content":{"rendered":"<p>[072]<br \/>\n  Enc\u00ed\u00adclica de Pablo VI del 2 de Febrero de 1974 sobre la importancia del culto mariano en la Iglesia y el valor de la imitaci\u00f3n de la Madre de Dios.<\/p>\n<p>Pedro Chico Gonz\u00e1lez, Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00ed\u00ada Religiosa, Editorial Bru\u00f1o, Lima, Per\u00fa 2006<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00eda Religiosa<\/b><\/p>\n<p><p style=\"text-align: justify;\">EXHORTACI\u00d3N APOST\u00d3LICA<br \/>\nMARIALIS CULTUS<br \/>\nDE SU SANTIDAD<br \/>\nPABLO VI<br \/>\nPARA LA RECTA ORDENACI\u00d3N<br \/>\nY DESARROLLO DEL CULTO<br \/>\nA LA SANT\u00cdSIMA VIRGEN MAR\u00cdA\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">INTRODUCCI\u00d3N\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Desde que fuimos elegidos a la C\u00e1tedra de Pedro, hemos puesto constante cuidado en incrementar el culto mariano, no s\u00f3lo con el deseo de interpretar el sentir de la Iglesia y nuestro impulso personal, sino tambi\u00e9n porque tal culto \u2014como es sabido\u2014 encaja como parte nobil\u00edsima en el contexto de aquel culto sagrado donde confluyen el culmen de la sabidur\u00eda y el v\u00e9rtice de la religi\u00f3n y que por lo mismo constituye un deber primario del pueblo de Dios (1). Pensando precisamente en este deber primario Nos hemos favorecido y alentado la gran obra de la reforma lit\u00fargica promovida por el Concilio Ecum\u00e9nico Vaticano II; y ocurri\u00f3, ciertamente no sin un particular designio de la Providencia divina, que el primer documento conciliar, aprobado y firmado \u00aben el Esp\u00edritu Santo\u00bb por Nos junto con los padres conciliares, fue la Constituci\u00f3n Sacrosanctum Concilium, cuyo prop\u00f3sito era precisamente restaurar e incrementar la Liturgia y hacer m\u00e1s provechosa la participaci\u00f3n de los fieles en los sagrados misterios (2). Desde entonces, siguiendo las directrices conciliares, muchos actos de nuestro pontificado han tenido como finalidad el perfeccionamiento del culto divino, como lo demuestra el hecho de haber promulgado durante estos \u00faltimos a\u00f1os numerosos libros del Rito romano, restaurados seg\u00fan los principios y las normas del Concilio Vaticano II. Por todo ello damos las m\u00e1s sentidas gracias al Se\u00f1or, Dador de todo bien, y quedamos reconocidos a las Conferencias Episcopales y a cada uno de los obispos, que de distintas formas ha cooperado con Nos en la preparaci\u00f3n de dichos libros.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pero, mientras vemos con \u00e1nimo gozoso y agradecido el trabajo llevado a cabo, as\u00ed como los primeros resultados positivos obtenidos por la renovaci\u00f3n lit\u00fargica, destinados a multiplicarse a medida que la reforma se vaya comprendiendo en sus motivaciones de fondo y aplicando correctamente, nuestra vigilante actitud se dirige sin cesar a todo aquello que puede dar ordenado cumplimiento a la restauraci\u00f3n del culto con que la Iglesia, en esp\u00edritu de verdad (cf. Jn 4,24), adora al Padre, al Hijo y al Esp\u00edritu Santo, \u00abvenera con especial amor a Mar\u00eda Sant\u00edsima Madre de Dios\u00bb (3) y honra con religioso obsequio la memoria de los M\u00e1rtires y de los dem\u00e1s Santos.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El desarrollo, deseado por Nos, de la devoci\u00f3n a la Sant\u00edsima Virgen, insertada en el cauce del \u00fanico culto que \u00abjusta y merecidamente\u00bb se llama \u00abcristiano\u00bb \u2014porque en Cristo tiene su origen y eficacia, en Cristo halla plena expresi\u00f3n y por medio de Cristo conduce en el Esp\u00edritu al Padre\u2014, es un elemento cualificador de la genuina piedad de la Iglesia. En efecto, por \u00edntima necesidad la Iglesia refleja en la praxis cultual el plan redentor de Dios, debido a lo cual corresponde un culto singular al puesto tambi\u00e9n singular que Mar\u00eda ocupa dentro de \u00e9l(4); asimismo todo desarrollo aut\u00e9ntico del culto cristiano redunda necesariamente en un correcto incremento de la veneraci\u00f3n a la Madre del Se\u00f1or. Por lo dem\u00e1s, la historia de la piedad filial como \u00ablas diversas formas de piedad hacia la Madre de Dios, aprobadas por la Iglesia dentro de los l\u00edmites de la doctrina sana y ortodoxa\u00bb (5), se desarrolla en arm\u00f3nica subordinaci\u00f3n al culto a Cristo y gravitan en torno a \u00e9l como su natural y necesario punto de referencia. Tambi\u00e9n en nuestra \u00e9poca sucede as\u00ed. La reflexi\u00f3n de la Iglesia contempor\u00e1nea sobre el misterio de Cristo y sobre su propia naturaleza la ha llevado a encontrar, como ra\u00edz del primero y como coronaci\u00f3n de la segunda, la misma figura de mujer: la Virgen Mar\u00eda, Madre precisamente de Cristo y Madre de la Iglesia. Un mejor conocimiento de la misi\u00f3n de Mar\u00eda, se ha transformado en gozosa veneraci\u00f3n hacia ella y en adorante respeto hacia el sabio designio de Dios, que ha colocado en su Familia -la Iglesia-, como en todo hogar dom\u00e9stico, la figura de una Mujer, que calladamente y en esp\u00edritu de servicio vela por ella y \u00abprotege benignamente su camino hacia la patria, hasta que llegue el d\u00eda glorioso del Se\u00f1or\u00bb (6).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En nuestro tiempo, los caminos producidos en las usanzas sociales, en la sensibilidad de los pueblos, en los modos de expresi\u00f3n de la literatura y del arte, en las formas de comunicaci\u00f3n social han influido tambi\u00e9n sobre las manifestaciones del sentimiento religioso. Ciertas pr\u00e1cticas cultuales, que en un tiempo no lejano parec\u00edan apropiadas para expresar el sentimiento religioso de los individuos y de las comunidades cristianas, parecen hoy insuficientes o inadecuadas porque est\u00e1n vinculadas a esquemas socioculturales del pasado, mientras en distintas partes se van buscando nuevas formas expresivas de la inmutable relaci\u00f3n de la criatura con su Creador, de los hijos con su Padre. Esto puede producir en algunos una moment\u00e1nea desorientaci\u00f3n; pero todo aquel que con la confianza puesta en Dios reflexione sobre estos fen\u00f3menos, descubrir\u00e1 que muchas tendencias de la piedad contempor\u00e1nea \u2014por ejemplo, la interiorizaci\u00f3n del sentimiento religioso\u2014 est\u00e1n llamadas a contribuir al desarrollo de la piedad cristiana en general y de la piedad a la Virgen en particular. As\u00ed nuestra \u00e9poca, escuchando fielmente la tradici\u00f3n y considerando atentamente los progresos de la teolog\u00eda y de las ciencias, contribuir\u00e1 a la alabanza de Aquella que, seg\u00fan sus prof\u00e9ticas palabras, llamar\u00e1n bienaventurada todas las generaciones (cf. Lc 1,48).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Juzgamos, por tanto, conforme a nuestro servicio apost\u00f3lico tratar, como en un di\u00e1logo con vosotros, venerables hermanos, algunos temas referentes al puesto que ocupa la Sant\u00edsima Virgen en el culto de la Iglesia, ya tocados en parte por el Concilio Vaticano II (7) y por Nos mismo (8), pero sobre los que no ser\u00e1 in\u00fatil volver para disipar dudas y, sobre todo, para favorecer el desarrollo de aquella devoci\u00f3n a la Virgen que en la Iglesia ahonda sus motivaciones en la Palabra de Dios y se practica en el Esp\u00edritu de Cristo.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Quisi\u00e9ramos, pues, detenernos ahora en algunas cuestiones sobre la relaci\u00f3n entre la sagrada Liturgia y el culto a la Virgen (I); ofrecer consideraciones y directrices aptas a favorecer su leg\u00edtimo desarrollo (II); sugerir, finalmente, algunas reflexiones para una reanudaci\u00f3n vigorosa y m\u00e1s consciente del rezo del Santo Rosario, cuya pr\u00e1ctica ha sido tan recomendada por nuestros Predecesores y ha obtenido tanta difusi\u00f3n entre el pueblo cristiano (III). .\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">PARTE I\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">EL CULTO A LA VIRGEN EN LA LITURGIA\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">1. Al disponernos a tratar del puesto que ocupa la Sant\u00edsima Virgen en el culto cristiano, debemos dirigir previamente nuestra atenci\u00f3n a la sagrada Liturgia; ella, en efecto, adem\u00e1s de un rico contenido doctrinal, posee una incomparable eficacia pastoral y un reconocido valor de ejemplo para las otras formas de culto. Hubi\u00e9ramos querido tomar en consideraci\u00f3n las distintas Liturgias de Oriente y Occidente; pero, teniendo en cuenta la finalidad de este documento, nos fijaremos casi exclusivamente en los libros de Rito romano: en efecto, s\u00f3lo \u00e9ste ha sido objeto, seg\u00fan las normas pr\u00e1cticas impartidas por el Concilio Vaticano II (9), de una profunda renovaci\u00f3n, a\u00fan en lo que ata\u00f1e a las expresiones de la veneraci\u00f3n a Mar\u00eda y que requiere, por ello, ser considerado y valorado atentamente.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Secci\u00f3n primera<br \/>\nLa virgen en la liturgia romana restaurada\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">2. La reforma de la Liturgia romana presupon\u00eda una atenta revisi\u00f3n de su Calendario General. \u00c9ste, ordenado a poner en su debido resalto la celebraci\u00f3n de la obra de la salvaci\u00f3n en d\u00edas determinados, distribuyendo a lo largo del ciclo anual todo el misterio de Cristo, desde la Encarnaci\u00f3n hasta la espera de su venida gloriosa (10), ha permitido incluir de manera m\u00e1s org\u00e1nica y con m\u00e1s estrecha cohesi\u00f3n la memoria de la Madre dentro del ciclo anual de los misterios del Hijo.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">3. As\u00ed, durante el tiempo de Adviento la Liturgia recuerda frecuentemente a la Sant\u00edsima Virgen \u2014aparte la solemnidad del d\u00eda 8 de diciembre, en que se celebran conjuntamente la Inmaculada Concepci\u00f3n de Mar\u00eda, la preparaci\u00f3n radical (cf. Is 11, 1.10) a la venida del Salvador y el feliz exordio de la Iglesia sin mancha ni arruga (11)\u2014, sobre todos los d\u00edas feriales del 17 al 24 de diciembre y, m\u00e1s concretamente, el domingo anterior a la Navidad, en que hace resonar antiguas voces prof\u00e9ticas sobre la Virgen Madre y el Mes\u00edas (12), y se leen episodios evang\u00e9licos relativos al nacimiento inminente de Cristo y del Precursor (13).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">4. De este modo, los fieles que viven con la Liturgia el esp\u00edritu del Adviento, al considerar el inefable amor con que la Virgen Madre esper\u00f3 al Hijo (14), se sentir\u00e1n animados a tomarla como modelos y a prepararse, \u00abvigilantes en la oraci\u00f3n y&#8230; jubilosos en la alabanza\u00bb (15), para salir al encuentro del Salvador que viene. Queremos, adem\u00e1s, observar c\u00f3mo en la Liturgia de Adviento, uniendo la espera mesi\u00e1nica y la espera del glorioso retorno de Cristo al admirable recuerdo de la Madre, presenta un feliz equilibrio cultual, que puede ser tomado como norma para impedir toda tendencia a separar, como ha ocurrido a veces en algunas formas de piedad popular el culto a la Virgen de su necesario punto de referencia: Cristo. Resulta as\u00ed que este periodo, como han observado los especialistas en liturgia, debe ser considerado como un tiempo particularmente apto para el culto de la Madre del Se\u00f1or: orientaci\u00f3n que confirmamos y deseamos ver acogida y seguida en todas partes.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">5. El tiempo de Navidad constituye una prolongada memoria de la maternidad divina, virginal, salv\u00edfica de Aquella \u00abcuya virginidad intacta dio a este mundo un Salvador\u00bb (16): efectivamente, en la solemnidad de la Natividad del Se\u00f1or, la Iglesia, al adorar al divino Salvador, venera a su Madre gloriosa: en la Epifan\u00eda del Se\u00f1or, al celebrar la llamada universal a la salvaci\u00f3n, contempla a la Virgen, verdadera Sede de la Sabidur\u00eda y verdadera Madre del Rey, que ofrece a la adoraci\u00f3n de los Magos el Redentor de todas las gentes (cf. Mt 2, 11); y en la fiesta de la Sagrada Familia (domingo dentro de la octava de Navidad), escudri\u00f1a venerante la vida santa que llevan la casa de Nazaret Jes\u00fas, Hijo de Dios e Hijo del Hombre, Mar\u00eda, su Madre, y Jos\u00e9, el hombre justo (cf. Mt 1,19).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En la nueva ordenaci\u00f3n del periodo natalicio, Nos parece que la atenci\u00f3n com\u00fan se debe dirigir a la renovada solemnidad de la Maternidad de Mar\u00eda; \u00e9sta, fijada en el d\u00eda primero de enero, seg\u00fan la antigua sugerencia de la Liturgia de Roma, est\u00e1 destinada a celebrar la parte que tuvo Mar\u00eda en el misterio de la salvaci\u00f3n y a exaltar la singular dignidad de que goza la Madre Santa, por la cual merecimos recibir al Autor de la vida (17); y es as\u00ed mismo, ocasi\u00f3n propicia para renovar la adoraci\u00f3n al reci\u00e9n nacido Pr\u00edncipe de la paz, para escuchar de nuevo el jubiloso anuncio ang\u00e9lico (cf. Lc 2, 14), para implorar de Dios, por mediaci\u00f3n de la Reina de la paz, el don supremo de la paz. Por eso, en la feliz coincidencia de la octava de Navidad con el principio del nuevo a\u00f1o hemos instituido la \u00abJornada mundial de la Paz\u00bb, que goza de creciente adhesi\u00f3n y que est\u00e1 haciendo madurar frutos de paz en el coraz\u00f3n de tantos hombres.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">6. A las dos solemnidades ya mencionadas \u2014la Inmaculada Concepci\u00f3n y la Maternidad divina\u2014 se deben a\u00f1adir las antiguas y venerables celebraciones del 25 de marzo y del 15 de agosto.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Para la solemnidad de la Encarnaci\u00f3n del Verbo, en el Calendario Romano, con decisi\u00f3n motivada, se ha restablecido la antigua denominaci\u00f3n \u2014Anunciaci\u00f3n del Se\u00f1or\u2014, pero la celebraci\u00f3n era y es una fiesta conjunta de Cristo y de la Virgen: el Verbo que se hace \u00abhijo de Mar\u00eda\u00bb (Mc 6, 3), de la Virgen que se convierte en Madre de Dios. Con relaci\u00f3n a Cristo, el Oriente y el Occidente, en las inagotables riquezas de sus Liturgias, celebran dicha solemnidad como memoria del \u00abfiat\u00bb salvador del Verbo encarnado, que entrando en el mundo dijo: \u00abHe aqu\u00ed que vengo (&#8230;) para cumplir, oh Dios, tu voluntad\u00bb (cf. Hb 10, 7; Sal 39, 8-9); como conmemoraci\u00f3n del principio de la redenci\u00f3n y de la indisoluble y esponsal uni\u00f3n de la naturaleza divina con la humana en la \u00fanica persona del Verbo. Por otra parte, con relaci\u00f3n a Mar\u00eda, como fiesta de la nueva Eva, virgen fiel y obediente, que con su \u00abfiat\u00bb generoso (cf. Lc 1, 38) se convirti\u00f3, por obra del Esp\u00edritu, en Madre de Dios y tambi\u00e9n en verdadera Madre de los vivientes, y se convirti\u00f3 tambi\u00e9n, al acoger en su seno al \u00fanico Mediador (cf. 1Tim 2, 5), en verdadera Arca de la Alianza y verdadero Templo de Dios; como memoria de un momento culminante del di\u00e1logo de salvaci\u00f3n entre Dios y el hombre, y conmemoraci\u00f3n del libre consentimiento de la Virgen y de su concurso al plan de la redenci\u00f3n.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La solemnidad del 15 de agosto celebra la gloriosa Asunci\u00f3n de Mar\u00eda al cielo: fiesta de su destino de plenitud y de bienaventuranza, de la glorificaci\u00f3n de su alma inmaculada y de su cuerpo virginal, de su perfecta configuraci\u00f3n con Cristo resucitado; una fiesta que propone a la Iglesia y ala humanidad la imagen y la consoladora prenda del cumplimiento de la esperanza final; pues dicha glorificaci\u00f3n plena es el destino de aquellos que Cristo ha hechos hermanos teniendo \u00aben com\u00fan con ellos la carne y la sangre\u00bb (Hb 2, 14; cf. Gal 4, 4). La solemnidad de la Asunci\u00f3n se prolonga jubilosamente en la celebraci\u00f3n de la fiesta de la Realeza de Mar\u00eda, que tiene lugar ocho d\u00edas despu\u00e9s y en la que se contempla a Aquella que, sentada junto al Rey de los siglos, resplandece como Reina e intercede como Madre (18). Cuatro solemnidades, pues, que puntualizan con el m\u00e1ximo grado lit\u00fargico las principales verdades dogm\u00e1ticas que se refieren a la humilde Sierva del Se\u00f1or.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">7. Despu\u00e9s de estas solemnidades se han de considerar, sobre todo, las celebraciones que conmemoran acontecimientos salv\u00edficos, en los que la Virgen estuvo estrechamente vinculada al Hijo, como las fiestas de la Natividad de Mar\u00eda (8 setiembre), \u00abesperanza de todo el mundo y aurora de la salvaci\u00f3n\u00bb (19); de la Visitaci\u00f3n (31 mayo), en la que la Liturgia recuerda a la \u00abSant\u00edsima Virgen&#8230; que lleva en su seno al Hijo\u00bb (20), que se acerca a Isabel para ofrecerle la ayuda de su caridad y proclamar la misericordia de Dios Salvador (21); o tambi\u00e9n la memoria de la Virgen Dolorosa (15 setiembre), ocasi\u00f3n propicia para revivir un momento decisivo de la historia de la salvaci\u00f3n y para venerar junto con el Hijo \u00abexaltado en la Cruz a la Madre que comparte su dolor\u00bb (22).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Tambi\u00e9n la fiesta del 2 de febrero, a la que se ha restituido la denominaci\u00f3n de la Presentaci\u00f3n del Se\u00f1or, debe ser considerada para poder asimilar plenamente su ampl\u00edsimo contenido, como memoria conjunta del Hijo y de la Madre, es decir, celebraci\u00f3n de un misterio de la salvaci\u00f3n realizado por Cristo, al cual la Virgen estuvo \u00edntimamente unida como Madre del Siervo doliente de Yahv\u00e9, como ejecutora de una misi\u00f3n referida al antiguo Israel y como modelo del nuevo Pueblo de Dios, constantemente probado en la fe y en la esperanza del sufrimiento y por la persecuci\u00f3n (cf. Lc 2, 21-35).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">8. Por m\u00e1s que el Calendario Romano restaurado pone de relieve sobre todo las celebraciones mencionadas m\u00e1s arriba, incluye no obstante otro tipo de memorias o fiestas vinculadas a motivo de culto local, pero que han adquirido un inter\u00e9s m\u00e1s amplio (11 febrero: la Virgen de Lourdes; 5 agosto: la dedicaci\u00f3n de la Bas\u00edlica de Santa Mar\u00eda); a otras celebradas originariamente en determinadas familias religiosas, pero que hoy, por la difusi\u00f3n alcanzada, pueden considerarse verdaderamente eclesiales (16 julio: la Virgen del Carmen; 7 octubre: la Virgen del Rosario); y algunas m\u00e1s que, prescindiendo del aspecto ap\u00f3crifo, proponen contenidos de alto valor ejemplar, continuando venerables tradiciones, enraizadas sobre todo en Oriente (21 noviembre: la Presentaci\u00f3n de la Virgen Mar\u00eda); o manifiestan orientaciones que brotan de la piedad contempor\u00e1nea (s\u00e1bado del segundo domingo despu\u00e9s de Pentecost\u00e9s: el Inmaculado Coraz\u00f3n de Mar\u00eda).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">9. Ni debe olvidarse que el Calendario Romano General no registra todas las celebraciones de contenido mariano: pues corresponde a los Calendarios particulares recoger, con fidelidad a las normas lit\u00fargicas pero tambi\u00e9n con adhesi\u00f3n de coraz\u00f3n, las fiestas marianas propias de las distintas Iglesias locales. Y nos falta mencionar la posibilidad de una frecuente conmemoraci\u00f3n lit\u00fargica mariana con el recurso a la Memoria de Santa Mar\u00eda \u00abin Sabbato\u00bb: memoria antigua y discreta, que la flexibilidad del actual Calendario y la multiplicidad de los formularios del Misal hacen extraordinariamente f\u00e1cil y variada.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">10. En esta Exhortaci\u00f3n Apost\u00f3lica no intentamos considerar todo el contenido del nuevo Misal Romano, sino que, en orden a la obra de valoraci\u00f3n que nos hemos prefijado realizar en relaci\u00f3n a los libros restaurados del Rito Romano (23), deseamos poner de relieve algunos aspectos y temas. Y queremos, sobre todo, destacar c\u00f3mo las preces eucar\u00edsticas del Misal, en admirable convergencia con las liturgias orientales (24), contienen una significativa memoria de la Sant\u00edsima Virgen. As\u00ed lo hace el antiguo Canon Romano, que conmemora la Madre del Se\u00f1or en densos t\u00e9rminos de doctrina y de inspiraci\u00f3n cultual: \u00abEn comuni\u00f3n con toda la Iglesia, veneramos la memoria, ante todo, de la glorioso siempre Virgen Mar\u00eda, Madre de Jesucristo, nuestro Dios y Se\u00f1or\u00bb; as\u00ed tambi\u00e9n el reciente Canon III, que expresa con intenso anhelo el deseo de los orantes de compartir con la Madre la herencia de hijos: \u00abQu\u00e9 \u00c9l nos transforme en ofrenda permanente, para que gocemos de tu heredad junto con tus elegidos: con Mar\u00eda, la Virgen\u00bb. Dicha memoria cotidiana por su colocaci\u00f3n en el centro del Santo Sacrificio debe ser tenida como una forma particularmente expresiva del culto que la Iglesia rinde a la \u00abBendita del Alt\u00edsimo\u00bb (cf. Lc 1,28).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">11. Recorriendo despu\u00e9s los textos del Misal restaurado, vemos c\u00f3mo los grandes temas marianos de la eucolog\u00eda romana \u2014el tema de la Inmaculada Concepci\u00f3n y de la plenitud de gracia, de la Maternidad divina, de la integ\u00e9rrima y fecunda virginidad, del \u00abtemplo del Esp\u00edritu Santo\u00bb, de la cooperaci\u00f3n a la obra del Hijo, de la santidad ejemplar, de la intercesi\u00f3n misericordiosa, de la Asunci\u00f3n al cielo, de la realeza maternal y algunos m\u00e1s\u2014 han sido recogidos en perfecta continuidad con el pasado, y c\u00f3mo otros temas, nuevos en un cierto sentido, han sido introducidos en perfecta adherencia con el desarrollo teol\u00f3gico de nuestro tiempo. As\u00ed, por ejemplo, el tema Mar\u00eda-Iglesia ha sido introducido en los textos del Misal con variedad de aspectos como variadas y m\u00faltiples son las relaciones que median entre la Madre de Cristo y la Iglesia. En efecto, dichos textos, en la Concepci\u00f3n sin mancha de la Virgen, reconocen el exordio de la Iglesia, Esposa sin mancilla de Cristo (25); en la Asunci\u00f3n reconocen el principio ya cumplida y la imagen de aquello que para toda la Iglesia, debe todav\u00eda cumplirse (26); en el misterio de la Maternidad la proclaman Madre de la Cabeza y de los miembros: Santa Madre de Dios, pues, y pr\u00f3vida Madre de la Iglesia (27).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Finalmente, cuando la Liturgia dirige su mirada a la Iglesia primitiva y a la contempor\u00e1nea, encuentra puntualmente a Mar\u00eda: all\u00ed, como presencia orante junto a los Ap\u00f3stoles (28); aqu\u00ed como presencia operante junto a la cual la Iglesia quiere vivir el misterio de Cristo: \u00ab&#8230; haz que tu santa Iglesia, asociada con ella (Mar\u00eda) a la pasi\u00f3n de Cristo, part\u00edcipe en la gloria de la resurrecci\u00f3n\u00bb (29); y como voz de alabanza junto a la cual quiere glorificar a Dios: \u00ab&#8230;para engrandecer con ella (Mar\u00eda) tu santo nombre\u00bb (30), y, puesto que la Liturgia es culto que requiere una conducta coherente de vida, ella pide traducir el culto a la Virgen en un concreto y sufrido amor por la Iglesia, como propone admirablemente la oraci\u00f3n de despu\u00e9s de la comuni\u00f3n del 15 de setiembre: \u00ab&#8230;para que recordando a la Sant\u00edsima Virgen Dolorosa, completemos en nosotros, por el bien de la santa Iglesia, lo que falta a la pasi\u00f3n de Cristo\u00bb.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">12. El Leccionario de la Misa es uno de los libros del Rito Romano que se ha beneficiado m\u00e1s que los textos incluidos, sea por su valor intr\u00ednseco: se trata, en efecto, de textos que contienen la palabra de Dios, siempre viva y eficaz (cf. Heb 4,12). Esta abundant\u00edsima selecci\u00f3n de textos b\u00edblicos ha permitido exponer en un ordenado ciclo trienal toda la historia de la salvaci\u00f3n y proponer con mayor plenitud el misterio de Cristo. Como l\u00f3gica consecuencia ha resultado que el Leccionario contiene un n\u00famero mayor de lecturas vetero y neotestamentarias relativas a la bienaventurada Virgen, aumento num\u00e9rico no carente, sin embargo, de una cr\u00edtica serena, porque han sido recogidas \u00fanicamente aquellas lecturas que, o por la evidencia de su contenido o por las indicaciones de una atenta ex\u00e9gesis, avalada por las ense\u00f1anzas del Magisterio o por una s\u00f3lida tradici\u00f3n, puedan considerarse, aunque de manera y en grado diversos, de car\u00e1cter mariano. Adem\u00e1s conviene observar que estas lecturas no est\u00e1n exclusivamente limitadas a las fiestas de la Virgen, sino que son proclamadas en otras muchas ocasiones: en algunos domingos del a\u00f1o lit\u00fargico (31), en la celebraci\u00f3n de ritos que tocan profundamente la vida sacramental del cristiano y sus elecciones (32), as\u00ed como en circunstancias alegres o tristes de su existencia (33).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">13. Tambi\u00e9n el restaurado libro de La Liturgia de las Horas, contiene preclaros testimonios de piedad hacia la Madre del Se\u00f1or: en las composiciones h\u00edmnicas, entre las que no faltan algunas obras de arte de la literatura universal, como la sublime oraci\u00f3n de Dante a la Virgen (34); en las ant\u00edfonas que cierran el Oficio divino de cada d\u00eda, imploraciones l\u00edricas, a las que se ha a\u00f1adido el c\u00e9lebre tropario \u00abSub tuum praesidium\u00bb, venerable por su antig\u00fcedad y admirable por su contenido; en las intercesiones de Laudes y V\u00edsperas, en las que no es infrecuente el confiado recurso a la Madre de Misericordia; en la vast\u00edsima selecci\u00f3n de p\u00e1ginas marianas debidas a autores de los primeros siglos del cristianismo, de la edad media y de la edad moderna.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">14. Si en el Misal, en el Leccionario y en la Liturgia de las Horas, quicios de la oraci\u00f3n lit\u00fargica romana, retorna con ritmo frecuente la memoria de la Virgen, tampoco en los otros libros lit\u00fargicos restaurados faltan expresiones de amor y de suplicante veneraci\u00f3n hacia la \u00abTheotocos\u00bb: as\u00ed la Iglesia la invoca como Madre de la gracia antes de la inmersi\u00f3n de los candidatos en las aguas regeneradoras del bautismo (35); implora su intercesi\u00f3n sobre las madres que, agradecidas por el don de la maternidad, se presentan gozosas en el templo (36); la ofrece como ejemplo a sus miembros que abrazan el surgimiento de Cristo en la vida religiosa (37) o reciben la consagraci\u00f3n virginal (38), y pide para ellos su maternal ayuda (39); a Ella dirige s\u00faplica insistentes en favor de los hijos que han llegado a la hora del tr\u00e1nsito (40); pide su intercesi\u00f3n para aquello que, cerrados sus ojos a la luz temporal se han presentado delante de Cristo, Luz eterna (41); e invoca, por su intercesi\u00f3n, el consuelo para aquellos que, inmersos en el dolor, lloran con fe separaci\u00f3n de sus seres queridos (42).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">15. El examen realizado sobre los libros lit\u00fargicos restaurados lleva, pues, a una confortadora constataci\u00f3n: la instauraci\u00f3n postconciliar, como estaba ya en el esp\u00edritu del Movimiento Lit\u00fargico, ha considerado como adecuada perspectiva a la Virgen en el misterio de Cristo y, en armon\u00eda con la tradici\u00f3n, le ha reconocido el puesto singular que le corresponde dentro del culto cristiano, como Madre Santa de Dios, \u00edntimamente asociada al Redentor.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">No pod\u00eda ser otra manera. En efecto, recorriendo la historia del culto cristiano se nota que en Oriente como en Occidente las m\u00e1s altas y las m\u00e1s l\u00edmpidas expresiones de la piedad hacia la bienaventurada Virgen ha florecido en el \u00e1mbito de la Liturgia o han sido incorporadas a ella.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Deseamos subrayarlo: el culto que la Iglesia universal rinde hoy a la Sant\u00edsima Virgen es una derivaci\u00f3n, una prolongaci\u00f3n y un incremento incesante del culto que la Iglesia de todos los tiempos le han tributado con escrupuloso estudio de la verdad y como siempre prudente nobleza de formas. De la tradici\u00f3n perenne, viva por la presencia ininterrumpida del Esp\u00edritu y por la escucha continuada de la Palabra, la Iglesia de nuestro tiempo saca motivaciones, argumentos y est\u00edmulo para el culto que rinde a la bienaventurada Virgen. Y de esta viva tradici\u00f3n es expresi\u00f3n alt\u00edsima y prueba fehaciente la liturgia, que recibe del Magisterio garant\u00eda y fuerza.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Secci\u00f3n segunda<br \/>\nLa Virgen modelo de la Iglesia en el ejercicio del culto\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">16. Queremos ahora, siguiendo algunas indicaciones de la doctrina conciliar sobre Mar\u00eda y la Iglesia, profundizar un aspecto particular de las relaciones entre Mar\u00eda y la Liturgia, es decir: Mar\u00eda como ejemplo de la actitud espiritual con que la Iglesia celebra y vive los divinos misterios. La ejemplaridad de la Sant\u00edsima Virgen en este campo dimana del hecho que ella es reconocida como modelo extraordinario de la Iglesia en el orden de la fe, de la caridad y de la perfecta uni\u00f3n con Cristo (43) esto es, de aquella disposici\u00f3n interior con que la Iglesia, Esposa amad\u00edsima, estrechamente asociada a su Se\u00f1or, lo invoca y por su medio rinde culto al Padre Eterno (44).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">17. Mar\u00eda es la \u00abVirgen oyente\u00bb, que acoge con fe la palabra de Dios: fe, que para ella fue premisa y camino hacia la Maternidad divina, porque, como intuy\u00f3 S. Agust\u00edn: \u00abla bienaventurada Virgen Mar\u00eda concibi\u00f3 creyendo al (Jes\u00fas) que dio a luz creyendo\u00bb (45); en efecto, cuando recibi\u00f3 del \u00c1ngel la respuesta a su duda (cf. Lc 1,34-37) \u00abElla, llena de fe, y concibiendo a Cristo en su mente antes que en su seno\u00bb, dijo: \u00abhe aqu\u00ed la esclava del Se\u00f1or, h\u00e1gase en m\u00ed seg\u00fan tu palabra\u00bb (Lc 1,38) (46); fe, que fue para ella causa de bienaventuranza y seguridad en el cumplimiento de la palabra del Se\u00f1or\u00bb (Lc 1, 45): fe, con la que Ella, protagonista y testigo singular de la Encarnaci\u00f3n, volv\u00eda sobre los acontecimientos de la infancia de Cristo, confront\u00e1ndolos entre s\u00ed en lo hondo de su coraz\u00f3n (Cf. Lc 2, 19. 51). Esto mismo hace la Iglesia, la cual, sobre todo en la sagrada Liturgia, escucha con fe, acoge, proclama, venera la palabra de Dios, la distribuye a los fieles como pan de vida (47) y escudri\u00f1a a su luz los signos de los tiempos, interpreta y vive los acontecimientos de la historia.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">18. Mar\u00eda es, asimismo, la \u00abVirgen orante\u00bb. As\u00ed aparece Ella en la visita a la Madre del Precursor, donde abre su esp\u00edritu en expresiones de glorificaci\u00f3n a Dios, de humildad, de fe, de esperanza: tal es el \u00abMagnificat\u00bb(cf. Lc 1, 46-55), la oraci\u00f3n por excelencia de Mar\u00eda, el canto de los tiempos mesi\u00e1nicos, en el que confluyen la exultaci\u00f3n del antiguo y del nuevo Israel, porque \u2014como parece sugerir S. Ireneo\u2014 en el c\u00e1ntico de Mar\u00eda fluy\u00f3 el regocijo de Abrah\u00e1n que present\u00eda al Mes\u00edas (cf. Jn 8, 56) (48) y reson\u00f3, anticipada prof\u00e9ticamente, la voz de la Iglesia: \u00abSaltando de gozo, Mar\u00eda proclama prof\u00e9ticamente el nombre de la Iglesia: \u00abMi alma engrandece al Se\u00f1or&#8230;\u00bb \u00bb (49). En efecto, el c\u00e1ntico de la Virgen, al difundirse, se ha convertido en oraci\u00f3n de toda la Iglesia en todos los tiempos.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00abVirgen orante\u00bb aparece Mar\u00eda en Can\u00e1, donde, manifestando al Hijo con delicada s\u00faplica una necesidad temporal, obtiene adem\u00e1s un efecto de la gracia: que Jes\u00fas, realizando el primero de sus \u00absignos\u00bb, confirme a sus disc\u00edpulos en la fe en El (cf. Jn 2, 1-12).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Tambi\u00e9n el \u00faltimo trazo biogr\u00e1fico de Mar\u00eda nos la describe en oraci\u00f3n: los Ap\u00f3stoles \u00abperseveraban un\u00e1nimes en la oraci\u00f3n, juntamente con las mujeres y con Mar\u00eda, Madre de Jes\u00fas, y con sus hermanos\u00bb(Act 1, 14): presencia orante de Mar\u00eda en la Iglesia naciente y en la Iglesia de todo tiempo, porque Ella, asunta al cielo, no ha abandonado su misi\u00f3n de intercesi\u00f3n y salvaci\u00f3n (50). \u00abVirgen orante\u00bb es tambi\u00e9n la Iglesia, que cada d\u00eda presenta al Padre las necesidades de sus hijos, \u00abalaba incesantemente al Se\u00f1or e intercede por la salvaci\u00f3n del mundo\u00bb (51).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">19. Mar\u00eda es tambi\u00e9n la \u00abVirgen-Madre\u00bb, es decir, aquella que \u00abpor su fe y obediencia engendr\u00f3 en la tierra al mismo Hijo del Padre, sin contacto con hombre, sino cubierta por la sombra del Esp\u00edritu Santo\u00bb (52): prodigiosa maternidad constituida por Dios como \u00abtipo\u00bb y \u00abejemplar\u00bb de la fecundidad de la Virgen-Iglesia, la cual \u00abse convierte ella misma en Madre, porque con la predicaci\u00f3n y el bautismo engendra a una vida nueva e inmortal a los hijos, concebidos por obra del Esp\u00edritu Santo, y nacidos de Dios\u00bb (53). Justamente los antiguos Padres ense\u00f1aron que la Iglesia prolonga en el sacramento del Bautismo la Maternidad virginal de Mar\u00eda. Entre sus testimonios nos complacemos en recordar el de nuestro eximio Predecesor San Le\u00f3n Magno, quien en una homil\u00eda natalicia afirma: \u00abEl origen que (Cristo) tom\u00f3 en el seno de la Virgen, lo ha puesto en la fuente bautismal: ha dado al agua lo que dio a la Madre; en efecto, la virtud del Alt\u00edsimo y la sombra del Esp\u00edritu Santo (cf. Lc 1, 35), que hizo que Mar\u00eda diese a luz al Salvador, hace tambi\u00e9n que el agua regenere al creyente\u00bb (54). Queriendo beber (cf. Lev 12,6-8), un misterio de salvaci\u00f3n relativo en las fuentes lit\u00fargicas, podr\u00edamos citar la Illatio de la liturgia hisp\u00e1nica: \u00abElla (Mar\u00eda) llev\u00f3 la Vida en su seno, \u00e9sta (la Iglesia) en el bautismo. En los miembros de aqu\u00e9lla se plasm\u00f3 Cristo, en las aguas bautismales el regenerado se reviste de Cristo\u00bb (55).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">20. Finalmente, Mar\u00eda es la \u00abVirgen oferente\u00bb. En el episodio de la Presentaci\u00f3n de Jes\u00fas en el Templo (cf. Lc 2, 22-35), la Iglesia, guiada por el Esp\u00edritu, ha vislumbrado, m\u00e1s all\u00e1 del cumplimiento de las leyes relativas a la oblaci\u00f3n del primog\u00e9nito (cf. Ex 13, 11-16) y de la purificaci\u00f3n de la madre (cf. Lev 12, 6-8), un misterio de salvaci\u00f3n relativo a la historia salv\u00edfica: esto es, ha notado la continuidad de la oferta fundamental que el Verbo encarnado hizo al Padre al entrar en el mundo (cf. Heb 10, 5-7); ha visto proclamado la universalidad de la salvaci\u00f3n, porque Sime\u00f3n, saludando en el Ni\u00f1o la luz que ilumina las gentes y la gloria de Israel (cf. Lc 2, 32), reconoc\u00eda en El al Mes\u00edas, al Salvador de todos; ha comprendido la referencia prof\u00e9tica a la pasi\u00f3n de Cristo: que las palabras de Sime\u00f3n, las cuales un\u00edan en un solo vaticinio al Hijo, \u00absigno de contradicci\u00f3n\u00bb, (Lc 2, 34), y a la Madre, a quien la espada habr\u00eda de traspasar el alma (cf. Lc 2, 35), se cumplieron sobre el calvario. Misterio de salvaci\u00f3n, pues, que el episodio de la Presentaci\u00f3n en el Templo orienta en sus varios aspectos hacia el acontecimiento salv\u00edfico de la cruz. Pero la misma Iglesia, sobre todo a partir de los siglos de la Edad Media, ha percibido en el coraz\u00f3n de la Virgen que lleva al Ni\u00f1o a Jerusal\u00e9n para presentarlo al Se\u00f1or (cf. Lc 2, 22), una voluntad de oblaci\u00f3n que trascend\u00eda el significado ordinario del rito. De dicha intuici\u00f3n encontramos un testimonio en el afectuoso ap\u00f3strofe de S. Bernardo: \u00abOfrece tu Hijo, Virgen sagrada, y presenta al Se\u00f1or el fruto bendito de tu vientre. Ofrece por la reconciliaci\u00f3n de todos nosotros la v\u00edctima santa, agradable a Dios\u00bb (56).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Esta uni\u00f3n de la Madre con el Hijo en la obra de la redenci\u00f3n (57) alcanza su culminaci\u00f3n en el calvario, donde Cristo \u00aba si mismo se ofreci\u00f3 inmaculado a Dios\u00bb (Heb 9, 14) y donde Mar\u00eda estuvo junto a la cruz (cf. Jn 19, 15) \u00absufriendo profundamente con su Unig\u00e9nito y asoci\u00e1ndose con \u00e1nimo materno a su sacrificio, adhiri\u00e9ndose con \u00e1nimo materno a su sacrificio, adhiri\u00e9ndose amorosamente a la inmolaci\u00f3n de la V\u00edctima por Ella engendrada\u00bb (58) y ofreci\u00e9ndola Ella misma al Padre Eterno (59). Para perpetuar en los siglos el Sacrificio de la Cruz, el Salvador instituy\u00f3 el Sacrificio Eucar\u00edstico, memorial de su muerte y resurrecci\u00f3n, y lo confi\u00f3 a la Iglesia su Esposa (60), la cual, sobre todo el domingo, convoca a los fieles para celebrar la Pascua del Se\u00f1or hasta que El venga (61): lo que cumple la Iglesia en comuni\u00f3n con los Santos del cielo y, en primer lugar, con la bienaventurada Virgen (62), de la que imita la caridad ardiente y la fe inquebrantable.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">21. Ejemplo para toda la Iglesia en el ejercicio del culto divino, Mar\u00eda es tambi\u00e9n, evidentemente, maestra de vida espiritual para cada uno de los cristianos. Bien pronto los fieles comenzaron a fijarse en Mar\u00eda para, como Ella, hacer de la propia vida un culto a Dios, y de su culto un compromiso de vida. Ya en el siglo IV, S. Ambrosio, hablando a los fieles, hac\u00eda votos para que en cada uno de ellos estuviese el alma de Mar\u00eda para glorificar a Dios: \u00abQue el alma de Mar\u00eda est\u00e1 en cada uno para alabar al Se\u00f1or; que su esp\u00edritu est\u00e1 en cada uno para que se alegre en Dios\u00bb (63). Pero Mar\u00eda es, sobre todo, modelo de aquel culto que consiste en hacer de la propia vida una ofrenda a Dios: doctrina antigua, perenne, que cada uno puede volver a escuchar poniendo atenci\u00f3n en la ense\u00f1anza de la Iglesia, pero tambi\u00e9n con el o\u00eddo atento a la voz de la Virgen cuando Ella, anticipando en s\u00ed misma la estupenda petici\u00f3n de la oraci\u00f3n dominical \u00abH\u00e1gase tu voluntad\u00bb (Mt 6, 10), respondi\u00f3 al mensajero de Dios: \u00abHe aqu\u00ed la esclava del Se\u00f1or, h\u00e1gase en m\u00ed seg\u00fan tu palabra\u00bb (Lc 1, 38). Y el \u00abs\u00ed\u00bb de Mar\u00eda es para todos los cristianos una lecci\u00f3n y un ejemplo para convertir la obediencia a la voluntad del Padre, en camino y en medio de santificaci\u00f3n propia.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">22. Por otra parte, es importante observar c\u00f3mo traduce la Iglesia las m\u00faltiples relaciones que la unen a Mar\u00eda en distintas y eficaces actitudes cultuales: en veneraci\u00f3n profunda, cuando reflexiona sobre la singular dignidad de la Virgen, convertida, por obra del Esp\u00edritu Santo, en Madre del Verbo Encarnado; en amor ardiente, cuando considera la Maternidad espiritual de Mar\u00eda para con todos los miembros del Cuerpo m\u00edstico; en confiada invocaci\u00f3n, cuando experimenta la intercesi\u00f3n de su Abogada y Auxiliadora (64); en servicio de amor, cuando descubre en la humilde sierva del Se\u00f1or a la Reina de misericordia y a la Madre de la gracia; en operosa imitaci\u00f3n, cuando contempla la santidad y las virtudes de la \u00abllena de gracia\u00bb (Lc 1, 28); en conmovido estupor, cuando contempla en Ella, \u00abcomo en una imagen pur\u00edsima, todo lo que ella desea y espera ser\u00bb (65); en atento estudio, cuando reconoce en la Cooperadora del Redentor, ya plenamente part\u00edcipe de los frutos del Misterio Pascual, el cumplimiento prof\u00e9tico de su mismo futuro, hasta el d\u00eda en que, purificada de toda arruga y toda mancha (cf. Ef 5, 27), se convertir\u00e1 en una esposa ataviada para el Esposo Jesucristo (cf. Ap 21, 2).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">23. Considerando, pues, venerable hermanos, la veneraci\u00f3n que la tradici\u00f3n lit\u00fargica de la Iglesia universal y el renovado Rito romano manifiestan hacia la santa Madre de Dios; recordando que la Liturgia, por su preeminente valor cultual, constituye una norma de oro para la piedad cristiana; observando, finalmente, c\u00f3mo la Iglesia, cuando celebra los sagrados misterios, adopta una actitud de fe y de amor semejantes a los de la Virgen, comprendemos cu\u00e1n justa es la exhortaci\u00f3n del Concilio Vaticano II a todos los hijos de la Iglesia \u00abpara que promuevan generosamente el culto, especialmente lit\u00fargico, a la bienaventurada Virgen\u00bb (66); exhortaci\u00f3n que desear\u00edamos ver acogida sin reservas en todas partes y puesta en pr\u00e1ctica celosamente.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">PARTE II\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">POR UNA RENOVACI\u00d3N DE LA PIEDAD MARIANA\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n24. Pero el mismo Concilio Vaticano II exhorta a promover, junto al culto lit\u00fargico, otras formas de piedad, sobre todo las recomendadas por el Magisterio (67) . Sin embargo, como es bien sabido, la veneraci\u00f3n de los fieles hacia la Madre de Dios ha tomado formas diversas seg\u00fan las circunstancias de lugar y tiempo, la distinta sensibilidad de los pueblos y su diferente tradici\u00f3n cultural. As\u00ed resulta que las formas en que se manifiesta dicha piedad, sujetas al desgaste del tiempo, parecen necesitar una renovaci\u00f3n que permita sustituir en ellas los elementos caducos, dar valor a los perennes e incorporar los nuevos datos doctrinales adquiridos por la reflexi\u00f3n teol\u00f3gica y propuestos por el magisterio eclesi\u00e1stico. Esto muestra la necesidad de que las Conferencias Episcopales, las Iglesias locales, las familias religiosas y las comunidades de fieles favorezcan una genuina actividad creadora y, al mismo tiempo, procedan a una diligente revisi\u00f3n de los ejercicios de piedad a la Virgen; revisi\u00f3n que quer\u00edamos fuese respetuosa para con la sana tradici\u00f3n y estuviera abierta a recoger las leg\u00edtimas aspiraciones de los hombres de nuestro tiempo. Por tanto nos parece oportuno, venerables hermanos, indicaros algunos principios que sirvan de base al trabajo en este campo.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Secci\u00f3n primera<br \/>\nNota trinitaria, cristol\u00f3gica y eclesial en el culto de la Virgen\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">25. Ante todo, es sumamente conveniente que los ejercicios de piedad a la Virgen Mar\u00eda expresen claramente la nota trinitaria y cristol\u00f3gica que les es intr\u00ednseca y esencial. En efecto, el culto cristiano es por su naturaleza culto al Padre, al Hijo y al Esp\u00edritu Santo o, como se dice en la Liturgia, al Padre por Cristo en el Esp\u00edritu. En esta perspectiva se extiende leg\u00edtimamente, aunque de modo esencialmente diverso, en primer lugar y de modo singular a la Madre del Se\u00f1or y despu\u00e9s a los Santos, en quienes, la Iglesia proclama el Misterio Pascual, porque ellos han sufrido con Cristo y con El han sido glorificados (68). En la Virgen Mar\u00eda todo es referido a Cristo y todo depende de El: en vistas a El, Dios Padre la eligi\u00f3 desde toda la eternidad como Madre toda santa y la adorn\u00f3 con dones del Esp\u00edritu Santo que no fueron concedidos a ning\u00fan otro. Ciertamente, la genuina piedad cristiana no ha dejado nunca de poner de relieve el v\u00ednculo indisoluble y la esencial referencia de la Virgen al Salvador Divino (69). Sin embargo, nos parece particularmente conforme con las tendencias espirituales de nuestra \u00e9poca, dominada y absorbida por la \u00abcuesti\u00f3n de Cristo\u00bb (70), que en las expresiones de culto a la Virgen se ponga en particular relieve el aspecto cristol\u00f3gico y se haga de manera que \u00e9stas reflejen el plan de Dios, el cual preestableci\u00f3 \u00abcon un \u00fanico y mismo decreto el origen de Mar\u00eda y la encarnaci\u00f3n de la divina Sabidur\u00eda\u00bb (71). Esto contribuir\u00e1 indudablemente a hacer m\u00e1s s\u00f3lida la piedad hacia la Madre de Jes\u00fas y a que esa misma piedad sea un instrumento eficaz para llegar al \u00abpleno conocimiento del Hijo de Dios, hasta alcanzar la medida de la plenitud de Cristo\u00bb (Ef 4,13); por otra parte, contribuir\u00e1 a incrementar el culto debido a Cristo mismo porque, seg\u00fan el perenne sentir de la Iglesia, confirmado de manera autorizada en nuestros d\u00edas (72), \u00abse atribuye al Se\u00f1or, lo que se ofrece como servicio a la Esclava; de este modo redunda en favor del Hijo lo que es debido a la Madre; y as\u00ed recae igualmente sobre el Rey el honor rendido como humilde tributo a la Reina\u00bb (73).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">26. A esta alusi\u00f3n sobre la orientaci\u00f3n cristol\u00f3gica del culto a la Virgen, nos parece \u00fatil a\u00f1adir una llamada a la oportunidad de que se d\u00e9 adecuado relieve a uno de los contenidos esenciales de la fe: la Persona y la obra del Esp\u00edritu Santo. La reflexi\u00f3n teol\u00f3gica y la Liturgia han subrayado, en efecto, c\u00f3mo la intervenci\u00f3n santificadora del Esp\u00edritu en la Virgen de Nazaret ha sido un momento culminante de su acci\u00f3n en la historia de la salvaci\u00f3n. As\u00ed, por ejemplo, algunos Santos Padres y Escritores eclesi\u00e1sticos atribuyeron a la acci\u00f3n del Esp\u00edritu la santidad original de Mar\u00eda, \u00abcomo plasmada y convertida en nueva criatura\u00bb por El (74); reflexionando sobre los textos evang\u00e9licos \u2014\u00bbel Esp\u00edritu Santo descender\u00e1 sobre ti y el poder del Alt\u00edsimo te cubrir\u00e1 con su sombra\u00bb (Lc 1,35) y \u00abMar\u00eda&#8230; se hall\u00f3 en cinta por obra del Esp\u00edritu Santo; (&#8230;) es obra del Esp\u00edritu Santo lo que en Ella se ha engendrado\u00bb (Mt 1,18.20)\u2014, descubrieron en la intervenci\u00f3n del Esp\u00edritu Santo una acci\u00f3n que consagr\u00f3 e hizo fecunda la virginidad de Mar\u00eda (75) y la transform\u00f3 en Aula del Rey (76), Templo o Tabern\u00e1culo del Se\u00f1or (77), Arca de la Alianza o de la Santificaci\u00f3n (78); t\u00edtulos todos ellos ricos de resonancias b\u00edblicas; profundizando m\u00e1s en el misterio de la Encarnaci\u00f3n, vieron en la misteriosa relaci\u00f3n Esp\u00edritu-Mar\u00eda un aspecto esponsalicio, descrito po\u00e9ticamente por Prudencio: \u00abla Virgen n\u00fabil se desposa con el Esp\u00edritu (79), y la llamaron sagrario del Esp\u00edritu Santo (80), expresi\u00f3n que subraya el car\u00e1cter sagrado de la Virgen convertida en mansi\u00f3n estable del Esp\u00edritu de Dios; adentr\u00e1ndose en la doctrina sobre el Par\u00e1clito, vieron que de El brot\u00f3, como de un manantial, la plenitud de la gracia (cf. Lc 1,28) y la abundancia de dones que la adornaban: de ah\u00ed que atribuyeron al Esp\u00edritu la fe, la esperanza y la caridad que animaron el coraz\u00f3n de la Virgen, la fuerza que sostuvo su adhesi\u00f3n a la voluntad de Dios, el vigor que la sostuvo durante su \u00abcompasi\u00f3n\u00bb a los pies de la cruz (81); se\u00f1alaron en el canto prof\u00e9tico de Mar\u00eda (Lc 1, 46-55) un particular influjo de aquel Esp\u00edritu que hab\u00eda hablado por boca de los profetas (82); finalmente, considerando la presencia de la Madre de Jes\u00fas en el cen\u00e1culo, donde el Esp\u00edritu descendi\u00f3 sobre la naciente Iglesia (cf. Act 1,12-14; 2,1-4), enriquecieron con nuevos datos el antiguo tema Mar\u00eda-Iglesia (83); y, sobre todo, recurrieron a la intercesi\u00f3n de la Virgen para obtener del Esp\u00edritu la capacidad de engendrar a Cristo en su propia alma, como atestigua S. Ildefonso en una oraci\u00f3n, sorprendente por su doctrina y por su vigor suplicante: \u00abTe pido, te pido, oh Virgen Santa, obtener a Jes\u00fas por mediaci\u00f3n del mismo Esp\u00edritu, por el que t\u00fa has engendrado a Jes\u00fas. Reciba mi alma a Jes\u00fas por obra del Esp\u00edritu, por el cual tu carne a concebido al mismo Jes\u00fas (&#8230;). Que yo ame a Jes\u00fas en el mismo Esp\u00edritu, en el cual t\u00fa lo adoras como Se\u00f1or y lo contemplas como Hijo\u00bb (84).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">27. Se afirma con frecuencia que muchos textos de la piedad moderna no reflejan suficientemente toda la doctrina acerca del Esp\u00edritu Santo. Son los estudios quienes tienen que verificar esta afirmaci\u00f3n y medir su alcance; a Nos corresponde exhortar a todos, en especial a los pastores y a los te\u00f3logos, a profundizar en la reflexi\u00f3n sobre la acci\u00f3n del Esp\u00edritu Santo en la historia de la salvaci\u00f3n y lograr que los textos de la piedad cristiana pongan debidamente en claro su acci\u00f3n vivificadora; de tal reflexi\u00f3n aparecer\u00e1, en particular, la misteriosa relaci\u00f3n existente entre el Esp\u00edritu de Dios y la Virgen de Nazaret, as\u00ed como su acci\u00f3n sobre la Iglesia; de este modo, el contenido de la fe m\u00e1s profundamente medido dar\u00e1 lugar a una piedad m\u00e1s intensamente vivida.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">28. Es necesario adem\u00e1s que los ejercicios de piedad, mediante los cuales los fieles expresan su veneraci\u00f3n a la Madre del Se\u00f1or, pongan m\u00e1s claramente de manifiesto el puesto que ella ocupa en la Iglesia: \u00abel m\u00e1s alto y m\u00e1s pr\u00f3ximo a nosotros despu\u00e9s de Cristo\u00bb (85); un puesto que en los edificios de culto del Rito bizantino tienen su expresi\u00f3n pl\u00e1stica en la misma disposici\u00f3n de las partes arquitect\u00f3nicas y de los elementos iconogr\u00e1ficos \u2014en la puerta central de la iconostasis est\u00e1 figurada la Anunciaci\u00f3n de Mar\u00eda en el \u00e1bside de la representaci\u00f3n de la \u00abTheotocos\u00bb gloriosa\u2014 con el fin de que aparezca manifiesto c\u00f3mo a partir del \u00abfiat\u00bb de la humilde Esclava del Se\u00f1or, la humanidad comienza su retorno a Dios y c\u00f3mo en la gloria de la \u00abToda Hermosa\u00bb descubre la meta de su camino. El simbolismo mediante el cual el edificio de la Iglesia expresa el puesto de Mar\u00eda en el misterio de la Iglesia contiene una indicaci\u00f3n fecunda y constituye un auspicio para que en todas partes las distintas formas de venerar a la bienaventurada Virgen Mar\u00eda se abran a perspectivas eclesiales.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En efecto, el recurso a los conceptos fundamentales expuestos por el Concilio Vaticano II sobre la naturaleza de la Iglesia, Familia de Dios, Pueblo de Dios, Reino de Dios, Cuerpo m\u00edstico de Cristo (86), permitir\u00e1 a los fieles reconocer con mayor facilidad la misi\u00f3n de Mar\u00eda en el misterio de la Iglesia y el puesto eminente que ocupa en la Comuni\u00f3n de los Santos; sentir m\u00e1s intensamente los lazos fraternos que unen a todos los fieles porque son hijos de la Virgen, \u00aba cuya generaci\u00f3n y educaci\u00f3n ella colabora con materno amor\u00bb (87), e hijos tambi\u00e9n del la Iglesia, ya que nacemos de su parto, nos alimentamos con leche suya y somos vivificados por su Esp\u00edritu\u00bb (88), y porque ambas concurren a engendrar el Cuerpo m\u00edstico de Cristo: \u00abUna y otra son Madre de Cristo; pero ninguna de ellas engendra todo (el cuerpo) sin la otra\u00bb (89); percibir finalmente de modo m\u00e1s evidente que la acci\u00f3n de la Iglesia en el mundo es como una prolongaci\u00f3n de la solicitud de Mar\u00eda: en efecto, el amor operante de Mar\u00eda la Virgen en casa de Isabel, en Can\u00e1, sobre el G\u00f3lgota \u2014momentos todos ellos salv\u00edficos de gran alcance eclesial\u2014 encuentra su continuidad en el ansia materna de la Iglesia porque todos los hombres llegan a la verdad (cf. 1Tim 2,4), en su solicitud para con los humildes, los pobres, los d\u00e9biles, en su empe\u00f1o constante por la paz y la concordia social, en su prodigarse para que todos los hombres participen de la salvaci\u00f3n merecida para ellos por la muerte de Cristo. De este modo el amor a la Iglesia se traducir\u00e1 en amor a Mar\u00eda y viceversa; porque la una no puede subsistir sin la otra, como observa de manera muy aguda San Cromasio de Aquileya: \u00abSe reuni\u00f3 la Iglesia en la parte alta (del cen\u00e1culo) con Mar\u00eda, que era la Madre de Jes\u00fas, y con los hermanos de Este. Por tanto no se puede hablar de Iglesia si no est\u00e1 presente Mar\u00eda, la Madre del Se\u00f1or, con los hermanos de Este\u00bb (90). En conclusi\u00f3n, reiteramos la necesidad de que la veneraci\u00f3n a la Virgen haga expl\u00edcito su intr\u00ednseco contenido eclesiol\u00f3gico: esto equivaldr\u00eda a valerse de una fuerza capaz de renovar saludablemente formas y textos.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Secci\u00f3n segunda<br \/>\nCuatro orientaciones para el culto a la Virgen:<br \/>\nb\u00edblica, lit\u00fargica, ecum\u00e9nica, antropol\u00f3gica\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">29. A las anteriores indicaciones, que surgen de considerar las relaciones de la Virgen Mar\u00eda con Dios \u2014Padre, Hijo y Esp\u00edritu Santo\u2014 y con la Iglesia, queremos a\u00f1adir, siguiendo la l\u00ednea trazada por las ense\u00f1anzas conciliares (91), algunas orientaciones \u2014de car\u00e1cter b\u00edblico, lit\u00fargico, ecum\u00e9nico, antropol\u00f3gico\u2014 a tener en cuenta a la hora de revisar o crear ejercicios y pr\u00e1cticas de piedad, con el fin de hacer m\u00e1s vivo y m\u00e1s sentido el lazo que nos une a la Madre de Cristo y Madre nuestro en la Comuni\u00f3n de los Santos.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">30. La necesidad de una impronta b\u00edblica en toda forma de culto es sentida hoy d\u00eda como un postulado general de la piedad cristiana. El progreso de los estudios b\u00edblicos, la creciente difusi\u00f3n de la Sagrada Escritura y, sobre todo, el ejemplo de la tradici\u00f3n y la moci\u00f3n \u00edntima del Esp\u00edritu orientan a los cristianos de nuestro tiempo a servirse cada vez m\u00e1s de la Biblia como del libro fundamental de oraci\u00f3n y a buscar en ella inspiraci\u00f3n genuina y modelos insuperables. El culto a la Sant\u00edsima Virgen no puede quedar fuera de esta direcci\u00f3n tomada por la piedad cristiana (92); al contrario debe inspirarse particularmente en ella para lograr nuevo vigor y ayuda segura. La Biblia, al proponer de modo admirable el designio de Dios para la salvaci\u00f3n de los hombres, est\u00e1 toda ella impregnada del misterio del Salvador, y contiene adem\u00e1s, desde el G\u00e9nesis hasta el Apocalipsis, referencias indudables a Aquella que fue Madre y Asociada del Salvador. Pero no quisi\u00e9ramos que la impronta b\u00edblica se limitase a un diligente uso de textos y s\u00edmbolos sabiamente sacados de las Sagradas Escrituras; comporta mucho m\u00e1s; requiere, en efecto, que de la Biblia tomen sus t\u00e9rminos y su inspiraci\u00f3n las f\u00f3rmulas de oraci\u00f3n y las composiciones destinadas al canto; y exige, sobre todo, que el culto a la Virgen est\u00e9 impregnado de los grandes temas del mensaje cristiano, a fin de que, al mismo tiempo que los fieles veneran la Sede de la Sabidur\u00eda sean tambi\u00e9n iluminados por la luz de la palabra divina e inducidos a obrar seg\u00fan los dictados de la Sabidur\u00eda encarnada.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">31. Ya hemos hablado de la veneraci\u00f3n que la Iglesia siente por la Madre de Dios en la celebraci\u00f3n de la sagrada Liturgia. Ahora, tratando de las dem\u00e1s formas de culto y de los criterios en que se deben inspirar, no podemos menos de recordar la norma de la Constituci\u00f3n Sacrosanctum Concilium, la cual, al recomendar vivamente los piadosos ejercicios del pueblo cristiano, a\u00f1ade: \u00ab\u2026es necesario que tales ejercicios, teniendo en cuenta los tiempos lit\u00fargicos, se ordenen de manera que est\u00e9n en armon\u00eda con la sagrada Liturgia; se inspiren de alg\u00fan modo en ella, y, dada su naturaleza superior, conduzcan a ella al pueblo cristiano\u00bb (93). Norma sabia, norma clara, cuya aplicaci\u00f3n, sin embargo, no se presenta f\u00e1cil, sobre todo en el campo del culto a la Virgen, tan variado en sus expresiones formales: requiere, efectivamente, por parte de los responsables de las comunidades locales, esfuerzo, tacto pastoral, constancia; y por parte de los fieles, prontitud en acoger orientaciones y propuestas que, emanando de la genuina naturaleza del culto cristiano, comportan a veces el cambio de usos inveterados, en los que de alg\u00fan modo se hab\u00eda oscurecido aquella naturaleza.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A este respecto queremos aludir a dos actitudes que podr\u00edan hacer vana, en la pr\u00e1ctica pastoral, la norma del Concilio Vaticano II: en primer lugar, la actitud de algunos que tienen cura de almas y que despreciando a priori los ejercicios piadosos, que en las formas debidas son recomendados por el Magisterio, los abandonan y crean un vac\u00edo que no prev\u00e9n colmar; olvidan que el Concilio ha dicho que hay que armonizar los ejercicios piadosos con la liturgia, no suprimirlos. En segundo lugar, la actitud de otros que, al margen de un sano criterio lit\u00fargico y pastoral, unen al mismo tiempo ejercicios piadosos y actos lit\u00fargicos en celebraciones h\u00edbridas. A veces ocurre que dentro de la misma celebraci\u00f3n del sacrifico Eucar\u00edstico se introducen elementos propios de novenas u otras pr\u00e1cticas piadosas, con el peligro de que el Memorial del Se\u00f1or no constituya el momento culminante del encuentro de la comunidad cristiana, sino como una ocasi\u00f3n para cualquier pr\u00e1ctica devocional. A cuantos obran as\u00ed quisi\u00e9ramos recordar que la norma conciliar prescribe armonizar los ejercicios piadoso con la Liturgia, no confundirlos con ella. Una clara acci\u00f3n pastoral debe, por una parte, distinguir y subrayar la naturaleza propia de los actos lit\u00fargicos; por otra, valorar los ejercicios piadosos para adaptarlos a las necesidades de cada comunidad eclesial y hacerlos auxiliares v\u00e1lidos de la Liturgia.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">32. Por su car\u00e1cter eclesial, en el culto a la Virgen se reflejan las preocupaciones de la Iglesia misma, entre las cuales sobresale en nuestros d\u00edas el anhelo por el restablecimiento de la unidad de los cristianos. La piedad hacia la Madre del Se\u00f1or se hace as\u00ed sensible a las inquietudes y a las finalidades del movimiento ecum\u00e9nico, es decir, adquiere ella misma una impronta ecum\u00e9nica. Y esto por varios motivos.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En primer lugar porque los fieles cat\u00f3licos se unen a los hermanos de las Iglesias ortodoxas, entre las cuales la devoci\u00f3n a la Virgen reviste formas de alto lirismo y de profunda doctrina al venerar con particular amor a la gloriosa Theotocos y al aclamarla \u00abEsperanza de los cristianos\u00bb (94); se unen a los anglicanos, cuyos te\u00f3logos cl\u00e1sicos pusieron ya de relieve la s\u00f3lida base escritur\u00edstica del culto a la Madre de nuestro Se\u00f1or, y cuyos te\u00f3logos contempor\u00e1neos subrayan mayormente la importancia del puesto que ocupa Mar\u00eda en la vida cristiana; se unen tambi\u00e9n a los hermanos de las Iglesias de la Reforma, dentro de las cuales florece vigorosamente el amor por las Sagradas Escrituras, glorificando a Dios con las mismas palabras de la Virgen (cf. Lc 1, 46-55).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En segundo lugar, porque la piedad hacia la Madre de Cristo y de los cristianos es para los cat\u00f3licos ocasi\u00f3n natural y frecuente para pedirle que interceda ante su Hijo por la uni\u00f3n de todos los bautizados en un solo pueblo de Dios (95). M\u00e1s a\u00fan, porque es voluntad de la Iglesia cat\u00f3lica que en dicho culto, sin que por ello sea atenuado su car\u00e1cter singular (96), se evite con cuidado toda clase de exageraciones que puedan inducir a error a los dem\u00e1s hermanos cristianos acerca de la verdadera doctrina de la Iglesia cat\u00f3lica (97) y se haga desaparecer toda manifestaci\u00f3n cultual contraria a la recta pr\u00e1ctica cat\u00f3lica.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Finalmente, siendo connatural al genuino culto a la Virgen el que \u00abmientras es honrada la Madre (\u2026), el Hijo sea debidamente conocido, amado, glorificado\u00bb (98), este culto se convierte en camino a Cristo, fuente y centro de la comuni\u00f3n eclesi\u00e1stica, en la cual cuantos confiesan abiertamente que \u00c9l es Dios y Se\u00f1or, Salvador y \u00fanico Mediador (cf.  2, 5), est\u00e1n llamados a ser una sola cosa entre s\u00ed, con El y con el Padre en la unidad del Esp\u00edritu Santo (99).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">33. Somos conscientes de que existen no leves discordias entre el pensamiento de muchos hermanos de otras Iglesias y comunidades eclesiales y la doctrina cat\u00f3lica \u00aben torno a la funci\u00f3n de Mar\u00eda en la obra de la salvaci\u00f3n\u00bb (100) y, por tanto, sobre el culto que le es debido. Sin embargo, como el mismo poder del Alt\u00edsimo que cubri\u00f3 con su sombra a la Virgen de Nazaret (cf. Lc 1, 35) act\u00faa en el actual movimiento ecum\u00e9nico y lo fecunda, deseamos expresar nuestra confianza en que la veneraci\u00f3n a la humilde Esclava del Se\u00f1or, en la que el Omnipotente obr\u00f3 maravillas (cf. Lc 1, 49), ser\u00e1, aunque lentamente, no obst\u00e1culo sino medio y punto de encuentro para la uni\u00f3n de todos los creyentes en Cristo. Nos alegramos, en efecto, de comprobar que una mejor comprensi\u00f3n del puesto de Mar\u00eda en el misterio de Cristo y de la Iglesia, por parte tambi\u00e9n de los hermanos separados, hace m\u00e1s f\u00e1cil el camino hacia el encuentro. As\u00ed como en Can\u00e1 la Virgen, con su intervenci\u00f3n, obtuvo que Jes\u00fas hiciese el primero de sus milagros (cf. Jn 2, 1-12), as\u00ed en nuestro tiempo podr\u00e1 Ella hacer propicio, con su intercesi\u00f3n, el advenimiento de la hora en que los disc\u00edpulos de Cristo volver\u00e1n a encontrar la plena comuni\u00f3n en la fe. Y esta nueva esperanza halla consuelo en la observaci\u00f3n de nuestro predecesor Le\u00f3n XIII: la causa de la uni\u00f3n de los cristianos \u00abpertenece espec\u00edficamente al oficio de la maternidad espiritual de Mar\u00eda. Pues los que son de Cristo no fueron engendrados ni pod\u00edan serlo sino en una \u00fanica fe y un \u00fanico amor: porque, \u00ab\u00bfest\u00e1 acaso dividido Cristo?\u00bb (cf. 1 Cor 1, 13); y debemos vivir todos juntos la vida de Cristo, para poder fructificar en un solo y mismo cuerpo (Rom 7, 14)\u00bb (101).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">34. En el culto a la Virgen merecen tambi\u00e9n atenta consideraci\u00f3n las adquisiciones seguras y comprobadas de las ciencias humanas; esto ayudar\u00e1 efectivamente a eliminar una de las causas de la inquietud que se advierte en el campo del culto a la Madre del Se\u00f1or: es decir, la diversidad entre algunas cosas de su contenido y las actuales concepciones antropol\u00f3gicas y la realidad sicosociol\u00f3gica, profundamente cambiada, en que viven y act\u00faan los hombres de nuestro tiempo. Se observa, en efecto, que es dif\u00edcil encuadrar la imagen de la Virgen, tal como es presentada por cierta literatura devocional, en las condiciones de vida de la sociedad contempor\u00e1nea y en particular de las condiciones de la mujer, bien sea en el ambiente dom\u00e9stico, donde las leyes y la evoluci\u00f3n de las costumbres tienden justamente a reconocerle la igualdad y la corresponsabilidad con el hombre en la direcci\u00f3n de la vida familiar; bien sea en el campo pol\u00edtico, donde ella ha conquistado en muchos pa\u00edses un poder de intervenci\u00f3n en la sociedad igual al hombre; bien sea en el campo social, donde desarrolla su actividad en los m\u00e1s distintos sectores operativos, dejando cada d\u00eda m\u00e1s el estrecho ambiente del hogar; lo mismo que en el campo cultural, donde se le ofrecen nuevas posibilidades de investigaci\u00f3n cient\u00edfica y de \u00e9xito intelectual.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Deriva de ah\u00ed para algunos una cierta falta de afecto hacia el culto a la Virgen y una cierta dificultad en tomar a Mar\u00eda como modelo, porque los horizontes de su vida \u2014se dice\u2014 resultan estrechos en comparaci\u00f3n con las amplias zonas de actividad en que el hombre contempor\u00e1neo est\u00e1 llamado a actuar. En este sentido, mientras exhortamos a los te\u00f3logos, a los responsables de las comunidades cristianas y a los mismos fieles a dedicar la debida atenci\u00f3n a tales problemas, nos parece \u00fatil ofrecer Nos mismo una contribuci\u00f3n a su soluci\u00f3n, haciendo algunas observaciones.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">35. Ante todo, la Virgen Mar\u00eda ha sido propuesta siempre por la Iglesia a la imitaci\u00f3n de los fieles no precisamente por el tipo de vida que ella llev\u00f3 y, tanto menos, por el ambiente socio-cultural en que se desarroll\u00f3, hoy d\u00eda superado casi en todas partes, sino porque en sus condiciones concretas de vida Ella se adhiri\u00f3 total y responsablemente a la voluntad de Dios (cf. Lc 1, 38); porque acogi\u00f3 la palabra y la puso en pr\u00e1ctica; porque su acci\u00f3n estuvo animada por la caridad y por el esp\u00edritu de servicio: porque, es decir, fue la primera y la m\u00e1s perfecta disc\u00edpula de Cristo: lo cual tiene valor universal y permanente.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">36. En segundo lugar quisi\u00e9ramos notar que las dificultades a que hemos aludido est\u00e1n en estrecha conexi\u00f3n con algunas connotaciones de la imagen popular y literaria de Mar\u00eda, no con su imagen evang\u00e9lica ni con los datos doctrinales determinados en el lento y serio trabajo de hacer expl\u00edcita la palabra revelada; al contrario, se debe considerar normal que las generaciones cristianas que se han ido sucediendo en marcos socio-culturales diversos, al contemplar la figura y la misi\u00f3n de Mar\u00eda \u2014como Mujer nueva y perfecta cristiana que resume en s\u00ed misma las situaciones m\u00e1s caracter\u00edsticas de la vida femenina porque es Virgen, Esposa, Madre\u2014, hayan considerado a la Madre de Jes\u00fas como \u00abmodelo eximio\u00bb de la condici\u00f3n femenina y ejemplar \u00ablimpid\u00edsimo\u00bb de vida evang\u00e9lica, y hayan plasmado estos sentimientos seg\u00fan las categor\u00edas y los modos expresivos propios de la \u00e9poca. La Iglesia, cuando considera la larga historia de la piedad mariana, se alegra comprobando la continuidad del hecho cultual, pero no se vincula a los esquemas representativos de las varias \u00e9pocas culturales ni a las particulares concepciones antropol\u00f3gicas subyacentes, y comprende como algunas expresiones de culto, perfectamente v\u00e1lidas en s\u00ed mismas, son menos aptas para los hombres pertenecientes a \u00e9pocas y civilizaciones distintas.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">37. Deseamos en fin, subrayar que nuestra \u00e9poca, como las precedentes, est\u00e1 llamada a verificar su propio conocimiento de la realidad con la palabra de Dios y, para limitarnos al caso que nos ocupa, a confrontar sus concepciones antropol\u00f3gicas y los problemas que derivan de ellas con la figura de la Virgen tal cual nos es presentada por el Evangelio. La lectura de las Sagradas Escrituras, hecha bajo el influjo del Esp\u00edritu Santo y teniendo presentes las adquisiciones de las ciencias humanas y las variadas situaciones del mundo contempor\u00e1neo, llevar\u00e1 a descubrir como Mar\u00eda puede ser tomada como espejo de las esperanzas de los hombres de nuestro tiempo. De este modo, por poner alg\u00fan ejemplo, la mujer contempor\u00e1nea, deseosa de participar con poder de decisi\u00f3n en las elecciones de la comunidad, contemplar\u00e1 con \u00edntima alegr\u00eda a Mar\u00eda que, puesta a di\u00e1logo con Dios, da su consentimiento activo y responsable (102) no a la soluci\u00f3n de un problema contingente sino a la \u00abobra de los siglos\u00bb como se ha llamado justamente a la Encarnaci\u00f3n del Verbo (103); se dar\u00e1 cuenta de que la opci\u00f3n del estado virginal por parte de Mar\u00eda, que en el designio de Dios la dispon\u00eda al misterio de la Encarnaci\u00f3n, no fue un acto de cerrarse a algunos de los valores del estado matrimonial, sino que constituy\u00f3 una opci\u00f3n valiente, llevada a cabo para consagrarse totalmente al amor de Dios; comprobar\u00e1 con gozosa sorpresa que Mar\u00eda de Nazaret, a\u00fan habi\u00e9ndose abandonado a la voluntad del Se\u00f1or, fue algo del todo distinto de una mujer pasivamente remisiva o de religiosidad alienante, antes bien fue mujer que no dud\u00f3 en proclamar que Dios es vindicador de los humildes y de los oprimidas y derriba sus tronos a los poderosos del mundo (cf. Lc 1, 51-53); reconocer\u00e1 en Mar\u00eda, que \u00absobresale entre los humildes y los pobres del Se\u00f1or (104), una mujer fuerte que conoci\u00f3 la pobreza y el sufrimiento, la huida y el exilio (cf. Mt 2, 13-23): situaciones todas estas que no pueden escapar a la atenci\u00f3n de quien quiere secundar con esp\u00edritu evang\u00e9lico las energ\u00edas liberadoras del hombre y de la sociedad; y no se le presentar\u00e1 Mar\u00eda como una madre celosamente replegada sobre su propio Hijo divino, sino como mujer que con su acci\u00f3n favoreci\u00f3 la fe de la comunidad apost\u00f3lica en Cristo (cf. Jn 2, 1-12) y cuya funci\u00f3n maternal se dilat\u00f3, asumiendo sobre el calvario dimensiones universales (105). Son ejemplos. Sin embargo, aparece claro en ellos c\u00f3mo la figura de la Virgen no defrauda esperanza alguna profunda de los hombres de nuestro tiempo y les ofrece el modelo perfecto del disc\u00edpulo del Se\u00f1or: art\u00edfice de la ciudad terrena y temporal, pero peregrino diligente hacia la celeste y eterna; promotor de la justicia que libera al oprimido y de la caridad que socorre al necesitado, pero sobre todo testigo activo del amor que edifica a Cristo en los corazones.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">38. Despu\u00e9s de haber ofrecido estas directrices, ordenadas a favorecer el desarrollo arm\u00f3nico del culto a la Madre del Se\u00f1or, creemos oportuno llamar la atenci\u00f3n sobre algunas actitudes cultuales err\u00f3neas. El Concilio Vaticano II ha denunciado ya de manera autorizada, sea la exageraci\u00f3n de contenidos o de formas que llegan a falsear la doctrina, sea la estrechez de mente que oscurece la figura y la misi\u00f3n de Mar\u00eda; ha denunciado tambi\u00e9n algunas devociones cultuales: la vana credulidad que sustituye el empe\u00f1o serio con la f\u00e1cil aplicaci\u00f3n a pr\u00e1cticas externas solamente; el est\u00e9ril y pasajero movimiento del sentimiento, tan ajeno al estilo del Evangelio que exige obras perseverantes y activas (106). Nos renovamos esta deploraci\u00f3n: no est\u00e1n en armon\u00eda con la fe cat\u00f3lica y por consiguiente no deben subsistir en el culto cat\u00f3lico. La defensa vigilante contra estos errores y desviaciones har\u00e1 m\u00e1s vigoroso y genuino el culto a la Virgen: s\u00f3lido en su fundamento, por el cual el estudio de las fuentes reveladas y la atenci\u00f3n a los documentos del Magisterio prevalecer\u00e1n sobre la desmedida b\u00fasqueda de novedades o de hechos extraordinarios; objetivo en el encuadramiento hist\u00f3rico, por lo cual deber\u00e1 ser eliminado todo aquello que es manifiestamente legendario o falso; adaptado al contenido doctrinal, de ah\u00ed la necesidad de evitar presentaciones unilaterales de la figura de Mar\u00eda que insistiendo excesivamente sobre un elemento comprometen el conjunto de la imagen evang\u00e9lica, l\u00edmpido en sus motivaciones, por lo cual se tendr\u00e1 cuidadosamente lejos del santuario todo mezquino inter\u00e9s.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">39. Finalmente, por si fuese necesario, quisi\u00e9ramos recalcar que la finalidad \u00faltima del culto a la bienaventurada Virgen Mar\u00eda es glorificar a Dios y empe\u00f1ar a los cristianos en un vida absolutamente conforme a su voluntad. Los hijos de la Iglesia, en efecto, cuando uniendo sus voces a la voz de la mujer an\u00f3nima del Evangelio, glorifican a la Madre de Jes\u00fas, exclamando, vueltos hacia El: \u00abDichoso el vientre que te llev\u00f3 y los pechos que te crearon\u00bb (Lc 11, 27), se ver\u00e1n inducidos a considerar la grave respuesta del divino Maestro: \u00abDichosos m\u00e1s bien los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen\u00bb (Lc 11, 28). Esta misma respuesta, si es una viva alabanza para la Virgen, como interpretaron algunos Santos Padres (107) y como lo ha confirmado el Concilio Vaticano II (108), suena tambi\u00e9n para nosotros como una admonici\u00f3n a vivir seg\u00fan los mandamientos de Dios y es como un eco de otras llamadas del divino Maestro: \u00abNo todo el que me dice: \u00abSe\u00f1or, Se\u00f1or\u00bb, entrar\u00e1 en el reino de los Cielos; sino el que hace la voluntad de mi Padre que est\u00e1 en los cielos\u00bb (Mt 7, 21) y \u00abVosotros sois amigos m\u00edos, si hac\u00e9is cuanto os mando\u00bb (Jn 15, 14).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">PARTE III\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">INDICACIONES SOBRE DOS EJERCICIOS DE PIEDAD:<br \/>\nEL ANGELUS Y EL SANTO ROSARIO\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">40. Hemos indicado algunos principios aptos para dar nuevo vigor al culto de la Madre del Se\u00f1or; ahora es incumbencia de las Conferencias Episcopales, de los responsables de las comunidades locales, de las distintas familias religiosas restaurar sabiamente pr\u00e1cticas y ejercicios de veneraci\u00f3n a la Sant\u00edsima Virgen y secundar el impulso creador de cuantos con genuina inspiraci\u00f3n religiosa o con sensibilidad pastoral desean dar vida a nuevas formas. Sin embargo, nos parece oportuno, aunque sea por motivos diversos, tratar de dos ejercicios muy difundidos en Occidente y de los que esta Sede Apost\u00f3lica se ha ocupado en varias ocasiones: el \u00abAngelus\u00bb y el Rosario.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El Angelus\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">41. Nuestra palabra sobre el \u00abAngelus\u00bb quiere ser solamente una simple pero viva exhortaci\u00f3n a mantener su rezo acostumbrado, donde y cuando sea posible. El \u00abAngelus\u00bb no tiene necesidad de restauraci\u00f3n: la estructura sencilla, el car\u00e1cter b\u00edblico, el origen hist\u00f3rico que lo enlaza con la invocaci\u00f3n de la incolumidad en la paz, el ritmo casi lit\u00fargico que santifica momentos diversos de la jornada, la apertura hacia el misterio pascual, por lo cual mientras conmemoramos la Encarnaci\u00f3n del Hijo de Dios pedimos ser llevados \u00abpor su pasi\u00f3n y cruz a la gloria de la resurrecci\u00f3n\u00bb (109), hace que a distancia de siglos conserve inalterado su valor e intacto su frescor. Es verdad que algunas costumbres tradicionalmente asociadas al rezo del Angelus han desaparecido y dif\u00edcilmente pueden conservarse en la vida moderna, pero se trata de cosas marginales: quedan inmutados el valor de la contemplaci\u00f3n del misterio de la Encarnaci\u00f3n del Verbo, del saludo a la Virgen y del recurso a su misericordiosa intercesi\u00f3n: y, no obstante el cambio de las condiciones de los tiempos, permanecen invariados para la mayor parte de los hombres esos momentos caracter\u00edsticos de la jornada ma\u00f1ana, mediod\u00eda, tarde que se\u00f1alan los tiempos de su actividad y constituyen una invitaci\u00f3n a hacer un alto para orar.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El Rosario\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">42. Deseamos ahora, queridos hermanos, detenernos un poco sobre la renovaci\u00f3n del piadoso ejercicio que ha sido llamado \u00abcompendio de todo el Evangelio\u00bb (110): el Rosario. A \u00e9l han dedicado nuestros Predecesores vigilante atenci\u00f3n y premurosa solicitud: han recomendado muchas veces su rezo frecuente, favorecido su difusi\u00f3n, ilustrado su naturaleza, reconocido la aptitud para desarrollar una oraci\u00f3n contemplativa, de alabanza y de s\u00faplica al mismo tiempo, recordando su connatural eficacia para promover la vida cristiana y el empe\u00f1o apost\u00f3lico. Tambi\u00e9n Nos, desde la primera audiencia general de nuestro pontificado, el d\u00eda 13 de Julio de 1963, hemos manifestado nuestro inter\u00e9s por la piadosa pr\u00e1ctica del Rosario (111), y posteriormente hemos subrayado su valor en m\u00faltiples circunstancias, ordinarias unas, graves otras, como cuando en un momento de angustia y de inseguridad publicamos la Carta Enc\u00edclica Christi Matri ( 15 septiembre 1966), para que se elevasen oraciones a la bienaventurada Virgen del Rosario para implorar de Dios el bien sumo de la paz (112); llamada que hemos renovado en nuestra Exhortaci\u00f3n Apost\u00f3lica Recurrens mensis october (7 de octubre 1969), en la cual conmemor\u00e1bamos adem\u00e1s el cuarto centenario de la Carta Apost\u00f3lica Consueverunt Romani Pontifices de nuestro Predecesor San P\u00edo V, que ilustr\u00f3 en ella y en cierto modo defini\u00f3 la forma tradicional del Rosario (113).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">43. Nuestro asiduo inter\u00e9s por el Rosario nos ha movido a seguir con atenci\u00f3n los numerosos congresos dedicados en estos \u00faltimos a\u00f1os a la pastoral del Rosario en el mundo contempor\u00e1neo: congresos promovidos por asociaciones y por hombres que sienten entra\u00f1ablemente tal devoci\u00f3n y en los que han tomado parte obispos, presb\u00edteros, religiosos y seglares de probada experiencia y de acreditado sentido eclesial. Entre ellos es justo recordar a los Hijos de Santo Domingo, por tradici\u00f3n custodios y propagadores de tan saludable devoci\u00f3n. A los trabajos de los congresos se han unido las investigaciones de los historiadores, llevadas a cabo no para definir con intenciones casi arqueol\u00f3gicas la forma primitiva del Rosario, sino para captar su intuici\u00f3n originaria, su energ\u00eda primera, su estructura esencial. De tales congresos e investigaciones han aparecido m\u00e1s n\u00edtidamente las caracter\u00edsticas primarias del Rosario, sus elementos esenciales y su mutua relaci\u00f3n.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">44. As\u00ed, por ejemplo, se ha puesto en m\u00e1s clara luz la \u00edndole evang\u00e9lica del Rosario, en cuanto saca del Evangelio el enunciado de los misterios y las f\u00f3rmulas principales; se inspira en el Evangelio para sugerir, partiendo del gozoso saludo del \u00c1ngel y del religioso consentimiento de la Virgen, la actitud con que debe recitarlo el fiel; y contin\u00faa proponiendo, en la sucesi\u00f3n armoniosa de las Ave Mar\u00edas, un misterio fundamental del Evangelio \u2014la Encarnaci\u00f3n del Verbo\u2014 en el momento decisivo de la Anunciaci\u00f3n hecha a Mar\u00eda. Oraci\u00f3n evang\u00e9lica por tanto el Rosario, como hoy d\u00eda, quiz\u00e1 m\u00e1s que en el pasado, gustan definirlo los pastores y los estudiosos.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">45. Se ha percibido tambi\u00e9n m\u00e1s f\u00e1cilmente c\u00f3mo el ordenado y gradual desarrollo del Rosario refleja el modo mismo en que el Verbo de Dios, insiri\u00e9ndose con determinaci\u00f3n misericordiosa en las vicisitudes humanas, ha realizado la redenci\u00f3n: en ella, en efecto, el Rosario considera en arm\u00f3nica sucesi\u00f3n los principales acontecimientos salv\u00edficos que se han cumplido en Cristo: desde la concepci\u00f3n virginal y los misterios de la infancia hasta los momentos culminantes de la Pascua \u2014la pasi\u00f3n y la gloriosa resurrecci\u00f3n\u2014 y a los efectos de ella sobre la Iglesia naciente en el d\u00eda de Pentecost\u00e9s y sobre la Virgen en el d\u00eda en que, terminando el exilio terreno, fue asunta en cuerpo y alma a la patria celestial. Y se ha observado tambi\u00e9n c\u00f3mo la triple divisi\u00f3n de los misterios del Rosario no s\u00f3lo se adapta estrictamente al orden cronol\u00f3gico de los hechos, sino que sobre todo refleja el esquema del primitivo anuncio de la fe y propone nuevamente el misterio de Cristo de la misma manera que fue visto por San Pablo en el celeste \u00abhimno\u00bb de la Carta a los Filipenses: humillaci\u00f3n, muerte, exaltaci\u00f3n (2,6-11).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">46. Oraci\u00f3n evang\u00e9lica centrada en el misterio de la Encarnaci\u00f3n redentora, el Rosario es, pues, oraci\u00f3n de orientaci\u00f3n profundamente cristol\u00f3gica. En efecto, su elemento m\u00e1s caracter\u00edstico \u2014la repetici\u00f3n lit\u00e1nica en alabanza constante a Cristo, t\u00e9rmino \u00faltimo de la anunciaci\u00f3n del \u00c1ngel y del saludo de la Madre del Bautista: \u00abBendito el fruto de tu vientre\u00bb (Lc 1,42). Diremos m\u00e1s: la repetici\u00f3n del Ave Mar\u00eda constituye el tejido sobre el cual se desarrolla la contemplaci\u00f3n de los misterios; el Jes\u00fas que toda Ave Mar\u00eda recuerda, es el mismo que la sucesi\u00f3n de los misterios nos propone una y otra vez como Hijo de Dios y de la Virgen, nacido en una gruta de Bel\u00e9n; presentado por la Madre en el Templo; joven lleno de celo por las cosas de su Padre; Redentor agonizante en el huerto; flagelado y coronado de espinas; cargado con la cruz y agonizante en el calvario; resucitado de la muerte y ascendido a la gloria del Padre para derramar el don del Esp\u00edritu Santo. Es sabido que, precisamente para favorecer la contemplaci\u00f3n y \u00abque la mente corresponda a la voz\u00bb, se sol\u00eda en otros tiempos \u2014y la costumbre se ha conservado en varias regiones\u2014 a\u00f1adir al nombre de Jes\u00fas, en cada Ave Mar\u00eda, una cl\u00e1usula que recordase el misterio anunciado.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">47. Se ha sentido tambi\u00e9n con mayor urgencia la necesidad de recalcar, al mismo tiempo que el valor del elemento laudatorio y deprecatorio, la importancia de otro elemento esencial al Rosario: la contemplaci\u00f3n. Sin \u00e9sta el Rosario es un cuerpo sin alma y su rezo corre el peligro de convertirse en mec\u00e1nica repetici\u00f3n de f\u00f3rmulas y de contradecir la advertencia de Jes\u00fas: \u00abcuando or\u00e9is no se\u00e1is charlatanes como los paganos que creen ser escuchados en virtud se su locuacidad\u00bb (Mt 6,7). Por su naturaleza el rezo del Rosario exige un ritmo tranquilo y un reflexivo remanso que favorezcan en quien ora la meditaci\u00f3n de los misterios de la vida del Se\u00f1or, vistos a trav\u00e9s del Coraz\u00f3n de Aquella que estuvo m\u00e1s cerca del Se\u00f1or, y que desvelen su insondable riqueza.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">48. De la contempor\u00e1nea reflexi\u00f3n han sido entendidas en fin con mayor precisi\u00f3n las relaciones existentes entre la Liturgia y el Rosario. Por una parte se ha subrayado c\u00f3mo el Rosario en casi un v\u00e1stago germinado sobre el tronco secular de la Liturgia cristiana, \u00abEl salterio de la Virgen\u00bb, mediante el cual los humildes quedan asociados al \u00abc\u00e1ntico de alabanza\u00bb y a la intercesi\u00f3n universal de la Iglesia; por otra parte, se ha observado que esto ha acaecido en una \u00e9poca \u2014al declinar de la Edad Media\u2014 en que el esp\u00edritu lit\u00fargico est\u00e1 en decadencia y se realiza un cierto distanciamiento de los fieles de la Liturgia, en favor de una devoci\u00f3n sensible a la humanidad de Cristo y a la bienaventurada Virgen Mar\u00eda. Si en tiempos no lejanos pudo surgir en el animo de algunos el deseo de ver incluido el Rosario entre las expresiones lit\u00fargicas, y en otros, debido a la preocupaci\u00f3n de evitar errores pastorales del pasado, una injustificada desatenci\u00f3n hacia el mismo, hoy d\u00eda el problema tiene f\u00e1cil soluci\u00f3n a la luz de los principios de la Constituci\u00f3n Sacrosanctum Concilium; celebraciones lit\u00fargicas y piadoso ejercicio del Rosario no se deben ni contraponer ni equiparar (114). Toda expresi\u00f3n de oraci\u00f3n resulta tanto m\u00e1s fecunda, cuanto m\u00e1s conserva su verdadera naturaleza y la fisonom\u00eda que le es propia. Confirmado, pues, el valor preeminente de las acciones lit\u00fargicas, no ser\u00e1 dif\u00edcil reconocer que el Rosario es un piadoso ejercicio que se armoniza f\u00e1cilmente con la Sagrada Liturgia. En efecto, como la Liturgia tiene una \u00edndole comunitaria, se nutre de la Sagrada Escritura y gravita en torno al misterio de Cristo. Aunque sea en planos de realidad esencialmente diversos, anamnesis en la Liturgia y memoria contemplativa en el Rosario, tienen por objeto los mismos acontecimientos salv\u00edficos llevados a cabo por Cristo. La primera hace presentes bajo el velo de los signos y operantes de modo misterioso los \u00abmisterios m\u00e1s grandes de nuestra redenci\u00f3n\u00bb; la segunda, con el piadoso afecto de la contemplaci\u00f3n, vuelve a evocar los mismos misterios en la mente de quien ora y estimula su voluntad a sacar de ellos normas de vida.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Establecida esta diferencia sustancial, no hay quien no vea que el Rosario es un piadoso ejercicio inspirado en la Liturgia y que, si es practicado seg\u00fan la inspiraci\u00f3n originaria, conduce naturalmente a ella, sin traspasar su umbral. En efecto, la meditaci\u00f3n de los misterios del Rosario, haciendo familiar a la mente y al coraz\u00f3n de los fieles los misterios de Cristo, puede constituir una \u00f3ptima preparaci\u00f3n a la celebraci\u00f3n de los mismos en la acci\u00f3n lit\u00fargica y convertirse despu\u00e9s en eco prolongado. Sin embargo, es un error, que perdura todav\u00eda por desgracia en algunas partes, recitar el Rosario durante la acci\u00f3n lit\u00fargica.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">49. El Rosario, seg\u00fan la tradici\u00f3n admitida por nuestros Predecesor S. P\u00edo V y por \u00e9l propuesta autorizadamente, consta de varios elementos org\u00e1nicamente dispuestos:\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">a) la contemplaci\u00f3n, en comuni\u00f3n con Mar\u00eda, de una serie de misterios de la salvaci\u00f3n, sabiamente distribuidos en tres ciclos que expresan el gozo de los tiempos mesi\u00e1nicos, el dolor salv\u00edfico de Cristo, la gloria del Resucitado que inunda la Iglesia; contemplaci\u00f3n que, por su naturaleza, lleva a la reflexi\u00f3n pr\u00e1ctica y a estimulante norma de vida;\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">b) la oraci\u00f3n dominical o Padrenuestro, que por su inmenso valor es fundamental en la plegaria cristiana y la ennoblece en sus diversas expresiones;\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">c) la sucesi\u00f3n lit\u00e1nica del Avemar\u00eda, que est\u00e1 compuesta por el saludo del \u00c1ngel a la Virgen (Cf. Lc 1,28) y la alabanza obsequiosa del santa Isabel (Cf. Lc 1,42), a la cual sigue la s\u00faplica eclesial Santa Mar\u00eda. La serie continuada de las Avemar\u00edas es una caracter\u00edstica peculiar del Rosario y su n\u00famero, en le forma t\u00edpica y plenaria de ciento cincuenta, presenta cierta analog\u00eda con el Salterio y es un dato que se remonta a los or\u00edgenes mismos de este piadoso ejercicio. Pero tal n\u00famero, seg\u00fan una comprobada costumbre, se distribuye \u2014dividido en decenas para cada misterio\u2014 en los tres ciclos de los que hablamos antes, dando lugar a la conocida forma del Rosario compuesto por cincuenta Avemar\u00edas, que se ha convertido en la medida habitual de la pr\u00e1ctica del mismo y que ha sido as\u00ed adoptado por la piedad popular y aprobado por la Autoridad pontificia, que lo enriqueci\u00f3 tambi\u00e9n con numerosas indulgencias;\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">d) la doxolog\u00eda Gloria al Padre que, en conformidad con una orientaci\u00f3n com\u00fan de la piedad cristiana, termina la oraci\u00f3n con la glorificaci\u00f3n de Dios, uno y trino, \u00abde quien, por quien y en quien subsiste todo\u00bb (Cf. Rom 11,36).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">50. Estos son los elementos del santo Rosario. Cada uno de ellos tiene su \u00edndole propia que bien comprendida y valorada, debe reflejarse en el rezo, para que el Rosario exprese toda su riqueza y variedad. Ser\u00e1, pues, ponderado en la oraci\u00f3n dominical; l\u00edrico y laudatorio en el calmo pasar de las Avemar\u00edas; contemplativo en la atenta reflexi\u00f3n sobre los misterios; implorante en la s\u00faplica; adorante en la doxolog\u00eda. Y esto, en cada uno de los modos en que se suele rezar el Rosario: o privadamente, recogi\u00e9ndose el que ora en la intimidad con su Se\u00f1or; o comunitariamente, en familia o entre los fieles reunidos en grupo para crear las condiciones de una particular presencia del Se\u00f1or (cf. Mt 18, 20); o p\u00fablicamente, en asambleas convocadas para la comunidad eclesial.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">51. En tiempo reciente se han creado algunos ejercicios piadosos, inspirados en el Santo Rosario. Queremos indicar y recomendar entre ellos los que incluyen en el tradicional esquema de las celebraciones de la Palabra de Dios algunos elementos del Rosario a la bienaventurada Virgen Mar\u00eda, como por ejemplo, la meditaci\u00f3n de los misterios y la repetici\u00f3n lit\u00e1nica del saludo del \u00c1ngel. Tales elementos adquieren as\u00ed mayor relieve al encuadrarlos en la lectura de textos b\u00edblicos, ilustrados mediante la homil\u00eda, acompa\u00f1ados por pausas de silencio y subrayados con el canto. Nos alegra saber que tales ejercicios han contribuido a hacer comprender mejor las riquezas espirituales del mismo Rosario y a revalorar su pr\u00e1ctica en ciertas ocasiones y movimientos juveniles.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">52. Y ahora, en continuidad de intenci\u00f3n con nuestros Predecesores, queremos recomendar vivamente el rezo del Santo Rosario en familia. El Concilio Vaticano II a puesto en claro c\u00f3mo la familia, c\u00e9lula primera y vital de la sociedad \u00abpor la mutua piedad de sus miembros y la oraci\u00f3n en com\u00fan dirigida a Dios se ofrece como santuario dom\u00e9stico de la Iglesia\u00bb (115). La familia cristiana, por tanto, se presenta como una Iglesia dom\u00e9stica (116) cuando sus miembros, cada uno dentro de su propio \u00e1mbito e incumbencia, promueven juntos la justicia, practican las obras de misericordia, se dedican al servicio de los hermanos, toman parte en el apostolado de la comunidad local y se unen en su culto lit\u00fargico (117); y m\u00e1s a\u00fan, se elevan en com\u00fan plegarias suplicantes a Dios; por que si fallase este elemento, faltar\u00eda el car\u00e1cter mismo de familia como Iglesia dom\u00e9stica. Por eso debe esforzarse para instaurar en la vida familiar la oraci\u00f3n en com\u00fan.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">53. De acuerdo con las directrices conciliares, la Liturgia de las Horas incluye justamente el n\u00facleo familiar entre los grupos a que se adapta mejor la celebraci\u00f3n en com\u00fan del Oficio divino: \u00abconviene finalmente que la familia, en cuanto sagrario dom\u00e9stico de la Iglesia, no s\u00f3lo eleve preces comunes a Dios, sino tambi\u00e9n recite oportunamente algunas partes de la Liturgia de las Horas, con el fin de unirse m\u00e1s estrechamente a la Iglesia\u00bb (118). No debe quedar sin intentar nada para que esta clara indicaci\u00f3n halle en las familias cristianas una creciente y gozosa aplicaci\u00f3n.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">54. Despu\u00e9s de la celebraci\u00f3n de la Liturgia de las Horas \u2014cumbre a la que puede llegar la oraci\u00f3n dom\u00e9stica\u2014, no cabe duda de que el Rosario a la Sant\u00edsima Virgen debe ser considerado como una de las m\u00e1s excelentes y eficaces oraciones comunes que la familia cristiana est\u00e1 invitada a rezar. Nos queremos pensar y deseamos vivamente que cuando un encuentro familiar se convierta en tiempo de oraci\u00f3n, el Rosario sea su expresi\u00f3n frecuente y preferida. Sabemos muy bien que las nuevas condiciones de vida de los hombres no favorecen hoy momentos de reuni\u00f3n familiar y que, incluso cuando eso tiene lugar, no pocas circunstancias hacen dif\u00edcil convertir el encuentro de familia en ocasi\u00f3n para orar. Dif\u00edcil, sin duda. Pero es tambi\u00e9n una caracter\u00edstica del obrar cristiano no rendirse a los condicionamientos ambientales, sino superarlo; no sucumbir ante ellos, sino hacerles frente. Por eso las familias que quieren vivir plenamente la vocaci\u00f3n y la espiritualidad propia de la familia cristiana, deben desplegar toda clase de energ\u00edas para marginar las fuerzas que obstaculizan el encuentro familiar y la oraci\u00f3n en com\u00fan.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">55. Concluyendo estas observaciones, testimonio de la solicitud y de la estima de esta Sede Apost\u00f3lica por el Rosario de la Sant\u00edsima Virgen Mar\u00eda, queremos sin embargo recomendar que, al difundir esta devoci\u00f3n tan saludable, no sean alteradas sus proporciones ni sea presentada con exclusivismo inoportuno: el Rosario es una oraci\u00f3n excelente, pero el fiel debe sentirse libre, atra\u00eddo a rezarlo, en serena tranquilidad, por la intr\u00ednseca belleza del mismo. .\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">CONCLUSI\u00d3N\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">VALOR TEOL\u00d3GICO Y PASTORAL<br \/>\nDEL CULTO A LA VIRGEN\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">56. Venerables Hermanos: al terminar nuestra Exhortaci\u00f3n Apost\u00f3lica deseamos subrayar en s\u00edntesis el valor teol\u00f3gico del culto a la Virgen y recordar su eficacia pastoral para la renovaci\u00f3n de las costumbres cristianas.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La piedad de la Iglesia hacia la Sant\u00edsima Virgen es un elemento intr\u00ednseco del culto cristiano. La veneraci\u00f3n que la Iglesia ha dado a la Madre del Se\u00f1or en todo tiempo y lugar -desde la bendici\u00f3n de Isabel (cf. Lc. 1, 42-45) hasta las expresiones de alabanza y s\u00faplica de nuestro tiempo- constituye un s\u00f3lido testimonio de su \u00ablex orandi\u00bb y una invitaci\u00f3n a reavivar en las conciencias su \u00ablex credendi\u00bb. Viceversa: la \u00ablex credendi\u00bb de la Iglesia requiere que por todas partes florezca lozana su \u00ablex orandi\u00bb en relaci\u00f3n con la Madre de Cristo. Culto a la Virgen de ra\u00edces profundas en la Palabra revelada y de s\u00f3lidos fundamentos dogm\u00e1ticos: la singular dignidad de Mar\u00eda \u00abMadre del Hijo de Dios y, por lo mismo, Hija predilecta del Padre y templo del Esp\u00edritu Santo; por tal don de gracia especial aventaja con mucho a todas las dem\u00e1s criaturas, celestiales y terrestres\u00bb (119), su cooperaci\u00f3n en momentos decisivos de la obra de la salvaci\u00f3n llevada a cabo por el Hijo; su santidad, ya plena en el momento de la Concepci\u00f3n Inmaculada y no obstante creciente a medida que se adher\u00eda a la voluntad del Padre y recorr\u00eda la v\u00eda de sufrimiento (cf. Lc 2, 34-35; 2, 41-52; Jn 19, 25-27), progresando constantemente en la fe, en la esperanza y en la caridad; su misi\u00f3n y condici\u00f3n \u00fanica en el Pueblo de Dios, del que es al mismo tiempo miembro eminent\u00edsimo, ejemplar acabad\u00edsimo y Madre amant\u00edsima; su incesante y eficaz intercesi\u00f3n mediante la cual, a\u00fan habiendo sido asunta al cielo, sigue cercan\u00edsima a los fieles que la suplican, a\u00fan a aquellos que ignoran que son hijos suyos; su gloria que ennoblece a todo el g\u00e9nero humano, como lo expreso maravillosamente el poeta Dante: \u00abT\u00fa eres aquella que ennobleci\u00f3 tanto la naturaleza humana que su hacedor no desde\u00f1o convertirse en hechura tuya\u00bb (120); en efecto, Mar\u00eda es de nuestra estirpe, verdadera hija de Eva, (aunque ajena a la mancha de la Madre, y verdadera hermana nuestra, que ha compartido en todo, como mujer humilde y pobre, nuestra condici\u00f3n).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A\u00f1adiremos que el culto a la bienaventurada Virgen Mar\u00eda tiene su raz\u00f3n \u00faltima en el designio insondable y libre de Dios, el cual siendo caridad eterna y divina (cf. 1Jn 4, 7-8.16), lleva a cabo todo seg\u00fan un designio de amor: la am\u00f3 y obr\u00f3 en ella maravillas (cf. Lc 1, 49); la am\u00f3 por s\u00ed mismo, la am\u00f3 por nosotros; se la dio a s\u00ed mismo y la dio a nosotros.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">57. Cristo es el \u00fanico camino al Padre (cf. Jn 14, 4-11). Cristo es el modelo supremo al que el disc\u00edpulo debe conformar la propia conducta (cf. Jn 13, 15), hasta lograr tener sus mismos sentimientos (cf. Fil 2,5), vivir de su vida y poseer su Esp\u00edritu (cf. G\u00e1l 2, 20; Rom 8, 10-11); esto es lo que la Iglesia ha ense\u00f1ado en todo tiempo y nada en la acci\u00f3n pastoral debe oscurecer esta doctrina. Pero la Iglesia, guiada por el Esp\u00edritu Santo y amaestrada por una experiencia secular, reconoce que tambi\u00e9n la piedad a la Sant\u00edsima Virgen, de modo subordinado a la piedad hacia el Salvador y en conexi\u00f3n con ella, tiene una gran eficacia pastoral y constituye una fuerza renovadora de la vida cristiana. La raz\u00f3n de dicha eficacia se intuye f\u00e1cilmente. En efecto, la m\u00faltiple misi\u00f3n de Mar\u00eda hacia el Pueblo de Dios es una realidad sobrenatural operante y fecunda en el organismo eclesial. Y alegra el considerar los singulares aspectos de dicha misi\u00f3n y ver c\u00f3mo ellos se orientan, cada uno con su eficacia propia, hacia el mismo fin: reproducir en los hijos los rasgos espirituales del Hijo primog\u00e9nito. Queremos decir que la maternal intercesi\u00f3n de la Virgen, su santidad ejemplar y la gracia divina que hay en Ella, se convierten para el g\u00e9nero humano en motivo de esperanza.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La misi\u00f3n maternal de la Virgen empuja al Pueblo de Dios a dirigirse con filial confianza a Aquella que est\u00e1 siempre dispuesta a acogerlo con afecto de madre y con eficaz ayuda de auxiliadora; (121) por eso el Pueblo de Dios la invoca como Consoladora de los afligidos, Salud de los enfermos, Refugio de los pecadores, para obtener consuelo en la tribulaci\u00f3n, alivio en la enfermedad, fuerza liberadora en el pecado; porque Ella, la libre de todo pecado, conduce a sus hijos a esto: a vencer con en\u00e9rgica determinaci\u00f3n el pecado. (122) Y, hay que afirmarlo nuevamente, dicha liberaci\u00f3n del pecado es la condici\u00f3n necesaria para toda renovaci\u00f3n de las costumbres cristianas.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La santidad ejemplar de la Virgen mueve a los fieles a levantar \u00ablos ojos a Mar\u00eda, la cual brilla como modelo de virtud ante toda la comunidad de los elegidos\u00bb. (123) Virtudes s\u00f3lidas, evang\u00e9licas: la fe y la d\u00f3cil aceptaci\u00f3n de la palabra de Dios (cf. Lc 1, 26-38; 1, 45; 11, 27-28; Jn 2, 5); la obediencia generosa (cf. Lc 1, 38); la humildad sencilla (cf. Lc 1, 48); la caridad sol\u00edcita (cf. Lc 1, 39-56); la sabidur\u00eda reflexiva (cf. Lc 1, 29.34; 2, 19. 33. 51); la piedad hacia Dios, pronta al cumplimiento de los deberes religiosos (cf. Lc 2, 21.22-40.41), agradecida por los bienes recibidos (Lc 1, 46-49), que ofrecen en el templo (Lc 2, 22-24), que ora en la comunidad apost\u00f3lica (cf. Act 1, 12-14); la fortaleza en el destierro (cf. Mt 2, 13-23), en el dolor (cf. Lc 2, 34-35.49; Jn 19, 25); la pobreza llevada con dignidad y confianza en el Se\u00f1or (cf. Lc 1, 48; 2, 24); el vigilante cuidado hacia el Hijo desde la humildad de la cuna hasta la ignominia de la cruz (cf. Lc 2, 1-7; Jn 19, 25-27); la delicadeza provisoria (cf. Jn 2, 1-11); la pureza virginal (cf. Mt 1, 18-25; Lc 1, 26-38); el fuerte y casto amor esponsal. De estas virtudes de la Madre se adornar\u00e1n los hijos, que con tenaz prop\u00f3sito contemplan sus ejemplos para reproducirlos en la propia vida. Y tal progreso en la virtud aparecer\u00e1 como consecuencia y fruto maduro de aquella fuerza pastoral que brota del culto tributado a la Virgen.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La piedad hacia la Madre del Se\u00f1or se convierte para el fiel en ocasi\u00f3n de crecimiento en la gracia divina: finalidad \u00faltima de toda acci\u00f3n pastoral. Porque es imposible honrar a la \u00abLlena de gracia\u00bb (Lc 1, 28) sin honrar en s\u00ed mismo el estado de gracia, es decir, la amistad con Dios, la comuni\u00f3n en El, la inhabitaci\u00f3n del Esp\u00edritu. Esta gracia divina alcanza a todo el hombre y lo hace conforme a la imagen del Hijo (cf. Rom 2, 29; Col 1, 18). La Iglesia cat\u00f3lica, bas\u00e1ndose en su experiencia secular, reconoce en la devoci\u00f3n a la Virgen una poderosa ayuda para el hombre hacia la conquista de su plenitud. Ella, la Mujer nueva, est\u00e1 junto a Cristo, el Hombre nuevo, en cuyo misterio solamente encuentra verdadera luz el misterio del hombre, (124) como prenda y garant\u00eda de que en una simple criatura \u2014es decir, en Ella\u2014 se ha realizado ya el proyecto de Dios en Cristo para la salvaci\u00f3n de todo hombre. Al hombre contempor\u00e1neo, frecuentemente atormentado entre la angustia y la esperanza, postrado por la sensaci\u00f3n de su limitaci\u00f3n y asaltado por aspiraciones sin conf\u00edn, turbado en el \u00e1nimo y dividido en el coraz\u00f3n, la mente suspendida por el enigma de la muerte, oprimido por la soledad mientras tiende hacia la comuni\u00f3n, presa de sentimientos de n\u00e1usea y hast\u00edo, la Virgen, contemplada en su vicisitud evang\u00e9lica y en la realidad ya conseguida en la Ciudad de Dios, ofrece una visi\u00f3n serena y una palabra tranquilizadora: la victoria de la esperanza sobre la angustia, de la comuni\u00f3n sobre la soledad, de la paz sobre la turbaci\u00f3n, de la alegr\u00eda y de la belleza sobre el tedio y la n\u00e1usea, de las perspectivas eternas sobre las temporales, de la vida sobre la muerte.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Sean el sello de nuestra Exhortaci\u00f3n y una ulterior prueba del valor pastoral de la devoci\u00f3n a la Virgen para conducir los hombres a Cristo las palabras mismas que Ella dirigi\u00f3 a los siervos de las bodas de Can\u00e1: \u00abHaced lo que El os diga\u00bb (Jn 2, 5); palabras que en apariencia se limitan al deseo de poner remedio a la inc\u00f3moda situaci\u00f3n de un banquete, pero que en las perspectivas del cuarto Evangelio son una voz que aparece como una resonancia de la f\u00f3rmula usada por el Pueblo de Israel para ratificar la Alianza del Sina\u00ed (cf. Ex 19, 8; 24, 3.7; Dt 5, 27) o para renovar los compromisos (cf. Jos 24, 24; Esd 10, 12; Neh 5, 12) y son una voz que concuerda con la del Padre en la teofan\u00eda del Tabor: \u00abEscuchadle\u00bb (Mt 17, 5).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">58. Hemos tratado extensamente, venerables Hermanos, de un culto integrante del culto cristiano: la veneraci\u00f3n a la Madre del Se\u00f1or. Lo ped\u00eda la naturaleza de la materia, objeto de estudio, de revisi\u00f3n y tambi\u00e9n de cierta perplejidad en estos \u00faltimos a\u00f1os. Nos conforta pensar que el trabajo realizado, para poner en pr\u00e1ctica las normas del Concilio, por parte de esta Sede Apost\u00f3lica y por vosotros mismos \u2014la instauraci\u00f3n lit\u00fargica, sobre todo\u2014 ser\u00e1 una v\u00e1lida premisa para un culto a Dios Padre, Hijo y Esp\u00edritu, cada vez m\u00e1s vivo y adorador y para el crecimiento de la vida cristiana de los fieles; es para Nos motivo de confianza el constatar que la renovada Liturgia romana constituye -aun en su conjunto- un f\u00falgido testimonio de la piedad de la Iglesia hacia la Virgen; Nos sostiene la esperanza de que ser\u00e1n sinceramente aceptadas las directivas para hacer dicha piedad cada vez m\u00e1s transparente y vigorosa; Nos alegra finalmente la oportunidad que el Se\u00f1or nos ha concedido de ofrecer algunos principios de reflexi\u00f3n para una renovada estima por la pr\u00e1ctica del santo Rosario. Consuelo, confianza, esperanza, alegr\u00eda que, uniendo nuestra voz a la de la Virgen \u2014como suplica la Liturgia romana \u2014, (125) deseamos traducir en ferviente alabanza y reconocimiento al Se\u00f1or.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Mientras deseamos, pues, hermanos car\u00edsimos, que gracias a vuestro empe\u00f1o generoso se produzca en el clero y pueblo confiado a vuestros cuidados un incremento saludable en la devoci\u00f3n mariana, con indudable provecho para la Iglesia y la sociedad humana, impartimos de coraz\u00f3n a vosotros y a todos los fieles encomendados a vuestra solicitud pastoral una especial Bendici\u00f3n Apost\u00f3lica.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Dado en Roma, junto a San Pedro, el d\u00eda 2 de febrero, Fiesta de la Presentaci\u00f3n del Se\u00f1or, del a\u00f1o 1974, und\u00e9cimo de Nuestro Pontificado.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">PAULUS P. P. VI\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">NOTAS\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">1. Cf. Lactantius, Divinae Institutiones IV, 3, 6-10: CSEL 19, 6. 279.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">2. Cf. Conc. Vat. II, Const. sobre la Sagrada Liturgia, Sacrosanctum Concilium, nn. 1-3, 11, 21, 48: AAS 56 (1964), pp. 97-98, 102-103, 105-106, 113.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">3. Conc. Vat. II, Const. sobre la Sagrada Liturgia, Sacrosanctum Concilium, n. 103; AAS 56 (1964), p.125.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">4. Cf. Conc. Vat. II, Const. dogm. sobre la Iglesia, Lumen gentium n.66: AAS 57 (1965), p.65.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">5. Ibid.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">6. Misa votiva de B. Maria Virgine Ecclesiae Matre, Praefatio\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">7. Cf, Conc, Vat. II, Const. Dogm. Sobre la Iglesia, Lumen Gentium, nn. 66-67; AAS (1965), pp. 65-66; Const. Sobre la Sagrada Liturgia, Sacrosanctum Concilium , n. 103 AAS 56 (1964), p.125\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">8. Cf. Exhortaci\u00f3n Apost\u00f3lica, Signum magnum; AAS 59 (1967), pp. 465-475.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">9. Cf. Conc. Vat. II, Const. Sobre la Sagrada Liturgia, Sacrosanctum Concilium, n. 3; AAS 56 (1964), p. 98.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">10. Cf. Conc. Vat. II, ibid., n. 102; AAS 56 (1964), p. 125.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">11. Cf. Missale Romanum ex Decr. Sacr. Oec. Conc. Vat II instauratum, auctoritate Pauli PP. VI promulgatum, de. Typica, MCMLXX, di 8 Decembris, Praefatio.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">12. Missale Romanum ex Decr. Sacr. Oec. Conc. Vat II instauratum auctoritate Pauli PP. VI promulgatum. Ordo Lectionum Missae, de. Typica, MCMLXIX, p. 8: Lectio I (Anno A: Is 7,10-14: \u00abEcce Virgo concipiet\u00bb; Anno B: 2 Sam 7,1-5, 8b-11, 16: \u00abRegnum David erit usque in aeternum ante faciem Domini\u00bb; Anno C: Mich 5,2-5a (Hebr. 1-4a): \u00abEx te egredietur dominator in Israel\u00bb).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">13. Ibid, p.8: Evangelium (Anno A; Mt 1,18-24: \u00abIesus nascetur de Mara, desponsata Ioseph, fili David\u00bb; Anno B: LC 1,26-38: \u00abEcce concipies in utero et paries filium\u00bb; Anno C: Lc 1,39-45: \u00abUnde hoc mihi ut veniat mater Domini mei ad me?\u00bb).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">14. Cf. Missale Romanum, Praefatio de Adventu, II.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">15. Missale Romanum, Ibid.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">16. Missale Romanum, Prex Eucharistica I, Communicantes in Nativitate Domini et per octavam.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">17. Missale Romanum, die 1 Ianuarii, Ant. Ad introitum et Collecta.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">18. Cf. Missale Romanum, die 22 Augusti, Collecta\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">19. Missale Romanum, die 8 Septembirs, Post communionem.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">20. Missale Romanum, die 31 Maii, Collecta.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">21. Cf. Ibid., Collecta et Super Oblata.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">22. Missale Romanum, die 15 Septembirs, Collecta.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">23. Cf. N.1, p.16.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">24. Entre las numerosas An\u00e1foras, cf. Las siguientes, que gozan de particular venraci\u00f3n entre los Orientales: Anaphora Mar ci Evangelistae: Prex Eucharistica, de. A. Hanggi-I Pahl. Fritris Domini graeca, ibid., p. 257; Anaphora Ionnis Chrysostomi, ibid., p. 229.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">25. Cf. Missale Romanum, die 8 Decembris, Praefatio.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">26. Cf. Missale Romanum, die 15 Augusti, praefatio.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">27. Cf. Missale Romanum, die 1 Iianuarii, Post Communionem.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">28. Cf. Missale Romanum, Commune B. Mariae Virginis, 6. Tempore paschali, Collecta.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">29. Missale Romanum, die 15 Septembirs, Collecta.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">30. Missale Romanum, die 31 Maii, Collecta. En la misma l\u00ednea el Praefatio de B. Mar\u00eda Virgine, II: \u00abRealmente es justo y necesario&#8230; en esta conmemorai\u00f3n de la Sant\u00edsima Virgen Mar\u00eda, proclamar tu amor por nosotros con su mismo c\u00e1ntico de alabanza\u00bb.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">31. Cf. Ordo Lectionum Missae, Dom. III Adventus (Anno C: sSoph 3, 14-18a); Dom. IV Adventus (cf. Supra ad n.12); Dom. Infra Oct. Nativitatis (Anno A: Mt 2,13-15, 19-23; Anno B: Lc 2,22-40; Anno C: Lc 2,41-52); Dom. II post Nativitatem (Jn 1,1-18); Dom. VII Paschae (Anno A: Act1,12-14); Dom. II per annum (Anno C: Jn 2,1-12); Dom. X per annum (Anno B: G\u00e9n 3,9-15); Dom. XIV per annum (Anno B: Mc 6,1-6).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">32. Cf. Ordo Lectionum Missae, Pro catechumenatu et baptismo adultorum, Ad traditionem Orationis Dominicae (Lectio II, 2: G\u00e1l 4,4-7); Ad Initiatioem christianam extra Vigiliam paschalem (Evang., 7: In 1,1-5, 9-14, 16-18); Pro nuptiis (Evang., 7: Jn 2,1-11); Pro consecratione virginum et professione reliosa (Lectio 1,7: Is 61, 9-11; Evang., 6: Mc 3, 31-35; Lc 1, 26-28 (cf. Ordo consecrationis virginum, n. 130: Ordo professionis religiosae, Pars altera, n. 145)).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">33. Cf. Ordo Lectionum Missae, Pro profugis et exsulibus (Evang., 1: Mt 2, 13-15, 19-23); Pro gratiarum actione (Lectio 1,4: Soph 3, 14-15).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">34. La Divina Commedia, Paradiso XXXIII, 1-9; cf. Liturgia Horarum, Memoria Sanctae Mariae in Sabbato, ad Officium Lectionis, Hymnus.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">35. Cf. Ordo Baptismi parvulorum, n. 48; Ordo initiationis christianae adultorum, n. 214.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">36. Cf. Rituale Romanum, Tit. VII, cap. III, De benedictione mulieris post partum.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">37. Cf. Ordo professionis religiosae, Pars Prior, nn. 57 et 67.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">38. Cf. Ordo consecrationis virginum, n. 16.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">39. Cf. Ordo professionis religiosae, Pars Prior, nn. 62 et 142; Pars Altera, nn. 67 et 158; Ordo consecrationis virginum, nn. 18 et 20).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">40. Cf. Ordo unctionis infirmorum corumque pastoralis corae, nn. 143, 146, 147, 150.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">41. Cf. Misale Romanum, Missae defunctorum Pro defunctis fratribus, propinquis et benefactoribus, Collecta.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">42. Cf. Ordo exsequiarum, n.226.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">43. Cf. Conc. Vat. II, Const. dogm. sobre la Iglesia, Lumen gentium, n. 63: AAS 57 (1965), p. 64.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">44. Cf. Conc. Vat. II, Const. sobre la Sagrada Liturgia, Sacrosanctum Concilium, n. 7: AAS 56 (1964), pp. 100-101.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">45. Sermo 215, 4: PL 38, 1074.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">46. Ibid.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">47. Cf. Conc. Vat. II, Const. Dogm. sobre la divina Revelaci\u00f3n, Dei Verbum, n. 21: AAS 58 (1966), pp. 827-828.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">48. Cf. Adversus haereses IV, 7, 1: PG 7, 1: 990-991; S. Ch. 100, t. III, pp. 454-458.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">49. Adversus haereses III, 10, 2: PG 7, 1, 873; S. Ch. 34, p. 164.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">50. Cf. Conc. Vat. II, Const. dogm. sobre la Iglesia, Lumen gentium, n. 62: AAS 57 (1965), p. 63.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">51. Cf. Conc. Vat. II, Const. sobre la Sagrada Liturgia, Sacrosantum Concilium, n. 83: AAS 56 (1964), p.121.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">52. Conc. Vat. II, Const. dogm. sobre la Iglesia, Lumen gentium, n. 63: AAS 57 (1965), p. 64.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">53. Ibid., n. 64: AAS 57 (1965), p. 64.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">54. Tractatus XXV (In Nativitate Domini), 5: CCL 138, p.123; S. Ch. 22 bis, p. 132; cf. tambi\u00e9n Tractatus XXIX (In Nativitate Domini), 1: CCL ibid., p.147; S. Ch. ibid., p. 178; Tractatus LXIII (De Passione Domini) 6: CCL ibid., p. 386; S. Ch. 74, p. 82.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">55. M. Ferotin, Le \u00abLiber Mozarabicus Sacramentorum\u00bb, col. 56.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">56. In purificatione B. Mariae, Sermo III, 2: PL 183, 370; Sancti Bernardi Opera, ed. J. Leclereq-H Rochais, IV Romae 1966, p. 342.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">57. Cf. Conc. Vat. II, Const. dogm. sobre la Iglesia, Lumen gentium, n. 57; AAS 57 (1965), p. 61.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">58. Ibid., n.58; AAS 57 (1965), p.61.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">59. Cf. Pius XII, Carta Enc\u00edclica, Mystici Corporis: AAS 35 (1943), p. 247.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">60. Cf. Conc. Vat. II, Const. sobre la Sagrada Liturgia, Sacrosanctum Concilium, n. 47; AAS 56 (1964), p. 113.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">61. Cf. ibid., nn. 102 y 106; AAS 56 (1964), pp. 125 y 126.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">62. \u00ab&#8230;Acu\u00e9rdate de todos aquellos que te agradaron en esa vida, de los santos padres, de los patriarcas, de los profetas, de los ap\u00f3stoles (&#8230;) y de la santa y gloriosa Madre de Dios, Mar\u00eda, y de todos los santos (&#8230;) que se acuerden ellos de nuestra miseria y pobreza y te ofrezcan junto con nosotros este tremendo e incruento sacrificio\u00bb: Anaphora Iacobi fratris Domini syriaca: Prex Eucharistica, ed. A. Hanggi-I Pahl, Fribourg, Editions Universitaires, 1968, p. 274.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">63. Expositio Evangelii secundum Lucam, II, 26: CSEL 32, IV, p. 55, S. Ch. 45, pp. 83-84.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">64. Cf. Conc. Vat. II, Const. dogm. sobre la Iglesia, Lumen gentium, n. 62: AAS 57 (1965), p. 63.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">65. Conc. Vat. II, Const. Sobre la Sagrada Liturgia, Sacrosantum Concilium, n. 103: AAS 56 (1964), p. 125.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">66. Const. Vat. II, Const. Dogm. sobre la Iglesia. Lumen gentium, n. 67: AAS 57 (1965), p. 65.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">67.. Cf. Ibid., n. 67; AAS 57 (1965), p. 65-66.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">68.. Cf. Conc. Vat. II, Const. sobre la Sagrada Liturgia, Sacrosanctum Concilium, n. 104; AAS 56 (1964), pp. 125-126.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">69.. Cf. Conc. Vat. II, Const.dogm. sobre la Iglesia, Lumen gentium, n. 66; AAS 57 (1965), p. 65.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">70.. Cf. Paulus VI, Alocuci\u00f3n pronunciada el d\u00eda 24 de Abril de 1970 en el Santuario de \u00abNostra Signora di Bonaria\u00bb en Cagliari; ASS 62 (1970), p. 300.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">71.. Pius IX, Carta Apost\u00f3lica, Ineffabilis Deus: Pii IX Pontificis Maximi Acta, I, 1, Romae 1854, p. 599; cf. tambi\u00e9n V. Sardi, La Solenne definizione del dogma dell Immacolato concepimento di Maria Santissima, Atti e documenti&#8230;, Roma 1904-1905, vol. II, p. 302.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">72.. Cf. Conc. Vat. II, Const. dogm. sobre la Iglesia, Lumen gentium, n. 66; AAS 57 (1965), p. 65.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">73.. S. Hildelfonsus, De virginitate perpetua sanctae Mariae Cap. XII; PL 96, 108.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">74.. Conc. Vat. II, Const. dogm. sobre la Iglesia, Lumen gentium, n. 56; AAS 57 (1965), p. 60 y los autores citados en la correspondiente nota 176.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">75.. Cf. S. Ambrosius, De Spiritu Sancto II, 37-38; CSEL 79, pp. 100-101; Cassianus, De Incarnatione Domini II, Cap. II; CSEL 17, pp. 247-249; S. Beda, Homilia I, 3; CCL 122, p. 18 y p. 20.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">76.. Cf. S. Ambrosius, De institutione virginis, Cap. XII, 79; PL 16 (ed. 1880), 339; Epistula 30, 3 et Epistula 42, 7; ibid., 1107 et 1175; Expositio evangelii secundum Lucam X, 132: S. Ch. 52, p. 200; S. Proclus Constantinopolitanus, Oratio I,1 et Oratio V,3: PG 65, 681,et 720; S. Basilius Celeucensis, Oratio XXXIX, 3; PG 85, 433; S. Andreas Cretensis Oratio IV, PG 97, 868; S. Germanus Constantinopolitanus, Oratio III, 15; PC 98, 305.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">77.. Cf. S. Hieronymus, Adversus Iovinianun I, 33; PL 23, 267; S. Ambrosius, Epistula 63, 33; PL 16 (ed. 1880), 1249; De institutione virginis, cap. XVII, 195; ibid., 346; De Spiritu Sancto III, 79-80; CSEL 79, pp. 182-183; Sedulius, Hymnus \u00abA solis ortus cardini\u00bb, vv. 13-14; CSEL 10, p. 164; Hymnus Acathistos, str. 23; ed. I. B. Pietra, Analecta Sacra, I, p. 261; S. Proclus Constantinopolitanus, Oratio I, 3; PG 65, 684; Oratio II, 6; ibid., 700; S. Basilius Seleucencis, Oratio IV; PG 97, 868; S. Ioannes Damascenus, Oratio VI, 10; PG 96, 677.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">78. Cf. Severus Antiochenus, Homilia 57; PO 8, pp. 357-358; Hesychius Hierosolymitanus, Homilia de sancta Maria Deipara; PG 93, 1464; Chrysippus Hierosolymitanus, Oratio in sanctam Mariam Deiparam, 2; PO 19, p.338; S. Andreas Cretensis, Oratio V; PG 97, 896; S. Ioannes Damascenus, Oratio VI, 6; PG 96, 672.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">79. Liber Apotheosis, vv. 571-572; CCL 126, p.97.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">80. Cf. S. Isidorus, De ortu et obitu Patrum, cap. LXVII, 111; PL 83, 184; S. Hildefonsus, De virginitate perpetua sanctae Mariae, cap. X; PL 96, 95; S. Bernardus, In Assumptione B. Virginis Mariae, Sermo IV, 4; PL 183, 428; In Nativitate B. Virginis Mariae; ibid., 442; S. Petrus Damianus, Carmina sacra et preces II, Oratio ad Deum Filium; PL 145, 921; Antiphona \u00abBeata Dei Genitrix Maria\u00bb; Corpus antiphonialium Officii, ed. R. J. Hesbert, Roma 1970, vol. IV, n. 6314, p.80.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">81.. Cf. Paulus Diaconus Homilia I, In Assumptione B. Mariae Virginis; PL 95, 1567; De Assumptione sanctae Mariae Virginis Paschasio Radberto trib., nn. 31, 42, 57, 83; ed. A. Ripberger, in \u00abSpicilegium Friburgense\u00bb, n. 9, 1962, 72, 76, 84, 96-97; Eadmerus Cantauriensis De excellentia Virginis Mariae, cap. IV-V; PL 159, 562-567; S. Bernardus, In laudibus Virginis Matris, Homilia IV, 3; Sancti Bernardi Opera, ed. J. Leclereq-H. Rochais, IV, Romanae 1966, pp. 49-50.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">82. Cf. Origenes, In Lucam Homilia VII, 3; PG 13, 1817; S. Ch. 87, p. 156; S. Cyrillus Alexandrinus, Comentarius in Aggaeum prophetam, cap. XIX; PG 71, 1060; S. Ambrosius, De fide IV, 9, 113-114; CSEL 78, pp. 197-198; Expositio Evangelii secundum Lucam II, 23-27-28; CSEL 32, IV, pp. 53-54 et 55-56; Severianus Gabalensis, In mundi creationem oratio VI, 10; PG 56, 497-498; Antipater Bostrensis, Homilia in Sanctissimae Deiparae Annunciationem, 16; PG 85, 1785.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">83. Cf. Eadmerus Cantuariensis, De excellentia Virginis Mariae, cap. VII; PL 159, 571; S. Amedeus Lausannensis, De Maria Virgine Matre, Homilia VII; PL 188, 1337; S. Ch. 72, p. 184.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">84. De virginitate perpetua sanctae Mariae, cap. XII; PL 96, 106.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">85. Conc. Vat. II, Const. Dogm. Sobre la Iglesia, Lumen gentium, n. 54; AAS 57 (1965), p. 59. Cf. Paulo VI, Alocuci\u00f3n a los Padres Conciliares, en la clausura de la segunda sesi\u00f3n del Concilio Ecum\u00e9nico Vaticano II, 4 diciembre 1963: AAS 56 (1964), p. 37.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">86. Cf. Conc. Vat. II, Const. Dogm. Sobre la Iglesia, Lumen gentium, nn. 6, 7-8, 9-17; AAS 57 (1965), pp. 8-9, 9-12, 12-21.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">87. Ibid., n. 63; AAS 57 (1865), p. 64.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">88. S. Cyprianus, De Catholicae Ecclesiae unitate, 5; CSEL 3, p. 214.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">89. Isaac De Stella, Sermo LI. In Assumtione B. Mariae; PL 194, 1863.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">90. Sermo XXX, 7; S. Ch. 164, p. 134.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">91. Cf. Conc. Vat. II, Const. dogm. sobre la Iglesia, Lumen gentium, nn. 66-69; AAS 57 (1965), pp. 65-67.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">92. Cf. Conc. Vat. II, Const. dogm. sobre la divina Revelaci\u00f3n, Dei Verbum, n. 25; AAS 58 (1966), pp. 829-830.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">93. Cf. Conc. Vat. II, Const. sobre la sagrada Liturgia, Sacrosanctum Concilium, n. 13; AAS 56 (1964), p.103.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">94. Cf. Officium magni canonis paracletici, Magnum Orologion, Athenis 1963, p. 558; passim en los c\u00e1nones y en los troparios lit\u00fargicos; cf. Sofonio Eustradiadou. Theotokarion, Chennevi\u00e9res sur Marne 1931, pp. 9-19.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">95. Cf. Conc. Vat II, Const. dogm. sobre la Iglesia, Lumen gentium, n. 69; AAS 57 (1965), pp. 66-67.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">96. Cf. Ibid., n. 66; AAS 57 (1965), p. 65; Const. sobre la Sagrada Liturgia, Sacrosanctum Concilium, n. 103; AAS 56 (1964), p. 125.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">97. Cf. Conc. Vat. II, Const. dogm. sobre la Iglesia, Lumen gentium, n. 67; AAS 57 (1965), pp. 65-66.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">98. Ibid., n. 66; AAS 57 (1965), p. 65.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">99. Cf. Pablo VI, Alocuci\u00f3n a los Padres Conciliares en la Bas\u00edlica Vaticana, el d\u00eda 21 de noviembre de 1964; ASS 56 (1964), p. 1017.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">100. Conc. Concilio Vat. II, Decr. Sobre el Ecumenismo, Unitatis redintegratio, n. 20; AAS 57 (1965), p.105.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">101.Carta Enc\u00edclica, Adiutricem populi; AAS 28 (1895-1896), p.135.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">102. Cf. Conc. Vat. II, Const. dogm. sobre la Iglesia, Lumen gentium, 56; AAS 57 (1965), p.60.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">103. S. Petrus Chrysologus, Sermo CXLIII; PL 52, 583.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">104. Conc. Vat. II, Const. dogm. sobre la Iglesia, Lumen gentium, n.55; AAS 57 (1965), pp. 59-60.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">105. Cf. Pablo VI, Exhortaci\u00f3n Apost\u00f3lica, Signum magnum I; AAS 59 (1967), pp. 467-468; Missale Romanum, die 15 Septembris, Super oblata.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">106. Const. dogm. sobre la Iglesia, Lumen gentium, n. 67; AAS 57 (1965), pp. 65-66.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">107.Cf. Augustinus, In Iohannis Evangelium, Tractatus X, 3; CCL 56, pp.101-102; Epistula 243, Ad laetum, n. 9; CSEL 57, pp. 575-576; S. Beda, In Lucae Evangelium expositio, IV, XI, 28; CCL 120, p.237; Homilia I, 4: CCL 122, pp. 26-27.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">108.Cf. Conc. Vat. II, Const. dogm. sobre la Iglesia, Lumen gentium, n. 58; AAS 57 (1965), p. 61.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">09. Missale Romanum, Dominica IV Adventus, Collecta. An\u00e1logamente la Collecta del 25 de marzo, que en el rezo del Angelus puede sustituir a la precedente.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">110. Pius XII, Epistula Philippinas Insulas ad Archiepiscopum Manilensem: AAS 38 (1946), p. 419.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">111. Cf. Discurso a los participantes al II Congreso Internacional Dominicano del Rosario; Insegnamenti di Paolo VI, (1963), pp.463-464. 112. Cf. AAS 58 (1966), pp. 745-749.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">113. Cf. AAS 61 (1969), pp. 649-654.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">114. Cf. n. 13; AAS 56 (1964), p. 103.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">115. Decr. sobre el apostolado de los seglares. Apostolicam actuositatem, n. 11; AAS 58 (1966), p. 848.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">116. Conc. Vat. II, Const. Dogm. sobre la Iglesia, Lumen gentium, n.11; AAS 57 (1965), p.16.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">117. Cf. Conc. Vat. II, Decr. sobre el apostolado de los seglares, Apostolicam actuositatem, n.11; AAS 58 (1966), p. 848.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">118. N. 27\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">119.Conc. Vat. II, Const. Dogm. Sobre la Iglesia, Lumen Gentium, n. 53: AAS 57 (1965), pp. 58-59.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">120.La Divina Comedia, Paradiso XXXIII, 4-6.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">121.Cf. Conc. Vat. II, Const. Dogm. Sobre la Iglesia, Lumen Gentium, nn. 60-63; AAS 57 (1965), pp. 62-64.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">122.Cf. Ibid., n. 65: AAS 57 (1965), pp. 64-65.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">123.Ibid., n. 65: AAS 57 (1965), p. 64.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">124.Cf. Conc. Vat. II, Const. Past. Sobre la Iglesia en el mundo actual, Gaudium el spes, n. 22: AAS 58 (1966), pp. 1042-1044.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">125.Cf. Missale Romanum, die 31 Maii, Collecta.\n<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Enciclopedia Cat\u00f3lica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>[072] Enc\u00ed\u00adclica de Pablo VI del 2 de Febrero de 1974 sobre la importancia del culto mariano en la Iglesia y el valor de la imitaci\u00f3n de la Madre de Dios. Pedro Chico Gonz\u00e1lez, Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00ed\u00ada Religiosa, Editorial Bru\u00f1o, Lima, Per\u00fa 2006 Fuente: Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00eda Religiosa EXHORTACI\u00d3N APOST\u00d3LICA MARIALIS &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/marialis-cultus\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abMARIALIS CULTUS\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-12066","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/12066","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=12066"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/12066\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=12066"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=12066"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=12066"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}