{"id":12296,"date":"2016-02-05T08:24:40","date_gmt":"2016-02-05T13:24:40","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/moralidad\/"},"modified":"2016-02-05T08:24:40","modified_gmt":"2016-02-05T13:24:40","slug":"moralidad","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/moralidad\/","title":{"rendered":"MORALIDAD"},"content":{"rendered":"<p>[300]<\/p>\n<p>      Actitud y disposici\u00f3n de actuar conforme a los imperativos de la propia conciencia, superando la simple \u00ablegalidad\u00bb o cumplimiento de las leyes.  La moralidad es concepto que se aplica a las personas, a las acciones, a las relaciones y a las instituciones.<\/p>\n<p>Pedro Chico Gonz\u00e1lez, Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00ed\u00ada Religiosa, Editorial Bru\u00f1o, Lima, Per\u00fa 2006<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00eda Religiosa<\/b><\/p>\n<p>(-> ley, gracia, mandamientos). Desde el principio de la creaci\u00f3n (Gn 2-3) el hombre est\u00e1 situado ante el \u00e1rbol* del bien y del mal, apareciendo as\u00ed\u00ad co mo un ser \u00abresponsable\u00bb*, es decir, due\u00f1o de s\u00ed\u00ad mismo y dotado de libertad*. En sentido radical, la Escritura de Israel, centrada en el libro de la Ley o Pentateuco, ha de entenderse como testimonio radical de moralidad: ella marca a los hombres el camino y direcci\u00f3n de su vida. Especial importancia han tenido en el despliegue de la moralidad israelita los profetas, testigos de la justicia de Dios. Desde una perspectiva evang\u00e9lica, la moralidad ha de entenderse no desde la ley, sino desde la gracia: \u00abO\u00ed\u00adsteis que fue dicho: Amar\u00e1s a tu pr\u00f3jimo, y aborrecer\u00e1s a tu enemigo. Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen; para que se\u00e1is hijos de vuestro Padre que est\u00e1 en los cielos, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y que hace llover sobre justos e injustos. Porque si am\u00e1is a los que os aman, \u00bfqu\u00e9 recompensa tendr\u00e9is? \u00bfNo hacen tambi\u00e9n lo mismo los publicanos? Y si salud\u00e1is a vuestros hermanos solamente, \u00bfqu\u00e9 hac\u00e9is de m\u00e1s? \u00bfNo hacen tambi\u00e9n as\u00ed\u00ad los gentiles? Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que est\u00e1 en los cielos es perfecto\u00bb (Mt 5,43-48). La moral de la Ley tiene un valor, pero s\u00f3lo sirve para publ\u00ed\u00adcanos y gentiles, es decir, para personas que, conforme al judaismo de aquel tiempo, no creen en el Dios de la gracia. En contra de eso, la verdadera moralidad cristiana brota de la gracia de Dios. La moral de la Ley sirve para mantener un equilibrio social que es propio de buenos paganos y buenos publ\u00ed\u00adcanos, pero no basta para ofrecer a los hombres un camino de gracia. Por el contrario, la moralidad del Reino se apoya en la gracia de Dios e interpreta y despliega la misma vida como gracia, superando el nivel de la Ley del bien y el mal.<\/p>\n<p>PIKAZA, Javier, Diccionario de la Biblia. Historia y Palabra, Verbo Divino, Navarra 2007<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de la Biblia Historia y Palabra<\/b><\/p>\n<p>La forma experimental del -> bien depende en gran parte de la estructura fundamental del mundo circundante, de la sociedad y comunidad y de la concepci\u00f3n total de la vida. En la derivaci\u00f3n de la palabra m., como esencia de lo humanamente bueno, de la palabra latina mos (costumbre), se refleja una situaci\u00f3n hist\u00f3rica en la que un medio social unitario fue reconocido generalmente como normativo. Quien se rige por la costumbre reinante es, seg\u00fan eso, moral. Lo cual no significa necesariamente una renuncia al inter\u00e9s por el bien en s\u00ed\u00ad. En ello puede reflejarse la esperanza, m\u00e1s o menos fundada, de que la tradici\u00f3n y la comunidad nos gu\u00ed\u00adan de la mejor forma posible al conocimiento del bien. El respeto a la costumbre dominante puede convertirse gradualmente en expresi\u00f3n de la responsabilidad ante la sociedad, si el concepto de m. y la manera de sentirla se ampl\u00ed\u00adan y profundizan.<\/p>\n<p>M\u00e1s estrecha a\u00fan que la equiparaci\u00f3n de costumbre y m. es la tergiversaci\u00f3n jur\u00ed\u00addica de la m. Tal ocurre cuando en el primer plano de la conciencia y conducta \u00abmoral\u00bb est\u00e1 la norma y sanci\u00f3n legal: lo que es \u00abmoralmente\u00bb necesario debe imponerse legalmente forzando a su cumplimiento; y lo que no est\u00e1 bajo la sanci\u00f3n legal no se considera moralmente importante. Con este error est\u00e1 emparentada la acentuaci\u00f3n unilateral del control \u00absacerdotal\u00bb a base de leyes y modelos casu\u00ed\u00adsticos, que permiten decir a cada uno lo que debe hacer y, sobre todo, medir y controlar exactamente la m. El error no est\u00e1 en que tal interpretaci\u00f3n de la m. implique una valoraci\u00f3n de la inspecci\u00f3n y la sanci\u00f3n legales, sino m\u00e1s bien en que la m. se equipare casi exclusivamente con ellas.<\/p>\n<p>El bien o la m. s\u00f3lo se valora adecuadamente con una aut\u00e9ntica vivencia personal, en que la persona libre y dotada de raz\u00f3n siente como un deber la exigencia del bien y la realidad liberadora y beatificante del bien en s\u00ed\u00ad mismo, por encima de la costumbre o sanci\u00f3n vigente.<\/p>\n<p>1. Lo que exige la conciencia<br \/>\nLa conciencia es m\u00e1s que una central en la que, con o sin sanciones temporales, se advierte que se hace esto o se omite aquello. En la -> conciencia el hombre experimenta existencialmente &#8211; de una manera que exige un verdadero salirse (ex-sistere) del ego\u00ed\u00adsmo mezquino &#8211; que su incolumidad y totalidad, y hasta su verdadera existencia personal, est\u00e1n ligadas al bien y a sus exigencias. \u00abLa conciencia es el centro m\u00e1s oculto y el santuario del hombre, en que \u00e9ste se encuentra a solas con Dios, cuya voz ha de escuchar en su intimidad m\u00e1s profunda\u00bb (Gaudium et spes, n\u00c2\u00b0 16). En su conciencia experimenta el hombre su desgarro interior cuando no secunda las exigencias del bien conocido. En la paz de la conciencia experimenta la bienaventuranza del que escucha la voz de la verdad y del bien y los pone en pr\u00e1ctica con todas sus fuerzas, o bien la maldici\u00f3n aneja al no querer asentir al bien y a una conducta que est\u00e1 en contradicci\u00f3n con el conocimiento de ese bien.<\/p>\n<p>Donde se da sinceridad de conciencia en la b\u00fasqueda de la verdad y del bien, hay tambi\u00e9n m. aut\u00e9ntica, incluso en el caso de que el hombre yerre. \u00abSucede no pocas veces que la conciencia yerra por ignorancia invencible, sin que por ello pierda su dignidad. Pero esto no puede decirse si el hombre apenas se esfuerza en la b\u00fasqueda de la verdad y del bien, y la conciencia se va cegando poco a poco por el h\u00e1bito del pecado\u00bb (ibid., n.\u00c2\u00b0 16).<\/p>\n<p>Una de las grandes cuestiones es \u00e9sta: \u00bfC\u00f3mo llega el hombre a conocer el bien? Aqu\u00ed\u00ad tienen un papel muy importante la personalidad ejemplar y los valores y normas vividos y protegidos con convicci\u00f3n en la comunidad. El conocimiento, sin embargo, no viene desde fuera por un camino puramente intelectualista. El hombre conoce el bien en su conciencia de un modo que expresa su m\u00e1s \u00ed\u00adntima uni\u00f3n con \u00e9l en libertad. \u00abEn la conciencia conoce el hombre de manera admirable aquella ley que tiene su cumplimiento en el amor a Dios y al pr\u00f3jimo\u00bb (ibid.). El valor fundamental es siempre la -> persona con su capacidad de amor y la relaci\u00f3n entre persona y comunidad. Todas las normas verdaderas de m. facilitan las exigencias esenciales del -> amor y de la -> justicia. Como en la m. siempre se trata en definitiva de las relaciones de hombre a hombre y de la persona con la comunidad, es inevitable que el conocimiento moral de cada uno dependa en una gran parte del nivel moral del mundo circundante. Una mera sumisi\u00f3n de esclavo a la costumbre dominante y a las sanciones legales no es, sin embargo, la verdadera expresi\u00f3n de esta ligaz\u00f3n del hombre a su conciencia. Un aut\u00e9ntico enriquecimiento a trav\u00e9s de las costumbres, los modelos y las leyes se produce realmente cuando en medio de esa vinculaci\u00f3n se da una b\u00fasqueda sincera de la verdad y del bien. \u00abLa fidelidad a la conciencia une a los cristianos con los dem\u00e1s hombres para buscar la verdad y resolver con acierto los numerosos problemas morales\u00bb (ibid.).<\/p>\n<p>2. Religi\u00f3n y moralidad<br \/>\nHabida cuenta del car\u00e1cter inevitable de esta vivencia intima se plantea la pregunta: \u00bfC\u00f3mo se justifica la exigencia del bien? \u00bfC\u00f3mo se comporta respecto del misterio religioso aquella parte de la m. que regula las relaciones del hombre con el \u00abt\u00fa\u00bb, con el \u00abnosotros\u00bb y con el propio \u00abyo\u00bb? No se puede negar que la exigencia del valor y deber moral la experimentan tambi\u00e9n los hombres que no han encontrado todav\u00ed\u00ada, o no han encontrado plenamente, la fe en un Dios personal. Fenomenol\u00f3gicamente &#8211; en el campo de las vivencias &#8211; la m. no siempre est\u00e1 unida de un modo expreso con lo \u00absanto\u00bb, con la religi\u00f3n. Ning\u00fan intento de esclarecimiento de la m. ser\u00e1 satisfactorio ni rozar\u00e1 su experiencia m\u00e1s profunda mientras se pase por alto o incluso se niegue la uni\u00f3n entre religi\u00f3n y m. En la aut\u00e9ntica vivencia moral de un hombre, que tambi\u00e9n est\u00e9 fundamentalmente dispuesto a vivir seg\u00fan su conciencia, \u00e9ste no se halla en definitiva ante un mero principio, ni tampoco ante la escueta preocupaci\u00f3n por su perfecci\u00f3n personal. En \u00faltimo t\u00e9rmino ese hombre se sabe ligado a un T\u00fa, el cual puede dar y exigir incondicionalmente.<\/p>\n<p>3. Caracteres de la moralidad cristiana<br \/>\nLa profundidad y autenticidad de la vivencia intima y una m. vivida ligan al cristiano con todos los hombres que buscan y se esfuerzan con conciencia sincera. La m. cristiana tiene no obstante un rasgo caracter\u00ed\u00adstico que la distingue y que no se encuentra o se encuentra s\u00f3lo impl\u00ed\u00adcitamente fuera de la fe cristiana. El creyente experimenta el deber con la mirada puesta totalmente en el don, en la gracia y el amor de Dios. Es un deber sometido a la soberan\u00ed\u00ada de Dios, que es \u00fanica y exclusivamente amor y quiere salvar y guiar al mundo por su gracia y amor en su Hijo unig\u00e9nito. El deber hay que vivirlo como una llamada al seguimiento, y de tal modo que el deber nunca puede ser lo primero. Lo fundamental es el don de la amistad y la filiaci\u00f3n divinas, el amor y la fuerza de atracci\u00f3n de la personalidad ejemplar de Cristo. Es una m. de seguimiento, de la comuni\u00f3n m\u00e1s \u00ed\u00adntima de vida y de amor con Cristo; una moral de la alianza, en que la gratuidad del pacto es el motivo m\u00e1s urgente de la fidelidad al mismo; una moral de comuni\u00f3n (koinon\u00ed\u00ada), en la cual el s\u00ed\u00ad a la alianza con Dios se convierte en el si al pueblo de la alianza para la unidad. El Se\u00f1or de la alianza quiere que le demostremos nuestro amor principalmente mediante el amor al pr\u00f3jimo y cooperando con responsabilidad en el progreso del pueblo de la alianza. La m. de la nueva alianza implica una misi\u00f3n y un deber frente a todos los hombres. La m. neotestamentaria descansa m\u00e1s claramente a\u00fan que la del AT en la fe que con el amor produce fruto para la vida del mundo. La m., lo mismo que la fe, es dialog\u00ed\u00adstica, tiene car\u00e1cter de respuesta. El hombre existe y llega verdaderamente a s\u00ed\u00ad mismo en la palabra y en el amor, en el o\u00ed\u00adr atento, en la respuesta y la responsabilidad amorosas.<\/p>\n<p>Fundamentalmente el cristiano est\u00e1, no en un r\u00e9gimen legal, sino bajo la gracia (Rom 6, 14). Por eso en la interpretaci\u00f3n cristiana la m. es din\u00e1mica como el don de Dios, como la autorrevelaci\u00f3n divina, que reclama poderosamente una respuesta de amor y de adoraci\u00f3n. La medida de la obligaci\u00f3n, la norma viva, viene dada por la medida del don de la gracia, de las aut\u00e9nticas posibilidades. De ah\u00ed\u00ad que para la m. cristiana los mandamientos finales, los que indican obligatoriamente una direcci\u00f3n, sean m\u00e1s caracter\u00ed\u00adsticos que los mandamientos indicadores de un limite, los cuales se\u00f1alan un minimum o margen m\u00e1s all\u00e1 del cual se hace patente la contradicci\u00f3n total a la esencia del verdadero amor en la justicia. M. en sentido pleno significa un constante estar-en-camino. La autosatisfacci\u00f3n y autojustificaci\u00f3n contradicen a la esencia evolutiva del hombre y la comunidad humana. Puesto que nos encontramos en tensi\u00f3n entre la condici\u00f3n pecadora del hombre (el viejo -> e\u00f3n) y el estado de redimido del mismo (el nuevo e\u00f3n), la m. entendida cristianamente significa no s\u00f3lo un af\u00e1n constante, sino en parte tambi\u00e9n una constante (y cada vez m\u00e1s profunda) conversi\u00f3n. La m. humana se caracteriza por la existencia hist\u00f3rica del hombre. Por ello no hay ning\u00fan sistema cerrado de -> derecho natural, aunque junto al esencial y permanente rasgo hist\u00f3rico del hombre se den otras notas y relaciones esenciales constantes.<\/p>\n<p>Concretamente, la -> ley moral natural es la realidad del hombre hist\u00f3rico, que vive en sociedad, con la posibilidad concreta de conocerse y de conocer as\u00ed\u00ad el bien. Puesto que el hombre hist\u00f3ricamente siempre est\u00e1 en camino, tambi\u00e9n la m., su conocimiento, su cometido y su modo de realizaci\u00f3n est\u00e1n siempre en camino. Aqu\u00ed\u00ad hay que ver tanto el factor de continuidad como el de discontinuidad. Existen conversiones profundas de individuos y de comunidades enteras que representan la discontinuidad m\u00e1s feliz. Pero existe tambi\u00e9n la posibilidad del derrumbamiento de la moralidad.<\/p>\n<p>La m. cristiana afirma tanto la \u00e9tica del sentimiento como la de la -> responsabilidad. El sentimiento es m\u00e1s profundo y decisivo que la acci\u00f3n aislada. Pero, como el sentimiento aut\u00e9ntico implica esencialmente una apertura al t\u00fa, al nosotros y a cualquier valor, es impensable una verdadera \u00e9tica del sentimiento sin el esp\u00ed\u00adritu de -> responsabilidad y sin la disposici\u00f3n de entrega al t\u00fa y a la comunidad. Quien vea el alcance de todo el mundo circundante para la m., no podr\u00e1 pensar en una reforma aut\u00e9ntica del sentimiento sin esforzarse tambi\u00e9n por la correspondiente reforma de las circunstancias.<\/p>\n<p>4. Di\u00e1logo con la moralidad secularizada<br \/>\nAnte la din\u00e1mica universalista de la \u00e9tica de la nueva alianza y ante el hecho de una humanidad pluralista, ampliamente secularizada, interesa reelaborar en la comprensi\u00f3n de la m. cristiana sobre todo aquellos puntos de vista que nos ligan a todos los esfuerzos valiosos del mundo secularizado y que pueden fomentar tanto el di\u00e1logo como la colaboraci\u00f3n. Estos puntos de conexi\u00f3n son ante todo la preocupaci\u00f3n por el hombre, por lo humano, pues la m. sigue siempre a la concepci\u00f3n que tenemos del hombre; hay que citar adem\u00e1s el deseo de unidad en medio de la pluralidad, el af\u00e1n de solidaridad y promoci\u00f3n de todos, la conciencia de que \u00abestamos en camino\u00bb, la autocomprensi\u00e1n hist\u00f3rica de la humanidad y de la m.; y no es menos importante el respeto a la conciencia sincera.<\/p>\n<p>BIBLIOGRAF\u00ed\u008dA: D. v. Hildebrand, Etica cristiana (Herder Ba 1962); M. Scheler, Der Formalismus in der Ethik und die materiale Wertethik (1927, Berna &#8211; Mn 51966); B. Hdring, Das Heilige und das Gute (Krailling 1950); Stelnbiichel; G. Gilleman, Le primat de la charit\u00e9 en th\u00e9ologie morale (Lv 1952); J. Fuchs, Die Liebe als Aufbauprinzip der Moraltheologie: Scholastik 29 (1954) 79-87; J. Pieper, Die Wirklichkeit und das Gute (Mn 61956); N. Krautwig: HThG II 545-550; C. 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