{"id":12339,"date":"2016-02-05T08:25:58","date_gmt":"2016-02-05T13:25:58","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/mulieris-dignitatem\/"},"modified":"2016-02-05T08:25:58","modified_gmt":"2016-02-05T13:25:58","slug":"mulieris-dignitatem","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/mulieris-dignitatem\/","title":{"rendered":"MULIERIS DIGNITATEM"},"content":{"rendered":"<p>[072]<br \/>\n Enc\u00ed\u00adclica del Juan Pablo II del 15 de Agosto de 1988 sobre la dignidad de la mujer.<\/p>\n<p>Pedro Chico Gonz\u00e1lez, Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00ed\u00ada Religiosa, Editorial Bru\u00f1o, Lima, Per\u00fa 2006<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00eda Religiosa<\/b><\/p>\n<p><p style=\"text-align: justify;\"><b>CARTA APOST\u00d3LICA  MULIERIS  DIGNITATEM DEL SUMO PONT\u00cdFICE JUAN PABLO II SOBRE LA DIGNIDAD Y LA VOCACI\u00d3N DE LA MUJER CON OCASI\u00d3N DEL A\u00d1O MARIANO<\/b>\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Venerables Hermanos, amad\u00edsimos hijos e hijas, salud y Bendici\u00f3n Apost\u00f3lica\n<\/p>\n<h2>Contenido<\/h2>\n<ul>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-1\">1 Introducci\u00f3n<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-2\">2 Mujer &#8211; Madre de Dios (Theot\u00f3kos)<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-3\">3 Imagen y Semejanza de Dios<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-4\">4 Eva &#8211; Mar\u00eda<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-5\">5 Jesucristo<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-6\">6 Maternidad &#8211; Virginidad<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-7\">7 La Iglesia &#8211; Esposa de Cristo<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-8\">8 La Mayor es la Caridad<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-9\">9 Conclusi\u00f3n<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-10\">10 NOTAS<\/li>\n<\/ul>\n<h2>Introducci\u00f3n<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b>Un signo de los tiempos<\/b>\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">1. LA DIGNIDAD DE LA MUJER y su vocaci\u00f3n, objeto constante de la reflexi\u00f3n humana y cristiana, ha asumido en estos \u00faltimos a\u00f1os una importancia muy particular. Esto lo demuestran, entre otras cosas, las intervenciones del Magisterio de la Iglesia, reflejadas en varios documentos del Concilio Vaticano II, que en el Mensaje final afirma: \u00abLlega la hora, ha llegado la hora en que la vocaci\u00f3n de la mujer se cumple en plenitud, la hora en que la mujer adquiere en el mundo una influencia, un peso, un poder jam\u00e1s alcanzados hasta ahora. Por eso, en este momento en que la humanidad conoce una mutaci\u00f3n tan profunda, las mujeres llenas del esp\u00edritu del Evangelio pueden ayudar tanto a que la humanidad no decaiga\u00bb.(1) Las palabras de este Mensaje resumen lo que ya se hab\u00eda expresado en el Magisterio conciliar, especialmente en la Constituci\u00f3n Pastoral Gaudium et spes (2) y en el Decreto Apostolicam actuositatem, sobre el apostolado de los seglares (3).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Tomas de posici\u00f3n similares se hab\u00edan manifestado ya en el per\u00edodo preconciliar, por ejemplo, en varios discursos del Papa P\u00edo XII (4) y en la Enc\u00edclica Pacem in terris del Papa Juan XXIII.(5) Despu\u00e9s del Concilio Vaticano II, mi predecesor Pablo VI expres\u00f3 tambi\u00e9n el alcance de este \u00absigno de los tiempos\u00bb, atribuyendo el t\u00edtulo de Doctoras de la Iglesia a Santa Teresa de Jes\u00fas y a Santa Catalina de Siena,(6) y adem\u00e1s instituyendo, a petici\u00f3n de la Asamblea del S\u00ednodo de los Obispos en 1971, una Comisi\u00f3n especial cuya finalidad era el estudio de los problemas contempor\u00e1neos en relaci\u00f3n con la \u00abefectiva promoci\u00f3n de la dignidad y de la responsabilidad de las mujeres\u00bb.7 Pablo VI, en uno de sus discursos, dec\u00eda entre otras cosas: \u00abEn efecto, en el cristianismo, m\u00e1s que en cualquier otra religi\u00f3n, la mujer tiene desde los or\u00edgenes un estatuto especial de dignidad, del cual el Nuevo Testamento da testimonio en no pocos de sus importantes aspectos (&#8230;); es evidente que la mujer est\u00e1 llamada a formar parte de la estructura viva y operante del Cristianismo de un modo tan prominente que acaso no se hayan todav\u00eda puesto en evidencia todas sus virtualidades\u00bb.(8)\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los Padres de la reciente Asamblea del S\u00ednodo de los Obispos (octubre de 1987), que fue dedicada a \u00abla vocaci\u00f3n y misi\u00f3n de los laicos en la Iglesia y en el mundo a los veinte a\u00f1os del Concilio Vaticano II\u00bb, se ocuparon nuevamente de la dignidad y de la vocaci\u00f3n de la mujer. Entre otras cosas, abogaron por la profundizaci\u00f3n de los fundamentos antropol\u00f3gicos y teol\u00f3gicos necesarios para resolver los problemas referentes al significado y dignidad del ser mujer y del ser hombre. Se trata de comprender la raz\u00f3n y las consecuencias de la decisi\u00f3n del Creador que ha hecho que el ser humano pueda existir s\u00f3lo como mujer o como var\u00f3n. Solamente partiendo de estos fundamentos, que permiten descubrir la profundidad de la dignidad y vocaci\u00f3n de la mujer, es posible hablar de la presencia activa que desempe\u00f1a en la Iglesia y en la sociedad.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Esto es lo que deseo tratar en el presente Documento. La Exhortaci\u00f3n postsinodal, que se har\u00e1 p\u00fablica despu\u00e9s de \u00e9ste, presentar\u00e1 las propuestas de car\u00e1cter pastoral sobre el cometido de la mujer en la Iglesia y en la sociedad, sobre las que los Padres sinodales han hecho importantes consideraciones, teniendo tambi\u00e9n en cuenta los testimonios de los Auditores seglares \u2014tanto mujeres como hombres\u2014 provenientes de las Iglesias particulares de todos los continentes.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b>El A\u00f1o Mariano<\/b>\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">2. El \u00faltimo S\u00ednodo se ha desarrollado durante el A\u00f1o Mariano, lo cual ofrece un particular impulso para afrontar este tema, como lo indica tambi\u00e9n la Enc\u00edclica Redemptoris Mater.(9) Esta Enc\u00edclica desarrolla y actualiza la ense\u00f1anza del Concilio Vaticano II contenida en el cap\u00edtulo VIII de la Constituci\u00f3n dogm\u00e1tica Lumen gentium sobre la Iglesia. Dicho cap\u00edtulo lleva un t\u00edtulo significativo: \u00abLa Sant\u00edsima Virgen Mar\u00eda, Madre de Dios, en el Misterio de Cristo y de la Iglesia\u00bb. Mar\u00eda&#8212;esta \u00abmujer\u00bb de la Biblia (cf. G\u00e9n. 3,15; Jn. 2,4; 19,26)&#8212;pertenece \u00edntimamente al misterio salv\u00edfico de Cristo y por esto est\u00e1 presente tambi\u00e9n de un modo especial en el misterio de la Iglesia. Puesto que \u00abla Iglesia es en Cristo como un sacramento (&#8230;) de la uni\u00f3n \u00edntima con Dios y de la unidad de todo el g\u00e9nero humano\u00bb,(10) la presencia especial de la Madre de Dios en el Misterio de la Iglesia nos hace pensar en el v\u00ednculo excepcional entre esta \u00abmujer\u00bb y toda la familia humana. Se trata aqu\u00ed de todos y cada uno de los hijos e hijas del g\u00e9nero humano, en los que, en el transcurso de las generaciones, se realiza aquella herencia fundamental de la humanidad entera, unida al misterio del principio b\u00edblico: \u00abcre\u00f3, pues, Dios al ser humano a imagen suya, a imagen de Dios le cre\u00f3, macho y hembra los cre\u00f3\u00bb (G\u00e9n. 1, 27).(11)\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Esta eterna verdad sobre el ser humano, hombre y mujer \u2014verdad que est\u00e1 tambi\u00e9n impresa de modo inmutable en la experiencia de todos\u2014 constituye en nuestros d\u00edas el misterio que s\u00f3lo en el \u00abVerbo encarnado encuentra verdadera luz (&#8230;). Cristo desvela plenamente el hombre al hombre y le hace consciente de su alt\u00edsima vocaci\u00f3n\u00bb, como ense\u00f1a el Concilio.(12) En este \u00abdesvelar el hombre al hombre\u00bb \u00bfno se debe quiz\u00e1s descubrir un puesto particular para aquella \u00abmujer\u00bb que fue la Madre de Cristo? El mensaje de Cristo, contenido en el Evangelio, que tiene como fondo toda la Escritura, tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento, \u00bfno puede quiz\u00e1 decir mucho a la Iglesia y a la humanidad sobre la dignidad y la vocaci\u00f3n de la mujer?\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Precisamente \u00e9sta quiere ser la trama del presente Documento, que se sit\u00faa en el m\u00e1s amplio contexto del A\u00f1o Mariano, mientras nos encaminamos hacia el final del segundo milenio del nacimiento de Cristo y el inicio del tercero. Por otra parte, me ha parecido lo m\u00e1s conveniente dar a este documento el estilo y el car\u00e1cter de una meditaci\u00f3n.\n<\/p>\n<h2>Mujer &#8211; Madre de Dios (Theot\u00f3kos)<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b>Uni\u00f3n con Dios<\/b>\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">3. \u00abAl llegar la plenitud de los tiempos envi\u00f3 Dios a su Hijo, nacido de mujer\u00bb. Con estas palabras de la Carta a los G\u00e1latas (4, 4) el ap\u00f3stol Pablo relaciona entre s\u00ed los momentos principales que determinan de modo esencial el cumplimiento del misterio \u00abpreestablecido en Dios\u00bb (cf. Ef. 1,9). El Hijo Verbo consubstancial al Padre, nace como hombre de una mujer cuando llega \u00abla plenitud de los tiempos\u00bb. Este acontecimiento nos lleva al punto clave en la historia del hombre en la tierra, entendida como historia de la salvaci\u00f3n. Es significativo que el Ap\u00f3stol no llama a la Madre de Cristo con el nombre propio de \u00abMar\u00eda\u00bb, sino que la llama \u00abmujer\u00bb, lo cual establece una concordancia con las palabras del Protoevangelio en el Libro del G\u00e9nesis (cf. 3,15). Precisamente aquella \u00abmujer\u00bb est\u00e1 presente en el acontecimiento salv\u00edfico central, que decide la \u00abplenitud de los tiempos\u00bb y que se realiza en ella y por medio de ella.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">De esta manera inicia el acontecimiento central, acontecimiento clave en la historia de la salvaci\u00f3n: la Pascua del Se\u00f1or. Sin embargo, quiz\u00e1s vale la pena considerarlo a partir de la historia espiritual del hombre entendida de un modo m\u00e1s amplio, como se manifiesta a trav\u00e9s de las diversas religiones del mundo. Citamos aqu\u00ed las palabras del Concilio Vaticano II: \u00abLos hombres esperan de las diversas religiones la respuesta a los enigmas rec\u00f3nditos de la condici\u00f3n humana que, ayer como hoy, conmueven \u00edntimamente su coraz\u00f3n: \u00bfQu\u00e9 es el hombre? \u00bfCu\u00e1l es el sentido y el fin de nuestra vida? \u00bfQu\u00e9 es el bien y qu\u00e9 es el pecado? \u00bfCu\u00e1l es el origen y el fin del dolor? \u00bfCu\u00e1l es el camino para conseguir la verdadera felicidad? \u00bfQu\u00e9 es la muerte, el juicio y cu\u00e1l la retribuci\u00f3n despu\u00e9s de la muerte? \u00bfCu\u00e1l es, finalmente, aquel \u00faltimo e inefable misterio que envuelve nuestra existencia, del cual procedemos y hacia el cual nos dirigimos?\u00bb.(13) \u00abYa desde la antig\u00fcedad y hasta nuestros d\u00edas se encuentra en los distintos pueblos una cierta percepci\u00f3n de aquella fuerza misteriosa que se halla presente en la marcha de las cosas y en los acontecimientos de la vida humana, y a veces tambi\u00e9n el conocimiento de la suma Divinidad e incluso del Padre\u00bb.(14)\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Desde la perspectiva de este vasto panorama, que pone en evidencia las aspiraciones del esp\u00edritu humano a la b\u00fasqueda de Dios \u2014a veces casi como \u00abcaminando a tientas\u00bb (cf. Hch. 17,27) &#8212;, la \u00abplenitud de los tiempos\u00bb, de la que habla Pablo en su Carta, pone de relieve la respuesta de Dios mismo \u00aben el cual vivimos, nos movemos y existimos\u00bb (cf. Hch. 17,28).  Este es el Dios que \u00abmuchas veces y de muchos modos habl\u00f3 en el pasado a nuestros padres por medio de los Profetas; en estos \u00faltimos tiempos nos ha hablado por medio del Hijo\u00bb (cf. Heb. 1,1-2). El env\u00edo de este Hijo, consubstancial al Padre, como hombre \u00abnacido de mujer\u00bb, constituye el punto culminante y definitivo de la autorrevelaci\u00f3n de Dios a la humanidad. Esta autorrevelaci\u00f3n posee un car\u00e1cter salv\u00edfico, como ense\u00f1a en otro lugar el Concilio Vaticano II: \u00abQuiso Dios con su bondad y sabidur\u00eda revelarse a S\u00ed mismo y manifestar el misterio de su voluntad (cf. Ef. 1,9): por Cristo, la Palabra hecha carne, y con el Esp\u00edritu Santo, pueden los hombres llegar hasta el Padre y participar de la naturaleza divina (cf. Ef. 2,18; 2 Ped. 1,4)\u00bb. (15)\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La mujer se encuentra en el coraz\u00f3n mismo de este acontecimiento salv\u00edfico. La autorrevelaci\u00f3n de Dios, que es la inescrutable unidad de la Trinidad, est\u00e1 contenida, en sus l\u00edneas fundamentales, en la anunciaci\u00f3n de Nazaret. \u00abVas a concebir en el seno y vas a dar a luz un hijo a quien pondr\u00e1s por nombre Jes\u00fas. \u00c9l ser\u00e1 grande y ser\u00e1 llamado Hijo del Alt\u00edsimo\u00bb. \u00ab\u00bfC\u00f3mo ser\u00e1 esto puesto que no conozco var\u00f3n?\u00bb \u00abEl Esp\u00edritu Santo vendr\u00e1 sobre ti y el poder del Alt\u00edsimo te cubrir\u00e1 con su sombra; por eso el que ha de nacer ser\u00e1 santo y ser\u00e1 llamado Hijo de Dios (&#8230;) ninguna cosa es imposible para Dios\u00bb (Lc. 1,31.37) (16).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Es f\u00e1cil recordar este acontecimiento en la perspectiva de la historia de Israel \u2014el pueblo elegido del cual es hija Mar\u00eda\u2014, aunque tambi\u00e9n es f\u00e1cil recordarlo en la perspectiva de todos aquellos caminos en los que la humanidad desde siempre busca una respuesta a las preguntas fundamentales y, a la vez, definitivas que m\u00e1s le angustian. \u00bfNo se encuentra quiz\u00e1s en la Anunciaci\u00f3n de Nazaret el comienzo de aquella respuesta definitiva, mediante la cual Dios mismo sale al encuentro de las inquietudes del coraz\u00f3n del hombre? (17) Aqu\u00ed no se trata solamente de palabras reveladas por Dios a trav\u00e9s de los Profetas, sino que con la respuesta de Mar\u00eda realmente \u00abel Verbo se hace carne\u00bb (cf. Jn. 1,14).De esta manera, Mar\u00eda alcanza tal uni\u00f3n con Dios que supera todas las expectativas del esp\u00edritu humano. Supera incluso las expectativas de todo Israel y, en particular, de las hijas del pueblo elegido, las cuales, bas\u00e1ndose en la promesa, pod\u00edan esperar que una de ellas llegar\u00eda a ser un d\u00eda madre del Mes\u00edas. Sin embargo, \u00bfqui\u00e9n pod\u00eda suponer que el Mes\u00edas prometido ser\u00eda el \u00abHijo del Alt\u00edsimo\u00bb? Esto era algo dif\u00edcilmente imaginable seg\u00fan la fe monote\u00edsta veterotestamentaria. Solamente en virtud del Esp\u00edritu Santo, que \u00abextendi\u00f3 su sombra\u00bb sobre ella, Mar\u00eda pudo aceptar lo que era \u00abimposible para los hombres, pero posible para Dios\u00bb (cf. Mc. 10, 27).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b>Theot\u00f3kos<\/b>\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">4. De esta manera \u00abla plenitud de los tiempos\u00bb manifiesta la dignidad extraordinaria de la \u00abmujer\u00bb. Esta dignidad consiste, por una parte, en la elevaci\u00f3n sobrenatural a la uni\u00f3n con Dios en Jesucristo, que determina la finalidad tan profunda de la existencia de cada hombre tanto sobre la tierra como en la eternidad. Desde este punto de vista, la \u00abmujer\u00bb es la representante y arquetipo de todo el g\u00e9nero humano, es decir, representa aquella humanidad que es propia de todos los seres humanos, ya sean hombres o mujeres. Por otra parte, el acontecimiento de Nazaret pone en evidencia un modo de uni\u00f3n con el Dios vivo, que es propio s\u00f3lo de la \u00abmujer\u00bb, de Mar\u00eda, esto es, la uni\u00f3n entre madre e hijo. En efecto, la Virgen de Nazaret se convierte en la Madre de Dios.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Esta verdad, asumida desde el principio por la fe cristiana, tuvo una formulaci\u00f3n solemne en el Concilio de \u00c9feso (a\u00f1o 431) (18).   En contraposici\u00f3n a Nestorio, que consideraba a Mar\u00eda exclusivamente como madre de Jes\u00fas-hombre, este Concilio puso de relieve el significado esencial de la maternidad de la Virgen Mar\u00eda. En el momento de la Anunciaci\u00f3n, pronunciando su \u00abfiat\u00bb, Mar\u00eda concibi\u00f3 un hombre que era Hijo de Dios, consubstancial al Padre. Por consiguiente, es verdaderamente la Madre de Dios, puesto que la maternidad abarca toda la persona y no s\u00f3lo el cuerpo, as\u00ed como tampoco la \u00abnaturaleza\u00bb humana. De este modo, el nombre \u00abTheot\u00f3kos\u00bb \u2014Madre de Dios\u2014 viene a ser el nombre propio de la uni\u00f3n con Dios, concedido a la Virgen Mar\u00eda.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La uni\u00f3n particular de la \u00abTheot\u00f3kos\u00bb con Dios, &#8212;que realiza del modo m\u00e1s eminente la predestinaci\u00f3n sobrenatural a la uni\u00f3n con el Padre concedida a todos los hombres (\u00abfilii in Filio\u00bb) &#8212;es pura gracia y, como tal, un don del Esp\u00edritu. Sin embargo, y mediante una respuesta desde la fe, Mar\u00eda expresa al mismo tiempo su libre voluntad y, por consiguiente, la participaci\u00f3n plena del \u00abyo\u00bb personal y femenino en el hecho de la encarnaci\u00f3n. Con su \u00abfiat\u00bb Mar\u00eda se convirti\u00f3 en el sujeto aut\u00e9ntico de aquella uni\u00f3n con Dios que se realiz\u00f3 en el Misterio de la encarnaci\u00f3n del Verbo consubstancial al Padre. Toda la acci\u00f3n de Dios en la historia de los hombres respeta siempre la voluntad libre del \u00abyo\u00bb humano. Lo mismo acontece en la anunciaci\u00f3n de Nazaret.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b>\u00abServir quiere decir reinar\u00bb<\/b>\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">5. Este acontecimiento posee un claro car\u00e1cter interpersonal: es un di\u00e1logo. No lo comprendemos plenamente si no situamos toda la conversaci\u00f3n entre el \u00e1ngel y Mar\u00eda en el saludo: \u00abllena de gracia\u00bb.(19) Todo el di\u00e1logo de la anunciaci\u00f3n revela la dimensi\u00f3n esencial del acontecimiento: la dimensi\u00f3n sobrenatural (***). Pero la gracia no prescinde nunca de la naturaleza ni la anula, antes bien la perfecciona y la ennoblece. Por lo tanto, aquella \u00abplenitud de gracia\u00bb concedida a la Virgen de Nazaret, en previsi\u00f3n de que llegar\u00eda a ser \u00abTheot\u00f3kos\u00bb, significa al mismo tiempo la plenitud de la perfecci\u00f3n de lo \u00abque es caracter\u00edstico de la mujer\u00bb, de \u00ablo que es femenino\u00bb. Nos encontramos aqu\u00ed, en cierto sentido, en el punto culminante, el arquetipo de la dignidad personal de la mujer.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cuando Mar\u00eda, la \u00abllena de gracia\u00bb, responde a las palabras del mensajero celestial con su \u00abfiat\u00bb, siente la necesidad de expresar su relaci\u00f3n personal ante el don que le ha sido revelado diciendo: \u00abHe aqu\u00ed la esclava del Se\u00f1or\u00bb (Lc. 1,38). A esta frase no se la puede privar ni disminuir de su sentido profundo, sac\u00e1ndola artificialmente del contexto del acontecimiento y de todo el contenido de la verdad revelada sobre Dios y sobre el hombre. En la expresi\u00f3n \u00abesclava del Se\u00f1or\u00bb se deja traslucir toda la conciencia que Mar\u00eda tiene de ser criatura en relaci\u00f3n con Dios. Sin embargo, la palabra \u00abesclava\u00bb, que encontramos hacia el final del di\u00e1logo de la Anunciaci\u00f3n, se encuadra en la perspectiva de la historia de la Madre y del Hijo. De hecho, este Hijo, que es el verdadero y consubstancial \u00abHijo del Alt\u00edsimo\u00bb, dir\u00e1 muchas veces de s\u00ed mismo, especialmente en el momento culminante de su misi\u00f3n: \u00abEl Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir\u00bb (Mc. 10,45).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cristo es siempre consciente de ser el \u00abSiervo del Se\u00f1or\u00bb, seg\u00fan la profec\u00eda de Isa\u00edas (cf. 42, 1; 49, 3. 6; 52, 13), en la cual se encierra el contenido esencial de su misi\u00f3n mesi\u00e1nica: la conciencia de ser el Redentor del mundo. Mar\u00eda, desde el primer momento de su maternidad divina, de su uni\u00f3n con el Hijo que \u00abel Padre ha enviado al mundo, para que el mundo se salve por \u00e9l\u00bb (cf. Jn. 3,17), se inserta en el servicio mesi\u00e1nico de Cristo. (20) Precisamente este servicio constituye el fundamento mismo de aquel Reino, en el cual \u00abservir\u00bb (&#8230;) quiere decir \u00abreinar\u00bb (21).  Cristo, \u00abSiervo del Se\u00f1or\u00bb, manifestar\u00e1 a todos los hombres la dignidad real del servicio, con la cual se relaciona directamente la vocaci\u00f3n de cada hombre.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">De esta manera, considerando la realidad mujer-Madre de Dios, entramos del modo m\u00e1s oportuno en la presente meditaci\u00f3n del A\u00f1o Mariano. Esta realidad determina tambi\u00e9n el horizonte esencial de la reflexi\u00f3n sobre la dignidad y sobre la vocaci\u00f3n de la mujer. Al pensar, decir o hacer algo en orden a la dignidad y vocaci\u00f3n de la mujer, no se debe separar de esta perspectiva el pensamiento, el coraz\u00f3n y las obras. La dignidad de cada hombre y su vocaci\u00f3n correspondiente encuentran su realizaci\u00f3n definitiva en la uni\u00f3n con Dios. Mar\u00eda \u2014la mujer de la Biblia\u2014 es la expresi\u00f3n m\u00e1s completa de esta dignidad y de esta vocaci\u00f3n. En efecto, cada hombre \u2014var\u00f3n o mujer\u2014 creado a imagen y semejanza de Dios, no puede llegar a realizarse fuera de la dimensi\u00f3n de esta imagen y semejanza.\n<\/p>\n<h2>Imagen y Semejanza de Dios<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b>Libro del G\u00e9nesis<\/b>\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">6. Hemos de situarnos en el contexto de aquel \u00abprincipio\u00bb b\u00edblico seg\u00fan el cual la verdad revelada sobre el hombre como \u00abimagen y semejanza de Dios\u00bb constituye la base inmutable de toda la antropolog\u00eda cristiana.(22) \u00abCre\u00f3 pues Dios al ser humano a imagen suya, a imagen de Dios le cre\u00f3, macho y hembra los cre\u00f3\u00bb (G\u00e9n 1,27). Este conciso fragmento contiene las verdades antropol\u00f3gicas fundamentales: el hombre es el \u00e1pice de todo lo creado en el mundo visible, y el g\u00e9nero humano, que tiene su origen en la llamada a la existencia del hombre y de la mujer, corona todo la obra de la creaci\u00f3n; ambos son seres humanos en el mismo grado, tanto el hombre como la mujer; ambos fueron creados a imagen de Dios. Esta imagen y semejanza con Dios, esencial al ser humano, es transmitida a sus descendientes por el hombre y la mujer, como esposos y padres: \u00abSed fecundos y multiplicaos y henchid la tierra y sometedla\u00bb (G\u00e9n. 1,28). El Creador conf\u00eda el \u00abdominio\u00bb de la tierra al g\u00e9nero humano, a todas las personas, tanto hombres como mujeres, que reciben su dignidad y vocaci\u00f3n de aquel \u00abprincipio\u00bb com\u00fan.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En el G\u00e9nesis encontramos a\u00fan otra descripci\u00f3n de la creaci\u00f3n del hombre&#8212;var\u00f3n y mujer (cf. 2,18-25) &#8212;de la que nos ocuparemos a continuaci\u00f3n. Sin embargo, ya desde ahora, conviene afirmar que de la reflexi\u00f3n b\u00edblica emerge la verdad sobre el car\u00e1cter personal del ser humano. El hombre&#8212;ya sea hombre o mujer&#8212;es persona igualmente; en efecto, ambos, han sido creados a imagen y semejanza del Dios personal. Lo que hace al hombre semejante a Dios es el hecho de que&#8212;a diferencia del mundo de los seres vivientes, incluso los dotados de sentidos (animalia) &#8212;sea tambi\u00e9n un ser racional (animal rationale) (23).  Gracias a esta propiedad, el hombre y la mujer pueden \u00abdominar\u00bb a las dem\u00e1s criaturas del mundo visible (cf. G\u00e9n. 1,28).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En la segunda descripci\u00f3n de la creaci\u00f3n del hombre (cf. G\u00e9n 2,18-25) el lenguaje con el que se expresa la verdad sobre la creaci\u00f3n del hombre, y especialmente de la mujer, es diverso, y en cierto sentido menos preciso; es, podr\u00edamos decir, m\u00e1s descriptivo y metaf\u00f3rico, m\u00e1s cercano al lenguaje de los mitos conocidos en aquel tiempo. Sin embargo, no existe una contradicci\u00f3n esencial entre los dos textos. El texto del G\u00e9nesis 2, 18-25 ayuda a la comprensi\u00f3n de lo que encontramos en el fragmento conciso del G\u00e9nesis 1, 27-28 y, al mismo tiempo, si se leen juntos, nos ayudan a comprender de un modo todav\u00eda m\u00e1s profundo la verdad fundamental, encerrada en el mismo, sobre el ser humano creado a imagen y semejanza de Dios, como hombre y mujer.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En la descripci\u00f3n del G\u00e9nesis (2,18-25) la mujer es creada por Dios \u00abde la costilla\u00bb del hombre y es puesta como otro \u00abyo\u00bb, es decir, como un interlocutor junto al hombre, el cual se siente solo en el mundo de las criaturas animadas que lo circunda y no halla en ninguna de ellas una \u00abayuda\u00bb adecuada a \u00e9l. La mujer, llamada as\u00ed a la existencia, es reconocida inmediatamente por el hombre como \u00abcarne de su carne y hueso de sus huesos\u00bb (cf. G\u00e9n. 2,25) y por eso es llamada \u00abmujer\u00bb. En el lenguaje b\u00edblico este nombre indica la identidad esencial con el hombre: &#8216;is &#8211; issah, cosa que, por lo general, las lenguas modernas, desgraciadamente, no logran expresar. \u00abEsta ser\u00e1 llamada mujer (&#8216;issah), porque del var\u00f3n (&#8216;is) ha sido tomada\u00bb (G\u00e9n. 2,25).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El texto b\u00edblico proporciona bases suficientes para reconocer la igualdad esencial entre el hombre y la mujer desde el punto de vista de su humanidad (24).  Ambos desde el comienzo son personas, a diferencia de los dem\u00e1s seres vivientes del mundo que los circunda. La mujer es otro \u00abyo\u00bb en la humanidad com\u00fan. Desde el principio aparecen como \u00abunidad de los dos\u00bb, y esto significa la superaci\u00f3n de la soledad original, en la que el hombre no encontraba \u00abuna ayuda que fuese semejante a \u00e9l\u00bb (G\u00e9n. 2,20). \u00bfSe trata aqu\u00ed solamente de la \u00abayuda\u00bb en orden a la acci\u00f3n, a \u00absometer la tierra\u00bb? (cf. G\u00e9n. 1,28).  Ciertamente se trata de la compa\u00f1era de la vida con la que el hombre se puede unir, como esposa, llegando a ser con ella \u00abuna sola carne\u00bb y abandonando por esto a \u00absu padre y a su madre\u00bb (cf. G\u00e9n. 2,24). La descripci\u00f3n \u00abb\u00edblica\u00bb habla, por consiguiente, de la instituci\u00f3n del matrimonio por parte de Dios en el contexto de la creaci\u00f3n del hombre y de la mujer, como condici\u00f3n indispensable para la transmisi\u00f3n de la vida a las nuevas generaciones de los hombres, a la que el matrimonio y el amor conyugal est\u00e1n ordenados: \u00abSed fecundos y multiplicaos y henchid la tierra y sometedla\u00bb (G\u00e9n. 1,28).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b>Persona &#8211; Comuni\u00f3n &#8211; Don<\/b>\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">7. Penetrando con el pensamiento el conjunto de la descripci\u00f3n del Libro del G\u00e9nesis 2, 18-25, e interpret\u00e1ndola a la luz de la verdad sobre la imagen y semejanza de Dios (cf. G\u00e9n 1,26-27), podemos comprender mejor en qu\u00e9 consiste el car\u00e1cter personal del ser humano, gracias al cual ambos \u2014hombre y mujer\u2014 son semejantes a Dios. En efecto, cada hombre es imagen de Dios como criatura racional y libre, capaz de conocerlo y amarlo. Leemos adem\u00e1s que el hombre no puede existir \u00absolo\u00bb (cf. G\u00e9n 2,18); puede existir solamente como \u00abunidad de los dos\u00bb y, por consiguiente, en relaci\u00f3n con otra persona humana. Se trata de una relaci\u00f3n rec\u00edproca, del hombre con la mujer y de la mujer con el hombre. Ser persona a imagen y semejanza de Dios comporta tambi\u00e9n existir en relaci\u00f3n al otro \u00abyo\u00bb. Esto es preludio de la definitiva autorrevelaci\u00f3n de Dios, Uno y Trino: unidad viviente en la comuni\u00f3n del Padre, del Hijo y del Esp\u00edritu Santo.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Al comienzo de la Biblia no se dice esto de modo directo. El Antiguo Testamento es, sobre todo, la revelaci\u00f3n de la verdad acerca de la unicidad y unidad de Dios. En esta verdad fundamental sobre Dios, el Nuevo Testamento introducir\u00e1 la revelaci\u00f3n del inescrutable misterio de su vida \u00edntima. Dios, que se deja conocer por los hombres por medio de Cristo, es unidad en la Trinidad: es unidad en la comuni\u00f3n. De este modo se proyecta tambi\u00e9n una nueva luz sobre aquella semejanza e imagen de Dios en el hombre de la que habla el Libro del G\u00e9nesis. El hecho de que el ser humano, creado como hombre y mujer, sea imagen de Dios no significa solamente que cada uno de ellos individualmente es semejante a Dios como ser racional y libre; significa adem\u00e1s que el hombre y la mujer, creados como \u00abunidad de los dos\u00bb en su com\u00fan humanidad, est\u00e1n llamados a vivir una comuni\u00f3n de amor y, de este modo, reflejar en el mundo la comuni\u00f3n de amor que se da en Dios, por la que las tres Personas se aman en el \u00edntimo misterio de la \u00fanica vida divina. El Padre, el Hijo y el Esp\u00edritu Santo \u2014un solo Dios en la unidad de la divinidad\u2014 existen como personas por las inescrutables relaciones divinas. Solamente as\u00ed se hace comprensible la verdad de que Dios en s\u00ed mismo es amor (cf. 1 Jn. 4,16).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La imagen y semejanza de Dios en el hombre, creado como hombre y mujer (por la analog\u00eda que se presupone entre el Creador y la criatura), expresa tambi\u00e9n, por consiguiente, la \u00abunidad de los dos\u00bb en la com\u00fan humanidad. Esta \u00abunidad de los dos\u00bb, que es signo de la comuni\u00f3n interpersonal, indica que en la creaci\u00f3n del hombre se da tambi\u00e9n una cierta semejanza con la comuni\u00f3n divina (\u00abcommunio\u00bb). Esta semejanza se da como cualidad del ser personal de ambos, del hombre y de la mujer, y al mismo tiempo como una llamada y tarea. Sobre la imagen y semejanza de Dios, que el g\u00e9nero humano lleva consigo desde el \u00abprincipio\u00bb, se halla el fundamento de todo el \u00abethos\u00bb humano. El Antiguo y el Nuevo Testamento desarrollar\u00e1n este \u00abethos\u00bb, cuyo v\u00e9rtice es el mandamiento del amor (25).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En la \u00abunidad de los dos\u00bb el hombre y la mujer son llamados desde su origen no s\u00f3lo a existir \u00abuno al lado del otro\u00bb, o simplemente \u00abjuntos\u00bb, sino que son llamados tambi\u00e9n a existir rec\u00edprocamente, \u00abel uno para el otro\u00bb.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">De esta manera se explica tambi\u00e9n el significado de aquella \u00abayuda\u00bb de la que se habla en el G\u00e9nesis 2,18-25: \u00abVoy a hacerle una ayuda adecuada\u00bb. El contexto b\u00edblico permite entenderlo tambi\u00e9n en el sentido de que la mujer debe \u00abayudar\u00bb al hombre, as\u00ed como \u00e9ste debe ayudar a aquella; en primer lugar por el hecho mismo de \u00abser persona humana\u00bb, lo cual les permite, en cierto sentido, descubrir y confirmar siempre el sentido integral de su propia humanidad. Se entiende f\u00e1cilmente que \u2014desde esta perspectiva fundamental\u2014 se trata de una \u00abayuda\u00bb de ambas partes, que ha de ser \u00abayuda\u00bb rec\u00edproca. Humanidad significa llamada a la comuni\u00f3n interpersonal. El texto del G\u00e9nesis 2, 18-25 indica que el matrimonio es la dimensi\u00f3n primera y, en cierto sentido, fundamental de esta llamada. Pero no es la \u00fanica. Toda la historia del hombre sobre la tierra se realiza en el \u00e1mbito de esta llamada. Bas\u00e1ndose en el principio del ser rec\u00edproco \u00abpara\u00bb el otro en la \u00abcomuni\u00f3n\u00bb interpersonal, se desarrolla en esta historia la integraci\u00f3n en la humanidad misma, querida por Dios, de lo \u00abmasculino\u00bb y de lo \u00abfemenino\u00bb. Los textos b\u00edblicos, comenzando por el G\u00e9nesis, nos permiten encontrar constantemente el terreno sobre el que radica la verdad sobre el hombre, terreno s\u00f3lido e inviolable en medio de tantos cambios de la existencia humana.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Esta verdad concierne tambi\u00e9n a la historia de la salvaci\u00f3n. A este respecto es particularmente significativa una afirmaci\u00f3n del Concilio Vaticano II. En el cap\u00edtulo sobre la \u00abcomunidad de los hombres\u00bb, de la Constituci\u00f3n pastoral Gaudium et spes, leemos: \u00abEl Se\u00f1or, cuando ruega al Padre que \u00abtodos sean uno, como nosotros tambi\u00e9n somos uno\u00bb (Jn 17,21-22), abriendo perspectivas cerradas a la raz\u00f3n humana, sugiere una cierta semejanza entre la uni\u00f3n de las personas divinas y la uni\u00f3n de los hijos de Dios en la verdad y en la caridad. Esta semejanza demuestra que el hombre, \u00fanica criatura terrestre a la que Dios ha amado por s\u00ed misma, no puede encontrar su propia plenitud si no es en la entrega sincera de s\u00ed mismo a los dem\u00e1s\u00bb (26).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Con estas palabras el texto conciliar presenta sint\u00e9ticamente el conjunto de la verdad sobre el hombre y sobre la mujer (verdad que se delinea ya en los primeros cap\u00edtulos del Libro del G\u00e9nesis) como estructura de la antropolog\u00eda b\u00edblica y cristiana. El ser humano \u2014ya sea hombre o mujer\u2014 es el \u00fanico ser entre las criaturas del mundo visible que Dios Creador \u00abha amado por s\u00ed mismo\u00bb; es, por consiguiente, una persona. El ser persona significa tender a su realizaci\u00f3n (el texto conciliar habla de \u00abencontrar su propia plenitud\u00bb), cosa que no puede llevar a cabo si no es \u00aben la entrega sincera de s\u00ed mismo a los dem\u00e1s\u00bb. El modelo de esta interpretaci\u00f3n de la persona es Dios mismo como Trinidad, como comuni\u00f3n de Personas. Decir que el hombre ha sido creado a imagen y semejanza de este Dios quiere decir tambi\u00e9n que el hombre est\u00e1 llamado a existir \u00abpara\u00bb los dem\u00e1s, a convertirse en un don.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Esto concierne a cada ser humano, tanto mujer como hombre, los cuales lo llevan a cabo seg\u00fan su propia peculiaridad. En el \u00e1mbito de la presente meditaci\u00f3n acerca de la dignidad y vocaci\u00f3n de la mujer, esta verdad sobre el ser humano constituye el punto de partida indispensable. Ya el Libro del G\u00e9nesis permite captar, como un primer esbozo, este car\u00e1cter esponsal de la relaci\u00f3n entre las personas, sobre el que se desarrollar\u00e1 a su vez la verdad sobre la maternidad, as\u00ed como sobre la virginidad, como dos dimensiones particulares de la vocaci\u00f3n de la mujer a la luz de la Revelaci\u00f3n divina. Estas dos dimensiones encontrar\u00e1n su expresi\u00f3n m\u00e1s elevada en el cumplimiento de la \u00abplenitud de los tiempos\u00bb (cf. G\u00e1l. 4,4), esto es, en la figura de la \u00abmujer\u00bb de Nazaret: Madre-Virgen.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b>Antropomorfismo del lenguaje b\u00edblico<\/b>\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">8. La presentaci\u00f3n del hombre como \u00abimagen y semejanza de Dios\u00bb, as\u00ed como aparece inmediatamente al comienzo de la Sagrada Escritura, reviste tambi\u00e9n otro significado. Este hecho constituye la clave para comprender la Revelaci\u00f3n b\u00edblica como manifestaci\u00f3n de Dios sobre s\u00ed mismo. Hablando de s\u00ed, ya sea \u00abpor medio de los profetas, ya sea por medio del Hijo\u00bb hecho hombre (cf. Heb 1,1-2), Dios habla un lenguaje humano, usa conceptos e im\u00e1genes humanas. Si este modo de expresarse est\u00e1 caracterizado por un cierto antropomorfismo, su raz\u00f3n est\u00e1 en el hecho de que el hombre es \u00absemejante\u00bb a Dios, esto es, creado a su imagen y semejanza. Consiguientemente, tambi\u00e9n Dios es, en cierta medida, \u00absemejante\u00bb al hombre y, precisamente bas\u00e1ndose en esta similitud, puede llegar a ser conocido por los hombres. Al mismo tiempo, el lenguaje de la Biblia es suficientemente preciso para mostrar los l\u00edmites de la \u00absemejanza\u00bb, los l\u00edmites de la \u00abanalog\u00eda\u00bb. En efecto, la revelaci\u00f3n b\u00edblica afirma que si bien es verdadera la \u00absemejanza\u00bb del hombre con Dios, es a\u00fan m\u00e1s esencialmente verdadera la \u00abno-semejanza\u00bb (27), que distingue toda la creaci\u00f3n del Creador. En definitiva, para el hombre creado a semejanza de Dios, el mismo Dios es aqu\u00e9l \u00abque habita en una luz inaccesible\u00bb (1 Tim 6, 16): \u00c9l es el \u00abDiverso\u00bb por esencia, el \u00abtotalmente Otro\u00bb.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Esta observaci\u00f3n sobre los l\u00edmites de la analog\u00eda \u2014l\u00edmites de la semejanza del hombre con Dios en el lenguaje b\u00edblico\u2014 se debe tener muy en cuenta tambi\u00e9n cuando, en diversos lugares de la Sagrada Escritura (especialmente del Antiguo Testamento), encontramos comparaciones que atribuyen a Dios cualidades \u00abmasculinas\u00bb o tambi\u00e9n \u00abfemeninas\u00bb. En ellas podemos ver la confirmaci\u00f3n indirecta de la verdad de que ambos, tanto el hombre como la mujer, han sido creados a imagen y semejanza de Dios. Si existe semejanza entre el Creador y las criaturas, es comprensible que la Biblia haya usado expresiones que le atribuyen cualidades tanto \u00abmasculinas\u00bb como \u00abfemeninas\u00bb.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Queremos referirnos aqu\u00ed a varios textos caracter\u00edsticos del profeta Isa\u00edas: \u00abPero dice Si\u00f3n: \u00abYahveh me ha abandonado, el Se\u00f1or me ha olvidado\u00bb \u00bfAcaso olvida una mujer a su ni\u00f1o de pecho, sin compadecerse del hijo de sus entra\u00f1as? Pues aunque \u00e9sas llegasen a olvidar, yo no te olvido\u00bb (49, 14-15). Y en otro lugar: \u00abComo uno a quien su madre le consuela, as\u00ed yo os consolar\u00e9 (y por Jerusal\u00e9n ser\u00e9is consolados)\u00bb (Is. 66,13). Tambi\u00e9n en los Salmos Dios es parangonado a una madre sol\u00edcita: \u00abNo, mantengo mi alma en paz y silencio como ni\u00f1o destetado en el regazo de su madre. \u00a1Como ni\u00f1o destetado est\u00e1 mi alma en m\u00ed! \u00a1Espera, Israel, en Yahveh desde ahora y por siempre!\u00bb (Sal 131[130],2-3). En diversos pasajes el amor de Dios, siempre sol\u00edcito para con su Pueblo, es presentado como el amor de una madre: como una madre Dios ha llevado a la humanidad, y en particular a su pueblo elegido, en el propio seno, lo ha dado a luz en el dolor, lo ha nutrido y consolado (cf. Is. 42,14; 46,3-4). El amor de Dios es presentado en muchos pasajes como amor \u00abmasculino\u00bb del esposo y padre (cf. Os. 11,1-4; Jer. 3,4-19), pero a veces tambi\u00e9n como amor \u00abfemenino\u00bb de la madre.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Esta caracter\u00edstica del lenguaje b\u00edblico, su modo antropom\u00f3rfico de hablar de Dios, indica tambi\u00e9n, indirectamente, el misterio del eterno \u00abengendrar\u00bb, que pertenece a la vida \u00edntima de Dios. Sin embargo, este \u00abengendrar\u00bb no posee en s\u00ed mismo cualidades \u00abmasculinas\u00bb ni \u00abfemeninas\u00bb. Es de naturaleza totalmente divina. Es espiritual del modo m\u00e1s perfecto, ya que \u00abDios es esp\u00edritu\u00bb (Jn. 4,24) y no posee ninguna propiedad t\u00edpica del cuerpo, ni \u00abfemenina\u00bb ni \u00abmasculina\u00bb. Por consiguiente, tambi\u00e9n la \u00abpaternidad\u00bb en Dios es completamente divina, libre de la caracter\u00edstica corporal \u00abmasculina\u00bb, propia de la paternidad humana. En este sentido el Antiguo Testamento hablaba de Dios como de un Padre y a \u00e9l se dirig\u00eda como a un Padre. Jesucristo, que se dirig\u00eda a Dios llam\u00e1ndole \u00abAbba-Padre\u00bb (Mc. 14,36)&#8212;por ser su Hijo unig\u00e9nito y consubstancial&#8212;, y que situ\u00f3 esta verdad en el centro mismo del Evangelio como normativa de la oraci\u00f3n cristiana, indicaba la paternidad en este sentido ultracorporal, sobrehumano, totalmente divino. Hablaba como Hijo, unido al Padre por el eterno misterio del engendrar divino, y lo hac\u00eda as\u00ed siendo al mismo tiempo Hijo aut\u00e9nticamente humano de su Madre Virgen.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Si bien no se pueden atribuir cualidades humanas a la generaci\u00f3n eterna del Verbo de Dios, ni la paternidad divina tiene elementos \u00abmasculinos\u00bb en sentido f\u00edsico, sin embargo se debe buscar en Dios el modelo absoluto de toda \u00abgeneraci\u00f3n\u00bb en el mundo de los seres humanos. En este sentido&#8212;parece&#8212;leemos en la Carta a los Efesios: \u00abDoblo mis rodillas ante el Padre, de quien toma nombre toda familia en el cielo y en la tierra\u00bb (3,14-15). Todo \u00abengendrar\u00bb en la dimensi\u00f3n de las criaturas encuentra su primer modelo en aquel engendrar que se da en Dios de modo completamente divino, es decir, espiritual. A este modelo absoluto, no-creado, se asemeja todo el \u00abengendrar\u00bb en el mundo creado. Por consiguiente, lo que en el engendrar humano es propio del hombre o de la mujer&#8212;esto es, la \u00abpaternidad\u00bb y la \u00abmaternidad\u00bb humanas&#8212;lleva consigo la semejanza, o sea, la analog\u00eda con el \u00abengendrar\u00bb divino y con aquella \u00abpaternidad\u00bb que en Dios es \u00abtotalmente diversa\u00bb: completamente espiritual y divina por esencia. En cambio, en el orden humano el engendrar es propio de la \u00abunidad de los dos\u00bb: ambos son \u00abprogenitores\u00bb, tanto el hombre como la mujer.\n<\/p>\n<h2>Eva &#8211; Mar\u00eda<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b>El \u00abprincipio\u00bb y el pecado<\/b>\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">9. \u00abConstituido por Dios en un estado de santidad, el hombre, tentado por el Maligno, desde los comienzos de la historia abus\u00f3 de su libertad, erigi\u00e9ndose contra Dios y anhelando conseguir su fin fuera de Dios\u00bb.(28) Con estas palabras la ense\u00f1anza del \u00faltimo concilio evoca la doctrina revelada sobre el pecado y, en particular, sobre aquel primer pecado, que es el \u00aboriginal\u00bb. El \u00abprincipio\u00bb b\u00edblico \u2014la creaci\u00f3n del mundo y del hombre en el mundo\u2014 contiene en s\u00ed al mismo tiempo la verdad sobre este pecado, que puede ser llamado tambi\u00e9n el pecado del \u00abprincipio\u00bb del hombre sobre la tierra. Aunque la narraci\u00f3n del Libro del G\u00e9nesis sobre este hecho est\u00e1 expresada de forma simb\u00f3lica, como en la descripci\u00f3n de la creaci\u00f3n del hombre como var\u00f3n y mujer (cf. G\u00e9n 2,15-25), desvela sin embargo lo que hay que llamar \u00abel misterio del pecado\u00bb y, m\u00e1s propiamente a\u00fan, \u00abel misterio del mal\u00bb en el mundo creado por Dios.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">No es posible entender el \u00abmisterio del pecado\u00bb sin hacer referencia a toda la verdad acerca de la \u00abimagen y semejanza\u00bb con Dios, que es la base de la antropolog\u00eda b\u00edblica. Esta verdad muestra la creaci\u00f3n del hombre como una donaci\u00f3n especial por parte del Creador, en la que est\u00e1n contenidos no solamente el fundamento y la fuente de la dignidad esencial del ser humano \u2014hombre y mujer\u2014 en el mundo creado, sino tambi\u00e9n el comienzo de la llamada de ambos a participar de la vida \u00edntima de Dios mismo. A la luz de la Revelaci\u00f3n, creaci\u00f3n significa tambi\u00e9n comienzo de la historia de la salvaci\u00f3n. Precisamente en este comienzo el pecado se inserta y configura como contraste y negaci\u00f3n.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Se puede decir, parad\u00f3jicamente, que el pecado presentado en el G\u00e9nesis (c. 3) es la confirmaci\u00f3n de la verdad acerca de la imagen y semejanza de Dios en el hombre, si esta verdad significa libertad, es decir, la voluntad libre de la que el hombre puede usar eligiendo el bien o de la que puede abusar eligiendo el mal contra la voluntad de Dios. No obstante, en su significado esencial, el pecado es la negaci\u00f3n de lo que es Dios &#8212;como Creador&#8212; en relaci\u00f3n con el hombre, y de lo que Dios quiere desde el comienzo y siempre para el hombre. Creando el hombre y la mujer a su propia imagen y semejanza Dios quiere para ellos la plenitud del bien, es decir, la felicidad sobrenatural, que brota de la participaci\u00f3n de su misma vida. Cometiendo el pecado, el hombre rechaza este don y al mismo tiempo quiere llegar a ser \u00e9l mismo \u00abcomo Dios, conociendo el bien y el mal\u00bb (cf. G\u00e9n 3, 5), es decir, decidiendo sobre el bien y el mal independientemente de Dios, su Creador. El pecado de los or\u00edgenes tiene su \u00abmedida\u00bb humana, su metro interior, en la voluntad libre del hombre, y lleva consigo adem\u00e1s una cierta caracter\u00edstica \u00abdiab\u00f3lica\u00bb (29) como lo pone claramente de relieve el Libro del G\u00e9nesis (3,1-5). El pecado provoca la ruptura de la unidad originaria, de la que gozaba el hombre en el estado de justicia original: la uni\u00f3n con Dios como fuente de la unidad interior de su propio \u00abyo\u00bb, en la rec\u00edproca relaci\u00f3n entre el hombre y la mujer (\u00abcommunio personarum\u00bb), y, por \u00faltimo, en relaci\u00f3n con el mundo exterior, con la naturaleza.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La descripci\u00f3n b\u00edblica del pecado original en el G\u00e9nesis (c. 3) en cierto modo \u00abdistribuye los papeles\u00bb que en \u00e9l han tenido la mujer y el hombre. A ello har\u00e1n referencia m\u00e1s tarde algunos textos de la Biblia como, por ejemplo, la Carta de San Pablo a Timoteo: \u00abPorque Ad\u00e1n fue formado primero y Eva en segundo lugar. Y el enga\u00f1ado no fue Ad\u00e1n, sino la mujer\u00bb (1 Tim 2, 13-14). Sin embargo, no cabe duda de que &#8212;independientemente de esta \u00abdistribuci\u00f3n de los papeles\u00bb en la descripci\u00f3n b\u00edblica&#8212; aquel primer pecado es el pecado del hombre, creado por Dios var\u00f3n y mujer. Este es tambi\u00e9n el pecado de los \u00abprogenitores\u00bb y a ello se debe su car\u00e1cter hereditario. En este sentido lo llamamos \u00abpecado original\u00bb.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Este pecado, como ya se ha dicho, no se puede comprender de manera adecuada sin referirnos al misterio de la creaci\u00f3n del ser humano \u2014hombre y mujer\u2014 a imagen y semejanza de Dios. Mediante esta relaci\u00f3n se puede comprender tambi\u00e9n el misterio de aquella \u00abno-semejanza\u00bb con Dios, en la cual consiste el pecado y que se manifiesta en el mal presente en la historia del mundo; aquella \u00abno-semejanza\u00bb con Dios, \u00abel \u00fanico bueno\u00bb (cf. Mt. 19,17), que es la plenitud del bien. Si esta \u00abno-semejanza\u00bb del pecado con Dios, santidad misma, presupone la \u00absemejanza\u00bb en el campo de la libertad y de la voluntad libre, se puede decir que, precisamente por esta raz\u00f3n, la \u00abno-semejanza\u00bb contenida en el pecado es m\u00e1s dram\u00e1tica y m\u00e1s dolorosa. Adem\u00e1s, es necesario admitir que Dios, como Creador y Padre, es aqu\u00ed agraviado, \u00abofendido\u00bb, y ofendido ciertamente en el coraz\u00f3n mismo de aquella donaci\u00f3n que pertenece al designio eterno de Dios en su relaci\u00f3n con el hombre.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Al mismo tiempo, sin embargo, tambi\u00e9n el ser humano \u2014hombre y mujer\u2014 es herido por el mal del pecado del cual es autor. El texto del Libro del G\u00e9nesis (c. 3) lo muestra con las palabras con las que claramente describe la nueva situaci\u00f3n del hombre en el mundo creado. En dicho texto se muestra la perspectiva de la \u00abfatiga\u00bb con la que el hombre habr\u00e1 de procurarse los medios para vivir (cf. G\u00e9n. 3,17-19), as\u00ed como los grandes \u00abdolores\u00bb con que la mujer dar\u00e1 a luz a sus hijos (cf. G\u00e9n. 3,16). Todo esto, adem\u00e1s, est\u00e1 marcado por la necesidad de la muerte, que constituye el final de la vida humana sobre la tierra. De este modo el hombre, como polvo, \u00abvolver\u00e1 a la tierra, porque de ella ha sido extra\u00eddo\u00bb: \u00aberes polvo y en polvo te convertir\u00e1s\u00bb (cf. G\u00e9n. 3,19).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Estas palabras son confirmadas generaci\u00f3n tras generaci\u00f3n. Pero esto no significa que la imagen y la semejanza de Dios en el ser humano, tanto mujer como hombre, haya sido destruida por el pecado; significa, en cambio, que ha sido \u00abofuscada\u00bb (30) y, en cierto sentido, \u00abrebajada\u00bb. En efecto, el pecado \u00abrebaja\u00bb al hombre, como nos lo recuerda tambi\u00e9n el Concilio Vaticano II. (31)  Si el hombre \u2014por su misma naturaleza de persona\u2014 es ya imagen y semejanza de Dios quiere decir que su grandeza y dignidad se realizan en la alianza con Dios, en su uni\u00f3n con \u00e9l, en el tender hacia aquella unidad fundamental que pertenece a la \u00abl\u00f3gica\u00bb interna del misterio mismo de la creaci\u00f3n. Esta unidad corresponde a la verdad profunda de todas las criaturas dotadas de inteligencia y, en particular, del hombre, el cual ha sido elevado desde el principio entre las criaturas del mundo visible mediante la eterna elecci\u00f3n por parte de Dios en Jes\u00fas: \u00abEn Cristo (&#8230;) nos ha elegido antes de la fundaci\u00f3n del mundo (&#8230;) en el amor, eligi\u00e9ndonos de antemano para ser sus hijos adoptivos por medio de Jesucristo seg\u00fan el benepl\u00e1cito de su voluntad\u00bb (cf. Ef. 1,4-6). La ense\u00f1anza b\u00edblica en su conjunto nos permite afirmar que la predestinaci\u00f3n concierne a las personas humanas, hombres y mujeres, a todos y a cada uno sin excepci\u00f3n.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b>\u00ab\u00c9l te dominar\u00e1\u00bb<\/b>\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">10. La descripci\u00f3n b\u00edblica del Libro del G\u00e9nesis delinea la verdad acerca de las consecuencias del pecado del hombre, as\u00ed como indica igualmente la alteraci\u00f3n de aquella originaria relaci\u00f3n entre el hombre y la mujer, que corresponde a la dignidad personal de cada uno de ellos. El hombre, tanto var\u00f3n como mujer, es una persona y, por consiguiente, \u00abla \u00fanica criatura sobre la tierra que Dios ha amado por s\u00ed misma\u00bb; y al mismo tiempo precisamente esta criatura \u00fanica e irrepetible \u00abno puede encontrar su propia plenitud si no es en la entrega sincera de s\u00ed mismo a los dem\u00e1s\u00bb.(32) De aqu\u00ed surge la relaci\u00f3n de \u00abcomuni\u00f3n\u00bb, en la que se expresan la \u00abunidad de los dos\u00bb y la dignidad como persona tanto del hombre como de la mujer. Por tanto, cuando leemos en la descripci\u00f3n b\u00edblica las palabras dirigidas a la mujer: \u00abHacia tu marido ir\u00e1 tu apetencia y \u00e9l te dominar\u00e1\u00bb (G\u00e9n 3, 16), descubrimos una ruptura y una constante amenaza precisamente en relaci\u00f3n a esta \u00abunidad de los dos\u00bb, que corresponde a la dignidad de la imagen y de la semejanza de Dios en ambos. Pero esta amenaza es m\u00e1s grave para la mujer. En efecto, al ser un don sincero y, por consiguiente, al vivir \u00abpara\u00bb el otro aparece el dominio: \u00ab\u00e9l te dominar\u00e1\u00bb. Este \u00abdominio\u00bb indica la alteraci\u00f3n y la p\u00e9rdida de la estabilidad de aquella igualdad fundamental, que en la \u00abunidad de los dos\u00bb poseen el hombre y la mujer; y esto, sobre todo, con desventaja para la mujer, mientras que s\u00f3lo la igualdad, resultante de la dignidad de ambos como personas, puede dar a la relaci\u00f3n rec\u00edproca el car\u00e1cter de una aut\u00e9ntica \u00abcommunio personarum\u00bb. Si la violaci\u00f3n de esta igualdad, que es conjuntamente don y derecho que deriva del mismo Dios Creador, comporta un elemento de desventaja para la mujer, al mismo tiempo disminuye tambi\u00e9n la verdadera dignidad del hombre. Tocamos aqu\u00ed un punto extremadamente delicado de la dimensi\u00f3n de aquel \u00abethos\u00bb, inscrito originariamente por el Creador en el hecho mismo de la creaci\u00f3n de ambos a su imagen y semejanza.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Esta afirmaci\u00f3n del G\u00e9nesis 3, 16 tiene un alcance grande y significativo. Implica una referencia a la relaci\u00f3n rec\u00edproca del hombre y de la mujer en el matrimonio. Se trata del deseo que nace en el clima del amor esponsal, el cual hace que \u00abel don sincero de s\u00ed misma\u00bb por parte de la mujer halle respuesta y complemento en un \u00abdon\u00bb an\u00e1logo por parte del marido. Solamente bas\u00e1ndose en este principio ambos \u2014y en particular la mujer\u2014 pueden \u00abencontrarse\u00bb como verdadera \u00abunidad de los dos\u00bb seg\u00fan la dignidad de la persona. La uni\u00f3n matrimonial exige el respeto y el perfeccionamiento de la verdadera subjetividad personal de ambos. La mujer no puede convertirse en \u00abobjeto\u00bb de \u00abdominio\u00bb y de \u00abposesi\u00f3n\u00bb masculina. Las palabras del texto b\u00edblico se refieren directamente al pecado original y a sus consecuencias permanentes en el hombre y en la mujer. Ellos, cargados con la pecaminosidad hereditaria, llevan consigo el constante \u00abaguij\u00f3n del pecado\u00bb, es decir, la tendencia a quebrantar aquel orden moral que corresponde a la misma naturaleza racional y a la dignidad del hombre como persona. Esta tendencia se expresa en la triple concupiscencia que el texto apost\u00f3lico precisa como concupiscencia de los ojos, concupiscencia de la carne y soberbia de la vida (cf. 1 Jn 2, 16). Las palabras ya citadas del G\u00e9nesis (3, 16) indican el modo con que esta triple concupiscencia, como \u00abaguij\u00f3n del pecado\u00bb, se dejar\u00e1 sentir en la relaci\u00f3n rec\u00edproca del hombre y la mujer.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Las mismas palabras se refieren directamente al matrimonio, pero indirectamente conciernen tambi\u00e9n a los diversos campos de la convivencia social: aquellas situaciones en las que la mujer se encuentra en desventaja o discriminada por el hecho de ser mujer. La verdad revelada sobre la creaci\u00f3n del ser humano, como hombre y mujer, constituye el principal argumento contra todas las situaciones que, siendo objetivamente da\u00f1inas, es decir injustas, contienen y expresan la herencia del pecado que todos los seres humanos llevan en s\u00ed. Los Libros de la Sagrada Escritura confirman en diversos puntos la existencia efectiva de tales situaciones y proclaman al mismo tiempo la necesidad de convertirse, es decir, purificarse del mal y librarse del pecado: de cuanto ofende al otro, de cuanto \u00abdisminuye\u00bb al hombre, y no s\u00f3lo al que es ofendido, sino tambi\u00e9n al que ofende. Este es el mensaje inmutable de la Palabra revelada por Dios. De esta manera se explicita el \u00abethos\u00bb b\u00edblico en toda su amplitud.(33)\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En nuestro tiempo la cuesti\u00f3n de los \u00abderechos de la mujer\u00bb ha adquirido un nuevo significado en el vasto contexto de los derechos de la persona humana. Iluminando este programa, declarado constantemente y recordado de diversos modos, el mensaje b\u00edblico y evang\u00e9lico custodia la verdad sobre la \u00abunidad\u00bb de los \u00abdos\u00bb, es decir, sobre aquella dignidad y vocaci\u00f3n que resultan de la diversidad espec\u00edfica y de la originalidad personal del hombre y de la mujer. Por tanto, tambi\u00e9n la justa oposici\u00f3n de la mujer frente a lo que expresan las palabras b\u00edblicas \u00abel te dominar\u00e1\u00bb (G\u00e9n 3, 16) no puede de ninguna manera conducir a la \u00abmasculinizaci\u00f3n\u00bb de las mujeres. La mujer \u2014en nombre de la liberaci\u00f3n del \u00abdominio\u00bb del hombre\u2014 no puede tender a apropiarse de las caracter\u00edsticas masculinas, en contra de su propia \u00aboriginalidad\u00bb femenina. Existe el fundado temor de que por este camino la mujer no llegar\u00e1 a \u00abrealizarse\u00bb y podr\u00eda, en cambio, deformar y perder lo que constituye su riqueza esencial. Se trata de una riqueza enorme. En la descripci\u00f3n b\u00edblica la exclamaci\u00f3n del primer hombre, al ver la mujer que ha sido creada, es una exclamaci\u00f3n de admiraci\u00f3n y de encanto, que abarca toda la historia del hombre sobre la tierra.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los recursos personales de la femineidad no son ciertamente menores que los recursos de la masculinidad; son s\u00f3lo diferentes. Por consiguiente, la mujer \u2014como por su parte tambi\u00e9n el hombre\u2014 debe entender su \u00abrealizaci\u00f3n\u00bb como persona, su dignidad y vocaci\u00f3n, sobre la base de estos recursos, de acuerdo con la riqueza de la femineidad, que recibi\u00f3 el d\u00eda de la creaci\u00f3n y que hereda como expresi\u00f3n peculiar de la \u00abimagen y semejanza de Dios\u00bb.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Solamente de este modo puede ser superada tambi\u00e9n aquella herencia del pecado que est\u00e1 contenida en las palabras de la Biblia: \u00abTendr\u00e1s ansia de tu marido y \u00e9l te dominar\u00e1\u00bb. La superaci\u00f3n de esta herencia mala es, generaci\u00f3n tras generaci\u00f3n, tarea de todo hombre, tanto mujer como hombre. En efecto, en todos los casos en los que el hombre es responsable de lo que ofende la dignidad personal y la vocaci\u00f3n de la mujer, act\u00faa contra su propia dignidad personal y su propia vocaci\u00f3n.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b>Protoevangelio<\/b>\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">11. El Libro del G\u00e9nesis da testimonio del pecado que es el mal del \u00abprincipio\u00bb del hombre, as\u00ed como de sus consecuencias que desde entonces pesan sobre todo el g\u00e9nero humano, y al mismo tiempo contiene el primer anuncio de la victoria sobre el mal, sobre el pecado. Lo prueban las palabras que leemos en el G\u00e9nesis 3, 15, llamadas generalmente \u00abProtoevangelio\u00bb: \u00abEnemistad pondr\u00e9 entre ti y la mujer, y entre tu linaje y su linaje: \u00e9l te pisar\u00e1 la cabeza mientras acechas t\u00fa su calca\u00f1ar\u00bb. Es significativo que el anuncio del redentor, del salvador del mundo, contenido en estas palabras, se refiera a \u00abla mujer\u00bb, la cual es nombrada en el Protoevangelio en primer lugar, como progenitora de aqu\u00e9l que ser\u00e1 el redentor del hombre.(34) Y si la redenci\u00f3n debe llevarse a cabo mediante la lucha contra el mal, por medio \u00abde la enemistad\u00bb entre la estirpe de la mujer y la estirpe de aqu\u00e9l que como \u00abpadre de la mentira\u00bb (Jn 8, 44) es el primer autor del pecado en la historia del hombre, \u00e9sta ser\u00e1 tambi\u00e9n la enemistad entre \u00e9l y la mujer.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En estas palabras se abre la perspectiva de toda la Revelaci\u00f3n, primero como preparaci\u00f3n al Evangelio y despu\u00e9s como Evangelio mismo. En esta perspectiva se unen bajo el nombre de la mujer las dos figuras femeninas: Eva y Mar\u00eda.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Las palabras del Protoevangelio, rele\u00eddas a la luz del Nuevo Testamento, expresan adecuadamente la misi\u00f3n de la mujer en la lucha salv\u00edfica del redentor contra el autor del mal en la historia del hombre.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La confrontaci\u00f3n Eva &#8211; Mar\u00eda reaparece constantemente en el curso de la reflexi\u00f3n sobre el dep\u00f3sito de la fe recibida por la Revelaci\u00f3n divina y es uno de los temas comentados frecuentemente por los Padres, por los escritores eclesi\u00e1sticos y por los te\u00f3logos.(35) De ordinario, de esta comparaci\u00f3n emerge a primera vista una diferencia, una contraposici\u00f3n. Eva, como \u00abmadre de todos los vivientes\u00bb (G\u00e9n 3, 20), es testigo del \u00abcomienzo\u00bb b\u00edblico en el que est\u00e1n contenidas la verdad sobre la creaci\u00f3n del hombre a imagen y semejanza de Dios, y la verdad sobre el pecado original. Mar\u00eda es testigo del nuevo \u00abprincipio\u00bb y de la \u00abnueva criatura\u00bb (cf. 2 Cor. 5,17). Es m\u00e1s, ella misma, como la primera redimida en la historia de la salvaci\u00f3n, es \u00abuna nueva criatura\u00bb; es la \u00abllena de gracia\u00bb. Es dif\u00edcil comprender por qu\u00e9 las palabras del Protoevangelio ponen tan fuertemente en evidencia a la \u00abmujer\u00bb si no se admite que en ella tiene su comienzo la nueva y definitiva Alianza de Dios con la humanidad, la Alianza en la Sangre redentora de Cristo. Esta Alianza tiene su comienzo con una mujer, la \u00abmujer\u00bb, en la Anunciaci\u00f3n de Nazaret. Esta es la absoluta novedad del Evangelio. En el Antiguo Testamento otras veces Dios, para intervenir en la historia de su pueblo, se hab\u00eda dirigido a algunas mujeres, como, por ejemplo, a la madre de Samuel y de Sans\u00f3n; pero para estipular su Alianza con la humanidad se hab\u00eda dirigido solamente a hombres: No\u00e9, Abraham, Mois\u00e9s. Al comienzo de la Nueva Alianza, que debe ser eterna e irrevocable, est\u00e1 la mujer: la Virgen de Nazaret. Se trata de un signo indicativo de que \u00aben Jesucristo\u00bb \u00abno hay ni hombre ni mujer\u00bb (G\u00e1l. 3,28). En \u00e9l la contraposici\u00f3n rec\u00edproca entre el hombre y la mujer \u2014como herencia del pecado original\u2014 est\u00e1 esencialmente superada. \u00abTodos vosotros sois uno en Cristo Jes\u00fas\u00bb, escribe el Ap\u00f3stol (G\u00e1l. 3,28).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Estas palabras tratan sobre aquella originaria \u00abunidad de los dos\u00bb, que est\u00e1 vinculada a la creaci\u00f3n del hombre, como var\u00f3n y mujer, a imagen y semejanza de Dios, seg\u00fan el modelo de aquella perfect\u00edsima comuni\u00f3n de Personas que es Dios mismo. Las palabras de la ep\u00edstola paulina constatan que el misterio de la redenci\u00f3n del hombre en Jesucristo, hijo de Mar\u00eda, toma y renueva lo que en el misterio de la creaci\u00f3n correspond\u00eda al eterno designio de Dios Creador. Precisamente por esto, el d\u00eda de la creaci\u00f3n del hombre como var\u00f3n y mujer \u00abDios vio cuanto hab\u00eda hecho y todo estaba muy bien\u00bb (G\u00e9n 1, 31). La redenci\u00f3n, en cierto sentido, restituye en su misma ra\u00edz el bien que ha sido esencialmente \u00abrebajado\u00bb por el pecado y por su herencia en la historia del hombre.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La \u00abmujer\u00bb del Protoevangelio est\u00e1 situada en la perspectiva de la redenci\u00f3n. La confrontaci\u00f3n Eva &#8211; Mar\u00eda puede entenderse tambi\u00e9n en el sentido de que Mar\u00eda asume y abraza en s\u00ed misma este misterio de la \u00abmujer\u00bb, cuyo comienzo es Eva, \u00abla madre de todos los vivientes\u00bb (G\u00e9n 3, 20). En primer lugar lo asume y lo abraza en el interior del misterio de Cristo, \u00abnuevo y \u00faltimo Ad\u00e1n\u00bb (cf. 1 Cor. 15,45), el cual ha asumido en la propia persona la naturaleza del primer Ad\u00e1n. En efecto, la esencia de la nueva Alianza consiste en el hecho de que el Hijo de Dios, consubstancial al eterno Padre, se hace hombre y asume la humanidad en la unidad de la Persona divina del Verbo. El que obra la Redenci\u00f3n es al mismo tiempo verdadero hombre. El misterio de la Redenci\u00f3n del mundo presupone que Dios-Hijo ha asumido ya la humanidad como herencia de Ad\u00e1n, llegando a ser semejante a \u00e9l y a cada hombre en todo, \u00abexcepto en el pecado\u00bb(Heb 4, 15). De este modo \u00e9l \u00abmanifiesta plenamente el hombre al propio hombre y le descubre la sublimidad de su vocaci\u00f3n\u00bb, como ense\u00f1a el Concilio Vaticano II;(36) en cierto sentido, le ha ayudado a descubrir \u00abqu\u00e9 es el hombre\u00bb (cf. Sal 8, 5).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A trav\u00e9s de todas las generaciones, en la tradici\u00f3n de la fe y de la reflexi\u00f3n cristiana, la correlaci\u00f3n Ad\u00e1n &#8211; Cristo frecuentemente acompa\u00f1a a la de Eva &#8211; Mar\u00eda. Dado que a Mar\u00eda se la llama tambi\u00e9n \u00abnueva Eva\u00bb, \u00bfcu\u00e1l puede ser el significado de esta analog\u00eda? Ciertamente es m\u00faltiple. Conviene detenernos particularmente en el significado que ve en Mar\u00eda la manifestaci\u00f3n de todo lo que est\u00e1 comprendido en la palabra b\u00edblica \u00abmujer\u00bb, esto es, una revelaci\u00f3n correlativa al misterio de la redenci\u00f3n. Mar\u00eda significa, en cierto sentido, superar aquel l\u00edmite del que habla el Libro del G\u00e9nesis (3, 16) y volver a recorrer el camino hacia aquel \u00abprincipio\u00bb donde se encuentra la \u00abmujer\u00bb como fue querida en la creaci\u00f3n y, consiguientemente, en el eterno designio de Dios, en el seno de la Sant\u00edsima Trinidad. Mar\u00eda es \u00abel nuevo principio\u00bb de la dignidad y vocaci\u00f3n de la mujer, de todas y cada una de las mujeres.(37)\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La clave para comprender esto pueden ser, de modo particular, las palabras que el evangelista pone en labios de Mar\u00eda despu\u00e9s de la Anunciaci\u00f3n, durante su visita a Isabel: \u00abHa hecho en mi favor maravillas el Poderoso\u00bb (Lc 1, 49). Esto se refiere ciertamente a la concepci\u00f3n del Hijo, que es \u00abHijo del Alt\u00edsimo\u00bb (Lc 1, 32), el \u00absanto\u00bb de Dios; pero a la vez pueden significar el descubrimiento de la propia humanidad femenina. \u00abHa hecho en mi favor maravillas\u00bb: \u00e9ste es el descubrimiento de toda la riqueza, del don personal de la femineidad, de toda la eterna originalidad de la \u00abmujer\u00bb en la manera en que Dios la quiso, como persona en s\u00ed misma y que al mismo tiempo puede realizarse en plenitud \u00abpor medio de la entrega sincera de s\u00ed\u00bb.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Este descubrimiento se relaciona con una clara conciencia del don, de la d\u00e1diva por parte de Dios. El pecado ya desde el \u00abprincipio\u00bb hab\u00eda ofuscado esta conciencia; en cierto sentido la hab\u00eda sofocado, como indican las palabras de la primera tentaci\u00f3n por obra del \u00abpadre de la mentira\u00bb (cf. G\u00e9n 3, 1-5). Con la llegada de \u00abla plenitud de los tiempos\u00bb (cf. G\u00e1l. 4,4), mientras comienza ya a cumplirse en la historia de la humanidad el misterio de la redenci\u00f3n, esta conciencia irrumpe con toda su fuerza en las palabras de la \u00abmujer\u00bb b\u00edblica de Nazaret. En Mar\u00eda, Eva vuelve a descubrir cu\u00e1l es la verdadera dignidad de la mujer, de su humanidad femenina. Y este descubrimiento debe llegar constantemente al coraz\u00f3n de cada mujer, para dar forma a su propia vocaci\u00f3n y a su vida.\n<\/p>\n<h2>Jesucristo<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b>\u00abSe sorprend\u00edan de que hablara con una mujer\u00bb<\/b>\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">12. Las palabras del Protoevangelio en el Libro del G\u00e9nesis nos permiten pasar al \u00e1mbito del Evangelio. La redenci\u00f3n del hombre anunciada all\u00ed se hace aqu\u00ed realidad en la persona y en la misi\u00f3n de Jesucristo, en quien reconocemos tambi\u00e9n lo que significa la realidad de la redenci\u00f3n para la dignidad y la vocaci\u00f3n de la mujer. Este significado es aclarado por las palabras de Cristo y por el conjunto de sus actitudes hacia las mujeres, que es sumamente sencillo y, precisamente por esto, extraordinario si se considera el ambiente de su tiempo; se trata de una actitud caracterizada por una extraordinaria transparencia y profundidad. Diversas mujeres aparecen en el transcurso de la misi\u00f3n de Jes\u00fas de Nazaret, y el encuentro con cada una de ellas es una confirmaci\u00f3n de la \u00abnovedad de vida\u00bb evang\u00e9lica, de la que ya se ha hablado.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Es algo universalmente admitido \u2014incluso por parte de quienes se ponen en actitud cr\u00edtica ante el mensaje cristiano\u2014que Cristo fue ante sus contempor\u00e1neos el promotor de la verdadera dignidad de la mujer y de la vocaci\u00f3n correspondiente a esta dignidad. A veces esto provocaba estupor, sorpresa, incluso llegaba hasta el l\u00edmite del esc\u00e1ndalo. \u00abSe sorprend\u00edan de que hablara con una mujer\u00bb (Jn. 4,27) porque este comportamiento era diverso del de los israelitas de su tiempo. Es m\u00e1s, \u00abse sorprend\u00edan\u00bb los mismos disc\u00edpulos de Cristo. Por su parte, el fariseo, a cuya casa fue la mujer pecadora para ungir con aceite perfumado los pies de Jes\u00fas, \u00abse dec\u00eda para s\u00ed: Si \u00e9ste fuera profeta sabr\u00eda qui\u00e9n y qu\u00e9 clase de mujer es la que le est\u00e1 tocando, pues es una pecadora\u00bb (Lc. 7,39). Gran turbaci\u00f3n e incluso \u00absanta indignaci\u00f3n\u00bb deb\u00edan causar en quienes escuchaban, satisfechos de s\u00ed mismos, aquellas palabras de Cristo: \u00ablos publicanos y las prostitutas os preceder\u00e1n en el reino de Dios\u00bb (Mt. 21,31).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Quien as\u00ed hablaba y actuaba daba a entender que conoc\u00eda a fondo \u00ablos misterios del Reino\u00bb. Tambi\u00e9n conoc\u00eda \u00ablo que en el hombre hab\u00eda\u00bb (Jn. 2,25), es decir, en su intimidad, en su \u00abcoraz\u00f3n\u00bb. Era adem\u00e1s testigo del eterno designio de Dios sobre el hombre creado por \u00c9l a su imagen y semejanza, como hombre y mujer. Era tambi\u00e9n plenamente consciente de las consecuencias del pecado, de aquel \u00abmisterio de iniquidad\u00bb que act\u00faa en los corazones humanos como fruto amargo del ofuscamiento de la imagen divina. \u00a1Qu\u00e9 significativo es el hecho de que, en el coloquio fundamental sobre el matrimonio y sobre su indisolubilidad, Jes\u00fas, delante de sus interlocutores, que eran por oficio los conocedores de la ley, \u00ablos escribas\u00bb, hiciera referencia al \u00abprincipio\u00bb! La pregunta que le hab\u00edan hecho era sobre el derecho \u00abmasculino\u00bb a \u00abrepudiar a la propia mujer por un motivo cualquiera\u00bb (Mt. 19,3); y, consiguientemente, se refer\u00eda tambi\u00e9n al derecho de la mujer a su justa posici\u00f3n en el matrimonio, a su dignidad. Los interlocutores de Jes\u00fas pensaban que ten\u00edan a su favor la legislaci\u00f3n mosaica vigente en Israel: \u00abMois\u00e9s prescribi\u00f3 dar acta de divorcio y repudiarla\u00bb (Mt 19,7). A lo cual Jes\u00fas respondi\u00f3: \u00abMois\u00e9s teniendo en cuenta la dureza de vuestro coraz\u00f3n os permiti\u00f3 repudiar a vuestras mujeres; pero al principio no fue as\u00ed\u00bb (Mt 19,8). Jes\u00fas apela al \u00abprincipio\u00bb, esto es, a la creaci\u00f3n del hombre, como var\u00f3n y mujer, y a aquel designio divino que se fundamenta en el hecho de que ambos fueron creados \u00aba su imagen y semejanza\u00bb. Por esto, cuando el hombre \u00abdeja a su padre y a su madre\u00bb para unirse con la propia mujer, llegando a ser \u00abuna sola carne\u00bb, queda en vigor la ley que proviene de Dios mismo: \u00abLo que Dios uni\u00f3 no lo separe el hombre\u00bb (Mt 19, 6).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El principio de este \u00abethos\u00bb, que desde el comienzo ha sido inserto en la realidad de la creaci\u00f3n, es ahora confirmado por Cristo contradiciendo aquella tradici\u00f3n que comportaba la discriminaci\u00f3n de la mujer. En esta tradici\u00f3n el var\u00f3n \u00abdominaba\u00bb, sin tener en cuenta suficientemente a la mujer y a aquella dignidad que el \u00abethos\u00bb de la creaci\u00f3n ha puesto en la base de las relaciones rec\u00edprocas de dos personas unidas en matrimonio. Este \u00abethos\u00bb es recordado y confirmado por las palabras de Cristo: es el \u00abethos\u00bb del Evangelio y de la redenci\u00f3n.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Las mujeres del Evangelio\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">13. Recorriendo las p\u00e1ginas del Evangelio pasan ante nuestros ojos un gran n\u00famero de mujeres, de diversa edad y condici\u00f3n. Nos encontramos con mujeres aquejadas de enfermedades o de sufrimientos f\u00edsicos, como aquella mujer pose\u00edda por \u00abun esp\u00edritu que la ten\u00eda enferma; estaba encorvada y no pod\u00eda en modo alguno enderezarse\u00bb (Lc 13, 11), o como la suegra de Sim\u00f3n que estaba \u00aben cama con la fiebre\u00bb (Mc. 1,30), o como la mujer \u00abque padec\u00eda flujo de sangre\u00bb (cf. Mc. 5,25-34) y que no pod\u00eda tocar a nadie porque pensaba que su contacto hac\u00eda al hombre \u00abimpuro\u00bb. Todas ellas fueron curadas, y la \u00faltima, la hemorro\u00edsa, que toc\u00f3 el manto de Jes\u00fas \u00abentre la gente\u00bb (Mc. 5,27), mereci\u00f3 la alabanza del Se\u00f1or por su gran fe: \u00abTu fe te ha salvado\u00bb (Mc. 5,34). Encontramos tambi\u00e9n a la hija de Jairo a la que Jes\u00fas hizo volver a la vida dici\u00e9ndole con ternura: \u00abMuchacha, a ti te lo digo, lev\u00e1ntate\u00bb (Mc. 5,41). En otra ocasi\u00f3n es la viuda de Na\u00edm a la que Jes\u00fas devuelve a la vida a su hijo \u00fanico, acompa\u00f1ando su gesto con una expresi\u00f3n de afectuosa piedad: \u00abTuvo compasi\u00f3n de ella y le dijo: \u00abNo llores\u00bb\u00bb (Lc. 7,13). Finalmente vemos a la mujer cananea, una figura que mereci\u00f3 por parte de Cristo unas palabras de especial aprecio por su fe, su humildad y por aquella grandeza de esp\u00edritu de la que es capaz s\u00f3lo el coraz\u00f3n de una madre: \u00abMujer, grande es tu fe; que te suceda como deseas\u00bb (Mt 15,28). La mujer cananea suplicaba la curaci\u00f3n de su hija.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A veces las mujeres que encontraba Jes\u00fas, y que de \u00e9l recibieron tantas gracias, lo acompa\u00f1aban en sus peregrinaciones con los ap\u00f3stoles por las ciudades y los pueblos anunciando el Evangelio del Reino de Dios; algunas de ellas \u00able asist\u00edan con sus bienes\u00bb. Entre \u00e9stas, el Evangelio nombra a Juana, mujer del administrador de Herodes, Susana y \u00abotras muchas\u00bb (cf. Lc. 8,1-3). En otras ocasiones las mujeres aparecen en las par\u00e1bolas con las que Jes\u00fas de Nazaret explicaba a sus oyentes las verdades sobre el Reino de Dios; as\u00ed lo vemos en la par\u00e1bola de la dracma perdida (cf. Lc. 15,8-10), de la levadura (cf. Mt.13,33), de las v\u00edrgenes prudentes y de las v\u00edrgenes necias (cf. Mt.25,1-13). Particularmente elocuente es la narraci\u00f3n del \u00f3bolo de la viuda. Mientras \u00ablos ricos (&#8230;) echaban sus donativos en el arca del tesoro (&#8230;) una viuda pobre echaba all\u00ed dos moneditas\u00bb. Entonces Jes\u00fas dijo: \u00abEsta viuda pobre ha echado m\u00e1s que todos (&#8230;) ha echado de lo que necesitaba, todo cuanto ten\u00eda para vivir\u00bb (Lc.21,1-4). Con estas palabras Jes\u00fas la presenta como modelo, al mismo tiempo que la defiende, pues en el sistema socio-jur\u00eddico de entonces las viudas eran unos seres totalmente indefensos (cf. tambi\u00e9n Lc.18,1-7).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En las ense\u00f1anzas de Jes\u00fas, as\u00ed como en su modo de comportarse, no se encuentra nada que refleje la habitual discriminaci\u00f3n de la mujer, propia del tiempo; por el contrario, sus palabras y sus obras expresan siempre el respeto y el honor debido a la mujer. La mujer encorvada es llamada \u00abhija de Abraham\u00bb (Lc. 13,16), mientras en toda la Biblia el t\u00edtulo de \u00abhijo de Abraham\u00bb se refiere s\u00f3lo a los hombres. Recorriendo la v\u00eda dolorosa hacia el G\u00f3lgota, Jes\u00fas dir\u00e1 a las mujeres: \u00abHijas de Jerusal\u00e9n, no llor\u00e9is por m\u00ed\u00bb Lc. 23,28). Este modo de hablar sobre las mujeres y a las mujeres, y el modo de tratarlas, constituye una clara \u00abnovedad\u00bb respecto a las costumbres dominantes entonces.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Todo esto resulta a\u00fan m\u00e1s expl\u00edcito referido a aquellas mujeres que la opini\u00f3n com\u00fan se\u00f1alaba despectivamente como pecadoras: pecadoras p\u00fablicas y ad\u00falteras. A la Samaritana el mismo Jes\u00fas dice: \u00abHas tenido cinco maridos y el que ahora tienes no es marido tuyo\u00bb. Ella, sintiendo que \u00e9l sab\u00eda los secretos de su vida, reconoci\u00f3 en Jes\u00fas al Mes\u00edas y corri\u00f3 a anunciarlo a sus compaisanos. El di\u00e1logo que precede a este reconocimiento es uno de los m\u00e1s bellos del Evangelio (cf. Jn. 4,7-27).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">He aqu\u00ed otra figura de mujer: la de una pecadora p\u00fablica que, a pesar de la opini\u00f3n com\u00fan que la condena, entra en casa del fariseo para ungir con aceite perfumado los pies de Jes\u00fas. Este, dirigi\u00e9ndose al hu\u00e9sped que se escandalizaba de este hecho, dir\u00e1 de la mujer: \u00abQuedan perdonados sus muchos pecados, porque ha mostrado mucho amor\u00bb (cf. Lc 7, 37-47).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Y, finalmente, fij\u00e9monos en una situaci\u00f3n que es quiz\u00e1s la m\u00e1s elocuente: la de una mujer sorprendida en adulterio y que es conducida ante Jes\u00fas. A la pregunta provocativa: \u00abMois\u00e9s nos mand\u00f3 en la ley apedrear a estas mujeres. \u00bfT\u00fa que dices?\u00bb. Jes\u00fas responde: \u00abAquel de vosotros que est\u00e9 sin pecado que le arroje la primera piedra\u00bb. La fuerza de la verdad contenida en tal respuesta fue tan grande que \u00abse iban retirando uno tras otro comenzando por los m\u00e1s viejos\u00bb. Solamente quedan Jes\u00fas y la mujer. \u00ab\u00bfD\u00f3nde est\u00e1n? \u00bfNadie te condena?\u00bb \u2014\u00abNadie, Se\u00f1or\u00bb\u2014 \u00abTampoco yo te condeno. Vete y en adelante no peques m\u00e1s\u00bb (cf. Jn. 8,3-11).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Estos episodios representan un cuadro de gran transparencia. Cristo es aquel que \u00absabe lo que hay en el hombre\u00bb (cf. Jn. 2,25), en el hombre y en la mujer. Conoce la dignidad del hombre, el valor que tiene a los ojos de Dios. El mismo Cristo es la confirmaci\u00f3n definitiva de este valor. Todo lo que dice y hace tiene cumplimiento definitivo en el misterio pascual de la redenci\u00f3n. La actitud de Jes\u00fas en relaci\u00f3n con las mujeres que se encuentran con \u00e9l a lo largo del camino de su servicio mesi\u00e1nico, es el reflejo del designio eterno de Dios que, al crear a cada una de ellas, la elige y la ama en Cristo (cf. Ef. 1,1-5 ). Por esto, cada mujer es la \u00ab\u00fanica criatura en la tierra que Dios ha querido por s\u00ed misma\u00bb, cada una hereda tambi\u00e9n desde el \u00abprincipio\u00bb la dignidad de persona precisamente como mujer. Jes\u00fas de Nazaret confirma esta dignidad, la recuerda, la renueva y hace de ella un contenido del Evangelio y de la redenci\u00f3n, para lo cual fue enviado al mundo. Es necesario, por consiguiente, introducir en la dimensi\u00f3n del misterio pascual cada palabra y cada gesto de Cristo respecto a la mujer. De esta manera todo tiene su plena explicaci\u00f3n.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b>La mujer sorprendida en adulterio<\/b>\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">14. Jes\u00fas entra en la situaci\u00f3n hist\u00f3rica y concreta de la mujer, la cual lleva sobre s\u00ed la herencia del pecado. Esta herencia se manifiesta en aquellas costumbres que discriminan a la mujer en favor del hombre, y que est\u00e1 enraizada tambi\u00e9n en ella. Desde este punto de vista el episodio de la mujer \u00absorprendida en adulterio\u00bb (cf. Jn 8,3-11) se presenta particularmente elocuente. Jes\u00fas, al final, le dice: \u00abNo peques m\u00e1s\u00bb, pero antes \u00e9l hace conscientes de su pecado a los hombres que la acusan para poder lapidarla, manifestando de esta manera su profunda capacidad de ver, seg\u00fan la verdad, las conciencias y las obras humanas. Jes\u00fas parece decir a los acusadores: esta mujer con todo su pecado \u00bfno es quiz\u00e1s tambi\u00e9n, y sobre todo, la confirmaci\u00f3n de vuestras transgresiones, de vuestra injusticia \u00abmasculina\u00bb, de vuestros abusos?\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Esta es una verdad v\u00e1lida para todo el g\u00e9nero humano. El hecho referido en el Evangelio de San Juan puede presentarse de nuevo en cada \u00e9poca hist\u00f3rica, en innumerables situaciones an\u00e1logas. Una mujer es dejada sola con su pecado y es se\u00f1alada ante la opini\u00f3n p\u00fablica, mientras detr\u00e1s de este pecado \u00absuyo\u00bb se oculta un hombre pecador, culpable del \u00abpecado de otra persona\u00bb, es m\u00e1s, corresponsable del mismo. Y sin embargo, su pecado escapa a la atenci\u00f3n, pasa en silencio; aparece como no responsable del \u00abpecado de la otra persona\u00bb. A veces se convierte incluso en el acusador, como en el caso descrito en el Evangelio de San Juan, olvidando el propio pecado. Cu\u00e1ntas veces, en casos parecidos, la mujer paga por el propio pecado (puede suceder que sea ella, en ciertos casos, culpable por el pecado del hombre como \u00abpecado del otro\u00bb), pero solamente paga ella, y paga sola. \u00a1Cu\u00e1ntas veces queda ella abandonada con su maternidad, cuando el hombre, padre del ni\u00f1o, no quiere aceptar su responsabilidad! Y junto a tantas \u00abmadres solteras\u00bb en nuestra sociedad, es necesario considerar adem\u00e1s todas aquellas que muy a menudo, sufriendo presiones de dicho tipo, incluidas las del hombre culpable, \u00abse libran\u00bb del ni\u00f1o antes de que nazca. \u00abSe libran\u00bb; pero \u00a1a qu\u00e9 precio! La opini\u00f3n p\u00fablica actual intenta de modos diversos \u00abanular\u00bb el mal de este pecado; pero normalmente la conciencia de la mujer no consigue olvidar el haber quitado la vida a su propio hijo, porque ella no logra cancelar su disponibilidad a acoger la vida, inscrita en su \u00abethos\u00bb desde el \u00abprincipio\u00bb.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A este respecto es significativa la actitud de Jes\u00fas en el hecho descrito por San Juan (8,3-11). Quiz\u00e1s en pocos momentos como en \u00e9ste se manifiesta su poder \u2014el poder de la verdad\u2014 en relaci\u00f3n con las conciencias humanas. Jes\u00fas aparece sereno, recogido, pensativo. Su conocimiento de los hechos, tanto aqu\u00ed como en el coloquio con los fariseos (cf. Mt. 19,3-9), \u00bfno est\u00e1 quiz\u00e1s en relaci\u00f3n con el misterio del \u00abprincipio\u00bb, cuando el hombre fue creado var\u00f3n y mujer, y la mujer fue confiada al hombre con su diversidad femenina y tambi\u00e9n con su potencial maternidad? Tambi\u00e9n el hombre fue confiado por el Creador a la mujer. Ellos fueron confiados rec\u00edprocamente el uno al otro como personas, creadas a imagen y semejanza de Dios mismo. En esta entrega se encuentra la medida del amor, del amor esponsal: para llegar a ser \u00abuna entrega sincera\u00bb del uno para el otro es necesario que ambos se sientan responsables del don. Esta medida est\u00e1 destinada a los dos \u2014hombre y mujer\u2014 desde el \u00abprincipio\u00bb. Despu\u00e9s del pecado original act\u00faan en el hombre y en la mujer unas fuerzas contrapuestas a causa de la triple concupiscencia, el \u00abaguij\u00f3n del pecado\u00bb. Ellas act\u00faan en el hombre desde dentro. Por esto Jes\u00fas dir\u00e1 en el Serm\u00f3n de la Monta\u00f1a: \u00abTodo el que mira a una mujer dese\u00e1ndola, ya cometi\u00f3 adulterio con ella en su coraz\u00f3n\u00bb (Mt. 5,28). Estas palabras dirigidas directamente al hombre muestran la verdad fundamental de su responsabilidad hacia la mujer, hacia su dignidad, su maternidad, su vocaci\u00f3n. Indirectamente estas palabras conciernen tambi\u00e9n a la mujer. Cristo hac\u00eda todo lo posible para que, en el \u00e1mbito de las costumbres y relaciones sociales del tiempo, las mujeres encontrasen en su ense\u00f1anza y en su actuaci\u00f3n la propia subjetividad y dignidad. Bas\u00e1ndose en la eterna \u00abunidad de los dos\u00bb, esta dignidad depende directamente de la misma mujer, como sujeto responsable, y al mismo tiempo es \u00abdada como tarea\u00bb al hombre. De modo coherente, Cristo apela a la responsabilidad del hombre. En esta meditaci\u00f3n sobre la dignidad y la vocaci\u00f3n de la mujer, hoy es necesario tomar como punto de referencia el planteamiento que encontramos en el Evangelio. La dignidad de la mujer y su vocaci\u00f3n \u2014como tambi\u00e9n la del hombre\u2014 encuentran su eterna fuente en el coraz\u00f3n de Dios y, teniendo en cuenta las condiciones temporales de la existencia humana, se relacionan \u00edntimamente con la \u00abunidad de los dos\u00bb. Por tanto, cada hombre ha de mirar dentro de s\u00ed y ver si aqu\u00e9lla que le ha sido confiada como hermana en la humanidad com\u00fan, como esposa, no se ha convertido en objeto de adulterio en su coraz\u00f3n; ha de ver si la que, por razones diversas, es el co-sujeto de su existencia en el mundo, no se ha convertido para \u00e9l en un \u00abobjeto\u00bb: objeto de placer, de explotaci\u00f3n.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b>Guardianas del mensaje evang\u00e9lico<\/b>\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">15. El modo de actuar de Cristo, el Evangelio de sus obras y de sus palabras, es un coherente reproche a cuanto ofende la dignidad de la mujer. Por esto, las mujeres que se encuentran junto a Cristo se descubren a s\u00ed mismas en la verdad que \u00e9l \u00abense\u00f1a\u00bb y que \u00e9l \u00abrealiza\u00bb, incluso cuando \u00e9sta es la verdad sobre su propia \u00abpecaminosidad\u00bb. Por medio de esta verdad ellas se sienten \u00abliberadas\u00bb, reintegradas en su propio ser; se sienten amadas por un \u00abamor eterno\u00bb, por un amor que encuentra la expresi\u00f3n m\u00e1s directa en el mismo Cristo. Estando bajo el radio de acci\u00f3n de Cristo su posici\u00f3n social se transforma; sienten que Jes\u00fas les habla de cuestiones de las que en aquellos tiempos no se acostumbraba a discutir con una mujer. Un ejemplo, en cierto modo muy significativo al respecto, es el de la Samaritana en el pozo de Siquem. Jes\u00fas \u2014que sabe en efecto que es pecadora y de ello le habla\u2014 dialoga con ella sobre los m\u00e1s profundos misterios de Dios. Le habla del don infinito del amor de Dios, que es como \u00abuna fuente que brota para la vida eterna\u00bb (Jn. 4,14); le habla de Dios que es Esp\u00edritu y de la verdadera adoraci\u00f3n, que el Padre tiene derecho a recibir en esp\u00edritu y en verdad (cf. Jn 4,24); le revela, finalmente, que \u00c9l es el Mes\u00edas prometido a Israel (cf. Jn. 4,26).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Estamos ante un acontecimiento sin precedentes; aquella mujer \u2014que adem\u00e1s es una \u00abmujer-pecadora\u00bb\u2014 se convierte en \u00abdisc\u00edpula\u00bb de Cristo; es m\u00e1s, una vez instruida, anuncia a Cristo a los habitantes de Samaria, de modo que tambi\u00e9n ellos lo acogen con fe (cf. Jn. 4,39-42). Es \u00e9ste un acontecimiento ins\u00f3lito si se tiene en cuenta el modo usual con que trataban a las mujeres los que ense\u00f1aban en Israel; pero, en el modo de actuar de Jes\u00fas de Nazaret un hecho semejante es normal. A este prop\u00f3sito, merecen un recuerdo especial las hermanas de L\u00e1zaro; \u00abJes\u00fas amaba a Marta, a su hermana Mar\u00eda y a L\u00e1zaro\u00bb (cf. Jn. 11, 5). Mar\u00eda, \u00abescuchaba la palabra\u00bb de Jes\u00fas; cuando fue a visitarlos a su casa \u00e9l mismo defini\u00f3 el comportamiento de Mar\u00eda como \u00abla mejor parte\u00bb respecto a la preocupaci\u00f3n de Marta por las tareas dom\u00e9sticas (cf. Lc. 10,38-42). En otra ocasi\u00f3n, la misma Marta \u2014despu\u00e9s de la muerte de L\u00e1zaro\u2014 se convierte en interlocutora de Cristo y habla acerca de las verdades m\u00e1s profundas de la revelaci\u00f3n y de la fe.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 \u00abSe\u00f1or si hubieras estado aqu\u00ed no habr\u00eda muerto mi hermano\u00bb.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 \u00abTu hermano resucitar\u00e1\u00bb.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014 \u00abYa s\u00e9 que resucitar\u00e1 en la resurrecci\u00f3n, el \u00faltimo d\u00eda\u00bb.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Le dijo Jes\u00fas: \u00abYo soy la resurrecci\u00f3n. El que cree en m\u00ed, aunque muera, vivir\u00e1; y todo el que vive y cree en m\u00ed, no morir\u00e1 jam\u00e1s. \u00bfCrees esto?\u00bb.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00abS\u00ed, Se\u00f1or, yo creo que t\u00fa eres el Cristo, el Hijo de Dios, el que iba a venir al mundo\u00bb (Jn. 11,21-27).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Despu\u00e9s de esta profesi\u00f3n de fe Jes\u00fas resucit\u00f3 a L\u00e1zaro. Tambi\u00e9n el coloquio con Marta es uno de los m\u00e1s importantes del Evangelio.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cristo habla con las mujeres acerca de las cosas de Dios y ellas le comprenden; se trata de una aut\u00e9ntica sinton\u00eda de mente y de coraz\u00f3n, una respuesta de fe. Jes\u00fas manifiesta aprecio por dicha respuesta, tan \u00abfemenina\u00bb, y \u2014como en el caso de la mujer cananea (cf. Mt. 15,28)\u2014 tambi\u00e9n admiraci\u00f3n. A veces propone como ejemplo esta fe viva impregnada de amor; \u00e9l ense\u00f1a, por tanto, tomando pie de esta respuesta femenina de la mente y del coraz\u00f3n. As\u00ed sucede en el caso de aquella mujer \u00abpecadora\u00bb en casa del fariseo, cuyo modo de actuar es el punto de partida por parte de Jes\u00fas para explicar la verdad sobre la remisi\u00f3n de los pecados: \u00abQuedan perdonados sus muchos pecados, porque ha mostrado mucho amor. A quien poco se le perdona, poco amor muestra\u00bb (Lc. 7,47). Con ocasi\u00f3n de otra unci\u00f3n Jes\u00fas defiende, delante de sus disc\u00edpulos y, en particular, de Judas, a la mujer y su acci\u00f3n: \u00ab\u00bfPor qu\u00e9 molest\u00e1is a esta mujer? Pues una \u00abobra buena\u00bb ha hecho conmigo (&#8230;) al derramar ella este ung\u00fcento sobre mi cuerpo, en vista de mi sepultura lo ha hecho. Yo os aseguro: dondequiera que se proclame esta Buena Nueva, en el mundo entero, se hablar\u00e1 tambi\u00e9n de lo que \u00e9sta ha hecho para memoria suya\u00bb (Mt. 26,6-13).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En realidad los Evangelios no s\u00f3lo describen lo que ha realizado aquella mujer en Betania, en casa de Sim\u00f3n el leproso, sino que, adem\u00e1s, ponen en evidencia que, en el momento de la prueba definitiva y decisiva para toda la misi\u00f3n mesi\u00e1nica de Jes\u00fas de Nazaret, a los pies de la Cruz estaban en primer lugar las mujeres. De los ap\u00f3stoles s\u00f3lo Juan permaneci\u00f3 fiel; las mujeres eran muchas. No s\u00f3lo estaba la Madre de Cristo y \u00abla hermana de su madre, Mar\u00eda, mujer de Cleof\u00e1s, y Mar\u00eda Magdalena\u00bb (Jn. 19,25), sino que \u00abhab\u00eda all\u00ed muchas mujeres mirando desde lejos, aquellas que hab\u00edan seguido a Jes\u00fas desde Galilea para servirle\u00bb (Mt. 27,55). Como podemos ver, en \u00e9sta que fue la prueba m\u00e1s dura de la fe y de la fidelidad las mujeres se mostraron m\u00e1s fuertes que los ap\u00f3stoles; en los momentos de peligro aquellas que \u00abaman mucho\u00bb logran vencer el miedo. Antes de esto hab\u00edan estado las mujeres en la v\u00eda dolorosa, \u00abque se dol\u00edan y se lamentaban por \u00e9l\u00bb (Lc. 23,27). Y antes aun hab\u00eda intervenido tambi\u00e9n la mujer de Pilatos, que advirti\u00f3 a su marido: \u00abNo te metas con ese justo, porque hoy he sufrido mucho en sue\u00f1os por su causa\u00bb (Mt. 27,19).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b>Las primeras testigos de la resurrecci\u00f3n<\/b>\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">16. Desde el principio de la misi\u00f3n de Cristo, la mujer demuestra hacia \u00e9l y hacia su misterio una sensibilidad especial, que corresponde a una caracter\u00edstica de su femineidad . Hay que decir tambi\u00e9n que esto encuentra una confirmaci\u00f3n particular en relaci\u00f3n con el misterio pascual; no s\u00f3lo en el momento de la crucifixi\u00f3n sino tambi\u00e9n el d\u00eda de la resurrecci\u00f3n. Las mujeres son las primeras en llegar al sepulcro. Son las primeras que lo encuentran vac\u00edo. Son las primeras que oyen: \u00abNo est\u00e1 aqu\u00ed, ha resucitado como lo hab\u00eda anunciado\u00bb (Mt. 28,6).  Son las primeras en abrazarle los pies (cf. Mt. 28,9). Son igualmente las primeras en ser llamadas a anunciar esta verdad a los ap\u00f3stoles (cf. Mt. 28,1-10; Lc. 24,8-11). El Evangelio de Juan (cf. tambi\u00e9n Mc. 16,9) pone de relieve el papel especial de Mar\u00eda de Magdala. Es la primera que encuentra a Cristo resucitado. Al principio lo confunde con el guardi\u00e1n del jard\u00edn; lo reconoce solamente cuando \u00e9l la llama por su nombre: \u00abJes\u00fas le dice: \u00abMar\u00eda\u00bb. Ella se vuelve y le dice en hebreo: \u00abRabbun\u00ed\u00bb \u2014que quiere decir: \u00abMaestro\u00bb\u2014. D\u00edcele Jes\u00fas: \u00abNo me toques, que todav\u00eda no he subido al Padre. Pero vete donde mis hermanos y diles: Subo a mi Padre y vuestro Padre, a mi Dios y vuestro Dios\u00bb. Fue Mar\u00eda Magdalena y dijo a los disc\u00edpulos que hab\u00eda visto al Se\u00f1or y que hab\u00eda dicho estas palabras\u00bb (Jn 20, 16-18).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Por esto ha sido llamada \u00abla ap\u00f3stol de los ap\u00f3stoles\u00bb.(38) Antes que los ap\u00f3stoles, Mar\u00eda de Magdala fue testigo ocular de Cristo resucitado, y por esta raz\u00f3n fue tambi\u00e9n la primera en dar testimonio de \u00e9l ante de los ap\u00f3stoles. Este acontecimiento, en cierto sentido, corona todo lo que se ha dicho anteriormente sobre el hecho de que Jes\u00fas confiaba a las mujeres las verdades divinas, lo mismo que a los hombres. Puede decirse que de esta manera se han cumplido las palabras del Profeta: \u00abYo derramar\u00e9 mi esp\u00edritu en toda carne. Vuestros hijos y vuestras hijas profetizar\u00e1n\u00bb (Jl. 3,1). Al cumplirse los cincuenta d\u00edas de la resurrecci\u00f3n de Cristo, estas palabras encuentran una vez m\u00e1s confirmaci\u00f3n en el cen\u00e1culo de Jerusal\u00e9n, con la venida del Esp\u00edritu Santo, el Par\u00e1clito (cf. Hch. 2,17).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Lo dicho hasta ahora acerca de la actitud de Cristo en relaci\u00f3n con la mujer, confirma y aclara en el Esp\u00edritu Santo la verdad sobre la igualdad de ambos \u2014hombre y mujer\u2014. Se debe hablar de una esencial \u00abigualdad\u00bb, pues al haber sido los dos \u2014tanto la mujer como el hombre\u2014 creados a imagen y semejanza de Dios, ambos son, en la misma medida, susceptibles de la d\u00e1diva de la verdad divina y del amor en el Esp\u00edritu Santo. Los dos experimentan igualmente sus \u00abvisitas\u00bb salv\u00edficas y santificantes.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El hecho de ser hombre o mujer no comporta aqu\u00ed ninguna limitaci\u00f3n, as\u00ed como no limita absolutamente la acci\u00f3n salv\u00edfica y santificante del Esp\u00edritu en el hombre el hecho de ser jud\u00edo o griego, esclavo o libre, seg\u00fan las conocidas palabras del Ap\u00f3stol: \u00abPorque todos sois uno en Cristo Jes\u00fas\u00bb (G\u00e1l. 3,28). Esta unidad no anula la diversidad. El Esp\u00edritu Santo, que realiza esta unidad en el orden sobrenatural de la gracia santificante, contribuye en igual medida al hecho de que \u00abprofeticen vuestros hijos\u00bb al igual que \u00abvuestras hijas\u00bb. \u00abProfetizar\u00bb significa expresar con la palabra y con la vida \u00ablas maravillas de Dios\u00bb (cf. Hch. 2,11), conservando la verdad y la originalidad de cada persona, sea mujer u hombre. La \u00abigualdad\u00bb evang\u00e9lica, la \u00abigualdad\u00bb de la mujer y del hombre en relaci\u00f3n con \u00ablas maravillas de Dios\u00bb, tal como se manifiesta de modo tan l\u00edmpido en las obras y en las palabras de Jes\u00fas de Nazaret, constituye la base m\u00e1s evidente de la dignidad y vocaci\u00f3n de la mujer en la Iglesia y en el mundo. Toda vocaci\u00f3n tiene un sentido profundamente personal y prof\u00e9tico. Entendida as\u00ed la vocaci\u00f3n, lo que es personalmente femenino adquiere una medida nueva: la medida de las \u00abmaravillas de Dios\u00bb, de las que la mujer es sujeto vivo y testigo insustituible.\n<\/p>\n<h2>Maternidad &#8211; Virginidad<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b>Dos dimensiones de la vocaci\u00f3n de la mujer<\/b><br \/>\n17. Hagamos ahora objeto de nuestra meditaci\u00f3n la virginidad y la maternidad, como dos dimensiones particulares de la realizaci\u00f3n de la personalidad femenina. A la luz del Evangelio \u00e9stas adquieren la plenitud de su sentido y de su valor en Mar\u00eda, que como Virgen llega a ser Madre del Hijo de Dios. Estas dos dimensiones de la vocaci\u00f3n femenina se han encontrado y unido en ella de modo excepcional, de manera que una no ha excluido la otra, sino que la ha completado admirablemente. La descripci\u00f3n de la Anunciaci\u00f3n en el Evangelio de San Lucas indica claramente que esto parec\u00eda imposible a la misma Virgen de Nazaret. Ella, al o\u00edr que le dicen: \u00abVas a concebir en el seno y vas a dar a luz un Hijo a quien pondr\u00e1s por nombre Jes\u00fas\u00bb, pregunta a continuaci\u00f3n: \u00ab\u00bfC\u00f3mo podr\u00e1 ser esto, pues yo no conozco var\u00f3n?\u00bb (Lc. 1,31.34). En el orden com\u00fan de las cosas la maternidad es fruto del rec\u00edproco \u00abconocimiento\u00bb del hombre y de la mujer en la uni\u00f3n matrimonial. Mar\u00eda, firme en el prop\u00f3sito de su virginidad, pregunta al mensajero divino y obtiene la explicaci\u00f3n: \u00abEl Esp\u00edritu Santo vendr\u00e1 sobre ti\u00bb, tu maternidad no ser\u00e1 consecuencia de un \u00abconocimiento\u00bb matrimonial, sino obra del Esp\u00edritu Santo, y \u00abel poder del Alt\u00edsimo\u00bb extender\u00e1 su \u00absombra\u00bb sobre el misterio de la concepci\u00f3n y del nacimiento del Hijo. Como Hijo del Alt\u00edsimo, \u00e9l te es dado exclusivamente por Dios, en el modo conocido por Dios. Mar\u00eda, por consiguiente, ha mantenido su virginal \u00abno conozco var\u00f3n\u00bb (cf. Lc 1, 34) y al mismo tiempo se ha convertido en madre. La virginidad y la maternidad coexisten en ella, sin excluirse rec\u00edprocamente ni ponerse l\u00edmites; es m\u00e1s, la persona de la Madre de Dios ayuda a todos \u2014especialmente a las mujeres\u2014 a vislumbrar el modo en que estas dos dimensiones y estos dos caminos de la vocaci\u00f3n de la mujer, como persona, se explican y se completan rec\u00edprocamente.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b>Maternidad<\/b><br \/>\n18. Para tomar parte en este \u00abvislumbrar\u00bb, es necesario una vez m\u00e1s profundizar en la verdad sobre la persona humana, como la presenta el Concilio Vaticano II. El hombre \u2014var\u00f3n o mujer\u2014 es la \u00fanica criatura terrestre a la que Dios ha amado por s\u00ed misma, es decir, es una persona, es un sujeto que decide sobre s\u00ed mismo. Al mismo tiempo, el hombre \u00abno puede encontrar su propia plenitud si no es en la entrega sincera de s\u00ed mismo a los dem\u00e1s\u00bb.(39) Se ha dicho ya que esta descripci\u00f3n \u2014que en cierto sentido es definici\u00f3n de la persona\u2014 corresponde a la verdad b\u00edblica fundamental acerca de la creaci\u00f3n del hombre \u2014hombre y mujer\u2014 a imagen y semejanza de Dios. Esta no es una interpretaci\u00f3n puramente te\u00f3rica o una definici\u00f3n abstracta, pues indica de modo esencial el sentido de ser hombre, poniendo de relieve el valor del don de s\u00ed, de la persona. En esta visi\u00f3n de la persona est\u00e1 contenida tambi\u00e9n la parte esencial de aquel \u00abethos\u00bb que \u2014referido a la verdad de la creaci\u00f3n\u2014 ser\u00e1 desarrollado plenamente por los Libros de la Revelaci\u00f3n y, de modo particular, por los Evangelios.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Esta verdad sobre la persona abre adem\u00e1s el camino a una plena comprensi\u00f3n de la maternidad de la mujer. La maternidad es fruto de la uni\u00f3n matrimonial de un hombre y de una mujer, es decir, de aquel \u00abconocimiento\u00bb b\u00edblico que corresponde a la \u00abuni\u00f3n de los dos en una sola carne\u00bb (cf. G\u00e9n 2, 24); de este modo se realiza \u2014por parte de la mujer\u2014 un \u00abdon de s\u00ed\u00bb especial, como expresi\u00f3n de aquel amor esponsal mediante el cual los esposos se unen \u00edntimamente para ser \u00abuna sola carne\u00bb. El \u00abconocimiento\u00bb b\u00edblico se realiza seg\u00fan la verdad de la persona s\u00f3lo cuando el don rec\u00edproco de s\u00ed mismo no es deformado por el deseo del hombre de convertirse en \u00abdue\u00f1o\u00bb de su esposa (\u00ab\u00e9l te dominar\u00e1\u00bb) o por el cerrarse de la mujer en sus propios instintos (\u00abhacia tu marido ir\u00e1 tu apetencia\u00bb: G\u00e9n. 3,16).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El don rec\u00edproco de la persona en el matrimonio se abre hacia el don de una nueva vida, es decir, de un nuevo hombre, que es tambi\u00e9n persona a semejanza de sus padres. La maternidad, ya desde el comienzo mismo, implica una apertura especial hacia la nueva persona; y \u00e9ste es precisamente el \u00abpapel\u00bb de la mujer. En dicha apertura, esto es, en el concebir y dar a luz el hijo, la mujer \u00abse realiza en plenitud a trav\u00e9s del don sincero de s\u00ed\u00bb. El don de la disponibilidad interior para aceptar al hijo y traerle al mundo est\u00e1 vinculado a la uni\u00f3n matrimonial que, como se ha dicho, deber\u00eda constituir un momento particular del don rec\u00edproco de s\u00ed por parte de la mujer y del hombre. La concepci\u00f3n y el nacimiento del nuevo hombre, seg\u00fan la Biblia, est\u00e1n acompa\u00f1ados por las palabras siguientes de la mujer-madre: \u00abHe adquirido un var\u00f3n con el favor de Yahveh\u00bb (G\u00e9n. 4,1). La exclamaci\u00f3n de Eva, \u00abmadre de todos los vivientes\u00bb, se repite cada vez que viene al mundo una nueva criatura y expresa el gozo y la convicci\u00f3n de la mujer de participar en el gran misterio del eterno engendrar. Los esposos, en efecto, participan del poder creador de Dios.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La maternidad de la mujer, en el per\u00edodo comprendido entre la concepci\u00f3n y el nacimiento del ni\u00f1o, es un proceso biofisiol\u00f3gico y ps\u00edquico que hoy d\u00eda se conoce mejor que en tiempos pasados y que es objeto de profundos estudios. El an\u00e1lisis cient\u00edfico confirma plenamente que la misma constituci\u00f3n f\u00edsica de la mujer y su organismo tienen una disposici\u00f3n natural para la maternidad, es decir, para la concepci\u00f3n, gestaci\u00f3n y parto del ni\u00f1o, como fruto de la uni\u00f3n matrimonial con el hombre. Al mismo tiempo, todo esto corresponde tambi\u00e9n a la estructura ps\u00edquico-f\u00edsica de la mujer. Todo lo que las diversas ramas de la ciencia dicen sobre esta materia es importante y \u00fatil, a condici\u00f3n de que no se limiten a una interpretaci\u00f3n exclusivamente biofisiol\u00f3gica de la mujer y de la maternidad. Una imagen as\u00ed \u00abempeque\u00f1ecida\u00bb estar\u00eda a la misma altura de la concepci\u00f3n materialista del hombre y del mundo. En tal caso se habr\u00eda perdido lo que verdaderamente es esencial: la maternidad, como hecho y fen\u00f3meno humano, tiene su explicaci\u00f3n plena en base a la verdad sobre la persona. La maternidad est\u00e1 unida a la estructura personal del ser mujer y a la dimensi\u00f3n personal del don: \u00abHe adquirido un var\u00f3n con el favor de Yahveh\u00bb (G\u00e9n. 4,1). El Creador concede a los padres el don de un hijo. Por parte de la mujer, este hecho est\u00e1 unido de modo especial a \u00abun don sincero de s\u00ed\u00bb. Las palabras de Mar\u00eda en la Anunciaci\u00f3n \u00abh\u00e1gase en m\u00ed seg\u00fan tu palabra\u00bb (Lc. 1,38) significan la disponibilidad de la mujer al don de s\u00ed, y a la aceptaci\u00f3n de la nueva vida.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En la maternidad de la mujer, unida a la paternidad del hombre, se refleja el eterno misterio del engendrar que existe en Dios mismo, uno y trino (cf. Ef. 3,14-15). El humano engendrar es com\u00fan al hombre y a la mujer. Y si la mujer, guiada por el amor hacia su marido, dice: \u00abte he dado un hijo\u00bb, sus palabras significan al mismo tiempo: \u00abeste es nuestro hijo\u00bb. Sin embargo, aunque los dos sean padres de su ni\u00f1o, la maternidad de la mujer constituye una \u00abparte\u00bb especial de este ser padres en com\u00fan, as\u00ed como la parte m\u00e1s cualificada. Aunque el hecho de ser padres pertenece a los dos, es una realidad m\u00e1s profunda en la mujer, especialmente en el per\u00edodo prenatal. La mujer es \u00abla que paga\u00bb directamente por este com\u00fan engendrar, que absorbe literalmente las energ\u00edas de su cuerpo y de su alma. Por consiguiente, es necesario que el hombre sea plenamente consciente de que en este ser padres en com\u00fan, \u00e9l contrae una deuda especial con la mujer. Ning\u00fan programa de \u00abigualdad de derechos\u00bb del hombre y de la mujer es v\u00e1lido si no se tiene en cuenta esto de un modo totalmente esencial.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La maternidad conlleva una comuni\u00f3n especial con el misterio de la vida que madura en el seno de la mujer. La madre admira este misterio y con intuici\u00f3n singular \u00abcomprende\u00bb lo que lleva en su interior. A la luz del \u00abprincipio\u00bb la madre acepta y ama al hijo que lleva en su seno como una persona. Este modo \u00fanico de contacto con el nuevo hombre que se est\u00e1 formando crea a su vez una actitud hacia el hombre \u2014no s\u00f3lo hacia el propio hijo, sino hacia el hombre en general\u2014, que caracteriza profundamente toda la personalidad de la mujer. Com\u00fanmente se piensa que la mujer es m\u00e1s capaz que el hombre de dirigir su atenci\u00f3n hacia la persona concreta y que la maternidad desarrolla todav\u00eda m\u00e1s esta disposici\u00f3n. El hombre, no obstante toda su participaci\u00f3n en el ser padre, se encuentra siempre \u00abfuera\u00bb del proceso de gestaci\u00f3n y nacimiento del ni\u00f1o y debe, en tantos aspectos, conocer por la madre su propia \u00abpaternidad\u00bb. Podr\u00edamos decir que esto forma parte del normal mecanismo humano de ser padres, incluso cuando se trata de las etapas sucesivas al nacimiento del ni\u00f1o, especialmente al comienzo. La educaci\u00f3n del hijo \u2014entendida globalmente\u2014 deber\u00eda abarcar en s\u00ed la doble aportaci\u00f3n de los padres: la materna y la paterna. Sin embargo, la contribuci\u00f3n materna es decisiva y b\u00e1sica para la nueva personalidad humana.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b>La maternidad en relaci\u00f3n con la Alianza<\/b>\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">19.  Volvemos en nuestra reflexi\u00f3n al paradigma b\u00edblico de la \u00abmujer\u00bb tomado del Protoevangelio. La \u00abmujer\u00bb, como madre y como primera educadora del hombre (la educaci\u00f3n es la dimensi\u00f3n espiritual del ser padres), tiene una precedencia espec\u00edfica sobre el hombre. Si su maternidad, considerada ante todo en sentido biof\u00edsico, depende del hombre, ella imprime un \u00absigno\u00bb esencial sobre todo el proceso del hacer crecer como personas los nuevos hijos e hijas de la estirpe humana. La maternidad de la mujer, en sentido biof\u00edsico, manifiesta una aparente pasividad: el proceso de formaci\u00f3n de una nueva vida \u00abtiene lugar\u00bb en ella, en su organismo, implic\u00e1ndolo profundamente. Al mismo tiempo, la maternidad bajo el aspecto personal-\u00e9tico expresa una creatividad muy importante de la mujer, de la cual depende de manera decisiva la misma humanidad de la nueva criatura. Tambi\u00e9n en este sentido la maternidad de la mujer representa una llamada y un desaf\u00edo especial dirigidos al hombre y a su paternidad.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El paradigma b\u00edblico de la \u00abmujer\u00bb culmina en la maternidad de la Madre de Dios. Las palabras del Protoevangelio: \u00abPondr\u00e9 enemistad entre ti y la mujer\u00bb, encuentran aqu\u00ed una nueva confirmaci\u00f3n. He aqu\u00ed que Dios inicia en ella, con su \u00abfiat\u00bb materno (\u00abh\u00e1gase en m\u00ed\u00bb), una nueva alianza con la humanidad. Esta es la Alianza eterna y definitiva en Cristo, en su cuerpo y sangre, en su cruz y resurrecci\u00f3n. Precisamente porque esta Alianza debe cumplirse \u00aben la carne y la sangre\u00bb su comienzo se encuentra en la Madre. El \u00abHijo del Alt\u00edsimo\u00bb solamente gracias a ella, gracias a su \u00abfiat\u00bb virginal y materno, puede decir al Padre: \u00abMe has formado un cuerpo. He aqu\u00ed que vengo, Padre, para hacer tu voluntad\u00bb (cf. Heb. 10,5.7).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En el orden de la Alianza que Dios ha realizado con el hombre en Jesucristo ha sido introducida la maternidad de la mujer. Y cada vez, todas las veces que la maternidad de la mujer se repite en la historia humana sobre la tierra, est\u00e1 siempre en relaci\u00f3n con la Alianza que Dios ha establecido con el g\u00e9nero humano mediante la maternidad de la Madre de Dios.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00bfAcaso no se demuestra esta realidad en la misma respuesta de Jes\u00fas al grito de aquella mujer en medio de la multitud, que lo alababa por la maternidad de su Madre: \u00abDichoso el seno que te llev\u00f3 y los pechos que te criaron\u00bb? Jes\u00fas respondi\u00f3: \u00abDichosos m\u00e1s bien los que oyen la Palabra de Dios y la guardan\u00bb (Lc. 11,27-28 ). Jes\u00fas confirma el sentido de la maternidad referida al cuerpo; pero al mismo tiempo indica un sentido a\u00fan m\u00e1s profundo, que se relaciona con el plano del esp\u00edritu: la maternidad es signo de la Alianza con Dios, que \u00abes esp\u00edritu\u00bb (Jn 4,24). Tal es, sobre todo, la maternidad de la Madre de Dios. Tambi\u00e9n la maternidad de cada mujer, vista a la luz del Evangelio, no es solamente \u00abde la carne y de la sangre\u00bb, pues en ella se manifiesta la profunda \u00abescucha de la palabra del Dios vivo\u00bb y la disponibilidad para \u00abcustodiar\u00bb esta Palabra, que es \u00abpalabra de vida eterna\u00bb (cf. Jn. 6,68). En efecto, son precisamente los nacidos de las madres terrenas, los hijos y las hijas del g\u00e9nero humano, los que reciben del Hijo de Dios el poder de llegar a ser \u00abhijos de Dios\u00bb (Jn.1,12). La dimensi\u00f3n de la nueva Alianza en la sangre de Cristo ilumina el generar humano, convirti\u00e9ndolo en realidad y cometido de \u00abnuevas criaturas\u00bb (cf. 2 Cor. 5,17). Desde el punto de vista de la historia de cada hombre, la maternidad de la mujer constituye el primer umbral, cuya superaci\u00f3n condiciona tambi\u00e9n \u00abla revelaci\u00f3n de los hijos de Dios\u00bb (cf. Rom. 8,19).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00abLa mujer, cuando va a dar a luz, est\u00e1 triste, porque le ha llegado su hora, pero cuando ha dado a luz al ni\u00f1o, ya no se acuerda del aprieto por el gozo de que ha nacido un hombre en el mundo\u00bb (Jn. 16,21). La primera parte de estas palabras de Cristo se refieren a \u00ablos dolores del parto\u00bb, que pertenecen a la herencia del pecado original; pero al mismo tiempo indican la relaci\u00f3n que existe entre la maternidad de la mujer y el misterio pascual. En efecto, en dicho misterio est\u00e1 contenido tambi\u00e9n el dolor de la Madre bajo la Cruz; la Madre que participa mediante la fe en el misterio desconcertante del \u00abdespojo\u00bb del propio Hijo. \u00abEsta es, quiz\u00e1s, la \u00abk\u00e9nosis\u00bb m\u00e1s profunda de la fe en la historia de la humanidad\u00bb.(40)\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Contemplando esta Madre, a la que \u00abuna espada ha atravesado el coraz\u00f3n\u00bb (cf. Lc. 2,35), el pensamiento se dirige a todas las mujeres que sufren en el mundo, tanto f\u00edsica como moralmente. En este sufrimiento desempe\u00f1a tambi\u00e9n un papel particular la sensibilidad propia de la mujer, aunque a menudo ella sabe soportar el sufrimiento mejor que el hombre. Es dif\u00edcil enumerar y llamar por su nombre cada uno de estos sufrimientos. Baste recordar la solicitud materna por los hijos, especialmente cuando est\u00e1n enfermos o van por mal camino, la muerte de sus seres queridos, la soledad de las madres olvidadas por los hijos adultos, la de las viudas, los sufrimientos de las mujeres que luchan solas para sobrevivir y los de las mujeres que son v\u00edctimas de injusticias o de explotaci\u00f3n. Finalmente est\u00e1n los sufrimientos de la conciencia a causa del pecado que ha herido la dignidad humana o materna de la mujer; son heridas de la conciencia que dif\u00edcilmente cicatrizan. Tambi\u00e9n con estos sufrimientos es necesario ponerse junto a la cruz de Cristo.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pero las palabras del Evangelio sobre la mujer que sufre, cuando le llega la hora de dar a luz un hijo, expresan inmediatamente el gozo: \u00abel gozo de que ha nacido un hombre en el mundo\u00bb. Este gozo tambi\u00e9n est\u00e1 relacionado con el misterio pascual, es decir, con aquel gozo que reciben los Ap\u00f3stoles el d\u00eda de la resurrecci\u00f3n de Cristo: \u00abTambi\u00e9n vosotros est\u00e1is tristes ahora\u00bb (estas palabras fueron pronunciadas la v\u00edspera de la pasi\u00f3n); \u00abpero volver\u00e9 a veros y se alegrar\u00e1 vuestro coraz\u00f3n y vuestra alegr\u00eda nadie os la podr\u00e1 quitar\u00bb (Jn. 16,22).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b>La virginidad por el Reino<\/b>\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">20. En las ense\u00f1anzas de Cristo la maternidad est\u00e1 unida a la virginidad, aunque son cosas distintas. A este prop\u00f3sito, es fundamental la frase de Jes\u00fas dicha en el coloquio sobre la indisolubilidad del matrimonio. Al o\u00edr la respuesta que el Se\u00f1or dio a los fariseos, los disc\u00edpulos le dicen: \u00abSi tal es la condici\u00f3n del hombre respecto de su mujer, no trae cuenta casarse\u00bb (Mt. 19,10). Prescindiendo del sentido que aquel \u00abno trae cuenta\u00bb tuviera entonces en la mente de los disc\u00edpulos, Cristo aprovecha la ocasi\u00f3n de aquella opini\u00f3n err\u00f3nea para instruirles sobre el valor del celibato; distingue el celibato debido a defectos naturales \u2014incluidos los causados por el hombre\u2014 del \u00abcelibato por el Reino de los cielos\u00bb. Cristo dice: \u00abHay eunucos que se hicieron tales a s\u00ed mismos por el Reino de los cielos\u00bb (Mt. 19,12). Por consiguiente, se trata de un celibato libre, elegido por el Reino de los cielos, en consideraci\u00f3n de la vocaci\u00f3n escatol\u00f3gica del hombre a la uni\u00f3n con Dios. Y a\u00f1ade: \u00abQuien pueda entender, que entienda\u00bb. Estas palabras son reiteraci\u00f3n de lo que hab\u00eda dicho al comenzar a hablar del celibato (cf. Mt. 19,11). Por tanto este celibato por el Reino de los cielos no es solamente fruto de una opci\u00f3n libre por parte del hombre, sino tambi\u00e9n de una gracia especial por parte de Dios, que llama a una persona determinada a vivir el celibato. Si \u00e9ste es un signo especial del Reino de Dios que ha de venir, al mismo tiempo sirve para dedicar a este Reino escatol\u00f3gico todas las energ\u00edas del alma y del cuerpo de un modo exclusivo, durante la vida temporal.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Las palabras de Jes\u00fas son la respuesta a la pregunta de los disc\u00edpulos. Est\u00e1n dirigidas directamente a aquellos que hicieron la pregunta y que en este caso eran s\u00f3lo hombres. No obstante, la respuesta de Cristo, en s\u00ed misma, tiene valor tanto para los hombres como para las mujeres y, en este contexto, indica tambi\u00e9n el ideal evang\u00e9lico de la virginidad, que constituye una clara \u00abnovedad\u00bb en relaci\u00f3n con la tradici\u00f3n del Antiguo Testamento. Esta tradici\u00f3n ciertamente enlazaba de alguna manera con la esperanza de Israel, y especialmente de la mujer de Israel, por la venida del Mes\u00edas, que deb\u00eda ser de la \u00abestirpe de la mujer\u00bb. En efecto, el ideal del celibato y de la virginidad como expresi\u00f3n de una mayor cercan\u00eda a Dios no era totalmente ajeno en ciertos ambientes jud\u00edos, sobre todo en los tiempos que precedieron inmediatamente a la venida de Jes\u00fas. Sin embargo, el celibato por el Reino, o sea, la virginidad, es una novedad innegable vinculada a la Encarnaci\u00f3n de Dios.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Desde el momento de la venida de Cristo la espera del Pueblo de Dios debe dirigirse al Reino escatol\u00f3gico que ha de venir y en el cual \u00e9l mismo ha de introducir \u00abal nuevo Israel\u00bb. En efecto, para realizar un cambio tan profundo en la escala de valores, es indispensable una nueva conciencia de la fe, que Cristo subraya por dos veces: \u00abQuien pueda entender, que entienda\u00bb; esto lo comprenden solamente \u00abaquellos a quienes se les ha concedido\u00bb (Mt. 19,11). Mar\u00eda es la primera persona en la que se ha manifestado esta nueva conciencia, ya que pregunta al \u00e1ngel: \u00ab\u00bfc\u00f3mo ser\u00e1 esto, puesto que no conozco var\u00f3n?\u00bb (Lc. 1,34). Aunque \u00abestaba desposada con un hombre llamado Jos\u00e9\u00bb (cf. Lc. 1,27), ella estaba firme en su prop\u00f3sito de virginidad, y la maternidad que se realiz\u00f3 en ella proven\u00eda exclusivamente del \u00abpoder del Alt\u00edsimo\u00bb, era fruto de la venida del Esp\u00edritu Santo sobre ella (cf. Lc. 1,35). Esta maternidad divina, por tanto, es la respuesta totalmente imprevisible a la esperanza humana de la mujer en Israel: esta maternidad llega a Mar\u00eda como un don de Dios mismo. Este don se ha convertido en el principio y el prototipo de una nueva esperanza para todos los hombres seg\u00fan la Alianza eterna, seg\u00fan la nueva y definitiva promesa de Dios: signo de la esperanza escatol\u00f3gica.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Teniendo como base el Evangelio se ha desarrollado y profundizado el sentido de la virginidad como vocaci\u00f3n tambi\u00e9n de la mujer, con la que se reafirma su dignidad a semejanza de la Virgen de Nazaret. El Evangelio propone el ideal de la consagraci\u00f3n de la persona, es decir, su dedicaci\u00f3n exclusiva a Dios en virtud de los consejos evang\u00e9licos, en particular los de castidad, pobreza y obediencia, cuya encarnaci\u00f3n m\u00e1s perfecta es Jesucristo mismo. Quien desee seguirlo de modo radical opta por una vida seg\u00fan estos consejos, que se distinguen de los mandamientos e indican al cristiano el camino de la radicalidad evang\u00e9lica. Ya desde los comienzos del cristianismo hombres y mujeres se han orientado por este camino, pues el ideal evang\u00e9lico se dirige al ser humano sin ninguna diferencia en raz\u00f3n del sexo.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En este contexto m\u00e1s amplio hay que considerar la virginidad tambi\u00e9n como un camino para la mujer; un camino en el que, de un modo diverso al matrimonio, ella realiza su personalidad de mujer. Para comprender esta opci\u00f3n es necesario recurrir una vez m\u00e1s al concepto fundamental de la antropolog\u00eda cristiana. En la virginidad libremente elegida la mujer se reafirma a s\u00ed misma como persona, es decir, como un ser que el Creador ha amado por s\u00ed misma desde el principio(41) y, al mismo tiempo, realiza el valor personal de la propia femineidad, convirti\u00e9ndose en \u00abdon sincero\u00bb a Dios, que se ha revelado en Cristo; un don a Cristo, Redentor del hombre y Esposo de las almas: un don \u00abesponsal\u00bb. No se puede comprender rectamente la virginidad, la consagraci\u00f3n de la mujer en la virginidad, sin recurrir al amor esponsal; en efecto, en tal amor la persona se convierte en don para el otro.(42) Por otra parte, de modo an\u00e1logo ha de entenderse la consagraci\u00f3n del hombre en el celibato sacerdotal o en el estado religioso.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La natural disposici\u00f3n esponsal de la personalidad femenina halla una respuesta en la virginidad entendida as\u00ed. La mujer, llamada desde el \u00abprincipio\u00bb a ser amada y a amar, en la vocaci\u00f3n a la virginidad encuentra sobre todo a Cristo, como el Redentor que \u00abam\u00f3 hasta el extremo\u00bb por medio del don total de s\u00ed mismo y ella responde a este don con el \u00abdon sincero\u00bb de toda su vida. Se da al Esposo divino y esta entrega personal tiende a una uni\u00f3n de car\u00e1cter propiamente espiritual: mediante la acci\u00f3n del Esp\u00edritu Santo se convierte en \u00abun solo esp\u00edritu\u00bb con Cristo-Esposo (cf. 1 Cor. 6,17).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Este es el ideal evang\u00e9lico de la virginidad, en el que se realizan de modo especial tanto la dignidad como la vocaci\u00f3n de la mujer. En la virginidad entendida as\u00ed se expresa el llamado radicalismo del Evangelio: Dejarlo todo y seguir a Cristo (cf. Mt 19, 27), lo cual no puede compararse con el simple quedarse soltera o c\u00e9libe, pues la virginidad no se limita \u00fanicamente al \u00abno\u00bb, sino que contiene un profundo \u00abs\u00ed\u00bb en el orden esponsal: el entregarse por amor de un modo total e indiviso.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b>La maternidad seg\u00fan el esp\u00edritu<\/b>\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">21. La virginidad en el sentido evang\u00e9lico comporta la renuncia al matrimonio y, por tanto, tambi\u00e9n a la maternidad f\u00edsica. Sin embargo la renuncia a este tipo de maternidad, que puede comportar incluso un gran sacrificio para el coraz\u00f3n de la mujer, se abre a la experiencia de una maternidad en sentido diverso: la maternidad \u00abseg\u00fan el esp\u00edritu\u00bb (cf. Rom. 8,4). En efecto, la virginidad no priva a la mujer de sus prerrogativas. La maternidad espiritual reviste formas m\u00faltiples. En la vida de las mujeres consagradas que, por ejemplo, viven seg\u00fan el carisma y las reglas de los diferentes Institutos de car\u00e1cter apost\u00f3lico, dicha maternidad se podr\u00e1 expresar como solicitud por los hombres, especialmente por los m\u00e1s necesitados: los enfermos, los minusv\u00e1lidos, los abandonados, los hu\u00e9rfanos, los ancianos, los ni\u00f1os, los j\u00f3venes, los encarcelados y, en general, los marginados. Una mujer consagrada encuentra de esta manera al Esposo, diferente y \u00fanico en todos y en cada uno, seg\u00fan sus mismas palabras: \u00abCuanto hicisteis a uno de \u00e9stos &#8230; a m\u00ed me lo hicisteis\u00bb (Mt 25, 40). El amor esponsal comporta siempre una disponibilidad singular para volcarse sobre cuantos se hallan en el radio de su acci\u00f3n. En el matrimonio esta disponibilidad \u2014a\u00fan estando abierta a todos\u2014 consiste de modo particular en el amor que los padres dan a sus hijos. En la virginidad esta disponibilidad est\u00e1 abierta a todos los hombres, abrazados por el amor de Cristo Esposo.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En relaci\u00f3n con Cristo, que es el Redentor de todos y de cada uno, el amor esponsal, cuyo potencial materno se halla en el coraz\u00f3n de la mujer-esposa virginal, tambi\u00e9n est\u00e1 dispuesto a abrirse a todos y a cada uno. Esto se verifica en las Comunidades religiosas de vida apost\u00f3lica de modo diverso que en las de vida contemplativa o de clausura. Existen adem\u00e1s otras formas de vocaci\u00f3n a la virginidad por el Reino, como, por ejemplo, los Institutos Seculares, o las Comunidades de consagrados que florecen dentro de los Movimientos, Grupos o Asociaciones; en todas estas realidades, la misma verdad sobre la maternidad espiritual de las personas que viven la virginidad halla una configuraci\u00f3n multiforme. Pero no se trata aqu\u00ed solamente de formas comunitarias, sino tambi\u00e9n de formas extracomunitarias. En definitiva la virginidad, como vocaci\u00f3n de la mujer, es siempre la vocaci\u00f3n de una persona concreta e irrepetible. Por tanto, tambi\u00e9n la maternidad espiritual, que se expresa en esta vocaci\u00f3n, es profundamente personal.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Sobre esta base se verifica tambi\u00e9n un acercamiento espec\u00edfico entre la virginidad de la mujer no casada y la maternidad de la mujer casada. Este acercamiento va no s\u00f3lo de la maternidad a la virginidad \u2014como ha sido puesto de relieve anteriormente\u2014 sino que va tambi\u00e9n de la virginidad hacia el matrimonio, entendido como forma de vocaci\u00f3n de la mujer por el que \u00e9sta se convierte en madre de los hijos nacidos de su seno. El punto de partida de esta segunda analog\u00eda es el sentido de las nupcias. En efecto, una mujer \u00abse casa\u00bb tanto mediante el sacramento del matrimonio como, espiritualmente, mediante las nupcias con Cristo. En uno y otro caso las nupcias indican la \u00abentrega sincera de la persona\u00bb de la esposa al esposo. De este modo puede decirse que el perfil del matrimonio tiene su ra\u00edz espiritual en la virginidad. Y si se trata de la maternidad f\u00edsica \u00bfno debe quiz\u00e1s ser \u00e9sta tambi\u00e9n una maternidad espiritual, para responder a la verdad global sobre el hombre que es unidad de cuerpo y esp\u00edritu? Existen, por lo tanto, muchas razones para entrever en estos dos caminos diversos \u2014dos vocaciones diferentes de vida en la mujer\u2014 una profunda complementariedad e incluso una profunda uni\u00f3n en el interior de la persona.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b>\u00abHijos m\u00edos, por quienes sufro de nuevo dolores de parto\u00bb<\/b>\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">22. El Evangelio revela y permite entender precisamente este modo de ser de la persona humana. El Evangelio ayuda a cada mujer y a cada hombre a vivirlo y, de este modo, a realizarse. Existe, en efecto, una total igualdad respecto a los dones del Esp\u00edritu Santo y las \u00abmaravillas de Dios\u00bb (Hch. 2,11). Y no s\u00f3lo esto. Precisamente ante las \u00abmaravillas de Dios\u00bb el Ap\u00f3stol-hombre siente la necesidad de recurrir a lo que es por esencia femenino, para expresar la verdad sobre su propio servicio apost\u00f3lico. As\u00ed se expresa Pablo de Tarso cuando se dirige a los G\u00e1latas con estas palabras: \u00abHijos m\u00edos, por quienes sufro de nuevo dolores de parto\u00bb (G\u00e1l. 4,19). En la primera Carta a los Corintios (7,38) el ap\u00f3stol anuncia la superioridad de la virginidad sobre el matrimonio \u2014doctrina constante de la Iglesia seg\u00fan las palabras de Cristo, como leemos en el evangelio de San Mateo (19,10-12)\u2014, pero sin ofuscar de ning\u00fan modo la importancia de la maternidad f\u00edsica y espiritual. En efecto, para ilustrar la misi\u00f3n fundamental de la Iglesia, el Ap\u00f3stol no encuentra algo mejor que la referencia a la maternidad.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Un reflejo de la misma analog\u00eda \u2014y de la misma verdad\u2014 lo hallamos en la Constituci\u00f3n dogm\u00e1tica sobre la Iglesia. Mar\u00eda es la \u00abfigura\u00bb de la Iglesia:(43) \u00abPues en el misterio de la Iglesia, que con raz\u00f3n es llamada tambi\u00e9n madre y virgen, precedi\u00f3 la Sant\u00edsima Virgen, present\u00e1ndose de forma eminente y singular como modelo tanto de la virgen como de la madre (&#8230;) Engendr\u00f3 en la tierra al mismo Hijo del Padre (&#8230;) a quien Dios constituy\u00f3 primog\u00e9nito entre muchos hermanos (cf. Rom. 8,29), esto es, los fieles, a cuya generaci\u00f3n y educaci\u00f3n coopera con amor materno\u00bb.(44) \u00abLa Iglesia, contemplando su profunda santidad e imitando su caridad y cumpliendo fielmente la voluntad del Padre, se hace tambi\u00e9n madre mediante la palabra de Dios aceptada con fidelidad, pues por la predicaci\u00f3n y el bautismo engendra a una vida nueva e inmortal a los hijos concebidos por obra del Esp\u00edritu Santo y nacidos de Dios\u00bb.(45) Se trata de la maternidad \u00abseg\u00fan el esp\u00edritu\u00bb en relaci\u00f3n con los hijos y las hijas del g\u00e9nero humano. Y tal maternidad \u2014como ya se ha dicho\u2014 es tambi\u00e9n la \u00abparte\u00bb de la mujer en la virginidad. La Iglesia \u00abes igualmente virgen, que guarda pura e \u00edntegramente la fe prometida al Esposo\u00bb.(46)  Esto se realiza plenamente en Mar\u00eda. La Iglesia, por consiguiente, \u00aba imitaci\u00f3n de la Madre de su Se\u00f1or, por la virtud del Esp\u00edritu Santo, conserva virginalmente una fe \u00edntegra, una esperanza s\u00f3lida y una caridad sincera\u00bb.(47)\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El Concilio ha confirmado que si no se recurre a la Madre de Dios no es posible comprender el misterio de la Iglesia, su realidad, su vitalidad esencial. Indirectamente hallamos aqu\u00ed la referencia al paradigma b\u00edblico de la \u00abmujer\u00bb, como se delinea claramente ya en la descripci\u00f3n del \u00abprincipio\u00bb (cf. G\u00e9n 3, 15) y a lo largo del camino que va de la creaci\u00f3n \u2014pasando por el pecado\u2014 hasta la redenci\u00f3n. De este modo se confirma la profunda uni\u00f3n entre lo que es humano y lo que constituye la econom\u00eda divina de la salvaci\u00f3n en la historia del hombre. La Biblia nos persuade del hecho de que no se puede lograr una aut\u00e9ntica hermen\u00e9utica del hombre, es decir, de lo que es \u00abhumano\u00bb, sin una adecuada referencia a lo que es \u00abfemenino\u00bb. As\u00ed sucede, de modo an\u00e1logo, en la econom\u00eda salv\u00edfica de Dios; si queremos comprenderla plenamente en relaci\u00f3n con toda la historia del hombre no podemos dejar de lado, desde la \u00f3ptica de nuestra fe, el misterio de la \u00abmujer\u00bb: virgen-madre-esposa.\n<\/p>\n<h2>La Iglesia &#8211; Esposa de Cristo<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b>\u00abGran misterio\u00bb<\/b>\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">23. Las palabras de la Carta a los Efesios tienen una importancia fundamental en relaci\u00f3n con este tema: \u00abMaridos, amad a vuestras mujeres como Cristo am\u00f3 a la Iglesia y se entreg\u00f3 a s\u00ed mismo por ella, para santificarla, purific\u00e1ndola mediante el ba\u00f1o del agua, en virtud de la palabra, y present\u00e1rsela resplandeciente a s\u00ed mismo; sin que tenga mancha ni arruga ni cosa parecida, sino que sea santa e inmaculada. As\u00ed deben amar los maridos a sus mujeres como a sus propios cuerpos. El que ama a su mujer se ama a s\u00ed mismo. Porque nadie aborreci\u00f3 jam\u00e1s su propia carne; antes bien, la alimenta y la cuida con cari\u00f1o, lo mismo que Cristo a la Iglesia, pues somos miembros de su Cuerpo. Por eso dejar\u00e1 el hombre a su padre y a su madre y se unir\u00e1 a su mujer, y los dos se har\u00e1n una sola carne. Gran misterio es \u00e9ste, lo digo respecto a Cristo y la Iglesia\u00bb (5, 25-32).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En esta Carta el autor expresa la verdad sobre la Iglesia como esposa de Cristo, indicando adem\u00e1s que esta verdad se basa en la realidad b\u00edblica de la creaci\u00f3n del hombre, var\u00f3n y mujer. Creados a imagen y semejanza de Dios como \u00abunidad de los dos\u00bb, ambos han sido llamados a un amor de car\u00e1cter esponsal. Puede tambi\u00e9n decirse, siguiendo la descripci\u00f3n de la creaci\u00f3n en el Libro del G\u00e9nesis (2, 18-25), que esta llamada fundamental aparece juntamente con la creaci\u00f3n de la mujer y es llevada a cabo por el Creador en la instituci\u00f3n del matrimonio, que seg\u00fan el G\u00e9nesis 2, 24 tiene desde el principio el car\u00e1cter de uni\u00f3n de las personas (\u00abcommunio personarum\u00bb). Aunque no de modo directo, la misma descripci\u00f3n del \u00abprincipio\u00bb (cf. G\u00e9n 1, 27; 2, 24) indica que todo el \u00abethos\u00bb de las relaciones rec\u00edprocas entre el hombre y la mujer debe corresponder a la verdad personal de su ser.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Todo esto ya ha sido considerado anteriormente. El texto de la Carta a los Efesios confirma de nuevo la verdad anterior y al mismo tiempo compara el car\u00e1cter esponsal del amor entre el hombre y la mujer con el misterio de Cristo y de la Iglesia. Cristo es el esposo de la Iglesia, la Iglesia es la esposa de Cristo. Esta analog\u00eda tiene sus precedentes; traslada al Nuevo Testamento lo que estaba contenido en el Antiguo Testamento, de modo particular en los profetas Oseas, Jerem\u00edas, Ezequiel e Isa\u00edas.(48) Cada uno de estos textos merecer\u00e1 un an\u00e1lisis por separado. Citemos al menos un texto. Dios, por medio del profeta, habla a su pueblo elegido de esta manera: \u00abNo temas, que no te avergonzar\u00e1s, ni te sonrojes, que no quedar\u00e1s confundida, pues la verg\u00fcenza de tu mocedad olvidar\u00e1s y la afrenta de tu viudez no recordar\u00e1s jam\u00e1s. Porque tu Esposo es tu hacedor, Yahveh Sebaot es su nombre; y el que te rescata, el Santo de Israel, Dios de toda la tierra se llama (&#8230;). La mujer de la juventud \u00bfes repudiada? dice tu Dios. Por un breve instante te abandon\u00e9 pero con gran compasi\u00f3n te recoger\u00e9. En un arranque de furor te ocult\u00e9 mi rostro por un instante, pero con amor eterno te he compadecido, dice Yahveh tu Redentor (&#8230;) Porque los montes se correr\u00e1n y las colinas se mover\u00e1n mas mi amor de tu lado no se apartar\u00e1 y mi alianza de paz no se mover\u00e1\u00bb (Is 54, 4-8. 10).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Por haber sido creado el ser humano \u2014hombre y mujer\u2014 a imagen y semejanza de Dios, Dios puede hablar de s\u00ed por boca del profeta, sirvi\u00e9ndose de un lenguaje que es humano por esencia. En el texto de Isa\u00edas que hemos citado, es \u00abhumano\u00bb el modo de expresarse el amor de Dios, pero el amor mismo es divino. Al ser amor de Dios, tiene un car\u00e1cter esponsal propiamente divino, aunque sea expresado mediante la analog\u00eda del amor del hombre hacia la mujer. Esta mujer-esposa es Israel, como pueblo elegido por Dios, y esta elecci\u00f3n tiene su origen exclusivamente en el amor gratuito de Dios. Precisamente mediante este amor se explica la Alianza, presentada con frecuencia como una alianza matrimonial que Dios, una y otra vez, hace con su pueblo elegido. Por parte de Dios es un \u00abcompromiso\u00bb duradero; \u00c9l permanece fiel a su amor esponsal, aunque la esposa le haya sido infiel repetidamente.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Esta imagen del amor esponsal junto con la figura del Esposo divino \u2014imagen muy clara en los textos prof\u00e9ticos\u2014 encuentra su afirmaci\u00f3n y plenitud en la Carta a los Efesios (5, 23-32). Cristo es saludado como esposo por Juan el Bautista (cf. Jn 3, 27-29); m\u00e1s a\u00fan, Cristo se aplica esta comparaci\u00f3n tomada de los profetas (cf. Mc. 2,19-20). El ap\u00f3stol Pablo, que es portador del patrimonio del Antiguo Testamento, escribe a los Corintios: \u00abCeloso estoy de vosotros con celos de Dios. Pues os tengo desposados con un solo esposo para presentaros cual casta virgen a Cristo\u00bb (2 Cor. 11,2). Pero la plena expresi\u00f3n de la verdad sobre el amor de Cristo Redentor, seg\u00fan la analog\u00eda del amor esponsal en el matrimonio, se encuentra en la Carta a los Efesios: \u00abCristo am\u00f3 a la Iglesia y se entreg\u00f3 a s\u00ed mismo por ella\u00bb (5,25); con esto recibe plena confirmaci\u00f3n el hecho de que la Iglesia es la Esposa de Cristo: \u00abEl que te rescata es el Santo de Israel\u00bb (Is. 54,5). En el texto paulino la analog\u00eda de la relaci\u00f3n esponsal va contempor\u00e1neamente en dos direcciones que constituyen la totalidad del \u00abgran misterio\u00bb (\u00absacramentum magnum\u00bb). La alianza propia de los esposos \u00abexplica\u00bb el car\u00e1cter esponsal de la uni\u00f3n de Cristo con la Iglesia y, a su vez, esta uni\u00f3n \u2014como \u00abgran sacramento\u00bb\u2014 determina la sacramentalidad del matrimonio como alianza santa de los esposos, hombre y mujer. Leyendo este pasaje rico y complejo, que en su conjunto es una gran analog\u00eda, hemos de distinguir lo que en \u00e9l expresa la realidad humana de las relaciones interpersonales, de lo que, con lenguaje simb\u00f3lico, expresa el \u00abgran misterio\u00bb divino.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b>La \u00abnovedad\u00bb evang\u00e9lica<\/b>\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">24. El texto se dirige a los esposos, como mujeres y hombres concretos, y les recuerda el \u00abethos\u00bb del amor esponsal que se remonta a la instituci\u00f3n divina del matrimonio desde el \u00abprincipio\u00bb. A la verdad de esta instituci\u00f3n responde la exhortaci\u00f3n \u00abmaridos, amad a vuestras mujeres\u00bb, amadlas como exigencia de esa uni\u00f3n especial y \u00fanica, mediante la cual el hombre y la mujer llegan a ser \u00abuna sola carne\u00bb en el matrimonio (G\u00e9n. 2,24; Ef. 5,31). En este amor se da una afirmaci\u00f3n fundamental de la mujer como persona, una afirmaci\u00f3n gracias a la cual la personalidad femenina puede desarrollarse y enriquecerse plenamente. As\u00ed act\u00faa Cristo como esposo de la Iglesia, deseando que ella sea \u00abresplandeciente, sin mancha ni arruga\u00bb (Ef. 5,27). Se puede decir que aqu\u00ed se recoge plenamente todo lo que constituye \u00abel estilo\u00bb de Cristo al tratar a la mujer. El marido tendr\u00eda que hacer suyos los elementos de este estilo con su esposa; y, de modo an\u00e1logo, deber\u00eda hacerlo el hombre, en cualquier situaci\u00f3n, con la mujer. De esta manera ambos, mujer y hombre, realizan el \u00abdon sincero de s\u00ed mismos\u00bb.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El autor de la Carta a los Efesios no ve ninguna contradicci\u00f3n entre una exhortaci\u00f3n formulada de esta manera y la constataci\u00f3n de que \u00ablas mujeres (est\u00e9n sumisas) a sus maridos, como al Se\u00f1or, porque el marido es cabeza de la mujer\u00bb (5,22-23a). El autor sabe que este planteamiento, tan profundamente arraigado en la costumbre y en la tradici\u00f3n religiosa de su tiempo, ha de entenderse y realizarse de un modo nuevo: como una \u00absumisi\u00f3n rec\u00edproca en el temor de Cristo\u00bb (cf. Ef. 5,21), tanto m\u00e1s que al marido se le llama \u00abcabeza\u00bb de la mujer, como Cristo es cabeza de la Iglesia, y lo es para entregarse \u00aba s\u00ed mismo por ella\u00bb (Ef. 5,25), e incluso para dar la propia vida por ella. Pero mientras que en la relaci\u00f3n Cristo-Iglesia la sumisi\u00f3n es s\u00f3lo de la Iglesia, en la relaci\u00f3n marido-mujer la \u00absumisi\u00f3n\u00bb no es unilateral, sino rec\u00edproca.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En relaci\u00f3n a lo \u00abantiguo\u00bb, esto es evidentemente \u00abnuevo\u00bb: es la novedad evang\u00e9lica. Encontramos diversos textos en los cuales los escritos apost\u00f3licos expresan esta novedad, si bien en ellos se percibe a\u00fan lo \u00abantiguo\u00bb, es decir, lo que est\u00e1 enraizado en la tradici\u00f3n religiosa de Israel, en su modo de comprender y de explicar los textos sagrados, como por ejemplo el del G\u00e9nesis (c. 2) (49).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Las cartas apost\u00f3licas van dirigidas a personas que viven en un ambiente con el mismo modo de pensar y de actuar. La \u00abnovedad\u00bb de Cristo es un hecho; constituye el inequ\u00edvoco contenido del mensaje evang\u00e9lico y es fruto de la redenci\u00f3n. Pero al mismo tiempo, la convicci\u00f3n de que en el matrimonio se da la \u00abrec\u00edproca sumisi\u00f3n de los esposos en el temor de Cristo\u00bb y no solamente la \u00absumisi\u00f3n\u00bb de la mujer al marido, ha de abrirse camino gradualmente en los corazones, en las conciencias, en el comportamiento, en las costumbres. Se trata de una llamada que, desde entonces, no cesa de apremiar a las generaciones que se han ido sucediendo, una llamada que los hombres deben acoger siempre de nuevo. El Ap\u00f3stol escribi\u00f3 no solamente que: \u00abEn Jesucristo (&#8230;) no hay ya hombre ni mujer\u00bb, sino tambi\u00e9n \u00abno hay esclavo ni libre\u00bb. Y sin embargo \u00a1cu\u00e1ntas generaciones han sido necesarias para que, en la historia de la humanidad, este principio se llevara a la pr\u00e1ctica con la abolici\u00f3n de la esclavitud! Y \u00bfqu\u00e9 decir de tantas formas de esclavitud a las que est\u00e1n sometidos hombres y pueblos, y que todav\u00eda no han desaparecido de la escena de la historia?\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pero el desaf\u00edo del \u00abethos\u00bb de la redenci\u00f3n es claro y definitivo. Todas las razones en favor de la \u00absumisi\u00f3n\u00bb de la mujer al hombre en el matrimonio se deben interpretar en el sentido de una sumisi\u00f3n rec\u00edproca de ambos en el \u00abtemor de Cristo\u00bb. La medida de un verdadero amor esponsal encuentra su fuente m\u00e1s profunda en Cristo, que es el Esposo de la Iglesia, su Esposa.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b>La dimensi\u00f3n simb\u00f3lica del \u00abgran misterio\u00bb<\/b>\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">25. En el texto de la Carta a los Efesios encontramos una segunda dimensi\u00f3n de la analog\u00eda que en su conjunto debe servir para revelar \u00abel gran misterio\u00bb. Se trata de una dimensi\u00f3n simb\u00f3lica. Si el amor de Dios hacia el hombre, hacia el pueblo elegido, Israel, es presentado por los profetas como el amor del esposo a la esposa, tal analog\u00eda expresa la condici\u00f3n \u00abesponsal\u00bb y el car\u00e1cter divino y no humano del amor de Dios: \u00abTu esposo es tu Hacedor (&#8230;), Dios de toda la tierra se llama\u00bb (Is. 54,5). Lo mismo podemos decir del amor esponsal de Cristo redentor: \u00abPorque tanto am\u00f3 Dios al mundo que dio a su Hijo \u00fanico\u00bb (Jn. 3,16). Se trata, por consiguiente, del amor de Dios expresado mediante la redenci\u00f3n realizada por Cristo. Seg\u00fan la carta paulina, este amor es \u00absemejante\u00bb al amor esponsal de los esposos pero naturalmente no es \u00abigual\u00bb. La analog\u00eda, en efecto, implica una semejanza, pero deja un margen adecuado de no-semejanza.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Lo anterior se pone f\u00e1cilmente de manifiesto si consideramos la figura de la \u00abesposa\u00bb. Seg\u00fan la Carta a los Efesios la esposa es la Iglesia, lo mismo que para los profetas la esposa era Israel; se trata, por consiguiente, de un sujeto colectivo y no de una persona singular. Este sujeto colectivo es el pueblo de Dios, es decir, una comunidad compuesta por muchas personas, tanto mujeres como hombres. \u00abCristo ha amado a la Iglesia\u00bb precisamente como comunidad, como Pueblo de Dios; y, al mismo tiempo, en esta Iglesia, que en el mismo texto es llamada tambi\u00e9n su \u00abcuerpo\u00bb (cf. Ef. 5,23), \u00e9l ha amado a cada persona singularmente. En efecto, Cristo ha redimido a todos sin excepci\u00f3n, a cada hombre y a cada mujer. En la redenci\u00f3n se manifiesta precisamente este amor de Dios y llega a su cumplimiento el car\u00e1cter esponsal de este amor en la historia del hombre y del mundo.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cristo entr\u00f3 en esta historia y permanece en ella como el Esposo que \u00abse ha dado a s\u00ed mismo\u00bb. \u00abDarse\u00bb quiere decir \u00abconvertirse en un don sincero\u00bb del modo m\u00e1s completo y radical: \u00abNadie tiene mayor amor\u00bb (Jn. 15,13). En esta concepci\u00f3n, por medio de la Iglesia, todos los seres humanos \u2014hombres y mujeres\u2014 est\u00e1n llamados a ser la \u00abEsposa\u00bb de Cristo, redentor del mundo. De este modo \u00abser esposa\u00bb y, por consiguiente, lo \u00abfemenino\u00bb, se convierte en s\u00edmbolo de todo lo \u00abhumano\u00bb, seg\u00fan las palabras de Pablo: \u00abYa no hay hombre ni mujer, ya que todos vosotros sois uno en Cristo Jes\u00fas\u00bb (G\u00e1l. 3,28).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Desde el punto de vista ling\u00fc\u00edstico se puede decir que la analog\u00eda del amor esponsal seg\u00fan la Carta a los Efesios relaciona lo \u00abmasculino\u00bb con lo \u00abfemenino\u00bb, dado que, como miembros de la Iglesia, tambi\u00e9n los hombres est\u00e1n incluidos en el concepto de \u00abEsposa\u00bb. Y esto no puede causar asombro, pues el Ap\u00f3stol, para expresar su misi\u00f3n en Cristo y en la Iglesia, habla de sus \u00abhijos por quienes sufre dolores de parto\u00bb (cf. G\u00e1l. 4,19). En el \u00e1mbito de lo que es humano, es decir, de lo que es humanamente personal, la \u00abmasculinidad\u00bb y la \u00abfemineidad\u00bb se distinguen y, a la vez, se completan y se explican mutuamente. Esto se constata tambi\u00e9n en la gran analog\u00eda de la \u00abEsposa\u00bb, en la Carta a los Efesios. En la Iglesia cada ser humano \u2014hombre y mujer\u2014 es la \u00abEsposa\u00bb, en cuanto recibe el amor de Cristo Redentor como un don y tambi\u00e9n en cuanto intenta corresponder con el don de la propia persona.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cristo es el Esposo. De esta manera se expresa la verdad sobre el amor de Dios, \u00abque ha amado primero\u00bb (cf. 1 Jn. 4,19) y que, con el don que engendra este amor esponsal al hombre, ha superado todas las expectativas humanas: \u00abAm\u00f3 hasta el extremo\u00bb (Jn. 13,1). El Esposo \u2014el Hijo consubstancial al Padre en cuanto Dios\u2014 se ha convertido en el hijo de Mar\u00eda, \u00abhijo del hombre\u00bb, verdadero hombre, var\u00f3n. El s\u00edmbolo del Esposo es de g\u00e9nero masculino. En este s\u00edmbolo masculino est\u00e1 representado el car\u00e1cter humano del amor con el cual Dios ha expresado su amor divino a Israel, a la Iglesia, a todos los hombres. Meditando todo lo que los Evangelios dicen sobre la actitud de Cristo hacia las mujeres, podemos concluir que como hombre \u2014hijo de Israel\u2014 revel\u00f3 la dignidad de las \u00abhijas de Abraham\u00bb (cf. Lc. 13,16), la dignidad que la mujer posee desde el \u00abprincipio\u00bb igual que el hombre. Al mismo tiempo, Cristo puso de relieve toda la originalidad que distingue a la mujer del hombre, toda la riqueza que le fue otorgada a ella en el misterio de la creaci\u00f3n. En la actitud de Cristo hacia la mujer se encuentra realizado de modo ejemplar lo que el texto de la Carta a los Efesios expresa mediante el concepto de \u00abesposo\u00bb. Precisamente porque el amor divino de Cristo es amor de Esposo, este amor es paradigma y ejemplo para todo amor humano, en particular para el amor del var\u00f3n.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b>La Eucarist\u00eda<\/b>\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">26. En el vasto trasfondo del \u00abgran misterio\u00bb, que se expresa en la relaci\u00f3n esponsal entre Cristo y la Iglesia, es posible tambi\u00e9n comprender de modo adecuado el hecho de la llamada de los \u00abDoce\u00bb. Cristo, llamando como ap\u00f3stoles suyos s\u00f3lo a hombres, lo hizo de un modo totalmente libre y soberano. Y lo hizo con la misma libertad con que en todo su comportamiento puso en evidencia la dignidad y la vocaci\u00f3n de la mujer, sin amoldarse al uso dominante y a la tradici\u00f3n avalada por la legislaci\u00f3n de su tiempo. Por lo tanto, la hip\u00f3tesis de que haya llamado como ap\u00f3stoles a unos hombres, siguiendo la mentalidad difundida en su tiempo, no refleja completamente el modo de obrar de Cristo. \u00abMaestro, sabemos que eres veraz y que ense\u00f1as el camino de Dios con franqueza&#8230;, porque no miras la condici\u00f3n de las personas\u00bb (Mt. 22,16). Estas palabras caracterizan plenamente el comportamiento de Jes\u00fas de Nazaret, en esto se encuentra tambi\u00e9n una explicaci\u00f3n a la llamada de los \u00abDoce\u00bb. Todos ellos estaban con Cristo durante la \u00faltima Cena y s\u00f3lo ellos recibieron el mandato sacramental: \u00abHaced esto en memoria m\u00eda\u00bb (Lc. 22,19; 1 Cor. 11,24), que est\u00e1 unido a la instituci\u00f3n de la Eucarist\u00eda. Ellos, la tarde del d\u00eda de la resurrecci\u00f3n, recibieron el Esp\u00edritu Santo para perdonar los pecados: \u00abA quienes perdon\u00e9is los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los reteng\u00e1is, les quedan retenidos\u00bb (Jn. 20,23).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Nos encontramos en el centro mismo del Misterio pascual, que revela hasta el fondo el amor esponsal de Dios. Cristo es el Esposo, porque \u00abse ha entregado a s\u00ed mismo\u00bb: su cuerpo ha sido \u00abdado\u00bb, su sangre ha sido \u00abderramada\u00bb (cf. Lc. 22,19-20). De este modo \u00abam\u00f3 hasta el extremo\u00bb (Jn. 13,1). El \u00abdon sincero\u00bb, contenido en el sacrificio de la Cruz, hace resaltar de manera definitiva el sentido esponsal del amor de Dios. Cristo es el Esposo de la Iglesia, como Redentor del mundo. La Eucarist\u00eda es el sacramento de nuestra redenci\u00f3n. Es el sacramento del Esposo, de la Esposa. La Eucarist\u00eda hace presente y realiza de nuevo, de modo sacramental, el acto redentor de Cristo, que \u00abcrea\u00bb la Iglesia, su cuerpo. Cristo est\u00e1 unido a este \u00abcuerpo\u00bb, como el esposo a la esposa. Todo esto est\u00e1 contenido en la Carta a los Efesios. En este \u00abgran misterio\u00bb de Cristo y de la Iglesia se introduce la perenne \u00abunidad de los dos\u00bb, constituida desde el \u00abprincipio\u00bb entre el hombre y la mujer.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Si Cristo, al instituir la Eucarist\u00eda, la ha unido de una manera tan expl\u00edcita al servicio sacerdotal de los ap\u00f3stoles, es l\u00edcito pensar que de este modo deseaba expresar la relaci\u00f3n entre el hombre y la mujer, entre lo que es \u00abfemenino\u00bb y lo que es \u00abmasculino\u00bb, querida por Dios, tanto en el misterio de la creaci\u00f3n como en el de la redenci\u00f3n. Ante todo en la Eucarist\u00eda se expresa de modo sacramental el acto redentor de Cristo Esposo en relaci\u00f3n con la Iglesia Esposa. Esto se hace transparente y un\u00edvoco cuando el servicio sacramental de la Eucarist\u00eda \u2014en la que el sacerdote act\u00faa \u00abin persona Christi\u00bb\u2014 es realizado por el hombre.  Esta es una explicaci\u00f3n que confirma la ense\u00f1anza de la Declaraci\u00f3n Inter insigniores, publicada por disposici\u00f3n de Pablo VI, para responder a la interpelaci\u00f3n sobre la cuesti\u00f3n de la admisi\u00f3n de las mujeres al sacerdocio ministerial.(50)\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b>El don de la Esposa<\/b>\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">27. El Concilio Vaticano II ha renovado en la Iglesia la conciencia de la universalidad del sacerdocio. En la Nueva Alianza hay un solo sacrificio y un solo sacerdote: Cristo. De este \u00fanico sacerdocio participan todos los bautizados, ya sean hombres o mujeres, en cuanto deben \u00abofrecerse a s\u00ed mismos como una v\u00edctima viva, santa y agradable a Dios\u00bb (cf. Rom. 12,1), dar en todo lugar testimonio de Cristo y dar raz\u00f3n de su esperanza en la vida eterna a quien lo pida (cf. 1 Ped 3,15). (51) La participaci\u00f3n universal en el sacrificio de Cristo, con el que el Redentor ha ofrecido al Padre el mundo entero y, en particular, la humanidad, hace que todos en la Iglesia constituyan \u00abun reino de sacerdotes\u00bb (Ap. 5,10; cf. 1 Ped 2,9), esto es, que participen no solamente en la misi\u00f3n sacerdotal, sino tambi\u00e9n en la misi\u00f3n prof\u00e9tica y real de Cristo Mes\u00edas. Esta participaci\u00f3n determina, adem\u00e1s, la uni\u00f3n org\u00e1nica de la Iglesia, como Pueblo de Dios, con Cristo. Con ella se expresa a la vez el \u00abgran misterio\u00bb de la Carta a los Efesios: la Esposa unida a su Esposo; unida, porque vive su vida; unida, porque participa de su triple misi\u00f3n (\u00abtria munera Christi\u00bb); unida de tal manera que responda con un \u00abdon sincero\u00bb de s\u00ed al inefable don del amor del Esposo, Redentor del mundo. Esto concierne a todos en la Iglesia, tanto a las mujeres como a los hombres, y concierne obviamente tambi\u00e9n a aquellos que participan del \u00absacerdocio ministerial\u00bb,(52) que tiene el car\u00e1cter de servicio. En el \u00e1mbito del \u00abgran misterio\u00bb de Cristo y de la Iglesia todos est\u00e1n llamados a responder \u2014como una esposa\u2014 con el don de la vida al don inefable del amor de Cristo, el cual, como Redentor del mundo, es el \u00fanico Esposo de la Iglesia. En el \u00absacerdocio real\u00bb, que es universal, se expresa a la vez el don de la Esposa.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Esto tiene una importancia fundamental para entender la Iglesia misma en su esencia, evitando trasladar a la Iglesia \u2014incluso en su ser una \u00abinstituci\u00f3n\u00bb compuesta por hombres y mujeres insertos en la historia\u2014 criterios de comprensi\u00f3n y de juicio que no afecten a su naturaleza. Aunque la Iglesia posee una estructura \u00abjer\u00e1rquica\u00bb,(53) sin embargo esta estructura est\u00e1 ordenada totalmente a la santidad de los miembros del Cuerpo m\u00edstico de Cristo. La santidad, por otra parte, se mide seg\u00fan el \u00abgran misterio\u00bb, en el que la Esposa responde con el don del amor al don del Esposo, y lo hace \u00aben el Esp\u00edritu Santo\u00bb, porque \u00abel amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Esp\u00edritu Santo que nos ha sido dado\u00bb (Rom. 5,5). El Concilio Vaticano II, confirmando la ense\u00f1anza de toda la tradici\u00f3n, ha recordado que en la jerarqu\u00eda de la santidad precisamente la \u00abmujer\u00bb, Mar\u00eda de Nazaret, es \u00abfigura\u00bb de la Iglesia. Ella \u00abprecede\u00bb a todos en el camino de la santidad; en su persona la \u00abIglesia ha alcanzado ya la perfecci\u00f3n con la que existe inmaculada y sin mancha\u00bb (cf. Ef. 5,27). (54) En este sentido se puede decir que la Iglesia es, a la vez, \u00abmariana\u00bb y \u00abapost\u00f3lico-petrina\u00bb.(55)\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En la historia de la Iglesia, desde los primeros tiempos, hab\u00eda, junto a los hombres, numerosas mujeres, para quienes la respuesta de la Esposa al amor redentor del Esposo adquir\u00eda plena fuerza expresiva. En primer lugar, vemos a aquellas mujeres que personalmente se hab\u00edan encontrado con Cristo y le hab\u00edan seguido, y despu\u00e9s de su partida \u00aberan asiduas en la oraci\u00f3n\u00bb juntamente con los Ap\u00f3stoles en el cen\u00e1culo de Jerusal\u00e9n hasta el d\u00eda de Pentecost\u00e9s. Aquel d\u00eda, el Esp\u00edritu Santo habl\u00f3 por medio de \u00abhijos e hijas\u00bb del Pueblo de Dios cumpli\u00e9ndose as\u00ed el anuncio del profeta Joel (cf. Hch. 2,17). Aquellas mujeres, y despu\u00e9s otras, tuvieron una parte activa e importante en la vida de la Iglesia primitiva, en la edificaci\u00f3n de la primera comunidad desde los cimientos \u2014as\u00ed como de las comunidades sucesivas\u2014 mediante los propios carismas y con su servicio multiforme. Los escritos apost\u00f3licos anotan sus nombres, como Febe, \u00abdiaconisa de Cencreas\u00bb (cf. Rom. 16,1), Prisca con su marido Aquila (cf. 2 Tim. 4,19), Evodia y S\u00edntique (cf. Fil. 4,2), Mar\u00eda, Trifena, P\u00e9rside, Trifosa (cf. Rom. 16,6.12).  El Ap\u00f3stol habla de los \u00abtrabajos\u00bb de ellas por Cristo, y estos trabajos indican el servicio apost\u00f3lico de la Iglesia en varios campos, comenzando por la \u00abiglesia dom\u00e9stica\u00bb; es aqu\u00ed, en efecto, donde la \u00abfe sencilla\u00bb pasa de la madre a los hijos y a los nietos, como se verific\u00f3 en casa de Timoteo (cf. 2 Tim 1, 5).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Lo mismo se repite en el curso de los siglos, generaci\u00f3n tras generaci\u00f3n, como lo demuestra la historia de la Iglesia. En efecto, la Iglesia defendiendo la dignidad de la mujer y su vocaci\u00f3n ha mostrado honor y gratitud para aquellas que \u2014fieles al Evangelio\u2014 han participado en todo tiempo en la misi\u00f3n apost\u00f3lica del Pueblo de Dios. Se trata de santas m\u00e1rtires, de v\u00edrgenes, de madres de familia, que valientemente han dado testimonio de su fe, y que educando a los propios hijos en el esp\u00edritu del Evangelio han transmitido la fe y la tradici\u00f3n de la Iglesia.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En cada \u00e9poca y en cada pa\u00eds encontramos numerosas mujeres \u00abperfectas\u00bb (cf. Prov. 31,10) que, a pesar de las persecuciones, dificultades o discriminaciones, han participado en la misi\u00f3n de la Iglesia. Basta mencionar a M\u00f3nica, madre de Agust\u00edn, Macrina, Olga de Kiev, Matilde de Toscana, Eduvigis de Silesia y Eduvigis de Cracovia, Isabel de Turingia, Br\u00edgida de Suecia, Juana de Arco, Rosa de Lima, Elizabeth Seton y Mary Ward.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El testimonio y las obras de mujeres cristianas han incidido significativamente tanto en la vida de la Iglesia como en la sociedad. Tambi\u00e9n ante graves discriminaciones sociales las mujeres santas han actuado \u00abcon libertad\u00bb, fortalecidas por su uni\u00f3n con Cristo. Una uni\u00f3n y libertad radicada as\u00ed en Dios explica, por ejemplo, la gran obra de Santa Catalina de Siena en la vida de la Iglesia, y de Santa Teresa de Jes\u00fas en la vida mon\u00e1stica.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Tambi\u00e9n en nuestros d\u00edas la Iglesia no cesa de enriquecerse con el testimonio de tantas mujeres que realizan su vocaci\u00f3n a la santidad.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Las mujeres santas son una encarnaci\u00f3n del ideal femenino, pero son tambi\u00e9n un modelo para todos los cristianos, un modelo de la \u00absequela Christi\u00bb \u2014seguimiento de Cristo\u2014, un ejemplo de c\u00f3mo la Esposa ha de responder con amor al amor del Esposo.\n<\/p>\n<h2>La Mayor es la Caridad<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b>Ante los cambios<\/b>\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">28. \u00abCree la Iglesia que Cristo, muerto y resucitado por todos, da al hombre su luz y su fuerza por el Esp\u00edritu Santo, a fin de que pueda responder a su m\u00e1xima vocaci\u00f3n\u00bb.(56) Estas palabras de la Constituci\u00f3n conciliar Gaudium et spes las podemos aplicar al tema de la presente reflexi\u00f3n. La llamada particular a la dignidad de la mujer y a su vocaci\u00f3n, propia de los tiempos en los que vivimos, puede y debe ser acogida con la \u00abluz y fuerza\u00bb que el Esp\u00edritu da generosamente al hombre, tambi\u00e9n al hombre de nuestra \u00e9poca, tan rica de m\u00faltiples transformaciones. La Iglesia \u00abcree que la clave, el centro y el fin\u00bb del hombre, as\u00ed como \u00abde toda la historia humana se halla en su Se\u00f1or y Maestro\u00bb y afirma que \u00abbajo la superficie de lo cambiante hay muchas cosas permanentes, que tienen su \u00faltimo fundamento en Cristo, quien existe ayer, hoy y para siempre\u00bb.(57)\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Con estas palabras la Constituci\u00f3n sobre la Iglesia en el mundo actual nos indica el camino a seguir al asumir las tareas relativas a la dignidad de la mujer y a su vocaci\u00f3n, bajo el trasfondo de los cambios significativos de nuestra \u00e9poca. Podemos afrontar tales cambios de modo correcto y adecuado solamente si volvemos de nuevo a la base que se encuentra en Cristo, aquellas verdades y aquellos valores \u00abinmutables\u00bb de los que \u00e9l mismo es \u00abTestigo fiel\u00bb (cf. Ap. 1,5) y Maestro. Un modo diverso de actuar conducir\u00eda a resultados dudosos, por no decir err\u00f3neos y falaces.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La dignidad de la mujer y el orden del amor\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">29. El texto anteriormente citado de la Carta a los Efesios (5,21-33), donde la relaci\u00f3n entre Cristo y la Iglesia es presentada como el v\u00ednculo entre el Esposo y la Esposa, se refiere tambi\u00e9n a la instituci\u00f3n del matrimonio seg\u00fan las palabras del Libro del G\u00e9nesis (cf. 2,24). El mismo texto une la verdad sobre el matrimonio, como sacramento primordial, con la creaci\u00f3n del hombre y de la mujer a imagen y semejanza de Dios (cf. G\u00e9n 1,27; 5,1). Con la significativa comparaci\u00f3n contenida en la Carta a los Efesios adquiere plena claridad lo que determina la dignidad de la mujer tanto a los ojos de Dios \u2014Creador y Redentor\u2014 como a los ojos del hombre, var\u00f3n y mujer. Sobre el fundamento del designio eterno de Dios, la mujer es aquella en quien el orden del amor en el mundo creado de las personas halla un terreno para su primera ra\u00edz. El orden del amor pertenece a la vida \u00edntima de Dios mismo, a la vida trinitaria. En la vida \u00edntima de Dios, el Esp\u00edritu Santo es la hip\u00f3stasis personal del amor. Mediante el Esp\u00edritu, Don increado, el amor se convierte en un don para las personas creadas. El amor, que viene de Dios, se comunica a las criaturas: \u00abEl amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Esp\u00edritu Santo que nos ha sido dado\u00bb (Rom. 5,5).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La llamada a la existencia de la mujer al lado del hombre \u2014\u00abuna ayuda adecuada\u00bb (G\u00e9n 2,18)\u2014 en la \u00abunidad de los dos\u00bb ofrece en el mundo visible de las criaturas condiciones particulares para que \u00abel amor de Dios se derrame en los corazones\u00bb de los seres creados a su imagen. Si el autor de la Carta a los Efesios llama a Cristo Esposo y a la Iglesia Esposa, confirma indirectamente mediante esta analog\u00eda la verdad sobre la mujer como esposa. El Esposo es el que ama. La Esposa es amada; es la que recibe el amor, para amar a su vez.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El texto del G\u00e9nesis \u2014le\u00eddo a la luz del s\u00edmbolo esponsal de la Carta a los Efesios\u2014 nos permite intuir una verdad que parece decidir de modo esencial la cuesti\u00f3n de la dignidad de la mujer y, a continuaci\u00f3n, la de su vocaci\u00f3n: la dignidad de la mujer es medida en raz\u00f3n del amor, que es esencialmente orden de justicia y caridad.(58)\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">S\u00f3lo la persona puede amar y s\u00f3lo la persona puede ser amada. Esta es ante todo una afirmaci\u00f3n de naturaleza ontol\u00f3gica, de la que surge una afirmaci\u00f3n de naturaleza \u00e9tica. El amor es una exigencia ontol\u00f3gica y \u00e9tica de la persona. La persona debe ser amada ya que s\u00f3lo el amor corresponde a lo que es la persona. As\u00ed se explica el mandamiento del amor, conocido ya en el Antiguo Testamento (cf. Dt. 6,5; Lev. 19,18) y puesto por Cristo en el centro mismo del \u00abethos\u00bb evang\u00e9lico (cf. Mt. 22,36-40; Mc. 12,28-34). De este modo se explica tambi\u00e9n aquel primado del amor expresado por las palabras de Pablo en la Carta a los Corintios: \u00abLa mayor es la caridad\u00bb (cf. 1 Cor. 13,13).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Si no recurrimos a este orden y a este primado no se puede dar una respuesta completa y adecuada a la cuesti\u00f3n sobre la dignidad de la mujer y su vocaci\u00f3n. Cuando afirmamos que la mujer es la que recibe amor para amar a su vez, no expresamos s\u00f3lo o sobre todo la espec\u00edfica relaci\u00f3n esponsal del matrimonio. Expresamos algo m\u00e1s universal, basado sobre el hecho mismo de ser mujer en el conjunto de las relaciones interpersonales, que de modo diverso estructuran la convivencia y la colaboraci\u00f3n entre las personas, hombres y mujeres. En este contexto amplio y diversificado la mujer representa un valor particular como persona humana y, al mismo tiempo, como aquella persona concreta, por el hecho de su femineidad. Esto se refiere a todas y cada una de las mujeres, independientemente del contexto cultural en el que vive cada una y de sus caracter\u00edsticas espirituales, ps\u00edquicas y corporales, como, por ejemplo, la edad, la instrucci\u00f3n, la salud, el trabajo, la condici\u00f3n de casada o soltera.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El texto de la Carta a los Efesios que analizamos nos permite pensar en una especie de \u00abprofetismo\u00bb particular de la mujer en su femineidad. La analog\u00eda del Esposo y de la Esposa habla del amor con el que todo hombre es amado por Dios en Cristo, es decir, todo hombre y toda mujer. Sin embargo, en el contexto de la analog\u00eda b\u00edblica y en base a la l\u00f3gica interior del texto, es precisamente la mujer la que manifiesta a todos esta verdad: ser esposa. Esta caracter\u00edstica \u00abprof\u00e9tica\u00bb de la mujer en su femineidad halla su m\u00e1s alta expresi\u00f3n en la Virgen Madre de Dios. Respecto a ella se pone de relieve, de modo pleno y directo, el \u00edntimo unirse del orden del amor \u2014que entra en el \u00e1mbito del mundo de las personas humanas a trav\u00e9s de una Mujer\u2014 con el Esp\u00edritu Santo. Mar\u00eda escucha en la Anunciaci\u00f3n: \u00abEl Esp\u00edritu Santo vendr\u00e1 sobre ti\u00bb (Lc. 1,35).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b>Conciencia de una misi\u00f3n<\/b>\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">30. La dignidad de la mujer se relaciona \u00edntimamente con el amor que recibe por su femineidad y tambi\u00e9n con el amor que, a su vez, ella da. As\u00ed se confirma la verdad sobre la persona y sobre el amor. Sobre la verdad de la persona se debe recurrir una vez m\u00e1s al Concilio Vaticano II: \u00abEl hombre, \u00fanica criatura terrestre a la que Dios ha amado por s\u00ed misma, no puede encontrar su propia plenitud si no es en la entrega sincera de s\u00ed mismo a los dem\u00e1s\u00bb.(59) Esto se refiere a todo hombre, como persona creada a imagen de Dios, ya sea hombre o mujer. La afirmaci\u00f3n de naturaleza ontol\u00f3gica contenida aqu\u00ed indica tambi\u00e9n la dimensi\u00f3n \u00e9tica de la vocaci\u00f3n de la persona. La mujer no puede encontrarse a s\u00ed misma si no es dando amor a los dem\u00e1s.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Desde el \u00abprincipio\u00bb la mujer, al igual que el hombre, ha sido creada y \u00abpuesta\u00bb por Dios precisamente en este orden del amor. El pecado de los or\u00edgenes no ha anulado este orden, no lo ha cancelado de modo irreversible; lo prueban las palabras b\u00edblicas del Protoevangelio (cf. G\u00e9n. 3,15). En la presente reflexi\u00f3n hemos se\u00f1alado el puesto singular de la \u00abmujer\u00bb en este texto clave de la Revelaci\u00f3n. Es preciso manifestar tambi\u00e9n c\u00f3mo la misma mujer, que llega a ser \u00abparadigma\u00bb b\u00edblico, se halla asimismo en la perspectiva escatol\u00f3gica del mundo y del hombre expresada por el Apocalipsis.(60) Es \u00abuna Mujer, vestida del sol, con la luna bajo sus pies, y una corona de doce estrellas sobre su cabeza\u00bb (Ap. 12,1). Se podr\u00eda decir: una mujer a la medida del cosmos, a la medida de toda la obra de la creaci\u00f3n. Al mismo tiempo sufre \u00abcon los dolores del parto y con el tormento de dar a luz\u00bb (Ap. 12,2), como Eva \u00abmadre de todos los vivientes\u00bb (G\u00e9n. 3,20). Sufre tambi\u00e9n porque \u00abdelante de la mujer que est\u00e1 para dar a luz\u00bb (cf. Ap. 12,4) se pone \u00abel gran drag\u00f3n, la serpiente antigua\u00bb (Ap. 12,9), conocida ya por el Protoevangelio: el Maligno, \u00abpadre de la mentira\u00bb y del pecado (cf. Jn. 8,44). Pues la \u00abserpiente antigua\u00bb quiere devorar \u00abal ni\u00f1o\u00bb. Si vemos en este texto el reflejo del evangelio de la infancia (cf. Mt. 2,13.16) podemos pensar que en el paradigma b\u00edblico de la \u00abmujer\u00bb se encuadra, desde el inicio hasta el final de la historia, la lucha contra el mal y contra el Maligno. Es tambi\u00e9n la lucha a favor del hombre, de su verdadero bien, de su salvaci\u00f3n. \u00bfNo quiere decir la Biblia que precisamente en la \u00abmujer\u00bb, Eva-Mar\u00eda, la historia constata una dram\u00e1tica lucha por cada hombre, la lucha por su fundamental \u00abs\u00ed\u00bb o \u00abno\u00bb a Dios y a su designio eterno sobre el hombre?\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Si la dignidad de la mujer testimonia el amor, que ella recibe para amar a su vez, el paradigma b\u00edblico de la \u00abmujer\u00bb parece desvelar tambi\u00e9n cu\u00e1l es el verdadero orden del amor que constituye la vocaci\u00f3n de la mujer misma. Se trata aqu\u00ed de la vocaci\u00f3n en su significado fundamental, \u2014podr\u00edamos decir universal\u2014 que se concreta y se expresa despu\u00e9s en las m\u00faltiples \u00abvocaciones\u00bb de la mujer, tanto en la Iglesia como en el mundo.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La fuerza moral de la mujer, su fuerza espiritual, se une a la conciencia de que Dios le conf\u00eda de un modo especial el hombre, es decir, el ser humano. Naturalmente, cada hombre es confiado por Dios a todos y cada uno. Sin embargo, esta entrega se refiere especialmente a la mujer \u2014sobre todo en raz\u00f3n de su femineidad\u2014 y ello decide principalmente su vocaci\u00f3n.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Tomando pie de esta conciencia y de esta entrega, la fuerza moral de la mujer se expresa en numerosas figuras femeninas del Antiguo Testamento, del tiempo de Cristo, y de las \u00e9pocas posteriores hasta nuestros d\u00edas.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La mujer es fuerte por la conciencia de esta entrega, es fuerte por el hecho de que Dios \u00able conf\u00eda el hombre\u00bb, siempre y en cualquier caso, incluso en las condiciones de discriminaci\u00f3n social en la que pueda encontrarse. Esta conciencia y esta vocaci\u00f3n fundamental hablan a la mujer de la dignidad que recibe de parte de Dios mismo, y todo ello la hace \u00abfuerte\u00bb y la reafirma en su vocaci\u00f3n. De este modo, la \u00abmujer perfecta\u00bb (cf. Prov. 31,10) se convierte en un apoyo insustituible y en una fuente de fuerza espiritual para los dem\u00e1s, que perciben la gran energ\u00eda de su esp\u00edritu. A estas \u00abmujeres perfectas\u00bb deben mucho sus familias y, a veces, tambi\u00e9n las Naciones.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En nuestros d\u00edas los \u00e9xitos de la ciencia y de la t\u00e9cnica permiten alcanzar de modo hasta ahora desconocido un grado de bienestar material que, mientras favorece a algunos, conduce a otros a la marginaci\u00f3n. De ese modo, este progreso unilateral puede llevar tambi\u00e9n a una gradual p\u00e9rdida de la sensibilidad por el hombre, por todo aquello que es esencialmente humano. En este sentido, sobre todo el momento presente espera la manifestaci\u00f3n de aquel \u00abgenio\u00bb de la mujer, que asegure en toda circunstancia la sensibilidad por el hombre, por el hecho de que es ser humano. Y porque \u00abla mayor es la caridad\u00bb (1 Cor. 13,13).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">As\u00ed pues, una atenta lectura del paradigma b\u00edblico de la \u00abmujer\u00bb \u2014desde el Libro del G\u00e9nesis hasta el Apocalipsis\u2014 nos confirma en que consisten la dignidad y la vocaci\u00f3n de la mujer y todo lo que en ella es inmutable y no pierde vigencia, poniendo \u00absu \u00faltimo fundamento en Cristo, quien existe ayer, hoy y para siempre\u00bb.(61) Si el hombre es confiado de modo particular por Dios a la mujer, \u00bfno significa esto tal vez que Cristo espera de ella la realizaci\u00f3n de aquel \u00absacerdocio real\u00bb(1 Ped. 2,9) que es la riqueza dada por \u00c9l a los hombres? Cristo, sumo y \u00fanico sacerdote de la Nueva y Eterna Alianza, y Esposo de la Iglesia, no deja de someter esta misma herencia al Padre mediante el Esp\u00edritu Santo, para que Dios sea \u00abtodo en todos\u00bb (1 Cor. 15,28).(62)\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Entonces se cumplir\u00e1 definitivamente la verdad de que \u00abla mayor es la caridad\u00bb (1 Cor. 13,13).\n<\/p>\n<h2>Conclusi\u00f3n<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b>\u00abSi conocieras el don de Dios\u00bb<\/b>\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">31. \u00abSi conocieras el don de Dios\u00bb (Jn. 4,10), dice Jes\u00fas a la samaritana en el transcurso de uno de aquellos admirables coloquios que muestran la gran estima que Cristo tiene por la dignidad de la mujer y por la vocaci\u00f3n que le permite tomar parte en su misi\u00f3n mesi\u00e1nica.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La presente reflexi\u00f3n, que llega ahora a su fin, est\u00e1 orientada a reconocer desde el interior del \u00abdon de Dios\u00bb lo que \u00c9l, creador y redentor, conf\u00eda a la mujer, a toda mujer. En el Esp\u00edritu de Cristo ella puede descubrir el significado pleno de su femineidad y, de esta manera, disponerse al \u00abdon sincero de s\u00ed misma\u00bb a los dem\u00e1s, y de este modo encontrarse a s\u00ed misma.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En el A\u00f1o Mariano la Iglesia desea dar gracias a la Sant\u00edsima Trinidad por el \u00abmisterio de la mujer\u00bb y por cada mujer, por lo que constituye la medida eterna de su dignidad femenina, por las \u00abmaravillas de Dios\u00bb, que en la historia de la humanidad se han cumplido en ella y por medio de ella. En definitiva, \u00bfno se ha obrado en ella y por medio de ella lo m\u00e1s grande que existe en la historia del hombre sobre la tierra, es decir, el acontecimiento de que Dios mismo se ha hecho hombre?\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La Iglesia, por consiguiente, da gracias por todas las mujeres y por cada una: por las madres, las hermanas, las esposas; por las mujeres consagradas a Dios en la virginidad; por las mujeres dedicadas a tantos y tantos seres humanos que esperan el amor gratuito de otra persona; por las mujeres que velan por el ser humano en la familia, la cual es el signo fundamental de la comunidad humana; por las mujeres que trabajan profesionalmente, mujeres cargadas a veces con una gran responsabilidad social; por las mujeres \u00abperfectas\u00bb y por las mujeres \u00abd\u00e9biles\u00bb. Por todas ellas, tal como salieron del coraz\u00f3n de Dios en toda la belleza y riqueza de su femineidad, tal como han sido abrazadas por su amor eterno; tal como, junto con los hombres, peregrinan en esta tierra que es \u00abla patria\u00bb de la familia humana, que a veces se transforma en \u00abun valle de l\u00e1grimas\u00bb. Tal como asumen, juntamente con el hombre, la responsabilidad com\u00fan por el destino de la humanidad, en las necesidades de cada d\u00eda y seg\u00fan aquel destino definitivo que los seres humanos tienen en Dios mismo, en el seno de la Trinidad inefable.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La Iglesia expresa su agradecimiento por todas las manifestaciones del \u00abgenio\u00bb femenino aparecidas a lo largo de la historia, en medio de los pueblos y de las naciones; da gracias por todos los carismas que el Esp\u00edritu Santo otorga a las mujeres en la historia del Pueblo de Dios, por todas las victorias que debe a su fe, esperanza y caridad; manifiesta su gratitud por todos los frutos de santidad femenina.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La Iglesia pide, al mismo tiempo, que estas inestimables \u00abmanifestaciones del Esp\u00edritu\u00bb (cf. 1 Cor. 12,4 ss.), que con grande generosidad han sido dadas a las \u00abhijas\u00bb de la Jerusal\u00e9n eterna, sean reconocidas debidamente, valorizadas, para que redunden en com\u00fan beneficio de la Iglesia y de la humanidad, especialmente en nuestros d\u00edas. Al meditar sobre el misterio b\u00edblico de la \u00abmujer\u00bb, la Iglesia ora para que todas las mujeres se hallen de nuevo a s\u00ed mismas en este misterio y hallen su \u00abvocaci\u00f3n suprema\u00bb.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Que Mar\u00eda, que \u00abprecede a toda la Iglesia en el camino de la fe, de la caridad y de la perfecta uni\u00f3n con Cristo\u00bb (63) nos obtenga tambi\u00e9n este \u00abfruto\u00bb en el A\u00f1o que le hemos dedicado, en el umbral del tercer milenio de la venida de Cristo.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Con estos deseos imparto a todos los fieles y, de modo especial, a las mujeres, hermanas en Cristo, la Bendici\u00f3n Apost\u00f3lica.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Dado en Roma, junto a San Pedro, el d\u00eda 15 de agosto, solemnidad de la Asunci\u00f3n de la Virgen Mar\u00eda, del a\u00f1o 1988, d\u00e9cimo de mi Pontificado.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<h2>NOTAS<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">(1) Mensaje del Concilio a las Mujeres (8 de diciembre de 1965): AAS 58 (1966), 13-14.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(2) Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Const. past. sobre la Iglesia en el mundo actual Gaudium et spes, 8; 9; 60.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(3) Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Dec. sobre el apostolado de los seglares Apostolicam actuositatem, 9.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(4) Cf. P\u00edo XII, Aloc. a las mujeres italianas (21 de octubre de 1945): AAS 37 (1945), 284-295; Aloc. a la Uni\u00f3n Mundial de las Organizaciones femeninas cat\u00f3licas (24 de abril de 1952): AAS 44 (1952), 420-424; Disc. a las participantes en el XIV Convenio Internacional de la Uni\u00f3n Mundial de las Organizaciones femeninas cat\u00f3licas (29 de setiembre de 1957): AAS 49 (1957), 906-922.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(5) Cf. Juan XXIII, Carta Enc\u00edc. Pacem in terris (11 de abril de 1963), I: AAS 55 (1963), 267-268.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(6) Proclamaci\u00f3n de S. Teresa de Jes\u00fas \u00abDoctora de la Iglesia universal\u00bb (27 de setiembre de 1970): AAS 62 (1970), 590-596; proclamaci\u00f3n de S. Catalina de Siena \u00abDoctora de la Iglesia universal\u00bb (4 de octubre de 1970): AAS 62 (1970), 673-678.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(7) Cf. AAS 65 (1973), 284 s.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(8) Pablo VI, Discurso a las participantes en el Convenio Nacional del Centro Italiano Femenino (6 de diciembre de 1976): Insegnamenti di Paolo VI, XIV (1976), 1017.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(9) Carta Enc\u00edc. Redemptoris Mater (25 de marzo de 1987), 46: AAS 79 (1987), 424 s.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(10) Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm. sobre la Iglesia Lumen gentium, 1.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(11) Una ilustraci\u00f3n del significado antropol\u00f3gico y teol\u00f3gico del \u00abprincipio\u00bb puede verse en la Primera Parte de las Alocuciones de los Mi\u00e9rcoles dedicadas a la \u00abteolog\u00eda del cuerpo\u00bb, a partir del 5 de setiembre de 1979: Insegnamenti II, 2 (1979), 234-236.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(12) Conc. Ecum. Vat. II, Const. past. sobre la Iglesia en el mundo actual Gaudium et spes, 22.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(13)  Conc. Ecum. Vat. II, Declar. sobre las relaciones de la Iglesia con las religiones no cristianas Nostra aetate, 1.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(14) Ibid., 2.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(15) Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm. sobre la divina revelaci\u00f3n Dei Verbum, 2.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(16) Seg\u00fan los Padres de la Iglesia, la primera revelaci\u00f3n de la Trinidad, en el Nuevo Testamento, ya se hab\u00eda dado en la Anunciaci\u00f3n. En una homil\u00eda atribuida a S. Gregorio Taumaturgo se lee: \u00abEst\u00e1s llena de luz, oh Mar\u00eda, en tu sublime reino espiritual. En ti el Padre, que no tiene principio y cuyo poder te ha cubierto, es glorificado. En ti el Hijo, que has llevado seg\u00fan la carne, es adorado. En ti el Esp\u00edritu Santo, que ha obrado en tu seno el nacimiento del gran Rey, es celebrado. Gracias a ti, oh llena de gracia, la Trinidad santa y consubstancial ha podido ser conocida en el mundo\u00bb (Hom. 2 in Annuntiat. Virg. Mariae: PG 10, 1169). Cf. tambi\u00e9n S. Andr\u00e9s de Creta, In Annuntiat. B. Mariae: PG 97, 909.<br \/>\n(17) Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Decl. sobre las relaciones de la Iglesia con las religiones no cristianas Nostra aetate, 2.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(18) La doctrina teol\u00f3gica sobre la Madre de Dios (Theot\u00f3kos), sostenida por muchos Padres de la Iglesia, aclarada y definida en los Concilios de Efeso (DS 251) y de Calcedonia (DS 301), ha sido propuesta de nuevo por el Concilio Vaticano II, en el cap. VIII de la Const. dogm. sobre la Iglesia Lumen gentium, 52-69. Cf. Carta Enc\u00edc. Redemptoris Mater, 4. 31-32, y las notas 9. 78-83: l.c., 365, 402, 404.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(19) Cf. Carta Enc\u00edc. Redemptoris Mater, 7-11, as\u00ed como los textos de los Padres citados en la nota 21: l.c., 367-373.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(20) Cf. l.c., 412-418.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(21) Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm. sobre la Iglesia Lumen gentium, 36.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(22) Cf. S. Ireneo, Adv. haer. V, 6, 1; V, 16, 2-3: S. Ch. 153, 72-81; 216-221; S. Gregorio Niseno, De hom. op. 16: PG 44, 180: In Cant. Cant. hom. 2: PG 44, 805-808; S. Agust\u00edn, In Ps. 4, 8: CCL 38, 17.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(23) \u00abPersona est naturae rationalis individua substancia\u00bb: Manlio Severino Boezio, Liber de persona et duabus naturis, III: PL 64, 1343; cf. S. Tom\u00e1s de Aquino, Summa Theol. Ia. q. 29, a. 1.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(24) Entre los Padres de la Iglesia que afirman la igualdad fundamental del hombre y la mujer ante Dios, cf. Or\u00edgenes, In Iesu nave, IX, 9: PG 12, 878; Clemente de Alejandr\u00eda, Paed. I, 4: S. Ch. 70, 128-131; S. Agust\u00edn, Sermo 51, II, 3: PL 38, 334-335.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(25) Dice S. Gregorio de Niza: \u00abDios es adem\u00e1s amor y fuente de amor. Afirma esto el grande Juan: \u00abEl amor es de Dios\u00bb y \u00abDios es Amor\u00bb (1 Jn. 4, 7. 8). El Creador ha impreso tambi\u00e9n en nosotros este car\u00e1cter. \u00abEn esto conocer\u00e1n todos que sois disc\u00edpulos m\u00edos: si os ten\u00e9is amor los unos a los otros\u00bb (Jn. 13, 35). Por tanto, si esto no se da, toda la imagen queda desfigurada\u00bb (De hom. op. 5: PG 44, 137).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(26) Conc. Ecum. Vat. II, Const. past. sobre la Iglesia en el mundo actual Gaudium et spes, 24.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(27) Cf. N\u00fam. 23, 19; Os. 11, 9; Is. 40, 18; 46, 5; adem\u00e1s Concilio de Letr\u00e1n IV (DS 806).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(28) Conc. Ecum. Vat. II, Const. past. sobre la Iglesia en el mundo actual Gaudium et spes, 13.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(29) \u00abDiab\u00f3lico\u00bb viene del griego \u00abdia-ballo\u00bb: \u00abdivido, separo, calumnio\u00bb.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(30) Cf. Or\u00edgenes, In Gen. hom. 13, 4: PG 12, 234; S. Gregorio Niseno, De virg. 12: S. Ch. 119, 404-419; De beat. VI: PG 44, 1272.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(31) Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Const. past. sobre la Iglesia en el mundo actual Gaudium et spes, 13.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(32) Cf. ibid., 24.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(33) Es precisamente apel\u00e1ndose a la ley divina que los Padres del IV siglo reaccionaron decididamente contra la discriminaci\u00f3n a\u00fan en vigor respecto de la mujer, en la vida y en la legislaci\u00f3n civil de la \u00e9poca. Cf. S. Gregorio Nacianceno, Or. 37, 6: PG 36, 290; S. Jer\u00f3nimo, Ad Oceanum ep. 77, 3: PL 22, 691; S. Ambrosio, De institut. virg. III, 16: PL 16, 309; S. Agust\u00edn, Sermo 132, 2: PL 38, 735; Sermo 392, 4: PL 39, 1711.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(34) Cf. S. Ireneo, Adv. haer. III, 23, 7: S. Ch. 211, 462-465; V, 21, 1: S. Ch. 153, 260-265; S. Epifanio, Panar. III, 2, 78: PG 42, 728-729; S. Agust\u00edn, Enarr. in Ps. 103, 5. 4, 6: CCL 40, 1525.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(35) Cf. S. Justino, Dial. cum Thryph. 100: PG 6, 709-712; S. Ireneo, Adv. haer. III, 22, 4: S. Ch. 211, 438-445; V, 19, 1: S. Ch. 153, 248-251; S. Cirilo de Jerusal\u00e9n, Cathec. 12, 15: PG 33, 741; S. Juan Cris\u00f3stomo, In Ps. 44, 7: PG 55, 193; S. Juan Damasceno, Hom. 2 in dorm. B.V.M. 3: S. Ch. 80, 130-135; Esiquio, Sermo 5 in Deiparam: PG 93, 1464 s.; Tertuliano, De carne Christi 17: CCL 2, 904 s.; S. Jer\u00f3nimo, Epist. 22, 21: PL 22, 408; S. Agust\u00edn, Sermo 51, 2-3: PL 38, 335; Sermo 232, 2: PL 38, 1108; J. H. Newman, A Letter to the rev. E. B. Pusey, Longmans, London 1865 (trad. ital. Lettera al rev. Pusey su Maria e la vita cristiana, Roma 1975): M. J. Scheeben, Handuch der Katholischen Dogmatik, V\/1 (Freiburg 1954), 243-266; V\/2 (Freiburg 1954), 306-499.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(36) Conc. Ecum. Vat. II, Const. past. sobre la Iglesia en el mundo actual Gaudium et spes, 22.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(37) Cf. S. Ambrosio, De instit. virg. V, 33: PL 16, 313.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(38) Cf. R\u00e1bano Mauro, De vita beatae Mariae Magdalenae, XXVII: \u00abSalvator&#8230; ascensionis suae eam (= Mariam Magdalenam) ad apostolos instituit apostolam\u00bb (PL 112, 1474). \u00abFacta est Apostolorum Apostola per hoc quod ei committitur ut resurrectionem dominicam discipulis annuntiet\u00bb S. Tom\u00e1s de Aquino, In Ioannem Evangelistam Expositio, c. XX, L. III, 6 (Sancti Thomae Aquinatis Comment in Matthaeum et Ioannem Evangelistas) Ed. Parmens. X, 629.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(39) Conc. Ecum. Vat. II, Const. past. sobre la Iglesia en el mundo actual Gaudium et spes, 24.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(40) Carta Enc\u00edc. Redemptoris Mater, 18: l.c., 383.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(41) Conc. Ecum. Vat. II, Const. past. sobre la Iglesia en el mundo actual Gaudium et spes, 24.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(42) Cf. Alocuciones de los mi\u00e9rcoles 7 y 21 de abril de 1982: Insegnamenti V, 1 (1982), pp. 1126-1131 y 1175-1179.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(43) Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm. sobre la Iglesia Lumen gentium, 63; S. Ambrosio, In Lc. II, 7: S. Ch. 45, 74; De instit. virg. XIV, 87-89: PL 16, 326-327; S. Cirilo de Alejandr\u00eda, Hom. 4: PG 77, 996; S. Isidoro de Sevilla, Allegoriae 139: PL 83, 117.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(44) Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm. sobre la Iglesia Lumen gentium, 63.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(45) Ibid., 64.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(46) Ibid., 64.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(47) Ibid., 64. Sobre la relaci\u00f3n Mar\u00eda-Iglesia, que aparece de modo constante en la reflexi\u00f3n de los Padres de la Iglesia y de la Tradici\u00f3n cristiana, cf. Carta Enc\u00edc. Redemptoris Mater, 42-44, as\u00ed como las notas 117-127: l.c., 418-422. Cf. adem\u00e1s Clemente de Alejandr\u00eda, Paed. 1, 6: S. Ch. 70, 186 s.; S. Ambrosio, In Lc. II, 7: S. Ch. 45, 74; S. Agust\u00edn, Sermo 192, 2: PL 38, 1012; Sermo 195, 2: PL 38, 1018; Sermo 25, 8: PL 46, 938; S. Le\u00f3n Magno, Sermo 25, 5: PL 54, 211; Sermo 26, 2: PL 54, 213; Ven. Beda, In Lc. I, 2: PL 92, 330. \u00abAmbas madres -escribe Isaac de Stella, disc\u00edpulo de S. Bernardo-, ambas v\u00edrgenes, ambas conciben por obra del Esp\u00edritu Santo (&#8230;). Mar\u00eda (&#8230;) ha engendrado al cuerpo su Cabeza; la Iglesia (&#8230;) da a esta Cabeza su cuerpo. Una y otra son madres de Cristo; pero ninguna de ellas lo engendra enteramente sin la otra. Por tanto, justamente (&#8230;) lo que se ha dicho en general de la virgen madre Iglesia, se dice singularmente de la virgen madre Mar\u00eda; y cuanto se dice especialmente de la virgen madre Mar\u00eda se refiere en general a la virgen madre Iglesia; y lo que se dice de una de las dos se puede referir indiferentemente tanto a la una como a la otra\u00bb (Sermo 51, 7-8: S. Ch. 339, 202-205).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(48) Cf. por ejemplo Os. 1, 2; 2, 16-18 Jr. 2, 2; Ez. 16, 8; Is. 50, 1; 54, 5-8.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(49) Cf. Col. 3, 18; 1 P. 3, 1-6; Tt. 2, 4-5; Ef. 5, 22-24; 1 Cor. 11, 3-16; 14, 33-35; 1 Tm. 2, 11-15.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(50) Cf. Congr. para la Doctrina de la Fe, Declaraci\u00f3n sobre la cuesti\u00f3n de la admisi\u00f3n de las mujeres al sacerdocio ministerial Inter insigmores (15 de octubre de 1976): AAS 69 (1977), 98-116.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(51) Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm. sobre la Iglesia Lumen gentium, 10.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(52) Cf. ibid., 10.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(53) Cf. ibid., 18-29.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(54) Cf. ibid., 65; tambi\u00e9n 63; Carta Encic. Redemptoris Mater, 2-6: l.c., 362-367.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(55) \u00abEste perfil mariano es igualmente -si no lo es mucho m\u00e1s- fundamental y caracter\u00edstico para la Iglesia, que el perfil apost\u00f3lico y petrino, al que est\u00e1 profundamente unido&#8230; La dimensi\u00f3n mariana de la Iglesia antecede a la petrina, aunque est\u00e9 estrechamente unida a ella y sea complementaria. Mar\u00eda, la Inmaculada, precede a cualquier otro, y obviamente al mismo Pedro y a los Ap\u00f3stoles, no s\u00f3lo porque Pedro y los Ap\u00f3stoles, proveniendo de la masa del g\u00e9nero humano que nace bajo el pecado, forman parte de la Iglesia \u00absancta ex peccatoribus\u00bb, sino tambi\u00e9n porque su triple munus no tiende m\u00e1s que a formar a la Iglesia en ese ideal de santidad, en que ya est\u00e1 formado y figurado en Mar\u00eda. Como bien ha dicho un te\u00f3logo contempor\u00e1neo, \u00abMar\u00eda es \u00abReina de los Ap\u00f3stoles\u00bb, sin pretender para ella los poderes apost\u00f3licos. Ella tiene otra cosa y m\u00e1s\u00bb (H. U. von Balthasar, Neue Klarstellungen, trad. ital., Milano 1980, p. 181): Alocuci\u00f3n a los Cardenales y Prelados de la Curia Romana, 22 de diciembre de 1987: L&#8217;Osservatore Romano, 23 de diciembre de 1987.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(56) Conc. Ecum. Vat. II, Const. past. sobre la Iglesia en el mundo actual Gaudium et spes, 10.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(57) Ibid., 10.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(58) Cf. S. Agust\u00edn, De Trinitate, L, VIII, VII, 10-X, 14: CCL 50. 284-291.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(59) Conc. Ecum. Vat. II, Const. past. sobre la Iglesia en el mundo actual Gaudium et spes, 24.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(60) Cf. en el Ap\u00e9ndice de las obras de S. Ambrosio, In Apoc. IV, 3-4: PL 17, 876; Ps. Agust\u00edn, De symb. ad catech. sermo IV: PL 40, 661.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(61) Conc. Ecum. Vat. II, Const. past. sobre la Iglesia en el mundo actual Gaudium et spes, 10.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(62) Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm. sobre la Iglesia Lumen gentium, 36.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(63) Cf. Ibid., 63.\n<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Enciclopedia Cat\u00f3lica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>[072] Enc\u00ed\u00adclica del Juan Pablo II del 15 de Agosto de 1988 sobre la dignidad de la mujer. Pedro Chico Gonz\u00e1lez, Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00ed\u00ada Religiosa, Editorial Bru\u00f1o, Lima, Per\u00fa 2006 Fuente: Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00eda Religiosa CARTA APOST\u00d3LICA MULIERIS DIGNITATEM DEL SUMO PONT\u00cdFICE JUAN PABLO II SOBRE LA DIGNIDAD Y LA VOCACI\u00d3N &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/mulieris-dignitatem\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abMULIERIS DIGNITATEM\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-12339","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/12339","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=12339"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/12339\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=12339"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=12339"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=12339"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}