{"id":12378,"date":"2016-02-05T08:27:13","date_gmt":"2016-02-05T13:27:13","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/merito\/"},"modified":"2016-02-05T08:27:13","modified_gmt":"2016-02-05T13:27:13","slug":"merito","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/merito\/","title":{"rendered":"MERITO"},"content":{"rendered":"<p>Luk 6:32 \u00bfqu\u00e9 m ten\u00e9is? .. los pecadores aman a<br \/>\nPhi 2:22 ya conoc\u00e9is los m de \u00e9l, que como hijo<\/p>\n<hr>\n<p>[246]<br \/>\n Aquello que se merece ante Dios por la misma naturaleza de los actos o en virtud de la promesa hecha por el Se\u00f1or. (Ver Justificaci\u00f3n 8;  Redenci\u00f3n 1. 4.1;  Sant\u00ed\u00adsima, Mar\u00ed\u00ada. 2.4)<\/p>\n<p>Pedro Chico Gonz\u00e1lez, Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00ed\u00ada Religiosa, Editorial Bru\u00f1o, Lima, Per\u00fa 2006<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00eda Religiosa<\/b><\/p>\n<p>(v. gracia, redenci\u00f3n)<\/p>\n<p>(ESQUERDA BIFET, Juan, Diccionario de la Evangelizaci\u00f3n,  BAC, Madrid, 1998)<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Evangelizaci\u00f3n<\/b><\/p>\n<p>(gracia, obras). En un nivel, la Biblia es el libro* del juicio (de los m\u00e9ritos de cada uno) y as\u00ed\u00ad podemos entenderla como un documento donde se recogen los merecimientos de las obras de los hombres, para que as\u00ed\u00ad puedan ser bien retribuidos en el juicio*. Pero, desbordando ese nivel, el conjunto de la Biblia y de un modo especial el Nuevo Testamento ha ido m\u00e1s all\u00e1 de la l\u00ed\u00adnea de los m\u00e9ritos (reflejado en los agricultores de la par\u00e1bola de Mc 12 que tienen que pagar la renta al amo), para situarse y situarnos ante la gracia* (libro* de la vida). Ciertamente, en un plano, los hombres dependen de lo que hacen (\u00c2\u00a1con el juicio con que juzgu\u00e9is ser\u00e9is juzgados!: Mt 7,1), pero en otro m\u00e1s alto ellos est\u00e1n en manos de la gracia universal de Dios, que se revela en Cristo como salvaci\u00f3n para los creyentes (cf. Rom 3,22).<\/p>\n<p>PIKAZA, Javier, Diccionario de la Biblia. Historia y Palabra, Verbo Divino, Navarra 2007<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de la Biblia Historia y Palabra<\/b><\/p>\n<p>En las culturas humanas la palabra \u00abm\u00e9rito\u00bb indica el aprecio que una persona se ha granjeado con sus acciones y que es igual o incluso superior al empe\u00f1o que ha puesto en realizarlas.<\/p>\n<p>En teolog\u00ed\u00ada, el m\u00e9rito es la r\u00e9plica final de Dios, que consiste en un don sobreabundante de gracia y vida eterna, al esfuerzo del hombre en el plano de la praxis hist\u00f3rica de la fe. Dios reconoce los m\u00e9ritos del hombre en estado de gracia y les da una recompensa exuberante, desproporcionada e hiperb\u00f3lica, a pesar de que el hombre nunca podr\u00e1 alcanzar el nivel de igualdad con Dios ni corresponder perfectamente a las exigencias divinas. Nada le debe Dios al hombre: ni la creaci\u00f3n (Gn 1-2), ni la elecci\u00f3n (Dt 7 7), ni la redenci\u00f3n (Ez 16,2ss), ni mucho menos la elevaci\u00f3n al estado sobrenatural (Mt 20,lss). Pero todo se le da al hombre debido al misterio de salvaci\u00f3n realizado por Cristo, que con el sacrificio de su vida ha liberado al hombre del pecado y de la culpa y le ha merecido, en sentido propio, su reconciliaci\u00f3n con Dios. Esto capacita al hombre para recibir la redenci\u00f3n por medio de la gracia del Esp\u00ed\u00adritu Santo en la Iglesia, mediante la fe y la celebraci\u00f3n de los sacramentos, y para poner en acto, con su libertad, un modo de existencia a medida de la existencia de Cristo y, por tanto, meritorio, aunque de modo distinto del de Cristo, es decir, en sentido subordinado y anal\u00f3gico. Por consiguiente, el m\u00e9rito es algo que intenta rendir un homenaje libre y gratuito a la dimensi\u00f3n colaborador del hombre, querida por Dios, aun cuando la praxis meritoria del hombre debe verse no como autonom\u00ed\u00ada operativa del ser humano, sino como fruto de la presencia en \u00e9l de la gracia de Dios y de la adhesi\u00f3n a ella. As\u00ed\u00ad pues, es el hombre justificado el que se hace capaz de acciones sobrenaturales y de conseguir su m\u00e9rito. En el Nuevo Testamento es sobre todo Pablo (Rom 3) el que niega en\u00e9rgicamente que el hombre pueda autoconquistar el estado meritorio sobre la base del respeto o de la no transgresi\u00f3n del c\u00f3digo escrito de la Ley del Antiguo Testamento, como pretend\u00ed\u00adan el farise\u00ed\u00adsmo y cierto judeocristianismo de los or\u00ed\u00adgenes. La Ley fracas\u00f3 en este sentido, mostrando la necesidad extrema de la redenci\u00f3n. En esta l\u00ed\u00adnea proseguir\u00e1 la teolog\u00ed\u00ada de los Padres, en sentido antipelagiano, hasta la gran sistematizaci\u00f3n teol\u00f3gica medieval, que, con Tom\u00e1s de Aquino, construir\u00e1 una notable teolog\u00ed\u00ada de la gracia, en la que encuentra amplio espacio el concepto de m\u00e9rito, atribuido a diversos motivos: como debido en plenitud a Cristo y al Esp\u00ed\u00adritu; en sentido de generosidad excepcional de Dios, al hombre mismo. Por tanto, la teolog\u00ed\u00ada del m\u00e9rito compromete a Dios, principio y fin del hombre en sentido creativo y redentivo, y al hombre, lugar hist\u00f3rico en el que- la gracia tiene sus efectos junto con la voluntad humana, y la escatolog\u00ed\u00ada como objeto del m\u00e9rito. A pesar de que Dios no tiene necesidad alguna de la obra humana ni obligaci\u00f3n alguna de darle una recompensa, considera el esfuerzo del hombre en Cristo y en el Esp\u00ed\u00adritu como merecedor de una recompensa que va m\u00e1s all\u00e1 de toda previsi\u00f3n optimista. Y esto es m\u00e1s comprensible si se afirma que, cuando el hombre pone en pr\u00e1ctica perfectamente la voluntad de Dios, no hace m\u00e1s que cumplir con su deber, sin poder pretender por ello absolutamente nada. Desde el punto de vista dogm\u00e1tico, el Magisterio de la Iglesia intervino y . a en los primeros siglos (DS 248) para afirmar que Dios, en su generosidad sin medida, desea que sus dones de gracia se conviertan en verdaderos m\u00e9ritos de los creyentes por causa de sus obras (DS 388). La formulaci\u00f3n madura de la teolog\u00ed\u00ada del m\u00e9rito no se hizo, sin embargo, hasta el decreto tridentino sobre la justificaci\u00f3n. En diversos puntos (DS 1525; 1532; 1535: 1545; 1572; 1574. 1582; etc.) se afirma que, mientras que la justificaci\u00f3n del hombre es fruto de la iniciativa \u00fanica de Dios y mientras que la gracia, no debida al hombre, es previa a la acci\u00f3n humana, se admite sin embargo que los redimidos alcanzan el orden sobrenatural perfecto, la vida eterna, tambi\u00e9n con sus m\u00e9ritos. Debido a la gracia divina que act\u00faa en ellos y por los m\u00e9ritos salv\u00ed\u00adficos de Cristo, los fieles reciben de Dios un verdadero progreso en la gracia y en la elevaci\u00f3n perfecta a la vida sobrenatural de la gloria, aut\u00e9ntica meta de toda la condici\u00f3n hist\u00f3rico-eclesial de los creyentes.<\/p>\n<p>T. Stancati<\/p>\n<p>Bibl.: J Auer, El evangelio de la gracia, Herder, Barcelona 1975; p, Fransen, Desarrollo hist\u00f3rico de !a doctrina de !a gracia, en MS, IV1Z, 61 1-730; M, Flick &#8211; Z, Alszeghy Antropolog\u00ed\u00ada teol\u00f3gica, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1989, 527-549.<\/p>\n<p>PACOMIO, Luciano [et al.], Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico, Verbo Divino, Navarra, 1995<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico<\/b><\/p>\n<p>En la doctrina teol\u00f3gica del m. se plantea la cuesti\u00f3n de si el hombre, con sus -> actos morales, puede merecer ante Dios, especialmente cuando estos actos est\u00e1n conformados por la -> gracia. Aqu\u00ed\u00ad hay que preguntarse tambi\u00e9n hasta qu\u00e9 punto para las relaciones del hombre con Dios puede usarse este concepto tomado de las relaciones entre los hombres. Para evitar tergiversaciones sobre el uso de ese concepto en teolog\u00ed\u00ada, primero hay que esdarecer su significaci\u00f3n en el \u00e1mbito humano.<\/p>\n<p>1. Se entiende por m. la exigencia de una compensaci\u00f3n proporcionada por la realizaci\u00f3n de ciertas acciones personales. Las acciones que merecen una recompensa en s\u00ed\u00ad mismas pueden ser moralmente buenas o malas. Sin embargo, la expresi\u00f3n m. se reserva preferentemente para las acciones buenas. Estas pueden consistir en donaciones de cosas o de un trabajo, o bien en actos subjetivos intencionales. Seg\u00fan que la exigencia de recompensa por una buena acci\u00f3n se base en motivos de justicia o de equidad, se habla de m. de \u00abcondigno\u00bb o m. de \u00abcongruo\u00bb.<\/p>\n<p>En el m. de condigno el servicio realizado y la recompensa por \u00e9l son aproximadamente equivalentes. Propiamente aqu\u00ed\u00ad tiene su lugar el m\u00e9rito. Por el contrario, en el m. de congruo el servicio realizado y la recompensa por \u00e9l pueden ciertamente ponerse en relaci\u00f3n, pero la recompensa supera el valor del servicio. Seg\u00fan esto, del m. de congruo s\u00f3lo puede hablarse en analog\u00ed\u00ada con el m. de condigno. El criterio para la proporcionalidad entre acci\u00f3n y recompensa puede ser, ya una utilidad medible en un terreno cuantitativo y objetivo, ya el valor moral de la acci\u00f3n, el cual es de orden cualitativo y debe ponderarse subjetivamente. Una obra realizada en bien de otro, la cual es apta para favorecerle (meritum in actu primo), s\u00f3lo origina una deuda en el favorecido por la acci\u00f3n, y con ello un m. real (meritum in actu secundo) del agente, cuando el beneficiado no puede rechazar razonablemente el servicio prestado, por ser \u00e9ste necesario, o cuando lo acepta libremente.<\/p>\n<p>2. a) El empleo del concepto de m. en las relaciones del hombre con Dios es problem\u00e1tico, ya que el hombre jam\u00e1s est\u00e1 ante Dios como parte independiente y con igualdad de derechos, sino que es un ser creado, dotado de la -> gracia y redimido. El hombre tampoco puede merecer la primera gracia eficaz y la -> predestinaci\u00f3n completa. Dios da todo esto de forma plenamente libre, determinado s\u00f3lo por su amor que se comunica, el cual se fundamenta en \u00e9l mismo. En virtud de esos dones, que constituyen al hombre como tal y como dotado de gracia, \u00e9ste debe a Dios un servicio lo m\u00e1s perfecto posible, del cual \u00e9l se hace \u00abmerecedor\u00bb por el hecho de que toda obra buena parte de Dios y se consuma gracias a su acci\u00f3n (Sant 1, 17). Por consiguiente, todo lo bueno que hace el hombre es s\u00f3lo cumplimiento de su deber para con Dios. Pero Dios no necesita en modo alguno, para su propia perfecci\u00f3n, de los servicios de los hombres. Por tanto, tampoco tiene obligaci\u00f3n de recompensar al hombre por aquello que \u00e9ste le debe, pero que a \u00e9l personalmente no le trae ninguna ventaja. Concuerda con esto el que la Escritura considere la elecci\u00f3n de Israel como totalmente inmerecida (p. ej., Ex 20, 2; Dt 7, 7s; Jer 31, 36ss; Ez 16, 3ss) y vea toda recompensa como mera retribuci\u00f3n gratuita (p. ej., Is 49, 4; 61, 8; Mt 20, 1-16).<\/p>\n<p>En virtud de esta visi\u00f3n Pablo afirma que nadie puede salvarse por las obras de la ley (Rom 3, 9-20). Quienes intentan eso est\u00e1n bajo la maldici\u00f3n (G\u00e1l 3, 10); y en realidad la ley fue a\u00f1adida s\u00f3lo por las transgresiones (G\u00e1l 3, 19; cf. -> obras meritorias).<\/p>\n<p>Si, a pesar de todo, la teolog\u00ed\u00ada adopt\u00f3 el concepto de m., lo hizo primordialmente para esclarecer c\u00f3mo Jes\u00fas con sus acciones morales y especialmente con su -> sacrificio al \u00abservicio de la reconciliaci\u00f3n\u00bb satisfizo, debido a la dignidad de su persona divina, a Dios de igual a igual, satisfizo en sentido estricto por el pecado y la culpa de la humanidad, y concretamente en -> representaci\u00f3n de \u00e9sta; con lo cual \u00abmereci\u00f3\u00bb, estricta y definitivamente, una vez para siempre, la redenci\u00f3n de la humanidad.<\/p>\n<p>b) Partiendo de aqu\u00ed\u00ad y del supuesto de que el hablar de m\u00e9ritos del hombre ante Dios lleva a err\u00f3neas interpretaciones farisaicas (Dios debe la recompensa por los servicios prestados) y pelagianas (se puede merecer algo ante Dios por las propias fuerzas) de la acci\u00f3n humana, Lutero neg\u00f3 al hombre toda posibilidad de hacer m\u00e9ritos ante Dios. En contraposici\u00f3n a eso, Lutero est\u00e1 convencido de que el hombre es justificado de modo meramente externo por la gracia, en virtud de los m\u00e9ritos de Cristo. Esto significa que, seg\u00fan Lutero, al hombre ciertamente se le imputan los m\u00e9ritos de Cristo para su salvaci\u00f3n, pero \u00e9l mismo no puede realizar ninguna obra con trascendencia salv\u00ed\u00adfica. Esa idea de una justificaci\u00f3n meramente externa fue preparada por la doctrina del -> nominalismo, seg\u00fan la cual Dios en su independencia (de potestate absoluta) puede tambi\u00e9n aceptar las obras de los no justificados. Tal concepci\u00f3n de la justificaci\u00f3n est\u00e1 fundamentada en una doble convicci\u00f3n de Lutero; por un lado, la naturaleza humana est\u00e1 totalmente corrompida a causa del -> pecado original y de la -> concupiscencia, y la justificaci\u00f3n no la transforma; y por otro, el hablar de m\u00e9ritos del hombre ante Dios contradice a la fe de que solamente Dios, en su soberan\u00ed\u00ada absoluta, produce la salvaci\u00f3n. En correspondencia con esto, la justificaci\u00f3n consiste precisamente en el hecho de que se tenga firme confianza en que Dios no imputa a uno los pecados que proceden de su naturaleza corrompida, y en que le da la salvaci\u00f3n independientemente de los m\u00e9ritos propios.<\/p>\n<p>3. En contra de eso la doctrina cat\u00f3lica acerca de la -> justificaci\u00f3n acent\u00faa que el hombre es transformado interiormente por \u00e9sta. Y en virtud de tal transformaci\u00f3n producida por la gracia el hombre es puesto en situaci\u00f3n de hacer algo valioso ante Dios y, con ello, de reunir m\u00e9ritos. Por la participaci\u00f3n del hombre en el m. y la obra de Cristo como hijo en el Hijo, realiz\u00e1ndose la libertad humana, la gracia aceptada por el hombre se convierte en su \u00abm\u00e9rito\u00bb. Este contin\u00faa siendo totalmente gracia de Dios, merecida por Cristo en la cruz; pero, pasando a ser propiedad del hombre mediante el acto libre de fe y de justificaci\u00f3n, es reconocido por Dios como m. inherente al s\u00ed\u00ad de la gracia y de la libertad, y as\u00ed\u00ad \u00e9l lo retribuye gratuita y justamente por la participaci\u00f3n en el Cristo resucitado como hermano de los hombres.<\/p>\n<p>a) En este sentido hay que entender la definici\u00f3n de Trento donde se dice que el justificado puede merecer realmente (Dz 801 803 809 832 834 842), pues por la gracia santificante se ha hecho plenamente compa\u00f1ero de Dios. Teniendo en cuenta la historia del concilio es teol\u00f3gicamente seguro que en este m. verdadero se trata del m\u00e9rito de condigno (cf. tambi\u00e9n -> bayanismo).<\/p>\n<p>Es objeto de estos m\u00e9ritos el aumento de la gracia santificante (Dz 303 832 834) y con ello, simult\u00e1neamente, de las virtudes infusas (as\u00ed\u00ad, entre otros, Ripalda, K. Rahner), y de la gloria (Dz 809 842). Adem\u00e1s de la justificaci\u00f3n parece, contra la opini\u00f3n de muchos te\u00f3logos, que es condici\u00f3n para los m\u00e9ritos de condigno el que \u00e9stos se fundamenten en actos morales de importancia ( acto moral III 2). En correspondencia con eso, por pecados veniales pueden perderse s\u00f3lo las -> virtudes adquiridas, pero no las infusas. La cuesti\u00f3n, discutida por los te\u00f3logos, de si para el car\u00e1cter meritorio de los actos sobrenaturales adem\u00e1s de su \u00abelevaci\u00f3n\u00bb se requiere un motivo de fe, ha de recibir una respuesta negativa por cuanto los actos morales sobrenaturales han de tomar necesariamente posici\u00f3n ante la autocomunicaci\u00f3n de Dios (-> acto moral II 1); lo cual presupone necesariamente una conciencia directa e impl\u00ed\u00adcita del objeto de fe. Adem\u00e1s una motivaci\u00f3n refleja y expresa no es necesaria, porque la -> fe que fundamenta el m. consiste en el asentimiento directo al Dios que se manifiesta directamente.<\/p>\n<p>b) Puesto que en los actos sobrenaturalmente elevados de los no justificados la transformaci\u00f3n sobrenatural es esencialmente de menos valor y relativamente m\u00e1s perif\u00e9rica que en los justificados, los no justificados con sus actos sobrenaturales en principio s\u00f3lo pueden adquirir m\u00e9ritos de congruo (Dz 797 801). Asimismo pueden ser objeto de un m. de congruo solamente (cuya retribuci\u00f3n Dios no ha prometido) la gracia eficaz, a excepci\u00f3n de la primera gracia eficaz para uno mismo, la perseverancia final (Dz 806 826), la recuperaci\u00f3n de la justificaci\u00f3n perdida y la gracia para otros.<\/p>\n<p>c) Con actos meramente naturales, a causa de su desproporci\u00f3n total con el orden sobrenatural, el hombre no puede merecer en modo alguno la gracia sobrenatural ( -> naturaleza y gracia). Con ello se suscita la cuesti\u00f3n de si el hombre pone actos buenos que, sin embargo, no son meritorios porque no est\u00e1n elevados al orden sobrenatural. Esta cuesti\u00f3n recibe respuestas distintas entre los te\u00f3logos; nuestra opini\u00f3n es negativa ( -> acto moral VI).<\/p>\n<p>4. Esa doctrina de la Iglesia se apoya en abundantes datos de la Escritura. Seg\u00fan \u00e9sta se da un crecimiento, un progreso en la justicia, en la gracia, en la fe, en la caridad, una renovaci\u00f3n constante del hombre interior, etc. (Prov 4, 18; Lc 17, 5; 2 Cor 4, 15ss; 9, 8-11; 10, 15; Ef 4, 16; Flp 1, 9; 3, 12s; Col 1, 10; 1 Tes 4, 1; 2 Pe 3, 18; Ap 22, 11).<\/p>\n<p>La felicidad eterna es designada como premio (Sab 5, 6; Prov 11, 18; Is 40, 10; Mt 5, 12; 20, 1-8; 1 Cor 3, 8; Ap 22, 2), como retribuci\u00f3n (1 Cor 9, 24s; Flp 3, 14; 2 Tim 2, 3.5; 4, 7s; Sant 1, 12; Ap 2, 10) y como recompensa (Col 3, 23s; Heb 10, 35; 11, 6.26). Por las buenas obras el hombre es digno de la felicidad eterna (Sab 3, 5; Lc 20, 35; 2 Tes 1, 5; Ap 3, 4); Dios las retribuye como juez justo (2 Tim 4, 8; Heb  6, 10) y, concretamente, en proporci\u00f3n con los esfuerzos realizados (Mt 16, 27; Lc 19, 16ss; Rom 2, 6ss; 1 Cor 3, 8; 2 Cor 9, 6; Ap 22, 12). A la recompensa se contrapone el castigo por las malas acciones (Mt 25, 34-46; Jn 5, 29; Rom 2, 6ss; 2 Cor 5, 10; G\u00e1l 6, 8). Mt 6, 20 invita a acumular tesoros en el cielo.<\/p>\n<p>Estos datos de la Escritura fueron elaborados sistem\u00e1ticamente por los padres de la Iglesia, especialmente por los latinos, y m\u00e1s todav\u00ed\u00ada por los te\u00f3logos posteriores.<\/p>\n<p>5. Para enjuiciar correctamente esta doctrina de los m. del hombre hay que tener en cuenta, desde luego, hasta qu\u00e9 punto el hombre no puede merecer ante Dios (2a), y tambi\u00e9n hay que partir con Tom\u00e1s de Aquino (ST I-II q. 114 a. 1) de que, en comparaci\u00f3n con los m. divinos de Cristo, todos los m. de la criatura s\u00f3lo son tales de manera an\u00e1loga: non simpliciter, non de ratione iustitiae, sed secundum quid. El fundamento de la posibilidad que el hombre tiene de hacer m\u00e9ritos ante Dios es su semejanza con \u00e9l ( -> potencia obediencial) y su transformaci\u00f3n gratuita mediante la comunicaci\u00f3n de -> Dios mismo, las cuales, a trav\u00e9s de gradaciones an\u00e1logas, convierten al hombre en aut\u00e9ntico socio de Dios (aunque no con igual rango), no en virtud de una independencia frente a Dios, sino gracias a la vocaci\u00f3n que \u00e9l da a cada uno.<\/p>\n<p>a) Mediante esta doctrina se expresa que el hombre es creado por Dios y recibe su gracia de tal manera que puede realmente hacer algo valioso y meritorio. Es cierto que Dios, por crear y agraciar al hombre, no se enriquece internamente; pero \u00e9l de tal manera enriquece al hombre con sus dones, que \u00e9ste se convierte en una persona insustituible y en un socio de Dios, amado sobrenaturalmente por \u00e9l y dotado de su propio valor interno. Esto es directamente cognoscible para el hombre mismo. Eso significa que la doctrina del m\u00e9rito dice algo sobre el valor interno del hombre.<\/p>\n<p>b) La doctrina expuesta significa adem\u00e1s que el hombre, con la ayuda de Dios, puede perfeccionarse a s\u00ed\u00ad mismo. Ya su personalidad le capacita para trascender en su tiempo la existencia meramente sucesiva, y en consecuencia ahist\u00f3rica, de la naturaleza infrahumana; de tal manera que \u00e9l por sus actos personales abarca su pret\u00e9rito y su presente orient\u00e1ndolos hacia el futuro; sin duda hace eso en el momento, pero lo hace progresando intencionalmente y resumiendo as\u00ed\u00ad su historia. Seg\u00fan que se realice progresivamente en conformidad o en contradicci\u00f3n con su ser y su gracia, el hombre se consuma positiva o negativamente de cara a la -> salvaci\u00f3n definitiva. En correspondencia con. esto la doctrina del m. afirma que la vida de aqu\u00ed\u00ad debe ser vista como preparaci\u00f3n para la vida del m\u00e1s all\u00e1, en la que desemboca constantemente. Dicha doctrina incita a una orientaci\u00f3n teoc\u00e9ntrica del af\u00e1n de perfecci\u00f3n, e impide una falsa concepci\u00f3n fatalista de la gracia (-> quietismo).<\/p>\n<p>c) El peligro de esta doctrina estriba en que induce f\u00e1cilmente al farise\u00ed\u00adsmo y al -> pelagianismo, pues el concepto de m. se une muy f\u00e1cilmente con la idea de derechos que se pueden reclamar, y tambi\u00e9n sugiere f\u00e1cilmente la idea de una cierta independencia del hombre frente a Dios. Con ello la doctrina del m. puede favorecer a una tergiversaci\u00f3n fundamental de la religi\u00f3n. Y, adem\u00e1s, obscurece f\u00e1cilmente la conciencia del car\u00e1cter ambivalente en cuanto a su contenido que tienen los actos morales formalmente buenos (-> acto moral II 2), pues de. termina el valor meritorio de la acci\u00f3n moral s\u00f3lo por puntos de vista formales. Con ello induce a una unilateral \u00e9tica formalista, en perjuicio de una \u00e9tica basada en la propia responsabilidad y ponderaci\u00f3n, la cual ha de ser consciente de los efectos materialmente malos que incluso una acci\u00f3n moral formalmente buena puede tener. La opini\u00f3n de distintos te\u00f3logos, seg\u00fan la cual al acto externo debe atribu\u00ed\u00adrsele su propio car\u00e1cter meritorio, ha de rechazarse a causa de sus repercusiones ambivalentes desde el punto de vista material de la moral.<\/p>\n<p>Por ello la doctrina del m. ha de verse incondicionalmente en relaci\u00f3n con toda la doctrina sobre la creaci\u00f3n, la gracia y la moral; y en ese marco recibir\u00e1 el puesto subordinado que le corresponde.<\/p>\n<p>BIBLIOGRAF\u00ed\u008dA: Cf. bibl. -> Gracia, -> Obras meritorias, -> Justificaci\u00f3n. &#8211; A. Marmorstein, The Doctrine of Merits in Old Rabbinic Literature (Lo 1920); J. Riviere, M\u00e9rite: DThC X 574-785; G. Bertram, \u00e9pyov y simil. ThW 11631-653; E. Sj\u00f3berg, Gott und die S\u00fcnder im pal\u00e4stinensischen Judentum (St 1938); H. Preisker -E. W\u00fcrthwein, \u00c2\u00a1r aO6e y simil.: ThW IV 699-736; B. Reicke, The NT Conception of Reward (M6langes M. Goguel) (Neuchitel 1950) 195-206; Jedin 112 139-164 201-268; Auer II 58-111; G. Didier, Desint\u00e9ressement du chr\u00e9tien. La r\u00e9tribution dans la morale de St. Paul (P 1955); W. Pesch, Der Lohngedanke in der Lehre Jesu (Mn 1955); K. Koch, Gibt es ein Vergeltungsdogma im AT?: ZThK 52 (1955) 1-42; Rahner III 165-184 (Consuelo del tiempo); F. N\u00f3tscher, Die theologische Terminologie der Qumran-Texte (Bo 1956) 181 s; Rad I 261-271 368-385; H. Braun, Spatj\u00fcdischh\u00e4retischer und fr\u00fchchristlicher Radikalismus 1 (T 1957) 12 ss 27 ss, 11 (1957) 41 ss 53 ss; H. K\u00fcng, La justificaci\u00f3n seg\u00fan Karl Barth (Estela Ba 1967); J. Schmid, Der Lohngedanke im Judentum und in der Lehre Jesu: RNT I (41959) 287-294; G. Bornkamm, Der Lohngedanke im NT: Gesammelte Aufs\u00e4tze II (Mn 1959) 69-92; N. J. Hein &#8211; E. Lohse &#8211; G. Bornkamm &#8211; E. Schott: RGG3 VI 1261-1270; W. Dettloff, Die Entwicklung der Akzeptation- und Verdienstlehre von Duns Scotus bis Luther (Mr 1963); A. Forster, Gesetz und Evangelium bei G. Seripando (Pa 1963); M. Flick &#8211; Z. Alszeghy, El evangelio de la gracia (Sig Sal 1965); Eichrodt I5 155-162; V. Hamp &#8211; J. Schmid &#8211; A. Forster: LThK2 X 675-680; V. Hamp &#8211; J. Schmid- W. Fesch, Vergeltung: ibid 697-701; W. Molinski (dir.), Unwiderrufliche Verhei\u00dfung (Recklinghausen 1968).<\/p>\n<p>Waldemar Molinski<\/p>\n<p>K. Rahner (ed.),  Sacramentum Mundi. Enciclopedia Teol\u00cf\u0192gica, Herder, Barcelona 1972<\/p>\n<p><b>Fuente: Sacramentum Mundi Enciclopedia Teol\u00f3gica<\/b><\/p>\n<p>dokime (dokimhv, 1382), se traduce \u00abm\u00e9ritos\u00bb en Phi 2:22: Para un an\u00e1lisis de este t\u00e9rmino, v\u00e9ase PRUEBA en PROBAR, B, N\u00c2\u00ba 1.<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Vine Nuevo testamento<\/b><\/p>\n<p><p style=\"text-align: justify;\">Esta palabra no se encuentra en la Escritura, aunque las ideas sugeridas por ella afectan vitalmente la doctrina de la salvaci\u00f3n. En el tiempo de Cristo, el juda\u00edsmo hab\u00eda desarrollado un fuerte matiz legalista lo cual es atestiguado por el per\u00edodo intertestamentario (p. ej., <em>Tob\u00edas<\/em> 12:9) y se refleja en los encuentros de nuestro Se\u00f1or con los escribas. La iglesia en el per\u00edodo posapost\u00f3lico fue grandemente afectada tambi\u00e9n por esto porque la fe cristiana era tenida primeramente como una nueva ley que uno debe guardar para poder ganar la vida eterna.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Aun cuando Agust\u00edn magnific\u00f3 la gracia divina, mantuvo la posici\u00f3n de que la vida eterna viene como un resultado del m\u00e9rito. \u00c9l procur\u00f3 mantener esta ense\u00f1anza al afirmar que la gracia es esencial para capacitar a la persona de modo que pueda hacer estas buenas obras.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La posici\u00f3n est\u00e1ndar entre los escol\u00e1sticos era que la gracia bautismal no solamente absolv\u00eda de pecados previos, sino que produc\u00eda una condici\u00f3n en donde uno pod\u00eda ganar m\u00e9rito. Se hizo una distinci\u00f3n entre el m\u00e9rito congruente y el m\u00e9rito de condigno. El primero estaba conectado con la gracia general. Se miraba al hombre natural como poseyendo la virtud suficiente como para impulsarle hacia lo bueno, y por lo tanto, hacia Dios. As\u00ed, \u00e9l pod\u00eda merecer la segunda etapa, que se obten\u00eda por gracia especial, el m\u00e9rito de condigno. As\u00ed como el primero paviment\u00f3 el camino para la justificaci\u00f3n en el sentido cat\u00f3lico romano, el segundo lo hizo con la vida eterna.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Alejandro de Hales (1245) desarroll\u00f3 la doctrina del Tesoro de M\u00e9rito. Los sufrimientos de Cristo fueron m\u00e1s que suficientes para la salvaci\u00f3n del g\u00e9nero humano. Tambi\u00e9n las obras sacrificiales de muchos de los santos excedieron lo que ellos mismo necesitaban para entrar en el cielo. Esta abundancia de m\u00e9rito est\u00e1 as\u00ed disponible a las almas necesitadas y penitentes. Tom\u00e1s de Aquino respald\u00f3 la idea y la fortaleci\u00f3 al enfatizar la uni\u00f3n m\u00edstica que une a los miembros de la iglesia, los unos a los otros y a Cristo, la cabeza. Se ha apelado a Col. 1:24 como texto prueba para la doctrina, que \u00edntimamente estaba conectada con el sistema de indulgencias en la iglesia romana en contra de la cual se declar\u00f3 la Reforma.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La teolog\u00eda cat\u00f3lico-romana est\u00e1 intr\u00ednsecamente atada al concepto del m\u00e9rito. \u00abLas buenas obras son verdadera y apropiadamente meritorias, y no de una mera recompensa particular, sino de la vida eterna misma\u00bb (Belarmino).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los antecedentes b\u00edblicos sobre este tema son dif\u00edciles de sistematizar. Por una parte existe un reconocimiento en cuanto a que hacer lo bueno conduce finalmente a la vida (Ro. 2:6, 7; Hch. 10:35), aunque esto no es reconocido como m\u00e9rito. M\u00e1s bien, el deseo as\u00ed exhibido de agradar a Dios encuentra su plena realizaci\u00f3n en la garant\u00eda divina de traer a aquellos en los que hay esta evidencia al conocimiento salv\u00edfico del evangelio. Evidentemente la ense\u00f1anza de Pablo es clara en el sentido de que ninguna supuesta obra meritoria ni la acumulaci\u00f3n de obras legales pueden proporcionar la justicia delante de Dios.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">V\u00e9ase tambi\u00e9n <em>Indulgencia<\/em><em>, <\/em><em>Supererogaci\u00f3n<\/em><em>, <\/em><em>Buenas Obras<\/em>.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">BIBLIOGRAF\u00cdA<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em><a href=\"#_ftn1\" name=\"_ftnref1\">CE<\/a><\/em>; Harnack, <em>History of Dogma, passim<\/em>; R.S. Franks en <em><a href=\"#_ftn2\" name=\"_ftnref2\">HERE<\/a><\/em>; Pohle-Preuss, <em>Grace Actual and Habitual<\/em>, pp. 423\u2013436.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Everett F. Harrison<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftn3\" name=\"_ftnref3\"><\/a><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftnref1\" name=\"_ftn1\"><em>CE <\/em><\/a><em>Catholic Encyclopaedia<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftnref2\" name=\"_ftn2\"><em>HERE <\/em><\/a><em>Hastings\u2019 Encyclopaedia of Religion and Ethics<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftnref3\" name=\"_ftn3\"><\/a>Harrison, E. F., Bromiley, G. W., &amp; Henry, C. F. H. (2006). <em>Diccionario de Teologi\u0301a<\/em> (386). Grand Rapids, MI: Libros Desafi\u0301o.<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Teolog\u00eda<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Luk 6:32 \u00bfqu\u00e9 m ten\u00e9is? .. los pecadores aman a Phi 2:22 ya conoc\u00e9is los m de \u00e9l, que como hijo [246] Aquello que se merece ante Dios por la misma naturaleza de los actos o en virtud de la promesa hecha por el Se\u00f1or. (Ver Justificaci\u00f3n 8; Redenci\u00f3n 1. 4.1; Sant\u00ed\u00adsima, Mar\u00ed\u00ada. 2.4) Pedro &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/merito\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abMERITO\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-12378","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/12378","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=12378"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/12378\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=12378"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=12378"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=12378"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}