{"id":12384,"date":"2016-02-05T08:27:24","date_gmt":"2016-02-05T13:27:24","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/mistica\/"},"modified":"2016-02-05T08:27:24","modified_gmt":"2016-02-05T13:27:24","slug":"mistica","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/mistica\/","title":{"rendered":"MISTICA"},"content":{"rendered":"<p>[210]<br \/>\n  Parte de la teolog\u00ed\u00ada que estudia las comunicaciones divinas de Dios a las almas piadosas y las respuestas aconsejables ante los diversos dones con que Dios obsequia a los que se siguen en intimidad y en sus designios recompensa con singularidad.<\/p>\n<p>    La m\u00ed\u00adstica puede denominarse \u00abTeolog\u00ed\u00ada m\u00ed\u00adstica\u00bb, pero el uso ha simplificado el concepto de ese arte, ciencia o pr\u00e1ctica pastoral en la sola palabra de M\u00ed\u00adstica.<\/p>\n<p>    Como ciencia o arte pastoral, reclama ciertas condiciones, ya que los hechos divinos no pueden someterse a normas emp\u00ed\u00adricas ni todos los agraciados con dones experimentan las mismas realidades o siguen los mismos procesos.<\/p>\n<p>     Por eso la m\u00ed\u00adstica supone cierta singularidad en los planteamientos, acogida de todo lo que se discierne como procedente de Dios, respeto al misterio de cada alma y sincera reflexi\u00f3n sobre ellos para no dejarse desorientar por espejismo, por ilusiones o por desviaciones afectivas sin garant\u00ed\u00ada espiritual.<\/p>\n<p>Pedro Chico Gonz\u00e1lez, Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00ed\u00ada Religiosa, Editorial Bru\u00f1o, Lima, Per\u00fa 2006<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00eda Religiosa<\/b><\/p>\n<p>(v. contemplaci\u00f3n)<\/p>\n<p>(ESQUERDA BIFET, Juan, Diccionario de la Evangelizaci\u00f3n,  BAC, Madrid, 1998)<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Evangelizaci\u00f3n<\/b><\/p>\n<p>SUMARIO: I. Elementos comunes de la experiencia m\u00ed\u00adstica: 1. Ruptura de la conciencia ordinaria; 2. Experiencia del n\u00facleo; 3. Presencia de algo absolutamente nuevo; 4. Presencia inmediata; 5. Presencia gratuita; 6. Presencia subyugante; 7. Experiencia y expresi\u00f3n parad\u00f3jica.-II. Religiones m\u00ed\u00adsticas y prof\u00e9ticas: 1. Religiones m\u00ed\u00adsticas; 2. Religiones prof\u00e9ticas; 3. El cristianismo, religi\u00f3n m\u00ed\u00adstico-prof\u00e9tica.-III. M\u00ed\u00adstica y misterio del Dios cristiano: 1. Unidad originaria de m\u00ed\u00adstica y misterio cristiano; 2. Divorcio entre m\u00ed\u00adstica y misterio; 3. La m\u00ed\u00adstica cristiana como experiencia ontol\u00f3gica y psicol\u00f3gica del misterio trinitario.-IV. La \u00abgran\u00bb m\u00ed\u00adstica o: la contemplaci\u00f3n infusa de la Trinidad: 1. Dos formas de m\u00ed\u00adstica trinitaria: a. La m\u00ed\u00adstica renano-flamenca, b. La m\u00ed\u00adstica de san Juan de la Cruz.-V. La \u00abpeque\u00f1a m\u00ed\u00adstica\u00bb o: el despliegue de la presencia trinitaria en la praxis cristiana.<\/p>\n<p>La palabra mystik\u00f3s se deriva del verbo myo, que significa cerrar, y especialmente cerrar los ojos. Su uso precristiano guarda relaci\u00f3n con las celebraciones rituales de las religiones mist\u00e9ricas, ceremonias secretas de iniciaci\u00f3n cerradas a los no iniciados, y en las que el mystes recib\u00ed\u00ada una ense\u00f1anza que no pod\u00ed\u00ada comunicar a nadie. As\u00ed\u00ad, pues, en su origen el t\u00e9rmino mystik\u00f3s lleva consigo la idea de una realidad secreta y accesible s\u00f3lo a una minor\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>Tanto en el paganismo como en la propia Iglesia cristiana hasta el siglo XVII el t\u00e9rmino m\u00ed\u00adstico fue s\u00f3lo un adjetivo que cualificaba a un sustantivo. En el siglo XVII aparecer\u00e1 por primera vez en la espiritualidad occidental el sustantivo m\u00ed\u00adstica, y con esta expresi\u00f3n se se\u00f1alar\u00e1 directamente una determinada experiencia interior cuyos caracteres se\u00f1alaremos enseguida. Desde entonces hasta nuestros d\u00ed\u00adas este aspecto experiencia) subjetivo o psicol\u00f3gico estar\u00e1 en primer plano al hablar de m\u00ed\u00adstica.<\/p>\n<p>I. Elementos comunes de la experiencia m\u00ed\u00adstica<br \/>\nComo experiencia o fen\u00f3meno de conciencia la m\u00ed\u00adstica es para K. Rahner \u00abel encuentro interior unitivo de un hombre con la infinitud divina que fundamenta tanto a \u00e9l como a todo ser\u00bb. Es una definici\u00f3n aplicable a toda m\u00ed\u00adstica, sea natural, te\u00ed\u00adsta o espec\u00ed\u00adficamente cristiana.<\/p>\n<p>Antes de hablar expresamente de esta \u00faltima se\u00f1alemos los elementos comunes a toda experiencia m\u00ed\u00adstica.<\/p>\n<p>1. RUPTURA DE LA CONCIENCIA ORDINARIA. La conciencia o conocimiento ordinario (aunque sea del objeto de la fe) es una conciencia emp\u00ed\u00adrica que a) se mueve en el mundo de los fen\u00f3menos; b) funciona dentro del esquema sujeto-objeto; c) equivale a la conciencia del \u00abyo\u00bb emp\u00ed\u00adrico como centro de gravedad y sujeto del conocimiento y de la acci\u00f3n.<\/p>\n<p>La experiencia m\u00ed\u00adstica lleva consigo la ruptura (y no s\u00f3lo la profundizaci\u00f3n) de esa conciencia: la experiencia m\u00ed\u00adstica sucede en medio de una situaci\u00f3n de \u00e9xtasis de la raz\u00f3n en el que la mente transciende su estado habitual y, por lo mismo, supera la dualidad sujeto-objeto; la raz\u00f3n, sin negarse a s\u00ed\u00ad misma y, por tanto, sin abandonar al hombre a una pura emocionalidad irracional, transciende la condici\u00f3n normal de la racionalidad finita, se une a su fondo infinito y es embargada, subyugada, invadida y conmocionada por el misterio de la Realidad.<\/p>\n<p>2. EXPERIENCIA DEL N\u00daCLEO. La ruptura de la conciencia ordinaria y el consiguiente \u00e9xtasis de la raz\u00f3n lleva consigo la aparici\u00f3n de una nueva conciencia: la intuitiva, en la que el hombre no s\u00f3lo experimenta el n\u00facleo o el alma de la Realidad, sino que se experimenta uno con \u00e9l. Y desde esta experiencia del n\u00facleo le es posible hacer de su vida y de su mundo un Todo lleno de sentido.<\/p>\n<p>3. PRESENCIA DE ALGO ABSOLUTAMENTE NUEVO. Esa ruptura de conciencia-experiencia del n\u00facleo equivale bajo el aspecto objetivo a \u00abla experiencia, de forma avasalladora, irresistible e incontestable, de la presencia de Algo o Alguien que le sobrepasa y desborda y que es m\u00e1s real que todo lo que se considera normalmente como realidad. El mundo en que vivimos y que nos parece tan real y s\u00f3lido, se convierte para el m\u00ed\u00adstico en un bastidor transparente, porque en \u00e9l se anuncia otra realidad definitiva\u00bb.<\/p>\n<p>No es propiamente la presencia de una realidad u objeto a\u00f1adido a las realidades u objetos ya conocidos, sino lo que podr\u00ed\u00adamos llamar la dimensi\u00f3n profunda de esas mismas realidades u objetps. Por llamarlo de alguna manera podr\u00ed\u00adamos llamarla el \u00abmisterio\u00bb, el \u00abmilagro\u00bb o el \u00ab\u00e9xtasis\u00bb de la realidad. Y es una experiencia de tal categor\u00ed\u00ada cognoscitiva y cualitativa que resulta inexpresable, inefable; el m\u00ed\u00adstico choca con el lenguaje.<\/p>\n<p>4. PRESENCIA INMEDIATA. La presencia de esa realidad, o m\u00e1s bien, de esa dimensi\u00f3n profunda de la realidad es inmediata: sin medio, sin imagen, sin representaciones, sin conceptos. La pared normalmente inevitable de intermediarios entre el hombre y la realidad (Ideas, afectos, razonamientos, etc.) se derrumba, y el m\u00ed\u00adstico percibe esa presencia con una certeza que s\u00f3lo tiene paralelo en la percepci\u00f3n sensible; el m\u00ed\u00adstico llega a un contacto directo con lo invisible, y el Otro o lo Otro es para \u00e9l una realidad incuestionable.<\/p>\n<p>5. PRESENCIA GRATUITA. En todas m\u00ed\u00adsticas se niega la relaci\u00f3n de causa-efecto entre la preparaci\u00f3n del hombre y la experiencia m\u00ed\u00adstica. En todas se afirma el car\u00e1cter de regalo que \u00e9sta tiene. Puede suceder imprevistamente o en la m\u00e1s grande sequedad y angustia (caso frecuente); normalmente es el final de un largo y paciente camino, la corona de un continuo af\u00e1n y, si cabe, una recompensa o premio de un ejercicio continuado, pero nunca el precio o el fruto del mismo.<\/p>\n<p>6. PRESENCIA SUBYUGANTE. Como consecuencia de lo dicho en el punto anterior, la mejor preparaci\u00f3n para la experiencia m\u00ed\u00adstica es la nada f\u00e1cil actitud de receptividad, que es el silencio humilde y abierto de la raz\u00f3n y la voluntad ordinarias en los que predomina, si no ejerce la exclusiva, el yo activo emp\u00ed\u00adrico. A medida que, en paciente ejercicio, la receptividad va ganando terreno, va despert\u00e1ndose la actividad propia del centro del ser, ante la cual el hombre s\u00f3lo puede estar abierto y receptivo. Cuando \u00e9ste se ha convertido en pura receptividad, todo puede suceder (pero siempre de forma gratuita, como un puro don). Lo que puede suceder es que el hombre se siente invadido por el Ser o el Todo, vive el Todo y se vive en el Todo, deja de sentirse realidad individual separada y por lo mismo egoc\u00e9ntrica, y es arrebatado por la fuerza del Ser que ahora se le releva como poder ilimitado, \u00ed\u00admpetu irresistible, realidad numinosa, amorosa y santa, como lo fascinosum et tremendum, seg\u00fan la conocida expresi\u00f3n de R. Otto.<\/p>\n<p>Todo cambia entonces: el hombre siente una Realidad que habla sin palabras a su \u00ed\u00adntima esencia, de sustancia a sustancia (san Juan de la Cruz), que le \u00abtoca\u00bb en la profundidad, le hace \u00abcautivo\u00bb y le transforma. Nada hay en esa experiencia que se parezca a una contemplaci\u00f3n neutra de algo que no afecta a la propia existencia o no lo hace cambiar, nada tampoco que se parezca a un contemplarse a s\u00ed\u00ad mismo o a una evasi\u00f3n de la responsabilidad en el mundo. En ella se vive el total olvido de uno mismo, los propios problemas se hacen insignificantes y se experimenta una liberaci\u00f3n de todo lastre personal y una entrega espont\u00e1nea al amor en todas sus manifestaciones.<\/p>\n<p>7. EXPERIENCIA Y EXPRESI\u00ed\u201cN PARAD\u00ed\u201cJICA. En la experiencia m\u00ed\u00adstica, que obra de forma inmediata en el ser del m\u00ed\u00adstico, aparece un mundo inexpresable en el lenguaje con que se traduce la experiencia ordinaria o el conocimiento racional-l\u00f3gico de la realidad. La inefabilidad de la experiencia, la imposibilidad de traducirla ling\u00fc\u00ed\u00adsticamente, y a la vez la necesidad y deber de comunicarla, obliga al m\u00ed\u00adstico a crear un lenguaje nuevo mediante la paradoja en la que, a la ruptura de la mente l\u00f3gica, corresponde la ruptura del lenguaje l\u00f3gico. Expres\u00e1ndose a base de la relaci\u00f3n dial\u00e9ctica de conceptos contrapuestos aplicados a la misma cosa, el m\u00ed\u00adstico, m\u00e1s a\u00fan que decir su experiencia dice la inefabilidad de \u00e9sta, abriendo as\u00ed\u00ad al lector a una actitud igulamente m\u00ed\u00adstica y de admiraci\u00f3n ante lo inexpresable.<\/p>\n<p>II. Religiones m\u00ed\u00adsticas y prof\u00e9ticas<br \/>\n1. RELIGIONES M\u00ed\u008dSTICAS. Las religiones m\u00ed\u00adsticas se caracterizan por una concepci\u00f3n de Dios o de lo divino como fundamento interior, infinito e impersonal del hombre y del mundo y consiguientemente, por una concepci\u00f3n de \u00e9stos como pura manifestaci\u00f3n o epifan\u00ed\u00ada de lo divino. La \u00abrevelaci\u00f3n> equivale a una \u00abpalabra interior\u00bb que hace consciente lo que normalmente permanece inconsciente e ignorado en el hombre: el fondo o fundamento interior de sus ser, es decir, su unidad e identidad con lo divino; revelaci\u00f3n que va normalmente acompa\u00f1ada de la del fundamento del universo mismo, igualmente uno e id\u00e9ntico con lo divino.<\/p>\n<p>Las religiones m\u00ed\u00adsticas se caracterizan igualmente por la preeminencia dada al elemento \u00abes\u00bb como definici\u00f3r de lo divino frente al \u00e9tico \u00abdebe ser\u00bb Lo \u00e9tico o moral es s\u00f3lo una preparaci\u00f3n o medio para la experiencia m\u00ed\u00adstica de unidad con lo divino, pero queda superado en \u00e9sta; es tambi\u00e9n un criterio de autenticidad de dicha experiencia, pero nunca elemento o lugar esencial de la misma; en una palabra, es un elemento que precede o sigue a la experiencia m\u00ed\u00adstica, pero no es ella misma, considerada de calidad superior a la experiencia \u00e9tica.<\/p>\n<p>Las religiones m\u00ed\u00adsticas no conceder ning\u00fan significado a la historia como tal, y menos a\u00fan como medio de revelaci\u00f3n; se considera como s\u00ed\u00admbolo de la realidad divina arquet\u00ed\u00adpica hacia la que apunta y hacia la que hay que ir traspas\u00e1ndole.<\/p>\n<p>2. RELIGIONES PROFETICAS. Las religiones prof\u00e9ticas, que corresponden a las tres grandes religiones monote\u00ed\u00adstas, juda\u00ed\u00adsmo, islamismo y cristianismo, se caracterizan por su concepci\u00f3n de Dios como voluntad, persona y poder persolnal que se revela libremente en la historia y la transciende.<\/p>\n<p>Las religiones prof\u00e9ticas acent\u00faan el elemento \u00e9tico de la persona divina: la experiencia de la santidad de Dios no es s\u00f3lo la experiencia de la presencia del poder fascinosum et tremendum del Ser, sino tambi\u00e9n la experiencia de su perfecci\u00f3n y de sus exigencias \u00e9ticas (\u00abSed perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto\u00bb, Mt 5, 48). En la revelati\u00f3n neotestamentaria el elemento \u00e9tico hallar\u00e1 su expresi\u00f3n suprema en la definici\u00f3n de Dios como \u00abAmor\u00bb. A diferencia de las religiones m\u00ed\u00adsticas (como el hinduismo y el budismo), para las que \u00abla \u00faltima realidad\u00bb es Pura Identidad, Puro Ser-Conciencia, en la revelaci\u00f3n neotestamentaria la \u00ab\u00daltima Realidad\u00bb (Dios en lenguaje religioso) es Amor, pura relaci\u00f3n amorosa a otro; y esta relaci\u00f3n es su ser: Dios es el Absoluto relacional (Trinidad).<\/p>\n<p>Las religiones prof\u00e9ticas son eminentemente hist\u00f3ricas: la revelaci\u00f3n de Dios no  es la iluminaci\u00f3n de la profundidad del hombre o del mundo, ni surge en la intimidad del hombre individual, sino que es la autocomunicaci\u00f3n del Dios personal, transcendente al propio fondo del alma y del mundo, hecha a la historia y a trav\u00e9s de los sucesos y personajes hist\u00f3ricos; para el cristianismo tiene su culminaci\u00f3n en el personaje hist\u00f3rico Jes\u00fas. La historia tiene un sentido divino y no es, por lo mismo, s\u00ed\u00admbolo de una realidad divina arquet\u00ed\u00adpica, sino realizaci\u00f3n de la voluntad salvadora de Dios. La revelaci\u00f3n divina se produce en todo lo que acontece, y la religi\u00f3n se presenta como el testimonio prof\u00e9tico de la voluntad de Dios en los acontecimientos.<\/p>\n<p>3. EL CRISTIANISMO, RELIGI\u00ed\u201cN M\u00ed\u008dSTICO-PROFETICA. Despu\u00e9s de lo dicho hay que negar que el cristianismo sea una religi\u00f3n m\u00ed\u00adstica. Puede admitirse con Friedrich Heiler que la \u00abm\u00ed\u00adstica\u00bb es la nota espec\u00ed\u00adfica de las religiones no cristianas, mientras que en el cristianismo domina el principio \u00abprofec\u00ed\u00ada\u00bb. Otra cuesti\u00f3n es si el cristianismo tiene algo que ver con la experiencia m\u00ed\u00adstica, o m\u00e1s claramente: si \u00e9sta es incluso compatible con la experiencia cristiana como tal.<\/p>\n<p>En el seno de la Iglesia protestante nunca ha existido entusiasmo por la m\u00ed\u00adstica, muy en consonancia con el principio protestante de la radical perturbaci\u00f3n interna del hombre y de la justificaci\u00f3n por la fe. La teolog\u00ed\u00ada dial\u00e9ctica ha considerado la m\u00ed\u00adstica incluso como opuesta a la esencia misma de la revelaci\u00f3n b\u00ed\u00adblico-cristiana. Valga como muestra esta frase de Emil Brunner: \u00abLa m\u00ed\u00adstica es la m\u00e1s fina y sublime forma de divinizaci\u00f3n de la criatura, la m\u00e1s fina y sublime forma de paganismo&#8230; La m\u00ed\u00adstica es una ileg\u00ed\u00adtima transgresi\u00f3n de fronteras. Traspasa la frontera entre criatura y creador, entre tiempo y eternidad, entre el yo y el T\u00fa, entre Dios y el alma&#8230; La tendencia m\u00e1s profunda de la m\u00ed\u00adstica es la autodivinizaci\u00f3n\u00bb. No han faltado incluso te\u00f3logos cat\u00f3licos que han compartido la misma doctrina y han lamentado, juntamente con aqu\u00e9llos, la tr\u00e1gica adulteraci\u00f3n de la fe y espiritualidad cristiana provocada por la aparici\u00f3n, con el Pseudo-Dionisio, de la \u00abm\u00ed\u00adstica\u00bb en la Iglesia.<\/p>\n<p>Pero el protestante Paul Tillich ha recordado a la Reforma y a sus compa\u00f1eros te\u00f3logos que han visto en el misticismo tan s\u00f3lo una v\u00ed\u00ada de autosalvaci\u00f3n, que \u00ablo m\u00ed\u00adstico (en cuanto presencia de lo divino en la experiencia) constituye el coraz\u00f3n de toda religi\u00f3n. Una religi\u00f3n que no pueda decir \u00abel mismo Dios est\u00e1 aqu\u00ed\u00ad presente\u00bb, se convierte en un sistema de reglas morales o doctrinales que no son religiosas, aunque puedan dimanar de unas fuentes originariamente reveladoras. El misticismo, o la \u00abpresencia sensible de Dios\u00bb, es una categor\u00ed\u00ada esencial en la naturaleza de toda religi\u00f3n y nada tiene que ver con la autosalvaci\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p>Por otra parte, la propia Biblia est\u00e1 llena de experiencias de Dios que de ninguna forma pueden caracterizarse como \u00abpuramente prof\u00e9ticas\u00bb frente a las \u00abm\u00ed\u00adsticas\u00bb. As\u00ed\u00ad la visi\u00f3n de Isa\u00ed\u00adas en el templo, la de El\u00ed\u00adas en el Horeb, las de Ezequiel, Daniel, el Apocalipsis, Pablo, y las experiencias del propio Jes\u00fas.<\/p>\n<p>La m\u00ed\u00adstica, mediante la uni\u00f3n ext\u00e1tica del hombre con Dios, es la \u00fanica v\u00ed\u00ada para superar el esquema objetivante que convierte a Dios en un objeto frente al sujeto hombre; y recuerda a la teolog\u00ed\u00ada que, precediendo Dios a la estructura mental sujetoobjeto, debe incluir en su discurso acerca de Dios el reconocimiento expl\u00ed\u00adcito de que no puede hacer de Dios un objeto. En relaci\u00f3n con la religi\u00f3n y la teolog\u00ed\u00ada cristiana la m\u00ed\u00adstica ha tenido, tiene y tendr\u00e1 una \u00abfunci\u00f3n permanente: subrayar vigorosamente el car\u00e1cter abismal del fondo del ser y rechazar la identificaci\u00f3n demon\u00ed\u00adaca de todo lo que es finito con lo que transciende a todo lo finito. Ella esla que preserva el car\u00e1cter numinoso, tremendum et fascinosum, de Dios, la que salvaguarda la santidad de Dios, que no es una cualidad o atributo particular del mismo, sino la que cualifica a lo divino como verdaderamente divino, es decir, como abismo y fondo del ser, inaccesible al esquema cognoscitivo y a la relaci\u00f3n personal objetivante.<\/p>\n<p>Si tal es el papel insustituible de la m\u00ed\u00adstica, su evidente peligro es, en cambio, eliminar las mediaciones del Absoluto o considerarlas preliminares y provisorias en su camino hacia el infinito, hacer irrelevante la revelaci\u00f3n para la situaci\u00f3n humana concreta, negar el valor irrepetible de la existencia humana en el espacio y el tiempo y abolir el valor de la historia para la salvaci\u00f3n o realizaci\u00f3n del hombre. Estos peligros quedan superados en el profetismo, que, al tiempo que lucha, como la m\u00ed\u00adstica, contra la demonizaci\u00f3n de lo finito, no lo deval\u00faa ni se eleva por encima de \u00e9l para alcanzar la realidad divina, sino que somete las necesarias mediaciones finitas (expresi\u00f3n concreta de la revelaci\u00f3n de Dios y por tanto base de toda religi\u00f3n) al juicio de lo que deber\u00ed\u00ada ser porque es ley divina. Enfatiza as\u00ed\u00ad el profetismo el elemento \u00e9tico de lo divino, es decir, de lo santo, y en \u00e9l se da la s\u00ed\u00adntesis equilibrada de m\u00ed\u00adstica y profec\u00ed\u00ada, puesto que en el profeta se junta la experiencia del fascinosum et tremendum con los elementos \u00e9ticos, sociales y pol\u00ed\u00adticos. \u00abIncluso en el mayor \u00e9xtasis, un profeta no olvida el grupo social al que pertenece, ni el car\u00e1cter impuro de ese pueblo que \u00e9l no puede rehuir. Por consiguiente, el \u00e9xtasis prof\u00e9tico, al contrario del \u00e9xtasis m\u00ed\u00adstico, jam\u00e1s es una finalidad en s\u00ed\u00admismo, sino m\u00e1s bien el medio de recibir mandamientos divinos que han de predicarse al pueblo\u00bb.<\/p>\n<p>Jes\u00fas, suprema mediaci\u00f3n hist\u00f3rica de Dios, es tambi\u00e9n la suprema s\u00ed\u00adntesis de m\u00ed\u00adstica y profec\u00ed\u00ada. Mientras en el juda\u00ed\u00adsmo llegaron a separarse el poder soberano y transcendente de Dios y su presencia inmanente, en Jes\u00fas ambos aspectos forman una unidad original y desconocida en Israel. En ning\u00fan sitio se afirma con tan r\u00ed\u00adgida \u00e9tica la perfecci\u00f3n de Dios y en ning\u00fan sitio se siente m\u00e1s vivamente su presencia (Nathan S\u00f3derblom). La experiencia m\u00ed\u00adstico-prof\u00e9tica que Jes\u00fas tiene de Dios es tambi\u00e9n la experiencia que el hombre puede tener de Dios en Jes\u00fas.<\/p>\n<p>III. M\u00ed\u00adstica y misterio del Dios cristiano<br \/>\nEl \u00abmisterio\u00bb de la Realidad, al que se abre el m\u00ed\u00adstico y que se abre al m\u00ed\u00adstico, es en la revelaci\u00f3n veterotestamentaria el misterio del \u00abDios vivo\u00bb de Abrah\u00e1n, Isaac y Jacob, celosamente preservado por el profetismo israelita de todo polite\u00ed\u00adsmo id\u00f3latra y de todo pante\u00ed\u00adsmo m\u00ed\u00adstico. Frente al primero, que diviniza lo concreto y particular, el monote\u00ed\u00adsmo prof\u00e9tico de Israel recalca el \u00abyo soy el que soy\u00bb del Sina\u00ed\u00ad y el \u00absanto, santo, santo\u00bb de la visi\u00f3n de Isa\u00ed\u00adas, el Dios que transciende lo creado, particular e hist\u00f3rico; y frente al segundo, que disuelve lo creado, particular e hist\u00f3rico (considerado en cuanto tal como ilusi\u00f3n) en el infinito y universal fondo del ser y termina, por tanto, tambi\u00e9n diviniz\u00e1ndolo, acent\u00faa sucar\u00e1cter de Dios vivo y concreto. Transcendente e inmanente, ser universal y ser vivo y concreto son los dos elementos dial\u00e9cticos de igual importancia que crean una armonizadora tensi\u00f3n entre forma absoluta y dinamismo en la vida intradivina m\u00e1s all\u00e1 de toda polaridad finita.<\/p>\n<p>Y este monote\u00ed\u00adsmo prof\u00e9tico, espec\u00ed\u00adfico de Israel, termina revel\u00e1ndose como monote\u00ed\u00adsmo trinitario (que no es m\u00e1s que la explicitaci\u00f3n del veterotestamentario \u00abDios vivo\u00bb), en el que se unifican la ultimidad y lo concreto, lo universal y lo individual, el Ser-Mismo y su manifestaci\u00f3n en la persona hist\u00f3rica, individual, de \u00abJes\u00fas como el Cristo\u00bb. El punto en que emerge la teolog\u00ed\u00ada cristiana es \u00abel punto que se ha descrito como \u00abel Logos se hizo carne\u00bb. La doctrina del Logos como doctrina de la identidad de lo absolutamente concreto y de lo absolutamente universal no es una doctrina teol\u00f3gica m\u00e1s, sino el \u00fanico fundamento posible de una teolog\u00ed\u00ada cristiana que pretenda ser la teolog\u00ed\u00ada\u00bb.<\/p>\n<p>1. UNIDAD ORIGINARIA DE M\u00ed\u008dSTICA Y MISTERIO CRISTIANO. En la Sda. Escritura no hallamos el adjetivo \u00abmystik\u00f3s\u00bb ni, por supuesto, el sustantivo \u00abm\u00ed\u00adstica\u00bb. S\u00ed\u00ad hallamos, en cambio, ya en el AT la palabra \u00abmysterion\u00bb (de la misma ra\u00ed\u00adz que \u00abmystik\u00f3s\u00bb) que, si sirve unas veces para indicar simplemente un secreto humano que no puede descubrirse, en la literatura apocal\u00ed\u00adptica (por primera vez en Daniel) tendr\u00e1 ya un sentido \u00abescatol\u00f3gico\u00bb, es decir, servir\u00e1 para referirse a sucesos futuros dispuestos por Dios que permanecen ocultos y s\u00f3lo pueden ser revelados o interpretados por El y por aquellos a quienes El concede este don.<\/p>\n<p>En el NT va a ser san Pablo el que use el t\u00e9rmino \u00abmysterion\u00bb para significar el plan de salvaci\u00f3n de Dios Padre escondido desde los siglos, realizado y revelado en el acontecimiento de la cruz-resurrecci\u00f3n del Hijo y conocido y vivido s\u00f3lo por la fuerza del Esp\u00ed\u00adritu vivificante. Es, pues, el \u00abmysterion\u00bb esencialmente trinitario y al mismo tiempo cristoc\u00e9ntrico, que Pablo presenta como la sabidur\u00ed\u00ada misteriosa de Dios frente a la sabidur\u00ed\u00ada griega y jud\u00ed\u00ada. En el acontecimiento trinitario -cristoc\u00e9ntrico de la cruz- resurrecci\u00f3n se revela el propio misterio del Dios trino como amor, el misterio del hombre por su inserci\u00f3n como hijo en el Hijo y hasta el misterio del universo recapitulado en el acontecimiento de Cristo.<\/p>\n<p>En la \u00e9poca patr\u00ed\u00adstica encontramos con mucha frecuencia el adjetivo \u00abmystik\u00f3s\u00bb, siempre referido al \u00abmysterion\u00bb paulino, lo mismo que en el paganismo se hab\u00ed\u00ada referido a los \u00abmisterios\u00bb; pero mientras en \u00e9ste indicaba solamente el car\u00e1cter secreto del rito en su figura externa, en el cristianismo designa por primera vez una doctrina o una experiencia religiosa.<\/p>\n<p>L. Bouyer habla de tres sentidos del t\u00e9rmino \u00abmystik\u00f3s\u00bb en la \u00e9poca patr\u00ed\u00adstica: el b\u00ed\u00adblico, el lit\u00fargico y el espiritual; tres sentidos de fronteras corridas, que forman objetivamente una unidad y que s\u00f3lo se refieren a una modalidad distinta del acercamiento al \u00abmysterion\u00bb, pero de forma que el b\u00ed\u00adblico, cronol\u00f3gicamente el primero, se contin\u00faa en el lit\u00fargico, y de ambos nace el espiritual. En los tres casos \u00abmystik\u00f3s\u00bbalude a una dimensi\u00f3n velada y profunda.<\/p>\n<p>Sentido b\u00ed\u00adblico: \u00abm\u00ed\u00adstico\u00bb es el contenido y significado profundo y aut\u00e9ntico de la entera Sda. Escritura le\u00ed\u00adda desde el NT: la realidad divina de Cristo. La ex\u00e9gesis alejandrina (Or\u00ed\u00adgenes) insisti\u00f3 especialmente en este sentido m\u00ed\u00adstico, tambi\u00e9n llamado espiritual o pneum\u00e1tico, de la Sda. Escritura, m\u00e1s all\u00e1 del literal (hist\u00f3rico) y ps\u00ed\u00adquico (moral), y escondido a la generalidad de las personas.<\/p>\n<p>Sentido lit\u00fargico: \u00abm\u00ed\u00adstico\u00bb designa la realidad sacramental, especialmente la eucar\u00ed\u00adstica, en su nivel profundo -el mismo Cristo- m\u00e1s all\u00e1 del velo del sacramento que a la vez le hace presente y le oculta.<\/p>\n<p>Sentido espiritual: \u00abm\u00ed\u00adstico\u00bb designa un conocimiento experimental, inmediato, interno de las realidades divinas. Or\u00ed\u00adgenes ser\u00e1 el primero en dar este significado al t\u00e9rmino \u00abm\u00ed\u00adstico\u00bb, pero siempre en relaci\u00f3n con la ex\u00e9gesis o meditaci\u00f3n de la Sda. Escritura; para Or\u00ed\u00adgenes nadie puede entender \u00e9sta si no se hace profundamente uno con las realidades de las que aqu\u00e9lla habla. Pero ser\u00e1 con el Pseudo-Dionisio con el que este significado adquirir\u00e1 carta de naturaleza; toda la m\u00ed\u00adstica posterior hasta el mismo san Juan de la Cruz ser\u00e1 dionisiana.<\/p>\n<p>Pero tampoco el Pseudo-Dionisio habla nunca de una experiencia o un conocimiento m\u00ed\u00adstico al margen de la Escritura y la Liturgia, sino en el marco de las mismas, y mucho menos se encontrar\u00e1 en \u00e9l la contraposici\u00f3n entre fe objetiva trinitario-cristoc\u00e9ntrica y experiencia m\u00ed\u00adstica interna, como pretenden hoy los interesados en aislar la experiencia de los m\u00ed\u00adsticos cristianos de su fe dogm\u00e1tica. Para el Pseudo-Dionisio lo \u00abm\u00ed\u00adstico\u00bb es a la vez el \u00abmysterion\u00bb b\u00ed\u00adblico-lit\u00fargico y la inefable experiencia de unidad con \u00e9l, \u00abel Dios que vive en luz inaccesible y se deja aprehender por nosotros en Jesucristo\u00bb y el conocimiento inspirado en el que se regala una experiencia y en el que una profunda \u00absimpat\u00ed\u00ada\u00bb lleva a \u00abuna unidad y una fe m\u00ed\u00adstica que no puede aprenderse\u00bb.<\/p>\n<p>La esencia de la m\u00ed\u00adstica dionisiana no es, ciertamente, neoplat\u00f3nica, pero s\u00ed\u00ad lo es su mistolog\u00ed\u00ada, es decir: su reflexi\u00f3n sobre la m\u00ed\u00adstica se hace a trav\u00e9s del sistema categorial y del cauce expresivo neoplat\u00f3nico. Esto va a condicionar toda la m\u00ed\u00adstica occidental que tuvo en el Pseudo-Dionisio, como supuesto disc\u00ed\u00adpulo directo de san Pablo, su m\u00e1s influyente inspirador y gu\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>2. DIVORCIO ENTRE M\u00ed\u008dSTICA Y MISTERIO. De lo dicho se deduce que la m\u00ed\u00adstica cristiana, incluso la del Pseudo-Dionisio, se entiende en los primeros siglos como una unidad de misterio objetivo-experiencia del misterio; y este misterio es el trinitario tal como ha sido revelado en Cristo en la plenitud del tiempo salvador, es decir, la Trinidad econ\u00f3mica. Entre misterio y experiencia el acento se pone en la primac\u00ed\u00ada de aqu\u00e9l.<\/p>\n<p>A lo largo de la historia de la Iglesia esa unidad se va a ir quebrando y, adem\u00e1s, la balanza se va a ir inclinando progresivamente hacia la experiencia subjetiva como lo propiamente m\u00ed\u00adstico.<\/p>\n<p>Varios factores, como diversos afluentes de un mismo r\u00ed\u00ado, se ir\u00e1n &#8216;uniendo sucesivamente y provocando una quiebra cada vez mayor. Se\u00f1alemos los principales:<br \/>\n1. Disociaci\u00f3n entre teolog\u00ed\u00ada y econom\u00ed\u00ada salvadora, entre Trinidad inmanente o ad intra y Trinidad econ\u00f3mica o ad extra sobre todo despu\u00e9s de Nicea; acentuaci\u00f3n, adem\u00e1s, en la teolog\u00ed\u00ada occidental de la unidad dentro de la Trinidad m\u00e1s que de la vida trinitaria dentro de la unidad; y, finalmente, la doctrina, ya defendida por san Ambrosio, de la acci\u00f3n de Dios ad extra como indivisiblemente uno y no como trino (con el matiz de la \u00abapropiaci\u00f3n\u00bb). El dinamismo trinitario salvador del NT, en el que se revela la propia multidimensionalidad interna del Dios vivo, cede el primer lugar a brillantes y necesarias elucubraciones sobre las procesiones intratrinitarias m\u00e1s all\u00e1 del tiempo y sin relaci\u00f3n intr\u00ed\u00adnseca a \u00e9l; y la realidad neotestamentaria del Esp\u00ed\u00adritu Santo como punto de uni\u00f3n entre Jes\u00fas, presencia del misterio del Padre, y los bautizados, y como fuerza divina que habita en el propio coraz\u00f3n del hombre posibilitando su transformaci\u00f3n en hijo, se difumina en una teolog\u00ed\u00ada ocupada ante todo en aquilatar su car\u00e1cter de \u00abtercera persona\u00bb que, en cuanto tal irreductible persona, no tiene un papel espec\u00ed\u00adfico ad extra. Dogma y vida cristiana afinan sus perfiles y comienzan a moverse en zonas diferentes; la \u00abespiritualidad\u00bb va poco a poco dejando de ser expl\u00ed\u00adcitamente la vida de la comunidad eclesial o del creyente en cuanto inserci\u00f3n en la acci\u00f3n transformadora del Esp\u00ed\u00adritu Santo desde lo m\u00e1s interior del hombre y convirti\u00e9ndose en una realidad borrosa y sin referencia expresa a su car\u00e1cter pneum\u00e1ticotrinitario.<\/p>\n<p>2. Triunfo del racionalismo aristot\u00e9lico en el sistema filos\u00f3fico-teol\u00f3gico tomista frente a la \u00abTheologia mentis et cordis\u00bb y la ex\u00e9gesis y teolog\u00ed\u00ada simb\u00f3lica hasta entonces dominantes. El misterio de Dios, en cuanto objeto de la ciencia teol\u00f3gica, es encorsetado en un discurso racional que pretende por esa v\u00ed\u00ada la objetividad del conocimiento frente a cualquier falsificaci\u00f3n subjetiva, y el concepto claro, l\u00f3gico y preciso frente al vago e indefinido conocimiento y lenguaje simb\u00f3licos. Pero con ello se pierde la relaci\u00f3n intr\u00ed\u00adnseca entre conocimiento y amor como dos momentos internos que se condicionan mutuamente, y se esclerotiza el lenguaje simb\u00f3lico de la Biblia y el conocimiento simb\u00f3lico, integrador y que habla al hombre entero, al reducir su contenido a conceptos l\u00f3gico-metaf\u00ed\u00adsicos. La ciencia teol\u00f3gica en cuanto tal (no los te\u00f3logos) deja de ser espiritual y termina produciendo, tras las grandes s\u00ed\u00adntesis de la alta escol\u00e1stica en las que de alguna forma se mantiene todav\u00ed\u00ada la unidad entre reflexi\u00f3n teol\u00f3gica y experiencia cristiana, el divorcio entre \u00abteolog\u00ed\u00ada sentada y teolog\u00ed\u00ada arrodillada\u00bb y entre teolog\u00ed\u00ada y m\u00ed\u00adstica. La afirmaci\u00f3n de un autor de mediados del siglo XV de que la teolog\u00ed\u00ada escol\u00e1stica y la teolog\u00ed\u00ada m\u00ed\u00adstica tienen tan poco en com\u00fan como el arte de pintar y el arte de zapatero, dicen bastante del grad\u00f3 de ruptura al que hab\u00ed\u00adan llegado teolog\u00ed\u00ada y experiencia. El intento de uni\u00f3n entre escol\u00e1stica y m\u00ed\u00adstica en el maestro Eckhart termin\u00f3 en una rotunda condena oficial de la segunda desde la m\u00e1quina doctrinal de la primera, que sigui\u00f3 en los siglos posteriores consider\u00e1ndose el tribunal inapelable, frecuentemente anatematizador, de las experiencias m\u00ed\u00adsticas, sin permitir a \u00e9stas aportar nada a la revisi\u00f3n del propio armaz\u00f3n doctrinal.<\/p>\n<p>La disociaci\u00f3n entre teolog\u00ed\u00ada y espiritualidad da lugar a la aparici\u00f3n y proliferaci\u00f3n por este mismo tiempo de las \u00abdevociones\u00bb privadas, desligadas del tronco teol\u00f3gico y proclives al sentimentalismo. La separaci\u00f3n de Trinidad inmanente y econ\u00f3mica en la anterior teolog\u00ed\u00ada, unida a la separaci\u00f3n de teolog\u00ed\u00ada y espiritualidad en la escol\u00e1stica, lleva a una traducci\u00f3n intimista del misterio salvador tanto en la corriente m\u00ed\u00adstica como en la de la \u00abimitaci\u00f3n de Cristo\u00bb; valga como ejemplo de la primera el cambio de la \u00abIglesia esposa\u00bb por el \u00abalma esposa\u00bb y de la segunda el de \u00abla\u00bb cruz de Cristo por \u00abmi\u00bb cruz.<\/p>\n<p>3. Giro antropol\u00f3gico de la Edad Nueva: con el Renacimiento comienza el viraje en redondo desde el objetivismo teoc\u00e9ntrico medieval hacia el antropocentrismo, que ser\u00e1 elevado a sistema en Descartes y culminar\u00e1 en la filosof\u00ed\u00ada kantiana. A la primac\u00ed\u00ada y pr\u00e1ctica exclusividad del \u00abmysterion\u00bb objetivo de Dios en Cristo en la espiritualidad de los primeros siglos y de toda la Edad Media (aunque el acercamiento al mismo se haga mediante categor\u00ed\u00adas neoplat\u00f3nicas) se une en esta \u00e9poca la atracci\u00f3n por la interioridad como experiencia consciente. En este tiempo aparece por primera vez, como ya dijimos, el sustantivo \u00abm\u00ed\u00adstica\u00bb para se\u00f1alar m\u00e1s bien la experiencia interior que el misterio experimentado, y tiende a sustituir al t\u00e9rmino \u00abcontemplaci\u00f3n\u00bb, que dice una relaci\u00f3n directa a la sumersi\u00f3n en la realidad objetiva de Dios. Juan de la Cruz va a dar un relieve hasta entonces desconocido a los aspectos psicol\u00f3gicos o subjetivos del camino hacia la uni\u00f3n con Dios, les va a observar con suma agudeza y a describir magistralmente. Manteniendo la unidad de misterio y experiencia, y permaneciendo fiel al teocentrismo de la m\u00ed\u00adstica tradicional, va, no obstante, a acentuar el polo interior de la experiencia de manera decisiva para la historia de la m\u00ed\u00adstica. Y lo mismo hay que decir de santa Teresa.<\/p>\n<p>El idealismo cartesiano-kantiano, que separa el conocimiento mismo del objeto del conocimiento, ha tenido su traducci\u00f3n en la reducci\u00f3n psicol\u00f3gica de la m\u00ed\u00adstica, entendida como puro fen\u00f3meno de conciencia. La aplicaci\u00f3n del t\u00e9rmino \u00abm\u00ed\u00adstica\u00bb a la experiencia espiritual propia de las religiones orientales ha contribuido a\u00fan m\u00e1s a esa noci\u00f3n; \u00abm\u00ed\u00adstica\u00bb y \u00abensanchamiento de la conciencia\u00bb m\u00e1s all\u00e1 de su nivel emp\u00ed\u00adrico racional son equivalentes. Estamos en los ant\u00ed\u00adpodas de la m\u00e1s antigua noci\u00f3n de m\u00ed\u00adstica en la Iglesia cristiana.<\/p>\n<p>3. LA M\u00ed\u008dSTICA CRISTIANA COMO EXPERIENCIA ONTOL\u00ed\u201cGICA Y PSICOL\u00ed\u201cGICA DEL MISTERIO TRINITARIO. Frente a la tendencia actual, tambi\u00e9n en c\u00ed\u00adrculos cristianos, de nivelar todas las m\u00ed\u00adsticas corno fen\u00f3meno de conciencia y por lo mismo como experiencia psicol\u00f3gica, toda una l\u00ed\u00adnea de te\u00f3logos como Rahner, von Balthasar, Stolz, Bouyer, Sudbraek, etc., intentan recobrar la especificidad irreductible de la m\u00ed\u00adstica cristiana volviendo los ojos a la \u00e9poca patr\u00ed\u00adstica. Admitiendo la cateogor\u00ed\u00ada de experiencia para caracterizar a la m\u00ed\u00adstica, afirmando como Rahner, que \u00abel cristiano del futuro o ser\u00e1 un \u00abm\u00ed\u00adstico\u00bb, es decir, una persona que ha \u00abexperimentado\u00bb algo, o no ser\u00e1 cristiano\u00bb\u00bb, y que \u00abla iniciaci\u00f3n al cristianismo es en el fondo iniciaci\u00f3n a la m\u00ed\u00adstica\u00bb, el concepto de experiencia de estos te\u00f3logos no se identifica con el psicol\u00f3gico de la \u00e9poca subjetivista moderna.<\/p>\n<p>Seg\u00fan ellos, en consonancia con la doctrina patr\u00ed\u00adstica, no es el sujeto, sino el objeto, el misterio mismo el que determina con su sola presencia lo que puede llamarse leg\u00ed\u00adtimamente m\u00ed\u00adstica en la experiencia cristiana. La esencia de la experiencia m\u00ed\u00adstica cristiana est\u00e1 en el \u00abencuentro\u00bb personal con el misterio objetivo de Dios en Cristo por el Esp\u00ed\u00adritu en cuanto ese \u00abencuentro\u00bb equivale a la plena disponibilidad, a la fe como respuesta obediente a la Palabra, que lleva consigo infaliblemente una experiencia personal del misterio de la cruz-resurrecci\u00f3n y del don del Esp\u00ed\u00adritu, pero no necesariamente una conciencia refleja y subjetiva de esa experiencia. El paulino \u00abya no vivo yo, es Cristo quien vive en m\u00ed\u00ad\u00bb, expresi\u00f3n usada. frecuentemente por san Juan de la Cruz para aludir a la vida m\u00ed\u00adstica, subraya, seg\u00fan von Baithasar, la primac\u00ed\u00ada del misterio objetivo sobre la experiencia subjetiva, a la cual no hace referencia; \u00ablo decisivo es que la esposa se entrega sin reserva alguna; ella no pregunta cu\u00e1nto vive ella en el encuentro, de qu\u00e9 forma la toma el esposo, sino si \u00e9l encuentra ele ella lo que desea\u00bb&#8216;. Por eso \u00abdebe ser considerada como m\u00ed\u00adstica toda experiencia cristiana era la que la fe vivida nos entrega efectivamente a la acci\u00f3n transfigurante del misterio de Cristo en nosotros\u00bb<br \/>\nSe reconoce que la experiencia ontol\u00f3gica tiende en su desarrollo hacia una contemplaci\u00f3n precursora de la bienaventuranza eterna, una conciencia iluminada del hecho de que \u00abya no vivo yo, sino Cristo en m\u00ed\u00ad\u00bb, y se admite la importancia de esa experiencia. Pero, por una parte, se considera dependiente a la vez de las condiciones psicol\u00f3gicas de la persona y del don de Dios que concede ese carisma a quien quiere; por otra parte, la importancia que se le otorga no es ni teol\u00f3gica ni teologal: tal manera de m\u00ed\u00adstica no es el camino para la perfecci\u00f3n evang\u00e9lica, sino un camino, y no es tampoco un grado m\u00e1s alto de la fe, la esperanza y el amor; menos a\u00fan supone una superaci\u00f3n de la fe misma por un conocimiento m\u00e1s alto, ya que \u00aben su n\u00facleo teol\u00f3gico aut\u00e9ntico es un momento interno y esencial de la fe, no al rev\u00e9s\u00bb\u00bb.<\/p>\n<p>K. Rahner ha aclarado muy bien la relaci\u00f3n entre la m\u00ed\u00adstica como experiencia objetiva y psicol\u00f3gica: esta \u00faltima es el esclarecimiento paradigm\u00e1tico de la experiencia de la transcendencia que se da de forma atem\u00e1tica y no-refleja en la vida normal del cristiano abierto a las virtudes teologales por el hecho mismo de que en la fe, la esperanza y el amor se trata directamente, no del cumplimiento de un mandato moral, sino de la vivencia de la propia autocomunicaci\u00f3n de Dios, que es la que se hace refleja en la experiencia m\u00ed\u00adstica expl\u00ed\u00adcita. Tema es, seg\u00fan K. Rahner, de la teolog\u00ed\u00ada en general, y de la Teolog\u00ed\u00ada M\u00ed\u00adstica en particular, aclarar la perichoresis o circularidad entre ambas experiencias desde la funci\u00f3n ejemplar de la m\u00ed\u00adstica expl\u00ed\u00adcita que, seg\u00fan el mismo autor, aunque desde un punto de vista teol\u00f3gico no significa un grado superior en la subida cristiana a la perfecci\u00f3n, s\u00ed\u00ad la significa bajo el aspecto de una objetiva psicolog\u00ed\u00ada refleja2x. Para von Balthasar son experiencias especiales concedidas a fieles particulares para provecho de los dem\u00e1s, y que, para ser bien administradas, presuponen gran pureza de alma, mientras que en s\u00ed\u00ad mismas no son ninguna medida de esa pureza.<\/p>\n<p>Supuesto el igual valor teologal de ambas \u00abm\u00ed\u00adsticas\u00bb, podr\u00ed\u00adamos, para entendernos, llamar con J. Sudbrack \u00abpeque\u00f1a\u00bb m\u00ed\u00adstica a la experiencia personal, puramente objetiva de la fe, y \u00abgran\u00bb m\u00ed\u00adstica a la experiencia objetivo-psicol\u00f3gica.<\/p>\n<p>IV. La \u00abgran\u00bb m\u00ed\u00adstica o: la contemplaci\u00f3n infusa de la Trinidad<br \/>\nLa contemplaci\u00f3n infusa, caracter\u00ed\u00adstica de la m\u00ed\u00adstica frente a la asc\u00e9tica, es para san Juan de la Cruz \u00abnoticia amorosa\u00bb, luz y amor infusos comunicados por Dios sin discurso ni figura y recibidos pasivamente en la actitud de simple atenci\u00f3n amorosa, en silencio de potencias, que est\u00e1n recogidas en su ra\u00ed\u00adz, en el centro del alma. A esta contemplaci\u00f3n infusa, que s\u00f3lo en el siglo XVII, despu\u00e9s de san Juan de la Cruz, fue llamada tambi\u00e9n \u00abexperiencia m\u00ed\u00adstica\u00bb, hay que aplicar todas las caracter\u00ed\u00adsticas comunes de la misma expuestas al principio.<\/p>\n<p>Da la impresi\u00f3n de que el juicio teol\u00f3gico de los autores citados en el apartado anterior sobre la experiencia m\u00ed\u00adstica refleja se queda demasiado corto. Admitiendo que dicha experiencia no supone o es un grado m\u00e1s alto de la vida teologal (que puede ser vivida con la misma o mayor intensidad sin esa especial experiencia), no se puede olvidar al mismo tiempo que el conocimiento de fe es el conocimiento de Dios mismo, que es infuso y que no tiene continuidad alguna no s\u00f3lo con cualquier conocimiento natural de Dios, sino con el conocimiento del propio contenido de la fe en cuanto realizado mediante la operaci\u00f3n natural, racional, del entendimiento que inevitablemente objetiva a Dios, sustancia de la fe como dice san Juan de la Cruz. Pero toda objetivaci\u00f3n de Dios, por inevitable y hasta necesaria que sea en una etapa de la vida espiritual -la de la meditaci\u00f3n activa, propia de los principiantes-, \u00abno es Dios\u00bb, como reiterativamente afirma el Santo, y por eso ninguna aprehensi\u00f3n sensible o an\u00ed\u00admica, aunque tenga como objeto a Dios, puede ser medio pr\u00f3ximo para la uni\u00f3n con \u00e9l. Si la ense\u00f1anza del misterio y su inicial aprehensi\u00f3n s\u00f3lo son posibles si se le objetiviza, existe el peligro nada imaginario de que se le reduzca \u00fanica o predominantemente a \u00abobjeto\u00bb: las f\u00f3rmulas doctrinales y las im\u00e1genes (tambi\u00e9n las b\u00ed\u00adblicas), que son un ropaje que esconde una realidad m\u00e1s honda, y un signo conceptual o sensible que apunta m\u00e1s all\u00e1, a la sustancia misma del misterio, pueden absolutizarse; el misterio se petrifica y se convierte en \u00ed\u00addolo enga\u00f1oso y esclavizante. Para san Juan de la Cruz s\u00f3lo la contemplaci\u00f3n infusa, que es acci\u00f3n directa y gratuita de Dios y no producto de una t\u00e9cnica meditativa, pero a la que se puede y hay que prepararse \u00abno arrim\u00e1ndose a visiones imaginarias, ni formas, ni figuras, ni particulares inteligencias\u00bb, puede purificar la fe y el amor de toda objetivaci\u00f3n alienante y transformar al hombre en Dios por participaci\u00f3n. Es cierto que en \u00abel encuentro\u00bb como plena disponibilidad a la Palabra (esencia de la m\u00ed\u00adstica espec\u00ed\u00adficamente cristiana, como hemos explicado) desaparece la diferencia entre contemplaci\u00f3n adquirida e infusa, pues \u00abel encuentro personal es siempre a la vez regalo y realizaci\u00f3n de la propia libertad, y los amantes experimentan su amor al mismo tiempo como don y como acci\u00f3n desde el centro propio y libre\u00bb. Pero a\u00fan sigue vigente la pregunta sobre la importancia del conocimiento y amor infusos comunicados en \u00abla horrenda noche de la contemplaci\u00f3n\u00bb (san Juan de la Cruz) para que pueda realizarse el \u00abencuentro\u00bb verdaderamente tal, en el que desaparede la relaci\u00f3n sujeto-objeto y se instala la relaci\u00f3n sujeto-sujeto, es decir, la de dos centros personales interiores, la profundidad inobjetivable de Dios (su Esp\u00ed\u00adritu) y la profundidad inobjetivable del hombre (su esp\u00ed\u00adritu) que se compenetran sin confundirse. Y en todo este proceso y suceso el m\u00ed\u00adstico, aunque vivi\u00e9ndole en la fe, sabe y es reflejamente consciente de la acci\u00f3n de Dios, \u00abel \u00fanico agente\u00bb de la contemplaci\u00f3n (san Juan de la Cruz).<\/p>\n<p>La f\u00f3rmula dogm\u00e1tica, \u00abtres divinas personas\u00bb, dice algo real y es necesaria para una aprehensi\u00f3n inicial del misterio interno de Dios que se ha revelado de forma final en y a trav\u00e9s de la persona hist\u00f3rica de Jes\u00fas. Pero a esa f\u00f3rmula dogm\u00e1tica le acecha el mismo peligro que a toda inevitable objetivaci\u00f3n de Dios en categor\u00ed\u00adas racionales de conocimiento. El literalismo convierte el s\u00ed\u00admbolo trinitario (que en cuanto s\u00ed\u00admbolo expresa y contiene una realidad, pero, repit\u00e1moslo, al mismo tiempo apunta m\u00e1s all\u00e1, hacia una trans-objetivizaci\u00f3n de la f\u00f3rmula, hacia el misterio en s\u00ed\u00ad mismo inexpresable) en \u00abtres personas\u00bb finitas proyectadas mental e imaginariamente m\u00e1s all\u00e1 y fuera de lo finito y visible, puestas \u00abencima y fuera\u00bb del hombre y, por lo mismo, como instancia heter\u00f3noma; por otra parte, el literalismo s\u00f3lo ve en la Trinidad un complicado problema matem\u00e1tico afiadido al concepto de Dios. La desmitologizaci\u00f3n racionalista, si tiene en cuenta el s\u00ed\u00admbolo trinitario, lo reducir\u00e1 a un tema puramente filos\u00f3fico-metaf\u00ed\u00adsico: a tres aspectos de la raz\u00f3n humana (o del inconsciente en la psicolog\u00ed\u00ada profunda). El misticismo hace peligrar la realidad de jes\u00fas como mediaci\u00f3n hist\u00f3rica y la historia humana como participaci\u00f3n ontol\u00f3gica de la Trinidad, y tiende a vivir y expresar el misterio trinitario como misterio interior (ad intra) de Dios en el interior del alma como \u00fanico espacio en eI que el hombre participa de este misterio. Pero incluso la revelaci\u00f3n final trinitaria en Jes\u00fas \u00abnecesita el correctivo del misticismo para transcender sus propios s\u00ed\u00admbolos finitos\u00bb33. El elemento m\u00ed\u00adstico del conocimiento del misterio trinitario apunta as\u00ed\u00ad, m\u00e1s all\u00e1 de la Trinidad econ\u00f3mico-salvadora, a la Trinidad misma ad infra, de la que la Trinidad ad extra del Dios de la teolog\u00ed\u00ada racional tradicional sigue &#8216;siendo s\u00ed\u00admbolo que apunta a\u00fan m\u00e1s all\u00e1: al abismo y fondo, al tremendum et fascinosum, al \u00absanto, santo, santo\u00bb, al misterio de Dios como abismo (Padre), como fuerza automanifestativa (Hijo) y como unidad din\u00e1mica de ambos (Esp\u00ed\u00adritu); las tres dimensiones de Dios que en la Trinidad econ\u00f3mica se hacen dimensiones interioresdel hombre, de la historia y del cosmos por el Esp\u00ed\u00adritu del Padre y del Hijo jes\u00fas.<\/p>\n<p>1. DOS FORMAS DE M\u00ed\u008dSTICA TRINITARIA. Equivalente e impl\u00ed\u00adcitamente toda m\u00ed\u00adstica cristiana es m\u00ed\u00adstica trinitaria, pues trinitario es el Dios cristiano. Pero en sentido m\u00e1s estricto m\u00ed\u00adstica trinitaria es \u00abla experiencia m\u00ed\u00adstica en la que de forma expl\u00ed\u00adcita se realiza la relaci\u00f3n \u00abgraciosa\u00bb del hombre con las tres personas divinas\u00bb. Para K. Rahner esta m\u00ed\u00adstica no ha tenido en la historia de la espiritualidad la importancia que podr\u00ed\u00ada esperarse, y cree que la raz\u00f3n podr\u00ed\u00ada estar en que la uni\u00f3n con el Dios absoluto, simple, \u00abinforme\u00bb (en el callado desierto de la divinidad) ha seguido siendo el esquema fundamental te\u00f3rico de la m\u00ed\u00adstica hasta los \u00faltimos tiempos\u00bb.<\/p>\n<p>Sea lo que fuere de esa lamentaci\u00f3n de Rahner, lo cierto es que en la historia de la espiritualidad encontramos numerosos ejemplos de maestros espirituales que presentan la experiencia trinitaria como la cima de la experiencia espiritual y como la realizaci\u00f3n suprema de la uni\u00f3n con Dios por el camino de la contemplaci\u00f3n. Es cierto tambi\u00e9n que la experiencia trinitaria en cuanto tal no suele darse al principio de la experiencia m\u00ed\u00adstica, sino cuando \u00e9sta ha adquirido una mayor madurez y profundidad.<\/p>\n<p>En todas las formas de experiencia m\u00ed\u00adstica trinitaria encontramos unas notas comunes: experiencia en la propia sustancia del alma m\u00e1s all\u00e1 de todo intermediario, experiencia de inserci\u00f3n \u00ed\u00adntima en la vida del Padre en el Hijo por el Esp\u00ed\u00adritu de unidad y de amor,experiencia de deificaci\u00f3n por gracia, aspecto contemplativo-activo que no aisla al m\u00ed\u00adstico en el seno gozoso del amor intratrinitario, sino que le abre al servicio de todos. Con todo, podemos distinguir fundamentalmente dos tipos de experiencia m\u00ed\u00adstica trinitaria que no son indiferentes, pues el primero acusa rasgos m\u00e1s neoplat\u00f3nicos y el segundo m\u00e1s b\u00ed\u00adblicos.<\/p>\n<p>a) La m\u00ed\u00adstica renano-flamenca. El primero est\u00e1 representado por la m\u00ed\u00adstica renano-flamenca, y podr\u00ed\u00adamos caracterizarle como la experiencia de la unidad de la Trinidad; en \u00faltimo t\u00e9rmino la experiencia trinitaria se resuelve en la experiencia de la unidad de naturaleza como origen de las personas y en la que las personas \u00abretornan\u00bb a su propia ra\u00ed\u00adz. La siguiente frase de Eckhart es suficientemente expresiva: \u00abEsta chispa (que hay en el alma) s\u00f3lo anhela a Dios, sin velos, como \u00e9l es en s\u00ed\u00ad mismo. No le basta ni el Padre, ni el Hijo, ni el Esp\u00ed\u00adritu Santo, ni las tres Personas&#8230; quiere m\u00e1s bien saber de d\u00f3nde procede este Ser, quiere entrar en el fondo desnudo, en el desierto silencioso en el que jam\u00e1s penetr\u00f3 distinci\u00f3n alguna, ni el Padre, ni el Hijo ni el Esp\u00ed\u00adritu Santo\u00bb.<\/p>\n<p>Parecidas expresiones hallamos en el m\u00e1s trinitario de todos los m\u00ed\u00adsticos flamencos, Ruysbroeck. La \u00abuni\u00f3n sin diferencia\u00bb, la m\u00e1s alta de todas, que se act\u00faa m\u00e1s all\u00e1 de la naturaleza como profunda inmersi\u00f3n en el inexpresable misterio de Dios, sepulta al hombre \u00aben el abismo sin modo de la bienaventuranza sin fondo, donde la Trinidad de Personas divinas posee su naturaleza en unidad esencial\u00bb, en la divina esencia en la que todo es pura \u00absimplicidad sin distinci\u00f3n de personas, ni Padre, ni Hijo ni Esp\u00ed\u00adritu Santo\u00bb. \u00abEl esp\u00ed\u00adritu humano experimenta el abrazo trinitario, permaneciendo para siempre en la unidad supraesencial, en el reposo y gozo, contemplando en esta unidad c\u00f3mo el Padre est\u00e1 en el Hijo y el Hijo en el Padre, y c\u00f3mo todas las criaturas est\u00e1n en El. Pero esto se encuentra m\u00e1s all\u00e1 de la distinci\u00f3n de las Personas. En la fecundidad viviente de la naturaleza existe s\u00f3lo una distinci\u00f3n racional entre paternidad y filiaci\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p>La fascinaci\u00f3n plat\u00f3nica y neoplat\u00f3nica por el \u00abUno\u00bb como lo \u00faltimo, lo originario y originante y aquello a lo que todo se reintegra, influy\u00f3 poderosamente en el \u00abDe Trinitate\u00bb agustiniano y a trav\u00e9s de \u00e9l en toda la teolog\u00ed\u00ada trinitaria occidental, y marca la m\u00ed\u00adstica renano-flamenca. Como consecuencia, en \u00e9sta no es la uni\u00f3n en el amor, sino la unidad en la esencia lo que expresa la cima de la experiencia trinitaria, porque en el misterio de la vida intratrinitaria la actividad divina, Dios como bonum diff,tsivum ad intra, como amor que se abre al Otro, en una palabra, Dios como personas relacionadas tiene su ra\u00ed\u00adz primera y se resuelve en \u00faltimo t\u00e9rmino en su inactividad, es decir, en su esencia una, que es reposo, gozo y bienaventuranza. La uni\u00f3n m\u00e1s alta, la \u00abuni\u00f3n sin diferencia\u00bb, es, pues, el reposo en unidad de fruici\u00f3n y bienaventuranza con Dios m\u00e1s all\u00e1 de la actividad del amor. En la vida viviente \u00absomos uno con Dios m\u00e1s all\u00e1 de todo ejercicio de amor&#8230; La uni\u00f3n se hace en el amor, pero la unidad est\u00e1 m\u00e1s all\u00e1 de todo ejercicio de amor\u00bb. T\u00e9ngase en cuenta, no obstante, que la distinci\u00f3n entre \u00abuni\u00f3n\u00bb y \u00abunidad\u00bb no es real, sino dial\u00e9ctica, como lo es, dogm\u00e1ticamente hablando, la naturaleza divina y las personas.<\/p>\n<p>b) La m\u00ed\u00adstica de san Juan de la Cruz. Puede caracterizarse como la de la Trinidad de la unidad. Aunque tambi\u00e9n influida por el neoplatonismo a trav\u00e9s del Pseudo-Dionisio, supera la m\u00ed\u00adstica del Uno y por lo mismo de la unidad, es directamente trinitaria y por lo mismo directamente m\u00ed\u00adstica de \u00abencuentro\u00bb, de \u00abrelaci\u00f3n\u00bb, de \u00abamor\u00bb, en una palabra, de las \u00abrelaciones trinitarias\u00bb. En \u00e9l la uni\u00f3n no se transciende de alguna forma en la unidad, sino al rev\u00e9s, porque el ser m\u00e1s \u00ed\u00adntimo de Dios no es su esencia una como ra\u00ed\u00adz de las personas, sino \u00e9stas como ra\u00ed\u00adz y realidad de la unidad divina por el amor; no la unidad (de esencia) m\u00e1s all\u00e1 de la diferencia (de las personas), sino la diferencia de personas que, por ser pura relaci\u00f3n, son unidad. \u00abEl amor personaliza, es decir, diferencia\u00bb (Teilhard de Chardin), y a su vez s\u00f3lo las personas, irreductibles en cuanto tales a otra, puede realizar la verdadera unidad: la de la uni\u00f3n de amor. Una unidad m\u00e1s all\u00e1 de la uni\u00f3n de amor es solipsismo por m\u00e1s reintegraci\u00f3n a s\u00ed\u00ad mismo que ello suponga. Para san Juan de la Cruz la experiencia m\u00e1s profunda no es la de unidad sin fisura alguna hacia fuera o hacia dentro del sujeto, sino la de la sacudida del m\u00e1s \u00ed\u00adntimo S\u00ed\u00ad Mismo por la llamada a abrirse al encuentro con \u00abel Otro\u00bb, la comunicaci\u00f3n de dos \u00abt\u00fas\u00bb (no de dos \u00abyos\u00bb) distintos cuya esencia es la \u00abrelaci\u00f3n\u00bb, la culminaci\u00f3n de un intercambio y por lo mismo mutuamente libre y gratuito entre el amor increado y el hombre; con otras palabras, la experiencia m\u00e1s alta para el Santo es la de la m\u00ed\u00adstica directamente trinitaria,relacional, directamente centrada en la distinci\u00f3n de personas. Por eso, a diferencia del propio Pseudo-Dionisio, la contemplaci\u00f3n sanjuanista es infusi\u00f3n de luz y amor, y a diferencia de la m\u00e1s t\u00ed\u00adpica m\u00ed\u00adstica renano-flamenca, para el Santo \u00abel estado de esta divina uni\u00f3n consiste en tener el alma seg\u00fan su voluntad con total transformaci\u00f3n en la voluntad de Dios\u00bb. No se trata aqu\u00ed\u00ad de ning\u00fan voluntarismo; la \u00abvoluntad de Dios\u00bb no tiene aqu\u00ed\u00ad ning\u00fan sentido moral y menos a\u00fan jur\u00ed\u00addico: es el propio amor trinitario, n\u00facleo de la propia esencia de Dios, \u00abdevuelto\u00bb en un intercambio amoroso al propio Dios y por el que el m\u00ed\u00adstico es deificado por gracia en el \u00abmatrimonio espiritual\u00bb.<\/p>\n<p>Como m\u00ed\u00adstica directamente trinitaria hay que considerar tambi\u00e9n la de Santa Teresa, que evoluciona desde la experiencia de Dios a la experiencia de la Trinidad y, dentro de \u00e9sta, hacia la de la humanidad de Cristo<br \/>\nNo es l\u00ed\u00adcito no nombrar a la Beata Isabel de la Trinidad que en los umbrales de nuestro siglo \u00absuper\u00f3 la espiritualidad corriente de su tiempo por su acercamiento tan entusiasta y tan amoroso a la Trinidad\u00bb. Ruysbroek y a la vez san Juan de la Cruz son los dos autores en que bebi\u00f3 y aliment\u00f3 su excepcional experiencia trinitaria, que acert\u00f3 a plasmar en unos escritos que constituyen un extraordinario y providencial mensaje para la espiritualidad de nuestro tiempo.<\/p>\n<p>V. La \u00abpeque\u00f1a m\u00ed\u00adstica\u00bb o: el despliegue de la presencia trinitaria en la praxis cristiana<br \/>\nSe da impl\u00ed\u00adcita u objetivamente experiencia m\u00ed\u00adstica trinitaria, la que hemos llamado \u00abpeque\u00f1a m\u00ed\u00adstica\u00bb, all\u00ed\u00ad donde el cristiano supera la visi\u00f3n moralista de la praxis cristiana y se mueve en una visi\u00f3n teologal, all\u00ed\u00ad donde m\u00e1s que ejercitar una \u00abvirtud\u00bb u obedecer un \u00abmandato\u00bb se inserta en el \u00abmisterio\u00bb de lo interpersonal, que es el misterio trinitario en s\u00ed\u00ad mismo y en su presencia en el hombre y el mundo a trav\u00e9s de su Esp\u00ed\u00adritu.<\/p>\n<p>El misterio-acontecimiento de Cristo es el acontecimiento trinitario de la historia de la salvaci\u00f3n, porque en Jes\u00fas por primera vez Dios es pura autocomunicaci\u00f3n, regalo, donaci\u00f3n, amor, que es la esencia de lo personal. En cuanto autocomunicado sin mediaci\u00f3n alguna, el amor originante (Dios Padre) hace realidad irreductible al Hijo (Jes\u00fas), que, en cuanto vive esa autocomunicaci\u00f3n y la devuelve en reciprocidad de amor, se vive como Hijo (pura relaci\u00f3n) y vive a Dios como el Padre. Y el Esp\u00ed\u00adritu neotestamentario no es ni m\u00e1s ni menos que esa relaci\u00f3n mutua interpersonal por la que, siendo irreductiblemente distintos, son a la vez \u00ed\u00adntimamente uno; con otras palabras, es el amor del Padre y del Hijo por el que son din\u00e1micamente uno.<\/p>\n<p>Este mismo Esp\u00ed\u00adritu, que es a la vez el ser m\u00e1s \u00ed\u00adntimo del hombre, del universo y de la historia, hace presente en ellos el misterio del Padre y del Hijo como relaci\u00f3n interpersonal. Y ese misterio es objetivamente vivido cuando en la relaci\u00f3n con Dios, con los hombres, con el cosmos y con la historia se vive el misterio de \u00ablo personal\u00bb que es siempre interpersonal.<\/p>\n<p>La realidad de Dios puede afirmarse como incuestionable s\u00f3lo por el que experimenta que \u00e9l y todo cuanto existe tienen un car\u00e1cter de regalo y gracia. Esto equivale a la experiencia de lo real como en \u00faltimo t\u00e9rmino lo personal; y esto a su vez equivale a una fragmentaria pero objetiva experiencia de la realidad \u00faltima como Trinidad, como el Dios de Jes\u00fas en el Esp\u00ed\u00adritu de ambos.<\/p>\n<p>Si el misterio del Padre y del Hijo son ya inseparables del mundo por su presencia en \u00e9l mediante su Esp\u00ed\u00adritu, no hay posible relaci\u00f3n con el misterio trinitario sin una relaci\u00f3n con el mundo. Pero de ah\u00ed\u00ad no se sigue que la relaci\u00f3n con Dios como tal, en su aspecto de trascendencia personal, se identifique con la relaci\u00f3n con el mundo. La oraci\u00f3n -relaci\u00f3n con la transcendencia de Dios- es la relaci\u00f3n con el amor ilimitado e incondicionado que fundamenta el ser de cada hombre y le da sentido: no son las personas o las cosas y su relaci\u00f3n con ellas las que dan sentido a su vida, sino dicho amor trinitario a \u00e9l autocomunicado en el Esp\u00ed\u00adritu. Asentado en una confianza fundamental, el hombre se sabe afirmado por ese amor y por \u00e9l aceptado, asegurado en el valor de su existencia aunque no pueda ser socialmente \u00fatil o incluso sea una mera carga.<\/p>\n<p>Se da vivencia del misterio trinitario en la relaci\u00f3n entre las personas cuando el constitutivo de esa relaci\u00f3n son las personas mismas, sin mediaci\u00f3n alguna, en cuanto directamente gracia, autodonaci\u00f3n y regalo mutuo por los que, siendo diferentes, son a la vez uno (Trinidad). No hay unidad por absorci\u00f3n de uno en otro, ni por superaci\u00f3n de los dos en un tercero, sino que la unidad es la misma mutua autocomunicaci\u00f3n que rebasa la propia relaci\u00f3n yo-t\u00fa para convertirse en un riguroso \u00abentre\u00bb, en un estricto \u00abnosotros\u00bb.<\/p>\n<p>Se da una vivencia del misterio trinitario en la relaci\u00f3n con el mundo cuando la leg\u00ed\u00adtima autonom\u00ed\u00ada del mismo, su propia consistencia, su realidad no reductible a la de Dios (aspecto secular del mundo y su consiguiente vivencia) se abre a una dimensi\u00f3n del mundo que no es planeable ni cient\u00ed\u00adficamente conquistable, sino que se regala, que tiene un car\u00e1cter amoroso, y por tanto es ante todo algo que se recibe. Y como el regalo, el amor, la gracia, es lo constitutivo de lo personal, al abrirse a esa dimensi\u00f3n se abre al \u00abT\u00fa\u00bb original; en otros t\u00e9rminos, a la realidad trinitaria. Abri\u00e9ndose receptivamente a ese fondo gracioso o personal cada ser humano se hace tambi\u00e9n un \u00abt\u00fa\u00bb, una persona, y vive el valor de los otros seres humanos m\u00e1s all\u00e1 de la superficie. En Jes\u00fas se ha hecho visible ese fundamento amoroso de las cosas que es Dios Padre.<\/p>\n<p>Se da una vivencia trinitaria de la historia o sociedad cuando se vive lo colectivo personalizado, es decir, lo diferente personal en lo uno social y viceversa. El hombre como realidad social no puede ser reducido a planes colectivistas presididos por la idea desp\u00f3tica de la unidad apersona\/ en la que el individuo es absorbido por lo com\u00fan. En este tipo de sociedad (que pol\u00ed\u00adticamente s\u00f3\u00ed\u00ado puede ser dictadura) la relaci\u00f3n interpersonal s\u00f3lo puede vivirse a nivel de individuos, pero la sociedad como tal est\u00e1 absolutamente despersonalizada por una m\u00ed\u00adstica monista-materialista presidida por la idea de la Unidad Absoluta, lo mismo que lo est\u00e1 el misticismo pante\u00ed\u00adsta apersonal o de absorci\u00f3n en el Uno y por el Uno (la m\u00ed\u00adstica renano-flamenca no se centra en la Unidad Absoluta, sino en la Unidad como ra\u00ed\u00adz de la Trinidad y, por tanto, de lo interpersonal). La inserci\u00f3n cristiana en el compromiso por una sociedad que en cuanto tal sea presencia trinitaria lleva consigo la lucha por todo lo que favorece el valor de la persona humana, que en \u00faltimo t\u00e9rmino es el valor del amor de Dios o de lo gratuito; como esencialmente personal, la sociedad ser\u00e1 esencialmente comunidad (no colectividad), porque ser personas es ser unidad por comunicaci\u00f3n (Trinidad). El liberalismo individualista y el colectivismo an\u00f3nimo son la negaci\u00f3n de la Trinidad en la sociedad. No s\u00f3lo en el primero, tampoco en el segundo puede haber igualdad, porque no hay seres diferentes que puedan ser iguales; s\u00f3lo hay una realidad igual en la que los individuos desaparecen, pero no hay \u00abpersonas\u00bb iguales. En el misterio trinitario la unidad es el resultado de las diferencias (personas) que son a la vez esencialmente relaci\u00f3n que une.<\/p>\n<p>[-> Amor; Antropolog\u00ed\u00ada; Barth, K; Biblia; Budismo; Comuni\u00f3n; Conocimiento; Cruz; Escol\u00e1stica; Esperanza; Esp\u00ed\u00adritu Santo; Experiencia; Fe; Gloria; Hijo; Historia; Idolatr\u00ed\u00ada; Iglesia; Inhabitaci\u00f3n; Islam; Jesucristo; Juan de la Cruz, san; Juda\u00ed\u00adsmo; Lenguaje; Logos; Misterio; Monote\u00ed\u00adsmo; Naturaleza; Or\u00ed\u00adgenes; Padre; Pante\u00ed\u00adsmo; Pascua; Persona; Psicolog\u00ed\u00ada; Rhaner, K; Relaciones; Religi\u00f3n, religiones; Revelaci\u00f3n; Salvaci\u00f3n; Teolog\u00ed\u00ada y econom\u00ed\u00ada; Teresa de Jes\u00fas, santa; Transcendencia; Trinidad; Vida cristiana. Von Balthasar.]<br \/>\nSantiago Guerra<\/p>\n<p>10<\/p>\n<p>MODALISMO<\/p>\n<p>SUMARIO: I. Designaciones.-II. Personajes y corrientes del modalismo cl\u00e1sico-III. Concepto moderno de persona y neomodalismos-IV. Valoraci\u00f3n teol\u00f3gica.<\/p>\n<p>I. Designaciones<br \/>\nEn la terminolog\u00ed\u00ada moderna se usa preferentemente el vocablo modalismo para designar la doctrina trinitaria que no reconoce una consistencia personal distintiva al Padre, al Hijo y al Esp\u00ed\u00adritu Santo, reduciendo su realidad a simples modos o momentos manifestativos del Dios \u00fanico. En la historia de la teolog\u00ed\u00ada esta doctrina ha recibido diversas designaciones: monarquianismo, como derivaci\u00f3n del t\u00e9rmino \u00abmonarquianos\u00bb usado por Tertuliano (Adv. Prax. 3,2; 10,1: CCL 2, 1161, 1169) para designar a los que defend\u00ed\u00adan la monarqu\u00ed\u00ada divina (un solo principio, monote\u00ed\u00adsmo) en sentido her\u00e9tico (por excluir la realidad trinitaria), siendo posible distinguir entre un monarquianismo din\u00e1mico-adopcionista (que rechaza la divinidad de Jesucristo) y un monarquianismo modalista (que la acepta, pero no distingue realmente entre Dios Padre y Jes\u00fas); patripasianismo, derivado del t\u00e9rmino \u00abpatripasianos\u00bb (el Padre es quien padece la pasi\u00f3n, al no distinguirse realmente del Hijo) con que se designa a veces tambi\u00e9n a los monarquianos tanto en Oriente como en Occidente (PG 14, 1304D; 26, 732C; CSEL 3\/2, 781); sabelianismo, de Sabelio, principal exponente en Roma del monarquianismo modalista a comienzos del s. III. Como sucede con frecuencia en la historia de la teolog\u00ed\u00ada, tambi\u00e9n en este caso las fuentes de informaci\u00f3n son fundamentalmente los escritos de sus adversarios, bien contempor\u00e1neos, bien posteriores al desarrollo de la pol\u00e9mica.<\/p>\n<p>II. Personajes y corrientes del modalismo cl\u00e1sico<br \/>\nCon los juicios diferenciados a que obliga la investigaci\u00f3n hist\u00f3rica reciente sobre el origen y la formulaci\u00f3n del monote\u00ed\u00adsmo en Israel puede seguir manteni\u00e9ndose, no obstante, que la confesi\u00f3n de un Dios \u00fanico constituye el dogma fundamental de la fe jud\u00ed\u00ada. Tambi\u00e9n el cristianismo primitivo compart\u00ed\u00ada esta profesi\u00f3n de fe monote\u00ed\u00adsta, lo que significa que ambos est\u00e1n lejos de los polite\u00ed\u00adsmos paganos. El acontecimiento Jesucristo, sin embargo, y, sobre todo, su reconocimiento como Dios, marca el l\u00ed\u00admite distintivo entre juda\u00ed\u00adsmo y cristianismo. Ahora bien, \u00bfc\u00f3mo mantener ambas convicciones de fe, la afirmaci\u00f3n de un Dios \u00fanico y la divinidad de Jesucristo, igualmente irrenunciables para un cristiano, sin caer en la contradicci\u00f3n? En un principio no parece que el problema se planteara en toda su virulencia para los cristianos que confesaban sencillamente su fe. Alg\u00fan intento de explicaci\u00f3n se encuentra ya en los apologistas; Taciano dice que el Logos no se origina por una divisi\u00f3n de la naturaleza divina (PG 6, 816s) y Justino recoge la opini\u00f3n de cristianos que retienen tan imposible separar al Padre de su propia potencia como separar al sol celeste de su luz terrena (PG 6, 776A). A pesar de todo, hasta finales del s. II no se encuentra un pensamiento estrictamente monarquiano que, queriendo garantizar por encima de todo la unidad y unicidad divina, termina cuestionando la realidad trinitaria de Dios.<\/p>\n<p>El iniciador y primer propagador de una tal doctrina fue Noeto, quien predica en Esmirna (Asia) entre el 180 y el 200. De su ense\u00f1anza nos informa Hip\u00f3lito (P. mitad s. III). Esta consist\u00ed\u00ada (PG 10, 803ss; Nautin 243ss) en la afirmaci\u00f3n neta de un s\u00f3lo Dios \u00fanico, el Dios Padre. De ah\u00ed\u00ad que, si Cristo es Dios (lo cual sostiene Noeto a diferencia de los monarquianos adopcionistas), entonces se identifica con el Padre y, en consecuencia, \u00e9ste, present\u00e1ndose como Hijo, naci\u00f3 como hombre, sufri\u00f3 y muri\u00f3 (patripasianos). En su ayuda invocaba textos del AT sobre la unicidad exclusiva de Dios (Ex 3,6; 20,3; Is 44,6; 45, 5.14; Bar 3,36) y textos del NT sobre la identificaci\u00f3n del Hijo con el Padre Un 10,30; 14, 9s; Rom 9,5). Tanto el pr\u00f3logo como otros textos de Jn eran interpretados en sentido aleg\u00f3rico (no probaban m\u00e1s que la unidad de Dios). De la doctrina de Noeto parecen haberse ocupado hacia el 190 dos s\u00ed\u00adnodos regionales de Esmirna (cf. Fischer), que rechazaron su doctrina; as\u00ed\u00ad es como en parte podemos conocerla (\u00abdixit Christum esse ipsum Patrem&#8230; sic aiunt se probare unum esse Deum&#8230; passus vero est Christus Deus, passus igitur est Pater\u00bb, PG 10, 804A, 806B), al igual que una f\u00f3rmula de fe, sencilla y tradicional, aducida en su contra, que mantiene la distinci\u00f3n entre Dios Padre y el Hijo (\u00abEt nos unum Deum vere scimus; scimus Christum, scimus Filium passum, sicut passus est&#8230; atque haec dicimus, quae didicimus\u00bb, PG 10, 805A).<\/p>\n<p>Con la condena de Noeto desaparece tambi\u00e9n su rastro, pero no el de su doctrina. Uno de sus disc\u00ed\u00adpulos, Ep\u00ed\u00adgono, la lleva consigo hasta Roma, donde encuentra el terreno bien preparado ya por la ense\u00f1anza previa de un tal Pr\u00e1xeas, personaje del que \u00fanicamente tenemos noticia por el Adv. Prax. (213) de Tertuliano. Este hecho, unido al silencio de Hip\u00f3lito y de otras fuentes, han llevado a la hip\u00f3tesis de si Pr\u00e1xeas (=intrigante, embroll\u00f3n) no ser\u00ed\u00ada el nombre ficticio para designar a un monarquiano ya conocido (Cantalamessa 49). A pesar de las perplejidades, hoy se tiende a admitirlo como personaje hist\u00f3rico distinto. Su doctrina aporta variantes y matices propios al monarquianismo. El Padre y el Hijo no son m\u00e1s que una sola cosa (\u00abduos unum volunt esse ut idem Pater et Filius habeatur\u00bb, Adv. Prax. 5); el Logos no es m\u00e1s que otro nombre (flatus vocis) dado al Padre; por ello, el Padre fue quien se encarn\u00f3, naci\u00f3 de la virgen Mar\u00ed\u00ada, padeci\u00f3 y sufri\u00f3 la pasi\u00f3n (\u00abipsum dicit patrem&#8230; passurn&#8230; post tempus pater natus et pater passus\u00bb, Adv. Prax. 1 s). Ahora bien, todo esto no bastaba para dar raz\u00f3n suficiente de lo que sobre jesucristo dicen los textos b\u00ed\u00adblicos y la fe tradicional. De ah\u00ed\u00ad que se distinga en \u00e9l una dualidad, por una parte el elemento divino o Cristo, que se identifica con el Padre, y por otra parte el elemento humano o jes\u00fas, que es propiamente el Hijo; en realidad, este elemento humano fue el protagonista de la cruz y de la pasi\u00f3n, mientras que el Padre compadeci\u00f3 la pasi\u00f3n con el Hijo (\u00abfilius sic quidem patitur, Pater vero compatitur\u00bb, Adv. Prax. 29). Praxeas dej\u00f3 Roma para ir a Cartago, donde su doctrina alcanz\u00f3 una aceptaci\u00f3n muy amplia, sobre todo entre la gente sencilla, tal como hacen notar Hip\u00f3lito y Tertuliano. Este recuerda el lema repetido incesantemente por la multitud: \u00abrnonarchiam tenemus\u00bb (Adv. Prax. 3) y considera la doctrina monarquiana como algo propio de esp\u00ed\u00adritus simples y sin formaci\u00f3n, de los que habla con desd\u00e9n (\u00absimplices, ne dixerim imprudentes et idiotae, quae major semper pars credentium est\u00bb, Adv. Prax. 3), frente a los cuales \u00e9l se esfuerza por presentar un sistema de pensamiento, elaborado con categor\u00ed\u00adas filos\u00f3ficas, pero no siempre grato a las autoridades doctrinales (cf. Lebreton).<\/p>\n<p>El pensamiento de Noeto fue continuado por Sabelio, del que no tenemos fuentes directas ni en lo relativo a su origen (\u00bfLibia?) ni a su doctrina, excepto que fue condenado por el papa Calixto hacia el 220 por sus posturas monarquianas. La caracterizaci\u00f3n del sabelianismo (cf. Simonetti) transmitida por Hip\u00f3lito (Refut. IX 11s), Epifanio (Panarion 62,1-8) y Atanasio (PG 26, 732) hace del mismo una prolongaci\u00f3n consecuente del monarquianismo, pero introduciendo ahora en su sistema la figura del E. Santo, a la que los anteriores no hab\u00ed\u00adan dado relieve (Bienert 171 es cr\u00ed\u00adtico con esta tesis). No tenemos noticia de ning\u00fan autor concreto que haya sistematizado de alg\u00fan modo el sabelianismo; \u00fanicamente una breve referencia de Eusebio (PG 20, 593A) sobre la ense\u00f1anza de Berilo, obispo de Bostra, a quien Or\u00ed\u00adgenes habr\u00ed\u00ada convencido en un concilio del 240 para que abandonase la postura que manten\u00ed\u00ada sobre el Logos como una realidad no distinta del Padre. El caso es que por esta misma \u00e9poca se difunde ampliamente una versi\u00f3n del sabelianismo, con matices propios, en la Pent\u00e1polis. Ser\u00e1 bastante m\u00e1s tarde cuando Epifanio de Salarnina. (315-403) informe de esta nueva elaboraci\u00f3n (PG 41,1052-1061): Dios, m\u00f3nada simple e indivisible, constituye con el Hijo una persona \u00fanica, de ah\u00ed\u00ad el nombre de hyiop\u00e1tor; al mundo creado se revela en el AT como legislador (Padre), en el NT como redentor (Hijo) y, desde Pentecost\u00e9s, como santificador de las almas (E.Santo) ; pero estos tres estadios sucesivos de la m\u00f3nada divina (\u00fanica hyp\u00f3stasis o pr\u00f3sopon) constituyen tres aspectos, virtualidades, modalidades, como tres nombres de un mismo ser; modalidades que son transitorias, duran \u00fanicamente lo que dura su actuaci\u00f3n, en un movimiento de despliegue y de repliegue en la m\u00f3nada divina. Con esta doctrina se va m\u00e1s all\u00e1 del patripasianismo occidental: la pasi\u00f3n es sufrida realmente por el Hijo, no por el Padre; se evita el subordinacionismo al no conceder al Padre ninguna condici\u00f3n preeminente (es igual que Hijo y Esp\u00ed\u00adritu una manifestaci\u00f3n temporal de la \u00fanica m\u00f3nada) y se hace un lugar para el E. Santo. En el contexto de la difusi\u00f3n de estas doctrinas sabelianas se ha de colocar el conflicto surgido entre Dionisio, obispo de Alejandr\u00ed\u00ada (t 264\/5), que lo combate decididamente con expresiones no siempre afortunadas, y el papa Dionisio de Roma (259-268), quien considera la doctrina de las tres hip\u00f3stasis separadas como equivalente a la afirmaci\u00f3n de tres dioses [sobre la cuesti\u00f3n, cf. infra trite\u00ed\u00adsmo] .<\/p>\n<p>A lo largo del s. IV se mantiene todav\u00ed\u00ada la acusaci\u00f3n de sabelianismo, pero ya no parece responder tanto a una realidad hist\u00f3rica con capacidad de nuevas versiones, cuanto a un arma arrojadiza en contra de los adversarios. As\u00ed\u00ad aparecer\u00e1 con frecuencia en boca de los arrianoso de los eusebianos para acusar de sabelianismo a los defensores del consustancial niceno. En algunos casos, como el de Marcelo de Ancira (t 375 ca.) con motivos suficientes, si bien resulta muy compleja la interpretaci\u00f3n exacta de su pensamiento (Grillmeier 418ss). Partidario entusiasta del homoo\u00fasios niceno, quiere salvar por encima de todo la unidad divina; Dios es una m\u00f3nada indivisible, una \u00fanica ous\u00ed\u00ada e hip\u00f3stasis, que en la creaci\u00f3n y en la encarnaci\u00f3n del Logos se convierte en d\u00ed\u00adada y con la efusi\u00f3n del E. Santo se transforma en tr\u00ed\u00adada; rechaza la concepci\u00f3n origeniana del Logos como una hip\u00f3stasis distinta (romper\u00ed\u00ada la unidad divina y equivaldr\u00ed\u00ada a polite\u00ed\u00adsmo) y no admite diferenciaci\u00f3n intradivina alguna que reconociera al Logos una subsistencia propia. Se trata de la fuerza (dynamis) divina, que sale de Dios para actuar en la historia de creaci\u00f3n y de salvaci\u00f3n y que al fin de los tiempos, cuando su funci\u00f3n se haya cumplido, se reintegrar\u00e1 de nuevo en la m\u00f3nada divina (la f\u00f3rmula del credo, referida a Cristo, de que \u00absu reino no tendr\u00e1 fin\u00bb, seguramente tiene que ver con estas ideas). Seg\u00fan Kelly 296, el pensamiento de Marcelo ser\u00ed\u00ada compatible con el trinitarismo econ\u00f3mico de los occidentales; para los orientales, en cambio, especialmente para los eusebianos, era inaceptable, m\u00e1s a\u00fan en la versi\u00f3n monarquiana adopcionista que del mismo hace su disc\u00ed\u00adpulo Fotino (depuesto en Sirmio 351).<\/p>\n<p>III. Concepto moderno de persona y neomodalismos<br \/>\nEl modalismo, en sus distintas versiones, no es solamente la pervivencia del monote\u00ed\u00adsmo jud\u00ed\u00ado estricto; tambi\u00e9n puede considerarse como un intento de la reflexi\u00f3n creyente por hacer plausible y aceptable para la inteligencia humana, sin obligarla a grandes sacrificios, el lenguaje b\u00ed\u00adblico sobre Dios Padre, Hijo y Esp\u00ed\u00adritu Santo. En cuanto realidad hist\u00f3rica tuvo a finales del s. II y en el III su mayor difusi\u00f3n, prolongada de alguna manera en el IV. Pero en cuanto riesgo permanente reaparece a lo largo de la historia de la teolog\u00ed\u00ada: priscilianismo, la primera escol\u00e1stica con Abelardo (t 1142), la propuesta ilustrada de una religi\u00f3n dentro de los l\u00ed\u00admites de la raz\u00f3n, el socinianismo, gran parte del protestantismo de la \u00e9poca moderna [cf. unitarianismo&#8230;] Es decir, puede considerarse como la sombra indefectible de todo esfuerzo creyente por la inteligibilidad de la fe, sobre todo cuando la preocupaci\u00f3n primera es la unidad y unicidad de Dios.<\/p>\n<p>Para obviar este riesgo se termin\u00f3 introduciendo en las formulaciones dogm\u00e1ticas trinitarias el t\u00e9rmino \u00abpersona\u00bb como un concepto l\u00ed\u00admite [cf. persona]. Las modificaciones sufridas por el mismo en la historia del pensamiento, desde su comprensi\u00f3n cl\u00e1sica como sustancia hasta su comprensi\u00f3n moderna como autoconciencia, ha hecho que diversos te\u00f3logos consideren el uso aproblem\u00e1tico de la expresi\u00f3n \u00abtres personas\u00bb en la situaci\u00f3n cultural de hoy como veh\u00ed\u00adculo f\u00e1cil de un trite\u00ed\u00adsmo casi inevitable, ingenuo y no reflexionado. De ah\u00ed\u00ad sus propuestas complementarias o alternativas: hablar m\u00e1s bien de modos de ser (Seinsweise, Barth) o de modos de subsistir (Subsistenzweise, Rahner) como v\u00ed\u00adas de superaci\u00f3n de la amenaza trite\u00ed\u00adsta. Frente a ellas ha surgido de nuevo la acusaci\u00f3n de neomodalismo, si no manifiesto, ya que los te\u00f3logos respectivos conocen el riesgo y quieren mantener el dogma trinitario, al menos tendencialmente inevitable. De nuevo tambi\u00e9n la invocaci\u00f3n de herej\u00ed\u00adas hist\u00f3ricas como sospecha recelosa, como arma arrojadiza o como afirmaci\u00f3n de los acentos propios en la confrontaci\u00f3n contempor\u00e1nea de distintas corrientes teol\u00f3gicas. En las m\u00e1s recientes (Moltmann, Pannenberg, Ratzinger, Kasper) la insistencia ha basculado hacia la diversidad de personas. Pero ser\u00ed\u00ada presuntuoso dirimir aqu\u00ed\u00ad la cuesti\u00f3n con (des)calificaciones globales, ignorando la complejidad de las respectivas propuestas. Solamente el an\u00e1lisis detallado de las mismas puede permitir un juicio fundado.<\/p>\n<p>IV. Valoraci\u00f3n teol\u00f3gica<br \/>\nEn la historia del pensamiento cristiano el modalismo ha sido un riesgo m\u00e1s propicio entre corrientes teol\u00f3gicas que acentuaban la unidad rigurosa y estricta del Dios \u00fanico (en continuidad con el monote\u00ed\u00adsmo jud\u00ed\u00ado) o insist\u00ed\u00adan en la unicidad de naturaleza e igualdad sustancial de las tres personas para superar de ra\u00ed\u00adz todos los subordinacionismos posibles. Es ciertamente un riesgo peculiar, aunque no exclusivo, de la teolog\u00ed\u00ada occidental de la unidad divina [cf. Regnon y precisiones posteriores]. Harnack, a prop\u00f3sito del conflicto que enfrent\u00f3 a Hip\u00f3lito con los papas Ceferino y Calixto en la controversia modalista, avanz\u00f3 la tesis de que el modalismo ser\u00ed\u00ada como la expresi\u00f3n de la fe com\u00fan de la gente sencilla, modificada posteriormente por la doctrina de los apologistas sobre el Logos distinto del Padre y por toda la construcci\u00f3n dogm\u00e1tica posterior; restos de ese modalismo popular originario podr\u00ed\u00adan descubrirse hasta el s.V en autores retenidos como ortodoxos. En una palabra, cristianismo sencillo y originario, de car\u00e1cter adogm\u00e1tico, por una parte, frente al dogma eclesi\u00e1stico posterior, elaborado por sabios e intelectuales, por otra parte. Seg\u00fan Bardy (1999ss), la tesis no resiste el examen hist\u00f3rico, pues el monarquianismo modalista es una herej\u00ed\u00ada propia de finales del s. II y primera mitad del s. III, en la que el modalismo encuentra su expresi\u00f3n t\u00e9cnica, con diversificaci\u00f3n de escuelas, y de la que se alimentar\u00e1n los modalismos posteriores.<\/p>\n<p>La comprensi\u00f3n modalista rigurosa de Dios disuelve la Trinidad divina en una realidad simplemente manifestativa, en un puro \u00abpro nobis\u00bb, en un aspecto de la reflexi\u00f3n y del pensamiento humano. Los nombres de Padre, Hijo y Esp\u00ed\u00adritu tienen un significado meramente formal y toda distinci\u00f3n personal entre ellos queda difuminada. Con ello no hay lugar tampoco para una cristolog\u00ed\u00ada en sentido estricto y de hecho Noeto acusaba de \u00abdite\u00ed\u00adsmo\u00bb a los que distingu\u00ed\u00adan personalmente entre el Padre y el Hijo y se resist\u00ed\u00adan a admitir su interpretaci\u00f3n modalista. En rigor no hay una asunci\u00f3n real de la historia humana por parte de Dios y el acontecimiento de la encarnaci\u00f3n divina pierde toda consistencia real. La historia vivida y protagonizada por Jes\u00fas de Nazaret se vac\u00ed\u00ada de su significado salv\u00ed\u00adfico para el hombre. Y la verdad salv\u00ed\u00adfica de esos acontecimientos hist\u00f3ricos esel n\u00facleo central que quiere garantizar el dogma trinitario cuando rechaza el modalismo. La historia de Jes\u00fas solamente es salv\u00ed\u00adfica y liberadora si es realmente historia del Dios trinitario, no si \u00fanicamente se desarrolla bajo el signo de una presencia m\u00e1s o menos lejana de Dios. Formulado en lenguaje t\u00e9cnico: solamente si hay una correspondencia rec\u00ed\u00adproca y una identidad real entre Trinidad econ\u00f3mica (revelaci\u00f3n, autocomunicaci\u00f3n de Dios al hombre como Padre, Hijo y Esp\u00ed\u00adritu en la historia salv\u00ed\u00adfica) y Trinidad inmanente (realidad de Dios Padre, Hijo y Esp\u00ed\u00adritu como comuni\u00f3n intradivina y eterna). Es la verdad irrenunciable que quieren garantizar las formulaciones dogm\u00e1ticas mediante la expresi\u00f3n \u00abtres personas trinitarias\u00bb. Salvado este n\u00facleo central es ya una cuesti\u00f3n propia del quehacer y del debate teol\u00f3gico el que puedan encontrarse otras expresiones igualmente v\u00e1lidas.<\/p>\n<p>[- Arrianismo; Barth; Concilios; Escol\u00e1stica; Juda\u00ed\u00adsmo; Monarqu\u00ed\u00ada; Monote\u00ed\u00adsmo; Padres (griegos, latinos); Personas divinas; Polite\u00ed\u00adsmo; Rahner; Regnon, De; Subordinacionismo; Teolog\u00ed\u00ada y econom\u00ed\u00ada; Trinidad; Trite\u00ed\u00adsmo; Unidad, Unitarianismo.]<br \/>\nSantiago del Cura Elena<\/p>\n<p>PIKAZA, Xabier &#8211; SILANES, Nereo,  Diccionario Teol\u00f3gico. El Dios Cristiano,  Ed. Secretariado Trinitario, Salamanca 1992<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Teol\u00f3gico El Dios Cristiano<\/b><\/p>\n<p>Esta palabra se deriva de una ra\u00ed\u00adz griega, que quiere decir \u00abcerrar la boca\u00bb; en sentido pr\u00e1ctico, la m\u00ed\u00adstica es una etapa de la vida espiritual que supone un conocimiento y una percepci\u00f3n de Dios de una gran profundidad, acompa\u00f1ada a menudo de una fenomenolog\u00ed\u00ada extraordinaria (\u00e9xtasis, estigmas, levitaci\u00f3n&#8230;). Te\u00f3ricamente la m\u00ed\u00adstica se propone como lugar cient\u00ed\u00adfico que estudia esta fenomenolog\u00ed\u00ada y esta espiritualidad (teolog\u00ed\u00ada de la m\u00ed\u00adstica, psicolog\u00ed\u00ada de la m\u00ed\u00adstica).<\/p>\n<p>Esencialmente, la m\u00ed\u00adstica es la experiencia de Dios que, entre otros muchos grados a trav\u00e9s de los cuales se puede llegar a Dios, llega incluso a la contemplaci\u00f3n, como cumplimiento de la gracia y de las virtudes infusas.<\/p>\n<p>Sus modalidades pueden ser activas y pasivas, seg\u00fan se acent\u00fae el compromiso del hombre o la invasi\u00f3n directa de Dios. Las clasificaciones de la m\u00ed\u00adstica son varias y &#8211; proceden de diversas teorizaciones o experiencias; santa Teresa, por ejemplo, propone cuatro grados de la vida m\u00ed\u00adstica: 1) quietud, en que el esp\u00ed\u00adritu descansa, aunque no est\u00e1 libre de toda distracci\u00f3n; 2) estado unitivo, en el que es vivo el sentimiento de la continua presencia de Dios y desaparecen los fen\u00f3menos de distracci\u00f3n; 3) el \u00e9xtasis, como cese de la actividad de los sentidos; 4) m\u00ed\u00adstica esponsal, en la que el alma empieza a saborear la presencia de Dios, implicando tambi\u00e9n al cuerpo, en un acto entre conocimiento y visi\u00f3n beat\u00ed\u00adfica inmediata de Dios, que se expresa como irrupci\u00f3n amorosa. La fenomenolog\u00ed\u00ada ps\u00ed\u00adquica que acompa\u00f1a a esta etapa, aunque a menudo se puede encontrar en ella, no es, sin embargo, necesaria.<\/p>\n<p>G. Bove<\/p>\n<p>Bibl.: J Jim\u00e9nez Duque, Teolog\u00ed\u00ada de la m\u00ed\u00adstica, Madrid 1963; A. Rovo Marin, Feolog\u00ed\u00ada de la perfecci\u00f3n cristiana. BAC, Madrid 1958; J Sudbrack, M\u00ed\u00adstica cristiana, en T, Goffi &#8211; B. Secondin, Problemas y perspectivas de espiritualidad, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 375-396; Ch. A. Bernard, Teolog\u00ed\u00ada espiritual Atenas, Madrid, 483-514.<\/p>\n<p>PACOMIO, Luciano [et al.], Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico, Verbo Divino, Navarra, 1995<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico<\/b><\/p>\n<p>I. La m\u00ed\u00adstica como teor\u00ed\u00ada y como pr\u00e1ctica<br \/>\nEn la reflexi\u00f3n teol\u00f3gica la m. se presenta como conciencia de la experiencia de la gracia increada, como revelaci\u00f3n y comunicaci\u00f3n del Dios trino. Una \u00abteolog\u00ed\u00ada de la m.\u00bb tiene por objeto exponer te\u00f3rica y cient\u00ed\u00adficamente sus presupuestos y principios; su m\u00e9todo es el teol\u00f3gico. Una definici\u00f3n de la m. no puede darse al comienzo de una teolog\u00ed\u00ada de la misma, sino que debe m\u00e1s bien elaborarse a trav\u00e9s de \u00e9sta; y as\u00ed\u00ad constituye el contenido de dicha teolog\u00ed\u00ada y la deslinda frente a otros campos semejantes. La palabra misma m. no puede decir nada ni por su origen ling\u00fc\u00ed\u00adstico ni por su historia sem\u00e1ntica acerca del sentido y contenido de la cosa significada. En contraste con la ascesis y la -> asc\u00e9tica, donde ya en los t\u00e9rminos la teor\u00ed\u00ada y la pr\u00e1ctica aparecen como magnitudes diferentes, la m. significa ambas cosas: la theor\u00ed\u00ada de la reflexi\u00f3n cient\u00ed\u00adfica y la praxis &#8211; tecne del ejercicio y de la experiencia. Aqu\u00ed\u00ad radica tambi\u00e9n una de las razones de que ofrezca grandes dificultades el ponerse de acuerdo no s\u00f3lo sobre la cosa misma, sino tambi\u00e9n sobre la explicaci\u00f3n de textos m\u00ed\u00adsticos.<\/p>\n<p>Una teolog\u00ed\u00ada de la m. no tiene que hab\u00e9rselas \u00fanicamente con un tema teol\u00f3gico particular, p. ej., con cap\u00ed\u00adtulos selectos del tratado de la gracia. La m. no puede prescindir del misterio fundamental, la -~ Trinidad econ\u00f3mica (id\u00e9ntica con la Trinidad inmanente), en la que Dios, permaneciendo id\u00e9ntico consigo mismo, se comunica enteramente en forma personal, y no s\u00f3lo a manera de apropiaci\u00f3n. Pero, desde la variedad de temas, el inter\u00e9s fundamental de la m. conduce a un tema \u00fanico y sencillo (lo cual tiene importancia para la reflexi\u00f3n metodol\u00f3gica), que en su sencillez est\u00e1 abierto atodo, del mismo modo que en el credo hablando sobre Dios se informa al cristiano acerca de todo lo que \u00e9l es y debe ser. En su condici\u00f3n de criatura y no obstante su pecado, el hombre se siente llamado constantemente por Dios, porque \u00e9ste se comunica y abre al ser espiritual del hombre de manera totalmente intima; y as\u00ed\u00ad introduce todo su mundo espiritual en el horizonte del existencial sobrenatural ( -> existenciario II), se le da por bondad y amor, de forma que viene a ser para el hombre el fundamento de su existencia y la aut\u00e9ntica verdad de su vida, lo diviniza por la gracia habitual seg\u00fan su propia imagen, no por mediaci\u00f3n de signos creados o de una representaci\u00f3n, sino por su presencia personal interior intimo meo, con libertad completa y absoluta y, por ende, de manera gratuita, para que su oferta y su hablar divino halle tambi\u00e9n entera y libre entrega y un o\u00ed\u00adr divino como respuesta, lo cual s\u00f3lo puede suceder por la fe teologal, que acepta la palabra de Dios como palabra de Dios. Pero la gracia con su luz, la \u00abcentella del alma\u00bb, no es s\u00f3lo conocimiento, sino que est\u00e1 antes y por encima del entendimiento y de la voluntad, all\u00ed\u00ad donde el alma es una unidad previa a la variedad.<\/p>\n<p>No es mera aprehensi\u00f3n y recepci\u00f3n de m\u00faltiples verdades desconectadas o de una selecci\u00f3n de las mismas, sino que llama e incita al hombre entero con toda su vida para que se esfuerce por descubrir siempre de nuevo el contenido oculto del misterio, para que haga una entrega permanente en la fidelidad, en la esperanza creyente, en el amor y en una acci\u00f3n constante seg\u00fan la medida en que Dios se abre y manifiesta a s\u00ed\u00ad mismo, conservando por la humildad y la entrega lo que fundamentalmente se inici\u00f3 ya en un primer principio. Sobre esto tiene que basar una teolog\u00ed\u00ada de la m. sus aut\u00e9nticos enunciados, porque la revelaci\u00f3n de Dios siempre dice algo tambi\u00e9n acerca del hombre; lo dice en todos los enunciados teol\u00f3gicos sobre Dios, uno y trino, sobre su creaci\u00f3n y santificaci\u00f3n, sobre la encarnaci\u00f3n, vida y pasi\u00f3n del Hijo de Dios, sobre la Iglesia y los sacramentos, sobre la gracia y la eterna visi\u00f3n beat\u00ed\u00adfica. Y a su vez todo esto arranca del misterio uno, est\u00e1 oculto en \u00e9l y conduce a su revelaci\u00f3n. Lo cual no puede ni debe significar que la teolog\u00ed\u00ada se transforme en m., como tampoco la m. puede transformarse en teolog\u00ed\u00ada; pero sin duda entrar\u00e1 en el objeto propiamente dicho del te\u00f3logo (en todo caso m\u00e1s de lo que se hace ordinariamente), no menos que de quienquiera piense cristiana y teol\u00f3gicamente, el dirigirse a esta teolog\u00ed\u00ada orante, elaborada \u00abde rodillas\u00bb, que por lo dem\u00e1s no dejar\u00e1 de abordar ning\u00fan tema de reflexi\u00f3n teol\u00f3gica, a la manera como tampoco la moral y la ascesis podr\u00e1n renunciar nunca a una reflexi\u00f3n siempre nueva &#8211; en forma de teor\u00ed\u00ada y doctrina &#8211; de sus enunciados y exigencias.<\/p>\n<p>Pero una teolog\u00ed\u00ada de la m. habr\u00e1 de incluir igualmente en sus consideraciones al hombre como ser agraciado en su subjetividad radical. Y una amplia -> antropolog\u00ed\u00ada teol\u00f3gica desplegar\u00e1 aqu\u00ed\u00ad su correspondiente importancia, tratando de explicar los enunciados teol\u00f3gicos sobre el hombre con el sentido espiritual que eleva a conciencia refleja la realidad religiosa mediante las palabras del mundo objetivo y las categor\u00ed\u00adas mundanas; de forma que por el car\u00e1cter teol\u00f3gico del hombre resulte claro c\u00f3mo lo propiamente m\u00ed\u00adstico es a la vez lo especulativo (TOM\u00ed\u0081S DE AQUINO, ST 1 q. 1 a. 10). Por otra parte, la reflexi\u00f3n sobre el acto religioso en el aspecto particular de la intimidad profundizada pondr\u00e1 precisamente de relieve el elemento m\u00ed\u00adstico para mostrar e interpretar la estructura de la esencia sobrenatural del alma agraciada (no una psicolog\u00ed\u00ada de la m. o del m\u00ed\u00adstico). Fuera de la fe (y, por ende, fuera de la gracia) no hay nada que pueda o deba ser una mediaci\u00f3n para la -> visi\u00f3n de Dios; en este sentido se hace visible y eficaz una vez m\u00e1s la tr\u00ed\u00adada: natura &#8211; gratia &#8211; gloria, que posibilita una aut\u00e9ntica inteligencia de las diversas disciplinas teol\u00f3gicas en su unidad de contenido y de m\u00e9todo. Aqu\u00ed\u00ad radica sin duda una de las razones, si no incluso la principal raz\u00f3n, que justifica toda m. extracristiana, punto que no descuidar\u00e1 ninguna teolog\u00ed\u00ada de la m. Y finalmente el elemento m\u00ed\u00adstico no est\u00e1 ya ligado a un fin, pues descansa en s\u00ed\u00ad mismo, en el misterio como su objeto definitivo, en la plenitud, que es abundancia y cumplimiento (Jn 10, 10; Rom 5, 20; Ef 1, 8; 1 Tim 1, 14).<\/p>\n<p>En la ascesis predomina la invitaci\u00f3n al ejercicio. Por lo que ata\u00f1e a la pr\u00e1xis-tecne de la m., \u00e9sta puede cifrarse en la exhortaci\u00f3n al constante ejercicio de la oraci\u00f3n, entendida en un sentido muy lato, universal y radical (como lectio, studium, meditatio, contemplatio). Sin embargo, no faltan tampoco imperativos directos (cf. p. ej., 1 Cor 12, 31; 14, 39). Sobre el di\u00e1logo del alma hay que decir que cuando oramos, hablamos con Dios; y cuando leemos (en la Escritura) y o\u00ed\u00admos, Dios habla con nosotros. La m. no es en absoluto \u00fanicamente para privilegiados; pero la experiencia m\u00ed\u00adstica depende por una parte de la absoluta y libre voluntad de Dios, y por otra, de la voluntaria recepci\u00f3n y aceptaci\u00f3n de esa comunicaci\u00f3n divina por la fe y la caridad, aunque todo esto se realice fragmentariamente, de modo vario, sucesivamente y de manera imprevisible. No puede hacerse a la m. el reproche de utopismo u hostilidad al mundo, pues afirma a Dios y a todas sus criaturas: busca y encuentra a Dios en todos y en todo. El aut\u00e9ntico acto m\u00ed\u00adstico s\u00f3lo puede aprehenderse dial\u00e9cticamente; ninguna gracia recibida queda vac\u00ed\u00ada o se recibe en balde.<\/p>\n<p>La m. es adem\u00e1s lo propiamente din\u00e1mico en la Iglesia, pues supera el mero seguimiento literal de lo mandado y llena todo lo sacramental e institucional de interioridad y esp\u00ed\u00adritu. La Iglesia no est\u00e1 nunca sin vida m\u00ed\u00adstica. No existen declaraciones generales y obligatorias de la Iglesia sobre la verdadera naturaleza de la aut\u00e9ntica experiencia m\u00ed\u00adstica; la revelaci\u00f3n y la Iglesia son norma negativa para los enunciados m\u00ed\u00adsticos. Pero s\u00ed\u00ad ha tomado posici\u00f3n contra concepciones err\u00f3neas en el terreno de la vida interior religiosa (que ya como tales, se desenmascaran siempre como pseudo-m\u00ed\u00adstica), las cuales en sus presupuestos o en sus consecuencias iban unidas con errores en materia de fe: contra los mesalianos, los hermanos del esp\u00ed\u00adritu libre (DS 866), begardos y beguinas (Dz 471-479), cuyos errores muestran una extra\u00f1a semejanza con los de los alumbrados en tiempo de Ignacio de Loyola, contra el quietismo (DS 2181-2192), Miguel de Molinos (Dz 1221-1288; Dz 1243: mystici; 1246: mystica; 1281, 1283: mors mystica; cf. tambi\u00e9n Dz 1341 1342 1343 1347: sancti mystici).<\/p>\n<p>Por el hecho de que la Iglesia invita a profundizar en la vida de fe y oraci\u00f3n, favorece indirectamente la vida m\u00ed\u00adstica, como lo hace, p. ej., el concilio Vaticano Ix en la constituci\u00f3n dogm\u00e1tica Sobre la Iglesia (n.0, 12, 15), en el decreto Sobre la formaci\u00f3n de los sacerdotes (n.0 9, 22), en la declaraci\u00f3n Sobre la relaci\u00f3n de la Iglesia con las religiones no cristianas (n.0 2, 3), en la constituci\u00f3n dogm\u00e1tica Sobre la revelaci\u00f3n divina (n\u00c2\u00b0 2, 3, 19, 25 et passim); la enc\u00ed\u00adclica de P\u00ed\u00ado xii Mystici corporis (AAS 35 [1943] 193-248) a pesar de lo que insin\u00faa la terminolog\u00ed\u00ada tenia otra intenci\u00f3n, condicionada por las circunstancias y las exigencias del momento. De las manifestaciones sobre una \u00abnueva piedad\u00bb, que proceden de la din\u00e1mica interior y de los carismas de la Iglesia, resulta sin duda la nueva obligaci\u00f3n para te\u00f3logos, predicadores, directores espirituales y laicos de renovar una religiosidad y mistagogia que vive la fe incluso en el quehacer cotidiano, pero a la vez ama la tierra y, aun en lo aparentemente m\u00ed\u00adnimo, sabe del misterio del Dios que est\u00e1 presente y se comunica a s\u00ed\u00ad mismo.<\/p>\n<p>Para enjuiciar la autenticidad o falsedad de los fen\u00f3menos m\u00ed\u00adsticos, dejando aparte los concomitantes fen\u00f3menos externos y accidentales, que no constituyen el n\u00facleo ni la esencia de la vida m\u00ed\u00adstica sino que m\u00e1s bien apartan de ella, hemos de tener en cuenta c\u00f3mo una experiencia del favor divino que llegue incluso a lo profundo del esp\u00ed\u00adritu tambi\u00e9n puede ser interpretada subjetivamente de manera falsa y err\u00f3nea, y en ning\u00fan caso incluye el privilegio de seguridad de la justificaci\u00f3n individual. Precisamente aqu\u00ed\u00ad debe cumplir su tarea esencial la \u00ab-3 discreci\u00f3n de esp\u00ed\u00adritus\u00bb (1 Cor 12, 10) en la variedad y diferencia de \u00abpalabra y conocimiento\u00bb (1 Cor 1, 5; cf. tambi\u00e9n 1 Cor 12, 31ss).<\/p>\n<p>II. M\u00ed\u00adstica y sagrada Escritura<br \/>\nToda la sagrada Escritura est\u00e1 abierta a una interpretaci\u00f3n m\u00ed\u00adstica. Precisamente si se tiene en cuenta y se entiende mediante una retrospecci\u00f3n etiol\u00f3gica la parte humana en la composici\u00f3n de los libros particulares, la palabra y la acci\u00f3n de Dios se describen en la Escritura de tal forma que Dios, con absoluta libertad, crea la posibilidad y el fundamento para su comunicaci\u00f3n personal y la aceptaci\u00f3n y experiencia de la misma, la desvela de manera progresiva, la mantiene permaneciendo \u00e9l lo que es y manifiesta su \u00ed\u00adntima presencia en distintos tiempos y de maneras varias (Heb 1, 1). Y como su palabra y su acci\u00f3n divinas, su querer y su crear absolutamente libres son id\u00e9nticos (cf. G\u00e9n 1, 3; Sal 32, 9), \u00e9l puede hablar tambi\u00e9n al \u00abobjeto\u00bb como a su propio t\u00fa personal, como a su amigo id\u00e9ntico con \u00e9l. Sin perjuicio de su car\u00e1cter hist\u00f3rico, toda la Escritura se convierte en medio y espejo de la \u00abteofan\u00ed\u00ada\u00bb divina. El presupuesto para ello habr\u00e1 de ser que, bajo el velo, la corteza y la c\u00e1scara de la letra (sub cortice litterae) se descubra un sentido espiritual, cabalmente el sentido m\u00ed\u00adstico, de suerte que el verdadero gn\u00f3stico y m\u00ed\u00adstico encuentra y adora a Dios \u00aben esp\u00ed\u00adritu y en verdad\u00bb (Jn 4, 23s). Desde este punto de vista G\u00e9n 1, 1 y Jn 1, 1 forman una unidad y se iluminan mutuamente como datos de la historia de la creaci\u00f3n y de la salvaci\u00f3n, como principio que es tambi\u00e9n fin (cf. Ap 21, 6; 22, 13).<\/p>\n<p>Por tanto, una aut\u00e9ntica teolog\u00ed\u00ada de la m. partir\u00e1 con raz\u00f3n precisamente del hombre, seg\u00fan es descrito en su principio como \u00abad\u00e1n\u00bb, que no ha de ser considerado como un hombre particular, sino que ha de ser visto en su unicidad, singularidad y ejemplaridad, en su cercan\u00ed\u00ada a Dios y su experiencia de esta presencia e imagen de Dios. Puntos culminantes de ese encuentro con Dios, que conducir\u00e1 finalmente a la \u00abalianza\u00bb (G\u00e9n 15, 18; 16, 2ss) y luego al consortium sermonis dei (Ex 34, 29; cf. 2 Pe 1, 4), pueden se\u00f1alarse en la figura de Abraham, que es guiado y ense\u00f1ado por Dios (G\u00e9n 12-22), en el di\u00e1logo de Yahveh con el mismo Abraham (G\u00e9n 22, 1-18), en la visi\u00f3n de Jacob (G\u00e9n 32, 25-31; 35, 9-15) y, por la revelaci\u00f3n y comunicaci\u00f3n del nombre de Yahveh, que es el que es (Ex 3, 14), en el hablar de Dios con Mois\u00e9s (cf. p. ej., Ex 6, 2ss; 19, 3ss; 33, 18ss; 34, 6-35) y en sus mandatos al mismo (Lev 1, Iss; N\u00fam 1, Iss); e igualmente en la transmisi\u00f3n de la palabra de Dios y de su contenido (Dt 1, 6ss), y en las palabras del Se\u00f1or a El\u00ed\u00adas (1 Re 19, 8ss).<\/p>\n<p>Las teofan\u00ed\u00adas de Yahveh en los profetas son siempre visi\u00f3n, llamamiento y misi\u00f3n a los otros y para los otros (p. ej., Is 1, Iss; 6, 1-13; Jer 1, 4ss; Ez 1, 3ss). En los salmos se expresa en forma l\u00ed\u00adrica la presencia y el hablar de Dios, as\u00ed\u00ad como su recepci\u00f3n por el agraciado con acci\u00f3n de gracias, alabanza, arrepentimiento y s\u00faplica. El Cantar de los cantares fue siempre en su forma po\u00e9tica el favorito de los m\u00ed\u00adsticos y el punto de partida de toda la m\u00ed\u00adstica nupcial. A lo largo de todos los libros del AT la interpretaci\u00f3n espiritual del sentido escriturario ha encontrado siempre al Dios que se revela, revelaci\u00f3n que desde el principio hasta el fin tiene una orientaci\u00f3n hist\u00f3rica, verbal, universal (del individuo llamado a los muchos y, finalmente, a todos en el pueblo, en la humanidad por la alianza) y escatol\u00f3gica.<\/p>\n<p>En el Nuevo Testamento se hace luz y realidad definitiva lo que hasta entonces hab\u00ed\u00ada sido umbr\u00e1til y provisional. La comunicaci\u00f3n de Dios mismo en la epifan\u00ed\u00ada de la encarnaci\u00f3n se une con la experiencia dichosa de la uni\u00f3n con Dios en la fe. Ello se ve con especial claridad en la perspectiva jo\u00e1nica; el contenido de las conversaciones con Nicodemo (Jn 3, 1-21) y con la mujer de Samar\u00ed\u00ada (Jn 4, 7-26), el realce del \u00abYo soy\u00bb (Jn 4, 26), que provoca al \u00abt\u00fa\u00bb del interlocutor (cf. sobre ello Ex 3, 14), dejan abiertos los supuestos que inician un encuentro, de forma que finalmente en el creyente mismo (cf. Jn 6, 45) brotar\u00e1n \u00abfuentes de agua viva\u00bb (Jn 7, 38). Este \u00abYo soy\u00bb es la \u00fanica puerta (Jn 10, 7), pan de vida (Jn 6, 35.48. 51), luz (Jn 8, 12), resurrecci\u00f3n y vida (Jn 11, 25), el camino, la verdad y la vida (Jn 14, 6); aqu\u00ed\u00ad tampoco falta el motivo nupcial (Jn 3, 29; Mt 9, 15; 25, Iss).<\/p>\n<p>La experiencia de la comunicaci\u00f3n de Dios debe hacerse en aceptaci\u00f3n agradecida y humilde; y nadie queda excluido de esta oferta (Mt 11, 28), ni los pobres, ni los hambrientos, ni los que lloran (cf. Mt 5, 3ss), ni los gentiles (cf. 8, 10ss), ni siquiera los pecadores (cf. Mt 9, 13; 11, 19). Contiene la misma verdad lo que en las par\u00e1bolas de los sin\u00f3pticos se dice a manera de insinuaci\u00f3n que ha de ser interpretada ulteriormente: un conocer en el no conocer, un no conocer en el conocer, un ver y sin embargo no ver, un hallar en el perder. Pero en uni\u00f3n con ello se habla tambi\u00e9n de una decisi\u00f3n y distinci\u00f3n, de videntes que son ciegos y de no videntes que pueden ver (cf. Jn 9, 39); de los que est\u00e1n \u00abfuera\u00bb (Mc 4, 11), de los que no oyen su voz, de los que no guardan su palabra como bien permanente y, por a\u00f1adidura, escudri\u00f1an las Escrituras, pero no tienen la voluntad que pide la fe (Jn 5, 37ss), mientras que a otros les es dado conocer el misterio del reino de Dios (Mc 4, 11) bajo el velo de la letra, de la imagen y de la par\u00e1bola.<\/p>\n<p>Para Pablo es decisivo el misterio de Dios, el misterio de Cristo, el misterio del evangelio, el misterio de la fe, que es juntamente el misterio de la piedad (1 Cor 4, 1; Col 2, 2s; 4, 3; Ef 1, 7ss; 6, 19; 1 Tim 3, 9.16). El ap\u00f3stol ve su ministerio y misi\u00f3n en la predicaci\u00f3n de la revelaci\u00f3n del misterio, que estaba oculto, pero ahora se ha revelado y puesto de manifiesto a todos los pueblos por los escritos prof\u00e9ticos para operar la obediencia a la fe (Rom 16, 25ss); a \u00e9l, el m\u00e1s peque\u00f1o, le ha sido dada la gracia de dar a conocer a todos el misterio escondido en Dios desde la eternidad (Ef 3, 4s. 7ss). La aceptaci\u00f3n y familiaridad en esta gracia se produce por logos y gnosis (1 Cor 1, 5); Pablo puede comunicar la sabidur\u00ed\u00ada entre los perfectos, una sabidur\u00ed\u00ada oculta en el misterio (1 Cor 2, 6). Pero se mantiene la distinci\u00f3n entre terrenos y espirituales; a los peque\u00f1uelos se les da leche, a los otros manjar s\u00f3lido (1 Cor 2, 14s; 3, ls; cf. Heb 5, llss). Y no sin raz\u00f3n se dirige ya Pablo contra tergiversaciones y abusos, recomendando la debida moderaci\u00f3n (Rom 12, 3).<\/p>\n<p>III. Historia y tradici\u00f3n de la m\u00ed\u00adstica<br \/>\nAun cuando la vida m\u00ed\u00adstica nunca fue extra\u00f1a a la Iglesia, sin embargo, sus formas y manifestaciones han sido muy diferentes entre s\u00ed\u00ad. Toda forma de aut\u00e9ntica m. tendr\u00e1 que ostentar estructuras trinitarias y sus fundamentos ser\u00e1n siempre b\u00ed\u00adblicos; habr\u00e1n de ser tambi\u00e9n caracter\u00ed\u00adsticos sus elementos cristol\u00f3gicos, eclesiales y escatol\u00f3gicos; la imagen y el s\u00ed\u00admbolo (noche oscura) se expresan en su lenguaje; seg\u00fan el tiempo y el origen, hallar\u00e1n sus representantes la m. monacal (m. religiosa), la m. lit\u00fargica y la m. c\u00f3smica y abierta al mundo. Una historia de la m. ser\u00ed\u00ada la historia del desenvolvimiento de elementos m\u00ed\u00adsticos particulares, los cuales, en los diversos aspectos que se suceden hist\u00f3ricamente despliegan en cuanto al contenido y la forma los momentos de una sola y misma idea m\u00ed\u00adstica. Y en esta historia, los m\u00ed\u00adsticos particulares solo pueden comprenderse dentro de movimientos espirituales, como representantes, portavoces literarios y sistematizadores teol\u00f3gicos de tendencias y \u00abescuelas\u00bb particulares.<\/p>\n<p>Es caracter\u00ed\u00adstica de la m. en la era de los padres cierta \u00abteorizaci\u00f3n\u00bb de la idea m\u00ed\u00adstica, apoy\u00e1ndose preferentemente en la semejanza del hombre con Dios seg\u00fan G\u00e9n 1, 26s, o desarrollando tambi\u00e9n el tema del nacimiento de Dios en el alma. Igualmente, de los esfuerzos teol\u00f3gicos por formular con claridad las verdades trinitarias y cristol\u00f3gicas y por justificarlas contra la herej\u00ed\u00ada, nacen nuevos y fructuosos puntos de partida, en los que se emplea el lenguaje de la filosof\u00ed\u00ada helen\u00ed\u00adstica, as\u00ed\u00ad como la tradici\u00f3n no cristiana (-> ex\u00e9gesis, -> ex\u00e9gesis espiritual). El influjo de Or\u00ed\u00adgenes sobre la espiritualidad occidental fue muy importante. Entre las figuras centrales descuella Gregorio de Nisa, al que se ha llamado \u00abpadre de la m\u00ed\u00adstica\u00bb. En general, las investigaciones m\u00e1s recientes han proporcionado conocimientos sorprendentemente nuevos, que en su conjunto hacen ver lo ramificadas y extensas que fueron las influencias de la m. oriental sobre el occidente medieval (-> m\u00ed\u00adstica flamenca, ->.m\u00ed\u00adstica alemana). Irradiaciones extraordinarias y no siempre justificables partieron de la figura y obra del pseudo-Dionisio Areopagita. Su obra menor De mystica theologia est\u00e1 dirigida con gran sobriedad en su estructura tem\u00e1tica al conocimiento del misterio divino, pero no puede pasarse por alto su influjo debido a la masa de comentarios que provoc\u00f3 durante la edad media y sobre todo desde la teolog\u00ed\u00ada barroca.<\/p>\n<p>Tom\u00e1s de Aquino no desarroll\u00f3 una teor\u00ed\u00ada propia de la m.; en cambio, \u00e9l mismo, como en general la escol\u00e1stica medieval, pone en primer t\u00e9rmino con m\u00e1s fuerza y claridad la cuesti\u00f3n de la profec\u00ed\u00ada y los carismas (tambi\u00e9n raptus y excessus). Es de notar que en Tom\u00e1s y en los te\u00f3logos medievales se presupone la idea del \u00abexistencial sobrenatural\u00bb: Super istum autem modum communem est unus specialis, qui convenit naturae rationali, in qua deus dicitur esse sicut cognitum in cognoscente et amatum in amante&#8230; attingit creatura rationalis ad ipsum deum, secundum specialem modum deus non solum dicitur in creatura rationali esse, sed etiam habitare in ea sicut in templo suo&#8230; Habere autem potestatem fruendi divina persona est solum secundum gratiam gratis facientem (ST t q. 43 a. 3); per donum gratiae gratum facientis perficitur creatura rationalis ad hoc quod libere non solum ipso dono creato utatur, sed ut ipsa divina persona fruatur (ibid., ad 1). Hasta hoy d\u00ed\u00ada se percibe con fuerza desproporcionada el influjo de la -> m\u00ed\u00adstica espa\u00f1ola en el trabajo teol\u00f3gico; de este modo se restringieron innecesaria e injustificadamente los verdaderos aspectos de la m. en un sentido demasiado individualista (a lo sentimental y privado, a lo subjetivo y psicol\u00f3gico). Eso no s\u00f3lo fue un obst\u00e1culo para superar una concepci\u00f3n te\u00f3rica condicionada por el tiempo y la historia, sino que llev\u00f3 tambi\u00e9n a una absolutizaci\u00f3n unilateral de ciertos elementos (de todo punto positivos) en el conjunto de la espiritualidad. Aqu\u00ed\u00ad particularmente, la teolog\u00ed\u00ada de la -> espiritualidad trata de contrarrestar semejante restricci\u00f3n.<\/p>\n<p>IV. Cuestiones y tareas<br \/>\nComo en toda reflexi\u00f3n nueva en cualquier ciencia, en la m. como teor\u00ed\u00ada interesa ante todo la cuesti\u00f3n de c\u00f3mo se elijan el punto de partida y el m\u00e9todo. Una sistematizaci\u00f3n depender\u00e1 aqu\u00ed\u00ad considerablemente del estado de la respectiva investigaci\u00f3n teol\u00f3gica (p. ej., en el terreno de la teolog\u00ed\u00ada de la gracia). Una distinci\u00f3n entre m. en sentido lato (m. en cierto modo como \u00abcaso normal\u00bb) y en sentido estricto (m. como estado privilegiado) es insostenible, pues, a la postre, en el don se da el dador mismo, aunque en la vida religiosa ordinaria, por las razones m\u00e1s diversas (impedimentos externos e internos), no todos realizan todas las posibilidades. Hay que conceder de todo punto que habr\u00ed\u00ada de elaborarse una explicaci\u00f3n m\u00e1s amplia y exacta de la -> experiencia, por la que, supuesta una psicolog\u00ed\u00ada especulativa, la experiencia de la gracia como realidad creada (con su variedad de estados subjetivos) pudiera distinguirse de la experiencia aut\u00e9ntica (aunque mediata) del encuentro y comunicaci\u00f3n con el Dios personal. Tambi\u00e9n deben deslindarse claramente los datos m\u00ed\u00adsticos frente a toda especie de vivencia filos\u00f3fica de la -3 trascendencia. Y queda igualmente por definir m\u00e1s exactamente la relaci\u00f3n de la m. con la gnosis, el esoterismo y los carismas (sefialadamente con los carismas de la Iglesia que se conceden para provecho de los dem\u00e1s, distinci\u00f3n que est\u00e1 ya anticipada en el utifrui del agustinismo medieval).<\/p>\n<p>Principalmente en torno a dos cuestiones se mueven los esfuerzos en este terreno: ante todo, en torno a la definici\u00f3n de la relaci\u00f3n entre asc\u00e9tica y m. en la s\u00ed\u00adntesis de una espiritualidad orientada teol\u00f3gicamente; la otra cuesti\u00f3n versa sobre la existencia y posibilidad de una m. extracristiana. No cabe discutir la existencia de fen\u00f3menos m\u00ed\u00adsticos (fuera de la Iglesia, en el juda\u00ed\u00adsmo y en el islam, as\u00ed\u00ad como en las religiones orientales); la explicaci\u00f3n te\u00f3rica de su posibilidad no es uniforme (p. ej., por la \u00abnaturaleza\u00bb general del hombre como destinatario de lo divino o por la receptividad del alma naturaliter christiana, o tambi\u00e9n por la analog\u00ed\u00ada fidei, que tiene aqu\u00ed\u00ad un campo de aplicaci\u00f3n). Sin embargo, aparte de eso, el inter\u00e9s general por lo m\u00ed\u00adstico indica que aqu\u00ed\u00ad precisamente parece haber llegado la hora de la confrontaci\u00f3n de la m. cristiana con la no cristiana como encuentro de las religiones (H. de Lubac).<\/p>\n<p>Ahora bien, la m. no muestra su presencia primariamente en manifestaciones escritas u orales; con frecuencia el m\u00ed\u00adstico no halla la reflexi\u00f3n te\u00f3rica o el enunciado verbal para comunicar acertadamente sus experiencias. Esto es importante para la explicaci\u00f3n y ex\u00e9gesis de textos \u00abm\u00ed\u00adsticos\u00bb. Ante el hecho de la profanaci\u00f3n general del nombre de m. y de su secularizaci\u00f3n (as\u00ed\u00ad, p. ej., tambi\u00e9n en la sustituci\u00f3n por el -> mito o en el horror mysterii como imposibilidad total de conocer y como ambigua teolog\u00ed\u00ada negativa), se hace urgente una hermen\u00e9utica cr\u00ed\u00adtica precisamente en toda especie de m. \u00fanicamente \u00abliteraria\u00bb, para penetrar en la necesaria inteligencia previa. En esta hermen\u00e9utica han de incluirse cuestiones como las siguientes: la forma aut\u00e9ntica del texto, la transmisi\u00f3n de los textos particulares, su g\u00e9nero literario, preguntas relativas a la formaci\u00f3n y la psicolog\u00ed\u00ada, influencias ling\u00fc\u00ed\u00adsticas (terminolog\u00ed\u00ada neoplat\u00f3nica, im\u00e1genes y s\u00ed\u00admbolos), mezcla o confusi\u00f3n con vivencias subjetivas. Dentro de una estimaci\u00f3n sin prejuicios de lo m\u00ed\u00adstico, no podr\u00e1 renunciarse a una ciencia teol\u00f3gica cr\u00ed\u00adtica y bien fundada, ni a la discreci\u00f3n de esp\u00ed\u00adritus.<\/p>\n<p>BIBLIOGRAF\u00ed\u008dA: DSAM; J. Dani\u00e9lou, Platonisme et th\u00e9ologie mystique (P 1944); A. Ampe, Kemproblemen uit de leer van Ruusbroec I-111(Tielt 1950 ss); H. U. v. Balthasar, Besondere Gnadengaben und die zwei Wege menschlichen Lebens. Kommentar zu S. th. 2\/II qu. 171-182: DThA 23 (1954); Rahner III 13-34 (Sobre el problema del camino gradual hacia la perfecci\u00f3n cristiana), 103-108 (Sobre la experiencia de la gracia), 313-330 (La m\u00ed\u00adstica ignaciana de la alegr\u00ed\u00ada del mundo); E. Lohmeyer, Urchristliche M. (Darmstadt 21958); R. Verneaux, L&#8217;exp\u00e9rience mystique et la philosophie: Recherches de Philosophie I1I-IV (P 1958) 307-364; L. Bouyer &#8211; M. J. Leclercq &#8211; F. Vandenbroucke &#8211; L. 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L\u00f3pez, La oraci\u00f3n contemplativa (Granada 1966).<\/p>\n<p>Heribert Fischer<\/p>\n<p>K. Rahner (ed.),  Sacramentum Mundi. Enciclopedia Teol\u00cf\u0192gica, Herder, Barcelona 1972<\/p>\n<p><b>Fuente: Sacramentum Mundi Enciclopedia Teol\u00f3gica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>[210] Parte de la teolog\u00ed\u00ada que estudia las comunicaciones divinas de Dios a las almas piadosas y las respuestas aconsejables ante los diversos dones con que Dios obsequia a los que se siguen en intimidad y en sus designios recompensa con singularidad. La m\u00ed\u00adstica puede denominarse \u00abTeolog\u00ed\u00ada m\u00ed\u00adstica\u00bb, pero el uso ha simplificado el concepto &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/mistica\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abMISTICA\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-12384","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/12384","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=12384"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/12384\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=12384"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=12384"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=12384"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}