{"id":12390,"date":"2016-02-05T08:27:35","date_gmt":"2016-02-05T13:27:35","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/notas-de-la-iglesia\/"},"modified":"2016-02-05T08:27:35","modified_gmt":"2016-02-05T13:27:35","slug":"notas-de-la-iglesia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/notas-de-la-iglesia\/","title":{"rendered":"NOTAS DE LA IGLESIA"},"content":{"rendered":"<p>[264]<\/p>\n<p>    La Iglesia tiene unas caracter\u00ed\u00adsticas singulares, precisamente por ser una sociedad \u00fanica y original. Tradicionalmente se han enumerado las cuatro notas principales: unidad, santidad, catolicidad y apostolicidad, que incluso se recogen en los s\u00ed\u00admbolos de fe desde los primeros tiempos, sobre todo en el apost\u00f3lico.<\/p>\n<p>    Pero, de hecho se puede a\u00f1adir otros elementos constituyentes como son su visibilidad, su indefectibilidad, su infalibilidad o su ministerialidad. Lo importante no es dilucidar cu\u00e1les y cu\u00e1ntas son las caracter\u00ed\u00adsticas esenciales de la Iglesia, sino su alcance y los compromisos que reclaman en sus miembros.<\/p>\n<p>    Los Obispos de Latinoam\u00e9rica dec\u00ed\u00adan en su reuni\u00f3n de Puebla: \u00abPor lo mismo, aceptar a Cristo es aceptar a su Iglesia. Ella es parte del Evangelio, del legado de Jes\u00fas, y objeto de nuestra fe, amor y lealtad. Lo manifestamos cuando decimos\u00bb Creo en la Iglesia una, santa, cat\u00f3lica, apost\u00f3lica.\u00bb (Documento. 222)<\/p>\n<p>    1. Visibilidad de la Iglesia<br \/>\n    Es la primera de las notas. La Iglesia ha sido hecha para este mundo. Tiene que hacerse sensible ante los hombres. Se opone este rasgo primordial la definici\u00f3n de Iglesia de Calvino y de diversos Reformadores, tomada de Juan Huss, para quien la Iglesia consiste s\u00f3lo en \u00abla comunidad de los predestinados para la salvaci\u00f3n (Denz. 627). Calvino la llama \u00abUni\u00f3n de los elegidos para el Reino\u00bb. Y con t\u00e9rminos que ofrece Lutero, ser\u00ed\u00ada \u00abla reuni\u00f3n de los santos[fieles], en la cual se ense\u00f1a rectamente el Evangelio y se administran rectamente los sacramentos.\u00bb (Conf. Aug., art. 71)<\/p>\n<p>     Para los reformadores, la Iglesia es invisible. Est\u00e1 formada por la comunidad de los elegidos. S\u00f3lo Dios la conoce, pues el hombre, seg\u00fan ellos, no sabe si ha sido predestinado a la vida eterna.<\/p>\n<p>     1.1. Conceptos b\u00e1sicos.<\/p>\n<p>    Sin embargo la Iglesia siempre se ha sentido encarnada en el mundo, pues en el mundo fue hecha y al mundo fue enviada por su Fundador. La visibilidad es aquella propiedad de la Iglesia por la cual se manifiesta ante los hombres como realidad humana. Lo primero en ella son las personas. Pero cuentan tambi\u00e9n, los hechos, los recursos, las instituciones, los templos&#8230;<\/p>\n<p>    Hay que distinguir entre lo que se ve materialmente y lo m\u00e1s formal y organizativo, que no es material. Cuando no se distingue entre ambas dimensiones, se incurre en la peregrina idea de confundir ley con el libro en el que est\u00e1 escrita la ley, plegaria con la f\u00f3rmula en que se encierra la plegaria, la \u00abIglesia\u00bb como comunidad con \u00abla iglesia\u00bb como edificio en el que se re\u00fanen los cristianos. Es confusi\u00f3n frecuente, incluso entre los cristianos poco instruidos.<\/p>\n<p>     La Iglesia, como conjunto de creyentes unidos por el amor, tiene unas formas que la hacen presente en el mundo. Por ellas es vista, contemplada, aceptada o rechazada por los que nos son creyentes. Los cristianos, o miembros de la Iglesia, est\u00e1n unidos tambi\u00e9n de manera externa y visible. Forman una sociedad religiosa.<\/p>\n<p>    1.1.1. Conviene la visibilidad<br \/>\n    La Iglesia es consciente de que se hace presente ante los hombres todos no tanto por sus edificios, por sus obras de arte o por sus procesiones, sino por sus miembros. De los primeros cristianos se dice que eran visibles en el amor; los paganos dec\u00ed\u00adan de ellos: \u00abMirad como se aman\u00bb. Y era lo que m\u00e1s atra\u00ed\u00ada hacia su comunidad a otros creyentes.<\/p>\n<p>    Esa testimonialidad preocupa a la Iglesia y sabe que tiene que cultivarla adecuadamente. Los concilios y los grandes escritores de todos los tiempos han insistido en esa visibilidad: Trento hablaba de \u00absacrificio visible\u00bb y \u00absacerdocio visible y externo\u00bb (Denz. 957). El Vaticano I reclamaba atenci\u00f3n al \u00abfundamento visible de la Iglesia, que es Pedro y sus sucesores\u00bb (Denz. 1821). El Vaticano II recordaba ese dato como algo esencial: \u00abCristo, Mediador \u00fanico, estableci\u00f3 su santa Iglesia, comunidad de fe, de esperanza y de caridad, en este mundo, como una trabaz\u00f3n visible y la mantiene constantemente; gracias a ello, comunica a todos la verdad y la gracia. Esta sociedad, dotada de \u00f3rganos jer\u00e1rquicos, y el cuerpo m\u00ed\u00adstico de Cristo, reuni\u00f3n visible y comunidad espiritual, la Iglesia terrestre y la Iglesia de bienes celestes, no han de ser consideradas como dos cosas, sino que forman una sola y \u00fanica realidad compleja, constituida por un elemento humano o otro divino\u00bb. (Lumen Gentium 89)<\/p>\n<p>     Este rasgo fue resaltado por los Papas, sobre todo desde que en el siglo XIX el racionalismo cient\u00ed\u00adfico, y su derivado el laicismo radical, pretendieron entender la Iglesia como algo espiritual e interior, que nada ten\u00ed\u00ada que decir a un mundo real al que ella no pertenec\u00ed\u00ada por su naturaleza.<\/p>\n<p>     Su lema \u00ablo espiritual para los esp\u00ed\u00adritus y lo real para los hombres de este mundo\u00bb, en nada entend\u00ed\u00ada ni respetaba la aut\u00e9ntica identidad de la Iglesia, que sintetiza lo m\u00ed\u00adstico y lo pr\u00e1ctico, por tratar con hombres mundanos destinados a la vida celeste.<\/p>\n<p>     Por eso Le\u00f3n XIII escrib\u00ed\u00ada lo siguiente en la Enc\u00ed\u00adclica \u00abSatis cognitum\u00bb, de 1896: \u00abSi tenemos ante la vista el fin \u00faltimo de la Iglesia y las causas pr\u00f3ximas que operan la santidad, la Iglesia es, efectivamente, espiritual.  Pero, si miramos los miembros que la constituyen, as\u00ed\u00ad como los medios que conducen a los dones espirituales, entonces la Iglesia se manifiesta de forma externa y necesariamente visible\u00bb.<\/p>\n<p>    1.1.2 Visibilidad en el Evangelio<br \/>\n    En los dichos y hechos de Jes\u00fas, recogidos en los textos evang\u00e9licos, queda patente el sentido de comunidad que pretende y que se apoya en una vida real en este mundo. \u00abEllos quedan en el mundo; no te pido que los saques de \u00e9l, sino que los defiendas del mal\u00bb (Jn. 17.15).<\/p>\n<p>    Otorga a sus Ap\u00f3stoles el poder de gobernar: \u00abQuien a vosotros escucha a M\u00ed\u00ad me escucha.\u00bb (Lc. 10. 16). Considera a sus seguidores se\u00f1ales ante los dem\u00e1s: \u00abVosotros sois la luz del mundo&#8230; y sois la sal de la tierra\u00bb. (Mt. 5. 13-15). Y les recuerda que tendr\u00e1n dificultades, \u00abporque le mundo les odia, ya que se han escapado de \u00e9l.\u00bb(Jn. 16. 18)<\/p>\n<p>    Esta visi\u00f3n evang\u00e9lica fue entendida perfectamente por los antiguos Padres de la Iglesia. San Ireneo recuerda a los gn\u00f3sticos que los verdaderos seguidores de Jes\u00fas \u00abforman la Iglesia y en todo el mundo profesan la misma fe, guardan los mismos mandamientos y conservan la misma forma de organizaci\u00f3n eclesi\u00e1stica. Ella es el candelabro de siete brazos, que es visible a todos y esparce la luz de Cristo\u00bb (Adv. haer. V. 20. 1).<\/p>\n<p>     Y S. Agust\u00ed\u00adn define la Iglesia como la ciudad edificada sobre un monte de la que habla Mateo en 5. 14: \u00abLa ciudad se presenta clara y visible a la faz de todos los hombres; pues es una ciudad edificada sobre un monte y no puede ocultarse.\u00bb (Contra Cresconium II 36. 45)<\/p>\n<p>    1.2. Sacramento ante los hombres<br \/>\n    Desde el Vaticano II, el sentido misional y kerigm\u00e1tico de la Iglesia en el mundo de los tiempos presentes se ha resaltado al m\u00e1ximo. La Iglesia se deja de concebir como \u00absociedad de los fieles cristianos cuya cabeza visible es el Papa\u00bb, como define el Catecismo romano, pera resaltar otro aspectos.<\/p>\n<p>    La Iglesia se presenta insistentemente como sacramento universal de salvaci\u00f3n. Hasta una docena de veces emplea el Concilio Vaticano II la expresi\u00f3n \u00absacramento de salvaci\u00f3n\u00bb. (Sacrosanctum Concilium, 5 y 26; Lumen Gentium, 9, 48, 59; Gaudium et Spes 42 y 45; Ad Gentes 1 y 5)  Con esta expresi\u00f3n se recoge la dimensi\u00f3n significativa y din\u00e1mica de la Iglesia, continuadora de la misi\u00f3n de Cristo, que dec\u00ed\u00ada con expresi\u00f3n t\u00ed\u00adpicamente jo\u00e1nica ser la luz que ilumina a este mundo. \u00abHe venido para que tengan luz y la tengan en abundancia\u00bb (Jn. 3. 19; 8. 12; 9. 5)<\/p>\n<p>    Cristo puso al alcance de los hombres todos medios que ellos necesitaban para cumplir la voluntad divina: ilustr\u00f3 sus inteligencias, ofreci\u00f3 consejos y consignas, sobre todo dio ejemplos concretos de c\u00f3mo ten\u00ed\u00adan que hacer.<\/p>\n<p>    Entre estos medios, Jes\u00fas quiso ofrecer para la salvaci\u00f3n humana determinadas riquezas divinas y magn\u00ed\u00adficas, a fin de demostrarnos el amor que nos ten\u00ed\u00ada. Las m\u00e1s valiosas fueron: &#8211; El don de su presencia, pues incluso quiso quedarse con nosotros de manera misteriosa en el pan eucar\u00ed\u00adstico.<\/p>\n<p> &#8211; El testimonio de sus hechos, que eran m\u00e1s persuasivos que sus palabras.<\/p>\n<p> &#8211; El mensaje de su palabra de vida eterna, que no era otra cosa que la revelaci\u00f3n confiada por su Padre celestial para ser transmitida a todos.<\/p>\n<p> &#8211; Los signos sensibles o sacramentos que instituy\u00f3, a trav\u00e9s de los cuales quiso darnos su gracia y amistad.<\/p>\n<p> &#8211; Y la promesa de su Esp\u00ed\u00adritu Santo, que tambi\u00e9n nos fue presentado como el Consolador y fue enviado por el Padre y por el Hijo.<\/p>\n<p>    Estos dones divinos, estos regalos, fueron entregados a sus seguidores. Pero se los regal\u00f3 de manera solidaria, no para uso individual. Para que los entendieran, recordaran y profundizaran, les dio tambi\u00e9n el regalo de la Comunidad de vida y de amor, en la que compartieran los dones del Se\u00f1or.<\/p>\n<p>     La Iglesia es la Comunidad de Jes\u00fas, constituida por todos los hombres que aceptan su mensaje y que asumen el vivir conforme a sus ense\u00f1anzas. Los que creen y los que viven seg\u00fan la doctrina de Jes\u00fas son los verdaderos miembros de la Iglesia. Los que no creen y los que no viven en conformidad con su mensaje est\u00e1n llamados a incorporarse a su familia, a su grupo, a su Comunidad, pero no lo son todav\u00ed\u00ada en la medida en que su pensamiento y sus hechos no se hallan en la l\u00ed\u00adnea de Jes\u00fas.<\/p>\n<p>     Jes\u00fas fund\u00f3 la Iglesia para cumplir con la voluntad salvadora del Padre que le hab\u00ed\u00ada enviado a la tierra. Como enviado del Padre, todo lo hac\u00ed\u00ada en conformidad con su misi\u00f3n salvadora. Por eso funda la Iglesia y la conf\u00ed\u00ada la misi\u00f3n de prolongar en la tierra su misi\u00f3n redentora. Es el verdadero rostro de la Iglesia: rostro de misericordia, de fortaleza, de iluminaci\u00f3n, de animaci\u00f3n, de esperanza.<\/p>\n<p>     1.3. Faceta interna e invisible<\/p>\n<p>     Es evidente que la Iglesia no agota en su faceta visible su misi\u00f3n en el mundo. Es portadora de riqueza interior, m\u00ed\u00adstica, espiritual, que es la gracia que est\u00e1 destinada a repartirse entre todos los hombres. Esa faceta interna e invisible es decisiva en su misi\u00f3n.<\/p>\n<p>     El fin de la Iglesia, la santificaci\u00f3n de sus miembros y de todos los hombres que quieran aprovecharse de su oferta de salvaci\u00f3n, debe tambi\u00e9n ser cumplido con los medios externos que ella puede recoger y emplear. Pero posee tambi\u00e9n los medios internos que sus riquezas verdaderas portentosas: la verdad, el mensaje, la gracia, la esperanza, el amor, sobre todo el Esp\u00ed\u00adritu Santo.<\/p>\n<p>     Ella es distribuidora de \u00abla gracia de Dios\u00bb y de \u00absus gracias participadas\u00bb. Pero necesita hacerlas presentes en el mundo. Y la Iglesia lo consigue a trav\u00e9s del soporte de su palabra y de sus hechos de caridad.<\/p>\n<p>     Las objeciones que se puedan alzar contra la visibilidad de la Iglesia, que a veces se han apoyado tambi\u00e9n con textos evang\u00e9licos aparentemente contundentes: \u00abEl reino de Dios est\u00e1 dentro de vosotros.\u00bb (Lc. 1. 7 y 2. 1.), no son capaces de eclipsar las numerosas referencias a la comprensi\u00f3n de su realidad humana y de sus proyecci\u00f3n mundanal.<\/p>\n<p>    2. Unidad de la Iglesia<br \/>\n    Por unidad no se entiende tan s\u00f3lo la unidad asociativa y organizativa, o unicidad, sino principalmente la unidad interna o \u00abindivisi\u00f3n\u00bb. La Iglesia, fundada por Cristo, es \u00fanica. No hay otra que pueda tener la misma ascendencia en el Se\u00f1or Jes\u00fas, aun cuando hay diversos grupos que se llaman a s\u00ed\u00ad mismos \u00abortodoxos\u00bb, \u00abevang\u00e9licos\u00bb, o cristianos.<\/p>\n<p>    La Iglesia profesa en el s\u00ed\u00admbolo niceno-constantinopolitano su fe con claridad. \u00abCreo en una santa Iglesia\u00bb (Denz. 86). Pero los modos de aclarar y fundamentar esa unidad han variado con los tiempos. Adem\u00e1s no conviene confundir unidad, con uniformidad, con unicidad, con unanimidad o con uni\u00f3n.<\/p>\n<p>   &#8211;  Los primitivos cristianos situaban la unidad en el amor, tal como lo hab\u00ed\u00ada mandado el Se\u00f1or. (Jn. 13. 31-35)<\/p>\n<p>    Eran unidad porque se amaban como hermanos de la misma familia.<\/p>\n<p>   &#8211;  Con las herej\u00ed\u00adas, que desde el siglo II surgen, la unidad se situ\u00f3 fundamentalmente en la doctrina. Y esa actitud se transmiti\u00f3 a lo largo de la Edad Media.<\/p>\n<p>   &#8211;  Con las rebeliones del siglo XVI, sobre todo la unidad se vincul\u00f3 con la autoridad. El concilio del Vaticano I pon\u00ed\u00ada la unidad en la autoridad \u00fanica: \u00abPara que toda la multitud de los fieles se conservara en la unidad de la fe y la comuni\u00f3n, puso a San Pedro a la cabeza de todos los dem\u00e1s Ap\u00f3stoles, estableciendo en \u00e9l el principio visible y el fundamento perpetuo de esta doble unidad\u00bb (Denz 1821).<\/p>\n<p>     Era ense\u00f1anza que refrendaba luego Le\u00f3n XIII en su Enc\u00ed\u00adclica Satis cognitum, sobre la unidad: \u00abComo el divino Fundador quiso que la Iglesia fuera una en la fe, en el gobierno y en la comuni\u00f3n, eligi\u00f3 a Pedro y a sus sucesores como fundamento y, en cierto modo, centro de la unidad.\u00bb (Denz. 1960)<\/p>\n<p>   &#8211;  Los tiempos modernos, sobre todo desde el Concilio Vaticano II, han situado el conceptos de la unidad eclesial en la armon\u00ed\u00ada divina que rige en la comunidad terrena y en la fuerza cohesiva que genera la misi\u00f3n evang\u00e9lica. Resalta la necesidad de la unidad por su car\u00e1cter misional y testimonial. \u00abLa Iglesia, en fuerza de su misi\u00f3n de iluminar al orbe entero con el mensaje apost\u00f3lico&#8230; debe tener la unidad del \u00fanico pueblo de Dios.\u00bb (Gaudium et spes 92)<\/p>\n<p>     Con los diversos testimonios conciliares y pontificios sobre este aspecto, podemos distinguir una doble unidad de la Iglesia: la unidad de fe y la unidad de doctrina, la unidad de comunidad y la unidad de autoridad.<\/p>\n<p> 2.1. La unidad de la fe<\/p>\n<p>     Se produce cuando todos los miembros de la Iglesia creen internamente, al menos de forma impl\u00ed\u00adcita, y confiesan de coraz\u00f3n, no s\u00f3lo externamente, las verdades de fe propuestas por el Magisterio eclesi\u00e1stico.<\/p>\n<p>     Se cumple entonces la consigna paulina: \u00abCon el coraz\u00f3n se cree para la justicia y con la boca se confiesa para la salud.\u00bb (Rom. 10. 10).<\/p>\n<p>    Es decir, que todos responden a los mismos misterios revelados y a los mismos dogmas proclamados por la autoridad. Y los enuncian con el mismo S\u00ed\u00admbolo formal de la comunidad eclesial.<\/p>\n<p>     La unidad en la fe afecta al n\u00facleo b\u00e1sico de las ense\u00f1anzas oficiales de la Iglesia, no al resto de las doctrinas complementarias, derivadas o marginales, en donde existe margen suficiente para mantener diversas opiniones.<\/p>\n<p>    2. 2. La unidad de doctrina<br \/>\n    El sentido de la unidad doctrinal se vincula con la manera y contenido natural de las ense\u00f1anzas, lenguajes, testimonios que aparecen en el Evangelio como mensaje de Jes\u00fas o se transmiten en la Tradici\u00f3n como estilos cristianos.<\/p>\n<p>    La unidad eclesial implica no tanto la ex\u00e9gesis unificada de lo que se debe transmitir y vivir en la Iglesia, sino la aceptaci\u00f3n de lo que Cristo ense\u00f1\u00f3.<\/p>\n<p>    Lo dif\u00ed\u00adcil es deslindar lo que Cristo quiso ense\u00f1ar en los diversos aspectos de su mensaje y lo que son interpretaciones variables que se han dado a lo largo de los siglos o se dan en el contexto de las diversas culturas.<\/p>\n<p>    La cuesti\u00f3n no debe ser f\u00e1cil, puesto que todos los disidentes en la Historia de la Iglesia se han apoyado en los textos del Evangelio para justificar las m\u00e1s dispares actitudes o ense\u00f1anzas.<\/p>\n<p>    Los miembros de la Iglesia constituyen un cuerpo social en el que hay pensadores muy diversos, tanto por sus capacidades intelectuales como por sus contextos culturales. No es posible humanamente reclamar una unidad perfecta en la formulaci\u00f3n de la doctrina cristiana.<\/p>\n<p>    Por eso es conveniente diferenciar entre las doctrinas fundamentales, que son las que deben constituir el soporte o cimiento de la unidad en la Iglesia, y las opiniones particulares, que pueden variar como es natural. Entre el dogma de la divinidad de Cristo y el sentido de la indulgencia o el valor matem\u00e1tico de los sufragios por los difuntos hay tanta distancia en valor doctrinal, que es preciso discernir con frecuencia lo que es discutible y lo que es innegable.<\/p>\n<p>    Algo parecido acontece en la moral y en la liturgia. Entre la defensa de la vida del hombre y la frontera entre usura y rentabilidad natural en los pr\u00e9stamos, entre certeza de la presencia de Cristo en la Eucarist\u00ed\u00ada y la inflexibilidad en una fecha concreta para celebrar la Pascua, hay distancias incalculables.<\/p>\n<p>    Se reclama como necesidad la unidad doctrinal, pero se discute d\u00f3nde est\u00e1n m\u00e1s o menos las fronteras de lo opinable y de lo indiscutible, sobre todo en tiempos culturales en los que la libertad de expresi\u00f3n se considera un \u00abderecho humano\u00bb fundamental.<\/p>\n<p>    La unidad de la fe y de la doctrina se rompe por el error, por la herej\u00ed\u00ada y, con frecuencia, por las actitudes ambiguas, reticentes o imprudentes en la defensa de la verdad. A veces son las novedades doctrinales m\u00e1s cercanas a las opiniones period\u00ed\u00adsticas resonantes que a las ense\u00f1anzas serenas de los creyentes, las ponen en peligro esa unidad o llevan a confundir la verdad con la novedad.<\/p>\n<p>   2.3. Unidad de autoridad<br \/>\n    Esta unidad consiste, en la aceptaci\u00f3n, y sujeci\u00f3n por parte de los miembros, de la autoridad: del Magisterio en su misi\u00f3n de ense\u00f1ar, de la Jerarqu\u00ed\u00ada en su ministerio de gobernar.<\/p>\n<p>    Esa unidad se fundamenta en las personas \u00abordenadas\u00bb, sacramentalmente o no, para el servicio del mando: al Papa como Primado, a los Obispos como pastores sucesores de los Ap\u00f3stoles, a las instancias de gobierno que la Iglesia establece para un ejercicio subsidiario o vicario de la autoridad.<\/p>\n<p>    La unidad de autoridad se rompe cuando se altera la comuni\u00f3n con las personas que la desempe\u00f1an y con la comunidad en la que se vive. Entonces surge el cisma, corte o separaci\u00f3n. Tambi\u00e9n se destroza con las actitudes rebeldes en contra de la autoridad, las cuales tienden a promover el alejamiento de una persona o comunidad particular, adoptando distancias o provocando disensiones.<\/p>\n<p>     2.4. Unidad de misi\u00f3n<br \/>\n    La unidad de misi\u00f3n es tambi\u00e9n importante y afecta a la raz\u00f3n de ser de la misma Iglesia. La unidad de misi\u00f3n es perfectamente compatible con el cultivo de los carismas particulares de las personas o de los grupos.<\/p>\n<p>    Cristo y los ap\u00f3stoles presentaron con insistencia la unidad como una propiedad esencial de la Iglesia para que el mensaje fuera recibido: \u00abpara que el mundo crea que T\u00fa me has enviado\u00bb (Jn 17.23) Y esa actitud fue desarroll\u00e1ndose a lo largo de los siglos.<\/p>\n<p>    Cuando la Iglesia se extendi\u00f3 entre los diversos pueblos y culturas, los aspectos externos desdibujaron en ocasiones los v\u00ed\u00adnculos con la autoridad, incluso fomentado impresiones incorrectas en la Iglesia: de \u00abfederaci\u00f3n\u00bb, de \u00abasociaci\u00f3n\u00bb, o de simple \u00abreuni\u00f3n\u00bb de opiniones religiosas confluyentes entre los miembros, pero no de unidad de cuerpo, de alma y de ideal escatol\u00f3gico.<\/p>\n<p>     Sin embargo, Cristo confi\u00f3 a sus Ap\u00f3stoles el encargo de predicar su doctrina a todos los pueblos de manera unida y exigi\u00f3 un consentimiento absoluto a tal predicaci\u00f3n. (Mt. 28, 28; Mc. 16. 15.)<\/p>\n<p>     2.5. La comuni\u00f3n<\/p>\n<p>     La unidad, tanto de la fe y de la doctrina como de la autoridad y de la misi\u00f3n, se sintetiza en la palabra com\u00fan uni\u00f3n, o comuni\u00f3n. Ella queda salvaguardada de la forma m\u00e1s segura con la pr\u00e1ctica del amor fraterno entre los creyentes.<\/p>\n<p>     Los v\u00ed\u00adnculos del servicio a los dem\u00e1s hermanos de la comunidad universal son decisivos en la comunidad querida por Jes\u00fas.<\/p>\n<p>     2.5.1. Comuni\u00f3n de los creyentes<\/p>\n<p>     La unidad de corazones y de ideales, la unidad en afectos y compromisos, ser\u00e1 un distintivo especial de la Iglesia de Cristo ante los dem\u00e1s hombres. Y se define no tanto por met\u00e1foras y relaciones visibles, sino por la misteriosa conexi\u00f3n que se establece entre los seguidores del Crucificado y Resucitado.<\/p>\n<p>     San Pablo representa simb\u00f3licamente a la Iglesia bajo la imagen de una casa (1 Tim. 3. 15) o de un cuerpo humano (Cor. 12. 1-17 y Rom. 12. 4), entre otras comparaciones. Exhorta con insistencia para que se guarde la unidad exterior e interior, signo de autenticidad: \u00abSed sol\u00ed\u00adcitos por conservar la unidad del esp\u00ed\u00adritu, mediante el v\u00ed\u00adnculo de la paz. S\u00f3lo hay un cuerpo y un esp\u00ed\u00adritu, como tambi\u00e9n una sola esperanza, la de vuestra vocaci\u00f3n. S\u00f3lo un Se\u00f1or, una fe, un bautismo, un Dios y Padre de todos\u00bb (Ef. 4. 3-6).<\/p>\n<p>     Y considera las rupturas como el atentado m\u00e1s nefasto para la Iglesia de Jes\u00fas: \u00abOs ruego, hermanos, por el nombre de nuestro Se\u00f1or Jesucristo, para que todos habl\u00e9is igualmente, y ojal\u00e1 que no haya entre vosotros escisiones, antes se\u00e1is concordes en el mismo pensar y el mismo sentir\u00bb (1 Cor. 1. 10). \u00abAl que ense\u00f1e doctrinas sectarias, ev\u00ed\u00adtale, despu\u00e9s de una y otra amonestaci\u00f3n\u00bb (Tit. 3. 10; Gal. 1. 8)<\/p>\n<p>     Sin embargo la Iglesia de Jes\u00fas ha conocido rupturas constantes a lo largo de su historia. El esc\u00e1ndalo de las divisiones ha sido siempre mirado como algo misterioso que atenta al mismo Coraz\u00f3n de Jes\u00fas y la prueba fehaciente de que el esp\u00ed\u00adritu del mal, \u00abel Drag\u00f3n\u00bb se halla siempre en guerra con la Iglesia, \u00abla mujer\u00bb. (Apoc. 12)<\/p>\n<p>     En su oraci\u00f3n de despedida, llamada sacerdotal por la tradici\u00f3n, Jes\u00fas rog\u00f3 encarecidamente al Padre por la unidad de los Ap\u00f3stoles y de los que hab\u00ed\u00adan de creer por su predicaci\u00f3n: \u00abNo ruego s\u00f3lo por \u00e9stos, sino por cuantos crean en M\u00ed\u00ad por su palabra, para que todos sean uno como T\u00fa, Padre, est\u00e1s en M\u00ed\u00ad y Yo en Ti, para que tambi\u00e9n ellos sean unidad en nosotros y el mundo crea que T\u00fa me has enviado.\u00bb (Jn 17. 20)<\/p>\n<p>     2.5.2. Comuni\u00f3n en la Historia<\/p>\n<p>     Los Padres de los primeros siglos lucharon con ardor contra la herej\u00ed\u00ada, para mantener la unidad de la fe y de la doctrina.<\/p>\n<p>     Pero lucharon tambi\u00e9n contra las disidencias en la comunidad, para mantener la unidad afectiva a ideol\u00f3gica entre los cristianos.<\/p>\n<p>     San Ireneo dec\u00ed\u00ada ya en el siglo III en que comenzaban las divisiones: \u00abAs\u00ed\u00ad como el sol es uno mismo en todo el mundo, as\u00ed\u00ad tambi\u00e9n el mensaje de la verdad penetra en todas partes con la misma luz e ilumina a todos los hombres que quieren llegar al conocimiento de la verdad.\u00bb (Adv. haer. 1. 10)<\/p>\n<p>     Precisamente surgieron los s\u00ed\u00admbolos de la fe, o credos, para mantener la unidad en las expresiones con las que se declaraba y proclamaba la fe. Los testimonios sobre el significado de la unidad y la importancia que tiene para asegurar la verdad y la permanencia en la fe fueron siempre numerosos.<\/p>\n<p>     San Cipriano, con motivo de la escisi\u00f3n religiosa entre Cartago y Roma, escribi\u00f3 la primera catequesis sobre la unidad de la Iglesia cat\u00f3lica, llegando a afirmar que \u00abes imposible salvarse, si no se permanece unido a la \u00fanica Iglesia de Jes\u00fas.\u00bb (De eccl. cath. unit. 6).<\/p>\n<p>     Siglos m\u00e1s tarde, Sto. Tom\u00e1s de Aquino fundament\u00f3 la unidad de la Iglesia en tres elementos: la fe com\u00fan de todos los miembros de la Iglesia, la esperanza com\u00fan en la vida eterna y el amor com\u00fan a Dios y al pr\u00f3jimo por medio de los servicios de caridad prestados mutuamente. \u00abEl creer en la unidad de la Iglesia es condici\u00f3n para alcanzar  vida eterna\u00bb. (Expos. Symbol. 6)<\/p>\n<p>   3. Santidad de la Iglesia<br \/>\n    La santidad, en Dios, es su propia esencia infinita, su perfecci\u00f3n suprema. La santidad, en la criatura, significa vinculaci\u00f3n con Dios.  Hay que distinguir entre santidad subjetiva o personal y la santidad objetiva o real.<\/p>\n<p>   &#8211; La santidad subjetiva consiste, negativamente, en carencia de pecado; positivamente, es la uni\u00f3n sobrenatural con Dios por medio de la gracia y la caridad.<\/p>\n<p>   &#8211; La santidad objetiva es inherente a cosas y personas que est\u00e1n consagradas al servicio de Dios o producen la santificaci\u00f3n de los hombres.<\/p>\n<p>   3.1. Raz\u00f3n de esa santidad   La Iglesia es santa porque ha sido instituida por Jes\u00fas, Hijo de Dios, y la transmite sus cualidades personales: caridad, doctrina, sabidur\u00ed\u00ada, virtud, amor, paz. En cuanto participante de la santidad de Jes\u00fas, la Iglesia es santa por motivo de su instituci\u00f3n, de su naturaleza y de su misi\u00f3n.<\/p>\n<p>    Jes\u00fas, cabeza invisible de la Iglesia, es santo por su propia naturaleza, infinita en cuanto Dios, creada en cuanto hombre pero hipost\u00e1ticamente unida a la divinidad. Tambi\u00e9n, en cuanto hombre, Jes\u00fas tiene la plenitud de la santidad, de la perfecci\u00f3n, de la gracia eterna. Y esa plenitud supone la fuerza expansiva y comunicativa para sus seguidores. Al instituir la Iglesia, la trasmiti\u00f3 sus dones, el principal de ellos es el Esp\u00ed\u00adritu Santo, que tantas veces Jes\u00fas prometi\u00f3 enviar a sus disc\u00ed\u00adpulos. El Esp\u00ed\u00adritu Santo, tercera persona divina de la Stma. Trinidad, confiere sus dones a la Iglesia y ellos son los modos o expresiones de la santidad.<\/p>\n<p>    Por otra parte, la Iglesia tambi\u00e9n es santa en funci\u00f3n de su finalidad, que es servir a los hombres en su vinculaci\u00f3n con el mensaje salvador de Jes\u00fas. Y por eso la Iglesia emplea en la santificaci\u00f3n de sus miembros todos los instrumentos que Jes\u00fas puso en sus manos: la doctrina y la fe, los preceptos y consejos de vida, el culto y la plegaria, los sacramentos, sobre todo el Sacrificio de la Eucarist\u00ed\u00ada y la Palabra de la Sda. Escritura cuyo dep\u00f3sito posee para su proclamaci\u00f3n en el mundo.<\/p>\n<p>    3.2. Expresiones de santidad<br \/>\n    La santidad de la Iglesia no es un concepto abstracto, sino una cualidad concreta, una vida, un don que se hace presente en sus miembros. Gracias a las ayudas y apoyos de la Iglesia, cada cristiano vive la santidad: una veces de forma ordinaria (participaci\u00f3n en la gracia de la Iglesia); y en ocasiones en las expresiones extraordinarias de hero\u00ed\u00adsmo e inmolaci\u00f3n (m\u00e1rtires, confesores, ap\u00f3stoles, misioneros, etc).<\/p>\n<p>    Jes\u00fas consider\u00f3 que la santidad de los disc\u00ed\u00adpulos deb\u00ed\u00ada ser semilla y fermento, sal, luz, camino, invitaci\u00f3n, ejemplo, de la santidad de los dem\u00e1s hombres. (Mt. 13. 33; Mt. 5. 13-14).<\/p>\n<p>    Cuando S. Pablo llama a los cristianos \u00absantos\u00bb, (1. Cor. 1. 2; Tim. 3. 15) les indentifica con \u00abconsagrados\u00bb a Cristo, \u00absegregados\u00bb del mundo, destinados a la salvaci\u00f3n por los m\u00e9ritos de Jes\u00fas. Pero tambi\u00e9n les considera participantes de la santidad de la comunidad a la que pertenecen: \u00abCristo am\u00f3 la Iglesia y se entreg\u00f3 por ella para santificarla, purific\u00e1ndola mediante el lavado del agua con la palabra, a fin de present\u00e1rsela a s\u00ed\u00ad mismo gloriosa, sin mancha o arruga o cosa semejante, sino santa e intachable.\u00bb (Ef. 5. 25-27 y Tit. 2. 14)<\/p>\n<p>    El modelo de la santidad cristiana es evidentemente Cristo (Ef. 4. 11-13) y el c\u00f3digo de consignas se halla en los Evangelios.<\/p>\n<p>    Pero Cristo es la misma santidad en s\u00ed\u00ad mismos. Y ha querido tener a la Iglesia como cauce para que su santidad se haga presente en sus seguidores. (1 Cor. 1. 2; 1. 2). Por eso la Iglesia se presenta, no s\u00f3lo como santa, sino como santificadora.<\/p>\n<p>    Lo dice claramente el Concilio Vaticano II: \u00abEn la construcci\u00f3n del Cuerpo de Cristo existe una diversidad de miembros y de funciones. Es el mismo Esp\u00ed\u00adritu el que, seg\u00fan su riqueza y las necesidades de los ministerios, distribuye sus diversos dones para el bien de la Iglesia. Es necesario que todos los miembros se hagan conformes a la cabeza, hasta que en todos ellos quede configurado el mismo Cristo.<\/p>\n<p>    Por eso somos incorporados a los misterios de su vida, configurados con El, muertos y resucitados con El, hasta que con El reinemos.<\/p>\n<p>    Peregrinando todav\u00ed\u00ada sobre la tierra, siguiendo sus pasos en la tribulaci\u00f3n y en la persecuci\u00f3n, nos asociamos a sus dolores como el cuerpo a la cabeza, padeciendo con \u00e9l a fin de ser glorificados con El.\u00bb (Lumen Gentium 7)<\/p>\n<p>  4. Cat\u00f3lica y Apost\u00f3lica<br \/>\n    Las otras dos cualidades tradicionalmente consideradas como notas b\u00e1sicas de la Iglesia, catolicidad y apostolicidad, son tambi\u00e9n distintivos queridos por Cristo que vino para salvar a todos los hombres, y no s\u00f3lo a los elegidos.<\/p>\n<p>    Por eso considera la Iglesia que su misi\u00f3n es \u00abuniversal\u00bb y se siente vinculada a la herencia apost\u00f3lica por su participaci\u00f3n en la misi\u00f3n radical que Cristo les entreg\u00f3 a sus seguidores. Se siente destinada a abarcar a todo el mundo, y eso es la catolicidad; y tiene el deber de anunciar el Evangelio a todos los hombres y eso es la apostolicidad.<\/p>\n<p>    Hay que entender lo que es la misi\u00f3n apost\u00f3lica de la Iglesia y lo que implica su vocaci\u00f3n de universalidad, notas ambas que son decisivas.<\/p>\n<p>    Seg\u00fan San Pablo, Cristo es la \u00abpiedra angular\u00bb sobre la que est\u00e1 construido el edificio espiritual, que alberga a todos los fieles. (Ef. 2. 20). Con esta expresi\u00f3n no hace otra cosa que recoger la misma expresi\u00f3n de Jes\u00fas hab\u00ed\u00ada propuesto en vida: \u00abNo hab\u00e9is o\u00ed\u00addo aquello de la Escritura de que \u00abla piedra que rechazaron los constructores se ha convertido en la piedra angular, y que es obra del Se\u00f1or y admirables ante nuestros ojos.\u00bb (Mc. 12.10).<\/p>\n<p>    El reclamo universal de la Iglesia es consustancial: est\u00e1 para todos los hombres, al margen de su raza, sexo, edad, lengua o cultura.<\/p>\n<p>    Es consecuencia de la universalidad de la Redenci\u00f3n. Por eso le viene del mismo Cristo, que abarc\u00f3 en su acci\u00f3n salvadora a todos los hombres, al margen de si eran jud\u00ed\u00ados o gentiles. El fundamento que es el mismo Cristo. Sobre \u00e9l tienen que seguir edificando los mensajeros de la fe en su apostolado (1 Cor. 3. 11).<\/p>\n<p>    Cristo es la cabeza de la Iglesia universal (Ef. 5. 23; Col. 1 18). La Iglesia es propiedad suya, pues \u00abla adquiri\u00f3 con su sangre.\u00bb (Hech. 20. 28). Es su esposa, y se ha entregado por ella a fin de santificarla y hacerla gloriosa (Ef. 5. 25-27).<\/p>\n<p>    Fieles al encargo de Cristo, los Ap\u00f3stoles predicaron su Evangelio a jud\u00ed\u00ados y gentiles y fundaron comunidades cristianas \u00abcat\u00f3licas\u00bb, \u00abevang\u00e9licas\u00bb y \u00abortodoxas\u00bb. Estas se hallaban unidas entre s\u00ed\u00ad por la misma fe y la misma plegaria.<\/p>\n<p>    Desde el primer momento, la Iglesia se sinti\u00f3 abierta al mundo entero, destinada a ofrecer se mensaje y se supo heredera a trav\u00e9s de los siglos de la misma tarea del Se\u00f1or Jes\u00fas.<\/p>\n<p>    Por eso pudo siempre decir con alegr\u00ed\u00ada las mismas palabras de S. Pablo: \u00abTodo esto se lo debemos a Dios, que ha hecho la paz con nosotros por medio de Cristo Jes\u00fas y nos ha confiando la tarea de llevar la paz a los dem\u00e1s&#8230; Somos embajadores de Cristo y es el mismo Dios el que exhorta por medio de nosotros.\u00bb (2 Cor 5. 19-20)<\/p>\n<p>     5. Indefectibilidad y permanencia<\/p>\n<p>     La indefectibilidad es la propiedad que asegura a la Iglesia su permanencia hasta el final de los tiempos. Cristo puso su Iglesia en el mundo para anunciar y mantener su mensaje. La misi\u00f3n de anunciar el mensaje no terminar\u00e1 nunca. Aunque hipot\u00e9ticamente todos los hombres se hicieran disc\u00ed\u00adpulos de Jes\u00fas, la misi\u00f3n de confirmar, alentar y sostener la fe no terminar\u00ed\u00ada nunca.<\/p>\n<p>    Por eso la Iglesia tiene la conciencia de que \u00ablas puertas o el poder del mal no podr\u00e1n destruirla.\u00bb (Mt. 16.19). Su misi\u00f3n es perpetua, seg\u00fan la promesa de su divino Fundador. Y su trabajo ser\u00e1 interminable, imperecedero, no sufrir\u00e1 ning\u00fan cambio sustancial a lo largo de los tiempos.<\/p>\n<p>    La indefectibilidad es diferente de la inmutabilidad.  La Iglesia cambiar\u00e1 en las formas, no en el mensaje. La doctrina cristiana es inmutable en cuanto a la esencia. Pero deber\u00e1 adaptarse a las culturas, a los lenguajes y a los modos de entender de los hombres.<\/p>\n<p>    Las persecuciones, los avatares hist\u00f3ricos y las formas sociales pueden cambiar los lenguajes de la Iglesia. Pero la Iglesia, en cuanto tal, tiene asegurada su permanencia hasta el fin del mundo.<\/p>\n<p>    5.1. Mensaje b\u00ed\u00adblico<br \/>\n    La permanencia est\u00e1 expl\u00ed\u00adcitamente prometida por Cristo. El edific\u00f3 su Iglesia sobre roca viva, para que pudiera resistir los ataques de todas las inclemencias de los tiempos (Mt. 7. 24), y le asegur\u00f3 su presencia para siempre: \u00abMe quedar\u00e9 con vosotros hasta el final de los tiempos\u00bb ((Mt. 28, 20; Jn. 14. 27). Con su presencia est\u00e1 asegurada claramente la perpetuidad e indestructibilidad.<\/p>\n<p>    \u00abEl poder del mal no podr\u00e1 nada contra ella.\u00bb (Mt. 16.19) Por el poder del mal se puede entender el odio de los enemigos o los mismos peligros internos de los adeptos. En todos los casos, la Iglesia sobrevivir\u00e1 a los riesgos exteriores e interiores. Es la palabra de Jes\u00fas; y en ocasiones en sus par\u00e1bolas, las de la mala hierba, por ejemplo, (Mt 13. 24-30 y 36-43) o la de la red de pescar (Mt. 13. 47-50), resalta la presencia del Reino de Dios sobre la tierra y su duraci\u00f3n definitiva.<\/p>\n<p>    Las profec\u00ed\u00adas mesi\u00e1nicas del Antiguo Testamento presentan ante nuestros ojos la perspectiva de una eterna alianza de Dios con su pueblo (Is. 55. 3-61; Jer. 32. 40). Hablaron de un Reino eterno e indestructible (Is. 45. 7; Dan. 2. 44 y 7. 14). Se aludi\u00f3 a que el trono de David, s\u00ed\u00admbolo de Israel, subsistir\u00ed\u00ada para siempre, lo mismo que el sol y la luna (Sal. 88. 37).<\/p>\n<p>   5.2. Conciencia eclesial<\/p>\n<p>   La Iglesia entendi\u00f3 desde los primeros momentos que el Nuevo Pueblo de Dios se hac\u00ed\u00ada heredero de todas las promesas del Antiguo Israel. Tambi\u00e9n se aplic\u00f3 las consoladoras promesas de supervivencia, a pesar de las persecuciones.<\/p>\n<p>   Un s\u00ed\u00admbolo de la Iglesia se vio siempre en el trono de David, que se hace nuevo cuando Cristo viene a la tierra: \u00abReinar\u00e1 en la casa de Jacob por siempre y su reino no tendr\u00e1 fin\u00bb. (Lc. 1.32)<\/p>\n<p>   La fuerza de sus promesas de permanencia culmin\u00f3 con la promesa y la llegada del Consolador, del Esp\u00ed\u00adritu Santo (Jn. 14, 16). Ese Esp\u00ed\u00adritu ser\u00e1 el fundamento definitivo de la permanencia. Lo recordaba S. Ireneo: \u00abGracias a la acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo, la Iglesia permanece.\u00bb (Adv. haer. III. 24). Y S. Agust\u00ed\u00adn escrib\u00ed\u00ada: \u00abLa Iglesia vacilar\u00e1 cuando vacile su fundamento. Pero \u00bfc\u00f3mo va a vacilar Cristo?&#8230; Mientras Cristo no vacile, tampoco vacilar\u00e1 la Iglesia en toda la eternidad.\u00bb (Enarr. Salm. 103, 2, 5)<\/p>\n<p>   5.3. La raz\u00f3n.<\/p>\n<p>   La raz\u00f3n de la indefectibilidad no es otra que Cristo mismo que la instituy\u00f3. La comunidad de los seguidores de Jes\u00fas entr\u00f3 en sus planes salvadores definitivos. Mientras haya hombres que salvar, la Iglesia se mantendr\u00e1 por voluntad de Cristo. Cristo y el Esp\u00ed\u00adritu Santo son los avales y garant\u00ed\u00adas  (1 Cor 3. 11)<\/p>\n<p>   Santo Tom\u00e1s recordaba c\u00f3mo la Iglesia en el pasado venci\u00f3 todos los obst\u00e1culos y pon\u00ed\u00ada ese hecho como garant\u00ed\u00ada de que en el porvenir seguir\u00e1 venci\u00e9ndolos, sean cuales sean sus promotores y su intensidad (Summa Th. III 106. 4), porque est\u00e1 edificada sobre la roca firme, que es Cristo.<\/p>\n<p>   Determinados adversario la han considerado como una sociedad que puede desaparecer, con las mismas variables sociol\u00f3gicas de las dem\u00e1s sociedades de la tierra: empresas, reinos, imperios. As\u00ed\u00ad lo pensaban en los tiempos antiguos los montanistas. En la Edad media el franciscano espiritualista Joaqu\u00ed\u00adn de Fiore proclamaba la llegada de una nueva \u00e9poca del Esp\u00ed\u00adritu Santo y la aparici\u00f3n de una Iglesia del Esp\u00ed\u00adritu, ya que la Iglesia del Verbo, la de Cristo, se hab\u00ed\u00ada mundanizado y ten\u00ed\u00ada que desaparecer.<\/p>\n<p>   Lutero y los reformadores no llegaron a tanto, pero rechazaron la Iglesia Hist\u00f3rica y real, la del papado, por sus vicios y errores (De Captivitate Babiloniae (De la maldad de Babilonia = Roma) fue el texto lutarano m\u00e1s agresivo, aunque el menos teol\u00f3gico del gran Reformador.<\/p>\n<p> 6.  Infalibilidad de la Iglesia<\/p>\n<p>   La infalibilidad es la cualidad de la Iglesia de hallarse protegida por Dios para que no caiga en error. Por la ayuda divina ella no puede equivocarse en lo que ense\u00f1a o en lo que manda a sus seguidores.<\/p>\n<p>   Hay una infalibilidad activa, que es la inherente al ejercicio de su labor. La tienen los Pastores de la Iglesia en su labor de Magisterio. Y hay una infalibilidad pasiva, que afecta a toda la comunidad de creyentes para que no incurran en errores cuando, unidos a los pastores, creen, viven y proclaman un mensaje en el mundo.<\/p>\n<p>6.1. Realidad de la infalibilidad<\/p>\n<p>   La Iglesia, por medio de su Magisterio, es infalible cuando proclama algo en materia de fe y costumbres de forma expl\u00ed\u00adcita (ex cathedra). Es un dogma definido, por lo tanto de obligad aceptaci\u00f3n.  Pero es tambi\u00e9n infalible cuando ense\u00f1a a los fieles a pensar y a vivir, de manera universal y ordinaria, aunque no se trate de verdades definidas por la autoridad. Los fieles, y los no creyentes tambi\u00e9n, no se equivocan cuando siguen a la Iglesia.<\/p>\n<p>   Se suele hablar mucho, en favor y en contra, de la infalibilidad solemne, la defiida en el Concilio Vaticano I. All\u00ed\u00ad se proclam\u00f3: \u00abEl Romano Pont\u00ed\u00adfice, cuando habla ex cathedra&#8230; posee aquella infalibilidad con que el divino Salvador quiso que estuviera dotada su Iglesia cuando definiera algo en materia de fe y costumbres\u00bb (Denz. 1839)<\/p>\n<p>    Y se habla menos de esa otra infalibilidad ordinaria, pastoral, vital, que es de cada d\u00ed\u00ada y garantiza al cristiano que camina, el acierto en sus creencias y en sus pr\u00e1cticas religiosas, d\u00e1ndole seguridad contra el error.<\/p>\n<p>    Precisamente porque tambi\u00e9n existe esa seguridad ordinaria se puede ser cristiano con paz y con alegr\u00ed\u00ada cuando se vive en comuni\u00f3n con la comunidad eclesial.<\/p>\n<p>   6.2. Voluntad de Jes\u00fas<\/p>\n<p>   Cristo prometi\u00f3 a sus Ap\u00f3stoles su presencia y su asistencia. La Iglesia es infalible, por cuanto tiene una misi\u00f3n de ense\u00f1ar. Mal podr\u00ed\u00ada cumplirla por s\u00ed\u00ad misma, si no tiene al Esp\u00ed\u00adritu Santo consigo y el mismo Cristo se hace presente con su ayuda.<\/p>\n<p>   Jes\u00fas lo dijo muy claro: \u00abYo rogar\u00e9 al Padre y os dar\u00e1 otro Abogado, que estar\u00e1 con vosotros para siempre, el Esp\u00ed\u00adritu de verdad.\u00bb (Jn. 14. 16) El mismo prometi\u00f3 quedarse en la comunidad eclesial: \u00abYo estar\u00e9 con vosotros todos los d\u00ed\u00adas hasta la consumaci\u00f3n del mundo.\u00bb (Mt. 28, 20). La conciencia de la Iglesia ha sido permanente en este terreno: Jn. 14. 26; 16, 13; Hech. 1. 8.<\/p>\n<p>   La asistencia incesante de Cristo y del Esp\u00ed\u00adritu Santo asegura a los seguidores de Jes\u00fas, y a cuantos desde fuera se interesan por su mensaje, que la Iglesia no se equivoca al exponer y al exigir sus principios de vida cristiana.<\/p>\n<p>   Si la iglesia fuera una sociedad m\u00e1s falible, algo no funcionar\u00ed\u00ada en la obligatoriedad de acoger su doctrina, impuesta y propuesta por el mismo Cristo: \u00abEl que creyere y fuere bautizado se salvar\u00e1, mas el que no creyere se condenar\u00e1.\u00bb (Mc. 16, 16)<\/p>\n<p>   Cristo exige obediencia absoluta a la fe (Rom. 1. 5). El ha dicho bien claro que su palabra se identifica con la de sus seguidores y viceversa: \u00abEl que a vosotros oye, a M\u00ed\u00ad me oye; el que a vosotros desprecia, a M\u00ed\u00ad me desprecia\u00bb. (Lc. 10. 16; Mt. 10. 40. Jn. 13. 20).<\/p>\n<p>   Si los Ap\u00f3stoles y sus sucesores no est\u00e1n libres del error, no podr\u00ed\u00adan asumirse frases tan contundentes.<\/p>\n<p>   6.3. Objeto de la infalibilidad<\/p>\n<p>   Evidentemente la infalibilidad s\u00f3lo puede afectar a la verdad religiosa, dogm\u00e1tica, moral o cultual. No es extensible a las verdades humanas: culturales, sociales, cient\u00ed\u00adficas, incluso morales, siempre opinables. Ni puede extenderse a los lenguajes con los que se expresa la verdad religiosa y que tantas oscilaciones culturales y temporales pueden sufrir.<\/p>\n<p>   Pero algo hacer suponer que tambi\u00e9n esas verdades humanas, o formas expresivas, se hallan supeditadas a la verdad religiosa, pues en nada la ciencia puede contradecir a la revelaci\u00f3n.<\/p>\n<p>   La Iglesia puede y debe, por lo tanto, exponer y clarificar tambi\u00e9n todo lo que indirectamente se refiere a la doctrina revelada. Puede exponer la limitaci\u00f3n de la ciencia en aspectos que afectan a la verdad religiosa. De otra manera, no cumplir\u00ed\u00ada con su misi\u00f3n de ser custodia y maestra de la palabra revelada por Dios\u00bb, seg\u00fan el Concilio Vaticano I. (Denz. 1793 y 1798).<\/p>\n<p>   Esta misi\u00f3n no es s\u00f3lo de la Jerarqu\u00ed\u00ada y del Magisterio, sino de los miembros capaces de este servicio en la comunidad eclesial. Los te\u00f3logos y los fieles, sobre todo cultos o poseedores de sentido com\u00fan y juicio pr\u00e1ctico excelente, pueden y deben opinar, prevenir, discernir y reclamar los derechos de la verdad. Pero su juicio y su pensamiento, por sabio o fundado que sea, debe estar sometido a la \u00abautoridad\u00bb.<\/p>\n<p>7. Si Jes\u00fas volviera<\/p>\n<p>   Jes\u00fas quiso formar un grupo de seguidores que se mantuviera fiel a sus ense\u00f1anzas a lo largo de los tiempos. Y quiso que esos seguidores llevaran su mensaje de salvaci\u00f3n a los hombres de todo el mundo y a lo largo de los tiempos.<\/p>\n<p>   Ha pasado 2.000 a\u00f1os. \u00bfVolver\u00ed\u00ada Jes\u00fas a establecer la Iglesia si se hiciera de nuevo presente en vida mortal, como lo hizo entonces? \u00bfEstar\u00e1 satisfecho de c\u00f3mo ha evolucionado la Iglesia a lo largo de esos dos milenios?<br \/>\n   Esta cuesti\u00f3n puede parecer curiosa e impertinente. Sabemos que Jes\u00fas no va a volver sobre la tierra de esa forma, pues su venida fue definitiva e irrepetible en lo hist\u00f3rico.<\/p>\n<p>    Pero podemos dejar que nuestra fantas\u00ed\u00ada responda a lo que Jes\u00fas hoy har\u00ed\u00ada en relaci\u00f3n con su Iglesia. Incluso, podemos tener la certeza de que es lo que precisamente El quiere de nosotros, sus seguidores.<\/p>\n<p>   Siempre nos debemos sentir en la necesidad de actualizar, vitalizar y vivificar la Iglesia con la suposici\u00f3n de lo que Jes\u00fas har\u00ed\u00ada al comienzo del tercer milenio del cristianismo.<\/p>\n<p>   &#8211; Seguramente har\u00ed\u00ada una Iglesia exactamente igual en lo esencial a la que configur\u00f3 durante su vida terrena, sobre todo si sabemos que quiso hacerla como un grupo de personas relacionadas por el amor, con un Mensaje, con un Magisterio, con Apostolado.<\/p>\n<p>   &#8211; Es indudable que formar\u00ed\u00ada en su Iglesia un grupo de animadores y de evangelizadores renovado: catequistas, educadores, pensadores, proclamadores de la verdad.<\/p>\n<p>   &#8211; Es seguro que pondr\u00ed\u00ada una Jerarqu\u00ed\u00ada, un Ministro o Servidor especial al frente de toda la Comunidad. Y mantendr\u00ed\u00ada unos Obispos o Pastores de cada comunidad local extendida por la tierra.<\/p>\n<p>   El siempre quiso que la unidad estuviera protegida por la verdad, por la caridad y tambi\u00e9n por la autoridad.<\/p>\n<p>   &#8211; Sin duda dar\u00ed\u00ada menos importancia al culto que al amor, pues El dej\u00f3 bien claro en su vida que lo importante era el Esp\u00ed\u00adritu y no el Templo, sobre todo cuando conden\u00f3 la hipocres\u00ed\u00ada y la maldad.<\/p>\n<p>   &#8211; Y sobre todo, Jes\u00fas mantendr\u00ed\u00ada los criterios preferentes que se hallan vivos en el Evangelio: conversi\u00f3n y de sincero arrepentimiento de los pecados, confianza en la Providencia que cuida a los hombres, amor preferente a los pobres y a los pecadores, sentido del perd\u00f3n incluso a los enemigos, firme esperanza en que el Reino de Dios est\u00e1 siempre cerca de los que aman al Se\u00f1or.<\/p>\n<p>   La Iglesia no es un \u00absimple resultado\u00bb hist\u00f3rico de un kerigma transformado sociol\u00f3gicamente. No es la simple \u00abconsecuencia\u00bb de la acci\u00f3n evangelizadora de los seguidores de Jes\u00fas. S. Pablo se estremecer\u00ed\u00ada de espanto si leyera la Vida de Jes\u00fas de D. F. Strauss (1808-1874) o la de E. Renan (1823-1892).<\/p>\n<p>   Est\u00e1n los esp\u00ed\u00adritus cr\u00ed\u00adticos radicales tan lejos de entender lo que Jes\u00fas har\u00ed\u00ada de nuevo por su Iglesia como los m\u00ed\u00adsticos y los ut\u00f3picos.<\/p>\n<p>   El Se\u00f1or, de nuevo en la tierra, buscar\u00ed\u00ada muchos disc\u00ed\u00adpulos, anunciar\u00ed\u00ada con valent\u00ed\u00ada su Reino y formar\u00ed\u00ada una comunidad peregrina en busca del Reino.<\/p>\n<p>   Volver\u00ed\u00ada los ojos hacia sus Ap\u00f3stoles y dir\u00ed\u00ada: \u00abEstos son mis hermanos\u00bb (Mt. 12.48). Y a ellos les dir\u00ed\u00ada, sin duda, de nuevo: \u00abQuien a vosotros escucha a M\u00ed\u00ad me escucha y quien a vosotros rechaza a M\u00ed\u00ad me rechaza\u00bb (Luc. 10. 6)<\/p>\n<p>Pedro Chico Gonz\u00e1lez, Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00ed\u00ada Religiosa, Editorial Bru\u00f1o, Lima, Per\u00fa 2006<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00eda Religiosa<\/b><\/p>\n<p>DicEc<br \/>\n\u00c2\u00a0<br \/>\nEl tema de las notas de la Iglesia ocup\u00f3 un lugar important\u00ed\u00adsimo en la eclesiolog\u00ed\u00ada pol\u00e9mica posterior a la Reforma. Surgieron principalmente en el contexto de la pregunta: \u00bfd\u00f3nde est\u00e1 la verdadera Iglesia? Se hizo habitual hablar de dos tipos de notas: las notas positivas, que se\u00f1alaban la presencia de la verdadera Iglesia de Cristo, y las notas negativas, cuya ausencia indicaba que una determinada comunidad no formaba parte de la verdadera Iglesia de Cristo.<\/p>\n<p>Aunque el desarrollo completo de la teor\u00ed\u00ada de las notas es un fen\u00f3meno posterior a la Reforma, hay sin embargo indicios anteriores en este sentido. Ya en san Agust\u00ed\u00adn encontramos cinco signos que certifican que nos encontramos en la Iglesia: la verdadera sabidur\u00ed\u00ada, la denominaci\u00f3n de \u00abcat\u00f3lico\u00bb, el acuerdo de la gran mayor\u00ed\u00ada, los milagros, la sede de Pedro y la sucesi\u00f3n episcopal. El an\u00e1lisis que hace santo Tom\u00e1s de las cuatro propiedades de la Iglesia \u2014que es una, santa, cat\u00f3lica y apost\u00f3lica\u2014 las califica como lo que m\u00e1s tarde se llamar\u00e1n notas positivas; se encuentran por supuesto en el credo de Nicea. Bonifacio VIII menciona las mismas cuatro en su bula Unam sanctam  (1302). Ser\u00ed\u00ada, sin embargo, Juan de Ragusa, en su De Ecciesia  (1433-1435), el primero en elaborar lo que m\u00e1s tarde ser\u00ed\u00ada la teolog\u00ed\u00ada de las notas. Trata all\u00ed\u00ad de responder a la pregunta: \u00ab\u00bfD\u00f3nde est\u00e1 la Iglesia cat\u00f3lica?\u00bb, y para ello adopta los signos propuestos por Agust\u00ed\u00adn.<\/p>\n<p>San >Roberto Belarmino enumerar\u00ed\u00ada quince notas que, seg\u00fan \u00e9l, pod\u00ed\u00adan en \u00faltima instancia reducirse a las cuatro mencionadas: unidad, santidad, catolicidad y apostolicidad. Estas quince notas son: el nombre de cristiano; la antig\u00fcedad; la duraci\u00f3n ininterrumpida; el n\u00famero y la variedad de los creyentes; la sucesi\u00f3n episcopal; la armon\u00ed\u00ada doctrinal con la Iglesia primitiva; la unidad de los miembros entre s\u00ed\u00ad y con la cabeza; la eficacia de la doctrina; la santidad de los primeros padres; la gloria de los milagros; la profec\u00ed\u00ada; la admisi\u00f3n de adversarios, incluso paganos; la desventura de los que se han opuesto a la Iglesia, y la felicidad incluso temporal de los que han defendido a la Iglesia. Estas notas, m\u00e1s elaboradas, se opon\u00ed\u00adan a las notas de los protestantes. La >Confesi\u00f3n de Augsburgo afirmaba que la Iglesia \u00abes la asamblea de todos los creyentes entre los cuales es predicado el evangelio en toda su pureza y son administrados los santos sacramentos de acuerdo con el evangelio\u00bb. Calvino adopt\u00f3 una posici\u00f3n bastante similar. La Reforma radical a\u00f1adi\u00f3 otras notas, como la obediencia a la cruz de Cristo, una disciplina eclesial que excluyera a los pecadores notorios o p\u00fablicos, la piedad, la ortodoxia confesional.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de Belarmino los manuales presentaron las notas como indicativas de cara al discernimiento de la verdadera Iglesia; as\u00ed\u00ad por ejemplo I. Salaverri: \u00abLa unidad, la catolicidad, la apostolicidad y la santidad son adem\u00e1s notas que pertenecen (conveniunt)  exclusivamente a la Iglesia romana, por lo cual la se\u00f1alan como la verdadera Iglesia de Cristo\u00bb. El >Vaticano I present\u00f3 el tema de la credibilidad de la Iglesia de un modo que reflejaba la teolog\u00ed\u00ada de las notas: \u00abLa Iglesia es por s\u00ed\u00ad misma un gran y perpetuo motivo de credibilidad y un testimonio irrefutable de su misi\u00f3n divina, a causa de su admirable propagaci\u00f3n, de su eximia santidad, de su inagotable fecundidad en toda clase de bienes, de su unidad universal y de su invicta estabilidad\u00bb.<\/p>\n<p>Es de lamentar que la estrecha visi\u00f3n de la unidad (>Una), la santidad (>Santa), la catolicidad (>Cat\u00f3lico) y la apostolicidad (>Apost\u00f3lico\/apostolicidad) que sirvi\u00f3 de base a los fines apolog\u00e9ticos condujera a un empobrecimiento en la comprensi\u00f3n de dichas cualidades de la Iglesia: quedaron reducidas a sus aspectos visibles y emp\u00ed\u00adricos\u00bb. La teolog\u00ed\u00ada moderna sobre las cuatro cualidades de la Iglesia insiste en que se trata al mismo tiempo de dones y de tareas (Gabe-Aufgabe):  la Iglesia tendr\u00e1 siempre estas caracter\u00ed\u00adsticas, pero estas son tambi\u00e9n un ideal que ha de realizarse cada vez con mayor plenitud.<\/p>\n<p>Christopher O\u00c2\u00b4Donell &#8211; Salvador Pi\u00e9-Ninot, Diccionario de Eclesiolog\u00ed\u00ada, San Pablo, Madrid 1987<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Eclesiolog\u00eda<\/b><\/p>\n<p>(v. apostolicidad, catolicidad, comuni\u00f3n, Iglesia, santidad, unidad de la Iglesia)<\/p>\n<p>(ESQUERDA BIFET, Juan, Diccionario de la Evangelizaci\u00f3n,  BAC, Madrid, 1998)<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Evangelizaci\u00f3n<\/b><\/p>\n<p>A partir del siglo XVII los evangelistas se\u00f1alan cuatro notas que caracterizan a la Iglesia y que permiten a todos los que buscan- la verdadera Iglesia llegar a encontrarla y reconocerla. Estas cuatro notas caracter\u00ed\u00adsticas est\u00e1n sacadas de la profesi\u00f3n de fe del concilio de Constantinopla, donde se dice: \u00bb Creo en la Iglesia una, santa, cat\u00f3lica apost\u00f3lica\u00bb. Esta demostraci\u00f3n fue llamada via notarum y se desarrollaba en dos etapas : en primer lugar, se intentaba demostrar que la voluntad de Jes\u00fas en la fundaci\u00f3n de su Iglesia era la de que fuera una, santa, cat\u00f3lica y apost\u00f3lica; y luego se se\u00f1alaba c\u00f3mo esta Iglesia puede identificarse en la Iglesia cat\u00f3lico-romana. Esta v\u00ed\u00ada de las notas se sigui\u00f3 ininterrumpidamente en teolog\u00ed\u00ada al menos durante dos siglos; en el concilio Vaticano I se intent\u00f3 dar mayor relieve a la v\u00ed\u00ada emp\u00ed\u00adrica, gracias al inter\u00e9s del cardenal Deschamps, pero los tratados de eclesiolog\u00ed\u00ada apolog\u00e9tica siguieron prefiriendo la soluci\u00f3n de las ,\u00bbnotas\u00bb.<\/p>\n<p>El concilio Vaticano II, en virtud de un m\u00e9todo renovado de lectura de las fuentes, privado ya de toda perspectiva de defensa apolog\u00e9tica y abierto al di\u00e1logo ecum\u00e9nico, ha dado una interpretaci\u00f3n m\u00e1s amplia del tema de las notas, sin limitar su uso a la demostraci\u00f3n de la verdadera Iglesia de Cristo (cf. LG 8. 15; UR 3. 4).<\/p>\n<p>R. Fisichella<\/p>\n<p>Bibl.: s. Dianich, Notas, en DTI, III, 643651; Y Congar Propiedades esenciales de la Iglesia, en MS, IVll, 371-605; R. Latourelle, Cristo y la Iglesia, signos de salvaci\u00f3n, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1971; S. Pi\u00e9-Ninot, Tratado de teolog\u00ed\u00ada fundamental, Salamanca 1991, 340-366.<\/p>\n<p>PACOMIO, Luciano [et al.], Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico, Verbo Divino, Navarra, 1995<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>[264] La Iglesia tiene unas caracter\u00ed\u00adsticas singulares, precisamente por ser una sociedad \u00fanica y original. Tradicionalmente se han enumerado las cuatro notas principales: unidad, santidad, catolicidad y apostolicidad, que incluso se recogen en los s\u00ed\u00admbolos de fe desde los primeros tiempos, sobre todo en el apost\u00f3lico. Pero, de hecho se puede a\u00f1adir otros elementos constituyentes &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/notas-de-la-iglesia\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abNOTAS DE LA IGLESIA\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-12390","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/12390","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=12390"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/12390\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=12390"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=12390"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=12390"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}