{"id":12494,"date":"2016-02-05T08:30:45","date_gmt":"2016-02-05T13:30:45","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/novo-millennio-ineunte\/"},"modified":"2016-02-05T08:30:45","modified_gmt":"2016-02-05T13:30:45","slug":"novo-millennio-ineunte","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/novo-millennio-ineunte\/","title":{"rendered":"NOVO MILLENNIO INEUNTE"},"content":{"rendered":"<p>[072]<\/p>\n<p>      Enc\u00ed\u00adclica de Juan Pablo II del 6 de Enero del 2001 sobre el nacimiento de un nuevo milenio en la Historia de la Iglesia y la misi\u00f3n permanente de evangelizar al mundo que viene, como la Iglesia hizo siempre desde su establecimiento por Cristo en la tierra.<\/p>\n<p>Pedro Chico Gonz\u00e1lez, Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00ed\u00ada Religiosa, Editorial Bru\u00f1o, Lima, Per\u00fa 2006<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00eda Religiosa<\/b><\/p>\n<p>El d\u00ed\u00ada 6 de Enero del a\u00f1o 2001, el Papa Juan Pablo hizo p\u00fablica la Carta Apost\u00f3lica \u00abSobre el Nuevo Milenio naciente\u00bb. Para la pastoral tiene gran importancia por marcar unas l\u00ed\u00adneas program\u00e1ticas.<\/p>\n<p>En la Introducci\u00f3n, el Santo Padre recuerda con gratitud el pasado (nn. 1-2), y desea mirar al futuro para saber traducir el tesoro de la gracia del Jubileo 2000, en objetivos y l\u00ed\u00adneas de acci\u00f3n concretas (n. 3)<br \/>\nLa primera parte de la Carta nos habla de la herencia del gran jubileo. El Papa subraya, como hechos destacados del A\u00f1o de Gracia, la purificaci\u00f3n de la memoria, y la petici\u00f3n de perd\u00f3n, personal y comunitariamente (n. 6); el redescubrimiento de la preciosa memoria de los testigos de la fe, especialmente del s. XX (n. 7); la necesidad de que la Iglesia peregrina redescubra sus or\u00ed\u00adgenes apost\u00f3licos (n. 8); y una renovaci\u00f3n del compromiso apost\u00f3lico con los m\u00e1s necesitados y alejados de la Iglesia (nn. 9-16).<\/p>\n<p>En un segundo cap\u00ed\u00adtulo, el Papa nos habla de la identidad cristiana, que es tanto como hablar de un rostro para seguir contemplando. Ser cristianos es exclamar, como un d\u00ed\u00ada los disc\u00ed\u00adpulos, \u00abQueremos ver tu rostro\u00bb (Jn 12,21). \u00bfD\u00f3nde lo contemplaremos?; en la Sagrada Escritura, principalmente en los Evangelios (nn. 17-18); en el camino existencial, desde la fe, alimentado por el silencio y la oraci\u00f3n (nn. 19-20); en la profundidad del misterio encarnado: \u00abEl Verbo se hizo carne\u00bb. Jes\u00fas es el Nuevo Ad\u00e1n que nos introduce en el misterio profundo de la vida trinitaria (nn. 21-24); en el rostro del hermano doliente (\u00abMisterio en el misterio\u00bb), siguiendo el ejemplo de los santos capaces de dar sentido a las \u00abnoches oscuras\u00bb (nn. 25-27); finalmente, en la experiencia viva del resucitado, como los Ap\u00f3stoles y Pablo (n. 28).<\/p>\n<p>Un tercer cap\u00ed\u00adtulo, titulado caminar desde Cristo, se centra en la forma de vida coherente que debe llevar un cristiano, respondiendo a la pregunta \u00ab\u00bfQu\u00e9 hemos de hacer, hermanos?\u00bb (Ac 2,37). El Papa nos recuerda que no hay f\u00f3rmulas m\u00e1gicas pastorales para los grandes retos de nuestro siglo. No ser\u00e1 una f\u00f3rmula la que nos salve, pero s\u00ed\u00ad una Persona y la certeza que nos infunde: \u00abYo estoy con vosotros hasta el fin de los tiempos\u00bb. No se trata de inventar un nuevo programa. Ya existe: el del Evangelio y la Tradici\u00f3n Viva: se centra en Cristo mismo, para vivir en El la vida trinitaria y transformar con El la historia hasta su perfeccionamiento en la Jerusal\u00e9n celeste.<\/p>\n<p>Es un programa que no cambia al variar tiempos y culturas, aunque tiene muy en cuenta dichos tiempos y culturas para un verdadero di\u00e1logo y una comunicaci\u00f3n eficaz. Es necesario formular orientaciones pastorales adecuadas a las condiciones de cada comunidad, de cada Iglesia local (n. 29). El Papa se atreve a se\u00f1alar, como punto de referencia y orientaci\u00f3n com\u00fan, algunas prioridades pastorales desde la experiencia misma del Gran Jubileo:<\/p>\n<p>a) Santidad: la perspectiva en la que debe situarse el camino pastoral es la santidad (como record\u00f3 el Vaticano II en LG: \u00abvocaci\u00f3n universal a la santidad\u00bb). Se trata de vivir en radicalidad el Bautismo: vida trinitaria y compromiso eclesial (n. 30). Poner la programaci\u00f3n pastoral bajo el signo de la santidad es una opci\u00f3n llena de consecuencias. Significa expresar la convicci\u00f3n de que si el Bautismo es una verdadera entrada en la santidad de Dios por medio de la inserci\u00f3n en Cristo y la inhabitaci\u00f3n de su Esp\u00ed\u00adritu, ser\u00ed\u00ada un contrasentido contentarse con una vida mediocre, vivida seg\u00fan una \u00e9tica minimalista y una religiosidad superficial (n. 31). Debemos fomentar una pedagog\u00ed\u00ada de la santidad a todos los niveles y para todos los estados de vida y vocaciones.<\/p>\n<p>b) Oraci\u00f3n: La pedagog\u00ed\u00ada de la santidad requiere el arte de la oraci\u00f3n. En la oraci\u00f3n se experimenta un di\u00e1logo personal con Cristo. Es el alma de la vida cristiana y una condici\u00f3n para toda pastoral aut\u00e9ntica (n. 32). La necesidad de orar se ha convertido en un verdadero signo de los tiempos. La gran tradici\u00f3n m\u00ed\u00adstica, tanto en Oriente como Occidente, muestra c\u00f3mo es un di\u00e1logo de amor hasta hacer que la persona humana sea pose\u00ed\u00adda totalmente por el Amado, gracias al impulso del Esp\u00ed\u00adritu y al abandono filial en el coraz\u00f3n del Padre. Es un camino sostenido enteramente por la gracia, en el que incluso hay noches oscuras (purificaciones), pero que llevan al gozo indecible de la uni\u00f3n esponsal. Nuestras comunidades deben llegar a ser aut\u00e9nticas escuelas de oraci\u00f3n (plegaria de ayuda, acci\u00f3n de gracias, alabanza, adoraci\u00f3n, contemplaci\u00f3n, escucha y viveza de afecto hasta el \u00abarrebato del coraz\u00f3n\u00bb). Una oraci\u00f3n intensa que no aparta del compromiso en la historia: abriendo el coraz\u00f3n a Dios, se abre a los hermanos (n. 33). Particularmente est\u00e1n llamadas a la oraci\u00f3n las vocaciones de especial consagraci\u00f3n (n. 34). La educaci\u00f3n en la oraci\u00f3n debe convertirse en un punto determinante de toda programaci\u00f3n pastoral.<\/p>\n<p>c) Eucarist\u00ed\u00ada dominical: La Eucarist\u00ed\u00ada deber ser, para cada bautizado, el centro del domingo. No es s\u00f3lo cumplir un mandamiento, sino necesidad de vida cristiana consciente y coherente. Al celebrarse en comunidad, es un ant\u00ed\u00addoto contra la dispersi\u00f3n. Por eso, el d\u00ed\u00ada del Se\u00f1or se convierte tambi\u00e9n en el d\u00ed\u00ada de la Iglesia (nn. 35-36).<\/p>\n<p>d) Sacramento de la reconciliaci\u00f3n: se pide renovada valent\u00ed\u00ada pastoral para que la pedagog\u00ed\u00ada cotidiana de la comunidad cristiana sepa proponer de manera convincente y eficaz la pr\u00e1ctica del sacramento de la reconciliaci\u00f3n. Es necesario que los Pastores tengamos mayor confianza, creatividad y perseverancia en presentarlo y valorarlo. \u00c2\u00a1No podemos rendirnos ante la crisis contempor\u00e1nea! (n. 37).<\/p>\n<p>e) Primac\u00ed\u00ada de la gracia. Hay una tentaci\u00f3n en la vida espiritual y pastoral: pensar que los resultados dependen de nuestra capacidad de hacer y programar. Ciertamente Dios nos pide una colaboraci\u00f3n real con su gracia y nos invita a utilizar todos los recursos de nuestra inteligencia y capacidad operativa en la causa por el Reino, pero sin olvidar \u00abque sin Cristo no podemos hacer nada\u00bb (Jn 15, 5). Esto significa, de nuevo, un acto de fe en el valor de la oraci\u00f3n (n. 38).<\/p>\n<p>f) Escucha de la Palabra: es preciso consolidar y profundizar la pastoral b\u00ed\u00adblica, particularmente entre las familias, para que se practique la lectio divina; la cual descubre la Palabra viva que interpela, orienta y modela la existencia (n. 39).<\/p>\n<p>g) Anuncio de la Palabra: alimentarnos de la Palabra para ser servidores de la Palabra. Es preciso practicar la inculturaci\u00f3n (\u00abHacerse todo a todos para salvar a toda costa a algunos\u00bb, 1 Cor 9, 22), particularmente entre los j\u00f3venes (n. 40). La Iglesia ha encontrado siempre en sus m\u00e1rtires una semilla de vida. Tambi\u00e9n en nuestro siglo nos ha \u00aballanado\u00bb el camino del futuro (n. 41).<\/p>\n<p>La tercera y \u00faltima parte del documento papal habla de la misi\u00f3n o acci\u00f3n pastoral, y se titula Ser testigos del amor. Estas son las claves importantes:<\/p>\n<p>a) Espiritualidad de comuni\u00f3n: debemos realizar la comuni\u00f3n de amor (\u00e1gape), para que la Iglesia se manifieste como lo que es: sacramento de la \u00ed\u00adntima uni\u00f3n entre Dios y los hombres, y de los hombres entre s\u00ed\u00ad (LG 1) (n. 42).<\/p>\n<p>Tenemos que hacer de la Iglesia la casa y la escuela de comuni\u00f3n. Antes de programar iniciativas concretas, promover una espiritualidad de la comuni\u00f3n. Significa una mirada del coraz\u00f3n hacia el misterio de la Trinidad que habita en nosotros y cuya luz debe ser reconocida tambi\u00e9n en el rostro de los hermanos. Significa, adem\u00e1s, sentir al hermano inserto en el Cuerpo m\u00ed\u00adstico de Cristo, \u00abcomo uno que me pertenece\u00bb y con el que debo compartir alegr\u00ed\u00adas y sufrimientos. Significa, ante todo, ver lo que hay de positivo en el otro para acogerlo y valorarlo como don de Dios: \u00abun don para m\u00ed\u00ad\u00bb, adem\u00e1s de serlo para el hermano. Significa, finalmente, dar espacio al hermano llevando mutuamente la carga de los otros (G\u00e1l 6,2) y rechazando las tentaciones ego\u00ed\u00adstas (n. 43).<\/p>\n<p>Debemos valorar y desarrollar los \u00e1mbitos e instrumentos de comuni\u00f3n: ministerio petrino, colegialidad episcopal, S\u00ed\u00adnodos, Conferencias Episcopales, relaciones obispos-presb\u00ed\u00adteros, Curias, Consejos presbiterales y pastorales (que no se inspiran en los criterios de la democracia parlamentaria, puesto que act\u00faan de manera consultiva y no deliberativa, sin perder por ello su significado e importancia). La espiritualidad de la comuni\u00f3n da un alma a la estructura institucional-jur\u00ed\u00addica, desde una llamada a la confianza y apertura, que responde a la dignidad de cada miembro del Pueblo de Dios (n. 45).<\/p>\n<p>b) Variedad de vocaciones: la comuni\u00f3n y la unidad no son uniformidad, sino integraci\u00f3n org\u00e1nica de leg\u00ed\u00adtimas diversidades y vocaciones. Junto con el ministerio ordenado, pueden florecer otros ministerios instituidos o simplemente reconocidos. Se debe realizar un esfuerzo en una pastoral vocacional en favor de las vocaciones al sacerdocio y a la vida de especial consgraci\u00f3n, sin olvidar la vocaci\u00f3n propia de los laicos. Tiene mucha importancia para la comuni\u00f3n promover las diversas realidades de asociaci\u00f3n, en sus modalidades tradicionales y en las m\u00e1s nuevas como los movimientos eclesiales (n. 46). Una especial atenci\u00f3n a la pastoral familiar, y una llamada a que la familia sepa defender sus derechos y mantenga una eficaz presencia eclesial y social (n. 47).<\/p>\n<p>c) El campo ecum\u00e9nico: la comuni\u00f3n se debe promover tambi\u00e9n en el campo ecum\u00e9nico. La invocaci\u00f3n \u00abut unum sint\u00bb es imperativo que nos obliga, fuerza que nos sostiene y saludable reproche por nuestra desidia y estrechez de coraz\u00f3n. Miramos con esperanza a las Iglesias de Oriente. Con id\u00e9ntico esmero debe cultivarse el di\u00e1logo ecum\u00e9nico con la Comuni\u00f3n anglicana y con las Comunidades nacidas de la Reforma (n. 48).<\/p>\n<p>d) Apostar por la caridad: a partir de la comuni\u00f3n intraeclesial la caridad se abre por su naturaleza al servicio universal, proyect\u00e1ndose en la pr\u00e1ctica de un amor activo y concreto con cada ser humano. Debemos descubrir a Cristo sobre todo en el rostro de aquellos con los que El mismo ha querido identificarse (Mt 25, 35). No es una simple invitaci\u00f3n a la caridad, sino una p\u00e1gina de cristolog\u00ed\u00ada. Sobre esta p\u00e1gina la Iglesia comprueba su fidelidad como Esposa de Cristo, no menos que sobre el \u00e1mbito de la ortodoxia. Nadie puede ser excluido de nuestro amor desde el momento en que con la encarnaci\u00f3n el Hijo de Dios se ha unido en cierto modo a cada hombre (GS 22). Seg\u00fan el Evangelio, en la persona de los pobres hay una presencia especial de Jes\u00fas, que impone a la Iglesia una opci\u00f3n preferencial por ellos. Mediante esta opci\u00f3n se testimonia el amor de Dios, su providencia, su misericordia y se siembran todav\u00ed\u00ada en la historia aquellas semillas del Reino que Jes\u00fas dej\u00f3 en su vida terrena cuando atend\u00ed\u00ada a todos los que acud\u00ed\u00adan a El (n. 49).<\/p>\n<p>Ante las pobrezas persistentes, y las nuevas pobrezas, es la hora de una nueva \u00abimaginaci\u00f3n de la caridad\u00bb que promueva no s\u00f3lo la eficacia de las ayudas prestadas, sino la capacidad de hacernos cercanos y solidarios con quien sufre para que el gesto de ayuda sea sentido no como limosna humillante, sino como un compartir fraterno. Tenemos que actuar de tal manera que los pobres, en cada comunidad cristiana, se sientan como en su casa. Sin esta forma de evangelizaci\u00f3n, el Evangelio corre el peligro de ser incomprendido o de ahogarse en el mar de las palabras al que nos somete la comunicaci\u00f3n cada d\u00ed\u00ada. La caridad de las obras corrobora la caridad de las palabras (n.50). Un gesto concreto: una vez cubiertos los gastos del Jubileo, las limonas sobrantes, el Papa ha querido destinarlas a obras de caridad (n. 53).<\/p>\n<p>e) Otros retos actuales: no podemos quedar al margen ante el desequilibrio ecol\u00f3gico, los problemas de la paz amenazada, o el vilipendio de los derechos fundamentales de la persona. Aunque parezca impopular, la intervenci\u00f3n de la Iglesia, tenemos que comprometernos en la defensa del respeto a la vida de cada ser humano o en subrayar las exigencias \u00e9ticas en medio de las nuevas potencialidades cient\u00ed\u00adficas. La caridad se convierte, as\u00ed\u00ad, en un servicio a la cultura, pol\u00ed\u00adtica, econom\u00ed\u00ada o familia (n. 51). Ser\u00e1n los laicos los principales protagonistas siguiendo la doctrina social de la Iglesia. La vertiente \u00e9tico-social es una dimensi\u00f3n imprescindible del testimonio cristiano. Se debe rechazar la tentaci\u00f3n de una espiritualidad oculta e individualista, que poco tiene que ver con las exigencias de la caridad, con la l\u00f3gica de la Encarnaci\u00f3n y con la misma tensi\u00f3n escatol\u00f3gica, que no aparta de la tarea de construcci\u00f3n de un mundo nuevo (GS 34) (n. 52).<\/p>\n<p>f) Di\u00e1logo y misi\u00f3n: es necesario el di\u00e1logo interreligioso para proponer una firme base de paz y alejar las amenazas de guerras de religi\u00f3n (n. 55). El di\u00e1logo no se basa en la indiferencia religiosa, sino en el anuncio a todos, con el mayor respeto a la libertad de cada uno, del don de la revelaci\u00f3n del Dios-Amor (Jn 3,16). Este di\u00e1logo no sustituye a la missio ad gentes. La Iglesia est\u00e1 abierta a discernir los verdaderos signos de los tiempos o del designio y presencia de Dios (n. 56).<\/p>\n<p>g) A la luz del Concilio: debemos acoger el Concilio. Aquellos textos no pierden su valor ni esplendor. Se deben releer de forma apropiada y ser conocidos y asimilados como textos cualificados y normativos del Magitesrio, dentro de la Tradici\u00f3n de la Iglesia. El Concilio ha sido la gran gracia de la que la Iglesia se ha beneficiado en el s. XX. El Concilio es br\u00fajula segura para orientarnos en el camino del siglo que comienza (n. 57).<\/p>\n<p>En la conclusi\u00f3n a la Carta, el Papa nos invita a caminar con esperanza. El Hijo de Dios encarnado hace 2.000 a\u00f1os realiza tambi\u00e9n hoy su obra. Hemos de agudizar la vista y tener un gran coraz\u00f3n para convertirnos en sus instrumentos. Hemos celebrado el Jubileo para tomar contacto con este manantial vivo y para seguir poni\u00e9ndonos en camino. Contamos con el mismo Esp\u00ed\u00adritu de Pentecost\u00e9s que nos env\u00ed\u00ada. Estamos unidos, en comuni\u00f3n, en la Mesa de la Palabra y la Eucarist\u00ed\u00ada, particularmente la dominical. Nos acompa\u00f1a Mar\u00ed\u00ada como estrella de la nueva evangelizaci\u00f3n (n. 58). Nos exhorta finalmente a que Jes\u00fas resucitado nos encuentre vigilantes y preparados para reconocer su rostro y correr hacia nuestros hermanos para llevarles el gran anuncio: \u00ab\u00c2\u00a1Hemos visto al Se\u00f1or!\u00bb (Jn 20,25).<\/p>\n<p>BIBL. &#8211; JUAN PABLO II, El Nuevo Milenio Naciente, San Pablo, Madrid 2000.<\/p>\n<p>Ra\u00fal Berzosa Mart\u00ed\u00adnez<\/p>\n<p>Vicente M\u00c2\u00aa Pedrosa &#8211; Jes\u00fas Sastre &#8211; Ra\u00fal Berzosa (Directores), Diccionario de Pastoral y Evangelizaci\u00f3n, Diccionarios \u00abMC\u00bb, Editorial Monte Carmelo, Burgos, 2001<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Pastoral y Evangelizaci\u00f3n<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>[072] Enc\u00ed\u00adclica de Juan Pablo II del 6 de Enero del 2001 sobre el nacimiento de un nuevo milenio en la Historia de la Iglesia y la misi\u00f3n permanente de evangelizar al mundo que viene, como la Iglesia hizo siempre desde su establecimiento por Cristo en la tierra. 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