{"id":12515,"date":"2016-02-05T08:31:34","date_gmt":"2016-02-05T13:31:34","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/orden-sacerdotal\/"},"modified":"2016-02-05T08:31:34","modified_gmt":"2016-02-05T13:31:34","slug":"orden-sacerdotal","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/orden-sacerdotal\/","title":{"rendered":"ORDEN SACERDOTAL"},"content":{"rendered":"<p>[440]<br \/>\nEl sacramento del Orden es un signo sensible de la gracia, instituido por Jes\u00fas para consagrar a algunos seguidores suyos para una tarea eclesial de celebraci\u00f3n lit\u00fargica y de animaci\u00f3n pastoral. Esto significa que el sacerdote se orienta, por su naturaleza y misi\u00f3n, a la celebraci\u00f3n, a la evangelizaci\u00f3n y a la animaci\u00f3n espiritual.<\/p>\n<p>    En este sacramento, por la imposici\u00f3n de manos y la oraci\u00f3n del Obispo, se confiere a algunos cristianos llamados por Dios y elegidos por la Iglesia, un poder espiritual y la gracia necesaria para ejercerlo santamente.<\/p>\n<p>    1. Sacramentalidad del Orden<\/p>\n<p>El Orden es un sacramento especial y concreto. Consagra a quien lo recibe ante Dios y ante la comunidad.<\/p>\n<p>   &#8211;  Decir sacramento indica que es signo, gesto o acci\u00f3n, que es sensible y externa y por lo tanto se percibe por quien lo administra, por quien lo recibe y por cuantos se hallan presentes como testigos.<\/p>\n<p>   &#8211; El concepto de consagraci\u00f3n indica dedicaci\u00f3n, compromiso o entrega por motivo religioso a una misi\u00f3n querida por Dios. Y tambi\u00e9n insin\u00faa la iniciaci\u00f3n de un estado sobrenaturalmente diferente al del cristiano que no lo ha recibido.<\/p>\n<p>   &#8211; El t\u00e9rmino \u00abOrden\u00bb sintetiza ambos conceptos y es de origen latino (ordo), expresando entre los romanos la idea de  grupo, nivel, categor\u00ed\u00ada o funci\u00f3n social. Los cristianos de los primeros siglos aplicaron el t\u00e9rmino a diversas situaciones sociales: presb\u00ed\u00adteros, di\u00e1conos, viudas, v\u00ed\u00adrgenes, evangelistas, etc.<\/p>\n<p>    El Catecismo de la Iglesia Cat\u00f3lica describe, m\u00e1s que define, el Orden como \u00absacramento por el cual la misi\u00f3n confiada por Cristo a sus Ap\u00f3stoles sigue siendo ejercida en la Iglesia hasta el final de los tiempos\u00bb (N 1537)<\/p>\n<p>    En cuanto sacramento, es una realidad visible, social y significativa de la gracia que recibe el ordenado. Pero tambi\u00e9n expresa la intermediaci\u00f3n de la gracia que est\u00e1 destinado a conseguir y distribuir el ordenado en la comunidad.<\/p>\n<p>    Por eso hist\u00f3ricamente se usaron otros t\u00e9rminos paralelos al de ordenaci\u00f3n, como son el de sacerdocio y de ministerio. A quienes lo han recibido se les denomina \u00abordenados\u00bb, \u00abministros\u00bb (servidores) y \u00absacerdotes\u00bb (hacedores de cosas santas) fijando la atenci\u00f3n en su funci\u00f3n eclesial.<\/p>\n<p>     Tambi\u00e9n se refiere a los \u00abcl\u00e9rigos\u00bb (kleros, en griego suerte, herencia), aludiendo a su pertenencia al grupo elegido por Dios y por la comunidad para una funci\u00f3n selecta.<\/p>\n<p>    1.1. Ordenaci\u00f3n<\/p>\n<p>El sentido de \u00abOrdenaci\u00f3n\u00bb recoge, m\u00e1s por la funci\u00f3n del ordenado que por su consagraci\u00f3n, la dimensi\u00f3n o situaci\u00f3n social del ordenado. El ordenado pasa a formar parte del grupo espec\u00ed\u00adfico, destinado a tareas de culto.<\/p>\n<p>    Entre los primeros cristianos sintetiza la misi\u00f3n cultual de los \u00absacerdotes del Templo de Jerusal\u00e9n\u00bb y la funci\u00f3n social que sol\u00ed\u00adan tener en el mundo helen\u00ed\u00adstico los sacerdotes y las sacerdotisas de los templos dedicados a las diversas divinidades.<\/p>\n<p>    El cristiano \u00abordenado se organiza en \u00abcuerpo social\u00bb o clero, y act\u00faa como \u00abfuncionario\u00bb de la Iglesia. Para las obras de caridad los Di\u00e1conos, para la animaci\u00f3n y gobierno los Obispos y los Presb\u00ed\u00adteros.<\/p>\n<p>    La ordenaci\u00f3n introduce, por lo tanto, en una dignidad o categor\u00ed\u00ada conocida y reconocida por los dem\u00e1s. Incluso se desarrolla pronto en las primeras comunidades un reparto de tareas o funciones, que se grad\u00faan por su necesidad o importancia y en cuya escala se puede ascender o descender, seg\u00fan se ejerzan unas funciones y otras en dependencia de la autoridad y de la comunidad.<\/p>\n<p>    El ordenado se diferencia de los dem\u00e1s, por cuanto ejerce un poder, derecho, deber o autoridad. Al mismo tiempo se organiza con respecto a los que han recibido la misma dignidad, estableciendo una estructura interior y respondiendo a una disciplina predeterminada para conseguir el mejor orden y funcionamiento en la sociedad.<\/p>\n<p>    Desde este punto de vista social e hist\u00f3rico, el que ha recibido el sacramento del orden se encuadra en un cuerpo eclesial singular. Es la \u00abclericatura\u00bb. Los cl\u00e9rigos, como cuerpo, sirven a la comunidad eclesial y se diferencian de los \u00ablaicos\u00bb (laos, pueblo) o gentes populares. Est\u00e9 en funci\u00f3n de la comunidad (funcionarios), al servicio de la misma (ministros), en un grado o nivel variable (escala y jerarqu\u00ed\u00ada diferente), el \u00abordenado\u00bb siempre tiene una misi\u00f3n singular que se recibe con el sacramento.<\/p>\n<p>    1.2. Sacerdocio<\/p>\n<p>La misi\u00f3n recibida es sagrada. No basta la referencia org\u00e1nica para entender lo que es el Orden. El concepto de sacerdocio va m\u00e1s all\u00e1. Es paralelo al de sacrificio, santificaci\u00f3n o consagraci\u00f3n.<\/p>\n<p>    Implica la disposici\u00f3n espiritual hacia la santidad, idea imprescindible para desentra\u00f1ar el concepto de sacerdocio. Por eso hablamos de sacerdocio como de algo o alguien que tiene que ver con la santidad, con la perfecci\u00f3n, con la dedicaci\u00f3n a Dios.<\/p>\n<p>    El que ha recibido el orden es sacerdote: hace cosas santas para s\u00ed\u00ad y para los dem\u00e1s. Acepta vivir en santidad y procura en los dem\u00e1s la santidad. A ella se dedica y se consagra; y vive en funci\u00f3n de ella.<\/p>\n<p>    Es un hombre como los dem\u00e1s. Pero lleva un signo de consagraci\u00f3n o dedicaci\u00f3n que los dem\u00e1s no poseen. Pertenece al mundo, pero ya no es del mundo, pues un signo misterioso anida en \u00e9l y le ha hace diferente, le consagra a la divinidad, con cierta separaci\u00f3n de la profanidad. Es secular (que vive en el \u00absiglo\u00bb) o religioso (que est\u00e1 ligado o religado con votos); pero se ha consagrado a algo diferente, que no es el trabajo, el matrimonio, las posesiones materiales o riquezas, las tareas de la ciencia, cultura, arte o pol\u00ed\u00adtica, propias de los dem\u00e1s.<\/p>\n<p>    Y no s\u00f3lo en el \u00e1mbito cristiano, sino en todas las dem\u00e1s religiones, el sacerdote hace referencia a su funci\u00f3n o misi\u00f3n sagrada o consagrada. Y orienta a los que se le acercan hacia la divinidad y al culto en el templo a ella dedicado.<\/p>\n<p>     1.3. Ministerio<\/p>\n<p>     Por ese trabajo y dedicaci\u00f3n, se alude en castellano con el t\u00e9rmino de ministro, de servidor, a quien ha recibido el Orden sacerdotal. Su ministerio, labor o empe\u00f1o social se orienta a trabajar por los dem\u00e1s. Por eso el Orden implica renuncia a la propia comunidad (familia) y exige orientaci\u00f3n de la vida hacia una misi\u00f3n en de entrega a los dem\u00e1s.<\/p>\n<p>    Esa abnegaci\u00f3n implica una disposici\u00f3n de entrega altruista (ministerio), pero tambi\u00e9n de pertenenciaa organizaci\u00f3n de servicio eclesial.<\/p>\n<p>    En cuanto ministro, se presupone en el ordenado la orientaci\u00f3n de su vida hacia el trabajo apost\u00f3lico, superando los intereses materiales de \u00aboficios y beneficios\u00bb, es decir de prestigio o de mando y de seguridad o comodidad.<\/p>\n<p>    El ministerio implica disponibilidad y por eso el ordenado se pone al servicio de la comunidad, por medio de la autoridad, transcendiendo el tiempo (horarios y reglamentos) y los lugares (localizaci\u00f3n o vinculaci\u00f3n territorial).<\/p>\n<p>    Y en particular, situado en la comunidad, ejerce su ministerio con referencia a una tarea especial que se le encomienda. En el vocabulario eclesial los diversos oficios han originado una rica terminolog\u00ed\u00ada ministerial eclesial.<\/p>\n<p>    Es cura, el sacerdote que ejerce un \u00abcuidado\u00bb (cura) de almas, de personas. Es p\u00e1rroco, si su demarcaci\u00f3n es una \u00abparroquia\u00bb o territorio determinado. Es coadjutor (coayudador), si colabora con otro en determinada labor o trabajo. Es capell\u00e1n (si cuida o atiende una capilla). Es arcipreste, si anima, coordina o alienta a diversos prestes o sacerdotes de una zona.<\/p>\n<p>    1.4. Originalidad eclesial.<\/p>\n<p>    El sacramento del Orden fue instituido por Cristo, que quiso en su comunidad la existencia de personas especialmente consagradas y ordenadas a una tarea de direcci\u00f3n y animaci\u00f3n de los dem\u00e1s.<\/p>\n<p>    Contra la doctrina cat\u00f3lica, sostenida en la Iglesia desde el principio, surgieron en ocasiones actitudes heterodoxas que negaron la existencia de tal sacramento y consideraron el sacerdocio como una forma organizativa buena y tradicional, pero ajena a la voluntad expl\u00ed\u00adcita del Se\u00f1or, que a todos sus seguidores constituy\u00f3 en evangelizadores.<\/p>\n<p>    Los negadores del sacerdocio especifico: albigenses, c\u00e1taros, espirituales medievales, etc. prepararon la doctrina protestante del sacerdocio universal de los laicos. Desde el comienzo de su Reforma, Lutero y los te\u00f3logos como Felipe Melanchton entendieron que es la comunidad la que designa un pastor o animador y no tiene sentido que la jerarqu\u00ed\u00ada, la autoridad, elija y ordene a algunos miembros de la comunidad para el servicio especial del culto y de la santificaci\u00f3n de sus hermanos. Consecuentes con su idea de la \u00fanica mediaci\u00f3n de Cristo en la concesi\u00f3n de la gracia, negaron la conveniencia y la existencia de otros mediadores.<\/p>\n<p>     El Concilio de Trento sali\u00f3 al paso de tal actitud y doctrina y refrend\u00f3 las antiguas definiciones eclesiales sobre el sacerdocio. Declar\u00f3 que existe en la Iglesia cat\u00f3lica un sacerdocio visible y externo (Denz. 961), que la jerarqu\u00ed\u00ada o autoridad consagrada por un sacramento, el del Orden, ha sido instituida por ordenaci\u00f3n divina (Denz. 966), que un especial estado sacerdotal, distinto del laical o bautismal, es algo querido por Cristo y no inventado por la Iglesia con el paso de los siglos, que para acceder a ese sacerdocio se requiere voluntad libre, preparaci\u00f3n y vocaci\u00f3n, tanto divina en el fuero de la conciencia, como eclesi\u00e1stica o social, que es la aceptaci\u00f3n por parte de la autoridad.<\/p>\n<p>     Para el ingreso en ese estado o situaci\u00f3n eclesial, Cristo estableci\u00f3 un sacramento espec\u00ed\u00adfico, el sacramento del Orden, que se ha conservado desde el principio.<\/p>\n<p>  Los Ap\u00f3stoles, ordenados ellos por el mismo Cristo, transmitieron su poder sagrado a sus sucesores, mediante la consagraci\u00f3n, y \u00abordenaci\u00f3n\u00bb, imponiendo las manos como signo sensible de la gracia. Eligieron sus sucesores, que a su vez ordenaron a los posteriores a lo largo de los siglos. Los Ap\u00f3stoles y la Iglesia precisaron las formas, grados y funciones de cada uno<\/p>\n<p>      El concilio de Trento defini\u00f3: que \u00abexiste un sacerdocio visible y externo con potestad de consagrar y ofrecer el verdadero cuerpo y la sangre del Se\u00f1or y tambi\u00e9n de perdonar los pecados\u00bb(Denz. 961); que \u00abel Orden en verdad es Sacramento instituido por Cristo Se\u00f1or\u00bb. (Denz. 963); y que \u00aben la Iglesia hay \u00ed\u201crdenes mayores y menores por los que, como por grados, se accede al sacerdocio.\u00bb (Denz. 962). La definici\u00f3n tridentina, con todo, alude a la identidaddel sacramento en general, pero no a la de cada uno de los Ordenes o grados en particular, aspecto que qued\u00f3 para la posterior definici\u00f3n y clarificaci\u00f3n de la Iglesia.<\/p>\n<p>     2. Prueba de Escritura<br \/>\nEn la Sda. Escritura aparece ya con claridad la elecci\u00f3n y dedicaci\u00f3n de algunas personas para una misi\u00f3n de evangelizaci\u00f3n y de jerarqu\u00ed\u00ada eclesial. (Mt.  16.19; Lc.  22.19. Jn. 20.22)<\/p>\n<p>Y aparece con nitidez que la dedicaci\u00f3n y ordenaci\u00f3n de estas personas no sigue las formas y estilos de los sacerdotes del Antiguo Testamento, con las funciones sacrificiales del Templo y con las caracter\u00ed\u00adsticas hereditarias y familiares de los sacerdotes jud\u00ed\u00ados.<\/p>\n<p>    2.1. Referencias evang\u00e9licas<br \/>\nEn los textos evang\u00e9licos no se recoge la expl\u00ed\u00adcita distinci\u00f3n entre sacerdotes y disc\u00ed\u00adpulos. Pero se advierte la especial elecci\u00f3n de \u00abDoce\u00bb y se diferencia de los disc\u00ed\u00adpulos, que en ocasiones fueron 72 (Lc. 10.1 y 17) tambi\u00e9n elegidos y designados por el Se\u00f1or.<\/p>\n<p>    Es claro que Jes\u00fas quiso que entre sus seguidores una Jerarqu\u00ed\u00ada o Autoridad, representada por los Ap\u00f3stoles y por Pedro al frente de ellos. \u00abJes\u00fas eligi\u00f3 a doce de sus disc\u00ed\u00adpulos y les dio autoridad para expulsar esp\u00ed\u00adritus y para curar toda clase de enfermedades y dolencias. Estos son los nombre de los doce. El primero, Sim\u00f3n Pedro, y tambi\u00e9n su hermano Andr\u00e9s, Santiago y su hermano Juan, Felipe, Bartolom\u00e9, Tom\u00e1s, Mateo el publicano, Santiago el de Alfeo, Tadeo, Sim\u00f3n el Cananeo y Judas el Iscariote, que fue quien le traicion\u00f3 despu\u00e9s.\u00bb (Mt 10. 1-3)<\/p>\n<p>    A ellos les dijo: \u00abHaced esto en memoria m\u00ed\u00ada\u00bb (Lc. 22.19), concedi\u00e9ndoles el poder de celebrar la Eucarist\u00ed\u00ada; y les dijo: \u00aba los que perdon\u00e9is los pecados, Dios se los perdonar\u00e1\u00bb (Jn. 20.22), en alusi\u00f3n a su capacidad de administrar el perd\u00f3n a los hombres.<\/p>\n<p>    A ellos les envi\u00f3 como mensajeros por el mundo: \u00abComo mi Padre me envi\u00f3, tambi\u00e9n yo os env\u00ed\u00ado a vosotros\u00bb. (Jn. 20. 21) Y les expres\u00f3 la raz\u00f3n: \u00abQuien a vosotros recibe, a m\u00ed\u00ad me recibe; y quien me recibe a m\u00ed\u00ad, lo hace con mi Padre que me ha enviado\u00bb (Mt. 10. 40)<\/p>\n<p>    Jes\u00fas quiso esa autoridad, esa jerarqu\u00ed\u00ada, ese \u00absacerdocio\u00bb en la Iglesia, y resulta indiscutible que su voluntad no se agot\u00f3 en los disc\u00ed\u00adpulos presentes sino que se transmiti\u00f3 a todos los disc\u00ed\u00adpulos venideros.<\/p>\n<p>    2.2. Referencias posteriores<\/p>\n<p>En las Ep\u00ed\u00adstolas paulinas y en el Libro de los Hechos, se recogen los datos de c\u00f3mo los Ap\u00f3stoles entendieron la existencia de diversos modos de ejercer el sacerdocio: presbiterado y diaconado.<\/p>\n<p>    Se habla de la instituci\u00f3n de los di\u00e1conos, con la misi\u00f3n de administrar la caridad en la comunidad: \u00abNo es bueno que nosotros descuidemos la palabra por las mesas&#8230; Eligieron siete varones de buena reputaci\u00f3n lleno de Esp\u00ed\u00adritu Santo&#8230; Los presentaron a los Ap\u00f3stoles, quienes, despu\u00e9s de orar, les impusieron las manos\u00bb (Hech. 6. 1-6)<\/p>\n<p>    Tambi\u00e9n se alude a la instituci\u00f3n de los presb\u00ed\u00adteros: \u00abConstituyeron presb\u00ed\u00adteros en cada iglesia por la imposici\u00f3n de las manos, orando y ayunando, y los encomendaron al Se\u00f1or\u00bb. (Hech 14. 22)<\/p>\n<p>    San Pablo es el que m\u00e1s referencias expl\u00ed\u00adcitas tiene a la dedicaci\u00f3n y consagraci\u00f3n de personas a la funci\u00f3n cultual y pastoral en la comunidad. Escribe a su disc\u00ed\u00adpulo Timoteo: \u00abTe amonesto que hagas revivir la gracia de Dios que hay en ti por la imposici\u00f3n de mis manos.\u00bb (2 Tim. 1. 6). Y en otro lugar: \u00abNo descuides la gracia que posees, que te fue conferida en medio de buenos augurios con la imposici\u00f3n de las manos de los presb\u00ed\u00adteros\u00bb. (1 Tim. 4. 14)<\/p>\n<p>    Al margen de los problemas exeg\u00e9ticos que estos t\u00e9rminos suscitan: di\u00e1conos (servidores), presb\u00ed\u00adteros (ancianos), obispos (vigilantes) y del valor sem\u00e1ntico y etimol\u00f3gico que estos t\u00e9rminos puedan tener, lo importante es consignar que ya en tiempos apost\u00f3licos hab\u00ed\u00ada \u00abcargos\u00bb comunitarios, que requer\u00ed\u00adan particular \u00abordenaci\u00f3n\u00bb y que no todos los creyentes pose\u00ed\u00adan en la comunidad.<\/p>\n<p>    Se advierte la idea de la graduaci\u00f3n de los servicios y de la jerarqu\u00ed\u00ada eclesi\u00e1stica o autoridad sagrada.<\/p>\n<p>    Y se alude al modo de acceder a ella, por singular ceremonia de imposici\u00f3n de manos y de oraci\u00f3n. Este gesto, signo sensible o sacramento, conced\u00ed\u00ada y sigue concediendo a los receptores poder espiritual querido por Cristo y reconocido por los dem\u00e1s miembros de cada comunidad.<\/p>\n<p>    Adem\u00e1s se presenta ese poder sagrado como una gracia o don divino para la comunidad, como \u00abcarisma\u00bb. Ante \u00e9l es preciso guardar fidelidad. Por eso se reclama mucha reflexi\u00f3n y piedad ante ese don al que no todos son llamados. S. Pablo dice a Timoteo: \u00abNo seas precipitado en imponer las manos a nadie.\u00bb (1 Tim. 5. 22).<\/p>\n<p>    3. Evoluci\u00f3n y Tradici\u00f3n<\/p>\n<p>El desarrollo de la funci\u00f3n sacerdotal despu\u00e9s de la muerte de los Ap\u00f3stoles se orient\u00f3 al mayor servicio de la comunidad creyente y origin\u00f3 el desarrollo de los diversos niveles o grados que la misma comunidad cristiana fue precisando para su atenci\u00f3n religiosa.<\/p>\n<p>    Cuando en el siglo IV la Iglesia qued\u00f3 estabilizada como sociedad mayoritaria e influyente, al menos en las urbes romanas y griegas, surgieron nuevos modos o niveles de pertenencia al estamento sacerdotal o clerical. Pero siempre se mantuvo el valor del signo de la imposici\u00f3n de las manos para comunicar la gracia del ministerio.<\/p>\n<p>    Los testimonios de las Iglesia occidentales son m\u00e1s abundantes que los de Oriente. Pero todos confluyen en lo mismo: hay un ministerio que proviene de la imposici\u00f3n de manos; y hay una jerarqu\u00ed\u00ada \u00abordenada\u00bb.<\/p>\n<p>    S. Gregorio Niseno compara la ordenaci\u00f3n sacerdotal con la consagraci\u00f3n de la Eucarist\u00ed\u00ada: \u00abEsta misma virtud de la palabra hace al sacerdote excelso y venerable, segregado de las gentes por la novedad de su ordenaci\u00f3n. Ayer y anteayer era todav\u00ed\u00ada uno de tantos, uno del pueblo. Y ahora se convierte de repente en gu\u00ed\u00ada, prefecto, maestro de la piedad, consumador de los misterios rec\u00f3nditos. Y eso sin que haya cambiado su cuerpo o su figura. Al exterior sigue siendo el mismo que era antes, mas, por una virtud y gracia invisibles, su alma invisible se ha transformado en algo mejor\u00bb. (Or. in baptismum Christi).<\/p>\n<p>     San Agust\u00ed\u00adn compar\u00f3 el Orden con el Bautismo: \u00abAmbos son sacramentos y ambos se administran al hombre con cierta consagraci\u00f3n: aqu\u00e9l, cuando es bautizado; \u00e9ste, cuando es ordenado; en la Iglesia cat\u00f3lica no se pueden repetir ninguno de estos dos sacramentos\u00bb (Contra ep. Parm. II. 13)<\/p>\n<p>    3.1. Ordenes sagradas<\/p>\n<p>Generalmente se enumeran siete \u00f3rdenes sagradas; cuatro inferiores o menores, que son: ostiariado, lectorado, exorcistado y acolitado; y tres superiores o mayores: subdiaconado, diaconado y sacerdocio; esta \u00faltima comprende: presbiterado y episcopado. (Denz. 958 y 962). En la Edad media, por influencia monacal, se a\u00f1adi\u00f3 la tonsura (corte de pelo) como signo de alejamiento del mundo y de desprendimiento.<\/p>\n<p>    El Diaconado, el Presbiterado y el Episcopado son los grados sacramentales del Orden sacerdotal y se preparan con las Ordenes menores. Los tres grados no son sacramentos distintos, sino un \u00fanico sacramento: el del Orden sacerdotal. Pero se administra en tres momentos o rangos, en los que el inferior no necesariamente reclama el superior.<\/p>\n<p>    El poder sacerdotal encuentra su plenitud en el episcopado y alcanza un grado menos perfecto en el Presbiterado; el Diaconado es el grado inferior del sacramento, pero decisivo en \u00abel ministerio de la liturgia, de la palabra y de la caridad\u00bb, como dice el Concilio Vaticano II (Lum. Gent. 29)<\/p>\n<p>    Los siete Ordenes se encuentran citados expl\u00ed\u00adcitamente por vez primera en una carta del papa Cornelio (251-253) a Fabio, obispo de Antioqu\u00ed\u00ada el a\u00f1o 251. Se alude en ella a la situaci\u00f3n de Roma: \u00abun Obispo, 46 presb\u00ed\u00adteros, 7 di\u00e1conos, 7 subdi\u00e1conos, 42 ac\u00f3litos, 52 entre exorcistas, lectores, ostiarios, con 1.500 viudas y pobres.\u00bb (S. Eusebio. Hist. eccl. VI. 43. Denz. 45)<\/p>\n<p>    Desde entonces la tradici\u00f3n fue configurando cada unos de los niveles del clero, en los que distribuye con m\u00e1s o menos claridad y definici\u00f3n el Orden sacerdotal<\/p>\n<p>    3.1.1. Sacramentales del Orden<\/p>\n<p>    Las \u00ed\u201crdenes menores y el subdiaconado no aparecieron nunca como de Instituci\u00f3n divina, sino como usos de la Iglesia. No en todos los lugares se organizaron de la misma forma. Tertuliano es el primero que da testimonio del \u00abLectorado.\u00bb (De praescr. 41). S. Hip\u00f3lito de Roma habl\u00f3 ya del Subdiaconado (Traditio Apost. 22). En otros documentos se reflejan testimonios sobre la existencia de los otros grados, niveles o funciones.<\/p>\n<p>    Hacia el siglo XII, en Occidente, los cuatro \u00ed\u201crdenes menores y el Subdiaconado exist\u00ed\u00adan en casi todas las Iglesias. Sin embargo, en la oriental griega s\u00f3lo se conoci\u00f3 el Lectorado y el Hipodiaconado (subdiaconado). En las Iglesias de Occidente el n\u00famero y categor\u00ed\u00adas oscilaron en funci\u00f3n de la influencia romana.<\/p>\n<p>    Las cuatro \u00ed\u201crdenes menores y el Subdiaconado no son, por lo tanto, sacramento, sino que preparan para \u00e9l. Son sacramentales ministeriales que la Iglesia perfil\u00f3 a lo largo de los siglos y que en la actualidad pueden asociarse a otros servicios importantes en la comunidad cristiana: catequistas, evangelizadores, animadores parroquiales, etc.<\/p>\n<p>    Con todo la Iglesia las consider\u00f3 importantes y condiciones para llegar al Presbiterado o Sacerdocio pleno, como quedo reflejado en el Decreto del Concilio de Florencia, llamado de los Armenios, del 22 de Noviembre de 1439. El Concilio de Trento no defini\u00f3 nada sobre las Ordenes Menores y Subdiaconado.<\/p>\n<p>    La discusi\u00f3n en la Iglesia sobre cierto car\u00e1cter sacramental de estas Ordenes menores dur\u00f3 hasta la Constituci\u00f3n apost\u00f3lica de P\u00ed\u00ado XII, \u00abSacramentum Ordinis\u00bb (de 1947), en la que pr\u00e1cticamente se dej\u00f3 zanjada la cuesti\u00f3n, negando su car\u00e1cter de sacramento, pero aludiendo a su importancia.<\/p>\n<p>    3.1.2. Orden de Diaconado<\/p>\n<p>La consagraci\u00f3n diaconal inicia la recepci\u00f3n del Sacramento del Orden. Tiene la caracter\u00ed\u00adstica de que es suficiente en s\u00ed\u00ad misma como misi\u00f3n de caridad: asistencia material, lit\u00fargica y espiritual en la comunidad eclesial. Y se puede constituir en vocaci\u00f3n independiente del Presbiterado, del mimo modo que \u00e9ste se puede recibir sin aspiraciones al Episcopado.<\/p>\n<p>    El car\u00e1cter sacramental del Diaconado ha sido admitido desde los comienzos cristianos. Conlleva el destino al servicio de la comunidad. Y, en cuanto se recibe voluntariamente en este sentido, es un signo sensible de la gracia divina, de la general y de la espec\u00ed\u00adfica para el servicio eclesial al que se orienta.<\/p>\n<p>    La declaraci\u00f3n del Concilio de Trento, seg\u00fan la cual los Obispos, cuando confieren el Orden, no dicen s\u00f3lo como f\u00f3rmula: \u00abRecibe el Esp\u00ed\u00adritu Santo\u00bb (Denz. 964), sino que originan la transmisi\u00f3n de un car\u00e1cter sagrado y de una misi\u00f3n eclesial, tiene tambi\u00e9n su aplicaci\u00f3n al Diaconado. La Constituci\u00f3n \u00abSacramentum Ordinis\u00bb, de P\u00ed\u00ado XII, resalt\u00f3 la sacramentalidad del Diaconado.<\/p>\n<p>    El Concilio Vaticano II, en la Constituci\u00f3n Lumen Gentium, revitaliz\u00f3 el servicio eclesial de los Di\u00e1conos, que \u00abreciben la imposici\u00f3n de las manos, no en orden al sacerdocio, sino al ministerio\u00bb; y les atribuy\u00f3 las misiones de \u00abadministrar solemnemente el Bautismo, reservar y distribuir la Eucarist\u00ed\u00ada, asistir al Matrimonio y bendecirlo en nombre de la Iglesia, llevar el vi\u00e1tico a los moribundos, leer la Sda. Escritura a los fieles, instruir y exhortar al pueblo, presidir el culto y la oraci\u00f3n de los fieles, administrar sacramentales, presidir el rito de los funerales y sepultura.\u00bb (Lum. Gent. 29)<\/p>\n<p>     3.1.3. Orden del Presbiterado<\/p>\n<p>Nace de la recepci\u00f3n del sacramento del Orden en este grado de iniciaci\u00f3n sacerdotal, expl\u00ed\u00adcitamente instituido por Cristo para el servicio de la Comunidad.<\/p>\n<p>    Se vio as\u00ed\u00ad desde los primeros tiempos cristianos y se consider\u00f3 al sacerdocio como el ministerio santificador ordinario del Pueblo fiel. En cuanto este Orden es sacramento, es cauce de la gracia divina que el sacerdote recibe para s\u00ed\u00ad y para repartirla entre los que est\u00e1n encomendados a su cuidado.<\/p>\n<p>    Los Presb\u00ed\u00adteros se definen en el Concilio Vaticano II como \u00ablos cooperadores del Orden Episcopal, ayuda e instrumento suyo, llamados para servir al Pueblo de Dios&#8230; Santifican y rigen la porci\u00f3n de la grey a ellos encomendada\u00bb. (Lum. Gent. 28)<\/p>\n<p>    Por el sacramento participan de la triple misi\u00f3n de la Iglesia: ense\u00f1ar, santificar y gobernar. Y se comprometen a s\u00ed\u00ad mismos ante Dios con el ministerio que ejercen, con amor al Pueblo de Dios y con fidelidad a la Jerarqu\u00ed\u00ada (Episcopado).<\/p>\n<p>    La gracia sacramental les impulsa a un servicio desinteresado y continuo. Para ello la Iglesia reclama a quien se ofrece por vocaci\u00f3n para el presbiterado determinadas condiciones: pobreza, sensibilidad pastoral, preparaci\u00f3n adecuada al ministerio que se le conf\u00ed\u00ada, vida evang\u00e9lica y fidelidad a los propios deberes.<\/p>\n<p>    En la Iglesia latina, desde el siglo VI, se impuso el celibato comprometido con un compromiso decidido de castidad. En la Iglesia griega, tanto separada por la Ortodoxia como en la cat\u00f3lica, se mantuvo la primitiva compatibilidad con el matrimonio. Si para el episcopado se reclam\u00f3 el celibato y s\u00f3lo se ordenaba a quien no hab\u00ed\u00ada recibido el matrimonio, para el episcopado se eleg\u00ed\u00adan hombres casados o c\u00e9libes, seg\u00fan el don o la opci\u00f3n de cada uno (celibato opcional)<\/p>\n<p>    3.1.4. El Orden episcopal<\/p>\n<p>    El Orden episcopal significa y realiza la plenitud del sacramento del Orden. Desde los primeros tiempos cristianos, los Obispos fueron considerados como los sucesores de Ap\u00f3stoles y ejercieron, por derecho divino, la autoridad en la comunidad cristiana.<\/p>\n<p>    Su misi\u00f3n inicial fue carism\u00e1tica, siendo considerados por los fieles como la autoridad m\u00e1xima de tipo espiritual.<\/p>\n<p>    Poco a poco se fue reconociendo como autoridad m\u00e1s jur\u00ed\u00addica, (gobierno y primac\u00ed\u00ada) tanto de forma individual en la parte de la Iglesia que se les conf\u00ed\u00ada, o tambi\u00e9n como colegio episcopal unido moralmente en el ejercicio ordinario de su Magisterio o como S\u00ed\u00adnodo o Concilio en ocasiones extraordinarias.<\/p>\n<p>    Es cierto que su identidad, como autoridad de las primeras comunidades, no estuvo amparada por el t\u00e9rmino \u00abObispo\u00bb (Episcopio, el que vigila sobre), apenas usado en el texto del Nuevo Testamento (7 veces, con significado de vigilantes: Hech. 1.20 y 20.28, Filip. 1.1; Tim. 3.1 y 3.2; Tit. 1.7; 1. Pedr. 2. 25)<\/p>\n<p>    Pero s\u00ed\u00ad se halla aludida en diversas ocasiones en que hay referencia a la autoridad de animaci\u00f3n y gobierno de cada comunidad: \u00abEl que preside, que lo haga con solicitud.\u00bb (Rom. 12.8); \u00abque sea buen gobernante de su propia casa.\u00bb (1. Tim 3.4 y 5.2); \u00abTened deferencia con los que presiden.\u00bb (Tes. 5.12).<\/p>\n<p>    Los te\u00f3logos de los tiempos escol\u00e1sticos no vieron en el Episcopado un grado especial del sacramento del Orden, sino una autoridad eclesial y social conferida por el ejercicio pastoral. Pero diversos documentos posteriores a Trento recogieron la clara postura disciplinar y dogm\u00e1tica tridentina de considerar el Episcopado como el \u00abgrado superior en el sacerdocio.\u00bb (Denz. 967).<\/p>\n<p>    Esa superioridad no es meramente jer\u00e1rquica, sino sacramental. Por eso la consagraci\u00f3n de los Obispos es una forma m\u00e1s perfecta de conferir el sacramento del Orden que, por s\u00ed\u00ad misma, no se da en los Presb\u00ed\u00adteros o en los Di\u00e1conos. Y por eso se ense\u00f1a en la Iglesia que el sacramento del Orden se administra en tres momentos o niveles: Diaconado, Presbiterado y Episcopado, seg\u00fan las necesidades de la Iglesia y en funci\u00f3n del servicio comunitario y no del honor de las personas.<\/p>\n<p>    La superioridad de los Obispos alcanza tanto a la potestad de jurisdicci\u00f3n (autoridad doctrinal, o Magisterio, y autoridad de gobierno, o Jerarqu\u00ed\u00ada) como en la del Orden sacramental. La superioridad, en cuanto al poder de Orden, consiste en que s\u00f3lo los Obispos tienen poder para ordenar y confirmar como ministros ordinarios a los presb\u00ed\u00adteros y di\u00e1conos, sus colaboradores, y s\u00f3lo ellos pueden asumir las \u00faltimas decisiones de la comunidad creyente.<\/p>\n<p>    Esa superioridad del Obispo respecto al Presb\u00ed\u00adtero fue querida por Cristo. Al menos as\u00ed\u00ad se ense\u00f1a en la doctrina cristiana con las referencias b\u00ed\u00adblicas convenientes. Con todo es preciso reconocer que no fue definido por Trento ni por otro acto del Magisterio el origen de esa superioridad.<\/p>\n<p>    Puede entenderse como acto querido por el mismo Cristo (de derecho divino), impl\u00ed\u00adcito en la diferenciaci\u00f3n que hizo de los Ap\u00f3stoles respecto a los otros disc\u00ed\u00adpulos; o puede admitirse que ha sido organizaci\u00f3n posterior de la Iglesia (de derecho eclesi\u00e1stico).<\/p>\n<p>    La Tradici\u00f3n se inclina m\u00e1s bien por los segundo, recogiendo las ense\u00f1anzas sintetizadas por S. Jer\u00f3nimo, quien declara que, al principio, no exist\u00ed\u00ada diferencia entre Obispo y Presb\u00ed\u00adtero; y que, para evitar las divisiones, uno de los presb\u00ed\u00adteros fue puesto, mediante elecci\u00f3n, al frente de los dem\u00e1s. A \u00e9l se habr\u00ed\u00ada confiado la direcci\u00f3n de la comunidad y el poder de \u00abordenar\u00bb a otros presb\u00ed\u00adteros (Ep. 146. 1; y In ep. ad Tit. 1. 5). Esta idea se repiti\u00f3 en autores posteriores: San Isidoro de Sevilla, Amalario de Metz, Juan Duns Escoto.<\/p>\n<p>    Otros te\u00f3logos ense\u00f1an, con Santo Tom\u00e1s de Aquino, que existi\u00f3 desde el principio diferencia entre el Obispo y el Presb\u00ed\u00adtero y por lo tanto fue el mismo Se\u00f1or qui\u00e9n determin\u00f3 tal organizaci\u00f3n eclesial. Doctrinalmente no hubo nada definido ni a favor ni en contra. El Papa P\u00ed\u00ado XII, en la Constituci\u00f3n \u00abSacramentum Ordinis\u00bb, se inclina por la opini\u00f3n afirmativa.<\/p>\n<p>    El Concilio Vaticano II no zanj\u00f3 la cuesti\u00f3n del origen de la autoridad episcopal. En ocasiones dice: \u00abLos Ap\u00f3stoles establecieron colaboradores&#8230; y les dieron la orden de que, al morir ellos, se hicieran caro de su ministerio&#8230; Recibieron el ministerio de la comunidad, con sus colaboradores, los presb\u00ed\u00adteros y di\u00e1conos,\u00bb (Lum. Gent. 20). Pero, en otras referencias, afirma: \u00abLos Obispos recibieron del Se\u00f1or a quien ha sido datados de poder en el cielo y en la tierra, la misi\u00f3n de ense\u00f1ar a todas las gentes.\u00bb (Lum. Gent. 24)<\/p>\n<p> 5. Efectos del Orden<\/p>\n<p>   Como todo sacramento, el Orden produce dos tipos de gracias: la general y la espec\u00ed\u00adficamente sacramental. Adem\u00e1s confiere un car\u00e1cter sacerdotal. En cada grado se producen de forma com\u00fan esos efectos en lo referente a la gracia general y al car\u00e1cter. Pero la gracia sacramental es espec\u00ed\u00adfica de cada uno, son la funci\u00f3n eclesial a la que est\u00e1 destinado.<\/p>\n<p>   5.1. La gracia santificante<\/p>\n<p>   La gracia santificante queda aumentada en quien ha recibido este sacramento de predilecci\u00f3n. Dispone sobrenaturalmente a una mayor intimidad con Dios y una mayo posesi\u00f3n de los dones del Esp\u00ed\u00adritu Santo, al paso que introduce en una amistad sagrada singular, intensa e irradiante. El \u00abconsagrado\u00bb queda \u00abgraciosamente\u00bb santificado.<br \/>\n   Por eso el Orden es \u00absacramento de vivos\u00bb y exige, para su recepci\u00f3n, el estado de gracia como punto de partida y origina cierta plenitud de gracia como resultado del sacramento.<br \/>\n   Adem\u00e1s, por ser sacramento ministerial y de servicio eclesial, reclama el haber recibido el sacramento de la Confirmaci\u00f3n, que lo es de plenitud, como el Orden lo va a ser de ministerio y de irradiaci\u00f3n.<\/p>\n<p>    5.2. Gracia sacramental<\/p>\n<p>    La gracia especial de este sacramento supone la fuerza para la mayor dedicaci\u00f3n a las funciones del sacerdocio. Por eso implica una riqueza sobrenatural. Lo explicaba S. Pablo a su disc\u00ed\u00adpulo Timoteo (1 Tim. 4. 14 y 2 Tim. 1. 6) y lo ha visto siempre as\u00ed\u00ad la tradici\u00f3n del a Iglesia.<br \/>\n   P\u00ed\u00ado XI ense\u00f1aba en 1935, en su Enc\u00ed\u00adclica \u00abAd catholici sacerdotii\u00bb: \u00abEl sacerdote recibe por el sacramento del Orden una nueva y especial gracia y una particular ayuda, por la cual queda capacitado para responder dignamente y con \u00e1nimo inquebrantable a las altas obligaciones del ministerio que ha recibido, y para cumplir las arduas tareas que del mismo dimanan.\u00bb (Denz. 2275)<\/p>\n<p>   5.3. El car\u00e1cter del Orden<\/p>\n<p>   El sacramento del Orden imprime \u00abcar\u00e1cter\u00bb en el que lo recibe. Es decir le deja una se\u00f1al imborrable que le vincula para siempre a las funciones del ministerio y le hace irrepetible el mismo sacramento. El que ha recibido el sacerdocio no puede volverse atr\u00e1s. Ser\u00e1 \u00absacerdote eternamente seg\u00fan el orden de Melchisedech.\u00bb (Hebr. 5.10 y 7.11)<\/p>\n<p>    Ese car\u00e1cter o se\u00f1al impresa por el sacramento en el alma confiere una capacidad que jam\u00e1s se atrofia del todo, aunque la vida posterior no responda a las normas de la Iglesia.<\/p>\n<p>    El ordenado nuca m\u00e1s puede volver a ser laico. Permanecer\u00e1 siempre ordenado hacia el culto cristiano como \u00absacerdote\u00bb, es decir como miembro consagrado especialmente al mismo en la comunidad. Le confiere una funci\u00f3n activa y \u00abpresidencial\u00bb y una capacidad imborrable en lo que a la Eucarist\u00ed\u00ada y a la Penitencia se refiere.<\/p>\n<p>    No es f\u00e1cil explicar en qu\u00e9 consiste el car\u00e1cter sacerdotal. Pero la Iglesia siempre ha reconocido el sentido definitivo de la ordenaci\u00f3n y la dignidad singular del ordenado, aunque su conducta posterior sea indigna. En cierto sentido, el car\u00e1cter supone una singular vinculaci\u00f3n a la persona de Cristo, supremo y \u00fanico sacerdote de la Nueva Alianza.<\/p>\n<p>    Incluso cuando alguien ordenado se ha apartado del ejercicio del sacerdocio y de la disciplina que en la Iglesia rige para el ejercicio del ministerio, sigue capacitado para administrar los sacramentos de la Penitencia y de la Eucarist\u00ed\u00ada en emergencias graves, como es el peligro de muerte.<\/p>\n<p>    Por lo dem\u00e1s, el car\u00e1cter existe en los tres grados del Orden sacerdotal. Es diferente del car\u00e1cter bautismal y del que tambi\u00e9n otorga la Confirmaci\u00f3n, pero plenifica ambos en la singularidad del sacerdocio. Se discute entre los te\u00f3logos si es diferente en los tres niveles o grados del Orden, sin que se pueda refrendar ninguna postura definitiva.<\/p>\n<p>    En el car\u00e1cter sacramental se fundamentan los poderes espirituales conferidos a los ordenados en cada uno de los grados jer\u00e1rquicos del sacramento.<\/p>\n<p> 5.4. La potestad del Orden<\/p>\n<p>   El sacramento del Orden confiere al que lo recibe una potestad, poder o capacidad de actuaci\u00f3n eclesial especial, que podemos denominar radical. A partir de ella, la Iglesia, mediante su autoridad (Papa y Obispos), concreta la potestad de jurisdicci\u00f3n o de actuaci\u00f3n. Esta potestad es diferente, seg\u00fan las atribuciones que se otorgan a cada uno de los ordenados.<br \/>\n   Estos poderes se ordenan a la tarea pastoral que los ordenados est\u00e1n destinados a ejercer: administraci\u00f3n de sacramentos, evangelizaci\u00f3n ministerial, capacidad de perdonar pecados y, sobre todo, celebraci\u00f3n de la Eucarist\u00ed\u00ada.<br \/>\n   El Di\u00e1cono recibe s\u00f3lo el poder de ayudar inmediatamente Obispo y al Presb\u00ed\u00adtero en el sacrificio eucar\u00ed\u00adstico y en la distribuci\u00f3n de la sagrada comuni\u00f3n, a los presentes o a los enfermos.<br \/>\n   El Presb\u00ed\u00adtero recibe el poder de consagrar en la Eucarist\u00ed\u00ada y de absolver en todo lo que no se reserve el Obispo, en el \u00e1mbito en que ejerce su misi\u00f3n.<br \/>\n   Y el Obispo recibe la plenitud del poder sacerdotal, es decir el poder en toda la Iglesia de administrar los sacramentos y de anunciar el Evangelio sin ninguna limitaci\u00f3n.<\/p>\n<p>  6. Ministro<\/p>\n<p>   Siendo el sacramento del Orden un don de Cristo a la Iglesia, confiada a loa Ap\u00f3stoles, s\u00f3lo los Obispos, sucesores de los Ap\u00f3stoles, pueden ser ministros ordinarios.<\/p>\n<p>   6.1. Ministro ordinario<\/p>\n<p>   Es condici\u00f3n de validez que el sacramento lo administre el Obispo y es condici\u00f3n de licitud que lo haga conforme a las normas de la Iglesia.<br \/>\n   El ministro ordinario de todos los grados del Orden es s\u00f3lo el Obispo consagrado v\u00e1lidamente por otro Obispo, entrando as\u00ed\u00ad en la \u00abcadena de la \u00ablegitimidad y de la validez\u00bb, que se suele llamar \u00absucesi\u00f3n apost\u00f3lica\u00bb.<\/p>\n<p>    Seg\u00fan la Sagrada Escritura, los Ap\u00f3stoles (Hech. 6. 6; 14. 22; 2 Tim. 1. 6), o los disc\u00ed\u00adpulos de los Ap\u00f3stoles consagrados por \u00e9stos como Obispos (1 Tim. 5. 22; Tit. 1. 25), aparecen como ministros de la ordenaci\u00f3n. Ellos y sus sucesores fueron ordenando a otros seguidores hasta llegar a nuestros d\u00ed\u00adas.<br \/>\n   La antigua tradici\u00f3n cristiana es un\u00e1nime en ese reconocimiento. San Jer\u00f3nimo, por ejemplo, considera la ordenaci\u00f3n como privilegio del Obispo: \u2020\u0153\u00bfQu\u00e9 hace el obispo sino conferir las Ordenes y todo lo dem\u00e1s que hace el Presb\u00ed\u00adtero?\u00bb (Ep. 146. 1).<br \/>\n   Ese poder es de tal naturaleza que, desde siempre, se ha pensado en la Iglesia que todo Obispo consagrado v\u00e1lidamente, aunque sea hereje, cism\u00e1tico, simon\u00ed\u00adaco o se halle excomulgado, puede administrar v\u00e1lidamente el sacramento del Orden, si tiene intenci\u00f3n de hacerlo y observa el rito esencial de la ordenaci\u00f3n. As\u00ed\u00ad lo reconoc\u00ed\u00ada y ense\u00f1aba Santo Tom\u00e1s de Aquino (Summa Th. Suppl. 38. 2).<br \/>\n   Con todo en la Edad Media se \u00abreordenaban\u00bb en algunas regiones a los que hab\u00ed\u00adan recibido Ordenes conferidas por obispos herejes, cism\u00e1ticos o simon\u00ed\u00adacos. Pero la pr\u00e1ctica m\u00e1s universal fue reconocer las ordenaciones si hab\u00ed\u00adan sido administradas por Obispos a su vez v\u00e1lidamente ordenados.<br \/>\n   Para la licitud de las Ordenaci\u00f3n tanto de Obispos como de Presb\u00ed\u00adteros y Di\u00e1conos, la Iglesia tiene normas en su Ley fundamental (C.D.C. cc. 1026 a 1039) que deben ser cumplidas ordinariamente a no ser en casos excepcionales.<\/p>\n<p>   6.2. En la ordenaci\u00f3n episcopal<\/p>\n<p>   Para la ordenaci\u00f3n de Obispos fue tradicional desde los primeros siglos el que hubiera varios Obispos ordenantes, a fin de expresar la colegialidad del cuerpo episcopal. La primera prescripci\u00f3n parece que fue dada en el Concilio de Nicea (can. 4) donde se se\u00f1ala que sean tres por lo menos los consagrantes. Tambi\u00e9n fue tradici\u00f3n el que uno s\u00f3lo era el presidente y principal ordenante. Con todo, es v\u00e1lida la administraci\u00f3n aunque s\u00f3lo exista un Ordenante.<br \/>\n   Los obispos asistentes, seg\u00fan la Constituci\u00f3n apost\u00f3lica \u00abEpiscopus Consecrationis\u00bb de P\u00ed\u00ado XII (1944), no son meros testigos sino concelebrantes de la acci\u00f3n sacramental. Ellos tambi\u00e9n imponen las manos e invocan al Esp\u00ed\u00adritu Santo para el receptor del sacramento.<\/p>\n<p>   6.2. Ministro extraordinario<\/p>\n<p>   Tambi\u00e9n fue en la Edad Media cuando se pens\u00f3 que pod\u00ed\u00ada ser \u00abministro extraordinario\u00bb de las \u00f3rdenes menores y del subdiaconado un Presb\u00ed\u00adtero debidamente autorizado.  La facultad de administrar estas Ordenes puede obtenerse ante una necesidad o conveniencia, como en el caso de los Abades de los monasterios o cuando hay ausencias o vac\u00ed\u00ados en las sedes de los Obispos.<br \/>\n   El Diaconado y el Presbiterado (que son sacramento) no pueden ser administradas v\u00e1lidamente por quien no tenga el grado del Episcopado, tal como ense\u00f1\u00f3 Santo Tom\u00e1s.<br \/>\n   Con todo, esta ense\u00f1anza, hoy normal en la Iglesia, choca con la documentada pr\u00e1ctica en algunos momentos medievales, excepcional ciertamente pero existente, de que se administr\u00f3 el Presbiterado por alguien que no era Obispo y con el consentimiento de la autoridad suprema de la Iglesia.<br \/>\n   As\u00ed\u00ad aconteci\u00f3 con el privilegio de ordenar di\u00e1conos y presb\u00ed\u00adteros concedido por Bonifacio IX en la bula \u00abSacrae religionis\u00bb del 1 de Febrero de 1400 al abad del monasterio agustiniano de San Pedro y San Pablo de Essex, Di\u00f3cesis de Londres. Fue suprimido por el 6 de Febrero de 1403 a instancias del obispo de Londres, pero las Ordenes conferidas fueron consideradas v\u00e1lidas.<\/p>\n<p>    Otros casos de concesiones similares se dieron en tiempos de Mart\u00ed\u00adn V, con su bula \u00abGerentes ad vos\u00bb del 16 de Noviembre de 1427, y de Inocencio VII, con la bula \u00abExposcit tuae devotionis\u00bb, del 9 de Abril de 1489. Los abades cistercienses todav\u00ed\u00ada confer\u00ed\u00adan estas \u00abOrdenes mayores\u00bb en los comienzos del siglo XVIII.<br \/>\n   Estos hechos hist\u00f3ricos indican que ocasionalmente puede ser ministro extraordinario el simple Presb\u00ed\u00adtero, hecho que pocas veces se ha dado en la Historia.<\/p>\n<p>   7. El sujeto<\/p>\n<p>   Para recibir el Orden sacerdotal se requiere ser var\u00f3n, libre en la aceptaci\u00f3n y conocedor del sacramento que se recibe, y hallarse en conformidad con las prescripciones de la Iglesia que hacen v\u00e1lido el sacramento.<\/p>\n<p>   7.1. Sacerdocio de varones<\/p>\n<p>   El derecho de la Iglesia prescribe que s\u00f3lo los varones est\u00e1n capacitados para recibir v\u00e1lidamente el sacramento del Orden, seg\u00fan la pr\u00e1ctica acreditada en el Nuevo Testamento y en la milenaria tradici\u00f3n de la Iglesia.<br \/>\n   La cuesti\u00f3n que hoy se debate en algunos ambientes es si tal pr\u00e1ctica responde a una raz\u00f3n de \u00abderecho divino\u00bb o de voluntad expl\u00ed\u00adcita de Jes\u00fas, y por lo tanto inmutable, o si es efecto de la situaci\u00f3n social y cultural de la mujer en los tiempos antiguos y, por lo tanto, es cuesti\u00f3n de \u00abderecho eclesi\u00e1stico\u00bb y, como tal, mudable.<br \/>\n   A favor de la primera actitud se halla la pr\u00e1ctica eclesial de dos milenios en todos los grupos cristianos: cat\u00f3licos, ortodoxos y reformados (protestantes y anglicanos) hasta los tiempos recientes.<br \/>\n   Parece derivarse incluso de la terminolog\u00ed\u00ada y de las actitudes reflejadas en la Escritura (1 Cor. 14. 34 y ss; 1 Tim. 2. 11 y ss). Y desde luego la actitud es uniforme en los primero Padres y escritores, sobre todo en algunos m\u00e1s rigoristas, como Tertuliano, que considera expl\u00ed\u00adcitamente ser tal la voluntad del Se\u00f1or. (De praescr. 41; De virg. 10)<br \/>\n   La cuesti\u00f3n de las diaconisas, existentes en la primitiva Iglesia ya desde tiempos apost\u00f3licos, no representa raz\u00f3n contraria a tal principio excluyente de la mujer, pues es claro que los di\u00e1conos y las diaconisas ejerc\u00ed\u00adan un ministerio asistencial en la comunidad y no acced\u00ed\u00adan a la presidencia eucar\u00ed\u00adstica.<br \/>\n   Incluso la consagraci\u00f3n y ritos de admisi\u00f3n, que en algunas cristiandades se ten\u00ed\u00ada para ellas (Constituciones Apost\u00f3licas VIII. 28) y que inclu\u00ed\u00adan incluso el rito de la imposici\u00f3n de manos y la oraci\u00f3n, no dejaba de ser un uso similar a otros que no eran interpretados como sacramentos. Tal era el caso de los profetas y doctores (Hech. 13.1) y de evangelizadores, pastores y maestros (Ef. 4.11). Y as\u00ed\u00ad se refleja en escritos como la Traditio Apost\u00f3lica de S. Hip\u00f3lito de Roma o en San Epifanio. (Haer.79. 3)<\/p>\n<p>    Las razones a favor de la ordenaci\u00f3n femenina, incluso para al presbiterado y el episcopado, no dejan de ser tambi\u00e9n s\u00f3lidas, en el orden pastoral sobretodo y en atenci\u00f3n a los reclamos de la cultura moderna, radicalmente igualitaria para ambos sexos y altamente sensible a cualquier discriminaci\u00f3n.<\/p>\n<p>    Al no ser una cuesti\u00f3n definida como materia de fe, es evidentemente opinable seg\u00fan las \u00f3pticas de los creyentes, te\u00f3logos, pastores o simples laicos.<\/p>\n<p>    Lo que no es discreto ni oportuno es convertir esta posibilidad en motivo de disensi\u00f3n y lucha de clases, o de sexos, valorando el sacerdocio m\u00e1s como dignidad social que como servicio eclesial. Quien tal haga, porque \u00abha estudiado un poco m\u00e1s de teolog\u00ed\u00ada que los dem\u00e1s\u00bb o quien adorna de tono reivindicativo, sociol\u00f3gico o pol\u00ed\u00adtico, cuestiones que son eminentemente teol\u00f3gicas y eclesiales, m\u00e1s que acercarse a la claridad de una soluci\u00f3n eclesial y apost\u00f3lica, se condena a no colaborar en la b\u00fasqueda del bien.<\/p>\n<p>    Tampoco es argumento suficiente, ni a favor ni en contra, el uso de analog\u00ed\u00adas con otras confesiones cristianas, que asumieron el sacerdocio femenino s\u00f3lo en la segunda parte del siglo XX: en 1950 los presbiterianos, en 1970 varias iglesias luteranas, en 1992 la Iglesia oficial anglicana.<\/p>\n<p>   7.2. Sacerdocio y ministerio<\/p>\n<p>    Para la recepci\u00f3n l\u00ed\u00adcita de las \u00f3rdenes se requiere el cumplimiento exacto de las condiciones prescritas por la Iglesia y la disposici\u00f3n sincera del servicio eclesial por encima de los intereses y gustos. Quedan lejos los siglos en los que el sacerdocio era una categor\u00ed\u00ada social y se hallaba estimulado por beneficios materiales, oficio y beneficios, y protegido por leyes civiles.<\/p>\n<p>    Es importante entender, en una buena eclesiolog\u00ed\u00ada, que el sacerdocio es renuncia y entrega singular y meritoria, no un simple estado social como otro cualquiera. Por eso resulta desafortunado decir que \u00abse estudia para sacerdote\u00bb o hablar de la \u00abcarrera sacerdotal\u00bb, cuando lo que importa es resaltar su valor como servicio desinteresado.<\/p>\n<p>    Es cierto que el ministro tiene que \u00abvivir del altar\u00bb; por lo tanto la Iglesia pide garant\u00ed\u00adas de \u00abcongrua sustentaci\u00f3n\u00bb para quien va a recibir el sacramento del Orden. Pero la confianza en la Providencia y la prudencia cristiana son compatibles, cuando se trata de trabajar por el Reino de Dios, ideal de vida que debe inspirar todo camino hacia el sacramento sacerdotal. El desprendimiento evang\u00e9lico, y no el beneficio humano. Es decisivo en quien hacia \u00e9l se orienta.<\/p>\n<p>    Por otra parte nadie tiene derecho a ser ordenado sacerdote sin la mediaci\u00f3n eclesial. Es el Obispo el que elige a su presbiterio y ordena sacramentalmente a sus miembros. Y, cuando se trata de un Instituto religioso o monasterio, es la autoridad competente, como servidora de la comunidad, la que asume la elecci\u00f3n y autentificaci\u00f3n de quienes quieren asociarse en el estado sacerdotal.<\/p>\n<p>    El sacerdocio no es un ornamento individual, sino una llamada para el Reino de Dios. Esto se hace de forma \u00absecular\u00bb (en la Di\u00f3cesis) o de forma \u00abreligiosa\u00bb (en los monasterio e institutos) de vida consagrada. Pero el servicio a la iglesia, vinculado al Orden sacerdotal, es el mismo. Y la autentificaci\u00f3n de esa llamada a cada estado no la realiza s\u00f3lo la conciencia personal del individuo, sino que corresponde a la Iglesia a trav\u00e9s de su jerarqu\u00ed\u00ada o autoridad.<br \/>\n   Con estos criterios es f\u00e1cil juzgar el alcance de determinadas opiniones o situaciones que hoy son aireadas por los medios de comunicaci\u00f3n social de manera incorrecta, probablemente por la ignorancia enorme de quienes los manejan o trabajan en ellos.<br \/>\n   Podemos recordar tres aspectos o terrenos que hoy reclaman una recta formaci\u00f3n de criterios y reclaman tacto, respeto y claridad.<\/p>\n<p>   7.2.1. Sacerdocio y Celibato<\/p>\n<p>   El celibato, o vida continente de los que asumen el sacramento del Orden en la Iglesia latina, es un exigencia ministerial de tipo disciplinar. El concilio Vaticano II record\u00f3 que \u00abno est\u00e1 exigido por la misma naturaleza del sacerdocio&#8230; sino es reclamado por la mejor dedicaci\u00f3n al Reino de Dios.\u00bb  (Presb. ord. 16)<br \/>\n   Pero el Concilio renov\u00f3 las actitudes tradicionales en este terreno, las cuales luego recoger\u00ed\u00ada de nuevo la Ley de la Iglesia (C.D.C. c. 277).<br \/>\n   El Concilio a\u00f1ad\u00ed\u00ada: \u00abEsta legislaci\u00f3n, por lo que ata\u00f1e a quienes se destinan al Presbiterado, la aprueba y confirma de nuevo este santo concilio&#8230; Y exhorta a todos los Presb\u00ed\u00adteros que, confiados en la gracia de Dios, aceptaron el sagrado celibato por libre voluntad, a ejemplo de Cristo, a que lo abracen magn\u00e1nimamente y de coraz\u00f3n y perseveren fielmente en ese estado.\u00bb (Presb. ord. 16)<\/p>\n<p>    En la Iglesia oriental cat\u00f3lica, seg\u00fan tradici\u00f3n de los primeros tiempos, como en la ortodoxa, se admite el sacerdocio compatible con el matrimonio.<\/p>\n<p>    La disciplina respecto al celibato sacerdotal, o llamado por los periodistas \u00abcelibato opcional\u00bb, puede cambiar con el tiempo y puede ser objeto de dispensas eclesiales.<\/p>\n<p>    Pero no ser\u00e1n la presiones de los sacerdotes secularizados y en vida matrimonial de hecho, ni los reclamos de los medios de comunicaci\u00f3n los motores de las decisiones en la Iglesia. Ella siempre, la Jerarqu\u00ed\u00ada y la Comunidad, mirar\u00e1 en este y en otros temas importantes a la voluntad de Cristo, que sigue asistiendo con su gracia a quienes ejercen el ministerio del Magisterio y de la Jerarqu\u00ed\u00ada, antes que a intereses o afectos particulares.<\/p>\n<p>   7.2.2. Trabajo y profesi\u00f3n civil<\/p>\n<p>   De igual forma el sacerdote, por el estado que ha asumido libremente, se ha impuesto voluntariamente determinadas limitaciones en sus formas de vida: en cuanto a trabajos y actividades sociales y seculares, en cuanto a adquisici\u00f3n de bienes y en cuanto al ejercicio de sus derechos y deberes ciudadanos.<br \/>\n   Es normal que, en la Iglesia, a los \u00abcl\u00e9rigos\u00bb, que se declaran, por su estado, como dedicados a la tarea de santificar, instruir, animar, asistir, educar, desde el Evangelio, se les reclame determinadas formas de vida mod\u00e9lica que puedan resultar \u00abedificantes\u00bb para quienes los conocen.<\/p>\n<p>    Por eso la Iglesia les exige renuncias: al ejercicio de cargos p\u00fablicos que implican civiles; a la actividad pol\u00ed\u00adtica si se entiende por tal la militancia partidista; al comercio lucrativo, al menos como profesi\u00f3n social reconocida; a la actividad militar, en su dimensi\u00f3n de uso de armas. (C.D.C. cc. 284 a 287). Aunque no tengan nada de malo tales trabajos, el sacerdote p\u00fablicamente hace otra profesi\u00f3n ante la sociedad. El sacerdote que fuera payaso de circo, empresario taurino, prestamista o boxeador, ejercer\u00ed\u00ada un trabajo social poco concorde con su misi\u00f3n evangelizadora, sin que quiera ello decir que el hacer re\u00ed\u00adr o el entretener a la gente suponga desorden.<br \/>\n   La ley de la Iglesia determina que el cl\u00e9rigo, Di\u00e1cono o Presb\u00ed\u00adtero, debe vivir de su trabajo honesto y que sus tareas al servicio de la comunidad deben estar organizadas para contar con medios suficientes de vida, que faciliten su dedicaci\u00f3n pastoral.<br \/>\n   Cuando han existido situaciones conflictivas en este terreno (sacerdotes obreros, misioneros exploradores, bancos eclesi\u00e1sticos, etc.) ha sido preciso clarificar criterios, calcular riesgos de esc\u00e1ndalo y prevenir desviaciones de las personas, seg\u00fan las costumbres de los tiempos y de los lugares.<\/p>\n<p>    Normalmente se impone el discernimiento, en el cual debe contar como elemento prioritario la autoridad competente y la comunidad de apoyo.<\/p>\n<p>    7.2.3. Convivencia y perfecci\u00f3n<\/p>\n<p>   Tambi\u00e9n la Iglesia reclama para los que han recibido el sacramento del Orden formas de vida adecuadas a su p\u00fablica proclamaci\u00f3n de ministros de la Iglesia.<br \/>\n   Ellos han tenido que asumir su especial estado de tendencia a la perfecci\u00f3n y deben servir de modelos vivos para quienes conocen y admiran su condici\u00f3n de consagrados.<br \/>\n   Vivan individualmente y en un ambiente familiar ordinario o convivan en comunidades sacerdotales para el apoyo mutuo, su modestia de vida, su entrega a la oraci\u00f3n, la pr\u00e1ctica de los consejos evang\u00e9licos, la solidaridad con los m\u00e1s necesitados, el deber de la formaci\u00f3n permanente para mejor ejercer su ministerio, han sido recomendaciones constantes de la Iglesia y afectan en conciencia a los sacerdotes y cl\u00e9rigos de todas las condiciones.<\/p>\n<p>    8. Vocaci\u00f3n sacerdotal<\/p>\n<p>   Un estado tan singular como el clerical, y sobre todo el sacerdotal y el episcopal, no es asequible a todos. Reclama dotes personales, intelectuales, morales y sociales, que hagan al ordenado ministro \u00fatil a la Iglesia. Es evidente que no todos tienen los dones naturales que habilitan para el ministerio. Por lo tanto, no es suficiente la buena voluntad para ser excelente ministro.<br \/>\n   La actitud de la Iglesia ha oscilado a lo largo de los tiempos entre mayores exigencias para admitir al sacerdocio y m\u00e1s tolerancia en el discernimiento de la cualidades humanas y las disposiciones espirituales exigidas. Pero siempre ha tenido claro que no puede ser sacerdote cualquiera que lo pretenda ni puede llevar a tal estado la voluntad ajena el que va a entrar en \u00e9l.<\/p>\n<p>    Sabe desde el principio que en la Iglesia hay variados dones y estados. Lo dec\u00ed\u00ada as\u00ed\u00ad gr\u00e1fico S. Pablo: \u00abHay diversos dones, pero el Esp\u00ed\u00adritu de Dios es el mismo. Hay diversidad de funciones, pero el Se\u00f1or es el mismo. Son distintas las actividades, pero Dios da la actividad a todos&#8230; La presencia del Esp\u00ed\u00adritu en cada uno se ordena al bien de todos. A unos les da hablar con sabidur\u00ed\u00ada, mientras que a otro le concede expresarse con ciencia. A uno da el don de la fe y a otro da el poder curar enfermedades o hacer milagros o comunicar mensajes o distinguir falsos esp\u00ed\u00adritus o hablar lenguajes misteriosos o interpretar lenguas. A cada uno le da el don que quiere, pues el Esp\u00ed\u00adritu es el mismo\u00bb. (1 Cor. 12. 5-12)<\/p>\n<p>    De manera especial se requiere en el ejercicio sacerdotal cualidades espirituales y sociales, ya que el ministro es un servidor de la comunidad.<\/p>\n<p>    Jes\u00fas quiso que sus seguidores formaran una comunidad y que el amor fuera el estilo predominante en las relaciones mutuas. Por eso la vocaci\u00f3n sacerdotal reclama verdadera riqueza social para fomentar la convivencia el encuentro humano desde la \u00f3ptica del Evangelio y en conformidad con la fe y la plegaria de los creyentes.<\/p>\n<p>    La Iglesia vio desde siempre la importancia del sacerdocio para la realizaci\u00f3n de su misi\u00f3n evangelizadora y santificadora. El Vaticano II dec\u00ed\u00ada de cada grado lo siguiente:<br \/>\n   De los Obispos dice: \u00abDeben mostrarse unidos entre s\u00ed\u00ad y sol\u00ed\u00adcitos por todas las iglesias, ya que cada uno es responsable de la Iglesia entera\u00bb (Christ. Dom. 6). Por lo tanto el Episcopado exige apertura, comprensi\u00f3n, serenidad, dotes de gobierno, responsabilidad, ejemplaridad, humildad, permanente bondad y celo.<br \/>\n   De los Presb\u00ed\u00adteros reclama: \u00abAunque no tengan los Presb\u00ed\u00adteros la plenitud del sacerdocio, est\u00e1n consagrados como verdaderos sacerdotes de la Nueva Alianza para anunciar el Evangelio a los fieles, para dirigirlos y para celebrar el culto divino.\u00bb (Lumen Gent. 28). Requieren por lo tanto celo, sensibilidad humana, generosidad y desprendimiento, prudencia, piedad sin l\u00ed\u00admites y cercan\u00ed\u00ada a los hombres.<br \/>\n   A los Di\u00e1cono recuerda: \u00abDedicados a los oficios de caridad y administraci\u00f3n, recuerden los Di\u00e1conos el aviso el bienaventurado Policarpo: misericordiosos, diligentes, defensores siempre de la verdad del Se\u00f1or, que se hizo servidor de todos\u00bb. (Lumen gent. 29)<\/p>\n<p>    Todas estas cualidades \u00absacerdotales\u00bb exigen una probada vocaci\u00f3n divina y una serena preparaci\u00f3n humana. El discernimiento de cada uno en su conciencia, y de la comunidad cristiana y de la autoridad como ayuda, es lo que se\u00f1ala la objetividad de su existencia y la conveniencia de su seguimiento.<\/p>\n<p>   9. Catequesis sobre el sacerdocio<\/p>\n<p>   El sacerdocio y el diaconado son doctrinalmente temas catequ\u00ed\u00adsticos de importante y sus valores deben ser presentados con respeto, exactitud y objetividad a los fieles.<\/p>\n<p>    Esto se debe hacer a todas las edades, no como proselitismo para que aumenten los ministros de Se\u00f1or, sino como informaci\u00f3n y formaci\u00f3n doctrinal y espiritual. Su ausencia implica un vac\u00ed\u00ado grave en la instrucci\u00f3n cristiana.<\/p>\n<p>   9.1. Momentos y criterios<\/p>\n<p>   Sobre todo es en la preadolescencia, adolescencia y juventud cuando m\u00e1s hay que ofrecer ideas claras sobre el sacramento del Orden, como debe hacerse en lo que respecto al sacramento del matrimonio. Y del mismo modo se debe presentar a los muchachos y a las muchachas, y no menos a los padres y madres cristianos que deben conocer la grandeza de una opci\u00f3n sacerdotal como el mayor don que Dios puede regalar a una familia.<\/p>\n<p>    La presentaci\u00f3n catequ\u00ed\u00adstica del Sacramento del Orden se debe orientar en doble forma: como clarificaci\u00f3n y proclamaci\u00f3n de la verdad evang\u00e9lica; y como clarificaci\u00f3n de valores que a veces requiere apolog\u00e9tica defensiva.<\/p>\n<p>    La presentaci\u00f3n defensiva, alejada de toda pol\u00e9mica, es necesaria en muchos ambientes actuales secularizados, en los que se desprestigia la figura y la actuaci\u00f3n del sacerdote y del ministro del culto. Queda el eco de insidiosas campa\u00f1as anticlericales, propias del siglo XIX en los c\u00ed\u00adrculos materialistas y laicistas, pero por desgracia supervivientes, incluso en los comienzos del siglo XXI, en partidos, sindicatos y movimientos anclados en el pasado.<\/p>\n<p>    La dimensi\u00f3n positiva tiene que ser m\u00e1s luminosa y doctrinal, y es la preferible. Se debe explorar la voluntad de Cristo sobre su Iglesia, la realidad de los ministerios en el Cuerpo M\u00ed\u00adstico, la dimensi\u00f3n trascendente del hombre y la consiguiente necesidad de animadores humanos que ayuden a todos a vivir conforme a las exigencias evang\u00e9licas.<\/p>\n<p>   9.2. El entorno del sacerdocio<\/p>\n<p>    Es evidente que esta presentaci\u00f3n no debe hacerse de forma aislada, sino seg\u00fan planes sistem\u00e1ticos y procesos adecuados de educaci\u00f3n de la fe.<\/p>\n<p>    El sacerdocio del Nuevo Testamento no se puede entender sin la plataforma eclesial, cuya doctrina es previa a la comprensi\u00f3n de los ministerios. Por eso, la realidad comunitaria de la Iglesia, la voluntad de Cristo de mantener el sacrificio eucar\u00ed\u00adstico, la estructura sacramental de la fe cristiana, la necesidad de los creyentes de intermediaciones humanas, ayudan a presentar el Orden sacerdotal.<\/p>\n<p>    La comprensi\u00f3n y promoci\u00f3n de los ministros sagrados es decisiva para una buena educaci\u00f3n de la fe cristiana.<\/p>\n<p>    La catequesis en este terreno debe partir de una cultura social e hist\u00f3rica suficiente, de modo que se eviten los errores de tantos pol\u00ed\u00adticos, escritores o personas de buena fe, cuyas informaciones sobre el sacerdocio son escasas.<br \/>\n   Si uno sabe de los que ejercen el sacerdocio mucho menos que lo que conoce de los artistas, de los deportistas o de las figuras p\u00fablicas de la pol\u00ed\u00adtica, de la econom\u00ed\u00ada o del arte, dif\u00ed\u00adcilmente podr\u00e1 entender lo que es la Iglesia o lo que significa su propia fe cristiana.<\/p>\n<p>    Supuestos los conocimientos b\u00e1sicos, se pueden luego promover actitudes morales, afectivas y sociales adecuadas: aceptaci\u00f3n y respeto, comprensi\u00f3n y realismo, solidaridad y colaboraci\u00f3n, cuando el caso llegue.<\/p>\n<p>   10. Promoci\u00f3n de vocaciones.<\/p>\n<p>   La vocaci\u00f3n sacerdotal implica una llamada de Dios y de la Iglesia para la misi\u00f3n evangelizadora y para la administraci\u00f3n sacramental.<br \/>\n   Es un beneficio excelente y debe ser presentado a los j\u00f3venes como una opci\u00f3n posible, la cual merece respeto, apoyo y admiraci\u00f3n y, sobre todo, plegarias y est\u00ed\u00admulos.<br \/>\n   En esa vocaci\u00f3n, al margen de interpretaciones teol\u00f3gicas e hist\u00f3ricas, se encierra una clara voluntad del Se\u00f1or. Y es un honor insuperable el ser elegido para ella.<br \/>\n   Su importancia es grande en la Iglesia. Y se debe evitar el error de pensar que la promoci\u00f3n de \u00abbuenos sacerdotes en la Iglesia\u00bb corresponde a los que han abrazado ya ese g\u00e9nero de vida, como si formar\u00e1n un cuerpo social que debe promocionarse para subsistir.<br \/>\n  Es preciso que todos los buenos cristianos entiendan que la existencia y la acci\u00f3n de los sacerdotes es cuesti\u00f3n vital para toda la Iglesia a la que los creyentes pertenecen. Y corresponde a todos los cristianos estimular a muchos j\u00f3venes generosos para que den su vida por los dem\u00e1s.<br \/>\n   Dec\u00ed\u00ada el Concilio Vaticano II: \u00abEl deber de fomentar las vocaciones corresponde a toda la comunidad cristiana, la cual ha de procurarlo ante todo con una vida plenamente cristiana.\u00bb (Opt. Tot. 2)<\/p>\n<p>Ritual de la ORDENACION DE DIACONO<\/p>\n<p>   El presidente comienza:<\/p>\n<p>  Oremos, hermanos, a Dios Padre todopoderoso,<br \/>\npara que derrame bondadosamentela gracia de su bendici\u00f3n<br \/>\nsobre estos siervos suyos que ha llamado al Orden de los di\u00e1conos.<\/p>\n<p>   Entonces los elegidos se postran en tierra y se cantan las letan\u00ed\u00adas, respondiendo todos; en los domingos, y durante el tiempo pascual, se hace estando todos de pie, y en los dem\u00e1s d\u00ed\u00adas, de rodillas, en cuyo caso el di\u00e1cono dice: Pong\u00e1monos de rodillas.<br \/>\n   En las letan\u00ed\u00adas pueden a\u00f1adirse, en su lugar respectivo, otros nombres de santos, por ejemplo, del Patrono, del Titular de la iglesia, del Fundador, del Patrono de quienes reciben la Ordenaci\u00f3n, u algunas invocaciones m\u00e1s apropiadas a cada circunstancia.<\/p>\n<p>  Se\u00f1or Dios, escucha nuestras s\u00faplicas, confirma con tu gracia<br \/>\neste ministerio que realizamos:<br \/>\nsantifica con tu bendici\u00f3n a \u00e9stos que juzgamos aptos<br \/>\npara el servicio de los santos misterios.<br \/>\nPor Jesucristo, nuestro Se\u00f1or.<\/p>\n<p>  Todos: Am\u00e9n.<\/p>\n<p>  El di\u00e1cono, si el caso lo requiere, dice: Pod\u00e9is levantaros.<br \/>\n  Y todos se levantan.<\/p>\n<p>  Imposici\u00f3n de manos y Plegaria de Ordenaci\u00f3n<\/p>\n<p>  Los elegidos se levantan, se acerca cada uno al Obispo, que est\u00e1 de pie delante de la sede y con mitra, y se arrodillan ante \u00e9l. El Obispo impone en silencio las manos sobre la cabeza de cada uno de los elegidos,<br \/>\nEstando todos los elegidos arrodillados ante \u00e9l, el Obispo, sin mitra, con las manos extendidas, dice la<\/p>\n<p>Plegaria de Ordenaci\u00f3n:<\/p>\n<p>  As\u00ed\u00adstenos, Dios todopoderoso, de quien procede teda gracia,<br \/>\nque estableces los ministerios regulando sus \u00f3rdenes;<br \/>\ninmutable en ti mismo, todo lo renuevas;<br \/>\npor Jesucristo, Hijo tuyo y Se\u00f1or nuestro &#8211; palabra, sabidur\u00ed\u00ada y fuerza tuya -,<br \/>\ncon providencia eterna todo lo proyectas y concedes en cada momento cuanto conviene.<br \/>\nA tu Iglesia, cuerpo de Cristo, enriquecida con dones celestes variados,<br \/>\narticulada con miembros distintos y unificada<br \/>\n en admirable estructura por la acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo, la haces crecer<br \/>\ny dilatarse como templo nuevo y grandioso.<br \/>\nComo un d\u00ed\u00ada elegiste a los levitas para servir en el primitivo tabern\u00e1culo,<br \/>\nas\u00ed\u00ad ahora has establecido tres \u00f3rdenes de ministros<br \/>\nencargados de tu servicio. As\u00ed\u00ad tambi\u00e9n, en los comienzos de la Iglesia,<br \/>\nlos ap\u00f3stoles de tu Hijo, movidos por el Esp\u00ed\u00adritu Santo,<br \/>\neligieron, como auxiliares suyos en el ministerio cotidiano,<br \/>\na siete varones acreditados ante el pueblo,<br \/>\na quienes, orando e imponi\u00e9ndoles las manos, les confiaron el cuidado de los pobres, a fin de poder ellos entregarse con mayor empe\u00f1o<br \/>\na la oraci\u00f3n y a la predicaci\u00f3n de la palabra.<br \/>\nTe suplicamos, Se\u00f1or, que atiendas propicio<br \/>\na \u00e9stos tus siervos, a quienes consagramos humildemente<br \/>\npara el orden del diaconado y el servicio de tu altar.<\/p>\n<p>ENV\u00ed\u008dA SOBRE ELLOS, SE\u00ed\u2018OR, EL ESP\u00ed\u008dRITU SANTO,<br \/>\nPARA QUE FORTALECIDOS CON TU GRACIA DE LOS SIETE DONES,<br \/>\n DESEMPE\u00ed\u2018EN CON FIDELIDAD EL MINISTERIO.<\/p>\n<p>Que resplandezca en ellos<br \/>\nun estilo de vida evang\u00e9lica, un amor sincero,<br \/>\nsolicitud por pobres y enfermos,<br \/>\nuna autoridad discreta,<br \/>\nuna pureza sin tacha<br \/>\ny una observancia de sus obligaciones espirituales.<br \/>\nQue tus mandamientos. Se\u00f1or,<br \/>\nse vean reflejados en sus costumbres,<br \/>\ny que el ejemplo de su vida<br \/>\nsuscite la imitaci\u00f3n del pueblo santo;<br \/>\nque, manifestando el testimonio de su buena conciencia,<br \/>\nperseveren firmes y constantes con Cristo,<br \/>\nde forma que, imitando en la tierra a tu Hijo<br \/>\nque no vino a ser servido sino a servir,<br \/>\nmerezcan reinar con \u00e9l en el cielo.<br \/>\nPor nuestro Se\u00f1or Jesucristo, tu Hijo,<br \/>\nque vive y reina contigo<br \/>\nen la unidad del Esp\u00ed\u00adritu Santo<br \/>\ny es Dios por los siglos de los siglos.<\/p>\n<p>Todos dicen: Am\u00e9n.<\/p>\n<p>Entrega del libro de los Evangelios.<\/p>\n<p>  Concluida la Plegaria de Ordenaci\u00f3n, se sientan todos. El Obispo recibe la mitra. Los ordenados se levantan, y unos di\u00e1conos u otros ministros ponen a cada uno la estola al estilo diaconal y le visten la dalm\u00e1tica.<br \/>\n   Mientras tanto, puede cantarse la ant\u00ed\u00adfona siguiente, con el Salmo 83 (84), u otro canto apropiado de id\u00e9nticas caracter\u00ed\u00adsticas que responda a la ant\u00ed\u00adfona, sobre todo cuando el Salmo 83(84) se hubiere utilizado como salmo responsorial en la liturgia de la palabra.<\/p>\n<p>  As\u00ed\u00ad termina la ordenaci\u00f3n de los Di\u00e1conos<\/p>\n<p>Rito para la ORDENACION DE PRESBITEROS<\/p>\n<p>   Se inicia como en el rito de los Di\u00e1conos. Una vez concluido el canto de las letan\u00ed\u00adas, el Obispo, en pie y con las manos extendidas, dice:<\/p>\n<p>    Esc\u00fachanos, Se\u00f1or, Dios nuestro, y derrama sobre estos siervos tu Esp\u00ed\u00adritu Santo y la gracia sacerdotal; concede la abundancia de tus bienes a quienes consagramos en tu presencia. Por Jesucristo, nuestro Se\u00f1or.<\/p>\n<p>Todos: Am\u00e9n.<\/p>\n<p> Pod\u00e9is levantaros.<\/p>\n<p> Imposici\u00f3n de manos y Plegaria de Ordenaci\u00f3n<\/p>\n<p> Los elegidos se levantan; se acerca cada uno al Obispo, que est\u00e1 de pie delante de la sede y con mitra, y se arrodilla ante \u00e9l. El Obispo impone en silencio las manos sobre la cabeza de cada uno de los elegidos.<br \/>\nDespu\u00e9s de la imposici\u00f3n de manos del Obispo, todos los presb\u00ed\u00adteros \u2020\u00a2presentes. vestidos de estola, imponen igualmente en silencio las manos sobre cada uno de los elegidos. Tras dicha imposici\u00f3n de manos, los presb\u00ed\u00adteros permanecen junto al Obispo hasta que se haya concluido la Plegaria de Ordenaci\u00f3n, pero de modo que la ceremonia pueda ser bien vista por los fieles.<br \/>\n   Estando todos los elegidos arrodillados ante el, el Obispo, sin mitra, con las manos extendidas, dice la Plegaria de Ordenaci\u00f3n:<\/p>\n<p>Cuando pusiste a Mois\u00e9s y Aar\u00f3n al frente de tu pueblo, para gobernarlo y santificarlo, les elegiste colaboradores, subordinados en orden y dignidad, que les acompa\u00f1aran y secundaran.<br \/>\nAs\u00ed\u00ad, en el desierto, diste parte del esp\u00ed\u00adritu de Mois\u00e9s,<br \/>\ncomunic\u00e1ndolo a los setenta varones prudentes<br \/>\ncon los cuales gobern\u00f3 m\u00e1s f\u00e1cilmente a tu pueblo.<br \/>\nAs\u00ed\u00ad tambi\u00e9n hiciste part\u00ed\u00adcipes a los hijos de Aar\u00f3n<br \/>\nde la abundante plenitud otorgada a su padre,<br \/>\npara que un n\u00famero suficiente de sacerdotes ofreciera, seg\u00fan la ley, los sacrificios, sombra de los bienes futuros.<br \/>\nFinalmente, cuando lleg\u00f3 la plenitud de los tiempos,<br \/>\nenviaste al mundo, Padre santo, a tu Hijo, Jes\u00fas,<br \/>\nAp\u00f3stol y Pont\u00ed\u00adfice de la fe que profesamos.<br \/>\nEl, movido por el Esp\u00ed\u00adritu Santo,<br \/>\nse ofreci\u00f3 a ti como sacrificio sin mancha,<br \/>\ny habiendo consagrado a los ap\u00f3stoles con la verdad,<br \/>\nlos hizo part\u00ed\u00adcipes de su misi\u00f3n;<br \/>\na ellos, a su vez, les diste colaboradores<br \/>\npara anunciar y realizar por el mundo entero la obra de la salvaci\u00f3n.<br \/>\nTambi\u00e9n ahora, Se\u00f1or, te pedimos nos concedas<br \/>\ncomo ayuda a nuestra limitaci\u00f3n, estos colaboradores<br \/>\nque necesitamos para ejercer el sacerdocio apost\u00f3lico<br \/>\n.<br \/>\nTE PEDIMOS, PADRE TODOPODEROSO,<br \/>\nQUE CONFIERAS A ESTOS SIERVOS TUYOS LA DIGNIDAD DEL PRESBITERADO;<br \/>\nRENUEVA EN SUS CORAZONES EL ESP\u00ed\u008dRITU DE SANTIDAD;<br \/>\nRECIBAN DE TI EL SEGUNDO GRADO<br \/>\nDEL MINISTERIO SACERDOTAL<br \/>\nY SEAN, CON SU CONDUCTA, EJEMPLO DE VIDA.<\/p>\n<p>Sean honrados colaboradores del orden de los obispos,<br \/>\npara que por su predicaci\u00f3n,   y con la gracia del Esp\u00ed\u00adritu Santo,<br \/>\nla palabra del Evangelio d\u00e9 fruto en el coraz\u00f3n de los hombres<br \/>\ny llegue hasta los confines del orbe.<br \/>\nSean con nosotros f\u00ed\u00adeles dispensadores de tus misterios,<br \/>\npara que tu pueblo se renueve  con el ba\u00f1o del nuevo nacimiento,<br \/>\ny se alimente de tu altar;<br \/>\npara que los pecadores sean reconciliados<br \/>\ny sean confortados los enfermos.<br \/>\nQue en comuni\u00f3n con nosotros, Se\u00f1or,<br \/>\nimploren tu misericordia por el pueblo que se les conf\u00ed\u00ada<br \/>\ny en favor del mundo entero.<br \/>\nAs\u00ed\u00ad todas las naciones, congregadas en Cristo, formar\u00e1n un \u00fanico pueblo tuyo que alcanzar\u00e1 su plenitud en tu Reino.<br \/>\nPor nuestro Se\u00f1or Jesucristo, tu Hijo,<br \/>\nque vive y reina contigo en la unidad del Esp\u00ed\u00adritu Santo<br \/>\ny es Dios por los siglos de los siglos.<\/p>\n<p>Todos: Am\u00e9n.<\/p>\n<p> Unci\u00f3n de las manos y entrega del pan y el vino<\/p>\n<p> Concluida la Plegaria de Ordenaci\u00f3n, se sientan todos.<br \/>\nEl Obispo recibe la mitra. Los ordenados se levantan.<br \/>\nLos presb\u00ed\u00adteros presentes tornan a su puesto;<br \/>\npero algunos de ellos colocan a cada ordenado la estola al estilo presbiteral y le visten la casulla.<\/p>\n<p> Seguidamente, el Obispo toma el gremial y, oportunamente informado el pueblo, unge con el sagrado crisma las palmas de las manos de cada ordenado, arrodillado ante \u00e9l, diciendo:<\/p>\n<p>Jesucristo, el Se\u00f1or, a quien el Padre ungi\u00f3 con la fuerza del Esp\u00ed\u00adritu Santo,<br \/>\nte auxilie para santificar al pueblo cristiano y para ofrecer a Dios el sacrificio.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s, Obispo y ordenados se lavan las manos.<br \/>\nMientras los ordenados visten la estola y la casulla y el Obispo les unge las manos, se canta la ant\u00ed\u00adfona siguiente con el Salmo 109 (110), u otro canto apropiado de id\u00e9nticas caracter\u00ed\u00adsticas que concuerde con la ant\u00ed\u00adfona, sobre todo cuando el Salmo 109 (110) se hubiere utilizado como salmo responsorial en la liturgia de la palabra.<\/p>\n<p>Rito de la ORDENEACION DE LOS OBISPOS<\/p>\n<p>El celebrante impone las manos sobre el nuevo Obispo y dice la f\u00f3rmula de la ordenaci\u00f3n:<\/p>\n<p>   Dios Padre de nuestro Se\u00f1or Jesucristo<br \/>\nPadre de misericordia y Dios de todo consuelo, que habitas en el cielo,<br \/>\ny te fijas en los humildes; que lo conoces todo antes de que exista.<br \/>\nT\u00fa estableciste normas en tu Iglesia con tu palabra bienhechora.<br \/>\nDesde el principio t\u00fa predestinaste a un linaje justo de Abrah\u00e1n;<br \/>\nnombraste pr\u00ed\u00adncipes y sacerdotes y no dejaste sin ministros tu santuario.<br \/>\nDesde el principio del mundo te agrada ser glorificado por tus elegidos.<\/p>\n<p>Esta parte de la oraci\u00f3n es dicha por todos los Obispos ordenantes, con las manos juntas y en voz baja para que se oiga claramente la del Obispo ordenante principal:<\/p>\n<p>INFUNDE AHORA SOBRE ESTE TU ELEGIDO<br \/>\nLA FUERZA QUE DE TI PROCEDE:<br \/>\nEL ESP\u00ed\u008dRITU DE GOBIERNO<br \/>\nQUE DISTE A TU AMADO HIJO JESUCRISTO,<br \/>\nY EL, A SU VEZ, COMUNIC\u00ed\u201c A LOS SANTOS AP\u00ed\u201cSTOLES,<br \/>\nQUIENES ESTABLECIERON LA IGLESIA<br \/>\nCOMO SANTUARIO TUYO EN CADA LUGAR,<br \/>\nPARA GLORIA Y ALABANZA INCESANTE DE TU NOMBRE.<\/p>\n<p>Prosigue solamente el Obispo ordenante principal:<\/p>\n<p>Padre santo, t\u00fa que conoces los corazones,<br \/>\nconcede a este servidor tuyo,<br \/>\na quien elegiste para el episcopado,<br \/>\nque sea un buen pastor de tu santa grey<br \/>\ny ejercite ante ti el sumo sacerdocio<br \/>\nsirvi\u00e9ndote sin tacha d\u00ed\u00ada y noche;<br \/>\nque atraiga tu favor sobre tu pueblo<br \/>\ny ofrezca los dones de tu santa Iglesia;<br \/>\nque por la fuerza del Esp\u00ed\u00adritu,<br \/>\nque recibe como sumo sacerdote<br \/>\ny seg\u00fan tu mandato,<br \/>\ntenga el poder de perdonar pecados;<br \/>\nque distribuya los ministerios y los oficios seg\u00fan tu voluntad,<br \/>\ny desate todo v\u00ed\u00adnculo conforme al poder<br \/>\nque diste a los Ap\u00f3stoles;<br \/>\nque por la mansedumbre y la pureza de coraz\u00f3n<br \/>\nte sea grata su vida como sacrificio de suave olor,<br \/>\npor medio de tu Hijo Jesucristo, por quien recibes la gloria, el poder y el honor,<br \/>\ncon el Esp\u00ed\u00adritu, en la santa Iglesia, ahora y por los siglos de los siglos.<br \/>\nTodos: Am\u00e9n.<\/p>\n<p>    Concluida la Plegaria de Ordenaci\u00f3n, los di\u00e1conos retiran el libro de los Evangelios que sosten\u00ed\u00adan sobre la cabeza del ordenado; uno de elle contin\u00faa con el libro hasta el momento de entregarlo al ordenado. Se sientan todos. El Obispo ordenante principal y los dem\u00e1s Obispos ordenantes se ponen la mitra.<\/p>\n<p>  Unci\u00f3n de la cabeza y entrega del libro de los Evangelios y de las insignias<\/p>\n<p>   El Obispo ordenante principal se pone el gremial, recibe de un di\u00e1cono el santo crisma y unge la cabeza del ordenado, que est\u00e1 arrodillado ante \u00e9l, diciendo:<\/p>\n<p>   Dios, que te ha hecho part\u00ed\u00adcipe del sumo sacerdocio de Cristo,<br \/>\nderrame sobre ti el b\u00e1lsamo de la unci\u00f3n,<br \/>\ny con sus bendiciones te haga abundar en frutos.<\/p>\n<p>  Despu\u00e9s el Obispo ordenante principal se lava las manos.<br \/>\nEl Obispo ordenante principal, recibiendo de un di\u00e1cono el libro de los Evangelios, se lo entrega al ordenado diciendo:<\/p>\n<p>  Recibe el Evangelio, y proclama la palabra de Dios, con deseo de instruir y con toda paciencia.<\/p>\n<p>El di\u00e1cono toma nuevamente el libro de los Evangelios y lo deposita en su lugar.<br \/>\nEl Obispo ordenante principal pone el anillo en el dedo anular de la mano derecha del ordenado, diciendo:<\/p>\n<p>   Recibe este anillo, signo de fidelidad,<br \/>\n   y permanece fiel a la Iglesia, Esposa santa de Dios.<\/p>\n<p>   Si el ordenado goza de palio, el Obispo ordenante principal lo recibe del di\u00e1cono y lo pone sobre los hombros del ordenado, diciendo:<\/p>\n<p>   Recibe el palio tra\u00ed\u00addo del sepulcro de San Pedro,<br \/>\nque te entregamos en nombre del Romano Pont\u00ed\u00adfice, el Papa N.,<br \/>\ncomo signo de autoridad metropolitana,<br \/>\npara que lo uses dentro de los l\u00ed\u00admites de tu provincia eclesi\u00e1stica;<br \/>\nque sea para ti s\u00ed\u00admbolo de unidad y se\u00f1al de comuni\u00f3n con la Sede Apost\u00f3lica,<br \/>\nv\u00ed\u00adnculo de caridad y est\u00ed\u00admulo de fortaleza.<br \/>\nRecibe la mitra; brille en ti el resplandor de la santidad,<br \/>\npara que, cuando aparezca el Pr\u00ed\u00adncipe de los pastores,<br \/>\nmerezcas recibir la corona de gloria que no se marchita.<\/p>\n<p>   Y, finalmente, entrega al ordenado el b\u00e1culo pastoral, diciendo:<\/p>\n<p>  Recibe el b\u00e1culo  signo del ministerio pastoral,<br \/>\ny cuida de todo el reba\u00f1o que el Esp\u00ed\u00adritu Santo te ha encargado guardar,<br \/>\ncomo pastor de la Iglesia de Dios.<\/p>\n<p>    Se realizan luego otros gestos, como sentar al ordenado en la C\u00e1tedra, si ha sido ordenado en su propia Iglesia, o en el primer sitial, si est\u00e1 en la del ordenante o en otra. Tambi\u00e9n se acercan todos los presentes, comenzando por los Obispos y el clero , para darle el \u00f3sculo de paz<\/p>\n<p>Pedro Chico Gonz\u00e1lez, Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00ed\u00ada Religiosa, Editorial Bru\u00f1o, Lima, Per\u00fa 2006<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00eda Religiosa<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>[440] El sacramento del Orden es un signo sensible de la gracia, instituido por Jes\u00fas para consagrar a algunos seguidores suyos para una tarea eclesial de celebraci\u00f3n lit\u00fargica y de animaci\u00f3n pastoral. Esto significa que el sacerdote se orienta, por su naturaleza y misi\u00f3n, a la celebraci\u00f3n, a la evangelizaci\u00f3n y a la animaci\u00f3n espiritual. &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/orden-sacerdotal\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abORDEN SACERDOTAL\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-12515","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/12515","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=12515"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/12515\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=12515"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=12515"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=12515"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}