{"id":12516,"date":"2016-02-05T08:31:35","date_gmt":"2016-02-05T13:31:35","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/original-pecado-2\/"},"modified":"2016-02-05T08:31:35","modified_gmt":"2016-02-05T13:31:35","slug":"original-pecado-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/original-pecado-2\/","title":{"rendered":"ORIGINAL. PECADO"},"content":{"rendered":"<p>[271]<br \/>\n    El pensamiento de la Iglesia sobre el pecado original de los hombres se mueve entre la certeza de su existencia y la perplejidad sobre su naturaleza. Que hubo un pecado, es evidente, desde la perspectiva religiosa posterior: esperanza en un salvador, sentido de la redenci\u00f3n conseguida por Jes\u00fas, ense\u00f1anza continua en los cristianos, resonancias incluso fuera de \u00e9l.<\/p>\n<p>    Pero el misterio sobre este dato religioso est\u00e1 en c\u00f3mo pudieron pecar contra Dios los hombres del primer momento y c\u00f3mo puede atribuirse un pecado a los descendientes que ni estaban all\u00ed\u00ad ni pod\u00ed\u00adan optar por alejarse de Dios. Es incomprensible por qu\u00e9 todos sus descendientes se hallan contaminados con un hecho impersonal en el cual nada tuvieron que ver ni con su inteligencia ni con su voluntad.<\/p>\n<p>    1.  Existencia del Pecado Original<br \/>\n    Con todo existe la doctrina cristiana de que los hombres cometieron un pecado colectivo al principio y ello les enemist\u00f3 con Dios. Pero Dios, por su misericordia, determin\u00f3 su redenci\u00f3n.<\/p>\n<p>    Si existe este principio dogm\u00e1tico, es evidente que no se puede atribuir a una mera leyenda o un mito b\u00ed\u00adblico la idea de un pecado inicial. Su existencia y sus consecuencias tienen algo que ver con lo m\u00e1s radical del mensaje cristiano.<\/p>\n<p>    1.1. Adversarios<br \/>\n    El pecado original, incomprensible, indemostrable y misterioso, fue negado indirectamente por los gn\u00f3sticos y maniqueos, pues ellos atribu\u00ed\u00adan la corrupci\u00f3n moral del hombre al principio malo del que est\u00e1n hechos que es la materia.<\/p>\n<p>    En los \u00e1mbitos cristianos lo negaron quienes, influidos por el dualismo gn\u00f3stico y maniqueo, explicaron de forma similar el mal. Tal fue el caso de los seguidores de Or\u00ed\u00adgenes y de los priscilianistas, para quienes la inclinaci\u00f3n del hombre al mal era efecto del predominio de la carne sobre el esp\u00ed\u00adritu, actitud humana que se explicaba en la Escritura por multitud de met\u00e1foras y alegor\u00ed\u00adas como la desobediencia en el para\u00ed\u00adso.<\/p>\n<p>    Los m\u00e1s directos negadores de la doctrina del pecado original fueron los pelagianos. Ense\u00f1aban que el pecado de Ad\u00e1n fue real, pero que no hab\u00ed\u00ada una transmisi\u00f3n sin m\u00e1s a sus descendientes al estilo de una herencia que reciben los hijos de los padres.<\/p>\n<p>    Defend\u00ed\u00adan que los hombres que siguieron se limitaron a imitar el mal ejemplo de aqu\u00e9l (imitaci\u00f3n dec\u00ed\u00adan, no propagaci\u00f3n del pecado)<\/p>\n<p>    Explicaban la muerte, los padecimientos y la concupiscencia, no como efectos del pecado, sino como hechos naturales que perturban al hombre y se tratan de aclarar con mitos religiosos que nada tienen que ver con la realidad.<\/p>\n<p>    Por eso sospechaban que el bautismo de los ni\u00f1os no tiene sentido, pues dice limpiar algo que no existe. No hay pecado donde no hay inteligencia o libertad, como en el caso del llamado original. S\u00f3lo es posible cuando ha llegado al hombre la edad del discernimiento y de la elecci\u00f3n, es decir cuando se han hecho capaces de alejarse del bien.<\/p>\n<p>    El pelagianismo se mantuvo siempre de alguna forma en diversas corrientes doctrinales posteriores, reticentes siempre a aceptar el car\u00e1cter misterioso del pecado original. Por ejemplo, revivi\u00f3 en las herej\u00ed\u00adas medievales y humanistas, para llegar a su m\u00e1xima expresi\u00f3n en el racionalismo de la edad moderna y de la teolog\u00ed\u00ada protestante liberal del XIX<br \/>\n  1.2. Defensores<br \/>\n    La herej\u00ed\u00ada pelagiana fue combatida principalmente por San Agust\u00ed\u00adn. Pero ya antes de este gran defensor de la gracia y de la necesidad de redenci\u00f3n, otros Padres hab\u00ed\u00adan expl\u00ed\u00adcitamente perfilado las l\u00ed\u00adneas maestras de la teolog\u00ed\u00ada del pecado original: Tertuliano, S. Juan Cris\u00f3stomo, San Atanasio.<\/p>\n<p>    Los s\u00ed\u00adnodos de Obispos de Mileve (416), de Cartago (418) y Orange (529) dejaron en claro que el hombre es misteriosamente pecador por haber recibido por herencia la culpa originada por la desobediencia de Ad\u00e1n. Necesita imperiosamente un Redentor. Es precisamente la misi\u00f3n que Cristo desempe\u00f1\u00f3 en la tierra.<\/p>\n<p>    2. Doctrina de la Iglesia<br \/>\n    El Concilio de Trento, un milenio despu\u00e9s (1545-1563), perfil\u00f3 la doctrina cristiana definitiva en este punto. Us\u00f3 expresiones y sentencias a veces literalmente recogidas de estos S\u00ed\u00adnodos primitivos y manejo conceptos clarificados en este tiempo.<\/p>\n<p>    Trat\u00f3 de oponerse a los Reformadores, los cuales tend\u00ed\u00adan a hacer del pecado original no una culpa de pecados ajenos, de Ad\u00e1n y Eva, sino s\u00f3lo \u00abuna desfiguraci\u00f3n del hombre, es decir una entrega a la concupiscencia y una corrupci\u00f3n completa de la naturaleza humana.\u00bb (Confesi\u00f3n de Augsburgo 2)<\/p>\n<p>     A lo largo de las m\u00faltiples herej\u00ed\u00adas y desviaciones que gener\u00f3 la idea del pecado original, la Iglesia fue perfilando con claridad su pensamiento sobre este dogma, misterio y situaci\u00f3n espiritual del hombre. El pecado de Ad\u00e1n fue una rebeli\u00f3n y una desobediencia contra Dios y se propaga a todos sus descendientes por generaci\u00f3n, no por imitaci\u00f3n.<\/p>\n<p>    La doctrina de la Iglesia se halla contenida en el \u00abDecreto sobre el pecado original\u00bb, del Concilio de Trento (Sesi\u00f3n V, el 17 de Junio de 1546), en donde se dice taxativamente que debe ser condenado el que no asuma esta doctrina expresada as\u00ed\u00ad:<br \/>\n   &#8211; El pecado fue una transgresi\u00f3n del mandamiento de Dios al primer hombre, que perdi\u00f3 el estado de justicia y santidad en que hab\u00ed\u00ada sido creado.<\/p>\n<p>   &#8211; Se dio por instigaci\u00f3n del Demonio reflejado en la serpiente.<\/p>\n<p>   &#8211; Ad\u00e1n pec\u00f3 con plena libertad y conciencia, aunque no podamos entender c\u00f3mo sucedi\u00f3.<\/p>\n<p>   &#8211; El da\u00f1o no fue s\u00f3lo para \u00e9l, sino para todos sus descendientes, a quienes transmiti\u00f3 no s\u00f3lo las penas sino tambi\u00e9n la culpa.<\/p>\n<p>   &#8211; Desde entonces el hombre necesita los m\u00e9ritos de Jesucristo para librarse de ese pecado y no se vale para ello de sus solas luces y m\u00e9ritos.<\/p>\n<p>    En consecuencia, la doctrina cristiana no se detiene a explicar el c\u00f3mo fue ni por el porqu\u00e9 se dio el pecado original. Lo que dice es que existe una culpa que priva de la justicia a todos los nacidos de mujer y que se precisa la acci\u00f3n de Cristo para liberarse ella.<\/p>\n<p>    Reconoce que fue Ad\u00e1n, el primer padre de la humanidad, el causante de ese pecado. Y ense\u00f1a que sus descendientes no s\u00f3lo recibieron las penas del pecado, la muerte, los sufrimientos corporales, la concupiscencia o inclinaciones desordenadas, sino que tambi\u00e9n participaron de la culpa, es decir el estado de enemistad con Dios.<\/p>\n<p>    Ense\u00f1a con claridad que el pecado original, como todo pecado \u00abmortal\u00bb, implica la muerte del alma, el estado de enemistad y alejamiento de Dios. No es personal, pero misteriosamente contamin\u00f3 a toda la humanidad que, desde entonces, precisa un acto misericordioso de Dios para poder obtener el perd\u00f3n.<\/p>\n<p>    Ese pecado se propaga de Ad\u00e1n a todos sus descendientes \u00abpor generaci\u00f3n\u00bb, no por \u00abimitaci\u00f3n\u00bb, como dijeron los reformadores del siglo XVI. Es inherente a cada individuo que participa de la naturaleza de Ad\u00e1n.<\/p>\n<p>    Ese pecado, con todo, no fue irremediable, pues Dios tuvo misericordia de los hombres y envi\u00f3 a su Hijo para rescatar a los que se hab\u00ed\u00adan perdido.<\/p>\n<p>    Por eso el Verbo se hizo hombre y quiso redimir a los dem\u00e1s hombres con su muerte. El pecado se borra por la redenci\u00f3n de Jesucristo, cuyo m\u00e9rito salvador se aplica a todos: ni\u00f1os y adultos, varones y mujeres, hijos de creyentes o de incr\u00e9dulos, por ejemplo cuando reciban el Bautismo o sacramento de la incorporaci\u00f3n a Jes\u00fas.<\/p>\n<p>     3. Fundamento en la Escritura<br \/>\n    El pecado original, como realidad teol\u00f3gica, supera cualquier consideraci\u00f3n hist\u00f3rica, sociol\u00f3gica y psicol\u00f3gica. No podemos comprender porqu\u00e9 se ha propagado a toda la humanidad. Pero la doctrina cristiana ense\u00f1a que todos lo hemos contra\u00ed\u00addo y hemos nacido con \u00e9l.<\/p>\n<p>    Y nos podemos preguntar, a trav\u00e9s de la Palabra de Dios, si realmente es as\u00ed\u00ad. Pero debemos hacerlo con humildad, renunciado a comprender porqu\u00e9 hemos de tener culpa y pena de ese pecado quienes no hemos estado presentes en el momento de la desobediencia ni hemos tenido protagonismo en ella.  3. 1. El Antiguo Testamento<br \/>\n    En los libros del Antiguo Testamento solamente se hallan insinuaciones sobre el pecado original. Hay frecuentes alusiones a la situaci\u00f3n de pecado o enemistad con Dios desde el nacimiento, por lo que se pide a Dios compasi\u00f3n, ayuda y perd\u00f3n.<\/p>\n<p>    \u00abHe aqu\u00ed\u00ad que nac\u00ed\u00ad en culpa y en pecado me concibi\u00f3 mi madre\u00bb (Sal. 50. 7). Y tambi\u00e9n: \u00ab\u00bfQui\u00e9n podr\u00e1 hacer puro al que ha sido concebido de una inmunda semilla? (Job. 14, 4)<\/p>\n<p>    Pero expresiones como \u00e9stas aluden a una pecaminosidad innata en el hombre que parece m\u00e1s general y metaf\u00f3rica que concreta. Se usan m\u00e1s como expresi\u00f3n literaria de la insuficiencia moral, que como expl\u00ed\u00adcito reconocimiento de un pecado innato, original, determinante de la maldad humana.<\/p>\n<p>    La misma ex\u00e9gesis de la escena del Para\u00ed\u00adso descrita en el G\u00e9nesis (Gen. 2. 5-25) y el an\u00e1lisis fr\u00ed\u00ado de las incidencias de la tentaci\u00f3n, de la infracci\u00f3n, de la condena y del castigo, si se prescinde de todas las explicaciones religiosas posteriores, sobre todo del Nuevo Testamento, conducen a otra cosa. En el fondo el texto contiene m\u00e1s la explicaci\u00f3n a las miserias humanas que la revelaci\u00f3n de la ofensa divina y su propagaci\u00f3n a todos los hombres.<\/p>\n<p>    De todas formas, ya en el Antiguo Testamento se establece la vinculaci\u00f3n causal que existe entre la muerte de todos los hombres y el pecado.<\/p>\n<p>    Se indica que de ello de la desobediencia de los primeros hombres vino la perdici\u00f3n y se habla de la situaci\u00f3n pecadora de los hombres. (Eccli. 25. 33; Sab. 2. 24). Tambi\u00e9n late esa idea en la infraestructura de muchos anuncios prof\u00e9ticos, particularmente en Isa\u00ed\u00adas y en Jerem\u00ed\u00adas.<\/p>\n<p>    3.2. En el Nuevo Testamento<br \/>\n    La idea clara y la afirmaci\u00f3n expl\u00ed\u00adcita llegan con la venida de Jes\u00fas, con su vida y muerte redentoras y con las interpretaciones que los Ap\u00f3stoles hacen del hecho de la pasi\u00f3n de Jes\u00fas. La explicaci\u00f3n m\u00e1s luminosa y franca se da en S. Pablo (por ejemplo en Rom. 5. 12-21). La Teolog\u00ed\u00ada del Ap\u00f3stol de los gentiles en este punto se expresa con nitidez mediante el paralelismo que formula entre el primer Ad\u00e1n, que transmiti\u00f3 a todos los hombres el pecado y la muerte, y Jes\u00fas, segundo Ad\u00e1n, que difundi\u00f3 sobre todos la justicia y la vida.<\/p>\n<p>    \u00abPor un hombre entr\u00f3 el pecado en el mundo y, por el pecado, la muerte, y as\u00ed\u00ad la muerte pasa a todos los hombres, por cuanto todos hab\u00ed\u00adan pecado\u00bb&#8230; Por la desobediencia de uno muchos fueron hechos pecadores, as\u00ed\u00ad tambi\u00e9n por la obediencia de uno muchos ser\u00e1n hechos justos\u00bb. (Rom. 5. 12)<\/p>\n<p>    Las explicaciones paulinas se multiplican, siendo el hecho del pecado y la necesidad de la salvaci\u00f3n por Cristo Jes\u00fas, uno de los ejes esenciales de la actitud cristoc\u00e9ntrica del Ap\u00f3stol: 1 Cor. 12. 16. Rom. 3.23; 1 Cor. 1.6; Hebr. 2.14; Filip. 2.8.<\/p>\n<p>     Pero las aclaraciones se reiteran en  otros textos no paulinos del Nuevo Testamento, de forma que queda clara la conciencia com\u00fan de todos los Ap\u00f3stoles y Evangelistas sobre la raz\u00f3n de la venida de Cristo, que no es otra que salvar a los hombres de su situaci\u00f3n de pecadores: Mt. 26 y 27; Mc. 14-15; Jn. 13. 21-30; Jn. 1.29; Apoc. 2 -3. 1 Jn. 1. 19; 1 Pedr. 5.8.<\/p>\n<p>    4. Identidad del pecado<br \/>\n    Fue pecado aut\u00e9ntico, misterioso, destructor, aunque no fuera personal o individual en cuanto a su comisi\u00f3n. En el acto en que se materializ\u00f3, todos los hombres participaron y quedaron convertidos en enemigos de Dios.<\/p>\n<p>    Esto se afirma por v\u00ed\u00ada de fe: se desprende de la Escritura y es ense\u00f1ado por la Iglesia: Magisterio y Tradici\u00f3n.<\/p>\n<p>    Los dos elementos con configuran este hecho de enemistad con Dios se recogen en los t\u00e9rminos con que lo enunciamos.<\/p>\n<p>    4.1. Fue pecado pleno.<\/p>\n<p>    Por lo tanto fue un acto concreto que engendr\u00f3 un estado preciso de enemistad del hombre para Dios. Ad\u00e1n prefiri\u00f3 la criatura al Creador. Desobedeci\u00f3 la ley divina y del estado de amistad pas\u00f3 al de enemistad, aunque \u00e9l mismo no se diera cuenta de lo que hac\u00ed\u00ada, como suele acontecer en todo pecado humano. \u00abVio que la manzana era buena y comi\u00f3&#8230; y dio a comer a Ad\u00e1n que lo acept\u00f3.\u00bb (Gn. 3. 6)<\/p>\n<p>    Toda la teolog\u00ed\u00ada del pecado, que es inc\u00f3gnita y alejamiento de Dios, queda condensada en esta situaci\u00f3n que Ad\u00e1n asume por haber desobedecido. En qu\u00e9 medida fue consciente de lo hecho y cu\u00e1l fue su grado de inteligencia para asumir su postura de oposici\u00f3n al mandato divino, no deja de ser un misterio inexplicable por ciencia humana.<\/p>\n<p>    Detr\u00e1s de esta teolog\u00ed\u00ada se encuentran preguntas antropol\u00f3gicas m\u00e1s que teol\u00f3gicas: \u00bfQui\u00e9n era Ad\u00e1n? \u00bfPuede admitirse, a la luz de la ciencia moderna, un hombre creado por Dios al estilo individual que se refleja en la leyenda del G\u00e9nesis? \u00bfEs compatible una primera pareja, un var\u00f3n y una hembra, con el generalizado sentido evolutivo de la aparici\u00f3n del hombre sobre la tierra?<br \/>\n    Preguntas de este estilo no son teol\u00f3gicas, sino arqueol\u00f3gicas. Las respuestas cient\u00ed\u00adficas no tienen que ver con el pecado original como misterio religioso. Pero hay algo en la explicaci\u00f3n religiosa que compromete a la hora e aceptar o rechazar determinadas hip\u00f3tesis cient\u00ed\u00adficas. Existiera o no la pareja de protoparentes, la unidad de la especie humana es condicionante para la aceptaci\u00f3n natural de la existencia de un \u00abdelito original solidario y contaminante\u00bb. Pero discutir esta unidad no es cometido del antrop\u00f3logo, sino del te\u00f3logo.<\/p>\n<p>    4.2. Fue original.<\/p>\n<p>    En la explicaci\u00f3n religiosa del pecado original se presupone que el primer hombre estaba adornado de un valor de representaci\u00f3n de los dem\u00e1s hombres. Ad\u00e1n pec\u00f3 como persona libre. Pero pec\u00f3 como padre de todos sus descendientes, que recibieron su culpa y los efectos de ella.<\/p>\n<p>    Las consecuencias fueron en los descendientes las mismas que en el Ad\u00e1n personalmente pecador: culpa y efectos de la culpa. La culpa fue la enemistad con Dios: de los hombres con Dios, m\u00e1s que de Dios con los hombres.<\/p>\n<p>    Los efectos fueron diversos. Unos invisibles: p\u00e9rdida: destrozo de los dones sobrenaturales, quebranto de la vida eterna a la se estaba destinado. Y otros fueron m\u00e1s visibles y naturales: inclinaci\u00f3n al mal o concupiscencia, ignorancia, debilidad, enfermedad y muerte.<\/p>\n<p>    Las interpretaciones que se han dado del pecado, y de su sentido de capitalidad para la humanidad, han sido diversas y a veces antag\u00f3nicas.<\/p>\n<p>    Unas han tenido tonos naturalistas, como las interpretaciones reduccionistas y simb\u00f3licas. Tal es el intento de identificar pecado con la simple conciencia creacional de la insuficiencia f\u00ed\u00adsica, ps\u00ed\u00adquica y \u00e9tica del hombre. La f\u00ed\u00adsica alude a las enfermedades y esfuerzos para poder sobre vivir. La ps\u00ed\u00adquica se refiere a las penas y angustias, a las ansias y frustraciones que el hombre atraviesa en su existencia. Las \u00e9ticas apuntan a las tendencias desordenadas (avaricia, envidia, lujuria, ira, pereza, etc.) que el hombre siente en su persona.<\/p>\n<p>    Y otras interpretaciones han sido m\u00e1s m\u00ed\u00adsticas y antropol\u00f3gicas, incluso m\u00ed\u00adticas, aludiendo a la creaci\u00f3n de un primer hombre inteligente, sabio, fuerte, consciente, libre, impasible, inmortal (dones preternaturales dec\u00ed\u00adan los antiguos te\u00f3logos) y a la p\u00e9rdida esas caracter\u00ed\u00adstica como resultado de su desobediencia. Se tiende as\u00ed\u00ad a la explicaci\u00f3n del pecado como si se tratara de un eclipse de la grandeza del hombre, como castigo a la oposici\u00f3n a Dios.<\/p>\n<p>    Todas las explicaciones son insuficientes. No hay manera humana de descifrar lo que es indescifrable, pues se trata de un misterio, teol\u00f3gico m\u00e1s que antropol\u00f3gico, espiritual m\u00e1s que social, metaf\u00ed\u00adsico m\u00e1s que hist\u00f3rico.<\/p>\n<p>     5. Rasgos del pecado<br \/>\n    Son diversos los que se han ido dando para clarificar la idea de pecado original. Pero coinciden, en lo esencial, con lo que es todo pecado: alejamiento de Dios. Y ruptura del orden sobrenatural querido al principio y regalado por Dios para Ad\u00e1n y para sus descendientes.<\/p>\n<p>     5.1. Fue mortal<\/p>\n<p>     Es decir, produce \u00abla muerte del alma\u00bb (Trento). Eso es la p\u00e9rdida de la gracia divina, simbolizada en la amistad de Dios con Ad\u00e1n en para\u00ed\u00adso, en donde fue colocado para que lo cultivara.<\/p>\n<p>    El hombre hab\u00ed\u00ada sido creado en estado de inocencia y el pecado le transtorn\u00f3 el esp\u00ed\u00adritu y destroz\u00f3 su relaci\u00f3n con Dios. En adelante pudo ser ego\u00ed\u00adsta y no tributar a Dios el culto debido (Ca\u00ed\u00adn); aunque tambi\u00e9n qued\u00f3 libre para ser justo y bueno y cumplir con los imperativos de su conciencia (Abel).<\/p>\n<p>     Pero arrastr\u00f3 consigo la conciencia de culpa y peri\u00f3dicamente sinti\u00f3 deseos de aplacar a Dios con sacrificios y con su arrepentimiento. Pero su esp\u00ed\u00adritu hab\u00ed\u00ada quedado herido de muerte y su estado era de alejamiento de Dios.<\/p>\n<p>     Santo Tom\u00e1s habla de que fue, como todo pecado, un pecado destructor con doble aspecto, el apartamiento de Dios (aversio a Deo) y la conversi\u00f3n a la criatura (conversio ad creaturam).<\/p>\n<p>    5.2. Fue y es universal.<\/p>\n<p>    Todos los hombres descendientes de Ad\u00e1n quedaron atrapados en la red de la ofensa. Todos fueron afectados por la culpa de los primeros padres. Nadie se escap\u00f3 de esa referencia pecaminosa. Desde entonces todos los hombres nacen espiritualmente manchados.<\/p>\n<p>    Cuando se multiplicaron los defensores de las teor\u00ed\u00adas poligenistas de la humanidad, se entr\u00f3 en conflicto con esa universalidad del pecado. Pero se olvidaba entonces, y se sigue olvidando, que una cosa es el hecho hist\u00f3rico de la aparici\u00f3n del hombre inteligente sobre la tierra y otra el hecho religioso de la conciencia de un pecado universal que precisa redenci\u00f3n.<\/p>\n<p>    San Agust\u00ed\u00adn dec\u00ed\u00ada al obispo pelagiano Juli\u00e1n de Eclana, \u00abNo soy yo quien ha inventado el pecado original, sino que es la fe cat\u00f3lica la que cree en \u00e9l desde antiguo; y sin embargo t\u00fa lo niegas y eres por eso, sin duda, un nuevo hereje\u00bb (De nupt. et concup. II. 12. 25)<\/p>\n<p>    5.3. Es un pecado complejo<br \/>\n    Un pecado personal actual, por grave y monstruoso que sea, deja al pecador en lo humano como estaba. Cuando se arrepiente y se le perdona, tambi\u00e9n regresa al estado anterior.<\/p>\n<p>    Sin embargo, el pecado original es id\u00e9ntico en cuanto ofensa a Dios, pero diferente en cuanto a los efectos que produce. El hombre queda de otra manera, despu\u00e9s de su comisi\u00f3n: la luz de su inteligencia disminuye, la debilidad se apodera de su voluntad, las enfermedades de su cuerpo le llevan a la muerte, \u00abes arrojado del para\u00ed\u00adso de delicias en el cual hab\u00ed\u00ada sido colocado.\u00bb (Gen. 3.23)<\/p>\n<p>     6. Efectos duraderos<br \/>\n    El pecado original tuvo dos efectos: uno inmediato en Ad\u00e1n y Eva. Otro para todos sus descendientes. Y son efectos que es preciso entender y explicar desde la perspectiva de la fe, no desde los planteamientos de la ciencia arqueol\u00f3gica o sociol\u00f3gica.<\/p>\n<p>    5.1  Verg\u00fcenza en Ad\u00e1n<br \/>\n    Es dif\u00ed\u00adcil suponer con alguna aproximaci\u00f3n lo que aconteci\u00f3 en el esp\u00ed\u00adritu de aquellos seres humanos, Ad\u00e1n y Eva, que hab\u00ed\u00adan sido creados felices en una situaci\u00f3n de amistad divina y que se sintieron alejados de Dios por el pecado.<\/p>\n<p>    Al perder la situaci\u00f3n privilegiada que pose\u00ed\u00adan, debieron sentir el silencio del bien y el desconcierto del mal realizado. El G\u00e9nesis lo simboliza en la verg\u00fcenza de sentirse desnudos y esconderse cuando hubieron de encontrarse con Dios (Gn. 3.7)<\/p>\n<p>    Pero es evidente que el efecto principal tuvo que ser mucho m\u00e1s profundo que el antropom\u00f3rfico relato que recoge la Escritura.<\/p>\n<p>     6.2. P\u00e9rdida de la justicia<br \/>\n    Al margen de toda interpretaci\u00f3n m\u00e1s o menos antropol\u00f3gica del hecho personal en Ad\u00e1n y Eva, de lo que no cabe duda es que los hombres quedaron, desde los primeros d\u00ed\u00adas de su vida hist\u00f3rica en el mundo, heridos por el pecado.<\/p>\n<p>    Seg\u00fan Santo Tom\u00e1s, el pecado original rompi\u00f3 el estado de justicia original, en la que el hombre fue creado. Y se manifest\u00f3, sobre todo, en la concupiscencia desordenada que desde entonces comenz\u00f3 a experimentar. Pero tambi\u00e9n se muestra en otros aspectos.<\/p>\n<p>    En la Summa Teol\u00f3gica (I-II 85. 3) explica las cuatro heridas del alma, opuestas respectivamente a las cuatro virtudes cardinales:<\/p>\n<p>    La ignorancia, es decir, la dificultad para conocer la verdad, se opone a la prudencia, que habr\u00e1 que cultivar por el ejercicio para compensar esa herida.<\/p>\n<p>    La malicia, es decir, la debilitaci\u00f3n de nuestra voluntad, se opone a la justicia, y nos hace m\u00e1s dif\u00ed\u00adcil conseguir la dignidad, el respeto y la honradez.<\/p>\n<p>    La fragilidad, o cobard\u00ed\u00ada ante las dificultades, es frecuente en el hombre y se opone a la fortaleza para defenderse del mal y para conquistar el bien.<\/p>\n<p>    La concupiscencia en sentido preciso es el apetito desordenado de satisfacer a los sentidos contra las normas de la raz\u00f3n. Es la tendencia al placer sensorial y se opone a la templanza, la cual se expresa en lo relacionado con los alimentos: sobriedad y abstinencia en la bebida y comida; o en la satisfacci\u00f3n del instinto reproductor: castidad ante el placer genital no regulado por la raz\u00f3n.<\/p>\n<p>    6.3. Efectos secundarios<br \/>\n    La p\u00e9rdida de todos los dones que Dios hab\u00ed\u00ada concedido a la naturaleza fue otra consecuencia.<\/p>\n<p>    Esos dones pueden resultar sorprendentes en clave antropol\u00f3gica y sonar a mitolog\u00ed\u00adas arcaicas: trabajo alegre, impasibilidad, inmortalidad, paz, gozo, etc. que se perdieron para siempre.<\/p>\n<p>    Pero en la explicaci\u00f3n religiosa forman el cortejo del estado de amistad divina en la que el hombre fue creado.<\/p>\n<p>    En adelante el hombre sudar\u00ed\u00ada para conseguir el alimento y la mujer tendr\u00ed\u00ada a los hijos con dolor de su vientre (Gn. 3.17-19). Adem\u00e1s la misma naturaleza humana qued\u00f3 herida y debilitada. La concupiscencia ser\u00ed\u00ada la tendencia al mal como efecto del pecado original: sentir\u00ed\u00ada envidia, ira o apetito lujurioso.<\/p>\n<p>    Con todo, el hombre no qued\u00f3 corrompido u hecho malvado por s\u00ed\u00ad mismo, sino simplemente debilitado. La herida que el pecado original abri\u00f3 en la naturaleza no se debe entender al estilo de Calvino: total corrupci\u00f3n de la naturaleza humana y tendencia irresistible al mal.<\/p>\n<p>    El hombre, aunque se encuentre en estado de pecado original, sigue teniendo la facultad de conocer el bien, de amar al pr\u00f3jimo, de tender a su propia mejora, de practicar la virtud.<\/p>\n<p>    7. Propagaci\u00f3n del Pecado Original<br \/>\n    El pecado original se propaga por generaci\u00f3n natural entre los hombres. Es decir, est\u00e1 vinculado a la transmisi\u00f3n de la misma naturaleza de la especie humana. El hombre recoge esa herencia de nacer en estado de enemistad divina,<br \/>\n    El Concilio de Trento lo defini\u00f3 como una \u00abpropagaci\u00f3n\u00bb, no una \u00abimitaci\u00f3n\u00bb, que era lo que ense\u00f1aban los Reformados.<\/p>\n<p>    7.1. V\u00ed\u00ada de naturaleza<br \/>\n    Se ha llamado a este pecado original tambi\u00e9n \u00abnatural\u00bb, pues se propaga de la misma forma que la naturaleza humana: por el acto natural de la generaci\u00f3n.<\/p>\n<p>    En tiempos pasados se sol\u00ed\u00ada hacer una distinci\u00f3n curiosa por parte de los te\u00f3logos, en cuanto se atribu\u00ed\u00ada el origen del pecado a la figura de Ad\u00e1n y no a la de Eva, al recoger la interpretaci\u00f3n err\u00f3nea de que es el var\u00f3n (elemento activo) el que engendra en la mujer (elemento pasivo).<\/p>\n<p>    El \u00abcabeza de familia\u00bb, Ad\u00e1n, fue el que origino el pecado, no la mujer, Eva, \u00abel huerto fecundo en el cual el var\u00f3n planta su semilla\u00bb. Superada la cultura machista, se impone una revisi\u00f3n de los t\u00e9rminos y de los conceptos referentes al pecado original.<\/p>\n<p>    En una plausible revisi\u00f3n e la ex\u00e9gesis de este texto, se tiene hoy a eliminar todo resabio antifeminista del mismo.<\/p>\n<p>    Muchos te\u00f3logos del os que hoy superan la interpretaci\u00f3n simb\u00f3lica del pecado original y siguen asumiendo el misterio y el dogma, tienden a formular la teolog\u00ed\u00ada del pecado en clave de solidaridad. La capitalidad del pecado reside en el desorden de ambos protagonistas, Ad\u00e1n y Eva, como generadores de la especie humana, al margen de la mitolog\u00ed\u00ada: Eva como est\u00ed\u00admulo y Ad\u00e1n como responsable.<\/p>\n<p>    Revisan la ex\u00e9gesis de los textos b\u00ed\u00adblicos y eclesi\u00e1sticos en este sentido de igualdad sexual y de responsabilidad equivalente. Rectifican la trayectoria hermen\u00e9utica de algunos texto, por ejemplo los de la Carta a los Corintios (1 Cor 11. 7-15 y 14. 34-35), en donde se entiende que el desorden del pecado original fue cosa de Ad\u00e1n.<\/p>\n<p>    De igual manera interpretan textos eclesi\u00e1sticos, como el Decreto de Trento sobre el pecado original, que s\u00f3lo habla de Ad\u00e1n. (Denz 787-792)<\/p>\n<p>    7.2. Transmisi\u00f3n por generaci\u00f3n<br \/>\n    La causa principal del pecado original es \u00fanicamente el pecado de Ad\u00e1n. El instrumento con el que se comunica es la acci\u00f3n humana generadora que afecta a todos los hombres. S\u00f3lo el hombre Jes\u00fas, por ser Verbo divino adem\u00e1s de hombre, y Mar\u00ed\u00ada su madre \u00abpor \u00fanico y singular privilegio de Dios\u00bb (Bula Ineffabilis Deus), todos los hombres han quedado contaminados por el hecho de ser engendrados por v\u00ed\u00ada natural.<\/p>\n<p>    Evidentemente ello no tiene nada que ver con la acci\u00f3n genital de la que procede la gestaci\u00f3n, como pretendieron ver algunos gn\u00f3sticos o maniqueos primitivos. As\u00ed\u00ad lo da a entender tambi\u00e9n S. Agust\u00ed\u00adn, cuando sospecha que es la concupiscencia vinculada al acto generativo (el placer sexual) lo que tiene que ver con esa transmisi\u00f3n. (De nuptiis et concup. 1 23. 21)<\/p>\n<p>    Es m\u00e1s clarificadora la doctrina de Sto. Tom\u00e1s de Aquino, quien afirma que no es el acto generador el transmisor del pecado, pues s\u00f3lo es el instrumento de la gestaci\u00f3n, sino la naturaleza humana misma, da\u00f1ada por el pecado, que es asumida ya con el da\u00f1o original. (Summa Th. I-II 82. 4 ad 3)<\/p>\n<p>    8. Catequesis y pecado original<br \/>\n    En catequesis importa dejar bien clara en la mente de los educandos la existencia del pecado original y la vinculaci\u00f3n que tiene este misterio con todo lo relacionado con la salvaci\u00f3n tra\u00ed\u00adda por el Redentor. Debe ser un misterio presentado en perspectiva de fe.<\/p>\n<p>    1. Conviene alejarse por igual de las interpretaciones literales del G\u00e9nesis y de las explicaciones simb\u00f3licas. Y es preferible centrarse en visiones m\u00e1s eclesiales. El pecado original es un hecho de fe, no una conclusi\u00f3n de la ciencia. Se asume porque lo encontramos en la Escritura Sagrada y en la ense\u00f1anza de la Iglesia y lo asumimos como mal, alegr\u00e1ndonos de que Dios supo sacar mucho bien en donde hubo tanto mal. \u00abFeliz culpa que nos mereci\u00f3 tal Redentor\u00bb, dice la liturgia de la noche pascual.<\/p>\n<p>   2. Importa resaltar el car\u00e1cter personal y el compromiso espiritual que cada creyente debe asumir en relaci\u00f3n a este pecado. Es f\u00e1cil refugiarse en una visi\u00f3n historicista: acontecimiento de los primeros hombres, pero que apenas nos afecta en los tiempos actuales.<\/p>\n<p>    Conviene resaltar los efectos primarios y secundarios que tiene el pecado para todos los que participamos en \u00e9l, por descender de Ad\u00e1n y Eva.<\/p>\n<p>   3. Lo importante es resaltar la dimensi\u00f3n cristol\u00f3gica. Este pecado desencaden\u00f3 el decreto salvador de Dios con respecto a los hombres. Maldecimos la ofensa a Dios, pero bendecimos a Dios y nos alegramos de la venidas de Jes\u00fas Salvador, que nos haya regenerado. \u00abAbund\u00f3 el pecado, pero m\u00e1s abund\u00f3 la misericordia.\u00bb (Rom. 6.1; 5. 21; 6,20)   4. Sobre todo con catequizandos mayores, importa asumir todas las teor\u00ed\u00adas cient\u00ed\u00adficas sobre el origen del hombre (poligenismo, evolucionismo, existencia de v\u00ed\u00ada inteligente no ad\u00e1mica, etc.) sin hallar contradicci\u00f3n entre explicaciones cient\u00ed\u00adficas y planteamientos religiosos.<\/p>\n<p>   Y es bueno resaltar ante los catequizandos que los hechos religiosos siguen caminos y planteamientos diferentes a las hip\u00f3tesis cient\u00ed\u00adficas y nada tienen que oponer a ellas, mientras sean respetuosas con la dignidad de la persona humana, presente o pasada)<\/p>\n<p>    5. El pecado no alej\u00f3 de Dios, pero nos acerc\u00f3 a Cristo, que vino a salvarnos. El pecado original, comenzando en el bautismo que recibimos y llegando a la mejora de la vida cristiana que pretendemos, tiene que resultar un motivo y est\u00ed\u00admulo de mayor amor a Dios. Agradecimiento, humildad, prudencia, ascesis, oraci\u00f3n, deseo de apostolado, etc&#8230; deber\u00ed\u00adan ser las consecuencias que salen de la explicaci\u00f3n de este pecado. Conviene asumir actitudes evang\u00e9licas muy definidas cuando explicamos que los hombres \u00abpecamos todos\u00bb en Ad\u00e1n, pero nos salvamos gracias a Cristo.<\/p>\n<p>     (Ver Inmaculada 1 y Ver Pecado 2.1)<\/p>\n<p>Pedro Chico Gonz\u00e1lez, Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00ed\u00ada Religiosa, Editorial Bru\u00f1o, Lima, Per\u00fa 2006<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00eda Religiosa<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>[271] El pensamiento de la Iglesia sobre el pecado original de los hombres se mueve entre la certeza de su existencia y la perplejidad sobre su naturaleza. 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