{"id":12606,"date":"2016-02-05T08:34:20","date_gmt":"2016-02-05T13:34:20","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/orden\/"},"modified":"2016-02-05T08:34:20","modified_gmt":"2016-02-05T13:34:20","slug":"orden","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/orden\/","title":{"rendered":"ORDEN"},"content":{"rendered":"<p>v. Edicto, Estatuto, Juicio, Ley, Mandamiento, Mandato, Ordenanza<br \/>\n1Sa 21:8 por cuanto la o del rey era apremiante<br \/>\n1Co 11:34 dem\u00e1s cosas las pondr\u00e9 en o cuando<br \/>\n1Co 14:40 pero h\u00e1gase todo decentemente y con o<br \/>\nCol 2:5 goz\u00e1ndome y mirando vuestro buen o<br \/>\nHeb 5:6; 7:11<\/p>\n<hr>\n<p>[266]<\/p>\n<p>    Instituto Religioso reconocido como tal por la Iglesia. Corresponde tal categor\u00ed\u00ada a las formadas por religiosos que emiten votos solemnes y viven bajo una Regla monacal de cierta consideraci\u00f3n hist\u00f3rica. Hasta el siglo XV los monjes y los frailes, con sus monasterios y sus conventos, fueron reconocidos como tales.<\/p>\n<p>Pedro Chico Gonz\u00e1lez, Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00ed\u00ada Religiosa, Editorial Bru\u00f1o, Lima, Per\u00fa 2006<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00eda Religiosa<\/b><\/p>\n<p>Dios ha creado todas las cosas en orden, con peso, n\u00famero y medida (Sab 11,20); fij\u00f3 las estaciones y los confines de la tierra todo en orden (Act 17,26). Las asambleas cristianas deben desarrollarse en el m\u00e1s perfecto orden (1 Cor 14,14 15,23). \u00abSeg\u00fan el orden de Melquisedec\u00bb es una expresi\u00f3n para distinguir las clases de sacerdocio (Heb 5,6.10; 6,20; 7,11.17). El orden sacerdotal es un sacramento instituido por Jesucristo (Mt 18,18; Lc 22,19; Jn 20,21). \u2014>sacramentos.<\/p>\n<p>E. M. N.<\/p>\n<p>FERNANDEZ RAMOS, Felipe (Dir.), Diccionario de Jes\u00fas de Nazaret, Editorial Monte Carmelo, Burbos, 2001<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Jes\u00fas de Nazaret<\/b><\/p>\n<p>Entre los siete sacramentos de la Iglesia, el orden es el que consagra Y capacita a un cristiano para desempe\u00f1ar el ministerio de obispo, de presb\u00ed\u00adtero o de di\u00e1cono. La ordenaci\u00f3n es el rito que confiere los diferentes \u00f3rdenes. La palabra latina ordinatio, que usaban los romanos para indicar el nombramiento de los funcionarios civiles, pas\u00f3 al lat\u00ed\u00adn cristiano para designar la elecci\u00f3n para el ejercicio de una funci\u00f3n eclesi\u00e1stica. Tambi\u00e9n el t\u00e9rmino ordo, para indicar los diferentes grados jer\u00e1rquicos en el clero, entr\u00f3 en el lenguaje eclesi\u00e1stico a partir de las instituciones de la antigua Roma, en las que, entre otras cosas, serv\u00ed\u00ada para designar a una categor\u00ed\u00ada social privilegiada (por ejemplo, el orden de los senadores, de los caballeros, etc.).<\/p>\n<p>Tertuliano habla de \u00aborden sacerdotal \u00bb o de \u00bb orden eclesi\u00e1stico \u00bb precisamente para designar a los que hab\u00ed\u00adan recibido la imposici\u00f3n de manos para el ministerio. Remiti\u00e9ndonos a la descripci\u00f3n que hace san Pablo de la Iglesia como de un cuerpo, en el que cada uno tiene su propia funci\u00f3n Y donde todos los \u00f3rganos tienen que cooperar al bien com\u00fan, podemos decir que al \u00abministro ordenado\u00bb le corresponde la misi\u00f3n de organizar, conducir, santificar a la comunidad: es signo-persona de Cristo cabeza en la gu\u00ed\u00ada del pueblo de Dios, y pone a los bautizados en disposici\u00f3n para desempe\u00f1ar su ministerio espec\u00ed\u00adfico. Es signo eficaz de Cristo en el sentido de que, cuando anuncia la palabra, bautiza, reconcilia, consagra el pan y el vino, es el mismo Cristo el que act\u00faa y obra a trav\u00e9s de \u00e9l.<\/p>\n<p>El sacramento del orden, que da a la Iglesia su estructura ministerial jer\u00e1rquica, no puede ser, por consiguiente, una invenci\u00f3n humana, sino que procede del mismo Cristo. En efecto, Jes\u00fas constituy\u00f3 a los ap\u00f3stoles llam\u00e1ndolos y envi\u00e1ndolos a anunciar el Evangelio. Les dio el mandato de realizar el gesto de la cena de la nueva Pascua en \u00abmemoria\u00bb suya; les confiri\u00f3 el poder de atar y desatar, de perdonar y de retener los pecados; les orden\u00f3 bautizar a los creyentes en el nombre de la Trinidad. Escogidos por Jes\u00fas para ser los testigos de su ministerio y de su muerte y resurrecci\u00f3n, los ap\u00f3stoles<\/p>\n<p>despu\u00e9s de Pentecost\u00e9s son los responsables de la nueva comunidad.<\/p>\n<p>La Traditio apostolica, de Hip\u00f3lito, es el testimonio m\u00e1s antiguo que se conserva sobre el rito de la ordenaci\u00f3n El gesto central de la ordenaci\u00f3n del obispo es la imposici\u00f3n de manos, hecha en silencio por parte de todos los obispos presentes, con la oraci\u00f3n consecratoria recitada por un solo obispo ordenante. Al obispo se le atribuye el esp\u00ed\u00adritu de \u00abprincipalidad\u00bb o soberan\u00ed\u00ada. Tambi\u00e9n para la ordenaci\u00f3n del presb\u00ed\u00adtero los elementos esenciales son la imposici\u00f3n y la oraci\u00f3n consecratoria. Todo el presbiterio se asocia al obispo que impone las manos para expresar la comuni\u00f3n ministerial y su asentimiento. Al presb\u00ed\u00adtero se le atribuye el esp\u00ed\u00adritu de gracia y de consejo para gobernar al pueblo y celebrar el sacrificio. A su vez, para la ordenaci\u00f3n del di\u00e1cono s\u00f3lo el obispo impone las manos, ya que el di\u00e1cono no es ordenado para el sacerdocio, sino para el servicio del obispo, para cumplir lo que \u00e9ste le indica que haga para el bien del pueblo de Dios. Al di\u00e1cono se le atribuye el esp\u00ed\u00adritu de gracia, de solicitud y de diligencia.<\/p>\n<p>Durante la Edad Media se introdujo el rito de la imposici\u00f3n del evangeliario sobre la cabeza del que era ordenado obispo durante toda la oraci\u00f3n de ordenaci\u00f3n, en la que se desarrollaba la idea del episcopado como sumo sacerdocio, m\u00e1s que como sucesi\u00f3n apost\u00f3lica y servicio pastoral. A mediados del siglo IX adquirieron una importancia desproporcionada la unci\u00f3n de la cabeza y la entrega de las insignias (primero el anillo, luego el b\u00e1culo pastoral: por analog\u00ed\u00ada con la investidura de los grados jer\u00e1rquicos no eclesi\u00e1sticos). Con el Pontifical de Durando, que adopt\u00f3 la Iglesia latina desde el siglo XII, los ritos aumentaron todav\u00ed\u00ada m\u00e1s : la unci\u00f3n de las manos, la entrega de la mitra y de los guantes, la entronizaci\u00f3n del obispo. Para la ordenaci\u00f3n de los presb\u00ed\u00adteros y de los di\u00e1conos se introdujeron la unci\u00f3n de manos del presb\u00ed\u00adtero y la entrega de los instrumentos (el evangeliario para el di\u00e1cono, el c\u00e1liz y la patena para el presb\u00ed\u00adtero). La entrega de los instrumentos fue incluso considerada por el concilio de Florencia (Decreto para los armenios, 1439) como el elemento principal del sacramento del orden, es decir, la materia (DS 1326). Fue el papa p\u00ed\u00ado XII en 1947 el que estableci\u00f3 (en la Constituci\u00f3n Sacramentum ordinis) que el gesto esencial de la ordenaci\u00f3n era la imposici\u00f3n de manos acompa\u00f1ada de la oraci\u00f3n consecratoria.<\/p>\n<p>Anteriormente, el concilio de Trento hab\u00ed\u00ada contribuido a elaborar una teor\u00ed\u00ada del orden sagrado que acentuaba fuertemente la dimensi\u00f3n sacerdotal Y sacrificial. Tambi\u00e9n la funci\u00f3n d\u00e9l obispo se describ\u00ed\u00ada a partir de la del sacerdote, como aquel que ofrece el sacrificio de la misa. El concilio Vaticano II, libre de preocupaciones pol\u00e9micas y atento a las implicaciones ecum\u00e9nicas, puso el orden sagrado en su contexto cristol\u00f3gico Y eclesiol\u00f3gico (cf. LG 28-29): es un p\u00f3der singular\u00ed\u00adsimo conferido por el Esp\u00ed\u00adritu Santo a algunos miembros de la Iglesia, en virtud del cual participan estrechamente del oficio sacerdotal, prof\u00e9tico y real de Cristo, Cabeza del Cuerpo.<\/p>\n<p>Los nuevos ritos de ordenaci\u00f3n expresan esta doctrina de la Iglesia de manera evidente. Despu\u00e9s de la imposici\u00f3n de manos y de la oraci\u00f3n que la acompa\u00f1a (momento central y fundamental del rito) vienen unos ritos complementarios y simb\u00f3licos. Para el obispo: la unci\u00f3n de la cabeza con el crisma Y la entrega del evangeliario, del anillo, de la mitra y del b\u00e1culo. Para el presb\u00ed\u00adtero: la unci\u00f3n de las manos con el crisma y la entrega de la estola y la casulla, la patena con el pan y el c\u00e1liz con el vino Y el agua para la celebraci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica. Para el di\u00e1cono: la entrega de la estola y la dalm\u00e1tica, y del libro de los evangelios.<\/p>\n<p>R. Gerardi<\/p>\n<p>Bibl.:  M. Castillo, Sacerdocio en CFP 887-895: \u00ed\u00add., Orden sacerdotal. en&#8217;CFC.913: 923; G. Ferraro, Orden\/Ordenaci\u00f3n, en NDL. 1474-1494; R. Tura, Orden, en DTI, III, 680701; Y Congar, Sacerdocio y laicado, Estela, Barcelona 1964; E. Schillebeeckx, El ministerio eclesial Responsables en la comunidad cristiana, Cristiandad, Madrid 1983.<\/p>\n<p>PACOMIO, Luciano [et al.], Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico, Verbo Divino, Navarra, 1995<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico<\/b><\/p>\n<p>1. Concepto<br \/>\nEl o. es una unidad de varios elementos referidos entre s\u00ed\u00ad seg\u00fan una regla. Estos elementos deben ser distintos entre sf, pero mutuamente ordenables, y han de existir realmente para originar un o. real (TOM\u00ed\u0081S DE AQUINO, De Pot. q. 7 a. 11c). La unidad no debe ser forzosamente cerrada en s\u00ed\u00ad misma, sino que puede ser tambi\u00e9n una unidad abierta (como la serie de n\u00fameros naturales). La regla que en un o. din\u00e1mico determina la sucesi\u00f3n o la procedencia de unos elementos respecto de los otros se llama preferente-mente ley o &#8211; en un obrar planeado &#8211; m\u00e9todo; si en un o. est\u00e1tico indica la posici\u00f3n de los elementos entre s\u00ed\u008d, se llama m\u00e1s bien esquema, modelo, disposici\u00f3n. El aspecto formal condicionado por este principio de o. es: para el o. din\u00e1mico, su orientaci\u00f3n, su finalidad (- > entelequia); para el o. est\u00e1ticamente considerado, la estructura; y en la percepci\u00f3n, su forma (Gestalt).<\/p>\n<p>2. Divisi\u00f3n<br \/>\nSeg\u00fan la relaci\u00f3n que un o. guarda con el esp\u00ed\u00adritu ordenador del hombre, se distinguen tres grupos principales de o.: el o. de la naturaleza (cosmos), que precede al hombre y que \u00e9ste se limita a descubrir; el o. de la -> \u00e9tica y de la -> l\u00f3gica, que le es impuesto, cuyas normas \u00e9l reconoce como previa-mente dadas, pero que debe ejecutar con su querer y pensar; finalmente, el orden de la cultura y de la -> t\u00e9cnica, que el hombre despliega sobre todo aplicando las normas \u00e9ticas previamente dadas (orden jur\u00ed\u00addico) o las -> leyes de la naturaleza (estructuras t\u00e9cnicas) seg\u00fan sus necesidades, o que \u00e9l desarrolla a su gusto (juegos seg\u00fan reglas, vestidos seg\u00fan la moda dominante y hasta las obras de arte seg\u00fan un canon estil\u00ed\u00adstico).<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n la peculiaridad de los miembros ordenados condiciona una diferencia en la estructura del o. Si \u00e9ste es una unidad cerrada, cuyos miembros no son independientes, sino que s\u00f3lo pueden entenderse como partes del o., se llama totalidad; el ejemplo m\u00e1s impresionante es el organismo. Si la estructura une distintos elementos de una manera que satisface a nuestro sentimiento est\u00e9tico, se habla de armon\u00ed\u00ada. Seg\u00fan el principio de o. (el punto de vista ordenador), cuya forma m\u00e1s primigenia es lo anterior y posterior (una mera yuxtaposici\u00f3n no produce o.), se distinguen el o. espacial (seg\u00fan la distancia diversa o igual respecto de un determinado punto del espacio, o seg\u00fan la coincidencia con un plano o imagen previo); el o. temporal (serie simplemente continuada o que retorna peri\u00f3dicamente); el o. de rangos (seg\u00fan la dependencia de los elementos entre s\u00ed\u00ad o su coincidencia con un o.previo de valores); el o. causal (-> causalidad; seg\u00fan las distintas especies de causas y la relaci\u00f3n causa-efecto), que culmina en el o. final, en el o. de cara a un fin, que para el hombre es prototipo de todo o., pues partiendo de su obrar racional ve en la estructura del o. el fin que ha de alcanzarse por la coordinaci\u00f3n de los elementos. Finalmente, hay que distinguir tambi\u00e9n el o. seg\u00fan la facultad (humana) que puede descubrir su estructura, y as\u00ed\u00ad se contraponen, p. ej., el o. racional y el ordo amoris (M. Scheler) o el ordre du coeur (B. Pascal).<\/p>\n<p>3. Historia<br \/>\nDada la importancia del o. para la vida humana, no es de maravillar que, desde los comienzos de la historia de la filosof\u00ed\u00ada, el problema del o. se cuente entre los m\u00e1s importantes. Ya el pensamiento mitol\u00f3gico (-> mito, mitolog\u00ed\u00ada) intenta comprender el origen y estructura del -> mundo y el sentido del destino humano aplic\u00e1ndoles \u00f3rdenes e im\u00e1genes trasladadas de la vida humana al terreno de lo divino. La filosof\u00ed\u00ada presocr\u00e1tica busca la &#038;NA como principio del o. (p. ej., el n\u00famero de los pitag\u00f3ricos), o como material de o. (p. ej., el ers\u00ed\u00ad.pov de Anaximandro) del mundo experimentado como cosmos. Precisamente su o., y no la presencia de la materia que subyace en \u00e9l como material y por tanto de suyo es completamente desordenada, tratan de explicar tambi\u00e9n Plat\u00f3n y Arist\u00f3teles por medio del demiurgo como principio ordenador (como ya en Her\u00e1clito el logos) y por la idea o forma respectivamente como principio de o. En esta explicaci\u00f3n el o. es tambi\u00e9n estructura; pero, sobre todo, es direcci\u00f3n u orientaci\u00f3n al bien que le precede como su meta (cf., p. ej., ARIST\u00ed\u201cTELES, Metal. A 1075a). Para el cristianismo &#8211; ya que la materia es tambi\u00e9n creada &#8211; no est\u00e1 ya sustra\u00ed\u00adda al o.; la creaci\u00f3n misma es un o. universal, como lo muestra ya el relato del -> G\u00e9nesis sobre todo por la imagen de la obra de los seis d\u00ed\u00adas. Con ello va estrechamente unida la convicci\u00f3n de que todo es bueno, mientras que, en la concepci\u00f3n griega de una materia que antecede a la creaci\u00f3n, aqu\u00e9lla aparece f\u00e1cilmente como el principo del desorden y luego tambi\u00e9n como principio del -> mal, que efectivamente consiste en desviarse de una norma, de un o. obligatorio.<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad se explica tambi\u00e9n c\u00f3mo, para la convicci\u00f3n cristiana de que todo ha sido ordenado por Dios, el mal constituye un problema especial. Ya Agust\u00ed\u00adn, en su obra temprana De ordine, aborda especialmente esta cuesti\u00f3n. La edad media toma de \u00e9l y de la tradici\u00f3n neoplat\u00f3nica la idea de la estructura jer\u00e1rquica del mundo, en que todo ocupa su lugar seg\u00fan el plan de la creaci\u00f3n, previa y eternamente dado en la mente de Dios, o aspira a ocuparlo. Como el -\u203a bien supremo que ha de realizarse en el mundo es su o. total correspondiente a aquel plan, un mal particular puede todav\u00ed\u00ada tener sentido, si sirve a la realizaci\u00f3n de este o. total (cf. TOM\u00ed\u0081S, ST 1 q. 49 a. 2).<\/p>\n<p>En la filosof\u00ed\u00ada moderna no escol\u00e1stica, Kant aporta la contribuci\u00f3n m\u00e1s importante a la teor\u00ed\u00ada del o., pues seg\u00fan \u00e9l la sensibilidad con su apriori de espacio y tiempo y la raz\u00f3n con sus categor\u00ed\u00adas introducen en la naturaleza aquel o. que el hombre encuentra en ella. Partiendo de la idea acertada de que el o. depende del esp\u00ed\u00adritu, la cual en el idealismo alem\u00e1n se exorbit\u00f3 hasta afirmar la identidad del o. del pensamiento con el del ser, surgi\u00f3 luego, en seguimiento de Kant, la tendencia a reducir el o. \u00fanicamente al esp\u00ed\u00adritu humano, a peser de que las estructuras causales de la naturaleza &#8211; las constantes naturales en lo inorg\u00e1nico, los organismos y su evoluci\u00f3n en el terreno de lo vivo &#8211; hacen imposible cerrar los ojos al o. previamente dado. Por el contrario, incluso en estos \u00e1mbitos se impugna un o. final, y a menudo se intenta explicar las normas \u00e9ticas particularmente, no como un o. impuesto, sino \u00fanicamente por la convenci\u00f3n humana o por medios semejantes, lo cual deja sin esclarecer su car\u00e1cter absolutamente obligatorio. Siguiendo a Hegel, el -> materialismo hist\u00f3rico ha querido descubrir en la historia un o. fijo de evoluci\u00f3n; esta visi\u00f3n corresponde al af\u00e1n intelectual de o. en el hombre, que busca siempre el o. para hallar un terreno seguro; pero su fundamento es m\u00e1s problem\u00e1tico a\u00fan que el correspondiente ensayo cristiano de Teilhard de Chardin de se\u00f1alar un punto final inmanente al que se ordene toda la historia universal como a su consumaci\u00f3n (cf. filosof\u00ed\u00ada de la -> historia, teolog\u00ed\u00ada de la -> historia). Semejante concepci\u00f3n corre por lo menos el peligro de considerar al hombre actual como estadio de transici\u00f3n hacia el venidero, cuando en realidad el hombre es en sf mismo el fin del o. del mundo, e incluso un o. que por \u00e9l es tambi\u00e9n el o. \u00faltimo del mundo y que \u00da debe realizar de cara a Dios (cf. relaci\u00f3n entre -> Dios y el mundo, fin del -> hombre).<\/p>\n<p>4. Importancia del orden<br \/>\nDe todo ello se deriva que el hombre, no s\u00f3lo para su trato con el mundo, est\u00e1 remitido a un o. que all\u00ed\u00ad encuentra previamente y que \u00e9l ampl\u00ed\u00ada; pues de lo contrario no podr\u00ed\u00ada orientarse en el mundo, ni proyectar, ni adaptarse a \u00e9l, ni transformarlo para s\u00ed\u00ad. El hombre no s\u00f3lo debe ordenar su convivencia con los otros hombres para formar una sociedad y su saber para constituir una ciencia, pues de lo contrario una y otra cosa permanecer\u00ed\u00adan sin visi\u00f3n de conjunto e imprevisibles; sobre todo debe tambi\u00e9n orientar su vida y pensamiento mismo, si han de tener -> sentido, seg\u00fan una norma determinada y a la postre por una norma previamente dada, pues en definitiva no puede siquiera elegirla racionalmente, ya que a su vez una elecci\u00f3n racional s\u00f3lo es posible ateni\u00e9ndose a una direcci\u00f3n y fin precedentes. As\u00ed\u00ad entendido, el principio que, pasando por Tom\u00e1s de Aquino (S. c. G. 1 1), se remonta a Arist\u00f3teles (Metaf. A 982a): Sapientis est ordinare, es el verdadero programa de la vida humana. En efecto, la tarea del hombre es realizar el recto o. en s\u00ed\u00ad mismo y, de rechazo, en el mundo.<\/p>\n<p>BIBLIOGRAF\u00ed\u008dA: H. Kringe, Ordo. Philosophisch-historische Grundlegung einer abendl\u00e4ndischen Idee (Hl 1941); \u00ed\u00addem: HThG 11251-256 ; H. Kahn &#8211; F. Wledmann (dir.), Das Problem der Ordnung (6. Deutscher Kongre\u00df der Philosophie) (Meisenheim 1962); H. Barth, Die Idee der Ordnung. (St 1958); W. Strombach, Natur und Ordnung. Eine philosophische Deutung des wissenschaftlichen Welt- und Menschenbildes unserer Zeit (Mn 1968); 1. A. Doral, La noci\u00f3n de orden p\u00fablico en el Derecho Civil espa\u00f1ol (Pampl 1967).<\/p>\n<p>Alber Keller<\/p>\n<p>K. Rahner (ed.),  Sacramentum Mundi. Enciclopedia Teol\u00cf\u0192gica, Herder, Barcelona 1972<\/p>\n<p><b>Fuente: Sacramentum Mundi Enciclopedia Teol\u00f3gica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>v. 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