{"id":12689,"date":"2016-02-05T08:36:53","date_gmt":"2016-02-05T13:36:53","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/padres-amar-a-los\/"},"modified":"2016-02-05T08:36:53","modified_gmt":"2016-02-05T13:36:53","slug":"padres-amar-a-los","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/padres-amar-a-los\/","title":{"rendered":"PADRES. AMAR A LOS"},"content":{"rendered":"<p>[344]<\/p>\n<p>     El cuarto mandamiento de la Ley de Dios es amar a los padres, aunque estrictamente el texto b\u00ed\u00adblico hable de \u00abhonrar\u00bb (Ex. 20.12) y sea el concepto que el mismo Jes\u00fas recoge al recordar al joven los m\u00ed\u00adnimos para entrar en la vida eterna. \u00abHonrar\u00bb (timeo, en griego. dar honor, ofrecer respeto) emplean los evangelistas (Mt. 19.19: Mc.10. 19; Lc. 18. 20) siguiendo la versi\u00f3n griega del Antiguo Testamento llamada de los LXX.<\/p>\n<p>    Pero \u00abhonrar\u00bb significa amar, obedecer, ayudar, respetar, venerar, reverenciar a los progenitores.<\/p>\n<p>    Adem\u00e1s de ser una ley radical en la naturaleza, se presenta en la Palabra divina como un mandato que adquiere car\u00e1cter sagrado y revelado. El texto b\u00ed\u00adblico habla de honrar, ofrecer honor; pero es evidente que el alcance es mucho m\u00e1s profundo que la mera veneraci\u00f3n. Supone dar sentido religioso a lo que, por su naturaleza misma, es exigencia natural.<\/p>\n<p>    El amor a los padres responde a la voluntad divina. La revelaci\u00f3n eleva a sagrado, o consagrado, lo que es reflejo de la naturaleza y de la raz\u00f3n.<\/p>\n<p>    El cuarto mandamiento inicia la segunda serie de los mandatos de Dios. Los antiguos hablaban de las dos tablas y la tradici\u00f3n occidental puso este mandato al comiendo de la segunda tabla.<\/p>\n<p>    El amor a los padres es la respuesta profunda de respeto y gratitud por el don de la vida, de la biol\u00f3gica y de la social. La f\u00f3rmula es positiva, al igual que la usada al comienzo de la otra tabla: \u00abAdorar\u00e1s al Se\u00f1or tu Dios\u00bb. En la segunda se dice: \u00abHonrar\u00e1s a tu padre y a tu madre\u00bb.<\/p>\n<p>    1. Alcance b\u00ed\u00adblico<br \/>\n    Es una constante b\u00ed\u00adblica importante que surge desde los primeros tiempos. Es Dios el que manda \u00abofrecer ese honor\u00bb y el que lo recompensa con \u00ablarga vida sobre la tierra\u00bb. Queda recogido ese deber, expresado con emoci\u00f3n desde los tiempos patriarcales.<\/p>\n<p>    1.1. En el Antiguo Testamento<br \/>\n    El Dec\u00e1logo del Sina\u00ed\u00ad es claro al respecto: \u00abHonra a tu padre y a tu madre, para que se prolonguen tus d\u00ed\u00adas sobre la tierra que el Se\u00f1or, tu Dios, te va a dar\u00bb. (Ex. 20. 12). Este concepto se mantendr\u00e1 a lo largo de todo el relato de la Historia salvadora: en el Antiguo y en el Nuevo Testamento.<\/p>\n<p>    Previo al relato del Exodo, se reflej\u00f3 en el relato creacional del Para\u00ed\u00adso, cuando se alude a la relaci\u00f3n fecundadora de la primera pareja. Dios instituy\u00f3 los v\u00ed\u00adnculos familiares naturales cuando dijo: \u00abCreced y reproduciros, llenad la tierra\u00bb y sometedla\u00bb (Gen. 1.28). Y cuando recalc\u00f3: \u00abNo es bueno que el hombre est\u00e9 solo.\u00bb (Gen. 2.18)<\/p>\n<p>    Incluso, la maldici\u00f3n y el castigo por el pecado de irreverencia para con los padres rezumar\u00e1n en el relato posterior al diluvio, cuando Cam, padre de Cana\u00e1n, no se comporte con honor ante la desnudez de su padre No\u00e9, embriagado por la vi\u00f1a plantada. (Gen. 9.22)<\/p>\n<p>    La historia de los Patriarcas: Abraham, Isaac, Jacob, Jos\u00e9, se halla entra\u00f1ablemente vinculada al amor paterno y a la respuesta filial de los hijos de cada Patriarca. Hay en esos relatos gestos que reflejan la sumisi\u00f3n del hijo con el padre, como la de Isaac ante Abraham cuando es conducido al sacrificio (Gen. 22.9); o cuando Esa\u00fa, por respeto al padre, controla su rencor por el enga\u00f1o de su hermano Jacob (Gen. 27. 41); o cuando Jos\u00e9 se angustia por su padre Jacob. (Gen. 46.30)<\/p>\n<p>     Los textos vinculados a los padres en los libros prof\u00e9ticos, en los sapienciales e incluso en los po\u00e9ticos, siguen ese esquema de dependencia y de veneraci\u00f3n: Prov. 1. 17-25; Ecclo. 7.23; Salm. 111. 10. Se dice en ellos, por ejemplo: \u00abGuarda, hijo m\u00ed\u00ado, el mandato de tu padre y no desprecies la lecci\u00f3n de tu madre&#8230; En tus pasos ellos ser\u00e1n tu gu\u00ed\u00ada; cuando te acuestes, velar\u00e1n por ti; conversar\u00e1n contigo al despertar\u00bb (Prov. 6. 20-22). \u00abEl hijo sabio ama la instrucci\u00f3n, el arrogante no escucha la reprensi\u00f3n.\u00bb (Prov. 13. 1).<\/p>\n<p>    1.2. En el Nuevo Testamento.<\/p>\n<p>    El respeto a los padres es entra\u00f1a del Evangelio, como eco del Antiguo Testamento. Es efecto del ejemplo de Cristo durante su infancia y juventud en Nazareth: \u00abY les estaba sujeto.\u00bb (Lc. 2. 51)<\/p>\n<p>     El mismo Jes\u00fas manifest\u00f3 su respeto a su madre en Can\u00e1 (Jn. 2. 1-12), su compasi\u00f3n ente el padre que implora por su hijo enfermo (Jn. 4. 43-54) o ante la madre que llora por su hijo muerto (Lc. 7. 11-17). Jes\u00fas conden\u00f3 la conducta del hijo que huy\u00f3 de su padre, en la par\u00e1bola del hijo pr\u00f3digo. (Lc. 15. 11-32). Ridiculiz\u00f3 la farsa farisaica de librar al oferente del deber con el padre a cuenta del sacrificio ritual. (Mt. 5 23). Record\u00f3 el camino para \u00abllegar a la vida eterna\u00bb. (Mt. 18.31). Los ejemplos y las palabras de Jes\u00fas culminaron cuando, moribundo, dej\u00f3 a su madre el cuidado del disc\u00ed\u00adpulo amado. (Jn. 19.27)<\/p>\n<p>    Las ense\u00f1anzas de los Ap\u00f3stoles seguidores de Cristo fueron claras al respecto: \u00abHijos, obedeced a vuestros padres en el Se\u00f1or; porque esto es justo. \u00abHonra a tu padre y a tu madre\u00bb, tal es el primer mandamiento que lleva consigo una promesa\u00bb (Ef. 6.1-3).<\/p>\n<p>    Tambi\u00e9n a los padres recuerda el Ap\u00f3stol sus deberes: \u00abPadres, no exasper\u00e9is a vuestros hijos, sino formadlos mas bien mediante la instrucci\u00f3n y la correcci\u00f3n seg\u00fan el Se\u00f1or.\u00bb (Ef. 6. 4)<\/p>\n<p>    2. Familia y plan de Dios.<\/p>\n<p>    Establecida sobre el consentimiento de los esposos y el proyecto de engendrar nuevos hijos, el matrimonio y la familia son la base sacramental de ese debe de obediencia y de veneraci\u00f3n.<\/p>\n<p>    Ella es el cauce de la autoridad concedida por Dios y en ella se hace eco la voz divina, de modo que quien a los padre obedece, al mismo Dios obedece, como tantas veces Cristo dej\u00f3 entrever en sus alusiones al Padre del cielo.<\/p>\n<p>    En la familia, todos los miembros est\u00e1n ordenados al desarrollo de las personas y al fomento de la convivencia. El amor es el motor de la obediencia. En la obediencia se soporta el orden. Y en el orden se engendra el desenvolvimiento de cada miembro y la felicidad de todos en la comunidad afectuosa de los mayores y de los peque\u00f1os.<\/p>\n<p>     2.1. Significado de la familia<\/p>\n<p>    Del mismo modo que la familia es el fruto del amor conyugal y los hijos son la bendici\u00f3n del amor entre los esposos, tambi\u00e9n el fruto del amor entre padres e hijos es la llave de la felicidad.<\/p>\n<p>    Es responsabilidad de todos los miembros del hogar el ponerse en disposici\u00f3n de aportar al mismo las riquezas espirituales, morales y materiales. Una familia debe ser algo m\u00e1s que una residencia o albergue; debe ser una comunidad.<\/p>\n<p>    El deber natural de todo miembro de la familia es dar todo lo que est\u00e9 en su mano para asegurar la convivencia, la paz y el mutuo amor. Esto no es posible sin obediencia a los padres.<\/p>\n<p>    2. 2. La familia cristiana<br \/>\n    Si en la familia hay valores elevados, adem\u00e1s de comunidad humana se aprecia como fuente de riquezas sobrenaturales: de fe y de caridad evang\u00e9lica. En la familia cristiana se a\u00f1ade, a la riqueza afectiva y natural, la dimensi\u00f3n de la fe.<\/p>\n<p>    Los padres se sienten representantes de Dios en medio del hogar y reflejan la paternidad divina.<\/p>\n<p>    La obediencia y el amor a los padres son, en cierto sentido, eco y reviviscenia del amor a Dios Padre y Creador. Los padres reproducen la acci\u00f3n de Dios Creador, en cuanto dan vida; ellos crean un mundo en el que los hijos viven y se protegen contra el mal.<\/p>\n<p>    El Concilio Vaticano II llamaba a la familia el templo de Dios y a ella refer\u00ed\u00ada la primera responsabilidad de la educaci\u00f3n de los hijos: \u00abLa familia es una especie de iglesia dom\u00e9stica en la cual los padres son para los hijos los primeros predicadores de la fe mediante la palabra y el ejemplo y donde fomentan en cada uno su vocaci\u00f3n, incluso la vocaci\u00f3n sagrada\u00bb.  (Lumen Gent. 11)<\/p>\n<p>    Por eso la familia cristiana refleja el dise\u00f1o de la familia de Nazareth y la piedad cristiana ha multiplicado sus ense\u00f1anzas y consideraciones sobre su importancia como plataforma primera de la evangelizaci\u00f3n.<\/p>\n<p>    En la familia cristiana, en la que se ama y obedece, resuena el eco de todas las ense\u00f1anzas de la Palabra de Dios sobre el amor iluminado por la fe: Ef. 5. 21; 6. 4; Col. 3. 18-21; 1 Pedr. 3. 1-7.<\/p>\n<p>    Llega a decir el Catecismo de la Iglesia cat\u00f3lica: \u00abLa familia es la \u00abc\u00e9lula original\u00bb de la vida social. Es la sociedad natural en que el hombre y la mujer son llamados al don de s\u00ed\u00ad en el amor y en el don de la vida. La autoridad, la estabilidad y la vida de relaci\u00f3n en el seno de la familia constituyen los fundamentos de la libertad, de la seguridad, de la fraternidad en el seno de la sociedad. La familia es la comunidad en la que, desde la infancia, se pueden aprender los valores morales, se comienza a honrar a Dios y a usar bien de la libertad. La vida de familia es iniciaci\u00f3n a la vida en sociedad.  (N\u00c2\u00ba 2207)<\/p>\n<p>      3. Los deberes en familia<br \/>\n    El cuarto mandamiento de Ley divina implica unos deberes concretos, tanto positivos como negativos.<\/p>\n<p>    3.1. Obediencia sincera<br \/>\n    Es el aspecto positivo. Si los padres son reflejo de Dios, existe un deber espont\u00e1neo e indiscutible de obedecer en todo lo que, en justicia y por piedad, ellos mandan dentro de sus atribuciones.<\/p>\n<p>    En justicia, significa en todo aquello que se refiere al buen orden de la familia, tanto en la convivencia como en los v\u00ed\u00adnculos afectos. Y por piedad, alude a todo aquello que produce alegr\u00ed\u00ada a los padres y les hace posible sentirse dichosos por la vida familiar. Ambas dimensiones son imprescindibles.<\/p>\n<p>    Este doble concepto, como es evidente, var\u00ed\u00ada a medida que los hijos crecen en edad y se hacen independientes de la estructura familiar al avanzar, por madurez, hacia su natural autonom\u00ed\u00ada. Pero nunca se anula del todo: mientras se es hijo late la ley del honrar, del respetar, del amar.<\/p>\n<p>    Y el deber afecta por igual a la relaci\u00f3n con el padre y con la madre, equivalentes en responsabilidad y en mando. Es conveniente recordar y reconocer, con todo, que en muchas culturas la autoridad del padre se aprecia como m\u00e1s fuerte y la de la madre como m\u00e1s tierna, rasgos que pueden y deben ser tenidos en cuenta para adaptar la obediencia a una mejor convivencia.<\/p>\n<p>    De forma estricta, el deber de obedecer es un rasgo natural. Pero ha sido reforzado con la ley positiva divina de forma expl\u00ed\u00adcita, seg\u00fan hallamos en la Palabra divina. El mandato divino afecta expresamente a los hijos en sus relaciones con ambos padres, no con el var\u00f3n de forma prioritaria.<\/p>\n<p>    Y adem\u00e1s, por extensi\u00f3n, engloba los deberes de los padres para con los hijos, los cuales se mantiene siempre en la vida.<\/p>\n<p>    Incluso, hay una mayor extensi\u00f3n, al hacer referencia, por v\u00ed\u00ada de sentido com\u00fan y de expresi\u00f3n de la Palabra divina, a todos los subalternos para con sus superiores y a todos los que mandan para con sus dependientes.<\/p>\n<p>    En el trasfondo del mandato, referido al respeto y a la obediencia, subyacen todos los otros deberes mutuos que implica la relaci\u00f3n paternofilial: lealtad, confianza, asistencia, comprensi\u00f3n, apoyo, convivencia, etc.<\/p>\n<p>    Las relaciones en el seno de la familia reclaman concordia y conjunci\u00f3n de sentimientos e intereses. No basta el mutuo respeto de las personas o la pasiva tolerancia en las relaciones. Debe tender a la profundidad de la comprensi\u00f3n.<\/p>\n<p>    El amor a los padres, extendido a los hermanos y familiares, obliga a realizar todo lo necesario para que la vida no sea solo social, sino que llegue a los aspectos morales y espirituales, que son lo que engendran la verdadera felicidad.<\/p>\n<p>    Esto implica generosdad y esfuerzo, cercan\u00ed\u00ada y benevolencia; y en ocasiones sacrifico y renuncia.<\/p>\n<p>    Entre esos deberes se pueden recordar los m\u00e1s dignos de ser sugeridos y alentados en una buena educaci\u00f3n moral y religiosa. Tales son los siguientes:<br \/>\n   &#8211; Respeto al orden y a las normas justas impuestas por los padres, viendo en ellas el reflejo de la autoridad divina.<\/p>\n<p>   &#8211; Diligencia en el cumplimiento de los deberes, para que las relaciones discurran con fluidez y alegr\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>   &#8211; Ayuda y solidaridad en las necesidades f\u00ed\u00adsicas, morales y sociales de cada uno de los miembros del hogar, de manera especial cuando la enfermedad o los problemas perturban la alegr\u00ed\u00ada de alguno de ellos.<\/p>\n<p>   &#8211; Cultivo de buenas relaciones: confianza y generosidad, desinter\u00e9s y altruismo, colaboraci\u00f3n en las tareas comunes y alegr\u00ed\u00ada en el trato.<\/p>\n<p>   &#8211; Promoci\u00f3n de los dones espirituales y morales en la medida de lo posible, pues de ellos brotar\u00e1n las riquezas permanentes y resistentes en los conflictos.<\/p>\n<p>     3.2. Permanencia del deber.<\/p>\n<p>    Es frecuente entender el deber de obediencia para con los padres como algo restringido a las edades naturales de la dependencia del hogar: la infancia y parte de la juventud.<\/p>\n<p>    Pero es bueno recordar que el deber, como tal, afecta a lo largo de toda la vida terrena, pues la relaci\u00f3n paterna y filial es permanente. Tambi\u00e9n los mayores y los independizados del hogar por edad, matrimonio o autonom\u00ed\u00ada, tienen el deber de la asistencia y de la obediencia en cuantas cosas sean debidas por la naturaleza, por la justicia y la piedad.<\/p>\n<p>    El cuarto mandamiento reclama a los hijos mayores de edad sus deberes para con los padres. Deben prestarles ayuda material y moral, sobre todo en los momentos de soledad, enfermedad o en los a\u00f1os de vejez.<\/p>\n<p>    En la Escritura se dice: \u00abEl Se\u00f1or glorifica al padre en los hijos, y afirma el derecho de la madre sobre su prole. Quien honra a su padre exp\u00ed\u00ada sus pecados; como el que atesora es quien da gloria a su madre. Quien honra a su padre recibir\u00e1 contento de sus propios hijos, y en el d\u00ed\u00ada de su oraci\u00f3n ser\u00e1 escuchado. Quien da gloria al padre vivir\u00e1 largos d\u00ed\u00adas, obedece al Se\u00f1or quien da sosiego a su madre.\u00bb (Eccle. 3. 2-6)<\/p>\n<p>    Y a todos los hijos de cualquier edad se dice en los sapienciales: \u00abHijo, cuida de tu padre en su vejez, y en su vida no le causes tristeza. Aunque haya perdido la cabeza, s\u00e9 indulgente, no le desprecies en la plenitud de tu vigor&#8230; Como blasfemo es el que abandona a su padre, maldito del Se\u00f1or quien irrita a su madre.\u00bb (Eccli. 3.12-13 y 16).\u00bb<br \/>\n    3.3. Deberes de los padres.<\/p>\n<p>    Los padres tienen deberes con los hijos, que se prolongan toda la vida y que superan las simples simpat\u00ed\u00adas naturales. Los hijos son el don de Dios y los padres cristianos deben cuidarlos, educarlos, amarlos, como hijos de Dios, antes que como hijos propios.<\/p>\n<p>    Es la fe la que debe mover, tanto a los hijos como a los padres, a relacionarse en la presencia de Dios. Con la fe es f\u00e1cil superar las dificultades que a veces pueden sobrevenir en la convivencia con ellos. Y, sin la fe, hasta las razones m\u00e1s profundas de la carne y de la sangre pueden fallar.<\/p>\n<p>    S. Pablo, en la Ep\u00ed\u00adstola a los Efesios, indica de parte de Dios c\u00f3mo han de ser esas relaciones. \u00abHijos, como creyentes que sois, obedeced a vuestros padres. Es lo justo y adem\u00e1s es el primer mandamiento que tiene una promesa anunciada: Honra a tu padre y a tu madre y as\u00ed\u00ad ser\u00e1s feliz y tendr\u00e1s larga vida sobre la tierra.<\/p>\n<p>    Y vosotros padres, no hag\u00e1is de vuestros hijos unos resentidos, sino educadlos, instruidlos y corregidlos como lo har\u00ed\u00ada el Se\u00f1or\u00bb. (Ef. 6. 1-4)<\/p>\n<p>    Estos deberes se fundan en la fecundidad del amor conyugal, que no se reduce a la sola procreaci\u00f3n, siendo ella solo el comienzo de una cadena de \u00abagradables deberes\u00bb: alimentaci\u00f3n, educaci\u00f3n, protecci\u00f3n, buen ejemplo, satisfacci\u00f3n afectiva y moral, educaci\u00f3n espiritual y sobrenatural.<\/p>\n<p>    La conciencia obliga a los padres a mirar a sus hijos como propios. Pero la fe mueve a verlos como hijos de Dios. Con ellos tienen un deber especial y singular, \u00fanico e intransferible, en lo humano y en lo divino.<\/p>\n<p>    Este deber les debe mover en primer lugar a formar un hogar orientado a que los hijos se desarrollen con ternura, comprensi\u00f3n, seguridad, paz, perd\u00f3n, respeto, fidelidad y amor.<\/p>\n<p>    Los buenos ejemplos son el primer deber de los padres de familia. La correcci\u00f3n de las deficiencias y desaciertos es el complemento imprescindible. \u00abEl que ama a su hijo, le corrige sin cesar&#8230; El que ense\u00f1a a su hijo, sacar\u00e1 provecho de \u00e9l.\u00bb (Eccli 30. 1-2).<\/p>\n<p>    4. Pecados contra la obediencia.<\/p>\n<p>    Las faltas contra la piedad familiar pueden ser muchas: rebeld\u00ed\u00ada, inconsideraci\u00f3n, desobediencia, ego\u00ed\u00adsmo, ingratitud, desuni\u00f3n y la rivalidad, desinter\u00e9s y falta de asistencia. Todas ellas rompen el plan de Dios y alejan seriamente del Reino de Jes\u00fas a quienes caen persistente y sistem\u00e1ticamente en las acciones y actitudes que generan.<\/p>\n<p>    4.1. Desobediencia<br \/>\n    Es la negaci\u00f3n de la sumisi\u00f3n o dependencia, en actos y en actitudes, cuando los padres o superiores ordenan algo que entra en su competencia.<\/p>\n<p>    En todo caso, la falta de obediencia est\u00e1 en la acci\u00f3n o decisi\u00f3n directa de incumplir la norma emanada de la autoridad, por negaci\u00f3n de la capacidad de mando o autoridad de quien la dispone.<\/p>\n<p>    En asc\u00e9tica se hablaba en tiempos antiguos de la \u00abobediencia ciega\u00bb, como cumplimiento sin reflexi\u00f3n de lo mandado. En cuanto tal acci\u00f3n, es inaceptable como valor espiritual, si se hace sin\u00f3nima de irreflexiva; pero puede ser una actitud de fe y humildad meritoria, si procede de un sentido de renuncia.<\/p>\n<p>    Entre la sumisi\u00f3n ciega e irreflexiva y la rebeld\u00ed\u00ada displicente, existe un abanico de respuestas intermedias que permiten pensar por propia cuenta seg\u00fan la edad y madurez de los sujetos, exponer criterios diferentes o deseos de otros comportamientos, adem\u00e1s del discernimiento de los contenidos de los mandatos.<\/p>\n<p>    Pero conviene diferenciar lo que es obediencia asc\u00e9tica y lo que es obediencia \u00e9tica. La primera es la de quien, por esp\u00ed\u00adritu de sacrificio, renuncia a su libertad de opci\u00f3n y asume las \u00f3rdenes ajenas. Y la obediencia \u00e9tica es la de quien acepta lo ordenado, porque el que manda tiene derecho natural a hacerlo y el que obedece tiene el deber de aceptarlo.<\/p>\n<p>    En consecuencia, hay desobediencia asc\u00e9tica, es decir incoherencia e infidelidad a la palabra dada cuando se prefiere la voluntad propia a la del que manda en lo pactado, asumido, aceptado de forma libre. Y ha desobediencia \u00e9tica cuando se rompe el derecho natural y se niega sumisi\u00f3n a quien tiene el derecho y el deber de mandar.<\/p>\n<p>    La obediencia familiar entre padres e hijos se refiere al orden \u00e9tico; la de los subalternos voluntarios hace alusi\u00f3n al otro tiempo de obediencia. Aunque es bueno recordar que es m\u00e1s bien jur\u00ed\u00addica si se origina en pactos \u00abinteresados\u00bb (obreros, funcionarios, dependientes) y es estrictamente asc\u00e9tica, si procede de compromisos religiosos (votos, asociaciones, promesas eclesiales)<\/p>\n<p>    La obediencia, como virtud, no puede reducirse al mero cumplimiento de los actos ordenados. Tiene que llegar a las disposiciones internas de acogida, de concordancia afectiva y de plena aceptaci\u00f3n en lo que se hace. Todo lo que no sea as\u00ed\u00ad roza el concepto de desobediencia, por moverse con actitudes de fingimiento.<\/p>\n<p>    Falta a la \u00abobediencia debida\u00bb el que se enfrenta a la orden con el incumplimiento, el que diluye la orden con respuestas o evasivas incoherentes o insolentes, el que enga\u00f1a para no hacer lo debido; y, sobre todo, el que incita a otro a enfrentarse con la autoridad y asumir actitudes de rebeld\u00ed\u00ada, agresividad o desprecio.<\/p>\n<p>    Y esta falta afecta, aunque en diverso grado, tanto a los hijos con respecto a los padres, como a los disc\u00ed\u00adpulos, a los dependientes y a los subalternos, con respecto a los que pueden y deben mandarles en la esfera de sus competencias.<\/p>\n<p>    4.2. Abandono y negligencia<br \/>\n    Es la falta de asistencia y atenci\u00f3n con relaci\u00f3n a aquellos a quienes se debe cuidar, atender y ayudar, sobre todo si son los padres o personas con quienes hay lazos singulares de amor.<\/p>\n<p>    La desidia y la dejadez son especialmente inmorales cuando quebrantan los deberes graves que con los padres existen, sobre todo en situaciones de enfermedad, ancianidad o soledad.<\/p>\n<p>    No es solamente el deber de justa correspondencia el que debe mover a estas acciones, para devolver las atenciones recibidas en la infancia.<\/p>\n<p>    Lo que justifica este deber es ante todo la voluntad de Dios que establece, por naturaleza y tambi\u00e9n por precepto positivo reflejado en toda la Escritura, el particular deber de atender con amor y corresponder con respeto a los padres y a los miembros de la propia familia.<\/p>\n<p>    4.3. Irreverencia e impiedad   Por piedad, por gratitud y por respeto, el honor y la reverencia son exigencias que est\u00e1n por encima de la mera asistencia material y afectiva. Son deberes con relaci\u00f3n a quienes natural o moralmente son superiores. La impiedad, la ingratitud y la irreverencia son las faltas que se cometen cuando las actitudes de amor y las muestras externas que de ellas se derivan no se ofrecen oportunamente y en la forma debida.<\/p>\n<p>    Tal omisi\u00f3n lesiona la conciencia en forma grave, sobre todo cuando de los padres se trata y proceden de desprecio o de maldad, por la dignidad singular que los padres tienen.<\/p>\n<p>    Y, si tenemos en cuenta la persistente voluntad divina expresada en la Escritura, es ciertamente un pecado que roza el sacrilegio o profanaci\u00f3n del orden divino. su gravedad depende de la consciencia y de la maldad con las que se comete, llegando a una ruptura total con el orden divino si se convierte en comportamiento habitual o en desprecio formal.<\/p>\n<p>    5. Extensi\u00f3n del mandamiento<br \/>\n    La familia, sobre todo en determinados entornos culturales, tiene un sentido m\u00e1s amplio que el de la c\u00e9lula original de los c\u00f3nyuges: filiaci\u00f3n, paternidad y maternidad, fraternidad.<\/p>\n<p>    Los parientes, los allegados, los vinculados por lazo de sangre, fraternidad o dependencia, servicio o amistad, se hallan \u00abpr\u00f3ximos\u00bb a cada uno por relaci\u00f3n \u00e9tica o afectiva. A todos ellos se extienden los deberes de la solidaridad, del respeto y de la interdependencia que exigen la conciencia recta.<\/p>\n<p>    A este orden corresponden las relaciones que se generan entre maestros y disc\u00ed\u00adpulos, entre patronos y obreros, entre jefes y subalternos, entre amos y criados, entre tutores y protegidos, y en general entre los constituidos en autoridad social en relaci\u00f3n a los vinculados con el deber de obediencia.<\/p>\n<p>    5.1. La propia familia<br \/>\n    El cuatro mandamiento impulsa la veneraci\u00f3n y la \u00abobediencia proporcional\u00bb en relaci\u00f3n a todos los que se hallan constituidos en dignidad, significaci\u00f3n social y responsabilidad. Sus consignas iluminan las relaciones en la sociedad.<\/p>\n<p>    Especial referencia se debe hacer a los familiares ascendientes: abuelos y t\u00ed\u00ados, con los que se mantienen lazos de pr\u00f3xima comunicaci\u00f3n; y, por lo tanto, v\u00ed\u00adnculos naturales de interdependencia.<\/p>\n<p>    Tradicionalmente se ha extendido ese v\u00ed\u00adnculo al respeto a toda persona constituida en edad, dignidad, honor, gobierno, autoridad. Honrar y respetar a todos los que Dios ha investido con natural autoridad es un deber de sentido com\u00fan y de amplio eco natural.<\/p>\n<p>    Con todo es conveniente recordar que las relaciones de afecto y gratitud con los miembros de la propia familia deben guardar una justa jerarqu\u00ed\u00ada, en funci\u00f3n de las personas, en respuesta a la relaciones no s\u00f3lo consangu\u00ed\u00adneas sino morales, en funci\u00f3n de la edad o situaci\u00f3n de los inferiores.<\/p>\n<p>    5.2. La propia Patria<br \/>\n    Los deberes para con la propia patria, o entorno humano al que afectivamente nos sentimos vinculados, entra de alguna forma en el \u00e1mbito de los deberes que impone el cuarto mandamiento.<\/p>\n<p>    Con todo es bueno separar en este terreno lo que es una actitud pol\u00ed\u00adtica y lo que es la actitud \u00e9tica.<\/p>\n<p>    El concepto y el sentimiento de patria son relativos. Va desde una visi\u00f3n rom\u00e1ntica propia del siglo XIX y una dimensi\u00f3n agn\u00f3stica propia del apatridismo de muchas corrientes modernas de pensamiento. Sin juicio hist\u00f3rico y geogr\u00e1fico apenas si puede entenderse esto.<\/p>\n<p>    Tenemos un deber de patriotismo que va all\u00e1 de los aspectos f\u00ed\u00adsicos: territorio geogr\u00e1fico, cultura propia, historia y tradiciones.<\/p>\n<p>    Se apoya ante todo en el abanico de relaciones con personas pr\u00f3ximas en cuanto seres con dignidad humana, por lo tanto m\u00e1s all\u00e1 de la raza, lenguaje, clase social o ideario pol\u00ed\u00adtico.<\/p>\n<p>    El patriotismo ha sido entendido de diversas formas a lo largo de la historia y no cabe duda de que la idea de patria, relacionada con los conceptos de pa\u00ed\u00ads (aspecto geogr\u00e1fico), de naci\u00f3n (aspecto cultural) y de Estado (aspecto jur\u00ed\u00addico), no debe eclipsar los derechos de las personas, que deben situarse por encima de las tradiciones o de los intereses, sobre todo cuando \u00e9stos favorecen a clases, grupos o minor\u00ed\u00adas privilegiados.<\/p>\n<p>    Es deber \u00e9tico amar a la propia patria, por sin magnificar un sentimiento humano variable, polifac\u00e9ticos y relativo, sobre todo si entra en conflicto con otros debees superiores: respeto, tolerancia, apertura, solidaridad, justo reparto, amor a la vida.<\/p>\n<p>    5.3. Obedecer a la autoridad<br \/>\n    Junto con el respeto a la Patria, se halla la obediencia a las autoridades y el deber de conciencia de cumplir con las leyes que \u00e9stas imponen de forma justa.<\/p>\n<p>    La ense\u00f1anza de la Escritura ha sido clara siempre al respecto: \u00abRespetad a los representantes de Dios, que los ha instituido ministros de sus dones\u00bb (Rom. 13, 1-2)&#8230; \u00abSed sumisos, a causa del Se\u00f1or, a toda instituci\u00f3n humana&#8230; Obrad como hombres libres y no como quienes hacen de la libertad un pretexto para la maldad. As\u00ed\u00ad ser\u00e9is siervos de Dios\u00bb (1 Pedr 2.13.16)<\/p>\n<p>    La obediencia y aceptaci\u00f3n leal de las autoridades, y de sus normas justas, implica y reclama el derecho, a veces el deber, de ejercer la justa cr\u00ed\u00adtica de lo que no se ajusta al orden \u00e9tico o de lo que parece perjudicial para la dignidad de las personas o el bien com\u00fan.<\/p>\n<p>    No es faltar a la obediencia el discrepar de las autoridades; pero es deber la aceptaci\u00f3n de la norma, si es justa y est\u00e1 elaborada en debido modo. Es deber de todo ciudadano el respetar y defender a la autoridad civil y actuar con esp\u00ed\u00adritu de verdad, justicia y libertad.<\/p>\n<p>    Si no es posible aceptar la norma, se debe discrepar por los cauces legales. Y si viola en forma grave las propias convicciones \u00e9ticas, se debe negar el cumplimiento. Esta \u00abobjeci\u00f3n legal\u00bb, racional y no afectiva, serena y no violenta, proporcional y no fan\u00e1tica, nada tiene que ver con la desobediencia como reacci\u00f3n injusta contra el bien com\u00fan.<\/p>\n<p>    Los cristianos pueden plantearse con frecuencia la rectitud de muchas normas y deben discernir su pueden obedecerlas.<\/p>\n<p>   Con todo, no es \u00e9ticamente correcto, considerar las leyes civiles como ordinariamente ajenas al orden civil y negar la obediencia a las mismas, evitando el someterse a su imperio siempre que por habilidad, astucia o suerte se pueden evitar su cumplimiento.<\/p>\n<p>    S. Pablo dec\u00ed\u00ada: \u00abDad a cada cual lo que se le debe: a quien impuestos, impuestos; a quien tributo, tributo; a quien respeto, respeto; a quien honor, honor.\u00bb (Rom. 13. 7).<\/p>\n<p>    El Catecismo de la Iglesia Cat\u00f3lica refleja este deber as\u00ed\u00ad: \u00abEl ciudadano tiene obligaci\u00f3n en conciencia de no seguir las prescripciones de las autoridades civiles cuando estos preceptos son contrarios a las exigencias del orden moral, a los derechos fundamentales de las personas o a las ense\u00f1anzas del Evangelio. El rechazo de la obediencia a las autoridades civiles, cuando sus exigencias son contrarias a las de la recta conciencia, tiene su justificaci\u00f3n en la distinci\u00f3n entre el servicio de Dios y el servicio de la comunidad pol\u00ed\u00adtica. \u00abDad al C\u00e9sar lo que es del C\u00e9sar y a Dios lo que es de Dios\u00bb (Mt 22, 21). \u00abHay que obedecer a Dios antes que a los hombres.\u00bb (Hch. 5. 29) (N\u00c2\u00b0. 2242)<\/p>\n<p>     6. Catequesis de la obediencia<br \/>\n    El cuarto mandamiento es un objeto prioritario en la educaci\u00f3n de la fe y de la conciencia de los ni\u00f1os y j\u00f3venes, aunque sus prescripciones deben llegar a todos los hombres.<\/p>\n<p>    Los educadores han de tener en cuenta que en los tiempos actuales existen ciertas dificultades para presentar sus principios y exigencias, sobre todo a partir de determinadas edades.<\/p>\n<p>    Los h\u00e1bitos sociales, los medios de comunicaci\u00f3n, las corrientes hedonistas de pensamiento, tienden a minimizar la responsabilidad de los padres y paralelamente la necesidad de sumisi\u00f3n de los hijos.<\/p>\n<p>    Sin embargo, hay que insistir sin fatiga en la necesidad de una buena educaci\u00f3n en la obediencia. Esto se debe lograr fomentando criterios firmes y experiencias sanas.<\/p>\n<p>    6.1. Criterios firmes<br \/>\n    El ni\u00f1o y el joven que no sean formados en ellos derivan irremediablemente en el capricho y en el desorden, incluso en el vicio destructor d la anarqu\u00ed\u00ada y del capricho. Se mueven por mitos y se creen m\u00e1s libres por cuanto no se someten a imposiciones ajenas, cayendo en la tiran\u00ed\u00ada de los propios impulsos.<\/p>\n<p>    Los educadores deben adaptarse a cada momento evolutivo. Y deben ense\u00f1ar a los padres que un ni\u00f1o abandonado a su arbitrio, incluso en lo nocivo, sufre posteriormente dificultades de ajuste social.<\/p>\n<p>    Cultivar los criterios sanos implica ense\u00f1ar a pensar con sentido com\u00fan y con dimensi\u00f3n religiosa, es decir con respeto a la naturaleza y con conciencia de que Dios tiene algo que decir.<\/p>\n<p>    El sentido com\u00fan conduce a entender que es importante someterse al orden y por lo tanto a normas dada por la autoridad competente. Cuando se falla en este terreno, hay que acudir al castigo. Un ni\u00f1o o un joven que nunca han sido castigados carecen de algo esencial en su educaci\u00f3n humana.<\/p>\n<p>    Adem\u00e1s es importante descubrir la dimensi\u00f3n religiosa en materia de obediencia, cuando el ni\u00f1o y el joven se rigen por una vida de fe propia de su entorno familiar y educativo.<\/p>\n<p>    La dimensi\u00f3n religiosa debe resaltar un abanico de razones apoyadas en la palabra de Dios, entre las que se pueden resaltar tres.<\/p>\n<p>   &#8211; Los hijos deben obediencia a los padres por que es la voluntad de Dios. \u00abHijos, obedeced en todo a vuestros padres, porque esto es grato a Dios en el Se\u00f1or\u00bb (Col. 3. 20)<br \/>\n   &#8211; La dependencia paterna debe presentarse siempre como subordinada a la voluntad de Dios y a los designios de Jes\u00fas. \u00abEl que ama a su padre o a su madre m\u00e1s que a M\u00ed\u00ad, no es digno de M\u00ed\u00ad; el que ama a su hijo o a su hija m\u00e1s que a M\u00ed\u00ad, no es digno de M\u00ed\u00ad.\u00bb (Mt.10.37)<br \/>\n   &#8211; La vida de familia engendra alegr\u00ed\u00ada pero tambi\u00e9n fatigas y disgustos. Hay que ense\u00f1ar a los hijos a perdonar, a olvidar y soportar si agresividad los errores familiar. \u00abSoportaos unos a otros en la caridad, en toda humildad, dulzura y paciencia\u00bb. (Ef. 4. 2)<\/p>\n<p>    6.2. Experiencias positivas<br \/>\n    La mejor forma de educar en la obediencia es suscitar h\u00e1bitos tranquilos de orden, dependencia y aceptaci\u00f3n de la norma, desde los primeros a\u00f1os de vida.<\/p>\n<p>    El educador, padres, maestros o catequistas, deben entender que el cauce para ense\u00f1ar a obedecer es aprender a mandar. La serenidad en las formas, la firmeza en lo esencial, la escasez de \u00f3rdenes insustanciales, es conveniente para acertar en el estilo ordenativo.<\/p>\n<p>    Si esto se logra, el clima de familia o del entorno educativo, ben\u00e9volo, comprensivo, dispuesto al discernimiento con caridad y claridad, es la experiencia mejor que puede recibir un ni\u00f1o en los primeros a\u00f1os.<\/p>\n<p>    Es lo que debe seguir cultivando por su cuenta cuando la madurez le alcanza y cuando debe aprender a comportarse sin nadie superior que le vaya indicando lo conveniente o lo preferible.<\/p>\n<p>    Las experiencias positivas de obediencia suponen la adecuada preparaci\u00f3n de los padres y de los educadores para que tambi\u00e9n obedezcan a las normas que rigen la vida social. Cuando se obedece con serenidad se cuele mandar con habilidad, con amor y con inteligencia. Entonces se liman la mayor parte de las aristas de las \u00f3rdenes y mandatos y se asume la relaci\u00f3n diferencial de edades, funciones o deberes con coherencia.<\/p>\n<p>    Y sobre todo se ense\u00f1a con el ejemplo y el esfuerzo a reclamar el buen comportamiento y la regularidad.<\/p>\n<p>    En este terreno, los educadores de la fe, catequistas, animadores de grupo, sacerdotes, pueden hacer una buena labor formativa, si ayudan a los padres a discernir los mejores modos de educar a sus hijos en la sumisi\u00f3n.<\/p>\n<p>Pedro Chico Gonz\u00e1lez, Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00ed\u00ada Religiosa, Editorial Bru\u00f1o, Lima, Per\u00fa 2006<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00eda Religiosa<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>[344] El cuarto mandamiento de la Ley de Dios es amar a los padres, aunque estrictamente el texto b\u00ed\u00adblico hable de \u00abhonrar\u00bb (Ex. 20.12) y sea el concepto que el mismo Jes\u00fas recoge al recordar al joven los m\u00ed\u00adnimos para entrar en la vida eterna. \u00abHonrar\u00bb (timeo, en griego. dar honor, ofrecer respeto) emplean los &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/padres-amar-a-los\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abPADRES. 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