{"id":12698,"date":"2016-02-05T08:37:11","date_gmt":"2016-02-05T13:37:11","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/perdon-de-pecados\/"},"modified":"2016-02-05T08:37:11","modified_gmt":"2016-02-05T13:37:11","slug":"perdon-de-pecados","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/perdon-de-pecados\/","title":{"rendered":"PERDON DE PECADOS"},"content":{"rendered":"<p>[434]<\/p>\n<p>     La Iglesia ha recibido de su Fundador Jesucristo la potestad de perdonar los pecados cometidos despu\u00e9s del Bautismo. Ha sido un don que refleja la misericordia divina y un gesto para hacer constar la participaci\u00f3n salvadora que Dios otorga a los hombres.<\/p>\n<p>     La Iglesia considera como dogma que debe ser reconocido y defendido su poder de perdonar pecados. Cristo comunic\u00f3 a los Ap\u00f3stoles y a Pedro personalmente ese poder y quiso que lo ejercieran en todo el mundo.<\/p>\n<p>     Fue el poder que El mismo ten\u00ed\u00ada y que desconcertaba a quienes le escuchaban proclamarlo. \u00abDijo al paral\u00ed\u00adtico: \u00abPerdonados te son tus pecados\u00bb. Ellos dec\u00ed\u00adan: \u00ab\u00bfQui\u00e9n puede perdonar los pecados sino s\u00f3lo Dios?\u00bb Jes\u00fas les dijo: \u00ab\u00bfQu\u00e9 es m\u00e1s f\u00e1cil, decir \u00abperdonados te son los pecados\u00bb, o decir \u00ablev\u00e1ntate y anda\u00bb? Pues, para que sep\u00e1is que el Hijo del hombre tiene en la tierra poder de perdonar pecados, \u00ablev\u00e1ntate\u00bb, dijo al paral\u00ed\u00adtico, toma la camilla y vete a tu casa\u00bb. Al instante su puso en pie y march\u00f3 para su casa.\u00bb (Mt. 9. 2-9).<\/p>\n<p>     Los Ap\u00f3stoles transfirieron el poder a sus seguidores. A lo largo de los siglos se fueron perdonando los pecados y prolongando la misericordia del Se\u00f1or reflejada en esa atribuci\u00f3n.<\/p>\n<p>      1. Perd\u00f3n como poder<br \/>\n    Hay que prescindir de la idea de poder como fuerza, como instrumento o capacidad de imposici\u00f3n. Es m\u00e1s bien el poder ministerial de servir desde actitudes misericordiosas y de ayudar a los hombres a vencer el mal.<\/p>\n<p>     1.1. Afirmaci\u00f3n b\u00ed\u00adblica<br \/>\n    Existen tres referencias fundamentales en el Nuevo Testamento en lo referente al poder de perdonar pecados: la concesi\u00f3n personal a Pedro, la transmisi\u00f3n a los Ap\u00f3stoles, el eco en los primeros cristianos que se refleja en las cartas apost\u00f3licas del Nuevo Testamento.<\/p>\n<p>    1.2. Concesi\u00f3n a Pedro<br \/>\n    Es algo singular y personal. Cristo quiso una Iglesia jer\u00e1rquica y Pedro fue designado como cabeza. Entre sus atribuciones capitales, Jes\u00fas le otorg\u00f3 el poder de perdonar. El lugar del Evangelio m\u00e1s claramente referido a ese poder aparece en la conversaci\u00f3n que Jes\u00fas tiene con \u00e9l y con los Ap\u00f3stoles.<\/p>\n<p>    \u00abPregunt\u00f3 a sus disc\u00ed\u00adpulos: \u00bfQui\u00e9n dice la gente que es el Hijo del hombre? Ellos contestaron: Unos dicen que Juan el Bautista; otros que El\u00ed\u00adas; y algunos que Jerem\u00ed\u00adas o alg\u00fan profeta.<\/p>\n<p>    Jes\u00fas les pregunt\u00f3 a ellos: Y vosotros, \u00bfqui\u00e9n dec\u00ed\u00ads que soy yo?<br \/>\n    Tomando la palabra Sim\u00f3n Pedro declar\u00f3: T\u00fa eres el Mes\u00ed\u00adas, el Hijo de Dios vivo.<\/p>\n<p>    Entonces Jes\u00fas le declar\u00f3: Dichoso de ti, Sim\u00f3n, hijo de Juan, porque ning\u00fan hombre te ha revelado esto, sino mi Padre que est\u00e1 en los cielos. Y yo te digo que t\u00fa eres Pedro, y sobre esta piedra voy a edificar mi Iglesia. Y el poder del infierno no podr\u00e1 nada con ella. A ti te dar\u00e9 las llaves del Reino de Dios. Lo que ates sobre la tierra quedar\u00e1 atado en el cielo. Y lo que desates en la tierra quedar\u00e1 desatado en el Cielo.\u00bb  (Mt. 16. 13-20)<\/p>\n<p>     1.3. Concesi\u00f3n a los Ap\u00f3stoles<\/p>\n<p>     Las mismas palabras se la dijo Jes\u00fas a sus Ap\u00f3stoles: \u00abEn verdad os digo que lo que at\u00e9is en la tierra queda atado en el cielo y lo que desat\u00e9is en la tierra queda desatado en el cielo.\u00bb (Mt. 18.18). Con ellas se indica el sentido de ese poder de las llaves y qui\u00e9nes son verdaderamente los depositarios de tan singular poder.<\/p>\n<p>     Son palabras que se refuerzan con el testimonio de Juan en torno a la primera aparici\u00f3n de Jes\u00fas: \u00abLa paz sea con vosotros. Como el Padre me envi\u00f3 a M\u00ed\u00ad, as\u00ed\u00ad os env\u00ed\u00ado yo a vosotros. Recibid el Esp\u00ed\u00adritu Santo. A quienes perdon\u00e9is los pecados, les quedan perdonados. A quienes no se los perdon\u00e9is, les quedan sin perdonar.\u00bb (Jn. 20.10-22; Lc.24. 47)<\/p>\n<p>    Jes\u00fas concedi\u00f3, pues, a sus seguidores, como medio de cumplir su mandato de evangelizar al universo entero, el poder perdonar los pecados. La Iglesia desde entonces ha sentido admiraci\u00f3n, como en su tiempo lo sintieron los jud\u00ed\u00ados, por esos hechos del perd\u00f3n. La responsabilidad de la Iglesia de ir por el mundo perdonando los pecados a los hombres y aplicando los m\u00e9ritos de Jes\u00fas a todos los que quieran acoger ese perd\u00f3n alent\u00f3 su camino.<\/p>\n<p>     1.4. En las Cartas Apost\u00f3licas<\/p>\n<p>     Adem\u00e1s de los testimonios sobre los Ap\u00f3stoles en los Evangelios, hallamos r\u00e1fagas de vida cristiana de los primero momentos en las cartas atribuidas a los Ap\u00f3stoles. La referencia al perd\u00f3n es frecuente en ellas. En las catorce de Pablo, o a \u00e9l atribuidas, habla del perd\u00f3n de los pecados por los m\u00e9ritos de Cristo unas 30 veces.<\/p>\n<p>     En las otras siete atribuidas a otros Ap\u00f3stoles se alude a la idea otras 20 veces. No dejan lugar a dudas de que los primeros seguidores de Jes\u00fas comprendieron bien el mensaje del perd\u00f3n y lo fueron transmitiendo una vez que los Ap\u00f3stoles fueron desapareciendo del mundo. (Apoc 1. 18 y 3. 17)<\/p>\n<p>     San Pablo lo escrib\u00ed\u00ada: \u00abSi tus labios proclaman que Jes\u00fas es Se\u00f1or y crees de coraz\u00f3n que Dios le hizo surgir triunfante de la muerte, entonces est\u00e1s salvado. Porque se precisa fe interior en el coraz\u00f3n para que Dios restablezca la amistad y se necesita p\u00fablica proclamaci\u00f3n de esta fe para obtener el perd\u00f3n.\u00bb (Rom. 10. 9-10). Y repite insistentemente su mensaje del perd\u00f3n: Ef. 5. 5; 1. Cor. 6. 9; Gal. 5. 16.<\/p>\n<p>     Las llamadas cartas de San Juan, de modo especial la primera, contienen una singular apolog\u00ed\u00ada sobre la necesidad y la existencia de ese perd\u00f3n y la conveniencia de confesar con humildad el pecado para obtenerlo.<\/p>\n<p>     La Iglesia es consciente de que Jes\u00fas le ha concedido el \u00abpoder de perdonar los pecados\u00bb como misi\u00f3n, como derecho y como poder. Es poder equivalente al que El mismo recibi\u00f3 del Padre. Y Jes\u00fas lo manifest\u00f3 en hechos, en par\u00e1bolas, en gestos hermosos. Nada hay tan abundante en los Evangelios como los \u00abmomentos del perd\u00f3n\u00bb de Jes\u00fas. Basta abrir el Nuevo Testamento al azar y encontramos referencias a ellos.<\/p>\n<p>     Pero la Iglesia no cumple con esa misi\u00f3n de una forma autom\u00e1tica y como quien reparte una cosa sin valor. Madre y Maestra como es ha ido reclamando con adaptaci\u00f3n y tacto formas de acceder a ese don. Exige fe, pero exige conciencia y aceptaci\u00f3n del mismo.<\/p>\n<p>     Ilumina las mentes y los corazones. Quienes tienen fe llegan al perd\u00f3n. Quienes no acogen a Dios por la fe no pueden recibir la salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p>     2. El perd\u00f3n en la Historia<br \/>\n    A lo largo de la Historia, todos los santos y escritores cristianos vieron en las palabras del Maestro a Pedro el poder que Jes\u00fas daba a su Iglesia de perdonar los pecados. El poder concedido ten\u00ed\u00ada una funci\u00f3n sanativa y un significado misericordioso. Y es que Jes\u00fas vino a salvar a todos los hombres con su muerte redentora, pero quiso que esa salvaci\u00f3n pasara hacia ellos por manos de los mismos hombres.<\/p>\n<p>    Lo esencial del mensaje se mantuvo en la mente de los creyentes. Los modos de administraci\u00f3n se adaptaron a las circunstancias, a las culturas y a la misma evoluci\u00f3n de la Iglesia, compuesta de hombres caminantes.<\/p>\n<p>    2.1. Tiempos antiguos<br \/>\n    Adem\u00e1s de los textos del Nuevo Testamento, hubo otros escritores que testificaron las creencias y pr\u00e1cticas cristianas. En los primeros momentos, la Didaj\u00e9 recoge la exhortaci\u00f3n a que todos han de hacer penitencia y confesar los pecados antes de asistir a la celebraci\u00f3n de la Eucarist\u00ed\u00ada: \u00abReun\u00ed\u00ados en el d\u00ed\u00ada del Se\u00f1or, romped el pan y dad gracias despu\u00e9s de haber confesado vuestros pecados, a fin de que vuestro sacrificio sea puro\u00bb. (14. 1)<\/p>\n<p>    La Iglesia as\u00ed\u00ad lo entendi\u00f3 y cuando, ya desde los primeros tiempos, resum\u00ed\u00ada en el Credo lo que era su fe, insist\u00ed\u00ada en la expresi\u00f3n \u00abcreo en la Santa Iglesia y creo en el perd\u00f3n de los pecados\u00bb.<\/p>\n<p>    Las consignas y recomendaciones de los antiguos Padres son innumerables. San Clemente Romano (hacia el 96), rogaba a los desobedientes de Corinto que se sometieran a los presb\u00ed\u00adteros y \u00abrecibieran la correcci\u00f3n como penitencia, doblando las rodillas del coraz\u00f3n\u00bb (Carta a Cor. 57. 1).<\/p>\n<p>    San Ignacio de Antioqu\u00ed\u00ada (+ hacia 107) dec\u00ed\u00ada que s\u00f3lo los que hacen penitencia reciben el perd\u00f3n del Se\u00f1or: \u00abA los que hacen penitencia el Se\u00f1or les perdona si vuelven a la uni\u00f3n con Dios y a la comuni\u00f3n con el obispo\u00bb (Filad. 8. 1 y 3.2).<\/p>\n<p>   El rigorista Tertuliano, declaraba el poder de perdonar a la Iglesia, pero negaba la posibilidad del perd\u00f3n a pecados como el adulterio, el homicidio y la apostas\u00ed\u00ada (De pudicitia 6), pidiendo a los pecadores que se sometan a la \u00abexhomol\u00f3gesis\u00bb o confesi\u00f3n p\u00fablica para recibir penitencia y absoluci\u00f3n a fin de ser recibidos de nuevo en la comunidad de los fieles.<\/p>\n<p>    2. 2. Tiempos recientes<br \/>\n    Los siglos posteriores multiplican los testimonio sobre el perd\u00f3n de los pecados por parte de la Iglesia, Cayeron en desuso las pr\u00e1cticas rigurosas de la penitencia. Se reemplazaron los sacrificios, ayunos y limosnas, por plegarias sencillas y asequibles.<\/p>\n<p>    Todav\u00ed\u00ada en los catecismos m\u00e1s recientes se dicen cosas tan hermosas como las del Catecismo de la Iglesia Cat\u00f3lica: \u00abEl ministerio del perd\u00f3n no lo cumplieron los Ap\u00f3stoles y sus sucesores anunciando s\u00f3lo a lo hombres el perd\u00f3n de Dios merecido para nosotros por Cristo y llam\u00e1ndonos a la conversi\u00f3n de la fe, sino comunic\u00e1ndoles tambi\u00e9n la remisi\u00f3n de los pecados por el Bautismo y reconcili\u00e1ndolos con Dios y con la Iglesia, gracias al poder de las llaves recibido de Cristo.<\/p>\n<p>     Por eso dec\u00ed\u00ada S. Agust\u00ed\u00adn: \u00abLa Iglesia ha recibido las llaves del Reino de los cielos, a fin de que se realice en ella la remisi\u00f3n de los pecados por la sangre de Cristo y la acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo. En esta Iglesia es donde revive el alma que estaba muerta por los pecados, a fin de vivir con Cristo, cuya gracia nos ha salvado\u00bb.<\/p>\n<p>     No hay ninguna falta grave que la Iglesia no pueda perdonar. Cristo que ha muerto por todos los hombres quiere que en su Iglesia est\u00e9n abiertas las puertas del perd\u00f3n a cualquiera que se arrepienta del pecado\u00bb. (N\u00c2\u00b0 981-982)   3. Negadores del poder.<\/p>\n<p>    Algunas sectas desgajadas del primitivo cristianismo consideraron demasiado blanda a la Iglesia por usar de tanta misericordia con los pecadores y fueron adoptando posturas opuestas a la f\u00e1cil remisi\u00f3n de pecados significativos.<\/p>\n<p>    En alguna ocasi\u00f3n negaron que los pecados graves pudieran ser perdonados simplemente porque la Iglesia no tiene, seg\u00fan ellas, poder para perdonar. Tales fueron los montanistas a los que perteneci\u00f3 Tertuliano en la segunda parte de su vida. Exclu\u00ed\u00adan del perd\u00f3n los tres pecados citados: apostas\u00ed\u00ada con idolatr\u00ed\u00ada, el adulterio y el homicidio.<\/p>\n<p>    Los novacianistas rehusaron readmitir de nuevo en la Iglesia a los que hab\u00ed\u00adan renegado de la fe. Se desencaden\u00f3 una pol\u00e9mica despu\u00e9s de la persecuci\u00f3n de Decio (249-251) en la que hubo muchos cristianos que sacrificaron a los \u00ed\u00addolos para no morir entre tormentos y luego, arrepentidos, pidieron su readmisi\u00f3n. Las opiniones sobre si los ap\u00f3statas (lapsi) pod\u00ed\u00adan volver a la Iglesia se hicieron encontradas. Ante los negadores, San Cipriano (205-258), Obispo de Cartago, en su escrito \u00abDe Lapsis\u00bb y en sus cartas, exigi\u00f3 admitir de nuevo en la comunidad eclesi\u00e1stica a los ap\u00f3statas, lo mismo que a los dem\u00e1s pecadores, si daban se\u00f1ales de arrepentimiento y hac\u00ed\u00adan penitencia. Conden\u00f3 a Novaciano (248-330?) por su rigor y defendi\u00f3 el deber de la Iglesia de ser misericordiosa.<\/p>\n<p>     En la Edad Media resurgieron las actitudes rigoristas y espiritualistas en diversas sectas o grupos opuestos al perd\u00f3n f\u00e1cil. Los valdenses y los c\u00e1taros, los wiclefitas y los husitas, entre otros, rechazaron la autoridad sagrada en la Iglesia. Defendieron que todos los laicos son capaces de perdonar por estar bautizados y ser seguidores de Jes\u00fas. Pero declararon que el perd\u00f3n s\u00f3lo se puede ofrecer en contadas ocasiones y despu\u00e9s de una vida muy piadosa y rigurosamente penitente.<\/p>\n<p>     Wicleff declar\u00f3 superflua e innecesaria la confesi\u00f3n externa (Denz. 587), porque el perd\u00f3n s\u00f3lo puede venir directamente de Dios y ning\u00fan hombre puede hacer de intermediario. Esta actitud ser\u00ed\u00ada renovada un siglo despu\u00e9s por los reformadores protestantes que, aunque inicialmente admitieron la acci\u00f3n penitencial como tercer sacramento, junto con la Cena y el Bautismo, (Conf. de Aug. art. 13), luego la rechazaron como coherente con la defensa a ultranza que hicieron de la \u00fanica intermediaci\u00f3n posible que es directamente la de Jesucristo para obtener la justificaci\u00f3n<\/p>\n<p>     4. Justificaci\u00f3n y penitencia<br \/>\n    La penitencia no es el perd\u00f3n, sino la condici\u00f3n del perd\u00f3n. El perd\u00f3n es el acto divino por el cu\u00e1l se anula el pecado. Ese acto divino para los protestantes se produce directamente sin necesidad de nadie que interceda o lo certifique. En la doctrina cat\u00f3lica, la intermediaci\u00f3n humana, sacramental, es decisiva.<\/p>\n<p>    El hombre, a trav\u00e9s del sacramento penitencial o de otras acciones intercesoras, hace de intermediario entre el pecador y Dios. Sirve de cauce en la petici\u00f3n del perd\u00f3n y sirve de cauce en la concesi\u00f3n del perd\u00f3n, formulando la absoluci\u00f3n, en nombre de Dios que es quien realmente perdona.<\/p>\n<p>    El gesto significativo de la petici\u00f3n de perd\u00f3n: arrepentimiento, humillaci\u00f3n, cambio de vida, es la penitencia. Con ella se purifica la conciencia en lo humano y en lo divino y se dispone el \u00e1nimo, la inteligencia y la voluntad, para recibir el perd\u00f3n. El gesto de la absoluci\u00f3n hace efectiva la justificaci\u00f3n.<\/p>\n<p>    La justificaci\u00f3n implica la destrucci\u00f3n total, la aniquilaci\u00f3n del pecado. No se trata s\u00f3lo de una no imputaci\u00f3n, un encubrimiento, pero dejando intacto el pecado latente en el alma. La doctrina cat\u00f3lica declar\u00f3 en oposici\u00f3n frontal a la protestante que la destrucci\u00f3n es total, en virtud de la muerte redentora del Se\u00f1or aplicada a cada pecador concreto.<\/p>\n<p>     4.1. Perd\u00f3n sin excepci\u00f3n<\/p>\n<p>     De la naturaleza del perd\u00f3n divino, aunque se otorgue por la intermediaci\u00f3n de la Iglesia, no se deduce que existan pecados imperdonables. Esta hip\u00f3tesis se opone al poder divino y a la grandeza de la misericordia de Cristo.<\/p>\n<p>     Cualquier pecado, por monstruoso que sea, y cualquier n\u00famero de pecados, por abundantes que resulten, entran en las posibilidades del perd\u00f3n. La plenitud de la redenci\u00f3n, infinita por ser Jes\u00fas quien era, no permite otra alternativa.<\/p>\n<p>     El Concilio de Trento se encarg\u00f3 de recalcar la universalidad del perd\u00f3n de todos los pecados y de recordar la tradici\u00f3n de la Iglesia. Renov\u00f3 las condiciones y la disciplina para obtener el perd\u00f3n, cuidando de reclamar el mayor beneficio de los pecadores arrepentidos y convertidos. (Denz. 911 a 925).<\/p>\n<p>    Incluso en relaci\u00f3n a aquellos pecados que se llaman reservados, el Concilio determin\u00f3 que, en situaci\u00f3n de muerte, ninguno tuviera la limitaci\u00f3n del perd\u00f3n que la Iglesia pudiera reclamar por motivos de su gravedad o por otras razones pedag\u00f3gicas. Cualquier sacerdote, sean quien sea, puede absolver cualquier pecado, sea como sea, ante el instante supremo del morir. (Denz. 903)<\/p>\n<p>     Por otra parte, como los hombres son d\u00e9biles y puede caer de nuevo en pecado, la naturaleza sanativa de la penitencia reclama que se pueda repetir tantas veces como sea necesario para recuperar la gracia divina si se ha perdido.<\/p>\n<p>     El poder de la Iglesia es capaz de perdonar sin excepci\u00f3n todos los pecados cometidos despu\u00e9s del Bautismo. Abarca tambi\u00e9n a poder perdonarlos cuantas veces sea necesario sin limitaci\u00f3n.<\/p>\n<p>    4.2. Motivaci\u00f3n el perd\u00f3n<br \/>\n    No puede ser otra que la misericordia divina administrada por el mismo Cristo y, en su nombre, por el ministro eclesial.<\/p>\n<p>     Los ejemplos del perd\u00f3n de Jes\u00fas fueron abundantes. Y Jes\u00fas confi\u00f3 a la Iglesia (Jn. 20. 21) su propia misi\u00f3n divina, en la cual est\u00e1 incluido no s\u00f3lo el anuncio de un mensaje, la Palabra, sino tambi\u00e9n la comunicaci\u00f3n de una vida. En esta segunda dimensi\u00f3n eclesial es donde se inserta la administraci\u00f3n del perd\u00f3n de los pecados: Jn. 7. 53 y 8. 2; Mt. 9. 2; Mc. 2. 5; Lc. 5. 20; Lc. 7. 36-50; Lc. 23. 43; Mt. 26. 75. El Se\u00f1or dio con claridad la raz\u00f3n al respecto: \u00abHe venido para salvar lo que se hab\u00ed\u00ada perdido\u00bb: (Lc. 16. 10)<\/p>\n<p>     El ejemplo de los Ap\u00f3stoles fue clarificador en este sentido. S. Pedro excusa a los jud\u00ed\u00ados, incluso por haber matado al Se\u00f1or y lo atribuye a ignorancia (Hech. 3.17). S. Esteban perdona incluso a los que le est\u00e1n apedreando, exactamente como hab\u00ed\u00ada hecho Jes\u00fas en la cruz. (Hech. 7. 60). S. Pablo declara perdonado al incestuoso de Corinto (2 Cor. 2.10)<\/p>\n<p>     Los textos evang\u00e9licos que parecen restringir esa universalidad del perd\u00f3n reclaman una correcta ex\u00e9gesis en el contexto misericordioso del Evangelio: Mt. 12. 31; Mc. 3. 28; Lc. 12. 10; Hebr. 6. 4-6.<\/p>\n<p>    S\u00f3lo en los lugares en que se habla de obstinaci\u00f3n de coraz\u00f3n parece aludirse a la dificultad del perd\u00f3n. Pero si alguna dificultad de perd\u00f3n se puede admitir se debe sin duda m\u00e1s a la oscuridad mental del pecador o a su malevolencia que a la limitaci\u00f3n misericordiosa del Se\u00f1or.<\/p>\n<p>    Hasta el texto m\u00e1s dif\u00ed\u00adcil de entender, el de 1. Jn. 5.16, es preciso entenderlo en ese contexto. Esa Ep\u00ed\u00adstola dice: \u00abSi alguno se da cuenta de que su hermano peca en algo que no acarrea la muerte, ore por \u00e9l y Dios le dar\u00e1 vida&#8230; pero hay un pecado que acarrea la muerte. No digo que se rece por ese.\u00bb. Incluso suponiendo que hay un pecado de obstinaci\u00f3n contra el mismo Esp\u00ed\u00adritu Santo, hay posibilidad de salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p>    La Iglesia siempre lo entendi\u00f3 as\u00ed\u00ad. San Ambrosio dec\u00ed\u00ada: \u00abDios no hace diferencias; ha prometido a todos su misericordia y concedi\u00f3 a sus sacerdotes la autoridad para perdonar sin excepci\u00f3n alguna.\u00bb (De poenit. 13. 10)<br \/>\n   5. Ejercicio del poder<br \/>\n    El modo ordinario de la Iglesia de ejercer el poder de perdonar es precisamente el sacramento de la Penitencia. Es el signo sensible establecido por el mismo Cristo. Pero es conveniente no reducir el perd\u00f3n al sacramento. La Iglesia, en cierto sentido, a trav\u00e9s de la Historia debe, como siempre lo hizo, abrirse a otros gestos de perd\u00f3n.<\/p>\n<p>    Ha promovido el olvido de los males y ha reclamado en los cristianos actitudes y posturas de misericordia hacia el mundo; ha exigido misericordia con los pobres y postulado formas de justicia social; ha intercedido por los explotados y ha luchado por la libertad de las personas, por la igualdad de las razas y de los sexos y por la rehabilitaci\u00f3n de los marginados. Sobre todo ha proclamado la caridad donde domin\u00f3 el ego\u00ed\u00adsmo y la paz donde predomin\u00f3 la violencia.<\/p>\n<p>     Esas y otras formas similares se hallan engarzadas en la lucha de la Iglesia contra el mal y el pecado.  La misi\u00f3n sanativa de la comunidad cristiana es mucho m\u00e1s extensa, m\u00e1s intensa y m\u00e1s misteriosamente din\u00e1mica que la acci\u00f3n sacramental estricta.<\/p>\n<p>Pedro Chico Gonz\u00e1lez, Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00ed\u00ada Religiosa, Editorial Bru\u00f1o, Lima, Per\u00fa 2006<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00eda Religiosa<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>[434] La Iglesia ha recibido de su Fundador Jesucristo la potestad de perdonar los pecados cometidos despu\u00e9s del Bautismo. Ha sido un don que refleja la misericordia divina y un gesto para hacer constar la participaci\u00f3n salvadora que Dios otorga a los hombres. La Iglesia considera como dogma que debe ser reconocido y defendido su &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/perdon-de-pecados\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abPERDON DE PECADOS\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-12698","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/12698","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=12698"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/12698\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=12698"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=12698"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=12698"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}