{"id":12705,"date":"2016-02-05T08:37:24","date_gmt":"2016-02-05T13:37:24","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/purgatorio\/"},"modified":"2016-02-05T08:37:24","modified_gmt":"2016-02-05T13:37:24","slug":"purgatorio","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/purgatorio\/","title":{"rendered":"PURGATORIO"},"content":{"rendered":"<p>[297]<\/p>\n<p>     Las almas de los justos que en el instante de la muerte est\u00e1n manchadas por pecados veniales o que no han purificado del todo las penas debidas por los pecados mortales ya perdonados, deben purificarse antes de entrar en el cielo.<\/p>\n<p>    Lo pueden hacer en esta vida con penitencias, oraciones, limosnas y obras buenas. O lo deben hacer en la otra vida, en un estado que se suele denominar Purgatorio.<\/p>\n<p>    El Purgatorio es, pues, un lugar, estado o situaci\u00f3n donde se sufre temporalmente castigos expiatorios.<\/p>\n<p>    1. Concepto y naturaleza<br \/>\n    La realidad del Purgatorio la negaron los c\u00e1taros, los valdenses, los reformadores luteranos y la rechaza desde antiguo la Iglesia griega cism\u00e1tica.<\/p>\n<p>    Como los cism\u00e1ticos griegos no aceptaron nunca, desde la separaci\u00f3n, la doctrina del Purgatorio, los Concilios unionistas de Lyon y Florencia hicieron esta declaraci\u00f3n: \u00abLas almas que partieron de este mundo en caridad con Dios, con verdadero arrepentimiento de sus pecados, antes de haber satisfecho con verdaderos frutos de penitencia por sus pecados de obra y omisi\u00f3n, son purificadas despu\u00e9s de la muerte con las penas del purgatorio.\u00bb (Denz. 464 y 693)<\/p>\n<p>    Los reformadores protestantes siguieron la doctrina de Lutero, que consideraba como contraria a las Escrituras la doctrina del Purgatorio. La juzgaba incompatible con su teor\u00ed\u00ada de la justificaci\u00f3n, pues Cristo, al salvar y justificar, no pod\u00ed\u00ada dejar absolutamente ninguna mancha en el pecador justificado.<\/p>\n<p>    El Purgatorio pon\u00ed\u00ada en duda esa totalidad en la justificaci\u00f3n y por eso la rechazaba. No negaba la conveniencia de sufragios por los difuntos; pero los miraba como consuelo de los vivos m\u00e1s que como ayuda a los muertos.<\/p>\n<p>    Cuando se consolid\u00f3 la doctrina luterana, los reformados rechazaron tambi\u00e9n la necesidad de obras buenas para merecer la purificaci\u00f3n. Decir que Cristo no limpi\u00f3 toda mancha es irreverente.<\/p>\n<p>    Esa actitud movi\u00f3 a declarar al Concilio de Trento: \u00abSi alguno dice que, una vez perdonado el pecado, nunca m\u00e1s queda consecuencia de pena que deba pagar en este mundo o en el otro, en el Purgatorio, sino que ya no necesita nada para entrar en el Reino de los cielos, sea anatema.\u00bb (Denz. 840)<\/p>\n<p>    Las declaraciones conciliares confirmaban la com\u00fan doctrina tradicional de la Iglesia, la cual insiste en que incluso los que mueren sin pecado mortal tienen necesidad de purificaci\u00f3n. As\u00ed\u00ad quedan en perfecta y total pureza, la cual har\u00e1 posible la entrada en el Cielo.<\/p>\n<p>    2. Escritura y Purgatorio<br \/>\n    La Sagrada Escritura no formula ninguna afirmaci\u00f3n expl\u00ed\u00adcita que indique la existencia del Purgatorio. Pero refleja indirectamente la idea de que tiene que existir un lugar o estado semejante, por el hecho de alabar que se hagan plegarias y sufragios por los difuntos.<\/p>\n<p>     En diversos lugares del Antiguo Testamento ya se relata esa pr\u00e1ctica y se habla de su necesidad. En el libro de los Macabeos se relata que los jud\u00ed\u00ados oraron por los ca\u00ed\u00addos en la batalla, pues en sus cuerpos se hab\u00ed\u00adan encontrado objetos consagrados a los \u00ed\u00addolos de Jamnia. Se pidi\u00f3 al Se\u00f1or que les perdonara sus pecados; para ello enviaron dos mil dracmas de plata a Jerusal\u00e9n, a fin de que se hicieran sacrificios por aquel pecado. Pensaban que a \u00ablos que han muerto piadosamente les est\u00e1 reservada una magn\u00ed\u00adfica recompensa. Es santo y piadoso pensamiento. Por eso hizo que se ofrecieran sacrificios expiatorios por los muertos, para que fueran absueltos de sus pecados. (2. Mac. 12. 46)<\/p>\n<p>     En el Nuevo Testamento se multiplican ya las alusiones a las ayudas espirituales que se pueden prestar a los difuntos. Jes\u00fas mismo habla de alg\u00fan perd\u00f3n luego de la muerte: \u00abQuien hable contra el Esp\u00ed\u00adritu Santo no ser\u00e1 perdonado ni en este siglo ni en el venidero.\u00bb (Mt. 12. 32). San Gregorio Magno explica este pasaje evang\u00e9lico: \u00abEn esta frase se nos da a entender que algunas culpas se pueden perdonar en este mundo y algunas tambi\u00e9n en el futuro.\u00bb (Dial. IV. 39)<\/p>\n<p>     La frase de Jes\u00fas: \u00abEn verdad te digo que no saldr\u00e1s de aquella c\u00e1rcel hasta que pagues el \u00faltimo ochavo.\u00bb (Mt. 5. 26), tambi\u00e9n se interpret\u00f3 tradicionalmente como una alusi\u00f3n a la necesidad de la purificaci\u00f3n total para llegar a la salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p>     Es San Pablo el que m\u00e1s hace alusi\u00f3n a los sufragios por los difuntos. Expresa la idea de que algunos se salvar\u00e1n ciertamente, \u00abpero como pasando por el fuego.\u00bb (1 Cor. 3. 10). Es decir, que habr\u00e1 quien se salve plena y directamente al morir y habr\u00e1 quien precisar\u00e1 un tr\u00e1nsito m\u00e1s indirecto a la salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p>    Se deduce que quien muere con imperfecciones, con pecados veniales o penas temporales, debe purificarse de ello despu\u00e9s de morir.<\/p>\n<p>    3. La Tradici\u00f3n eclesial<br \/>\n    Los Padres latinos, tomando la palabra evang\u00e9lica demasiado literalmente, interpretan el fuego como un fuego f\u00ed\u00adsico, similar pero no igual al del infierno. Est\u00e1 destinado a abrasar despu\u00e9s de la muerte los pecados veniales que no han sido expiados. Es la ense\u00f1anza de San Agust\u00ed\u00adn (Enarr. in Salm. 37. 3), de San Ces\u00e1reo de Arl\u00e9s (Serm. 179) y de San Gregorio Magno. (Dial. IV 39).<\/p>\n<p>    San Cipriano ense\u00f1a expl\u00ed\u00adcitamente que, si uno muere sin satisfacer todas sus deudas, debe hacerlo despu\u00e9s de la muerte. S\u00f3lo los m\u00e1rtires logran una satisfacci\u00f3n total por el mismo hecho de su muerte por la fe. \u00abEs distinto sufrir prolongados dolores por los pecados y ser limpiado y purificado por fuego incesante, que expiarlo todo de una vez por el martirio.\u00bb (Epist. 55, 20).<\/p>\n<p>    San Agust\u00ed\u00adn tambi\u00e9n indica que es preferible pagar las deudas con penas y que conviene aceptar los sufrimientos que vienen como penitencia y expiaci\u00f3n en este mundo. Y, si no se hace penitencia aqu\u00ed\u00ad, hay que aceptarla despu\u00e9s de la muerte para la purificaci\u00f3n: \u00abUnos solamente sufren las penas temporales en esta vida; otros s\u00f3lo despu\u00e9s de la muerte; y otros, en fin, en esta vida y despu\u00e9s de la muerte. Pero todos tendr\u00e1n que padecerlas antes de aquel sever\u00ed\u00adsimo y \u00faltimo juicio.\u00bb (De Civ. Dei XXI. 13). En otros lugares habla este santo del \u00abfuego corrector.\u00bb (Enarr. in  Salm. 37. 3; y en Enchir. 69)<\/p>\n<p>     Los sufragios s\u00f3lo sirven a los que han renacido en Cristo pero que no han vivido de total santidad. Durante un tiempo han de purificarse de las deudas que dejaron en este mundo. (De Civ. Dei XXI 24. 2).<\/p>\n<p>    San Juan Cris\u00f3stomo dec\u00ed\u00ada: \u00abLlevemos a los difuntos socorros y hagamos conmemoraci\u00f3n de ellos. Si los hijos de Job fueron purificados por el sacrificio de su padre, \u00bfpor qu\u00e9 hemos de dudar que nuestras ofrendas por los muertos les llevan el consuelo en sus sufrimientos purificadores?\u00bb  (Hom. Cor. 1. 45. 5)<\/p>\n<p>    4. Ense\u00f1anza de la Iglesia<br \/>\n    El argumento esencial en favor de la existencia del Purgatorio se halla en el testimonio de la Iglesia a lo largo de los siglos, m\u00e1s que en la interpretaci\u00f3n rigurosa de los textos b\u00ed\u00adblicos.<\/p>\n<p>    Los escritores de la Iglesia de Occidente fueron m\u00e1s expl\u00ed\u00adcitos y claros sobreesta creencia que los de Oriente. Resaltaron m\u00e1s el car\u00e1cter de perd\u00f3n misericordioso de Dios, que el aspecto de sufrimiento de los difuntos.<\/p>\n<p>    Siguiendo sus ense\u00f1anzas, podemos decir que la existencia del Purgatorio se prueba por la santidad y justicia de Dios.  La santidad de Dios reclama la pureza total antes de admitir junto a s\u00ed\u00ad a las almas que se han salvado. (Apoc. 21. 27). Y la justicia exige que se d\u00e9 satisfacci\u00f3n por alg\u00fan delito, error o incumplimiento. Lo reclama la justicia divina en s\u00ed\u00ad misma; y lo demanda la \u00abjusticia comparativa\u00bb, al mirar las acciones de unos en relaci\u00f3n a otros que han cometido faltas y han pagado por ellas su tributo de reparaci\u00f3n en esta vida.<\/p>\n<p>    Justicia y misericordia se armonizan en la doctrina del Purgatorio.<\/p>\n<p>    4. 1. Purgatorio e Infierno<br \/>\n    Es frecuente entender el Purgatorio como un lugar de tormentos al estilo del Infierno, con el cu\u00e1l s\u00f3lo se diferencia por la duraci\u00f3n. Nada m\u00e1s err\u00f3neo que esta asimilaci\u00f3n. El Purgatorio es infinitamente diferente del Infierno. En el primero se ama a Dios y en el otro se odia. En el uno se produce purificaci\u00f3n y en el otro inmutablemente se mantiene el pecado. Entre ambos hay tanta diferencia como la hay entre la esperanza y la desesperaci\u00f3n.<\/p>\n<p>    En el Purgatorio se habla, por analog\u00ed\u00ada al Infierno, de la doble pena de da\u00f1o y de sentido. Pero es s\u00f3lo una analog\u00ed\u00ada, bastante imperfecta. Evidentemente es muy distinto sufrir con esperanza y saber que pronto comienza la felicidad de ver a Dios, a quien se ama, y sufrir con  despecho eterno la perdida irremediable de Dios a quien no se ama, porque no se am\u00f3 en la vida y el tiempo del cambio se ha terminado.<\/p>\n<p>    La pena de da\u00f1o consiste en la demora de la visi\u00f3n beatifica de Dios, no en la imposibilidad de alcanzarla. El alma sabe que ver\u00e1 a Dios y la dulzura de la esperanza alivia la pena de la demora. El juicio divino al morir ha hecho conocer al alma, no s\u00f3lo la naturaleza de la pena, sino su misma conveniencia. Ama a Dios, que ha sido tan misericordioso y justo que la ofrece la oportunidad de purificarse.<\/p>\n<p>    La pena de da\u00f1o se halla en el sufrimiento natural del fuego, si es que se puede hablar de fuego, y de fuego f\u00ed\u00adsico, si es que se puede hablar de f\u00ed\u00adsico.<\/p>\n<p>    Esta reticencia o duda a hablar de forma anal\u00f3gicamente al infierno es evidente. Trascendido el tiempo y el espacio, resulta incomprensible el c\u00f3mo puede darse esta situaci\u00f3n. Por eso es prudente la m\u00e1xima moderaci\u00f3n al hablar en la Catequesis y en la predicaci\u00f3n del Purgatorio, pues casi lo \u00fanico de que se puede tener certeza es de la existencia y s\u00f3lo de ella.<\/p>\n<p>     Las almas del Purgatorio tienen conciencia de la filiaci\u00f3n y de la amistad de Dios y anhelan unirse con El de forma definitiva y eterna. Su sufrimiento es amor y amor para toda la eternidad.<\/p>\n<p>    La misma pena de sentido resulta inexplicable, trat\u00e1ndose de almas puras y espirituales. Los comentarios tradicionales de los te\u00f3logos se ha apoyan en la idea de S. Pablo que habla de \u00ablos que se salvan, pasando por el fuego.\u00bb (1 Cor. 3. 15) y se asocia esa expresi\u00f3n al sufrimiento material.<\/p>\n<p>    La ense\u00f1anza oficial de la Iglesia se ha centrado en la afirmaci\u00f3n de la \u00abpurificaci\u00f3n misericordiosa de Dios\u00bb y apenas si podremos decir m\u00e1s cosas a la luz de la Tradici\u00f3n y del Magisterio.<\/p>\n<p>    4.2. Rasgos del Purgatorio<br \/>\n    Con todo lo dicho, podemos sacar la conclusi\u00f3n de que el Purgatorio es \u00abtiempo provisional\u00bb, es \u00abpurificaci\u00f3n individual\u00bb y es \u00abplataforma eclesial.\u00bb<br \/>\n    4.2.1. Temporal<br \/>\n    La duraci\u00f3n del Purgatorio es, o tiene que ser, variada, seg\u00fan sea la necesidad de purificaci\u00f3n de cada difunto. Pero en conjunto es una realidad provisional destinada a su desaparici\u00f3n. Cuando se purifique el \u00faltimo de los salvados, desaparecer\u00e1 para siempre.<\/p>\n<p>    Despu\u00e9s de la sentencia final, nos dice el texto evang\u00e9lico de la Par\u00e1bola del Juicio final, no hay m\u00e1s que dos situaciones: \u00abvenid\u00bb al Reino o \u00abmarchad\u00bb al fuego eterno, benditos y malditos. (Mt. 25. 41).<\/p>\n<p>    San Agust\u00ed\u00adn afirma: \u00abSe ha de pensar que no existen penas purificativas, sino antes de aquel \u00faltimo y tremendo juicio.\u00bb (De civ. Dei XXI 16)<\/p>\n<p>    4.2.2. Diferencial<br \/>\n    La pena purificadora ser\u00e1 personal e intransferible, adaptada y asumible, inconfundible para cada persona, pero abierta a la intercesi\u00f3n eclesial. Son los rasgos del proceso de purificaci\u00f3n.<\/p>\n<p>    Aunque tambi\u00e9n es verdad que, en este terreno, existe una innegable y original posibilidad de \u00absatisfacci\u00f3n vicaria\u00bb. En virtud del dogma del \u00abCuerpo M\u00ed\u00adstico\u00bb y de la \u00abComuni\u00f3n de los Santos\u00bb, sabemos que podemos ofrecer por los difuntos plegarias y obras buenas y que les sirven a ellos de reparaci\u00f3n y satisfacci\u00f3n de sus pecados y de sus deudas.<\/p>\n<p>    Por eso en la Iglesia fue tradicional desde los primeros tiempos ofrecer sacrificios expiatorios por los difuntos y se alab\u00f3 desde siempre tal pr\u00e1ctica.<\/p>\n<p>    La piedad con los amigos y conocidos lleva a ofrecer plegarias, sacrificios y limosnas para ayudarles en le reparaci\u00f3n. Es muy importante en vida relacionarse con amigos que \u00absaben\u00bb rezar y hacer limosnas por los amigos difuntos. Es preferible a tener \u00abolvidadizos\u00bb familiares y amigos.<\/p>\n<p>    Tambi\u00e9n fue ese el motivo de que se estableciera en Occidente la fiesta de los fieles difuntos (2 de Noviembre). Tuvo por fin el que la Iglesia, y con ella todos sus miembros, ofreciera sacrificios y sufragios por los difuntos de los cuales nadie se acuerda, cumpliendo as\u00ed\u00ad con un deber de piedad, solidaridad y fraternidad universales.<\/p>\n<p>    Si en el Purgatorio no hubiera esa posibilidad de intercesi\u00f3n, no tendr\u00ed\u00adan sentido los sufragios y resultar\u00ed\u00adan, como quer\u00ed\u00ada Lutero, m\u00e1s para consuelo de los vivos que para beneficio de los difuntos.<\/p>\n<p>    4.3.3. Intereclesial<br \/>\n    Es interesante tambi\u00e9n recordar que la Iglesia ha tenido siempre gran respeto a la devoci\u00f3n a las almas del Purgatorio y que las ha valorado, no s\u00f3lo como destinatarias de sus sufragios, sino como protagonistas de sus intercesiones para beneficio de los terrenos.<\/p>\n<p>    Los dolores y penas de estas almas resultan de gran provecho para s\u00ed\u00ad; pero sirven como motivo de intercesi\u00f3n ante Dios en favor de los que han quedado en la tierra. Dios ha querido que se pueda poner su vida y sus m\u00e9ritos como motivo de ayuda a los vivos.<\/p>\n<p>    Por eso no deben ser miradas como \u00abmiembros pasivos del Cuerpo M\u00ed\u00adstico\u00bb, estando como est\u00e1n unidas ya para siempre a la Vid m\u00ed\u00adstica, que es Cristo. Son activas en su tarea eclesial y contribuyen al bien de toda la Iglesia.<\/p>\n<p> 5. Objeto de la purificaci\u00f3n<\/p>\n<p>     En la vida futura, la remisi\u00f3n de los pecados veniales todav\u00ed\u00ada no perdonados se efect\u00faa, seg\u00fan doctrina de Santo Tom\u00e1s (De male 7. II) de forma similar a lo que acontece en esta vida: por el arrepentimiento y la contrici\u00f3n perfecta, actitudes profundas del alma que s\u00f3lo son posibles con ayuda de la gracia.<\/p>\n<p>     El arrepentimiento, que se origina al entrar en el Purgatorio, no suprime o aminora la pena de vida, pues el tiempo se ha terminado y no hay posibilidad de merecer ya perd\u00f3n. Pero, el amor divino que domina en esas almas, hace posible el que unas sus sufrimientos a los de Cristo, \u00abUnico y divino redentor\u00bb y participen sus misteriosos dolores de los m\u00e9ritos de la Cruz.<\/p>\n<p>    Al igual que acontece con los sufrimientos de la tierra, que s\u00f3lo tienen m\u00e9rito sobrenatural si est\u00e1n unidos a Jes\u00fas, as\u00ed\u00ad pasa con los miembros del Purgatorio. Es la uni\u00f3n del Cuerpo M\u00ed\u00adstico, cuya cabeza es Cristo, la que hace purificadora su estancia all\u00ed\u00ad, habiendo pasado ya el tiempo de la vida.<\/p>\n<p>     Se puede aplicar el principio del Cuerpo M\u00ed\u00adstico a su situaci\u00f3n: \u00abQuien est\u00e1 unido conmigo produce mucho fruto; y quien no recoge conmigo desparrama.\u00bb (Jn. 15.5)<\/p>\n<p>     Por eso, algunos escritores antiguos llamaron a ese sufrimiento \u00absatispasi\u00f3n\u00bb, explicando que las penas temporales debidas por los pecados son sufrimientos expiatorios. La voluntariedad, que las hace meritorias, radica en la elecci\u00f3n de Dios como objeto que hicieron en vida, aunque murieran con imperfecciones y manchas que era preciso borrar.<\/p>\n<p>    6. Catequesis y Purgatorio<br \/>\n    El Purgatorio debe ser objeto de una catequesis adecuada, en atenci\u00f3n a la tradici\u00f3n de la Iglesia y a las referencias b\u00ed\u00adblicas aludidas.<\/p>\n<p>    1. No conviene exagerar, al menos con catequizandos de no elevada formaci\u00f3n, las alternativas teol\u00f3gicas y los problemas exeg\u00e9ticos que se pueden deducir de su naturaleza y de sus rasgos.<\/p>\n<p>   Lo con que resulta m\u00e1s conveniente es asumir la tradicional visi\u00f3n eclesial de que hay difuntos que reclaman nuestras solidaridad y nuestros sufragios. En la medida en que esos difuntos sean nuestros conocidos, amigos y familiares, es preciso recordar el deber de piedad y la necesidad de entrar en juego en esos deberes solidarios de expiaci\u00f3n.<\/p>\n<p>   2. Hay que destacar la necesidad de nuestra propia expiaci\u00f3n y la conveniencia de hacer buenas obras por nuestro pecado, aunque est\u00e9n olvidados en cuanto a la culpa, si han sido perdonados ya.<\/p>\n<p>   Si no hacemos penitencia en esta vida, la habremos de hacer en la otra. Por eso el Purgatorio debe asociarse mucho con la vida de oraci\u00f3n y de penitencia que, sobre todo en determinados tiempos lit\u00fargicos (Cuaresma y Adviento), se debe proclamar en Catequesis.<\/p>\n<p>   3. Una especial consigna catequ\u00ed\u00adstica es aprovechar los momentos fr\u00e1giles de la vida, para recordar la pureza que se requiere para entrar en el cielo. Los silencios ante los difuntos deben ser superados por las plegarias, las limosnas y los sacrificios personales en sufragio suyo. Esto conduce a dar el verdadero sentido de la muerte cristiana.<\/p>\n<p>Pedro Chico Gonz\u00e1lez, Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00ed\u00ada Religiosa, Editorial Bru\u00f1o, Lima, Per\u00fa 2006<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00eda Religiosa<\/b><\/p>\n<p>DicEc<br \/>\n\u00c2\u00a0<br \/>\nSon varias las religiones que sienten que la vida terrena de una persona no basta para conseguir la perfecci\u00f3n definitiva. En Oriente la doctrina de la reencarnaci\u00f3n es expresi\u00f3n de la idea de que hay otra oportunidad. Para el islam hay un estado intermedio, barzakh,  en el que el bienaventurado puede gustar un anticipo de la gloria que le espera, y el malvado ve los tormentos que habr\u00e1 de soportar. Se prev\u00e9n tambi\u00e9n castigos para los que no responden correctamente a las preguntas de los \u00e1ngeles Munkar y Nakir. Pero s\u00f3lo unos pocos, como el m\u00ed\u00adstico Al Ghaz\u00e1li (+ 1111), sostienen la posibilidad del arrepentimiento despu\u00e9s de la muerte.<\/p>\n<p>En las Escrituras no hay una ense\u00f1anza clara sobre el purgatorio. Pero la tradici\u00f3n, especialmente en Occidente, desarroll\u00f3 una teolog\u00ed\u00ada del purgatorio basada en una serie de textos: 2Mac 12,39-46 (el sacrificio que ofrece Judas Macabeo por los soldados ca\u00ed\u00addos cuando llevaban encima objetos idol\u00e1tricos); ICor 3,11-15 (la salvaci\u00f3n \u00abpor medio del fuego\u00bb de los que han edificado inadecuadamente sobre el fundamento de Cristo); 1Cor 15,29 (el enigm\u00e1tico \u00abbautismo por los muertos\u00bb); 2Tim 1,16-18 (oraci\u00f3n por Ones\u00ed\u00adforo, que parece estar muerto); Lc 12,48 (castigo m\u00e1s ligero para algunos); Mt 5,26 (salida s\u00f3lo tras pagar el \u00faltimo c\u00e9ntimo).<\/p>\n<p>Aunque J. Le Goff parece estar en lo cierto al indicar que la primera vez que aparece la palabra \u00abpurgatorio\u00bb indicando un lugar es en Pedro Comestor (o Pedro Manducator \u2014iporque devoraba los libros!\u2014) entre 1170 y 1180, lo cierto es que la idea del purgatorio despu\u00e9s de la muerte es mucho m\u00e1s antigua. Son muchos los textos de los padres de la Iglesia que dan testimonio de la oraci\u00f3n por los muertos. Junto a ella encontramos la idea de un fuego, de unos castigos o de un lugar de purgaci\u00f3n (ignis purgatorius, poenae purgatoriae, loca purgatoria).  Aunque ya en Clemente de Alejandr\u00ed\u00ada (ca. 150-ca. 215) y Or\u00ed\u00adgenes (ca. 185-ca. 254) hay algunas referencias a un perd\u00f3n m\u00e1s pleno y\/o un castigo despu\u00e9s de la muerte, hasta Agust\u00ed\u00adn de Hipona no encontramos una clara expresi\u00f3n de lo que m\u00e1s tarde, a trav\u00e9s del desarrollo del dogma, culminar\u00e1 en las definiciones conciliares: despu\u00e9s de la muerte hay purificaci\u00f3n de los pecados menores; de acuerdo con lo que \u00abhan transmitido los padres de la Iglesia y ha mantenido la costumbre de la Iglesia universal\u00bb, las almas reciben ayuda del sacrificio salv\u00ed\u00adfico y de las buenas obras de los fieles; en la anaphora  se hace menci\u00f3n de los muertos.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de \u00e9l, varios autores, especialmente Gregorio Magno, y la liturgia desarrollaron la idea de la purgaci\u00f3n despu\u00e9s de la muerte, admitiendo la posibilidad de que las oraciones de los vivos tuvieran valor para los difuntos. Al menos desde el siglo VIII hay una conmemoraci\u00f3n de los muertos en el canon romano, aunque quiz\u00e1 no se hiciera en todas las misas (particularmente los domingos) ni en todos los lugares. Encontramos tambi\u00e9n una conmemoraci\u00f3n de los muertos en varias liturgias antiguasde Oriente y Occidente. Los restos arqueol\u00f3gicos de los primeros siglos dan testimonio tambi\u00e9n de la convicci\u00f3n de que las oraciones de los vivos pod\u00ed\u00adan ayudar de alg\u00fan modo a los difuntos.<\/p>\n<p>La primera ense\u00f1anza conciliar al respecto se encuentra en el concilio de >Lyon II: las almas de los que han muerto en caridad \u00abantes de haber satisfecho sus pecados de comisi\u00f3n y omisi\u00f3n por medio de frutos adecuados de arrepentimiento&#8230; son lavados despu\u00e9s de la muerte por medio de penas purgatorias y purificadoras (poenis purgatoriis seu cartharteriis)&#8230;  Para aliviar tales penas pueden ser \u00fatiles los actos de intercesi\u00f3n (suffragia)  de los vivos, especialmente el sacrificio de la misa, las oraciones, las limosnas y las dem\u00e1s obras de piedad\u00bb. M\u00e1s tarde el concilio de >Florencia har\u00e1 afirmaciones similares, en el contexto tambi\u00e9n del rechazo del purgatorio por parte de los griegos. Dado que los ortodoxos siguen rechazando generalmente la doctrina occidental sobre el purgatorio, no est\u00e1 claro cu\u00e1l es el sentido que dan a la conmemoraci\u00f3n de los muertos en la liturgia.<\/p>\n<p>Trento confirma la doctrina del purgatorio frente a su rechazo por parte de los protestantes, pero alertando al mismo tiempo contra las exageraciones y las supersticiones. El Vaticano II no usa la palabra \u00abpurgatorio\u00bb, pero dice: \u00abOtros, ya difuntos, se purifican\u00bb (LG 49, 51) y apoya la oraci\u00f3n por los difuntos (LG 50). Las plegarias eucar\u00ed\u00adsticas posconciliares incluyen la conmemoraci\u00f3n de los difuntos. La Congregaci\u00f3n para la doctrina de la fe afirma en una instrucci\u00f3n publicada en 1979: \u00ab(La Iglesia) cree en la posibilidad de una purificaci\u00f3n de los elegidos antes de que estos vean a Dios, purificaci\u00f3n que es enteramente distinta del castigo de los que han sido condenados\u00bb<br \/>\nLa \u00fanica doctrina definida acerca del purgatorio es la existencia de un estado de purificaci\u00f3n y la eficacia de la oraci\u00f3n por los difuntos. La especulaci\u00f3n teol\u00f3gica gira en torno a varias cuestiones: la duraci\u00f3n del purgatorio, la naturaleza de la purificaci\u00f3n, el estado de los que est\u00e1n purific\u00e1ndose. Santo Tom\u00e1s representa la discusi\u00f3n medieval sobre estos temas, aunque no contamos con ning\u00fan texto amplio sobre ellos de su \u00e9poca de madurez: ense\u00f1a el valor de la oraci\u00f3n por los difuntos; compara el dolor del purgatorio con el del infierno, con la diferencia de que aquel es s\u00f3lo por un tiempo limitado; los dolores del purgatorio var\u00ed\u00adan seg\u00fan el estado de los que se purifican; el objeto del purgatorio es el pecado venial y los restos de pena que pueden persistir una vez que el pecado ha sido perdonado; los que se est\u00e1n purificando pueden recibir ayuda de las indulgencias. Dante colocar\u00ed\u00ada pronto el purgatorio en un lugar destacado de la conciencia cristiana a trav\u00e9s de la Divina comedia,  que ejerci\u00f3 un gran influjo incluso sobre muchos que nunca la hab\u00ed\u00adan le\u00ed\u00addo.<\/p>\n<p>En la \u00e9poca postridentina hubo mucha especulaci\u00f3n sobre el purgatorio y se produjo un aumento en las devociones correspondientes: se multiplicaron las oraciones por \u00ablas benditas \u00e1nimas del purgatorio\u00bb; se buscaba su intercesi\u00f3n; el agustino san Nicol\u00e1s de Tolentino (1652-1737) fue reconocido como el patr\u00f3n de las \u00e1nimas del purgatorio.<\/p>\n<p>La reflexi\u00f3n moderna sobre el purgatorio trata de purificar la doctrina de todos los elementos imaginativos y fant\u00e1sticos, al igual que las visiones infundadas y las pseudorevelaciones. Al mismo tiempo hay una conciencia cada vez mayor del valor de las visiones de los m\u00ed\u00adsticos. Reflejando su propia experiencia de oscuridad en la busqueda de Dios, consideran el purgatorio desde la perspectiva del amor, por ejemplo santa Catalina de G\u00e9nova y santa Teresa de Lisieux. El purgatorio, m\u00e1s que un castigo, se considera consecuencia de un amor purificante y sanador. La doctrina del purgatorio tiene sentido incluso desde un punto de vista racional: \u00c2\u00a1Las personas tendr\u00ed\u00adan necesidad de purificarse de la envidia antes de poder gozar plenamente del cielo! La plena purificaci\u00f3n puede producirse por medio de una vida santa, o en virtud de una enfermedad terminal, pero para otros ser\u00ed\u00ada fruto de un amor salut\u00ed\u00adfero despu\u00e9s de la muerte. El purgatorio se entiende mejor dentro del contexto m\u00e1s amplio de la doctrina de la >comuni\u00f3n de los santos. La Iglesia militante de la tierra y la Iglesia triunfante del cielo se unen en el amor y la compasi\u00f3n por la Iglesia que sufre en el purgatorio. El purgatorio ha de verse tambi\u00e9n a la luz de la nueva manera de entender las >indulgencias.<\/p>\n<p>Christopher O\u00c2\u00b4Donell &#8211; Salvador Pi\u00e9-Ninot, Diccionario de Eclesiolog\u00ed\u00ada, San Pablo, Madrid 1987<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Eclesiolog\u00eda<\/b><\/p>\n<p>Despu\u00e9s de la muerte y antes de llegar a la visi\u00f3n de Dios, el hombre debe estar \u00abpurificado\u00bb de todo cuanto no haya sido caridad. A la visi\u00f3n de Dios nadie puede llegar sin la santidad requerida. Esta eventual \u00abpurificaci\u00f3n\u00bb postemporal, que es m\u00e1s bien un estado de purificaci\u00f3n y que se simboliza por \u00abfuego\u00bb purificador, pertenece a la fe, la cual se apoya en los textos neotestamentarios (1Cor 3,15; 1Pe 1,7) y ha sido ratificada por los concilios de Lyon II, Florencia y Trento. La purificaci\u00f3n tiene car\u00e1cter penal-expiatorio y puede ser ayudada por nuestro sufragios. Por ser estado de vida en el m\u00e1s all\u00e1, no pueden aplicarse a \u00e9l nuestras categor\u00ed\u00adas de espacio y de tiempo.<\/p>\n<p>\tEsta verdad se enmarca en la tradici\u00f3n primitiva de la Iglesia (s. I-III) sobre la oraci\u00f3n por los difuntos (como aparece en las inscripciones funerarios y en las actas de los m\u00e1rtires). Esta tradici\u00f3n se apoya tambi\u00e9n en el Antiguo Testamento, donde se pide perd\u00f3n por los que ya murieron en el Se\u00f1or (cfr. 2Mac 12,46). \u00abDesde los primeros tiempos, la Iglesia ha honrado la memoria de los difuntos y ha ofrecido sufragios en su favor, en particular el sacrificio eucar\u00ed\u00adstico, para que, una vez purificados, puedan llegar a la visi\u00f3n beat\u00ed\u00adfica de Dios\u00bb (CEC 1032).<\/p>\n<p>\tLas oraciones de los fieles por los difuntos se unen las limosnas como actos de caridad, a las indulgencias como comunicaci\u00f3n de bienes (en la comuni\u00f3n de los santos) y a obras de penitencia como reparaci\u00f3n de los pecados. Es la \u00absolidaridad vital con nuestros hermanos&#8230; que a\u00fan est\u00e1n purific\u00e1ndose despu\u00e9s de la muerte\u00bb (LG 51).<\/p>\n<p>\tCada uno de los creyentes es la Iglesia esposa, llamada a la santidad y al apostolado antes de llegar a las bodas definitivas. No se podr\u00ed\u00ada llegar al encuentro definitivo con Cristo (a las \u00abbodas\u00bb), si la esposa no estuviera todo ella \u00abvestida de sol\u00bb como Mar\u00ed\u00ada (Apoc 12,1), y, por tanto, no fuera signo claro de Cristo Esposo e instrumento suyo. Porque a esas bodas est\u00e1 llamada toda la humanidad, a la que la Iglesia sirve como \u00absacramento universal de salvaci\u00f3n\u00bb. Se puede considerar el \u00abpurgatorio\u00bb como una dimensi\u00f3n del juicio particular, en el que se realiza el encuentro con Cristo, a quien se quiere amar del todo, pero todav\u00ed\u00ada no se le ha amado as\u00ed\u00ad.<\/p>\n<p>\tLa purificaci\u00f3n por las faltas de fidelidad en el camino de perfecci\u00f3n y de misi\u00f3n, se realiza \u00abcomo el oro en el crisol\u00bb (Apoc 3,18). Hay que reorientar los des\u00f3rdenes, que son consecuencia del pecado y del ego\u00ed\u00adsmo. Esa purificaci\u00f3n indica la dignidad del ser humano, como cooperador de la acci\u00f3n salv\u00ed\u00adfica de Dios. Comienza ya en esta tierra y, si no termina en ella, debe continuar en el \u00abpurgatorio\u00bb del m\u00e1s all\u00e1, como dilaci\u00f3n dolorosa por no poder ver todav\u00ed\u00ada a Dios. A la \u00abvictoria\u00bb final se llega con un \u00abnombre nuevo\u00bb, que es obra del \u00abEsp\u00ed\u00adritu\u00bb de amor (Apoc 2,17).<\/p>\n<p>Referencias Escatolog\u00ed\u00ada, exequias, indulgencias, juicio divino (particular), nov\u00ed\u00adsimos.<\/p>\n<p>Lectura de documentos LG 49-51; CEC 1030-1032, 1472-1479.<\/p>\n<p>Bibliograf\u00ed\u00ada C. POZO, Teolog\u00ed\u00ada del m\u00e1s all\u00e1 ( BAC, Madrid, 1981) 515-533; J. RATZINGER, Escatolog\u00ed\u00ada (Barcelona, Herder, 1980); J.L. RUIZ DE LA PE\u00ed\u2018A, La otra dimensi\u00f3n (Santander, Sal Terrae, 1986) 307-322; Idem, La pascua de la creaci\u00f3n. Escatolog\u00ed\u00ada ( BAC, Madrid, 1996) cap. X; (Congregaci\u00f3n para la doctrina de la Fe) Documento sobre algunas cuestiones relativas a la escatolog\u00ed\u00ada (1979).<\/p>\n<p>(ESQUERDA BIFET, Juan, Diccionario de la Evangelizaci\u00f3n,  BAC, Madrid, 1998)<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Evangelizaci\u00f3n<\/b><\/p>\n<p>Se entiende por purgatorio el lugar donde van a parar, antes de pasar a la gloria celeste, todos los que mueren en gracia de Dios, pero que no fueron lo suficientemente purificados en esta vida de los pecados cometidos. Los te\u00f3logos que defienden la existencia del purgatorio se apoyan en el texto b\u00ed\u00adblico del libro de los Macabeos (2 Mac 12, 43-46); algunos te\u00f3logos acuden tambi\u00e9n a otros textos b\u00ed\u00adblicos, que no son, ni mucho menos, claros y convincentes (Eclo 7, 33; Mt 12, 32; 1 Cor 3, 10-15).<\/p>\n<p>E. M. N.<\/p>\n<p>FERNANDEZ RAMOS, Felipe (Dir.), Diccionario de Jes\u00fas de Nazaret, Editorial Monte Carmelo, Burbos, 2001<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Jes\u00fas de Nazaret<\/b><\/p>\n<p>(-> purificaci\u00f3n). El s\u00ed\u00admbolo del purgatorio, entendido como lugar y tiempo de purificaci\u00f3n y limpieza de las almas tras la muerte, no aparece desarrollado de un modo expreso en la Biblia, ni en la jud\u00ed\u00ada, ni en la cristiana. De todas formas, en 1 Henoc* hallamos un tipo de \u00ablugares de acogida y preparaci\u00f3n\u00bb de las almas de los muertos, de manera que su sentido y funci\u00f3n podr\u00ed\u00ada interpretarse en la l\u00ed\u00adnea del purgatorio de la dogm\u00e1tica cat\u00f3lica posterior, que suele apoyarse, de un modo algo forzado, en textos en los que se habla de \u00abpagar las deudas\u00bb (cf. Mt 5,26). Sea como fuere, el tiempo que media entre la muerte de los hombres y la parus\u00ed\u00ada* final del Cristo sigue siendo un misterio para el conjunto del Nuevo Testamento y, en esa l\u00ed\u00adnea, un tipo de teolog\u00ed\u00ada cat\u00f3lica ha podido hablar, de un modo simb\u00f3lico, de un tiempo-espacio de purificaci\u00f3n o purgatorio, con elementos que provienen quiz\u00e1 m\u00e1s del Antiguo que del Nuevo Testamento. Para los sacerdotes del Antiguo Testamento la purgaci\u00f3n\/purificaci\u00f3n tiene un sentido ritual y se realiza durante el tiempo de vida de los hombres. Para el Nuevo Testamento ella va unida a la gracia de Dios y a la pascua de Cristo.<\/p>\n<p>PIKAZA, Javier, Diccionario de la Biblia. Historia y Palabra, Verbo Divino, Navarra 2007<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de la Biblia Historia y Palabra<\/b><\/p>\n<p>El purgatorio es un espacio de vigilancia que se extiende de manera misericordiosa y misteriosa al tiempo despu\u00e9s de la muerte; es una participaci\u00f3n en la pasi\u00f3n de Cristo para la \u00faltima purificaci\u00f3n, que nos permitir\u00e1 entrar con \u00e9l en la gloria. La fe en el Dios que ha hecho suya nuestra historia es lo que nos hace creer tambi\u00e9n en una historia que a\u00fan es posible m\u00e1s all\u00e1 de la muerte, para quien no ha crecido como deb\u00ed\u00ada en el conocimiento de Jes\u00fas.  La anticipaci\u00f3n de este espacio es el tiempo dedicado al cuidado de la afinaci\u00f3n del esp\u00ed\u00adritu, que se alimenta de sobriedad, desapego, honradez intelectual, frecuentes ex\u00e1menes de conciencia, transparencia del coraz\u00f3n, integraci\u00f3n de la vida bajo la batuta de la sabidur\u00ed\u00ada evang\u00e9lica: y tambi\u00e9n de la ascesis y de la purificaci\u00f3n necesarias para fortalecernos en la tentaci\u00f3n, desatarnos de la inercia de nuestras culpas y librarnos de la opacidad de nuestros malos h\u00e1bitos.<\/p>\n<p> Carlo Mar\u00ed\u00ada Martini, Diccionario Espiritual, PPC, Madrid, 1997<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Espiritual<\/b><\/p>\n<p>Realidad escatol\u00f3gica, que implica la purificaci\u00f3n del hombre despu\u00e9s de la muerte. El desarrollo del dogma ha llevado a aclarar algunos puntos que permiten distinguir entre lo que constituye el dato esencial de la fe y su elaboraci\u00f3n teol\u00f3gica a lo largo de la historia.<\/p>\n<p>La sagrada Escritura no habla directamente del purgatorio, pero contiene textos que permiten deducir su existencia. La tradici\u00f3n de la Iglesia acude particularmente a 2 Mac 12,40-45, que se refiere a la oportunidad de recurrir a la oraci\u00f3n como fuente de perd\u00f3n por el pecado de los que se durmieron en el Se\u00f1or. No dice nada sobre el c\u00f3mo de la acci\u00f3n purificadora de esta oraci\u00f3n, ni sobre un \u00abestado intermedio\u00bb de los que murieron en pecado. Es expl\u00ed\u00adcita la fe en la resurrecci\u00f3n. Otro texto que se cita es el de Mt 5,26, donde se ha visto en la pena temporal de la c\u00e1rcel un estado de expiaci\u00f3n temporal en la vida futura. En Tertuliano, este intervalo entre la muerte y la resurrecci\u00f3n es ocasi\u00f3n de purificaci\u00f3n para todos, excepto para los m\u00e1rtires (De anima, 58), Algunos autores apelan a 1 Cor 3,10-15 (san Agust\u00ed\u00adn, De civitate Dei 21,26,21, Con Agust\u00ed\u00adn la fe en el purgatorio se configura definitivamente : despu\u00e9s de la muerte el destino del hombre queda fijado para siempre, la purificaci\u00f3n se refiere solamente a aquellos que, a pesar de su apego a los bienes creados, han puesto en Cristo el fundamento de su vida; el fuego se ve substancialmente como tribulaci\u00f3n temporal que se deriva de las malas inclinaciones adquiridas.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s de la Escritura y de la tradici\u00f3n de los Padres, el dato m\u00e1s importante de los primeros siglos (1-III1 es la pr\u00e1ctica de los sufragios, como se deduce de las inscripciones funerarias, las actas de los m\u00e1rtires, etc.<\/p>\n<p>En el per\u00ed\u00adodo escol\u00e1stico es importante la distinci\u00f3n que introduce santo Tom\u00e1s entre la culpa y la pena (De malo 7 11). La culpa se perdona inmediatamente despu\u00e9s de la muerte con un acto de amor y de arrepentimiento, pero la pena no se suprime ni disminuye, sino que ha de ser expiada. En el \u00e1mbito magisterial, el II concilio de Ly\u00f3n (1274) afirma que los que murieron en la caridad de Dios \u00abcon verdadero arrepentimiento de sus pecados, antes de haber satisfecho por ellos con verdaderos frutos de penitencia\u00bb, son purificados despu\u00e9s de la muerte con \u00abpenas purgatorias\u00bb. Afirma tambi\u00e9n la validez de los sufragios (Profesi\u00f3n de fe de Miguel Pale\u00f3logo: DS 856). El concilio de Florencia (1439) recoge estos mismos principios en el Decreto para los griegos (DS 1304). El concilio de Trento (1536) remacha la doctrina sobre el purgatorio (DS 1820) en relaci\u00f3n con los reformadores.<\/p>\n<p>Lutero excluye toda posibilidad de purificaci\u00f3n personal, como negaci\u00f3n de la eficacia universal expiatoria de la muerte de Cristo.<\/p>\n<p>En la teolog\u00ed\u00ada postridentina, Belarmino y Su\u00e1rez sistematizan la doctrina. En los sucesivos el inter\u00e9s escatol\u00f3gico decae en cuanto a las realidades que se refieren solamente al final de la existencia terrena.<\/p>\n<p>La teolog\u00ed\u00ada contempor\u00e1nea ha vuelto a resaltar la dimensi\u00f3n escatol\u00f3gica de todo el mensaje cristiano y considera el purgatorio en una perspectiva cristol\u00f3gica, antropol\u00f3gica y eclesial.<\/p>\n<p>Cristol\u00f3gica, en cuanto que- el purgatorio se concibe a la luz del \u00bb estar con Cristo\u00bb, del \u00abmorir en Cristo\u00bb. Antropol\u00f3gica, en cuanto que subraya la dimensi\u00f3n subjetiva del arrepentimiento y de la toma de conciencia de s\u00ed\u00ad mismo. Eclesiol\u00f3gica, como expresi\u00f3n de la dimensi\u00f3n penitencial de la Iglesia. Todav\u00ed\u00ada quedan elementos de incertidumbre sobre el estado intermedio y . sobre la subsistencia de un \u00abyo\u00bb puramente espiritual despu\u00e9s de la muerte.<\/p>\n<p>El concilio Vaticano II insiste en \u00abla solidaridad vital \u00bb con los que \u00bb todav\u00ed\u00ada se est\u00e1n purificando despu\u00e9s de la muerte\u00bb (LG 51), y el Documento sobre algunas cuestiones relativas a la escatolog\u00ed\u00ada de la Congregaci\u00f3n para la doctrina de la fe (1979) reafirma la permanencia despu\u00e9s de la muerte de un \u00abelemento espiritual\u00bb y, por lo que ata\u00f1e a los elegidos, habla de \u00abuna eventual purificaci\u00f3n de los mismos que es preliminar a la visi\u00f3n de Dios, pero totalmente distinta de la pena de los condenados\u00bb.<br \/>\nE. C Rava<\/p>\n<p>Bibl.: E, Klinger Purgatorio, en SM, y, 704710; G. Colzani, Purgatorio, en DTI, III.9951009&#8242; J Ratzinger Escatolog\u00ed\u00ada, Herder Barcelona 1980; J L. Ruiz de la Pe\u00f1a, La otra dimensi\u00f3n, Sal Terrae, Santander 1986, 307-322; C, Pozo, Teolog\u00ed\u00ada del m\u00e1s all\u00e1, BAC, Madrid 1981, 515-533.<\/p>\n<p>PACOMIO, Luciano [et al.], Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico, Verbo Divino, Navarra, 1995<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico<\/b><\/p>\n<p>I. Punto de apoyo hermen\u00e9utico para la inteligencia de la doctrina de la Iglesia<br \/>\nLa doctrina del p., por lo que hace a su verdadero y propio significado, s\u00f3lo se puede entender dentro del marco de la doctrina general de la -> escatolog\u00ed\u00ada. En efecto, s\u00f3lo lo escatol\u00f3gico, como condici\u00f3n trascendental de todas las manifestaciones escatol\u00f3gicas, hace posible, tanto formalmente (por lo que se refiere a la necesidad de un enunciado correspondiente) como materialmente (por lo que se refiere a su contenido y a su facticidad), la concepci\u00f3n de un estado que precisamente \u00aben el fin\u00bb tiene su significado teol\u00f3gico como algo especial.<\/p>\n<p>Ahora bien, si lo escatol\u00f3gico afecta a la realidad entera (fin del -> hombre), y esta realidad se refleja fundamentalmente en el destino de cada uno; entonces el \u00e1mbito de lo individual, como parte integrante del todo, debe tambi\u00e9n por principio estar marcado por la estructura fundamental &#8211; escatol\u00f3gica &#8211; de \u00e9ste; en la muerte del individuo se refleja y reproduce el destino final de todos, supuesto que entre ambos finales reine alguna relaci\u00f3n esencial y que ambos no coincidan simplemente.<\/p>\n<p>La situaci\u00f3n escatol\u00f3gica de la existencia creyente marcada como algo absolutamente definitivo, comprende en su universalidad tambi\u00e9n la existencia de los muertos, la cual, como parte del mundo &#8211; al igual que la comunidad misma -, debido a su estructura concupiscente determinada por el pecado, s\u00f3lo gradualmente y en medio de pruebas y angustias puede alcanzar su plena consumaci\u00f3n.<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad, pues, la doctrina de la purificaci\u00f3n forma parte esencial de una escatolog\u00ed\u00ada cristiana elaborada reflexivamente y consciente de sus propios presupuestos. No puede ser suplantada ni por la teor\u00ed\u00ada de una resurrecci\u00f3n general de los muertos aqu\u00ed\u00ad y ahora (Barth), ni por la de un sue\u00f1o general (Cullmann), ya que la primera no toma en serio la pluralidad y el car\u00e1cter futuro de nuestra muerte, y la segunda no toma en serio nuestra condici\u00f3n personal; y ambas olvidan que el estado intermedio incluye la muerte como tal, de modo que as\u00ed\u00ad precisamente llega a la madurez la existencia cristiana en cuanto forma un todo, y que la resurrecci\u00f3n, por mucho que se la conciba como acontecer particular, s\u00f3lo brota de la victoria definitiva de la gracia.<\/p>\n<p>II. La problem\u00e1tica de la historia de la revelaci\u00f3n y de los dogmas<br \/>\nEs caracter\u00ed\u00adstico del \u00e1mbito extracristiano que todos los difuntos se hallan sin distinci\u00f3n en el mismo lugar (Hades, sheol), y s\u00f3lo en este marco &#8211; conforme a las respectivas concepcionen escatol\u00f3gicas o mitol\u00f3gicas, diferentes en cada caso &#8211; se distinguen entre s\u00ed\u00ad seg\u00fan los m\u00e9ritos y, eventualmente, tras larga lucha y despu\u00e9s de superada la \u00abprueba del fuego\u00bb (-> metempsicosis) con el apoyo de los vivos (oraci\u00f3n, sacrificio). En el AT, en su fase tard\u00ed\u00ada, sucede esto con vistas a la resurrecci\u00f3n (2 Mac 13, 42-45), que seg\u00fan la visi\u00f3n inicial s\u00f3lo se concede a determinadas personas (los justos) y finalmente se extiende a todos.<\/p>\n<p>En el NT se agudiza la situaci\u00f3n escatol\u00f3gica, por cuanto primeramente Jes\u00fas mismo y luego la comunidad primitiva (-> resurrecci\u00f3n de la carne, -> metanoia, -> parus\u00ed\u00ada l) consideran ya llegado el alborear del -> reino de Dios. Conforme al car\u00e1cter definitivo de lo acontecido en Jes\u00fas, la esperanza espec\u00ed\u00adfica del cristiano, tiene la mirada puesta en una inminente consumaci\u00f3n general y universal &#8211; en el \u00e1mbito individual act\u00faan todav\u00ed\u00ada representaciones relativas al seol (Lc 16, 19-31) -, y la confirmaci\u00f3n propiamente dicha de la fe y de sus obras se espera del \u00abfuego\u00bb del juicio final (1 Cor 3, 12-15).<\/p>\n<p>Desde esta perspectiva, todav\u00ed\u00ada en el s. ll ense\u00f1an tambi\u00e9n Justino y Tertuliano que los difuntos aguardan la consumaci\u00f3n \u00aben el sepulcro\u00bb. Aun despu\u00e9s de que Ireneo concibe este estado din\u00e1micamente (Adv. haer. iv 37, 7: PG 7, 1103s) y Or\u00ed\u00adgenes, en el marco de su escatolog\u00ed\u00ada universal (-> apocat\u00e1stasis), desarrolla la doctrina de la purificaci\u00f3n particular de cada uno (In Lc. hom. xxiv: PG 13, 1864ss: El bautismo del esp\u00ed\u00adritu se realiza en el bautismo del fuego), y as\u00ed\u00ad en germen, ense\u00f1a la doctrina de la purificaci\u00f3n; no obstante, todav\u00ed\u00ada perdura hasta el s. iv sin excepci\u00f3n la representaci\u00f3n de la inmediata compenetraci\u00f3n de purificaci\u00f3n y juicio.<\/p>\n<p>De todos modos, en occidente Agust\u00ed\u00adn afirma que todos los justos (y no s\u00f3lo los m\u00e1rtires) llegan inmediatamente a la -> visi\u00f3n de Dios, sin tener que aguardar el fin en un lugar indeterminado. Dado que, seg\u00fan eso, el proceso escatol\u00f3gico tiene en s\u00ed\u00ad mismo una componente &#8211; esencialmente &#8211; individual, tambi\u00e9n la doctrina de la purificaci\u00f3n queda desgajada del acontecimiento final universal: la invocaci\u00f3n de 1 Cor 3, 12-15 pierde su sentido directo, el fuego purificador del juicio &#8211; Agust\u00ed\u00adn mismo vacila todav\u00ed\u00ada &#8211; se convierte en ignis purgatorius y aparece ya como aut\u00e9ntico \u00e1mbito intermedio para el hombre en la muerte. El mismo no estar todav\u00ed\u00ada completamente con Dios significa ya un castigo (GREGORIO MAGNO, Dialogorum lib. rv 25: PL 77, 357).<\/p>\n<p>La edad media sigue las huellas de Agust\u00ed\u00adn y subraya adem\u00e1s el car\u00e1cter de castigo y -> satisfacci\u00f3n de la purificaci\u00f3n. En el concilio II de Ly\u00f3n (1274) y en el de Florencia (1439), la posici\u00f3n latina (Dz 456: locus purgatorius, ignis transitorius; tambi\u00e9n Dz 570ss), reforzada todav\u00ed\u00ada por la definici\u00f3n de Benedicto XII (Dz 530ss), tiene que explicitarse frente a los griegos, que sobre el trasfondo de su tradici\u00f3n niegan el fuego en la purificaci\u00f3n y en general la retribuci\u00f3n inmediata despu\u00e9s de la muerte (Dz 535).<\/p>\n<p>Por ambas partes se reconoc\u00ed\u00ada la utilidad de la oraci\u00f3n por los difuntos y la diferencia fundamental en su estado (-> visi\u00f3n de Dios, -> infierno). Sin embargo, los griegos, al concebir el juicio final universal como la consumaci\u00f3n sin m\u00e1s, s\u00f3lo pod\u00ed\u00adan dar una importancia relativa a la decisi\u00f3n para cada hombre particular. Seg\u00fan ellos &#8211; an\u00e1logamente al estado en el sheol &#8211; los buenos y los malos estaban todav\u00ed\u00ada fundamentalmente en el mismo lugar. En efecto, s\u00f3lo admit\u00ed\u00adan un \u00fanico fuego: el juicio final. En consecuencia defend\u00ed\u00adan que los santos (y excepcionalmente tambi\u00e9n los condenados) se purifican ya antes de la parus\u00ed\u00ada, pero todos (tambi\u00e9n Maria y los ap\u00f3stoles, Dz 535) deben pasar todav\u00ed\u00ada por el juicio final (Mansi 31 A, 485ss, especialmente 488). Los griegos pod\u00ed\u00adan por tanto admitir, aunque con restricciones, el dogma de la decisi\u00f3n relativa al individuo despu\u00e9s de la muerte (Dz 693) &#8211; en el paso del infierno al cielo &#8211; y tambi\u00e9n la doctrina de las poenae purgatorae (Dz 464 693), pero no un fuego separado; en efecto, en \u00e9ste, como \u00abfuego\u00bb en el que adem\u00e1s todos eran salvados, ve\u00ed\u00adan los griegos un origenismo. Sobre esta base formularon en Ly\u00f3n y Florencia, juntamente con los latinos, la doctrina de la Iglesia.<\/p>\n<p>Con la reforma entra en juego otra componente. Sobre el trasfondo de la evoluci\u00f3n occidental, que ni siquiera por la uni\u00f3n con oriente se dej\u00f3 disuadir de sus propias representaciones (cada vez m\u00e1s materializantes; lugar de purificaci\u00f3n como c\u00e1mara de tortura), se pone ahora en discusi\u00f3n precisamente lo que antes hab\u00ed\u00ada sido incontrovertido: la utilidad de la oraci\u00f3n por los difuntos (-> indulgencias). Lutero, como tambi\u00e9n Melanchton y la Confessio Augustana, en un principio muy reservados (Dz 777-780), a partir de 1530 (revocaci\u00f3n del p.) rechazan definitivamente la doctrina de la purificaci\u00f3n; Zuinglio y Calvino, en cambio, la rechazan ya desde el principio (-> predestinaci\u00f3n).<\/p>\n<p>Frente a esto el concilio de Trento define la diferencia entre reatus culpae y reatus poenae (Dz 807 840) y el valor propiciatorio del sacrificio de la misa (Dz 940 936) tambi\u00e9n por los difuntos; pero en otro lugar dice \u00fanicamente: purgatorium esse, animasque ibi detentas fidelium suffragiis iuvari (Dz 998 983). Aqu\u00ed\u00ad merece tenerse en cuenta la observaci\u00f3n de que todo lo que no sirve para la edificaci\u00f3n, sino que \u00fanicamente promueve el ansia de lucro, la curiosidad y la superstici\u00f3n, debe omitirse en la predicaci\u00f3n (Dz 983). Belarmino y Su\u00e1rez dieron luego su forma al tratado De purgatorio.<\/p>\n<p>III. La doctrina de la Iglesia<br \/>\nLa doctrina del p. es un momento importante en la fe de la Iglesia. Fue formulada dogm\u00e1ticamente por primera vez en la edad media (Dz 464 693), y las declaraciones posteriores no van m\u00e1s all\u00e1 de esta posici\u00f3n (Dz 983 998 723a 840 2147a).<\/p>\n<p>El punto central de la doctrina de la Iglesia es: Hay una purificaci\u00f3n (por deferencia a los griegos se evita expresamente hablar de purgatorium) para todos los que vere paenitentes in Dei caritate decesserint, antequam dignis paenitentiae fructibus de commissis satis fecerint (Dz 464); en conexi\u00f3n con ello se ense\u00f1a la utilidad de la oraci\u00f3n por los difuntos (Dz 464 693 683), sobre el trasfondo de una fe que sabe de la seriedad de la -> muerte y de la pluralidad en la realizaci\u00f3n de la existencia escatol\u00f3gica del hombre (Dz 840; -> penitencia), en la que tambi\u00e9n la muerte significa una carga saludable: poenae purgatoriae.<\/p>\n<p>En los documentos decisivos quedaron sin resolver las cuestiones sobre el fuego, el car\u00e1cter local del p., la duraci\u00f3n, la forma y la naturaleza intr\u00ed\u00adnseca de la pena.<\/p>\n<p>IV. La doctrina de la purificaci\u00f3n en la predicaci\u00f3n<br \/>\n1. Sobre el trasfondo de la presencia &#8211; escatol\u00f3gica &#8211; de Dios en la Iglesia hay que subrayar ante todo que la muerte misma est\u00e1 dentro del \u00e1mbito de la esperanza, y en su aislamiento (dado que en aqu\u00e9lla el hombre queda despojado de s\u00ed\u00ad mismo y as\u00ed\u00ad se libera de su entrega pecaminosa al mundo) posee una virtud purificadora. La inmediatez con Dios intensifica a\u00fan el car\u00e1cter de purificaci\u00f3n, y as\u00ed\u00ad hace que en el p. la bienaventuranza del que se ha salvado est\u00e9 envuelta a\u00fan en un dolor sombr\u00ed\u00ado.<\/p>\n<p>2. Un modo de hablar objetivamente sobre este estado del p. s\u00f3lo es posible por lo que se refiere a la obra de Cristo (cf. descenso de Cristo a los -> infiernos), por cuanto su destino venci\u00f3 la muerte llegando a trav\u00e9s de ella a la resurrecci\u00f3n, y por ello ha incluido en su destino toda existencia humana. El, como su objetivo de nuestra fe, hace posible una reflexi\u00f3n creyente sobre la muerte.<\/p>\n<p>3. La Iglesia, en virtud de su unidad (constitutiva) con Cristo, est\u00e1 tambi\u00e9n ligada esencialmente a sus miembros difuntos (-> comuni\u00f3n de los santos). Su liturgia, como actualizaci\u00f3n central de la fe, afecta a su esencia. Toda oraci\u00f3n por los difuntos tiene sentido si actualiza esta esencia. Por tanto, un contacto inmediato con los difuntos, por su tendencia no escatol\u00f3gica, ser\u00ed\u00ada absolutamente acristiano y tendr\u00ed\u00ada afinidad con el espiritismo. Contra tal concepci\u00f3n &#8211; m\u00e1gica &#8211; se alza con raz\u00f3n la protesta de los reformadores protestantes.<\/p>\n<p>4. La escatolog\u00ed\u00ada misma tiene car\u00e1cter de acontecimiento por raz\u00f3n de la historicidad de la salvaci\u00f3n absoluta. Si bien la tradici\u00f3n cl\u00e1sica no habla de esto (\u00bfMt 27, 53?), habr\u00ed\u00ada que preguntar en todo caso &#8211; en la linea de la teolog\u00ed\u00ada latina: visio como concepto l\u00ed\u00admite entre purificaci\u00f3n y resurrecci\u00f3n &#8211; si la consumaci\u00f3n individual no implica tambi\u00e9n una resurrecci\u00f3n individual, en riguroso paralelismo con el (o bien como presupuesto del) acontecimiento final universal; y as\u00ed\u00ad el p. ser\u00ed\u00ada fundamentalmente \u00abel estado en que quienes murieron en el Se\u00f1or, aguardan la consumaci\u00f3n individual y universal\u00bb. Y as\u00ed\u00ad la oraci\u00f3n por los difuntos que se hallan en el p. ser\u00ed\u00ada una forma modificada de implorar la parus\u00ed\u00ada del Se\u00f1or (Ap 22, 17), con lo cual tambi\u00e9n tendr\u00ed\u00ada en sumo grado un sentido individual.<\/p>\n<p>BIBLIOGRAF\u00ed\u008dA: J. Bautz, Das Fegfeuer (Mz 1883); G. Anrich, Clemens und Origenes als Begr\u00fcnder der Lehre vom Fegfeuer (T 1902); F. Schmid, Das Fegfeuer (Brixen 1904); J. Zahn, Das Jenseits (Pa 1920); P. Bernard, Purgatoire: DAFC IV 496-528; E. Mangenot, Bapt\u00e9me par le feu: DThC II 355-360; A. Michel, Feu de 1&#8217;enfer &#8211; Feu du jugement &#8211; Feu du purgatoire: DThC V 2196-2261 (bibi.); R. Bartmann, Das Fegfeuer (Pa 21929); C. Stange, Das Ende aller Dinge (G\u00fc 1930); Jugie IV 1-102; J. B. 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Fohrer, Das Geschick des Menschen nach dem Tode im AT: KuD 14 (1968) 249-262.<\/p>\n<p>Elmar Klinger<\/p>\n<p>K. Rahner (ed.),  Sacramentum Mundi. Enciclopedia Teol\u00cf\u0192gica, Herder, Barcelona 1972<\/p>\n<p><b>Fuente: Sacramentum Mundi Enciclopedia Teol\u00f3gica<\/b><\/p>\n<p><p style=\"text-align: justify;\">Las ense\u00f1anzas de las iglesias Cat\u00f3lica Romana y Ortodoxa Griega declaran la existencia de un lugar de castigo temporal en el estado intermedio conocido como purgatorio donde, sostienen, todos los que mueren en paz con la iglesia pero no son perfectos, deben pasar por sufrimientos penales y purificadores. Dicen que solamente los cristianos que han logrado el estado de perfecci\u00f3n cristiana van inmediatamente al cielo. Todos los adultos que no han sido bautizados, y los que han cometido pecado mortal despu\u00e9s del bautismo van inmediatamente al infierno. La gran masa de cristianos parcialmente santificados que mueren en comuni\u00f3n con la iglesia, pero que de todos modos est\u00e1n cargados con alg\u00fan grado de pecado, van al purgatorio donde, por un tiempo que puede ser largo o corto, sufren hasta que todo el pecado es purgado, despu\u00e9s de lo cual son trasladados al cielo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los sufrimientos var\u00edan grandemente en intensidad y duraci\u00f3n, siendo en general proporcionales a la culpa e impureza o impenitencia del sufriente. Se describen como que, en algunos casos, son comparativamente suaves, con una duraci\u00f3n de unas pocas horas, mientras en otros casos son poco menos que los tormentos del infierno y su duraci\u00f3n de miles de a\u00f1os. Pero en todo caso, habr\u00e1n de terminar con el juicio final. Los dones o servicios prestados a la iglesia, oraciones de los sacerdotes y las misas proporcionadas por parientes o amigos en favor de los muertos, pueden abreviar, aliviar o eliminar el paso del alma por el purgatorio.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El protestantismo rechaza esta doctrina, puesto que la evidencia en que se funda no est\u00e1 en la Biblia sino en los Ap\u00f3crifos, en <em>2 Macabeos<\/em> 12:39\u201345.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">BIBLIOGRAF\u00cdA<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftn1\" name=\"_ftnref1\">Blunt<\/a>; <em><a href=\"#_ftn2\" name=\"_ftnref2\">CE<\/a><\/em>; <em><a href=\"#_ftn3\" name=\"_ftnref3\">SHERK<\/a><\/em>.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Loraine Boettner<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftn4\" name=\"_ftnref4\"><\/a><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftnref1\" name=\"_ftn1\">Blunt <\/a>Blunt\u2019s <em>Dictionary of Doctrinal and Historical Theology<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftnref2\" name=\"_ftn2\"><em>CE <\/em><\/a><em>Catholic Encyclopaedia<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftnref3\" name=\"_ftn3\"><em>SHERK <\/em><\/a><em>The New Schaff-Herzog Encyclopaedia of Religious Knowledge<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftnref4\" name=\"_ftn4\"><\/a>Harrison, E. F., Bromiley, G. W., &amp; Henry, C. F. H. (2006). <em>Diccionario de Teologi\u0301a<\/em> (502). Grand Rapids, MI: Libros Desafi\u0301o.<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Teolog\u00eda<\/b><\/p>\n<p><h2>Contenido<\/h2>\n<ul>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-1\">1 Doctrina Cat\u00f3lica\n<ul>\n<li class=\"toclevel-2 tocsection-2\">1.1 Castigo Temporal<\/li>\n<li class=\"toclevel-2 tocsection-3\">1.2 Pecados Veniales<\/li>\n<\/ul>\n<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-4\">2 Errores<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-5\">3 Pruebas\n<ul>\n<li class=\"toclevel-2 tocsection-6\">3.1 Antiguo Testamento<\/li>\n<li class=\"toclevel-2 tocsection-7\">3.2 Nuevo Testamento<\/li>\n<li class=\"toclevel-2 tocsection-8\">3.3 Tradici\u00f3n<\/li>\n<\/ul>\n<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-9\">4 Duraci\u00f3n y Naturaleza\n<ul>\n<li class=\"toclevel-2 tocsection-10\">4.1 Duraci\u00f3n<\/li>\n<li class=\"toclevel-2 tocsection-11\">4.2 Naturaleza del Castigo<\/li>\n<li class=\"toclevel-2 tocsection-12\">4.3 M\u00e9rito<\/li>\n<li class=\"toclevel-2 tocsection-13\">4.4 Fuego del Purgatorio<\/li>\n<\/ul>\n<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-14\">5 Socorro a los Muertos<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-15\">6 Indulgencias\n<ul>\n<li class=\"toclevel-2 tocsection-16\">6.1 Condici\u00f3n<\/li>\n<\/ul>\n<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-17\">7 Invocaci\u00f3n de las almas<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-18\">8 Utilidad de la oraci\u00f3n por los difuntos<\/li>\n<\/ul>\n<h2>Doctrina Cat\u00f3lica<\/h2>\n<p>  Existe un purgatorio, y que las almas que est\u00e1n all\u00ed son ayudadas por los votos de los creyentes, pero principalmente por el aceptable Sacrificio del AltarDe acuerdo a las ense\u00f1anzas cat\u00f3licas, el Purgatorio (Lat., \u00abpurgare\u00bb, limpiar, purificar) es un lugar o condici\u00f3n de castigo temporal para aquellos que, dejando esta vida en gracia de Dios, no est\u00e1n completamente libres de faltas veniales, o no han pagado completamente a satisfacci\u00f3n sus trasgresiones.    La creencia de la Iglesia en relaci\u00f3n al purgatorio est\u00e1 claramente expresada en el Decreto de Uni\u00f3n, producto del Concilio de Florencia (Mansi, t. XXXI, col. 1031), y en el decreto del Concilio de Trento (Sexx. XXV) que define: \u00bb Donde la Iglesia Cat\u00f3lica, instruida por el Esp\u00edritu Santo, ha ense\u00f1ado en concilios y recientemente en este s\u00ednodo ecum\u00e9nico, (Ses. VI, cap. XXX; Sess. XXII, cap II, III) de las Sagradas Escrituras y la antigua tradici\u00f3n de los Padres, que existe un purgatorio, y que las almas que est\u00e1n all\u00ed son ayudadas por los votos de los creyentes, pero principalmente por el aceptable Sacrificio del Altar;   El santo s\u00ednodo impone a los obispos que con diligente esfuerzo tengan en mente la doctrina de los Padres en los concilios en relaci\u00f3n al purgatorio ense\u00f1ado en todas partes y predicado, sostenido y cre\u00eddo por los creyentes\u00bb (Denzinger, \u00abEnchiridon\u00bb, 83).   La Iglesia no va m\u00e1s all\u00e1 en sus definiciones, sino que deben ser consultadas la tradici\u00f3n de los Padres y la escol\u00e1stica para explicar las ense\u00f1anzas de los concilios, y para dejar clara la creencia y las pr\u00e1cticas de los creyentes  <\/p>\n<h3>Castigo Temporal<\/h3>\n<p>  Ese castigo temporal se debe al pecado, incluso despu\u00e9s que el pecado mismo haya sido perdonado por Dios, lo que es claramente la ense\u00f1anza de las Escrituras. Sin dudas, Dios sac\u00f3 al hombre de su primera desobediencia y le dio el poder de gobernar sobre todas las cosas (Sab. 10,2), aunque a\u00fan lo conden\u00f3 a \u00abcomer el pan con el sudor de su frente\u00bb hasta que vuelva al polvo. Dios perdon\u00f3 la incredulidad de Mois\u00e9s y de Aar\u00f3n, pero en castigo los mantuvo lejos de \u00abla tierra prometida\u00bb (Num. 20,12). El Se\u00f1or alej\u00f3 el pecado de David pero la vida del ni\u00f1o fue confiscada porque David hizo que los enemigos de Dios blasfemaran Su Santo Nombre (2 Reyes 12,13-14). Tanto en el Nuevo como en el Antiguo Testamento, el acto de dar limosna y el ayuno y en general los actos penitentes son los frutos rea\u00f1es del arrepentimiento (Mt. 3,8; Lc. 17,3; 3,3). Todo el sistema penitencial de la Iglesia da testimonio de la presunci\u00f3n voluntaria de hacer obras penitentes como siempre parte del verdadero arrepentimiento y el Concilio de Trento (Ses. XVI, can XI) nos recuerda la creencia que Dios no siempre remite todo el castigo debido al pecado junto con la culpa. Dios requiere satisfacci\u00f3n y castigar\u00e1 el pecado, y esta doctrina involucra como consecuencia necesaria la creencia que el pecador al fallar en hacer penitencia en esta vida, puede ser castigado en la pr\u00f3xima y as\u00ed no ser alejado eternamente de Dios.<\/p>\n<h3>Pecados Veniales<\/h3>\n<p>  Todos los pecados veniales no son iguales ante Dios, ni tampoco se atreva alguien a afirmar que las faltas diarias de la flaqueza humana ser\u00e1n castigadas con la misma severidad que se otorga a las serias violaciones a la ley de Dios. Por otro lado, quien sea que comparezca ante la presencia de Dios debe estar perfectamente puro porque en el sentido m\u00e1s estricto Sus \u00abojos son demasiado puros para contemplar el mal\u00bb (Hab. 1,13). La Iglesia siempre ha ense\u00f1ado la doctrina del purgatorio para el pago a trav\u00e9s de castigo temporal por los pecados veniales debidos y no arrepentidos al momento de la muerte. Tan profunda era la creencia enraizada en nuestra humanidad com\u00fan que fue aceptada por los jud\u00edos y, al menos en forma solapada por los paganos mucho tiempo antes del advenimiento del cristianismo. (\u00abAeneid,\u00bb VI, 735 sq.; S\u00f3focles, \u00abAntigona,\u00bb 450 sq.). <\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<h2>Errores<\/h2>\n<p>  San Epifanio (haer., LXXV, P.G., XLII, col. 513) reclamaba que Acrius (siglo cuarto) ense\u00f1aba que las oraciones por los muertos no eran de ning\u00fan beneficio. En la Edad Media, la doctrina del purgatorio fue rechazada por los albigenses, valdenses y husitas. San Bernardo (Serm. LXVI en Cantic., P. L. CLXXXIII, col. 1098) declara que el llamado \u00abApostolici\u00bb niega el purgatorio y la utilidad de las oraciones por los que se hab\u00edan ido. La posici\u00f3n griega ha levantado mucha discusi\u00f3n sobre el tema del purgatorio. Pareciera que la gran diferencia de opini\u00f3n no est\u00e1 en relaci\u00f3n a la existencia del purgatorio sino en relaci\u00f3n a la naturaleza del fuego del purgatorio; a\u00fan as\u00ed, Santo Tom\u00e1s de Aquino prueba la existencia del purgatorio en su disertaci\u00f3n contra los errores de los griegos y el Concilio de Florencia. Tambi\u00e9n consider\u00f3 necesario afirmar la creencia de la Iglesia sobre el tema (Bellarmino, \u00abDe Purgatorio,\u00bb lib. I, cap. I). La Iglesia Ortodoxa moderna niega el purgatorio, aunque es bastante inconsistente en su forma de plantear su creencia.<br \/>\n  Al principio de la Reforma hab\u00eda algo de duda especialmente por parte de Lutero (Disputas de Leipzig) en relaci\u00f3n a si la doctrina deb\u00eda mantenerse, pero en la medida que la brecha crec\u00eda, la negaci\u00f3n del purgatorio por los reformistas se torn\u00f3 en idea universal y Calvino nombr\u00f3 la posici\u00f3n cat\u00f3lica como \u00abexitiale commentum quod crucern Christi evacuat&#8230; quod fidem nostram labefacit et evertit\u00bb (Institutiones, lib. III, cap. v, 6). Los protestantes modernos, mientras evitan el nombre purgatorio, frecuentemente ense\u00f1an la doctrina del \u00abestado medio\u00bb y Martensen (\u00abDogm\u00e1ticos Cristianos,\u00bb Edimburgo, 1890, p. 457) escribe: \u00abComo ninguna alma deja la presente existencia en un estado total y completamente preparado, debemos suponer que existe un estado intermedio, un reino de desarrollo progresivo (?) donde las almas son preparadas para el juicio final\u00bb(Farrar, \u00abPiedad y Juicio,\u00bb Londres, 1881, cap. iii). <\/p>\n<h2>Pruebas<\/h2>\n<p>  La doctrina cat\u00f3lica del purgatorio supone que algunos mueren con peque\u00f1as faltas de las cuales no hubo verdadero arrepentimiento, y tambi\u00e9n del hecho que la pena temporal debida al pecado no est\u00e1 completamente pagada en esta vida. Las pruebas de la posici\u00f3n cat\u00f3lica, ambas, en las Escrituras y en la Tradici\u00f3n, est\u00e1n atadas tambi\u00e9n con la pr\u00e1ctica de orar por los muertos. Pero \u00bf por qu\u00e9 orar por los muertos si no hubiera la creencia en el poder de la oraci\u00f3n para proporcionar consuelo a aquellos quienes a\u00fan est\u00e1n excluidos de ver a Dios?. Esta posici\u00f3n es tan cierta que las oraciones por los muertos y la existencia de un lugar de purgaci\u00f3n son mencionadas conjuntamente en los m\u00e1s antiguos pasajes de los Padres, los cuales alegan razones para auxiliar a las almas que ya partieron. Aquellos que se han opuesto a la doctrina del purgatorio han confesado que las oraciones por los muertos podr\u00edan ser el argumento sin respuesta si la doctrina moderna del \u00abjuicio particular\u00bb hubiese sido asumida en los primeros tiempos. Pero, basta con leer los testimonios alegados de m\u00e1s adelante para sentirse seguro que los Padres hablan, con el mismo aliento, de ofrendas a los muertos y de un lugar de purga;<br \/>\n  Y basta con consultar la evidencia encontrada en las catacumbas para sentirse igualmente seguro que la all\u00ed expresada fe cristiana, abraza claramente la creencia en el juicio inmediatamente despu\u00e9s de la muerte. Wilpert (\u00abRoma Sotteranea,\u00bb I, 441) entonces concluye en el cap\u00edtulo XXI, \u00abChe tale esaudimento\u00bb, etc.,<br \/>\n  \u00abSe ha intercedido por el alma de los amados que han partido y Dios ya escuchado las oraciones, y el alma ha pasado a un lugar de luz y frescura\u00bb \u00abSeguramente\u00bb, Wilpert agrega, \u00abtal intercesi\u00f3n no tendr\u00eda lugar si el asunto fuera sobre el juicio final y no sobre el particular\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Bastante se ha tratado el tema de la objeci\u00f3n que los antiguos cristianos no ten\u00edan un concepto claro del purgatorio y que pensaban que las almas que part\u00edan se manten\u00edan en incertidumbre de salvaci\u00f3n hasta el \u00faltimo d\u00eda; y, consecuentemente oraban por aquellos que se hab\u00edan ido antes, y que pudieran, en el juicio final, escapar incluso los eternos castigos del infierno. Las tradiciones cristianas m\u00e1s antiguas son bien claras en cuanto al juicio particular y, m\u00e1s claramente en relaci\u00f3n a la aguda distinci\u00f3n entre purgatorio e infierno. Los pasajes mencionados como referentes al auxilio del infierno no pueden desalinear la evidencia entregada m\u00e1s abajo. (Bellarmino, \u00abDe Purgatorio,\u00bb lib. II, cap. v). En relaci\u00f3n al famoso caso de Trajano, el cual fue debatido por los Doctores de la Edad Media, ver Belarmino, loc. Cit., cap. Viii.\n<\/p>\n<h3>Antiguo Testamento<\/h3>\n<p>  La tradici\u00f3n de los jud\u00edos est\u00e1 clara y precisamente establecida en la II Macabeos. Judas, comandante de las fuerzas de Israel \u00abreuni\u00e9ndolos&#8230;envi\u00f3 doce mil dracmas de plata a Jerusal\u00e9n para ofrecer en sacrificio por los pecados de los muertos, pensando bien y religiosamente en relaci\u00f3n a la resurrecci\u00f3n (porque si \u00e9l no esperara que aquellos que fueron esclavos pudieran levantarse nuevamente, habr\u00eda parecido superfluo y vano orar por los muertos). Y, porque consider\u00f3 que aquellos que se han dormido en Dios tienen gran gracia en ellos. \u00abEs por lo tanto, un pensamiento sagrado y saludable orar por los muertos, que ellos pueden ser librados de los pecados\u00bb (2 Mac. 12,43-46). En los tiempos de los Macabeos los l\u00edderes del pueblo de Dios no ten\u00edan dudas en afirmar la eficiencia de las oraciones ofrecidas por los muertos para que aquellos que hab\u00edan partido de \u00e9sta vida encuentren el perd\u00f3n por sus pecados y esperanza de resurrecci\u00f3n eterna.<\/p>\n<h3>Nuevo Testamento<\/h3>\n<p>  Hay varios pasajes en el Nuevo Testamento que apuntan a un proceso de purificaci\u00f3n despu\u00e9s de la muerte. Es por esto que Jesucristo declara (Mt. 12,32) \u00abY quien hable una palabra contra el Hijo del Hombre, ser\u00e1 perdonado: pero aquel que hable una palabra contra el Esp\u00edritu Santo, no ser\u00e1 perdonado ni en este mundo ni en el que vendr\u00e1\u00bb. De acuerdo a San Isidoro de Sevilla (Deord. creatur., c. XIV, n. 6) estas palabras prueban que en la pr\u00f3xima vida \u00abalgunos pecados ser\u00e1n perdonados y purgados por cierto fuego purificador\u00bb. San Agust\u00edn tambi\u00e9n argumenta \u00abalgunos pecadores no son perdonados ni en este mundo o en el pr\u00f3ximo \u00abque a algunos pecadores no se les perdonar\u00e1n sus faltas ya sea en este mundo o en el pr\u00f3ximo no se podr\u00eda decir con verdad a no ser que hubieran otros (pecadores) quienes, aunque no se les perdone en esta vida, son perdonados en el mundo por venir.\u00bb (De Civ. Dei, XXI, XXIV). Gregorio el Grande (Dial., IV, XXXIX) hace la misma interpretaci\u00f3n; San Beda (comentario sobre este texto); San Bernardo (Sermo LXVI en Cantic., n.11) y otros eminentes te\u00f3logos escritores.<br \/>\n    Alma del Purgatorio , por Mar\u00eda Laura Rebaza Guti\u00e9rrez, destacada ceramista y artista gr\u00e1fica peruana. 2012.Un nuevo argumento es dado por San Pablo en 1 Cor. 3,11-15: \u00bb Pues nadie puede cambiar la base; ya est\u00e1 puesta, y es Cristo Jes\u00fas Sobre este cimiento se puede construir con oro, plata, piedras preciosas, madera, ca\u00f1a o paja. [13] Un d\u00eda se ver\u00e1 el trabajo de cada uno. Se har\u00e1 p\u00fablico en el d\u00eda del juicio, cuando todo sea probado por el fuego. El fuego, pues, probar\u00e1 la obra de cada uno. [14] Si lo que has construido resiste al fuego, ser\u00e1s premiado. [15] Pero si la obra se convierte en cenizas, el obrero tendr\u00e1 que pagar. Se salvar\u00e1, pero no sin pasar por el fuego.\u00bb Dado que este pasaje presenta considerables dificultades, es visto por muchos de los Padres y te\u00f3logos como evidencia de la existencia de un estado intermedio en el cual la basura de trasgresiones livianas ser\u00e1n quemadas y de este modo, el alma purificada ser\u00e1 salvada. Esto, de acuerdo a Belarmino (De Purg., I,5) es la interpretaci\u00f3n mas com\u00fanmente dada por los Padres y te\u00f3logos; y cita para tales efectos: <\/p>\n<ul>\n<li> San Ambrosio (comentario sobre el texto, y Sermo XX en Ps. CXVII), <\/li>\n<li> San Jer\u00f3nimo, (Com. en Am\u00f3s, c. 4), <\/li>\n<li> San Agust\u00edn (Com. en Ps. 38), <\/li>\n<li> San Gregorio (Dial., IV, XXXIX), y <\/li>\n<li> Or\u00edgenes (Hom. VI en Exod.).<\/li>\n<\/ul>\n<p style=\"text-align: justify\">Ver tambi\u00e9n a Santo Tom\u00e1s \u00abContra Gentes,\u00bb, IV, 91. Ver Atzberger sobre una discusi\u00f3n del problema exeg\u00e9tico en \u00abDie christliche Eschatologie\u00bb, p. 275.\n<\/p>\n<h3>Tradici\u00f3n<\/h3>\n<p style=\"text-align: justify\">Esta doctrina que muchos que han muerto a\u00fan est\u00e1n en un lugar de purificaci\u00f3n y que las oraciones valen para ayudar a los muertos es parte de la tradici\u00f3n cristiana m\u00e1s antigua. Tertuliano en \u00abDe corona militis\u00bb menciona las oraciones para los muertos como una orden apost\u00f3lica y en \u00abDe Monogamia\u00bb (cap. x, P. L., II, col. 912) aconseja a una viuda \u00aborar por el alma de su esposo, rogando por el descanso y participaci\u00f3n en la primera resurrecci\u00f3n\u00bb; adem\u00e1s, le ordena \u00bb hacer sacrificios por \u00e9l en el aniversario de su defunci\u00f3n,\u00bb y la acus\u00f3 de infidelidad si ella se negaba a socorrer su alma. Esto estableci\u00f3 un claro h\u00e1bito de la Iglesia desde San Cipriano quien (P. L. IV, col. 399) prohibi\u00f3 las oraciones habituales para quien ha violado la ley eclesi\u00e1stica. \u00abNuestros predecesores prudentemente aconsejaron que ning\u00fan hermano, que deja esta vida, debe nombrar a ninguna persona de la Iglesia como su ejecutor; y de hacerlo, no se debe realizar ning\u00fan sacrificio por \u00e9l ni ofrenda por su reposo.\u00bb Mucho tiempo antes de Cipriano, Clemente de Alejandr\u00eda hab\u00eda tratado de resolver el problema del estado o condici\u00f3n del hombre que, reconciliado con Dios en su lecho de muerte, no tuvo el tiempo necesario para completar la penitencia debida a su trasgresi\u00f3n. Su respuesta es: \u00abel creyente a trav\u00e9s de la disciplina se despoja de sus pasiones y pasa a una mansi\u00f3n donde es mejor que el anterior, pasa por el m\u00e1s gran tormento, tomando con \u00e9l la caracter\u00edstica de arrepentimiento por las faltas que pudo haber cometido luego del bautismo. El es entonces, torturado a\u00fan m\u00e1s, no obteniendo a\u00fan lo que el ve que otros han adquirido. Los mayores tormentos son asignados al creyente, porque la virtud de Dios es buena y Su bondad, correcta, y aunque estos castigos cesan durante el curso de la expiaci\u00f3n y purificaci\u00f3n de cada quien, \u00aba\u00fan\u00bb etc. (P. G. IX, col. 332).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Con Or\u00edgenes, la doctrina del purgatorio es muy clara. Si un hombre deja esta vida con faltas peque\u00f1as, es condenado al fuego que quema los materiales peque\u00f1os, y prepara el alma para el Reino de Dios, donde no puede entrar nada manchado. \u00abPorque si sobre la base de Cristo, haz construido no s\u00f3lo oro y plata sino piedras preciosas (1 Cor. 3); sino tambi\u00e9n madera, ca\u00f1a o paja \u00bfqu\u00e9 es lo que esperas cuando el alma sea separada del cuerpo? \u00bfEntrar\u00edas al cielo con tu madera y ca\u00f1a y paja y de este modo manchar el reino de Dios? \u00bf o en raz\u00f3n de estos obst\u00e1culos podr\u00edas quedarte sin recibir premio por tu oro y plata y piedras preciosas? Ninguno de estos casos es justo. Queda entonces, que ser\u00e1s sometido al fuego que quemar\u00e1 los materiales livianos; para nuestro Dios, a aquellos que pueden comprender las cosas del cielo est\u00e1 llamado el fuego purificador\u201d.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Pero este fuego no consume a la creatura, sino lo que ella ha construido, madera, ca\u00f1a o paja. Es manifiesto que el fuego destruye la madera de nuestras trasgresiones y luego nos devuelve con el premio de nuestras grandes obras.\u00bb (P. G., XIII, col. 445, 448).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">La pr\u00e1ctica apost\u00f3lica de orar por los muertos la cual pas\u00f3 a la liturgia de la Iglesia, fue tan clara en el siglo IV como lo es en el XX. San Cirilo de Jerusal\u00e9n (Catechet. Mystog., V, 9, P.G., XXXIII, col. 1116) escribe al describir la liturgia: \u00abEntonces oramos por los Santos Padres y Obispos que han muerto; y brevemente por todos aquellos que han dejado esta vida en nuestra comuni\u00f3n; creyendo que las almas de aquellos por quienes oramos reciben un gran alivio, mientras esta santa y tremenda v\u00edctima yace en el altar.\u00bb San Gregorio de Niza (P. G., XLVI, col. 524, 525) declara que las debilidades del hombre son purgadas en esta vida a trav\u00e9s de la oraci\u00f3n y sabidur\u00eda, o son expiadas en la pr\u00f3xima a trav\u00e9s del fuego limpiador. \u00bb Cuando el renuncia a su cuerpo y la diferencia entre la virtud y el vicio es conocida, no puede acercarse a Dios hasta no haber purgado con fuego que limpia las manchas con las cuales su alma est\u00e1 infectada. Ese mismo fuego en otros cancelar\u00e1 la corrupci\u00f3n de materia y la propensi\u00f3n al mal\u00bb. M\u00e1s menos en los mismos tiempos, la Constituci\u00f3n Apost\u00f3lica nos entrega los formularios usados para socorrer a los muertos. \u00abOremos por nuestros hermanos que durmieron en Cristo, que Dios en su amor por los hombres reciba el alma del que parti\u00f3 y le perdone todas sus faltas, y por misericordia y clemencia lo reciba en el seno de Abraham, junto con aquellos que, en esta vida, han agradado a Dios\u00bb (P. G. I, col. 1144). Tampoco podemos omitir el uso de los d\u00edpticos donde son inscritos los nombres de los muertos; y este recordatorio por los nombres en los misterios sagrados (una pr\u00e1ctica desde los Ap\u00f3stoles) fue considerada por San Juan Cris\u00f3stomo como la mejor forma de aliviar a los muertos (En I Ad Cor., Hom. XLI, n. 4, G., LXI, col. 361, 362). Las ense\u00f1anzas de los Padres, y las f\u00f3rmulas usadas en la liturgia de la Iglesia, encuentran su expresi\u00f3n en los monumentos m\u00e1s antiguos del cristianismo, particularmente en aquellos contenidos en las catacumbas. En las tumbas de los creyentes se inscrib\u00edan palabras de esperanza, palabras de petici\u00f3n por su paz y descanso; y en la medida que se acercaban los aniversarios, se reun\u00edan los creyentes alrededor de las tumbas de los muertos para interceder por aquellos que se hab\u00edan marchado. En el fondo, esto no es nada menos que la fe expresada en el Concilio de Trento (Ses. XXV, \u00abDe Purgatorio\u00bb), y para esta fe, las inscripciones en las catacumbas eran con seguridad, testigos. En el siglo IV en Occidente, Ambrosio insiste en su comentario a San Pablo (1 Cor. 3) en la existencia del purgatorio, y en su oraci\u00f3n funeraria maestra (De obitu Theodosii), donde oraba por el alma del emperador que hab\u00eda partido: \u00bb Da, Oh Se\u00f1or, descanso a Tu servidor Teodosio, aquella paz que T\u00fa has preparado para tus santos&#8230;.Lo amaba, por eso lo seguir\u00e9 a la tierra de los vivos; no lo dejar\u00e9 hasta que por mis oraciones y lamentaciones sea admitido en el santo monte del Se\u00f1or, a quien sus m\u00e9ritos llama\u00bb (P. L., XVI, col. 1397).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">San Agust\u00edn es a\u00fan m\u00e1s claro que su maestro. Describe dos condiciones de los hombres: \u00abalgunos son aquellos que han partido de esta vida no tan mal como para no merecer misericordia, ni tan buenos como para merecer la felicidad inmediata\u00bb etc, y en la resurrecci\u00f3n, dice, habr\u00e1 algunos quienes han pasado por estas penas de las cuales los esp\u00edritus de los muertos son responsables\u00bb (De Civ. Dei, XXI, 24). Es as\u00ed como, al final del siglo IV no s\u00f3lo (1) encontramos oraciones por los muertos en todas las liturgias, sino que los Padres afirmaron que tal pr\u00e1ctica era de los mismos Ap\u00f3stoles; (2) aquellos que son ayudados por las oraciones de los creyentes y por la celebraci\u00f3n de los Sagrados Misterios, est\u00e1n en un lugar de purgaci\u00f3n; (3) desde donde una vez purificados, ser\u00e1n \u00abadmitidos en el Sagrado Monte del Se\u00f1or\u00bb. Esta tradici\u00f3n patr\u00edstica es tan clara, que aquellos que no creen en el purgatorio no han sido capaces de presentar ninguna seria dificultad de los escritos de los Padres. Los pasajes citados, por el contrario, ya sea que no tocan el tema del todo, o son tan carentes de claridad que no pueden desalinear la perfectamente abierta expresi\u00f3n de la doctrina como se encuentra en los mismos Padres quienes son citados como sosteniendo opiniones contrarias (Bellarmine \u00abDe Purg.\u00bb, lib. I, cap. XIII).\n<\/p>\n<h2>Duraci\u00f3n y Naturaleza<\/h2>\n<h3>Duraci\u00f3n<\/h3>\n<p style=\"text-align: justify\">Las mismas razones que fundamentan la existencia del purgatorio, dan testimonio de su car\u00e1cter pasajero. Oramos y ofrecemos sacrificios por las almas de all\u00ed que \u00abDios en su misericordia puede perdonar las faltas y recibirlas en el seno de Abraham.\u00bb (Const. Apost., P. G., I col. 1144); y Agust\u00edn (De Civ. Dei, lib. XXI, cap.XIII y XVI) declara que el castigo del purgatorio es temporal y cesar\u00e1 al menos en el Juicio Final. \u00abAunque los castigos temporales ser\u00e1n sufridos por algunos solo en esta vida, por otros luego de la muerte y por otros en ambos; pero todos antes del mas estricto y final juicio\u00bb.\n<\/p>\n<h3>Naturaleza del Castigo<\/h3>\n<p style=\"text-align: justify\">Queda claro en las Escrituras y por los Padres citados m\u00e1s arriba, que las almas de aquellos por cuya paz se ofrece sacrificio, quedan hasta el momento impedidas de la visi\u00f3n de Dios. \u00abNo eran tan buenas como para merecer la felicidad eterna\u00bb. A\u00fan as\u00ed, para ellas \u00abla muerte es el t\u00e9rmino no de la naturaleza, sino del pecado\u00bb (Ambrosio, \u00abDe obitu Theodos.\u00bb); y esta inhabilidad para pecar les asegura su felicidad final. Esta es la posici\u00f3n cat\u00f3lica proclamada por Le\u00f3n X en la Bula \u00abExurge Domine\u00bb la cual condena los errores de Mart\u00edn Lutero.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\u00bfEst\u00e1n las almas detenidas en el purgatorio conxcientes que su felicidad es aplazada por un tiempo o puede a\u00fan estar en duda en relaci\u00f3n a su salvaci\u00f3n final?. Las antiguas liturgias y las inscripciones en las catacumbas hablan de un \u00absue\u00f1o de paz\u00bb lo cual ser\u00eda imposible si hubiera dudas de la salvaci\u00f3n final. Algunos de los Doctores de la Edad Media planteaban que la incertidumbre de la salvaci\u00f3n es uno de los castigos severos del purgatorio (Bellarmino, \u00abDe Purgat.\u00bb lib. II, cap. iv); aunque esta opini\u00f3n no encuentra cr\u00e9dito general entre los te\u00f3logos del per\u00edodo medieval, tampoco es posible bajo la luz de la fe un juicio particular. San Buenaventura no da como la raz\u00f3n de la eliminaci\u00f3n de este temor y de incertidumbre, la convicci\u00f3n \u00edntima que ya no pueden pecar m\u00e1s (lib. IV, dist. XX, p.1, a.1 q. IV): \u00abEst evacuatio timoris propter confirniationem liberi arbitrii, qua deinceps scit se peccare non posse\u00bb (El miedo es echado fuera por la fortaleza de la voluntad por la cual el alma sabe que no puede volver a pecar) y Santo Tom\u00e1s (dist. XXI, q.I, a.1) que dice: \u00abnisi scirent se esse liberandas suffragia non peterent\u00bb (a no ser que hubieran sabido que ser\u00edan liberados, no pedir\u00edan oraciones).\n<\/p>\n<h3>M\u00e9rito<\/h3>\n<p style=\"text-align: justify\">En la Bula \u00abExurge Domine\u00bb Le\u00f3n X condena la proposici\u00f3n (n. 38) \u00abNec probatum est ullis aut rationibus aut scripturis ipsas esse extra statum merendi aut augendae caritatis\u00bb (No hay prueba racional o por las Escrituras que ellas (las almas del purgatorio) no puedan merecer o aumentar en caridad). Para ellas, \u00abla noche ha llegado donde ning\u00fan hombre puede trabajar\u00bb y la tradici\u00f3n cristiana siempre ha considerado que s\u00f3lo en esta vida puede trabajar para beneficio de su propia alma. Los Doctores de la Edad Media mientras acordaban que \u00e9sta vida es el momento para el m\u00e9rito y aumento de la gracia, a\u00fan algunos con Santo Tom\u00e1s parecen cuestionar si acaso pudiera haber alg\u00fan premio no esencial que las almas del purgatorio pudieran merecer (IV, dist. XXI, q. I, a. 3). Belarmino cree que en esta materia, Santo Tom\u00e1s cambi\u00f3 su opini\u00f3n y se refiere a una declaraci\u00f3n del mismo Santo Tom\u00e1s (\u00abDe Malo\u00bb, q. VII, a. 11). Sea cual sea la mente del Doctor Ang\u00e9lico, los te\u00f3logos acuerdan que no es posible ning\u00fan m\u00e9rito en el purgatorio y si hay objeciones que las almas logran m\u00e9ritos por las oraciones, Belarmino dice que tales oraciones valen ante Dios por m\u00e9rito ya adquirido \u00ab(Solum impetrant ex meritis praeteritis quomodo nunc sancti orando) pro nobis impetrant licet non merendo\u00bb (Valen s\u00f3lo en virtud de m\u00e9ritos pasados as\u00ed como aquellos que hoy son santos interceden por nosotros no por m\u00e9rito sino por oraci\u00f3n.) (loc. cit. II, cap. III).\n<\/p>\n<h3>Fuego del Purgatorio<\/h3>\n<p style=\"text-align: justify\">Besario, en el Concilio de Florencia argument\u00f3 en contra de la existencia de un real fuego del purgatorio, y los griegos estaban seguros que la Iglesia Romana nunca hab\u00eda emitido ning\u00fan decreto dogm\u00e1tico sobre tal tema. En Occidente, la creencia en la existencia del fuego real es com\u00fan. Agust\u00edn en Ps.37 n.3, habla del dolor que el fuego del purgatorio produce, como m\u00e1s severo que ninguna cosa puede sufrir un hombre en esta vida, \u00abgravior erit ignis quam quidquid potest homo pati in hac vita\u00bb (P. L., col. 397). Gregorio el Grande habla de aquellos que, despu\u00e9s de esta vida \u00abexpiar\u00e1n sus faltas con flamas del purgatorio\u00bb y agrega \u00abque el dolor ser\u00e1 m\u00e1s intolerable que ninguno en esta vida\u00bb (Ps.3 Poenit, n. 1). Siguiendo los pasos de Gregorio, Santo Tom\u00e1s ense\u00f1a (IV, dist. XXI, q I(, a1) que aparte de la separaci\u00f3n del alma de la vista de Dios, hay otro castigo del fuego. \u00abUna poena damni, in quantum scilicet retardantur a divina visione; alia sensus secundum quod ab igne punientur\u00bb, y San Buenaventura no solo concuerda con Santo Tom\u00e1s, sino que agrega (IV, dist. XX, p.1, a.1, q. II) que este castigo con fuego es m\u00e1s severo que ning\u00fan castigo que le llegue al hombre en esta vida\u00bb;\u00bbGravior est oinni temporali poena. quam modo sustinet anima carni conjuncta\u00bb. Los Doctores no saben c\u00f3mo este fuego afecta a las almas de los que partieron y, en tales materias es bueno reparar las advertencias del Concilio de Trento al ordenar a los obispos \u00abexcluir de sus sermones cuestiones dif\u00edciles y perspicaces que no tienden a la edificaci\u00f3n y de cuya discusi\u00f3n no aumenta ni la piedad ni la devoci\u00f3n\u00bb (Sess. XXV, \u00abDe Purgatorio\u00bb).\n<\/p>\n<h2>Socorro a los Muertos<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify\">Las Escrituras y los Padres, ordenan oraciones y oblaciones por los que han partido y el Concilio de Trento (Sess. XXV, \u00abDe Purgatorio\u00bb) en virtud de esta tradici\u00f3n no s\u00f3lo afirma la existencia del purgatorio sino que agrega \u00abque las almas que est\u00e1n all\u00ed detenidas, son ayudadas por los votos de los creyentes y principalmente por el aceptable sacrificio del altar\u00bb. La ense\u00f1anza cristiana m\u00e1s antigua es que aquellos en la Tierra a\u00fan est\u00e1n en comuni\u00f3n con las almas del purgatorio, y que los vivos ayudan a los muertos con sus oraciones y queda claro de la tradici\u00f3n descrita m\u00e1s arriba. Que el Santo Sacrificio era ofrecido por los que han partido fue recibido por la Tradici\u00f3n Cat\u00f3lica incluso en los tiempos de Tertuliano y Cipriano, y que las almas de los muertos son ayudadas particularmente \u00abmientras la sagrada v\u00edctima yace en el altar\u00bb es una expresi\u00f3n de SanCirilo de Jerusal\u00e9n citada anteriormente. Agust\u00edn (Serm. Clxii, n.2) dice que \u00ablas oraciones y limosnas del creyente, el Santo Sacrificio del Altar ayuda al creyente que parti\u00f3 y mueve al Se\u00f1or a manejarlos con misericordia y bondad y, agrega, \u00abEsta es la pr\u00e1ctica de la Iglesia universal facilitada por los Padres\u00bb. Ya sea que nuestras obras de satisfacci\u00f3n realizados en pro de los muertos los beneficia puramente por la benevolencia y piedad de Dios o ya sea que Dios se obliga en justicia aceptar nuestra expiaci\u00f3n sustitutiva, no es una cuesti\u00f3n ya determinada. Su\u00e1rez piensa que la aceptaci\u00f3n es una aceptaci\u00f3n de justicia, y afirma la pr\u00e1ctica com\u00fan de la Iglesia que une juntos a los vivos con los muertos sin ning\u00fan tipo de discriminaci\u00f3n (De poenit., disp. XLVIII, 6, n. 4).\n<\/p>\n<h2>Indulgencias<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify\">El Concilio de Trento (Sess. XXV) define que las indulgencias son \u00abmuy saludables para los cristianos\u00bb y que su \u00abuso es para ser mantenida en la Iglesia\u00bb. La ense\u00f1anza m\u00e1s com\u00fan de los te\u00f3logos cat\u00f3licos es que las indulgencias pueden ser aplicadas a las almas detenidas en el purgatorio; y que las indulgencias est\u00e1n disponibles para ellos \u00abpor medio del voto\u00bb (per modum suffragii).(1) Agust\u00edn (De Civ. Dei, XX, IX) declara que las almas de los creyentes que han partido no est\u00e1n separadas de la Iglesia, la cual es el Reino de Cristo, y por esta raz\u00f3n las oraciones y votos de los vivos son de ayuda para los muertos. \u00abEntonces, si\u00bb &#8211; argumenta Belarmino (De indulgentiis, XIV) \u00abpodemos ofrecer nuestras oraciones y satisfacciones en pro de aquellos detenidos en el purgatorio, porque somos miembros del gran cuerpo de Cristo \u00bfporqu\u00e9 la Vicar\u00eda de Cristo no aplica a las mismas almas la superabundante satisfacci\u00f3n de Cristo y sus santos- de los cuales El es su dispensador?\u00bb Esta es la doctrina de Santo Tom\u00e1s (IV, Sent., dist. Xls, q. II, a.3 q.2) quien afirma que las indulgencias benefician principalmente a la persona que realiza la obra por la cual es dada la indulgencia, y secundariamente puede servir igual para los muertos, si la forma en la cual la indulgencia es otorgada es enunciada como capaz de tal interpretaci\u00f3n, y agrega \u00abtampoco hay raz\u00f3n alguna por la que la Iglesia no disponga de sus tesoros de m\u00e9ritos en favor de los muertos, como seguramente dispone en relaci\u00f3n a los vivos\u00bb. (2) San Buenaventura (IV, Sent., dist. Xx, p.2, q.v) concuerda con Santo Tom\u00e1s pero agrega que tal \u00abrelajaci\u00f3n no puede darse bajo la forma de absoluci\u00f3n como en el caso de los vivos, sino s\u00f3lo en la forma de voto (Haec non tenet modum judicii, sed potius suffragii). Esta opini\u00f3n de San Buenaventura, que la Iglesia a trav\u00e9s de su Pastor Supremo no absuelve jur\u00eddicamente las almas en el purgatorio del castigo debido a sus pecados, es la ense\u00f1anza de los Doctores. Ellos se\u00f1alan (Gratian, 24 q. II, 2, can.1) que en el caso de aquellos que han partido de esta vida el juicio est\u00e1 reservado a Dios; ellos afirman la autoridad de Gelasio (Ep. ad Fausturn; Ep. ad. Episcopos Dardaniae) en apoyo de su argumento (Graciano ibid), y tambi\u00e9n insisten que los Pont\u00edfices Romanos cuando otorgan indulgencias que son aplicables a los muertos, agregan la restricci\u00f3n \u00abper MODEM suffragii et deprecationis\u00bb. Esta frase se encuentra en la Bula de Sixto IV \u00abRomani Pontificis pr\u00f3vida diligentia\u00bb, 27 de Nov., 1447. La frase \u00abper modum suffragi et deprecationis\u00bb ha sido interpretada de varias maneras (Belarmino, \u00abDe Indulgentiis\u00bb p. 137). Belarmino mismo dice: \u00abLa opini\u00f3n verdadera es que las indulgencias valen como votos, porque ellas valen no para modelar una absoluci\u00f3n jur\u00eddica &#8216;quia non prosunt per modum juridicae absolutionis&#8217;.\u00bb Pero, de acuerdo al mismo autor, el voto de los creyentes vale por momentos \u00abper modum meriti congrui\u00bb (por v\u00eda del m\u00e9rito), y en otros momentos, \u00abper modum impetrationis\u00bb (por medio de s\u00faplica) a veces \u00abper modum satisfactionis\u00bb (por medio de satisfacci\u00f3n); pero cuando se trata de aplicar una indulgencia a alguien en el purgatorio s\u00f3lo es \u00abper modum suffragii satisfactorii\u00bb y por esta raz\u00f3n \u00abel Papa no absuelve el alma en purgatorio del castigo debido al pecado, sino que ofrece a Dios lo que sea necesario de sus tesoros para la cancelaci\u00f3n de este castigo\u00bb. Si la cuesti\u00f3n continuara si tal satisfacci\u00f3n es aceptada por Dios por piedad y benevolencia, o \u00abex justitia\u00bb, los te\u00f3logos no est\u00e1n de acuerdo &#8211; algunos sostienen una opini\u00f3n, otros otra. Belarmino luego de examinar ambos lados (pp. 137, 138) no osa establecer \u00abninguna opini\u00f3n sino que se inclina a pensar que los primeros son m\u00e1s razonables mientras que se pronuncia que los \u00faltimos est\u00e1n mas en armon\u00eda con la misericordia (\u00abadmodum pia\u00bb).\n<\/p>\n<h3>Condici\u00f3n<\/h3>\n<p style=\"text-align: justify\">Para que una indulgencia pueda beneficiar a aquellos en el purgatorio, se requieren varias condiciones:\n<\/p>\n<ul>\n<li> La indulgencia debe ser otorgada por el Papa.<\/li>\n<li> Debe haber suficiente raz\u00f3n para otorgarla, la indulgencia y su raz\u00f3n deben incumbir a la gloria de Dios y utilidad de la Iglesia, no solamente para ser m\u00e1s \u00fatiles para las almas del purgatorio. <\/li>\n<li> La obra p\u00eda ordenada debe ser como en el caso de las indulgencias para los vivos. <\/li>\n<\/ul>\n<p style=\"text-align: justify\">Si el estado de gracia no es una condici\u00f3n requerida, con toda probabilidad la persona que desempe\u00f1a la obra puede ganar la indulgencia para los muertos, incluso si el mismo no est\u00e9 en amistad con Dios (Belarmino, loc. Cit., p.139). Su\u00e1rez (De Poenit., disp. HI, s.4, n.5 y 6) establece esto categ\u00f3ricamente cuando dice: \u00abStatus gratiae solum requiritur ad tollendum obicem indulgentiae\u00bb (el estado de gracia es solo requerido para remover alg\u00fan estorbo a la indulgencia), y en el caso de las almas sagradas, no puede haber impedimento. Esta ense\u00f1anza deslinda con la doctrina de la Comuni\u00f3n de los Santos y los monumentos de las catacumbas representan los santos y m\u00e1rtires como intercesores con Dios por los muertos. Tambi\u00e9n las oraciones de las antiguas liturgias hablan de Mar\u00eda y los santos intercediendo por aquellos que se han ido de esta vida. Agust\u00edn cree que el entierro en una bas\u00edlica dedicada a un sagrado m\u00e1rtir es de valor para un muerto, porque aquellos que recuerdan su memoria que ha sufrido recomendar\u00e1 a las oraciones del m\u00e1rtir el alma de aquel que ha dejado esta vida (Belarmino, lib. II, xv) En el mismo lugar, Belarmino acusa a Domingo A. Soto de imprudencia porque niega esta doctrina.\n<\/p>\n<h2>Invocaci\u00f3n de las almas<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify\">\u00bfOran por nosotros las almas en el purgatorio? \u00bfPodemos pedir su intervenci\u00f3n en nuestras necesidades? No hay una decisi\u00f3n respecto a este tema en la Iglesia, tampoco los te\u00f3logos se han pronunciado definitivamente en relaci\u00f3n a la invocaci\u00f3n de las almas en el purgatorio y su intercesi\u00f3n por los vivos. En las antiguas liturgias, no hay oraciones de la Iglesia dirigidas a aquellos que a\u00fan est\u00e1n en el purgatorio. En las tumbas de los primeros cristianos lo m\u00e1s com\u00fan es encontrar una oraci\u00f3n o s\u00faplica pidiendo que quien parti\u00f3 interceda ante Dios por los amigos sobrevivientes, aunque estas inscripciones siempre parecen suponer que quien parti\u00f3 ya est\u00e1 con Dios. Santo Tom\u00e1s (II-II:83:11) niega que las almas en el purgatorio oren por los vivos y establece que no est\u00e1n en posici\u00f3n de orar por nosotros, sino al rev\u00e9s, nosotros debemos interceder por ellos. A pesar de la autoridad de Santo Tom\u00e1s, muchos renombrados te\u00f3logos sostienen que las almas en el purgatorio realmente oran por nosotros y que podemos invocar su ayuda. Belarmino (De Purgatorio, lib. II, XV) dice que la raz\u00f3n aludida por Santo Tom\u00e1s no es del todo convincente y sostiene que en virtud de su mayor amor de Dios y su uni\u00f3n con El sus oraciones pueden tener mayor poder de intercesi\u00f3n, porque son realmente superiores en amor de Dios y de intimidad de uni\u00f3n con El. Su\u00e1rez (De poenit., disp. XLVII, s. 2, n. 9) va m\u00e1s all\u00e1 y afirma \u00abque las almas del purgatorio son sagradas y amadas por Dios, que nos aman con amor verdadero y est\u00e1n atentas a nuestros deseos; que conocen de modo general nuestras necesidades y nuestros peligros y cu\u00e1n grande es nuestra necesidad de ayuda y gracia Divina\u00bb.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Al plantearse la cuesti\u00f3n de invocar las oraciones de aquellos en el purgatorio, Belarmino (loc. Cit) piensa que es superfluo, ordinariamente hablando, porque ellos ignoran nuestras circunstancias y condiciones. Esta opini\u00f3n es discordante con la opini\u00f3n de Su\u00e1rez, quien admite conocimiento al menos en una forma general, tambi\u00e9n con la opini\u00f3n de muchos te\u00f3logos modernos quienes plantean la hoy com\u00fan pr\u00e1ctica en casi todos los creyentes de dirigir sus oraciones y peticiones en ayuda de aquellos que a\u00fan est\u00e1n en un lugar de purgaci\u00f3n. Scavini (Theol. Moral., XI, n. l74) no encuentra razones porqu\u00e9 las almas detenidas en el purgatorio, no pudieran orar por nosotros, incluso que oremos los unos por los otros. El afirma que esta pr\u00e1ctica ha sido com\u00fan en Roma y tiene el gran nombre de San Alfonso en su favor. San Alfonso en su obra \u00abGrandes Medios de Salvaci\u00f3n\u00bb cap\u00edtulo I, III, 2 luego de citar a Silvio, Gotti, Lessius y Medina como favorables a esta opini\u00f3n, concluye: \u00abde este modo las almas en purgatorio, siendo amadas por Dios y confirmadas en gracia, no tienen absolutamente ning\u00fan impedimento que evite que oren por nosotros. A\u00fan as\u00ed, la Iglesia no los invoca o implora su intercesi\u00f3n porque ordinariamente no tienen conocimiento de nuestras oraciones. Pero podemos p\u00edamente creer que Dios les da a conocer nuestras oraciones\u00bb.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">El sostiene tambi\u00e9n la autoridad de Santa Catalina de Bolonia quien \u00absiempre que ella dese\u00f3 alg\u00fan favor apelaba a las almas en purgatorio y era inmediatamente escuchada\u00bb\n<\/p>\n<h2>Utilidad de la oraci\u00f3n por los difuntos<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify\">Es materia de fe tradicional de los cat\u00f3licos, que las almas en el purgatorio no est\u00e1n separadas de la Iglesia y que el amor que es el lazo de uni\u00f3n entre los miembros de la Iglesia debe abrazar a aquellos que han dejado esta vida en la gracia de Dios. Por lo tanto, dado que nuestras oraciones y sacrificios pueden ayudar a aquellos que a\u00fan esperan en el purgatorio, los santos no han dudado en advertirnos que tenemos un real deber hacia aquellos que a\u00fan exp\u00edan en el purgatorio. La Santa Iglesia a trav\u00e9s de la Congregaci\u00f3n para las Indulgencias, el 18 de diciembre de 1885 ha conferido una bendici\u00f3n especial a los as\u00ed llamados \u00abactos heroicos\u00bb en virtud de los cuales \u00bb un miembro militante de la Iglesia ofrece a Dios por las almas en purgatorio, todas las buenas obras que realizar\u00e1 durante su vida y tambi\u00e9n todos los votos que pudiesen acumularse despu\u00e9s de su muerte\u00bb (Acto Heroico, vol VII, 292). La pr\u00e1ctica de devoci\u00f3n a los muertos es tambi\u00e9n consoladora para la humanidad y eminentemente apropiado de una religi\u00f3n que secunda todos los m\u00e1s puros sentimientos del coraz\u00f3n humano. \u00abDulce\u00bb dice el Cardenal Wiseman (clase XI), \u00abes el consuelo del hombre que est\u00e1 muriendo quien, conciente de su imperfecci\u00f3n, cree que hay otros que interceder\u00e1n por \u00e9l, cuando su propio tiempo de m\u00e9ritos haya expirado; es un calmante para los afligidos sobrevivientes pensar que poseen medios poderosos para mitigar a sus amigos. En los primeros momentos de dolor, este sentimiento a menudo subyugar\u00e1 el prejuicio religioso, derribando al no creyente poni\u00e9ndolo de rodillas al lado de los restos de su amigo y arrebatar de \u00e9l una inconsciente oraci\u00f3n por su descanso, siendo esto un impulso de la naturaleza la cual, por el momento, ayudada por las analog\u00edas de la verdad revelada, atrapa inmediatamente esta creencia consoladora. Pero esto es solo una fugaz y melanc\u00f3lica luz, mientras que el sentimiento cat\u00f3lico, regocij\u00e1ndose, aunque con solemne oscuridad, se asemeja a la l\u00e1mpara infalible, de la cual la piedad de los antiguos se dice que ha estado suspendida ante los sepulcros de sus muertos\u00bb.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\nFuente&#8217;:  Hanna, Edward. \u00abPurgatory.\u00bb The Catholic Encyclopedia. Vol. 12. New York: Robert Appleton Company, 1911. <br \/>http:\/\/www.newadvent.org\/cathen\/12575a.htm\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Traducido por Carolina Eyzaguirre Arroyo.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><b>Enlaces relacionados con \u00abPurgatorio\u00bb<\/b>\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Selecci\u00f3n de Jos\u00e9 G\u00e1lvez Kr\u00fcger\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n[1] Especial sobre Santos difuntos Aci Prensa]\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">[2] De la devocion con las animas del Purgatorio, y lo mucho que interessa quien ofrece por ellas la satisfacion de sus obras, sin reservarla para si\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">[3] Regla, y estatutos con que esta fundada la piadosa Hermandad de las Benditas Animas de Purgatorio\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">[4] Coplas devotas de los tormentos, y dolores que padecen las Animas Benditas del Purgatorio\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">[5] Devocion y obligacion que tenemos de rogar a Dios por las&#8230;\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">[6] Dialogos del purgatorio para examen de un libro publicado&#8230;\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">[7] Estados de los bienaventurados en el cielo, De los Ni\u00f1os&#8230;\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">[8] Gritos del Purgatorio y medios para acallarlos&#160;: libro&#8230;\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">[9] Gritos del cielo con que los angeles abrasados en el amor a Dios, y en el zelo de la salvacion de las almas, procuran, y persuaden a los mortales todos, a que huigan, aborrezcan, y eviten el pecado mortal\n<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Enciclopedia Cat\u00f3lica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>[297] Las almas de los justos que en el instante de la muerte est\u00e1n manchadas por pecados veniales o que no han purificado del todo las penas debidas por los pecados mortales ya perdonados, deben purificarse antes de entrar en el cielo. Lo pueden hacer en esta vida con penitencias, oraciones, limosnas y obras buenas. &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/purgatorio\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abPURGATORIO\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-12705","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/12705","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=12705"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/12705\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=12705"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=12705"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=12705"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}