{"id":12729,"date":"2016-02-05T08:38:08","date_gmt":"2016-02-05T13:38:08","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/palabra-de-dios\/"},"modified":"2016-02-05T08:38:08","modified_gmt":"2016-02-05T13:38:08","slug":"palabra-de-dios","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/palabra-de-dios\/","title":{"rendered":"PALABRA DE DIOS"},"content":{"rendered":"<p>v. Palabra, Palabra de Jehov\u00e1<br \/>\n1Sa 9:27 espera t\u00fa .. que te declare la p de D<br \/>\nMar 7:13 invalidando la p de D con vuestra<br \/>\nLuk 3:2 vino p de D a Juan, hijo de Zacar\u00edas , en el<br \/>\nLuk 5:1 se agolpaba sobre \u00e9l para oir la p de D<br \/>\nLuk 8:11 es .. la par\u00e1bola: La semilla es la p de D<br \/>\nLuk 8:21 son los que oyen la p de D, y la hacen<br \/>\nLuk 11:28 bienaventurados los que oyen la p de D<br \/>\nAct 4:31 y hablaban con denuedo la p de D<br \/>\nAct 6:2 no es justo que .. dejemos la p de D, para<br \/>\nAct 8:14 que Samaria hab\u00eda recibido la p de D<br \/>\nAct 11:1 los gentiles hab\u00edan recibido la p de D<br \/>\nAct 13:7 \u00e9ste, llamando a .. deseaba oir la p de D<br \/>\nAct 13:44 se junt\u00f3 .. la ciudad para oir la p de D<br \/>\nAct 13:46 que se os hablase primero la p de D<br \/>\nRom 9:6 no que la p de D haya fallado; porque no<br \/>\nRom 10:17 es por el oir, y el oir, por la p de D<br \/>\n1Co 14:36 h salido de vosotros la p de D<br \/>\n2Co 2:17 que medran falsificando la p de D<br \/>\nEph 6:17 y la espada del Esp\u00edritu, que es la p de D<br \/>\nCol 1:25 que anuncie cumplidamente la p de D<br \/>\n1Th 2:13 que cuando recibisteis la p de D que<br \/>\n2Ti 2:9 prisiones .. mas la p de D no est\u00e1 presa<br \/>\nTit 2:5 para que la p de D no sea blasfemada<br \/>\nHeb 4:12 porque la p de D es viva y eficaz, y m\u00e1s<br \/>\nHeb 6:5 asimismo gustaron de la buena p de D<br \/>\nHeb 11:3 sido constituido el universo por la p de D<br \/>\nHeb 13:7 pastores, que os hablaron la p de D<br \/>\n1Pe 1:23 siendo renacidos .. por la p de D que<br \/>\n1Pe 4:11 si .. habla, hable conforme a las p de D<br \/>\n2Pe 3:5 fueron hechos por la p de D los cielos<br \/>\n1Jo 2:14 y la p de D permanece en vosotros<br \/>\nRev 1:2 que ha dado testimonio de la p de D, y del<br \/>\nRev 1:9 estaba en .. Patmos, por causa de la p de D<br \/>\nRev 20:4 almas de los decapitados por .. la p de D<\/p>\n<hr>\n<p>[111]<br \/>\n   Palabra es la expresi\u00f3n externa de la idea, por oral o por escrito. En la cultura occidental la palabra es un sonido con significaci\u00f3n. En la cultura oriental, la palabra es el sonido que es soporte de la idea y queda latente como de forma real y f\u00ed\u00adsica incluso cuando el tiempo pasa.<\/p>\n<p>    Ese estilo oriental se advierte en la Escritura Sagrada cuando se habla sin m\u00e1s de la palabra: la de un patriarca, la de un profeta, la de un se\u00f1or. (Is. 34.16; Salm. 33.6; Prov 1.23). La palabra, buena o mala, bendici\u00f3n o maldici\u00f3n, permanece y es eficaz. Porque las palabras no son sonidos, sino deseos, esp\u00ed\u00adritus, mensajes duraderos. As\u00ed\u00ad con las palabras de Jacob (Gen. 27. 35-37), de Mois\u00e9s (Deut. 32 y 33), de Josu\u00e9 (6.26).<\/p>\n<p>     En ese sentido hay que entender la Palabra de Dios, que no es la Escritura Sagrada, sino que produce la Escritura y en ella se contiene. La Palabra de Dios es su Esp\u00ed\u00adritu y as\u00ed\u00ad se identifica con frecuencia en la Biblia.  Esto es lo que late detr\u00e1s de textos como \u00abLa Palabra, el Verbo, el Logos&#8230; se hizo carne\u00bb (Jn. 1.14)<\/p>\n<p>    Para entender el trasfondo que late en la \u00abPalabra de Dios\u00bb hay que superar el significado meramente sonoro del t\u00e9rmino. Entonces se podr\u00e1 atender y entender los dos centenares de veces en que se alude en el Nuevo Testamento a la \u00abpalabra\u00bb: la de Dios, la de Jes\u00fas, la que pronunciaron los profetas, la que se hizo carne.<\/p>\n<p>    En esos textos insistentes y persistentes del decir divino, hay una referencia misteriosa a lo que es \u00absustancialmente\u00bb la palabra: \u00abla que exist\u00ed\u00ada desde el principio, que estaba con Dios y que era Dios\u00bb (Jn. 1.1); \u00abla que es recibida por el hombre.\u00bb (Mt. 13. 20), la que produce diferentes frutos seg\u00fan el terreno el que cae (Mt. 13. 20.23).<\/p>\n<p>   (Ver B\u00ed\u00adblico. Vocabulario 2)<\/p>\n<p>Pedro Chico Gonz\u00e1lez, Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00ed\u00ada Religiosa, Editorial Bru\u00f1o, Lima, Per\u00fa 2006<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00eda Religiosa<\/b><\/p>\n<p>Dios habla de muchas maneras<\/p>\n<p>\tDios est\u00e1 presente y se comunica en la creaci\u00f3n y en la historia. Su presencia es omnipresencia, su comunicaci\u00f3n es \u00abpalabra\u00bb que fundamenta una interrelaci\u00f3n. En todo coraz\u00f3n humano Dios ha puesto su ley de amor, ley \u00abmoral\u00bb. El hombre se siente interpelado por Dios desde su coraz\u00f3n, desde las cosas, desde los hermanos, desde los acontecimientos.<\/p>\n<p>\tLa expresi\u00f3n \u00abPalabra\u00bb de Dios tiene sentido anal\u00f3gico, puesto que se puede aplicar a la comunicaci\u00f3n divina por medio de la creaci\u00f3n, por medio de la historia o de los acontecimientos, por medio de personas a quienes \u00e9l se ha querido comunicar de modo especial. Su \u00abrevelaci\u00f3n\u00bb propiamente dicha tiene lugar en los primeros padres, en No\u00e9, en Abrah\u00e1n, en Mois\u00e9s y los profetas, para preparar su revelaci\u00f3n plena en Cristo su Hijo, su Palabra personal y eterna, hecha nuestro hermano (cfr. Jn 1,14).<\/p>\n<p>\tCristo, la Palabra personal de Dios<\/p>\n<p>\tToda la creaci\u00f3n, toda la historia y todo grado de \u00abrevelaci\u00f3n\u00bb o manifestaci\u00f3n de Dios, se podr\u00ed\u00ada considerar como \u00abhuellas\u00bb o \u00absemillas\u00bb de la Palabra personal de Dios, que es Cristo, el Verbo hecho hombre. Anunciar esta Palabra equivale a proclamar que \u00abtodo ha sido creado por \u00e9l y para \u00e9l\u00bb (Jn 1,3) y \u00abtodo subsiste en \u00e9l\u00bb (Col 1,7). Es, pues, anuncio que tiene las caracter\u00ed\u00adsticas de universalidad (a todos los pueblos) y de totalidad (a toda la persona humana en sus circunstancias), hasta \u00abrecapitular todas las cosas en Cristo\u00bb (Ef 1,10).<\/p>\n<p>\tEspecialmente a partir de la revelaci\u00f3n estricta (Antiguo y Nuevo Testamento), se percibe que la Palabra que Dios ha manifestado tiene una armon\u00ed\u00ada de contenidos, puesto que es el mismo Dios que \u00abha hablado de muchas maneras\u00bb, pero que \u00abfinalmente ha hablado por su Hijo\u00bb (Heb 1,1-2). Es el mismo Dios quien se manifiesta para el bien de toda la humanidad y de cada pueblo y cultura en particular.<\/p>\n<p>\tPalabra revelada, celebrada, anunciada, testimoniada<\/p>\n<p>\tLa Palabra de Dios se ha comunicado (es revelada) para ser anunciada a todos los hombres. Es predicada e interpretada por los Ap\u00f3stoles y sus sucesores, celebrada en la Iglesia como presencializaci\u00f3n de los hechos salv\u00ed\u00adficos anunciados, testimoniada y vivida por los creyentes para transparentar su realidad profunda por medio de actitudes de donaci\u00f3n a Dios y a los hermanos.<\/p>\n<p>\tPor ser Palabra de Dios, que sigue siendo suya aunque donada, no se puede reducir a conceptos humanos opinables o a una parte de verdad y de bondad. La totalidad de Dios, Padre de todos, se expresa en su Palabra universalista. Los conceptos y el lenguaje son medios para entrar en el misterio divino, que es objetivo e infinito. Dios ha hablado de s\u00ed\u00ad mismo (y del misterio del hombre y del mundo) en Cristo, su Verbo personal, que confiere unidad a toda la creaci\u00f3n, a toda la historia, a toda la revelaci\u00f3n y a todo el campo de la fe.<\/p>\n<p>\tLa Palabra anunciada es \u00abviva y eficaz\u00bb ((Heb 4,12; cfr. 1Pe 1,23; Is 49,2). Por esto, al ser anunciada, llama y convierte, transforma y crea nuevos enviados. La Iglesia es misionera porque ha recibido la Palabra de Dios (en Cristo y por la fuerza del Esp\u00ed\u00adritu) para comunicarla a todos los hombres. Los instrumentos de la Palabra son d\u00e9biles, pero su docilidad les convierte en signos eficaces de la misma Palabra.<\/p>\n<p>\tLa dimensi\u00f3n universalista es intr\u00ed\u00adnseca a la palabra revelada, porque la revelaci\u00f3n (y la Alianza) tiene como objetivo toda la humanidad. No puede detenerse esta fuerza misionera de la Palabra, que ha sido pronunciada para el bien de toda la humanidad, puesto que \u00abDios habla a los hombres como amigos\u00bb (DV 2). Por esto, la Palabra revelada es mensaje universal que llama a todos a la fe, esperanza y caridad, es decir, a la configuraci\u00f3n con los criterios, escala de valores y actitudes de Cristo, el Verbo encarnado (cfr. DV 1).<\/p>\n<p>\tAl anunciar la Palabra, por el hecho de contener los planes de salvaci\u00f3n para todos los pueblos (DV 7), es ella misma la que prepara los caminos del coraz\u00f3n y de la comunidad humana para la aceptaci\u00f3n expl\u00ed\u00adcita y sincera (DV 3,4). Es palabra de gracia y salvaci\u00f3n, que se acoge en el coraz\u00f3n para \u00abvolver\u00bb hacia los planes salv\u00ed\u00adficos de Dios Amor.<\/p>\n<p>Referencias Anuncio, Biblia, contemplaci\u00f3n, Escritura, ex\u00e9gesis, inspiraci\u00f3n, predicaci\u00f3n, profetismo, revelaci\u00f3n, semillas del Verbo.<\/p>\n<p>Lectura de documentos DV; PO 4; CEC 50-141, 2653-2654.<\/p>\n<p>Bibliograf\u00ed\u00ada L. ALONSO SCH\u00d6KEL, La Palabra inspirada (Barcelona, Herder, 1969); A. ARTOLA, J.M. SANCHEZ CAROA, Biblia y Palabra de Dios (Estella, Verbo Divino, 1994); G. AUZOU, La Palabra de Dios (Madrid, FAX 1964); D. BARSOTTI, Misterio cristiano y palabra de Dios (Salamanca, S\u00ed\u00adgueme, 1965); J. CORBON, La Palabra de Dios (Bilbao, Mensajero, 1969); J. ESQUERDA BIFET, Meditar en el coraz\u00f3n (Barcelona, Balmes, 1987); Idem, La Paraula contemplada esdev\u00e9 missi\u00f3 Revista Catalana de Teologia 14 (1990) 367-378; P. GRELOT, La Palabra inspirada (Barcelona, Herder 1968); J. GUILLEN TORRALBA, La fuerza de la \u00abpalabra\u00bb Revista Catalana de Teologia 14 (1990) 379-394; F. FERNANDEZ RAMOS, Interpelado por la Palabra (Madrid, Narcea, 1980); V. MANNUCCI, La Biblia como Palabra de Dios (Bilbao, Descl\u00e9e, 1985); D. MOLLAT, La Palabra y el Esp\u00ed\u00adritu (Salamanca, S\u00ed\u00adgueme. 1984); R. POU I RIUS, Llegir la sagrada Escriptura amb el mateix Esperit amb qu\u00e8 ha estat escrita Revista Catalana de Teologia 14 (1990) 361-366; J. RATZINGER, Palabra en la Iglesia (Salamanca 1976); O. SEMMELROTH, La palabra eficaz (Pamplona, Dinor, 1967).<\/p>\n<p>(ESQUERDA BIFET, Juan, Diccionario de la Evangelizaci\u00f3n,  BAC, Madrid, 1998)<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Evangelizaci\u00f3n<\/b><\/p>\n<p>La Biblia, por el simple hecho de existir como Palabra de Dios, aun antes que por los contenidos que nos propone, se convierte en un consolador vi\u00e1tico para todos los momentos de la vida. Pero tambi\u00e9n los contenidos encienden luces de esperanza. El ejemplo de los creyentes que se han entregado a Dios, sobre todo el de Jes\u00fas, que se adhiere al Padre hasta la muerte, nos inspira un sentido profundo de Dios, que es m\u00e1s grande que los bienes que nosotros anhelamos.  Adem\u00e1s, la Palabra de Dios nos muestra que, mientras que hay algunos bienes que no se nos conceden o que nos son dolorosamente sustra\u00ed\u00addos, se nos ofrecen otros m\u00e1s importantes: el valor, una solidaridad humana m\u00e1s profunda, un sentido m\u00e1s humilde de nuestra fragilidad, una mayor vigilancia sobre nuestros deseos superficiales, una entrega m\u00e1s fiel a nuestro deber, por encima de f\u00e1ciles gratificaciones, etc.  En definitiva, la Palabra de Dios enciende en nosotros la esperanza en esos bienes misteriosos, pero reales y admirables, que el Padre est\u00e1 preparando en el mundo nuevo para aquellos que, unidos a Jesucristo, se han abandonado totalmente a Su amor.  La Palabra deber\u00ed\u00ada tener la primac\u00ed\u00ada. Sin embargo, no la tiene. Nuestra vida est\u00e1 muy lejos de ser alimentada y dirigida por la Palabra. Nos orientamos, incluso en el bien, sobre la base de algunas buenas costumbres, de ciertos principios de sentido com\u00fan; nos remitimos a un contexto tra5  dicional de creencias religiosas y de normas morales recibidas. En nuestros mejores momentos, sentimos un poco m\u00e1s que Dios significa algo para nosotros, que Jes\u00fas representa un ideal y una ayuda.  Pero aparte de esto, solemos experimentar bien poco hasta qu\u00e9 punto la Palabra de Dios puede convertirse en nuestro verdadero apoyo y consuelo, puede iluminarnos acerca del \u00abverdadero Dios\u00bb, cuya manifestaci\u00f3n nos llenar\u00ed\u00ada el coraz\u00f3n de gozo. Es muy dif\u00ed\u00adcil que hagamos la experiencia de c\u00f3mo el Jes\u00fas de los evangelios, que hemos conocido a trav\u00e9s de la escucha y la meditaci\u00f3n de las p\u00e1ginas b\u00ed\u00adblicas, puede convertirse realmente en \u00abbuena noticia\u00bb para nosotros \u2014ahora, para m\u00ed\u00ad en este momento concreto de mi historia\u2014, puede hacerme ver \u2014en una perspectiva nueva y apasionante mi lugar y mi misi\u00f3n en esta sociedad, puede dar un vuelco a la idea mezquina y triste que me hab\u00ed\u00ada hecho de m\u00ed\u00ad mismo y de mi destino.<\/p>\n<p> Carlo Mar\u00ed\u00ada Martini, Diccionario Espiritual, PPC, Madrid, 1997<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Espiritual<\/b><\/p>\n<p>F\u00f3rmula com\u00fan en la tradici\u00f3n judeocristiana, que hunde sus ra\u00ed\u00adces en la importancia del papel que se le conf\u00ed\u00ada a la \u00ab&#8216;palabra\u00bb y en la multiplicidad de sin\u00f3nimos utilizados para expresar la relaci\u00f3n Dios-hombre.<\/p>\n<p>La experiencia de Israel puede condensarse en la expresi\u00f3n \u00abpalabra de Dios\u00bb, en hebreo: dabar Yahveh, Dabar significa com\u00fanmente \u00ab&#8216;palabra-hecho\u00bb, es decir, el acontecimiento que surge de la comunicaci\u00f3n verbal; pero utilizado de forma absoluta indica la comunicaci\u00f3n en s\u00ed\u00ad. Seg\u00fan este significado, la expresi\u00f3n palabra de Dios indica que Dios es el autor de una comunicaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Aunque la idea de una palabra de origen divino no es exclusiva de Israel, en el Antiguo Testamento lo que la caracteriza es el hecho de ser dicha: se convierte entonces en acontecimiento hist\u00f3rico. Desde la palabra de la creaci\u00f3n hasta la palabra de liberaci\u00f3n de alianza, desde la palabra prof\u00e9tica a la palabra de la sabidur\u00ed\u00ada, siempre se d\u00e9 una presencia de Dios que act\u00faa y entra en relaci\u00f3n dialogal con el hombre No es palabra sobre Dios, sino de Dios, y goza de su irresistible eficacia l 1s 5.10-11), Esta idea se diferencia de las concepciones del mundo antiguo particularmente de las del mundo gri\u00e9go y helenista. Aqu\u00ed\u00ad la palabra es logos, significativa por su contenido y no por su capacidad de interpelar, anclada en la l\u00f3gica del discurso y de la escucha En el Nuevo Testamento se da un salto cualitativo insuperable en la comprensi\u00f3n de la Palabra de Dios; Jes\u00fas de Nazaret es el hic et nunc (Jn 1 ,1 &#8211; 14, Heb 1,1) de la Palabra de Dios, que en su acaecer pone en movimiento el amor de Dios al hombre. Fuera de esta palabra en la que Dios se autocomunica, es imposible ver a Dios y es improbable captar la nueva econom\u00ed\u00ada de la salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p>En la reflexi\u00f3n teol\u00f3gica, si por un lado la Palabra de Dios no es objetivable, es decir, precede al hablar y determina el hablar humano, por otro lado tiene una dimensi\u00f3n objetiva que indica que se puede hablar de Dios. Por eso mismo es principio objetivo de la reflexi\u00f3n teol\u00f3gica que se caracteriza por la vinculaci\u00f3n entre la Palabra y la Escritura. Tanto la Tor\u00e1 como el Kerigma viven en una forma escrita, sin identificarse con ella. En este sentido se da una circularidad hermen\u00e9utica entre Palabra y Escritura: la Palabra precede a la Escritura, que permite al hombre poder encontrar siempre la Palabra. Sin la Escritura la Palabra ser\u00ed\u00ada tan s\u00f3lo un flatus vocis. Y al rev\u00e9s, sin la Palabra, la Escritura no ser\u00ed\u00ada inspirada y normativa, va que no ser\u00ed\u00ada eco de la experiencia de la Iglesia y de su interpretaci\u00f3n elaborada en virtud del Esp\u00ed\u00adritu Santo.<\/p>\n<p>La teolog\u00ed\u00ada reconoce que la Palabra de Dios es un concepto an\u00e1logo. C. M. Martini se\u00f1ala en ella cinco significados: a) la Palabra de Dios expresa la comunicabilidad de Dios que es el Verbo de Dios; b) la Palabra de Dios es sobre todo Jesucristo, en quien la comunicaci\u00f3n de Dios tiene su expresi\u00f3n extensiva e intensiva; c) es palabra en plural: palabra prof\u00e9tica y apost\u00f3lica; d) es palabra escrita, por lo que la Biblia es Palabra de Dios; e) es la palabra de la predicaci\u00f3n cristiana.<\/p>\n<p>La liturgia. el Magisterio, la n ida son lugares en los que la Palabra es meditada, interpretada, actualizada.<\/p>\n<p>C Dotolo<\/p>\n<p>Bibl.: AA, vv , Palabra, en DTNT III, 249-282; L, Alonso Schokel, LCI palabra inspirada, Herder Barcelona 1975; A M Artola &#8211;  M. S\u00e1nchez Caro, Biblic, y palabra de Dio\u00bb, Verbo Divino, Estella 1995; R Bultmann, El concepto de Palabra de Dios en el Nuevo Testamento, en Creer y comprender, Studium, Madrid 1974, 253-254.<\/p>\n<p>PACOMIO, Luciano [et al.], Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico, Verbo Divino, Navarra, 1995<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico<\/b><\/p>\n<p>SUMARIO: I. La palabra humana: 1. Antes de la palabra; 2. La palabra; 3. La escritura. II. El Antiguo Testamento: 1. Dios habla en la historia; 2. Dios habla por el profeta; 3. Dios habla en la Ley; 4. Dios habla por boca de los sabios; 5. Dios habla por medio del que ora. III. El Nuevo Testamento: 1. Relaci\u00f3n entre ambos Testamentos; 2. Jes\u00fas y la palabra; 3. La palabra apost\u00f3lica; IV. Conclusi\u00f3n: palabra de Dios y catequesis: 1. Funci\u00f3n proped\u00e9utica de la Palabra; 2. La ense\u00f1anza de Israel; 3. La palabra definitiva.<\/p>\n<p>\u00abDios, despu\u00e9s de haber hablado muchas veces y en diversas formas a nuestros padres por medio de los profetas, en estos d\u00ed\u00adas, que son los \u00faltimos, nos ha hablado por el Hijo, a quien nombr\u00f3 heredero de todas las cosas\u00bb (Heb 1,1-2). Estas pocas palabras sintetizan un pensamiento sobre la Revelaci\u00f3n rico en consecuencias, la principal de las cuales es que la relaci\u00f3n entre Dios y los hombres se entiende como un di\u00e1logo que ha llegado a su punto culminante en Jes\u00fas. La palabra aparece as\u00ed\u00ad como el medio, el sacramento del encuentro entre Dios y el hombre. Explicar la naturaleza de esa relaci\u00f3n en clave dialogal implica que no se puede comprender el sentido de la palabra de Dios como acontecimiento revelador m\u00e1s que en la medida en que se ha profundizado en el valor y el sentido de la palabra humana. El Vaticano II, por su parte, al afirmar que \u00abla palabra de Dios, expresada en lenguas humanas, se hace semejante al lenguaje humano, como la Palabra del Eterno Padre, asumiendo nuestra d\u00e9bil condici\u00f3n humana, se hizo semejante a los hombres\u00bb (DV 13), interpreta el hecho de la palabra desde el misterio de la encarnaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Al estudiar el tema no se puede caer en el error de identificar palabra de Dios y Biblia. Significar\u00ed\u00ada negar el valor permanente y siempre actual de la primera y extrapolar el valor normativo de la segunda. Dios sigue hablando a los hombres de cada \u00e9poca para descubrirles sus designios y llevarles a la plenitud. De hecho la palabra de Dios escrita adquiere su pleno sentido y toda su eficacia cuando es proclamada ante la asamblea o profundizada en la catequesis. La palabra no es una realidad est\u00e1tica como la escultura o la arquitectura, sino profundamente din\u00e1mica como la m\u00fasica o la danza. La palabra escrita no es sino la memoria permanente de la palabra viva.<\/p>\n<p>I. La palabra humana<br \/>\n1. ANTES DE LA PALABRA. Antes de la palabra exist\u00ed\u00ada el silencio. No ha de entenderse como la nada o el vac\u00ed\u00ado, sino como la realidad muda, encerrada en s\u00ed\u00ad misma por falta de una inteligencia que la comprendiera y como el proceso de la existencia en cuanto desarrollo de la vida a\u00fan no interpretada. Las cosas y la vida, el mundo y la existencia preceden a la palabra. En esta etapa el universo sigue sus propias leyes y camina hacia su pleno desarrollo seg\u00fan el plan trazado por el Creador, pero es un proceso no consciente. Cuando aparece la inteligencia, la realidad se impone con todo su misterio y la primera reacci\u00f3n es el asombro, la sorpresa, la admiraci\u00f3n. El hombre primitivo, como el ni\u00f1o, abre sus ojos desorbitados en cada descubrimiento y expresa sus sentimientos no con palabras, sino con gestos. El mundo en cada una de sus facetas puede ser percibido como una amenaza o como un bien, dando lugar al miedo o a la fascinaci\u00f3n, a la angustia o al gozo. Podemos as\u00ed\u00ad afirmar que antes de la palabra y despu\u00e9s del silencio lo que existe es la percepci\u00f3n de la realidad como distinta, como lo otro.<\/p>\n<p>\u00bfCu\u00e1l es la naturaleza de este sentimiento? Es el encuentro con algo que sobrepasa, que desborda, y hace que el hombre se sienta peque\u00f1o y perdido. De alguna forma se vive la experiencia de lo absoluto como percepci\u00f3n de algo permanente, grandioso, fuerte&#8230; Cuando es percibido como terrible, surge el miedo, ya que el hombre siente amenazada su individualidad, sin posibilidad de defensa; cuando lo es como grandioso, aparece la seducci\u00f3n, que no es sino el deseo de compartir la grandeza. De este modo el mundo, sus elementos y los fen\u00f3menos que en \u00e9l tienen lugar son vistos como hierofan\u00ed\u00adas o manifestaciones de lo sagrado. Por eso puede hablarse de una revelaci\u00f3n natural en la creaci\u00f3n, es decir, de una manifestaci\u00f3n no verbal de Dios. En este caso lo divino se impone como una evidencia y puede provocar miedo o seducci\u00f3n, dando lugar a expresiones religiosas de uno u otro signo. El sentimiento que el ser humano vive a lo largo de esta experiencia es inefable, no puede ser expresado con palabras, no puede ser descrito; por eso se recurre al s\u00ed\u00admbolo, que es una representaci\u00f3n de la realidad en su ser m\u00e1s profundo.<\/p>\n<p>Ahora bien, \u00bfpor qu\u00e9 la realidad es percibida como misteriosa? Porque no se conoce su ser m\u00e1s \u00ed\u00adntimo, las leyes internas que la mueven, la globalidad del proceso a que est\u00e1 sujeta, su raz\u00f3n de ser. Conocer significa dominar, y dominar, desvelar el misterio.<\/p>\n<p>2. LA PALABRA. Cuando aparece la palabra, presenta ya diversas funciones:<br \/>\na) La primera funci\u00f3n es nombrar la realidad. Al hacer esto, el hombre no se limita a describirla, sino que expresa en ese acto el conocimiento que de la misma ha adquirido por la experiencia. De alguna manera, algo que no es evidente en una primera percepci\u00f3n, algo profundo, empieza a ser puesto de relieve en el hecho de nombrar. La palabra va as\u00ed\u00ad desvelando el misterio de las cosas, a la vez que manifiesta la comprensi\u00f3n de las mismas que el hombre tiene y se convierte en el lazo de uni\u00f3n entre lo objetivo y lo subjetivo, la realidad y el sujeto, el mundo y el hombre. La palabra nominadora no es sino la expresi\u00f3n en la realidad c\u00f3smica e hist\u00f3rica una vez que ha empezado a ser comprendida por un ser inteligente. El relato de un proceso no es la mera descripci\u00f3n de cada una de sus fases, sino la explicitaci\u00f3n de las leyes internas por las que se rige en sus relaciones de causa y efecto.<\/p>\n<p>b) La segunda funci\u00f3n es expresar la realidad interior del mismo hombre. Este no es s\u00f3lo espectador del mundo que le rodea, sino que adem\u00e1s puede ser \u00e9l mismo objeto de su propia percepci\u00f3n: sus sentimientos, sus vivencias, sus ideas, la conciencia de su proceso personal&#8230; son parte de la realidad que \u00e9l es y que puede tambi\u00e9n ser expresada por la palabra. Esta, en su funci\u00f3n de expresar, se convierte en int\u00e9rprete y manifestaci\u00f3n del mundo interior del sujeto que habla. Gracias a ella, el hombre, como ser social, puede comunicarse con otros hombres, dialogar y entrar en comuni\u00f3n con ellos al expresarse y aceptar la expresi\u00f3n de los otros. La palabra da as\u00ed\u00ad forma a la interioridad del hombre y a la vida social, le ayuda a comprenderse a s\u00ed\u00ad mismo y a captar el sentido profundo de su relaci\u00f3n con los otros. Esto supone el riesgo de salir de s\u00ed\u00ad mismo, de exponerse a ser mal comprendido o bien de bloquearse ante la manifestaci\u00f3n de los otros, con lo cual el di\u00e1logo y la comuni\u00f3n se hace imposible. La palabra, como expresi\u00f3n, es ambivalente y puede generar el efecto contrario de lo que pretende. Al interpretar configura la realidad o la desfigura, es portadora de luz o de oscuridad, de verdad o de enga\u00f1o. La mentira no es sino una visi\u00f3n deformada de la realidad, una interpretaci\u00f3n sin fundamento, pero con apariencia de legitimidad debido a los elementos de verdad que encierra. La mentira absoluta no ser\u00ed\u00ada aceptada. Para conseguir adeptos necesita mostrarse como verdad. Debido a esta ambivalencia, la palabra, en su funci\u00f3n de expresar, puede velar o desvelar, ocultar o manifestar.<\/p>\n<p>c) En el mundo de las relaciones sociales, la palabra tiene tambi\u00e9n la funci\u00f3n de interpelar. La palabra que se me dirige no es reflejada por m\u00ed\u00ad como el eco de una monta\u00f1a: de un modo mec\u00e1nico e impersonal. Una vez percibida, provoca una respuesta distinta seg\u00fan el aspecto de mi personalidad al que se dirige: ideol\u00f3gica, afectiva, \u00e9tica e incluso corporal. Gracias a esto, el interlocutor se ve obligado a reaccionar, es decir, a actuar de acuerdo con el est\u00ed\u00admulo recibido, a comprometerse en la relaci\u00f3n establecida. Ahora bien, debido a la libertad, su respuesta puede ser de aceptaci\u00f3n o de rechazo, puede acercar o separar, engendrar amor u odio. La palabra, que da sentido a la realidad exterior y expresa la interioridad . del sujeto, se convierte as\u00ed\u00ad en detonador de la acci\u00f3n, creadora de v\u00ed\u00adnculos positivos o negativos e incluso configuradora de la interioridad del otro.<\/p>\n<p>Esta distinci\u00f3n establecida en los p\u00e1rrafos anteriores es s\u00f3lo metodol\u00f3gica, ya que la realidad es totalizadora. Las tres funciones -nombrar, comunicar e interpelar- suelen aparecer mezcladas y condicion\u00e1ndose mutuamente, lo que hace que sea muy dif\u00ed\u00adcil crear formas puras de cada funci\u00f3n. Por otra parte conviene a\u00f1adir que, a veces, la realidad se resiste a ser encerrada en la palabra, mostr\u00e1ndose como inefable. En este caso el hombre recurre a la met\u00e1fora, que no es sino un uso simb\u00f3lico de la palabra, o al mito, que es una interpretaci\u00f3n metaf\u00f3rica del universo y de la existencia. Esto no significa empobrecimiento, sino todo lo contrario, pues, al encerrar la realidad en un s\u00ed\u00admbolo, esta queda universalizada y, en cierto modo, eternizada. Por ello se puede afirmar que el uso simb\u00f3lico de la palabra es la plenitud de la misma.<\/p>\n<p>3. LA ESCRITURA. Con el tiempo, el hombre crea un sistema de signos gr\u00e1ficos para representar la voz. As\u00ed\u00ad aparece la escritura. Esta supuso a la vez una conquista y un empobrecimiento. Lo primero porque la palabra podr\u00e1 ser conservada inalterable a lo largo del tiempo y sobrevivir a cada generaci\u00f3n; lo segundo porque la escritura no puede encerrar todas las posibilidades y matices que posee el sonido. A pesar de esta limitaci\u00f3n, la palabra escrita se impuso sobre la oral y a ella se confiaron funciones normativas de cara a la lengua y, sobre todo, la misi\u00f3n de ser transmisora y garante de la tradici\u00f3n. Esto es muy importante de cara a la Biblia porque, en su desarrollo, llegar\u00e1 un momento en el que el texto ser\u00e1 intocable, sagrado.<\/p>\n<p>Las consecuencias de la aparici\u00f3n de la escritura fueron importantes:<br \/>\na) Poemas, leyendas, tradiciones, leyes&#8230; dejaban de estar confiadas a la memoria de los hombres y eran fijadas con medios materiales, unos m\u00e1s resistentes y otros menos, pero todos ellos con una duraci\u00f3n inmensamente mayor que la del ser humano. Podemos afirmar que la escritura inmortaliza la palabra y todo aquello que ella expresa. El pasado, la tradici\u00f3n, los or\u00ed\u00adgenes, pueden ser recuperados por cada una de las generaciones siguientes y servir de punto de referencia en el presente. M\u00e1s a\u00fan, al ser memoria colectiva, puede ayudar a un pueblo a encontrar su propia identidad, su personalidad hist\u00f3rica y la comprensi\u00f3n de s\u00ed\u00ad mismo. Pero, como nada humano es perfecto, lo que representa un valor es a la vez un inconveniente, pues, gracias a la escritura, el pasado se convierte en un valor absoluto que, en ciertas circunstancias, puede poner en peligro la creatividad y el empuje de las generaciones posteriores y favorecer planteamientos regresivos y anacr\u00f3nicos. Este peligro es tanto mayor cuanto m\u00e1s olvida un pueblo que primero es la vida y luego la palabra, que primero es la palabra viva y luego la palabra escrita.<br \/>\nb) La escritura empieza a acaparar funciones que estaban confiadas en muchos casos a ritos religiosos: los pactos, puestos al principio bajo la tutela de un dios por medio de un sacrificio, pasan a ser estables cuando son puestos por escrito; los textos de execraci\u00f3n nos muestran que a la palabra escrita se le reconoce un valor m\u00e1gico&#8230; Una de las funciones que m\u00e1s nos interesa destacar en el contexto que nos ocupa es la de superar las limitaciones de espacio y tiempo de la palabra oral. Gracias a la escritura, un mensaje puede llegar a donde no puede hacerlo el emisor y sobrevivirle tras su muerte. De este modo adquiere el car\u00e1cter de testimonio a la vez que crece su eficacia.<\/p>\n<p>c) Todo esto hace que, poco a poco, la escritura vaya adquiriendo atributos propios de lo divino: poder, omnipresencia, permanencia, inmutabilidad&#8230; No puede sorprender que llegue un momento en que adquiera car\u00e1cter sagrado y sea reconocida como palabra de Dios. Hammurabi justifica su c\u00f3digo aduciendo, entre otras razones, la de haber sido elegido por los dioses para proclamar el derecho en el pa\u00ed\u00ads, para destruir al malvado y al perverso, para impedir que el fuerte oprimiera al d\u00e9bil. Mois\u00e9s presenta al pueblo la voluntad de Dios escrita sobre unas tablas de piedra (Ex 32,15-16). En ambos casos la divinidad es presentada como garant\u00ed\u00ada de las leyes que se promulgan y que se han fijado por escrito.<\/p>\n<p>II. El Antiguo Testamento<br \/>\nLa noci\u00f3n de palabra divina no es exclusiva de Israel. En el Enuma Elis se dice que la palabra de Marduk es veraz y su mandato, indiscutible. Y los dioses, antes de reconocerlo como soberano de todos ellos, lo someten a la prueba del poder creador de su pa-labra. M\u00e1s elevado a\u00fan es el pensamiento de la teolog\u00ed\u00ada egipcia seg\u00fan la cual Ptah crea por medio del coraz\u00f3n y de la lengua. Dado que ambas culturas, la mesopot\u00e1mica y la egipcia, son m\u00e1s antiguas que la hebrea, es leg\u00ed\u00adtimo pensar que el pueblo de Dios pudo tomar de ellas el concepto. No obstante existen diferencias funda-mentales en cuanto al contenido: en los dos casos citados estamos ante mitos etiol\u00f3gicos (el primero pretende legitimar la supremac\u00ed\u00ada de Marduk, dios protector de Babilonia, sobre los dioses originarios; el segundo trata de justificar la preeminencia de Menfis y de su dios); en Israel, adem\u00e1s, la palabra de Dios no se limita a la creaci\u00f3n: es sobre todo un concepto que act\u00faa a trav\u00e9s de la historia.<\/p>\n<p>1. DIOS HABLA EN LA HISTORIA. Ser\u00ed\u00ada imposible entender la Biblia en su conjunto, y la existencia y religi\u00f3n de Israel, sin valorar su \u00ed\u00adntima vinculaci\u00f3n con la historia. En \u00faltimo t\u00e9rmino, el yavismo no es sino el resulta-do de una profunda reflexi\u00f3n y revisi\u00f3n que tuvo como objeto la historia de un pueblo: Israel. Conducidos por el Esp\u00ed\u00adritu, indagaron en el pasado para encontrar el sentido \u00faltimo de los acontecimientos que estaban vi-viendo. Esto les llev\u00f3 a descubrir un hilo conductor, un designio divino, que se iba realizando en el tiempo y en el mundo. No era dif\u00ed\u00adcil deducir que en el futuro tambi\u00e9n ser\u00ed\u00ada as\u00ed\u00ad. Los criterios desde los cuales se llev\u00f3 a cabo este juicio teol\u00f3gico sobre la historia fueron la promesa patriarcal, con el doble contenido de la posesi\u00f3n de la tierra y de una numerosa descendencia, la promesa din\u00e1stico-mesi\u00e1nica y la Ley. El resultado de esto fueron los libros hist\u00f3ricos del Antiguo Testamento. Estos son palabra de Dios escrita, revelaci\u00f3n, porque desvelan el sentido trascendente de los hechos narrados. La realidad, la historia, ha precedido -como ocurre con la palabra humana- a la comprensi\u00f3n.<\/p>\n<p>Tocamos aqu\u00ed\u00ad el valor de la narraci\u00f3n y su funci\u00f3n en la transmisi\u00f3n de la fe. La historia redaccional del Antiguo Testamento, como m\u00e1s tarde la del Nuevo, nos ense\u00f1a que Israel, en los momentos de crisis y desconcierto, es decir, cuando necesitaba comprenderse a s\u00ed\u00ad mismo y el porqu\u00e9 de lo que estaba ocurriendo, repasaba su historia para descubrir la presencia permanente de Dios en ella y as\u00ed\u00ad alcanzar el sentido de su ahora, y para, desde este descubrimiento, proyectarse hacia un futuro de plenitud. Porque ve\u00ed\u00ada a Dios en su pasado, cre\u00ed\u00ada que estaba en su presente y esperaba que estar\u00ed\u00ada en su futuro. Este proceso se realizaba cuando narraba su historia, cuando contaba los hechos que configuraron su pasado hist\u00f3rico. Gracias al relato, a la narraci\u00f3n, el que escucha y el que habla quedan implicados en la historia que se narra y pueden descubrir que su propia experiencia, su historia personal o colectiva, es parte de un proceso que se inici\u00f3 en el pasado y que encontrar\u00e1 su plenitud en el futuro. Dios habla hoy como habl\u00f3 ayer y como lo har\u00e1 ma\u00f1ana. Se escucha al mismo Dios porque se es beneficiario del mismo designio salv\u00ed\u00adfico. El relato pone de relieve qu\u00e9 acciones est\u00e1n cargadas de significado para el creyente. Escuchar el relato salv\u00ed\u00adfico es situarse en la fuente de la fe del otro y aceptar la posibilidad de que sea fuente de la propia historia de salvaci\u00f3n. Las consecuencias de este hecho para la catequesis son importantes.<\/p>\n<p>a) En primer lugar, hay que reconocer la primac\u00ed\u00ada de la narraci\u00f3n sobre el discurso puramente teol\u00f3gico (DGC 107; 130). Comunicar la fe no es transmitir un saber sobre Dios, sino una experiencia de \u00e9l. Pero esto no est\u00e1 exento de peligros, pues el relato puede quedar desvirtuado y el sentido de los hechos adulterado por un mal uso del mismo. Es lo que ocurre cuando la Biblia es vista como una recopilaci\u00f3n de historias aleccionadoras pertenecientes a la historia sagrada o cuando un relato es mutilado en funci\u00f3n de los intereses del narrador\/catequista o interpretado desde una ideolog\u00ed\u00ada cuya confirmaci\u00f3n se busca. Para evitar esto, el relato ha de ser situado en el contexto de la historia de la salvaci\u00f3n, como un eslab\u00f3n en una cadena; ha de ser presentado como algo perteneciente al pasado, no al presente (es actual la situaci\u00f3n de los implicados en la catequesis, cuyo sentido se trata de descubrir, no el hecho recogido en el relato); y se ha de destacar el sentido del hecho tal como aparece en la narraci\u00f3n o, lo que es lo mismo, la presencia salvadora de Dios tal como fue descubierta m\u00e1s tarde por los creyentes que la escribieron (de este modo se evita la simple comparaci\u00f3n o analog\u00ed\u00ada que ignora el sentido de la historia como proceso y rompe la cadena de la tradici\u00f3n).<\/p>\n<p>b) En segundo lugar hay que reconocer y aceptar la diversidad de exigencias que un mismo relato puede encarnar, dada la variedad de situaciones desde las cuales puede ser escuchado. Esto no significa que se pueda caer en el subjetivismo. El sentido es uno, pero los hechos sobre los que se proyecta pueden ser muchos. Esto fue lo que ocurri\u00f3 en el Nuevo Testamento con los cuatro evangelios, que no son sino cuatro relatos distintos de un mismo hecho, narrados desde cuatro situaciones existenciales diferentes.<\/p>\n<p>c) En tercer lugar, la catequesis tiene que plantearse el modo de educar en cada generaci\u00f3n de creyentes la capacidad de ver en profundidad, de distinguir diversos niveles en la realidad. Esto no es posible m\u00e1s que en la medida en que se da una sensibilidad ante el s\u00ed\u00admbolo. Si no hay m\u00e1s realidad que aquella que perciben los sentidos, es in\u00fatil buscarle un significado. La catequesis en este caso o se reduce a un saber o simplemente desaparece. Es un hecho que Dios se revel\u00f3 en la historia, mostrando el sig nificado \u00faltimo de los hechos que la configuran. Este modo de actuar es una de las caracter\u00ed\u00adsticas de la pedagog\u00ed\u00ada divina (DV 2; DGC 143), la misma que sigue utilizando hoy con su pueblo.<\/p>\n<p>d) En cuarto lugar hay que destacar que el marco m\u00e1s adecuado para llevar a cabo el relato de los acontecimientos salv\u00ed\u00adficos es la liturgia. En ella la palabra de Dios es proclamada para una comunidad que escucha, medita y ora. De este modo la Sagrada Escritura deja de ser una palabra escrita y muerta para asumir el rol de anuncio-proclamaci\u00f3n de un acontecimiento de salvaci\u00f3n presente. La Biblia es, por consiguiente, palabra de Dios viva cuando es dicha en voz alta a una comunidad. La catequesis, que tiene como objetivo inmediato un cambio de mentalidad, una nueva visi\u00f3n de la realidad, y, como objetivo \u00faltimo, un cambio de vida, tiene a su vez como complemento necesario la celebraci\u00f3n, que no es sino la expresi\u00f3n festiva de dicho cambio. Por otra parte, hay que recordar que, por ser la catequesis -junto con la evangelizaci\u00f3n, la liturgia y la teolog\u00ed\u00ada- una forma del ministerio de la palabra (DGC 52), la lectura de la Biblia en la misma tiene un car\u00e1cter cuasi-lit\u00fargico.<\/p>\n<p>e) Finalmente conviene no olvidar que el relato no es una f\u00e1bula o un mito atemporal sino el testimonio escrito de una experiencia religiosa. Es importante situar en el espacio y en el tiempo los acontecimientos a los que se hace referencia, y la identidad de sus protagonistas, para que el lector y los que escuchan se sientan involucrados en ellos. De este modo la narraci\u00f3n de la historia de la salvaci\u00f3n inquieta, cuestiona e ilumina.<\/p>\n<p>2. DIOS HABLA POR EL PROFETA. El fen\u00f3meno del profetismo se dio en Israel de dos maneras bien diferenciadas. En la \u00e9poca m\u00e1s antigua va acompa\u00f1ado de manifestaciones de tipo est\u00e1tico (1Sam 10,5-13; 19,20-24; I Re 18,46) y el mensaje suele ser circunstancial. Con Am\u00f3s se inicia un nuevo tipo de profetismo, caracterizado por la ausencia de fen\u00f3menos extra\u00f1os, y sobre todo porque el suyo es un mensaje permanente, que profundiza la religi\u00f3n y la teolog\u00ed\u00ada, y que hab\u00ed\u00ada de ser sustancialmente valedero para todos los tiempos. El mensaje del profeta adquiere tal importancia que anula la personalidad del mismo y su identidad llega a ser olvidada en algunos casos. Los escritos y la predicaci\u00f3n de estos hombres son recogidos en otro de los grandes bloques que configuran el Antiguo Testamento: los libros prof\u00e9ticos.<\/p>\n<p>Con la aparici\u00f3n de este tipo de profec\u00ed\u00ada se opera un cambio importante en el di\u00e1logo entre Dios y su pueblo. La palabra de Dios toma la forma de discurso. Si el relato respond\u00ed\u00ada a la primera funci\u00f3n de la palabra -nombrar-, el discurso responde m\u00e1s bien a la segunda -comunicar-. El discurso designa la comunicaci\u00f3n de un locutor a un oyente con la intenci\u00f3n de influir en \u00e9l. Su caracter\u00ed\u00adstica m\u00e1s importante es la actualidad. No se trata ya de un pasado que interpela, sino de un presente en el que Dios habla directamente; su intenci\u00f3n no es hacer entrar al lector en una serie de acontecimientos que se desarrollan encaden\u00e1ndose entre s\u00ed\u00ad, sino poner al locutor en relaci\u00f3n inmediata con el oyente. En esta comunicaci\u00f3n, el profeta es consciente de ser s\u00f3lo un intermediario, un mensajero (Jer 1,9; Is 6,7s.), incapaz de resistirse ante el empuje de la Palabra que le llega para que la anuncie al pueblo (Am 3,8). Las consecuencias de este nuevo modo de hablar de Dios tambi\u00e9n se hacen sentir en la catequesis:<br \/>\na) En primer lugar, advertimos que el discurso completa la funci\u00f3n del relato. Catequizar no es s\u00f3lo narrar las intervenciones salvadoras de Dios en la historia pasada para, desde ah\u00ed\u00ad, ayudar a descubrir el sentido del momento presente. Es adem\u00e1s una reflexi\u00f3n teol\u00f3gica, una comunicaci\u00f3n viva y actual, que pone al catequizando en relaci\u00f3n directa con Dios, que le interpela, le muestra su voluntad, lo corrige, lo consuela, etc.<\/p>\n<p>b) El discurso nos permite definir con m\u00e1s precisi\u00f3n la funci\u00f3n del catequista como profeta. Este ha de ser consciente de que la palabra de Dios que transmite se dirige primero a \u00e9l y luego a los dem\u00e1s. Irrumpe en su vida y la transforma hasta tal punto que le convierte en signo de la presencia de Dios. Por esta raz\u00f3n se puede afirmar que es un llamado y que su ministerio responde a una vocaci\u00f3n. Lo cual no significa que la eficacia de su mensaje dependa de \u00e9l. Su palabra, como la del profeta, le transciende y tiene por s\u00ed\u00ad misma fuerza suficiente para transformar la vida de los destinatarios. En su calidad de mensajero sabe que no se predica a s\u00ed\u00ad mismo ni es due\u00f1o de la ense\u00f1anza que transmite (cf 2Cor 4,5).<\/p>\n<p>c) La relaci\u00f3n entre el relato y el discurso, tal como aparece en la Biblia, permite lograr el dif\u00ed\u00adcil equilibrio entre estos elementos dentro de la catequesis. En el fondo estamos ante un problema que ha sido la gran dificultad de la catequesis en los \u00faltimos a\u00f1os: la actualizaci\u00f3n del texto b\u00ed\u00adblico o, dicho de otra forma, el paso desde la experiencia al mensaje. No pocos catequistas tienen la impresi\u00f3n de una ruptura entre la reflexi\u00f3n sobre la experiencia, con frecuencia rica y gratificante, y la presentaci\u00f3n del mensaje, que aparece como algo a\u00f1adido y falto de inter\u00e9s. La superaci\u00f3n de esta dificultad s\u00f3lo es posible si se es capaz de comprender el problema humano fundamental, que subyace en la experiencia que se trata de iluminar, y el problema religioso de fondo que se refleja en el texto que se trata de actualizar. S\u00f3lo superando lo anecd\u00f3tico y alcanzando la profundidad, puede lograrse la actualizaci\u00f3n de un texto y la iluminaci\u00f3n de una situaci\u00f3n. Esto no quiere decir que cada pasaje de la Biblia tenga que ser le\u00ed\u00addo desde un hecho de experiencia, ni que haya un texto para cada situaci\u00f3n o cada problema. Defender esto ser\u00ed\u00ada ignorar los m\u00faltiples significados que encierra un texto y desconocer la variedad de posibilidades que tiene la vida.<\/p>\n<p>3. DIOS HABLA EN LA LEY. En la tradici\u00f3n b\u00ed\u00adblica y rab\u00ed\u00adnica, el t\u00e9rmino Ley designa los libros que forman el Pentateuco. Son cinco libros de naturaleza muy diversa, puesto que recogen leyendas sobre los or\u00ed\u00adgenes del pueblo, relatos \u00e9picos, censos, leyes&#8230; El hecho de que hist\u00f3ricamente se incluya algo tan dispar bajo el t\u00ed\u00adtulo gen\u00e9rico de Ley nos hace ver que este concepto ten\u00ed\u00ada un significado muy especial en Israel. Ante todo hay que advertir que no existe una sola, sino varias colecciones de leyes. 1) La primera en importancia es el dec\u00e1logo (Ex 20,2-17). Contiene las normas fundamentales que han de regular el comportamiento en relaci\u00f3n con Dios y con los hombres. 2) Sigue luego el C\u00f3digo de la alianza (Ex 20,22-23,33), un conjunto de prescripciones y disposiciones que solucionan las dificultades, explican algunos principios y orientan la conducta de los hombres en la existencia ordinaria. 3) En tercer lugar hay que situar el Deuteronomio, que, en forma de discursos puestos en boca de Mois\u00e9s, desarrolla los preceptos anteriores a tenor de las exigencias de una sociedad m\u00e1s avanzada. 4) Finalmente est\u00e1n las colecciones sacerdotales: el C\u00f3digo de santidad (Lev 17-26) y las leyes relativas al culto (Ex 25-31; 35-40). A pesar de la diversidad, hay algo com\u00fan que subyace como fundamento de toda ley: su profunda vinculaci\u00f3n a Dios y a la alianza. La ley es palabra de Dios por antonomasia, ya que es expresi\u00f3n de su voluntad. Esto hace que se establezca una estrecha relaci\u00f3n entre vida moral y religiosa, lo que permiti\u00f3 a Israel alcanzar un elevado sentido de la justicia, como no se encuentra en otros pueblos, y pone en evidencia la capacidad de la fe religiosa de transformar la vida hasta en sus m\u00e1s peque\u00f1os detalles. Esta transformaci\u00f3n es vista como deseo y voluntad de Dios, como exigencia necesaria de la fe en \u00e9l.<\/p>\n<p>Estamos ante la tercera funci\u00f3n de la palabra -interpelar-, que nos introduce en otro de los temas pilares: la educaci\u00f3n del sentido moral. Sin caer en el moralismo, que ha llevado a muchos a considerar como objetivo prioritario y casi \u00fanico de la catequesis la educaci\u00f3n de los valores \u00e9ticos, es necesario, tener claros los principios que la palabra de Dios inspira al educar esta importante dimensi\u00f3n de la persona humana.<\/p>\n<p>Hay que buscar el equilibrio entre el anuncio del mensaje y las exigencias que de \u00e9l se derivan. El Directorio general de pastoral catequ\u00e9tica (1971) distingu\u00ed\u00ada perfectamente ambos elementos, al afirmar que la catequesis es el medio mejor para comprender el designio de Dios en la propia vida y discernir el sentido \u00faltimo de la existencia y de la historia (DCG 21). No puede, por tanto, hacerse un anuncio de los contenidos de la fe de modo desencarnado, sin conexi\u00f3n con la vida y sin derivar exigencias para el individuo y la comunidad. Asimismo es improcedente presentar las exigencias morales sin una clara y expl\u00ed\u00adcita referencia a la fe de la que se derivan.<\/p>\n<p>La consecuci\u00f3n del equilibrio fe-vida no es posible m\u00e1s que en la medida en que el designio salvador de Dios es presentado de modo global, es decir, realiz\u00e1ndose en la historia, teniendo como destinatarios a todos los hombres y abarcando todas las dimensiones de la persona. En este sentido es normativa la triple manifestaci\u00f3n de la palabra de Dios. El respeto a la integridad de la Revelaci\u00f3n es tambi\u00e9n respeto a la integridad de sus formas. Una catequesis que ignorara este principio conducir\u00ed\u00ada a un injustificado divorcio entre la fe y la vida, tantas veces lamentado. La presentaci\u00f3n de la fe ha de respetar la integridad del mensaje, sin presentaciones parciales ni deformadas por miedo al rechazo (DGC 111-112).<\/p>\n<p>La catequesis ha de favorecer una opci\u00f3n fundamental, totalizante, capaz de integrar todos los aspectos de la existencia humana. Las exigencias concretas han de presentarse como expresi\u00f3n o manifestaci\u00f3n de la exigencia fundamental para evitar la dispersi\u00f3n interior y facilitar la aparici\u00f3n de actitudes y comportamientos adultos, basados en la libertad y la responsabilidad. Es necesario integrar las distintas normas en un sistema al que da cohesi\u00f3n la fe. El olvido de este principio lleva al desarrollo de la casu\u00ed\u00adstica, que elimina la responsabilidad del sujeto al descargarla en la norma que ha de ser obedecida en todo momento, y facilita la hipocres\u00ed\u00ada, que sobrevalora la letra en perjuicio del esp\u00ed\u00adritu de la ley.<\/p>\n<p>El objetivo de la educaci\u00f3n moral es alcanzar la madurez de la conciencia, que consiste esencialmente en la facultad de percibir las exigencias que plantea la voluntad de Dios, manifestada en Cristo, al creyente en su existencia concreta. Se trata de un juicio que tiene por objeto las diversas posibilidades de acci\u00f3n confrontadas con el mandamiento de Jes\u00fas. Consiste en trasladar al campo de la educaci\u00f3n moral el objetivo de la catequesis: facilitar la maduraci\u00f3n de la fe en el \u00e1mbito de los contenidos (adultos en el creer) y en el de las exigencias (adultos en el obrar). Es importante recordar al respecto la advertencia hecha por Juan Pablo II en la exhortaci\u00f3n sobre la catequesis: \u00abEs in\u00fatil insistir en la ortopraxis en detrimento de la ortodoxia: el cristianismo es inseparablemente la una y la otra. Unas convicciones firmes y reflexivas llevan a una acci\u00f3n valiente y segura; el esfuerzo por educar a los fieles a vivir hoy como disc\u00ed\u00adpulos de Cristo reclama y facilita el descubrimiento m\u00e1s profundo del misterio de Cristo en la historia de la salvaci\u00f3n\u00bb (CT 22).<\/p>\n<p>4. DIOS HABLA POR BOCA DE LOS SABIOS. Todos los pueblos de la antig\u00fcedad se esforzaron por resolver los problemas de la vida a partir de lo que ense\u00f1an la raz\u00f3n y la experiencia. Con ello s\u00f3lo pretend\u00ed\u00adan asegurarse la felicidad y el bienestar facilitando en cada caso la elecci\u00f3n mejor. El suyo no era, por tanto, un saber especulativo, producto de la sola raz\u00f3n, sino un saber arrancado de la experiencia y de la vida.<\/p>\n<p>En Israel esta actividad estuvo tan profundamente marcada por el yavismo, que la sabidur\u00ed\u00ada llega a formar parte de la Revelaci\u00f3n, ya que gracias a ella el hombre puede conocer la voluntad de Dios, que se manifiesta en el mundo y en la existencia diaria. El proceso seguido es, sin embargo, ilustrador del modo de actuar de un pueblo que se deja conducir por la fe en el di\u00e1logo con otras culturas y otros pueblos.<\/p>\n<p>Al principio, Israel comprendi\u00f3 que tambi\u00e9n los dem\u00e1s pueblos ten\u00ed\u00adan parte en la verdad, y as\u00ed\u00ad evit\u00f3 la exclusi\u00f3n apresurada de todo lo ajeno a su propia tradici\u00f3n religiosa o cultural. No dur\u00f3 mucho esta actitud, ya que las circunstancias pol\u00ed\u00adticas le obligaron a replegarse sobre s\u00ed\u00ad mismo y a aferrarse a los valores que defin\u00ed\u00adan su identidad, amenazada por la dispersi\u00f3n en medio de los pueblos. M\u00e1s tarde, cuando se defini\u00f3 m\u00e1s como pueblo de Dios que como estado, reapareci\u00f3 la actividad sapiencial con toda su fuerza, pero depurada de influencias extra\u00f1as. En ese contexto aparecieron libros como el de Job, el Qoh\u00e9let, el Sir\u00e1cida o el de la Sabidur\u00ed\u00ada. En ellos es objeto de reflexi\u00f3n no s\u00f3lo la existencia concreta del individuo, sino tambi\u00e9n la existencia y la historia de Israel (Si 44,1-50,26; Sab 10,1-11), si bien esta reflexi\u00f3n tiene como destinatario, no al pueblo en cuanto tal, sino al individuo, y no s\u00f3lo a los hijos de Israel, sino a todos los hombres (Si 1,10).<\/p>\n<p>Este universalismo arranca de la vinculaci\u00f3n que se establece entre la sabidur\u00ed\u00ada y el universo (Prov 8,22-31; Si 24). En ese momento el influjo m\u00e1s importante era el de la filosof\u00ed\u00ada griega. El autor de Sabidur\u00ed\u00ada se sirve de sus ideas para explicar c\u00f3mo act\u00faa la sabidur\u00ed\u00ada en el mundo, si bien elimina las ideas religiosas no conciliables con el yavismo. Acepta, por consiguiente, todo lo v\u00e1lido de la cultura y del pensamiento griego, pero sin renunciar a su identidad y a sus valores. Al mismo tiempo revisa y profundiza en la tradici\u00f3n, a la luz de las nuevas ideas e intereses culturales. Finalmente, la sabidur\u00ed\u00ada alcanza su m\u00e1ximo desarrollo cuando comienza a aparecer con caracter\u00ed\u00adsticas personales (hip\u00f3stasis). El origen de esto puede estar en el deseo de mantener al Dios trascendente lejos del acontecer mundano y en la reivindicaci\u00f3n que hacen los sabios de su propia autoridad. Esta transformaci\u00f3n del concepto ser\u00e1 muy importante de cara a la cristolog\u00ed\u00ada del Nuevo Testamento. Influir\u00e1 sobre todo en la doctrina del Logos, del cuarto evangelio.<\/p>\n<p>De cara a la catequesis, la experiencia de Israel en este campo ilumina el problema de la relaci\u00f3n fe-cultura en el mundo moderno as\u00ed\u00ad como el de la inculturaci\u00f3n. Despu\u00e9s de un tiempo de aceptaci\u00f3n indiscriminada, fruto del asombro y seducci\u00f3n que produce lo nuevo, es necesario un proceso cr\u00ed\u00adtico, un discernimiento desde la fe, sobre la base de que todos los hombres tienen acceso a la verdad aunque todos est\u00e9n amenazados por el fantasma del error. Un di\u00e1logo honesto debe hacer posible que se acepten en la Iglesia los valores del mundo moderno o de las culturas a las que se anuncia el evangelio sin que ello signifique la p\u00e9rdida de la propia identidad o la renuncia a los valores fundamentales. Sin este di\u00e1logo, la Iglesia corre el peligro de replegarse en s\u00ed\u00ad misma, olvidando la misi\u00f3n y apagando la capacidad de su mensaje de ser palabra viva para todos los hombres en todos los tiempos (DGC 202-214; cf FR 95).<\/p>\n<p>5. Dios HABLA POR MEDIO DEL QUE ORA. Los salmos constituyen la antolog\u00ed\u00ada m\u00e1s completa de oraciones que nos ha legado el pueblo de Dios y el mejor testimonio de los sentimientos que embargan al hombre cuando se sit\u00faa ante Dios desde la vida personal o la historia del pueblo. Ellos son el testimonio de c\u00f3mo Dios educa a Israel como un padre a su hijo: le ense\u00f1a el lenguaje con que debe dirigirse a \u00e9l. Puede decirse que la oraci\u00f3n de Israel es palabra de Dios porque nos habla de Dios y porque nos ense\u00f1a a hablar con \u00e9l.<\/p>\n<p>Un problema que se plantea, no s\u00f3lo a la catequesis, sino a la piedad cristiana en general, es c\u00f3mo utilizar hoy oraciones que responden a situaciones, problemas y contextos tan distintos de los nuestros. No se logra despoj\u00e1ndonos de la conciencia de nuestro tiempo ni de nuestra experiencia cristiana, sino asimilando en nuestra vida las oraciones que otros escribieron para nosotros. Se trata de escuchar al hombre que habla en los salmos, de conectar con sus vivencias m\u00e1s profundas, hasta que sus palabras nos penetren y sean nuestras.<\/p>\n<p>La reflexi\u00f3n sobre los salmos nos introduce en el tema del sentido de la oraci\u00f3n en la catequesis. El DGC 85 ilumina la tarea y establece los siguientes principios: 1) se trata de asumir el car\u00e1cter orante y contemplativo de Jesucristo y de orar con sus mismos sentimientos; 2) el padrenuestro es la mejor expresi\u00f3n de ello y, por lo mismo, el modelo de la oraci\u00f3n cristiana; 3) la oraci\u00f3n da profundidad al aprendizaje de la vida cristiana; 4) todo esto es particularmente necesario cuando el catequizando se enfrenta con los aspectos m\u00e1s exigentes del evangelio.<\/p>\n<p>A estos principios podemos a\u00f1adir algunas advertencias en orden a clarificar el valor y el sentido de la oraci\u00f3n como momento clave de la catequesis: 1) La oraci\u00f3n brota de la vida y es una experiencia de encuentro con Dios. La educaci\u00f3n a la oraci\u00f3n presupone la vida interior, es decir, la capacidad de dejarse impactar por la vida y de comprender los sentimientos que esto despierta en el coraz\u00f3n del hombre. La palabra expresa, teniendo a Dios por interlocutor, estos sentimientos. 2) La pr\u00e1ctica de la oraci\u00f3n es dif\u00ed\u00adcil ya que, en ella, el hombre adquiere una fuerte conciencia de su peque\u00f1ez y siente diluirse su individualidad en aquel que es el Todo, aunque sea sentido como padre. 3) Es muy f\u00e1cil caer en estereotipos, sobre todo cuando se trata de oraci\u00f3n comunitaria. La causa de esto es la superficialidad y la dificultad de escuchar y escucharse en silencio. En este caso la oraci\u00f3n no brota de lo profundo del coraz\u00f3n, sino de una mente llena de ideas. 4) La oraci\u00f3n es una experiencia que afecta a toda la persona y, por tanto, puede ser expresada desde cualquier aspecto de la personalidad. El gesto, el canto, la palabra, incluso la danza, pueden ser medios utilizados por el orante para expresar sus sentimientos y vivencias ante Dios. 5) El lenguaje b\u00ed\u00adblico debe ser el preferido, sobre todo en la oraci\u00f3n comunitaria. La catequesis debe facilitar el aprendizaje de f\u00f3rmulas comunes que faciliten este tipo de oraci\u00f3n.<\/p>\n<p>III. El Nuevo Testamento<br \/>\n1. RELACI\u00ed\u201cN ENTRE AMBOS TESTAMENTOS. La Iglesia asumi\u00f3 desde el principio el Antiguo Testamento en su integridad y le reconoci\u00f3 el car\u00e1cter de Sagradas Escrituras y, por tanto, la autoridad de palabra de Dios, pero con una plena conciencia de que s\u00f3lo era preparaci\u00f3n y anuncio de lo que iba a venir (cf 1Cor 10-11; 2Tim 3,15-17). Esto significa que, para la Iglesia, el Antiguo Testamento es palabra de Dios provisional, incompleta. Con la llegada del Hijo aparece la palabra definitiva y total (Heb 1,1-4). De este modo se establece un criterio hermen\u00e9utico fundamental: el Antiguo Testamento ha de ser le\u00ed\u00addo a la luz del misterio de Cristo. Por tanto el r\u00e9gimen de la Ley, fundado sobre la alianza sina\u00ed\u00adtica, es sustituido por el r\u00e9gimen de la Gracia, fundado en Jes\u00fas (Rom 7,1-6). De este modo, en la Iglesia primitiva se plantea el problema con el juda\u00ed\u00adsmo en dos campos a la vez: a nivel te\u00f3rico, por el sentido del Antiguo Testamento, y a nivel pr\u00e1ctico, por la relaci\u00f3n entre Israel y la comunidad naciente. El problema no por ser antiguo puede considerarse resuelto. Hoy seguimos plante\u00e1ndonos el valor de las normas morales y preceptos veterotestamentarios, as\u00ed\u00ad como la legitimidad de recuperar s\u00ed\u00admbolos y elementos del r\u00e9gimen de la Ley. La constituci\u00f3n Dei Verbum establece dos principios b\u00e1sicos al respecto: 1) Los libros del Antiguo Testamento conservan un valor permanente por ser libros inspirados (DV 14), pero, dado que el r\u00e9gimen del Antiguo Testamento estaba ordenado a preparar, anunciar y significar la venida de Cristo (DV 15), es un r\u00e9gimen superado; 2) Los libros del Antiguo Testamento adquieren y manifiestan su plena significaci\u00f3n en el Nuevo, ilustr\u00e1ndolo y explic\u00e1ndolo (DV 16).<\/p>\n<p>El paso del Antiguo al Nuevo Testamento significa que la palabra de Dios no es una realidad est\u00e1tica e inerte, sino profundamente din\u00e1mica y viva. Dios ha hablado a los hombres utilizando un lenguaje y una pedagog\u00ed\u00ada que les permita ir creciendo en la comprensi\u00f3n y, a la vez, en la aceptaci\u00f3n de su designio. Dado que el hombre es un ser en proceso, la palabra que Dios le dirigiera ten\u00ed\u00ada que ser necesariamente progresiva (DGC 143), con una din\u00e1mica que va de lo provisional a lo definitivo, de lo incompleto a lo completo, de lo imperfecto a lo perfecto. La catequesis no puede olvidar la pedagog\u00ed\u00ada seguida por Dios, ya que en cada hombre se realiza, de alg\u00fan modo, el proceso de todo un pueblo. No tener esto en cuenta es ser infiel a una de las exigencias b\u00e1sicas de la catequesis que, junto con la fidelidad a Dios, es la fidelidad al destinatario (DGC 145).<\/p>\n<p>2. JES\u00daS Y LA PALABRA. La palabra de Jes\u00fas -su predicaci\u00f3n y los signos con que la acompa\u00f1a- aparece en los evangelios como una palabra reveladora, al estilo de los profetas, pero con una diferencia radical: no es la palabra de alguien que transmite un mensaje al pueblo en nombre de Dios, inspirado por \u00e9l, sobre acontecimientos que le afectan, sino la palabra de alguien que habla por s\u00ed\u00ad mismo (Jn 3,32), con autoridad para corregir la ley (Mt 5,21-48) y perdonar los pecados (Lc 5,17-26), con poder sobre la naturaleza (Mt 8,23-37) y sobre los demonios (Mc 5,1-13). No es la suya una palabra m\u00e1s de las que Dios hab\u00ed\u00ada dirigido a Israel, sino la palabra definitiva que anuncia la llegada del Reino (Mt 4,23). Cuando la Iglesia puso por escrito lo que hizo y ense\u00f1\u00f3 Jes\u00fas desde el principio hasta el d\u00ed\u00ada en que se lo llevaron (He 1,1-2), ten\u00ed\u00ada conciencia de poseer escrita la palabra definitiva y completa de Dios, anunciada por su Hijo, capaz de salvar a todo el que cree (Rom 1,16).<\/p>\n<p>M\u00e1s tarde, cuando la Iglesia -tras reflexionar sobre la misi\u00f3n de Jes\u00fas-comienza a preguntarse sobre su naturaleza, aparece la idea de que Jes\u00fas no es s\u00f3lo aquel que proclama la palabra de Dios, sino que adem\u00e1s \u00e9l mismo es la palabra de Dios encarnada (Jn 1,1-18), de modo que en su persona la palabra de Dios se hace historia al aparecer corporalmente y, por ello, se manifiesta como la palabra plena y definitiva. Si en la predicaci\u00f3n de Jes\u00fas la palabra de Dios se hace mensaje, en su persona se hace acontecimiento, de modo que, a partir de \u00e9l, ya no hay que esperar ni un nuevo r\u00e9gimen salvador, ni una nueva revelaci\u00f3n p\u00fablica (DV 4). El origen de este planteamiento est\u00e1 en el mismo Jes\u00fas, que no dudaba en presentar su poder como confirmaci\u00f3n de su palabra (cf Lc 5,23-25). Este doble aspecto que el Nuevo Testamento distingue en Jes\u00fas pone de relieve las dos dimensiones existentes en la vida cristiana -la no\u00e9tica y la existencial- y la necesaria vinculaci\u00f3n entre ambas. La pedagog\u00ed\u00ada que Dios utiliza con su pueblo es la misma en ambos testamentos. De cara a la catequesis se ha de tener en cuenta:<br \/>\na) Que el objeto de la catequesis no es lo que Jes\u00fas dijo sin m\u00e1s, sino la persona de Jesucristo (DGC 80). La catequesis no anuncia una ense\u00f1anza v\u00e1lida para la vida o una doctrina esot\u00e9rica, sino a una persona que es Dios y hombre, mes\u00ed\u00adas, salvador e Hijo de Dios. La catequesis debe ser necesariamente cristoc\u00e9ntrica (DGC 98), ya que Jes\u00fas es la raz\u00f3n suprema de la intervenci\u00f3n de Dios en el mundo y de su manifestaci\u00f3n a los hombres y (por ello) centro del mensaje evang\u00e9lico en el conjunto de la historia de la salvaci\u00f3n. Seg\u00fan esto, la finalidad que se pretende en la actividad catequ\u00e9tica no es la adhesi\u00f3n a un sistema de verdades, sino a una persona. No se trata tanto de anunciar la doctrina del maestro cuanto de presentar al maestro de la doctrina. Indudablemente esto implica la aceptaci\u00f3n de su ense\u00f1anza y de su vida como principio inspirador de la propia vida y estructurador de la escala personal de valores (CT 5-9).<\/p>\n<p>b) Que el misterio de Cristo ha de ser situado, adem\u00e1s, en el contexto de la historia de la salvaci\u00f3n, como eje de la misma. La catequesis no puede presentar a un Jes\u00fas desvinculado de la historia que le precedi\u00f3 y del pueblo en el que naci\u00f3, como tampoco sin mostrar la relaci\u00f3n con la Iglesia que \u00e9l fund\u00f3, como si el creyente de hoy pudiera conectar con \u00e9l prescindiendo de todo un pasado, que puede estar lleno de grandezas y de miserias, pero que es aut\u00e9ntica historia de salvaci\u00f3n (DGC 107-108). El acceso a Jes\u00fas s\u00f3lo es posible a trav\u00e9s de la Iglesia, que conserva su palabra, que posee su Esp\u00ed\u00adritu y que lo entrega en los signos sacramentales.<br \/>\nc) Hay que evitar radicalismos en la presentaci\u00f3n de la persona de Cristo. Tanto el DGC como la CT insisten en este punto por considerar que el peligro de desviarse en un sentido u otro es grande y de graves consecuencias. La catequesis debe presentar a Jes\u00fas en su existencia concreta, con toda su humanidad, pero no puede reducirse a esto: debe defender y robustecer la fe en la divinidad de Jesucristo para que sea aceptado no s\u00f3lo por su admirable vida humana, sino adem\u00e1s, y sobre todo, porque es el Hijo unig\u00e9nito de Dios (CT 59). No se puede olvidar en este punto que la palabra divino-humana de la Sagrada Escritura encuentra en Jesucristo, Dios y hombre, su m\u00e1s perfecta comprensi\u00f3n.<\/p>\n<p>3. LA PALABRA APOST\u00ed\u201cLICA. En virtud de la autoridad que Jes\u00fas les confiri\u00f3 (Mc 16,15-18), a la predicaci\u00f3n de los ap\u00f3stoles se le reconoci\u00f3 desde el primer momento el car\u00e1cter de palabra de Dios (He 4,29-31). Ellos mismos eran conscientes de que la palabra que anunciaban no era suya (He 8,25; 1Tes 2,13). De hecho, provoca en los hombres las mismas reacciones y efectos que la palabra de Jes\u00fas (Le 10,16; He 3,6-8). El cambio que esto representa es significativo y de gran trascendencia para el futuro. Estamos ante el paso de Cristo a la Iglesia, que la convierte en instrumento o sacramento de salvaci\u00f3n para todos los hombres (LG 1). La salvaci\u00f3n, como en la etapa de Israel, no se conf\u00ed\u00ada a un libro, sino a una comunidad en cuya palabra y en cuya vida se hace presente el Se\u00f1or hasta el fin de los tiempos (Mt 28,20). La identificaci\u00f3n de la palabra apost\u00f3lica con la palabra de Jes\u00fas implica, pues, la identificaci\u00f3n de este con la Iglesia (Jn 13,20). Significa adem\u00e1s una nueva etapa en la encarnaci\u00f3n de la palabra divina. Primero se encarn\u00f3 en un libro, luego se encarn\u00f3 en un hombre, finalmente se ha encarnado en la predicaci\u00f3n permanente de la Iglesia. El libro prepar\u00f3 la salvaci\u00f3n; la predicaci\u00f3n la contin\u00faa. El primero es su testimonio permanente; la \u00faltima es su permanente anuncio.<\/p>\n<p>La funci\u00f3n del catequista queda redimensionada desde esta perspectiva. Como agente de una de las formas del ministerio de la palabra (DGC 52), debe ser consciente de que realiza una acci\u00f3n eclesial, es decir, de que act\u00faa en nombre de la Iglesia y no en nombre propio (CT 6), por lo cual la comuni\u00f3n con ella y con Cristo es una exigencia b\u00e1sica a la que debe ser fiel todo el que realice este ministerio. El catequista ha sido llamado del seno de la comunidad para ser de nuevo enviado a ella, revestido de la autoridad de quien le env\u00ed\u00ada; act\u00faa, no por una misi\u00f3n que \u00e9l se atribuye o por inspiraci\u00f3n personal, sino en comuni\u00f3n con la misi\u00f3n de la Iglesia y en su nombre; no es due\u00f1o absoluto de su acci\u00f3n evangelizadora, de modo que pueda realizarla seg\u00fan sus criterios personales (EN 60); en su vida y en su palabra, ha de ser testigo del misterio que anuncia; y, sobre todo, es un intermediario cuya misi\u00f3n es poner al catequizando en comuni\u00f3n con Cristo dentro de la Iglesia.<\/p>\n<p>La predicaci\u00f3n apost\u00f3lica no fue s\u00f3lo el anuncio de la ense\u00f1anza y vida de Jes\u00fas, sino que adem\u00e1s se llev\u00f3 a cabo una labor de profundizaci\u00f3n que dio origen a numerosos escritos que fueron incluidos entre los libros revelados del Nuevo Testamento. Se trata del libro de los Hechos de los ap\u00f3stoles, las cartas y ep\u00ed\u00adstolas de Pablo y de los dem\u00e1s ap\u00f3stoles y el libro del Apocalipsis. A estos escritos se les reconoci\u00f3 desde el principio esta autoridad (cf 2Pe 3,14-16; 2Tes 2,15), porque son la fijaci\u00f3n de la predicaci\u00f3n de aquellos que actuaban con el poder y en el nombre de Jes\u00fas (2Cor 5,20; 13,3). Esto nos hace ver que la predicaci\u00f3n no es una repetici\u00f3n mec\u00e1nica e impersonal de un anuncio o de unos hechos, sino el testimonio de unos hombres que se sienten transformados por los mismos y convertidos en testigos. El libro de los Hechos es una muestra de la creatividad de la Iglesia, que trata de ser fiel a los or\u00ed\u00adgenes, en medio de las circunstancias cambiantes de su historia diaria. Igualmente Pablo trata de iluminar la vida de sus comunidades desde el evangelio que les hab\u00ed\u00ada anunciado.<\/p>\n<p>Este modo de actuar de la Iglesia de los primeros siglos nos pone en guardia frente a concepciones rigoristas de la catequesis que, por el af\u00e1n de ser fieles al dep\u00f3sito recibido, olvidan la realidad existencial del catequizando y la situaci\u00f3n actual de la Iglesia en el mundo. Como el antiguo profetismo, la catequesis ha de apoyarse a la vez en el pasado, al que tenemos acceso por la Tradici\u00f3n y la Escritura, y en el presente, que hay que iluminar y asumir como momento de la historia de la salvaci\u00f3n, que contin\u00faa hasta la vuelta del Se\u00f1or. Cuando se olvida esta doble exigencia, la palabra de Dios no es un principio de salvaci\u00f3n, y por tanto, de liberaci\u00f3n (DGC 103), sino una traba en el compromiso de los creyentes. Esto es origen, a la vez, de una doble exigencia para el catequista: Ante todo se le exige una adhesi\u00f3n a Cristo, que es aceptaci\u00f3n vital de su persona, de su ense\u00f1anza y de su programa de vida o, lo que es lo mismo, adhesi\u00f3n al Reino con el nuevo orden que inaugura el evangelio (EN 23). En segundo lugar se le exige un profundo sentido y conocimiento de la historia personal y comunitaria de los catequizandos para que, gracias a su ministerio, estos puedan comprender el designio de Dios en su propia vida y el sentido de la existencia y de la historia, de modo que, iluminados por la luz del evangelio, respondan a las exigencias del mismo. La preparaci\u00f3n de un catequista ha de ser a la vez espiritual y profesional. Espiritual, porque la suya es una labor de apostolado; y profesional, porque est\u00e1 condicionada por la realidad, y cualquier cosa que contribuye a conocerla la facilita. Los documentos del magisterio insisten en este punto por considerar que no es intrascendente la capacitaci\u00f3n pedag\u00f3gica de los catequistas (CT 58-59; cf IC 44).<\/p>\n<p>IV. Conclusi\u00f3n: palabra de Dios y catequesis<br \/>\nLa palabra es el instrumento b\u00e1sico de la catequesis, tanto considerada en su aspecto puramente humano como situada en el contexto de la Revelaci\u00f3n.<\/p>\n<p>1. FUNCI\u00ed\u201cN PROPEDEUTICA DE LA PALABRA. La semilla de la Palabra fructifica por la acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu en el coraz\u00f3n del hombre, y su crecimiento no siempre es comprendido por quienes pretenden un estudio puramente fenomenol\u00f3gico del sentido religioso y de la vivencia espiritual de un hombre o de una comunidad. Hay en \u00e9l un componente que escapa al control del investigador: la fe. Sin embargo, no es indiferente la situaci\u00f3n del destinatario de esa Palabra que, como la tierra de la par\u00e1bola evang\u00e9lica, puede favorecer la acogida y posterior desarrollo de la misma o entorpecerla. En la catequesis es necesario realizar una labor de preparaci\u00f3n cuando las condiciones humanas o situaci\u00f3n de la persona no permiten una labor de evangelizaci\u00f3n eficaz.<\/p>\n<p>La experiencia de Dios supone una m\u00ed\u00adnima capacidad de percibir el misterio subyacente en la realidad de la que el hombre forma parte. No se trata ciertamente de abogar por la vuelta a actitudes ya superadas, propias de una religiosidad primitiva que sacraliza todo lo que desconoce, sino m\u00e1s bien de educar para la admiraci\u00f3n, de desarrollar el sentido de lo profundo, de despertar la capacidad de ver m\u00e1s all\u00e1 de la apariencia. Esta labor es importante en un mundo en el que son sobrevaloradas la forma exterior, la utilidad inmediata o la sensaci\u00f3n. Todo lo cual tiene como resultado una sociedad de personas inseguras e inestables, superficiales y materialistas. La palabra interpreta la realidad, pero es necesario para ello que el hombre sea capaz de percibirla en un ser m\u00e1s profundo.<\/p>\n<p>La catequesis debe educar tambi\u00e9n para el di\u00e1logo interior y exterior, y crear las condiciones que hagan posible el compromiso del hombre en el mundo. Comunicar un vocabulario que le permita comprender y expresar su mundo interior y su percepci\u00f3n del mundo exterior, desarrollar la capacidad de escucha y de comunicaci\u00f3n, y educar el sentido de responsabilidad por la pertenencia al mundo concreto en el que vive, son presupuestos que facilitar\u00e1n en la actividad catequ\u00e9tica la b\u00fasqueda comunitaria del sentido de la vida desde el evangelio y la adopci\u00f3n de compromisos acordes con lo descubierto. Tampoco el ambiente ayuda en este sentido. Con frecuencia los medios de comunicaci\u00f3n ocupan en las familias el lugar reservado al di\u00e1logo familiar que hac\u00ed\u00ada posible el acercamiento de las generaciones, la transmisi\u00f3n de los valores culturales y religiosos por el medio vivo de la palabra, la reflexi\u00f3n conjunta sobre los acontecimientos y problemas, y el desarrollo de los afectos entre las personas.<\/p>\n<p>El desarrollo del sentido hist\u00f3rico es otro de los presupuestos de una eficaz acci\u00f3n catequ\u00e9tica. El hombre queda perdido y confundido si se le borra la memoria del pasado, y su vida carece de est\u00ed\u00admulo si se le arrebata la ilusi\u00f3n del futuro. \u00danicamente si logra ocupar su lugar entre lo uno y lo otro, alcanza el equilibrio que le permitir\u00e1 el desarrollo de una existencia verdaderamente humana. Una recta valoraci\u00f3n de la tradici\u00f3n en su sentido m\u00e1s aut\u00e9ntico, as\u00ed\u00ad como la educaci\u00f3n de la esperanza, hacen que el hombre descubra su dimensi\u00f3n hist\u00f3rica y su responsabilidad como algo irrenunciable. El desarrollo de estos valores es fundamental en la catequesis, ya que esta tiene entre sus objetivos lograr que el catequizando se sit\u00fae en el proceso de la historia de la salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p>2. LA ENSE\u00ed\u2018ANZA DE ISRAEL. Es cierto que Israel y el Antiguo Testamento son preparaci\u00f3n y figura de lo que estaba por venir. Pero hay algo que es permanente y, por tanto, irrenunciable: la pedagog\u00ed\u00ada utilizada por el Gran Educador.<\/p>\n<p>Algo que est\u00e1 presente en ambos Testamentos es la consideraci\u00f3n de la historia como lugar en el que tiene lugar la acci\u00f3n salvadora de Dios. La Biblia no muestra al hombre un camino por el que alcanzar la salvaci\u00f3n escapando del devenir hist\u00f3rico. Muestra a Dios actuando en ella, en toda ella, a trav\u00e9s de los acontecimientos que tienen lugar y en los cuales est\u00e1n implicados los hombres. El descubrimiento de este sentido oculto de los hechos es el resultado de una reflexi\u00f3n sobre el pasado, que es reinterpretado desde la fe y permite establecer las leyes internas que lo conducen hasta el presente. Gracias a estas leyes es posible prever lo que ser\u00e1 el futuro. El presente es fruto del pasado y semilla del futuro. Dios est\u00e1 presente en todo el proceso. Al creyente le toca descubrirlo en su ahora, conocer su voluntad, para dar la respuesta que de \u00e9l se espera y asumir su responsabilidad. Como un \u00e1rbol, hunde sus ra\u00ed\u00adces en la historia del mundo y eleva sus ramas con la esperanza del mundo futuro, en el cual tendr\u00e1 lugar la salvaci\u00f3n plena y definitiva.<\/p>\n<p>La voz de Dios no llega a trav\u00e9s de visiones y experiencias maravillosas, sino por medio de hombres sujetos a todas las limitaciones de lo humano. Atrapados por la fuerza del mensaje se convierten en profetas en medio de sus hermanos. La palabra de Dios se humaniza en la palabra de un hombre. El creyente ha de ser luz en medio de un mundo en tinieblas. Su palabra y su vida han de aportar esperanza en la crisis, cr\u00ed\u00adtica en la falsa seguridad, sentido en el desconcierto, \u00e1nimo en el sufrimiento. En definitiva, ha de ser presencia y memoria de los valores absolutos en un mundo que cambia continuamente; portavoz de Dios en un mundo replegado sobre s\u00ed\u00ad mismo. Cuando calla el profeta, Dios calla. Cuando el creyente abdica de esta tarea, Dios enmudece para los hombres de su tiempo.<\/p>\n<p>Dios act\u00faa y habla para descubrir su designio y manifestar su voluntad, de modo que los hombres configuren su vida personal y comunitaria de acuerdo con ella. La fe implica una determinada concepci\u00f3n de la vida, del mundo, del hombre y de Dios, pero no se reduce a esto. Trata de estructurar la existencia de acuerdo con el sistema de valores que esa concepci\u00f3n encierra. Gracias a esto, la vida religiosa y la moral quedan ensambladas y unidas como dos aspectos de una misma realidad. No hay amor a Dios donde falta el amor al hermano. La catequesis ha de vincular esta doble exigencia al educar el sentido moral de los creyentes.<\/p>\n<p>Dado que el hombre es un ser hist\u00f3rico y que la historia es cambiante, cada \u00e9poca aporta, con sus problemas e interrogantes, una demanda a los creyentes para que revisen sus formulaciones doctrinales y sus expresiones de fe. No se trata de una revisi\u00f3n del mensaje, sino de su formulaci\u00f3n. Esto responde a la necesidad de anunciarlo a cada generaci\u00f3n y a todos los pueblos. Si la palabra de Dios se encarna en el lenguaje de los hombres para poder llegar a ellos, esta palabra ha de reencarnarse en el lenguaje de cada \u00e9poca y cultura para que nadie se vea privado de su luz. La catequesis ha de educar esta capacidad de responder desde la fe a cada nueva situaci\u00f3n, sin perder la propia identidad y sin complejos. El di\u00e1logo fe-cultura, Iglesia-mundo, no es sino una exigencia del di\u00e1logo Dios-hombre que ocurre en la Revelaci\u00f3n (cf FR 70-71, 92).<\/p>\n<p>El verdadero creyente ora profunda y frecuentemente. Su oraci\u00f3n es personal y comunitaria, y de ella arranca toda la fuerza de su vida. La oraci\u00f3n, por supuesto, entendida como la respuesta del hombre a Dios desde la existencia concreta y diaria. El hombre que quiere configurar su vida de acuerdo con la fe que profesa encontrar\u00e1 no pocos motivos para dirigirse a Dios: las alegr\u00ed\u00adas y las penas, el placer y el sufrimiento, el bien y el mal, la virtud y el pecado, etc., son una fuente de satisfacciones y de angustias, de certezas y de dudas, que necesita presentar ante el Dios en el que cree. La oraci\u00f3n no es m\u00e1s que una consecuencia del car\u00e1cter hist\u00f3rico de la salvaci\u00f3n. Si Dios act\u00faa en la historia, cada acontecimiento significativo de la misma provoca una respuesta del hombre. La catequesis no puede olvidar la educaci\u00f3n de esta dimensi\u00f3n orante de la existencia, sin dejar al creyente abandonado a sus propias fuerzas.<\/p>\n<p>3. LA PALABRA DEFINITIVA. El Nuevo Testamento significa la culminaci\u00f3n de la historia de la Revelaci\u00f3n. La realidad sucede al s\u00ed\u00admbolo, el cumplimiento anula la promesa y el Hijo pasa a ser el \u00faltimo enviado. Hasta la consumaci\u00f3n del universo, vivimos los tiempos definitivos, pues no habr\u00e1 una nueva econom\u00ed\u00ada de salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Cristo es la clave de todo. El Antiguo Testamento es reinterpretado desde el misterio que \u00e9l es y que en \u00e9l se realiza, de modo que muchos textos, personajes y s\u00ed\u00admbolos del mundo religioso que \u00e9l representa son redimensionados y adquieren un nuevo significado y valor. El Nuevo Testamento no es sino una presentaci\u00f3n de su vida y ense\u00f1anza y un desarrollo de las mismas.<\/p>\n<p>Y no s\u00f3lo es clave de la Escritura; es tambi\u00e9n el eje de la historia de la salvaci\u00f3n, que se divide en dos partes: la que prepar\u00f3 su venida y la que sigui\u00f3 a partir de ella. Igualmente en la vida del hombre el encuentro con Cristo marca un giro radical en su existencia. Su palabra y su vida pasan a ser la clave o el principio estructurados de toda la vida personal y comunitaria. Cristo es, por consiguiente, la presencia salvadora de Dios en la historia, el profeta por excelencia, ya que \u00e9l mismo es la palabra viva de Dios, el cumplimiento perfecto y ejemplar de la voluntad de Dios que lo llev\u00f3 a aceptar la muerte en la cruz, el modelo del di\u00e1logo entre Dios y los hombres y el maestro de oraci\u00f3n. La catequesis ha de ser un permanente anuncio de Jesucristo y ha de crear las condiciones oportunas para que se d\u00e9 el encuentro personal con \u00e9l.<\/p>\n<p>La Iglesia hace presente a Cristo a lo largo del tiempo y en todas partes, como sacramento universal de la salvaci\u00f3n. No es posible el acceso pleno a Cristo si no es en ella, ni se puede comprender su ser en profundidad m\u00e1s que en referencia a \u00e9l. Ni la Iglesia sin Cristo, ni Cristo sin la Iglesia. S\u00f3lo un falso planteamiento puede llevar a establecer una separaci\u00f3n entre ellos. No obstante, hay que admitir que se ha podido llegar hist\u00f3ricamente a un planteamiento semejante por el esc\u00e1ndalo que ha supuesto para algunos la realidad imperfecta de la Esposa de Cristo. Para evitar esto ha de vivir en un permanente estado de conversi\u00f3n que la haga ser en todo momento reflejo de su Se\u00f1or. No obstante, siempre habr\u00e1 imperfecciones en ella, porque imperfecto es todo lo humano y humanos son sus miembros. La catequesis ha de educar esta conciencia de pertenencia a la Iglesia y el deber de todos los creyentes de reflejar en su vida la vida del Se\u00f1or.<\/p>\n<p>La Iglesia recibi\u00f3 de Cristo la misi\u00f3n de evangelizar a todos los hombres y lleva a cabo esta tarea en el ministerio de la palabra. No se anuncia a s\u00ed\u00ad misma, ni es ella la meta de su predicaci\u00f3n. Cristo es el objeto de su anuncio, y hacer llegar su salvaci\u00f3n a todos los hombres la raz\u00f3n de su predicaci\u00f3n. La catequesis no es sino la acci\u00f3n por la que conduce a sus hijos a una comprensi\u00f3n m\u00e1s profunda de Cristo y su misterio, que les permita dar a su vida el sentido y la configuraci\u00f3n que \u00e9l exige. No puede, por consiguiente, abandonar esta tarea sin que la vida de fe de los creyentes se atrofie o derive hacia manifestaciones impropias de su condici\u00f3n.<\/p>\n<p>BIBL.: ALONSO J., La persona del profeta en sus experiencias religiosas, en AA.VV., El profetismo en la Biblia, Fundaci\u00f3n Universitaria San Pablo, Madrid 1975; BISSOLI C., Palabra de Dios, en GEVAERT J. (ed.), Diccionario de catequ\u00e9tica, CCS, Madrid 1987; BROSSIER F., Relatos b\u00ed\u00adblicos y comunicaci\u00f3n de la fe, Verbo Divino, Estella 1987; CALATI B., Palabra de Dios, en DE FLORES S.-GOFFI T. (dirs.), Nuevo diccionario de espiritualidad, San Pablo, Madrid 19914, 1467-1484; CORSANI B., Palabra, en ROSSANO P.-RAVASI G.-GIRLANDA A. (dirs.), Nuevo diccionario de teolog\u00ed\u00ada b\u00ed\u00adblica, San Pablo, Madrid 1990, 1371-1390; EICH-RODT W., Teolog\u00ed\u00ada del Antiguo Testamento II, Cristiandad. Madrid 1975; GINEL VIELVA A., Narratividad y testimonio en la catequesis, Teolog\u00ed\u00ada y catequesis (1983); GONZ\u00ed\u0081LEZ A., Palabra de Dios, en FLORIST\u00ed\u0081N C.-TAMAYO J. J. (eds.), Conceptos fundamentales del cristianismo, Trotta, Madrid 1993; HAAG H., La palabra de Dios se hace libro en la Sagrada Escritura, en J. FEINER (ed.), Mysterium salutis I, 1, Cristiandad, Madrid 1969, 338-408; LATOURELLE R., Teolog\u00ed\u00ada de la revelaci\u00f3n, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1995; MART\u00ed\u008dN G., Para leer la Biblia como palabra de Dios, Verbo Divino, Estella 1983; MOR\u00ed\u0081N G., Catequesis de la revelaci\u00f3n, Sal Terrae, Santander 1968; ScHELKLE K. H., Palabra y Escritura, Fax, Madrid 1972; SCHOKEL A., La palabra inspirada, Herder, Barcelona 1966.<\/p>\n<p>Francisco Echevarr\u00ed\u00ada Serrano<\/p>\n<p>M. Pedrosa, M. Navarro, R. L\u00e1zaro y J. Sastre, Nuevo Diccionario de Catequ\u00e9tica, San Pablo, Madrid, 1999<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario de Catequ\u00e9tica<\/b><\/p>\n<p>SUMARIO: I. La palabra de Dios y la Iglesia: 1. La palabra de Dios como acontecimiento salv\u00ed\u00adfico; 2. Crecimiento de la \u00abpalabra\u00bb con la moci\u00f3n permanente del Esp\u00ed\u00adritu; 3. Carismas al servicio de la \u00abpalabra\u00bb; 4. Primac\u00ed\u00ada de la \u00abpalabra\u00bb en la Iglesia &#8211; II. Momento din\u00e1mico de la \u00abpalabra\u00bb en la historia: 1. Liturgia, verificaci\u00f3n hist\u00f3rica de la \u00abpalabra\u00bb; 2. Comunidad, criterio normativo; 3. Discernimiento del hoy de la \u00abpalabra\u00bb &#8211; III. La palabra de Dios, \u00abm\u00e9todo\u00bb para una espiritualidad eclesial: 1. El sentido espiritual; 2. M\u00e9todos y formas de la \u00ablectio divina\u00bb; 3. Instancias modernas de lectura de la \u00abpalabra\u00bb en orden a la situaci\u00f3n &#8211; IV. Conclusi\u00f3n.<\/p>\n<p>I. La palabra de Dios y la Iglesia<br \/>\nLos aspectos bajo los que es posible estudiar la palabra de Dios son m\u00faltiples. La especializaci\u00f3n que lleva a cabo la teolog\u00ed\u00ada garantiza esta visi\u00f3n pluriforme, que extrae de los diversos momentos de aqu\u00e9lla la multiplicidad de aspectos bajo los cuales se puede considerar la palabra divina. Podemos preguntarnos entonces c\u00f3mo se sit\u00faa la espiritualidad ante la palabra de Dios en la visi\u00f3n global del conjunto de la teolog\u00ed\u00ada, sin que por ello sea necesario repetir todo lo que ya han afirmado el exegeta, el dogm\u00e1tico o los dem\u00e1s especialistas. Por otra parte, es obvio que la palabra de Dios, norma suprema de la vida de la Iglesia, exige estos pre\u00e1mbulos metodol\u00f3gicos.<\/p>\n<p>Creo que la tradici\u00f3n de los Padres garantiza nuestra sensibilidad actual -a la que podr\u00ed\u00adamos llamar \u00abm\u00e9todo\u00bb-, que ha encontrado amplia acogida en el Vat. II y que da la precisi\u00f3n necesaria sobre el sentido de la eclesiolog\u00ed\u00ada actual.<\/p>\n<p>1. LA PALABRA DE DIOS COMO ACONTECIMIENTO SALV\u00ed\u008dFICO &#8211; La palabra de Dios no se limita al libro de las Sagradas Escrituras, aunque sea \u00e9l el lugar y el momento privilegiado de la palabra de Dios. La \u00abpalabra\u00bb nos ofrece el acontecimiento salv\u00ed\u00adfico, es decir, a Dios mismo, que se compromete en la historia del hombre, revel\u00e1ndose y entreg\u00e1ndose a s\u00ed\u00ad mismo; acontecimiento que alcanza su punto culminante en Jesucristo muerto y resucitado y en el don del Esp\u00ed\u00adritu Santo. Este aspecto din\u00e1mico de la palabra de Dios es afirmado categ\u00f3ricamente en la constituci\u00f3n conciliar Dei Verbum. Se trata de un texto que no es posible ignorar por el aliento espiritual que lo ha redactado y porque eleva la historia de la revelaci\u00f3n a lugar teol\u00f3gico irrenunciable de la experiencia cristiana: \u00abQuiso Dios, con su bondad y su sabidur\u00ed\u00ada, revelarse a s\u00ed\u00ad mismo y manifestar el misterio de su voluntad: por Cristo, la Palabra hecha carne y con el Esp\u00ed\u00adritu Santo, pueden los hombres llegar hasta el Padre y participar de la naturaleza divina. En esta revelaci\u00f3n, Dios invisible, movido de amor, habla a los hombres como amigos, trata con ellos para invitarlos y recibirlos en su compa\u00f1\u00ed\u00ada. El plan de la revelaci\u00f3n se realiza por obras y palabras intr\u00ed\u00adnsecamente ligadas; las obras que Dios realiza en la historia de la salvaci\u00f3n manifiestan yconfirman la doctrina y las realidades que las palabras significan; a su vez, las palabras proclaman las obras y explican su misterio. La verdad profunda de Dios y de la salvaci\u00f3n del hombre que transmite dicha revelaci\u00f3n, resplandece en Cristo, mediador y plenitud de toda la revelaci\u00f3n\u00bb (DV 2).<\/p>\n<p>El concilio explica m\u00e1s adelante esta comuni\u00f3n de Dios en nuestra historia y en nuestra situaci\u00f3n con la conclusi\u00f3n sobre la estabilidad definitiva de Dios en su amor: \u00abLa econom\u00ed\u00ada cristiana, por ser la alianza nueva y definitiva, nunca pasar\u00e1; ni hay que esperar otra revelaci\u00f3n p\u00fablica antes de la gloriosa manifestaci\u00f3n de Jesucristo nuestro Se\u00f1or\u00bb (DV 4).<\/p>\n<p>De esto se sigue que la Iglesia no puede dejar de \u00abescuchar con devoci\u00f3n la palabra de Dios\u00bb (DV 1), a fin de poder proclamarla y ser testigo de la afirmaci\u00f3n de san Juan: \u00abOs anunciamos la vida eterna que estaba junto al Padre y se nos ha manifestado; os anunciamos lo que hemos visto y o\u00ed\u00addo para que est\u00e9is en comuni\u00f3n con nosotros. Nuestra comuni\u00f3n es con el Padre y con su Hijo Jesucristo\u00bb (1 Jn 1,2-3).<\/p>\n<p>Habr\u00e1 que reflexionar sobre el car\u00e1cter de experiencia que tiene la afirmaci\u00f3n de san Juan, expresado en el recurso a los sentidos de \u00abver\u00bb y de \u00abo\u00ed\u00adr\u00bb, que invita a pensar que se trata de un texto \u00abcelebrativo lit\u00fargico\u00bb de la comuni\u00f3n con Dios m\u00e1s que de una simple constataci\u00f3n del hecho de la revelaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Esto hace que la Iglesia, relacionando su propio testimonio con la viva experiencia de Juan sobre la palabra de Dios, tenga conciencia de insertarse en esta profec\u00ed\u00ada y de explicitarla ulteriormente en la historia con su propio testimonio de vida.<\/p>\n<p>Al proponer la unidad de la palabra de Dios hoy con la que se comunic\u00f3 a trav\u00e9s de la experiencia de Juan, el Vat. II afirma que la historia salv\u00ed\u00adfica sigue vigente en las comunidades de los creyentes gracias al .- misterio pascual operante en la historia. El car\u00e1cter din\u00e1mico y vital de la palabra no se detiene, sin embargo, en este momento inicial, sino que acompa\u00f1a y garantiza todo su desarrollo y su continuidad l\u00f3gica. Esta concepci\u00f3n, si se tiene en cuenta el estatismo eclesiol\u00f3gico postpatr\u00ed\u00adstico -y especialmente el postridentino, eclesiolog\u00ed\u00ada en que ha sido educada nuestra Iglesia occidental-, constituye la novedad absoluta enunciada en el cap\u00ed\u00adtulo II de la constituci\u00f3n DV.<\/p>\n<p>2. CRECIMIENTO DE LA \u00abPALABRA\u00bb CON LA MOCI\u00ed\u201cN PERMANENTE DEL ESP\u00ed\u008dRITU &#8211; En este punto la DV hace coincidir la transmisi\u00f3n de la revelaci\u00f3n divina con la presencia activa del Se\u00f1or resucitado y de su Esp\u00ed\u00adritu en los ap\u00f3stoles, en los hombres apost\u00f3licos y en todo el pueblo de Dios, cada uno a su modo, en proporci\u00f3n -dir\u00ed\u00ada san Pablo- con la actividad de cada uno o de cada carisma. Esta presencia hace que la palabra de Dios cobre vida y crezca en la Iglesia hasta la plenitud total de la palabra misma, que es la manifestaci\u00f3n gloriosa del Se\u00f1or y la visi\u00f3n de Dios cara a cara.<\/p>\n<p>Es de suma importancia subrayar la preocupaci\u00f3n del Vat. II por considerar toda la transmisi\u00f3n de la revelaci\u00f3n, que es luego la \u00absagrada tradici\u00f3n\u00bb, en la perspectiva del crecimiento de la palabra, en la dial\u00e9ctica del cumplimiento de toda la palabra de Dios yen el \u00e1mbito de todo el pueblo de Dios. Con ello se nos sit\u00faa ante una profunda teolog\u00ed\u00ada de la experiencia m\u00ed\u00adstica, que fundamenta la eclesiolog\u00ed\u00ada y rompe las estrecheces jur\u00ed\u00addicas de la eclesiolog\u00ed\u00ada m\u00e1s reciente. Jesucristo Se\u00f1or, en el que se lleva a cabo la revelaci\u00f3n, \u00abmand\u00f3 a los ap\u00f3stoles predicar a todos los hombres el Evangelio como fuente de toda verdad salvadora y de toda norma de conducta, comunic\u00e1ndoles as\u00ed\u00ad los bienes divinos: el Evangelio prometido por los profetas, que \u00e9l mismo cumpli\u00f3 y promulg\u00f3 con su boca\u00bb (DV 7).<\/p>\n<p>Subrayemos la expresi\u00f3n \u00abcomunic\u00e1ndoles los bienes divinos\u00bb, que indica un hecho estrictamente existencial. El texto prosigue con una carga de vitalismo y de dinamismo: \u00abEste mandato se cumpli\u00f3 fielmente, pues los ap\u00f3stoles, con su predicaci\u00f3n, sus ejemplos, sus instituciones, transmitieron de palabra lo que hab\u00ed\u00adan aprendido de las obras y palabras de Cristo y lo que el Esp\u00ed\u00adritu Santo les ense\u00f1\u00f3; adem\u00e1s, los mismos ap\u00f3stoles y otros de su generaci\u00f3n pusieron por escrito el mensaje de la salvaci\u00f3n inspirados por el Esp\u00ed\u00adritu Santo\u00bb (DV 7). En este texto tenemos el fundamento teol\u00f3gico de la experiencia m\u00ed\u00adstica cristiana como hecho eclesial, ligada a la \u00abconvivencia\u00bb con Cristo en la fe y relacionada adem\u00e1s con la moci\u00f3n permanente del Esp\u00ed\u00adritu, que no ha suspendido ciertamente su \u00abinspiraci\u00f3n\u00bb, la cual sigue actuando para llevar adelante sin tregua su obra de amor.<\/p>\n<p>En este contexto es donde madura la \u00abtradici\u00f3n\u00bb -sentido vivo de la palabra viva de Dios y siempre presente en la Iglesia-, que, junto con la misma Escritura, es el espejo en que la Iglesia peregrina contempla a su Se\u00f1or, de quien recibe todo bien, con la esperanza de contemplarlo alg\u00fan d\u00ed\u00ada cara a cara. El contenido vivo de esta \u00abtradici\u00f3n\u00bb, que comprende todo lo que es necesario para la fe y la santidad de vida del pueblo de Dios, es cuanto nos han transmitido los ap\u00f3stoles, bien con su palabra, bien con la catequesis escrita; es, pues, una fe que los creyentes han de mantener a toda costa y que nos pone a todos nosotros, pueblo de Dios, en el camino ininterrumpido; tal es, efectivamente, el r\u00e9gimen de la fe. De este modo la palabra de Dios se libra de todo estatismo y se presenta condicionada por un t\u00e9rmino absolutamente din\u00e1mico: el crecimiento (\u00abprogresa\u00bb, \u00abcrece\u00bb) hasta la manifestaci\u00f3n de la plenitud total de Dios. En este crecimiento vemos empe\u00f1ado a todo el pueblo de Dios seg\u00fan la dial\u00e9ctica inherente a su naturaleza de pueblo y de cuerpo de Cristo: \u00abEsta tradici\u00f3n apost\u00f3lica va creciendo en la Iglesia con la ayuda del Esp\u00ed\u00adritu Santo; es decir, crece la comprensi\u00f3n de las palabras e instituciones transmitidas cuando los fieles las contemplan y estudian repas\u00e1ndolas en su coraz\u00f3n, y cuando comprenden internamente los misterios que viven, cuando las proclaman los obispos, sucesores de los ap\u00f3stoles en el carisma de la verdad. La Iglesia camina a trav\u00e9s de los siglos hacia la plenitud de la verdad, hasta que se cumplan en ella plenamente las palabras de Dios\u00bb (DV 8).<\/p>\n<p>La ex\u00e9gesis de este texto nos induce a subrayar los dos momentos del crecimiento de la palabra de Dios, que pertenecen a todo el pueblo de Dios, y, luego, el car\u00e1cter espec\u00ed\u00adfico del carisma de la apostolicidad del episcopado. La dial\u00e9ctica a que obedece el pueblo de Dios y el cuerpo de Cristo no permite que uno de estos momentos pueda prescindir del otro, sin correr un serio peligro de hacer caer a la Iglesia en una dimensi\u00f3n estrictamente individualista. Este ha sido el estrangulamiento m\u00e1s tr\u00e1gico de la eclesiolog\u00ed\u00ada postpatr\u00ed\u00adstica, hoy superado, al menos conceptualmente, en la medida en que se han recuperado las categor\u00ed\u00adas b\u00ed\u00adblico-existenciales de \u00abpueblo de Dios\u00bb, de \u00abcuerpo de Cristo\u00bb y de \u00absacerdocio real\u00bb.<\/p>\n<p>a) El primer momento de este carisma -la contemplaci\u00f3n y el estudio de los creyentes- se mide por la actitud espiritual de la Virgen Mar\u00ed\u00ada, por lo que a ella le fue dado ver, y no siempre comprender, respecto al misterio de su Hijo, el Verbo encarnado. Ateni\u00e9ndonos al contexto evang\u00e9lico de Lucas, que nos da este testimonio, la \u00abcontemplaci\u00f3n\u00bb de la Virgen Mar\u00ed\u00ada no tiene nada que ver con ning\u00fan proceso meditativo de tipo religioso, filos\u00f3fico o moral; la confrontaci\u00f3n se establece entre las realidades que ten\u00ed\u00adan lugar en ella y por ella y las \u00abmaravillas de Dios\u00bb del AT, que encontraban en ella su explicitaci\u00f3n prof\u00e9tica. Solamente la referencia prof\u00e9tica a esos hechos puede iluminar la fe de la Virgen en la palabra de Dios, que se hace carne por su carisma de madre. Desde ese momento, Mar\u00ed\u00ada puede con todo derecho ser considerada como tipo y signo prof\u00e9tico de la Iglesia de todos los tiempos. En la perspectiva de su figura, todo creyente entra en el misterio de esta divina maternidad y, por la fe en la palabra, se realiza tambi\u00e9n en \u00e9l esta palabra. Es \u00e9sta una idea com\u00fan a los Padres tanto orientales como occidentales.<\/p>\n<p>b) El segundo aspecto del vitalismo de la \u00abtradici\u00f3n\u00bb eclesial est\u00e1 expresado expl\u00ed\u00adcitamente por la profundizaci\u00f3n de las cosas espirituales y por la experiencia que de all\u00ed\u00ad se deriva: \u00abCuando comprenden internamente los misterios que viven\u00bb (DV 8). Tambi\u00e9n aqu\u00ed\u00ad la responsabilidad de decisi\u00f3n pertenece a todo el pueblo de Dios y a todo el cuerpo de Cristo. Siempre es importante volver a proponer esta com\u00fan responsabilidad del organismo eclesial entero bajo el aspecto de la unidad que se realiza en la escucha de la palabra de Dios, pero tambi\u00e9n para afirmar la variedad simult\u00e1nea de los carismas y de los dones con los que crece la comunidad eclesial. Todav\u00ed\u00ada hay que subrayar que estos dos puntos, en los que se invoca la experiencia espiritual de los creyentes como coeficiente de la \u00abtradici\u00f3n viva\u00bb, son siempre un hecho de car\u00e1cter apost\u00f3lico: \u00abEsta tradici\u00f3n apost\u00f3lica\u00bb, por consiguiente, se lleva a cabo \u00abcon la ayuda del Esp\u00ed\u00adritu Santo\u00bb y \u00aben la Iglesia\u00bb.<\/p>\n<p>Digamos en seguida que el salto cualitativamente nuevo de la eclesiolog\u00ed\u00ada madurada a la luz de la Dei Verbum se da en este punto. Hay que remontarse a la eclesiolog\u00ed\u00ada de los grandes Padres para encontrar esta afirmaci\u00f3n valiente sobre la experiencia espiritual de los diversos miembros del pueblo de Dios como coeficiente de la \u00abtradici\u00f3n de la Iglesia\u00bb, junto con el carisma de la sucesi\u00f3n apost\u00f3lica en el episcopado, cuyo car\u00e1cter espec\u00ed\u00adfico no se ignora, sin embargo.<\/p>\n<p>c) En efecto, este car\u00e1cter espec\u00ed\u00adfico del carisma del apostolado del obispo se inserta aqu\u00ed\u00ad con el mismo derecho que los dos primeros momentos -tal es el sentido de la conjunci\u00f3n \u00abcuando\u00bb que liga a los diversos pasajes conceptuales de todo este per\u00ed\u00adodo-: \u00abCuando los proclaman los obispos, sucesores de los ap\u00f3stoles en el carisma de la verdad\u00bb (DV 8).<\/p>\n<p>Es un hecho que la experiencia espiritual la ha presentado siempre la eclesiolog\u00ed\u00ada postpatr\u00ed\u00adstica con cierto sentimiento de desconfianza y de ansiedad, confinada todo lo m\u00e1s a un esquematismo asc\u00e9tico-m\u00ed\u00adstico, pero sin repercusi\u00f3n eclesial alguna. Por otra parte, la experiencia espiritual iba madurando cada vez m\u00e1s en un contexto de individualismo religioso, mientras que la teolog\u00ed\u00ada entera avanzaba separada de la confrontaci\u00f3n vital con la palabra de Dios y con la inteligencia global del misterio de Cristo; finalmente, la eclesiolog\u00ed\u00ada se transformaba progresivamente en \u00e1mbito de los canonistas. En este ambiente recibi\u00f3 su formulaci\u00f3n \u00faltima el concepto de jerarqu\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>La estrecha conexi\u00f3n del carisma jer\u00e1rquico con los dos momentos anteriormente indicados como pertenecientes a todo el pueblo de Dios ofrece al propio carisma la capacidad de la conversi\u00f3n y, por tanto, de su autentificaci\u00f3n eclesial, ya que lo confronta con la palabra de Dios, de la que nace y a la que \u00fanicamente sirve. El \u00abcarisma de la verdad\u00bb inherente al anuncio de la palabra, dado todo el sentido del contexto, no puede, por tanto, separarse de la experiencia que comprometer\u00e1 a la jerarqu\u00ed\u00ada por un doble t\u00ed\u00adtulo: como miembros del pueblo de Dios y como especialmente delegados para el servicio del carisma de la certeza de la palabra. En \u00faltimo an\u00e1lisis, la Iglesia entera no tiene otro sentido en la historia que el de proclamar la palabra de salvaci\u00f3n, la cual, antes ya de toda predicaci\u00f3n, se realiza en ella: \u00abLa Iglesia camina a trav\u00e9s de los siglos hacia la plenitud de la verdad, hasta que se cumplan en ella plenamente las palabras de Dios\u00bb (DV 8). Nos encontramos aqu\u00ed\u00ad con otra expresi\u00f3n sumamente vital en relaci\u00f3n con la palabra, acontecimiento de salvaci\u00f3n en la Iglesia, que supera toda dimensi\u00f3n conceptual, metaf\u00ed\u00adsica y jur\u00ed\u00addica, pero que s\u00f3lo puede ser percibida y expresada por la m\u00e1s pura tradici\u00f3n prof\u00e9tica y m\u00ed\u00adstica.<\/p>\n<p>3. CARISMAS AL SERVICIO DE LA \u00abPALABRA\u00bb &#8211; El texto de la Dei Verbum contin\u00faa en clave de experiencia vital. La experiencia espiritual de la comunidad de creyentes, que est\u00e1 en la base de la tradici\u00f3n viva de la Iglesia, apela a su vez a ese momento privilegiado que es la experiencia de los Padres, garant\u00ed\u00ada de la continuidad de la presencia del Esp\u00ed\u00adritu en la Iglesia: \u00abLas palabras de los Santos Padres atestiguan la presencia viva de esta tradici\u00f3n, cuyas riquezas van pasando a la pr\u00e1ctica y a la vida de la Iglesia, que cree y ora. La misma tradici\u00f3n da a conocer a la Iglesia el canon de los libros sagrados y hace que los comprenda cada vez mejor y los mantenga siempre activos. As\u00ed\u00ad Dios, que habl\u00f3 en otros tiempos, sigue conversando siempre con la Esposa de su Hijo amado; as\u00ed\u00ad el Esp\u00ed\u00adritu Santo, por quien la voz viva del Evangelio resuena en la Iglesia, y por ella en el mundo entero, va induciendo a los fieles en la verdad plena y hace que habite en ellos intensamente la palabra de Cristo\u00bb (DV 8).<\/p>\n<p>Por desgracia, aparte de estos incisos -sin duda importantes- no tenemos una teolog\u00ed\u00ada de la presencia y del carisma de los Padres en la Iglesia: es \u00e9ste un signo nada despreciable del abandono secular de la dimensi\u00f3n del misterio de la Iglesia y del olvido de la categor\u00ed\u00ada del pueblo de Dios, en cuya din\u00e1mica \u00fanicamente se puede comprender la presencia operante de la tradici\u00f3n de los Padres, hecha continuamente viva en virtud del Esp\u00ed\u00adritu del Se\u00f1or resucitado, presente en la Iglesia. De la falta de esta teolog\u00ed\u00ada se ha derivado el monopolio del carisma jer\u00e1rquico en la eclesiolog\u00ed\u00ada. Este \u00faltimo, convertido muchas veces en sin\u00f3nimo de poder, de elevaci\u00f3n profesional, crey\u00f3 que pod\u00ed\u00ada sustituir tanto a la tradici\u00f3n de los Padres como a la realidad del pueblo de Dios, presente en la actualidad de la historia.<\/p>\n<p>Contra estas limitaciones de una eclesiolog\u00ed\u00ada de sentido \u00fanico -en nuestro caso la traditio monopolizada por el ministerio jer\u00e1rquico-, la Dei Verbum intenta prevenirse y reafirma la simultaneidad y la conexi\u00f3n constante de los diversos aspectos o momentos de la\u00bbtradici\u00f3n\u00bb o del sentido vivo de la Iglesia. En primer lugar, la constituci\u00f3n afirma la profunda conexi\u00f3n y la perfecta comuni\u00f3n entre Sda. Escritura y tradici\u00f3n: \u00abLa tradici\u00f3n y la Escritura est\u00e1n estrechamente unidas y compenetradas\u00bb (DV 9). Adem\u00e1s, confirma categ\u00f3ricamente la conexi\u00f3n entre la \u00abtradici\u00f3n\u00bb -en su concepci\u00f3n compleja-, la Escritura y el magisterio, \u00ab&#8230; seg\u00fan el plan prudente de Dios, est\u00e1n unidos y ligados, de rnodo que ninguno puede subsistir sin los otros; los tres, cada uno seg\u00fan su car\u00e1cter y bajo la acci\u00f3n del \u00fanico Esp\u00ed\u00adritu Santo, contribuyen eficazmente a la salvaci\u00f3n de las almas\u00bb (DV 10).<\/p>\n<p>4. PRIMAC\u00ed\u008dA DE LA \u00abPALABRA\u00bb EN LA IGLESIA &#8211; Es verdad que anteriormente se hab\u00ed\u00ada afirmado el car\u00e1cter espec\u00ed\u00adfico del carisma del magisterio respecto a la aut\u00e9ntica interpretaci\u00f3n de la palabra de Dios (DV 8); pero esto no quita que el magisterio o el carisma jer\u00e1rquico en su especificidad no pueda actuar ni ejercerse sin conexi\u00f3n con los diversos momentos que forman la \u00abtradici\u00f3n\u00bb, a saber: la contemplaci\u00f3n de la palabra de Dios y la experiencia de las cosas divinas por parte de todo el pueblo de los creyentes. De aqu\u00ed\u00ad la preocupaci\u00f3n del concilio por afirmar el servicio humilde que el magisterio tendr\u00e1 que prestar respecto a la palabra; adem\u00e1s, este servicio est\u00e1 condicionado por la experiencia: \u00ab&#8230; (lo transmitido) lo escucha devotamente, lo custodia celosamente, lo explica fielmente\u00bb (DV 10).<\/p>\n<p>Los tres adverbios: \u00abdevotamente, celosamente, fielmente\u00bb, lejos de indicar un poder administrativo o meramente jur\u00ed\u00addico del magisterio respecto a la verdad y la palabra, se\u00f1alan m\u00e1s bien una actitud viva y vital, sin la cual creemos que quedar\u00ed\u00ada paralizado el crecimiento de la Iglesia. Hay que subrayar adem\u00e1s la sucesi\u00f3n existencial: \u00ablo escucha&#8230;, lo custodia&#8230;, lo explica\u00bb. La palabra no se presta a juegos de magia.<\/p>\n<p>Nunca se subrayar\u00e1 suficientemente el salto cualitativo que la eclesiolog\u00ed\u00ada del Vat. II ha dado al proponer a la Iglesia como \u00abcomuni\u00f3n\u00bb alimentada por la palabra de Dios. Se entiende entonces que la Iglesia pueda presentarse como \u00abmisterio\u00bb, como signo prof\u00e9tico en la historia de la \u00abcomuni\u00f3n\u00bb que es el Padre, el Hijo y el Esp\u00ed\u00adritu Santo, o, seg\u00fan la feliz expresi\u00f3n de san Cipriano, como \u00abel pueblo congregado en la unidad del Padre, del Hijo y del Esp\u00ed\u00adritu Santo\u00bb.<\/p>\n<p>Tal es la nueva concepci\u00f3n eclesial que anima a la Lumen gentium. Todo el cap\u00ed\u00adtulo 1 de esta constituci\u00f3n parece una par\u00e1frasis de la doxolog\u00ed\u00ada de san Pablo a los efesios. El Padre nos ha bendecido antes incluso de la fundaci\u00f3n del mundo y nos ha elegido como hijos suyos en Jesucristo. Cristo sigue siendo el centro recapitulador de toda la historia; \u00abpor \u00e9l y con \u00e9l\u00bb, en el Esp\u00ed\u00adritu Santo, hemos sido designados como herencia de Dios, para su alabanza y su gloria. Tal es el proyecto de Dios respecto a nosotros, y su signo en la historia es la Iglesia, pueblo de Dios en camino entre el \u00abya\u00bb y el \u00abtodav\u00ed\u00ada no\u00bb, en la espera del cumplimiento final que, en una frase incisiva de san Ignacio m\u00e1rtir similar a nuestro tema, se expresa en el deseo de dejar de ser -pensaba en el martirio que le esperaba en Roma- una simple \u00abvoz\u00bb para convertirse en \u00abpalabra\u00bb.<\/p>\n<p>La imagen de \u00abpueblo de Dios\u00bb aplicada a la Iglesia pone de manifiesto todo su sentido din\u00e1mico en la situaci\u00f3n concreta e hist\u00f3rica. El \u00abpueblo de Dios\u00bb es una categor\u00ed\u00ada existencial que se autentica por su capacidad de ponerse en \u00abcamino\u00bb en el mundo, por el reino de Dios, ya inaugurado con la resurrecci\u00f3n de Cristo.<\/p>\n<p>En la situaci\u00f3n de la primera econom\u00ed\u00ada. este pueblo de Dios fue educado por la palabra divina. Esta pedagog\u00ed\u00ada de la palabra es el r\u00e9gimen de fe en que se encuentra la Iglesia, el nuevo pueblo de Dios, con la conciencia de que esta palabra se ha hecho \u00abcarne\u00bb y ha puesto su \u00abtienda\u00bb entre los hombres.<\/p>\n<p>II. Momento din\u00e1mico de la \u00abpalabra\u00bb en la historia<br \/>\n1, LITURGIA, VERIFICACI\u00ed\u201cN HIST\u00ed\u201cRICA DE LA \u00abPALABRA\u00bb &#8211; La palabra de Dios se hace verdad de manera privilegiada en la acci\u00f3n lit\u00fargica. Solamente en la Iglesia, que es el cuerpo de Cristo, la palabra de Dios sigue estando presente entre nosotros y habl\u00e1ndonos actualmente; pero la Iglesia se propone como \u00abcomunidad de fe\u00bb sobre todo cuando se re\u00fane para celebrar la muerte y la resurrecci\u00f3n de su Se\u00f1or. En ese momento la Iglesia tiene la experiencia de que la palabra, que es Cristo Se\u00f1or, se ofrece y se nos da constantemente para hacernos part\u00ed\u00adcipes de la filiaci\u00f3n divina.<\/p>\n<p>Esta relaci\u00f3n entre la palabra de Dios y la liturgia no es una cosa artificial, sino que se\u00f1ala el medio normal con que han sido producidos los textos sagrados y han llegado hasta nosotros como portadores de salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Sigamos algunas ideas tal como nos las ofrecen eminentes exegetas. Podemos decir que el pueblo de Dios fue creado con el \u00e9xodo, y m\u00e1s particularmente con la alianza de Dios con los suyos en el Sina\u00ed\u00ad, despu\u00e9s de haberlos sacado de Egipto. Fue all\u00ed\u00ad donde aquella masa ca\u00f3tica, desorganizada, de los refugiados se congreg\u00f3 por primera vez en una unidad espiritual. Fue tambi\u00e9n all\u00ed\u00ad donde tom\u00f3 conciencia de que era un pueblo, el pueblo de Dios. \u00bfC\u00f3mo sucedi\u00f3 esto? La palabra de Dios, hablando a trav\u00e9s de Mois\u00e9s, convoc\u00f3 al pueblo al pie de la monta\u00f1a. Y fue aqu\u00e9lla la primera asamblea del pueblo. Mas \u00bfpara qu\u00e9 se convoc\u00f3 esta primera \u00abiglesia\u00bb embrional? Para escuchar la palabra que la convocaba y, despu\u00e9s de haberla escuchado, para aceptarla formalmente por la fe, para comprometerse colectivamente a obedecerla.<\/p>\n<p>El \u00abprimer acto\u00bb de la primera asamblea del pueblo en el Sina\u00ed\u00ad fue escuchar la palabra de Dios, acogerla en la oraci\u00f3n de una fe adorante. Viene luego un \u00absegundo acto\u00bb de aquella primera asamblea cuando, como signo de su completa disposici\u00f3n a las exigencias de la palabra escuchada, Dios mismo prescribir\u00e1 la ofrenda del sacrificio en su palabra (Ex 3,19-20.24). Y as\u00ed\u00ad es como el servicio de la palabra se puso, como consecuencia directa, al servicio de la ofrenda sacrificial. Es importante advertir que este momento servir\u00e1 de paradigma de todo el camino de la historia de la salvaci\u00f3n. Siempre que la experiencia del pecado lleve al pueblo a apartarse de la palabra, Dios se mostrar\u00e1 firme, a trav\u00e9s de sus profetas, en su exigencia de volver a ella con un coraz\u00f3n renovado. Recordemos la convocatoria lit\u00fargica del pueblo bajo el rey tos\u00ed\u00adas para volver a escuchar la palabra olvidada (2 Re 29) o la renovaci\u00f3n de la alianza por obra de Esdras (Neh 8 y 10).<\/p>\n<p>\u00abVemos c\u00f3mo el pueblo de Dios, ya desde el primer testamento, se crea sobre la base de una atenci\u00f3n colectiva y progresiva a la palabra de Dios. Vemos formarse a este pueblo a trav\u00e9s del sacrificio, bajo la influencia de la palabra de Dios proclamada poco a poco en la tradici\u00f3n viviente de este pueblo, y m\u00e1s particularmente de lo que podemos llamar su vida lit\u00fargica, hasta ser llevados al descubrimiento del sacrificio eucar\u00ed\u00adstico\u00bb.<\/p>\n<p>La liturgia del NT \u00abcumple\u00bb este camino prof\u00e9tico de la palabra de Dios. El evangelio de Lucas, siempre tan atento a presentar la comunidad del Nuevo Testamento a la luz de la ley y de los profetas, sit\u00faa el comienzo del ministerio de Jes\u00fas, el d\u00ed\u00ada del s\u00e1bado, en el servicio lit\u00fargico sinagoga]: \u00abEl s\u00e1bado entr\u00f3, seg\u00fan su costumbre, en la sinagoga y se levant\u00f3 a leer. Le entregaron el libro del profeta Isa\u00ed\u00adas, y habiendo desenrollado el volumen, hall\u00f3 el paso en el que est\u00e1 escrito: `El Esp\u00ed\u00adritu del Se\u00f1or est\u00e1 sobre m\u00ed\u00ad, porque me ungi\u00f3. Ale envi\u00f3 a evangelizar a los pobres. a predicar a los cautivos la liberaci\u00f3n y a los ciegos la recuperaci\u00f3n de la vista, a libertar a los oprimidos y a promulgar un a\u00f1o de gracia del Se\u00f1or&#8217;. Enroll\u00f3 el libro, se lo dio al sirviente y se sent\u00f3&#8230; Y comenz\u00f3 a decirles: `Hoy se est\u00e1 cumpliendo ante vosotros esta Escritura&#8217; \u00bb (Lc 4,16-21).<\/p>\n<p>No ya en la sinagoga, sino en toda reuni\u00f3n lit\u00fargica de la Iglesia, al proclamar la palabra de Dios podemos decir siempre: \u00abHoy\u00bb se cumple con nuevas perspectivas, se actualiza en las situaciones concretas lo que estamos escuchando: en proporci\u00f3n, claro, con la actitud de fe, de conversi\u00f3n, de amor al mensaje de salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p>La constituci\u00f3n Sacrosanctum Concilium del Vat. II inserta en este contexto la acci\u00f3n propia de la Iglesia: \u00abDios&#8230;, habiendo hablado antiguamente en muchas ocasiones de diferentes maneras a nuestros padres por medio de los profetas, cuando lleg\u00f3 la plenitud de los tiempos envi\u00f3 a su Hijo, el Verbo hecho carne, ungido por el Esp\u00ed\u00adritu Santo, para evangelizar a los pobres y curar a los contritos de coraz\u00f3n&#8230; Esta obra de la redenci\u00f3n humana y de la perfecta glorificaci\u00f3n de Dios, preparada por las maravillas que Dios obr\u00f3 en el pueblo de la antigua alianza, Cristo el Se\u00f1or la realiz\u00f3 principalmente por el misterio pascual de su bienaventurada pasi\u00f3n, resurrecci\u00f3n de entre los muertos y gloriosa ascensi\u00f3n. Por este misterio, con su muerte destruy\u00f3 nuestra muerte y con su resurrecci\u00f3n restaur\u00f3 nuestra vida, pues del costado de Cristo dormido en la cruz naci\u00f3 el sacramento admirable de la Iglesia entera\u00bb (SC 5).<\/p>\n<p>El Se\u00f1or confi\u00f3 a los ap\u00f3stoles, \u00abllenos de Esp\u00ed\u00adritu Santo\u00bb, la misi\u00f3n del anuncio del misterio pascual mediante la predicaci\u00f3n y la misi\u00f3n de su reactualizaci\u00f3n por medio del sacrificio y de los sacramentos. Desde el d\u00ed\u00ada de Pentecost\u00e9s, \u00abla Iglesia nunca ha dejado de reunirse para celebrar el misterio pascual, leyendo cuanto a \u00e9l se refiere en toda la Escritura, celebrando la eucarist\u00ed\u00ada, en la cual se hace de nuevo presente la victoria y el triunfo de su muerte, y dando gracias al mismo tiempo a Dios por el don inefable en Cristo Jes\u00fas, para alabar su gloria, por la fuerza del Esp\u00ed\u00adritu Santo\u00bb&#8216; (SC 6).<\/p>\n<p>De este modo Cristo est\u00e1 presente en su Iglesia y de manera especial en las acciones lit\u00fargicas: \u00abEst\u00e1 presente en el sacrificio de la misa, sea en la persona del ministro&#8230;, sea sobre todo bajo las especies eucar\u00ed\u00adsticas. Est\u00e1 presente con su virtud en los sacramentos&#8230; Est\u00e1 presente en su palabra, pues cuando se lee en la Iglesia la Sagrada Escritura es \u00e9l quien habla. Est\u00e1 presente, por \u00faltimo. cuando la Iglesia suplica y canta salmos, el mismo que prometi\u00f3: `Donde est\u00e1n dos o tres congregados en mi nombre, all\u00ed\u00ad estoy yo en medio de ellos&#8217; \u00bb (SC 7).<\/p>\n<p>Esta confrontaci\u00f3n vital con la muerte y resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas har\u00e1 que, siempre que en la asamblea lit\u00fargica se escuche la palabra de Dios, quede roto todo ritualismo. Pero esto exige una confrontaci\u00f3n de la palabra con la vida del creyente y con la situaci\u00f3n concreta en que vive el \u00abfiel a la palabra\u00bb para ser signo de presencia prof\u00e9tica en el mundo. Si la \u00abverbosidad\u00bb cultualista fue ya tan aborrecida en el primer Testamento y mereci\u00f3 la reprensi\u00f3n constante de los profetas. mucho m\u00e1s habr\u00e1 de serlo ahora, cuando la alianza es el mismo Esp\u00ed\u00adritu de Dios que nos ha dado Cristo Se\u00f1or, imprimi\u00e9ndolo en el coraz\u00f3n de todos los que creen en la palabra y act\u00faan en el amor.<\/p>\n<p>2. COMUNIDAD, CRITERIO NORMATIVO &#8211; Se comprende entonces por qu\u00e9 la comunidad de fe es criterio normativo de la palabra de Dios: porque ella ofrece el paradigma vital de la explicitaci\u00f3n ulterior de la palabra en la historia y porque, por la misma comunidad de fe, la palabra se abre al mundo. En este punto la tradici\u00f3n de los Padres nos ofrece algunas normas que en vano se buscar\u00ed\u00adan en la eclesiolog\u00ed\u00ada posterior.<\/p>\n<p>San Gregorio Magno dice que debe a sus fieles la inteligencia que tiene de la Sagrada Escritura: \u00abS\u00e9 realmente que a menudo muchas de las cosas de la Escritura que yo solo no lograba comprender las he comprendido cuando me he encontrado en medio de mis hermanos. Detr\u00e1s de este conocimiento he intentado comprender tambi\u00e9n gracias a qui\u00e9n se me hab\u00ed\u00ada dado esta inteligencia\u00bb<br \/>\nEl mismo Gregorio dar\u00e1 un paso m\u00e1s. El Esp\u00ed\u00adritu que habla a cada uno de los miembros del pueblo de Dios puede hacer que los fieles comprendan mejor que su maestro y padre un sentido particular de la palabra de Dios. En este caso, el maestro de la comunidad se convierte a su vez en disc\u00ed\u00adpulo de sus fieles m\u00e1s iluminados por el Esp\u00ed\u00adritu Santo. Gregorio afirma: \u00abSi mi oyente o mi lector, que podr\u00e1 ciertamente comprender el sentido de la palabra de Dios de un modo m\u00e1s profundo y verdadero que yo, no encuentra aceptables mis interpretaciones, lo seguir\u00e9 tranquilamente, lo mismo que sigue un disc\u00ed\u00adpulo a su maestro. Considero como un regalo todo lo que \u00e9l pueda sentir o comprender mejor que yo. En efecto, todos los que llenos de fe nos esforzamos en hacer resonar a Dios como \u00f3rganos de la verdad (&#8216;omnes enim qui fide pleni de Deo aliquid sonare nitimur, organa veritatis sumus&#8217;); y est\u00e1 en la potestad de la verdad el que a ella se manifieste por medio de m\u00ed\u00ad a otros o que por medio de otros llegue a m\u00ed\u00ad. Ella es ciertamente igual para todos nosotros, aunque no todos vivamos del mismo modo; unas veces toca a uno, para que escuche con provecho lo que ha hecho resonar por medio de otro; y otras veces toca a otro que haga o\u00ed\u00adr con claridad lo que los otros tienen que escuchar.\u00bb<br \/>\nEs m\u00e9rito del Vat. II haber recuperado el momento din\u00e1mico de la palabra de Dios, que afecta por diversos t\u00ed\u00adtulos a todo el pueblo de Dios, como hemos expuesto anteriormente.<\/p>\n<p>3. DISCERNIMIENTO DEL HOY DE LA \u00abPALABRA\u00bb &#8211; Hemos de aludir al \u00abdiscernimiento\u00bb, que es la base de la vitalidad de la palabra de Dios en la comunidad de fe. El \u00abdiscernimiento\u00bb es precisamente la capacidad de reinterpretar o de releer la palabra de Dios en la situaci\u00f3n concreta en que se encuentra la comunidad o el individuo. Puede, por tanto, ser considerado como norma y ley del sentido espiritual: c\u00f3mo conocer lo que el Esp\u00ed\u00adritu Santo dice \u00abhoy\u00bb a la Iglesia, al creyente.<\/p>\n<p>El Esp\u00ed\u00adritu Santo gu\u00ed\u00ada al creyente por el camino cristiano no tanto a\u00f1adiendo nuevos preceptos, sino mediante la capacidad de tomar en cada situaci\u00f3n ladecisi\u00f3n moral seg\u00fan el Evangelio, y ello por el conocimiento de la historia de la salvaci\u00f3n, en la cual el Esp\u00ed\u00adritu Santo representa un elemento decisivo. Este &#8211; \u00abdiscernimiento\u00bb es la clave de toda la moral neotestamentaria.<\/p>\n<p>El \u00abdiscernimiento\u00bb tiene un car\u00e1cter muy concreto: lleva a conocer, en el hoy y en el momento presente, en medio de las situaciones cambiantes, cu\u00e1l es la voluntad de Dios, lo que es bueno, agradable al Se\u00f1or y perfecto (Rom 12,2). Semejante don supone al mismo tiempo la experiencia, la intuici\u00f3n y la obra del Esp\u00ed\u00adritu Santo; es fruto de una maduraci\u00f3n en nosotros del trabajo de la gracia. Requiere mucha flexibilidad, ya que en lugar de la aplicaci\u00f3n r\u00ed\u00adgida y material de la ley se necesita atenci\u00f3n al acontecimiento, un examen cordial y ben\u00e9volo de las circunstancias y de las intenciones, as\u00ed\u00ad como de los medios para armonizarlas de la mejor manera posible con el plan de Dios en una situaci\u00f3n concreta. Seg\u00fan un eminente exegeta, este \u00abdiscernimiento\u00bb de todo lo que conviene hacer hic et nunc para realizar la voluntad de Dios ser\u00ed\u00ada precisamente la aportaci\u00f3n original del pensamiento paulino&#8217;.<\/p>\n<p>S\u00f3lo la Iglesia -comunidad de fe-, guiada por la palabra de Dios, puede garantizar este discernimiento. Ella interroga a la situaci\u00f3n concreta, lee los ,-\u00absignos de los tiempos\u00bb, se deja guiar por los Padres en la fe que le han precedido. Respetando la libertad de sus hijos, conociendo su propia pobreza, frente a todo autoritarismo, ofrece espacio al Esp\u00ed\u00adritu Santo para que siga hablando \u00abhoy\u00bb como ayer, para que lleve a cabo en nosotros la obra del amor.<\/p>\n<p>III. La palabra de Dios, \u00abm\u00e9todo\u00bb para una espiritualidad eclesial<br \/>\nDe todo lo que hemos dicho se deduce el car\u00e1cter absolutamente central de la palabra de Dios en la Iglesia. Ella constituye el m\u00e9todo por excelencia para una espiritualidad que aspire a ser eclesial. Para evitar equ\u00ed\u00advocos, digamos que el contacto con la palabra de Dios es la espiritualidad de la comunidad eclesial y del creyente, si con este nombre entendemos lo que el Esp\u00ed\u00adritu exige hoy de nosotros en la situaci\u00f3n concreta e hist\u00f3rica en que vivimos.<\/p>\n<p>1. EL SENTIDO ESPIRITUAL. &#8211; Tenemos que recuperar la objetividad de aquello que era para los Padres de la Iglesia el \u00absentido espiritual\u00bb de la Sagrada Escritura y que la Iglesia utiliza prof\u00e9ticamente sobre todo en la celebraci\u00f3n lit\u00fargica. Es muy importante lo que la Dei Verbum afirma sobre la unidad del carisma de la inspiraci\u00f3n entre su momento original y las fases sucesivas de la verificaci\u00f3n de la palabra en la historia: \u00abEl int\u00e9rprete indagar\u00e1 lo que el autor sagrado dice e intenta decir en cada circunstancia, seg\u00fan su tiempo y cultura, por medio de los g\u00e9neros literarios propios de su \u00e9poca\u00bb (DV 12). El texto contin\u00faa: \u00abLa Escritura se ha de leer e interpretar con el mismo Esp\u00ed\u00adritu con que fue escrita&#8230;\u00bb (DV 12).<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad pues, el Esp\u00ed\u00adritu Santo al ofrecernos su palabra no est\u00e1 ligado a su momento original, como si se tratara de hacer llegar hasta nosotros aquella palabra simplemente libre de errores, de manera que pudi\u00e9ramos admirarla como una sagrada reliquia de la antigiiedad cristiana. Esta magia del libro ser\u00ed\u00ada un desconocimiento de lo que la Dei Verbum llama la \u00abcondescendencia\u00bb de la divina sabidur\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>Esta \u00abcondescendencia\u00bb es la que hace -para expresarnos con las palabras de Or\u00ed\u00adgenes, que nos parecen el mejor comentario al texto de la Dei Verbum- que el Esp\u00ed\u00adritu habite en la palabra \u00abpara que esta palabra se\u00f1ale el comienzo de un di\u00e1logo; se dirige a alguien del que espera una respuesta\u00bb. M\u00e1s exactamente, Dios mismo se ofrece mediante ella, aguardando m\u00e1s que una respuesta un movimiento de retorno. Los hombres pueden leer este libro escrito, como todos los dem\u00e1s libros, en su lengua humana; pueden tambi\u00e9n instruirse gracias a \u00e9l en la historia de Israel y en la vida de Jes\u00fas; pueden informarse sobre todos los tipos de doctrina moral y religiosa que all\u00ed\u00ad se exponen; pero no por eso lo comprenden. S\u00f3lo comprende este libro en la unidad de su intenci\u00f3n divina aquel que lleva a cabo el movimiento de conversi\u00f3n al que Dios invitaba a trav\u00e9s de esa palabra. S\u00f3lo la Iglesia comprende la Escritura; la Iglesia, es decir, esa parte de la humanidad que se convierte al Se\u00f1or. La interpretaci\u00f3n espiritual de la Escritura es la interpretaci\u00f3n que \u00abel Esp\u00ed\u00adritu ha dado a la Iglesia\u00bb .<\/p>\n<p>A Or\u00ed\u00adgenes le hace eco Gregorio Magno. En su primera homil\u00ed\u00ada sobre Ezequiel, Gregorio se propone aclarar a sus fieles el sentido de la profec\u00ed\u00ada en sus diversos aspectos y momentos. El motivo de este planteamiento catequ\u00e9tico est\u00e1 precisamente en el hecho de que nada como la palabra de Dios, que es profec\u00ed\u00ada permanente, es capaz de hacer comprender la moci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu en la Iglesia y en cada uno de los creyentes. El mismo Esp\u00ed\u00adritu que toca y hace a los profetas es el Esp\u00ed\u00adritu que crea y mueve a los creyentes en el tiempo actual con sus diversos carismas y dones. Gregorio usar\u00e1 este mismo lenguaje, bien para designar a los profetas, bien para indicar a los creyentes de todo tiempo su compromiso de fe: Spiritus tangit. El Esp\u00ed\u00adritu \u00abtoca\u00bb y hace a los profetas; el Esp\u00ed\u00adritu \u00abtoca\u00bb y hace al fiel&#8217;.<\/p>\n<p>El sentido espiritual de la Escritura. que no es la simple acomodaci\u00f3n b\u00ed\u00adblica, garantiza el camino prof\u00e9tico de la palabra de Dios, orientada a Cristo y a la comunidad del Nuevo Testamento, la Iglesia. Tal es la metodolog\u00ed\u00ada de la \u00abcondescendencia\u00bb de la Sabidur\u00ed\u00ada. \u00abSin mengua de la verdad y de la santidad de Dios, la Sagrada Escritura nos muestra la admirable condescendencia de Dios, para que aprendamos su amor inefable y c\u00f3mo adapta su lenguaje a nuestra naturaleza con su providencia sol\u00ed\u00adcita. La palabra de Dios expresada en lenguas humanas se hace semejante al lenguaje humano, como en otro tiempo la Palabra del eterno Padre, asumiendo nuestra d\u00e9bil condici\u00f3n humana, se hizo semejante a los hombres\u00bb (DV 13).<\/p>\n<p>La conexi\u00f3n entre el Esp\u00ed\u00adritu y la palabra, o la din\u00e1mica permanente de la encarnaci\u00f3n del Verbo, que nos atestigua la palabra de Dios, hace que la palabra no sea vista solamente como norma moral de la vida del hombre, sino m\u00e1s bien como momento prof\u00e9tico en el que insertarse para realizar el misterio de amor que all\u00ed\u00ad se anuncia y se proclama. Era lo que expresaba Gregorio en aquel enunciado que podemos considerar como resumen de su comentario b\u00ed\u00adblico al pueblo: \u00abHaec historice facta credimus, haec mystice facienda speramus, es decir: \u00abLas cosas que creemos han sucedido hist\u00f3ricamente -tal es la interpretaci\u00f3n seg\u00fan el texto literal de los `dichos&#8217; y de los `hechos&#8217; b\u00ed\u00adblicos-, pero ahora tienen que actualizarse en nosotros m\u00ed\u00adsticamente\u00bb.<\/p>\n<p>El mystice de que habla san Gregorio significa precisamente todo lo que la palabra tiene todav\u00ed\u00ada que decirnos a nosotros por el mismo Esp\u00ed\u00adritu que la vivific\u00f3 por primera vez. En otro texto, m\u00e1s expl\u00ed\u00adcito a este respecto, san Gregorio habla de la situaci\u00f3n actual del creyente que se encuentra en el medio, entre la fe de quien nos ha precedido y la esperanza que aguardamos, en la experiencia de la palabra \u00fanica y m\u00faltiple, que recrea, redime y glorifica \u00ab.<\/p>\n<p>Es \u00e9ste el fundamento de aquel m\u00e9todo del sentido m\u00faltiple con que los Padres leyeron y comentaron la Escritura. Despu\u00e9s de los profundos an\u00e1lisis realizados \u00faltimamente por H. de Lubac\u00bb, no es posible dudar ya honradamente de la seriedad objetiva que supon\u00ed\u00ada, por lo cual hemos de recuperarlo para garantizar la objetividad de nuestra teolog\u00ed\u00ada y de la experiencia espiritual, si queremos evitar, por una parte, el abstractismo teol\u00f3gico y, por otra, el sociologismo m\u00e1gico. Son las dos posturas radicales opuestas en que nos debatimos por el olvido plurisecular de la primac\u00ed\u00ada de la palabra de Dios.<\/p>\n<p>El sentido literal o hist\u00f3rico es el acontecimiento tal como sucedi\u00f3 \u00abentonces\u00bb; el sentido aleg\u00f3rico nos abre al misterio de Cristo; el sentido moral refleja m\u00e1s propiamente el misterio de la Iglesia y de cada creyente. Este es el enunciado m\u00e1s simple de la teor\u00ed\u00ada del sentido m\u00faltiple de la Escritura, que no nos toca a nosotros exponer m\u00e1s por extenso.<\/p>\n<p>La ley de la armon\u00ed\u00ada de los dos Testamentos, que garantiza la vida actual de la comunidad de fe vista como cumplimiento prof\u00e9tico de la palabra de Dios, objetiviza esta ex\u00e9gesis que podr\u00ed\u00adamos llamar \u00abcarism\u00e1tica\u00bb y es la lectura de la palabra que siempre ha hecho la Iglesia, especialmente en la liturgia, que constituye por ello un \u00ablugar teol\u00f3gico\u00bb privilegiado de la experiencia espiritual para la confrontaci\u00f3n objetiva con la palabra.<\/p>\n<p>2. METODOS Y FORMAS DE LA \u00abLECTIO DIVINA\u00bb &#8211; As\u00ed\u00ad es como le\u00ed\u00adan los Padres la Sagrada Escritura cuando la teolog\u00ed\u00ada consist\u00ed\u00ada sobre todo en el estudio de la palabra, cuando no era posible concebir la espiritualidad sino como confrontaci\u00f3n permanente con la palabra de Dios. Sobre todo, la lectio divina de la tradici\u00f3n patr\u00ed\u00adstica y mon\u00e1stica conserv\u00f3 el v\u00ed\u00adnculo existencial entre palabra de Dios -liturgia- y \u00absituaci\u00f3n concreta\u00bb, dimensi\u00f3n que se perdi\u00f3, por desgracia, en los pasados siglos y a la que con cierta dificultad nos vamos abriendo tras la formulaci\u00f3n del Vat. II sobre el car\u00e1cter central de la palabra de Dios y de su \u00abcelebraci\u00f3n\u00bb en la eucarist\u00ed\u00ada. Para mayor claridad, podr\u00ed\u00adamos decir que la lectio divina encuentra su car\u00e1cter gradual en un enunciado aceptado por toda la antig\u00fcedad cl\u00e1sica patr\u00ed\u00adstica hasta santo Tom\u00e1s, a saber: la lectura, la meditaci\u00f3n, la oraci\u00f3n y la contemplaci\u00f3n (lectio o studium, meditatio, oratio, contemplatio). No se trata de grados diversos en la profundizaci\u00f3n de la palabra s\u00f3lo a nivel psicol\u00f3gico, sino -al menos en los mejores int\u00e9rpretes de la tradici\u00f3n- de momentos que interiorizan cada vez m\u00e1s la palabra de Dios para captar su significado, cada vez m\u00e1s existencial y concreto; se trata muchas veces de una \u00abreinterpretaci\u00f3n\u00bb de la palabra al confrontarla con las nuevas situaciones en que se vive. San Gregorio, con una frase m\u00e1s concisa, afirma este crecimiento gradual de la palabra de Dios en nosotros: \u00abLa Escritura crece y progresa con el que la lee\u00bb (\u00abScriptura crescit cum legente\u00bb) \u00ab. O, lo que es lo mismo, la palabra de Dios tiene un sentido din\u00e1mico; expresa el camino de la fe de la Iglesia y de cada creyente: de fe en fe hasta la visi\u00f3n.<\/p>\n<p>El autor medieval Guigo el Cartujo nos describe brevemente el significado de cada escal\u00f3n en esta \u00abescala del para\u00ed\u00adso\u00bb. \u00abLa lectura -lectio- es el estudio atento de la Escritura hecho con un esp\u00ed\u00adritu totalmente orientado a su comprensi\u00f3n. La meditaci\u00f3n es una operaci\u00f3n de la inteligencia, que se concentra con la ayuda de la raz\u00f3n en la investigaci\u00f3n de las verdades escondidas. La oraci\u00f3n es volver con fervor el propio coraz\u00f3n a Dios para evitar el mal y llegar al bien. La contemplaci\u00f3n es una elevaci\u00f3n del alma, que se levanta por encima de s\u00ed\u00ad misma hacia Dios, saboreando los gozos de la eterna dulzura\u00bb. O m\u00e1s brevemente: \u00abLa lectura lleva alimento s\u00f3lido a la boca, la meditaci\u00f3n lo parte y lo mastica, la oraci\u00f3n lo saborea, la contemplaci\u00f3n es la misma dulzura que da gozo y recrea\u00bb.<\/p>\n<p>La \u00abevangelizaci\u00f3n\u00bb se sit\u00faa entonces como el enunciado \u00faltimo del camino ascensional; afecta especialmente a quien presta sus servicios para \u00abregir\u00bb la comunidad eclesial. Seg\u00fan Gregorio Magno, el obispo, a quien corresponde particularmente el munas de la evangelizaci\u00f3n, y todo rector animarum deber\u00e1n estar todos los d\u00ed\u00adas atentos a la lectio de la palabra de Dios, para ser de esta manera signo de la unidad de la Iglesia: \u00ab&#8230; qui instructioni sacrorum voluminum semper inhaerentes, sanctae ecclesiae unitatem denuntient\u00bb.<\/p>\n<p>Nadie como Casiano describir\u00e1 la contemplaci\u00f3n de la palabra de Dios expresada en los >salmos, que se convierte en norma de la propia experiencia espiritual. El creyente aparece como un infatigable obrero de Dios, empe\u00f1ado en una continua confrontaci\u00f3n entre la palabra divina que se nos da en la Escritura y la palabra que se nos revela a nosotros y que a menudo se anticipa en la experiencia cotidiana. \u00abRobustecido por su continuo alimento, har\u00e1 suyos todos los afectos de los salmos y empezar\u00e1 a cantarlos de tal manera, que con profunda compunci\u00f3n del coraz\u00f3n los pronuncie no ya como expuestos por el profeta, sino como salidos de \u00e9l mismo, como su propia oraci\u00f3n&#8230; En efecto, las divinas Escrituras s\u00f3lo se nos manifiestan con claridad&#8230; cuando nuestra propia experiencia no s\u00f3lo percibe su sentido, sino que lo anticipa y&#8230; se nos manifiesta el significado de las palabras no ya por medio de explicaciones, sino por el encuentro de nuestra propia experiencia&#8230; De manera que, entrenados as\u00ed\u00ad por la experiencia, no conoceremos ya estas cosas por haberlas o\u00ed\u00addo. sino palp\u00e1ndolas como presentes&#8230; Hasta tal punto que nuestra mente llega de este modo a esa plena oraci\u00f3n de que habl\u00e1bamos&#8230;, cuando el Se\u00f1or nos concede hacerlo. Esta oraci\u00f3n no s\u00f3lo no se detiene en la consideraci\u00f3n de ninguna imagen, sino que, adem\u00e1s, no se formula con ninguna expresi\u00f3n de voz o de palabra, y, con inagotable gozo del esp\u00ed\u00adritu, se expresa en una ardiente tensi\u00f3n de la mente, con un inefable arrebato del alma, y la mente, saliendo fuera de todos los sentidos y cosas visibles, la derrama en la presencia de Dios con gemidos y suspiros inenarrables\u00bb.<\/p>\n<p>Es importante advertir que este m\u00e9todo garantiza la s\u00ed\u00adntesis o perspectiva sapiencial de la \u00e9poca patr\u00ed\u00adstica. La primac\u00ed\u00ada de la palabra de Dios se descubr\u00ed\u00ada ante todo en la liturgia, que se rele\u00ed\u00ada con el mismo m\u00e9todo de la \u00abletra y el esp\u00ed\u00adritu\u00bb con que se le\u00ed\u00adan las Sagradas Escrituras. De este modo se evitaban los peligros del cultualismo o ritualismo y del \u00absacramentalismo\u00bb posterior.<\/p>\n<p>Ya san Bernardo tuvo que reconocer el ejercicio prof\u00e9tico de la comunidad eclesial en el uso de la Escritura durante la liturgia, en donde se destaca siempre la primac\u00ed\u00ada de la palabra, que nodeber\u00e1 verse nunca sofocada por el rito o por el gesto o signo lit\u00fargico. Es decir, concretamente, la Iglesia reinterpreta el texto sagrado en relaci\u00f3n con la situaci\u00f3n espiritual de la celebraci\u00f3n. \u00abCuando la Iglesia -observa san Bernardo- en las Sagradas Escrituras altera o alterna las palabras, esta composici\u00f3n es m\u00e1s fuerte que la primera posici\u00f3n de las mismas; y quiz\u00e1 tanto m\u00e1s fuerte cuanto m\u00e1s dista la figura de la verdad; la luz de las sombras, la due\u00f1a de la esclava\u00bb. Pero esta misma palabra se buscaba en el libro vivo de la naturaleza creada, a la que se ve\u00ed\u00ada tambi\u00e9n como escala hacia el Creador. La contemplaci\u00f3n de san Agust\u00ed\u00adn en Ostia es un ejemplo cl\u00e1sico de esta \u00absubida\u00bb a Dios por las cosas creadas.<\/p>\n<p>Finalmente, el hombre se descubr\u00ed\u00ada cada vez m\u00e1s como el lugar eminente de la verificaci\u00f3n de la palabra de Dios, modelado seg\u00fan el Verbo, que es la primera imagen de Dios, capaz, por consiguiente, de ser \u00able\u00ed\u00addo\u00bb, es decir, conocido, para que la palabra encuentre continuamente su realizaci\u00f3n o su cumplimiento. Esta ha sido siempre la doctrina com\u00fan de los Padres de la Iglesia, heredada por los grandes pensadores medievales. Por eso se puede decir con Agust\u00ed\u00adn que \u00abel hombre maduro en la fe, esperanza y caridad no tiene ya necesidad de las Sagradas Escrituras\u00bb, porque la palabra est\u00e1 ya como transformada en \u00e9l, en su situaci\u00f3n concreta e hist\u00f3rica. Esta me parece la conclusi\u00f3n a la que tendr\u00e1 que llevar una espiritualidad de la \u00abpalabra\u00bb.<\/p>\n<p>3. INSTANCIAS MODERNAS DE LECTURA DE LA \u00abPALABRA\u00bb EN ORDEN A LA SITUACI\u00ed\u201cN &#8211; El paso del viejo m\u00e9todo de la lectio divina a la \u00ablectura espiritual\u00bb de los tiempos modernos demostrar\u00e1 cada vez m\u00e1s la clara disminuci\u00f3n en la conciencia de los fieles de la primac\u00ed\u00ada de la palabra, escuchada en la Iglesia en su momento privilegiado que es la eucarist\u00ed\u00ada, en provecho de su subjetivismo espiritual, t\u00ed\u00adpico de la devotio moderna. Son demasiados los factores que coinciden con este grave desplazamiento del equilibrio espiritual. El lento proceso de disoluci\u00f3n de la eclesiolog\u00ed\u00ada de comuni\u00f3n, con franca ventaja de la perspectiva eclesiol\u00f3gica piramidal que se va afirmando a lo largo de los siglos de la reforma gregoriana, quedar\u00e1 garantizado por una presencia cada vez m\u00e1s preponderante en la vida de la Iglesia de los juristas y de los escol\u00e1sticos, que renuncian met\u00f3dicamente a la perspectiva \u00abecon\u00f3mica\u00bb o sapiencial propia de la Biblia. Esta nueva situaci\u00f3n espiritual determinar\u00e1, independientemente de la voluntad de los individuos, una escisi\u00f3n entre la Escritura y la vida, entre la liturgia y el compromiso concreto, entre la palabra de Dios y la norma discrecional en la vida. Este conflicto aparece ya en la Imitaci\u00f3n de Cristo de Tom\u00e1s de Kempis. que ha educado a tantos en la piedad.<\/p>\n<p>En este c\u00e9lebre op\u00fasculo se afirma con gran unci\u00f3n el tema, tan querido de la piedad de los Padres, de las dos mesas puestas por todas partes en la santa Iglesia: la mesa del cuerpo del Se\u00f1or y la mesa de su palabra. \u00abUna es la mesa del altar sagrado, que tiene el pan santo, es decir, el cuerpo precioso de Cristo; la otra es la mesa de la ley divina, que contiene la doctrina santa. que ense\u00f1a la fe recta y gu\u00ed\u00ada con seguridad hasta la parte m\u00e1s \u00ed\u00adntima detr\u00e1s del velo en donde est\u00e1 el Sancta sanctorum\u00bb.<\/p>\n<p>Por otra parte, no puede negarse el contexto fuertemente individualista-subjetivo en que se sit\u00faa este recuerdo de \u00ablas dos mesas\u00bb en la Imitaci\u00f3n de Cristo. Adem\u00e1s, en este libro destaca la carencia de la \u00abcomuni\u00f3n eclesial\u00bb y, lo que todav\u00ed\u00ada es m\u00e1s grave, la ausencia de la dimensi\u00f3n hist\u00f3rica y operativa en la situaci\u00f3n concreta. Es sintom\u00e1tico que la Imitaci\u00f3n de Cristo haga suya la frase de S\u00e9neca: \u00abCada vez que estuve con los hombres volv\u00ed\u00ad menos hombre\u00bb<br \/>\nLa propuesta de \u00ablas dos mesas\u00bb, de la palabra y de la eucarist\u00ed\u00ada, tiene, pues, un sabor pietista-devocional, aunque indudablemente muy sincero; en adelante ir\u00e1 desapareciendo poco a poco en la literatura espiritual el recuerdo de la primac\u00ed\u00ada de la palabra de Dios en la vida de la Iglesia. En vano se buscar\u00e1n despu\u00e9s del s. xiii las huellas de lo que para los Padres era el \u00absentido espiritual\u00bb de la Sda. Escritura, es decir, la capacidad din\u00e1mica de la palabra de Dios, en continuo cumplimiento dentro de la situaci\u00f3n concreta del creyente. Cada vez las mentes se ven m\u00e1s invadidas por aquel \u00absentido acomodaticio\u00bb de la palabra de Dios que desvirt\u00faa habitualmente su significado.<\/p>\n<p>La Sagrada Escritura ser\u00e1 uno de \u00abtantos libros de escritura espiritual\u00bb y, dadas las dificultades intr\u00ed\u00adnsecas del texto con que llega a los fieles, ir\u00e1 siendo cada vez m\u00e1s el libro menos le\u00ed\u00addo,menos meditado. El magisterio mismo de la Iglesia en este punto ser\u00e1 de una enorme pobreza, por el hecho de que ya no se advertir\u00e1 el lugar teol\u00f3gico m\u00e1s normal de su ejercicio, precisamente la comunidad de fe reunida para la celebraci\u00f3n de la muerte y resurrecci\u00f3n del Se\u00f1or, es decir, la eucarist\u00ed\u00ada inteligentemente vivida.<\/p>\n<p>Por todo ello hemos de atribuir a una verdadera intervenci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo en la Iglesia ese movimiento b\u00ed\u00adblico-lit\u00fargico-patr\u00ed\u00adstico de comienzos el s. xx que llevar\u00ed\u00ada a la Iglesia al Vat. II y. m\u00e1s en concreto, a la constituci\u00f3n Dei Verbum. en la que vuelve a proponerse la primac\u00ed\u00ada de la palabra de Dios en la vida de la Iglesia. Esa primac\u00ed\u00ada de la palabra encuentra luego apoyo en la Lumen gentium, donde se recupera la categor\u00ed\u00ada b\u00ed\u00adblica de la Iglesia corno \u00abpueblo de Dios\u00bb alimentado por la palabra, y en la Sacrosanctum Concilium, donde la palabra de Dios se proclama y se celebra como anunciadora de la muerte y resurrecci\u00f3n del Se\u00f1or y garant\u00ed\u00ada de su \u00abvenida\u00bb, para que todo y todos sean tina sola cosa en Cristo. lo mismo que \u00e9l y el Padre son una sola cosa.<\/p>\n<p>Garantizada y alimentada, adem\u00e1s, por el movimiento b\u00ed\u00adblico-lit\u00fargico, ya antes del Vat. II la vida espiritual de la Iglesia, especialmente en sus movimientos de base, se orientaba cada vez m\u00e1s hacia una lectura de la Sagrada Escritura. en que la palabra de Dios volv\u00ed\u00ada a surgir como criterio normativo del camino espiritual del creyente. Una participaci\u00f3n cada vez m\u00e1s viva en la liturgia por parte de los fieles pon\u00ed\u00ada casi espont\u00e1neamente en situaci\u00f3n cr\u00ed\u00adtica a todas aquellas escuelas de espiritualidad que, con tal de destacar sus propias notas distintivas espirituales, colocaban en segundo plano la liturgia y rebajaban, en consecuencia, la primac\u00ed\u00ada y la celebraci\u00f3n de la palabra de Dios, haciendo incluso de ella una obra peculiar de la espiritualidad mon\u00e1stica.<\/p>\n<p>La doctrina conciliar acreditaba ulteriormente esta conquista de la confrontaci\u00f3n espiritual con la palabra de Dios especialmente con los movimientos espirituales del laicado, que se revelaba cada vez m\u00e1s en su irradiaci\u00f3n prof\u00e9tica de pueblo de Dios en camino hacia el reino. M\u00e1s a\u00fan, la apelaci\u00f3n a la lectura de los \u00absignos de los tiempos\u00bb, bajo la cual se inaugura el pontificado de Juan XXIII. dar\u00e1 origen a un esfuerzo de confrontaci\u00f3n entre la palabra de Dios ylas situaciones hist\u00f3ricas concretas, en las cuales la Iglesia tomaba conciencia de su deber de dar testimonio.<\/p>\n<p>Se dibuja entonces toda una serie de reinterpretaciones de la palabra de Dios. aunque no siempre garantizadas por un sentido eclesial completo. Algunas interpretaciones est\u00e1n motivadas por fuertes preocupaciones hist\u00f3ricas por una justicia social cada vez m\u00e1s real y viva, de las que en el pasado hab\u00ed\u00ada estado ausente la Iglesia. Se leer\u00e1, por ejemplo, el Exodo con ojos de una dimensi\u00f3n hist\u00f3rica renovada. El Dios que liber\u00f3 anta\u00f1o a los hebreos de la esclavitud de los egipcios es el mismo que lucha actualmente por liberar a los pueblos del Tercer Mundo, por ejemplo, de la esclavitud secular practicada ahora -con muy graves consecuencias- por los mismos hermanos en la fe a trav\u00e9s de sistemas de explotaci\u00f3n y humillaci\u00f3n del hombre.<\/p>\n<p>Esta confrontaci\u00f3n con la palabra de Dios con una fuerte preocupaci\u00f3n social tiene precedentes en la tradici\u00f3n de los Padres. Gregorio Magno educaba a los b\u00e1rbaros -reci\u00e9n llegados a la fe y que eran los verdaderos pobres de entonces- con la lectura de Job; reinterpretaba tambi\u00e9n para ellos la profec\u00ed\u00ada del \u00abnuevo templo\u00bb descrito por Ezequiel en los \u00faltimos cap\u00ed\u00adtulos de su profec\u00ed\u00ada (cc. 39-40). Son sobre todo estos contextos de Job y de Ezequiel los que est\u00e1n cargados de esperanza para el auditorio de \u00abpobres\u00bb de Gregorio. La nueva vida de Job despu\u00e9s del sufrimiento garantizaba las esperanzas de los pobres; el nuevo templo de Ezequiel de los tiempos mesi\u00e1nicos estaba realizado para Gregorio en los nuevos pueblos, los b\u00e1rbaros, y en los pobres de Roma. La homil\u00ed\u00ada 40 de san Gregorio sobre los evangelios, la del rico epul\u00f3n, podr\u00ed\u00ada perfectamente garantizar la preocupaci\u00f3n social con que hoy se lee la palabra de Dios; el amor al pobre -seg\u00fan el santo pont\u00ed\u00adfice- es un verdadero acto de culto a Dios. Si nos adentramos luego en la lectura de sus homil\u00ed\u00adas, observaremos una gran riqueza de perspectivas y de esperanza en relaci\u00f3n con la situaci\u00f3n sociopol\u00ed\u00adtica que se presentaba ante los ojos de Gregorio Magno\u00bb.<\/p>\n<p>Si hay que hacer alguna advertencia a los modernos int\u00e9rpretes \u00absociologizados\u00bb, es que no siempre el \u00e9xodo, por ejemplo -en las interpretaciones que ellos dan-, se ve coronado al final por la pascua del Se\u00f1or Jes\u00fas resucitado, que ofrece la liberaci\u00f3n \u00abcualitativamente nueva\u00bb en todos los niveles: la filiaci\u00f3n adoptiva como hijos del Padre celestial. Y fue eso precisamente lo que los Padres de la iglesia, en este caso san Gregorio, se apresuraron a hacer. Entonces la fidelidad al desarrollo pleno de la palabra de Dios, en el tema de la liberaci\u00f3n, rehuye esa especie de sociologismo m\u00e1gico en que a veces se detienen ciertas lecturas modernas de la palabra.<\/p>\n<p>Nace as\u00ed\u00ad, casi en pol\u00e9mica con la lectura de la palabra sociol\u00f3gicamente sensibilizada, otra lectura \u00abcarism\u00e1tica\u00bb o estrictamente espiritual de la palabra de Dios. La lectura llamada \u00abcarism\u00e1tica\u00bb, ligada a los varios movimientos inspirados en el carismatismo pentecostal, se preocupa de alejarse de toda contaminaci\u00f3n \u00abpol\u00ed\u00adtica\u00bb que pudiera asumir la palabra de Dios; por eso se la utiliza a veces de tal manera que la falta de compromiso puede llegar tambi\u00e9n a la alienaci\u00f3n espiritualista.<\/p>\n<p>Si hay que reconocer en este movimiento pentecostal una recuperaci\u00f3n de la libertad y espontaneidad espiritual. de la inmediatez en el uso de la palabra de Dios dirigida a todos por el Esp\u00ed\u00adritu Santo -contra el legalismo y el rubricismo imperante-, no se puede. por otra parte, cerrar los ojos a un cierto sentido de \u00abingenuidad\u00bb desencarnada con que se interroga a la palabra de Dios.<\/p>\n<p>Por eso no parece equivocado identificar en parte con la interpretaci\u00f3n carism\u00e1tica de la palabra el \u00abfundamentalismo pietista\u00bb con que otros se acercan a la palabra de Dios. El \u00abfundamentalismo\u00bb es un af\u00e1n de pedir respuesta, a manera de receta m\u00e1gica, a la palabra de Dios: le falta el m\u00e1s m\u00ed\u00adnimo esfuerzo de interpretaci\u00f3n, que incluso muchas veces rechaza. No hay ninguna relaci\u00f3n vital con la palabra y se muestra desconfianza hacia todos los recursos que pueda ofrecer la cultura o la erudici\u00f3n. incluidos los de la ex\u00e9gesis y la sana teolog\u00ed\u00ada. &#8211;<br \/>\nEstas diversas tensiones y ansiedades que se encuentran en el uso de la palabra de Dios se deben a inexperiencia y tambi\u00e9n a carencia de una eclesiolog\u00ed\u00ada de \u00abcomuni\u00f3n\u00bb, que ha perdido en parte la capacidad de confrontarse con la palabra de Dios y de saber leer los \u00absignos de los tiempos\u00bb a la luz de la palabra divina.<\/p>\n<p>La insistencia del Vat. II en la primac\u00ed\u00ada de la palabra no es solamente fruto de un ulterior ejercicio cultural de profundizac\u00f3n b\u00ed\u00adblica, sino que replantea el camino de la conversi\u00f3n de la Iglesia a su Se\u00f1or.<\/p>\n<p>IV. Conclusi\u00f3n<br \/>\nQueremos terminar con una p\u00e1gina luminosa de H. de Lubac, que nos ofrece una s\u00ed\u00adntesis de la tradici\u00f3n de los Padres sobre el recto uso de la palabra de Dios: \u00abLa palabra de Dios, palabra viva y eficaz, obtiene su verdadero cumplimiento y su pleno significado s\u00f3lo mediante la transformaci\u00f3n realizada por ella en aquel que la recibe. De ah\u00ed\u00ad la expresi\u00f3n `pasar a la inteligencia espiritual&#8217;, que equivale a `convertirse en Cristo&#8217; con una conversi\u00f3n que nunca puede decirse plenamente cumplida. Entre esta conversi\u00f3n a Cristo o este &#8216;paso a Cristo&#8217; y la inteligencia de las Escrituras hay, por tanto, una causalidad rec\u00ed\u00adproca. &#8216;Cum autem conversus fuerit ad Dominum, auferetur velamen&#8217; (&#8216;EI velo cae cuando se convierte uno al Se\u00f1or&#8217;). Si se quiere llegar a la ra\u00ed\u00adz del problema, que hoy se discute por todas partes, de la inteligencia espiritual, es necesario. en nuestra opini\u00f3n, referirse a este acto de la conversi\u00f3n. Hay que examinar la conversi\u00f3n de la Iglesia a su Se\u00f1or, considerada sobre todo en la persona de las primeras generaciones de fieles. S\u00f3lo as\u00ed\u00ad podremos comprender la seriedad de este problema, aquella seriedad que.., impresiona tanto, por ejemplo, en un Or\u00ed\u00adgenes y que podr\u00ed\u00ada correr el riesgo de quedar oculta por la exuberancia, la frondosidad o la sutileza de los an\u00e1lisis. Se ve toda la Escritura bajo una luz nueva cuando el alma se abre al Evangelio y se une a Cristo. Toda la Escritura queda transfigurada por Cristo. &#8216;Acredite ad eum et illuminamini&#8217; (&#8216;Acercaos a \u00e9l y ser\u00e9is iluminados&#8217;). Se trata, evidentemente, de un acto \u00fanico y, consiguientemente, de una interpretaci\u00f3n global, que sigue estando indeterminada en muchos puntos, lo mismo que puede tambi\u00e9n resultar oscura en muchos individuos (cada uno de nosotros no es toda la Iglesia, y s\u00f3lo como miembros del cuerpo entero participamos de su fe y de su inteligencia, as\u00ed\u00ad como de su esperanza de la gloria). Se trata de un \u00fanico movimiento a partir de la incredulidad inicial, que se va elevando a trav\u00e9s de la fe hasta la cima de una vida espiritual, cuyo t\u00e9rmino no est\u00e1 en este mundo. Su desarrollo es coextensivo con el don del Esp\u00ed\u00adritu o el progreso de la caridad. Toda la experiencia cristiana con sus diversas fases est\u00e1, por tanto, comprendida en principio dentro de este movimiento. La novedad de la inteligencia es correlativa con la `novedad de la vida&#8217;. As\u00ed\u00ad pues. pasar a la inteligencia espiritual significa pasar al &#8216;hombre nuevo&#8217;, que no cesa de renovarse de claritate in claritatem.<\/p>\n<p>[>&#8217;Experiencia espiritual en la Biblia; >Salmos].<\/p>\n<p>B. Calati<br \/>\nBIBI..-AA. VV.. Ex\u00e9gesis y hermen\u00e9utica, Cristiandad, Madrid 1976.-Alonso Schokel, L. La palabra inspirada, Herder, Barcelona 1966.-Castro Cubels. C, Encuentro con la Biblia: ecos de un simple o\u00ed\u00adr y ver la palabra, Cristiandad, Madrid 1977.-Colomb\u00e1s, G. M.. La lectura de Dios. Aproximaci\u00f3n a la \u00ablecho divina\u00bb, Monte Casino. Zamora 1980.-Corbon, J. Vida cristiana en la Biblia, Descl\u00e9e, Bilbao 1969.-Fern\u00e1ndez Ramos, F, Interpelado por la palabra, Narcea, Madrid 1980.-Giustozzi, E, La Biblia: palabra de Dios para los hombres de hoy, Inst. Cult. Bel., B. Aires 1976.-Gonz\u00e1lez N\u00fa\u00f1ez, A, \u00bfQu\u00e9 es la Biblia?, Marova. Madrid 1978.-Grelot, P, El sentidocristiano del ,4T, Descl\u00e9e, Bilbao 1967.-Grelot. P. La palabra inspirada, Herder, Barcelona 1968.-Levie. J, La Biblia, palabra humana y mensaje de Dios, Descl\u00e9e, Bilbao 1961.-Lum, A.-Siemens. R, El estudio b\u00ed\u00adblico creativo, Certeza, B. Aires 1977.-Recaredo Garc\u00ed\u00ada, R. Espiritualidad y \u00ablectio divina\u00bb en las \u00abSentencias\u00bb de san Isidoro de Sevilla, Monte Casino, Zamora 1980.-R\u00f3denas. A, Espiritualidad b\u00ed\u00adblica, en \u00abComunidades\u00bb, 5 (1977); fichero de materias.-Schreiner. J, Palabra y mensaje del .iy. tlerder, Barcelona 1972.-Schreiner. J. Forma y prop\u00f3sito del NT, llerder, Barcelona 1973.-Semmelroth, O. La palabra eficaz. Para una teolog\u00ed\u00ada de la proclamaci\u00f3n, Dinor, Pamplona 1967.-Tudda, F, La Bibbia, libro di autentica esperienza religiosa, O. R.. Mil\u00e1n 1977.<\/p>\n<p>S. de Fiores &#8211; T. Goffi &#8211; Augusto Guerra, Nuevo Diccionario de Espiritualidad, Ediciones Paulinas, Madrid 1987<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario de Espiritualidad<\/b><\/p>\n<p>Dios se autocomunica en la revelaci\u00f3n. Su epifan\u00ed\u00ada se hace presente a los hombres como historia que no s\u00f3lo lleva la salvaci\u00f3n, sino que es encuentro personal con \u00e9l mismo. La religi\u00f3n veterotestamentaria comprendi\u00f3 esta manifestaci\u00f3n de Dios partiendo del significado que tiene la palabra en las relaciones interpersonales y expres\u00f3 con el concepto hebreo Babar la categor\u00ed\u00ada fundamental bajo la que acontece la revelaci\u00f3n. No es sorprendente, pues, que la f\u00f3rmula debar Yhwh y su traducci\u00f3n griega l\u00f3gos Kyriou, ocupe un lugar altamente relevante en toda la Biblia. En ella vemos c\u00f3mo la palabra de Dios crea y act\u00faa mostrando &#8216;su dinamismo, revela y ense\u00f1a manifestando su designio y, al fin, se autocomunica vini\u00e9ndonos al encuentro. Su historia se inici\u00f3 ya en los albores de la creaci\u00f3n (cf G\u00e9n 1);yen el Logos hecho carne es cuando llega a la plenitud de significado (cf Jn 1; He 1).<\/p>\n<p>La expresi\u00f3n palabra de Dios viene dada fundamentalmente en el AT por Babar; y en construcci\u00f3n con Dios, debar Yhwh, se da 242 veces. Tambi\u00e9n, pero con menos frecuencia, se usa \u00e1mar; y en construcci\u00f3n con Dios, omer Yhwh, seda 90 veces. La etimolog\u00ed\u00ada de Babar muestra la ambivalencia de su significado: por un lado, el sentido de \u00abestar detr\u00e1s\u00bb (cf G\u00e9n 12,17; Dt 15,2&#8230;), y por otro, \u00abdecir\u00bb (cf Sal 45,2; G\u00e9n 11,1; 1Sam 16,18&#8230;). Esta ambivalencia insin\u00faa ya su doble aspecto presente: el po\u00e9tico y el din\u00e1mico, en efecto, el trasfondo de una cosa -su estar detr\u00e1s: valor no \u00e9tico- viene proyectado fuera -el decir: valor din\u00e1mieopor la palabra. El t\u00e9rmino \u00e1mar presenta una evoluci\u00f3n caracter\u00ed\u00adstica: del significado original \u00abser claro\u00bb hasta el actual \u00abdecir\u00bb. De esta forma, la palabra dicha ser\u00e1 la manifestaci\u00f3n visible -el decir: valor din\u00e1mico&#8211; del interior de la cosa -ser claro: valor po\u00e9tico-. A diferencia de Babar, el acento se pone en la palabra dicha (cf Sal 19,3 s; Job 22,28).<\/p>\n<p>En el NT, y gracias ala influencia de los LXX, las expresiones l\u00f3gos\/ rhema Theou conservan cierta ambivalencia heredada del Babar hebreo (Mt 8,8; 12;36; 22,46; Le 2,15; 7,7&#8230;). En el l\u00f3gos de Jn 1,1-18 tendremos una bella s\u00ed\u00adntesis;notan deudora de la gnosis y del juda\u00ed\u00adsmo alejandrino de Fil\u00f3n (cf R. Bultmann) cuanto del Babar hebreo (cf R. Schnackenburg, I. de la Potterie&#8230;) y, de forma relevante, del memr\u00e1 arameo, entendido como \u00abdenominaci\u00f3n divina especializada para designar al Dios que crea, se revela y act\u00faa en la historia de la salvaci\u00f3n mediante su Palabra\u00bb (D. Mu\u00f1oz Le\u00f3n, R.E. Brown&#8230;).<\/p>\n<p>Desde un punto de vista fenomenol\u00f3gico, la palabra es la acci\u00f3n por la cual una persona se expresa y se dirige a otra para comunicarse con ella. As\u00ed\u00ad pues, existe un triple aspecto en la palabra humana (cf K. B\u00fchler): 1) la palabra tiene un contenido, ya que narra o significa algo; 2) la palabra es al mismo tiempo una interpelaci\u00f3n, ya que se dirige a alguien y provoca una respuesta o reacci\u00f3n, y 3) la palabra, finalmente, es una automanifestaci\u00f3n, ya que descubre la actitud interior de la persona que habla. A este triple aspecto corresponden las tres personas del verbo: la palabra expresa (primera persona), interpela (segunda persona) y explica (tercera persona).<\/p>\n<p>Es esta comprensi\u00f3n de la palabra la que ha posibilitado que se convierta en la categor\u00ed\u00ada fundamental de la Biblia para expresar la revelaci\u00f3n d\u00e9 Dios. No es extra\u00f1o que la f\u00f3rmula palabra de Dios, or\u00e1culo del Se\u00f1or, con. sus dos ra\u00ed\u00adces hebreas Babar y \u00e1mar, y sus dos expresiones griegas l\u00f3gos y rhema, sea la m\u00e1s empleada en toda la Biblia despu\u00e9s de la expresi\u00f3n Dios. Tres son adem\u00e1s las grandes dimensiones b\u00ed\u00adblicas de la palabra de Dios (cf Pi\u00e9-Ninot): la dimensi\u00f3n din\u00e1mica, por la cual crea y act\u00faa realizando signos \u00abmilagrosos\u00bb en el cosmos y en la historia personal y colectiva del pueblo de Dios; la dimensi\u00f3n po\u00e9tica, por la cual revela y ense\u00f1a, desde la ley y la sabidur\u00ed\u00ada a las bienaventuranzas y el padrenuestro, y la dimensi\u00f3n personal, por la cual progresivamente se autocomunica de una manera total en Jesucristo, \u00abpalabra de Dios\u00bb (Jn 1; Ap 19,13: \u00absu nombre es la palabra de Dios&#8217;.<\/p>\n<p>No es extra\u00f1o, pues, que el concilio Vaticano II (1962-1965), cuando quiso tratar la revelaci\u00f3n, eligiera como primeras palabras una expresi\u00f3n que clarifica y sintetiza su contenido: Dei Verbum, es decir, palabra de Dios. Ya un siglo antes, el concilio Vaticano I (1869-1870), en la constituci\u00f3n dogm\u00e1tica sobre la fe cat\u00f3lica Dei Filias, hab\u00ed\u00ada definido la revelaci\u00f3n como \u00abpalabra de Dios a los hombres\u00bb (\u00ablocutio Dei ad homines\u00bb: DS 3004), usando las palabras de Heb 1,1.<br \/>\nLa teolog\u00ed\u00ada de la palabra ha ocupado un papel decisivo en la teolog\u00ed\u00ada de la revelaci\u00f3n a partir del gran te\u00f3logo reformado K. Barth (18861968), que influye ampliamente a trav\u00e9s de especialistas cat\u00f3licos relevantes como H. Urs von Balthasar y H. Bouillard. En este marco surgen diversos acentos en la teolog\u00ed\u00ada cat\u00f3lica de la palabra, ya sea desde la categor\u00ed\u00ada prof\u00e9tica tomista (P. Benoit, J. Hamer, E. Schillebeeckx&#8230;), desde la eficacia eclesial-sacramental (O. Semmelroth, I K. Rahner&#8230;), desde su origen inspirado (L. Alonso Sehdkel, P. Grelot, A.M. Artola), desde su recepci\u00f3n en la tradici\u00f3n (l H. de Lubac, I. de la Potterie&#8230;), desde su predicaci\u00f3n (M. Flick, D. Grosso, E. Biser&#8230;) o desde su funci\u00f3n teol\u00f3gica y reveladora como norma normans (H. Fries, W. Kasper, O.H. Pesch, B. Forte).<\/p>\n<p>La aplicaci\u00f3n m\u00e1s espec\u00ed\u00adfica de la categor\u00ed\u00ada palabra en la teolog\u00ed\u00ada fundamental, dentro del tratado de la revelaci\u00f3n, es relevante en R. Latourelle, el cual la presenta como la primera de las tres analog\u00ed\u00adas, junto con el testimonio y el encuentro, que posibilitan acceder al misterio de la revelaci\u00f3n (Teolog\u00ed\u00ada de la revelaci\u00f3n, 1962). Por su lado, E. Schillebeeckx muestra la complementariedad reveladora entre palabra y acontecimiento sacramental (Revelaci\u00f3n y teolog\u00ed\u00ada, 1965). P. Eicher presenta el modelo de comprensi\u00f3n cat\u00f3lico de la palabra de Dios, que acent\u00faa su uni\u00f3n con la doctrina revelada (Offenbarung, 1977). A. Dalles propone la categor\u00ed\u00ada de mediaci\u00f3n simb\u00f3lica para superar el modelo dial\u00e9ctico de la teolog\u00ed\u00ada de la palabra (Models of Revelati\u00f3n, 1983). M. Seckler se aproxima a la palabra reveladora a trav\u00e9s de la categor\u00ed\u00ada de comunicaci\u00f3n teor\u00e9tico-participativa, desarrollando as\u00ed\u00ad el concepto de communio presente en DV 1 (HdFTh 3-1985).<\/p>\n<p>La Dei Verbum muestra la sinonimidad entre revelaci\u00f3n y palabra de Dios (cf 1:9.10), y adem\u00e1s sit\u00faa esta \u00faltima como mediaci\u00f3n fundamental reveladora unida a las obras (cf 2.14.17.19). Por esto, en el mismo Vaticano II el relator de la DV habl\u00f3 del \u00abcar\u00e1cter sacramental\u00bb de la revelaci\u00f3n (AS 111\/ 3: 134), que se realiza con \u00abgestos y palabras intr\u00ed\u00adnsecamente conexos entre s\u00ed\u00ad, de forma que las obras realizadas manifiestan y confirman la doctrina y los hechos significados por las palabras, y las palabras, por su parte, proclaman las obras y esclarecen el misterio contenido en ellas\u00bb (DV 2).<\/p>\n<p>El Vaticano II da un concepto amplio de palabra de Dios reveladora, ya que se refiere tanto a la palabra \u00abescrita\u00bb como a la \u00abtransmitida\u00bb (DV 9.10), que \u00abfluyen del mismo manantial\u00bb (DV 9), articuladas gracias a la comprensi\u00f3n global de la palabra de Dios como La Escritura en la Iglesia, que se convierte as\u00ed\u00ad en la formulaci\u00f3n precisa del principio cat\u00f3lico de t tradici\u00f3n (DV 7-10). En efecto, la Iglesia, \u00abescuchando religiosamente la palabra de Dios\u00bb (DV 1), entrega \u00abtodo lo que Dios ha revelado para la salvaci\u00f3n\u00bb (DV 7), y `.`en su doctrina, vida y culto transmite todo lo que ella es y cree\u00bb (DV 8), teniendo en cuenta que \u00abel ministerio de interpretar autorizadamente la palabra de Dios escrita o transmitida ha sido confiado \u00fanicamente al l magisterio vivo de la Iglesia, que no est\u00e1 por encima de la palabra de Dios, sino que la sirve\u00bb (DV 10).<\/p>\n<p>BIBL.: ARTOLA A.M., Palabra de Dios: Introducci\u00f3n a la Biblia 2, Estella 1989 25-57; FORTE B., Teolog\u00ed\u00ada della storia, Tur\u00ed\u00adn 1991, 101150 (\u00abLa Parola\u00bb); KERTELGE K. y BiSER E., Palabra de Dios, en DCT II, 146-164; MUNOZ LEEN D., Palabra y gloria: \u00abexcursus\u00bben la Biblia y en la literatura intertestamentaria, Madrid 1983; PESCH O.H., Das Wort Gottes als objectives Prinzip der theologischen Erkenntnis, en `HFTh\u00bb4(1988)27-50;Pi\u00e9-NINOTS., Palabra de Dios y hermen\u00e9utica b\u00ed\u00adblica, en \u00abPhase\u00bb X (1970) 125-140; La palabra de Dios en los libros sapienciales, Barcelona 1972; Tratado de teolog\u00ed\u00ada fundamental, Salamanca 1989-19912 154156; Paraula de D\u00e9u i Saviesa: Sv 18,14-16, en \u00abRCT\u00bb XIV (1989) 29-39; Escritura, tradici\u00f3n y magisterio en la \u00abD V\u00bb o hacia el principio cat\u00f3lico de Tradici\u00f3n, en FACULTAD DE TEOLOGIA \u00abSAN VICENTE FERRER\u00bb, VI Simposio de Teolog\u00ed\u00ada Hist\u00f3rica, Valencia 1990.<\/p>\n<p>S. Pi\u00e9-Ninot<\/p>\n<p>LATOURELLE &#8211; FISICHELLA, Diccionario de Teolog\u00ed\u00ada Fundamental, Paulinas, Madrid, 1992<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario de Teolog\u00eda Fundamental<\/b><\/p>\n<p>\u00abTienen boca y no hablan\u00bb (Sal 115,5; Bar 6,7). Esta s\u00e1tira de los \u00ab\u00ed\u00addolos mudos\u00bb (ICor 12,2) subraya uno de .los rasgos m\u00e1s caracter\u00ed\u00adsticos del *Dios vivo en la revelaci\u00f3n b\u00ed\u00adblica: Dios habla a los hombres, y la importancia de su palabra en el AT no es sino la preparaci\u00f3n del hecho central del NT, donde esta palabra -el Verbo- se hace carne.<\/p>\n<p>AT. I. DIOS HABLA A LOS HOMBRES. En el AT el tema de la palabra divina no es objeto de especulaci\u00f3n abstracta, como sucede en otras corrientes de pensamiento (cf. el logos de los fil\u00f3sofos alejandrinos). Es ante todo un hecho de experiencia : Dios habla directamente a hombres privilegiados; por ellos habla a su pueblo y a todos los hombres.<\/p>\n<p>1. El profetismo es una de las bases fundamentales del AT: en todos los siglos habla Dios a hombres escogidos, con la misi\u00f3n de transmitir su palabra. Estos hombres son, en el sentido lato del t\u00e9rmino, *profetas. Puede variar la manera como Dios se dirige a ellos: a unos habla \u00aben visiones y en sue\u00f1os)) (N\u00fam 12, 6; cf. IRe 22,13-17); a otros con una inspiraci\u00f3n interior m\u00e1s indefinible (2Re, 3-15&#8230;; Jer 1,4; etc.); a Mois\u00e9s habla \u00abcara a cara\u00bb (N\u00fam 12,8). Con mucha frecuencia ni siquiera se precisa el modo de expresi\u00f3n de su palabra (p.e. G\u00e9n 12,1). Pero eso no es lo esencial: todos estos profetas tienen clara conciencia de que les habla Dios, que su palabra los invade en cierto modo hasta hacerles violencia (Am 7,15, cf. 3,8; Jer 20,7ss). Para ellos la palabra de Dios es, pues, el hecho primero que determina el sentido de su vida, y la forma extraordinaria en que la palabra surge en ellos hace que atribuyan su origen a la acci\u00f3n del *Esp\u00ed\u00adritu de Dios. Sin embargo, en otros casos la palabra puede llegar por v\u00ed\u00adas m\u00e1s secretas, aparentemente m\u00e1s pr\u00f3ximas a la psicolog\u00ed\u00ada normal: las que sigue la *sabidur\u00ed\u00ada divina para dirigirse al coraz\u00f3n de los hombres (Prov 8,1-21. 32-36; Sab 7-8), sea que les ense\u00f1e c\u00f3mo deben conducir su vida, sea que les *revele los secretos divinos (Dan 5,11s; cf. G\u00e9n 41,39). De todos modos no se trata de una palabra de hombre, sujeta a fluctuaci\u00f3n o a error: profetas y sabios est\u00e1n en comunicaci\u00f3n directa con el Dios vivo.<\/p>\n<p>2. Ahora bien, la palabra divina no se da a los privilegiados del cielo como una ense\u00f1anza esot\u00e9rica que deban ocultar al com\u00fan de los mortales. Es un mensaje que hay que transmitir; no a un peque\u00f1o c\u00ed\u00adrculo, sino al entero pueblo de Dios, al que Dios quiere alcanzar por intermedio de sus portavoces. As\u00ed\u00ad la experiencia de la palabra de Dios no es s\u00f3lo cosa de un peque\u00f1o n\u00famero de m\u00ed\u00adsticos: todo Israel se ve llamado a reconocer que Dios le habla por boca de sus enviados. Si se da el caso de que en un principio desconozcan y desprecien la palabra divina (p.e. Jer 36), hay signos indiscutibles que acaban siempre por imponer su evidencia. En la \u00e9poca del NT el juda\u00ed\u00adsmo entero profesar\u00e1 que \u00abDios habl\u00f3 a nuestros padres, muchas veces y en muchas maneras\u00bb (Heb 1,1).<\/p>\n<p>II. ASPECTOS DE LA PALABRA. La palabra de Dios puede enfocarse en dos aspectos, indisociables, pero distintos: revela y obra.<\/p>\n<p>1. Dios revela al hablar. Dios habla para poner el pensamiento del hombre en comunicaci\u00f3n con su propio pensamiento. Su palabra es alternativamente ley y regla de vida, revelaci\u00f3n del sentido de las cosas y de los acontecimientos, promesa y anuncio del porvenir.<\/p>\n<p>a) La concepci\u00f3n de la palabra divina como *ley y regla de vida se remonta a los or\u00ed\u00adgenes mismos de Israel. En el momento de la *alianza en el Sina\u00ed\u00ad Mois\u00e9s dio al pueblo de parte de Dios una carta religiosa y moral resumida en diez \u00abpalabras\u00bb, el Dec\u00e1logo (Ex 20,1-17; Dt 5,6-22; cf. Ex 34,28; Dt 4,13; 10, 4). Esta afirmaci\u00f3n del Dios \u00fanico ligada a la revelaci\u00f3n de sus exigencias esenciales fue uno de los primeros elementos esenciales que permitieron a Israel tomar conciencia de que \u00abDios habla\u00bb. Ciertos relatos b\u00ed\u00adblicos subrayaron el hecho dando cuerpo y vida al cuadro del Sina\u00ed\u00ad y presentando a Dios hablando directamente a todo Israel desde dentro de la nube (cf. Ex 20,1&#8230;; Dt 4,12); de hecho otros pasajes ponen claramente de relieve el papel de mediador de Mois\u00e9s (Ex 34,10-28). Pero de todos modos la ley se impuso a t\u00ed\u00adtulo de palabra divina. Como tal vieron en ella los sabios y los salmistas la fuente de la felicidad (Prov 18,13; 16,20; Sal 119).<\/p>\n<p>b) Sin embargo. con la ley divina se halla ligada desde los or\u00ed\u00adgenes una *revelaci\u00f3n de Dios y de su acci\u00f3n ac\u00e1 en la tierra : \u00abYo soy Yahveh, tu Dios, que te he sacado del pa\u00ed\u00ads de Egipto\u00bb (Ex 20,2). Tal es la certeza esencial que funda la autoridad de la ley misma. Si Israel es un pueblo monote\u00ed\u00adsta, no es en modo alguno por sabidur\u00ed\u00ada humana. sino porque Yahveh habl\u00f3 a sus padres, luego a Mois\u00e9s, para darse a conocer como \u00abel *\u00fanico\u00bb (Ex 3,13-15; cf. Dt 6,4). As\u00ed\u00ad tambi\u00e9n, a medida que la historia se va desenvolviendo, la palabra de Dios Io ilustra sobre su oculto significado. En cada una de las grandes experiencias nacionales le descubre intenciones secretas (Jos 24,2-13). Este reconocimiento del *designio de Dios en los acontecimientos de este mundo no es tampoco de origen humano; est\u00e1 en conexi\u00f3n con el conocimiento prof\u00e9tico, prolongado por la reflexi\u00f3n sapiencial (cf. Sab 10-19). En una palabra, dimana de la palabra de Dios.<\/p>\n<p>c) En fin, la palabra de Dios sabe franquear los l\u00ed\u00admites del tiempo para desvelar anticipadamente el porvenir. Paso a paso ilustra a Israel sobre la pr\u00f3xima etapa del designio de Dios (G\u00e9n 15,13-16; Ex 3,7-10; Jos 1,1-5; etc.). Finalmente, m\u00e1s all\u00e1 de un porvenir inmediato que se colora de tintas sombr\u00ed\u00adas, revela lo queacontecer\u00e1 \u00aben los \u00faltimos tiempos\u00bb, cuando realice Dios su designio con plenitud: es todo el objeto de la escatolog\u00ed\u00ada prof\u00e9tica. Ley, revelaci\u00f3n, promesa: estos tres aspectos de la palabra divina se acompa\u00f1an y se condicionan mutuamente a todo lo largo del AT. Reclaman por parte del hombre una respuesta, de la que volveremos a hablar m\u00e1s abajo.<\/p>\n<p>2. Dios obra al hablar. Sin embargo, la palabra de Dios no es s\u00f3lo un mensaje inteligible dirigido a los hombres. Es una realidad din\u00e1mica, un poder que opera infaliblemente los efectos pretendidos por Dios. Dios la env\u00ed\u00ada como un mensajero vivo (Is 9,7; Sal 107,20; 147,15): se lanza en cierto modo sobre los hombres (Zac 1,6). Dios vela sobre ella para realizarla (Jer 1,12), y, en efecto, ella produce siempre lo que anuncia (N\u00fam 23,19; Is 55,10s), ya se trate de los acontecimientos de la historia, de las realidades c\u00f3smicas o del t\u00e9rmino del designio de salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p>a) Esta concepci\u00f3n din\u00e1mica de la palabra no era desconocida del antiguo Oriente, que la escuchaba en forma cuasim\u00e1gica. En el AT se aplic\u00f3 en primer lugar a la palabra prof\u00e9tica: cuando Dios revela de antemano sus planes es cierto que luego los realizar\u00e1. La historia es un cumplimiento de sus *promesas (cf. Dt 9,5; lRe 2,4; Jer 11,5); los acontecimientos sobrevienen a su llamamiento (Is 44.7s). En el Exodo \u00abmanda, y vienen los insectos\u00bb (Sal 105, 31.34). Al final de la cautividad de Babilonia \u00abdice de Jerusal\u00e9n: \u00ab\u00c2\u00a1sea habitada!\u00bb, y dice de Ciro: \u00abMi pastor&#8230;\u00bb\u00bb (is 44,26.28).<\/p>\n<p>b) Pero si \u00e9ste es el caso de la historia, \u00bfc\u00f3mo dudar de que la creaci\u00f3n entera *obedece igualmente a la palabra de Dios? En efecto, bajo la forma de una palabra es como debemos representarnos el acto original del *creador: \u00abDijo, y fue hecho\u00bb (Sal 33,6-9; cf. G\u00e9n 1; Lam 3, 37; Jdt 16,14; Sab 9,1; Eclo 42,15). Desde entonces esta misma palabra sigue activa en el universo, rigiendo los astros (Is 40,26), las aguas del abismo (Is 44,27) y el conjunto de los fen\u00f3menos de la naturaleza (Sal 107,25; 147,15-18; Job 37,5-13; Edo 39,17.31). La palabra de Dios, m\u00e1s que los *alimentos terrestres, es la que, como un *man\u00e1 celestial, conserva en vida a los hombres que creen en Dios (Sab 16,26; cf. Dt 8, 3 LXX).<\/p>\n<p>c) Tal eficacia, comprobable en la creaci\u00f3n como en la historia, no puede faltar a los or\u00e1culos de salvaci\u00f3n que conciernen a los \u00ab\u00faltimos *tiempos)); en efecto, \u00abla palabra de Dios permanece siempre\u00bb (Is 40,8). Por eso, de un siglo a otro, el pueblo de Dios recoge piadosamente todas estas palabras que le describen anticipadamente su porvenir. Ning\u00fan acontecimiento agota su significaci\u00f3n mientras no llegan los \u00ab\u00faltimos tiempos\u00bb (cf. Dan 9).<\/p>\n<p>III. EL HOMBRE ANTE DIOS QUE HABLA. La palabra de Dios es por tanto un hecho frente al cual no puede el hombre permanecer pasivo: el portavoz ejerce un ministerio con muy graves responsabilidades; el oyente de la palabra se ve requerido a tomar posici\u00f3n, lo cual pone en juego su destino.<\/p>\n<p>1. El ministerio de la palabra no se presenta en el AT como una fuente de goces m\u00ed\u00adsticos: por el contrario, todo *profeta se expone a la contradicci\u00f3n e incluso a las *persecuciones. Cierto que Dios, al poner en su boca sus propias palabras, le da fuerza suficiente para transmitir sin temor el mensaje que se le conf\u00ed\u00ada (Jer 1.6-10). Pero, en cambio, es responsable delante de Dios de esa *misi\u00f3n de la que depende la suerte de los hombres (Ez 3,16-21 ; 33,1-9). De hecho, si trata de evadirse, Dios puede hacerle volver a la fuerza, como lo da a entender la historia de Jon\u00e1s (ion 1; 3). Pero las m\u00e1s de las veces los portavoces de Dios desempe\u00f1an su misi\u00f3n con riesgo de su tranquilidad e incluso de su vida; y esta *fidelidad heroica es para ellos causa de *sufrimiento (Jer 15,16ss), un duro deber cuyo salario no perciben inmediatamente (IRe 19,14).<\/p>\n<p>2. La acogida hecha a la palabra. Por lo que se refiere a los oyentes de la palabra, deben dispensarle en su *coraz\u00f3n una acogida confiada y d\u00f3cil. La palabra, en cuanto revelaci\u00f3n y regla de vida, es para ellos *luz (Sal 119,105); en cuanto promesa, da seguridad respecto al porvenir. As\u00ed\u00ad pues, quienquiera que sea el que la transmita, hay que *escucharla (Dt 6,3; Is 1,10; Jer 11,3.6), sea para \u00abtenerla en el coraz\u00f3n\u00bb (Dt 6,6; 30,14) y ponerla en pr\u00e1ctica (Dt 6,3; Sal 119,9.17.101), sea para contar con ella y esperar en ella (Sal 119,42.74.81 etc. ; 130,5). La respuesta humana a la palabra de Dios constituye, pues, una actitud interior compleja, que comporta todos los aspectos de la vida teologal: la *fe, puesto que la palabra es revelaci\u00f3n ; la *esperanza, puesto que es promesa; el *amor, puesto que es regla de vida (cf. Dt 6,4ss).<\/p>\n<p>IV. PERSONIFICACI\u00ed\u201cN DE LA PALABRA DE Dios. La palabra divina no es un elemento de tantos en la econom\u00ed\u00ada del AT; la domina totalmente, dando sentido a la historia en cuanto es creadora de la misma, suscitando en los hombres la vida de fe en cuanto se les dirige como un mensaje. No debe, pues, sorprender el ver que esta importancia se traduce a veces en una personificaci\u00f3n de la palabra, paralela a las de la *sabidur\u00ed\u00ada y del *Esp\u00ed\u00adritu de Dios. Tal es el caso de la palabra reveladora (Sal 119,89) y sobre todo de la palabra operante, ejecutora de las \u00f3rdenes divinas (Sal 147,15; 107,20; Is 55, 1 1 ; Sab 18,14ss). En la filigrana de estos textos se descubre ya la acci\u00f3n del Verbo de Dios en la tierra, aun antes de que el NT la revele a los hombres con plenitud.<\/p>\n<p>NT. Algunos pasajes del NT reasumen la doctrina de la palabra de Dios en sentido id\u00e9ntico al del AT (cf. Mt 15,6). As\u00ed\u00ad Mar\u00ed\u00ada cree en la palabra que le es transmitida por el \u00e1ngel (Le 1,37s.45), y a Juan Bautista se le dirige la palabra como a los profetas de otros tiempos (Lc 3,2). Pero las m\u00e1s de las veces el misterio de la palabra tiene ya por centro la persona de Jes\u00fas.<\/p>\n<p>I. PALABRA DE DIOS Y PALABRA DE JES\u00daS. 1. La palabra opera y revela. En ninguna parte se dice que la palabra de Dios es dirigida a Jes\u00fas como se dec\u00ed\u00ada antiguamente de los profetas. Sin embargo, en san Juan como en los Sin\u00f3pticos su palabra se presenta exactamente como la palabra de Dios en el AT: poder que opera y luz que revela.<\/p>\n<p>*Poder que opera: con una palabra realiza Jes\u00fas los *milagros que son los signos del reino de Dios (Mt 8,8.16; Jn 4,50-53). Tambi\u00e9n con una palabra produce en los corazones los efectos espirituales cuyos s\u00ed\u00admbolos son estos milagros, como, por ejemplo, el *perd\u00f3n de los pecados (Mt 9,1-7 p). Con una palabra transmite a los Doce sus poderes (Mt 18,18; Jn &#8216;20,23) e instituye los signos de la nueva alianza (Mt 26, 26-29 p). En \u00e9l y por \u00e9l est\u00e1, pues, en acci\u00f3n la palabra creadora, operando ac\u00e1 en la tierra la salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p>*Luz que revela: Jes\u00fas anuncia el Evangelio del reino, \u00abanuncia la palabra\u00bb (Mt 4,33), dando a conocer en *par\u00e1bolas los *misterios del reino de Dios (Mt 13,11 p). En apariencia es un *profeta (Jn 6,14) o un doctor que *ense\u00f1a en nombre de Dios (Mt 22,16 p). En realidad habla \u00abcon *autoridad\u00bb (Mt 1,22 p), como de su propio fondo, con la certeza de que \u00absus palabras no pasar\u00e1n\u00bb (Mt 24,35 p). Esta actitud deja entrever un misterio, al que el cuarto evangelio se asoma con predilecci\u00f3n. Jes\u00fas \u00abdice las palabras de Dios\u00bb (Jn 3,34), dice \u00ablo que el Padre le ha ense\u00f1ado\u00bb (8,28). Por eso \u00absus palabras son esp\u00ed\u00adritu y vida\u00bb (6,63). Repetidas veces emplea el evangelista con \u00e9nfasis el verbo \u00abhablar\u00bb (lalein) para subrayar la importancia de este aspecto de Jes\u00fas (p.c. 3,11; 8,25-40; 15,11; 16,4&#8230;), pues Jes\u00fas \u00abno habla de s\u00ed\u00ad mismo\u00bb (12,49s; 14,10), sino \u00abcomo le ha hablado primero el Padre\u00bb (12,50). El misterio de la palabra prof\u00e9tica, inaugurado en el AT, alcanza, pues, en \u00e9l, su perfecto cumplimiento.<\/p>\n<p>2. Los hombres frente a la palabra. Por eso se intima a los hombres que tomen posici\u00f3n frente a esta palabra que los pone en contacto con Dios mismo. Los Sin\u00f3pticos refieren palabras de Jes\u00fas que muestran claramente el objeto de esta elecci\u00f3n. En la par\u00e1bola de la *semilla la palabra &#8211; que es el Evangelio del reino-es acogida diversamente por sus diversos oyentes : todos \u00aboyen\u00bb; pero los que la \u00abcomprenden\u00bb (Mt 13,23) o la \u00abacogen\u00bb (Mt 4,33) o la \u00abguardan\u00bb (Le 8,15) la ven producir en ellos su *fruto. Asimismo Jes\u00fas, terminado el serm\u00f3n .de la monta\u00f1a, en que acaba de proclamar la nueva *ley, opone la suerte de los que \u00aboyen su palabra y la ponen en pr\u00e1ctica\u00bb a la de los que \u00abla oyen sin ponerla en pr\u00e1ctica\u00bb (Mt 7,24.26; Lc 6,47.49): casa fundada sobre la roca por un lado, sobre la arena por otro.<\/p>\n<p>Estas im\u00e1genes introducen una perspectiva de *juicio; cada cual ser\u00e1 juzgado seg\u00fan su actitud frente a la palabra : \u00abQuien se avergonzare dem\u00ed\u00ad y de mis palabras, el Hijo del hombre se avergonzar\u00e1 tambi\u00e9n de \u00e9l cuando venga en la gloria de su Padre\u00bb (Mc 8,38 p).<\/p>\n<p>El cuarto evangelio vuelve a las mismas ideas con particular insistencia. Muestra que en los oyentes de Jes\u00fas se opera una divisi\u00f3n a causa de sus palabras (Jn 10,19). Por un lado se hallan los que creen (Jn 2,22; 4,39.41.50), escuchan su Palabra (5, 24), la guardan (8,51s; 14,23s; 15, 20), *permanecen en ella (8,31) y en quienes ella permanece (5,38; 15,7); \u00e9stos tienen la vida eterna (5,24), no ver\u00e1n jam\u00e1s la muerte (8,51). Por otro lado los que hallan esta palabra demasiado dura (6,60), que no \u00abpueden escucharla\u00bb (8,43) y que por lo mismo la rechazan y repudian a Cristo: a \u00e9stos la palabra misma de Jes\u00fas los juzgar\u00e1 el \u00faltimo d\u00ed\u00ada (12,48), porque no es su palabra de \u00e9l, sino la del Padre (12.49; 17,14), que es *verdad (17,17). Es por tanto una misma cosa tomar posici\u00f3n frente a la palabra de Jes\u00fas, frente a su persona y frente a Dios. Seg\u00fan la decisi\u00f3n tomada se ve el hombre introducido en una vida teologal hecha de fe, de confianza y de amor, o arrojado por el contrario a las tinieblas del mundo malvado.<\/p>\n<p>II. LA PALABRA EN LA IGLESIA. 1. La acci\u00f3n de la Palabra de Dios. Los Hechos y las ep\u00ed\u00adstolas apost\u00f3licas nos muestran la palabra de Dios prosiguiendo en la tierra la salvaci\u00f3n inaugurada por Jes\u00fas. Por lo dem\u00e1s, esta palabra no designa tanto una serie de \u00abpalabras del Maestro\u00bb recogidas y repetidas por los disc\u00ed\u00adpulos (cf. Mt 10,14; lCor 7,10.12.25) cuanto el mensaje mismo del *Evangelio, proclamado en la *predicaci\u00f3n cristiana. El ministerio apost\u00f3lico es esencialmente un servicio de esta palabra (Act 4,29ss; 6,2.4), que se debe anunciar para que resuene en el mundo entero (8,4.25; 13,5; 18,9s; lTes 1, 8); servicio sincero, que no falsifica el mensaje (2Cor 2,17; 4,2); servicio animoso, que lo proclama con audacia (Act 4,31; FIp 1,14).<\/p>\n<p>Ahora bien, esta palabra es por s\u00ed\u00ad misma un poder de salvaci\u00f3n: el *crecimiento de la Iglesia se identifica con su crecimiento (Act 6,7; 12, 24; 19,20), y aun las cadenas con que se carga al Ap\u00f3stol no logran encadenarla (2Tim 2,9). Es la \u00abpalabra de salvaci\u00f3n\u00bb (Act 13,26), la \u00abpalabra de vida (Flp 2,16), la palabra segura (1Tim 1,15; 2Tim 2,11; Tit 3,8), la palabra viva y eficaz (Heb 4,12); otras tantas expresiones que subrayan su acci\u00f3n en los corazones de los creyentes. As\u00ed\u00ad, a ella es a la que \u00e9stos deben su regeneraci\u00f3n cuando creen en ella en el momento del *bautismo (1P 1,23; Sant 1,18; cf. Ef 5,26). En la obra de la salvaci\u00f3n se descubre as\u00ed\u00ad la misma eficacia de la palabra que el AT present\u00ed\u00ada en el marco de la creaci\u00f3n y en el desarrollo de la historia, y que los evangelios atribu\u00ed\u00adan a la palabra de Jes\u00fas. Pero .ele he-cho la palabra anunciada por los ap\u00f3stoles \u00bfes otra cosa que la palabra misma de Jes\u00fas, elevado como *se\u00f1or a la diestra de Dios, y que habla por sus ap\u00f3stoles y confirma su palabra con signos (Mc 16,20)?<\/p>\n<p>2. Los hombres delante de la palabra de Dios. Por esta raz\u00f3n frente a la palabra apost\u00f3lica tiene lugar la misma divisi\u00f3n que se observaba ya frente a Jes\u00fas: negativa por parte de unos (Act 13,46; lPe 2,8; 3,1); acogida por parte de otros (lTes 1,6), que reciben la palabra (lTes 2,13), la escuchan (Col 1,5; Ef 1,13),. la reciben con docilidad para ponerla en pr\u00e1ctica (Sant 1,21ss), la guardan a fin de ser salvos (ICor 15,2; cf. Ap 3,8), la glorifican (Act 13,48), de modo que permanece en ellos (Col 3,16; 1Jn 1, 10; 2,14). Si es menester, \u00e9stos so-portan por causa de ella la prueba y el *martirio (Ap 1,9s; 6,9; 20,4) y gracias a ella vencen a las potencias del mal (Ap 12,11). As\u00ed\u00ad se dilata en la historia la acci\u00f3n de la palabra divina, que suscit\u00f3 en los hombres fe, esperanza y amor.<\/p>\n<p>III. EL MISTERIO DEL VERBO DE Dios. 1. El Verbo hecho carne. De este misterio de la palabra divina nos comunica Juan el \u00faltimo secreto, relacion\u00e1ndola en la forma m\u00e1s estrecha con el misterio mismo de Jes\u00fas, Hijo de Dios: Jes\u00fas es en cuanto *Hijo la palabra subsistente, el Verbo de Diem. De \u00e9l deriva, pues, en \u00faltima instancia toda manifestaci\u00f3n de la palabra divina, en la creaci\u00f3n, en la historia, en la realizaci\u00f3n final de la salvaci\u00f3n. As\u00ed\u00ad se comprende lo que se dice en la ep\u00ed\u00adstola a los Hebreos : \u00abDespu\u00e9s de haber hablado a nuestros padres por los profetas, nos ha hablado Dios por su Hijo\u00bb (Heb 1,1s).<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad pues, Jes\u00fas en cuanto verbo exist\u00ed\u00ada en Dios desde los principios, y \u00e9l mismo era Dios (Jn l,ls). Era la palabra creadora en que todo fue hecho (1,3; cf. Heb 1,2; Sal 33,6ss), la palabra iluminadora que brillaba en las tinieblas del mundo para aportar a los hombres la *revelaci\u00f3n de Dios (Jn 1,4s.9). Ya en el AT era \u00e9l quien se manifestaba bajo las formas externas de la palabra operante y revelante. Pero finalmente, al t\u00e9rmino de los tiempos, este verbo entr\u00f3 abiertamente en la historia haci\u00e9ndose carne (1,14); entonces vino a ser para los hombres objeto de experiencia concreta (l Jn 1,1 ss), de modo que \u00abnosotros vimos su *gloria\u00bb (Jn 1,14).<\/p>\n<p>De esta manera llev\u00f3 a t\u00e9rmino su doble actividad de revelador y de autor de la salvaci\u00f3n: como Hijo \u00fanico dio a los hombres a conocer al Padre (1,18); para salvarlos introdujo en el mundo la *gracia y la *verdad (I,14.16s). El Verbo manifestado al mundo est\u00e1 ahora ya en me-dio de la historia humana: antes de \u00e9l la historia tend\u00ed\u00ada hacia su encarnaci\u00f3n; despu\u00e9s de su venida tiende hacia su triunfo final. En efecto, \u00e9l tambi\u00e9n se manifestar\u00e1 en un \u00faltimo combate, para dar fin a la acci\u00f3n de los poderes malignos y pro-curar ac\u00e1 en la tierra la *victoria definitiva de Dios (Ap 19,13).<\/p>\n<p>2. Los hombres delante del Verbo hecho carne. Siendo Cristo el Verbo subsistente \u00abvenido en carne\u00bb, se comprende que la actitud adoptada por los hombres frente a su palabra y frente a su persona determina por el mismo caso su actitud frente a Dios. Efectivamente, su venida a la tierra dio lugar entre ellos a una divisi\u00f3n. Por un lado, las tinieblas no lo acogieron (Jn 1,5), eI *mundo malvado no lo conoci\u00f3 (1,10), los suyos &#8211; su propio pueblo &#8211; no lo recibieron (1,11): es toda la historia evang\u00e9lica que desemboca en la pasi\u00f3n. Pero por otro lado los hay que \u00abcreyeron en su nombre\u00bb (1,12): \u00e9stos \u00abrecibieron de su plenitud gracia sobre gracia\u00bb (1,16), y \u00e9l les dio poder ser hijos de Dios (1,12), \u00e9l que es hijo por naturaleza (1,14.18).<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad cristaliz\u00f3 en torno al Verbo encarnado un drama que en realidad dura desde que Dios comenz\u00f3 a hablar a los hombres por sus profetas. Pero tambi\u00e9n, cuando los profetas proclamaban la palabra de Dios \u00bfno era ya el Verbo en persona el que se expresaba por su boca, el mismo Verbo que hab\u00ed\u00ada de tomar carne al fin de los tiempos para hablar directamente a los hombres cuando lo enviara el Padre personalmente a la tierra? A esta acci\u00f3n oculta, preparatoria, ha sucedido ahora una presencia directa y visible. Pero para los hombres no ha cambiado de aspecto el problema vital planteado por la palabra de Dios: quien cree en la palabra, quien reconoce al Verbo y lo acoge, entra por \u00e9l en una vida teologal de hijo de Dios (Jn 1,12); quien rechaza la palabra, quien desconoce al Verbo, permanece en las tinieblas del mundo y con eso mismo est\u00e1 ya juzgado (cf. 3.17ss). Tremenda perspectiva que todo hombre debe afrontar, abiertamente si se halla en presencia del Evangelio de Jesucristo, secretamente si la palabra divina s\u00f3lo le llega bajo formas imperfectas. A todo hombre habla el Verbo, de todo hombre aguarda una respuesta. Y el destino eterno de este hombre depende de su respuesta.<\/p>\n<p>&#8211;> Escuchar &#8211; Ense\u00f1ar &#8211; Juicio &#8211; Libro &#8211; Palabra &#8211; Predicar &#8211; Profeta &#8211; Revelaci\u00f3n &#8211; Sabidur\u00ed\u00ada &#8211; Sembrar &#8211; Verdad.<\/p>\n<p>LEON-DUFOUR, Xavier, Vocabulario de Teolog\u00ed\u00ada B\u00ed\u00adblica, Herder, Barcelona, 2001<\/p>\n<p><b>Fuente: Vocabulario de las Ep\u00edstolas Paulinas<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>v. 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