{"id":13176,"date":"2016-02-05T08:51:51","date_gmt":"2016-02-05T13:51:51","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/prudencia\/"},"modified":"2016-02-05T08:51:51","modified_gmt":"2016-02-05T13:51:51","slug":"prudencia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/prudencia\/","title":{"rendered":"PRUDENCIA"},"content":{"rendered":"<p>v. Ciencia, Cordura, Sabidur\u00eda<br \/>\n1Ki 4:29 Dios dio a Salom\u00f3n sabidur\u00eda y p muy<br \/>\nPro 2:2 si inclinares tu coraz\u00f3n a la p, si clamares<br \/>\nPro 3:5 f\u00edate de .. y no te apoyes en tu propia p<br \/>\nIsa 40:14 \u00bfqui\u00e9n .. le mostr\u00f3 la senda de la p?<br \/>\nLuk 1:17 de los rebeldes a la p de los justos, para<\/p>\n<hr>\n<p>[327]<\/p>\n<p>    Virtud cardinal, con base en la inteligencia, que permite discernir los medios que llevan a un fin y juzgar con acierto lo que es oportuno o inoportuno a la luz de la recta raz\u00f3n.  (Ver Virtudes 6.1)<\/p>\n<p>Pedro Chico Gonz\u00e1lez, Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00ed\u00ada Religiosa, Editorial Bru\u00f1o, Lima, Per\u00fa 2006<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00eda Religiosa<\/b><\/p>\n<p>(v. virtudes)<\/p>\n<p>(ESQUERDA BIFET, Juan, Diccionario de la Evangelizaci\u00f3n,  BAC, Madrid, 1998)<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Evangelizaci\u00f3n<\/b><\/p>\n<p>La prudencia (en griego fr\u00f3nesis, de fron\u00e9o. \u00abtengo juicio, pienso rectamente, aconsejo\u00bb; en lat\u00ed\u00adn prudentia, de providens) es, desde la antigUedad, una habilidad ligada a la praxis, la capacidad virtuosa de regular de manera conveniente y ordenada las acciones para llegar a un fin establecido. El esfuerzo especulativo de los fil\u00f3sofos antiguos lleg\u00f3 a distinguir la prudencia de la ciencia y de la pol\u00ed\u00adtica (Plat\u00f3n, Prot. 352c; Arist\u00f3teles, Eth. ad Nic. 6, 8). En el mundo latino se destaca sobre todo la racionalidad de la prudencia, su conexi\u00f3n con la sabidur\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>En el Antiguo Testamento aparecen t\u00e9rminos equivalentes a la fr\u00f3nesis que indican la comprensi\u00f3n, la perspicacia, la inteligencia. En el Nuevo Testamento la prudencia se describe en t\u00e9rminos de comportamiento adecuado a la raz\u00f3n, de observancia de la voluntad de Dios, de discernimiento (dokimazein) (Mt 7 24-27&#8242; , Lc 16,1-9. Rom 8,5; 1 1,25: 12,16. 1 Cor 1,17-21; 1&#8217;4,20; Flp 3,19), En la reflexi\u00f3n occidental posteri\u00f3r la prudencia conserva su caracter\u00ed\u00adstica de virtud que dirige la acci\u00f3n de manera adecuada hacia un fin; por eso se trata de una virtud intelectual, va que perfecciona la raz\u00f3n, y moral, en cuanto que perfecciona a la raz\u00f3n pr\u00e1ctica (Santo Tom\u00e1s, S. Th. 11-11, q. 47, \u00e9l, 4c va, 1 3).<\/p>\n<p>Sucesivamente, la divisi\u00f3n de la filosof\u00ed\u00ada en te\u00f3rica y pr\u00e1ctica se resolvi\u00f3 fundamentalmente en una infravaloraci\u00f3n cada vez mayor de la prudencia considerada como un medio extr\u00ed\u00adnseco para dar eficacia a la acci\u00f3n.<\/p>\n<p>La tradici\u00f3n anglosajona (Hume) comprende la prudencia en relaci\u00f3n con la observancia de las leves; se la aprecia adem\u00e1s por su papel de reprimir las pasiones humanas, En los pensadores posteriores, la prudencia tiene&#8217; todav\u00ed\u00ada un papel importante en la sistem\u00e1tica moral (Kant la relaciona con el imperativo hipot\u00e9tico), es decir mantiene una sem\u00e1ntica de referencia moral.<\/p>\n<p>La prudencia, en cuanto virtud que perfecciona a la raz\u00f3n pr\u00e1ctica (de ah\u00ed\u00ad la definici\u00f3n tradicional de la prudencia como recta ratio agibilium: recta raz\u00f3n de las cosas que hay que hacer\u00bb), no tiene un objeto propio, como las otras virtudes, pero est\u00e1 presente en todo acto virtuoso con sus circunstancias (juicio moral en particular), POI esta su fisonom\u00ed\u00ada particular, la prudencia se coloca dentro del dinamismo de toda la g\u00e9nesis de la decisi\u00f3n moral, La estructura discursiva del conocimiento humano hace necesaria una virtud de discernimiento objetivo del bien moral, del bien verdadero del hombre; exige una disciplina virtuosa de la actividad de la raz\u00f3n pr\u00e1ctica que valore las circunstancias de un acto moral y efect\u00fae la jerarquizaci\u00f3n de los bienes. Por tanto, se la puede definir como \u00abla connaturalizaci\u00f3n de la raz\u00f3n con las condiciones del bien humano\u00bb (D. Mongillo).<\/p>\n<p>Hay varias virtudes secundarias que forman parte de la prudencia: la circunspecci\u00f3n, la deliberaci\u00f3n, la cautela, la sagacidad, la docilidad, etc.<\/p>\n<p>En la discusi\u00f3n moral actual la prudencia aparece en t\u00e9rminos de racionalidad que determina el comportamiento (\u00e9tica normativa), pero -especialmente en el mundo anglosaj\u00f3n- se homologa tambi\u00e9n a una racioanalidad instrumental de culto t\u00ed\u00adpicamente moderno, que atiende a los m\u00f3dulos de comportamiento del obrar humano consciente (intencional y no s\u00f3lo finalizado) en cualquier \u00e1mbito (filosof\u00ed\u00ada de la praxis y \u00e9tica normativa).<\/p>\n<p>T Rossi<\/p>\n<p>Bibl.: Tom\u00e1s de Aquino, Summa Theologiae, De Prudentia, 11-11, qq 47-56; D Mongillo, Prudencia, en NDTM 1551-1570; D Tettamanzi, Prudencia, en DTI, III, 936-960: J Pieper Prudencia y templanza, Madrid 1969<\/p>\n<p>PACOMIO, Luciano [et al.], Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico, Verbo Divino, Navarra, 1995<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico<\/b><\/p>\n<p>TEOLOG\u00ed\u008dA MORAL<br \/>\nSUMARIO<br \/>\n1. Aproximaciones al tema:<br \/>\n1. Diferencia entre lenguaje y realidad en el campo moral:<br \/>\na) Un dato de experiencia,<br \/>\nb) La aportaci\u00f3n sem\u00e1ntica,<br \/>\nc) Los componentes cognoscitivos del obrar recto;<br \/>\n2. La relaci\u00f3n conciencia-prudencia;<br \/>\n3. Las fuentes de la doctrina sobre la prudencia:<br \/>\na) Fuentes griegas,<br \/>\nb) Fuentes b\u00ed\u00adblicas,<br \/>\nc) Fuentes latinas.<br \/>\nII. La prudencia:<br \/>\n1. Las principales formas de prudencia;<br \/>\n2. El dinamismo prudencial:<br \/>\na) El car\u00e1cter de la valoraci\u00f3n prudencial,<br \/>\nb) El proceso del discernimiento,<br \/>\nc) La decisi\u00f3n: el mandato prudencial;<br \/>\n3. La prudencia es una virtud intelectual y moral.<br \/>\nIII. La falta de prudencia:<br \/>\n1. La negligencia<br \/>\n2. La falsa prudencia;<br \/>\n3. La falta de atenci\u00f3n a lo eterno.<\/p>\n<p>I. Aproximaciones al tema<br \/>\n1. DIFERENCIA ENTRE LENGUAJE Y REALIDAD EN EL CAMPO MORAL. a) Un dato de experiencia. No todas las personas que ejercen funciones en la vida social son valorizadas y honradas por quienes disfrutan de sus servicios. Algo similar ocurre con algunas importantes categor\u00ed\u00adas que expresan las funciones primarias de la vida moral. As\u00ed\u00ad, por ejemplo, en muchos ambientes se comprueba una notable repugnancia cuando se trata sobre todo de aplicarse a s\u00ed\u00ad mismo el adjetivo prudente, o cuando uno se propone ejercitarse en la virtud de la prudencia.<\/p>\n<p>Estos t\u00e9rminos en la mentalidad com\u00fan se entienden como sin\u00f3nimo de estrechez de esp\u00ed\u00adritu, de c\u00e1lculo fraudulento e \u00c2\u00a1interesado; las personas prudentes se conciben como prisioneras de microproyectos, proclives a defenderse, a salvaguardar sus intereses, sus cosas propias, enredadas en c\u00e1lculos de probabilidad para establecer la posici\u00f3n triunfante que proporciona beneficio. A la difusi\u00f3n de esta asociaci\u00f3n indebida han contribuido ciertamente los comportamientos pseudoprudentes de quienes, atentos a la tutela de sus intereses, disocian la prudencia de la opci\u00f3n de vida y separan a \u00e9sta de los proyectos orientados a la realizaci\u00f3n del bien humano en la l\u00ed\u00adnea de la revelaci\u00f3n (cf, p.ej., Rom 8:19ss o Efe 2:19ss).<\/p>\n<p>Sin embargo, ninguna persona seriamente comprometida puede perseguir su intento si desatiende los procesos cognoscitivos y operativos que la tradici\u00f3n \u00e9tica occidental ha atribuido a la virtud de la prudencia, entendida como camino hacia la liberaci\u00f3n de la fidelidad al bien, al todo arm\u00f3nico que la raz\u00f3n, a la luz de la fe, conoce, programa, realiza y verifica.<\/p>\n<p>Por desgracia, la perspicacia humana, h\u00e1bil para poner de relieve los l\u00ed\u00admites de los conceptos, lo es menos cuando se trata de encontrar otros m\u00e1s adecuados para expresar la verdad. As\u00ed\u00ad, se quiera o no, se vuelve siempre a hablar de nuevo de prudencia, a referirse a ella cuando se quiere asumir y connotar la verdad sobre el vivir que es patrimonio de la cultura sobre todo occidental.<\/p>\n<p>Con frecuencia esta resistencia frente al t\u00e9rmino est\u00e1 alimentada tambi\u00e9n por precomprensiones distintas m\u00e1s sutiles. Pi\u00e9nsese, por ejemplo, en la convicci\u00f3n seg\u00fan la cual la expresi\u00f3n, si no \u00fanica, ciertamente la m\u00e1s aut\u00e9ntica de moralidad, no es la que se vive y se construye en lo cotidiano, en l\u00ed\u00adnea con la fidelidad concreta y efectiva a la opci\u00f3n de fondo, sino la ideal, tanto m\u00e1s noble cuando m\u00e1s libre de la contaminaci\u00f3n de las situaciones contingentes, a la manera como el agua del r\u00ed\u00ado es tanto m\u00e1s pura cuanto m\u00e1s cercana est\u00e1 a la fuente. En una concepci\u00f3n semejante, la prudencia, la virtud de la connaturalizaci\u00f3n con la verdad y con el bien cultivada por las personas en el contexto de la historia, termina teniendo un papel de segundo orden. Es lo que ocurre cuando la propuesta privilegia lo que concierne a las leyes y a las normas de comportamiento, y no acent\u00faa debidamente el crecimiento en la virtud, el consenso convencido y coherente con el f\u00ed\u00adn \u00faltimo del vivir. En este contexto, la prud\u00e9ncia en el mejor de los casos, se describe en su valencia de prerrogativa de los responsables de la comunidad y no se le reconoce el papel fundamental de toda existencia virtuosa. La perspectiva cambia, y mucho, cuando el anuncio moral subraya la llamada de las personas a hacer veraz la propia historia, a plasmarla de modo que la relaci\u00f3n con Dios, en su pueblo y en la familia humana, se cualifique en un crescendo de fidelidad que se construye en lo cotidiano x reh\u00fasalas situaciones que hacen inhumano el vivir.<\/p>\n<p>b) La aportaci\u00f3n sem\u00e1ntica. En las principales lenguas europeas los m\u00faltiples adjetivos y sustantivos relacionados con \u00abprudencia\u00bb, \u00abprudente\u00bb, son en su mayor\u00ed\u00ada sin\u00f3nimo de persona atenta, reflexiva, cauta, circunspecta; que inspira actitudes y valoraciones seg\u00fan una orientaci\u00f3n de vida; que es diligente en secundar lo que le favorece y en evitar lo que le compromete a nivel personal y comunitario; que prev\u00e9 los obst\u00e1culos y se capacita para afrontarlos. El t\u00e9rmino puede relacionarse con prevideo o provideo. Prudens podr\u00ed\u00ada ser la contracci\u00f3n de previdens y de providens; implicar\u00ed\u00ada contempor\u00e1neamente la idea de perspicacia para prever las situaciones, sobre todo las inciertas, y de habilidad y perspicacia para proveer la manera de afrontarlas. Este \u00faltimo aspecto tiene un papel tan determinante que es el que domina todo el proceso. Prudente, seg\u00fan una etimolog\u00ed\u00ada medieval, ser\u00ed\u00ada el porrovidens; el que mira lejos, el que escruta lo que a\u00fan no existe, el que discierne la acci\u00f3n que hay que poner para enlazar el fin y lo inmediato. Prever y proveer es cometido y responsabilidad de toda persona que consiente en ser \u00abprovidencia para s\u00ed\u00ad y para los otros\u00bb (S. Th., I-11, q. 91, a. 2c) y en liberar esta prerrogativa de los providencialismos paternalistas y de las tergiversaciones inconcluyentes.<\/p>\n<p>La prudencia, en el \u00e1mbito del obrar orientado, busca el modo de enlazar lo cotidiano y el planteamiento de la vida; c\u00f3mo estar prontos para evitar lo que distrae del fin y realizar lo que conduce a \u00e9l. Esta exigencia surge inmediatamente siempre que nos damos cuenta de que el bien protegido es tan importante que la demanda de la m\u00e1xima prudencia al tratarlo invita no a la timidez, sino a la diligencia vigilante, inteligente y diligente que es indispensable cuando est\u00e1 en cuesti\u00f3n el bien humano. Aunque no se inspira siempre en la prudencia entendida en su acepci\u00f3n m\u00e1s amplia y m\u00e1s noble, la invitaci\u00f3n a prestar atenci\u00f3n, cuando no es claramente negativa, se sit\u00faa en la linea de los desaf\u00ed\u00ados que una persona sensata no desatiende impunemente. Esta vigilancia no aten\u00faa el inter\u00e9s por el fin; no encierra en el orden de los medios; capacita para valorar las situaciones a fin de discernir cu\u00e1ndo se debe arriesgar y cu\u00e1ndo conviene no arriesgar, y para distinguir en realidad el primer caso del segundo.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n en otros contextos hist\u00f3ricos se ha ca\u00ed\u00addo en la cuenta de las dificultades inherentes al uso del t\u00e9rmino prudencia Santo Tom\u00e1s las destaca expresamente. Sin embargo ha preferido usarlo explicando su significado, en vez de privarse de la aportaci\u00f3n y de los est\u00ed\u00admulos que la tradici\u00f3n ha condensado en \u00e9l. En un l\u00facido contexto de la S. Th. (II-II, q. 47, a. 13), bas\u00e1ndose en el supuesto de que es prudente el que dispone bien lo que hay que hacer en orden a un fin bueno, nota que es falsa la prudencia practicada, por ejemplo, por los asesinos, que persiguen planes perversos; es verdadera, pero imperfecta, la de quien se propone fines inmediatos buenos y rectos, pero desarticulados del fin \u00faltimo, y la de quien valora y discierne bien, pero no se impone eficazmente seguir lo que ha decidido s\u00f3lo es verdadera y perfecta la prudencia de quien discierne y ordena lo que es bueno y conforme al fin \u00faltimo. A esta \u00faltima se la puede llamar tambi\u00e9n sabidur\u00ed\u00ada, pero entendida en su acepci\u00f3n de reglas de las actividades humanas (ib, q. 47, a. 2, ad 1; q. 45, a. 1, ad 1; q. 55, a. 1, ad 3).<\/p>\n<p>c) Los componentes cognoscitivos del recto obrar. Para no incurrir en valoraciones err\u00f3neas en este campo es necesario no confundir el caso de quien tiende con sinceridad a lo verdadero y lo justo, aunque incurra en errores de valoraci\u00f3n, del que desatiende y descuida su responsabilidad y por ello emite juicios inmaduros, descuida datos importantes, cede a temores est\u00e9riles, se detiene en representaciones descaminadas, se deja influir por lugares comunes y por la moda, es decir, persiste en orientaciones deshumanizad oras &#8216;contra las cuales se puede y se debe reaccionar. Son situaciones todas ellas de alg\u00fan modo afines a la del famoso \u00absilogismo del incontinente\u00bb, ilustrado por Arist\u00f3teles (VII Eth., c. 5: 1147, a. 24-31; SANTO TOM\u00ed\u0081S, In Eth.,1. VII, lect. 3, nn. 1345-46) y descrito as\u00ed\u00ad por el Aquinate: \u00abLa pasi\u00f3n impide a quien conoce una noci\u00f3n universal deducir de ella y llegar a la conclusi\u00f3n; asume otra proposici\u00f3n universal, sugerida por la inclinaci\u00f3n de la pasi\u00f3n y concluye desde \u00e9sta. Por eso Arist\u00f3teles afirma que el silogismo de quien peca de incontinencia tiene cuatro proposiciones, de las cuales dos son universales: una dictada por la raz\u00f3n, por ejemplo no es l\u00ed\u00adcito cometer fornicaci\u00f3n; otra por la pasi\u00f3n, por ejemplo hay que secundar el placer. La pasi\u00f3n le impide a la raz\u00f3n argumentar y concluir de la primera; pero, bajo su influjo, hace arg\u00fcir y deducir de la segunda\u00bb (S.Th., I-II, q. 77, a. 2, ad 4; cf tambi\u00e9n De Malo q. 3, a. 9, ad 7).<\/p>\n<p>En la misma l\u00ed\u00adnea se sit\u00faa el caso del que obra mal por decisi\u00f3n, por elecci\u00f3n; de quien se funda en toda clase de sofismas, a veces l\u00facidos y persuasivos, para convencerse y convencer de que frente a la injusticia no hay nada que hacer: se necesita tiempo para transformar la realidad; se necesita paciencia.<\/p>\n<p>S\u00f3lo la conversi\u00f3n puede permitir desenmascarar el enga\u00f1o de estas existencias falseadas. Querer ser bueno y justo es empe\u00f1o inteligente y perseverante, significa discernir lo que hay que hacer, comprender y secundar los dinamismos, m\u00faltiples y diferenciados, que estructuran la realidad; abrirse a la acci\u00f3n misteriosa e inequ\u00ed\u00advoca de la providencia de Dios, vivir en fidelidad y practicar la justicia. La persona justa, cuando tropieza con situaciones de injusticia manifiesta, sabe que no puede decir nunca en verdad que no hay nada que hacer.<\/p>\n<p>La fidelidad a esta vocaci\u00f3n y misi\u00f3n supone potenciar constantemente las propias facultades intelectuales, afectivas y operativas; la decisi\u00f3n de actuar en la historia sin traicionar la relaci\u00f3n con el fin; la lectura atenta y evocadora de lo vivido; capacidad de s\u00ed\u00adntesis; docilidad en captar los signos de los tiempos, en discernir la evoluci\u00f3n de la historia y en secundar sus orientaciones.<\/p>\n<p>Esta condici\u00f3n resulta penosa cuando los contextos socioculturales se resisten a sintonizar con el bien humano; cuando se tiene la experiencia de las defensas de todo g\u00e9nero que impiden superar la distancia entre la condici\u00f3n actual de los pueblos y la que ellos podr\u00ed\u00adan vivir si personas y comunidades fueran menos sordas al grito de los pobres. Vivir de veras estas experiencias significa querer ser verdaderos y justos, afrontar los conflictos que ponen en crisis la vida asociada, aspirar a la armon\u00ed\u00ada .nunca espont\u00e1nea y nada definitiva entre personas y pueblos.<\/p>\n<p>Principio del dinamismo \u00abes el ser humano, y \u00e9ste es un agente que elige en virtud del entendimiento y del apetito\u00bb (SANTO TOM\u00ed\u0081S, In Eth., 1. VI, lect. 2, n. 1137). La raz\u00f3n es un componente imprescindible del bien humano; lee la realidad en sus exigencias; da raz\u00f3n, aclara, ilumina, motiva el bien que la voluntad ama y persigue. Esta a su vez hace que la raz\u00f3n se oriente al bien, lo aclare en su verdad y en su multiplicidad, participe de la impaciencia y \u00abdel gemido de la creaci\u00f3n\u00bb (Rom 8:19ss), as\u00ed\u00ad como del dinamismo de la esperanza que acciona la b\u00fasqueda de los caminos justos, del \u00abjusto medio\u00bb, para garantizar el bien humano.<\/p>\n<p>2. LA RELACI\u00ed\u201cN CONCIENCIA-PRUDENCIA. Si el obrar no es fruto de la decisi\u00f3n de la persona, aunque sea recto en s\u00ed\u00ad, no lo es porque la persona lo ha hecho tal, y no concurre a hacer recta a la persona que lo realiza. Este aspecto de la realidad moral aflora con mayor evidencia si se profundiza en el tema complejo y controvertido de la relaci\u00f3n entre conciencia y prudencia. Para algunos, estos dos t\u00e9rminos connotan realidades diversas entre las cuales escoger: la persona obra o en la perspectiva de la conciencia o en la perspectiva de la prudencia; para otros se trata de dimensiones diversas sin duda, pero rec\u00ed\u00adprocas, que no hay que concebir como alternativas o paralelas, sino como convergentes. En la l\u00ed\u00adnea de esta \u00faltima concepci\u00f3n puede decirse que la conciencia versa sobre todo sobre el campo total de las responsabilidades humanas supremas y pr\u00f3ximas; la prudencia connota m\u00e1s espec\u00ed\u00adficamente el momento del discernimiento y de la decisi\u00f3n del obrar concreto.<\/p>\n<p>La conciencia tiene un campo de acci\u00f3n muy vasto. Influye en la orientaci\u00f3n de la persona, en las actitudes fundamentales del crecer, esperar, amar y ser justos. Verifica la l\u00f3gica que inspira los comportamientos; las solidaridades que efectivamente inciden en las decisiones; el alcance y el valor de las acciones. Personas y pueblos son conscientes cuando se despiertan a las exigencias de la cooperaci\u00f3n al bien de la comunidad, a la promoci\u00f3n de la paz, de la solidaridad con los \u00faltimos, de la actitud hacia los enemigos, etc. La conciencia avivada debe concretizarse en el discernimiento inteligente y recto de las situaciones y en la acci\u00f3n fiel, pronta, gozosa y perseverante. Todo esto exige rectitud y habilitaci\u00f3n espec\u00ed\u00adfica de la inteligencia pr\u00e1ctica; es la funci\u00f3n de la prudencia (cf para toda la cuesti\u00f3n Th. DEMAN, La prudence y Probabilisme).<\/p>\n<p>Conciencia y prudencia se desaf\u00ed\u00adan y se sostienen rec\u00ed\u00adprocamente en las personas sol\u00ed\u00adcitas por reconciliar, en el fin amado pero no gozado a\u00fan en plenitud, a s\u00ed\u00ad mismas, a la comunidad, a la realidad y a las situaciones.<\/p>\n<p>Perseverar en este camino todos los d\u00ed\u00adas (Luc 9:23) supone, adem\u00e1s de una conciencia en conversi\u00f3n permanente a las exigencias de la verdad, la capacitaci\u00f3n para leer atentamente lo cotidiano (entendimiento), para distinguir, fraccionar sus componentes; para confrontarlos, relacionarlos (raz\u00f3n); para prever lo que hay que hacer, proveer, \u00abaprovisionar\u00bb, acoger las fuerzas adecuadas para hacer frente a las propias responsabilidades. Este complejo proceso comienza en el consenso consciente al fin; a trav\u00e9s del presente asumido y transformado, tiende al fin m\u00e1s intensamente gozado. La conciencia convertida al fin hace surgir las potencialidades rec\u00f3nditas, impulsa a actuar aquellas emergentes, lo criba todo y sostiene el avanzar con alegr\u00ed\u00ada y disponibilidad por el camino de la comuni\u00f3n en el bien, sobre todo cuando est\u00e1 erizado de dificultades. El bien humano es fruto de fidelidad a la conciencia del futuro pr\u00f3ximo y \u00faltimo, y de la solicitud en cerner las propuestas, en mandar lo que permite alcanzar la meta (cf Mat 2:1-12) y en conformar el presente al a\u00fan no de la llamada y de la promesa.<\/p>\n<p>La continuidad entre realidad final, dicernimiento y acci\u00f3n est\u00e1 relacionada con la que vincula la conciencia fundamental y la acci\u00f3n concreta, el designio universal de Dios y la contingencia cotidiana. La conciencia inteligente y que asiente, ilumina y orienta el camino humano y hace que el compromiso en el tiempo no interrumpa la uni\u00f3n con lo eterno y que la persona persevere en transformarse a s\u00ed\u00ad misma y la realidad sin apartar nunca la mirada de la meta final a la cual se encamina. Es una armon\u00ed\u00ada en aumento que hay que recomenzar siempre, nueva; es el desaf\u00ed\u00ado a la creatividad, que la persona debe vivir para ser ella misma en la valencia diversa de las situaciones.<\/p>\n<p>La conciencia recta persevera la mente del mal, vigila para que \u00e9ste no penetre a trav\u00e9s del pensamiento en el afecto y en las obras y para que \u00e9stas no se vean asediadas por miedos, cansancio y preocupaciones. Rehusar pensar la verdad y seguirla es tan grave como la ligereza, la falta de atenci\u00f3n, el descuido en verificar el horizonte en el cual se obra y en el cual nos inspiramos. El pensamiento secuestrado por el error es tan malo (captivus=esclavo) como las obras desarticuladas del fin.<\/p>\n<p>Pensar rectamente es dejarse guiar por la verdad, escuchar e interiorizar su mensaje, asumirlo en \u00f3smosis vital, seguirlo sin disminuir sus exigencias y sin agrandarlas, sin instrumentalizaciones y abdicaciones. En este proceso la conciencia connaturaliza los dinamismos afectivos y operativos e influye en ellos para que converjan en la fidelidad a la gratuidad del vivir.<\/p>\n<p>\u00abEl \u00faltimo paso de la raz\u00f3n est\u00e1 en reconocer que hay una infinidad de cosas que la superan; ella es muy d\u00e9bil si no llega a conocer esto. Pues si las cosas naturales la superan, qu\u00e9 no habr\u00e1 que decir de las sobrenaturales. No hay nada tan conforme a la raz\u00f3n como esta orientaci\u00f3n\u00bb (PASCAL, Pensamientos).<\/p>\n<p>El bien de las personas y de la familia humana se vuelve concreto cuando conciencia y prudencia act\u00faan rec\u00ed\u00adprocamente, cuando la una quiere y propone metas humanizantes y la otra consiente en perseverar hasta que han sido disfrutadas plenamente.<\/p>\n<p>3. LAS FUENTES DE LA DOCTRINA SOBRE LA PRUDENCIA. La b\u00fasqueda de las fuentes de un tratado se inspira en la interpretaci\u00f3n de su contenido. La concepci\u00f3n de la prudencia que ahora analizamos es fundamentalmente la desarrollada por santo Tom\u00e1s; sus fuentes coinciden en gran parte con las de la propuesta tomista, que se deriva de la convergencia de tres tradiciones: la griega, la latina y la hebreo-cristiana.<\/p>\n<p>a) Fuentes griegas. La griega ha influido preferentemente en precisar la relaci\u00f3n entre sabidur\u00ed\u00ada y prudencia. En Plat\u00f3n la prudencia es sabidur\u00ed\u00ada en cuanto que est\u00e1 orientada a la contemplaci\u00f3n del orden del mundo, y es propia de los jefes de las ciudades. Para Arist\u00f3teles tiene una impronta m\u00e1s decididamente antropo-cosmol\u00f3gica: es la prerrogativa de los ciudadanos, que deben realizar y practicar el bien de la ciudad en condiciones de precariedad y contingencia. El libro VI de la Etica habla de ello como de recto discernimiento, de decisiones inteligentes del bien en situaciones imprevisibles y conflictivas. De este contexto deriva la valoraci\u00f3n del momento cognoscitivo de la prudencia; la doctrina relativa a la distinci\u00f3n entre arte y prudencia, entre saber, obrar y hacer, entre actividad t\u00e9cnica y, obrar humano. La interpretaci\u00f3n del pensamiento de Arist\u00f3teles sobre la phronesis-prudencia es hoy objeto de vivas discusiones. Los autores no concuerdan en determinar si se limita al conocimiento de los medios de la acci\u00f3n moral o si, como parece m\u00e1s exacto, comprende una cierta percepci\u00f3n del fin (cf P. AUBENQUE, La prudence aristot\u00e9licienne&#8230;; R. BODEus, Le Philosophe et la cit\u00e9, 60-66).<\/p>\n<p>Esta discusi\u00f3n influye en la otra, todav\u00ed\u00ada en curso, relativa a la lectura que Tom\u00e1s hace del pensamiento aristot\u00e9lico sobre este mismo tema. Algunos destacan su agudeza .y sustancial conformidad (cf N. PFEIFFER, Die Klugheit&#8230;). Otros, menos exactamente, llegan a estimar que Tom\u00e1s habr\u00ed\u00ada dispuesto una noci\u00f3n de prudencia que es la negaci\u00f3n de la phronesis de Arist\u00f3teles (cf R.A. GAUTHIER en ARIST\u00ed\u201cTELES, Ethique ir Nicomaque t. I, 267-283: Le th\u00e9me scolastique de la prudence). Estas y otras discusiones por el estilo, aunque muy agudas e interesantes desde el punto de vista filol\u00f3gico, no siempre tienen en cuenta el hecho de que la prudencia, en su unitariedad, es una prerrogativa cardinal del dinamismo moral.<\/p>\n<p>b) Fuentes b\u00ed\u00adblicas. Es m\u00e1s f\u00e1cil intuir que precisar el influjo ejercido en los rasgos fundamentales de la doctrina por la visi\u00f3n veterotestamentaria, sobre todo la sapiencial, concerniente a la vida personal y familiar. Pi\u00e9nsese, por ejemplo, en el valor de la torah, en el relieve del sentido y del alcance de la pertenencia al pueblo, en la cooperaci\u00f3n entre rey y profeta, en la responsabilidad de todos los ciudadanos en orden a la paz y a la prosperidad comunitaria, etc.<\/p>\n<p>E1 NT concentra la atenci\u00f3n en el tiempo, entendido sobre todo como kair\u00f3s, como momento pleno (G\u00e1l 4:4), oportuno, que hace urgente la necesidad de saber distinguir sus signos (Mat 16:2s; Luc 12:54-56), de valorarlo personalmente (cf Luc 12:57), de estar vigilantes (Mat 26:41; \u00c2\u00a1Pe 5,8).<\/p>\n<p>El discernimiento, el dokim\u00fazein seg\u00fan O. Cullmann, constituye la clave de b\u00f3veda de la moral neotestamentaria (Le Christ et le temps, 20; cf tambi\u00e9n G. THERRIEN, Le discernement dans les \u00e9crits pauliniens). En \u00e9l se verifica la continuidad entre el hic et nunc, en el cual se verifica el obrar y el designio de salvaci\u00f3n; entre la decisi\u00f3n de la conciencia personal y el kair\u00f3s salv\u00ed\u00adfico.<\/p>\n<p>c) Fuentes latinas. La cultura latina, sobre todo la estoica, ha influido de modo decisivo en destacar la exigencia del rigor m\u00e1s absoluto en la b\u00fasqueda de lo que es justo y en declarar dignas del ser humano s\u00f3lo las decisiones conformes con las exigencias del orden c\u00f3smico, de la lex naturalis, de la ratio justitiae (cf ! abajo, II, 2, a-b, cuanto dice santo Tom\u00e1s en S. Th. II-II, q. 48, a prop\u00f3sito de las partes integrales de la prudencia).<\/p>\n<p>II. La prudencia<br \/>\n1. LAS PRINCIPALES FORMAS DE PRUDENCIA. La prudencia es una prerrogativa compleja; son m\u00faltiples los elementos que concurren a hacer rectas las acciones de la persona, y \u00e9sta se halla inserta en redes de relaciones articuladas que manifiestan m\u00faltiples expectativas que var\u00ed\u00adan seg\u00fan las circunstancias. Obrar bien significa que todas las facultades que estructuran a la persona converjan en la consecuci\u00f3n de las metas a las que debe tender seg\u00fan las prioridades que ha de salvaguardar.<\/p>\n<p>La tradici\u00f3n ha descrito diversas formas de prudencia y las ha denominado: mon\u00f3stica o personal; dom\u00e9stica o familiar; pol\u00ed\u00adtica, propia de los ciudadanos; gubernativa, de los jefes; defensiva. En conjunto constituyen las partes subjetivas de esta virtud, es decir, las prerrogativas que las personas; aunque en grados y modalidades diversos, deben cultivar para decidir en coherencia y en verdad lo que hay que hacer para que el obrar humano en el \u00e1mbito personal y comunitario se desarrolle de acuerdo con las exigencias del fin \u00faltimo (I-II, q. 3, a. 2c).<\/p>\n<p>Esta relaci\u00f3n frecuentemente es muy dif\u00ed\u00adcil, hasta el punto de parecer imposible. Cuando se exasperan estas dificultades se termina legitimando las fugas cobardes, irresponsables, evasivas de quienes, rehusando arriesgarse, deciden que es imposible hacerlo. En realidad, s\u00f3lo despu\u00e9s de haber obrado se puede saber lo que es realmente imposible. Se abdica de la propia responsabilidad no s\u00f3lo cuando se arriesga lo imposible, sino tambi\u00e9n cuando no se vencen las resistencias para dejarse desafiar por la novedad, por el a\u00fan no de las posibilidades humanas.<\/p>\n<p>La regla de la rectitud humana no es una meta abstracta e hipot\u00e9tica; es la relaci\u00f3n que Dios concede vivir con los miembros de su pueblo. Concretamente, es lo que la persona que no se cierra a la llamada a vivir en Dios y a hacer nuevas las cosas, a establecer nuevas relaciones, puede realizar y practicar aqu\u00ed\u00ad y ahora. Lo posible no es ni lo probable ni lo casual; es lo que la fidelidad a Dios, tal como se ha revelado en Jesucristo y en el Esp\u00ed\u00adritu, inspira aqu\u00ed\u00ad y ahora a quien es fiel a su condici\u00f3n. El deber de llegar a una decisi\u00f3n sobre lo que hay que hacer es para todos; se impone a las personas particulares y a los responsables de comunidades, sean peque\u00f1as o grandes. El sujeto de esta decisi\u00f3n es siempre la persona; el recorrido que sigue al tomarla y al ponerla en pr\u00e1ctica se distingue de acuerdo con el bien humano en discusi\u00f3n: el personal, el familiar, el c\u00ed\u00advico; con la diversa formalidad bajo la cual se lo considera. Los ciudadanos valoran el bien com\u00fan como la meta hacia la cual converger y orientar sus propias elecciones; los responsables de la comunidad, como bien que hay que proponer e incrementar. Todos deben valorar y decidir c\u00f3mo defenderlo cuando est\u00e1 en peligro, c\u00f3mo superar las situaciones que lo amenazan y suscitar un proceso que, aunque similar, asume cualificaciones diversas seg\u00fan la propia posici\u00f3n en la comunidad. Para determinar lo que otros deben hacer y para realizar lo que est\u00e1 mandado, hay que ser due\u00f1os de s\u00ed\u00ad, orientar los propios dinamismos cognoscitivos y afectivos, plasmarlos para que se atengan a las exigencias de la realidad y a las exigencias del bien.<\/p>\n<p>2. EL DINAMISMO PRUDENCIAL. a) El car\u00e1cter de la valoraci\u00f3n prudencial. La tradici\u00f3n griega y latina han analizado con diligencia el recorrido a trav\u00e9s del cual \u00e9l prudente decide lo que aqu\u00ed\u00ad y ahor\u00e1 es preciso hacer para obrar de acuerdo con la verdad. Se trata no de llegar a una valoraci\u00f3n cient\u00ed\u00adfica de la situaci\u00f3n, sino de saber lo que es bueno hacer en la condici\u00f3n concreta e irrepetible en que se encuentra la persona.<\/p>\n<p>El prudente en cuanto tal no es ni un soci\u00f3logo, ni un historiador, ni un antrop\u00f3logo cultural; es una persona, es ciudadano, est\u00e1 en el mundo, es hijo de Dios y quiere obrar coherentemente con su dignidad de miembro de la familia humana y del pueblo de Dios. No es un individuo que adivina la posici\u00f3n ganadora. Es una persona honesta que persevera en el camino de la fidelidad, incluso cuando se queda solitaria y pierde. En un mundo en el que vivir est\u00e1 siempre regulado cada vez m\u00e1s por la ciencia y por la t\u00e9cnica, intenta discernir con sabidur\u00ed\u00ada las condiciqnes para establecer relaciones humanizantes; para desencantar las tendencias al c\u00e1lculo, para liberar la inventiva, para optar por la verdad y no por la oportunidad, para perseguir el inter\u00e9s de todos como propio.<\/p>\n<p>Los componentes de la decisi\u00f3n prudencial que Tom\u00e1s de Aquino describe en la S. Th., Il-II, q. 48, concuerdan en gran parte con los de algunos pensadores del mundo grecorromano que analizan el mismo problema. De los latinos, \u00e9l mismo cita a Cicer\u00f3n, Rethorica ad Herennium t. II, c. 3; Macrobio, Commenlarius ex Cicerone, en Somnium Scipionis, 1. 1, c. 8; de los griegos, Arist\u00f3teles, VI Ethic. X (1142 a 32); X (1142 b 34); XI (1143 a 19) y Andr\u00f3nico de Rodas, De affectibus liber; De prudentia. Tal sinton\u00ed\u00ada muestra que esta concepci\u00f3n de la rectitud humana es realmente patrimonio de toda la tradici\u00f3n occidental. Los elementos que en su articulaci\u00f3n concurrieron a estructurar la prudencia son diversos. Tom\u00e1s los reduce a ocho, y los denomina partes integrales. De ellos, cinco se refieren a lo que hoy podr\u00ed\u00adamos llamar el discernimiento, a saber: el momento m\u00e1s propiamente cognoscitivo e investigativo del proceso prudencial. Son: memoria, raz\u00f3n, entendimiento, docilidad, sagacidad o eustoquia. Los otros tres estructuran el acto espec\u00ed\u00adfico de la prudencia, a saber: el mandato: previsi\u00f3n, circunspecci\u00f3n y cautela. Es \u00fatil analizar separadamente estos diversos dinamismos y su entrelazamiento. Su multiplicidad es s\u00ed\u00adntoma de la dificultad y de la importancia de la acci\u00f3n recta, y de la pluralidad de los datos que es preciso asumir y valorar para obrar con verdad, seg\u00fan justicia.<\/p>\n<p>b) El proceso del discernimiento. Obrar rectamente es asunto de personas que est\u00e1n en la historia, tienen una historia, que est\u00e1n iniciadas en la vida de Dios. Deben leer y valorar la realidad de modo personal, no neutro ni falso. En el obrar de toda persona influyen las inclinaciones naturales y de gracia de que est\u00e1 dotada, el desarrollo que les ha dado en su camino de fidelidad, interactuando con los factores positivos y padeciendo los negativos. La experiencia que toda persona ha madurado ejerce un influjo muy grande, sobre todo en este campo. En virtud de ella \u00ablos infinitos singulares se reducen a algunas situaciones determinadas que ocurren de ordinario y cuyo conocimiento es suficiente para la prudencia humana\u00bb (S. Th., II-II, q, 47, a. 3, ad 2). Est\u00e1 luego el hecho de que ninguna persona es una isla; cada una es miembro de la familia humana y del pueblo de Dios. Esto significa que el crecimiento de cada una de ellas en el bien comprende la observancia, consciente y convencida, de las leyes y de las normas que regulan las relaciones en la vida asociada. Fidelidad a la propia historia y fidelidad a la vida comunitaria forman la \u00fanica verdad humana; no pueden vivirse como paralelas o yuxtapuestas. La vida recta es fruto de su conjugaci\u00f3n; y \u00e9sta es fecunda s\u00f3lo si las facultades cognoscitivas, operativas y ejecutivas de la persona interact\u00faan vitalmente en el contexto en el que est\u00e1n insertas las personas mismas.<\/p>\n<p>Valorar lo que est\u00e1 bien para la persona significa captar y articular en verdad todos los elementos de la situaci\u00f3n (entendimiento), indagar c\u00f3mo el pasado personal y comunitario puede converger en el a\u00fan no de las propias potencialidades. A esta luz se comprende el papel primario que en el proceso prudencial tiene la memoria entendida en su acepci\u00f3n m\u00e1s amplia, de guardiana de la historia y de maestra del vivir. Ella registra los procesos y las tentativas que han encarnado m\u00e1s o menos v\u00e1lidamente las expectativas y las aspiraciones; conserva y propone las directrices de la ciencia moral, de las leyes; permite gozar de la luz de la tradici\u00f3n y de las experiencias comunes. La memoria de la persona \u00abjusta\u00bb vive en el hoy el proceso de la historia de las personas y de las comunidades, alimenta la disponibilidad a la acogida y la fuerza de esperar y de amar. En su dimensi\u00f3n m\u00e1s profunda, la memoria es sobre todo testigo de la promesa, atenci\u00f3n vigilante a lo eterno, y se regenera en la \u00abcelebraci\u00f3n\u00bb cuando la comunidad, vivificada por el Esp\u00ed\u00adritu, que es el Se\u00f1or, apresura (praestolat) la liberaci\u00f3n de la creaci\u00f3n (ef Rom 8:19ss), y con el Esp\u00ed\u00adritu grita: Ven, Se\u00f1or (cf Apo 22:17).<\/p>\n<p>Por esta compleja valencia la memoria ejerce una influencia muy importante en todo el dinamismo moral. En particular obra en la fantas\u00ed\u00ada: la arranca a la divagaci\u00f3n sobre representaciones falsas y reductivas, potencia la raz\u00f3n que recuerda los diversos componentes de la realidad y pondera con diligencia y creatividad lo que es proporcionado al fin (este acto es denominado con el mismo t\u00e9rmino con que se indica la facultad que lo emite).<\/p>\n<p>La docilidad es la actitud que en la inteligencia pr\u00e1ctica cualifica y sostiene la capacidad de estar a la escucha, de dejarse amaestrar por las personas y por los acontecimientos; la disponibilidad para pedir consejo y valorar la experiencia ajena y obedecer a las demandas justas y rectas. El objeto primario de esta docilidad, lo que fundamentay polariza su dinamismo, es el fin. El es lo \u00faltimo en ser conseguido y lo primero en el orden de la intencionalidad. Ello hace que la investigaci\u00f3n, la b\u00fasqueda del consejo, parta de la meta hacia la cual se tiende, del a\u00fan no, de lo que ser\u00e1 en el futuro; bas\u00e1ndose en ello se decide lo que es preciso hacer ahora (cf S. Th., I-lI, q. 14, a. 5c). El discernimiento prudencial es estructuralmente perspectivista y prof\u00e9tico. S\u00f3lo permaneciendo tal podr\u00e1 decidir en verdad las condiciones que cualifican el ser final, el ser que en el tiempo crece en la iniciaci\u00f3n al fin y que vive en el hoy el fruto del pasado.<\/p>\n<p>Este complejo de elementos cualifica y construye el acto que en esta fase de la b\u00fasqueda es el principal: el entendimiento. El capta con solicitud y en verdad lo que se debe hacer y lo que se debe evitar para perseverar en el camino de la rectitud y de la fidelidad a la verdad. Conservarse en esta disponibilidad de fondo no es empresa f\u00e1cil. Significa desear permanecer en la verdad y en el bien, mantenerse indagando y tener la paciencia de buscar hasta que emerja la verdad, consentir en ella cuando se manifiesta, correr el riesgo de tomar decisiones provisionales e imponerse someterlas a nuevo examen cuando surjan elementos nuevos, madurar una obediencia fiel y no par\u00e1sita a las normas. La perseverancia en esta fidelidad inventiva es fruto y a la vez causa de una virtud espec\u00ed\u00adfica denominada synesis.<\/p>\n<p>No hay que confundirla con la gnome, con la disponibilidad habitual a buscar el verdadero bien en las situaciones complejas, arduas y nuevas que jalonan el camino de la historia y el desarrollo de la vida. Pi\u00e9nsese, por ejemplo, en las situaciones de malestar y de conflicto suscitadas por todos los fen\u00f3menos anexos a la investigaci\u00f3n cient\u00ed\u00adfica, al uso de lo nuclear, a la introducci\u00f3n de las nuevas tecnolog\u00ed\u00adas, a las intervenciones de la ingenier\u00ed\u00ada gen\u00e9tica, a los nuevos estilos de relaciones interpersonales, etc. \u00c2\u00a1Qu\u00e9 dif\u00ed\u00adcil es leer en verdad estos fen\u00f3menos, proponer una orientaci\u00f3n de vida que sea acogida en el consenso com\u00fan! Se puede concebir la gnome como la virtud que potencia el dinamismo investigador de la raz\u00f3n pr\u00e1ctica, sobre todo cuando se trata de establecer nuevas normas de vida, m\u00e1s que de interpretar las ya dadas; cuando hay que vivir la epiqueya, entendida en la acepci\u00f3n que tiene en la tradici\u00f3n aristot\u00e9licotomista (cf F. D&#8217;AGOSTINO, Epiqueya). En los giros trascendentales de la historia la lectura de la realidad o es gn\u00f3mica o est\u00e1 falseada. Leer el a\u00fan no con los ojos del pasado es traicionar las expectativas de las nuevas eras de la condici\u00f3n humana.<\/p>\n<p>La verdad del discernimiento hay que valorarla sobre todo en las repercusiones que tiene en la persona y en su historia. Su eficacia social depende de factores que a menudo escapan a la responsabilidad personal. La persona prudente no desatiende este aspecto fundamental de la condici\u00f3n de justicia; lo busca, pero es consciente de que no es suficiente el esfuerzo personal para hacer que cambien las situaciones; se requiere un consenso solidario, que tantas veces es frustrado en su eficacia operativa por la realizaci\u00f3n de fen\u00f3menos que tienen su origen en la potencia del mal que contamina la historia y hace precario y conflictivo su camino. Es \u00e9ste un aspecto de la din\u00e1mica prudencial que ha de ser muy potenciado en el mundo contempor\u00e1neo para desencantar algunos f\u00e1ciles optimismos y prepararse a dar raz\u00f3n de la esperanza (1Pe 3:15).<\/p>\n<p>El discernimiento prudencial se ha desarrollado preferentemente hasta ahora en la l\u00ed\u00adnea del obrar virtuoso personal, de las decisiones que la persona debe perseguir para perseverar en su orientaci\u00f3n de vida. Cuanto m\u00e1s se potencian los v\u00ed\u00adnculos de solidaridad interhumana y de responsabilidad c\u00f3smica, tanto m\u00e1s ser\u00e1 necesario potenciar la lectura de los fen\u00f3menos sociales, de la orientaci\u00f3n de la historia, para tomar conciencia de las valencias negativas que ponen en crisis la convivencia en la justicia y para secundar la expectativa de paz entre los pueblos. Aunque esta dimensi\u00f3n del discernimiento es an\u00e1loga a la descrita, se configura con caracteres propios y requiere una capacitaci\u00f3n espec\u00ed\u00adfica para hacer frente a sus exigencias. Es el desaf\u00ed\u00ado a que se ve sometida la prudencia en nuestro contexto cultural.<\/p>\n<p>En la econom\u00ed\u00ada de gracia todo este proceso est\u00e1 orientado por las \/ virtudes teologales y perfeccionado por el don de consejo, mediante el cual el Esp\u00ed\u00adritu Santo obra en la raz\u00f3n humana la connaturalidad con la sabidur\u00ed\u00ada de la cruz y capacita al creyente para valorar. y pensar en, con y para el pueblo que Dios conduce por los caminos de su sabidur\u00ed\u00ada luminosa e inescrutable (Rom 11:33ss).<\/p>\n<p>c) La decisi\u00f3n: el mandato prudencial. El momento culminante de todo este proceso es el \u00abmandato\u00bb, el fmperium, el acto espec\u00ed\u00adfico por el cual la prudencia estructura el obrar. Los dinamismos que lo integran, seg\u00fan se ha aludido ya, son: previsi\u00f3n, circunspecci\u00f3n, cautela. La persona es prudente cuando obra y obra bien, es decir, cuando es previsora en valorar las circunstancias del obrar, atenta a su desarrollo, cauta en evitar lo que compromete su dinamismo.<\/p>\n<p>Para no incurrir en equ\u00ed\u00advocos, hay que aclarar el sentido de este acto. Una larga tradici\u00f3n, quiz\u00e1 originada en Plat\u00f3n y que persiste en muchos ambientes religiosos, lo entiende en su valencia de directriz de acci\u00f3n dirigida a otros. Es interesante notar lo que dicen al respecto algunas reglas de \u00f3rdenes religiosas. Pi\u00e9nsese, por ejemplo, en la Regla de san Benito (A. DE VOG\u00dcE y J. NEUFVILLE, La R\u00e9gle de Saint Benoft; en el \u00ed\u00adndice ver Prudenter) o en la de santa Clara de As\u00ed\u00ads (CLARA DE As\u00ed\u00ads, Ecrits, 140 y 154). En ambas la prudencia es la prerrogativa t\u00ed\u00adpica del abad y\/ o abadesa. Seg\u00fan Clara, es la abadesa la que debe valorar la manera de aplicar las normas y de intervenir contra quienes las violan (cf ib, Rom 106:3 Lettre \u00f1 Agnes).<br \/>\nSin descuidar la actuaci\u00f3n espec\u00ed\u00adfica que tiene el \u00abmandato\u00bb en quienes ordenan los comportamientos ajenos, aqu\u00ed\u00ad lo considero como prerrogativa de toda persona que debe decidir responsablemente sobre su obrar.<\/p>\n<p>Ser prudentes y obedientes son actitudes convergentes, no en contraste. S\u00f3lo en las personas prudentes la obediencia es verdaderamente fiel y responsable. Los justos realizan con plenitud su cometido en las comunidades en las cuales todas las personas cuidan de ser sabias y prudentes. En esta \u00f3ptica el mandato es el acto en el cual la persona se impone hacer que el obrar, en la articulaci\u00f3n de sus elementos, se desarrolle en la l\u00ed\u00adnea de la verdad, del bien humano y del orden c\u00f3smico. M\u00e1s que de dar \u00f3rdenes, se trata de querer estar y actuar dentro del orden, y por ello de imponerse y proponerse lo que es preciso hacer para encarnar esta exigencia y secundarla. El prudente se impone decidirse y actuar las decisiones, no abandonar las situaciones personales y comunitarias a la deriva; no est\u00e1 bien esperar que el tiempo resuelva los problemas que los seres humanos esquivan y reh\u00fasan afrontar.<\/p>\n<p>La diligencia (S. Th., II-II, q. 49, a. 4c) es uno de los presupuestos b\u00e1sicos de la rectitud humana. Afrontar las situaciones, incluso las inesperadas y repentinas, significa no s\u00f3lo aclarar su alcance, sino tambi\u00e9n pasar a la acci\u00f3n en el momento justo. S\u00f3lo la experiencia de los hechos permite aclarar muchas situaciones que en abstracto se resisten a manifestar su verdad.<\/p>\n<p>Decidir, ejecutar, verificar, son actividades distintas, pero unidas. Implican una habilitaci\u00f3n diversa, pero no pueden permanecer separadas; y s\u00f3lo si la una est\u00e1 relacionada con la otra manifiestan su continuidad e interacci\u00f3n. Obrar bien es desear, realizar lo que se ha decidido. Es prudente quien construye las relaciones en verdad y en novedad de vida. La decisi\u00f3n informa la voluntad, que no puede realizarse sin proyecto, y \u00e9ste no se hace concreto si una voluntad no lo asume y no lo realiza.<\/p>\n<p>Esta intervenci\u00f3n rectificadora y orientadora de la raz\u00f3n pr\u00e1ctica acompa\u00f1a a la acci\u00f3n en todo su recorrido. Es atenci\u00f3n vigilante a las situaciones: examina su alcance para impedir que una u otra de ellas puedan falsear decisiones y actitudes en s\u00ed\u00ad rectas y buenas. Es la circunspecci\u00f3n, entendida como mirar alrededor, circuminspicere, y no como proceder t\u00ed\u00admido e incierto. El que ama la verdad la valora en el contexto relacional en que subsiste; capta sus articulaciones, sus ramificaciones y verifica su realizaci\u00f3n; e igualmente es precavido, sagaz y cauto no para precaverse, sino a fin de que el camino de la verdad no sea falseado por la b\u00fasqueda de garant\u00ed\u00adas excesivas, por las actitudes cautas, sospechosas, circunspectas, y por intemperancias inconsideradas, poco cautas, arriesgadas, que denotan todas indiferencia respecto a la verdad de s\u00ed\u00ad, de la realidad y de las relaciones.<\/p>\n<p>Una decisi\u00f3n abstracta y neutra no hace sensatos; la prudencia madura en el impacto con la humanizaci\u00f3n de la vida cotidiana y con la transformaci\u00f3n de la realidad. Por otra parte, s\u00f3lo una persona orientada positivamente puede leer y afrontar de modo verdadero y humanizante las situaciones, captar en verdad los aspectos rec\u00f3nditos de la condici\u00f3n humana y potenciar a su luz las capacidades operativas y las posibilidades latentes. Esta operaci\u00f3n es fruto de mediaci\u00f3n, de conjunci\u00f3n entre las expectativas del fin, las exigencias de la persona y las situaciones concretas. En lo cotidiano es donde la historia personal se articula en la de la comunidad, y en lo cotidiano donde ambas permanecen orientadas a la comuni\u00f3n con Dios. Las actitudes partic\u00falares de justicia, de fuerza y de moderaci\u00f3n son aut\u00e9nticas cuando. encarnan consenso sobre el bien humano y expresan fidelidad a Dios.<\/p>\n<p>Este \u00abajuste\u00bb exige la intervenci\u00f3n de la raz\u00f3n iluminada por la sabidur\u00ed\u00ada y orientada por la fe. La bondad humana se construye en el tiempo. Crece cuando el obrar es sustra\u00ed\u00addo a la improvisaci\u00f3n, a lo epis\u00f3dico, al c\u00e1lculo utilitarista, a la aproximaci\u00f3n, a la emoci\u00f3n ego\u00ed\u00adsta e interesada y es fruto de decisiones inteligentes y sensatas, verificadas en el esfuerzo por la cualificaci\u00f3n de la realidad humana y c\u00f3smica, purificada en la lucha por la liberaci\u00f3n de la creaci\u00f3n (cf Rom $;17ss).<\/p>\n<p>En la acci\u00f3n de las personas prudentes y rectas lo singular, lo contingente se hace historia, y \u00e9sta crece fiel a su condici\u00f3n final. La ausencia, el silencio de la raz\u00f3n en el momento de obrar estar\u00ed\u00ada gr\u00e1vido de las m\u00e1s nocivas consecuencias. La indignaci\u00f3n espont\u00e1nea y general ante el capricho que apela al \u00abstat pro ratione voluntas\u00bb (la voluntad es ley) para legitimar la orden de matar a un esclavo que le hab\u00ed\u00ada contrariado (JUVENAL, S\u00e1tira 6, 219-224) es \u00ed\u00adndice elocuente de la injusticia de las decisiones arbitrarias.<\/p>\n<p>Las decisiones no orientadas, no iluminadas por la raz\u00f3n, son fruto de fanatismo y alimentan las manifestaciones desp\u00f3ticas y fundamentalistas. La recta raz\u00f3n realiza la soldadura entre transitorio y definitivo, y \u00e9sta subsiste cuando se ha realizado. No basta proyectarla; hay que construirla, traducirla en hechos. La fuerza del amor se hace concreta cuando se conjuga con la orientaci\u00f3n de la raz\u00f3n, que sit\u00faa el obrar en el horizonte del bien. Es el momento m\u00e1s significativo y fecundo de la circularidad que estructura la actividad humana. Es prerrogativa de personas que viven en la historia, no traicionan su orientaci\u00f3n, no la desplazan ni reniegan de sus posibilidades. El conocimiento prudencial mira a hacer vivir en circularidad a las personas, a la comunidad humana, a la realidad infrahumana y al fin \u00faltimo y pr\u00f3ximo de ambas.<\/p>\n<p>La convergencia arm\u00f3nica de todos estos elementos requiere sagacidad, agudeza, disponibilidad para discernir las man\u00ed\u00adas de omnipotencia de las frustraciones de la impotencia, las condiciones en las cuales es necesario arriesgar cuando de ellas se puede esperar algo. Fijar lo que es verdaderamente \u00abposible\u00bb aqu\u00ed\u00ad y ahora significa \u00abponderar\u00bb, \u00abpensar\u00bb las potencialidades que el Esp\u00ed\u00adritu Santo funda en las personas que asienten a su moci\u00f3n y hacen converger los dinamismos y las energ\u00ed\u00adas de que est\u00e1n constituidos en la promoci\u00f3n de la condici\u00f3n humana y en la estructuraci\u00f3n de la realidad iniciada por la reconciliaci\u00f3n con Dios.<\/p>\n<p>Las verdaderas posibilidades se captan, se perciben en la vivencia de las relaciones, no fuera; en el acto de confiar, no antes. Esta valoraci\u00f3n no exime del riesgo, de la responsabilidad de arriesgar dentro del respeto del l\u00ed\u00admite y a la vez de la fidelidad al a\u00fan no; de la confianza en aquel que hace nuevas todas las cosas (Apo 21:5) y al cual nada le es imposible (cf Mat 17:20; Luc 1:37). Es el desaf\u00ed\u00ado m\u00e1s radical. La respuesta a \u00e9l es cada vez menos inmediata; exige b\u00fasqueda atenta, discernimiento, y su cualidad traza la demarcaci\u00f3n entre prudencia e imprudencia.<\/p>\n<p>Son prudentes las personas que recapitulan en el presente de su condici\u00f3n el a\u00fan no de la plenitud. Esto supone \u00abajustar\u00bb las relaciones, temperar (templanza) actitudes, robustecer segmentos de realidad, tender con perseverancia (fortaleza) al bien personal y comunitario (justicia, amistad). La misericordia, la bienaventuranza, que Tom\u00e1s conecta con la prudencia (S. Th.,11-11, q. 52, a.4c), la impregna y cualifica en todas sus expresiones.<\/p>\n<p>S\u00f3lo en la plenitud final el amor es fruici\u00f3n plena; en el camino es pasi\u00f3n, es deseo, esperanza y temblor. Para penetrar en verdad en el mundo de la injusticia y orientarlo hacia actitudes creativas, para situarse positivamente frente a situaciones que hacen \u00abmala\u00bb la historia, para orientar de verdad el camino cuando se tiene hambre y sed de justicia, es preciso que la raz\u00f3n, desistiendo de valoraciones inspiradas por la ira y la violencia, reconozca que el \u00absummum jus\u00bb se convierte en \u00absumma injuria\u00bb si la misericordia no sostiene en el camino a la liberaci\u00f3n y no orienta hacia el bien de todo lo humano en todo ser humano. La inteligencia de las personas heridas por la misericordia capta perspectivas in\u00e9ditas de realidad, percibe que el \u00abs\u00e1bado est\u00e1 hecho para el hombre y no el hombre para el s\u00e1bado\u00bb (cf Mar 2:23ss). La compasi\u00f3n por las \u00abturbas cansadas y hambrientas\u00bb (Mat 2:36) permite descubrir posibilidades reales que escapan a otras miradas. La pregunta \u00ab\u00bfqu\u00e9 hacer?\u00bb adquiere una densidad espec\u00ed\u00adfica en quien sufre en si mismo los retrasos y las carencias de las decisiones. La identidad profunda de las personas cualifica su aproximaci\u00f3n a las cuestiones relativas al bien humano. Cuando participan de la misericordia del Se\u00f1or emergen prioridades y urgencias y comienzan a aparecer nuevos estilos de solidaridad.<\/p>\n<p>3. LA PRUDENCIA ES UNA VIRTUD INTELECTUAL Y MORAL. Los an\u00e1lisis precedentes facilitan la comprensi\u00f3n del dato de la tradici\u00f3n teol\u00f3gica de inspiraci\u00f3n tomista, seg\u00fan el cual la prudencia es virtud unitaria y compleja; participa contempor\u00e1neamente de las prerrogativas de las virtudes intelectuales (como la inteligencia, la ciencia, la sabidur\u00ed\u00ada y el arte) y de las morales. Es virtud intelectual porque perfecciona la actividad de la raz\u00f3n; es virtud de la raz\u00f3n pr\u00e1ctica porque cualifica a la raz\u00f3n en su valencia espec\u00ed\u00adfica de facultad ordenada a la praxis, es decir, de la facultad que valora la realidad a la luz del bien que hay que realizar en relaci\u00f3n con el fin al que hay que orientarse.<\/p>\n<p>Por su conexi\u00f3n con el campo de las costumbres y con el mundo de la afectividad, del bien que hay que amar y perseguir, es considerada virtud moral: discierne y decide lo que es proporcionado al bien-fin que ama la voluntad, al cual tiende y hacia el cual hace converger la transformaci\u00f3n y la humanizaci\u00f3n de la realidad. Es una virtud, porque la persona que la cultiva se capacita para conocer y perseguir el bien, no una vez u otra, sino de modo permanente, con intensidad y con verdad. La gesti\u00f3n m\u00e1s dif\u00ed\u00adcil no es la encaminada a programar las cosas que hay que hacer, sino la que se dirige a orientar la existencia por el camino de la verdad y del bien. La virtud de la prudencia es cualitativamente diversa de la disponibilidad a ser veraces, a obrar bien una vez u otra. La virtud no hace impecable, pero impone no consentir en el pecado, no considerarlo inevitable y no resignarse a \u00e9l. La persona virtuosa no se libra de las contradicciones, de la ignorancia, de la dificultad de leer la verdad y de asentir a sus exigencias; pero, a pesar de estos limites y de estos obst\u00e1culos, tiende con sinceridad, con decisi\u00f3n eficaz, a la connaturalizaci\u00f3n con el bien humano, persevera en el intento de reflexionar, juzgar y obrar en la l\u00ed\u00adnea del bien.<\/p>\n<p>La madurez prudencial no se improvisa; es fruto de un arduo aprendizaje, y o acompa\u00f1a al ser humano constantemente en su camino o se convierte en una veleidad abstracta.<\/p>\n<p>La repercusi\u00f3n m\u00e1s negativa de la carencia de atenci\u00f3n a esta virtud se percibe en la atrofia de la capacidad de armonizar la historia propia con la de todos y de querer que tienda al bien de todo ser humano en todo el ser humano. A menudo tambi\u00e9n las personas virtuosas van a la zaga en este campo, manifiestan escasa atenci\u00f3n a la realidad: pendientes de la realizaci\u00f3n de los microproyectos, no \u00abjuzgan por s\u00ed\u00ad mismas los signos de los tiempos\u00bb (Luc 12:54-57), no consideran la valencia pol\u00ed\u00adtica de las opciones que persiguen y comparten con fatiga la responsabilidad del crecimiento comunitario. El que renuncia a preocuparse de la paz no se construye a s\u00ed\u00ad mismo y no es fiel a Dios. La prudencia personal y comunitaria es componente esencial de la propuesta cristiana sobre la rectitud humana. Asentir a ella en el hoy de la historia es estilo de fidelidad. El dinamismo prudencial es aut\u00e9ntico cuando est\u00e1 inspirado y orientado por la fidelidad y no por el c\u00e1lculo, por la b\u00fasqueda de lo que puede garantizar de riesgos o proporcionar una garant\u00ed\u00ada. cualquiera de inmunidad. La prudencia no es una varita m\u00e1gica de nuevo tipo (Cf PLAT\u00ed\u201cN, Rep\u00fablica II, 359d), es la prerrogativa de las personas rectas y honestas que, fieles a su vocaci\u00f3n humana y cristiana, conjugan en realidad el comportamiento concreto con la orientaci\u00f3n de vida.<\/p>\n<p>El conocimiento del obrar que hace crecer a la persona como sujeto de relaci\u00f3n conecta estrechamente con la cualidad de las relaciones que construye. Estas son verdaderas cuando las viven personas que no est\u00e1n movidas por formalidades abstractas de bien, que asienten a la solidaridad en la comunidad humana, que viven la responsabilidad de la historia con fidelidad a la propia vocaci\u00f3n final. Viviendo se aprende a vivir.<\/p>\n<p>Santo Tom\u00e1s destaca esta circularidad cuando afirma que toda virtud moral debe ser prudente (De virtutibus in communi, a. 12, ad 23) y que sin virtud moral no puede haber prudencia (S. Th., II-11, q. 47, a. 3, ad 3; I-II, q. 65, ad 2 c). Los comportamientos inspirados en la verdad contienen una forma espec\u00ed\u00adfica de conocimiento y desembocan en \u00e9l.<\/p>\n<p>La prudencia tiene como materia propia, como campo espec\u00ed\u00adfico de acci\u00f3n, la connaturalizaci\u00f3n de la raz\u00f3n con las condiciones del bien humano. Se trata de discernir, realizar y verificar lo que hace justos, fuertes y sobrios, agentes de paz en la familia humana abierta al todav\u00ed\u00ada no de sus posibilidades. Esta espera de racionalidad global, aunque es connotada por otros t\u00e9rminos, es muy viva en el mundo de hoy.<\/p>\n<p>Aunque parezca que los fen\u00f3menos culturales contempor\u00e1neos han hecho saltar el modelo prudencial transmitido en la tradici\u00f3n occidental, si se consideran atentamente los hechos se advierte que vuelven aproponer sus valencias principales. Estas no son ya patrimonio de una escuela, sino que se han convertido en componentes de la cultura. La paz personal y comunitaria exige la aportaci\u00f3n de an\u00e1lisis sociales y de orientaciones psico-pedag\u00f3gicas. Todas las lecturas y m\u00e9todos de investigaci\u00f3n cient\u00ed\u00adficamente fundados, resultan cada vez m\u00e1s imprescindibles en orden a una seria y aut\u00e9ntica valoraci\u00f3n de la realidad social, cultural, religiosa y humana. Por desgracia, a menudo esta rica gama de elementos sigue a\u00fan vinculada a uno u otro sector de investigaci\u00f3n, de suerte que resulta dif\u00ed\u00adcil asumirla de modo articulado para ayudarse y ayudar a hacerse cargo de modo habitual de la orientaci\u00f3n de la vida y armonizarla con la de las comunidades en orden a una aut\u00e9ntica aportaci\u00f3n a la cualificaci\u00f3n del bien humano. La interdisciplinariedad creciente de las aproximaciones a las situaciones humanas es s\u00ed\u00adntoma de la necesidad de promover esta convergencia de elementos. A menudo el que obra vive s\u00f3lo el riesgo, la responsabilidad y las consecuencias de lo que hace para articular el discernimiento, la decisi\u00f3n y la obra. Es decir, la reflexi\u00f3n com\u00fan debe reconstruir la unidad de la propuesta prudencial que parece desatendida por los an\u00e1lisis que tienden a separar sus diversos momentos: el discernimiento, la decisi\u00f3n, la ejecuci\u00f3n, la valoraci\u00f3n.<\/p>\n<p>La espera de la lectura perspectivista y valorativa de los fen\u00f3menos humanos, la sensibilidad a los an\u00e1lisis de los dinamismos psicol\u00f3gicos y socio-culturales, la b\u00fasqueda de criterios de lectura y de valoraci\u00f3n de las decisiones, el an\u00e1lisis de su valencia constituyen otros tantos \u00ed\u00adndices del valor que se atribuye a lo que la propuesta tradicional sobre la prudencia hab\u00ed\u00ada evidenciado a su modo. La paradoja de esta virtud est\u00e1 en el hecho de que puede aparecer como fin de s\u00ed\u00ad misma, mientras opera en los sectores de las diversas virtudes; no puede separarse de ellas; es como el fermento en la masa fermentada, es forma y medida de las decisiones que estructuran la vida de las personas y de las comunidades.<\/p>\n<p>La alabanza de la prudencia son las acciones justas, sobrias, fuertes y religiosas. Son prudentes las personas que practican la justicia y cualifican en lo concreto de las situaciones su orientaci\u00f3n de vida. Si el malestar que muchos manifiestan ante el apelativo prudente se dirigiera al formalismo que discute y dialectiza sobre la justicia, pero descuida sus exigencias, estar\u00ed\u00ada m\u00e1s que justificado.<\/p>\n<p>En los giros importantes de la historia personal y comunitaria es cuando resulta ineludible la decisi\u00f3n de obrar; y la espera de respuestas verdaderas e iluminadoras encuentra dificultad para ser satisfecha, emerge inmediatamente el da\u00f1o que se realiza cuando se descuida cultivarse en la inteligencia de la realidad, en la capacidad de discernir el bien humano y de realizarlo sin reductivismos y sin r\u00e9moras.<\/p>\n<p>Si hoy las ciencias han abierto los caminos del poder, cada miembro de la humanidad ha de capacitarse para el uso responsable del mismo. Cuanto m\u00e1s la ciencia y la t\u00e9cnica permiten a todos alcanzar metas siempre nuevas, tanto menos los pueblos y personas deben estar desprovistos ante la decisi\u00f3n relativa a la rectitud de lo que est\u00e1 bien querer para no comprometer las relaciones personales y comunitarias, la relaci\u00f3n con el cosmos y con el ambiente. Cuanto m\u00e1s realizables son posibles futuros, tanto m\u00e1s urgente es ponerse de acuerdo sobre un futuro com\u00fan de dimensi\u00f3n de bien humano en cada ser humano.<\/p>\n<p>Descrito el proceso del discernimiento, de la decisi\u00f3n y de la ejecuci\u00f3n, podr\u00ed\u00ada parecer suficientemente trazado el papel de la prudencia. En realidad su aspecto m\u00e1s profundo y vital apenas ha sido rozado. Penetrar su dinamismo significa entrar en el mundo misterioso y complejo del crecimiento espiritual de las personas. La elecci\u00f3n de vida que \u00e9stas siguen inspira las elecciones que realizan e influyen en la decisi\u00f3n de los caminos que recorren. El recto enfoque de la prudencia depende de las buenas relaciones con el \u00faltimo fin (ella es fruto de la caridad) del mismo modo que de la relaci\u00f3n con los otros fines (S. Th., I-II, q. 65, a. 2c). La comuni\u00f3n con Dios, potenciada por los dones del Esp\u00ed\u00adritu, influye de modo determinante en el discernimiento de las decisiones que hay que tomar y en la valoraci\u00f3n de las posibilidades concretas de acci\u00f3n. En quien es fiel a la relaci\u00f3n con Dios, todo brota de la gracia y todo concurre a fortalecerla en sus exigencias m\u00e1s profundas. Y ello no por un automatismo determinista, sino por connaturalizaci\u00f3n vital. Las virtudes morales en el contexto de gracia brotan de la vida teologal y concurren a arraigarla e irradiarla. En esta perspectiva se advierte inmediatamente c\u00f3mo el discernimiento y la decisi\u00f3n no son hechos t\u00e9cnicos; son fen\u00f3menos humanos y se inscriben en el contexto de la orientaci\u00f3n efectiva de vida, de la l opci\u00f3n fundamental, coherentemente vivida.<\/p>\n<p>Esto lo confirma tambi\u00e9n alg\u00fan otro dato. La prudencia es perfeccionada por el don de consejo, y mediante \u00e9l se inserta en el dinamismo que caracteriza a la fidelidad al Esp\u00ed\u00adritu y a la docilidad a la acci\u00f3n que \u00e9l ejerce en la humanidad y en la familia de Dios. La forma suprema de justicia es la religi\u00f3n. Esto significa que ella en sus exigencias inspira y orienta todo el proceso prudencial. Por referencia a las perspectivas que abre la religi\u00f3n, la persona discierne y decide los estilos de vida y los comportamientos que hacen gozosa y pac\u00ed\u00adfica la vida de las comunidades con las cuales es solidaria en el reconocimiento de la supremac\u00ed\u00ada de Dios.<\/p>\n<p>Ello permite establecer de modo m\u00e1s correcto las relaciones entre prudencia, obediencia y cualificaci\u00f3n de las elecciones de vida. Aunque la persona prudente examina y valora atentamente lo que realiza y el modo de comportarse y de proceder, no quiere decir que deba cada vez discutir los aspectos particulares de su vida. La connaturalidad de la inteligencia con el verdadero bien libra de las vacilaciones y de las r\u00e9moras que caracterizan a las fases iniciales de la vida moral y espiritual, facilita la decisi\u00f3n sobre las elecciones que conciernen al proceso cotidiano y favorece la polarizaci\u00f3n de las energ\u00ed\u00adas en los aspectos que cualifican en profundidad la comuni\u00f3n y la presencia en la historia. Las decisiones hay que seguirlas mientras no se verifiquen fen\u00f3menos del todo nuevos que impongan reexaminarlas. Este h\u00e1bito libera en las personas fieles energ\u00ed\u00adas extraordinarias, que permiten centrar la atenci\u00f3n y la dedicaci\u00f3n a la realizaci\u00f3n de las finalidades decididas como prioritarias. Cuanto m\u00e1s libres son las personas en las situaciones ordinarias de la vida, m\u00e1s disponibles est\u00e1n para las realidades y las metas que hacen bella y armoniosa la vida personal y la comunitaria.<\/p>\n<p>Es \u00e9ste un aspecto de la realidad humana que no hay que descuidar y que permite leer en una \u00f3ptica de liberaci\u00f3n algunas situaciones generalmente experimentadas como limitativas y constrictivas. Algunas prescripciones relativas a la conducta moral, al modo de comportarse en las comunidades, se considerar\u00ed\u00adan en perspectiva diversa si se las leyera a la luz de la liberaci\u00f3n de espacios de espontaneidad para las finalidades normalmente sacrificadas en la sucesi\u00f3n de las solicitudes cotidianas. La doctrina sobre la prudencia no es fin de s\u00ed\u00ad misma, no hay que considerarla en absoluto, es homog\u00e9nea a la propuesta de vida que la inspira y mira a promover el espacio en el cual es posible la connaturalizaci\u00f3n con el bien y las personas pueden dedicarse con creatividad creciente al pleno seguimiento de su vocaci\u00f3n humana y de su misi\u00f3n hist\u00f3rica en solidaridad con todos. Arrancada de este contexto, la prudencia queda privada de su car\u00e1cter espec\u00ed\u00adfico y se reduce a una atenci\u00f3n puntillosa e improductiva al detalle, que hace mezquina la vida de las personas y asfixiante la de los grupos y las comunidades.<\/p>\n<p>III. La falta de prudencia<br \/>\n1. LA NEGLIGENCIA. La b\u00fasqueda, la solicitud, la espera que acompa\u00f1a al camino de los justos son completamente diversas de la inquietud indisciplinada de los inseguros y los negligentes que tergiversan ante las propias responsabilidades, y por ello mismo proyectan en torno a si malestar e incertidumbre y hacen duras y tensas las relaciones. El bien humano entra en crisis cuando la conexi\u00f3n entre conciencia, valoraci\u00f3n de las situaciones y operaciones se interrumpe; cuando las decisiones se toman sin reflexi\u00f3n y motivaci\u00f3n adecuadas, o cuando se omite obrar en el momento oportuno. Es riqu\u00ed\u00adsimo el vocabulario para describir los comportamientos inconsiderados, desatinados, incautos, desconsiderados, precipitados, indecisos, irresolutos, vacilantes, dudosos, titubeantes, imprudentes.<\/p>\n<p>Las personas que fluct\u00faan a merced de las emociones, prisioneras de sus ego\u00ed\u00adsmos, son incapaces de afrontar de verdad y con seriedad la vida. Su actitud no hay que confundirla con el respeto vigilante de la maduraci\u00f3n de los procesos, con la dilaci\u00f3n del juicio para ensayar ulteriores informaciones.<\/p>\n<p>La raz\u00f3n, hecha para ser transparencia de la realidad, y para serlo con plenitud en la regi\u00f3n de gracia, cuando se sustrae a la responsabilidad de decidir el bien com\u00fan y el bien personal en la \u00f3ptica de aqu\u00e9l, no refleja ya la luz que le viene de dentro ni la que mana de la responsabilidad, no favorece su encuentro, experimenta una alteraci\u00f3n que incide gravemente en todo el dinamismo humano. Esta falsificaci\u00f3n tiene su origen en la intemperancia (S. Th., II-II, q. 153, a. 5, ad 1), que, por su misma esencia, disuelve el autocontenerse, el autodominio, el contexto del silencio atento, en el cual percibe la verdad de la realidad.<\/p>\n<p>El disoluto quiere sobre todo algo para s\u00ed\u00ad, est\u00e1 aislado por un inter\u00e9s subjetivo. Un ansia espasm\u00f3dica de goce le impide descubrir lo real, acceder a la realidad en la condici\u00f3n de serenidad y de desinteresada independencia que s\u00f3lo una conciencia aut\u00e9ntica garantiza. El ego\u00ed\u00adsmo es el nervio, el coraz\u00f3n mismo de la lujuria en cuanto intemperancia (J. PIEPER, Sulla temperanza, 34ss). Esta sacudida es experimentada mayormente donde la red de relaciones que vincula a las personas es verdadera.<\/p>\n<p>Inestabilidad, cansancio, ignorancia de los signos de los tiempos contrastan el desarrollo ordinario del vivir personal y comunitario. Este exige duraci\u00f3n y sucesi\u00f3n, novedad y continuidad; requiere coraje, constancia, docilidad para resolver las dudas y afrontar las resistencias que acechan al bien humano.<\/p>\n<p>Una c\u00f3mplice solidaridad vincula el conocimiento de s\u00ed\u00ad en la verdad y la incoherencia existencial. No se entiende la verdad de vivir si no se vence la resistencia a hacerse cargo de las decisiones importantes. Nunca est\u00e1 del todo claro lo que no se est\u00e1 dispuesto a realizar.<\/p>\n<p>2. LA FALSA PRUDENCIA. La prudencia se ve comprometida no s\u00f3lo por la insensatez inconcluyente y ociosa, sino tambi\u00e9n por toda una serie distinta de actitudes no menos delet\u00e9reas, debido a que a menudo tienden a confundirse con expresiones aut\u00e9nticas del obrar. Las falsificaciones (en pintura, en escultura, etc\u00e9tera) no dejan de ser tales aunque est\u00e9n realizadas con maestr\u00ed\u00ada. Los t\u00e9rminos que connotan este contexto, en el cual el enga\u00f1o es frecuente y que est\u00e1 claramente reprobado en la tradici\u00f3n b\u00ed\u00adblica, son muy evocativos: astucia, enga\u00f1o, reticencia, rodeos, fraude, aprensi\u00f3n ansiosa, p\u00e1vida, posesiva. Los medievales, siguiendo a la Vulgata, que traduc\u00ed\u00ada por \u00abprudentia carnis\u00bb el fronema paulino (Rom 8:7), connotaban con aquel t\u00e9rmino todas las percepciones que tratan de colocar el fin en los bienes terrenos en vez de en la comuni\u00f3n con Dios.<\/p>\n<p>Es prudencia mundana la de los intrigantes que, orientados hacia metas temporales injusta y falsamente elevadas al rango de fin supremo, reflexionan y deciden bas\u00e1ndose s\u00f3lo en ellas la conducta cotidiana. Tom\u00e1s, en virtud del principio seg\u00fan el cual la prudencia es la recta raz\u00f3n en el campo de lo agible, distingue dos pecados que, aunque se oponen a la prudencia, revisten sus apariencias.<\/p>\n<p>El primero depende de que la raz\u00f3n endereza su actividad a un fin que es bueno s\u00f3lo en apariencia, no en realidad. Es la prudencia de la carne, que lleva a satisfacer las ansias sensibles y sensuales, perseguidas como un valor en s\u00ed\u00ad. El segundo depende del hecho de que una persona, para conseguir su fin, sea bueno o malo, se sirve de caminos simulados, fingidos y no verdaderos; es el pecado de astucia\u00bb (S. Tlt., II-11, q. 55, a.3c).<\/p>\n<p>El enga\u00f1o y el fraude constituyen las formas espec\u00ed\u00adficas que asume la astucia cuando pone en pr\u00e1ctica el plan meditado. El primero se practica en el enredo de palabras y de hechos, en la vacuidad verbosa y s\u00f3rdida a que recurren los enga\u00f1adores y vendedores de humo. El fraude encarna las maquinaciones de los estrategas y los t\u00e1cticos.<\/p>\n<p>Distinta, aunque convergente en los .resultados, es la aprensi\u00f3n, angustiosa y angustiante, respecto al tener y al futuro. Estas falsas prudencias hunden sus ra\u00ed\u00adces en la deformaci\u00f3n que lleva a disociar el tener del ser, a favorecer el primero y a presumir de garantizarse a s\u00ed\u00ad mismo a trav\u00e9s del \u00e9xito, las riquezas y el poder.<\/p>\n<p>La experiencia confirma lo difundido y pernicioso de esta falsificaci\u00f3n, que impide cultivarse como inteligentes y disponibles, y que se manifiesta en las t\u00e1cticas y estrategias inspiradas en el ansia de la autoconservaci\u00f3n, de la avidez de poder, del miedo preconcebido ante lo nuevo y del todav\u00ed\u00ada no, de las man\u00ed\u00adas conservadoras, de todas las actitudes que impiden mantenerse con fidelidad y verdad en la historia y perseguir en una aportaci\u00f3n rec\u00ed\u00adproca la realizaci\u00f3n del bien humano.<\/p>\n<p>3. LA FALTA DE ATENCION A LO ETERNO. Una forma espec\u00ed\u00adfica de imprudencia es la que se funda en la separaci\u00f3n, en la ruptura entre valoraci\u00f3n prudencial y orientaci\u00f3n hist\u00f3rico-salvlfica del vivir (cf J. RIVIERE, Sur te devoir d&#8217;impr\u00e9voyance). No son los pecadores, sino los prudentes los que est\u00e1n expuestos al desaf\u00ed\u00ado del esc\u00e1ndalo de la cruz (G\u00e1l 5:1 I). La resistencia a las provocaciones del misterio determina las reducciones de horizonte que aprisionan en la l\u00f3gica f\u00e9rrea de lo pen\u00faltimo y embotan la sensibilidad respecto a la promesa: la realidad que funda la, confianza y el contexto de las decisiones magn\u00ed\u00adficas y magn\u00e1nimas que hacen bello y honesto el vivir (cf D. BONH\u00ed\u201cFFER, Etica, 22ss).<\/p>\n<p>Cuando la luz no esclarece la int\u00e9ligencia del vivir, las decisiones, aunque se contrasten las incertidumbres frustradas de las crisis de las ideolog\u00ed\u00adas, se toman bas\u00e1ndose en aquella racionalidad reductiva que legitima los humanismos y pretende avalar con el crisma que es propio de los valores finales las propuestas de los bienpensantes.<\/p>\n<p>La obediencia al misterio en lo que tiene de parad\u00f3jico, arriesgado, locura, necedad, es la prerrogativa de los seguidores del Dios crucificado, el camino de los que se dejan construir como icono de Dios. Lo humano es aut\u00f3nomo; pero deriva de Dios, vive en \u00e9l, tiende a \u00e9l; prescindir de este contexto es falsificar la realidad, sustraerse a la verdad: Si se pone entre par\u00e9ntesis la salvaci\u00f3n final, la decisi\u00f3n se convierte en c\u00e1lculo; no es ya riesgo, confianza, esperanza. Esta reducci\u00f3n de perspectiva influye tambi\u00e9n en la atenuaci\u00f3n de la vigilancia respecto a las resistencias al bien legitimadas con los sofismas que se adornan con el marchamo de la experiencia y de la sabidur\u00ed\u00ada (cf 1Co 1:22ss). Toda esta situaci\u00f3n se acent\u00faa cuando se conjuga con el inquieto vagar de la fantas\u00ed\u00ada, que se concentra en los riesgos y peligros que acompa\u00f1an el camino del justo.<\/p>\n<p>Muchas valoraciones imprudentes y err\u00f3neas brotan de la inmoderada representaci\u00f3n de las violencias, de la privaci\u00f3n de libertad, de las situaciones de que a menudo son v\u00ed\u00adctimas quienes practican la justicia. La resistencia a los perseguidores debe combinarse con el control de las representaciones necr\u00f3foras que pululan en lo intimo, ofuscan la mente y retrasan el camino.<\/p>\n<p>Las mentalidades que todo lo calculan con el metro del inter\u00e9s, del poder, de la autoafirmaci\u00f3n; que para conseguir sus fines ceden a la manipulaci\u00f3n, a la explotaci\u00f3n de los otros, bas\u00e1ndose en la l\u00f3gica de los resultados inmediatos, carentes de toda perspectiva del bien humano, son c\u00f3mplices y aliados de las situaciones cuya violencia experimentan los justos.<\/p>\n<p>[\/Conciencia; \/Libertad y responsabilidad; \/Opci\u00f3n fundamental; \/Sistemas morales; \/Virtudes teologales].<\/p>\n<p>BIBL.: AA.VV., Prudence chr\u00e9tienne, Cerf, Par\u00ed\u00ads 1948; ADLER M. 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En hebreo las palabras b\u00e1sicas son: <em>b\u00een<\/em> (Is. 29:14; Jer. 49:7); que da las ideas de entender, considerar, ser inteligente, tener entendimiento; <em>\u02bf\u0101r\u014dm<\/em>, que puede expresar una prudencia virtuosa (Pr. 8:12, 19:25); o una astucia malvada (Gn. 3:1); <em>\u015b\u0101\u1e35al<\/em>. En el NT las palabras son <em>fron\u0113sis<\/em> (Ef. 1:8, inteligencia) y <em>sunesis<\/em> (inteligencia, entendimiento, conocimiento, 1 Co. 1:19).<\/p>\n<ol style=\"text-align: justify;\">\n<li>Colin Craston<\/li>\n<\/ol>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftn1\" name=\"_ftnref1\"><\/a><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftnref1\" name=\"_ftn1\"><\/a>Harrison, E. F., Bromiley, G. W., &amp; Henry, C. F. H. (2006). <em>Diccionario de Teologi\u0301a<\/em> (498). Grand Rapids, MI: Libros Desafi\u0301o.<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Teolog\u00eda<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>v. Ciencia, Cordura, Sabidur\u00eda 1Ki 4:29 Dios dio a Salom\u00f3n sabidur\u00eda y p muy Pro 2:2 si inclinares tu coraz\u00f3n a la p, si clamares Pro 3:5 f\u00edate de .. y no te apoyes en tu propia p Isa 40:14 \u00bfqui\u00e9n .. le mostr\u00f3 la senda de la p? 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