{"id":13210,"date":"2016-02-05T08:52:54","date_gmt":"2016-02-05T13:52:54","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/pudor\/"},"modified":"2016-02-05T08:52:54","modified_gmt":"2016-02-05T13:52:54","slug":"pudor","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/pudor\/","title":{"rendered":"PUDOR"},"content":{"rendered":"<p>[327]<br \/>\n   Sentimiento de reserva y de delicadeza con respecto a la realidad del propio cuerpo y de todo lo que se refiere al mismo en lo som\u00e1ticos y en lo afectivo.<\/p>\n<p>    Es sin\u00f3nimo de recato, honestidad, delicadeza y modestia. Aunque muchos ambientes sean poco propicios a su cultivo, no deja de ser una virtud, un don, un ideal. El pudor afecta tanto al propio cuerpo como al ajeno y es reflejo  de la dignidad del que lo posee, as\u00ed\u00ad como su carencia implica rusticidad y vulgaridad.<\/p>\n<p>Pedro Chico Gonz\u00e1lez, Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00ed\u00ada Religiosa, Editorial Bru\u00f1o, Lima, Per\u00fa 2006<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00eda Religiosa<\/b><\/p>\n<p>El pudor en general puede def\u00ed\u00adnirse como \u00abtemor a la desaprobaci\u00f3n de los dem\u00e1s\u00bb. Para evitarla, el individuo se ve instintivamente llevado a ocultar todo lo que puede ser causa m\u00e1s o menos directa de la misma, L\u00f3gicamente, esto puede ocurrir por diversos motivos, en cuanto que el temor por la desaprobaci\u00f3n de los otros puede referirse a todo lo que de negativo puede afectar a la propia persona, a nivel f\u00ed\u00adsico, moral, intelectual, social, etc. El pudor se relaciona con los sentimientos de verguenza, de recato, de reserva en general de todo lo que ata\u00f1e al respeto de la esfera \u00ed\u00adntima del individuo. El pudor afecta de manera especial a la esfera sexual, por la reserva que la caracteriza y por la important\u00ed\u00adsima y delicada funci\u00f3n que desempe\u00f1a en la vida humana. Y esto sucede, aunque de maneras diversas, en todos los pueblos, incluso primitivos, como atestiguan la historia y la antropolog\u00ed\u00ada cultural. La realidad del pudor aparece ya en las primeras p\u00e1ginas del G\u00e9nesis, donde se narra el pecado de Ad\u00e1n. Despu\u00e9s de la creaci\u00f3n \u00abel hombre y la mujer estaban desnudos, pero no se avergonzaban\u00bb (2,25); pero, despu\u00e9s del pecado, se manif\u00ed\u00adesta en ellos el sentido del pudor como verdadero pudor sexual (\u00abse dieron cuenta de que estaban desnudos\u00bb: 3,7) y como vergUenza, y m\u00e1s en general, como sentido de culpabilidad (\u00abtuve miedo porque estoy desnudo y me escond\u00ed\u00ad,\u00bb. 3,10). As\u00ed\u00ad pues, en la per-spectiva b\u00ed\u00adbli~a el pudor aparece dirigido esencialmente a la protecci\u00f3n de la esfera sexual del desorden introducido en ella por el pecado. Sin embargo, se vislumbra tambi\u00e9n (como en el episodio de la desnudez de No\u00e9 que se narra en Gn 9,22) una finalidad distinta y m\u00e1s profunda del pudor, como delimitaci\u00f3n y al mismo tiempo como respeto de una zona de intimidad y de reserva de la persona, que a nadie le es l\u00ed\u00adcito traspasar.<\/p>\n<p>El aprecio del pudor contin\u00faa en toda la tradici\u00f3n cristiana, que ve en el pudor un baluarte y una custodia de la castidad. Santo Tom\u00e1s distingue entre el movimiento natural del pudor (verecundia: 11-11, q. 144) y el pudor como virtud (pudicitia: 11, q. 151, a. 4). Para guardar la castidad, aunque sea de gran ayuda, no basta el sentimiento natural del pudor, sino que se necesita la virtud del recato (pudicitia). El pudor, convertido en recato, hace al hombre muy sensible a los peligros contra la castidad tanto en ciertas actitudes interiores (pensamientos, deseos, imaginaciones) como en la conducta externa.<\/p>\n<p>Tras la negaci\u00f3n del valor y del significado del pudor que se ha llevado a cabo en los dos \u00faltimos siglos por parte de la cultura dominante en Occidente, que vio en \u00e9l no un dato natural sino un dato adquirido y, por tanto, con un significado esencialmente relativo y convencional, el pensamiento contempor\u00e1neo, gracias sobre todo a la aportaci\u00f3n del personalismo, ha llegado a descubrir de nuevo el sentido del pudor como \u00abrevelaci\u00f3n del ser\u00bb. Se ve el pudor como un elemento esencial constitutivo de la persona y revelador del misterio de la misma, m\u00e1s all\u00e1 de toda reducci\u00f3n de la persona a una corporeidad cerrada. El pudor es la negativa a presentarse ante los dem\u00e1s totalmente disueltos en la propia corporeidad, de aparecer y de ser para los otros todo y solamente corporeidad, ofrecimiento total sin velos ni misterios. Ofrecerse a la mirada de los otros como mera corporeidad, es decir, imp\u00fadicamente, significa renunciar a ser persona y hacerse aceptar solamente como objeto.<\/p>\n<p>El pudor, en cuanto que afecta a la relaci\u00f3n del hombre consigo mismo, con los dem\u00e1s, con el mundo, adquiere una importancia \u00e9tica importante. Es un elemento esencial e insustituible del amor, no s\u00f3lo de lo sexual, hasta el punto de que sin pudor no hay amor El pudor es el guardi\u00e1n vigilante del aut\u00e9ntico encuentro de amor interpersonal, no reducido a la mera dimensi\u00f3n corp\u00f3rea; permite a la sexualidad desarrollarse arm\u00f3nicamente y hacerse disponible al otro en el amor. La finalidad de toda educaci\u00f3n aut\u00e9ntica en el pudor consiste en hacer a la persona capaz de darse al otro en el amor conyugal , en el caso de la virginidad, de Ofrecer el propio cuerpo en el don total a Dios.<\/p>\n<p>G. Cappelli<\/p>\n<p>Bibl.: G, Campanini &#8211; A. Autiero, Pudor, en NDTM, 1582-1593; A. Zarri. Pudor, en DTI, III, 983-994; Y Marcozzi, El sentido del amor, Studium,&#8217;Madrid 1959; J Rey, El pudor, Sal Terrae, Santander 1962; K. Wojtvla, Amor y responsabilidad, F AX, Madrid 1969.<\/p>\n<p>PACOMIO, Luciano [et al.], Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico, Verbo Divino, Navarra, 1995<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico<\/b><\/p>\n<p>TEOLOG\u00ed\u008dA MORAL<br \/>\nSUMARIO<br \/>\nI. Para una definici\u00f3n del pudor.<br \/>\nII. El pudor en la tradici\u00f3n cristiana.<br \/>\nIII. La negaci\u00f3n del pudor en los dos \u00faltimos siglos.<br \/>\nIV. El redescubrimiento del sentido del pudor como \u00abrevelaci\u00f3n del ser\u00bb en el pensamiento contempor\u00e1neo.<br \/>\nV. La importancia \u00e9tica del pudor.<br \/>\nVI. Nuevas demandas de pudor en el mundo contempor\u00e1neo:<br \/>\n1. Pudor y comunicaci\u00f3n;<br \/>\n2. Pudor e informaci\u00f3n;<br \/>\n3. Pudor y pol\u00ed\u00adtica;<br \/>\n4. Pudor y educaci\u00f3n;<br \/>\n5. Pudor y hospitalidad.<\/p>\n<p>El pudor, entendido como sentimiento de recato y de verg\u00fcenza, especialmente en lo que se refiere a la esfera sexual, representa un elemento fundamental de la personalidad. Se relaciona por un lado con la \/ sexualidad, por otro con la esfera \u00ed\u00adntima de la personalidad, y est\u00e1 emparentado con los sentimientos de verg\u00fcenza, de recato, de reserva y, en general, con todo o que ata\u00f1e al respeto de la esfera de intimidad de cada uno.<\/p>\n<p>Se trata, por tanto, de un concepto bastante complejo, del que examinaremos especialmente la dimensi\u00f3n \u00e9tica, prescindiendo de una valoraci\u00f3n jur\u00ed\u00addica, que se interesa m\u00e1s bien por la relevancia social del sentido del pudor y de las consecuencias de la impudicicia y de la obscenidad en las buenas costumbres [1 Pornograf\u00ed\u00ada y erotismo]. Por lo dem\u00e1s, es evidente que la convicci\u00f3n impl\u00ed\u00adcita que est\u00e1 en la base de la legislaci\u00f3n es que el pudor es un valor, aunque evidentemente no corresponde a la jurisprudencia fundarlo.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de un intento de definici\u00f3n (I), se analizar\u00e1n por orden: la concepci\u00f3n del pudor seg\u00fan la Biblia y la tradici\u00f3n cristiana (II); las teor\u00ed\u00adas que niegan el pudor surgidas sobre todo en los dos \u00faltimos siglos (111); el redescubrimiento del sentido del pudor como \u00abrevelaci\u00f3n del ser\u00bb en el pensamiento contempor\u00e1neo (IV); la importancia en el plano \u00e9tico del sentimiento del pudor (V). En una \u00faltima parte (VI) se trazar\u00e1 una panor\u00e1mica a modo de ejemplo de algunas \u00e1reas del vivir humano que hoy exigen ser protegidas por un nuevo sentido del pudor.<\/p>\n<p>I. Para una definici\u00f3n del pudor<br \/>\nBajo el aspecto m\u00e1s propiamente psicol\u00f3gico, podr\u00ed\u00adamos definir el pudor como un \u00abcomedimiento del alma\u00bb, en el que hay que poner de relieve \u00absu car\u00e1cter natural y profundamente humano\u00bb (M. PRADINES, 250).<\/p>\n<p>En el plano propiamente moral, el pudor puede definirse como \u00abla vigilante conciencia que defiende la fidelidad y el amor conyugal\u00bb (B. H\u00fcRING, 320).<\/p>\n<p>Una definici\u00f3n propiamente espiritual, e incluso religiosa, del pudor lo capta como sentimiento profundo, \u00abligado a la encarnaci\u00f3n dei esp\u00ed\u00adritu\u00bb y como una especie de \u00abenvoltura&#8230; puesta por la naturaleza en torno a los sentimientos, para evitar que el esp\u00ed\u00adritu se ponga demasiado pronto en contacto con la vida, para permitirle que se vaya habituando poco a poco\u00bb. De este modo, el pudor no es solamente un mecanismo de protecci\u00f3n, sino tambi\u00e9n \u00ab\u00f3rgano del desarrollo espiritual\u00bb y el \u00abmediador de la unidad del alma con el cuerpo\u00bb (J. GUITTON, 77-78).<\/p>\n<p>Relacionado con el pudor puede estar cierto sentimiento de verg\u00fcenza o de arrepentimiento; pero el pudor y la verg\u00fcenza no coinciden, y el primero, a diferencia de la segunda, aparece m\u00e1s estrechamente vinculado con la interioridad de la persona. Con R. Le Senne (bibl.; ed. fr., 1949, 541ss), se puede afirmar que el pudor es objeto de una tensi\u00f3n doble: hacia abajo, en el sentido de toma de conciencia de una turbaci\u00f3n, y por tanto como verg\u00fcenza; hacia arriba, como aspiraci\u00f3n y tensi\u00f3n al valor.<\/p>\n<p>Precisamente por esta bipolaridad, el pudor es bastante m\u00e1s \u00absentido\u00bb intuitivamente que captado te\u00f3ricamente, aun cuando la experiencia del pudor es necesariamente propia, no s\u00f3lo del pensador, sino tambi\u00e9n y sobre todo del hombre com\u00fan.<\/p>\n<p>II. El pudor en la tradici\u00f3n cristiana<br \/>\nLa realidad del pudor es de las primeras que se encuentran en la Biblia. La p\u00e1gina fundamental del G\u00e9n que narra el pecado de Ad\u00e1n representa un punto de referencia esencial para la misma reflexi\u00f3n contempor\u00e1nea sobre el pudor. Podemos captar f\u00e1cilmente el sentido profundo del relato b\u00ed\u00adblico, por encima de las interpretaciones sobre los puntos concretos. Inmediatamente despu\u00e9s de la creaci\u00f3n, \u00ablos dos estaban desnudos, el hombre y su mujer, sin avergonzarse uno de otro\u00bb (2,25); por el contrario, despu\u00e9s del pecado se manifiesta el sentimiento del pudor como pudor sexual verdadero y propio (\u00abse dieron cuenta de que estaban desnudos\u00bb, 3,7), como verg\u00fcenza y, en general, como sentimiento de culpabilidad (\u00abme entr\u00f3 miedo porque estaba desnudo, y me escond\u00ed\u00ad\u00bb, le dice el hombre al Se\u00f1or, 3,10).<\/p>\n<p>Desde el comienzo de la Biblia, por consiguiente, aparece muy estrecho el nexo entre sentimiento de pudor y sentido de pecado. El pudor aparece como la consecuencia necesaria de la turbaci\u00f3n misteriosa determinada por la culpa en la estructura \u00ed\u00adntima de la personalidad; frente a la incapacidad del hombre para ejercer un control total sobre s\u00ed\u00ad mismo, para dominar plenamente sus pasiones, el pudor se muestra como \u00abguardi\u00e1n del ser\u00bb. En la perspectiva b\u00ed\u00adblica, el pudor aparece esencialmente dirigido a la protecci\u00f3n de la esfera sexual contra el desorden introducido en ella por el pecado, no sin que se vislumbre todav\u00ed\u00ada (como en el conocido episodio de la desnudez de No\u00e9 que nos narra G\u00e9n 9:22) una finalidad distinta y m\u00e1s profunda del pudor, como delimitaci\u00f3n y al mismo tempo como respeto de una zona de intimidad y de recato de la persona, que a nadie le es l\u00ed\u00adcito traspasar.<\/p>\n<p>En toda la tradici\u00f3n b\u00ed\u00adblica es constante la afirmaci\u00f3n del valor positivo del pudor, junto con la condenaci\u00f3n clara de la falta del mismo. Desde este punto de vista el NT no a\u00f1ade nada a esta tradici\u00f3n, aun cuando se le da a la exigencia del respeto al propio cuerpo y al cuerpo del pr\u00f3jimo una base m\u00e1s plena y profunda, poni\u00e9ndolo en relaci\u00f3n con la inhabitaci\u00f3n de Dios en el hombre, que ha hecho posible la pureza de coraz\u00f3n, entendida sobre todo como disposici\u00f3n total al amor de Dios. Por eso, consciente de que no est\u00e1 en juego \u00fanicamente el cuerpo, sino toda la persona, Pablo afirma con tremenda severidad que \u00abni los lujuriosos, ni los id\u00f3latras, ni los ad\u00falteros, ni los afeminados&#8230; heredar\u00e1n el reino de Dios\u00bb (1Co 6:10).<\/p>\n<p>Tanto el AT como el NT -dentro de los l\u00f3gicos condicionamientos determinados por el ambiente, y sobre todo por las costumbres sexuales de la \u00e9poca en que se movieron los escritores inspirados- tienen en general una visi\u00f3n serena y equilibrada de la corporeidad y de la sexualidad. La ostentaci\u00f3n imp\u00fadica del propio cuerpo y la misma desnudez son condenadas, no ya en virtud de una repulsa radical de la corporeidad, sino para impedir que ella, reducida a objeto de la pasi\u00f3n, quede colocada fuera de un contexto de amor y de entrega y, por tanto, de reciprocidad.<\/p>\n<p>Por lo dem\u00e1s, no hemos de extra\u00f1arnos de que, en contacto con el mundo helen\u00ed\u00adstico, las primeras generaciones cristianas (y las que siguieron sus huellas, casi podr\u00ed\u00adamos decir que hasta nuestros d\u00ed\u00adas) tendiesen a dar una interpretaci\u00f3n rigorista del pudor, acentuando a veces hasta el paroxismo, su importancia para la misma vida cristiana. Pi\u00e9nsese en el De pudicitia de Tertuliano, pero tambi\u00e9n en algunos escritos de Jer\u00f3nimo y Agust\u00ed\u00adn. El mismo Ambrosio tiende a identificar pudicicia y virginidad, excluyendo impl\u00ed\u00adcitamente el pudor del \u00e1mbito de la vida conyugal. Pero hay que evitar generalizaciones indebidas. Sigue faltando, por lo que consta, una historia de la actitud del mundo cristiano respecto al pudor.<\/p>\n<p>El encuentro posterior entre el neoplatonismo vigente y la moral burguesa acab\u00f3 por producir un amplio y radical oscurecimiento de la concepci\u00f3n b\u00ed\u00adblica de la sexualidad y de la corporeidad, y consiguientemente del pudor, determinando por reacci\u00f3n -en el momento en que se volv\u00ed\u00ada a descubrir y afirmar el valor de la sexualidad- una tendencia a la negaci\u00f3n del valor del pudor y a la completa liberaci\u00f3n del sexo y del cuerpo de todo v\u00ed\u00adnculo \u00e9tico.<\/p>\n<p>III. La negaci\u00f3n del pudor en los dos \u00faltimos siglos<br \/>\nEl terremoto tecnol\u00f3gico, pol\u00ed\u00adtico y cultural que ha sacudido a Occidente a partir de la segunda mitad del siglo xvin ha puesto tambi\u00e9n en discusi\u00f3n el valor y el significado mismo del pudor. En el curso especialmente de los dos \u00faltimos siglos, ha llegado a verse rechazado de diversas maneras en nombre de teor\u00ed\u00adas que han intentado afirmar su pretendido car\u00e1cter derivado, hist\u00f3rico y consiguientemente relativo.<\/p>\n<p>La primera negaci\u00f3n, que apareci\u00f3 ya en el siglo xvtn, fue la que podemos llamar \u00ablibertina\u00bb. El pudor ser\u00ed\u00ada sencillamente \u00abuna invenci\u00f3n del amor y del placer refinado\u00bb. \u00abAl velo con que el mismo pudor cubre las bellezas de una mujer -escribe C.A. Helvetius- es a lo que el mundo debe la mayor parte de sus placeres\u00bb. Cuando falta el pudor, \u00abel deseo pierde toda aquella vivacidad que llevar\u00ed\u00ada consigo la curiosidad\u00bb. \u00abAll\u00ed\u00ad donde falta el pudor, la belleza se degrada, mientras que, por el contrario, en los pueblos donde el pudor coloca un velo entre el deseo y la desnudez, este velo misterioso es el talisman que tiene al amante junto a su amada\u00bb (cit. en A. MAFFEY [dirigido por], Gli ideologi francesi, Bolonia 1961, 53). No menos utilitarista es la tesis de Diderot, seg\u00fan el cual \u00abel hombre no quiere verse perturbado ni distra\u00ed\u00addo en sus goces\u00bb, tanto m\u00e1s cuanto que \u00ablos goces del amor van seguidos de una debilidad que abandonar\u00ed\u00ada al hombre en manos de sus enemigos\u00bb. \u00abHe aqu\u00ed\u00ad -concluye el famoso autor de la Enciclopedia- todo lo que puede haber de natural en el pudor; lo dem\u00e1s se deriva de la instituci\u00f3n\u00bb (Oeuvres choisies, Par\u00ed\u00ads 1884, 208209).<\/p>\n<p>&#8211; Las siguientes investigaciones etnogr\u00e1ficas y antropol\u00f3gicas parecen comprobar la teor\u00ed\u00ada del car\u00e1cter esencialmente hist\u00f3rico y contingente, y, por tanto, derivado y no innato, del pudor. Recogiendo, en otro contexto, una tesis de Cl. L\u00e9vi-Strauss (Le strutture elementar\u00c2\u00a1 delta parentela, Feltrinelli, Mil\u00e1n 1969, 50), el pudor es un dato no natural, sino adquirido, que constituye un \u00abfen\u00f3meno social\u00bb y que, como tal, forma parte de la \u00abcultura\u00bb, y no de la \u00abnaturaleza\u00bb. Es \u00e9sta una de las tesis que recorren un arco de pensamiento que va desde el primer positivismo al moderno estructuralismo, en cuyo \u00e1mbito el pudor asume un significado esencialmente relativo y convencional.<\/p>\n<p>&#8211; Paralelamente se iba desarrollando, dentro de la psicolog\u00ed\u00ada, una repulsa decidida de todo innatismo, con la consiguiente negaci\u00f3n del car\u00e1cter original del pudor. Para Henry James este sentimiento es sencillamente \u00abuna s\u00ed\u00adntesis mental derivada\u00bb, sin nexo alguno con las estructuras de la vida personal. (cf R. JoLtvEr, Trait\u00e9 de philosophie II, Par\u00ed\u00ads 1960, 339). De esta forma el pudor queda relegado a la esfera de lo irracional, por no decir de lo insignificante. A la pregunta de si el pudor era un hecho natural o bien un \u00absedimento de influencias activas y superpuestas por la religi\u00f3n cristiana\u00bb, V. Pareto (bibl., 465) respond\u00ed\u00ada que \u00abel pudor es esencialmente artificial\u00bb y que entra en la esfera de lo irracional, y por consiguiente (para un cient\u00ed\u00adfico de formaci\u00f3n positivista como era \u00e9l) de lo \u00abreligioso\u00bb, en este sentido seductivo. Por tanto, el pudor \u00abes una rama de la religi\u00f3n sexual\u00bb, la cual, como todas las religiones, tiene sus te\u00f3logos y sus sacerdotes.<\/p>\n<p>&#8211; El psicoan\u00e1lisis acent\u00faa la valoraci\u00f3n negativa del sentimiento del pudor, tendiendo a ver en \u00e9l un car\u00e1cter reductor y tendencialmente inhibitivo de la sexualidad. El pudor aparece necesario para mantener la libido dentro de unos l\u00ed\u00admites compatibles con la conservaci\u00f3n de la especie, pero su necesidad es de tipo negativo y su funci\u00f3n se reduce esencialmente a la del gendarme; por el contrario, el ideal te\u00f3rico que hay que perseguir en una sociedad liberada de los tab\u00faes sexuales seria el desarrollo libre de la sexualidad y, por consiguiente, la ca\u00ed\u00adda total del pudor. Esta es la interpretaci\u00f3n de la concepci\u00f3n freudiana del pudor que da M. Scheler (Essenza e forme delta simpat\u00ed\u00ada, Citt\u00e1 Nuova, Roma 1980; ed. fr., 1928, 263-264). El an\u00e1lisis scheleriano del pudor (cf bibl.) es la refutaci\u00f3n m\u00e1s penetrante de las tesis de S. Freud. Hay que notar, sin embargo, que \u00e9ste no trata ampliamente ex professo del pudor en ninguna de sus obras, por lo cual no es f\u00e1cil ubicar el pudor sexual en el cuadro de la visi\u00f3n freudiana de la sexualidad. En los ep\u00ed\u00adgonos del psicoan\u00e1lisis, como en W. Reich (cf La rivoluzione sessuale, Feltrinelli, Mil\u00e1n 1971 7), el sentimiento del pudor es vaciado tambi\u00e9n de esta funci\u00f3n suya inhibidora de la libido en nombre de una absoluta e ilimitada libertad sexual.<\/p>\n<p>&#8211; Esta reducci\u00f3n negativa del pudor se acent\u00faa en algunos filones del existencialismo ateo, especialmente en Sartre (L \u00e9ssere e il pulla, Mondadori, Mil\u00e1n 1958) para quien el pudor acaba convirti\u00e9ndose no ya en una defensa, sino en una sustancial repulsa del ser. Previa una reducci\u00f3n preliminar del pudor a verg\u00fcenza (ponte), el cuerpo queda reducido a instrumento a trav\u00e9s del cual, mediante la mirada, la persona es \u00abexpropiada\u00bb y, por as\u00ed\u00ad decirlo, \u00abtragada\u00bb por el otro, aun cuando, por una paradoja meramente aparente, es precisamente ese sentimiento de verg\u00fcenza el que hace al yo consciente de s\u00ed\u00ad mismo, en cuanto que la honte le revela al ser la presencia del otro y al mismo tiempo lo revela a s\u00ed\u00ad mismo a trav\u00e9s de la conciencia de que \u00abes mirado\u00bb. De esta forma \u00abtengo verg\u00fcenza de lo que soy\u00bb; por eso \u00abla verg\u00fcenza realiza una relaci\u00f3n \u00ed\u00adntima de m\u00ed\u00ad conmigo mismo: he descubierto por la verg\u00fcenza un aspecto de mi ser\u00bb. Pero como todo encuentro verdadero y profundo, no epid\u00e9rmico y pasajero, es irrealizable entre las personas, y como toda relaci\u00f3n est\u00e1 puesta bajo el signo de la incomunicabilidad, o mejor a\u00fan, de la pretensi\u00f3n de cada uno de tomar posesi\u00f3n del otro, la verg\u00fcenza asume un significado radicalmente negativo, constituyendo la prueba final del abismo insuperable que divide alas personas, hasta el punto de que el yo \u00abllega a sentir su alienaci\u00f3n y su desnudez como una degradaci\u00f3n que debe asumir: tal es el sentido de aquel famoso `se dieron cuenta de que estaban desnudos&#8217; de la Escritura\u00bb. La exposici\u00f3n a las miradas de los dem\u00e1s, que nos revela precisamente el pudor, se convierte as\u00ed\u00ad en una culpa que no puede rescatar ninguna fuerza, ni siquiera el amor sexual. La desnudez es el modo a trav\u00e9s del cual cada uno se ve \u00abtragado\u00bb visualmente por el otro, sin poder jam\u00e1s ser aceptado y amado como persona (285ss, 449 y 451).<\/p>\n<p>IV. El redescubrimiento del sentido del pudor como \u00abrevelaci\u00f3n del ser\u00bb en el pensamiento contempor\u00e1neo<br \/>\nCon Sartre se concluye la par\u00e1bola iniciada con Helvetius; reducido a una mera funci\u00f3n utilitarista, el pudor acaba siendo rechazado radicalmente en su sentido m\u00e1s profundo. Pero, precisamente mientras llegaba a su cumplimiento esta par\u00e1bola, y en cierto sentido en virtud de este proceso de erosi\u00f3n gradual del sentimiento del pudor, el pensamiento contempor\u00e1neo, sobre todo en sus corrientes fenomenol\u00f3gicas, espiritualistas y personalistas, y gracias a la aportaci\u00f3n de una psicolog\u00ed\u00ada m\u00e1s cr\u00ed\u00adtica y atenta, llegaba a una nueva y sugestiva fundamentaci\u00f3n del pudor (cf en bibl. M. Scheler, V. Soloviev, D. v. Hildebrand, E. Mounier, V. Jank\u00e9l\u00e9vitch, V. Melchiorre). El motivo b\u00e1sico de estas corrientes es la visi\u00f3n del car\u00e1cter innato y no derivado del pudor, y de su aportaci\u00f3n esencial a la construcci\u00f3n misma de las estructuras de la persona, por encima de toda reducci\u00f3n sustancial de la persona a una corporeidad cerrada.<\/p>\n<p>El punto cr\u00ed\u00adtico de este mensaje puede situarse en el desplazamiento de acento entre el momento de \u00abser mirado por los dem\u00e1s\u00bb y el momento del \u00abmirarse dentro\u00bb. El pudor se convierte entonces, m\u00e1s que en una relaci\u00f3n con el otro, en una relaci\u00f3n de la persona consigo misma, aunque sea a trav\u00e9s de la mediaci\u00f3n del otro, y acaba conquistando su verdadero significado precisamente -en cuanto revelador de la persona a s\u00ed\u00ad misma. Es lo que indica luminosamente Vladimir Soloviev cuando afirma que \u00abaquello de lo que se averg\u00fcenza el hombre es m\u00e1s importante que el hecho material de avergonzarse\u00bb y que \u00abel objeto del pudor sexual no es el hecho exterior de la uni\u00f3n de dos seres humanos, sino el sentimiento profundo y universal de este hecho\u00bb (141 y 147).<\/p>\n<p>Bajo esta luz el pudor se presenta como un elemento esencial constitutivo de la persona. V. Jank\u00e9l\u00e9vitch no vacila en hacer del pudor el nuevo \u00abcogito ergo sum\u00bb del personalismo, afirmando precisamente que el pudor es el revelador del ser. Esta verg\u00fcenza no se pone bajo el signo de lo negativo, como Sartre, sino que es asumida en su positividad, en cuanto que revela a la personalidad sus ra\u00ed\u00adces m\u00e1s profundas. Con una expresi\u00f3n imposible de traducir, Jank\u00e9l\u00e9vitch puede escribir que \u00abla pudeur d\u00e9signe ce verre d\u00e9poli de notre innocence qui cesse d \u00e9tre translucide \u00e1 force d \u00e9tre lumineux: laisse passer la clart\u00e9 du jour, mais d\u00e9robe le dessin et la figure. La pudeur ne sait pourquoi elle se cache ni ce qu&#8217;elle a au juste \u00e1 cacher\u00bb (ed. fr. 1947, 793).<\/p>\n<p>Seg\u00fan E. Mounier (bibl., 608-610), en el sentimiento del pudor el yo y el t\u00fa aparecen en una relaci\u00f3n estrecha e irrompible. El pudor revela as\u00ed\u00ad una doble tendencia: a la apertura de la persona al otro y al repliegue de la persona sobre s\u00ed\u00ad misma. El pudor \u00abes un retroceder mezclado con cierto temor, pero su gesto protege m\u00e1s que repele. Contra la tendencia natural a mostrar, es un contrapeso natural que evita a la vez la clausura y la promiscuidad\u00bb (609). En el momento en que la persona, especialmente en su corporeidad, entra en contacto con los dem\u00e1s, inmediatamente se le plantea la exigencia de darse a conocer, de revelarse, de manifestarse, y al mismo tiempo de mantener una esfera de reserva y de intimidad. El pudor se manifiesta precisamente en este abrirse a los dem\u00e1s, en un encontrarse con los dem\u00e1s que quiere ser total, de persona a persona, y que se niega, por tanto, a asumir la forma exclusiva de la corporeidad. El pudor es entonces la negativa a presentarse a los dem\u00e1s, disueltos por completo en la propia corporeidad, de aparecer y de ser para el otro total y exclusivamente corporeidad, ofrecida por completo, sin velos y sin misterios, a una mirada que no se haya hecho l\u00facida y comprensiva por el amor. \u00abEl pudor o la verg\u00fcenza moral -observa agudamente Mounier (Introduction aux existentialismes, Par\u00ed\u00ads 19622, 127-128)- expresa el hecho de que entre mi naturaleza corp\u00f3rea social objetiva y mi existencia no hay identidad&#8230; El hombre podr\u00ed\u00ada ser definido como un ser capaz de avergonzarse. Yo tengo verg\u00fcenza, luego existo,, en el pleno sentido de la palabra. Existo como un ser trascendente, hecho para librarse eternamente de s\u00ed\u00ad mismo, de sus pasiones, de sus acciones\u00bb.<\/p>\n<p>A trav\u00e9s del pudor que manifiesta en sus actos y en su misma persona, el yo invita al t\u00fa a no resolverlo exclusivamente en su propia corporeidad; lo mueve a vislumbrar, detr\u00e1s del velo que impide la plena revelaci\u00f3n de la persona, el misterio del ser. Ofrecerse a las miradas ajenas como mera corporeidad, y por tanto imp\u00fadicamente, significa renunciar a ser persona y hacerse aceptar solamente como objeto. Desde este punto de vista, la exhibici\u00f3n descarada del propio cuerpo, ofrecida a las miradas ajenas por pura sugesti\u00f3n er\u00f3tica, representa una forma de envilecimiento de la persona puede que m\u00e1s absoluta y radical que la prostituci\u00f3n verdadera y aut\u00e9ntica. Pues en \u00e9sta subsiste a\u00fan una apariencia de relaci\u00f3n directa entre las personas, mientras que en la exhibici\u00f3n a la mirada er\u00f3tica ajena la persona se deja resolver en la visibilidad, renunciando a ser todo lo que no puede captarse con la mirada. En la relaci\u00f3n exhibicionista se niega de ra\u00ed\u00adz una sociafidad real. Pues, mientras que el pudor ayuda a ver la socialidad como relaci\u00f3n entre personas (aunque necesariamente situada en el cuerpo), el exhibicionismo la reduce a relaci\u00f3n entre una persona convertida en mirada (y, por tanto, en corporeidad) y otra persona convertida en puro objeto de la mirada (y por eso relegada a la esfera de la pura corporeidad).<\/p>\n<p>La falta de pudor resta \u00e1nimos al deseo directo de captar, m\u00e1s all\u00e1 de las apariencias exteriores del otro, la interioridad de su vida personal, el patrimonio de valores que cada uno encierra dentro de s\u00ed\u00ad, todo aquello que la imposibilidad de superar por completo el velo de la corporeidad dejar\u00ed\u00ada intuir y ayudar\u00ed\u00ada a comprender. El pudor, por el contrario, constituye una invitaci\u00f3n a buscar -tras el est\u00ed\u00admulo representado por el desvelamiento incompleto de la corporeidad y por el mantenimiento de una esfera de silencio y de secreto- el misterio oculto en el ser, m\u00e1s all\u00e1 del cuerpo y juntamente con \u00e9l.<\/p>\n<p>En el momento en que, perdido el sentimiento del pudor, la persona se ofrece a las miradas de los dem\u00e1s en su corporeidad desnuda, se ve inevitablemente sujeta a un proceso de vaciamiento de s\u00ed\u00ad misma. Cuando renuncia al misterio de la vida personal, la persona abdica parcialmente de s\u00ed\u00ad misma; echa fuera, junto con su propia dignidad, algo suyo. El ser se cosifica y acepta ser captado por los dem\u00e1s s\u00f3lo como objeto. Se inicia de este modo un proceso de despersonalizaci\u00f3n radical. El pudor construye, incluso exteriormente, a la persona; la falta de pudor (as\u00ed\u00ad como, en el polo opuesto, un recato excesivo que corresponda a una repulsa social de la propia corporeidad, frente a s\u00ed\u00ad mis= mo incluso antes que frente a los dem\u00e1s) rompe el equilibrio entre la persona y el cuerpo en el que est\u00e1 situada, creando las premisas para la disoluci\u00f3n de la vida personal.<\/p>\n<p>Al resolverse en 1a pura corporeidad, la persona se forja quiz\u00e1 la ilusi\u00f3n de sumergirse m\u00e1s \u00ed\u00adntimamente y con mayor profundidad en la naturaleza (por algo el desnudismo se presenta precisamente como \u00abnaturismo&#8217;, pero en realidad establece con ella una relaci\u00f3n falsa, ya que el hombre no se coloca en el mundo s\u00f3lo como parte del mismo, sino como dominador y plasmador de la naturaleza. Por otra parte, frente al hombre no hay una naturaleza dada de una vez para siempre, sino una naturaleza que se va transformando continuamente, incluso y sobre todo por obra del hombre; en este sentido el \u00abnaturismo\u00bb es profundamente \u00abantinatural\u00bb, si se piensa en la misi\u00f3n del hombre en el mundo. Esto no excluye, como es l\u00f3gico, una actitud de sencillez y de naturalidad en relaci\u00f3n con la naturaleza y con el propio cuerpo, por encima de todo desprecio maniqueo de la sexualidad. Es \u00e9sta la tarea esencial de la educaci\u00f3n del sentido del pudor, que es un elemento fundamental de la educaci\u00f3n en el sentido moral en general.<\/p>\n<p>V. La importancia \u00e9tica del pudor<br \/>\nEl pudor ata\u00f1e a la relaci\u00f3n del hombre consigo mismo, con los dem\u00e1s y con el mundo; de aqu\u00ed\u00ad es de donde se deriva precisamente su importancia \u00e9tica y su valor. Un valor que no es ciertamente absoluto, ni siquiera en el terreno de la esfera sexual, ya que incluso en este campo la primac\u00ed\u00ada le corresponde al amor, al que va orientado y ordenado el mismo pudor. En el amor aut\u00e9ntico, por lo dem\u00e1s, el pudor no se niega, sino que se supera al realizarse. Lo que es personal, en este contexto, no queda sacrificado en el altar del impudor, y por tanto del anonimato, sino que se realiza plenamente en el plano de una vida de relaci\u00f3n interpersonal m\u00e1s rica y abierta a la transmisi\u00f3n de la vida personal. En el amor el ser no se reduce a la corporeidad, sino que, al fallar el pudor en alguna de sus formas, encuentra el camino para establecer una relaci\u00f3n interpersonal. Donde hay amor cesa el pudor; pero al mismo tiempo, donde hay amor el pudor se afina y madura. En efecto, el amor no se conserva mucho tiempo sin el pudor, que sigue siendo en este caso el guardi\u00e1n atento del ser y el signo de que se rechaza la reducci\u00f3n del encuentro amoroso a su mera dimensi\u00f3n corp\u00f3rea.<\/p>\n<p>En esta perspectiva, la repulsa tradicional del impudor por parte de la \u00e9tica cristiana adquiere un sentido positivo, de afirmaci\u00f3n de la vida personal, y no negativo, de repulsa de la dimensi\u00f3n corp\u00f3rea. El pudor es una \u00abreserva\u00bb de intimidad, de secreto, de fuerza, generador de fuerza espiritual, y como tal, sobre todo en los a\u00f1os de formaci\u00f3n de la personalidad, \u00abel baluarte m\u00e1s seguro de la vida moral\u00bb (E. Masure). Si el pudor es fuerza, el impudor es debilidad, espiritual y hasta metaf\u00ed\u00adsica. Lo que reduce a la persona a corporeidad desconoce su sentido m\u00e1s profundo y su dimensi\u00f3n metaf\u00ed\u00adsica; en este sentido, la obscenidad es una culpa en sentido metaf\u00ed\u00adsico m\u00e1s a\u00fan que en sentido moral. Como indica Sartre. \u00ablo obsceno aparece cuando el cuerpo adopta ciertas actitudes que lo despojan totalmente de sus actos y que le revelan la inercia de su carne\u00bb (o.c. 489). El impudor significa captar al otro y aceptar ser captados por el otro, en la \u00abinercia de la carne\u00bb, en la repulsa de la globalidad de la vida personal.<\/p>\n<p>En este sentido puede aceptarse, por encima de toda valoraci\u00f3n contingente y por lo mismo relativa, la condensaci\u00f3n \u00e9tica del desnudismo, en cuanto filosof\u00ed\u00ada incluso antes que como praxis, y filosof\u00ed\u00ada basada, m\u00e1s a\u00fan que en el desconocimiento de la realidad o al menos de la posibilidad del mal, en el mito tan conocido del bon sauvage, gracias al cual todo lo que es \u00abprimitivo\u00bb es necesariamente bueno, de modo que la reducci\u00f3n al estado primitivo significar\u00ed\u00ada autom\u00e1ticamente el retorno a una inocencia absoluta y primigenia. Se olvida de esta forma que la sexualidad es bivalente y que su positividad s\u00f3lo puede captarse bajo el signo de la negatividad que la amenaza, aunque s\u00f3lo potencialmente, y que la persona est\u00e1 llamada a superar, no ya en la ilusi\u00f3n de encontrar en el sexo un lugar hipot\u00e9tico m\u00e1s all\u00e1 del bien y del mal, sino a trav\u00e9s de la toma de conciencia de la propia vocaci\u00f3n, el dominio de todas las energ\u00ed\u00adas que se disputan el se\u00f1or\u00ed\u00ado de la persona.<\/p>\n<p>A este dominio tendr\u00e1 que dirigirse, en el cuadro de una educaci\u00f3n general en el amor, la educaci\u00f3n en el pudor, entendida no como negaci\u00f3n de la corporeidad, sino como asunci\u00f3n completa de esa corporeidad en la personalidad, y en la personalidad situada en el mundo y en la relaci\u00f3n necesaria con los dem\u00e1s. No hay nada que pueda ayudar a la persona a situarse a s\u00ed\u00ad misma y a su propia sexualidad en relaci\u00f3n con los dem\u00e1s, m\u00e1s all\u00e1 de toda tentaci\u00f3n de encerramiento o de solipsismo, tanto como el sentido del pudor.<\/p>\n<p>La repulsa tradicional, t\u00ed\u00adpica de la \u00e9tica cristiana, de todo lo que es indecoroso, obsceno, impuro, vuelve a adquirir de este modo, por encima de todo exceso puritano, su significado- positivo de reconocimiento y de afirmaci\u00f3n del cuerpo, del sexo, del amor; en la conciencia de que s\u00f3lo las barreras levantadas por el pudor consentir\u00e1n a la sexualidad desarrollarse arm\u00f3nicamente y hacerse disponible al otro&#8217; en el amor. La finalidad de toda aut\u00e9ntica educaci\u00f3n en el pudor consiste en hacer a la persona capaz de entregarse al otro en el amor conyugal (o, en el caso de la virginidad, de ofrecer el propio cuerpo en la entrega total a Otro que nos trasciende). Dentro de esta perspectiva asumen importancia \u00e9tica las culpas contra el pudor, aun cuando, lo mismo que en los dem\u00e1s terrenos de la moral, el grado de culpabilidad se medir\u00e1 por el grado de conciencia y de responsabilidad efectiva.<\/p>\n<p>Ciertamente, nunca podr\u00e1n despreciarse, frente a esos fen\u00f3menos difusos de p\u00e9rdida del sentido del pudor, los condicionamientos ambientales, la influencia de los mass media, la existencia de un clima general erotizante [\/Pornograf\u00ed\u00ada y erotismo], ni podr\u00e1 entenderse como p\u00e9rdida del sentido del pudor una justa reacci\u00f3n contra cierto puritanismo sustancialmente hip\u00f3crita; pero ser\u00e1 menester reafirmar el car\u00e1cter personal y social del pecado del impudor y la injusta lesi\u00f3n que representa frente al derecho ajeno al respeto de la propia persona, adem\u00e1s de la repulsa del propio ser aut\u00e9ntico por parte de aquel mismo que manifiesta su falta de pudor.<\/p>\n<p>El punto esencial para la valoraci\u00f3n moral -la l\u00ed\u00adnea dif\u00ed\u00adcil m\u00e1s all\u00e1 de la cual uno se hace impuro y no puede ya \u00abentrar en el reino de Dios\u00bb, seg\u00fan la severa advertencia paulina (cf G\u00e1l 5:19-21)- est\u00e1 en la constante referencia del pudor a la esfera de la vida personal. La verdadera discriminaci\u00f3n \u00e9tica pasa, tambi\u00e9n en el caso del pudor, entre aquello que capta la totalidad del ser y aquello que percibe solamente un aspecto del mismo, circunscribiendo a la persona dentro de la pura corporeidad. De este modo el pudor se relaciona con el amor, y no s\u00f3lo con el amor sexual, hasta llegar a formar un elemento esencial e insustituible del mismo, de modo que sin pudor no hay amor. En efecto, el amor puede revelarse en la medida en que el pudor sabe ocultar al otro el ser profundo de la persona, hasta el momento en que cada uno se siente amado y aceptado en su totalidad, y no s\u00f3lo en su propia corporeidad. Entonces el pudor pierde su raz\u00f3n de ser y queda asumido en el plano del amor: de un amor que, como dice Kierkegaard, nace de la intimidad y consiguientemente del pudor, ya que \u00abel amor ama el misterio, el amor ama el silencio\u00bb (11 diario del seduttore, Tur\u00ed\u00adn 1921, 114).<\/p>\n<p>G. Campanini<br \/>\nVI. Nuevas demandas de pudor en el mundo contempor\u00e1neo<br \/>\nEl \u00e1mbito m\u00e1s propio y m\u00e1s t\u00ed\u00adpico dentro del cual se explica el sentimiento del pudor es la esfera de la corporeidad\/sexualidad de la persona; lo hemos visto aqu\u00ed\u00ad [l supra, I-V]. Mas no se puede negar que el pudor, entendido ciertamente en sentido m\u00e1s amplio, como respeto a la esfera existencial del pr\u00f3jimo, como capacidad de saber detenerse en el umbral de la casa ajena sin pretender invadirla por la fuerza, debe ser una caracter\u00ed\u00adstica de toda genuina relaci\u00f3n entre personas. Esta exigencia, por lo dem\u00e1s, est\u00e1 de acuerdo con las nuevas demandas de pudor que parecen emerger en el mundo contempor\u00e1neo. Ello sugiere ampliar el discurso sobre el pudor tambi\u00e9n a otras \u00e1reas del vivir humano.<\/p>\n<p>1.PUDOR Y COMUNICACI\u00ed\u201cN. La relaci\u00f3n interpersonal se funda en la comunicaci\u00f3n. Esta hace patente la existencia de los sujetos que se comunican; por tanto, el saber uno del otro es un elemento estructural de la relaci\u00f3n intersubjetiva. Mas en este proceso de saber y dejarse saber, de conocer al otro y de darse a conocer al otro, funciona un mecanismo de selecci\u00f3n que obedece a din\u00e1micas inconscientes y a deseos precisos de quienes se comunican. Ciertas zonas de la historia y del alma de la persona son adrede mantenidas en secreto o reveladas al otro siguiendo una l\u00f3gica de gradualidad que regula toda la relaci\u00f3n interpersonal. Por tanto, decir o no decir, revelar u ocultar son dos elementos bipolares igualmente importantes para la estructura de la comunicaci\u00f3n. Esta se rige por una modulaci\u00f3n de cercan\u00ed\u00ada\/ distancia, continuidad\/ interrupci\u00f3n, cuyas proporciones var\u00ed\u00adan seg\u00fan la diferenciaci\u00f3n del modelo de relaci\u00f3n.<\/p>\n<p>\u00bfC\u00f3mo se inscribe el tema del pudor en este \u00e1mbito espec\u00ed\u00adfico de la experiencia humana? Ciertamente como actitud de aceptaci\u00f3n radical de la condici\u00f3n bipolar de la comunicaci\u00f3n; el que no acepta esta condici\u00f3n fundamental de relacionarse con el otro en la dial\u00e9ctica de la cercan\u00ed\u00ada\/ distancia, tiende a superar umbrales no s\u00f3lo cuantitativos (datos de conocimiento), sino tambi\u00e9n formales de intangibilidad de la persona.<\/p>\n<p>Confiarse es un hecho importante en el intercambio personal; mas si no est\u00e1 rodeado por el pudor, por la voluntad de esperar que el otro se revele o de consentir que el otro se ofrezca como don, se convierte en algo arrancado fraudulenta e imp\u00fadicamente. Pero puede ocurrir que tambi\u00e9n el que se revela carezca de pudor, en el sentido de hacer confidencias que no se deber\u00ed\u00adan comunicar. Ello puede ser efecto de incapacidad para vivir consigo mismo y en s\u00ed\u00ad mismo, para llevar el peso de determinadas situaciones. El adolescente que cuenta hasta en los m\u00e1s m\u00ed\u00adnimos detalles sus experiencias muestra, m\u00e1s que capacidad de comunicaci\u00f3n, inestabilidad y labilidad. Educarse en el sentido del pudor para decir o no decir, para querer saber y para saber permanecer en el umbral de apertura del otro es un itinerario importante tambi\u00e9n para la maduraci\u00f3n de la misma relaci\u00f3n. Una capacidad real de comprender, saber llevar el peso del conocer, como tambi\u00e9n una forma sutil de respeto a s\u00ed\u00ad mismo y a la voluntad de guardar la propia intimidad constituyen la base de una relaci\u00f3n comunicativa p\u00fadica y la libran del peligro de convertirse en invasi\u00f3n de zonas que piden en cambio permanecer protegidas para seguir siendo y ser cada vez m\u00e1s humanas.<\/p>\n<p>2. PUDOR E INFORMACI\u00ed\u201cN. La sociedad de los mass media [\/ Comunicaci\u00f3n social; \/Informaci\u00f3n; \/ Publicidad y propaganda] en que vivimos cuenta mucho con la l\u00f3gica de la indiscreci\u00f3n: cuanto m\u00e1s se consigue sonsacar de la esfera privada de los individuos, de los grupos, de los Estados, tanto m\u00e1s se pueden llenar los contenedores de la informaci\u00f3n. De ah\u00ed\u00ad la falta de prejuicios en la recogida de noticias, la fantas\u00ed\u00ada en elaborarlas y en \u00abcrear\u00bb nexos o supuestos inexistentes por parte de ciertos profesionales de la informaci\u00f3n. Con teleobjetivos que van a escudri\u00f1ar hasta en los \u00e1ngulos m\u00e1s rec\u00f3nditos se consuma muchas veces la innoble profanaci\u00f3n de la esfera de la intimidad de la persona; sin hablar ya del da\u00f1o, a menudo irremediable, ocasionado por ciertas insinuaciones difundidas a gran escala; no rara vez tienen lugar verdaderas y aut\u00e9nticas crisis biogr\u00e1ficas, que desgarran la existencia y la deforman para siempre.<\/p>\n<p>El pudor en el campo de la informaci\u00f3n se convierte hoy en una instancia \u00e9tica cada vez m\u00e1s fuerte, sobre todo ante la existencia de t\u00e9cnicas sumamente refinadas de acumulaci\u00f3n y elaboraci\u00f3n de datos con la posibilidad de obtener las m\u00e1s inesperadas informaciones [\/ Inform\u00e1tica]. Todo esto hace comprensibles las alarmas lanzadas desde muchas partes en defensa del derecho del ciudadano a que se respete su vida privada. Lo que se requiere no es s\u00f3lo una intervenci\u00f3n de car\u00e1cter legislativo que regule la materia, sino una actitud de discreci\u00f3n inspirada en el pudor: la justa reivindicaci\u00f3n de la libertad profesional del \/periodista debe conjugarse con el derecho del ciudadano, que es persona inviolable y no objeto de saqueo, en relaci\u00f3n con su privacy, Tambi\u00e9n en este \u00e1mbito puede verificarse un \u00abdespojamiento\u00bb, un \u00abponer al desnudo\u00bb al otro, cuando se ataca sin pudor su intimidad y se la reduce a \u00abalgo que saber\u00bb o a \u00abnoticia\u00bb que vender. El pudor en esta esfera de la vida colectiva tiene una enorme importancia, porque tiende a proteger no s\u00f3lo al individuo, sino la posibilidad misma de una convivencia social confiada.<\/p>\n<p>3. PUDOR Y POLITICA. Por extra\u00f1a que pueda resultar a primera vista la asociaci\u00f3n de pudor y pol\u00ed\u00adtica, si bien se considera tiene su justificaci\u00f3n. En l pol\u00ed\u00adtica, las partes sociales se encuentran y chocan dentro de un Estado en la busca de las mejores soluciones posibles a los problemas del bien com\u00fan. Todo esto se articula en hechos de comunicaci\u00f3n en negociaciones, en intercambio de opiniones, en consultas, incluso en una sesi\u00f3n electoral.<\/p>\n<p>En la presentaci\u00f3n del propio punto de vista en orden a la soluci\u00f3n de los problemas, cada una de las partes puede inspirarse en estratagemas de poder, haciendo ostentaci\u00f3n de soluciones demasiado f\u00e1ciles en relaci\u00f3n con la complejidad de los hechos y faltando as\u00ed\u00ad al pudor para con las partes cuya adhesi\u00f3n de consenso o de voto se solicita. Esta desverg\u00fcenza no hace ciertamente que puedan traducirse en la pr\u00e1ctica las falsas soluciones propuestas; incluso se corre el riesgo de que se comprometan las relaciones entre las mismas fuerzas pol\u00ed\u00adticas.<\/p>\n<p>En cuanto al \u00e1mbito internacional, puede decirse que la falta de pudor se vuelve estructural mediante el recurso a la pr\u00e1ctica del espionaje y del contraespionaje, aun no ignorando que formular un juicio \u00e9tico sobre los varios \u00abservicios de inteligencia y de defensa\u00bb es algo m\u00e1s bien complejo, si se tienen en cuenta las amplias zonas de sombra que a\u00fan escapan a cualquier reglamento en las relaciones entre los Estados.<\/p>\n<p>La exigencia del pudor se hace sentir tambi\u00e9n en la esfera legislativa. En sistemas parlamentarios fr\u00e1giles existe el riesgo de que se promulguen leyes en favor de intereses corporativos, y no en orden al bien p\u00fablico. Una forma concreta de pudor en esta esfera puede consistir en que el cuerpo legislativo adopte una actitud de defensa del valor de la totalidad, a cuya luz hay que contemplar la colectividad para la que se legisla.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n el pudor es objeto de ley. Intervenciones legislativas demasiado intransigentes podr\u00ed\u00adan ignorar la complejidad y el car\u00e1cter hist\u00f3rico de las expresiones del pudor; lo mismo que, viceversa, leyes demasiado permisivas podr\u00ed\u00adan ofender el estilo de conducta y la delicadeza de actitud de muchas personas sanamente dominadas por la exigencia de respetar la intimidad propia y ajena.<\/p>\n<p>4. PUDOR Y EDUCACI\u00ed\u201cN. En el campo educativo no son pocas las ocasiones de manipulaci\u00f3n y de plagio. La familia, la escuela y la sociedad intervienen en el educando ofreci\u00e9ndole modelos; pero con frecuencia el modelo educativo no es propuesto, sino impuesto, y con m\u00e9todos de escaso valor persuasivo. El riesgo de invadir la zona \u00ed\u00adntima del educando es grande, aunque se piense que es posible justificarlo afirmando que el educando carece de la madurez suficiente para hacer elecciones responsables. Pero procediendo de ese modo puede suceder que se le impongan al educando modelos pedag\u00f3gicos que en realidad son funcionales m\u00e1s de la ideolog\u00ed\u00ada de la empresa \u00abeducativa\u00bb que del bien del interesado.<\/p>\n<p>Se exige una discreci\u00f3n muy particular y hay que cultivar un pudor especial cuando se trata de intervenir en la din\u00e1mica de las elecciones ajenas para orientarlas. Es sabido que el intinerario de la decisi\u00f3n moral es muy complejo y que el sujeto se ve involucrado en \u00e9l, a veces de un modo torcido y doloroso, con la totalidad de su ser. Intervenir en ese proceso puede significar a veces falta de respeto a la autonom\u00ed\u00ada del que anda buscando, si no equivale incluso a se\u00f1alarle normas puramente objetivas, que el interesado es incapaz de asimilar aqu\u00ed\u00ad y ahora. Una pedagog\u00ed\u00ada moral inspirada en la sabidur\u00ed\u00ada y en el pudor toma en serio al otro como persona y como sujeto de decisi\u00f3n; sabe decir, pero eventualmente sabe tambi\u00e9n callar sobre el contenido de las exigencias morales objetivas; sabe valorar prudentemente el grado de sensibilidad \u00e9tica del interesado y sus posibilidades concretas de realizar los valores morales, refiri\u00e9ndoles a su historia personal, que en todo caso es sustra\u00ed\u00adda en su globalidadala mirada del que ejerce la funci\u00f3n de la educaci\u00f3n o del magisterio moral. Recu\u00e9rdese a este prop\u00f3sito que tambi\u00e9n los viejos manuales de moral formulaban directrices muy prudentes respecto a la \u00abcorrecci\u00f3n fraterna\u00bb; para el confesor se preve\u00ed\u00ada la obligaci\u00f3n de no turbar la buena fe del penitente que ingnoraba la malicia \u00e9tica de una determinada conducta si se preve\u00ed\u00ada que los esfuerzos hechos para eliminarla ignorancia invencible, en virtud de la cual sus pecados pasados hab\u00ed\u00adan sido puramente \u00abmateriales\u00bb, habr\u00ed\u00adan de inducirle no a convertirse, sino a cometer en el futuro verdaderos y aut\u00e9nticos pecados \u00abformales\u00bb.<\/p>\n<p>5. PUDOR Y HOSPITALIDAD. La casa en que los hombres habitan es la prolongaci\u00f3n de la corporeidad que les distingue. Ella \u00abhabla\u00bb de ellos, y a la vez los esconde; permite que est\u00e9n a solas, libres de las miradas ajenas, pero tambi\u00e9n que se re\u00fanan con los dem\u00e1s. Se puede hablar de una dimensi\u00f3n de pudor tambi\u00e9n en este \u00e1mbito preciso. La virtud de la hospitalidad no tiene nada que ver con permitir que la casa de uno sea indistintamente frecuentada por cualquiera. Ella permite introducir en la propia intimidad dom\u00e9stica a aquellas personas con las que se mantienen relaciones o se intenta establecerlas. En cualquier caso, es necesario el pudor, tanto en el que hospeda a otros en su casa como en el que es hospedado; en efecto, se puede faltar a la discreci\u00f3n y al respeto si, justamente por medio de la casa, se penetra demasiado a fondo en la vida del que hospeda; y, por otra parte, el que&#8217; invita ha de saber fijarse el grado de intimidad en que intenta admitir al hu\u00e9sped, si no.quiere perder su identidad personal.<\/p>\n<p>No se puede menos de pensar en la grosera falta de pudor, en la \u00abdesverg\u00fcenza\u00bb del que penetra en la casa ajena y la devasta. El ladr\u00f3n no es culpable s\u00f3lo del da\u00f1o ocasionado con la sustracci\u00f3n de bienes, sino tambi\u00e9n de la violaci\u00f3n del espacio \u00ed\u00adntimo, de la profanaci\u00f3n del santuario de una persona, de sus recuerdos, de sus objetos; de su corporeidad, que en aquellas cosas se prolonga y se expresa.<\/p>\n<p>[\/Educaci\u00f3n sexual; \/Pornograf\u00ed\u00ada y erotismo; \/Sexualidad].<\/p>\n<p>BIBL.: CAMPANINI G., fl censo del pudore, en \u00abStudium\u00bb 61 (1965); CxmRnt G., La prudenza deH\u00e9ros. I fondamenti etico-antropologiei del pudore, WM Editrice, Atripalda (AV) 1987; FntoaM A. M., Pudore en Enciclopedia filosof:ca V, Sansoni, Florencia 1968; GNNCNEDI F., II problema delpudore en \u00abCC\u00bb 136 (1979) II, 558569; GU1TlON J. Hacia la unidad en el amor, Fax, Madrid 1963; HILDEHRAND D. van, Purezza e verginit\u00e1, Borla, Tur\u00ed\u00adn 1956; Jnrrr;EcEvmce V., Trattato delle virtti, Garzanti, Mil\u00e1n 1987; Le SeNxE R., Tratado de moral general, Gredas S.A., Madrid 1973; MELCHIORRE V., Metacritica dell \u00e9ros, Morcelliana, Brescia 1976; In, Il carpo perch\u00e9? Saggio Bulla struttura corporea dellapersona, Morcelliana, Brescia 1979; MOUNIER E., Trattato del carattere, Paoline 1982s; PALACIOS L.E., El pudor, en \u00abNuestro Tiempo\u00bb 12 (1960) 387-390; PARETO V., Alla scopena del pudore, en Scritti sociologici, Utet, Tur\u00ed\u00adn 1961; PETERS B., La valeur morale de 1&#8217;intimit\u00e9 personnelle, en \u00abStudia Moraba 2 (1964) 191-254; PRADINES M., Trait\u00e9 de psychologie g\u00e9n\u00e9rale III, Par\u00ed\u00ads 1966; REY J., El pudor, Sal Terrae, Santander 1962; SCHELER M., Pudore e sentimiento del pudore, Guida, N\u00e1poles 1979; $OLOVEV V., La justification du bien, vers. fr., Par\u00ed\u00ads 1935; WOJTYLA K., Amor y responsabilidad, Fax, Madrid 1969; ZARRI A., Pudor, en Diccionario de Teolog\u00ed\u00ada Interdisciplinar II, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1982.<br \/>\nA. Autiero<\/p>\n<p>Compagnoni, F. &#8211; Piana, G.- Privitera S., Nuevo diccionario de teolog\u00ed\u00ada moral, Paulinas, Madrid,1992<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario de Teolog\u00eda Moral<\/b><\/p>\n<p>aidos (aijdwv\u00bb, 127), un sentido de verg\u00fcenza, modestia. Se utiliza con respecto al comportamiento de las mujeres en la iglesia (1Ti 2:9); en TR aparece tambi\u00e9n en Heb 12:28 en lugar de deos, \u00abreverencia\u00bb (LBA), \u00fanico pasaje en que se halla en el NT). El pudor es aquella modestia que est\u00e1 arraigada en el car\u00e1cter; el t\u00e9rmino verg\u00fcenza, utilizado por la RV, comporta unas connotaciones negativas inexistentes en \u00abpudor\u00bb, t\u00e9rmino que tambi\u00e9n utiliza Besson; VM traduce \u00abrecato\u00bb. En cuanto a la diferencia entre aidos y aiscune (v\u00e9ase VERG\u00dcENZA bajo AVERGONZAR, B, N\u00c2\u00ba 2), aidos es m\u00e1s objetivo, teniendo consideraci\u00f3n de los dem\u00e1s; es el t\u00e9rmino m\u00e1s intenso. \u00abAidos siempre detendr\u00ed\u00ada a una persona buena de cometer un acto indigno, aiscune detendr\u00ed\u00ada en ocasiones a una persona mala\u00bb (Trench, Synonyms,\u00c2\u00b6\u00c2\u00b6 xix, xx).<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Vine Nuevo testamento<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>[327] Sentimiento de reserva y de delicadeza con respecto a la realidad del propio cuerpo y de todo lo que se refiere al mismo en lo som\u00e1ticos y en lo afectivo. Es sin\u00f3nimo de recato, honestidad, delicadeza y modestia. Aunque muchos ambientes sean poco propicios a su cultivo, no deja de ser una virtud, un &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/pudor\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abPUDOR\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-13210","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/13210","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=13210"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/13210\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=13210"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=13210"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=13210"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}