{"id":13275,"date":"2016-02-05T08:54:53","date_gmt":"2016-02-05T13:54:53","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/reina-maria\/"},"modified":"2016-02-05T08:54:53","modified_gmt":"2016-02-05T13:54:53","slug":"reina-maria","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/reina-maria\/","title":{"rendered":"REINA. MARIA"},"content":{"rendered":"<p>[257]<\/p>\n<p>     El t\u00ed\u00adtulo de Reina de los \u00e1ngeles, que con cierta frecuencia se dio a Mar\u00ed\u00ada a lo largo de los tiempos, expresa simplemente el reconocimiento de su dignidad excelsa, sin que implique alg\u00fan significado sem\u00e1ntico, sociol\u00f3gico o pol\u00ed\u00adtico. Pueden quedar tranquilos los republicanos o los presidencialistas de todo el mundo, pues el alcance del t\u00ed\u00adtulo s\u00f3lo alude a la excelencia, grandeza espiritual y dignidad eclesial que se reconoce en la Madre del Se\u00f1or, seg\u00fan el eco prof\u00e9tico que implica tal t\u00e9rmino.<\/p>\n<p>    Es la idea, y no la palabra, lo que cuenta, como si se aplican a Mar\u00ed\u00ada otros t\u00e9rminos an\u00e1logos: \u00abEmperatriz de los cielos\u00bb, Se\u00f1ora del universo, Dominadora, Due\u00f1a, Patrona, Soberana, etc.<\/p>\n<p>    1. Base b\u00ed\u00adblica<br \/>\n    La entra\u00f1a b\u00ed\u00adblica del t\u00e9rmino \u00abreina\u00bb es manifiesta. En el Antiguo Testamento se llama a Dios Rey (Basileos en griego, Melek o Adonai en hebreo) con frecuencia. Es la expresi\u00f3n equivalente a Se\u00f1or, Dominador, Majestad Universal, Poderoso y Soberano.<\/p>\n<p>    Y en el Nuevo Testamento, el mismo Jes\u00fas se declara poseedor de esa misma dignidad. Cuando afirm\u00f3 que era rey ante Pilato (Jn. 18.37 y Mt. 27.11), evidentemente ten\u00ed\u00ada en su mente el mensaje de supremac\u00ed\u00ada divina que la palabra implicaba para los jud\u00ed\u00ados, pero que poco pod\u00ed\u00ada representar en la ruda mentalidad de un soldado romano como era el Procurador que le interrogaba de oficio.<\/p>\n<p>    Por eso las palabras de Jes\u00fas: \u00abYo soy Rey, para eso nac\u00ed\u00ad y para eso vine al mundo&#8230;\u00bb; O bien, \u00abMi reino no es de este mundo, que, si de este mundo fuera, mis soldados me habr\u00ed\u00adan defendido para no caer en manos de los jud\u00ed\u00ados\u00bb (Lc. 23. 3-5; Jn. 18. 33-37), son un reclamo de la dignidad divina que se atribuye ante sus jueces y que confirmar\u00e1 con el signo de su resurrecci\u00f3n.<\/p>\n<p>    Los textos son claros, uno a uno y en conjunto: Mt. 2. 2.; Mt. 25. 34; Mt. 27. 11; Mt. 27. 37; Mc. 15. 2; Lc. 23. 3; Jn. 18. 3. El com\u00fan denominador de ellos es la supremac\u00ed\u00ada del enviado de Dios.<\/p>\n<p>    Mar\u00ed\u00ada es considerada Reina y proclamada siempre como tal, por ser Madre de Jes\u00fas Rey y Dios, Se\u00f1or y soberano del universo. Es mirada como Se\u00f1ora y Soberana por analog\u00ed\u00ada con su Hijo Jes\u00fas, y con resonancia claramente b\u00ed\u00adblica. Es Reina de \u00ed\u00adndole participativa, no de manera aut\u00f3noma.<\/p>\n<p>    Subida al cielo en cuerpo y alma, es mirada y proclamada por la Iglesia como Reina de los \u00e1ngeles, Dominadora del Universo, Due\u00f1a y Se\u00f1ora. Pero su realeza no es de este mundo.<\/p>\n<p>    El s\u00ed\u00admbolo de su dignidad fue siempre la mujer del Apocalipsis, coronada del sol y de las estrellas, y con la luna bajo sus pies. (Apoc. 12. 3). En esa figura los comentaristas vieron siempre a la Iglesia y, con ella, al miembro humano m\u00e1s excelente de la Iglesia, a la Virgen Mar\u00ed\u00ada.<br \/>\n  Curiosa forma de dise\u00f1ar la realeza de la humilde Virgen Mar\u00ed\u00ada<br \/>\n  2. Reconocimiento eclesial<br \/>\n    Acogida en el cielo y elevada por encima de los \u00e1ngeles y santos, es mirada siempre como Reina y Se\u00f1ora. Los Padres y escritores primitivos ya se hicieron eco de ese t\u00ed\u00adtulo mariano. Siempre la llamaron Se\u00f1ora ante todo, como llamaban las gentes sencillas a las damas de gran distinci\u00f3n. Eso significaba que se la reconoc\u00ed\u00ada como Due\u00f1a de los corazones, Patrona y protectora de los d\u00e9biles, Soberana de todas las criaturas, Madre poderosa y tierna.<\/p>\n<p>     2.1. Testimonios<br \/>\n    Fueron abundantes en todos los tiempos. San Juan Damasceno (De fide orth. 4. 1. 4) o Andr\u00e9s de Creta (Homil. 2) son algunos de los primeros. Y fueron los artistas y los escritores bizantinos los que m\u00e1s resaltaron la imagen coronada de la Madre del Se\u00f1or, que luego pasar\u00ed\u00ada a los templos occidentales.<\/p>\n<p>    El Pantocrator, figura del Rey universal tan familiar en Grecia, Siria o Alejandr\u00ed\u00ada para reflejar el poder de Cristo, se adapt\u00f3 muy pronto a la figura de la Madre. La identificaci\u00f3n con la dignidad real se realiz\u00f3 con naturalidad.<\/p>\n<p>    El mensaje de la realeza se transmiti\u00f3 sin dificultad a los tiempos posteriores, sobre todo en la \u00e9poca tan caballeresca que fue la Edad Media. La ant\u00ed\u00adfona m\u00e1s extendida, Salve Regina, probablemente de S. Bernardo, recoge el sentido de la realeza vital y maternal de Mar\u00ed\u00ada. San Buenaventura recuerda que \u00abel que quiera obtener la gracia de Jes\u00fas, debe acudir al trono de la gracia que sostiene a Jes\u00fas, la Virgen Mar\u00ed\u00ada.\u00bb (Serm\u00f3n sobre los siete dones del Esp. Sto.)<\/p>\n<p>    Tuvo que venir la reticencia antirromana de la Reforma protestante para poner en entredicho esa dignidad mariana, combatiendo con miop\u00ed\u00ada teol\u00f3gica cualquier excelencia que pudiera atentar a la preeminencia del Hijo.<\/p>\n<p>    La proclamaci\u00f3n de la realeza de Mar\u00ed\u00ada se mantuvo. Y una fiesta lit\u00fargica, celebrada el 22 de Agosto y establecida por P\u00ed\u00ado XII en 1955, recuerda a la Reina del cielo y del mundo.<\/p>\n<p>   2.2. Significado y razones<br \/>\n    Evidentemente el sentido de la realeza de Mar\u00ed\u00ada est\u00e1 m\u00e1s all\u00e1 de las connotaciones de poder humano que implica la monarqu\u00ed\u00ada. Mar\u00ed\u00ada no naci\u00f3 para mandar a los hombres sino para servir a Dios. Cualquier resonancia terrena del t\u00ed\u00adtulo de realeza ser\u00ed\u00ada una profanaci\u00f3n. La raz\u00f3n \u00faltima y m\u00e1s profunda de la dignidad regia de Mar\u00ed\u00ada reside en su maternidad divina. Si Cristo es rey, su madre tiene que ser reina en los lenguajes de los pueblos antiguos y en la historia de los reinos que han surcado la Historia. En los pueblos o en los tiempos en que las monarqu\u00ed\u00adas humanas pierden vigencia, pues se desdibujan los derechos hereditarios y se incrementan los reclamos democr\u00e1ticos, como son los actuales, la realeza mariana, como la del mismo Cristo, sigue siendo oportuna y ofreciendo una perfecta y total significaci\u00f3n prof\u00e9tica, m\u00ed\u00adstica y escatol\u00f3gica<\/p>\n<p>    3. Dimensi\u00f3n cristol\u00f3gica<br \/>\n    Cristo, en virtud de la uni\u00f3n hipost\u00e1tica, es Rey y Se\u00f1or como hombre unido a Dios y como Dios encarnado en el hombre. Es rey de todo lo creado (Lc. 1. 32). Su Madre, por serlo de Cristo Dios y hombre, lo es por doble raz\u00f3n. Es la madre del hombre Jes\u00fas, unido a Dios. Es la Madre de Dios encarnado. Por eso la Iglesia la llam\u00f3 siempre Madre del Se\u00f1or y la considero como Reina por participaci\u00f3n (Lc. 1.43).<\/p>\n<p>    Es preciso resaltar esta consideraci\u00f3n y terminolog\u00ed\u00ada y definir bien una dignidad sin quedarse s\u00f3lo en la met\u00e1fora.<\/p>\n<p>    La participaci\u00f3n de Mar\u00ed\u00ada en la Encarnaci\u00f3n y en la Redenci\u00f3n la otorgan una dignidad real y aut\u00e9ntica. No es una simple de simpat\u00ed\u00ada para quien la mira con agradecimiento. Es Dios quien la ha encumbrado, como ella misma reconoce en el Magnificat que Lucas nos relata: \u00abEl Se\u00f1or ha hecho en mi maravillas, bienaventurada me llamar\u00e1n todas las generaciones\u00bb (Lc. 2.48)<\/p>\n<p>    Por eso siempre se ha mirado unido el concepto de la realeza de Mar\u00ed\u00ada con la realeza de Jes\u00fas. Jes\u00fas es Rey de los hombres porque \u00ablos ha comprado con su sangre preciosa\u00bb (1 Cor. 6. 20; Petr. 1. 18). Mar\u00ed\u00ada es Reina y Se\u00f1ora por haber participado en esa labor de salvaci\u00f3n<br \/>\n    En la sublime dignidad de Mar\u00ed\u00ada, como Reina de cielo tierra, se funda la poderosa eficacia de intercesi\u00f3n maternal, como reconoce la Enc\u00ed\u00adclica \u00abAd coeli reginam\u00bb de P\u00ed\u00ado XII, de 1954.<\/p>\n<p>    Es importante resaltar la visi\u00f3n y la misi\u00f3n prof\u00e9tica de la realeza mariana, sin la que no es posible entenderla bien.<\/p>\n<p>Pedro Chico Gonz\u00e1lez, Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00ed\u00ada Religiosa, Editorial Bru\u00f1o, Lima, Per\u00fa 2006<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00eda Religiosa<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>[257] El t\u00ed\u00adtulo de Reina de los \u00e1ngeles, que con cierta frecuencia se dio a Mar\u00ed\u00ada a lo largo de los tiempos, expresa simplemente el reconocimiento de su dignidad excelsa, sin que implique alg\u00fan significado sem\u00e1ntico, sociol\u00f3gico o pol\u00ed\u00adtico. 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