{"id":13276,"date":"2016-02-05T08:54:55","date_gmt":"2016-02-05T13:54:55","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/religiosos\/"},"modified":"2016-02-05T08:54:55","modified_gmt":"2016-02-05T13:54:55","slug":"religiosos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/religiosos\/","title":{"rendered":"RELIGIOSOS"},"content":{"rendered":"<p>[266]<br \/>\n   Se denominan as\u00ed\u00ad a las personas que se comprometen de alguna manera con Dios y con la Iglesia (con los creyentes) en determinado g\u00e9nero de vida que aparece como extraordinario ante los dem\u00e1s. Implica compromiso p\u00fablico y social, avalado por votos o promesas, o al menos una intenci\u00f3n explicitada ante los dem\u00e1s creyentes. Surgen movidos por un esp\u00ed\u00adritu interior o vocaci\u00f3n especial, que les lleva a vivir personalmente el mensaje evang\u00e9lico con m\u00e1s intensidad y prestar a la comunidad un servicio de fe, espiritual o material, para beneficios del a comunidad cristiana.<\/p>\n<p>    1. Los or\u00ed\u00adgenes<br \/>\n    Los \u00abreligiosos\u00bb, en el sentido m\u00e1s general del t\u00e9rmino, se han dado en todas las religiones antiguas (Egipto, Mesopotamia, incluso grupos arcaicos americanos) y en todos los sistemas o religiones que duran hasta hoy (hinduismo, budismo, confucionismo, mahometismo. juda\u00ed\u00adsmo).<\/p>\n<p>    Es  normal que hayan surgido en el cristianismo desde los primeros momentos de su aparici\u00f3n en la tierra. Ni Jes\u00fas ni sus primeros Ap\u00f3stoles fueron \u00abreligiosos establecidos\u00bb, sino piadosos miembros de una comunidad naciente, que cumpli\u00f3 la Ley de Mois\u00e9s sin ser del Templo, que predicaban la esperanza en la salvaci\u00f3n sin apartarse a la soledad, que viv\u00ed\u00adan en torno a un maestro carism\u00e1tico sin tener una regla o norma escrita de vida.<\/p>\n<p>    Sin embargo ya en los primeros grupos cristianos surgieron movimientos especiales que se fueron organizando en relaci\u00f3n a la comunidad, pero con formas peculiares de vida: los Ap\u00f3stoles, despu\u00e9s de la resurrecci\u00f3n, se sintieron \u00ablos doce\u00bb, y eligieron a uno para reemplazar al traidor (Hech. 1.7); los di\u00e1conos para el servicio de los pobres (Hech. 6.1.7); las viudas&#8230; (1 Tim. 5. 9)&#8230; los evangelizadores&#8230; (Hech. 11.19)<\/p>\n<p>    Es bueno recordar que ya antes de Jes\u00fas hab\u00ed\u00adan surgido esos grupos \u00abmarginales\u00bb en el juda\u00ed\u00adsmo, precedentes, si es que no fueron algo m\u00e1s, de los grupos religiosos posteriores. Existieron, por ejemplos las \u00abcomunidades de profetas\u00bb a las que tal vez pertenec\u00ed\u00adan El\u00ed\u00adas y Eliseo (2 Rey. 2. 7 y 16 o 4.1). Y en tiempos helen\u00ed\u00adsticos surgieron los esenios que, adem\u00e1s de sus lugares ocultos de Qumram, estuvieron en otras localidades palestinas, seg\u00fan Flavio Josefo (De Bell. jud. VIII. 4 y 13). Y existieron los asideos, o piadosos, huidos a lo montes seg\u00fan los Libros Macabeos (1. Mac. 7. 12 ss. 1 Mac. 2.29-38).<\/p>\n<p>    Eran eco, sin duda, de los grupos que existieron en algunos templos griegos (Delfos, por ejemplo) o romanos (las Vestales), que eran grupos religiosos similares a grupos filos\u00f3ficos semim\u00ed\u00adsticos, como los pitag\u00f3ricos o los neoplat\u00f3nicos.<\/p>\n<p>    Fil\u00f3n de Alejandr\u00ed\u00ada (25 a de C. &#8211; 50 de C.) describi\u00f3 en su libro \u00abDe vida comtemplativa o Libro de los suplicantes\u00bb unos terapeutas, que Eusebio de Cesarea (265-340)) supuso que eran los contemplativos cristianos. Con toda seguridad reflejaron un espectro de \u00aborantes\u00bb m\u00e1s amplio y diversificado, extendido entre jud\u00ed\u00ados, paganos y cristianos.<\/p>\n<p>    El cristianismo pues encontr\u00f3 precedentes y movimientos paralelos de grupos \u00abreligiosos\u00bb que espont\u00e1neamente integr\u00f3 en su esquema de pensamiento y actitud vital, al igual que hizo en otros aspectos: usos y costumbres, lenguajes, arte, estilo fimiliar, normas internas, etc.<\/p>\n<p>    Es probable que despu\u00e9s de la persecuci\u00f3n de Ner\u00f3n ya hubo personas que, por miedo, huyeron o, por desenga\u00f1o, se refugiaron en la soledad de los montes o de los desiertos. Eusebio de Cesarea (265-340), padre de la Historia cristiana con su \u00abHistoria Eclesi\u00e1stica\u00bb, en su libro apolog\u00e9tico \u00abPreparaci\u00f3n Evang\u00e9lica\u00bb afirmaba de ellos: \u00abSobrepasan la naturaleza y la vida ordinaria de la humanidad, renuncian al matrimonio y a la familia, a la propiedad, a la riqueza y se alejan completamente de la vida com\u00fan de los hombres.\u00bb (I.8)<\/p>\n<p>    2. Los ascetas primitivos<br \/>\n    En la Iglesia cristiana, a lo largo de dos milenios han surgido variadas corrientes y forma de entender la vida religiosa y de manifestar diversidad de estilo y compromiso de consagraci\u00f3n o dedicaci\u00f3n, que el buen cristiano debe conocer, respetar y, si es su vocaci\u00f3n, asimilar y compartir. Los presb\u00ed\u00adteros y el obispo dirigieron las comunidades desde el primer momento, pero junto a ellos surgi\u00f3 alg\u00fan tipo de grupos \u00abselectos\u00bb. Se centraron en lo que desde antiguo se llamaron eremitorios y cenobios, vida en soledad y vida en grupo.<\/p>\n<p>   &#8211; Los eremitas surgieron sobre todo en tierras de Egipto, Siria y Palestina, Cartago, entre otros lugares.<\/p>\n<p>    Al comienzo posiblemente no fueron muchos. Pero luego aquellos anacoretas cobraron cierto prestigio social y hubo personas que huyeron a la soledad (fuga mundi) para huir de la persecuci\u00f3n o para llevar vida de oraci\u00f3n pura sin estorbos terrenos. Esos ascetas vivieron en la mayor pobreza y de su trabajo, practicaron el celibato total y se sintieron modelos de vida para los dem\u00e1s cristianos.<\/p>\n<p>   &#8211; Los cenobitas fueron eremitas que entendieron que la vida solitaria perjudicaba a los que la practicaban y les privaba de la relaci\u00f3n con los dem\u00e1s para cumplir con el principal mandamiento del cristiano, que es amar y servir al pr\u00f3jimo. Por diversos motivos naturales y espirituales se fueron pronto agrupando en determinados lugares y coexistieron con los solitarios eremitas.<\/p>\n<p>    Por regla general formaron cenobios (lugares de vida[bios] en com\u00fan[koine)] en com\u00fan) en torno a maestros afamados y capaces de ser objeto de imitaci\u00f3n, origen de instrucci\u00f3n y motores de direcci\u00f3n. Y con frecuencia se ordenaron en torno a normas o reglas dadas por esos maestros. Muchos no han llegado a nosotros, pero los que conocemos son suficientes para entender el sentido de la vida de estos religiosos: pobreza, virginidad total, oraci\u00f3n, trabajo, silencio, caridad, y con frecuencia predicaci\u00f3n por medio de hechos y de virtudes.<\/p>\n<p>    Tal fue el caso de los que, en Egipto, se agruparon en torno a S. Antonio (251-356, abad (padre) de los solitarios cuya vida de 105 a\u00f1os escribi\u00f3 S. Atanasio. O bien el modelo de regidor de cenobios que fue S. Pacomio (290-346), de maestro de oraci\u00f3n como el abad Schenute (348-453). O de las figuras de historicidad dudosa, pero cuyas vidas por motivos catequ\u00ed\u00adsticos escribi\u00f3 S. Jer\u00f3nimo como la de San Pablo de Tebas.<\/p>\n<p>    En Palestina hubo ascetas como S. Hilari\u00f3n (291-371), Seridon (+ 543) o S. Doroteo y su disc\u00ed\u00adpulo S. Epifanio (310-403) o el maestro de monjes San Sabas (439-532). En Siria los hubo famosos como San Efr\u00e9n (306-373). All\u00ed\u00ad surgieron monjes curiosos como los estilitas (habitantes en columnas) como San Sim\u00f3n (390-429) o San Daniel (+493), que estuvieron muchos a\u00f1os en lo alto de una columna aprovechando para predicar a los que se acercaban a ella. Adem\u00e1s en Siria la originalidad lleg\u00f3 a que existieran monjes que viv\u00ed\u00adan enclaustrados en cuevas, en torres, en celdas tapiadas, hasta en \u00e1rboles. As\u00ed\u00ad atra\u00ed\u00adan a devotos para predicarles penitencia.<\/p>\n<p>    3. Estadio monacal<br \/>\n    Los eremitas y cenobitas de Asia Menor (Ponto, Armenia, Panflagonia) fueron numerosos, tal vez los m\u00e1s organizados. La regi\u00f3n ard\u00ed\u00ada en disputas teol\u00f3gica en el siglo III y IV; por eso fue sede de los grandes concilios primitivos. Por eso mismo tambi\u00e9n lo fue en lo cenob\u00ed\u00adtico.<\/p>\n<p>    Eustacio de Sebaste, siglo III, monje y obispo, fue el promotor de  grandes exigencias y de rigorismo de vida, consigo mismo y con los dem\u00e1s, como medio de perfecci\u00f3n, testimonio y servicio.<\/p>\n<p>   3.1. Monjes orientales   Pero San Basilio (329-379), Obispo de Cesarea de Capadocia, y antes monje que conoci\u00f3 y oy\u00f3 al rigorista Eustocio, puede ser considerado el verdadero transformador de los cenobios en aut\u00e9nticos monasterios, con su dos Reglas y su exigencias en donde se armoniza la cultura, la piedad, el servicio social y la dependencia org\u00e1nica y consagrada por votos a un Abad.<\/p>\n<p>   Desde entonces estrictamente aparecen los monjes. Y en la Iglesia se llamar\u00e1n Ordenes (Ordenes regulares) a las sociedad religiosas en las que, seg\u00fan la propia historia, \u00ed\u00adndole o naturaleza, se emiten votos solemnes, al menos por una parte de sus miembros, se vive conforme a una regla, se cultiva el campo y la ciencia y se vive para la oraci\u00f3n y para solo Dios.<\/p>\n<p>    Una oleada de amor a la vida monacal salt\u00f3 las playas del Mediterr\u00e1neo y se extendi\u00f3 por el resto de las regiones cristianas. Las obras de S. Gregorio, que llamar\u00ed\u00adan sus seguidores \u00abEl Grande\u00bb, sobre todo \u00abEl ascetikon\u00bb, sirvieron de cauce admirable.<\/p>\n<p>    En Constantinopla S. Isaac fund\u00f3 en el 382 el primero monasterio aut\u00e9ntico, abriendo una \u00e9poca fecunda de monasterios, hasta constituir una \u00abrep\u00fablica\u00bb de monasterios en torno al Monte Athos\u00bb  el m\u00e1s renombrado de oriente a lo largo de toda la Edad Media, similar a los que en Occidente ser\u00ed\u00ada Monte Casino.<\/p>\n<p>     3.2. Monjes occidentales<br \/>\n    En Africa fue S. Agust\u00ed\u00adn (356-431) el que alent\u00f3 la llama de los monjes que ya exist\u00ed\u00adan, pero que \u00e9l tambi\u00e9n orient\u00f3 con su \u00abRegla mon\u00e1stica\u00bb y con las diversas obras que dedic\u00f3 en el contesto de esa regla; el \u00abOrdo Monasterii Praeceptum\u00bb, que es la Regla propiamente, y la \u00abRegularis Informatio\u00bb, dirigida a la comunidad femenina de Hipona.<\/p>\n<p>    En Occidente la vida monacal brillo con destello impresionantes con la figura de S. Benito de Nursia (480-547) y el movimiento que gener\u00f3 en Montecasino una vez que super\u00f3 la etapa de Subiaco. Los monjes benedictinos se extendieron por toda Europa y luego por mundo de manera portentosa. Su esp\u00ed\u00adritu absorbi\u00f3 durante siglo toda la actividad monacal de Europa.<\/p>\n<p>    En algunos lugares reorientaron, en un sentido de trabajo y oraci\u00f3n, los movimientos monacales prebenedictinos que fueron muchos: (S. Fructuoso, Obispo de Braga (+ 665) en Espa\u00f1a, San Mart\u00ed\u00adn de Tours (315-397) en Francia (316-397), San Patricio (+ 461) en Irlanda, S. Jer\u00f3nimo (347-420) en Italia.<\/p>\n<p>    La fuerza de S. Benito y su \u00abRegla de los monjes\u00bb, con su eje b\u00e1sico \u00abora et labora\u00bb, que de alguna manera reencarn\u00f3 el movimiento basiliano de Oriente, fue durante siglos el esp\u00ed\u00adritu y el estilo del ideal del monje: liturgia, humildad, estabilidad, fidelidad, trabajo, ejemplaridad de vida para los nuevos pueblos que poblaron Europa.<\/p>\n<p>     3.3. Corrientes monacales<br \/>\n    La Edad Media en Occidente fue benedictina, sobre todo. En esp\u00ed\u00adritu benedictino naci\u00f3 el movimiento monacal de San Bonifacio (Wilfrido de Hessen, 675-755) y su monasterio de Fulda erigido en el 744 y matriz de al menos otros 70 monasterios germ\u00e1nicos.<\/p>\n<p>    Tambi\u00e9n en ese esp\u00ed\u00adritu se fue configurando el monacato de Espa\u00f1a, con cientos de monasterios en los territorios reconquistados a los mahometanos, ya que los existentes antes de la invasi\u00f3n del 711 fueron arrasados y muchos de sus monjes martirizados.<\/p>\n<p>    Las reformas benedictinas fueron un rasgo t\u00ed\u00adpico del movimiento monacal medieval, como si el benedictinismo llevara en su entra\u00f1a una fuerte capacidad de reorientarse despu\u00e9s de cada desviaci\u00f3n generada por el paso de los a\u00f1os. La de S. Benito de Aniano, en el imperio de Carlomagno; la de Cluny, iniciada por el abad Bernon (907-927), consolidada por San Od\u00f3n (927-942)  y casi terminada por San Odil\u00f3n (1009-1122), un siglo despu\u00e9s de iniciada; y luego la del C\u00ed\u00adster, que supuso ya una ruptura entre los monjes negros y los monjes blancos.<\/p>\n<p>    Esta \u00faltima, comenzada por San Roberto de Molesme (1028-1111), supuso la gran remodelaci\u00f3n del monje benedictino, estilo y figura que habr\u00ed\u00ada de divulgar con eficacia S. Bernardo de Claraval (1090-1153) con su genial figura, su esp\u00ed\u00adritu y su gran influencia social y eclesial.<\/p>\n<p>    Paralelos a los cistercienses, como gran oleada de renovaci\u00f3n benedictina, surgieron otras formas de monjes, o casi monjes, consagrados a Dios.<\/p>\n<p>   &#8211; Los can\u00f3nigos regulares fueron grupos sacerdotales que viv\u00ed\u00adan con su obispo en cierta forma de comunidad estable. Se multiplicaron en diversos grupos, como, en 1039, los \u00abCan\u00f3nigos de S. Rufo\u00bb, de Avignon; o en 1108 los de \u00abSan V\u00ed\u00adctor\u00bb en Ntre. Dame de Par\u00ed\u00ads.<\/p>\n<p>    Pero los m\u00e1s organizados fueron los Premonstratenses, fundados por S. Norberto de Xanten en 1120 en Premontr\u00e9, cerca de Laon.<\/p>\n<p>   &#8211; Surgieron tambi\u00e9n los nuevos solitarios o eremitas viviendo en comunidad y con normas. Fueron muchos en todos los pa\u00ed\u00adses mediterr\u00e1neos.<\/p>\n<p>    Pero los modelos m\u00e1s consistentes fueron los camaldulenses de San Romualdo (952-1027), que fund\u00f3 en Camaldoli, en los Apeninos, su Orden de solitarios, con la Regla de S. Benito. Tambi\u00e9n el de San Juan Gualberto (+1073), que desarroll\u00f3 en 1039 la Orden de Villaumbrosa cerca de Florencia; y la m\u00e1s conocida, la Cartuja, fundada por S. Bruno (1030-1101) en la Grand Chartreusse, cerca de Grennoble.<\/p>\n<p>   &#8211; Tal vez la modalidad m\u00e1s curiosa o sorprendente sea la de los monjes guerreros, organizados en Ordenes militares, incomprensibles a nuestros ojos de hoy, pero explicables ante la avalancha destructora del islamismo, que amenazaba devorar toda Europa, como lo hab\u00ed\u00ada hecho con Africa y con el Oriente.<\/p>\n<p>    Nacieron para prestar asistencia a los peregrinos de Tierra Santa. Y fueron numerosas, desde los Caballeros de San Juan de Jerusal\u00e9n, fundados en 1048 por Gerardo de Provenza, hasta los Templarios, fundados tambi\u00e9n en Jerusal\u00e9n (Templo, templarios) por Hugo de Payens hacia 1120. El abanico fue ampli\u00e1ndose en Occidente: los caballeros Teut\u00f3nicos, los Caballeros del Sto. Sepulcro, las espa\u00f1olas de Calatrava, Santiago, Alc\u00e1ntara, Montesa, Monte Gaudio, las portuguesa de Avis, etc. Hasta unas 30 diferentes tuvieron alguna significaci\u00f3n militar entre el siglo XI y el XIII<br \/>\n   &#8211; Al mismo tiempo que esos religiosos defensores del cristianismo actuaban con las armas, otros monjes de nuevo estilo se entregaban a las obras de caridad. Los redentores de cautivos fueron los m\u00e1s resonantes con sus redenciones de esclavos. Los Trinitarios de S. Juan de Mata (1154-1213) y de S. F\u00e9lix de Valois (+1212) y los Mercedarios de S. Pedro Nolasco (1180-1249) en Espa\u00f1a fueron admirables y persistentes.<\/p>\n<p>   &#8211; No es necesario recordar que en la casi totalidad de las formas religiosas medievales se dio la modalidad femenina con el mismo esp\u00ed\u00adritu y con las adaptaciones conveniente en la forma de vida y en las regulaciones internas. Las monjas, o los monasterios de monjas, se divulgaron con abundancia por toda Europa y fueron objeto de muchas donaciones, protecciones y apoyos de los poderes civiles y religiosos de cada lugar.<\/p>\n<p>    4. Frailes y conventos<br \/>\n    Los conventos, diferentes de los monasterios por su aspecto material y su regulaci\u00f3n interna, fueron otra realidad desde el siglo XII. No ten\u00ed\u00adan tierras ni propiedades. Los religiosos deb\u00ed\u00adan vivir de su trabajo o de limosnas (mendicantes) que se les ofrec\u00ed\u00adan.<\/p>\n<p>    Dejaron de llamarse \u00abmonjes\u00bb y comenzaron a denominarse \u00abfrailes\u00bb (frater, hermano). Su espiritualidad ya no fue la de la plegaria ante todo, sino el servicio a la Iglesia en diversas formas, ense\u00f1anza, asistencia y predicaci\u00f3n.<\/p>\n<p>    Los frailes se multiplicaron portentosamente. Resultaron beneficiosos, eficaces, promotores de la cultura din\u00e1mica de las c\u00e1tedras universitarias, como los monjes lo hab\u00ed\u00adan sido de la m\u00e1s est\u00e1tica de las bibliotecas de sus monasterios<br \/>\n    Los \u00abHermanos Menores\u00bb que Francisco de As\u00ed\u00ads (1182-1226) fue reuniendo desde 1203 resultaron los m\u00e1s significativos de la nueva forma de religiosos. Dedicados a predicar con el ejemplo y con la palabra, a vivir de limosna o de las aportaciones de su trabajo, configurados definitivamente por S. Buenaventura (1221-1274), abrieron nuevos cauces en diversos grupos en que se ordenaron. Primera Orden y la Segunda Orden se disputaron a San Francisco; y la, Tercera Orden admiti\u00f3 a los seglares.<\/p>\n<p>    Los \u00abHermanos Predicadores\u00bb que en 1207 en Toulouse organiz\u00f3 Santo Domingo de Guzm\u00e1n (1173-1221), poco despu\u00e9s de que en 1207 formara el grupo de Hermanas de Prouille, dieron el estilo m\u00e1s \u00abcatedr\u00e1tico\u00bb de los mendicantes.<\/p>\n<p>    Los servitas o \u00abSiervos de Mar\u00ed\u00ada\u00bb nacieron tambi\u00e9n desde 1249 organizados por los Siete santos Fundadores, de los que los m\u00e1s fijos fueron Bonfiglio Monaldi y Alejo Falconieri.<\/p>\n<p>    La \u00abOrden de Ntra. Sra. de Monte Carmelo\u00bb, o de carmelitas, fue reconocida en 1229 por Gregorio IX con la bula \u00abEx oficii nostri\u00bb. Y la \u00abOrden de los Eremitas de S. Agust\u00ed\u00adn, lo fue por la bula \u00abCum Quaedam salubria\u00bb de Alejandro IV y en 1255 se unificaron los diversos grupos por la bula \u00abLicet Ecclesiae catholicae\u00bb del mismo Papa.<\/p>\n<p>     5. Cl\u00e9rigos regulares<br \/>\n    Los tiempos modernos impusieron cambios enormes por los viajes intercontinentales, por la renovaci\u00f3n de los lenguajes art\u00ed\u00adsticos y sociales, por el incremento de la cultura. Nuevas formas y estilos religiosos se extendieron por los pa\u00ed\u00adses cat\u00f3licos y tambi\u00e9n llegaron a los lejanos mundos de misi\u00f3n que se iban descubriendo y cristianizando.<\/p>\n<p>   &#8211; Los Jeronimianos, o Hermanos de la vida com\u00fan, iniciados por Gerardo Groot (1340-1384), llenaron la Europa central de Centros docentes diferentes de las cl\u00e1sicas universidades. El elemento teol\u00f3gico y filos\u00f3fico de \u00e9stas se sustituy\u00f3 por los lo literario y por la educaci\u00f3n cient\u00ed\u00adfica. Y una \u00abDovotio moderna\u00bb reemplaz\u00f3 a la \u00abDevotio eclesiae\u00bb anterior.<\/p>\n<p>    Los \u00abHermanos de la Vida com\u00fan\u00bb son los primeros que protagonizaron esa ruptura que supuso el Renacimiento. Rompieron con la tradici\u00f3n, inspirados por los humanistas literatos y sociales del momento. Y abrieron las puertas a la modernidad. En ese contexto aparecieron las diversas familias de Cl\u00e9rigos Regulares que lucharon contra las pretensiones religiosas de los Reformadores luteranos y se pusieron de parte de las exigencias del Concilio de Trento (1545-1563) antes y despu\u00e9s de que fueran publicadas sus decisiones y consignas disciplinares.<\/p>\n<p>     El ritmo de aparici\u00f3n de estas familias es ya significativo: en 1524 teatinos, en 1526 Cl\u00e9rigos regulares del Buen Jes\u00fas, en 1530 Barnabitas, en 1532 Somascos, en 1540 Jesuitas, en 1582 Camilianos, en 1574 Cl\u00e9rigos de la Madre de Dios, en 1588 Cl\u00e9rigos regulares Menores, en 1597 Escolapios.<\/p>\n<p>    El esp\u00ed\u00adritu clerical, consustancial al entorno cultural italiano, desencaden\u00f3 una cascada de obras de esta naturaleza, impensables sin la clericatura:<br \/>\n   &#8211; S. Juan Leonardo (1541-1609) formo los \u00abCl\u00e9rigos seculares de la Madre de Dios\u00bb y se entreg\u00f3 a la ense\u00f1anza de la doctrina en iglesias y oratorios.<\/p>\n<p>   &#8211; S. Cayetano De Thiene (1480-1547) se movi\u00f3 en Roma, Venecia, N\u00e1poles, con la predicaci\u00f3n confiada a su \u00abCompa\u00f1\u00ed\u00ada de Cl\u00e9rigos Regulares\u00bb, configurada a partir del \u00abOratorio romano del divino Amor\u00bb.<\/p>\n<p>   &#8211; San Antonio Mar\u00ed\u00ada Zaccaria (1502-1539) pas\u00f3 de m\u00e9dico a sacerdote y fue el fundador de los \u00abCl\u00e9rigos de S. Pablo\u00bb.<\/p>\n<p>   &#8211; S. Jer\u00f3nimo Emiliani (1486-1537) form\u00f3 la \u00abCompa\u00f1\u00ed\u00ada de los Siervos de los Pobres\u00bb y sembr\u00f3 Italia de asilos para hu\u00e9rfanos e indigentes.<\/p>\n<p>   &#8211; San Francisco Caracciolo (1551-1614) orden\u00f3 los \u00abCl\u00e9rigos Menores Regulares de la Madre de Dios\u00bb.<\/p>\n<p>    Y especial menci\u00f3n merece dos espa\u00f1oles fundadores en Roma, de amplia y portentosa difusi\u00f3n posterior en las familias inspiradas que iniciaron:<br \/>\n   &#8211; San Ignacio de Loyola (1491-1556) fund\u00f3 la m\u00e1s extensa de las Ordenes clericales en 1539, la Compa\u00f1\u00ed\u00ada de Jes\u00fas. Desde el primer momento se puso al servicio del Papa con un voto singular de obediencia. Tom\u00f3 como objetivo luchar contra el error y el mal en todos los frentes y con su lema de \u00abAd maiorem gloriam Dei\u00bb cubri\u00f3 el mundo de sabios, misioneros, docentes, curiosamente siempre perseguidos por unos al par que admirados por todos.<\/p>\n<p>   &#8211; S. Jos\u00e9 de Calasanz (1585-1648) de Arag\u00f3n fund\u00f3 los \u00abCl\u00e9rigos regulares pobres de la Madre de Dios de las Escuelas P\u00ed\u00adas\u00bb, que tantas escuelas llevaron en todos los pa\u00ed\u00adses de Europa.<\/p>\n<p>    6. Religiosos tridentinos<br \/>\n    El Concilio de Trento (1545-1563) tuvo especial inquietud por hacer una gran reforma en los \u00e1mbitos religiosos. Curiosamente esta inquietud tuvo intensa totalidad catequ\u00ed\u00adstica y educativa. Se atribuy\u00f3 la revoluci\u00f3n protestante a la ignorancia y se pidi\u00f3 a la Iglesia instruir en la religi\u00f3n a los cristianos.<\/p>\n<p>    Hubo desde el siglo XVI una gran inquietud por la catequesis y la escuela cristiana. Los movimientos doctrineros fueron una forma de vida religiosa de especial significaci\u00f3n eclesial y eficacia apost\u00f3lica.<\/p>\n<p>    Antes del Concilio de Trento, ya hubo gran inter\u00e9s por la ense\u00f1anza de la doctrina cristiana debido a la ignorancia existente; pero luego aument\u00f3 ante las consignas emanadas del mismo Concilio.<\/p>\n<p>   &#8211; Los Oratorios fueron especialmente interesantes con la Instituci\u00f3n iniciada por S. Felipe Neri (1515-1595), quien en 1560 comenz\u00f3 su labor admirable y en 1575 fund\u00f3 la \u00abCongregaci\u00f3n del Oratorio\u00bb. Al morir \u00e9l, el grupo que hab\u00ed\u00ada trabajado a su lado se dividi\u00f3 en laicos y cl\u00e9rigos. Los primeros se organizaron en cofrad\u00ed\u00adas locales y los segundos siguieron como Congregaci\u00f3n religiosa.<\/p>\n<p>    En Francia fue C\u00e9sar de Bus (1544-1607) el que fundo su Congregaci\u00f3n de \u00abPadres de la doctrina Cristiana\u00bb en 1592 en Avignon, aunque luego sus seguidores, o parte de ellos, se unieron con el grupo de Pedro Berulle (1575-1629) que hab\u00ed\u00ada instituido el \u00abOratorio de Jes\u00fas y Mar\u00ed\u00ada Inmaculada\u00bb.<\/p>\n<p>    Es interesante se\u00f1alar que para este momento surgi\u00f3 tambi\u00e9n un excelente abanico de Institutos femeninos de educadoras. Abri\u00f3 el Camino Santa Angela de Merici (1470-1530), con la \u00abCompa\u00f1\u00ed\u00ada de Santa Ursula\u00bb, fundada en 1532.<\/p>\n<p>    Las fundaciones femeninas se multiplicaron. Tal vez los m\u00e1s interesante o mod\u00e9licos sean algunos como: las \u00abTeatinas de la Inmaculada\u00bb, de Ursula Benincasa (1550-1616) en 1583; la \u00abOrden de la Beata Virgen Mar\u00ed\u00ada\u00bb, de la genial Mar\u00ed\u00ada Ward (1585-1645), fundada en 1610; la \u00abCompa\u00f1\u00ed\u00ada de Mar\u00ed\u00ada\u00bb de Santa Juana de Lestonnac\u00bb (1556-1640); y las \u00abReligiosas del Verbo Encarnado\u00bb, en 1627, de Juana Ch\u00e9zard (1596-1670).<\/p>\n<p>    Estas iniciativas femeninas, junto a la resonante obra de las \u00abReligiosas de la Visitaci\u00f3n\u00bb, fundadas en 1610 en Annecy por Santa Juana Fremiot de Chantal (1572-1641), apoyada por S. Francisco de Sales (1567-1622), hicieron fecundo tambi\u00e9n para las mujeres el postconcilio tridentino.<\/p>\n<p>    Los g\u00e9neros de vida religiosa se abrieron tambi\u00e9n con abundancia a otras tareas y beneficios eclesiales:<\/p>\n<p>   &#8211; Los grupos hospitalarios merecieron atenci\u00f3n preferente. Se hab\u00ed\u00adan multiplicado los enfermos y se precisaban hospitales que evidentemente los Reyes no organizaban. En la Iglesia hubo muchos carism\u00e1ticos que avanzaron por esos caminos del dolor y del abandono, aunque este sector ya hab\u00ed\u00ada sido cuidado antes por almas caritativas, las cuales abr\u00ed\u00adan en cada ciudad un \u00abHospital de Incurables\u00bb, o en mucho lugares asilos de mendigos y marginados.<\/p>\n<p>    San Juan de Dios (1495-1550) inici\u00f3 la obra de los \u00abHermanos Hospitalarios\u00bb en Granada en 1550, aunque s\u00f3lo se autoorganizaron como Instituto religioso despu\u00e9s de su muerte, siendo aprobados en 1571 por P\u00ed\u00ado V.<\/p>\n<p>    San Camilo de Lelis (1550-1614) fund\u00f3 los \u00abCl\u00e9rigos Regulares Ministros de los enfermos\u00bb en 1586.<\/p>\n<p>   &#8211; La otra cara de la vida religiosa en este siglo postridentino estuvo en la tarea de los Reformadores de obras y Ordenes antiguas, que fueron verdaderos Fundadores o refundadores de los viejos troncos monacales y conventuales.<\/p>\n<p>     Sta. Teresa de Jes\u00fas (1515-1582) fue el emblema de la reforma con sus Carmelos nuevos, tarea que inici\u00f3 en Avila en 1562. San Juan de la Cruz (1542-1591) acometi\u00f3 en 1568 la empresa con los varones. San Pedro de Alc\u00e1ntara (1499-1552) reform\u00f3 en 1550 los Franciscanos; San Juan de la Concepci\u00f3n (1561-163) reform\u00f3 la Orden Trinitaria en 1599.<\/p>\n<p>    7. Sociedades de vida apost\u00f3lica.<\/p>\n<p>    Ya en el siglo XVII comenzaron a surgir con \u00abcierta alegr\u00ed\u00ada eclesial\u00bb ciertas formas o iniciativas religiosas que demandaban las necesidades de los tiempos. Buscaban m\u00e1s movilidad social y m\u00e1s \u00abholgura\u00bb dentro de la Iglesia. Al mismo tiempo m\u00e1s \u00abespecializaci\u00f3n\u00bb en sus servicios eclesiales y m\u00e1s adaptaci\u00f3n a determinados oficios.<\/p>\n<p>    As\u00ed\u00ad actuaron las Sociedades apost\u00f3licas y los Institutos laicales de votos simples.<\/p>\n<p>    7.1. Sociedades de vida apost\u00f3lica<\/p>\n<p>    Fueron grupos religiosos de vitalidad grande, de elevada sensibilidad social, y libres de las cargas hist\u00f3ricas de monjes y frailes. Sus campos de acci\u00f3n fueron muchos: caridad, seminarios, misiones, predicaci\u00f3n. Un modelo t\u00ed\u00adpico fue el promovido en Par\u00ed\u00ads por el confesor de reyes y protector de hu\u00e9rfanos.<\/p>\n<p>    San Vicente de Pa\u00fal (1581-1660) fund\u00f3 en 1633 la \u00abCongregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n\u00bb, (los Pa\u00fales) orientada a las misiones populares y apoyada en la acci\u00f3n de retaguardia de los seminarios.<\/p>\n<p>    Y, con la singular Santa Luisa de Marillac (1591-1660), inici\u00f3 en las \u00abHijas de la Caridad\u00bb en 1633, la m\u00e1s polivalente y original de las obra de Iglesia, al margen ya de votos p\u00fablicos religiosos y volcadas a todo lo que fuera amor: ancianos, hu\u00e9rfanos, enfermos, abandonados<br \/>\n   &#8211; Especial atenci\u00f3n mereci\u00f3 en este tiempo la formaci\u00f3n de Seminarios y la fortificaci\u00f3n de la piedad sacerdotal. Obras como la \u00abCompa\u00f1\u00ed\u00ada de Sacerdotes de S. Sulpicio\u00bb, fundada por Juan Jacobo Olier (1608-1657), fue incluso proyectada hasta Canad\u00e1 a donde el Fundador envi\u00f3 un grupo de sus seguidores para repetir en las Colonias lo que se hac\u00ed\u00ada en la Metr\u00f3poli.<\/p>\n<p>   &#8211; La atenci\u00f3n misionera que entonces comenzaba a sentir la Iglesia ante la conquista de los nuevos mundos de Am\u00e9rica, Africa y en lo posible Asia oriento muchos empe\u00f1o. En 1622 se fund\u00f3 en Roma Propaganda Fide por parte de Gregorio XV. Sus acciones promovieron en diversos pa\u00ed\u00adses el env\u00ed\u00ado de misioneros debidamente habilitados y capacitado para preparar ellos a su vez a otros misioneros y catequistas nativos.<\/p>\n<p>    Algo id\u00e9ntico busco la \u00abSociedad de las Misiones Extranjeras\u00bb fundada en Par\u00ed\u00ads en 1660 y modelo de las que luego se abrieron en los dem\u00e1s pa\u00ed\u00adses. Aunque no fue una instituci\u00f3n de \u00abreligiosos\u00bb, sus miembros pudieron contar con una red de apoyos y protecciones que actu\u00f3 como una familia religiosa.<\/p>\n<p>    Surgieron diversas congregaciones en los mismos pa\u00ed\u00adses de misi\u00f3n. Pedro Bethancour (1626-1660), por ejemplo, que fund\u00f3 en Guatemala los \u00abHermanos de la Caridad\u00bb en 1653,<br \/>\n    Y m\u00e1s tarde se iniciaron empresas misioneras como la de Jacob Liberman (1802-1852) con su \u00abCongregaci\u00f3n del Sdo. Coraz\u00f3n de Mar\u00ed\u00ada\u00bb para la acci\u00f3n misionera en el Africa negra.<\/p>\n<p>   &#8211; Tambi\u00e9n se sinti\u00f3 la necesidad de revalorizar las misiones populares en cada pa\u00ed\u00ads cristiano. Surgieron figuras como S. Juan Eudes (1601-1680) con la \u00abCongregaci\u00f3n de Jes\u00fas y Mar\u00ed\u00ada\u00bb o con San Luis Mar\u00ed\u00ada Grignon de Monfort (1673-1716) cuyos grupos religiosos se dedicaron sobre todo a la educaci\u00f3n.<\/p>\n<p>    Las sociedades de vida apost\u00f3lica se divulgaron luego en el siglo XVIII y en el XIX con verdadera profusi\u00f3n. Algunas fueron tan portentosas como la \u00abSociedad de sacerdotes de San Jos\u00e9 Benito Cottolengo (1786-1842) con su obra de los \u00abSacerdotes de la Providencia\u00bb.<\/p>\n<p>    7.2. Religiosos de votos simples<br \/>\n    Los Institutos de Votos simples a\u00f1adieron a su sentido de Asociaci\u00f3n un compromiso religioso de consagraci\u00f3n.<\/p>\n<p>   Estos Institutos religiosos se centraron por lo general una misi\u00f3n, un carisma, singular y especial. Las dos terceras partes de los Institutos \u00abreligiosos\u00bb que se han dado en la Historia de la Iglesia vieron la luz en los siglos XVIII y XIX y se configuraron como entidades de votos simples. Y las dos terceras partes, hasta el siglo XX, nacieron en Francia, Italia y Espa\u00f1a. En el siglo XX los ritmos y las proporciones experimentaron un cambio radical al entrar en juego continentes j\u00f3venes como Suram\u00e9rica y la India.<\/p>\n<p>    Es sorprendente el dato, pero es real y expresivo: las entidades de votos simples tendieron siempre a la asociaci\u00f3n estrecha, a la consagraci\u00f3n votal y a la especializaci\u00f3n en un ministerio preciso: ense\u00f1anza, enfermos, marginados. etc. Esta especializaci\u00f3n se tradujo en estos siglos en motor de eficacia, en carisma.<\/p>\n<p>      Por otra parte, as\u00ed\u00ad como en los tiempos antiguos los Institutos religiosos femeninos fueron eco y remedo de los masculinos, en los \u00faltimos tres siglos se hicieron originales y aut\u00f3nomos. Adem\u00e1s es bueno entender que las tres cuartas partes de los institutos del mundo eran femeninos al terminar el siglo XX, aunque tuvieran fundador masculino; y nueve de cada diez religiosos eran mujeres.<\/p>\n<p>    De las asociaciones de votos simples unas fueron laicales y otras clericales, todas empezaron siendo diocesanas y luego fueron reconocidas por la Iglesia como pontificias, es decir universales.<\/p>\n<p>    7.2.1. Las clericales<br \/>\n    Surgieron para diversos apostolados y para proporcionar a los sacerdotes apoyos espirituales y materiales en el ejercicio de su sacerdocio.<\/p>\n<p>    Son innumerables las existentes y aparecidas en estos \u00faltimos siglos. Basta citar entre los casi dos centenares existentes y a manera de modelos a: los Pasionistas (Padres de la Pasi\u00f3n) de S. Pablo de la Cruz (1694-1775) fundados en 1720; los Redentoristas (Congregaci\u00f3n del Stmo. Redentor), fundados por S. Alfonso Mar\u00ed\u00ada de Ligorio (1696-1755); o los Claretianos de S. Antonio Mar\u00ed\u00ada Claret (1807-1870), con el nombre de \u00abMisioneros del Coraz\u00f3n de Mar\u00ed\u00ada\u00bb, en 1855; los Salesianos o \u00abSociedad de San Francisco de Sales\u00bb, fundada en 1859 por San Juan Bosco (1815-1888).<\/p>\n<p>    7.2.2. Las laicales<br \/>\n    Las laicales son m\u00e1s numerosas, pues pasan del medio millar las que podr\u00ed\u00adan ser propuestas como modelos significativos entre las femeninas; y son varios centenares las que tiene el mismo signo entre las masculinas.<\/p>\n<p>    Puede parecer una arrogancia la alusi\u00f3n a esta cantidad, pero los hechos son as\u00ed\u00ad. Algunas de las obras emblem\u00e1ticas ayudan a entender lo que son este tipo de religiosos.<\/p>\n<p>   &#8211; El Instituto de \u00abHermanos de las Escuelas Cristianas\u00bb, fundado en 1684 por San Juan Bautista de La Salle\u00bb (1651-1719) es el m\u00e1s representativo por ser el primero plenamente laical y modelo de otros muchos posteriores\u00bb.<\/p>\n<p>    Despu\u00e9s se multiplicaron las iniciativas interminables y variadas:<br \/>\n   &#8211; La Compa\u00f1\u00ed\u00ada de Mar\u00ed\u00ada\u00bb (Marianistas) funda en 1817 por el Beato Jos\u00e9 G. Chaminade (1761-1850).<\/p>\n<p>   &#8211; Los Peque\u00f1os Hermanos de Mar\u00ed\u00ada (Maristas) fueron fundados por San Marcelino Champagnat en 1863.<\/p>\n<p>   &#8211; Los \u00abHermanos de la Instrucci\u00f3n Cristiana\u00bb, fundados en 1819 por Juan Mar\u00ed\u00ada de La Mannais (1780-1860)<br \/>\n   &#8211; El fundador m\u00e1s laico fue Gabriel Tabor\u00ed\u00adn (1789-1864) con sus \u00abHermanos de la Sagrada Familia\u00bb, en 1835.<\/p>\n<p>   &#8211; Y el m\u00e1s interesante catequista result\u00f3 Luis Mar\u00ed\u00ada Querbes (1793-1859) que fund\u00f3 a los Cl\u00e9rigos de S. Viator en 1839 para animar las catequesis parroquiales.<\/p>\n<p>    Entre los Institutos femeninos de votos simples podremos recordar modelos:<br \/>\n   &#8211; La \u00abSociedad del Sdo Coraz\u00f3n de Jes\u00fas\u00bb, fundada en 1800 por Santa Magdalena Sof\u00ed\u00ada Barat (1779-1859).<\/p>\n<p>   &#8211; Las \u00abHermanas de S. Jos\u00e9 de Cluny\u00bb iniciadas en 1806 por la Beata Ana Mar\u00ed\u00ada Javouhey (1779-1851).<\/p>\n<p>   &#8211; Las \u00abReligiosas de la Presentaci\u00f3n de Mar\u00ed\u00ada\u00bb, fundadas en 1796 por la intr\u00e9pida y misionera Ana Mar\u00ed\u00ada River (1768)1851)<br \/>\n   &#8211; Las \u00abHermanas de las Escuelas Cristianas\u00bb, fundadas en 1807 por Santa Mar\u00ed\u00ada Magdalena Postel (1756-18546).<\/p>\n<p>   &#8211; Las \u00abSiervas de la Pasi\u00f3n del Se\u00f1or\u00bb, fundadas en 1815 por la marquesa Magdalena Frescobaldi (1771-1839)<\/p>\n<p>    La lista resulta interminable y el esp\u00ed\u00adritu y estilo de vida de todos ellos el mismo: sencillez para ser educadores, abnegaci\u00f3n para ser misericordiosos, cultura para ense\u00f1ar en la escuela, siempre piedad, serenidad y caridad para tratar con sanos y enfermos, con ni\u00f1os y adultos, con justos y pecadores.<\/p>\n<p>    8. Sociedades de Vida com\u00fan<br \/>\n    Ya antes del siglo XIX surgieron las intuiciones sobre el valor de la vida comunitaria para ayudarse mutuamente quienes trabajan en empresas apost\u00f3licas. Se multiplicaron los grupos sacerdotales o incluso laicales, masculinos o femeninos, de vida de oraci\u00f3n de apostolado.<\/p>\n<p>    Comunidades sacerdotales, Asociaciones de parroquias, equipos educativos, grupos cristianos, etc.<\/p>\n<p>    Esas sociedades de vida apost\u00f3lica en com\u00fan, sobre todo de alcance misionero, surgieron con la naturalidad de quien recoge flores en los campos. Unas son m\u00e1s bien \u00abmovimientos\u00bb apost\u00f3licos y otras son m\u00e1s \u00abcomunidades\u00bb estables.<\/p>\n<p>    Entre las primeras pueden recordarse la \u00abLa Legi\u00f3n de Mar\u00ed\u00ada\u00bb fundada en Dubl\u00ed\u00adn por Frank Duff, el a\u00f1o 1921, extendida por medio centenar de pa\u00ed\u00adses, sobre todo de Africa y Suram\u00e9rica. O los grupos m\u00e1s comprometidos del \u00abMovimientos del mundo mejor\u00bb del jesuita Ricardo Lombardi (1908-1979) que segu\u00ed\u00ada las consignas de P\u00ed\u00ado XII<\/p>\n<p>   Entre los segundos se podr\u00ed\u00adan se\u00f1alar la \u00abObra de Mar\u00ed\u00ada\u00bb de la audaz Clara Lubich (+1920) iniciada en Trento en 1942: o las \u00abMujeres de Betania\u00bb, de Juan van Ginneken (1877-1944) surgida en Holanda en 1919; o la \u00abAlianza de Jes\u00fas por Mar\u00ed\u00ada\u00bb del Sacerdote Antonio Mundarain en 1925: o las \u00abMisioneras de la Unidad\u00bb fundadas en 1962 por el sacerdote ecumenista Juli\u00e1n Garc\u00ed\u00ada (n. 1922)<\/p>\n<p>   9. Institutos seculares<\/p>\n<p>   Muchos de los grupos asociados quisieron pronto establecer v\u00ed\u00adnculos religiosos, pero que no llegaran a ataduras p\u00fablicas en la Iglesia, para vivir en intensidad la perfecci\u00f3n evang\u00e9lica, pero poder trabajar \u00abde otra forma y con libertad secular\u00bb en las f\u00e1bricas, en los sindicatos, en los bancos y en las universidad, en la sociedad.<\/p>\n<p>   Ante la abundancia de estas realidades eclesiales P\u00ed\u00ado XII public\u00f3 el 2 de Febrero de 1947 las Constituci\u00f3n Apost\u00f3lica \u00abProvida Mater Ecclesiae\u00bb, normalizando en la Iglesia estos Institutos.<\/p>\n<p>   Modelos significativos fueron algunos :<\/p>\n<p>   &#8211; El \u00abOpus Dei\u00bb fundado en 1928 por el hoy canonizado Jos\u00e9 Mar\u00ed\u00ada Escriv\u00e1 de Balaguer. Iniciado como obra juvenil de seglares, ampliada a mujeres en 1930, estuvo sostenido por los sacerdotes miembros, organizados en 1943 como \u00abHermandad Sacerdotal de la Santa Cruz\u00bb. La Obra evolucion\u00f3 a finales del siglo XX hacia una \u00abPrelatura Nullius\u00bb, concedida por Roma como correspondencia a determinados servicios sociales prestados generosamente a la Iglesia.<\/p>\n<p>   &#8211;  La \u00abInstituci\u00f3n Teresiana\u00bb del Beato m\u00e1rtir Pedro Poveda (1874-1936 en Ja\u00e9n en 1917, dedicada a tareas docentes en \u00e1mbitos intelectuales.<\/p>\n<p>   &#8211;  La \u00abInstituci\u00f3n Javeriana\u00bb del jesuita Manuel Mar\u00ed\u00adn Triana (1899-1981), fundada en Madrid en 1941.<\/p>\n<p>   &#8211; El Instituto Secular \u00abUni\u00f3n de Catequistas del Santo Crucifijo y de Mar\u00ed\u00ada Inmaculada\u00bb, de Tur\u00ed\u00adn, fundado en 1914 por el Hno. Teodoroteo (1871-1954).<\/p>\n<p> 10. Laicos asociados<\/p>\n<p>   Sociedades religiosas y entidades apost\u00f3licas se han multiplicado en lo tiempos recientes, sobre todo a lo largo del siglo XX, sobretodo una vez que se entendi\u00f3 que no todo carisma puede estar supeditado a las burocracias interminables de la curia romana y que el mundo globalizado de hoy exige libertad, creatividad y continua movilidad, ya que va m\u00e1s de prisa que en otros tiempos. Por eso son muchas las formas nuevas de construir grupos de \u00abvida religiosa\u00bb intensa, eficaz, sincera, sin necesidad de encasillarse en estructuras predeterminadas, m\u00e1s eclesi\u00e1sticas que eclesiales.<\/p>\n<p>   Por eso se han multiplicado grupos m\u00e1s o menos estables a lo largo del siglo XX, que no siempre est\u00e1n en los cat\u00e1logos de las Di\u00f3cesis o de las Congregaciones Romana.<\/p>\n<p>     &#8211; Cofrad\u00ed\u00adas y asociaciones;<br \/>\n     &#8211; Hermandades y servicio de apoyo;<br \/>\n     &#8211; Sociedades piadosas y adoradores;<br \/>\n     &#8211; Movimientos de todo tipo y alcance;<br \/>\n     &#8211; Grupos cristianos de oraci\u00f3n;<br \/>\n     &#8211; Catecumenados sacramentales<br \/>\n     &#8211; Sociedades apost\u00f3licas y misioneras;<br \/>\n     &#8211; Comunidades cristianas de seglares;<br \/>\n     &#8211; Grupos ecum\u00e9nicos interconfesionales;<br \/>\n     &#8211; Terceras \u00f3rdenes de nuevo cu\u00f1o,<br \/>\n     &#8211; Asociaciones a Institutos viejos  con pocos efectivos;<br \/>\n     &#8211; ONGs de mil colores diferentes.<\/p>\n<p>   Nadie podr\u00ed\u00ada decir que en estos movimientos no late el Esp\u00ed\u00adritu Santo, como aconteci\u00f3 en tiempos de Francisco de As\u00ed\u00ads o de Bernardo de Claraval.<\/p>\n<p>   Algunas de las iniciativas surgidas a lo largo del siglo XX terminaron siendo Institutos can\u00f3nicos, pero  la intuici\u00f3n inicial tal vez no iba por ese camino. Algunos recuerdos pueden ser:<\/p>\n<p>   &#8211; El Beato Santiago Alberione (1884-1971), con los nueve grupos iniciados en 1901 y como \u2020\u0153Familia Paulina\u2020\u009d despu\u00e9s,  para promover lenguajes de prensa y publicidad.<\/p>\n<p>   &#8211; La \u00abObra de Mar\u00ed\u00ada\u00bb fundada en Trento en 1942 por Chiara Lubich (n. en 1938). O la hom\u00f3nima \u00abObra de la Iglesia\u00bb, de Trinidad S\u00e1nchez Moreno (n. en 1927), funda en Madrid en 1963.<\/p>\n<p>  &#8211; El movimiento Ekumene de Enrique Sola (1912-1997) iniciado en Albacete en 1951 con los ojos puestos en Africa.<\/p>\n<p>  &#8211; Las \u00abEscuela del Avemar\u00ed\u00ada\u00bb de Andr\u00e9s Manj\u00f3n (1846-1923), Granada en 1905<\/p>\n<p>  &#8211; Las comunidades neocatecumentales de Enrique Arg\u00fcello (n. en 1947), surgidas en Madrid en 1964.<\/p>\n<p>  Ante estas y otras llamaradas de creatividad \u00bfno ser\u00e1 conveniente gritar con Saulo de Tarso?: \u00abCon tal que el bien se haga \u00bfqu\u00e9 importa quien lo haga?&#8230; \u00bfQui\u00e9n ir\u00e1 diciendo yo soy de Apolo, yo de Pablo?\u00bb (1 Cor. 3. 4-22)<\/p>\n<p>Pedro Chico Gonz\u00e1lez, Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00ed\u00ada Religiosa, Editorial Bru\u00f1o, Lima, Per\u00fa 2006<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00eda Religiosa<\/b><\/p>\n<p>(v. Vida consagrada)<\/p>\n<p>(ESQUERDA BIFET, Juan, Diccionario de la Evangelizaci\u00f3n,  BAC, Madrid, 1998)<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Evangelizaci\u00f3n<\/b><\/p>\n<p>I. Fundaci\u00f3n y primera \u00e9poca del monacato<br \/>\nLas formas religiosas jud\u00ed\u00adas o gentiles de vida com\u00fan han sido descartadas entretanto por la investigaci\u00f3n como posibles ra\u00ed\u00adces del monacato cristiano. Tampoco puede demostrarse una continuidad de la vita communis de la primitiva Iglesia, por m\u00e1s que en el curso de la historia de la vida religiosa se invoc\u00f3 con harta frecuencia la -> asc\u00e9tica primitiva como ideal para innovaciones. Punto de partida fueron m\u00e1s bien los cristianos ascetas que viv\u00ed\u00adan aislados o en comunidad, y que salieron a la luz de la historia en el pr\u00f3ximo oriente y Africa durante el s. II y en occidente a fines del s. III. Or\u00ed\u00adgenes formul\u00f3 los rasgos fundamentales de su ascesis: direcci\u00f3n constante del pensamiento al m\u00e1s all\u00e1 con el fin de la visi\u00f3n m\u00ed\u00adstica de Dios (gn\u00f3sis) y negaci\u00f3n del mundo por la renuncia al comercio sexual, al ejercicio de una profesi\u00f3n profana, y a la riqueza, dentro de la mayor carencia de necesidades en la vida cotidiana; y perfeccionamiento de determinadas virtudes, se\u00f1aladamente de la humildad, de la abnegaci\u00f3n y del dominio de s\u00ed\u00ad mismo. Poco despu\u00e9s de la mitad del s. III se a\u00f1adi\u00f3 el alejamiento de todo poblado humano y, probablemente al mismo tiempo, tambi\u00e9n la marcha al desierto. La \u00e1p\u00f3taxis vino a ser la caracter\u00ed\u00adstica exterior de los monjes.<\/p>\n<p>Antonio no es el fundador del monacato, sino que est\u00e1 ya dentro de una determinada tradici\u00f3n. Sin embargo, gracias a su Vita, compuesta por Atanasio, es la primera figura bien conocida del anacoretismo del desierto, aunque ya en \u00e9l aparece un desplazamiento de acento, como se pone de manifiesto por una comparaci\u00f3n con los Apophthegmata patrum. La vida en el desierto de Escitia se ten\u00ed\u00ada, seg\u00fan el modelo b\u00ed\u00adblico (El\u00ed\u00adas, Juan Bautista), como el punto m\u00e1s alto de la idea de imitaci\u00f3n, como una protecci\u00f3n contra distracciones y tentaciones superfluas. Estaba asegurada all\u00ed\u00ad la tranquilidad exterior, el primitivo trabajo manual ocupaba el cuerpo molesto, y un ligero contacto entre los eremitas bastaba para la ayuda fraterna. Con ello se pon\u00ed\u00ada el fundamento de los principios m\u00e1s importantes de la vida mon\u00e1stica. La imitaci\u00f3n del modelo de la primitiva Iglesia condujo, hacia el 323, a la fundaci\u00f3n por Pacomio del primer cenobio en la regi\u00f3n de Tebaida. El curso del d\u00ed\u00ada, com\u00fan en todo, dentro de una residencia cerrada hacia afuera, serv\u00ed\u00ada para incrementar la ayuda mutua y la obediencia a las instrucciones de los ancianos. Eremitismo y cenobitismo fueron los dos ingredientes b\u00e1sicos que, con distribuci\u00f3n varia, se reflejar\u00ed\u00adan en toda forma posterior de vida mon\u00e1stica.<\/p>\n<p>Desde mediados del s. iv, en Egipto, el asceta dentro de la comunidad, el anacoreta en el desierto y el monje del cenobio eran elementos permanentes del orden de la Iglesia; entre ellos, el eremita gozaba de prestigio supremo. La estancia en la colonia de eremitas del desierto de Nitria era mirado por muchos como tiempo de prueba y preparaci\u00f3n para las condiciones incomparablemente m\u00e1s duras en el alejado desierto de Escitia. La forma de vida de la colonia de eremitas se fue condensando en su peregrinaci\u00f3n de Palestina (Hilari\u00f3n en Gaza, Cant\u00f3n en el desierto de Judea) hacia el Asia Menor para desembocar en el cenobitismo. Basilio el Grande trat\u00f3 de superar desde dentro el anacoretismo como ideal asc\u00e9tico, pues cre\u00ed\u00ada que en \u00e9l no se cumpl\u00ed\u00ada el mandamiento del amor al pr\u00f3jimo, y s\u00f3lo en el cenobitismo ve\u00ed\u00ada posible una participaci\u00f3n de todos en los dones carism\u00e1ticos del monje. A Basilio y Doroteo de Gaza (s. vi) volvi\u00f3 Teodoro Studita en el siglo ix; una ordenaci\u00f3n jur\u00ed\u00addica uniforme de sus monasterios deb\u00ed\u00ada asegurar el valor supremo, defendido tambi\u00e9n por \u00e9l, que se hallaba en el cenobio. Ambos impulsos condujeron a las dos formas fundamentales dominantes del monacato oriental (\u00abbasilianos\u00bb, \u00abstuditas\u00bb). Pero ninguna de las dos pudo suprimir el ansia del monje oriental de llegar a la \u00faltima perfecci\u00f3n de su propia ascesis en el eremitismo. El fin \u00faltimo del eremita egipcio y el contrapolo creado por Basilio fundaron la extraordinaria variedad del mundo monacal oriental con sus instituciones caritativas, por una parte, y las moradas erem\u00ed\u00adticas en torno a la mayor\u00ed\u00ada de los monasterios, por otra.<\/p>\n<p>El conocimiento de la Vita Antonii a trav\u00e9s de Atanasio dio importantes impulsos a la ascesis mon\u00e1stica en occidente. Pero al monacato occidental le falt\u00f3 en su estadio inicial el paso decisivo de la huida al desierto, de modo que aqu\u00ed\u00ad no se lleg\u00f3 a una clara divisi\u00f3n entre grupos de ascetas dentro de la comunidad y el movimiento erem\u00ed\u00adtico lejos de todo poblado. Caracter\u00ed\u00adsticos son ya los monasterios latinos de Jer\u00f3nimo en Bel\u00e9n y de Rufino de Aquileya en Jerusal\u00e9n, a fines del s. iv, que fueron comunidades cenob\u00ed\u00adticas en la proximidad de ciudades, desconoc\u00ed\u00adan la idea del aislamiento erem\u00ed\u00adtico y no ten\u00ed\u00adan la actividad espiritual y cultural por incompatible con su especial situaci\u00f3n asc\u00e9tica. No ejercieron un influjo digno de menci\u00f3n sobre el monacato oriental, pero transmitieron a occidente por copiosa actividad de traducci\u00f3n el legado de pensamiento de la Iglesia oriental; por obra de Jer\u00f3nimo fue conocida en el monacato occidental la regla de Pacomio, y por obra de Rufino la de Basilio.<\/p>\n<p>Juan Casiano hizo familiares en occidente los ideales de los padres del desierto egipcio, si bien en la elaboraci\u00f3n teol\u00f3gica llevada ya a cabo por Evagrio P\u00f3ntico (fines del s. iv). Tras larga estancia en Palestina y Egipto, entre el 426 y el 429 compuso en su fundaci\u00f3n de St.-Victor de Marsella las Collationes patrum, con el fin de introducir a sus monjes, por una colecci\u00f3n comentada de las instrucciones de los padres del desierto, en el esp\u00ed\u00adritu de los Apophthegmata. De este modo entr\u00f3 tambi\u00e9n en el monacato occidental el anacoreta que busca la visi\u00f3n contemplativa. Pero seguramente se debi\u00f3 a la tendencia de occidente a limitar jur\u00ed\u00addicamente su ascesis, el que Casiano s\u00f3lo previera una realizaci\u00f3n de este ideal en el marco de la vida cenob\u00ed\u00adtica.<\/p>\n<p>Seria equivocado suponer que el monacato occidental se enraizaba exclusivamente en la asc\u00e9tica oriental, pues al ideal del monje transmitido por Casiano y madurado por la experiencia de varias generaciones que desde Ler\u00ed\u00adns conquist\u00f3 todo el valle del R\u00f3dano, se contrapon\u00ed\u00ada una forma asc\u00e9tica de vida propia de occidente. Esta forma sali\u00f3 de las comunidades de ascetas dentro de la Iglesia, y hubo de empezar por imponer la idea de que el estado mon\u00e1stico era una forma especial de vida cristiana. Si se prescinde del reproche de herej\u00ed\u00ada, \u00e9ste fue el problema del priscilianismo. Pero tambi\u00e9n de las comunidades de ascetas de la alta Italia (p. ej., Eusebio de Vercelli) se deriv\u00f3 el monacato. Despu\u00e9s de 396, Agust\u00ed\u00adn atrajo el monacato a su curia episcopal de Hipona, y esperaba de todo cl\u00e9rigo de su di\u00f3cesis que viviera en comunidad mon\u00e1stica. Mart\u00ed\u00adn de Tours traslad\u00f3 de hecho, despu\u00e9s de 375, su sede episcopal a su segunda fundaci\u00f3n mon\u00e1stica de Marmoutier, y prosigui\u00f3 su trabajo misional en las Galias con personal mon\u00e1stico. No s\u00f3lo esta actividad apost\u00f3lica, extra\u00f1a al monacato oriental, sino tambi\u00e9n la insuficiente separaci\u00f3n entre monasterio y ministerio regular eclesi\u00e1stico provoc\u00f3 la contradicci\u00f3n y el desprecio por parte del monacato lerinense.<\/p>\n<p>Con Ces\u00e1reo de Arles y su regla logr\u00f3 la tendencia lerinense, en la primera mitad del s. VI, una difusi\u00f3n de su influjo m\u00e1s all\u00e1 del valle del R\u00f3dano; y el poder de inspecci\u00f3n de los obispos sobre los monasterios, dispuesto por el concilio de Calcedonia, encontr\u00f3 pronto apoyo en ella. En cambio, el monacato de Mart\u00ed\u00adn sigui\u00f3 difundi\u00e9ndose en Espa\u00f1a y muy probablemente tambi\u00e9n en Irlanda. En el s. v, Ninian recibi\u00f3 los impulsos decisivos del monacato de Mart\u00ed\u00adn, y Patricio los recibi\u00f3 del de Lerins. De Ninian se sabe que, desde Candida Casa, mision\u00f3 con sus monjes a Irlanda, y que no tend\u00ed\u00ada a formar una jerarqu\u00ed\u00ada regular. Con el nombre de Patricio se junt\u00f3 en el s. VII la pretensi\u00f3n de una pujante jerarqu\u00ed\u00ada, de forma que podr\u00ed\u00ada concluirse que el orden eclesi\u00e1stico introducido por Patricio de momento, en el per\u00ed\u00adodo intermedio, escaso en noticias, era inferior al resto de la pr\u00e1ctica misional. Lo cierto es que, en el s. vi, dominaba en Irlanda la cura de almas ejercida por asociaciones de monasterios con obispos monjes que estaban bajo la jurisdicci\u00f3n de un abad, y este monacato irland\u00e9s familiariz\u00f3 de nuevo al continente con una cura de almas ejercida por monjes. En los escritos de Mart\u00ed\u00adn de Braga se dibujan influencias de Casiano y Ces\u00e1reo; pero en su monasterio de Dumio, con obispo propio para la familia servorum desde el 559, se refleja una repercusi\u00f3n tard\u00ed\u00ada del monacato de Mart\u00ed\u00adn de Tours, que en el s. VII, bajo Fructuoso de Braga, madurar\u00ed\u00ada en una regulaci\u00f3n jur\u00ed\u00addica mon\u00e1stica.<\/p>\n<p>Las Collationes de Casiano y las dos versiones de la regla de Basilio, que Rufino refundi\u00f3 en un texto \u00fanico, fueron a\u00fan preliminares de reglas, pues constitu\u00ed\u00adan instrucciones generales cuya aplicaci\u00f3n al caso concreto quedaba reservada al abad o al monje particular. Estas, juntamente con otras instrucciones y reglas que pose\u00ed\u00adan ya car\u00e1cter de ordenaciones dom\u00e9sticas obligatorias, pod\u00ed\u00adan formar la imagen rectora de la vida mon\u00e1stica; o bien, partes de varias reglas se refund\u00ed\u00adan en una nueva regla. La composici\u00f3n de los Regula Benedicti en el segundo cuarto del s. vi pertenece a esta pr\u00e1ctica de observancia de Regulae mixtae. Problem\u00e1tico es todav\u00ed\u00ada si el texto que corre bajo el nombre de Benito de Nursia procede realmente de este autor. En cambio, entretanto se ha demostrado que Gregorio Magno, bi\u00f3grafo de Benito, no fue benedictino y, por tanto, tampoco eran benedictinos los monjes enviados por \u00e9l para la evangelizaci\u00f3n de Gran Breta\u00f1a. La propagaci\u00f3n de la regla benedictina es desde entonces un problema no resuelto. A comienzos del s. VII dicha regla aparece por vez primera en el centro de los dominios merovingios, pero combinada siempre con la regla de Columbano. Poco despues del 600, Columbano hab\u00ed\u00ada iniciado la afluencia del monacato ambulante iro-escoc\u00e9s hacia el continente y fundado Luxeuil como modelo de rigurosa ascesis. S\u00f3lo la alianza, llevada a cabo desde el 614 por abades de origen franco, de este monasterio con la corte de Par\u00ed\u00ads, hizo de Luxeuil un centro de reforma merovingio. Aqu\u00ed\u00ad, como en otros sitios, la vida mon\u00e1stica cay\u00f3 en un campo de tensi\u00f3n, que estaba determinado por fuerzas de la Iglesia del pa\u00ed\u00ads. Desde el sinodo de Whitby (663-664), el monacato anglosaj\u00f3n, acu\u00f1ado por su procedencia iro-escocesa, se fue aproximando m\u00e1s y m\u00e1s a la forma benedictina. Desde la segunda mitad del s. vii los c\u00f3dices delatan el conocimiento de la regla benedictina en dicho \u00e1mbito; pero sigue sin saberse por qu\u00e9 v\u00ed\u00ada lleg\u00f3 all\u00ed\u00ad su conocimiento. Combinada inicialmente con otras, desde Francia la regla benedictina se dio a conocer tambi\u00e9n en Italia. En la pen\u00ed\u00adnsula Ib\u00e9rica, que no conoc\u00ed\u00ada a\u00fan la regla benedictina, el obispo diocesano determinaba la forma de vida mon\u00e1stica, estado que, hacia mediados del s. VII, trat\u00f3 de superar Fructuoso de Braga, buscando la protecci\u00f3n de los reyes para su congregaci\u00f3n mon\u00e1stica de regla uniforme.<\/p>\n<p>En Francia principalmente los monasterios pasaron a ser puntos de apoyo pol\u00ed\u00adtico de la nobleza y de esta funci\u00f3n reciben su perfil. La regla mon\u00e1stica se hizo un muro de separaci\u00f3n o un medio de infiltraci\u00f3n, pero perdi\u00f3 pronto su propia fisonom\u00ed\u00ada peculiar. En su lugar apareci\u00f3 el derecho de dotaci\u00f3n, mientras que en el campo de las combinaciones de reglas se inici\u00f3 una nivelaci\u00f3n de la que sali\u00f3 formalmente victoriosa la regla benedictina; el s\u00ed\u00adnodo de Autun (663-680) fue el primero que ya s\u00f3lo habl\u00f3 de regla benedictina. Sin embargo, sus exigencias en lo sucesivo se armonizaron a lo sumo parcialmente con el estado de derecho de los monasterios y con la efectiva observancia claustral. En cambio, por el este del imperio, con apoyo carolingio los misioneros anglosajones (Willibord desde 690, Bonifacio desde 721) propagaban una observancia pura de la regla. Los centros benedictinos de Fulda, para monasterios de varones, y Tauberbischofsheim, para los de mujeres, fueron parte de una reforma que tend\u00ed\u00ada a una recepci\u00f3n general de ordenaciones romanas o que se ten\u00ed\u00adan por tales; el Concilium germanicum (743) declar\u00f3 la regla benedictina como \u00fanica norma mon\u00e1stica admisible. As\u00ed\u00ad se perfila un doble movimiento de difusi\u00f3n de la regla benedictina: en el interior del imperio franco, una restricci\u00f3n por la que las reglas mezcladas pasaban a llamarse benedictinas, lo cual en cada caso se produc\u00ed\u00ada en forma diferente y apenas comprobable; y en el territorio oriental de misiones las fundaciones deliberadamente benedictinas de monasterios, que, dentro del programa bonifaciano de reforma, influir\u00ed\u00adan en el interior del imperio. Con ello se acercaba a su fin la era de las reglas mixtas.<\/p>\n<p>II. El monacato benedictino y la forma canonical de vida<br \/>\nAunque faltan a\u00fan estudios especiales en el terreno del canonicato, puede afirmarse que los l\u00ed\u00admites entre la espiritualidad mon\u00e1stica y el servicio canonical del coro en la iglesia episcopal se hicieron fluidos. Desde el 780 la reforma mon\u00e1stica carolingia trat\u00f3 de deslindar claramente ambos terrenos, urgiendo un restablecimiento de los principios mon\u00e1sticos y se\u00f1alando la forma canonical de vida para todas las comunidades que no desearan someterse a las prescripciones de la regla benedictina. Los resultados de una investigaci\u00f3n concluida en 813 sirvieron en el sfnodo de reforma de Aquisgr\u00e1n en 816 como base de medidas generales. Entretanto, el poder total hab\u00ed\u00ada pasado a Luis el Piadoso, y Benito de Aniane pudo extender a todo el imperio franco su concepci\u00f3n de una observancia uniforme y no mixta de la regla benedictina, que se practicaba ya en Aquitania. El Capitulare monasticum, decretado en Aquisgr\u00e1n y \u00fanico obligatorio, deb\u00ed\u00ada ser presupuesto y expresi\u00f3n de una unidad imperial completa, lo mismo en el plano religioso que en el civil. Con ayuda de un instituto de protecci\u00f3n real de nuevo cu\u00f1o, que con medios eclesi\u00e1sticos quer\u00ed\u00ada vencer definitivamente los inconvenientes de una pr\u00e1ctica peculiar de cada monasterio, se cre\u00f3 seg\u00fan patr\u00f3n de Aniane e Inden (hoy Kornelimiinster) un grupo de monasterios reales, que hab\u00ed\u00adan de realizar de manera ejemplar en su vida conventual la norma trazada.<\/p>\n<p>Tomando por base la regla de Chrodegang, creada hacia mediados del s. viii s\u00f3lo para los can\u00f3nigos de Metz, naci\u00f3 en 816 en la Institutio canonicorum Aquisgranensis una contrapartida canonical de la observancia mon\u00e1stica. Como esa instituci\u00f3n s\u00f3lo intentaba asegurar un servicio regular del coro por medio de la vita communis, y como los obispos de la mitad oriental del imperio no estaban dispuestos a renunciar a la pobreza personal en el estatuto de los monjes que ten\u00ed\u00adan confiado el servicio del coro y viv\u00ed\u00adan seg\u00fan la regla benedictina, no se lleg\u00f3 en la vida canonical a una unificaci\u00f3n parecida a la de la vida mon\u00e1stica en general. Al disolverse la unidad del imperio y con la creciente desaparici\u00f3n del poder carolingio, la monarqu\u00ed\u00ada dej\u00f3 tambi\u00e9n de garantizar una observancia regular uniforme. Sin embargo, hasta la alta edad media subsistieron esas dos formas fundamentales, distintas entre s\u00ed\u00ad, como \u00fanica posibilidad de una forma de vida espiritual regulada; y en el campo mon\u00e1stico domin\u00f3 s\u00f3lo la regla benedictina, si bien su observancia, que hab\u00ed\u00ada adoptado formas diversas, hubo de formularse nuevamente en las congregaciones mon\u00e1sticas.<\/p>\n<p>La mayor y m\u00e1s conocida es la congregaci\u00f3n organizada por Cluny desde el 910 aproximadamente. La meta originaria de la reforma era una restauraci\u00f3n de la observancia de Aniane, que, de todos modos, al final se vio transformada en una aristocracia mon\u00e1stica con una liturgia ampliada desmesuradamente. La pr\u00e1ctica no ins\u00f3lita de unir, por lo menos transitoriamente con fines reformadores, diversos monasterios a un centro de reforma, en el movimiento de Cluny llev\u00f3 a una dependencia jur\u00ed\u00addica permanente en tres grados distintos: prioratos sometidos directamente a Cluny; abad\u00ed\u00adas incorporadas manteniendo antiguos privilegios; y abad\u00ed\u00adas s\u00f3lo vigiladas por Cluny, que formaron a su vez centros de -> reforma cluniacense. La congregaci\u00f3n se extendi\u00f3 en el s. xii de Inglaterra a la alta Italia y de Flandes a Portugal. Su nota externa era el deseo de libertas mon\u00e1stica de vinculaciones a iglesias propias, cosa que se entend\u00ed\u00ada como un privilegio en medio de un mundo para el que \u00e9stas eran la cosa m\u00e1s obvia. Que Cluny impulsara y preparara la -> reforma gregoriana, no es ya hoy d\u00ed\u00ada, ni mucho menos, opini\u00f3n un\u00e1nime. Desde hace tiempo la investigaci\u00f3n ha puesto en claro que los movimientos de reforma mon\u00e1stica de la alta edad media no formaron en su conjunto una unidad, por m\u00e1s que muchos fueron influidos por Cluny o recibieron de aqu\u00ed\u00ad su primer impulso. Por eso no puede tampoco hablarse de una observancia uniforme en el sentido de la reforma de Aniane. Favorecidos no raras veces por gobernantes seculares y aprovechados por ellos como tenaza pol\u00ed\u00adtica, St-Victor de Marsella y Cava (en el sur de Italia) desarrollaron a la manera de Cluny una congregaci\u00f3n de derecho, mientras que Erogne, Glastonbury, Subiaco, St-Vanne en Verd\u00fan y St-B\u00e9nigne en Dijon s\u00f3lo formaron congregaciones con base ideal y de corta duraci\u00f3n, sostenidas generalmente por una personalidad reformadora. No mucho antes se hab\u00ed\u00ada independizado Gorze, junto a Metz, como centro de un movimiento que en lo esencial abarcaba todo el imperio, y que naci\u00f3 en el al\u00ed\u00ado 933 de la necesidad de una ascesis erem\u00ed\u00adtica. El sector reformista influido inmediatamente por Gorze se redujo en gran parte a Lorena; pero su reforma prosigui\u00f3 en oleadas hasta el s. xti por medio de centros trasmisores (p. ej., St. Maximin en Tr\u00e9veris y St. Emmeram en Ratisbona). No se lleg\u00f3 a la formaci\u00f3n de congregaciones de derecho, sino s\u00f3lo a asociaciones de tipo final, a base de costumbres comunes que, sin embargo, en conjunto no ofrec\u00ed\u00adan un cuadro uniforme. De todos modos, la diferencia muy marcada entre Cluny y el monacato imperial que ten\u00ed\u00ada sus ra\u00ed\u00adces en la reforma de Gorze, tropez\u00f3 con considerables reparos.<\/p>\n<p>La reforma de Hirsau ocupa una peculiar posici\u00f3n intermedia, no por raz\u00f3n de su propia fuerza de irradiaci\u00f3n, sino porque constituye una nueva etapa de evoluci\u00f3n. Por propio impulso busc\u00f3 Hirsau en 1075 asegurar su autonom\u00ed\u00ada en el derecho de propiedad por un nuevo modo de instituci\u00f3n del abad (seg\u00fan el modelo de St-B\u00e9nigne) y de elecci\u00f3n del administrador; pero fue obligado por Gregorio vii a eliminar en las Constitutiones Hirsaugienses, compuestas hacia el 1080, todo resabio de bases jur\u00ed\u00addicas de iglesias propias. Aunque Hirsau acept\u00f3 hasta cierto punto las costumbres cluniacenses, con ello trataba cabalmente de superar la exclusividad intraeclesi\u00e1stica de Cluny, y buscaba a la vez, por la formaci\u00f3n de una instituci\u00f3n de conversos de nuevo tipo, la econom\u00ed\u00ada propia; y tambi\u00e9n proyectaba una congregaci\u00f3n mon\u00e1stica que se orientar\u00ed\u00ada por la observancia de la casa madre, pero tratar\u00ed\u00ada de evitar el centralismo cluniacense. Con ello se adelantaba Hirsau a las ideas de su tiempo; y como no pod\u00ed\u00ada abandonarse la escala de instancias: papa, obispo diocesano, monasterio particular, los hirsausenses vinieron a ser a la postre los representantes de las aspiraciones episcopales de expansi\u00f3n a base de iglesias propias (Maguncia, Bamberg). Aunque sin influjo directo de tales aspiraciones, este impulso se proseguir\u00ed\u00ada en los cistercienses.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n los comienzos de los cistercienses pertenecen a\u00fan a la fase inicial de las congregaciones mon\u00e1sticas; s\u00f3lo por el posterior contraste con el restante monacato benedictino recibieron los rasgos de una orden en el sentido actual de la palabra. La fundaci\u00f3n de Citeaux, en 1098, ten\u00ed\u00ada idealmente sus ra\u00ed\u00adces en un retomo al modelo de los padres del desierto y est\u00e1 en conexi\u00f3n tradicional con las fundaciones de los camaldulenses, vallumbrosianos y cartujos del s. xi. Pero los cistercienses estaban unidos por una m\u00e1s estrecha observancia de la regla benedictina, que deb\u00ed\u00ada interpretarse literalmente. As\u00ed\u00ad fueron distintivos particulares el alejamiento y la sencillez en la vida conventual, la pobreza aun en la apariencia exterior del monasterio y la restauraci\u00f3n del trabajo manual como medio leg\u00ed\u00adtimo de santificaci\u00f3n (explotaci\u00f3n de las granjas por conversos). Como el anacoretismo del desierto en la interpretaci\u00f3n de Atanasio, no fue entendida como fuga de la tentaci\u00f3n, sino como combate particularmente duro contra el mundo demon\u00ed\u00adaco, que pod\u00ed\u00ada exigir tambi\u00e9n una lucha contra el mismo adversario en servicio de la Iglesia universal; los cistercienses cayeron en una tensi\u00f3n entre el retiro claustral y la actividad de fuera. As\u00ed\u00ad se explica la r\u00e1pida transici\u00f3n de su actividad misional a una empresa de cruzada y el inter\u00e9s de cistercienses particulares por la fundaci\u00f3n de \u00f3rdenes de caballer\u00ed\u00ada. Gracias a St-B\u00e9nigne entraron en el cister primitivas costumbres cluniacenses; y Esteban Harding desarroll\u00f3 hacia 1114, a la manera de Hirsau, una congregaci\u00f3n seg\u00fan el principio de la linea (fundaci\u00f3n filial con autonom\u00ed\u00ada para la posesi\u00f3n jur\u00ed\u00addica, pero su abad sigue siendo profeso de la casa madre), la cual depend\u00ed\u00ada exclusivamente de Citeaux, con escasa competencia del cap\u00ed\u00adtulo general. S\u00f3lo la importancia eminente de Bernardo de Claraval hizo, en un proceso de transformaci\u00f3n que dur\u00f3 hasta la segunda mitad del s. xii, que la posici\u00f3n central de Citeaux se sustituyera por un gobierno colegial de las cinco abad\u00ed\u00adas primeras y por una ampliaci\u00f3n de las facultades del cap\u00ed\u00adtulo general, como puede deducirse de las versiones particulares de la Charta caritatis. El marcado contraste as\u00ed\u00ad surgido respecto de los cluniacenses motiv\u00f3 que en la tradici\u00f3n de la orden Bernardo fuera designado como el verdadero fundador de la misma.<\/p>\n<p>La forma de vida canonical floreci\u00f3 nuevamente en Alemania ya en el s. x. El cabildo de Hildesheim se mostr\u00f3 claramente como un centro de rigor casi mon\u00e1stico, cuyo ejemplo fue trasladado por el emperador Enrique ii a la fundaci\u00f3n de Bamberg, para que desde all\u00ed\u00ad influyera como modelo, dentro del marco de la Iglesia imperial, sobre los otros cabildos del imperio. Desde comienzos del s. XI, se inici\u00f3 tambi\u00e9n en Francia un retomo a la vita communis de signo mon\u00e1stico. B\u00e1sica fue aqu\u00ed\u00ad la idea de restablecer la vita apostolica, idea que, hasta el s. xiii, hallar\u00ed\u00ada las m\u00e1s varias expresiones, y se condensar\u00ed\u00ada por de pronto en el canonicato regular. El concilio de Letr\u00e1n de 1050 declar\u00f3 insuficiente la regla de Aquisgr\u00e1n; Urbano II deslind\u00f3 del monacato el ordo canonicorum. Gregorio VII inspir\u00f3 una reelaboraci\u00f3n de los estatutos de Aquisgr\u00e1n; Iv\u00f3n de Chartres compuso la observancia de St-Quent\u00ed\u00adn de Beauvais, y Petrus de Honestis cre\u00f3 una Regula clericorum para Santa Mar\u00ed\u00ada in Portu junto a R\u00e1vena. Todos los estatutos establec\u00ed\u00adan la renuncia a la propiedad personal y a la propia voluntad, m\u00e1s la obligaci\u00f3n de la stabilitas loci y la vida seg\u00fan la regla can\u00f3nica. No obstante la variedad de reglas, los can\u00f3nigos afirmaban vivir secundum regulam b. Augustini, pues se cre\u00ed\u00ada realizar la vida apost\u00f3lica si en principio se viv\u00ed\u00ada como Agust\u00ed\u00adn con su clero, siguiendo el modelo de la primitiva Iglesia. Las dos versiones contradictorias de la Regla de san Agust\u00ed\u00adn sembraban desconcierto, hasta que, hacia 1118 y 1120, se impuso la idea de que s\u00f3lo una de las dos pod\u00ed\u00ada ser aut\u00e9ntica. En los can\u00f3nigos agustinos la versi\u00f3n m\u00e1s suave vino a ser &#8211; aunque manteniendo las costumbres ya existentes &#8211; la base del ordo antiquus; en los premonstratenses, entre otros, la redacci\u00f3n rigurosa pas\u00f3 a ser la base del ordo novus.<\/p>\n<p>Mientras que la vita apostolica s\u00f3lo obligaba a la vida com\u00fan seg\u00fan el modelo de la primitiva Iglesia, el episcopado se preocup\u00f3 de los can\u00f3nigos regulares como punto de partida para la reforma del clero; pero, tan pronto como de este ideal naci\u00f3 una obligaci\u00f3n de apostolado, trat\u00f3 de aprovecharlos tambi\u00e9n para la organizaci\u00f3n de la di\u00f3cesis. Centros m\u00e1s antiguos de reforma, como St-Ruf en Avignon o Rottenbuch, s\u00f3lo lograron formar una congregaci\u00f3n con escasos v\u00ed\u00adnculos a base de una observancia com\u00fan; en cambio, otros m\u00e1s recientes, como Salzburgo o Arrouaise y St-Victor de Paris, que pertenec\u00ed\u00adan al ordo novus, constituyeron una congregaci\u00f3n de derecho. La congregaci\u00f3n mayor fue la de Pr\u00e9montr\u00e9 bajo Hugo de Fosses, en estrecha dependencia de la constituci\u00f3n cisterciense, despu\u00e9s que su fundador, Norberto de Xanten, fue creado en 1126 arzobispo de Magdeburgo (despu\u00e9s de diferencias sobre la espiritualidad de su tendencia de reforma?). De modo an\u00e1logo a los cistercienses, tambi\u00e9n los premonstratenses se separaron de los can\u00f3nigos regulares para formar una orden propia.<\/p>\n<p>III. Asociaciones personales y movimiento de pobreza<br \/>\nTanto en la historia de las ideas como en el aspecto de la constituci\u00f3n hist\u00f3rica, las \u00f3rdenes de caballer\u00ed\u00ada representan una novedad dentro de la historia de las \u00f3rdenes religiosas. Por una parte, la formaci\u00f3n de un ideal caballeresco profano condujo en la espiritualidad mon\u00e1stica del s. xi a una equiparaci\u00f3n de la milicia espiritual del monje con la milicia mundanal del caballero. Por el retorno al ideal de los padres del desierto se condens\u00f3 en la orden cisterciense la idea de una lucha general contra el enemigo de la fe, de forma que cistercienses de primera fila participaron en la fundaci\u00f3n de comunidades espirituales de caballeros. Bernardo de Claraval compuso el Liber de laude novae militiae ad milites Templi y en el s\u00ed\u00adnodo de Troyes (1147) ayud\u00f3 a los templarios a lograr una regla propia. La orden portuguesa de Aviz debe su origen (1147) a la abad\u00ed\u00ada de Tarouca. La orden de Calatrava se compuso en sus or\u00ed\u00adgenes (1158) de cistercienses de Fitero y, en 1187, se uni\u00f3 incluso a la linea de Morimond. En 1218, esta filiaci\u00f3n hall\u00f3 una continuaci\u00f3n en la orden de Alc\u00e1ntara (desde 1157). El futuro abad Teodorico de D\u00fcnam\u00fcnde fund\u00f3 en 1200 la orden lituana de los hermanos de la espada; y la orden de caballer\u00ed\u00ada de Dobrin (sobre el 1227) se remonta seguramente a Christian, misionero de Prusia. Por otra parte, las tres grandes \u00f3rdenes de caballer\u00ed\u00ada, posteriormente exentas, estaban al servicio de los peregrinos de Jerusal\u00e9n: los caballeros de san Juan desde mediados del s. xi, la orden teut\u00f3nica, que cuidaba de un hospital, probablemente ya desde el 1130 (en dependencia de los caballeros de san Juan), y los templarios, desde el 1120 aproximadamente, que proteg\u00ed\u00adan la v\u00ed\u00ada de peregrinaci\u00f3n Jope-Jerusal\u00e9n. Por influencias de los peregrinaciones aunadas de los cruzados, su servicio, a ejemplo de los templarios, se ampli\u00f3 hasta convertirse en un estado de guerreros eclesi\u00e1sticos. As\u00ed\u00ad, los caballeros de estas \u00f3rdenes no eran ni monjes ni caballeros, sino religiosos sui generis, cuyo modelo b\u00ed\u00adblico vinieron a ser los macabeos.<\/p>\n<p>La lucha contra los paganos y la protecci\u00f3n de los peregrinos determinaron la existencia de las \u00f3rdenes de caballer\u00ed\u00ada; su limitaci\u00f3n a una tarea impuesta por el tiempo constituy\u00f3 su propio peligro, del que los templarios fueron las primeras v\u00ed\u00adctimas en 1312 (con indignas circunstancias concomitantes). El fin de la orden configuraba tambi\u00e9n la estructura de la constituci\u00f3n; las comunidades particulares no se agrupaban ya en torno a un monasterio, sino que la orden era una asociaci\u00f3n personal, y la t\u00e9cnica de la lucha determinaba la divisi\u00f3n de los estamentos personales internos. La necesidad de llevar al frente medios en gran escala, desarroll\u00f3 una actividad propia de cada orden, que acab\u00f3 por convertirse en fin principal. Los templarios invert\u00ed\u00adan en nuevos negocios las ganancias de sus fuentes de ingresos esparcidas por doquier, los caballeros de san Juan empleaban sus ganancias excelentes en nuevos bienes inmuebles, y la orden teut\u00f3nica procuraba formar grandes espacios de dominio en la retaguardia.<\/p>\n<p>La identificaci\u00f3n, que se dio por vez primera en las \u00f3rdenes de caballer\u00ed\u00ada, de una comunidad con una tarea o misi\u00f3n limitada condujo, primero aisladamente (trinitarios desde 1198 y mercedarios desde 1223 para la redenci\u00f3n de cristianos cautivos) y en \u00e9poca moderna de modo general, a justificar la formaci\u00f3n de nuevas \u00f3rdenes con un campo muy espec\u00ed\u00adfico de actividad. Tampoco dej\u00f3 de seguirse el principio de la asociaci\u00f3n personal que tend\u00ed\u00ada a desligarse de toda fijaci\u00f3n espacial. Aqu\u00ed\u00ad no se dio una influencia directa por parte de las \u00f3rdenes de caballer\u00ed\u00ada; su constituci\u00f3n; lo mismo que la transformaci\u00f3n de otras estructuras constitucionales o la uni\u00f3n general de monasterios, era reflejo de una tendencia general eclesi\u00e1stica hacia la centralizaci\u00f3n, que fue favorecida por los papas. A este respecto no interesaba tanto la formaci\u00f3n de congregaciones de derecho, cuanto la creaci\u00f3n de ordenaciones controlables. Los primeros pasos se debieron a los cistercienses, con la organizaci\u00f3n de un cap\u00ed\u00adtulo general. Por iniciativa de Bernardo de Claraval, los monasterios benedictinos de la provincia eclesi\u00e1stica de Reims decidieron celebrar regularmente cap\u00ed\u00adtulos, y el concilio Lateranente iv oblig\u00f3 a todos los monasterios a celebrar capitulos provinciales, de los que saldr\u00ed\u00adan las congregaciones regionales, todav\u00ed\u00ada vigentes, y la visita can\u00f3nica por superiores de la orden. A la mitad del s. xii, la orden de los premonstratenses comenz\u00f3 a establecer una red de distritos de visita (\u00abcircar\u00ed\u00adas\u00bb) junto al antiguo sistema de filiaci\u00f3n, para desterrarlo finalmente. Por el mismo tiempo, los territorios de los templarios se dividieron en provincias, los de los caballeros de san Juan en lenguas y los de los caballeros teut\u00f3nicos, m\u00e1s de medio siglo despu\u00e9s, en bailias; la bail\u00ed\u00ada, como distrito de visita, se petrific\u00f3 al fin en corporaci\u00f3n aut\u00f3noma de personas y bienes. En las \u00f3rdenes mendicantes, la subdivisi\u00f3n en provincias se hizo ya seg\u00fan un plan. Y as\u00ed\u00ad, a pesar de las diferencias en el punto de partida, se abri\u00f3 paso una nivelaci\u00f3n de las estructuras de las \u00f3rdenes.<\/p>\n<p>La prohibici\u00f3n hecha por el Lateranense iv de fundar nuevas \u00f3rdenes, produjo una ancha cesura en la historia de \u00e9stas. No se trataba de recortar las m\u00faltiples posibilidades de expresar la vida espiritual, sino de tomar las riendas del insospechado eco que desde el s. xi hab\u00ed\u00ada encontrado, particularmente en las filas de los laicos, el llamamiento a la vita apostolica o a la restauraci\u00f3n del anacoretismo de la primitiva Iglesia, y de encauzarlo por los carriles tradicionales, f\u00e1ciles de controlar. La aspiraci\u00f3n a la pobreza completa, el impulso a la predicaci\u00f3n ambulante y la inteligencia literal de la Biblia, hab\u00ed\u00adan desembocado muchas veces en concepciones her\u00e9ticas. La piedad, que estaba sostenida las m\u00e1s de las veces por laicos y buscaba nuevas formas de vida, se mostr\u00f3 hasta muy entrada la tard\u00ed\u00ada edad media propensa a especulaciones y exaltadones absurdas. Paralelamente a la -> inquisici\u00f3n, que por estas d\u00e9cadas alcanz\u00f3 su primera forma, el decreto del concilio quer\u00ed\u00ada mantener el impulso religioso de la unidad de la Iglesia ante el impacto del movimiento c\u00e1taro.<\/p>\n<p>A la postre, esta medida no suprimi\u00f3 nuevas formas de \u00f3rdenes, sino que, a base de las antiguas reglas, las desarroll\u00f3 hacia un tipo que est\u00e1 representado por la orden franciscana, nacida antes del decreto conciliar. El tipo de \u00f3rdenes mendicantes, con su divisi\u00f3n en tres ramas: para hombres, para mujeres y para seglares que manten\u00ed\u00adan sus antiguas condiciones de vida, se halla ya preformado en los humiliati. Sin embargo, la fundaci\u00f3n de las \u00f3rdenes particulares tiene cada una su propia historia, nacida de circunstancias concretas. Influencias rec\u00ed\u00adprocas entre la orden franciscana y la dominicana parecen haberse dado \u00fanicamente a trav\u00e9s de la persona de Hugolino, cardenal obispo de Ostia (m\u00e1s tarde Gregorio IX), mientras que carmelitas y agustinos recoletos recibieron su forma definitiva por instrucci\u00f3n papal en estrecha dependencia de la orden dominicana.<\/p>\n<p>La quaestio franciscana, condicionada por un estado confuso de las fuentes (originado en el curso de la contienda sobre la pobreza), puede hoy d\u00ed\u00ada decidirse en el sentido de que, al principio, Francisco de As\u00ed\u00ads no aspir\u00f3 a un movimiento radical de renovaci\u00f3n del cristianismo en sentido social revolucionario, ni a una especie de \u00aborden tercera\u00bb sin forma visible de comunidad, que en el curso de una evoluci\u00f3n dirigida m\u00e1s o menos desde fuera -p. ej., por el protector Ugolino de Ostia &#8211; se habr\u00ed\u00ada trasformado contra su voluntad en una orden fija de hombres y mujeres. La formaci\u00f3n de una comunidad de frailes menores s\u00f3lo se comprende como imitaci\u00f3n de la decisi\u00f3n personal del santo de llevar una vida de pobreza sin componendas, lo que se realiz\u00f3 desde 1209 por libre adhesi\u00f3n al fundador. Francisco hab\u00ed\u00ada tomado su resoluci\u00f3n apart\u00e1ndose al mismo tiempo de la burgues\u00ed\u00ada urbana, alejamiento que se continu\u00f3 con deliberada inseguridad de existencia en la comunidad de frailes. Esto no excluye naturalmente que las formas de comunidad franciscana no vinieran a ser, bajo el favor y benevolencia de la curia, recept\u00e1culos de una piedad en extremo sensible para los movimientos de -> pobreza, sin que los franciscanos se percataran de los contextos en toda su extensi\u00f3n. Ya en 1210 Inocencio III hab\u00ed\u00ada confirmado oralmente un n\u00facleo de regla, cuya evoluci\u00f3n posterior qued\u00f3 fijada el a\u00f1o 1221 en la regula non bullata. En torno a la revisi\u00f3n de esta redacci\u00f3n para la regula bullata de 1223 surgieron las primeras tensiones, que deben atribuirse en parte a la dificultad de organizar una fraternidad que hab\u00ed\u00ada crecido poderosamente, y en parte a la preocupaci\u00f3n de que las limitaciones jur\u00ed\u00addicas acabaran con el entusiasmo por el ideal primitivo.<\/p>\n<p>La pobreza y la predicaci\u00f3n ambulante en el esp\u00ed\u00adritu de la vita apostolica estaban estrechamente unidas. Sin embargo, no puede pasarse por alto que, en la espiritualidad de la orden franciscana, ten\u00ed\u00ada preferencia la pobreza como expresi\u00f3n de la m\u00e1s alta perfecci\u00f3n, y en la orden dominicana estaba en primer plano la conversi\u00f3n, por la predicaci\u00f3n sistem\u00e1tica, de las masas populares extraviadas. La distinta acentuaci\u00f3n resulta de un punto de partida con otra motivaci\u00f3n; pues Domingo se uni\u00f3 en 1206 a la predicaci\u00f3n dirigida por cistercienses contra c\u00e1taros y valdenses en el sur de Francia y, para dar cr\u00e9dito a su predicaci\u00f3n abraz\u00f3, bajo la direcci\u00f3n espiritual de su obispo, Diego de Osma, una vida de pobreza. Mientras Francisco rechazaba para su comunidad toda residencia fija como consecuencia de la total pobreza exigida y, por raz\u00f3n de la plena desligaci\u00f3n local, somet\u00ed\u00ada ya en 1210 su asociaci\u00f3n de personas inmediatamente a la jurisdicci\u00f3n papal, la orden de frailes predicadores comenz\u00f3 en 1214-1215 su existencia en Toulouse con la posesi\u00f3n de una casa y modestos ingresos fijos, y por de pronto ve\u00ed\u00ada limitada su actividad al obispado de Toulouse. S\u00f3lo se lleg\u00f3 a una agudizaci\u00f3n de la pobreza in communi, que rechazaba los ingresos fijos, pero no la posesi\u00f3n de una casa, despu\u00e9s que la fraternidad, en 1217, renunci\u00f3 a vincularse a un campo limitado de trabajo; la medida de la pobreza se orient\u00f3 por las constituciones de la orden de Grandmont. Por indicaci\u00f3n de la curia, el cap\u00ed\u00adtulo de pentecost\u00e9s de 1216 decidi\u00f3 admitir la regla de san Agust\u00ed\u00adn seg\u00fan las costumbres premonstratenses, si bien el principio de la stabilitas loci se modific\u00f3 en favor de una stabilitas en el conjunto de la orden, de forma que as\u00ed\u00ad se asegur\u00f3 el car\u00e1cter de una asociaci\u00f3n personal.<\/p>\n<p>Particularmente la segunda fase de los or\u00ed\u00adgenes de la orden dominicana, est\u00e1 caracterizada por rasgos de una planificaci\u00f3n racional, mientras que la orden franciscana se desarrollaba por la espontaneidad de un impulso m\u00e1s irracional. Esto atrajo a los frailes menores una afluencia incomparablemente m\u00e1s fuerte, pero, a la muerte del fundador, tambi\u00e9n trajo cierta inseguridad en la interpretaci\u00f3n de la regla; en cambio, los frailes predicadores buscaron ya muy pronto un solo favor por parte del papado y recibieron as\u00ed\u00ad (especialmente por el tipo de bula preferido por Gregorio IX: Quoniam abundavit) la apariencia externa de una tropa papal de combate contra la herej\u00ed\u00ada y el paganismo. La edad de oro de la orden cisterciense hab\u00ed\u00ada pasado; acciones generales de predicaci\u00f3n contra movimientos her\u00e9ticos en el norte de Italia fueron ahora encomendadas a los dominicos, que se encargaron tambi\u00e9n de las misiones en el espacio del mar B\u00e1ltico, mientras los franciscanos acomet\u00ed\u00adan la evangelizaci\u00f3n de los dominios isl\u00e1micos. Y hacia mediados del s. XIII, la santa sede no s\u00f3lo buscaba unir comunidades religiosas de car\u00e1cter tradicional, sino igualarlas tambi\u00e9n con los mendicantes, a fin de aprovechar su personal para un apostolado m\u00e1s intenso entre el pueblo.<\/p>\n<p>Los solitarios que desde 1155 aproximadamente viv\u00ed\u00adan en el Carmelo, recibieron en 1207-1210 del patriarca de Jerusal\u00e9n una regla; pero, ante la amenazadora situaci\u00f3n pol\u00ed\u00adtica, emigraron en el segundo cuarto del s. XIII a Europa y, gracias a los esfuerzos del ingl\u00e9s Simon Stock, pudieron escapar a la disoluci\u00f3n de la orden a pesar de lo disperso de sus residencias. En el concilio de Ly\u00f3n confirm\u00f3 Inocencio iv su regla, pero les oblig\u00f3 a abandonar la estructura puramente erem\u00ed\u00adtica de su orden (1247), hasta que, en 1253, los carmelitas pudieron ser equiparados oficialmente a los mendicantes. Por encargo igualmente de Inocencio iv, en 1243 el cardenal Ricardo Annibaldi reuni\u00f3 diversos grupos de eremitas de la Toscana y les dio, en 1244, la regla de san Agust\u00ed\u00adn. Estos ermita\u00f1os de san Agustin vinieron a ser centro de una nueva reuni\u00f3n de comunidades en parte completamente heterog\u00e9neas: los guillermitas, constituidos en 1153 como eremitas, siguieron desde 1237 la regla benedictina en la interpretaci\u00f3n de los cistercienses, sin abandonar la forma erem\u00ed\u00adtica de vida, pero se separaron otra vez de la uni\u00f3n de 1256; las congregaciones de los britinianos y de los juanbonitas no nacieron hasta comienzos del s. xiii y trataron de unir la vida erem\u00ed\u00adtica con un estilo de pobreza tomado de los franciscanos y con la predicaci\u00f3n; en cambio, ninguna relaci\u00f3n guardaban con el anacoretismo los pobres cat\u00f3licos, que ten\u00ed\u00adan sus ra\u00ed\u00adces en los valdenses, y eran sucesores de Durando de Huesca; en 1272 fueron unidos a los ermita\u00f1os de san Agust\u00ed\u00adn. De una reuni\u00f3n de comunidades erem\u00ed\u00adticas salieron tambi\u00e9n los servitas de Florencia (1240), los paulinos de Hungr\u00ed\u00ada (1250) y los jer\u00f3nimos de Espa\u00f1a (mitad del s. xiv); todos ellos aceptaron igualmente la regla agustiniana y se consagraron a la actividad apost\u00f3lica.<\/p>\n<p>Las \u00f3rdenes mendicantes principales fueron las verdaderas columnas de la -> escol\u00e1stica, a cuyo favor, por razones de competencia, las \u00f3rdenes m\u00e1s antiguas pospusieron su propia teolog\u00ed\u00ada de orientaci\u00f3n patr\u00ed\u00adstica. Todas las \u00f3rdenes mendicantes hubieron de luchar con notables dificultades internas. Todav\u00ed\u00ada se desconoce la manera c\u00f3mo los carmelitas lograron su transformaci\u00f3n de eremitas en cenobitas; sin embargo, la radicaci\u00f3n simb\u00f3lica en el escapulario de los privilegios de la orden que constitu\u00ed\u00adan su nueva forma, parece remontarse a profundas discusiones. En la orden de ermita\u00f1os de san Agust\u00ed\u00adn hubieron de tolerarse en gran parte formas de vida erem\u00ed\u00adtica; luego se trat\u00f3 de superar el contraste propugnando la uni\u00f3n de ambas formas de vida como nota caracter\u00ed\u00adstica del status perfectissimus. En el trasfondo estaba aqu\u00ed\u00ad la cuesti\u00f3n de qu\u00e9 forma de vida religiosa realizaba con mayor pureza, seg\u00fan las profec\u00ed\u00adas de Joaqu\u00ed\u00adn de Fiore, la era del monacato. Esa cuesti\u00f3n dio a la disputa franciscana sobre la pobreza su verdadera explosividad, que puso en tela de juicio el ensayo &#8211; de Buenaventura (1260) y de la bula Exiit qui seminat de Nicol\u00e1s III (1279) &#8211; de canonizar una l\u00ed\u00adnea media (sacerdotes de la orden con tendencia a una residencia permanente). Los espirituales exig\u00ed\u00adan la observancia literal de la regla y del testamento de san Francisco, sin interpretaci\u00f3n papalmente autorizada, as\u00ed\u00ad como la primac\u00ed\u00ada de la vida contemplativa, y repudiaban toda actividad cient\u00ed\u00adfica, con lo que absolutizaban la pobreza religiosa y la identificaban con la perfecci\u00f3n suprema. Por eso, Juan xxii les min\u00f3 jur\u00ed\u00addica y teol\u00f3gicamente el terreno, al revocar en 1322\/23 la bula Exiit, rechazar que el papa fuera el supremo posesor de las residencias franciscanas y declarar finalmente her\u00e9tica la sentencia de que Cristo y los ap\u00f3stoles no poseyeron bienes in communi. La tendencia de la orden &#8211; dispuesta a la componenda &#8211; que no rechazaba los bienes inmuebles y las rentas seguras, logr\u00f3 la victoria para la \u00e9poca siguiente; los espirituales, llamados fraticelli, vivieron fuera de la orden hasta 1466.<\/p>\n<p>El pontificado de Juan xxii supuso tambi\u00e9n un cambio de direcci\u00f3n en el movimiento religioso femenino. El grito de retorno a la vita apostolica hall\u00f3 eco sobre todo en el mundo femenino e impuls\u00f3 a la formaci\u00f3n de grupos religiosos con estricta clausura, derivada del alejamiento erem\u00ed\u00adtico, y en estrecha subordinaci\u00f3n a una comunidad masculina correspondiente. Al filo de esta evoluci\u00f3n no s\u00f3lo cambi\u00f3 la forma de vida de los monasterios femeninos existentes, sino que nacieron tambi\u00e9n nuevas \u00f3rdenes femeninas. Gilberto de Sempringham fund\u00f3 en 1135 una forma de comunidad femenina que llenar\u00ed\u00ada el deseo de perfecci\u00f3n de mujeres fervorosas, y asign\u00f3 a cada monasterio un can\u00f3nigo que lo atendiera espiritualmente; este instituto fue imitado desde 1369 por la orden escandinava de santa Br\u00ed\u00adgida. Muchos centros premonstratenses nacieron ya como monasterios dobles. Clara de As\u00ed\u00ads fue la primera en unirse a los frailes menores y pas\u00f3 a ser centro de la naciente orden de las clarisas. Para facilitar a las comunidades c\u00e1taras de mujeres despu\u00e9s de su conversi\u00f3n una forma equivalente de vida, Domingo cre\u00f3 en el marco de su praedicatio Jesu Christi en el sur de Francia un monasterio en Prouille, que fue modelo para la orden de dominicas. Pero ya en la segunda mitad del s. xii vieron los premonstratenses en los monasterios anejos de mujeres una carga insoportable; ellos y tambi\u00e9n los cistercienses buscaron en la tercera d\u00e9cada del s. xiii la manera de desentenderse de nuevo de los monasterios de mujeres. Ya pronto, tambi\u00e9n franciscanos y dominicos desplegaron considerable energ\u00ed\u00ada para podar la rama femenina; pues el problema mismo de la afluencia apenas pod\u00ed\u00ada resolverse.<\/p>\n<p>Por la resistencia de las \u00f3rdenes masculinas y la repulsa del episcopado naci\u00f3 en la orden de las magdalenas (desde 1224 particularmente en Alemania) y de las beguinas una soluci\u00f3n intermedia, que, en 1216, tom\u00f3 por vez primera forma visible en B\u00e9lgica. Su nueva nota era la via media, una vida en parte de retiro contemplativo y en parte de actividad caritativa, aisladamente o en comunidades a modo de monasterios, sin anexi\u00f3n a una orden existente ni recepci\u00f3n de una regla aprobada. Las beguinas no desarrollaron un tipo uniforme de vida de comunidad; en los Pa\u00ed\u00adses Bajos viv\u00ed\u00adan preferentemente en cortijos de beguinas; y, en Alemania, en casas normales, pero sencillas. Todas ten\u00ed\u00adan de com\u00fan el residir en los alrededores de las ciudades y llevar vida de pobreza, que no exclu\u00ed\u00ada, sin embargo, la propiedad personal. Las beguinas lograron en general salirse de la jurisdicci\u00f3n parroquial y unirse casi en todas partes, por lo menos en el apostolado, a los dominicos y franciscanos, lo que fue echar le\u00f1a al fuego en la tensi\u00f3n ya de suyo existente entre el clero secular y las \u00f3rdenes mendicantes.<\/p>\n<p>Como las beguinas eran tambi\u00e9n partidarias entusiastas de los espiritualistas provenzales, el concilio de Vienne conden\u00f3 \u00abla secta de begardos y beguinas\u00bb. La censura de ocuparse, sin la preparaci\u00f3n suficiente, de especulaci\u00f3n teol\u00f3gica y en leer escritos religiosos en lengua vulgar, hiri\u00f3 sin distinciones a la via media como tal. Juan xxii mand\u00f3 por los a\u00f1os de 1317-1318 que se dejara en paz a las comunidades sin sospecha, pero declar\u00f3 tambi\u00e9n que el status beginarum no pod\u00ed\u00ada tenerse de ninguna manera por aprobado, pues no observaba ninguna regla. Con ello se hab\u00ed\u00ada traspasado el punto culminante del movimiento de las beguinas. En el curso de los siglos xiv y xv, la mayor\u00ed\u00ada de las comunidades de beguinas y begardos (una contrapartida masculina nacida en la segunda mitad del s. xiii) fueron adoptando una de las reglas conocidas (generalmente la de san Agust\u00ed\u00adn y la regla de la orden tercera de los franciscanos, los terciarios regulares), pero sin abandonar la forma de vida a la vez contemplativa y caritativa; de ah\u00ed\u00ad naci\u00f3 el nuevo tipo de \u00abhermanas\u00bb y \u00abhermanos de la caridad\u00bb.<\/p>\n<p>IV. Reforma cat\u00f3lica y nuevos tipos de congregaci\u00f3n<br \/>\nYa en el s. xiii pudo notarse una reacci\u00f3n contra el movimiento de pobreza, que al fin penetr\u00f3 en todas las \u00f3rdenes. Como en las \u00f3rdenes m\u00e1s antiguas cada conventual particular pod\u00ed\u00ada reservarse porciones fijas, y no perd\u00ed\u00ada su derecho de propiedad sobre la herencia paterna, el sistema de prebendas vino a convertirse en pr\u00e1ctica ampliamente extendida, que condujo a una reducci\u00f3n permanente del n\u00famero de miembros de un convento y en casos dados pas\u00f3 a ser base de provisi\u00f3n para segundones de la nobleza. En muchos casos los cabildos de can\u00f3nigos fueron v\u00ed\u00adctimas del peligro interno que amenazaba la vita communis; los premonstratenses perdieron adem\u00e1s su \u00abcircar\u00ed\u00ada\u00bb romana. Los esfuerzos del concilio iv de Letr\u00e1n para reformar los monasterios benedictinos mediante la instituci\u00f3n del cap\u00ed\u00adtulo provincial, completada por los estatutos de Gregorio ix (1235-1237) y de Benedicto (1336), fracasaron por falta de una direcci\u00f3n central de la orden, no menos que por la pr\u00e1ctica corriente desde Inocencio iv hasta Juan xxii de dispensar de las medidas de reforma. De las reservas papales naci\u00f3 adem\u00e1s, sobre todo en los pa\u00ed\u00adses latinos, el abuso de las encomiendas, por las que las dignidades de abad eran provistas en personas ajenas al convento y a la orden, no mirando al provecho del monasterio, sino como ping\u00fces beneficios con que remediar la notoria escasez de dinero de la curia. En este abuso ha de buscarse la causa m\u00e1s importante de la decadencia de la disciplina mon\u00e1stica.<\/p>\n<p>Junto al cap\u00ed\u00adtulo provincial sigui\u00f3 existiendo el cap\u00ed\u00adtulo general de una congregaci\u00f3n religiosa. La organizaci\u00f3n cluniacense permaneci\u00f3 formalmente intacta hasta fines de la edad media; pero las fuerzas de renovaci\u00f3n partieron de las nuevas congregaciones. Cronol\u00f3gicamente y por su estructura (subdivisi\u00f3n en provincias), la congregaci\u00f3n de los olivetanos, salida de anacoretas y aprobada en 1344, fue un fen\u00f3meno aislado. La verdadera reforma benedictina arranc\u00f3 de Katl hacia 1380 y se extendi\u00f3 a unos 25 monasterios del sur de Alemania; fue un florecimiento tard\u00ed\u00ado de la reforma de Hirsau, que subsisti\u00f3 hasta 1469. Una congregaci\u00f3n que carec\u00ed\u00ada igualmente de vinculaciones jur\u00ed\u00addicas fue tambi\u00e9n la uni\u00f3n de Melk, que naci\u00f3 en 1418 de los esfuerzos de reforma del concilio de Constanza, as\u00ed\u00ad como de las influencias de Subiaco, e irradi\u00f3 hacia el sur de Alemania, Bohemia, Polonia y Hungr\u00ed\u00ada. La reforma, en cambio, de Santa Giustina en Padua constituy\u00f3 en 1419 una congregaci\u00f3n a la que se adhirieron casi todos los monasterios italianos (en el s. xvi cambi\u00f3 su nombre por Montecassino); para impedir la introducci\u00f3n de las encomiendas, la congregaci\u00f3n era aqu\u00ed\u00ad sujeto jur\u00ed\u00addico de todos los bienes del monasterio, se hac\u00ed\u00ada profesi\u00f3n a la congregaci\u00f3n y todos los cargos mon\u00e1sticos se ejerc\u00ed\u00adan (pro tempore) por mandato del cap\u00ed\u00adtulo general. Una v\u00ed\u00ada media entre el centralismo de Montecassino y la autonom\u00ed\u00ada de los monasterios particulares quiso seguir la congregaci\u00f3n de Bursfeld, formada en 1446 bajo el influjo de Santa Giustina y de San Mat\u00ed\u00adas de Tr\u00e9veris, a la que pertenec\u00ed\u00adan en total 111 monasterios y que perdur\u00f3 a los trastornos de la reforma protestante hasta 1802. Desde 1505 \u00f3 1641 se muestra tambi\u00e9n influenciada por Santa Giustina la congregaci\u00f3n de San Pablo que exist\u00ed\u00ada en Valladolid, cuya observancia comenz\u00f3 a propagarse, ya en 1436, a otros monasterios, y en 1504 fue mandada para todos los monasterios benedictinos de Espa\u00f1a.<\/p>\n<p>El impulso de reforma no s\u00f3lo en Kast, Melk, Bursfeld y Valladolid parti\u00f3 de los se\u00f1ores temporales del lugar, sino tambi\u00e9n en la orden premonstratense, comenzando por Magdeburgo en los a\u00f1os 1446-1447. La reforma condujo a una visitaci\u00f3n sistem\u00e1tica, promovida por Carlos de Francia y decidida en 1502, cuyas circunstancias pol\u00ed\u00adticas, sin embargo, fueron ocasi\u00f3n de que las \u00abcircar\u00ed\u00adas\u00bb inglesas (1512), escocesas y holandesas (1552) y espa\u00f1olas (1573) se separaran para formar congregaciones aut\u00f3nomas. Los comienzos de esta reforma estaban ya bajo el influjo de la congregaci\u00f3n de can\u00f3nigos de Windesheim, que naci\u00f3 en 1395; se incorporaron a ella (1500) 87 cabildos, y en conjunto fecund\u00f3 a 300 monasterios. Su piedad, que inicialmente tuvo fuerte car\u00e1cter contemplativo, se aproximaba a los hermanos de vida com\u00fan, una comunidad semirreligiosa de cl\u00e9rigos sin regla existente desde 1380, imitaci\u00f3n de los begardos, cuyo objeto era llevar a la vida del mundo una piedad \u00ed\u00adntima (devotio moderna). En Italia y Portugal ejercieron, desde 1404, cierta influencia los can\u00f3nigos de san Jorge de Alga (junto a Venecia).<\/p>\n<p>Por el descontento que produjo la relajaci\u00f3n del precepto de la pobreza despu\u00e9s de la intervenci\u00f3n de Juan aparecieron en la orden franciscana, independientes unos de otros, movimientos de retorno a la primitiva observancia en Italia (1368), Francia (1372), Hungr\u00ed\u00ada (1380) y Espa\u00f1a (1397). En 1415, el concilio de Constanza permiti\u00f3 al grupo reformista franc\u00e9s un vicario general y un cap\u00ed\u00adtulo general propios. Gracias al prestigio de Bernardino de Siena (+ 1444) y de Juan de Capistrano (+ 1456), subi\u00f3 de punto dentro de la orden la creciente observancia en contraste con los conventuales refractarios a la reforma, tanto m\u00e1s por el hecho de que las tentativas de uni\u00f3n hab\u00ed\u00adan fracasado, o bien, al no aceptarse m\u00e1s que parcialmente los deseos de reforma, hab\u00ed\u00adan llevado a la formaci\u00f3n de nuevos grupos. La \u00faltima tentativa ordenada por Le\u00f3n x trajo en 1517 una uni\u00f3n de todos los grupos de observantes, pero sell\u00f3 tambi\u00e9n la divisi\u00f3n de la orden en observantes y conventuales; los observantes lograron claro predominio al mandar el cardenal Jim\u00e9nez de Cisneros a los franciscanos espa\u00f1oles que se unieran a aqu\u00e9llos. Sin embargo, por su gran dilataci\u00f3n la observancia perdi\u00f3 fuerza interna, de suerte que, aguijados por el deseo de m\u00e1s alta perfecci\u00f3n, surgieron dentro de la observancia nuevos grupos de reforma (en 1531 los riformati de Italia, en 1540 los alcantarinos de Espa\u00f1a y en 1592-1602 los recoletos de Francia; en 1897 unidos todos de nuevo a la observancia). El grupo m\u00e1s importante de reforma fueron los capuchinos. Iniciada el a\u00f1o 1525, esta reforma aspiraba bajo Luis de Fossombrone, el verdadero fundador, a una restauraci\u00f3n de la bula Exiit, con tendencias a la vida erem\u00ed\u00adtica, que fue aprobada en 1536. En 1619 los capuchinos lograron hacerse independientes del ministro general de los conventuales y, con ellos, formar una orden propia; desde entonces se consagraron tambi\u00e9n m\u00e1s intensamente al apostolado popular (misiones) y se pusieron particularmente al servicio de los esfuerzos de la contrarreforma.<\/p>\n<p>Caracter\u00ed\u00adstica de estos movimientos de reforma es la necesidad de alejamiento erem\u00ed\u00adtico y, con ello, dentro de las \u00f3rdenes mendicantes, un retorno en mucho casos a la primitiva forma de existencia. El impulso vino de contactos con los camaldulenses y, en el caso de la observancia de los jer\u00f3nimos de 1422, con los cartujos. Los eremitas del sur de Italia, unidos el a\u00f1o 1454 en la orden de los minimos (confirmada en 1493 por Alejandro vii), viv\u00ed\u00adan juntos en eremitorios; no se salieron de la orden franciscana, y segu\u00ed\u00adan la regla de san Francisco, si bien con el fin de llevar una vida m\u00e1s estrecha que la prescrita por Francisco a los frailes menores. Por estadios de reforma semejantes a los de los franciscanos pasaron tambi\u00e9n los servitas. De Montesenario, cuna de la orden, sali\u00f3 en 1411 un movimiento de reforma que recibi\u00f3 en 1440 un vicario general propio, pero no pudo impedir la separaci\u00f3n de nuevos grupos reformistas (as\u00ed\u00ad, en 1491, la observancia de Corvara). Todos ellos, incluso la \u00faltima reforma de los servitas descalzos (1593), aspiraban a restaurar el primigenio ideal erem\u00ed\u00adtico.<\/p>\n<p>Un movimiento de observantes parti\u00f3 tambi\u00e9n del sur de Alemania en 1389 por obra de Raimundo de Capua, y fue en\u00e9rgicamente favorecido en Italia por Catalina de Siena. Aqu\u00ed\u00ad tambi\u00e9n se formaron grupos particulares (as\u00ed\u00ad por obra de Girolamo Savonarola) una vez que, por los a\u00f1os 1475-1477, Sixto iv permiti\u00f3 de modo general la posesi\u00f3n de bienes ra\u00ed\u00adces; pero no se lleg\u00f3 a escisiones definitivas, porque los conventuales, por iniciativa de P\u00ed\u00ado v, entraron en la observancia. M\u00e1s marcada que entre los dominicos fue la corriente de observancia en la orden de los carmelitas, en el sentido de mantener el rigor antiguo, cuya mitigaci\u00f3n se hab\u00ed\u00ada solicitado en 1430 de Eugenio iv. El general Juan Soreth, en 1466, quiso contrarrestar la formaci\u00f3n de grupos aparte por medio de una reforma general, que no tuvo \u00e9xito duradero, pero condujo a la creaci\u00f3n de la rama femenina, que a\u00fan faltaba; pues en 1452, tras una visita del cardenal Nicol\u00e1s de Cusa, las beguinas de G\u00fceldres se unieron a los carmelitas.<\/p>\n<p>De las monjas carmelitas arrancar\u00ed\u00ada en 1563 una escisi\u00f3n de toda la orden, que se debi\u00f3 \u00fanicamente a la energ\u00ed\u00ada de Teresa de Jes\u00fas. En su m\u00ed\u00adstica entraba, adem\u00e1s del retiro erem\u00ed\u00adtico, la introducci\u00f3n de una clausura. A eso a\u00f1adi\u00f3 Juan de la Cruz en la rama masculina desde 1568, entre grand\u00ed\u00adsimas dificultades, la renuncia (abandonada luego) a la cura de almas y a la predicaci\u00f3n.<\/p>\n<p>La divisi\u00f3n de la orden en carmelitas \u00abcalzados\u00bb y \u00abdescalzos\u00bb se concluy\u00f3 por iniciativa del partido reformador en 1593. Por el mismo tiempo se dividieron tambi\u00e9n los ermita\u00f1os de san Agust\u00ed\u00adn en \u00abcalzados\u00bb y \u00abdescalzos\u00bb, una vez que tambi\u00e9n entre ellos (sobre todo en Italia, Espa\u00f1a y Alemania), desde fines del s. xiv, la observancia hab\u00ed\u00ada hallado expresi\u00f3n visible en diversas congregaciones.<\/p>\n<p>Como fen\u00f3meno caracter\u00ed\u00adstico, el deseo de volver al ideal primitivo de la fraternidad y desprenderse del lastre hist\u00f3rico acumulado, se hab\u00ed\u00ada despertado en la mayor\u00ed\u00ada de las \u00f3rdenes mendicantes a fines del s. xiv. Ten\u00ed\u00ada sus ra\u00ed\u00adces en el esfuerzo de la Iglesia de la baja edad media por la propia reforma, y ni siquiera en los ep\u00ed\u00adgonos del movimiento de reforma fue una reacci\u00f3n contra la reforma protestante, que, seg\u00fan la manera de entenderse a s\u00ed\u00ad misma, no quer\u00ed\u00ada por su parte m\u00e1s que restablecer el cristianismo primitivo. Por mucho que todas las \u00f3rdenes hubieran de sufrir a causa de la hostilidad de los reformadores protestantes frente a la vida mon\u00e1stica y por muy considerables p\u00e9rdidas que hubieran de lamentar en sus propias filas, en ninguna parte, sin embargo, es de observar una ruptura decisiva en la evoluci\u00f3n de la estructura como tal de cada orden. Las tentativas de reforma de las \u00f3rdenes mon\u00e1sticas y canonicales m\u00e1s antiguas no han de mirarse como retorno a la primitiva forma de vida, sino, m\u00e1s bien, como ensayos de adaptaci\u00f3n con miras a las ventajas de una asociaci\u00f3n personal, para escapar a la propia decadencia. Dentro de esta corriente reformista que mira menos al pasado, hay que poner, en el marco de la -> reforma cat\u00f3lica, las nuevas creaciones de \u00f3rdenes, que est\u00e1n representadas por la orden de los jesuitas, cuyo origen tampoco puede atribuirse a la reforma protestante. El prototipo de esas \u00f3rdenes parecen ser los hermanos de vida com\u00fan, aunque no puede demostrarse un apoyo directo en ellos; y precisamente esta comunidad s\u00f3lo en escasos restos pudo escapar a la ruina entre los trastornos de la reforma protestante.<\/p>\n<p>Cuestiones arduas acerca de la extensi\u00f3n del alejamiento erem\u00ed\u00adtico o de la pobreza estaban fuera del horizonte de dichas \u00f3rdenes; su intenci\u00f3n fundamental era servir a Dios en la Iglesia visible por medio de una profunda piedad, viendo ah\u00ed\u00ad el cumplimiento de su aspiraci\u00f3n a la perfecci\u00f3n personal. Hasta qu\u00e9 punto desempe\u00f1aba papel secundario la forma exterior de vida y, consiguientemente, tambi\u00e9n la forma de la orden, se pone de manifiesto en los oblatos de san Ambrosio, comunidad de sacerdotes que, desde 1578, se consagraban al apostolado en la di\u00f3cesis de Mil\u00e1n, y viv\u00ed\u00adan juntos en casas de colegiatas o aisladamente en puestos de cura de almas. Car\u00e1cter semejante ten\u00ed\u00adan los oratorios (sin votos ni reglas), fundados (desde 1564) por Felipe Neri en Italia, y los oratorios franceses, creados por Pierre de B\u00e9rulle (desde 1611), que estaban bajo un superior general com\u00fan. Tambi\u00e9n la congregaci\u00f3n de los teatinos sali\u00f3 de un oratorio de sacerdotes y laicos, mas por obra de sus fundadores Cayetano de Tiene y Gianpietro Carafa (el futuro Paulo iv) adopt\u00f3 en 1524 la regla de san Agust\u00ed\u00adn con los privilegios de los can\u00f3nigos lateranenses, y origin\u00f3 as\u00ed\u00ad el tipo de cl\u00e9rigos regulares. Rasgos m\u00e1s tradicionales todav\u00ed\u00ada ostentan los barnabitas, que en 1533 recibieron una regla propia y, adem\u00e1s de practicar el apostolado, llevaban una vida de penitencia y cultivaban el rezo coral solemne.<\/p>\n<p>La Compa\u00f1ia de Jes\u00fas no fue la primera orden de cl\u00e9rigos regulares, pero imprimi\u00f3 por primera vez el sello decisivo a este tipo de orden. No tom\u00f3 una regla en el sentido tradicional, sino que su fundador Ignacio de Loyola \u00fanicamente le dio estatutos religiosos, que se compon\u00ed\u00adan de un Examen generale y de las Constituciones en diez partes, y que fueron aceptados en 1558. Como norma exterior, presupon\u00ed\u00adan el encuentro individual de cada miembro con Cristo, al que deb\u00ed\u00adan conducir los -> Ejercicios, que Ignacio desarroll\u00f3 a base de su experiencia personal. La finalidad era todav\u00ed\u00ada limitada cuando Ignacio y seis compa\u00f1eros el a\u00f1o 1534 formaron en Par\u00ed\u00ads una comunidad; sin embargo, por motivos pol\u00ed\u00adticos no pudo llevarse a cabo una misi\u00f3n entre gentiles en Tierra Santa, de suerte que la societas o compa\u00f1\u00ed\u00ada se puso a disposici\u00f3n del papa. El campo de trabajo cobr\u00f3 as\u00ed\u00ad car\u00e1cter universal con puntos especiales de gravedad en la formaci\u00f3n de los cl\u00e9rigos, el apostolado por estamentos (en el s. xvii misiones populares) y la evangelizaci\u00f3n de los gentiles. Por la plenitud de poderes del general de la orden, elegido de por vida, con perjuicio de las instancias intermedias tradicionales, se acentu\u00f3 m\u00e1s fuertemente que hasta entonces el car\u00e1cter centralista de la asociaci\u00f3n personal. Y por la divisi\u00f3n, desde 1546, de los miembros en profesos con cuatro votos solemnes (el cuarto de obediencia especial al papa) y coadjutores con s\u00f3lo tres votos simples (que obligaban al que los emit\u00ed\u00ada, no a la orden), recibi\u00f3 la orden un car\u00e1cter de minor\u00ed\u00ada selecta, tanto m\u00e1s por el hecho de que, al aumentar bajo el general Acquaviva (1581-1615) hasta 27 el n\u00famero de provincias, no subi\u00f3 proporcionalmente el n\u00famero de profesos. Al unir la propia formaci\u00f3n a fondo de sus miembros y los nuevos m\u00e9todos de apostolado, acu\u00f1ados por la Compa\u00f1\u00ed\u00ada misma (ejercicios, congregaciones marianas, catecismo, universidades y colegios), \u00e9sta vino a ser uno de los instrumentos m\u00e1s importantes de la reforma tridentina.<\/p>\n<p>La limitaci\u00f3n (por poco tiempo) de los primeros jesuitas a un solo campo de trabajo, era desde el principio en las comunidades coet\u00e1neas una nota relevante. As\u00ed\u00ad en los somascos, nacidos en 1532 (cuidado de los enfermos y educaci\u00f3n de los ni\u00f1os hu\u00e9rfanos); en los camilos, fundados en 1584 (cuidado de los enfermos); en los escolapios, constituidos en 1604 (escuelas); y en los hermanos de las escuelas cristianas, fundados en 1681. Las comunidades sacerdotales de St-Sulpice (desde 1642) y de los eudistas (desde 1643), por raz\u00f3n de sus experiencias en la misi\u00f3n interior de Francia, se limitaron a la formaci\u00f3n de los aspirantes al sacerdocio; son tenidos por creadores del seminario tridentino en Francia. La congregaci\u00f3n de los lazaristas, fundada en 1625 por Vicente de Pa\u00fal, se dedic\u00f3 a las misiones populares y entre los paganos, as\u00ed\u00ad como a la educaci\u00f3n del clero. Por un cuarto voto se obligaban sus miembros a permanecer fieles a estos deberes mientras pertenecieran a la sociedad. La ense\u00f1anza y el cuidado de los enfermos eran el fin especial de la mayor\u00ed\u00ada de las \u00f3rdenes o congregaciones femeninas; las salesas, fundadas en 1610 por Francisco de Sales y Francisca Fremiot de Chantal, se consagraron al cuidado de los enfermos y pasaron al trabajo de la ense\u00f1anza cuando, al aceptar en 1618 la regla de san Agust\u00ed\u00adn, la comunidad se convirti\u00f3 en orden religiosa.<\/p>\n<p>Los votos p\u00fablicos solemnes constitu\u00ed\u00adan una asociaci\u00f3n en orden, y los votos simples hac\u00ed\u00adan de ella una congregaci\u00f3n religiosa. La Compa\u00f1\u00ed\u00ada de Jes\u00fas un\u00ed\u00ada ambas formas por la divisi\u00f3n en profesos y coadjutores; esta distinci\u00f3n perdi\u00f3 importancia para la estructura exterior de la orden, pues en 1550 fue reconocida por la Iglesia la emisi\u00f3n de votos simples y el a\u00f1o 1583-84 afirm\u00f3 Gregorio xiii que tambi\u00e9n los coadjutores deb\u00ed\u00adan ser tenidos por verdaderos religiosos. Pervivencia de la vieja desconfianza respecto de comunidades semirreligiosas y abusos actuales, obligaron en 1563 al concilio de Trento a reforzar la clausura y someter todos los monasterios o conventos de mujeres al obispo diocesano. La asociaci\u00f3n de las ursulinas fue fundada en 1535 en Brescia por, Angela M\u00e9rici para la educaci\u00f3n de la juventud femenina y con regla propia, pero sin vida com\u00fan; Carlos Borromeo las llam\u00f3 en 1569 a Mil\u00e1n y all\u00ed\u00ad introdujo el a\u00f1o 1572 la vida com\u00fan y los votos simples; las congregaciones de ursulinas fundadas desde 1596 en Francia seg\u00fan el modelo italiano, recibieron por vez primera en 1612 la regla de san Agust\u00ed\u00adn y la profesi\u00f3n solemne. Estaba particularmente en colisi\u00f3n con las disposiciones tridentinas el instituto de las se\u00f1oritas inglesas, fundado en 1609 tambi\u00e9n para la educaci\u00f3n de la juventud femenina. Puesto que se pensaba en Inglaterra como campo especial de trabajo, la fundadora Mar\u00ed\u00ada Ward vio en la Compa\u00f1\u00ed\u00ada de Jes\u00fas un modelo apropiado para la estructura de su asociaci\u00f3n, para la que ped\u00ed\u00ada tambi\u00e9n exenci\u00f3n de clausura. El a\u00f1o 1631 Urbano viii suprimi\u00f3 el instituto, pero permiti\u00f3 a la comunidad que prosiguiera la actividad educativa. La prohibici\u00f3n de Benedicto en 1749, de reconocer a Mar\u00ed\u00ada Ward como fundadora, ten\u00ed\u00ada por objeto subrayar el derecho de jurisdicci\u00f3n del obispo diocesano. Al anular P\u00ed\u00ado x en 1907 esta prohibici\u00f3n, aprobaba con ello el tipo de congregaci\u00f3n femenina que hab\u00ed\u00adan iniciado las se\u00f1oritas inglesas. Ya en 1634 siguieron las hermanas de la caridad de san Vicente de Pa\u00fal, y en 1652 las hermanas de la caridad de san Carlos Borromeo, para el cuidado de los enfermos. Por la vinculaci\u00f3n regional de tales asociaciones nacieron muchas, independientes entre s\u00ed\u00ad, con el mismo nombre e id\u00e9ntica finalidad.<\/p>\n<p>El desarrollo definitivo del tipo de congregaci\u00f3n, prefigurado ya en la baja edad media, se realiz\u00f3 sin fricciones en el sector masculino; diferencias particulares s\u00f3lo son aqu\u00ed\u00ad de importancia can\u00f3nica. La \u00faltima transici\u00f3n se manifiesta aqu\u00ed\u00ad sensiblemente en la evoluci\u00f3n de los escolapios, que en 1621 fueron reconocidos por Gregorio xv como orden, con la regla de san Agust\u00ed\u00adn y profesi\u00f3n solemne; quedaron degradados en 1645, a consecuencia de disensiones internas, a la condici\u00f3n de asociaci\u00f3n sin votos, y en 1656 fueron aprobados nuevamente por Alejandro vn como congregaci\u00f3n con votos simples. En esta forma sigui\u00f3, el a\u00f1o 1725, la fundaci\u00f3n de los pasionistas, para las misiones interiores y exteriores; y, en 1735, la de los redentoristas, con el fin especial de las misiones populares. Estos \u00faltimos, por el prestigio de su fundador Alfonso de Ligorio, alcanzaron mayor importancia en el s. xix.<\/p>\n<p>V. Secularizaci\u00f3n y regeneraci\u00f3n de la vida religiosa<br \/>\nLa -> secularizaci\u00f3n, que no es una medida uniforme, sino un proceso complejo que se dilata por un siglo, se anunci\u00f3 ya cuando en 1759 los jesuitas fueron expulsados de Portugal y sus colonias. Fue una uni\u00f3n compleja de fuerzas (intereses pol\u00ed\u00adticos, antieclesi\u00e1sticos y disputas de escuela) la que condujo a la expulsi\u00f3n de los jesuitas de todos los pa\u00ed\u00adses de las dinast\u00ed\u00adas borb\u00f3nicas (1764-1768) y, finalmente, a la supresi\u00f3n en 1773 de la orden misma por Clemente xiv, \u00abpara conservar la necesaria paz de la Iglesia\u00bb, en expresi\u00f3n del breve papal. Ya por este tiempo quedaron envueltos los redentoristas en la enemistad contra los jesuitas, pues su car\u00e1cter de congregaci\u00f3n daba la impresi\u00f3n de especial fidelidad al papa, reproche por el que hubieron de sufrir tambi\u00e9n todas las congregaciones semejantes en el Kulturkampf . La incomprensi\u00f3n \u00abilustrada\u00bb del ideal cat\u00f3lico de vida religiosa origin\u00f3 en Francia, el a\u00f1o 1766, una secularizaci\u00f3n parcial de monasterios y conventos de toda tendencia. Secularizaciones parciales en Lombard\u00ed\u00ada bajo Mar\u00ed\u00ada Teresa y finalmente (1782) en Austria-Hungr\u00ed\u00ada, iban dirigidas contra los monasterios \u00abin\u00fatiles y superfluos\u00bb, que llevaban \u00abuna vida puramente contemplativa\u00bb; en cambio, las medidas en Baviera (desde 1769) trataban de recortar principalmente las \u00f3rdenes mendicantes. La secularizaci\u00f3n general en Francia del a\u00f1o 1790 respond\u00ed\u00ada a dificultades econ\u00f3micas del Estado y al deseo de eliminar toda posici\u00f3n de privilegio; y la secularizaci\u00f3n de Alemania en 1803 ten\u00ed\u00ada como presupuesto la intenci\u00f3n de adquirir fondos por parte de los monarcas. En realidad, tras los decretos de cierre, hab\u00ed\u00ada toda una escala de motivos, que iban desde la conciencia de responsabilidad del Estado aun en orden al bien religioso de sus s\u00fabditos, hasta el anticlericalismo por principio, pues de lo contrario no pueden explicarse que id\u00e9nticas medidas se hicieran eficaces en Espa\u00f1a (1821 y 1835) y Portugal (1843), como tambi\u00e9n en Italia (1866) y Suiza (1805-1874).<\/p>\n<p>Hasta sectores fieles a la Iglesia, bajo el influjo de las ideas de la ilustraci\u00f3n (desde 1700 s\u00fabita falta de vocaciones para proveer las prebendas regulares de los cabildos), se hab\u00ed\u00adan dejado imbuir por las tendencias de secularizaci\u00f3n; pero en ninguna parte justificaba el estado de la disciplina religiosa una intervenci\u00f3n en tal grado. La reforma tridentina hab\u00ed\u00ada logrado una renovaci\u00f3n duradera de las \u00f3rdenes con oficio coral por la reactivaci\u00f3n de las congregaciones, que s\u00f3lo de manera vacilante se hab\u00ed\u00adan formado en la edad media y hab\u00ed\u00adan quedado en parte ineficaces. Las congregaciones hab\u00ed\u00adan recibido ahora car\u00e1cter jur\u00ed\u00addico, limit\u00e1ndose considerablemente en las congregaciones benedictinas de Italia y parcialmente en las de Francia la autonom\u00ed\u00ada de los monasterios particulares. Un notable nivel de los estudios entre los benedictinos (maurinos) y los premonstratenses, y una reforma de los cistercienses en los trapenses (1664), fueron frutos ampliamente visibles.<\/p>\n<p>S\u00f3lo unas pocas \u00f3rdenes desaparecieron completamente por efecto de la secularizaci\u00f3n, pero el cuadro general se modific\u00f3 fundamentalmente. Como la supresi\u00f3n no se dio en todas partes al mismo tiempo y con la restauraci\u00f3n de la Compa\u00f1\u00ed\u00ada de Jes\u00fas por P\u00ed\u00ado vii el a\u00f1o 1814 comenz\u00f3 de nuevo el proceso de regeneraci\u00f3n, las \u00f3rdenes particulares pudieron sobrevivir a la tormenta en escasos restos. Mientras las asociaciones personales con estructura central lograron poco a poco el retorno a la situaci\u00f3n anterior y la fundaci\u00f3n de nuevas residencias, las \u00f3rdenes corales que se fundaban sobre la autonom\u00ed\u00ada mon\u00e1stica y necesitaban una m\u00e1s amplia base econ\u00f3mica, tuvieron mayores dificultades. Por eso fue desproporcionadamente escasa la parte que tomaron las congregaciones mon\u00e1sticas y canonicales en el proceso de regeneraci\u00f3n del s. xix. Como la variedad de las nuevas congregaciones determin\u00f3 el cuadro de las \u00f3rdenes religiosas en el s. xix, por la secularizaci\u00f3n cambi\u00f3 fundamentalmente la apariencia exterior de la vida religiosa, pero no la l\u00ed\u00adnea de su evoluci\u00f3n.<\/p>\n<p>Si se prescinde del culto al Esp\u00ed\u00adritu Santo (misioneros del Espiritu Santo desde 1848 y sociedad del Verbo divino desde 1875), no se not\u00f3 en las nuevas fundaciones un nuevo impulso de piedad; tambi\u00e9n en ellas domin\u00f3 la devoci\u00f3n al coraz\u00f3n de Jes\u00fas, a la eucarist\u00ed\u00ada y la Inmaculada. Un campo concreto de trabajo, para el que otras \u00f3rdenes no ofrec\u00ed\u00adan fuerzas o las ofrec\u00ed\u00adan insuficientes, sigui\u00f3 siendo, con una acentuaci\u00f3n aparentemente unilateral del apostolado, ocasi\u00f3n y raz\u00f3n de ser de la nueva fundaci\u00f3n. Las fundaciones de comienzos del s. xix se concentraron en los campos tradicionales de misiones populares, direcci\u00f3n de seminarios y cura ordinaria de almas; pero, en el segundo cuarto de siglo, comenzaron a consagrarse adicionalmente a las misiones entre paganos (sociedad Picpus, oblatos de la inmaculada concepci\u00f3n de Maria, maristas y misioneros de la preciosa sangre). Como secuela del colonialismo, la actividad misional de la Iglesia se dilat\u00f3 de manera insospechada, y para sus fines nacieron nuevas congregaciones (en 1854, los misioneros del coraz\u00f3n de Jes\u00fas; en 1866-1885, los hijos del sagrado coraz\u00f3n de Jes\u00fas; en 1868, los padres blancos de \u00ed\u0081frica; y, en 1877, los sacerdotes del coraz\u00f3n de Jes\u00fas); otras congregaciones, como los salesianos de Don Bosco, o los salvatorianos, o los palottinos, no se consagraron a misiones de infieles hasta fines del s. xix. Los asuncionistas, fundados en 1854, que se hicieron benem\u00e9ritos en la prensa y en sus contactos con la ortodoxia del pr\u00f3ximo oriente, aparecen en este cuadro general como una excepci\u00f3n. La mayor parte de estas instituciones, nacidas en Francia o Italia (a excepci\u00f3n de la sociedad del Verbo divino) se crearon la correspondiente rama femenina. Apenas pueden enumerarse todas las fundaciones femeninas que se dedicaron dentro del marco tradicional al cuidado de los enfermos y a la ense\u00f1anza, y que no traspasaron determinados l\u00ed\u00admites regionales.<\/p>\n<p>Todas estas fundaciones en el sector masculino y en el femenino, como tipos de \u00f3rdenes religiosas eran continuaci\u00f3n rectil\u00ed\u00adnea del s. xviii. Incluso las congregaciones salidas de las \u00f3rdenes corales que, naturalmente, s\u00f3lo resurgieron en escaso n\u00famero, empalmaron con el \u00faltimo estado de su propia tradici\u00f3n religiosa, casi rota; en parte las oblig\u00f3 a ello el Estado (obligaci\u00f3n de ense\u00f1anza escolar en Baviera); y, en parte, estaba previamente dada una continuidad por obra de miembros m\u00e1s antiguos procedentes de los conventos extinguidos. Este perseverar en los carriles tradicionales era reflejo de una conducta de la Iglesia universal, que coincid\u00ed\u00ada con tendencias restauradoras de los Estados. Fueron raras las excepciones como los benedictinos de Solesmes, Beuron y Subiaco, que saltaron adrede por encima de formas de fecha m\u00e1s reciente y se apropiaron, comenzando completamente de nuevo, formas mon\u00e1sticas primitivas; no es azar que de ellos partiera un movimiento de renovaci\u00f3n mon\u00e1stica y lit\u00fargica.<\/p>\n<p>En el s. xx parece abrirse paso un cambio fundamental. Formalmente, los -> institutos seculares, reconocidos can\u00f3nicamente por P\u00ed\u00ado xii en 1947, son una continuaci\u00f3n consecuente de la vida religiosa del siglo precedente, por cuanto la forma exterior de vida y, consiguientemente, la visibilidad del status desempe\u00f1an un papel completamente secundario. Las ra\u00ed\u00adces se remontan aqu\u00ed\u00ad a P.J.P. de Clorivi\u00e9re, que en 1790 fund\u00f3 la Soci\u00e9t\u00e9 des Pr\u00e9tres du Coeur de J\u00e9sus y la Soci\u00e9t\u00e9 des Filies du Coeur de Marie. Como cada miembro se dedica a una actividad propia, en parte de car\u00e1cter profano, y falta tambi\u00e9n el campo de trabajo a manera de signo espec\u00ed\u00adfico, y como adem\u00e1s en el instituto secular propiamente dicho no es obligatoria la vida de comunidad; el centro de gravedad radica en el seguimiento de los consejos evang\u00e9licos dentro del propio estado, en gran parte aisladamente. Una analog\u00ed\u00ada ostentan, desde 1933, los hermanitos de Jes\u00fas (desde 1939 tambi\u00e9n las hermanitas de Jes\u00fas) que, a ejemplo de Charles de Foucauld, comparten en peque\u00f1as comunidades el ambiente de quienes los rodean y siguen aisladamente una actividad profesional profana. Con un rasgo erem\u00ed\u00adtico cristalizaron, desde 1956, los hermanitos de la Virgen de los pobres. Entre tanto, por sugesti\u00f3n del concilio Vaticano ii, las \u00f3rdenes religiosas m\u00e1s antiguas se disponen, por la fundaci\u00f3n de centros comunes de estudios, a derribar las paredes de separaci\u00f3n, que por lo dem\u00e1s ya no las caracterizan en su diferencia mutua. Un ensayo de los franciscanos holandeses de instalar a sus estudiantes en varias viviendas de los suburbios de una ciudad, apunta en aquella misma direcci\u00f3n que parece determinar la futura forma de vida religiosa: la presencia de lo cristiano entre los hombres con una aspiraci\u00f3n especial a la perfecci\u00f3n.<\/p>\n<p>VI. Derecho can\u00f3nico sobre los religiosos<br \/>\nEl concepto cat\u00f3lico de orden religiosa comprende varios estratos, y su contenido s\u00f3lo puede entenderse por la evoluci\u00f3n hist\u00f3rica. Al principio estuvo el monasterio particular aut\u00e1rquico, que determinaba tambi\u00e9n su propio orden de vida. Una regla com\u00fan a varios monasterios no originaba todav\u00ed\u00ada una orden. Por primera vez la obligaci\u00f3n (impuesta por los carolingios a los monasterios francos) de observar unitariamente una regla, crea la orden. Seg\u00fan eso, en la alta edad media, una asociaci\u00f3n de monasterios a base de constituciones comunes formaba un ordo separado. De acuerdo con este principio, desde el s. xii, las asociaciones personales se formaron como ordines especiales; pero, por su constituci\u00f3n centralista y su desligaci\u00f3n local, unida a una propagaci\u00f3n bastante uniforme por todo occidente, abrieron paso a un nuevo concepto de orden. Regla, constituci\u00f3n y signos externos comunes (campo de trabajo, liturgia, h\u00e1bito, etc.) caracterizaban ahora juntos la pertenencia a una orden, mientras los monasterios y canonicatos m\u00e1s antiguos eran subsumidos, por influjo de esta evoluci\u00f3n, bajo los nombres de can\u00f3nigos benedictinos y de san Agust\u00ed\u00adn. En este sentido, camaldulenses, cartujos y cistercienses segu\u00ed\u00adan siendo, por raz\u00f3n de su regla, benedictinos; pero, por raz\u00f3n de su propia constituci\u00f3n y de otras caracter\u00ed\u00adsticas, formaron \u00f3rdenes independientes; y la asociaci\u00f3n de monasterios dentro de la orden benedictina llev\u00f3 ya s\u00f3lo el nombre de congregaci\u00f3n, aunque segu\u00ed\u00ada cumpliendo las mismas funciones que antes de aparecer las asociaciones personales. Las comunidades sin los tres votos (que se hab\u00ed\u00adan hecho usuales) de obediencia, castidad y pobreza, a fines de la edad media obligaron a desplazar el centro de gravedad al aspecto de los votos.<\/p>\n<p>Desde el s. xvi s\u00f3lo fueron \u00f3rdenes en sentido estricto las comunidades con votos solemnes y p\u00fablicos; en cambio las asociaciones con votos simples recibieron el t\u00ed\u00adtulo de \u00abcongregaciones religiosas\u00bb, y las instituciones religiosas sin votos asumieron simplemente un status cuasirreligioso. Pero, como para todas ellas, era competente la Congregatio Episcoporum et Regularium, existente desde 1601, luego la Congregatio super statu Regularium, creada en 1652, y la SC negotiis religiosorum sodalium praeposita, formada en 1908, el concepto de orden religiosa tom\u00f3, junto a la antigua acepci\u00f3n en sentido estricto, una nueva significaci\u00f3n m\u00e1s amplia, tanto m\u00e1s por el hecho de que las congregaciones religiosas fueron universalmente reconocidas por la Iglesia en la constituci\u00f3n Conditae a Christo de Le\u00f3n xiii (8-12-1900). Los votos y la vida com\u00fan perdieron igualmente su funci\u00f3n para caracterizar el estado religioso, sobre todo porque tambi\u00e9n los institutos seculares, a quienes falta por naturaleza la vida com\u00fan, en principio fueron aprobados.<\/p>\n<p>Con ello el derecho de religiosos es aplicable a todos los estados de perfecci\u00f3n en la Iglesia. Comprende la legislaci\u00f3n can\u00f3nica com\u00fan de los c\u00e1nones 487-681 del CIC, las posteriores leyes papales y las decisiones normativas de la SCRel como marco jur\u00ed\u00addico general y los derechos especiales aprobados de comunidades e institutos particulares, que est\u00e1n fijados en reglas, constituciones, estatutos y otras disposiciones. La materia de estas normas son las personas jur\u00ed\u00addicas en lo relativo a la fundaci\u00f3n o supresi\u00f3n de \u00f3rdenes, provincias o monasterios, las personas naturales en lo referente a la admisi\u00f3n en una comunidad o la salida de ella, la parte que incumbe a los diversos representantes de la jurisdicci\u00f3n, las obligaciones resultantes de la profesi\u00f3n para el religioso particular, los privilegios eventuales o derechos especiales (estudios y modo de actividad apost\u00f3lica).<\/p>\n<p>En virtud del voto de obediencia, el superior supremo de todo religioso es el papa. Definitivamente desde el concilio de Calcedonia (451), todo religioso est\u00e1 tambi\u00e9n condicionalmente sometido a la potestad del obispo diocesano. La pr\u00e1ctica de obtener exenci\u00f3n de esta jurisdicci\u00f3n fue com\u00fan particularmente en la edad media y contribuy\u00f3 no poco a perfilar las nuevas asociacione personales; pero, en derecho, sigue siendo una excepci\u00f3n. Para fundar una congregaci\u00f3n religiosa es necesario el permiso del obispo diocesano de acuerdo con la sede apost\u00f3lica; lo mismo vige tambi\u00e9n para la fundaci\u00f3n de una casa de una orden exenta. Si una congregaci\u00f3n diocesana quiere fundar residencias en otros obispados, se requiere la aprobaci\u00f3n del obispo competente para la casa madre, m\u00e1s la del obispo de la fundaci\u00f3n filial; si las constituciones de esta congregaci\u00f3n han de modificarse, deben dar su aprobaci\u00f3n todos los obispos en cuyos territorios haya residencias. La supresi\u00f3n de una congregaci\u00f3n, aunque se trate de congregaci\u00f3n diocesana, s\u00f3lo puede decretarla la sede apost\u00f3lica.<\/p>\n<p>Una congregaci\u00f3n diocesana pasa a congregaci\u00f3n de derecho pontificio por el decretum laudis, que sustrae a los obispos la facultad de introducir cambios en las constituciones, reserv\u00e1ndola a la santa sede. Tras un per\u00ed\u00adodo ulterior de prueba la congregaci\u00f3n puede obtener el decretum approbationis instituti, y finalmente el decretum approbationis constitutum, que da a las reglas la confirmaci\u00f3n papal. La SCRel es competente para todos los religiosos de cualquier derecho; la congregaci\u00f3n de derecho pontificio necesita adem\u00e1s un cardenal protector, cuya misi\u00f3n es aconsejar y proteger a la congregaci\u00f3n respectiva. Toda orden de hombres debe estar tambi\u00e9n representada ante la santa sede por un procurador general, que reside en Roma. La incorporaci\u00f3n de una asociaci\u00f3n femenina a una orden masculina necesita un indulto especial pontificio; las asociaciones de terciarios de vida com\u00fan deben agregarse a la orden primera. Condici\u00f3n para ingresar en el estado religioso es un per\u00ed\u00adodo de preparaci\u00f3n (noviciado, al que puede preceder un tiempo de postulantado), que se cierra con la emisi\u00f3n de los votos (profesi\u00f3n). Son posibles varios grados o etapas de la profesi\u00f3n: la \u00faltima obliga a una vinculaci\u00f3n perpetua a la comunidad religiosa, de la que s\u00f3lo se puede dispensar por indulto particular en forma de exclaustraci\u00f3n o secularizaci\u00f3n. No se excluye el paso a otra orden. Todas las casas de vida com\u00fan tienen una clausura, con distintos grados de rigor, en la que moran los religiosos. La clausura estricta o papal existe en todos los monasterios regulares y en todos los conventos de mujeres con votos solemnes; se extiende a toda la casa menos la iglesia y los locales para hu\u00e9spedes, y no puede ser abandonada por las monjas. En cambio, las congregaciones y asociaciones sin votos s\u00f3lo tienen una clausura moderada.<\/p>\n<p>BIBLIOGRAF\u00ed\u008dA:<br \/>\n1. ESTUDIOS DE CONJUNTO: H. H\u00e9lyot, Histoire des ordres monastiques, religieux et militaires et des congr\u00e9gations s\u00e9culi\u00e9res, 8 vols. (P 1714-19, 41838); .L-P. Migne, Dictionnaire des ordres religieux, 4 vols. (P 1847-59); M. Heimbucher, Die Orden und Kongregationen der kath. Kirche, 2 vols. (Pa 31933-34); C. G. Coulton, Five Centuries of Religion, 4 vols. (C 1923-50) (comienza con el s. xi); Ch. de Montalembert, Les moines d&#8217;Occident depuis Saint Benott jusqu&#8217;\u00e4 Saint Bernard, 7 vols. (P 1860-77); U. 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Giroud, L&#8217;ordre des chanoines r\u00e9guliers de St Augustin et ses diverses formes de reime interne (Martigny 1961); F. Grassl, Der Pr\u00e4monstratenser-Orden (Tongerloo 1934); H. Lentze, Die Verfassung des Pr\u00e4monstratenser-Orden und die Wandlungen im weltlichen Bereich: Archiv f\u00fcr \u00f6sterreichisches Kirchenrecht 10 (1959) 81-121;L. Goovaerts, Ecrivains, artistes et savants de 1&#8217;ordre de Pr\u00e9montr\u00e9, 4 vols. (Bru 1899-1909); N. Backmund, Monasticon Praemonstratense, 3 vols. (Straubing 1949-60). &#8211; J. Charpentier, L&#8217;ordre des Templiers (P 21961); G. Bordonove, Les Templiers (P 1963);R. Serrou, L&#8217;ordre souverain militaire et hospitalier de St. Jean de J\u00e9rusalem, de Rhodes et de Malte (P 1963); M. Tumler, Der Deutsche Orden im Werden, Wachsen und Wirken bis &#8211; 1400 (W 1955); H. H. Hof-mann, Der Staat des Deutschmeisters (Mn 1964); F. Guitton, L&#8217;ordre de Calatrava (P 1955); F. 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Wollasch, Die Gemeinschaft der Lebenden und Verstorbenen in Zeugnissen des Mittelalters: Fr\u00fchmittelalterliche Studien 1 (1967) 365-405; H. Jakobs, Die Hirsauer (K\u00f6 &#8211; Graz 1961); P. Grossi, Le abbazie benedettine nell&#8217;alto medioevo italiano (Fi 1957); L&#8217;eremitismo in Occidente nei secoli XI e XII: Atti della 2a settimana internazionale di studio di Mendola (Mi 1965); W. Kurze, Campus Maldule. Die Fr\u00fchgeschichte Camaldolis: QFIAB 44 (1964) 1-34; B. Bligny, Recueil des plus anciens actes de la Gran-de Chartreuse (1086-1196) (Grenoble 1958); M. de Fontette, Recherches sur les origines des moniales chartreuses: Etudes d&#8217;histoire du droit canonique d\u00e9di\u00e9es \u00e1 G. Le Bras II (P 1965) 1143-1 151; La orden de los cartujos (ELER Ba 1954); J.-B. Mahn, L&#8217;ordre cistercien et son gouvernement des origines au milieu du XIIIe siecle (P 21951); P. Zakar, Die Anf\u00e4nge des Zisterzienser-Orden: Analecta sacri Ordinis Cisterciensis 20 (1964) 103-138; K. Hallinger, Woher kommen die Laienbr\u00fcder?: ibid. 12 (1956) 1-104; La vita commune del Clero nei secoli XI e XII: Atti della settimana di studio di Mendola, 2 vols. (Mi 1959); J. Mois, Das Stift Rottenbuch in der Kirchenreform des 11. und 12. Jh. (Mn 1953); W. H\u00fcmpfner &#8211; M. Verhelfen (Autorschaft der Augustinusregel): Augustinus Magister 1 (P 1954) 241-263; F. Petit, La spiritualit\u00e9 des Pr\u00e9montr\u00e9s (P 1947); D. Santa, La spiritualit\u00e4 di San Norberto da Xanten: Analecta Praemonstratensia 34 (1958) 219-242, 35 (1959) 15-55 198-226.<\/p>\n<p>AL III: H. Prutz, Die geistlichen Ritter-Orden (B 1908); A. Waas, Geschichte der Kreuzz\u00fcge II (Fr 1956) 1-56; D. W. Lomax, Las milicias cistercienses en el reino de Le\u00f3n: Hispania 23 (1963) 29-42; idem, La orden de Santiago, 1170-1275 (CSIC Ma 1965); C. H. C. Flugi van Aspermont, De Johanniterordre in het HI. Land 1100-1292 (Assen 1957); K. Forstreuter, Der Deutsche Orden am Mittelmeer (Bo 1967); O. Engels, Zur Historiographie des Deutschen Orden im Mittelalter: Archiv f\u00fcr Kulturgeschichte 48 (1966) 336-363; H. Finke, Papsttum und Untergang des Templer-Orden, 2 vols. (Mr 1907); H. Grundmann, Religi\u00f6se Bewegungen im Mittelalter (B 1935); Vaudois Languedociens et Pauvres Catholiques: Cahiers de Fanjeaux 2 (Ts 1967); P. Sabatier, Vie de Saint Frangois (P 1894); F. van den Borne, Het Probleem van de Franciscusbiographie in het licht van de moderne historische kritiek: Sint Franciscus 1 (1955) 241-320; A. Fortini, Nova Vita di San Francesco, 4 vols. (As\u00ed\u00ads 1959); K. E\u00dfer, Anf\u00e4nge und urspr\u00fcngliche Zielsetzungen des Ordens der Minderbr\u00fcder (Lei 1966); G. G. Meetsseman, Dossier de fordre de la p\u00e9nitence au XIIIe si\u00e9cle (Fr 1961); M.-H. Vicaire, Histoire de Saint Dominique, 2 vols. 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Teresa de Jes\u00fas: Carmelus X (1963).<\/p>\n<p>AL IV: H. Lentze, Studia Wiltinensia (I 1964); T. Leccisotti, Congregationis S. Justinae de Padua OSB Ordinationes Capitulorum gen. (1424-74), 2 vols. (Montecassino 1939); P. Volk, Die Generalkapitelsrezesse der Bursfelder Kongregation, 3 vols. (Siegburg 1955-58); G. M. Colomb\u00e1s, La primera edici\u00f3n de las Constituciones de la Congregaci\u00f3n benedictina de Valladolid (Montserrat 1960); S. van der Woude, Acta capituli Windesheimensis (La Haya 1953); W. Lourdaux &#8211; E. Persoons, De Statuten van de Windesheimse mannenkloosters in handschrift en druk: Archief voor de geschiedenis van de Katholische Kerk in Nederland 6 (1964) 180-224; M. Gim\u00e9nez Salas, Bibliograf\u00ed\u00ada fundamental de Santa Teresa de Jes\u00fas: Cuadernos bibliogr\u00e1ficos VI (Ma 1962); Saint Teresa of Avila, bajo la dir. de P. Thomas &#8211; P. Gabriel (Dublin &#8211; Lo 1963); Optat de Veghel, La reforme des Fr\u00e9res mineurs Capucins dans 1&#8242; Ordre franciscain et dans l&#8217;Eglise: Collectanea Franciscana 35 (1965) 5-108; P. Bianchini, Origine e sviluppo delta compagnia dei Servi dei Poveri (Mi 1941); P. A. Kunkel, The Theatines in the History of Catholic Reform before the Establishment of Lutheranism(Wa 1941); A. Veny Ballester, S. Cayetano de Thiene (Ba 1950); H. Rahner, Ignatius und das geschichtliche Werden seiner Fr\u00f6mmigkeit (Graz 21949); P. de Leturia, Estudios Ignacianos, 2 vols. (R 1957); J. de Guibert, La Spiritualit\u00e9 de la Compagnie de Jesus (R 1953); F. Cerv\u00f3s, Breve noticia de la Compa\u00f1\u00ed\u00ada de Jes\u00fas (Casulleras Ba); V. Garc\u00ed\u00ada, Manual de historia de la Compa\u00f1\u00ed\u00ada de Jes\u00fas (Bibliogr. Esp. Ma); S. Fern\u00e1ndez Larrain, La Compa\u00f1\u00ed\u00ada de Jes\u00fas a trav\u00e9s de los siglos (Dis. Zamorano S de Chile); W. Hanisch, Historia de la Compa\u00f1ia de Jes\u00fas (CIDOC Cuernavaca 1969); A. Jim\u00e9nez O\u00f1ate, El origen de la Compa\u00f1\u00ed\u00ada de Jes\u00fas (R 1966); M. Vanti, San Camillo de Lellis (Mi 21958); A. Dodin, S. Vincent de Paul. Entretiens spirituels aux Missionnaires (P 1960); F. Contassot, Vincent de Paul (P 1964;) J. Grisar, Jesuitinnen. Ein Beitrag zur Geschichte des weiblichen Ordenswesens von 1550-1650: Reformata reformanda (homenaje a H. Jedin II) (Mr 1965) 70-113; idem, Maria Wards Institut vor R\u00f6mischen Kongregationen, 1616-1630 (R 1966); M. de Meulemeester, Origines de la Congr\u00e9gation du Tr\u00e9s Saint R\u00e9dempteur (Lv 21957); L. Hick, Das Ordensideal der Redemptoristen (B 1956).<\/p>\n<p>AL V: R. Hesbert, La Congr\u00e9gation de St-Maur: Revue Mabillon 51 (1961) 107-156; L. Hammermayer, Deutsche Schottenkl\u00f6ster 1560-1580: Zeitschrift f\u00fcr Bayer. Landesgeschichte 26 (1963) 131-255; O. Braunsberger, R\u00fcckblick auf das kath. Ordenswesen im 19. Jh.: Stimmen aus Maria Laach 79 (Fr 1901); M. de Pierredon, L&#8217;histoire politique de fordre souverain de St. Jean de Jerusalem de 1789 \u00e4 1955, 2 vols. (P 1963); Clemente da Terzorio, Le missioni dei Min. Capp., 10 vols. (R 1913-38); L. Ravasi, La congregazione dei Passionisti verso la met\u00e1 del sec. XIX (Caravete &#8211; R 1963); W. J. Battersby, The History of the Institute of the Brothers of the Christian Schools in the XIX Century (1850-1900) (Lo 1963); P. Weissenberger, Das benediktinische M\u00f6nchtum im 19.\/20. Jh. (Beuron 1953); idem, Abt Plazidus Vogel und die Anf\u00e4nge der Benediktinerkongregation von St. Ottilien: W\u00fcrzburger Di\u00f6zesangeschichtsbl\u00e4tter 25 (1963) 253-308; N. Martin, Zur Soziologie der S\u00e4kularinstitute in der kath. Kirche (tesis Saarbr\u00fccken 1967); R. Quesnel, Charles de Foucauld (Tours &#8211; P 1966); R. Aubert, Un ensayo de vida mon\u00e1stica renovada: los Hermanos de la Virgen de Ios Pobres, en Concilium, n.\u00c2\u00b0 19, p. 344-349. L. Kaufmann, Kirchenreform und Ordensreform: Orientierung 29 (Z 1965) 87-92 110-114.<\/p>\n<p>Odilo Engels<\/p>\n<p>K. Rahner (ed.),  Sacramentum Mundi. Enciclopedia Teol\u00cf\u0192gica, Herder, Barcelona 1972<\/p>\n<p><b>Fuente: Sacramentum Mundi Enciclopedia Teol\u00f3gica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>[266] Se denominan as\u00ed\u00ad a las personas que se comprometen de alguna manera con Dios y con la Iglesia (con los creyentes) en determinado g\u00e9nero de vida que aparece como extraordinario ante los dem\u00e1s. Implica compromiso p\u00fablico y social, avalado por votos o promesas, o al menos una intenci\u00f3n explicitada ante los dem\u00e1s creyentes. 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