{"id":13277,"date":"2016-02-05T08:54:56","date_gmt":"2016-02-05T13:54:56","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/resurreccion-de-los-muertos\/"},"modified":"2016-02-05T08:54:56","modified_gmt":"2016-02-05T13:54:56","slug":"resurreccion-de-los-muertos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/resurreccion-de-los-muertos\/","title":{"rendered":"RESURRECCION  DE LOS MUERTOS"},"content":{"rendered":"<p>[292]<\/p>\n<p>     Todos los hombres, despu\u00e9s de morir en este mundo, resucitar\u00e1n con sus cuerpos en el \u00faltimo d\u00ed\u00ada. El S\u00ed\u00admbolo apost\u00f3lico lo confiesa con claridad: \u00abCreo en la resurrecci\u00f3n de la carne\u00bb.<\/p>\n<p>     El s\u00ed\u00admbolo llamado \u00abQuicumque\u00bb, y atribuido por unos a S. Atanasio y por otros a S. Ambrosio o a S. Fulgencio de Ruspe, y que es el m\u00e1s expl\u00ed\u00adcito y trinitario de los S\u00ed\u00admbolos antiguos, dice con m\u00e1s claridad: \u00abCuando venga el Se\u00f1or, todos los hombres resucitar\u00e1n con sus cuerpos y dar\u00e1n cuenta de sus propios actos.\u00bb (Denz. 40)<\/p>\n<p>    1. Realidad de la resurrecci\u00f3n<br \/>\n    Resucitar es volver a la vida. Pero, cuando hablamos de resurrecci\u00f3n, podemos aludir a tres formas, tipos o realidades resurreccionales: la recuperaci\u00f3n de la vida perdida, para prolongar alg\u00fan tiempo m\u00e1s la existencia en este mundo; la vuelta a una vida corporal dolorosa para sufrir el castigo del mal hecho tambi\u00e9n con el cuerpo; la restauraci\u00f3n gloriosa y misteriosa de todo el hombre, cuerpo y alma, para, a imitaci\u00f3n de Cristo resucitado, sentir la glorificaci\u00f3n en todo el ser humano.<\/p>\n<p>    La primera resurrecci\u00f3n implica recuperar todos los rasgos vegetativos y psicol\u00f3gicos que se ten\u00ed\u00adan. Tal fue la resurrecci\u00f3n milagrosa de la hija de Jairo, del hijo de la viuda de Naim o de L\u00e1zaro. Y eso aconteci\u00f3 en las otras de las que se habla en la Biblia (Eliseo, por ejemplo) o de algunas que han acontecido en la vida de algunos santos por especial permisi\u00f3n divina.<\/p>\n<p>    Esos resucitados prolongaron su existencia terrena algunos a\u00f1os y luego volvIeron a morir para conocer la corrupci\u00f3n del sepulcro como todos los dem\u00e1s hombres.<\/p>\n<p>    El segundo tipo de resurrecci\u00f3n se dar\u00e1 en los condenados y ser\u00e1 un motivo de tristeza y dolor, al hacer part\u00ed\u00adcipe al cuerpo del castigo de la condenaci\u00f3n. No podemos ni sospechar lo que puede ello representar. Los cuerpos volver\u00e1n a tener vida; y las almas, que hasta entonces sufr\u00ed\u00adan ellas solas, se unir\u00e1n a los cuerpos y les har\u00e1n participantes \u00abdel da\u00f1o y del sentido.\u00bb<br \/>\n    La tercera manera ser\u00e1 una resurrecci\u00f3n gozosa, y la felicidad del alma que ya posee la alegr\u00ed\u00ada inmensa de la visi\u00f3n divina, se transfundir\u00e1 a los cuerpos y tambi\u00e9n ellos gozar\u00e1n del placer perfecto de la presencia de Dios.<\/p>\n<p>     C\u00f3mo ser\u00e1 y qu\u00e9 se sentir\u00e1 en cuerpo y alma luego de esa resurrecci\u00f3n, resulta misterioso. Lo \u00fanico que podremos decir es que el bienestar de los cuerpos resucitados ya no ser\u00e1 equivalente al de los cuerpos mortales, aunque no podemos decir m\u00e1s. Ser\u00ed\u00ada demasiado antropom\u00f3rfico pensar en formas placenteras sensoriales: aromas, sabores, melod\u00ed\u00adas agradables, bellezas visuales, placeres gratificantes.<\/p>\n<p>     Es dif\u00ed\u00adcil establecer un equilibrio y equidistancia entre una concepci\u00f3n de la resurrecci\u00f3n con excesiva carga m\u00ed\u00adstica y espiritualista: cuerpos sutiles, cristalinos, a\u00e9reos, vol\u00e1tiles, espiritualizados; y una carga material: vida real, sin m\u00e1s protegida contra nueva mortalidad y convertida en ocasi\u00f3n de un placer elegante y bondadoso.<\/p>\n<p>     Lo \u00fanico que podemos decir es que ser\u00e1 una resurrecci\u00f3n aut\u00e9ntica y no s\u00f3lo metaf\u00f3rica; ser\u00e1 resurrecci\u00f3n definitiva y no compatible con una nueva muerte; afectar\u00e1 a la totalidad del hombre en sus dimensiones esenciales y no a la vida vegetativa del cuerpo que precisa respirar, alimentarse y moverse.<\/p>\n<p>    2. Datos b\u00ed\u00adblicos<br \/>\n    El concepto de resurrecci\u00f3n se gesta en los per\u00ed\u00adodos tard\u00ed\u00ados del Antiguo Testamento. En tiempos de Jes\u00fas se discut\u00ed\u00ada ya, incluso en el seno del juda\u00ed\u00adsmo, la realidad o posibilidad de la resurrecci\u00f3n. Se opon\u00ed\u00adan a la creencia en la resurrecci\u00f3n los saduceos: Mt. 22. 2-3; Hech. 23. 5. Los fariseos la defend\u00ed\u00adan y estaban m\u00e1s adheridos a los textos de los prof\u00e9ticos. Es probable que esa discrepancia en el tema de la resurrecci\u00f3n viniera de mucho antes, al menos desde la vuelta de la cautividad.<\/p>\n<p>    Los cristianos heredaron esas discusiones, pero ellos tuvieron desde el principio la interpretaci\u00f3n clara de Jes\u00fas y formularon su propia doctrina. Fuera del cristianismo, era impensable la resurrecci\u00f3n para los pensadores griegos, los llamados gentiles en los escritos b\u00ed\u00adblicos: (Hech. 17. 32).<\/p>\n<p>    Y es seguro que algunos cristianos de los tiempos apost\u00f3licos ya la negaban o se resist\u00ed\u00adan a aceptarla como real, seg\u00fan se advierte en las Cartas paulinas: 1 Cor. 1 5; 2 Tim. 2. 17.<\/p>\n<p>    2.1. Antiguo Testamento<br \/>\n    En el Antiguo Testamento se hallan algunas referencias y alusiones en los tiempos prof\u00e9ticos. Oseas y Ezequiel emplean la imagen de la resurrecci\u00f3n corporal de los muertos y aluden a ella como s\u00ed\u00admbolo de la liberaci\u00f3n de Israel.<\/p>\n<p>    Ello denota que tienen la idea de tal hecho y saben que se puede pasar del estado de pecado o de destierro en que se halla el pueblo a una nueva vida mejor: Os. 6. 3, 13, 14; Ez. 37. 1-14.<\/p>\n<p>    Isa\u00ed\u00adas expresa su fe en la resurrecci\u00f3n de los justos de Israel: \u00abRevivir\u00e1n los muertos y los cad\u00e1veres se levantar\u00e1n. Se despertar\u00e1n jubilosos los habitantes del polvo&#8230; y los muertos resurgir\u00e1n de la tierra.\u00bb (Is. 26. 19). Con todo, su idea se debate ente la creencia de un hecho real y el s\u00ed\u00admbolo de una conversi\u00f3n.<\/p>\n<p>    Daniel alude a la resurrecci\u00f3n de los imp\u00ed\u00ados, pero limit\u00e1ndose al Pueblo de Israel: \u00abLas muchedumbres de los que duermen en el polvo de la tierra se despertar\u00e1n, unos para eterna vida, otros para eterna verg\u00fcenza y confusi\u00f3n.\u00bb (Dan. 12. 2).<\/p>\n<p>    El segundo libro de los Macabeos ense\u00f1a lclaramente a resurrecci\u00f3n universal: 7. 9. 11, 14, 23 y 29; 12. 43; 14. 46.<\/p>\n<p>    Job dice: \u00abSe que mi Salvador vive y que en el \u00faltimos d\u00ed\u00ada de la tierra yo resucitar\u00e9.\u00bb (Job. 19. 25-27).<\/p>\n<p>    Otros textos del Viejo Testamento se pueden recordar y siempre van dejando el eco de una esperanza que no es plenamente clara y contundente.<\/p>\n<p>     2.2. Nuevo Testamento<br \/>\n    Sin embargo, en el Nuevo Testamento la afirmaci\u00f3n es n\u00ed\u00adtida e indudable. Jes\u00fas rechaza la duda saducea de la resurrecci\u00f3n de los muertos: \u00abEst\u00e1is en error y no conoc\u00e9is las Escrituras ni el poder de Dios. Porque en la resurrecci\u00f3n ni se casar\u00e1n unos ni se dar\u00e1n en casamiento las otras, sino que ser\u00e1n como \u00e1ngeles en el cielo.\u00bb (Mt. 22. 29-30).<\/p>\n<p>    Cristo ense\u00f1\u00f3 no s\u00f3lo la resurrecci\u00f3n de los justos (Lc. 14. 14), sino tambi\u00e9n la de los malos (Mt. 5. 29; 10. 28; 18. 8). \u00abSaldr\u00e1n de los sepulcros los que han obrado el bien para la resurrecci\u00f3n de la vida; y los que han obrado el mal, para la resurrecci\u00f3n del juicio\u00bb. (Jn. 5. 29).<\/p>\n<p>    A los que creen en Jes\u00fas y comen su carne y beben su sangre, El les promete la resurrecci\u00f3n en el \u00faltimo d\u00ed\u00ada (Jn. 6. 39, 44 y 45).<\/p>\n<p>    Incluso el mismo, ante las hermanas de L\u00e1zaro que lloran su muerte, se declara \u00abresucitador\u00bb, pues eso significa: \u00abYo soy la resurrecci\u00f3n y la vida\u00bb (Jn. 11. 25).<\/p>\n<p>    Los Ap\u00f3stoles, bas\u00e1ndose en la resurrecci\u00f3n de Cristo, predicaron con decisi\u00f3n la resurrecci\u00f3n universal de los muertos. Los textos son abundantes: Hech. 4. 1; 17. 18 y 32; 24. 15 y 21; 26. 23. El mensaje qued\u00f3 latente en la comunidad de seguidores y constituy\u00f3 uno de los principios b\u00e1sicos y raz\u00f3n de la esperanza en el Se\u00f1or que viene.<\/p>\n<p>    San Pablo corrige a algunos cristianos de Corinto que negaban la resurrecci\u00f3n, y la prueba por la de Cristo: \u00ab\u00bfC\u00f3mo andan algunos diciendo que no hay resurrecci\u00f3n de muertos? Si no hay resurrecci\u00f3n de muertos, tampoco Cristo ha resucitado. Y si Cristo no ha resucitado nuestra fe es vac\u00ed\u00ada. Pero, no. Cristo ha resucitado de entre los muertos como primicia de los que durmieron. Porque como, por un hombre vino la muerte, tambi\u00e9n por un hombre vino la resurrecci\u00f3n de los muertos. Y como en Ad\u00e1n hemos muerto todos, as\u00ed\u00ad en Cristo somos todos vivificados. Pero cada uno a su tiempo: el primero, Cristo; luego los de Cristo, cuando El venga. La muerte ser\u00e1 el \u00faltimo enemigo reducido a la nada por Cristo.\u00bb (1 Cor. 15, 12-23)<\/p>\n<p>     En la victoria de Cristo sobre la muerte va incluida la universalidad de la resurrecci\u00f3n: Rom. 8. 11; 2 Cor. 4. 14; Filip. 3. 21; 1 Tes. 4. 14 y 16; Hebr. 6, 1;   3. Tradici\u00f3n de la Iglesia<br \/>\n    Desde el primer momento cristiano, la fe en la resurrecci\u00f3n fue el fundamento de la esperanza cristiana. Los Padres de los primeros tiempos, ante los m\u00faltiples ataques que sufr\u00ed\u00ada la idea de la resurrecci\u00f3n por parte de jud\u00ed\u00ados, paganos y gn\u00f3sticos, reclamaron su aceptaci\u00f3n por los seguidores del Resucitado.<\/p>\n<p>    San Clemente Romano ya se entusiasma con ella en las postrimer\u00ed\u00adas del siglo I. La prueba por analog\u00ed\u00adas tomadas de la naturaleza, por la leyenda del ave F\u00e9nix y por pasajes b\u00ed\u00adblicos del Antiguo Testamento. (Carta a Cor. 24-26)<\/p>\n<p>    Los textos que explican la resurrecci\u00f3n de Cristo, y las de los cristianos a imitaci\u00f3n de Cristo, fueron numerosos: San Justino, Aten\u00e1goras de Atenas, Tertuliano, Or\u00ed\u00adgenes, San Metodio y San Gregorio Niseno son algunos de los m\u00e1s expl\u00ed\u00adcitos defensores.<\/p>\n<p>    S. Ireneo de Lyon escrib\u00ed\u00ada: \u00abAs\u00ed\u00ad como el pan que viene de la tierra, despu\u00e9s de haber recibido la invocaci\u00f3n de Dios, ya no es pan ordinario, sino Eucarist\u00ed\u00ada, as\u00ed\u00ad nuestro cuerpo, que participa de la Eucarist\u00ed\u00ada, ya no es corruptible, sino que tiene la esperanza de la resurrecci\u00f3n\u00bb.\u00bb (Ad. Haer. 4. 18. 4)<\/p>\n<p>    Tambi\u00e9n casi todos los apologistas de principios del cristianismo se ocuparon detenidamente de la doctrina sobre la resurrecci\u00f3n. La raz\u00f3n natural no puede presentar pruebas definitivas. Pero el mensaje cristiano se encarg\u00f3 de compensar la deficiencia racional. Los cristianos asumieron con decisi\u00f3n su gran confianza en la \u00abrestauraci\u00f3n\u00bb del hombre corrompido por la muerte.<\/p>\n<p>    No obstante, aunque a la raz\u00f3n se le escapa el hecho de la resurrecci\u00f3n y la situaci\u00f3n del cuerpo resucitado, no es imposible el que exista otra forma de vida para el cuerpo que no sea la vegetativa y temporal de este mundo. Por eso los escritores cristianos la afirmaron, reclamando los tres rasgos esenciales de la misma: uni\u00f3n de nuevo entre el cuerpo y el alma; participaci\u00f3n del cuerpo en la recompensa o en el castigo; definitiva permanencia del cuerpo unido al alma despu\u00e9s de la resurrecci\u00f3n.<\/p>\n<p>     El poder de Dios har\u00e1 que los elementos f\u00ed\u00adsicos que formaron el cuerpo (carbono, nitrogeno, hidr\u00f3geno, ox\u00ed\u00adgeno) se \u00abreorganicen\u00bb, sin que podamos decir cu\u00e1ntos ni c\u00f3mo; pero ser\u00e1n los suficientes para que el cuerpo sea el que se tuvo y no s\u00f3lo una sombra metaf\u00ed\u00adsica sin nada de f\u00ed\u00adsico o una met\u00e1fora parab\u00f3lica sin nada de natural y real.<\/p>\n<p>     La raz\u00f3n queda bloqueada al intentar la explicaci\u00f3n, aunque la fantas\u00ed\u00ada puede inventar mil sutiles hip\u00f3tesis. La fe es la que afirma que ser\u00e1 y la raz\u00f3n s\u00f3lo llega a reconocer que puede ser por diversas reflexiones: la realidad del cuerpo de Cristo resucitado; la similitud al suyo de los cuerpos de los dem\u00e1s hombres de los cuales Cristo es la Cabeza; el car\u00e1cter de santificado por la gracia que tambi\u00e9n tendr\u00e1 el cuerpo del hombre justo. As\u00ed\u00ad lo dec\u00ed\u00ada m\u00e1s o menos San Ireneo. (Adv. haer. IV. 8, 5)<\/p>\n<p>     4. El cuerpo resucitado<br \/>\n    Los muertos resucitar\u00e1n con el mismo cuerpo que tuvieron en la tierra, no con una apariencia.<\/p>\n<p>    El IV Concilio de Letr\u00e1n, en 1215, declaraba: \u00abTodos los hombres resucitar\u00e1n con los propios cuerpos que ahora tienen, para recibir seg\u00fan sus obras, ora fueren buenas ora fueren malas.\u00bb (Denz. 429). Sintetizaba as\u00ed\u00ad la doctrina de la Iglesia y formulaba definitivamente el pensamiento de la Iglesia.<\/p>\n<p>    Con ello recoge la Iglesia el mismo mensaje de la Escritura que habla de \u00abresurrecci\u00f3n\u00bb o \u00abdespertamiento\u00bb y  no de otra cosa. Si fuera el mismo cuerpo el que resucita o despierta, no ser\u00ed\u00ada el mismo hombre, ya que las almas no necesitan revivir, pues ellas no mueren ni quedan destruidas.<\/p>\n<p>    C\u00f3mo ser\u00e1 el resucitar no lo podemos saber por experiencia. Pero que ser\u00e1 as\u00ed\u00ad, lo deja bien claro el texto de diversos pasajes b\u00ed\u00adblicos.<\/p>\n<p>    En el Antiguo Testamento, lo dice el libro de los Macabeos: \u00abDe Dios he recibido estos miembros, por sus leyes los sacrifico y de El espero yo volver a recobrarlos.\u00bb (2 Mac.7.11)<\/p>\n<p>    Y en el Nuevo Testamento se multiplican tambi\u00e9n las referencias: \u00abLos muertos resucitar\u00e1n incorruptibles, porque es preciso que lo corruptible se revista de incorrupci\u00f3n y que este ser mortal se revista de inmortalidad\u00bb. (1 Cor. 15. 53)<\/p>\n<p>    Fue el pensamiento permanente de la Iglesia. En el siglo II, San Justino daba testimonio: \u00abTenemos la esperanza de que recobraremos a nuestros muertos y los cuerpos depositados en la tierra, pues afirmamos que para Dios no hay cosa imposible.\u00bb (Apol. 1. 18). Y en el siglo XX lo reclamaba el Concilio Vaticano II: \u00abEl Padre es quien vivifica a los hombres muertos por el pecado, hasta que resucite sus cuerpos mortales en Cristo.\u00bb (Lumen Gent. 4)<\/p>\n<p>    Las razones que apoyaron los comentarios de los Padres antiguos para probar el hecho de la resurrecci\u00f3n suponen todas ellas la igualdad del cuerpo resucitado respecto al cuerpo que se posey\u00f3 como mortal. Contra Or\u00ed\u00adgenes, que defend\u00ed\u00ada la diferencia sustancial, se alzaron los otros comentaristas: San Metodio, San Gregorio Niseno, San Epifanio, San Jer\u00f3nimo.<\/p>\n<p>    La raz\u00f3n bioqu\u00ed\u00admica de que cada poco tiempo (meses o a\u00f1os, seg\u00fan el momento del crecimiento) el metabolismo natural de los cuerpos org\u00e1nicos supone la sustituci\u00f3n de todos los \u00e1tomos y mol\u00e9culas de los cuerpos, es algo que se escapa de la Teolog\u00ed\u00ada. Cada uno puede pensar la soluci\u00f3n que m\u00e1s le agrade, siempre que sostenga que es el mismo cuerpo el que permanece en medio de las mutaciones de los elementos naturales que lo constituyen.<\/p>\n<p>    Del mismo modo se puede proceder en lo relacionado con mutilaciones o transformaciones corporales sufridas en vida: amputaciones, transplantes, mutaciones. La Teolog\u00ed\u00ada no tiene ninguna respuesta a tales interrogantes, salvo la de sostener la identidad del cuerpo que se tuvo.<\/p>\n<p>    La idea de Sto. Tom\u00e1s: \u00abEl hombre resucitar\u00e1 en su mayor perfecci\u00f3n natural, y por eso tal vez resucite en estado de edad madura.\u00bb (Suppl. 81. 1) no deja de ser una hip\u00f3tesis que en nada o en poco afecta a la identidad radical del cuerpo.<\/p>\n<p>    Algo similar acontece con otras caracter\u00ed\u00adsticas: el sexo, el tama\u00f1o, la raza, las caracter\u00ed\u00adsticas anat\u00f3micas. Cualquier opini\u00f3n que respeta la identidad de los cuerpos y no los reduzca a irrealidades naturales, es respetable, pues nada relacionado con ello pertenece a la revelaci\u00f3n. S\u00ed\u00ad parece rechazable la idea de Or\u00ed\u00adgenes de suponer la ausencia de sexo o de diferencias f\u00ed\u00adsicas de los resucitados (Denz. 207), motivada en una falsa ex\u00e9gesis de la palabra de Jes\u00fas al respecto: \u00abser\u00e1n semejantes a los \u00e1ngeles de Dios.\u00bb (Mt. 22. 30)<\/p>\n<p>    5. Cualidades del resucitado<br \/>\n    Los cuerpos de los justos ser\u00e1n transformados y glorificados, seg\u00fan el modelo del cuerpo resucitado de Cristo. Ese modelo es el que siempre ha impresionado la mente de la Iglesia.<\/p>\n<p>    San Pablo ense\u00f1aba: \u00abEl Se\u00f1or reformar\u00e1 el cuerpo de nuestra vileza, conforme a su cuerpo glorioso, en virtud del poder que tiene para someter a s\u00ed\u00ad todas las cosas.\u00bb (Filip. 3. 21). Y daba la raz\u00f3n de su pensamiento transformador: \u00abSe siembra en corrupci\u00f3n y se resucita en incorrupci\u00f3n. Se siembra en ignominia y se levanta en gloria. Se siembra en flaqueza y se levanta en poder. Se siembra un cuerpo animal y se levanta un cuerpo espiritual.\u00bb (1 Cor. 15. 42-44; 1 Cor. 15. 53.)<\/p>\n<p>    Siguiendo estas ense\u00f1anzas de San Pablo, la escol\u00e1stica resumi\u00f3 en cuatro propiedades o dotes los rasgos distintivos de los cuerpos resucitados de los justos. Se han tomado siempre como cualidades misteriosas, con m\u00e1s de creencia piadosa de regalos divinos que de conclusiones dogm\u00e1ticas irrebatibles.<\/p>\n<p>    5.1. La impasibilidad<br \/>\n    Es la propiedad de que en los cuerpos resucitados ya no puede haber dolor en los cuerpos, ni en las almas pesar o angustia. El hombre ya no ser\u00e1 accesible a los males f\u00ed\u00adsicos o ps\u00ed\u00adquicos de ninguna clase, como el sufrimiento, la angustia, la enfermedad y el temor a la muerte.<\/p>\n<p>    El hecho de no poder sufrir y morir de nuevo ser\u00e1 una de las fuentes de paz y felicidad. \u00abEl enjugar\u00e1 las l\u00e1grimas de sus ojos y la muerte no existir\u00e1 m\u00e1s, ni habr\u00e1 duelo, ni gritos, ni trabajo, porque todo esto es ya pasado.\u00bb (Apoc. 21. 4)<\/p>\n<p>    En boca del mismo Jes\u00fas, Lucas pone la descripci\u00f3n de ese estado: \u00abYa no pueden morir, son como \u00e1ngeles, son hijos de Dios por que han resucitado.\u00bb (Lc. 20. 36)<\/p>\n<p>    La cuesti\u00f3n de base es si esa impasibilidad es la insensibilidad, la inmutabilidad, la impenetrabilidad del os sentimientos, al estilo de la \u00abataraxia\u00bb de los griegos helenistas o del Nirvana perfecto de los orientales. Y lo que hemos de decir es que lo ignoramos. Pero algo nos dice que la actividad creativa en Dios tiene que resultar sumamente transformante para ser gratificante y placentera.<\/p>\n<p>    5.2. La sutileza (o penetrabilidad).<\/p>\n<p>    Es la propiedad que hace al cuerpo resucitado semejante a los esp\u00ed\u00adritus en cuanto puede penetrar los cuerpos f\u00ed\u00adsicos sin lesi\u00f3n alguna y hacerse presente en donde su voluntad determina.  A imitaci\u00f3n del cuerpo de Jes\u00fas que sali\u00f3 del sepulcro sellado y se present\u00f3 a sus Ap\u00f3stoles \u00abestando todas las puertas y ventanas cerradas\u00bb (Lc. 24. 39), se atribuye a los resucitados esa cualidad. No significa que el cuerpo se haga esp\u00ed\u00adritu, sino que se declara por encima de las leyes f\u00ed\u00adsicas de la materia.<\/p>\n<p>    La raz\u00f3n de esta espiritualizaci\u00f3n la tenemos en el dominio completo del alma glorificada sobre el cuerpo, del cual ella es la forma sustancial, hablando en t\u00e9rminos tomistas. (Supl. S. Th. 83. 1)<\/p>\n<p>    Con todo, esta cualidad no deja de ser una mera conclusi\u00f3n teol\u00f3gica, m\u00e1s sem\u00e1ntica que efectiva, ya que, despu\u00e9s de la terminaci\u00f3n del mundo, es dif\u00ed\u00adcil ver qu\u00e9 papel juegan las referencias temporales y espaciales en una realidad sobrenatural que se halla por encima de ellas. En una realidad postespacial y postemporal, dif\u00ed\u00adcilmente se podr\u00e1 \u00abpenetrar paredes y ventanas\u00bb, pues no existir\u00e1n ya semejantes inventos humanos. Pero esta nomenclatura contribuye a que podamos obtener alguna idea de lo que ser\u00e1n los hombre, una vez que hayan resucitado y est\u00e9n en la realidad eterna.<\/p>\n<p>    5.3. La agilidad.<\/p>\n<p>    Algo similar podemos decir de la sutileza que se atribuye a los resucitados. Es la capacidad del cuerpo para obedecer al esp\u00ed\u00adritu con suma facilidad y rapidez en todos sus movimientos. Esta propiedad se contrapone a la gravedad de los cuerpos terrestres. Lo resucitados ni pesan, ni tardan en sus desplazamientos, ni gravitan sobre un soporte.<\/p>\n<p>    El modelo de la agilidad lo tenemos en el cuerpo resucitado de Cristo: se present\u00f3 en medio de sus ap\u00f3stoles y desapareci\u00f3 tambi\u00e9n repentinamente. (Jn. 20. 19 y 26; Lc 24. 31).<\/p>\n<p>    Es f\u00e1cil entender este modo de hablar como un antropomorfismo, si prescindimos del espacio y superamos la categor\u00ed\u00ada mental de lugar, cuando pensamos en el estado \u00abdivinizado\u00bb (sin sentido pante\u00ed\u00adsta) de los resucitados.<\/p>\n<p>     5.4. La claridad.<\/p>\n<p>    Para hallar una forma expresiva de aludir a la belleza de quienes ya son amados por Dios para toda la eternidad, la teolog\u00ed\u00ada escol\u00e1stica reclam\u00f3 la luz resplandeciente para los resucitados.<\/p>\n<p>    Para quien sabe o comprende que la luz f\u00ed\u00adsicamente es energ\u00ed\u00ada ondulatoria (o similar) reflejada en unos fotorreceptores de la retina, dif\u00ed\u00adcilmente encajan en sus conceptos mataf\u00ed\u00adsicos los t\u00e9rminos f\u00ed\u00adsicos con que se designa y las energ\u00ed\u00adas c\u00f3smicas con las que se identifica.<\/p>\n<p>    Por eso hay que dar a la idea de \u00abluminosidad\u00bb no es otra cosa que el estar libre de todo lo ignominioso y oscuro y recordar todo lo que de hermoso y resplandeciente hay en la vida.<\/p>\n<p>    En el Antiguo Testamento ya se habl\u00f3 con frecuencia de la luminosidad de los justos que \u00abbrillar\u00e1n eternamente en los cielos\u00bb (Dan. 12.13). Y Jes\u00fas nos dice: \u00abLos justos brillar\u00e1n como el sol en el Reino del Padre.\u00bb (Mt. 13. 43), aludiendo a los dichos prof\u00e9ticos.<\/p>\n<p>     El mismo quiso ofrecer un destello del cielo a sus disc\u00ed\u00adpulos en la transfiguraci\u00f3n en el Tabor (Mt. 17. 2) y despu\u00e9s de su Resurrecci\u00f3n (Hech. 9. 3). Pero tambi\u00e9n en ocasiones, despu\u00e9s de la resurrecci\u00f3n, se \u00abdesfigur\u00f3\u00bb hasta hacerse irreconocible: Magdalena&#8230; (Jn. 20. 14), los de Ema\u00fas. (Lc. 24. 16), los mismos Ap\u00f3stoles en el Lago (Jn. 21. 4).<\/p>\n<p>    Por otra parte, es discutible asociar la hermosura a la luminosidad y al resplandor, pues tambi\u00e9n la fealdad m\u00e1s horripilante puede quedar resaltada por los rayos del sol, sin que la luz mejore lo que en s\u00ed\u00ad es o se aparece.<\/p>\n<p>    5.5. Los condenados.<\/p>\n<p>    Los cuerpos de los condenados tambi\u00e9n ser\u00e1n resucitados. Pero no gozar\u00e1n de los dones gratificantes de los justos. La teolog\u00ed\u00ada Escol\u00e1stica se encarg\u00f3 de perfilar los rasgos de esos cuerpos, contraponiendo sus caracter\u00ed\u00adsticas en sentido negativo.<\/p>\n<p>    La incorruptibilidad e inmortalidad ser\u00e1n para ellos condiciones indispensables para el castigo eterno que les aguarda en el infierno: Mt. 18. 8.<\/p>\n<p>    Contra la impasibilidad, ellos sufrir\u00e1n el dolor terrible en el alma y en el cuerpo, que tambi\u00e9n ser\u00e1 diferente seg\u00fan el grado de su condena.<\/p>\n<p>    Contra la sutileza y la agilidad, se habla, o se puede hablar, de la pesadez y de la opresi\u00f3n que les dominar\u00e1 para siempre.<\/p>\n<p>    Contra la luminosidad, la m\u00e1s negra oscuridad eterna oprimir\u00e1 su situaci\u00f3n desgraciada.<\/p>\n<p>    Tampoco tenemos ninguna explicaci\u00f3n de c\u00f3mo ser\u00e1 el terrible dolor que les amargar\u00e1 su esencia y su existencia. S\u00f3lo sabemos que ser\u00e1 real y que no ser\u00e1n reducidos a la nada, como algunos antiguos escritores pensaron, interpretando la misericordia de Dios de forma m\u00e1s afectiva que racional.<\/p>\n<p>     Los rasgos de esos condenados son suficientes para provocar el temor al infierno y para que, mientras haya tiempo, se haga lo posible para no obrar el mal y se pueda obtener, por la misericordia divina, el perd\u00f3n, la conversi\u00f3n y la salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p>    6. Catequesis de la Resurrecci\u00f3n<br \/>\n    El tema de la \u00abresurrecci\u00f3n de la carne\u00bb, del cuerpo, puesto que el alma no muere y no necesita revivir para juntarse con el cuerpo, se presta a una catequesis din\u00e1mica y comprometedora. Pero conviene ir m\u00e1s a los conceptos esenciales de la misericordia y de la justicia divinas, que a las curiosidades sobre lo que aguarda a los resucitados.<\/p>\n<p>    Lo importante para la fe es creer en la \u00abresurrecci\u00f3n de la carne\u00bb, no el conocer los detalles de la vuelta a la vida.<\/p>\n<p>    Se debe personalizar el reclamo y dejar claro que \u00absomos cada uno de nosotros\u00bb los  destinados a la salvaci\u00f3n, por medio de la resurrecci\u00f3n. Importan los dem\u00e1s, pero porque all\u00ed\u00ad estaremos nosotros sin duda alguna.<\/p>\n<p>    Esto nos lleva a un abanico de hermosos y evang\u00e9licos sentimientos: &#8211; Amor al cuerpo propio, que resucitar\u00e1 en el \u00faltimo d\u00ed\u00ada, pero teniendo en cuenta de que est\u00e1 y estar\u00e1 unido al alma para siempre. Hay que cuidar el cuerpo, pero no consentir en sus caprichos, instintos y ambiciones: \u00ab\u00bfDe qu\u00e9 sirve al hombre ganar el mundo, si al fin pierde el alma?\u00bb (Mt. 16.26 ) &#8211; Conviene resaltar la necesidad del respeto al cuerpo ajeno, que ser\u00e1 un d\u00ed\u00ada resucitado; es, por lo tanto, merecedor de amor y de la suficiente valoraci\u00f3n cristiana. \u00abVuestros cuerpos son templos del Esp\u00ed\u00adritu Santo.\u00bb (1 Cor. 3. 16) &#8211; Hay que saber cultivar la paciencia y la resignaci\u00f3n ante las limitaciones terrenas y corporales: insuficiencias, debilidades, dolores, enfermedades. En la resurrecci\u00f3n todo quedar\u00e1 superado.<\/p>\n<p> &#8211; El temor de Dios y el respeto a sus leyes tiene mucho que, en la piedad cristiana, con el pensamiento en la resurrecci\u00f3n final. \u00abNo tem\u00e1is a los que pueden matar solo el cuerpo. Temed al que puede arrojar el cuerpo y el alma en los infiernos.\u00bb (Mt. 10. 28) &#8211; Es Jes\u00fas resucitado el centro del mensaje sobre la resurrecci\u00f3n de la carne. Por ello hay que resaltar siempre el modelo de la resurrecci\u00f3n de los hombres. El mismo lo dijo: \u00abYo soy la resurrecci\u00f3n y la vida. Quien cree en M\u00ed\u00ad no muere para siempre.\u00bb (Jn. 11. 25-26)<\/p>\n<p>      El catequista de j\u00f3venes y de intelectuales, debe recordar tambi\u00e9n que el misterio de la resurrecci\u00f3n de la carne ha tenido siempre cierta dificultad para ser aceptado, por lo incomprensible que resulta a la raz\u00f3n humana y por lo opuesto que es a los ojos de la experiencia de los sentidos. Lo dec\u00ed\u00ada hace muchos siglos ya S. Agust\u00ed\u00adn: \u00abEn ning\u00fan punto la fe cristiana encuentra m\u00e1s contradicci\u00f3n que en la resurrecci\u00f3n de la carne.\u00bb (In salm. 88. 2.5)<\/p>\n<p>      Pero no debe desanimarse por las controversias que pueda suscitar entre los \u00abm\u00e1s listos\u00bb a los ojos del mundo. En Catequesis hay que ofrecer el mensaje de Jes\u00fas tal como le presenta la Iglesia y respetar las conciencias y las creencias de todos, aun cuando no acepten esos mensajes. Al presentar el misterio de la resurrecci\u00f3n de la carne, debemos decir siempre con S. Pablo: \u00abSi hab\u00e9is resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde est\u00e1 Cristo sentado al a derecha de Dios.\u00bb (Col 2.12 y 3.1)<\/p>\n<p>Pedro Chico Gonz\u00e1lez, Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00ed\u00ada Religiosa, Editorial Bru\u00f1o, Lima, Per\u00fa 2006<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00eda Religiosa<\/b><\/p>\n<p>La resurrecci\u00f3n, entendida como resurrecci\u00f3n de los muertos o de la carne, es el acontecimiento parus\u00ed\u00adaco en virtud del cual el hombre, bajo la acci\u00f3n poderosa del Esp\u00ed\u00adritu, quedar\u00e1 reintegrado y transfigurado en la totalidad de sus elementos psicosom\u00e1ticos y llegar\u00e1 a su perfecci\u00f3n personal y social al final de los tiempos. La resurrecci\u00f3n es la extensi\u00f3n para los elegidos de la misma resurrecci\u00f3n de Jesucristo.<\/p>\n<p>En el Antiguo Testamento, la revelaci\u00f3n de la resurrecci\u00f3n es progresiva, En los salmos se abre camino la confianza en Dios, que no abandonar\u00e1 al justo al poder de la muerte. Los textos de Os 6,1-2 y de Ez 37,1-4 introducen el lenguaje de la resurrecci\u00f3n, referido metaf\u00f3ricamente a la restauraci\u00f3n de Israel. La resurrecci\u00f3n y la entrada en la vida eterna aparecen en dos textos de la literatura martirol\u00f3gica: Dn 12,2 y 2Mac 7 En el \u00e1mbito del juda\u00ed\u00adsmo es distinta la posici\u00f3n de los saduceos y la de los fariseos. Los primeros niegan la resurrecci\u00f3n los segundos la sostienen, pero de una forma demasiado terrena y primitiva. Para el pensamiento jud\u00ed\u00ado, la resurrecci\u00f3n no deja de ser una prerrogativa del Dios vivo.<\/p>\n<p> En el Nuevo Testamento se profundiza en el tema de la resurrecci\u00f3n. En los sin\u00f3pticos, el \u00fanico trozo expl\u00ed\u00adcito es la disputa de Jes\u00fas con los saduceos (Mc 12,18-27), en la que, apelando al poder del Dios de Abrah\u00e1n, de Isaac y de Jacob, Jes\u00fas afirma la resurrecci\u00f3n no s\u00f3lo como recuperaci\u00f3n de la corporeidad, sino como un nuevo estado de vida (\u00abser\u00e1n como los \u00e1ngeles\u00bb). Los sin\u00f3pticos no hablan de la resurrecci\u00f3n universal, pero la presuponen en las palabras de Jes\u00fas sobre el juicio final (Mt 25,31-46). En Juan la resurrecci\u00f3n se considera como un paso de la muerte a la vida, que comienza va a trav\u00e9s de la fe en Cristo (Jn 3,36; 5~24) y de la participaci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica (Jn 6), como en relaci\u00f3n con el futuro \u00faltimo (Jn 6,40). En Juan aparece tambi\u00e9n la resurrecci\u00f3n de los justos para la vida y la resurrecci\u00f3n de los imp\u00ed\u00ados para la condenaci\u00f3n eterna (Jn 5,28-29). Esta misma concepci\u00f3n es la que aparece en Hch 24,15 y en Ap 20,13-15. En Pablo es donde se encuentra una teolog\u00ed\u00ada m\u00e1s elaborada de la resurrecci\u00f3n, centrada en Cristo (2 Tes 4,141 Rom 8,1 129; 1 Cor 15,12-49).<\/p>\n<p>El bautismo en Cristo Jes\u00fas implica  la participaci\u00f3n en su misterio de muerte y resurrecci\u00f3n (Rom 6,5). En 1 Cor 15 la resurrecci\u00f3n es una promesa para el futuro del hombre y la esperanza en la resurrecci\u00f3n es una verdad central de la fe. \u00abSi los muertos no resucitan, tampoco Cristo resucit\u00f3\u00bb (1 Cor 15,14). La resurrecci\u00f3n de Cristo y la de los cristianos es una \u00fanica realidad, de la que Cristo es primicia (1 Cor 15,20). El cuerpo resucitado ser\u00e1 inmortal e incorruptible. La resurrecci\u00f3n es un acontecimiento escatol\u00f3gico, vinculado a la parus\u00ed\u00ada; el juicio universal es el fin del tiempo presente (1 Tes 6,16; 1 Cor 15,51ss). Aunque Pablo habla solamente de la resurrecci\u00f3n de los justos, su teolog\u00ed\u00ada del juicio universal presupone la resurrecci\u00f3n de los imp\u00ed\u00ados (1 Cor6,2; 2 Cor 5,10; Rom 2,1.12.16).<\/p>\n<p>En el \u00e1mbito de la tradici\u00f3n eclesial, casi todos los apologetas de los primeros siglos se entretuvieron en la doctrina de la resurrecci\u00f3n para defenderla contra los ataques que proced\u00ed\u00adan sobre todo del mundo pagano y gn\u00f3stico.<\/p>\n<p>Aten\u00e1goras escribe el primer tratado De resurrectione carnis. La postura de Or\u00ed\u00adgenes y sobre todo la simplificaci\u00f3n posterior de sus ideas, que identific\u00f3 el cuerpo resucitado con un cuerpo ideal (la esfera), suscit\u00f3 la reacci\u00f3n de la conciencia eclesial.<\/p>\n<p>Santo Tom\u00e1s dio una aportaci\u00f3n decisiva para poner de relieve la resurrecci\u00f3n como un postulado del ser hombre y la identidad del cuerpo como derivada de la pertenencia del mismo a la persona, en cuanto que considera al alma espiritual como forma del cuerpo, esencialmente ordenado al mismo.<\/p>\n<p>El Magisterio expres\u00f3 la fe de la Iglesia en la resurrecci\u00f3n de los muertos en numerosos s\u00ed\u00admbolos y f\u00f3rmulas dogm\u00e1ticas, ya desde los primeros siglos (DS 2, 5, 10-64). Encierran importancia especial los S\u00ed\u00admbolos Niceno-constantinopolitano (DS 150) y Atanasiano Quicumque (DS 76). Posteriormente, la Iglesia afirm\u00f3 la identidad entre el cuerpo terreno y el cuerpo resucitado (DS 540; 684. 801). La bula de Benedicto XII, Benedictus Deus (1336), supera las incertidumbres sobre la espera del cielo hasta la resurrecci\u00f3n de los muertos y declara que la visi\u00f3n beat\u00ed\u00adfica tendr\u00e1 lugar para los justos \u00abantes incluso de la uni\u00f3n con sus cuerpos\u00bb (DS 1000).<\/p>\n<p>El concilio Vaticano II se refiere a la resurrecci\u00f3n como ya acontecida sacramentalmente (UR 22; LG 7) y como meta de la existencia vinculada a la parus\u00ed\u00ada gloriosa de Cristo (LG 5 1; GS 22), La resurrecci\u00f3n para el que ha obrado mal se menciona en el contexto del juicio universal (Jn 5,29. LG 48). La escatolog\u00ed\u00ada contempor\u00e1nea se desarrolla en la \u00f3ptica de lo definitivo y pone de relieve una perspectiva personalizante cristoc\u00e9ntrica y comunitaria de la resurrecci\u00f3n como cumplimiento definitivo del hombre en todas las dimensiones de su existencia.<\/p>\n<p>A prop\u00f3sito de los diversos problemas planteados por la escatolog\u00ed\u00ada contempor\u00e1nea, la Congregaci\u00f3n para la doctrina de la fe intervino con un Documento sobre algunas cuestiones relativas a la escatolog\u00ed\u00ada (17 de mayo de 1979), donde se afirma: la extensi\u00f3n de la resurrecci\u00f3n de Cristo a los elegidos, la resurrecci\u00f3n del \u00abhombre todo entero\u00bb, la supervivencia y la subsistencia despu\u00e9s de la muerte de un y o humano \u00abaun falt\u00e1ndole entre tanto el complemento del cuerpo\u00bb, la parus\u00ed\u00ada \u00abcomo distinta y diferida respecto a la situaci\u00f3n que es propia de los hombres despu\u00e9s de la muerte\u00bb, y la glorificaci\u00f3n corporal de Mar\u00ed\u00ada c\u00f3mo anticipaci\u00f3n de la que se reserva a los elegidos.<\/p>\n<p>E. C Rava<\/p>\n<p>Bibl.: G, Barbaglio. Resurrecci\u00f3n e inmortalidad, en DTl, 1V, 140-165; R. Martin Achard, De la muerte a la resurrecci\u00f3n seg\u00fan el Antiguo Testamento, Madrid 1967, AA, VV , Concilium 60 (1970), n\u00famero monogr\u00e1fico; L. Boff, La resurrecci\u00f3n de Cristo. Nuestra resurrecci\u00f3n en la muerte, Sal Terrae, Santander 1981; J L. Ruiz de la Pe\u00f1a, otra dimensi\u00f3n, Sal Terrae, Santander 1986.<\/p>\n<p>PACOMIO, Luciano [et al.], Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico, Verbo Divino, Navarra, 1995<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>[292] Todos los hombres, despu\u00e9s de morir en este mundo, resucitar\u00e1n con sus cuerpos en el \u00faltimo d\u00ed\u00ada. El S\u00ed\u00admbolo apost\u00f3lico lo confiesa con claridad: \u00abCreo en la resurrecci\u00f3n de la carne\u00bb. El s\u00ed\u00admbolo llamado \u00abQuicumque\u00bb, y atribuido por unos a S. 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