{"id":13278,"date":"2016-02-05T08:54:59","date_gmt":"2016-02-05T13:54:59","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/resurreccion-de-jesus\/"},"modified":"2016-02-05T08:54:59","modified_gmt":"2016-02-05T13:54:59","slug":"resurreccion-de-jesus","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/resurreccion-de-jesus\/","title":{"rendered":"RESURRECCION DE JESUS"},"content":{"rendered":"<p>[247]<\/p>\n<p>      La muerte de Jes\u00fas fue un hecho doloroso y real. Su cuerpo y su alma se separaron de la misma forma en que quedan separados los cuerpos y las almas de los que mueren. El hombre Jes\u00fas qued\u00f3 destruido por la muerte y fue llevado por sus seguidores a la oscuridad del sepulcro en espera de poder amortajarlo al estilo de los jud\u00ed\u00ados, lo que certificaba la certeza de su muerte.<\/p>\n<p>    Pero Jes\u00fas hab\u00ed\u00ada anunciado su victoria sobre la muerte y su salida triunfante del sepulcro. Llamamos resurrecci\u00f3n al acontecimiento sobrenatural y misterioso por el cual, por su propio poder, el alma de Jes\u00fas vuelve a unirse al cuerpo y comienza vida gloriosa, real y aut\u00e9ntica.<\/p>\n<p>    El misterio de la Resurrecci\u00f3n de Cristo es un dogma b\u00e1sico y primordial para los cristianos.<\/p>\n<p>   Su nueva vida no se halla sometida sin m\u00e1s a las necesidades biol\u00f3gicas de los hombres normales, sino que se reviste de caracter\u00ed\u00adsticas singulares que hacen a Jes\u00fas sutil, resplandeciente, supramaterial e impasible.<\/p>\n<p>    1. Conciencia de la Resurrecci\u00f3n<br \/>\n    Los seguidores de Jes\u00fas tienen y proclaman desde los primeros momentos la conciencia de que Jes\u00fas ha resucitado de entre los muertos. Las m\u00faltiples apariciones de Jes\u00fas a diversas personas de la escena evang\u00e9lica y de formas diversas, hace crecer en sus seguidores la firme convicci\u00f3n de que Jes\u00fas vive.<\/p>\n<p>    Esto produce el gozo de la Resurrecci\u00f3n en ellos y en quienes se unen a ellos porque aceptan su mensaje.<\/p>\n<p>    Esta conciencia no se reduce a una suposici\u00f3n afectiva e imaginaria. Se transforma en una convicci\u00f3n objetiva y apoyada en la experiencia directa de la contemplaci\u00f3n de Jes\u00fas vivo por muchos testigos de sus apariciones.<\/p>\n<p>     2. Sepulcro vac\u00ed\u00ado<br \/>\n    El emblema y primer signo de que Cristo venci\u00f3 a la muerte est\u00e1 en el sepulcro vac\u00ed\u00ado, que los relatos b\u00ed\u00adblicos se empe\u00f1an en resaltar.<\/p>\n<p>    Fue al tercer d\u00ed\u00ada, al amanecer, cuando comenzaron a llover sobre los seguidores de Jes\u00fas los primeros testimonios de tal acontecimiento. Los textos evang\u00e9licos resaltan la incredulidad de los seguidores ante algo tan inusitado como era el que un muerto resucitase.<\/p>\n<p>    Las primeras en descubrirlo fueron las mujeres que hab\u00ed\u00adan llorado ante Cristo agonizante en el Calvario. A ellas correspondi\u00f3 ofrecer el primer anuncio a los suyos y a la humanidad entera.<\/p>\n<p>    \u00abEl primer d\u00ed\u00ada de la semana, muy temprano, antes de salir el sol, Mar\u00ed\u00ada Magdalena fue al Sepulcro. Cuando vio que la piedra que tapaba la entrada hab\u00ed\u00ada sido quitada, volvi\u00f3 corriendo para contarlo a Pedro y al otro disc\u00ed\u00adpulo a quien Jes\u00fas amaba. Les dijo: Se han llevado del Sepulcro al Se\u00f1or y no sabemos d\u00f3nde lo han puesto\u00bb.  (Jn. 20.1-2)<\/p>\n<p>    Ese plural: \u00abno sabemos\u00bb&#8230; hace m\u00e1s veros\u00ed\u00admil el relato de Lucas, en el que se habla de varias mujeres, coincidiendo con Marcos y Mateo: \u00abLas mujeres que hab\u00ed\u00adan acompa\u00f1ado a Jes\u00fas desde Galilea, hab\u00ed\u00adan ido detr\u00e1s de ellos al Sepulcro y hab\u00ed\u00adan observado c\u00f3mo su cuerpo quedaba depositado. Luego hab\u00ed\u00adan vuelto a casa y hab\u00ed\u00adan preparado ung\u00fcentos y perfumes. Durante el d\u00ed\u00ada festivo descansaron, conforme prescribe la Ley. El primer d\u00ed\u00ada de la semana, de amanecida, fueron al sepulcro con los ung\u00fcentos preparados. Al llegar encontraron la piedra de entrada removida. Entraron y no vieron el cuerpo del Se\u00f1or Jes\u00fas, de modo que se quedaron desconcertadas sin saber qu\u00e9 hacer.<\/p>\n<p>    De pronto se les presentaron dos hombres con ropas resplandecientes. Llenas de miedo, se inclinaron. Y los hombres les dijeron: \u00bfPor qu\u00e9 busc\u00e1is entre los muertos al que est\u00e1 vivo? No est\u00e1 aqu\u00ed\u00ad. Ha resucitado.\u00bb  (Lc. 23.55 a 24.6)<\/p>\n<p>    3. El acontecimiento<br \/>\n    Los enemigos de Jes\u00fas se hab\u00ed\u00adan cuidado de evitar enga\u00f1os, robos y noticias falsas. Sin saberlo, contribuyeron a dar difusi\u00f3n al hecho. Sab\u00ed\u00adan que Jes\u00fas hab\u00ed\u00ada prometido en varias ocasiones resucitar al tercer d\u00ed\u00ada, si le quitaban la vida. Y sab\u00ed\u00adan que era posible que cumpliera tan singular amenaza.<\/p>\n<p>    3.1. La guardia del Sepulcro<br \/>\n    En el Evangelio de Mateo se relata lo que hab\u00ed\u00adan intentado impedir los adversarios de Jes\u00fas: \u00abA la ma\u00f1ana siguiente, cuando pas\u00f3 el d\u00ed\u00ada de la preparaci\u00f3n, los jefes de los sacerdotes y los fariseos fueron a ver a Pilatos y le dijeron: \u00abSe\u00f1or, nos hemos acordado de que aquel embaucador, cuando viv\u00ed\u00ada, afirm\u00f3 que iba a resucitar al tercer d\u00ed\u00ada. Debes ordenar que se custodie el sepulcro hasta que haya pasado el tercer d\u00ed\u00ada, no sea que sus seguidores roben el cuerpo y digan a la gente que ha resucitado y el postrer enga\u00f1o sea peor que el primero.<\/p>\n<p>    Pilato les contesto: Ah\u00ed\u00ad ten\u00e9is la guardia. Id vosotros mismos y asegurad el sepulcro como mejor os parezca. Ellos fueron y aseguraron  el sepulcro, sellaron la piedra y dejaron de vigilancia el piquete de soldados\u00bb. (Mt. 27. 62-66)<\/p>\n<p>    3.1. Todo qued\u00f3 en orden<br \/>\n    De haber sido Jes\u00fas un hombre rebelde, levantado contra el orden establecido o contra los Romanos, el tiempo habr\u00ed\u00ada hecho olvidar su figura.<\/p>\n<p>   &#8211; La ejecuci\u00f3n se hab\u00ed\u00ada realizado y los soldados hab\u00ed\u00adan comprobado su muerte. Incluso hab\u00ed\u00adan traspasado su costado.<\/p>\n<p>   &#8211; Sus seguidores se hab\u00ed\u00adan hecho cargo del cuerpo y hab\u00ed\u00ada sido enterrado en un sepulcro conocido.<\/p>\n<p>   &#8211; Sus disc\u00ed\u00adpulos hab\u00ed\u00adan huido y comenzaban a dispersarse, sobre todo los que hab\u00ed\u00adan cre\u00ed\u00addo en un Reino terreno.<\/p>\n<p>   &#8211; La fiesta de la Pascua jud\u00ed\u00ada hab\u00ed\u00ada terminado y los peregrinos se dispersaron hacia sus hogares.<\/p>\n<p>   &#8211; Pilatos, Herodes, An\u00e1s, Caif\u00e1s, los  protagonistas del drama del Calvario, se volv\u00ed\u00adan a sus rutinas ordinarias.<\/p>\n<p>    4. Jes\u00fas lo hab\u00ed\u00ada anunciado<br \/>\n    El milagro de la resurrecci\u00f3n de L\u00e1zaro, preanunci\u00f3 el mismo hecho de la Resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas. Fue la prueba de que el Hijo del hombre era due\u00f1o de la vida y de la muerte. Sus seguidores, y tambi\u00e9n sus enemigos, lo entendieron.<\/p>\n<p>    El hecho ser\u00ed\u00ada la prueba suprema de que Jes\u00fas era nada menos que Dios, pues s\u00f3lo Dios resucita muertos, como s\u00f3lo Dios perdona pecados.<\/p>\n<p>    Jes\u00fas mismo hab\u00ed\u00ada relacionado su car\u00e1cter mesi\u00e1nico con la Resurrecci\u00f3n que predijo en diversas ocasiones.<\/p>\n<p>    4.1. Lo anunci\u00f3 a los suyos.<\/p>\n<p>    Lo hab\u00ed\u00ada anunciado a sus seguidores: \u00abTomando a parte a sus disc\u00ed\u00adpulos, les dec\u00ed\u00ada: Mirad que vamos a Jerusal\u00e9n donde ha de cumplirse todo lo que dijeron los profetas&#8230; El Hijo del hombre ser\u00e1 entregado a extranjeros, le insultar\u00e1n, se burlar\u00e1n de \u00e9l, le escupir\u00e1n y matar\u00e1n. Pero al tercer d\u00ed\u00ada resucitar\u00e1.\u00bb   (Lc. 18. 32-33 y  Mc. 10. 32-34))<\/p>\n<p>    4.2. Lo sab\u00ed\u00adan los adversarios.<\/p>\n<p>    Los escribas y los fariseos conoc\u00ed\u00adan, seg\u00fan lo dicen con insistencia los evangelistas, que Jes\u00fas hab\u00ed\u00ada anunciado su resurrecci\u00f3n, como prueba de su autoridad divina. \u00ab\u00bfCon qu\u00e9 autoridad haces esto?&#8230; Destruid este templo y yo lo reedificar\u00e9 en tres d\u00ed\u00adas&#8230;<\/p>\n<p>    El templo de que hablaba era su cuerpo. Por eso, cuando resucit\u00f3, los disc\u00ed\u00adpulos lo recordaron.\u00bb (Jn. 2.19-21)<\/p>\n<p>    4.3. Lo supieron los soldados.<\/p>\n<p>    La obstinaci\u00f3n de los adversarios fue tal, que incluso se resistieron a humillarse ante la evidencia de los testimonios de los guardias que los formulaban. Cuando los custodios del sepulcro fueron con tal noticia, urdieron la mentira que indicaba todo lo que un esp\u00ed\u00adritu hundido en el mal puede cavilar cuando se niega a ver la luz.<\/p>\n<p>    Lo relata Mateo: \u00abMientras las mujeres iban de camino, algunos soldados de la guardia se llegagon a la ciudad y comunicaron a los jefes de los sacerdotes lo que hab\u00ed\u00ada sucedido.<\/p>\n<p>    Se reunieron con los ancianos del pueblo y determinaron sobornar a los soldados y les dieron una cantidad indic\u00e1ndoles: Decid as\u00ed\u00ad: sus disc\u00ed\u00adpulos vinieron de noche mientras dorm\u00ed\u00adamos y llevaron el cuerpo. Si la cosa llega a o\u00ed\u00addos del gobernador, nosotros le hablaremos y os evitaremos complicaciones  Ellos tomaron el dinero e hicieron como les hab\u00ed\u00adan indicado. Y esta es la versi\u00f3n ha corrido entre los jud\u00ed\u00ados hasta el d\u00ed\u00ada de hoy.\u00bb (Mt. 28. 11-15)<\/p>\n<p>  5. Resucit\u00f3 al tercer d\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>    La Resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas se ha celebrado siempre en la Iglesia como el gran acontecimiento de los creyentes. Que Cristo ha resucitado, que vive en medio de nosotros, que se halla en la gloria del Padre para disponernos lugar, que caminamos por el mundo en espera de su vuelta y, en una palabra, que el mensaje de Jes\u00fas es anuncio de vida y no de muerte, es fundamento de nuestra fe y luz de nuestra conciencia.<\/p>\n<p>    Ese sentimiento y esa creencia son ala y base de nuestro esp\u00ed\u00adritu creyente. Vivimos con la alegr\u00ed\u00ada de la presencia de Jes\u00fas resucitado, no con el recuerdo del Jes\u00fas hist\u00f3rico. Sin eso, la religi\u00f3n cristiana no ser\u00ed\u00ada m\u00e1s que una entre las muchas que hay en el mundo. Pero los cristianos nos diferentes de otras confesiones y de otros mensajes.<\/p>\n<p>    El ideal de cristiano es ser como Cristo resucitado: es la vida eterna, es el encuentro con Dios, es el amor sin l\u00ed\u00admites que nos promete y ya gozamos.<\/p>\n<p>    5.1. C\u00f3mo aconteci\u00f3<br \/>\n    La Resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas fue un hecho que no tuvo testigos. Es inexplicable a la raz\u00f3n, a la ciencia y a la antropolog\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>    Pero no es inasequible a la fe, la \u00fanica fuerza interior con la cual se puede acercar la conciencia humana a tal acontecimiento.<\/p>\n<p>    Mateo dice sobre el hecho: \u00abDe pronto se produjo un fuerte terremoto, y un \u00e1ngel del Se\u00f1or, que hab\u00ed\u00ada bajado del cielo, removi\u00f3 la piedra que cerraba la entrada del Sepulcro y se sent\u00f3 en ella. Resplandec\u00ed\u00ada como un rel\u00e1mpago y sus vestiduras eran blancas como la nieve.<\/p>\n<p>    Los soldados se pusieron a temblar de miedo. Pero el \u00e1ngel dijo a las mujeres que estaban ya all\u00ed\u00ad: No tem\u00e1is. S\u00e9 que ven\u00ed\u00ads a buscar al que fue crucificado. No est\u00e1 aqu\u00ed\u00ad, ha resucitado tal como \u00e9l mismo anunci\u00f3. Venid y ved el lugar donde lo hab\u00ed\u00adan puesto. Y luego, marchad de prisa y comunicadlo a sus disc\u00ed\u00adpulos.\u00bb   (Mt. 28. 1-7)<\/p>\n<p>     El relato es sobrio, no m\u00e1gico o espectacular. El sentido del mismo es testificar un hecho y comunicar, a quienes reflexionan sobre \u00e9l, que la Resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas no fue algo visible ni sensible, como hab\u00ed\u00adan sido sus predicaciones, sus milagros, su pasi\u00f3n y muerte; pero s\u00ed\u00ad fue real e indiscutible.<\/p>\n<p>    La Resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas no fue un gesto o un signo, como los otros que hab\u00ed\u00ada hecho en vida, como la resurrecci\u00f3n de L\u00e1zaro, por ejemplo, o como la Transfiguraci\u00f3n ante los ojos de tres Ap\u00f3stoles.<\/p>\n<p>    Fue algo misterioso, pero verdaderamente hist\u00f3rico, aunque sucedi\u00f3 sin ojos humanos que lo contemplaran. Aconteci\u00f3 al amanecer del primer d\u00ed\u00ada de la semana y se comprob\u00f3, \u00abpor el sepulcro vac\u00ed\u00ado\u00bb primero y por sus apariciones despu\u00e9s, que no era un espejismo o ilusi\u00f3n. Qued\u00f3 lo suficientemente claro para que lo aceptaran quienes miraran a Cristo con fe y para que lo dudaran quienes no tuvieran la fe.<\/p>\n<p>     Por eso hubo pruebas suficientes de que hab\u00ed\u00ada acontecido, pero no certificados sensoriales.<\/p>\n<p>    5.2. Es un hecho de fe<br \/>\n    Por eso decimos que la Resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas fue un hecho de fe y no un mero acontecimiento en el tiempo o en el espacio.<\/p>\n<p>   &#8211; No tuvo testigos directos, como los hab\u00ed\u00ada tenido su muerte en la cruz, cuando su tiempo de vida se termin\u00f3 ante los que contemplaban el espect\u00e1culo del Calvario.<\/p>\n<p>   &#8211; Siguieron pruebas, que fueron las comunicaciones con los que cre\u00ed\u00adan en El. Unos le vieron y otro creyeron a quienes le vieron vivo.<\/p>\n<p>    Quienes le hab\u00ed\u00adan amado desde el principio, y a quienes Dios dio el don de la fe, creyeron en Jes\u00fas Resucitado.<\/p>\n<p>     Le adoraron, extendieron tal mensaje en su nombre, se sintieron due\u00f1os de la Historia.<\/p>\n<p>     Los que no le amaron y no merecieron la gracia divina de la fe, al igual que acontecer\u00ed\u00ada a trav\u00e9s de los siglos, no creyeron que un muerto pudiera resucitar y no lo aceptaron.<\/p>\n<p>     6. Pruebas de la Resurrecci\u00f3n<\/p>\n<p>     El hecho de que la Resurrecci\u00f3n no fuera presenciada por ning\u00fan ojo humano, no la quita el car\u00e1cter hist\u00f3rico que posee y la garant\u00ed\u00ada absoluta de su realidad indiscutible.<\/p>\n<p>    Jes\u00fas quiso testificar con signos suficientes su vuelta a la vida. Sus seguidores no fueron visionarios que contemplaron en su fantas\u00ed\u00ada lo que era fruto de sus ensue\u00f1os o deseos subconscientes.<\/p>\n<p>     Fueron los testigos de un hecho real y grandioso, que aconteci\u00f3 en el tiempo y cuya realizaci\u00f3n comenzaron inmediatamente a divulgar. Jes\u00fas estaba vivo. Ellos lo comunicaron a todos los hombres que quisieron aceptar, con la ayuda de la fe, su testimonio.<\/p>\n<p>    6.1. Cadena de apariciones<\/p>\n<p>    Fueron muchas, diversas en forma y destinatarios, con el com\u00fan denominador de la sorpresa o resistencia a asumir lo que parec\u00ed\u00ada \u00abincre\u00ed\u00adble\u00bb.<\/p>\n<p>    6.1.1. A Mar\u00ed\u00ada Magdalena.<\/p>\n<p>    La primera y m\u00e1s afectuosa es la que relata el texto de Juan, cuando Mar\u00ed\u00ada Magdalena se encontr\u00f3 con el Se\u00f1or. Lloraba en las cercan\u00ed\u00adas del sepulcro, pues hab\u00ed\u00adan robado el cuerpo del Se\u00f1or.<\/p>\n<p>    \u00abVio a Jes\u00fas que estaba all\u00ed\u00ad, pero no le reconoci\u00f3. El pregunt\u00f3: Mujer,\u00bfpor qu\u00e9 lloras? \u00bfA qui\u00e9n buscas?<br \/>\n    Creyendo que era el hortelano, dijo: Si lo has llevado t\u00fa, dime d\u00f3nde lo has puesto y yo me har\u00e9 cargo de \u00e9l.<\/p>\n<p>    Entonces Jes\u00fas la llam\u00f3 por su nombre: Mar\u00ed\u00ada. Ella se volvi\u00f3 al instante exclamando: Rabboni, que quiere decir \u00abMaestro m\u00ed\u00ado.\u00bb<\/p>\n<p>      (Juan 20. 11-18)<\/p>\n<p>    Jes\u00fas le dio el consuelo y el mensaje. El consuelo fue para su coraz\u00f3n amante y purificado por el amor al Maestro. Para sus disc\u00ed\u00adpulos, pues les envi\u00f3, por su medio, el primer anuncio de su vuelta a la vida y las consignas sobre su presencia pronta en medio de ellos.<\/p>\n<p>    6.1.2. A las mujeres.<\/p>\n<p>    Mientras iban a llevar el anuncio de los \u00e1ngeles a sus disc\u00ed\u00adpulos, Jes\u00fas les ofreci\u00f3 un nuevo signo. Sali\u00f3 al encuentro: \u00abNo teng\u00e1is miedo. Id y llevad mi noticia a mis hermanos. Decidles que se dirijan a Galilea, que all\u00ed\u00ad podr\u00e1n verme.\u00bb (Mt. 28.10)<\/p>\n<p>    6.1.3. A los de Ema\u00fas.<\/p>\n<p>    Caminaban hacia la aldea bajo la angustia, el desconcierto y la decepci\u00f3n. Jes\u00fas se junt\u00f3 en el camino: \u00abS\u00f3lo t\u00fa eres el forastero que no sabes lo que ha pasado estos d\u00ed\u00adas en Jerusal\u00e9n.\u00bb<br \/>\n    Jes\u00fas le explic\u00f3 la situaci\u00f3n: \u00ab\u00c2\u00a1Qu\u00e9 necios y lentos sois para comprender y cu\u00e1nto os cuesta creer lo dicho por los profetas! \u00bfNo ten\u00ed\u00ada que sufrir todo eso el Mes\u00ed\u00adas antes de entrar en su gloria?<br \/>\n    Y comenzando por Mois\u00e9s y siguiendo por todos los profetas, les explic\u00f3 cada pasaje de la Escritura que se refer\u00ed\u00adan a \u00e9l mismo\u00bb (Lc. 24. 13-33)<\/p>\n<p>    Cuando se les dio a conocer en el partir del pan, regresaron a Jerusal\u00e9n para narrar su experiencia.<\/p>\n<p>    6.1.4. A los Ap\u00f3stoles.<\/p>\n<p>    Discut\u00ed\u00adan, oraban, comentaban y esperaban desconcertados. Ten\u00ed\u00adan las puertas muy cerradas, por miedo a los jud\u00ed\u00ados. Hab\u00ed\u00adan perdido el sentido de su vida al faltar en ellas la palabra de Jes\u00fas. Tambi\u00e9n para ellos, los amigos de Jes\u00fas, hubo una palabra de presencia y una luz de orientaci\u00f3n.<\/p>\n<p>    \u00abJes\u00fas se present\u00f3 en medio de ellos y les dijo: \u00abLa paz sea con vosotros\u00bb. Sorprendidos y asustados cre\u00ed\u00adan estar viendo un fantasma. Jes\u00fas les dijo: \u00bfPor qu\u00e9 os asust\u00e1is y dud\u00e1is tanto en vuestro interior? Mirad mis manos y mis pies. Soy yo mismo. Tocad y mirad. Los fantasmas no tienen carne ni huesos y ya veis que yo los tengo\u00bb.<\/p>\n<p>    (Mc. 16. 14-18)<\/p>\n<p>    6.1.5. A Tom\u00e1s y a los disc\u00ed\u00adpulos.<\/p>\n<p>    Reviste especial inter\u00e9s por su referencia a la fe de sus seguidores. Tom\u00e1s no hab\u00ed\u00ada estado en la anterior aparici\u00f3n, no crey\u00f3 que fuera real y afirm\u00f3 desafiantemente la imposibilidad de tal acontecimiento. \u00abSi no meto mis dedos en las heridas de sus manos y mi mano en la llaga de su costado, no creer\u00e9.\u00bb<br \/>\n    Jes\u00fas vino a los ocho d\u00ed\u00adas. Y al decir a Tom\u00e1s, que hiciera lo que \u00e9l mismo hab\u00ed\u00ada reclamado, Tom\u00e1s crey\u00f3 y termin\u00f3 declarando: \u00abSe\u00f1or m\u00ed\u00ado y Dios m\u00ed\u00ado\u00bb.<\/p>\n<p>    Jes\u00fas le reconvino, como aviso para los dem\u00e1s: \u00abT\u00fa has cre\u00ed\u00addo, Tom\u00e1s, porque has visto. Dichosos los que, sin haber visto, crean\u00bb (Jn. 20. 24-29)   La figura del incr\u00e9dulo Tom\u00e1s quedar\u00e1 como prueba contundente del hecho.<\/p>\n<p>   6.2. Apariciones en Galilea<\/p>\n<p>    En las primitivas comunidades cristianas, los recuerdos sobre Jes\u00fas eran muchos y diversos. Con el tiempo se fueron ordenando en su mente, pero los testimonios fueron concordes.<\/p>\n<p>    Es normal que las diversas tradiciones o relatos se superpusieran en los textos evang\u00e9licos, divinos por inspirados, humanos por ser redactados con sentimientos, recuerdos y doctrinas transmitidas por los hombres cambiantes.<\/p>\n<p>    Un conjunto interesante de relatos en torno a las apariciones de Jes\u00fas se sit\u00faan en Galilea, y acontecieron por expl\u00ed\u00adcito deseo de Jes\u00fas.<\/p>\n<p>    6.2.1. Se apareci\u00f3 a los Once.<\/p>\n<p>    En el monte de Galilea al que Jes\u00fas les hab\u00ed\u00ada indicado dirigirse, aunque dice Mateo, parco en pormenores, que todav\u00ed\u00ada dudaban algunos. \u00abLos Once fueron a Galilea, al monte que les hab\u00ed\u00ada indicado. All\u00ed\u00ad encontraron a Jes\u00fas y le adoraron, aunque algunos todav\u00ed\u00ada dudaban.\u00bb (Mt. 28. 16-20)<\/p>\n<p>    6.2.2. En el Lago.<\/p>\n<p>    En una ocasi\u00f3n, Jes\u00fas facilit\u00f3 a los Ap\u00f3stoles una pesca milagrosa. Hasta 153 peces grandes quedaron en la red, cuando hicieron lo que el Se\u00f1or les dec\u00ed\u00ada desde la orilla.<\/p>\n<p>    En tierra comieron los peces que ya ten\u00ed\u00ada el Se\u00f1or sobre unas brasas. Y nadie se atrev\u00ed\u00ada a preguntarle qui\u00e9n era. Todos sab\u00ed\u00adan que era el Se\u00f1or.<\/p>\n<p>   \u00abDespu\u00e9s de la comida, Jes\u00fas pregunt\u00f3 a Pedro tres veces: \u00bfMe amas m\u00e1s que \u00e9stos?&#8230; Y termin\u00f3 dici\u00e9ndole: \u00abApacienta mis ovejas.\u00bb (Jn 21. 1-19)   6.2.3. A Quinientos hermanos<br \/>\n    Incluso S. Pablo nos alude a una aparici\u00f3n a unos quinientos hermanos, tal vez en Galilea. Ello quiere decir que sus apariciones no fueron ni reservadas o en secreto o sospechosamente restringidas:<\/p>\n<p>    \u00abResucit\u00f3 al tercer d\u00ed\u00ada, como lo anunciaron las Escrituras y se apareci\u00f3 a Cefas primero y m\u00e1s tarde a los Doce. Luego se apareci\u00f3 a m\u00e1s de quinientos hermanos a la vez, la mayor parte de los cuales vive todav\u00ed\u00ada, aunque algunos han muerto ya. Y tambi\u00e9n se apareci\u00f3 a Santiago y luego a todos los Ap\u00f3stoles. Y por \u00faltimo se me apreci\u00f3 a m\u00ed\u00ad&#8230;\u00bb   (1. Cor 15.3)<\/p>\n<p>     Es evidente que los testigos evang\u00e9licos no recogen todos lo hechos postresurrecionales de Jes\u00fas. Otros muchos signos hizo con ellos durante un tiempo y quedaron, sin duda, en el misterio.<\/p>\n<p>   7. Proclamaci\u00f3n apost\u00f3lica<br \/>\n    Los seguidores de Jes\u00fas comenzaron a presentarse ante los hombres desde el principio como los testigos y mensajeros del Resucitado.<\/p>\n<p>    El que Jes\u00fas hubiera vuelto de entre los muertos, el que estuviera sentado a la derecha del Padre, el que latiera al principio en sus mentes y en su coraz\u00f3n la esperanza de su inmediata venida para juzgar a los hombres, les daba una fuerza singular en su proclamaci\u00f3n del Reino de Dios.<\/p>\n<p>    La Resurrecci\u00f3n, y su Ascensi\u00f3n a la derecha del Padre, constituyeron para ellos la primera energ\u00ed\u00ada en su predicaci\u00f3n. Se empe\u00f1aban en decir que s\u00f3lo proclamaban lo que hab\u00ed\u00ada o\u00ed\u00addo y visto. Y el valor de su testimonio resultaba indiscutible e irrefutable.<\/p>\n<p>    Los Ap\u00f3stoles lo dir\u00ed\u00adan claramente, como en la Carta de Juan: \u00abLo que o\u00ed\u00admos y lo que vieron nuestros ojos&#8230; es de lo que damos testimonio.\u00bb (1. Jn. 1.1.)<\/p>\n<p>    7.1. Catequesis de Pedro<br \/>\n    Son hermosas las catequesis resurreccionales de Pedro en los primeros tiempos y en las primeras predicaciones. En nombre y por delegaci\u00f3n de los dem\u00e1s Disc\u00ed\u00adpulos, afirmaba en su primer mensaje despu\u00e9s de haber recibido el Esp\u00ed\u00adritu Santo: \u00abA \u00e9ste que vosotros hab\u00e9is condenado, a Jes\u00fas, Dios le ha resucitado y todos nosotros somos testigos de ello. Y el poder de Dios le ha elevado a la m\u00e1xima dignidad. Y El, habiendo recibido del Padre el Esp\u00ed\u00adritu Santo prometido, lo ha repartido en abundancia, como est\u00e1is viendo y oyendo\u00bb. (Hch. 2.32-33)<\/p>\n<p>     Los que o\u00ed\u00adan su testimonio, se llenaban de preocupaci\u00f3n. Sent\u00ed\u00adan que algo grande hab\u00ed\u00ada pasado entre ellos. Descubr\u00ed\u00adan, por la acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo, que no deb\u00ed\u00adan dejar pasar la gracia.<\/p>\n<p>    \u00abEstas palabras calaron hasta el fondo de su coraz\u00f3n y dec\u00ed\u00adan a Pedro a los dem\u00e1s Ap\u00f3stoles: \u00bfQu\u00e9 debemos hacer, hermanos?  Pedro les contestaba: Convert\u00ed\u00ados y que cada uno de vosotros se bautice en el nombre del Se\u00f1or Jes\u00fas. Entonces recibir\u00e9is el Esp\u00ed\u00adritu Santo&#8230;.<\/p>\n<p>    Y con estas muchas razones les instaba y les animaba diciendo: Poneos a salvo de este mundo corrompido.\u00bb  (Hch. 2. 36-40)<\/p>\n<p>    7.2. El mensaje de Pablo<br \/>\n    M\u00e1s adelante, tambi\u00e9n Pablo, ya convertido, tomar\u00ed\u00ada la Resurrecci\u00f3n como centro de su mensaje y de su predicaci\u00f3n en el mundo de los gentiles.  Casi un centenar de alusiones a la Resurrecci\u00f3n se hallan en sus Cartas. Esta realidad de Jes\u00fas se hab\u00ed\u00ada convertido en una base firme de su esperanza y de su estilo evangelizador.<\/p>\n<p>   &#8211; \u00abCreemos intensamente que Jes\u00fas muri\u00f3 y resucit\u00f3\u00bb. (1 Tes. 4. 14 )<br \/>\n   &#8211; \u00abSi Cristo no ha resucitado, nuestra fe queda vac\u00ed\u00ada.\u00bb  (1 Cor 15. 14; Rom. 6.4; 1 Cor. 15.13; 1 Tes. 4. 13)<br \/>\n   &#8211; \u00abAl igual que Cristo ha resucitado de entre los muertos, tambi\u00e9n nosotros seremos llamados a una nueva vida.\u00bb  (Rom. 6-4) 8. Mensajes resurreccionales<\/p>\n<p>     La predicaci\u00f3n de la Iglesia a lo largo de los siglos estar\u00e1 sembrada de referencias a Cristo resucitado y glorificado.<\/p>\n<p>     Lo que los Ap\u00f3stoles han ido diciendo en los tiempos primeros, se sigue proclamando a los largo de los siglos. Ser\u00e1 la firme persuasi\u00f3n de la presencia de Cristo vivo en medio de los hermanos lo que dar\u00e1 fuerza y plenitud.<\/p>\n<p>    1. Gracias a la Resurrecci\u00f3n, los pecados son perdonados, pues ella ha sido la culminaci\u00f3n de la obra redentora del Se\u00f1or.<\/p>\n<p>    2. Las gracias que Cristo ha conseguido con su muerte y ha culminado con su Resurrecci\u00f3n de entre los muertos, nos son concedidas por el Bautismo, que nos lleva a una participaci\u00f3n honda en los m\u00e9ritos y en la dignidad de Cristo.<\/p>\n<p>    3. La Resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas es la garant\u00ed\u00ada y el modelo de nuestra propia resurrecci\u00f3n, ya que estamos destinados participar con \u00e9l en su triunfo final.<\/p>\n<p>    4. La Resurrecci\u00f3n es la base de nuestra fe y la fuente e nuestra vida de creyentes en el Se\u00f1or. En ella tenemos que apoyar el anuncio que hacemos por el mundo de lo que Jes\u00fas nos ha ense\u00f1ado.<\/p>\n<p>    5. Los cristianos esperamos una resurrecci\u00f3n sublime. No queremos volver a esta vida, sino resucitar para la vida eterna, como el Se\u00f1or Jes\u00fas que vive y reina para siempre.<\/p>\n<p>    6. La vida de Jes\u00fas, desde su Resurrecci\u00f3n, es sobrenatural aunque real, definitiva y est\u00e1 por encima de las caracter\u00ed\u00adsticas f\u00ed\u00adsicas del espacio y tiempo.<\/p>\n<p>    7. Jes\u00fas demostr\u00f3 con sus apariciones y sus comunicaciones que su vuelta a la vida era aut\u00e9ntica. Cuando lleg\u00f3 el momento previsto en el plan de Dios, manifest\u00f3 su despedida de los Ap\u00f3stoles en el gesto de la Ascensi\u00f3n.<\/p>\n<p>     8. Desde el cielo, desde la Derecha del Padre donde est\u00e1 con poder y gloria, volver\u00e1 en los \u00faltimos tiempos a juzgar a vivos y muertos.<\/p>\n<p>    Resucit\u00f3 por su propio poder, lo cual significa que lo hizo en virtud de su calidad divina y no por el poder de Dios sin m\u00e1s, ya que el mismo Jes\u00fas es Dios, Se\u00f1or de la muerte y de la vida.<\/p>\n<p>     Es la proclamaci\u00f3n de la Iglesia a lo largo de todos los tiempos. En el Catecismo de la Iglesia Cat\u00f3lica, se dice: \u00abLa Resurrecci\u00f3n de Cristo no fue el retorno a la vida terrena, como en el caso de las otras resurrecciones que el hab\u00ed\u00ada realizado antes de la Pascua: la hija de Jairo, el hijo de la viuda de Na\u00ed\u00adm, L\u00e1zaro.<\/p>\n<p>    Estos hechos eran milagrosos, pero las personas afectadas por ellos volv\u00ed\u00adan a tener, por el poder de Jes\u00fas, una vida terrena ordinaria. En cierto momento volver\u00ed\u00adan a morir.<\/p>\n<p>     La Resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas es esencialmente diferente. En su cuerpo resucitado, pasa a otra vida diferente m\u00e1s all\u00e1 del tiempo y del espacio. En la Resurrecci\u00f3n, el cuerpo de Jes\u00fas se llena del poder del Esp\u00ed\u00adritu Santo, participa de la vida divina en el estado de su gloria. Por eso San Pablo puede decir de Cristo que es ya \u00abhombre celestial\u00bb (1 Cor. 15. 35-50). (Catec. Igl. Cat\u00f3lica N 646)<\/p>\n<p>      9. Celebraci\u00f3n resurreccional<br \/>\n    La Resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas es el mayor acontecimiento en la Historia del Se\u00f1or. Es normal que la Iglesia la conmemore con fidelidad y regocijo de diversas maneras.<\/p>\n<p>    9.1. Domingo, eco resurreccional.<\/p>\n<p>    Los cristianos celebramos con regocijo, oraci\u00f3n y descanso el domingo, por que es el recuerdo de la Resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas. Domingo significa D\u00ed\u00ada del Se\u00f1or. En el primer d\u00ed\u00ada de la semana jud\u00ed\u00ada, Jes\u00fas venci\u00f3 a la muerte. Los primeros cristianos comenzaron muy pronto a reunirse en ese d\u00ed\u00ada para orar y para celebrar con alegr\u00ed\u00ada la Resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas y la venida del Esp\u00ed\u00adritu Santo.<\/p>\n<p>    Son dos mil a\u00f1os los que hemos estado celebrando esa fiesta de amor y de fe. Este tiempo ha dejado una trayectoria de recuerdos que est\u00e1n asociados al domingo, al d\u00ed\u00ada de descanso, de plegaria, de recuerdo.<\/p>\n<p>    Cada pueblo creyente celebra un d\u00ed\u00ada a la semana de descanso y de fiesta, en parte religiosa y en parte social. Los jud\u00ed\u00ados celebraran y siguen celebrando el s\u00e1bado, s\u00e9ptimo d\u00ed\u00ada del calendario del Oriente arameo, recordando el descanso del Creador en el relato b\u00ed\u00adblico de la creaci\u00f3n. Los mahometanos celebran el viernes, por sus recuerdos de ayuno prof\u00e9tico en honor de Ala y de la purificaci\u00f3n del mal.<\/p>\n<p>     Los cristianos tienen una raz\u00f3n m\u00e1s profunda que cualquier otra religi\u00f3n para celebrar el primer d\u00ed\u00ada de la Semana. San Jer\u00f3nimo escrib\u00ed\u00ada: \u00abEl d\u00ed\u00ada del Se\u00f1or, el d\u00ed\u00ada de la Resurrecci\u00f3n, el d\u00ed\u00ada de los cristianos, es nuestro d\u00ed\u00ada. Es el d\u00ed\u00ada en que el Se\u00f1or subi\u00f3 victorioso. Los paganos lo llaman el d\u00ed\u00ada del sol. Tambi\u00e9n nosotros lo haceos as\u00ed\u00ad con gusto, pues es el d\u00ed\u00ada en el que ha aparecido la luz del mundo y en el que ha amanecido el sol de justicia cuyos rayos traen la salvaci\u00f3n.\u00bb (Homil\u00ed\u00adas pascuales)<\/p>\n<p>    9.2. La celebraci\u00f3n pascual<br \/>\n    Pero donde la Iglesia se entrega a una celebraci\u00f3n magn\u00ed\u00adfica e insuperable es en la Pascua del Se\u00f1or, o fecha admirable en la que se une el Antiguo Testamento con el Nuevo.<\/p>\n<p>    Si en la Pascua jud\u00ed\u00ada se celebraba la liberaci\u00f3n de Egipto, con el paso del Mar Rojo, en la Pascua cristiana se conmemora la grandeza de la salvaci\u00f3n conseguida por Jes\u00fas con su triunfo sobre la muerte.<\/p>\n<p>     La Pascua es la fiesta m\u00e1s impresionante y solemne de los cristianos, precisamente por que es la celebraci\u00f3n de la Resurrecci\u00f3n el Se\u00f1or, el gran misterio que lleva al coraz\u00f3n y a la mente del cristiano la fuerza de la fe y de la vida.<\/p>\n<p>    10. Catequesis y Resurrecci\u00f3n<\/p>\n<p>     No hay fiesta y hecho que m\u00e1s condicione la catequesis cristiana que el misterio y el milagro de la Resurrecci\u00f3n.  Y, por eso, no hay referencia m\u00e1s viva y cautivadora para el catequista que el hecho e que Cristo ha resucitado.<\/p>\n<p>     En el terreno instructivo, hay que saber presentar el hecho y el misterio de forma sincronizada. Ni se trata de relatar sin m\u00e1s el acontecimiento, al margen de su significado misterioso, ni se trata de entrar a fondo en las pol\u00e9micas teol\u00f3gicas a que se presta este singular acontecimiento de la Historia de la salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p>     Y desde la perspectiva de la fe, es preciso resaltar en todo momento lo que la Resurrecci\u00f3n representa para el creyente en Jes\u00fas.<\/p>\n<p> &#8211; No hay fe firme, si la certeza de que Cristo ha resucitado no se apodera de la mente del cristiano.<\/p>\n<p> &#8211; No hay esperanza posible, si no vemos en la Resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas el modelo de la nuestra.<\/p>\n<p> &#8211; Y no hay amor aut\u00e9ntico a Jes\u00fas, si Cristo no ha resucitado.<\/p>\n<p>    Si s\u00f3lo nos quedamos en la simpat\u00ed\u00ada y en la admiraci\u00f3n por el personaje que vivi\u00f3 hace dos milenios. Nuestro amor es para el Jes\u00fas vivo que habita entre nosotros. Bueno es, en este terreno doctrinal y espiritual de la Resurrecci\u00f3n tener en cuenta tres consignas condicionantes de la catequesis cristiana<br \/>\n    1. Es conveniente atenerse en terminolog\u00ed\u00ada y en conceptos a los modos de hablar de la Iglesia, evitando pol\u00e9micas in\u00fatiles, sobre todo fuera de contextos intelectuales. Se corre el riesgo de la inadaptaci\u00f3n o de la inoportunidad.<\/p>\n<p>    2. Como hecho evang\u00e9lico, hay que preferir en todo momento los t\u00e9rminos b\u00ed\u00adblicos sobre otros m\u00e1s filos\u00f3ficos o teol\u00f3gicos. Conviene tenerlo en cuenta cuando de ni\u00f1os y adolescentes se trate.<\/p>\n<p>    3. Hay que resaltar la dimensi\u00f3n personal de la Resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas. Es algo que afecta a cada cristiano en concreto. Se debe evitar la generalizaci\u00f3n o la dispersi\u00f3n, como si de una doctrina especulativa se tratara. Jes\u00fas vivo nos afecta a todos los creyentes en grupo, a la Iglesia, pero tambi\u00e9n a cada uno en particular.<\/p>\n<p>Pedro Chico Gonz\u00e1lez, Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00ed\u00ada Religiosa, Editorial Bru\u00f1o, Lima, Per\u00fa 2006<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00eda Religiosa<\/b><\/p>\n<p>La credibilidad de la revelaci\u00f3n cristiana encuentra su punto de apoyo en el acontecimiento de la resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas crucificado. Si este punto resiste, resiste la fe; si cae la resurrecci\u00f3n, todo resulta superfluo.<\/p>\n<p>La primera afirmaci\u00f3n de la resurrecci\u00f3n es el texto de 1 Cor 15,3-5: \u00abAs\u00ed\u00ad pues, os he transmitido ante todo  lo que yo mismo recib\u00ed\u00ad: o sea, que Cristo muri\u00f3 por nuestros pecados seg\u00fan  las Escrituras, que fue sepultado y resucit\u00f3 al tercer d\u00ed\u00ada seg\u00fan las Escrituras y que se apareci\u00f3 a Cefas \u00ab. Este texto es la profesi\u00f3n de fe m\u00e1s antigua: se remonta a los a\u00f1os 35-40 y constituye uno de los testimonios mas arcaicos.<\/p>\n<p> Pablo, seg\u00fan el lenguaje t\u00e9cnico de los  rabinos, \u00abtransmite\u00bb lo que \u00abrecibi\u00f3\u00bb, no produce nada propio ni da interpretaci\u00f3n alguna; su tarea consiste s\u00f3lo en transmitir con fidelidad.<\/p>\n<p>La profesi\u00f3n de fe pone por escrito  lo que va hab\u00ed\u00ada sido experiencia hist\u00f3rica de algunos testigos, los Doce y las mujeres, que hab\u00ed\u00adan visto resucitado a Jes\u00fas, el crucificado. Sin embargo, la fe en la resurrecci\u00f3n no naci\u00f3 el d\u00ed\u00ada mismo de Pascua; fue madurando en el coraz\u00f3n y en la mente de los disc\u00ed\u00adpulos por la predicaci\u00f3n misma de Jes\u00fas, que en varias ocasiones hab\u00ed\u00ada puesto su resurrecci\u00f3n como se\u00f1al \u00faltima y definitiva del amor fiel que le ten\u00ed\u00ada el Padre (Mc 9,31). La Pascua hizo expl\u00ed\u00adcito y evidente que la predicaci\u00f3n de Jes\u00fas sobre el Reino de Dios encarnado en su persona de Hijo, sobre su mesianismo y sobre la salvaci\u00f3n a trav\u00e9s de la muerte, era ciertamente Palabra de Dios dirigida a la humanidad.<\/p>\n<p>La resurrecci\u00f3n imprimi\u00f3 la definitividad y la certeza de la fe que ellos hab\u00ed\u00adan tenido en su persona, a pesar de que, ante el car\u00e1cter enigm\u00e1tico de su predicaci\u00f3n y sobre todo ante los acontecimientos de su pasi\u00f3n y de su muerte, hab\u00ed\u00adan reaccionado con el temor, la duda y la huida- En la profesi\u00f3n de fe pascual se encuentran sintetizados todos los elementos constitutivos de este acontecimiento salv\u00ed\u00adfico, a saber:<\/p>\n<p> 1. La concreci\u00f3n de la muerte de Jes\u00fas. La crucifixi\u00f3n era una de las muertes m\u00e1s violentas y dolorosas de la antig\u00fcedad-\u00abla mas infame de las muertes \u00ab, escribi\u00f3 Flavio Josefo-. para el mundo jud\u00ed\u00ado representaba, adem\u00e1s, el signo de la maldici\u00f3n de Dios. La muerte de Jes\u00fas no fue una muerte aparente al contrario, fue una muerte real y verdadera, confirmada por la apertura del costado, con la que la autoridad verificaba la realidad de la muerte de un condenado, que no hubiera muerto antes de romperle los huesos de las piernas, para evitar que siguiera respirando.<\/p>\n<p> 2. Jes\u00fas fue sepultado. Seg\u00fan la ley  jud\u00ed\u00ada, ning\u00fan crucificado habr\u00ed\u00ada podido yacer en una tumba familiar, porque se le consideraba impuro seg\u00fan la ley (Dt 21,22)1 esto explica el \u00bb sepulcro nuevo\u00bb donde fue puesto el cad\u00e1ver. Hay que se\u00f1alar, adem\u00e1s, que su sepultura se hizo aprisa por dos motivos: el primero, en conformidad con los  textos sagrados, porque estaba cerca la fiesta de la Pascua; el segundo, porque la ley romana prohib\u00ed\u00ada estrictamente las lamentaciones f\u00fanebres en el caso de los condenados a muerte.<\/p>\n<p> 3. La resurrecci\u00f3n fue un acto \u00fanico  del Padre. El texto de 1 Cor 15,3 utiliza el verbo egh\u00e9ghertai en perfecto con  un significado pasivo, lo cual indica al menos dos cosas: a) que la acci\u00f3n que se cumple es obra del Padre, por lo que el texto dir\u00ed\u00ada: \u00abDios lo ha resucitado\u00bb. b) a diferencia de la muerte y de la sepultura, donde se usa el tiempo aoristo, que indica una acci\u00f3n cumplida y terminada en el tiempo, aqu\u00ed\u00ad el perfecto expresa la continuidad de una acci\u00f3n: en una palabra, aqu\u00ed\u00ad no es que Jes\u00fas \u00abvuelva a vivir\u00bb de la misma manera que L\u00e1zaro (Jn 12,1) o que la hija de Jairo (Mt 9,25), sino que para \u00e9l la vida es ahora una acci\u00f3n permanente que y a no tendr\u00e1 fin.<\/p>\n<p> 4. La aparici\u00f3n. La profesi\u00f3n de fe  afirma como \u00faltimo elemento que Jes\u00fas \u00abfue visto\u00bb, \u00abse dej\u00f3 ver\u00bb por Pedro y luego por los Once: \u00bfc\u00f3mo debe interpretarse esta aparici\u00f3n2 Ciertamente, no fue ni una ilusi\u00f3n personal o colectiva ni una experiencia m\u00ed\u00adstica. No es posible exigir a los textos lo que no quieren decirlo en este caso, los autores sagrados no hablan de la naturaleza del contenido de las apariciones del resucitado, sino del hecho de que vieron resucitado a Jes\u00fas, el que hab\u00ed\u00ada muerto crucificado. Las apariciones son una mediaci\u00f3n de la resurrecci\u00f3n, mediante las cuales nos vemos invitados, una vez m\u00e1s, a dar fe a unos testigos que afirman un hecho tan grande y envuelto en el misterio, por el que estuvieron dispuestos a padecer incluso el martirio.<\/p>\n<p>La resurrecci\u00f3n, de suyo, no tiene  necesidad de \u00abpruebas\u00bb. Provoca a la fe y exige una respuesta de fe sin embargo, hay hechos que atestiguan la verdad del relato de los testigos. Ya hemos hablado de las apariciones y del sepulcro vac\u00ed\u00ado hay que recordar-adem\u00e1s algo que confirma la verdad del hecho pascual: el cambio de vida de los disc\u00ed\u00adpulos.<\/p>\n<p>Hay un hecho cierto : esas personas  tuvieron una experiencia totalmente particular que los llev\u00f3 a renunciar a todo por atestiguar el hecho de que Jes\u00fas hab\u00ed\u00ada vuelto realmente a la vida y de que ellos lo hab\u00ed\u00adan visto. Un testimonio como \u00e9ste, rubricado por el martirio, no puede carecer de significado. Pablo est\u00e1 tambi\u00e9n tan convencido de \u00e9l que se juega toda la vida, su conversi\u00f3n radical, su misi\u00f3n de ap\u00f3stol y su predicaci\u00f3n precisamente por este acontecimiento: \u00abSi Cristo no ha resucitado, es vana nuestra fe y es in\u00fatil nuestra predicaci\u00f3n\u00bb (1 Cor 1 5,14).<\/p>\n<p>La resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas transform\u00f3  su cuerpo mortal en un cuerpo \u00bb espiritual\u00bb lo que Pablo quiere decir con esta afirmaci\u00f3n es que la resurrecci\u00f3n de Cristo &#8211; y la nuestra en \u00e9l- es principio de una vida plenamente nueva, pero que no excluye la que vivimos ahora. El cuerpo actual vive bajo el principio de la materialidad; el de la resurrecci\u00f3n estar\u00e1 bajo el principio de la espiritualidad. Si ahora vemos nuestro esp\u00ed\u00adritu actuando, pero limitado en gran parte por la materialidad, en la resurrecci\u00f3n el principio fundamental ser\u00e1 el del esp\u00ed\u00adritu no limitado por la materialidad. Pero es evidente que el lenguaje humano no es capaz de expresar la verdad de este acontecimiento m\u00e1s que recurriendo al s\u00ed\u00admbolo y al arte como expresi\u00f3n que m\u00e1s se acerca a la realidad espiritual y mist\u00e9rica.<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad pues, la resurrecci\u00f3n se convierte en una provocaci\u00f3n a dar sentido a la vida lo afirma el ap\u00f3stol sin ambages: si Cristo no ha resucitado, dediqu\u00e9monos a comer y a beber, porque luego moriremos (1 Cor 15,32), es decir, dejemos toda esperanza, ya que no queda m\u00e1s que la tristeza de la certeza de la muerte. Al contrario, la resurrecci\u00f3n da fuerzas para seguir adelante, para saber que el pecado y la muerte ya han sido vencidos una vez por todas y que ya desde ahora nosotros, aunque marcados por la finitud y por la certeza de morir, tenemos y a los signos de la resurrecci\u00f3n. Esta esperanza en la resurrecci\u00f3n se nos dio ya el d\u00ed\u00ada del bautismo para que no vivamos esta vida en la tristeza y en la angustia de no saber nada sobre el futuro, sino que tengamos ya en nosotros una vida divina que es capaz de transformar el presente.<\/p>\n<p> R. Fisichella<\/p>\n<p> Bibl.: G. O&#8217;Collins, Jes\u00fas resucitado, Herder Barcelona 1988; J. Caha, Resucit\u00f3 Cristo, mi esperanza, Estudio exeg\u00e9tico, BAC, Madrid 1986; X. L\u00e9on-Dufour, Resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas y mensaje pascual, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1985; Y. Marxsen, La resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas como problema hist\u00f3rico y teol\u00f3gico, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1979.<\/p>\n<p>PACOMIO, Luciano [et al.], Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico, Verbo Divino, Navarra, 1995<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico<\/b><\/p>\n<p>I. Consideraciones preliminares<br \/>\nSi la r. de J. ha de predicarse hoy d\u00ed\u00ada de forma fidedigna como el dogma fundamental del -> cristianismo, hay que empezar (l\u00f3gicamente) por mostrar el horizonte aprior\u00ed\u00adstico en la existencia del hombre, dentro del cual puede hacerse inteligible y \u00abaceptable\u00bb la r. de J. Este postulado no puede invalidarse diciendo que esa cuesti\u00f3n \u00abtranscendental\u00bb se plantea, en tiempo y espacio, despu\u00e9s de la experiencia hist\u00f3rica de aquello para lo cual la respuesta a tal pregunta ha de ofrecer el horizonte y la condici\u00f3n de posibilidad. Pues este rec\u00ed\u00adproco condicionamiento de experiencia efectiva y establecimiento (reflejo) de su posibilidad se da siempre en la existencia espiritual del hombre.<\/p>\n<p>1. El hombre es el ser de la expectaci\u00f3n del futuro, que es consumaci\u00f3n. Dada la unidad del hombre, de suyo \u00e9l no puede pensar esta consumaci\u00f3n para la vida que vive simplemente como consumaci\u00f3n del \u00abalma\u00bb. El hombre vive para su consumaci\u00f3n integral; pero \u00e9l no puede imaginar el \u00abc\u00f3mo\u00bb de esta consumaci\u00f3n, aunque pueda concebir ciertos factores de la misma (la consumaci\u00f3n del esp\u00ed\u00adritu personal como tal) mejor que otros. Aqu\u00ed\u00ad ha de quedar abierta la cuesti\u00f3n de si esta consumaci\u00f3n, como apetecida, es la plenitud de la \u00abnaturaleza\u00bb del hombre, o de la esencia del hombre que (por el existencial sobrenatural) tiende como a su fin (que as\u00ed\u00ad experimenta impl\u00ed\u00adcitamente) a la consumaci\u00f3n de la comunicaci\u00f3n de Dios. Si \u00abcarne\u00bb en sentido b\u00ed\u00adblico se entiende como el ser (caduco) del hombre, puede decirse de todo punto que el hombre dirige su esperanza a la \u00ab-> resurrecci\u00f3n de la carne\u00bb como a la consumaci\u00f3n de su existencia. Porque con ello no se da ninguna representaci\u00f3n concreta sobre c\u00f3mo haya de pensarse esta resurrecci\u00f3n de la carne que, por \u00abtransformaci\u00f3n\u00bb, llegar\u00e1 a la consumaci\u00f3n (lo que tampoco se hace en el dogma de la resurrecci\u00f3n de la carne: -> escatolog\u00ed\u00ada), sino que s\u00f3lo se sostiene que la unidad substancial y existencial del hombre nos proh\u00ed\u00adbe excluir de antemano ciertas \u00abregiones\u00bb de la existencia humana, como si fueran meramente transitorias, de la consumaci\u00f3n de la existencia a la que se tiende asint\u00f3ticamente.<\/p>\n<p>2. Si la comunicaci\u00f3n de Dios al hombre por la -> gracia tiene una historia que tiende a esa consumaci\u00f3n (en que el Pneuma es la salvaci\u00f3n transfigurante de toda la existencia), consecuentemente, partiendo de esta constituci\u00f3n sobrenatural transcendental (es decir, la estructura din\u00e1mica &#8211; afectada por la gracia &#8211; del sujeto, la cual existe como tal con anterioridad a todo acto de conocer y querer, y se actualiza en estos actos, dirigi\u00e9ndolos al Dios que se comunica a s\u00ed\u00ad mismo y, por ende, positiva o negativamente a la salvaci\u00f3n sobrenatural) en su realizaci\u00f3n hist\u00f3rica, puede preverse como fin de la esperanza y como punto culminante al que tiende asint\u00f3tica, irreversible y definitivamente esta historia el caso en que: a) la existencia de un hombre determinado se consuma en su totalidad como principio y fundamento (-> redenci\u00f3n) del fin victorioso y salv\u00ed\u00adfico de la historia entera; y, b) es aprehendida como tal acontecimiento en la experiencia de la fe.<\/p>\n<p>3. No cabe exponer aqui m\u00e1s despacio que &#8211; y por qu\u00e9 &#8211; este primer acontecimiento salv\u00ed\u00adfico (esperado siempre por lo menos impl\u00ed\u00adcitamente) de un hombre definitivamente salvado y consumado como experiencia y garant\u00ed\u00ada del desenlace positivo de la historia de la salvaci\u00f3n en conjunto, implica la noci\u00f3n del absoluto mediador de la salvaci\u00f3n, y \u00e9ste la de la -> encarnaci\u00f3n del Logos y de la uni\u00f3n hipost\u00e1tica. Tampoco es posible mostrar aqu\u00ed\u00ad por qu\u00e9 tenemos derecho a creer que este punto culminante de la historia de la salvaci\u00f3n, que puede alcanzarse \u00abtranscendentalmente\u00bb, se logr\u00f3 precisamente en Jes\u00fas de Nazaret. De ello se hablar\u00e1 en el apartado u (si bien, por motivos pr\u00e1cticos, pensamos ya aqu\u00ed\u00ad, en el campo hipot\u00e9tico, las posibilidades y los problemas teor\u00e9tico-cognoscitivos de este acontecimiento mirando a la experiencia de la r. de Jes\u00fas).<\/p>\n<p>4. Pero este punto de partida muestra lo que aqu\u00ed\u00ad interesa:<br \/>\na) Esa consumaci\u00f3n definitiva de un hombre como experimentada (y as\u00ed\u00ad como contituyente de la situaci\u00f3n escatol\u00f3gica de salvaci\u00f3n de quienes la experimentan) es a la vez: 1.\u00c2\u00b0 el punto culminante de la historia de salvaci\u00f3n; y 2.\u00c2\u00b0 la acreditaci\u00f3n suprema de esa misma historia. La acreditaci\u00f3n (-> milagro) y lo acreditado son aqu\u00ed\u00ad id\u00e9nticos.<\/p>\n<p>b) Ya de ah\u00ed\u00ad resulta que, respecto de este acontecimiento, se da una singular situaci\u00f3n cognoscitiva. Por la esencia de la cosa misma se da aqu\u00ed\u00ad el caso m\u00e1s radical de rec\u00ed\u00adproco condicionalmente entre fe y motivo de fe. Como acontecimiento fundamental de salvaci\u00f3n escatol\u00f3gica, esta \u00abresurrecci\u00f3n\u00bb es esencialmente objeto de fe, y consiguientemente, s\u00f3lo es alcanzado por la fe (bajo la luz de la fe que, como comunicaci\u00f3n divina, es la din\u00e1mica hacia esa consumaci\u00f3n). Y, a la vez, en este acontecimiento de salvaci\u00f3n halla la fe la raz\u00f3n hist\u00f3rica que le da fuerzas, que la legitima. Ese \u00abc\u00ed\u00adrculo\u00bb no hace imposible el acceso desde fuera al fundamento de la fe, es decir, a la resurrecci\u00f3n (cuya credibilidad se muestra en teolog\u00ed\u00ada fundamental), pues este c\u00ed\u00adrculo es puesto por la gracia (como gracia de la fe ofrecida, que, por su esencia, es gracia de la fe en la resurrecci\u00f3n) y, consiguientemente, el hombre no tiene que enfrentarse con \u00e9l desde fuera.<\/p>\n<p>Esta resurrecci\u00f3n hacia un estadio definitivo de la existencia humana que consuma la historia, es por su esencia un objeto singular de conocimiento. No debe, en efecto, confundirse por su esencia con el retorno de un muerto a su anterior existencia biol\u00f3gica, al tiempo y al espacio, que forman la dimensi\u00f3n de la historia inacabada. No puede, por ende, tratarse de antemano de un objeto ordinario de experiencia, cuyo conocimiento pueda subsumirse bajo las otras experiencias, bajo sus condiciones y posibilidades. Es la experiencia sui generis que, si es en absoluto posible, aprehende tambi\u00e9n justamente la definitiva transformaci\u00f3n de lo hist\u00f3ricamente experimentable. Fe y experiencia, testificaci\u00f3n y testificado, se hallan aqu\u00ed\u00ad, por la esencia misma de la cosa, compenetrados de forma singular, sin que por ello esta unidad se convierta en uniformidad indiferenciada y pueda decirse que s\u00f3lo alcanzamos el testimonio simple y puro, y no su propia estructura, en la que es posible conocer la diferencia entre la experiencia y lo objetivamente experimentado.<\/p>\n<p>Karl Rahner<br \/>\nII. Datos del Nuevo Testamento<br \/>\nSeg\u00fan el pensamiento apost\u00f3lico, la r. de J. es el acontecimiento central de la historia de la salvaci\u00f3n, el hecho capital del orden escatol\u00f3gico de la salvaci\u00f3n. Como tal es, junto con la cruz, tema central del -> kerygma y de la instrucci\u00f3n teol\u00f3gica.<\/p>\n<p>1. El kerygma<br \/>\nA pesar de la variedad en sus formulaciones neotestamentarias (cf. 1Cor 15, 3b-5: Act 2, 22-36; 10, 34-43; 13, 23-41, etc.; cf. Rom 1, 3-4; 2Tim 2, 8) y en sus \u00abesquemas literarios (cf., p. ej., 1 Cor 15, 3b-5 y Act 3, 12-26), el mensaje pascual de los medios apost\u00f3licos ofrece en todas sus formas los mismos aspectos esenciales, positivos o hist\u00f3ricos, doctrinales y escritur\u00ed\u00adsticos. Como la predicaci\u00f3n eclesi\u00e1stica no tiene m\u00e1s norma y fundamento que el evangelio tradicional de la cristiandad inicial (cf. 1 Cor 15, 11), es oportuno esbozar aqu\u00ed\u00ad estos aspectos.<\/p>\n<p>a) Seg\u00fan el principio subrayado por Lucas (cf. Lc 24, 48; Act 1, 21-22, etc.) y vigente ya en la comunidad de lengua aramea (cf. 1 Cor 15, 3-5; G\u00e1l 2, 1-10), el kerygma es por naturaleza testimonio de la r. de J. No expresa s\u00f3lo la fe pascual, sino que subraya en primer t\u00e9rmino que la creencia en Cristo resucitado est\u00e1 garantizada fundamentalmente por la experiencia colectiva e individual de los ap\u00f3stoles inmediatamente despu\u00e9s de la pasi\u00f3n.<\/p>\n<p>Los relatos de los Evangelios (cf. Mc 16, 1-8; Mt 28, 1-20; Le 24, 1-53; Jn 20, 1-29; cf. Act 1, 3-14; Jn 21, 1-23; Mc 16, 9-20) son el testimonio m\u00e1s elocuente de esto. Dispares por su origen y redacci\u00f3n, muestran precisamente por su diversidad que la Iglesia apost\u00f3lica no dej\u00f3 de justificar el kerygma por los hechos cuando los formulaba para atender a coyunturas pastorales y misioneras nuevas.<\/p>\n<p>Seg\u00fan la tradici\u00f3n jo\u00e1nica y sin\u00f3ptica, en conjunto fueron los siguientes acontecimientos los que acu\u00f1aron la experiencia pascual de los disc\u00ed\u00adpulos de Jes\u00fas. Al amanecer del tercer d\u00ed\u00ada, unas mujeres, entre ellas Mar\u00ed\u00ada de Magdala, fueron al sepulcro (cf. Mt 28, 1; Jn 20, 1). De lejos vieron la piedra \u00abquitada\u00bb (cf. Jn 20, 1; Mc 16, 4). Volvi\u00e9ronse a toda prisa a casa, no sin informar del suceso a los disc\u00ed\u00adpulos que pudieron ver (cf. Jn 20; Lc 24, 9 y Mt 28, 8). Ante la noticia, \u00abalgunos\u00bb (cf. Lc 24, 24) &#8211; seg\u00fan una variante especial de la tradici\u00f3n, Pedro y Juan (cf. Jn 20, 2-10; Lc 24, 12) -, acudieron al sepulcro; pero, a diferencia de las mujeres, entraron en \u00e9l y, al hallarlo vac\u00ed\u00ado, se quedaron perplejos. Sin embargo, las apariciones disipan la incertidumbre de los disc\u00ed\u00adpulos. Son a la vez \u00abvisi\u00f3n\u00bb y \u00abaudici\u00f3n\u00bb del Se\u00f1or resucitado (cf. Act 4, 20; Mt 13, 16-17 par), y sin duda tienen gran semejanza con la aparici\u00f3n de Cristo en Damasco (cf. Act 9, 3-7; 1 Cor 15, 5-8). Tienen car\u00e1cter &#8211; individual o colectivamente- de \u00abreconocimiento\u00bb o de \u00abmisi\u00f3n\u00bb (cf. 1 Cor 15, 5a par; Jn 20, 24-29; 1 Cor 15, 7a y EvHebr, fragm. 7; Mt 28, 9-10 par; 1 Cor 15, 5b y 7b; Mt 28, 15-20; Lc 24, 36-48 = Jn 20, 19-23; Act 1, 4-8; Mc 16, 14-20).<\/p>\n<p>Con ritmo desigual, se extienden sobre un espacio de tiempo relativamente largo &#8211; el marco de \u00abcuarenta d\u00ed\u00adas\u00bb es desconocido en la paradosis antigua -, y se sit\u00faan, cuando los textos indican los lugares, en Galilea y Jerusal\u00e9n: la tradici\u00f3n de las apariciones jerosolimitanas, atestiguada por Jn (cf. 20, 11-29), por Lc (cf. 24, 13-53; Act 1, 4-14) y en parte por Mt (cf. 28, 9-10), es por lo menos tan importante como la que habla de las apariciones de Cristo en Galilea, documentada en Mc (16, 7.14-20) y en Mt (28, 7.16-20).<\/p>\n<p>Para responder a las necesidades espirituales de los oyentes y para resaltar la actualidad del mensaje, la predicaci\u00f3n posterior comenta estos episodios seg\u00fan diversos temas sacados de la antropolog\u00ed\u00ada jud\u00ed\u00ada y, sobre todo, del mundo de las representaciones b\u00ed\u00adblicas: el \u00e1ngel del sepulcro, las pruebas por las que el Se\u00f1or mismo resucitado manifiesta su condici\u00f3n corporal nueva y su identidad con el Jes\u00fas de la cruz, las instrucciones eclesiales y teol\u00f3gicas que precisan el primitivo mandato misional y lo ampl\u00ed\u00adan. Todos estos rasgos, secundarios por su peso y procedencia, no tienen en definitiva otro motivo que subrayar la verdad del kerygma y la conformidad de la Iglesia pospascual con la voluntad del maestro glorificado, desde un punto de vista muy determinado.<\/p>\n<p>Fidelidad al testimonio de los discfpulos y adaptaci\u00f3n del mensaje a las necesidades de la hora, son as\u00ed\u00ad los imperativos de la Iglesia apost\u00f3lica en la acci\u00f3n misionera. Ellos explican el desenvolvimiento de la tradici\u00f3n y permiten apreciar en su verdadero valor los datos varios de los relatos neotestamentarios.<\/p>\n<p>b) Como garante de la glorificaci\u00f3n de Cristo, el ap\u00f3stol es por eso mismo testigo de Dios. La resurrecci\u00f3n es m\u00e1s que un hecho de la historia. Es la palabra decisiva del di\u00e1logo que Dios entabla con el mundo, la demostraci\u00f3n maestra por la que quiere convencer a los hombres de su fidelidad, de su \u00absabidur\u00ed\u00ada\u00bb y de su \u00abpoder\u00bb (cf. 1 Cor 1, 22ss).<\/p>\n<p>El acontecimiento de pascua es, en efecto, la obra por excelencia del Padre. Afirmado en el kerygma (cf. 1 Cor 15, 4b; Act 2, 24a, etc.) y subyacente en las diversas formas del pensamiento judeo-cristiano primitivo (s\u00f3lo el cuarto evangelio, en que la salida del sepulcro es el acto inicial de la \u00absubida\u00bb del Hijo a Dios, ofrece la idea de la resurrecci\u00f3n llamada activa), este art\u00ed\u00adculo, fundamento del credo apost\u00f3lico, contiene in nuce los temas de la espiritualidad y de la teolog\u00ed\u00ada pascuales. Para el juda\u00ed\u00adsmo b\u00ed\u00adblico y posterior de Palestina, la vuelta de los muertos a la vida en los tiempos escatol\u00f3gicos es el signo caracter\u00ed\u00adstico de la nueva creaci\u00f3n. \u00abVivificar a los muertos\u00bb es, por consiguiente, prerrogativa del creador. Los disc\u00ed\u00adpulos aplican este principio a la r. de J. y sacan de ah\u00ed\u00ad las consecuencias siguientes: 1.a Al resucitar a Jes\u00fas \u00abal tercer d\u00ed\u00ada\u00bb, el Padre corrobor\u00f3, para confusi\u00f3n del mundo, sus t\u00ed\u00adtulos mesi\u00e1nicos. 2.a M\u00e1s a\u00fan, lo estableci\u00f3 para siempre en la funci\u00f3n de redentor. La obra salvadora no qued\u00f3 acabada por la expiaci\u00f3n en la cruz. S\u00f3lo se consuma mediante la resurrecci\u00f3n renovadora.<\/p>\n<p>La comunidad palestinense y helenista expresa estos temas por los m\u00faltiples t\u00ed\u00adtulos que da al Se\u00f1or resucitado en el kerygma y en la oraci\u00f3n. Jes\u00fas es el \u00abJusto\u00bb (cf. Act. 3, 14; 7, 52), el \u00abSanto\u00bb (cf. 3, 14; Mc 1, 24 par; Jn 6, 69; Act 2, 27 par), el \u00abCristo\u00bb (cf. 1 Cor 15, 3b; Act 2, 36; 4, 26s; 10, 38), el \u00abHijo del hombre\u00bb (cf. Act 7, 56), el \u00abHijo de Dios\u00bb (cf. Act 8, 37), el \u00abSe\u00f1or\u00bb (cf. 1 Cor 16, 22; Ap 22, 20; Flp 2, 11; Act 7, 59s). Seg\u00fan otras denominaciones con contenido especialmente soteriol\u00f3gico, \u00e9l es el \u00abProfeta\u00bb (cf. Act 3, 22; 7, 37), el \u00abSiervo\u00bb (cf. Act 3, 14.26; 4, 25.27.30), el \u00abSalvador\u00bb (cf. Act 4, 9-12; 5, 31; 13, 23), la \u00abCabeza\u00bb, o el \u00abAutor\u00bb (cf. Act 5, 31; Heb 12, 2) de la \u00absalvaci\u00f3n\u00bb (cf. Heb 2, 10) y de la \u00abvida\u00bb (cf. Act 3, 15). La cristiandad apost\u00f3lica desarrollar\u00e1, como veremos, el sentido doctrinal y religioso de estos t\u00ed\u00adtulos, cuyas ra\u00ed\u00adces son ante todo veterotestamentarias y judaicas.<\/p>\n<p>c) Obra del Padre, la r. de J. responde a una disposici\u00f3n esencial del plan divino; con otras palabras, es uno de los hechos decisivos de la historia de la salvaci\u00f3n. La tradici\u00f3n antigua lo pone de relieve, aunque s\u00f3lo en esbozo contiene una teolog\u00ed\u00ada hist\u00f3rica de la salvaci\u00f3n. A este fin se vale de los temas siguientes.<\/p>\n<p>El testimonio o la \u00abprueba\u00bb escritur\u00ed\u00adstica caracteriza el kerygma (cf. 1 Cor 15, 4b; Act 2, 24a, 25-31, etc.; cf. Lc 24, 7.25-27; 32, 44-47; jn 20, 9). A pesar del giro m\u00e1s bien lac\u00f3nico de las indicaciones que ofrecen las fuentes en este contexto, seg\u00fan parece, aducen dos grupos de lugares de la Escritura que se refieren a la resurrecci\u00f3n: Os 6, 2 par e Is 53, 10-12 par. Las referencias al \u00abJusto\u00bb paciente y glorificado est\u00e1n en primer plano por su importancia. Adem\u00e1s de Is 52, 13-53, 12 y Sal 22, 2-32 (cf. 1 Cor 15, 3b y 4b; Act 3, 13-26; Flp 2, 6-11), aluden a los fragmentos del Sal 18, 5-6 (cf. Act 2, 24a) en particular y del Sal 16, 9-11 (cf. Act 2, 25-31; 13, 35-37), y muestran lo siguiente: a los ojos de la comunidad apost\u00f3lica la resurrecci\u00f3n es ante todo y de manera eminente la respuesta del Padre a la s\u00faplica de Cristo en la cruz (cf. Mc 15, 34 par), la \u00absalvaci\u00f3n\u00bb del Mes\u00ed\u00adas, presa de los asaltos del infierno (cf. Act 2, 24), y la \u00abrecompensa\u00bb concedida al siervo \u00abobediente\u00bb en el dolor (cf. Flp 2, 9). Como vestigios de un pensamiento arcaico, estas citas, que sin duda se remontan a la predicaci\u00f3n palestinense, parecen subrayar a su manera que pasi\u00f3n y resurrecci\u00f3n en la Escritura son aspectos de un misterio \u00fanico. As\u00ed\u00ad difieren de otros or\u00e1culos relativos al suceso hist\u00f3rico del tercer d\u00ed\u00ada. El texto de Os 6, 2 y sus paralelos apenas han sido resaltados posteriormente (cf. 1 Cor 15, 4b; Act 10, 40; Mt 16, 21 par). Seg\u00fan todas las apariencias s\u00f3lo serefieren al car\u00e1cter inmediato de la intervenci\u00f3n divina liberadora en favor del Mes\u00ed\u00adas.<\/p>\n<p>Como testigos de una forma m\u00e4s evolucionada de la tradici\u00f3n, los relatos evang\u00e9licos van m\u00e1s all\u00e1 de los datos primordiales de la predicaci\u00f3n inicial. El argumento escritur\u00ed\u00adstico s\u00f3lo es recordado de manera ocasional en ciertos fragmentos con matiz arcaizante. Para situar la resurrecci\u00f3n en el designio de Dios, el relato presin\u00f3ptico del sepulcro vac\u00ed\u00ado emplea el tema literario del angelus interpres (cf. Mc 16, 5-6 par). Con ello destaca: 1\u00c2\u00ba. que el acontecimiento de pascua, el cual significa su consumaci\u00f3n mediante el sepulcro vac\u00ed\u00ado, es punto decisivo de la historia de la salvaci\u00f3n; 2.\u00c2\u00b0 que Dios es autor a la vez de la resurrecci\u00f3n y del kerygma, transmitido en su f\u00f3rmula misma (Mc 16, 5-7 par = Act 3, 15, etc.) por el \u00e1ngel a las mujeres e indirectamente a los disc\u00ed\u00adpulos (comp\u00e1rese con Lc 24, 44-48 par, donde es el Se\u00f1or resucitado quien formula el mensaje pascual). Ah\u00ed\u00ad laten intenciones kerygm\u00e1ticas muy concretas. A medida que la tradici\u00f3n se desarrolla, \u00e9sta tiende a insistir en su fidelidad al testimonio de los disc\u00ed\u00adpulos. La predicaci\u00f3n reciente no deja vac\u00ed\u00ado el mensaje primitivo, sino que de \u00e9l saca su norma y fundamento.<\/p>\n<p>2. La teolog\u00ed\u00ada neotestamentaria de la resurrecci\u00f3n<br \/>\nLa reflexi\u00f3n apost\u00f3lica precisa mejor el objeto doctrinal del kerygma. Se refiere ante todo al hecho de pascua, pero muestra con igual fuerza su sentido soteriol\u00f3gico y mesi\u00e1nico. Por su exaltaci\u00f3n, Jes\u00fas no s\u00f3lo aparece confirmado en sus prerrogativas cristol\u00f3gicas, sino que es a la vez el hombre nuevo, tipo y principio de la humanidad restaurada.<\/p>\n<p>a) La resurrecci\u00f3n redentora. Seg\u00fan la antigua tradici\u00f3n prof\u00e9tica, en los \u00faltimos tiempos Dios \u00abvivificar\u00e1\u00bb por el \u00abesp\u00ed\u00adritu\u00bb a Israel, herido de \u00abmuerte\u00bb por su infidelidad a la -> alianza. En otros t\u00e9rminos, la obra mesi\u00e1nica es la renovaci\u00f3n de la humanidad; la salvaci\u00f3n significa por esencia el restablecimiento del pueblo y del individuo en el Pneuma.<\/p>\n<p>Propuesto por Ezequiel (cf. 36, 25-27; 37, 1-14) y por Jerem\u00ed\u00adas (cf. 31, 31-34), y recibido y desarrollado en los medios pietistas del juda\u00ed\u00adsmo b\u00ed\u00adblico (cf. Sal 51, 7.9-14) y palestinense (cf. 1QS iv, 18-26; cf. Mc 1, 9-11 par), el or\u00e1culo sobre el segundo Ad\u00e1n o el hombre escatol\u00f3gico halla su cumplimiento en el hecho pascual, que la Iglesia primitiva presenta desde el primer momento como el acto de la nueva creaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Jes\u00fas sufri\u00f3 por la resurrecci\u00f3n una \u00abtransformaci\u00f3n\u00bb plena de su condici\u00f3n humana. Los textos apost\u00f3licos, no sin una continuidad real de pensamiento, aducen sus dos aspectos inseparablemente unidos entre s\u00ed\u00ad. 1\u00c2\u00ba. Jes\u00fas es en adelante pneuma. Seg\u00fan la antigua f\u00f3rmula de fe citada en Rom 1, 4, Jes\u00fas tiene el \u00abesp\u00ed\u00adritu de santidad\u00bb (pneuma agiosyn\u00e9s), la fuente de perfecci\u00f3n moral y religiosa, mediante la cual el hombre participa del mundo trascendente de la luz. Seg\u00fan la exposici\u00f3n m\u00e1s sint\u00e9tica de 1 Cor 15, 15-45, \u00e9l es \u00abesp\u00ed\u00adritu vivificante\u00bb, a diferencia del primer hombre, que s\u00f3lo era \u00abalma viviente\u00bb. Sin duda estos enunciados, fundados en la inteligencia judaica de G\u00e9n 2,7, est\u00e1n ampliamente determinados por la antropolog\u00ed\u00ada y el dualismo palestinenses. Pero, no obstante, atestiguan que, seg\u00fan el pensamiento judeo-cristiano y gentil-cristiano, Jes\u00fas en su nueva humanidad es divino-\u00abpneum\u00e1tico\u00bb, lo cual se manifiesta sobre todo en su poder y santidad. 2.\u00c2\u00b0 El \u00abcuerpo\u00bb no se except\u00faa de esta transformaci\u00f3n. Estando caracterizado por la \u00abgloria\u00bb, la \u00abfuerza\u00bb y la \u00abinmortalidad\u00bb, de suyo es \u00abespiritual\u00bb (s\u00f6ma pneumatik\u00f3n). Aunque el mensaje de 1 Cor 15, 42-44, que por lo dem\u00e1s rectifica la presentaci\u00f3n apolog\u00e9tica del resucitado en las per\u00ed\u00adcopas de apariciones, va dirigido a los griegos, en realidad no es m\u00e1s que una aplicaci\u00f3n de la fe apost\u00f3lica a Jes\u00fas hecho pneuma por el acto salv\u00ed\u00adfico pascual del Padre.<\/p>\n<p>Ahora bien, estas prerrogativas no se limitan a la persona de Cristo. La voluntad salv\u00ed\u00adfica de Dios las ha pensado para la humanidad entera. Jes\u00fas, que ha venido para volverla humanidad por una transformaci\u00f3n radical a la integridad pneum\u00e1tica, como \u00abnuevo Ad\u00e1n\u00bb (1 Cor 15, 45) es la \u00abcabeza\u00bb de un linaje nuevo, la causa ejemplar e instrumental de la nueva creaci\u00f3n escatol\u00f3gica. La resurrecci\u00f3n es el prototipo de la \u00abtransformaci\u00f3n\u00bb del cristiano. Ella es adem\u00e1s su preludio y principio. Transmitido al cristiano por la reiteraci\u00f3n sacramental del acto pascual en el -> bautismo (cf. Rom 6, 3-11), el \u00abesp\u00ed\u00adritu de Cristo\u00bb (cf. Rom 8, 9) es el principio de la vida cristiana (fe, esperanza, acci\u00f3n moral) y del crecimiento del nuevo bautizado en el Esp\u00ed\u00adritu; es el principio de la Iglesia, la cual constituye en cierto sentido el \u00abcuerpo\u00bb c\u00f3smico del Se\u00f1or resucitado, \u00abcabeza\u00bb de la misma; es el principio del orden cristiano en el mundo y no en \u00faltimo t\u00e9rmino, del nuevo orden de la creaci\u00f3n entera en la gloria (cf. Rom 8, 19-23), a semejanza de la resurrecci\u00f3n de los cuerpos (cf. 1 Cor 15, 12-57). Cristo, que es el \u00abEsp\u00ed\u00adritu\u00bb (cf. 2 Cor 3, 17), transforma a los creyentes \u00abseg\u00fan su imagen\u00bb (cf. 2 Cor 3, 18), llev\u00e1ndolos infaliblemente a su gloria como \u00abimagen del Padre\u00bb (cf. 2 Cor 4, 4; Col 1, 15). El acontecimiento de pascua tiene, en definitiva, dimensiones c\u00f3smicas e hist\u00f3ricas. Cumbre de la obra salvadora, recapitula el pasado y contiene el esjat\u00f3n. Visto as\u00ed\u00ad es sin duda por antonomasia el misterio, sin el cual la experiencia vivida por la humanidad antigua no tendr\u00ed\u00ada sentido y tambi\u00e9n nuestra predicaci\u00f3n \u00abser\u00ed\u00ada vana\u00bb (cf. 1 Cor 15, 14).<\/p>\n<p>b) El Cristo Se\u00f1or. La r. de J. es, por lo dem\u00e1s, la epifan\u00ed\u00ada decisiva del Mes\u00ed\u00adas; ella no s\u00f3lo corrobora sus prerrogativas escatol\u00f3gicas, sino que indica tambi\u00e9n su plena transcendencia. Tal es, en su formulaci\u00f3n general, el segundo tema central del kerygma, que la cristiandad primitiva trata de determinar con una riqueza de aportaciones y aspectos que no es posible enumerar aqu\u00ed\u00ad.<\/p>\n<p>Destaquemos solamente el t\u00ed\u00adtulo de \u00abSe\u00f1or\u00bb (Kyrios), aplicado a Cristo resucitado. De los m\u00faltiples apelativos cristol\u00f3gicos usados en la Iglesia apost\u00f3lica, \u00e9ste es con toda seguridad el m\u00e1s pascual y el m\u00e1s tradicional. Enraizado en el vocabulario usado por los disc\u00ed\u00adpulos en las relaciones con su \u00abSe\u00f1or y Maestro\u00bb (cf. Jn 13, 14), atestiguado por las comunidades de lengua aramea (cf. 1 Cor 16, 22; Did 10, 6; Ap 22, 20), recibido, en fin, y acentuado en los grupos helenistas no menos que en el cristianismo gentil, este t\u00ed\u00adtulo representa un elemento firme de la oraci\u00f3n cultual (cf. Act 7, 59) y de la espera escatol\u00f3gica (cf. 1 Cor 16, 22). Se refiere en primer t\u00e9rmino al Cristo de la resurrecci\u00f3n y expresa su \u00absoberan\u00ed\u00ada\u00bb, que exige de los creyentes \u00abobediencia\u00bb y \u00absumisi\u00f3n\u00bb. De ah\u00ed\u00ad que esa actitud caracterice tambi\u00e9n a los disc\u00ed\u00adpulos, que son testigos de las apariciones (cf. Flp 3, 12). En cuanto el t\u00ed\u00adtulo fue esclarecido nuevamente a base de la Escritura (cf. Sal 110, 1; de Act 2, 34-35 par), expresa tambi\u00e9n la igualdad con el Padre o la trascendencia divina. Invocar a Jes\u00fas Se\u00f1or equivale a confesar a Cristo como Dios (cf. Jn 20, 28).<\/p>\n<p>Consciente de la divinidad del Se\u00f1or resucitado, la Iglesia del Nuevo Testamento se pregunta, en fin, si Cristo tuvo estas perfecciones en la tierra. Pensando nuevamente la historia de la salvaci\u00f3n a la luz del hecho pascual, la Iglesia llega a conocer su verdadero sentido: dicha historia es teofan\u00ed\u00ada escatol\u00f3gica o presencia salvadora de Dios en su pueblo (cf. Mc 4, 41 par) y entre los hombres (cf. 2 Tim 1, 10 par).<\/p>\n<p>Joseph Schmitt<br \/>\nIII. La resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas bajo el aspecto de la teolog\u00ed\u00ada fundamental<br \/>\n1. El aspecto teol\u00f3gico fundamental como tal<br \/>\nLa r. de J. (con la encarnaci\u00f3n y la cruz) es objeto central de la fe; y es tambi\u00e9n, en otro aspecto, a saber, como acontecimiento hist\u00f3rico demostrable, una de las bases decisivas de la misma. Aun siendo un acontecimiento \u00abal margen de la historia\u00bb (pues en ella deja Jes\u00fas el orden inmanente) y un misterio en su m\u00e1s profunda esencia, sin embargo la resurrecci\u00f3n est\u00e1 conectada tan indisolublemente con una serie de datos hist\u00f3ricos, que por ellos podemos llegar a una certeza hist\u00f3rica (por lo menos en sentido anal\u00f3gico) sobre el hecho de la r. de J. Rechazar en principio toda consideraci\u00f3n apolog\u00e9tica de la r. de J. (como se hace en gran parte en la teolog\u00ed\u00ada acat\u00f3lica) contradice al NT, que ve en ella el signo decisivo de la misi\u00f3n de Jes\u00fas (cf. 1 Cor 15, 12-19, etc.). Por lo dem\u00e1s, sobre la relaci\u00f3n entre la r. de J. como fundamento y objeto de la fe, hay que decir lo mismo que en otro lugar se dice sobre la -> fe y el conocimiento de su credibilidad.<\/p>\n<p>Hay que partir de una ex\u00e9gesis predogm\u00e1tica de los textos de resurrecci\u00f3n. Deben aducirse preferentemente aquellos textos que han de ser tenidos por los m\u00e1s antiguos y cr\u00ed\u00adticamente seguros: 1 Cor 15 y los discursos del libro de los Hechos que sin duda reproducen rectamente la primitiva predicaci\u00f3n apost\u00f3lica en sus rasgos fundamentales. Como los Evangelios s\u00f3lo nos presentan fragmentos del complicado hecho pascual, parte en s\u00ed\u00adntesis sumaria y desde puntos de vista redaccionales y kerygm\u00e1ticos, parte con cierta libertad de exposici\u00f3n (cf. la transformaci\u00f3n de las palabras sobre Galilea en Lc 24, 6, frente a Mc 16, 7), no habr\u00ed\u00ada que dar demasiado valor a los ensayos de armonizaci\u00f3n.<\/p>\n<p>El \u00faltimo acontecimiento alcanzable no es, como a menudo se ha dicho, la fe de los disc\u00ed\u00adpulos, sino las apariciones de Jes\u00fas, que son su base, as\u00ed\u00ad como un complejo de hechos, que son importantes para enjuiciarlas. El conjunto &#8211; aun hist\u00f3ricamente &#8211; s\u00f3lo es inteligible si Jes\u00fas resucit\u00f3 realmente. Resaltemos en particular:<br \/>\na) La muerte de jes\u00fas est\u00e1 fuera de toda duda. La hip\u00f3tesis de una muerte aparente (H.E.G. Paulus) ha sido universalmente rechazada por absurda.<\/p>\n<p>b) La situaci\u00f3n de los disc\u00ed\u00adpulos. Ninguno (fuera de Juan, en cierto modo) estuvo en la pasi\u00f3n al lado de Jes\u00fas. Caracter\u00ed\u00adstica de su defecci\u00f3n fue la negaci\u00f3n de Pedro. Su disposici\u00f3n ps\u00ed\u00adquica est\u00e1 acertadamente descrita en Lc 24, 21: \u00abNosotros esper\u00e1bamos que \u00e9l redimir\u00ed\u00ada a Israel.\u00bb<br \/>\nc) La sepultura de Jes\u00fas se menciona ya en la antigua f\u00f3rmula de 1 Cor 15, 3ss. Los relatos m\u00e1s concretos de los Evangelios no producen, en ning\u00fan aspecto, impresi\u00f3n legendaria. La leyenda no hubiera introducido aqu\u00ed\u00ad a un hombre extra\u00f1o al grupo de los disc\u00ed\u00adpulos. Los hallazgos arqueol\u00f3gicos concuerdan bien con los relatos (cf. J. JEREMIAS, Golgotha). El hecho de la sepultura es importante. Puesto que la predicaci\u00f3n sobre la resurrecci\u00f3n comenz\u00f3 en Jerusal\u00e9n, a m\u00e1s tardar con ella hubo de plantearse la cuesti\u00f3n del sepulcro.<\/p>\n<p>d) El sepulcro vac\u00ed\u00ado. Este hecho no prueba por s\u00ed\u00ad solo una resurrecci\u00f3n, pero tampoco es irrelevante. Seg\u00fan todos los Evangelios, el sepulcro fue hallado vac\u00ed\u00ado la ma\u00f1ana del tercer d\u00ed\u00ada. Una leyenda apolog\u00e9tica no hubiera hecho descubrir el sepulcro a mujeres, que, seg\u00fan el derecho jud\u00ed\u00ado, no eran capaces de testificar. La predicaci\u00f3n de la resurrecci\u00f3n hubiera sido imposible en Jerusal\u00e9n, si los disc\u00ed\u00adpulos no hubieran sabido con toda certeza que el sepulcro de Jes\u00fas estaba realmente vac\u00ed\u00ado. As\u00ed\u00ad, en cambio, su predicaci\u00f3n no pod\u00ed\u00ada empezar en ninguna parte con m\u00e1s \u00e9xito que all\u00ed\u00ad. La objeci\u00f3n de la cr\u00ed\u00adtica, seg\u00fan la cual los discursos de Pedro no pod\u00ed\u00adan haber silenciado el descubrimiento del sepulcro, no est\u00e1 justificada. El hecho del sepulcro vac\u00ed\u00ado no ten\u00ed\u00ada por qu\u00e9 ser demostrado (los discursos lo suponen: cf. Act 2, 27-32); y hubo de conocerse con la mayor rapidez en la ciudad. La menci\u00f3n de la visita al sepulcro no era aconsejable; era obvio el reproche de robo del cad\u00e1ver, reproche que quiz\u00e1 se hab\u00ed\u00ada hecho ya. Tambi\u00e9n Pablo supone indudablemente el sepulcro vac\u00ed\u00ado; pues en 1 Cor 15 se trata precisamente de la r. corporal de J. Hasta qu\u00e9 punto le daba Pablo importancia, lo prueba el fracaso de su discurso en Atenas al llegar precisamente a este punto (Act 17, 32). La comparaci\u00f3n del bautismo con la sepultura y r. de J. supone tambi\u00e9n su resurrecci\u00f3n del sepulcro.<\/p>\n<p>e) Las apariciones. El sepulcro vac\u00ed\u00ado no es por s\u00ed\u00ad solo un acontecimiento inequ\u00ed\u00advoco. Lo decisivo fue que los disc\u00ed\u00adpulos \u00abvieron\u00bb al Se\u00f1or resucitado. El lugar, n\u00famero, orden y otras circunstancias de las apariciones son inciertas; su efectividad y contenido son incuestionables. \u00bfPueden explicarse, psic\u00f3genamente, estas apariciones como \u00abvisiones subjetivas\u00bb? Tal es, desde el punto de vista de la teolog\u00ed\u00ada fundamental, la cuesti\u00f3n medular.<\/p>\n<p>1\u00c2\u00ba. La cr\u00ed\u00adtica liberal explica las apariciones como efectos psicol\u00f3gicos del entusiasmo de pascua. Sin embargo, seg\u00fan todos los relatos fueron, a la inversa, las apariciones causa de la fe pascual. S\u00f3lo esto corresponde adem\u00e1s a la situaci\u00f3n de los disc\u00ed\u00adpulos tras la ruina de sus esperanzas mesi\u00e1nicas. Tambi\u00e9n quedar\u00ed\u00ada sin explicar que las apariciones cesaran cuando la fe en la resurrecci\u00f3n venci\u00f3 en la comunidad.<\/p>\n<p>2.\u00c2\u00b0 Las visiones subjetivas suponen un espacio m\u00e1s largo de tiempo para la evoluci\u00f3n ps\u00ed\u00adquica de los disc\u00ed\u00adpulos. Ello contradice al \u00abtercer d\u00ed\u00ada\u00bb, que est\u00e1 bien atestiguado (ya en 1 Cor 15, 4) y no puede ser deducido de la Escritura. La prueba escritur\u00ed\u00adstica (Jn 2; Os 6, 2) fue siempre dif\u00ed\u00adcil.<\/p>\n<p>3.\u00c2\u00b0 Visiones puramente psic\u00f3genas no pueden explicar el cambio completo de los disc\u00ed\u00adpulos, su inconmovible certidumbre, su franca sinceridad dispuesta a todo sacrificio. La convicci\u00f3n de haber resucitado Jes\u00fas es el fundamento de toda su vida posterior.<\/p>\n<p>4.\u00c2\u00b0 Aunque en el NT se habla en otras ocasiones de \u00abvisiones\u00bb (cuyo origen y significaci\u00f3n no puede tocarse aqu\u00ed\u00ad), los disc\u00ed\u00adpulos no pueden ser llamados visionarios. Adem\u00e1s, los encuentros de pascua son distinguidos siempre con claridad, objetiva y terminol\u00f3gicamente, de otras visiones. Pablo califica la aparici\u00f3n de Damasco de visi\u00f3n \u00faltima (1 Cor 15, 8), a pesar de que posteriormente sigue teniendo visiones.<\/p>\n<p>5.\u00c2\u00b0 Contra una explicaci\u00f3n psic\u00f3gena habla igualmente el hecho de que las apariciones se dieron tambi\u00e9n ante grupos, una vez ante m\u00e1s de quinientos hombres (1 Cor 15, 6), y, por lo menos una vez, ante un enemigo, Saulo. Acaso Santiago hall\u00f3 tambi\u00e9n la fe por este camino (1 Cor 15, 7).<\/p>\n<p>6.\u00c2\u00b0 Las apariciones no fueron s\u00f3lo vivencia interna, sino que hubieron de tener tambi\u00e9n marcado car\u00e1cter de hecho exterior. Por eso pueden los ap\u00f3stoles presentarse como \u00abtestigos de la resurrecci\u00f3n\u00bb (Act 1, 22; 2, 32; 4, 20, etc.). Lo mismo piensa Pablo: \u00abSi Cristo no ha resucitado, vana es nuestra predicaci\u00f3n&#8230; Ser\u00ed\u00adamos falsos testigos de Dios\u00bb (1 Cor 15, 14s).<\/p>\n<p>7\u00c2\u00b0 La corporeidad de las apariciones est\u00e1 apoyada por el hecho del sepulcro vac\u00ed\u00ado, que consta independientemente de aqu\u00e9llas. Hip\u00f3tesis de traslaci\u00f3n, de confusi\u00f3n y otras por el estilo son tan absurdas como la del robo del cad\u00e1ver que forjaron los jud\u00ed\u00ados. Sobre el sepulcro hubo de existir la misma claridad plena que sobre el descenso de la cruz. Desde que un hombre de alta posici\u00f3n (otro dif\u00ed\u00adcilmente hubiera tenido acceso a Pilatos) hubo enterrado a Jes\u00fas, los jud\u00ed\u00ados no perdieron seguramente de vista el sepulcro. No debe adem\u00e1s olvidarse (la antigua apolog\u00e9tica no lo not\u00f3 siempre bastante) que Jes\u00fas no resucit\u00f3 con cuerpo ordinario. Los Evangelios recalcan que no era reconocido inmediatamente. Ante Damasco se aparece entre una luz venida del cielo. Dios tuvo que hacerlo visible a los hombres en su corporeidad transfigurada. El cu\u00e1druple \u00f3fthe de 1 Cor 15, 3-8, ha de interpretarse probablemente en este sentido (como \u00abpasiva teol\u00f3gica\u00bb). Por eso, s\u00f3lo quienes son llamados ven al Se\u00f1or resucitado. Puede, pues, hablarse de visiones objetivas (operadas por Dios), mientras con este t\u00e9rmino no se excluya la corporeidad de la r. de J. Sobre la corporeidad resucitada en s\u00ed\u00ad misma, s\u00f3lo con gran cautela podemos afirmar algo.<\/p>\n<p>Werner Bulst<br \/>\n2.La experiencia de la resurrecci\u00f3n por parte de los disc\u00ed\u00adpulos y del hombre en general en la totalidad de la interpretaci\u00f3n de la existencia<br \/>\nNo debe disolverse esta primera experiencia de pascua en sus elementos para recomponerla posteriormente. El todo es tambi\u00e9n aqu\u00ed\u00ad m\u00e1s que la suma de sus partes. En esta experiencia \u00fanica entra el encuentro con Jes\u00fas, que ten\u00ed\u00ada conciencia de ser el Hijo del misterio incomprensible, al que, con inconcebible naturalidad y aun en medio del abandono de Dios en la muerte, se atrev\u00ed\u00ada a llamar su Padre; entra tambi\u00e9n el encuentro con su amor y fidelidad, con su obediencia sin culpa, con sus tinieblas de la muerte, con su absoluta aceptaci\u00f3n de la muerte y con el acontecimiento pascual mismo. Puede ser que nosotros, hoy d\u00ed\u00ada, no podamos distinguir puramente en este acontecimiento pascual entre pascua (el Se\u00f1or resucitado) y la experiencia pascual de los disc\u00ed\u00adpulos, es decir, para nosotros la experiencia pascual de los disc\u00ed\u00adpulos no es nunca la mera comunicaci\u00f3n exterior (como un hilo de tel\u00e9fono o un telescopio), que desaparece, como si dij\u00e9ramos, una vez que hemos asido el hecho mismo. Fe de pascua y experiencia de pascua (la fe y su fundamento) son ya inseparables en los disc\u00ed\u00adpulos de Jes\u00fas; el fundamento de la fe (el Se\u00f1or resucitado), como fundamentaci\u00f3n de \u00e9sta, s\u00f3lo en la fe misma es experimentado poderosa y convincentemente. Tambi\u00e9n en otros casos hay algo experimentado que es real y, sin embargo, s\u00f3lo es accesible en la experiencia de otra cosa, y ello tanto m\u00e1s cuanto ese algo es m\u00e1s importante y existencialmente central.<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad la cosa sin duda es distinta de cuando un testigo fidedigno y honrado nos cuenta, p. ej., que ha visto a alguien saltar al agua. En tal caso, la posibilidad de semejante experiencia nos es ya conocida e inteligible, independientemente del relato, por nuestra propia experiencia. Por eso, el relato del testigo ocular comunica una relaci\u00f3n con el proceso relatado que puede prescindir de la seguridad y honradez del testigo, y que se hace en cierto modo inmediata respecto del acontecimiento. En el caso de pascua no es as\u00ed\u00ad.<\/p>\n<p>Esta experiencia, por la naturaleza de la cosa, es sui generis. Pues la experiencia de alguien del otro mundo, que tiene que \u00abmostrarse\u00bb, que no pertenece ya a nuestro tiempo y espacio, que no se nos ofrece indefenso para que podamos asirlo, no es ciertamente un suceso que \u00abentendamos\u00bb desde nuestra experiencia, ni dominemos ya por nosotros mismos en sus posibilidades y supuestos, de suerte que podamos emplear por nuestra cuenta los criterios ordinarios para juzgar la cuesti\u00f3n de si podemos aceptarlo como ocurrido y presenciado aqu\u00ed\u00ad y ahora.<\/p>\n<p>La apelaci\u00f3n al sepulcro vac\u00ed\u00ado, como hecho que entra en nuestro mundo normal experimental y es accesible a cualquiera, no nos ayuda esencialmente: un sepulcro vac\u00ed\u00ado no puede atestiguar plenamente la resurrecci\u00f3n, pues su causa puede ser m\u00faltiple. No tenemos una experiencia semejante, es decir, de la misma especie que la experiencia pascual de los disc\u00ed\u00adpulos (si prescindimos de la \u00abexperiencia del esp\u00ed\u00adritu\u00bb: G\u00e1l 3, Iss), y estamos, por ende, reducidos al testimonio de los disc\u00ed\u00adpulos, en sentido esencialmente m\u00e1s radical que en las aceptaciones de otros testimonios de testigos oculares. Con ello no se impugna que esta experiencia tenga tambi\u00e9n una estructura, y que, por tanto, los disc\u00ed\u00adpulos separen en la experiencia el fundamento y el proceso de la misma y as\u00ed\u00ad puedan decir: El se nos muestra y no es puesto por nuestra vivencia. Ni se niega tampoco que de alg\u00fan modo podamos comprobar esa distancia estructural entre la causa de la experiencia y \u00e9sta misma, as\u00ed\u00ad, por el n\u00famero de los testigos, por la incongruencia entre sus disposiciones y la experiencia hecha, por el efecto existencial de tal experiencia, etc. Pero todo ello no cambia para nada el hecho de que esta experiencia pascual es de especie singular, absolutamente inconmensurable con las otras experiencias del hombre, y, por tanto, nuestra relaci\u00f3n con ella no puede confundirse con los relatos profanos de testigos oculares.<\/p>\n<p>Sin la experiencia del esp\u00ed\u00adritu, es decir, en este caso, sin la experiencia aceptada por la fe del sentido de la existencia (tal como es y, por ende, como totalidad), no se dar\u00e1 la confiada aceptaci\u00f3n del testimonio pascual de los disc\u00ed\u00adpulos, por mucho que aqu\u00e9lla pueda ganar en \u00e9ste su propia fuerza, y, en todo caso, s\u00f3lo en \u00e9ste llega plenamente a su propia esencia. S\u00f3lo el esperante puede ver el cumplimiento de la esperanza, y en el cumplimiento visto llega la esperanza al descanso de su propia existencia. Este \u00abc\u00ed\u00adrculo\u00bb no tiene por qu\u00e9 ser roto ni puede tampoco serlo. Pero el llamado a la esperanza de la resurrecci\u00f3n de su carne (de la carne que \u00e9l es y no s\u00f3lo \u00abtiene\u00bb), puede por la gracia de Dios saltar hacia el interior de ese c\u00ed\u00adrculo. \u00bfC\u00f3mo puede ser aqu\u00ed\u00ad de otro modo, cuando debe arriesgarse de forma total la persona, no frente a esto o lo otro, entre muchas otras cosas de igual rango, sino frente al sentido \u00faltimo de la existencia entera? Tal cosa no puede ya fundarse de otro modo que por s\u00ed\u00ad misma, por muchos factores que abarque en s\u00ed\u00ad, los cuales se condicionan mutuamente (y, por ende, tambi\u00e9n la realidad experimentada del Se\u00f1or resucitado ofrece el fundamento de la experiencia, y, a la inversa, el suceso s\u00f3lo se \u00abmuestra\u00bb a la fe).<\/p>\n<p>No puede perderse nunca de vista que la consumaci\u00f3n de una existencia humana llegada a la inmediatez de Dios, de suyo no es un dato que pueda penetrar y hallarse en el orden experimental de tiempo y espacio como tal, sino que a lo sumo puede presentarse como un anuncio ante la total decisi\u00f3n de una existencia humana (en todas sus dimensiones). No necesitamos tampoco \u00abrepresentarnos\u00bb qu\u00e9 \u00abaspecto\u00bb tenga uno en la aut\u00e9ntica totalidad de su existencia (\u00abcon alma y cuerpo\u00bb). Podemos tranquilamente confesar que no nos es posible imaginar una resurrecci\u00f3n \u00abcorporal\u00bb, pues \u00e9sta no es ni quiere ser (a diferencia de la revivificaci\u00f3n de un muerto) la restauraci\u00f3n de un estado anterior, sino que significa aquella transformaci\u00f3n radical (de la que habla ya Pablo como condici\u00f3n de la consumaci\u00f3n) por la que debe pasar la libre realizaci\u00f3n terrena de la existencia de la persona, si hade hallar su consumaci\u00f3n en la superaci\u00f3n del tiempo y en la maduraci\u00f3n de la eternidad a partir del tiempo. Si decimos resurrecci\u00f3n corporal, expresamos que concebimos como consumado al hombre entero, al cual, seg\u00fan nuestra propia experiencia de la realidad humana, no podemos dividir en un \u00abesp\u00ed\u00adritu\u00bb v\u00e1lido ya para siempre y una \u00abcorporalidad\u00bb meramente provisional.<\/p>\n<p>Pensando esto, \u00bfqu\u00e9 motivo tendr\u00ed\u00adamos que prohibiera a nuestra conciencia moral de la verdad fiarse de la experiencia pascual de los primeros disc\u00ed\u00adpulos? Nada nos fuerza a creerlos, si no queremos y permanecemos esc\u00e9pticos; pero hay muchas cosas que nos capacitan para creerles. Se nos pide lo m\u00e1s atrevido y, a la vez, lo m\u00e1s natural del mundo: atrevernos a orientar nuestra existencia entera a Dios, a que tenga un sentido definitivo y sea sanable y salvable; y creer que eso precisamente aconteci\u00f3 ejemplar y productivamente en Jes\u00fas y que, mirando a \u00e9l, es posible creer eso de nosotros mismos, como lo hicieron los primeros disc\u00ed\u00adpulos, en los cuales aconteci\u00f3 realmente, con una absolutez hasta la muerte, aquello que nosotros quisi\u00e9ramos hacer siempre (a saber, creer) y para lo que, desde lo profundo de nuestra esencia, buscamos la objetividad hist\u00f3rica.<\/p>\n<p>\u00bfTenemos una soluci\u00f3n mejor de la cuesti\u00f3n fundamental acerca del sentido de nuestra existencia? \u00bfEs realmente m\u00e1s honrado, o simplemente m\u00e1s cobarde, o en el fondo m\u00e1s profundo mover esc\u00e9pticamente los hombros ante esta cuesti\u00f3n fundamental y seguir, no obstante, procediendo (al vivir y tratar de vivir decentemente) como si el todo a fin de cuentas tuviera sentido? No es menester afirmar que todo el que piensa no poder creer en la r. de J., no pueda vivir en una postrera y absoluta fidelidad a su conciencia; lo que s\u00ed\u00ad se afirma aqu\u00ed\u00ad es que quien realmente hace eso, correspondiendo o contradiciendo a sus propias interpretaciones reflejas de su existencia, cree &#8211; sin conocer su nombre &#8211; en el que ha resucitado por \u00e9l, s\u00e9palo o no lo sepa expresamente. Pues tambi\u00e9n \u00e9se, en la decisi\u00f3n fundamental de su existencia, tiende a la existencia sana y salva (\u00abcon cuerpo y alma\u00bb) como aquello que transforma esta misma temporalidad; tiende, pues, a la historia, s\u00f3lo que, a lo sumo, no sabe a\u00fan si ha llegado ya a aquel punto que semejante fe confiesa por lo menos como futuro de la historia. Ahora bien, esa fe, que es tambi\u00e9n la nuestra, no tiene por qu\u00e9 asustarse (mirando a Jes\u00fas y a la fe de sus disc\u00ed\u00adpulos) de confesar que ya ha llegado tal punto.<\/p>\n<p>IV. Teolog\u00ed\u00ada de la resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas<br \/>\n1. Generalidades<br \/>\nLa r. de J. con su cuerpo glorificado pertenece a las verdades fundamentales de la fe, que es confesada desde el principio por todos los s\u00ed\u00admbolos (Dz 2ss 13 16 20 40 54 86 255 429 462 709 994 2084). No s\u00f3lo es, apolog\u00e9ticamente, uno de los m\u00e1s firmes pilares que sostienen la fe (Dz 20 38 36s 86; cf. antes III), sino tambi\u00e9n, por su objeto, el tema central de la fe misma (1 Cor 15, 17ss), en cuanto es la consumaci\u00f3n de la acci\u00f3n salv\u00ed\u00adfica de Dios sobre el mundo y sobre el hombre; la acci\u00f3n en que \u00e9l se comunica irrevocablemente al mundo y al hombre por el Hijo, definitivamente acreditado por la resurrecci\u00f3n, y, por ende, acoge al mundo en la salvaci\u00f3n eterna con definitividad escatol\u00f3gica, de forma que todo lo que a\u00fan falta es s\u00f3lo ejecuci\u00f3n y desvelamiento \u00faltimo de lo acontecido en la r. de J. Se trata aqu\u00ed\u00ad de un misterio propiamente dicho y absoluto de la fe, en cuanto la resurrecci\u00f3n, en su plena esencia concreta como consumaci\u00f3n precisamente de Jes\u00fas, s\u00f3lo puede ser comprendida adecuadamente partiendo del misterio absoluto de la encarnaci\u00f3n; lo que quiere decir que la r. de J., teol\u00f3gicamente, no es a la postre un caso de una resurrecci\u00f3n en general de suyo comprensible, sino un acontecimiento singular, que constituye adem\u00e1s el fundamento de la resurrecci\u00f3n de los redimidos por \u00e9l.<\/p>\n<p>2. El aspecto cristol\u00f3gico de la resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas<br \/>\nLa r. de J. tiene un aspecto cristol\u00f3gico y otro soteriol\u00f3gico. El aspecto cristol\u00f3gico dice que Jes\u00fas resucit\u00f3 en su realidad entera y, por ende, en su realidad corp\u00f3rea, para ser consumado en gloria e inmortalidad (a diferencia de la revivificaci\u00f3n de un muerto: L\u00e1zaro) como consecuencia debida a su pasi\u00f3n y muerte, en cuanto \u00e9stas, por interna necesidad esencial, producen esa consumaci\u00f3n concreta. A pesar de los enunciados con sentido m\u00e1s bien pasivo que hablan de la r. de J. como apropiada al Padre, la teolog\u00ed\u00ada sistem\u00e1tica ense\u00f1a que, como Hijo de Dios que posee en toda perfecci\u00f3n la vida, el Se\u00f1or resucit\u00f3 por su propio poder (cf. Jn 2, 19; 5, 21; 10, 17s; Dz 286), tanto m\u00e1s porque la acci\u00f3n de Dios ad extra es obra \u00fanica del Dios trino en la unidad de naturaleza (cf. Dz 281 284 421 428s 703). De acuerdo con la Escritura (Lc 24, 26), la teolog\u00ed\u00ada sostiene que este estado glorioso de la resurrecci\u00f3n, en cuanto se distingue del estado de Jes\u00fas antes de la muerte (no obstante la visio beata que ya entonces se daba), es objeto del m\u00e9rito de Cristo (sobre la historia de esta doctrina: LANDGRAF D u 2, 170-253). Los enunciados de fe subrayan adem\u00e1s que se trata aqu\u00ed\u00ad de una existencia verdaderamente corp\u00f3rea de la \u00abcarne\u00bb (Dz 344 422 429 462 707), cuyo car\u00e1cter concreto es el resultado de la historia de este cuerpo (Jn 20, 27; Ap 5, 6; llagas del Se\u00f1or glorificado), aunque s\u00f3lo su peculiaridad gloriosa da sentido pleno a la r. de J. como tr\u00e1nsito a una corporeidad definitiva. Por lo dem\u00e1s, bajo este aspecto hay que decir acerca de la r. de J. lo mismo que se afirma en general sobre la -> resurrecci\u00f3n de la carne y el cuerpo resucitado.<\/p>\n<p>En el aspecto cristol\u00f3gico de la resurrecci\u00f3n ha de advertirse tambi\u00e9n que la muerte y la r. de J. son un proceso \u00fanico, interna e indisolublemente unido en sus fases (cf. Lc 24, 26.46; Rom 4, 25; 6, 4ss): todo hombre muere, desde dentro, hacia su estado definitivo, de suerte que \u00e9ste es la maduraci\u00f3n de su existencia temporal libre, y no un mero per\u00ed\u00adodo que siga en una sucesi\u00f3n temporal, en la que pudiera darse algo completamente heterog\u00e9neo respecto de lo precedente. Porque, de lo contrario, lo que viene \u00abdespu\u00e9s\u00bb de la muerte no ser\u00ed\u00ada el fin que consuma el tiempo, rectamente superado en libertad, sino una nueva fase, que seguir\u00ed\u00ada meramente a la anterior y que, consiguientemente, ser\u00ed\u00ada temporal en sentido terreno y pasajero. Si la muerte misma pone as\u00ed\u00ad al hombre en su consumaci\u00f3n, y \u00e9sta es ontol\u00f3gicamente &#8211; y no solo jur\u00ed\u00addica y \u00e9ticamente &#8211; fruto de la vida temporal, ello no niega, sin embargo, que, p. ej., la resurrecci\u00f3n deba ser dada por Dios. Pues la acci\u00f3n del hombre mismo es en todo aspecto &#8211; aun en el ontol\u00f3gico &#8211; un ponerse a s\u00ed\u00ad mismo a disposici\u00f3n del Extra\u00f1o.<\/p>\n<p>De acuerdo con lo dicho, en Jes\u00fas la resurrecci\u00f3n debe ser el fin consumado y consumador precisamente de \u00abesta\u00bb muerte, y ambos elementos del proceso \u00fanico deben condicionarse e interpretarse mutuamente. Por eso no es un enunciado m\u00ed\u00adtico, sino una afirmaci\u00f3n realista el que Escritura y tradici\u00f3n consideren la resurrecci\u00f3n como la aceptaci\u00f3n real del sacrificio de la muerte de Cristo, aceptaci\u00f3n que pertenece a la esencia del sacrificio mismo.<\/p>\n<p>3. El aspecto soteriol\u00f3gico de la resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas<br \/>\nEn este aspecto llama la atenci\u00f3n que la reflexi\u00f3n teol\u00f3gica no haya alcanzado a\u00fan el grado deseable de elaboraci\u00f3n, por lo que se refiere a la teolog\u00ed\u00ada sistem\u00e1tica. Los te\u00f3logos resaltan en general que, a diferencia de la muerte de cruz, la resurrecci\u00f3n no es causa moral meritoria de la redenci\u00f3n, pues no es de suyo acto moral libre del hombre Jes\u00fas. Sin embargo, no debe olvidarse en esta proposici\u00f3n que la r. de J. es un elemento dentro de un proceso \u00fanico, en el que la muerte constituye la primera fase, que desemboca y se integra en la resurrecci\u00f3n. Adem\u00e1s, rechazar la causalidad meritoria no significa excluir con necesidad conceptual una eficacia salv\u00ed\u00adfica, instrumental f\u00ed\u00adsica, de la humanidad de Jes\u00fas juntamente con su corporeidad (cf. p. ej., ToM\u00ed\u0081S, ST III q. 56 a. 1 ad 3, etc.).<\/p>\n<p>Desde estos puntos de partida, debiera pensarse nuevamente a fondo la significaci\u00f3n soteriol\u00f3gica de la r. de J. y del Se\u00f1or resucitado. Ella es (puesto que la humanidad corp\u00f3rea de Jes\u00fas constituye una parte del mundo uno con su din\u00e1mica \u00fanica, unidad que debiera aprehenderse con m\u00e1s exactitud ontol\u00f3gica) no s\u00f3lo idealmente una \u00abcausa ejemplar\u00bb de la resurrecci\u00f3n de todos; sino, objetivamente, el principio de la transfiguraci\u00f3n del mundo como acontecer ontol\u00f3gicamente conexo, pues en este principio se decidi\u00f3 fundamentalmente y comenz\u00f3 el destino del mundo; y, en todo caso, este destino ser\u00ed\u00ada objetivamente distinto si Jes\u00fas no fuera el resucitado (de forma que, para Tom\u00e1s mismo [ibid], la resurrecci\u00f3n de los condenados depende eficientemente de la humanidad glorificada de Jes\u00fas). Cuando, con raz\u00f3n, la teolog\u00ed\u00ada afirma (aunque no un\u00e1nimemente) una causalidad instrumental f\u00ed\u00adsica de la humanidad glorificada de Jes\u00fas sobre la vida sobrenatural del hombre (aunque hasta ahora no se haya desarrollado mucho la plenitud de contenido de este enunciado formal ontol\u00f3gico; cf. sobre ello SCHEEBEN v 2 \u00c2\u00a7 253; PSI III 138-148 [ibid.]), se da un punto de partida para una m\u00e1s exacta interpretaci\u00f3n de la significaci\u00f3n soteriol\u00f3gica del Se\u00f1or resucitado y glorioso como tal.<\/p>\n<p>A la verdad, el desarrollo pleno de este punto de partida suscitar\u00ed\u00ada la cuesti\u00f3n de si, toda comunicaci\u00f3n estrictamente sobrenatural de Dios al esp\u00ed\u00adritu creado por la gracia y la visi\u00f3n beat\u00ed\u00adfica, no debe pensarse con necesidad (ontol\u00f3gica y, por ende, moral) como momento (preparaci\u00f3n previa y ejecuci\u00f3n subsiguiente en el mundo en su totalidad) de la personal comunicaci\u00f3n de Dios mismo al mundo en la uni\u00f3n hipost\u00e1tica, que, a su vez (como comunicaci\u00f3n de Dios a una realidad hist\u00f3rica) s\u00f3lo se consuma justamente en el estadio definitivo de esta historia que aprehendemos en la r. de J. S\u00f3lo partiendo de ah\u00ed\u00ad, fuera tal vez posible mostrar por qu\u00e9 Jes\u00fas es no s\u00f3lo de hecho y por una conveniencia exterior el primero de los resucitados para la glorificaci\u00f3n definitiva (Col 1, 18; 1 Cor 15, 20), sino que lo es necesariamente.<\/p>\n<p>De ah\u00ed\u00ad probablemente pudiera tambi\u00e9n deducirse que el acontecimiento de esta resurrecci\u00f3n crea el \u00abcielo\u00bb (en cuanto significa m\u00e1s que un puro proceso espiritual) y no es solamente (junto con la \u00abascensi\u00f3n\u00bb, que en el fondo constituye un elemento de la resurrecci\u00f3n) una entrada en un cielo previamente dado; lo cual significar\u00ed\u00ada, como corresponde a la esencia del cristianismo, que tambi\u00e9n aqu\u00ed\u00ad la historia de la salvaci\u00f3n es a la postre el fundamento de la historia natural, y no se desarrolla meramente en el marco de una naturaleza fija a la que deja intacta. Partiendo de todas estas reflexiones pudiera luego desarrollarse enteramente en una teolog\u00ed\u00ada sistem\u00e1tica por qu\u00e9 Jes\u00fas, como prenda y principio de la consumaci\u00f3n del mundo, como representante del cosmos nuevo, como dador del Esp\u00ed\u00adritu, como cabeza de la Iglesia, como ministro de los sacramentos (se\u00f1aladamente de la eucarist\u00ed\u00ada), como mediador celeste y meta de la esperanza, s\u00f3lo puede entenderse completamente si en todo ello es concebido como resucitado, es decir, si no se piensa su resurrecci\u00f3n como destino privado suyo, una vez terminada la \u00fanica obra que tendr\u00ed\u00ada significaci\u00f3n soteriol\u00f3gica. Ah\u00ed\u00ad pudiera luego hacerse ver tambi\u00e9n que el resucitado, sustra\u00ed\u00addo como tal a la limitaci\u00f3n local del cuerpo no glorificado, s\u00f3lo ahora se ha hecho, como resucitado (y, por tanto, por su \u00abpartida\u00bb), verdaderamente cercano al mundo; y, por eso, su segunda venida ser\u00e1 s\u00f3lo manifestaci\u00f3n de esta relaci\u00f3n con el mundo lograda en la resurrecci\u00f3n.<\/p>\n<p>BIBLIOGRAF\u00ed\u008dA: ASPECTO B\u00ed\u008dBLICO: Adem\u00e1s de los manuales de teolog\u00ed\u00ada del NT: ThW I 368-372; C. H. Dodd, The Apostolic Preaching and its Developments (Lo 1936); J. Heiler, Unser Glaube an den Auferstandenen (Fr 1937); J. Gewiess, Die urapostolische Heilsverk\u00fcndigung nach der Apostelgeschichte (Br 1939); E. Hirsch, Die Auferstehungsgeschichten und der christliche Glaube (T 1940); E. Fasther, Anastasis &#8211; Resurrectio &#8211; Auferstehung: ZNW 40 (1941) 166-229; W. Michaelis, Erscheinungen des Auferstandenen (Mas 1944); A. M. Ramsey, The Resurrection of Christ (Lo 1945); J. Schmitt, J\u00e9sus ressuscit\u00e9 dans la pr\u00e9dication apostolique (P 1949); O. Michel, Der Abschlu\u00df des Matth\u00e4usevangeliums: EvTh 10 (1950-51) 16-26; W. K\u00fcnneth, Theologie der Auferstehung (Mn 1951); H. Gollwitzer, Jesu Tod und Auferstehung nach dem Bericht des Lukas (Mn 1951); K. Adam, Das Problem der Entmythologisierung und die Auferstehung des Christus: ThQ 132 (1952) 385-410: J. R. Geiselmann, Das Ostermysterium im Licht der urapostolischen Verk\u00fcndigung: GuL 25 (1952) 85-98; H. v. Campenhausen, Der Ablauf der Osterereignisse und das leere Grab: SAH 4 (1952) = Tradition und Leben (T 1960) 48-113; K.-H. Rengstorf, Die Auferstehung Jesu (Witten 1952, 41960); F. X. Durwell, La resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas, misterio de salvaci\u00f3n (Herder Ba 31967); R. Morgenthaler, Christ ist erstanden (Z 1955); J. Hamer, Die Auferstehung Christi (zur Auseinandersetzung zw. Bultmann und Barth): FZPhTh 2 (1955) 423-453; H. Gra\/3, Ostergeschehen u. Osterberichte (G\u00f6 1956, 31964); G. Koch, Die A. J. Christi (T 1959); R. Marl\u00e9, Bultmann und die Interpretation des NT (Pa 1959) 163-176; J. Comblin, La resurrecci\u00f3n de Jesucristo (C Lohle B Aires 1962); C. de Villapadierna, Valor soteriol\u00f3gico de la resurrecci\u00f3n de Cristo seg\u00fan la carta a los Hebreos, en EstFranc (1964) 321-338; E. Lohse, Die A. J. Christi im Zeugnis des Lukasevangeliums (Neukirchen 1961); D. M. Stanley, Christ&#8217;s Resurrection in Pauline Soteriology (R 1961); F. Gils, Pierre et la foi au Christ ressuscit\u00e9: EThL 38 (1962) 5-43; U. Wilckens, Der Ursprung der \u00dcberlieferung der Erscheinungen des Auferstandenen. Zur traditionsgeschichtlichen Analyse von 1 Kor 15, 1-11: Dogma und Denkstrukturen .. (E. Schlink &#8230; en su 60 aniversario) (08 1963) 56-95; G. Bornkamm, Der Auferstandene und der Irdische (Mt 28, 16-20): Zeit und Geschichte. Dankesgabe R. Bultmann (T 1964) 171-191; W. Marxsen, La resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas de Nazaret (Ba Herder 1974).<\/p>\n<p>TEOLOG\u00ed\u008dA FUNDAMENTAL: L. Brun, Die Auferstehung Christi in der urchristlichen \u00dcberlieferung (Oslo &#8211; Gie 1925); M. Goguel, La foi h la r\u00e9surrection de J\u00e9sus dans le christianisme primitif (P 1933); G. Kittel, Die A. J.: Deutsche Theologie 4 (St 1937 133-168; P. Althaus, Die Wahrheit des kirchlichen Osterglaubens (1940, G\u00fc 21941); L. de Grandmaison, J\u00e9sus-Christ (1928, P 331941) 369-446; E. Stakemeier (apolog\u00ed\u00ada de la resurrecci\u00f3n): ThGI 35 (1943) 93-103; A. T. Nikolainen, Der Auferstehungsglaube in der Bibel und ihrer Umwelt II (Annalen der finnischen Akademie der Wissenschaften 1946); M. Barth, Der Augenzeuge. Eine Untersuchung \u00fcber die Wahrnehmung des Menschensohnes durch die Apostel (Zollikon 1946); P. de Haes, La r\u00e9surrection de J\u00e9sus dans 1&#8217;apolog\u00e9tique des cinquante derni\u00e9res ann\u00e9es (R 1953) (bibl.); W. Michaelis, 6p&#038;ta: ThW V 315-381; J. Capmany Casamitjana, La resurrecci\u00f3n del Se\u00f1or (Ba 1956); L. D. Weatherhead, The Resurrection of Christ (Lo 1959); M. C. Perry, The Easter Enigma (Lo 1959); R. R. Niebuhr, Auferstehung und geschichtliches Denken (G\u00fc 1960); A. M. Ramsey, The Resurrection of Christ (Glasgow 1961); M. C. Tenney, The Reality of the Resurrection (NY 1963); W. Kurtz, Der Ursprung des Christentums. Das Auferstehungsproblem in \u00f6stlicher Erfahrung (St 1964).<\/p>\n<p>TEOLOG\u00ed\u008dA SISTEM\u00ed\u0081TICA: Cf. las cristolog\u00ed\u00adas de los manuales de dogm\u00e1tica. Tom\u00e1s de Aquino, S. th. III q. 53-56; F. Su\u00e1rez, De mysteriis Christi: A. Janssens, De valore soteriologico resurrectionis Christi: EThL 9 (1932) 225-233; D. M. Stanley, Ad historiam Exegeseos Rom 4, 25: VD 29 (1951) 257-274; .1. R. Geiselmann, Jesus der Christus (St 1951, edic. en 2 vols. completamente reelaborados Mn 1965); F. Holtz, La valeur sot\u00e9riologique de la r\u00e9surrection du Christ selon S. Thomas: EThL 29 (1953) 609-645; K. Barth, Die Auferstehung der Toten (1 Kor 15) (1924, Zollikon 41953); H. Conzelmann &#8211; W. K\u00fcnneth: RGG3 I 698-702; Christus victor mortis (R 1958); R. Schnackenburg. Eine Theologie der Auferstehung: ThRv 56 (1960) 49-58; Barth KD IV\/1 und 2; P. Nordhues, Die Auferstehung Christi als Heilsmysterium (nach Louis de Thomassin): Cath 15 (1961) 24.42; N. Crotty, The Redemptive Role of Christ&#8217;s Resurrection: The Thomist 25 (Wa 1962) 54-106; R. Marl\u00e9 &#8211; A. Kolping: HThG I 130-145; Rahner II 217-232 IV 159-176 441-452; Schmaus D II\/14 \u00c2\u00a7 158; P. Bourgy, Auferstehung und Parusie (Pa 1963); P.-E. Langevin, Le Bapt\u00e9me dans la Mort-R\u00e9surrection: Sciences Eccl\u00e9siastiques 17 (Montr\u00e9al 1965) 29-66; G. Bonnet, Jes\u00fas ha resucitado (Herder Ba 1971); J. Dani\u00e9lou, La resurrecci\u00f3n, \u00bfmito o realidad? (Studium Ma 1971); F. Mussner, La resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas (S Terrae Sant 1971).<\/p>\n<p>Karl Rahner<\/p>\n<p>K. Rahner (ed.),  Sacramentum Mundi. Enciclopedia Teol\u00cf\u0192gica, Herder, Barcelona 1972<\/p>\n<p><b>Fuente: Sacramentum Mundi Enciclopedia Teol\u00f3gica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>[247] La muerte de Jes\u00fas fue un hecho doloroso y real. Su cuerpo y su alma se separaron de la misma forma en que quedan separados los cuerpos y las almas de los que mueren. 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