{"id":13331,"date":"2016-02-05T08:56:37","date_gmt":"2016-02-05T13:56:37","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/reconquista\/"},"modified":"2016-02-05T08:56:37","modified_gmt":"2016-02-05T13:56:37","slug":"reconquista","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/reconquista\/","title":{"rendered":"RECONQUISTA"},"content":{"rendered":"<p>[948]<\/p>\n<p>      Se entiende por tal la recuperaci\u00f3n de algo que se hab\u00ed\u00ada perdido. Pero especialmente se relaciona el nombre con el per\u00ed\u00adodo en que los cristianos lucharon con los mahometanos por recuperar terrenos o regiones perdidas, como aconteci\u00f3 en Oriente con las Cruzadas y, sobre todo, en la Pen\u00ed\u00adnsula Ib\u00e9rica entre el 711 y el 1492, en que se desarroll\u00f3 la oleada de invasiones y de reacciones militares que configuraron ocho siglos de Historia.<\/p>\n<p>Pedro Chico Gonz\u00e1lez, Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00ed\u00ada Religiosa, Editorial Bru\u00f1o, Lima, Per\u00fa 2006<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00eda Religiosa<\/b><\/p>\n<p>R. es el t\u00e9rmino con el que se designa corrientemente la recuperaci\u00f3n del territorio espa\u00f1ol invadido por los musulmanes a principios del s. VIII. La expansi\u00f3n de los \u00e1rabes y berberiscos tuvo como consecuencia el total derrumbamiento del reino visig\u00f3tico en los a\u00f1os 711-714. La poblaci\u00f3n ind\u00ed\u00adgena en abrumadora mayor\u00ed\u00ada se abri\u00f3 a la nueva cultura como a una envidiable forma de vida de orden superior, con lo cual contribuy\u00f3 decisivamente al florecimiento del califato de C\u00f3rdoba, que ocupaba una posici\u00f3n especial en el mundo isl\u00e1mico. Los moz\u00e1rabes, que hab\u00ed\u00adan permanecido cristianos, viv\u00ed\u00adan en coexistencia pac\u00ed\u00adfica con el ambiente isl\u00e1mico, sin que se llegara a un enfrentamiento ideol\u00f3gico digno de menci\u00f3n con el -> islam, como el que se hab\u00ed\u00ada producido, p. ej., en el pr\u00f3ximo oriente. Solamente se registraron, a lo sumo, rebeliones espont\u00e1neas de grupos minoritarios (850-859, m\u00e1rtires de C\u00f3rdoba). S\u00f3lo en el norte hab\u00ed\u00adan podido mantenerse centros de resistencia, el m\u00e1s conocido de los cuales se agrup\u00f3 en Asturias en torno a Pelayo el a\u00f1o 718. All\u00ed\u00ad tuvo comienzo la r. S\u00f3lo en el s. IX aparece con contornos bastante definidos la idea de r. El desenlace de la disputa adopcionista hab\u00ed\u00ada quebrantado la autoridad de la sede primacial de Toledo. El norte se sent\u00ed\u00ada entonces guardi\u00e1n de la tradici\u00f3n eclesi\u00e1stica g\u00f3tica, representada antes por Toledo, y en el sepulcro del ap\u00f3stol Santiago se cre\u00f3 un nuevo centro de culto. Esta convicci\u00f3n se fundi\u00f3 luego tambi\u00e9n con la idea de un legado pol\u00ed\u00adtico de la fenecida soberan\u00ed\u00ada visig\u00f3tica. Entretanto el nordeste (Marca Hisp\u00e1nica) fue absorbido en el reino de los francos; la funci\u00f3n en un principio defensiva de los condes de la regi\u00f3n se transform\u00f3 a lo largo del s. x en una posici\u00f3n de pura afirmaci\u00f3n propia, y su actitud fundamentalmente defensiva se convirti\u00f3 hacia 1010 en agresi\u00f3n permanente.<\/p>\n<p>Exteriormente la r. transcurri\u00f3 en tres direcciones paralelas de ataque, que arrancaban de Galicia, Asturias-Le\u00f3n y Arag\u00f3n-Catalu\u00f1a, y se desarroll\u00f3 en tres fases principales. En la primera, hasta los a\u00f1os 1000, avanz\u00f3 el frente hasta el Duero; la segunda comprendi\u00f3 la r. de Coimbra (1064), Toledo (1085), Tarragona (1090), Zaragoza (1118), Lisboa (1147) y Tortosa (1148); en la tercera se tomaron las Baleares (1229), Valencia (1238), C\u00f3rdoba (1236) y Sevilla (1248). Con la incorporaci\u00f3n de Granada (1492) se dio remate a la reconquista.<\/p>\n<p>El frente no sigui\u00f3 constantemente una l\u00ed\u00adnea fija. Las acciones de los califas se limitaban las m\u00e1s de las veces a expediciones anuales, que a veces penetraban profundamente en territorio cristiano (Almanzor hasta Barcelona y Santiago); y por parte cristiana, despu\u00e9s de la fragmentaci\u00f3n del califato en peque\u00f1os reinos de taifas poco despu\u00e9s del a\u00f1o 1000, con frecuencia se gastaban las fuerzas en conquistas precipitadas (1010 C\u00f3rdoba, Alfonso vi hasta la costa sur de Espa\u00f1a), que pronto hab\u00ed\u00ada que volver a abandonar. Paralelamente a una cierta receptividad respecto de la civilizaci\u00f3n musulmana, se observan no raras veces en el s. x dependencias pol\u00ed\u00adticas del califato, que a comienzos del s. xi se convierten en una preponderancia pol\u00ed\u00adtica de se\u00f1or\u00ed\u00ados cristianos sobre diferentes reinos de taifas, aunque sin poder con ello extender hacia el sur una zona de influencia de la civilizaci\u00f3n cristiana.<\/p>\n<p>De aqu\u00ed\u00ad se ha concluido que la r. estuvo inspirada \u00fanicamente por motivos pol\u00ed\u00adticos, hasta que a mediados del s. xi el pontificado reformador se puso como motor espiritual a la cabeza del movimiento de r. En 1064 se concedi\u00f3 una primera indulgencia, y en 1089 una segunda. Urbano II equipar\u00f3 la r. a la cruzada y prohibi\u00f3 a los espa\u00f1oles participar en las cruzadas, abandonando la r. Cierto que la motivaci\u00f3n religiosa ocupa mayor lugar en las fuentes de esta \u00e9poca, aunque tampoco hab\u00ed\u00ada faltado del todo anteriormente. La r. era tan pol\u00ed\u00adtica y religiosa como cualquier guerra contra los infieles en otros reinos, y como tal se mantuvo en el fondo a todo lo largo del periodo de las cruzadas. La intensificaci\u00f3n del aspecto religioso no dio lugar entre las fuerzas del pa\u00ed\u00ads a la alternativa sin compromiso entre \u00abconversi\u00f3n o muerte\u00bb, sostenida por cruzados extranjeros. Por el contrario, ya al finalizar el s. xii, debido a la convicci\u00f3n de que era necesaria una pol\u00ed\u00adtica de colonizaci\u00f3n, se comenz\u00f3 a tratar con indulgencia a la poblaci\u00f3n sometida, de donde finalmente surgi\u00f3 la exigencia de una misi\u00f3n de persuasi\u00f3n (Ram\u00f3n Llull). No se puede decir que, debido a la participaci\u00f3n solamente perif\u00e9rica de cruzados extranjeros (franceses del sur, normandos, alemanes, G\u00e9nova, Pisa), se infundiera a la r. un car\u00e1cter de cruzada, pues las viejas posiciones del principio segu\u00ed\u00adan al fin inalteradas en sus l\u00ed\u00adneas fundamentales.<\/p>\n<p>Cuando Inocencio III requiri\u00f3 a los espa\u00f1oles para que prestasen ayuda financiera y militar a la cruzada de Oriente, Castilla se mantuvo al margen de esta empresa de la Iglesia universal. Alfonso I de Arag\u00f3n hab\u00ed\u00ada designado ya su guerra como una contribuci\u00f3n a la liberaci\u00f3n de Jerusal\u00e9n; la corona de Arag\u00f3n se serv\u00ed\u00ada m\u00e1s intensamente de la ayuda de los templarios y de los sanjuanistas; y Teobaldo I de Navarra hab\u00ed\u00ada sido el primer monarca espa\u00f1ol a la cabeza de un ej\u00e9rcito de cruzados en Tierra Santa. Por su parte, las \u00f3rdenes militares del pa\u00ed\u00ads, vinculadas regionalmente, actuaban preponderantemente en la mitad occidental de la pen\u00ed\u00adnsula. Le\u00f3n desarroll\u00f3 una idea de imperio cuyo significado no estaba todav\u00ed\u00ada suficientemente claro; Castilla-Le\u00f3n ten\u00ed\u00ada puestos los ojos en una restauraci\u00f3n del reino visig\u00f3tico.<\/p>\n<p>Sin embargo, precisamente el curso que tom\u00f3 la r. obstaculiz\u00f3 este intento. La intenci\u00f3n de conquistar una ciudad, notificada en testamento por un monarca, daba al heredero el derecho al dominio o condominio sobre dicha ciudad, una vez conquistada. Al mismo tiempo se solicit\u00f3 la protecci\u00f3n pontificia de la dinast\u00ed\u00ada y del reino, a fin de legalizar la autonom\u00ed\u00ada del reino (Portugal) o de asegurarla (Navarra, Arag\u00f3n, Barcelona).<\/p>\n<p>A fines del siglo xii se delimitaron grandes zonas de conquista. \u00danicamente la restauraci\u00f3n de la jerarqu\u00ed\u00ada eclesi\u00e1stica se aten\u00ed\u00ada a la situaci\u00f3n visig\u00f3tica. Conforme adelantaba la r., a algunas sedes episcopales se confiaba el vicariato de sedes metropolitanas todav\u00ed\u00ada no conquistadas (a Palencia el de Toledo, a Vich y Barcelona el de Tarragona), y otras sedes episcopales fueron trasladadas (Roda a Barbastro y luego a L\u00e9rida, Jaca a Huesca), en la falsa suposici\u00f3n de que el \u00faltimo obispo visigodo en el destierro hab\u00ed\u00ada continuado la serie de obispos de su antigua sede. En muchos casos no se conoc\u00ed\u00adan ya los l\u00ed\u00admites del obispado visig\u00f3tico; esto dio lugar a disputas interminables (Palencia contra Burgos y Le\u00f3n, Burgos contra Osma y Oviedo, Huesca contra L\u00e9rida), de las que en la primera mitad del s. xii result\u00f3 la llamada \u00abdivisi\u00f3n\u00bb de Wamba. Otra dificultad consisti\u00f3 en armonizar las divisiones territoriales de la organizaci\u00f3n eclesi\u00e1stica visig\u00f3tica con las nuevas fronteras pol\u00ed\u00adticas; debido a esta exigencia, se produjeron en 1100 las primeras exenciones episcopales (Burgos, Oviedo, Le\u00f3n); tambi\u00e9n se daba el caso de que un obispado debiera ser nuevamente delimitado por raz\u00f3n de los l\u00ed\u00admites pol\u00ed\u00adticos (Sig\u00fcenza 1138). Santiago reivindicaba una posici\u00f3n especial por poseer el sepulcro del ap\u00f3stol Santiago; hab\u00ed\u00ada tenido que defenderse contra el metropolitano competente de Braga, y desde 1088 contra el primado de Toledo; en 1095 obtuvo la exenci\u00f3n, y en 1120 la dignidad metropolitana en lugar de M\u00e9rida, que no hab\u00ed\u00ada sido conquistada todav\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>El modelo visig\u00f3tico fue abandonado a fines del s. xii. Unos cien a\u00f1os despu\u00e9s se dej\u00f3 sentir una progresiva secularizaci\u00f3n de la r. La expansi\u00f3n de la corona de Arag\u00f3n se extendi\u00f3 al sur de Italia, la de los portugueses a la costa occidental de \u00ed\u0081frica, y finalmente la de Castilla a Am\u00e9rica.<\/p>\n<p>BIBLIOGRAF\u00ed\u008dA: J. Goili Gaztambide, Historia de la bula de la cruzada en Espa\u00f1a (Vitoria 1958) (recopilaci\u00f3n de la antigua bibliograf\u00ed\u00ada) R. Franke, Die freiwilligen Martyrer von Cordova und das Verh\u00e4ltnis der Mozaraber zum Islam: Spanische Forschungen der G\u00f6rres-Gesellschaft, Reihe 1, 13 (Mr 1958) 1-170; E. P. Colbert, The Martyrs of C\u00f3rdoba (tesis Wa 1962); A. Ubieto Arteta, Los primeros a\u00f1os de la di\u00f3cesis de Sig\u00fcenza: Homenafe a J. Vincke I (Ma 1962-63) 135448; D. W. Lomax, Las milicias cistercienses en el reino de Le\u00f3n: Hispania 23 (1963) 29-43; idem, La Orden de Santiago, 1170-1275 (Ma 1965).<\/p>\n<p>Odilo Engels<\/p>\n<p>K. Rahner (ed.),  Sacramentum Mundi. Enciclopedia Teol\u00cf\u0192gica, Herder, Barcelona 1972<\/p>\n<p><b>Fuente: Sacramentum Mundi Enciclopedia Teol\u00f3gica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>[948] Se entiende por tal la recuperaci\u00f3n de algo que se hab\u00ed\u00ada perdido. 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